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Sermón Expositivo: Definición y Claves

La predicación consiste en exponer y aplicar el significado del texto bíblico en su contexto, con el propósito de que los oyentes escuchen la voz de Dios y sean transformados. Un buen sermón expone el mensaje de las Escrituras para glorificar a Cristo y edificar a la iglesia, sin imponer ideas ajenas al texto. La predicación es el medio principal que Dios usa para salvar y fortalecer la fe, ya que es por los oídos que recibimos y perdimos la salvación. Un predicador debe exponer la Palabra con
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Sermón Expositivo: Definición y Claves

La predicación consiste en exponer y aplicar el significado del texto bíblico en su contexto, con el propósito de que los oyentes escuchen la voz de Dios y sean transformados. Un buen sermón expone el mensaje de las Escrituras para glorificar a Cristo y edificar a la iglesia, sin imponer ideas ajenas al texto. La predicación es el medio principal que Dios usa para salvar y fortalecer la fe, ya que es por los oídos que recibimos y perdimos la salvación. Un predicador debe exponer la Palabra con
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¿Qué es predicar?

Lo primero que debemos tener presente es que un sermón expositivo no es tomar cada
versículo de la biblia y explicar cada significado como si estuviéramos haciendo un comentario
bíblico. Tampoco es usar el púlpito para impartir una clase de interpretación bíblica que deje a
los oyentes confusos sin entender cuál es el mensaje de Dios para ellos. Debemos recordar que
estamos proclamando un mensaje que es extraído de las Escrituras, procurando la gloria de
Cristo y la edificación de la iglesia.

Definición del pastor Sugel Michelén:

Un sermón expositivo es aquel que expone y aplica el verdadero significado del texto bíblico,
tomando en cuenta su contexto inmediato, así como el contexto más amplio de la historia
redentora que gira entorno a la Persona y la Obra de cristo, con el propósito de que el oyente
escuche la voz de Dios a través de la exposición y sea transformado.

Podríamos decir que el predicador expone no impone. Dice John Stott en su libro la
predicación:

Exponer las Escrituras es extraer lo que se encuentra en el texto y dejarlo a la vista. El expositor
expone por fuerza lo que parece estar oculto, da claridad a lo que parece confuso, deshace los
nudos y desarma lo que parece un asunto difícil. Lo opuesto a la exposición es la imposición, es
decir, imponer sobre el texto algo que este no incluye. El texto en cuestión puede ser un versículo,
una oración gramatical o incluso una sola palabra. De igual forma puede tratarse de un párrafo,
un capítulo o todo un libro. El tamaño del texto no tiene importancia, siempre que este sea
tomado de la biblia; lo que importa es lo que hagamos con él. Ya sea breve o extenso, nuestra
responsabilidad como expositores es hacer que se exponga de tal modo que transmita su mensaje
clara, simple, y exactamente, de forma pertinente, sin adiciones, sustracciones o falsificación.

El acto de predicar no es sencillo hacerlo, pero sí es importante tratar de definirlo:

Dios en su misericordia ha levantado a lo largo de la historia de la iglesia muy buenos


predicadores y es posible que conozcamos a algunos de ellos o por lo menos nos hayamos
expuesto a su predicación de alguna forma. Es posible que también hayamos tenido la
experiencia de exponerse a alguna predicación en donde es difícil saber si aquel que está
detrás del púlpito está predicando o si simplemente está dando una charla de contenido
bíblico (o que hayamos sido nosotros). Es por esto que vale la pena revisar y considerar
algunos aspectos que nos ayuden a llegar a una definición de lo que es el acto de predicar.

El medio si afecta el mensaje:


El medio escogido para comunicar un mensaje afecta su contenido. Escuchar a un predicador
exponiendo la Palabra de Dios es una experiencia distinta a ver un videoclip, una obra de teatro
o incluso leer un libro o un tratado evangelístico. Claro está que con esto no queremos
minimizar la importancia de la página impresa, (en este curso usamos libros para profundizar
en el estudio de algunas verdades que nos protejan de los errores), también podemos ver como
en la reforma protestante la imprenta jugó un papel muy importante. Sin embargo, la
proclamación oral sigue siendo el medio por excelencia que Dios usa para salvar las almas y
fortalecer la fe de los creyentes. De miles de personas que dan testimonio de que se convirtieron
a través de la predicación de la Palabra, encontramos unos pocos que afirman haberse
convertido leyendo algún tratado o un libro que explicaba el evangelio. Y lo más probable es
que muchos de esos pocos se hayan expuesto antes a la predicación de la Palabra.

Fue por los oídos que perdimos el paraíso, cuando Adán y Eva escucharon a la serpiente (Gn.
3), así mismo es por escuchar la Palabra predicada según la escritura que podemos llegar al
cielo (Ro. 10:14-5). Si la Biblia hace énfasis en la necesidad de oír, está presuponiendo que sus
siervos cumplirán el mandato que se les ha encomendado de predicar la Palabra. Hemos
estudiado que al predicar hablamos como dice Pablo de parte de Dios y delante de Dios (2 Cor.
2:17) y es importante tener presente que no solo el mensaje que transmitimos sino también la
forma como lo hacemos deben enviar esa señal a la mente y el corazón de todos los oyentes.
Recordando también que somos embajadores que ruegan como dice (2 Cor. 5:20).

