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Cuadernillo Unidad 1 Clinica 1

Este documento presenta un índice de 7 artículos relacionados con temas lacanianos como la introducción de Lacan a la edición alemana de sus escritos, ensayos sobre Lacan de diferentes autores, y debates sobre psicoanálisis y psicopatología. El objetivo es ofrecer diferentes perspectivas sobre el pensamiento y obra de Jacques Lacan para analizar conceptos como el significante, el significado, el sujeto y la estructura del inconsciente.
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Cuadernillo Unidad 1 Clinica 1

Este documento presenta un índice de 7 artículos relacionados con temas lacanianos como la introducción de Lacan a la edición alemana de sus escritos, ensayos sobre Lacan de diferentes autores, y debates sobre psicoanálisis y psicopatología. El objetivo es ofrecer diferentes perspectivas sobre el pensamiento y obra de Jacques Lacan para analizar conceptos como el significante, el significado, el sujeto y la estructura del inconsciente.
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Clínica I

Unidad 1
Índice
Unidad 1
1 - Lacan - Introducción a la edición alemana. Pág 1 a 4. JUNTO A VOS, TODOS
2 - Foucault - ¿Qué es un autor? Pág 5 a 20.
3 - Masotta - Ensayos lacanianos. Pág 21 a 30. LOS DÍAS, TODO EL
4 - Allouch - La discursividad. Pág 31 a 50. AÑO, en la Material de
5 - Le Gaufey - Una clínica sin mucho de realidad. Pág 51 a 64.
6 - Le Gaufey - ¿Es el analista un clínico? Pág 65 a 70.
Estudio construimos la
7 - Capurro - Psicoanalizar o psicopatologizar. Pág 71 a 90. facultad que queremos

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Nos mueve el deseo de transformarlo todo
Contacto:@Secretarías.cep
JACQUES LACAN

Pero el signo en cambio [en retour] produce goce por la cifra que per­
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ALEMANA
miten los significantes: es Jo que hace el deseo del matemático, cifrar,
más allá del goce-sentido. DE UN PRIMER VOLUMEN DE LOS
El signo es obsesión que cede, hace obcesión (escrita con e) al goce ESCRITOS1
que decide una práctica.
Bendigo a aquellos que me comentan por enfrentar a la tormenta
que sostiene un pensamiento digno, es decir: no conforme con ser ven­
cido por los caminos trillados.
Hagan esas líneas huella de buena hora, suya sin saberlo.
i
Notas

l. Traducción de Graciela Esperanza. Revisión de Graciela Esperanza y Guy


El sentido del sentido (the meaning of meaning): sobre eso se planteó
1 Trabas.
i 2. S'oupirent (se uspeoran): neologismo homofónico con soupirent (suspiran) la pregunta. Señalaría que, corno habitualmente, la pregunta se plan­
y que incluye ou pire (o peor). [N. de la T.] teaba por tener ya la respuesta, si no se tratase ahí simplemente de Uil

1 3. Faire deux, literalmente "hacer dos" o "dar dos". En su uso coloquial indi­
ca principalmente que se trata de cosas muy diferentes.
juego de manos universitario.
El sentido del sentido en mi práctica se capta (Begriff> por el hecho
1 4. Véase la nota n° 3 de "Televisión", pág. 571 en este mismo volumen. [N.
de que se fuga: que hay que entender como de un tonel, no como un
de la T.]
5. El término a-mur que La can introduce aquí hace alusión a "amor", puesto escaparse.
que amur fue el término que se Utilizó hasta el siglo XII para dar cuenta de ese Es por el hecho de que se fuga (en el sentido: tonel) por Jo.que un discur­
sentimiento en la lengua francesa. También se incluye el vocablo mur (muro). so toma su sentido, esto es: porque sus efectos son imposibles de calcular.
{N. de la T.] El colmo del sentido, es pálpable que es el enigma.
6. Lacan emplea aquí d'eux: "de ellos", homófono de "dos": deux. [N. de la
Para mi, que no me exceptúo de mi susodicha regla, por la respues­
T.]
7. Tout-seul significa "totalmente, Completamente solo". Decidimos tradu­ tá, que he hallado en mi práctica, planteo la pregunta del signo al signo:
cirlo literalmente, "todo-solo". [N. de la T.] cómo se señala que un signo es signo.
8. Precisiones: la mónada es pues el Uno que se sabe todo solo� punto-de­ El signo del signo, dice la respuesta que hace pre-texto a la pre­
real de la relación vaáa; la nada es esa relación vacía insistente, queda la héna­ gunta, es que cualquier signo puede desempeñar, tan bien como
la
da inaccesible, el 'Xo de la serie de los números enteros, por la cual el dos qu� la suya, la función de cualquie r otro signo, precisamente porque puede
inaugura simboliza en la lengua al sujeto supuesto saber.
sustituirlo. Pues el signó no tiene alcance sino porque debe ser
9. En francés trait-portrait, "rasgo retrato", evoca trait-pour-trait, "rasgo por des­
rasgo". [N. de la T.] cifrado.
10. En francés abjet es homofónico con abject� u abyecto" y remite a abjet Sin duda hace falta que la sucesión de Jos signos tome un sentido a
(objeto). [N. de la T.] través del desciframiento. Pero no porque una dicho-mensión le dé a
la
11. En francés cambien (cuánto) posee el sufijo "bien". [N. de la T.] otra su térmíno ella misma entrega su estructura.
Hemos dicho lo que vale la vara del sentido. Desembocar alli no le
impide hacer agujero. Un mensaje descifrado puede seguir siendo un
enigma.

578 FAC. DE PS!COLOG1A


1 579 81SUQT�s.c'"
JACQUES LA CAN INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ALEMANA ...

El relieve de cada operación -una de ellas activa, la otra sufrida­ ser, hacia toda clase de conceptos, esto es, de toneles, unos más fútiles
sigue siendo distinto. que los otros. ·' ·. ·

El analista se define por esa experiencia. Las forinaciones del incons­ Esta futilidad la aplico, sí, incluso a la ciencia, de la cual es evidente
ciente, como yo las llamo, demuestran su estructura porque son desci­ que solo progresa por la vía de tapar los agujeros. Que siempre lo con­
frables. Freud distingue la especificidad del grupo: sueños, lapsus y siga es lo que la hace segura. Mediante lo cual no tiene ninguna especie
·chistes, del modo, el mismo, con el que opera con ellos. de sentido. No diré lo mismo de lo que ella produce, que curiosamente
Es verdad que Freud se detiene cuando descubre el sentido sexual es la misma cosa que aquello que sale por la fuga de la cual la hiancia de
de la estructura. De lo que en su obra no se tiene sino sospecha, no la proporción sexual es responsable: esto es, lo que anoto como el objeto
obstante formulada, es de que del sexo el test solo tiende al hecho del (a), a leer a minúscula.
sentido, pues en ninguna parte, bajo ningún signo, se inscribe el sexo Para mi "amigo" Heidegger, evocado más arriba por el respeto que
por medio de una proporción. le tengo, que consienta en detenerse un instante -voto que emito de
Sin embargo, es con todo derecho que de esa proporción sexual la manera puramente gratuita, pues bien sé que no podría hacerlo-, dete­
inscripción podría ser exigida: porque el trabajo le es reconocido, al nerse, digo, sobre la idea de que la metafísica no fue nunca nada y no
inconsciente, del ciframiento, o sea, de lo que deshace el desciframiento. podría prolongarse más que ocupándose de taponar el agujero de la
Puede pasar por más elevado en la estructura cifrar que . contar. política. Es su fuerza.
El embrollo, pues, está hecho exactamente para eso, comienza con la Que la política no alcance la cima de la futilidad, es precisamente allí
ambigüedad de la palabra cifra. donde se afirma la sensatez, la que hace la ley: no tengo que subrayarlo,
La cifra funda el orden del signo. dirigiéndome como lo hago al público alemán, que tradicionalmente
Pero por otra parte hasta 4, hasta 5, quizá lleguemos hasta 6 como añadió allí el sentido llamado de la crítica. Sin que sea vano recordar
máximo, los números, que son de lo real aunque cifrado, los números tie­ aquí adónde lo condujo eso hacia 1933.
nen un sentido, el cual sentido denuncia su función de goce sexual. Este Es inútil hablar de lo que articulo con el discurso universitario,
sentido no tiene nada que ver con su función de real, pero da una idea puesto que especula con lo insensato en tanto tal y, en ese sentido, lo
aproximada de lo que puede dar cuenta de la entrada de algo real en el mejor que puede producir es el chjste, el que sin embargo le da miedo.
mundo del "ser" hablante (siendo claro que su ser le viene de la palabra). Este miedo es legítimo, si pensamos en el que aplasta contra el piso a
Sospechemos que la palabra tiene la misma dicho-mensión gracias a la los·analistas, es decir, a los hablantes que se encuentran sujetados a ese
cual el único real que no puede inscribirse en ella es la proporción sexual. discurso analítico, del que no podemos sino sorprendernos de que haya
Digo: sospechemos, respecto de las personas, como se dice, cuyo advenido en unos seres -hablo de los hablantes-, quienes, en resumi­
estatuto está tan ligado a lo jurídico, en primer lugar, al semblante de das cuentas, no han podido imaginarse su mundo sino suponiéndolo
saber, incluso a la ciencia, que se instituye efectivamente a partir de lo embrutecido, o sea, la idea que tienen desde no hace tanto tiempo del
real, que no pueden ni siquiera abordar el pensamiento de que sea con animal que no habla.
la inaccesibilidad de una proporción como se encadena la intrusión de No les busquemos excusas. Su ser mismo es una de ellas. Pues tie­
esta parte al menos del resto de lo real. . nen el beneficio de ese destino nuevo: el de que, para ser, les haga falta
Esto en un "ser" viviente del cual lo menos que se puede decir es ex-sistir. lncolocables en ninguno de los discursos precedentes, haría
que se distingue de los demás por el hecho de habitar el lenguaje, como falta que, respecto de estos, aquellos ex-sistieran, mientras se creen
lo dice un alemán que me honro en conocer, como se dice de alguien . obligados a tomar apoyo en el sentido de esos discursos para proferir
para denotar que se ha vuelto un conocido. Este ser se distingue por esa aquel con el cual el suyo se contenta, con justa razón, por ser más fugaz,
morada, la que es fofa, en el "sentido" de que lo hace rebajarse a dicho lo que acentúa esa fugacidad.

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)ACQUES LACAN INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ALEMANA...

Todo los vuelve sin embargo a la solidez del apoyo que tienen en el En términos más precisos, la experiencia de un análisis hace entrega

signo: aunque más no sea el síntoma con que el que tienen que ver y a aquel que llamo el analiiante -¡ah! qué éxito tuve con esta palabra

que, con el signo, hace un nudo gordo, un nudo tal que un Marx lo per­ entre los pretendidos oriodoxos, y cómo por eso confesaban con ello

cibió, aun ateniéndose al discurso político. Apenas me atrevo a decirlo, qtie su des,eo, en el análisis/ era no estar para nada allí-, hace entrega al

porque el freudomarxismo es el embrollo sin salida. analizante, digo pues, del sentido de sus sfutomas. Pues bien, planteo

Nada les enseña, ni siquiera que Freud fuese médico y que el médi­ que estas experiencias no podrían sumarse. Freud lo dijo antes que yo:

co, como la enamorada, es corto de vista, y que es por lo tanto a otra todo en un análisis ha de ser recogido -donde se ve que el analista no

parte adonde deben ir para tener su genio: especialmente para hacer­ puede zafar de esta dependencia-, ha de ser recogido como si nada

se sujeto, no de un machaqueo, sino de un discurso, de un discurso hubiera quedado establecido en otro lado. Esto solamente quiere decir
sin precedentes gracias al cual ocurre que las enamoradas se vuelven que la fuga del tonel ha de ser siempre reabierta.

geniales al encontrarse en él, ¿qué digo?, al haberlo inventado mucho Pero es también este el caso de la ciencia (y Freud no lo entendía de

antes de que Freud lo estableciera, sin que, pará el amor, por lo demás, otro modo, corto de vista).

les sirviera de nada: es patente. Pues la cuestión comienza a partir de Jo siguiente: hay tipos de sfu­

Yo, que sería el único, si algunos no me seguían en esto, en hacerme toma, hay uña clínica. Solo ocurre que esa clínica es anterior al discurso

sujeto de ese discurso, voy una vez más a demostrar por qué unos ana­ analítico, y si este aporta una luz, es seguro pero no cierto. Ahora bien,

listas se embarazan con él sin recurso. necesitamos la certeza, porque solo ella puede transmitirse, al demos­

Cuando el recurso es el inconsciente: el descubrimiento por Freud trarse. Es la exigencia de la cual la historia muestra, para nuestro estu­

de que el inconsciente trabaja sin pensar en ello, ni calcular, ni juzgar por, que fue formulada mucho antes de que la ciencia respondiera a

tampoco, y que sin embargo alú está el fruto: un saber que solo se trata ella, y que aun cuando la respuesta fue bien diferente del camino abier­

de descifrar, ya que consiste en un ciframiento. to que la exigencia había producido, la condición de la que partía: que

¿Para qué sirve ese ciframiento?, diría yo para retenerlos,_ abun­ su certeza fuera transmisib:le, fue satisfecha.

dando en la manía, planteada por otros discursos, de la utilidad (decir Nos equivocaríamos si nos fiáramos de no hacer más que aplazar

"manía de lo útil" no niega lo útil). El paso no se da p o r ese recurso, eso; aunque fuese con la reserva de. a la buena de Dios.

que sin embargo nos recuerda que, fuera de lo que sirve, hay el gozar. Pues hace mucho tiempo que una tal opinión dio pruebas de ser

Que en el ciframiento está el goce, sexual ciertamente, está desarrolla­ verdadera, sin que no obstante hiciera ciencia (cf. el Menón, en el que es

do en el decir de Freud, y lo suficiente como para concluir que lo que de eso de lo que se trata).

este implica es que es eso lo que hace obstácuio a la proporción sexual Que los tipos clínicos responden a la estructura es algo que puede

establecida, por lo tanto a que jamás pueda escribirse esa proporción: escnbirse ya, aunque no sin fluctuación. Solo es cierto y transmisible

quiero decir que el lenguaje jamás deja, de esta, otra huella que un del discurso histérico. Es incluso en lo cual se manifiesta en él algo real

zigzag infinito. próximo al discurso científico. Se observará que he hablado. de lo real,

Claro está, entre los seres, que sexuados lo son (aunque el sexo no se y no de la naturaleza.

inscriba sino por la no proporción), hay encuentros. Por donde indico que aquello que responde a la misma estructura

Hay buena suerte.2 Es más, no_hay sino eso: ¡el azar! Los "seres" no tiene .forzosamente el mismo sentido. Por eso no hay análisis sino

hablantes son felices, felices por naturaleza, es incluso todo lo que les de lo particuiar: no es en absoluto de un sentido único de donde una

queda de ella. ¿No podrían llegar a serlo un poco más por el discurso misma estructura procede, menos aún cuando esta alcanza al discurso.

analítico? He aquí la pregunta de la que -siempre la misma cantinela­ No hay sentido común del histérico, y aquello por lo que en ellos o

no hablaría si la respuesta no existiera ya. en ellas juega la identificación es la estructura y no el sentido, tal como

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JACQUES LACAN
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ALEMANA. . .

se lee bien por el hecho de que recae sobre el deseo, es decir, sobre la
donde Freud, a l escuchar a los socráticos que mencioné, volvió a los de
falta tomada como objeto, y no sobre la causa de la falta. (Cf. el sueño
antes de Sócrates, a sus'ojÓs los únicos capaces de dar testimonio de lo
de la bella carnicera -en la Traumdeutung-, convertido por mis cuidados·
que él encontraba.
en algo ejemplar. No prodigo los ejemplos, pero cuando me meto con
No pmque el sentido de su interpretación haya tenido efectos los ana­
ellos, los elevo a paradigma.}
listas están en lo veniadero, puesto que, aun cuando fuera justa, sus efec­
Los sujetos de un tipo no tienen pues utilidad para los otros del
tos son incalculables. Ella no testimonia ningún saber, pues si se lo toma
núsmo tipo. Y es concebible-que un obsesivo no pueda dar el más nifnic
según su definición clásica, el saber se asegura con una posible previsión.
mo sentido al discurso de otro obsesivo. Precisamente de ahí parten
Lo que los analistas tienen que saber es que hay un saber que no
las guerras de religión: si es cierto que, en lo que se refiere a la religión
calcula, pero que no por ello trabaja menos para el goce.
(pues es el único rasgo por el cual las religiones hacen clase, por lo
¿Qué es lo que del trabajo del inconsciente no puede escribirse? Es
demás insuficiente}, hay obsesión en juego.
ahí donde se revela una estructura que pertenece efectivamente al len­
De ahí precisamente resulta que no hay comunicación en el análisis
guaje, si su función es permitir el ciframiento. Es el sentido con el que
sino por una vía que transciende al sentido, la que procede de la supo­
la lingüística fundó su objeto al aislarlo: con el nombre de significante.
. sición de un sujeto al saber inconsciente, es decir, al cifrarniento. Es lo
Es el único punto mediante el cual el discurso analítico tiene que
que articulé: sujeto supuesto saber. colgarse sobre la ciencia, pero si el inconsciente testimonia un real que
Por ello la transferencia es amor, un sentinúento que adquiere allí le sea propio, esa es, al revés, nuestra posibilidad de elucidar cómo el
una forma tan nueva que introduce en él la subversión, no porque sea lenguaje vehicula en el número el real con el que la ciencia se elabora.
menos ilusoria, sino porque se procura un partenaire que tiene posibili­ Lo que no cesa de escribirse se sostiene mediante un juego de pala­
dad de responder, no es el caso en las otras formas. Vuelvo a poner en bras que !alengua mía ha conservado de otra, y no sin razón, la certeza
juego la buena suerte, salvo que, esta posibilidad, esta vez viene de mí de la que da testimonio en el pensamiento el modo de la necesidad.
y yo debo proporcionarla.
¿Cómo no considerar que la contingencia o lo que cesa de no escribirse,
insisto: es el amor el que se dirige al saber. No el deseo: porque en no sea aquello por donde se demuestre la irnposíbilidad, o lo que no cesa de
lo que concieme al Wisstrieb, aunque tenga el cuño de Freud, está claro no escribirse? Y que desde allí un real se atestigüe que, por no estar mejor
que no lo hay en lo más mínimo. La cosa llega hasta tal punto que se fundado, sea transmisible por la fuga a la que responde todo discurso.
funda la pasión mayor en el ser hablante, que no es el amor, ni el odio,
sino la ignorancia. Esto lo palpo todos los días.
7 de octubre de 1973
Que los analistas, digamos aquellos que solo por plantearse corno
tales asumen su tarea, lo concedo por ese único hecho: realmente, que
Nota
los analistas, lo digo pues con pleno sentido, me sigan o no, no hayan
comprendido aún que lo que hace entrada en la matriz del discurso no
1. Traducción de Graciela Esperanza y Guy Trobas. Revisión de Graciela
es el sentido sino el signo es algo que da la idea que conviene de esa Esperanza y Guy Trabas. Colaboración de Antoni Vicens
pasión de la ignorancia. 2. Al escribir bon heur (buena fortuna/suerte) en lugar de bonheur (felicidad),
Antes de que el ser imbécil tomara la delantera, otros sin embar­ Lacan no solamente pone el acento sobre la suerte, la buena fortuna (heur), sino

go, nada tontos, enunciaban el oráculo que este no revela ni esconde: que, al colocar esta escritura luego del ténnino "encuentro#, enfatiza, a partir
de la homofonía con bon heurt (buen toque), la vertiente de una felicidad posi­
ffiU.U:tlVEt, hace SignO. . ble en el azar de los encuentros a pesar de la imposibilidad de la proporción
Era en los tiempos de antes de Sócrates, que no es responsable, sexual. Véase la nota n° 3 de "Nota italiana", pág. 331, en este mismo volumen.
aunque fuera histérico, de lo que siguió: el largo rodeo aristotélico. De [N. de los T.]

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Allouch
Capítulo diez

la discursividad

Sobre los tres puntitos del "reromo a... .,

La escritura {acaniana de los cuatro discursos ha sido, en cierto sentido.


primero considerada, "ingenuamente", como capaz de ofrecer un cifrado
para la lectura de! camino abierto por Freud de la clínica psicoanalítica (cfr.
capítulos uno y dos). Pero cuando llega at primer plano la cuestión de !a
transferencia, de la !etraquesufredernoraen la transferencia, ya no es posible
!ímitarse a esta escritura como a un dato. Semejante postura sólo vale. en
efecto, al precio de dejar de lado , si no es que en suspenso o encubierta, l a
puesta a la luz de la transferencia como tal en Freud. ¿Acaso encuentra, en
efecto, la transferencia en el discurso una de sus salidas posibles, o incluso
1
l
su salida? Aun si admitimos esta solución. no podremos considerar a priori
como seguro el hecho de que ella no eternice, en cada psicoanalista. una

l ..:: · transf�rencia a Freud que deja a su letra sufriendo demora. Así como hay. en
Kierkegaard. un Caballero de la fe, ¿se reduciría la finalidad del didáctico a

1 transformar al analizanteque pasó al analista en un caballerodeladiscursividad


analítica?
1 Es inevitable la cuestión de saber si I�.9Jt:�iyidad no§S_el.�:t.?.���eA�.��.le!P

i
'
que sufre demora <:.l.!a_ndq constituye lazo social., ¿Produciría ella
ji(ailerYersTOñ. a·biiga- como un cortocircuito sobre lo que podemos esperar

de UJ?.2;_ efectuación. de la transferencia? El presente capítulo mostrará que


�acan�;por su parte. nQ. , .��W..Y2.3-l!rr<��_y.er.síóndisc.�adesu lazo con Freud...
�n a separación -productiva- entre una definición del psicoanálisis como
discurso y su abordaje corno "un delirio del que se espera que traiga una

31
'

256 la 1-:rra que sufre Jer.zora la diicurS!VIdad 257

ctencia" (Lacan, seminario del ll de enero de 1977). El hecho de que haya habido transmisión de la respuesta obliga a reconocer
que estaba construida sobre un punto de verdad: ¿Cuál? Hay qee hacer notar,
Lacan no fue freudiano desde ;iempre, incluso si a conttnuación siguió
ante todo, que e_! Vocabulario se deb�. al igual que la respuesta, a antiguos..
s1éndo!o para siempre. Pues hubo un día en que, entonces. como esos
alumnos de Lacan; esta similitud de posición es un elemento importame e n
conquistadores del Reino de España que llegados a nuevos puercos quema­
relaCiOii con Ia respuesta. Además, después d e quince años, todos admitirán
ban sus barcos para cortarse toda posibilidad de retorno, él franqueó e!
-segundo-elemento- que ese 5 % no ayudó en nada a Ia lectura de Lacan, ni
umbral de una entrada definitiva en el freudismo. El "sín retorno posible''
a !a de Freud. ni tampoco a !a de su vínculo. Por eso, esta nulidad en !o úül.
está entonces tanto más esi:ablecido cuanto que se inaugura, en lugar de él,
ese costado sin pies ni cabeza, vuelve tanto más extraño dicho 5 %.
otro retorno: el7 de noviembre de 1955. Lacan instaura el movifi'lJento de su
Eliminaremos esta exrrañeza haciendo notar que !a respuesta misma que !a
retomo a Freud.
establece (en e! sentido de que !a enuncia), es !a que da la verdad de esto. El
El presente estudio mostrará cómo:este retomo fue objeto de tres versíones conocimiento paranOico de este 5 %(cfr. la slmiii-cud citada más arriba) da
sucesivas: mítica. discursiva· topoió :Í gícajSestacará cómo la conferencia de en el clavo, virtud que comparte con el chiste, cuando sugiere que el
&uC-hei FoÚcai1lt titufada ;;-Qwi es un awbr?, del 22 de febrero de i969, al Vocab1.dario del psicoanálisis sólo habría sido producido con el fin de
ligar el movimiento de un "retorno a..." con la discursividad, preseotó una toCafua-r.-a:"L·�can, con la malevolenciasuo!ememaria (que a-firma el carácrer
especie de interprecación del retorno a Freud, haciendo q-ue se volcara desde no efec[UadO de !a transferencia con L�Ca�) de dar a entender lo poco que e;o
un primer apoyo tomado en el mito a otra elaboración, dada por la doctrina sería'! de despreciar el suplememo. Por no responder a nada úti!, ese 5 %
de los cuatro discursos. Esta segunda 1..-ersión está relacionada con la sería la causa de ia empresa, su objeto a minúscula.
confirmación, realizada por Foucault, del caráccer freudiano ele! retorno a
Este intento de localizar a Lacan sería así la verdad del Vocabulario. la que
Freud (será necesill'io decir antes que nada por qué la cesa no es evidente).
Sin embargo, esta segunda versión no podría estár situada (y especialmente
dari�'t�d;q��:·al menos para cierto público, e!la.hasido divulgada. Per�
eStá: TOcB.Iízación vale tanto por su incénción como por su manera. Procede
en lo que condérne a sus apañas y a sus límites) más que en el apr€s-coup
del emplazamiento de una aparíencia: existiría un "vocabulano del psicoa­
de lo que aparece, en el trabajo de Lacan, como una tercera versión -
nálisis'' en el que, aparte de Freud, quien se beneficia (¡pero esto. Dios sabe
topológica- de su retorno a Freud. Entonces, no postergaremos ya una
por qué!) con la prima otorgada a veces al origen, serían recib1dos algunos
presentación de esta tercera versíón. la única que puede permitir que se
autores que realizaron un descubrimiento el cual se ratülcaría por la admisión
otorgue su justo lugar a esta construcción de Ia discursividad que se produjo
de un término nuevo en ei Vocabulario 1• Comprendemos que esta apariencia
a partir de Foucault.
necesite un jurado tipo Academia Francesa, para admitir o rechazar este o
aquel (érmino. Los autores se pusieron ellos mismos las túnicas de los
académicos. ¿Pero porqué hablar aquí de apariencia? La cosa se hará notoria
¿Freudiano ?
con simplemente desarrollar las impllcaciones de es re prO<.:edimlento.
Poco tiempo después d e l a aparición del Vocabulario del psicoanálisis
El término mismo de "vocabulario'' sugiere que se admite que los elementos
(1967), se arrtbuía a un antiguo alumno de Lacan. y (que, sin embargo, era
de la doctrina están, entre sí, en una relación semejante a la que !iga a las
profesor). tasiguiente respuesta. a la preguntasobre su relación con él y sobre
/palabras de una lengua; esto quiere decir en particular que nunca UN
el lugar que ocupaba Lacan dentro del movimiento analítico: "¿Lacan? Es
·. agregado vendrá a frastomar [a. esfrucwra, aue ésta es ampliamente
el 5% del Vocabulario",
"' independiente de aquéllos, que rodo agregado t.i.�ne un carácte� eminent"'-
No es complecamence un chiste; ia frase ni siqu!eFa....�s, hablando con menre facultativo. La admísión de la palabra "transistor" (en lugar de
propiedad. "ingeniosa", más bien diríamos que es tontita . Sin embargo, .;resistencia de Lransferencia", su traducción), en e! vocabulario oficial de!
círculó efectivan1ente como un chiste. Es que se hacia signíficar ahí lo que español no cambia la estructura de la lengua española. ¿Es esto lo q...;t�
pretendía ser un punto de desembocadura de una transferencia con Lacan y testimonia Freud cuando se encuentra introducido (ya sea por é"! o por arra
que, en un asunto «semejante.. (¡nos Io imagínamos como taE), estaba piuma) un término nuevo- en la: doctrina?:
implicado más de uno.
_.),_ �y una vacilación en cuanto al nombre de !os componemes de .::�m:. Yoc.:�bubtm. ¿Con=��-:-.�
'-o nociones?_ La intrOducción no resuelve esro. ¡,1;ómo no ver. e,or otro !��:_�:;.:?.,�e
t�/
-
� "

