0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas22 páginas

Estado (Anh)

Este documento resume la evolución de la historiografía sobre la construcción del estado nacional en Argentina. Comienza describiendo las precarias condiciones en las que se inició el proceso de construcción estatal en el siglo XIX, con falta de infraestructura y recursos. Luego, explica que hasta hace poco la historiografía argentina había prestado poca atención al estudio de los cambios en la estructura del estado. Finalmente, resume los enfoques más recientes sobre el tema, incluyendo estudios sobre la nación, el federalismo y la represent

Cargado por

zimmered
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas22 páginas

Estado (Anh)

Este documento resume la evolución de la historiografía sobre la construcción del estado nacional en Argentina. Comienza describiendo las precarias condiciones en las que se inició el proceso de construcción estatal en el siglo XIX, con falta de infraestructura y recursos. Luego, explica que hasta hace poco la historiografía argentina había prestado poca atención al estudio de los cambios en la estructura del estado. Finalmente, resume los enfoques más recientes sobre el tema, incluyendo estudios sobre la nación, el federalismo y la represent

Cargado por

zimmered
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 22

LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO NACIONAL.

CONTINUIDAD Y CAMBIO EN LA HISTORIOGRAFIA ARGENTINA

Discurso de incorporación del miembro de número


Eduardo Zimmermann a la Academia Nacional de la Historia
12 de agosto de 20081

Introducción

Al iniciarse la presidencia de Bartolomé Mitre en 1862, un cercano colaborador le

escribía desde San Juan: “He reunido en un solo local la aduana, el correo, la oficina y el

laboratorio de minas, sobrando todavía un departamento independiente que más tarde se

le puede dar aplicación; el todo vale cuarenta pesos mensuales”. 2


Unos meses más

tarde, su ministro de Hacienda, Dalmacio Vélez Sarsfield, confirmaba, en la Memoria

del Ministerio a su cargo, las pobres condiciones en las que se había iniciado el año

anterior la nueva etapa institucional:

Nada existía, faltaban los primeros antecedentes indispensables a toda


Administración. Recién entonces acababa de establecerse la residencia de
las Autoridades Nacionales, y faltaba hasta el local para los empleados y
para el Gobierno mismo. Estos embarazos materiales han traído las más
serias dificultades en el servicio público. No había Tesorería ni Contaduría
Nacional: todo era preciso crearlo, aún para el servicio más urgente.3

Casi dos décadas más tarde, en mayo de 1881, al inaugurar en este recinto las sesiones

del Congreso Argentino, el recientemente electo presidente Julio Roca, reiteraba en su

discurso esas imágenes que evocaban las condiciones de precariedad en las que se

quería construir un estado para una nación que había atravesado varias décadas de

1
Boletín de la Academia Nacional de la Historia, vol. 80-81, 2007-2008, pp. 327-350.
2
Régulo Martínez a Bartolomé Mitre, San Juan, octubre 9 de 1862, en Archivo del General Mitre,
Biblioteca de la Nación, 1911-1914, tomo XIII, p. 253, citado en Buchbinder (2004), p. 114.
3
En Memoria del Ministerio de Hacienda, 1863. Sobre la conformación del aparato institucional del estado
durante la Organización Nacional y los recursos fiscales con los que contaba el gobierno nacional, ver
Roberto Cortés Conde, Dinero, Deuda y Crisis. Evolución fiscal y monetaria en la Argentina (Buenos Aires:
Editorial Sudamericana, 1989); Oscar Ozlak, La formación del estado argentino (Buenos Aires: Editorial de
Belgrano, 1990, 2da. edic.). Sobre estos mismos problemas para otro caso latinoamericano, Malcolm Deas,
"The Fiscal Problems of Nineteenth-Century Colombia", Journal of Latin American Studies, vol. 14, No. 2,
1982, pp. 287-328.

1
estancamiento económico e inestabilidad política e institucional: “Parece que fuéramos

un pueblo nacido a la vida nacional, pues tenéis que legislar sobre todo aquello que

constituye los atributos, los medios y el poder de la Nación…” Y, finalmente, unos años

más tarde, en 1894, reflexionando sobre el período de la historia argentina en el que le

tocaba participar como uno de los actores principales, Roca lo describía en estos

términos: “un período que tendrá probablemente, no los tintes heroicos del de la

Independencia, ni las sombrías incertidumbres y desgarramientos intestinos que se

siguieron después, sino un carácter esencialmente económico.”4

En cierto modo, estas referencias nos ofrecen toda una síntesis de la historia del

estado argentino hasta las primeras décadas del siglo veinte: las profundas carencias en

cuanto a las capacidades administrativas, resultantes de la debilidad estructural heredada

de las décadas posteriores a la independencia, comenzarían a modificarse por los

profundos cambios económicos que la región atravesaría a partir del último cuarto del

siglo diecinueve. En las décadas siguientes, la estructura del estado argentino

experimentaría transformaciones semejantes en profundidad e importancia a las de la

sociedad y la economía.

Sin embargo, puede decirse que hasta hace poco tiempo, nuestra historiografía

había dedicado un esfuerzo relativamente menor al estudio de los cambios en la

estructura del estado, cuando se lo compara con la producción en otras áreas o temas.

En realidad, el creciente interés por el estudio del estado es sólo una cara del renovado

interés por la historia política en general que la profesión ha experimentado en las

últimas dos o tres décadas. Reflejando tanto la adaptación de la evolución en la

producción académica internacional, como tendencias locales en la profesión, la historia

4
La primera cita en H. Mabragaña, Los mensajes. Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina
redactada cronológicamente por sus gobernantes, 1810-1910, 6 vols., (Buenos Aires, 1910), vol. IV, p.
2; la segunda en “Carta-prólogo”, septiembre de 1894, en Lucio V. Mansilla, Retratos y recuerdos
(Buenos Aires: Paradiso ediciones, 2005), p. 9.

2
política ha vuelto a ocupar un lugar central en el panorama historiográfico argentino, si

bien renovada en cuanto a temas y métodos: una historia política que apunta ahora a la

inclusión en sus relatos de nuevos actores, al desarrollo de una historia social de la política,

a una apreciación de la política como fenómeno cultural, pero también a la posibilidad de

integrar las categorías centrales del pensamiento político del siglo pasado como son los

conceptos de nación, la forma del estado, y las ideas en torno a la representación política.

