“BEATO JORDAN DE SAJONIA”
El beato Jordán sucedió
a santo Domingo en el puesto de
superior general de los dominicos.
Nada sabemos sobre el sitio y la
fecha de su nacimiento. Se llamaba
Gordano o Giordano y era sajón.
Hacia 1219, obtuvo el grado de
bachiller en teología en la
Universidad de París. Por la misma
época, santo Domingo le envió a
Reginaldo, uno de los primeros
maestros de la orden. Según parece,
éste fue el primer contacto de Jordán
con santo Domingo. El Miércoles de
Ceniza del año siguiente, el beato y
su amigo Enrique tomaron el hábito
de la Orden de Predicadores. Jordán se distinguió muy pronto por su elocuencia. Aunque
era todavía novicio y llevaba apenas dos meses en la orden, según cuenta el mismo
Jordán en su «Vida de Santo Domingo» (que es una de las principales fuentes por lo que
se refiere al carácter del santo), fue enviado de París con otros tres de sus hermanos al
primer capítulo general, que tuvo lugar en Bolonia. En el siguiente capítulo, al que no
asistió, fue nombrado prior provincial de Lombardía; y en 1222, a la muerte de santo
Domingo, fue elegido superior general.
El beato Jordán trabajó mucho por la extensión y conservación de la orden.
Fundó los conventos de Regensburg, Constanza, Friburgo y Estrasburgo, y bajo su
gobierno, la orden llegó hasta Dinamarca y otras lejanas regiones. El beato frecuentaba
las plazas en las que se reunían los jóvenes y ganaba verdaderas multitudes con su
elocuencia. Se ha dicho de él que fue «el primer capellán universitario» y en una ocasión,
predicó un sermón en Oxford. Ahí fue tal vez donde conoció al obispo Grosseteste, al
que le dejó favorablemente impresionado. También san Alberto Magno se decidió a
entrar en la Orden de Santo Domingo gracias a uno de los sermones del beato. Un
famoso profesor, Walterio Germano, que había prevenido a sus discípulos contra las
«astucias» del beato Jordán, fue el primero en caer en sus redes. Pero esto no quiere
decir que al beato le interesaran únicamente los sabios y eruditos; cuando se hallaba
todavía en París se presentaron quejas contra él, por haber admitido a unos sesenta
novicios de tan corto entendimiento, que resultaba difícil enseñarles aun las lecciones
del Breviario. El beato replicó: «Dejadles estar y no despreciemos a los pequeños, yo os
digo que muchos de ellos se convertirán en grandes predicadores». Y el tiempo demostró
la verdad de sus palabras. El beato no sólo tenía el don de «pescar» a los hombres, sino
también de conservarles en la red, porque era capaz de hacer concesiones a la fragilidad
de la naturaleza humana. En cierta ocasión, había reunido a un grupo de candidatos a la
orden en un sitio en el que no había ningún convento; por la noche, cuando Jordán
empezó a rezar las Completas en el albergue en que se hospedaban, uno de los jóvenes
tuvo un acceso de risa nerviosa y todos los otros se contagiaron; uno de los hermanos,
sintiéndose ofendido en su fervor, intentó hacerles callar; Jordán terminó tranquilamente
el oficio, dio la bendición y preguntó al indignado hermano: «¿Quién os ha nombrado
maestro de novicios?» Y, volviéndose a los otros jóvenes, les dijo: «Reíd a gusto, pues
habéis escapado de la esclavitud del diablo. ¡Reíd hijos míos!»
Muchos de los dichos del beato que han llegado hasta nosotros están llenos
de un sentido común sobrenatural. Alguien le preguntó si el Padrenuestro recitado por
un laico ignorante podía tener tanto valor como el Padrenuestro de un religioso docto
que entendía lo que estaba diciendo; Jordán respondió que una perla no perdía su valor
por estar en manos de quien era incapaz de apreciarla. A quien le preguntaba si era
mejor estudiar u orar, contestó: «Eso equivale a preguntar si es mejor comer o beber».
Consultado sobre la mejor manera de orar, respondió: «La mejor manera es aquella en
la que cada uno puede orar con mayor fervor.»
