Pedro CASALDÁLIGA
Breve reseña biográfica
El 16 de febrero de 1928, «jueves lardero» en Cataluña, nació Pere Casaldàliga i
Pla, a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsareny, provincia de Barcelona,
Cataluña, España.
Con la raigambre «pairal» de la tierra, en la solariega masía de Candàliga por
parte de su padre, y el dinamismo y el don de palabra de una larga dinastía de
«tratantes» por parte de su madre. Eran tiempos de dictadura. El orden y las derechas
eran por principio el bien.
A los dos años fue al colegio de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, que
estaba enfrente de casa. Y en casa y en el colegio le enseñaron a rezar las oraciones de
la mañana y de la noche.
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Quería ser panadero desde muy chico: el olor del maíz dorado, el proceso de la
siembra, la masía...
La primera sensación que tuvo de Dios fue la de un Ser realmente único, y central.
Contaba en la vida de sus padres, en la vida de su familia.
Aquellos que contaban con Dios eran los buenos. Los que no contaban con Dios
eran los malos. Más tarde percibió que muchos no creyentes eran personas buenas y
hasta amigos de casa.
La Revolución de 1936 le sorprendió en zona roja y le deparó también la vertiente
heroica de la religión, por la cual morían tantos sacerdotes y religiosos y «buenos
católicos»; por la cual fue muerto su tío Luis; por la cual vivían escondidos y
arriesgándose muchos sacerdotes anónimos, por aquellas masías, en aquellas misas
sobre la cómoda como altar, y sin ornamentos litúrgicos.
Las observaciones de los mayores y su propio relacionamiento, le hicieron
distinguir temprano entre las derechas y la religión, entre ser católico y vivir la fe.
A sus ocho años avizores, como escribió en Memoria autobiográfica de un
aspirante a periodista, «la guerra me convocó a su inexorable escuela de periodismo
superior. Con la guerra aprendí a oír a los mayores que comentaban cosas muy graves
y hasta aprendí a callar como ellos, aprendí a preguntar también: ¿por qué había de
salir yo a pasar la leche, de noche y con frío, y no podía salir una persona mayor?»
Sin escuela entre semana –su familia era católica y la escuela era mixta y atea–,
primos y hermanos crearon una peña prematura. Recorrieron todos los montes y
arroyos de la comarca y los dos castillos «moros» que atenazaban el pueblo. En estas
excursiones y en las prolongadas estancias en las masías familiares, se apasionó por la
naturaleza libre.
En 1939 acabó la guerra.
Pedro fue monaguillo –desde el fin de la contienda públicamente– como su
hermano, como sus primos, por una especie de continuidad levítica. Así empezó a
familiarizarse con las cosas de Dios, con los curas, con los sacramentos, con la muerte y
la otra vida. Esta familiaridad, por un lado, le desmitificó un poco la Religión y, por otro
lado, le puso por dentro de la Religión y la hizo algo suyo, inapelable como una Causa.
Era una tarde de otoño, y lloviznaba, sin retóricas. Detrás de los cristales, en la
galería, había unos geranios, de testigos, y en el horizonte, sobre el Llobregat, la ermita
de la Mare de Déu del Castell. Su madre limpiaba su habitación y Pedro ordenaba en la
cocina una cómoda. Pedro presumía de requeté, porque esto en los comentarios adultos
sonaba a oposición, estaba cantando nostálgicamente la canción de los Flechas:
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«Lánzate al cielo, flecha de España, que un blanco has de encontrar. Busca el Imperio
que ha de llevarte por cielo, tierra y mar…».
Entró en el «cuarto» de sus padres, tantas veces entrevelado de pequeños altos
misterios, y se echó al cuello de su madre, sorprendida, y rompió a llorar:
– ¡Quiero ser cura, madre…! –tenía 11 años.
Estudió el primer año de latín en su casa, con el vicario del pueblo. En el verano
siguiente ingresó en el seminario de Vic, la Gleva, a orillas del río Ter. Allí lanzó sus
primeros versos, en defensa de Manresa y contra unos arrogantes igualadinos. «Yo seré
poeta», dijo en su casa, aquellas vacaciones. Su padre se emocionó, veladamente,
porque llevaba dentro muchas vocaciones tronchadas, desde que fue seminarista
también en Vic. Los silencios de su padre, sus quince años de mal de Parkinson que le
llevaron a la muerte –en la que Pedro le asistió como hijo sacerdote– le marcaron
profundamente.
En el seminario, un grupo reducido jugaba a Misioneros, de los perseguidos y
martirizados, de los de veras. Era la versión seminarista de los Lladres i civils de su
pueblo. Estos juegos y muchas conversaciones le despertaron a la vertiente última de
su vocación sacerdotal: sería misionero.
Su madre le despidió en la carretera. Su padre le acompañó hasta Cervera de la
Segarra, a la universidad Claretiana. Al mes escaso pasó a Alagón, y luego a Barbastro,
y el noviciado de nuevo a Vic, Solsona y Valls.
