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Aves de la Reserva Guáquira

Este documento presenta una introducción a un libro titulado "Un día con las aves de Guáquira". El libro incluye ilustraciones de aves de la Reserva Ecológica Guáquira y textos que describen las aves y la biodiversidad de la reserva a través de las cuatro estaciones del día: amanecer, mediodía, ocaso y medianoche. El libro fue escrito e ilustrado por jóvenes profesionales venezolanos y tiene como objetivo promover la conservación de las aves y los ecosistemas

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Aves de la Reserva Guáquira

Este documento presenta una introducción a un libro titulado "Un día con las aves de Guáquira". El libro incluye ilustraciones de aves de la Reserva Ecológica Guáquira y textos que describen las aves y la biodiversidad de la reserva a través de las cuatro estaciones del día: amanecer, mediodía, ocaso y medianoche. El libro fue escrito e ilustrado por jóvenes profesionales venezolanos y tiene como objetivo promover la conservación de las aves y los ecosistemas

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Ediciones Pietrix

Contenido
Un día con las aves de Guáquira Editorial y Prólogo 6
Ediciones Pietrix
© 2021
Introducción 8
HECHO EL DEPÓSITO DE LEY El Autor 10
Depósito Legal YA2021000025
San Felipe, Venezuela. La Ilustradora 11
Diciembre de 2021 Amanecer, mediodía, ocaso y
medianoche con las aves de Guáquira 13
Editor Ejecutivo:
Oscar A. Pietri Pacheco Aves de la Reserva Ecológica Guáquira 39
[email protected]

Textos y Diseño:
Miguel Ángel Torres
[email protected]

Ilustraciones:
Silvia López
[email protected]

Colaboradores:
Delvis Romero-Rios
[email protected]

Rusmeri Quintero
[email protected]
Editorial

L
as aves forman parte fundamental de la biodiversidad que hace En un lenguaje sencillo y ameno este libro nos va llevando a través
vida en Guáquira. Nuestros primeros visitantes en 1992 con de un recorrido imaginario por la Reserva Ecológica Guáquira en
Lost World Adventures fueron ávidos observadores de aves, y los textos de Miguel Angel Torres, acompañados por las hermosas
trajeron muchas guías muy buenas donde se evidenciaba la can- y artísticas ilustraciones de Silvia López para conocer una gran
tidad y variedad de aves. Pero en Guáquira queremos nuestra variedad de las aves que allí conviven. Los autores son jóvenes
propia guía con nuestras propias aves y de allí esta guía ilustrada y talentosos quienes forman parte de una nueva generación de pro-
narrada por los ojos de un observador de aves, que con su prosa fesionales que también se han desarrollado bajo los auspicios de
nos enseña de forma amena. la Reserva Ecológica Guáquira.

Las ilustraciones originales que la acompañan son el demostrado Debemos evocar el privilegio de haber estado presentes desde la
talento de la gente de Yaracuy. Esta guía es muestra de que po- fundación de la Reserva Ecológica Guáquira, cuando recién se
demos soñar en grande y luego trabajar para hacer realidad los iniciaba aquel gran sueño que tuvieron Oscar Pietri Pacheco y Car-
sueños. Ahora a deleitarse con las narraciones experienciales de los Rivero Blanco. Fue por el año 2004 cuando Carlos, el amigo
Un Día con las Aves de Guáquira. que recientemente nos dejó, convocó a Audubon de Venezuela a
través de May Lou Goodwin, pionera de la observación de aves
Oscar Pietri Pacheco en el país, para levantar el inventario de aves de Guáquira, que
luego de numerosas visitas, rápidamente alcanzó para el 2005 las
132 especies y hoy ostenta registradas en la base de datos eBird
del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell una
cantidad de 313 especies de aves.
Prólogo
Todo esto contribuye a destacar la importancia de la biodiversidad

L
a oportunidad de prologar en nombre de la Sociedad Conser- de este santuario de la naturaleza y su significativo aporte para
vacionista Audubon de Venezuela esta primera edición de “Un dar a Venezuela el sitial que merece en el mundo como destino
día con las Aves de Guáquira” es un honor y una especial satis- preferido para el ecoturismo.
facción, pues ella viene a sumarse a los muchos logros alcanzados
durante el ininterrumpido trabajo desarrollado por la Reserva Eco- Marieta Hernández
lógica Guáquira para proteger y conservar sus dos mil hectáreas
de selva húmeda tropical y nubosa, en un gradiente altitudinal que
va desde la ribera del Río Yaracuy hasta las cumbres del cerro
Zapatero, entre los 100 y los 1.400 metros sobre el nivel del mar,
constituyéndose en ejemplo de conservación privada.
Introducción

L
as aves siempre han sido inspiración de múltiples expresiones cielo, los oídos se van afinando a los tonos y frecuencias que se
del hombre, son ícono de historia, símbolo de cultura, bandera perciben desde un lugar fijo o en caminatas, sean diurnas o noctur-
de naciones enteras, musa de diferentes artistas a lo largo y nas, incluso en el concierto incesante de múltiples aves al unísono
ancho del planeta, donde inspiran a historiadores, escritores, pin- al amanecer, nuestra piel va sintiendo hasta el aleteo más sutil de
tores, escultores, fotógrafos, cineastas, músicos, científicos, arqui- los seres que vuelan muy cercanos, nuestro olfato va reconociendo
tectos, ingenieros y un montón de gente a plasmar sus creaciones hasta el aroma de ciertas plumas que encontramos en el suelo, y el
en base a estos emplumados seres. Son unas de las formas de vida gusto mejora su percepción con las frutas naturales comestibles del
más llamativa del planeta, presentes en todos sus ambientes, des- bosque, cada uno de nuestros sentidos se agudiza y perciben con
de el mar hasta las cumbres de las montañas más altas, pasando cada vez mayor facilidad al todo.
por desiertos, sabanas, llanos, bosques, ríos, lagos, selvas y hasta
en los helados polos, adaptadas también a jardines, plazas, ciu- También estimulan la manera de plasmar en papel estas vivencias,
dades y pueblos. Sus colores, formas del cuerpo y del pico, cantos en ocasiones inspiradas por los momentos propios y en otras por
de diferentes tonos, melodía y volumen, incluso algunas expiden los mismos textos que se llevan de las vivencias, el detalle de cada
aromas peculiares, sus hábitos alimentarios, diurnos y también noc- pluma, de cada hoja, flor, fruto o semilla de la vegetación de su
turnos, de reproducción, desde el cortejo en ocasiones de formas entorno, de la forma del ave y cada tono de coloración incluso
increíbles y que algunas hasta cambian de plumaje para ello y en diferentes ángulos de iluminación del sol o de la luz artificial,
también otras lo hacen en vuelo, pasando por las diversas formas las escalas acordes a la proporcionalidad, brindando resultados
y tamaños de sus huevos, sus formas y colores de jóvenes hasta en diferentes técnicas y materiales cada vez más increíbles con un
llegar a la adultez, en fin, bastante material que sin duda inspira toque propio y único en ilustraciones.
a escribir e ilustrar.
Sin duda alguna luego de incursionar en el mundo de la observa-
Las diferentes experiencias que se viven en conjunto con ellas, invi- ción de aves percibiremos de otra manera a nuestra cotidianidad,
tan a recopilar información, en texto se llevan datos de sus diferen- y es una de las intenciones, ya que la observación lleva luego a
tes actividades, de sus experiencias y vivencias propias, que por querer su conservación. Se prepara entonces este material divulga-
más que sean cotidianas para ellas, para nosotros son momentos tivo tipo cuenta cuentos, también personal y simbólicamente defini-
únicos y hasta extraordinarios, que nos sorprenden, relacionamos do en función de la percepción de nuestra geografía, con temática
nuestras vivencias con ellas, nos marcan, estimulan cada uno de en las aves de la Hacienda Guáquira, el cual es un lugar donde
nuestros sentidos, nos hacen explorar múltiples sensaciones, nos la diversidad de aves registrada es cada vez mayor conforme van
hacen sentir desconectados de nuestros días y al mismo tiempo co- incursionando los observadores de aves a este sitio, que sin duda
nectados a ellas, a lo natural, sentir que somos parte de su entorno, es un santuario natural para ellas, y es un lugar que muchos reco-
mientras más vivimos estas experiencias más se van desentrañando miendan para tal fin, con la intención de promover la conservación
nuestras percepciones. Nuestra vista se va adaptando a las dife- de este recurso natural renovable tan particular y llamativo, y con
rentes formas y colores del entorno, del suelo, la vegetación y el ello los diferentes ecosistemas donde habitan.

8 Un día con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 9
El autor La ilustradora

M S
iguel Ángel Torres. ilvia López. Técnico Superior
TSU en Recursos Natura- Universitario en Recursos Na-
les Renovables del Insti- turales Renovables del Instituto
tuto Universitario de Tecnología de Universitario de Tecnología de Yaracuy
Yaracuy (IUTY - 2016). Diplomado (IUTY - 2013). Técnico Especialista de
en Docencia Universitaria del Institu- la Coordinación de Políticas Educa-
to de Mejoramiento Profesional del tivas Ambientales del Instituto Nacio-
Magisterio (IMPM) / Universidad nal de Parques (INPARQUES) adscrita
Pedagógica Experimental Libertador a la Coordinación del Monumento
(UPEL) (2016). Activista ambiental y Natural Cerro María Lionza (2018-
Coordinador Regional para el Esta- 2021) y más recientemente en el Par-
do Yaracuy de la ONG MANGLE que Recreacional Cumaripa, Estado
desde el 2020. Asistente de campo Yaracuy, desde donde ha trabajado
en trabajos de investigación en la Hacienda Guáquira, lleva- con el Programa de Educación Ambiental Nacional de Brigada
dos a cabo en los años 2015-2019, entre los que destacan de Pequeños Guardaparques en diferentes instituciones educativas
investigaciones con la Cotarita de Costados Castaños (Laterallus del Municipio Bruzual del Estado Yaracuy y en las Áreas Protegi-
levraudi ) y rapaces nocturnas. Técnico Especialista de la Coor- das y Parques de Recreación administradas por INPARQUES Ya-
dinación de Investigación y Divulgación Científica (INPARQUES) racuy. Ganadora del concurso nacional de ilustración del Festival
adscrito a la Coordinación del Monumento Natural Cerro María de Aves Migratorias de Venezuela del año 2020. Ilustradora de la
Lionza, desde donde se han llevado trabajos de investigación naturaleza de manera empírica y pasional.
de la diversidad biológica de dicha Área Protegida y de igual
manera en el Parque Nacional Yurubí y los Parques de Recrea-
ción Cumaripa y Minas de Aroa en el Estado Yaracuy, desde el
año 2018 hasta la actualidad. Con interés en la generación de
información base que permita tomar decisiones para la conser-
vación de los ecosistemas y de las especies prioritarias, además
de la evaluación del estado de conservación de las especies
focales estudiadas, y posteriormente promover la divulgación al
público en general de la información obtenida.

10 Un día con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 11
Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche
con las aves de Guáquira
Cerro Zapatero
E
l mundo... Es diferente si se aprecia desde otra perspectiva,
así como cada elemento de la naturaleza que muchas veces
“...el hogar de las aves protagonistas de estos relatos” pasan desapercibidos, sea por costumbre en la monotonía
de vivir en nuestro entorno, o por la poca sensibilidad acostum-
brada de nuestros sentidos. Esta vez conoceremos un día dentro
de un bosque húmedo de Venezuela, tomando como principal
elemento la riqueza de la avifauna de uno de los bosques más
conservados de la región.

S
e ve muy marcado en este lugar el amanecer por el repertorio
de vocalizaciones del grupo de vertebrados más llamativo
del planeta, y esta región es privilegiada por presentar la
mayoría de los países megadiversos, esto debido en parte a su
posicionamiento intertropical en el nuevo mundo. Solo en Vene-
zuela existe la presencia de alrededor de 1403 especies de aves
reportadas, de las cuales 47 son endémicas y por tanto sólo se
han encontrado en nuestro país.

P
ara muchos amantes de este grupo de animales los reperto-
rios de cantos y reclamos significa el presenciar los mejores
conciertos musicales, y estas mismas vocalizaciones son el en-
tretenimiento de muchas aves canoras o, pueden ser la forma de
marcar su territorio, buscar pareja, emitir llamadas de alerta de
depredadores, y algunas expresiones aún indefinidas o desconoci-
das para los investigadores.

Canario de Tejado

R
esplandeciente al amanecer, una de las primeras aves que rea-
liza su canto es el Canario de Tejado, estas han sido descritas
como una serie de silbidos repetitivos e intermitentes en tono
alto, lo realizan usualmente antes del amanecer , y por un tiempo
prolongado de hasta 20 minutos. Estos canarios familia de los
Thráupidos, constituyen una buena representación de esta por su
relativa abundancia, son comúnmente avistados en zonas abiertas

14 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 15
Canario de Tejado
“...son para nada tímidos, y por ende de muy fácil
captura fotográfica.”

16 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 17
y árboles dispersos, no son para nada tímidos y por ende de muy
fácil captura fotográfica. Para anidar buscan cavidades en árboles
y palmas, o nidos abandonados de otras aves, verlos en el suelo
buscando semillas es muy común, también se alimentan de frutos y
en ocasiones de insectos.

Guacharaca

E
n este concierto de aves canoras, anfibios e insectos, una de
las más notables vocalizaciones percibidas por el oído huma-
no dentro de este bosque húmedo es la de las Guacharacas,
que suelen hacerlo desde antes del amanecer, siendo más comu-
nes en las primeras horas de la mañana así como la mayoría de
las aves canoras de este santuario natural. Las Guacharacas son
aves de gran tamaño, con aproximadamente 55 centímetros de
longitud, y deben su nombre local a la onomatopeya de su canto,
cantan ronco y fuerte en dúos, andan en grupos de hasta 20 indi-
viduos, son ariscas, se alimentan de frutos, semillas y hojas. A estas
Guacharacas es muy común verlas en los bambusales, y a alturas
medias en el interior del bosque.

Conoto Negro

S
iendo de las aves más conocidas en este bosque, estos Icté-
ridos gigantes, son animales muy sociables, andan en ban-
dadas de hasta 10 individuos, y se les puede reconocer muy
fácilmente gracias a su gran tamaño y también por su canto fuerte
y claro; sus nidos los realizan en los extremos de las ramas del
Bucare en forma de gota o de bolsa. Esta especie es polígama y
los individuos suelen tener varias parejas, la hembra del Conoto
Negro es de unos 10 centímetros menor que el macho. Expide un
aroma peculiar aceitoso que lo distingue.

Conoto Negro
“...se les puede reconocer muy fácilmente gracias a su gran tama-
ño y también por su canto fuerte y claro.”

18 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 19
Maracaná Cucarachero Común

E V
ntre las aves más llamativas y fáciles de notar en este lugar, isitando muy de cerca las estructuras humanas, siendo consi-
están los Maracanás, hacen su aparición en las primeras horas derada la especie representante de su familia más tolerante a
de la mañana dando a conocer a la zona sus vocalizaciones los cambios producidos por el humano en la naturaleza, está
fuertes, claras y escandalosas, pudiendo opacar a cualquier otro el Cucarachero Común, que hace su presencia en las horas de la
canto de las aves presentes, y desviando la atención del observa- mañana, aprovechando a los insectos que reposan en las alturas
dor hacia ellas; se considera una de las guacamayas de cola corta bajas de la vegetación, para saciar su apetito, este cucarachero
por la ausencia de plumas largas tan típicas en otras de su género. es bastante vocalizador, al igual que todos los miembros de su fa-
Los Maracanás, suelen andar en pequeños grupos, mayormente milia, lo hacen fuerte, claro y melódico, y sus llamados y cantos no
en parejas, casi nunca se ven individuos solitarios, su color verde son nada acordes a su diminuto tamaño, gracias a esto, el investi-
típico de los loros, pericos y guacamayas, es el que más resalta en gador puede saber que especie presencia sin siquiera verla. Este
su plumaje. Se posan en las copas de los árboles más altos del bos- cucarachero es muy activo, rápido y a veces difícil de detallar, esto
que, donde pueden apreciarse mejor en árboles con poco follaje. ayuda mucho a encontrar su alimento y saciar su apetito voraz. Lle-
ga al nido en la Estación Ecológica para auxiliar a sus hambrientas
Albañil crías que esperan con ansias a su cuidador.

R
ecibiendo las inaugurales horas de la mañana, con sus fuertes Guaití
y claras vocalizaciones y su poca timidez al observador, se en-

A
cuentra el Albañil, localmente llamado así por realizar su nido l borde del bosque, en árboles aislados, y en zonas de
con barro, en el que trabaja muy laboriosamente hasta formar una cultivos, se pueden observar unas estructuras bastante no-
estructura bastante eficiente para la protección de sus pichones. tables, realizadas con palillos y ramitas, y pueden llegar a
El Albañil pasa gran parte del día caminando en el suelo lodoso medir más de un metro, son nidos; es común imaginar que son de
donde busca insectos de los que se alimenta y, además, su selecto aves de mediano a gran tamaño, pero todo está apartado de lo
material de construcción para el nido. No pasa nada desaperci- imaginado, porque son las estructuras que realiza el Guaití. Con
bido al ojo humano, ya que su coloración es bastante llamativa; apenas 15 centímetros de longitud, esta avecilla realiza esta gran
el estruendoso canto del Albañil no pasa inadvertido, ¿será de estructura para criar a sus polluelos, comienzan con un nido relati-
alegría al estar en cercanía al barro? vamente pequeño, pero luego continúan repitiendo el mismo lugar
para anidar una y otra vez, pegando palillos y ramitas en la parte
inferior del mismo nido, hasta formar estas grandes estructuras. El
canto del Guaití es bastante notable, y al igual que los cucarache-
ros, su tamaño no es acorde con la potencia de sus vocalizaciones
algo que para ellos es totalmente natural, y esto al parecer no ha
sido limitante para la supervivencia de su especie.

20 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 21
Aguantapiedra

E
s una de las aves más extrañas de todo el lugar sin duda
alguna el Aguantapiedra, más que extraña, incomprendida.
Conocida en otras localidades como “Bobito”, este nombre
se lo ha ganado por su reputación de lelo, bobito por mantener su
lugar aunque se le apedree. Siendo una de las aves menos tímidas
de la hacienda, los observadores pueden llegar a fotografiarlo
a una corta distancia sin que este salga volando temerosamente.
El Aguantapiedra puede vocalizar por media hora seguida, casi
siempre en parejas o en tríos, su canto melancólico va acorde con
su manera de ser, y aunque pueda considerarse una presa fácil
por su actitud temeraria, al parecer no lo es, ya que su posición de
lento le ha funcionado en la supervivencia de su especie.

Colibrí Nuca Blanca

C
on escasas ocasiones de ser detectado por su rapidez y
diminuto tamaño hace acto de presencia el Colibrí Nuca
Blanca. En el borde del bosque busca flores, las cuales
poseen en su interior el néctar dulce e irresistible para estos velo-
ces animalitos, su peculiar coloración es claramente apreciada, el
macho destella colores azul y blanco característicos, y su mancha
blanca en la nuca le da su nombre vernacular.

Tángara Monjita

O
ptando por las horas de la mañana, ya entrando el medio-
día, aun demuestra mucha energía para buscar su alimen-
to basado en frutos e insectos la Tangara Monjita, quien es
un Thráupido muy característico de zonas abiertas, pero también
dependiente de bosques para encontrar su refugio. Su peculiar
antifaz color oscuro da aspecto de enmascarado, y posee un muy Tángara Monjita
colorido plumaje de tonos variados. “...Su peculiar antifaz color oscuro da aspecto de enmascarado.”

22 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 23
Perico Pechiescamado

L
os numerosos individuos, como buenos Psittácidos buscando
frutos en conjunto. Desde el interior del bosque salen a zonas
un poco más abiertas los Pericos Pechiescamados, sumamente
coloridos y con una algarabía despedida desde su lugar de acti-
vidad, dependientes de la sanidad de los bosques, se verían muy
afectados por el deterioro y destrucción de su hábitat; estos pericos
cumplen una función elemental en el ecosistema, el cual es la dis-
persión de las semillas que darán origen a nuevos árboles.

