El demonio del establo
Derechos de autor: Laura AB
En un valle olvidado, entre colinas cubiertas de musgo y un cielo perpetuamente nublado, se
alzaba un antiguo establo. Sus paredes de madera crujían con los secretos del tiempo, y su puerta,
siempre cerrada con un pesado candado de hierro, guardaba el misterio de su interior.
Se decía que dentro del establo habitaba un demonio, una criatura de otro mundo que había sido
encerrada allí hace unos 30 años por un poderoso Chaman de un encantador pueblo. El demonio,
conocido como Azaroth, era una entidad de fuego y sombra, con ojos que ardían como carbones y
una voz que resonaba como el trueno. Tenía habilidades y poderes de la sombra, las cuales usaba
para apropiarse de la forma que más le convenía
Azaroth había sido encerrado en el establo como castigo por sus intentos de subyugar aquel
pueblo que un día fue uno de los más prósperos de la región. Sin embargo, a pesar de su
confinamiento, su presencia se sentía en el aire, un susurro de malicia que hacía que incluso los
animales más curiosos evitaran el lugar. Don simón el hombre valiente de tan solo 30 años había
logrado lo que ningún brujo o curandero podía hacer. Usó sus dones y sobre todo las enseñanzas
de su mismo padre para poner fin a la malicia de aquel demonio del infierno.
Con el paso de los años, el establo se convirtió en el centro de innumerables leyendas. Algunos
decían que el demonio podía conceder deseos a aquellos que se atrevieran a acercarse, mientras
que otros afirmaban que simplemente mirar a través de las rendijas de la madera podía volver
loco a un hombre. El interior estaba oscuro, pero desde las entrañas se podían oír varios lamentos
de dolor, los cuales confundían a las personas que intentaban ver a través de sus ojos lo que yacía
atrapado en la oscuridad del establo. Don simón quiso borrar aquel espantoso suceso que sacudió
su pueblo entero. Sacrificó lo único que él tenía, su casa donde se encontraba un viejo establo de
su propio abuelo. Simón en su desesperación por terminar con la maldad, logró crear la prisión de
aquel demonio en el lugar indicado para salvaguardar el futuro de las personas de aquella
comunidad. Decidió vigilarlo a lo lejos, pues con el solo hecho de acercarse al establo, se podía
sentir toda la maldad que había dentro. Durante más de 30 años había sido el guardián de aquella
prisión, impidiendo que la gente se acercara por curiosidad, porque todos sabían que ahí se
guardaba lo que un día casi termina con todas las personas de aquel pueblo mágico.
Pero un día, un joven llamado Iker, movido por la curiosidad y el deseo de ver con sus propios ojos
la verdad detrás de las historias, se acercó al establo. Con un corazón valiente y una linterna en
mano, Iker desafió los rumores y los miedos de su pueblo. El muchacho era más que nada el nieto
de don Simón, quien había llegado semanas antes a vivir con él. Pues a sus 15 años había perdido a
su madre en un accidente y no tenía otros parientes excepto su único abuelo. Por algo don Simón
nunca quiso traerlo al pueblo, sin embargo, al no tener más remedio decidió aceptarlo en su casa.
El chiquillo ya tenía días escuchando los rumores acerca de un demonio escondido en algún lugar
de ese pueblo. Al preguntarle a su abuelo, este no quería decirle nada, tampoco le confesó que él
había sido quien lo encerró en esa prisión. Sin embargo, un día Iker estaba tan ansioso por saber la
historia real de dicha leyenda. Don simón al notar la actitud de su nieto, no le quedó más remedió
y entonces le contó acerca de la maldad encerrada en su propio establo.
_ ¿enserio hay algo maligno ahí dentro? Preguntó el chiquillo asombrado
_ así es, no debemos acercarnos más. Si lo haces puedes llegar a sentir la maldad que yace allí. Si
te fijas, no hay plantas y animales alrededor. Desde el momento de la creación de esta prisión,
todo desapareció. Los animales huyeron y las plantas y árboles se secaron quedando solo esos
troncos conservados con el paso del tiempo y algo de musgo creciendo alrededor.
Iker escuchó anonado el relato de su abuelo. Sus ojos brillaron queriendo desafiar las advertencias
escuchadas sin tener la más mínima idea del significado de estas. Miró con detenimiento las
maderas del viejo establo, escuchando con el viento cómo crujían demostrando la existencia del
prisionero de su interior.
