IES RAFAEL DIESTE DEPARTAMENTO DE LINGUA CASTELÁ E
LITERATURA
2º BACHARELATO. LINGUA CASTELÁ E LITERATURA II
LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. EL “BOOM”
DE LA NARRATIVA: BORGES, CORTÁZAR, GARCÍA MÁRQUEZ, VARGAS LLOSA
INTRODUCCIÓN
Es aventurado hablar de “literatura hispanoamericana” en general, pues esta
expresión se refiere a una zona muy amplia y muy heterogénea, que comprende
quince países del continente americano.
Sin embargo, podemos englobar las literaturas de estas nacionalidades en un
mismo concepto por sus rasgos comunes: comparten una misma lengua y
presentan un mismo afán por encontrar el equilibrio entre sus raíces coloniales
y la búsqueda de su propia identidad americana.
Hasta el siglo XIX, Hispanoamérica bebe de las tradiciones y de la herencia cultural
del imperio español. Sin embargo, con la llegada del Modernismo, esta literatura
americana consigue, por primera vez, una autonomía y originalidad. Se convierte en
un modelo que siguen otras culturas que, a su vez, la enriquecen. Rubén Darío, el
autor más representativo de esta etapa, pasa a ser considerado el iniciador del
Modernismo en lengua hispana.
A partir de los años cuarenta, esta repercusión hispanoamericana se consolida con
escritores de la talla de Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez,
en el llamado “boom” de las letras hispanoamericanas, que dejará notar su
herencia hasta la literatura de nuestros días.
NOVELA
REALISMO TRADICIONAL
Hasta 1940, la narrativa se mantiene dentro del realismo tradicional, muy
costumbrista en ocasiones, pues reproduce el mundo rural con excesivo
objetivismo. Sólo las mejores obras plantean el problema del personaje con el
medio, incómodo y salvaje, y los problemas sociales y políticos en una verdadera
lucha por la vida.
En este contexto destaca Rómulo Gallegos (1884-1969) y su obra Doña Bárbara,
verdadero símbolo de la selva venezolana.
Dentro del realismo de la época, hay que incluir la llamada novela indigenista, un
tipo de narración social, reivindicativa, que plantea la problemática de la
marginación del indio americano.
REALISMO RENOVADOR O “REALISMO MÁGICO”
A partir de 1940, la novela realista parece exhausta. Aparecerán temas nuevos y
habrá una renovación de las técnicas narrativas. Entre sus características
destacan las siguientes:
Se conservan las intenciones políticas y sociales a través de una denuncia
crítica.
El realismo se funde con elementos fantásticos: es el llamado “realismo
mágico” o “lo real maravilloso”, que mezcla realidad y fantasía. Se intenta
dotar de una magnitud irreal a una narración de sucesos cotidianos.
Se conserva el interés por el mundo rural, pero también por el espacio urbano
con la presencia de preocupaciones existencialistas.
Se manifiesta una mayor preocupación formal en la construcción de las
novelas y cuentos y en la innovación de técnicas narrativas.
Se incorporan elementos irracionales, oníricos y subjetivos.
EL “BOOM” HISPANOAMERICANO Y LA NOVELA EXPERIMENTALISTA
Entre 1960 y 1980 puede hablarse de un florecimiento espectacular de la narrativa
hispanoamericana, con el conocido como “boom” hispanoamericano. Se considera
que su comienzo aparece con la publicación de La ciudad y los perros (1962) de
Mario Vargas Llosa y Cien años de soledad (1967) de Gabriel García
Márquez. De nuevo, su influencia se extiende a la narrativa española por sus
adelantadas renovaciones temáticas y técnicas. En cierto modo, los narradores de
esos años se inclinan por dos opciones: el “realismo mágico” o la
experimentación. Parece que ambas opciones no se contraponen, sino que se
complementan.
Entre sus características pueden aportarse las siguientes:
Aunque no faltan ejemplos de narraciones rurales, hay un mayor interés por
el medio urbano. Cuando aparece el ambiente rural, recibe un tratamiento
original.