Cristofué

O
ndulando su notable canto melódico y muy onomatopé-
yico, el Cristofué con su color amarillo muy distintivo de
los atrapamoscas, no es fácil de diferenciar con algunas
especies de su familia, pero con el canto único que este posee pue-
de ser diferenciado fácilmente. Estos Tiránidos se alimentan princi-
palmente de insectos que atrapan al vuelo en parábola, aunque
pueden también alimentarse de frutos, pequeños reptiles y por si
fuera poco, se le ha visto en cursos de agua pescando.

Saltarín Cola de Lanza

G
ustoso de asemejar la oscuridad del interior del denso bos-
que, se puede apreciar al Saltarín Cola de Lanza, con su
canto desde el interior del follaje y con bastante frecuencia
dentro de este bosque, parece ser bastante común, con su lomo
azul, corona roja y peculiar forma en las plumas de su cola bien
desarrolladas y definidas, parecen tener todas las de ganar los ma-
chos, pero deben competir en baile y estilo por las hembras, rea-
lizan “leks”, que son los cortejos en conjunto de los machos hacia
Cristofué una sola hembra, que tiene la opción de elegir al mejor saltarín, o
al que más le parezca.
“...su notable canto melódico y muy onomatopéyico.”

24 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 25
Saltarín cola de lanza
“...los cortejos en conjunto de los machos hacia una sola
hembra, que tiene la opción de elegir al mejor.”

Saltarín Cola de Lanza


“...los cortejos en conjunto de los machos hacia una sola
hembra, que tiene la opción de elegir al mejor.”

26 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 27
Martín Pescador Matraquero
“...esperando pacientemente la oportunidad de abalanzarse
súbitamente sobre los peces...”

28 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 29
Martín Pescador Matraquero Oripopo

I G
mponentemente perchado sobre las ramas de los árboles que es- anadas por el día ya las horas más soleadas y calurosas,
tán sobre los ríos, se encuentra el Martín Pescador Matraquero, aparece planeando el Oripopo, se deja llevar por las co-
esperando pacientemente la oportunidad de abalanzarse sobre rrientes de aire sin agotar energía, mientras busca en el
los peces que elija como presa; su matraqueo constante y bullicioso suelo su alimento; su función en el ecosistema es de suma impor-
lo realiza perchado o en vuelo, según mejor le parece, sus movi- tancia, ya que son los recolectores naturales de la materia animal
mientos le permiten balancearse en la rama que se percha, suelen muerta, nada se pierde en estos bosques, este papel fundamental
ser muy activos en la mañana. lo cumplen las aves carroñeras del mundo.

Gavilán Habado Arrendajo

C U
aídas ya las horas del mediodía, puede ser escuchado un n ave particular, en las horas de descanso de la mayoría de
pitido nítido y estridente desde el borde del bosque o en las aves diurnas, aparece el Arrendajo común, con su reper-
árboles dispersos, se trata del Gavilán Habado, una peque- torio en el momento en que el sol se encuentra en el cénit,
ña rapaz que suele percharse a media altura a esperar avistar su describe la presencia de aves de la zona, al ser sus vocalizaciones
presa desde ese lugar; también suelen vocalizar cuando planean imitadoras, pueden delatar a ciertas aves de su presencia; estos
en el cielo mientras buscan en el suelo o en los árboles sus presas Arrendajos se reúnen en grupos numerosos, y vuelan a través de las
de alimento, suelen ser atacados por atrapamoscas celosos de sus zonas abiertas para llegar a su refugio o sus sitios de alimentación.
nidos y pichones.
Gallito de Laguna
Garza Silbadora

A
ndando lagunas y charcas que suelen formarse con las llu-

A
biertas son las zonas que mora, donde predomina la vege- vias, y también en las lagunas artificiales, es bastante común
tación herbácea, se puede encontrar a la Garza Silbadora, apreciar al Gallito de Laguna, su carúncula le da parte de
con su coloración variada y peculiares plumas de la cabeza su nombre vernacular, suele mostrar por largo tiempo un plumaje
que terminan alargadas. Busca con pasos sigilosos y elegantes a muy diferente al adulto, siendo muy desiguales en su etapa juvenil;
artrópodos, pequeños crustáceos y reptiles que entran en su dieta. caminan sobre la vegetación acuática con la ayuda de sus largos
Debe su nombre vernacular a los silbidos que emite al alzar vuelo, dedos, donde se percibe como si lo hicieran sobre el agua.
únicos y distintivos de la especie.

30 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 31
Gallito de Laguna
“...caminan sobre la vegetación acuática con la ayuda
de sus largos dedos, donde se percibe como si lo hicieran
sobre el agua...”

32 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 33
Sangre de Toro Pico de Plata

Q
uien califica entre las aves más comunes y abundantes, es
el Sangre de Toro Pico de Plata, con la función elemental
de dispersión de semillas, al comer los frutos del bosque
que darán origen a nuevos árboles; desde el interior del bosque hú-
medo se escuchan unos chasquidos, desde diferentes direcciones,
uno, dos, tres y varios individuos más rondan dentro del bosque,
desde alturas bajas hasta en el dosel con un plumaje iridiscente y
con percepción de “aterciopelado”, el macho expone su plateada
mandíbula inferior, mientras picotean frutos maduros del bosque,
entre Yagrumos, Pumarrosas, Jobos, Lechosas, Coralitos, aprove-
chándose de los carnosos frutos en todas partes.

Tilingo Acollarado

U
na rareza casi imposible es que con los “palos de agua” no
salgan a relucir sus plumajes y sus vocalizaciones los tilingos,
esos hábitos de aparentes amantes de la lluvia, los caracteri-
zan de una manera muy notable; con sus enormes picos, al pasar
volando dan impresión de su similitud con aeroplanos, sus colores
nada contrastantes pero llamativos y su forma tan tropical de la
representación de los tucanes, llaman mucho la atención e invitan
a presenciarlas.

Paraulata de Agua

I
ncreíble es el repertorio de la Paraulata de Agua, realmente muy
variado, desde las lagunas se escuchan completamente enérgi-
cas, lo realizan en solitario o en grupo, poseen una relación con
los helechos acuáticos para llevar a cabo sus actividades, siempre
y cuando predomine el vital líquido en el hábitat este pájaro estará
presente en sus dominios.
Azulejo de Palmeras
“...se pueden localizar en las palmas y cocoteros.”

34 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 35
Azulejo de Palmeras

R
egistrándose ya las últimas horas de la tarde, se pueden lo-
calizar en las palmas y cocoteros a los Azulejos de Palmeras,
dando honor a su nombre vernacular este Thráupido se ve muy
relacionado con esta familia de plantas, se alimenta de los frutos
de éstas, y les sirve de percha para descanso, emisión de sus vo-
calizaciones, refugio y hasta de dormitorio.

Aguaitacamino Común

A
l caer el sol en el ocaso, se puede escuchar el canto o voca-
lización del Aguaitacamino Común. Su nombre deriva de su
relación con esperar paciente en los caminos y carreteras a
su alimento, que consiste de escarabajos y otros insectos; realiza
vuelos cortos y es de hábitos mayormente crepusculares, emitiendo
sus cantos mayormente al atardecer y al amanecer.

Lechuza Blanquinegra

E
n horas de la noche, en medio de cantos de grillos y llamados
de ranas y sapos, aparece en el interior del bosque un soni-
do bastante perceptible, se trata de una de las aves rapaces
nocturnas presentes en estos bosques de la hacienda. La Lechuza
Blanquinegra, majestuosa al vocalizar, y al aparecer perchada en
las gruesas ramas de los árboles, con el reflejo rojo de sus grandes
ojos, esperando sigilosamente con su espectacular visión y oído a
su alimento, y en épocas lluviosas emitiendo espeluznantes llama-
dos de apareamiento, una de las aves vitales y cruciales del funcio-
namiento del ecosistema. La Hacienda Guáquira se despide en un
día lleno de sorpresas en un bosque conservado de la Cordillera
de la Costa venezolana, de importancia animal, vegetal y de toda
Lechuza Blanquinegra forma viviente, que puede hacer vida en este paraíso terrenal.
“...con el reflejo rojo de sus grandes ojos, esperando sigilosamen-
te con su espectacular visión y oído...”

36 Amanecer, mediodía, ocaso y medianoche con las aves de Guáquira Un día con las aves de Guáquira 37
Aves de la Reserva Ecológica Guáquira
Gallina Azul

E
n un amanecer bastante frío, con el rocío que cae sobre las
hojas del bosque nublado, representada la vegetación por pal-
mas, helechos rastreros y arborescentes, musgos, bambucillos,
acompañan cantos de algún que otro grillo y ranas, muy al fondo
del bosque denso se escucha un canto de dos notas, se trata de la
Gallina Azul, quien canta repetidas veces, un buen representante
de la sanidad de los ecosistemas, quien suele ser energía para
grandes depredadores además de su importancia en la estabilidad
de las generaciones de la vegetación donde habita.

Ponchita

E
n el bosque, existen aves que solo se escuchan, esa es la única
oportunidad que nos regalan de presenciarlas. Desde el ama-
necer, y en ocasiones en altas horas de la noche, conocidos
en historias regionales como “duendes”, corre para solo dejar su
celaje en la ocasión de práctica de la apertura de los sentidos
humanos, un destello cual relámpago que pasa por el suelo del
bosque, sin siquiera poder apreciar el color de su plumaje, ni la
forma rechoncha que describen sus ilustraciones, es un verdadero
reto para el fotógrafo.

Soisola Pata Roja

E
xtrañamente cada domingo se da un evento natural que casi
no falla al amanecer justo en el bosque situado detrás de
la Estación Ecológica, es el repertorio de vocalizaciones de
la Soisola Pata Roja. Un atardecer en que el sol se oculta en
Marimón, desde la sabana se escucha a la Soisola Pata Roja,
comenzamos a subir el cerro y cada vez se escucha más cerca, la
acompañan raramente en canto la Ponchita y la huidiza Gallina
Gallina Azul
“...un buen representante de la sanidad de los ecosistemas, quien
Azul, cada vez canta más cerca, mientras subimos la inclinada suele ser energía para grandes depredadores...”

40 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 41


pendiente, la vegetación de bambusales impide el fácil acceso,
Paují de Copete

A
sin embargo el ave sigue cantando cada vez más cerca, el sonido
travesar el bosque húmedo secundario es un verdadero reto,
de las botas de goma en el bambú sobre el suelo ahuyenta al ave,
los diámetros de los troncos son poco desarrollados, pero
al instante se escucha a lo lejos.
saber que se ha regenerado un espacio que estaba des-
provisto de vegetación alta, es bastante motivador. Atravesar un
Güirirí sendero marcado pero poco utilizado es un desafío, se debe abrir
paso entre bejucos, maleza y troncos caídos, se recorre poca dis-

U
na especie pasajera es el Güirirí, en esos períodos transito- tancia en mucho tiempo, la vegetación corta la ropa y la piel. Moti-
rios ocurren más de 30 individuos en lagunas, y suelen au- va el saber que un ave considerada casi amenazada en Venezuela
sentarse por años enteros, en dichos momentos son un atracti- pueda ser encontrada en la hacienda; en el interior del bosque
vo bastante notable, la laguna de la casa principal se cubre en sus húmedo, en el borde de la quebrada Colorado, fue registrado un
orillas de patas y picos rosados, de estos pequeños patos, nunca gran Crácido, imponente al ojo humano, con su penacho peinado
dentro del agua, siempre a orillas tomando el sol o descansando y su amarilla carúncula, patas largas y robusto aspecto, el Paují de
de viajes largos intertropicales que realizan, lo cierto es que su Copete, forma aún parte de este ecosistema.
congregación es momentánea.
Paloma Colorada
Pava Culirroja

L
a humedad en la sabana comienza a calentar una mañana que

R
omagú es la primera cascada de la quebrada La Herrera en prometía ser fresca, la total ausencia de brisa acelera el cho-
su ascenso, se inicia también el ascenso a Zapatero. La se- rrear del sudor de mi frente, nublado está el cielo con apenas un
quía es bien marcada en la hojarasca presente en donde mi parche azul, la Coicorita canta muy cerca, se detiene mi caminar
pie se hunde fácilmente, la pendiente es pronunciada, el bosque al escuchar una voz baja, desde el dosel de un Matarratón vo-
fácilmente caminado, siguiendo el tope de la fila próxima al borde caliza y deja ver su colorado plumaje un ave de gran tamaño en
de la quebrada, cae la tarde y la frondosidad del bosque se ve proporción a sus similares, se aleja luego con un aleteo aplaudido
acompañada por el sonido del agua fluyendo entre piedras, termi- esta habitante rara de esta sabana.
na el ascenso a 350 metros sobre el nivel del mar para esperar el
anochecer, aparece el Colibrí Grande Colinegro, el siempre ad-
mirable Saltarín Cabecidorado aparece en la espesura dejándose
Paloma Morada

M
fotografiar, el frío comienza a aparecer de a poco, las vocalizacio-
i caminar se detiene al presenciar un canto conspicuo
nes inconfundibles de un gran Crácido rompe todo sonido natural,
entre ranas y grillos, a escasos metros en el dosel del
aparece la grandiosa silueta de la Pava Culirroja a unos 15 metros
bosque nublado se escucha un “po-co a po-co”, se trata
de altura en la copa de los árboles, luego un segundo individuo le
de la Paloma Morada que a la orilla de una laguna natural a más
hace compañía, gran Crácido en una zona bastante conservada,
de 1000 metros en la cima del cerro Zapatero ha encontrado su
contrasta en esencia.

42 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 43


hábitat para llevar a cabo sus actividades, entre palmas, bambu-
cillos, helechos, y árboles poblados de musgos, barba de palo,
orquídeas y bromelias coloridas en este frío, oscuro y muy diverso
bosque.

Palomita Azul

E
s el mes de mayo, un día lluvioso en el bosque húmedo, el
sendero hacia Romagú al amanecer trae muchísimas sorpre-
sas, nuevas aves, muchos cantos, tantos que no encuentro cual
registrar, en el suelo se halla un rastro de pisadas de un pequeño
felino, y plumas regadas, plumas desgarradas, un montón de plu-
mas en el mismo sitio de las pisadas, las plumas pertenecen a la
Palomita Azul, comparadas en vivo con otros dos individuos que
perchaban como de luto al acto de depredación, la energía se
transforma en energía.

Palomita Maraquita

E
n los caminos es bastante común encontrarse a las Palomitas
Maraquitas, siempre en pequeños grupos, buscando semillas
que comer, su sonido peculiar que produce al despegar del
suelo su vuelo, caracteriza el nombre vernacular que recibe y su
escamoso plumaje le da el nombre de su especie.

Saucé

E
l día comienza bien temprano para mi, salgo antes del ama-
necer para poder llegar antes de las seis de la mañana al
trabajo de campo, ha tocado aplicar puntos de conteo en los
potreros, para tomar datos sobre las especies que se adaptan a
los pastizales como hábitat, me acompañan los aguaitacaminos
Paloma Morada que vocalizan antes de irse a descansar de las horas soleadas del
“...a la orilla de una laguna natural a más de 1000 metros en la día, cantan grillos y ranas, el rocío de la madrugada ha mojado
cima del cerro Zapatero ha encontrado su hábitat...”

44 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 45


la vegetación herbácea; se toman los primeros datos, caricares so-
brevuelan mi cabeza, golondrinas planean desde temprano, aún
no sale el sol, desde el borde de un potrero se escucha un canto de
dos notas silbadas, repetidas, de tono alto, aflautadas, y luego la
misma ave canta de otra manera, esta vez un canto muy “Ictérido”,
mismo tono pero con más notas, se balancea de rama en rama,
meneando su cola y exponiendo su penacho de plumas erizadas,
lo acompaña para inmortalizar el momento un amanecer en que
el sol nace en las crestas del cerro Zapatero disipando con lentitud
la neblina que invadía la sabana, quien se mueve lentamente al
compás del calor de los rayos de Yuau.

Piscuita Enana

E
l amanecer nos deja ver las últimas señales de actividad de
las polillas, la luz del sol aún no alcanza directamente el suelo
aún después de transcurridas algunas horas de la mañana, se
siente la lluvia llegar al momento en que el aire se torna espeso y
frío, se escucha una erupción acercarse cada vez más y más, la
fuerte brisa azota y hace crujir las ramas de los árboles, una corti-
na de agua se acerca y pasa rápidamente de oriente a occidente
causando el silencio repentino del bosque; luego de varias horas
de fuerte lluvia por fin amanece nuevamente al mediodía, permi-
tiéndonos la salida de la Estación Ecológica; las frutas deleitan el
paladar de Scarlet y los bacacos sus pupilas, en una cerca viva
con un Samán en el suelo recientemente arrancado de raíz por la
fuerte lluvia se aprecia una silueta marrón, es un ave tomando el
sol para secarse luego de la tempestad.

Piscua

E
l rocío en las hojas, el verdor del bosque, el sigilo de la brisa,
Palomita Maraquita ojos y oídos atentos, pisadas suaves, cantos de cucarache-
“...su sonido peculiar que produce al despegar del suelo su vuelo, ros, coicoritas, cotorras, colibríes, zancudos alimentándose,
caracteriza el nombre vulgar que se le da...”

46 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 47


aparece con sus repentinas vocalizaciones la silueta café de la
Vencejo Grande

D
Piscua quien vuela rápido por el dosel. Después de fotografiar al
espués de un largo recorrido, adentrándonos en el bosque
Pico Chato Aceitunado en su nido al borde de la quebrada entre
húmedo casi sin intervención humana, de percibir aromas
bambusales emergen Ficus de gran tamaño de hasta 30 metros,
naturales únicos y raros, pasar quebrada tras quebrada,
vocaliza un ave ubicada entre el contraluz de las copas, con silue-
contemplando el sonido incomparable del agua cristalina cayen-
ta de larga cola, sorprende el entusiasmo de Yarismar Arrieche al
do y fluyendo entre las rocas, se descubre un estruendo cada
presenciar por fin a la Piscua saltando de rama en rama exhibiendo
vez más intenso, es la cascada Romagú, y al fondo apenas se
las largas plumas de su cola y sus vocalizaciones.
escuchan vocalizaciones de un ave, el Vencejo Grande se aferra
a la pared de piedra.
Nictibio Grande

E Vencejo Lomimarrón
n un gran árbol que está frente a la Estación Ecológica suele
dormir una imponente ave nocturna, apenas detectada por su

C
aspecto de tronco seco, suele salir a las 19 horas de su dor-
on vuelo destellante y apenas vocalizando, en las carrete-
mitorio para cumplir con sus actividades y es escuchado con su
ras y potreros de la hacienda, difícilmente se deja ver el
gutural canto a las cinco horas. Desde los botalones de los potreros
Vencejo Lomimarrón, andan en grupos de hasta unos 20
se deja ver su candil morado, y su imponente tamaño que con fa-
individuos, acompañados de golondrinas que fácilmente se con-
cilidad es apreciado a pesar de la oscuridad de la noche, es fácil
funden, y en ocasiones también siendo compañía de los Vencejos
encontrar con luz artificial a este biocontrolador de coleópteros.
Grandes, todos estos arrasando con los insectos del bajo cielo.

Aguaitacamino Chiquito Vencejo Tijereta

S A
on sorprendentes las largas canciones monótonas del Aguai-
mitad de una mañana nublada aun el sol no hace acto de
tacamino Chiquito, en combinación con la silenciosa noche
presencia y la brisa se ausenta, los árboles muy calmados
se convierte en un zumbido que siendo escuchados varios
hacen que los sonidos animales sean más claros, los Ori-
individuos rompen la barrera de otros sonidos de ese mismo tono;
popos en el alto cielo y una avecilla cual aguja volando, dos,
los campos abiertos son sus lugares más visitados, pero encontrár-
tres, cuatro, con mucha velocidad arrasan con los insectos del
selos frente a frente es un enigma, y para ser registrado fotográfi-
área, me hace sentarme a apreciarlas, después de tres años por
camente aún más.
fin puedo verlos.

