Silva - La Riesgosidad Un Nuevo Paradigma y Desafio Pericial
Silva - La Riesgosidad Un Nuevo Paradigma y Desafio Pericial
Resúmen:
La acción violenta es uno de los temas más preocupantes en el aquí y ahora de nuestra
sociedad. Es un fenómeno inter y transpersonal personal y por ende social así como de Salud
Pública. El temor social por dicho comportamiento ha demandado a la Psicología y
Psiquiatría soluciones que han superado el ámbito tradicional de aplicación de aquellas. Es así
que hoy los profesionales de dichos ámbitos son requeridos no solo para actuar en la en la
prevención y de este modo evitar la ocurrencia y el mantenimiento de cualquier tipo de
violencia, sino se les requiere una suerte de predicción sobre futuras conductas violentas,
En la última década se ha producido un cambio de paradigma. Se ha sustituido el concepto de
peligrosidad por el de riesgo. Este último concepto se diferencia del concepto de peligro y
apunta a la proximidad de un daño, al estar expuesto a un hecho dañoso en forma activa o
pasiva, así como a la vulnerabilidad frente al mismo. Representa “al estar” y por ende se
constituye en una valoración situacional.
Los avances en el conocimiento de la violencia y sus formas y, sobre todo, la identificación de
los factores e indicadores de riesgo, han permitido la introducción de nuevos procedimientos
evaluativos que se han generalizado rápidamente, en los últimos años, ocupando un gran
espacio dentro de la Psicología y de la Psiquiatría , la Criminología ,y los efectores del
Trabajo Social, trasladándose a su vez al campo asistencial como al pericial.
Abstract:
Violent action is one of the most worrying issues in the here and now of our society. It is a
interpersonal and transpersonal phenomenon and therefore social as well as Public Health.
The social fear for this behavior has demanded to the Psychology and Psychiatry solutions
that have surpassed the traditional scope of those applications. Today professionals in these
fields are required not only to act in the prevention and thus to avoid the occurrence and
maintenance of any type of violence, but they require a kind of prediction about future violent
behavior. The last decade has seen a paradigm shift. The concept of danger has been replaced
by that of risk. The latter concept differs from the concept of danger and points to the
proximity of damage, when exposed to a harmful act in an active or passive way, as well as
vulnerability to it. It represents "being" and therefore constitutes a situational assessment.
Advances in knowledge of violence and its forms and, above all, the identification of risk
factors and indicators have allowed the introduction of new evaluative procedures that have
become widespread in recent years, occupying a large space within Psychology and
Psychiatry, Criminology, and Social Work effectors, moving to the field of care as the expert.
A modo de introducción
La acción violenta es uno de los temas más preocupantes en el aquí y ahora de nuestra
sociedad. Ello conlleva que de manera inmediata se le atribuya al individuo que la ejerce la
etiqueta –“label” en la terminología inglesa"- de la peligrosidad.
Dicha atribución a los responsables de estos actos violentos ha servido durante muchos años
como “palabra tranquilizadora”, a través de la cual se identificaba al “otro” como agente
de temibilidad al tiempo que se lo controlaba y de ser posible se lo neutralizaba, así como
servir de factor explicativo y sobre todo predictivo de la reiterancia y la gravedad de las
acciones de estos individuos, cuyo espectro iba desde el episodio de violencia callejera, al
homicidio, pasando por toda una variedad de formas violentas de diferente entidad.
Desde hace aproximadamente dos décadas se han desarrollado nuevas técnicas para permitir
una aproximación con rigor científico al análisis de conductas violentas y de posibilidades de
reiteración de las mismas, en sus diferentes formas o tipos, basadas en tres elementos
principales:
a) un mayor conocimiento sobre los procesos, situaciones y circunstancias que dan origen a su
aparición así como de sus diversas formas desde la física a la simbólica,
b) la sustitución de la impronta positivista expresada y consagrada con el uso del término
“peligrosidad” por el de “riesgo” aceptado por las corrientes psicopatológicas de corte
psicosocial, y
c) el desarrollo de protocolos y de herramientas para la valoración de factores e
indicadores de riesgo, así como estrategias para su gestión.
