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Arquetipos y El Inconsciente Colectivo - Parte3

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Archetypus es una pardfrasis explicativa del #150¢ platénico. Esa denominacién es witil y precisa pues indica que los con- tenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos 0 —mejor in— primitivos. Sin dificultad también puede aplicarse a los contenidos inconscientes la expresién “représentations collecti- ves", que Lévy-Bruhl usa para designar las figuras simbélicas de la cosmovisién primitiva, pues en principio se refiere casi a lo mismo. En las doctrinas tribales primitivas aparecen los arquetipos en una peculiar modificacién. En verdad, aqui ya no son contenidos de lo inconsciente sino que se han transfor- mado en férmulas consc2ntes, que son transmitidas por la tr dicién, en general bajo la forma de la doctrina seereta, la cual es una expresién tipica de la transmisi6n de contenidos colectivos originariamente procedentes de lo inconsciente. Otra expresién muy conocida de los arquetipos es el mito y la leyenda. Pero también en este caso tratase de formas espe- cificamente configuradas que se kaa transmitido a través de largos lapsos. Por lo tanto, el concepto “arquetipo” sélo indi- rectamente puede aplicarse a las representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psiquicos no sometidos atin a elaboracién consciente alguna, y representa entonces un dato psiquico todavia inmediato. Como tal, el arquetipo difiere no poco de la formulacién histéricamente constituida o elaborada. Especialmente en estadios mas elevados de las doctrinas secre- tas, los arquetipos aparecen en una forma que por lo general muestra de manera inconfundible el influjo de la elaboracién consciente, que.juzga y que valora. Su manifestacién inmediata, en cambio, tal como se produce en Jos suefios y visiones, es mucho mas individual, incomprensible o ingenua que, por ejem- plo, en el mito. El arquetipo representa esencialmente un con- tenido inconsciente, que al conciencializarse y ser percibido cam- hia de acuerdo con cada conciencia individual en que surge.* Hemos aclarado qué se entiende por “arquetipo” en relacién con el mito, la doctrina secreta y la Jeyenda. Pero el tema se complica si intentamos examinar a fondo qué es psicolégicamente un arquetipo. La investigacién sobre los mitos se ha conformado 4 Para ser exactos, debemos distinguir entre “arquetipo” y arquetipicas”. El arquetipo en si representa un modelo hipot como el patrén de comporta IV de este libro. iento de la biologia. Para este punto véase el capitulo 1 hasta ahora con representaciones solares, lunares, meteorolégi- cas, vegetales y con otras nociones auxiliares. Nadie ha entrado a considerar la idea de que los mitos son ante todo manifesta- ciones psiquicas que reflejan la naturaleza del alma. Poco le importa al primitive una explicacién objetiva de las cosas que percibe; tiene, en cambio, una imperiosa necesidad, o mejor di- cho, su psique inconsciente tiene un impulso invencible que lo Ieva a asimilar al acontecer psiquico todas las experiencias sen- soriales externas. No le basta al pi ivo con ver la salida y Ja puesta del sol, sino que esta observacién exterior debe ser al mismo tiempo un acontecer psiquico, esto es, que el curso del sol debe representar el destino de un dios o de un héroe, el cual en realidad no vive sino en el alma del hombre. Todos los procesos naturales convertidos en mitos, como el verano y el invierno, las fases lunares, la época de las Iluvias, ete., no son sino alegorias® de esas experiencias objetivas, o més bien ex- presiones simbélicas del intimo e inconsciente drama del alma, cuya aprehensién se hace posible al proyectarlo, es decir, cuan- do aparece reflejado en los sucesos naturales, La proyeccién es hasta tal punto profunda que fueron necesarios varios siglos de cultura para separarla en cierta medida del objeto exterior. En el caso de la astrologia, por ejemplo, se legs a un absoluto rechazo y condena como herética de esta antiquisima “scientia intuitive”, porque no se consiguié establecer una separacién en- tre la caracterologia psicolégica y las estrellas. Y quien sigue creyendo o vuelve a crer en la astrologia cae casi siempre en Ja vieja creencia supersticiosa en el influjo de los astros, pese a que todo el que sea capaz de hacer un hordscopo debe saber que desde los dias de Hiparco de Alejandria se ha mantenido el punto vernal en 0° de Aries, por lo cual todo horéscopo se basa en un zodiaco arbitrario, puesto que desde Hiparco el punto vernal, a causa de la precesién de los equinoccios, se ha corrido hasta el grado inicial de Piscis. El hombre primitivo es de una subjetividad tan impresionante, que en realidad la primera presuncién hubiera debido ser que existe una relacién entre el mito y Jo psiquico, Su conocimiento de la naturaleza es esencialmente lenguaje y revestimiento ex- 4 Alegoria es una pardfrasis de un contenido consciente, Simbolo, en cambio, es Ia mejor expresién posible para un contenido inconsciente, sélo presentide pero ‘ain desconocide. 