Se fortalece el “realismo mágico”, la mezcla de realidad y fantasía.
Se intensifica la renovación de las técnicas narrativas: ruptura de la línea
argumental, cambios de punto de vista, combinación de personas narrativas,
estilo indirecto libre, monólogo interior, etc.
Se hace una experimentación con el lenguaje, con la superposición de estilos
o registros, con distorsiones sintácticas y léxicas, con una densa utilización
del lenguaje poético, etc.
Lo que se intenta es romper con los moldes tradicionales y proponer un arte
nuevo, de acuerdo con las grandes transformaciones de nuestro tiempo.
NARRATIVA DESPUÉS DEL “BOOM”
Con el paso del tiempo y debido a discrepancias sobre ciertos acontecimientos
políticos, los integrantes del “boom” fueron perdiendo la imagen de grupo que
habían mantenido hasta el momento. Los caminos narrativos de estos autores y de
los muchos que aparecen a partir de los años 70 y 80 tienen un marcado carácter
individual que hace difícil establecer características comunes.
En general, y aunque no desaparece la denuncia de situaciones sociales injustas,
los últimos años han producido novelas menos comprometidas y más
enfocadas hacia problemas individuales, con estilos tan variados como los
propios escritores.
La producción es tan inabarcable que sería imposible citar a todos los autores
influyentes en las letras hispanas. Entre otros, cabe destacar a Zoe Valdés, Laura
Esquivel (Como agua para chocolate), Ángeles Mastretta, Ricardo Piglia, Eduardo
Galeano…
CUENTO
Es un subgénero muy cultivado que alcanza gran prestigio literario y madurez en la
segunda mitad del siglo XX. El cuento experimenta los mismos cambios
estructurales, técnicos y temáticos que la novela. Estas innovaciones pueden
resumirse en los siguientes aspectos:
1. Estructura. Una de las novedades más importantes es que, en ocasiones, no
se sigue la organización tradicional del cuento (introducción, nudo y
desenlace), sino que los relatos se inician in media res, es decir, cuando el
conflicto está avanzado; o bien, comienzan hacia el final de los hechos. Así, el
relato no se centra en lo que ocurre sino en cómo ocurre.
2. Técnica. Estos son algunos de los rasgos que pueden apreciarse en muchos
de los cuentos hispanoamericanos:
- Se prefieren los relatos en primera y tercera persona. Los escritores se
valen de la presencia de varios personajes narrativos para ofrecer
diversos puntos de vista.
- Para aumentar la tensión narrativa, se emplean diversas técnicas:
postergar la información o los elementos que espera el lector,
proporcionar pistas falsas…
Temática y ambientación. Durante las primeras décadas del siglo, el cuento
se acerca al Realismo. Autores como Rómulo Gallegos, Ricardo Güiraldes y
Jorge Icaza presentan en sus relatos las peculiaridades del continente
americano: la naturaleza, los problemas políticos y sociales…
Más tarde, hacia mediados de siglo, se introducen en los cuentos atmósferas
oníricas, fantásticas e inquietantes de la mano de autores como Jorge Luis
Borges (Historia universal de la infamia, El Aleph, El libro de arena).