)J pre-.:mfnenc1a que se da aJ!.f a Freud es un efecro, lnia secud:q;.pot.I!S.t.o..u.n -�conccifll_le_nto


\, 32 im�tícitoaerreiomo-a Freu a&n:�c:��. -:-¡- ·· �
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·,�""' -'7'1 ;y

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258 la letra que sufre demora
!a d¿scurswidad 259

En efecto, si la ecuación que iguala a Lacan a un 5% de agregado a Freud no importancia, ya que sólo. cuenta d hecho de que aquella tomó e! lugar de la
se sostiene, debe anotarse que este modo aditivo vale también para el propio carcajada que habría sido· la respuesta que se hubiera producido si, menos
). Freud: ¿qué porcentaje agrega la pulsión de muerte al "primer Freud"? Esta cargado con la falsa seriedad, se hubiera acordado de que existen. en ese país,
pregunta va en la misma dirección de una empresa como la del Vocabulario grandes comercios conocidos por todos bajo el nombre de "Marks and
del psicoanálisis. ya que trata aFreud, a Lacan y a otros de la misma manera: Spencer'', y que la pregunta del periodista, que tomaba esto como fuente, era
sopesando (por lo menos en principio) cada ténnino de ellos para decidir una broma fundada sobre un juego de palabras.
excluirlo o adoptarlo. Notaremos que, si la lectura de Freud que propone el Vocabulario del
Este enviscamiento de la lectura de Freud en una problemática del incorpo- psicoandlisis es no freudiana, eso no pone ninguna objeción a la empresa; en
1ar i!Tcha���PéiTiiüe identificarla comO no tr��ctiana·en e1 senttao· cte-q·úe efecto, ese vocabulario no pretende ser freudiano sino "del psicoanálisis".
P
estéffiodO de ra lectura ri6es el queFre�d indica corno ca - az de Prodú-Ciiüfla cosa que es notablemente diferente. Lejos de tener aquí, como en Lacan,
inteq)�etación .. En Freud. leer es descifrar, lo que da un estatus difereñce·a "consistencia por Ios textos deFreud'' 3, el psko¡;tnálisís es considerado como
cada uno de los términos, ya que basta con que uno solo de ellos escape al pudo serlo para la psiquiatría o !a ñlosofía (por otro !ado, el Diccionario
desciframíento para que éste último, y posiblemente hasta en sus propios Lalande es puesto explícitamente como modelo). es decir, como una
,.·�·
:.•

principios, sea cuestionado nuevamente (cfr. págs. 14114 del capitulo seis). disciplina que vale por encima de cualquier producción de autor. Por eso,
:r- Una lecwra del descl:frarniento es una lectura que no tiene otra elección que dicho trabajo es efectivamente una interpretación de Freud, lo que no
prohibirse elegir. ¿Qué sería un desciframiento si comenzáramos por éOn
_ .fradice el hecho de que se reconozc�, en eSta promocíóil.del psicoanálisis
arrogarnos el derecho de extraer, del texto por leer, algunospasajes escogidos? en tamo separado -aunque sólo fuera en principio- de la doctrina freudiana,
una de las figuras c!ásicas0.9e1 rechazo francés al.camino abierto por Freud.
Resulta. entonces. que no basta con haber tomado algunos ténninos deFreud,
con haber tornado a Freud como objeto de una lectura. para poder llamar HNo freudiano" comado como objeción sólo vale allí donde uno pretende ser
"freudiana" a lá elaboración que resulte de ello. Con respecto a esto. De freudiano. Reívindicar a Freud tiene como corolario que nos pongamos bajo
l'interpretation (Sobre la interpretación) es también un caso ejemplar'!. Si su dependencia. Así, se puede (no nos hemos privado de ello, por otra parte)
entendemos .bien el ténnino.-incluso en Jo que se iridica allí de un no hay contestar a Lacan: "¿Y el afecto? ¿Dónde deja usted al afecto?" contando
elección- diremos que es de la castración de donde proviene una lectura con el hecho de que Lacan- (no se prívaba de ello. por otro lado) está obligado
freudiana. En lugar de esto,.consideramos. terrible y quizás mortal enferme­ a responder. Y su respuesta puede conducír!o a modificar su interpretación
dad del psicoanálisis contemporáneo, lo que llamaré, con Kierkegaard, la freudiana de Freud- Pero si, al dirigínne a los autores de un Vocabulario del
�" falsa seriedad, de la que el Vocabulario del psicoanálisis es tan solo una psicoanálisis, !es solicito que se pronuncien sobre el Umschrift o el
figura entre otras. La falsa seriedad es una de Ias formas más prácticas de Gedankenübertrtigung �enFreud, responderán tranquilamente que, dado las
cti�erta:r (en este caso sobreFreud, e incluso en términos freudianos) manre­ pocas veces que esos términos son mencionados en la literatura analítica. no
nil.�ndo al mismo tiempo ese discurso fuera del alcance del menor rasguño. creyeron que fuera útil... pero que, si por casualidad ... ahora ... vaya, que esto
pr:egunta o modificación.que podría venirle de su objeto (aquí, de Freud que, no les interesa en lo más mínimo.
dd Jalsa seriedad. "tiene su dosis")� Asf, el caso del Vocabulario del psicoanálisis resulta ser ejemplar porque
La falsa seriedad hace estragos seguramente en otros lugares además de la presentifica. y quizás allí donde no lo esperaríamos, una fonna no freudiana
ampulosidad del campo freudiano y. para indicar en qué consiste y de qué de u-atar a Freud. Basta entonces para establecer el hecho de que estas
manera la inteligencia está a su servicio. elegiré una desventura ocurrida, no diversas fonnas no son todas freudianas. Tenemos que notar, sin embargo,
hace tanto tiempo, según se dice, al filósofo marxista:.J��!sl�!LS,e� Con que si no nos apartarnos del enunciado que afinna que no wdas las jormas
ocasión de un viaje a Inglaterra, un periodista local, entre toda una serie de de tratar aFreud sonfreudianas, argumentando, por ejemplo, su trivíalidad.
asuntos, Ie preguntó: "'¿cómo explica usted que haya tantos trabajos sobre eso conduce a plantear la: preguncasobre saberlo que califica como freudiana
Marx y, en cambio. tan poco sobre Spencer?" Sacrificándose ante la ley de a tal o cua! relacíón con Freud_
un género que esperaqne uno tenga-una respuesta para todo, L. seve se lanza
en un� gran explicación cuyo texto no tiene, en esta ocasión, ninguna 'J. Lacan�PTflpos1cWn del 9 de oCJubre. de 1967 sobre eJ. ps¡coan.ali:ifa de la escuela.
'Sa,ado a fa luz recierneme:ntenu:::. por suene; cfr. W _ Granoff. J.-M. Rey, L'occulte, objet de
la pensü-ft'eudier.ne;P.U.F.• Pnrs
í , !983. Se lleva allí. msr!ejos tXlmO$e puede, una J=:urade
1 P.. Ricoeur, De ri.ru�on, ScwTetl, Paris, t%5_ ,·-:-; .::.;;.'!:=..!r�� Freud quese-apoyaen las cuestiones provocadas por sus traducciones. Este método de /ecrura
no es freudiano en el sentido en que freud no lee sus sueiios tratando de traducirlos. Esto no
33 quiere decir que �talecrura nod� frutos. Sin embargo. !a anu!nc1ón fina! de lo que� mostró
�� imi'in ,¡,.¡,. �"""""",.;,.,.,,.., ���� r--·�- ·- -·- - - "''·''
-
26<l la !erra qut: Jufre dunora
¡ !a discurs1virlod 26!

.:,Por qué el completar a Freud (E. Frornrn se hizo el chantre de esto), o el universitarios? Niega, a priori, todo valor de efecu.:.a,;. d freudismo al
extraer de Freud (Laplanche y Pontalis se consagraron a ello), se resisten a retomo a Freud de Lacan. Tomar este retorno seriamente equivale a decir.
que se los ubique como una empresa freudiano., mientras que, a pesar de todo, contrariamente, que Lacan es freudiano porque la problemática del deseo del
bajo una forma ciertamente ciega, ciertamente casi muda, ciertamente no analista, que él introdujo en el psicoanálisis freudiano. extrae su legitimidad
critica, la consigna del retomo a Freud fue recibida (y ratificada de hecho si de su operación sobre Freud (de su retorno a Freud) y, por lo tamo. de ios
no de derecho) como inscrita siguiendo el hilo recto del freudismo? cortes que efectuó sobre el texto de Freud. Por otro lado. yendo mucho más
lejos, Lacan no vaci1á. en situar su retorno a Freud como una legitimación de
Podemos intuir que esta pregunta pone en juego unos homólogos diferentes
Freud (regresaré sobre ese seminario del 8 de enero de 1969 que lo dice
de los que Lacan mostraba 5 cuando subrayaba que en el psicoanálisis no se
explícitamente) y recibe de Foucault (del lazo que Foucault pone a la luz entre
trara tanto de hablar de la palabra corno de hablar en el hilo de la palabra.
el "retorno a..." y la instauración de una discursividad) una confirmación de
Igualmente, ser freudiano no consistiría solamente en hablar de Freud, sino
su legitimación de Freud.
en hablaren e! camino abierto por Freud. Sin embargo, tenemos la sensación
de que esta oposición es de un manejo demasiado delicado, de que esta Es curioso. por eso. comprobar que una tesis que da la espalda a eso se píerde
referencia a la palabra no basta para permitir que se despliegue la cuestión. inmediatamente en las arenas movedizas. En efecto, como única justifica­
De hecho, su elaboración ha tomado históricamente otros sesgos. ción de !o que afirma, el autor declara que se puede considerar como
equivalente al deseo del analista, lo que él señala en Freud como las n1bricas:
Esto no quiere decir que la cuestión fuera abordada de frente; pero después
"la sugestión, [os ideales del analista. la idea del fin del análisis (¡como si. en
de la disolución de lo que se llamó Ecole Freudienne de Paris, y que oímos
Freud, el fin de! análisis fuera una idea!), la ética de Freud", Eso es tanto
nombrar también corno "laescuelade Lacan" (todo el prob!ernade! presente
como decir que todo está en todo y viceversa. Lo vernos: a falta de un sondeo
estudio está ahí. en esta doble denominación), parece que esta cuestión ya no
(forage) correcto del lazo Freud { Lacan, la diarrea (foirage) no se hace
se puede evitar pOr más tiempo. ¿Qué quiere decir "freudiano" cuando se
esperar. esw vale quizás como el signo del carácter especialmente bien
plantea (o si se plantea, lo que viene a ser lo rrúsmo, ya que "plantear" una
templado, '"remojado", de este lazo.
operación no es resolverla, ni siquiera validar la forma en que se la plantea)
que ese ténnino vale como oomenclaru:ra porta vía de Lacan? Michel de Certeau.no esquivad problema de su implantación; se unce a él 7•
PefO sin tomarse el tiempo suñciente para desplegar lo que fue el retomo a
No deja de tener consecuencias el hecho de no detenerse durante un tiempo
Freuc!. de Lacan, da inmediatamente. prematuramente, un sentido a es�
suficiente en esta lógica p&ticular según la cual "freudiano" va[e por Lacan.
retomo interpretándó!o como un "reiOfno de Freud'", Esta fórmula deja ver
Veamos dos casos de trabajos recientes que sufren las consecuencias de no
haber estudiado, en el propio Lacan. las diversas elaboraciones de esta
lO que designa. sí imaginamos una escena y un persOnaje que, después de
haber "estado en la escena" y 1 uego haberse sustraído, regresa a ella de nuevo:
cuestión. Cierta.-nente, no permiten que se la resuelva (ya que se trata de
como el Zorro, cuyo "retomo" a !as pantallas del cinematógrafo era anun­
casos negativos y que, según el dicho freudiano "dass negative Falle nichts
ciado por una publicidad, que hoy ya pertenece al pasado. o, en negativo,
beweisen") 6, pero dan testimonio de la urgente necesidad de su abordaje.
BjOrn Borgque se particularizaba por no lograr hacerrealidad su retorno. En
Freud e! le désir del'analyste es un libro cotizado, por lo menos en el sentido esta visión del "retorno de Freud", Lacan es tomado como una reencarnación
de que cuenta con el beneficio del imprimatur de la oficina que (según su de Freud. Ésta puede interpretarse de des maneras diferentes. y las dos se
propio término) "massmediatiza" a Lacan. Pero, por encima de esta pre­ encuentran en el' trabajo de Michel de Certeau. Puede vafer, rnágicamente,
cal!ción, hace falta un gran descaro para atreverse a escribir, en una tesis. y como un retomo de Freud en otro cuerpo, y emonces "Lacan" no sería más
además dedicada a Lacan, una frase como esta, que encontramos ya en la que un nombre de Freud; o b.ien, t:n una perspectiva má.<> hegeliana de la
inrroducción, y que no es otra cosa que un escobazo asestado al trabajo de historia, Lacan es acogido como realizando a Freud, como el cristianismo
Lacan sobre Freud.: �problemática del deseo del analista, sin embargo. no ''realiza" al judaísmo. Aquellos a los que el psicoanálisís concierne estarían
extrae su legitimidad de la operación lacaniana y de los cortes que Lacan entonces en una posición similar a la de los cristianos (sabernos que tos
efectuó sobre el texto freudiano." ¿Acaso el lector se verá cegado sobre el primeros cristianos esperaban un retomo inmediato de! Mesías), para tos
alcance de semejante aserción., por lo perentorio del tono unido a los galones cuales una primera venida del enviado del Padre basta para dar cuerpo a la

s 1: Lacan, ú:sform�tcm:ukl'�. se:mi.D;;rioiDéditode! 13 de novic:mbrede 1957.


34
• S. Freud, Info�preli:minar., traducido ru.tr.mc:::s por W� Granoff y J.-M. Rey eu L 'rx:cu!u. 1Michel de Cero:au. �Lacan; une edUque de !a pa.role\ ú·diba:. oo. 22. Gallimard �.
oh;er de lape�tSlefreudirmne, P.U.F�París. !"983. oág. 40 ypll g. 212 ¡¡:uadcornentario quedan noviembre de !9&2.
la discumvidad 263
262 la letra que sufre demora

esperanza de su retorno. De hecho, e{ artículo de Michel de Certeau se cierra su propio decir) lo que fue el decir de Freud. La problemática que se
con esta espera y presenta así la inestimable virtud de volver público lo que írürbéiuce a partir de éStO� aparecerá si pronomínalizamos simplemente esta
ciertos analistas dicen en sordina 3• ¿El retorno aFreud de Lacan se encuentra proposición. La frase
entre estos dos polos posibles: una reencarnación mágica o una parousfa? LACAN YA NO DICE LO QUE DICE LACAN, SINO LO QUE DICE FREUD
Uno de los datos esenciales de la cuestión que plantea es el hecho de que se transformará en esta otra. más enigmátíca
cierto número de personas lo admitieron como freudiano. Muchos de ellos
se apartaron después de e-Ste su reconocimiento suyo. Se hace aquí otra LACAN Y A NO DICE LO QUE ÉL DICE SINO LO Q UE ÉL DICE
"elección", la de dar razón de este reconocimiento. Pero, corno fue mudo en En el lugar que Freud ha llamado "dritte Person", e! recubrimiento posible
su propio acto (las retiradas no lo fueron menos), corno pennaneció casi sin de estos dos "él" �ondensa tod� la problemática del retorno·a ... sasta:coñqüe
ser cuestionado (salvo a la manera silvestre de las retiradas nombradas más supongamos !a efectividad de este recubrimiento. de una absorción, como lo·
arriba), darle la razón exigirá que se produzca su razón. Este reconocimiento implicaba su interpretáción en la teoría de la reencarnación, para que la frase
mismo da razón al "retorno a freud" y admite así que la vía de ese retomo es se reduzca inmediatamente aún más:
aquella donde se elabora "la razón según Freud" (Lacan); de esta manera,
sitúa ese retorno como el punto bisagra entre lo que lo reconoce y Jo que él EL YA NO DICE LO Q UE EL DICE. SINO LO QUE EL DICE
reconoce. Entonces. interrogando a este retorno, lograremos quizás mostrar Aquí se ve sepultada toda posibilidad de decir, ya que a la vez "él dice" y "él
ta razón de este reconocimiento que ratificaba de Jacto su pertenencia al no dice"..."lo que él dice". Este jUera del decir (horsdire) se encuentra
camino abierto por Freud. señalado, me parece, en algunos textos literarios. Este sería, por ejemplo, el

A partir del instante en que es pronunciada la "consigna" de un "retorno a...", alcance del se dice en Duras. En sus textos más sobrecogedores, no podernos,

se abre una probiemática específica. Primer elemento: ella se inicia por un durante un üempo, localizar quién habla. Esta cuestión se le presenta al

salto. Así, veremos cómo Lacan, desde su tesis hasta 1955, fue primero lector: lo deja. por un ínstante, sin posibilidad de responder, pero puede -por

\acaniano y no freudiano Uustiñcaré estO desPués de esta introducción). Si ejemplo, releyendo el texto- terminar por saberlo. Este breve fracaso del

"lacaniano" tiene un aLCance semejante a ''freudiano", sólo puede ser en juicio de atribución designa entonces tantomejor el fuera del decir (horsdire),

este tiempo anterior al Compromiso de Lacan dentro delfreudismo. Más allá su indecente (orduriere) efectividad. cuanto que esta designación se hace

de este compromíso, y por él, estos dos términos cesan de ser susceptibles de discreta, tan discreta como un momento de desvanecimiento. Ocurre lo

ser confrontados. mísmo con el "¿Qué importa quién habla?" de Beckett, colocado por
Foucault en el inicio de su conferencia de 1969; evoca y opera, a su manera,
Como "freudiano", Lacan renuncia y a la vez deja de tener una doctrina una suspensión del decir, ya que se lo puede leer también como una pregunta
person-ala {personaile). Este último término toma aquí algo del ala para que replicaría (retornando lo que acaba de decirse) a alguien que habria
anotar cómo la paran oía da Su marca a la persona haciéndola tener un valor declarado que importa saber quién habla (pero justamente, si eso importa. es
corno producto, el de una operación de "personación" (Lacan), revelada. en que no es evidente) o. al contrario, como el borrarníento de este voto, y la
vaciado, por la despersonalízación. ¿Acaso nos sorprenderemos del hecho forma interrogativa ya no sería ahí más que un modo de la afirmación.
de que una tesis sobre lA psicosis paranoica en sus relaciones con la
personalidad se presente como una doctrina person�ala? En efecto, era lo Al designar así ese salto por el cual Lacan se presenta como freudiano,
menos que se podía esperar sí es cierto que esta tesis fue efectivamente estamos muy cerca no del inconsciente sino de la razón del inconsciente

portadora de una apuesta y, entonces. que su enunciación está en el hilo de como hipótesis (de su lugar en la doctrina), lo más cerca posible de lo que
-

permitirla dar cuenta de que Lacan. cierto día, haya podido atribuirse el
-

sus enunciados.
-
-
·

inconsciente. En efecto, la hipótesis del inconsciente_ bordea el fuera del


-

Al consagrarse a un retorno a Freud, un retorno que metamorfosea en


-

- decir al prohibir la puesta en equivalencia del "él dice lo que él dice" con el
"freudiano" a quien se consagra a él, Lacan efectúa un saltot-��e "él no dice lo que él dice", interdicción (inter-dicción, es oportuno decirlo en
registro enunciativo: ya no se· trata para él, á panir de e�e.. momento, de
·

.
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sOsteñe-rsü-aearprop- r· -:S7ñOJ.e
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e5t0CQ��j;t� -·


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���ua psicoMálisis, especiai�n�,el fin de un psicoanálisis didáctico con tipo de �te 35


psicoanalista que. seguramente, no se toma por un illlalista. que DO corre ese pe!ígro ya que
·' ---"··- --
- -·- -�- •• ·••w- ...... ,.,., ,.¡¡,,,..." ,.¡,.¡ """" huhiNI! nnrlidn sn!tnr.
264 fu ll!tra que sujre áemura fa disct:rS!vldud 265

este caso) que se produce con la hipótesis de que el sujeto ''dice algo diferente y, por esro. de la enfennedad mental y, por lo tamo, de !a relación que e!
de lo que él dice"_ El retorno a Freud, por el lazo que ins::aura entre Lacan psiquiatra sostiene con eila, y, en consecuencia, de la psiquiatría. Sabemos
11,
y Freud. plantea entonces, al decir, una pregunta más fundamental que la_que que los surrealistas reconocieron inmediatamente eso Pero la tesis misma
le es dirigida por la hipótesis del inconsciente. Esta diferencia de nivel es no dice otra cosa; juega con las cartas sobre la mesa. Podemos leer, por
análoga a la que está en JUego cuando, frente a un niño anoréxico, la buena ejemplo, una frase como esta: "Sin embargo, hay un punto de la teoría
intención nutricia propone, con estúpida malicia: ;'¿Quieres zanahorias o psicoanalítico. que nos parece particularmente importante para nuestra
papas?''; evidentemente. esto supone que ha sido resuelto el problema. doctrina (el subrayado es mío) y que se integra a ella inmediatamente."
Leemos también, en el estudio del caso de las hermanas Papín 11: "A decir
El retorno a Freud se deja entonces atrapar en esta pregunta. que ahora se ha
verdad, aunque hayamos estab!ecído .estos acercamiemos teóricos {con
vuelco inevitable, de saber cuándo alguien está en esa postura de decir lo que
freud), la observación prolongada ... nOs había conducido a considerar !a
otro dijo ... ¿quién es el que !o dice? ¿Es ese alguien o es el otro?
estructura de las paranoias y de los delirios vecinos como .�nteramence
En ur, capítulo anterior. !lame emmdación paranoica al modo de enuncta­ dominada por !a suerte de ese complejo frarernal." Lacan sólo puede enfocar
ción no despersonalizado sino despersonalizante que consisle en ofrecer su estos '"acercamientos" con Freud (trata con Freud como de potencia a
propio dc:cir al testimonio de io que otro dijo �tbse que, aunque la escribo. potencia) porque él es e! que acaba de producir una nueva cOncepción de la
no la puedo escribir. ya que ··su propio" y "otro" son justamente lo que ese paranoia (cfr. "nuestra doctrina''), que no es !a de Génil-Pérrin,
modo de ia enunciación cuestiona en su estatus ". ¿Acaso no estaba y·a constitucionalista, ni la que, a panir de C!érambault, daría cuenta del delirio
apuntada la enunciación paranoica en !a definición restringida de la palabra paranoico como una tentativa raciona! de explicar los fenómenos elementa­
producida en el psicoanálisis con el "eso habta'"? La última palabra de Lacan les.
sobre la palabra consistió en una acentuación de[ ''eso hab[a" en !a califica­
¿Cuál es, en esta época !acaniana, el lazo de Lacan con Freud? ¿En qué le
ción de la palabra como ''palabra impuesta".
importa entonces Freud a Lacan? Es notable que la prírnera pregunta que [e
¿Por qué fue Lacan, en vez de algún mro, el que se precipitó en un retorno a planrea a Freudsea la del autocastigo. Freud es consultado como alguien que
Freud? ¿Por qué puso él su decir bajo la dependencia del de Freud? puede proporcíonar elementos de respuesta: "...aunque más no fuese por
Comenzarnos aquí a entrever que es porque él. más que cualquier otro, se comentarnos con el perchero del autocascigo -escribirá Lacan unos 33 años
había conscituido en e! testigo del paranoico en tanto que impone situar !a más tarde-... desembocábamos en Freud'' lJ, Pero es todavía más notable (al
palabra como algo que· no es nunca otra cosa que una palabra impuesta. menos si lo confrontamos con la opinión hoy admitida que pretende que
Lacan tomó en cuenta sobre todo d Freud de la primera tópica) que lo que
!e ínteresa a Lacan en Freud es su segunda tópica. Sin embargo, como ella
El giro anterior 10 propiamente facaniano Jepende de la teoría del narcisismo y como la doctrina !acaniana desarrolla,
sobre la función de la imagen, cierto númuo de tesís específicas, e! apoyo
Si Lacan no fue freudiano desde siempre, ¿cómo sítuarsus trabajos anteriores
sobre Freud no llegará hasta impedir ia formulación de serias objeciones a la
a su compromiso en el freudismo? La respuesta es fácil de producir:�can
doctrina freudiana.
comenzó por ser l<1caniang_._ Notaremos que esta r;;:spuesta presenta aaueHos
'
j
prTme·;as···tr-;b; ·�s···c-�-mo los únicos propiamente ,:aiificables como ·"El narcisismo -leemos en !a tesis- se presenta en la econonúa de la doctrina
"lac<!niar.os". ya que todo te que siguió a la instauración dei retomo a Freud analítica como una :erra incognira" •�. Esta es una afirmación importante
�to ::esci nunca de referirse a Freud. porque apunta unajaita en Freud, hecho que. después del enganche de Lacan
en su "retorno a Freud", penmtlrá precisar esre retorno a Freud como un
Hubo. en un tiempo. una doctrina lacanlana. Es la de la tesis de 1932. que
� retorno a lo que falta en Freud. Freud no supo localizar !a función de la
se presenta como una doctrina person-ala, como la doctrina de un autor, y de
imagen en !a constitución del Yo. Vemos aqui que la invención del estadio
un autor que, en cierto campo, reivindica su originalidad, pretende aportar
del espejo, la comunicadón de éste en Maríenbad en t 936. va en la misma
algo: no solamente la definición de una nueva entidad nosográfica Oa
dirección que esa localización de una falta en Freud. Pero ya la tesis libera
paranoia de auto-castigo) sino, con ella, una nueva concepción de !a paranoia
'' Remiuac a! articulo dc Crcvc! que dl .::u.:nta de la ¡es1S en ú surro:a{ism.: au s.:rvu:r:<il! �
nf11oluaon, no. 5.
•: Se !o encuentra en !a edición de Se.uil, adjumo a la resis, cú. p. 3%; la Cita anterior esci en
�Cfr. Capitulo ocho, págs. !87 a !92. 36 !a página 3'23. (En español. respccúY:tm::ntc: p.igs. 345 y 294.) :d:.r::":
. ,,,_
10 L·avonr-wur(giro anterior, homofonía con avanr-to!lt· ante (0<10 '!con avemure ·UV!!Otuí.l}, 'J J. Laca.n, &n'ts, op. cu.• p.66. (En espm'io!: Escmos, op. cit., p<ig.. 60).
<:n corrá:u:ión con re:cur (retorno). '"' Lacan, Tesis. p. 122. (En español. pig. 293.}
fa discursiVidad 267
166 la. letra. que sufre demora

al Yo desuniendo en su concepto !o que depende del narcisismo (y que está Naves quemadas
intrínsecamente ligado a él; esto será .confirmado por el ,.estadio del espejo")
y lo que concierne a la función de percepción 1 conciencia (que no hay lugar
Solamente hay un hecho nuevo. el primer hecho nuevo desde que el ordcu/o
rara asociar por más tiempo al Yo). funCIOna, �s dccff. dad� S«!mpre: es uno de mts escruos que se llama lA c/wse
y' freudieiW! (La co;;a freudiana], donde lttdiqui lo que !l1ldie habia dicho mm,·a.
Estas consideraciones teóricas tienen, por supuesto, su importancia en lo que Sólo que. como estd escrilo. n11curafmente, uscedes no lo han oído.

