0% encontró este documento útil (0 votos)
65 vistas13 páginas

Eutérpe

Heródoto describe la geografía y sociedad de Egipto. Explica que Egipto se formó gradualmente a lo largo del tiempo y no siempre tuvo sus fronteras actuales. Describe las diferentes costumbres sociales y religiosas de los egipcios, como sus prácticas para los sacrificios y el entierro de animales. Además, discute las teorías sobre las inundaciones del Nilo y concluye que estas se deben principalmente a factores climáticos como las lluvias y tormentas, en lugar de la nieve derretida.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
65 vistas13 páginas

Eutérpe

Heródoto describe la geografía y sociedad de Egipto. Explica que Egipto se formó gradualmente a lo largo del tiempo y no siempre tuvo sus fronteras actuales. Describe las diferentes costumbres sociales y religiosas de los egipcios, como sus prácticas para los sacrificios y el entierro de animales. Además, discute las teorías sobre las inundaciones del Nilo y concluye que estas se deben principalmente a factores climáticos como las lluvias y tormentas, en lugar de la nieve derretida.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 13

Referencia: Heródoto, Los nueve libros de la historia: Tomo 2, www.elaleph.

com, 2000, 4-
107.

LOS NUEVE LIBROS DE LA HISTORIA: TOMO 2 “EUTERPE”

Resumen personal:
Este ensayo se va a hacer un reporte de lectura sobre el segundo libro de Heródoto:
Euterpe. Este habla acerca del viaje que nuestro autor realiza a Egipto, sociedad y cultura
que era una gran inspiración para los griegos. Heródoto no cumple en su totalidad con una
postura neutral, sino que mete la propia y hasta hace juicio de actividades que observa. El
libro consta de ciento ochenta y dos parágrafos que ayudan a situarnos mejor en la lectura.
Para situarnos en su relato, se da un contexto histórico de algunas dinastías de Egipto,
después inicia con una descripción geográfica, pasando por temas más propio del lugar
como su arquitectura, tradiciones, costumbres, religión y cosmogonía.

Desarrollo
Los egipcios creían ser los primeros habitantes del mundo hasta el reinado de
Psamético, quien decidió ceder este honor a los frigios. Para determinar cuál de las dos
naciones era la más antigua, Psamético tomó a dos niños recién nacidos de padres humildes
y los entregó a un pastor para que los criara en completo aislamiento, sin que nadie
pronunciara palabra cerca de ellos. Después de dos años de espera, cuando el pastor abrió la
puerta de la choza, los niños pronunciaron la palabra becos. Psamético investigó y descubrió
que esta palabra significaba "pan" en frigio. Con esta experiencia, los egipcios renunciaron a
sus pretensiones de ser los más antiguos y Psamético escuchó esta historia de boca de los
sacerdotes de Vulcano.

Afirmaban ser los primeros en inventar el calendario de 12 meses con 30 días cada
uno, añadiendo cinco días extra al año. También decían que Menes fue el primer gobernante
de Egipto. Sin embargo, en realidad, Egipto es una región geográficamente especial, un
estrecho valle entre montañas, con una longitud costera de aproximadamente 3,600 estadios.
El país es plano y carece de agua, y está rodeado por montañas en el norte y el sur,
extendiéndose hasta el mar Eritreo. En esta región se encuentran las canteras utilizadas para
construir las pirámides de Menfis. Al oeste de Egipto, limitando con Libia, hay otro monte
pedregoso donde se encuentran las pirámides, cubiertas de arena y orientadas hacia el sur, en
contraposición a los montes de Arabia al norte.

Heródoto describe la geografía de Egipto y sugiere que gran parte de la tierra egipcia
fue gradualmente agregada al país a lo largo del tiempo. Desde Heliópolis hasta Tebas, hay
un viaje de 9 días de navegación, que equivale a 4860 estadios o 81 schenos. A lo largo de la
costa de Egipto, hay 3600 estadios. El autor también compara la forma geográfica de Egipto
con un antiguo golfo estrecho en la región de Arabia. Sugiere que en algún momento, Egipto
pudo haber sido un golfo similar al actual Golfo Árabe, y que el Nilo podría haber cambiado
su curso hacia el golfo, separándolo de la Etiopía. El autor especula que esto podría haber
ocurrido en los últimos 10,000 años antes de su tiempo.

Heródoto está convencido de que Egipto se formó gradualmente y no es similar a


otras regiones costeras como Arabia, Libia o Siria. Menciona que el Nilo solía inundar las
tierras, pero ahora parece que esto ya no sucede debido al aumento del terreno. También
critica la creencia de los egipcios de que son los habitantes más antiguos del mundo,
argumentando que Egipto ha sido habitado por diferentes grupos a lo largo del tiempo.