La predicación humilla y persuade:

El acto de la predicación no se desarrolla en los tiempos bíblicos solo por el retraso


tecnológico de la época, sino por ser el método más apropiado para comunicar la naturaleza
del mensaje. El Soberano Rey del universo que gobierna y tiene derecho sobre toda la
creación incluido nosotros, nos encargó la tarea de transmitir sus decretos. El predicador
envía esa señal a los hombres cuando se coloca detrás del pulpito para proclamar a viva voz la
Palabra de Dios. Somos mensajeros del Altísimo, Él es el Rey de reyes y Señor de señores, y
nosotros venimos en Su Nombre a proclamar que hay salvación en Cristo Jesús para todo
aquel que cree. La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el
hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones, sino que
necesita humillarse ante la voz de Dios.

La predicación es un vehículo ideal para para persuadir correctamente a los hombres,


informando de manera adecuada el entendimiento del pecador moviéndolos a rendirse y
levantar la bandera blanca:

Hechos 18:4

Está claro que es solo Dios quien puede vencer la obstinación de los perdidos y llevarlos al
arrepentimiento y no nosotros. Pero Dios obra tomando en cuanta la manera en como Él
mismo nos creó. El ilumina el entendimiento por la presentación clara y persuasiva de la
verdad para que podamos ser movidos a amar a Cristo por la fe.
Romanos 6:17

Es algo asombroso que el Espíritu Santo abra los corazones humanos a través de voces
humanas. Así que debemos proclamar a viva voz la Palabra de Dios y hacerlo de cierta manera
para que sea de verdad predicación. No basta con que el contenido sea bíblico, la predicación
bíblica posee su propio formato que deriva de nuestra vocación como heraldos y embajadores
del Dios Altísimo.

Predicando con autoridad: Jesucristo el más grande predicador de la historia

¿Qué diría Charles Spurgeon (catalogado el príncipe de los predicadores)? Con toda justicia
Jesús es quien merece este título. A pesar de que son muchos aspectos que podríamos resaltar
de la predicación de Jesús, miremos como lo presenta Mateo en su evangelio:

Mateo 7:29

La autoridad de los escribas era de segunda mano, estaba basada en la enseñanza de otros
rabinos o escribas los cuales ellos citaban constantemente en sus enseñanzas. Ese no era el
caso de Jesús, porque Él hablaba plenamente convencido de que sus palabras eran las
Palabras de Dios mismo. En otra ocasión Cristo les dice a sus discípulos:

Mateo 5:21-22

En otras palabras: que esto es lo que los rabinos les han enseñado hasta ahora, pero yo les
traigo la interpretación correcta de lo que está escrito y esta es la única que tiene validez. Esto
es hablar con autoridad. Cabe aclarar que el Señor posee una autoridad que no comparte con
nadie, sin embargo, cuando un ministro proclama fielmente Su Palabra debe hacerlo con la
conciencia de que posee una autoridad delegada por Él. Cuando Pablo le escribe a Tito, le
ordena exhortar y reprender con toda autoridad:

Tito 2:1-15

Algo curioso en este llamado de enseñar con toda autoridad es que implica enseñar a las
mujeres que se sujeten y vivan piadosamente cuidando de sus casas, posiblemente esto sería
algo que muchos de nosotros hoy día no considerarían abordar, sin embargo, tito debía
hacerlo y con toda autoridad. Es importante aclarar que no podemos confundir autoridad con
autoritarismo. Algunos predicadores se convierten en dictadores espirituales haciendo del
pulpito su trono, de la iglesia su reino usando la biblia solo como manipulación. Eso ocurre
cuando un predicador deja a un lado el verdadero significado del texto vilico y lo que hace es
usarla para imponer sus propias ideas. El punto aquí es que la Biblia tiene la autoridad porque
es la Palabra de Dios, cuando nosotros la exponemos nos colocamos bajo su autoridad y lo
hacemos con autoridad. Si nos apartamos de ella nos enseñoreamos de la audiencia y caemos
en autoritarismo. Si realizamos una buena y cuidadosa exegesis podemos estar seguros de que
esto es lo que enseña la Palabra de Dios, de esa manera podemos exponerla con autoridad.
Finalmente es bueno recordar que esa autoridad se fortalece o se debilita de acuerdo al
testimonio que el predicador de con su propia vida en cómo se sujeta a esa palabra.
Predicando con denuedo

Uno de los elementos más distintivos que vemos en la predicación apostólica es el denuedo
con el cual lo hacían:

- Hechos 2:22;36
- Hechos 3:13-15
- Hechos 4:13,29,31

La declaración que hace Lucas acerca de la predicación de Pedro y de Juan en Hechos 4:13
donde expresa que esta era echa con denuedo, hace referencia en el griego original a osadía,
confianza, sin miedo, con valor. Podemos ver en estos y otros textos como los apóstoles
predicaban el evangelio a pesar de la oposición. El predicador que ha sido atrapado por la
Palabra de Dios no dudara en predicar todo el consejo de Dios, no caminara en timidez aun
cuando profundice en el entendimiento de verdades que la gente no quiere oír. No podemos
ser inseguros a la hora de predicar la verdad solo por mantener nuestra integridad o imagen.

