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Guzman JM

La tesis de Miguel Ángel Guzmán Juárez explora los símbolos del Formativo en los Andes Centrales entre 3500 y 1600 a.C., enfocándose en la arquitectura, rituales y astronomía. A través de un análisis detallado, se examinan las interacciones entre estos elementos y su impacto en la organización social y cultural de la época. La investigación fue sustentada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se recomendó otorgar el grado de Doctor en Ciencias Sociales en Antropología.
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Guzman JM

La tesis de Miguel Ángel Guzmán Juárez explora los símbolos del Formativo en los Andes Centrales entre 3500 y 1600 a.C., enfocándose en la arquitectura, rituales y astronomía. A través de un análisis detallado, se examinan las interacciones entre estos elementos y su impacto en la organización social y cultural de la época. La investigación fue sustentada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se recomendó otorgar el grado de Doctor en Ciencias Sociales en Antropología.
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Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Universidad del Perú. Decana de América

Dirección General de Estudios de Posgrado


Facultad de Ciencias Sociales
Unidad de Posgrado

Los símbolos del Formativo en los Andes Centrales


(3500-1600 a.C.). Arquitectura, rituales y astronomía

TESIS
Para optar el Grado Académico de Doctor en Ciencias Sociales en
la Especialidad de Antropología

AUTOR
Miguel Ángel GUZMÁN JUÁREZ

ASESOR
Dr. Jürgen GOLTE RHODE

Lima, Perú
2021
Reconocimiento - No Comercial - Compartir Igual - Sin restricciones adicionales

https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
Usted puede distribuir, remezclar, retocar, y crear a partir del documento original de modo no
comercial, siempre y cuando se dé crédito al autor del documento y se licencien las nuevas
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tecnológicas que restrinjan legalmente a otros a hacer cualquier cosa que permita esta licencia.
Referencia bibliográfica

Guzmán, M. (2021). Los símbolos del Formativo en los Andes Centrales (3500-1600
a.C.). Arquitectura, rituales y astronomía. [Tesis de doctorado, Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Posgrado].
Repositorio institucional Cybertesis UNMSM.
Hoja de metadatos complementarios

Código ORCID del autor https://orcid.org/0000-0003-1596-7516

DNI o pasaporte del autor 07902158

Código ORCID del asesor https://orcid.org/0000-0002-6935-9041

DNI o pasaporte del asesor C.Extr. DE / 000623850

Grupo de investigación Instituto Arqueo Arquitectura Andina

Perú
Universidad Ricardo Palma URP
Agencia financiadora
Proyectos de Investigación VRI
ACU N° 1356-2016 / ACU N° 0955-2017

Perú, Departamento Lima, Provincia Lima,


Distrito Santiago de Surco, Calle Av. Las
Gaviotas
Ubicación geográfica donde se
desarrolló la investigación
Coordenadas geográficas:
https://www.google.com/maps/@-
12.1630706,-76.9917633,15.5z

Año o rango de años en que


2012-2019
se realizó la investigación

Antropología
http://purl.org/pe-repo/ocde/ford#5.04.03
Arqueología
Disciplinas OCDE http://purl.org/pe-repo/ocde/ford#6.01.02
Arquitectura y urbanismo
http://purl.org/pe-repo/ocde/ford#6.04.08
Firmado digitalmente por SILVA
SIFUENTES Jorge Elias Tercero FAU
20148092282 soft
Motivo: Soy el autor del documento
Fecha: 20.02.2021 10:40:41 -05:00

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES


UNIDAD DE POSGRADO

ACTA DE SUSTENTACIÓN

En Lima, a los doce días del mes de febrero del año dos mil veintiuno, mediante sustentación virtual
a cargo de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
Nacional Mayor San Marcos, a horas 10: 30 am, bajo la presidencia del Dr. Jorge Elías
Tercero Silva Sifuentes y con la concurrencia de los demás miembros del Jurado de Tesis, se
inició la ceremonia invitando al graduando GUZMÁN JUÁREZ, MIGUEL ÁNGEL para
que exponga la Tesis para optar el Grado Académico de Doctor en Ciencias Sociales en la
Especialidad de Antropología, titulada:

«LOS SÍMBOLOS DEL FORMATIVO EN LOS ANDES CENTRALES (3500 -


1600 a.C.) ARQUITECTURA, RITUALES Y ASTRONOMÍA»

A continuación, fue sometido a las objeciones por parte del Jurado. Al terminar esta prueba
y verificada la votación; se consignó la calificación correspondiente a:

B MUY BUENA – 18 –

Por tanto, el Jurado, de acuerdo al Reglamento de Grados y Títulos, acordó recomendar a la


Facultad de Ciencias Sociales para que proponga que la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos otorgue el Grado Académico de Doctor en Ciencias Sociales en la Especialidad de
Antropología, al Magíster GUZMÁN JUÁREZ, MIGUEL ÁNGEL. Siendo las 12:27 pm
y para constancia se dispuso se extendiera la presente Acta:

Dr. Jorge Elías Tercero Silva Sifuentes


PRESIDENTE

Dra. Luisa Esther Díaz Arriola


MIEMBRO

Dr. Rafael Vega-Centeno Sara Lafosse


MIEMBRO

Dr. Jürgen Golte


ASESOR

Dr. JORGE ELÍAS TERCERO SILVA SIFUENTES


Director

PABELLÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI – CIUDAD UNIVERSITARIA


Teléfono: 6197000 Anexo 4003. Lima – Perú.
Correo: [email protected], [email protected]
Web: http://sociales.unmsm.edu.pe/
I
II

Dedicatoria y agradecimientos

A aquellas caricias de Illary llenas de ternura…


a aquellos gestos comprensivos de Yaku…
y a aquella sonrisa y paciencia a prueba de mucho de Milagros…

pero, además, a la arquitectura andina…la del espacio la del tiempo y sus


personas…

Agradecimientos: a todos con quienes compartí la estancia en aquellos lugares


especiales y juntos mostramos algo tan fuerte y extraño como la fe. A mis amigos
arquitectos, arqueólogos y antropólogos de los cuales sigo aprendiendo con asombro.
Al respaldo académico de la Universidad Ricardo Palma y a los maestros docentes
del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
con quienes compartí diferentes inquietudes, sobre todo a Jürgen Golte por su
asesoría.
III

Tan esenciales como la subsistencia son los modelos de


organización del espacio y del tiempo, los arquetipos o
patrones donde se recrean formas de pensamiento, estructuras
mentales y lógicas de comunicación, sensaciones desde lo
numinoso hasta lo simbólico. La arquitectura como memoria,
conocimiento y regeneración: espacios rituales del tiempo
sagrado.

Magj

El acto de renovación (…) es la característica más notable de


la vida ceremonial temprana del Perú. Es de suponer que la
renovación del templo es el primer móvil para el desarrollo
sociocultural, que promovió el proceso dinámico durante el
precerámico tardío y el Formativo.

Yoshio Onuki (1994, p. 83)


IV

ÍNDICE GENERAL

ÍNDICE GENERAL .............................................................................................. IV


LISTA DE CUADROS .......................................................................................... VI
LISTA DE FIGURAS ........................................................................................... VII
RESUMEN ........................................................................................................ XVII
ABSTRACT ....................................................................................................... XVIII
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN ........................................................................... 1
1.1 Situación problemática ................................................................................... 2

1.2 Formulación del problema .............................................................................. 4

1.3 Justificación de la investigación ...................................................................... 5

1.4 Objetivos ........................................................................................................ 6

1.4.1 Objetivo general ....................................................................................... 6

1.4.2 Objetivos específicos................................................................................ 6

1.5 Hipótesis ........................................................................................................ 7

1.5.1 Hipótesis general ...................................................................................... 7

1.5.2 Hipótesis específicas ................................................................................ 7

CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO......................................................................... 9


2.1 Marco filosófico o epistemológico de la investigación .................................... 9

2.2 Antecedentes del problema ............................................................................22

2.3 Bases teóricas ................................................................................................28

CAPÍTULO 3. METODOLOGÍA ...........................................................................33


3.1 Tipo y diseño de investigación .......................................................................33

3.2 Unidad, población, tamaño y selección de estudio .........................................33

3.3 Técnicas de recolección de datos ...................................................................34


V

3.4 Análisis e interpretación de la información ....................................................35

CAPÍTULO 4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN .....................................................37


4.1 Análisis, interpretación y discusión de los resultados .....................................37

4.1.1 Arquitectura, rituales y astronomía ..........................................................37

4.1.1.1 arquitectura y construcción del paisaje ..............................................38

4.1.1.2 la organización del espacio como ritual .............................................39

1. los rituales.............................................................................................41

2. de la configuración del espacio al espacio reconfigurado .......................44

3. de los símbolos como recreación arquitectónica ....................................51

4.1.1.3 la subsistencia y la astronomía como ejes de la arquitectura ..............55

1. el esquema del tiempo y el tiempo reorganizado....................................56

2. los calendarios y la astronomía cultural .................................................61

4.1.2 Los casos de estudio ................................................................................73

4.1.2.1 Sechín Bajo ......................................................................................75

4.1.2.2 Las Haldas ........................................................................................90

4.1.2.3 Caral ............................................................................................... 109

4.1.2.4 Áspero ............................................................................................ 125

4.1.2.5 Bandurria........................................................................................ 138

4.1.2.6 Shicras ............................................................................................ 148

4.1.3 Discusión .............................................................................................. 161

4.2 Pruebas de hipótesis..................................................................................... 178

4.3 Presentación de resultados ...........................................................................186

CONCLUSIONES ................................................................................................ 189


RECOMENDACIONES ....................................................................................... 196
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS...................................................................197
ANEXOS.............................................................................................................. 221
Anexo 1: Glosario ............................................................................................. 221
VI

LISTA DE CUADROS

Tabla 1 Cronología y extensión de los Sitios ...........................................................71


Tabla 2 Ubicación de los Sitios Arqueológicos ........................................................71
Tabla 3 Dimensionamiento de edificios ...................................................................72
VII

LISTA DE FIGURAS

Figura 1. Matriz de dimensiones de análisis desde la arquitectura. ..........................10


Figura 2. Matriz de niveles de reflexión teórica. .....................................................10
Figura 3. Esquema del enfoque trialéctico desde la arquitectura..............................36
Figura 4. Dimensiones de la arquitectura desde el enfoque trialéctico. ....................36
Figura 5. Pautas en la construcción de la organización espacial por medio de un
sistema de cuerdas. Dichas pautas se asocian a conceptos del pensamiento andino. .48
Figura 6. Estructuras espaciales básicas. sistemas de organización..........................48
Figura 7. Diagrama simplificado de los principales eventos astronómicos observados
en los Andes Centrales. ...........................................................................................70
Figura 8. Vista desplegada del panorama horizontal con indicación azimutal de los
puntos extremos de los principales astros observados en los Andes Centrales..........70
Figura 9. Localización de los Andes Norcentrales. .................................................73
Figura 10. Ubicación de los seis complejos arquitectónicos ceremoniales estudiados
sobre los “Andes Norcentrales”. ..............................................................................74
Figura 11. Complejo Sechín (valle medio del río): Sechín Bajo, Sechín alto y Cerro
Sechín. ....................................................................................................................80
Figura 12. Foto Complejo Sechín (valle medio del río). Vista general al norte desde
Cerro Sechín. ..........................................................................................................80
Figura 13. Foto del sitio Sechín Bajo. Vista al noreste, con la presencia de cerro
Taukachi. ................................................................................................................81
Figura 14. Planta edificio Sechín Bajo, con indicación del lugar donde se ubican los
edificios circulares. .................................................................................................81
Figura 15. Aerofoto Sechín Bajo con indicación de eje (23°) con respecto al este-
oeste. ......................................................................................................................82
Figura 16. Sechín Bajo. Plano donde se registra la ubicación del 1er periodo con
edificios circulares. .................................................................................................82
Figura 17. Sechín Bajo: Primer edificio. Isometría mostrando la secuencia de
edificios circulares. .................................................................................................83
Figura 18. Sechín Bajo. Fotografía luego de las excavaciones del 1er edificio,
mostrando la secuencia temporal de edificios circulares. .........................................83
Figura 19. Sechín Bajo (valle Sechín). Eje principal de los edificios 2 y 3, con
azimut de 67°: eje del amanecer del solsticio de invierno. .......................................84
VIII

Figura 20. Sechín Bajo (Sechín). Visión panorámica a 360°. Se señalan los ejes
solsticiales, equinocciales y lunares. Además de la sección con azimut 67°30’. .......84
Figura 21. Sechín Bajo (Sechín). Detalle eje equinoccial con Sechín Alto, y ejes de
triangulación solsticial (dirección al litoral) y con Cerro Sechín. .............................85
Figura 22. Sechín Bajo (Sechín). Detalle eje solsticial pasando sobre la cresta de
cerro Taukachi, coincidiendo con eje a larga distancia. ...........................................85
Figura 23. Sechín Bajo (Sechín). Sistema de ejes radiales: solsticial (declinación
23°) y lunar (azimut 118.5°). ...................................................................................86
Figura 24. Sechín Bajo (Sechín). Detalle de eje lunar (declinación -28.5°)..............86
Figura 25. Sechín Bajo (Sechín). Sistema de ejes radiales: solsticial, equinoccial,
lunar y cenital. ........................................................................................................87
Figura 26. Sechín Bajo (Sechín). Perfil con eje cenital (latitud 9°27’), entre cerros
Huaninga y Mirador. ...............................................................................................87
Figura 27. Sechín Bajo (Sechín). Simulación de la salida del sol en el equinoccio de
primavera, hacia el año 3500 a.C.............................................................................88
Figura 28. Sechín Bajo (Sechín). Simulación de la salida del sol en el solsticio de
invierno, hacia el año 1800 a.C. ..............................................................................88
Figura 29. Interpretación espacial de los dos principales ejes: equinoccial este-oeste
para el edificio circular y solsticial noreste-suroeste para el edificio tardío, con
respecto al panorama referente. ...............................................................................89
Figura 30. Sechín Bajo. Detalle de muros de piedra escalonados en el 2do edificio.
Vista al noroeste. ....................................................................................................89
Figura 31. Mapa de localización de Las Haldas. Como referencia, al sur se ubica
playa La Gramita. Cuadro de los cerros destacados sobre una visión panorámica ....94
Figura 32. Complejo Las Haldas. Vista hacia el noreste desde la plataforma superior.
Se aprecia la organización longitudinal de los edificios. ..........................................94
Figura 33. Aerofotografía del sitio Las Haldas, con indicación del eje longitudinal
predominante (azimut: 27°-28°), indicando dos ejes transversales con declinaciones
de -23° y -28°. Los números del 1 al 8 corresponden a la numeración de edificios
asignada por Grieder (1975, fig. 1). .........................................................................95
Figura 34. Vista oblicua del conjunto Las Haldas. Vista al norte desde plataforma
superior con el fondo de Cerro Mongón. .................................................................95
IX

Figura 35. Plano general del complejo Las Haldas, levantado por Grieder, con
indicación de numeración de edificios (1-8) a partir de la plataforma superior. (El
plano está dibujado con un azimut de 20°). .............................................................96
Figura 36. Secciones del complejo Las Haldas, elaborado por Grieder. ..................96
Figura 37. Plano general Las Haldas, elaborado por los Pozorski, con indicación del
número de edificios del eje longitudinal (según la numeración de Grieder, 1975). (El
plano está dibujado con un azimut de 22°). .............................................................97
Figura 38. Vista isométrica del complejo Las Haldas, propuesta por Carlos Williams.
Vista al suroeste. .....................................................................................................97
Figura 39. Las Haldas. Análisis del eje perpendicular al eje principal, desde el
recinto de la plataforma superior, coincidiendo con atardecer de solsticio de invierno.
Se indican los dos edificios circulares. ....................................................................98
Figura 40. Las Haldas. Vista al noroeste desde el muro perimétrico del recinto de
plataforma superior (1), un mes después del solsticio de junio. ................................98
Figura 41. Las Haldas. Edificio circular mayor (edificio 6). Vista al suroeste con
plataformas superiores (edificios 1-5). ....................................................................99
Figura 42. Las Haldas. Plataforma edificio 4 (asociada a edificio circular) y
plataformas superiores. Vista al suroeste. ................................................................99
Figura 43. Las Haldas. Detalle de muros interiores escalonados concéntricos del
edificio circular mayor (edificio 6). .......................................................................100
Figura 44. Las Haldas. Isometría del edificio circular mayor (edificio 6), donde se
aprecia el diseño concéntrico y la forma trapezoidal de las escaleras. .................... 100
Figura 45. Las Haldas. Edificio circular menor. Vista al noreste. .......................... 101
Figura 46. Las Haldas. Edificio de plataformas frente a edificio circular menor. Vista
opuesta a la anterior (hacia la playa, suroeste) ....................................................... 101
Figura 47. Mapa de localización donde se determina la relación entre Las Haldas y
Chankillo a partir del eje azimutal de 23°. Se observa además la relación con el
complejo Sechín....................................................................................................102
Figura 48. Aerofoto donde se señalan tres ejes desde Las Haldas: a cerro Mongón,
hacia Chankillo, y con 23° de declinación (solsticio de invierno) hacia cerro
Huaninga. ............................................................................................................. 102
Figura 49. Aerofoto desde las Haldas con la determinación de los principales ejes
visuales, sobre todo los azimutales de 23° (eje a Chankillo), 27° (eje Las Haldas) y
28.5° (eje al cerro central), además del solsticial a cerro Huaninga. ....................... 103
X

Figura 50. Complejo Las Haldas. Vista del eje longitudinal (al noreste) señalando
cerro central (según mapa anterior), con azimut 27°. ............................................. 103
Figura 51. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala el eje
longitudinal con azimut de 23° donde aparece el pequeño cerro central entre las
prolongaciones de cerro Mongón y cerro Las Lomas. ............................................ 104
Figura 52. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los ejes en el
solsticio de invierno: amanecer hacia las cumbres de la sierra (cerro “Huaninga”) y
atardecer sobre litoral marino. ............................................................................... 104
Figura 53. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los ejes de los
eventos astronómicos solares y lunares. ................................................................ 105
Figura 54. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los solsticios:
amanecer de diciembre (sureste, cerro “cinco crestas”) y atardecer de junio
(noroeste), coincidiendo con los ejes de muros transversales del complejo
arquitectónico principal......................................................................................... 105
Figura 55. Aerofoto con visión de ejes radiales desde Las Haldas, señalando el eje a
Chankillo y los dos ejes solsticiales hacia la sierra. ............................................... 106
Figura 56.Ampliación aerofoto del cerro “cinco crestas”, en el eje del amanecer del
solsticio de verano, desde el complejo Las Haldas. ................................................ 106
Figura 57. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el
año 1800 a.C., cerca del amanecer del solsticio de junio donde aparece un
alineamiento importante. ....................................................................................... 107
Figura 58. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el
año 1800 a.C., con el amanecer en días cerca del solsticio de junio donde aparece un
alineamiento importante. ....................................................................................... 107
Figura 59. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el
año 1800 a.C., con el amanecer en el solsticio de invierno en coincidencia con la luna
llena sobre el sol. ..................................................................................................108
Figura 60. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el
año 1800 a.C. Atardecer en el solsticio de invierno en coincidencia con alineamiento
especial. ................................................................................................................ 108
Figura 61. Aerofoto del asentamiento Caral (Supe) y su relación con el río Supe. .114
Figura 62. Esquema de organización con respecto a los principales ejes espaciales de
Caral. .................................................................................................................... 114
Figura 63. Caral. Edificio circular mayor. Vista al suroeste. .................................115
XI

Figura 64. Caral. Edificio mayor. Vista al noreste, desde el eje de escaleras. Detalle
de acceso al edificio circular y escaleras hacia plataformas superiores. .................. 115
Figura 65. Caral. Edificio circular del anfiteatro. Vista al sur. ............................... 116
Figura 66. Detalle del “Altar del fuego Sagrado” ubicado en el edificio del
Anfiteatro. Vista al suroeste. ................................................................................. 116
Figura 67. Caral. Edificio circular mayor. Planta y cortes, señalando eje solsticial.
............................................................................................................................. 117
Figura 68. Caral. Edificio del anfiteatro. Planta con ubicación del Altar del Fuego
Sagrado. ................................................................................................................ 117
Figura 69. Aerofotografía del sector norte de Caral, donde se aprecian los dos ejes de
alineamientos astronómicos y los edificios “mayor” y “central” asociados a edificios
circulares. ............................................................................................................. 118
Figura 70. Aerofotografía señalando la visión panorámica radial desde Caral y se
enfatiza el eje del amanecer del solsticio de verano (azimut, 113.5°
aproximadamente). ............................................................................................... 118
Figura 71. Aerofotografía señalando el criterio de circularidad en el manejo del
territorio, tomando como centro Caral. Se marca el eje solsticial y la coincidencia de
los cerros en la circunferencia de diámetro 5 kilómetros. .......................................119
Figura 72. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del
solsticio de verano, así como el eje a 45° sureste coincidiendo con la cumbre de un
cerro prominente. ..................................................................................................119
Figura 73. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del
atardecer en el solsticio de invierno, así como el eje a 45° sureste coincidiendo con la
cumbre de un cerro prominente. ............................................................................ 120
Figura 74. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del
atardecer en el equinoccio, y los ejes cenitales. ..................................................... 120
Figura 75. Imagen de simulación del movimiento astronómico desde Caral, hacia el
año 2850 a.C., mostrando un alineamiento importante sobre el eje solsticial, en días
posteriores al solsticio. .......................................................................................... 121
Figura 76. Imagen de simulación del movimiento astronómico desde Caral, hacia el
año 2850 a.C., en fecha aproximada al atardecer del equinoccio de marzo. Se
observan importantes estrellas. .............................................................................. 121
XII