El autor divide Egipto en dos partes, Asia y Libia, y señala que el delta es una región
relativamente nueva. Luego, discute las teorías griegas sobre las inundaciones del Nilo,
prefiriendo la idea de que el Nilo se llena en verano debido a las lluvias y se retira en invierno
debido a las tormentas y huracanes.

En última instancia, el autor sostiene que el Nilo no proviene del océano y que la
teoría de que las inundaciones son causadas por la nieve derretida carece de fundamento. En
su opinión, el Nilo se llena en verano y se retira en invierno debido a factores climáticos
como las lluvias y las tormentas, con el sol desviándose de su curso en invierno y ascendiendo
sobre Libia.

La teoría sobre los fenómenos relacionados con el río Nilo y el clima en Egipto y
Libia se presenta en el libro. Esta sostiene que el sol es la causa principal de estos fenómenos,
ya que su posición en el cielo afecta el clima y la atmósfera en la región. El autor argumenta
que el sol, en su curso, podría cambiar su posición y elevarse en el cielo, lo que influiría en
el clima y las estaciones en Europa de manera similar a cómo lo hace en Libia. Además,
sugiere que la falta de viento natural que explique las inundaciones del Nilo podría deberse
a que el viento proviene de alguna fuente fría en general.

Se narra la búsqueda de Heródoto ¿su búsqueda de las fuentes del Nilo, mencionando
que un tesorero en Sais le habló de dos montes llamados Crophi y Mophio en la Tebaida,
donde se encuentra una fuente del Nilo. Sin embargo, el autor señala que no pudo verificar
esta información y que, a medida que viajaba por el Nilo hacia el sur, no pudo obtener
información confiable sobre las fuentes del río más allá de Egipto, ya que la región se
convierte en un yermo desolado y caliente.

Los egipcios se destacan por sus diferencias en leyes, prácticas y tradiciones en


comparación con otros grupos culturales. En su sociedad, las mujeres son las que participan
activamente en actividades comerciales, compran y venden en público, mientras que los
hombres se dedican a tareas como tejer, coser y llevar cargas en la cabeza. También tienen
prácticas peculiares, como las mujeres que orinan de pie y los hombres que lo hacen sentados.
Para asuntos personales, se retiran a sus hogares y, a menudo, comen en la calle, ya que
consideran que lo indecoroso debe ocultarse, pero las acciones indiferentes pueden llevarse
a cabo en público. Además, en esta sociedad, solo los hombres pueden ser sacerdotes, y las
hijas son las únicas que están obligadas a cuidar de sus padres, mientras que los varones no
pueden ser forzados a hacerlo en contra de su voluntad.

En otra nación, los sacerdotes de los dioses dejan crecer su cabello, mientras que los
egipcios se lo rapaban como señal de luto cuando alguien cercano fallecía. Además, los
egipcios tienen la costumbre de comer con los animales, incluso utilizan sus manos para
manejar lodo y estiércol, y amasan la harina con los pies. A diferencia de otros hombres que
mantienen sus partes naturales sin alteraciones, algunos egipcios han aprendido a
circuncidarse. En cuanto a la vestimenta, los griegos suelen escribir y realizar cálculos con
la mano izquierda, mientras que los egipcios lo hacen con la mano derecha. También se
diferencian en sus vasos, ya que los egipcios beben en vasos de bronce que limpian a diario.
Todos ellos visten prendas de lino que siempre están recién lavadas. Los sacerdotes egipcios
usan zapatos de biblo, ya que no se les permite llevar otra ropa ni calzado. Además,
mantienen la tradición de lavarse con agua fría dos veces al día y otras dos veces por la noche.
Por último, los egipcios consideran que los bueyes son la única víctima adecuada para sus
epafo, y para determinar la pureza de un buey, realizan una prueba en la que un solo pelo
negro en el animal lo descalifica como puro y legítimo.

En los sacrificios a la diosa Isis, no se sigue un único método, sino que varían
considerablemente. Los seguidores de Isis comienzan con un ayuno, luego presentan
oraciones y súplicas en su reverencia y finalmente sacrifican un buey. La víctima es desollada
y se le retiran las tripas, dejando las entrañas unidas al cuerpo junto con su grasa. Luego, se
separan las piernas y se cortan la parte superior del lomo junto con el cuello y la espalda. El
cuerpo se rellena con panal puro, miel de uva, higos, incienso, mirra y otros aromas, y
finalmente se vierte abundante aceite sobre él antes de entregarlo a las llamas.

En estos se permitía el sacrificio de bueyes y terneros puros, pero está prohibido


sacrificar vacas o terneros debido a su dedicación a Isis. Por lo tanto, la vaca es especialmente
venerada por los egipcios en comparación con otros animales.