Predicando con pasión

En el acto de predicar debemos dirigirnos al intelecto de nuestros oyentes. Ellos deben


entender la verdad que estamos enseñando, de manera que tenemos que presentar el mensaje
de una forma lógica y ordenada, las ideas deben ser coherentes y comprensibles. Este ejemplo
lo vemos en las cartas del N.T. Ahora bien, entendiendo que el sermón debe ser coherente
para que la audiencia pueda comprenderlo y asimilarlo, sin embargo, la predicación es más
que lógica, debemos tener presente que es la entrega apasionada de un mensaje divino. Si no
fuimos coherentes en nuestro sermón haremos que sea difícil de entender para los oyentes y
no será tan fructífero. Y si somos coherentes pero desapasionados, estaremos exponiendo a
los oyentes a pensar si es cierto lo que estamos diciendo o que quizás no estamos siendo tan
sinceros.

Es importante entender que en ese sentido la pasión no depende de la personalidad del


predicador, sino que radica en la convicción de la mente y el fervor del corazón.

1 Juan 1:3

El contenido del mensaje de los apóstoles no era mera información, era algo extraordinario
ellos habían visto y oído por 3 años al Señor Jesucristo. El predicador apagado no existe, eso
es una contradicción, si es apagado no es predicador. Es imposible ser apagado con un tema y
mensaje tan grandioso (el de la Biblia).

Predicando con urgencia


Debemos predicar con urgencia debido a la naturaleza de la comisión y del mensaje que se
nos ha dado. El libro de los hechos recoge este sentido:

Hechos 2:40

Tenemos que ser conscientes de que tanto nosotros como en nuestra audiencia caminamos
seguramente hacia un juicio sonde el veredicto final será o castigo eterno o vida eterna. Esta
realidad nos debe impulsar a predicar con urgencia.

2 Cor. 5:10-11

Debemos recordar que al predicar tenemos na oportunidad de persuadir a nuestra audiencia


y que no sabemos por cuánto tiempo más o cuantas oportunidades mas tendremos la
oportunidad de persuadirles.

Predica con compasión

Así como lo vemos en nuestro Señor Jesucristo, nosotros también el predicar debemos hacerlo
con compasión:

Mateo 9:36

Compasivamente Jesús camino hacia la cruz para dar Su vida por las ovejas y así salvarlas, el
no fue simplemente un predicador profesional. Esto nos debe llevar a tener compasión y no
convertirnos en predicadores fríos que carezcan de sentimientos hacia aquellos que
ministramos. No podemos tener solamente amor por la predicación sino también amor por
aquellos quienes nos escuchan.

- Gálatas 4:19
- 2 Cor. 10:1

Predica con tu propia voz

Aunque parezca obvio, debemos ser nosotros mismos al predicar y nos buscar imitar a X o Y
predicador. Para predicar eficazmente debemos ser nosotros mismos antes que terminemos
frustrados por tratar de imitar a otros predicadores. Tal vez algún predicador nos cause
admiración, pero esto no debe llevarnos a querer imitarlo e ir en contra de nuestra
personalidad. Pablo le indica a Timoteo que debía ocuparse del ejercicio de la predicación de
tal manera que fuera evidente su progreso y de provecho para su audiencia, Pablo no le dice
en ningún momento que le imite a él o a otro la forma de predicar:

1 Timoteo 4:15

Debemos cuidarnos de querer o buscar convertirnos en clones de otro predicador. Esto


incluso puede llevar a la distracción a nuestra audiencia o que el mensaje no se trasmita de
una manera sincera.
¿Qué es predicar?

Hemos estado abordando algunos aspectos de la predicación con el fin de poder encontrar
una definición a cerca de lo que es predicar. Si tenemos en cuenta todo lo que hemos vista
hasta ahora podríamos tomar la siguiente definición del pastor Sugel Michelén:

Es la comunicación en forma de discurso oral de un mensaje extraído de las Sagradas Escrituras


por medio de una exegesis cuidadosa; transmitido con autoridad, convicción, denuedo, pasión,
urgencia y compasión; a través de toda la personalidad de un hombre redimido, llamado y
cualificado por Dios; bajo la influencia y poder del Espíritu Santo, para la gloria de Dios en
Cristo, la salvación de los pecadores y la edificación de los creyentes.

La predicación es proclamación; no puede ser menos que eso, pero es mucho más que eso. Se
trata de un monologo, pero no es un mero discurso. Contiene enseñanza, pero es más que una
catedra, una clase de escuela dominical o una charla bíblica. Intenta ser persuasiva, pero nunca
manipuladora. Es una forma muy particular de comunicación que involucra todo nuestro ser
mientras hablamos a los hombres delante de Dios y de parte de Dios. (Sugel Michelén)

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