48 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 49


Ermitaño Pecho Canela

L
a llovizna por fin moja el suelo entre el espeso bosque, se pue-
den apreciar heliconias, algunas herbáceas y árboles al borde,
entre zancudos que se alimentan de mi sangre y olores des-
prendidos de los árboles aparece destellante el vuelo del Ermitaño
Pecho Canela, con una brisa suave me sopla su vuelo, mientras se
pierde vocalizando en la verde espesura.

Ermitañito Gargantirrayado

L
os zancudos me hacen recordar lo que se siente estar dentro
del bosque húmedo, siento además el rocío mañanero, tomo
asiento en un tronco caído para esperar movimientos dentro de
la espesura, los cantos de las cotorras, cucaracheros y hormigueros
se ven interrumpidos por unos silbiditos muy tenues en mi dirección,
el encuentro cara a cara con el Ermitañito Gargantirrayado me
saca una sonrisa, me regala un instante de vuelo mantenido frente
a mí para luego perderse en el oscuro bosque y seguir su camino.

Mango Pechinegro

E
n las cercas vivas de la carretera de tierra, se encuentran
individuos bastante altos los Cedros y Apamates, el primero
expide su aroma inconfundible y el segundo florece y se viste
de rosado, en la copa de estos árboles revolotea una pequeña
ave, fácilmente confundida con escarabajos y otros insectos, se
viene hacia mí, frente a frente, como retándome, aprecio su co-
lor verde tornasol y su pecho blanco atravesado por una franja
gruesa negra vertical. Este colibrí en ocasiones temerario de las
trampas que dejan las arañas, toma este material para la cons-
trucción segura de sus nidos.
Ermitaño Pecho Canela
“...con una brisa suave me sopla su vuelo, mientras se pierde
vocalizando en la verde espesura.”

50 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 51


Colibrí Cola de Hoja
“...me quedo sentado en una piedra mientras tomo un
breve respiro, mi oído es deleitado nuevamente por
un ave diminuta que vocaliza...”

52 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 53


Colibrí Cola de Hoja Diamante Bronceado Coliazul

S E
igo mi caminar ahora con el objetivo de encontrar un estupen- l almácigo del cacao hace sentir a las papilas un aroma de
do lugar antes visitado, atravieso el bosque, entre palmas que dulzura, disfruto sentado en la Estación Ecológica una tarde
lastiman mis manos al acariciar sus espinas, entre helechos que se despide entre risas y el discutir de nuevos proyectos,
arborescentes que parecen prehistóricos, canta el verderón, el Le- desde el borde del bosque húmedo vocaliza un colibrí que de
vanta Alas Gorro Gris, y al fondo puedo apreciar un ave atrapan- memoria lo reconozco, primera vez que escuchaba sus claras
do insectos en parábola, se trata de la exuberante hembra de un vocalizaciones, busco intensamente su ubicación, entre ramas,
sorocuá que me brinda un espectáculo a escasos 50 metros, sigo hojas, y bejucos, busco y busco, sin ningún resultado, deja de
caminando y atravesando el bosque, puedo apreciar a un ermitaño vocalizar y yo de buscar.
alimentarse del néctar de las flores de una heliconia, me encuentro
con una pendiente pronunciada que debo atravesar, se trata de
un caño, al llegar a él me quedo sorprendido por su espectacular
Colibrí Cola de Oro
lecho de roca cubierto de musgos y líquenes, me quedo sentado

E
n bordes de bosques, árboles dispersos, puede escucharse
en una piedra mientras tomo un breve respiro, mi oído es deleita-
claramente unos silbidos rápidos, repetidos, en tono agudo,
do nuevamente por un ave diminuta que vocaliza constantemente,
¿a quién pertenecen?, a un ave de la familia de las más pe-
busco entre la vegetación, entre posibles flores que pueda visitar,
queñas, resaltando con su cabeza azul y su cola dorada.
al final solo puedo conformarme por sus vocalizaciones, pero me
da satisfacción el saber que el espectacular Colibrí Cola de Hoja
habita también el interior del bosque nublado del cerro Zapatero. Diamante Gargantiverde
Colibrí Grande Colinegro
E
ntre trinos de canarios, gonzalitos, pitirres, torditos y semilleros
al amanecer, con un gran ímpetu vocaliza chirriante desde

L
antes de salir el sol y durante casi una hora el Diamante Gar-
a belleza del Bucare al florecer atrae muchas aves que se ali-
gantiverde, con muchos hábitos repetitivos de volver a las mismas
mentan del néctar, impresiona más aun las riñas producidas en
flores, de buscar perchas, volar velozmente de aquí para allá y
su territorio por el Colibrí Grande Colinegro, territorial como nin-
defender celosamente la planta con que lleva a cabo su simbiosis.
guno en la zona, en combinación con vocalizaciones ahuyenta a
picotazos a otros colibríes el “gordo” Colibrí Grande Colinegro,
quien es el dueño de todo el néctar del árbol. Colibrí Verdecito

E
l “gordo”, es el amo y señor de todas las flores y árboles que
generan néctar en sus floraciones alrededor de la estación, a
picotazos ahuyenta a intrusos que encuentre en sus flores. Sin
embargo temerario a pesar de su diminuto tamaño, aun en propor-

54 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 55


Gallito Azul
“...un brillante e intenso plumaje azul, realizando diferentes
llamados que hacen retroceder a sus retoños de nuevo a su
tupido refugio...”

56 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 57


ción a otros miembros de su familia, el Colibrí Verdecito se aferra a campo, el punto marcado con el GPS; canta de fondo el Cristofué,
un arbusto de coralito, se hace de él y se alimenta cuando quiere, el Carpintero Habado, el Cucarachero Común y el Flanquileona-
aun retando al “gordo”. De su plumaje verde es notable su brillo do, de pronto la atención auditiva se concentra en unos tenues
gracias a la iluminación del sol, se nota su garganta azul brillante llamados que provienen de la vegetación acuática, repetidos, de
igualmente, y su pico corto acicala su plumaje rápidamente. por lo menos dos individuos, siguen intensos, y acercándose cada
vez más, se comienza a mover la vegetación y aparecen unas
Carrao sombras detrás de unos pequeños juncos, dos avecillas de tonos
oscuros que no dejan de emitir sus tenues pero repetidos llamados

A
de polluelos, la incertidumbre nos invade, mientras saco muy lenta
l Carrao en ocasiones se le puede escuchar en las primeras
y silenciosamente mi grabadora, y de la misma manera Delvis su
horas de la noche; fue avistado por Carolina Tosta la prime-
cámara, con el mismo fin de documentar gráfica y auditivamente
ra vez en el Global Big Day 2016, aunque muy lejos del
los llamados de los polluelos, sus siluetas y coloración de plumaje,
alcance de la vista de sus demás acompañantes, la excelente vista
y posteriormente, los mismos registros, pero de los padres, que
de Carolina pudo detectarlo aunque caía ya la noche.
aparecen entre la vegetación con un brillante e intenso plumaje
azul, realizando diferentes llamados que hacen retroceder a sus
Gallito Azul retoños de nuevo a su tupido refugio.

B Cotarita de Costados Castaños


ien temprano salimos de la Estación Ecológica, desde donde
se siente la frescura del amanecer en la brisa suave del último

Y
respiro de la madrugada. El pasar de las quebradas nos obli-
a el día pisa las horas del mediodía, el sol intenso acelera
ga a quitarnos las botas y volver a ponerlas una y otra vez, pero
la elevación de la temperatura en combinación con la hume-
esto permite recibir las buenas energías del vital líquido que nace
dad del aire, se termina el trabajo de campo en la mañana
en las cumbres mas elevadas del cerro Zapatero. Los pasos del
y llama mi atención los charcos formados por las recientes lluvias
caminante se escuchan claramente en los momentos cortos donde
con el registro reciente de la Cotarita de Costados Castaños en
cesa la agradable conversa, entre risas, analizar las ideas propues-
lagunas y charcas de la hacienda, se me ocurre poner playback en
tas, aceptadas, discutidas, concluidas de trabajos en ejecución y
la orilla del charco, la respuesta de un individuo es casi inmediata,
en proyecciones futuras, es el tema que apasiona la conversa que
intensamente vocaliza, a escasos dos metros de distancia, con ma-
hace olvidar el caminar y el trecho se avanza rápidamente. Canta
yor energía cada vez. Delvis prepara la cámara para capturarla
el Cucarachero Flanquileonado para darnos la bienvenida a la
fotográficamente en caso que se presentara la oportunidad, sigue
localidad del muestreo de la jornada de campo del día, en donde
cantando celosamente de su territorio, se mueve la vegetación inun-
se refleja en el espejo de agua el pequeño cerro Marimón aún co-
dada y se asoma curiosamente por escasos dos segundos antes de
ronado de pequeñas nubes. Sacamos los equipos, nos instalamos
salir huyendo rápidamente con apenas el celaje en nuestra visión,
en el primer punto de conteo y comenzamos el muestreo de campo,
se convierte entonces en nuestro primer encuentro visual con esta
esperamos pacientemente a que respondan los posibles individuos
esquiva especie amenazada a la extinción.
que frecuentan el hábitat lagunar, las anotaciones en la libreta de

58 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 59


Cotarita de Costados Castaños
“...se asoma curiosamente por escasos dos segundos antes
de salir huyendo rápidamente con apenas el celaje
en nuestra visión...”

60 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 61


Cotara Caracolera Cotúa Agujita

A L
nochece en la estación, época en donde las ranas y sapos a lluvia torrencial se hace presente en la primera mitad de la
encienden un frenesí de cantos luego de un día lluvioso, mañana, la humedad aumenta el calor con un sol que apenas se
grillos atormentan la noche sin compasión, el cielo estrella- asoma, en el espejo de agua de la laguna, se dibujan circunfe-
do muestra siempre Orión, la brisa agita los árboles del bosque rencias que ondulan la superficie del agua, es Jhonathan Miranda
emitiendo zumbidos y silbidos entre sus ramas, las luciérnagas ali- que busca a la cotarita dentro de la laguna; vencejos surcan el cie-
mentan a la oscuridad, vocalizan los mamíferos alados sus eco- lo internándose velozmente en Marimón, sobrevuela en el agua un
localizaciones, opaca cualquier sonido un canto fuerte, claro y martín pescador y se dirige casualmente al lugar donde se percha
monótono, se trata de la Cotara Caracolera, tres minutos seguidos un gran ave, quizá por ser su percha habitual no se percató de la
de concierto nocturno. Los amaneceres son también de su agrado presencia de la agujita quien abre sus alas y con un reclamo ronco
para desahogarse en cantos fuertes invadiendo los sonidos del ahuyenta al martín quien forma un alboroto al percharse en otra
comienzo de nuevos días, deja ver sus largas patas y su cuerpo rama de un Matarratón del borde de la laguna.
rechoncho, con un iris rojo que apunta bien sus presas y le permiten
atravesar los mogotes del bosque sin nada que se lo impida.
Cotúa
Playero Coleador
L
as lagunas que se encuentran al pie del cerro Marimón siempre
traen sorpresas, el solo encontrarlas después de una larga cami-

D
ías finales del mes de abril, el campo se atraviesa entre el nata, o de un viaje en carro es como la puerta a un bello lugar,
Mastranto y los Cariaquitos, pisando el barro que ha dejado en sus bordes suelen crecer arbustos que fácilmente superan los
el chaparrón de agua, son las siete de la mañana en que el dos metros, desde allí posa un ave cual estatua, con alas y larga
sol apenas sale entre las espesas nubes que aún cubren el cielo cola extendidas de coloración negra completa, tomando el sol se
azul, una nube de aves se ve a lo lejos, una algarabía multicolor encuentra la Cotúa; de igual manera suelen nadar ríos en búsque-
y de notas pronunciadas por estas, los garrapateros, los Saucé, da de peces los cuales pescan con gran destreza.
los torditos, maiceros, golondrinas por montón, Gallitos de Laguna
y Alcaravanes que celosamente se acercan a nuestro paso, en la
laguna se balancea un ave de pico fino que camina en la orilla,
Pájaro Vaco
con movimientos repentinos de su cuerpo de adelante hacia atrás,

E
n muchas ocasiones es difícil tener encuentros visuales con
vuela haciendo presencia el Playero Coleador, un visitante boreal
aves, pero casi nunca con aves zancudas, ni siquiera por que
que pasa su invierno en las cálidas tierras del trópico.
sean nocturnas, son muy notables, pero este no es el caso de
un ave que es muy activa en las noches, desde los árboles que bor-
dean los cuerpos de agua deja escuchar su macabra carcajada
de voz baja y que confunde al caminante, lo hace buscar entre la
vegetación intensamente sin encontrar resultado alguno.

62 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 63


Cotúa Agujita
“...no se percató de la presencia de la agujita quien abre sus
alas y con un reclamo ronco ahuyenta al martín pescador, quien
forma un alboroto...”

64 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 65


Cotúa
“...posa un ave cual estatua, con alas y larga cola extendidas de
coloración negra completa, tomando el sol...”

66 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 67


Guaco des aves que buscan aún peces y crustáceos para su alimentación,
encuentran refugio en la vegetación ribereña bastante afectada

C
por el hombre, aun así es hábitat propicio para la Garza Morena,
ae la noche, comienza el recorrido por un sendero dentro
quien es una de las especies de mayor tamaño entre las zancudas
de plantaciones de cacao, bosque secundario, bosque hú-
del lugar, su imponente figura confiada no pasa desapercibida
medo, atento de cada ruido, cada movimiento, acompaña-
para el ojo vigilante de búsquedas de Carolina Tosta, quien se
do de las luces de las estrellas, de cantos de grillos y ranas, por
asombra al poder registrarla desde su vehículo en movimiento des-
fin aparece la quebrada La Herrera Pequeña, entre rocas y agua
de el puente sobre el río.
corriente está un ave zancuda de gran tamaño, de blanco plumaje,
activa en la noche, al momento de percatarse de extrañas presen-
cias despliega sus alas y se interna en la oscura vegetación. Garciola Real
Chicuaco Cuello Gris
L
a consulta de Andrés Pacheco a la Estación Ecológica se con-
vierte en una salida para pajareo, en compañía de Jesús Escude-

L
ro y Scarlet Cordero llegan muy temprano, y no dudan mucho en
a vaquera y los Loros Reales, torditos, palomitas, el Atrapamos-
salir a dar una caminata de ocho horas, a su regreso comentan su
cas Sangre de Toro, los Canarios de Tejado y los Azulejos de Jar-
recorrido, Scarlet, amante de las plantas encuentra unas extrañas
dín. La tarde se termina contemplando a la Cotarita de Costados
hojas, que sin perder tiempo consulta referencias de la estación,
Castaños, al Conoto Negro, la Tángara Monjita, el Atrapamoscas
Jesús enseña sus registros fotográficos de la herpetofauna de la ha-
Jinete y su pareja en un cocotero, y al Gallito Azul en la laguna de
cienda que es el grupo que más le apasiona, y Andrés nos pone
la casa principal; la poca luz imposibilita una clara visión, la fres-
una interrogante con una bella ave zancuda que ha registrado
cura de todo el día es agradecida por los cuerpos aún enérgicos,
muy bien, con aspecto parecido a la Garza Silbadora en primera
los espejos de agua reflejan las crestas y filas de un cerro Zapatero
impresión, se trata de la Garciola Real, que les emociona la salida
nublado, Gallitos de Laguna salen para ser presenciados, un ave
y le regala gratos momentos al poderla fotografiar.
de mediano tamaño matraquea su vocalización, su aspecto encor-
vado es apreciado con su plumaje grisáceo, la tarde se despide
con la alegría de un gran día mundial para el pajarólogo. Garcita Azul
Garza Morena
E
l sol incandescente evapora la laguna del campamento, des-
cansan del calor muchas aves, mientras otras aprovechan de

E
tomarlo para acelerar su proceso digestivo, otras a la sombra
l río Yaracuy recorre la hacienda bordeando su lindero sep-
disfrutan los frutos de pumarrosa, pasa volando elegante la Garcita
tentrional, desde la desembocadura del río Yurubí al pie de
Azul, quien se percha para ser registrada, su plumaje de adulto se
Marimón, hasta la desembocadura de las aguas de la quebra-
ve tornasol con los rayos del astro solar.
da Guáquira, sus turbias aguas son aún el hábitat del reptil más
grande del Estado Yaracuy, el Caimán de la Costa, aunque sigan
decreciendo sus poblaciones de manera violenta; además de gran-

68 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 69


Corocoro Negro

D
e vuelta a la Estación Ecológica, agotados, después de un ar-
duo trabajo de campo, Delvis Romero y su servidor, pudimos
registrar en una laguna artificial al Corocoro Negro, fotogra-
fiado de manera inédita para la hacienda, muy fácil de confundir
con las Zamuritas.

Rey Zamuro

E
l cielo de la Hacienda Guáquira es un universo completo, de
noche las constelaciones juegan con las estrellas fugaces, los
planetas y la luna a través de la vía láctea, las luciérnagas
flotan componiendo constelaciones mientras pasan volando mur-
ciélagos y aves nocturnas. El día se pinta de diferentes tonos rojos
y anaranjados al alba y al ocaso, de grises en días lluviosos, del
azul celestial al mediodía soleado adornado de esponjosas nubes
y combinado con el majestuoso vuelo de un ave enorme que cir-
cula y aprovecha las corrientes de aire para elevarse y viajar sin
ningún esfuerzo, de cuerpo blanco, alas blanquinegras, cabeza
multicolor y admirables ojos blancos el Rey Zamuro que es el mo-
narca del cielo.

Zamuro

U
n contraste muy notable, entre vacas, tractores, potreros, ár-
boles dispersos de Caoba, Apamates cual nazarenos, y Sa-
manes regalan a mi visión plumajes negros de más de 30
carroñeros perchados en sus ramas, no puedo evitar sentarme en
un árbol caído a disfrutar el momento, me acompaña una brisa
constante que refresca mi caminar.

Gavilán Tijereta
“... al alzar y agudizar a vista, con un vuelo muy rápido, puede
ser apreciada la silueta indudable del Gavilán Tijereta con su
plumaje blanquinegro...”

70 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 71


Gavilán Palomero Gavilán Plomizo

C E
on el sol inclemente de la mañana, más de 90 especies de n una mañana en la Estación Ecológica, uno de los árboles
aves son registradas en dos horas de caminata entre que- secos revela en su copa una rapaz de coloración gris pizarra,
bradas, potreros y parcelas, a lo largo del camino de tierra; sus alas y su cola se asemejan a finos hilos bien representa-
el cerro Marimón es bordeado por dicho camino, me reciben las tivos de esta especie, mi primera impresión sacar los binoculares
Guacharacas, el Martín Pescador Pequeño y sobrevolándome unas para apreciar mejor esta bella rapaz, la sorpresa: se trataba de
alas redondeadas blanquinegras de una gran rapaz, se percha en una hembra, esto se concluye al llegar otro individuo a copularla
un árbol cercano y puedo apreciarlo detalladamente, mi impresión en la punta de la rama seca, acompañado de vocalizaciones ex-
no es disimulada y se da cuenta de mi presencia, el Gavilán Palo- trañas se aprecia un momento bastante raro de apreciar entre ra-
mero sigue su curso a lo largo del potrero. paces, seguidamente después de varios minutos se repite el mismo
episodio de reproducción, es emocionante saber que la reserva es
lugar de reproducción de rapaces raras.
Gavilán Tijereta
Gavilán Zancón
L
uego de un viaje corto por la carretera de la hacienda en di-
rección a la Estación Ecológica, por fin se divisa la quebrada

E
Estación, y se descargan las maletas, al alzar la vista puede ser n el mes de septiembre caen violentos “palos de agua”, la
apreciado en un vuelo muy rápido la silueta indudable del Gavilán época de lluvia se acentúa fuertemente, colonias de inverte-
Tijereta con su plumaje blanquinegro internándose hacia el cielo brados invaden la Estación Ecológica, ¿buscando refugio?,
del bosque húmedo, al mismo momento del alza de la vista se ¿al encontrársela a su paso?, la mayoría de los animales del bos-
aprecia al Rey Zamuro con imponente vuelo. que cesan sus actividades para ocultarse del agua que cae torren-
cialmente a mitad de la mañana, los tilingos sin embargo salen
¿cómo desesperados?, ¿emocionados acaso?, no son los únicos,
Águila Tirana desde el dosel de un Bucare que le da sombra a las plantaciones
del cacao, de patas rosadas y largas, con un plumaje apizarrado

L
a humedad y frescura del bosque se hace más intensa, las botas
vocaliza una rapaz, cuyo canto es una nota silbada tenuemente
se llenan cada vez de más barro, es el ecotono, una gran franja
en caída, contrasta con el sonido de las gotas cayendo sobre las
entre el bosque húmedo y el nublado, tomamos una pausa ya en
hojas del arbusto de frutos vino tinto; el agua cesa, de a poco
horas de la tarde para comer; en el suelo flores de alguna especie
vuelven los trinos, los coloridos plumajes de las que salen a tomar
de parchita exhibe un color morado y un aroma perfumado muy
el sol, sacudir sus plumas, acicalarse y volver a sus actividades, es
agradable, irresistible debe ser para insectos. Se rompe el silencio
un nuevo amanecer.
del bosque cuando una gran rapaz nos sobrevuela y vocaliza en el
bajo cielo a unos 700 msnm y marca el final del ascenso de esta
excursión, con grandes sorpresas que me llena de mucha satisfac-
ción y ganas de querer repetirla unas cuantas veces más.