Los egipcios tienen prácticas específicas en lo que respecta a la disposición de los


cuerpos de los bueyes difuntos. Las hembras son arrojadas al río, mientras que los machos
son enterrados en los arrabales de las ciudades, marcando sus tumbas con una o dos de sus
astas sobresaliendo de la tierra. Cuando llega el momento designado, las ciudades envían
barcos que parten desde la isla de Prosopitis, ubicada dentro del delta del río, para recoger
los huesos de los bueyes. Estos huesos se entierran en un lugar específico, donde se les da
una sepultura adecuada. Esta costumbre se aplica también a otras bestias, ya que la ley egipcia
les obliga a enterrar los cuerpos de los animales cuando mueren, mostrando así respeto por
la vida en todas las ocasiones.

Los egipcios tienen una tradición relacionada con Hércules, uno de los doce dioses
de su panteón, pero no tienen información sobre otro Hércules, posiblemente el Hércules
griego. Los egipcios creen que fue Grecia la que tomó el nombre de Hércules de ellos, en
lugar de al revés. Además, los egipcios no consideran a Poseidón ni a Dionisio como dioses,
lo que sugiere que no influyeron en su mitología. Los griegos, que comerciaban por mar,
pudieron haberles dado el nombre de sus dioses relacionados con la navegación, como
Hércules, el campeón y protector de la Tierra. El autor viajó a Tiro, en Fenicia, donde
encontró un templo dedicado a Hércules y habló con sacerdotes que afirmaron que el templo
tenía más de 2,300 años desde la fundación de la ciudad. También encontró otros templos
dedicados a Hércules en la región fenicia, lo que respalda la antigüedad de la veneración de
Hércules en la zona.

Consideran al cerdo como un animal abominable, lo que lleva a prácticas


supersticiosas como arrojarse al río con la ropa puesta para purificarse si se tiene contacto
accidental con un cerdo. Además, los porquerizos, a pesar de ser nativos del país, están
excluidos de la entrada y la comunicación en los templos, y no se les permite casarse con
mujeres egipcias ni tomarlas como esposas, debido a la aversión hacia los cerdos en la cultura
egipcia.

El viaje que se realiza a Bubastis con este propósito es notable. Hombres y mujeres
viajan juntos en compañía, y es un espectáculo extraordinario ver la gran multitud de ambos
sexos que aborda cada nave. Algunas de las mujeres tocan sonajas sin cesar, mientras que
algunos hombres tocan sus flautas sin parar. Mientras tanto, la multitud de hombres y mujeres
no deja de cantar y aplaudir.

Al llegar a las ciudades a lo largo del camino, algunas de las mujeres continúan su
algarabía mientras acercan la nave a la orilla. Otras se burlan e insultan a las mujeres de las
ciudades con fuertes gritos. Algunas incluso bailan, y otras levantan sus vestidos. Este
comportamiento se repite en cada pueblo que se encuentra a lo largo del río. Cuando
finalmente llegan a Bubastis, celebran su fiesta ofreciendo numerosos y generosos
sacrificios. Durante la fiesta, se consume una cantidad tan grande de vino que supera lo que
se bebe durante el resto del año. Se estima que la multitud de hombres y mujeres que
participan en la fiesta asciende a 700,000 personas, según lo que dicen los habitantes locales.

En aquella fiesta, acabado el sacrificio que los egipcios rinden a Isis, hay una extraña
tradición que consiste en llorar y maltratarse, a tal grado de pegarse con sables y cuchillos la
frente. Es difícil identificar a gente no egipcia para no incluirlos dentro de la celebración.

Otra celebración que sucede en la ciudad de Sais, consiste en que, acabado el


sacrificio, iluminan toda la ciudad. La gente que no asistía, de igual forma prendía lámparas
fuera de sus casas. Se solía utilizar lámparas de aceite con sal. Aquella se conoce como
“Licnocria” o “iluminación de las lámparas”.

Existen ciudades donde sólo llevan a cabo el sacrificio, sin embargo no dejan de haber
ciudades que tienen una celebración extra después del acto principal. En Papremis, se hace
una representación, como una obra, de su dios. Se dividen en tres grupos: Los sacerdotes que
lo adornan, los sacerdotes que se ponen en la entrada impidiendo el paso y los que esperan
fuera con palos. La representación consta en que los sacerdotes que adornan al dios, lo llevan
en un carro hasta otro cuarto sagrado; mientras otros se plantan en la entrada impidiendo el
paso del mismo dios. Y para esto, los seguidores del dios entran en riña con los defensores
de las puertas.

El origen de aquella tradición habla de la visita que Marte trata de hacer a su madre y
la cual es interferida por criados que no lo conocían. Para esto, Marte arma una gran pelea
con gente que él reunió que le ayudaron a acabar con los guardias de la entrada. En memoria,
se vuelve a vivir la pelea. Cabe resaltar que no había ninguna mujer en dicha representación,
lo cual esto nos dice que los egipcios no permitían a las mujeres en lugares sagrados como
en otros lugares. Así defienden al templo de una posible profanación.

