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Silva - La Riesgosidad Un Nuevo Paradigma y Desafio Pericial

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Publicado en Revista de actualidad en Derecho de Familia en el Código Civil y Comercial. Ediciones Jurídicas, 2017, N°6, pp 145-160.

La riesgosidad: un nuevo paradigma y desafío pericial.


Prof. Dr. Daniel H. Silva

Palabras clave: violencia, peligrosidad, riesgo, factores, indicadores, evaluación

Key words: violence, hazard, risk, factors, indicators, evaluation

Resúmen:

La acción violenta es uno de los temas más preocupantes en el aquí y ahora de nuestra
sociedad. Es un fenómeno inter y transpersonal personal y por ende social así como de Salud
Pública. El temor social por dicho comportamiento ha demandado a la Psicología y
Psiquiatría soluciones que han superado el ámbito tradicional de aplicación de aquellas. Es así
que hoy los profesionales de dichos ámbitos son requeridos no solo para actuar en la en la
prevención y de este modo evitar la ocurrencia y el mantenimiento de cualquier tipo de
violencia, sino se les requiere una suerte de predicción sobre futuras conductas violentas,
En la última década se ha producido un cambio de paradigma. Se ha sustituido el concepto de
peligrosidad por el de riesgo. Este último concepto se diferencia del concepto de peligro y
apunta a la proximidad de un daño, al estar expuesto a un hecho dañoso en forma activa o
pasiva, así como a la vulnerabilidad frente al mismo. Representa “al estar” y por ende se
constituye en una valoración situacional.
Los avances en el conocimiento de la violencia y sus formas y, sobre todo, la identificación de
los factores e indicadores de riesgo, han permitido la introducción de nuevos procedimientos
evaluativos que se han generalizado rápidamente, en los últimos años, ocupando un gran
espacio dentro de la Psicología y de la Psiquiatría , la Criminología ,y los efectores del
Trabajo Social, trasladándose a su vez al campo asistencial como al pericial.

Abstract:

Violent action is one of the most worrying issues in the here and now of our society. It is a
interpersonal and transpersonal phenomenon and therefore social as well as Public Health.
The social fear for this behavior has demanded to the Psychology and Psychiatry solutions
that have surpassed the traditional scope of those applications. Today professionals in these
fields are required not only to act in the prevention and thus to avoid the occurrence and
maintenance of any type of violence, but they require a kind of prediction about future violent
behavior. The last decade has seen a paradigm shift. The concept of danger has been replaced
by that of risk. The latter concept differs from the concept of danger and points to the
proximity of damage, when exposed to a harmful act in an active or passive way, as well as
vulnerability to it. It represents "being" and therefore constitutes a situational assessment.
Advances in knowledge of violence and its forms and, above all, the identification of risk
factors and indicators have allowed the introduction of new evaluative procedures that have
become widespread in recent years, occupying a large space within Psychology and
Psychiatry, Criminology, and Social Work effectors, moving to the field of care as the expert.
A modo de introducción

La acción violenta es uno de los temas más preocupantes en el aquí y ahora de nuestra
sociedad. Ello conlleva que de manera inmediata se le atribuya al individuo que la ejerce la
etiqueta –“label” en la terminología inglesa"- de la peligrosidad.

Dicha atribución a los responsables de estos actos violentos ha servido durante muchos años
como “palabra tranquilizadora”, a través de la cual se identificaba al “otro” como agente
de temibilidad al tiempo que se lo controlaba y de ser posible se lo neutralizaba, así como
servir de factor explicativo y sobre todo predictivo de la reiterancia y la gravedad de las
acciones de estos individuos, cuyo espectro iba desde el episodio de violencia callejera, al
homicidio, pasando por toda una variedad de formas violentas de diferente entidad.

