LLAMADOS, ESCOGIDOS Y FIELES
Introducción
Una cosa es ser aceptado por Dios y otra ser APROBADO por Él. El Libro de Apocalipsis habla del triunfo del
Cordero de Dios. Pero se nos dice que el Cordero tiene un ejército de discípulos a través de quienes Él pelea
Sus batallas y obtiene la victoria. Estos discípulos son (1) llamados, (2) escogidos y (3) fieles.
"Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los
que están con él son llamados y elegidos y fieles" (Ap 17:14).
Muchos son llamados, pocos son escogidos y todavía menos son fieles. Los fieles son los que vencerán; de
ellos se habla en el Libro de Apocalipsis diez veces. Tales discípulos de Cristo no sólo han sido aceptados por
Dios, sino también probados por Él a través de muchas circunstancias, a fin de ser aprobados para Su obra.
Fueron muchos los que creyeron en Jesús cuando estuvo sobre la tierra, pero Él no se comprometió con todos
ellos.
El primer grupo, estuvo compuesto por las multitudes. "Y le siguieron grandes multitudes..." (Mt 19:2). De ese
grupo se dijo más tarde: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él"
(Jn 6:66).
El segundo grupo, era más pequeño. Había setenta en ese grupo con un ministerio especial para las setenta
naciones gentiles (lea Génesis 10). "Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta" (Lc
10:1).
El tercer grupo, consistía de doce hombres. "En aquellos días él fue al monte a orar y pasó la noche orando a
Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó
apóstoles..." (Lc 6:12, 13).
Fuera de tal grupo escogió el cuarto grupo, el cual, consistía de solamente tres. "Seis días después, Jesús
tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; Y se transfiguró delante de
ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (Mt 17:1, 2).
Ese grupo de tres serían testigos oculares de su majestad (traducción parafraseada) (2 P 1:16). Estos discípulos
representarían aquellos que proseguirían hacia "...la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús" (Fil 3:14). Estos tres son como los vencedores, los que serán recompensados con el certificado de
aprobación de Dios.
A. QUE HACER PARA LOGRAR SER LLAMADOS FIELES DE PARTE DE DIOS
No todos los que siguen a Jesús califican para ser incluidos en ese círculo íntimo: "Estando en Jerusalén muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía
a todos" (Jn 2:23, 24).
1. PROCUREMOS EL BIEN DE OTROS
Jesús sabía que la gran mayoría de aquellos que creían en Él, lo hacían únicamente por razones egoístas.
Venían a Él sólo para recibir bendiciones personales. Sus pecados habían sido perdonados, pero no
deseaban ser vencedores. Uno deberá anhelar ser libre del deseo egoísta de buscar el bienestar propio a
expensas de los demás. (Fil 2:3-4)
2. ESFORCEMONOS Y SOPORTEMOS LAS PRUEBAS
Cuando Gedeón congregó un ejército para pelear contra los enemigos de Israel, tenía 32,000 hombres con él.
No obstante, Dios sabía que no todos ellos eran genuinos de corazón. Así que, Él decidió recortar ese número.
Los temerosos fueron enviados a sus casas. Habían quedado solamente 10,000 después del recorte. Entonces,
Dios le dijo a Gedeón que los llevara al río y los probara. Solo 300 hombres pasaron la prueba y fueron
aprobados por Dios (Jue 7:1-8). La manera en que aquellos diez mil soldados tomaron del agua del río para
satisfacer su sed, fue el medio que Dios utilizó para determinar quién calificaría para ser parte del ejército de
Gedeón. Ellos no sabían que estaban siendo probados. Nueve mil setecientos (9,700) de ellos se olvidaron del
enemigo mientras se arrodillaban para satisfacer su sed. Solamente 300 de ellos permanecieron alertas sobre
sus pies, tomando el agua en forma de copa. Dios nos prueba en las cosas ordinarias, en nuestra actitud hacia
el dinero, los placeres, honores o glorias terrenales y comodidades. Así como sucedió con el ejército de Gedeón,
Dios arregla las circunstancias de cierta manera para probarnos y ver cómo reaccionamos, sin embargo en
muchas ocasiones no comprendemos Su propósito.
3. NO DEJARNOS DISTRAER POR EL MUNDO
Jesús nos amonestó a no dejar que los cuidados de este mundo nos distrajeran. Él dijo: "Mirad también por
vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta
vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día" (Lc 21:34). Pablo exhorta a los cristianos de Corinto diciendo:
"Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la
tuviesen; Y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran,
como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de
este mundo se pasa... Esto os digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y
decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor" (1 Co 7:29-35). No podemos permitir que nada de
este mundo nos distraiga de nuestra total devoción al Señor. Las cosas legítimas del mundo son un lazo más
grande que las cosas pecaminosas, debido a que las cosas legítimas se ven bastante inocentes e inofensivas.
