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La Justicia de Dios

La justicia de Dios se revela a través de la Biblia para beneficiar a los pecadores. Aunque la justicia de Dios es inmutable e imparcial, se revela en el Evangelio que perdona los pecados a través de la fe en Cristo. Mientras la justicia de Dios causa temor debido al juicio merecido por el pecado, el Evangelio trae la buena noticia de que por la fe en Cristo los pecadores pueden ser justificados y recibir la paz y el perdón de Dios.
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La Justicia de Dios

La justicia de Dios se revela a través de la Biblia para beneficiar a los pecadores. Aunque la justicia de Dios es inmutable e imparcial, se revela en el Evangelio que perdona los pecados a través de la fe en Cristo. Mientras la justicia de Dios causa temor debido al juicio merecido por el pecado, el Evangelio trae la buena noticia de que por la fe en Cristo los pecadores pueden ser justificados y recibir la paz y el perdón de Dios.
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La Justicia de Dios

“Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que
eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto
derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les
has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí a otro, que
desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus
juicios son verdaderos y justos” (Apocalipsis 16:5-7).
“¿Acaso el Juez de toda la tierra no haría lo que es correcto?” NTV…
Abraham le dice esto a Dios en el momento en que Dios le ha
anunciado la destrucción de Sodoma.

Justicia = Significa integridad u honradez.

El Salmo 89:14 dice: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono”.


Usando la figura de un juez terrenal, veremos que el cómo juez ha
tenido que adquirir conocimiento acerca de la ley con la debe aplicar
justicia, pero el, como persona, no se convierte en alguien justo por
conocer la ley ni por administrarla, sino que sigue siendo vulnerable
a la injusticia en su día a día y aún más, vulnerable a aplicar de forma
errónea o tendenciosa la ley.
Dios actúa con justicia no por que el tiene justicia o administra la
justicia, sino porque “él es justicia” o “él es justo”.
“Nada jamás le exige a Dios hacer nada. Si usted tiene un dios al
que se le exige hacer algo, entonces tiene un dios débil que debe
uncir su cuello a un yugo y allanarse ante la presión externa.
Entonces la justicia es mayor que Dios. Pero eso es pensar
erróneamente.” A. W. Tozer
La justicia nunca será mayor a Dios, no así con los jueces humanos,
quienes tienen que conformarse a la justicia. El no ha hecho una
justicia para él amoldarse a ella. ¡No! Dios es justo, Dios es justicia.
Dios nunca cometerá injusticia – y esto va mas allá de su pleno
conocimiento – como un juez terrenal que necesita tener todos los
antecedentes de una causa para declarar culpable o no culpable.
La justicia de Dios está ligada a su rectitud, por lo tanto, el cuando
hace justicia está haciendo lo verdaderamente justo. La balanza de
la justicia de Dios, por decirlo de alguna forma, esta siempre
balanceada. Ningún acto, ninguna palabra de mas o de menos,
ninguna fuerza o persona pueden influir en cuanto a la justicia de
Dios.
Cuando la Biblia dice que Dios no tendrá por inocente al culpable
(Nah_1:3), ese que es culpable no podrá presentarse delante de Dios
con regalos o actos buscando que Él cambie de parecer, como se ve
muchas veces en uno que ha cometido alguna mala acción y que
busca el perdón de una persona, ya sea la esposa, un padre o madre.
¿Estas personas que hacen? cambian su comportamiento para que
pueda ser perdonado e inclusive ocupan un lenguaje y un tono de
voz que represente su “arrepentimiento”. De la misma manera hay
quienes tratan de impresionar a Dios mostrándole actos o diciendo
palabras que impresionen a Dios y así obtener el beneficio del
perdón. Bueno, Jesucristo mismo dijo que “un árbol malo no puede
producir frutos buenos; el fruto malo viene de un árbol malo y el
fruto bueno viene de un árbol bueno (Mateo 7:17 y 18).
Adán y Eva cosieron hojas para taparse y eso lo podemos comprar
con la justicia del hombre. “Pues habiendo conocido a Dios, no le
glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se
envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue
entenebrecido. (Rom_1:21).
Nuestro Dios es aquel que se ha seguido manifestando con su justicia
inmutable, desde el principio, cuando Adán y Eva pecaron contra Él.
Podríamos pensar que, luego de dar su castigo al hombre y la mujer,
y de echarlos del huerto, que Dios “tendría compasión de ellos” y
actuaría con cierto remordimiento por aplicar tan grande castigo
sobre ellos, porque aún está presente en las vidas de los que han sido
sometido a su justicia, no como un juez terrenal, que luego de aplicar
justicia se tiende a olvidar de la persona a la que le aplicado una pena
o a la que ha dejado en libertad. Pero Él no puede actuar así, no actúa
con remordimientos, porque nada puede ejercer ningún tipo de
cambio en su persona. ¡Él es Inmutable!
“Yo soy Jehová y no cambio. Y ustedes son hijos de Jacob y todavía
no han llegado a su fin.” (Malaquías 3:6)
Él dice, además, que no tendrá por inocente al culpable (Números
14:8; Nahum 1:3). Por lo tanto, su justicia debe aplicarse a aquellos
que somos pecadores y que hemos transgredido sus leyes.
Ahora, tal como preguntó en la antigüedad un teólogo a Dios
“¿Cómo perdonas al malvado si tú eres justo, supremamente
justo?”
“¿Cómo puedes tú justificar a un hombre malvado y seguir siendo
justo?”
Estamos expuestos al juicio de Dios porque hemos transgredido sus
normas y estatutos.
Sal 130:3 JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá
mantenerse?
Podemos decir, al tener evidencias sobre la mesa, acerca de la
Justicia de Dios que el cambiar nuestra actitud frente a Dios para
conseguir su favor no servirá de nada, sino que además nos
acarreará mas juicio. El llevarle regalos u ofrendas tampoco servirá.
Dios dijo que estaba hastiado de ofrendas, por lo tanto, bien
podríamos estar atemorizados por causa de nuestras injusticias, de
nuestro pecado, el cual sería juzgado por Dios. Esto, nos hace dignos
de un juicio en donde no podríamos ser declarados inocentes y
nuestro historial de transgresiones son la prueba fehaciente de que
no podemos cambiar nuestra condición por mas que transformemos
nuestra conducta. El problema se produce en el interior, en el
corazón.
En Heb 10:26, el escritor de la epístola, hablando acerca de los que
han conocido la verdad, pero siguen pecando a propósito,
voluntariamente, les dice que solo les espera “…una horrenda
expectación de juicio, y de hervor de fuego…”

