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Los rituales de la muerte buscan facilitar el descanso eterno del alma, reflejando cosmovisiones del chamanismo que influyen en conceptos religiosos de cielo e infierno. Se exploran diversas nociones del alma y su relación con cultos humanos, destacando la propuesta chamánica que incluye la idea del descenso del alma al inframundo y la noción del Huevo Luminoso. El documento concluye con una discusión sobre la no existencia de la reencarnación y el origen del alma humana desde una perspectiva chamánica.

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Los rituales de la muerte buscan facilitar el descanso eterno del alma, reflejando cosmovisiones del chamanismo que influyen en conceptos religiosos de cielo e infierno. Se exploran diversas nociones del alma y su relación con cultos humanos, destacando la propuesta chamánica que incluye la idea del descenso del alma al inframundo y la noción del Huevo Luminoso. El documento concluye con una discusión sobre la no existencia de la reencarnación y el origen del alma humana desde una perspectiva chamánica.

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Los rituales de muertos

y el drama del alma humana


Ricardo Paulino José Gallardo Díaz Javier Jaimes García
Facultad de Medicina, uaem Facultad de Medicina, uaem

Josefina Torres Galán


Sociedad Mexicana de Historia
y Filosofía de la Medicina

Resumen

Los rituales de la muerte humana tienen como objetivo hacer que el alma del ser humano encuentre
un lugar para el descanso eterno, apareciendo con ello los conceptos de cosmovisión propias del cha-
manismo, de donde derivan el cielo e infierno de las religiones y sus respectivas iglesias. Presentamos
diversas nociones del alma, pertenecientes a diversas formas de pensamiento religioso, y las relaciones
con la diversidad de cultos presentes en las sociedades humanas. Hacemos énfasis en la propuesta cha-
mánica abarcando dos posibilidades: primero, la tradicional, históricamente popularizada y que se sus-
tenta en el descenso del alma del difunto por los pisos del inframundo, para trascender al mundo de
los muertos; y segundo, una aportación, que es resultado de lo que hemos investigado con un chamán
urbano de la Ciudad de México, quien sustenta su ideología en los conceptos de Huevo Luminoso, fi-
bras que lo integran, la apertura de éstas cuando está muriendo la persona y la consecuencia de ello.
Finalmente, concluimos el por qué no existe la reencarnación y de donde se origina el alma del ser hu-
mano, como propuesta chamánica.

Palabras clave: alma, cosmovisión, chamán, chamanismo, reencarnación.

Abstract

The rituals of human death aim to bring the soul of the human being to find a place for eternal rest,
thereby appearing the concepts of worldview typical of shamanism; from where Heaven and Hell de-
rive from the religions and their respective churches. We present various concepts of the soul, belon-
ging to various forms of religious thought and relationships with the diversity of cults present in human
societies. We emphasize the shamanic proposal encompassing two possibilities: First. The traditional

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

one, historically popularized and that is sustained by the descent of the Soul of the deceased through
the floors of the Underworld, to transcend the World of the Dead. Second. The one corresponding to
a contribution, which is the result of what we have investigated with a Mexico City Urban Shaman, who
supports his ideology in the concepts of the Shining Egg, fibers that comprise it, their opening of these
when the person is dying and the consequence of it. Finally, we conclude why there is no reincarnation
and from where the soul of the human being originates, as a shamanic proposal.

Keywords: Soul, worldview, shamanism, shamanism, reincarnation.

Introducción

L
a muerte es un hecho, un fenómeno, un accionar… que interesa a los seres vivos
y podría considerarse como contraria a la vida, pero el asunto es que todos nos
enfrentaremos en un momento determinado con ella, en el momento preciso;
no antes, ni después, sino cuando nos toca. Desde los albores de la humanidad, cuando
el humano intenta explicar “qué es la muerte, su función y su utilidad”, se han escrito in-
finitas páginas y todas ellas en su momento han abierto la posibilidad de que el humano
se conforme con lo dicho, pero según van avanzando las culturas, el conocimiento se ha-
ce diferente o se duda de él, apareciendo nuevos cuestionamientos y se plantean diver-
sas soluciones, convirtiéndose en aporías de la muerte.
Pero, históricamente, quienes hicieron las primeras aportaciones para conocer qué es
la muerte, fueron los chamanes, al reconocer y diseñar la cosmovisión, así como propor-
cionar a sus respectivas culturas el significado de la vida y la muerte. Después aparecen
las religiones con sus sacerdotes y respectivas iglesias, que tomando como base las pro-
puestas del chamanismo, refieren un sistema de creencias en donde la muerte ahora será
voluntad de uno o varios seres divinos. Hasta que, en nuestra época, la ciencia retoma el
tema, a partir del uso del estetoscopio para reconocer la muerte, hasta la aplicación de
la tecnociencia para diagnosticarla, y modificar el concepto para hablar de “muerte ce-
rebral y/o la muerte encefálica”, cuyo significado sólo es aplicable para obtener órganos
para un trasplante, no para disponer de un cadáver.
Una enorme diversidad de mitos y ritos en torno a la muerte se han desarrollado en
el devenir del ser humano, desde la prehistoria hasta la actualidad. Todas ellas encami-