Así, hemos asistido a la aparición de muy sugerentes estudios en torno a los orígenes de la

nación en América Latina y en el Río de la Plata, o sobre los debates en torno a los

orígenes del federalismo argentino y sus diversas interpretaciones en el siglo diecinueve,

estudios en torno a la representación política y sus expresiones: las elecciones, los

regímenes electorales y sus prácticas; la prensa política y la opinión pública; los orígenes

de una “esfera pública” apoyada en nuevas formas de sociabilidad política, y brillantes

trabajos sobre distintos aspectos de la historia política nacional de los siglos diecinueve y

veinte.5

La reflexión local sobre el estado se ha nutrido también de una revalorización en

las ciencias sociales de la autonomía de los fenómenos políticos. Uno de los libros de

mayor impacto de las últimas décadas en la ciencia política y la sociología histórica

sugería desde su título que debía avanzarse Trayendo de vuelta al Estado, es decir,

reconociendo la autonomía del estado como actor, tanto como la autonomía de la

política en general, en lugar de verlos como epifenómenos, reflejos de determinadas

configuraciones de dominación social o de intereses materiales 6.

5
Para una evaluación reciente de este proceso, véase Tulio Halperin Donghi, “El resurgimiento de la
historia política: problemas y perspectivas”, en Beatriz Bragoni (editora) Microanálisis. Ensayos de
historiografía argentina (Buenos Aires: Prometeo libros, 2004), pp. 17-30.
6
Peter Evans, Dietrich Rueschemeyer, y Theda Skocpol, editores, Bringing the State Back In
(Cambridge: Cambridge University Press, 1985). Sobre la renovación en la historia política y “el regreso
del estado”, Elena Hernández Sandoica, Tendencias historiográficas actuales. Escribir historia hoy
(Madrid: Akal, 2004), sección “Historia y Ciencia Política. La Nueva Historia Política”, pp. 422-436.

3
Los orígenes del estado argentino

Nada de esto apunta, obviamente, a subvalorar la anterior producción de nuestra

historiografía política y menos aún a sugerir la novedad radical del tema del estado en

la misma. 7 Por una parte, como en todas las historiografías occidentales, la construcción

del estado-nación ha cumplido un papel central como relato estructurador de la historia

tradicional, y los textos fundadores de nuestra historiografía, son tributarios de ese

enfoque. 8 También es cierto que ese relato romántico sobre el surgimiento del estado

nacional tras las luchas por la independencia ha sido desafiado por un enfoque

alternativo, y me refiero aquí principalmente a los trabajos de José Carlos Chiaramonte,

en el que se alienta una nueva mirada al análisis de los orígenes del estado nacional, a

partir del reconocimiento de dos hechos centrales: uno, la existencia de distintas formas

de identidad colectiva con posterioridad a la independencia (hispanoamericana,

rioplatense o argentina, provincial) y dos, el hecho de que la fragmentación de la

soberanía dio forma a estados provinciales soberanos unidos en una Confederación que

muy lentamente avanzará hacia la constitución de un estado federal.9

Como una superación del papel estructurador de los relatos de la historiografía

romántica sobre el estado-nación, y su discusión posterior, en el siglo veinte la historia

y las ciencias sociales pusieron énfasis en el conflicto internacional y la guerra como los

principales mecanismos iniciadores del proceso de construcción estatal. Este enfoque

generó numerosos estudios sobre la guerra, la organización militar, las fuerzas

7
Los artículos reunidos en los volúmenes correspondientes de la Nueva Historia de la Nación Argentina
(Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia/Editorial Planeta, 1997-2002) son prueba de esa
presencia.
8
Véase Natalio Botana, La libertad política y su historia (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1991);
Tulio Halperin Donghi, Ensayos de historiografía (Buenos Aires: Ediciones El Cielo por Asalto, 1996).
9
José Carlos Chiaramonte, Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846)
(Buenos Aires: Ariel, 1997).

4
policiales, y sobre el necesario aparato extractivo que debía ser desarrollado para

mantener esos gastos. Los estados que combatían guerras, erigían ejércitos permanentes

y demandaban recursos para todas las actividades de construcción estatal, confrontaban

directamente con sociedades que frecuentemente se mostraban poco colaborativas para

ayudar en esos emprendimientos. La formación del estado resultante era frecuentemente

el producto de la negociación, la cooptación, la legitimación, y la coerción pura entre

los constructores del estado y las fuerzas sociales, con la sociedad como derrotada en

esa lucha, y forzada a pagar.10

Este enfoque de la interdependencia de la guerra, las finanzas públicas y los

procesos de construcción estatal, -entre el “war making” y el “state making”-, tiene una

larga trayectoria en la historiografía occidental. Ya a comienzos del siglo veinte, el

historiador alemán Otto Hintze había formulado algunas de las orientaciones clásicas

sobre la vinculación entre la guerra y los fenómenos militares y la formación de los

estados nacionales europeos. Hintze –como heredero de la tradición Rankeana- buscaba

en las relaciones internacionales y la política exterior un factor crucial en la

determinación de los rasgos centrales de un estado y de su evolución histórica. “Los

conflictos externos entre estados”, decía en 1902, “dan forma al estado”; entendiendo

por “forma” a su configuración externa, su tamaño, su nivel de concentración, e incluso

su composición étnica. Sólo cuando el estado había delineado firmemente esa “forma”

10
Para una revisión y clasificación de la literatura reciente sobre estos enfoques del estado en sociología y
ciencia política véase Karen Barkey and Sunita Parikh, “Comparative Perspectives on the State”, Annual
Review of Sociology, 1991; Karen A. Rasler y William R. Thompson, “War Making and State Making:
Governmental Expenditures, Tax Revenues, and Global Wars”, American Political Science Review, vol.
79, no. 2, June 1985; y Hendrik Spruyt, “The Origins, Development, and Possible Decline of the Modern
State”, Annual Review of Political Science, 2002. Para un detallado análisis de la relación entre recursos
fiscales y construcción estatal, y su evolución en el siglo XX en la Argentina, Natalio Botana, “La
ciudadanía fiscal. Aspectos políticos e históricos”, en Francis Fukuyama, compilador, La brecha entre
América Latina y Estados Unidos. Determinantes políticos e institucionales del desarrollo económico
(Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006).