Los egipcios eran supersticiosos y muy ceremoniosos. Los animales que habitaban el
lugar estaban profundamente ligados con sus deidades. Cada especie animal tenía un
cuidador. Algunos ricos ofrecían su voto rapándole, ya sea todo o una parte, del cabello de
sus hijos. Lo que este pesaba era dado en plata al cuidador del dios encomendado. Si se
ultrajaba a algún animal sagrado, la pena era la muerte.

Hay mucha abundancia de animales domésticos. Los egipcios adoran mucho a uno de
ellos: el gato. Ellos observaron que las gatas descuidan a sus hijos, y cuando ya no los tienen,
recurren al macho en busca de más gatitos. Por esto, el pueblo los cuida mucho y los tienen
de compañía en casa. Tanto así que ante cualquier tragedia los cuidan, y si un gato de casa
llega a morir de manera natural, se rapan las cejas. Si es un perro el que muere, se afeitan la
cabeza. Después del fallecimiento del gato, son sepultados en la ciudad de Bubastis. Los
perros, icneumones, gavilanes y mígalas son enterrados en ciudades específicas, mientras
que osos y lobos donde yacen muertos.

El cocodrilo asombra a la cultura egipcia por las medidas que toma cuando crece. Sus
pequeños ojos y grandes dientes asombran, también carece de lengua. Muerde primero con
la quijada de arriba, cosa anormal en los animales hasta ahora conocidos. Ataca a cuanto
animal pueda, excepto al reyezuelo que siempre se come las sanguijuelas de su hocico. Es
sagrado y a la vez mal visto. En Tebas y en las cercanías de la laguna Meris, se suele adoptar
un cocodrilo para adornarlo y tenerlo como mascota. En su muerte, le dan sagrada sepultura.
También se les llama campsas. Varias formas se usan para capturar a un cocodrilo, pero la
descrita por Heródoto es la que consiste en atraer al cocodrilo con un cebo y jalarlo a la arena
para que se le nublen los ojos y lo puedan amordazar.

Los hipopótamos y caballos, que sólo en Papremis son divinos pero en el resto de
Egipto no. A las nutrias y anguilas las veneran. Pues creen que son especies esenciales del
Nilo, así como el ganso bravo.
El fénix también era sagrado, sólo visto en pinturas. El mito, según los de Heliópolis,
cada quinientos años viene a ver si su padre falleció. Es rojo con detalles dorados. Si
encuentra el cadáver del padre, lo lleva al templo del Sol dentro de un huevo de mirra que
carga mientras vuela.

Otro animal divino en Tebas eran las serpientes no ponzoñosas. Al morir, se entierran
en el templo de Júpiter. Una sierpe alada es venerada cerca de Arabia y Butona. Heródoto
dice que, al llegar al lugar, se encontró con osamentas del animal. Aquel lugar, se podría
decir, que era un cementerio de este animal. Se dice que en este lugar, cada primavera hay
una lucha entre las aves ibis y ellas, las cuales mueren en esta riña. Este pájaro mencionado
anteriormente es similar a una grulla. Se le relaciona con la lucha contra las sierpes o de
forma doméstica. Las sierpes aladas tienes alas como de murciélago.

Heródoto se asombraba por la sabiduría que poseían en todos sus ámbitos. Algo
notorio es que buscaban limpiar su ser con el vómito, esto sólo tres días del año. Pues creían
que la comida te hacía contraer enfermedades. Esto ayuda por el clima tan extremo que hay
en Egipto. Su alimentación constaba de pan de escandia, cerveza de cebada, pescados secos,
hervidos o asados al igual que aves pequeñas.

En los convites de la gente adinerada, era común que pasaran con una “estatua” por
los invitados. Ésta en realidad era una pequeña momia. Se usaba para motivar a los invitados
a disfrutar del banquete, pues después de la muerto uno queda sumido en un sueño eterno.

Dentro del festín se pueden escuchar canciones nacionales, pero una de ellas que no
conoce de barreras espaciales, es la que más suena. Esta canción se asemeja a “Lino”, canción
griega; que en egipcio se llama “Maneros”.

Educación hasta con la gente mayor por parte de los jóvenes se encuentra en Egipto.
Pues al ver a alguien mayor, se le cede el paso e incluso se cede el asiento. Un buen saludo
es inclinándose hacia enfrente bajando la mano a la rodilla. Su vestimenta consistía en túnicas
con franjas con un manto encima. El tejido de lana se asocia con el orfismo.

Los egipcios tenían un gran conocimiento de la astrología, pues manejaban el control


del tiempo por medio de unidades de medición como el día o el mes. Otra área que manejaba
su astrología era la de “predecir” el futuro de una persona dependiendo de su fecha de
nacimiento. Las predicciones consultadas en los oráculos que existían a través de todo Egipto
eran frecuentemente recurridas. La medicina no era algo general, sino que aquí ya se marcaba
cierta división entre los médicos que atendían un tipo de enfermedad.