El temor social por dicho comportamiento ha demandado a la Psicología y Psiquiatría en


general y en el ámbito forense en particular, soluciones que han superado el ámbito
tradicional de aplicación de aquellas. Es así que hoy los profesionales de dichos ámbitos son
requeridos no solo para actuar en la en la prevención y de este modo evitar la ocurrencia y el
mantenimiento de cualquier tipo de violencia, sino se les requiere una suerte de predicción
sobre la aparición de conductas violentas, llevando en ocasiones incluso a los círculos con
mayor nivel educativos a requerir que con exactitud se establezca si tal o cual individuo
habrá o no de ejercer o reiterar su conducta. Demás está decir que tanto la Psicología como la
Psiquiatría son disciplinas que distan mucho del componente adivinatorio que en ocasiones se
les exige.

El atributo esencial sobre el que se ha venido fundamentando la supuesta predicción


conductual violenta ha sido el concepto positivista de la peligrosidad, el cual no es más que
un constructo con una capacidad predictiva limitada y condicionada por una percepción
social determinada y con sesgo claro discriminatorio ya que siempre existe un grupo, etnia,
clase etc. a la que se le asigna el potencial peligro.

Es bien conocido que el determinante del comportamiento violento, no es único y que


depende de factores tan diversos que sería inútil por no decir pretencioso enumerarlos. A
pesar de lo dicho a diario se nos interroga en el foro no solo sobre la diagnosis de una
situación de violencia sino también sobre la posibilidad de reiteración de esa con o de una
similar conducta, la prognosis y en definitiva cargar sobre los hombros del evaluador en
última instancia, la responsabilidad por una respuesta casi infalible.

Desde hace aproximadamente dos décadas se han desarrollado nuevas técnicas para permitir
una aproximación con rigor científico al análisis de conductas violentas y de posibilidades de
reiteración de las mismas, en sus diferentes formas o tipos, basadas en tres elementos
principales:
a) un mayor conocimiento sobre los procesos, situaciones y circunstancias que dan origen a su
aparición así como de sus diversas formas desde la física a la simbólica,
b) la sustitución de la impronta positivista expresada y consagrada con el uso del término
“peligrosidad” por el de “riesgo” aceptado por las corrientes psicopatológicas de corte
psicosocial, y
c) el desarrollo de protocolos y de herramientas para la valoración de factores e
indicadores de riesgo, así como estrategias para su gestión.

La violencia es un fenómeno inter y transpersonal personal y por ende social tal como lo
estableciera Reiss1,y que afecta seriamente al bienestar general y la salud de las personas – en
el concepto de la OMS-. Al presente se ha convertido en un problema mundial de primer
orden con graves consecuencias sobre el desarrollo político-económico y social de los grupos
humanos2, así como también un problema esencial de la Salud Pública.

Una reacción de alarma social -próxima al pánico- ha surgido, como era de esperar, en un
contexto de rechazo e intolerancia generalizada acerca del uso de la violencia en las
relaciones humanas. Pero la reacción contra la misma, no debe ir sola, sino que debe ser
acompañada de una serie de acciones para solucionar las causas o mejor dicho, los factores
de riesgo, y las consecuencias de la misma, aunque lamentablemente, no siempre se logre de
manera efectiva.

Estas acciones recaen sobre todos los actores sociales, empezando por las estructuras político-
administrativas de los Estados y las demás las organizaciones sociales, los medios de
comunicación, organizaciones no gubernamentales, religiosas, educativas, ámbitos laborales
etc. llegando en último término al ciudadano de “a pie”.

Cabe mencionar que ya en el año 2002, la OMS (Organización Mundial de la Salud),


afirmaba que “la violencia está presente en la vida de numerosas personas en todo el mundo y
nos afecta a todos en algún sentido”3

Como consecuencia de lo antedicho, se ha producido un cambio de paradigma en los


profesionales que trabajan en tres ámbitos de actuación concretos como lo son la
Administración de Justicia, la Salud Pública y los Servicios Sociales. Todos y cada uno de
ellos tienen un efecto directo sobre el control y la prevención de la violencia.