5
podía comenzar a forjar su estructura de gobierno y su vida política, que a su vez

continuarían siendo transformadas por las demandas que surgían de las relaciones con

estados vecinos. Toda organización estatal fue originalmente una organización militar,

una organización para la guerra, y este hecho originario era no sólo algo comprobable

en la historia comparada sino también la clave para la comprensión de los desarrollos

futuros: “la forma y espíritu de la organización del estado no serán determinadas

solamente por las relaciones económicas y sociales y los choques de intereses, sino

primordialmente por las necesidades de la defensa y el ataque, esto es, por la

organización del ejército y de la guerra”. 11

Más recientemente, la misma interdependencia fue destacada también por

Charles Tilly y su influyente sociología histórica comparada de los orígenes de los

estados nacionales europeos. En la interacción entre las guerras, la organización de un

procedimiento de extracción de recursos para financiar esas guerras, y la acumulación

de capital, se encuentran los orígenes del proceso de formación estatal europeo. Los

estados hacen la guerra, y las guerras hacen los estados, concluyó Tilly. 12

De modo parecido, el historiador chileno Mario Góngora expuso la tesis de la

centralidad de los conflictos militares, “las guerras defensivas u ofensivas”, en la

construcción del estado chileno. Los conflictos militares, -la Guerra de la Confederación

con Perú y Bolivia, de 1836-39 y la Guerra del Pacífico de 1879-1884, principalmente-

serían “el motor principal” del proceso formativo del “Chile guerrero”, proceso que

11
Otto Hintze, “The Formation of States and Constitutional Development: A Study in History and
Politics” (1902), y “Military Organization and the Organization of the State” (1906), en Felix Gilbert,
ed., The Historical Essays of Otto Hintze (N. York: Oxford University Press, 1975).
12
Charles Tilly, “Reflections on the History of European State-Making”, en Tilly, ed., The Formation of
National States in Western Europe (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1975), pp. 73-76; “War
Making and State Making as Organized Crime”, en Peter B. Evans, Dietrich Rueschmeyer and Theda
Skocpol, eds., Bringing the State Back In (Cambridge: Cambridge University Press, 1985), pp. 169-191.

6
culminaría con la Guerra Civil de 1891 que pondría fin al régimen portaliano e

inauguraría la República Parlamentaria. 13

“A pesar de su rara y feliz uniformidad”, escribió Alberdi, “la América del Sud

es la tierra clásica de la guerra, en tal grado que ha llegado a ser allí el estado normal,

una especie de forma de gobierno”. Los conflictos militares y el financiamiento de los

mismos han sido siempre un factor explicativo importante en la historia de los estados

latinoamericanos. Dado el traumático nacimiento de nuestras naciones, -guerras de la

Independencia seguidas por conflictos civiles prolongados y guerras internacionales- el

peso de los ejércitos y aparatos represivos en general fue una constante carga sobre los

débiles sistemas fiscales. Y esto, como hemos aprendido de trabajos clásicos de Tulio

Halperin Donghi, Roberto Cortés Conde, Juan Carlos Garavaglia, y Oscar Oszlak, entre

otros, es también cierto para el caso argentino. Algunos ejemplos: en los años 1811-

1815, el 63% de los egresos corresponden a gastos militares directos y sólo 10% parece

corresponder a personal civil del Estado. Desde 1825 en adelante, los gastos militares se

sitúan alrededor del 60% del total, al menos hasta la caída de Rosas. También durante el

período 1863-1880, más de la mitad de los gastos totales del gobierno y del personal

empleado por el estado era absorbido por el aparato militar.14

13
Mario Góngora, Ensayo histórico sobre la noción de estado en Chile en los siglos XIX y XX (Santiago:
Editorial Universitaria, 7ma. Edición, 1998). Sobre el desarrollo chileno tras la Guerra del Pacífico, véase
Harold Blakemore, “Chile from the War of the Pacific to the World Depresión, 1880-1930”, Cambridge
History of Latin America, vol. V (C.U.P., 1986), pp. 499-551. Para otros argumentos sobre el papel de las
guerras y las movilizaciones militares en los procesos de formación estatal en América Latina, Fernando
López-Alves, State Formation and Democracy in Latin America, 1810-1900 (Durham: Duke University
Press, 2000).
14
Para el caso argentino, Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino
(1791-1850), Juan Carlos Garavaglia, “La apoteosis del Leviathan: el Estado en Buenos Aires durante la
primera mitad del XIX”, y “El despliegue del Estado en Buenos Aires de Rosas a Mitre”, ambos en
Construir el estado, inventar la nación. El Río de la Plata, siglos XVIII-XIX (Buenos Aires: Prometeo
libros, 2007); Roberto Cortés Conde, Dinero, deuda y crisis; Oscar Oszlak, La formación del estado
argentino (Buenos Aires: Planeta, 1997), Botana, “La ciudadanía fiscal”. Una visión más general en
Malcolm Deas, “The Man on Foot: Conscription and the Nation-State in Nineteenth-Century Latin
America”, en James Dunkerley, ed., Studies in the Formation of the Nation State in Latin America
(Londres: Institute of Latin American Studies, 2002), pp. 77-93.

7
Si uno de los rasgos salientes del proceso de construcción estatal argentino fue la

centralidad de los gastos militares, como sabemos, el otro fue la fuerte dependencia de

los ingresos provenientes del comercio exterior. Los beneficios para las arcas fiscales

provenientes de la creciente integración a la economía internacional se dieron en un

doble sentido para todos los estados latinoamericanos: por una parte las rentas de

aduana permitieron a los estados mantener o incrementar el financiamiento de sus

aparatos militares y de seguridad; por otra, hicieron posible el no tener que recurrir a

una mayor carga tributaria interna, atenuando así posibles causas de mayores conflictos

políticos con los sectores propietarios.

El fuerte crecimiento de la economía de la región impulsado por el sector

externo desde fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte generó una

profundización de esa tendencia. La mayor disponibilidad de recursos fiscales para los

estados latinoamericanos de este período se debió al mayor grado de vinculación con la

economía internacional (rentas de aduana, inversiones o endeudamiento) y no al

desarrollo de más eficientes aparatos extractivos fiscales orientados a apuntalar las

capacidades de los aparatos militares, como en los casos europeos. Las guerras del

período (Guerra de la Triple Alianza, Guerra del Pacífico, levantamientos internos y

guerras civiles) no generaron una mayor capacidad extractiva de los estados

latinoamericanos.15 En una frase fácilmente trasladable a la historia argentina, Steven

Topik señaló para el caso brasileño la centralidad de lo que llamó “el cordón umbilical

con el exterior” (la integración a la economía internacional): “mientras que en Europa

.
15
Un análisis más detallado en Miguel Centeno, Blood and Debt. War and the Nation-State in Latin
America (The Pennsylvania State University Press, 2002), cap. 3, pp. 101-166.

