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Más Allá de La Ficción

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Más allá de la ficción

Hubiera hecho mi primer ensayo sobre mi espalda, sobre cómo no aguanto mi

espalda, sobre cómo no hay día en el que no despierte todo atrofiado y adolorido

de esa parte de mi cuerpo. Creo que no lo hice porque Philip Lopate me quito

todas las ganas de hacerlo cuando él explica sus problemas de espalda en

“Retrato de mi cuerpo” y denomina al tema del dolor de espalda como uno de los

más aburridos. Mentiría si digo que no concuerdo con él, en verdad creo que no

hay persona mayor de diecinueve años hoy en día a la que no le moleste la

espalda, el dolor más común y monótono por excelencia definitivamente. Pero

también creo que es posible que no le doliera lo suficiente y por esto mismo no le

era tan relevante como para dedicarle un poco más de tiempo y emoción a su

espalda, porque se enfoca mucho en las espaldas ajenas y como le encanta ver la

espalda de una mujer, por su obsesión al rechazo y al abandono de la belleza

femenina y como ellas conocen algo de él que nadie más conoce y bueno todo

eso.

Si en verdad le doliera la espalda y es algo con lo que tuviera que lidiar cada día

de su vida, cual día, cada instante, tal vez me hubiera inspirado más a escribir

algo como esto: “Cargo con todo el peso de mi vida en ella, todo, todas las

decisiones, las que tome pero en especial las que no, cargo con mis sueños,

remordimientos y con el momento. Cargo con mis penas pasadas y futuras, cargo

con todas las palabras que quise decir, las que dije y las que diré, pero como casi

nunca digo las que quiero decir cargo con más. Cargo con mi cabeza que es la
culpable de todo esto. No según los doctores, según los doctores tengo escoliosis

es decir una curvatura lateral de la columna hacia un lado (no me acuerdo cual), la

razón del porqué no es muy clara para los doctores, pero para mí sí, es porque ahí

cargo todo como ya lo había dicho. Ojalá y logre soltar toda esa carga algún día, o

si no mínimo repartir el peso, creo que podría soportar más si lo compartiera con

alguien, pero no se quién es su sano juicio aceptaría la carga de alguien más, yo

la verdad no.”

Hubiera echo algo así, si no me importara lo monótonos y aburridos que pudiesen

sonar mis complicaciones lumbares. Me acabo de dar cuenta que Philip Lopate

empieza su texto diciendo que se va de lado y yo con la desviación de mi columna

literalmente me voy de lado. No volveré a mencionar a Philip Lopate en el resto de

este escrito.

Pensé que en mi segundo ensayo me había acercado más a lo que estaba

buscando decir, pero cuando lo terminé me di cuenta de que caí en la eterna e

inevitable recursividad, me convertí en eso mismo que quería destruir. Tal vez el

error fue pensar que necesitaba destruir algo, en lugar de solo exponer y dar una

interpretación detallada basada en mi percepción construida con argumentos

sólidos y no solamente juicios de valor. El marco teórico era Rafael Gumicio con

su texto “En contra de la belleza”, la osadía, la imprudencia, ¿cómo vas a ir en

contra de la belleza? es una verdadera locura. Pero lo hace y lo hace excelente.

Construye todo un mundo de significados con una base tan sólida que te hace

cuestionar la belleza misma y todo lo que conlleva.


Por otro lado, lo admito pienso que tome un camino fácil, el de criticar,

simplemente criticar, ningún aporte, ninguna propuesta, bueno quizás hubo algo

rescatable, pero en general no quede satisfecho.