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, colombiano (1928-2014) compaginó desde los años
cincuenta su actividad periodística con la escritura de cuentos y novelas cortas. En
esos relatos breves se advierten algunas de las características de su obra posterior:
capacidad narrativa, mezcla de lo real e imaginario, fusión del mito y la Historia,
etc. De hecho, aspectos de su Colombia natal y mitos clásicos aparecen desde su
primera obra notable, la novela corta La hojarasca (1955). Esta novelita se
desarrolla ya en Macondo, lugar imaginario en el que se dan la mano lo mítico y lo
histórico, y donde también transcurren otros relatos posteriores del escritor
colombiano: El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962) y los
cuentos reunidos en Los funerales de la Mamá Grande (1962). Ambiente,
personajes, temas y técnicas de estos primeros libros confluyen en la primera
novela extensa de García Márquez, magna obra con la que alcanza el
reconocimiento internacional: Cien años de soledad (1967). Esta novela gira en
torno a dos temas obsesivos: el tiempo y la soledad. El tiempo aparece en la obra
de dos modos distintos y contrapuestos: por un lado, el tiempo cíclico, concebido de
forma circular, donde los hechos parecen repetirse sin fin al modo en que lo hacen
los fenómenos naturales; por otro lado, un tiempo histórico, cronológicamente
lineal, a través del cual se pasa desde el prehistórico y arcádico Macondo al primer
Macondo todavía tribal y a los posteriores Macondos: el feudal, el de la colonización
española, el de las luchas por la independencia del siglo XIX y el creciente poder de
los militares frente a la autoridad civil, el de la prosperidad y vida rumbosa de la
belle époque, y el del desarrollo industrial con la llegada del ferrocarril y la invasión
de las multinacionales estadounidenses, que acaban en el desastre de la
destrucción de Macondo. Por todo ello, se ha afirmado que Macondo es un símbolo
de América Latina. De otra parte, la soledad es una característica permanente de
los principales personajes de la novela, soledad que es fruto de la incomunicación,
el ensimismamiento y la ausencia de amor. Técnicamente, resulta clave en la novela
la metamorfosis de lo común en algo extraordinario y, al revés, la conversión en
cotidianos de sucesos o cosas inverosímiles. Pero esta convivencia de lo normal con
lo insólito no se produce sin más, sino que suele seguir el proceso de exagerar
hasta el límite las propiedades de los objetos o los hechos, que llegan a adquirir
vida propia, para después describir objetivamente los efectos que lo exagerado
produce en la realidad habitual. En todo caso, lo mágico y lo real se funden en la
obra de García Márquez con toda naturalidad. A ello no es ajeno el absoluto dominio
del mundo narrado por un narrador omnisciente, que abarca cuanto ocurre en la
realidad situándose ubicuamente en todas las partes y momentos, para mezclarlos
y recomponerlos con suma libertad. De ahí que sean frecuentes en la obra los más
diversos juegos de perspectivas temporales y que abunden, por tanto, los
anacronismos, las anticipaciones, los saltos narrativos, etc. Otros recursos
habituales en Cien años de soledad son las enumeraciones, las repeticiones y las
elipsis narrativas, así como la recurrente utilización simbólica de nombres de
personajes, espacios físicos, actitudes, sucesos, etc. Después de Cien años de
soledad, García Márquez siguió publicando novelas importantes: El otoño del
patriarca, aportación del escritor colombiano a la novela de dictador; Crónica de
una muerte anunciada, novela corta en se mezclan con acierto elementos de la
crónica periodística y de la novela policíaca; El amor en los tiempos del cólera,
extensa narración en la que García Márquez muestra su capacidad fabuladora; El
general en su laberinto, biografía novelada de la vida de Bolívar; Del amor y otros
demonios, novela de amor en la que se vuelven a dar cita lo extraordinario y lo
cotidiano; y la novela-reportaje Noticia de un secuestro. También continuó
escribiendo cuentos, reunidos en diversos volúmenes, entre los que destaca La
increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.
Ha publicado también su autobiografía, Vivir para contarla. En 1982, García
Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura.