se refiere a la forma como se interpreta la paranoia. Y la crítica !acaniana de


Lacan, e! 17 de febrero Je 197!
Freud encuentra ahí su prolongación con la observación de que e! impulso
agresivo del pasaje al acto no es aclarado por la invocacíón. a propósito de
él. en la doctrina analítica, de una pu1sión homosexual (por su trastocamiento
El hecho de que Lacan haya comenzado por defender su propia bandera
en agresividad), sino que es la función de la imagen como talla queda cuenta
Impone la cuestión de saber cuándo dejó de ser lacaniano. Propongo !a fecha
del amor homosexual y de su transformación, y no a la inversa. (Este lazo
del7 de noviembre de 1955 como la del día en que quemó suS naves. Estuvo
de la agresividad con el narcisísmo nunca fue desmentido por Lacan, sino al
ese día en Víena para hablar de La cosafreudiana, título de la conferencia
contrario, aún más solidificado cuando desunió la pulsión agresiva de la
donde él anuncia por primera vez, y como una "consigna" 15, su "retorno a
pulsíón de muerte; la agresividad narcísista confirma entonces su anclaje en
Freud".
el imaginario, mientras que la puisíón de muerte, por esta desunión, es
susceptible de ser enrendida como·constitutiva del simbólico. Por otro lado, Esta proposíción no implica que digamos que, antes de esa fecha, Freud no
Lacan prácticamente no insístíó -es lo menos que podemos decir- sobre la contaba para Lacan. Pero una cosa es afinnar, como él lo hacía en 1936 16,
interpretacíón de la paranoia por la homosexualidad; esto es por la presenta­ que "Freud está en la vanguardia con respecto a todos los otros en la realidad
ción de lo. dimensión del imaginario.) psicológica", o también, como lo hace en t 950, que la importancia de la
''revolución freudiana" se confirma con el uso que se da en psicología a la
En la tesis. vernos�que !a doctrina lacaniana trata a la doctrina analítica como
noción de culpabilidad, o. como lo reconoce el infonne llamado "de Roma''
un conjunto de enunciados donde hay unos que deben ser tomados y hay otros
en 1953, que el psicoanálisis como disciplina que no debe su valor científico
que deben ser abandonados (¡Vaya, V1)ra!); pero más aún, hay un verdadero
más que a los conceptos deFreud, da lugar para retornar sobre su historia en
desafío lanzado al psicoanálisis: si él pretende abordar la paranoia (y fuera
la obra de Freud para critícarlos mejor y establecer sus equivalentes en el
de este abordaje, se le dice. está consagrado a la esclerosis), !e será necesario
lenguaje áe la moderna antropología 17• y otra cosa es constituirse en "e!
aceptar transformarse él mismo, desplazar su centramiento sobre el incons­
anunciador" (esta palabra. tomada de otro vocabulario que no es el de !a
ciente en provecho de una mejor torna en cuenta del Yo. Lacan da aquí una
ciencia, lo subraya suficientemente) de un "retorno a Freud".
lección al psicoanálisis. antes de consagrarse él mísmo ala tarea de responder
a este desaÍio que él lanzaba al psicoanálisis, al introducir en éste, cuatro años _ }�sj�- nos obliga entonces a ��mi_4.r que en el sentido d�l ·�retorno {1._
, Este -�!!á
más tarde, "el estadio del espejo". Así lo vemos en la página 28ü-de la tesis Freud", Lacan no era "freudiano" en el momento-del informe de Roma.., Es
(en español, pág. 254): "... nos parece que el problema terapéutico de las tñOíeStQ·que eSto pueda lastimilf a tOS-qüe no qUiefénreconoceren Lacañ Otra
psicosis vuelve más necesario un psicoanálisís del yo (subrayado por él) que cosa que ese freudismo. Recurramos al texto mismo Función y campo de la
un psicoanálisís áel inconsciente". Lacan .no debe a Freud los prímeros palabra y del lenguaje en psicoanálisis: hay ya un espaciO entre este "en
lineamientos de lo que iba a ser una de las tres dimensiones del ser hablante, psicoanálisis" y "la cosa freudiana" .. En el informe de Roma, el retomo a
·
a saber, el imaginario. Incluso es eso lo que diferencia su_ doctrina de !a �reud sólo es dado como un desvío -mciüSoSTe5 ObliiatOr(O siiue siendO· u ... �
paranoia de la que produjo el psicoanálisís, mucho antes de ser lo que él va desvío-. como un medio para dar nuevamente su cientificidad al psicoanáli­
a ímentar íntroducír en Freud. sis. Efecti vamenie� es porque hay un desfasaje decisivo "entre este lazo cOn
FreUct y el que instaura la consigna creída de un "retorno aFreud", que Lacan
podrá a continuacíón dar al psicoanálisis otro estatus que no sea científico,
y ante todo reconocerlo, con Foucault, como un discurso.

'·'J. Lacan, Écrus. op. cir.. p.402. {En <!�>pañol: Escrüos. op. c1r.. pdg:. 385).

37 1• J. Lacan. Ecct¡s. op. ca., p.88. (En espaiio!: Escritos, O[.!. cíe., pág. 88).
11
Sustraiganla e;r;igeneia de esta puesta enequivaleneia y �btendrán fa ídc:alog:íaqw:i:sub�
la empresa del Vocabulario de pSIC<UUnil�tis.
la disc:�.mvidad 269
268 la ltfra que sufu: aemora

retomo a Freud pudiera ser lanzada desde otro lugar que no fuera desde la
El punto de viraje es ese 7 de noviembre de 1955: ese día, "freudiano" toma
tierra de Freud: era lógico esrar alli en cuerpo para decir que faltaba acudír
un valor específico, un alcance que nunca le había pertenecido hasta
allí. y que entonces sólo podía tratarse de retornar allí.
entonces. A quien consideraría "tardía" esta fecha, le haré notar que en 1953
Lacan está lejos de pensaren fundar una "Escuela freudiana", crea, con otros, Viena fue entonces un acomecimiento. Lacan se metamorfosea allí en
una ''SociedadFrancesa de Psicoanálisis", algo, entonces, que no implica, en "freudiano" (se trata de precisar lo que eso quiere decir) al enunciar "la cosa
su título, ninguna referencia aFreud. Será necesario esperar mucho tiempo, freudiana" como aquello que no podía constituírse más que en el movimiento
exactamente hasta 1964, para que el régimen de la "Sociedad" ceda su lugar de un retorno a Freud. Al hacerse el anunciador de él, Lacan, ese día, en
, al de una "Escuela" en et tiempo mismo en el que (no sin una ligera Viena, se encarama al escenario de este retorno.
- vacilación), "freudiano" aparece en el título en lugar de la referencia
¿Qué es lo que vo!vló posible, y en ese momento preciso, este enganche de
nacional, y "psicoanálisis" se encuentra a la vez excluida por la tocalización
Lacan en el freudismo, en ese freudismo? La cuestión no puede no ser
en París de este freudismo. Es tanto más legítimo subrayar estas últimas
planteada, incluso si es necesario esperar al tinal de este estudio para
sustituciones. cuanto que un fomtidable Hazar" (!)deja intacta la sigla. como
responder a esto; ¿Freud no se disculpaba acaso de tener que actuar como
para marcar, con esta estabilidad acrofónica. que !os lugares son efectiva­
esos malos historiadores que, en el curso de sus reconstrucciones, predicen
mente "los mismos"
tamo más fácilmeme el futuro cuanto que ya lo conocen? Responderé
entonces ahora, a reserva de dar apoyo más adelante a esta afirmáCi6D": que
eSPOrque tit!ne en su poder, desde el 8 de julio de 1953 13, el tríptico del
1953; Socíété Franyaise de Psychanalyse
simbólico, del imaginario y del real; es porque no .solamente dispone de cada
1964: École Fran¡¡aise de Psychanalyse. corregido inmediatamentepor: una de estas categorías, sino de estas categoóas en tanto que son tres, que
Lacan puede iniciar !a opefación de un retorno aFreud. que puede, entonces,
École Freudienne de Paris
"él mismo" quemar sus naves ahí. A partir de entonces, el problema teórico
que no cesará de trabajar es re retorno. que no cesará de ser trabajado por este
rerorno, será el de la articulación deFreud con S.I.R. La cosa sólo será tratada
Roma, Viena y más tarde Paris, el umbral franque:ado entre Función y
de frente con la última versión de ese retorno; pero y a a pardr de su tesis, y
Campo . . . y La cosafreudiana se significa también en la geografía. En 1964,
de la manera en que Lacan introdujo orra definición del Yo en el freudismo.
!a Escuela se reivindicará corno "freudiana" localizándose en París, renun­
:podemos pensar que una de las solucíones posibles, quizás la más inmedia­
ciando así con un mismo movimiento a presentar al psicoanálisís como
tamente al alcance del retomo aFreud, consiste en ex.perimentar R.S.I. como
"naturalmente" o "evidentemente" inscrito en la ciencia, y a continuar
lo que le falta aFreud.
tornando a Freud con-las pinzas de la nación francesa, que es la verdadera
finalidad del pichonismo. t964 prepara el terreno donde vendrá a alojarse
la discursividad. Pero este movimiento tiene su ver&tdero punto de partida
en 1955 con La cosajreudiana y la separaci�n
. . . . . . .. - · ·
que
·-·
e Ha
..
instituye
.
entre Vie�a
. ... .

a:.
�.l<._c>�
Lo que ocurrió después demostró, al repetir la operación, que Roma es el
lugar donde viene a proclamarse el dominio, francamente adquirido, sobre un
poder. En Roma. estamos "en el informe". Quiere decir que ya no cuenta
tanto et conrenido como el :<econocimiento concedido públicamente por la
institución al más valiente de sus guerreros. Es en calídad de conquistador
queFreud tiene dificultades con Roma. La presencia de Lacan en Viena, en
tierra deFreud, tiene un valor totalmente distinto. Bastará con detenerse en
esto un instante para admitir que era inconcebible que la consigna de un

38 r L.1can dio ;r.Jií um1 conferencín


cuya.
\3 'fechade !a pnm.:ra reunión '"c¡enóficol· de la S. F. P.
import;mda, quizi'i seria conveniente admitirlo. es !o que impide su publicación.
z;wzs "" 1Ff'ffl'i'ti"

270 la /erra qiU sujr� d�mora


la discursivtdlld 271

Retomo I - Diana, Acteón


y esencialmente a causa de una mujer 19, Es lo que aparece, en todo caso, en
y el no reconocimiento de los perros
el apres-coup, cuando en 1955lacosa. que desde ese momento era "freudiana",
es vuelta a poner en las manos de una mujer. De la cosa tacaniana a la
freudiana, tenemos, entonces. desde el punto de vista de una puesta a la luz
"El Otm como talstguesi�rnio Ullproblema en la dnc!rmu. m la teoria de Freud;
aquél que se expresó�n lo srgulente; ¿qué quiere !a mujer? .[A mu}ersería. ene;re de las configuraciones enunciativas,. tos dos triángulos siguientes:
caso, d equivaleflle de la Vudari"
La psicosis paranoica La cosajredíana
Encore (/5 de mayo de 1973)
(puesta a !a. luz de su raiz
.:.n el complejo fraterno l
Kierkegaard se dirige a Berlín para probar, al efectuarla. si la repetición
es Lacan (Mo.rc-Fran�oisl Freud
..::;,. posible; Lacan se dirige a Viena para comenzar, al anunciarlo. el
retomo a

� �
, Freud. Pero la analogía puede ser llevada un paso más lejos (dando
quizás
estos dos desplazamientos como dependientes de un solo y mismo gesto
):_�J
textO de La repetición es una carta de amor dirigida a Regina, a taque Sylvln
todaVía M.TB
'ño e� "la eterna novia"; apunta a obtener «el reinicio" (como se tradUCé
Lacan {lacquesl Lacan
también) de las relaciones con Regina.. La cosa freudiana está, también,
dirigida a una mujer; está dedicada "a Sylvia". Ahora bien, con esta
ubicación de cierto lugar (vamos a ver que se trata de una posición clave)
Vamos a ver cómo, en La cosajreudiana, la primera introducción del retomo
dado a una mujer (¿sostenido por eila?) en La cosafreudiana, se
encuentra
a Freud es homóloga de lo que acabamos de indicar sobre su enunciacíón.
__ situada de entrada .Ja primera versión del retorno a Freud.
Una vez más aquí, resultaque Lacan cumple con el principio spinozista: idea
La cosafreudiana es el único texto de los Escritos que esté dedicado a una vera deber cum suo ideato convenire.
mujer; y, según mi conocimiento al menos. sólo hay un texto más de Lacan
En La cosa freudiana hay dos mitos con los cuales el retorno a Freud se
que fue ofrecido a una mujer, pero ofrecido de una manera quizás menos
encuentra a la vez construido, pensado y sostenido como proposición. El
sorprendente, porque es habitual cuando se trata del texto de una presenta­
primer míto, militar, es el del héroe traicionado; hubo un acto heroico. el de
ción de tesis.
Freud al elaborar su obra, después esta obra fue delegada a otros, a aquellos
Michel de Cerreau anota que [a tesís está dedicada a Marc-Fran<;:ois Lacan, que llamaré con una palabra que se encuentra en el texto, a saber"la guardia"
"hermano en la religión" y ve ahí una confirmación de su interpretación del (la que muere pero no se rinde, al menos según se dice), después, la traición
''retorno a Freud" como realiZaCiOn cristiana del judaísmo de Freud. Pero, de la guardia qu,e, al mismo tiempo. se traicíona a sí misma en tanto que
al hacer esto. olvida leer la otra dedicatOfia.'-tste horiienaje. quizás más guardia y. finalmente, su huida lejos del centro de operaciones que está (por
,,;g,::
secreto, más púdico en todo caso, y que sin embargo se deja descifrar aquí el costado de tiracómica del mito pasa a lo trágico, al tocar al real) a la
fácilmente ya que su cifrado sólo consiste en una traducción en griego. La vez al[{ donde se encuentra Freud y allídonde hace estragos la persecución
tesís es ofrecida, entonces, a Marc-Franr;ois Lacan. pero también a M.-T. B., política del nazismo conquistador. Este es el espectáculo visto desde París.
"esa, dice el texto griego, sin cuya presencia a mi lado. yo no habría llegado de una horda que huye de Viena en un tren "que no debía detenerse hasta los
a ser lo que llegué a seT', confines de nuestro mundo" 20, espectáculo que-hace que L1can, después de
, ver desaparecer. en el horizonte del oeste, a la guardia en desbandada. se
¿Llegado a ser qué? (en efecto el "lo que . impide interrogar: ¿Quién?).
vuelve hacia Freud. como preguntándole lo que pudo haber dicho o hecho.
Entonces no tanto "Jacques-Marie Lacan", el que firma esta tesis, síno
verdaderamente, para que las cosas hayan llegado a este extremo.
"lacaniano'', en el sentido en que Marc-Fran9ois presentifica esta referencia
:omún, fraternal y religiosa. En el .-rúvel de la tesis de 1932, Lacan es Esta es la primera elaboración. en el mito, del retorno a Freud. la que
'lacaniano" en et sentido de Marc-Fran�ois. Pero las cosas no se quedan allí, pone en equivalencia "retorno a Freud" con "vuelco del freudismo", ya que

R.:cordemos aquí a !a Sra. Jun¡; y su efic¡u; intervención para que se opere, de Jung a freud.
'/'
19

la ruptuca por la cual el pril'rWro cesa de ser freudi:mo para volverse Junguiano. Una rrusrna
39 incervcnciOn, y dos efeccos contt:lrios:por eso, si bic:n lo m.:jor que puede hacer un homore es
sc:t el mcauto de una mujer, no puede rratnrSe de cualquiera.
;o 1, Lacan, Écrirs. op. cit., p.402. (En español: Escriws op. cit., p.385}.
u:�ru qu.: sufre demora
la discur.nvldad 273
:a

el freudismo no es entonces nada más que lo que huye de Freud. Lacan que es, una caza de la Yerdad, donde los cazadores están dispuestos a pagar
precisa que ese retomo no es un retorno de lo reprimido 2t sino una toma de el precio que la Dama exige. ¿Pero podemos siquiera sea hablar aquí de un
-" posición antitética.
"precio" cuando, si recibimos la muerte de la diosa que no podría dejarse

Se trata efectivamente de un mito, e! del héroe traicionado. No solamente mirar desnuda (es decir, sin su arco), esta misma muerte vate como un don,
q
porque encontramos a�oni�nt; ·de ·loSei�ffié'nt�s · �e componen ese el don (de amor) de esta desnudez qUe ella no tiene y que un mortal logró.
mito, sino también y sobre todo porque son utilizados como mito. lo que se sin embargo, sustraerle?
revela si notamos simpiernente que Lacan no cuestiona tal o cual de sus �Qué resulta de esta retirada de los pe:rros? Nada más que una dispersión
elementos en ningún lugar de este texto, por ejemplo, el gesto por e! cual donde cada uno de ellos, por no haber hecho de Acteón su presa y, entonces,
Freud con fía su obra a una guardia cuestionamiento que hubiéramos podido por no- poder presentarse con él frente a la diosa. se vuelve '"la presa de los
esperar de un análisis político de la situación del psicoanálisis en 1 938. perros de sus pensamientos" 11. Releamos esta prigina 395 d� Jos Escritos
Lacan se encuentra. durante un instante, en posicíón de tener el asunto en sus para oir, hoy por fin, el extremismo del cual da pruebas Lacan en esta.
manos (su contmuación dependerá del retorno a Freud), porque ve, desde introducción del retOrno a Freud. Porque, si devorarse a sí mismo es lo que
Pon$, [o que se está producíendo encre Freud y su guardia; posición ésra que resulta de !a retirada (por lo tanto: !o peor). la a!tematíva, que es el retorno
fue la de una mujer en e! triángulo anterior y que será la de una mujer en et a Freud, tiene por horizome algo como una destrucción coiecriva (la que no

siguiente: se produjo en el moniento de la primera caza), en una comuniÓn "casi


mística" donde Freud/Acteón, devorado ahora por los perros, {e ofrecerla
Freud -este devorar mismo a la Diana ctoniana para recibir de ésta, con la muerte de
todos, una confirmación de que, como la Verdad, fue efectivamente "toca­

La guardia
� Lacan
da".

Sólo una visión limitada de lalocura puede escandalizarse con este extremis­
mo (o simular estar escandalizada); pues ¿cómo oponerse al extremo de la
locura s i no es dentro de un compromiso igualmente extremo?

Retornar a Freud, es retomar con él esta caza de la Verdad; su fin no puede


Pero, a partir dei memento en que se comprometió en el retomo a Freud, consistir más que en el gesto que se remite a ella. ofreciéndole lo que ella ha
Lacan viene a ocupar nuevamente el lugar de la guardia; es ahora el retorno rechazado, ya que la posíción desarmada en que es sorprendida, en el baño.
a Freud el que se ocupa de la guardia de Freud. Aqufhay lugar para proponer es esa misma que viene a ocupar frente a ella aquél que pretende convertirla
otro rrüw, para apoyar, esta vez, ya no el comienzo del retomo a Freud, sino en su presa. En este punto límite, las categorías, !as diferenciaciones mismas
lo que lo va a sosrener al menos por algún tiempo. El lugar dejado vacío por desfallecen: el montero se. convierte en presa y la presa.se vuelve sombra y
d hecho de1 pasaje de Lacan a la guardia será ocupado en este caso, una vez el montero falla así, pero de [a buena manera, en su caza de [a Verdad.
más, por una mujer.
Tenemos aquí, entonces, esta muerte transfigurada, sublime, anunciada de
El mito que, desde 1 955 hasta 1969 (fecha de la elaboración de los cuatro entrada. puesta de entrada en el horizonte del retorno a Freud. A pesar de que
discursos) sostuvo el retorno a Freud es dado en La cosafreudiana. Es el de ella apele, lateralmente, a la formidable energía de! masoquismo (aunque ella
Acteón, transformado en ciervo y luego devorado por sus perros, por no sea quizás una forma de tratarlo), no está de más usar los encamas del
haberse dado vuelta ante !a visióri de l a desnudezde Díana. El segundo mito, alejandrino para ínvítar a nuevos perros a semejante empresa. Veamos

''más grave" -dirá Lacan- es ante todo una interpretación del prímero: la presentados como tales, los cuatro alejandrinos que se encuentran at final de
huída de la guardia es retomada aquí como la de unos perros que se habrían !a conferencia pronuncíada en Viena:
negado a devorar a Acteón a pesar de que su encuentro con Diana lo había
transformado en ciervo. Estos perros no se engañan. preservan a Acteón.
Con esto se oponen a la caza, manifiestan así que no la reconocen como lo

:::: la elección d� devorars� a.sí mismo ames que cejar de cutdar del Otro se vud'l'.:: patente en
!á. p. 403. (En español: Id. p.386).
:1
40 lae;�;pe.'lencia de un psicoanálisis y, especialtl'k!nte, en !os casos de psicosis. Pero e;; una n:gla.
p�rnrodas,quecuestion=eesmás fici!,corur:uiarnenoo a lo que se dice, quecue.�uonnral Otro.
es éec1r, qut.: ponerlo :1 !a escuel:l de su falta.
la di.rcu.rsrwdad 215
274 fa lt>1ra qui! sufre demora

!acaniana de los cuatro discurSO$.·


Actéon trap coupable a courre la déesse,
pro te oiJ. se prend. veneur, l'ombre que tu deviens, Veamos ante todo los datos cronológicos:
laisse la meure alter sans que ton pas se presse,
"' 22 de febrero de 1969 � Conferencia "¿Qué es un autor?'' (La ar�
Dzane a ce qu'ils vaudrons reconnciitra les chiens...
queoiogía del saber está en
prensa).

(Acteón demasiado culpable caza a la diosa,


* 1 8 dejunío de 1969 - Lacan es echado de la Ecole Normale
Supér:ieure. donde. se llevaba a cabo la que
presa donde se prende, montero, la sombra en que te conviertes, aparecerá apres-coup como el último semi­
deja que la jauría corra sin apurar tu paso, nario fundado sobre la topología de las su­
Díana, por lo que valdrán, reconocerá a los perros... ) perficies: D'un Aum� _a l'au.tre.

* 26 de nov. de 1969 . Primera sesión de L'enyfrs de la


-
psychanalyse, primera lecci6� en la Facul­
De acuerdo con el carácter anunciador de la conferencia, el texto de La cosa , tad de Derecho, primera mención del "dis�
freudiana termina con tres puntos suspensivos. También sobre tres puntitos l_
curso" en el sentido de la dóttrina de los
se volcará esta versión del retorno a Freud Cl;lando el retorno pase al discurso. cuatro discursos.

