Material Evangelios Sinópticos y Hechos
Material Evangelios Sinópticos y Hechos
1. El término euaggelion
En el NT hay evangelios. Estos textos ocupan un lugar preeminente con relación a los demás escritos: dan testimonio de
Jesús-el Cristo, cuya vida y mensaje son el fundamento de nuestra fe. Los cuatro evangelios canónicos son composiciones
anónimas surgidas entre los años 65-90, reunidos en una colección alrededor del año 125. Los autores no les pusieron título.
Los más antiguos títulos les fueron dados probablemente en el momento de la constitución de la colección: según (katá) +
el nombre del evangelista en acusativo. La asociación de cada obra con un autor determinado se basaba en una tradición
antigua. El título de dos palabras se alargó a según san XX.
El término griego “” significa etimológicamente “buen (eu) anuncio (aggeló). En su uso más antiguo,
proveniente del persa está asociado a los ángeles de Dios como enviados, mensajeros de su vida y su acción sobre la tierra;
y asimilada al griego, la palabra designa una alegre noticia que tiene que ver con la victoria en sentido militar. Su equivalente
hebreo es besorá (anuncio de victoria). Tiene relación con el mensajero que trae la noticia de una victoria que libera, o
también con el que anuncia un oráculo. En la Biblia griega de los LXX no aparece el sustantivo, pero sí el verbo en forma
participial euaggelitsomenos que refiere al mensajero de buenas noticias, que tienen que ver generalmente con la liberación
de un enemigo. La venida del mensajero es siempre proclamada con alegría. Así lo señala el libro postexílico del Deutero-
Isaías, (Is 52,7; cf. 40,9; 60,6). Denota al mensajero que anuncia la intervención salvífica y liberadora de Dios, que va a
ejercer su Reinado en la historia en favor del pueblo oprimido en Babilonia.
“Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia (euaggelitsomenos) la paz,
que trae buenas noticias (euaggelitsomenos),
que anuncia salvación,
que dice a Sión: Ya reina tu Dios”.
Evangelio es una buena noticia que llena de alegría y esperanza. Es un mensaje de liberación que alegra al pueblo porque
va a cambiar la situación histórica de los que sufren. Tengamos en cuenta que el libro de Isaías era muy conocido en tiempos
de Jesús. Muchas pequeñas sinagogas, junto a los rollos imprescindibles de la Torá y los Salmos, sólo tenían otro con el
profeta Isaías. Es bien conocida la importancia de este profeta entre los sectarios de Qumrán. En los evangelios, Jesús
presenta su misión y su mensaje liberador aludiendo a las profecías de Isaías, lo cual corresponde muy probablemente al
comportamiento del Jesús terrestre, que se identifica históricamente con la figura profética del Siervo Sufriente de Isaías.
El sustantivo evangelion significa:
a) La recompensa que recibe el mensajero que trae la noticia de una victoria. Su buena noticia trae la felicidad al que la
recibe; por eso es recompensado (éste es el sentido de la palabra castellana, hoy poco usada, «albricias», que es de
origen árabe –basira: se alegró- y de la misma raíz que el verbo hebreo bissar: dar una buena noticia, alegrarse con
una buena noticia).
b) El mensaje mismo, y entonces es un términus technicus que designa, ante todo, la noticia de una victoria, aunque puede
referirse también a las buenas noticias en el terreno político o privado. Por ejemplo, es una buena noticia el acceso al
trono o la victoria del Emperador. En la estela de Priene (9 a.C.), se saluda el nacimiento del emperador Augusto como
“el comienzo para el mundo de la buena noticia (euaggelion) que traía”. Estas noticias son consideradas como un don
de los dioses1.
En ámbito cristiano, se trata siempre del anuncio de la salvación de Dios ofrecida a los hombres en Jesucristo. Podemos
decir que es, en una palabra como dice Mateo, el “evangelio del Reino”. Recordemos que en Isaías la buena noticia por
excelencia es la afirmación histórica del Reino de Dios; ese es precisamente el kerigma de Jesús, quien anuncia y hace
presente la buena noticia del Reinado de Dios. Jesús es el ungido, el Mesías, objeto de la Buena Nueva; o bien, si se quiere,
él es la buena nueva.
1
Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Sígueme, Vol. I, pp. 535-536
1
En el origen del uso del término evangelio es claro entonces que se refiere a la predicación oral y no designa nunca a los
textos escritos. El evangelio es el mensaje liberador que alegra al pueblo oprimido. El primer autor que inequívocamente
llama evangelios a los escritos que nosotros conocemos es Justino (+165), a los cuales llama también “memorias de los
apóstoles” (apomnemonéumata ton apostolón). Cuando se extiende su uso, se tiene cuidado de decir “Evangelio según…”,
para dejar claro que el evangelio es uno, aunque transmitido en cuatro versiones diferentes. La alegre y feliz noticia de la
cercanía de Dios que humaniza, da esperanza y alegría es reportada en cuatro versiones o perspectivas.
¿Qué son los Evangelios sinópticos? ¿Son informes históricos? ¿Son proclamaciones misioneras? ¿Son antologías de textos
sobre Jesús? Es importante comprender la naturaleza de los Evangelios sinópticos para comprenderlos mejor.
“Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús el Viviente y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito. Y dijo: Quien
encuentre el sentido de estas palabras no gustará la muerte”.
Le siguen 114 frases, la mayoría introducidas con la expresión “dijo Jesús”, pero sin estructura narrativa. Es una colección
de palabras de Jesús, pero no es un evangelio del tipo de los cuatro canónicos.
El carácter narrativo es muy claro en Mc, probablemente el evangelio más antiguo y más corto, porque en él las palabras de
Jesús son mucho más escasas que en Mt y en Lc (constituyen un 20% de la totalidad de la obra, el resto es narración).
Si son narración, tienen trama o intriga, o sea una buena trabazón de personajes, motivaciones, actuaciones, conflictos. Por
eso hay que descubrir el hilo o hilos del tejido narrativo y sus entrecruzamientos. Es obvio que la trama sólo se percibe
cuando se lee un evangelio desde el principio hasta el fin como una obra literaria.
La trama narrativa es similar en los tres sinópticos. Se basa en unos personajes: Jesús, los discípulos, los fariseos y
autoridades judías, Pilato, la multitud; tiene unos inicios (Ministerio de Jesús en Galilea); un desarrollo (el eco popular que
suscita, incomprensiones, hostilidad creciente por parte de las autoridades, agudización del conflicto, profundización de la
enseñanza, decisión de ir a Jerusalén, viaje y confrontación en la ciudad) y un desenlace (pasión, muerte de Jesús en la cruz,
seguida de su resurrección). La trama capta el interés del lector, quien encuentra sorpresas y personajes que le atraen o le
provocan rechazo. Comunicativamente la narración, aun cuando se repita muchas veces no importa si se conoce el desenlace,
puede provocar interés, identificación o rechazo; no así una argumentación bien sabida que no aporta nada nuevo.
Recordemos cómo un chiste puede hacer gracia, aunque ya lo conozcamos; una parábola vuelve siempre a dar qué pensar.
¿Cuál es el origen de la trama evangélica? Las perícopas aisladas y los bloques más extensos de la tradición evangélica no
tenían trama o intriga. Pero sí existía en el antiquísimo relato de la pasión, eminentemente narrativo, largo, unitario y bien
trabado. Lo primero que se escribiría con mucha probabilidad de los evangelios es precisamente el relato de la pasión, que
se ha extendido para adelante, a la vida de Jesús desde los inicios, de modo que con toda una serie de tradiciones
preexistentes se ha construido un relato bien armado y un recorrido “in crescendo” hasta desembocar en la pasión-cruz-
resurrección. M. Kähler, autor del siglo XIX acuñó una famosa frase al respecto: “Los Evangelios son el relato de la pasión
con una larga introducción”.
Es muy probable que Mt y Lc hayan conocido a Mc (el más antiguo de los tres), directa o indirectamente, y que usaran el
esquema de la narración de Mc para componer sus obras. Ambos utilizaron, además, colecciones de dichos de Jesús, que
no aparecen en Mc, pero que las distribuyeron e introdujeron en la narración base proveniente de éste. Es decir, a diferencia
del Evangelio de Tomás, no hicieron una colección de sentencias aisladas de Jesús, sino que introdujeron los dichos en el
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marco de su vida, en el contexto de una narración. Tanto Mt como Lc completaron el conjunto de las narraciones de los
orígenes de Jesús (los llamados “relatos de la infancia”) y de los acontecimientos posteriores a la resurrección, secciones
que no tenía Mc (cuya conclusión original se encontraba probablemente en 16,8). Mt y Lc son más discursivos que Mc,
pero es indiscutible que sus obras son fundamentalmente de naturaleza narrativa. Ambos incluso acentúan la narratividad
con las añadiduras que realizan sobre la obra de su predecesor. Y por supuesto, el alargamiento con los sucesos de la infancia
y de la pascua acerca más las obras de Mt y de Lc a las convenciones de las biografías de un personaje.
Tenemos así obras narrativas, unitarias, coherentes y bien trabadas. No son una mera recopilación de fragmentos
preexistentes; sólo una lectura continua, que identifique la trama del relato, responde a la naturaleza literaria de los
evangelios. Conocer bien el aspecto narrativo ayuda bastante a profundizar el elemento teológico. El recurso a perícopas
aisladas y desgajadas de su contexto en la lectura espiritual y en la liturgia no contribuye mucho a la comprensión de la
lógica narrativa. Conviene la lectura continua del texto como obra literaria para comprender el sentido global de la trama,
en la cual se inserta el plan de Dios. Captar la narración y respetarla ayuda a superar la tendencia a hacer una teología
abstracta.
Los evangelios son narraciones sobre Jesús con una trama que desemboca en la cruz; pero al mismo tiempo son confesiones
sobre la presencia actual del Señor resucitado, que está presente en la comunidad y le dirige su palabra. A partir de Bultmann,
se ha dicho mucho que los evangelios están escritos a la luz de la resurrección, pero hay que decir que están también escritos
a los pies de la cruz para no olvidarla. Jesús es el Señor resucitado y glorificado, pero el Señor resucitado no es sino el Jesús
crucificado.
Los evangelistas actualizan las tradiciones de modo que sean relevantes en el presente. En función de este interés,
seleccionan materiales, los modifican, hacen añadiduras, los reelaboran porque quieren hacer un relato interpelante e
introducir al lector en lo narrado. Evocan la historia pasada (es Jesús de Nazaret, el crucificado), la actualizan (es el Señor
glorioso) recurriendo a la Escritura (es el esperado y prometido, el Hijo enviado por Dios).
Los evangelios están basados en datos reales y pretenden transmitir con fidelidad palabras, hechos y acontecimientos de la
vida de Jesús. Actualmente se ha alcanzado el consenso sobre la posibilidad de acceder al Jesús terreno a través de ellos,
contrario al escepticismo de la investigación de la primera mitad del s. XX. Es casi un tópico decir que “no es posible
escribir una vida de Jesús”. Esta expresión nació como reacción contra los intentos constantes del s. XIX y la primera parte
del s.XX, tanto en autores conservadores como críticos, de escribir “vidas de Jesús” tomando los evangelios como fuentes
históricas. Y es verdad, sin embargo hay que decir que de ningún judío contemporáneo tenemos tanta información y tan
fidedigna como de Jesús. Se puede afirmar con bastante seguridad el conflicto y muerte, su mensaje, sus actitudes, su
relación con el judaísmo.
d) El Evangelio es…
Antes de ser un libro, es un mensaje liberador. Es la Buena Noticia del Reino de Dios revelada y puesta en obra por el
Mesías, Jesús de Nazaret, mejor conocido como “el Cristo”. Es un relato o narración teológica que da cuenta de la
experiencia de salvación traída por Jesús. La forma escrita que comunica tal experiencia es fruto de la memoria colectiva
de los testigos del mensaje, por tanto son escritos que responden a las necesidades de la comunidad, los cuales nacieron de
la catequesis o instrucción dada en la misión.
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El Evangelio entonces no es en primer término un escrito, sino una predicación, una proclamación: la de la «buena nueva»
anunciada en las Escrituras, esperada por el pueblo de Dios, hecha realidad en la «plenitud de los tiempos» (Mc 1,15).
Así, la palabra «evangelio» designa fundamentalmente el conjunto de la predicación cristiana, que incluye la predicación
de Jesús profundizada a la luz de su resurrección. La evolución del término se produce a lo largo del siglo II. Es más, hay
que observar que los manuscritos antiguos conservan su sentido primitivo: se hablará del Evangelio según Mateo, según
Marcos, según Lucas y según Juan (y no de Mateo, etc.)
Por lo tanto, sólo en un segundo momento pasó a designar la palabra «evangelio» los libros que tienen por autores a Mateo,
Marcos, Lucas y Juan. La atribución de tales obras a personajes de cuya autoridad se benefician no se desprende del
contenido interno de las mismas2.
Podemos definir los evangelios como un género literario singular: un género histórico-kerigmático en el sentido de que
cuentan una historia no como si perteneciese sólo al pasado, sino una historia que habla al presente e invita a los lectores y
a los oyentes actuales a insertarse en ella mediante la fe. Los dos aspectos, histórico y kerigmático, están estrechamente
ligados entre sí.
En el aspecto formal, podemos decir que el evangelio es una narración que se refiere a la vida pública, la enseñanza, la
muerte y la resurrección de una persona significativa para el hombre. Esta narración está compuesta de unidades literarias
procedentes de la tradición, encuadras dentro del contexto más general de las Escrituras. Bajo el aspecto de contenido, el
género “evangelio” contiene el anuncio de que Dios era el que actuaba en la vida, muerte y resurrección de Jesús,
cumpliendo las promesas de la salvación preanunciadas en el AT3.
e) El Evangelio no es pues…
- actas de la vida de Jesús, pues un acta es un escrito jurídicamente válido que presenta los acontecimientos, en
su orden cronológico, de la forma más exhaustiva posible. Los juegos con la cronología, reinterpretaciones
posteriores, las lecturas teológicas, impiden ver los evangelistas como escribanos forenses.
- No es una pura biografía de Jesús. Son relatos teológicos que comunican narrativamente un mensaje de fe. El
género biográfico no lo define. No es una crónica histórica, sino una narración teológica. Sin embargo, hay que
decir que el mensaje religioso de los evangelios se apoya en una historia real.
- No son vidas de Jesús en un sentido historizante o psicológico.