«Historia de un alma», se tornó el libro de su noviciado. En él hizo descubrimientos
maravillosos para su Fe: Dios era Padre. Dios era más que una madre que no puede
olvidarse del hijo de sus entrañas. Él nos llevaba «tatuados» en sus brazos. Dios era
Amor. La oración de los cristianos era el Padrenuestro. Cristo nos dejó, como
testamento, el Mandamiento nuevo. El prójimo era algo imprescindible, central, en la fe
cristiana. Un discípulo de Jesús se debía a sus hermanos. Era preciso ofrendar, consumir
la propia vida por ellos. La más escondida contemplativa, podía y debía ser misionera y
universal…
Tratándose de iniciativas culturales, artístico-recreativas, o de movimientos de
espiritualidad «comprometida», o de alardes apostólicos, Casaldáliga estaba en todas.
Fundó y dirigió varias revistas colegiales, escribió guiones de prensa, radio y cine.
En el año 1952, en el Congreso Eucarístico de Barcelona, sobre el césped olímpico
del Estadio de Montjuic, fue ordenado sacerdote por mons. Abel Antezana y Rojas,
claretiano, arzobispo de La Paz, Bolivia.
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El sacerdocio de la renovación
A los 24 años, bajo las llamas de Pentecostés y del verano, celebró su primera
misa en el camarín del Santuario del Corazón de María de Barcelona. Y después de 12
años de ausencia, volvía a su casa y a su pueblo natal de Balsareny.
Su primer destino pastoral como claretiano, durante seis años, fue Sabadell,
destinado al Colegio Corazón de María. Sabadell fue su primer amor, en el ministerio, su
primera forja en muchos aspectos de la vida. El Sabadell de las fábricas de tejidos y las
calles interminables; de las barracas y de las torres, de los muchachos aprendices, y del
mundo obrero y de la migración. Las clases, el confesionario, la dirección espiritual
prematura, los cursillistas del Movimiento de Cursillos, los programas de radio. También
dirigió la revista Euforia con un grupo de amigos y que murió a los ocho números, sin
mancha y sin dinero.
De Sabadell, pasó destinado a Barcelona. A una comunidad todavía más
heterogénea: colegio, iglesia, Casa Provincial, juventudes… En Barcelona descubrió el
ser humano, la masa, en la muchedumbre del metro, de la calle, de las fábricas. Por el
local de la Juventud Claretiana, que dirigía, empezaron a desfilar por las noches gentes
de todos los ambientes, enfermos, niños, delincuentes a los que ayudaba y consolaba.
En Barcelona continuó con los Cursillos de Cristiandad, ya por entonces en la
tensión de dos líneas: la libre, y la más clerical o jerárquica. Escribió un programa de
radio semanal que transmitían 11 emisoras de “segunda división”. Colaboró en
"Universidad 61" y en "Otro Cine", en revistas, y escribió una novela vocacional, una
biografía colectiva de la carrera que él había vivido.
Estando en Barcelona, Casaldáliga fue llamado a implantar en África, en Guinea
Ecuatorial concretamente, los Cursillos de Cristiandad. Le acompañaron cursillistas de
Sabadell y de Terrassa. Dieron cursillos «mixtos», a blancos y negros juntos. Cuando
regresó en enero, llevaba para siempre en el corazón, como un feto, África, el Tercer
Mundo, los Pobres de la Tierra y esa nueva Iglesia –la Iglesia de los Pobres, que
llamaríamos más tarde, a partir del Concilio–.
Pasado medio año, en 1961, después de tres años de ministerio en Barcelona, con
el billete ya sacado para regresar a la Guinea, le llega el destino de Barbastro, como
Prefecto del Seminario Claretiano de Barbastro, en Huesca, en la falda del Pirineo
Aragonés. La sujeción y la responsabilidad del cargo de formador fueron para
Casaldáliga un segundo noviciado, bastante más consciente y no menos austero y
apasionante. Eran llegados los buenos días del Vaticano
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Las crónicas y las noticias del Concilio, las intervenciones renovadoras en el aula
de sesiones, las opiniones libres de los expertos, lo que el Concilio de hecho era y lo que
Pedro deseaba que fuese para el futuro de la Iglesia, le enloquecían de entusiasmo y de
generosidad.
Estando acampado con sus seminaristas en el Pirineo, le llegó el nuevo destino,
era agosto del 1963, contaba con 35 años de edad cuando fue nombrado por sus
superiores de Roma, director de Iris de Paz, una veterana revista de actualidad religiosa
y mariana, de la Congregación, con sede en Madrid.