El fallecimiento de una persona implicaba muchas costumbres similares a las de hoy


en día. Una forma de mostrar el luto era que, al fallecer un hombre importante, las mujeres
se cubrían de lodo el rostro y la cabeza. Dejando el busto al aire, recorrían la ciudad
lamentando la pérdida. Los hombres se quitaban el cíngulo del cuerpo y acompañaban a la
llorosa procesión. La procesión concluía al llegar con el embalsamador. El ser embalsamador
era un oficio importante en el Antiguo Egipto. Se muestran los tres tipos de embalsamamiento
que se podía hacer y la familia decidía.

Con las matronas, era diferente. Al fallecer, no eran llevadas directamente con el
embalsamador sino que había un retraso de hasta cuatro días para llevarlas. Esto con el
propósito de impedir algún acto de profanación al cuerpo. Si alguien fallecía a causa de un
cocodrilo, sea egipcio o extranjera, la ciudad tenía el deber de embalsamarlo y enterrarlo en
terreno sacro. Una regla implícita entre los egipcios era no caer en el seguimiento de
tradiciones griegas.

Habla sobre un grupo de egipcios que vivían en los pantanos y compartían la idea de
la monogamia con los griegos, aunque esta costumbre fue objeto de debate. Este grupo
valoraba mucho los lirios, a los que llamaban lotos, que crecían después de la crecida del río.
Los lotos se cosechaban, se secaban y se utilizaban para hacer panes cocidos o se consumía
su raíz.

Para evitar las picaduras de mosquitos, se resguardaban durmiendo en altas torres y


utilizando redes alrededor de sus camas. Las embarcaciones de los egipcios que vivían en los
pantanos se construían principalmente con madera de acacia.

La historia del reino de Egipto comenzó con Min, quien fue el primer monarca de
Egipto. Él protegió la ciudad de Menfis, cambió el curso del río Nilo, fundando así Menfis
en la parte donde desvió el río, y construyó un santuario para Hefesto. Después de él, hubo
un total de 330 reyes, de los cuales solo 18 eran de origen etíope y uno era una mujer llamada
Nicrotis.

Después se menciona el reinado de Meris, quien dejó un legado con la construcción


del pórtico del santuario de Hefesto, la excavación de un lago y la edificación de pirámides.
Después, se relata la historia de Sesostris, quien conquistó a los eritreos, erigió columnas en
su honor con los nombres de las ciudades que había vencido, derrotó a los escitas y a los
tracios. Sin embargo, cuando el autor visitó las columnas de Sesostris, apenas quedaba nada
de ellas.

Sesostris también se encargó de la gestión de los canales en todo Egipto para


asegurarse de que la población no sufriera por la falta de agua en otoño o invierno. Además,
distribuyó tierras y estableció impuestos sobre la propiedad. Conquistó Etiopía y erigió
estatuas de él y su familia frente al santuario de Hefesto. Después de Sesostris, su hijo Feros
ascendió al trono, pero quedó ciego y no logró mucho, excepto la construcción de dos
obeliscos para celebrar su recuperación de la vista, que ocurrió después de cumplir un
mandato del oráculo.
El siguiente rey fue Menfis, quien gobernó durante un período en el que se encontró
con un recinto sagrado cercano a los fenicios de Tiro. Dentro de este recinto, había una
sección dedicada al culto de Afrodita, que el autor sospechaba que en realidad representaba
a Helena, la mujer que había sido raptada por Alejandro. El autor se puso a investigar por
qué Menfis estaba relacionado con esta historia y descubrió, a través de los sacerdotes, que
fue Menfis quien le ordenó a Alejandro que abandonara sus tierras sin matarlo, estableciendo
un plazo de tres días y la condición de que dejara a Helena y sus tesoros a la espera de la
llegada de su verdadero esposo y dueño, Menelao.

La historia continúa con Menelao atacando Esparta en busca de lo que le habían


robado y sitiando la ciudad durante algunos días, hasta que se dio cuenta de que debía
dirigirse a Egipto en su búsqueda. En Egipto, fue recibido con alegría y recuperó lo que había
perdido, aunque pagó un precio dañando a dos niños egipcios. Esto llevó al autor a confiar
más en esta historia que en la versión de Homero.

Después de la muerte de Menfis (también conocido como Proteo), Rampsinito heredó


el trono. Se le atribuye la construcción de dos pórticos y dos estatuas, y acumuló una gran
riqueza. Guardó sus tesoros en una habitación cerrada que había construido especialmente
para proteger sus posesiones. Al morir, legó a sus hijos la ubicación del tesoro, y estos
intentaron abrir la habitación que estaba sellada con una piedra. Sin embargo, su codicia les
costó un castigo significativo y una lección importante.

