Rompiendo el
tejido social
Mercado San Roque,
política y pandemia
Fabián Regalado Villarroel
Serie Magíster
Vol. 339
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque,
política y pandemia
Fabián Regalado Villarroel
Primera edición
Producción editorial: Jefatura de Publicaciones
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
Annamari de Piérola, jefa de Publicaciones
Shirma Guzmán, asistente editorial
Patricia Mirabá, secretaria
Corrección de estilo: Alejo Romano
Diseño de la serie: Andrea Gómez y Rafael Castro
Impresión: Fausto Reinoso Ediciones
Tiraje: 90 ejemplares
ISBN Universidad Andina Simón Bolívar,
Sede Ecuador: 978-9942-604-72-9
© Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
Toledo N22-80
Quito, Ecuador
Teléfonos: (593 2) 322 8085, 299 3600 • Fax: (593 2) 322 8426
• www.uasb.edu.ec •
[email protected]La versión original del texto que aparece en este libro fue sometida a un proceso
de revisión por pares, conforme a las normas de publicación de la Universidad Andina
Simón Bolívar, Sede Ecuador.
Impreso en Ecuador, octubre de 2022
Título original:
Cambios post COVID-19 en el sector del mercado San Roque:
Comercialización y sobrevivencia
Tesis para la obtención del título de magíster en Estudios Latinoamericanos
con mención en Estudios Agrarios
Autor: Fabián Alexander Regalado Villarroel
Tutora: Angélica Verónica Ordóñez Charpentier
Código bibliográfico del Centro de Información: T-3601
Dedicado a las personas que trabajan todos los días en la calle,
sin certezas ni contratos, con lluvia o sol,
para sacar adelante a sus familias.
CONTENIDOS
Agradecimientos........................................................................7
Introducción..............................................................................9
Capítulo primero
COMERCIO AMBULANTE, MERCADO
SAN ROQUE Y CIUDAD................................................................ 11
Introducción....................................................................... 11
Comercio informal............................................................. 12
Comercio ambulante.......................................................... 15
La ciudad y el comercio informal..................................... 18
Quito y el ornato del espacio público..............................20
El Centro Histórico de Quito, mercado popular
y comercio informal...........................................................27
Espacios liminares, estigma y observación
en el espacio público............................................................28
Capítulo segundo
AFECTACIONES DE LA PANDEMIA AL COMERCIO
AMBULANTE DE LAS CALLES ALEDAÑAS AL MERCADO
SAN ROQUE................................................................................. 33
Introducción....................................................................... 33
Mercado San Roque...........................................................34
Comercio ambulante y Mercado San Roque................... 37
Observación etnográfica, entrevistas
semiestructuradas...............................................................38
COVID-19 y restricciones en el espacio público.............. 41
Decreto Ejecutivo n.° 1017................................................ 42
Ámbito local..................................................................... 43
COVID-19 y Mercado San Roque:
relato periodístico..............................................................44
Análisis.............................................................................. 45
Estudio de caso: comerciantes informales
de las calles Cumandá y Loja............................................ 51
El espacio público de las calles Loja y Cumandá:
análisis de observación etnográfica en campo.................... 51
6 / Fabián Regalado Villarroel
Vivencias en pandemia: comerciantes
de la calle Loja................................................................... 57
Conclusión........................................................................... 62
Capítulo tercero
ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN DEL COMERCIO INFORMAL........ 63
Introducción.......................................................................63
Decretos y disposiciones: ¿ignorancia o mala fe?.............64
Relato periodístico: sensacionalismo y estigma..............68
Prensa tradicional..............................................................68
Voces disidentes................................................................. 71
El espacio público: reivindicaciones,
infracciones y sentido........................................................ 73
Espacio personal................................................................ 74
Recinto............................................................................. 74
Espacio de uso................................................................... 75
Turno................................................................................ 75
Envoltorio......................................................................... 76
Territorio de posesión....................................................... 76
Infracciones.......................................................................77
Cuerpo y espacio público..................................................77
Testimonios de comerciantes: sorpresa
e indignación........................................................................80
Vivencias de los efectos de la pandemia.............................80
Intervención municipal en la calle Loja............................. 81
Conclusión...........................................................................86
Conclusiones............................................................................87
Referencias............................................................................... 91
Anexo........................................................................................97
AGRADECIMIENTOS
A Dios y a la vida.
A las personas amadas.
A los colegas investigadores del Instituto de la Ciudad que fueron
parte de mi formación y gestores de esta obra.
INTRODUCCIÓN
Difícil es caminar
en un extraño lugar
en donde el hambre se ve
como un gran circo en acción.
En las calles no hay telón,
así que puedes mirar
como rico espectador.
Te invito a nuestra ciudad.
Maldita Vecindad, «Un gran circo»
El objetivo de esta investigación fue dilucidar qué efectos tuvo la
pandemia de COVID-19 sobre el comercio informal y ambulante de
las calles aledañas al Mercado San Roque (MSR), ubicado en el Centro
Histórico de Quito (CHQ).
Esta pandemia inició en el año 2020, lo que obligó a introducir
cambios en el comportamiento colectivo, a partir de disposiciones emi-
tidas por el Ejecutivo y reflejadas por el Comité de Operaciones de
Emergencia Nacional y los gobiernos locales. Se disminuyó la aglome-
ración de personas y se implementaron normas de bioseguridad para las
interacciones desarrolladas en el espacio público.
Al ser el MSR un espacio donde se realizan actividades de subsis-
tencia, su importancia social es muy alta: es una de las contadas zonas
10 / Fabián Regalado Villarroel
de Quito que ofrecen una apertura inmediata de empleo. Este estudio
pretende mostrar cómo las medidas implementadas sobre el espacio pú-
blico a partir de la pandemia afectaron la capacidad de desarrollar este
tipo de labores.
Con este fin, en el primer capítulo se estructura un marco teórico
que perfila los estudios realizados sobre el CHQ y su relación con el es-
pacio público, representado en las actividades comerciales que lo com-
ponen. La mayoría de estos estudios hacen énfasis, desde la historia, la
antropología y materias afines, en el aspecto urbano, que da sentido al
quehacer humano como forjador de los espacios. Este marco teórico in-
cluye las metodologías antropológicas con que se llevó a cabo el análisis
en campo. Estas parten de conceptos como la observación flotante, la
territorialidad, la estigmatización social y territorial, reivindicaciones e
infracciones en el espacio público, así como de técnicas de observación
directa y entrevistas semiestructuradas.
En el segundo capítulo se detallan los hallazgos de la investigación
en campo, lo que incluye un barrido periodístico acotado al tema de in-
vestigación, desde la primera declaratoria de emergencia nacional —el
16 de marzo de 2020— hasta un año después. Esto muestra, primero,
los hechos acaecidos en el sector y, segundo, cómo se reportaron a la
opinión pública. También se analizan los decretos ejecutivos y las dis-
posiciones municipales que justificaron legalmente las acciones expues-
tas en esta investigación, al igual que su relación con los imaginarios
racistas y clasistas que ha arrastrado la ciudad de Quito desde tiempos
coloniales. Además, se describe el espacio público de las calles objeto
de este estudio desde las categorías de reivindicación e infracciones en
el espacio público expuestas por el teórico Erving Goffman, uno de los
primeros en utilizar el concepto de estigmatización social y territorial.
La observación se centró en estos preceptos, con la intención de mostrar
efectos que tuvieron sobre estos espacios la pandemia y las decisiones
institucionales que generó. Finalmente, se expone lo recabado en en-
trevistas a comerciantes de la calle Loja afectados directamente por lo
antedicho.
En el tercer capítulo se analizan estos hallazgos, siempre desde el
marco teórico delineado, intentando demostrar sus efectos en una so-
ciedad llena de contradicciones como la nuestra.
Finalmente, se presentan las conclusiones del estudio.
CAPÍTULO PRIMERO
COMERCIO AMBULANTE, MERCADO
DE SAN ROQUE Y CIUDAD
INTRODUCCIÓN
Esta investigación tuvo como objetivo conocer qué tanto afectó la
pandemia de COVID-19 al comercio ambulante de las calles aleda-
ñas al MSR, ubicado en el CHQ. Para ese efecto, se llevó a cabo una
observación directa en el sector, así como entrevistas cortas a quienes
realizan actividades comerciales ahí.
Por ello, primeramente se desarrolla el concepto de comercio in-
formal, enmarcado en el paraguas de la economía informal. Esto da
paso a una caracterización del comercio ambulante y su relación con
los procesos migratorios en el caso quiteño, más específicamente de
quienes se dedican al comercio informal. Luego, se muestra la relación
de la ciudad con ese tipo de comercio desde la institucionalidad y su
gestión del espacio público.
Finalmente se delinean los referentes antropológicos que guiaron la
investigación en campo.
12 / Fabián Regalado Villarroel
COMERCIO INFORMAL
Esta investigación se centra en los y las comerciantes ambulantes
que realizan su actividad en los alrededores del MSR, ubicado en el
patrimonial CHQ. Estas particularidades hacen que se deba utilizar un
marco teórico que hable del comercio informal como categoría que
incluye al comercio ambulante, y del MSR como uno de los vértices de
esta actividad en Quito.
En los tiempos actuales, es decir, en un mundo que desde inicios
del año 2020 sufre los efectos de la pandemia de COVID-19, el empleo
pleno ha sufrido graves reveses. En el informe Panorama laboral 2020,
de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se advierte de una
dramática caída en este tipo de empleo en América Latina y el Caribe
debido a las medidas tomadas para mitigar los efectos de la pandemia,
que elevaron la tasa de informalidad laboral. En 2002, la OIT estimaba
que la mitad del empleo en Latinoamérica era informal; este porcentaje
ascendió para 2020. De la misma manera, es una constante que alrede-
dor del 60 % de los trabajadores informales de la región sean mujeres,
además de permanecer «invisibles», pues trabajan en maquilas, en talle-
res cerrados o desde su hogar (OIT 2020).
El comercio informal es un fenómeno mundial, pero es mucho más
acentuado en países de menor bienestar económico o con alta migra-
ción interna o externa impulsada por la pobreza. Según Neffa (2008),
el sector informal comprende trabajadores por cuenta propia, familia-
res no remunerados, establecimientos de menos de cinco trabajado-
res y servicio doméstico. Una de sus características principales es la de
contar con un capital mínimo por trabajador, al igual que la precaria
tecnología utilizada. Este sector está fuera de una estructura comercial
formal y se origina en el excedente de oferta de trabajo. Incluye usual-
mente actividades económicas de poca dimensión pero intensivas, que
pueden desarrollarse por personas individuales u hogares. No requiere
un sofisticado o elevado nivel de instrucción formal ni calificaciones
profesionales.
Juan Pablo Pérez (2000, 43) define a la informalidad como la acti-
vidad laboral no regulada «en un contexto social y legal donde activi-
dades similares sí lo están». Es una fuerza laboral que tiene condiciones
menos que ideales de reproducción, con cierta permisividad estatal.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 13
Para Tokman (2001), el comercio informal está impulsado princi-
palmente por la incapacidad de los Estados para generar empleo pleno,
lo que deja a grandes segmentos de la población sin beneficios ni ho-
rizontes y los empuja a ganarse el sustento a diario. Esta incapacidad
incluye legislación a favor de la precarización o explotación laboral; en
consecuencia, se vuelve difícil y burocráticamente caro registrar una
actividad económica de manera formal.
En un plano más general se encuentra la economía informal. Según
Larissa Adler Lomnitz (2003), este concepto ha tenido varias interpre-
taciones. Se lo empezó a utilizar en Latinoamérica en la década de los
70, con un membrete de marginalidad, conectado con personas que vi-
vían en asentamientos humanos periféricos (al margen de las ciudades),
sin el acceso a servicios que poseían los centros urbanos planificados.
Vivir como marginado pasó de ser una situación de calidad y locali-
zación de la vivienda a describir la posición de un grupo social en la
economía. Si bien esta categoría incluyó inicialmente a toda la clase
obrera, se vio que su característica principal era «la naturaleza informal,
no contractual, lo que tuvo como principal consecuencia una insegu-
ridad en sus ocupaciones, en sus ingresos y la falta de una protección
laboral legal» (Adler Lomnitz 2003, 134). La autora advierte sobre la
heterogeneidad del sector informal, ya que abarca diversas actividades
y quienes pertenecen a él tienen distintos niveles de vida y clase social.
Algo que debe quedar claro respecto a la economía informal1 es que
el modo en que se dan las relaciones de producción usualmente tiende
un puente —directo o indirecto— con el sector formal. Son, según la
autora, dos formas interdependientes. Esto responde a la dificultad de
acceder a las estructuras formales, y por lo general burocráticas, que
además se afincan en un sistema social desigual. La ecuación es sencilla:
a mayor dificultad de acceso a las estructuras formales de producción,
mayor creación de atajos o desviaciones informales.
Adler Lomnitz considera a la informalidad un «elemento intrín-
seco de la formalidad en cuanto a que es una respuesta a las deficien-
cias de la formalización» (135). Pone como ejemplo al sistema político
1 No hay que confundir a la economía informal con las actividades ilícitas o ilega-
les. Salvo raras excepciones, el comercio informal está conectado con mercaderías
de uso cotidiano y de origen lícito.
14 / Fabián Regalado Villarroel
omnipresente de la antigua Unión Soviética y como se sostenía en una
predominante —oculta y reprimida— informalidad en todo tipo de re-
laciones, especialmente las económicas, pero también las sociales. Con
la llegada del capitalismo, estas redes se expandieron a países aledaños
de distintas formas (137). La autora concluye que «la economía formal e
informal en los países desarrollados del mundo global depende en bue-
na medida de la mano de obra migrante indocumentada que permite
a la vez cierto tipo de redistribución monetaria a sus países de origen»
(141). Se puede decir lo mismo a nivel micro, es decir, respecto a las
migraciones internas en los países: del campo a la ciudad o de poblados
pequeños a grandes centros urbanos.
Con respecto a Ecuador, Pérez (2000) explica que, al ingresar al
proceso de industrialización por sustitución de importaciones, no se
generó una clase obrera propiamente dicha. Esto sucedió a propósito,
para no otorgar derechos laborales a quienes participaban de la indus-
tria. Se prefirió dar condiciones de trabajo que no implicaran la conce-
sión de derechos y que a la vez dejaran abierta la posibilidad de trabajo
informal para complementar estas desventajas: sueldos bajos, sin pago
de horas extras ni seguro de salud (Adler Lomnitz 2003, 143).
Aun así, el crecimiento de la economía o su especialización —como
en el caso de la incipiente industrialización ecuatoriana— no conlleva
necesariamente la reducción del trabajo informal. Farrell (1988) señala
que no importa cuánto crezca la economía, siempre existirá un exce-
dente de oferta de trabajo, y este se resolverá usualmente por fuera del
empleo pleno.
Una expresión del comercio informal es la que ocurre en distintas
formas en el espacio público de las centralidades de las ciudades. Tok-
man (2001) sugiere que el comercio informal y ambulante se concentra
en los centros históricos debido al alto tráfico de personas que suelen
tener, por la presencia de productos y servicios, públicos y privados,
que no existen en otras partes de la ciudad. Patricia Vallejo (2015) aña-
de que el comercio informal en el espacio público tiende a generar la
adhesión de personas que desarrollan actividades similares.
En el contexto específico de la ciudad de Quito, algunos de los lu-
gares donde estas aglomeraciones ocurren casi de manera natural, apar-
te de las centralidades, son los alrededores de los mercados o centros
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 15
de abasto de productos alimenticios o de primera necesidad, como el
MSR,2 que es el escenario de esta investigación.
Volviendo a la consideración de Adler Lomnitz respecto de que el
comercio informal forma un puente con la economía formal, Enríquez
(1991, 87) detalla que en él actúan sectores vinculados al mediano y
gran capital, los cuales aprovechan estas necesidades de sobrevivencia
para «obtener ganancias mayores de las que podrían obtener en la de-
nominada «economía formal», puesto que estarían sujetos a diversas
obligaciones legales que encarecerían sus costos (seguridad social a sus
empleados, pago de impuestos, etc.)».
Aclara que «la mayor parte de los bienes y servicios que se comer-
cializan en las calles del CHQ son manufacturados en fábricas nacio-
nales e importados» (84). Es decir, son producto del sector formal de la
economía, «lo que demuestra el carácter absolutamente funcional del
comercio de la calle con respecto a la economía formal» (84).
A manera de cierre, resalta la idea de funcionalidad que la economía
informal como estructura y el comercio informal, como elemento de
ella, tienen dentro del sistema económico actual. En el contexto de la
pandemia, se vio claramente una explosión de los emprendimientos en
redes sociales y en la cotidianidad del espacio público.
A continuación, se trata el tema del comercio ambulante —expre-
sión física del comercio informal en el espacio público— y su vincula-
ción con la migración interna.
COMERCIO AMBULANTE
Una de las actividades de comercio informal más evidentes, ya que
se da en el espacio público, es el comercio ambulante. Bromley (2000)
lo define como la organización de distribuidores de mercancías y ser-
vicios de manera directa y asequible. La OIT (2002, 6-7) clasifica a
los vendedores ambulantes en vendedores con puestos fijos (quioscos);
puestos semifijos (mesas plegables, cajones, stands, carretillas); con sitio
fijo sin un puesto, exhibiendo mercancías sobre pedazos de tela o plás-
tico; y móviles (que caminan o manejan bicicleta por la calle mientras
2 El MSR es uno de los mercados populares más conocidos de Quito. La construc-
ción de su edificio fue consecuencia de la reubicación de ferias al aire libre que se
llevaban a cabo en sectores aledaños a mercados del centro de la ciudad.
16 / Fabián Regalado Villarroel
venden). Todos ellos y sus familias dependen de los ingresos diarios
para su sustento.
Según Collin-Delavaud (2000), en su análisis sobre el Mercado
Ipiales, también en el CHQ, ser vendedor ambulante es la consecuencia
de no encontrar un nicho dentro del mercado formal de trabajo. Esta
actividad se sostiene en relaciones de reciprocidad y redes de apoyo.
Estas redes de apoyo juegan un papel primordial al momento de
ocupar los espacios. Existen algunos criterios previos que determinan
cuáles se ocupan y quiénes los ocupan desde un punto de vista jerárqui-
co: «Antigüedad, ocupación efectiva y afiliación a una de las asociacio-
nes de vendedores del barrio se traducen en una suerte de autorización
moral para utilizar tal o cual lugar» (Collin-Delavaud 2000, 106).
Los trabajadores ambulantes, para Farrell (1988, 296), suelen ser par-
te de un concierto familiar que emplea varias estrategias para sostener-
se. Las redes de parentesco y las relaciones comunitarias son parte fun-
damental del engranaje familiar; esta cercanía incluye la guía de dónde
y cómo trabajar. Es decir, los migrantes no se aventuran a buscar ocupa-
ción, sino que siguen lo que se les señale desde su red de confianza. La
consecución de un lugar donde dormir, y eventualmente una vivienda,
es parte también de este circuito de favores y recomendaciones.
Esta autora demuestra que, si bien en el campo las ganancias son
esporádicas y en la ciudad, más constantes, ambas no difieren mucho
en su monto total, por lo que se pregunta cuál es la motivación para mi-
grar y tener una subsistencia escasamente mayor en la urbe. Concluye
que el peso simbólico del contexto urbano es uno de los valores posi-
tivos para buscar este tipo de vida (297), pero no el único, ya que con
el tiempo los excedentes sirven para comprar tierras en la comunidad
y, posteriormente, en las zonas periféricas de la ciudad. Estas mejoras
simbólicas y materiales motivan a los jóvenes de las comunidades a se-
guir este mismo camino (302). Para la autora, la puerta de entrada por
excelencia al trabajo en la ciudad es el comercio ambulante y, aunque
se aspira a llegar a instancias más formales y mejor remuneradas, esta es
por lo general la actividad raíz. Sin embargo, el vínculo con el campo
suele ser permanente y el retorno, cíclico, de acuerdo con los tiempos
agrícolas (300).
Profundizando un poco más en el tema de la movilidad huma-
na o migración campo-ciudad, que es el origen de una buena parte
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 17
del comercio informal en el CHQ, hay que mencionar que, más allá
de las reformas agrarias o el boom petrolero,3 ha habido un constante
abandono desde el Estado hacia los medianos y pequeños productores
campesinos, lo que empuja a estas personas a migrar temporal o defini-
tivamente (Rodríguez 1990, 100-1). Además, existe un imaginario na-
cional que mira a las expresiones campesinas como trabas en su anhelo
de modernidad. Por ello, se ve a la ciudad de cemento y hierro como
el ideal de realización personal. Es decir, se expulsa a las personas del
ámbito rural y comunitario desde los órdenes económico y simbólico
(Achig 1983).
Achig (1983, 27) ubica como elementos determinantes de este éxo-
do a la «desintegración del sistema hacendario tradicional del Callejón
Interandino, el estancamiento de la producción agrícola de exporta-
ción, la dinamización de ciertas actividades industriales en Quito, Gua-
yaquil, Cuenca, Manta y otras ciudades». Esta aseveración se ilustra con
números poblacionales crecientes: en el período comprendido entre
1950 y 1986, Quito creció casi siete veces, pasando de un poco más de
160 000 a 1 077 000 habitantes, lo que ubica a esta ciudad como «el
centro de atracción más importante del país durante el período de la
modernización capitalista» (Rodríguez 1990, 93).
Rodríguez propone un clasificación de los migrantes entre tempo-
rales, definitivos y en transición; y diferencia entre migración reciente
y prolongada (de acuerdo al tiempo de permanencia en Quito), con
distinciones respecto a la inserción en el mercado laboral, la movilidad
de clase, grupos ocupacionales, etc. Concluye que a mayor tiempo de
permanencia generacional, mayor posibilidad de estar empleado en el
sector formal (93).
3 Las reformas agrarias (décadas de los 60 y 70) desarticularon el sistema hacendario
de Ecuador, que se sostenía en el trabajo casi esclavo por parte de los campesinos
indígenas que vivían en y de esas tierras. Al repartir parcelas poco productivas
a los indígenas antes huasipungueros o conciertos, los obligaron a buscar recur-
sos económicos en las medianas y grandes ciudades (Lefeber 1998). El llamado
boom petrolero fue el descubrimiento y la explotación de grandes yacimientos
petrolíferos en la región amazónica ecuatoriana. Provocó una breve bonanza que
disparó el crecimiento inmobiliario en las ciudades principales del país, al tiempo
que cambió el esquema de consumo de productos y servicios de los ecuatorianos
(Cazamajor D’Artois y Moya 1984).
18 / Fabián Regalado Villarroel
Según Enríquez (1991, 75), esta migración hacia y este desarrollo
en la ciudad es posible por estrategias de sobrevivencia que liga a las
dinámicas de generación de ingresos de los sectores populares urbanos.
El autor mira a la familia como vértice de dichas dinámicas, a través del
involucramiento de diferentes miembros familiares y, en ocasiones, del
desarrollo de actividades ajenas al comercio ambulante.
La familia o la unidad doméstica constituye el elemento básico de
reproducción, lo cual permite rescatar un sinnúmero de «mecanismos y
procesos de organización social en el plano de lo cotidiano que abarcan
desde la reproducción generacional hasta el papel de los distintos tipos
de redes de la solidaridad, así como las valoraciones que los norman»
(Cariola et al. 1989, 14).
Lo que queda claro es que el comercio informal y la migración van
de la mano con la pobreza y la falta de oportunidades de subsistencia
en las ciudades pequeñas y sobre todo en el campo. A continuación se
amplía esta relación entre el contexto urbano y este tipo de comercio.
LA CIUDAD Y EL COMERCIO INFORMAL
La relación de las ciudades con el comercio informal es diversa, pero
usualmente se ve a este fenómeno como antagónico del ornato. Lo que
debe tomarse en cuenta es que «toda construcción cultural y de cono-
cimiento está influida por el contexto social, político y económico, y
el urbanismo no es una excepción» (Col·lectiu Punt 6 2019, 96). Esto
establece claras jerarquías y límites al discurso y la acción de los toma-
dores de decisiones.
Así, se debe describir por qué resulta conflictivo el comercio am-
bulante, especialmente en el espacio público y en particular en el caso
quiteño, ya que confronta visiones de mundo que son fruto de la diver-
sidad cultural y étnica, que puede coincidir o chocar con los anhelos de
la institucionalidad.
El comercio informal, al ser realizado por individuos pertenecientes
a un grupo humano, a una comunidad, se ejecuta desde esa visión del
mundo. Es decir, no es un ejercicio solamente de comercio: implica
una articulación de —en el caso de los migrantes campesinos indígenas
en Quito— prácticas urbanas y rurales en la ciudad. Esto se relaciona
con la reproducción cultural y social y con la generación de identidades
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 19
populares urbanas heterogéneas. Enríquez (1990, 135) explica que el
comercio ambulante, o de la calle, como él lo llama, es una actividad
laboral que facilita la reproducción de
una serie de prácticas y relaciones propias del mundo rural andino en la
ciudad, mismas que forman parte de las diversas estrategias desplegadas
para la generación de ingresos que les permitan sobrevivir. En este sentido
se trata de una actividad en donde se han reconstituido los espacios de
readecuación y desarrollo ideológico y cultural, desde donde se va fra-
guando una identidad popular urbana diversa.