8
‘la guerra hizo al estado y los estados hacían las guerras’, en Brasil el comercio

(internacional) hizo al estado y le permitió evitar guerras internas.” 16

Para el caso argentino esto no fue una novedad del período del auge

agroexportador sino más bien la profundización de una línea de continuidad con lo

ocurrido desde la primera mitad del siglo diecinueve. Como ha apuntado Juan Carlos

Garavaglia, parece ser un rasgo común de los estados latinoamericanos esa debilidad en

su capacidad de exacción que los lleva a ser estados que se construyen “sin universalizar

el impuesto”. Las rentas de aduana fueron a lo largo de todo el siglo diecinueve la

principal fuente de alimento de los aparatos militares latinoamericanos, concluye

Garavaglia, y “todo el misterio de las luchas políticas, como el resultado definitivo de

las guerras civiles del siglo XIX en lo que sería más tarde la República Argentina, puede

ser de algún modo resumido en esa lapidaria fórmula que entrelazó durante tanto tiempo

a la Aduana con el ejército.”17

El estado en la historiografía argentina reciente (I): las situaciones provinciales y el


estado nacional.

Quisiera mencionar ahora dos movimientos o corrientes en la historiografía

argentina reciente que han aportado elementos nuevos al estudio histórico del estado

argentino. La primera tiene que ver con lo que podríamos llamar un cambio de

perspectiva geográfica. Invirtiendo la frase de Aristóbulo del Valle en la discusión sobre

las milicias provinciales de 1880 (“preferiría equivocarme con los que llevan la fuerza

de la periferia al centro”), una serie de estudios sobre las situaciones políticas

16
Steven Topik, “ The Hollow State: The Effect of the World Market on State-Building in Brazil in the
Nineteenth-Century”, en J. Dunkerley, Studies in the Formation of the Nation-State in Latin America, pp.
112-132.
17
Juan Carlos Garavaglia, “La apoteósis del Leviathan: El estado en Buenos Aires durante la primera
mitad del siglo XIX”, op. cit; véase también Botana, “La ciudadanía fiscal”, Cortés Conde, Dinero, deuda
y crisis.

9
provinciales han impulsado un desplazamiento del foco de atención desde el centro (el

estado nacional) hacia la periferia (las situaciones provinciales), para elucidar de mejor

manera las formas que adquirieron los vínculos entre poderes locales y poder central

durante el proceso de consolidación de este último. 18

El período que cubre las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, entre 1862

y 1880, está caracterizado por el conflicto entre la creciente afirmación del gobierno

nacional y los intentos de resistencia de las provincias a ese avance. La consolidación del

gobierno nacional se hizo más clara luego de haber quebrado las rebeliones provinciales

en las dos guerras de las Montoneras (1863 y 1866-67), y en los levantamientos de López

Jordán en Entre Ríos (1870, 1873 y 1876), para culminar con la supresión de los intentos

revolucionarios liderados por Mitre en 1874, y con la resistencia de la provincia de Buenos

Aires en 1880. Complementando las interpretaciones historiográficas recibidas, que han

concentrado la atención en el proceso de expansión del estado liberal porteño hacia el

interior, y luego la consolidación del estado nacional bajo el roquismo, a través de los

distintos mecanismos de control desplegados sobre el territorio nacional, estos trabajos

intentan rescatar los procesos de adaptación, negociación y modificación que esos

avances experimentaron en su interacción con las elites políticas locales, prestando

especial atención a las relaciones de cooperación y de conflicto entre el centro y la

periferia. De este proceso surge una imagen mucho más compleja del proceso político

18
Algunos de los títulos más representativos son Beatriz Bragoni, Los hijos de la revolución. Familia,
negocios y poder en Mendoza en el siglo XIX, Buenos Aires, Taurus, 1999, y “¿Gobiernos de familia?
Elites, poder y política en la experiencia argentina del siglo XIX. Registro de un ejercicio”, en Beatriz
Bragoni (editora), Microanálisis. Ensayos de historiografía argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2004;
Pablo Buchbinder, Caudillos de pluma y hombres de acción. Estado y política en Corrientes en tiempos
de la organización nacional, Buenos Aires, Prometeo, 2004; Ariel De la Fuente, Children of Facundo.
Caudillo and Gaucho Insurgency During the Argentine State-Formation Process (La Rioja, 1853-1870),
Durham, Duke University Press, 2000; Eduardo Míguez, “Guerra y orden social en los orígenes de la
nación argentina, 1810-1880”, Anuario IEHS 18, 2003, y “La frontera sur de Buenos Aires y la
consolidación del Estado Nacional, 1852-1880”, Taller: La formación del sistema político nacional,
1852-1880, Tandil, 2007; Gustavo Paz, “El gobierno de los ‘conspicuos’: familia y poder en Jujuy, 1853-
1875”, en Hilda Sabato y A. Lettieri, compiladores, La vida política en la Argentina del siglo XIX.
Armas, votos y voces, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003; Roberto Schmit, Ruina y
resurrección en tiempos de guerra. Sociedad, economía y poder en el Oriente entrerriano
posrevolucionario, 1810-1852, Buenos Aires, Prometeo, 2004.

10
de construcción del estado nacional: por un lado, a la par del poder disruptivo que los

agentes del estado nacional tenían sobre las realidades locales, emergen las limitaciones

y restricciones que esas condiciones locales imponían a la acción de los primeros, y

la consecuente necesidad de éstos de contar con el apoyo de los factores de poder local

para llevar adelante su función. Por otro, se hace patente la diversidad de experiencias

y las características peculiares a cada situación provincial en su interacción con las

fuerzas centralizadoras: la diversidad y no la homogeneidad fue lo que caracterizó más

fuertemente a esa interacción entre centro y periferia. Desde esta perspectiva, la

comprensión de los fenómenos políticos en general, -y del proceso de construcción del

estado nacional en particular-, solamente puede ser alcanzada a través de estudios que

tomen en cuenta la realidad de las diversas realidades geográficas, económicas,

culturales presentes en el extenso territorio argentino. Como bien ha señalado Ariel De

la Fuente, esto no implica descartar el análisis a nivel nacional a favor de una óptica

puramente local o regional, sino integrar el contexto nacional con la dinámica y las

tradiciones locales.