72 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 73


Gavilán Cangrejero nublado de Zapatero en dirección hacia nosotros, caminamos por
media hora más mientras apreciábamos todas las crestas y filas

D
del cerro, hasta el momento en que por fin cae la nube pasajera
esde el borde de bosques húmedos y ribereños, se escucha
encima del toldo que nos cubre; seguimos y caminamos entre la
una rapaz de canto casi melódico, se trata del Gavilán Can-
conexión de los dos cerros, el río Guáquira, atraviesa un punto de
grejero, a mitad de la mañana, apenas visto un celaje oscuro
conexión boscosa, sobre sus aguas en una rama cercana como es-
al despegar su gran vuelo.
perando paciente, está una gran rapaz de plumaje negro, pico y
patas amarillo, nos divisa fácilmente con su gran visión al acercar-
Gavilán Pita Venado nos a unos 200 metros y levanta su imponente vuelo para perderse
en el bosque húmedo, su hogar ideal.

E
l sol radiante hace que el Cedro emita su olor particular, las sa-
banas convertidas en potreros y parcelas acogen aún palomi-
tas, semilleros, Daras, Alcaravanes, y muchas golondrinas que
Gavilán Gris
se alimentan de insectos sin cesar, al igual que muchas especies

E
l mosaico de hábitats que presenta la parte oriental de la ha-
de garzas que apuntan sigilosamente invertebrados grandes y her-
cienda cierra la posibilidad de que muchas especies puedan
petofauna, la brisa pasa sin barrera alguna atravesando grandes
expandir sus rangos de actividad, sean grandes mamíferos
distancias, el ganado sale a pastar, se escuchan cucaracheros, y
o aves más exigentes, este no es el caso del Gavilán Gris, quien
atraviesa lentamente las planicies una gran rapaz, su color marrón
vocaliza estridente desde el dosel del bosque secundario donde
rojizo resalta con los rayos solares, sus largas patas le permiten
aun emergen grandes árboles, muestra su plumaje gris claro; esta
extensas caminatas, al emprender vuelo y posarse en árboles secos
rapaz detiene mi caminar y me invita a disfrutar su compañía por
puede ser apreciado su gran tamaño, imponente se percha para
breves instantes junto a sus cantos territoriales.
tomar el sol y digerir mejor sus comidas o asechar desde lo alto
confiado de su gran vista.
Gavilán Bebehumo
Águila Negra
D
espierto y puedo ver un amanecer único desde la carpa en

U
la cima del cerro que me invita a salir de ella, enrollado aun
n día en el que se registra poca actividad, salimos de la la-
en las sábanas busco el mejor ángulo para avistar los tonos
guna y caminamos por la carretera de tierra, pasamos el sitio
naranjas y las nubes blancas que cubren el valle, me encuentro a
con mayor concentración de zancudos de toda la hacienda,
Miguel Martínez-Díaz buscando el mejor encuadre igualmente con
una quebrada nace en el minúsculo Marimón y apenas muestra mo-
cámara y trípode para capturar ese momento único. La frescura
vimiento de sus aguas que buscan un destino al río Guáquira; entre
de la mañana en el bosque nublado es acompañada de una taza
potreros va cayendo la mitad de la tarde, el bosque se engrosa y
de café y los cantos del Hormiguero Cuascá, los Querrequerres,
se angostan los potreros en una de las conexiones mas notables en-
Paraulatas y Conotos, desayunamos y nos alistamos para una ca-
tre Marimón y Zapatero. Seguimos caminando, Scarlet y Saraí se
minata, descendemos hasta el lugar en el que el ecotono es bien
detienen admirando como una nube se precipita desde el bosque

74 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 75


marcado, especies de palmas, barba de palo, helechos arbores- rante medio año, sin poder ser registrado en transectas. En una
centes, bromelias y epífitas contrastan con los cantos de las ranitas noche de luna creciente, se apreciaba Orión y Tauro claramente
de collar, junto con la brisa y el sudor que mezclados refrescan en el firmamento, entrevistas señalaban búhos a los nictibios y
mi cuerpo, de pronto se escucha un sonido fuerte, estridente, un lechuzas a los demás Strigiformes; perros ladran sin cesar nuestro
pitido que se acorta y repite en intervalos de unos cinco segundos, paso nocturno por la vaquera, interrumpiendo cualquier canto en
se detiene el descenso y rápidamente buscamos entre el dosel del la noche clara. Raramente el Curucucú Común responde al play-
bosque sin ningún indicio del ave. Es gratificante saber que aves back al instante, siempre pasaba por lo menos media hora antes
rapaces migratorias visitan y hacen que estos bosques sean su refu- de su respuesta, en esa transecta respondió al momento, llamando
gio en los meses del invierno boreal. nuestra total atención, aparece un segundo individuo, con mucha
paciencia, luego de celajes en vuelo y vocalizaciones agitadas se
Gavilán Negro aparece a escasos cuatro metros de distancia y a uno de altura,
con ojos amarillos, pecho estriado y aspecto tierno para ser foto-

E
grafiado el Curucucú Común.
l descenso de Zapatero por fin es alcanzado luego de 12
horas de ascenso total el día anterior y de cuatro horas de
caminata en una mañana calurosa, por fin llegamos al valle Curucucú Vermiculado
de Guáquira al cénit, la vestimenta no puede impregnarse más de

N
sudor, pero el descenso y la salida total ha sido un éxito. Pasamos oche de gibosa creciente, donde la luna se oculta encima
al lado de una casa vecina a la hacienda, la ruidosa alegría de la de un cielo nublado, finalizando la traslación terrestre del
excursión se queda silenciada repentinamente, un cadáver fresco 2017, noche de sorpresas, punto tras punto de conteo de
yace en un alambre de púas, plumaje negro en la totalidad del la transecta aparecían individuos de especies rapaces nocturnas,
cuerpo del ave, patas y rostro amarillo endurecidos; mi corazón se Lechuza Blanquinegra, Chillona, el Lechuzón de Anteojos y su ulu-
achica y endurece por ese momento trágico, se enluta mi espíritu, lar, al apenas pasar la quebrada La Herrera se detiene mi caminar
el del lugar y el instante, primer y único encuentro con esta rara repentinamente de manera inconsciente, una emoción inconteni-
rapaz, ennegrecido por causa de la sentencia arbitraria de un ser ble invade mis sentidos, cuando escucho el canto identificado de
muy reciente en la historia natural del sitio, el hombre sin compa- memoria, a escasos tres metros de altura, de poco más de una
sión asesina a su hermano alado ancestral. cuarta de tamaño, de ojos amarillos, bigotes finos y tierno aspecto
al cantar, al mirarme frente a frente pude hacerle una foto que se
Curucucú Común convirtió en mi primer registro fotográfico en horas de la noche
de una rapaz nocturna, se registraba también por vez primera al

D
Curucucú Vermiculado, Delvis realizó grabación audiovisual y de
esde el Global Big Day 2016, fue registrado por primera
igual manera registros únicos, con la misma emoción del momento,
vez el Curucucú Común, después de casi dos años de es-
cuando la noche se terminaba y comenzaba la madrugada.
cucharlo entre mogotes de vegetación a escasos metros su
canto intenso, repetitivo y de repertorios de más de media hora,
solo había podido ser grabado; desapareció por completo du-

76 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 77


Lechuzón de Anteojos

S
e escucha en la lejanía al Halcón Macagua, Martínez atento
busca y salta por el camino en busca de sapitos, de pronto
aparece una serpiente, se trata de una Leptodeira, una falsa
mapanare que es presenciada por unos minutos antes de dejarla
seguir su camino. En el último punto de conteo ulula una rapaz noc-
turna aun sin estimulación auditiva, buscamos entre las ramas de
Apamates ahora con mayor intensidad, vemos volando en la pe-
numbra un ave con alas redondeadas, de gran tamaño, de rama
en rama sigilosamente se pasea, se estimula auditivamente y se pre-
siente celoso del territorio, es divisado a una gran altura, a más de
25 metros, pero este no tiene percha fija, de a poco realiza vuelos
cortos, cada vez a menor altura, entre el encender y apagar de la
linterna para ver la sombra en la penumbra, de pronto se percha
a escasos 10 metros de altura y a 15 de distancia, su apariencia
sorprende a los espectadores, una gran rapaz nocturna exhibe su
plumaje, sus grandes ojos frontales, sus garras aferradas a la gran
rama, su ulular constante y en tono muy bajo pero potente como un
aleteo, es visualizado a través de los binoculares, hasta el momento
en que alza su vuelo y se interna en la vegetación.

Lechuza Chillona

D
e las aves nocturnas poco se sabe localmente, escurridizas
por sus agudos sentidos. En uno de los Samanes en frente de
la Estación Ecológica canta para ser registrada por primera
vez la Lechuza Chillona a mitad del 2015; luego de dos años de
búsqueda intensa, al final del año 2017 con luna llena y precipi-
tación leve, puedo observar destellos de luz del flash de la cámara
de Delvis ¡la estaba registrando!, sigilosamente me interno en el
denso sotobosque para no ahuyentar a la rapaz nocturna, llego al
lugar y puedo por fin después de tanta búsqueda verla a detalle,
sus colores únicos, cara oscura, candil rojo, abdomen blanquinegro
Lechuzón de Anteojos
“... a escasos 10 metros de altura y a 15 de distancia, su
y cola proporcionalmente más larga que otras especies, emoción apariencia sorprende a los espectadores, una gran
rapaz nocturna exhibe su plumaje...”

78 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 79


al verla vocalizar, infla sus pulmones y se agita su cuerpo entero en
cuatro notas de ulular, grandiosa rapaz nocturna.

Pavita Ferrugínea

M
i caminata al amanecer se detiene en frente de unos ár-
boles dispersos, entre Jabillos y una palma muerta donde
suelo ver a los Maracanás salir de un hueco, la razón:
las vocalizaciones del Diamante Gargantiverde, con vuelos muy
cortos y acelerados en un metro de área, se ve un bulto redondea-
do en una rama, veo las manchas alares de la Pavita Ferrugínea,
me acerco para apreciarla mejor, veo su pecho estriado y sus
ojos frontales, de una manera tierna y rechoncha dirige su mira-
da hacia mí, al instante realiza un vuelo corto hacia otro árbol
cercano igualmente a unos tres metros de altura, extrañamente el
colibrí sigue su trayecto recordándome los Tiránidos perseguir las
rapaces. Días después, bajo una llovizna al inicio de marzo me
encuentro a la pavita en la misma rama, posada a la misma hora,
es su sitio de percha.

Quetzal Dorado

E
l ascenso a Zapatero continúa, realizando paradas esporádi-
cas para tomar aliento, un poco de agua, saborear galletas
rodeados de helicóneas coloridas y del Colibrí Cola de Oro
que las poliniza; nos levantamos y seguimos el camino por mo-
saicos de hábitats hasta adentrarnos en el bosque húmedo, nos
sorprende que en plena sequía encontramos afluentes con agua
corriente, “con razón se escuchaban a las ranitas de collar”, cru-
zando uno de estos afluentes pasan frente a nosotros dos grandes
aves coloridas, en primera impresión: “sorocuás”, perchados en
palmas y en árboles que surgen de las piedras que bordean el
afluente se pasean entre ramas una magnífica y hermosa pareja, Quetzal Dorado
el macho expone su pico dorado, abdomen rojo intenso, cola “... perchados en palmas y en árboles que surgen de las
piedras que bordean el afluente se pasean entre ramas una
magnífica y hermosa pareja...”

80 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 81


blanca, cabeza verde y lomo azul verdoso, de sus alas se denotan miles de luceros con el contraste entre la poca claridad del cielo
unas plumas que adornan aun más su figura, la hembra cautelosa con el follaje del bosque, caminamos entre charcos y barro que
expone sus colores casi idénticos también muy llamativos, revolo- se pega a las botas, comienza un repertorio de decenas de ranas
tean con vuelos cortos y su obsequio final es su maravilloso canto y sapos, grillos y chicharras que alimentan el silencio de la sere-
que nos hace recostarnos entre piedras, apreciando cada segun- nidad del canto de las aves diurnas, de pronto algo se mueve en
do entre los lentes de los binoculares y la cámara. La pareja de las ramas de un árbol cercano a metro y medio de altura, el haz
quetzales por fin se aleja, la altura que marca el GPS: 550 msnm, de la linterna busca y encuentra un ave con un plumaje azul claro
y el bosque húmedo se nota cada vez más prístino, cantan a lo brillante, la expresión de Delvis: “apaga para armar la cámara”,
lejos y la caminata sigue. después de un muy corto instante enciendo para fotografiar, el ave
se había ido, la oportunidad se había perdido… de repente un
segundo individuo sale volando desde su percha a medio metro
Sorocuá Acollarado del hombro izquierdo de Delvis.

E
n los bordes y en el interior del bosque húmedo denso, se
puede encontrar un gran ave típica del trópico, con colores Martín Pescador Grande
verde, rojo, blanco y negro en su plumaje denso y limpio, dan-

D
do vuelos cortos, resaltando además su pico dorado, el Sorocuá esde el lecho de las quebradas se escucha un fortísimo ma-
Acollarado aparece con aspecto esbelto y miradas fijas y de lento traqueo de un ave en proporción a sus similares: enorme;
paneo, apreciado es su deleite visual. con su vuelo rasante al agua se distingue el Martín Pescador
Grande. Juan Carlos Fernández-Ordoñez en su faena de anillador
va a revisar sus mallas, de regreso trae entre sus manos esta ave
Pájaro León Garganticanela enorme y de manera simpática menciona: ¡mira Delvis: un colibrí!

C
arolina Tosta nos cuenta que una de las especies objetivo
de su visita es registrar al Momotus, con mucho afán lo bus- Martín Pescador Pequeño
ca durante tres días seguidos, no para de colocar playback

U
entre bosques húmedos y ribereños hasta descargar su speaker; al na caminata de poco más de una hora a lo largo de la
tercer día se despide sin ningún resultado, pero de igual manera sin carretera de tierra, desde la estación al arco despide una
ninguna frustración, ya que ha pasado uno de sus mejores Global explosión de sonidos y colores, la brisa fresca auxilia el ca-
Big Days, ha disfrutado encuentros maravillosos, solo este momen- lorcito de la caminata, el sudor cubre mi frente pero no mis atentos
to que no se ha podido dar. Irónicamente, lo he encontrado con sentidos, el olor a Cedro, el sabor de la Pumarrosa, el color ana-
Delvis en su trabajo de campo, en el primer punto de conteo en ranjado encendido del Bucare, guacamayas y cucaracheros, la
un bosque húmedo, a las seis de la mañana vocaliza claramente guacharaca me da la bienvenida a Marimón y al pie del cerro re-
el Momotus, pero difícil ha sido un próximo encuentro, en más de salta un avecilla de color verde, pecho rojo y pico largo y grueso,
100 puntos de conteo, ese fue el único en que esta especie estuvo las vocalizaciones definen al Martín Pescador Pequeño.
presente. La noche comienza a oscurecer un día lluvioso de julio,

82 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 83


Martín Pescador Grande
“...de regreso trae entre sus manos esta ave enorme y de manera
simpática menciona: ¡mira Delvis: un colibrí!...”

84 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 85


Barranquero Acollarado

L
os pequeños arroyos que extrañamente nacen de la comunidad
de La Marroquina, crean el hábitat preferido de los Barranque-
ros Acollarados, los cuales casi siempre con sus fieles parejas
aparecen en la vegetación dominada por Yagrumos vocalizando
perchados a media altura.

Tucuso Barranquero

E
l Tucuso Barranquero, cual atrapamoscas, despega de su per-
cha para hacer un vuelo corto y capturar insectos y mariposas,
se ve contrastado su vientre rojizo con la verde vegetación y
su larga cola lo delata en sus vuelos, además de su collar blanco y
largo pico, emite vocalizaciones como piar de “pollito”. En el final
de la época de sequía, en el principio del mes de abril, desde agu-
jeros en barrancos pueden ser avistadas estas aves salir y entrar,
es el lugar y el momento propicio de dejar nuevas generaciones.

Bolio de Bigote

E
spesa y oscura es la vegetación virgen del bosque húmedo
de Zapatero, en acompañamiento con el canto insistente del
Gallito Hormiguero, el Cucarachero Bigotudo, el Sorocuá
Acollarado y el Mielero Turquesa, aparece muy sigilosamente por
un instante en que puede ser bastante apreciada su forma y color
del plumaje, su pico grueso y aspecto confiado, es el Bolio de
Bigote quien me pone a dudar por varias semanas hasta concluir
su presencia e identificación.

Telegrafista Escamado
“...aspecto cómico, por su diminuto tamaño y por naturalidad de
carpintero, en diferentes ambientes, desde zonas abiertas...”

86 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 87


Pico de Frasco Esmeralda

L
a fría noche se ve acobijada por la infinidad de las estrellas del
firmamento, fácilmente se ve Orión y Tauro, el cuarto menguante
refleja los rayos del sol de color naranja intenso a la mediano-
che por el oriente, justo detrás del cerro La Chapa, toca descansar
para bajar el cerro Zapatero temprano por la mañana. Un gallo
canta intensamente al pie de la carpa a punto de las cinco de la
mañana, interrumpe el sueño por un instante; el fresco amanecer
se ve acompañado por los Gavilanes Tijereta surcando el cielo. El
descenso comienza desde los 1000 metros, desde el ecotono se
escuchan claramente cantos aflautados, los violines de los azulejos,
y desde una distancia considerable a través de parches de bosque
habitados de palmas se escucha el inigualable canto o reclamo del
Pico de Frasco Esmeralda, habitante de los bosques siempreverdes
y nublados del cerro Zapatero, se le ve una cara bastante conser-
vada desde la parte occidental a la fila entre las nacientes de las
quebradas Sonadora y Corregidor.

Telegrafista Escamado

D
e aspecto cómico, por su diminuto tamaño y por naturalidad
de carpintero, en diferentes ambientes, desde zonas abiertas,
carreteras, bordes de bosque, el telegrafista deja escuchar su
picoteo leve y rápido, y su aspecto escamado; de forma vertical
ataca la corteza de los árboles y se da gustos con insectos.

Carpintero Habado

L
o común siempre suele pasar desapercibido, y es ignorado en
la mayoría de los casos, por más que se haga sentir no es pre-
senciado por ser cotidiano, pero cuando se le presta atención,
Carpintero Habado cuando se presencia con cautela, inconscientemente irán apare-
“... es en esa situación de apreciar más allá de lo acostumbrado ciendo aspectos curiosos, señales antes no presenciadas, nuevos
lo que nos mostrará que el cotidiano Carpintero Habado posee
una belleza única...”