Una de las consecuencias que tiene la ocupación del espacio público
por parte del comercio informal es la tugurización de la vivienda. En
el CHQ, los migrantes empiezan a hacinarse en las antiguas casonas,
en malas condiciones físicas e higiénicas (4). Del lado positivo está la
generación masiva de opciones de trabajo, lo que invita al desarrollo
de pequeñas empresas, fábricas o talleres, cuya relación laboral es más
estable y formal. Esto también brinda opciones de consumo mucho más
económicas a las clases menos pudientes de la ciudad.
Por ello, Enríquez (1991, 86) dice que estas actividades están lejos
de ser un problema, especialmente en el ámbito laboral. Son una clara
muestra de la resiliencia de los colectivos humanos frente a la impavi-
dez u omisión de las estructuras institucionales. Estas formas de sobre-
vivencia muestran creatividad, innovación y crecimiento, además de
espacios de intercambio en diversidad.
Sin embargo, pueden existir inconvenientes, principalmente en el
espacio público. La circulación peatonal y vehicular se ve afectada, en
especial en sectores como el CHQ, diseñados en épocas de poca po-
blación y presencia limitada de carros con ruedas (81). Otros efectos
secundarios vienen de la mano de la ocupación intensiva del espacio
público, y tienen que ver con la violencia social ejercida por grupos
delincuenciales territorializados para extorsionar —pedir una suma pe-
riódica de dinero a cambio de protección— a quienes desean vender en
lugares específicos (82).
Esto no ocurre ni de lejos ni de espaldas al comercio formal, pues
muchas industrias utilizan el comercio de la calle como herramienta
para vender sus productos al menudeo, a precios más económicos, de-
bido a la nula relación laboral con quienes los comercializan.
20 / Fabián Regalado Villarroel
QUITO Y EL ORNATO DEL ESPACIO PÚBLICO
Para poder hablar de la relación de la ciudad con su espacio público,
se debe primero describir qué se entiende por «espacio público» y cómo
este concepto aplicado a la realidad es un lugar de disputa de visiones
del mundo contrapuestas y contradictorias.
En este caso se ha tomado la definición desarrollada por Julio Al-
guacil (2008, párr. 17), por considerar que engloba de manera equili-
brada todos los elementos implicados en este análisis:
El espacio público es lugar donde todo ciudadano tiene derecho a circular,
a estar y hacer, en contraste con el espacio privado, donde el paso, la estan-
cia y la creación están restringidas. El poder transitar remite a la libertad de
movimiento, el poder estar remite a la apropiación del espacio y el poder
hacer remite a la participación en el espacio público. [...] El espacio públi-
co es siempre un espacio colectivo donde se encuentran los diferentes, los
actores diversos, las partes que comparten el espacio y que al hacerlo lo
elevan a la categoría de público y colectivo, es decir, los diferentes toman
conciencia de la diferencia porque son susceptibles de encontrarse, inte-
ractuar y finalmente interaccionar, por ello el compartir el espacio creati-
vamente significa estar en un lugar, ser parte, sentirse parte, tomar o tener
parte y hacer lugar. En consecuencia, el espacio público es aquel espacio
de propiedad pública, y de dominio y uso público. La propiedad pública
infiere un sentido político; el dominio público, un sentido cultural, y el
uso público, un sentido social.
Esto ubica al espacio público como un querer ser que se expresa
en el anhelo de cada persona que lo ocupa, desde sus propios valores,
imaginarios, traumas, ensueños, prejuicios e ideología. De manera más
clara: «Los espacios surgen de las relaciones de poder, las relaciones de
poder establecen las normas y las normas definen los límites que son
tanto sociales como espaciales, porque determinan quién pertenece a
un lugar y quién queda excluido, así como la situación o emplazamien-
to de una experiencia determinada» (Col·lectiu Punt 6 2019, 101-2).
Marco Córdova (2005), en el caso quiteño, lleva las relaciones que
se dan en el espacio público a la categoría de proceso identitario: el es-
pacio público es un lugar donde los individuos buscan su adscripción a
un grupo determinado para reconocerse en la diferencia. Concluye que
«la relación individuo-entorno marca el punto de partida de las formas
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 21
de organización de una comunidad y por ende de su cultura política»
(Córdova 2005, 148).
El autor abreva de Kingman y Salgado, quienes recalcan que habitar
la ciudad no es un hecho inconsecuente, sino que pone en movimiento
un mecanismo de generación de «sentidos de pertenencia e identidades
locales» (129). Por su parte, Luis López (citado en Córdova 2005) sos-
tiene que no solo es el espacio público el que genera estas interrelacio-
nes: es el espacio en general, ya que el individuo se piensa en el espacio
siempre en el contexto de una sociedad, esto es, rodeado por los otros.
Por ello, «se debe tener presente que desde el punto de vista social no
hay espacio en abstracto, sino un espacio-tiempo históricamente defi-
nido; el espacio como producto social, especificado por una relación
definida entre las diferentes instancias de la estructura social que le dan
una forma, una función y una significación social» (185).
Todo esto se concreta y se representa físicamente en el espacio pú-
blico construido, en el inmobiliario urbano diseñado y fraguado fí-
sicamente en la ciudad. A esto Córdova lo llama la representación y
concreción de la espacialidad pública, que consta de «plazas, parques,
edificios, etc.» (189). Este volcamiento físico sobre el territorio final-
mente «responde a una serie de lineamientos ideológico-oficiales, que
en el caso [...] concreto de la ciudad de Quito, se establecieron alrede-
dor [...] de la negación de todo aquello estigmatizado como popular, e
influenciado conceptual y formalmente por pensamientos y tendencias
importados desde realidades totalmente ajenas a la latinoamericana»
(189).
Amparo Menéndez (citada en Córdova 2005) habla sobre la di-
mensión política de lo urbano, que provoca que los actores políticos
intervengan física y reglamentariamente sobre los espacios que rigen.
Esto, siempre desde su cultura política, es decir, desde «las nociones
internalizadas, creencias y orientaciones valorativas que los actores po-
líticos comparten a nivel de clase, segmentos de clase, o a nivel grupal
simplemente» (146).
Martha Traverso (citada en Córdova 2005, 220) discurre sobre la
identidad nacional ecuatoriana, haciendo patente su perenne orienta-
ción eurocéntrica con un claro rechazo a lo autóctono: escindida, alie-
nada, con sustento «más que nada en la búsqueda de los orígenes eu-
ropeos, y totalmente de espaldas a las raíces nativas propias del proceso
22 / Fabián Regalado Villarroel
de mestizaje». El proyecto de Estado nación es, según Quintero y Silva
(citados en en Córdova 2005, 220), un «instrumento ideológico de una
minoría blanco-mestiza, una instancia legitimadora de los poderes te-
rratenientes regionales». Todo esto se vuelca en la construcción con-
ceptual y física de las ciudades. El poder político traza en ella sus ima-
ginarios, anhelos, miedos, complejos y limitaciones, que son, a su vez,
rasgos de la sociedad a la que representan (150).
Es en este campo de batalla donde se concretan las intervenciones
sobre el espacio público, donde se decide qué construir o no, qué calles
o avenidas van hacia qué barrios. En definitiva, se planifica la ciudad
desde estos parámetros, que, aunque técnicos, no están exentos de in-
tereses políticos, sectarios o personales.
Con respecto a Quito, cabe ahondar en el hecho de que las políticas
de intervención urbana, según Vargas Rincón (2022, 1-2), se inscriben
dentro la lógica del cambio de los usos sociales del espacio. En el caso
del CHQ, se intenta modificar su vocación de espacio de interacción
social, trueque y «trajines callejeros» (Kingman y Muratorio 2014) a un
ámbito anodino que garantice la seguridad de los transeúntes.
Para Kingman (2010), la noción de orden siempre tuvo tintes de ne-
gación de lo popular y autóctono, identificado con lo indígena. Si bien
se agudiza con las reformas agrarias a partir de los años 60, este querer
ser tiene raíces en la historia colonial. El autor sitúa lo que él considera
los albores de la modernidad a partir del cambio de siglo, pero con ma-
yor énfasis en la década de los 30 (Kingman 2010, 124).
El lugar donde se mostraban más claramente esos conflictos era, y es,
el espacio público, que en tiempos anteriores al Quito actual —con va-
rias centralidades— estaba comprendido principalmente por el CHQ.
Este era el espejo de agua de la ciudad. Para Kingman, «el Centro His-
tórico de Quito era un espacio de usos múltiples y de disputas»; en el
contexto de una ciudad que veía a la modernidad como una entelequia
eurocéntrica, era, pues, una «ciudad que buscaba blanquearse pero que
continuaba un proceso de mestizaje con el mundo andino» (128).
Kingman habla de la presencia del comercio ambulante, que se ocu-
paba de toda clase de productos: alimenticios, prácticos y suntuarios
(132). Explica que no estaba contrapuesto al comercio formal, sino que
ambos se relacionaban; es decir, ya presentaban la dinámica que, al
parecer, mantienen hasta la actualidad. Otro factor que destaca es el
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 23
origen de la fuerza laboral, dividida entre los trabajadores asalariados
que vivían en el CHQ o en zonas cercanas, y la mayoría de comercian-
tes informales que venían de las afueras: «Vivían en poblados cercanos
a Quito, venían temprano y cuando no podían regresar pernoctaban
donde parientes o en zaguanes de casas de sectores populares como San
Roque» (142).
Esta situación no era sostenible. Pasadas dos décadas, en 1950, ya
se puede hablar de barrios obreros 4 (142), donde viven artesanos, co-
merciantes, autónomos, empleados del comercio, etc. Estos barrios se
levantaban a partir de mingas, eran construidos sin apego a los regla-
mentos municipales, e inicialmente no contaban con mayor acceso a
servicios básicos ni centros educativos. Esto hizo que la presencia indí-
gena o de sectores populares en la ciudad fuera permanente.
La ciudad constituía un ámbito en el que las culturas cohabitaban.
Existía segregación, pero también una interrelación en el trabajo, en las
fiestas y en los rituales. Se compartían e imbricaban las culturas (142).
Aun así, la misma élite que incorporó algunos elementos de la cultura
popular en el desarrollo de herramientas hegemónicas procuraba una
distinción civilizatoria.
El impulso que las reformas agrarias dieron al crecimiento de las
ciudades principales, especialmente Quito, fue determinante para que
esta visión de ciudad se exacerbara, a la vez que adquiría límites me-
nos marcados. Para Francisco Enríquez (1991), el flujo de migración
interna hizo que los asentamientos humanos en la periferia —en ese
entonces mucho más cercana que en la actualidad— se multiplicaran
exponencialmente. El CHQ acogió este excedente de mano de obra en
«actividades relacionadas con el comercio y los servicios de baja pro-
ductividad» (Enríquez 1991, 71), con lo que el uso de suelo se modificó
rápidamente y las calles y plazas se volvieron lugares de comercio ma-
sivo al por menor. Las primeras plantas se convirtieron en almacenes y
el resto de las viviendas, en bodegas o depósitos.
Para Francisco Lalama (1990), el CHQ de la década de los 60 se
caracteriza por el aparecimiento del comercio autónomo en varios de
4 Barrios como La Colmena, Chimbacalle, Aguarico y San Juan se volvieron luga-
res de acogida donde existían redes de apoyo para la incorporación de personas
externas a la ciudad.
24 / Fabián Regalado Villarroel
sus espacios, por el inicio del traslado de algunas de sus funciones hacia
el norte de la ciudad, y por el surgimiento de políticas de conserva-
ción. Debido a la coyuntura socioeconómica y política marcada por la
reforma agraria, la crisis en los sectores rurales y la migración hacia la
capital, el CHQ experimenta
un proceso de transformación de sus contenidos y la aceleración del proce-
so de deterioro de sus estructuras, hechos que se manifiestan en el paulati-
no desplazamiento de sus funciones básicas de centro político, administra-
tivo y comercial de la ciudad y en la ocupación del Centro por la población
de menores recursos, con lo que se agudiza el proceso de tugurización y
la sobreutilización de la edificación, la alteración de las edificaciones y la
mínima inversión tanto pública como privada en los sectores más críticos:
la vivienda y los servicios. (Lalama 1990, 174)
El autor hace una lista de los lugares específicos donde se instalan
mercados populares o pequeñas centralidades de comercio popular: San
Roque, Santa Clara, la plaza Marín, El Tejar (Ipiales), la plaza de San
Francisco y la avenida 24 de Mayo (174).
Nancy Valdivieso (2009) afirma que, posterior al empujón de las
reformas agrarias, el boom petrolero de 1972 impulsó un dinámico cre-
cimiento del CHQ hacia el norte y el sur, lo que atomizó las actividades
que solo existían en ese sector. Esto modificó aún más la tendencia del
uso comercial del suelo, y tuvo como consecuencia un boom también
de la actividad comercial minorista. Las viviendas se volvieron bodegas
y existió una
incorporación masiva de migrantes provenientes del campo, producién-
dose una popularización del sector. El deterioro es evidente por la tugu-
rización, la proliferación de asentamientos clandestinos de comerciantes
informales que acceden a la apropiación del espacio público y la incor-
poración de otras actividades conexas, por lo que estos espacios se ven
deteriorados y desvalorizados. (Valdivieso 2009, 27)
En este contexto, después de negociaciones diplomáticas y políticas
de los tomadores de decisiones, el 8 septiembre de 1978 la UNESCO
declaró a Quito Patrimonio Cultural de la Humanidad, junto con Cra-
covia. Este hecho se convirtió en un reconocimiento que dividió la
historia de la ciudad y el país en dos, ya que consiguió que, en teoría,
los ojos del mundo se volvieran hacia la capital de Ecuador y su centro
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 25
histórico. Por ello, se intervino de manera concentrada en la recupera-
ción física del CHQ, con implicaciones concretas: se consideró que esta
«joya» no podía estar tomada por el comercio minorista y ambulante,
y la institucionalidad dio pasos firmes para ejecutar la recuperación
(29-30).
Antes de continuar, se debe introducir el significado de recupe-
rar, rehabilitar o modificar desde una visión patrimonial. Rosemarie
Terán indica que estas acciones tienen detrás una forma jerárquica de
ver el mundo. La memoria histórica siempre tiene una intencionalidad
política, es decir, muestra las cartas del poder. Así, según Terán (2014,
10), «la decisión acerca de qué se recuerda y qué se olvida expresa un
proceso social de construcción del patrimonio en el cual dispositivos de
clasificación, jerarquización, exclusión influyen en los sentidos de valo-
ración patrimonial, dejando al descubierto la desigual participación de
los agentes sociales en la construcción de la memoria social».
Esta construcción, aplicada por la institucionalidad desde una prela-
ción estética y social, intenta crear un producto límpido —una fachada
que no refleja su contenido— de una ciudad llena de contrastes como
Quito, para presentarla al mundo. Esta heterogeneidad se expresa en
las contradicciones, fruto de la desigualdad social, que no se ven a sí
mismas en la acartonada construcción de una «memoria patrimonial
única» (10). Además, la visión predominante fue la del patrimonio ma-
terial, que clasifica, pone en inventario y sienta los parámetros para la
restauración del bien cultural (14). No se mira a la cultura como viva,
en constante mutación, sino como algo fijo y formal.
Terán afirma que, cuando la institucionalidad politizó la interven-
ción patrimonial, desvirtuó su peso simbólico e identitario y lo con-
cretó en «políticas que hacen del CHQ, cada vez más, un objeto de
consumo cultural y turístico, en el que posiblemente termina primando
el valor económico por sobre el simbólico» (11). Va más allá cuando sos-
tiene que se han priorizado «dinámicas tanto de regeneración, gentrifi-
cación o de drástica modernización, dirigidas a fomentar tanto cambios
de la composición poblacional del CHQ como sus usos instrumentales
para resolver, por ejemplo, problemas de movilidad urbana» (11).
Inés del Pino (2010, 49) hace una lista de los menos beneficiados
con las políticas patrimoniales desde este sesgo jerárquico, y deja en
claro que
26 / Fabián Regalado Villarroel
toda renovación conlleva la expulsión de habitantes, y que en el reorde-
namiento del uso del espacio patrimonial ha habido escaso interés por
retener a quienes son depositarios de la memoria del centro: los artesanos,
lustrabotas, tenderos, músicos, cajoneras, cargadores, comerciantes calle-
jeros, lavanderas, entre otros, quienes, en la práctica, no son tomados en
cuenta.
Valdivieso (2009, 4) destaca el rol que cumplió la Empresa del Cen-
tro Histórico de Quito en el proceso de reubicación de los comercian-
tes, subrayando los esfuerzos que por décadas realizó la municipalidad
por controlar la expansión de esa actividad. Sin embargo, la situación
llegó a un punto de ocupación y deterioro que hizo emergente la inter-
vención de todos los actores, «como autoridades, residentes, comercian-
tes, financistas y ciudadanía, para establecer las acciones pertinentes;
por ello la llamada Empresa del Centro Histórico de Quito, creada
como un dispositivo institucional, asume la responsabilidad de gestio-
nar la solución de los problemas mencionados» (4). Esta empresa, pú-
blico-privada, representa los intereses de los sectores dominantes, que
abogan por la modernidad y por la protección del patrimonio, y los
eleva a interés nacional.
Es claro que este tipo de políticas provienen de un afán de homoge-
nización, de eliminar la diferencia en pos de una supuesta armonía en
el espacio público que niega el conflicto. Debe tenerse en cuenta que
una ciudad viva está siempre en disputa, y esta conflictividad es mayor
cuanto más rígida es la estructura desde taras como el clasismo, el racis-
mo y/o el sexismo (Col·lectiu Punt 6 2019, 165).
Lo anterior muestra algunas de las bases sobre las que se asienta la
visión del espacio público en Quito y en el CHQ en particular. Uno
de sus hitos fue la conformación del Mercado Ipiales y su posterior
desmantelamiento (Monsalve 2007, 32). Lo que ocurrió fue que la ten-
dencia del comercio ambulante a ocupar el espacio público, incluidas
las calles, llegó a tal magnitud que englobó gran parte del noroccidente
del núcleo patrimonial del CHQ. Esta situación llegó a su límite a fina-
les de los 90, de modo que se iniciaron negociaciones para desalojar las
calles y llevar a los vendedores a centros comerciales cerrados, modifi-
cados o construidos para este fin. En el año 2003 se logró este objetivo,
no sin cierto nivel de coerción policial, aunque también permitió re-
descubrir grandes edificaciones que fueron posteriormente restauradas.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 27
A la vez, evidenció el consenso estético y social que dejó sin lugar al
comercio informal en el espacio público del CHQ.
El MSR, telón de fondo de esta investigación, es uno de tantos mer-
cados construidos para liberar plazas y calles del comercio informal de
alimentos. Por esto, es necesario dilucidar brevemente el papel de los
mercados populares en el contexto de ciudades como Quito.
EL CENTRO HISTÓRICO DE QUITO, MERCADO POPULAR
Y COMERCIO INFORMAL
Los mercados populares en América Latina conforman territorios
fronterizos donde lo urbano y lo rural toman contacto, tanto por el
comercio entre los dos espacios como por el trasfondo cultural de quie-
nes forman parte de ellos. Estos mercados se asumieron, durante la
intensa urbanización latinoamericana, como lugares de acogida de la
población expulsada del campo cuya vinculación con lo rural seguía
latente. Las actividades económicas de esta población se asientan en la
conformación de redes autónomas —informales, que incluyen redes
de parentesco, laborales o sociales—, encaminadas a la inserción en el
mercado laboral.
Como ya se mencionó, los migrantes, que encontraron en el comer-
cio informal una actividad laboral viable, empezaron a territorializar
el CHQ y a constituir el mercado popular (tradición que data de antes
del período colonial, según Salomon [1980]). Estos pobladores de los
barrios periféricos de obreros, en la primera mitad del siglo XX, fueron
los primeros en utilizar intensivamente el casco colonial para la activi-
dad comercial. Esto se multiplicó a partir de la crisis hacendaria, que
empujó a los campesinos indígenas a la ciudad. Monsalve (2007, 18)
explica al respecto que «los primeros vendedores informales en el CHQ
ocuparon algunas calles alrededor del MSR y la avenida 24 de Mayo a
partir de la década de los 50, los días martes y sábados».
Como relatan Kingman y Muratorio (2014), en Quito había en 1950
dos mercados construidos para ese fin: San Blas y Santa Clara. Cuatro
años después, existían nueve, al igual que ferias abiertas. El Mercado
Central se construyó para que las ferias de la Marín y plaza Belmonte
abandonaran el espacio público. La regulación del comercio informal
partió desde el discurso higienista, que, casualmente, tenía un enfoque
28 / Fabián Regalado Villarroel
claro en sancionar y restringir por lo general a «las poblaciones indíge-
nas» (Kingman y Muratorio 2014, 100).
Este contexto social e histórico, aunado a la inédita pandemia, son
los elementos en que se asienta esta investigación. Primero se intenta
describir y analizar el espacio público aledaño al MSR y, luego, expo-
ner los testimonios de comerciantes informales de esta zona respecto
a sus vivencias en esta coyuntura. Para ello se utilizarán las teorías y
herramientas antropológicas que se describen en la siguiente sección.
ESPACIOS LIMINARES, ESTIGMA Y OBSERVACIÓN
EN EL ESPACIO PÚBLICO
Además del horizonte teórico ya expuesto, en este apartado se de-
sarrollarán las visiones de los antropólogos Löic Wacquant, Manuel
Delgado y Erving Goffman. Ellos complementan, desde un enfoque
más general, los conceptos desplegados en las secciones anteriores, al
tiempo que perfilan el armazón metodológico desde el que se realizó la
observación en campo.
Wacquant (2012, 105) investiga usualmente la visión que tienen la
sociedad y la institucionalidad de espacios considerados liminares o
marginales en la ciudad, como es el caso del MSR y los barrios que lo
rodean. En su texto Merodeando las calles, hace una revisión sobre la ética
de la antropología urbana, e inicia dejando claro que la tarea principal
de las ciencias sociales es «ir contra el sentido común y combatir los
estereotipos sociales».
A lo largo de su ejercicio histórico, este tipo de investigación ha
hecho énfasis en un relato moral en el que existen buenos y malos,
categorías que usualmente se aplican a los marginales (106). También
existe una discusión sobre a quién le compete que las condiciones de
estos grupos mejoren, y se responsabiliza en muchos casos al Estado o a
los mismos marginales, así como a la sociedad civil y empresarial (107).
Una de las principales críticas a los estudios etnográficos tiene que
ver con una aparente falta de profundidad teórica. Wacquant explica en
cambio que el relato se basa en el enfoque teórico que sigue el autor y
que más bien se profundiza la teoría cuando se la aterriza en fenómenos
sociales concretos. En definitiva, la carga académica y teórica se refleja
en la investigación, ya que esa es su intencionalidad (112).
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 29
Wacquant, Slater y Borges (2014, 224) desarrollan el concepto de
estigmatización territorial, haciendo un análisis de las diferentes ten-
dencias académicas de investigación de este fenómeno. La definición de
estigma es simple: diferenciación basada en el desprestigio.
Para estos autores, es esencial el rol que tiene la institucionalidad
en las dinámicas de segregación y estigmatización de ciertos grupos o
zonas. En este espectro del desprestigio, Wacquant, Slater y Borges es-
tablecieron que los habitantes de zonas estigmatizadas no criticaron los
pesos simbólicos negativos de su lugar de residencia y culparon a otros
de la condición de su barrio; además, «idearon estrategias similares para
protegerse a sí mismos de todo tipo de asociación con un lugar deslus-
trado, tal como ocultar sus direcciones, abstenerse de invitar a terceros a
sus hogares, refugiarse dentro de la esfera familiar, restringir su partici-
pación en grupos locales y emigrar ante la primera oportunidad que se
presente» (223). Este desprestigio, dicen, se extiende a los funcionarios
que deben trabajar en esas zonas.
El estigma territorial es un fenómeno que ocurre en toda gran ciu-
dad en el mundo. El nombre de la zona estigmatizada se vuelve sinóni-
mo de decadencia moral y física, se usa para hacer mofa o metáfora en
cualquier conversación, coloquial o de otro tipo (227).5 San Roque es
un caso que ilustra claramente estas aseveraciones. Este tipo de barrios
en la era posindustrial eran vistos como una posibilidad de emergencia
social, mientras que en la actualidad su potencialidad se ve difuminada
o anulada por su estigma. Los habitantes de estas zonas son folclorizados
y simplificados desde el ojo público, que ve en los diversos sensacio-
nalismos la forma básica de explotación de cualquier suceso dentro de
estos barrios (228).
Los autores ubican a la estigmatización territorial como un fenóme-
no urbano nuevo, característico de la ciudad posindustrial. Esto tiene
efectos sobre los residentes de los barrios; los habitantes y operadores
comerciales; el nivel y la calidad de los servicios prestados por buro-
cracias de impacto local; el trabajo de especialistas en la producción
simbólica; y las creencias, visiones y decisiones de funcionarios públi-
cos (231).
5 Para el caso quiteño se recomienda leer a Alfredo Santillán (2019) y su libro sobre
los imaginarios que dividen a la ciudad en dos.
30 / Fabián Regalado Villarroel
Asimismo, genera estrategias de resistencia a la estigmatización que
Wacquant, Slater y Borges clasifican en ocho ítems, cinco de sumisión
y tres de resistencia: 1. disimulación, 2. distanciamiento mutuo y ela-
boración de microdiferencias, 3. denigración lateral, 4. retiro a la esfera
privada (familiar), 5. escape, 6. indiferencia estudiada, 7. defensa del
barrio (individual o como colectivo) y 8. inversión del estigma (alegato
hiperbólico) (232).