Entonces, teniendo en cuenta la Justicia de Dios y teniendo en


cuenta la depravación del ser humano podríamos repetir las palabras
de Hebreos que solo se espera una “…horrenda expectación de
juicio, de hervor de fuego.” Sin embrago, las palabras del ángel de
Dios dichas a los pastores de Belén son reconfortantes “Les traigo
buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente” NTV.
Podremos apropiarnos de las palabras que Jeremías les dice a los
israelitas que experimentaron el juicio de Dios siendo llevados
cautivos a Babilonia “Y los limpiaré de toda su maldad con que
pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra
mí pecaron, y con qué contra mí se rebelaron. Y me será a mí por
nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones
de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y
temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les
haré.” (Jeremías 33:38 y 39)
Las buenas noticias son “…que Cristo Jesús vino al mundo para
salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. (1Ti 1:15)

La justicia de Dios se revela a través de la Biblia para el beneficio de


los pecadores. Esta justicia no debería causarnos temor, como la
tuvo Lutero en gran parte de su vida después de que le cayera un
rayo y le prometiera a Santa Ana convertirse en monje. Durante este
tiempo, Lutero intentó, buscó aplacar la justicia de Dios con
penitencias autoimpuestas y con obras que nunca le dieron
tranquilidad. Hasta que leyendo 2 “En ti, oh Jehová, me he
refugiado; No sea yo avergonzado jamás. Socórreme y líbrame en
tu justicia; Inclina tu oído y sálvame. (Salmo 71:1 y 2).
Además, del versículo de Romanos 1: 17 “El justo por la fe vivirá”.

Allí, en ese último versículo se habla de que la justicia de Dios


proviene de Dios y es revelada en el evangelio. Por lo tanto, al
pensar en la palabra Evangelio, la cual significa “buenas noticias”,
podemos concluir que gracias al evangelio podemos conocer que la
justicia de Dios trae un tremendo beneficio al pecador, tal como lo
expresa en 2 Corintios 5:21 “Al que no conoció (experimentó)
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él”.

“En el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como


está escrito: Mas el justo por la fe vivira”
Y que es el evangelio= 1 Co. 15:14

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