H.
DUBRIC ÉTICA Y MORAL EJECUTIVA (2011)
Capítulo I
A pesar de las divisiones y subdivisiones de la filosofía, los estudiosos de la conducta
humana, vemos la Ética como auto-reflexión evidente, cognición mística del Ser,
funcionalismo cognoscitivo de la Conciencia Despierta.
¿En dónde se encuentra? Se preguntarán ustedes. En la Conciencia de todo ser
humano, allí duerme este extraordinario patrimonio del SER.
La Ética, ha sido y es el punto medio o de equilibrio, es la que nos ingresa al anfiteatro
de la Virtud y nos introduce en forma directa a la sabiduría de todas las cosas, que es
aquello que permanece incólume, siempre perfecto. Es la ousía –virtud de Sócrates-
en los escritos de un Platón, que debemos buscar en cada instante hasta profundizar
en los asuntos íntimos del alma de cada quien. Immanuel Kant la esculpe, cual
alfarero, con su genialidad, otorgándole lo más noble, como fruto de una voluntad
autónoma que viene de lo alto, dándose a sí misma una libertad determinante que se
convierte en ley Moral al accionar.
¿Qué es en sí, la Ética? Es la «morada» o el mismo lugar donde «habita» todo aquello
que no es perceptible a ningún sentido, y que está más allá de cualquier pensamiento,
afecto o acción humana. Por eso cualquier concepto es pobre, debido a que sólo
podemos aprehender su hondo significado, a través de la vivencia del INSTANTE,
cuando estamos ALERTAS de nosotros mismos, para eliminar los factores
psicológicos, que producen malas acciones, y nutrirnos de LUZ o de Virtud.
Lamentablemente esto no ha sido comprendido por aquellos que viven de espaldas a
la LUZ, es decir, pensando que el mundo de los sentidos lo es todo, confundiendo su
sombra con la realidad, perdiendo esa dirección que viene de lo ALTO, trastocándose
los valores hasta obtener esta civilización, que cada día atenta más contra sí misma y
contra todo lo creado.
Veamos en lo que hemos convertido a nuestro planeta, el lugar donde habitamos, es
un auténtico chiquero. Contaminación por doquier, racismo, guerras, drogas
prostitución, fanatismos religiosos, acciones encubiertas, terrorismo, invasiones
torturas, degeneración sexual, problemas étnicos, persecución, paranoia, hambre,
miseria, etc. Y ¿Dónde está la tan nombrada Ética? Los hechos nos están
demostrando que la humanidad es cada día más perversa, miserable y atenta
continuamente contra su propia especie. ¿Qué indica esto? Que vamos por el camino
equivocado. Lo anormal, se volvió normal y viceversa.
El ser humano se fue distanciando de lo Divino y fue perdiéndose en el laberinto de
sus justificaciones y conceptos, hasta tener que fabricar su propio instrumento, como
fue el derecho positivo o derecho de los hombres, para exigir respeto para sí mismo.
Es decir, perdió el respeto a lo Divino y entró en lo delincuencial… Para poder
cambiar, necesitamos captar las manifestaciones arquetípicas de nuestro Ser, que
actúa a través de la Consciencia. Debemos estar dispuestos a dar un giro radical a
nuestras vidas, creando situaciones favorables, revisando nuestros hechos, el entorno,
las amistades, desechando todo aquello que no nos aporte absolutamente nada
constructivo.
Capítulo 5. La Voz de la Conciencia
Los métodos teóricos, conceptuales han llegado a bloquear la voz de la Conciencia,
que es, esa luz de faro, que debe fungir en cada instante para guiarnos a puerto
seguro, evaluando nuestros hechos y las diferentes circunstancias de la vida. Por
todos esos conceptos, salidos de las apreciaciones y deducciones de cada quien, es
que tenemos sociedades descompuestas y el desmonoramiento de todo principio, está
ya a la vista.
Las mayorías viven violentando continuamente el libre albedrío con sus normas.
Desde pequeños nos van imponiendo puros «preceptos normativos» bajo el pretexto
que es con el fin de orientar, de ayudar en la formación de la conducta humana, de
enseñar como debe ser el hombre o la mujer de hoy día, pues todo el mundo tiene sus
apreciaciones, sus ideas, nacidas no precisamente de la LUZ de la Razón Objetiva –
La Conciencia- sino de las tinieblas que todos llevamos dentro, conformadas por el
ego, donde se encuentran nuestros machismos, egoísmos, clasismos, parcializaciones
religiosas, angustias, sufrimientos, temores, odios, rencores, racismos, envidias,
orgullos, ambiciones, complejos, traiciones, etc., etc.