El beato embarcó hacia Palestina en 1237, con otros dos hermanos. Una
tormenta les sorprendió lejos de las costas de Siria; la nave se hundió y todos los que
iban en ella perecieron. Las olas arrojaron el cuerpo del beato a la playa y fue sepultado
en la iglesia de los dominicos de Akka. Se cuenta que había un joven carmelita de Akka
que tenía tentaciones contra la vocación en las que el diablo le decía: «El buen padre
Jordán era un hombre de Dios y el premio que recibió fue morir ahogado». El beato se
le apareció pocos días después de su muerte y le dijo: «No temas, hermano, quien sirve
fielmente a Jesucristo hasta el fin, se salva». Alguien ha emitido la hipótesis de que esta
es la base de la tradición de la aparición de Nuestra Señora a san Simón Stock. El culto
que se le tributaba al beato Jordán desde muy antiguo fue confirmado por SS León XII
el 10 de mayo de 1826. El capítulo general dominicano de 1955 lo declaró patrón de la
obra de las vocaciones dominicanas.
“BEATO MANES DE GUZMÁN”
Manés de Guzmán, Beato. Caleruega
(Burgos), c. 1170 – Gumiel de Izán (Burgos),
c. 1234-1235. Beato y fraile dominico (OP).
Entre los santos dominicos de la primera
centuria de la Orden destaca el propio
hermano del fundador, fray Manés, del cual no
poseemos ningún relato hagiográfico
medieval. No obstante en el siglo xvi el padre
Marieta en su Historia eclesiástica de todos los
santos de España lo incluye en la relación de
discípulos de santo Domingo considerados
santos aunque sin proceso de canonización
oficial. Posteriormente, en 1727, M. J.
Medrano incluye en su obra Historia de la
Provincia de España de la Orden de
Predicadores una vida del beato elogiando su
fama de santidad y que nos proporciona
algunos datos biográficos mantenidos por la
tradición.
En cuanto a su origen familiar, ni las fuentes hagiográficas ni diplomáticas informan sobre
los orígenes del santo fundador de los dominicos. No obstante, la tradición dominicana
lo ha venido vinculando a la familia de los Guzmán por línea paterna y de los Aza por la
materna: Félix de Guzmán y Juana de Aza.
Fruto de este matrimonio nacieron tres hijos: el primogénito Antonio, Manés o Mamerto
y Domingo.
Sin embargo, los Bolandistas manifestaron desde muy pronto su crítica y rechazó su
relación con estos linajes castellanos dada la inexistencia de una fuente documental que
lo avale. Las únicas atribuciones son las presentadas por historiadores del siglo xvi, xvii
y xviii, pues, por ejemplo, en la documentación medieval del siglo xii y primera mitad del
xiii del reino de Castilla, no se ha conservado ni hay noticias de una Juana entre los
miembros de la casa de Aza, que presuntamente los biógrafos modernos situaban como
hija de García García de Aza. Tampoco aparece documentado su padre Félix como de
la familia de los Guzmán. Aunque muchos historiadores, como Sandoval o Salazar y
Castro, cambiaron el nombre del padre identificándole con Fernando, uno de los hijos de
Rodrigo Muñoz de Guzmán. De modo que en relación a los progenitores de estos santos
personajes, según los relatos hagiográficos, se trataba de un caballero notable y
hacendado y su madre de una mujer virtuosa de fama públicamente reconocida. A esto
cabe añadir otros elementos indicadores de su rango social, por ejemplo el hecho de que
ambos esposos recibieran sepultura en la capilla del monasterio cisterciense de San
Pedro Gumiel (Burgos); el ser parientes del arcipreste en Osma Gonzalo García de Aza
o, por último, que Domingo acudiera a continuar su formación al studium de Palencia.
En cuanto a su segundo hijo, Manés, se sabe que nació antes de 1170, año del
nacimiento de su hermano Domingo. Al parecer, se incorporó a la Orden de los
Predicadores en su etapa fundacional, pues figura en la lista de los dieciséis primeros
dominicos.