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Ricardo Paulino José Gallardo Díaz / Javier Jaimes García / Josefina Torres Galán

nadas a proporcionar al muerto un “descanso eterno”, surgiendo con ello las entidades
que sobrevivirán a la muerte de cada ser humano. El chamán, al explicar la cosmovisión,
hace énfasis en lo que se denomina como ser humano holístico, que es el cuerpo-men-
te-espíritu como unidad totipotencial y que durante la vida se desarrolla de acuerdo con
su destino y necesariamente culminará con la muerte. Y en este concepto, podemos co-
mentar que cada uno de esos elementos tiene un destino totalmente distinto.
El presente trabajo fue elaborado a través de entrevistas personales con Francisco
Plata Silva, un chamán de la Ciudad de México, quien plantea su ideología a partir de
dos hechos: la cosmovisión y su experiencia en torno a la muerte, y se completa la in-
vestigación con la revisión de documentos relacionados con el drama del alma huma-
na, para llegar a las conclusiones y comentar las alternativas del humano en torno a su
fallecimiento.

Ser humano, la muerte. psiqué y alma

El ser humano ante la muerte se enfrenta con la posibilidad, desde el punto de vista de
las iglesias, de que los actos realizados durante la vida determinarán un premio o un
castigo, es decir, vivir eternamente en el cielo o en el infierno. Sin embargo, esto gene-
ra muchas dudas, a las que las diversas religiones no proporcionan una respuesta satis-
factoria, pero esa posibilidad de una buena o mala eternidad reside en la fe, en el saber
sin saber o conocer, considerada como un sistema de creencias que no tiene nada que
ver con la razón. Nosotros intentamos dar una respuesta al drama del alma humana y,
por ende, encontrar una explicación para la existencia y práctica de los diversos rituales
para la muerte.
Desde los filósofos presocráticos, los griegos se plantearon dilemas relacionados con
la idea del alma (Echegoyen, 2022) humana, del cual se han escrito obras maravillosas,
en las que se le conoce como ánemos, thymos, pneuma, psyché o nous; posteriormen-
te en latín se designó al alma como anima, animus, spiritus, mens, para darle un sig-
nificado semejante de aliento, viento, principio vital, soplo, respiración, inteligencia,
espíritu, mente, pensamiento, hálito, aliento, razón, entre otras acepciones similares. El
significado procede del griego y corresponde al sustantivo ψυχή, que inicialmente co-
rresponde a soplo, hálito o aliento, que ocurre con la primera inspiración de los pul-
mones del neonato humano.
Saavedra Cuevas (2020) se pregunta: “cuándo una persona muere, ¿qué ocurre con
ella?”. Ésta es una cuestión que trataron de responder filósofos y teólogos durante siglos,
para convertirse, con los avances científicos, en territorio de estudio de la biología y la

