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Segunda Guerra Mundial

El documento describe el concepto de peruanidad y algunos de los retos que enfrenta la sociedad peruana, como la valorización de la diversidad cultural y la práctica de valores como la justicia y la honestidad. También señala algunos malos hábitos que frenan el desarrollo del país y hace un llamado a los peruanos a ser mejores ciudadanos.
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El documento describe el concepto de peruanidad y algunos de los retos que enfrenta la sociedad peruana, como la valorización de la diversidad cultural y la práctica de valores como la justicia y la honestidad. También señala algunos malos hábitos que frenan el desarrollo del país y hace un llamado a los peruanos a ser mejores ciudadanos.
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El término “peruanidad” ha sido utilizado desde hace más de medio siglo, quien lo describe como “sentimiento

de identidad que vincula a los pueblos y habitantes del Perú, basado en el afecto hacia sus tradiciones y la fe
en su destino”. Tomando esta descripción, como recordatorio que el 28 de julio de 1821, tras la Batalla de
Ayacucho, cuando Don José de San Martín proclamó las palabras de nuestra independencia. Con su discurso
nos vinculó como una nación y nos dio la libertad que tanto anhelábamos, con la confianza de que nuestras
acciones construirían un mejor destino. Vivir en un país con tanta historia y con una riqueza cultural es el
mayor orgullo nacional que se puede sentir. Sin embargo, aún no sabemos cómo aprovechar al máximo el
potencial económico, histórico, cultural y turístico que tenemos; por el contrario, solemos admirar lo de afuera
y no logramos maravillarnos con nuestra historia, con lo nuestro. Se reconoce al Perú como un país lleno de
riquezas, abocado a la construcción diversa de una sociedad tolerante. Sin embargo, esta construcción
amerita el reconocimiento de tareas pendientes respecto a la administración de la justicia y provisión plena de
paz y unión, donde los actores son diversos, pero en conjunto deben reflejar acciones profundas que
construyan una convivencia democrática en el país. Entre estas el enfoque de género en sus dinámicas
sociales, políticas y económicas, las condiciones laborales, ejes ambientales que recurren con urgencia
acción, cooperación en la construcción de nación y paz, fortalecimiento de nuestras estructuras democráticas,
entre muchas.
¡Reconozcámoslo!, son nuestros malos hábitos y decisiones erradas las que disminuyen, merman y detienen
el progreso del país. Cuando nos estacionamos en zonas para personas con discapacidad o cuando
coimeamos a un policía para evitar una papeleta, tiramos la basura al piso, robamos señal de cable o
electricidad o cuando no protestamos si el chofer de una combi comete alguna imprudencia. También
frenamos el desarrollo cuando permanecemos como meros espectadores ante actos injustos, nos interesamos
más por lo que hace o dice la farándula y no por nuestra cultura; cuando ganamos un puesto de trabajo no por
esfuerzo o talento sino por vara; cuando no respetamos las ideas de los demás o nos creemos superiores.
Todas estas actitudes no nos permiten desarrollar.
Consideramos que parte del reconocimiento como peruanos es intervenir en su mejoramiento como sociedad
democrática. En ese sentido, tomando en cuenta las encuestas, reconocemos que como tareas pendientes
ante el Bicentenario siguen siendo la valorización de la diversidad cultural y práctica de valores como la
justicia, tolerancia y honestidad. Por lo tanto, es tarea de todos ejercer la peruanidad en casa y en sociedad,
en el trabajo y en la escuela, con vecinos, amigos y compatriotas. Asimismo, ser partícipes de la construcción
de lo que queremos y accionamos como peruanidad. Es necesario cambiar el país. Necesitamos y
merecemos vivir en un Perú viable e integrado; aprovechemos estas Fiestas Patrias y analicemos nuestras
acciones y actitudes y propongámonos ser mejores peruanos, ciudadanos de calidad. Ayudemos a arreglar
nuestro país y no nos quedemos lamentando lo que perdimos; miremos hacia adelante para forjar un futuro
realmente mejor, en todos los sentidos.
 BENITO MUSSOLINI