En Madrid comenzó residiendo en la comunidad claretiana de escritores de la calle
Buen Suceso, 22. Eran los últimos años del Concilio Vaticano II, que atraían la atención
y el interés de toda la Iglesia Católica. Como nuevo director de la revista Iris de Paz,
Pedro Casaldáliga le añadió el subtítulo de «Revista de Testimonio y Esperanza», y la
puso al servicio de la renovación conciliar de la Iglesia en España, durante la última
década de la dictadura franquista. Casaldáliga definió los contenidos de la revista en
tres dimensiones: «la actualidad de la Iglesia, la presencia de la Virgen, la vida de los
hombres».
Con el pintor claretiano Cerezo Barredo como diagramador y dibujante, y el
escritor claretiano Teófilo Cabestrero como redactor-jefe, Pedro Casaldáliga abrió las
páginas mensuales de la revista a la colaboración ecuménica de filósofos y pensadores,
teólogos y hombres y mujeres de la cultura, la poesía y el arte, e hizo una revista de
actualidad viva y de pensamiento renovador en la frontera entre la fe y la cultura, según
las inquietudes de aquella fecunda década de los años 60.
Además de asumir la dirección y de escribir los editoriales y alguna sección, Pedro
Casaldáliga escribía siempre en la revista algunos poemas sobre la paz, la justicia, la
fraternidad y la esperanza, bajo el título de «Letra para una canción», y los firmaba con
el seudónimo de «P. Santamaría».
La vida cotidiana de Pedro en aquellos años estaba dedicada todas las mañanas a
la revista y a otros escritos (además de servir como capellán en el colegio de religiosas
del Santo Ángel en el barrio madrileño de Argüelles, donde está ubicada la Comunidad
Claretiana del Buen Suceso). Y en las tardes y en horas nocturnas, Casaldáliga se
entregaba a un intenso trabajo apostólico de predicación y dirección espiritual en el
marco del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Destacó mucho por la fuerza de su
palabra en la predicación de los Cursillos; era muy apreciado por los jóvenes, hombres y
mujeres, por su tacto y su trato personal en la dirección espiritual. Impactó y dejó
hondas huellas en miles de personas. Sus amigos de entonces le apoyarían después en
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su trabajo por la paz y la vida de las mayorías pobres en América Latina, recibiendo y
difundiendo también sus cartas colectivas.
Durante estos años de Madrid, también mantuvo relación personal con los
universitarios negros de Guinea Ecuatorial que estudiaban en Madrid. En estos mismos
años, escribió su libro de poemas marianos «Llena de Dios y de los hombres».
En 1966, junto a otros cinco compañeros claretianos, Pedro Casaldáliga se
entrevistó en Madrid con el Superior General de la Congregación de los Misioneros
Claretianos, el P. Pedro Schweiger. Le entregaron una carta urgiendo la renovación de la
Congregación en el espíritu y los documentos del Vaticano II, planteándole con todo
respeto y aprecio que, si la Congregación no asumía decididamente el Vaticano II, ellos
tendrían que discernir en conciencia su permanencia en la Congregación Claretiana.
Ese talante de apertura y renovación al servicio de una sociedad más justa y
humana, llevó a Pedro Casaldáliga, con el equipo de redacción de la revista Iris de Paz,
a calificar de «decepcionante declaración» un esperado pronunciamiento del Episcopado
español que había defraudado las expectativas. Y por esa claridad crítica en la opinión
pública, hubo de dimitir como director de la revista. Se le unieron, solidarios, los
miembros del equipo de redacción.
En septiembre de 1966, los padres Casaldáliga y Cabestrero, con la autorización
de los superiores de su Provincia de Aragón, fundaron en Madrid una comunidad
Claretiana de nuevo estilo, adaptando la vida religiosa a las orientaciones del Vaticano
II, antes de que toda la Congregación celebrase el Capítulo General de renovación
conciliar.
El 14 de julio de 1967, Pedro Casaldáliga fue elegido por sus compañeros
claretianos de Aragón, delegado de todos ellos para el Capítulo General Extraordinario
convocado en Roma para renovar la Congregación, como pedía el Vaticano II. El
Capítulo General se celebró en Roma del 1 de septiembre al 14 de noviembre de 1967.
La llegada a un mundo sin retorno
Fue durante el Capítulo General de 1967 cuando Casaldáliga se decidió por Brasil.
Después de dudar entre Bolivia y Brasil, fue destinado a la Misión de São Félix do
Araguaia en el Mato Grosso, en la Amazonía brasileña. Pedro regresó a finales de
noviembre a Madrid. Y el 26 de enero de 1968 voló hacia Rio de Janeiro con el Hermano
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Manuel Luzón. Había conseguido, por fin, lo que había soñado, pedido y buscado
durante todos los días de su vida de vocación: «las Misiones».
A su llegada a Brasil, Pedro Casaldáliga y Manuel Luzón siguieron un curso de 4
meses de aculturación y realidad brasileña en el CENFI (Centro de Formación
Intercultural) en compañía de 60 misioneros más, todos ellos y ellas extranjeros. Este
curso les permitió tener una visión, con perspectiva del Brasil y de la Iglesia brasileña.