_ ¿lo oyes? Dijo su abuelo
_ Solo es el viento – asintió Iker
_ Ya fue suficiente, ahora debemos irnos
Mientras se iban alejando del viejo establo, el joven volteaba hacía atrás, pues su mente le jugaba
un desafío. Deseaba con todas sus fuerzas regresar para echar un vistazo ahí adentro para
comprobar si era cierta o no la historia contada por su propio abuelo. Por la tarde no lograba dejar
de pensar en aquella historia, pensó en regresar solo sabiendo los peligros implicados durante la
noche. Pensó en cómo poder ir sin que su abuelo se lo impidiera, pues de alguna manera
comprendía la actitud protectora de su querido abuelo.
El establo tenía una imagen aterradora y sombría, por la noche el muchacho no lograba conciliar el
sueño. Pensaba miles de cosas y una de ellas era su deseo por regresar a comprobar si existía ese
demonio. Al ser un joven intrépido sin miedo a nada, decidió probar su valentía a lo máximo.
Tomó una linterna guardada en un cajón para salir sigilosamente evitando despertar a su abuelo.
Iker estaba dispuesto a descubrir lo que yacía en el interior de aquellas maderas. Era como si algo
lo llamara desde esa oscuridad, en realidad él no se lo podía explicar. Sin embargo, estaba
decidido a quitarse esa gran duda.
Caminó por la oscura y helada noche. A su paso escuchó varios ruidos que se combinaban con el
viento y algunos animales como el ulular de los búhos le llegaron a poner los pelos de punta, aun
así, estaba decidido a continuar. Iker caminaba a paso lento tratando de tomar valor. Cada vez
que se acercaba más al viejo establo algo le impedía poder seguir. Tal vez era algo de miedo, pero
muy en su interior luchaba por ser el chico más valiente para descubrir una verdad o tal vez una
mentira oculta sobre ruinas y recuerdos del paso del tiempo.
Al llegar al establo, Iker encontró el candado roto y la puerta entreabierta. Con un suspiro de
determinación, empujó la puerta y entró. Dentro, en lugar de encontrar un monstruo temible, vio
a Azaroth encadenado, sus llamas internas reducidas a meras chispas. No se trataba de un
demonio como lo imaginaba de las películas. De aquellos capaces de devorar a la gente o arrastrar
todo a su paso directo al infierno.
Iker permaneció inmóvil ante aquella presencia, observó detenidamente antes de reaccionar con
su cuerpo, hasta cierto punto estaba asombrado con su gran descubrimiento.
_ ¿eres tú el demonio? Le preguntó con apenas un hilo de voz.
El demonio estaba con la cabeza agachada, parecía un trozo de carbón medio rojizo que aún
sacaba pequeñas chispas pero muy débiles. Tenía unos cuernos los cuales a penas y se apreciaban
desde su cabeza ardiente por la braza del fuego. De repente todo se puso en silencio, en la
atmosfera descendió la temperatura y el chico no podía moverse. Cuando escuchó una agitada
respiración, Iker no logró soportar el terror que le ocasionaba estar frente a aquella imagen
siniestra y mejor salió corriendo del establo.
Corrió tan rápido sin mirar hacia atrás tratando de no pensar intentando borrar aquella imagen
que se había quedado grabada en su cabeza. El demonio con cuerpo de brasas ardientes se miraba
débil e indefenso y eso ocasionó lastima en el corazón blando del muchacho. No podía olvidar el
aspecto de sufrimiento que se miraba en ese ser de la oscuridad, él estaba seguro que sentía
dolor, aunque un día su abuelo le dijo lo contrario. Al llegar a su casa se fue directo a su cuarto.
Tenía un nudo en la garganta el cual le ocasionó un severo llanto. Iker no sabía porque sentía toda
esa tristeza en el fondo de su corazón. Pensaba que quizás no debió irse de esa manera si no
confrontar aquella verdad que había escuchado de la boca de su abuelo. Se quedó dormido
tratando de olvidar, sin embargo, una voz le susurró al oído, era como una pequeña suplica.
Alguien necesitaba de su ayuda. A la mañana siguiente su abuelo lo llamó para desayunar.
_ ¿Acaso hay algo que debas decirme? Le preguntó él sirviéndose un poco de café.
_ El joven lo negó con la cabeza y tratando de no levantar sospechas por las advertencias de su
abuelo. Continuó el desayuno como si nada pasara. Mientras intentaba probar bocado sintió que
algo se enterraba en su garganta. Era como si la comida le lastimara y en consecuencia detuvo su
apetito.