Los autores profundizan en las maneras en que los funcionarios pú-
blicos influyen sobre la opinión institucional, usualmente mediante
reportes negativos y diagnósticos hipercríticos que muestran un pano-
rama en el que la única salida es la intervención (233). Esto ha sido una
constante en las últimas décadas en la zona de estudio, pero se volvió
patente desde inicios de la pandemia, en marzo de 2020.
Finalmente, Wacquant, Slater y Borges sentencian que «la estigma-
tización territorial no es una condición estática, un proceso neutral o
un juego cultural inofensivo, sino una forma significativa y perjudicial
de acción, mediante la representación colectiva, atada a un lugar deter-
minado» (236). En el caso del sector del MSR y sus calles aledañas, es-
pecialmente la calle Loja, este proceso vio su concreción en el desalojo
forzado que se dio el 24 de marzo de 2020 con la justificación de que se
iba a fumigar y desratizar la calle, y que dejó a más de 400 comerciantes
sin su fuente de sustento diario. Acaeció de manera similar en el pasado
en el Mercado Ipiales, en la calle La Ronda y en la calle 24 de Mayo
(Valdivieso 2009; Durán 2014; Ortega 2014).
En adición al concepto de estigmatización territorial, es necesario
aludir a Manuel Delgado (1999, 38) y al papel de la antropología urbana
en el análisis de las ciudades y sus microdinámicas internas. Delgado
llama la atención sobre la complejidad que presenta el análisis de la ciu-
dad, al mostrar la pertinencia de la adaptabilidad de las metodologías
antropológicas y su acercamiento a otras disciplinas como la literatura o
el periodismo para complementar los relatos, las narrativas que explican
lo que ocurre en las fragmentarias y al parecer incoherentes ciudades
urbanizadas, caracterizadas por su inestabilidad. Sus protagonistas son
«paseantes a la deriva, extranjeros, viandantes, trabajadores y vividores
de la vía pública, disimuladores natos, peregrinos eventuales, viajeros
de autobús, citados a la espera» (26). El autor es cuidadoso al destacar
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 31
que la antropología urbana no está ligada a la noción de territorio, sino
más bien al aspecto relacional de la persona en él.
En un espacio público como el aledaño al MSR, la permanencia, a
veces por décadas, de los comerciantes informales en los mismos lugares
de una calle muestra otro aspecto del espacio público ocupado, que se
puede volver una extensión de la noción de comunidad u hogar, asen-
tada fuertemente sobre la noción de territorio (39).
Ante todo esto, Delgado propone como herramienta etnográfica la
observación flotante, que tiene como premisa la flexibilidad y permea-
bilidad del observador, quien debe volverse casi invisible pero a la vez
totalmente alerta para aprehender algún aspecto de la experiencia que
quiere describir (49). El autor señala que el nivel de atención al detalle
del investigador es el que expone lo que realmente sucede en un con-
texto de observación (55).
Desde un punto de vista similar, Goffman se inserta en los espacios
del lenguaje corporal y todo lo relacionado a su devenir, y detalla la
importancia de saber leer los gestos, las señales, los movimientos de
quienes están en el espacio público. Clasifica las reivindicaciones dentro
del espacio público en espacio personal, recinto, espacio de uso, turno,
envoltorio, territorio de posesión, reserva de la información (Goffman
1979, 56) y reserva de la conversación (47-57). Todas estas reivindica-
ciones son de carácter temporal y tienen que ver con las circunstancias
en que la persona se encuentra en el espacio público; esto incluye si está
sola o acompañada, su estado de ánimo, su premura, etc.
Goffman también clasifica las modalidades de la infracción en el
espacio público, que empieza por la colocación ecológica del cuerpo en
relación con el territorio reivindicado, es decir, el orden jerárquico que
ocupan los grupos en el espacio público: la potencialidad de ser tocado
en las manos, la forma de mirar al otro, los ruidos que puede hacer una
persona, la forma de dirigir la palabra, los desechos corporales —como
los olores— en sus distintos rangos de ofensa... (61-3).
Un elemento final son las infracciones territoriales, como el entro-
metimiento sobre la reserva del otro y la infracción contra sí mismo
en el espacio público —por ejemplo, en la forma de «automaculacio-
nes»— (66-70). Goffman brinda herramientas para analizar este tipo de
interacciones, que sirven como una referencia a la observación directa.
32 / Fabián Regalado Villarroel
En un espacio a veces tan dinámico como los alrededores del MSR, y
en el contexto de una pandemia que volvió a las personas mucho más
conscientes de su entorno inmediato —con la obligatoriedad del uso de
mascarilla y con un estornudo o una tos vistos como maculaciones—,
es necesario ampliar estas definiciones.
En el caso de la zona de estudio, estos elementos sirven para des-
cribir la experiencia en la observación directa realizada. Esto se com-
plementa con el contexto interno del observador desde su experiencia
académica y de vida.
En el siguiente capítulo, en función de la teoría y los conceptos ex-
puestos, se describirán los hallazgos de la recolección de información
secundaria y primaria para esta investigación.
CAPÍTULO SEGUNDO
AFECTACIONES DE LA PANDEMIA AL
COMERCIO AMBULANTE DE LAS CALLES
ALEDAÑAS AL MERCADO SAN ROQUE
INTRODUCCIÓN
En este capítulo se exponen principalmente las fuentes primarias
de información, es decir, la observación directa en las calles aledañas
al MSR y las entrevistas semiestructuradas a los y las comerciantes de
la calle Loja. Con este propósito, en la primera parte se describen el
mercado, su contexto territorial y su conexión con el fenómeno del
comercio informal. Posteriormente, se detalla la forma de recolección
de la información que sustentó el trabajo en campo.
Después se proceden a analizar, desde la perspectiva de esta inves-
tigación, las secciones pertinentes del Decreto Ejecutivo n.° 1017 del
16 de marzo de 2020,6 el edicto raíz que impuso las restricciones en
el espacio público y en las actividades sociales y comerciales.7 Esto se
6 Las restricciones estuvieron vigentes de manera estricta por sesenta días, pero una
variante de ellas se aplicó hasta septiembre de 2020. La apertura total del comer-
cio llegó en el año 2022.
7 El Decreto Ejecutivo n.° 1017 y los que lo siguieron fueron acogidos por el
Municipio de Quito en varias resoluciones que usaban la base del estado de
34 / Fabián Regalado Villarroel
relaciona directamente con los escollos que se presentaron en la zona
del MSR y se refleja claramente en la observación directa y de ma-
nera complementaria en los testimonios de los y las comerciantes
entrevistadas.
En la siguiente sección de este capítulo se plantea una línea de tiem-
po basada en noticias publicadas en la versión digital de diario El Co-
mercio, así como otros portales de análisis de la información. Esta cro-
nología se desarrolla también desde el punto de vista de lo recabado
en las visitas de campo y entrevistas. La idea es mostrar de la manera
más clara los hechos que llevaron al comercio del mercado y sus zonas
aledañas a encontrarse en la situación que reportan los testimonios y la
observación.
Finalmente, se desarrollan el reporte y análisis de la observación
directa, así como los testimonios de los y las comerciantes entrevistadas.
MERCADO SAN ROQUE
Lo primero que se debe anotar cuando se trata el tema de los mer-
cados populares como San Roque es que allí no concurren solamente
distribuidores o vendedores de productos en un sentido capitalista o
empresarial, sino personas de los más diversos orígenes y formas de
sobrevivencia. Este hecho responde directamente a la diversidad cul-
tural de Ecuador y a Quito como ciudad preferencial de la migración
interna.
El crecimiento acelerado de la capital, fruto de las reformas agrarias
y el boom petrolero, tuvo como origen a los migrantes del campo. Este
influjo de personas trajo consigo sus costumbres, sus usos y sus formas
de relacionamiento (Instituto de la Ciudad 2015, 40). La gran mayoría
de los expulsados del campo en las reformas agrarias estuvo conforma-
da por campesinos de la Sierra centro y norte de Ecuador con un alto
componente indígena.
Este fenómeno migratorio es similar en la actualidad, y la zona de
San Roque es uno de los lugares de acogida privilegiados por los indí-
genas del Chimborazo (42), quienes han configurado redes de acogida
excepción para detallar o encauzar lo dispuesto por la autoridad nacional en pla-
zos equivalentes.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 35
(solidarias y comerciales) en los barrios de la zona envolvente o periféri-
ca occidental del CHQ: La Libertad, San Roque, El Tejar, La Victoria,
Toctiuco y El Placer. Es en esta periferia ubicada en el mismo CHQ
donde se ubica el MSR (39-40).
San Roque es un mercado situado en el centro-occidente de Quito,
con una larga historia que expresa las intrincadas relaciones descritas en
secciones anteriores. Es el resultado de un proceso urbano antiguo que
recoge una tradición de comercio de mujeres indígenas que vendían
desde la época colonial en la actual plaza de San Francisco. Para el año
de 1893, se instaló frente a la iglesia de San Roque el primer mercado
moderno de Quito (41).
El traslado del MSR en 1981 a la zona occidental de la avenida
Mariscal Sucre fue bien visto desde el ornato. A la vez se inauguró el
Mercado Mayorista del Sur en Turubamba. Estas acciones abogaban
por el ordenamiento de los mercados de Quito y buscaban mejorar la
comercialización por parte de los productores, así como la conservación
de los alimentos. Se complementaron, además, con el control de los
precios y las medidas de venta, con el fin de intentar regular las ganan-
cias de los intermediarios (41-2).
Ni la reforma del mercado ni la instalación del Mayorista pudieron
romper con la centralidad y la tradición de ventas al por mayor en San
Roque; este se mantuvo hasta constituirse en una centralidad urbana
que provee directa e indirectamente a una gran parte de negocios de
alimentos, abastos, instituciones y hogares de Quito.
Entre los comerciantes formalizados en catastros a través de las
veintiuna asociaciones de mayoristas y minoristas constan alrededor de
3000 vendedores (Wirsing 2011, 13), en una distribución de espacios
ganados por asociaciones y producto de procesos de autoconstrucción y
constante mantenimiento. Además de esta cifra, que es un subregistro,
están todos los comerciantes no formalizados y aquellos que rodean el
mercado, así como las personas que articulan con él, de alguna manera,
su trabajo: cargadores, transportistas, cuidadores, desgranadoras, arri-
mados, encargados y gente vinculada a la limpieza.
En el MSR se han ido acumulando poco a poco los efectos negati-
vos de un orden, expresado en las políticas de conservación del CHQ,
que avanza desde el área central por excelencia —la plaza Grande—
hacia los bordes. Es un proceso que involucra problemas no resueltos:
36 / Fabián Regalado Villarroel
modernización inacabada, infraestructuras abandonadas que colapsan
con la lluvia, hacinamiento, conflictos raciales y de explotación laboral,
ausencia de mecanismos de inserción de los migrantes en condiciones
equitativas, problemas de saneamiento y de control de desechos, entre
otros (Moscoso, Ortega y Sono 2015).
El proceso social de San Roque es complejo y permite analizar las
formas en que la cultura andina ha modificado el capitalismo, sumán-
dole características propias: informalidad, solidaridad, patronazgo,
flexibilidad, redes, intermediación, asociatividad; maneras en que las
poblaciones sin oportunidades han podido acceder a la ciudad, a sus
derechos, a dialogar con el poder económico y político.
La presencia numerosa de migrantes indígenas (o de comunidades
de indígenas urbanos establecidos con anterioridad) en torno a las diná-
micas de comercio del CHQ es la propulsora de un complejo proceso
social de intercambio. Dentro del mercado y en los barrios de su alre-
dedor, se desarrolla también este conflicto. Así, en el sector la población
se divide étnicamente en un 75 % de mestizos, un 14 % de indígenas,
un 6 % de blancos, un 2 % de afroecuatorianos y un 1 % de mulatos,
montubios y otros (Instituto de la Ciudad 2015).
Si bien los autodenominados mestizos son mayoría, hay que subra-
yar el porcentaje de autodenominados indígenas (14 %), que supera en
7 puntos a lo censado a nivel nacional y en 10 a lo reportado en la ciudad.
San Roque es un sistema de economías mixtas interdependientes y
de oportunidades, pero también es un sistema laboral diferenciado y
de explotación: el comercio mayorista de varios productos importantes
se distribuye a varias zonas del país, al tiempo que convive con y de-
pende de las raleadoras8 que ayudan a vender al menudeo. Casi todos
los comerciantes de varios tamaños de negocio emplean, en su cadena
productiva, conductores, cargadores o desgranadoras.
Aunque mayormente sea reconocido como un mercado de venta
de perecibles (Wirsing 2011), un segmento importante de esta articu-
lación de economías no formales son los minoristas de otros tipos de
productos, que brindan a la población de Quito de menores ingresos
8 Ralear significa vender en unidades más pequeñas los costales o cajones de pro-
ductos. Estas personas usualmente se colocan en las calles aledañas del mercado,
como la Loja y la Cumandá.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 37
alternativas al consumo —venta y reventa de ropa, objetos de bazar y
artículos de segunda mano—, además de ser un lugar en donde funcio-
nan oficios como el de zapatero o el de sastre.
El sistema articula otro tipo de servicios que funcionan las 24 horas:
servicios de alimentación de varios tipos y transportistas a varias esca-
las, además de educación, vivienda, alimentación, trabajo de artesanos,
comunicaciones y salud (Instituto de la Ciudad 2015).
El mercado conserva huellas de lo que se puede llamar «cultura po-
pular»: en sus prácticas de comercio se puede regatear, pedir la yapa,
comprar animales en pie —cuyes, gallinas, codornices, conejos—,9 y
conseguir productos nativos como mashua, berros o ishpingo.
El mercado funciona para la recepción y distribución de alimentos
crudos los siete días de la semana, las 24 horas. Hay cuatro días de feria:
martes y viernes, principalmente para la feria mayorista, y sábado y
domingo para la feria minorista.10
COMERCIO AMBULANTE Y MERCADO SAN ROQUE
Ahondando más en el tema de la conformación social del mercado,
hay que recalcar que en los alrededores del MSR abunda el comercio
informal y ambulante (Herrera 1999) que tiene como origen principal
la Sierra centro. Marcelo Naranjo dice que la mayoría de estas personas
son primera o segunda generación de migrantes rurales, con códigos
y conductas propias, que muchas veces chocan con lo urbano. Esto se
relaciona directamente con la noción de orden, que es distinta en cada
cultura; así, «el tan nombrado desorden de los informales no es conce-
bido del mismo modo por ellos mismos, ya que su utilización espacial
es una respuesta lógica a su membresía cultural» (Naranjo 2000, 160).
El autor pone en evidencia el estado permanente de la informalidad
como opción legítima de empleo y subsistencia, que se acrecienta con
9 En las observaciones realizadas para esta investigación fue evidente que ya no se
venden animales medianos o grandes como patos o borregos.
10 Tanto el abastecimiento del mercado como la venta por mayor de los productos se
realizan por turnos y días. La entrada y salida de los productos dura toda la noche,
especialmente la que va del jueves al viernes; la noche del martes es un poco más
relajada. En el contexto pandémico, estas dinámicas disminuyeron en intensidad
o desaparecieron.
38 / Fabián Regalado Villarroel
cada crisis económica que enfrenta el país. De este modo, la informali-
dad se vuelve generacional o hereditaria y, además, se multiplica por el
número de hijos, lo que contribuye de modo directo «a la perpetuación
de su situación de informalidad» (160).
Debido a sus orígenes y membresías étnicas, la presencia de estas
personas es disonante y a veces subversiva frente a una realidad buro-
crática que les es totalmente ajena. Esto se origina en la incomprensión
de la diversidad de las culturas que coexisten en una ciudad (162). Ade-
más, los comerciantes informales no responden individualmente, sino
que son parte de redes de solidaridad que tienen su núcleo en su familia
cercana y ampliada (163).
Aunque las bases del comercio informal son principalmente el des-
empleo y la falta de acceso al crédito bancario, esta actividad aporta a la
economía formal, pues facilita la comercialización de productos de los
microempresarios del CHQ. Se vende al menudeo, pero finalmente el
comercio es masivo, dado el volumen de compradores que asiste a estos
espacios en busca de mejores precios (Portes y Schauffler 1993).
Son dichos comerciantes informales el objeto de este estudio. La in-
formación se recolectó por medio de observación etnográfica en días de
feria y de entrevistas semiestructuradas a los y las comerciantes. El tema
principal es la afectación sobre el desarrollo normal de las actividades
laborales de estas personas a partir de la pandemia de COVID-19 y las
medidas concomitantes adoptadas por la institucionalidad municipal y
nacional.
OBSERVACIÓN ETNOGRÁFICA, ENTREVISTAS SEMIESTRUCTURADAS
Para esta investigación se recolectó información de primera mano
(fuentes primarias) en dos calles aledañas al MSR: Cumandá y Loja. El
mercado está ubicado aproximadamente a un kilómetro al suroccidente
del núcleo central o casco colonial (figura 1).
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 39
Figura 1. Croquis de la zona de investigación.11 Elaboración propia.
La recolección de información primaria se efectuó por dos métodos:
la observación directa y la entrevista semiestructurada. La observación
directa, para Marcela Mendoza (1994, 241), «significa que el antropó-
logo está ahí, en el lugar donde se desarrolla la acción, y está preparado
para registrar lo que está ocurriendo». Existen dos tipos de técnicas de
observación directa en trabajo de campo: 1. las «reactivas», es decir,
que ocasionan reacciones por parte de los sujetos; y 2. las que no des-
piertan reacciones, llamadas «no reactivas» o «no intrusivas». Mendoza
advierte que la observación no es abierta, ya que debe ceñirse al marco
teórico, esto es, a las actividades, las problemáticas y los ejes temáticos
11 Incluye los seis segmentos de observación. En la esquina inferior izquierda se
encuentra marcado el lugar donde se realizaron las entrevistas. La flecha naranja
indica hacia dónde se encuentra el casco colonial.
40 / Fabián Regalado Villarroel
previamente definidos (242). La observación refleja «la realidad inter-
pretada». Solo se observan dos cosas: las acciones específicas de los suje-
tos y los resultados de estas.
Se llevó a cabo una observación no intrusiva, utilizando solamente
una grabadora de voz para registrar comentarios durante la caminata
por los sectores elegidos. Los criterios utilizados para la observación
fueron los expuestos en el capítulo primero: de manera contextual lo
estipulado por Wacquant y Delgado, y de manera aplicada los criterios
de Goffman. La pertinencia de usar estos criterios radica en que el espa-
cio público del sector estudiado está en constante disputa, y mucho más
debido a la pandemia y sus consecuencias concretas. Por ello, es necesa-
rio notar las reivindicaciones e infracciones que tienen lugar dentro del
espacio público en el momento crítico en que se observa.
Las entrevistas semiestructuradas o no directivas, de acuerdo con
Schettinni y Cortazzo (2016, 23), son aquellas en las que «se estimula al
entrevistado para que exprese sus sentimientos, opiniones, significados,
directamente relacionados con los puntos tratados en la investigación,
que en la mayoría de los casos tienen que ver con aspectos de su vida
cotidiana, su trabajo, su familia, por lo que se busca que el sujeto se
constituya como el centro de su propio discurso». Esto permite una
aproximación más natural y simple a los sujetos de investigación.
Las entrevistas se basaron en un cuestionario que contuvo los temas
mínimos de discusión, lo que permitió a las personas entrevistadas di-
reccionar la conversación desde sus intereses, sentimientos y opiniones.
Respecto al tiempo, las entrevistas duraron alrededor de diez minutos
y ocurrieron en momentos en que los sujetos no se encontraban des-
bordados de trabajo.
La técnica utilizada para la recolección de información, en el caso
de la observación directa, fue el volcado de las grabaciones de voz sobre
una ficha que contenía la fecha, la hora, el sector y los temas/espacios
observados, que incluyeron el flujo de personas, su condición de tran-
seúntes o comerciantes, entre otros.
Las entrevistas semiestructuradas se dieron solamente de forma ca-
sual. Aunque existe un alto nivel de organización de las personas que
laboran en el sector del mercado, se llegó a conversar con la dirigen-
te principal de la calle después de haber realizado algunas entrevistas.
Estas fueron registradas con grabadora de voz, para dar fluidez a la
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 41
conversación. Debido al contexto pandémico y de coerción desde la
institucionalidad, se estableció un mínimo de cinco y un máximo de
diez entrevistas. Se consiguieron siete entrevistas completas.
Antes de exponer los hallazgos de la observación y directa y las
entrevistas cortas, se hará una breve descripción del virus que ocasionó
la pandemia desde inicios de 2020, para luego dar paso a la exposición
de los decretos y disposiciones que se derivaron de este hecho y que se
concretaron tanto en el espacio público como en el espectro laboral.
COVID-19 Y RESTRICCIONES EN EL ESPACIO PÚBLICO
El COVID-19 es una enfermedad infecciosa que tuvo sus primeros
casos en China a finales de 2019, y luego se expandió al mundo. Al 8
de junio de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) repor-
taba 173,33 millones de casos a nivel mundial, con una mortandad de
3,51 millones de personas (OMS 2022a). En Ecuador, al 16 de agosto
de 2022, las cifras oficiales hablan de 975 234 casos y 35 811 muertes
(OMS 2022b).
El virus produce síntomas parecidos a los de la gripe, y si llega a
agravarse puede ser mortal. Se transmite por medio de gotículas que
las personas producen al hablar, toser, exhalar y, sobre todo, estornudar
(OMS 2021). Por lo tanto, se transmite por medio del contacto cercano
y suficientemente prolongado con personas infectadas y en etapa de
transmisión.
La prevención incluye el distanciamiento social o físico, el estable-
cimiento de cuarentenas, la ventilación de espacios cerrados, el lavado
de manos y el uso de mascarilla para cubrir emisiones de la boca (OMS
2021). El distanciamiento social fue interpretado de distintas formas
según las autoridades de cada país y localidad. Esto hizo que los gobier-
nos nacionales y locales tomaran decisiones que combinaron la higiene
y salud pública con restricciones a la libre movilidad, la libre asociación
y la aglomeración.
Estas medidas de restricción de la movilidad y de cuarentena, toma-
das por las autoridades nacionales y locales, cambiaron las condiciones
en que se desarrollaba el comercio a todo nivel. En el caso de Ecuador,
el Gobierno nacional tomó medidas concretas a partir de mediados
de marzo de 2020, con el Decreto Ejecutivo n.° 1017 (EC 2020). Los
42 / Fabián Regalado Villarroel
gobiernos locales las complementaron con resoluciones o disposicio-
nes que posteriormente se convirtieron en ordenanzas. A continua-
ción se mostrarán los artículos más relevantes para los hallazgos de esta
investigación.
DECRETO EJECUTIVO N.° 1017
Las medidas plasmadas en este decreto del 16 de marzo de 2020 res-
tringen la libre circulación en el espacio público. Para empezar, el art. 3
suspende «el ejercicio del derecho a la libertad de tránsito y el derecho a
la libertad de asociación y reunión», y supedita horarios y mecanismos
de aplicación de estas restricciones al Comité de Operaciones de Emer-
gencia Nacional, así como a sus pares locales.
En el art. 6, lit. c), consta una lista de qué actividades pueden seguir
funcionando: «Industrias, cadenas y actividades comerciales de las áreas
de la alimentación, la salud, los encargados de servicios básicos, toda la
cadena de exportaciones, industria agrícola, ganadera y de cuidado de
animales». En el área de la seguridad alimentaria, se mencionan super-
mercados, tiendas, bodegas y centros de almacenamiento y expendio
de víveres y medicinas. Se indica que continuarán dando servicio las
plataformas digitales de entregas a domicilio y afines. No se utiliza la
palabra mercados, aunque se entiende que cabrían en estas actividades.
En el num. 1 se detallan las excepciones a la restricción estipulada
en el art. 3: «a) Adquirir alimentos, artículos de primera necesidad y
productos farmacéuticos; b) Asistir a centros de salud; c) Llegar al lugar
de trabajo y volver a su domicilio», y «e) Trasladarse para atender situa-
ciones de fuerza mayor o de emergencia comprobadas».
En el num. 2 se habla de la suspensión a locales que alberguen a un
número mayor a 30 personas, pero también aquí se exceptúa a aquellos
que realicen actividades de expendio de «artículos de primera nece-
sidad, farmacéuticos, médicos, ortopédicos y similares; [...] [b]rinden
servicios financieros; y [...] [v]endan alimentos para mascotas y equipos
de telecomunicaciones».
El num. 7 dispone el distanciamiento social en los establecimientos
autorizados para funcionar. Este debe de ser de «al menos un metro
entre clientes y entre empleados, a fin de evitar posibles contagios». El
num. 12 estipula la suspensión de clases presenciales y dispone el desa-
rrollo «de plataforma[s] para teleducación».
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 43
Finalmente, el num. 13 dispone la «implementación de modalidad
de teletrabajo de manera progresiva, conforme las directrices de la Au-
toridad Nacional de Trabajo. Asimismo, se deberán establecer acuerdos
sobre jornadas y modalidades de trabajo, para mantener la estabilidad
laboral».
ÁMBITO LOCAL
De manera concordante, desde el Municipio del Distrito Metropo-
litano de Quito (MDMQ) y el Concejo Metropolitano se expidieron
resoluciones y una ordenanza, respectivamente, para regular a nivel
local el estado de excepción nacional.