Mario Vargas Llosa (1936), peruano. Conoce el éxito literario desde muy joven
con su primer libro de relatos, Los jefes (1958), y su primera novela, La ciudad y los
perros (1962), novela inaugural del famoso boom de los sesenta. Esta obra se
encuentra ambientada en un colegio militar de su Perú natal, en el que el propio
Vargas Llosa estuvo como alumno. Se satiriza en ella con dureza el mundo cerrado y
violento de la institución militar. Técnicamente, revela ya las dotes narrativas de su
autor, quien, como otros autores hispanoamericanos del momento, maneja con
facilidad los recursos técnicos de la novela contemporánea, pero, a diferencia de
muchos de ellos, no incorpora al texto elementos fantásticos o maravillosos, sino
que se mantiene en el plano de la realidad común. Capacidad de fabulación,
virtuosismo narrativo, abundancia de elementos autobiográficos y realismo mordaz
y crítico caracterizan sus siguientes novelas: La casa verde (1966), en torno a un
burdel en el que se entrecruzan varias historias; Los cachorros (1967), magnífica
novela breve sobre el mundo de los adolescentes de la sociedad limeña
acomodada; Conversación en la Catedral (1969), extensa novela que teje con
maestría diversas historias para ofrecer un fresco del Perú contemporáneo, asolado
por el autoritarismo y la corrupción. En Pantaleón y las visitadoras (1973), sátira
esperpéntica del habitual envío de prostitutas a los destacamentos militares de la
selva amazónica, sigue presente la crítica al militarismo, pero ahora de forma
irónica y humorística. Ironía y humor son también rasgos de La tía Julia y el
escribidor (1977), parodia de la literatura rosa. En 1981, publica otra novela
ambiciosa, La guerra del fin del mundo. Es, como Conversación en la Catedral, otra
novela larguísima, pero no ambientada en Perú, sino en el Brasil del siglo XIX. En La
guerra del fin del mundo la perspectiva ideológica de Vargas Llosa cambia: ha
abandonado sus simpatías izquierdistas de los sesenta y desconfía de las ideologías
progresistas, que aparecen en esta novela encarnadas en la figura de estrafalarios
anarquistas o de individuos iluminados. Este tono antirrevolucionario se acentúa en
Historia de Mayta (1984). Novelas posteriores de Vargas Llosa son ¿Quién mató a
Palomino Molero?, El hablador, Elogio de la madrastra, Lituma en los Andes, Los
cuadernos de don Rigoberto, La fiesta del Chivo... El escritor peruano es también
notable ensayista, sobre todo en el terreno de la crítica literaria, donde aporta su
personal visión de creador en el juicio de obras y autores ajenos: García Márquez:
historia de un deicidio; Las cartas de batalla de Joanot Martorell, sobre los libros de
caballerías y, en concreto, el Tirant lo Blanc; La orgía perpetua: Flaubert y Madame
Bovary; La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo.
Julio Cortázar, argentino (1914-1984)
Es otro de los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana. Vivió en
Argentina hasta 1951 y desde entonces residió en Francia. Aunque sus textos
también se caracterizan por incorporar el elemento fantástico o maravilloso, su
lejanía de América y la influencia de la cultura francesa hicieron que Cortázar
considerara que el telurismo y la vuelta a los orígenes de cierta literatura
latinoamericana eran literaria e ideológicamente negativos por lo que tenían de
nacionalismo estrecho y pérdida de la imprescindible universalidad del escritor.
Admiró, sin embargo, tanto a Asturias como a Carpentier, a cuya influencia añadió
la de escritores argentinos como Borges, así como la de escritores europeos de la
talla de Joyce, Jarry, Kafka, Virginia Woolf o Camus. Por ello, el realismo fantástico
de Cortázar se revela deudor tanto de la liberación imaginativa de las Vanguardias,
y en especial del Surrealismo, como de la tradición americana de la que él forma
parte. El realismo de Cortázar se caracteriza, así, por la peculiar manera de contar
de forma objetiva lo anómalo y fantástico, con lo que hace que lo insólito e
imaginario resulten creíbles y verosímiles, ganando con ello un enorme poder de
sugestión. Cortázar destacó pronto como autor de cuentos, que reunió en diversos
volúmenes: Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1958),
Historias de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966), etc. Su
capacidad narrativa para el relato breve hizo que escribiera obras maestras dentro
de este género, como la novela corta El perseguidor, incluida dentro de Las armas
secretas. En El perseguidor, para cuyo protagonista se inspira en la vida del músico