_ No vas a terminar tu desayuno
_ No, creo que algo me hizo mal el día de ayer – contestó el chiquillo yéndose para su cuarto.
Se tumbó en la cama mirando hacia el techo mientras, la mañana apenas y se iba calentando por
el sol. Se volteó hacia la ventana mirando algunos estados en su red social, pues a esa edad los
jóvenes eran motivados a conocer el mundo a través del internet. De repente todo se puso en
silencio y sus ojos se fueron cerrando forzadamente. Era como si un sedante estuviese haciendo
efecto en el joven y a consecuencia de ello comenzó a entrar en un profundo sueño. Minutos
después Iker ya se encontraba dormido. En sus sueños estaba en un campo abierto, había flores
de colores y arboles que se alzaban entre la niebla. De repente una ráfaga de viento logró sacudir
con violencia las ramas de los árboles. Iker se asustó e intentó correr sin rumbo, pero a lo lejos
miró cómo una especie de sombra se iba acercando hasta donde este se encontraba.
_ ¿qué es eso? Dijo asustado
La espesa nube negra con forma humanoide se detuvo a unos cuantos metros y en segundos esta
comenzó a arder como las brasas de las maderas en proceso de combustión. Iker se asustó mucho
al escuchar una especie de chillido que le ocasionó un fuerte dolor en sus oídos. Era muy intenso y
conforme pasaban los segundos la intensidad se iba incrementando. Se dejó caer al suelo
tapándose con todas sus fuerzas los oídos. Sintió que le estallaban los tímpanos y justo cuando
pensó que no podía más, miró frente a sus ojos algo que se encontraba en el piso.
_ ¿tu eres el demonio del establo?
_ Creo que si
_ ¿por qué estás allí?
De repente Iker se fue acercando lentamente hasta el demonio, este al verlo a unos cuantos
centímetros le extendió su mano. El joven tocó la mano caliente del diablo, pero cuando lo hizo
miró un desastre total en el pueblo de su abuelo. Personas yacían en el suelo carbonizadas y las
casas ardían en las mismas llamas del infierno.
_ ¡dios!
Iker seguía mirando a través del tiempo, en el cielo flotaba Azaroth con dos enormes alas y al
sacudirse lanzaban chispas de fuego. El demonio tenía una furia incontrolable, miraba directo
hacia una joven chaparrita, cabello rizado y tez morena. La muchacha tenía una sonrisa macabra y
en su rostro se formaba una mueca de satisfacción. Se trataba de la poderosa hechicera del
pueblo, la responsable de condenar a Azaroth al mismo infierno. El chico no comprendía las
escenas que miraba a través de sus sueños. La joven expulsaba mucha maldad en su alma y al final
comprendió qué había sucedido.
Tiempo atrás mucho antes del abuelo de Iker. Existió un joven demasiado apuesto que llegó del
extranjero. Había decidido probar suerte en el campo trayendo consigo algunas semillas para
cultivar. El joven tenía un hermoso rostro, cuerpo de atleta y buenas intenciones para estar en
esas tierras. Había también una mujer sumamente peligrosa, su nombre era Eva. Ella tenía
poderosos dones, pero hacía mal uso de ellos a su conveniencia, ocasionando mucho miedo en las
personas que conocía.
Eva conoció al muchacho apuesto, desde el primer día ella quedó flechada por su belleza, pero,
aunque se esforzó por llamar su atención. Nunca fue correspondida con el mismo sentimiento. El
chico no tenía ojos para nadie, pues se decía que era un ángel el cual había bajado del cielo para
probar las tentaciones de las personas. Bueno, eso solo era una simple leyenda.
La mujer no se daba por vencida y haciendo todo lo posible, nunca logró obtener el amor del
joven. Al final este la rechazó advirtiendo que no podía amarle como ella deseaba. Eva se había
esforzado como las personas normales, quiso conquistar el corazón del muchacho con buena fe,
sin embargo, al ser rechazada una y otra vez. En su interior se fue formando un nudo de coraje e
ira el cual estaba punto de desatarse. Un día engaño al chico de la peor manera, lo hizo ir hasta
unas ruinas de un viejo templo el cual tenía miles de años. Allí Eva le echó en cara que nunca la
hubiese amado y en ese momento le confeso cuanto iba arrepentirse por su rechazo.