Después de la muerte de Rampsinito, Egipto experimentó un período de declive,


marcado por la llegada de Queops como sucesor del rey. Queops gobernó de manera
opresiva, sumiendo a los egipcios en la pobreza, cerrando los templos y prohibiendo los
sacrificios, convirtiendo al pueblo en sus esclavos. Durante su reinado, se completó la
construcción de una pirámide que él había ordenado, utilizando máquinas para elevar las
pesadas piedras a alturas considerables.

Queops también trató mal a su hija, utilizándola para obtener dinero, y ella, por
méritos propios, deseó tener su propia pirámide. Le sucedió Quefrén, quien continuó con las
mismas prácticas opresivas. La principal diferencia entre ambos reyes fue que Quefrén
intentó construir una pirámide de dimensiones diferentes, aunque carecía de canales, cámaras
subterráneas y otros elementos de la pirámide de Queops. Quefrén gobernó durante 56 años,
manteniendo a Egipto en la miseria y con los templos cerrados.

Micerino sucedió a Quefrén y mejoró un poco la situación. Abrió los templos, dejó
de oprimir a los egipcios y les concedió libertad. Fue un rey justo y bondadoso para sus
súbditos. Sin embargo, su reinado estuvo marcado por la muerte prematura de su hija, a quien
sepultó en una estatua de vaca y encendía perfume y lámparas diariamente en su honor.
También se hablaba de rumores sobre su relación con su propia hija, lo que la habría llevado
al suicidio. Un oráculo le profetizó a Micerino que moriría en 7 años, pero él intentó desafiar
su destino bebiendo y manteniendo encendidas las lámparas cada noche para prolongar su
vida y disfrutarla al máximo, olvidando el tiempo que le quedaba en este mundo.

Heródoto, en su escritura, solía relatar lo que otros le contaban. En la creencia egipcia,


Céres y Dionisio eran considerados los gobernantes del inframundo, y se creía en la
inmortalidad del alma. Cuando una persona moría, su alma pasaba a habitar sucesivamente
en cuerpos de animales durante un ciclo de 3000 años antes de estar lista para renacer en un
nuevo cuerpo humano. Algunos griegos adoptaron esta creencia como si ellos mismos la
hubieran inventado.

Durante el reinado de Rampsinio, Egipto experimentó un período de prosperidad y


justicia. Sin embargo, su sucesor, Quéope, cambió esto al cerrar los templos y prohibir los
sacrificios religiosos, obligando a los egipcios a trabajar en la construcción de pirámides.
Esto implicaba llevar piedras cortadas desde el monte de Arabia, algunas transportadas en
barcas por el río y luego arrastradas por el monte Libia. Se requerían hasta 3000 trabajadores,
que eran reemplazados cada 3 meses durante 10 años. Este esfuerzo no se compara con los
20 años que llevó construir una de las pirámides. La construcción comenzó desde la parte
inferior utilizando máquinas formadas por troncos cortos. Luego, la fachada se pulía de arriba
hacia abajo. En las pirámides egipcias, se encuentran inscripciones con los costos de rábanos,
cebollas y ajos utilizados en la construcción, con un valor aproximado de 4600 talentos de
plata.

Cuando Quéope murió, su sucesor fue su hermano Quefren, quien intentó emular a
su hermano al construir otra pirámide, aunque no alcanzó las mismas dimensiones. Quéope
y Quefren gobernaron durante 106 años, un período que los egipcios consideraron como una
época de miseria y opresión. Estas pirámides llegaron a ser conocidas como las "pirámides
del pastor Filitís", ya que se decía que habían sido construidas donde él pastoreaba su rebaño.
Luego, Quefren fue sucedido por su sobrino Micerino, hijo de Quéope, quien se destacó por
abrir los templos nuevamente y permitir que la gente abandonara los trabajos forzados,
disfrutando de festividades y rituales religiosos. Sin embargo, la tristeza llegó a su vida tras
la muerte de su hija, y en su honor, hizo construir una vaca dorada hueca para su sepultura.
La princesa no fue enterrada en la tierra, sino que su aposento en la ciudad de Sais fue
decorado y se le ofrecían perfumes, manteniendo una lámpara encendida. En un aposento
cercano, se exhibían estatuas colosales de las concubinas de Micerino, todas ellas desnudas.

Se dice que Micerino tuvo deseos incestuosos por su hija, los cuales logró cumplir,
causando gran dolor a la joven que terminó su vida sufriendo la violencia de su padre. Ante
el temor de que otras doncellas corrieran la misma suerte, la madre de la hija ordenó que les
cortaran las manos como castigo. Estos castigos están representados en estatuas. Sin
embargo, Herodoto considera que quienes cuentan estas historias lo hacen de manera
inapropiada.
Una vaca dorada, con un manto púrpura y un círculo de oro entre sus cuernos en
representación del sol, se saca de su encierro anualmente. La hija de Micerino, antes de morir,
pidió ver la luz del sol una vez al año. Además, Micerino recibió un oráculo que le
pronosticaba que solo le quedaban seis años de vida, y al séptimo debía poner fin a su reinado.
Micerino se quejó ante el oráculo, ya que su padre y tío habían tenido vidas más largas a
pesar de su piedad. El oráculo explicó que su carácter le acortaba la vida debido a la opresión
que él infligía a Egipto, la cual debía durar 150 años.