12 terior del proceso psiquico inconsciente. Precisamente el hecho de que ese proceso sea inconsciente es lo que hizo que para explicar el mito se pensara en cualquier otra cosa antes que en el alma. Pues no se sabia que el alma contiene todas las imé- genes de que han surgido los mitos y que nuestro inconsciente es un sujeto actuante y paciente, cuyo drama el hombre pri- mitivo yuelve a encontrar en todos los grandes y pequefios pro- cesos naturales.’ “En tu pecho estén las estrellas de tu destino” dice Seni a Wallenstein. Bastaria entonces con conocer algo de ese miste- rio del coraz6n para responder a los interrogantes que han ocu- pado siempre a la astrologia. Pero era muy poco lo que de todo eso se comprendia, y no me atrevo a afirmar que, en lo fun- damental, la situacién sea mejor en la actuelidad. La doctrina tribal es sagrado-peligrosa. Todas las doctrinas secretas tratan de aprehender el invisible acontecer ps{quico, y todas reivindican para si la autoridad més elevada. Lo que es verdad en el caso de esas doctrinas primitivas, es més verda- dero ain en el caso de las religiones mundiales predominantes. Encierran un saber revelado primario y han expresado en imi genes magnificas los secretos del alma. Sus templos y escritos sagrados proclaman con Ia imagen y la palabra la doctrina de antiguo consagrada, accesible a todo corazén creyente, a toda visién sensible, a toda meditacién exhaustiva. Pero también es cierto que cuanto més bella, més grandiosa, més completa es la imagen que se forma y se transmite, més lejos se aparta de la experiencia individual. Podemos penetrar en la imagen con el sentimiento y la sensibilidad, pero la experiencia primaria se ha perdido. 4Por qué es la psicologia la més joven de las ciencias empi- ricas? gPor qué lo inconsciente no se descubrié mucho antes ni se extrajo su tesoro de imagenes eternas? Sencillamente porque teniamos para todas las cosas del alma una formula religiosa mucho mas bella y comprensiva que la experiencia directa. Si para muchos la concepcién cristiana del mundo se desvanece, ahi estn para suplirla los tesoros orientales Ienos todavia de ma- ravillas, que pueden alimentar por mucho tiempo el deseo de contemplacién y de nuevas vestiduras. Ademds, esas imAgenes © CE. Jung y Kerényi, Einfihrung in das Wesen der Mythologie, 1982, 13 llenas de misterio y ricas en anticipaciones. Es yerdad que cuanto més habituales son pata nosotros tanto més las ha desgastado el uso frecuente y les ha dejado sélo la superficialidad trivial con su cardcter paradéjico casi sin sentido, El misterio del parto virginal o el de la consustanciacién del Padre y el Hijo,-o la Trinidad, que no es una triada, ya no dan alas a la fantas(a filoséfica de nadie. Se han convertido en meros objetos de fe. Por eso no es sorprendente que la necesidad religiosa, la mente creyente y la especulacién filosdfica del europeo culto se sien- tan atraidos por los simbolos orientales, por las grandiosas con- cepciones indicas de Ja divinidad y los abismos de la filosofia taoista china, del mismo modo que en otros tiempos el corazén y el espiritu del hombre antiguo fueron cautivados por la idea cristiana. Hay muchos que en un comienzo se entregan a la su- gestion del simbolo cristiano, hasta que son envueltos por la neurosis kierkegaardiana o hasta que su relacién- con Dios, a causa del creciente empobrecimiento del simbolismo, se trans- forma en-una insoportable y tensa relacién yo-ti; entonces se rinden ala magia de la fresca foraneidad de los simbolos orien- tales. Esa rendicién no es siempre necesariamente una derrota, sino que puede ser testimonio de la receptividad y la vitalidad de la sensibilidad religiosa. Algo similar se observa en los orien- tales cultos, que no pocas veces s¢ sienten atraidos por el sim- bolo cristiano o por la ciencia, tan inadecuada para su espiritu oriental, y Hegan incluso a desarrollar una envidiable compren- sién en esos campos. El que alguien se rinda a esas imagenes eternas es una cosa normal. Para eso existen. Deben atraer, convencer, fascinar, dominar. Han sido creadas de la materia virgen de la revelacién y reflejan la experiencia primera de la divinidad. Por eso abren al hombre al presentimiento de lo di- vino y al misme tiempo Jo ponen a cubierto frente a la expe- riencia inmediata de la divini Estas imagenes héllanse inte- gradas, muchas veces merced a un trabajo secular del espiritu 10, en un sistema de pensamientos ordenadores del mundo, y al mismo tiempo estin representadas por una institucién po- derosa, extendida y de antiguo venerable, llamada Iglesia. El ejemple de un mistico y solitario suizo, el recientemente canonizado hermano Niklaus von der Fliie, ilustra del mejor modo lo que quiero decir. Su vivencia fundamental es 1a Ia 14

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