A partir de ese 26 de noviembre de 1 969. el término "discurso" no será


Retorno JI · La discursividad simplemente, en Lacan, una palabra del vocabulario corriente (como en el
"Discurso de Roma"), sino el nofubre de una noción (como en "discurso del
Ha habido gente -y cada vez hay más- que se interesó en e! "retorno a Freud"
amo'1). Esta diferencia es tanto más marcada cuanto que se inscribe en una
de Lacan, incluso para comprometerse en él, y con frecuencia muy adentro
tipología de los discursos.
desde un punto dé vista personaL Se trataba, en su mayoría, de lo que LaCan
tlamaba "casos de verdad". Pero esto, !lo impedía cíerta opacidad mantenida No por eso Lacan se atendrá, a partir de ese momento, a un uso estricto del
en cada uno de estos compromisos: el;'acuerdo dado al ..retorno aFreud" era término "discurso"; al hablar igualmente de "discurso capitalista" o de
a la vez efectivo, confuso y, finalmente, silencioso, salvo este reconocimien­ ''discurso de la ciencia", se verá obligado a precisar de qué se trata en su
to de que estaba en juego a11f una verdad, con toda certeza. la del freudismo doctrina de los cuatro discursos, distinguiéndolos como "discursos radica­
mísmo; dicho de otro modo. de cierta relación con la verdad. ¿Tal vez hay tes·". Tenemos aquí una dificultad taxonómica que, como veremos, no deja
que ver este silencio como la necesaria contrapartida de la participación de tener importancia para el pasaje a una tercera versión del retorno a Freud.
efectiva de los perros en lacaza, como el signo de un compromiso demasiado
La construcción de cuatro discursos radicales es esencialmente el producto
poderoso? El hecho es que Ia intervención de Michel Foucault vino de otro
de una escritura: hay cuatro discursos porque esta escritura ·províene de un
lugar, y que, desde 1955 hasta 1982. Lacan no recibió nunca la menor
"alfabeto" de cuatro letras, porque cuatro letras nunca pueden ocupar más
inteJpretación de su "retorno a Freud". salvo enfebrerode 1969, y poroóra
que cuatro lugares, y porque s i se mantiene la serie de las cuatro-letras como
de Foucault.
unaserieordenada, así como la disposición de esos cuatro lugares�:no quedan
Con su conferencia, titulada "¿Qué es un autor?". 'tvfichel Foucault procede más que cuatro "frases" posibles ,13•
a una presentación del "retorno a... " como hecho de discurso; confirma así
Como hecho de escritura, los cuatro discursos sellan el nuevo vaiór dado al
a Lacan el carácter freudiano de su retorno a Freud (este tipo de confirmación
es un componente fundamental de la interPretación analítica) situando (el
''discurso": a partir de ese momento está desunido· de la palabr�:;�y Oma en )
el escrito el estatus de un "discurso sin palabra", mientras que en SU""acepcióñ
agregado es, también, constitutivo de ese tipo de interpretación) a Freud
como instaurador de un discurso. Es porque Freud habrá sido el instaurador
habitual, el discurso permanece ligado a la palabra, inCluso s i esta palabra. a Y
no lo es totalmente por tener que presentarse como una paiabf'a ritualizada.
de una discursividad que tuvo lugaf'un "retomo a Freud". Esto es lo que
·
•·"·· ·-··-· ·---

I � �f?� ��
�acan oyees.�.-� a� �--la . Fo\icaUI( Se prO-dUjo Por e!!?J!l conª!!!J�c nl§. Í- Estaconstrucción se puede precisar mejor como la conjunción de dos series

!l Algunos se pusieron inmediatamente aintenmr modificar e! orden de !ns letras (una empresa
a la que Lacan se opuso de io.mcliataJ pero, curiosameme, a nadie se !e ocurrió cambiar las
-" ,-�.. relaciones eon !os lugares (que, sin embargo. era fácil de pensar pues[O que estaban nombrn.·
41
·:·-

dos}.
276 la !erra que s¡ifre demora la discursividad 177

escritas y mantenidas separadas hasta esta fecha del 26 de noviembre de


1969. La primera serie, la más antigua, es la transcrípción de la definición
lacaniana del Sujeto como "lo que es representado por un significante para $ s, s,
otro significante''. lo que da: s, s, a

$ -> s, -> s,
La otra serie. mucho más reciente (vista desde este 26 de noviembre de 1969)
$ s, s, a
fue construida en la inmedima prolongación de1 gesto de la administración
de !a Eco le Normale Supérieure echando 1 cazando (chassantquiere decir las
dos cosas, ¡qué casualidad ! ) al seminario de sus locales. El día de su última Pero el hecho de que la doctrina de tos cuatro discursos sea el resultado de
presentación en la calle Ulm, Lacan ubica este acontecimiento como un una operación de escritura no da cuenta del hecho de que ro que se Hamaba
intemo para liquidarlo, det mismo orden que el de 1953. Para captar la "posicíón de! amo", ''posíción histérica o "posición universítaria'', sea
lección que él va a extraer de este acontecimiento, es necesario recordar ante llamado discurso en el momento mismo en que, de la calle Ulm (sede de la
todo que fue en esos !oca! es de !aE.N.S. donde Lacan, viéndose con los ojos E.N.S.) a !a plaza del Panteón (sede de la facultad de Derecho, donde
que !o veían, los de los "princípes de !a universidad" (come él les H::unaba), continuará con su seminario), de D'un Autre a l'autre a L 'envers de la
iba a acreditar su decir como algo que era una enseñanza 14, Pero 3i obtuvo psychanalyse, eso se reescribe.
Ja comprobación de que su enseñanza no era universitaria. ella vino, esta vez,
6Por qué !a mma en cuenta de la posicíón universitaria (que se volvía
de la administración de !a E.N.S., ya que eso fue lo que el director adminis­
especialmente urgente con la exclusión del seminario) es realizada como
trativo le dijo en el momento mismo en que io echaba�, Desde ese momento.
discurso? ¿Diremos que. al proponer que se distingan cuatro discursos unos
Lacan concluyó que debe haber varios tipos de enseñanza, una "uni versüa­
meses después de La arqueología del saber (que se ofrece como una
ria" y , por !o menos, otra que no lo seria.
descripción de estos tipos particulares de regularidades que Foucault llama
Hay aquí en el nivd de la doctrina. una toma en cuema muy notable de un -.=;"discursos''). Lacan experimentó la in¡lu.encia de Foucault? Pero justamen­
acontecimiento sobre el que nos equívocaríamos si lo considerásemos corno te. ai introducir, entre palabras y cosas, este nível del discurso. Foucau[t
puramente institucionaL Lacan, excluido de uno de los lugares destacados forcluye ese tipo "de explicación" con que se alimentaba "la historia de las
de !a universidad, propone inmediatamente una escritura de la posición Ideas". Más bien -lo mostraremos-hay que ligar Jaadopciónde !a discursividad
universitaria. Esta escritura la hace codearse con la posición del amo y de la a la conferencia del 22 de febrerode-19.69 ::6 en -tantO que ella produjo una
. "'

histérica, cada una de las cuales responde a una de las tres realizaciones interpretación del retorno a Freud.
posibles de la sede
Uno de los elementos que permiten afirmar si una intervención tuvo un
s, s, a __, alcance interpretativo es su efecto de corte; leemos apró·-coup que esta
__.- intervención habrá jugado como corte. Ahora bien. ese fue precisameme e l
cuando la insertamos en los tres lugares marcados como se muestra:
caso. me p!Uece, con esta conferencia.

Consideraremos, para mostrarlo, la serie de Ios seminarios. D'un Autre ó:


L 'au.tre se deja aprehender como e{ último que toma un apoyo decisivo sobre
CJ D D la clásica wpo!ogía de las superficies (la clasificación de éstas últimas es
adquirida en el siglo XIX); el paso que efectúa, con respecto a Cacre
La conjunción de estas dos series de escritos, una antigua, la otra psychanaLytíque (que lo precede) ::::; laarticulación, gracias al plano proyecti va.
muy reciente, da la serie de las cuatro letras que van a escribir los cuatro del "en Íonna de a minúscula del A mayúscula". Ahora bien. eo los
díscursos: seminarios siguientes, ya no se tratará de estos objetos topológicos, ya o o se
tratará de este "en forma": estos seminarios estarán casi exclusivamente
� "Aquí es done� se advirtió qu.: !o qu.: yo decía ern una enseñanza.., J. Lac:m. semmano de! centrados alrededor de la escritura de tos cuatro discursos (diferente, e.� su
16 de noviembre de 1969.
�· Atrapado et:1 la !ormema der acontt!cimiento-. Lacan Ucgaci a llamar a su enseiíanz.a
42
"annuniver:siraria". E�!e tipo de deslizamien:o es lo que prohibici la utilización de loo cuatro ':li En Uuural, n". 9, Ed. Eres, Toulouse,Junio !9&3.
cliscursos. Pero si bien eso lo prohibe, ·no !o impide, como el post-U!C1ln !o osremó
dcsgrac¡adamealt!.
278 la /erra que sufre demora la discursfVI·IÚld ?.79

modo, de !a escritura topológica) y sus secuelas "semánticas", Esto seguirá cuatro discursos, en el acontecimiento de estaconstruccíón, en esta construc­
siendo cierto hasta !a introducción de una nueva topología y, con ella, de una ción como acontecimiento, es el punto delicado en que el análisis semántico
nueva y tercera versión del retorno a Freud. de Foucault es innovador, y que Lacan recibirá como una solicitud de
Entonces, hay efectivamente un corte notable, en noviembre de 1969. en la apoyarse en la discursividad. Este punto es el síguiente: Foucault presenta

perforación de Lacan. Es, por otro lado. visiblf? en sus oyentes; así como la el "retorno a. ." como un "retorno de... ". puesto que el fundador de una
.

escritura topo lógica los dejaba perplejos, reservados. si no es que aburridos, discursividad, hacia quien el retorno.:.retorna� es el mismo que, en tanto que
incluso molestos por perderse, en todo caso sin voz (¿qué ecos hubo deD un '
fundador de una dis�ursividad, produjo ese retorno como lo que no dejaría
Autre a l'autre? Ninguno), la doctrina de los cuatro discursos provocó de ocurrir.
inmediatamente numerosos trabajos de alumnos (lo cual no quiere decir que Así, por primera vez desde 1955, el "reromo_ a Freud" era presentado como ,
todos fueron afortunados). un "retomo de Freud". es decir. como -freudianO. '-:·._-No es neCesario que

Quizás se admitirá que hay allí efectivamente una ruptura en la continuidad evoquemos aquí una reencarnacíón de Freud, un Freud:._C¡ue regresaría; pero
de los sernlnarios aunque rechacemos que Foucaul t haya tenido algo que ver. este retorno es efectivamente "de Freud�'"en el sentido.:en que, en tanto que

La discursividad habría estado "en el aire", en Francia, en los años 1 970, y instaurador de una discursividad, Freud. había diseñado el lugar de est_o y,

tanto Lacan como Foucault se habn'an agarrado de eso. A decir verdad, esta hablando con propiedad, lo convocó a ese lugar (desmat,cado cOn respecto al
explicación, al igual que una que se apoyara en la influencia, no presenta el freudismo) para ser esa operación que no puede no produCirse en el orden de

más mínimo interés. Pero, corno salimos ganando si precisamos las cosas la discursividad.
todo lo posible, lo haré aquí antes que nada desde u n punto de vista semántico Entendemos que Lacan hayafesultado animado por un vivo ardor, que la cosa
y después desde un abordaje literal. no haya llegado a oídos sordOs, y que se haya producido tras esto toda una
SEMANTICO: �te punto exige un recuento {rápido puesto que el texto es retoma lacaniana de lo que Foucault había introductdo. Ciertamente, esta
accesible) de los puntos desarrollados por la conferencia "¿Qué es un autor?" construcción de Lacan tiene sus propias exigencias, retoma por su. cuenta y
Foucault, como primer paso. hace del autor una función. Pero, una vez por lo tanto a su manera la cuestión de la discursividad; y no hay lugar para
enunciado, el desfasaje individuo 1 función no puede más que prolongarse suponer que se trate. en Lacan y Foucautt de ;'la misma" discursividad.
con ia observación de que esta función-autor no interviene de la misma Aiirmo más simplemente, pero también con más precisión, el acontecimien­
manera sobre todo. Hay cierto tipo de autores (Foucault los llama to de una interpretación cuyos efectos se prolongan en el detalle de algunas
"instauradores de una discursividad") que han producido más que una obra formulaciones lacanianas posteriores. Todo ocurre en cierto nivel (aquél
persOn-al a: !a posibilidad y la regla de fOimación de otros enunciados. Estos donde Lacan señala la pertinencia de! análisis de Foucault) como si él
últimos pueden, en su contenido, diferir notablemente de los textos fundado­ realizara el programa que aquel día Foucault había propuesto. Veamos.
res; -aun así. esos textos fundadores lOs hicieron pos�bles y pertenecen puestos en un cuadro, los diferentes puntos que podemos aislar. en el análisis
entonces a eso mismo (que nombramos? por esta razón, "discurso") que los de la discursividad tal como lo produce Foucault, que sirvieron ·como apoyo
primeros textos han fundado. Apoyánqose en esta discursividad, la confe­ para la doctrina de los cuatro discursos:
renciá distingue de una manera notab�emente esclarecedora las posturas
1) Texto: " .. .regresamos al texto rrúsmo�·-··,��
enunciativas, los tipos de producción, los estatus respectivos de los tres
modos principales del autor: el literariÓ, el. científico y el fundador de una "... el privilegio dado a la letra de Freud.-.. " (Escritos:;-·-P. 350)

discursividad. 2) Campo: "Ellos abrieron el espacio parJ.·otra cosa que;ho era.eHos mismos,
y que sin embargo pertenece a lo que ellos fundaro�'ib..�
··� •
A propósíto de este último. Foucault desarroHa un análisis que presenta al
·
· . .v..·,.- ·

"retOmo a..." como intrínsecamente ligado con toda formación discursíva. "... el campo del que Freu.d hizo la experiencia sobrepasaba las avenidas que
Este es el punto decisivo. el punto donde Lacan va a aceptar el desafío. Como él se encargó de prepararnos... " (Escritos, p. 387)
oyente de la conferencia, es el punto cuya pertinencia extrae de entrada. Pero
lo que sólo aparece en el apres-coup de la construcción de la doctrina de los 3) Enunciación: ... Casi no oiriamos e[ sonido de una indiferencia: "Qué
"

�·•.< --,:·., i-l:-;".;;i.,�,"'''�' ·.-�·..::.v


... . ·�:.;.:-:,¡
43
2SO la l.:;ra fj!1>! J·u.fre demora la discurSIVI:lad 18!

importa quién habia"" de estos inswuradores."

"El sujeto del discurso no se sabe a si mismo en canto que sujeto que so.sdene "Freud me regarde" (Freud me mira/ Freud me concierne) (Lacan eL 8 de
el discurso: que él no sepa lo que dice, ... vaya y pase, siempre se lo ha enero de 1969), que debe eJitenderse en los dos sentidos de "yo me ocupo de
suplido. Pero lo que Freud dice es que él no sabe quién lo dice'' (10 de él" y de ''él me vigila " .
febrero de 1 970)
1 0 ) Olvido: ·•. . .es necesarío que primero haya habido olvido, n o o l v ido
4) Relacwnes sociaLes: '' ... la manera como ellos (los discursos) se articulan accidental, no recubrímiento por alguna incomprensión, sí n o olvido esencial
sobre relaciones sociales ..." y constíturivo."

" ... esta noción de discurso debe tomarse como laz.o social... " ( 1 9 de '· Freud obwvo lo que quiso: una conservación puramente fomwL de su
diciembre de 1972) mensaje. . . esro vol-vía inevitable la represión que se produjo de fa verdad

5) Lugardel sujeto: ;'¿Cómo, según qué condiciones y bajo qué formas, algo
cuyo veizCcuio ellos (sus conceptos) eran. '' (Escriws, p. 458)
como un sujeto puede aparecer en el orden de los discursos? ¿Qué lugar 1 [ ) falta: " . .regres amos a un cierto vacío que el olvido esquivó o enm:1sca­
puede ocupar en cada tipo de discurso?" ró."

Una caractenStica de los cuatro "discursos radicales" aislados por Lacan Que haya unafalra en la teorfa analítica es lo que me parece ver surgir en
es eL lugar que ocupa allí el sujeto, un lugar que es diferente en cada caso cada instaJUe. ( 16 de enero de 1957)
y que es nombrado de .manera diferente.

ó) Tipologia: "Un análisis como éste, si fuera desarrollado. permi tiría quizás
LITERAL: Ceñir más de cerca -dicho de otro modo, e n su literalidad- lo que
inrroducír una tipología de los discursos."
fue [a. interpretación del retorno a Freud que produjo Foucault en ese
AL distinguir, a panir del 26 de noviembre de 1969, el discurso del Amo, momento permitirá precisar lo que es "Freud'' en la expresión "retorno a

Histérico, Universitario y Analítico. Lacan produce una tipología con.stitui� Freud". Se plantea, en efecto, la pregunm (puesto que Freudcstá tomado aquí
da por estos cuatro discursos radicales. a la vez como autor de una obra y como instaurador de un discurso) de saber
cómo interviene el "retorno a Freud" con respecto a esta doble determina­
7) Instauración: "Hablo de Marx o de Freud como ínstauradores de
ción. Foucau!t, ya desde ei anuncio de su conferencia, 'mterrogaba: "¿Que
dicursí vidad..."
puede significar "el rerorno a ... " como momento decisivo en la transforma­
El reconocimiento de Freud como instaurador de discursividad es lo que el cíón de un campo de discurso?" Es la pregunta misma del reromo a Freud,
"retorno a Freud" admitía sin saberlo. Escribir lafórmula de un ''discurso partic u!armeme de lo que opera sobre Freud a partir del momento en que
psicoanalítico", cieno día (el 26 de noviembre de /969), explicitaría este sabem.os que es el de Freud en el sentido que se precisó más arriba.
reconocimiento: entonces, ese discurso cesa de no escribirse.
He aquí la lt!ctura que hizo Lacan de estafrase del anuncio; no solamente aísla
8) Retorno ·a. . . : "Un movimiento que tiene su propia especificidad y que y por lo tanto la distingue, sino que la dice, como lo voy a mosrrar. de cierta
caracteriza justamente a los insmuradores de discursividad.'' manera: subraya el lugar de ·'Freud" en "recomo a Freud" como un lugar
posibiemence vacío (son los tres puntitos) y sicúa de allí l o que quiere decir
"Relamo a Freud" - {a consigna es proferida en Viena el 7 de noviembre de
que Freud sea puesco en ese sitio:
1 955. al mismo tiempo que es reconocida ''la cosafreudiana ". Corte: Lacan
cesa de ser lacaniano seLlando su lazo con Freud en el "recomo a Freuá". "En el anuncio qu.e hizo· de su proyecto de !a incen·ogacíón "¿Que es un
autor''?, !a función del "retomo a" -puso tres puntitos después- se encontraba
9) StLSpensión. ... a d iferencia de la fundación de una ciencia, la instauración
"

al final, y debo decir que -por ese solo hecho- me consideré convocado allí."
discursiva no fonna parte de sus transformaciones posteriores, permanece
necesariamente retirada o suspendida sobre e1las. La consecuencia de esto (La. transcripción es méay,por lo tanto, también la puntuación. La.frase está
es que definimn.;; la valídez teÓrica de una proposición con relación a la obra e:::traéda del seminario que siguió inmediatamente a ia conferencia.)

44
282 la lerra qu� sufre deln(Jra
la dist:urs1vrdad 283

rne}", que constituyó su respuesta al


¡"Convocado"! Lacan no dfce que tuvo ganas de ir a oír a Foucauit. o que me regarde (me mira 1 me concie
a Freud con esa lata de sardinas que no
consideró que era un deber hacerlo. Este ..convocado" no es del registro de lingüista. Lacan identifica entonces
lo regarder). Este "Freud me regarde"
la estética en el sentido en que Kierkegaard la fija a Ia categoría de lo tiene necesidad de verlo para mirar (le
, ya que dice tanto "'Freud posa su mirada sobre mf'
interesante, no es tampoco del registro de una obligación moral que el Sujeto está sobredeterm inaáo
nstrucción en dos enunciados no debe
se impone a sí mismo, el "convocado" sitúa en el Otro la decisión del como "es asunto mío". Pero esta descO
la sobredeterrninación que, como tal,
encuentro, indicando al m.i:smo tiempo que no hay ningún medio (salvo hacer que escape- el hechO mismo de
inación indica que este asunto -
cayendo en lo peor) de sustraerse a ello. ¿Acaso no se dice en francés que uno tiene un valor signiticante; !a sobredeterm
e [engo que vérmelas con esa mirada en
se rend, "se rinde" (¡Abajo las manos!) o "se dirige". "acude" a una quizás- no es el mío más que porqu
cuya insiste ncia como mirada no me deja otra
convocatoria? el Otro, esta mancha (tache )
rarea (ráche) de ocupanne:,dé!.�so : si lo
eleccíón más que "manCharme" en ta
En ese mismo seminario D 'unAutre a l'aurre encontramos, poco antes, una
hago ex-sistír, su misma insistencia
se verá aligerada. As f. "tod na vida" �fij
réplica de Lacan que se refiere a su lazo con Freud, pero que, sobre todo,
confinnaquehay Iugarparadesplegar, efectivamente, corno lo hago aquí, tan se encuentra "convocada" . :;>;.

lejos como se pueda, las resonancias de este "convocado". El asunto -eso es ¿Qué es !o que, en. el Otro, puede tener
semej ante. impacto? Resp<j �eremos �
!o que es- merece titularse ''Freud laca de sardinas". Su punto de partida es regresando al texto que refiere esta convo
catoria: "por ese so1 i� i�ho me 9�
hecho ? Hay aquí una dificultad de
una publicación que un lingüista conocido consagraba a Queiques euraitsdu consideré convocado allí". Pero ¿qué
probl ema de transcripción del semina­
.rtyle de J. Lacan21• "O bien saboreemos -se puede leer en ese texto� la lectura y, por lo tanto, un interesante
lo que parece-que Lacan quiso decir,
majestad tranquilamente bretoniana con la cual Lacan dice: Freud y yo (p. rio. Podemos, en efecto, de acuerdo con
Ste en que Foucault puso la función de!
868)'' .- Ninguna competencia "científica" alcanza ajustificaresta "majestad admitir primero que este hecho consi
pero debemos considerar también que
tranquilamente bretoniana", pero un poco de competencia habría debido "retorno a" al ténníno de su anuncio;
es un texto escrito. un texto que tiene
prohibir al autor_la invención de ese "Freud y yo" que buscaremos en vano Lacanprofiere el texto del anuncio (que
enton ces obligado, para oralizar este
en la página indicada de los Ecrirs (En español: Escritos, páginas 846-847). frente a sus ojos), y que se encuentra
Aunque este artículo haya tenido alguna responsabilidad en la exclusión de ault puso "tres punti tos después" de retorno a.
escrito. a precisar que Fouc
: ya
dicho con ocasión de esta obligación
la E. N. S. (moti'vada por la necesidad'de hacerle un lugar a una enseñanza Ahora bien, otro hecho viene a ser
a" al térmi no de su
haya puesto "retorno
d e !a lingüística), tiene importancia por la respuesta que le dio Lacan. no es símplemente que Foucaul t
tres puntitos justo despu és de "reto mo
Descaro por descaro. intimidación por intimidación, Lacan (desconociendo anuncio, sino que haya puesto estos
os están en lugar de «Freud" en la
que el "'Freud y yo" es, en este caso, una invención del profesor) responde a". No es poco, ya que estos tres puntit
Como se acostumbra en la puntuación del
primero destacando su trabajo sobre Freud: "¿Por qué, para este autor, que expresión "retorno a Freud".
tos, en Lacan. son la marc ade un lugar
confiesa no tener la más rrúnima idea de lo que Freud aportó, hay algo francés (y de! español), los tres punti
segunda lectura de la frase, afirmando
escandaloso, pór parte de alguien que ha pasado toda su vida ocupándose vacío 19• Yo opto, a partir de ahí, por la
algo que marca un lugar vacío, los
de él (el su�rayado es mío), en declr "Freud y yo"? Pero, más allá de este que son estos tres puntitos, tomados como
en el origen del "convoGad�\
argumento, a la vez legítimo y falaz (¡supone que el trabajo da 9-erechos !), que fueron "ese solo hecho" que está
Lacan produce en esa ocasión la última interpretación de su lazO con Freud
Pero aquí está la prueba de que efect
ivamente.e�tos tres puntito $}b�
·estos e n
antes de la introducción de la discursividád. ance de interp Í'��ulci ón. S i
on un�alc
ese lugar. con ese valor, son los que tuvier .,
os que.é l sitúa allí
Esta interpretación se engancha en el perchero de una historieta que ya se nos remitimos a [a frase d e Lacan, verem
. es Foucaultquien, en su ��;�\?-� �-----·,- : .
utilizó cuando se trataba de mostrar cómo' la pulsión escoptofnica puede ser "retomo a . :·, y sugiere incluso que
28• retorn o a". Ahor a bien, no es asi. En nirig'ú"ri'lligarde1
afectada por la castración Según esta historieta, Petít-Louis y Lacan están escrito "1a función del del
, Foucault habló de la función
en un barco, para una partida de pesca. Una lata de sardinas que flotaba cerca anuncio, ni tampoco en la conferencia
", escri be "reto rno a..." ,
''la función autor
de la embarcación fue el pretexto, en boca de Petit-Louis, de la ingeniosa ' "retorno a.. .''; Foucault introduce
ces una
observación siguiente: "A esa lata, tú h(yes porque la miras (tu la regardes).
(
' pero nunc a habla de la funci ón del retorno a, que resulta ser enton
! cault.
ledeslizasubrepticiamenteaFou
¡Bien. pues ella no necesita verte para riíirarte (re regarder)J" En su "Freud · creac iónd e Lacan, un agregadoq ueél

comentarlo. cou ocasión de


..
�El título del seminario . Ou pire
tnc!uye estos tres puntitos, al
recisa que sirven para
�marcar un lugar
_;z-p. MOU!!J�i2uflques a:traus du styl<! de 1, Lacan. N.R.F. no, 193. ¡ de enero !969. 45 $.�.�-(8
la pri!Tli!I'a de diciembre de !971, ��
da teStimonio
� dfo.ica de la f-obia
\�ta castración �cuando el sujeto reconoce su imposibilidad de dominar el punto en el ---·-· .
!u
--
gñfiíO
vacío"CUñtugat v:iCiOñol'or-eso-esmt . -··· . .
mare.a
. . ..
_/ ..
Otro desde' donde lo que él da para ver se mira.
"·· . -
la discursiwdad 285

284 fa letra que sufre d<!:mora

o.
él mismo había instaurad
func ión cuya necesidad
¿Qué quíere decir esto? Al funciona1izar e l "retorno a... ", Lacan confirma el como argumento de una
acto
discursividad corno un
alcance reconocido aquí d e estos tres puntitos, ya que una función es algo que el acto instaurador de una
El '"retorno a..." revela ult) no ser olvídado, es
uca
!e hace un !ugar a una variable y, entonces, este Iugar marcado con tres su esencia misma" (Fo
complejo: si no puede "en
de! retorno que lo va a
puntitos está tanto más asentado como lugar virtualmente vacío cuanto que yen te tanto de este olvído como
porque es constitu o el retomo a Freud.·
ano com
es d lugar mismo donde víene a inscribirse una variable. En efecto, si hay. "Freud" es ta1zjreudi
levantar.·- El olvido de et
e que admitamos que
como lo dice ese día Lacan. una función "retorno a...", podemos igualmente ctible de este olvido exíg
Además, e! carácter redu la loca liza ­
elementos para
escribir esto: oducido igualmente tos
acto instaurador ha íntr mo mov imi ento , a
y mis
instaurador. con un soto
RETORNO A ... ción del olvido. Este acto
la vez
o e-S!O: f (xJ
* crea una obra,
Así respondemos entonces a la pregunta que se planteó sobre saber [o que era
"Freud" en la expresión "retomo a -Freud". Si este retorno es una función, * funda un discurso,
acto,
a?) ser olv idado como
entonc�s Freud es lo que la lógica de ias funciones predicativas llama un * se deja (¿se presta par
argumento, un término definído y susceptible de venir a ocupar el fugar de ción de este olvido,
que permiten ia localiza
* prov� los elementos
Gna variabl e en una función lógica. Freud es el argumento del retorno a
o posible.
Freud. Pero, al mismo tiempo. dimos cuenta del "convocado", pues si esos * da su levantamiento com
s
tres puntitos tuvieron ese efecto. aparece ahora que es porque estaba fuera posibilidad de que otro
n de un discurso crea la
Ahora bien, si !a fundació rse en ''"su" disc urso ,
de cuestión. para Lacan. poner una variable en el lugar de este argumento. inscribi
del fundaáor, vengan a
' enu nciados. aparte de los tos men cion ado s más
pun
reunión. los tres últimos
Quiere decir tan).bién que en la expresión "retomo a Freud". "Freud" es si tiene una función de
pios textos. El "retorno
tomado no como cualquiera. Pero. si no se reduce a esto en el momento del un mov imiento opuesto, sus pro
arriba distinguen, en
olvi do prim ario, es también aquello
. al levantare!
retorno, ¿es porque su nombre de "Freud'' no se puede reducir al significame a.. ." ,ai reanudar con el acto autor
tomado más que como
de un discurso ya no es
cualquiera '-0'? Esta última pregunta es homóloga de laque p!anteabaFoucauit por lo cual el fundador que com o tal
tomado más
o más bien no seria ya
en el anuncio de su conferencia: ''¿ Qué puede s ignificare! "retorno a... " como de sus propios textos. El fund ado r de un
retomo.
operaci ón misma dd
momento decisivo de !a t:ansfonnación de un campo de discurso?" En esta salvo...justamente.. .la l o con side ra e l auto r de
se
ido e n s u acto allí donde
formulación, Foucault revela una gran prudencia, ya que se contenta con discurso sólo es reconoc ea
"retorno a Freud" equívai
hacerle un lugar aquí, sin decirla como tal, a la eventualidad de que esta Est e es el pun to por el cual
sus propios textos. r de uq.
to donde el fundado
ud"; el-��Qién d pun
"transformación", queéi califica, con todo. como "decisiva", no sea otra cosa '"retomo al texto de Fre a" es la úmc a
este '-retorno
rdd ·'retorno a", ya que
que una destrucción de la discursividad. Si el "retorno a... " es una operación discurso resultadepende r de una obra : e l
ds del auro
como lo que fue adem
efectiva. ¿qué resulta de esto para la discursividad? ¿Es acaso esta dest.."Uc­ Ú>Sa que lo hace existir n a man era lnco mpa �
de u
. Freud depende d e Lacan
c.ión un pasaje a otro discurso o una salida -¿pero hacía dónde?- de l a fu-ndador d e un discurs·o erac ión
� qu� ·Dur as del ML .F. (Nlo vimiento de Lib
discursividad? fablemente más estrech o, inst aura do por
ana lític
Deiay. Es que e l discurso
de la Mujer). o Gide de man era ni por !as
de la mis ma
Lacan". pero no es
Freud, es también ''de
Aporias y límices de la discursividad nes a lq vez "de Freud" y "de Lacan".
misma3 razo
la del
Freud ��n dos figuras:
leer a Freud, divide a
Podemos concebir que es (i:!n particular) porque la discursividad desarrolla El retorno a Freud, al sólo da testimo nio la
. en e! lím ite,
vidad de la que
en ella. misma cierto número de aporías -sí no es que de paradojas� que fue fundador de una discursi
a lectura es lo único que
construida una tercera verSión (ya nO díscursiva sino topológica) del retomo ia mis ma de este reto rno , y la de un autor cuy
existenc
autor que produjo más
por qué fue de ese tipo de
a Freud. Una de las aporías, quizás la más sobrecogedora, concierne al puede permitir reconocer e-ntos
mayoría de los elem
. Un esquema reunirá la
trauuniento infligido a "Freud" cuando, por el retorno a Freud, se encuentra que tmaobra., un discurso
de esta problemática.