Terminado el curso, y después de una breve formación sobre enfermedades
tropicales en hospitales de São Paulo, emprendieron viaje hacia el interior. Fueron
3.500 km de aventura y novedad. Después de 8 días de viaje en camión, llegaron a São
Félix, pueblecito de unos 500 habitantes, donde les ofrecieron una pequeña casita de
6x4 m, a la orilla misma del río Araguaia.
La misión tenía 150.000 Km2 de ríos, sertões y floresta. Al noroeste del Mato
Grosso, dentro de la llamada «Amazonía legal», entre los ríos Araguaia y Xingú, incluida
la Isla do Bananal, que es la mayor isla fluvial del mundo.
No tenía un palmo de carretera asfaltada, y frecuentemente quedaba
incomunicada por causa de las lluvias e inundaciones. Era área de latifundios,
nacionales y multinacionales, con haciendas agropecuarias de centenares de miles de
hectáreas, con empleados que frecuentemente vivían en régimen de violencia o de
semi-esclavitud. Lugar de extrema pobreza por entonces, sin médico, ni correo, ni luz ni
teléfono ni telégrafo, con analfabetismo y opresión por parte de los latifundios y las
grandes instituciones latifundistas.
Las gentes del pueblo les recibieron con alegría y bondad («sonrientes a veces,
callados casi siempre»). Gente sencilla, gente que lleva su cruz. Cada familia cuenta con
tres o cuatro hijos difuntos.
Se imponía una revisión total de criterios y de programas. Ningún esquema,
ningún programa pastoral traído de fuera podía encajar aquí.
Los Documentos del Concilio Vaticano II y, más recientes, los Documentos de
Medellín, les marcaban claramente que su entrega y opción eran los pobres.
Había que despojarse de todo y crear algo nuevo con esos hombres y mujeres
«nuevas», posseiros, sertanejos, peones, lavanderas, indias, negras...
Mato Grosso era una tierra sin ley. No encontraron ninguna infraestructura
administrativa. El derecho era del más fuerte o del más bruto. El dinero y el [revólver]
38 se imponían. Nacer, morir, matar, eran los únicos derechos básicos.
Los indios vivían en su hábitat propio, en sus aldeas. Los más próximos eran los
Karajá, los Xavante y los Tapirapé.
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En esos primeros tiempos, asumieron sobretodo acciones de suplencia en el campo
de la educación y la sanidad.
En septiembre de 1970, Pedro Casaldáliga escribe un relatório, «Informe-denuncia
sobre Esclavitud y Feudalismo en el norte de Mato Grosso». El documento era apenas
una letanía trágica de casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola,
golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de toda
ley, sin derecho ninguno, sin humana salida.
Pocos días después, comenzó a recibir advertencias de los terratenientes y
latifundistas, e incluso de «voces amigas» de la Iglesia, rogándole que no se
entrometiera en esas cuestiones ajenas al ministerio sacerdotal. La policía federal
controlaba sus pasos.
Los conflictos con las grandes fazendas (Codeara, Bordon, Suiá-Missú…)
continuaron, al tiempo que nacían nuevos núcleos, nuevos poblados, como Serra Nova,
donde sus pobladores se iban organizando.
Un obispo descalzo, sin báculo ni mitra
El 23 de octubre de 1971, fiesta de San Antonio María Claret, fue ordenado obispo
de la recién erigida Prelatura de São Félix: su mitra, un sombrero de paja que un líder
campesino le entregó en la celebración; su báculo, un remo-borduna hecho de “pau-
brasil” por un indio tapirapé; su anillo episcopal fue enviado a su madre.
La invitación-recordatorio llevaba la reproducción de un cuerno y un lazo
pastorales, ilustración de Poty, y el texto rezaba así:
Tu mitra será un sombrero de paja sertanejo, el sol y la luna; la lluvia y el sereno;
la mirada de los pobres con quienes caminas y la mirada gloriosa de Cristo, el
Señor.
Tu báculo será la verdad del Evangelio y la confianza de tu pueblo en ti.
Tu anillo será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios Libertador y la fidelidad al
pueblo de esta tierra.
No tendrás otro escudo que la fuerza de la Esperanza y la Libertad de los hijos de
Dios, ni usarás otros guantes que el servicio del amor.
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Las líneas pastorales de la nueva prelatura fueron las siguientes:
Paso de la misión tradicional a una nueva pastoral de evangelización. Se trata de
una evangelización sin colonialismos, que parte de la encarnación en la propia realidad;
de una evangelización vinculada estrechamente a la promoción humana y a la defensa
de los derechos humanos de los pobres por exigencia de la misma evangelización.
«Evangelizar –afirma Casaldáliga– es promover al hombre concreto… y liberarlo,
siempre con aquel “plus” que la Encarnación y la Pascua traen a la persona y a la
historia humanas».
