Departamento de Espiritualidad
Arzobispado de Santiago
ADVIENTO 2024
ORAR CON LOS SALMOS DE ADVIENTO,
EN ESPERA DEL SEÑOR
El tiempo litúrgico del Adviento, con el que comienza el Año Litúrgico
y se prepara la Navidad, está1 cimentado en la esperanza.
INTRODUCCIÓN
Los salmos son por excelencia la oración de Israel y de la Iglesia e implican a todo el pueblo en la
alabanza a Dios. En ellos aparece lo luminoso, lo festivo, lo cálido, lo armonioso y también el dolor,
la ira y la variedad de los sentimientos humanos con los cuales queremos expresar con verdad
nuestra adoración a Dios. Se convierten, así, en acción de gracias por la salvación.
En ellos, encontramos la oración de la Iglesia que se vive en la celebración, en la liturgia. Son poe-
mas para ser cantados y acompañados musicalmente en la liturgia, son oraciones corales para ser
interpretadas.
Quienes oran con los salmos, sea cual sea su situación, el estado de su corazón, el deseo que anhe-
lan, encuentran en ellos una palabra oportuna. Hay un salmo para cada momento de tu vida, capaz
de expresar a Dios con precisión el sentimiento más profundo de tu corazón. Ese salmo es, aquí y
ahora, la palabra que Dios quiere escuchar de ti.
Aunque los salmos fueron atribuidos al rey David, son expresión de la fe del pueblo de Dios. Son
poemas cargados de símbolos. Las imágenes de los salmos se elevan hasta los cielos donde se alza
el Señor, o descienden hasta el abismo, la tierra de los muertos, el inframundo1.
Con los salmos que corresponden a la liturgia del Adviento deseamos prepararnos a la venida del
Señor que ha nacido en la historia, que viene a nosotros cotidianamente en su Palabra, en los
sacramentos, en los enfermos, en los más pobres y que al fin de los tiempos, retornará en Gloria.
Deseamos destacar los salmos como una oportunidad de reflexionar y disponernos para salir al
encuentro del Señor que llega.
En conclusión, los salmos son una oración que implica a Dios y a la humanidad, a la eternidad y a
los acontecimientos cotidianos. Son una invitación a caminar a la luz de la palabra divina, son una
súplica para ser salvados del mal fuera y dentro de nosotros, son una decisión profunda para ende-
rezar la propia vida. Son el espejo de quien busca a Dios con corazón sincero.
Que los salmos de Adviento, sean una manifestación del abrazo entre Dios y el que ora, una rela-
ción que es de amor y de fidelidad.
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INDICACIONES
La invitación a orar con los salmos de los domingos de Adviento, es una respuesta al llamado del
Papa Francisco a prepararnos con la oración, para la celebración del Jubileo y, de forma muy espe-
cial, para disponer el corazón como anticipo a la Venida del Señor.
Te presentamos los salmos de los cuatro domingos de Adviento y te proponemos que ores con
ellos, de manera personal, en familia o con tu comunidad.
Prepara un lugar donde te sientas a gusto y ambiéntalo con un sencillo altar donde tengas la
biblia, una imagen de Jesús, María y José, la corona de adviento y unas flores.
Si lo deseas, y es una ayuda, puedes utilizar alguna melodía de oración (sólo la música) que
apoye el momento de oración.
Al iniciar la oración, ponte en la presencia del Señor, diciendo: + En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo.
Con tus palabras, pide al Espíritu Santo te asista (o los asista) para este momento de encuentro
con el Señor.
Luego, y con calma, lee una vez el salmo del domingo correspondiente.
Enseguida, detente y ora, en orden, una estrofa cada vez.
A continuación de las estrofas, encontrarás algunas sencillas ideas que pueden iluminar la ora-
ción.
Después responde la pregunta y deja que tu corazón le hable al Señor.
Al terminar, saluda a la Santísima Virgen María y ofrécele tu oración para que la presente al
Señor.
En este tiempo de preparación que es el Adviento, te invitamos
a vivir con la apertura de quien espera al Señor que llega.
Por eso, te invitamos a organizar tu día desde la oración para
que lo puedas vivir con la paz y la esperanza, del que tiene la
certeza que el Señor está por venir.
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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo 01 de diciembre 2024
SALMO 24, 4-5a. 8-10. 14
R./“A ti, Señor, elevo mi alma”
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
El Señor es bondadoso y recto,
por eso muestra el camino a los extraviados;
Él guía a los humildes para que obren rectamente,
y enseña su camino a los pobres. R/.
Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen,
y les hace conocer su alianza. R/.
Salmo 24, 4-5a. 8-10. 14
R./“A ti, Señor, elevo mi alma”
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Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
R/. “A ti, Señor, levanto mi alma”
Un nuevo año litúrgico y un nuevo año de vida, es la oportunidad de corregir nuestro
rumbo, sentido de la vida y camino.
La Palabra del Señor nos indica siempre el mejor camino para nuestra conversión y
ser más fieles a su enseñanza.
PARA MEDITAR: ¿Qué camino debo recorrer en la búsqueda de mi conversión per-
sonal?
El Señor es bondadoso y recto,
por eso muestra el camino a los extraviados;
Él guía a los humildes para que obren rectamente,
y enseña su camino a los pobres.
R/. “A ti, Señor, levanto mi alma”
La humildad es clave para descubrir la bondad de Dios.