"'J. Laca.n (Proposición dd 9 de octubre de !967.robre el psic0<111alisra de la: eseu�la:).

46
286 la lt!lro qu.: sufre dem
ura la Jisc!lr.wvulad 287

lisis, el psicoanalista puede encontrarse producido, como objeto, en este


AUTOR de una TEXTO (sobre) .__ LECTURA JUgar de! agente. En cambio, !a figura topológíca del plano proyectivo
obra
Permite, puesto que es posible inscribir c:n e!la cierto corte (e! que Lacan
ltama "ocho interior."), escribir esta separacíón de a mínúscula y de A
más mayúscula, escribir a minúscula, como agente-producto, y al mismo tiempo.
retomo como
vuelco la operación que, al tachar a A, lo transforma en un "campo abandonado del
goce". Ahora bien, como la doctrina de tos cuatro discursos fue introducida
lNSTAtTRAD
OR
de un discurso
ACTO_ (olvido¡ _
_, DISCURso _
RETORNO A__ _
1 con el fin de deletrear cuatro formas según las cuales "el saber es el goce del
Otro". es molesto que la escritura de estos cuatro discursos sea groseramente
inepta paradarcuentade la operación de vaciamíemo del goce en el Otro (cfr.
senúnario del 26 de noviembre de 1 969).
Aquí, de una manera quiz
ás más ineludible que-en
otros lugares, el autor
La escritura de los cuatro discursos es una escrituf :de eslados. no de lo que. �
aparece, en la dependencia los produce o los transforma; no iogra asir estas tthnsfonnaciones más que
en la que é1 está de lo que
un «au tor mediato", com lo lee (el retomo-)? como
o una "función autor", i_nt�rpretándolas como cambios de discurso. Pero sería necesario que la .
lectura. ¿Estamos midiend como producido por la
o"fUfóññidable potencia que distinción de cuatro discursos radicales recubriera la totalidad del campo de
a-Jál€:-ctura? Es exactam fe reconocemos aquí
ente ígual a la energía pue la experiencia para poder suponer que no hay más cambios que los que están
esencial que excluía toda sta a actuar en el olvido
posibilidad de una lecrura dados por estos pasajes regulados de un discurso al otro . Vimos que tal
inmediata.
¿Por qué fue necesario este forzamiento de !a experiencia nunca estuvo contemplado, al menos por
olvido? ¿Por qué Ia lectura
del acto instaunrdor, no fue -, el reconocimiento Lacan.
posible de entrada? Esta últi
a orra, de la cual no es más ma pregunta se une
que Ia contrapartida: ¿qué
cuando se vuelve efectivo ocu rre con un discurso
el reconOCimiento de lo (]
iiiitauración? Ahora bien Ue fue para él su acto de Retomo JI! - Si lo que le falta a Freud...
, no encontramos ni en Fou
resp·ú·es·ta a eStas <;los pregun cault ni en Lacan una
tas que vaya en la direcció Podemos poner como fecha el l4 de enero de 1975, en [a segunda sesión del
de la discursividad. La raz n de esta problemática
ón para esto es quizás que seminario titulado R.S.J., para la invención del cifrado nodológico del retorno
al alcance de la discursivida las respuestas no están
d, q�-�- exigen ser to adas. por a Freud. ¿Hay acaso un verdadero cierre de esta tercera y última versión con
·

� otro sesgo.
En todo caso, esto _ la entrada misma de este retorno que, como lo hemos notado, es inmediata­
· es lo que atestigua la exis
- . - - ..
tencia misma.. en Lacan. de - mente posterior a la presentación ·cte ese tríptico? ¿Habrán sido necesarios
-
tercera ver sión�-de-··su retomo aFreud
-�--
-

; este nuevo abordaje, topo


·· - · · · ·---· .. .
unf!.
lógico, vuelve
�CüT�bre· u� .res uesta a estas pre
P treintaaños parareunirel 8 dejulio de 1953 (fecha de !aconferenciacientífica
guntas.. aunque <!.! precio,
refonnularlas. es cierto, de que presentó a Sl.R. por primera vez) con el 7 de noviembre de 1955
(conferencia de Viena. entrada a la operación de un retorno a "la cosa
Pe�?-X?yeo.Eg-a_r�ó!!_Q.�
l:!-Jfi exi�.��ncia �e una tercera freudiana")? ¿Treinta años para que se planteara, de frente, el problema de
-

aFreucl una raz_9_g_q_� eno vi�� . versíón del reto�o


. e de la probiern,áticagenera la articulación de Freud con R.S.I.? Este úpo de c.osas, lo sabernos, avanza
sino de su implamación l deJa discursividad,
orÓpiameme taCaniáfia. esto ·
.
.

quiere decir que es Iéntamente. ¿Es esta, como decía Pierre Soury, {\la buena lentitud'' de la
incerna a la esericura de

1
los cuatro
- .

. .._ disc efectuación del retorno a Freud?


·

. --- urs os.


·

..
. ·

--·- ---·..
.. .. --· -
··�- ·--

Estaescritura, como toda


.

escritura que se resp .


ete.. puede escribirciertas cos Estasesióndel l 4 de enero de 1975 es especialmente importante: por primera
y no otras, y entonces as
obliga,. en algún moment

r
o.. a optarpor otro modo de vez, Lacan íntroduce como tal, con lo que puede tener de específico, el nudo
lo escrito. Aunque trivial,
un hecho com borromeo con cuatro aníllos de cuerda 31•
diStiligtzlr el lugar IIamado del agente o este n.o esPor-ello.desdeñable. Al
y ei de la producción
los cuatro discursos n.o pu�_de , !�_escritura de Ahora bien, en esta misma sesión, encontramos también:
m���� �-Illt!.9P..�.rE9.2� ��Y�I:si?�?�á-
- _

1
ll
Se consultará sobre �stos pun1os los !l<!OajOS de P. Soury (en UIIQral nos. 5 y 6. y también
47 su opúsculo vtncldo por !a Escuda de L'l.Causa), asi como M. Viltard, "Une prb;c:mation de
!acoupure: lenoeudborroméengénéra!isé" ,enLittoraln" l, Ed. Eres. Toulouse, mayo de 1931.
{En espaiío!: �uoa presentllción del corte: el nudo borromeo ¡;cneraliz¡¡do" Utroral no. 4, Ed..
f � •n-n nh.�!:..ln ;"',(..,l�l-n ,\•---•'-" !t'lO't O
la discurnvuiad 289

1J:S la lelra que .rujre demora

simp lemente otra presentación, sino una toma en cuenca de una especificidad
"'·una da ve de esen tura para una lectura h íscorizada del conjunto del del cuatro borromeo. quizás alcanzada gracias a esta otra presencacrón.
trabajo de Lacan. Es1a clave coincide con 32 !a puncuación que introduzco
aquí siguíendo el hlio de! ·'retorno a Freud": Lacan hace notar que primero Hela aquí. Está tanto más justificado que llevemos a:Jlí ras diversas identi­
puso el acento sobre ei im<lginruio (este es el Lacan !acaniano de· la tesis, del ficaciones de !as consistencias a las que procedió Lacan cuanto que, de
estadio del espejo y de{ conjunto de trabajos que preceden a La cosa inmediato� él mismo interpretó de esta manera su lazo con Freud-.
freudiana, iuego sobre lo símbó!ico (este es e[ Lacan freudiano. comprome­
tido en la operación de un retorno a Freud, soportado primero por un mito y
luego pensado, a panir de Foucau[t, como acontecimiento de discurso). y
finalmente sobre el reai que, a pesar de haber sido nombrado ya e n 1953, sólo
�ncuenrra su estatus con el nudo borro meo y, por /o tanto. esencialmente, d
día en que. al íntroducir el nudo de cuatro, .se vuelve pensable abordar !a
cu�sdón del borromeo generalizado como !a cuestión del propio

�Uu
borromeanismo. En efe: ro, el borromeo generalíz<ldo es este: notable nudo de

J"-0
tres que. puede obtenerse por una puesra en continuidad de cierta presenta­
�ión de[ nudo de cuatro< A esra tercera acentuacíón Le corresponde entonces

*' una nueva versión de! retomo a Freud cifrada ahora con esta

presencación de! nudo de cuatro.

Así, e[ mismo día en que introduce ese nudo, Lacan da una nuevaseñaliza­
-:ión de su propio trabajo y una nueva versión de su retomo a Freud. t realidad psíquica

Ames de esta fecha del 14 de enero de 1975, Lacan había. puesto en


La tecrura del: retorno a Freudcon este nudo de cuatro-descansa sobre cien:o
correspondencia !a escritura dei nudo borromeo y la serie de los enteros
nLÍmero de decisiones: que pueden ser explicitadas como sigue:
naturales. y había sugerido con esw que cierto nudo borromeo podía escribir
el cuatro. Ciertamente, esta numeración escrita no es muy cómoda para ! ) Hay, en Freud,. efementos susceptibles de acoger el irnaginurio, e!
realizar !as operaciones de aritmética elemental, pero como numeración simbólico y ei real; son como puntos favorables a un injertO- má<; pariicular­
escrita ofrece el hecho notable de que comienza en ef tres. Con esra mente.. a estos ínjertos.
presentación dd nudo borrorneo. el cinco será escrito como sigue:
2) H"ay, en Fi:'eud� la exíg�ncía de una efectuación de un anudamienco
borrorneo.

���
3) Pero este anudamiento, por el hecho de la no puesta a la [uz de [as tres
consistencias, responde a algunas exigencias específicas:.partlcu!armente, !a


¡�@
designación hecha por Freud de una "realidad psíquica'' que. no tendría así
otra función que la:. de ser esta cuarta coasístencia a.ue vi�ne a asegurar el

J
;1uudamiento borromeo�

¿Ctráfes son, en: Freud".,. fos dementos.susceptibles de aceprareste injerto del


real� det .símbótico- y del imaginario'! ¿.Qué es- !o que� ea: Frem:f� verrdria a
confirmar que estos tres rrombres:. que se fe "desiizariart bajo los. pies'"
Vemos que es concebible escribir cualquier entero natural apartirdeí tres. y: (Lb:..-a.El!} lejos.de venin::oOií.'Oeue!pOSe:ct!aií:es a l'adocBilna fi'ell:dianrr, por el
..

por Jo tanto. entre ellos. el número cuatro. Perod nudodecuacrointroduciáo contrario la revefarfa.rr a ella; crrism�� Como, en este estudio no, .se. trata de

por Lacan el 14 de enero de 1975 es tomado por otro sesgo: ya no es ptantearle es.ra:s preguntaS a Fretid,. me contentaré con meocionar cómo

n.según Qta<:oineldencia. la pn::eminencia del imaginario va(c'OO <fe:;de !93Zhast.:t 1955, fa


del simbólico desde !955 hasta l'!n5. y la del real.desp!lé$ de 1975.

48
------

290 /Q. letra que sufre demora la discur.nvi.dacf 29!

Lacan !as respondió en aquel momento. principio de un anudanliento borromeo de las tres dimensíones habitadas por
el ser hablante y estas tres. dimensiones mismas que.. si son efectivamente !o
* El simbólico, aprimera vista, aparece como lo que presenta menos
que se dice, a saber dimensiones. no podrían ser distinguidas- una de otra por
dificultades. Corresponde a lo que Lacan subrayó más abiertamente en
el sentido-; entonces, es necesario homogeneizarlas para darfes su estatus de
Freud: las formaciones del inconsciente, a partir de la cuales el freudismo se
dimensión-, para poner a prueba la cuestión. de saber si se mantienen juntas,
encuentra centrado nuevamente por la función de-la palabra y por el campo
como "tres· dimensiones'�, Independientemente de Io que cada una pueda
del lenguaje.
recibir de sentido al ser n:ombradade- taf o·cuaJ; manera.. Esto· es lo que está
* Para ubicar en Freud lo que correspondería al imaginario, Lacan en juego en ef borromeo: s-i hay un nudo borromeo·con tres-círculos de hilo,
regresa a sus primeras consideraciones sobre Freud. Unos cincuenta años entonces la: invención· de R.S.I. se confirmará como' la d'e tres. dimerrsi0nes
más tarde, esta reconsideración es tanto más notable cuanto que se presenta susceptibles de tomar el lugar� hasta enronces sólídamente protegido de· las.
como una reinterpretación de los primeros juicios. Lacan, como lo mencio­ coordenadas cartesianas.
né. encontraba en ese entonces que la teoría analitica del narcisismo era
Este punto donde Freud, como todos, corno cualquiera 3� .,. está sometido aF
insuficiente� después, El estadio del espejo prolongó positivamente esta
anudamiento, es- también el punto- agujero donde tanto "freudiano" como:
observación fijando el narcisismo a la imagen, negando así al Yo de la
"lacaniano'' se encuentran reducidos-en:su alcance calificador:. Este punto no
segunda tópica toda función perceptiva. Ahora Lacan, situado de otra
se puede convertir en índice por ningún-nombre propio; éstos están· tanto más
manera en su relación con Freud, revierte esta primera argumentación�_el
radicalmente excluídos deahicuantoqueel Iugarestá ocupado por"borromeo",
hecho de que Freud atribuya al Yo un papel en la percepción vale como un
que es ei nombre de lo. cuestión de la dimensión.
- imaginario, reconocimiento que de
.. . . por pan:e de Freud. del
feconocímiento,
alguna manera viene "de rebote", pues�o que la percepción es Io que viene a En cambio, los nombres propios tienen-Justificada su función designadora
tapar el agujero cjel imagínario. Si Freud liga ese tapón con el Yo, admite cuando se trata de la "realidad psíquica" en Freud (esta cuana cuerda que él
implícitamente que el Yo encuentra su estatus por el imaginario 33• hilvana entre otras tres -R.S.I.- simplemente apiladas, con el fin de constituir,
a pesar de todo, el anudamiento), consistencia ''que hay que referir a la
* Para la articulación de lo que resp9ndería, en Freud, a la categoría
función llamada del padre", o cuando se trata de su reducción en Lacan, con
del real, hay que remontarse hasta el serrlinario anterior a R.S.f. ; Lacan
el pasaje del nudo de cuatro al nudo de tres.
d�sigQ?- ��!: I!.f?O:b��_del re�
- - :J;J...f�:�?(!?��ft.9'1;1.
Nos atrevemos ho , por Y
fin, a comenzar el aborOa¡e-de la cuestión de lo oculto en Freud. Llegado a este punto-de la elaboración de su lazo con Freud, Lacan. desde el
1 3 de enero hasta e1 1 1 de febrero de 1975, franquea el umbral al enunciar.
S i admitimos la validez de estas correspondencias (cada una merecería ser
en el curso de esta última sesión, que hay en Freud ''elisión de mi reducción
discutida)� se desprende de ello que se vuelve pensable la operación a la que
-..._.. al imaginario aL simbólfco·yaL real como los tres anudados". Leímos bien:
se consagra Lacan de "deslizar bajo los pies" de Freud R.S.I.
- ELISION.
Freud no distinguió RS.I.; por lo tanto. tampoco pensó en anudados. En este
Una elisión es una falta localizada como· tal-; por ejemplo.. hay en ''['élision"
sentido, "cohtrariame!lte a un númeroprodigioso de personas, desde Platon
una elisión. la de un_a a minúscula cuya elisión está tanto más asegurada­
hasta Tolstoi, Freud no era lacaniano". Esta afirmación es importante pues
cuanto queen:.su lugarviene el apóstro-fequele impide reaparecer en ese lugar
(salvo en el caso en que lograríamos reducirla) se presenta como un escollo
·.

y señala su elisión·. Por otro fado, la retórica.:"a1 clasificar a la elisión como


a todo intento de interpretar el retorno a Freud como un retomo de Freud en
un metaplasmo por supresión, subrayaeiTa-miSmaesa- faltacomo localizada. :
el sentido de la reencarnación. Si Lacan es una reencarnación de Freud,
entonces lo que es "de Lacann·es también ·�cte Freud" y Freud es necesaria­ Así, Lacan no- se contenta aquí, entonces:.. con producir una implicación-;A,;_s_;
mente lacaniano. como lo hacía un mes. antes; no dice simplemente· que sí uno desliza bajo
Freud R.S.L y si uno. Io.conside:r31comosollletido af anudamiento, entonces
Pero a pesar de no haberpeosado en anudar aRS.I., Freud no escapapor ello
su '""realidad psíquica... debe tomarse como esta cuarta cuerda que viene a
del anudamiento. En efecto� este anudamiento no puede no producirse. pues
anudar- a las otras tres. Ahora Lacan va mucho má$ fejos. ya que, al hablar
se sitúa en el nivel del principio. En Lacitl". hay solidaridad entre este
deuna elisión enFreud,. señala ua-afalta en Freu� peta-Eam.bién unafalta "de

t
11 J. I...acan.. S::minario «:: I7 <le-dlciemlm:: dc: 1974. 49 '1 Coma.Jo:tce.Cfr. J. Lll:;m,.ú-suafwme.ell'p-arricular-�seminano-de! 1 1 de mayo-de !976.
"J. l..acan, Semi.nmio<lcl ll dedic:i�de 1-973.
".'!92 la letra qw: sufre demora la discursividad :293

Freud'' en e! sentido de que es Freud el que la produce, en que es el texm de esta referencia a Freud está hoy retirada hacia atrás con respecto a la
Freud el que es portador de esta elisión, el que la desígna como el apóstrofe problemática del retorno a Freud.
designa la elisión de "a" en ''l'élision".
Si nos mantenemos en el reconocimiento del carácter freudiano del retorno
La "realidad -psíquica" es este apóstrofe que elide (no elude), pero que a Freud, si nos atenemos a este freudismo, ¿cómo responder? Si hubiera
también sefialá. la elisión en Freud de la reducción posible de la p(at)er· resultado que R.S.I. es lo que le falta a Freud, entonces el retorno a Freud
versión. Con su cifrado dentro de una escritura nodal, el retorno a Freud habría operado una perforación efectiva en Freud. Y no vemos por qué nos
resulta ser, para terminar, un retorno a lo que le falta a Freud: le falta a Freud prohibiríamos. a partir de esto, nombrar como sería conveniente a una
-· ..

ta falta de la versión del padre. institución para e! psicoanálisis, o sea: escuela borromea de psícoanálisis. El
psicoanálisis se reinscriblría entonces más .nemmente en !a ciencia (el
problema de! anudamiento borromeo es matemático. Lacan pretendía tratar-
¿Re-agujero (retrou) a Freud? ·- !o "matemáticamente''; él trabajaba en este traramÍento de una manera
--privilegiada con el matemático Píerre Soury). y la exisrenciade una "tercera"
versión de!. retorno a Freud manifestaría que la rransformación decisiva de
* Hubo una doctrina lacaniana anterior una discursividad, realizada por la operacíón de un "r�tomo a ... ", es una

1 -�:��-��fu�d]
a la operación del retorno (retour) destrucción de !a discursividad, una salida a !a ciencia de !a discursividad (no
a Freud. �� la instauración de un discurso diferente o ei pasaje a un discurso difereme).

* Hubo, en Viena. el anuncio de un Semejante paso se encuentra en la extrema avanzada del recoma a Freud;
retorno a Freud con tres puntitos supone la solución de cierto número de problemas hoy apenas abordados. He
al finaL ¡ retomo
- -- -- --,¡
a Freud... aquf, sin afán de exhaustividad, algunos de esws problemas:
!
* Hubo también esta reelaboracíón del * ¿Confirmará una lectura de Freud a R.S.I. como falta en Freud?
retomo a Freud a partir de su ¿Qué utilización, qué reorganización de los conceptos de Freud resulla de la
íntroducción. por Foucault, como localización de esta falta?
hecho de discurso.

* Finalmente, provocado por la


j r���.f�
�� �d ) * ¿Cuái es el estatus matemático de la topo!ogía lacaniana? Pero
también y recíprocamente: ¿En qué cuestionaría dicha topología (como lo
inestab i lidad de estos tres atestiguaba el trabajo de P. Soury) lo que sería el primado del algebrismo en
puntitos. este desplazamiento de "r". ¿re...�oujero a Freud? matemáticas? ¿Encuentra acaso el tiiptico de R.S.L en el nudo borromeo
(re.�_trou) generalizado (de donde se engend�a un campo que ya no es el de una
geometria de [asierra} el materna capaz de producir estos tres registros como
E n Caracas., en una de sus últimas intervenciones públicas, Lacan decía: tres d imensiones?
"Vengo aquí antes de lanzar mi Causafreudiana. Ustedes pueden ver que
* ¿Qué modificaciones son aportadas a !a práctica analítica con la
me atengo a este adjetivo. Ser Iacanianos les corresponde, si ustedes quieren.
puesta a la luz de estas tres dimensiones? ¿Tiene su anudamiento en cada
Yo soy freudiano.'�
análisis la misma apuesta real que la perforación lacaniana de Freud: una
A pa..rtir del presente estudio de ]as tres elaboraciones sucesivas del retorno r�du��íón de la versión del padre edfpíco?
a Freud. ¿cómo responder a esta solicitación, si es cierto que l a bay? Hago
notar antes que nada que ninguno de los reagrupamientos que i.nvoeiri··a
Lacan·se presenta GufliOüé t9s3)-COIDOUO"a�"esc"iie1a 1aCañíaña(fePsicoaná­
t!siS":--COii tri& I<l2X5n. ya que el retorrió"arieud voÍvió ·a.auco defiiíítiva­
mente todo apoyo sobre Lacan en t:mto que calificador. QuedaFreud. Pero
como nos abstenemos d e precisar lo que quiere decir "'freudiano'� conLacan,

. ... "
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50
GUY LE GAUFEY

UNA CLÍNICA SIN MUCHO DE REALIDAD

Cualquiera que sea el adjetivo que califica, a veces, a una clínica — por ejemplo : «analítica» –
se ha de esclarecer primero el lazo que toda clínica mantiene con la dimensión de «realidad» con la
que parece estar íntimamente ligada. Intenté desplegar anteriormente la semiótica que trama el
funcionamiento del signo en la situación clínica1, lo que me contentaré con resumir así por ahora : el
signo clínico corresponde perfectamente a la definición clásica del signo, según la cual el signo
representa algo para alguien. Lo cierto es que a partir de tal definición, el «algo» puede ser entendido

51
de diversas maneras – sin mencionar al «alguien» que, también, puede ser objeto de lecturas varias.

El signo clínico se especifica, entre los demás signos, por tener algo que siempre pertenece a la
dimensión de una u otra «realidad» diferente de la suya propia. Veremos un poquito más tarde, en
unos cuantos detalles, qué pensar de este término de «realidad», pero antes de indagar en esta
dirección, tenemos que tomar en cuenta el hecho de que la noción misma de «realidad» se opone a la
del signo. Por supuesto, se puede considerar una cierta realidad del signo mismo; pero en el caso del
signo clínico, diferenciamos, sin pensar en ello, la realidad del signo y la de su referente. ¿Por qué?