La violencia es un fenómeno inter y transpersonal personal y por ende social tal como lo
estableciera Reiss1,y que afecta seriamente al bienestar general y la salud de las personas – en
el concepto de la OMS-. Al presente se ha convertido en un problema mundial de primer
orden con graves consecuencias sobre el desarrollo político-económico y social de los grupos
humanos2, así como también un problema esencial de la Salud Pública.
Una reacción de alarma social -próxima al pánico- ha surgido, como era de esperar, en un
contexto de rechazo e intolerancia generalizada acerca del uso de la violencia en las
relaciones humanas. Pero la reacción contra la misma, no debe ir sola, sino que debe ser
acompañada de una serie de acciones para solucionar las causas o mejor dicho, los factores
de riesgo, y las consecuencias de la misma, aunque lamentablemente, no siempre se logre de
manera efectiva.
Estas acciones recaen sobre todos los actores sociales, empezando por las estructuras político-
administrativas de los Estados y las demás las organizaciones sociales, los medios de
comunicación, organizaciones no gubernamentales, religiosas, educativas, ámbitos laborales
etc. llegando en último término al ciudadano de “a pie”.
Ahora bien, poder prevenir de ninguna manera implica predecir. La conducta humana por
definición es imprevisible, independientemente que a lo largo de la historia y en diferentes
tradiciones culturales han existido prácticas de predicción del futuro que generalmente
estaban y siguen estando, en manos de “especialistas” no faltos de reconocimiento social.
Adivinos, quiromantes, videntes, y toda una gama de “futurólogos”, han convivido y
conviven aún, entre nosotros y se hacen visibles en los medios de comunicación incluidas las
redes sociales.
De hecho la tendencia a efectuar una predicción del comportamiento del individuo ha estado
presente en casi todas las ramas de la Psicología Aplicada tal como lo sostiene Andrés
Pueyo4.
El primer paso para realizar una aproximación sobre una posible conducta humana violenta
futura y que sea objetiva, rigurosa y eficaz, es decir no adivinatoria, es definir con rigor
aquello que queremos prestablecer, ya que de la correcta definición del criterio a
1
Reiss, A.J.(ed) (1994). Understanding and preventing violence.New York: National Research Council
2
Krug E.G.,Dahlber,L.L, Mercy,J.A&Zwi.A.B (2002). World Report on violence and health.Ginebra.
World Health Organization
3
Krug E.G. et al. Op cit.
4
Pueyo,A y Redondo, S (2004) Aportaciones psicológicas a la predicción de la conducta violenta,
reflexiones y estado de la cuestión. II Congreso Virtual de Psicología Jurídica y Forense. Madrid. España.
determinar, en este caso la violencia, dependerá la posibilidad de hacer de la aproximación
una tarea rigurosa y no un subproducto de la intuición, como tantas veces vemos que se hace
y se repite como la verdad revelada.
De la Peligrosidad a una nueva categoría: riesgosidad.
Por su parte Riesgo tiene una etimología también latina “riscum”, que pasa al italiano “risico”
“rischio” al tiempo que puede asimismo correlacionarse a la raíz árabe “rizq”.
A diferencia del concepto de peligro apunta a la proximidad de un daño, al estar expuesto a
un hecho dañoso en forma activa o pasiva, así como a la vulnerabilidad frente al mismo.
Representa “al estar” y por ende se constituye en una valoración situacional.
En nuestro medio la reciente Ley 26657 o Ley de Salud Mental como habitualmente se la
llama, ha suprimido el concepto de peligrosidad reemplazándolo por el de “riesgo cierto e
inminente”. A pesar de este avance, el concepto de peligrosidad permanece en los textos
codiciarios así como en ciertas leyes especiales (Ley 12.331 de Profilaxis, Ley17.132 del
Ejercicio de la Medicina, Odontología y actividades de colaboración, etc).