88 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 89


colores donde antes no se habían apreciado, comportamientos
que pasarán a ser interesantes, corresponderán los sonidos y nos
Halcón Macagua

L
daremos cuenta de que el origen siempre fue ello, es en esa
situación de apreciar más allá de lo acostumbrado lo que nos a silueta de una rapaz bastante esquiva de observar, una maña-
mostrará que el cotidiano Carpintero Habado posee una belleza na fresca y soleada por fin se deja presenciar en el borde del
única e inigualable. bosque húmedo, poco más de una hora permanece perchado
en un árbol sin hojas, acicalando su blanco plumaje, con una apa-
riencia de Oso Panda que da su antifaz negro y con un deducible
Carpintero Real Pico Amarillo reposo de su actividad alimenticia, se aprecia muy claramente con
los cristales del telescopio; en los demás momentos de su prestada

A
manece tan pronto como es posible, nos despiertan las Cota- presencia suele lanzar carcajadas y repertorios de 10 minutos se-
ras Caracoleras, los primeros minutos del día Delvis lo recibe guidos de su vocalizar, con hábitos diurnos y crepusculares.
colgado en su hamaca, es un día oscuro, lluvioso, con indi-
cios de ser así las 24 horas, sin desánimo alguno, comenzamos a
registrar cuántas especies de aves fueran posibles. Una gran silueta Caricare Encrestado
en un alto tronco seco a unos 100 metros de distancia me hace

P
buscar el telescopio para identificarlo, se trata de un carpintero erchados en su descanso vespertino suelen estar los Caricares
real, difícil en su identificación, sus líneas dorsales no son aprecia- Encrestados en árboles con ramas secas, caminan parcelas
das por su posición perfilada, todos los participantes lo observan: enteras en búsqueda de reptiles, además son carroñeros; voca-
Saraí, Yarismar, Delvis, Miguel Martínez y Lilibeth, sin encontrar lizan en tríos desde los cocoteros el último día de septiembre.
marca de campo clara, encuentro un indicio que me hace concluir
que se trata de una hembra del real pico amarillo, Martínez lo ve y
confirma su identificación con la ayuda de las láminas del Phelps.
Caricare Sabanero

L
Las arepas y el café nos terminan de dar energía para aumentar as energías se renuevan con la comida principal del día. Senta-
entusiasmadamente la lista de registros. do en la Estación Ecológica escucho que vocaliza cerca el Coli-
brí Cola de Oro, me levanto, sigilosamente busco su ubicación,
Carpintero Real Barbirrayado lo encuentro en la copa de un mango, saco la cámara, la monto en
el trípode y a pesar de su cercanía se hace difícil su captura; apre-

E
l Carpintero Real Barbirrayado, en compañía de su pareja, cio que en la copa de una palma se encuentra una rapaz, desvío
picotea la corteza del Matarratón y el Jabillo para descubrir los el objetivo hacia ella y tomo algunas, Lilibeth Morillo con ternura
insectos que hay bajo ella, con su imponente tamaño vislumbra me ofrece café caliente y torta de auyama, un verdadero manjar,
su rojo penacho y sus líneas dorsales, su canto y llamado se escu- la invito a hacer algunas fotografías al ave y ésta aún mantiene
cha claramente desde el interior del bosque. su posición, el contraste imposibilita una buena fotografía, Saraí
Castro se anima pero tampoco acierta, optamos por disfrutar su
contemplación, sus movimientos, poses, vocalizaciones, una media
hora de presenciar esta magnífica rapaz.

90 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 91


Halcón Golondrina Loro Real

E P
l caminar la carretera de tierra en las primeras horas de la or fin es el amanecer, muchas aves me despiertan placentera-
mañana siempre trae sorpresas, los tonos verdes de las hojas mente, algunas hasta tienen la decencia de cantar desde la
de los árboles con la iluminación del sol reflejan calidez, el ventana más cercana; después de cocinar arduamente es hora
Cedro emana aromas entrañables desde sus frutos secos, en la de desayunar, pero un repertorio fuerte de cantos, muy fuerte, in-
copa de uno de éstos árboles de bella corteza gris, se delatan terrumpe mi desayuno, no por causar alguna molestia, sino por lo
par de individuos de Halcón Golondrina distinguidos claramente claro y extendido de su repertorio, me tienta a querer grabar este
por su tamaño un macho y una hembra, perchados: ¿esperando concierto, salgo sigilosamente de la estación y me encuentro con
alguna presa que se asome en un potrero, en la carretera o en un Loro Real que vocaliza su atractiva colección desde la copa
el cielo?, ¿tomando el sol para digerir mejor su alimento?, ¿des- de un árbol seco a unos 15 metros de altura, me regala más de
cansando de un largo viaje?, ¿en actos de reproducción?, quien dos minutos de su arreglo antes de salir volando al momento de
sabe, lo cierto es que es una rapaz digna de regalar el tiempo pasarlo buscando otro individuo.
para su contemplación.
Loro Guaro
Churica

Y
a totalmente descansado de pasar una noche de profundos

L
os churica son delatados por sus llamadas en vuelo, suelen an- sueños, la mañana me despierta con la sinfonía de los soni-
dar en pequeñas bandadas, pero al preferir árboles sin hojas dos del bosque que claramente penetran por las ventanas
para percharse, aunque en lo más alto, se pueden apreciar muy de la estación, con mucho entusiasmo me levanto a llevar a cabo
bien, sobretodo con binoculares. un día de trabajo arduo; el nictibio duerme en su percha habitual
en época de lluvia frente a la estación, en menos de media hora
Cotorra Cabeciazul vocalizan Maracanás, Cotorras Cabeciazul, Pericos Pechiesca-
mados, Periquitos y Loros Reales, una concentración inhabitual de

E
Psittácidos, algunos al unísono, y como si fuera poco aparece por
l salir de la Estación Ecológica al amanecer significa contem-
vez primera en la hacienda para mí, el Loro Guaro, vocaliza en
plar una explosión de vida, decenas de aves vocalizan al
conjunto con Loros Reales, ¿simpátricos?, ¿tanta es la abundancia
unísono, muchas de ellas habitantes fijas, otras van de paso;
de alimento que no existe competencia entre tantos Psittácidos?, los
se confunden los sonidos del arrendajo, del conoto, las paraula-
guaros se alejan vocalizando escandalosamente justo antes de que
tas, cucaracheros, colibríes, hormigueros y albañiles, que siempre
bajara la presión atmosférica abruptamente para que las nubes
es necesario prestar atención en su identificación; pasan volando
grises del cielo se precipitaran al suelo.
Loros Reales, Maracanás, Pericos Cara Sucia, Pechiescamados,
pero un Psittáscido se hace resonar con su afilado canto, pasan
parejas de Cotorras Cabeciazul, sus vocalizaciones son asemeja-
das o comparadas propiamente como el afilar entre dos machetes.

92 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 93


Periquito

E
n relictos boscosos de la entrada de la hacienda a finales
de marzo amanece nublado, fresco, sin brisa que mueva las
ramas de los árboles, un enjambre de avispas aterra mi oído
con un zumbido amenazante que acelera mi paso, paso por una
quebrada rodeada de bambusales que traquean sus troncos y
dan la impresión de romperse con cada sonido que emiten; en un
Samán que alberga cactáceas epífitas, bejucos y bromelias, se
notan muchos tonos verdes, uno de estos tonos: unas avecillas de
unos 10 centímetros, que le dan colores andantes al follaje, revo-
lotean unos pequeños psittácidos con sus picos color piel clara y
algarabía de pajarillos.

Perico Cara Sucia

D
esde muy temprano en la mañana salimos desde el borde
de la quebrada Sonadora, el cerro Marimón se hunde en la
espesa niebla que transpira, las fuertes vocalizaciones de los
Araguatos resaltan desde su bosque, la quebrada Guáquira moja
mis pies sutilmente al pasarla, entro en un túnel vegetal que es la
unión de los bosques del cerro Marimón y el cerro Zapatero, un
corredor biológico con potencial para el intercambio de biodiver-
sidad entre ambas unidades. Los potreros se hacen presentes y sus
cercas vivas en ocasiones alcanzan los 30 metros fácilmente, entre
Carocaros y altos Cedros se ve una algarabía huir con vuelos cor-
tos desde el dosel de estos árboles, una bandada de numerosos
individuos de Pericos Cara Sucia descansan en las copas a recibir
la energía que les brinda el sol.

Perico Cara Sucia


“...entre Carocaros y altos Cedros se ve una algarabía huir con
vuelos cortos desde el dosel de estos árboles...”

94 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 95


Chacaraco queda, extrañamente la Pavita Hormiguera da vueltas en la misma
rama, colocándose de cabeza, aferrándose sin caerse, un com-

A
portamiento nunca antes visto en un ave para mi, cómico si se
mitad de la mañana, caminaba por las cercas vivas de la
quiere; la hembra del mismo aspecto pero de coloración marrón
carretera, paso una de las quebradas intermitentes que na-
presencia perchada desde una rama cercana el comportamiento
cen en Marimón, donde hay una concentración increíble
del macho, hasta que este vuela a otro árbol y ella le sigue luego.
de zancudos que se alimentan rápido y en grupo numeroso de mi
sangre; pasando una parcela de nísperos llama mi total atención
unos chasquidos de picos si se quiere hasta ruidosos, busco en el Burujara Pequeña
frondoso árbol y veo unos pericos en grupo numeroso, corona roja

S
y pecho con pintas rojas sin uniformidad, sus demás plumas verdes, araí Castro se emociona al ver a los “tucanes” desde media
me costó trabajo identificarlos hasta que concluí que eran Chacara- altura en el borde del cultivo de cacao en un Samán donde
cos, raramente vistos a tan baja altitud, cualquier cosa es posible. habitan cientos de plantas epífitas, entre bromelias, hele-
chos, orquídeas y cactáceas; caminando el sendero atravesando
Batara el bosque, se ven en el barro huellas de venados, roedores y ca-
chicamos, son divisadas por Martínez. Una gran Ceiba es acom-

E
pañada por el imponente Sorocuá Acollarado y los simpáticos
xisten aves que vocalizan muy parecidas a otras especies, hay
Saltarines Cola de Lanza, entre troncos caídos, intensos zancudos
que prestar bastante atención al presenciarlas. La Batara, por
que se alimentan de nuestra sangre, en bambusales que crujen,
ejemplo, vocaliza muy parecido al Aguantapiedra y en oca-
se escucha al fondo a la Burujara Pequeña quien responde luego
siones a la pavita; una mañana soleada, entre pastizales y cultivos
a la estimulación auditiva.
de cacao y plátano emite unas vocalizaciones extrañas, llaman la
atención de Delvis que comienza a emitir sonidos similares, cada
vez se acerca más y más, hasta que por fin unos ojos rojos atraen Tiluchí Alirrufo
la mirada profunda hacia el ave, hipnotizan además por lo repen-

U
tino de su aparición y el instante en que es vista de frente a frente nos troncos de madera me esperan a la mitad del sendero,
sin ningún temor, al menos por unos cinco segundos hasta que se los zancudos no me dejan escribir, la vegetación de unos 30
va la Batara volando entre las ramas. metros no permite que los rayos solares lleguen al suelo, el
golpeteo de la llovizna en las hojas contrasta con las vocalizacio-
Pavita Hormiguera Común nes repetitivas del Tiluchí Alirrufo.

A
l fondo se escucha un canto como de pelota rebotando, de Hormiguero Vientre Blanco
pronto se acerca volando un ave hacia una rama cercana,

L
se denota su copete erizado, su coloración blanquinegra os Monos Capuchinos, los Bachaqueros y el levanta alas, me
habada, su comportamiento rápido de saltar de rama en rama dan una cordial bienvenida al bosque húmedo, al igual que los
buscando insectos, comienza a vocalizar en intervalos de su bús- zancudos, que no esperan al momento de detenerme en algún

96 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 97


Pavita Hormiguera Común
“...da vueltas en la misma rama, colocándose de cabeza,
aferrándose sin caerse...”

98 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 99


lugar, quebrada tras quebrada se hace más espeso y oscuro el cios que deja la vegetación tupida, un canto melódico se escucha
bosque, la rapidez con que camino el sendero apenas me deja claramente en repetidas ocasiones, es el Gallito Hormiguero quien
apreciar el suelo, pero un escandaloso y repetido canto hace que habita el sotobosque del bosque nublado del cerro Zapatero.
me detenga de repente, en el sotobosque entre bejucos se escon-
de un ave, con vientre blanco y pecho y lomo oscuros canta sin
cesar, aparece un segundo individuo, hace llamaditos, ¿la hembra
Hormiguero Cuascá
acaso? No puedo apreciarlo bien, saltan entre las ramas y se es-

E
l canto del Hormiguero Cuascá es bastante común escucharlo
conden en la vegetación.
en horas de la mañana en el bosque nublado, es intenso, re-
petitivo y puede viajar cientos de metros, pero ver a esta ave
Ponchito Pechicastaño es bien difícil. En una mañana soleada de enero me ha obsequia-
do esta ave un regalo jamás imaginado, cantaba y yo grababa,

C
ontinúo cada vez más arriba en la fila, de pronto mis pasos estaba tan cerca que agachado en mi sitio apareció por encima
se detienen, esas detenciones acostumbradas al momento de la hojarasca, caminaba y se detenía, me dio una vuelta entera,
de escuchar algo nuevo para mí, al fondo, muy al fondo quien sabe, ¿curioso al ver mi silueta?, pude más que observarlo,
canta un ave, preparo mi grabadora, dejo las cosas que puedan apreciarlo, distinguirlo esa mañana.
estorbar en un sitio seguro y comienzo a seguir al sonido, camino
entre el bosque abierto con sotobosque escaso, entre grandes ár-
boles, pisando la hojarasca húmeda, siguiendo las notas del ave
que vocaliza, hasta un momento en que no pude avanzar más,
Hormiguero Mazamorrero
busco entre las ramas bajas la presencia del animalito esperando

E
n pleno bosque nublado, y en compañía del canto de la Ga-
alguna señal, sin ningún resultado más que el de registrar sus vo-
llina Azul, apenas se escucha un canto intenso, cada vez más
calizaciones, me voy feliz por mi primer encuentro con el Ponchito
fuertes sus notas, muy repetitivas pero inconfundibles, se tratan
Pechicastaño del bosque nublado del cerro Zapatero.
del Hormiguero Mazamorrero, digno representante e indicador de
la sanidad del ecosistema.
Gallito Hormiguero
Trepador Subesube
M
i ascenso a la cima comienza a media mañana, lo inclina-
do de la montaña complica un poco la subida, las gotas

E
n la sabana vocalizan las Guacharacas, saltarines, Lechose-
de sudor que apenas se asoman se secan al instante por
ros, sobrevuelan planeando Oripopos; desde un Guayabo
la enérgica brisa que roza la cresta, la fila de la cima es por fin
caído me sorprende al salir de un hueco de su tronco una
alcanzada y el bosque nublado se ve poblado de palmas, hele-
cómica ave, ni se percata de mi presencia, totalmente descuidado,
chos y epífitas en abundancia, el barro en el sendero poco me
puedo apreciar claramente su pecho y garganta escamados y pico
deja avanzar tranquilamente al hundirse mis botas a cada paso en
curvo y rojizo antes de notar mi presencia y salir huyendo.
falso; al este apenas se ve el sol atravesando los minúsculos espa-

100 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 101
Pico Lezna Pechirrayado Saltarín Cola de Hilo

U L
na de las aves que se relacionan con las plantaciones de a mañana transcurre con nuevos registros, algunos inusuales,
cacao es el Pico Lezna Pechirrayado, prefiere la sombra del otros esperados, el frenesí que genera la inflorescencia del Bu-
interior del follaje, donde caza insectos, contrasta su colo- care nos regala destellos de belleza singular al apreciar los coli-
ración con la corteza de la Malvácea, acompañado de los frutos bríes y sus pequeñas riñas por el néctar de las anaranjadas flores.
vino tinto a lo largo de las ramas. El río es visitado por la Cotúa, el Martín Pescador y el caminante
extasiado de tanto verdor y peculiar aroma de algunas plantas, de
Güitío de Agua pronto canta un ave, reconocida de memoria, pero nunca sin ga-
nas de poder observarla, nuestros pasos son sumamente sigilosos

E
cada vez que nos acercamos, de pronto aparece un pajarito de
l espejo de agua refleja al cerro, el cielo se nubla de norte a
colores rojo, amarillo y negro muy llamativo, su ojo blanco resalta
sur y de este a oeste, las gallinetas clockean y se sumergen, los
con los saltos entre ramas entre el sotobosque, pero sus rápidos
gallitos caminan sobre la vegetación hidrófita, el calor sofoca
movimientos solo dejan apreciarlo a ojo desnudo. Estos encuentros
al mediodía en el momento en que la resolana tuesta mi piel, los
sin duda llenan de mucha satisfacción a quienes lo presenciamos,
galápagos nadan en la laguna junto a los peces, unos reclamos me
sin duda pagan el esfuerzo, las duras caminatas, las salidas de
hacen buscar entre la vegetación, de pronto salen varios individuos
campo por completo, e invitan a promover la conservación de los
de Güitío de Agua curiosos y vocalizando en su adoptado hábitat.
bosques que son su hogar.

Saltarín Cabecidorado Campanero Herrero

U U
n espectáculo sin duda brindan los Saltarines Cabecidora-
na sensación paralizante nos pasó al llegar a Romagú, el
dos, en la cima del cerro Marimón, al realizar “leks” pue-
Grupo Ecológico La Marroquina presenció una rareza, re-
den ser presenciados por más de media hora, donde los
gistrada por primera vez para la hacienda, el Campanero
machos se contonean de un lado a otro emitiendo vocalizacio-
Herrero fue reconocido por su canto único, indiscutible e incom-
nes, saltando de rama en rama, practicando o llevando a cabo
parable, además de hacer su aparición en el dosel del bosque
cortejos, esto concluido al no poder encontrarse a la hembra en
húmedo, un pájaro blanco y barbudo, grande fue la impresión de
el momento, bien oculta o ausente, los machos sin embargo, con
todo el grupo. Unos días después, con la visita de la observadora
sus plumajes negros lustrosos y cabezas amarillas brillantes, no
de aves Carolina Tosta en el Global Big Day 2016 no nos falló su
pasan desapercibidos.
registro, ella con gran emoción presenció su canto único, su expre-
sión mientras escribía: “sin play back infelices”.

102 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 103
Saltarín Cabecidorado Saltarín Cola de Hilo
“...los machos se contonean de un lado a otro emitiendo “...Estos encuentros sin duda llenan de mucha satisfacción a
vocalizaciones, saltando de rama en rama, practicando o quienes lo presenciamos, sin duda pagan el esfuerzo...”
llevando a cabo cortejos...”