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

medicina, considerando la dualidad cuerpo-mente o cuerpo-alma. Continúa Saavedra


Cuevas: “[…] la Biblia, afirma que existe vida después de la muerte y esto ocurrirá en la
resurrección […] obviamente considerando el destino del alma ante la muerte y el cual
está determinado por las acciones en la vida de la persona (Saavedra, 2020: 1).
Saavedra sigue y plantea una pregunta: ¿qué ocurre con la persona durante todo el
periodo que está muerta? Obviamente, la respuesta debe darse en términos de premio
o castigo divinos, pues no existe una alternativa diferente, ya que por decisión papal des-
apareció el limbo, qué según la doctrina católica, era el destino o el espacio temporal
de las almas, sin decisión ante la muerte; y era el lugar de los no bautizados; claro está
al considerar el credo cristiano. Y surgen infinidad de preguntas, con sólo los renglones
siguientes.
Aquellos humanos que desde la prehistoria existieron y que no fueron bautizados, si-
guiendo el credo católico, se encontraban en el limbo, pero cuando desaparece, pues lo
más probable es que hayan “congestionado” los infiernos, pagando por, nadie lo sabe,
qué pecados.
Así, la palabra griega para referirse al alma es psuche/psiche y es la referencia a el alma/
mente, considerándola como el asiento de las emociones, memorias y todo aquello que
significa educación; por lo tanto, es una forma de referirse al yo; procede del griego ψυχή
(psykhé), que suele traducirse como alma.
Fred Smith y Chad Brand (2020) comentan que:

En el AT hebreo, la palabra que generalmente se traduce “alma” es nephesh, que aparece más
de 750 veces y quiere decir principalmente “vida” o “que posee vida”. Se usa tanto para los
animales (Génesis 9:12; Ezequiel 47:9) como para los seres humanos (Génesis 2:7). La pala-
bra a veces se refiere a la persona en su totalidad, como por ejemplo en Génesis 2:7, donde
Dios sopla hálito de vida (neshamah) al polvo y así crea un “alma” (nephesh). Un uso similar
aparece en el texto hebreo de Génesis 12:5, donde Abraham toma a todas las nephesh que es-
taban con él en Harán y se dirige hacia Canaán. De modo similar, en núm. 6:6 se usa como
sinónimo del cuerpo (el nazareo no debe acercarse a un nephesh muerto, Levítico 7:21; Ha-
geo 2:13)2 (Smith y Brand, 2020: 1).

Son diversas formas de referirse al alma y el concepto varía desde vida, hasta la per-
sona en su totalidad o incluso sinónimo de cuerpo, pero de manera semejante todos
coinciden en considerarlo como una parte del ser humano. El asunto radica en que los

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Debo aclarar que el término nefesh es una forma de referirse al alma, en hebreo.

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cristianos consideran alma/espíritu como una sola entidad. Y desde otros puntos de vis-
ta, alma y espíritu son entidades diferentes, como en el chamanismo, en donde cada una,
ante la muerte, tiene un destino diferente.
En tanto que, en el Diccionario enciclopédico de Biblia y teología, la referencia al alma
es la siguiente:

Es habitual identificar el alma como un ser misterioso que se alberga en el cuerpo para dar
la vida original, racional, moral, espiritual al hombre. Cuando se habla de alma se juega con
un concepto sutil, en el que se fusionan los elementos de un ser inmaterial, invisible, im-
prescindible, albergado en el cuerpo sin confundirse con él. El cuerpo, que posee la vida
singular entre los seres vivos, se hace humano por la presencia y actuación del alma, la cual
no sólo da la vida, sino la conciencia, la identidad, la dignidad (Diccionario enciclopédico de
Biblia y teología, s. f.).

Este concepto es sumamente interesante, ya que de inicio plantea la posibilidad de que


en el alma se incluye la vida espiritual, y de la misma manera plantea la posibilidad de que
sea un ser que tiene una forma de existencia en el cuerpo y le otorga ciertas característi-
cas. En estas últimas ideas se acerca a las nociones del alma, en el contexto del chamanis-
mo de Francisco Plata Silva: “el alma es lo que nos hace humanos, es lo que nos hace ser
lo que somos”, y en estas frases sencillas se esconde todo el significado que se hace mani-
fiesto ante la muerte.
Continúa el Diccionario enciclopédico de Biblia y teología (s. f.) con el concepto
pneuma, el cual se refiere al aliento, respiración, espíritu, inspiración divina e, incluso,
significa fuerza vital, además, refiere al canto y a la música. Tiene su significado prin-
cipal en su equivalencia con el alma, que ingresa al cuerpo con la primera inspiración
y va a estar presente durante la vida de la persona, mientras los pulmones inhalen ga-
ses atmosféricos.
En el mismo orden de ideas, nefês (Antropología y Teología, 2017) es un término
hebreo que en un inicio se refería al aparato respiratorio y después derivó en principio
vital o vida. En tanto que ruah alude a la brisa, al viento, y más tarde se convierte en la
respiración y se extiende hasta la vitalidad humana.
Siguiendo con el tema, la palabra del hinduismo atmán refiere a una esencia inmate-
rial integrada a la vida que se libera del cuerpo con la muerte y corresponde al alma indi-
vidual; se supone que fue creada al principio del tiempo (Carrasco, 2008). Es una forma
de referirse al alma, y en el hinduismo, la idea se relaciona con el karma, por lo que se
vincula a la reencarnación.