Usando todas sus habilidades, pidió ayuda al diablo para lograr su cometido. Con todo el poder
que tenía, Eva logró condenar al muchacho por no haberla amado. En su ira y coraje le lanzó la
peor de las maldiciones convirtiendo el cuerpo del joven en materia carbonizada con brasas
calientes, mientras que de su espalda se formaron dos alas enormes que al sacudirse quemaban
todo a su paso.
Eva miró cómo había creado a un monstruo. Este se elevó hasta el cielo moviendo sus alas. Las
chispas abrasadoras se expulsaban entre los arboles los cuales comenzaron a incendiarse.
_ “No te puedes ir” ¡tu ahora eres mi esclavo!
El demonio no hizo caso a las palabras de Eva. Bajó hasta la tierra y se acercó a ella tomándole
fuertemente su brazo. La mujer comenzó a gritar al ver que su brazo se estaba quemando
“¡suéltame!” exclamó. Pero el demonio llamado la miró y con unos ojos brillantes como las llamas
del fuego le dijo.
_ Mi nombre es Lázaro, pero ahora puedes decirme Azaroth.
AZAROTH convirtió a la bruja Eva en carbón. Su cuerpo se hizo cenizas de color negro cayendo al
suelo en pedazos. Después se elevó hasta el cielo abrasando todo a su paso con las llamas de
fuego. La gente no entendía qué estaba pasando, los árboles, plantas y techos de las casas ardían
sin que el fuego se pudiera detener. Ahí se encontraba Simón. Miró la espantosa escena, un
demonio había sido creado estúpidamente. Azaroth tenía mucha ira en su corazón, había dejado
de ser humano para ser embajador de la destrucción. De aquel joven amable y de buenos
sentimientos no quedaba nada; Eva lo había transformado todo. Simón tenía que remediar el mal
de la mujer despechada. No le quedaba tiempo y usando toda su habilidad de chaman, logró
atrapar al demonio dentro de su propio establo de caballos. Azaroth cayó en la trampa de Simón.
Este lo llevó hasta el establo y una vez estando en el interior, logró colocar en sus manos unas
enormes cadenas selladas con la misma magia. El demonio intentó moverse, pero era imposible,
sin embargo, Simón sabía que la prisión de Azaroth, sería únicamente mientras él estuviese con
vida.
Así fue cómo el demonio quedó prisionero entre las maderas del establo, Simón se dedicó
entonces a vigilar el recinto para que nadie tuviera curiosidad por asomarse en el interior. Pues se
decía que, si una persona lo hacía, podía arrasar con una mala suerte de por vida como una
enfermedad. De esta manera las personas aprendieron a vivir lejos del establo, continuaron con
sus vidas y con el paso de los años fueron enterrando esa escalofriante experiencia muy en el
fondo de sus recuerdos.
Cuando Iker volvió a la realidad, sintió una fuerte conmoción. Tomó su mochila y unas tijeras de
esas para cortar metal saliendo de la casa de su abuelo. Al mirar el reloj eran exactamente las 2 de
la mañana. Había un silencio abrumador y el ulular de los búhos era muy fuerte. Parecía que
inclusive esos animales supieran de las intenciones del joven. Caminó a toda prisa porque la
oscuridad propiciaba en su mente mucho miedo, era un hombrecito, pero también le temía a lo
sucesos que pudiesen acontecer por la noche.
Cuando llegó al establo la puerta seguía entre abierta. Al parecer nadie se había dado cuenta de
que ya no se encontraba aquel candado. Dejó en el suelo su mochila tomando las tijeras y entró
sigilosamente tragando saliva para armarse de valor. Su cuerpo comenzó a temblar mientras de su
boca salía apenas un hilo de voz. Entonces lentamente el demonio levantó la vista hacia Iker y,
con una voz que era apenas un murmullo, habló:
_Has venido a liberarme, ¿verdad?
Iker, sintiendo una extraña compasión por la criatura, asintió con la cabeza. Sabía que quizás
estaba haciendo algo que su abuelo hubiese desacreditado, sin embargo, ya estaba allí y algo muy
en el fondo de su corazón le decía que no podía arrepentirse. Sin embargo, aunque el muchacho
estaba seguro de la decisión que había tomado, no espero las ganas de responderle al demonio.
_ Pero, ¿por qué debería hacerlo? _ preguntó.
Azaroth sonrió débilmente. Aunque el chiquillo intentaba dudar de sus propias intenciones, en el
fondo sabía que terminaría por liberarlo.