Figura 77. Fotografía de la piedra “guanca”, ubicada hacia el sector este de Caral, al
frente del “edificio de la guanca”. Se aprecia la coincidencia con la cumbre de “Cerro
Mulato”, cuyo perfil parece repetirse en el de la piedra. ........................................122
Figura 78. Eje de relación entre la “guanca” y el eje del edificio del mismo nombre,
con un ángulo de 30° (azimut 210°) al oeste con respecto al sur (“Cerro Mulato”).
............................................................................................................................. 122
Figura 79. Sector este del área nuclear de Caral. De izquierda a derecha se aprecian
los edificios “menor”, “de la galería” y “de la guanca”. Se aprecia el cerro más
cercano en dirección sureste. ................................................................................. 123
Figura 80. “Edificio mayor” de Caral conformado por el “edificio circular” (EC) y el
“edificio de plataformas” (EP). Vista al noreste..................................................... 123
Figura 81. Sector oeste del área nuclear de Caral. En primer plano el “edificio
circular tinkuy mitu cancha”, y detrás a la izquierda el “edificio central”. Vista al
norte. .................................................................................................................... 124
Figura 82. Caral. Esquema de organización espacial radial. Criterio de circularidad
con relación al paisaje desde el espacio central (chaupi)........................................124
Figura 83. Áspero (valle de Supe). Aerofotografía con localización frente al litoral y
muy cerca de la localidad de Supe Puerto. ............................................................. 129
Figura 84. Aerofotografía con la ubicación del sitio arqueológico El Áspero. Margen
derecha valle de Supe............................................................................................ 129
Figura 85. Aerofotografía de la sección de los valles bajo y medio del río Supe. Se
observa la relación entre Caral y El Áspero. .......................................................... 130
Figura 86. Vista isométrica y fotomontaje 3D del centro ceremonial El Áspero. ... 130
Figura 87. Mapa esquemático del centro ceremonial El Áspero, señalando ejes de
edificios. ............................................................................................................... 131
Figura 88. Vista general del complejo ceremonial El Áspero sobre fondo del litoral.
............................................................................................................................. 131
Figura 89. Plano redibujado del centro ceremonial El Áspero, señalando ángulos de
alineamientos. .......................................................................................................132
Figura 90. Vista hacia el valle de Supe mostrando el panorama, desde sector alto de
El Áspero. ............................................................................................................. 132
Figura 91. Esquema de organización espacial de El Áspero. Se observan los siete
principales edificios alrededor de la "plaza" central, la que se relaciona hacia el este
con el valle (eje equinoccial). ................................................................................ 133
XIII

Figura 92. El Áspero. Vista al sur de los tres edificios principales del sector alto:
Huaca de los Ídolos, “Huaca Alta” y “Huaca de los Sacrificios”............................ 133
Figura 93. “Huaca de los Ídolos”, vista al suroeste. Sector alto del El Áspero. ......134
Figura 94. “Huaca Alta”, vista al sur. Sector alto de El Áspero. ............................ 134
Figura 95. Aerofotografía con vista de los perfiles panorámico desde Huaca Alta
(azimut, 235°), indicando las orientaciones equinoccial y solsticial. ...................... 135
Figura 96. Sección panorámica desde Huaca Alta, señalando su eje hacia el atardecer
(azimut 235°), y su posible visión hacia el solsticio. .............................................. 135
Figura 97. Isometría de “Huaca de los Ídolos” mostrando sus principales
componentes arquitectónicos................................................................................. 136
Figura 98. Isometría de “Huaca Alta” mostrando sus principales componentes
arquitectónicos. .....................................................................................................136
Figura 99. Representación virtual del movimiento de astros sobre El Áspero. Se
aprecia la zona extrema del Amaru que se alinea con el eje de Huaca Alta (azimut
235°), declinación suroeste -35°. Fecha aproximada, 2000 años a.C. ..................... 137
Figura 100. Representación virtual del movimiento de astros sobre El Áspero. Se
aprecia el amanecer en días posteriores al solsticio de junio, que se alinea con
Saturno y la Luna. Fecha aproximada, 2500 años a.C. ...........................................137
Figura 101. Aerofotografía de la ubicación de “Bandurria”. Se señalan los dos
sectores “residencial” y “ceremonial” y el contexto, junto a la accesibilidad desde la
carretera panamericana norte................................................................................. 141
Figura 102. Centro ceremonial Bandurria (valle de Huaura). Ampliación aerofoto
sector norte donde se aprecian las principales estructuras: “Edificio oeste” (1) y
“edificio este” (2). .................................................................................................141
Figura 103. Aerofoto sobre Bandurria indicando las proyecciones de máxima
visibilidad, donde se observan además los puntos de referencia. ............................ 142
Figura 104. Aerofoto con visión de gran escala sobre el contexto de Bandurria, desde
el “edificio oeste”. Se señalan ejes solares y sus alineamientos con puntos físicos de
referencia. ............................................................................................................. 142
Figura 105. Sección panorámica desde el “edificio oeste” (1) de Bandurria. La
aparición del sol en el solsticio de verano señalaría cerro “Los Cardos” y cerro
“Sanú” (azimut 204°) señala el eje transversal al solsticio de diciembre. ............... 143
Figura 106. “Edificio circular oeste” (1) de Bandurria. Se observa el detalle de las
escaleras norte-sur................................................................................................. 143
XIV

Figura 107. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria,


calculada para el 1800 a.C. Aparición del sol cerca del equinoccio de setiembre.
Resalta “Mercurio”. .............................................................................................. 144
Figura 108. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria,
calculada para el 1800 a.C. Ocultamiento del sol cerca del equinoccio de setiembre,
en coincidencia con la aparición del “Amaru” (“Cola de Escorpio”) y sus destacados
astros: “Antares” y “Shaula”. ................................................................................ 144
Figura 109. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria,
calculada para el 1800 a.C. Salida del sol en el solsticio de diciembre, en
coincidencia con la aparición de la luna llena. ....................................................... 145
Figura 110. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria,
calculada para el 1800 a.C. Salida del sol en el solsticio de diciembre, en
coincidencia con cierto alineamiento entre la “Luna”, “Júpiter” y el “Sol”. ...........145
Figura 111. Edificio de plataforma y edificio circular 1 del centro ceremonial
Bandurria. Vista al sur desde el eje de escaleras. ................................................... 146
Figura 112. “Edificio circular 2” o “plaza de los sacrificios”, ubicado frente a
plataforma intermedia. Vista al sur. A la izquierda “edificio de plataformas este” y a
la derecha “edificio de plataformas oeste”. ............................................................ 146
Figura 113. Ocultamiento del sol desde el edificio circular 1 (Bandurria). Vista al
oeste en el equinoccio de setiembre, donde se observa además al fondo, el edificio de
plataforma auxiliar (“estructura menor”). .............................................................. 147
Figura 114. Detalle del recinto superior (3era plataforma) hacia el "atrio" con
banquetas y el vestíbulo previo, en dirección al norte. ...........................................147
Figura 115. Shicras (Chancay). Ubicación del sitio en el valle medio del río
Chancay. Se señala el cuadro con los cerros referentes en visión panorámica. ....... 152
Figura 116. Shicras. Vista al sureste del complejo antes de iniciarse las
excavaciones. en primer plano el edificio norte donde se observa el "forado" en la
cima. Atrás el edificio sur, y como fondo el apu San Cristóbal. Hacia la izquierda, el
inicio de la quebrada de Orcón. ............................................................................. 152
Figura 117. Shicras, detalles arquitectónicos. Izquierda: vano en “recinto del forado"
(recinto inferior temprano). Derecha: "recinto del patio hundido" (plataforma
superior), tradición mito. ....................................................................................... 153
Figura 118. Shicras. Planta del edificio norte señalando los principales alineamientos
de sus muros. ........................................................................................................153
XV

Figura 119. Apunte de recomposición hipotética del “edificio norte” de Shicras,


valle de Chancay. ..................................................................................................154
Figura 120. Shicras (Chancay). Aerofotografía mostrando los puntos referentes más
altos. Se enfatiza el eje equinoccial señalando el amanecer hacia el “cerro
Tunshumarca”, que atraviesa el poblado Quipan. .................................................. 154
Figura 121. Shicras (Chancay). Detalle del emplazamiento y de la estructura espacial
en relación al sistema de referentes físicos donde se definen ejes astronómicos:
equinoccial y solsticial. ......................................................................................... 155
Figura 122. Shicras (Chancay). Detalle del eje espacial a 45° noroeste-sureste,
señalando el “apu” San Cristóbal y el cerro Pisquillo, a partir del complejo
ceremonial. ...........................................................................................................155
Figura 123. Shicras (Chancay). Sección circular del valle señalando los ejes hacia el
amanecer en los equinoccios (marcando el cerro Tunshumarca), y el atardecer (cerro
Grita Lobos). Además, se muestra el atardecer en el solsticio de verano (ladera de
cerro Macatón). .....................................................................................................156
Figura 124. Shicras (Chancay). Sección circular del valle, señalando los ejes hacia el
atardecer en el solsticio de verano (ladera de cerro Macatón), y el eje al apu San
Cristóbal a 45°. .....................................................................................................156
Figura 125. Shicras (Chancay). Detalle de representación virtual sobre el atardecer
solar (equinoccio primavera). Edad estimada: 2850 años a.C. Coincide con
avistamiento al “amaru” o “Cola de Escorpio” y sus estrellas relevantes: “Shaula” y
“Antares”, y el alineamiento entre Marte, Mercurio y Antares. .............................. 157
Figura 126. Shicras (Chancay). Recreación virtual del movimiento de astros hacia el
atardecer solsticial de verano. Edad: 2850 a.C. Coincide con una posición alineada de
la Luna, Venus y el Sol. ........................................................................................ 157
Figura 127. Shicras. Atardecer equinoccio de otoño sobre cerro Grita Lobos (apu
central). Adelante los pequeños cerros La Mina (apu sur) y cerro Hatillo (apu norte).
............................................................................................................................. 158
Figura 128. Shicras (Chancay). Vista al oeste desde plataforma superior. Atardecer
equinoccio de primavera. ...................................................................................... 158
Figura 129. Shicras (Chancay). Imagen del ocultamiento del sol en el solsticio de
verano. .................................................................................................................. 159
Figura 130. Shicras (Chancay). Imagen del ocultamiento del sol en el solsticio de
verano, desde el muro norte del edificio 2. ............................................................ 159
XVI

Figura 131. Shicras (Chancay). Ocultamiento del sol en el solsticio de verano, desde
la “guanca”, ubicada al norte del edificio 1, en límite con la falda del cerro...........160
Figura 132. Shicras. Correspondencia conceptual de los edificios norte y sur sobre la
dualidad y la paridad yanantin como reflejo (inversión del orden cuti) de los
referentes naturales. .............................................................................................. 160
Figura 133. La Galgada. Edificio norte, quebrada del río Chuquicara (Pallasca,
Ancash). La imagen se dirige hacia el noroeste. .................................................... 174
Figura 134. Edificio ceremonial de La Galgada. Detalle de eje espacial de acceso.
Imagen desde la plataforma superior hacia el oeste. La actual pista pasa por encima
del edificio circular, del que se aprecia su extremo oeste. ......................................174
Figura 135. Cerro Cóndor (Chuquicara, Santa). Edificio circular 1 ("A"). Vista al
oeste. .................................................................................................................... 175
Figura 136. Cerro Cóndor (Chuquicara, Santa). Edificio circular 2 ("B"). Vista al
este. ...................................................................................................................... 175
Figura 137. Pampa de los Perros (Chillón). Edificio circular y edificio de
plataformas. Vista al este. ..................................................................................... 176
Figura 138. Canto Grande (entre valles de Chillón y Rímac). Edificio circular
denominado por Lorenzo Roselló como "El Círculo". Registrado en 1976. ...........176
Figura 139. Vichama. Edificio principal: edificio circular y plataformas (Salón del
Sapo humanizado)................................................................................................. 177
Figura 140. Chavín. Edificio circular, vista al sureste por el eje de escaleras......... 177
Figura 141. Síntesis de la estructura temática disciplinar, para el análisis e
interpretación de la arquitectura. ...........................................................................188
Figura 142. Síntesis de los saberes desde la arquitectura. ......................................188
Figura 143. Síntesis de los símbolos de la arquitectura (organización espacial) del
Formativo. ............................................................................................................ 191
Figura 144. Estructura conceptual del esquema organizativo espacial de los edificios
para el “Formativo Inicial”. ................................................................................... 194
Figura 145. Bandurria (Huacho, Huaura). Ritual contemporáneo en el ocultamiento
del sol equinoccial. ............................................................................................... 194
Figura 146. Símbolo síntesis de la arquitectura del periodo Formativo Inicial. ......195
XVII

RESUMEN

Se trata de una investigación que parte desde la arquitectura y busca comprender las
lógicas de organización —espacial, temporal y social— a partir de las cuales se
construyeron estructuras que se expresaron en símbolos formales a través del diseño
de asentamientos y edificios en el contexto de los Andes norcentrales, para el periodo
denominado Formativo Inicial, que abarca aproximadamente entre los 3500-1600
años a.C., y que representarían una parte del sistema de pensamiento andino. Se trata
de una lectura antropológica de la arquitectura, que pretende mirar más allá de las
formas los usos intensos de los espacios. Espacios en contacto con la naturaleza por
una predisposición y una urgencia en comprender los ciclos vitales que propiciaron
la aparición de recursos para la subsistencia. Se plantea una relación solidaria
constante desde las tres dimensiones aludidas, que se correlacionan por la orientación
de los ejes de los edificios (arquitectura) hacia eventos astronómicos determinados
que pudieron organizar los calendarios (rituales) en correspondencia a un panorama
de referentes físicos que se constituyen en un paisaje simbólico sacralizado en
contacto con los astros (astronomía). Esos edificios ceremoniales serían la
manifestación consciente de conocimientos y de la memoria social, que se vivifica
constante y recurrentemente por medio de las celebraciones rituales. La arquitectura
como símbolo, donde predominan el edificio de plataformas (EP) y el edificio
circular (EC), en una tensión acotada por la oposición y la complementariedad.

Palabras clave: arquitectura, Formativo Inicial, Andes norcentrales, símbolos,


astronomía, rituales y paisaje sacralizado.
XVIII

ABSTRACT

This is an investigation that starts from the architecture and seeks to understand the
organizational logics —spatial, temporal and social— from which structures were
built that were expressed in formal symbols through the design of settlements and
buildings in the context of the north-central Andes, for the period called Initial
Formative, which covers approximately 3500-1600 years BC, and that would
represent a part of the Andean thinking system. It is an anthropological reading of
architecture, which aims to look beyond the forms for the intense uses of spaces.
Spaces in contact with nature for a predisposition and an urgency to understand the
life cycles that led to the emergence of resources for subsistence. A constant
solidarity relationship is proposed from the three dimensions mentioned, which are
correlated by the orientation of the axes of the buildings (architecture) towards
certain astronomical events that could organize the calendars (rituals) in
correspondence to a panorama of physical referents that constitute in a symbolic
landscape sacralized in contact with the stars (astronomy). These ceremonial
buildings would be the conscious manifestation of knowledge and social memory,
which is constantly and recurrently quickened through ritual celebrations.
Architecture as a symbol, where the platform building (EP) and the circular building
(EC) predominate, in a tension bounded by opposition and complementarity.

Keywords: Architecture, Initial Formative, North Central Andes, symbols,


astronomy, rituals and sacralized landscape.
1

CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN

La complejidad alcanzada por las sociedades asentadas en los Andes


Centrales hace aproximadamente 6,000 años —como producto del proceso de
Neolitización1—, cada vez más se verifica por medio de los estudios especializados
acerca de la arquitectura y sus diferentes escalas: el paisaje cultural, la construcción
de los establecimientos y el diseño de sus edificios. La investigación parte haciendo
énfasis en la disciplina arquitectónica, buscando interpretar las formas de
organización del espacio, basándose en los principios y los hallazgos de la
arqueología, pero al mismo tiempo tratando de entender, desde la antropología,
códigos simbólicos por el cual las sociedades han resguardado conocimientos
tecnológicos y sabiduría acerca del cosmos en la materialidad de sus objetos
culturales y en su constante regeneración: la arquitectura como sistema de
comunicación, como fenómeno cultural realmente cotidiano, dinámico, experimental
y perceptivo, donde lo más valioso es el contacto, la vivencia, la interacción, el ritual.
Se busca entenderla como fenómeno no sólo formal o tipológico, sino, desde su
concepción como construcción de una “memoria materializada” (Kaulicke, 2001, pp.
18-21), que implica pensar desde abajo, en las personas y los grupos desde su
agencia.

Se presentarán análisis y aproximaciones de interpretación de los sitios


arqueológicos Sechín Bajo (en el valle del río Sechín), Las Haldas (en el valle del río
Casma), Caral y Áspero (en el valle del río Supe), Bandurria (en el valle del río

1
La "neolitización” en los Andes Centrales corresponde al desarrollo alcanzado por las antiguas
sociedades durante los procesos de domesticación de plantas y animales, y de sedentarización,
expresada en la aparición de los primeros asentamientos, lo que ocurre aproximadamente entre los
7,000 y 3,500 años a.C.
2

Huaura) y Shicras (en el valle del río Chancay), ubicados en cuatro diferentes valles
(los valles Sechín y Casma pueden entenderse dentro de una unidad regional) y
cercanos al litoral, de tal manera que comparten ciertas características ambientales
del área de la costa norcentral. La problemática gira en torno a contribuir en resolver
vacíos referentes al conocimiento de la arquitectura como forma de expresión
simbólica con relación a la construcción de códigos de pensamiento sociales en tanto
organización del espacio y del tiempo. Aquí, la interrelación entre arquitectura,
rituales y astronomía. En los periodos iniciales se aprecia en la arquitectura un
manejo constante de recreaciones simbólicas arraigadas fuertemente al significado de
la subsistencia y la regeneración. Por lo tanto: una mirada de la arquitectura en clave
simbólica.

1.1 Situación problemática

La arquitectura, entendida como fenómeno complejo y no solo como objeto


material o edificio arquitectónico, se presenta como lógica de diferentes procesos
sociales de producción y de regeneración, haciendo referencia a sistemas que
responden a aquella condición humana de subsistencia, acotada en situaciones
concretas territoriales y temporales. El estudio de la organización espacial debe
ponderar las escalas diferenciadas: el territorio como extensión y envolvente, las
conformaciones de los asentamientos y la configuración de los edificios, de tal
manera que el manejo de cada uno de ellos está implícitamente referido con las
concepciones y los criterios del oficio arquitectónico, con sus conocimientos
especializados, que en el fondo apuntan a la construcción edilicia, a la obra2 en el
sentido de participación y la estructuración del paisaje simbólico social. En el
territorio andino ello se ha dado desde hace más de unos seis mil años atrás.
Entendiendo la arquitectura como resultado de dicha producción social, sería posible
percibir ciertas manifestaciones de sus formas de pensamiento, donde la arquitectura

2
“Arquitectura, pues, designa obras. Y obras son aquello que es producto de un obrar; y todo obrar
implica un obrador —un obrero—. Las obras de arquitectura no son objetos que estén ya allí, sino
que, para que estén, alguien tiene que hacerlas. Llegan a existir por el obrar —por obra— de alguien.”
(Vaisman, 2015, p. 19) Además, Criado-Boado refiriéndose al pensamiento de Heidegger señala que
“reflexionó sobre cómo el ser se refleja en el habitar y éste en el construir hasta el punto de que la
construcción y sus formas dan razón del ser y su pensar” (2018, pp. 30, cursiva agregada).
3

se convierte en representación de la cosmovisión y de sus estructuras simbólicas. Se


trata entonces de una interpretación mediada temporalmente por la
contemporaneidad actual, sin embargo, apuesta por reconocer ciertos elementos
constantes y recurrentes.

A partir de los trabajos pioneros en Kotosh (Huánuco) por la Misión


Japonesa, desde 1960, con la propuesta de la tradición arquitectónica mito, es que en
las recientes décadas se ha incrementado el interés primordial por el conocimiento y
entendimiento de la emergencia3 de dichas sociedades complejas. Las evidencias
señalan que ello se habría consolidado hacia el cuarto milenio a.C., aquella época
que se denominaba “arcaico tardío” y que ahora es reconocida como “Formativo
Inicial”4 (3500-1600 a.C.), donde especialmente, aparte de objetos culturales, la
arquitectura se revela realmente compleja. Sobre todo, la inexistencia de la cerámica
—como indicador para el ordenamiento cronológico de las “culturas”— genera una
mirada hacia transformaciones mayores, como los asentamientos, los edificios o el
territorio y su paisaje.