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

Para el budismo, el alma no es individual, sino una ilusión de los sujetos que participan
de ella. Dendo Kyoka señala que el cuerpo y el alma son efectos de una serie de causas y
condiciones. El cuerpo no es el “yo”; la ignorancia y la iluminación, ambos nacen del alma,
refiriéndose a los apegos como la gran limitante para alcanzar la iluminación, de manera se-
mejante a como ocurre en el chamanismo.
En China, Shen es la forma de referirse a las entidades anímicas del ser humano,
que cuando están en armonía, permiten el flujo adecuado del Qi. Para los chinos es
normal que la creencia en los espíritus “constituyen la animación celeste que guía el de-
sarrollo del orden natural del Cielo en la vida terrenal” (Martorell, Vallmajor y Mora,
2016: 131).
En la antigua Persia, hoy Irán, existieron el mazdeísmo y el zoroastrismo. Este último
culto se funda en las enseñanzas del profeta y reformador Zoroastro (Zarathustra), que
plantean conceptos de diversas formas de pensamiento, pero el que nos interesa alude al
alma, que es conceptualizada como un ser amorfo en el que luchan dos fuerzas: la bue-
na y la mala, creadas por dos dioses antagónicos, Ormuth y Arimahan. Al nacer, el espí-
ritu superior, fravashi, envía al alma, urvan, al interior del cuerpo para experimentar el
mundo material y escoger entre el bien y el mal.
Otro tipo de conceptos resultan de religiones antiguas mesopotámicas y egipcias, así
como de las creencias de los pueblos prehispánicos de América o las impresiones del
animismo africano, en los que se multiplican sus explicaciones en torno a la idea o sen-
timiento común de que el alma existe y es invisible.
En el cristianismo, por presentar influencias del judaísmo primitivo, babilónicas y grie-
ga, se considera el alma como un ser creado por Dios y diferente del cuerpo en el que se
alberga, considerando al cuerpo malo y al alma buena. Los autores de la Iglesia hablan
de la espiritualidad e inmortalidad del alma.

[…] “alma” proviene del latín anima, que significa “lo que anima o vivifica”. Según su sentido
nominal, “alma” significa, pues, “principio primero y más radical de la animación o de la vida
de cada viviente”. En consecuencia, por “alma humana” se entiende “el principio primero y
radical de la vida del hombre, de cada hombre” (García, 2007: 19).

La Iglesia entiende por alma al ser espiritual, libre e inmortal, que es causante y sopor-
te de las acciones superiores del hombre: la inteligencia y la voluntad libre, el conocer y
el amar, el sentir y el elegir. Y la considera como diferente del cuerpo, que es el agente
material de las actividades fisiológicas; en esta razón, San Agustín se apoya en Platón y
Plotino para señalar: “encerrada en el cuerpo como en una cárcel, obra por reminiscen-

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cia de las ideas de bien, amor o justicia, de la belleza, que tiene dentro de sí el hombre
encerrado en el cuerpo y que se identifica con el alma”.
Por otro lado, la Iglesia católica propone tres cualidades decisivas que definen al alma:
ser espiritual, ser libre y ser inmortal. Es una criatura divina, en la que el ser humano es
cuerpo-alma.
Resulta interesante que, al buscar información sobre el tema, generalmente aparece
la Biblia como documento que supuestamente contiene explicaciones para entender el
significado de alma, pero en las iglesias que usan los textos como parte de su doctrina,
manejan la idea de que alma y espíritu son uno y parte del otro. Así, en Hebreos 4:12 se
comenta: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de
dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y dis-
cierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Biblia Online, s.f.).
Dado que la guía es la interpretación de los expertos, y se refieren a que Dios puede
separar el cuerpo de alma y espíritu e igualmente separar alma de espíritu, ante la muer-
te se presenta este suceso y podemos comentar que Dios será el responsable del deceso
de los seres vivos y, en el mismo orden de ideas, hay que considerar que, en este sen-
tido, no importa la bondad o maldad humana ante la vida, si al final quien decide es la
divinidad, si se muere sufriendo o sin dolor; ésta es la mayor injusticia divina, pues un
individuo bondadoso debería tener una muerte suave y tranquila y un sujeto nada bon-
dadoso debería morir en sentido inverso. Pero en virtud de que eso no tiene lugar, se-
guimos con los misterios propios de la vida y la muerte, y en este sentido continuamos
en busca de explicaciones, pues la muerte está más cerca de la naturaleza humana de
lo que creemos, pues morir es sumamente sencillo. El miedo a ello, a nuestra ausencia,
suele convertirse en el “pretexto” para vivir y buscamos la inmortalidad del humano ante
un futuro incierto.