Ahora bien, poder prevenir de ninguna manera implica predecir. La conducta humana por
definición es imprevisible, independientemente que a lo largo de la historia y en diferentes
tradiciones culturales han existido prácticas de predicción del futuro que generalmente
estaban y siguen estando, en manos de “especialistas” no faltos de reconocimiento social.
Adivinos, quiromantes, videntes, y toda una gama de “futurólogos”, han convivido y
conviven aún, entre nosotros y se hacen visibles en los medios de comunicación incluidas las
redes sociales.
De hecho la tendencia a efectuar una predicción del comportamiento del individuo ha estado
presente en casi todas las ramas de la Psicología Aplicada tal como lo sostiene Andrés
Pueyo4.

El primer paso para realizar una aproximación sobre una posible conducta humana violenta
futura y que sea objetiva, rigurosa y eficaz, es decir no adivinatoria, es definir con rigor
aquello que queremos prestablecer, ya que de la correcta definición del criterio a

1
Reiss, A.J.(ed) (1994). Understanding and preventing violence.New York: National Research Council
2
Krug E.G.,Dahlber,L.L, Mercy,J.A&Zwi.A.B (2002). World Report on violence and health.Ginebra.
World Health Organization
3
Krug E.G. et al. Op cit.
4
Pueyo,A y Redondo, S (2004) Aportaciones psicológicas a la predicción de la conducta violenta,
reflexiones y estado de la cuestión. II Congreso Virtual de Psicología Jurídica y Forense. Madrid. España.
determinar, en este caso la violencia, dependerá la posibilidad de hacer de la aproximación
una tarea rigurosa y no un subproducto de la intuición, como tantas veces vemos que se hace
y se repite como la verdad revelada.
De la Peligrosidad a una nueva categoría: riesgosidad.

El vocablo peligro, proviene del latín, de “periculum” y se refiere a la posibilidad,


contingencia, y/o factibilidad de generar o sufrir daño. Como vemos tiene una apoyatura
directa sobre el existente, implica “el ser”. Sé es o no peligroso, como potencia o como acción
una vez que hemos pasado al estado peligroso , el “état dangereuse” de los franceses . Es claro
y surge palmariamente que se trata de una valoración de tipo positivista. Estudia por ende
situaciones posibles a partir de un juicio de disvalor por condición. Dicha condición tiene
que tener o llevar un resultado siempre igual, siendo en esencia su finalidad segregatoria.

La peligrosidad se introduce por primera vez en la psicopatología dentro del contexto


“lombrosiano” de finales del siglo XIX, derivada del concepto de “temibilitá”, según el cual
la peligrosidad se sustentaría en las características y atributos psicológicos del sujeto que
justifican el acaecimiento de futuros comportamientos violentos. Dicho en términos llanos el
positivismo entró al ámbito de la Medicina y del Derecho con elementos que permitían
predecir comportamientos basados en una condición de una persona y daba las herramientas
para excluir al hombre de la sociedad por la mera posibilidad de una conducta que bien podía
no darse jamás y por otro lado ingresa al terreno médico particularmente en el ámbito de las
enfermedades infecciosas, con un solo objetivo, la segregación del diferente.

Con el correr de los años, el concepto de peligrosidad, como atributo disposicional e


inmodificable ligado generalmente a anomalías físicas y mentales, se sustituyó por el de
“estado peligroso” que es una situación en la que por los factores de disposición y de
ambiente, en mutua compenetración, el individuo se constituye potencialmente un ser con
probabilidades de delinquir, o al menos, de turbar el orden social establecido por el derecho”
en las palabras de Serrano Gomez5.

Por su parte Riesgo tiene una etimología también latina “riscum”, que pasa al italiano “risico”
“rischio” al tiempo que puede asimismo correlacionarse a la raíz árabe “rizq”.
A diferencia del concepto de peligro apunta a la proximidad de un daño, al estar expuesto a
un hecho dañoso en forma activa o pasiva, así como a la vulnerabilidad frente al mismo.
Representa “al estar” y por ende se constituye en una valoración situacional.