_Porque incluso los demonios pueden cambiar. Porque incluso en la oscuridad más profunda, hay
espacio para la luz.
Cuando el muchacho escuchó las palabras de Azaroth, algo se sacudió muy en su interior, era
como un sentimiento bondadoso de compasión y tocado por las palabras del demonio, intentó
romper las cadenas utilizando todas sus fuerzas.
_ Sé que puedes hacerlo, solo tienes que esforzarte más – le dijo el demonio
_ Quieres callarte, o harás que me arrepienta – contestó el muchacho quien usaba todas sus
fuerzas y la cadena no se rompía.
Iker pensó que quizás la magia de esas cadenas impedía que fueran destruidas. Hizo una pausa
pensando, ya estaba ahí y de ninguna manera podía arrepentirse. Algo había hecho ese demonio
para tocar su corazón, entonces sintió que era su deber ayudarlo. Se dio la vuelta para salir por la
puerta “¿por qué te vas?!” “aún no me has liberado”
El joven al ver los ojos brillantes del diablo, intentó echarse para atrás, pero al salir por la puerta
tropezó con una enorme piedra golpeándose la cabeza. La vista se le nublo de repente y al tratar
de ponerse de pie veía borroso.
_ ¿quién ere?
Frente a sus ojos estaba la imagen de otra persona, pero no lograba apreciar de quién se trataba.
Caminó hacía el frente y en cuestión de segundos aquella presencia ya no estaba. Siguió
acercándose hasta donde se encontraba el demonio, sin embargo, alguien le tomó del brazo.
_ ¿a dónde vas chiquillo? – se oyó una voz
Al darse la vuelta era una mujer con el rostro pálido. Tenía un vestido largo, pero no se le veían los
pies al caminar. La presencia iluminó sus ojos por completo dejando salir un alentó pestilente de
su boca, el cual daba a entender que ya no pertenecía al mundo terrenal.
_ ¿Quién eres tú? Preguntó Iker con el cuerpo temblando
Se trataba del espíritu de Eva quien en su otra vida vigilaba la prisión de Azaroth. Aún después de
muerta siguió maldiciendo a quien nunca le correspondió en vida. Eva se encargaba también de
ahuyentar a las personas y animales curiosos del lugar.
_ Chiquillo insolente, no sabes lo que intentas hacer, ¡pero eso jamás te lo permitiré!
Eva tomó del cuello al muchacho con la intención de terminar con su vida. El joven apenas y podía
mantener los ojos abiertos y sin posibilidad de moverse las energías de su cuerpo se fueron
apagando. De repente algo ocurrió. Una fuerte ráfaga de viento sacudió el lugar volando el techo
del viejo establo. Las cadenas que ataban al demonio se habían destruido como arte de magia. En
esos momentos con un rugido de libertad, Azaroth se elevó, transformándose en un ser de luz
deslumbrante. Se fue hacia el espíritu de Eva para tomarla del cuello.
_ ¡Ahora tomarás mi lugar! – este le dijo
Segundos después Eva quedó carbonizada nuevamente, pero esta vez para siempre. Su cuerpo
estaba en medio del establo con los ojos entre abiertos. Aún conservaban ese brillo antinatural
que la caracterizaba. El demonio se elevó nuevamente utilizando sus alas, ya no tenía el aspecto
infernal, ahora parecía algo mágico lleno de luz.
_“Gracias, ”, dijo antes de desaparecer en el cielo, dejando atrás un establo vacío y un mundo que
pronto descubriría que incluso los demonios pueden ser redimidos y obteniendo una nueva
oportunidad.
Cuando Iker se fue a casa, se encontró con una triste escena. Su abuelo se había quedado dormido
en su cama y de la nada dejó de respirar. Don simón había muerto mientras dormía, no sintió
nada, tampoco se dio cuenta. Y por esa razón el demonio había sido liberado y encontró al fin su
libertad. El muchacho se quedó solo en la casa el abuelo. Los vecinos se hicieron cargo de él y se
dice que por las noches a veces viene don Simón y otras veces un ser de luz a visitar al joven para
hacerle saber que nunca se encontrara solo.
Y así, la leyenda del demonio del establo tomó un nuevo giro, uno de esperanza y redención, e Iker
se quedó en su pueblo no como un loco, sino como el joven que liberó a un demonio y con él, a
todo una población de su miedo ancestral.