Micerino mandó hacer candelabros para iluminar la noche como el día y se entregó a
la diversión y los regalos, comiendo y bebiendo sin medida para aprovechar al máximo los
seis años que le quedaban. Después de su muerte, Asiquis se convirtió en su sucesor y
construyó los propíleos del templo Vulcano, que eran los más grandes y hermosos. Durante
su reinado, hubo escasez de dinero debido a la falta de confianza en los tratos y el comercio
público. Se promulgó una ley entre los egipcios que exigía que quienes tomaran dinero
prestado debían dar como prenda el cadáver de su padre y, si no cumplían, no podían ser
enterrados en la tumba de sus antepasados ni sepultar a sus seres queridos.

Asiquis deseaba dejar un monumento público que superara la gloria de sus


predecesores, por lo que construyó una pirámide de ladrillos en la que se inscribió: "No me
humilles comparándome con las pirámides de mármol, a las que supero tanto como Júpiter a
los demás dioses. Mis ladrillos se formaron con barro recogido del suelo de la laguna".

Luego, Anisis se convirtió en el sucesor de Asiquis, pero los etíopes, liderados por
Sabacon, invadieron Egipto y obligaron al rey ciego a refugiarse en los pantanos. Durante 50
años, Sabacon gobernó Egipto, donde no se imponía la pena de muerte por delitos capitales,
sino que se castigaba a los reos con trabajos públicos y la construcción de terraplenes en sus
ciudades natales, siguiendo la tradición iniciada en tiempos de Sesostris. Bubastis fue una de
las ciudades donde se observó mejor la elevación de los terraplenes. Finalmente, los egipcios
se liberaron de los etíopes debido a un sueño de Sabacon que le indicaba retirarse,
considerando que había cumplido su tiempo en Egipto, ya que los oráculos le habían predicho
gobernar durante 50 años por voluntad divina.

El sucesor del rey ciego fue Setos, quien adoptó una actitud diferente hacia los
milicianos, revocando los privilegios que habían sido otorgados por monarcas anteriores,
pensando que no dependería de ellos. Sin embargo, tras la invasión de Sanacaribo, el rey
Setos se sintió inseguro, ya que los militares no le brindaban apoyo. Pero, un sueño lo impulsó
a unirse a aquellos que lo respaldaban en la lucha. Setos tuvo suerte, ya que una plaga de
ratones dañó las armas de sus enemigos, lo que le dio la victoria en la batalla.

Después del reinado de Hefestos, Egipto se dividió en 12 reinos, cada uno con su
propio rey, que estaban unidos por lazos matrimoniales. Estos reinos se regían por leyes que
incluían no deponer a otros monarcas, no ambicionar más poder que los demás y mantenerse
como amigos leales entre sí.

Se relata que los doce reyes se congregaban en el templo de Hefesto para llevar a cabo
sacrificios y libaciones. En un momento dado, debido a un error, el sacerdote trajo once copas
en lugar de doce. Ante esta situación, uno de los reyes decidió realizar el acto utilizando su
yelmo de bronce. Esto se debía a una antigua profecía que indicaba que aquel que hiciera las
libaciones con una copa de bronce sería el único rey de Egipto. Sin embargo, dado que no se
creía que el rey hubiera actuado de mala fe, optaron por no ejecutarlo, sino que lo desterraron
a los pantanos y le quitaron gran parte de su poder.

Psamético, al enterarse del retiro del rey etíope Sabacos, huyó a Siria, pero al regresar
y asumir el trono, fue desterrado por segunda vez. Decidió entonces vengarse de los otros
once reyes. Consultó al oráculo de Leto, que profetizó que la venganza llegaría del mar
cuando aparecieran hombres de bronce. Aunque inicialmente desconfió de esta predicción,
cuando los jonios y carios apoyaron a Egipto y saltaron al mar con sus armaduras de bronce,
Psamético se dio cuenta de que se estaba cumpliendo la profecía.

Psamético, quien gobernó Egipto durante 159 años, conquistó la gran ciudad de Sitia,
conocida como Azoto, y a su muerte dejó el trono a su sucesor, Necos. Este último fue el
primero en iniciar la construcción del canal que más tarde completaría el persa Darío, el cual
conducía al mar eritreo. Luego de interrumpir la construcción del canal, se enfocó en
campañas militares y construyó trirremes con las que derrotó a los asirios en la batalla de
Magdolo y tomó Cadis. Gobernó durante dieciséis años y dejó el poder a su hijo, Psammis,
quien gobernó durante seis años antes de que el trono pasara a Apries, y finalmente, a Amasis.