Es así como sembramos patrones de conducta en la mente del infante, por lo general
erradas, erosionando eso que llamamos sociedad. Hechos deleznables en
determinadas sociedades del planeta, han sido incorporados y enmarcados dentro del
concepto de «Cultura de los pueblos».
La masificación de los medios de comunicación, la supuesta «globalización», el «libre
mercado» -que no es tan libre, pues se encuentra manipulado por los poderosos- la
Internet y sus aspectos virtuales, fueron vendidos como fórmulas mágicas de
desarrollo en los pueblos, manteniendo oculto el descomunal daño causado a los
valores del alma. ¿Desconocimiento?... o ha existido ¿premeditación y alevosía en
todo esto?
Lo interesante es ver, como los antivalores de otras latitudes se fueron incorporando
con suprema rapidez en nuestra idiosincrasia, como nueva «cultura». La música, ha
sido una de las puertas abiertas que han causado daño en nuestra juventud.
Observemos las letras de eso que llaman reggeton, algunas son tremendamente
obscenas e incitan a perder el pudor y al delito.
SOLUCIÓN AL DILEMA VIVIENTE
Nosotros los seres humanos, somos «marionetas» de nuestras propias circunstancias,
todo nos sucede sin saber por qué. Por ello es apremiante saber, si el ser humano
como tal, existe para la sociedad o si por el contrario la sociedad existe para el
individuo.
En los actuales momentos hemos podido apreciar que el individuo existe para la
sociedad y es muy natural que ésta se haya convertido en su propio verdugo y él en su
esclavo.
Si revertimos esa ecuación, es decir, que la sociedad exista para el individuo, ésta
trabajará por los buenos modales, por la sindéresis, por la libertad, por la inteligencia,
por la paz, la armonía, la justicia, etc. En pocas palabras, trabajaría por el despertar de
la Conciencia, donde se encuentra la ética, la moral y los demás atributos del alma.
Si queremos realmente hacer algo diferente, donde la ética y la moral exista,
necesitamos de una TRANSFORMACIÓN PSICOLÓGICA, y esto implica
REVOLUCIÓN INTERIOR, es decir, levantarnos en armas contra nosotros mismos
–jamás contra nadie- hasta lograr descubrirnos en cada instante de nuestras vidas y
percibir por nosotros mismos que existen muchas «personas» (orgullo, lujuria,
egolatría, paranoia, vanidad, engreimiento, ambición, envidia, celos, morbosidad, etc.)
que desconocemos, que habitan en nuestra propia casa –cuerpo- y que el evangelio
llamó LEGIÓN o ego. Eliminando a esos «actores» psicológicos que cargamos en
nuestro interior, emancipamos la probidad, la ética, la moral, el amor, respeto al
semejante, la libertad, etc., es decir CONCIENCIA… Necesario es comprender que si
las individualidades que conformamos sociedades, no buscamos el cambio interior,
para realmente TRANSFORMARNOS, difícilmente podrá existir una sociedad y una
cultura diferente.
No es fácil, lo que estamos planteando, por ello sugerimos mantener siempre la
alegría, el entusiasmo si es que anhelamos ganar esta batalla contra nosotros mismos,
hasta adquirir la auténtica ética. Hablo de la que se expresa a través de nuestro
ejemplo.
NO HAY TIEMPO QUE PERDER… Necesitamos amar profundamente un cambio
interior (DE CADA UNO) para que exista la Ética y la Moral, es decir, CONCIENCIA
DESPIERTA y sólo la lograremos con la propia REVOLUCIÓN INTERIOR.
(RECOCONCER DENTRO DE CADA UNO LOS VICIOS, EL EGOISMO, LA CODICIA,
LOS MIEDOS, EL ODIO, LOS RENCORES, LA SUMISIÓN, ETC y actuar para
eliminar conscientemente tales estructuras que nos esclavizan a la infelicidad, a la
enfermedad y a la miseria humana)
Fernando Diez. FÍSICA MÍSTICA (1990)
La única revolución real, si no se la quiere convertir en revancha, es la revolución
individual. Aquella que regenera desde dentro a la persona y por tanto a la sociedad.
Una revolución formada por mil personas debe ser el resultado de mil revoluciones
individuales.
Hasta que el ser humano no encuentre normas de entendimiento consigo mismo,
difícilmente las va a encontrar con su entorno, y por tanto con la sociedad. Es decir,
que cualquier revolución social está llamada a su autodestrucción si no va
acompañada de una revolución interna de todos aquellos que la componen. Por ello,
en vez de malgastar energías en desarrollar sistemas de convivencia nuevos que
jamás podrán funcionar, pongamos nuestro empeño, todos los que pensamos que
algún día se pueda llevar a cabo esa revolución pacífica, en comunicar con el ejemplo,
en cualquier situación o trabajo, todo aquello de lo que uno se siente seguro.