- No son libros de filosofía, al estilo de los diálogos filosóficos.
- No son un libro de Ley judía, sino anuncio de la buena nueva de Dios en Jesucristo.
a) Despertar y fortalecer la fe de las comunidades cristianas: Se escribieron para que creamos que Jesús es el
Cristo, el hijo de Dios y para que tengamos vida en abundancia (Jn 20,31). Fueron escritos por creyentes para
creyentes. Es literatura confesional hacia el interior de la comunidad. Igualmente el prólogo lucano señala:
“para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (1,4). Son para fundamentar la doctrina ya
aceptada. Son textos intraeclesiales que llaman a la conversión continua. Recordemos que en la Iglesia primitiva
había “paterfamilias” que se habían hecho cristianos, lo que conllevaba normalmente la conversión de toda su
casa. Las casas cristianas fueron la estructura básica de la Iglesia (las llamadas “iglesias domésticas”), pero a
veces había miembros que no acababan de dar el paso.
b) Hacer de la vida de Jesús el paradigma para comprender sus palabras: La vida de Jesús es el principio
hermenéutico de sus palabras, porque aceptar sus palabras es inseparable del seguimiento de su vida y sus
opciones. La adhesión al Resucitado se traduce en seguimiento del Crucificado, cuya vida fue sumamente
conflictiva. El surgimiento de estos escritos narrativos, en torno al 70, pretendería hacer no olvidar el final
2
GRELOT, P., Los Evangelios y la historia, Herder, 1987, pp. 74-77.
3
SEGALLA, G., Panoramas del Nuevo Testamento, Verbo Divino 1994, pp. 180-182
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escandaloso de la cruz para salir al paso a una espiritualidad tan entusiasta y una teología que tendía a prescindir
del Jesús terrestre, de su cruz y de las exigencias históricas que comporta.
c) Presentan una visión equilibrada y sintética, literaria y teológica de la persona y la obra de Jesús como de la
vinculación de los discípulos con él.
Las perícopas aisladas, pero también las secciones o bloques más largos, preexistentes a la redacción de los
evangelios, destacaban un aspecto de la vida o de la enseñanza de Jesús. La colección de milagros destacaba su
poder, la colección de dichos lo presentaba como un maestro, la pasión subrayaba que era justo sufriente y
Siervo de Yahvé. Las tradiciones pre-evangélicas tenían su propio género literario y su propia teología. Los
relatos evangélicos incorporan tradiciones diversas, integrándolas en una visión unitaria y equilibrada que evita
las unilateralidades. Desde un punto de vista literario los evangelios canónicos articulan una visión completa
de la vida pública de Jesús al incorporar colecciones parciales reinterpretadas profunda y críticamente. Lo cierto
es que el relato de la pasión proporciona la trama literaria y el principio teológico clave.
4. El problema sinóptico
La existencia de tres evangelios sinópticos es un fenómeno literario singular. ¿Cómo es posible que existan estos tres
evangelios con semejanzas tan notables, pero que no obstante no son mera copia uno de otro? A veces encontramos
diferencias importantes en textos muy venerados, de probable origen litúrgico, de los que cabría esperar una transmisión
idéntica. Por ejemplo: la versión del Padre Nuestro en Mt 6,9-13 y en Lc 11,1-4; y el relato de la última cena en los tres
sinópticos (Mc 14,22-25; Mt 26,26-29; Lc 22,19-20; cf. 1Cor 11,23-26).
Los evangelios de Mt, Mc y Lc tienen grandes semejanzas entre sí, pero no son mera copia uno de otro. Se les llama
evangelios sinópticos porque sus textos son de tal naturaleza que se pueden disponer en columnas paralelas, de modo que
se pueden percibir con una mirada de manera clara y eficaz sus semejanzas y diferencias. El término “evangelios sinópticos”
fue acuñado por J.J. Griesbach. La palabra syn opsis es griega y quiere decir precisamente “con una mirada”. El problema
sinóptico trata de explicar la relación existente entre los tres evangelios sinópticos, de manera que puedan explicarse sus
semejanzas y diferencias.
Una sinopsis es un libro que presenta los evangelios en columnas, de forma que se puedan leer de un solo vistazo los textos
semejantes. El uso de una sinopsis de los evangelios es imprescindible para un estudio serio de los mismos. Se ha investigado
el problema sinóptico intentando descubrir las relaciones literarias que existen entre estos tres evangelios y que den una
explicación satisfactoria a este fenómeno. De entrada debemos decir que, en su esfuerzo de fidelidad y actualización, Mt y
Lc trabajaron sobre el texto de Mc y lo re-escribieron con nuevas aportaciones en función de las necesidades de sus
comunidades.
La Iglesia siempre aceptó la pluralidad de perspectivas de los evangelios y se opuso a los intentos de quedarse con uno solo
o de realizar un relato de síntesis de todos ellos. La primera de estas posibilidades la hizo Marción (85-160), que solo
aceptaba una versión mutilada de Lucas. La segunda fue el Diatesseron (del griego: uno con cuatro) del sirio Taciano,
discípulo de Justino (segunda mitad del s.II: 180 d.C.). Trató de hacer una concordancia de los evangelios, al disponer los
cuatro canónicos en forma de una única historia seguida. El término es tomado de la música, que evoca la armonía, la
consonancia de la cuarta justa. Fue popular, pero no suplió al “evangelio tetramorfo”. Sin duda la pluralidad de perspectivas
supone una riqueza teológica. Son cuatro versiones o perspectivas de un mismo acontecimiento, dado que con los mismos
materiales recibidos de la tradición, los evangelistas hacen montajes diferentes. Cada evangelista ve a Jesús desde su
perspectiva y las necesidades de su comunidad, por eso es sumamente importante captar las diferencias existentes entre los
sinópticos. Tras su aparente semejanza se esconden teologías e Iglesias distintas. Precisamente porque percibió y valoró
esta diversidad, la Iglesia mantuvo con ahínco la pluralidad de textos evangélicos, incluso en el culto. En una palabra,
pluralidad de evangelios es pluralidad de puntos de vista. Se tiene a veces hasta cuatro versiones del mismo episodio, son
cuatro visiones diferentes de la persona de Jesús. Esto evita una lectura literalista de los evangelios, dado que cada texto
adquiere sentido con los otros tres, de allí que no sea recomendable atarnos a la literalidad del texto.
El “evangelio tetramorfo” habla de la riqueza de la pluralidad y de la apertura a la comunión y a la unidad: ninguna versión
del evangelio agota la riqueza de Jesús y de su mensaje, por eso la apertura a las otras versiones e interpretaciones. Algunos
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apócrifos desvirtuaban el “único evangelio” con desarrollos fantasiosos que la Iglesia consideró rompían el legítimo
pluralismo; por otra parte, los intentos de eliminar la pluralidad quedándose con un único texto fueron considerados un
grande peligro. La diversidad de perspectivas manifiesta la diversidad de experiencias distintas de Jesucristo y de la vida
cristiana. Un estudio comparado de los paralelos en sinopsis permite ver las semejanzas y diferencias para captar la
peculiaridad de cada evangelio. Recordemos que un mismo texto puede tener un sentido distinto por el hecho de encontrarse
en contextos diferentes, por ejemplo el caso de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,4-7). El estudio comparado de los
evangelios sinópticos debe llevar a percibir las diferencias entre ellos, a captar las diversas teologías y sus comunidades.
Obviamente, no es suficiente una lectura horizontal o comparada. Es necesaria una lectura vertical o seguida de cada
evangelio visto como unidad narrativa, siguiendo las diversas líneas de su trama, desde el principio hasta el final. Los
evangelios no son meras colecciones de perícopas, sino relatos bien trabados y compuestos con su propio proyecto literario
y teológico. Ciertamente nos falta mucho captar el dinamismo narrativo interno y su unidad como lectores competentes que
descubran la estrategia comunicativa del autor. Hoy está claro que los evangelistas son verdaderos autores, no meros
recopiladores de tradiciones anteriores. Al pueblo le “suenan” aisladamente las perícopas, pero no es capaz de “armar el
rompecabezas”, dado que tiene contacto con perícopas aisladas. No es capaz de situar las perícopas en la trama narrativa,
que desconoce gravemente, y tampoco es capaz de distinguir un evangelio de otro. La lectura continua y bien hecha es un
desafío. Captar la narratividad es de la máxima importancia teológica y espiritual. Falta relacionar las perícopas entre sí
para captar las secciones que están diseñadas para ser leídas “de conjunto”. Debe tenerse en cuenta que la insistencia en la
lectura de la obra como unidad con trama narrativa no deslegitima la lectura y uso en el culto, la espiritualidad, la teología
y el estudio. Simplemente lo enriquece y completa.
a) El hecho sinóptico
Desde la antigüedad se fue consciente de una concordia discors en los tres evangelios sinópticos. Agustín de Hipona, con
su De consensu evangelistarum ejerció una gran influencia en esta dirección.
Las semejanzas y diferencias se catalogan en función de tres criterios: de contenido, de orden y de expresión.
a) De contenido: se llama perícopas de triple tradición a las comunes entre Mc, Mt y Lc. De Doble tradición son las
comunes a Mt y Lc. No se usa este término para las comunes entre Mc y Mt o entre Mc y Lc. Tradición simple es
aquella testimoniada por un solo evangelio.
330 vv. de Mc están también en Mt y Lc. 278 de Mc están sea en Mt, sea en Lc. 230 vv. son comunes a Mt y Lc. Los vv.
propios de Mc (53), Mt (330) y Lc (500). Las perícopas de doble tradición son una quinta parte del volumen de versículos.
Se descubren los mismos bloques literarios, aunque a veces Mt modifica el orden de colocación. Por ejemplo, Mt
comienza el bloque de los milagros antes que los paralelos, pero lo rompe en dos partes. Lc conserva el orden de Mc, que
interrumpe para introducir otros materiales. Pero realiza pocas modificaciones en Mc: anticipa la visita a Nazaret (4,16-30;
dif. Mc 6,1-6); la llamada a los discípulos la pone después de la jornada de Cafarnaún (Lc 5,1-11) y no antes, como Mc
(1,16-20). Es notable la ausencia en Lc de toda la sección de Mc 6,45–8,26.
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Son varias las hipótesis que responden esta cuestión:
1) Dependencia mutua: según J.J Griesbach (s XVIII) el primer evangelio es Mateo y de él depende Lucas, mientras
que Marcos es síntesis posterior de ambos. Lo difícil es entender la ausencia en Mc de tanto material importante y
el empeoramiento de la forma lingüística respecto a Mt.
2) Evangelio fundamental: según G.E. Lessing hubo un antiguo escrito apostólico, en arameo (Evangelio de los
Nazarenos), del que dependen de forma independiente los tres sinópticos.
3) Teoría de la tradición oral: J.G. Herder considera que los evangelios nacieron a partir de la primitiva catequesis
oral, que se transmitía con fidelidad e incluso con una estructura fija. Las semejanzas se explican porque todos
dependen de la misma tradición oral; y las diferencias, por la personalidad de los evangelistas y las características
de las comunidades.
4) La teoría de las dos fuentes: una de ellas sería Marcos, de quien Mateo y Lucas dependerían en sus relatos; pero en
lo que se refiere a los “logia” (Dichos), que en Marcos son muy reducidos, Mateo y Lucas se habrían servido de
alguna otra fuente, desconocida pero exigida como postulado, que se denomina Q (del alemán «quelle» = fuente).
c) De expresión: Existen semejanzas en los paréntesis explicativos [cf. Mc 1,16 (Simón) y Mt 4,18 (Simón, llamado
Pedro)] en las palabras del Señor, los hapax, etc. También hay discordancias: en ocasiones se presenta una estructura
literaria idéntica expresando palabras diversas (cf. Mt 23,13: maestros de la Ley y fariseos que cierran la puerta del
reino de los cielos; y Lc 11,52: expertos en la ley que se han adueñado de la llave de la ciencia).
- Es notable la diferencia del Padre Nuestro (Mt 6,9-13 y Lc 11,2-4). En Mt tiene 7 peticiones y en Lc sólo 5. Mc
5,1-20 habla de un endemoniado geraseno, mientras que Mt 8,28-34 habla de dos.
* Soluciones literarias.
Durante mucho tiempo, la opinión de san Agustín en De consensu evangelistarum fue unánimemente aceptada. Admitía el
orden en que están los evangelios en el canon y consideraba que Mt es el más primitivo; Mc lo habría abreviado (Mc es el
“pedisequus et breviator Matthei”) y Lc habría realizado un compendio entre ellos. Pero a partir del s. XVIII los estudios y
teorías se han multiplicado. La opinión sobre el orden de los sinópticos y de las fuentes de las que dependen tiene su
importancia a la hora de reconstruir los orígenes del cristianismo y de la teología cristiana.
a) La tradición oral: En 1818 Gieseler afirma que las semejanzas entre los evangelios provienen de una catequesis
primitiva, rápidamente estereotipada. Explica entonces las diferencias entre los evangelios que provienen de
adaptaciones para los distintos ambientes a los cuales va dirigida la catequesis.
b) Interdependencia: Se ha propuesto varias líneas genealógicas entre los sinópticos. Griesbach en 1776 y Farmen en
1964, afirman que Mc es dependiente de Mt y Lc. J Hug en 1808 propone la genealogía Mt-Mc-Lc. Holtzmann en
1863 dice que Mc es fuente de Mt y Lc (la llamada «Teoría de las dos fuentes»).
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todo su evangelio con ella; Lc prefirió insertarla, bajo la forma de dos grandes incisos, en la trama recibida de Mc. Mt y Lc
contienen igualmente textos que les son propios. Marcos tiene muy pocos.
M L
La teoría de las “dos fuentes” es ampliamente aceptada entre los exégetas. Su precursor es el filósofo F. Schleieracher,
quien, basándose en el testimonio de Papías sobre Mt, considera que éste escribió una colección de palabras de Jesús (Logia)
en hebreo, que conoció reelaboraciones en griego. Así apareció en la investigación la fuente Q. La otra fuente de la que
depende Mt, Lc y Mc es el “proto Mc”. Esa es la versión inicial de la teoría de las dos fuentes. La intuición parte de un dato
testimoniado por Papías, obispo de Hierápolis en Frigia (130), transmitido por Eusebio de Cesarea (HE III, 39,16): “Mateo
compiló en hebreo los logia y cada cual los tradujo como pudo”. La teoría de las dos fuentes recibe su forma clásica en las
obras de Weisse, Wilke y Holtzmann.