Además de ese desplazamiento del foco de atención desde el centro hacia la

periferia, encontramos en estos textos otra instancia de revisión, vinculada con lo dicho

hasta aquí. Esta vez el foco de atención de desplaza de los aspectos “racional-

normativos” de las instituciones nacionales hacia los aspectos “relacionales” que

operan en las distintas situaciones locales. Así, Eduardo Míguez ha señalado en sus

estudios sobre la frontera sur de Buenos Aires la necesidad de entender hasta qué punto

el funcionamiento de las instituciones estatales (militares o judiciales), se basaba más

en la red de lealtades personales, -clientelares, familiares, políticas- que un comandante

de frontera o un juez de paz desarrollaba, que en las asignaciones de responsabilidades y

11
resultados propios de una estructura administrativa racionalmente organizada, o sea, la

base de un estado moderno.

Las prácticas de estos funcionarios de frontera frecuentemente obedecían más a

compromisos personales que a los dictados de normas generales formales, y esto es

percibido en numerosas instancias en esta literatura. Del funcionamiento de esa red de

relaciones informales como mecanismo de implementación de las nuevas prácticas

estatales modernas se derivaban varias consecuencias. Por un lado, operaban como un

sistema de mediación social que moderaba el impacto de las nuevas prácticas en el

orden social establecido. Por otro, generaban formas de identidad colectiva que a veces

trascendían en su fortaleza a otras formas de identidad como las supuestas identidades

“de clase” o incluso étnicas.19

Finalmente, el reconocimiento de la fortaleza de esas redes locales de relaciones

interpersonales pone en duda la imagen del surgimiento del estado nacional como una

máquina o aparato represivo que despliega exitosamente sobre la región bonaerense

primero y hacia el interior del país después su capacidad de intervención institucional.

Como bien ha señalado Juan Carlos Garavaglia: “¿qué conocemos realmente acerca de

las inevitables redes familiares y sociales que se esconderían bajo los uniformes…

mejor sería entonces dejar de lado… la pésima metáfora del aparato…” Trasladada

hacia la primera mitad del siglo diecinueve, esta revisión alcanza a modificar también la

imagen del régimen rosista, que de un Leviatán todopoderoso pasa a ser considerado

más bien un “gigante con pies de barro”, cuando se analizan las posibilidades de

interferir exitosamente en las sociedades de frontera20.

19
Míguez, op. cit.
20
Jorge Gelman, "Un gigante con pies de barro. Rosas y los pobladores de la campaña", en N. Goldman y
R. Salvatore (comp.), Caudillismos rioplatenses. Nuevas miradas a un viejo problema, Buenos Aires,
Eudeba, 1998.

12
He intentado argumentar de manera parecida en algunos trabajos sobre la

construcción del poder judicial federal y su papel en la política durante la Organización

Nacional. Por citar algunos ejemplos: tras la llamada "Revolución de los Colorados" que

iniciada en Mendoza en Noviembre de 1866 como un derrocamiento del gobernador se

extendería por las provincias del interior hasta convertirse en una rebelión a nivel nacional,

comenzarían a hacerse visibles algunas de las restricciones que enfrentaban los jueces

federales en las provincias. En mayo de ese mismo año, el ministro Eduardo Costa había

intentado transmitir convicción y optimismo a los jueces de sección, en su mensaje al

Congreso. Toda resistencia a las resoluciones de los jueces federales, decía el

ministro,"tendría forzosamente que estrellarse contra todo el poder de la Nación, y la

mas grande reprobación de la conciencia pública, y no podría menos de ser vencida en tan

desigual lucha"21 Sin embargo, como surge de los informes de los jueces federales, ni

“todo el poder de la Nación” ni la severa “reprobación de la conciencia pública” lograban

operar eficazmente en el plano local como para lograr que las autoridades provinciales

cooperaran, remitiendo a condenados por la justicia federal en su poder, o facilitando las

cárceles locales.22 Dada la escasez de los medios con los que contaban, el éxito de los

jueces federales dependía del tipo de relaciones que establecían con los poderes locales e

incluso con las fuerzas rebeldes. En la misma Mendoza, el juez Juan Palma se vio obligado

a negociar con los rebeldes, en lugar de imponer “todo el poder de la Nación”, para

garantizar un mínimo de seguridad tras la revolución, debiendo enfrentar por su conducta

el primer juicio político por mal desempeño de sus funciones. Defendido por José María

Guastavino, secretario de la Corte Suprema, el juez Palma fue absuelto y reintegrado a su

21
Mensaje al Congreso de Eduardo Costa del 1 de Mayo de 1866, en Memoria del Ministerio de Justicia,
Culto e Instrucción Pública, 1866, pp. iii-iv.
22
Ibid., 1868, 1869, y 1870 para episodios de este tipo, citados en Eduardo Zimmermann, "El Poder
Judicial, la construcción del estado, y el federalismo: Argentina, 1860-1880", en Eduardo Posada, ed., In
Search of a New Order: Essays on the Politics and Society of Nineteenth-Century Latin America
(Londres: Institute of Latin American Studies, 1998).

13
cargo en 1868.23 En esos mismos años, también la Corte Suprema reflejaba en muchos de

sus fallos en causas por delitos de rebelión, que frecuentemente las circunstancias de

tiempo y lugar prevalecían sobre los fines últimos de las autoridades nacionales al

momento de juzgar la actuación de particulares en los actos de rebelión.24

En resumen, esta nueva historiografía política ofrece un complemento y

modificación de énfasis a la concentración de estudios sobre el poder central durante los

años de la Organización Nacional y el roquismo. La nueva historiografía de las

situaciones provinciales muestra cuan complejo y diverso fue el proceso de

anudamiento de los poderes locales con la política nacional, y desafía la validez de

interpretaciones poco matizadas de la “penetración” del Estado Nacional sobre los

“gobiernos de familia” provinciales y las identidades políticas locales. Esta

comprensión más refinada de las situaciones locales ha permitido contextualizar de

mejor manera el impacto concreto de esas ideas sobre centralización y federalismo en el

plano local, y entender los mecanismos y lógicas de concentración del poder que

ensayados primero en ese plano local fueron luego trasladados a la esfera nacional, así

como el relevamiento de una serie de tópicos explorados ahora bajo esta nueva óptica:

gobiernos de familia y nepotismos, las identidades políticas en el interior y el sentido de

las facciones y su alineación con la política nacional, las formas de representación

política en las provincias, las tramas políticas en los orígenes de los partidos nacionales

y las ligas provinciales, el impacto de las instituciones nacionales en las situaciones

locales y los límites y condicionamientos que estas últimas impusieron a las primeras.