Creación de comunidades cristianas de base que integren una Iglesia nueva con
líderes propios y sean signo evangélico y fermento entre los pobres.
Encarnación en la vida de pobreza, en las luchas y esperanzas del pueblo.
Estructura participativa, corresponsable y democrática de la diócesis o prelatura:
equipo pastoral, formado por sacerdotes, religiosas, seglares y obispo; asambleas
representativas, en las que participan animadores y representantes de las
comunidades; asamblea del pueblo.
Su primera carta pastoral es ya programática: «Una Iglesia de la Amazonía en
conflicto con el latifundio y la marginación social» y supone una denuncia sin
precedentes de la situación -hasta entonces silenciada- de los pueblos de la Amazonía.
El documento, publicado y distribuido clandestinamente por todo Brasil, “es uno de los
más importantes en la historia de la lucha por la tierra en Brasil”, tal como reconoce el
sociólogo José S. Martins.
Pronto comienzan las reacciones negativas de políticos, empresarios y de la prensa
de todo Brasil.
La prelatura de São Félix comienza a ser perseguida, su obispo es acusado de
subversivo y de comunista por los terratenientes, por la prensa de todo Brasil e incluso
por el obispo brasileño Mons. Sigaud, quien pide que Casaldáliga sea expulsado del país.
Las cartas van y vienen a la nunciatura y a Roma. El peligro de expulsión cede,
pero crece el peligro de muerte. Se dan tres intentos de asesinato. La muerte acaba con
la vida de muchos peones anónimos, de indios, de los Padres Rodolfo y João Bosco
Penido Burnier, quien cae asesinado a los pies del obispo Casaldáliga, por protestar los
dos contra la tortura que en Ribeirão Bonito la policía realizaba contra una pobre mujer.
De esta época es el libro «La muerte que da sentido a mi credo», diario personal de
1975 a 1977.
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Durante ese tiempo escribe también «Yo creo en la Justicia y la Esperanza»
(1976), y las colecciones de poemas «Clamor elemental» (1971) y «Tierra nuestra
libertad» (1974).
Una comunidad construida en la Amazonía
Sigue la pasión del pueblo y de su obispo. En julio de 1973, los militares se habían
repartido por todos los poblados de la prelatura y sometido a vigilancia a Casaldáliga.
Las intervenciones militares en defensa de los terratenientes o en busca de supuestas
pruebas para inculpar a sacerdotes, monjas o seglares se hacían constantes y no
faltaban los registros, las detenciones o los interrogatorios.
Algunos de esos agentes pastorales, seglares, no tuvieron ya oportunidad de
volver a trabajar en la misión. Casaldáliga, los sacerdotes, religiosos y algunos seglares
fueron presos y torturados por la dictadura. Un ejemplo, es el del padre Francisco
Jentel, que trabajaba con el Pueblo Indígena Tapirapé y luchó contra una de las
mayores “haciendas” del Araguaia, la CODEARA. Jentel «fue apresado, maltratado,
condenado a 10 años de prisión y expulsado de Brasil», por «atentar contra la seguridad
nacional». Poco después moriría -sin mucha explicación- en su Francia natal.
Prosigue su trabajo: visitas a las comunidades, encuentros con agentes de
pastoral, reuniones, celebraciones… poco a poco se iba construyendo la Iglesia de São
Félix do Araguaia. Su característica más llamativa: optar radicalmente por los pobres
desde la pobreza.
Las “campañas misioneras” fueron el eje principal de la articulación del trabajo
pastoral de Casaldáliga: visitas periódicas a cada una de las comunidades de la
Prelatura (que tiene el tamaño de toda Grecia). Siempre a caballo bajo el sol escaldante
de la Amazonía, ese trabajo se alargaba durante meses. Formar consejos responsables
de tomar las decisiones de la comunidad; organizar la pastoral y la administración de
los sacramentos; formar a los equipos que, poco a poco, iban llegando a la región;
estructurar la economía; establecer las bases de actuación concretas de los agentes de
pastoral, sacerdotes y hermanas… e involucrarse en los problemas de la gente.
Así, la Prelatura de Casaldáliga se organizó entorno a asambleas en las que la voz
y el voto de sus miembros era completamente igualitaria. En cada pueblo o comunidad
rural, el equipo de la Prelatura -cuando lo había-, se componía por sacerdotes, monjas y
seglares, hombre y mujeres, por igual. Para escándalo de los tradicionalistas, se
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compartía casa, comida, celebración y trabajo. Las casas de la Prelatura no podían tener
muros y las puertas siempre debían permanecer abiertas. No había en ellas nada que no
hubiera en las demás casas del pueblo. De hecho, Casaldáliga no tuvo nevera en casa
hasta que la mayoría de la gente del pueblo la pudo tener.