Mc es el evangelio más antiguo, del que dependen Mt y Lc. El estilo de Mc es más arcaico que el de los otros; difícilmente
puede ser posterior a ellos. La materia común a estos dos últimos, que no está en Mc, procede de la fuente Q (primera letra
de la palabra alemana Quelle). Mt y Lc usan las dos fuentes de forma independiente, además de tener su material propio
cada uno. Mt y Lc nunca coinciden contra Mc, quiere decir que lo usaron como evangelio base, de quien toman el esquema
de la narración (Mc es el inventor del género literario evangelio). Mt y Lc coinciden más en lo literal en lo atribuido a Q
que en el material narrativo procedente de Mc.
La existencia del Documento Q es una hipótesis literaria ampliamente aceptada en la actual investigación sobre los
evangelios. Se postula a partir de la materia común de Mt y Lc. Era un documento muy antiguo, conocido por Mt y Lc y
consistía en una colección de palabras o dichos de Jesús sin marco narrativo, con un solo episodio narrativo (Mt 8,5-13=Lc
7,1-10: La curación del criado de un oficial romano). Se piensa que Q era una fuente escrita, primitivamente en arameo,
pero pronto traducida al griego. Lc usa el material Q especialmente en dos inserciones al esquema de Mc: el “inciso menor”
(Lc 6,20–8,3) y el “inciso mayor” o sección del Viaje –el corazón del evangelio de Lc (9,51–18,14). Mt ha utilizado el
material Q para construir los cinco grandes discursos que estructuran su obra. Se considera, por tanto, que el orden primitivo
de Q se conserva mejor en Lc, pero Mt refleja más la forma semítica primitiva. No parece que en Q hubiese relato de la
pasión, ni se encuentran en esta fuente palabras de Jesús que hablen de la cruz y de su muerte. La teología de Q estaba
centrada en Jesús como maestro y en su función de Hijo del hombre, que se ha de manifestar como juez en el último día.
Resalta pues el carácter sapiencial y moral.
La teoría de las dos fuentes da cuenta de forma sencilla del problema sinóptico y se explica la gran aceptación que ha
encontrado. Su utilización a la hora de estudiar los sinópticos es también sumamente cómoda. Por supuesto, además de Mc
y Q, se piensa que Mt y Lc tuvieron sus propias fuentes (por ejemplo para los Evangelios de la Infancia, contenidos en los
dos primeros capítulos de ambos).
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«Teoría de las tres fuentes» (Benoit y Boismard)
Q A B C Q
Mt Mc Lc
BC (Ev paulino)
Mt Mc Lc
A pesar de todo, cabe señalar que ninguna de las teorías explica suficientemente todos los datos del problema sinóptico.
Los estudios bíblicos y la teología recibieron el influjo de la Ilustración. Sobre los evangelios, el proceso el proceso de la
interpretación puede visualizarse a través de sus etapas:
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- H.S. Reimarus, con la obra De las pretensiones de Jesús y de sus discípulos, publicada a 10 años de su muerte
(1772) por G.E. Lessing. Su tesis es que Jesús pretendió ser un Mesías político que quería liberar al pueblo
judío del yugo de los romanos, tarea en la que fracasó totalmente. Para Reimarus, la figura de Jesús, tal como
es presentada por los evangelios, es una creación de los discípulos. Propone una teoría del fraude. Según él, los
discípulos robaron el cuerpo después de la muerte de Jesús y disimularon en los evangelios el propósito
verdadero de Jesús.
- G. Paulus (1761-1851) no comparte la opinión de Reimarus. Paulus considera objetiva la narración de los
evangelios y busca explicaciones racionalistas y naturalistas, a veces rayando en el simplismo. Sobre la
resurrección piensa que no hay nada maravilloso, porque en realidad no estaba muerto y fue reanimado por el
frío de la piedra. D.F. Strauss escribe una Vida de Jesús (1835) apartándose del recurso sobrenatural de los
dogmáticos, de la teoría del fraude de Reimarus y el naturalismo de Paulus. Su interpretación es mítico-
simbólica: sugiere que la vida de Jesús es una idea o creación de la imaginación.
- Los trabajos críticos en sentido moderno, empiezan con C.H. Weise (1801-1866) y C.G. Wilke (1786-1854).
De forma independiente, en 1838 esbozan la idea de que en la base de la tradición evangélica hay dos
documentos, Mc y Q. Es el origen de la teoría de las dos fuentes. Quien posteriormente llevó a madurez esta
teoría de las dos fuentes fue J.H Holtzmann: Mc no es una síntesis de Mt y Lc, sino el evangelio más antiguo,
el de mayor valor histórico. A partir de Holtzmann proliferan los estudios sobre Mc y Q. Muchos autores
escriben Vidas de Jesús basándose en Mc, llevados por la confianza en este evangelio como fuente histórica.
Otros más críticos, como J. Wellhausen, se dedican a buscar las fuentes utilizadas por Mc.
- La valoración de Mc cambia radicalmente con la obra de W. Wrede (1901), quien defiende la tesis de que Mc
es un relato elaborado por motivos teológicos y no una narración próxima a la realidad. Para Wrede, Mc elaboró
una obra teológica, no histórica, dado que considerado en conjunto no ofrece una imagen histórica de la vida
real de Jesús. A lo sumo son débiles vestigios usados con intención teológica. Uno de los principales aportes
del autor es el descubrimiento del llamado “secreto mesiánico”, que no respondería en realidad a una cosa de
facto, sino a un recurso de Mc para salvar el abismo existente entre la vida histórica de Jesús, que jamás
pretendería ser mesiánica, y el culto posterior que lo proclama como tal.
- La Escuela Liberal confía poco en Mc y prefiere basarse en la fuente Q. El más conocido es A. Harnack, quien
en 1900 presenta a Jesús como un maestro de moral racional y vaga.
- La Escuela Escatológica se basa tanto en Mc como en Q. Sugiere que el cristianismo es más que una moral, es
una gran esperanza, porque Jesús consideraba inminente la irrupción de la plenitud definitiva del Reino de Dios.
Destacan los nombres de A. Schweitzer y A. Loisy, quien disocia el Jesús de la historia del Cristo de la fe;
piensa que la Iglesia hace de pantalla que impide llegar realmente a Jesús. Es suya la famosa frase: “Jesús
anunció el Reino…y lo que llegó fue la Iglesia”. El surgimiento de los métodos críticos provocó convulsión en
el seno de la Iglesia. La Iglesia reaccionó muy a la defensiva, sin embargo el P. Lagrange (1855-1938),
fundador de l´Ecole Biblique de Jerusalén supo captar la importancia creyente de estos métodos, no obstante
debió afrontar numerosas incomprensiones y dificultades. En general se desconfió de la teoría de las dos fuentes
porque hacía recaer todo el testimonio sobre Mc, que no es apóstol. Se considera a los autores como testigos
directos o indirectos de los acontecimientos que cuentan.
- Actualmente, la actitud de la Iglesia es totalmente receptiva a una investigación científica, asumida de modo
más sereno que a principios de siglo. Un impulso alentador lo recibió la investigación de parte de la encíclica
Divino afflante Spiritu de Pío XII (1944). La instrucción Sancta Mater Ecclesia de la Pontificia Comisión
Bíblica (PCB) de 1964 se hace un discernimiento positivo de los métodos de la exégesis científica de los
evangelios. Esta instrucción prepara el terreno a la Dei Verbum del Concilio.
10
6. Proceso de formación de los evangelios
Los evangelios sinópticos han tenido una larga evolución antes de su redacción definitiva; se basan en tradiciones orales
sobre lo que Jesús dijo e hizo durante su vida terrestre preexistentes en las comunidades. Podemos afirmar que la tradición
oral es un factor importante en el curso de la formación de los sinópticos. Al preguntarse por la “prehistoria” de cada
perícopa debemos considerar ciertamente un amplio periodo de transmisión oral. Es clara la influencia de la tradición oral
en las así llamadas técnicamente perícopas (pequeñas secciones literarias de carácter unitario, con un principio y fin bien
marcados, cada una de las cuales tiene su propio género literario: milagro, parábola, etc.). Surge inevitablemente la pregunta
por la forma y transmisión de estas perícopas antes de su incorporación al texto que nosotros tenemos delante. Es
conveniente pues comprender el nacimiento de las tradiciones que recogen los evangelios, su transmisión en las
comunidades primitivas, hasta su puesta por escrito definitiva.
La composición de estas obras anónimas llamadas evangelios no es comparable a la creación de las obras literarias actuales.
En el presente los creadores literarios, salvo las obras hechas en colaboración, componen individualmente sus escritos. Los
evangelios provienen tanto de la colaboración de ciertos testigos, como de la preservación de diversas tradiciones por parte
de las comunidades (Jn 21,24). Detrás de la redacción de los evangelios existe una historia bastante compleja que, sin
embargo, se ha llegado a explicar en un consenso básico entre los expertos, distinguiendo tres etapas: el grupo prepascual,
la comunidad pospascual, redacción de los evangelios.
En torno a Jesús se formó un grupo de discípulos (mujeres y hombres), en cuyo seno se cultivó, conservó y transmitió
una tradición de palabras de Jesús. Jesús anunciaba el Reino de Dios, tema central de su predicación, pedía a sus discípulos
adhesión al Reino y su persona y no a la Ley. Su ministerio giraba en torno a Cafarnaún, a orillas del lago de Galilea, su
ciudad según Mt 9,1; conjugado con la itinerancia (“el Hijo del Hombre” no tiene donde reclinar la cabeza: Mt 8,20). Suscitó
un movimiento carismático no basado en los elementos institucionales de la religión judía. Jesús fue un laico, no era ni
escriba ni sacerdote. Los discípulos le acompañan permanentemente, comparten su vida, son los oyentes privilegiados de
sus enseñanzas, y en alguna ocasión, son enviados a proclamar el mismo mensaje del Reino de Dios. Además están los
“simpatizantes locales”, gente que no abandonó su forma normal de vida y que acogió el anuncio del Reino.
Tal como lo vio la gente, históricamente Jesús tuvo rasgos de maestro y profeta itinerante (el Profeta del Reino). Se le
tiene por rabbí (arameo) o didáskalos. Los usos del título maestro son más primitivos (Mc), el título de Señor es posterior,
revelando un uso reverente y eclesial (Mt). No hay duda de que mucha gente consideró a Jesús como un profeta y que él
mismo se presentó como tal. Los rasgos de maestro y profeta no se contraponen. En los dos últimos siglos antes del
cristianismo hay una asimilación creciente de ambos. Los sabios adquieren rasgos proféticos, los profetas se van
convirtiendo en sabios inspirados. En torno a los círculos proféticos y en torno a los maestros se juntaban discípulos y se
formaban tradiciones. Siguiendo la práctica, en el grupo de Jesús debió existir una tradición cutivada de palabras del
maestro. Los seguidores, aun llevando una vida desinstalada y pobre, no parecen ser considerados de un nivel cultural
especialmente bajo. Más bien lo contrario puede pensarse de un publicano o pescadores de Cafarnaún o Betsaida que están
en contacto continuo con el helenismo de la Decápolis o con los grandes centros de Magdala o Tiberias. Habrá que pensar
que el grupo aprendió de memoria palabras, expresiones, sentencias, etc. Además, el contexto cultural del grupo de Jesús
es el judío, pueblo de la memoria. Se ejercitaba en la casa paterna, al sinagoga, la escuela elemental. La memorización
desempeñaba un papel fundamental. Se enseñaba memorizando. Trataban de “proteger en el corazón” lo aprendido.
Recordemos el credo histórico de Dt 26,5-10 que el padre enseñaba a sus hijos, que debía recitarse al presentar las primicias
de la cosecha. En las sinagogas se recitaba el Decálogo y el Shemá. El culto estaba centrado en la lectura de la Biblia. Como
el hebreo no tenía vocales, la lectura tenía que ser bien preparada y era frecuente que los lectores supiesen el texto de
memoria. El presidente de la sinagoga (arkhisynagógos o servidor de la sinagoga hazan, hyperetes) designaba al lector.
Jesús estaría seguramente capacitado para la lectura pública en la sinagoga (Lc 4,16). En tiempos de Jesús se había ya
introducido un sistema de enseñanza elemental (Bet ha-Sefer: casa del Libro) inseparable de la sinagoga. Los estudios
superiores se hacían en la Bet ha-Midrash o casa de estudio. Se aprendía de memoria incluso lo que no se entendía, después
se entendería. Había que aprenderlo. La memorización iba de la mano con la repetición. Los genuinos maestros beneficiaban
a los discípulos haciéndoles repetir de memoria lo que les había dicho, para que imprimieran en su interior lo que habían
escuchado. De allí que la transmisión cuidadosa de su pensamiento y el tenor exacto de los dichos más importantes era
fundamental. San Jerónimo da testimonio de cómo los judíos sabían las listas de los nombres de los libros de las Crónicas
11
en su orden exacto, tanto de atrás para adelante y viceversa. Sabían de memoria la Torá y los Profetas. Se estudiaba en voz
alta y canturreando los textos con una cantinela rítmica y persistente. Había Salmos alefáticos, ritmo y rima, preguntas y
respuestas para ayudar a la memoria. Se aprendía de memoria recitando con entonación, favoreciendo con el ritmo el
aprendizaje. Entonar ayuda a que penetre la palabra.
Los discípulos de Jesús vivían impregnados de la cultura de la memoria, además de que las imágenes, metáforas,
simbolismos son concretos para grabarse en la memoria más que la abstracción. Para la predicación tuvieron que repetir y
memorizar concentradamente las enseñanzas más que dar grandes discursos. Si Jesús no puso nada por escrito, sí esculpió
sus enseñanzas en lo profundo del corazón de sus discípulos. Al traducir muchos de sus dichos del griego al arameo, se nota
una elaboración cuidadosamente premeditada y estudiada para que no fueran olvidados. Podemos decir que les proveyó de
subsidios catequéticos para la misión de anunciar el Reino. Los rabinos decían que un alumno debía responder con las
palabras de su maestro, hecho que seguramente harían los discípulos de Jesús. El envío misionero prepascual requería el
cultivo de una tradición de palabras de Jesús. El inicio de la tradición de palabras de Jesús está pues en el grupo prepascual.
