Leptospirosis
La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por espiroquetas del
género Leptospira, una bacteria que se encuentra comúnmente en animales domésticos y
salvajes, especialmente roedores, perros, ganado y animales silvestres. La transmisión a
los humanos ocurre cuando una persona entra en contacto directo con la orina de estos
animales o indirectamente al exponerse a agua o suelo contaminado. La infección es más
frecuente en climas tropicales y subtropicales, donde las condiciones de humedad
favorecen la supervivencia de la bacteria.
Presentación clínica
Los síntomas de la leptospirosis varían ampliamente, desde formas leves hasta
cuadros clínicos severos y potencialmente mortales. La enfermedad tiene un periodo de
incubación que oscila entre 7 y 12 días. Se manifiesta inicialmente con fiebre, escalofríos,
cefalea intensa, mialgias (especialmente en las pantorrillas y espalda), dolor abdominal,
náuseas y vómitos. Estos síntomas pueden confundirse fácilmente con otras infecciones
febriles comunes, como el dengue o la gripe, lo que dificulta su diagnóstico temprano.
En algunos casos, la enfermedad evoluciona hacia una forma más grave, conocida
como enfermedad de Weil, caracterizada por ictericia (coloración amarilla de la piel y los
ojos), insuficiencia renal aguda, hemorragias, anemia, y a veces afectación pulmonar con
hemoptisis (tos con sangre). Esta fase severa puede llevar a complicaciones como
insuficiencia multiorgánica y, si no se trata adecuadamente, puede ser fatal.
Diagnóstico
El diagnóstico de leptospirosis se basa en una combinación de la evaluación
clínica y pruebas de laboratorio. Dado que los síntomas iniciales son inespecíficos, es
importante tener en cuenta la historia epidemiológica del paciente, como la exposición a
agua estancada, contacto con animales, o actividades recreativas o laborales en áreas de
riesgo.
Las pruebas de laboratorio incluyen:
Pruebas serológicas: La prueba de aglutinación microscópica (MAT, por sus
siglas en inglés) es el estándar de oro para el diagnóstico, pero también se utilizan otras
pruebas como ELISA para detectar anticuerpos. Estas pruebas pueden tardar en dar
resultados positivos, ya que los anticuerpos aparecen generalmente una semana después
de la aparición de los síntomas.
Cultivo de Leptospira: Aunque se considera la confirmación definitiva, el cultivo
es técnicamente difícil y requiere medios de cultivo especializados, además de que el
crecimiento de la bacteria es lento.
PCR (reacción en cadena de la polimerasa): Es una técnica rápida y específica
que detecta el ADN de Leptospira en la sangre o la orina en las primeras fases de la
enfermedad, aunque su disponibilidad puede estar limitada en algunos entornos.
Tratamiento
El tratamiento de la leptospirosis consiste principalmente en el uso de antibióticos,
los cuales son más eficaces cuando se administran durante las primeras fases de la
enfermedad. Entre los antibióticos más comunes se incluyen:
Doxiciclina: Es uno de los fármacos más utilizados tanto para el tratamiento como para la
profilaxis en individuos expuestos. En formas leves de la enfermedad, la doxiciclina es
muy eficaz si se inicia tempranamente.
Penicilina: Se utiliza para los casos más graves. La penicilina intravenosa ha demostrado
ser efectiva para reducir la duración de la fiebre y la severidad de la enfermedad.
Ceftriaxona o cefotaxima: En pacientes con enfermedad severa o complicaciones, estos
antibióticos también son una opción para el tratamiento intravenoso.
El manejo de los casos graves requiere cuidados intensivos, con especial atención a la
monitorización y apoyo de la función renal y cardiovascular. La diálisis puede ser
necesaria en pacientes con insuficiencia renal, y en ocasiones se requiere ventilación
mecánica si hay afectación pulmonar severa.
Prevención
La prevención de la leptospirosis se basa en la reducción del riesgo de exposición.
Las medidas incluyen:
Control de roedores: Como los roedores son un reservorio principal de la bacteria, es
esencial implementar medidas de control para limitar su población en áreas urbanas y
rurales.
Vacunación de animales: En algunos países, se utilizan vacunas para el ganado y otros
animales domésticos a fin de reducir la incidencia de la leptospirosis en el entorno
humano.
Mejora de la higiene y el saneamiento: En áreas de alto riesgo, como zonas rurales con
malas condiciones sanitarias, es fundamental mejorar las infraestructuras de saneamiento
y el acceso a agua potable.
Protección personal: En trabajos o actividades recreativas que impliquen contacto con
aguas potencialmente contaminadas, como la agricultura o deportes acuáticos, se
recomienda el uso de equipo de protección personal, como botas y guantes
impermeables.
Profilaxis antibiótica: En situaciones de alto riesgo, como brotes o exposiciones masivas,
se puede utilizar la doxiciclina como profilaxis en grupos vulnerables.
Conclusión
La leptospirosis es una enfermedad con un amplio espectro clínico que varía
desde cuadros leves hasta formas severas y mortales. El diagnóstico temprano y el
tratamiento adecuado con antibióticos son cruciales para mejorar el pronóstico. La
prevención es clave en las áreas endémicas, especialmente a través del control de la
población de animales, la mejora de las condiciones sanitarias y el uso de protección
personal en actividades de riesgo.