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la crisis de las democracias liberales, agravada por el crac
económico de 1929, favoreció un fenómeno que caracterizaría a la Europa de entreguerras: el auge de los
totalitarismos. Su primera manifestación fue el fascismo, denominación que procede de los fasci di
combattimento creados en 1919 por Benito Mussolini, quien se hizo con el poder en 1922 e impuso una
dictadura de partido único. El régimen fascista italiano se convertiría en el principal aliado de Adolf Hitler en la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y corrió su misma suerte tras la derrota.
Tras la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania, Mussolini fue acercándose al nazismo; de hecho, el
dirigente nazi se había inspirado en sus ideas, y ambos líderes se admiraban mutuamente. Tras un primer
tratado de amistad en 1936, la alianza entre Roma y Berlín quedó firmemente establecida en el Pacto de Acero
(1939). Hitler y Mussolini brindaron abiertamente apoyo militar al general Francisco Franco en la Guerra Civil
Española (1936-1939), preludio de la conflagración mundial.
La agresiva política expansionista de Hitler provocó finalmente la reacción de franceses y británicos, que
declararon la guerra a Alemania tras la ocupación de Polonia. Estallaba así la Segunda Guerra Mundial (1939-
1945), y tras las primeras victorias alemanas, que juzgó definitivas, Mussolini validó su pacto con Hitler y
declaró la guerra a los aliados (junio de 1940). Sin embargo, el fracaso del poco preparado ejército italiano en
Grecia, Libia y África oriental, así como el posterior avance de las tropas aliadas (que el 10 de julio de 1943
habían iniciado un imparable desembarco en la isla de Sicilia, con el propósito de invadir Italia), llevaron al Gran
Consejo Fascista a destituir a Mussolini (25 de julio de 1943). Al día siguiente Víctor Manuel III ordenó su
detención y encarcelamiento. Dos meses después el nuevo primer ministro, Pietro Badoglio, firmaba un
armisticio con los aliados.
Liberado por paracaidistas alemanes (12 de septiembre de 1943), todavía creó Mussolini una república fascista
en los territorios controlados por Alemania en el norte de Italia (la República de Salò, así llamada por la ciudad
en que el gobierno tenía su sede). En los juicios de Verona,
Mussolini hizo condenar y ejecutar a aquellos miembros del Gran
Consejo Fascista que habían promovido su destitución, entre ellos
su propio yerno, Galeazzo Ciano.
El avance final de los aliados le obligó a emprender la huida hacia
Suiza; intentó cruzar la frontera disfrazado de oficial alemán, pero
fue descubierto en Dongo por miembros de la Resistencia (27 de
abril de 1945), y al día siguiente fue fusilado con su compañera
Clara Petacci; sus cadáveres fueron expuestos para escarnio
público en la plaza Loreto de Milán.
 ADOLF HITLER

(Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945) Máximo dirigente de la Alemania nazi. Tras ser nombrado canciller
en 1933, liquidó las instituciones democráticas de la república e instauró una dictadura de partido único (el
partido nazi, apócope de Partido Nacionalsocialista), desde la que reprimió brutalmente toda oposición e
impulsó un formidable aparato propagandístico al servicio de sus ideas: superioridad de la raza aria, exaltación
nacionalista y pangermánica, militarismo revanchista, anticomunismo y antisemitismo.
Cuando el conflicto en torno a la ciudad libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña
reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Adolf Hitler había preparado sus fuerzas para
esta gran confrontación, que según él habría de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía
mundial (Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había reforzado su alianza con Italia
(Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo, había concluido un Pacto de no agresión con la Unión Soviética (1939),
acordando con Stalin el reparto de Polonia.
El moderno ejército que había preparado obtuvo brillantes victorias en todos los frentes durante los dos
primeros años de la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una «guerra relámpago»:
ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia y Grecia (mientras que Italia,
España, Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como Suecia y Suiza declaraban
una neutralidad benévola).
Sólo la Gran Bretaña de Churchill resistió el intento de invasión (batalla aérea de Inglaterra, 1940); pero la
suerte de Hitler empezó a cambiar cuando lanzó la invasión de Rusia (1941), respondiendo tanto a un ideal
anticomunista básico en el nazismo como al proyecto de arrebatar a la «inferior» raza eslava del este el
«espacio vital» que soñaba para engrandecer a Alemania. A partir de la batalla de Stalingrado (1943), el curso
de la guerra se invirtió, y las fuerzas soviéticas comenzaron una contraofensiva que no se detendría hasta
tomar Berlín en 1945; simultáneamente, se reabrió el frente occidental con el aporte masivo en hombres y
armas procedente de Estados Unidos (involucrados en la guerra desde 1941), que permitió el desembarco de
Normandía (1944).
Derrotado y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo
empezaban a abandonarle sus colaboradores mientras la propia
Alemania era acosada por los ejércitos aliados; en su limitada visión
del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de
manera que arrastró a su país hasta la catástrofe. Después de
haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la
«raza» alemana, provocando una guerra total a escala planetaria y
un genocidio sin precedentes en los campos de concentración,
Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería donde se había
refugiado, pocos días después de la entrada de los rusos en Berlín.

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