Los logia nos llevan así al mismo Jesús.
b) La comunidad pospascual (ca. 30-70 d.C): la tradición reinterpretada a la luz de la experiencia pascual
Entre la comunidad prepascual y la pospascual hay una relación de continuidad/discontinuidad. Continuidad porque es
el mismo grupo de personas, ya tenían una cierta fe en él, de modo que el encuentro con el Resucitado es un re-conocimiento.
Discontinuidad porque, aunque son los mismos, no son iguales. Cambiaron con la experiencia del Resucitado. La tradición
oral se conserva con mayor estima y se reinterpreta, porque es vinculación con Jesús, que ha sido reivindicado por Dios.
Jesús no es sólo un rabino, es el Señor resucitado. Oyen, repiten sus palabras, las actualizan en su sentido. Tuvieron un
proceso lingüístico de adaptación del arameo al griego; una adaptación social al pasar del ámbito rural palestino a la
civilización urbana de la cuenca del Mediterráneo, ya que el cristianismo fue un fenómeno que se extendió en las grandes
ciudades como Corinto, Éfeso y Antioquía. La adaptación cultural era inevitable, dado que no son iguales las costumbres
semíticas palestinas a la de los grandes centros helenísticos. Por ejemplo, la versión de Mc de las palabras de Jesús sobre el
divorcio cuenta con la posibilidad no sólo de que el hombre abandone a su mujer (así la versión más semítica de Mt 19,9 y
5,31-32) sino también con la que la mujer abandone al marido, lo que corresponde a las costumbres romanas (Mc 10,11-
12). La adaptación eclesial ocurrió por la existencia de nuevas comunidades cristianas con diferentes problemáticas. Se
puede comparar las versiones de la oveja perdida en Lc 15,4-7 y Mt 18,12-13. En Lc 15,1 está dirigida a los escribas y
fariseos que critican su convivencia con publicanos y pecadores con lo que busca justificar el comportamiento de Jesús. En
Mt está dirigida a los discípulos (Mt 18,1) y busca enseñar el comportamiento debido en la comunidad cristiana hacia los
“pequeños”. Es pues una tradición oral fiel y viva, que conoce evoluciones apoyadas en los testigos cualificados que
estuvieron todo el tiempo con Jesús. Se busca garantizar la fidelidad a la tradición en plena comunión con los testigos que
residen en Jerusalén. Pablo va, después de su conversión, a Jerusalén para ser informado por Pedro (historesai: visitar para
aprender y preguntar: Gál 1,18). Se da el recurso a la Escritura para explicar lo acontecido en Jesús (Lc 24,25-27). Ponen a
Jesús a la luz de la Escritura, y ven en él su cumplimiento. Usan las técnicas judías al alcance, citan y evocan. Hacen labor
derásica. Es después de Pascua que las tradiciones narrativas se comienzan a conservar y transmitir de una forma regular y
fija. Entre las tradiciones narrativas destaca el relato antiguo de la Pasión, que muy probablemente fue lo primero que se
puso por escrito. Los espacios donde se hace la reinterpretación y puesta por escrito de perícopas es en la catequesis. La
enseñanza de los apóstoles (el kerigma) se utilizó en la catequesis primitiva, por ejemplo la síntesis de la moral evangélica
del Sermón del monte (Mt 5–7). La predicación misionera fue otra actividad importante; el culto. De este modo se van
desarrollando perícopas aisladas y bloques largos donde se pone por escrito lo recibido en la tradición oral, la primera forma
de transmisión del evangelio. Se van haciendo colecciones de controversias; parábolas, milagros. Colecciones de perícopas
afines todas ellas.
Es importante decir que no era un ambiente de pura oralidad, sino también se practicaba la escritura. En resumen la
transmisión de la tradición evangélica fue un proceso muy complejo. Se transmitieron perícopas aisladas y colecciones o
bloques de cierta amplitud. La puesta por escrito no supuso la desaparición automática de la tradición oral, sino que
coexistieron y se influyeron mutuamente.
12
c) La redacción de los evangelios sinópticos
Los evangelistas recogen y transmiten la tradición evangélica que existía en la Iglesia; pero no son solo compiladores
sino verdaderos autores. Recopilan la tradición originada en Jesús y sus discípulos, conservada en la comunidad pospascual.
Los evangelistas son portavoces de sus iglesias y los evangelios son libros de la Iglesia y para la Iglesia.
Son verdaderos autores porque imprimen una intención literaria, su perspectiva teológica al seleccionar y ordenar según
sus enfoques la tradición. Su visión teológica y la sensibilidad de sus iglesias está presente. Ellos seleccionan datos de la
tradición oral y escrita, ya cuentan con fuentes e informaciones diversas (Jn 20,30-31; 21,25; Lc 1,1-4); realizan síntesis
como la enseñanza moral de Jesús en el sermón del monte y adaptan la tradición recibida a las situaciones de las diversas
iglesias.
Autor y comunidad de origen: el autor de Mc escribe en griego para no judíos, como lo prueba el hecho de explicar
las costumbres judías (Mc 7,2-4: la costumbre de los fariseos de lavarse las manos meticulosamente; 15,42) y traducir el
arameo como en 3,17: Boanerges; 5,41: Talitá Khum; 7.11: korbán: ofrenda sagrada; 7,34 effetá; 14,36: abbá; 15,22-34:
Eloí,Eloí. Galilea (por el interés del evangelio en la región donde Jesús empieza a proclamar el Evangelio), Antioquía,
Alejandría, el sur de Siria y Roma pueden ser buenos candidatos para su lugar de redacción. Tradicionalmente, desde la
noticia del historiador Eusebio de Cesaréa (HE III,29,15), se pensaba que este evangelio había sido escrito en Roma por
Marcos, un discípulo de Pedro. ¿Por qué no? En efecto, la comunidad de Roma está amenazada por las persecuciones: la fe
que propone Marcos está expuesta a contradicciones y pide que se tengan en cuenta los riesgos. La tradición, ya desde
Clemente de Alejandría lo localiza en Roma.
La tradición patrística se ha basado en el testimonio de Papías, obispo de Hierápolis en Frigia (125), transmitido
por Eusebio de Cesarea. Al comentar la afirmación de un presbítero llamado Juan, Papías califica a Marcos como intérprete
de Pedro (hermeneutes: ¿traductor? ¿comentador?) que ha preservado las palabras y las acciones del Señor, sin omisiones
ni mentiras, escribiendo sin orden pero con exactitud. Los estudiosos piensan que el testimonio es apologético y tiene la
intención de vincular el escrito a la figura de un apóstol. El testimonio de Papías sostiene la hipótesis según la cual Marcos
escribió en Roma después de la muerte de Pedro. Es en 1Pe 5,13 (un escrito pseudoepigráfico) donde Marcos es asociado a
Pedro como “mi hijo”, cuyos saludos son enviados por el autor de la carta junto con los de la comunidad de Roma. La
tradición eclesial identificó a Marcos con Juan Marcos, un judeo-cristiano de la comunidad de Jerusalén, discípulo de Pedro,
mencionado en Hch 12,12 y primo de Bernabé (Col 4,10); compañero de misión de Pablo y Bernabé a partir de Antioquía
hasta que se separa el equipo misionero (Hch 13,3; 15,37-39).
Destinatarios: La ausencia de reflexión profunda sobre la Torá, a diferencia de Mt, hace pensar en pagano-
cristianos. La importancia de los desplazamientos de Jesús en los territorios limítrofes de Tiro y Sidón, de Cesarea de Filipo,
y más directamente a la otra orilla del lago, en la Decápolis, avala la hipótesis.
El estilo de Marcos: Es el creador del género literario llamado “evangelio”. Mc es naturalmente popular; reemplaza
las conjunciones coordinantes por el simple “kai” (y) o “inmediatamente”, lo que da la impresión de una extraordinaria
rapidez. A veces es poco correcto en la construcción de sus frases (cf. 8,24) y emplea palabras ordinarias (“camastro”: 2,11).
Pero es muy buen narrador, se fija en detalles concretos y construye sus relatos en presente histórico para dar vivacidad a
su narración. Es más narrador que analista, prefiere suscitar la reflexión a partir de los hechos, presentados a veces con
brutalidad (cf. el relato de la pasión). Su léxico es pobre, su sintaxis elemental pues yuxtapone proposiciones (parataxis) en
lugar de jerarquizarlas. Su escrito está lleno de semitismos, próximo a las tradiciones orales arameas.
13
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Fecha: Después de la caída del Templo (cf. Mt 22,7), sin duda hacia los años 80-90. Su obra refleja la situación del
cristianismo en medio del judaísmo entendido como un bloque unido en torno a los fariseos (el judaísmo posterior al 70
d.C.). Hay indicios claros de una separación consumada entre la comunidad mateana y la sinagoga farisea al hablar de “sus
sinagogas” (4,24; 9,35, 10,17; 12,9; 13,54; 23,34). Es clara la alusión a las persecuciones, lo cual refleja la situación de
finales del s.I y es notoria la alusión a la destrucción de Jerusalén en el 70 (cf. 22,7; 23,38). Ocupa un lugar privilegiado en
la literatura cristiana antigua. Es el más citado por los Padres de la Iglesia, no sólo de todos los evangelios sino también de
todos los demás libros del Nuevo Testamento. Siempre ocupó el primer lugar en la organización canónica. Su posición
particular se explica porque fue considerado durante muchos siglos el más antiguo de los evangelios, especialmente bajo la
influencia de san Agustín. Hoy no se comparte esa opinión. El importante papel que atribuye a los discursos de Jesús lo
hacía particularmente apto para la catequesis de los recién convertidos y para la edificación de las comunidades en la Iglesia
antigua.
Autor y comunidad de origen: Tradicionalmente se seguía al historiador Eusebio de Cesarea, que cita a Orígenes;
Mateo sería el recaudador de impuestos de Cafarnaún (Mt 9,9) que habría recopilado sus recuerdos en arameo (HE VI, 25).
El mismo Eusebio reporta el testimonio de Papías, para quien “Mateo reunió en lengua hebrea los logia y cada uno los
interpretó según su capacidad”. Sin embargo no hay ninguna información histórica sólida o vestigio de alguna versión
aramea antigua del evangelio. Además sería sorprendente que un testigo ocular (el discípulo Mateo) utilizara una fuente
secundaria como la de Mc. Probablemente el autor no es el discípulo. Sin embargo, sí es posible que el discípulo Mateo
desempeñara un papel en la comunidad de la que procedía el autor del evangelio. Hoy no se sostiene la autoría del apóstol.
Se piensa en un autor judío por la importancia de las citas del AT, la limitación de la misión de Jesús a Israel. Ya que el
evangelio está escrito en griego, la comunidad de origen se encontraba fuera de Judea, quizá en el norte de Siria o en el
norte de Palestina, tal vez en Antioquía.
Destinatarios: Actualmente los especialistas observan que el evangelio de Mt fue escrito para comunidades de
origen sobre todo judío, como lo prueban: los pasajes que insisten en la permanencia de la Ley (5,17-48); el hecho de que
Mateo no explique las costumbres judías (cf. Mt 15,2 y Mc 7,2-3). La genealogía de Jesús, que se remonta a Abrahán, padre
de los judíos, y no como en Lucas, a Adán, padre de todos los hombres (cf. Mt 1,1 y Lc 3,23-38). Los destinatarios son
miembros de una comunidad mayoritariamente judeo-cristiana que vive en Siria (Antioquía) en el último cuarto del s.I.
El estilo de Mateo: Mateo es un rabino. Reagrupa las palabras de Jesús en cinco grandes discursos para facilitar su
comprensión e insiste en la necesidad de comprender la Palabra, y no sólo en escucharla (13,19-23). Por preocupación
pedagógica, abrevia los relatos, reduciendo los personajes al mínimo necesario: gana en claridad lo que pierde en plasticidad.
Es igualmente un escriba experimentado en los métodos de exégesis judía. Todo el evangelio se desarrolla en un ambiente
litúrgico: los lectores del evangelio, que adoran a su Señor en la comunidad, se encuentran en los discípulos que siguen a
Jesús por los caminos de Palestina. Centrado en el Reino de los cielos y su boceto en la Iglesia, se le ha llamado el evangelio
eclesial.
Autor y comunidad de origen: El mismo autor escribió el evangelio y los Hechos, haciendo una sola obra en dos
tomos que muestran unidad de lengua, estilo y teología. Es el único evangelio que tiene una continuidad en otro: Hechos,
que es continuación del Tercer Evangelio: la historia de Jesús y la historia de los comienzos de la Iglesia. Cada uno de los
libros se dirige a un tal “Teófilo”, y el prólogo de los Hechos hace alusión al primer volumen (Lc 1,1-4; Hch 1,1-2).
Tradicionalmente se identificaba al autor de la obra con el médico Lucas del que hablan algunas cartas paulinas (Flm 24;
Col 4,14; 2Tim 4,11), sin embargo numerosas divergencias con los escritos de Pablo (por ejemplo la vida de este último)
ponen en duda esta interpretación, incluso aunque se haya probado que la obra ha sufrido la influencia del pensamiento de
Pablo. El autor se asoma en su “yo” (1,3), pero el nombre es desconocido, siguiendo la costumbre bíblica de dejar todo el
espacio a la palabra que anuncian. Su dominio del griego y sus buenos conocimientos de retórica (la construcción de los
discursos de Hch) nos hacen pensar en un escritor culto, un cristiano anónimo de origen no judío, dotado de una formación
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escolar superior y muy familiarizado con el judaísmo, con sus Escrituras y sus sinagogas. Sobre el lugar no es ciertamente
Palestina (conoce mal su geografía). Proponen Éfeso, Antioquía, Acaya, Macedonia, Roma. Se puede ubicar en la parte
oriental de la cuenca mediterránea, probablemente Antioquía.
Conoce la Biblia de los LXX, también las normas de la exégesis judía al presentar la homilía de Jesús en la sinagoga
de Nazaret (4,16-30), con la descripción minuciosa del ceremonial de lectura. Pero mezcla erróneamente el rito de
purificación de la madre, que no requería la presencia del recién nacido y el rescate del primogénito, que no estaba ligado
al Templo. Un judío de nacimiento difícilmente habría cometido ese error. Posiblemente es un griego convertido al
cristianismo, quien antes de su conversión se pudo aproximar a la sinagoga como prosélito o temeroso de Dios. No se
conserva la opinión de Papías.