La escena clínica

La clínica empieza cuando se producen signos enigmáticos, signos que no dan por sí mismos
sus significaciones propias, y frente a los cuales se encuentran por lo menos dos personajes (se
pueden reducir a uno, pero en este caso los dos papeles diferentes se unen en una misma persona) :
primero, el clínico, el supuesto saber, no tanto de lo que significa exactamente cada signo en cuanto se
presenta, sino el advertido de la naturaleza engañadora del signo en sí mismo, y consecuentemente, el
que no se deja embaucar por un saber libresco que da a un signo su significación sin buscar más… su
referencia. Ahí está el busilis.

1
Guy Le Gaufey, ¿Es el analista un clínico?, traducción de Ginnette Barrantes.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 2
Y por otra parte, está el segundo, al que vamos a nombrar el alumno, el inocente, el que a veces
ni ve al signo, o si se lo ve, cierra el pico sin arriesgarse más allá, o peor aún: se precipita a leerlo como
en un libro, blandiendo entonces una significación vacía que no funde su pertinencia en la singularidad
del caso, sino únicamente en la generalidad de un saber no-clínico, precisamente.
Esta diferencia entre estos dos personajes es importante porque despliega en el espacio teatral
de una escena el camino irrepresentable que permite ir del signo a su referente – y por eso tocar una
significación localmente pertinente. El alumno encarna aquí al signo en su opacidad, en su presencia
pura de signo, es decir: una configuración sensible que, de una u otra manera, deja adivinar que está
representando algo diferente, y que entonces hay que buscar este «algo» con lo que está ligado.
Enseñar que hay como una valencia libre es lo que califica al signo como tal. Puede ser el primer
trabajo del clínico, que apunta al hecho de que tal apariencia sensible no se puede entender sin la
presencia de una causa propia, o también el del alumno que ya practica, como cada uno, la gimnasia
general del signo y sabe, más o menos instintivamente, cuando una percepción tiene un valor
anunciador de otra cosa, o no.
El clínico, por su lado, encarna – en la confianza que le dan los alumnos, en su papel de relativa
autoridad, en su saber práctico tan codiciable – la convicción, sino es que la certeza, de que

52
efectivamente HAY algo diferente, HAY un referente, de suerte que el signo hasta ahora enigmático va
a liberar pronto la significación encerrada en él mismo, que seguía teniendo escondida. Y todo esto
gracias al clínico y su lectura paciente, cuidadosa y atenta. Así, la escena clínica se ofrece como la de
un drama, de una aventura catártica que puede tropezar y fallar, pero también tener éxito en la
producción de una significación que proviene de un lazo muy fuerte entre el signo y su algo ya que, las
más de las veces, se trata de una relación de causalidad: el signo es una consecuencia de la existencia
del referente, del algo.
El signo clínico se ofrece como signo porque algo se construyó directamente, o inició su
desarrollo a través de una serie de etapas más o menos complejas. La fiebre aparente, visible, procede
de la infección bacteriológica no visible y de la defensa del organismo frente a ésta. Así dice el clínico
que conoce todo el camino : la debilidad de las bacterias a temperaturas mayores de 38 grados, el
sistema de defensa inmunitaria y su inverosímil inteligencia de la situación, etc. Todo un saber, en este
momento libresco, se une allí a la percepción del lado manifiesto del signo para sostener el lazo entre
este signo y su referente, al construir una cadena causal sin ruptura. Todo esto parece bastante
científico, muy seguro, entonces: ¿cuál es la diferencia cuando decimos que la fobia procede de la
angustia de castración? ¿O que la histeria procede de un deseo insatisfecho?.
Cuando este lazo de la significación correcta acaba por establecerse, la diferencia entre el
alumno y el clínico se destruye localmente, se reduce a nada. Bien mirado todo esto, hay algo de la
caída del telón sobre la obra semiótica que había empezado con el surgimiento del signo enigmático.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 3

El público siempre se identifica fuertemente con esta pareja alumno/clínico porque en ellos dos se
inscribe el misterio del signo y su cumplimiento, su manera de alcanzar por fin su significación. Pasar
así del alumno medio ciego al clínico cuya mirada sabe traspasar la opacidad del signo es casi por
excelencia la odisea semiótica en sí misma, y es por eso que el buen clínico tiene tanto de Ulises:
astuto, hábil, reflexivo, intuitivo y trabajador.

A partir de este planteamiento mínimo sobre el signo clínico en su tensión dramática, tenemos
que referirnos a la obra mayor de Michel Foucault, en la cual aisló como nadie antes lo había hecho lo
que llamó «el nacimiento de la clínica». Su búsqueda lo condujo a diferenciar con maestría los caminos
a través de los cuales se dibujó una nueva clínica, la que hoy todavía entendemos cuando hablamos
de una clínica cualquiera.

El nuevo objeto de la clínica

El magnífico libro de Foucault – en mi opinión, probablemente el mejor que escribió, por su


estilo, su fuerza de convicción y la pertinencia de sus análisis – nos permite apreciar la consistencia
histórica que tomó este término desde su reinvención al inicio del siglo XIX.

53
Al dedicarse a destacar el papel de las fuerzas políticas en juego, en la construcción de la nueva
importancia del término «clínica» antes y después de la Revolución francesa, Foucault no busca tanto
esclarecer el dispositivo semiótico en este giro. Se preocupa, sobre todo, por lo que llama «el
fenómeno de convergencia entre las exigencias de la ideología política y las de la tecnología médica».
Pero a lo largo de su trabajo, no puede evitar consideraciones bastante semióticas al esclarecer el
papel atribuido a la mirada clínica.

En ello sobresale su talento de escritor para dar existencia y consistencia a un ser tan fugaz
como el de una mirada nueva en el orden médico. No es que la clínica fuese algo nuevo en sí mismo.
Desde Hipócrates y Galeno, el lecho del enfermo siempre había sido el lugar privilegiado de la
indagación médica. Pero Foucault tiene razón, o por lo menos nos convence y nos obliga a capitular sin
resistencia frente a la idea de que en el viraje del siglo de las luces, algo intervino en la mirada clínica
que nunca hubiera podido ocurrir antes.

Muestra con toda claridad que la singularidad del caso clínico nunca se presenta naturalmente,
por sí misma, a pesar de sus pretensiones de hacerlo así. Nos informa que la constitución de la clínica
moderna se hizo en primer lugar en un combate contra la medicina de la Facultad y a favor de la
Société Royale de Médecine, un combate entre una medicina de las esencias de las enfermedades, y
otra de las apariencias de las enfermedades, interesada en las epidemias, con un estilo más higienista,
y casi estadístico. Esto fue un viraje decisivo para que se destacase la enfermedad, no en sí misma,
sino en sus apariencias visibles, y más allá de sus particularidades sociales, regionales, familiares, etc.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 4
Sólo este episodio histórico de lucha entre dos medicinas permite entender bien por qué la mirada
clínica necesitó un terreno nuevo, un terreno que ya no tenía nada natural, el de una nueva concepción
del espacio del hospital clínico en el cual los signos de la enfermedad se presentaban como en un
ámbito homogéneo. Esto es un punto clave: el objeto de la mirada clínica ya no se encuentra en la
naturaleza, como pura manifestación de su esencia a través de la variedad de sus apariencias, sino en
el hospital clínico, es decir en un lugar en el cual han sido aislados algunos casos típicos de
enfermedades. Lo que se encuentra entonces en semejante lugar clínico donde reina la mirada clínica,
no son tanto enfermedades, sino conjuntos de signos que plantean problemas semiológicos, y revelan
la presencia indirecta de tal o cual enfermedad. Hubo aquí un cambio de valor de lo visible: antes, los
signos patológicos no eran más que los índices directos de una enfermedad considerada como un ser,
complejo y ajeno pero bien individuado. En el hospital clínico, los signos valen por sí mismos,
componen un mensaje que el clínico debe descifrar signo por signo, letra por letra.
Importancia de la descripción
A partir de esta primera elección que produce el nuevo terreno clínico, se plantea mejor el
problema de una clínica moderna: por supuesto, hay una prioridad ética y técnica del ojo, de la mirada

54
que destaca los signos, pero esto no basta ya que se trata de enseñar al alumno, y por eso de conjugar
la agudeza de la mirada advertida del clínico con el aparato del lenguaje. Es únicamente a través de
este último que se puede esperar una transmisión del saber clínico. De ahí la importancia de la
«descripción», término clave del universo clínico. Un cierto Amard, citado por Foucault, decía muy
bien: «L’art de décrire les faits est le suprême art en médecine ; tout pâlit devant lui 2».
Al buscar una nitidez lingüística tan aguda como la de su discernimiento visual, el saber clínico
hubo de inventarse rápidamente una terminología bastante rígida, ya que se trataba entonces de
conjugar la singularidad de lo visto con la homogeneidad de lo transmisible. De ahí un conflicto grave
entre el naturalismo de una clínica abierta a una mirada no recargada con un saber ajeno al objeto, y la
indispensable nomenclatura más o menos rígida gracias a que la mirada inocente puede transformarse
en una palabra culta, que reconoce a través de la dispersión de los datos de todo orden, los elementos
pertinentes para establecer el diagnóstico correcto. Este es el conflicto que se encarna en los dos
personajes de la escena clínica que describía al inicio.
Lo más interesante en las consideraciones de Foucault es lo que él llama «la estructura
alfabética de la enfermedad3»; aquí se encuentran sus notaciones en lo que se refiere al nexo entre
semiología médica y semiótica general, es decir entre síntoma y signo.
2
. Citado por M. Foucault, Naissance de la clinique, PUF, Quadrige, Paris, 6eme edition, marzo 2000, p. 115. «El
arte de describir los hechos es el arte supremo en medicina ; hace palidecer todo el resto.»
3
. M. Foucault, Naissance de la clinique, op. cit., p. 119.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 5

Esta concepción alfabética corresponde a un cambio de paradigma mucho más amplio que el
que estudiamos aquí. A lo largo del siglo XVII y de la primera parte del siglo XVIII, el modelo de la
constitución de un saber ya era la clasificación botánica, que ordenaba a partir de las semejanzas
visibles la heterogeneidad perceptible, sin tener miedo de perderse en una arborescencia indefinida.
Era, en aquel entonces, el paradigma central para pasar de la infinitud de lo perceptible a la finitud de
los elementos del saber humano. A partir del fin del siglo XVIII, es al contrario: la gramática4, se
presenta como un modelo de construcción de un saber, en la medida en que revela cómo una lengua
permite comprender que la infinitud de lo que se puede significar proviene de una serie finita de
términos – algo que debía reducirse más tarde a la doble articulación del lenguaje. Ya no se trataba
entonces, en la construcción de un saber, de describir al infinito las diferencias perceptibles, sino
también de fabricar la batería mínima cuyos términos se encontrarían en todas las manifestaciones
que pudiéramos visualizar5. A la mirada: las variedades sin fin de lo visible; a la terminología clínica: los
ladrillos elementales a partir de los cuales se construyen las enfermedades, y por eso se entienden.

De tal modo que ya no se trata de percibir una enfermedad en sí misma, sino únicamente lo que
llamo aquí sus «ladrillos», es decir los signos mínimos con los que el clínico concluirá sobre tal o cual
enfermedad. El diagnóstico surge como una conclusión hipotética, y no como la percepción indirecta
de una enfermedad que se escondería detrás de los signos que la traicionan. «¿Qué es una

55
pleuresía?», pregunta el gran médico francés Cabanis después de haber descrito los signos que la
caracterizan. Él mismo contesta: «Es el cúmulo de estos accidentes que la constituyen. La palabra
“pleuresía” no hace más que recordarlos de una manera más abreviada6.» Tenemos entonces que
considerar un cierto nominalismo de la clínica moderna en el sentido de que lo que existe realmente, ya
no son tanto las enfermedades, consideradas como los universales de la Edad media, sino los signos
patológicos en sus propios referentes. Estos signos constituyen el alfabeto clínico que el buen alumno
debe aprender de memoria. Es casi al revés de la concepción anterior en la cual los mismos signos no
eran más que una especie de dibujos sobre una tela visible que testimoniaban de la presencia de un
ser tan invisible como nefasto, aciago y funesto.

Foucault escribe páginas memorables sobre el hecho de que, en este viraje, una concepción
bastante religiosa de la enfermedad, como manifestación individuada de lo malo, se deshace en favor
de otra concepción que encuentra en la muerte, en la patología anatómica, la racionalidad última de las
fuerzas que se oponen a la vida. La nueva clínica se quiere laica, no porque sus clínicos serían en
adelante ateos, sino porque la presencia milenaria de lo malo en lo maligno, el malestar, lo maléfico se
desvanece como principio unitario de cada enfermedad. Hasta entonces, cada una tenía una
existencia propia que podía ser pensada como un sujeto en el reino de lo malo, obedeciendo a su amo,
el espíritu maligno. El gran modelo de la encarnación, que permitió durante siglos pensar el nexo entre

4
. Antes de la lingüística, que apareció como tal sólo en el siglo XIX, con Humbolt y tantos otros…
5
. La química debía ser un poquito más tarde otro ejemplo faro de tal sensibilidad epistemológica.
6
. Citado por Foucault, Naissance de la clinique, op. cit., p. 120.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 6
esencia y existencia, entre el ser y sus manifestaciones, seguía siendo un eje fundamental en la vieja
clínica, en la antigua manera de pasar de la variedad de los signos a la unidad de una enfermedad. De
ahí en adelante, debido a la mirada clínica que se reconcentra en la lectura de los signos patológicos
presentes en un hospital hecho para enseñarlos, desaparece el reino de lo malo con sus sujetos, las
diferentes enfermedades, y se dibuja un nuevo nexo entre signo y realidad.
Realidad clínica y racionalidad
La realidad que cada signo implica entonces, ya no es la enfermedad misma. Esto es clarísimo
en la cita de Cabanis: el mismo signo puede muy bien encontrarse en enfermedades totalmente
diferentes. Sólo el conjunto apunta a una, y a una sola. Pero se necesitaba un paso más para liberarse
claramente de la noción de esencia de cada enfermedad, y de su inscripción en una nosografía y una
nosología7. Fue el trabajo del médico francés Broussais quien, en la famosa cuestión de las fiebres,
llegó a considerar que todas (se conocían por lo menos una docena), no eran una sola, por supuesto,
sino que era la manera en que los tejidos reaccionaban cuando, por una razón cualquiera, estaban
irritados. A la concepción de una serie de fiebres esenciales se substituía la idea de una misma forma
de reacción del organismo. En una disputa con otro médico, el mismo Broussais hablaba de

56
«desesencializar» el «estatuto general de la fiebre» para considerar únicamente la localización del
signo aparente, y entender a partir de ahí el sufrimiento, no del enfermo, sino del tejido aislado por la
localización (y eventualmente, si se podía, curarlo).
Con él, ya no se trata entonces de buscar signos que permitirían concluir sobre tal o cual
enfermedad, sino de localizar el signo en el espacio del cuerpo, porque esta localización permite
concebir una causalidad (y luego una racionalidad) que ya no requiere del pensamiento de entidades
casi metafísicas, como se le aparecían a Broussais las enfermedades que le ofrecía la nosología de su
época. El signo clínico basa en adelante su racionalidad en esta indispensable localización. Comenta
Foucault :
L’espace local de la maladie est en même temps, et immédiatement, un espace
causal..
El espacio local de la enfermedad es al mismo tiempo, y en el acto, un espacio
causal8.
Pero este espacio necesita absolutamente una lesión, por lo menos la manifestación en el
espacio del cuerpo del signo que autoriza atribuirlo a una causa directa o indirecta. Aquí está el punto
clave de la nueva clínica, que permitía no precipitarse hacia cualquier esencialidad de la enfermedad, y
por eso mismo, no regresar tan rápido al modo de pensar de antes, utilizando la nueva terminología de
7
. Foucault muestra detalladamente que, a pesar de sus innovaciones en este terreno de una nueva clínica, Pinel
seguía siendo un pensador a la antigua, al considerar que los signos patológicos remitían directamente a una
entidad mórbida.
8
. M. Foucault, Naissance de la clinique, op. cit., p. 193.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 7

la clínica moderna. Aquí podemos adivinar algunas preguntas que es posible plantear a una clínica
analítica, empezando con problemas que se encuentran en la psiquiatría.

Lesión o no lesión

En su nacimiento mismo, esta clínica psiquiátrica se encuentra dividida entre los que buscan
incansablemente la lesión –y triunfan cuando la encuentran, como en la parálisis general-, y los que ni
siquiera piensan en buscarla, como el psiquiatra francés François Leuret y su «tratamiento moral», en
la primera parte del siglo XIX. Ahora se trata de lo mismo, sólo que la lesión se ha reducido en un punto
preciso del funcionamiento neuro-biológico: si falta la cantidad x de tal o cual neuro-transmitor, esto
desempeña sin problema el papel atribuido anteriormente a la lesión porque siempre se trata de la
localización de un tejido corporal. La quimioterapia puede presentarse como la continuación de una
clínica seria, en el hilo de la gran clínica inventada al inicio del siglo XIX, porque sus éxitos demuestran
la presencia de una causalidad física, química, y luego espacial y corporal. Pero este ideal médico no
pudo abarcar la totalidad inestable del campo psiquiátrico; de ahí la tentación de construir un nuevo
tipo de clínica, que ya no se apoyara tanto en la lesión y el tipo de funcionamiento de su signo, sino en
la producción de un signo de otra naturaleza, mucho más discursiva. Los grandes clínicos psiquiatras

57
del fin del siglo XIX y del inicio del XX (Legrand du Saule, Sérieux et Capgras, De Clérambault, etc.) se
aventuraron en un modo de descripción que ambicionaba rivalizar con la clínica moderna. No tengo el
tiempo suficiente para detallar sus esfuerzos, entonces mejor me dirijo directamente a Freud que
agravó considerablemente la cuestión, al cortar casi por completo, el último lazo que quedaba con la
nueva inteligencia del signo establecida por la nueva clínica.

Se sabe bastante bien que la fractura entre Charcot y Freud se produjo sobre la cuestión de la
9
lesión ; pero no existe tanta gente que pueda medir bien la importancia de la pérdida de Freud en el
terreno de la racionalidad clínica cuando se decidió a abandonar su «neurotica», es decir no sólo la
idea de una causalidad lesional, sino también la de un trauma sexual en la patogenia de la histeria. En
este caso, la noción de tejido corporal podía ser sustituida por la de, digamos, tejido histórico: la teoría
de la degeneración, por ejemplo, lo hacía sin mayor problema por los psiquiatras que la practicaban, al
considerar que la historia de las generaciones era capaz de explicar la presencia de síntomas clínicos.
Pero la suposición lesional seguía siendo decisiva para ellos; nadie se permitía negarla, sólo aplazarla
un poco. Freud, sin vacilar mucho, la abandonó, no sin problema para él, y sobre todo para la cohorte
de sus alumnos en la cual no todos entendieron bien las consecuencias de tal renuncia.

Freud mismo extremó las cosas hasta poner en duda que el análisis se apoyaba de manera
decisiva en la noción de causalidad. En su conferencia XXVII, pregunta a sus supuestos auditores si

9
. Aunque el pensamiento de Charcot no fuese tan simple, y que él complicó sus perspectivas a fines de su vida y
de su obra clínica.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 8
saben bien lo que se llama una «terapia causal». Su descripción corresponde muy estrechamente a la
de una clínica médica en el mejor sentido de la palabra. Pero precisa de inmediato que el análisis no se
puede entender así, esencialmente a causa de este fenómeno extraño, crucial en el tratamiento, que
tenemos que nombrar: la transferencia.
¿Por qué tal precisión? Porque a sus ojos hubiera sido un error fatal concebir la repetición ligada
a la transferencia como la prueba de que hubiera pasado lo mismo anteriormente. Una transferencia al
padre sobre «la persona del médico», escribe Freud, no es la prueba de que «el enfermo hubiera
sufrido anteriormente de semejante lazo libidinal inconsciente con su padre10». Se deshace aquí la
posibilidad de pensar tranquilamente en una especie de «clínica histórica» que constituyera sin
embargo y aparentemente el único recurso de una clínica analítica.
¿Qué pasa entonces del lado del signo? Habíamos entrevisto que la nueva clínica se había dado
una comprensión muy precisa de los referentes de los signos que a ella le interesaban, a través de su
preocupación por la localización. La realidad que buscaba el nuevo clínico pertenecía de pleno
derecho a la realidad que el nuevo discurso científico estaba midiendo. Podemos recordar aquí el
hecho de que la tercera sección del primer libro en La ciencia de la lógica, de Hegel, se intitula «Teoría
de la medida», y corre sobre más de sesenta páginas. Esta pasión de la medida implica una

58
concepción del signo a la cual pertenece de pleno derecho el signo clínico. No es que, de vez en
cuando, este signo tome un giro cualitativo; sino que el referente de este signo sigue siendo algo
espacial, algo que, bajo algunas condiciones, podría ser medido.
Dos clínicas, dos signos
Encontramos aquí una de las más viejas distinciones en la naturaleza del signo: los escépticos
consideraban que debían por lo menos diferenciar los signos «conmemorativos» y los signos
«indicativos». Cito ahora a Sextus Empiricus:
Se dice que un signo es «conmemorativo» cuando ha sido claramente observado
asociado a la cosa significada en el momento en que ésta es obvia, y nos induce,
cuando ésta última ya no es evidente, a recordar aquella primera asociación, aun
cuando el objeto significado ya no se presenta actualmente de manera manifiesta11.
Un signo se llamará «de indicación», no cuando está claramente asociado a la cosa
significada, sino cuando designa, en virtud de su naturaleza propia y de su
10
. S. Freud, Vorlesungen XXVII, Studiensausgabe, vol. I, p. 433.
11
. Les Sceptiques grecs, PUF, 1989, p. 93. En français : «Un signe est dit commémoratif quand, ayant été
clairement observé en association avec la chose signifiée au moment où celle-ci est tombée sous les sens, il nous
pousse, alors que cette dernière cesse d'être évidente, à nous rappeler cette première association, même si
actuellement l'objet signifié ne se présente plus d'une manière manifeste.» Et : «Un signe sera dit d'«indication»,
non pas quand il est clairement associé à la chose signifié, mais quand en vertu de sa nature propre et de son
constitution, il désigne ce dont il est le signe, comme par exemple les mouvements du corps sont les signes de
l'âme.»
Una clínica sin mucho de realidad, p. 9

constitución, aquello de lo que es el signo, como por ejemplo los movimientos del
cuerpo son los signos del alma.

No nos sorprende el ejemplo final, que nos indica, en este caso, que la nueva clínica se fundaba
en el signo «conmemorativo», como lo aconsejaban los escépticos para quienes los signos «de
indicación» no ameritaban ser considerados como signos verdaderos. Pero es claro también que la
clínica freudiana se instaló, en gran parte, en el terreno de este signo «de indicación», ya que la
realidad a la cual remitía la mayoría de los signos que a Freud le interesaba, nunca la había visto nadie.
Su «realidad psíquica», tan necesaria como era, lo ponía en un terreno semiótico en el cual se perdía la
posibilidad de emplear las técnicas de la nueva clínica.

¿Se podía fundar otra clínica? Nos encontramos, hoy todavía, ante esta misma pregunta y lo
mejor que podemos hacer es no olvidar los datos de este tan bien llamado «nacimiento» de la clínica.
Es notable que Freud no disimuló la dificultad, y la reconoció plenamente en este tan bien conocido
primer párrafo intitulado «Epicrisis», en el caso de Elizabeth von R…, en los Estudios sobre la histeria.
Escribe:

No he sido psicoterapeuta siempre, sino que me he educado, como otros


neuropatólogos, en diagnósticos locales y electroprognosis, y por eso a mí mismo
me resulta singular que los historiales clínicos por mí escritos se lean como unas

59
novelas breves, y de ellas esté ausente, por así decir, el sello de seriedad que lleva
estampado lo científico. Por eso me tengo que consolar diciendo que la
responsable de ese resultado es la naturaleza misma del asunto, más que alguna
predilección mía ; es que el diagnóstico local y las reacciones eléctricas no cumplen
mayor papel en el estudio de la histeria, mientras que una exposición en
profundidad de los procesos anímicos como la que estamos habituados a recibir del
poeta me permite, mediando la aplicación de unas pocas fórmulas psicológicas,
obtener una suerte de intelección sobre la marcha de una histeria.12

Esto se lee generalmente como algo bastante romántico, sin que se mida bien el desenganche
semiótico que aquí está puesto en obra. La invención ulterior de la «bruja», es decir de la
metapsicología, agravaría la situación en la medida en que la «realidad» de sus instancias está
totalmente incluida en la lógica de los signos «de indicación», y subvierte también la base de la clínica
cuyo nacimiento ha sido tan bien descrito por Foucault.