Desde la disciplina arquitectónica se pueden reconocer una serie de


especificidades propias de su lógica constructiva o vivencial, que involucra, desde la
experiencia del espacio hasta su reconocimiento de trazos implícitos en el diseño y
las técnicas constructivas que implica una especialización y diferenciación social, y
propugnar entonces dominios propios, como la definición de la concepción del
espacio5 o su reflexión, que lamentablemente en algunos casos se han soslayado o

3
Ver, por ejemplo, la publicación de Burger (1993b) sobre el surgimiento de la civilización. Un
compendio de artículos con propuestas donde se pondera el fenómeno Chavín a partir de las
complejas redes de intercambio, cultural y religioso, que lo antecedieron, haciendo posible la
consolidación de un proceso civilizatorio particular.
4
A partir de enero del año 2011, luego de haberse reunido una serie de especialistas en el Museo
Nacional —como Luis Lumbreras, Peter Kaulicke, John Rick, Ruth Shady, Yoshio Onuki, Ignacio
Alva, Peter Fuchs, entre otros— sustentados justamente en dicha lógica del concepto de formación de
la complejidad, se ha convenido en definir a dicho periodo temporal como “Formativo Inicial”, que
antes se denominaba “Arcaico Tardío” (3000-1600 a.C.) (Shady, en conversación personal, setiembre
2013), por lo que en adelante será nombrado así. Sin embargo, antes, en la publicación de Yasutake
Kato y Yuji Seki de 1998 ya se había propuesto una reformulación de la terminología cronológica
para el Formativo, dividida en cinco periodos: Inicial (2500-1800 a.C.), Temprano (1800-1200 a.C.),
Medio (1200-800 a.C.), Tardío (800-250 a.C.) y Final (250-50 a.C.) (Seki, 2014, p. 6). Habría que
añadir además la precisión en el rango temporal para este “Formativo Inicial”, señalada en el cuadro
cronológico de Peter Fux: con el lapso 3500-1700 a.C. (Fux, 2015b, p. 30), dentro de la reciente
publicación Chavín, y en donde los diferentes investigadores convienen con esa propuesta.
5
Resulta revelador la reflexión de Criado-Boado acerca de la pertinencia conceptual del espacio en sí,
cuando dice que “un medio para reenfocar el problema real sería buscar el concepto de espacio que
4

ignorado desde cierto “positivismo” arqueológico. Se insiste por ello en el


entendimiento del fenómeno arquitectónico como complejidad social, y correlacionar
las elaboraciones formales con los sistemas de pensamiento, a partir de una
antropología de la arquitectura. El objeto de estudio es la realidad material de la
arquitectura, que conlleva en sí procesos dinámicos de interacciones sociales y como
parte de su cosmovisión una simbolización resultante.

1.2 Formulación del problema

La interpretación de la organización espacial y sus modelos estructurales ha


sido escasa, resultando concepciones generales sobre aquellos establecimientos
construidos de acuerdo a cosmovisiones otras. Sería fundamental acercarse a
entender las estructuras ideológicas que coadyuvaron a la toma de decisiones y
concretar el proceso de producción con la ejecución de su fábrica, desde las
transformaciones del territorio y sus diferentes formas de ocupación, hasta la
complejidad en los diseños de sus edificios y su consecuente definición de
recorridos, los que en conjunto señalarían ciertos modelos de organización vivencial,
enfatizando en las épocas de “emergencia” y “complejidad social” aludidas. Así, el
problema de investigación general pretende responder a la pregunta: ¿cuáles fueron
los factores que hicieron posible la existencia de estructuras arquitectónicas que
incorporaron en su configuración espacial las mismas características formales y
simbólicas dentro de los andes norcentrales?, es decir, mirar la recurrencia de dichas
configuraciones espaciales y, además, tratar de comprender su relación directa con
las estructuras o sistemas de pensamiento andino. Desde allí, se buscará identificar
cuáles son las características, principios o conceptos que sustentaron la planificación
y los diseños de asentamientos y edificios en las antiguas sociedades andinas durante
las “épocas iniciales”. El análisis e interpretación establecerá, a partir de las
conexiones interdisciplinarias referida a los procesos de la arquitectura, a los
contextos de arqueología y las lógicas estructurales de la antropología, la

produce los fenómenos espaciales, en la creencia de que lo que ha sido olvidado es que más allá de los
monumentos y los paisajes, está el espacio mismo” (2018, p. 30), y refiriéndose a ellos —arquitectura
y paisaje— indica que son ante todo “espacio entendido no solo como el medio físico sino también
como abstracción, como idea, como saber.” (2018, p. 31)
5

comprensión de aquellos modelos espaciales, que responderían a patrones culturales


de la organización social.

A partir de ello se busca responder los siguientes cuestionamientos


específicos:
1. ¿Cuáles fueron las características principales de las preexistencias espacio
temporales en el territorio en el que se asentaron aquellas sociedades?
2. ¿Cuáles fueron los atributos formales, funcionales y conceptuales que se podrían
inferir a partir de la organización espacial y la tipología arquitectónica de los
asentamientos?
3. ¿La recurrencia de los modelos arquitectónicos en los diferentes lugares de los
Andes norcentrales permitiría sostener la existencia de patrones simbólicos
compartidos coetánea y diacrónicamente?
4. ¿Cuáles fueron los conocimientos tecnológicos utilizados en los procesos de
construcción y cómo fueron parte de la especialización y la organización social?
5. ¿Fue la arquitectura un medio de representación simbólica codificada para la
construcción de la memoria social durante el formativo inicial?

1.3 Justificación de la investigación

El énfasis en el estudio de edificios de los periodos iniciales busca aportar,


además de lo específico en la “historia de la arquitectura andina”, en la correlación
entre las lógicas de organización espacial y las estructuras sociales. Es decir, ciertas
posibles evidencias de orden antropológico, ya sea en el acercamiento a los
principios de diseño como conceptos, a los procesos de producción constructiva que
implican sistemas sociales y a las maneras particulares de consumo de los espacios,
de tal manera de comprender la arquitectura no solo como forma-objeto, sino como
lugar de intensas actividades sociales, para lo cual se basa en los criterios
arqueológicos y en las investigaciones específicas existentes para los casos definidos.
Se ha efectuado un reconocimiento empírico de los “sitios arqueológicos”, de tal
manera de entender los vínculos espaciales y temporales, el contexto: el territorio y
algunos eventos astronómicos. A pesar que la arqueología como disciplina científica
6

se halla empoderada del manejo teórico y práctico y de su narración y discurso, en


correlación al desarrollo de otras ciencias y especialidades, el objeto mismo de
estudio en este caso corresponde al quehacer arquitectónico, a los edificios y su
contexto. Por ello, la mirada va hacia la construcción y los procesos de producción
social que implica su organización. A nivel teórico hay una carencia acerca de la
comprensión de los procesos de la “arquitectura andina antigua” y las definiciones y
conceptos generalmente son imprecisos o, marcados por enfoques de otros contextos
civilizatorios con grandes diferencias. De otro lado, lo fundamental es la interacción
complementaria disciplinar, como aquella dimensión antropológica para acercarse al
espacio: la condición humana y su aspecto simbólico en las reconfiguraciones
espaciales, que podrían estar materializando ciertas estructuras conceptuales de las
sociedades.

1.4 Objetivos

1.4.1 Objetivo general

Estudiar los modelos arquitectónicos recurrentes construidos en los relevantes


establecimientos o complejos arqueológicos-arquitectónicos del “formativo inicial”
(3500-1600 a.C.), dentro de los andes norcentrales, para comprender ciertas lógicas
conceptuales integradas en la arquitectura como manejo simbólico que hace la
sociedad.

1.4.2 Objetivos específicos

1. Estudiar y reconocer las particularidades espacio temporales preexistentes en los


contextos que acogieron el establecimiento de los asentamientos escogidos.
2. Analizar la organización espacial de los asentamientos y las configuraciones
tipológicas desde las dimensiones de la forma, la función y la finalidad, que señalan
sus aspectos simbólicos, rituales y conceptuales correspondientes.
3. Evaluar la recurrencia de los modelos arquitectónicos desarrollados en las
diferentes regiones tanto coetánea como diacrónicamente.
7

4. Estudiar las tecnologías utilizadas en los procesos de construcción de la


arquitectura para evaluar los grados de especialización y organización social.
5. Analizar los componentes de la arquitectura como medios de representación
simbólica, en cuanto sistema de comunicación y construcción de la memoria social
durante el formativo inicial.

1.5 Hipótesis

1.5.1 Hipótesis general

La existencia de estructuras espaciales o arquitectónicas con configuraciones


recurrentes dentro de los andes norcentrales durante el Formativo Inicial,
correspondería con la elaboración de lógicas sociales en los manejos del espacio y
del tiempo, que significarían la presencia de estructuras cosmológicas que debieron
materializarse como símbolos en su arquitectura.

1.5.2 Hipótesis específicas

Hipótesis 1 (H1). La localización de los complejos arqueológicos y los ejes


de orientación de sus estructuras arquitectónicas estarían ligadas con la observación y
precisión de ciertos elementos físicos referentes y singulares del contexto, así como a
su correlación con fenómenos temporales, tanto como con el acceso a los recursos
necesarios para la subsistencia y regeneración.

Hipótesis 2 (H2). La presencia recurrente de configuraciones formales


(círculos, plataformas escalonadas) y espaciales (ejes longitudinales, simetrías)
representarían símbolos codificados socialmente referidos al establecimiento de
ciclos temporales: lugares articulados al paisaje que lograrían su consistencia con
elaborados calendarios y celebraciones rituales.

Hipótesis 3 (H3). El registro de patrones arquitectónicos y modelos de


asentamiento similares en las diferentes áreas de los andes norcentrales sería el
resultado de complejas redes de intercambio, donde la pregnancia simbólica de los
8

edificios aludiría a estructuras y sistemas de pensamiento religiosos compartidos, en


función de organizaciones cosmológicas recreadas temporalmente.

Hipótesis 4 (H4). La solución del proceso de producción de la arquitectura


habría estado referido a la utilización de elaborados conocimientos tecnológicos en
los campos de la astronomía, la geometría, las matemáticas, así como de los
ambientales y estructurales, que implicaría diferenciación, especialización y
organización de la producción social dentro de las lógicas de la sostenibilidad

Hipótesis 5 (H5). Los símbolos y la organización espacial expresados en la


arquitectura aludirían a criterios de organización social, en los que predominarían los
de dualidad, tripartición y complementariedad, así como conceptos “andinos”
referidos a lo espacial: tinkuy, yanantin, chaupi o cuti entre otros.
9

CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO

2.1 Marco filosófico o epistemológico de la investigación

Algo que estará presente de forma constante en los diferentes aspectos de la


investigación será una perspectiva trialéctica, que alude a un entendimiento de la
realidad desde la interacción simultánea de tres esferas de conocimiento: lo espacial,
lo temporal y lo social, que en el fondo actúa también como metodología de análisis.6
Por lo tanto, el planteamiento inicial considera repensar tres entornos epistémicos7 a
nivel general: el de la arquitectura, el del mundo andino y el del sistema
antropológico, respectivamente (fenomenología, epistemología, ontología).8 Se
plantea una dinámica que articule y pondere la oposición asumida entre aquellos dos
clásicos elementos del enfoque dialéctico (por ejemplo: naturaleza-cultura, objeto-
sujeto, materialismo-idealismo, etc.), percibidos generalmente como objetos
antagónicos en posibles condiciones irreconciliables, para pasar a un equilibrio
tensional trialéctico o correlacional de complementariedades que podrían describir un
fenómeno con mayor amplitud y con una relativa objetividad.

6
El subtítulo de la tesis plantea la interrelación entre “arquitectura, rituales y astronomía” ligados a lo
espacial, lo temporal y lo social, respectivamente.
7
“El concepto de epistemología (…) sirve para designar una teoría general del conocimiento (de
naturaleza filosófica), o bien para estudios más pormenorizados sobre la génesis y la estructura de las
ciencias.” (Mardones & Ursua, 1982, p. 41)
8
En realidad, la epistemología sería también uno de los aspectos del enfoque trialéctico. En la lógica
planteada podría complementarse y leerse en el orden: fenomenología-epistemología-ontología,
correspondiente a los fenómenos físicos concretos o experiencias del ser (forma), a los procesos de
razonamiento teórico (función) y al entendimiento de las entidades que sustentan la existencia del ser
y sus relaciones (finalidad).
10

Figura 1. Matriz de dimensiones de análisis desde la arquitectura.


Fuente: elaboración propia (MGJ, 2018).

Figura 2. Matriz de niveles de reflexión teórica.


Fuente: elaboración propia (MGJ, 2018).
11

Desde la biología Jacques Monod planteó las características fundamentales en


la existencia de los seres vivos, como especies en constante regeneración, señalando
sus tres primordiales condiciones: la morfogénesis autónoma, la invariancia genética
y la teleonomía (Monod, 1985, p. 24). Una mirada trialéctica de: a) la configuración
formal propia de las interacciones internas de los organismos, b) de los procesos
reproductivos y las cualidades constantes de transferencia y, c) de la finalidad,
trascendencia, sentido del proyecto o performance, respectivamente, y que sería
posible asimilarlos hacia las cualidades de la condición humana, y por ende a las
organizaciones sociales. Desde la filosofía y su entorno epistemológico, Gaston
Bachelard tratando de elucidar la construcción del espíritu científico, indica que su
formación pasaría necesariamente por tres estados: el concreto, el concreto-abstracto
y el abstracto, de tal manera que se percibe también una secuencia jerárquica que va
de los fenómenos y las cosas, pasando por esquemas geométricos, hasta postular la
intuición o un mundo simbólico de imágenes, en una mirada trialéctica (Bachelard,
2000, p. 11).9

Desde el urbanismo, hacia 1915, el biólogo Patrick Geddes aportó en la


comprensión del espacio regional por medio de una lógica de interrelación, también
trialéctica, construyendo su famosa triada de análisis de la realidad pensada para la
planificación: lugar-trabajo-gente (Geddes, 1960), siendo el trabajo el elemento
central y dinámico de la acción o sinergia que articula las esferas de la naturaleza y la
sociedad.10 Abel Hurtado ha profundizado el planteamiento geddesiano y ha
propuesto para el análisis e interpretación de la arquitectura la relación entre forma-
función-finalidad (Hurtado, 1991, 1995; Pinasco, 2018). Desde la sociología y los

9
Bachelard (2000, p. 9) esquematiza el desarrollo del pensamiento científico en tres periodos de la
historia, con una aproximación de lo simple a lo complejo: 1) estado precientífico, desde las “épocas
clásicas” de la historia occidental, pasando por el Renacimiento hasta los siglos XVI, XVII y XVIII,
2) estado científico, desde finales del siglo XVIII hasta inicios del XX, y 3) el nuevo espíritu
científico, a partir de 1905 con los postulados de la relatividad de Einstein. Además, luego de señalar
los tres estados del espíritu científico, cree importante dar la contrapartida con una “ley de los tres
estados del alma”: el alma mundana de la curiosidad ingenua, el alma profesoral del interés deductivo
y, el alma en trance de abstraer que se libera en la exploración lúdica del pensamiento (Bachelard,
2000, p. 12).
10
Sin embargo, como han observado otros investigadores (Galimberti, 2013, p. 549; Munizaga, 1997,
p. 26), Geddes debió basarse en los postulados que había desarrollado el ingeniero y sociólogo francés
Frédéric Le Play (Garrigós, 2001), hacia mediados del siglo XIX, donde aporta una metodología para
la sociología, a partir del estudio de las familias obreras, construyendo una serie de monografías,
desde las cuales se desprende la importancia de: la descripción del lugar, la de la organización laboral-
industrial y la de la familia (observándose así, la relación lugar-trabajo-gente).
12

renovados enfoques epistémicos que exploran la teoría de la dependencia,11 se ha


planteado la existencia aún de tres formas de colonialidad: la del poder, la del saber y
la del ser (López & Flores, 2018, p. 9). Nuevamente, se percibe allí una correlación
con las formas (símbolos formales del poder), con los procesos (narrativas del
aprendizaje y la historia) y con las existencias (o, esencias) del ser humano y la
sociedad (construcciones ideológicas de jerarquía y dominio). Por otro lado, desde la
geografía se ha construido un planteamiento cada vez más interesante para el
entendimiento del espacio y se ha buscado articular y pasar de un enfoque dialéctico
a otro trialéctico. Por ejemplo, a partir de las propuestas de Milton Santos (1990) que
concibe el espacio como un sistema de relaciones sociales, donde queda implícita la
relación dialéctica espacio y sociedad,12 se produce también una reflexión de la
condición trialéctica al enunciar el sentido de la totalidad (en función a la naturaleza
del espacio) señalando que ella comprende “la naturaleza y la comunidad humana”,
pero a las cuales agrega la noción de proceso histórico con su progresiva complejidad
(Santos, 2000, pp. 97-98), de tal manera que se articularían las nociones de lugar y
gente por medio de la concepción del tiempo. Asimismo, Edward Soja introduce la
idea de dinamizar la relación a partir de la propuesta de incorporar el “tercer
término” o “tercer espacio”. Al espacio físico y al espacio pensado o mental se
agregaría el de las “dimensiones socio-simbólicas, (…) [que] envuelve e integra los
dos primeros” (Hernández, 2008, p. 92). Es decir, una integración entre los espacios
físico, mental y simbólico.

Para el caso de la arquitectura, Wiley Ludeña señala que sobre ella,


históricamente se han desarrollado tres dominios: el de los objetos, el de los procesos
y el de las ideas (1997, pp. 54-56). Un planteamiento similar es el de Luis Vaisman,
quien propone un acercamiento a la teoría de la arquitectura como “producto del
quehacer teórico sistemático” como reflexión del propio objeto cultural, de tal
manera que “el quehacer teórico debe cubrir tanto las obras mismas en cuanto
hechas, como el proceso que las produce, y el sentido que les da origen.” (Vaisman,
11
La teoría de la dependencia fue elaborada por Aníbal Quijano desde finales de la década de 1960
(Quijano, 1968), quien luego, desde finales, también, de la década de 1980 iría construyendo la teoría
de la colonialidad (Quijano, 1992).
12
Milton Santos critica la deshumanización y la destemporalización del espacio (1990, p. 107) desde
la visión clásica de la geografía, que percibía ésta como la realidad material. Para Santos el espacio
geográfico es el espacio social (1990, p. 136), de tal manera que en su intento por definir el espacio
hace énfasis en el “conjunto de relaciones (…) sociales”, que se dan en lugares concretos, siendo el
espacio “un verdadero campo de fuerzas” (Santos, 1990, p. 138).
13

2015, p. 33)13 Asimismo, Josep Muntañola aboga por una epistemología de la


arquitectura, que debería incluir simultáneamente tres campos: el de la psicología, el
de la antropología y el de la semiótica (1975, p. 96), relacionados quizás con las
funciones mentales, con las personas como tales y con las configuraciones icónicas
respectivamente. A ello, podría agregarse una interesante reflexión epistémica que
realiza Felipe Criado acerca de las categorías espacio y paisaje, quien, en primer
lugar, parafraseando el pensamiento de Heidegger, hace referencia a su triada, como
“Ser, habitar, pensar” (Criado, 2018, p. 30).

Y, luego, con respecto al espacio y las formas y sus variaciones que ha


adoptado en el tiempo, postula que “son el resultado de una triple tensión espacial”
(Criado, 2018, p. 46), primero con respecto a sus formas geométricas (círculo-
cuadrado), luego, entre los ejes lineales opuestos que los organizan (vertical-
horizontal) y, finalmente, entre la cualidad del borde de las formas que definen los
espacios interno o externo (abierto-cerrado). Resulta interesante el concepto de
tensión espacial, porque refleja de manera especial el criterio de relación espacial que
enfatiza la triada de elementos.14

De manera similar, con respecto a ciertas aproximaciones teóricas sobre el


espacio y el territorio, Spíndola ha señalado el aporte de Di Méo (1993) al retomar el
pensamiento marxista de la producción y las complejas relaciones sociales, en donde
el territorio resultaría ser un “fragmento espacial donde se fusionan tres tipos de
estructuras” (Spíndola, 2016, p. 29): la infraestructura (espacio físico más relaciones
humanas económicas), la metaestructura (relación entre los individuos y el espacio),
y la superestructura (sistemas ideológicos). Una aproximación trialéctica de las
formas, las funciones y las finalidades. En este sentido, resulta también significativo
el aporte de Henri Lefebvre acerca de sus reflexiones en torno a las lógicas de
producción del espacio —el espacio social como producto social— en una sostenida
“tríada conceptual” a la que se referirá constantemente: la práctica espacial, las

13
Además de ello, Vaisman, en una propuesta también trialéctica, señala que el entendimiento de la
arquitectura “como objeto del quehacer teórico” originaría tres tipos de orientaciones: 1) hacia una
teoría del habitar, 2) hacia una teoría de la obra arquitectónica, y 3) hacia una teoría de la creación
arquitectónica (2015, p. 35).
14
Se puede indicar, además que, si bien Criado postula una triple tensión espacial, cada una está dada
por objetos de configuraciones opuestas, a las que se podría agregar el tercer elemento de equilibrio:
el triángulo, la diagonal y el límite difuso.
14

representaciones del espacio y los espacios de representación (Lefebvre, 2013, p. 92).


La primera referida al funcionamiento social condicionado espacialmente, la segunda
haciendo hincapié en las posibles formas en que dichos espacios son percibidos,
mientras que la tercera aludiría a los aspectos simbólicos ejercidos desde los sistemas
de pensamiento de los grupos sociales. Aquí una conexión importante entre la
relación existente entre los “procesos sociales y las formas espaciales” como
problema de interpretación postulado como núcleo central en la obra de Harvey
(2016, pp. 2-3)15, para establecer sus posibles correspondencias. De esta manera, una
constante reflexión será la de elucidar y complementar las clasificaciones
dicotómicas con un tercer elemento dinamizador, relacional y de complementariedad
y equilibrio en los diferentes aspectos de la arquitectura, entendida no solo como
objeto material, sino también como proceso de producción social sustentada en un
conjunto de saberes.

En cuanto al entorno epistémico sobre la arquitectura, es importante señalar


que la investigación parte desde la perspectiva de la disciplina arquitectónica
contemporánea y sus saberes particulares, dirigiéndose hacia la arquitectura
arqueológica del mundo andino, y busca comprender, a partir de las formas, de la
organización espacial y temporal y de su inserción en el paisaje, los modelos
simbólicos o los sistemas de pensamiento social que de allí podrían desprenderse. Es
por ello importante plantear ciertas precisiones epistémicas que permitan el
entendimiento del sustento conceptual de la terminología utilizada en el marco de
una mirada diacrónica, en el sentido de comprender procesos anteriores ligados a
cosmovisiones particulares, pero que en todo caso se ocupan de una lógica
constructiva: el proceso de producción material de habitabilidad. En este sentido, en
el fondo, el discurso se sostiene en una propuesta de construcción de una
epistemología de la arquitectura andina, una epistemología que pretende repensar los
procesos y las construcciones historiográficas del quehacer arquitectónico.