Los escritos de Pedro acompañan sus hechos. Cada mes se dirige a su pueblo a
través del periódico ALVORADA, boletín de la Prelatura, que es el vínculo de
comunicación del pueblo y las comunidades durante años. La represión, en sus mejores
tiempos falsificó varias veces su edición. Desde el boletín, cada mes, Casaldáliga
hablaba con su gente.
La lucha contra el latifundio continúa y no faltan las agresiones a peones y familias
sin tierra. También son frecuentes las expulsiones o asesinatos de indígenas, los abusos
y la explotación de la mano de obra. El trabajo esclavo se torna práctica “común” en las
grandes explotaciones alejadas de todo control. En ese escenario, la Prelatura
representa legalmente, defiende, atiende, protege, denuncia y se involucra en cada uno
de esos casos.
Desde el Araguaia para el mundo
Al mismo tiempo, Casaldáliga mantiene una intensa agenda nacional e
internacional, tanto en el ámbito eclesiástico, como en el de denuncia y apoyo concreto
a las causas de los trabajadores sin tierra y los Pueblos Indígenas.
Su participación e influencia en la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) es clave
para que se funden dos organismos específicamente dedicados a las causas de la tierra
e indígena: la Comisión de Pastoral de la Tierra (CPT) y con el Consejo Indigenista
Misionero (CIMI). Las dos organizaciones continúan siendo actualmente una referencia
internacional en la lucha por los derechos de las minorías.
En esta época publica «En rebelde fidelidad», diario de 1977-83; «Experiencia de
Dios y pasión por el pueblo»; «Fuego y ceniza al viento» y, junto con Pedro Tierra,
compone la letra de la «Misa de la Tierra sin males», con música de Martín Coplas.
El 25 de abril de 1983 fue nombrado Hijo Predilecto de Balsareny, su pueblo natal,
máxima distinción del pueblo, con un sentido homenaje de sus gentes.
En julio de 1985, Casaldáliga se sintió movido a visitar Nicaragua para unirse a la
«insurrección evangélica» de ayuno y oración que promueve su canciller, Miguel
d’Escoto. Viajó a Nicaragua a ejercer el ministerio de la «consolación» y de la
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«frontera». Fue la primera vez que abandonaba Brasil desde que llegara en 1968. Viaje
insólito, que tuvo el respaldo de unas 200 entidades eclesiales y civiles y de 23 obispos
del Brasil, pero que, evidentemente, resultaba conflictivo para algunos sectores de la
Iglesia de Nicaragua, en contra del proceso sandinista. También visitó El Salvador (la
tumba de mons. Romero y el Hospitalito, donde fue asesinado) y Cuba. Su experiencia
centroamericana y caribeña ha quedado plasmada en el libro «Nicaragua, combate y
profecía» y los poemas recogidos en la obra «El tiempo y la espera».
En junio de 1988, Casaldáliga realizó la visita «ad límina» al Papa Juan Pablo II. Le
precedía una carta que en febrero del 1986 le había dirigido, de hermano a hermano,
donde le expresaba en coloquio fraterno sus vivencias e inquietudes en la Prelatura,
reiterándole su comunión en Jesucristo y reafirmándole su condición de servidor de la
Iglesia de Jesús.
Allí se entrevistó con varios Dicasterios de la Curia Romana, donde tuvo que
responder a diversos cuestionamientos que preocupaban al Vaticano: la Teología de la
Liberación, los mártires de América Latina, sus viajes a Nicaragua… Durante la
entrevista con el Papa Juan Pablo II, hablaron de la importancia de la comunicación
dentro de la Iglesia. Pedro Casaldáliga le pidió su bendición para la Prelatura,
especialmente a los perseguidos, enumerando juntos diversos nombres de personas.
A finales del 88, el obispo Pedro Casaldáliga recibió un documento «mónitum» con
consideraciones concretas sobre lo hablado anteriormente en Roma con los cardenales,
para que lo firmara. Fueron cuatro apartados, sobre: la Teología de la Liberación; sus
críticas sobre medidas tomadas por la Curia Romana; orientaciones catequéticas de la
Prelatura, celebraciones y Romerías de los mártires; y visitas a Centroamérica,
particularmente a Nicaragua. No firmó el documento; no lo podía firmar.
La presidencia de la CNBB redactó un comunicado, donde explicó lo acontecido y
se puso a disposición del obispo Pedro y de la de la Santa Sede para cualquier
colaboración fraterna. Ciento veinte obispos firmaron inmediatamente un manifiesto de
«profunda comunión» con Pedro, resaltando que las Causas de Casaldáliga eran
también sus Causas, apelando al Evangelio, al Concilio Vaticano II, a Medellín, a Puebla
y a la misma voz de Juan Pablo II reafirmando que «nada les obligará a renunciar al
servicio de los pueblos indígenas, hacia el proceso de los labradores y obreros, y hacia
la solidaridad latinoamericana, especialmente a los pueblos hermanos de América
Central».