Destinatarios: Escrito en buen griego, de los mejores del NT, podría haber sido destinado, una veintena de años
después de la muerte del apóstol, a comunidades fundadas por Pablo (en Turquía o Macedonia). Sus destinatarios son las
Iglesias de la cuenca mediterránea oriental y los deseosos de informarse sobre el cristianismo. Su tendencia a ser presentador
y apologeta de la fe cristiana revela su intención de dirigirse a una gran audiencia. Su público es de cultura griega, pues
elimina arameismos por expresiones griegas (kyrie en lugar de rabbouni: Lc 9,33; Mc 9,5; Epistates en lugar de Rabbi Lc
22,42// Mc 14,36, etc.) Se percibe un esfuerzo de transculturación.
El estilo de Lucas: El proyecto historiográfico-literario amplio de la obra revela las competencias del Lucas
historiador, del Lucas escritor y del Lucas teólogo. Lucas es un excelente narrador que presenta su relato conforme a las
normas de la historiografía antigua. Su talento narrativo no excluye la perspectiva teológica. La obra ocupa la cuarta parte
del NT. Es el evangelio más largo y elegante de los cuatro canónicos. Es el más cuidado lingüística y literariamente. Se nota
la intención de incluir la obra entre la literatura helenística de calidad. El vocabulario lucano es más rico que el de Mc y Mt.
Lucas es el más “moderno” de los evangelios. Su autor es el más griego del NT. De su cultura griega, el autor ha mantenido
el gusto por la claridad. Pero también es capaz de imitar la lengua de la Biblia griega, teñida de giros hebreos, en particular
en los relatos de la infancia. Imitando a los historiadores griegos, corta gustosamente su relato mediante pequeñas pausas o
sumarios en los que resume los principales puntos que hay que mantener o el progreso de la acción. Tres resúmenes
presentan la actividad de la comunidad de Jerusalén; el crecimiento de la Palabra de Dios se menciona cuatro veces (Hch
6,7; 12,24; 13,49; 19,20).
Como buen historiador, tiene la preocupación de situar los acontecimientos en la historia (Hch 2,13; 3,1-2), pero por
otra parte, conoce mal Palestina, la forma de construir en ella las casas o el clima, y a menudo se contenta con indicaciones
cronológicas muy vagas: es muy aficionado en particular a la expresión: “Sucedió en aquellos días”. Su interés es sobre
todo teológico.
Sorprende en una simple lectura por la delicadeza hacia Jesús, los pobres, las mujeres, los pecadores. Dante le llamó
con toda justicia “el evangelista de la ternura de Dios”.
MARCOS
El autor organiza el testimonio y el anuncio de que Jesús es el Ungido y el Hijo de Dios (Mc 1,1) en dos grandes
partes, precedidas por un prólogo (Mc 1,1-13) y rematadas por un texto incorporado posteriormente.
15
+Pasión y resurrección de Jesús: Revelación en plenitud (Mc 14,1–16,8)
Teología de Marcos
La obra de Mc es fundamentalmente teológica, teniendo en ella la cristología un puesto central. Según el título (1,1)
pretende mostrar que Jesús es el Evangelio (I), en cuanto a que es el Mesías que proclama el Reino (II) e Hijo de Dios (III)
En el desarrollo de la obra aparece claramente otra característica: Jesús es el creador del discipulado (IV), que es un grupo
eminentemente cristiano. Es el evangelio de la pregunta: ¿quién es este Jesús? Desde el principio, el autor despeja el
suspense para su lector llamándolo “Cristo” e “Hijo de Dios” (1,1), pero deja a sus personajes debatirse en la incertidumbre:
de cuando en cuando se plantea la lacerante pregunta: “¿Quién es este hombre? (2,7; 4,41; 6,3; 6,14-16; 8,27-29).
Jesús no hace nada para ayudar a sus oyentes: manda a todos los que le reconocen que se callen sobre su
descubrimiento. Desde el libro del alemán Wrede (1901), a esta actitud se le conoce como el secreto mesiánico.
I - JESÚS ES EL EVANGELIO.
Evangelizar como concepto teológico técnico, procede de la teología de Isaías II. Jesús se lo aplicó y, siguiendo este hecho,
la Iglesia primitiva desarrolló esta aplicación, atribuyendo a Jesús y su obra el sustantivo evangelio. En este contexto se
sitúa Mc, que hace del título Evangelio el título de su obra.
Jesús se presenta como el evangelizador que proclama y trae el Reino, destinado especialmente a los pobres (cf. Mt 11,5 y
Lc 7,22) que además recoge esta tradición en 4, 18-22. Los pobres son evangelizados: Jesús actúa con conciencia de profeta
escatológico, vinculado a Dios de forma especial y única; se consagró a la proclamación del Reino de Dios, y los pobres
fueron los destinatarios privilegiados de su acción. Se discute si Jesús empleó la palabra evangelio, pero objetivamente su
obra era el evangelio, ya que, como evangelizador, proclamaba y realizaba el objeto del evangelizar, que era la alegre noticia
del Reino de Dios, de la paz y de la salvación, ya presente en forma oculta.
En esta línea se sitúa Marcos, que dedica toda su obra a desarrollar este tema. Emplea 7 veces la palabra «evangelio»,
siempre en contexto redaccional:
1) En 8,35 evangelio es sinónimo de Jesús y su mensaje de perder la vida.
2) En 10,29 repite la misma fórmula.
3) En 13,10 y 14,9 presenta el evangelio como objeto de predicación.
4) Según 1,14 se trata de la promesa «evangelio», cuyo autor y protagonista es Dios.
5) Según 1,15, evangelio es Jesús y su actuación al servicio del Reino prometido
6) El sentido de 1,1 es doble: es el título de toda la obra:
primero, evangelio es Jesús de Nazaret, en cuanto que es el Mesías que proclama el Reino de Dios y lo hace como
compete al Hijo de Dios, es decir, a la luz de 15,39, como Dios escondido, que manifiesta su poder en la total
autodonación;
segundo, el texto apunta al carácter kerigmático actualizante del evangelio, en donde Jesús es a la vez sujeto y objeto
del evangelio, es decir, la proclamación tiene carácter de memorial, pues en ella Jesús está presente como protagonista
y objeto.
Evangelio para Mc es Jesús y toda su obra, Jesús-Mesías-Hijo de Dios, eficazmente presente en toda proclamación, en la
que ofrece su salvación en el ocultamiento y en la debilidad eficaz a todo hombre contemporáneo; es una proclamación que
muchos rechazan, pero que transforma a los que la acogen por la fe.
Marcos presenta la unción mesiánica de Jesús en la línea del Siervo de Yahvé (1,9-11): recibe el Espíritu y Dios le proclama
Hijo-Siervo-Profeta, como Mesías doliente y crucificado. Su primera actuación, enseguida, empujado por el Espíritu, será
enfrentarse a Satanás, vencerle y, como el Más Fuerte, despojarle. Su ministerio va a consistir en esta acción de despojo,
cumplimiento del evangelio prometido por Dios, resumido en el sumario que sigue (1,14ss). El resto del capítulo está
dedicado a presentar los signos que explican el alcance del Reino que comienza: 1,16-20: creación del discipulado; 1,21-
16
28: sinagoga enseña con autoridad; 1,29-31: cura a un enfermo = el Reino implica destrucción de la enfermedad; 1,32-34:
exorcismos y curaciones que son signos del Reino; 1,39 hace lo mismo en todas las sinagogas de Galilea; 1,40-45: curación
de un leproso = el Reino es una fuerza que tiene a crear el nuevo pueblo de Dios, a destruir a Satanás, al dolor y a la muerte.
a) Naturaleza del Reino: «Reino de Dios» es lo mismo que «Dios reina». A diferencia como le veían los judíos, el Reino:
el Dios que comienza a reinar es Padre y la irrupción de su poder está al servicio de su revelarse como Padre. Puesto
que todos los hombres son pecadores, la acción divina ha de tender en primer lugar a perdonar los pecados y a
transformar el corazón de los hombres, para poder hacerlos hijos y hermanos, miembros solidarios del nuevo pueblo de
Dios. Esta es la labor de Jesús que ofrece el perdón de Dios, come con ellos y los llama a su seguimiento. El Reino es
una realidad ya presente (1,14) y futura (8,38; 9,43.45.47) dos fases dinámicamente relacionadas entre sí (4,30-32;
10,14ss), dentro de una misma historia de Salvación
a) Los agentes del Reino: Los agentes del Reino son Dios y Jesús, al hombre sólo le pide percibirlo. Dios es el
protagonista. Lo promete (1,14), lo revela (4,11), lo realiza (4,26-29) y dispone de él (10,40) Jesús se distingue del
Reino, pero a la vez se identifica dinámicamente con él. Por una parte su acción está totalmente al servicio del Reino,
actuando como heraldo que lo proclama con palabras y signos y, por otra, es el enviado que lo realiza en su persona.
b) Ética del Reino: En cuanto al hombre, se le pide una colaboración que esencialmente consiste en dejarse «dominar» y
transformar por Dios. Como «herencia», el Reino exige colaboración, ésta consiste básicamente en conversión y fe
(1,15), reconocer la propia pobreza radical y entregarse a Jesús y su obra.
El Reino es filiación y fraternidad vivida en discipulado, Jesús invita a su seguimiento, asumiendo las implicaciones
morales de la filiación y fraternidad, que expone después de cada uno de los anuncios de la muerte y resurrección.
c) Los signos del Reino: La proclamación del Reino consta de palabras y signos, la doble faceta de la revelación. Jesús
realizó una serie de signos que tenían como finalidad explicar su obra, comenzarla y garantizar su pleno cumplimiento
en el futuro. Entre ellos se cuentan los «milagros» (exorcismos, curaciones, etc.), y otros como el perdón de los pecados
y las vocaciones, que aunque no se les considere técnicamente como milagros, igualmente revelan el Reino. Las obras
de Jesús tienen carácter escatológico y cristológico, revelando el Reino de Dios y el misterio de su persona.
Al comienzo de su catequesis (1,1) Mc afirma que evangelio es Jesús de Nazaret, el Mesías, en cuanto a que es Hijo de
Dios. Al final de la misma (15,39) pone en labios del centurión una declaración que explica cómo actúa el Hijo de Dios,
muriendo. Así, pues, según Mc, Jesús Mesías es divino, tiene esta cualidad como hijo y lo muestra en la muerte de una
manera especial.
a) Dios en la obra de Mc: Es idéntica a la de la teología judía de su época: Es el Único, al que hay que amar con todo el
ser (12,29), el Poderoso (10,27; 14,26), el Creador del mundo (13,19), el Bueno (12,18), la Vida (12,27). Por ello crea
la Historia de la Salvación (12,26), promete el Reino (1,14), perdona (2,7) y con sus mandamientos ordena la
convivencia humana y manifiesta su voluntad salvadora (7,8.9.13; 10,19; 12,28-31).
b) Jesús el Hijo: Marcos presenta a Jesús explícita (13,32) e implícitamente (12,6) como Hijo de Dios. Por atribuirse este
título, el sanedrín busca matar a Jesús (12,12) En 14,36 Jesús ora a Dios llamándole abbá, en actitud de total confianza
y obediencia a su voluntad. Finalmente, en 8,38 afirma que el Hijo del Hombre, que para Mc es Jesús, vendrá en la
gloria de su Padre, compartiendo su poder y juicio.
Ser Hijo es tener una relación de carácter único, íntima, cordial con Dios, cuyo poder comparte y con cuya voluntad se
identifica, realiza, proclama y defiende; por ello implica una misión a los hombres, entre los que realiza la voluntad
poderosa y amorosa de Dios, el Reino de Dios, en la forma que compete a lo divino, es decir, en la debilidad, que revela
la fuerza de la autodonación divina.
c) Jesús, Dios oculto o la “epifanía oculta” del Hijo de Dios: Marcos presenta la revelación de Jesús, Mesías e Hijo de
Dios, como una epifanía oculta, es decir, como una revelación eficiente, pero de tal manera que no obliga al
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asentimiento, respetando totalmente la libertad del hombre, permitiendo incluso reacciones contrarias. Jesús muestra su
carácter divino viviendo una auténtica existencia humana, que acaba en un fracaso revelador (15,39) Así fue en la
historia y así continúa ahora. Consecuencia de ello fue la incredulidad de los dirigentes y de la mayor parte del pueblo
y la fe de sólo una pequeña parte, los discípulos.
IV - DISCIPULADO. ECLESIOLOGÍA.
Marcos menciona dos grupos de seguidores de Jesús: los discípulos y los Doce. Son dos grupos íntimamente relacionados,
pero separables:
los discípulos componen un amplio, del que fueron elegido los Doce. A él pertenecen además Leví (2,13s), los muchos que
le seguían (2,15), las mujeres que le seguían y servían en Galilea y habían subido con él a Jerusalén, aunque Mc no les da
el nombre de discípulos (15,41).
Del grupo de los Doce sólo forman parte los componentes de la lista dada en 3,16-18.
«Discípulos» y «Doce» tienen fundamentalmente dos notas características comunes, ser un grupo cristológico al servicio
del Reino, y el tener como tarea principal conocer a Jesús.
a) Es un grupo cristológico al servicio del Reino, la misión de Jesús; proceden de la iniciativa gratuita de Jesús que los
llama; por ello, su misma existencia tiene alcance cristológico y revela las pretensiones de Jesús.
Los discípulos son los seguidores de Jesús, lo cual implica inseparablemente identificarse con su misión al servicio del
Reino.
Los seguidores también están íntimamente ligados entre sí, formando una nueva fraternidad, que es la familia que
encontrarán los que lo dejan todo (10,28-30), y que tiene el valor de ser el primer signo de la presencia de Reino. Esta
fraternidad es real cuando sus componentes hacen la voluntad de Dios (3,35) y viven en actitud de servicio y de
compartir, excluyendo todo afán de dominio y de poseer. Por todo ello, la nueva fraternidad tiene carácter misionero,
porque por una parte es un grupo-signo, cuya sola existencia está proclamando las pretensiones de Jesús, y por otra
parte porque colabora con él en su obra (3,9; 4,35s) Es una tarea que han de realizar a pesar de la incredulidad de los
demás, pues en ello juegan su futuro escatológico.
b) Conocimiento de Jesús: Todos ellos, en su calidad de discípulos, han de aprender del Maestro al que siguen. Son
testigos de las palabras y obras de Jesús y de las reacciones de los oyentes, en las que predominó el rechazo. El
conocimiento de Jesús y su obra es su tarea principal como discípulos.