La primera resolución (MDMQ 2020a) se dio el 16 de marzo de
2020, es decir, el mismo día del Decreto Ejecutivo n.° 1017. Su art. 1
restringe la utilización de bienes de dominio y uso público, en el pe-
ríodo entre el 17 y el 31 de marzo de 2020. Estos bienes son: «a) plazas,
parques y demás espacios destinados a la recreación u ornato público y
promoción turística; b) Las aceras que formen parte integrante de las
calles y plazas y demás elementos y superficies accesorios de las vías de
comunicación o espacios públicos».
En esta misma disposición, en el art. 6 se suspende temporalmente
«la vigencia de los permisos únicos de comercio autónomo otorgadas
por el GAD DMQ, actualmente vigentes, por el período comprendido
entre el 17 de marzo a las 05h00 y el 31 de marzo de 2020». En el art.
7, además, se norma la multa que corresponde a quienes inobserven
esta prohibición, que corresponde al 5 % de una remuneración básica
unificada.
La resolución n.° A-038, la más extensa y detallada, se emitió el 3 de
mayo de 2020. Se basa en informes técnicos de varias secretarías muni-
cipales e instancias nacionales y estipula lo mismo que la resolución del
17 de marzo de 2020, es decir, la restricción al uso del espacio público,
que incluye plazas, parques, aceras y demás (MDMQ 2020b, art. 1).
Esto muestra claramente que las restricciones estuvieron vigentes desde
marzo hasta la emisión de esta resolución, que, además, pide que se
mantengan durante todo el mes de mayo.
También repite la suspensión de los permisos únicos de comercio
autónomo bajo las mismas consideraciones, pero en el art. 10 extiende
la aplicación de la multa del original 5 % de una remuneración básica
44 / Fabián Regalado Villarroel
a «una multa compulsoria de entre cuatro y 20 remuneraciones básicas
unificadas».
Posteriormente, el 19 de mayo se emitió una ordenanza que recogió
todo lo resuelto con anterioridad. En resumen, normó las interacciones
que se darían en el espacio público y en el ámbito laboral una vez que
se relajaran las restricciones impuestas, incluyendo los protocolos de
bioseguridad. También hablaba de las sanciones a quienes incumplieran
las disposiciones (MDMQ 2020c).
Finalmente, en la resolución n.° A-041 del 3 de junio de 2020 se
levantaron las restricciones totales al comercio autónomo, pero se supe-
ditó su trabajo a las disposiciones municipales y nacionales; esto es, no
se les brindó la capacidad total de laborar, como virtualmente se hizo
con otras instancias comerciales (MDMQ 2020d).12
COVID-19 Y MERCADO SAN ROQUE: RELATO PERIODÍSTICO
El relato periodístico, parte de los hallazgos de este estudio, muestra
los hechos acaecidos en los alrededores del MSR desde el inicio del es-
tado de excepción, declarado por el Ejecutivo el 16 de marzo de 2020,
hasta aproximadamente un año después, cuando se cerró la etapa de
campo de este estudio.13
El acopio de la información tuvo dos etapas. En la primera, más ge-
neral, se procuró la información por medios digitales con un criterio de
búsqueda amplio, que consistió en insertar la frase «mercado san roque»
en los buscadores de los principales portales de noticias. Así, se descu-
brió que en medios como La Hora y El Universo existían en total menos
de cuatro artículos al respecto en el período investigado, mientras que
en el buscador del diario El Comercio dio como resultado al menos 40.
Ese portal de noticias era el que de manera más consistente y continua
reportaba sobre el territorio observado.
Los artículos de ese medio fueron los analizados, principalmente
debido a su periodicidad y secuencia lógica. De los 40 resultados se
procedió a hacer un descarte simple de notas repetidas o sin mayor
12 No existió apertura total de actividades de ningún tipo hasta el primer quimestre
de 2021.
13 Inició informalmente en agosto de 2020 y su etapa formal se dio en los meses de
marzo y abril de 2021.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 45
consecuencia. Los dos temas específicos que fueron objeto de segui-
miento y que ayudaron a la clasificación de los artículos fueron: 1. la
afectación del comercio informal del sector del MSR por la pandemia,
y 2. el subsecuente desalojo ejecutado el 24 de marzo de 2020 en la
calle Loja, aledaña al centro de abastos y lugar permanente de una
feria libre en las últimas décadas. A partir de estos criterios quedaron
16 artículos, que presentan una línea de tiempo de los acontecimientos
reportados por este medio.
A manera de contraste, se consultaron portales menos empresariales,
como las redes sociales del Frente de Defensa del Mercado San Roque,
en donde se encontraron indicios para visitar las páginas de CoopDocs,
OCARU y La Línea de Fuego. Además, se ejecutaron búsquedas en
portales digitales como Criterios, Primicias, GK y Plan V. Este último
contenía un reportaje cronológico sobre la problemática del mercado
frente a la pandemia, desde un enfoque distinto al que se encontró en
El Comercio. Con este material, se realizó una lectura e interpretación
desde otras miradas, que también son parte de lo que se expone en la
sección pertinente. La inclusión de estos portales sirve para contrastar
lo reportado por El Comercio, así como para mostrar que los testimonios
recogidos en las entrevistas son evidenciados de manera explícita por
medios periodísticos menos convencionales.14
ANÁLISIS
Se iniciará revisando el artículo del portal Plan V (2020), de media-
dos de abril, que muestra el efecto inmediato de las medidas tomadas en
el MSR en días anteriores y con ocasión de la pandemia.
Se menciona al MSR denominándolo «la cara de una tragedia para
el pequeño comerciante». Se relata que el 24 de marzo de 2020, es
decir, a ocho días de declarado el estado de excepción por parte del
gobierno, el sector del MSR amaneció sitiado. Ya se había producido
el desalojo del comercio informal en sus calles aledañas, gracias a un
contingente de fuerzas del orden de 300 personas (Pareja 2020)15 y ma-
14 Los reportajes muestran en su redacción los conceptos que permean las nociones
de ciudad y que, en muchos casos, son problemáticos, al volverse un querer ser en
territorios como el que se intentó estudiar.
15 En la página de la Policía Nacional se reporta el gran operativo institucional y
se justifica la acción diciendo que se identificó al mercado como «un punto de
46 / Fabián Regalado Villarroel
quinaria para retirar casetas, kioscos y demás mobiliarios. Los motivos
fueron la insalubridad y la aglomeración, que para la Intendencia de
Policía de Pichincha iban a contramano de la cuarentena decretada.
El sitio del MSR ocasionó enfrentamientos con los comerciantes
desalojados. Plan V (2020, párr. 8) cita al alcalde Jorge Yunda, quien
dijo lamentar tener que «hacer cumplir la norma». Después se describe
de manera somera pero decidora el mercado, mencionando que de al
menos 3000 comerciantes que laboraban al interior, solo 500 estaban en
actividad a la fecha del reporte.
El siguiente texto que se analizó fue un corto documental producido
y estrenado por la Cooperativa Audiovisual CoopDocs el 23 de marzo
de 2020, llamado «Coronavirus y mercados populares: COVID-19 y la
distribución de alimentos en la ciudad». Inicia con imágenes del mer-
cado en pandemia, con gente con mascarillas vendiendo, comprando,
cargando alimentos. En off se escuchan las disposiciones de las autorida-
des de ese período: primero el presidente, luego, el alcalde, la ministra
de Gobierno y, finalmente, el vicepresidente. La imagen cambia a una
panorámica aérea del centro de negocios de Quito. Un subtítulo dice
que más de tres millones de habitantes dependen del comercio popular
para su dinámica económica y laboral. Después, la cámara muestra un
plano aéreo prepandémico de un segmento de la calle Loja, repleta de
comerciantes, clientes y locales semifijos (CoopDocs 2020, 00:32).
Otro subtítulo (00:50) advierte que para los trabajadores populares
no es una opción quedarse en casa, mientras pasan tomas de perso-
nas trabajando en el mercado (cargando, vendiendo, desgranando). En
el siguiente subtítulo (1:12) se habla del papel de los mercados como
proveedores para toda la cadena minorista dentro de los barrios de la
ciudad. La siguiente toma relevante es otro paneo aéreo de la calle Loja
anterior al desalojo del 24 de marzo. Esta imagen ilustra la cantidad de
comerciantes y clientes que ocupaban ese espacio (01:16).
Posteriormente, el video presenta tomas del interior del mercado, y
se recalca la necesidad que los comerciantes tienen del trabajo cotidiano,
alta concurrencia de ciudadanos y un foco de contagio de alta probabilidad de
propagación del COVID-19» (Pareja 2020, párr. 1). También se habla de qué
instituciones intervinieron y se alaba la estrategia de cierre previo del mercado
para el éxito del operativo.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 47
así como la falta de apoyo municipal en cuanto a información e insu-
mos para la prevención del coronavirus. Finalmente, se expone la idea
de corresponsabilidad entre los consumidores y quienes comercian for-
mal o informalmente en los mercados, ya que el riesgo sanitario de
estos últimos pone también en peligro la seguridad alimentaria de mu-
chas familias de manera directa e indirecta en la etapa de cuarentena.
Se adjudica entonces a los gobiernos nacional y municipal el cuidado
y la promoción de este y otros centros de abasto para el sostenimiento
alimentario de la ciudad.16
En este mismo tono, el 27 de marzo la revista digital La Línea de
Fuego reportó sobre el desalojo, mencionando expresamente el número
de familias afectadas. La acción se ubica en las calles Loja y sus inter-
secciones Túpac Yupanqui, Cumandá y Cantuña. Son 400 puestos que
llevan más de 30 años en esa calle y que fueron desmantelados sin aviso
previo. La noticia cita un comunicado del Frente de Defensa del MSR
que dice: «En un acto de profunda discriminación y estigmatización los
puestos de trabajo [...] que llevaban allí más de 30 años han sido total-
mente desmantelados y lanzados a la basura [...], un claro acto de irres-
ponsabilidad para con más de 400 comerciantes que en este momento
estamos sin un sostén diario» (La Línea de Fuego 2020b, párr. 2).17
El Observatorio de Cambio Rural (OCARU) hace en su portal
web una línea de tiempo de noticias sobre el MSR. En ella, destaca
el cierre del lunes 20 de abril de 2020 debido a dos casos positivos de
COVID-19. En total son tres noticias que terminan el 21 de junio con
la postergación de la reapertura del MSR.
Con esto en mente, abajo se expone la línea de tiempo de los acon-
tecimientos directamente relacionados con la emergencia sanitaria y
el MSR, según lo reportado por el diario El Comercio bajo los criterios
explicados al inicio de esta sección.18
16 Sincrónicamente, un día después del estreno de este video se produjo el desalojo
de la calle Loja y en lo inmediato el cierre del mercado y sus alrededores por al
menos dos meses.
17 Otro recurso del mismo medio digital que vale la pena visitar es el fotorreportaje
del 19 de marzo de 2020 sobre cómo se vive la pandemia dentro del mercado (La
Línea de Fuego 2020a). Fue realizado por Luis Herrera, uno de los productores
del documental mencionado.
18 Si se desea leer la noticia íntegra, se puede seguir el vínculo colocado en las refe-
rencias de este documento.
48 / Fabián Regalado Villarroel
Tabla 1. Línea de tiempo del diario El Comercio a partir del 16 de marzo de 2020
Fecha Titular Detalle
Se realizó un operativo de control ese día desde las 3 a. m.
sobre la calle Loja, en el cual un contingente de «100 poli-
cías, 100 agentes metropolitanos y personal de la Secretaría
de Seguridad y la Intendencia de Pichincha» exigió a los
400 vendedores que utilizaran mascarilla y guantes, además
de que movieran sus puestos a la acera. El secretario de Se-
Vendedores guridad del Municipio dijo que los comerciantes «cuentan
autónomos no con espacio para que no haya aglomeraciones, no queremos
20 de regularizados de San causar caos ni complicar sus ventas».
marzo de Roque continuarán La misma noticia habla de un plazo de 30 días de estan-
2020 trabajando en la calle cia de los comerciantes en esa calle, ya que posteriormente
Loja por 30 días (El iniciarían obras de repavimentación, así como limpieza y
Comercio 2020a) mantenimiento de alcantarillas.
Están claras las intenciones del Municipio de intervenir físi-
camente en la calle Loja y aledañas. Incluso se cita a Myriam
Puco, dirigente de este sector y del Frente de Defensa, quien
agradece que les dejen trabajar y sustentarse con esa activi-
dad. Finalmente, la noticia repite, de boca de una comisaría,
que en 30 días se reubicará a los comerciantes de ese sector.
Más de 300 miembros del Ejército, la Policía Nacional y la
Agencia Metropolitana de Control desmantelaron los pues-
Ventas informales de
tos de la feria informal de San Roque, en las calles Loja
San Roque fueron
y Cumandá, en la madrugada del martes 24 de marzo de
24 de desalojadas del
2020.
marzo de centro de Quito la
Oficialmente, la Agencia Metropolitana de Control hizo
2020 madrugada del 24 de
esto para «evitar aglomeraciones», como paliativo para fre-
marzo de 2020 (El
nar los contagios de COVID-19. La remoción se ejecutó
Comercio 2020b)
con la fuerza policial y municipal, acompañada de maquina-
ria que quitó todos los locales de madera o semifijos.
MSR suspendió sus A partir de las 10 a. m., en esa fecha se suspendieron las acti-
24 de
actividades el 24 vidades en el mercado por motivos de fumigación y limpie-
marzo de
de marzo de 2020 za. Esto ocurrió debido a la gran cantidad de comerciantes
2020
(Puente 2020a) informales que estaban en los alrededores del mercado.
El horario del mercado se redujo a 7 horas en total: desde
las 5 a. m. hasta el mediodía. No se permitió la presencia
de ningún comerciante ambulante en las calles de los alre-
MSR amaneció sin dedores del mercado. Además, el ingreso al mercado estaba
25 de ventas informales en restringido. Esto significaba que tenía una sola entrada, con-
marzo de el centro de Quito y trolada por la Policía. No podían ingresar adultos mayores
2020 abrirá hasta las 12:00 y existía restricción por número de cédula (esta restricción
(Puente 2020b) se dispuso a todos los mercados y centros de abasto de la
ciudad). Se insistió en que los comerciantes informales de
las calles aledañas fueron desalojados por temas de higiene
pública.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 49
Fecha Titular Detalle
Casi dos semanas después del acontecimiento anterior se re-
portó una aglomeración de comerciantes informales en los
Aglomeración de
alrededores del mercado, específicamente en las calles «Ab-
personas en las
dón Calderón, Cantuña, Túpac Yupanqui, Cumandá, Tena y
6 de abril inmediaciones del
La Ermita», y se hizo hincapié en las consecuencias insalu-
de 2020 MSR de Quito, el 6
bres de este evento. Se reportó la medida de colocar sesenta
de abril de 2020 (El
vallas metálicas en varias zonas aledañas (intersecciones de
Comercio 2020c)
la calle Ambato, calle Cumandá —ingreso al mercado— y
av. Mariscal Sucre).
El MSR cerrará sus La Agencia de Coordinación Distrital del Comercio
19 de abril puertas desde este (ACDC) ordenó el cierre del MSR, así como de todos los
de 2020 lunes 20 de abril (El negocios de sus alrededores. El motivo fue el incremento de
Comercio 2020d) casos de COVID-19 reportados en esa zona.
Un mes después del desalojo, se reportaron disturbios en el
sector circundante al MSR, lo que provocó el vallado total
de las calles aledañas. Este altercado se dio durante dos días,
antes de ser controlado. Los problemas que se reportan en la
14 detenidos
noticia son «ventas no regularizadas, inseguridad, irrespeto
23 de en operativo en
a medidas de seguridad vigentes por la pandemia, comer-
mayo de San Roque y 3
cialización de sustancias sujetas a fiscalización». La situación
2020 agentes heridos (El
se controló con un contingente compuesto por noventa
Comercio 2020g)
funcionarios de instituciones como la Secretaría de Seguri-
dad, el Cuerpo de Agentes, la Policía Nacional, las Fuerzas
Armadas, la Agencia Metropolitana de Control y la Agencia
Metropolitana de Tránsito.
Se cuenta que persistía el comercio informal en los alrede-
dores del mercado, y que esto atentaba contra la salubridad
y el orden en el espacio público, debido a que «los comer-
ciantes autónomos irrespetan las medidas de bioseguridad:
Ventas informales
11 de no se ubican a dos metros de distancia, colocan sus produc-
se aglutinan en los
junio de tos sobre el piso y no todos usan mascarilla». Se reporta un
alrededores del MSR
2020 número de doscientos vendedores en una calle cercana pero
(Bravo 2020a)
no aledaña al mercado (Abdón Calderón). Esto causó una
aglomeración que no tomaba en cuenta la distancia nece-
saria; además, «los estibadores se servían alimentos en la vía
pública, sin protección».
Protestas de los En este video se sigue una línea lógica que coincide con
comerciantes las situaciones reportadas en noticias anteriores: un control
12 de
autónomos en los municipal que no otorga alternativas a las personas que sub-
junio de
alrededores del sisten con estas actividades. En el video se ve a dirigentes
2020
MSR (El Comercio realizando un plantón, pidiendo una reubicación y exigien-
2020h) do reunirse con el alcalde para lograr este cometido.
Vendedores
ocuparon las aceras
13 de Los comerciantes —aunque en menor número— volvieron
de la calle Abdón
junio de a ocupar la calle Abdón Calderón, dos cuadras al sur de la
Calderón en el
2020 calle Loja.
sector del MSR
(Trujillo 2020)
50 / Fabián Regalado Villarroel
Fecha Titular Detalle
La ACDC informó que el plazo del 22 de junio para la
reapertura del MSR no se cumpliría por recomendación
de la Secretaría de Salud: «Existe un 41 % de comerciantes
que podrían transmitir el virus que causa el COVID-19, a
Municipio posterga pesar de haber desarrollado respuesta inmunitaria secunda-
21 de reapertura del MSR; ria a la infección». Para la reapertura, todos y cada uno de
junio de hay casos de CO- los comerciantes de mercados y ferias de Quito deberían
2020 VID-19 (El Comer- mostrar una prueba negativa de COVID-19, provista por el
cio 2020i) mismo Municipio.
Esto implicaba a los comerciantes autónomos que hacían
intentos por ubicarse en los alrededores pero eran desalo-
jados por las autoridades de control. Por esta disposición se
reforzaron los controles.
Se da seguimiento a la disposición de la ACDC del día an-
terior, que hizo que el mercado pospusiera su reapertura
MSR, ubicado en el
debido a criterios de la Secretaría de Salud. Al parecer, no
centro de Quito, no
22 de todos los comerciantes se enteraron de ello y se toparon con
atendió al público
junio de el mercado cerrado.
este 22 de junio
2020 Aquí se repite el testimonio de un estibador, quien reflejó la
como estaba previsto
situación de subsistencia de las personas que están implica-
(Bravo 2020b)
das con el mercado, al señalar que ya eran cuatro meses sin
ingresos para ellos y sus familias.
Comerciantes piden La autoridad de la Secretaría de Seguridad dijo que pro-
25 de la reapertura del gresivamente se volvería a abrir el MSR, siempre que se
junio de MSR: Reportaje en cumplieran las medidas de bioseguridad. Esto hizo que se
2020 video (El Comercio llegara a un acuerdo para la reapertura a partir del 29 de
2020j) junio de 2020 (El Comercio 2020k).
Se llama la atención sobre la cuadra de la calle Loja que
limita al occidente con la calle Cumandá y al oriente con la
Aglomeración en los
av. Mariscal Sucre, al igual que el tramo de la calle Cumandá
3 de alrededores de San
desde La Libertad hasta Loja. Se dice que a las 8h30 había
noviembre Roque, este martes 3
una alta aglomeración de comerciantes ambulantes y pocos
de 2020 de noviembre (Bel-
clientes. Se reporta que, aunque estaban presentes agentes
trán 2020)
metropolitanos, estos no tenían potestad para dispersar la
aglomeración.19
El Municipio, por medio del secretario de Seguridad, con-
Comercio autónomo
formó una mesa técnica para la reubicación de varios focos
11 de crece en Quito y la
de aglomeración del comercio informal. Se cuenta que, si
marzo de reubicación no se
bien se ha reubicado temporalmente a cien de los 400 co-
2021 concreta (Romero
merciantes de la calle Loja, aún no hay una solución defini-
2021)
tiva a su situación.20
Elaboración propia.
19 Esto se repite en una noticia del 28 de noviembre, pero al nivel de toda la ciudad, aun-
que se menciona a la calle Loja como uno de los focos problemáticos en este sentido.
20 Esto muestra a las claras que, desde su desalojo el 24 de marzo de 2020, un año
después aún no podían retornar plenamente a su actividad.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 51
En este barrido de material periodístico es clara la situación que,
fruto de las restricciones y medidas que provocó la pandemia, atrave-
saron las y los comerciantes del sector del MSR, especialmente en la
calle Loja. Esto sirve como un preámbulo para la descripción de lo que
por medio de observación directa y de entrevistas semiestructuradas se
logró recabar de primera mano para esta investigación.
ESTUDIO DE CASO: COMERCIANTES INFORMALES DE LAS CALLES
CUMANDÁ Y LOJA
A continuación se expondrá la información recogida directamente
en las calles aledañas al MSR por medio de la observación directa y las
entrevistas cortas o semiestructuradas. La observación directa versará
sobre ambas calles y se referirá a visitas realizadas en distintos días del
mes de marzo y abril de 2021. La descripción se centrará alrededor de
los conceptos delineados anteriormente: el marco general de obser-
vación flotante de Manuel Delgado (1999) y las categorías específicas
de reivindicaciones e infracciones en el espacio público de Goffman
(1979).
EL ESPACIO PÚBLICO DE LAS CALLES LOJA Y CUMANDÁ:
ANÁLISIS DE OBSERVACIÓN ETNOGRÁFICA EN CAMPO
Esta observación se hizo con registro de audio y fotografías en dos
ocasiones: el 2 y el 9 de abril de 2021. Pero también se visitó el lugar
para realizar entrevistas el 30 de marzo y el 6 de abril, y se anotaron
otras observaciones.
Según la costumbre del mercado, los días de feria son martes, viernes,
sábado y domingo. Por esto se eligió observar y entrevistar en esos días.
Lo primero que cabe decir al respecto es que, debido al cambio en la
dinámica social y urbana fruto de las restricciones impuestas para frenar
la pandemia, estos días de visita no se comparan al nivel de aglomera-
ción que existía en el mercado antes de la emergencia sanitaria.21 Esto
hizo que los días martes no se viera mucha circulación de personas, y
que hubiera mayor concentración los viernes. Se realizó una visita un
día jueves a mediados de marzo y se encontró muy poca actividad.
21 Como investigador del Instituto de la Ciudad, tuve la oportunidad de hacer estu-
dios de campo en los años 2014 y 2015 en este mercado y sector. La experiencia
era de una aglomeración sofocante.
52 / Fabián Regalado Villarroel
La metodología de observación que se definió fue la de separar am-
bas calles en segmentos de calle a calle. De norte a sur, los segmentos
fueron:
Tabla 2. Segmentos de estudio de las calles aledañas al MSR
N.º Calle principal Desde Hasta
1 Av. 24 de Mayo La Libertad
Cumandá
2 La Libertad Loja
3 Loja y Cumandá Esquina
4 Cumandá Túpac Yupanqui
5 Loja Túpac Yupanqui Cantuña
6 Cantuña Av. Mariscal Sucre
Elaboración propia.
En estos seis segmentos se realizaron observaciones en tres aspectos:
general, vereda 1 y vereda 2. En el caso de la calle Cumandá, las aceras
corresponden a los flancos oriental y occidental y, en el caso de la ca-
lle Loja, al norte y al sur. Se observó el espacio público en su relación
con los distintos usos que le dan las personas en el sector. Evidente-
mente predominan los factores de compra y venta de productos; sin
embargo, existen también otros factores que se detallan en la respectiva
descripción.
Se utilizaron las categorías de Goffman (1979) para mostrar la rela-
ción de las personas observadas con el espacio público. Si bien estas ya
se detallaron en el primer capítulo, a continuación se presenta una tabla
para que su aplicación sea más didáctica.
Tabla 3. Categorías de observación dentro del espacio público
Reivindicaciones dentro del espacio público
El espacio en torno a un individuo, en cualquier punto dentro del cual la
Espacio personal entrada de otro hace que el individuo se sienta víctima de una intrusión,
lo que lo lleva a manifestar desagrado y, a veces, a retirarse.
El espacio bien definido que los individuos pueden reivindicar temporal-
mente, en el que la posesión total no existe. Son contextos fijos como salas
Recinto
de espera o sillas en la playa, es decir, lugares que pueden ser reivindicados
por uno o más individuos temporalmente.
El territorio que está inmediatamente en torno o frente a una persona, cuya
Espacio de uso
reivindicación se respeta debido a evidentes necesidades instrumentales.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 53
Reivindicaciones dentro del espacio público
El orden en que un reivindicador recibe un bien de algún tipo en relación
con otros reivindicadores en la situación. En ello interviene una norma de
Turno
decisión, conforme a la cual se ordena a los participantes por categorías,
individualmente, o una mezcla de ambas cosas.
La piel que cubre el cuerpo y las ropas que cubren la piel. El envoltorio
Envoltorio es el menor de todos los espacios personales posibles. Es una reserva por
derecho propio, el tipo más puro de territorialidad egocéntrica.
Territorio de Todo conjunto de objetos que se pueda identificar con el yo y organizar
posesión en torno al cuerpo, dondequiera que este se halle.