En nuestro medio la reciente Ley 26657 o Ley de Salud Mental como habitualmente se la
llama, ha suprimido el concepto de peligrosidad reemplazándolo por el de “riesgo cierto e
inminente”. A pesar de este avance, el concepto de peligrosidad permanece en los textos
codiciarios así como en ciertas leyes especiales (Ley 12.331 de Profilaxis, Ley17.132 del
Ejercicio de la Medicina, Odontología y actividades de colaboración, etc).

En mi opinión la Ley de Salud Mental, cae en una contradicción evidente cuando se refiere a
riesgo cierto ya que la certeza comporta una conciencia sobre ciertos hechos, que se admiten
sin sombra de duda , con alta confiabilidad en que dicho conocimiento es verdadero y basado
en la evidencia , que supone un conocimiento comunicable y reconocible por cualquier
otro ser racional. Justamente el riesgo conlleva en si mismo un margen de incertidumbre que
lo aleja de la concepción de certeza.

5
Serrano Gomez, (1974) La ley de peligrosidad y la rehabilitaciónsocial. ADPCP.1974
En cambio la aparición del término inminente hace un buen maridaje con el concepto de
riesgo ya que implica gran proximidad en el tiempo de un suceso, en especial de un estado de
probable daño. Es decir, remite a la perentoriedad y /o apremio para la ocurrencia y
materialización de aquello llamado riesgo.

***

Teoría del Riesgo

El riesgo es una medida de magnitud de daños frente a una situación peligrosa y que se mide
asumiendo una determinada vulnerabilidad frente a cada tipo de peligro.

Se debe distinguirse adecuadamente entre peligrosidad en tanto posibilidad de ocurrencia de


un peligro, la vulnerabilidad, que es la condición previa del expuesto ante ocurrencia del
evento que conlleva un peligro y riesgo propiamente dicho entendido como probabilidad
cuantificada de la ocurrencia del daño.

De manera que el riesgo se define como la combinación de la probabilidad de que se produzca


un evento y sus consecuencias negativas.
Intervienen en su composición, dos variables de suma importancia que son la condición
riesgosa y la vulnerabilidad.

Condición riesgosa es una conducta, actividad humana o condición que puede ocasionar la
muerte, lesiones u otros impactos a la salud, o daños a la propiedad, trastornos
socioeconómicos, o daños ambientales. En función de la intensidad, inmediatez y la
frecuencia, se determina la amenaza concreta de ocurrencia.

Por su parte la, vulnerabilidad es el conjunto de características y las circunstancias de una


persona que la hace susceptibles a los efectos dañinos de la condición referida.

Si quisiéramos hacer una simple ecuación esta sería la siguiente:

R = C. R. x V
en donde R es riesgo; CR es condición riesgosa y V remite a la vulnerabilidad

Ahora bien, la vulnerabilidad, implica la relación directa entre exposición y suceptibilidad e


indirecta a la aptitud de resiliencia.

Si lo expresamos en términos de lógica matemática nos encontraríamos con la siguiente


ecuación:
V= E(exposición) x S ( suceptibilidad) / R (resiliencia)

Pero estos términos hemos de definirlos de la manera más precisa posible a fin de evitar
interpretaciones caprichosas y con ellas llevar a conclusiones falaces.

Por exposición entendemos a la condición de presencia y desventaja de un sujeto frente a un


determinado evento adverso. Esto estará dado fundamentalmente por la susceptibilidad es
decir, el grado de fragilidad interna de un sujeto para enfrentar una amenaza y /o peligro
concreto
En contrapartida podemos ubicar a la resiliencia en cuanto la capacidad de una persona para
resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de los efectos dañosos de manera oportuna y eficaz,
lo que incluye la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas.