El humilde se deja guiar, conducir en la búsqueda de la voluntad de Dios.
PARA MEDITAR: ¿Qué me sucede cuando me alejo del camino que Dios me ofrece
y qué hago para regresar a Él?
Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen,
y les hace conocer su alianza.
R/. “A ti, Señor, levanto mi alma”
Recorrer los caminos del Señor implica ser sus amigos, así conoceremos su compa-
sión y misericordia.
Vivamos el Adviento como el tiempo en que Dios, amistosamente, se acerca a nues-
tra vida.
PARA MEDITAR: ¿Cómo cultivas y mantienes tu amistad con el Señor?
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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo 08 de diciembre 2024
SALMO 125, 1-6:
R./ ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. R/.
Hasta los mismos paganos decía:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! R/.
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones.
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R/.
Salmo 125, 1-6:
R./ ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
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Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
R./ ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
El Señor viene a nuestra vida para que logremos lo imposible. Para que se enmien-
den caminos, encontremos salidas y soluciones que por nuestros medios nos pare-
cen inalcanzables.
El corazón que busca y deja a Dios actuar encuentra su alegría y alaba al Señor sin
cesar.
PARA MEDITAR: ¿Imagino que Dios siempre desea lo mejor para mí?
Hasta los mismos paganos decían:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
R/. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
Cuando un año termina y uno nuevo comienza reconocemos
todo lo que el Señor hizo en nuestro favor.
Hasta los no creyentes pueden vislumbrar la fidelidad de Dios
que desea colmar la alegría profunda de su pueblo.
PARA MEDITAR: ¿Qué grandes cosas ha hecho el Señor por ti y
que hoy puedes reconocer y agradecer?
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones.
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando cuando trae las gavillas.
R/ ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
La desolación, la guerra, la violencia y la desesperanza desaparecerán cuando la es-
cucha de la Palabra de Dios, se manifieste en la justicia y la búsqueda de la paz, y así
el Dios de la Vida será aclamado, servido y glorificado.
En el camino de nuestra vida sembramos en medio del dolor y la pérdida de sentido,
que amenazan nuestra paz, sin embargo, estamos llamados a cosechar con esperanza.
PARA MEDITAR: ¿Cómo mantengo y fortalezco la esperanza en medio de la adver-
sidad?
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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo 15 de diciembre 2024
SALMO Is 12, 2-6
R./ ¡Aclamemos al Señor con alegría!
Éste es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación. R/.
Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R/.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R/.
Salmo Is 12, 2-6
R./ ¡Aclamemos al Señor con alegría!
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Éste es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación.
R./ ¡Aclamemos al Señor con alegría!
Al reconocer nuestra fragilidad y temores estamos invitados a encontrar nuestra for-
taleza en el Espíritu de Dios que nos protege y nos libra de los peligros.
PARA MEDITAR: ¿En qué momentos de mi vida he experimentado que Dios me
sostiene, me libra y me ayuda?
Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
R./ ¡Aclamemos al Señor con alegría!
El agua que brinda la vida es también la fuente bautismal de la
salvación, en ella saciamos la sed de esperanza, luz, justicia, paz
y amor; en definitiva, nuestra sed de Dios.
Un corazón que recibe a Dios le agradece, lo anuncia y proclama
la grandeza de su Nombre.
PARA MEDITAR: ¿Me siento llamado con alegría a nutrirme, sa-
ciarme y buscar respuestas en lo que Dios me ofrece?
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!
R./ ¡Aclamemos al Señor con alegría!
Al encarnarse y asumir nuestra historia, en la persona de su Hijo, nuestro Dios ha
realizado su obra más grande.
El Adviento nos permite disponernos a esta gran alegría.
PARA MEDITAR: ¿Dimensiono la Encarnación de Dios como un hecho que atañe tan
profundamente a todos los momentos de mi vida?
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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo 22 de diciembre 2024
SALMO 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19
R./ “Restáuranos, Señor del universo”
Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
resplandece, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R/.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso. R/.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R/.
Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19
R./ “Restáuranos, Señor del universo”
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Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
resplandece, reafirma tu poder y ven a salvarnos.
R./ “Restáuranos, Señor del universo”.
Cada Adviento es una invitación a dejar que Dios reine en nuestras vidas como el
que está presente en la historia, ha nacido en ella y continúa visitándonos hasta su
retorno triunfal.
María Santísima y los santos dejaron a Dios reinar en sus corazones.
PARA MEDITAR: ¿Cómo me siento invitado a dejar a Dios reinar en mi vida?
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.
R./ “Restáuranos, Señor del universo”.
La visita constante de nuestro Dios, en la historia de salva-
ción, es la visita de quien ha sembrado la viña, es el viñador
que la poda y la mantiene vigorosa.
Cristo es el retoño y la cepa de la cual brotan los sarmientos
que componen la Iglesia.
En el Adviento recordamos que Dios nos visita, como Iglesia
y Pueblo de Dios ¿en qué necesitamos ser restaurados, por
su visita, para revitalizar nuestra misión?
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
R./ “Restáuranos, Señor del universo”.
Al enviar a su Hijo, Dios nuestro Padre nos ha fortalecido en el amor, al acoger su
visita somos invitados a una vida nueva y plena.
PARA MEDITAR: ¿Pido al Señor la constancia para permanecer en su amor, en su
camino, en su servicio?
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