MATEO
El Evangelio de Mt está estructurado en 5 discursos extensos:
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Mt 26-28: Relato de la Pasión
Al final se notan dos relatos que enmarcan los discursos muy distintos de los otros: El relato de la infancia (1-2); y
el relato de la pasión (26-28). Los discursos ilustran distintos aspectos del Reino de los Cielos. Fueron ordenados según su
proyecto teológico. Los discursos no están aislados, están bien integrados en una secuencia narrativa. Podemos decir que
Mt es un drama de 7 actos sobre la venida del Reino. Su guía es eclesiológica y cristológica.
Teología de Mateo.
En este evangelio nos encontramos con una situación muy paradójica: es muy judío por los temas que toca, por la cultura
que respira, por las expresiones y el estilo, pero, a la vez, contiene la más dura polémica antijudía de todo el NT.
a) El Mesías enviado a Israel: Mt subraya que Jesús es el Mesías enviado al pueblo de Israel. Las genealogías le vinculan
con David y Abraham (1,1) Las infancias de Moisés y de Israel sirven para interpretar los orígenes de Jesús (primeros
dos capítulos que usan una metodología muy judía: técnica derásica p midrásica) Se insiste que Jesús es el Hijo de
David (1, 1.17.20), y por tanto, el Mesías de Israel. Las citas de cumplimiento en Mt (que son características) ponen de
manifiesto el deseo de presentar a Jesús a la luz del AT y como su cumplimiento.
b) El Mesías rechazado: Mt subraya que Israel rechaza al Mesías que le ha sido enviado (2,1-12) En varios momentos se
percibe una cierta diferencia entre la actitud del pueblo y de las autoridades judías (9,33-34; 12,23-24; 21,45-46; 26,4-
5). Sin embargo, esta distinción deja de tener importancia y Mt afirma que el pueblo judío como tal ha rechazado al
Mesías.
Las tres parábolas de 21,28-22,14 han sido especialmente reelaboradas redaccionalmente y hay un versículo central,
propio de Mt: “se os quitará el Reino de Dios y será dado a un pueblo que dé frutos (21,43) El empecinamiento en
rechazar a Jesús es tal que dura después de su muerte. Es lo que quieren poner de relieve las dos perícopas, unidas entre
sí, de 27,62-66 y 28,11-15.
c) El nuevo pueblo de Dios: Hay un nuevo pueblo de Dios, abierto a todas las naciones, a gentiles y judíos sin
discriminación. Se proclama solemnemente en 28, 16-20. Este nuevo pueblo se basa en la aceptación de Jesús, en la fe
en él, y en el cumplimiento de sus enseñanzas, es decir, en dar buenos frutos. Está abierto a todas las gentes. Es un
universalismo que acaba con la situación privilegiada de Israel, pero que de ningún modo excluye a los judíos. Este
universalismo se anuncia continuamente a lo largo del evangelio. En los magos de 2,1-12 se anuncia la apertura a los
paganos y la aceptación de éstos. En 8,10-12 se contrapone la suerte de los hijos del Reino con la de muchos paganos,
que se sentarán con los patriarcas en el Reino de los Cielos.
d) La polémica antijudía: La opinión más común y más probable es que la polémica antijudía se explica porque se trata
de una comunidad judeocristiana (en la que también hay paganocristianos), para la que era perentoria la delimitación
respecto al judaísmo de cuño fariseo, que se impuso después del año 70.
II - JESUCRISTO.
a) Mesías e Hijo de David: La primera designación de Jesús es «Mesías» (1,1). Responde a una preocupación fundamental
de esta sección introductoria: presentar a Jesús como el Mesías enviado a Israel y como el cumplimiento de las promesas.
Sólo en una ocasión utiliza Jesús este título, pero de una forma un tanto enigmática, en tercera persona, aunque no hay
duda de que se refiere a sí mismo (23,10) Mt previene también contra los impostores que se arrogan esta función
(24,5.23).
Es el título usado por la gente que le aclama mientras las autoridades lo rechazan; también lo usa la muchedumbre que
reacciona de forma positiva ante el poder de Jesús.
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El uso del título «Hijo de David» confirma el carácter judeocristiano de Mt. Pero es profundamente ambiguo. Mt quiere
evitar interpretaciones triunfalistas y meramente humanas de estos títulos. En Mt 22,41-45 no se dice que Jesús no sea
el Hijo de David, sino que es más que eso. Se insinúa que Señor e Hijo de Dios son categorías más adecuadas para
expresar el significado de la persona de Jesús.
b) Hijo de Dios: Es el título más importante de Jesús, pero, sobre todo, es el misterio íntimo de su persona. A diferencia
de Mc, la confesión de su filiación divina no se reserva para el final del evangelio. En un contexto que trasluce la
confesión de la Iglesia, los discípulos le reconocen como Hijo de Dios (14,33) Es también la confesión de Pedro (16,16),
que no puede hacerse sino es por revelación divina. En la Pasión hay un texto muy importante (27,39-43) que es
sumamente instructiva. Jesús es tentado en la cruz tres veces y siempre en su calidad de hijo de Dios. Jesús no es Hijo
de Dios con una demostración de poder que le baje de la cruz; al contrario, es en la aceptación de la cruz como
consecuencia de su fidelidad al proyecto del Padre donde se manifiesta su filiación divina. Estas tres tentaciones del
final dicen una clara relación a las tres del inicio (4,1-11) Pero Jesús es Hijo de Dios en la aceptación de la condición
humana y en plena fidelidad a la voluntad de Dios, su Padre.
c) Señor: Mt sigue el uso de los LXX, donde el Señor (ho Kyrios) es el nombre de Dios, generalmente en citas y alusiones
al AT (1,20.22; 2.13.15) Pero es muy característico de Mt la frecuencia con que Jesús es invocado como Señor por
distintos personajes que se dirigen a él.
En el tiempo que nos ocupa, Señor podía ser una mera designación honorífica de un maestro o de una persona relevante.
Pero su aplicación a Jesús en Mt indica mucho más: es una invocación a Jesús resucitado, Señor presente y actuante
con poder en la Iglesia y que un día se manifestará glorioso como juez definitivo.
d) Dios con nosotros: Es claro que la inclusión literaria, que engloba todo el evangelio (1,23-28,20), está cargada de
importancia teológica. Se ha observado justamente que nos encontramos con una reinterpretación cristológica de la
fórmula de la alianza del AT. Para Mt, en Jesús se realiza la presencia de Dios en medio de su pueblo y,
consecuentemente, este nuevo pueblo de Dios se caracterizaba por su relación con Jesús.
Mt no dice que Jesús sea Dios, pero habla de tal forma que insinúan su pertenencia especial a la esfera de la divinidad
(9,2; 11,28-30). En las exigencias a sus seguidores (10,37-39) y en el hecho de que el destino del hombre descanse en
su relación con él (7,21-23) se pone de manifiesto una autoridad más que humana.
e) Hijo del Hombre: Es peculiar de Mt hablar del «Reino del Hijo del Hombre» (13,41; 16,28; 19,28). Lo más
característico de Mt son sus dichos del Hijo del Hombre futuro como juez. En la mayoría de los casos es indudable la
referencia a Dn 7,13-14 no sólo en el título, sino en la presencia de otros elementos (nubes, cielos, venir, gloria, reino,
juicio: 19,28; 13,41; 25,31-33).
El Hijo del Hombre recibe soberanía de parte de Dios y se ocupa el trono de Dios para juzgar. Para describir el juicio
se recurre al lenguaje de las teofanías bíblicas, según el uso mateano del AT, que pretende subrayar el poder y la dignidad
de Jesús.
Para Mt, Juan el Bautista, Jesús y los enviados postpascuales (la Iglesia posterior) pertenecen a la misma época de la historia
de la salvación: todos predican lo mismo, el Reino de los Cielos (3,2; 4,17; 10,7) y todos encuentran el mismo rechazo en
Israel (Juan: 11,16-19; 21,28-32; Jesús: 22,33-44; 27,11-26; los enviados postpascuales: 22,1-10; 23,33-39) A diferencia
con Lc, Mt no distingue entre el tiempo de Jesús y el tiempo de la Iglesia, porque el Jesús exalatado que se identifica
expresamente con el terrestre, mantiene siempre la misma presencia entre los suyos (28,20; 1,23) Por eso Mt no escribe un
relato sobre los apóstoles, sino que proyecta sobre el relato de Jesús todo lo que tiene que decir sobre la Iglesia, de modo
que su evangelio resulta especialmente transparente de preocupaciones eclesiales.
20
IV - LA IGLESIA.
Siempre se ha considerado a Mt el evangelio eclesial por antonomasia, por dos razones fundamentales:
1) Es el único evangelio en que aparece la palabra ekklesía, dos veces referida a la comunidad o Iglesia local (18,17) y una
referida a todo el nuevo pueblo del Mesías Jesús (16,18) En el relatose explica el surgimiento de la Iglesia y su vida
más que en los otros evangelios.
2) La obra entera, sobre todo las partes discursivas, transparentan la vida de la Iglesia. Podemos descubrir los conflictos
de la comunidad y, hasta cierto punto, sus ministerios. Siempre está presente el interés por la actualización eclesial de
lo que Jesús dijo e hizo.
d) La Iglesia de Jesús: En Mt 16,18, Jesús promete la construcción de su Iglesia. Sabemos que para Mt la Iglesia surge
tras el rechazo que Israel ha realizado de Jesús y de todos los enviados divinos. La aceptación de Jesús es la primera
característica del nuevo plueblo de Dios. La Iglesia de Mt está, ante todo, cualificada cristológicamente.
e) Fundamento cristológico de la Iglesia de Mt: La comunidad de Jesús es su Iglesia (16,18), en la que él permanece para
siempre y que debe continuar su misión para todas las gentes.
Para Mt, Jesús está siempre presente en medio de su comunidad. En él se verifica la presencia de Dios que, como decía
la fórmula de la alianza, caracterizaba al pueblo de Dios.
Mt establece una continuidad muy estricta entre Jesús y la comunidad. Al describir el envío de los discípulos en el
capítulo 10, subraya con mucho detalle la continuidad de los discípulos con el mensaje, las obras, los comportamientos
y hasta los conflictos de Jesús.
La Iglesia es una fraternidad que cuenta siempre con la presencia del Señor. El mismo Jesús llama «mis hermanos» a
sus discípulos (28,10) Los que cumplen la voluntad de su Padre celestial forman la nueva familia de Jesús (12,46-50)
Entre los discípulos deben abolirse todas las desigualdades, así como los signos exteriores de rango y de poder, porque
entorno a Dios como único Padre y a Jesús como el solo maestro se establece una fraternidad radical (23,8-10).
Los miembros de la Iglesia son hermanos, y esta terminología se repite cuando se trata de conflictos, porque en esas
situaciones es la fraternidad el valor que peligra y hay que salvarguardar (18,15.1521.35).
c) Los discípulos: En Mt la palabra griega «apóstolos» sólo aparece una vez (10,2); en cambio el concepto de «discípulo»”
se repite mucho y es muy característico de su teología. Los discípulos son unas personas que se vincularon de una forma
especial con el Jesús terrestre; pero su realidad está actualizada eclesiológicamente, de modo que «ser discípulo» es un
concepto transparente para dar a entender lo que significa ser cristiano.
Referencia al dato del pasado y actualización eclesial son siempre dimensiones inseparables en Mt. Precisamente porque
se vincularon especialmente con Jesús, su realidad se convierte en modelo para el presente.
A los discípulos de Jesús les afecta la «poca fe», que es un término propio de Mt (oligopistos: 6,30; 8,26;14,31; 16,8)
Los discípulos son creyentes, tienen fe, pero ésta se encuentra siempre amenazada. Ante las preocupaciones y
dificultades de la vida, titubean y piensan que el Señor les ha abandonado, se hunden, son incapaces de obrar
cristianamente, pierden la calma. Se refleja la situación de una comunidad cristiana. El problema no es cómo acceder a
la fe, sino cómo permanecer fieles, cómo vivir confiados en el Señor a lo largo de la vida. No está en juego el aspecto
misionero de la fe, sino el catequético hacia el interior de la Iglesia.
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V - LAS OBRAS Y LA LEY.
Mt acentúa el aspecto moral de las enseñanzas de Jesús. Conocemos su insistencia en practicar la justicia, hacer las obras,
dar buenos frutos. Es una exhortación muy necesaria. La Iglesia es un cuerpo mixto de trigo y cizaña (13,24-30.36-40), de
buenos y de malos (22,10; 13,47-50).
Hay que rechazar el sueño de extirpar por la violencia la cizaña, porque se arranca también el trigo. Es necesario la paciencia
histórica, que no equivale a resignación moral. La Iglesia tiene que dar buenos frutos.
Mt combate la autoseguridad de la Iglesia. Los cristianos son los llamados, pero no los escogidos (22,14) Lo que ha sucedido
a Israel se convierte en aviso apremiante y en instancia crítica de lo que también a la Iglesia le puede acontecer.
Jesús pide un cumplimiento de la Ley que salga del corazón y no sea meramente externo (5,27-30); en este sentido la
radicaliza.
El hombre tiene que dirigir a Dios los frutos de su actuar, pero también lo más íntimo y lo más profundo de su ser. Pero
Jesús, con una enorme autoridad, quiere redescubrir la voluntad originaria de Dios (19,8), tanta veces traicionada por las
doctrinas humanas de sus intérpretes oficiales (15,3).
La crítica decisiva a los escribas y fariseos radica en que su religiosidad es falsa e hipócrita y con su legalismo usan la Ley
para encubrir su falta de justicia, de misericordia y de fe (23,23) El destino del hombre ante Dios se juega según sea su
misericordia con los pobres y necesitados.
VI - ESCATOLOGÍA Y VIGILANCIA.
Mt subraya que Jesús vendrá como Hijo del Hombre futuro en una función de juez universal y glorioso, que dará a cada uno
según sus obras. Es el único evangelista que usa la expresión parusía para hablar de la venida del Hijo del Hombre
(24,3.27.37.39) Es también quién más subraya el juicio futuro, que decidirá la suerte definitiva del hombre.
La comunidad de Mt no vive en la espera de una parusía inminente. El mayordomo infiel «en vista de que su Señor tarda»
(24,48), se porta pésimamente. Mt subraya el carácter amenazante del juicio para quienes no hayan obrado justamente.
