Desarrollo socioemocional e indicadores
El ser humano, desde su nacimiento y a lo largo de su vida, es capaz de
expresar un gran número de sentimientos. Estos inicialmente son reflejos proporcionados por
su dotación genética, pero ¿cómo influyen las características biológicas en la adquisición y
evolución del modo de sentir y reaccionar de los seres humanos, predisponen a actuar de un
modo determinado?, ¿Los sentimientos se aprenden? ¿Cómo influyen las personas que les
rodean en este proceso? Cada interacción con el mundo exterior proporciona una respuesta
emocional en los seres humanos. Pero no todos los niños reaccionan de igual manera, la
respuesta y su intensidad emocional, depende de un aspecto esencial de las personas: el
temperamento.
Sin embargo, esas reacciones de los niños/as hacia el mundo exterior en
función del temperamento no son permanentes, pueden ser modificadas. Las reacciones de los
cuidadores a las llamadas de atención de los niños, los ánimos que les den, las riñas que les
proporciones, etc., contribuyen a modelar la respuesta emocional de estos.
La afectividad juega un papel fundamental en el asentamiento de las bases de la
personalidad en el período de 0 a 6 años. Podemos definir afectividad como el conjunto de
estados afectivos que experimentamos tanto agradables como desagradables. Estos estados
pueden ser emociones, sentimientos o pasiones y pueden experimentarse en torno a sí mismo
o al entorno que nos rodea.
Características de la afectividad infantil
La afectividad infantil se distingue de la de un adulto por esta serie de
características:
- Frente al adulto, el niño no es capaz de dominar las emociones de manera
razonada. En edades tempranas la vida afectiva domina sobre la razón.
- El niño tiene cambios de estado de ánimo muy extremos, no es capaz de
control las emociones como un adulto, puede llorar de manera muy brusca por el menor
acontecimiento o alegrarse de forma exagerada.
- En la infancia es capaz de olvidar fácilmente estos acontecimientos de los que
hablamos, aunque muestre una emoción tan brusca, como la de llorar desconsoladamente.
- A través de los estados afectivos que manifieste, intenta desafiar
constantemente la autoridad, con el fin de sobrepasar límites establecidos por un adulto.
- La poca tolerancia a la frustración está muy presente en el niño, ya que en
innumerables ocasiones es incapaz de aceptar una negativa por respuesta.
- Suele ser sencillo mejorar su autoestima valorándole con elogios, felicitaciones
y muestras de cariño.
Evolución de la afectividad infantil
La mayoría de las teorías explicativas sobre afectividad coinciden en que las
emociones básicas aparecen en la infancia, a la vez que van creciendo, comienzan a reconocer
sentimientos y aprenden a controlarse emocionalmente.
INDICADORES
En los primeros años de vida, es importante que se establezca una adecuada
afectividad en el niño, ya que ésta influirá en el desarrollo general del niño, por ello se hace
necesario que nos detengamos a describir los rasgos evolutivos que se dan en las diferentes
edades de los niños de 0 a 6 años.
A. El niño de 0 a 2 años
- De 1 a 3 meses: aparece la sonrisa social, es decir, el niño reconoce a las
personas y les sonríe si les dicen algo y establece el vínculo de apego.
- De 3 a 6 meses: expresa y reconoce emociones, como alegría, tristeza o
enfado.
- De 6 a 9 meses: comienza a interactuar con personas y objetos de su
alrededor. Y empieza a sentir miedo a los extraños.
- De 9 a 12 meses: la empatía comienza a estar presente, ya que en ocasiones
se pone triste si alguna persona conocida lo hace o alegre.
- De 12 a 24 meses: comienza a expresar vergüenza o timidez. Está en la fase
de desarrollo de procesos afectivos que le ayudarán a adaptarse socialmente.
B. El niño de 2 a 4 años
- El niño todavía es inestable emocionalmente e impaciente, por ello tiene
rabietas con facilidad y poca tolerancia a la frustración.
- Comienzan a aparecer las emociones de orgullo, culpabilidad, envidia y
autovaloración de uno mismo.
- Suelen tener miedo a lo desconocido, a la oscuridad, a los ruidos,…
- Es una etapa caracterizada por un cierto egocentrismo, le cuesta compartir y
no tiene adquirido un adecuado control de sus impulsos.
C. El niño de 4 a 6 años
- Aún continúa la fase del egocentrismo, aunque comienza a ser un poco más
comprensivo y responsable. En estas edades está aprendiendo a respetar y comprender las
normas y los límites.
- Tiene dificultades para comprender los sentimientos y las necesidades de los
demás.
- Se inicia el Complejo de Edipo y Electra, es decir, la identificación con el padre
si es niño y con la madre si es niña, sintiendo cariño y ternura hacia el otro progenitor.
Podemos llamar apego al vínculo afectivo que se crea por proximidad y contacto
con personas del entorno inmediato. Este vínculo provoca sentimientos de bienestar y
seguridad o de ansiedad cuando existe una separación con dicha figura de apego.