Hubiera escrito en contra de mí mismo, me puse en una posición donde solo

emitía juicios hacia las ideas y la forma de vivir de otras personas, sin empezar por

ponerme en duda y cuestionarme a mí mismo. Creo que si hubiera tomado ese

camino habría salido algo así: “Me encanta ponerme el pie, vivo para eso, en

verdad soy mi más grande obstáculo en la vida. No importa que tan claro tenga el

objetivo, no importa que tenga las herramientas perfectas para llevarlo a cabo, no

importa que sepa exactamente cómo hacer para llegar a él, siempre logro no

hacerlo. ¿Por qué? Bueno si lo supiera no creo que estaría escribiendo esto,

seguramente ya habría cumplido lo que sea que tenía que cumplir y estaría feliz y

satisfecho. ¡Ahí está! Creo que no quiero eso, de hecho, creo que eso es lo que

más me aterra en la vida, llegar a un punto de completa satisfacción. Por un lado,

creo que es totalmente imposible y por otro cuál sería el sentido de llegar ahí y no

tener la necesidad de buscar nada más en la vida. Pero si pienso que abuso

muchas veces de mi autosabotaje hasta un punto en el que ya no lo controlo,

bueno más bien nunca lo controlo. ¿O sí?”

Seguramente algo así habría echo si no hubiera tomado ese camino cómodo y

simple de señalar sin ser señalado. Rafael Gumicio señala afiches, señala a los

portadores del deber ser estético y los pone en cuestión teniendo todos los

argumentos para respaldar esa crítica. En verdad que me hubiera gustado hacer
algo así, por lo mientras me conformo con mi pequeña autocrítica confiando en

que puede sentar la base para algo más ambicioso.

Ahora ya me encuentro aquí, ya no hay adonde voltear la mirada, ya no hay un yo

del pasado a quien exponerle sus fallas e idear las mejoras ya basadas en algo. Él

ahora es el más difícil, siempre tambaleándose entre antes y después, nunca

inmovilizado en el momento. Pero ahora llega otro autor con su texto a salvarme

del vacío que sería estar solo conmigo mismo. Kafka con Josefina La Cantora

impone un nuevo estándar, no, es más que un estándar, impone un nuevo

paradigma. El pueblo de los ratones y Josefina engolaban casi a la perfección a lo

que debería apuntar una ficción, a esa máscara a través de la cual dices lo que no

podrías sin ella, porque es muy cruel, porque es muy real, y tenemos que

encontrar las formas, la decoración, los matices y el tono para transmitirlo. Hubiera

hecho algo así.

En este tercer ensayo quería escribir en un principio sobre los conflictos entre

personas y lo complicados que son, como esa noción del blanco y negro no existe

y al final todos somos matices. Los límites de la moral, lo que es justo para alguien

y como eso puede ser injusto para el otro. El problema constante del nosotros y

ellos, nuestra tendencia a siempre segregar y no ver ni empatizar con el “otro

lado”. Pero no escribí sobre eso, en su lugar hay este compendio de ideas e

intentos de un “lo que pudo ser” de estos trabajos. En estos momentos me siento

más como Josefina que como el pueblo ratón, incomprendida, tratando de hacer

sentido a todo esto con mi débil canto, que ni siquiera es canto.


Y la verdad no sé cómo me siento al respecto de este texto, por un lado, fue una

forma de sacar todos esos “hubieras” de mi cabeza sobre cómo me hubieran

gustado que fueran los textos anteriores y eso es hasta cierto punto es liberador,

dejar salir esas ficciones que solo existían para mí. Pero por otro lado de nuevo no

estoy haciendo lo quería hacer, pero no sé, tal vez si no lo estoy haciendo es

porque no es lo que en verdad quería hacer. O bueno no es lo que en verdad

quería hacer en este momento.

Creo que me voy a quedar con eso, porque estoy seguro de que, si lo quiero

hacer, así como quería hacer lo que no hice en los textos de antes, solo no es el

momento. Todo este tiempo consideraba que si no hacía eso que quería

inmediatamente, nunca lo haría, por eso siempre era un hubiera, por eso siempre

era ficción en mi cabeza. Pero no tiene que serlo, puede ser una posibilidad,

puede ser algo qué tal vez no hoy, ni mañana, pero que un día puedo hacer. Así

como el solo sale todos los días, abriendo un mundo de posibilidades.

Todo el tiempo estamos creándonos ficciones que nos hacen seguir, nosotros

decidimos si solo se queda en un hubiera, o si queremos que sean una

posibilidad.

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