Reserva de la La serie de datos acerca de uno mismo, cuyo acceso una persona espera
información controlar mientras se halla en presencia de otras.
El derecho de un individuo a ejercer algún control sobre quién puede
Reserva de la llamarlo a conversar y cuándo, y el derecho de un grupo de personas que
conversación han iniciado una conversación a que su círculo esté protegido contra la
entrada y escucha de otros.
Infracciones dentro del espacio público
Colocación ecológica del cuerpo en rela-
Forma de mirar al otro.
ción con el territorio reivindicado.
Ruidos que puede hacer una persona.
Orden jerárquico que ocupan los grupos en
Forma de dirigir la palabra.
el espacio público.
Desechos y olores corporales.
Potencialidad de ser tocado en las manos.
Fuente: Goffman (1979, 47-70).
Elaboración propia.
En la observación se realizaron preguntas referidas a la experiencia del
cuerpo en el espacio público, que suscitan reflexiones ligadas a la vivencia
del espacio como persona física primero y como investigador después.
Estas fueron: 1. ¿qué promueve este espacio?; 2. ¿qué permite este espa-
cio?; 3. ¿qué prohíbe este espacio?; 4. ¿qué existe en este espacio?; 5. ¿qué
no existe en este espacio?; y 6. ¿qué podría haber en este espacio?
Para que se note en detalle a qué se refieren las reivindicaciones es-
paciales o territoriales, Goffman estipula los elementos que conforman
la reivindicación espacial: el bien reivindicado, la reivindicación que
se da sobre el bien, el impedimento de reivindicación, el/la contra-
rreivindicador/a, y el/la agente de reivindicación. También define los
territorios donde se dan las reivindicaciones y los divide en tres grandes
categorías: fijos (privados: campos, patios, casas), situacionales (semi-
privados o públicos: parques, salas de espera, centros comerciales) y
egocéntricos (bienes que lleva consigo la persona) (Goffman 1979, 47).
54 / Fabián Regalado Villarroel
El relato se hará sobre los aspectos destacados por cada segmento,
divididos en dos aceras. Los segmentos seguirán esta estructura: 1. ca-
lles que comprende el segmento; 2. descripción de la vereda analizada;
3. análisis desde las categorías de reivindicación e infracción de Goff-
man; y 4. respuesta a las preguntas sobre la experiencia del cuerpo en
el espacio.22
Segmentos observados
A continuación, se describirán los hallazgos por cada segmento de
las calles objeto de este estudio. En el Anexo se consignan las tablas con
la información exhaustiva de la observación.
El segmento 1 se ubica sobre la calle Cumandá y va desde la
av. 24 de Mayo a la calle La Libertad. En la vereda oriental se observó
poca ocupación. Las personas reivindican el recinto y el territorio de
posesión con productos sobre la acera. En relación con el cuerpo y el
espacio público, se promueve el paso libre de peatones y se permite la
espera con mercancías. No hay vallas metálicas ni agentes.
La vereda occidental se caracteriza por ser totalmente comercial en
planta baja, de giros relacionados al mercado. Se reivindican el espacio
personal, el recinto y el espacio de uso, porque las tiendas extienden su
territorio sobre la acera. En relación con el cuerpo y el espacio público,
se promueve y permite la comercialización de alimentos, a la vez que se
prohíben las ventas ambulantes.
El segmento 2 está sobre la calle Cumandá, desde la calle La Li-
bertad hasta la calle Loja. Lo primero que destaca en días de feria es la
colocación de vallas metálicas para impedir el paso de carros a motor.
En la vereda oriental existe aglomeración de comercio ambulante. Se
reivindica el espacio personal, al igual que el envoltorio, de manera
inversamente proporcional a la aglomeración. La cantidad de personas
también provoca el uso del turno para el derecho de paso. Esta condi-
ción ocasiona infracciones debido a la masividad y la cacofonía de la
presencia humana. En relación con el cuerpo y el espacio público, se
promueven el comercio ambulante y el paso peatonal. Se prohíbe el
paso de vehículos a motor.
22 No necesariamente se listan todas las categorías, sino las que aplican a la obser-
vación. Esto es igual en la parte de cuerpo y espacio público, es decir, constan
solamente los criterios que destacan en el flanco del segmento observado.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 55
En la vereda occidental destacan los locales de frutos de mar en
seguidilla. Se reivindican el espacio personal, el recinto y el espacio de
uso con el turno, al igual que el territorio de posesión, debido a que
los locales expanden sus productos hacia la acera y hay filas para ingre-
sar a estos negocios. La infracción principal (mácula) es el fuerte olor
a pescado, acompañado del lavado de productos de sangre y vísceras
desechado en las alcantarillas. En relación con el cuerpo y el espacio
público, se prohíbe la venta ambulante sobre la vereda.
El segmento 3 es la esquina de las calles Cumandá y Loja, que fue el
punto con mayor aglomeración de personas en la zona de estudio. Los
productos que se ofrecen son mayormente comidas procesadas, ropa o
utensilios para el hogar. Se reivindica muy poco debido a la alta aglo-
meración, pero el turno es indispensable para el derecho de paso. Las
infracciones inician por el ruido, pero también existen roce, presión y
empujones con las demás personas. En relación con el cuerpo y el es-
pacio público, se promueven y permiten el paso de peatones y la venta
ambulante. Se prohíbe la estancia prolongada en un solo lugar.
El segmento 4 se ubica sobre la calle Loja, y su tramo va desde la ca-
lle Cumandá hasta la Túpac Yupanqui.23 Desde este tramo hasta el final
de la calle Loja, ambos flancos estuvieron cercados por vallas de metal;
además, no se permitía la circulación de autos por la calle y se limitaba
el paso de personas. En la vereda sur hubo poca o ninguna aglomera-
ción en los días de observación. Se reivindica el recinto, pero de una
manera mucho más tímida que en otros tramos. La principal infracción
es la restricción de la libre circulación. En relación con el cuerpo y el
espacio público, principalmente se prohíben el comercio ambulante y
el traslado indistinto de acera a calle.
En la vereda norte es difícil alguna reivindicación, ya que es una
acera más estrecha y con el vallado se vuelve una especie de embudo.
En relación con el cuerpo y el espacio público se promueven y per-
miten el comercio formal y el paso de peatones. Existen, a manera de
excepción, arbolado y un mural artístico casi en la esquina con la calle
Cumandá.
23 Antes de la pandemia, este segmento iniciaba una calle llena de puestos de venta
de alimentos crudos. Estos puestos podían ser móviles (parasoles y cajones de ma-
dera), semimóviles (carretillas, quioscos desmantelables, mesas, parasoles) o fijos
(casetas de cemento y hierro con techos de metal).
56 / Fabián Regalado Villarroel
El segmento 5 se ubica sobre la calle Loja y su tramo va desde la calle
Túpac Yupanqui hasta la calle Cantuña. Aquí existen locales en prime-
ra planta. La mayoría de ellos venden alimentos crudos, pero también
comida procesada y bienes de primera necesidad.24 Aquí se reivindica el
espacio peatonal, aunque la continuidad de barreras metálicas se vuelve
una infracción. En relación con el cuerpo y el espacio público, se pro-
mueven y permiten el paso peatonal y la venta formal, y está prohibida
la venta ambulante.
En la vereda norte se encuentra la entrada al Centro Comercial San
Roque, al igual que la entrada a otra ala del mercado, de venta y repa-
ración de artículos usados. Aquí existen los mismos problemas de limi-
tación por vallas, pero esta vez en media acera, debido a su amplitud.
La infracción principal es la venta de sustancias sujetas a fiscalización,
lo que vuelve al entorno particularmente inseguro. En relación con el
cuerpo y el espacio público, se promueven y permiten el paso y la en-
trada a sectores del MSR.
Finalmente, el segmento 6 se ubica sobre la calle Loja y su tramo
va desde la calle Cantuña hasta la avenida Mariscal Sucre. Se destaca
por su amplitud y la existencia de locales comerciales en seguidilla en
ambas veredas. En la vereda sur se reivindica el espacio personal, ya que
en este tramo no existen vallas metálicas. En relación con el cuerpo y
el espacio público, se promueven el comercio y el libre movimiento de
peatones. Se prohíbe el comercio ambulante.
En su vereda norte se encuentra la entrada a la plataforma donde se
encontraban reubicadas una pequeña porción de los y las comerciantes
desalojadas en marzo de 2020. Aquí predominan las tercenas. Se reivin-
dica el espacio personal por la amplitud de la acera. En relación con el
cuerpo y el espacio público, se promueven y permiten la circulación pea-
tonal y el comercio formal. Por otro lado, se prohíbe la venta ambulante.
En definitiva, se pueden ver espacios controlados y con característi-
cas muy distintas a las que tenían antes de la pandemia.25 Este cambio
24 A la mitad de esta cuadra existe una especie de callejón en donde se ubican ventas
con puestos de techos de lona. Esto recuerda a la anterior vocación de esta calle,
pero dentro de un predio privado.
25 Las características anteriores a la pandemia eran: espacios de altísima aglome-
ración de personas en días de feria y alta aglomeración en días regulares; espa-
cios públicos reivindicados por el comercio informal en todo el perímetro del
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 57
es mucho más acusado en la calle Loja: en las observaciones, esta calle
estuvo mucho menos agitada que la Cumandá.
Estos cambios en el espacio público han sido parte de la experiencia
de vida de todas las personas que comerciaban alrededor del MSR. Esta
vivencia da cuenta del impacto que estos cambios físicos tienen en la
cotidianidad de las personas que buscan su sustento en estas calles. En
el siguiente segmento, se mostrará el relato de estas vivencias en los
testimonios de comerciantes entrevistadas y entrevistados para este fin.
VIVENCIAS EN PANDEMIA: COMERCIANTES DE LA CALLE LOJA
En esta sección final se muestra lo recabado en entrevistas con co-
merciantes que fueron desalojados de la calle Loja el 24 de marzo de
2020 y dos comerciantes que aún laboraban en el lugar.
Esta recolección de información ocurrió el 6 de abril de 2021 en
horas de la mañana; cinco entrevistas se organizaron en la plataforma
improvisada de entrada a la escuela intercultural bilingüe ubicada en la
esquina de la calle Loja y la av. Mariscal Sucre, y dos, con comercian-
tes sobre la calle Loja. En observaciones durante meses anteriores, esta
plataforma se encontraba cerrada. Al ver que existían comerciantes en
ella, ingresamos por curiosidad y logramos dar con un grupo reubicado
temporalmente allí.26
Este grupo está dirigido por Myriam P., una de las personas más
mencionadas en las noticias periodísticas sobre el sector y, además, vi-
cepresidenta del Frente de Defensa y Modernización del MSR, grupo
conformado por dirigentes de varios sectores del mercado que se com-
plementa con asesorías desde el activismo y la academia.
Los testimonios serán presentados de acuerdo con los temas abor-
dados por los y las comerciantes en sus alocuciones. Se realizaron dos
preguntas suscitadoras: ¿cómo cree que la pandemia de COVID-19 ha
afectado su situación como comerciante?, y ¿cómo cree que la interven-
ción municipal ha afectado su situación como comerciante? Los testi-
monios se dividen en estos dos temas.
mercado, incluidas las calles paralelas; y el espacio público de la calle Loja total-
mente reivindicado por el comercio informal y ambulante, que incluía puestos
fijos y semifijos sobre vereda y calzada.
26 Cinco de las y los entrevistados son parte de la Asociación 4 de Diciembre, una
de las siete que trabajaban en la calle Loja. Cabe mencionar que las entrevistas se
pudieron ejecutar gracias al apoyo de la comunicadora Noemí Vicente.
58 / Fabián Regalado Villarroel
Tabla 4. Afectación a su situación como comerciante por causa de la pandemia
La vendedora Rocío T., de 55 años y con 3 hijos, tiene un local fijo sobre la calle Loja y
reporta que existe una dramática baja de la clientela.
Teresa C., de 56 años y con 3 hijos, dice que la pandemia ha cambiado la dinámica del
mercado. En días de feria no hay clientela en la cantidad que existía antes: «Está todo
despejado, porque la gente no viene, no viene por esto de la epidemia [sic]».
María P., de 56 años y con 6 hijos, comenta que el desalojo en el contexto de la pande-
mia cambió totalmente su forma de trabajo, en detrimento de su calidad de vida: «Esta
pandemia nos ha dejado a nosotros ahorcados». Reflexiona que la situación es muy difícil
para las personas que comercializaban en la parte exterior, pero también para los de la
parte interna del mercado, ya que existía una relación simbiótica. Cuenta que antes no
solo aseguraban su subsistencia, sino que también daban empleo a los guardias que cui-
Economía daban las mercaderías en la noche, porque las comerciantes dejaban todo en sus puestos.
Existía también empleo para ayudantes, usualmente de la misma familia o allegados. En
la situación actual trabajan solas.
El testimonio de José L., de 54 años, es el de un comerciante que viaja todos los días
desde Cayambe para lograr su sustento. Reporta que en la actualidad no logra ingresos,
que en tiempos anteriores a la pandemia eran suficientes.
Miriam C., de 37 años y con 4 hijos, dice que debido a la falta de estabilidad y clientela,
sus ingresos han bajado enormemente, por lo que tiene problemas para pagar los servicios
básicos mensualmente.
Aníbal M., de 59 años y con 3 hijos, reporta que el comercio en la calle Loja es el único
ingreso que tiene y que actualmente solo le sirve para comer, ya que tiene deudas con
bancos que no puede pagar. La cuarentena extremó esta situación.
Myriam P., de 50 años y con 3 hijos, comenta que fue parte de reuniones previas en las
que se discutía la situación de la pandemia. En ellas informaron a los 400 comerciantes
de la calle Loja que tenían que salir por temas de salubridad. Respecto al COVID-19,
Salud dice que no ha habido mayor afectación. La mayoría de enfermos que se han reportado
son personas que no estaban presentes en el mercado y que se contagiaron en otros
lugares. Sentencia: «A nosotros la pandemia no nos va a matar; el hambre, la necesidad y
la desesperación sí».
Miriam C. dice que hay que tomar en cuenta que muchos trabajadores jóvenes han
sufrido la muerte de sus padres en esta pandemia, lo que los deja en una situación difícil
Familia en todo sentido. Su padre murió recientemente y ella ahora está a cargo de su madre,
aparte de sus 4 hijos. Es consciente de que el mercado laboral formal es muy complicado,
especialmente para personas como ella, que «a duras penas han terminado la escuela».
Teresa C. vende directamente sobre la calle Loja y dice que uno de los problemas para
que exista fluidez en el comercio tiene que ver con la delimitación física que se ubicó en
este sector (vallas metálicas).
Respecto a la seguridad, Teresa reporta que en la actualidad es mucho peor, ya que antes
existía un sentido de comunidad que hacía que se detuviera o se limitara la actividad
Espacio delictiva. «Nosotras veíamos a algún ladrón, todas nos levantábamos, le seguíamos a palos.
público Ahora arranchan los celulares y salen corriendo. Como ya tienen más espacio para correr
[...], ha facilitado más la delincuencia».
María P. dice que, más allá del virus, la intervención municipal es el verdadero problema,
y esto está causando a las comerciantes y sus familias enfermedades por estrés, deudas y la
dificultad de lograr la subsistencia diaria.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 59
Rocío T. comenta que, si bien casi todos sus hijos ya son profesionales, teme por el último,
que aún no termina la carrera de ingeniería industrial.
A Miriam C. le preocupa mucho el tema de la educación de sus hijos, ya que todos están
Educación
en edad escolar. En la actualidad se requiere tener servicio de internet y un equipo básico
que no puede pagar, por lo que ninguno de ellos está estudiando. Aunque existen varias
escuelas, todas están cerradas por la pandemia.
Elaboración propia.
Tabla 5. Intervención municipal en los alrededores del mercado
Rocío T. dice: «El alcalde nos engañó. Este señor Yunda [...] les engañó a las señoras que
vendían en la calle. Les dijo que les retiraba de los puestos por la pandemia, y les mandó.
Y después se sentía orgulloso diciendo que fue el único alcalde que ha levantado la calle
Loja cuando no fue así, eso fue un engaño».
El comerciante José L. afirma que el alcalde usó el argumento del mercado y sus alre-
dedores como foco de contagio para realizar esta intervención, que fue mucho más allá
de un tema sanitario.
Teresa C. opina parecido, pues recuerda que se avisó a las vendedoras que se limpiaría y
fumigaría la zona, pero no que iban a desmantelar los puestos y llevarse su mercadería.
«Se llevaron todo sin comunicarnos. Fue una gran mentira del señor alcalde y las auto-
ridades, que nos mintieron diciendo que solo iban a fumigar y después —como yo vivo
Proceso allá arriba— ya se veía que se llevaban todo los tractores [...], y uno no se podía bajar a
ver nuestras cosas, porque era justo el toque de queda, no se podía salir».
Para María P., también existió engaño para realizar el desalojo. Recuerda que el día 23
de marzo les «mandaron a la casa. Eso fue a las once, doce del día. A la medianoche del
mismo día han venido los pailoders [sic], las volquetas, los municipales a llevarse todas las
frutas que hubo aquí, los parasoles, las mesas, las estructuras [...]. Si nos hubiesen dicho
“Lleven las cosas”, nosotros hubiésemos cogido y llevado a la casa o dejaríamos en una
bodega, pero no, se llevaron todo. Ahí perdimos como más de mil dólares por cada es-
tructura [...]. Más claro, nos dejaron en la quiebra».27
Myriam P. recuerda el día del desalojo. Según un documento firmado por ella, como
dirigente, se acordaba la salida de los comerciantes para la fumigación y limpieza, pero
no el desmantelamiento de los puestos.
Respecto a la confiscación de mercaderías, Myriam P. dice que sí hubo personas que pu-
Destino
dieron salvar su inversión, debido a que embodegaban cada fin de jornada sus productos
de la
(especialmente en su asociación). Asimismo, lamenta que hayan destruido las infraes-
merca-
tructuras —kioscos—; una asociación (según el testimonio de María P.) había invertido
dería
USD 600 en la fabricación de casetas uniformes.
27 María P. recuerda que meses antes habían renovado sus puestos con una inversión
de USD 600 por comerciante, pero el desalojo fue violento: no se desinstalaron
las carpas o estructuras, se las rompió con las máquinas. Esto coincide con lo
reportado por las noticias citadas en la sección pertinente.
60 / Fabián Regalado Villarroel
María P. contó que muchos comerciantes, al ver en los medios digitales lo que ocurría,
intentaron llegar a la zona, pero se encontraron con piquetes policiales que usaron gas
lacrimógeno para disuadirlos. En esto coincide con el testimonio de Aníbal M., quien
habla también de cómo esta acción debilitó al tejido organizativo, ya que cada vende-
dora pidió apoyo a su respectiva dirigencia y, en algunos casos, esta interacción se volvió
violenta, porque se buscaban culpables de esta súbita intervención. Es decir, se pensaba
Reac- que alguna dirigente sabía lo que iba a pasar y había «traicionado» a sus compañeras.
ción
Myriam P. recuerda que, de manera posterior al desalojo, las asociaciones se movilizaron
para conseguir reuniones con autoridades, activistas y el alcalde, quien estaba al tanto
de su situación. Al ver que desmantelaron puestos y se llevaron mercadería, ella como
dirigente fue de manera inmediata a la Defensoría del Pueblo a reportar lo ocurrido.
Dice que el Frente de Defensa del MSR sabe de la situación y ha luchado para que las
comerciantes no se queden en el aire.
Miriam C. habla de un hecho más reciente, posterior a la intervención municipal en
marzo de 2020, y tiene que ver con la remodelación de la calle Loja que se dio a partir
de los últimos meses de 2020 hasta la actualidad. En este aspecto, habla de la relación con
el alcalde, quien se hizo presente cuando estaba en marcha el proyecto (un mes antes de
la entrevista). Él les dijo que hacía eso para que volvieran a trabajar ahí mismo ordenada
y limpiamente.
Las vendedoras pensaron que era verdad, pero «a los dos días mandó a los señores metro-
politanos». Ella y sus compañeras saben que los agentes solamente hacen su trabajo, pero
«les guste o no les guste» tienen la intención de salir otra vez a la calle a comerciar, «así
Prome- tengamos que matarnos hemos de matar; si nos mata, ha de matar una o dos personas,
sas de la pero a la final nosotros tenemos que luchar».
Alcaldía A Miriam C. le sorprende la actitud del alcalde, «siendo del campo y siendo criado aquí
en el MSR, y su madre trabajaba igual que nosotros, para que él se ponga en este plan,
algo injusto, no tener corazón...Y dese cuenta: él ahorita no nos da oído, y eso que está
una pata afuera y una pata adentro. Maldito, vea». Deja en claro que ella y sus compañeras
de la asociación dieron su apoyo al alcalde en las urnas, porque por su origen similar
pensaron que las iba a ayudar.
Myriam P. cuenta que, gracias a las negociaciones de las dirigencias, la alcaldía reubicó
al comercio de la calle Loja inicialmente en la plataforma 1.° de Mayo. Sin embargo,
es enfática al declarar que en ese lugar ella y sus compañeros «fracasamos. Fuimos, no
vendíamos. Lo que la autoridad ofreció, nunca cumplió».
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 61
Myriam P. comenta que ellos estuvieron algunos meses en la plataforma 1.° de Mayo.
Decidieron volver a la Loja porque esta calle estaba ahora ocupada por comerciantes
que anteriormente no vendían allí. Es decir, se les quitó el puesto y se permitió que lo
ocuparan otras personas. Entonces, varias asociaciones decidieron volver a tomarse la
calle Loja, lo que ocasionó que el Municipio iniciara obras físicas en el asfalto y la acera,
y detuviera cualquier actividad.
Esta situación fue causa de otra reunión con el alcalde, en la que se les ofreció una solu-
ción: la reubicación en la explanada de la entrada sur de la escuela intercultural bilingüe
—terreno municipal— por 45 días. Al final de este plazo, se espera que regresen a la
Situa- plataforma 1.° de Mayo. Ella es firme al estipular que no van a acatar esa disposición y
ción que volverán a las calles a vender, porque ese lugar es de ellas y no de las personas nuevas
actual que ahora intentan ocuparlo. Considera que, para que tenga éxito una reubicación en la
plataforma, la municipalidad tiene que asegurarse de que no existan ventas ambulantes
en el contorno del mercado.
Miriam C., al igual que las demás entrevistadas, comenta que la plataforma donde se
encuentran actualmente está prestada por la escuela por 30 días (en el momento de la
entrevista ya llevaban 8 días allí). Antes de ingresar a la plataforma estaban en la calle,
«tratados como delincuentes por los señores policías».
Myriam P. comenta que en la plataforma temporal de la escuela hay pocos comerciantes.
El resto de los 400 comerciantes que ya no están en la calle Loja están «regados, porque
es gente que toda la vida le gustó el desorden».
Miriam C. dice que, aunque hay agentes metropolitanos comprensivos que les dejan
desarrollar su actividad, «hay otros que son groseros, abusivos, nos faltan al respeto, nos
quitan, nos dicen que somos unas ladronas, que nosotras somos cómplices de los ladro-
nes: “Malditas, lárguesen [sic] a la casa”. O sea, nos tratan a la patada». Esto se convierte
Rela- en una espiral de confrontación, ya que, si ellos les faltan al respeto, las vendedoras reac-
ción cionan de la misma manera.
con las Además, Miriam C. reporta haber sido, al igual que otras compañeras, víctima de vio-
autori- lencia física por parte de los agentes metropolitanos. «A mi hijo, que tiene 15 años, le
dades pegaron, le botaron al suelo, le vinieron revolcando desde la otra esquina hasta esta es-
quina, porque estábamos rodeando. Dijo que no era permitido, que nosotros estábamos
robando». Aunque le recomendaron denunciar esta agresión en la fiscalía, al estar ahí, le
pidieron nombre y apellido o número de cédula del agresor. Ella obviamente no tenía
estos datos.
Teresa C. dice que podrían trabajar como antes de la pandemia, pero con un compromi-
so de parte de las vendedoras de llevar un orden y un horario de llegada y salida.
En esto coincide María P., aunque dice que si la autoridad no las escucha, la opción será
volver a tomarse las calles para su actividad.
Posibles Myriam P. cuenta que propusieron trabajar en la calle solamente durante las mañanas y
solu- retirarse en las tardes, pero la petición fue negada. Las autoridades les dijeron que «en la
ciones calle ya no se van a poder quedar nunca más, porque esa ya es un área recuperada». Es
consciente de que no existen absolutos en temas administrativos y dice que solo están
esperando la oportunidad para volver allí.
Myriam P. elaboró una propuesta con el Frente de Defensa. Consiste en que les permi-
tan permanecer en la plataforma donde están, pero con la adecuación de una losa para
protegerse de los elementos.
Elaboración propia.
62 / Fabián Regalado Villarroel
CONCLUSIÓN
La pandemia fue una situación excepcional que dotó a los tomado-
res de decisión con la capacidad de dictar medidas que en ningún otro
contexto —salvo un desastre natural o una guerra— serían posibles.
Como toda acción humana, las políticas de un gobierno responden a
un trasfondo cultural delimitado y específico. Las restricciones sobre
el espacio público y la limitación del comercio informal callejero o
ambulante demuestran una intencionalidad enraizada en los inicios de
la ciudad y que acarrea imaginarios que asignan valores a diferentes
grupos humanos, ya sea por su origen, vestimenta, color de piel o forma
de expresarse.