En síntesis la teoría del riesgo, analiza situaciones concretas en busca establecer


probabilidades siendo su finalidad preventiva/ resolutiva de conflictos

***

La valoración del riesgo: diagnosis-prognosis

Como hemos visto, la multiplicidad de causas y factores de riesgo hacen de diagnosis-


prognosis una tarea harto difícil. A ello debe sumársele la escasez de instrumentos y técnicas
específicas completamente validadas.

En esta situación se han desarrollado propuestas técnicas que constituyen los procedimientos
de valoración del riesgo.

La ponderación del riesgo de violencia, debe considerarse como un medio alternativo y eficaz
a la rigidez del diagnóstico positivista de peligro o estado peligroso. Parte de supuestos
substancialmente distintos y utiliza variables operacionales en extremo diferentes.

Es así que un primer supuesto las técnicas de valoración del riesgo, entienden que no se
puede establecer una valoración en general. Partiendo de los mismos predictores no es
posible establecer un análisis de riesgo para las diversas formas de conducta desajustada ya
que las diferentes modalidades de las mismas, poseen diferentes factores e indicadores del
mismo y que por lo tanto, debemos adecuar los procedimientos de evaluación al tipo
concreto de riesgo violencia a valorar.

El segundo parte de la base que determinar el riesgo de ocurrencia de un determinado


comportamiento, requiere de una toma de decisión a priori sobre en qué grado y en qué
circunstancias y/o condiciones podría llegar a materializarse aquel.

Pero estas decisiones no pueden ser dejadas al arbitrio de la intuición del evaluador
como lo hacían los seguidores del positivismo, sino que las mismas se deben tomar de
acuerdo a protocolos estandarizados, validados, contrastados y basados en
conocimientos empíricos. De este modo la experiencia “intuitiva” deja paso al análisis
estadístico y racional.

Es por ello qué debe quedar en claro que el juicio siempre es aproximativo y en términos
de probabilidad y nunca puede ser apodíctico.

La teoría del riesgo y la valoración del mismo mediante la aplicación de los factores
generadores, amplía las posibilidades de intervención, con lo cual se generan muchas
posibilidades de intervenciones adecuadas al detectarse sus indicadores y al pronóstico que
surge como más probable luego de la evaluación.
Estimar el riesgo de violencia o conducta desajustada, por lo tanto, es un procedimiento para
establecer la probabilidad de aparición de nueva conducta violenta en el caso de haber
existido otra previa, o bien simplemente que una surja sin mediar antecedente alguno. El
simple azar o las predicciones no fundadas quedan de lado, dentro de ésta concepción debido
a su imprecisión.

Los datos acumulados en registros criminológicos, psiquiátricos, historias clínicas y


expedientes judiciales, son una fuente importante que pueden proporcionar informaciones de
relevancia y ser útiles a la hora de evaluar probabilidades de aparición y/o repetición
conductual. Si a ello se suman las nuevas como el uso de guías clínicas para identificar
situaciones, factores e indicadores de riesgo, disminuiremos el grado de imprecisión que toda
apreciación de este tipo conlleva.

No puede soslayarse una importante consecuencia derivada del cambio de paradigma, en


donde se remplazó el positivismo peligrosista por la concepción moderna de valoración de
riesgo y es el nuevo ideograma de la “gestión del riesgo”, que es la búsqueda de urgentes
medidas que eviten que lo evaluado se confirme, minimizando dentro de lo posible l riesgo
de aparición de lo pronosticado. Este es el paso que sigue a la valoración del riesgo y por el
cual aquel adquiere trascendencia.