En mi opinión la Ley de Salud Mental, cae en una contradicción evidente cuando se refiere a
riesgo cierto ya que la certeza comporta una conciencia sobre ciertos hechos, que se admiten
sin sombra de duda , con alta confiabilidad en que dicho conocimiento es verdadero y basado
en la evidencia , que supone un conocimiento comunicable y reconocible por cualquier
otro ser racional. Justamente el riesgo conlleva en si mismo un margen de incertidumbre que
lo aleja de la concepción de certeza.
5
Serrano Gomez, (1974) La ley de peligrosidad y la rehabilitaciónsocial. ADPCP.1974
En cambio la aparición del término inminente hace un buen maridaje con el concepto de
riesgo ya que implica gran proximidad en el tiempo de un suceso, en especial de un estado de
probable daño. Es decir, remite a la perentoriedad y /o apremio para la ocurrencia y
materialización de aquello llamado riesgo.
***
El riesgo es una medida de magnitud de daños frente a una situación peligrosa y que se mide
asumiendo una determinada vulnerabilidad frente a cada tipo de peligro.
Condición riesgosa es una conducta, actividad humana o condición que puede ocasionar la
muerte, lesiones u otros impactos a la salud, o daños a la propiedad, trastornos
socioeconómicos, o daños ambientales. En función de la intensidad, inmediatez y la
frecuencia, se determina la amenaza concreta de ocurrencia.
R = C. R. x V
en donde R es riesgo; CR es condición riesgosa y V remite a la vulnerabilidad
Pero estos términos hemos de definirlos de la manera más precisa posible a fin de evitar
interpretaciones caprichosas y con ellas llevar a conclusiones falaces.
***
En esta situación se han desarrollado propuestas técnicas que constituyen los procedimientos
de valoración del riesgo.
La ponderación del riesgo de violencia, debe considerarse como un medio alternativo y eficaz
a la rigidez del diagnóstico positivista de peligro o estado peligroso. Parte de supuestos
substancialmente distintos y utiliza variables operacionales en extremo diferentes.
Es así que un primer supuesto las técnicas de valoración del riesgo, entienden que no se
puede establecer una valoración en general. Partiendo de los mismos predictores no es
posible establecer un análisis de riesgo para las diversas formas de conducta desajustada ya
que las diferentes modalidades de las mismas, poseen diferentes factores e indicadores del
mismo y que por lo tanto, debemos adecuar los procedimientos de evaluación al tipo
concreto de riesgo violencia a valorar.
Pero estas decisiones no pueden ser dejadas al arbitrio de la intuición del evaluador
como lo hacían los seguidores del positivismo, sino que las mismas se deben tomar de
acuerdo a protocolos estandarizados, validados, contrastados y basados en
conocimientos empíricos. De este modo la experiencia “intuitiva” deja paso al análisis
estadístico y racional.
Es por ello qué debe quedar en claro que el juicio siempre es aproximativo y en términos
de probabilidad y nunca puede ser apodíctico.
La teoría del riesgo y la valoración del mismo mediante la aplicación de los factores
generadores, amplía las posibilidades de intervención, con lo cual se generan muchas
posibilidades de intervenciones adecuadas al detectarse sus indicadores y al pronóstico que
surge como más probable luego de la evaluación.
Estimar el riesgo de violencia o conducta desajustada, por lo tanto, es un procedimiento para
establecer la probabilidad de aparición de nueva conducta violenta en el caso de haber
existido otra previa, o bien simplemente que una surja sin mediar antecedente alguno. El
simple azar o las predicciones no fundadas quedan de lado, dentro de ésta concepción debido
a su imprecisión.
En pocas palabras, el diagnóstico de riesgo debe ser un incentivo para la búsqueda urgente de
medidas que eviten que ese pronóstico de confirme.6
La gestión del riesgo trata de comprender el motivo del actuar violento en el pasado,
determinando si los factores de riesgo/protección que influyeron en su elección siguen
presentes y lo estarán en el futuro, y en promocionar aquellos factores que le pueden llevar a
tomar decisiones no-violentas en tanto que estrategias alternativas de solución de conflictos,
haciendo referencia a la aplicación de los conocimientos disponibles generados en los
estudios de valoración del riesgo para minimizar la frecuencia actual de las conductas
violentas y delictivas así como sus efectos y es un campo donde los expertos deben desarrollar
nuevas estrategias de intervención en su lucha contra el comportamiento violento .7
***
Factores, Indicadores y materialización del riesgo
Factor de riesgo: es la circunstancia favorecedora pero que per ser no permite determinar si
una conducta desajustada violeta tendrá lugar. No hay relación de causa -efecto , en todo caso
de reunirse varios factores “concausalmente” se podría inferir respecto de la conducta posible
su mayor probabilidad de aparición de manera aproximativa.