En el tercer y último capítulo, lo mostrado en este será contrastado
con el primero, para poder realizar un análisis final de la problemática
que inició el 16 de marzo de 2020, con la primera declaratoria de esta-
do de excepción por la pandemia.
CAPÍTULO TERCERO
ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN
DEL COMERCIO INFORMAL
INTRODUCCIÓN
En este apartado, se analizará lo recabado como evidencia de los
cambios sufridos en el espacio público por injerencia de la pandemia,
iniciando con los decretos que modificaron las relaciones sociales, en
general, y aquellas producidas en el espacio público, en particular, y que
fueron el marco normativo para las resoluciones y acciones del Munici-
pio de Quito en el sector estudiado.
Después, se considerarán los reportajes periodísticos, iniciando por
la voz más convencional, representada por el diario El Comercio. Este
medio de comunicación relata los sucesos ocurridos en el sector del
MSR como consecuencia de las medidas tomadas en todo Ecuador y
en el ámbito local con la pandemia como telón de fondo. También se
analizarán las voces desde el periodismo independiente, que mostraron,
dentro de sus limitaciones de difusión, una cara mucho más humana e
informada de los efectos de las medidas aplicadas en este sector.
El tercer análisis será el de la observación directa realizada en los
meses de marzo y abril de 2021, que intenta describir la situación de
un espacio que fue contrarreivindicado de manera coercitiva por las
64 / Fabián Regalado Villarroel
autoridades, con el trasfondo de normativas y medidas fundamentadas
en una pandemia que cambió las relaciones en el espacio público desde
su reconocimiento oficial.
Finalmente, se analizarán los testimonios de las comerciantes remo-
vidas de la calle Loja, que fueron recabados en entrevistas ejecutadas en
el mes de abril de 2021, y que muestran cómo todo lo anterior cuaja en
una realidad concreta y muy humana de total incertidumbre vital, pro-
ducida por las autoridades con la justificación que generó un momento
inédito como la pandemia.
DECRETOS Y DISPOSICIONES: ¿IGNORANCIA O MALA FE?
La resolución principal que inició todas las restricciones invoca-
das por la preeminencia de la pandemia de COVID-19 fue el Decreto
Ejecutivo n.° 1017, del 16 de marzo de 2020. En general, este decreto
muestra una visión que desdeña toda actividad laboral en el espacio
público, especialmente si es ejecutada por clases populares o menos
privilegiadas. Cuando en el art. 3 se suspende el derecho a la libertad
de tránsito, asociación y reunión, se quita el piso al comercio ambu-
lante. Esto pasa igualmente en el num. 1 del mismo decreto, que deja
claro que no existen actividades comerciales permitidas en el espacio
público.
Cabe mencionar que estos derechos suspendidos por decreto no ne-
cesariamente se ejercen a plenitud ni con equidad cuando están vigen-
tes. Existen restricciones simbólicas o no oficiales que se aplican en
contextos normales, sobre todo a los grupos que se piensa que atentan
contra la higiene o armonía del espacio público. Wacquant (2012, 106)
pide considerar que la división entre buenos y malos, especialmente
en grupos empobrecidos, solo revela contextos diferentes que brindan
oportunidades distintas a las personas en la ciudad.
En el caso de Quito, según teóricos como Kingman (2010), Terán
(2014) y Valdivieso (2009), esta intencionalidad ha sido siempre diri-
gida contra el comercio callejero, ambulante, impulsado por personas
con características físicas que se consideran más cercanas al indígena.
Este tipo de medidas afectan en mayor proporción justamente a estos
grupos, que realizan sus actividades de sobrevivencia gracias al ejercicio
de la libertad de tránsito, asociación y reunión. Debido a la suscripción
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 65
territorial de los grupos que desarrollan sus actividades de subsistencia
en la zona de San Roque, en particular, también se puede pensar que
son estigmatizados (Wacquant, Slater y Borges 2014).
Manuel Delgado (1999, 39), cuando se refiere a la territorialización
de los espacios —lo que incluye dotarlos de significados sociales y sim-
bólicos—, evidencia que, con este edicto, se borra toda noción de este
proceso en el espacio público. La calle Loja es un espacio de reproduc-
ción de la vida —o hábitat— de quienes allí trabajan. Esto extiende la
noción de comunidad u hogar a este tipo de territorios. Al impedir su
uso, se coarta el intercambio simbólico en este sector.
Cuando en el art. 6 se utiliza el término supermercados como el con-
cepto máximo de centro de abasto de alimentos, también se muestra
un sesgo simbólico que ubica a los mercados en una categoría inferior.
Al ser los supermercados entidades privadas con una estructura logísti-
ca centralizada, se los ve como capaces de alcanzar cierto control que
garantice inocuidad. A los mercados, como sitios relacionados con las
clases populares, se los ve como focos de desorden y suciedad, por lo
que sus actividades se limitan o suspenden (Kingman 2010; Valdivieso
2009). Los supermercados, sin embargo, no suspendieron sus activida-
des, ni reportaron pérdidas (El Universo 2020).28
El consenso social durante los meses iniciales de pandemia fue que
se debía limitar o eliminar todo comercio callejero, pues era un foco
de insalubridad y causaba aglomeraciones. De hecho, existieron mu-
chos reportajes periodísticos que aupaban esta imagen de ignorancia
e irresponsabilidad hacia este tipo de comerciantes y sus clientes (El
Comercio 2020e y 2020f ). Esta información se usó de manera mucho
más abierta para denostar a los sectores populares, culpándolos de ser
focos infecciosos, lo que la estadística oficial de casos de contagio ini-
cialmente apoyaba.
Wacquant (2012, 112) contextualiza este tipo de decisiones institu-
cionales cuando emplea la noción de interrelación entre microcosmos
y macrocosmos; el segundo asigna al primero «un lugar y límites» que
contienen «fuerzas históricas bajo la forma de instituciones y agentes
investidos de capacidades, deseos y disposiciones particulares». Por ello,
28 En esta noticia se reporta un estudio realizado por la consultora Kantar que mues-
tra que estas empresas reportaron ganancias durante la pandemia.
66 / Fabián Regalado Villarroel
desde el imaginario de la ciudad como macrocosmos, se aplican a estos
sectores reglas que no responden a sus realidades microlocales. Hay que
recordar que el MSR y sus alrededores fueron los únicos lugares de
comercio de alimentos que tuvieron un cierre total y permanente en el
período analizado.
En el mismo art. 6 del decreto, así como en los nums. 12 y 13, existe
otro elemento que no considera o directamente excluye a las clases po-
pulares: el énfasis en las compras o los servicios digitales, la teleducación
obligatoria y el teletrabajo. Esto presupone muchas características de los
hogares que en los sectores populares no son comunes. En todos los ca-
sos, se necesita equipo mínimo y la habilidad de manipularlo, así como
acceso constante a internet de banda ancha. Para compras digitales, es
indispensable una tarjeta de crédito y vivir dentro del rango de acción
de las prestadoras de servicios.
Asimismo, la teleducación ha probado ser un privilegio y mostrado
claramente la inequidad en el acceso a servicios digitales y a tecnolo-
gía.29 En los testimonios de las comerciantes de la calle Loja, la mayoría
reportaron que sus hijos en edad escolar no estudiaban, debido a que
no se cumplían las precondiciones para que la teleducación se cristali-
zara. Finalmente, el teletrabajo obligatorio, además de las condiciones
ya mencionadas, descarta a las economías de subsistencia que solo pue-
den realizar su actividad de forma presencial y que no tienen relación
laboral formal con ningún tipo de empresa que pueda garantizar su
estabilidad de manera mínima.
Estos argumentos evidencian contradicciones y presupuestos que fi-
nalmente hacen que las autoridades apliquen discrecionalmente las me-
didas, en un sentido específico contra el comercio informal visto como
«foco infeccioso», imaginario cruzado por el racismo y el clasismo ve-
ladamente justificados y magnificados merced de la emergencia pandé-
mica. Esto obviamente se adscribe a la noción de estigma (Wacquant,
Slater y Borges 2014), pero ya no solo de un territorio en particular,
sino de un grupo humano que permea a la ciudad.
En el ámbito local, esto se ratifica en las resoluciones y ordenan-
zas del Municipio. La resolución MDMQ n.° 002 restringe el uso de
29 La educación virtual presupone que cada niño o joven tiene acceso a internet de
banda ancha y a un dispositivo personal para participar en sus clases.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 67
plazas, parques y demás espacios públicos, además de las aceras y otros
bienes que cumplan funciones semejantes. Las excepciones, al igual que
en el decreto, no mencionan a los mercados ni a la venta de alimentos
crudos al por menor. Esto llama la atención, ya que, debido a que es
una resolución de carácter local, debería basarse en mínimas realidades
o contextos del devenir cotidiano de la ciudad (Wacquant 2012).
Se habla igualmente de comercio por medio de plataformas digitales
para el intercambio de bienes y servicios. Si bien es una medida que se
escuda en precautelar la salud pública, no considera —otra vez— la di-
námica diaria de ese tipo de empleo, que necesita la interacción presen-
cial para generar un sustento y no tiene acceso a plataformas digitales.
En los arts. 6 y 7 de esta misma resolución, se suspende de manera
directa el comercio autónomo —ambulante o callejero— por medio
de la invalidación temporal de sus permisos de funcionamiento. Esta
prohibición incluye multas que van del 5 % de una remuneración básica
unificada (RBU) a cuatro RBU, lo que corresponde a USD 20 en el
primer caso y USD 1600 en el segundo, cantidades impensables para
el trabajador promedio. La suspensión estuvo vigente por al menos un
cuatrimestre de manera directa y por un semestre de manera indirecta.
Estas disposiciones nacionales y locales sirven para tomar decisiones
que afectan a este sector de la economía y sus actores; desde el salubris-
mo —exacerbado y justificado por la pandemia— convierten el histó-
rico rechazo social a estas actividades en cuestión de gestión pública.
El ejemplo más evidente es el desmantelamiento y desalojo de todo el
comercio informal de la calle Loja por parte de las autoridades munici-
pales, en conjunción con la Policía Nacional y el Ejército. Ocurrió sin
negociación previa ni aviso alguno, aprovechando la cuarentena inicial
por la pandemia.
En el análisis posterior se ve más a profundidad qué impacto tuvo
este hecho en los medios tradicionales, y qué imagen se permeó a la
opinión pública desde estos productores de sentido. Esto se contrarresta
con voces disidentes.
68 / Fabián Regalado Villarroel
RELATO PERIODÍSTICO: SENSACIONALISMO Y ESTIGMA
PRENSA TRADICIONAL
El 24 de marzo de 2020, en horas de la madrugada, se concretó
el desmantelamiento y desalojo de los puestos de comercio sobre la
calle Loja. Se realizó una ruptura física y simbólica del sistema social
que operaba hasta ese entonces en el mercado, utilizando a centenares
de policías, militares y agentes metropolitanos. El estigma se cristalizó
en una postura bélica para lograr el desmantelamiento de los puestos
—vacíos—, seguramente esperando la reacción de un colectivo con-
siderado al menos peligroso. Se utilizó en lo reportado el justificativo
oficial de la pandemia y el deseo de evitar aglomeraciones para frenar
los contagios. La ciudad y el país en esos momentos se encontraban en
cuarentena obligatoria, por lo que no había nadie que reaccionara o
defendiera este espacio.
Toda reivindicación en él, toda noción de territorio y comunidad
fueron violentamente borradas por un operativo de gran dimensión.
Este trato muestra la noción deshumanizada y criminalizante que los
tomadores de decisiones tenían sobre el sector y quienes comercializan
allí. El suceso es catastrófico para las personas que por décadas asegura-
ron la reproducción de su vida en la zona.
El hecho fue visto por la prensa tradicional, representada por el dia-
rio El Comercio, como una consecuencia natural a la actividad que por
décadas se había desarrollado allí. Las autoridades siempre excusan su
actuación desde el discurso del orden y el salubrismo (Kingman 2010).
Al parecer, no existieron más voces disidentes que las de quienes fueron
directamente afectados por esta acción, lo que muestra la efectividad de
la estigmatización (Wacquant, Slater y Borges 2014) que por décadas ha
recaído sobre este sector de la ciudad.
Aquí se cumplen los cinco aspectos de la difamación que produce
el estigma (Wacquant, Slater y Borges 2014, 231), y por tal razón la
mayoría de noticias cuenta los hechos desde un punto de vista que casi
no considera a los recipientes de las acciones institucionales. 1. Los re-
sidentes de los barrios difamados no participan en la noticia, solamente
son vistos como parte de un sector que merece o recibe las medidas.
2. Existe mayor presión sobre los habitantes y operadores comerciales,
ya que se los responsabiliza del desorden y la suciedad. 3. Respecto
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 69
al nivel y la calidad de los servicios prestados por las autoridades de
impacto local, es evidente que su excusa ha sido estar sobrepasadas o
maniatadas por las prácticas de los difamados. Esto se corrobora en 4.
el trabajo de especialistas en producción simbólica; en este caso, los
medios de comunicación, que han presentado perennemente al sector
como un foco de peligro, desorden e insalubridad. Lo anterior se refleja
en 5. las creencias, visiones y decisiones de los funcionarios públicos,
que vieron en esta medida drástica la única forma de lidiar con un tema
complejo sin considerar a aquellos cuyas vidas afecta (233).
La difamación permitió que los funcionarios públicos tomaran deci-
siones basadas en una imagen exagerada de zona insegura y problemáti-
ca antes que en la realidad de un centro de abasto popular.
En fechas posteriores continuó la estrategia de contención, y bajo la
premisa de la prevención de contagios se restringieron varios aspectos
del mercado. El comercio ambulante en las calles aledañas se prohibió
absolutamente, y piquetes permanentes de agentes del orden hacían
cumplir la disposición. Se consideró una agresión cualquier intento por
volver a vender en la calle. Esto muestra que el estigma sigue en ac-
ción y desnaturaliza hasta necesidades básicas como la alimentación
(Goffman 1979). En el contexto pandémico, que se suma a la imagen
deteriorada de quienes comercian en el sector, parecía loable que esto
se reprimiera y normal que la autoridad ubicara vallas metálicas en
intersecciones y filos de calle para vaciar estos lugares con dispositivos
físicos de coerción.
Casi un mes después del desalojo, el 20 de abril de 2020, a partir de
pruebas de detección de COVID-19,30 se reportó que el Municipio de
Quito decidió cerrar el centro de abastos y sus alrededores de manera
total.31 El estigma (Wacquant, Slater y Borges 2014), la ruptura de las
reivindicaciones en el espacio público (Goffman 1979) y la descoloca-
ción territorial (Delgado 1999) ven en este hecho su pináculo. Creer
que en nombre de la salud pública se pueden prohibir las actividades de
comercio en un mercado popular y sus alrededores de manera total es
30 Pruebas cuestionadas que son objeto de una indagación fiscal y de dictámenes de
contraloría por su baja sensibilidad y alto nivel de falsos positivos y negativos.
31 Se mencionó que se reabriría el 22 de junio. Finalmente, se reabrió el 29 de junio,
lo que significó más de dos meses de cierre total.
70 / Fabián Regalado Villarroel
desconocer la problemática social que se genera con ello. Es casi un he-
cho contradictorio, ya que se precautela la vida negando la subsistencia
a quienes se dice proteger.
En la misma tónica, reportajes posteriores (por ejemplo, los del 23
de mayo, 11 y 12 de junio de 2020) condenaron los intentos de las y los
comerciantes callejeros por retomar su actividad alrededor del mercado
o en calles cercanas. Tras enfrentamientos con los agentes del orden,
se justificó la reacción policial e institucional —amplios contingentes
de militares, policías y agentes— y el vallado de calles que desplegaba
visualmente el poder oficial de control del espacio público. Como des-
de antes del desalojo, lo que ve el ojo público y municipal aquí no son
comerciantes, sino personas peligrosas, antisociales.
También están las voces de los afectados, pero solo se las menciona
en dos reportajes; por ejemplo, en la noticia del 12 de junio, que muestra
una estrategia de resistencia a la estigmatización por parte de dirigentes
del mercado, que organizaron un plantón y exigieron ser escuchados
y atendidos por la autoridad. De esta manera, buscaron reivindicar el
espacio público al tomarse una parte de la calle que pocos meses atrás
era escenario de su reproducción cultural y vital. En la noticia del 22
de junio se da voz a un estibador que, si bien no llega a ser una estra-
tegia de resistencia a la estigmatización, sí muestra un lado acuciante y
que cruza transversalmente esta problemática: la subsistencia que se ve
interrumpida por el cierre del espacio de trabajo. El estibador dice que
ha vivido cuatro meses sin ingresos.32
Desde el punto de vista del urbanismo, Cuenin (2009, 22) mencio-
na que, para conservar lugares patrimoniales, estos deben estar vivos;
dicho factor da sostenibilidad a los procesos de revitalización. Esto in-
cluye actividades comerciales, comodidad en el inmobiliario y promo-
ver la vivienda cercana a quienes trabajan en estas zonas. Este tipo de
intervención abogó por uno solo de estos elementos —el inmobiliario
cómodo—, pero los otros dos factores fueron obviados y hasta exclui-
dos de la intervención realizada.
A manera de cierre, la noticia del 11 de marzo de 2021 se rela-
ciona directamente con los testimonios recogidos en entrevistas con
32 Lo más normal es que un negocio que cierra cuatro meses ya no pueda volver a
abrir; mucho más un mercado popular, donde el abastecimiento de productos, así
como su venta y consecuente ganancia, se dan de manera diaria.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 71
comerciantes de la calle Loja expulsados de su espacio el 24 de marzo
de 2020. Dice que, casi un año después, no existen acuerdos para su
reubicación permanente. Esto significa que la expulsión de su espacio
reivindicado por décadas, por medio de prácticas policiales que mostra-
ron claramente la visión estigmatizada y criminalizada que se tiene de
este tipo de trabajadores, ocasionó que estas 400 familias no tuvieran la
posibilidad, por al menos un año, de reproducir su vida en las condicio-
nes anteriores a la pandemia.
VOCES DISIDENTES
En el barrido periodístico, se encontraron dos productos comunica-
cionales que no hacían eco de la prensa tradicional, sino que reportaban
desde el conocimiento pleno de la problemática del mercado. Estos
fueron el corto documental de la cooperativa audiovisual CoopDocs y
una pequeña pero decidora nota del portal La Línea de Fuego.
El corto documental de tres minutos es uno de los pocos materiales
que abogan a favor de los comerciantes del mercado y sus alrededores.
Su tono muestra dos de las estrategias de resistencia: la defensa indivi-
dual o colectiva del barrio y la inversión del estigma propuesto (Wac-
quant, Slater y Borges 2014, 232).
La pieza ofrece una cara muy diferente a la que se ve en los repor-
tajes periodísticos tradicionales o convencionales. Detalles como mos-
trar a los comerciantes de dentro y fuera del mercado con mascarillas
y tratando de llevar su actividad con la mayor normalidad posible son
formas claras de humanizarlos, lo que se orienta a invertir el estigma.
El uso de imágenes de la urbe abarrotada de cemento y hierro, para
mostrar la influencia del mercado en la seguridad alimentaria de las
personas que viven en ella, es una forma de llevar el discurso a un cam-
po donde es clara la necesidad mutua para la reproducción de la vida.
La jerarquización del territorio que propone Delgado (1999, 34) se
muestra gráficamente en las tomas aéreas prepandémicas del mercado.
Al cambiar la caracterización del mercado como caótico y vector de en-
fermedades para exhibir su condición de lugar de empleo y oportuni-
dades —además de fortaleza de la seguridad alimentaria de buena parte
de la ciudad—, se da una versión mucho más aterrizada y moderada de
lo que es un centro de abastos, frente al estigma que permanentemente
ha mostrado a este sector como «el lado oscuro» de Quito.
72 / Fabián Regalado Villarroel
Finalmente, el video sirve para graficar claramente la diferencia que
se produjo en el espacio público a partir del 24 de marzo de 2020. La
casualidad hizo que este documental se estrenara en línea un día antes
de esos hechos, lo que otorga un registro fehaciente de la situación de
este centro de abastos. El espacio estaba totalmente reivindicado por sus
ocupantes (Goffman 1979, 47-57); tanto dentro como fuera del merca-
do, el sentido de comunidad creaba relaciones sociales y familiares en-
tre quienes conformaban el numeroso colectivo humano que buscaba
su subsistencia diariamente allí.
En la noticia del portal La Línea de Fuego se sigue la misma línea
del documental analizado anteriormente, es decir, se desarrolla una es-
trategia de resistencia ante la estigmatización (Wacquant, Slater y Bor-
ges 2014). Su herramienta primaria es mostrar numéricamente cuántas
comerciantes fueron afectadas por el desalojo, además de dejar claro
que no es una «invasión» por parte de este grupo humano, sino que
ha habido permanencia en ese espacio por al menos tres décadas. Esto
habla de un espacio público territorializado, consolidado y reivindica-
do (Delgado 1999; Goffman 1979), que, en un momento coyuntural e
inédito, ha sido seccionado de sus redes y actividades en nombre de la
salud y el orden.
El portal da voz directa y rotunda al Frente de Defensa y cita un
comunicado que da cuenta del golpe ocasionado por la decisión insti-
tucional. Este comunicado utiliza las palabras discriminación y estigmati-
zación para describir lo acaecido el 24 de marzo. En esta acción queda
claro el panorama que Wacquant, Slater y Borges (2014, 227) describen
al decir que un territorio estigmatizado se vuelve sinónimo de deca-
dencia moral y física, donde sus habitantes son folclorizados o simplifi-
cados en el ojo público (228). Si no fuera así, el desalojo de estas calles,
sumado al cierre total del MSR por más de dos meses, sería considerado
una tragedia humanitaria. La reacción pública fue de indiferencia, en
el mejor de los casos. La constante deshumanización de este sector hizo
que en el contexto pandémico no solo se viera bien, sino que se elogiara
una acción de este tipo sin considerar lo que esto implica en las vidas
de miles de personas.
El trazo histórico que lleva a que en Quito exista la posibilidad
de discriminar y estigmatizar a grupos humanos por sus costumbres o
color de piel (Kingman 2010; Terán 2014) toma forma en este tipo de
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 73
intervenciones institucionales y en su poca o nula repercusión en el ojo
público. Al parecer, a estos grupos está bien reprimirlos, acorralarlos,
desplazarlos, con poca o ninguna consecuencia social o política.
En el siguiente análisis se mostrará el estado actual del espacio pú-
blico de las calles aledañas al MSR, objeto de este estudio. Se intenta
evidenciar, desde las categorías de Goffman (1979) diseñadas para la
descripción del espacio público urbano, qué dinámicas existen y qué
rastros han quedado de la situación anterior a la pandemia y a la inter-
vención municipal de marzo de 2020.
EL ESPACIO PÚBLICO: REIVINDICACIONES,
INFRACCIONES Y SENTIDO33
En esta sección se analizará de manera general lo observado en las
calles aledañas al MSR y se utilizará cada una de las categorías de rei-
vindicación del espacio público de Goffman (1979, 46) que fueron parte
de la observación de campo. También, a manera de ampliación, y para
que se note en detalle a qué se refieren las reivindicaciones espaciales o
territoriales, se harán algunas precisiones sobre los elementos que según
el autor conforman la reivindicación espacial: el bien reivindicado, la
reivindicación que se hace sobre el bien, el impedimento de reivindi-
cación, el/la contrarreivindicador/a y el/la agente de reivindicación.
Debido a que lo que se observó y se quiere analizar es el espacio
público de las calles Cumandá y Loja aledañas al MSR, el bien reivin-
dicado será el mencionado espacio público, representado en las aceras y
la calzada. Las reivindicaciones sobre el bien son aquellas listadas y cita-
das en el cuadro respectivo en el segundo capítulo. El impedimento de
reivindicación serán los intentos de limitar el uso que, por costumbre,
se venía dando a esos espacios públicos. El contrarreivindicador estará
representado por la autoridad y sus diferentes expresiones en el espacio.
Finalmente, los agentes de reivindicación serán, en orden jerárquico,
las y los comerciantes y la clientela (o transeúntes).
Goffman también define los territorios donde se dan las reivindica-
ciones y los divide en tres grandes categorías: fijos (privados: campos,
33 Este análisis espacial es el fruto de la observación en campo durante los meses de
marzo y abril de 2021.
74 / Fabián Regalado Villarroel
patios, casas), situacionales (semiprivados o públicos: parques, salas de
espera, centros comerciales) y egocéntricos (bienes que lleva consigo la
persona) (47). En el contexto de la observación realizada, casi todo el
análisis se centra en las dos últimas categorías, es decir, territorios si-
tuacionales —representados por el espacio público de las calles mencio-
nadas— y egocéntricos —dado que los comerciantes callejeros cargan
sus productos consigo—.
ESPACIO PERSONAL
La primera categoría de reivindicación dentro del espacio público es
la de espacio personal (Goffman 1979, 47). Esta reivindicación sucede
de formas distintas en los segmentos analizados. En aquellos correspon-
dientes a la calle Cumandá (1, 2 y 3), está garantizada en casi toda su
extensión, especialmente en el primer segmento, ya que es una zona de
paso que además tiene tránsito vehicular. La diferencia que se marca
aquí es la del agente de reivindicación: en la vereda oriental lo personi-
fican el transeúnte o los comerciantes que esperan con sus bienes sobre
la acera, mientras que en la vereda occidental lo componen los comer-
ciantes que extienden el territorio de su local sobre la acera de manera
total. Esto los hace adueñarse del espacio y, en cierta forma, impedir
esta reivindicación para el comercio ambulante.