En pocas palabras, el diagnóstico de riesgo debe ser un incentivo para la búsqueda urgente de
medidas que eviten que ese pronóstico de confirme.6
La gestión del riesgo trata de comprender el motivo del actuar violento en el pasado,
determinando si los factores de riesgo/protección que influyeron en su elección siguen
presentes y lo estarán en el futuro, y en promocionar aquellos factores que le pueden llevar a
tomar decisiones no-violentas en tanto que estrategias alternativas de solución de conflictos,
haciendo referencia a la aplicación de los conocimientos disponibles generados en los
estudios de valoración del riesgo para minimizar la frecuencia actual de las conductas
violentas y delictivas así como sus efectos y es un campo donde los expertos deben desarrollar
nuevas estrategias de intervención en su lucha contra el comportamiento violento .7

***
Factores, Indicadores y materialización del riesgo

Factor de riesgo: es la circunstancia favorecedora pero que per ser no permite determinar si
una conducta desajustada violeta tendrá lugar. No hay relación de causa -efecto , en todo caso
de reunirse varios factores “concausalmente” se podría inferir respecto de la conducta posible
su mayor probabilidad de aparición de manera aproximativa.

Por su parte podemos considerar al indicador de riesgo como al conjunto de elementos


fácticos, presentes sea en el sujeto evidenciables a través de su conducta, la cual se torna
temeraria o por su situación o el medio que aporta los condicionantes que limitan una libre
decisión respecto de tal o cual accionar.

6
Moran, M. J., Sweda, M. G. et al. (2001).The clinical application of risk assessment in the treatment-planning process.
International Journal of Offender Therapy & Comparative Criminology, 45(4), 421-435.

7
Douglas, Cox y Webster, 1999;Douglas, Ogloff y Hart, 2003; Björkdahl, Olsson y Palmstierna, 2006 In .
Andrés Pueyo, A y Redondo Illescas, S op. cit
Cuando el riesgo pasa a comportamiento o sea de algo probable de suceder pasa a ser algo que
se sucedió, se actuó en términos conductuales no encontramos en un extremo similar al
antiguo estado peligroso que es el riesgo materializado o mejor dicho no es más riesgo sino
algo que ya se produjo y de probabilidad absoluta.

***
Procedimientos de evaluación

A modo de esquema podemos considerar tres grandes procedimientos destinados a la


evaluación del riesgo,, siendo ellos : a) la valoración psicoclínica no-estructurada, b) la
valoración actuarial y c) la valoración psicoclínica estructurada8.

La primera de ellas, consiste en la aplicación de los recursos tradicionales clínicos de


evaluación psicopsiquiátrica y de prognosis conductual, la cual carece de protocolos
prestablecidos más allá de las reglas que predetermina y son propias de cada evaluador,
siendo su característica la libertad de criterio de cada evaluador para evaluar el riesgo en
función de su formación, el sesgo de su ideología personal, sus hábitos profesionales, y la
influencia de la opinión que a priori se tenga del individuo en estudio, etc. Es habitual que se
recurra a instrumentos de mayor objetividad de evaluación como son los tests, en particular
los proyectivos, y otras informaciones recabadas por familiares, amigos, compañeros
laborales, pero los datos que se obtienen son procesados sin atender a ninguna regla
preordenada.

La fundamentación tiende a ser más valorativa que objetiva y en general poseen al decir de
Buchanan y otros autores9 , una débil justificación teórica y las conclusiones a las que se
llegan son más basadas en la experiencia del evaluador que en un fundamento teórico 10.

Esta metodología presenta la dificultad de no conocerlos elementos que llevaron al evaluador


a optar por una determinada decisión y no permite contrastar la fiabilidad de la misma por
medio de una réplica cuidadosa, situación que ha sido superada por los procedimientos
actuariales o estructurados, especialmente por las llamadas “guías de valoración del riesgo”
como lo sostienen Andrés Pueyo y Redondo desde hace una década11.