6
Moran, M. J., Sweda, M. G. et al. (2001).The clinical application of risk assessment in the treatment-planning process.
International Journal of Offender Therapy & Comparative Criminology, 45(4), 421-435.
7
Douglas, Cox y Webster, 1999;Douglas, Ogloff y Hart, 2003; Björkdahl, Olsson y Palmstierna, 2006 In .
Andrés Pueyo, A y Redondo Illescas, S op. cit
Cuando el riesgo pasa a comportamiento o sea de algo probable de suceder pasa a ser algo que
se sucedió, se actuó en términos conductuales no encontramos en un extremo similar al
antiguo estado peligroso que es el riesgo materializado o mejor dicho no es más riesgo sino
algo que ya se produjo y de probabilidad absoluta.
***
Procedimientos de evaluación
La fundamentación tiende a ser más valorativa que objetiva y en general poseen al decir de
Buchanan y otros autores9 , una débil justificación teórica y las conclusiones a las que se
llegan son más basadas en la experiencia del evaluador que en un fundamento teórico 10.
8
Hart, S. (2001). Assessing and managing violence risk.En K. Douglas et al.(Ed.). HCR-20, violence risk
management companion guide (pp. 13-26).Vancouver: SFU ed.
9
Buchanan,A (1999).Risk and dangerousness. Psychological Medicine,29,465-473
10
Maden,A (2007)Teating violence, a guide to risk management in mental health. Oxford: Oxford
University Press.
11
Andrés Pueyo, A y Redondo Illescas, S op. cit
12
Quinsey, V.L, Harris G.T et al (1998).Violent offenders.Apprasing and managementrisk.
En las últimas tres décadas, quienes adoptaron la metodología actuarial, han desarrollado
múltiples instrumentos de valoración del riesgo, siendo los principales autores Quinsey,
Hanson, Hilton y Monahan quienes dieron forma a las guías que se conocen con diversas
denominaciones siendo la VRAG (Violence Risk Assessment Guide) la más popular entre
ellas.Todas las técnicas actuariales aplican las reglas descubiertas en estudios grupales a los
individuos en particular y, como es natural, el peligro de equivocarse está en relación directa
con la variabilidad interindividual de los grupos por lo cual cuanto mayor sea la
heterogeneidad de los individuos dentro de un grupo o clase, más inadecuada será la
aplicación de la regla actuarial a ese individuo en particular.
Podría decirse que en el fondo, las evaluaciones son generalizaciones grupales aplicadas a
los individuos concretos siendo ésta la limitación más importante del procedimiento,
según lo entiendo.
Por lo hasta aquí planteado, considero de mayor importancia a la hora de efectuar prognosis a
la valoración por medio del juicio clínico estructurado, la cual se puede definir como una
técnica mixta psicoclínico-actuarial. Requiere del evaluador el conocimiento acabado de su
disciplina y en particular de las situaciones que han sido identificadas como factores e
indicadores de riesgo las que en definitiva darán fundamentación a su aserto, así como el
conocimiento de las “guías de valoración” cuya estructura proviene de los análisis actuariales
y están diseñadas incluyendo una serie explícita y fija de factores de riesgo identificados y
conocidos, funcionando a modo de protocolos de actuación. Se diferencian de los
instrumentos actuariales, en que no introducen restricciones ni orientaciones sobre la propia
toma de decisiones como lo hacen los procedimientos actuariales, ni en la forma de resumir y
comunicar los resultados y decisiones obtenidas.