Podemos aliviar nuestra sed, pero debemos formar una copa con nuestras manos y tomar del agua necesaria
que calme nuestra sed, sin dejar de estar alertas ante cualquier ataque sorpresivo del enemigo. Nuestra mente
debe estar ocupada en la batalla que el Señor nos ha comisionado a pelear, y no en la satisfacción de nuestra
sed, hambre y deseos. Tenemos que olvidarlo todo y estar dispuestos a soportar dificultades, si es que
queremos ser discípulos de Jesús (2 Ti 2:3).
4. OCUPAR NUESTRA MENTE EN LAS COSAS DE ARRIBA
Así como las bandas de hule se pueden estirar, nuestras mentes pueden participar de las cosas necesarias de
la vida. Pero una vez que tales cosas han servido para satisfacer nuestras necesidades básicas de la vida, de
la misma manera en que la banda de hula vuelve a su posición normal cuando su tensión es suelta, nuestras
mentes también deben regresar de vuelta a las cosas del Señor y de la eternidad. Esto es lo que Pablo da a
entender cuando dice: "Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col 3:2). No obstante, la
banda de hule obra de la manera opuesta en las vidas de muchos creyentes. Sus mentes se estiran para
considerar las cosas eternas, pero cuando sueltan la tensión y vuelven a la normalidad, se ocupan nuevamente
en las cosas que son de este mundo.
5. TENEMOS QUE SER DILIGENTES
Pablo exhortó a Timoteo de la siguiente manera: "Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin
de agradar a aquel que lo tomó por soldado" (2 Ti 2:4). Pablo no le estaba diciendo a Timoteo el cómo debería
ser salvo, sino cómo debería agradar al Señor como un soldado efectivo en Su ejército. Pablo volvió a decirle
en 2 Timoteo 2:15: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado..." Timoteo ya había sido aceptado por
Dios. Ahora necesitaba ser diligente o cuidadoso en ganar Su aprobación. Él dice: "Doy gracias al que me
fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio" (I Ti 1:12). Pablo
estaba entre los llamados, escogidos Y FIELES, y anhelaba que Timoteo también estuviera entre ese número.
Dios nunca se compromete a Sí Mismo con nadie antes de probarlo. El relato que se nos da en las Escrituras
con relación a la prueba de ciertos hombres, algunos de los cuales fueron aprobados y otros rechazados, puede
ser de gran valor para nosotros, pues fue escrito para nuestra propia instrucción.
B. ANTE TALES REQUERIMIENTOS, LA PREGUNTA ES: SOMOS O NO SOMOS DEL AGRADO DE DIOS
En el Nuevo Testamento leemos de Uno de Quien el Padre se complació, y en el antiguo testamento también
leemos de un grupo de personas de quienes Él no se agradó. Un estudio de este contraste es muy interesante.
Dios No Se Agradó: de los 600,000 soldados israelitas (Nm 1:46) quienes perecieron en el desierto por su
incredulidad. En 1 Corintios 10:5 podemos leer que: "...de los más de ellos no se agradó Dios". Aquellos
israelitas habían sido redimidos de la esclavitud egipcia por la sangre del cordero (simbólico de nuestra
redención a través del sacrificio de Cristo en la cruz); habían sido bautizados en el Mar Rojo y en la nube
(símbolo del bautismo en agua y Bautismo con el Espíritu Santo) (1 Co 10:2). A pesar de todo, Dios no se
agradó de ellos.
En contraste con los israelitas del Antiguo Testamento, de quienes Dios no se agradó, leemos de Jesús en el
Nuevo Testamento, que el Padre se agradó de Él a lo sumo. Cuando Jesús cumplió la edad de los treinta años,
el Padre habló desde el cielo públicamente lo siguiente respecto a Él: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia" (Mt 3:17). Esto fue dicho antes de que Jesús hubiera hecho un solo milagro o predicado algún
sermón. ¿Cuál fue entonces el secreto de Su aprobación por Dios? No fue obviamente por Su ministerio, pues
todavía no había comenzado Su ministerio público. Fue por el tipo de vida que había vivido
durante treinta años.