Caso Clínico Tabasco
Este caso clínico aborda a un hombre de 75 años con un diagnóstico de
leptospirosis severa y disfunción orgánica múltiple (DOM), quien fue ingresado al hospital
después de haber estado en una zona insalubre. El paciente presentó una serie de
síntomas graves que incluyeron ictericia intensa, vómito de contenido gastrobiliar, dolor
abdominal, evacuaciones melénicas, coluria, y oliguria de una semana de evolución.
Asimismo, mostró fiebre de inicio súbito con patrones terciarios, escalofríos, dolor lumbar
y en las extremidades inferiores, junto con cefalea retro-ocular.
A su ingreso al hospital, los signos vitales del paciente incluían una presión arterial
de 100/60 mmHg, temperatura de 38 °C, frecuencia respiratoria de 28/min y frecuencia
cardíaca de 95 latidos por minuto. Además, el paciente se encontraba consciente y
orientado, con una puntuación de 15 en la escala de coma de Glasgow. Sin embargo,
presentaba ictericia severa y crepitantes pulmonares en ambos hemitórax, lo que sugería
un compromiso respiratorio inicial. Los estudios iniciales incluyeron pruebas serológicas y
un examen de ELISA que resultó negativo para leptospirosis, por lo que se inició
tratamiento con ceftriaxona.
Durante las primeras horas de hospitalización, el paciente presentó una
hemorragia digestiva alta causada por úlceras duodenales, lo que llevó a la necesidad de
intervenciones endoscópicas en tres ocasiones para realizar esclerosis de las lesiones. La
evolución clínica fue desfavorable, ya que se observó un aumento progresivo de las
bilirrubinas, alcanzando niveles de 25 mg/dL, y una elevación de las transaminasas
hepáticas, así como tiempos de coagulación prolongados. Estos hallazgos clínicos, junto
con el deterioro respiratorio que se manifestó en la segunda semana de hospitalización,
sugirieron una complicación grave de síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SIRA).
En las radiografías de tórax se observaron infiltrados bilaterales homogéneos, con una
imagen característica de vidrio despulido, lo que llevó a la necesidad de intubación
endotraqueal y el uso de ventilación mecánica con presión positiva al final de la espiración
(PEEP).
El manejo del paciente se complicó debido a la necesidad de soporte inotrópico
para mantener la estabilidad hemodinámica, por lo que también se realizó una
traqueotomía temprana y se añadieron esteroides al tratamiento con el objetivo de
prevenir la fibrosis pulmonar secundaria al SIRA. A pesar del tratamiento intensivo, las
bilirrubinas permanecieron elevadas durante varias semanas.
Fue hasta la tercera semana de internamiento cuando se confirmó el diagnóstico
de leptospirosis a través de pruebas de laboratorio, como el examen de campo oscuro, la
microaglutinación y una prueba de ELISA, todas positivas para leptospira. Se inició
tratamiento con penicilina sódica cristalina y se administró una vacuna antileptospira, pero
el paciente sufrió una reacción de Jarisch-Herxheimer, complicando su estado
respiratorio. Esta reacción es una respuesta inflamatoria severa desencadenada por la
destrucción masiva de espiroquetas, lo que provocó un empeoramiento temporal de la
condición del paciente. Además, presentó agitación, desorientación, rigidez de nuca y
hemorragia conjuntival, lo que sugirió el desarrollo de meningitis aséptica. El estudio del
líquido cefalorraquídeo no mostró signos inflamatorios graves, y aunque el paciente
mejoró tras este episodio, quedó con cuadriparesia fláccida y un marcado deterioro físico.
La desnutrición severa fue otra complicación significativa, ya que a pesar del
soporte nutricional parenteral y posteriormente enteral, el paciente perdió alrededor del
40% de su peso corporal total. A lo largo de su hospitalización, el estado general del
paciente fue de progresivo deterioro, aunque al final del tercer mes mostró signos de
mejoría, lo que permitió la retirada de la ventilación mecánica y una recuperación gradual
de la cuadriparesia.
Este caso ilustra la gravedad de la leptospirosis severa, una enfermedad zoonótica
que, si bien es común en zonas tropicales, puede causar complicaciones multisistémicas
devastadoras. La leptospirosis puede presentarse como una infección subclínica o
progresar hasta causar sepsis severa con DOM, como en este caso. Los órganos más
afectados incluyen el hígado, los pulmones, el sistema nervioso y el sistema circulatorio.
La ictericia es uno de los signos más comunes, aunque no siempre está relacionada con
necrosis hepatocelular, y generalmente la función hepática se recupera tras semanas de
tratamiento. En este caso, la insuficiencia respiratoria fue una de las complicaciones más
serias, con la necesidad de ventilación mecánica prolongada.
La reacción de Jarisch-Herxheimer también complicó el manejo de la enfermedad,
y aunque es una respuesta conocida en infecciones por espiroquetas, su control es difícil,
ya que desencadena una respuesta inflamatoria masiva en el huésped. El tratamiento
antibiótico temprano es esencial, pero en casos severos como este, se requiere un
manejo intensivo y multidisciplinario para abordar las complicaciones sistémicas.
En resumen, la leptospirosis puede causar una disfunción orgánica múltiple que
involucra diversos sistemas, como el hepático, respiratorio, neurológico y circulatorio. El
tratamiento intensivo con ventilación mecánica, antibióticos, manejo hemodinámico y
soporte nutricional es crucial para la recuperación, pero la mortalidad sigue siendo alta en
casos complicados