En relación a la valoración actuarial, la misma caracteriza básicamente por un registro


minucioso de todos los datos relevantes de la historia personal de un sujeto, de ahí su
calificativo de actuarial, especialmente aquellas informaciones que se relacionan
empíricamente con el comportamiento que se intenta determinar.
Además del registro detallado de la información significativa, previa categorización de lo
obtenido, los procedimientos actuariales implican además una ponderación empírica que
“permitan obtener una puntuación de probabilidad del riesgo de que suceda aquello que
queremos predecir”, como sostiene Quinsey.12

8
Hart, S. (2001). Assessing and managing violence risk.En K. Douglas et al.(Ed.). HCR-20, violence risk
management companion guide (pp. 13-26).Vancouver: SFU ed.
9
Buchanan,A (1999).Risk and dangerousness. Psychological Medicine,29,465-473
10
Maden,A (2007)Teating violence, a guide to risk management in mental health. Oxford: Oxford
University Press.
11
Andrés Pueyo, A y Redondo Illescas, S op. cit
12
Quinsey, V.L, Harris G.T et al (1998).Violent offenders.Apprasing and managementrisk.
En las últimas tres décadas, quienes adoptaron la metodología actuarial, han desarrollado
múltiples instrumentos de valoración del riesgo, siendo los principales autores Quinsey,
Hanson, Hilton y Monahan quienes dieron forma a las guías que se conocen con diversas
denominaciones siendo la VRAG (Violence Risk Assessment Guide) la más popular entre
ellas.Todas las técnicas actuariales aplican las reglas descubiertas en estudios grupales a los
individuos en particular y, como es natural, el peligro de equivocarse está en relación directa
con la variabilidad interindividual de los grupos por lo cual cuanto mayor sea la
heterogeneidad de los individuos dentro de un grupo o clase, más inadecuada será la
aplicación de la regla actuarial a ese individuo en particular.
Podría decirse que en el fondo, las evaluaciones son generalizaciones grupales aplicadas a
los individuos concretos siendo ésta la limitación más importante del procedimiento,
según lo entiendo.

Por lo hasta aquí planteado, considero de mayor importancia a la hora de efectuar prognosis a
la valoración por medio del juicio clínico estructurado, la cual se puede definir como una
técnica mixta psicoclínico-actuarial. Requiere del evaluador el conocimiento acabado de su
disciplina y en particular de las situaciones que han sido identificadas como factores e
indicadores de riesgo las que en definitiva darán fundamentación a su aserto, así como el
conocimiento de las “guías de valoración” cuya estructura proviene de los análisis actuariales
y están diseñadas incluyendo una serie explícita y fija de factores de riesgo identificados y
conocidos, funcionando a modo de protocolos de actuación. Se diferencian de los
instrumentos actuariales, en que no introducen restricciones ni orientaciones sobre la propia
toma de decisiones como lo hacen los procedimientos actuariales, ni en la forma de resumir y
comunicar los resultados y decisiones obtenidas.

Estas guías de juicio estructurado ayudan a evitar los errores más habituales, tales como la no
ponderación de algún factor de importancia, ya que aseguran que los profesionales chequeen
todas y cada una de las áreas esenciales que hay que valorar para determinar el riesgo
específico.

Estos instrumentos se han multiplicado en los últimos años, encontrándose entre las más
destacadas el HCR-20 y sus variaciones que surgió en torno a los trabajos de D. Webstery S.
Hart. El HCR-20 es una guía-protocolo para valorar el riesgo de cualquier tipo de violencia.
Diseñado inicialmente en Canadá, actualmente se ha convertido en un instrumento
imprescindible para predecir el riesgo de comportamientos violentos en poblaciones
penitenciarias y psiquiátricas. Se la utiliza en forma sistemática en Canadá, Estados Unidos,
Reino Unido, Suecia, Alemania, Holanda y otros países europeos. Los usuarios de esta guía,
tanto psiquiátras, psicólogos , criminólogos, magistrados y profesionales penitenciarios han
destacado la sencillez de su utilización y la buena eficacia en términos de resultados.
Siguiendo a Karin Arbach y Antonio Andrés Pueyo de la Universidad de Barcelona, podemos
señalar que el instrumento contiene tres sub-escalas que reúnen factores de riesgo de tres
tipos: pasados, presentes y futuros. La sub-escala histórica (H) está conformada por 10
ítems de carácter estático que recogen información típicamente documentada en los registros
oficiales y referentes a la biografía del paciente. La psicopatía medida con el protocolo de
Hart, también forma parte de la misma. La sub-escala clínica (C) incluye cinco ítems
relacionados al funcionamiento psicológico actual del evaluado mientras que la sub-escala
de riesgo (R) está compuesta de cinco ítems que reflejan factores de riesgo situacionales
futuros. Se deben codificar IN(dentro) o OUT (fuera) según si el contexto al que hace
referencia es institucional o comunitario. Asimismo, la inclusión de factores dinámicos hace
al instrumento adecuado para hacer evaluaciones repetidas en función de cambios en las
circunstancias13, pues un fundamento en esta perspectiva de trabajo es el carácter cambiante y
situacional del riesgo de violencia.