Muerte, chaman, chamanismo

En el chamanismo, practicado por Francisco Plata Silva, se considera el concepto holís-


tico del ser humano: cuerpo-mente-espíritu, y ante la muerte se consideran las propues-
tas de la cosmovisión propuestas de la siguiente manera.
El cuerpo es el caro data vermibus, es decir, carne dada a los gusanos, por lo que es
considerada como una forma de ofrenda a la tierra, encargada de la destrucción del ca-
dáver; no acepta la incineración de los restos humanos.
Mientras que el alma desciende los nueve pisos del inframundo, lugar en el que los de-
monios le devoran los pecados, las memorias de lo que fue la persona, para que de esta

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

manera trascienda al Mundo de los Muertos y después de un tiempo se presenta el rena-


cer. Entre los nahuas se abren las puertas del Mictlán. Resulta interesante que en el cha-
manismo propuesto por Francisco Plata Silva se hace referencia al origen del alma como
el momento de la gestación de un nuevo ser humano: los padres transfieren al hijo parte
de su aura o Huevo Luminoso y con ello le están otorgando la energía que constituye el
alma del nuevo ser. Por ello se observa, en los Huevos Luminosos de los padres, “orifi-
cios” de la energía que donaron al nuevo hijo; estos “orificios” se cierran por sí mismos,
de acuerdo con la energía de los progenitores.
Así, Francisco Plata Silva conceptúa al alma como “lo que nos hace ser lo que so-
mos”; es decir, todas las vivencias humanas, las experiencias, la vida toda, es “guardada”
en el alma y ante la muerte del ser humano; se separan cuerpo, mente y espíritu, cons-
tituyendo un drama.
Cuando el humano está muriendo, el alma abre el Huevo Luminoso que va a tener
dos destinos:

1) La más común es fundirse con la energía de la tierra. Cuando el Huevo Lumino-


so se está abriendo, el muriente lo percibe como un túnel y debe de trascender-
lo para que su alma se funda en esa energía terrestre y desaparece todo vestigio
de lo que fue ese ser humano.
2) La más complicada es convertirse en un ser inorgánico y ello se logra mantenien-
do la conciencia durante el trance de morir de lo que fue la persona, y en esos
pensamientos se dirige al norte, al poniente o al sur, en donde permanecen otras
almas ya convertidas en inorgánicos.

Por otro lado, el espíritu es la parte divina del Ser del universo o de la naturaleza que
nos toca a cada humano, y que ante la muerte se reintegra al universo para ser devora-
do por el pico curvado del cielo o wakinya, como una motita de colores que flota en el
espacio. La muerte, según Francisco Plata Silva, es una “sensación placentera indescrip-
tible: regresar al Creador”.

Rituales de la muerte

El sobreviviente de la muerte se enfrenta con sus propios dilemas ante la ausencia de un


ser querido, y lo hace a través del duelo. Éste, en sí, es un proceso que se expresa por
diferentes emociones: ira, negociación, negación, depresión y aceptación, fases que apa-
recen ante la noticia de la pérdida, y no siguen un orden preciso. De estas emociones se

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sugiere que nacen los rituales encaminados “al descanso eterno del difunto”. Al respec-
to, comenta Delci Torres:

No resulta nada fácil aceptar la muerte en vista de que en la sociedad occidental hay gran ape-
go a una cultura de la vida, que se destruye con la existencia de este fenómeno. Y para tratar
de comprender este misterioso hecho, se elaboran complejos sistemas simbólicos que no son
otros que los rituales funerarios (Torres, 2006: 107).