La cercanía histórica de los 500 años, encuentro entre dos culturas, obligó a
Casaldáliga a proclamar y a vivir la identidad latinoamericana, en razón de una
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inculturación profunda. «En América Latina el año 2000 pasa por los 500 años», dice
Pedro. «La inminencia de la conmemoración del V Centenario de la Evangelización de
América compromete toda nuestra Iglesia, en la gran tarea misionera de esa “nueva
Evangelización”, creativamente, inculturada, católicamente latinoamericana».
En el año 1989, Casaldáliga visitó Centroamérica. En su 4º viaje desiste de visitar
Nicaragua para evitar conflictos intraeclesiales.
El 10 de marzo de 1989, en un acto multitudinario celebrado en Sant Cugat del
Vallés (Barcelona) fue presentado como candidato al Nobel de la Paz por su constante
trabajo en favor de los más necesitados de América Latina y Centroamérica. Esta
propuesta recibió inmediatamente la solidaridad de diferentes colectivos y pueblos de
Europa y América Latina, y fue el inicio de un constante camino para divulgar el trabajo
y la vida del obispo Pedro, y profundizar en las causas por las que lucha
infatigablemente. Finalmente, el Nobel de la Paz de ese año fue para Rigoberta Menchú.
En febrero de 1990, el gobierno de la Generalitat de Catalunya concedió a Pedro
Casaldáliga la distinción de la «Creu de Sant Jordi», por su contribución a la cultura
catalana.
En marzo, Casaldáliga realizó su quinto viaje a Centroamérica, incluyendo
Nicaragua, donde fue recibido por varios obispos y comunidades. Sus impresiones
quedaron reflejadas en su carta Centroamérica, después... Después de la invasión de
Panamá, después del sangriento noviembre de El Salvador, después de las elecciones
de Nicaragua, después de la Perestroika también.
En El Salvador, participó en la celebración del 10º Aniversario de la muerte de
Mons. Romero, acompañando también a los jesuitas de la UCA, Universidad
Centroamericana, donde hacía poco habían asesinado a los cinco jesuitas.
En 1991 se celebran los primeros veinte años de ministerio episcopal. Él, camina
con su gente, siempre en el Araguaia, pero sigue alzando la voz para todo el mundo,
recuerda a todos. En sus cartas habla de los panameños ocupados, del pueblo de Timor,
de los palestinos. Sus escritos son un repaso del mapa del mundo: Guatemala, El
Salvador, los desaparecidos, Honduras, Brasil.
En 1992 inicia, junto al también claretiano y teólogo de la liberación, José María
Vigil, la «Agenda Latinoamericana Mundial». El libro-agenda es un vehículo de
comunicación internacional de las llamadas Causas latinoamericanas: la Causa Indígena,
la Causa Negra, la Causa Popular, la Causa de la Mujer y la Causa Ecológica. En 2019,
ruido ni celebraciones, la Agenda es pasada de manos, a la Comisión que ya trabajaba
con ella en El Salvador, ahora encargado de la coordinación mundial de la publicación.
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En 2020, a pesar de la pandemia, es editada en casi todos los países en que se
publicaba (más de 20), y sigue siendo leída en castellano, portugués y catalán.
Memoria y trabajo social
Preservar la memoria de los tantos mártires que han dado la vida por las causas
de la justicia y de la paz ha sido otra de las vocaciones de Casaldáliga, llegando a
afirmar que «un pueblo que no recuerda a sus mártires no merece existir». Por eso,
cada 5 años, desde 1986, se celebra la «Romería de los Mártires de la Caminhada» en
el Santuario del pueblo de Ribeirão Cascalheira, donde fue asesinado el Padre João
Bosco Penido Burnier.
En el año 1994, se refuerza la idea de continuar haciendo la Romería al Santuario
de los Mártires, ya que aún hoy son muchas las personas que han muerto por su lucha
por las causas de la defensa de la tierra, de los indígenas, de los derechos humanos,
etc. El Santuario se renueva y se incluye una galería de los mártires latinoamericanos,
estableciéndose como un centro de referencia internacional.
En 1999, Francesc Escribano publica la primera biografía de Casaldáliga en un libro
titulado «Descalzo sobre la tierra roja». La obra repasa la trayectoria y cuenta la vida de
Casaldáliga, fruto de las diversas visitas que el periodista catalán había realizado al
Araguaia.
Durante estos años, gracias al equipo del obispado de São Félix también se han
llevado a cabo muchos proyectos para ayudar al desarrollo económico, social y político
de la región. Esas iniciativas se aglutinan en la asociación ANSA (Asociação Nossa
Senhora de Assunção) que, fundada en 1974 para ser el «brazo social» de la Prelatura
de Casaldáliga, se fortalece y estructura a partir del año 2000 y pasa a desarrollar
proyectos de microcréditos solidarios; de producción de zumos naturales de frutas; para
la reforestación de la Amazonía junto a los pequeños campesinos y campesinas, de
combate a la hanseníasis (lepra), etc.