Quizás acompañara a Toulouse a su hermano en su predicación contra los herejes. No
obstante, su vida se documenta a partir de 1217. En 1216 Honorio III había aprobado la
Orden Dominica bajo la Regla de san Agustín y entonces comienza su período de
expansión estableciéndose las primeras fundaciones en Italia y Francia. En este contexto
el 15 de agosto de 1217, Manés fue enviado con fray Miguel Español y un hermano
cooperador llamado fray Orderico a París junto a fray Miguel de Fabra, donde llegaron el
12 de septiembre, quizás para estudiar Teología y prepararse para su tarea predicadora.
En 1219 Manés regresó a España, un año antes santo Domingo había viajado por la
Península fundando conventos en Segovia, Palencia, Burgos, Zaragoza, Salamanca,
Zamora, Barcelona y Madrid. A raíz de una carta que envió santo Domingo a las monjas
de Madrid, segunda fundación de santo Domingo en España, se sabe que a partir de ese
año está relacionado con esta comunidad femenina. Gerardo de Frachet le califica de
hombre contemplativo y santo que, tras servir a Dios en la Orden, murió santamente.
Rodrigo del Cerrato precisa aún más proporcionando algunos datos sobre su tarea de
predicador y reconociendo su talante virtuoso. De este modo el hagiógrafo dominico
informa sobre una predicación en Caleruega por parte de su hermano fray Manés el día
en que se conoció la noticia de la canonización del santo fundador en 1234, y cómo él
mismo persuadió a los vecinos para que edificaran una iglesia en el lugar donde había
nacido Domingo. Finalmente, este prior dominico murió en Gumiel de Izán (Burgos), villa
situada a unos 19 kilómetros de Caleruega, recibiendo sepultura en la iglesia del
monasterio de San Pedro de Gumiel, donde estaban enterrados sus padres.
En 1694 y 1827 se procede respectivamente a la exhumación de sus restos mortales.
Finalmente en 1864 se trasladan al convento de Caleruega. Gregorio XVI confirmó su
culto en 1834 y su fiesta quedó fijada el 30 de julio.
“SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT”
Dominico humilde y sabio. Raimundo:
"Buen consejo"
Nació hacia el año 1175, en Peñafort,
cerca de Barcelona, España. Pronto
demuestra tener una extraordinaria
inteligencia, y a los 20 años es profesor
de filosofía en Barcelona. Hacia los 30
años, fue a la prestigiosa Universidad de
Bolognia, Italia para perfeccionar su
derecho civil y canónico. Allí se doctoró
y fue profesor. En 1219, fue nombrado
archidiácono de la diócesis de
Barcelona. Se destacó por su amor a los
pobres.
En 1222, a los 40 años de edad, ingresó
en la Orden de Predicadores
(Dominicos) apenas 8 meses después
de la muerte del fundador, Santo
Domingo de Guzmán.
Raimundo consideraba que el orgullo era un peligro para su alma. Convencido de la
importancia de hacer penitencia por la complacencia con que había enseñado, pidió que
le impusieran severas penitencias y oficios humillantes. Pero sus superiores le
encargaron investigar cómo responder a preguntas difíciles de moral que los fieles
presentan. El llamó a estas "casos de conciencia". El resultado de su trabajo fue su
famoso libro, "Summa de casibus paenitentialibus", la primera obra de su género. Esta
ha sido de gran provecho para confesores y moralistas.
Tenía gran celo por la evangelización, trabajando incesantemente en la predicación, la
instrucción y la confesión. Insigne predicador dotado con la "eficacia de la palabra",
recorrió las provincias españolas de Aragón, Castilla y Cataluña. Sus acompañantes
comentaban que parecía casi imposible que un predicador lograra tantas conversiones
con sus sermones.
Según una tradición muy discutida, San Raimundo colaboró con San Pedro Nolascoen
la fundación de la orden de los Mercedarios los Padres Mercedarios, dedicada
principalmente a rescatar a los secuestrados por los mahometanos.
En 1230 el Papa Gregorio IX llamó a Raimundo a Roma y le dio varios encargos:
1- Lo nombró su confesor. En una ocasión le impuso al Papa de penitencia atender
siempre muy bien las peticiones que le hicieran los pobres.