23
"Juicio político seguido contra el Juez Federal de Mendoza, Dr. Juan Palma", en Apéndice del Diario de
Sesiones de la Cámara de Senadores, 1868, pp. iii-xcv.
24
Jonathan Miller, “Courts and the Creation of a ‘Spirit of Moderation’: Judicial Protection of
Revolutionaries in Argentina, 1863.1929”, Hastings International and Comparative Law Review, vol. 20,
No. 2, 1997.

14
Del mismo modo, también quisiera hacer referencia a trabajos muy recientes,

que desde la historia económica, siguiendo los pasos iniciales de Roberto Cortés Conde,

han producido una verdadera historia política de las políticas económicas. En particular

enfocándose en la política fiscal en las décadas del Ochenta y el Noventa, estos trabajos

ofrecen nuevas perspectivas para analizar las relaciones entre Buenos Aires, el

gobierno central y las provincias, y por lo tanto sobre todo el proceso de consolidación

del estado nacional hacia fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte.25

El estado en la historiografía reciente (II): la formación de elites técnicas estatales

Para explorar la segunda corriente de aportes de la historiografía reciente al

conocimiento del estado es necesario retornar a las grandes transformaciones ocurridas

en la Argentina desde fines del siglo diecinueve producidas por la gran expansión

económica, las migraciones internacionales, el acelerado proceso de urbanización y la

incipiente industrialización. Como sabemos, entre 1870 y 1914 llegaron a la Argentina

alrededor de seis millones de personas, de las cuales aproximadamente la mitad se asentó

en forma permanente. Hacia el cambio de siglo la tasa de población urbana de la Argentina

se había elevado notablemente: de 42,8% en 1895 al 57,3% en 1914. Entre esos mismos

año la población de la ciudad de Buenos Aires creció de 660.000 habitantes a 1.570.000

habitantes. La alta concentración urbana promovió una serie de problemas comunes a las

grandes ciudades del mundo occidental: por una parte, la urgencia en solucionar las

necesidades básicas de los inmigrantes en materia de vivienda y salud; y los aumentos

registrados en las estadísticas oficiales en áreas de "alta sensibilidad" como la criminalidad

y la mendicidad. Por último, el surgimiento de las primeras organizaciones obreras y sus

25
Lucas Llach, “The Wealth of the Provinces: the Interior and the Political Economy of Argentina, 1880-
1910”, Ph.D. dissertation, Harvard University, 2007; Pablo Gerchunoff, Fernando Rocchi, y Gastón
Rossi, Desorden y progreso. Las crisis económicas argentinas 1870-1905 (Buenos Aires: Edhasa, 2008).

15
campañas reivindicativas y las amenazas del terrorismo anarquista introdujeron un fuerte

contenido político-ideológico que se sumaba a los reclamos por una transformación del

sistema político argentino que habían cobrado fuerza desde la revolución del Noventa y el

surgimiento de una oposición articulada en la Unión Cívica Radical y otras fuerzas

desgajadas del oficialismo.

Ese tipo de cambios, replicaba las consecuencias que la modernización social había

desatado en las sociedades europeas y norteamericanas desde fines del siglo diecinueve.

Dos movimientos vinculados entre sí podían verse repetidos en todos esos casos. Por una

parte, una creciente diversificación en la elaboración de conocimiento sobre los nuevos

fenómenos sociales, -son también estos años los del nacimiento de las ciencias sociales

modernas-, y por otra a la aparición de nuevas áreas de intervención estatal que

demandaban personal especializado, que contara con esos nuevos conocimientos para la

discusión de las políticas estatales que debían responder a los nuevos problemas sociales.

Así como se ha sostenido que los estados hacen las guerras y las guerras hacen los

estados, podría decirse que hacia fines del siglo diecinueve los estados necesitaban a las

ciencias sociales, y las ciencias sociales necesitaban al estado. El estado encontró en las

ciencias sociales un instrumento de justificación y fundamentación de su acción en ciertos

campos; las ciencias sociales recurrieron al estado tanto como objeto de estudio para el

desarrollo de sus contenidos, como para obtener un sello de legitimación y de ayuda en

sus procesos de institucionalización. A ese proceso debe sumarse una dimensión

transnacional: la circulación internacional de ideas y teorías, personas e instituciones

facilitó la copia o adaptación de distintas políticas a través de las fronteras. Se hizo más

visible, entonces, el estrecho vínculo existente entre los cambios que experimentó la

educación superior en las sociedades occidentales, las relaciones entre el estado, los

intelectuales, y los mecanismos de producción y distribución de un nuevo tipo de

16
conocimiento social, y los cambios ideológicos en los que se apoyó la elaboración de

nuevas políticas públicas orientadas a enfrentar los nuevos problemas de las sociedades

occidentales. Finalmente, un extenso cuerpo de literatura ha rastreado los procesos de

creciente autonomía burocrática que las distintas áreas de la administración pública van

alcanzando a lo largo de ese desarrollo de nuevas capacidades estatales.26

La Argentina de comienzos del siglo veinte reflejó también ese tipo de

vinculación. Una fracción importante de la elite dirigente del período, identificada

fuertemente con los claustros universitarios, y dispuesta a participar en el desarrollo de

nuevas instituciones estatales, buscó interpretar y resolver los problemas más conflictivos

que el proceso de modernización planteaba al estado argentino: la inmigración, la

urbanización, la incipiente industrialización y sus secuelas sociales; la educación y la

identidad cultural argentina, las instituciones políticas y los mecanismos de

representación. A su vez, estos grupos fueron ganando presencia institucional en las

universidades, centros de investigación, y el aparato administrativo estatal: catedráticos de

economía, sociología, y derecho; higienistas, criminólogos, laboralistas, estadígrafos,

abogados y jueces; historiadores, escritores, y periodistas integraron ese movimiento

orientado a la producción del nuevo “conocimiento social” y a su utilización desde el

