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"100 Veces: Intimidad Colectiva en Danza"

La obra de danza contemporánea "100 Veces" presenta cuatro bailarinas que exploran movimientos ligados y circulares mientras interactúan con un gran papel que se despliega por el escenario, transformándose en diferentes formas y cubriendo a las bailarinas. El público disfruta ver a las mujeres permitiéndose jugar libremente sin artificios, mostrando la intimidad de lo colectivo a través de la danza. Tras la presentación, las bailarinas salen tomadas de las manos cantando y celebrando el cumpleaños de una de

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"100 Veces: Intimidad Colectiva en Danza"

La obra de danza contemporánea "100 Veces" presenta cuatro bailarinas que exploran movimientos ligados y circulares mientras interactúan con un gran papel que se despliega por el escenario, transformándose en diferentes formas y cubriendo a las bailarinas. El público disfruta ver a las mujeres permitiéndose jugar libremente sin artificios, mostrando la intimidad de lo colectivo a través de la danza. Tras la presentación, las bailarinas salen tomadas de las manos cantando y celebrando el cumpleaños de una de

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La intimidad de lo colectivo

Sobre “100 Veces”, obra de danza contemporánea

Por Lucía Fantauzzi

Son las 21 hs del viernes 25 de agosto. Es la última función de 100 Veces, obra de danza
contemporánea que se presentó durante cuatro viernes consecutivos en Espacio Bravo. Somos
muchas personas esperando en el patio para entrar a la sala. Cuando pasamos la obra ya había
comenzado. Mientras el público se acomodaba en sus asientos cuatro mujeres vestidas de rojo
practicaban la quietud en escena. Antes de que el último espectador se sentara, ellas comenzaron a
moverse al ritmo de una percusión. Había humo en el ambiente, no demasiado pero lo suficiente
para que el aire se volviera espeso. Se había creado un clima y, por un momento, pensé que
adoraban el piso que las sostenía. Entre los movimientos ligados y circulares, el humo y las luces,
entré en una especie de ensoñación. La iluminación cambia.
Caída y recuperación. Se escuchan las respiraciones muy fuertes, mientras un conteo hasta
cien persiste, desordenadamente. Los cuerpos parecen cansados, como si algo los pulsara y
respondieran por reflejo. Dicen que cuando una se cansa aparece el release, y, esto tiene sentido, si
traducimos release como liberar o soltar. ¿Qué formas adopta el cuerpo, qué musculatura activa
para responder en una situación incómoda? ¿Qué reserva? ¿Qué estrategias usa para liberar la
menor energía posible? ¿Cómo se mueve cuando no lo interviene el pensamiento consciente?
Un papel muy grande, compuesto por partituras y hojas de guía de teléfono, se desplegó en
el espacio. ¿Cuántas horas invertidas había en ese manto gigante, cuánto trabajo para hacerlo, para
explorarlo y ensayarlo? Las cuatro bailarinas quedaron cubiertas por ese manto de papel que se
movía: parecía una masa que se desplazaba por el suelo. Algunas se perdieron entre otros papeles
que había en el fondo de la sala, mientras ese objeto animado tomaba distintas formas en el espacio.
Desprendía una potencia visual y sonora que a veces me recordaba a un cabezudo del carnaval
uruguayo, otras veces al dragón que usan en el año nuevo chino. No fuimos muy conscientes de
cuando estaban fuera o dentro las bailarinas, ni tampoco vimos el cambio de vestuario. Jugaban con
nuestra percepción del tiempo y de las cosas. Una voz relataba algo, a veces la palabra era clara y
de vez en cuando se fusionaba con el sonido del papel en movimiento y se tornaba ininteligible.
El peso de una se volcaba en otra y en eso se armaban estructuras que avanzaban y
retrocedían. No tenía sentido disociar lo liviano de lo pesado. Se generaba una red de sostén que
mostraba lo íntimo de lo colectivo. Disfruté la obra porque vi a cuatro mujeres en escena
permitiéndose jugar, reconvertir y reconvertirse. Esos cuerpos eran, por momentos, otras cosas. Se
necesita cierto grado de libertad y confianza para entrar en el juego. No había nada impostado, el
gesto era genuino. No intentaron sorprender al espectador con algún artilugio del tipo impacto
eficaz que, en estos tiempos donde el consumo indiscriminado, incluso en el campo artístico, se ha
vuelto tan común como silencioso, donde cada espectador parece ser un blanco de posibles ventas,
donde se recurre a la saturación de estímulos en base a distintos soportes y el trabajo profundo no se
aprecia porque lo superficial vende más y más rápido, donde los procesos de creación son acortados
por el timing que marca el mercado… Estas mujeres, en la labor de poner el cuerpo en escena, nos
traen una propuesta luminosa que nos devuelve las ganas de seguir bailando, de ocupar los espacios,
confiando en que hay un tono vital que nos guía, que en la danza se puede trabajar con seriedad y
disfrute, colectivamente, sin bombardear sensibilidades.
Sin que una intención de exhibir el virtuosismo de las técnicas (propias del género) utilizadas,
combinadas, y evidentemente pulidas en exhaustivos ensayos, empañara o dispersara las
interpretaciones que cada quien pudiera darse. La libertad creativa, y su resultado, en función de la
libertad de apreciación.
Tras el cierre y los aplausos, la ternura y la modestia de las palabras de Vanesa Moreira, junto con el
abrazo grupal final, terminaron de conmoverme. Había un motivo más para festejar: una de ellas
cumplía años. Se retiraron de la sala tomadas de las manos, dando pequeños saltos y cantando. Y al
salir, afuera, el público parecía relajado y alegre. Eso me hizo creer que somos varias las personas
que esperamos que esta obra continúe.

FICHA
En escena: Abigail Nant, Vanesa Moreira, Florencia Rocco, Belén Wegelin. Asistencia técnica:
Maricel Zitto. Diseño y asistencia de luces: Andrés Martorell. Creación musical: Iván Topolevsky.
Fotografía: Ariel Smania. Prensa y difusión: AndaProducciones. Vestuario: Luisha. Idea y
coordinación general: Vanesa Moreira

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