Salmos. 141:8.
Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos;
En ti he confiado; no desampares mi alma.
Enfocar es establecer nuestra atención en que lo que realmente es importante.
Para comenzar esta prédica cristiana, resulta conveniente mencionar el significado de la palabra
enfocar. Según el DRAE, una de las acepciones de la palabra enfocar es: dirigir la atención o el
interés hacia un asunto o problema desde unos supuestos previos, para tratar de resolverlos
acertadamente.
La vida presenta muchas opciones donde podemos enfocar nuestra atención, pueden ser: las
circunstancias adversas, el temor, la duda, pero la opción correcta debe ser Dios.
Si logramos enfocar nuestra mirada en Dios, podremos tener la seguridad que, aunque todo a
nuestro alrededor esté adverso Dios ha prometido que siempre nos respaldará.
Pensando en el significado de enfocar, y contrastándolo con la sociedad en la que vivimos,
podemos concluir que vivimos desenfocados, o por lo menos, enfocados en cosas que no valen
nuestra atención. Vivimos en un mundo lleno de distracciones y entretenimiento que, de no
percatarnos, pueden desenfocarnos de la misión que Dios nos ha dejado en esta tierra. En algunos
países de habla hispana, hay un dicho popular que expresa: “el que mucho abarca, poco aprieta”;
haciendo referencia a que enfocarse en distintas actividades disminuye la efectividad con la cual
se llevan a cabo esas actividades.
En el ámbito deportivo, vemos que los jugadores profesionales se enfocan en un sólo deporte,
debido a que enfocarse en una sola disciplina deportiva los ayuda a ser más efectivos, y eficaces
en ese deporte determinado, lo que, a la larga, le traerá mejores resultados. Dirigir nuestra
atención a lo que Dios quiere, nos hará ser cristianos más fructíferos, y productivos, que, a la larga,
es lo que todos queremos. Por esta razón, esta prédica cristiana tiene por título el poder del
enfoque.
Las distracciones son una de las herramientas o estrategias que el enemigo usará para
mantenernos alejados de lo que Dios ha planeado para nuestra vida.
Una distracción es cualquier cosa que evite que nos movamos en dirección a nuestro destino,
meta, llamado, y propósito en nuestra vida. Puede presentarse como una persona, cosa, o un
lugar.
El enemigo de nuestra fe es especialista en enviar distracciones para desenfocarnos del verdadero
propósito donde debe estar enfocada nuestra esperanza.
Pudiésemos definir distracción como: ¨Aquello que atrae nuestra atención y nos aparta de algo¨.
El enemigo quiere desgastar a los santos, los hijos e hijas de Dios. Las cosas que el enemigo usa
para agotarnos son:
Distracciones
Acusaciones
Pérdidas
Criticas
Desilusiones
El enemigo sabe que no vamos a quemarnos a menos que primero estemos desgastados. Por eso
el enemigo trae una y otra vez distracciones, acusaciones, pérdidas, críticas, y desilusiones.
Las críticas han sido y son las compañeras silenciosas de los hombres y mujeres que hacen las
cosas para Dios. Muchos le tienen tanto temor a las críticas que no quieren tener nada que ver con
Dios.
Tenemos que darnos cuenta de que, si queremos hacer algo para Dios y ser exitosos en ello,
seremos criticados. Es mejor ser criticado por hacer algo para Dios que ser ignorado por no hacer
nada.
Consecuencias de las distracciones:
Perdemos el enfoque.
Se retrasa nuestro progreso
Nos detiene de tomar decisiones.
Nuestras fuerzas son dispersas.
No nos dejan comprometernos
No permiten que cumplamos con nuestro llamado.
Hace que nos volvamos errantes o vagabundos.
¿POR QUE MI ENFOQUE DEBE ESTAR EN DIOS?
1.- PORQUE SOLO ÉL ES FIEL.
Isaías 43:2. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando
pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
El único que cumplirá lo que promete es Dios, su fidelidad hacia nosotros no está condicionada o
determinada por nuestros defectos o virtudes, o por lo complicada que pueda ser la situación que
estemos atravesando.
Es posible que todos a nuestro alrededor nos abandonen, incluso nuestros propios familiares, pero
aun en ese caso Dios promete no dejarnos ni abandonarnos.
Isaías 49:15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su
vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
Jesús murió solo, abandonado para que nosotros hoy podamos disfrutar de una eterna comunión
con nuestro Padre.
2.- PORQUE ÉL AUN NO HA TERMINADO CONMIGO.