estado.27

26
Algunos títulos representativos de estas líneas de investigación son Theda Skocpol, Protecting Soldiers
and Mothers. The Political Origins of Social Policy in the United States (Harvard University Press,
1992); Dieter Rueschmeyer and Theda Skocpol, editors, States, Social Knowledge, and the Origins of
Modern Social Policies (Princeton University Press, 1996); Daniel T. Rodgers, Atlantic Crossings. Social
Politics in a Progressive Age (Harvard University Press, 1998); Christophe Charle, Jürgen Schriewer,
Peter Wagner (eds.), Transnational Intellectual Networks. Forms of Academic Knowledge and the Search
for Cultural Identities (Frankfurt-N. York: Campus Verlag, 2004); Stephen Skowronek, Building a New
American State. The Expansion of National Administrative Capacities 1877-1920 (Cambridge University
Press, 1982); Daniel P. Carpenter, The Forging of Bureaucratic Autonomy. Reputations, Networks, and
Policy Innovation in Executive Agencies, 1862-1928 (Princeton University Press, 2001).
27
Para el caso argentino, analicé algunas de esas vinculaciones en Eduardo Zimmermann, Los liberales
reformistas. La cuestión social en la Argentina, 1890-1916 (Buenos Aires: Universidad de San
Andrés/Editorial Sudamericana, 1995; y en “Libéralisme et sciences sociales en Argentine á la fin du dix-
neuviéme siécle: des Lumières á la nouvelle ‘connaisance sociale’”, en D. Roldán, La question libérale en
Argentine au 19ème siècle (Le libéralisme argentin en héritage), (París, ALHIM, 2005). Véase también

17
He intentado en algunos trabajos anteriores reflejar ese clima intelectual y las formas de

participación de los catedráticos universitarios en la creación y dirección de nuevas

instituciones estatales: los casos José María Ramos Mejía y Emilio Coni, que tuvieron

activa participación en la creación y dirección de la Asistencia Pública de Buenos Aires;

Augusto Bunge y José Ingenieros, dirigieron la Sección de Higiene Industrial del

Departamento Nacional de Higiene, y el Instituto de Criminología de la Penitenciaría

Nacional, respectivamente. Vínculos similares surgieron en el tratamiento de la llamada

"cuestión obrera", donde José Nicolás Matienzo y Marco Avellaneda actuaron como los

dos primeros presidentes del Departamento Nacional del Trabajo (DNT), promoviendo la

incorporación de graduados de la Facultad de Derecho a esta institución. 28 Esta

convergencia de catedráticos y funcionarios apuntaba a reconocer e impulsar un papel

más activo del estado en la conformación de una agenda pública sobre la economía, los

problemas sociales y la reforma política-institucional. La “cultura científica” impulsada

por el positivismo argentino tendía a reforzar la confianza en las posibles combinaciones

entre el marco de libertades civiles y económicas vigentes con un papel más activo para el

estado. Como bien señalara el historiador John Fogarty, comparando los casos de

Australia, Argentina, y Canadá:

La era que valorizó los principios del laissez-faire liberal fue la misma en la que el conocimiento
científico despertó el optimismo en la creencia que la gente podía ejercer control sobre su ambiente
y sobre su destino. En las fluídas sociedades de asentamiento reciente estas dos tradiciones se
fusionaron exitosamente en una filosofía política pragmática que combinaba nociones económicas
liberales con el activismo e intervencionismo gubernamental.29

Federico Neiburg y Mariano Plotkin (compiladores), Intelectuales y expertos. La constitución del


conocimiento social en la Argentina (Buenos Aires: Paidós, 2004); y para otros casos latinoamericanos,
Frank Safford, The Ideal of the Practical. Colombia´s Struggle to form a Technical Elite (Austin: The
University of Texas Press, 1976); y Marcos Cueto, Excelencia científica la periferia. Actividades
científicas e investigación biomédica en el Perú 1890-1950 (Lima, GRADE, 1989); Edmundo Campos
Coelho, As Profissoes Imperiais. Medicina, Engenharia e Advocacia no Rio de Janeiro 1822-1930 (Rio
de Janeiro: Record, 1999).
28
Para mayor detalle, E. Zimmermann, Los liberales reformistas, pp. 70-74.
29
John Fogarty, "Social Experiments in Regions of Recent Settlement: Australia, Argentina and Canada", en
D.C.M. Platt, compilador, Social Welfare 1850-1950 (Londres: MacMillan, 1989), pp. 179-199. Sobre la
“cultura científica” argentina del cambio de siglo, Oscar Terán, Vida intelectual en el Buenos Aires fin-de-
siglo (1880-1910). Derivas de la “cultura científica” (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000).

18
No siempre, sin embargo, esos proyectos conseguirían asentarse exitosamente a través

del tiempo, como la experiencia argentina iba a demostrar en las décadas siguientes.

Contamos hoy con un creciente cuerpo de estudios sobre la formación de estas

elites técnicas estatales, -los “intelectuales y expertos”-, y las formas de conocimiento

especializado que permitieron asentar a nuevos campos profesionales en el aparato del

estado nacional. ¿Cuáles han sido las mayores contribuciones de esta corriente al

conocimiento de la construcción del estado nacional? Las aportes más importantes se

concentran en tres áreas principales: 1) los estudios sobre los procesos de

institucionalización de ciertas disciplinas académicas, por ejemplo la economía y la

sociología, en su interacción con el estado; 2) la llegada al estado de “elites técnicas”,

impulsadas por ciertas coyunturas históricas particulares, por ejemplo, los higienistas

tras el impacto de las grandes epidemias, o los criminólogos ante el crecimiento de las

estadísticas de delitos; 3) el desarrollo de nuevas agencias estatales: los canales de

reclutamiento, el crecimiento o restricciones enfrentadas, y la capacidad de diseñar

políticas públicas efectivas. Las áreas o campos en los que esta producción se ha

desarrollado principalmente (y de la que citaremos sólo algunos ejemplos) son los

estudios sobre la medicina social y la higiene pública; la constitución de los

economistas como una elite técnica estatal, la criminología y las instituciones judiciales,

policiales y penitenciarias; la regulación de las relaciones laborales y sus expertos, la

elaboración de las estadísticas y censos nacionales, los ingenieros y su participación en

el desarrollo de la obra pública, la construcción de caminos y los ferrocarriles. 30

30
Diego Armus, Avatares de la medicalización en América Latina. 1870-1970 (Lugar Editorial, 2005);
Susana, Belmartino, La atención médica argentina en el siglo XX. Instituciones y procesos. (Buenos
Aires:Siglo XXI, 2005); Ricardo.González Leandri, Curar, Persuadir, Gobernar. La construcción
histórica de la profesión médica en Buenos Aires, 1852-1886 (Madrid: Biblioteca de Historia de América,
CSIC, 1999), Plotkin, Intelectuales y expertos; R. Salvatore, “Criminología positivista, reforma de
prisiones y la cuestión social/obrera en Argentina”, en: Suriano (ed.), La cuestión social en la Argentina,
1870-1943, Bs As, La Colmena, 2000, : L. Caimari, Apenas un delincuente. Crimen, castigo y cultura en

