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Estado y Bien Común PDF

El documento analiza las ideas de Aristóteles y Santo Tomás sobre el Estado y el bien común, enfocándose en promover la virtud moral de los ciudadanos. También discute cómo Maquiavelo introdujo una visión más realista y secular del Estado, enfocada en el poder y la conservación del mismo por sobre la ética.
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El documento analiza las ideas de Aristóteles y Santo Tomás sobre el Estado y el bien común, enfocándose en promover la virtud moral de los ciudadanos. También discute cómo Maquiavelo introdujo una visión más realista y secular del Estado, enfocada en el poder y la conservación del mismo por sobre la ética.
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El Estado y el bien común

Aristóteles comienza su Política afirmando que toda comunidad humana tiende


siempre a conseguir algún bien, y en el curso de la obra se pregunta en qué consiste la
felicidad de la vida política y cuáles son las condiciones que permiten alcanzarla.
En la tradición del pensamiento político griego representada por Platón y Aristóteles
el fin que se asigna a la polis es ante todo una excelencia moral, que culmina en algunos
hombres, la élite de los sabios y los justos; y el simple ciudadano se hace virtuoso en
cuanto conforme su vida a las leyes de la ciudad. Además, sólo en la polis y mediante esta
alcanza el hombre la realización de sus más altas potencialidades, de las que lo
caracterizan precisamente como hombre, por lo cual la polis es la única comunidad humana
que se basta a sí misma para proporcionar a sus miembros una vida plenamente digna de
su naturaleza.
Aristóteles dice que la polis no surgió para el mero vivir sino para el bien vivir. Y
declara que "no es el fin del Estado proveer una alianza para defensa mutua contra toda
injuria, ni facilitar y promover el intercambio económico". Ni es tampoco el fin de la polis
simplemente prevenir toda injusticia en el curso del intercambio comercial con otras
naciones. Con lo cual claramente implica Aristóteles que todo verdadero Estado debe tratar
de asegurar a sus miembros un vivir conforme a una elevada cualidad de carácter y virtud.
Que es lo que luego declara expresamente como conclusión: "toda ciudad verdaderamente
así llamada, debe consagrarse al fin de promover la bondad moral".
Por su parte, Santo Tomás decIara que las virtudes morales, son las más necesarias
para el hombre. EI buen vivir de la multitud asociada es el elemento esencial, la condición
sine qua non, del bien común para Santo Tomás. Ese bien vivir, esa manifiesta socialmente
como salud moral de la comunidad, como ambiente en que el individuo, gracias a la
comunicación y ayuda mutua con los demás, inicia y desarrolla su vida moral. El bien
común es ante todo el patrimonio de virtudes adquiridas y poseídas en común, al que todos
los hombres virtuosos contribuyen y del que a su vez reciben todos influjo benéfico, en un
intercambio de ejemplos e incentivos para el buen obrar; es, en resumen, el conjunto de
cualidades que forman una civilización moral y también política, dado el estrecho contacto
que entre política y moral reconocen Aristóteles y Santo Tomás.
Es cierto por lo demás que la expresión de bien común tiene diversos sentidos, de
conformidad con los diversos aspectos y niveles de los valores realizados en una sociedad;
pero todos los bienes que de uno u otro modo pueden llamarse comunes están en último
análisis subordinados a ese aspecto primordial del bien común que es el buen vivir según la
virtud de la comunidad; las instituciones sociales de toda especie, las cosas que se poseen
económicamente y, diríamos hoy, las adquisiciones de la cultura en todos sus órdenes,
están en último término destinadas a contribuir, cada una a su manera, a la existencia,
preservación y promoción de la excelencia moral de la ciudad y de sus miembros en ella.
De ahí la insistencia de Santo Tomás en que el gobernante sea virtuoso. EI buen
gobernante es en efecto el que por la alta perfección de sus virtudes es capaz de dirigir no
sólo la vida propia sino la conducta de la comunidad puesta a su cuidado; es el que por su
agudo discernimiento, en toda circunstancia, del bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo
conveniente y lo nocivo,está calificado para presidir a los demás.
Una filosofía del derecho y una ciencia política sensibles al movimiento histórico no
podrían menos de comprobar una diferenciación creciente entre derecho y moral desde los
tiempos de Aristóteles y Santo Tomás. EI papel reconocido generalmente al estado
moderno, así como lo que se espera de la aplicación del derecho positivo, no es producir la
virtud sino más bien lo que, por lo demás, puede considerarse como condición es sociales
de ella: garantías y libertades políticas, un mínimo de seguridad económica, un mínimo de
participación asegurado a todos los ciudadanos en el patrimonio cultural de las naciones
civilizadas, etc.