El humano es un individuo dado a ritualizar los hechos de la vida cotidiana, de for-


ma que podemos comentar dos ritos de muerte: sacros y profanos. Los primeros son en-
caminados a la divinación de un ser superior, en tanto que los profanos son realizados
como rutinas en el quehacer habitual, de modo que la elaboración de los rituales obede-
ce a diferentes cuestiones y situaciones relacionadas con la vida que se hubo experimen-
tado con el difunto. Al respecto, continúa Torres:

[…] y a las actividades funerarias que de ella se derivan, tales como velorios, rezos, entierros,
cremaciones, momificaciones, edificación de monumentos y sacrificios humanos entre otros,
y sea cual sea la opción funeraria que se practique, están caracterizados por un elaborado có-
digo simbólico, sobre la base del cual se construye la realidad social […] (Torres, 2006: 107).

Podemos agregar a las prácticas señaladas las ofrendas de flores, alimentos y bebidas,
con las que se conmemora el Día de Muertos, incluso se colocan fotografías de los difun-
tos de la familia. Toda esta simbología presente en los ritos mortuorios aparentemente
conduce a expresar alguna influencia en el mundo de las entidades anímicas, el Mun-
do de los Muertos o, incluso, en el cielo e infierno de la cultura a que se refiera, y ello
está determinado por las prácticas religiosas, así como por la cosmovisión que se tenga.
Pero, de acuerdo con lo anotado en párrafos previos, queda claro que en las opcio-
nes señaladas, el cuerpo no regresará, en tanto el alma tiene la posibilidad de descender
los pisos del inframundo y trascender al Mundo de los Muertos o fundirse en la energía
de la tierra, sin posibilidad de sobrevivencia; por ende, podemos comentar que la ofren-
da, en realidad, se dirige para que las entidades anímicas propias de la naturaleza no in-
tervengan en los asuntos de nuestra vida personal y cotidiana; esta realidad la ignoramos,
dada la confusión establecida por los primeros sacerdotes llegados después de la caída
de Mexico-Tenochtitlan. Por esta razón, pensamos que los muertos no regresan y los ri-
tuales se hacen como una ofrenda a la memoria de nuestros difuntos y para que nos sin-
tamos tranquilos al hacer “algo” por el mundo espiritual.

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

La historia de los rituales y ofrendas es totalmente diferente para las culturas occiden-
tales y orientales. En el caso de Occidente, la muerte está llena de dolor y religiosidad,
los ritos van dirigidos a reafirmar la presencia del sobreviviente sobre la superficie de
la tierra, rituales que se celebran para “tranquilizar” al alma del familiar o amigo, pero
en sí carecen de funcionalidad para el difunto. Hay diferencias en los ritos de los gru-
pos indígenas y los no indígenas: entre los primeros se considera un mundo natural y
otro sobrenatural (cosmovisión), en donde habitarán eternamente sus muertos y enta-
blarán contacto con ellos a través de los ritos y las ofrendas, principalmente en el Día
de Muertos.
Barrientos López (2004) se refiere a los otomíes, quienes

[…] establecen una relación de reciprocidad con las divinidades a las que alimentan a través de
ofrendas de fruta, flores, pan, danza, música y “esfuerzo”, es decir, energía, fuerza […] La pe-
regrinación es la ofrenda en reciprocidad al vigor y al sustento que de ellos reciben […] (Ba-
rrientos, 2004: 20).

Estos pueblos esperan —de acuerdo con su credo religioso— la resurrección, como
promesa hecha por los sacerdotes de las religiones de pertenencia, pero como no dejan
de lado sus costumbres antiguas, algunos mitos y ritos perviven en el seno de su cotidia-
neidad y se expresan en este curioso sincretismo, que nos lleva a considerar que para ta-
les grupos humanos existe una vida después de la muerte.
Los grupos que hemos denominado como no indígenas, son aquellos que habitan
en las ciudades y cuya ascendencia esta denominada por contar con antecedentes euro-
peos, africanos, asiáticos, o algún otro, y no dominan algún idioma indígena, de origen.
En estos grupos humanos, los mitos y los ritos están denominados por la iglesia de per-
tenencia y su creencia se sustenta en el cielo-infierno, premio-pecado, la utilidad de los
ritos de su iglesia encaminados a lograr la permanencia del alma de un difunto en un
cielo fantástico.
En tanto que, para los orientales, la muerte tiene una connotación totalmente diferen-
te, como comenta Torres López:

[…] se ha otorgado al fenómeno de la muerte como símbolo del transplante del alma del di-
funto a otra vida […] la historia de los rituales funerarios es tan añeja como la propia aparición
del hombre sobre la tierra. En el caso de las sociedades orientales, la muerte no es algo nega-
tivo; constituye el paso hacia la regeneración y reafirmación de valores ancestrales, tal como lo
reflejan los rituales más antiguos [...] se espera un renacer, de acuerdo a la resolución del kar-

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ma, considerando la Rueda de la Vida o Samsara, entre estas culturas es importante conside-
rar la re-encarnación (Torres, 2006: 118).