Tiempo de meditación, escritos... y amenazas
En 2003, Casaldáliga cumple los 75 años y presenta la renuncia al Papa, la cual es
aceptada, pero no es hasta dos años y muchas incertidumbres después, que el Vaticano
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nombra al que será el su sucesor al frente de la Prelatura. El propio Casaldáliga y todo
su equipo piden que la elección del nuevo obispo sea consensuada, de común acuerdo
con los sacerdotes, hermanas y seglares que trabajan hace décadas en el Araguaia.
Sin embargo, el nuevo obispo, Dom Leonardo Ulrich Steiner, franciscano, nacido
en el estado de Santa Catalina en el sur de Brasil, es nombrado Obispo de la Prelatura
de São Félix do Araguaia sin consulta.
Retirado de su actividad pastoral y de su responsabilidad como obispo, Casaldáliga
sigue siendo una voz referente de las Causas de los más pobres, y aprovecha su
condición de Obispo emérito para escribir los libros que durante estos años al frente del
Obispado no ha podido. Algunas de estas publicaciones son: «Antología Personal»,
«Cartas marcadas», «Orações da caminhada» o «Cuando los días dan que pensar».
En el momento de su jubilación, son muchas las organizaciones e instituciones que
quieren homenajearlo. Recibe el premio de Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Campinas y por la Universidad de Mato Grosso. Y el año 2006 recibe con un especial
agradecimiento, emoción y satisfacción el Premio Internacional Cataluña, otorgado por
la Generalitat de Cataluña, cuyo presidente se desplaza hasta São Félix do Araguaia
para entregarle el reconocimiento.
En 2012, el catalán Francisco Escribano, que en 1999 escribió «Descalzo sobre la
tierra roja», promueve la grabación de una mini-serie para televisión sobre la vida del
obispo Casaldáliga en sus primeros años en Brasil. Filmada en São Félix do Araguaia,
con la participación de todo el pueblo, la mini-serie se estrena en Brasil y en España, en
catalán, portugués y castellano.
En 2012, la Tierra Indígena Marãiwatsédé es devuelta, después de más de 50 años
de lucha, al Pueblo Xavante. El área, no obstante, se encuentra ocupada ilegalmente
por terratenientes y familias que han sido engañadas por políticos y empresarios de la
zona. El conflicto estalla y las amenazas de muerte sobre Casaldáliga se recrudecen, ya
que la vuelta de los indios Xavante a su tierra ancestral había sido una de las luchas
históricas de Pedro. Ante la situación de violencia generada por los invasores, la policía
fuerza a que el obispo se proteja fuera de la región. Unas semanas más tarde, regresará
a su casa, a su pueblo y el Pueblo Xavante recuperará su tierra.
En 2014 testifica en la Comisión Nacional de la Verdad, promovida en Brasil para
aclarar los delitos cometidos por la dictadura: la muerte de João Bosco Penido Burnier,
asesinado por un policía militar al confundirlo con Casaldáliga en 1971 se describió en el
informe final de la Comisión Nacional de la Verdad, presentado en 2014, como una de
las muchas violaciones de la dictadura. El oficial Ezy Ramalho Feitosa, autor de los
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disparos a Burnier, fue expulsado de la Policía Militar, pero nunca fue juzgado por el
delito.
Así continúa su camino, viviendo inclusive la fragilidad de su enfermedad de
Parkinson en su casa, al lado de los frágiles. Allí vive, aceptando su condición de
anciano y enfermo, en la fragilidad y radical simplicidad de toda su vida, sus últimos
años, hasta el 8 de agosto del 2020, en que “abre definitivamente su corazón lleno de
nombres”.
Después de su muerte, con motivo de su funeral y entierro a orillas del Araguaia,
las muestras de apoyo, condolencia y agradecimiento por su inmenso legado de
humanidad, dignidad y lucha al lado de excluidos, perseguidos y empobrecidos en
defensa de sus derechos, se expresa de forma inequívoca.
Teófilo Cabestrero,
Associació Araguaia amb el Bisbe Casaldàliga
y Associação ANSA
Esta biografía de Pedro Casaldáliga ha sido elaborada a partir de charlas
con su familia en Balsareny; de la aportación de Teófilo Cabestrero,
que compartió con Pedro sus años de pastoral en Madrid; de la
contribución de la Associació Araguaia amb el Bisbe Casaldàliga,
fundada en Barcelona en 1986 para divulgar su vida, su obra y sus
causas; de Raúl Vico, de la Associação ANSA, fundada en São Félix
do Araguaia en 1974 para ser el «brazo social» de la Prelatura de
Casaldáliga y merced a la consulta de sus obras y al Archivo de la
Prelatura de São Félix do Araguaia. ❑