2- Le encomendó reunir el corpus canónico de los decretos de los Pontífices y concilios
que no se encontrasen ya en la colección que Graciano había hecho en 1150. Después
de tres años de trabajo publicó su famosísimo libro en 5 volúmenes titulado "Decretales",
compuesto el cual fue confirmado por el Papa. Hasta la compilación del Codex Juris
Canonici, en 1917, la compilación de San Raimundo era considerada como la mejor
colección de derecho canónico a la que los canonistas hacían referencia.
3- En 1235 lo nombró obispo de Tarragona, a pesar de las súplicas del santo. Pero poco
después el santo contrajo una grave enfermedad y el Papa le liberó del cargo a condición
de que Raimundo propusiera un candidato apto.
Para recuperarse de su enfermedad, Raimundo volvió a Barcelona, su tierra natal. Allí
fue recibido con gran gozo y se dedicó a la contemplación, la predicación y la confesión.
Tanto la Santa Sede como el rey confiaron en Raimundo importantes trabajos.
General de la orden Dominica
En 1238 llegaron a Barcelona los diputados del capítulo general de la orden dominica,
que había tenido lugar en Bolonia, para anunciar a Raimundo que había sido elegido
superior general, como sucesor de Jordano de Sajonia. Raimundo quiso resistir pero al
fin aceptó por obediencia. Visitó a pie todas las casas de la orden sin disminuir en nada
sus austeridades y prácticas. Inculcó a sus hijos el amor de la vida entregada en
regularidad, del estudio, y de los misterios espirituales. Hizo una síntesis de las
constituciones de su orden, anotando los pasajes dudosos. Tres capítulos generales
aprobaron el nuevo código. En uno de dichos capítulos, tenido en Paris en 1239,
Raimundo obtuvo que se aprobara la medida de aceptar la dimisión voluntaria de su
superior, cuando ésta se fundara en razones justas. Al año siguiente, habiendo sido
superior solo dos años, renunció al cargo. Su razón fue que había cumplido 65 años de
edad.
Vivió 34 años mas, los cuales empleó en la evangelización. Esclarecía la doctrina ante
las herejías y buscaba la conversión de todos, tanto cristianos pecadores como judíos y
musulmanes. Con este objeto, consiguió que Santo Tomás (dominico también) escribiera
su Summa contra Gentes y obtuvo que se enseñara el árabe y el hebreo en varios
conventos de su orden. Fundó un convento en Túnez y otro en Murcia, sur de España,
que en aquella época estaba dominada por los musulmanes. En una carta al superior
general en 1256 le informa que 10,000 sarracenos habían recibido el bautismo. Esto es
cosa extraordinaria ya que este tipo de conversiones son muy escasas. Introdujo la
inquisición en Barcelona y mostraba una gran caridad a todos. Sin embargo no le faltaron
adversidades. En una ocasión fue acusado de comprometer fraudulentamente a un
rabino judío.
La "barca" milagrosa
Uno de los incidentes más famosos en la vida de San Raimundo ocurrió durante un viaje
en el que acompañaba al rey Jaime a Mallorca. El soberano que era mujeriego, había
prometido enmendarse, pero no había cumplido su promesa. En vista de ello, Raimundo
le pidió licencia para partir a Barcelona; el rey no solo le negó, sino que amenazó de
muerte a quien se atreviera a sacar al santo de la isla. Confiando en Dios, Raimundo
dijo a su compañero: "Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del
cielo nos dará los medios para ello". Acto seguido se dirigió al mar, extendió su túnica
sobre las olas, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela y, haciendo la
señal de la cruz, montó sin temor en aquella improvisada "barca". Su compañero quedó
temblando en la playa. La milagrosa barca hizo en seis horas el trayecto hasta Barcelona,
a sesenta leguas de distancia. Las gentes que vieron llegar al santo le recibieron con
aclamaciones. Sin inmutarse por ello, Raimundo recogió su túnica, que estaba
perfectamente seca, se la echó sobre los hombros y se dirigió a su monasterio. Una
capilla y una torre fueron construidas en el sitio en que desembarcó.