En los segmentos 2 y 3, la reivindicación de espacio personal está su-
peditada a la cantidad de personas, lo que significa que es inversamente
proporcional a la aglomeración; es decir, si esta es mayor, menor es esta
reivindicación. Esto ocurre porque en días de feria este lugar se vuelve
peatonal debido a la colocación de vallas de metal por parte de los agen-
tes de tránsito, que impiden el paso de automóviles en la intersección de
Cumandá y La Libertad.
Ya sobre la calle Loja, en los segmentos 4 y 5, esta reivindicación
está supeditada a la circulación dentro de los límites físicos, es decir, el
vallado total de los filos de vereda para restringir la circulación desde y
hacia la calle. Solamente en el segmento 6 no se suscitó de este modo,
pero su contraparte era la intensa presencia de agentes metropolitanos.
RECINTO
La segunda categoría de reivindicación dentro del espacio público es
la de recinto (Goffman 1979, 50), que se cumple de manera completa,
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 75
especialmente en la vereda occidental de la calle Cumandá, dado que
tiene negocios de primera planta en casi toda su extensión. Estos sacan
sus productos y los ubican sobre cajones o mesas para reivindicar el
espacio público, aunque temporalmente y mediando el permiso de la
autoridad. Esta reivindicación de recinto sirve también como impedi-
mento de la reivindicación para el comercio ambulante en este tipo de
espacio. Esto no ocurre en la vereda oriental, ni en el segmento 3.
En la calle Loja, esta reivindicación se suscita de manera limitada en
los segmentos 4 y 5, y de un modo menos tímido en el segmento 6. En
ambas veredas existen locales, pero aquellos ubicados en el flanco sur
tienen muchas menos posibilidades de reivindicar recinto, debido a que
la estrecha acera está cercada por vallas de metal. En el flanco norte esto
es distinto pero limitado.
En la calle Loja, antes de marzo de 2020, el recinto estaba completa-
mente reivindicado sobre el espacio situacional —incluida la calzada—.
Aunque se trataba de puestos en teoría móviles, estuvieron sobre la
calle y la acera durante más de treinta años en distintas configuraciones.
ESPACIO DE USO
La tercera categoría de reivindicación dentro del espacio público es
la de espacio de uso (Goffman 1979, 52), y tiene que ver con el espacio
mínimo que requiere una persona para operar. Esta reivindicación apa-
rece de manera completa en el caso de quienes reivindican el recinto
(segmentos 1 y 2), pero también se da de modo intermitente en las
zonas de alta concentración de comercio ambulante, en el momento
en que se realiza una venta y se usa el espacio para lograr la transacción
(segmento 3). Sin embargo, en la calle Loja (segmentos 4, 5 y 6), esta
reivindicación solo se da dentro de los locales. Anteriormente, en esta
calle el espacio de uso estaba totalmente reivindicado sobre acera y
calzada, y también por parte de las raleadoras, que vendían de manera
ambulante los productos de los puestos cercanos.
TURNO
La cuarta categoría de reivindicación dentro del espacio público es
la del turno (Goffman 1979, 53), que se cumple de manera completa en
toda la vereda occidental de la calle Cumandá (segmentos 1 y 2), debido
a que en los días de alta aglomeración se forman filas fuera de los locales
76 / Fabián Regalado Villarroel
para la compra de productos.34 Asimismo, se vuelve una necesidad en la
aglomeración en días de feria sobre el segmento 3, para poder transitar
de un lugar a otro. En los segmentos 4, 5 y 6, ubicados sobre la calle
Loja, esta reivindicación solo es evidente en la entrada principal sur
del mercado, donde el vallado y los agentes forman un embudo para el
ingreso ordenado de las personas.35 En tiempos anteriores al desalojo de
esta calle, la reivindicación de turno era parte de la dinámica laboral y
de movimiento de esta sección, que usualmente estaba abarrotada.
ENVOLTORIO
La quinta categoría de reivindicación dentro del espacio público
es la de envoltorio (Goffman 1979, 55). Esta se cumple sin problemas
en casi todos los segmentos, especialmente en la calle Cumandá, pero
también en la calle Loja. La mayor excepción se da en la aglomeración
en días de feria de los segmentos 2 y 3, que es la esquina de Cumandá
con Loja. Esto ocurre porque el derecho de paso a momentos se da a
empellones, y esto hace que se toque, presione y hasta revise el envol-
torio, lo que se convierte en un momento oportuno para los carteristas.
TERRITORIO DE POSESIÓN
La sexta categoría de reivindicación dentro del espacio público es la
del territorio de posesión (Goffman 1979, 56), que se cumple de ma-
nera total en los segmentos 1 y 2 sobre la calle Cumandá, sobre todo
en los locales extendidos sobre la acera. La reivindicación es, en este
caso, una consecuencia natural de la reivindicación de recinto. En el
segmento 3, los agentes de reivindicación del territorio de posesión de
manera móvil son los vendedores ambulantes, que usualmente cargan
su producto de forma evidente sobre su cuerpo y lo muestran con sus
manos. Esto los identifica y agranda su espacio personal con los objetos
que comercializan. En los segmentos 4, 5 y 6, esta reivindicación no
ocurre, debido a que existen impedimentos físicos (vallas metálicas)
34 Estas filas son una innovación obligatoria del período pandémico: fueron parte
del repertorio de acciones de distanciamiento social en todo tipo de negocios.
35 Durante las observaciones hechas en 2020, en dos ocasiones se tomó la tempera-
tura y se desinfectaron las ropas, otras dos costumbres higiénicas impuestas por la
pandemia.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 77
y contrarreivindicadores institucionales (agentes metropolitanos) que
impiden el paso y la estadía de vendedores ambulantes.
En la calle Loja, antes de la pandemia, esta reivindicación aparecía
de manera total, de la mano de la de recinto, de espacio de uso y de
turno. Las comerciantes eran dueñas del espacio público, de su vereda y
calzada. Cada puesto era el territorio de posesión de una o más perso-
nas, y estaba identificado con colores, materiales y productos.
INFRACCIONES
En los segmentos 1 y 2 sobre la calle Cumandá, casi no se dan in-
fracciones en el espacio público, a excepción de los locales de venta de
pescado y mariscos, que extienden un fuerte aroma en todo el segmen-
to 2. Asimismo, las aguas residuales del lavado, eviscerado y descon-
gelamiento de estos productos van a parar a la calle y el alcantarillado
de este flanco. En días de feria, el segmento 3, debido a la cantidad de
comercio ambulante que vocea sus productos, se vuelve un espacio de
infracción por ruido e intrusión en el espacio personal y en el envolto-
rio (Goffman 1979, 63).
En la calle Loja, la misma restricción —infractora— que impide casi
toda reivindicación también limita los otros tipos de infracciones.
CUERPO Y ESPACIO PÚBLICO
Respecto a la relación entre el cuerpo y el espacio público, se pue-
de decir que los segmentos 1 y 2 sobre la calle Cumandá promueven
y permiten el paso de transeúntes, así como el comercio en vereda de
los dueños de locales del flanco occidental. En los segmentos 2 y 3, se
promueve y permite el comercio ambulante, al igual que la aglomera-
ción. En todos los segmentos de la calle Loja (4, 5 y 6), esta percepción
cambia: solamente se promueve y permite el paso de manera limitada
por las veredas valladas, así como el comercio formal al interior de los
locales en ambos flancos.
Respecto a las prohibiciones, el segmento 1 claramente prohíbe el
comercio ambulante por medio de dos mecanismos: la ocupación del
espacio público y la circulación normal de automotores. Su cercanía
a la entrada noroccidental del mercado también disuade al comercio
informal, debido a que allí se ubican autoridades municipales, un retén
policial y la administración del mercado.
78 / Fabián Regalado Villarroel
A partir del segmento 2, aunque existe venta ambulante, es claro
que se prohíbe la reivindicación territorial; es decir, los vendedores
pueden circular, mas no quedarse estáticos en un lugar. Esto es evidente
únicamente sobre la calzada peatonizada, pero en la vereda occidental
sigue la reivindicación de la acera por parte de los locales de primera
planta, lo que prohíbe la venta ambulante. El segmento 3 tiene caracte-
rísticas similares al 2, con la diferencia de que no existe reivindicación
del espacio público directa por parte de ningún local, excepto en las
entradas a las grandes pescaderías.
En la calle Loja, en cambio, la prohibición fue el estado constante
de casi toda actividad que se encontró en el espacio público durante
las observaciones realizadas. Se prohíbe el paso libre de acera a calle e
incluso llegó a haber calles absolutamente inaccesibles merced al va-
llado metálico. De acuerdo con los testimonios recabados, se prohíbe
terminantemente la salida de las pocas comerciantes reubicadas en la
plataforma al final de la calle Loja. Los agentes tienen orden de reprimir
cualquier intento al respecto.36
En las observaciones realizadas en marzo y abril de 2021, toda la
calle se encontraba cercada con vallas de metal al filo de la vereda; este
es un impedimento de reivindicación que limita la libre circulación.37
Al parecer, la autoridad lo hizo para restringir la cantidad de personas
que acceden a la calle y contener la venta ambulante. Esta acción im-
posibilita cualquier reivindicación en el espacio público y forma parte
del repertorio de contención (coerción) posterior al desalojo sorpresivo
y violento del lugar. Cabe decir que todo lo que se ha contrarreivindi-
cado es territorio situacional, de carácter público.
La idea de esta acción en el espacio público es asegurarse de que no
se podrá volver a reconfigurar lo que se desmanteló hace un poco más
de un año. Agentes del orden acompañan el vallado, por lo que se pue-
de decir que es un espacio público normado desde la coerción oficial.
36 Antes de la pandemia, el segmento de la calle Cantuña a la av. Mariscal Sucre ya
era conocido por la venta de sustancias sujetas a fiscalización. Esto seguía igual y
fue motivo de molestia, pues las comerciantes ven que su actividad es más crimi-
nalizada que la venta de estupefacientes.
37 Si bien estas se ubicaron inicialmente por las obras que se hacían en la calle, una
vez terminadas, las vallas siguieron allí por al menos dos meses más, según testi-
monios recogidos y observación de primera mano.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 79
Estos elementos y presencias son un cúmulo de contrarreivindicaciones
en el espacio público que muestran un factor externo y verticalmente
jerárquico que impone su visión del orden.
Lees (citado en en Borja y Muxí 2003, 30) recuerda que la reivindi-
cación y la lucha social cristalizan el anhelo de un espacio público como
lugar real de representación de la diversidad de quienes lo conforman.
Por medio de esta intervención, la calle Loja se convirtió al parecer
en un ejemplo de lo que Kingman (2010) llama «espacios prohibito-
rios», que son los que además de restricciones presentan mecanismos
de control para forzar un tipo de espacialidad. Así, la urbanística se
complementa con «la pedagogía o la Policía [...], en función de asegurar
un modelo de orden urbano, respaldado a la vez por la opinión pública,
articulada en medios de comunicación y haciendo uso de una narrativa
que localiza los elementos del bienestar sobre los de la problemática
social» (Coronel 2013, 30-1).
Continuando con el análisis, existen elementos distintos dependien-
do del segmento. En los que se ubican sobre la calle Cumandá, lo más
destacado y ya mencionado es la existencia de locales de primera planta
en la vereda occidental, así como respectivos espacios de parqueo frente
a cada local. La existencia de pescaderías en los segmentos 2 y 3 da a
ese espacio una característica particular. A partir del segmento 4 —es
decir, la calle Loja—, lo predominante fue la existencia de las vallas de
contención.
Respecto a la ausencia de elementos, se recalca la de los centenares
de puestos que antes hacían única a la calle Loja, así como la de sitios
de descanso o sombra en los segmentos analizados. Finalmente, podría
existir, a partir del segmento 2 y hasta el 6, un gran paseo peatonal que
incluyera la colocación ordenada de locales abiertos en ambas calzadas,
lo suficientemente bien diseñados para que acojan y protejan a los pro-
pios comerciantes.
En el siguiente y último análisis, se aterrizará todo lo ya expuesto
con las vivencias de las personas directamente afectadas por las medidas
institucionales y de reconfiguración del espacio público. Este análisis
trata de conectar las reflexiones teóricas para mostrar cómo estas no-
ciones afectan a colectivos enteros de manera tácita o explicita dentro
de Quito.
80 / Fabián Regalado Villarroel
TESTIMONIOS DE COMERCIANTES: SORPRESA E INDIGNACIÓN
Esta sección se divide en dos partes. La primera analiza el hecho
pandémico como fuente de afectación directa al comercio informal,
parte del concepto amplio de actividad económica. La segunda analiza
de manera concreta la intervención municipal de marzo de 2020, en
conexión con el marco teórico de esta investigación y los testimonios
del grupo directamente afectado por este hecho.
VIVENCIAS DE LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA
Aunque ya se lo ha mencionado varias veces, la mayoría de estos y
estas comerciantes necesitan del ingreso diario para vivir. Las restric-
ciones sobre el espacio público para contener el contagio de COVID-19
tuvieron un efecto negativo en todo tipo de empresas, pero esta afec-
tación fue mayor cuando menos capital de reserva o menor capacidad
de endeudamiento o crédito se tuvo. Es de suponer que muchas de las
personas que componen el comercio ambulante o callejero cuentan con
su actividad diaria para aportar a la subsistencia familiar, y que un cierre
total de más de dos meses (y parcial —con mayor o menor intensidad—
de más de un año) seguramente menoscabó sus economías.
En el testimonio reportado, Rocío T. habla de una dramática baja
de la clientela. Teresa C. dice que la pandemia ha hecho que no asista
de la manera que lo hacía en tiempos anteriores. Estas dos comerciantes
no fueron afectadas por el desmantelamiento de la calle Loja de mane-
ra directa, pero es notorio que la dinámica anterior las beneficiaba. Si
bien también existía un estigma sobre el sector del mercado antes de
la pandemia, los precios bajos eran un atractivo. La combinación del
estigma con la noción de contagio por la insalubridad y aglomeración,
además de los cierres totales del mercado y zonas aledañas, hicieron que
la potencial clientela eligiera no asistir.
A esta opinión se suman José L., Miriam C. y Aníbal M., desde el
enfoque de haber sido vulnerados en el desalojo ejercido por la autori-
dad. Ellos sí perdieron su lugar de trabajo y una estabilidad de muchos
años, lo que deterioró su bienestar familiar; incluso reportan deudas
con bancos u otros prestamistas. María P. grafica la situación al decir
que están «ahorcados», y que todo el sector del mercado se ha visto gol-
peado por el desmantelamiento de la calle Loja.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 81
Respecto a la salud pública, Myriam P. manifiesta que la mayor
consecuencia no se ha dado por el virus, sino por la crisis económi-
ca que han ocasionado las medidas tomadas por las autoridades. Esto
se relaciona a que, en el ámbito familiar, de acuerdo con Miriam C.,
muchos comerciantes han sufrido la muerte de sus padres, lo que los
debilita emocionalmente y también constituye un detrimento a sus re-
des de apoyo. Por ejemplo, la obligatoriedad de la educación virtual ha
forzado a los menores a quedarse en casa, muchas veces sin nadie que
los cuide y, según lo señalado por Miriam C., sin recibir educación,
debido a que los padres no tienen dinero ni condiciones para dotarlos
de los equipos y servicios necesarios.
Teresa C. habla directamente de las restricciones físicas puestas por
la autoridad en el espacio público como uno de los motivos que ahu-
yentan a la clientela: no solo se restringe la movilidad, sino que además
se coarta el sentido colectivo del comercio, lo que ha provocado que los
espacios contrarreivindicados se convirtieran en corredores de insegu-
ridad para los transeúntes.
INTERVENCIÓN MUNICIPAL EN LA CALLE LOJA
Esta intervención demostró varios factores que se han venido deli-
neando en esta investigación desde el primer capítulo. El estigma que
pesa sobre el sector del MSR está directamente relacionado con las
visiones clasistas y racistas contra el comercio informal y los sectores
populares que ha presentado la ciudad desde sus inicios, y que ha pasado
a ser parte de la visión institucional, especialmente en temas patrimo-
niales que atañen al CHQ, vecino de la zona en cuestión.
La presentación del sector en los medios masivos de comunicación
como peligroso, sucio y lleno de «informalidad» y la limitada atención
que ha recibido del Municipio ocasionó que aparecieran ciertos rasgos
de aislamiento, un elemento de estigmatización muy efectivo desde las
categorías que manejan Wacquant, Slater y Borges (2014). Es decir, la di-
famación afectó a los residentes, los comercios, la calidad de los servicios
y la visión desde la burocracia y el periodismo, lo que finalmente per-
meó las decisiones de las autoridades. El sector es considerado un gueto
desde el imaginario de la ciudad, y esto incluye una imagen negativa de
sus habitantes: «Sus diferencias culturales son exageradas y convertidas en
divergencias, e incluso hostilidades, en relación a las normas dominantes
82 / Fabián Regalado Villarroel
a nivel nacional [...], mientras que su vulnerable posición social es mini-
mizada o ignorada por completo» (Wacquant, Slater y Borges 2014, 228).
Esto hace que, como vimos en el relato periodístico, «todo incidente que
involucre alguna anormalidad o violencia dentro o alrededor de estas
áreas [sea] habitualmente explotado con fines sensacionalistas y vincu-
lado con las supuestas características intrínsecas de sus residentes» (228).
Esta receta se completó con el escenario pandémico, ya que, en el
imaginario público, la aglomeración fue vista como una infracción en
el espacio público por su potencial de contagio. Los medios masivos
pusieron énfasis en denostar este tipo de fenómenos, especialmente si
se daban en barrios populares o estigmatizados, como el sector investi-
gado. Wacquant, Slater y Borges estipulan que el espacio es «una marca
distintiva de deslegitimación social» (224), y la reducción del espacio
social permite la desmovilización de los grupos al interior.
Por la suma de estos elementos, el Municipio tomó una decisión drás-
tica sobre el espacio público de la calle Loja y desmanteló la «feria libre», al
igual que el tejido social que por décadas se había construido en ese sec-
tor. No se tomó en cuenta que la riqueza social y cultural que genera un
intercambio tal fragua «identidad popular urbana diversa» (Enríquez 1991,
86) y debe ser canalizada, no reprimida, mucho menos borrada del mapa.
Para Wacquant, Slater y Borges (2014, 228), la modernidad posin-
dustrial ha logrado que el desprestigio de este tipo de barrios sea visto
como inherente a su espacio y filiación social, lo que caricaturiza y ata
de manos a quienes viven o trabajan en él. Esto conecta con la noción
de Ángeles Granja (2010, 36), quien analiza los procesos de recupe-
ración en el CHQ y menciona que «el embellecimiento de la ciudad
era fundamental para convertirnos en pueblos civilizados y cultos». Es
decir, a los territorios y a sus habitantes no solo se los estigmatiza, sino
que se los vuelve depositarios de las taras que supuestamente impiden
nuestro avance como sociedad.
En definitiva, las restricciones pandémicas, aunadas al estigma sobre
el sector del mercado, causaron que se aplicaran medidas extremas e
inéditas que golpearon la economía de quienes aún intentan laborar en
el sector. Myriam P. cuenta que muchos de los comerciantes desaloja-
dos ya no volvieron debido a la premura de su situación.38
38 Se podría pensar que, ante una aplicación tan frontal de políticas basadas en el es-
tigma de este barrio, muchos comerciantes prefirieron resistir a la estigmatización
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 83
En los testimonios de los y las comerciantes desalojadas, es eviden-
te el golpe vital que representó esta violenta intervención. Rocío T.,
José L., Teresa C., María P. y Myriam P. opinan que fueron engañadas
por el Municipio para realizar esta acción: se les pidió que abandonaran
su calle para fumigarla y desratizarla con el fin de prevenir contagios de
COVID-19, pero, acto seguido, cientos de policías, militares y agentes,
acompañados por maquinaria pesada, desmantelaron la calle. No exis-
tieron procesos informativos ni mucho menos participativos de toma
de decisión.39
Esto muestra dos elementos. El primero es un sentido de oportuni-
dad muy agudo por parte de los tomadores de decisiones, que aprove-
charon los primeros días de la pandemia, en que las personas estaban
temerosas en cuarentena obligatoria en sus casas. El segundo es la se-
guridad de que la opinión pública apoyaría esta acción, pues el estigma
se encontraba en su punto más alto. Wacquant, Slater y Borges (2014,
233) hablan del papel de la asignación de una mancha o tacha sobre un
espacio: puede iniciar como una broma social para luego «ser alimenta-
da, utilizada y manipulada por intereses privados [...] para promover sus
propias agendas». El caso de la calle La Ronda en el mismo eje 24 de
Mayo es decidor al respecto, y ha sido abordado a profundidad por Lu-
cía Durán (2014), quien muestra cómo el repertorio de estigmatización
funcionó coordinadamente para terminar con la transformación de una
zona residencial con cohesión barrial en una zona rosa.
En otros casos de desocupación del espacio público, como la del
Mercado Ipiales —al noroccidente del mismo CHQ—, existió prime-
ramente un largo proceso de negociación con los comerciantes asocia-
dos (Valdivieso 2009). Se dio de manera parecida en el bulevar 24 de
Mayo, aunque allí hubo un componente moral y policial mayor debido
a que algunas actividades que se desarrollaban en la zona eran mal vistas
o estaban reñidas con la ley (Ortega 2014).
usando estrategias de distanciamiento o retiro a la esfera familiar (Wacquant,
Slater y Borges 2014, 232).
39 Monsalve (2007, 47), cuando describe el proceso de reubicación del Mercado
Ipiales, dice que «se realizaron 310 reuniones entre las organizaciones de los co-
merciantes y los encargados de ejecutar el proyecto de reubicación entre los meses
de febrero a octubre de 1999». La diferencia es radical en la forma de acercarse a
la problemática y resolverla.
84 / Fabián Regalado Villarroel
En el caso del MSR, de acuerdo con el testimonio de la dirigente
Myriam P., no existió ningún proceso, solo un engaño. Y ocurrió en
el momento preciso, porque las medidas restrictivas, incluida la cua-
rentena, disiparon el tejido social que era la fortaleza de este sector en
particular. Si se hubiera intentado el desalojo en una situación regular,
las consecuencias habrían sido difíciles de predecir; es probable que el
Municipio hubiera tenido que dar marcha atrás sin lograr su objetivo.
Al quitar de en medio al tejido social —que respaldaba sólidamente
este espacio reivindicado a diario en todos sus aspectos—, se superó el
mayor escollo. Esto muestra que el espacio público tiene significado
gracias a quien se apropia de él, lo usa, lo vive, lo reivindica en distintas
formas: «La relación individuo-entorno marca el punto de partida de
las formas de organización de una comunidad y por ende de su cultura
política» (Córdova 2005, 148).
Hubo reacciones inmediatas por parte de algunos comerciantes, pero
el mismo contexto hizo que no fueran coordinadas y mucho menos
significativas. Además, como ya se mencionó, el operativo tuvo el fin de
sitiar el sector, por lo que, según el testimonio de María P. (y el relato
periodístico), existían piquetes policiales cuadras antes de llegar al sector
para disuadir cualquier acercamiento y acción reivindicativa. Otras reac-
ciones fueron perjudiciales al tejido social previo, ya que, dado el factor
sorpresa utilizado por la autoridad, muchas comerciantes pensaron que
sus dirigentes estaban al tanto y habían sido parte del engaño. Según Ma-
ría P., de esta forma se debilitó la confianza al interior de las asociaciones
y se ocasionaron episodios violentos entre los socios y sus directivos.
Otro factor a mencionar es que este tipo de acciones, al ser llevadas
a cabo de manera exitosa y unívoca, también lastiman o debilitan la
asociatividad. La dirigente Myriam P. habla de una cierta desconfigura-
ción de las asociaciones, justamente porque en ese contexto no se podía
exigir presencia a los comerciantes que las conforman.
Existió luego cabildeo por parte de las organizaciones del mercado
con autoridades que, según Myriam P., estaban al tanto de la situación
y ofrecieron varias alternativas. Este momento posterior tuvo altibajos,
pero hasta la última observación40 la situación de las comerciantes se-
guía siendo incierta.
40 El 20 de abril de 2021, es decir, casi un año y 30 días después del desalojo.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 85
Granja (2010, 17) menciona que «los sectores populares no son su-
jetos pasivos en los procesos de “regeneración” o “renovación”. Estos
sectores tienen sus propias ideas de progreso y poseen tácticas de resis-
tencia, de apropiación de los espacios y estrategias para obtener respues-
tas a sus demandas». Así lograron los y las comerciantes de la calle Loja
mantenerse durante al menos tres décadas comerciando en ese lugar. En
respuesta a esta posible resistencia, la alcaldía realizó ofrecimientos que
tuvieron como fin calmar a las personas afectadas por la intervención.
Uno de los primeros, según Miriam C., fue decir que se remodelaba la
calle Loja para que posteriormente se ubicaran allí las comerciantes des-
alojadas. Esto hizo que existiera expectativa sin episodios contenciosos.
Finalmente no se cumplió.41
Otra acción fue reubicar a las comerciantes en la plataforma 1 de
Mayo, pero no fue una solución viable porque era un lugar sin circu-
lación de personas ni sentido de pertenencia, ya que era territorio de
otras asociaciones.