15
Asimismo, Harvey en su clásica obra sobre Urbanismo y desigualdad social, trata de conciliar y
elucidar la naturaleza de tres grandes temas: la del espacio, la de la teoría y, la del conocimiento y la
investigación científica (Harvey, 2016, p. 2).
15

La primera precisión tiene que ver con el enfoque que se da y el


entendimiento que se tiene sobre el concepto mismo de “arquitectura”16. El
paradigma predominante posee una carga densa del fenómeno producido por la
civilización occidental, y la idealización del mundo clásico greco-romano que logra
instalar una propuesta teórica, básicamente a partir de los postulados de Los diez
libros de la arquitectura, realizado por Vitruvio (1997)17, la cual fue recogida en el
Renacimiento por los artistas y arquitectos, que entre otras cosas enfatizaron la
cualidad de belleza de los objetos (edificios), quizás como resultado de la percepción
obtenida entre las relaciones armónicas en que se organizaba el mundo —a partir de
los renovados conocimientos científicos— y el estudio del ser humano y la geometría
en cuanto modelo de racionalidad.18 Asimismo, esa tradición occidental ha
construido una historia occidental con pretensiones de universalidad, desde donde se
observan los otros desarrollos civilizatorios a partir de categorías construidas desde
una, su experiencia.19

En realidad, la arquitectura como fenómeno social es proceso y resultado


concreto, está ligada definitivamente a la producción material de estructuras
utilizables realizadas por las diferentes sociedades, es decir, la arquitectura es un
proceso productivo organizado social, espacial y temporalmente, que se fundamenta,

16
Acerca de una construcción teórica de la “arquitectura” hay que indicar que no existe una sólida
tradición en el medio. Quien realmente ha aportado con ello es Wiley Ludeña, diferenciando y
acotando los conceptos y los dominios referentes. Entre ellos, la premisa fundamental es que la
arquitectura es una categoría histórica, donde “el concepto de arquitectura no se puede confundir con
el concepto de obra arquitectónica” (Ludeña, 1997, p. 81), y para ello será fundamental “indagar el
qué es un edificio y las visiones o manipulaciones ideológicas que de él se han producido a lo largo de
la historia.” (Ludeña, 2001, p. 17)
17
Los Diez Libros de la Arquitectura (De Architectura librum decem) fue escrito por Marco Lucio
Vitruvio Polion, hacia las primeras décadas del siglo I a.C., probablemente entre los años 27 – 23 a.C.
Es considerado fundacional para la tradición arquitectónica de occidente. Ludeña señala que es “el
pilar histórico del cuerpo ideológico que encarna esta cultura en materia de arquitectura y
construcción, y que se hizo dominante en América a fuerza de violencia y de ‘extirpar idolatrías’ con
la ayuda de la biblia cristiana y de las otras un poco más profanas pero no menos esenciales, como el
celebérrimo tratado de Vitruvio.” (1997, pág. 7)
18
Luego del Renacimiento, la ciencia moderna fue construyendo y privilegió un tipo de conocimiento,
el conocimiento científico —que se desprendía o separaba del conocimiento común—, basado en
leyes “de orden y estabilidad del mundo”, que apuntaron hacia un determinismo mecanicista, que fue
llevado también hacia el plano social. “De ahí que el prestigio de Newton y de las leyes simples a que
reducía toda la complejidad del orden cósmico hayan convertido a la ciencia moderna en el modelo de
racionalidad hegemónica que poco a poco se trasladó del estudio de la naturaleza hacia el estudio de la
sociedad.” (de Sousa Santos, 2015, pp. 26-27)
19
“Esta preocupación en testimoniar una ruptura fundacional que posibilita una y sólo una forma de
conocimiento verdadero está bien patente en la actitud mental de sus protagonistas, en su asombro
ante sus propios descubrimientos y la extrema y al mismo tiempo serena arrogancia con que se miden
con sus contemporáneos.” (de Sousa Santos, 2015, pp. 21-22)
16

entonces, en la construcción o reorganización del espacio con miras a utilidades


humanas específicas. Es una realidad concreta, materializada en infraestructuras de
intervención del territorio, en asentamientos y en edificios arquitectónicos (objetos)
diseñados y construidos con propósitos específicos, referidos siempre a cubrir
demandas histórico-sociales para lograr el bienestar comunal. En este sentido, se
hace énfasis en señalar que la arquitectura no es solo el edificio arquitectónico, sino
un sistema socio cultural complejo, que incorpora los procesos de: planificación,
diseño, construcción, habitación y transformación (Guzmán, 2016a, pp. 55-62). Y,
todos, con organizaciones y relaciones sociales de producción complejas, que
pudieron establecer diferenciación, jerarquías y especialización. Dentro de ellos,
básicamente, la arquitectura es inmanente a los procesos de construcción, que
asimismo han generado en el tiempo diferentes formas de ocupación del territorio,
con la consiguiente transformación del paisaje y la aparición de sistemas de
asentamientos humanos, sean centros poblados, “centros urbanos” o ciudades, o
centros ceremoniales, como reflejo de formas culturales de entender la relación con
el lugar.

Una segunda precisión que se desprende de la anterior está referida a la


conceptualización general o popular y, también en muchos casos erudita, que se tiene
de ella —la arquitectura— como idealización a través de la clásica definición,
asumida como la unión de “arte” y “ciencia”. Esta concepción en realidad no abarca
la totalidad del complejo proceso como fenómeno cultural al que se ha hecho
referencia, pues en todo caso, desde el inicio se advierte un enfoque tendencioso que
prioriza, enfatiza y jerarquiza un aspecto estético sobre otros de producción social, ya
que aquellas dos esferas sociales (arte y ciencia) fueron entendidas desde una
jerarquización de “lo culto”, acercándose a desvalorizaciones de menor grado para
aquello que no está cercano o incluido. En este sentido, desde la academia se ha
construido una lógica de la arquitectura tipológica —pregnada de las historias del
arte— como la interdependencia entre función y forma, siendo la segunda
consecuencia de la primera, sin incluir aquello referido a los aspectos simbólicos,
expresivos o comunicativos de la arquitectura, sobre todo para las sociedades
tempranas, cargadas de una fuerte cosmovisión y su sentido de sacralidad.
17

Una tercera precisión engloba una serie de características propias del edificio
arquitectónico, como resultado material y como producto consumido socialmente, en
tanto criterios que interpretan su lógica constructiva en función de su realidad social,
es decir, se trata de despojarse de la idea y la valoración de la arquitectura construida
solamente por sus cualidades formales estéticas de “belleza”. La arquitectura no
debería ser pensada como una adjetivación estética, sino, siguiendo a Scruton (1985,
pp. 15-27) habría que reconocer sus especificidades: 1) la utilidad práctica inherente,
2) su condicionada localización, referida a un lugar (contexto) y a un tiempo
histórico determinados, 3) su aspecto constructivo como proceso y materialización
tectónica (materiales y técnicas), 4) su eminente carácter público, una presencia
social inevitable, 5) su expresividad, en tanto medio de comunicación visual donde
aparecen códigos de la memoria colectiva y, 6) sus cualidades estéticas inherentes,
que en diferentes grados podrían acercarse a la noción de arte o arte común.

Con respecto al segundo entorno epistémico, el del mundo andino, hay que
señalar que la tesis pondera este constructo positivamente, ya que busca acotar la
pertinencia de los desarrollos sociales o civilizatorios producidos en esta parte del
planeta. La referencia a las sociedades ancestrales en el sur del continente americano
está imbuida de una carga hegemónica occidental, de tal manera que generalmente ha
sido concebida como sociedades “prehispánicas” o “precolombinas”. Con la llegada
europea la diversidad, multiplicidad y complejidad de lo aborigen fue convertido y
reducido al “mundo indígena” a partir de la construcción e idea de un sistema-mundo
predominante.20 Sin embargo, —y desde la perspectiva trialéctica anterior— ese
mundo andino (construcción contemporánea) está caracterizado por su territorio
específico donde predomina la cordillera de los Andes y la Amazonia, así como el
Océano Pacífico y sus corrientes complementarias (espacio), por su temporalidad
asociada a cambios ambientales y eventos astronómicos particulares (tiempo) y, por
la diversidad de la trayectoria social en tanto recreación de un sistema de
pensamiento (sociedad). Alberto Flores Galindo (1987) ha reflexionado en torno a
ello y señala que aquel término tal vez sea el más apropiado —“¿Qué es lo andino?”,
se pregunta (1987, p. 12)—, lo andino, no como algo atemporal, con personajes

20
Fue el norteamericano Immanuel Wallerstein (2004) quien propuso el enfoque del análisis del
sistema-mundo, que se basa en una crítica hacia el énfasis de estructuras económicas predominantes
por la acumulación de riquezas desde un polo mundial: Europa (Castro-Gómez & Grosfoguel, 2007,
pp. 14-17).
18

perennizados e idealizados en un tiempo pasado, sino como aquello que incorpora e


incluye la diversidad y se desprende de la connotación racista a la que se refiere “lo
indio” y explora la continuidad y sus transformaciones y recreaciones. De similar
manera, aunque con mayor precisión, Marco Curatola (2019, pp. 15-19) indica que
en vez del concepto de “civilización andina”, tal vez lo más preciso sería el de
“mundo andino”, cuya primordial característica parece estar dada por la
supervivencia de tradiciones ancestrales hasta la contemporaneidad, de tal manera
que se infieren tres mundos andinos, nunca separados: mundo andino antiguo, mundo
andino colonial y mundo andino contemporáneo.21

Además de ello, el mundo andino se caracteriza también por la presencia de


múltiples lenguajes, sistemas estructurados de comunicación que connotan lógicas
particulares dentro de un sistema de pensamiento andino: una racionalidad (Golte,
2001) y una conceptualización de la realidad cuyas raíces perviven desde lo ancestral
(Quiroz, 2011, p. 14). El pensamiento andino como totalidad genera estructuras o
categorías, que si se hallan en los lenguajes cotidianos implicarían también una
práctica y una conceptualización desde la agencia social. Godenzzi ha reconocido
este hecho, señalando la relación existente entre las categorías de la lengua y las
categorías de pensamiento, entre la praxis del hablar y la del pensar, por lo que se
revela “que algunas estructuras semánticas referidas al mundo y a la práctica social
hacen transparente los esquemas que organizan el universo andino.” (Godenzzi,
2005, p. 10) Se ha planteado anteriormente que los diferentes conceptos enunciados
y reconocidos desde la etnohistoria podrían agruparse en tres sistemas de estructuras:
estructuras de pensamiento, estructuras en la organización del espacio y en la
organización del tiempo, y estructuras de configuración simbólica (Guzmán, 2003,
2016a).22 Además, la etnohistoria ha ido consolidando el concepto de lo andino
dentro de una visión crítica (Curatola & Ziółkowski, 2008; Duviols, 2016; Golte,
2001; Murra, 1975; Rostworowski, 1996; Wachtel, 1973), así como la teoría
arqueológica dentro de una práctica y el reconocimiento de saberes de larga
21
“Como se ve, la expresión «mundo andino» encierra múltiples mundos y un sinnúmero de
realidades, y está muy lejos de ese concepto atemporal y ahistórico de «lo andino», de sabor
indigenista” (Curatola, 2019, p. 17).
22
Se percibe y se podría correlacionar esta triada con lo que señala Cassirer al referirse a “la génesis
de las formas fundamentales de la cultura a partir de la conciencia mitológica”, indicando que entre
“los conceptos teóricos fundamentales del conocimiento” estarían los “conceptos de espacio, tiempo y
número” (Cassirer, 2013, pp. 10-11). En el último caso, el número como construcción y
representación simbólica.
19

trayectoria (Lechtman & Soldi, 1985; Millones & Onuki, 1994; Seki, 2014), aunque
al mismo tiempo pueda sostenerse que el entendimiento del mundo andino se trataría
de un elaborado “discurso andinista”, ciertamente aun controvertido entre los
discursos de los andinistas (nacionales o extranjeros) con el “’auténtico’ discurso
andino” como una construcción autodeterminada desde la tradición de las
comunidades (Stein, 2010, p. 13).23

Finalmente, el tercer entorno epistémico se dirige hacia una reflexión del


quehacer humano dentro de la realidad social entendida antropológicamente, ligada
ciertamente al fenómeno de la arquitectura. Es decir, interesa comprender la
interrelación entre los hechos, las acciones y los pensamientos24 de los grupos
humanos, como partes solidarias de una totalidad que significa el estar en el mundo,
habitarlo, en el sentido heideggeriano de construir su morada y pensar su
significado.25 Sobre todo, ello apunta a una mirada hacia los desarrollos civilizatorios
tempranos en los Andes centrales como se postula en esta investigación. En el caso
de la arquitectura, será importante entender la producción del espacio (Lefebvre,
2013) (producción-construcción-función), el uso antropológico del mismo (Hall,
1973)26 (sentido de finalidad, espacio como idea o pensamiento culturalmente
condicionado), así como sus posibles aspectos simbólicos (Cassirer, 2013, 2016)
(códigos formales de pregnancia), de tal manera que las formas de organización
espacial estarían en correlación con las estructuras de organización social (Golte,
2003; Lévi-Strauss, 1970).

23
Stein señala “la otredad que distingue y separa el discurso andinista europeo y americano del
‘auténtico’ discurso andino (…) y, sin duda, del elaborado por los andinistas en los países andinos.”
(2010, p. 13) En realidad, se trata de un texto agudo que explora los diferentes “tonos” que existen
sobre la construcción de lo andino, en especial desde la mirada del hemisferio norte alternando con las
posturas de los propios académicos peruanos.
24
Geddes, en su cuadro de “La notación de la vida” (1960, p. 246), señala cuatro componentes o
cuadrantes, divididos cada uno en una matriz de tres por tres. Ellos serían: los actos, los hechos, los
pensamientos y las obras. En la correlación planteada, se ha asumido que los hechos (sinergia)
apuntan a su materialización en obras.
25
Aquí se alude a la famosa conferencia dictada por Martín Heidegger en el coloquio de Darmstadt,
en 1951, denominada “Construir, habitar, pensar” (Heidegger, 1994), dirigida sobre todo a un entorno
de arquitectos, aunque a la vez multidisciplinaria.
26
Edward Hall en su La dimensión oculta se ocupa como tema central de los espacios social y
personal y cómo son percibidos por el hombre. Acuña el término “proxemística” para “expresar las
observaciones, interrelaciones y teorías referentes al uso que el hombre hace del espacio, como efecto
de una elaboración especializada de la cultura a que pertenece” (Hall, 1973, p. 15).
20

La relación de interacción dinámica de los grupos con el lugar genera


sistemas de apropiación del territorio (Giménez, 2001) y ciertas estructuras de
ordenamiento espacio-temporal en la concreción de los sistemas de pensamiento.
Una epistemología de la antropología implica en este sentido una consideración
especial hacia un entendimiento de las condiciones fisiológicas (hombre-naturaleza),
de las condiciones prácticas (trabajo) y de las condiciones interpretativas
(pensamiento). Abordar la arquitectura de sociedades arcaicas o ancestrales
necesariamente pasa por interpretaciones contemporáneas, que podrían sustentarse en
ciertas analogías, como lo formuló Binford en su teoría de alcance medio (Binford,
1967, 1988; Johnson, 2000, pp. 71-89).27 En ese sentido, dentro de la arqueología
postprocesual o arqueología interpretativa (formulada hacia inicios de la década de
1980) se han desarrollado enfoques como la arqueología cognitiva y estructural, que
presentan pautas con lógicas de acercamiento hacia las tradiciones o posibles
sistemas de pensamiento y su apuesta por la diversidad. Se trata entonces de una
crítica hacia la arqueología basada en una epistemología positivista, pues se enfrenta
hacia consideraciones de códigos, símbolos, religión, y en general hacia otras formas
de conocimiento (además del conocimiento racional positivista de las ideas, se
podrían considerar los conocimientos perceptuales de la sensibilidad y lo esotérico y,
los conocimientos místicos de la creación: imaginación, sueños, ilusiones o
alucinaciones)28, ligadas más hacia una perspectiva fenomenológica.29 Asimismo,
otro sentido epistemológico sería considerar cómo influye la arquitectura en la
sociedad, es decir, ya no solamente como producción del espacio sino como
resultado. Ello implica pensar el papel de la arquitectura, además de sus diferentes
procesos ligados a la construcción —que constituye formas de interrelacionarse
socialmente—, entender la recepción o impacto cognoscitivo de las formas, del

27
Se trata de la articulación entre el registro arqueológico de carácter estático en el presente y la
aspiración de conocer el pasado en tanto dinámicas y transformaciones sociales, de tal manera que se
interpreta en función de ciertas presunciones, de alcance medio: la relación entre lo estático y lo
dinámico (Johnson, 2000, pp. 72-73).
28
“la ciencia constituye un modo superior de adquirir conocimiento acerca del mundo en que vivimos.
No obstante, no tengo inconveniente en admitir que existen ámbitos de la experiencia a los que no se
puede acceder por medio de la adhesión a las reglas del método científico. Me refiero al conocimiento
extático de místicos y santos; las visiones y alucinaciones de drogadictos y esquizofrénicos, y las
intuiciones estéticas y morales de artistas, poetas y músicos.” (Harris, 1994, pp. 20-21)
29
“La fenomenología se constituyó en un método que, desde su formulación por Husserl (…)
pretendió superar la dicotomía entre ser y parecer que caracterizó al pensamiento gnoseológico de la
modernidad desde Descartes (…) tiene como consigna la ‘vuelta a las cosas mismas’ (…). La
fenomenología es el estudio de la conciencia experimentada desde el punto de vista de la primera
persona. Su objetivo es describir la forma en que las cosas se nos aparecen en nuestra experiencia, la
forma en que experimentamos las cosas en el mundo circundante.” (Vaquer, 2018, p. 625)
21

sentido de la obra con respecto al lugar y los criterios de temporalidad, así como los
símbolos que presenta y representa para el grupo social.

En el fondo, se trata de una reflexión que conlleva a sustentar que la cultura


material arqueológica es resultado de grupos humanos con ideas y pensamientos allí
contemplados, de tal manera que los individuos y sus acciones cobran importancia en
tanto agentes con capacidad de generar transformaciones, y asimismo resultaría clave
observar el contexto histórico en el sentido de apreciar temporalmente continuidades
y transformaciones de aquellas tradiciones culturales (Hodder, 1994, pp. 15-27).
Serán importantes las propuestas epistémicas de la arqueología estructural en el
sentido de una “interpretación de lo ausente” por medio de generar “estructuras de
significado” que podrían develar los “códigos simbólicos” y las “estructuras de la
mente” (Hodder, 1994, pp. 69-70). El estructuralismo30 aplicado a la arquitectura
pondera la capacidad expresiva del objeto, el lenguaje compuesto de ciertas reglas
ocultas intrínsecas que generan “un sistema (oculto, cognitivo) de significados.”
(Johnson, 2000, p. 123) Asimismo, ello conduce a una mirada hacia la arquitectura
desde la construcción de arquetipos como símbolos codificados socialmente,
arraigados en tradiciones temporales (Jung, 1970; Jung et al., 1984; Robertson,
2014)31, y que podrían manifestarse en las configuraciones u organizaciones
espaciales.

Entonces, en todo ello hay un énfasis especial en el espacio, entendido —


además de su producción ya señalada— como producto y recreación social, lugar de
encuentro de dinámicas cotidianas y extraordinarias, lo que conduce hacia la
interpretación de ciertas jerarquías más allá de la sola solución funcional.
Epistémicamente se piensa el edificio como signado de un contenido social, como
significado y símbolo de las memorias espacio temporales, en el que se han realizado

30
Como enfoque de investigación en tanto teoría y método, se basa en la construcción de estructuras
que explicarían los comportamientos o hechos humanos tanto sincrónica como diacrónicamente. A
partir de su fundamento lingüístico (Ferdinand de Saussure) se entiende su sustento en la idea de
sistema: un conjunto organizado de partes y relaciones en interacciones que buscan su equilibrio
(dinámica). Jean Piaget señala que “una estructura es un sistema de transformaciones” que presenta
tres características fundamentales: totalidad, transformaciones y autorregulación (Piaget, 1971, p. 10).
31
“Jung se refirió inicialmente a las imágenes primordiales, y solamente después a los arquetipos del
inconsciente colectivo.” (Robertson, 2014, p. 183) “Los contenidos de lo inconsciente personal son en
lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida
anímica. En cambio, a los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos.”
(Jung, 1970, p. 10)
22

acciones o eventos, hechos concretos de convivencia: con espacios, con objetos, con
ideas.

Finalmente, dentro de una reflexión epistémica antropológica se inscribe


también el proceso de producción del conocimiento, en este caso arcaico o ancestral,
donde habría que considerar los procesos globales y ciertas recurrencias generales,
pero, sobre todo, las particularidades de territorios o lugares diferenciados. El
reconocimiento de los conceptos y postulados acerca del quehacer de la arquitectura,
de las lógicas inherentes a su materialización, no pertenecen a una sola civilización,
de tal manera que siendo diversos y complejos, también poseen respuestas comunes
que han hecho posible su construcción en el tiempo, a partir de referentes y
soluciones particulares enmarcadas en contextos específicos. Se pondrá de relevancia
los conocimientos y las tecnologías desarrolladas en el territorio andino, lo cual
implica una renovada mirada epistémica, que postula un acercamiento a los saberes
ancestrales desde el pensamiento crítico, y las construcciones del pensamiento
pos/de/descolonial (de Sousa Santos, 2010, 2011; Guerrero, 2010; López & Flores,
2018; Quijano, 2014). Una teoría de la arquitectura andina deberá evaluar sus
propios procesos sociales dentro de sus cosmovisiones y cosmologías, que
construyeron estructuras (como se señaló arriba) y sistemas de pensamiento andino,
desde sus racionalidades tanto como desde su diversidad y sus transformaciones.