Dios ha iniciado una obra en nuestras vidas, desde el momento que una persona recibe a Cristo
como Señor y Salvador de su vida, desde ese momento Dios comienza a establecer su perfecta
voluntad en esa persona.
Es posible que muchas veces no entendamos muchas cosas, pero de algo si podemos estar seguros
es que, si estamos en las manos de Dios, ÉL completará lo que inició.
Dios nunca deja algo a medio camino, ÉL determinó introducir al pueblo de Israel a la tierra que
fluye leche y miel, y a pesar de los muchos inconvenientes ÉL completó lo prometido.
Enfócate en Dios, Él aún está trabajando en nosotros, somos como la vasija en manos del alfarero
(Jeremías 18) que, aunque se echó a perder en sus manos, ÉL no la desechó, sino que siguió
trabajando hasta que formó una vasija para honra.
3.- POR QUE MI FE EN ÉL, ES LO QUE ME DA LA VICTORIA ANTE UN SISTEMA ANTIDIOS.
1 Juan 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre.
1 Juan 5:4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha
vencido al mundo, nuestra fe.
El sistema de este mundo está diseñado para socavar los cimientos de nuestra fe, solamente
enfocados en Dios podremos permanecer creyendo lo que ha salido de su Boca.
Heb.12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, …
En medio de una generación que ha lo malo le dice bueno y a lo bueno le llama malo, es de
trascendental importancia que nos mantengamos enfocados en Dios.
Solamente con nuestra mirada puesta en nuestro Señor podremos mantenernos firmes ante tanta
oposición.
Cómo mantenerse enfocado:
Tenemos que aprender a enfocarnos en Jesús y aprender de Jesús. Jesús miraba a la cruz, Él no
estaba distraído por los azotes, el dolor, o por las personas que le hicieron daño. Tenemos que
aprender que nunca podemos reemplazar a Dios o Su voluntad con cosas o con distracciones.
Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la
diestra de Dios” – Colosenses 3:1
Para poder volver a enfocarnos tenemos que poner nuestra mente en el cielo y las cosas de arriba.
Tenemos que saber quiénes somos en Dios, como Sus hijos e hijas.
Nuestra mente y nuestro enfoque están conectados. Nuestra mentalidad determina nuestro
propósito. Dondequiera que nuestra mente esté puesta, fija y establecida, ese será el lugar donde
va a estar nuestro enfoque. Si nuestra mente está en nuestra meta, llamado, o propósito,
entonces nuestro enfoque estará también en estas cosas. Necesitamos enfocarnos otra vez en el
diseño original de Dios para nosotros.
Estar enfocados atrae tres cosas:
Personas con la misma mentalidad
Destino. Nuestra mentalidad atraerá cosas y personas que complementen nuestro
destino.
Oportunidades
Nada puede movernos cuando sabemos cuál es nuestro destino y cuando sabemos en qué
enfocarnos. Es por eso que tenemos que asegurarnos que nuestra mentalidad esté enfocada en
cosas que sean la voluntad de Dios.
Hay un mayor propósito:
Nunca lograremos el propósito mayor que Dios tiene para nuestras vidas si seguimos distraídos. En
Dios siempre hay algo que es más grande pero también aquello que es lo mayor o más grande.
Dios siempre está expandiendo y haciendo crecer, pero si le permitimos al enemigo distraernos,
nunca creceremos.
“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” – Lucas 2:52
Su mentalidad atraerá el favor:
Cuando estamos en el propósito de Dios, nuestra mente atraerá favor. Necesitamos aprender a
poner nuestra mente en las cosas de Dios y en la prosperidad de Dios. Si tenemos una mentalidad
de prosperidad, atraeremos personas con la misma mentalidad y atraeremos el favor en todas
estas áreas. El favor siempre es una recompensa de nuestra obediencia a Dios.
Si quieres que Dios te use grandemente, necesitarás enfoque. Entre más enfocado estés, más
efectivo podrás ser – y Dios podrá usarte más.
Hay un poder impresionante en una vida enfocada. La luz difusa no tiene mucho efecto sobre lo
que toca. Pero cuando enfocas la luz – como la luz del sol a través de una lupa – puedes prender
fuego a un pedazo de papel o hierba seca. Y si puedes enfocarla aún más, se convierte en un rayo
láser. Un rayo láser puede cortar acero y destruir cáncer.
Lo mismo es una realidad en tu vida. Si en este año aún no tiene dirección, irás como a la deriva
sin tener mucho impacto. Pero si enfocas tu año en unas pocas metas claves, entonces podrás
tener un poderoso impacto en el mundo para Dios.