La conformación y la consolidación de un espacio como el que exis-
tía en la calle Loja requieren reivindicaciones cotidianas que forman
interacciones que a su vez tejen sentido comunitario. Trasplantar a un
grupo de un lugar donde tiene ya establecido un sistema social —que
implica redes de solidaridad y parentesco— hacia otro que no está rei-
vindicado ni consolidado, antes que una solución, es un paliativo, y en
este caso evidenció aún más la gravedad de lo ocurrido. Myriam P. dijo
que sintieron que fracasaron en ese lugar, y que aunque es amplio y
podría adecuarse para el comercio, no existe un sentido de pertenencia
sobre él. Esto impulsó a que, luego de algunos meses de permanecer
allí, decidieran volver a la calle Loja. La actuación municipal en este
caso no es nueva, más bien es una constante (Lalama 1990, 185).
Al intentar retornar a la calle Loja, las comerciantes se encontraron
con otros mercaderes ambulantes buscando reivindicar el espacio. Este
aspecto muestra al espacio público en su condición permanente de lugar
en disputa, especialmente si es céntrico y con una historia de comercio.
Las comerciantes volvieron a reunirse con el alcalde, que finalmente
41 En un reportaje breve publicado por el Instituto Metropolitano de Patrimonio
(2021) se celebra la «recuperación» de la calle Loja, mostrando fotos de una calle
casi vacía.
86 / Fabián Regalado Villarroel
les ofreció un lugar en la calle Loja. Allí se encontró a las personas que
prestaron su testimonio para esta investigación.42
En este lugar también encontraron un exacerbado estigma, expre-
sado en la actitud inflexible y violenta de los agentes metropolitanos.
Aquí es evidente la visión deshumanizada y criminalizada que tiene la
autoridad de este tipo de comerciantes, pues en intervenciones en otros
espacios los agentes no se permiten este tipo de actitudes; más bien se
muestran conciliadores y hasta sumisos hacia personas a las que consi-
deran respetables.
Previo a la intervención, la calle Loja no estaba en disputa o al me-
nos no tenía mayor injerencia de la autoridad. Ahora es evidente que
los agentes metropolitanos encarnan la visión de espacio «recuperado»
que quiere mantener el Municipio,43 lo que los vuelve antagonistas y
represores directos de cualquier expresión vista como dirimente. Esto
se conecta directamente con el análisis del espacio en esta calle, muy
limitado en sus reivindicaciones justamente por la directa influencia y
presencia de la autoridad.
CONCLUSIÓN
Los análisis aquí expuestos invitan a una reflexión mayor sobre las
personas que comparten la ciudad. Plantean preguntas sobre nuestra vi-
sión del otro y a qué punto puede llegar la institucionalidad para impo-
ner un modelo homogéneo en una ciudad que en el discurso pretende
ser diversa, siempre y cuando esto no implique acciones que contradi-
gan la visión oficial, ya sea esta social, política o estética.
En la siguiente y última sección se harán reflexiones a manera de
conclusión respecto de este tema y hecho en particular, y se tratará de
conectarlas con una visión más amplia del fenómeno urbano, que es
intrínsecamente humano.
42 El lugar es el canchón de entrada a la escuela intercultural bilingüe desde la calle
Loja.
43 Para Borja y Muxí (2003, 54), este tipo de acciones muestran un cierto «higie-
nismo social»: se cree que el espacio público puede sufrir de patologías y, por este
motivo, se procede a «limpiar la ciudad de los otros, sustituyendo los espacios
públicos por áreas privatizadas consideradas como zonas protegidas para unos y
excluyentes para los otros».
CONCLUSIONES
El objetivo de esta investigación fue observar qué efectos tuvo la
pandemia sobre el comercio informal y ambulante de las calles aledañas
al MSR, ubicado en el Centro Histórico de la ciudad de Quito, pero
terminó mostrando la anatomía del conflicto y la lucha por el espacio
público, lo que incluye estrategias de expulsión y de reivindicación.
Lo expuesto muestra una tendencia a la estigmatización territorial,
que, en las partes de Quito vistas como patrimoniales o históricas, ha
recaído en personas consideradas lejanas al canon blanco-mestizo, así
como en quienes viven y trabajan en zonas identificadas con el comer-
cio informal y ambulante. Esta estigmatización territorial tuvo efectos
concretos en las calles aledañas al MSR, e hizo que espacios reivindi-
cados por el comercio ambulante —e imbricados con el quehacer del
mercado y el barrio circundante— fueran violentamente desalojados en
los últimos días del mes de marzo de 2020.
Esta intervención fue sorpresiva y reveló que la imagen del mercado
y sus alrededores había sido efectivamente deslegitimada. Se aprovechó
el contexto pandémico de cuarentena para realizar una acción que en
un día regular no habría sido posible. Todo, respaldado en los decretos
de emergencia emitidos por la Presidencia y en las resoluciones del Mu-
nicipio, que fue el que ejecutó el operativo.
La descertificación del comercio ambulante fue ampliada por los
medios de comunicación convencional, que lo mostró como indolente
y hasta peligroso por su potencial de contagio.
88 / Fabián Regalado Villarroel
La observación directa probó que los espacios públicos, especial-
mente en la calle Loja, habían sido normados y estaban siendo efecti-
vamente contrarreivindicados por medio de operativos municipales, en
coordinación con otras instancias como la Policía y el Ejército. Esta fue
la expresión concreta de una estigmatización territorial de larga data
que tuvo cíclicamente el deseo de realizar una intervención de este tipo
en ese territorio, pero que encontró en el contexto social y jurídico de
la pandemia el momento preciso para su ejecución.
Las entrevistas a siete personas que laboraban en la calle Loja, antes del
desalojo, exponen una situación catastrófica en todo sentido: primero, en
el aspecto económico, al ya no tener asegurados los ingresos y debido a
la disminución de la clientela por las restricciones pandémicas, sumadas
a la coerción policial sobre esos espacios; segundo, en el sentido social,
pues el operativo no solo desmanteló el lugar de trabajo reivindicado por
décadas, sino que desmadejó el tejido social que lo sostenía.
La indignación y la impotencia de estas personas fueron evidentes
al momento de las entrevistas. La sorpresiva intervención municipal
desmanteló, además de sus puestos sobre la calle Loja, sus certezas, sus
redes y sus medios de subsistencia.
A manera de reflexión final,44 cabe decir que lo ocurrido en el MSR
es un reflejo de los manejos políticos con motivo de la pandemia. No
solo se afectó al mercado, sino a derechos laborales, espacios de trabajo
y fuentes de empleo. Desde las perennes visiones clasistas y racistas
mostradas en el primer capítulo, se explica además que este tipo de
políticas se apliquen discrecionalmente, lo que significa que hay mucho
más rigor hacia los grupos considerados desordenados o pobres.
Se debe reconocer que los problemas de delincuencia común, venta
de estupefacientes y suciedad en las calles son estructurales y atraviesan
toda la ciudad, con mayor o menor notoriedad. La estigmatización te-
rritorial resalta estos aspectos de manera deliberada y sujeta a objetivos
que no suelen incluir el reconocimiento de la riqueza cultural y social
de los lugares escrutados con este lente.
Es claro que el sector del MSR, y la calle Loja en particular, por
ser zonas de recepción y reproducción social y económica de personas
44 Esta parte incluye los criterios de expertos entrevistados para esta tesis: Paulina
Cepeda, Juan Fernando Ortega y Alfredo Santillán.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 89
empobrecidas, despojadas y excluidas, genera una imagen negativa, lo
que los distinguió en momentos de exacerbado miedo al otro, como los
meses iniciales de la pandemia.
Es claro, además, que en una sociedad compleja, diversa, llena de
contradicciones y puntos ciegos, las soluciones drásticas son fuegos de
artificio de políticos hábiles que quieren deslumbrar al público. Sin
embargo, el costo de estas decisiones es concreto, y pesa sobre quienes
han sido afectados por ellas. En el caso de la calle Loja, la contrarrei-
vindicación ejecutada por la institucionalidad rompió con un esquema
de sociabilidad y de riqueza cultural sin siquiera intentar entender, al
parecer, las consecuencias que tendría a mediano y largo plazo.
En el espacio público sería ideal lograr un equilibrio, una suerte de
autocontrol que inicia en la educación a quienes utilizan estos espacios
(comerciantes y clientes). Así, se transformaría a los usuarios en factores
para la mejora de las condiciones, y estos espacios se volverían positivos
a los ojos de los tomadores de decisiones, en vez de lugares problemá-
ticos en los que hay que intervenir. Esto implica, no obstante, que el
Municipio establezca reglas claras.
El irrespeto a los acuerdos revela la plena conciencia, por parte de la
institucionalidad, de que el estigma sobre este territorio estaba conso-
lidado y había sido aprehendido por la opinión pública. Además, ubica
a los estigmatizados como actores políticos que, cuando los necesita, el
Municipio no duda en convocar por medio de ofrecimientos u omisio-
nes temporales que luego se pierden en la inmediatez de la coyuntura
política.
Por último, debe existir una campaña constante de inclusión social,
de encuentro entre diferentes, de apreciación de otras formas de vivir,
de hacer ciudad, de expresarse artísticamente. El estigma se combate
con un conocimiento que impulse cambios en las estructuras que lo
reproducen. Por medio del conocimiento es sencillo mostrar que la ma-
yoría de nuestras diferencias y prelaciones como sociedad son construc-
tos que siempre fueron injustos y que sencillamente no tienen sentido
en el momento actual.
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ANEXO: OBSERVACIÓN POR SEGMENTOS EN LAS CALLES
CUMANDÁ Y LOJA
SEGMENTO 1
Calle Cumandá, de la av. 24 de Mayo a la calle La Libertad
Poca ocupación. Comerciantes con sus productos en grandes sacos de
Vereda 1: oriente
yute y poliéster. Actitud de espera.
Reivindicaciones
Las personas que esperan con sus productos reivindican este espacio pú-
Recinto y territorio
blico como una extensión del espacio que ocupan internamente en el
de posesión
mercado.
Cuerpo y espacio público
El libre paso de peatones hacia la parte sur de la calle Cumandá, que no
Promueve
se encuentra atiborrada de ventas.
La colocación de personas con sus mercancías por tiempos indefinidos.
Permite
Además, actúa como una extensión de los puestos del mercado en sí.
Una acera estrecha que limita con el enrejado, que deja ver hacia adentro
Existe
del mercado por sus ventanales.
No existen Limitaciones físicas ni autoridades de control.
Predominan en primera planta varios tipos de negocios: venta de ali-
mentos, alquiler de teléfonos e internet, y bodegas de productos de pri-
Vereda 2: occidente
mera necesidad. Existen puestos de venta de alimentos apostados sobre
la vereda.
Reivindicaciones e infracciones
Negocios sobre toda la acera, donde se reivindica el espacio personal
Espacio personal y
como la extensión del recinto aledaño (la tienda de la que salen los
recinto
productos).
Espacio de uso Se usa todo el ancho de la acera para ubicar productos.
Turno Se producen intercambios de bienes sobre el espacio público.
Los objetos que rodean al cuerpo en el espacio público implican un lugar
Territorio de posesión
de trabajo fijo.
Cuerpo y espacio público
Promueve La comercialización de alimentos, además que se siente como un espacio
Permite seguro por la presencia de personas realizando actividades específicas.
Ventas ambulantes, ya que la ocupación se da por parte de las y los due-
Prohíbe
ños de los locales sobre sus propias veredas.
Locales comerciales de planta baja con sus puertas y vitrinas a la calle, y
Existen una vereda estrecha. Camionetas parqueadas en ciertos lugares, segura-
mente para carga y descarga de productos.
No existen Lugares de descanso, barreras físicas para peatones.
98 / Fabián Regalado Villarroel
SEGMENTO 2
A partir de la esquina de Cumandá y La Libertad, en días de feria, se
Calle Cumandá, de la
ubican grandes vallas metálicas para impedir el paso de transporte moto-
calle La Libertad a la
rizado al resto de la calle. Dos vallas dejan un espacio suficiente para el
calle Loja
paso de al menos dos personas de ancho regular.
Esta vereda circunvala la edificación del mercado. Solamente por unos
metros sigue la línea de la calle, para luego adentrarse en el predio del
Vereda 1: oriente mercado y volverse una especie de parqueadero abierto. En días intensos
de feria, hay gran cantidad de vendedores ambulantes sobre la calle y el
parqueadero.
Reivindicaciones e infracciones
Se expande o achica dependiendo de la aglomeración circundante: a
Espacio personal
mayor aglomeración, menor espacio personal.
Algunas personas ubican sus productos sobre cajones de madera, pero se
Recinto mueven inmediatamente si se les acerca un agente. En días intensos, esta
reivindicación no es posible.
Espacio de uso Se da si un comerciante logra una transacción, y solo mientras esta dura.
En días intensos se da en el derecho de paso, ya que todos buscan resqui-
Turno cios para moverse, así como los comerciantes buscan los mismos resqui-
cios para hacerse notar.
Si existe alta aglomeración, las ropas son sentidas, rozadas y hasta choca-
Envoltorio
das por otras personas.
Está directamente relacionado con los vendedores ambulantes y sus pro-
Territorio de
ductos, qué tan abultados o no estén alrededor de ellos, o en qué ángulo
posesión
pongan sus manos para sostenerlos visiblemente.
Infracciones Pueden llegar a ser la masividad y la cacofonía de la presencia humana.
Cuerpo y espacio público
Promueve/permite El comercio ambulante, el paso peatonal, la aglomeración.
Quedarse estático o indiferente al entorno, así como el paso de vehículos
Prohíbe
a motor.
Existe Un parqueadero que, al parecer, es zona de carga y descarga de productos.
Sitios de descanso, puestos con sombra, ni control de los agentes
No existen
metropolitanos.
Podría haber Un tramo peatonal permanente que se diseñe con arbolado y sombras.
En días intensos de feria, esta acera está desde su esquina ocupada por
vendedores con puestos improvisados, excepto el primer predio de norte
Vereda 2: occidente
a sur, que tiene locales comerciales con amplias puertas y vitrinas a la
calle que ofrecen principalmente frutos del mar.
Reivindicaciones e infracciones
Los comercios se expanden a la vereda, lo que reivindica el espacio per-
Espacio personal
sonal de los vendedores.
Recinto Los locales ocupan el espacio público frente a sus comercios.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 99
Espacio de uso y Existen filas para entrar a los locales, lo que hace que se den estas dos
turno reivindicaciones al mismo tiempo.
Territorio de Los locales pueden tener productos exhibiéndose sobre cajones en la
posesión vereda, lo que los vuelve hitos de su propio espacio expandido.
Fuerte olor a pescado, lavado de productos de sangre y vísceras y desecho
Infracciones
en las alcantarillas. Esto puede ser considerado una infracción de mácula.
Cuerpo y espacio público
Promueve La venta en vereda de mariscos.
La presencia de transeúntes que esperan e ingresan sin problema a los
Permite
locales.
Prohíbe La venta ambulante sobre la vereda.
Pescaderías que expiden un olor específico y que humedecen el ambien-
Existen
te con el agua residual del lavado de los productos.
No existe Un sistema de desechos especializado para el giro que se desarrolla.
SEGMENTO 3
Esquina de las calles No se diferenciará por veredas, sino que se hará una descripción general
Cumandá y Loja de lo que se observó. Lo primero que se debe destacar es que es el punto
con mayor aglomeración de personas en la zona de estudio en la actuali-
dad. En días intensos, la predominancia del trabajo femenino se difumina:
se ve a muchos más hombres que mujeres promocionando sus productos.
Los productos que se ofrecen no son en su mayoría alimentos crudos,
sino comidas procesadas, ropa o utensilios para el hogar.
Reivindicaciones e infracciones
Espacio personal En días de alta aglomeración, este se pierde, ya que el paso se da casi a
empellones.
Recinto Tiene connotaciones mixtas, dado que las pescaderías que rodean esta
esquina envían a personas a vender el producto en lavacaras con hielo a
la calle, lo que extendería el espacio de cada local al punto donde estén
estas personas. En el caso de los vendedores ambulantes esto no se da.
Espacio de uso Solamente se activa brevemente cuando el comerciante está blandiendo
su producto o realizando una transacción.
Turno Se da en el derecho de paso de los comerciantes y potenciales clientes.
Envoltorio Es tocado, rozado y hasta revisado si la cantidad de personas obliga a una
cercanía milimétrica.
Territorio de Se da alrededor de los comerciantes y su mercancía.
posesión
Infracciones Ruido, dificultad de paso.
Cuerpo y espacio público
Promueve El paso de peatones.
Permite El comercio ambulante y mirar hacia la calle Loja desde una posición
ventajosa (paisaje).
100 / Fabián Regalado Villarroel
Prohíbe La estancia prolongada, ya que incita al movimiento constante.
Existen Varias pescaderías grandes alrededor, y una intersección de calles que
forma un espacio amplio utilizado como improvisada plataforma de ven-
ta ambulante.
No existen Zonas de descanso ni arbolado.
SEGMENTO 4
Antes de la pandemia, este segmento era el inicio de una calle llena
de puestos de venta de alimentos crudos, en su mayoría. Estos puestos
podían ser móviles, como parasoles y cajones de madera sobre lonas de
Calle Loja, de la calle plástico o esteras; semimóviles, como carretillas o quioscos desmantela-
Cumandá a la calle bles (mesas, parasoles); o fijos, como casetas con techos de metal. Otro
Túpac Yupanqui elemento que se debe mencionar es que toda esta calle, al momento
de las observaciones, se mantuvo cercada por vallas móviles de metal.
Además, no se permitía la circulación de autos por la calle y se limitaba
el paso de personas.
No se encontró demasiada aglomeración en la mayoría de observaciones,
a excepción de un local que en Viernes Santo ofrecía bacalao. Allí, las
Vereda 1: sur personas hacían fila para comprar y, además, un empleado del local mos-
traba el producto sobre la vereda. Esto hacía difícil el paso por ese sitio en
particular. Existía poca presencia de vendedoras ambulantes.
Reivindicaciones e infracciones
Solamente es invadido si existe demasiada aglomeración entre la vereda
Espacio personal
y la valla de metal.
Existen locales que ponen su mercadería sobre la vereda, pero de una
Recinto manera mucho menos expresa o agresiva que en otros segmentos ya
analizados.
Está limitado por las vallas de metal. Las interacciones se deben realizar
Espacio de uso
adentro de los locales o en su entrada.
El paso a veces debe ser cedido debido a la estrechez de la vereda y el
Turno
vallado limitante.
Infracciones Se restringe la libre circulación con barreras físicas.
Cuerpo y espacio público
Promueve/permite Una limitada circulación peatonal.
Prohíbe El comercio ambulante y el traslado indistinto de acera a calle.
Existen Locales de venta de alimentos y productos de primera necesidad.
No existen Zonas de descanso ni arbolado.
Sigue el contorno del predio del mercado y tiene locales a la calle, que
son parte de la infraestructura del mismo centro de abastos. Esta acera es
Vereda 2: norte más amplia y también se encuentra limitada por vallas de metal. Como
lugar destacado sobre este flanco, se encuentra la entrada sur al mercado,
un sitio amplio y cubierto en donde existe circulación peatonal.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 101
Reivindicaciones e infracciones
No está garantizado, ya que ciertos tramos se convierten en embudos
Espacio personal
donde se dificulta el paso.
Recinto/espacio de
uso/territorio de Los locales utilizan la acera de manera mínima para extender su territorio.
posesión
En momentos de aglomeración de personas es necesario para ceder el
Turno
paso.
Se ve comprometido en momentos en que la aglomeración no permi-
Envoltorio te el paso. No solo hay roce y acercamiento, sino que se da incluso la
intrusión.
Infracciones Se restringe la libre circulación con barreras físicas.
Cuerpo y espacio público
Promueve/permite El comercio formal, así como el paso de peatones.
Prohíbe La estancia sostenida, ya que es un lugar de paso.
Varios comercios que son parte del mercado, una pared de bloque
Existen transformada en un mural artístico (en las últimas dos observaciones)
y arbolado.
No existen Lugares de descanso.
SEGMENTO 5
Calle Loja, de la calle Túpac Yupanqui a la calle Cantuña
En este segmento existe un número limitado de negocios de primera
planta; la mayoría de ellos vende variedad de productos, que incluyen
alimentos crudos pero también comida procesada y bienes de primera
Vereda 1: sur
necesidad. A mitad de esta cuadra existe una especie de callejón en donde
se ubican puestos de techos de lona. Esto recuerda a la anterior vocación
de esta calle, pero dentro de un predio privado.
Reivindicaciones e infracciones
Espacio personal No hay intrusiones a este espacio.
Infracciones Se restringe la libre circulación con barreras físicas.
Cuerpo y espacio público
Promueve/permite El paso y la venta formal.
Prohíbe La venta ambulante.
Existe Un pasaje que recuerda a un mercado en pequeña dimensión.
Esta vereda sigue el contorno del mercado y tiene igualmente locales
hacia la calle, pero en mucha menor cantidad que en el segmento ante-
Vereda 2: norte rior, ya que aquí se encuentra la entrada al Centro Comercial San Roque,
al igual que la entrada a otra ala del mercado de venta y reparación de
artículos usados.
102 / Fabián Regalado Villarroel
Reivindicaciones e infracciones
Este flanco tiende a la aglomeración, por lo que se debe sortear a las per-
Espacio personal y sonas que transitan y a las que ubican sus productos fuera de los locales o
recinto al filo de las entradas hacia diversas alas del mercado. Debido a que es una
vereda más amplia, se ha reducido su espacio ubicando vallas metálicas.
Turno Está supeditado a la mayor o menor concentración de personas.
Existe una cierta tendencia, incluso desde tiempos anteriores a la pan-
demia, a la venta de sustancias ilícitas desde el cruce de Cantuña y Loja.
Infracciones En casi todas las observaciones se identificó a estos vendedores y cómo
escondían su producto en pequeñas fundas dentro de la tierra donde
están sembrados los árboles decorativos.
Cuerpo y espacio público
Promueve El paso y la entrada a diferentes secciones del MSR.
La ubicación de productos sobre la acera, así como el comercio ambu-
Permite
lante en cierta medida.
Prohíbe La estancia fija, que podría bloquear las entradas antes mencionadas.
Verjas que dejan ver locales internos del mercado, arbolado y pequeñas
Existen gradas de ingreso a locales que algunos vendedores y transeúntes usan
para descansar.
SEGMENTO 6
Este es el segmento final observado en las distintas salidas de campo, y
uno de los lugares que más se visitó, debido a que las entrevistas a co-
merciantes de la calle Loja se realizaron en una plataforma improvisada
ubicada en este sector. La particularidad de esta zona es que aquí la calle
Calle Loja, de la Loja se cruza con la av. Mariscal Sucre, lo que forma un espacio muy
calle Cantuña a la av. amplio, semejante al delta de un río. Además, al final de la vereda norte
Mariscal Sucre se ubican las graderías de inicio de un gran puente peatonal elevado de
acero y concreto, que da continuidad a la calle Loja hacia el CHQ. En
ambas veredas, así como al pie del inicio del paso peatonal, existen loca-
les comerciales en seguidilla. En el único puesto móvil que no ha sido
desalojado se venden golosinas y artículos de uso diario.
Esta vereda posee locales en casi toda su extensión. Todos son de pro-
ductos de primera necesidad que incluyen carnes, comida para mascotas
y artículos de limpieza. Estos locales se extienden discretamente sobre la
Vereda 1: sur
acera, e incluso uno de ellos tiene un muñeco inflable que da la bienve-
nida a los clientes. Al menos dos locales utilizan altoparlantes para pro-
mocionar sus productos.
Reivindicaciones e infracciones
El espacio está mucho más libre de vallas y limitaciones. Se podía estar
Espacio personal
sobre la calle sin ningún problema.
Recinto y espacio Los comercios formales colocan ciertos productos en la parte exterior
de uso de los locales.
No se dan infracciones. Es un lugar amplio y con presencia de agentes
Infracciones
metropolitanos.
Rompiendo el tejido social: Mercado San Roque, política y pandemia / 103
Cuerpo y espacio público
Promueve El comercio y el movimiento libre de peatones.
Permite Cierto solaz en comparación a los demás segmentos analizados.
El comercio ambulante, ya que es permanente la presencia de agentes
Prohíbe
metropolitanos.
Existen Amplitud y claridad de visión.
Este flanco tiene varias carnicerías o tercenas. Antes de llegar al cruce
con la av. Mariscal Sucre está la entrada a una escuela intercultural bilin-
Vereda 2: norte güe que en las primeras observaciones estaba cerrada pero que finalmen-
te abrió. Su explanada de ingreso se utilizó para reubicar a un número de
comerciantes que antes trabajaban en la calle Loja.
Reivindicaciones e infracciones
Se ve garantizado, ya que la acera norte es muy amplia, por lo que es
Espacio personal
difícil aglomerarse en ella en la actualidad.
Las carnicerías usan una mínima parte del espacio público, así como el
Recinto pequeño mercado cerrado de la parte occidental de este segmento, para
mostrar sus productos.
Infracciones No existen, debido a la alta circulación y presencia de agentes.
Cuerpo y espacio público
Promueve/permite La circulación peatonal y el comercio formal.
Prohíbe La venta ambulante.
Una vereda amplia, arbolado, y la entrada a carnicerías y a la plataforma
Existen donde se encuentra temporalmente un grupo de las comerciantes que
antes tenían sus puestos en la calle Loja.
Elaboración propia.
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