Habla del juicio fundamentalmente no para consolar a los buenos, sino para exhortar de forma perentoria y hasta amenazante
a la conversión y a dar buenos frutos. La gran insistencia escatológica de Mt no tiene le más mínimo interés por especular
sobre el futuro, sino de exhortar a la vigilancia y al bien actuar.
LUCAS
Estructura literaria general
- Prólogo 1,1-4
- Los orígenes de Jesús 1,5–4,13
- Actividad de Jesús en Galilea 4,14–9,50
- Viaje a Jerusalén 9,51–19,44
- Actividad de Jesús en el Templo 19,45–21,37
- Muerte y resurrección de Jesús 22,1–24,52.
Teología de Lucas
a) Cumplimiento de la promesa (Lc 1,26-56): el evangelista quiere mostrar el cumplimiento de las promesas que en su
tiempo fueron importantes para dar confianza al desarrollo del pueblo de Israel.
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Juan el bautista es el profeta en quien culmina la obra de los patriarcas, los profetas, de Moisés y de David y el
evangelista hace constatar que Jesús es el Emmanuel y es la Casa donde se le podrá dar culto a Dios en espíritu y en
verdad.
b) El Espíritu Santo: es el personaje que está de fondo en toda la obra lucana, posibilita la encarnación, alienta y sostiene
el ministerio de Jesús y de la Iglesia, asegura el nexo entre el camino de Jesús y el de la Iglesia, pues guía, ilumina,
fortalece y dirige a los vigilantes (episkopoi), que él pone para dirigir la comunidad. Las tres características del hombre
nuevo guiado por el Espíritu son: arrepentimiento como retorno a Dios; seguimiento de Jesús que es fe personal y
práctica; y por último el bautismo en el Espíritu. El hombre nuevo está donde hay sufrimiento que calmar.
c) Tres periodos en la historia de la salvación: la historia en Lc no es una sucesión de acontecimientos, sino el espacio
donde se realiza el plan de Dios y el plan consiste en salvar a los hombres.
d) Jerusalén: en la concepción judía, juega un papel importante como lugar de encuentro entre Dios y el pueblo, lugar de
revelación, lugar que se vio corrompido por el cumplimiento externo de la ley; Jesús da el verdadero sentido como
encuentro ya que en su persona se dará el verdadero y pleno encuentro entre Dios y el hombre. En el evangelio de
encuentra como punto de llegada de Jesús (9,53; 19,45-48) y como punto de partida del anuncio del evangelio hacia el
mundo (cf. Hch 1,8.12).
e) Misericordia: la salvación que trae Jesús se manifiesta en expresiones sencillas de amor hacia los pecadores, las viudas
y los extranjeros, revela la misericordia de Dios y su compasión. El Dios que se revela en Jesús es un Padre lleno de
ternura y solicitud hacia todos sus hijos.
f) La mujer: «Lucas pretende en primer lugar, describir a Jesús como el redentor de los afligidos y los despreciados, de
los pobres y pecadores y de las mujeres» (17). Ante las estructuras que impiden el desarrollo integral de la mujer, Jesús
revalora su papel en la comunidad, descubriendo en ellas testigos insignes del mensaje de salvación.
g) Jesús es el Mesías: con los discípulos de Emaus ¿no era preciso que Cristo soportara estos sufrimientos y así entrara en
su gloria? (24,26). Se interpreta la actitud mesiánica de Jesús en clave de padecimiento, así, la cruz es el camino para
entrar en la gloria.
h) Jesús, salvador del hombre: la salvación se lleva a cabo en la vida y en la pasión de Jesús; la muerte de Jesús no es
considerada expiación sino momento necesario para entrar en la gloria. La salvación se ofrece a los pobres y a los
pecadores.
En Hch 1,1–15,35: De Jerusalén a Antioquía, los Hechos de Pedro. Una serie de acontecimientos, que tienen a Pedro
como protagonista, muestra a los cristianos en continuidad con la predicación de Jesús. Pentecostés impulsa la misión:
fundación de la iglesia con la descripción de la pequeña comunidad y predicación primero a los judíos (1,1–11,26) y después
a los paganos (11,27–15,35).
Hch 15,36–28,31: De Antioquía a Roma, los Hechos de Pablo. Una narración continua en forma de relato de viaje, que
tiene a Pablo como protagonista, alrededor del Mar Egeo (15,36–19,21) y después de Jerusalén a Roma (19,22–28,31),
señalando una apertura cada vez mayor hacia los paganos, sin cortar totalmente con los judíos.
Lucas es el Evangelista que más acentúa la perspectiva geográfica e histórica en su obra. Lucas organiza su obra desde
Jerusalén, ciudad santa del judaísmo, a Roma, capital del mundo pagano. El evangelio avanza en ondas geográficas muy
claras a partir de Jerusalén, pasando por Samaria hasta alcanzar el fin del mundo.
En el conjunto de los sinópticos, el acento sobre la historicidad y la seriedad de su investigación; la sección del Viaje
Lucano, que condensa la mayor parte de las enseñanzas de Jesús; su visión sobre el Espíritu Santo y la predilección por los
pobres y pecadores, constituyen algunos de sus principales aportes al conocimiento del mensaje de Jesús, el Cristo.
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9. INFORMACIÓN FUNDAMENTAL SOBRE EL PROBLEMA DE LA HISTORICIDAD DE JESÚS
Lo esencial de lo que se conoce de Jesús procede de cuatro evangelios canónicos. Con la frase “Jesús histórico” se
refiere a la existencia histórica, terrena de Jesús (el Jesús de carne y hueso). Fuera del ámbito cristiano, la existencia histórica
de Jesús ya apenas es discutida. Hay un consenso casi universalmente aceptado de elementos sobre la vida y obra de Jesús
de Nazaret. Jesús nació bajo el reinado de Herodes, sin duda seis años antes del comienzo de nuestra era (el desfase procede
de un error de cálculo del calendario, atribuido a Dionisio el Exiguo). Vivió en Nazaret la existencia de un judío piadoso,
practicante de la Ley según el espíritu de los fariseos, entre los más religiosos de los judíos.
Hacia los años 27-28, su bautismo por Juan Bautista inaugura sus dos o tres años de vida pública. Eligió discípulos y
discípulas, y con ellos proclamó, con sus palabras y más aún mediante sus acciones y su vida, la llegada del Reino de Dios.
Podemos decir que su anuncio kerigmático es el Reino, de hecho es el tema central de la predicación de Jesús según los
sinópticos. No escribió nada que se nos haya conservado.
Condenado por los líderes religiosos que no soportaron su mensaje liberador de la opresión institucional de la Ley, fue
crucificado por los romanos en torno al año 30 bajo Poncio Pilatos, el procurador; siendo Caifás el sumo sacerdote que
condenó a Jesús a la muerte. La fecha de la crucifixión de Jesús es el15 de Nisán del 30 d.C. Justo después de su muerte,
sus discípulos encuentran el sepulcro vacío y anuncian su resurrección de entre los muertos.
Entre las fuentes extrabíblicas que testimonian de modo absolutamente fiable su existencia encontramos:
+ Tácito (Anales 15,44,3): Jesús, llamado Cristo, “había sufrido la pena de muerte bajo el reinado de Tiberio, tras
haber sido condenado por el procurador de Judea Poncio Pilato”.
+ Flavio Josefo (Antigüedades de los judíos 20,20), menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado
Cristo”. En Antigüedades 18,63 tenemos el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la
persona de Jesús.
“por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C) vivió Jesús, un hombre sabio si es que realmente hay que considerarlo
un hombre. Porque él realizó hazañas sorprendentes y fue maestro de un pueblo que aceptó gozosamente la verdad. Atrajo
a su causa a muchos judíos y griegos. Él era el Mesías. Cuando Pilato, después de haber oído que era acusado por los
hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado, los que anteponían el amor a él a todas las
demás cosas no dejaron de amarlo. Al tercer día se apareció a ellos resucitado, porque los profetas de Dios habían
anunciado éstas y otras incontables maravillas sobre él. Y la secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha
desaparecido hasta hoy”.
En realidad Josefo quiere decir que existió un cierto Jesús de Nazaret, hombre sabio, que dicen que realizó portentos y
que vivió en tiempos de Pilato. Éste lo condenó a la muerte en cruz.
+Talmud de Babilonia (Sanedrín 43ª): Jesús fue ajusticiado por haber actuado como “seductor del pueblo”.
El problema del Jesús histórico es fundamental. Se vincula normalmente con el estudio de la cristología. El problema
de la historicidad de Jesús surgirá del seno de la cristología como un intento de sustentar nuestra fe en el Cristo, en los datos
verdaderamente históricos de Jesús de Nazaret.
a) Cristo de la Fe y/o Jesús de la historia. Y es así, que las cuestiones fundamentales se plantearán de la siguiente manera:
- ¿De qué manera podemos alcanzar, en verdad, a Jesucristo, a través de los cuatro evangelios?
- ¿Estamos destinados a una experiencia subjetiva e inverificable, o podemos, en cambio, con todo el rigor de la ciencia,
reconocer el acontecimiento histórico que fue la existencia de Jesús de Nazaret?
- ¿No están influenciados los relatos neotestamentarios por la experiencia pascual de las comunidades en que nacen?
- ¿El Cristo de la fe es idéntico al Jesús de la historia?
- ¿Se podrá escribir una vida de Jesús?
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- ¿Es posible situar exactamente a Jesús en el entorno Judío de su tiempo y concretamente en el marco de los
movimientos de su época?
- Dentro del judaísmo del siglo I, ¿es posible aproximarse un poco a ese hombre extraño y aparentemente contradictorio
en su actitud frente al templo y la ley?
- ¿Quién es ese profeta del reinado de Dios, ese exorcista y curador, ese misterioso Hijo del hombre en su reivindicación
de una una victoria que se sitúa más allá de su propia muerte?
- ¿Hay o no hay una distancia evidente entre el Cristo de la fe y el Jesús de la historia?
Además de los métodos histórico-críticos y literarios que tenemos para llegar al Jesús histórico, encontramos las
fuentes.
- Los libros canónicos del NT, en especial los Evangelios, en los que se busca sobre todo el grado de historicidad
que poseen de acuerdo al género literario a que pertenecen.
- José ben Matías (Flavio Josefo), en el que se busca confirmar los datos neotestamentarios.
- Otros escritos paganos y judíos, como son Tácito y las fuentes judías aparte de Josefo.
Ante la tentación de huir del mundo, exhorta a los discípulos para que afiancen su fe en Jesús y, unidos a él, salgan al mundo
para dar testimonio de la verdad.
b) Se reconoce a Jesús como el Verbo eternamente existente y es el Unigénito de Dios; el Hijo de Dios, de esta relación
se comprende que Jesús se llame el “Yo soy”; Jesús es revelador del Padre, pues su misión es anunciar a los hombres
el misterio divino.
a) Respecto al Espíritu, Jesús recibe, promete y entrega el Espíritu de Dios, Espíritu de vida y que por él Jesús bautiza y
purifica.
b) María: es madre de Jesús y madre de los creyentes (aún cuando no se menciona expresamente su nombre, sino su título
de «Madre»).
c) Eucaristía: en las bodas de Caná, Jesús aparece como el esposo del banquete escatológico que reparte las riquezas
mesiánicas.
b) 1ª. El libro de los signos 1,19-12,50 (siete): donde el autor quiere mostrarnos por medio de estos signos, la filiación de
Jesús. Estos siete milagros expresan la fuerza o el poder de Jesús, con dos finalidades: el milagro 1) contar el
acontecimiento; 2) el mensaje teológico del milagro.
c) 2ª. El libro de la gloria 13,1-20,31: para Jn la cena, la pasión y la resurrección son misterios de la glorificación. Se
descubre la cruz como el lugar de la exaltación. En Jn la pascua de Jesús es el paso del mundo al Padre.
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d) Finalidad del evangelio 20,31: “éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para
que creyendo tengan vida en su nombre”.
a) el Cristo
Creer que Jesús es para que tengan vida en su nombre.
b) el Hijo de Dios
1. El anuncio de la nueva economía, 1 19 - 4 54: la semana inicial; los acontecimientos que gravitan
en torno a la primera Pascua.
4. La fiesta de las Tiendas: la gran revelación mesiánica; la gran repulsa, 7 1 -10 21.
6. Fin del ministerio público de Jesús y preliminares de la última Pascua, 11 55-12 50.
2. La pasión, 18-19.
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b. El Autor:
La tradición, casi unánimemente, responde que Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo es el autor del IV Evangelio.
Vemos ya en la primera mitad del siglo II que muchos autores conocen y utilizan el cuarto evangelio: San Ignacio
de Antioquía, el autor de las Odas de Salomón, Papías, San Justino, y quizá el mismo San Clemente de Roma;
todo ello es prueba de que el evangelio gozaba ya de autoridad apostólica. El primer testimonio explícito es el de
San Ireneo, hacia el 180: «Luego Juan, el discípulo del Señor, el mismo que reposó en su pecho, publicó también
el evangelio durante su estancia en Éfeso.» Casi por la misma época, Clemente de Alejandría, Tertuliano y el
canon de Muratori atribuyen también formalmente el cuarto evangelio a Juan el apóstol. Si se ha podido recoger
una opinión opuesta entre los siglos II-III, es la de algunos que reaccionan contra los «espirituales» montanistas,
quienes utilizaban el evangelio de Juan con fines tendenciosos. Pero esta oposición se reduce a poca cosa, y,
basada en razones teológicas, no tiene ninguna raíz en la tradición.
Por lo demás, nada hay en el mismo evangelio que se oponga a esta tradición; muy al contrario:
el evangelio se presenta bajo la garantía de un discípulo amado del Señor, testigo ocular de los hechos que
narra.
Parece unido con especial amistad a Pedro y Lucas nos informa de que efectivamente ese era el caso de
Juan el apóstol.
El silencio incomprensible del cuarto evangelio sobre los dos hijos de Zebedeo, se explica por el hecho
de que precisamente éste habría sido puesto bajo la autoridad de uno de ellos?
c. La datación
El más antiguo testimonio al respecto es un fragmento de papiro (Rylands 457), escrito hacia el 125, que contiene
Jn 18 31-34 y 37-38 en la forma que nosotros conocemos hoy. El papiro Egerton 2, muy poco posterior a aquél,
cita otros varios pasajes. Estos dos documentos han sido hallados en Egipto. De donde se puede concluir que el
cuarto evangelio habría sido publicado, en Éfeso o en Antioquía, lo más tarde en los últimos años del siglo primero
( 95 – 100).