2.2 Antecedentes del problema

Con respecto a la arquitectura pública producida por las sociedades complejas


desarrolladas tempranamente dentro de los Andes Centrales (entre los 3500-1600
años a.C.), se ha generado un interés significativo (sobre todo desde hace dos
décadas) para la comprensión de los “orígenes” de la civilización andina, lo que
conlleva a preguntas sobre las características de los procesos de interacción regional,
con implicancias de intercambios o transferencias culturales, tecnológicas y
religiosas. Desde la disciplina arquitectónica, interesa pensar el tránsito entre la
arquitectura residencial de larga tradición temporal —con claras evidencias hacia el
23

8000 a.C.—32 y la arquitectura pública que aparece hacia mediados del quinto
milenio a.C.33, y que luego devendrá en asentamientos ceremoniales: arquitectura
monumental y sagrada. En esta investigación interesa justamente mirar esos
principales edificios tempranos de una envergadura simbólica especial y evidente.
Probablemente, primero fueron estructuras muy funcionales, modestas y sencillas:
conchales (Chu, 2011b, 2012) o plataformas aisladas cercanas al litoral o a los cursos
de agua, que, a través de la experimentación en procesos constructivos prolongados,
se pudo llegar a configuraciones simbólicas estables y codificadas socialmente.
Desde allí, se han reconocido ciertos modelos o patrones arquitectónicos,
mencionados aleatoria e independientemente: “anillos de conchas”, “tradición mito”,
“pozos circulares”, “plataformas superpuestas” (¿“pirámides”?), o “edificios en U”
(¿“templos”?), entre otros.

Fue hacia mediados de la década de 1950, a partir de los trabajos de Engel en


el sitio Las Haldas (Casma), donde se evidenció la presencia del edificio circular.34

32
En los Andes centrales los procesos de sedentarización se dieron en virtud de diferentes factores, o
por la confluencia de varios de ellos simultáneamente, en diversos lugares y asincrónicamente. Entre
las evidencias más antiguas de grupos de viviendas se encuentran las estudiadas por Tom Dillehay en
el valle de Zaña. Se trata de ocupaciones prolongadas en una continuidad de tres fases con
características arquitectónicas interesantes: El Palto (14200-9600 cal. a.p.) con evidencias de
estructuras elípticas, Las Pircas (Nanchoc, 7800-5800 a.C.) con viviendas de quincha ubicadas sobre
las laderas, y Tierra Blanca (5800-3000 a.C.) con viviendas en expansión y cambios en los patrones de
ocupación, relación con la costa y una arquitectura ceremonial (Ortiz, 2017, pp. 31-32). “La
arquitectura doméstica bien definida aparece durante las subsecuentes fases Las Pircas y Tierra
Blanca, con fechados entre 9800-5000 cal AP. Es en la arquitectura permanente que los sitios de la
fase Las Pircas se destacan de sus antecesores de la fase Paiján Tardío.” (Dillehay, 2013, p. 151)
33
Las evidencias más tempranas de edificios de carácter no residencial, con formas y proporciones
que aludirían a arquitectura pública en los Andes Centrales corresponderían a dos casos. El más
reconocido es el edificio llamado “Templo Rojo” de Cerro Paloma, estudiado por Fréderic Engel, en
la quebrada de Chilca, muy cerca al litoral (40 kilómetros al sur de Lima), registrando una antigüedad
de 4200 años a.C. Agurto señala un fechado de 4334 a.C. (1984, p. 52) (actualmente el edificio ya no
existe) El otro caso es el registrado por Tom Dillehay en el valle de Zaña (Dillehay et al., 1989), dos
plataformas del sitio “Montículos de Nanchoc”, con una antigüedad de 5700 años a.C. (fase Tierra
Blanca, ver nota anterior), donde “es importante la aparición del uso ritual del espacio comunal
durante la parte terminal de la fase Las Pircas, (…). El uso ritual está representado por la construcción
y uso de dos montículos de baja altura, y un área de trabajo adyacente.” (Dillehay, 2013, p. 154) “Los
montículos miden 0,75 a 1,3 m de altura y 32 a 35 m de longitud. Están levantados mediante capas de
uso y rellenos artificiales, y tienen demarcado el perímetro por un alineamiento de piedras.” (Shady,
2003, p. 25)
34
Las Haldas fue descubierto por Engel hacia 1956, junto con Lanning (Fung, 1969a, p. 13) y se
publicó “un primer bosquejo de sus edificios centrales en 1957” (Engel, 1970, p. 31). La forma del
“edificio circular” en realidad tiene cierto alargamiento hacia el eje principal del conjunto (noreste-
suroeste), donde se ubican sus escaleras, es decir, es de forma medio elíptico, tal como se muestran en
los planos de Grieder (1975, fig. 1), o en la isometría de Engel (1970, p. 48, fig. 12). Fung lo
denominó el “Gran Pozo” y señaló que “las medidas de su diámetro son de 18.15 m. y de 16.00 m.”
(Fung, 1969a, p. 32)
24

Posteriormente, un planteamiento inicial en el reconocimiento significativo en tanto


propuesta de clasificación de la arquitectura pública, fueron los trabajos tempranos
de Carlos Williams, a inicios de la década de 1970, a partir de la organización formal
y las posibles secuencias constructivas, mostrando esquemas gráficos muy
interesantes (1972, 1981). Siendo relevantes para este caso sus propuestas sobre
tipología de “plazas circulares hundidas” (Williams, 1981, pp. 404-410). Asimismo,
Carlos Milla (1976, 1977, 1992) se interesó en el estudio de los complejos que
incorporan ese mismo tipo de edificios, que los definió como “observatorios
astronómicos”, lo que implicaría la presencia de intenciones sociales de carácter
astronómico en el emplazamiento de los edificios, así como conocimientos
especializados en astronomía, geometría y matemáticas. Junto con Mercedes
Cárdenas, publicaron un interesante artículo sobre el reconocimiento de esos
edificios en los valles de Chao y Santa (Cárdenas & Milla, 1988).

Otro trabajo poco conocido e importante fue el de Cornelius Ulbert (1987),


quien realizó diferentes clasificaciones también morfológicas, proponiendo siete
grupos en los que capta las analogías de las organizaciones espaciales
correspondientes, destacando los grupos donde se comparan edificios circulares, así
como aquellos asociados a la “tradición mito”. Un trabajo similar, que estudia los
“pozos circulares” es el de Lucy Palacios (1994), quien generó un cuadro
comparativo de las características formales y los principales indicadores de sus
ubicaciones, tratando de agotar la existencia de ellos en los asentamientos ya
reconocidos por otros investigadores.

La idea de los orígenes de la civilización andino-amazónica, a partir del


paradigma “Chavín” —construido por Julio C. Tello con el descubrimiento del
centro ceremonial en 1919 (Tello, 1929, 1960)35—, fue replanteado a inicios de la
década de 1960 con las investigaciones efectuadas por la Misión Japonesa, que

35
Chavín sigue siendo centro de atención en la discusión arqueológica acerca de los orígenes de la
civilización, y ciertamente, las recientes excavaciones han reevaluado su comprensión, desde Tello,
Lumbreras, Burger y Rick. En el año 2019 se celebró el Simposio Internacional “Chavín, 100 años de
arqueología, desde Julio C. Tello hasta nuestros días. Avances y perspectivas”, durante los días 9 y 10
de agosto en la Municipalidad Distrital de Chavín de Huántar. En años anteriores, en el 2015, se
realizó una muestra importante e itinerante en el Museo de Arte de Lima (organizada por el Museo
Rietberg, quienes habían organizado la muestra en Zurich en el año 2012), y se publicó el libro-
catálogo Chavín (Fux, 2015a). Actualmente, John Rick dirige las investigaciones que se iniciaron
hacia el año 1995 (Rick, 2012).
25

enfocó su interés en Huánuco, y pudo realizar el descubrimiento del edificio de “las


manos cruzadas” en Kotosh36 (Izumi & Sono, 1963; Izumi & Terada, 1972). Se
obtuvo una antigüedad mayor, algo más de dos mil años a.C., pero sobre todo se
reconoció un modelo recurrente de edificio tipo, que se nombró como “Tradición
Mito”, cuya característica principal fue la presencia del fuego y la superposición de
los edificios, luego de su enterramiento ritual, lo que implicaba su regeneración o
“renovación” (Onuki, 1994, p. 81). Tradición importante cuyo registro material se
concentra entre las zonas norcentrales de costa y sierra. Se pueden mencionar, hacia
fines de la década de 1970, los trabajos de Terence Grieder y Alberto Bueno en el
sitio La Galgada (quebrada del río Chuquicara, Ancash) (Bueno, 1998; Bueno &
Grieder, 1979; Grieder & Bueno, 1985), donde se constató la presencia de dos
edificios, uno principal —de plataformas superpuestas y recintos con fuego—
asociado a un edificio circular hacia el oeste. También, hacia finales de la siguiente
década, Bonnier (1988a, 2007) investigó el sitio de Piruro, Tantamayo (extremo
norte de Huánuco), con la presencia recurrente de edificios mito. Pero fue, a
mediados de la década de 1990 que Ruth Shady (1994, 1997) empezó las
investigaciones en el valle de Supe, y definió el sitio de Caral (conocido hasta ese
entonces como Chupacigarro) como una ciudad sagrada, un gran centro ceremonial
conformado por edificios de gran envergadura, con el patrón de plataformas
superpuestas y altares con fuego, además de la presencia de edificios circulares, cuya
datación indicó ser el de mayor antigüedad para toda América, (3,000 años a.C.)
Desde el inicio se planteó su organización en base a un esquema dual, característico
de la cosmovisión andina. A partir de estas propuestas la discusión se ha ampliado,
tratando de acercarse, como se señaló, a entender los “orígenes”, la emergencia
(Burger, 1993b) y la complejidad de la civilización andina.

Así, en valles cercanos a Supe se han realizado importantes trabajos. Rafael


Vega-Centeno y su equipo reconocieron el valle de Fortaleza (al norte de Supe)
registrando asentamientos con evidencias de arquitectura pública de características
similares a las ya reconocidas, sobre todo, la asociación entre edificios de

36
La Misión Japonesa, de la Universidad de Tokio, inició los trabajos de investigación arqueológica
en el Perú en junio de 1958. En 1960 comenzaron las investigaciones en Huánuco, en el sitio de
Kotosh. Los trabajos estuvieron a cargo de Seiichi Izumi y KazuoTerada, participando también
Yoshio Onuki.
26

plataformas y edificios circulares (Vega-Centeno et al., 1999). En el valle de


Pativilca trabajó el equipo dirigido por Álvaro Ruiz, en una importante prospección
que demostró la extendida ocupación de asentamientos del periodo Formativo y la
existencia de edificios circulares (Ruiz et al., 2007). Luego, Peter Fuchs, a partir de
los trabajos que estuvo realizando en el valle de Casma, excavó en el sitio Sechín
Bajo (temporada del año 2005) y recuperó valiosa información sobre la evidencia de
una secuencia muy temprana de edificios circulares, con una datación de 3500 años
a.C., lo que revela entonces una mayor antigüedad que Caral, por lo tanto, un
entendimiento más amplio de los sistemas de ocupación del territorio (Fuchs et al.,
2008, 2010). Además, Henning Bischof (2010) hace una reevaluación y un estado de
la cuestión sobre la complejidad de la arquitectura en el valle de Casma, planteando
una cronología, tomando en cuenta los aportes de Fuchs y la presencia de los
edificios circulares. También es importante recordar el trabajo de reconocimiento y
prospección de los asentamientos en Casma, efectuado por Fung y Williams, en el
que se percibe una preocupación por la tipología arquitectónica y la definición de
ciertos patrones, de tal manera que se asocian los sitios de las Haldas (valle bajo) y
Sechín Alto (valle medio) para las épocas tempranas, así como en Taukachi/Konkán
para el formativo temprano (Fung & Williams, 1977).

Hacia el sur están los valles de Huaura, Chancay y Chillón, en los cuales hay
significativos aportes. En Huaura, el sitio conocido como Bandurria ha sido
investigado por Alejandro Chu (2008a). Se trata de un asentamiento muy cerca de la
línea de playa, con un gran sector de carácter ceremonial y en donde existen,
nuevamente, edificios de plataformas y edificios circulares, que de inmediato se
percibe que presentan un definido trazo correspondiente a orientaciones cardinales,
sobre todo por su relación con el eje este-oeste y la precisión de los equinoccios. En
Chancay, Walter Tosso hacia el año 2006 divulgó los descubrimientos de un
complejo muy temprano, “Shicras” (Tosso, 2011; Tosso et al., 2014), conformado
por dos edificios de carácter ceremonial, donde obtuvo una datación radiocarbónica
de 2800 años a.C. aproximadamente, conformado por plataformas superpuestas y
evidencias claras de recintos pequeños y ceremoniales, también con la presencia de
fuego. Finalmente, hay que señalar algunos trabajos importantes referidos a la
relación entre arquitectura y astronomía. Lorenzo Roselló tiene un aporte
significativo en su trabajo sobre Cantogrande, pues registra un edificio circular
27

realmente complejo, con una serie de componentes adicionales al propio círculo,


como una estructura cuadrada inscrita y canales y ejes radiales con alineamientos
equinocciales, solsticiales y estelares muy sugerentes (Roselló, 1997, pp. 19-24). En
ese sentido Robert Benfer y su equipo (2007) han propuesto la existencia de una
“tradición religioso-astronómica” a partir de sus investigaciones en Buena Vista
(2000 años a.C. aproximadamente), en el valle medio del río Chillón, definiendo
algunos recintos y ejes importantes que responderían a eventos astronómicos, y por
lo tanto se trataría de un edificio especializado en el control del tiempo (Benfer et al.,
2009).

Otros trabajos de arqueoastronomía37 para las sociedades del Formativo, son


dos estudios coincidentes de dos arquitectos, quienes llegaron a conclusiones
similares con respecto a la organización del sitio de Caral (Supe), en función a la
presencia de ejes con orientaciones solsticial y lunar para los principales edificios.
Primero, Alfio Pinasco con un estudio monográfico (2004) y, posteriormente,
Alberto Marroquín con su tesis de maestría (2010). Asimismo, Miguel Guzmán ha
presentado un avance de interpretación simbólico astronómico para el sitio de
Shicras en el valle de Chancay (Guzmán, 2014b, 2019b). Además de todo ello, es
importante también señalar la aparición de recientes publicaciones referidas a
elucidar y discutir tanto teórica como empíricamente las interesantes temáticas del
paisaje y la astronomía, haciendo énfasis en el territorio de los Andes. Los libros
compilados sobre Lugares, monumentos, ancestros. Arqueologías de paisajes
andinos y lejanos (Flores, 2018) y Deidades, paisajes y astronomía en la
cosmovisión andina y mesoamericana (Villanueva et al., 2019), así como el estudio
arqueoastronómico de Pinasco sobre Pachacámac. Templos, Montañas, Astros y
Agua (2019).

37
El término “arqueoastronomía” hace referencia al estudio de los criterios astronómicos utilizados
por las antiguas sociedades en la construcción de su arquitectura. Según Aveni (1993, p. 14), es el
término alternativo al de “astroarqueología”, acuñado por Gerald Hawkins hacia 1966.
28

2.3 Bases teóricas

El sustento general se encuentra en la interrelación simultánea de criterios


manejados por las tres disciplinas ya señaladas: la arquitectura, la arqueología y la
antropología básicamente38. La arquitectura es entendida como proceso de
producción constructiva acotada históricamente (Guzmán, 2016a; Ludeña, 2001;
Vaisman, 2015) y define una serie de especializaciones. Implica por lo tanto el
entendimiento de conceptos desde tres entidades o niveles: el territorio, el
asentamiento y el edificio. En el primer caso se encuentran: la planificación como
lógica de diseño macro espacial y temporal, el manejo del territorio como
apropiación (Giménez, 2001) y la sostenibilidad como acciones de utilización de los
recursos dentro del entendimiento del funcionamiento de los sistemas ecológicos y su
regeneración, y el paisaje como construcción simbólica social referente a sistemas de
pensamiento donde la sacralidad es pertinente a la presencia de la arquitectura en
interacción con su contexto natural.

Con respecto al segundo caso, del asentamiento, se encuentran: las propuestas


teóricas sobre patrones de asentamiento (Guzmán, 2016a, p. 59; Lumbreras, 2005, p.
79; Willey, 1953) y el reconocimiento de sus diferentes escalas para comprender los
sistemas de interacción y complementariedad, la teoría urbana39 que ha tratado de
definir los conceptos de ciudad, centros urbanos o centros ceremoniales entre otros
(Gavazzi, 2010; Makowski, 2016; Ravines, 1980, p. 16; Schaedel, 1997; Seki, 2014;
Valcárcel, 1954)40, y asimismo, el sentido conceptual de la organización espacial que

38
Como se ha esbozado en la discusión sobre los dominios epistémicos, las disciplinas afines se
encuentran en dinámicas de construcciones teóricas y metodológicas, y en todo caso, no existe una
teoría, sino teorías específicas para casos diferentes que se entrecruzan y comparten criterios dentro de
lo social. “Sin embargo, la teoría arqueológica no existe; se puede llegar a desarrollar con
especificidad propia, pero es sobre todo teoría social: antes (en sentido tanto genético como lógico) de
llegar a ser teoría arqueológica es teoría antropológica, sociológica, histórica, es teoría social, y todo
ello es primero y principalmente una inflexión determinada del sistema de saber-poder de la época en
la que existimos-pensamos.” (Criado, 2012, p. 20)
39
“(…) la preocupación inicial por el urbanismo como «cosa en sí» va transformándose en una
preocupación por todas las facetas del hombre, la sociedad, la naturaleza, el pensamiento, la ideología,
la producción, etc., construidas alrededor del concepto de urbanismo definido de modo relacional.”
(Harvey, 2016, p. 9)
40
Makowski desarrolla una discusión conceptual acerca del urbanismo andino planteando el término
antiurbano para caracterizar los modos de ocupación en el territorio de los andes confrontándolo con
los modelos occidentales, e incluso, diferenciándose de los más antiguos asentamientos de Medio
Oriente (Makowski, 2000, pp. 99-118, 2008).
29

alude a la configuración de construcciones morfológicas, tipológicas o simbólicas,


que implica además el reconocimiento del tipo de orden en el trazo de los
asentamientos. En cuanto al tercer caso, del edificio41, se debe reconocer: la teoría
propia del diseño arquitectónico que se sustenta en el manejo de diferentes criterios
de organización espacial donde se ubica también la teoría de la geometría y las
proporciones hasta los conocimientos astronómicos, la teoría de la construcción y su
organización y sistemas tecnológicos en cuanto a resistencias físicas y
acondicionamiento ambiental asociados, y la semiótica del diseño que maneja
criterios tipológicos, iconográficos y simbólicos dentro de sistemas de comunicación
y memoria social.