19
Crecientemente, estos estudios van cubriendo los cambios producidos a lo largo del

siglo veinte, con las transformaciones en el estado impulsadas por la democratización

del régimen electoral, la crisis del treinta y la llegada del peronismo 31, permitiendo

complementar a través del estudio de los procesos de profesionalización de las

burocracias técnicas, a otras perspectivas que desde las ciencias sociales se enfocan en

la influencia del diseño institucional en los procesos de elaboración de política

pública. 32

Conclusiones:

Al reflexionar sobre las contribuciones de estos trabajos recientes sobre el estado

argentino, he intentado mostrar de qué manera la historiografía argentina como

emprendimiento colectivo ha ido aumentando nuestro conocimiento sobre el proceso de

construcción estatal, reflejando la capacidad para construir sobre lo producido por

la Argentina, 1880-1955, Bs As, SigloXXI, 2004; Mercedes García Ferrari, “Identificación.


Implementación de tecnologías y construcción de archivos en la Policía de la Capital. Buenos Aires,
1880-1905”, Tesis de Maestría, Universidad de San Andrés, 2007; Hernán Otero, El mosaico argentino.
Modelos y representación del espacio y la población, siglos XIX y XX (Buenos Aires: Siglo XXI, 2004), y
Estadística y Nación. Una historia conceptual del pensamiento censal de la Argentina moderna, 1869-
1914 (Buenos Aires: Prometeo, 2006); Hernán González Bollo, “La estadística pública y la expansión del
estado argentino: una historia social y política de una burocracia especializada, 1869-1947”, Tesis de
Doctorado, Universidad Torcuato Di Tella, 2007; Anahí Ballent, “Kilómetro cero: la construcción del
universo simbólico del camino en la Argentina de los años treinta”, Boletín del Instituto Ravignani, No.
27, 2005; y Las huellas de la política. Vivienda, ciudad, peronismo en Buenos Aires. 1943-1955 (Bernal:
Universidad Nacional de Quilmes, 2005); Silvana A. Palermo, “Elite técnica y estado liberal: la creación
de una administración moderna en los Ferrocarriles del Estado (1870-1910)” en Estudios Sociales 30,
2006; Andrés M. Regalsky y Elena Salerno, “En los comienzos del Estado empresario: la inversión
pública en ferrocarriles y obras sanitarias entre 1900 y 1928”, Anuario 5, Centro de Estudios Históricos
“Prof. C.S.Segretti”, Córdoba, 2005; Elena Salerno, Los comienzos del estado empresario. La
administración General de los Ferrocarriles del Estado (1910-1928), Buenos Aires, CEEED- FCE-UBA,
2003.

31
Darío Roldán (comp.), Crear la democracia. La revista de Ciencias Políticas y el debate en torno de la
democracia verdadera (Buenos Aires: FCE, 2006); Marcela Ferrari, Los políticos en la república radical.
Prácticas políticas y construcción de poder (Buenos Aires: Siglo XXI, 2008); Patricia Berrotarán, Del
Plan a la Planificación. El estado en la época peronista (Buenos Aires: Imago Mundi, 2003).

32
Véanse como ejemplos, Steven Levitsky y María Victoria Murillo, editores, Argentine Democracy. The
Politics of Institutional Weakness (The Pennsylvania State University Press, 2005); y Pablo T. Spiller y
Mariano Tommasi, The Institutional Foundations of Public Policy in Argentina (Cambridge University
Press, 2007).

20
generaciones de historiadores anteriores, en un juego permanente de continuidad y

cambio.

Como en muchos problemas históricos, la elección del tema de la construcción

del estado en nuestra historiografía reciente obedece a un interrogante planteado por

nuestro presente: ¿cuáles son los orígenes del estado que tenemos? ¿Qué podemos

aprender del proceso histórico de construcción de nuestro estado que contribuya a un

mejor entendimiento del estado con el que hoy contamos? Proyectando las dos

perspectivas aquí analizadas, -la historia de las conflictivas relaciones entre el estado

central y las situaciones provinciales, y la historia de la formación de nuevas elites

técnicas estatales- vemos hoy un estado que por una parte parece estar lejos de haber

establecido bases firmes para el funcionamiento del régimen federal que regula las

relaciones entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, y por otra, parece

relativamente desprovisto de cuadros técnico-burocráticos que le permitan encarar de

manera solvente la discusión de las políticas sectoriales (ambas falencias ilustradas en

el reciente conflicto con las asociaciones de productores agropecuarios). La

investigación histórica no puede darnos respuestas definitivas sobre lo que nos ocurre

en el presente, pero puede iluminar algunos aspectos no contemplados de nuestra

realidad para hacerla así más entendible. El estudio de los dos procesos aquí analizados

puede contribuir, sin duda, a una mejor comprensión de algunas características del

estado argentino actual.

Finalmente debo agregar para concluir, una reflexión sobre otro tipo de

perspectiva sobre el estado argentino, aquella que fue alimentada por nuestra tradición

de pensamiento liberal y que se enfocó en los límites a la expansión del poder estatal

como mejor garantía para las libertades individuales.

21
Los estados son mecanismos de acción colectiva para obtener a través del uso de

la coerción ciertos bienes públicos necesarios para el desarrollo de la vida en sociedad.

En la medida en que deseamos vivir en una sociedad con los menores grados de

coerción posible, y con las mayores posibilidades para todos de autonomía y

desarrollo personal no está de más recordar hoy la opinión vertida por Leandro Alem

en 1880, en el debate sobre la federalización de la ciudad de Buenos Aires, debate

brillantemente analizado por Ezequiel Gallo hace 15 años en su discurso de

incorporación a esta Academia. Quiero concluir con esas palabras de Alem, que

oponiéndose al proyecto del oficialismo, en el que veía un símbolo de la construcción

de un estado nacional demasiado poderoso decía:

“Gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el


hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su
iniciativa y se desenvuelve su actividad.”

También sobre la elaboración de esas ideas hemos contado y contamos aún con una rica

producción historiográfica, pero su análisis deberá quedar pendiente para otra

oportunidad.

Muchas gracias.

22

También podría gustarte