104 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 105
Bacaco Benedictino Cabezón Cinéreo quienes se resguardan, ¿alimentando sus pollue-
los? O solo utilizándolo de refugio, nos regala uno de los últimos

E
registros del Global Big Day 2016, además de ser el primero para
s mediodía, el Arrendajo presenta su repertorio cénit, se pla-
la hacienda, cae la tarde y la noche lo impregna todo.
nea la próxima excursión a Zapatero, la dulce fruta deleita mi
paladar, se escuchan unos zumbidos como de insectos, Delvis
contesta mi pregunta: “son los bacacos”. Aparecen en el follaje Levanta Alas Gorro Gris
de Bucares y Samanes dos individuos, luego otro más y otro más,

D
luciendo un blanco plumaje, cabeza negra y cachetes pelados y entro del bosque húmedo se escuchan los saltarines, pueden
rojizos, uno solo de ellos vocaliza y se contonea, los demás se apreciarse helechos con hojas fértiles, Jabillos, el Barrabás
alimentan de artrópodos y reptiles pequeños. armado de hormigas, apenas pueden apreciarse ciertos ra-
yitos del sol penetrar y llegar al suelo, camino y atravieso lechos
Silbador Alicanela rocosos de afluentes intermitentes, el Matapalo se hace fuerte frente
a un Samán que muere, llega a una rama cercana un atrapamos-

E
cas, difícil de identificar, se queda quieto hasta el momento en que
n plena ejecución del trabajo de campo del trabajo especial
vocaliza y se delata el Levanta Alas Gorro Gris.
de grado del encargado de la Estación Ecológica, el Ingeniero
Delvis Romero, en la práctica de transectas y puntos de conteo
se nos apareció un ave rara en el país, el Silbador Alicanela emitió Pico Chato Aceitunado
su melódico y fraseado canto, confuso en un principio, pero con

L
la revisión posterior de su grabación inédita para la hacienda se a humedad que deja un amanecer lluvioso en el bosque húme-
pudo constatar su presencia, luego pudo ser avistado unos días do hace que el rostro joven de Sarai Castro refleje un brillo en
después en el cerro Marimón y desde entonces se puede presen- las gotas de sudor que la refrescan; la quebrada Estación y su
ciar e identificar con mayor seguridad sin confusión. encanto, el bosque que la bordea presenta Ficus de tamaños im-
ponentes, un atrapamoscas frena de repente a Delvis y al grupo,
Cabezón Cinéreo saca su cámara y le hace unas cuantas fotografías, temerario hace
vuelos cortos alrededor de nosotros el avecilla, un comportamiento

E
inesperado, justo encima de nosotros se encuentra su nido, fijándo-
n la mitad de la tarde es recorrida la hacienda por sus carrete-
nos por tal recelo y al no importarle aún seguir alimentando a sus
ras de tierra en dirección occidental, es soleada la última hora
polluelos con esmero.
de luz, en el noroeste está el cerro Marimón a escasos metros,
nos separa un potrero con árboles aislados de unos 25 metros,
con follaje solo en su parte más alta, se asoman unas aves en una Pico Chato Pigmeo Descolado
de las gruesas ramas, entran y salen de un nido, dos individuos

S
totalmente diferentes en coloración, el primero blanquinegro y el e abren los sentidos al adentrarme solitario al bosque, mi
segundo marrón, ¿se trata de un caso de nidación comunitaria?, olfato percibe olores naturales, mi piel siente el rocío que cae
esa fue la primera impresión, no es así, eran macho y hembra del del cielo y las espinas de la macanilla, puedo observar cada

106 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 107
color verde posible del bosque y apreciar helechos, bromelias,
bejucos, troncos y hojas caídas, y el canto mínimo “Orthopteresco”
Atrapamoscas Cabecigrís

E
del Pico Chato Pigmeo Descolado.
l día es nublado de principio hasta las horas finales de la luz
solar, más de 100 registros en menos de 12 horas han sido
Titirijí Lomicenizo un hecho, entre plantaciones de níspero y potreros aún siguen
apareciendo nuevas especies para el día. En la copa de un Ma-

E
s mediodía, y entre los Matarratones descansan palomitas, ga- tarratón vocaliza un avecilla constantemente aún con la presencia
rrapateros y los Cristofué, el cielo azul claro y sin nubes hace de siete de nosotros, el contraluz y la poca iluminación que nos
que se vean cada uno de los colores del lugar con mucha brinda la luz solar imposibilita su identificación, buscamos rápida-
intensidad, las chicharras cantan fuerte y resonante, los Oripopos mente entre los cantos que están archivados en los teléfonos hasta
surcan el celeste planeando al aprovechar las corrientes de aire ca- que dimos con las notas que se comparan perfectamente, en un
liente, de pronto a los árboles llega una pequeña ave, de aspecto parpadeo vemos la reacción del atrapamoscas quien se activa y
delgado con un amarillo que contrasta con negro en su plumaje, vuela de rama en rama apresuradamente.
vocaliza mientras busca rápidamente entre las ramas, menea la
cola como péndulo, un comportamiento raro entre los atrapamos-
cas, ¿practica su cortejo?, ¿a manera de atraer sus presas?, ¿de
Pico Chato Cabezón

L
alegría?, lo cierto es que esta actividad es típica de esta avecilla.
os charcos de la carretera me hacen descubrir mis pies del
calzado para sentir el suelo en mis plantas, son lavados, ensu-
Atrapamoscas Lampiño ciados y nuevamente lavados por el atravesar de los charcos;
los bambusales son cruzados por una pequeña tropa de Monos

E
l gotear del bosque después de una noche lluviosa, se con- Capuchinos, el cantar constante del Bengalí y el Cucarachero
trasta con una explosión de cantos, llamados y guturales de Flanquileonado es acompañado por una rara avecilla, un atra-
Araguatos, no escapa de la tenue luz del sol al amanecer el pamoscas bastante relacionado con los bambusales, su canto de
Atrapamoscas Lampiño quien se percha en un Samán y comienza dos notas: un llamado en la lejanía; cinco minutos más tarde en
su repertorio algo melancólico. mi caminar por el puente sobre el río Yaracuy, un río crecido fuer-
temente por los afluentes que descargan el agua que se escurre
después de un amanecer lluvioso, me detengo repentinamente, es
Bobito de Selva de nuevo el Pico Chato Cabezón quien vocaliza desde los bam-
búes que bordean al torrentoso río.

M
is botas rompen ramas del suelo y pisan hojas secas aun
sin ser humedecidas por el rocío que cae, se escuchan
picos de plata, coicoritas, se siente la picadura de zancu-
dos y el cantar de grillos, al fondo del sendero me espera el Bobito
de Selva, entre la espesa vegetación verde de múltiples tonos.

108 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 109
Atrapamoscas Jinete Atrapamoscas Pecho Amarillo

E E
n los días soleados, en áreas abiertas, potreros, carreteras, n una fría mañana en plena sequía el sol calienta de a poco
puede apreciarse un ave que corre de un lado a otro, buscan- mi piel, dando energía a los seres presentes; las cercas vivas
do insectos en el suelo, tomando vuelos cortos y hasta encima son bien utilizadas por muchos animales, siendo la conexión
del ganado o de los caballos, con un pecho sulfuroso y dando entre parches de vegetación. Una de las aves que muy bien las
honor a su nombre común. utiliza es el Atrapamoscas Pecho Amarillo, quien vocaliza y se
contonea desde árboles de ratón, Cojón de Verraco y Samanes.
Atrapamoscas Picón
Atrapamoscas Veteado

E
l amanecer se da entre sorocuás y paraulatas, desde lo alto

A
del cerro Zapatero, se aprecia un parche boscoso domina- l Atrapamoscas Veteado le gusta percharse en las líneas del
do claramente por palmas de gran tamaño, característico de tendido eléctrico a lo largo de las carreteras a esperar su
bosques nublados, desde el dosel se escuchan ranas, grillos y el alimento pasar volando, devorarlo y volver a su percha una
viento surcando las hojas de las Aracáceas, muchas de ellas en y otra vez, acompañando esta actividad con sus vocalizaciones en
fructificación, rasguños de felinos son detectados por Miguel Martí- las horas más soleadas del día.
nez-Díaz, de pronto aparece en el borde del parche un gran Tyrán-
nido, con un gran pico, color característico de los pecho amarillo,
sus vocalizaciones confirman su identificación, curiosamente se
Atrapamoscas Tijereta
deja apreciar por buen rato mientras Miguel busca rastros en esta

L
as nubes tocan el suelo y la casa parece flotar en el aire, la fres-
parte del bosque.
cura invade mis mejillas y empañan mis cristales, mi piel recibe
caricias tenues de diminutas gotas de rocío, el cielo se pinta de
Gran Atrapamoscas Listado tonos rojizos y naranjas por las primeras ondas de luz solar del
día, desde un árbol seco se pueden visualizar unas largas siluetas

V
erde y más verde es el color que refleja la vegetación del blanquinegras de unas aves que aprovechan al sol para calentar
bosque húmedo, en mucha gama de color, en el fondo seis sus cuerpos emplumados, se trata de una pareja de Atrapamoscas
bolsas cuelgan de un Bucare, conotos entran y salen de ellas, Tijereta, quienes exponen sus singulares y largas plumas de sus
cuelgan de cabeza al vocalizar y agitar sus alas; la coloración colas y deleitan mis ojos por un buen rato.
parda rayada de un gran atrapamoscas me hipnotiza con sus to-
nos, presenta un antifaz negro, rabadilla rufa, pecho estriado verti-
calmente, apenas abre su pico al emitir su canto “pelucheado”, la
brisa agita fuerte las ramas del Samán donde percha sin quitarle
ánimos de nada, se acicala, limpia su pico y alza vuelo hacia otro
árbol cercano.

110 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 111
Atrapamoscas de Venezuela

E
l dulce y maduro Semeruco nos da la bienvenida a la hacien-
da, el sol inclemente del clímax de la sequía está presente en
el final de la mañana, en cuatro ruedas llegamos a la esta-
ción, almorzamos y preparamos cena; esperamos pacientemente
el transporte que nos llevará al otro extremo del piedemonte del ce-
rro Zapatero. Luego de 15 minutos de viaje nos recibe una cabaña
tipo palafito en el extremo occidental de la hacienda, descargamos
las maletas y comenzamos el ascenso a la cima del cerro. Son ya
las dos de la tarde y hemos recorrido dos kilómetros en 40 minu-
tos, rápidamente superamos los 400 msnm; un canto familiar hace
sigiloso mi caminar, busco en el dosel del bosque, cada vez se es-
cucha más y más cerca, veo movimiento en frente de mí, a escasos
tres metros de distancia y a uno 70 centímetros del suelo, puedo
visualizar un Tyránnido de vientre amarillo, dorso marrón, pecho
gris y copete erizado, su canto lo delata y con vuelo corto se aleja.

Atrapamoscas Sangre de Toro

N
o conozco un ave con punto fijo de avistar tan marcado
como el llamativo Atrapamoscas Sangre de Toro, si se quie-
re encontrar en la hacienda estará siempre en la vaque-
ra, en pareja con actitud y comportamiento confiado y temerario,
debido a su rojo encendido, plumaje aposemático que lo hace
descuidarse de depredadores. Con su plumaje con aspecto de
“rojo incomible”, en la vaquera y potreros suele ser apreciado con
mucha claridad a la pareja de Atrapamoscas Sangre de Toro, con
un plumaje rojo encendido siempre es llamativo al ojo humano.
Escucharlos vocalizar es bastante extraño, una mañana soleada de
febrero dejó por fin escuchar su voz mientras con su pareja unían
lazos de reproducción.
Atrapamoscas Tijereta
“...desde un árbol seco se pueden visualizar unas largas siluetas
blanquinegras de unas aves que aprovechan el sol...”

112 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 113
Atrapamoscas Sangre de Toro
“...con un rojo encendido plumaje siempre es llamativo
al ojo humano...”

114 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 115
Viudita Acuática Sirirí

L A
a quebrada Guáquira recibe todos los afluentes que nacen en costumbramos a apreciar la actividad de las aves diurnas al
la parte septentrional del cerro Zapatero y los de la parte meri- amanecer y en las últimas horas de la tarde, al mediodía,
dional del cerro Marimón, formando un valle de un mosaico de con un sol inclemente y unas contadas nubes en el cielo a
hábitats cuyos parches de bosques son vitales para muchos seres mas de 30 grados de temperatura cantan azulejos, curruñatás,
vivientes; sus aguas recorren de oeste a este la Hacienda Guáqui- Reinitas, picos de plata acompañados del Araguato en la sabana,
ra, desde la quebrada La Sonadora hasta su desembocadura en aparece sin preocupación el Sirirí con su: “quie-ro co-mer a-jí” que
el río Yaracuy, llevando consigo litros y litros de agua corriente, resalta entre todos, dejando ver su intenso rojo de esas plumas de
en donde habitan miles de peces, crustáceos, invertebrados mi- su rostro que atraviesan sus ojos.
croscópicos, plantas acuáticas, árboles gigantes, mamíferos, aves
dependientes de los recursos que habitan en su fluvial hábitat de
bosque ribereño. Entre los que habitan están los playeritos migrato-
Verderón Luisucho
rios, martines pescadores, garzas, y entre los atrapamoscas de la

U
na risita malévola se escucha entre la vegetación, entre can-
quebrada se puede encontrar a un avecilla que ha sido avistada y
tos de bobitos, lechoseros y los guturales del Araguato, en un
registrada solo en par de ocasiones, casualmente quien ha tenido
amanecer nublado de la sabana, es estruendoso su canto,
la oportunidad es Miguel Martínez-Díaz, quien con ojo hábil ha
un gran macho desde el follaje de un Samán a escasos 15 metros,
podido notar su plumaje blanquinegro y su peculiar comportamien-
cada vez más fuerte, neutraliza cada uno de los sonidos del bos-
to en las orillas de esta quebrada que brinda todo su esplendor al
que, unos 10 acompañantes se pasan y trepan de rama en rama,
espectador que la aprecia.
hasta el momento en que termina su repertorio y aparece por fin a
media altura el avecilla que reía malévolamente con unos 10 centí-
Atrapamoscas de Sotobosque metros de tamaño y su plumaje verde oliváceo, sigue riendo como
burlándose de mi asombro.

E
l río se tranquiliza en un pozo que se forma al terminar una
curva entre Jabillos y Matapalos, los zancudos se intensifican
a cada minuto, la humedad y el sol combinan energías para
Querrequerre
transmitir un calor que lentamente sofoca aún debajo en la sombra

A
quién no le va a gustar ver un ave con colores intensos, llama-
que me regala el dosel, los peces van y vienen río arriba y abajo,
tivos y variados... El aspecto de “aguacate” de la coloración
de pronto un atrapamoscas se percha a escasos cuatro metros a
del ave representativa de los Córvidos en la hacienda no
media altura, en primera impresión confunde su silueta, su pico, su
tiene igual, llamado “Quín-Quín” localmente, el Querrequerre con
coloración, hasta que emite su canto algo melancólico que puede
sus innumerables vocalizaciones prefiere bosques densos húmedos
ser reconocido de memoria, canta por más de media hora desde
y nublados, aunque muy inteligente y oportuno suele aprovecharse
su percha, temerario bajo los ojos de un espectador que poco le
de los frutos de las casas internas y dispersas del cerro Zapatero.
ha quitado la vista y atención.

116 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 117
Golondrina Azuliblanca tas acuáticas florecidas, el sonido de la brisa en las palmas es
armonioso, la Paraulata de Agua practica su repertorio al igual

M
que la Ojo de Candil, un espectáculo se ve en la superficie del
itad de abril, la sequía se termina finalmente, la época de
agua, gracias a los insectos que flotan en ella, las Golondrinas
lluvia inicia de la manera más afilada posible; una maña-
Urbanas mojan sus vientres al momento de pescarlos en un frenesí
na de un torrencial aguacero desde las cinco a las 11,
cual ninguno, una tras otra chapotea y la tarde se despide con el
las gotas golpean fuerte el techo, los árboles, el suelo que adapta
abrazo del atardecer.
corrientes de agua superficial, entre el pisotear charcos y sentir que
se empapa toda mi ropa, no puedo hacer otra cosa que disfrutar
de la lluvia caer sobre mi cara en el trayecto hasta mi destino. Tomo Golondrina de Horquilla
una pausa y alzo mi vista al cielo, ya es mediodía y sigue cayendo

L
mucha agua, me extraña que unas aves surcan el bajo cielo con os Zamuros perchados en las ramas secas de un viejo árbol se
tan abundante lluvia, me pregunto si es por la presencia de insectos congregan en el borde de un caño, toman el sol después de la
que no les afecta la lluvia para salir a volar, lo cierto es que varios lluvia torrencial de un día de abril; en un Jobo anidan los ruido-
individuos de unas avecillas planean y dan círculos horizontales sos Guaitíes que aturden mi cercano caminar entre parcelas, el
atrapando bichos, se percha en una línea eléctrica uno de ellos, Perdigón sale volando desde muy cerca en el suelo, causando un
expide un sonido electrizante, me sorprende porque en mi primera repentino susto, las palomitas siguen el camino delante de mí. Un
impresión pensé que se electrocutaba, así vocaliza la Golondrina gran espejo de agua se esconde en una nube espesa de insectos
Azuliblanca, ¿acaso para calentarse?. en combinación con gran cantidad de aves que hacen un festín,
las golondrinas planean rápidamente capturando insectos con solo
abrir sus picos, de pronto una extraña golondrina sobrevuela mi
Golondrina Ala de Sierra cabeza, las plumas de su cola formaban una horqueta definida,
su vientre naranja difería de las demás golondrinas, con un collar

D
e las aves más adaptadas a los potreros de zonas muy abier- aún más intenso, su coloración azulada en su dorso brillaba con
tas está la Golondrina Ala de Sierra, su vuelo constante, los rayos solares, nos visitaba un viajero boreal que preparaba su
bajo, rasante al pastizal, es bien marcado, captura insectos retorno devorando la nube de insectos para aumentar su grasa que
en vuelos circulares horizontales, suelen congregarse cientos de le serviría de almacén de energía en su largo retorno a las tierras
individuos en las líneas del tendido eléctrico donde se perchan a lo del norte.
largo cubriendo varios cientos de metros.
Cucarachero Ruiseñor
Golondrina Urbana

U
na brisa constante llena mi espíritu de una energía natural

E
l sol se esconde en Marimón en un caluroso día, se ve tan que nutre mi alma, una caída de agua en medio del bosque
pequeña la elevación poblada de verdes árboles, al pie del húmedo prístino, entre helechos arborescentes y minúsculos
mismo una laguna con una bonita casa, poblada de plan- que cubren las piedras y las visten de un verde intenso, la humedad

118 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 119
espesa y enfría la atmósfera; de pronto se oye una detonación de
melodías, desde el sotobosque del denso bosque vocaliza repeti-
das veces por toda la travesía su deleitante repertorio una avecilla
que rompe incluso el ruido del agua en las pequeñas caídas y
cascadas de la quebrada.

Cucarachero Chocorocoy

L
os pericos pasan en bandadas incontables, entre Jabillos, Sa-
manes y Apamates, los zancudos se hacen sentir al igual que
las espinas que arman a las palmas, se puede apreciar un nido
alborotado que cuelga en un Samán en conjunto con cactáceas
epífitas, llega al nido una pareja de avecillas escandalosas de un
plumaje blanquinegro rayado cual Cebra, de hábitos acelerados
con un canto áspero y golpeado, se hace presente en el borde del
bosque húmedo con contundencia.

Cucarachero Bigotudo

P
ara poder aunque sea escuchar al Cucarachero Bigotudo, hay
que internarse en el bosque húmedo y nublado denso y frondo-
so, con casi nula intervención humana, realmente es un buen
indicador de la calidad del ecosistema. Su canto aflautado de
notas variables son de agradables tonos, entre paraulatas, Siriríes,
azulejos y Chocolateros, comparte hábitats de vegetación densa
entre la oscuridad del bosque, de hojarasca húmeda y de nubes
surcando el dosel de árboles y palmas.

Cucarachero Rojizo

L
as texturas del bosque, se aprecian entre Jabillos y Macanillas
las espinas, el roce de las Urticáceas que hace reaccionar la
Cucarachero Chocorocoy piel, las blandas hojas de las Melastomatáceas que se hacen
“...avecillas escandalosas de un plumaje blanquinegro sentir esponjosamente suaves y el aroma del frote del Anisillo único
rayado cual cebra...”

120 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 121
e incomparable; todas estas sensaciones táctiles y olfativas acom- desprende olores de la vegetación y saca gruesas gotas de sudor
pañadas por un canto aflautado en el espeso bosque húmedo, hip- en mi frente, al parecer no afecta en lo absoluto la actividad del
notizante difícilmente pasa desapercibida, el flautista del bosque Chirito de Chaparrales, quien se contonea en búsqueda de insec-
canta alegremente al amanecer. tos mientras vocaliza.