En el caso de la arqueología, y en relación directa al periodo formativo


inicial, se debe considerar un replanteamiento consistente, acerca de las teorías
clásicas sobre la complejidad social y la formación de las ciudades y el Estado
(Carneiro, 1970; Childe, 1992; Redman, 1990; Service, 1984; Wittfogel, 1966), pues
las investigaciones en las dos últimas décadas señalan particularidades para el
desarrollo de la civilización andina (Kaulicke et al., 2019; Makowski, 2008; Shady,
2014; Vega-Centeno, 2017b). Por ejemplo, sobre la neolitización y los procesos de
sedentarización que se han descrito, que obedecerían a múltiples condiciones
simultáneas y se habrían generado en distintos escenarios (Fung, 1999; Shady, 2003;
Valdez, 2013b), o al referirse a la construcción de los edificios de gran envergadura,
conocidos como arquitectura pública monumental, se postula ahora un trabajo
colectivo, comunitario y corporativo que se dio en largos procesos temporales42

41
Se ha planteado que el término más apropiado para referirse a las construcciones (sean
habitacionales, públicas o productivas, etc.), sin incidir apriorísticamente en su carácter funcional es el
de “edificio”. Bonnier, desde la arqueología, ya había percibido esta incertidumbre diciendo que en
“el estudio de la arquitectura temprana de los Andes, los análisis formales hacen falta y no se han
definido términos específicos.” Y agrega, que, si “el vestigio arquitectónico se encuentra bien
documentado por una evidencia arqueológica abundante, no se tiene por qué no emplear un término
específico como edificio o edificación.” (Bonnier, 2007, pp. 14-15, el resaltado es agregado).
42
Se trata de los procesos a largo plazo en los que Hodder enfatiza para la arqueología occidental,
frente a la preocupación por los lapsos más cortos de la antropología o la historia. “Estos son los
procesos a largo plazo, el auge y caída de los sistemas políticos complejos, la lenta transformación
de las tecnologías de subsistencia, la larga duración de las mentalidades, las curvas en forma de
huso de los estilos, y otros ejemplos. El énfasis arqueológico en el largo plazo es reforzado por los
patrones de supervivencia y recuperación. Para muchos periodos y áreas, pocos son los sitios que
sobreviven o pocos son los que han sido excavados con modernas técnicas científicas. Así, existen
pocas opciones aparte de hablar de la larga duración, los patrones generalizados y grosso modo. (…)
Dentro de la academia occidental, la arqueología se identifica a sí misma como un campo separado de
investigación al oponer su preocupación por el largo plazo con los lapsos más cortos con los que
30

(Burger, 2009; Chu, 2012), más que a decisiones coercitivas de un gobierno


centralizado, definido para otros contextos civilizatorios.43 Ello se relaciona con los
postulados sobre la agencia en arqueología (Dobres & Robb, 2000) y la mirada sobre
el individuo y su capacidad de acción mediada por la intencionalidad (Hodder,
2000). Si bien, el valle de Supe se mantiene con una trascendencia muy relevante por
la cantidad de asentamientos coetáneos que ocuparon los valles bajo y medio, y por
la densidad y complejidad de sus edificaciones, existen también otros valles cercanos
o a mediana distancia que constituyeron núcleos significativos para el desarrollo de
las sociedades, de tal manera que se postula el reconocimiento de un sistema
complementario de redes de intercambio, que daban solvencia a cada una de las
tradiciones culturales allí presentes (Kaulicke et al., 2019; Shady, 2014; Vega-
Centeno, 2017a).44

Otro aspecto teórico a considerar es el referido a la interrelación entre la


arquitectura y su contexto, esa mirada integral que le interesa al quehacer
arquitectónico, y que desde la arqueología se ha venido desarrollando desde hace
algunas décadas como la “arqueología del paisaje” (Burillo, 1998; Criado, 1993;
Orejas, 1991). Se explora entonces los fundamentos del emplazamiento de los
asentamientos y el escenario físico temporal que se constituyó en el lugar de
convivencia de aquellas antiguas sociedades, más allá del registro de la sola cultura
material producida, donde la unidad de análisis adquiere otra dimensión, “no es la

trabaja la antropología sociocultural (en los Estados Unidos) y la historia (en Europa).” (Hodder,
2000, p. 23)
43
“El desarrollo de la tradición de arquitectura monumental en los Andes centrales parece haber
estado íntimamente vinculado con la ideología y las relaciones de producción entre comunidades
agrarias poco diferenciadas entre sí, antes que con el control de la mano de obra ejercido por las élites
de sociedades estratificadas.” (Burger, 2009, p. 36)
44
Por ejemplo, Vega-Centeno recientemente ha propuesto un “escenario macrorregional” con una
serie de dinámicas de interacción entre siete zonas: la costa norcentral o sistema de valles de Pativilca
(Supe, Pativilca y Fortaleza), valle de Lambayeque, valle de Casma, valle de Chillón, la cuenca del
bajo Utcubamba, la cuenca del Tablachaca y la cuenca del alto Huallaga (Vega-Centeno, 2017a, pp.
95-102). A ellos habría que agregar los valles de Huaura y Chancay. Ver también la propuesta de
Kaulicke, reconociendo la tradición Sechín Bajo, la Tradición Mito (Ancash, Huánuco y norte de
Lima), la concentración de valles de Fortaleza, Pativilca y Supe (tradición de la costa norcentral,
propuesta por Vega-Centeno), tradición Cupisnique, y los valles extremos al norte y al sur
respectivamente, Lambayeque y Chillón (costa central) (Kaulicke, 2010, pp. 391-393). En reciente
publicación, Kaulicke ha propuesto la existencia de tres “esferas de interacción”: Esfera Sechín (entre
Casma y Jequetepeque, y hasta Ventarrón en Lambayeque y la Amazonía oriental), Esfera Caral (entre
Pativilca y Huaura con extensión hasta la costa central), y la Esfera Mito (con núcleos en Kotosh y La
Galgada básicamente (Kaulicke, 2019, pp. 65-73). Shady ha mencionado que existió “una dinámica
esfera de interacción e intercambio supralocal y contactos regionales, interregionales, y a larga
distancia, por lo menos a partir del Periodo Medio-Final del Periodo Formativo Inicial.” (Shady, 2014,
p. 84)
31

cultura material, (…) ni siquiera la unidad social, (…) sino la cultura en interacción
con la naturaleza y su expresión en la dimensión espacial.” (Hernando, 2018, p. 13)
Pero al final, persiste una búsqueda en acercarse a entender los sistemas de
pensamiento que les dio lógica o sustento para construir esos paisajes, ya que en esa
relación son los actores los que le otorgan un contenido identitario. “La
reconstrucción del paisaje arqueológico es un medio (tal vez uno de los pocos de los
que dispone la arqueología) para penetrar en la prehistoria del pensamiento” (Criado,
2012, pp. 20-21).

En cuanto a la antropología, son tres las dimensiones a considerar: la teoría de


los símbolos (Cassirer, 2013; Elías, 1994; Jung et al., 1984; Quezada, 2007), la teoría
de los rituales (Díaz, 1998; Durkheim, 2012; Eliade, 2000; Rappaport, 2001; Van
Gennep, 1986)45 y las teorías de los pensamientos (Godenzzi, 2005; Lévi-Strauss,
1970, 1972; Mithen, 1998; Piaget, 1971). Los símbolos como configuraciones
espaciales expresadas a través de la arquitectura en tanto sistema perceptual y
comunicativo, de tal manera que la arquitectura se convierte en esquemas de la
memoria social. Los rituales como entendimiento de las actividades, de las acciones
y los usos de los espacios diseñados para tales fines y que obedecen a ritmos
temporales establecidos socialmente. Y, los pensamientos, que serían las estructuras
mentales individuales y colectivas que resultan de construcciones cosmológicas —de
una organización racional de la existencia—, y se expresan en conceptos, en palabras
y se evidencian posiblemente en ciertas formas de organización de las dos anteriores
(de los símbolos y de los rituales).

Otro aspecto teórico, que de alguna manera integra a las tres disciplinas
señaladas (arquitectura, arqueología y antropología) es el que se refiere a la
arqueoastronomía46 (Aveni, 1993; Bauer & Dearborn, 1998; Hawkins, 1973;

45
Por ejemplo, Díaz en su Archipiélago de rituales realiza un recorrido denso y profundo sobre las
diferentes interpretaciones del ritual, comparando las visiones y concepciones de autores clásicos, que
hasta la década de los sesenta aproximadamente lo relacionaban con la magia y la religión (“modelo
acotado del ritual”), para acercarse luego a proponer una teoría del ritual (“modelo autónomo del
ritual”) a partir del “giro lingüístico” (basado en la obra de Leach) en donde el ritual se convierte en
un sistema simbólico de comunicación (Díaz, 1998, pp. 21-25, 230-231, 274-276).
46
Otros utilizan el término astroarqueología propuesto por Hawkins hacia 1966. “Prefiero utilizar el
término Astro-arqueología usado también por Aveni (1972), en lugar de Arqueoastronomía desde
que el concepto en ambos es diferente.
32

Pinasco, 2019; Pino, 2014; Urton, 2006; Villanueva et al., 2019; Ziółkowski, 2015;
Zuidema, 2010), ya que se sustenta en el estudio de la organización y emplazamiento
de los sitios arqueológicos, que implica un reconocimiento de sus procesos de
transformación temporal (arqueología), un entendimiento del diseño, del trazo y de la
relación del asentamiento o los edificios con el contexto espacial, el paisaje
(arquitectura), así como una mirada interpretativa sobre las formas de estructuración
de la existencia que aquellos grupos ordenaron: pautas espacio temporales que
pudieron regular los ciclos y la organización social, dentro de un sustento también
simbólico (antropología). Actualmente, hay preferencias en utilizar el concepto de
“astronomía cultural” (Iwaniszewski, 1994) pues se trata de comprender el contexto
cultural existente de aquellas antiguas sociedades, que posibilitó la relación entre los
fenómenos astronómicos y las formas materiales de recordarlos.47

El término Arqueoastronomía sugiere el estudio de una astronomía arcaica o antigua de tipo general lo
que no es el caso de la Astro-arqueología que estudia monumentos arqueológicos y los relaciona a una
base astronómica.” (Roselló, 1997, p. 14)
47
Se entiende por astronomía cultural “el estudio de las relaciones entre el hombre y los fenómenos
astronómicos dentro del contexto cultural; se compone de 4 subdisciplinas: la arqueoastronomía, la
etnoastronomía, la historia de la astronomía y la socioastronomía” (Iwaniszewski, 1994, p. 19).
33

CAPÍTULO 3. METODOLOGÍA

3.1 Tipo y diseño de investigación

El enfoque de investigación la define de carácter cualitativo, pues se pretende


comprender ciertas lógicas recurrentes en aquellas estrategias de diseño en la
organización de los espacios de un periodo y contextos determinados —más allá de
generalizaciones absolutas— a partir de la confrontación perceptual de los sitios
escogidos, de los documentos y una interpretación del sentido antropológico de ellos.
Según el diseño, la investigación debe articular, complementar y contrastar el trabajo
de campo con la búsqueda bibliográfica, tratando de agotar los datos precedentes. De
acuerdo a los objetivos intrínsecos se trata de una investigación causal o explicativa,
ya que busca responder ciertas preguntas sobre el porqué de las tipologías
arquitectónicas y sus constantes simbólicas. En el fondo, el objetivo extrínseco la
define como aplicada, ya que apunta a la generación de conocimientos que se
inserten en la interpretación de la historiografía del periodo formativo inicial y se
obtenga un conocimiento más amplio y profundo sobre los roles de la arquitectura, el
uso ritual de sus espacios y su correlación astronómica.

3.2 Unidad, población, tamaño y selección de estudio

Unidad. El estudio se enfoca en el análisis de la antigua arquitectura andina y sus


escalas: sea el territorio, los asentamientos y los edificios, haciendo énfasis en
34

aquellos de carácter ceremonial, de cierta envergadura pública, quedando


restringidos los casos de arquitectura residencial u otras diferentes.

Población. Está definida por los asentamientos y edificios que presentan la tipología
arquitectónica de a) edificios de superposición de plataformas y, b) edificio de
conformación circular. Al tratarse de un universo más o menos amplio (de acuerdo a
los antecedentes) se ha restringido a:
Espacio: valles bajo y medio de la costa en los Andes norcentrales, entre los
valles de los ríos Sechín por el norte y Chancay por el sur.
Tiempo: Periodo Formativo Inicial (3500-1600 años a.C.).

Tamaño. Se han definido seis sitios arqueológicos, seis asentamientos de reconocida


importancia arqueológica y arquitectónica.

Selección. Se trata de una selección de los sitios de acuerdo a un muestreo “no


aleatorio”, es decir, una selección dirigida e intencionada de acuerdo a la
información existente, a las posibilidades de acceso y a las características del estado
de conservación de los edificios. Los sitios son: 1) Sechín Bajo, en el valle medio del
río Sechín, 2) Las Haldas, en el valle bajo de Casma, frente al litoral, 3) Caral, en el
valle medio del río Supe, 4) Áspero, en el valle bajo del río Supe, frente al litoral, 5)
Bandurria, frente al litoral, en el valle bajo del río Huaura y, 6) Shicras, en el valle
medio del río Chancay.

3.3 Técnicas de recolección de datos

Se han obtenido los datos de acuerdo al estudio minucioso de la información


bibliográfica, referida a dos aspectos: al marco epistémico, teórico y conceptual
sobre la que se asienta la propuesta, y al específico de los informes de investigación
arqueológica para los sitios señalados. Por otro lado, se ha realizado un trabajo de
contrastación empírica visitando cada uno de los seis sitios escogidos, en diferentes
fechas del año, sobre todo en aquellas correspondientes al análisis de momentos
35

astronómicos significativos, realizando mediciones solares y mapeo de los elementos


referentes del paisaje circundante.

3.4 Análisis e interpretación de la información

El análisis de la información bibliográfica ha requerido una clasificación en


carpetas por cada uno de los seis sitios, y las investigaciones de acuerdo a sus
temáticas, sean arquitectónicas, arqueológicas o antropológicas básicamente.
Asimismo, se han elaborado cuadros comparativos de acuerdo a sus características
arquitectónicas contrastando la información. Con respecto a los datos obtenidos en
campo, ellos fueron transcritos a mapas o planos, a partir de los cuales se realizaron
los análisis de organización espacial y tipológico, las características físicas de los
contextos y los análisis de correspondencias astronómicas, definiendo los principales
ejes o alineamientos. Esto último con la ayuda de programas especializados sobre las
características del territorio (heywhatsthat) o sobre simulación del movimiento de los
astros para latitudes específicas y en correspondencia a las fechas de uso de los
edificios (stellarium 0.19.2). La interpretación hace énfasis en el aspecto de la
organización espacial de los asentamientos y edificios, recurriendo a los criterios de
la arqueología del paisaje, de la arqueoastronomía y de las estructuras cosmológicas,
en tanto mirada simbólica de arquitectura y los conceptos del sistema de pensamiento
andino. Es decir, se basa en un análisis simultáneo desde las tres disciplinas
enfatizadas: arquitectura, arqueología, antropología y el énfasis en los paisajes, los
rituales y los símbolos respectivamente. (ver matriz de análisis e interpretación)
36

Figura 3. Esquema del enfoque trialéctico desde la arquitectura.


Fuente: elaboración propia, MGJ (2018), basado en el cuadro de “notación de la vida” de Patrick
Geddes (1960, p. 246).

Figura 4. Dimensiones de la arquitectura desde el enfoque trialéctico.


Fuente: elaboración propia, MGJ (2018).
37

CAPÍTULO 4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN

4.1 Análisis, interpretación y discusión de los resultados

Los resultados de investigación que a continuación se presentan están


referidos, por un lado, al aspecto teórico de la arquitectura relacionada al paisaje, lo
que equivale como se ha sostenido a mirar la arquitectura como un fenómeno espacio
temporal que se concreta por la presencia de grupos determinados dentro de
cosmovisiones y cosmologías particulares, donde se articulan las lógicas de los
objetos, de las acciones y de las visiones estelares. Por otro lado, se presentan y
discutirán los datos sobre los complejos arquitectónicos definidos: Sechín Bajo,
Haldas, Caral, Áspero, Bandurria y Shicras.

4.1.1 Arquitectura, rituales y astronomía

Aquí se desarrollan y profundizan los tres temas teórico conceptuales


planteados que sustentarán los análisis y las interpretaciones de las características de
los seis sitios señalados. El primero es la relación entre la arquitectura y su contexto
espacio temporal que deviene construcción del paisaje. El segundo es el
entendimiento de la arquitectura ligada al uso intensivo de las acciones sociales, es
decir, el diseño de los espacios para la celebración de eventos rituales. Y, el tercero
se refiere al planteamiento de pautas importantes que ayudarán a comprender el uso
deliberado de los conocimientos astronómicos en la organización de la arquitectura.
38

4.1.1.1 arquitectura y construcción del paisaje48

Una mirada diacrónica de los procesos de adaptación e interdependencia entre


las sociedades y los territorios determinados en los Andes señalan una serie de
características y complejidades, debido justamente a sus particularidades, no solo
físicas sino como potenciales en la obtención de recursos dentro de una alta
diversidad. Pero también, el aspecto temporal, que alude al reconocimiento de los
climas y sus recurrencias, así como sus implicancias sobre las comunidades bióticas,
de tal manera que la observación de los fenómenos es una de las primeras
preocupaciones en tanto búsqueda de alimentos para la subsistencia social y su
regeneración. Ese estar en el mundo constituye formas de arraigo y de apropiación,
desde los diferentes procesos de domesticación, convivencia y socialización al lado
de la construcción de la arquitectura, que desde temprano alude también a la
construcción del paisaje.

Se propone el concepto de paisaje —más allá de la visión morfológica (que se


refiere al paisaje como una entidad externa formal)49— como una construcción
cultural elaborada por un determinado grupo social a partir de una relación sostenida
con su contexto, de tal manera que se constituye en escenario de convivencia donde
se construyen simbólicamente elementos referentes tanto físicos como temporales,
que adquieren consistencia e identidad en la consolidación de la memoria social. En
este sentido, el paisaje no es estático, es transformado físicamente y reelaborado
conceptualmente a través de generaciones. Es un territorio delimitado en el que los
grupos han identificado la existencia de una serie de elementos o recursos para la
subsistencia y la regeneración, entre ellos sobre todo la presencia del agua. Es decir,
a partir de un paisaje de la subsistencia aparece un paisaje simbólico referente que
conduce también a la construcción de un paisaje sagrado (Campos, 2010; Guzmán,
2016b; Reinhard, 2002; Santillana, 2012) o sacralizado como totalidad, donde se
reúnen las entidades social, espacial y temporal.

48
Sobre este acápite se puede revisar el artículo publicado por el autor acerca de la construcción del
paisaje como estructura simbólica en los andes (Guzmán, 2016b).
49
Carl Sauer, hacia 1925, en su “Morfología del paisaje” se refería ya al concepto de paisaje
(landscape) de una manera amplia, donde se integrarían tanto las formas físicas como las culturales
(Sauer, 1925, 2006).
39

El tipo de paisaje planteado es dinámico (interacción y transformación) y, a


partir de una serie de casos referentes en el mundo andino, se ha postulado el manejo
del territorio, su reconocimiento y organización, por medio del criterio de
circularidad (Guzmán, 2016b, pp. 17-19), que implicaría la presencia de ciertos
centros y diferentes líneas o ejes radiales. Una mirada importante que posiblemente
se relacione con el control visual, perceptual y radial de los eventos astronómicos en
correlación con puntos referentes del perfil físico del territorio (cerros), pero al
mismo tiempo podría incidir en la construcción práctica de configuraciones
simbólicas circulares. Aquí una relación importante con la construcción de esquemas
mentales en la organización del espacio, como, por ejemplo, las estructuras radiales,
“diametrales” o “concéntricas” (Lévi-Strauss, 1970, p. 138). En esa conjunción
amable entre el reconocimiento del aspecto físico local y de los fenómenos
temporales se habrían consolidado los procesos de “domesticación del espacio” por
un lado y de “domesticación del tiempo” por el otro (Guzmán, 2014b, pp. 17-19), lo
que significa sobre todo un reconocimiento solidario entre las distintas entidades.
Esta idea de domesticación en el sentido de analogía al proceso de neolitización —
donde se definieron por un lado la domesticación de plantas y animales
(transformación de condiciones iniciales), y por el otro, la sedentarización—, se trata
de un manejo apropiado y un entendimiento de las condicionantes en el que actúan
las diferentes esferas dentro de los sistemas cósmicos y ecológicos integrales.

De lo anterior se desprenden ciertos criterios en la construcción del paisaje: la


territorialidad, la temporalidad y la circularidad. En este sentido, la arquitectura se
inserta dentro de un dominio de arraigo espacial y temporal, y como se ha señalado,
muchos ejemplos en los edificios del Formativo Inicial destacan por sus largos
periodos de construcción y sobre todo por la superposición, renovación y
continuidad, que equivaldría a la conciencia de dicha temporalidad, una concepción
arraigada en los esquemas sociales ligada a la simbolización y “sacralidad de la
naturaleza” (Eliade, 1998, pp. 86-118), del entorno y a su recurrencia.

4.1.1.2 la organización del espacio como ritual

En el origen de todos los sistemas de creencias y de todos los cultos, debe haber
necesariamente cierto número de representaciones fundamentales y de actitudes rituales que,
pese a la diversidad de las formas que unas y otras han podido asumir, tienen en todos los
40

casos la misma significación objetiva y cumplen con las mismas funciones. Son estos
elementos permanentes los que constituyen aquello que es eterno y humano en la religión;
son ellos todo el contenido objetivo de la idea que se expresa cuando se habla de la religión
en general. (Durkheim, 2012, p. 58)

El diseño es un ejercicio referido a la prefiguración de aquello con


potencialidad de ser, de hacerse o concretarse. Todo edificio, todo asentamiento o el
mismo territorio transformado es la materialización de un pensamiento anterior, casi
“una mirada anterior”, que se encarga de percibir las necesidades y las lógicas de
interacción que deben establecerse entre diferentes sectores, zonas, espacios o
recintos, con algún tipo de propósitos específicos: usos, actividades o funciones
arquitectónicas. Las diferentes partes se unen por medio de la presencia humana y
sus recorridos, por sus desplazamientos y las intensidades con las que ellos se dan.
Desde allí, la arquitectura es dinámica, es secuencia y tránsito. Dependiendo de la
jerarquía de los edificios, en unos o en otros se ejecutan acciones repetitivas, con
frecuencias cotidianas ordinarias y con pautas de eventos y ceremonias
extraordinarias calculadas temporalmente. Lo cierto es que la arquitectura está
presente como envolvente y podría ser la expresión de un reordenamiento cósmico,
que implica una celebración ritual de la sociedad. El diseño del espacio podría
pensarse como una ejecución ritual. La “organización del espacio es, (…), una
característica intrínseca de las áreas rituales, (…). A través de un diseño formalizado
y específico, el espacio ritual orienta la acción ritual. Es el escenario [donde]
participantes y (…) objetos interactúan durante las performances.” (Vega-Centeno,
2006, p. 183)50

Se trata entonces de dos ritmos en el desenvolvimiento de las personas, uno


cotidiano, familiar o grupal, y otros con cierta preparación pensados para el
encuentro y participación comunal, que concita y congrega. En ambos, la
organización y el diseño de los espacios debe supeditarse a aquello que va suceder,
donde la arquitectura se convierte en una expresión del ritual por medio de las

50
Se trata de un artículo interesante, en donde, desde la arqueología Vega-Centeno se acerca al
manejo del espacio y el diseño arquitectónico, y explora las dimensiones del ritual y cómo existirían
indicadores para su reconocimiento en los contextos excavados. Señala tres aspectos que se podrían
evaluar arqueológicamente: las instalaciones o elementos arquitectónicos (altares, nichos, etc.), la
forma en que se organizan los espacios y los posibles desplazamientos, y las conformaciones de los
recintos y sus tamaños (2006, p. 183). Asimismo indica que el “estudio del diseño arquitectónico,
como correlato arqueológico de actividades rituales, puede ser asumido evaluando dos dimensiones
del mismo: su estructura espacial y su estructura perceptual.” (2006, p. 184)
41

formas, proporciones y jerarquías de los espacios y del dibujo que se describe en ese
uso o en esas huellas que generan los recorridos a través de los recintos. Así, se
producen tensiones entre lo interior y lo exterior, entre lo sagrado y entre lo profano,
entre los espacios privados y los públicos.