El niño en sus primeros años de vida establece este vínculo con las personas
que cuidan de él habitualmente, cubriendo sus necesidades más básicas o dándole seguridad
emocional, y generalmente son los familiares como el padre, la madre, los abuelos…, o los
educadores.
Este vínculo afectivo es importantísimo para sentar las bases de las futuras
relaciones sociales que el ser humano va a desarrollar. Si el niño vive en un ambiente
emocional estable, le será más fácil tener adecuadas habilidades sociales y de relación con los
demás y por lo tanto buena autoestima, reconocimiento y control de las emociones, empatía y
resolución pacífica de los conflictos.
Los autores Ainsworth, Blehar, Waters y Wall definieron los tipos de apego que
se pueden dar en relación a su figura de apego cuando están ansiosos:
- Apego seguro: son niños con una cierta seguridad cuando se encuentran con
su figura de apego, pero también muestran ansiedad cuando desaparece dicha figura.
Generalmente este apego se atribuye a un alto porcentaje de población infantil, siendo niños
con un adecuado vínculo afectivo.
- Apego evasivo o inseguro: suelen ser niños distantes, no presentan cambio de
estado de ánimo ni cuando la figura de apego está presente, ni distanciada, denotan un
desapego y desinterés hacia sus cuidadores.
- Apego de ansioso-ambivalente: son niños con un ambiente emocional
inestable y es por ello que no toleran la separación con su figura de apego, mostrando una
angustia exagerada cuando esta no está, además cuando regresa expresa enfado en forma de
protesta por su desaparición.
- Apego desorganizado: suelen ser niños desatendidos y por lo tanto se sienten
inseguros hacia su cuidador.
Teorías del apego
Los autores más representativos que desarrollaron la teoría del apego fueron
John Bowlby, con su teoría etológica y Mary Ainsworth con la teoría de la situación extraña.
a. John Bowlby
Este autor estudió la teoría etológica y dentro de ésta el apego como una con-
ducta del ser humano que facilita su supervivencia, ya que mantiene al cui- dador cerca del
recién nacido. Por ello, existe una necesidad humana prima- ria para establecer vínculos
afectivos, ya que el niño necesita ser alimentado, cuidado, protegido…
Bowlby definió cinco pautas básicas de esta conducta de apego que ayudan a poner en
contacto al niño con su madre: succión, prensión, seguimiento, llanto y sonrisa. Para la
consecución de este apego el niño pasa por una serie de fases:
b. Mary Ainsworth
La autora, al igual que Bowlby postula la importancia del vínculo de apego del
niño con la madre y plantea que la separación del niño con su figura de apego es traumática y
produce miedo. Ainsworth diseñó la situación del extraño, a través del estudio del
comportamiento y las reacciones que tenían veinte niños de 12 a 14 meses, que se
encontraban en una habitación con sus madres y que después estas salían para dejarles solos
con una persona extraña, una vez observada la ansiedad por la separación, la madre
regresaba, consolando a su hijo si fuera necesario. En otra ocasión el niño se quedaba solo y
era la persona extraña, quién entraba a consolarle, observándose si el niño aceptaba o no ser
consolado.
El niño, como ser social, necesita desarrollarse emocionalmente y aprender las
reglas de la vida en sociedad, y si bien la escuela es un buen ámbito para desarrollar
habilidades sociales, lo cierto es que en sus interacciones iniciales el niño pone en
funcionamiento lo aprendido en el hogar. Aquellos que poseen las competencias adecuadas, no
tienen grandes dificultades para integrarse a uno o a distintos grupos, hacer amigos y tener
éxito en sus actividades escolares; los que no las poseen, corren el riesgo de ser ignorados o
rechazados por sus compañeros.
Es por esto que en las últimas décadas se insiste en la urgencia de una
educación socioemocional, la cual, junto al desarrollo cognitivo, permita desarrollar
integralmente la personalidad. Anhelamos que los niños sean capaces de vivir juntos, de
empatizar, de prestar consuelo, de ayudar, de valorarse y valorar positivamente a los demás y
escucharlos, de compartir, de cooperar, de resolver conflictos y hacer frente a las presiones
grupales, pero para desarrollar este complejo caudal de capacidades, debemos favorecer su
desarrollo afectivo.
Así, será más fácil avanzar hacia una comunidad de personas capaces de relacionarse
positivamente con los demás, de comunicar sus deseos y sus sentimientos, enfrentando
constructivamente los conflictos y desafíos personales y comunitarios de la vida. Formar
ciudadanos competentes emocionalmente, tanto en lo personal como en lo social, hace
necesario, en primer lugar, reflexionar y concientizarse sobre la trascendencia de estas
capacidades complejas, y en segundo lugar empezar a trabajar en ellas de forma muy
temprana, desde la familia y con el acompañamiento de la escuela.
Bibliografía
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