PROCUREMOS ENTONCES SER FIELES DURANTE LAS TENTACIONES. El éxito de nuestro ministerio no
es lo que hace que seamos aprobados por Dios, sino la fidelidad que mostramos en las tentaciones que
afrontamos en nuestra vida diaria. Las únicas dos cosas que se nos han dicho respecto a los treinta años de
"silencio" en la vida de Jesús (aparte del incidente del templo) son que "fue tentado en todo, según nuestra
semejanza, pero sin pecado" (He 4:15) y que "ni aun Cristo se agradó a sí mismo" (Ro 15:3). Él había resistido
fielmente la tentación en cada punto, y nunca procuró satisfacer sus propios deseos o anhelos, ni lo procuraría
hacer en cualquier asunto. Eso fue lo que complació al Padre.
PROCUREMOS ENTONCES POSEER UN CARÁCTER SANTO (COMO EL DE CRISTO). Nuestros logros
materiales o externos pueden impresionar a la gente del mundo y a los creyentes carnales. Pero Dios se
impresiona más cuando mostramos un carácter santo. Es nuestro carácter de por sí, lo que puede traer sobre
nosotros la aprobación de Dios. Así que, si deseamos saber cuál es la opinión de Dios sobre nosotros, debemos
borrar deliberadamente de nuestras mentes lo que hemos logrado en nuestro ministerio. Debemos evaluarnos
a nosotros mismos puramente por nuestras actitudes hacia el pecado, en nuestra manera de pensar y el
egocentrismo de nuestras acciones. Esa es la única medida infalible de nuestra condición espiritual. De esa
manera, tanto el sanador y predicador que va viajando por el mundo como la madre ocupada que nunca puede
salir de los confines del hogar, tienen exactamente las mismas oportunidades de adquirir la aprobación de Dios.
Vamos a descubrir en el Día del Tribunal de Cristo, que muchos de los que fueron primero aquí en el mundo
cristiano, serán los postreros allá. Muchos de los que eran considerados los postreros aquí en la tierra (debido
a que no tenían un ministerio muy reconocido), serán los primeros allá.
PROCUREMOS ENTONCES SEGUIR EL EJEMPLO MAGNO DE JESÚS. Jesús es nuestro ejemplo en todas
las cosas. El Padre había planificado que Jesús pasara los primeros treinta años de Su vida terrenal en dos
lugares básicamente, en Su hogar y en Su lugar de trabajo (el taller de carpintería). Fue la fidelidad de Jesús
en esos dos lugares lo que le hizo ganar la aprobación del Padre. Esta es una cuestión de gran ánimo para
nosotros, pues nos encontramos en esos dos mismos lugares constantemente, en nuestro hogar y en nuestro
lugar de trabajo. Es en esos dos lugares donde Dios más nos prueba.
PROCUREMOS ENTONCES MODELAR UN CARÁCTER TRANSFORMADO. Si solamente nuestros ojos
estuvieran abiertos para ver las bases sobre las cuales Dios nos otorga Su aprobación, ello revolucionaría
nuestras vidas totalmente. Anhelaríamos ser fieles en los momentos de tentaciones en la vida diaria. Oraríamos
por un bautismo en fuego que produjera un carácter o personalidad transformada, al igual que por un poder que
produzca milagros. De esa manera, nuestras mentes serían renovadas a fin de colocar nuestras prioridades en
el orden correcto. Tomemos ánimo y pensemos en esto. Las remuneraciones de Dios son mayores y Sus más
elevadas adjudicaciones están reservadas para los que afrontan las tentaciones con la misma actitud con la
que Jesús las afrontó. La actitud de Jesús fue ésta: "Prefiero morir antes que cometer algún pecado o
desobedecer a mi Padre en un sólo punto". Este es el significado de la exhortación en Filipenses 2:5-8, la
cual dice: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús... haciéndose obediente hasta
la muerte".
Bendito sea Dios por poner su mirada en nosotros y llamarnos, sea exaltado también por habernos escogido,
cosas que solo EL pudo hacer por nosotros, de hecho son dos actos de suma importancia en la trascendencia
eterna, sin embargo el ser fieles es algo que a nosotros nos corresponde llevar a cabo, tarea que conlleva sin
lugar a dudas mucho de nuestro ímpetu y determinación, si bien es cierto la salvación no se gana por obras, la
fidelidad es algo que nuestro buen Dios espera y buscara en nosotros al momento de VOLVER por su pueblo;
por lo tanto sin importar nuestro don, ministerio, posición en la vida, sexo o edad, todos nosotros tenemos la
misma oportunidad de ser vencedores y de estar entre los llamados, escogidos y fieles. No olvidemos esto:
"Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los
que están con él son llamados y elegidos y fieles" (Ap 17:14).
Dios bendiga aún más su vida, su familia y su ministerio.
Oremos.
RED INTERNACIONAL DE MINISTERIOS
F. NATANAEL MANRIQUE M. ECDP
GUATEMALA 04/09/2023