1. los rituales

En aquellas sociedades ancestrales, donde lo cotidiano es la observación de la


naturaleza y sus ritmos, las actividades devienen propiciatorias para la consecución
de logros comunales. La evocación de los fenómenos de la existencia en tanto
sentimiento numinoso debió ir generando conceptos para el entendimiento del orden
y su estructura dentro de la memoria social. El vínculo entre las diferentes
dimensiones debió expresarse por medio de la congregación, de un sentimiento
comunal compartido que debió ir construyendo también las bases de la religión51,
que devino sistema social de creencias, pero sobre todo de rituales con los que se
hacía patente y solidario ese vínculo y la permanencia, por medio de la repetición, de
la restitución y del reencantamiento, es decir, el ritual como experiencia singular de
trasformación del espacio donde se producen las celebraciones. Se trata pues de una
“experiencia del espacio sagrado” (Eliade, 2010, p. 127) o un reconocimiento de su
presencia.

Por lo tanto, la consistencia del ritual se encuentra en su persistencia, en la


celebración, en su estructurado desarrollo con la participación de individuos y
espacios apropiados para las representaciones, o mejor, para las ejecuciones que son
parte de la existencia comunal. En ellos aparecen cantos, danzas, palabras, objetos,
ofrecimientos, fuego y otros elementos que sugieren y establecen símbolos, así como
actos de comunión solidaria dentro de la lógica cíclica del tiempo. Los “rituales están
conformados en buena medida por procesos, funciones y formas simbólicas.” (Díaz,
1998, p. 24) En el caso andino, se trata de una conexión con el espacio natural, una
construcción que sacraliza el sentido del acto, del espacio y del tiempo, ya que
existen propósitos y fundamentos en tanto conceptos dentro del sistema de

51
“los elementos conceptuales y experimentales más importantes de la religión, lo sagrado, lo
numinoso, lo oculto y lo divino, así como su integración en lo santo, son creaciones del ritual.” Éste
sería “una estructura, esto es, como un conjunto más o menos permanente de relaciones entre un
número de características generales pero variables.” (Rappaport, 2001, p. 23)
42

pensamiento. El ritual “es ante todo una forma donde se vierten contenidos, esto es,
principios, valores, realidades, fines y significados de otro modo y en otro lugar
constituidos, pero que a través de él son expresados.” (Díaz, 1998, pp. 13-14)52 El
ritual se convierte en un sistema de comunicación social empoderado.

La función de los rituales por lo tanto se halla en una especial organización


del tiempo y en hacerse código de congregación o participación. Se trata
celebraciones espaciales de tiempos en el que convergen unos y otros, donde se
asignan roles ciertamente diferenciados, de acuerdo sobre todo a épocas climáticas
que pudieron armonizar ciertos calendarios. La participación individual es
fundamento de la cohesión social. Y esa participación obedece a una serie de
preparativos previos, lo cual señala una conciencia de la importancia del evento: es la
“fiesta” que se realiza en un microcosmos, en un espacio reorganizado que se
convierte en símbolo social, y por la tanto la arquitectura, el espacio público o el
paisaje se transforman también en memoria, recuerdo y presente, en una constante
actualización de lo cósmico.

La lógica de los calendarios o su estructura, obedecería a una correlación con


los ciclos cósmicos y biológicos básicamente, a ese reconocimiento de su interacción
e interdependencia, así como a esos otros ciclos de orden terrestre. Los primeros se
refieren al desarrollo de los seres humanos y de las diferentes especies que
constituyen la flora y la fauna, haciendo énfasis en los cambios que se producen entre
el nacimiento y la muerte. Los segundos definen perceptualmente el devenir
temporal y la diferenciación de días-noches, estaciones cálidas-frías, húmedas-secas,
y las recurrencias de los ciclos anuales, todo ello asociado a un ordenamiento del
trabajo. Mientras que los terceros se hallan en los referentes de ciertas entidades
físicas y sus apariciones y periodicidades, como las lluvias que definen los caudales
de los ríos o los vientos y las necesidades de protección, pero también los procesos
de producción que implican cambios en el territorio asociados a las labores, por
ejemplo, agrícolas o constructivas, en las que se hace necesaria la participación y la
fuerza corporativa. En todos, la mirada está dirigida hacia esos momentos de

52
Díaz señala que acerca del término ritual se observan dos acepciones, una referida a prácticas
recurrentes, quizás desprovistas de sentido, cotidianas, mecánicas o afectas a convenciones sociales,
mientras que otra se refiere a prácticas colectivas pomposas, o extraordinarias, quizás anacrónicas de
otras sociedades lejanas en el tiempo (Díaz, 1998, p. 9).
43

transformación, y quizás un elemento que simboliza ello sea el fuego, por su carácter
casi mágico en el cambio de la materia. Esos cambios pueden asociarse al paso de un
estado a otro, como el tránsito del mundo profano al mundo sagrado (Eliade, 1994) o
el requerimiento de un “periodo intermediario” (Van Gennep, 1986, p. 12), que en el
fondo constituyen los denominados “ritos de paso”.

En el fondo, todo rito es la manifestación de un cambio, es el paso ceremonial


y sagrado que consagra roles identitarios a los componentes de la estructura social.
El cambio biológico individual debe ser mostrado socialmente para su institución y
aceptación. Para ello se requiere una construcción simbólica que se manifiesta en
“secuencias ceremoniales” (Van Gennep, 1986, p. 20), las que se ejecutan en
espacios también ceremoniales y jerarquizados con un ordenamiento secuencial. Van
Gennep propuso una clasificación en tres estadios: “ritos de separación” (como, por
ejemplo, los funerales), “ritos de margen” (como por ejemplo la época de embarazo,
o el tránsito a la vejez) y, “ritos de agregación” (que implica la reunión o el
encuentro, por ejemplo, del matrimonio). Estos tres estadios se correlacionarían con
rituales “preliminares, liminares y postliminares” respectivamente (Van Gennep,
1986, p. 20). Sin embargo, aquellos “ritos de paso” en realidad tendrían su propia
finalidad específica:

las ceremonias del matrimonio comportan ritos de fecundación; las del nacimiento, ritos de
protección o de predicción; las de los funerales, ritos de defensa; las de iniciación, ritos de
propiciación; las de la ordenación, ritos de apropiación por la divinidad, etc. Todos estos ritos
que tienen un fin especial y actual, se yuxtaponen a los ritos de paso o se combinan con ellos,
a veces de manera tan íntima que no se sabe si tal rito pormenorizado es, por ejemplo, un rito
de protección o un rito de separación. (Van Gennep, 1986, p. 21)

Otros ritos especiales se refieren a las acciones de renovación, de


“purificación”, de regresar de un estado actual a otro anterior e inicial, que connota
su cualidad de “limpieza”. Se trata de un acto realmente sugerente, comprometido y
conciliador, ya que implica la continuidad, pero en un estado otro, desprovisto de
cargas y ello alude a un renacimiento. Se purifican los espacios y las instalaciones,
los objetos necesarios y acompañantes y por supuesto, también las personas. El rito
de purificación como un acto que sacraliza aquello que se convoca. “Lo santo o
sagrado no es, por consiguiente, una propiedad objetiva sino aquello que empieza a
44

introducir diferencias en lo indiferenciado, creando así esferas de significación”


(Quezada, 2007, p. 443).

2. de la configuración del espacio al espacio reconfigurado

Pensar en el espacio es acercarse a comprender sus características que


generan en las personas la conciencia de estar a partir de experiencias y
percepciones, de sensaciones sobre límites o extensión, que implica asimismo
construir la dimensión existencial, donde los grupos socializan. El “espacio
existencial” (Norberg-Schulz, 1975, p. 15), es el de la experiencia misma donde los
seres humanos, individual y colectivamente, construyen sus vidas desarrollando
estrategias de aprendizaje, interacción y adaptación-transformación sobre las
condiciones concretas espacio temporales. ¿Cómo entender dicha existencia? En un
primer momento, se trata de subsistir, algo inherente a la condición humana, que
implica asumir su regeneración. Es el espacio de los sistemas ecológicos y el
entendimiento de las cadenas reproductivas donde el ser humano se organiza por
medio del trabajo que asume la sostenibilidad como totalidad. Una segunda
dimensión es el espacio pensado, que implica un pensamiento crítico y reflexivo
sobre las características propias de los diferentes lugares y la diversidad, aquello que
en cierta medida estructura las relaciones físicas y perceptuales de distancia y
posición. En este caso se trata de ejercicios de abstracción que generarían conceptos
de organización. Mientras que la tercera dimensión es el espacio percibido, es decir,
aquel espacio que construye la mente humana en función a las sensaciones que
obtiene por medio de la experiencia, por ejemplo, del calor o del frío, de las
distancias o del cansancio, de los reflejos, de los olores y los recuerdos. Es un
espacio dinámico que asimismo reconfigura la existencia desde el contacto y el
movimiento.53 Estos tres espacios interactúan simultáneamente, definidos por: la
subsistencia, el pensamiento y la percepción, que se correlacionan asimismo con los
criterios tríadicos de función, finalidad y forma, o trabajo, gente y lugar, aludidos
anteriormente.

53
Merleau-Ponty reflexiona con profundidad sobre las condiciones de percepción, entendiendo que el
“espacio” posee intrínsecamente diferenciaciones, como “el arriba y el abajo”, “la profundidad”, “el
movimiento” y “el espacio vivido” (Merleau-Ponty, 1985, pp. 258-312).
45

Resulta interesante señalar además la existencia de un espacio mítico,


relacionado sobre todo a la dimensión temporal. Ernst Cassirer señaló que “el
espacio mitológico ocupa una posición intermedia entre el espacio de la percepción
sensible y el espacio del conocimiento puro, el espacio de la intuición geométrica.”
(Cassirer, 2013, p. 116) De acuerdo a lo señalado anteriormente, en este caso el
espacio mitológico estaría ligado al espacio de la subsistencia, ya que los mitos son
construcciones mentales que buscan explicar los fenómenos de la existencia o los
eventos extraordinarios, que se debieron posiblemente a ocurrencias espacio
temporales, a partir de fuerzas numinosas que se transforman en recreaciones de
sucesos y personajes míticos, que logran encauzar los ritmos de regeneración de las
sociedades. Óscar Quezada, añade sobre este “espacio mítico” que sería “pertinente
explorar, entonces, tres dimensiones generales del mito: el espacio, el tiempo y el
número. La interacción de estas dimensiones con la dimensión intensiva del afecto
genera valores.” (Quezada, 2007, p. 446) Así, Cassirer había ya indicado que los
espacios mítico y perceptivo son “configuraciones concretas de la conciencia” (2013,
p. 117) opuestos a la construcción abstracta del espacio geométrico. Y, según lo
señalado por Quezada, se podría colegir que el “espacio mítico” está constituido por
lo perceptual-espacial, por lo temporal-mítico y por lo social-número. Nuevamente,
la relación de los espacios propuestos: de la percepción, de la subsistencia y del
pensamiento, respectivamente.

Asimismo, el espacio indisolublemente ligado al tiempo ha sido estudiado a


partir de sus características netamente físicas, estableciendo la existencia cósmica de
un “sistema de fuerzas” (Hawking, 1992, pp. 101-105), las cuales si bien parecen
imperceptibles generan efectos sobre la acción humana. Hawking ha señalado que
todas las partículas del universo tendrían incorporadas un tipo de “fuerza” de las
cuatro existentes: “fuerza gravitatoria”, fuerza electromagnética”, “fuerza nuclear
débil” y, “fuerza de interacción nuclear fuerte”, siendo la primera aquella que genera
atracción sobre los cuerpos y modifica eventos que podrían determinar ciertas formas
de cosmovisión, como por ejemplo la recurrencia de las mareas o el reconocimiento
de los estados físicos en los procesos constructivos. Se trata tal vez de apreciaciones
sobre las diferencias e interconexiones entre las diferentes escalas del espacio, uno
macrocósmico, de fuerzas míticas y otro microcósmico de reconocimiento de las
propiedades intrínsecas de cada objeto. De ello, se infiere la existencia de una
46

estructura espacial, de un ordenamiento cósmico que aludiría luego a la construcción


de estructuras cosmológicas, las que devienen sistemas de organización social.

El concepto de estructura se refiere a una totalidad como sistema dinámico de


partes y relaciones, sectores interconectados. Así, en las sociedades arcaicas se debió
entender la diferenciación de las fuerzas estableciendo lugares y jerarquías. En el
caso de la fuerza de gravedad, lo que predomina es una relación de arriba hacia
abajo, un eje de jerarquía asociado a la fuerza vertical, “que es la que determina la
estructura del universo a gran escala” (Hawking, 1992, p. 221). Asimismo, esa
oposición correspondería a una asociación con diferentes formas de materia, uno casi
inasible e inmaterial, y el otro muy concreto y formal. Complementario a ello se
pensaría también en los desplazamientos sobre el territorio, que a una escala humana
hace referencia a una percepción horizontal y el sentido de la dinámica. Estas
diferenciaciones equivalen a una distribución en la conciencia humana, a aquellos
primeros esquemas conceptuales tan elementales que permiten captar
simbólicamente lo de arriba y lo de abajo, lo de la derecha e izquierda o lo de
adelante y atrás. Y, ello además con posibles asociaciones evidentes de los elementos
presentes en aquellas partes de la naturaleza.

Por todo ello, la producción de la arquitectura si bien obedece a necesidades


fundamentales de cobijo, protección y usos determinados, el proceso de diseño está
imbuido de criterios topológicos que señalan el espacio reorganizado a partir de los
diferentes esquemas de fuerzas. El cosmos y sus alcances —perceptuales, físicos y
míticos— están presentes en la definición de las configuraciones arquitectónicas.
Quizás, un primer criterio sería el establecimiento de un punto de referencia, un
centro como lugar de inicio desde donde se trazan diferentes alineamientos o ejes y
particiones: “el espacio es lo que, por excelencia, se divisa, se divide, sea con
relación al sujeto [aquí vs. acá vs. ahí vs. allí vs. allá], sea en relación con un centro
desembragado a partir del cual son fijadas las direcciones horizontales y verticales.”
(Quezada, 2007, p. 452) En ese momento el espacio se reconfigura, se instaura y se
estabiliza socialmente, porque detenta la noción de apropiación, de asirse, de
establecerse y al mismo tiempo de control, sea espacial y también, o sobre todo,
temporal. Luego de ello, un despliegue inusitado de trazos y “figuras” que debieron
regularse como principios referidos a conceptos y que al final se convertirían en
47

símbolos espaciales y sociales. El ordenamiento del espacio para su construcción


generó pautas y estrategias de diseño. Ellos podrían estar referidos a ciertos
conceptos andinos, con los cuales se regularon los espacios. El centro chaupi como
“ombligo” o eje del cosmos (Eliade, 2000; Tibón, 2013), el eje ceque, la paridad y la
simetría desde un eje yanantin, el trazo del círculo muyu fueron posiblemente las
principales lógicas o modelos que sustentaban espacialmente la arquitectura y su
oficio.

Apoyándose en la geometría —pero al mismo tiempo en las observaciones


temporales—se podrían establecer cuatro tipos de estructuras para concretar el
espacio reconfigurado, es decir, el espacio diseñado conscientemente a partir de
patrones y pautas espacio temporales: 1) “lineales”, donde predomina el eje
longitudinal y los objetos se suceden unos tras otros, 2) “radiales”, donde se observa
la distribución a partir de algún centro con diferentes ejes y los elementos parecen
girar alrededor, 3) “concéntricas”54, en las que a partir de un modelo inicial, por
ejemplo, una circunferencia o un cuadrado, se replica hacia adentro o hacia afuera a
manera de pulsos armónicos o frecuencias, desde el centro y, 4) “bidireccionales”,
referidas a organizaciones a partir de dos ejes, generalmente opuestos entre sí o
transversales (perpendiculares), generando básicamente formas cuadrangulares.

54
En cuanto al sistema de estructuras duales, Lévi-Strauss a partir de sus investigaciones sobre los
Bororo, concluye que existirían dos tipos de estructuras: unas “diametrales”, es decir, el eje del
diámetro divide el espacio del círculo en dos mitades similares, y las “concéntricas”, donde las
divisiones se hacen como secuencias de circunferencias inscritas desde un centro, y dice además que
existe “una profunda diferencia entre el dualismo diametral y el dualismo concéntrico: el primero es
estático, es un dualismo que no puede sobrepasarse a sí mismo; sus transformaciones no generan otra
cosa que un dualismo semejante a aquel del cual se ha partido. Pero el dualismo concéntrico es
dinámico, lleva en sí un triadismo implícito” (Lévi-Strauss, 1970, p. 138).
48

Figura 5. Pautas en la construcción de la organización espacial por medio de un sistema de cuerdas.


Dichas pautas se asocian a conceptos del pensamiento andino.
Fuente: elaboración propia, MGJ (2017).

Figura 6. Estructuras espaciales básicas. sistemas de organización.


Fuente: elaboración propia, MGJ (2020).
49

De otro lado, el espacio puede ser interpretado también como un espacio


temporal. Es decir, a partir de la lógica recurrente del tiempo se percibiría que ese
transcurso se da sobre un espacio determinado, o se podría sugerir que el tiempo
ocupa una porción de espacio, teniendo en cuenta que se producen observaciones de
los astros y que ellas generan periodos repetitivos con puntos extremos desde la
óptica del observador. Para el caso del sol, esos puntos extremos son los solsticios, y
los puntos medios los equinoccios, de tal manera que las divisiones temporales
podrían ser a la vez divisiones espaciales. Por lo tanto, “la importancia de los
fenómenos celestiales para las sociedades regidas por un sistema mágico-religioso de
tipo astro-biológico resulta del hecho de que los ciclos astrales servían para: La
división espacial del mundo. La división temporal (calendario). El establecimiento
de pronósticos.” (Ziółkowski, 2015, pp. 33-34)

Se observa entonces que, en función del conocimiento astronómico y sus


periodos sensibles, existe una correspondencia de “estructuras”, aquellas asociadas a
la racionalidad del tiempo, otras ligadas a la organización del territorio o a la
conformación de sus estructuras topológicas y las últimas al devenir de la sociedad.
Si estas organizaciones responden a su vez a ciertas estructuras mentales de los
grupos, se puede sugerir que hubo una correspondencia con las formas en que éstos
se organizaron. Desde la etnohistoria existen evidencias que señalan esas relaciones
entre lo espacial, lo temporal y lo social. Por ejemplo, Tom Zuidema se ha referido a
aquellos sistemas o construcciones tanto “binarias” como “triádicas” (1989, pp. 221-
230) que de diferentes maneras serían un tipo de lectura para comprender el sistema
de organización complejo que presentó el Tawantinsuyu. Un primer tipo de
estructuración espacial estaría dado por la oposición y complementariedad de dos
conceptos quechua: “saya” y “suyu”.55 Saya está ligado a las divisiones del espacio
en el sentido vertical, mientras que suyu se refiere a las subdivisiones del espacio a
nivel horizontal. Así, en el sentido vertical se genera otra dualidad entre las
posiciones extremas de lo de arriba-hanaq y lo de abajo-hurin. Y, por el otro lado,
una principal división triádica sería aquella reflejada en el tipo de organización
social, expresada por los conceptos de “collana, payan y cayao” (Zuidema, 1989, pp.
222-224), que aluden a categorías dentro de un ordenamiento jerarquizado de la

55
Zuidema señala que la oposición binaria suyu – saya sería la “primera clasificación encontrada en la
cultura incaica”, mientras que la segunda fue hanan – hurin (Zuidema, 1989, p. 221).
50

sociedad, correlacionándose con las ideas de lo primero, lo segundo y el basamento,


en una suerte de lectura vertical.

Otros modelos triádicos estarían conformados por las siguientes secuencias:


“ñaupa, kai y quipa”, “hanaq, kai y ucku”, “ichoc, chaupi y allauca” o “anti, inti,
conti”, entre otros. El primer modelo resulta interesante porque al mismo tiempo
incorpora los conceptos de espacio y tiempo: ñaupa significa adelante y pasado, kai
es aquí y presente, mientras que quipa es atrás y futuro. En el segundo caso existe
una división espacial a nivel vertical: hanaq alude a aquello que está afuera, kai
sería, como en el anterior caso, el mundo presente de aquí, y ucku se refiere
básicamente a aquello con una cualidad telúrica del interior, es decir, que se halla
adentro.56 Con respecto a la tercera triada, resulta clara la asociación con el cuerpo y
sus extremidades, ichoc es el lado izquierdo, allauca el derecho, mientras que chaupi
haría referencia al cuerpo mismo como centro de ambos lados. Además, son
interesantes los vocablos para designar posiciones extremas en el recorrido aparente
del sol. An(ti) señala la aparición del sol, el amanecer, in(ti) es el sol al mediodía, en
su punto extremo más alto, y con(ti) indica el ocultamiento, el atardecer o la caída
del sol. En los tres casos es evidente que el sufijo ti indicaría al sol. En este último
caso, existen también la pareja de términos “kawsay-wañuy” asociados a dichos
lugares de aparición-desaparición del astro, es decir, al oriente y al poniente.

De la existencia de estructuras duales o bipartitas es posible establecer sus


propias combinaciones a manera de ejes que se cruzan perpendicularmente entre sí,
como, por ejemplo, adelante-atrás ñaupa-quipa frente a izquierda-derecha ichoc-
allauca, determinando un modelo cuadripartito. Además de ellos, existe otra noción
dual de la espacialidad referida a la distancia con respecto a algún punto: cerca y
lejos, que serían los términos “kaylla” y “caru” (Zuidema, 1989, p. 223)
respectivamente.