Por otra parte, si es cierto que textos como Jn 9 22; 12 42; 16 2, aludirían a una decisión de las autoridades judías
tomada en el concilio de Yamnia ( expulsión de los sectarios y cismáticos), la composición del cuarto evangelio,
en su forma casi definitiva, no podría ser anterior a los años 80.
Pero esta redacción, que supone una evolución bastante compleja de las tradiciones «joánicas», obliga a retrotraer
la composición del documento más antiguo a una fecha mucho más temprana. Un texto como Jn 14 2-3, próximo
a 1 Ts 4 13ss, supone que todavía se esperaba el retorno de Cristo en un futuro muy cercano. Es posible, pues,
que el documento «joánico» más antiguo, de origen palestino, pueda datarse alrededor del año 50.
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El evangelio de Juan se presenta como los evangelios sinópticos. Comienza mostrando el testimonio del Bautista
sobre Jesús, refiere a continuación un cierto número de episodios relativos a la vida de Jesús, muchos de los cuales
coinciden con los de la tradición sinóptica; y termina con los relatos de la pasión y la resurrección.
Se distingue sin embargo de los otros evangelios por numerosos rasgos: milagros que aquellos ignoran, como el
del agua convertida en vino en Caná o el de la resurrección de Lázaro, largos discursos, como el que sigue a la
multiplicación de los panes, cristología mucho más desarrollada insistiendo especialmente en la divinidad de
Cristo.
Se le ha llamado el Evangelio Espiritual pues nos transmite el testimonio de un hombre y una comunidad que ha
ido progresando con la ayuda del Espíritu Santo hacia la verdad entera. Hay mayor reflexión y una teología más
elaborada.
Según el Deuteronomio Dios había prometido a su pueblo enviarle un profeta semejante a Moisés. Esta promesa
se ha realizado en Jesús de Nazaret. Tal convicción sirve de base a todo el evangelio de Juan y domina casi todos
sus temas mayores.
Jesús es, no un profeta ordinario, sino el Profeta por excelencia.
En la economía de la nueva alianza, Jesús sustituye a Moisés y los judíos deben ahora escoger entre el
antiguo y el nuevo Moisés. Él no habla por su propia cuenta y no hace sino transmitir a los hombres las
palabras que Dios le ha dado para ellos
es el mensaje que el nuevo Moisés ha venido a transmitirnos de parte de Dios: Que nos amemos los unos
a los otros como Jesús mismo nos ha amado a nosotros.
Cuando prometía a los hebreos el envío de un profeta semejante a Moisés, Dios les ordenaba también:
«Escuchadle» .Lo mismo los discípulos de Cristo. El que escucha la palabra de Cristo tiene la vida eterna,
ha pasado de la muerte a la vida. Aquel que va en seguimiento de Jesús, como discípulo suyo, llega
finalmente adonde está Jesús.
Con el tema de Jesús nuevo Moisés está estrechamente unido el de Jesús rey mesiánico.
En cada evangelista predomina un determinado enfoque sobre Jesús y sobre su misión. Para San Juan, Jesús es el
Verbo hecho carne, que ha venido a dar la vida a los hombres, 1 14. El misterio de la Encarnación domina todo
su pensamiento. Esta teología de la Encarnación se expresa en lenguaje de misión y testimonio. Jesús es la Palabra
(el Verbo) enviada por Dios a la tierra y que debe volver a Dios una vez cumplida su misión. Esta misión consiste
en anunciar a los hombres los misterios divinos: Jesús es el testigo de lo que ha visto y oído junto al Padre. Para
acreditar su misión, Dios le ha dado poder de realizar cierto número de obras, de «signos»; que superan las
posibilidades humanas y demuestran que ciertamente ha sido enviado por ese Dios que obra en él; estos «signos»
son la manifestación, todavía discreta, de su gloria, en espera de la plena manifestación en el día de su resurrección
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El Espíritu de la verdad
Cristo nuevo Moisés, el profeta por excelencia, va a dejar este mundo para retornar al Padre. Pero los discípulos
se beneficiarán entonces de la venida del Espíritu de verdad, del Paráclito, que continuará entre ellos la obra de
Cristo. Al igual que Cristo, él procede del Padre. Como él será «enviado» a ellos (por el Padre a petición de
Cristo) y permanecerá con ellos para siempre. Su misión será la de enseñarles todo lo que Cristo no haya podido
decirles, y, del mismo modo que Cristo, no hablará «por su cuenta», limitándose a transmitir lo que haya oído
junto al Padre. Así los discípulos comprenderán el sentido misterioso, todavía oculto, de ciertos acontecimientos
concernientes a Cristo. El Espíritu podrá dar testimonio de Cristo, haciendo comprender a los discípulos que, a
pesar de su muerte ignominiosa, él era el Enviado de Dios, aquel en quien había que creer para salvarse, aquel
que, a pesar de las apariencias, había vencido definitivamente al Príncipe de este mundo.
Es importante comprender qué significa cuando hablamos de «género», «forma» y «fórmula literaria».
b) Género designa la forma literaria más extensa y global, la que abarcaría prácticamente el conjunto del libro o grupo de
libros.
c) El término forma designa la unidad literaria de extensión menor, ya fijada oralmente o por escrito.
d) El vocablo fórmula designa los giros o modos de hablar breves y expresivos4.
La terminología para clasificar las formas evangélicas no es uniforme ni constante. Utilizaremos la clasificación propuesta
por Segalla, según el cual, las formas evangélicas pueden dividirse en dos: las formas que transmiten palabras y las que
transmiten hechos.
Es importante mencionar también cuáles son los elementos constitutivos de un género (Alonso Schökel) que son tres
elementos internos y un elemento externo:
a) Los elementos internos son: un tema peculiar, una estructura literaria propia, unos procedimientos estilísticos
b) El elemento externo es el ambiente vital.
No es posible encontrar estos cuatro elementos en todos los géneros y formas, esto en razón de que los escritores usan su
creatividad y no dependen completamente de los esquemas preestablecidos.
4
TOSAUZ, J. P., La Biblia como literatura, Navarra 1996, p 66.
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* Clasificación de las formas evangélicas:
1) Sentencias proféticas: Esta forma se identifica por dos aspectos: es generalmente un dicho breve cuya temática cabe
dentro de la profecía. Tomamos el calificativo de profética para referirnos a las sentencias en las cuales el maestro
anuncia el destino próximo o distante de una persona, institución o grupo social (cf. Lc 13, 34-35).
2) Anuncio de la pasión: Estas formas se caracterizan únicamente por su tema: anuncian la pasión. Predominan los
verbos conjugados al futuro (= matarán, = resucitará en Mc 9,31;
= condenarán y = entregarán en Mc 10,33). Aparecen frecuentemente los
verbos en la voz pasiva para expresar cómo Jesús es la víctima que padece la acción de los dirigentes religiosos
(= ser rechazado, = ser ejecutado en Mc 8.31).
3) Dichos sobre el seguimiento: Se trata de sentencias del maestro cuyo tema es el seguimiento. Siempre aparece en
estas máximas el verbo = seguir (Lc 9,57-62; Mt 8,18-22).
4) Dichos sobre la venida y misión de Jesús: Explican la comprensión que el propio Jesús tiene sobre su obra
misionera. Algunos están formulados en primera persona del singular y otros en tercera. En primera persona: «No
he venido a llamar a justos, sino a los pecadores a la conversión» (Lc 5,32). En tercera persona: «Vino el hijo del
hombre que come y bebe y dicen “¡Vaya comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos!”» (Mt
11,19).
5) Sentencias sapienciales: Son generalmente proverbios en los cuales el tema no es específicamente religioso, sino
profano (cf. Mt 6,34; 12,34).
6) Normas comunitarias: Disposiciones de tipo disciplinar que pretenden regular la vida y la organización de las
comunidades eclesiales primitivas. Frecuentemente incluyen imperativos (cf. Mt 18, 15-17; Mc 7,15; Lc 22.26).
7) Parábola: Término griego que significa «colocar junto a», etimológicamente significa comparación. Es una
narración de tipo figurado que sirve para ilustrar una enseñanza o para descubrir con imágenes una realidad concreta.
Como cualquier otro relato contiene una cierta tensión narrativa (cf. Lc 15,1-10; Mt 13,4-9; Mc 4,26-29).
8) Comparación: Es la simple yuxtaposición de una realidad concreta con una determinada imagen. La imagen o el
símbolo pretenden explicar una realidad de manera plástica, sin hacer uso de conceptos. Son breves y no tiene la
amplitud de las narraciones parabólicas (cf. Mt 5,13-14).
9) Dichos enigmáticos: Son sentencias de Jesús cuya lógica interna no es lo suficientemente clara y resultan chocantes
o desconcertantes (cf. Lc 9,60).
10) Alegoría: Este surge como una interpretación a partir de las parábolas. La parábola es interpretada alegóricamente
cuando, a cada uno de los elementos de ésta, se le busca un equivalente en la realidad. Tanto la parábola del
sembrador (cf. Mc 13,4-9) como la de la cizaña (cf. Mt 13,24-30) conocieron una interpretación o relectura que dio
por resultado una alegoría (cf. Mt 13,18-23, y especialmente Mt 13,37-43).
11) Acción simbólica: Los profetas de Israel utilizaron con frecuencia esta manera de comunicarse con el pueblo. Estas
acciones simbólicas tenían siempre un rasgo desconcertante que servía para llamar la atención; una vez captada la
atención de los oyentes, pronunciaba un oráculo que explicaba el sentido de dicho gesto profético (cf. por ejemplo
Mc 11, 12-14. 20-25)
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1) Controversia: Algunos autores la denominan relatos de posicionamiento. En muchos caso se observa una estructura
idéntica que consta de cuatro elementos:
a) Un gesto o dicho escandaloso (Mc 2,18).
b) La reacción de extrañeza: ¿por qué razón tus discípulos no ayunan?
c) El debate: Cada una de las partes en conflicto aduce sus argumentos. Casi siempre es la parte cuestionada
(Jesús y los suyos) quien inicia la exposición de sus razones, en este caso aparecen tres argumentos: las
bodas, los remedios, la fabricación de vinos.
d) El dicho final: Es el cierre final que tapa la boca de los oponentes de Jesús. Normalmente es una breve
sentencia que encierra una enseñanza completamente novedosa: «el vino en cueros nuevos» (Mc 2,1-12;
15-17; 2,18-22; 2,23-28).
2) Discusión: La diferencia principal con el género anterior radica en el origen de la discusión. Mientras que las
controvesias son suscitadas por el comportamiento o la enseñanza de Jesús, las discusiones son planteadas
generalmente al maestro como cuestiones teóricas, derivadas de un texto de la Escritura (resurrección de los
muertos) o surgidas de la vida diaria (pago del impuesto al César).
3) Relato biográfico: Este tipo de narración puede ser diferenciada solamente por exclusión. Es un relato que no narra
eventos milagrosos, que tampoco pretende edificar presentando conductas ejemplares, sino que se refiere a
acontecimientos más bien ordinarios sobre la vida de Jesús o de alguno de los discípulos (cf. Mc 6,1-6; Mc 6,16-
29).
4) Relato de milagro: Juntos los cuatro evangelios contienen 29 milagros, entre los cuales están 5 exorcismos, 18
curaciones y 6 milagros «naturales». El esquema más común de estos relatos es el siguiente:
5) Relato de vocación: Este género es más frecuente en el AT que en el NT. El esquema de los relatos de vocación en
los evangelios no contiene todos los elementos que encontramos en los relatos del AT y son:
a) Confrontación divina: la persona interesada reclama haber encontrado a Dios y haber escuchado su palabra
b) Palabra introductoria: Proporciona la base y el fondo del encargo específico que sigue, es enunciada una
relación personal entre el llamado o sus antepasados y Dios.
c) Encargo: Es expresado en términos de un imperativo personal que encierra el objetivo de la tarea asignada.
El encargo incluye una serie de actividades que van más alla de las habilidades naturales.
d) Objecion: compuesta por una breve réplica introducida por una exclamación relacionada con los intereses
del individuo que es enviado.
e) Reafirmación: Incorpora una respuesta divina que enérgicamente responde a la objeción y reafirma el
mandato previo, a la vez que asegura que Dios estará dinámicamente presente con él.
f) Signo: última confrontación del «Yo estoy contigo» da un ímpetu adicional a la palabra y capacita al
individuo para actuar como agente de Dios. Como podemos ver en Mc 1,16-21; 2,13-14, estos relatos de
vocación sólo incluyen en el primer caso, la confrontación (v.16) y el encargo (v.17).
6) Relato paradigmático: Esta narración sirve para proponer como ejemplar una determinada conducta. Los
paradigmas servían para la edificación de la comunidad (cf. Lc 10,38-42; Mc 12,41-44; Hch 4, 36-47).
7) Historia de la Pasión: Para definir los límites que comprende este género se suelen señalar, la captura de Jesús al
inicio, y la colocación de su cuerpo en el sepulcro como final.
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8) Teofanía: Se trata de una manifestación divina. Los elementos característicos de esta forma son: la nube, las
trompetas, la audición (Mc 1,911; Mt 3,13,17; Lc 3,31-22; Mc 9, 2-13)
9) Relatos de aparición del Señor resucitado: Acerca del evento pascual, primeramente se acuñaron breves fórmulas
que proclaman dicho acontecimiento y su significado escuetamente, entre estas f´órmulas encontramos Jesús es el
Señor (1Cor 12,3), Dios resucitó a Jesús (Hch 2,22ss) y una más amplia de 1 Cor 15,3-5.
1) Anuncio de nacimiento: Este género incluye cinco pasos, según R. Brown (Lc 1.11-20; 1,26-37; Mt 1.20-21) :
a) la aparición de un ángel del Señor;
b) el miedo experimentado por el visionario, ante la presencia divina;
c) el mensaje divino;
d) una objeción del visionario sobre cómo podrá ocurrir eso; y
e) el signo dado al beneficiario para confirmar el mensaje.
2) Midrash: Es una relectura. Es una creación literaria hecha sobre otra obra literaria. Es un comentario implícito o
explícito del AT cuyo propósito es edificar (cf. Mt 12,39-42 y Lc 11,29-32).
3) Genealogía: Presenta motivos teológicos tradicionales en forma historizada (Mt 1,1-17; Lc 3,23-28).
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