Entre los ciudadanos de Oriente es común considerar la posibilidad de la reencarna-


ción, de acuerdo como se vaya solucionando el karma personal. Y tienen un desarrollo,
considerado como espiritual, en tanto que en Occidente estamos sustentados en el desa-
rrollo material. De acuerdo con Espinosa Rubio (2010):

[… La occidental] es “analítica, selectiva, diferencial, inductiva, individualista, objetiva, cientí-


fica, generalizadora, conceptual, esquemática, impersonal, legalista, organizadora, impositiva,
auto-afirmativa”, mientras que la oriental es “sintética, totalizadora, integradora, no selectiva,
deductiva, no sistemática, dogmática, intuitiva (más bien, afectiva), no discursiva, subjetiva, es-
piritualmente individualista y socialmente dirigida al grupo, etc.” […] (Espinosa, 2010: 103).

Con tales conceptos es fácil entender por qué la muerte posee significados diferentes,
sustentados en la cultura, lo que determina el quehacer de los humanos ante el deceso,
y de manera semejante sugiere cómo afrontar mi propio fallecimiento.

Conclusiones

A los humanos lo único que nos allana es que todos vamos a morir; la forma y el desti-
no post-mortem es lo que hace una diferencia, generando el drama del alma humana, el
cual ha sido señalado para las diferentes culturas y, depende de la cosmovisión, el desti-
no de la entidad anímica que se separa con la muerte.
Debemos aclarar ante la muerte: el alma sabe y conoce su destino. Ese fin es la per-
cepción de una luz intensa, que semeja un túnel y en él se “pierde o se funde” dicho
aliento. Suceda lo que suceda, ése será su final. Al mismo tiempo, se debe entender que
no son lo mismo alma y espíritu, pues cada uno de estos elementos tiene su propio sino.
El espíritu del humano cumple su destino al reintegrarse a ese Ser universal, que lo creo.
Si entendemos y comprendemos tales ideas, surge la pregunta: ¿cuál es la función que
cumplen los ritos y rituales ante la muerte? Es claro que se enfocan para tranquilizar a los
vivos, pero hagamos lo que hagamos, no tenemos posibilidad de influir en el mundo de
las entidades anímicas. En ese drama del alma humana, se trascienden los valores bue-
no-malo que funcionan en los vivos, más no en el alma o el espíritu de los muertos. En
esta concepción no hay castigo alguno, simplemente, de modo independiente a las con-
ductas de los humanos, su destino siempre será el mismo: el alma se integrará a la ener-

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Los rituales de muertos y el drama del alma humana

gía terrestre, mientras que el espíritu será devorado por el Pico Curvado del Cielo, todo
ello desde la perspectiva del chamanismo de Francisco Plata Silva.
Existen otras posibilidades para el alma humana que son extraordinarias y sólo se
llegan a cumplir en las siguientes situaciones:

1) Al momento de la muerte, se debe tener la conciencia de que se está muriendo


y mantener esa conciencia, con la finalidad de convertirse en una entidad aními-
ca o en un ser inorgánico.
2) Algunas almas, después de la muerte, por circunstancias desconocidas, no se inte-
gran a la energía terrestre, sino que vagan en las cercanías del lugar con mayores
apegos e, igualmente, el dolor de la familia cuando le construyen altares domés-
ticos; le colocan fotos, imágenes religiosas, flores, velas y le rezan, la sombra del
difunto permanece cerca; podemos decir, que como carece de conciencia y vo-
luntad, los apegos lo mantendrán cerca de sus familiares, cuyo dolor no encuen-
tra solución.
3) Otras almas, al momento de morir, se encuentran con una entidad anímica (es-
píritu chocarrero), y se unen, para dar origen a un “fantasma”; entonces, los hu-
manos sufrirán las consecuencias.

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36 • VITA BREVIS. REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS DE LA MUERTE

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