de jazz Charlie Parker, Cortázar expone su concepción del arte como una forma de
aproximación a la armonía total que permite al hombre acceder a un grado superior
de conocimiento. Para Cortázar, la literatura fantástica, al romper con la lógica de la
realidad conocida, pone en cuestión los pilares de una sociedad erigida sobre la fe
absoluta en la razón. El absurdo, la incongruencia, la irracionalidad también forman
parte de lo cotidiano, y la exploración del absurdo conduce, como ya habían
descubierto los surrealistas, a desvelar escondidas facetas de la realidad y penetrar
en ella más allá de las apariencias. La ruptura con lo convencional se produce
también en Cortázar en el plano estrictamente literario, mediante todo tipo de
innovaciones técnicas y audacias formales, como se comprueba en su más famosa
novela, Rayuela (1963), especie de collage narrativo que se puede leer de forma
convencional o salteando los capítulos, metáfora literaria de la fragmentación y el
caos del mundo bajo el orden superficial sólo aparente. En esta novela, como en
otros muchos textos de Cortázar, el humor, la ironía, los juegos con el lenguaje, la
búsqueda de nuevas vías expresivas son la manifestación artística de la
insatisfacción de su autor con lo establecido y de su lucha contra la rutina y el
adocenamiento. La defensa de la libertad creadora del escritor la hará compatible
Cortázar con el compromiso social de la literatura en el Libro de Manuel (1973), en
el que se acentúa el uso del collage -no sólo con la fragmentaria exposición
narrativa, sino también, por ejemplo, con la intercalación en el texto de numerosos
recortes de periódicos-, el experimentalismo lingüístico, las audacias tipográficas.
Pero todo ello no se agota en sí mismo, sino que la obra es al tiempo un durísimo
alegato contra la tortura en América Latina y, en particular, en la Argentina de las
Juntas Militares de los años setenta. Parecidas inquietudes literarias y morales se
dan en los últimos volúmenes de relatos de Cortázar: Octaedro, Alguien que anda
por ahí, Un tal Lucas, Queremos tanto a Glenda...
Jorge Luis Borges, argentino (1899-1986)
Estudió en Argentina, Gran Bretaña y Suiza. De 1919 a 1921 vivió con su familia en
España. A su regreso a Argentina funda en Buenos Aires dos revistas ultraístas:
Prisma y Proa. Consigue un puesto de bibliotecario municipal que pierde en 1946,
por firmar un manifiesto antiperonista. A la caída de Perón es nombrado director de
la Biblioteca Nacional. En 1955 ya casi había perdido la vista, lo que le obligó desde
entonces a tener que dictar sus obras.
Alcanzó renombre mundial como autor de relatos breves que agrupó en sucesivos
volúmenes: Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph
(1949), El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975).
En sus cuentos, Borges supera el tradicional realismo de la narrativa
hispanoamericana y da entrada a elementos fantásticos que no sólo cuestionan la
estética realista, sino también la realidad misma. Por ello, son constantes en los
relatos de Borges la presencia de mitos clásicos, las referencias literarias, el uso de
símbolos (el tigre, los espejos, el laberinto, la biblioteca...), el gusto por las
paradojas y los juegos intelectuales, etc. Lugar central en sus textos ocupa, por
tanto, la propia literatura, que se convierte en tema narrativo y en objeto de
especulación filosófica. El libro o la biblioteca pasan a ser en la prosa de Borges
metáforas del mundo, pues en ellos se encuentran las claves del universo y al
mismo tiempo la prueba de la imposibilidad de acceder a los misterios de la
realidad, de cuya existencia se duda en último extremo. La convicción de Borges de
que no es posible un verdadero conocimiento de las cosas explica los temas
recurrentes de sus cuentos: el mundo como laberinto inextricable, el destino
incierto de los seres humanos, la muerte, los problemas filosóficos clásicos (el
tiempo y su aparente circularidad, el espacio inconmensurable; y, en relación con el
tiempo y el espacio, los insondables misterios de la eternidad y del infinito), la
identidad de los seres y de las cosas, siempre fluctuante e ilusoria, etc. Con todo, la
metafísica borgiana no suele expresarse de forma trascendente, pues Borges, como
antiguo vanguardista, huye del patetismo y se complace en la exposición irónica,
burlona, con la que parece distanciarse fríamente de los problemas que plantea y
proponer al lector que entre en el juego de las paradojas, agudezas y sutilidades de
todo tipo. Borges escribió también relatos de tipo policíaco en colaboración con el
escritor argentino Adolfo Bioy Casares.