Amasis estableció tratados de amistad y alianza con los habitantes de Cirene al casarse
con la hija de Arcesilao y con una de Critobulo. También hizo ofrendas en Grecia, incluyendo
una estatua dorada de Atenea en Cirene y dos estatuas de piedra en Lindos en honor a Atenea.
Fue el primer gobernante en tomar Chipre y exigir tributos.

Conclusión
En esta lectura se puede concluir que es cierto que se le considere a Heródoto como
padre de la historia, pues fue el primero en realizar una descripción geográfica de algún
lugar al que haya ido. También el adentrarse a la cultura egipcia, siento yo, que le ayudó y
completó su investigación para poder recabar la mejor información posible. Si bien es cierto
que está completa la lectura y nos da un breve vistazo de lo que fue Egipto esos años, para
alguien de nuestra época en un tanto difícil y tedioso leerlo, pues Heródoto sólo plasma lo
que va viendo sin dividirlo en subtemas o en organizar mejor el texto. Las ideas principales
están claras, sólo que a veces divaga un poco en lo que escribe.

VOCABULARIO
Acezar: Sentir anhelo, deseo vehemente o codicia de algo.
Airón: Ave, especie de garza.
Avaricia: Afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas.
Bajeza: Hecho vil o acción indigna.
Campiña: Espacio grande de tierra llana labrantía.
Cenagoso: Lleno de cieno.
Confinar: Encerrar o recluir algo o a alguien en un lugar determinado o dentro de unos
límites.
Convite: Función y especialmente comida o banquete a que es convidado alguien.
Cortesano: Perteneciente o relativo a la corte.
Discurrir: Inventar o idear algo.
Donaire: Discreción y gracia en lo que se dice.
Endecha: Combinación métrica que se emplea repetida en composiciones de asunto luctuoso
por lo común, y consta de cuatro versos de seis o siete sílabas, generalmente asonantados.
Entereza: Rectitud en la administración de justicia.
Escandia: Especie de trigo muy parecida a la escanda, con dobles carreras de granos en la
espiga.
Fabular: Inventar, imaginar tramas o argumentos.
Granjease: Captar, atraer, conseguir.
Halagüeña: Que atrae con dulzura y suavidad.
Icneumones: Insecto himenóptero de oviscapto larguísimo.
Indulto: Gracia por la cual se remite total o parcialmente o se conmuta una pena.
Insigne: Célebre.
Impetrar: Conseguir una gracia que se ha solicitado y pedido con ruegos.
Lacónico: Breve, conciso, compendioso.
Lámpara perenne: Lámparas usadas en los sepulcros.
Menester: Oficio u ocupación habitual.
Mígalas: Forma antigua de llamarle a las musarañas.
Numen: Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador.
Parva: Pequeño en tamaño, importancia o cantidad.
Peana: Basa, apoyo o pie para colocar encima una figura u otra cosa.
Plañir: Gemir y llorar, sollozando o clamando.
Plectro: Palillo o púa para tocar instrumentos de cuerda.
Propileo: Vestíbulo de un templo, peristilo.
Poyos: Banco de piedra u otra materia arrimada a las paredes, ordinariamente a la puerta de
las casas de zonas rurales.
Prorrumpir: Proferir repentinamente y con fuerza o violencia una voz, un suspiro u otra
demostración de dolor o pasión vehemente.
Orfismo: Religión de misterios de la antigua Grecia, cuya fundación se atribuía a Orfeo, poeta
y músico griego mítico, y que se caracterizaba principalmente por la creencia en la vida de
ultratumba y en la metempsícosis.
Osamentas: Esqueleto del ser humano y de los animales. Conjunto de los huesos sueltos del
esqueleto.
Reyezuelo: Pájaro común en gran parte de Europa, de nueve a diez centímetros de longitud,
con las alas cortas y redondeadas y plumaje vistoso por la variedad de sus colores.
Salmuera: Líquido que se prepara con sal y otros condimentos, y se utiliza para conservar
carnes, pescados, etc.
Segar: Cortar mieses o hierba con la hoz, la guadaña o cualquier máquina a propósito.
Sendas: Uno cada uno o uno para cada uno de dos o más personas o cosas.
Sierpes: Reptil de cuerpo alargado, estrecho y generalmente cilíndrico, sin extremidades,
cabeza aplastada, boca grande y piel recubierta de escamas, que muda periódicamente.
Tañar: Conocer las cualidades o intenciones de alguien.
Terraplén: Macizo de tierra con que se rellena un hueco, o que se levanta para hacer una
defensa, un camino u otra obra semejante.
Turba: Carbón fósil formado de residuos vegetales, de color pardo oscuro, aspecto terroso y
poco peso.
Vasallos: Sujeto al rey o a algún señor con vínculo de vasallaje.
Vigor: Viveza o eficacia de las acciones en la ejecución de las cosas.
Zambra: Cierto tipo de barco que usaban los musulmanes.

También podría gustarte