Muerte y canonización
Los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón visitaron a San Raimundo durante su
última enfermedad. San Raimundo murió en Barcelona el 6 de enero de 1275, a los 100
años de edad. Ante su sepulcro se obraron milagros. La bula de canonización, publicada
en 1601, cita algunos de esos milagros, entre estos el que se narra arriba.
“SANTA MARGARITA DE HUNGRIA”
Los reyes Bela IV y su mujer María de
Lascaris, padres de Margarita, antes de
nacer su hija en 1242, la habían ofrecido
a Dios por la liberación de Hungría de los
tártaros, prometiendo dedicar a su divino
servicio en un monasterio a la primera
hija que les naciera. El rey Bela,
confiando en el Señor, juntó el mayor
ejercito que le fue posible y, al frente de
él, salió contra aquellos enemigos, muy
superiores en número y envalentonados
con anteriores victorias. Al primer
encuentro, los dejó vencidos y huyendo
a su tierra. La calma volvió a sus
dominios.
Poco tiempo después nació una niña a la
que pusieron el nombre de Margarita.
Con dolor, pero movidos por el amor de
Dios, sus padres cumplen la promesa y
confían su hija de cuatro años a las
dominicas del monasterio de Veszprem,
recientemente fundado. La niña, a medida que crece, va adquiriendo los hábitos de la
contemplación.
En 1254, a sus doce años, Santa Margarita de Hungría hace profesión solemne en
manos de Fray Humberto de Romanis, Maestro de la Orden, que volvía del capítulo
general celebrado en Buda, ciudad principal de aquel reino.
Los reyes, sus padres, contentos de ver a su hija tan feliz en el monasterio, edificaron
para ella otro convento en una isla formada por el gran río Danubio y lo dotaron como
convenía. Veinte años tenía Margarita cuando, con otras insignes religiosas que la
acompañaron, se trasladó al nuevo convento, implantando una vida de rígida
observancia.
Al rey su padre, que la amaba tiernamente, le suplicaba que favoreciese a las iglesias,
que amparase a viudas y a huérfanos, que hiciese limosnas a los pobres y los
defendiese. Y así lo hacía el buen rey.
Como esta caridad, asimismo era grande su pureza. Por costumbres cortesanas, la
pretendieron por esposa el Duque de Polonia, y los reyes de Bohemia y de Sicilia,
haciéndole ver que obtendría la dispensa de los votos y que su enlace con dichos
príncipes sería como un pacto de paz y de alianza entre los reinos. De negarse,
sobrevendrían discordias y guerras. Ella se negó rotundamente: Se había consagrado al
Señor como esposa y con nueva consagración y bendición se había velado en manos
del Arzobispo de Estrogenia un día de Pascua del Espíritu Santo.
Santa Margarita de Hungría murió el 18 de enero de 1270 estando presentes muchos
religiosos de la Orden. Recibió los sacramentos y rezando el salmo In te, Domine,
speravi, al llegar al versículo In manus tuas, su alma voló al cielo a la edad de 30 años.
Pío XII la invocaba en su canonización el 19 de noviembre de 1943 como mediadora de
la tranquilidad y de la paz fundadas en la justicia y la caridad de Cristo, no sólo para su
patria, sino para el mundo entero.
Semblanza espiritual
Tomando conciencia de su extraordinaria misión, la joven princesa Margarita de Hungría
se dedicó con fervor a recorrer el camino de la perfección. La ascesis conventual del
silencio, soledad, oración y penitencia se armonizaron con un celo ardoroso por la paz,
con un gran valor para denunciar las injusticias y con una gran cordialidad con sus
compañeras a las que servía con gozo en los más humildes quehaceres. Su vida de
piedad se cualificaba por la devoción al Espíritu Santo, a Jesús crucificado, a la Eucaristía
y a María.
Amar a Dios, no despreciar ni juzgar a nadie, estas razones se fijaron en el corazón de
la santa princesa. Salió de esta doctrina tan gran maestra, que cuanto trataba y pensaba
era amar a Dios y estimar a los otros; sobre este fundamento levantó el edificio de la
virtud y perfección. De la virtud de humildad hizo provisión; en el monasterio no había
persona más humilde y sencilla que Margarita. Vivió sujeta a la voluntad de sus prelados,
la voluntad ajena era la suya.