SELECCIÓN DE TEXTOS
GARCÍA MÁRQUEZ, Cien años de soledad
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de
recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una
aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se
precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El
mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que
señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados
plantaba su carpa cerca de la aldea y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer
los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de
gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de
lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en
casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las
pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los
clavos y tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo
aparecían por donde más se les había buscado y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de
los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero
acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.” José Arcadio Buendía, cuya desaforada
imaginación iba siempre más lejos que la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención
inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: “Para
eso no sirve.” Pero José Arcadio Buendía no creía en aquél tiempo en la honradez de los gitanos, así
que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados... Exploró palmo a palmo
la región, inclusive el fondo del río, arrastrando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que
logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de
óxido cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras...
Aunque Amaranta Úrsula no perdía el buen humor, ni su ingenio para las travesuras eróticas,
adquirió la costumbre de sentarse en el corredor después del almuerzo, en una especie de siesta
insomne y pensativa. Aureliano la acompañaba. A veces permanecían en silencio hasta el anochecer,
el uno frente a la otra, mirándose a los ojos, amándose en el sosiego con tanto amor como antes se
amaron en el escándalo. La incertidumbre del futuro les hizo volver el corazón hacia el pasado. Se
vieron a sí mismos en el paraíso perdido del diluvio, chapaleando en los pantanos del patio, matando
lagartijas para colgárselas a Úrsula, jugando a enterrarla viva, y aquellas evocaciones les revelaron
la verdad de que habían sido felices juntos desde que tenían memoria. Profundizando en el pasado,
Amaranta Úrsula recordó la tarde en que entró al taller de platería y su madre le contó que el
pequeño Aureliano no era hijo de nadie porque había sido encontrado flotando en una canastilla.
Aunque la versión les pareció inverosímil, carecían de información para sustituirla por la verdadera.
De lo único que estaban seguros, después de examinar todas las posibilidades, era de que Fernanda
no fue la madre de Aureliano. Amaranta Úrsula se inclinó a creer que era hijo de Petra Cotes, de
quien sólo recordaba fábulas de infamia, y aquella suposición les produjo en el alma una torcedura
de horror.
Atormentado por la certidumbre de que era hermano de su mujer, Aureliano se dio una escapada a
la casa cural para buscar en los archivos rezumantes y apolillados alguna pista cierta de su filiación.
La partida de bautismo más antigua que encontró fue la de Amaranta Buendía, bautizada en la
adolescencia por el padre Nicanor Reyna, por la época en que éste andaba tratando de probar la
existencia de Dios mediante artificios de chocolate. Llegó a ilusionarse con ¡a posibilidad de ser uno
de los diecisiete Aurelianos, cuyas partidas de nacimiento rastreó a través de cuatro tomos, pero las
fechas de bautismo eran demasiado remotas para su edad. Viéndolo extraviado en laberintos de
sangre, trémulo de incertidumbre, el párroco artrítico que lo observaba desde la hamaca le preguntó
compasivamente cuál era su nombre.
Aureliano Buendia -dijo él.
-Entonces no te mates buscando -exclamó el párroco con una convicción terminante-. Hace muchos
años hubo aquí una calle que se llamaba así, y por esos entonces la gente tenía la costumbre de
ponerles a los hijos los nombres de las calles.
Aureliano tembló de rabia.
-¡Ah! -dijo-, entonces usted tampoco cree.
-¿En qué?
-Que el coronel Aureliano Buendía hizo treinta y dos guerras civiles y las perdió todas -contestó
Aureliano-. Que el ejército acorraló y ametralló a tres mil trabajadores, y que se llevaron los
cadáveres para echarlos a! mar en un tren de doscientos vagones.
El párroco lo midió con una mirada de lástima.
-Ay, hijo -suspiró-, A mí me bastaría con estar seguro de que tú y yo existimos en este momento.