Cucarachero Flanquileonado Paraulata Rabadilla Gris

U D
n rocío mañanero apenas llega a tocar mi piel por la espe- esde lo alto de la montaña muy enérgicamente se escucha
sura del bosque, el suelo húmedo, el “tic tac” de las gotas un ave que sin timidez sale a los árboles aislados a emitir
golpeando la cubierta vegetal y en compañía de un olor a su canto melódico, y entre las nubes que coronan las alturas
orina sin descubrir aun su causante, se escuchan una y otra vez puede apreciarse su plumaje bicoloreado entre grises y negros,
las tres notas del canto del Cucarachero Flanquileonado dentro la frescura del bosque combinado con el calorcito que el sol me
del espeso bosque. brinda hace que el amanecer se disfrute gratamente en compañía
de los cantos de las aves del bosque nublado.
Chirito Picón
Paraulata Montañera

D
espués de la mitad de la mañana, el calor se hace presente

S
cuando el sol hace que la humedad de la atmósfera aumente ubiendo más y más el cerro Zapatero, el caminar entre el bos-
la temperatura, además con poca brisa mi cuerpo rápida- que se hace sin gran esfuerzo, se aprecian grandes Candelos
mente transpira para intentar refrescarme, el zancudo me da la y en el suelo sus semillas, desde el dosel de éstos vocaliza
bienvenida al bosque húmedo, y se escuchan las chicharras y uno una paraulata, su repertorio bastante melódico, con prolongación
que otro canto de las aves presentes; los Zamuros sobrevuelan los sin preocupación, entre la humedad y la frescura del bosque casi
claros, y desde el matorral canta un ave, quien lo hace en tono alto ya siendo mediodía.
e intenso, repetidamente y con mucho ánimo, se trata del Chirito
Picón quien al parecer le encanta estas condiciones para llevar a
cabo sus actividades.
Paraulata Acanelada

L
os amaneceres y atardeceres de los bosques húmedos y nubla-
Chirito de Chaparrales dos nunca son monótonos en Guáquira, siempre hay especies
como la Paraulata Acanelada que marcan claramente diferen-

A
más de 30 grados, con un sol que tuesta, un calor que so- cias en los sonidos del bosque, un canto muy melódico, acompaña
foca, en el mes de marzo, en pleno mediodía, la actividad los repertorios del atardecer del bosque, entre las aves crepuscula-
de las aves no cesa en la sabana, los bellos colores del res que pueden dar conciertos de media hora aun después de que
tucuso resaltan, el canto del saltarín es apreciado, entre chicha- oscurezca está esta paraulata. Desde el dosel del bosque húmedo
rras, el árbol de Cojón de Verraco abre sus frutos secos, el sol que y ribereño de la quebrada Estación, un canto melódico de notas

122 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 123
como de flauta dulce, sostenido por más de una hora desde el
amanecer, es presenciado por el oído del visitante, intensamente
Paraulata Cabecinegra

E
canta entre cientos de seres del bosque que anuncian la llegada de
n la Cordillera de la Costa siempre he tenido la sensación
la época de lluvia a inicios del mes de mayo, la llovizna que cae
de que una paraulata anuncia la cota 1000, escucharla me
sobre el dosel de los grandes árboles parece importarle poco a la
abre la mente y los sentidos como una puerta a nuevas es-
intensa ave que ¿marca su territorio? ¿Busca pareja? ¿Se alegra
pecies que pueda encontrar por ser habitantes exclusivas desde
con la llegada de un nuevo día? Lo cierto es que su canto alimenta
esa altura, claramente es así, comienzan a presenciarse Conotos
el oído de los visitantes de una manera muy notable, en que termi-
Aceitunos, Picos de Frasco Esmeralda, entre otras que prefieren
nan preguntando de quien se trata.
mayormente esta altura para sus actividades, desde la copa de
los árboles se escuchan dos notas iguales repetidas y separadas
Paraulata Ojo de Candil entre segundos, nunca estas dos notas son de igual tono a las dos
siguientes, de patas y pico amarillo, deja en contraste su cabeza

D
esde muy lejos escucho unos reclamos constantes, un reper- negra con su cuerpo marrón.
torio al momento en que el sol está a punto de salir, me des-
pierto y se trata del Diamante Gargantiverde que canta su
concierto matinal cerca de la ventana. Logro conseguir de nuevo
Paraulata Chote

C
mi sueño y ahora siento que me llaman de muy lejos, quiero saber
ontinúa el ascenso y en el sendero se aprecian Melastoma-
de quien se trata, busco en el aire, en lo profundo de la nada, me
táceas con sus blandas y esponjosas hojas suaves que las
siento tan cerca pero a la vez tan lejos de saber quien es, abro
caracterizan, el sudor comienza a refrescar mi cuerpo, al
mis ojos y lo primero que escucho es a la Paraulata Ojo de Candil
igual que un sorbo de agua; se presentan pericos, cucaracheros,
quien ahora me llama despierto anunciando la lluvia.
azulejos y en árboles floreados aparece una paraulata, difícil de
identificar hasta el instante en que suelta desde su siringe su canto
Paraulata Pico Negro melódico de tonos agradables, es apreciada con gran admiración
para seguir sus actividades al salir volando.

L
a carretera de tierra se ve bordeada por más de 200 metros de
Helicóneas, colibríes en ese borde, semilleros en el otro junto al
pastizal, enormes bambusales dan la entrada al río Yaracuy de
Paraulata Llanera

U
unos 20 metros de anchura, quien desembocará sus aguas en el
na de las aves más comunes del país, no lo es para la ha-
Golfo Triste junto a otros ríos medianos. Justo en su paso se escucha
cienda, es bastante extraño un encuentro ocasional con la
al fondo un canto muy melodioso, desde el dosel vocaliza la Parau-
Paraulata Llanera, en los caminos de la hacienda fue una
lata Pico Negro para ser registrado su hermoso concierto.
sorpresa apreciar el canto melódico de una pareja de esta especie
en el dosel de un Cedro, su larga cola y coloración gris y blanco
deleitan el oído y la vista.

124 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 125
Monjita Curruñatá Piquigordo

E L
l platanal no deja mucha diversidad para presenciar, ni a mi ni os Curruñatás Piquigordos forman en conjunto con los Chocola-
a Delvis, nada canta, sumado a ello la mañana da inicio a su teros y los Saltarines Cola de Lanza una algarabía a la mitad del
última hora, un charco que ha dejado las últimas lluvias se une mes de agosto, cuando fructifica el Matapalo en plena época
con un pequeño caño muy cercano a la quebrada Lindero, nuestro de lluvia a la mitad de la tarde, en medio de un concierto de aves,
instinto nos dice que es un lugar perfecto para el hábitat de la Co- y siendo contemplados por los Araguatos y sus crías.
tarita de Costados Castaños, le hacemos un llamado y en efecto
responde, y nos da solo una oportunidad destellante de apreciarla,
la suerte se hace presente en el mismo instante cuando la Monjita
Curruñatá Azulejo
tricolor pasa volando y vocalizando en nuestras cabezas, oportuni-

L
a humedad del bosque combinada con la subida de la pen-
dades aprovechadas aunque sea para presenciarlas.
diente del cerro hace que la ropa se empape de sudor en pocos
minutos, el corazón se acelera rápidamente por la brusca pen-
Chirulí diente, al alcanzar la quebrada el primer pensamiento es inclinar-
me a tomar sorbos de agua, esa agua cristalina que baja desde la

E
n días soleados es común que los semilleros busquen alimento montaña adentro, desde el verde y sano bosque, purificada entre
en los potreros, en las herbáceas que allí prosperan, donde los piedras y raíces superficiales de los grandes árboles que la bor-
cariaquitos expiden sus agradables aromas, adornan el pai- dean, canta el Picogordo Azul con firmeza, y entre algunas bayas
saje pequeños arbustos dominados por un verde que hace resaltar que están sobre la quebrada desde una rama de un arbolito, se
los plumajes de las avecillas que vorazmente hacen un festín de acerca una pareja de avecillas con un azul que contrasta con el
semillas, frutillas e insectos, resalta un amarillo en las cercas vivas, amarillo y naranja de algunas plumas en diferentes partes del cuer-
un vientre encendido encapotado por un negro lustroso de apenas po, deleitan aún más el paisaje que es apreciado por mis pupilas.
unos diez centímetros de un ser que difícilmente se encontrará quie-
to y sin vocalizar.
Sabanerito de Pajonales
Curruñatá Saucito
A
manece y la mayoría de los seres vivos despiertan, se es-
cuchan los guturales de los Araguatos a lo lejos, y un sinfín

A
mitad de la tarde es bastante común escuchar al Curruñatá de aves cantar al unísono, resaltan los Tinamidos, los Tro-
Saucito siempre en árboles dispersos y zonas abiertas, se glodytidos, los Psittácidos y los Ictéridos; en la tercera hora de la
dejan escuchar par de notas a medio tono. Anidan en marzo mañana, baja la presión atmosférica repentinamente, y el agua de
a unos cuatro metros de altura en leguminosas, ambos ayudan a la las nubes se precipita sobre el bosque, singularmente salen a la
construcción del nido. lluvia los tilingos. Luego de media hora de recia lluvia, por fin es-
campa, una pareja de Albañiles aprovecha el suelo mojado para
buscar material de construcción para la elaboración rápida de su

126 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 127
nido. Toca caminar para salir de la hacienda, pasar la quebrada
Estación, el campamento, la quebrada Guáquira, las plantaciones
de cacao, los bambusales, caminar entre Apamates, avistar a los
siempre puntuales Atrapamoscas Sangre de Toro y Torditos de la
vaquera, y pasar bordeando los potreros. Repentinamente se de-
tiene mi caminar, por segunda vez me confunde el canto del Tordo
Pechirrojo, me acerco hacia el potrero a buscar entre el pajonal y
los pequeños árboles sin encontrar su típico y reluciente plumaje en-
cendido, canta de nuevo el ave, ahora con repeticiones en menor
tiempo, se trata de otra especie, otra voz, otro canto, mismo tono,
bastante similar, es el Sabanerito de Pajonales, confirmando así
su presencia con otro encuentro similar anteriormente en el mismo
sitio, en el mismo potrero, casi en el mismo árbol.

Curtío

E
ntre Cocoteros, Cayenas y regeneraciones de Yagrumo, pisan-
do charcos de donde surgen sapitos y se refleja su actividad
de reproducción con espumas blancas en sus orillas, se escu-
cha desde el borde de los cacaotales cantando sin cesar el Curtío
para ser registrado.

Maizcuba

C
aminar solitario por senderos del bosque es gratificante,
siempre tomando precaución de todo factor. La oscuridad
del bosque húmedo permite que se agudice la visión, el
guardar total silencio el oído, la soledad el tacto y el olfato. Los
puntitos iluminados en el suelo son la poca luz del sol que llega, la
brisa en contacto con las hojas hace que los árboles se tambaleen,
rechinen y silben, el suelo es cubierto de hojarasca, la humedad
aumenta el calor; se escucha alguien escarbando entre las hojas
Tordo Pechirrojo del suelo, entre picotazos y patadas aparece el raro Maizcuba,
“...al ojo del lente aparece un ave de plumas negras lustrosas y caminando y escarbando, no se da cuenta de mi presencia, voca-
pecho rojo encendido...”

128 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 129
liza mientras exhibe sus espejos amarillos de su plumaje, sigo mi
caminata y continúa su actividad mientras me alejo.

Perdigón

E
l aroma refrescante de una mañana en la que el rocío moja las
botas al caminar, se vuelve intenso con el Mastranto, el Caria-
quito, y el soplo del viento quien lo dispersa haciéndolo irresis-
tible para insectos y mariposas, repentinamente salen volando las
palomitas, semilleros y con ellos saltamontes y grillos, se escucha
el canto del sabanerito, los Alcaravanes y los cucaracheros; un
canto intenso y elevado se hace presente desde la maleza, cada
vez más cerca sin saber su origen, se silencia en un instante justo
antes de que un repentino aleteo cause un pequeño susto al mo-
mento en que sale volando un ave de plumas amarillentas, corto de
cola y con aspecto de perdiz. El mismo encuentro inesperado es
repetido cada vez que visito los potreros y parcelas que frecuenta
el Perdigón.

Tordo Pechirrojo

L
as energías se renuevan con la comida principal del día, sali-
mos de nuevo a pajarear, pasamos la quebrada Estación, atra-
vesamos el campamento presenciando en la laguna a la Gar-
za Blanca Real, bordeamos potreros entre Apamates, unos puntos
rojinegros se aprecian en las puntas del pasto, vocalizan cuales
“errores informáticos”, al ojo del lente aparece un ave de plumas
negras lustrosas y pecho rojo encendido, sin percatarse siquiera de
nuestra presencia por la distancia aguardada.

Gonzalito Real
“...extraño aguacero que fue anunciado por un ave de plumaje
áureo, coronado de unas plumas naranja...”

130 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 131
Toche
Conoto Aceituno

E
l frio del bosque nublado se calma al acercarse las últimas

E
l día comienza muy temprano, a las cinco de la mañana el horas de la mañana; entre Melastomatáceas, helechos arbo-
sendero es caminado en busca de aves extrañas típicas del rescentes y Bromelias abundantes, el bosque es atravesado
bosque nublado, solo los sonidos de algunos grillos y ranas desde una fila donde se ven nacer algunas quebradas, se apre-
me acompañan por un largo trecho, de pronto la Lechuza Chillona cian anfibios extraños típicos de la altura sobre los 1000 metros,
se hace presente entre el frío, oscuro y denso bosque, la primera las Heliconias son visitadas constantemente por colibríes, y las
especie del día. Continúo mi caminar y se acerca el amanecer, el grandes águilas surcan el cielo aun nublado. Un canto melódico,
Gallito Hormiguero deja ver su silueta muy cerca, vocaliza fuerte, de tonos agradables y repetitivo atrae la mirada hacia el dosel del
en compañía con muchas especies sin reconocer, de vuelta a la bosque, resalta aun con el canto ronco y fuerte de las Guachara-
entrada del sendero me espera el Colibrí Grande Colinegro celoso cas de fondo, un amarillo plumaje se distingue entre el contraluz,
de sus Heliconias. Una algarabía se hace presente en un Bucare la neblina y la frondosidad de la copa de los árboles, el Toche
poblado de barba de palo, Bromelias y Orquídeas, es un concier- busca alimento mientras marca su territorio, atrae pareja o pasa el
to ejecutado por unos 20 individuos con una de las siringes más tiempo, quien sabe...
desarrolladas de nuestras aves venezolanas, entre el naranja de
las flores y la abundancia de los colibríes que se alimentan de su
néctar, se encuentran unas aves de plumaje verde amarillento pá-
Gonzalito

L
lido, con diferencias marcadas en tamaño por algunos individuos,
os repertorios de los Ictéridos siempre suelen ser melódicos y de
cuelgan y se agitan al vocalizar su canto espectral, un verdadero
tonos muy agradables al oído, una de estas especies es bien
regalo presenciados en primera fila.
común en la hacienda, las notas aflautadas del Gonzalito se re-
piten una y otra vez desde las plantas frutales, se denota fácilmente
Gonzalito Real entre los demás cantos, mostrando su amarillo encendido, sus alas
y garganta negras, con algunos espejos blancos en sus alas, se

E
l sonido del mediodía es silenciado por el agua que cae des- alimentan de las frutas de algunas palmas, ahuyentando a las aves
de las nubes que se hacían cada vez más espesas en el gran frugívoras de menor tamaño.
celeste, las hojas de los árboles no dan signos de movimiento
en ninguna parte del bosque, la lluvia esta vez solo intensa más el
calor al cénit. Sigue cayendo la lluvia y las aves no dejan de hacer
Tordo Mirlo

L
sus actividades aun a la mitad del día, es una tranquila y natural
os mosaicos que presenta el paisaje de la hacienda, sobre todo
etapa del tiempo, en el cual hasta los zancudos se han calmado un
en sus partes bajas, suelen ser hábitats para muchas especies de
poco, extraño aguacero que fue anunciado por un ave de plumaje
aves; en los últimos meses de sequía pasa volando y vocalizan-
áureo, coronado de unas plumas naranja que desde los Coralitos
do trinos agradables un ave que hace estragos con su comporta-
poblados de colibríes emitía su canto melodioso.
miento, percha y se infla esponjosamente para soltar una nota corta

132 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 133
silbada, esperando en lo más alto la oportunidad de encontrar una
hembra que asegure su generación, esta disimula la construcción
de un nido para posteriormente parasitarlo sin escrúpulos para que
otros críen su descendencia.

Tordito

E
l “lek” o cortejo es un comportamiento que es bien ejecutado
por el macho de una especie fiel a la vaquera; allí se presen-
cia una congregación de plumas negras lustrosas, de fuertes
y escandalosas vocalizaciones al contoneo de los machos a las
hembras, toda la mañana, al mediodía, en las primeras horas de
la tarde y en las ultimas, en fin todo el día intensamente.

Tordo Maicero

E
l verdor del pasto de los potreros brilla con el reflejo del sol en
las gotas del rocío de sus hojas, la brisa se hace presente y re-
fresca aún más la mañana cuando por fin cesa la lluvia, unos
reflejos amarillos brillan intensamente cuales puntos moviéndose en
el potrero, caminan largos trechos y se acercan entren saltos y vue-
los cortos hasta donde descanso mi caminar; el negro de su dorso
contrasta con las brillantes plumas de su vientre, su canto ronco es
acompañado con el agitar de su plumaje lustroso.

Turpial de Agua

L
as horas de la mañana rápidamente se desvanecen, después de
avistar garzas, Alcaravanes, atrapamoscas, de pasar entre po-
treros, parcelas, caños, por fin llego al piedemonte. En la orilla
del río como esperándome se encuentra en una cuerda del tendido
eléctrico un ave de color amarillo con negro lustroso, me da la
Gonzalito bienvenida, paso a su lado y este emprende su vuelo en dirección
“...se alimentan de las frutas de algunas palmas, ahuyentando a al cuerpo de agua para sellar su extraño encuentro.
aves frugívoras de menor tamaño.”

134 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 135
Tordo Maicero
“...el negro de su dorso contrasta con
las brillantes plumas de su vientre...”

136 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 137
Reinita de los Charcos Reinita Montañera

E A
n el mes de diciembre en pequeñas lagunillas en el interior mitad de la época de lluvia se escucha al Bengalí vocali-
del bosque, se aprecia el movimiento cual mecedora desde zar constantemente, anuncia que se ha establecido en la
el suelo, del ave migratoria boreal más abundante que visita hacienda y en el norte del país; con los saltarines, pitirres,
la hacienda, la Reinita de los Charcos, capturada y recapturada Chocolateros, Picos de plata, revolotean y me pasan por el frente
cada temporada por Juan Carlos Fernández-Ordóñez en sus años conectando los parches de bosques presentes en la entrada de la
de actividad en la hacienda, visitante constante que encuentra refu- Guáquira. Ha llovido bastante y los charcos inundan la carretera.
gio en este santuario. El Cojón de Verraco da sus frutos secos con la esperanza de dejar
su siguiente generación, y en él, en una de sus ramas, se asoma
Candelita Migratoria una avecilla de aspecto delgado, un azul pizarra en su lomo, y
resaltando su antifaz negro con su garganta naranja intensa, da

L
saltos entre ramas, curiosa ante mi mirada, nunca para de vocali-
as dos formaciones montañosas de la hacienda disimulan humil-
zar hasta que huye volando hacia el matorral.
demente un corredor vegetal que las une, en su parte occiden-
tal pasa entre ellas la quebrada Guáquira rodeada de árboles
de diámetro considerable que unen en su dosel a Zapatero con Reinita Amarilla
Marimón; cerca de allí aun bien conservada está la quebrada Co-

T
rregidor, transitarla aguas arriba es una gran sorpresa, rastros de odo pasa en la estación ecológica”. Esta frase es bastante
mamíferos terrestres, diferentes especies de palmas. Mayor impor- utilizada por los que más la visitamos, quizá por ser el sitio
tancia ecológica le da este sector a la hacienda la presencia de donde más pasamos el tiempo en la hacienda, pero lo cierto
una gran rapaz como es el Gavilán Cangrejero, quien utiliza la es que pasan eventos inesperados, animales que frecuentemente
vegetación sobre el agua y el dosel de este corredor, además de la hacen visitas, van de paso o hasta conviven allí. Una mañana
extraña Gallina Azul, y la presencia de mamíferos que utilizan esta recostado apreciando colores, sonidos y sintiendo la frescura de
quebrada para realizar sus actividades como la Comadreja y el la brisa acompañada de picaduras de zancudos, aparece de la
Cachicamo que fácilmente se dejan ver. Aparece al mismo tiempo nada un pajarito de apariencia delgada y un plumaje amarillo in-
en la vegetación acuática la bicoloreada Candelita Migratoria, un tenso con la garganta estriada de rojo. ¡Qué sorpresa! Todo pasa
macho adulto con plumaje vistoso, busca insectos en la vegetación, en la estación ecológica.
sin percatarse aún de la presencia de ojos que lo ven se puede
apreciar muy bien, hasta el momento en que nota que lo observan
y sale huyendo. Esta especie le da un nivel de importancia conside-
rable al corredor, y es que además de todos los eventos anteriores,
el sumar la presencia de especies migratorias boreales que utilizan
estos bosques es otro punto a ganar para el establecimiento de
proyectos de conservación.