“SAN PIO V, PAPA”
Antonio Ghislieri nace el 17 de
enero de 1504 en Alessandría
(Italia), Hijo de Pablo Ghislieri y
Dominica Augeria. En 1521, a
sus diecisiete años, profesa en
la Orden de Predicadores, en
Vigevano, tomando el nombre
de Miguel. Realiza su
"currículum" filosófico - teológico
en Bolonia. Posteriormente
cumple el ministerio de Lector
de Filosofía y de Teología en
Pavía.
A los cuarenta y siete años, en
1551 es llamado a Romas por
Julio III y designado Comisario
General del Santo Oficio, donde
trabaja por la difusión y la pureza
de la fe. Pablo IV le nombra
obispo de Sutri y Nepi en 1556,
y cardenal en 1557. El mismo
Pablo IV, en 1560, le traslada a
Mondovi (Piamonte), diócesis que se encuentra en lamentable estado, donde se empeña
por acercarla al Evangelio de Jesucristo.
Descubierto por San Carlos Borromeo, el cardenal fray Miguel Ghislieri es elegido Papa
en 1566 a los sesenta y dos años de edad. No es un príncipe, sino un asceta el que la
Orden de Santo Domingo presta al papado de Roma. Pío V - así se llamará- lleva el estilo
de la Orden a la Curia Romana. El nuevo Papa ofrece a la Iglesia el Breviario y Misal
Romanos para que alimente su oración: también se esfuerza por confirmar a toda la
Iglesia en la misma fe. Así publica el "Catecismo" del Concilio de Trento, llamado
"Catecismo Romano"
Su corazón se inquieta frente a las nuevas situaciones pastorales. Por una parte, mundos
recientemente descubiertos que es necesario evangelizar; y por otra, países protestantes
que comienzan a nacer. A fin de abordar tales problemas crea dos congregaciones
cardenalicias que serán base de la posterior Sagrada Congregación "De Propaganda
Fide" (creada en 1622). Proclama a Tomás de Aquino "Doctor de la Iglesia" e impulsa la
"Opera Omnia" conocida como "Piana".
Se esfuerza por hacer coincidir la sociedad terrena con el Reino de Dios. Ve destrucción
y muerte sobre Europa con la inminente invasión de los otomanos. Por eso, propicia
entre los príncipes la liga de España y Venecia para detenerlos. Se alcanza la victoria en
Lepanto el día 7 de octubre de 1571, mientras el Papa se encuentra en oración a María,
la Madre de Dios, en su devoción al rosario; por ello instituye para este día la fiesta con
el título de Nuestra Señora de la Victoria que en 1573 se denominará "del Rosario".
San Pio V murió santamente en Roma el 1 de mayo de 1572, a sus sesenta y ocho años
y siete de papado. Beatificado por Clemente X, fue canonizado por Clemente XI el 22 de
mayo de 1721. Su cuerpo se venera en la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica
romana de Santa María la Mayor.
Semblanza espiritual
Ejemplo de pobreza, humildad e inagotable actividad, es elegido dos veces prior por los
hermanos de su Orden. Todo lo edifica sobre la oración. Siendo Papa Pio V visita a pie
las iglesias de Roma. Su vida testifica la palabra del apóstol Pablo: "¿No sabéis que sois
santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vosotros?"
En cuanto conductor del Pueblo de Dios, vibra con las vicisitudes de los pobres, siente
cariño por los cristianos de Roma, que si en un principio fueron muy entusiastas con él,
después lo apreciarán como a un padre. En Roma reformó las costumbres del clero y del
laicado.
Desde el momento en que es elegido Papa, conservará el espíritu y el hábito dominicano
dedicándose con total decisión a poner en práctica, con el ejemplo de su vida, todas las
consignas del Concilio de Trento para la reforma de la Iglesia y el bien de las almas.