De modo que Aureliano y Amaranto Úrsula aceptaron la versión de la canastilla, no porque la
creyeran, sino porque los ponía a salvo de sus terrores. A medida que avanzaba el embarazo se iban
convirtiendo en un ser único, se integraban cada vez más en la soledad de una casa a la que sólo le
hacía falta un último soplo para derrumbarse.
PAUTAS PARA EL COMENTARIO
1. Tema capital de la obra es el tiempo: comenta este motivo básico de la novela
según lo que puede deducirse de él en este fragmento, teniendo en cuenta la
importancia que alcanzan aquí los conceptos de pasado y futuro, así como el
destacado papel de la memoria y de los recuerdos.
2. Pese a la brevedad del texto, pueden en él comprobarse algunos rasgos de estilo
característicos de García Márquez. Indica los más significativos. No olvides entre
ellos el gusto del escritor colombiano por lo insólito, que ha hecho que sus novelas
se encuadren habitualmente dentro del realismo mágico, y que se observa también
aquí en algún pequeño detalle.
3. Con todo, lo más importante de este pasaje es la evidencia de que la verdad
oficial y la verdad histórica no coinciden en absoluto al final de la novela, según
prueba el hecho de que en Macondo parece haberse olvidado por completo la
existencia de los Buendía, tras la feroz represión de la huelga de los trabajadores de
la compañía bananera. No obstante, la novela misma, por boca del último
Aureliano, es capaz de revelar cuáles son los hechos auténticos que se han
intentado ocultar. ¿Cómo destaca el narrador la indignación del personaje cuando
descubre la manipulación de la verdad?
JULIO CORTÁZAR, Rayuela
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él
Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un
grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo
cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando,
reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al
que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era
apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los
hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios.
Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los
extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante
de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del
merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la
cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc,
se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en
niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban
hasta el límite de las gunfias.
MARIO VARGAS LLOSA, La ciudad y los perros
- Sí, mi teniente –dice. Me hago responsable. Lo mató el Jaguar para
vengar a Cava.
- ¿Cómo? –dice Gamboa. Ha dejado caer la mano y sus ojos se muestran
ahora intrigados.
- Todo fue por la consigna, mi teniente. Para él fue horrible, peor que
para cualquiera. Hacía quince días que no salía. Primero le robaron su pijama.
Y a la semana siguiente lo consignó usted por soplarme en el examen de
Química. Estaba desesperado, tenía que salir, ¿comprende usted, mi
teniente?
- No –dijo Gamboa-. Ni una palabra.
- Quiero decir que estaba enamorado, mi teniente. Le gustaba una
muchacha. El Esclavo no tenía amigos, hay que pensar en eso, no se juntaba
con nadie. Todos lo fregaban. Y él quería salir para ver a esa chica. Usted no
puede saber cómo lo batían todo el tiempo. Le robaban sus cosas, le quitaban
los cigarrillos.
- ¿Los cigarrillos? –dijo Gamboa.
- Todos fuman en el colegio –dice Alberto, agresivo-. Una cajetilla diaria
cada uno. O más. Los oficiales no saben nada de lo que pasa. Todos lo
fregaban al Esclavo, yo también. Pero después me hice su amigo, el único. Me
contaba sus cosas. Se le prendían porque tenía miedo a los golpes. No eran
bromas, mi teniente. Lo orinaban cuando dormía, le cortaban el uniforme para
que lo consignaran, escupían en su comida, le obligaban a ponerse entre los
últimos aunque hubiera llegado el primero a la fila.
- ¿Quiénes? –preguntó Gamboa.
- Todos, mi teniente.
En el texto, ¿quién desarrolla las intervenciones más extensas? ¿Por qué?
Resume la información sobre el Esclavo y la relación con sus compañeros en
el colegio militar. ¿Qué tema destaca?
JORGE LUIS BORGES, LOS DOS REYES Y LOS DOS LABERINTOS (EL
ALEPH)
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días
hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y
les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más
prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra
era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de
Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los
árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped)
lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la
declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus
labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en
Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún
día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los
reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió
sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y
lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y
substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de
bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a
bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que
forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le
desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de
hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.