Estas guías de juicio estructurado ayudan a evitar los errores más habituales, tales como la no
ponderación de algún factor de importancia, ya que aseguran que los profesionales chequeen
todas y cada una de las áreas esenciales que hay que valorar para determinar el riesgo
específico.
Estos instrumentos se han multiplicado en los últimos años, encontrándose entre las más
destacadas el HCR-20 y sus variaciones que surgió en torno a los trabajos de D. Webstery S.
Hart. El HCR-20 es una guía-protocolo para valorar el riesgo de cualquier tipo de violencia.
Diseñado inicialmente en Canadá, actualmente se ha convertido en un instrumento
imprescindible para predecir el riesgo de comportamientos violentos en poblaciones
penitenciarias y psiquiátricas. Se la utiliza en forma sistemática en Canadá, Estados Unidos,
Reino Unido, Suecia, Alemania, Holanda y otros países europeos. Los usuarios de esta guía,
tanto psiquiátras, psicólogos , criminólogos, magistrados y profesionales penitenciarios han
destacado la sencillez de su utilización y la buena eficacia en términos de resultados.
Siguiendo a Karin Arbach y Antonio Andrés Pueyo de la Universidad de Barcelona, podemos
señalar que el instrumento contiene tres sub-escalas que reúnen factores de riesgo de tres
tipos: pasados, presentes y futuros. La sub-escala histórica (H) está conformada por 10
ítems de carácter estático que recogen información típicamente documentada en los registros
oficiales y referentes a la biografía del paciente. La psicopatía medida con el protocolo de
Hart, también forma parte de la misma. La sub-escala clínica (C) incluye cinco ítems
relacionados al funcionamiento psicológico actual del evaluado mientras que la sub-escala
de riesgo (R) está compuesta de cinco ítems que reflejan factores de riesgo situacionales
futuros. Se deben codificar IN(dentro) o OUT (fuera) según si el contexto al que hace
referencia es institucional o comunitario. Asimismo, la inclusión de factores dinámicos hace
al instrumento adecuado para hacer evaluaciones repetidas en función de cambios en las
circunstancias13, pues un fundamento en esta perspectiva de trabajo es el carácter cambiante y
situacional del riesgo de violencia.
No se puede pasar por alto en este raconto, la técnica PCL-R (Escala de Calificación de la
Psicopatía Revisada) desarrollada por Hare, la cual se trata del instrumento de referencia a
nivel internacional para la evaluación de la psicopatía en la población penitenciaria y en la
práctica forense, pudiendo ser asimismo de utilidad en la práctica clínica fundamentalmente
en instituciones que trabajan en adicciones y con pacientes duales.
Debe quedar en claro, que los procedimientos de valoración del riesgo que hemos
denominado “guías”, son herramientas al servicio de los profesionales y no sustituyen a éstos
en el informe específico. El protocolo de valoración actúa de esta forma, sobre la recolección
de datos, es decir a aquellos que es imprescindible que se colecten, pero las decisiones finales
así como la ponderación corresponden al profesional, no al protocolo.
En otros términos, orientan la intervención profesional, eliminando valoraciones positivistas a
priori, logrando una sistemática para la toma de las decisiones, ya que se dispone de un
registro de los distintos pasos del proceso lo cual otorga transparencia a la decisión y/o
conclusión final.
***
A modo de conclusión
Por último, conviene destacar que estas nuevas técnicas ayudan en la toma de decisiones y
facilitan la claridad y transparencia de los juicios de los expertos, que con frecuencia pueden
ser objeto de litigio por las consecuencias que generalmente comportan este tipo de
decisiones. En la actualidad ya se dispone de algunas guías adaptadas y validadas a nuestro
13
Douglas y Webster, 1999 in Valoración del riesgo de violencia en enfermos mentales con el HCR-20Karin
Arbach y Antonio Andrés Pueyo. Papeles del Psicólogo.. Septiembre , número 3 VOL-28 , 2007
entorno y otras que se están trabajando para su validación en breve, homologando así los
recursos profesionales disponibles a los de otros países en el uso de estos procedimientos de
este tipo.
***
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