No se puede pasar por alto en este raconto, la técnica PCL-R (Escala de Calificación de la
Psicopatía Revisada) desarrollada por Hare, la cual se trata del instrumento de referencia a
nivel internacional para la evaluación de la psicopatía en la población penitenciaria y en la
práctica forense, pudiendo ser asimismo de utilidad en la práctica clínica fundamentalmente
en instituciones que trabajan en adicciones y con pacientes duales.

Debe quedar en claro, que los procedimientos de valoración del riesgo que hemos
denominado “guías”, son herramientas al servicio de los profesionales y no sustituyen a éstos
en el informe específico. El protocolo de valoración actúa de esta forma, sobre la recolección
de datos, es decir a aquellos que es imprescindible que se colecten, pero las decisiones finales
así como la ponderación corresponden al profesional, no al protocolo.
En otros términos, orientan la intervención profesional, eliminando valoraciones positivistas a
priori, logrando una sistemática para la toma de las decisiones, ya que se dispone de un
registro de los distintos pasos del proceso lo cual otorga transparencia a la decisión y/o
conclusión final.

***

A modo de conclusión

La realidad profesional, específicamente la funciónes asistenciales y periciales, se han visto


ampliadas con las demandas relacionadas con la evaluación de hechos de violencia en sus
distintas formas así como de requerimientos en cuanto a la posibilidad de reiteración de
dichas conductas , de existir el antecentes de haber sido ya antes realizadas. En este contexto,
se ha traído a primer plano la necesidad de disponer de técnicas de evaluación del riesgo que
tengan una mayor eficacia que las tradicionales evaluaciones de la peligrosidad, propias de
contextos positivistas del siglo pasado. Los avances en el conocimiento de la violencia y sus
formas y, sobre todo, la identificación de los factores e indicadores de riesgo, han permitido
la introducción de nuevos procedimientos evaluativos que se han generalizado rápidamente,
en los últimos años, ocupando un gran espacio dentro de la Psicología y de la Psiquiatría , la
Criminología ,y los efectores del Trabajo Social, trasladándose a su vez al campo asistencial
como al pericial, siendo esto lógica consecuencia de la legislación en torno a la protección
contra la violencia familiar, la nueva ley de Salud Mental y otras que establecen y obligan a
los profesionales actuantes la valoración del riesgo de violencia e incluso su diagnóstico en
ámbitos diversos.

Por último, conviene destacar que estas nuevas técnicas ayudan en la toma de decisiones y
facilitan la claridad y transparencia de los juicios de los expertos, que con frecuencia pueden
ser objeto de litigio por las consecuencias que generalmente comportan este tipo de
decisiones. En la actualidad ya se dispone de algunas guías adaptadas y validadas a nuestro
13
Douglas y Webster, 1999 in Valoración del riesgo de violencia en enfermos mentales con el HCR-20Karin
Arbach y Antonio Andrés Pueyo. Papeles del Psicólogo.. Septiembre , número 3 VOL-28 , 2007
entorno y otras que se están trabajando para su validación en breve, homologando así los
recursos profesionales disponibles a los de otros países en el uso de estos procedimientos de
este tipo.

***
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