Para Aristóteles la plenitud (felicidad) el hombre la encuentra formando parte de la


polis (la ciudad) y su máxima virtud está en hacer lo que indican las autoridades, es decir,
hacer lo que indica la norma, la ley. Esa es la razón del ser del Estado, servir para ese
desarrollo del individuo, y no como menciona, para mejorar la protección frente a otros
pueblos o el abastecimiento del establecimiento. En estas definiciones vemos que para
Aristóteles hay una identificación de la política (entendido como todo lo que refiere a la
polis) y la ética. La política persigue el bien común, mientras que la ética también persigue
un bien que es el recto obrar.
Esto mismo se ve en las ideas de Santo Tomás. Por su parte, Santo Tomás nos da
alguna mayor precisión sobre el bien común al decirnos que todos contribuimos en él con
nuestras acciones virtuosas, llamadas por el autor como el “buen vivir”. Luego, en cuanto al
Estado, refiere que este debe perseguir también el bien común con cada una de sus
instituciones y decisiones. Y en el mismo sentido, y al igual que Aristóteles, el gobernante
debe obrar con los medios acordes a los fines elegidos (esto es si su fin es el bien común,
el instrumento que elija para ello también debe ser bueno).
Sin embargo, la última idea que se presenta aquí es que esta concepción del Estado
y el vínculo existente entre la ética y la política no permanece hoy en día así. Y esto se debe
a otros pensadores que fueron surgiendo a lo largo de la historia de las ideas políticas y
también se debe a que en la práctica, muchos gobernantes se alejaron de esta concepción.
Uno de los autores más disruptivos en relación a lo difundido desde los tiempos de
Aristóteles, fue Nicolás Maquiavelo. A Maquiavelo se lo considera el padre de la Ciencia
Política moderna, y su estudio se basa en la observación de los hechos vividos y de las
instituciones políticas de su época. Es por eso que su aporte se lo reconoce como realista,
frente a la mirada de los otros autores trabajados que tenían una mirada idealista (ya que
consideraban cómo debía ser el Estado, qué debería hacer los gobernantes, pero no
necesariamente eso era lo que pasaba).
Por la experiencia personal y por el testimonio de los historiadores, Maquiavelo se
dio cuenta de que el hecho político, objeto de la ciencia política es un hecho humano de
poder. El hecho político para él no es otra cosa que la lucha por el Poder. El Poder y el
Estado, como la máxima expresión del Poder, son el tema de la nueva ciencia política
iniciada por Maquiavelo.
¿Qué es el Poder? El Poder es un hecho social que se manifiesta en el
sometimiento de la mayoría a una minoría o a uno solo. El Poder no procede de lo alto. Se
forma y constituye por la voluntad y la acción humanas. En la lucha por el Poder,
Maquiavelo distingue dos tipos de hombre: el tipo gobernante y el tipo gobernado. Dentro
del primero “estarían incluidos no sólo aquellos que en todo momento ocupan los puestos
más importantes en la sociedad, sino también los que aspiran a alcanzar esas posiciones o
que podrían aspirar a ellas si se les brindara la ocasión; el segundo tipo está compuesto por
aquellos que no gobiernan ni son capaces de gobernar. Estos últimos constituyen la gran
mayoría. Esta distinción refleja un hecho básico de la vida política, a saber, que la lucha
política activa está circunscrita en su mayor parte a pequeñas minorías de nombres, y que
los miembros de la mayoría son, y seguirán siendo, suceda lo que suceda, gobernados”.
En segundo lugar, el Estado es un fin en sí mismo. Una vez instituido, su fin esencial
es conservarse. Resulta evidente en El Príncipe que no interesa directamente al autor el
bien común ni cuál sea la organización del Estado (república o principado de cualquier tipo),
mientras se encuentre bien ejercido el poder. Podemos decir incluso que su análisis no se
remite al ejercicio del poder, sino también a los factores que influyen en su adquisición y
conservación.
La operación teórica que cumple Maquiavelo es aquella de delinear las
características específicas y técnicas de una nueva política que se expresa en la formación
de un Estado laico desvinculado de la religión y de la ética. Por tanto, Estados dotados de
autonomía y vida propia y donde la política juega el rol de sostener y conservar el poder.
La política para Maquiavelo es, por tanto, una técnica de acceso y control del poder,
con lo cual nace efectivamente la política en sentido estricto.
El Estado, en Maquiavelo, es el gran articulador de las relaciones sociales para
garantizar que los hombres vivan en libertad a través de sus leyes. De esta forma, se logra
el bien común, y todo lo que atente contra él puede ser rechazado, siendo cualquier medio
lícito. Maquiavelo incorpora, de la mano de la idea anterior, el concepto de “Razón de
Estado”. El gobernante debe hacer lo necesario para que el Estado dure, procurar el bien
del Estado. Para conseguir que esta eficacia se lleve a cabo va dando a lo largo de su obra
una serie de normas, por ejemplo, que el príncipe debe conservar el poder en sus manos
porque un poder compartido se puede volver en su contra.
Diversa de la ética aristoteliana, que nos habla del respeto la mesura, el equilibrio y
que tiene como bien superior la felicidad, Maquiavelo propone una ética pragmática, fría,
más que un ideal, un día a día, expresada en su máxima “El fin justifica los medios” es decir
no importa cómo se logre mientas que se logre. La ética de Maquiavelo no contempla más
que llegar al fin perseguido, debido a lo cual quedarán automáticamente justificados todos
los medios utilizados para ello, por condenables que puedan parecer.

Bibliografía

http://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/revistaselectronicas/?IDR=3&IDN=54
0&IDA=8772
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632007000200
008
https://www.poderyliderazgo.cl/maquiavelo-la-politica-moderna/

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