El pie que le falta a una clínica analítica

Nuestra descripción se ha complicado bastante, y para progresar en nuestra aclaración de lo


que es una clínica analítica, tenemos que volver nuevamente sobre el escenario clínico tal como se lo
presenté inicialmente. En el momento en que se aleja el referente del signo, pasando de la casi
presencia de la «conmemoración» a la casi ausencia de la «indicación» como en las «novelas breves»

12
S. Freud, « Estudios sobre la histeria », en Obras Completas, Amorrortu Editores, Argentina, 1987. Vol. II
(1893-95), p. 174.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 10
de Freud, se desvanece también el alumno: ya no hay ahí nadie que vea el signo en sí mismo, con
plena inocencia. Para que se vea el signo mismo se necesita aquél que va a establecerlo: el analista, el
narrador, el paciente, poco importa su título, pero al famoso triángulo de partida: clínico/alumno/signo,
le falta, de ahora en adelante, un pie. El signo, tan enigmático en su sentido como obvio en su
presencia en la clínica médica, ha desaparecido como tal; en adelante, para enseñarlo, habrá que
construirlo.
Antes, en el tiempo de la clínica que estudió Foucault, la naturaleza próxima del referente se
revelaba en el hecho de que el signo mismo se daba generosamente para cualquier mirada atenta, lista
y deseosa de instruirse. Ahora bien, se revela con nuestro nuevo escenario un rasgo que estaba
bastante escondido en nuestras primeras consideraciones a propósito de la escena clínica: el alumno
era, por principio, absolutamente cualquiera. El clínico no, pero el alumno sí, porque él era únicamente
este punto de ceguera y de aprendizaje progresivo que lo hacía pasar del signo opaco al signo
cumplido. En eso, es el hermano del observador científico que es necesario en toda ciencia
experimental: este observador es cualquiera, o no es. Por el contrario, «la situación analítica, como lo
escribe Freud, aquí directo en lo esencial, no admite cualquier tercero». Aparentemente, con esta
frase, se trata sólo de aislar a la pareja analista/paciente. Pero ello implica también que no se puede
introducir disimuladamente este tercero, este observador tan importante en el estatuto del objeto

60
científico, ya que su presencia determina la capacidad de repetir la experiencia. Tenemos aquí, con el
tratamiento analítico, una vivencia que no se puede repetir, que no autoriza a un tercero, y que luego
no nos ofrece un signo de la misma naturaleza que el de la experiencia científica, o clínica. Esto se
olvida comúnmente, y tendemos a recibir el signo clínico analítico como un signo «conmemorativo»
cuando siempre es, sin ninguna duda, un signo «de indicación», totalmente construido por el que
pretende enseñarlo.
He aquí una de las razones por las cuales Lacan identificó, en su seminario RSI, la realidad
psíquica y la religiosa: ambas se alcanzan por signos «de indicación». Y por más indispensables que
sean estos signos en el orden semiótico, no autorizan una clínica en el sentido que la desplegó
Foucault, aunque les pese a tantos analistas que hablan de «Clínica freudiana» y de «Clínica
lacaniana» sin pestañear, considerando que colgar un adjetivo por ahí y un sustantivo por allá no es
sino una mera cuestión de gramática.
¿Tenemos acaso que afligirnos por esas condiciones tan críticas en lo que se refiere al nivel de
realidad del signo pertinente en una clínica que, a pesar de mis ironías anteriores, se querría analítica?
No, porque son aún más graves de lo que parecen, y precisamente en esta desmesura, encontramos
nuestra suerte en la medida en que logramos tocar el punto en que ya no se necesita seguir corriendo
detrás de una realidad cualquiera.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 11

De lo que se trata ahora es de abandonar la realidad histórica así como también la psíquica, ya
que esta última trae con ella la oposición normal/patológico que funda toda la psicopatología. De tal
modo que se desvanecen muchas cosas al mismo tiempo: el alumno (el observador), el signo
enigmático y la perspectiva de su referente, pero también la pareja normatividad/patología que estaba
silenciosamente al principio de la elección del signo clínico. Nos encontramos ahora en un mar de
palabras sin contar siquiera con una guía para saber por dónde buscar lo que permitiría cerrar una
significación correcta.

No quiero dármelas aquí de poeta, y encomiar los deleites del silencio interior, o de la pura
presencia a las cosas de ese mundo nuestro, como lo hizo tan bien Hugo von Hofmannsthal en su carta
de Lord Chandos; me gustaría mucho más hacerme eco de la noción de primeidad forjada por Charles
Sanders Peirce, noción que comenté largamente durante el último seminario que dicté aquí el año
pasado. Se trata de considerar con esto un lado del signo que generalmente uno se apresura a pasar
por alto: el signo sin relación a nada y a nadie. Ni en relación a quien lo produce como signo
enigmático, ni tampoco en relación a quien lo escucha con plena inocencia, ni en relación a lo que
fuera que le diera su significación. Se trata del signo fuera de su complemento referencial y de
cualquier dimensión de interlocución, tal como Peirce lo presenta en su base: un puro «would be», algo
en espera, que trae su propia música, como si estuviera casi totalmente ensimismado. Este concepto

61
de primeidad desafía la razón ya que plantea la necesidad de darse algo que no tiene ninguna relación
con nada: o sea, algo aparente y perfectamente incomprensible.

En esta exigencia, no hay sin embargo nada de chifladura de poeta. Surge más bien como
condición inexpugnable del equilibrio interno del signo en su tripartición básica: para alcanzar cualquier
triplicidad, hay que apoyarse en un «uno» que se sostenga por sí mismo, sin buscar más amparo – otro
ejemplo de la misma necesidad, es lo que hace Lacan, de otra manera, con su rasgo unario. Se podría
demostrar aquí la pertinencia semiótica de esta primeidad tal como la concibió Peirce; pero ¿qué hay
de su pertinencia en el suelo analítico en busca de su clínica ?

El ocurrir del sujeto


Una clínica sin mucho de realidad, p. 12
La ruptura entre los signos y sus referentes13 se desarrolla siguiendo dos planos diferentes. Uno
condujo al hallazgo de la incompletud de lo simbólico a través de los esfuerzos de David Hilbert y Kurt
Gödel. Esta ruptura permitió estudiar la consistencia propia de un sistema de signos, sin hacer
intervenir ninguna propiedad de sus referentes. Este fue el caso de la aritmética que, desde Frege y
Russell, y su descubrimiento de las famosas paradojas, forcejeaba sin poder establecer su propia
consistencia, porque siempre se mezclaban las propiedades de sus escrituras con las de los nombres,
incluyendo así el terrible infinito que generaba –cada uno lo sabía bien– las paradojas. En 1931, Gödel
demostró finalmente que, a pesar de su postura de eje central de las matemáticas, la aritmética no
podía demostrar su propia completud. Eso no constituye, de ningún modo, una debilidad suya, sino un
punto clave de su funcionamiento.
Pero nos interesará más, para concluir, el otro lado –que les importa un bledo a los matemáticos.
Aquí ya no se trata de construir un sentido, o de encerrar a cualquiera significación, sino de
arreglárselas de tal manera que uno pueda quedarse a la espera, sufriendo el hecho de que,
precisamente, el sentido no se dé, no se encuentre, y aun a veces se rehuse tercamente durante un
largo largo tiempo. Pienso, por ejemplo, en ciertos análisis de sueños que acaban trayendo signos
totalmente enigmáticos, que no se dejan reducir a cualquier significación, precisamente lo que Lacan
llamó:«las letras en suspenso (en souffrance) en la transferencia». Si hay, como se dice a veces, una

62
clínica «de la transferencia», ésta tiene que tomar en cuenta, con agudeza, esta tensión peculiar que
caracteriza al analista, por lo menos tanto como su saber teórico, práctico y cualquier otra cosa que
viniera de su análisis «didáctico». No es exactamente ignorancia de su parte, o paciencia, o «cualidad
de escucha»: todas esas palabras se refieren a faltas y virtudes personales y yoicas. Se trata más bien
de una postura semiótica en la cual el signo encuentra su condición inaugural, aquella que destacó
Peirce con tanta audacia gracias a su «primeidad», es decir también: el mero valor de llamada del
signo –y me gusta en esta ocasión poder referirme al castellano que alberga aquí algo de la «llama» en
la «llamada». Lo que da su llama al signo se ahoga y se muere en la significación –sin la cual no
obstante no podríamos hacer nada.
Más arriba del cierre de la significación, a partir de la cual se puede desplegar todo lo
psicopatológico si se quiere, existe este punto de acogida del signo que sobrepasa cualquier clínica en
la medida en que se presenta como una especie de celebración de la dimensión simbólica a través de
la cual encuentra su propia existencia el sujeto de la palabra. El analista, en su capacidad de no reducir
todo lo que se dice a significaciones, manteniéndose a la espera de un sentido que no logra alcanzar
su cierre, sin dejar escapar algo vago –precisamente esto vago que va a interpretar el otro signo, éste
que siempre está por venir–, el analista se coloca decididamente en el lecho de la corriente simbólica.
13
. Como intenté demostrarlo en el libro «L'incomplétude du symbolique», EPEL, Paris 1991, al analizar la táctica
del matemático aleman David Hilbert en su texto »Über das Unendliche«.
Una clínica sin mucho de realidad, p. 13

Al respetar así a lo vago que caracteriza el cierre mismo de cada significación, este analista
ofrece puntualmente a su paciente el albergue en el cual toda realidad está en suspenso: la de su
historia como la de sus fantasías, la de sus traumas como la de su goce. De este suspenso,
obviamente, no se puede decir mucho. Pero cuando este vacío falta, cuando la clínica que se quiere
analítica se construye y se enseña en forma de psicopatología, cada uno puede saber, en el acto, que
se ha perdido esta carencia de realidad que da su llama, su ánimo, al orden y al desorden simbólico.

63
64
65
66
67
68
69
70
71
La castración no es única, el uso del artículo definido no es sano, o bien hay que
emplearlo siempre en plural: siempre hay castraciones.
J. Lacan
Este trabajo pretende aplicar un zoom que recor-
te, _en..un_ .campo amplio y
. . . . com:¡¿le.jQ, rugt111as
___
pocas cuestiones que pueden permitimos captar
la estratificación del terreno en el que se sitúa el
tema de este coloquio y el nudo de problemas que
ahí se plantea. Estamos ante un tramado de sabe­
res definibles, según Deleuze,

72
·--[-;·;.Jpor··sus dispositivos--de -combiilación entre-lo-visible y-lo
enunciable, en función de umbrales muy diversos, que luego
sedimentaron en capas de palabras, al�as de las cuales des­
aparecieron y otras persisten en circular1.
Estamos en problemas con nuestra lengua de supuestos expertos,
problemas-que emergen apenas damos forma a alg1p1as preguntas.
¿Por qué Freud construyó, críticamente siñ duda, una psicopatolo­
gía a partir de las clasificaciones psiquiátricas que circulaban
entonces? ¿Por qué Lacan no abandonó el lenguaje de la psiquiatría
y de la psicopatología que heredó de Freud? ¿Por qué no constru­
yó su _teoría de la experiencia psicoana_lítica con: otra lengua, otros
_ _________ _ ___ __ ________________ ___ ____ ____ t�rrrünos? ¿fQ,r qtJ.� ªjgt!!Q hablando9.e his��ria e_!!_!Q� �os setenta'L.__
¿Qué nombra en esa época con esa palabra? Y yendo de nuevo al
cruce de caminos, ¿acaso esta persistencia de Lacan situaría para
1 Gilles Deleuze, Foucau!t, Les
nosotros una zona de divergencias con la actual psiquiatría que
éditions de Minuit, París, 1986 p. 58
(Hay traducción al español: Foucau/t, hizo desaparecer el nombre de "histeria" de su propio mapa, el
Paidós, México DF, 199 1) manual· de diagnóstico, el DSM-IV? ¿Qué se conserva y qué se pier-
Ra qu el Ca pu r r o

de en esa disparidad?. ¿Cómo situarnos hoy ante ese lenguaje que


nos habita?

il
J
l. C O N L O S L E NT E S D E MICH EL fO UCAULT 1

Estamos ante una cuestión.de actualidad y también ante úna his­


:1
toria. ¿Qué método, qué camino puede ayud�mos a esclarecer
nuestras preguntas? Propongo proceder al modo de Michel
Foucault. Ese Foucault que prefirió la �oción de "arqueología" a
la de "historia" diciendo que allí donde el historiador, en el senti­
'
do clásico, busca continuidades e inteligibilidad, el arqueólogo
del saber prestaráiatención a las rupturas y discontinuidades de
"la suma de los dtsd�rsos efectivamente pronunciados"2• Y también con
ese Foucault que incita a desplegar, a partir de la actualidad, de
sus polémicas, casi al modo de un periodista, la genealogía que,
desde algún punto, emerge en el presente. Arqueología y genea­
logía son dos articuladores metodológicos que nos parecen

73
imprescindibles para tratar el entramado entre psicopatología,
psiquiatría y psicoanálisis.

UN CORTE E PISTÉM ICO EN LA DI.A:CRONfA DE LOS SA B ERES

Localicemos un aspecto de la cuestión: la emergencia de la psiquia­


':·.'

tría en el siglo XIX como espacio de respuesta a los interrogantes


que la locura y las exigencias de disciplinamiento de la sociedad
democrática e industrial planteaban al saber médico. �a produc­ 87

ción de ese saoer, según Foucault, estuvo regida en ese entonces,


· (1820-1870) por su capacidad de responder a la pregunta, prove­
n
niente a menudo del poder judicial, acerca de si alguien estaba loco
o no. ¿Actos amorales o inmorales?, preguntaron los jueces al médi­
á
co. colocado en posición de experto. Con las respuestas se tejió el
saber y el poder del psiquia
· tra que debía decidir de la realidad o
e
engaño, realidad o simulación de la locur� en aquel a quien exami­
naba. A la vez, mediante la descripción de los síntomas, debía hacer a
2 David Labreure, Míchel
un diagnóstico diferencial que le permitiera alojar al paciente en Foucault, Psychiatrie et médecíne,
alguno de los cuadros clínicos cuya descripción se acuñaba enton­ Mémoire on-line, 2003-2004. t
Consulta del 17-08-2007.
ces. En esos años se forjó, en efecto, gran parte de la clasificación,
e
psicoanaliza r o psicopatologiza r
nominación y pronóstico -curable o incurable- de las llamadas
"enfermedades mentales". El disciplinamiento, requerido como
medida social, supuso como horizonte de los "incurables" su dete­
rioro progresivo, la demencia, considerada, en ese entonces, como
un efecto de la locura.
En este punto preciso, en ese tobogán de supuesto no retomo a "la
realidad" surgió, entre las llamadas "enfermas mentales," "un
frente_de resistericiél" compuesto por las llamádaSJiistéricás3. ·ta
manera de .escapar al pronóstico. de demencia, señala Foucatilt,
era ser. ca�alogada como Histérica4• Constituyendo plásticamente
su cuerpo como portador de los más variados sfutomas y esqui­
va:qdo la realidad orgánica de los mismos, las histéricas, sin saber­
lo, hicieron de la erección visible de sus sfutomas un escudo que
replanteaba la pregunta por su misma realidad. ¿Eran éstos frutos
del engaño o de una lesión? Puesta a prueba del saber psiquiátri­
co .en su intento por transcribir las locuras en términos de sfutcr
mas y de enfermedades mentales. Doble dificultad del médico en

74
sus tropiezos con las histéricas: escuchar a quien le habla para lle­
g� ª· �Q_nstiM!!() como pertene���11,�o
perteneciendo <? �o a t� ��� di�_gnó�­
..
tico e integrar el cuerpo de las histéricas al cuerpo de la medicina,
punto de falla por donde las llamadas histéricas hicieron aparecer, 1
3
l
Exigiría un rodeo que excede
a este trabajo justificar por qué, sin con su decir y con sus síntomas, otro saber sobre el cuerpo, y otro
desconocer a la llamada histeria cuerpo también.
1
masculina, conservamos aquí la
declinación gramatical del femeni­
no . lA .B ATAL LA D E lA 5A LP�TRIERE
4 Usamos Histeria con mayús­ 1
1
cula, o e l articulo en itálica la histéri­
M. Foucatilt dedica una clase de su curso sobre El poder psiquiátri­
co5 a analizar lo que llama la« operación Charcot». Trata allí de la
ca, para referimos a la categoría
.
diagnóstica, y usamos el plural, las
histéricas, para designar a las asr lla­ particular entrada de la Histeria en La Salpetriere donde Charcot
mad¡is a inch..iirse en· esa clase. desplegaba su enseñanza, su teatro, y en donde vivían internadas
5 Michel Foucault, Le pouvoir 6
psychiatrique, Gallimard·Seuii;'-París� �!1 ��� !flOJ!l,�l!_tº !!!':ªª IJ:lt1j�res • F�uc�ult an�l_i�a ��-
�ll_ªtrº !!@ ..
2003, curso del 6 de febrero de situación en términos de una batalla entre esas mujeres y el saber-
1974. (Las citas pueden encontrarse poder médico.
fácilmente en la traducción al espa­
ñol: El poder psiquiátrico, Fondo de
Cultura Económica, Bs.As., 2005. Según Frédéric Gros, Foucatilt fabrica una versión de Charcot
6 lbid., p. 301 como inventor del �erpo neurológico, es decir de un cuerpo que
Raqu el Ca pu rr o

ya no se abrirá para ver que tiene dentro -finalidad de la anatomía


patológica como modelo de la medicina- sino que obedecerá órde­
nes : I/
"camine", levante un brazo", "cierre los ojos y tóquese la nariz",
etc. Con este dispositivo Charcot apuntaba a un doble objetivo que
concernía no sólo a las pacientes sino a la división en especialida­
des de la Medicina: llegar a decir que las llamadas histéricas no
eran locas sino enfermas y que por eso su lugar no era el asilo, sino
el hospital, en este caso, su servicio en La Salpetriere en donde debí­
an ser tratadas pÓi' un neurólogo y no por un alienista. El cuerpo,
· fundamentalmertt� aunque no exclusivamente el cuerpo femenino,
deviene el territJrio-objeto donde se disputan métodos y fronteras
. ...: - '
;:: : .. : . .

de los saberes médicos. Lá Histeria es el nombre de ese territorio


corporal en disp tita. Se trata de establecer la naturaleza de sus sín­
tomas y el mapa de su territorio.

Como en toda batalla, Foucault propone distinguir distintos tipos


de maniobras, ya del lado del neurólogo Charcot, ya del lado de las

75
histéricas, y distintos momentos -tres acto�- en la batalla de La
Salpetriere.

ler acto: La primera méll1iobra médica fue buscar la organización


de un guión sintomatológico. Charcot habría propuesto un
negocio a la histérica: ¡,voy a hacer de ti una verdadera enferma,
te voy a sacar tu mala fama de simuladora, pero· con una condi­
ción: que regules tus síntomas". Charcot, neurólogo, reclama­
ba constancia, y no caprichos, para poder universalizar la 89

lectura de los síntomas. Su primer cosecha fue la de los lla­


mados "estigmas de la histeria"? También las crisis debían
n
ser ordenadas y regulares, codificables en referencia al gran
modelo de las crisis epilépticas, y así surgió la "hístero-epi-.
á
lepsia" diferenciable de la sintomatología epiléptica clásica
por sus movimientos ilógicos, sus actitudes pasionales
e
(lúbricas y de temor) y por sus momentos de "delirio". Las
así llamadas histéricas entraron en el juego, pero... proble­ a
ma ... ellas sobreagregaron, sobreactuaron, tanto que su tea­
tro se tornó excesivo. Charcot se vio superado, desbordado t
por su éxito. 7 lbid., p. 311.
e
psicoanalizar o psicopatologizar
2do acto: Con la creación de los seguros sociales apareció una
nueva categoría de enfermos, los accidentados, en particu­
lar los accidentados de los ferrocarriles. Con ellos se plan­
teó el problema de enfermedades simuladas para provecho
del enfermo. Se impuso encontrar las formas de düerenciar
las perturbaciones postraumáticas de las simulaciones y
también de düerenciar a la histeria de las enfermedades de
los traumatizados. A partir de ese momento toda la aten-
. cióriflos:exáirieiies se tedistribuye:ton en tomo a la cues;;.
tión del trauma. Charcot introdujo la hipnosis y buscó por
esa vía activar la situación traumática y establecer la cone­
xión con los síntomas. Puso en juego así la paradoja de
construir un saber-poder ligado a la "obediencia" de la his­
térica hipnotizada.
3er acto: Se produjo allí la gran sorpresa de Charcot: la irrupción de
la sexualidad de esas mujeres cuyas manifl;!staciones él no
pudo adinitir y que sólo sus discípulos documentaron8,
situación percibida por Freud que se preguntó: "Si lo sabe,

76
¿por qué no lo dice?" ¿Por qué Charcot no pudo aceptar la apa­
�i�9ó_ n �!l �J_ de�y en los síntomas, de la sexualidaq de esas
mujeres? La re�pu��ta e�ti -�n
· -oo detalle que reveia la
í del saber médico: desde 1840 la doctrina acepta­
arqueologa
da por la comunidad médica era lé;i enunciada por Jules
Falret que decía que la sexualidad manifestada ..Júbricamente
al médico no era una enfermedad, por lo qué" Charcot hubie-.
·O ra quedado descalificado como médico si atendía aquello
que en su servicio rompía los ojós.
n
Pero, eso que no quiso saber Charcot quedó, sin e:mbargo, fijo en
el registro fotográfico que constituye el Archivo fotográfico de La
á
Salpetriere y que ha sido rescatado por Georges Didi-Huberman9•
Las_fotQ§ _P-ergrite�·ª·!!sbar "la gran bacanal", "la pantomima sexual
_
e
8 Cf. un ejemplo en !bid., pp.
10

que él no debía ni ver ni decfr" i�-�;����-��di�t�-�� �aiias -his�
a
321 y 323. téricas, poniendo en juego una erótica; escaparon, en el dispositi­
9 Georges Didi-Huberman, vo médico, a �a asignación de "traumatizadas" y de "simulado­
L'invention de l'hystérie, ed. Macula,
t París, 1982 ras". Foucault lee allí un triunfo y pone esta respuesta en boca de
1O M. Foucault, Op. cit., p. 324. la llamada histérica: "¿Quieres encontrar la causa de mis síntomas,
e
lloo=;.__;;;:::;:-:-:--:::::;::-:-==------ -- �---�-
��� -·-----�---..· ··--·-------- ------------·-· · ···-------- - - · · · ·----

Raqu el Ca pu r r o

esa causa que te permitirá patologizarlos y funcionar como médico?,


¿quieres ese traumatismo? y bien, tendrás toda mi vida, y no podrás
impedirte escucharme relatar mi vida y gesticular de nuevo y reactuali-·
zarla sin cesar en esas mismas crisis". Ese es el grito de victoria de la
Histérica. En esa batalla ganó. Logró hacer aparecer un nuevo
cuerpo: el cuerpo sexual que muestra, teatraliza, y (se) ofrece, con
sus demandas, al médico.

DE LAS CLASIFlC::ACIONES PSIQUIÁ_TRICAS

¿Qué discontinuidad introdujo el dispositivo freudiano? ¿Qué se


aloja en los textoq_,de Freud, bajo el nombre de "histeria"? ¿Cuál fue
la ruptura? Por allí comienza a plantearse un problema que se teje,
al menos, con tres hebras: una semántica, otra dinámica y otra lógi­
ca. Veamos las dos primeras:

La hebra semántica: Los diferentes cuadros nosográñcos creados en


el siglo XIX obededan al afán taxonómico que desde Linne o se

77
11
imponía en los ámbitos de las ciencias. Jardineros de la locura , los
alienistas, ah ora psiquiatras, buscaron ordenar el herbario de las
flores del mal con la pretensión de circunscribir con un nombre una
patología :rp.ental, una enfermedad, identificada por cierto conjunto
de síntomas, a los que se suponía un substrato biológico que sería
a la larga identificado, como había sucedido con la sífilis. Las histé­
ricas pusieron en crisis dicho paradigma.
91

Ahora bien. el punto de anclaje de las psicopatologías arraiga en el


fracaso de la explicación orgánica. Pero con ese punto de anclaje no
n
es posible cuestionar el gesto clasificador del pathos humano ya que
este se despliega dentro de la estructura y consistencia del saber
á
médico, que divide su campo entre lo normal y lo patológico. Freud
propuso una psico-patología que apoyó en una lógica de clases -las
e
clasificaciones del saber psiquiátrico- y que hoy percibimos como 11 Cf. Edouard Zarifian, Los jar­
una lógica ajena a la especificidad del saber analítico, el cual está dineros de la locura, Espasa-Calpe,
a
Esp aña, 1990 y la revista
ligado a la invención de un método de tratamiento que da lugar a
Confrontations psychiatriques n°
la absoluta singularidad. 24, «Ciassification et psychiatrie», t
París, 1984.
e
psicoanaliza r o psicopatol ogizar
No hemos pues de ahorrarnos el análisis de ciertas paradojas que nos
envuelven con el uso del vocabulario de la psicopatología en la
medida en que hemos de advertir críticamente la trampa de una lógi- ·
ca clasificadora que reafirma la división entre normal y patológico, y
apunta a subsumir las particularidades en los rasgos· comunes de
una clase de individuos. Esta cuestión concierne a las taxonomías en
general, a las psiquiátricas en particular y a nuestra adhesión acríti­
ca a ellas. Ian Hacking describe el escollo del siguiente modo:
Pensamos en muchas clases de gente como objetos de una inves­
tigación científica. A veces para control?Tlos, como a las prosti­
:.'¡-'.
tutas, a veces para ayudarlos como a los suicidas potenciales. A
veces. para organizarlas y ayudarlos y a la vez para quedar a
salvo nosotros púsmos, como a los pobres y sin techo. A veces
para cambiarlos por su propio bien y el de los demás, como con
los obesos. A veces nada más que para admirarlos, alentarlos y
quizá emularlos, como, a veces, con .los genios. Pensamos en las
clases de gente como definida por ciertas propiedades que si las
conocemos nos permitirán control� ayudar, cambiar o emular
mejor. Pero las cosas no suceden así. Ellos son blancos móviles

78
. porque nuestra investigación interactúa con ellos y los cambia.
El blanco se mueve. Llamo a esto efecto bucle. A veces nuestras
CienCias crean gente <¡ue· en ·cierto sentido- no existía antes�
12
Llamo a esto moldear a la gente . .
Las clases creadas por la nosograña psiquiátrica, la Histeria, por
ejemplo, forman parte, del punto de vista sociológico y semántico
de las llamadas por Ian Hacking clases interactivas, es decir que los
clasificados pueden influir en lo que se clasifica, incluso en "la
rl
matriz más amplia de instituciones y prácticas que rodean esa clasifica­
ción". A diferencia de las clases "indiferentes" o "naturales", como
....
.
.
las que obedecen a ciertos determinismos biológicos o físicos, estas
clases, cuyo tipo podemos ver en la Histeria de Charcot, producen
"ese bucle hacia atrás que obliga a cambiar las clasificaciones y el conoci­
miento que se tiene ele ellas//; -
Noción borrosa pero útil, admite Hacking, en particular en el
12 lan Hacking, "Making up
peop/e" en London Review of Books,
campo de la psicopatología, en donde una supuesta patología P
vol. 28., no 16, 17/08/06. dependería de factores complejos, como resultado de lo cual,
Raqu el Capu r r o

"algo" puede pertenecer a la vez y bajo distinto sesgo a una clase


indiferente-natural y a una clase interactiva, doble pertenencia
con la que Hacking propone situar, por un lado, a las actuales
investigaciones biológicas y genéticas que pretenden esclarecer
los determinismos biológicos de las llamadas enfermedades men-
. tales, y por otro, salvaguardar una incógnita que se situará en
algún otro lugar. Allí dónde se comenzó suponiendo que al nom­
brar una enfermedad mental se creaba una clase indiferente, en el
curso histórico s�::pudo percibir que <�No había una patología P, ni
tampoco P1, p2 o �3».
·� ,: .

¿Qué hacer entonces? ¿Suprimir. el nombre, (opción que efec-


túa el DSM IV cdh el término de "histeria") o conservar el nom­
bre, vaciado de sustancia, apostando a que de. este modo no se
excluya lo que ciertas teorías de la referencia llaman "el beneficio
13
de lo nombrado" ? ¿Cuáles habrán sido los costos y beneficios para
Freud, y.luego para Lacan, al plantear bajo el nombre de "histe-
. ria11 cuestiones nuevas, nacidas en la experiencia de una cura?
¿Vino nuevo en odres viejos?