138 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 139
Candelita Gargantipizarra Picogordo Azul

S D
on más de 1000 metros de altura, la macanilla acaricia mi entro del bosque, justo después del cultivo del cacao de
piel y me deja algunas espinas como regalo a la planta de mi Guáquira del que se extrae un gran material para chocolate,
mano, camino entre palmas, helechos, árboles poblados de el bosque húmedo se hace presente al bordear la quebrada
Bromelias, Aráceas, musgos y Orquídeas, y sobre la hojarasca de Guáquira, se escucha al sorocuá mientras subo una pequeña co-
una vegetación milenaria; paso caños con lechos rocosos cubiertos lina donde raíces se asemejan a escalones, la corona una majes-
por una alfombra de musgo impactante, mi espíritu se asombra al tuosa y ancestral Ceiba que fácilmente supera los 15 metros hasta
avistar un espejo en el suelo del bosque, refleja la vegetación, me su copa y los dos metros de diámetro de su tronco, con enormes
apresuro mientras mis latidos se hacen cada vez más frecuentes raíces superficiales que se elevan por encima de mi cabeza; al
por la emoción, al encontrarme a la orilla de una laguna natural fondo vocaliza un ave, fuerte y claro, resaltando incluso entre los
respiro hondo y le doy gracias a Zapatero por dejarme presenciar cucaracheros, sigo el camino sobre el sendero bajando los escalo-
una de sus maravillas, recorro la orilla de unos 100 metros de largo nes sobre las raíces de la Ceiba, los zancudos por más intensos no
y me siento al pie de ella; los atrapamoscas pescan los habitantes distraen mi atención sobre el ave que canta, el sendero a mi favor
del agua, la Tángara Cabeza de Lacre se alimenta de frutos de un me acerca a las melodías aflautadas a cada paso que doy, entre
árbol que surge en la base de la laguna, la brisa pasa entre las las Bromelias de un árbol que bordea un pequeño caño aparecen
hojas y las hace silbar, caen hojas viejas de palmas, se aspiran dos siluetas oscuras, apreciadamente se denotan un plumaje ma-
olores aceitosos, y en el dosel del bosque se escucha un canto rrón oscuro para uno y azul oscuro para el otro con picos fuertes
intenso, repetido, poco familiar, es la Candelita Gargantipizarra y gruesos, con comportamientos territoriales y celosos del lugar, se
que me acompaña gustosamente en toda la travesía sobre la cima niegan a dejar su sitio, Andrés Pacheco tiene tiempo de inmorta-
del cerro. lizar el encuentro con su cámara, con fotografías al macho y a la
hembra.
Cardenal Migratorio
Semillero Chirrí

L
os árboles se ven adornados de barbas de palo y Bromelias, el

L
blando musgo conforma una alfombra natural en la corteza de os potreros suelen ser hábitats para algunas especies de aves
los árboles del bosque nublado, se respira hondo y el frío pe- que se han adaptado a este cambio en las sabanas naturales;
netra los bronquios, las nubes acarician las copas de los árboles; en las plantas que allí suceden a las originales se puede apre-
alimentándose de frutos, que dejan picoteados los conotos y azu- ciar gran cantidad de avecillas granívoras e insectívoras, Chiru-
lejos, se deja ver un plumaje rojo, que aún con la oscuridad que líes, espigueros, palomitas, garrapateros, tordos, entre otros. Se
deja el bosque puede ser apreciado, a mitad del invierno boreal escucha un chirriar repetido, desde la vegetación se aprecia un
en el mes de febrero el Cardenal Migratorio se ha establecido en pajarillo que salta cada vez que vocaliza y aterriza en el mismo
los bosques yaracuyanos. sitio, cuando se juntan se ve un baile entre las Herbáceas, unos plu-
majes negro lustrosos reflejan un espectáculo curioso entre machos
de los Semilleros Chirrí.

140 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 141
Chocolatero

E
l sol evapora el rocío de la madrugada al tocar la cumbre del
cerro Zapatero haciendo que se corone de nubes el bosque, la
velocidad del viento acelera su paso y rozan las copas de los
árboles, un día prometedor. El fororo a leña hierve rápidamente y
deleita nuestros paladares al soplo de los suspiros que lo enfrían; al
salir de la casa unas avecillas adornan el jardín, espigueros, azu-
lejos y caricares que surcan el cielo, se puede notar un resplandor
entre las alas de un plumaje negro, cada vez que el ave aletea se
ve un blanco pulcro en su interior, acompañado de su achocola-
tada hembra está esta especie que se alimenta de los frutos que
encuentra a su paso.

Bachaquero

U
n día lluvioso por fin amanece, ha llovido toda la madruga-
da, sale el sol y el agua se calma, café al fogón, los buenos
días de los visitantes que se preparan para sus excursiones
mañaneras, al igual que por nuestra parte, Delvis y Rusmeri, pre-
paramos todo, el almuerzo, galletas, suficiente agua, pan, dulce
de lechosa, cámara, GPS, bolsas e impermeables, con nuestras
botas de goma y todo colocado en nuestros bolsos, para salir de
la estación a las 930 horas; comienza el ascenso a Zapatero y la
primera aparición es el interesante Bachaquero, su canto melódico
y su plumaje amarillo se asoma de manera curiosa justo en frente
para ser observado por los lentes de los binoculares, este animalito
prefiere bosques primarios y secundarios.

Mielero Turquesa

L
as horas más calurosas del día son aprovechadas para descan-
sos y siestas de pequeñas aves, las garzas sin embargo no ce- Chocolatero
san su actividad, los árboles de Pumarrosa se ven invadidos por “...especie que se alimenta de los frutos que
encuentra a su paso.”

142 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 143
bandadas de hasta 80 Pericos Pechiescamados y algunos Thráu-
pidos, llama la atención un avecilla de color verde brillante con
cabeza gris, la hembra del Mielero Turquesa aprovecha la dulzura
y suavidad del tierno y rojo fruto.

Bengalí

U
n semillero del que se nota claramente su presencia en al-
gunos meses del invierno austral, es el Bengalí, su canto en
los pastizales, bordes de bosque y orillas de quebradas es
escuchado desde el mes de mayo hasta septiembre, al aparecer
expone sus colores blanco y negro este viajero austral.

Espiguero Canelillo

E
ntre el mastranto, el corocillo y el cariaquito mi caminar se de-
leita de aromas que dejan en combinación con el rocío en el
herbazal, el Zamuro extiende sus alas en un árbol seco, algu-
nas semillas se pegan a mi pantalón y me convierto en el canal que
utilizan sus plantas para esparcirlas, las palomitas se atraviesan en
el camino y vuelan al momento en que me ven, grillos saltan sin ce-
sar al momento de mi paso, entre el canto del sabanerito aparece
entre pequeños arbustos una pequeña avecilla que hace resaltar
con los rayos del sol mañanero su plumaje canela en su pecho,
emite algunos llamados antes de volar con su compañera hacia el
horizonte.

Espiguero Pico de Plata

L
os meses de sequía se ven marcados fuertemente en la dismi-
nución del volumen del agua de la quebrada Estación, el suelo
del bosque se inunda de hojas caducas de algunos árboles; las Espiguero Vientriamarillo
primeras lluvias dan un suspiro a la vida del lugar, los árboles que “...a media altura entre matorrales se puede apreciar a un
espiguero entonar su canto crepuscular con el
sol de los venados...”

144 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 145
con su esfuerzo habían dejado caer sus frutos ahora tienen espe- de árbol en árbol silenciosa y sigilosamente pueden ser aprecia-
ranza de dejar nuevas generaciones, con la llegada de la época dos por los prismáticos en la mitad de la mañana donde los rayos
lluviosa también se genera el energético repertorio del Espiguero solares han invadido al oscuro y denso bosque.
Pico de Plata quien anuncia firmemente la llegada de las lluvias y
con esa misma intensidad deleitará el sonido del lugar hasta que
nuevamente cesen las precipitaciones.
Lechosero Ajicero

S
entir la picadura del zancudo me hace recordar que estoy
Espiguero Vientriamarillo dentro de un bosque húmedo, el tic tac de las gotas cayen-
do entre las hojas de los árboles es combinado con el canto

C
ae la tarde, el Güirirí, el Maracaná, la Garza Silbadora y el de la Ponchita y los tilingos, numerosos caños intermitentes llevan
Guiriguare Sabanero surcan el cielo que presenta un color agua, es otro amanecer en un mismo día a pesar que ya es medio-
azul único en la hora de oro, en el suelo se ven los charcos día después de la lluvia torrencial. Los rayos del sol hacen que las
que reflejan la actividad reproductiva de los anfibios en conjunto hojas transpiren y se evapora el agua del dosel del bosque forman-
con la nueva generación del Jabillo y los rastros de lagartos en la do una nube que acaricia las copas de los árboles; en un claro del
arena, se siente la brisa que junto al sudor refresca la piel, se ven bosque se puede apreciar la vegetación herbácea acompañada
perchados los barranqueros, atrapamoscas y se escuchan cantar a de algunos pequeños árboles que apenas surgen del suelo, en el
los cucaracheros, de pronto un canto melódico detiene mi caminar, momento en que se nota un ave alimentándose de hojas tiernas
a media altura entre matorrales se puede apreciar a un espiguero de una lechosa, a pesar de los frutos ya maduros esta prefiere las
entonar su canto crepuscular con el sol de los venados que le da un suculentas hojas, se aleja y se percha en un árbol al borde del bos-
contraste rojizo a su plumaje, es apreciado por un buen momento que desde donde emite una serie variada de notas agradables, su
sin que este se viera intimidado por la mirada, hasta el momento melodía es escuchada en combinación con una multitud de cantos,
que toca seguir mi camino. llamadas y sonidos naturales que al compás ofrecen un concierto
único dentro del bosque.
Picurero
Lechosero Pechirrayado

L
a Ardilla trepa y salta de árbol en árbol buscando frutos secos

L
que comer caminando sobre el musgo de la corteza de los árbo- os charcos que dejan las lluvias de agosto reflejan un azul celes-
les que forman el bosque nublado, al mismo tiempo se escucha te surcado por algodonosas nubes, un verde de gran intensidad
un alboroto, son las Guacharacas que rompen cualquier sonido, se irradia gracias a la energía que le brinda el sol a las hojas
los conotos pasan en un grupo muy numeroso, arrasando con las chispeadas del rocío de la madrugada, las flores en los claros del
frutas que encuentran a su paso, en conjunto con los cardenales, bosque son visitadas por diversos colibríes y mariposas, y las pal-
los Picureros también se aprovechan de los frutos carnosos que les mas fructificadas son visitadas por diferentes aves coloridas, desde
brinda el bosque frío y oscuro, comiendo, se encuentra una pareja un Bucare joven se nota una silueta de un ave que vocaliza, la luz
que comparte su alimento, van acompañados de rama en rama, apenas llega a su estriado pecho con poca ayuda por el contraluz,

146 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 147
Reinita
“... rompe los pistilos de las flores para
alimentarse de su dulce néctar ...”

148 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 149
es el Lechosero Pechirrayado que ha elegido la Hacienda Guáqui-
ra como hábitat para llevar a cabo sus actividades.
Tángara Cabeza de Lacre

L
as ranitas de collar continúan su canto intensamente, comienzan
Reinita a aparecer cada vez más individuos de Candelo, cada vez
con mayor diámetro, Selaginellas y helechos arborescentes, ya

S
e escucha cantar con intensidad en los meses de febrero y mi sudadera se impregna totalmente de sudor, alzo mi vista al es-
marzo a la Reinita, una serie de silbidos bastante notable, su cuchar una algarabía de vocalizaciones familiares, una pareja de
pequeño tamaño en ocasiones hace confundir al observador, avecillas de color verde con cabeza de plumas rojas saltan entre
además de su coloración de Tyránnido; rompe los pistilos de las flo- ramas de un gran árbol, reconocidas fácilmente aún sin ayuda de
res para alimentarse de su néctar. En una ocasión, con la visita de binoculares.
Carolina Tosta, una de estas confusiones se hizo presente, encima
de ella en el follaje de un ratón se escondía entre hojas, sin vocali-
zar, de manera interrogante, Carolina con empeño busca de quién
Azulejo de Jardín

L
se trata, con los binoculares se ayuda, todos en silencio, hasta que
os canarios buscan semillas entre la grama, en un siemprever-
expresa de manera graciosa: “una Reinita que la malparieron”.
de revolotean atrapamoscas y paraulatas, de pronto baja la
presión atmosférica repentinamente, la brisa fría refresca un día
Tángara Copino caluroso; se hacen las dos de la tarde y al fondo el cerro Zapatero
se nubla, la brisa agita grandes ramas de árboles cercanos hasta

A
l comenzar la caminata, entre los árboles salta sin cesar un tumbar algunas, los relámpagos empiezan a rayar el bajo cielo, la
ave a primera impresión extraña, juega con mi vista y la de brisa sopla cada vez más fuerte y las centellas caen cada vez más
Scarlet Cordero, su coloración contrastante nos pone a la cerca retumbando mis oídos, erizando mis nervios en instantes,
expectativa, a través de los cristales de los binoculares parece ser comienza a caer por fin la lluvia y con ella un anhelado aroma a
peor su búsqueda, hasta que finalmente se queda al descubierto en tierra húmeda, los Azulejos de Jardín vuelan rápidamente a refu-
una rama saliente la Tángara Copino. giarse del agua que cae sin cesar.

Tángara Rey Azulejo Verdeviche

D U
esde los matorrales y parches boscosos, en compañía del n ave de una ocasión, en el Global Big Day del año 2016,
canto de la Paloma Colorada, aparece la silueta de un pe- Rusmeri Quintero registró un lifer para la hacienda, primera
queño Thráupido, con vocalizaciones no familiares, se escon- y única vez que pudo ser avistada esta especie, ocurrió en
de en la vegetación, pero con la constante búsqueda con binocula- la vaquera, cual expresión fue: “ese azulejo sí que es raro”, se
res, mucha paciencia, por fin sale a la luz del sol, con su brillante trataba del Azulejo Verdeviche.
cabeza azul contrastante, la Tángara Rey.

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Tángara Rey
“...tras la búsqueda con binoculares y mucha paciencia, por fin
sale a la luz del sol, con su brillante cabeza azul contrastante...”

152 Aves de la Reserva Ecológica Guáquira Un día con las aves de Guáquira 153
Azulejo de Jardín
“...relámpagos empiezan a rayar el bajo cielo, la brisa
sopla cada vez más fuerte...los Azulejos de Jardín vuelan
rápidamente a refugiarse...”

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“Es una lectura agradable con ilustraciones que nos muestran lo
fascinante de la avifauna de la Reserva Ecológica Guáquira, la
imaginación se nutre con cada palabra, cada descripción, en
perfecto complemento con las maravillosas ilustraciones”.

Juan A. Escudero G. - Observador de aves y


“Una propuesta innovadora y muy original, que nos permite conocer Coordinador de Investigación INPARQUES Yaracuy
de una manera amena, las aves que hacen vida en La Reserva Eco-
lógica Guáquira. Un libro de lectura fácil que deleitará desde prin- “Hermosa labor, me encantó la forma didáctica y sencilla para
cipiantes hasta expertos. Su lectura nos traslada a una experiencia trasladarse por la extensa avifauna de ese maravilloso lugar al que
multisensorial, en ese santuario natural del estado Yaracuy”. he tenido el gusto de conocer y visitar en varias ocasiones. Maravi-
llosa semántica divulgativa, las ilustraciones, los datos de investiga-
Tania Aguirre - Observadora de aves. SCAV ción inmersos en el texto. Bella forma de fomentar la conservación
de las aves y sus hábitats, y mejor aún, especialmente dedicado a
“Las ilustraciones son bastante atractivas con sus colores vistosos que de- la Guáquira. ¡Felicitaciones!”.
leitan la imaginación, la narrativa tipo cuentos es muy peculiar y sencilla,
lo que permite despertar interés en un lector que no necesariamente tiene Pedro Arturo Amaro - Guía de observadores de aves
que ser adulto y letrado, hasta los niños lo disfrutarían por su lenguaje
moderado y discreto lo que es sin duda un valiosa herramienta de edu- “Un excelente recurso de aprendizaje, muy didáctico y crea-
cación ambiental para incentivar la conservación de nuestra avifauna”. tivo, lleno de envolventes narraciones dónde con precisión se
describen las especies de aves más frecuentes de la zona, las
Andrés Pacheco - Prof. en Ciencias Naturales y observador de aves ilustraciones con su sencillez nos muestras la hermosura de ése
patrimonio natural llamado Guáquira”.
“Felicito a los autores e involucrados en tan magnífica iniciativa so-
bre las aves de nuestro estado, en especial las que hacen vida en la Juan Pablo del Castillo - Observador de aves
Reserva Ecológica Guáquira; las ilustraciones y el contenido reflejan
la pasión de estos colegas, jóvenes naturalistas preocupados por en- “Una guía sencilla y amigable para los que disfrutamos la naturale-
señar valores ambientales a las generaciones de hoy y del mañana”. za. Las ilustraciones están muy bien elaboradas y destacan detalles
de cada especie que facilitan el reconocimiento de las aves. Exce-
TSU Recursos Naturales Renovables Jesús Escudero Medina lente herramienta para incentivar la observación de aves especial-
mente en un hermoso lugar como la Reserva Ecológica Guáquira”.
“Este libro es una excelente referencia para la observación, descripción y
aprendizaje didáctico en cuanto a la observación de aves se refiere, sus Carmen Caballero - Observadora de aves
relatos son apasionantes y llegan directamente a quienes se dediquen
a su lectura; sus ilustraciones también facilitan el conocer y además, en “...esta forma de capturar los momentos conviviendo con las
conjunto, fomentan el continuar conociendo a la aves de Guáquira, su aves, al describirlos detalladamente, nos invita a todos a vivir
entorno y todo el país. Como investigador opino que es una publicación plenamente los encuentros con la naturaleza cada día, pues son
de mucha utilidad por su fácil comprensión que se puede utilizar para fugaces y ninguno se va a repetir”.
sensibilizar a jóvenes y adultos”.
Izabela Stachowicz
Luis Mieres Bastidas - Prof. UNELLEZ Guanare Universidad de Lodz e IVIC
e Investigador de Akehe Nodo Centro-Occidente
Para los amantes de las aves, Venezuela es un país excepcional. Con
más de 1.400 especies, es el séptimo país del mundo con más biodiver-
sidad. Desde mi infancia en Inglaterra, siempre me gustaba la observa-
ción de aves, pero no fue hasta que llegué a estas tierras hace un par de
décadas, que me metí de lleno en el mundo de los “pajareros”. Descubrí,
entre otras cosas, que hay 47 especies que sólo se pueden ver en Ve-
nezuela. Una de ellas, una pequeña y escurridiza Cotarita de Costados
Castaños, esta ave acuática vive a escasos metros de las habitaciones
de huéspedes, y es una de las muchas razones por las que la hacienda
se ha convertido en un imán para los aficionados de la naturaleza. Con
mucha paciencia, un poco de suerte y la ayuda de los expertos de la Es-
tación Ecológica Guáquira, puedes observarla de cerca y escuchar su ex-
traño canto. Además de la cotarita hay más de 300 especies registradas
en la Reserva Ecológica Guáquira, que cuenta con 2.000 hectáreas de
selva humeda tropical y nubosa bien conservadas. Hay búhos y lechu-
zas, incluyendo la espectacular Lechuza Blanquinegra, que al atardecer
suele llegar a cazar alrededor de las habitaciones. Hay loros y periquitos,
colibríes y gavilanes. Esta pequeña guía te ayudará a identificar a algu-
nos de los pájaros que habitan aquí, conocerlos de cerca es quererlos, y
si los queremos, es más probable que los conservemos, haciendo así un
valioso aporte a la tarea más apremiante de nuestros tiempos, la restau-
ración del ambiente y con ello el combate al cambio climático.

Phil Gunson
Observador de aves - SCAV

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