Estimuló la formación teológica de los clérigos en los seminarios a los que, entre otras
medidas, propone la introducción de la enseñanza de la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino.
“SAN LUIS BELTRAN”
Este santo misionó las regiones
selváticas del norte de Colombia y se
vio libre como por milagro de los más
terribles peligros contra su vida.
Nació en Valencia, España, en 1526, y
fue bautizado en la misma pila
bautismal en la que habían bautizado
175 años antes a San Vicente Ferrer,
el cual era familiar de su padre. Tuvo
el honor de que la ordenación
sacerdotal se la confiriera santo
Tomás de Villanueva. Y a estos
grandes hombres de Dios los imitó
siendo extremadamente humilde, y
practicando la obediencia en grado
heroico.
Santa Teresa le escribió
preguntándole si debía fundar un
convento en su ciudad. Nuestro santo
le respondió: "El asunto sobre el cual
me pide información es tan importante
que me dediqué por varios días a
pedirle a Nuestro Señor que me
iluminara lo que le debía responder. Ahora le digo que sí, que lo debe fundar. Y le añado
una noticia más: su comunidad va a ser tan ayudada por Dios, que dentro de cincuenta
años será una de las más importantes en la Iglesia Católica". Y así sucedió.
En las comunidades religiosas hay un cargo de enorme importancia. Es el del encargado
de formar a los futuros religiosos. Se le llama Maestro de novicios. San Luis Beltrán
ejerció ese cargo en España, en su comunidad de Padres Dominicos, casi por 30 años
(con interrupciones) y formó gran número de fervorosos religiosos. Era muy estricto y
exigente, pero sabía dar las órdenes con tan gran bondad y amabilidad, que todos sus
súbditos lo amaban y estimaban.
Para librarse del deseo de sobresalir ante los demás, colocó en la puerta de su habitación
un gran letrero con esta frase de San Pablo: "Si lo que busco es agradar a la gente, ya
no seré servidor de Cristo".
En 1562 fue enviado como misionero a las tribus de indios en el norte de Colombia.
Cuando llegó no sabía hablar sino el español, pero Dios le concedió el don de lenguas y
en poco tiempo aprendió a hablar en los idiomas de sus indígenas, de una manera tan
admirable que nadie se explicaba cómo lo había logrado. En casi siete años (de 1562 a
1569) convirtió miles de indios desde Panamá hasta el Golfo de Urabá, en regiones
palúdicas y llenas de toda clase de mosquitos y de alimañas peligrosas. En los registros
que dejó escrito por su propia mano señala que bautizó más de 15,000 indios. Predicó a
tribus sumamente salvajes que varias veces trataron de asesinarlo pero no lo lograron.
Pero sus más peligrosos enemigos eran ciertos colonizadores españoles que cometían
toda clase de injusticias contra los indígenas, y que al ser reprendidos por el santo
misionero, se propusieron eliminarlo. Primero le ofrecieron un vaso de refresco, que
contenía un fuerte veneno. Él le dio la bendición al vaso, y este se rompió en muchos
pedazos. Los indios narraban que un colono quiso disparar su escopeta contra el
misionero y que la escopeta estalló, retorciéndose su cañón y quedando en forma de
cruz. El santo tenía una fe capaz de conseguir milagros.
Cuentan que cuando deseaba convertir a algún pecador hacía esta penitencia. Al
anochecer, en esas selvas aparecen millones y millones de mosquitos muy hambrientos.
Él se quitaba la camisa y dejaba que le picaran, y de vez en cuando les decía:
"Hermanitos, ya comieron lo suficiente. Ahora déjenle el puesto a sus compañeros, que
también quieren comer". Y los miles de mosquitos se iban para que llegaran los otros
que estaban también muy hambrientos.
En 1569 fue llamado a España a seguir formando los futuros misioneros. A estos les
insistía en que el arma más poderosa para ganar almas es rezar mucho y hacer
sacrificios. Y les repetía que las buenas palabras del que enseña religión deben ir
siempre acompañadas de buenas obras, porque si con el mal ejemplo destruimos lo
bueno que sembramos con la predicación, eso es fatal.
Murió el 9 de octubre del año 1581.