79
Hacking toma ejemplo en el llamado "autismo" para interro­
garse:

¿Diríamos que cuando Kanner acuñó el nombre de "autismo


infantil" se refería a la patología P? ...
[ ]Sí, se refería a e incluso
aunque él (al igual que nosotros) no tenía la más remota idea de
. lo que realmente es el autismo, es decir P.

93
Así planteado, bajo los nombres de las llamadas enfermedades
mentales circuló y circula una cierta manera de distribuir y tratar
incógnitas en algún punto atribuibles a un supuesto sujeto, estan­ n

do éste fuera del horizonte délimitado por el método científico. Las


psicopatolo�as insertaron esas incógnitas en sus cuerpos teóricos á

mientras que, extremando quizá otra opción, el actual manual de


e
diagnóstico, el DSM Iv, simplifica la operación elimimindo esos
nombres, (Histeria, por ejemplo), prescindiendo de una teoría y por
a
supuesto del examen de la compleja atribución a un "sujeto" de sm­ 13 I.Hacking, ¿La construcción
tomas que, supuestamente, lo incluirían en alguna categoría de la social de qué?, Paidos, Bs. As.,
2001, en particular el Cap. 4 t
actual nomenclatura de los "trastornos mentales".
"Locura ¿biológica o construida?".
e

..._______ _..
.-���-....
...,.
.,... �-
. ---- -- -�···
psicoanalizar o psicopatologizar
La hebra dinámica. Subraya Hacking que la dinámica de las clases
creadas, las antiguas o las actuales, es mucho más importante que
su semántica. Ni el discurso esencialista ni el constructivismo
social le parecen soluciones aceptables. Tampoco sostener ''el uso
de designaciones rígidas en relación con la enfermedad y el trastorno
mental". Sin negar el uso instrumental que puede brindar la críti-·
ca histórica, Hacking invita a pensar en la "dinámica de una clasifi­
cación" cuando esta concierne a las llamadas clases interactivas, es
decir-examinar los llamados ·"efectos'-bucle/J:los:·cambios··que se
producen cuando alguien se· identifica como miembro de la clase
X. ¿Cómo reacciona, cómo .se ajusta o. se distancia? ¿Qué efectos
de grupo aparecen? ¿Qué efectos en.elsaber que constituyó esa
categoría? ¿Y en las instituciones implicadas? Análisis sociológi­
co que no deja de ser revelador.
Desde este punto de vista, la dinámica de la dramatización histéri­
ca expuesta por Foucault no se detuvo en La Salpetriere. Lo que
aconteció en el servicio de.Charcot despertó a Freud, y le posibilitó

80
poco después, forjar con otras, igualmente llamadas histéricas, un
nuevo lugar: el dispositivo freudiano. ¿Se inició algo así como otro
capítulo bajo el mismo título? ¿De qué1TiodoeT"cambTo de dfsposi­
tivo modificó el saber, su lugar, su constitución misma, que se creía
asegurada bajo el nombre de Histeria? A ese ''cuerpo sexual" que la
Histérica hizo hablar, ¿qué saber le corresponde? La mostración
sexual que las histéricas prácticaron en La Salpetriere ofició como
94 núcleo de resistencia al saber médico que encarnaba Charcot.
Dejándose conducir por el decir de las llamadas lústéricas Freud
localizó otro tipo de saber, el de una razón-resonante� particular,
n
ligado a los sueños, a los síntomas de cada cual, al que llamó das
Unbewusste, el inconsciente.
á
e --
La lógica de las clasificaciones psiquiátricas impregnó a las psico-
pat�IogÍ�s- q�� ·;· ���b�;-()-;�-�citiso-�on i·a activa-piuiidpá-cióñ-Je---
a Freud, pero ya no podemos ignorar el alcance de la ruptura episte­
mológica que introdujo esa, su invención. De allí proviene la situa­
t ción paradójica en que nos encontramos respecto a la psicopatolo­
gía y al estatuto de una nomenclatura cuyos nombres aspiran, más
e
--------�--
'1
R aqu el C a pu r r o

0 menos larvadamente, a la consistencia de verdaderos conceptos.


Con Lacan, que, por un lado, radicalizó la oposición estructural
entre psicosis y neurosis, y que, por otro, avanzó ·en el cuestiona­
miento lógico del alcance de las proposiciones universq.les, la para­
doja se hace más patente.

11. EL PSICOANÁLISIS, INVENCIÓN DE UN MÉTODO

1
Siguiendo la propuesta de Jean Allouch ;, propongo considerar al
· psicoanálisis como ·_;Un método que Freud construyó, no sin las his­
téricas, en los márgenes de la ciencia -pero teniéndola en el hori­
15
zonte- un nuevo método para abordar la subjetividad • Se delimi­
tó así un campo a explorar, mediante ciertas reglas que permiten el
despliegue de otra forma de decir y que Lacan precisa como la
� .
,.

:· .·
g
emer encia de un nuevo discurso. Este camino que así se abre no
condujo, ni conduce, a una nueva objetividad ni a la síntesis de un
'
.
, ,.
¡ 1.'' saber sobre sí mismo. Por el contrario -:dicho en términos foucaul­

81
tianos- lo que se inauguró fue �a vía de subjetivación, mediante .
un análisis que se hace con los desechos del supuesto saber racio­
"
' �;
'

! r� nal. Sueños, síntomas, lapsus, chiste: con Freud la razón misma


cambia de lugar, el saber cambia de localización y el amor entra en
juego en las resonancias de lalangue..

La experiencia subjetiva de un análisis revaloriza su exclusión del


discurso objetivante de la ciencia mediante el descubrimiento de otro
espacio que pone en juego saber y verdad en tanto atañen al sujeto. 95

Por esta vía no se accede a una ciencia del sujeto sino que el sujeto
que hace ciencia puede también encontrar en ese espacio, en la aven­
n
tura de su decir, la posibilidad de "cierto juego de la verdad".

á
Digamos un poco abruptamente que así, con este dispositivo y por
el decir de las histéricas, llegó, por ejemplo, la cuestión femenina al
e
diván de Freud. Su sexualidad en el lenguaje de sus síntomas y de
sus sueños. A partir de su escucha Freud intentó teorizar esa expe­ 14 Jean Allouch, Freud y des-
a
pués Lacan, Edelp, Bs. As., 1994.
riencia, es decir construir una teoría que permitiera otro acerca­
15 Tema que exploré en
miento a las paradojas de la histeria, a su insatisfacción, a su Compte, actualidad de una heren­ t

demanda, a su cuerpo, a su "engaño" (proton pseudos). Esa teoría se cia, Edelp, Bs. As., 1 999.
e
psicoanalizar o psico pato lo giza r
presentó con el formato de una nueva psicopatología que tomó a
los mitos como sus ejes analíticos (Edipo, Narciso), referencia que
produjo un primer obstáculo para situar la ineludible referencia de
la época a la normalidad y a la patología. Basta pensar en la teoría
de la degeneración vigente tras las clasificaciones de la sexología
emergente (Krafft-Ebing, por ejemplo) para calibrar el corrimiento
de parámetros que pone en juego el texto freudiano. Sin embargo...
debiéramos detenemos en los nuevos impasses que aparecen tem­
.pranamente:enlos historiales -el. de Freud:y Hora;-el-de-Freud- y-la- -
llamada .«joven homosexual)).
z

1
a

82
k
. 1
96 .
l'fllll
t
el
n
e
V
á
e
a
t
e
.
Raqu el Cap u r r o

Pero, vayamos de un salto a la crisis teórica que hizo patente el


punto de opacidad sexual adonde fueron conducidos los analistas
en la escucha del decir de las histéricas: me refiero al gran debate
sobre la sexualidad femenina que se desarrolló entre 1927 y 1935
entre la escuela vienesa, encabezada por Freud, y la escuela ingle­
sa, liderada por Jones. Muchas discusiones actuales muestran que
sigue virtualmente presente la forma en como se dividieron las opi-
.
niones en aquel entonces.
.
La cuestión femenina, se coló por el-sesgo de la cuestión histéri­
ca, y dio lugar a.¿:un debate cargado de pasión, sesgado y parcial,
que fue interrumpido por la. guerra, y que encontró cauce para su
vehemente retorno, en los años setenta en el París de Jacques Lacan
y de la gran oleada del movimiento feminista. Fue pues bajo el
nombre de histéricas que las mujeres comenzaron a hacerse escu­
char y sorprendieron a los analistas. Estos, hombres y mujeres, se
debatieron en la elaboración de una normalidad y de una psicopa­
tología referida a la sexualidad femenina tal como aparecía en el

83
dispositivo analítico. Así se encontraron divididos entre una inter­
pretación naturalista de la diferencia de los sexos {Jones) versus la
primacía fálica para ambos sexos (Freud).

El nuevo método exigía una producción teórica nueva, pero ésta se


hizo en los carriles marcados por la medicina: pensar lo normal (de
la sexualidad) a partir de lo patológico; producir una psico-patología
(de la sexualidad) acorde ya no a la semiología tal como aparecía en
el dispositivo hospitalario y psiquiátrico de la época, sino tal como . 97

advenía en el dispositivo freudiano. Seguía quedando fuera, impor­


ta subrayarlo, el cuestionar como pertinentes en la práctica analítica
n
los parámetros que dividen al campo entre normal y patológico.

á
Sin embargo, hoy podemos visualizar hasta qué punto el nuevo
dispositivo exige una nueva lógica, y con ella la reformulación del e
campo teórico de una práctica que está ante la disyuntiva dé des­
gajarse o no de la práctica médica, permitiendo se resalte, entonces a
sí, su idiosincrasia16• La enseñanza de Lacan, su remodelación teóri­
16 Palabra de origen griego que
ca del psicoanálisis, permite asentir hoy a esa disyunción entre el refiere a la absoluta particularidad t
saber científico del médico psiquiatra y el saber del psicoanalista. de aquello que califica de "idios".
e

iiiiiiiiiiii
....;¡¡¡,¡o¡.
... iiii
ii iiii
ii =---------·····
ii ·-------··--· ··
psicoanai
l zar o psico'pato logizar
Apoyemos esta orientación en la tercera de las hebras menciona­
das, la lógica.
DE OTRA lÓGICA EN JUEGO
Según Guy Le Gaufey17 es posible sacar ''algunas consecuencias clí­
nicas de la diferencias lógicas entre los sexos" tal como las despliega
Lacan en la última década de su enseñanza. Después del ri�oso
·análisis· 'de1as .lláínadas .''fótmulas·de.1a.sexuadón"; ·Le Gaufey
avanza en el último capítulo de su libro para establecer que
. Lacan, al dejar caer la naturaleza supuestamente complementaria
de hombres y mujeres, deja caer el mismo tipo de lógica que divi­
de al ser vivo entre normal y patológico. En ambos casos se supo­
ne silenciosamente un mundo, un dato cerrado, bien circunscrito,
que luego se divide vistosamente en dos partes opu�stas y com­
plementarias, con la imparable consecuencia de gue, estar ausen­
18
te de un lado equivale a estar presente del otro •

84
Así organizado por una lógica clasificadora, el mundo de los
��Emos ha sido dividido, por ejemplo, entre hombres y mujeres,
entre normale� y �or�ales. ''f�i)ién las grand'es divisionesde la
psicopatología, neurosis, psicosis y perversión, se fundaron en esa
lógica, así como los subconjuntos, en donde los rasgos comunes
permitieron configurar los conceptos de Histeria, Neurosis obse­
siva, Esquizofrenia, etc. También así se han ordenado las prácticas
98
sexuales en función de su no inclusión en la heterosexualidad nor­
mativa. La pertenencia de los individuos a una u otra clase obe­
dece a la pretensión lógica de cualquier concepto de valer como
n
universal para todos los individuos que pertenezcan a su conjun­
á
to. Tal es el fundamento lógico de todas las elaboraciones psico­
patológicas, razón por la cual la crítica sociológica de Ian Hacking
e 17 Guy-Le .Gaufey,ELnotodo de. _ �e-�()n otra �ás es.pe�ca_g':�
_!:�§ultajnsn#_�i�te y-�� -��-!����I.ar
Lacan, Ed. Literales y Cuenco del haga pie en la experiencia misma del psicoanálisis, en su particu­
a
plata, Bs. As., 2007. De imprescindi- laridad lógica.
ble lectura. Daré las referencias del _
texto francés, Le pastout de Lacan,
t Epel, París, 2006. Ya Freud puso en guardia a sus discípulos acerca del uso de los con­
18 lbid, pp. 108-109. ceptos cuando en la introducción a 11Las pulsiones y sus destinos"
e
Raqu el Capu r r o

19
retoma el término de "pulsión'' para afinarlo • Tampoco vacila en
salirse de la lógica universal de las clasificaciones en su artículo
titulado "Sobre un caso de paranoia que contradice la teoría psico­
analítica" (1915f0, que Le Gaufey analiza como ejemplar.

Con Lacan el psicoanálisis fue adquiriendo el perfil de un saber


dotado de una particular consistencia: el temario RSI, la incom­
pletud del Otro, el objeto a, la singularidad de lalangue, el estatu­
to del sujeto, SOJil.:¡:piezas que fueron c9nstruyendo una topología
que no se puedetreducir a la de un todo divisible en partes com­
plementarias. De modo ejemplar, las fórmulas de la sexuación,
retomadas por Guy Le Gaufey, plantean hoy, la inconveniencia
para el psicoanálisis del manejo clásico del" concepto en su dimen­
sión de universalidad.

Privilegiando con su notodo, el aspecto restrictivo de la particu­


lar negativa que hace fracasar de igual modo a la universal afu­
mativa y a la negativa, Lacan, a la vez que da la razón a la len­

85
gua, vacía a las universales de su ontología residual21•

La teorización de Lacan desestabiliza los equilibrios conceptuales y,


perturbando la clasificación mayor entre neurosis y psicosis, que él
mismo apuntaló, abre la pregunta acerca de qué tipo de teoría
requiere la práctica analítica y en particular ¿qué uso y manejo
hacer de los conceptos en la 'fatídica pareja" teoría-práctica, así
como de los términos opuestos de normal y patológico en la medi­ 99

da en que pretenden enunciar universales que abarcarían a "todos


los individuos" subsumidos bajo tal o cual categoría?
n

De allí surge, aunque Lacan no la plantea, una antinomia entre psi­


á
copatología y psicoanálisis, antinomia que objeta a la circulación 19 S. Freud, Obras completas, t.
XIV, Amorrortu, Bs. As., 1979, p.
del sintagma "psicopatología psicoanalítica" tan habitual en nues­
22 112.
tros intercambios . 20 lbid., p. 259.
21 Le Gaufey, op. cit., p.115. a
Ahora bien; la instancia crítica que hemos desarrollado hasta aquí 22 Agradezco a Guy Le Gaufey
ésta y otras precisiones que apare­
no puede dejamos varados en su momento negativo. Con ella, al cen en este artículo y que son fruto t
priorizar la relación conflictiva, incongruente, entre la existencia de de nuestra correspondencia.
e
p sicoa n a liz a r o p sicop a tologizar
cada cual y cualquier concepto, se vislumbra también la posibilidad
de otro planteo. El orden de las existencias, señala Le Gaufey, tiene
una consistencia diferente al orden conceptual que no funciona
como un mapa que permitiría encontrar caminos seguros y estable­
cidos de antemano. Una cierta lectura del artículo de Lacan sobre
''La dirección de la cura" ha creído válido fundar el uso de la psico­
patología como guía de viaje de la cura de un novel analizante. Sin
duda, las sorpresas de cada cura desbaratan con su particularidad
esta ilusión:qüe escamotea el·aspecto,central-:cle:Ia-experiencia· ana--- .... .·
lítica como puesta en juego de una existencia irreductible, ella, en un
sentido estricto, a cualquier juego conceptual. El intento.de valida­
ción de dicha experiencia con procedimientos estadísticos, tal como
lo sostienen algunos analistas en Montevideo23, se revela· como el
colmo de lo antagónico con su especificidad.
Si con Lacan - como lo sostiene Le Gaufey (y acordamos con él)- le
damos preeininencia a la existencia, logramos una doble ventaja:
preservar el carácter irreductible del sujeto, y no atentar gratuita­
24

86
mente contra el orden conceptual • Cada existencia hace excepción
a la universalización, no por su rareza, sino por ser un fenómeno
cualitativo, irreductible, que el meto-ao anantféo pone en juego
mediante una lógica refractaria a la cantidad. De este modo los tér­
minos de la teoría, como y a lo percibió Freud, se aproximan al uso
que describe Walter Benjamín cuando dice que "la palabra de algún
25
modo es parodia" de aquello que refiere.
00
El existente se encuentra plantado aparte, extraído de las deter­
minaciones simbólicas que soporta y que eventualmente lo
n determinan en su recorrido pero con las cuales no se confunde.
26
Esa x merece llamarse "sujeto" ·
á
_ ¿PATOLOGIA O AN OMALIAS7
e --
23 Me refiero a los trabajos del En muchas oportunidades Foucault señaló el efecto disciplinarlo
a
Dr. Ricardo Bernardi y colaboradores. del saber analítico producido desde la medicina y en particular
24 G. Le Gaufey, op. cit., p. 121.
25 Citado por Le Gaufey, p.
desde la psiquiatría y, aunque la división normal 1 patológico no
t 131. puede ser considerada una división propia del saber freudiano,
26 lbid, p.134. esta dupla no dejó de pesar en sus elaboraciones sobre la psico-
e
R aqu e l C a pu r r o

patología de la sexualidad, así como no dejaron tampoco de pesar


los prejuicios de género.

Debernos a Georges Canguilhern el realce de una distinción entre


11 11
"anormalidad y anomalía" que puede ser pertinente recordar. El
término "anomalía" es tomado de la zoología en donde se aplica a ·

ciertos animales que, por su organización y sus caracteres insólitos,


se encuentran aislados en la serie. Canguilhern subraya el carácter
empírico o desgJptivo de esta catego_ría por la que el individuo
escapa a la nolll!.í:l . estadística, y expulsa la noción normativa. "La
anomalía es aquel ��cho de variación individual que impide que dos seres
27
puedan reemplaza¡;§e mutuamente de manera completa" • En esa línea
se puede decir que en la experiencia analítica no hay dos síntomas ·

obsesivos iguales, ni tampoco los síntomas de las histéricas lo son,


aunque haya parentescos en las rarezas, ciertos "aires de fámilia",
ciertos "juegos de lenguaje" afines, para decirlo en términos witt­
gensteinianos. Lacan, que no ignoraba a Canguilhem28, parece
entenderlo así cuando escribe: "El síntoma es irrupción de esa anoma­

87
Jia en la que consiste el gocefa'lico, en la medida en que se despliega allí esa
29
falta fundamental que califico como 'non-rapport sexuel"' •

Vuelvo entonces a la pregunta ¿para qué conservar los antiguos


nombre de histeria, fobia, perversión bajo los �ales se ocultaron 27 Georges Canguilhem, Lo
prejuicios esencialistas? ¿Pueden dejarse caer los nombres y sólo normal y lo patológico, Ed. Siglo
XXI, 6ta., Bs . As . , 1 984, cap. 2 .
conservar la clasificación de los síntomas? (opción del DSM-IV)
28 Cf. J . Lacan, La transferen­
¿Acaso el síntoma elaborado en el saber médico es de igual natura­ 101
cia, Paidós, Bs. As., 2003, p. 84 y El
leza del que aparece en el saber analítico? ¿Es clasificable? objeto del psicoanálisis, seminario
inédito, sesión del 1 o de diciembre
de 1 965. n
BAJO EL NOMBRE DE •••
29 " La Troisieme " , CD-R "Pas­
tout Lacan": "Le symptóme est irrup­
tion de cette anomalie en quoi con­ á
¿Qué relación s e estableció entre los nombres de la taxonomía here­
siste la jouissance phallique,pour
dada de la psiquiatría y la dinámica de las conjeturas acerca de lo
autant que s'y étale, que s'y épa­ e
que ocurría en las curas analíticas? A modo de indicadores en una nouit ce manque fondamental que
ruta a proseguir señalaremos, para concluir esta etapa, dos textos je qualifíe du non-rapport sexuel".
a
(traducción R.C).
de Lacan. El primero, fechado en octubre de 1973, es el 11Prefacio a
30 En · CD-R Pas-tout Lacan,
la edición alemana de los Escritos"30. Recorto allí la manera con la " Préface a l'éd .. allemande des t
que Lacan situó el problema. Ecrits", oct. 1 973. (traducción R.C).
e
p s i co an a l i z a r o p s i c o p at o l o gi z a r
[ . ] la cuestión comienza a partir de esto, que hay tipos de sín­
. .
tomas, que hay una clínica. Sólo que pasa esto: ella es anterior
al discurso analítico [ ...] y que éste aporte allí luz es seguro
pero no cierto.
¿Esa luz se encendería acaso recurriendo a las igualdades en las
estructuras llamadas psicopatológicas?, puede ser -admite Lacan­
pero, allí yace un obstáculo: la igualdad de estructura no implica
igualdad de sentido y menos aún cuando la estructura alcanza el
ruveFCféFclecrr31�:por lo-que ::.:,coriclüye-' il r::J los -suJetarde -ún -tipa iza· ···
tienen utilidad para los otros · del · mismo tipo. Se puede concebir que un
obsesivo no pueda dar el menor sentido al discurso de otro obsesivo."
Vayamos al segundo texto. Se trata de una conferencia,
"Propósitos sobre la histeria", del 26 de febrero de 1977, pronun­
32
ciada en Bruselas y publicada en la revista belga Quarto • Después
de reconocer la historicidad de la llamada histeria y de situar el
activo papel que jugaron ellas en la invención de Freud y el activo
papel del psicoanálisis en una tranSformación social de la histeria,

88
Lacan pregunta:
¿Qué reemplaza a esos síntomas histéricos de otros tiempos?
¿No se ha desplazado la histeria en el campo social? ¿No la
habrá reemplazado la chifladura psicoanalítica?
Centra entonces su atención en los sfutomas y en sus desplaza­
mientos para acentuar la especificidad de la experiencia freudiana.
l 02
¿Qué quiere decir hoy para un psicoanalista -se pregunta- la
expresión "sfutoma histérico"?
n
Un síntoma histérico es algo curioso: se sale del apuro a partir
del momento en el que la persona que verdaderamente no sabe
á
lo que dice comienza a bla-bla-blear.
!L ·- --y- a partir de ailf Lacan · avanza subrayando, no· la comuni ad de
d · ----
· - --- -- ·- · --- · ··-- -- · -- ---- ·----
sfutomas entre distintas personas, sino la Última relación, la rela­
a
31 !bid. ción de estructura que existe para cada hablante, para todos los
32 En CD-R Pas-tout Lacan,
hablantes, entre lalangue y el cuerpo, relación hecha visible en los
t " Propos sur l'hystérie", 1977. (Trad.
RC). efectos que tiene el decir sobre ciertos sfutomas.
e
Ra qu e l Ca pu r r o

La cuestión está en saber si el afecto, sí o no, se airea con las pala­


bras; algo sopla e�� las palabras, que vuelve al afecto inofensivo es
decir no engendrante de síntomi3.

Entonces la psicopatología se ve desplazada a favor· de algo pri­


mordial: esclarecer la articulación estructural, sí, entre el incons­
ciente y el cuerpo o -mejor aún- la del cuerpo del inconsciente.

¿El incoiJ&ciente? Propongo darle otro cuerpo porque es pensa-


• .
r
� �.
ble que se,piensen cosas sin sopesarlas, las palabras bastan para
ello: las p'hlabras hacen cuerpo, eso no quiere decir que se com­
prenda aig6. Eso es el inconsciente, se es guiado por palabras de
. . . . 4·

las que n� a se comprende3 .
.

Nuestra práctica teórica ha de localizarse desde allí. "Está allí: arri­


mar a cómo operan las palabras", a cómo operan en un cuerpo anima­
do por las pulsiones, cuerpo deseante, cuerpo gozante:

Lo esencial de lo que dijo Freud, es que hay la mayor relación

89
entre este uso de las palabras en una especie que tiene palabras
a su disposición, y la sexualidad que reina en esa especie. La
sexualidad está enteramente tomada en estas palabras, ese es el
5
paso esencial que dio [Freud]3 •

Trabajo subjetivo de cifrado, visible en las formaciones del incons­


ciente cuyo sentido sexual pareció agotar la lectura de Freud. No
así la de Lacan que, al localizar la dimensión de goce atrapada en
1 03
esas formaciones articuló también allí su función de obstáculo a
que pueda escribirse el rapport sexuel, la supuesta armonía propor­
cional de los sexos. Las formaciones del inconsciente cifran un
n
borde al sin-sentido de aquello que no cesa de escapar a la escritu­
ra y que hace presente, a la vez, y cada vez, esa oscura dimensión á
operante que Freud llamó "castración".
e
Lacan sitúa a la función de la castración, en la estructura, en la ínti­
ma relación del cuerpo y la lengua: a
33 J. Lacan, " Propos sur l' hysté-
rie" , op. cit.,
34 !bid. t
35 !bid.
e
-
.._. . ---··· ·�------- - -· ··-··�- -- -- · · . . . .
p s i c o a n a l i z a r o p s i c o p at o l o g i z a r
La castración no es única, el uso del artículo definido no es sano,
o bien es necesario emplearlo siempre en plural: siempre hay

:•
1
castraciones. Para que se aplicase el artículo definido sería nece­
sario que se tratase de una función no automorfa sino autoes�
tructurada, quiero decir que tuviese la misma estructura.
Auto" no quiere decir sino estructurada como uno lo está,
11
hecha de la misma manera, anudada de la misma manera (hay
carradas de ejemplos en topología). El empleo de "el, la, los 11
siempre es sospechoso porque hay cosas que tienen estructura
· ··
totalmente
. . . . diferente
··-·-· · ··-··
y que no se las puede
.. ... . . . . . .. . . . .. . . . . . ,
· · · · · · · • ._,
7 'j6 con
designar .
el artí-
- -·--·· .
·-- · · · - - - · -----· · · ·· · ·· .. . .
culo definido porque no se vio cómo está hecho .
- 1
Remitidos una vez más a la singularidad de la cura, ¿cuál es el
punto de apoyo que permite, a la experiencia analítica, sostenerse
en su específica "chifladura"? "De esto resulta que no hay comunica­
ción en el ana1isis sino por una vía que trasciende el sentido, la que proce­
de de la suposicfón de un sujeto al saber. "37 La transferencia nombra la
novedad de ese punto de anclaje. 1'1111

90
.' '1
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1 04 1
n
1
á
. 1
1
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¡-
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t 36 lbid.
37 lbid.
e

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