56
Sobre esta relación o modelo tripartito, la base de los discursos controvertidos se refiere al famoso
dibujo del retablo que existió en el edificio inca principal del Cusco, el Coricancha, efectuado por el
cronista Juan de Santa Cruz, hacia 1613 aproximadamente (Santa Cruz Pachacuti Yamqui, 1993).
51

3. de los símbolos como recreación arquitectónica

Uno de los problemas fundamentales y reveladores para la comprensión de


los modos de vida de las sociedades arcaicas es el de sus diferentes manifestaciones
culturales en tanto sistemas de comunicación, ya que desde ellos se podrían tejer
narraciones e interpretaciones. Construir o fabricar algún determinado objeto pasa
por un reconocimiento de ciertas capacidades intelectuales: imaginar, pensar o soñar,
en función de sus necesidades y utilidades, tanto personal como social. Cada objeto,
con sus procesos asociados y sus expresiones espaciales, fue elaborado además de
forma empírica, conceptualmente desde temprano, a partir de algunas maneras de
“simbolización” que señalarían ciertos propósitos. Se trataría de un reconocimiento
de la lógica de los procesos que conlleva una determinada performance. Así, los
“elementos simbólicos incluyen la modelación o manufactura de un determinado
material (…), concorde con una determinada idea de forma (…) y de uso, y la
relación de este objeto ya culturizado con una actividad concebida” (Buchler, 1982,
p. 8). Se hace evidente un proceso anterior de prefiguración, que se modela, se
sostiene y se obtiene en una serie de secuencias instrumentales de orden pragmático,
pero referidas a la concreción de algún elemento transformado en una configuración
reconocible, una convención o una institución: símbolos de orden social.

Estos símbolos que se incorporan, se adhieren o se arraigan en las


mentalidades adquieren una dimensión diacrónica en tanto “memoria colectiva”, que
posibilitan el reconocimiento o la identificación con aquello que se muestra sobre
todo socialmente. Jung (1970) ha propuesto el término “arquetipo”57, un concepto
que hace énfasis en las ideas de lo antiguo, del tipo o modelo, o mejor, en una
estructura primordial que denomina “inconsciente colectivo”, donde la simbolización
y los símbolos emergen con fuerza y contenido, como imágenes presentes y
recurrentes. Sobre los símbolos, Jung ha explorado aquellos que remiten a cualidades
y fuerzas especiales y junto con otros colegas han propuesto la existencia de algunos
muy básicos pero constantes (Jung et al., 1984). Resulta significativa la propuesta de
Jaffé al indicar tres elementos que de inmediato remiten a épocas muy tempranas de

57
Según Alarco, el término fue extraído de un texto griego de origen egipcio, de los primeros siglos
de esta era (2011, p. 43). Los “arquetipos” serían “los contenidos de lo inconsciente colectivo” (Jung,
1970, p. 10), “paráfrasis explicativa [cuya] denominación es útil y precisa pues explica que los
contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos —o mejor aún— primitivos” (1970, p. 11).
52

la humanidad: “círculo”, “piedra” y “animal”, indicando que “todo puede asumir


significancia simbólica” (Jaffé, 1984, pp. 231-251). En este sentido, otro elemento
importante y presente dentro de aquellos de la naturaleza es la piedra. Sin descartar al
animal como símbolo singular, como elemento de convocación de fuerzas especiales
por una serie de cualidades, los otros tres serían muy importantes en su significado y
su relevancia arquitectónica. El círculo asociado a los ciclos temporales y su
repetición rítmica sería también una configuración arquitectónica. El fuego connota
una suerte de magia por el poder de transformación de la materia, a la vez que
sugiere la congregación alrededor de él, y su mantenimiento requirió del diseño de
espacios especiales. Y, la piedra alude a estabilidad, permanencia y atemporalidad,
siendo utilizada como elemento señalizador de instauración y definición espacial, así
como punto de referencia culturizado.

Se trata entonces de reiteraciones transmitidas generacionalmente,


construcciones mentales y figurativas en el que los grupos asumen sus historias. Son
asimismo “representaciones colectivas”, que implican también su “ritualización”
(Lévy-Bruhl, 1922)58, es decir, símbolos que requieren sus espacios y sus momentos
especiales para ser manifestados comunalmente. En estas representaciones la
arquitectura adquiere una dimensión otra, que va de lo mítico a lo retórico, ya que
ella se hace lenguaje, con una carga especialmente simbólica. Dicho esquema
colectivo se encargaría de “designar las figuras simbólicas de la cosmovisión
primitiva” (Jung, 1970, p. 11).

Frente a dichos constructos de simbolización, que implica una jerarquización


del espacio, aparece su ritualidad y por consiguiente cierto sentido de sacralidad.
Esquemas mentales donde la totalidad entendida como comunidad-pensamiento,
espacialidad-símbolos y temporalidad-rituales subyacen frente al misterio de lo
cósmico y sus eventos. Todo ello conlleva nuevamente un aspecto de carga religiosa.

58
Lévy-Bruhl presenta y discute dos temas fundamentales: “mentalidad primitiva” tanto como
“representaciones colectivas” (1922). Según Anrubia, habría concluido sobre la inexistencia de la
primera, y que más bien lo que hubo en épocas arcaicas fue “mentalidad mística” (2008, p. 2). Con
relación al segundo tema, fue Durkheim quien se refirió a las “acciones sociales” coordinadas como
“ritos representativos”, señalando: la “única manera de rejuvenecer las representaciones colectivas
que se remiten a los seres sagrados es fortaleciéndolas en la propia fuente de la vida religiosa, o sea en
los grupos congregados.” (Durkheim, 2012, p. 394, cursiva agregada) De tal manera que “son
representaciones que sólo pueden destinarse a mantener presente en la mente el pasado mítico del
clan.” (2012, p. 422)
53

Lo simbólico asume una condición sagrada y religiosa, en tanto reunión y síntesis. Es


allí que podría producirse ese vínculo entre las esferas terrenal y sobrenatural por
medio de los símbolos, en el sentido que “revelan” condiciones profundas de la
existencia. El símbolo, más que representar revela. Mircea Eliade ha propuesto seis
tipos de estas revelaciones:

1. Los símbolos religiosos pueden revelar una modalidad de lo real o una estructura del
mundo (…)
2. (…) los símbolos son siempre religiosos porque apuntan a algo real o a la estructura del
mundo, puesto que (…) lo real —es decir, lo poderoso, lo significativo, lo viviente—
equivale a lo sagrado. (…)
3. su multivalencia, su capacidad para expresar simultáneamente (…) significados cuya
relación no es evidente en el plano de la experiencia inmediata. (…)
4. (…) El símbolo religioso permite al hombre encontrar una cierta unidad en el mundo y, al
mismo tiempo, descubrir su propio destino (…).
5. (…) la función más importante del simbolismo religioso (…) es su capacidad de expresar
situaciones paradójicas (…).
6. (…) el valor existencial del simbolismo religioso, (…) un símbolo siempre señala una
realidad o una situación en la que se encuentra comprometida la existencia humana. (Eliade,
2010, pp. 129-134)

De todo ello se desprende un carácter profundamente especial del símbolo


como producción colectiva, arraigado en esquemas cósmicos, vale decir, en la
percepción de escenificaciones complejas producto del movimiento de los astros y de
la aparición de fenómenos estelares. El ritual y su danza asociada sería también una
representación simbólica del macrocosmos, en donde los espacios arquitectónicos
desempeñarían ciertos roles, como cobijo de lo sagrado y de la ejecución ritual.
Entonces, espacio y ritual constituyen cierto fundamento para la construcción de los
símbolos. Esa “representación ritual” es una vivencia intensa de la comunidad, en
donde el conjunto de la totalidad aludida adquiriría esa condición de “hierofanía, es
decir, una manifestación de lo sagrado”, revelación y veneración (Eliade, 2010, p.
126).59

En esa coordinación para establecer socialmente los símbolos se produce la


recreación de las configuraciones arquitectónicas, porque se trata de obras de
envergadura comunal que impactan sobre los colectivos, perceptual y públicamente.
Su elaboración requiere además una gran cantidad de conocimientos y un

59
“[cuando] un árbol se convierte en un objeto de culto, ya no es un árbol lo que es venerado, sino una
hierofanía, es decir, una manifestación de lo sagrado. Cada acto religioso, por el simple hecho de ser
religioso, posee un significado que, en última instancia, es “simbólico”, puesto que se refiere a seres o
valores sobrenaturales.” (Eliade, 2010, p. 126)
54

procesamiento de relaciones y tensiones, siendo una de ellas precisamente la


presencia del ritual que se revela en un orden religioso, por medio de la invocación,
la purificación y la comunión, además del significado consciente de lo temporal,
pues todo ello sucede en épocas y momentos específicos del ciclo anual. Existe pues,
una regulación del tiempo y el establecimiento de calendarios que determinan las
pautas sociales. La arquitectura instaurada en un lugar del territorio se transforma en
centro del paisaje, en lugar de observación y en espacio observado. Un espacio donde
la arquitectura asume una consistencia simbólica y sagrada. “El hombre no puede
escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de
su propia vida; ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo
simbólico.” (Cassirer, 2011, p. 47)

En este sentido, se produce una resignificación del “símbolo”. Aquello


construido mentalmente ha sido trasladado formalmente a uno de los elementos
culturales cuya presencia tiene un sentido público de convivencia: la arquitectura,
que ahora ya no es solo un edificio para la subsistencia, sino que es fundamento de la
comunicación, cargada de significados. Ello alude a la idea de proyecto, de obra que
se sostiene por su sentido 60, y por buscar solución a los problemas existenciales
espacio temporales. Debó ser fundamental comprender la racionalidad cósmica, esa
abundancia de señales que produjeron el establecimiento de “códigos” en todos
aquellos procesos de la construcción. Los códigos fueron pautas, criterios o
principios para la organización. El alineamiento de un cordel con respecto a un punto
referente simbólico del territorio, por ejemplo, es producto de esa necesidad por
consolidad la “memoria materializada”, tanto en el paisaje como en la arquitectura
(Kaulicke, 2001, pp. 18-21). De la misma forma, la construcción de un círculo en el
terreno a partir de un centro, de una estaca, mediante el giro del cordel alrededor del
espacio circundante debió también construir un “código social”, que posteriormente
pudo adquirir su consistencia formalizada en algunos tipos de edificios (edificios
circulares). Esa recreación codificada en el terreno incita a la participación, a la
reunión y por lo tanto establece una serie de pautas sociales, convenciones a partir de
la práctica. Como todos los procesos culturales, el de la construcción requiere de
esquemas sociales pautados, de jerarquías y especializaciones. Se piensa en el

60
“El conocimiento humano es, por su verdadera naturaleza, simbólico. (…) Un símbolo no posee
existencia real como parte del mundo físico; posee un sentido.” (Cassirer, 2011, p. 91)
55

producto final como objeto, pero también como lugar de secuencias y recorridos que
realizan las personas y que articulan los espacios externos con los internos, en una
metáfora de unión de los mundos profano y sagrado por medio del ritual y su diseño
arquitectónico (Vega-Centeno, 2006), que es realmente el sentido final de la
arquitectura, la convivencia social. Se ha pasado de los símbolos a la arquitectura a
través del ritual.

4.1.1.3 la subsistencia y la astronomía como ejes de la arquitectura

Como se ha venido señalando, si bien la arquitectura como producto es la


expresión física de la solución hacia aquellas necesidades de los seres enfrentados a
las condiciones espacio temporales, asimismo se ha servido de ello para ser
expresión cultural llena de significados, al poder recrear símbolos y usos
especializados del espacio a través de sus ceremonias. La emergencia de la
arquitectura para el caso andino ocurre de manera especial hacia el noveno milenio
antes de esta era, y los grandes centros ceremoniales se registran hacia el cuarto
milenio a.C., con un despliegue inusitado en las transformaciones del territorio y el
aprovechamiento de recursos. Existe un espacio temporal prolongado donde se
crearon las bases empíricas de las ciencias de la observación, la planificación y el
diseño, y se fueron construyendo conceptos para el entendimiento de apropiados
sistemas de comunicación, que implican también estrategias de coordinación para el
manejo de lo social. Pero, tal vez, una de las principales características del fenómeno
sucedido tenga que ver con la diversidad del territorio andino, en sus múltiples
facetas.

Entonces, se pretende enfatizar en aquello fundamental para comprender el


grado de complejidad de la organización de la arquitectura. El periodo temporal
mencionado corresponde al desarrollo social en donde hubo un acuerdo sumamente
importante para llevar a cabo obras de gran envergadura. Construir se constituye en
una empresa de corto, mediano y largo plazo, una sintonía sobre la trascendencia de
la presencia del edificio. El edificio público por antonomasia es símbolo del grupo,
una simbolización que evoca la subsistencia y los conocimientos astronómicos.
56

1. el esquema del tiempo y el tiempo reorganizado

Las dimensiones en las que se desarrolla la condición humana básicamente


corresponden a la asociación solidaria e indesligable de la presencia de dos
percepciones sobre el estar en el mundo, una percepción estable referida al mundo
físico de la extensión y otra llena de transformaciones y permanencias referida al
mundo de la duración, conjugadas en un “objeto llamado espacio-tiempo.”
(Hawking, 1992, p. 44) En el mundo andino la categoría que engloba ello es definida
por el término “pacha”, “espacio” y “tiempo” a la vez (Depaz, 2015, pp. 41-51;
Mejía, 2004, pp. 63-69; Santo Thomas, 2006, pp. 280-282). Se trata de una condición
inherente a la experiencia, “donde el espacio se da fenoménicamente en el tiempo y
manifiesta la impronta del tiempo, cuya pauta sigue.” (Depaz, 2015, p. 51)

Dicha experiencia es revelada por la percepción61 en el sentido amplio, que se


acerca a un sentimiento de tránsito temporal (lo externo) que afecta la conformación
de esquemas del pensamiento (lo interno), ya que implica un ordenamiento de las
facetas en las que los seres actúan. El nivel de socialización está determinado por la
incorporación en el engranaje de la estructura productiva o laboral, además de lo
familiar. En el segundo momento, es parte de la cultura material en tanto produce y
consume objetos arraigados a símbolos, como la arquitectura, mientras que el tercer
nivel está definido por la reflexión y la elaboración de conceptos (desde lo cósmico)
que definen un sistema propio de pensamiento. En una mirada trialéctica se podría
enfatizar la relación entre socialización-culturización-racionalización.

Es importante la reflexión sobre este aspecto, ya que, en esa tensión y


compromiso con la existencia, las familias o clanes, los grupos corporativos, las
comunidades y las sociedades en general han ido conformando lo que se denomina
“cosmovisión”: una forma particular de entender los sucesos del cosmos, de la
existencia, de la vida o de pacha. Ello implica que hay un territorio y un cielo muy

61
Merleau-Ponty (1985) ha profundizado sobre las características de los diagramas mentales
efectuados por la percepción. La noción espacial de “aquí” y la noción temporal de “ahora”, tendrían
una correlación con las ideas de “exterior” o “interior”. Por otro lado, se puede añadir que “a partir de
nuestras percepciones emergen significaciones. Nuestras percepciones del mundo «exterior», de sus
formas físicas y biológicas, independientemente de que estén ligadas a un mundo de cosas o de
personas, procuran los significantes; nuestra percepción del mundo «interior», de nuestros conceptos,
impresiones y sentimientos, suministra los significados.” (Quezada, 2007, pp. 247-248)
57

particulares, un sentido y una “posición” sobre ese contexto, de tal manera que la
cosmovisión62 como “imagen del mundo”

no es ni una simple consideración o contemplación de las cosas, ni tampoco una suma del
saber acerca de ellas. «Cosmovisión» o «visión del mundo» es, siempre, una toma de
posición (o postura), un posicionamiento en el que nos mantenemos por propia convicción,
(…) nuestra cosmovisión es la fuerza motriz básica de nuestra acción y de toda nuestra
existencia. (Quezada, 2007, pp. 108-109)

La cosmovisión se enmarca en un sistema de creencias que han sido


aprehendidas, por medio de conocimientos reelaborados desde el entendimiento de
las conexiones dinámicas del universo y traducidas en sistemas de significados y
símbolos. En un sentido reflexivo (filosófico) hay una “angustia” del tiempo, desde
la experiencia misma que se da entre el nacimiento y la muerte, hasta la comprensión
de su sentido en función de los eventos de la naturaleza, sean condiciones
atmosféricas o movimientos y fenómenos astronómicos, que aludirían a sus
repeticiones o recurrencias, así como por lo inasible de su alcance. En ese
sentimiento, la interrogante es cómo controlar el tiempo. El tiempo es medido
contemporáneamente por el invento de los relojes, “sistemas cíclicos estrictamente
periódicos” (Mosterín, 2011). Sin embargo, antiguamente, las sociedades
desarrollaron una precisión en la observación, y

(…) los únicos relojes fiables eran los astronómicos, los movimientos cíclicos aparentes del
Sol y de la Luna, que correspondían a la rotación de la Tierra en torno a su eje (el día), a la
traslación orbital de la Luna en torno a la Tierra (el mes) y a la traslación orbital de la Tierra
en torno al Sol (el año). (Mosterín, 2011, p. 123)

Se puede señalar entonces, que el tiempo es lineal y que también el tiempo es


cíclico. Lineal por el trayecto biológico de los seres humanos, un eje que enlaza
tiempos diferentes, mientras que es cíclico por la percepción de hechos tangibles
como la sucesión de días y noches, la secuencia rítmica y repetitiva de los climas y
estaciones o el movimiento pendular constante de los astros en la bóveda celeste.
Estas formas de entender lo temporal debió esquematizarse en diagramas, íconos o
símbolos: figuras geométricas como abstracciones y formas de organización. En el
primer caso, por supuesto, la línea o eje, una flecha que señalaría una dirección y un

62
Del término alemán “Weltanschauung”, incluido por “primera vez en la Crítica del juicio de Kant,
en el sentido de intuición y representación del mundo dado por los sentidos, del mundus sensibilis”
(Quezada, 2007, p. 106).
58

sentido, de un punto con presencia de energía hacia otro donde ella irreparablemente
se ha agotado (entropía), así, “debe existir una flecha del tiempo bien definida”
(Hawking, 1992, p. 191).63 En el segundo caso, la figura de la circunferencia
indicaría aquella línea que retorna a su punto de origen, para volver a describir
nuevamente ese recorrido, lo que implica el sentido de continuidad. Aquella
regeneración entendida míticamente como el “eterno retorno” (Eliade, 2000). Ambos
sentidos o sensaciones del tiempo podrían entrecruzarse en ciertas épocas y
equivaldrían a otros sucesos significativos, por ejemplo, la muerte biológica de un
ser humano asociada a la muerte metafórica de algún astro (su ocultamiento) en la
fecha de un solsticio o un equinoccio, de tal manera que genera un despliegue social
hacia la ritualización. En este caso, la forma lineal del fin de la “flecha del tiempo”
se trasladaría a la noción de recurrencia y regeneración, transformándose en circular.

Existirían entonces asociaciones analógicas en las observaciones temporales


en tanto significados sociales. Un esquema dual sería representado por el “día” y la
“noche” como partes de una unidad siempre repetitiva. Posiblemente el día asociado
directamente al sol, mientras que la noche al cúmulo interminable de astros
nocturnos, representados por la luna. Su cabal reconocimiento implicaría la
diferencia de observaciones diurnas-nocturnas. Además, unas masculinas frente a la
otras femeninas. Desde la etnohistoria, Mariusz Ziółkowski, indica el “aspecto
espacial de las técnicas de observación incas”, sobre las que “parece que hubo dos —
muy distintos— sistemas de orientación: uno diurno, regido por el Sol, y el otro
nocturno, asociado probablemente a las estrellas y/o al movimiento de la Vía
Láctea.” (2015, p. 185)

Estas diferencias del tiempo observadas por las comunidades generan de este
modo divisiones, reorganizaciones y recreaciones, que pudieron ser articuladas al
mismo tiempo con las reorganizaciones del espacio. Es decir, espacio, tiempo y

63
Con respecto al concepto de “flecha del tiempo” se ha propuesto la existencia de tres formas que
señalarían el mismo sentido. “El que con el tiempo aumente el desorden o la entropía es un ejemplo de
lo que se llama una flecha del tiempo, algo que distingue el pasado del futuro dando una dirección al
tiempo. Hay al menos tres flechas del tiempo diferentes. Primeramente, está la flecha termodinámica,
que es la flecha del tiempo en la que el desorden o la entropía aumentan. Luego está la flecha
psicológica. Esta es la dirección en la que nosotros sentimos que pasa el tiempo, la dirección en la que
recordamos el pasado pero no el futuro. Finalmente, está la flecha cosmológica. Esta es la dirección
del tiempo en la que el universo está expandiéndose en vez de contrayéndose.” (Hawking, 1992, p.
191)
59

sociedad construyen esquemas de ordenamiento para señalar puntos de


reconocimiento extremos y cíclicos, en lo que se denomina “calendario”: social,
festivo, laboral, ceremonial, religioso o ritual. Las fechas fueron puntos espaciales,
momentos temporales regidos por el calculado movimiento de los astros, que fueron
señalados con los alineamientos ya mencionados, sistemas de ejes ceque. Uno
notable y muy bien registrado es el “sistema ceque de Cusco”, investigado por Tom
Zuidema (1995, 2010), a partir del registro y narración de la crónica de Bernabé
Cobo, donde se consigna el sistema de 328 “adoratorios” existente en Cusco.64

Desde uno de los más importantes edificios de la capital del tawantinsuyu,


conocido como el templo Coricancha, como punto de referencia central chaupi se
desarrolló un sistema radial de ejes ceque, compuesto por 41 líneas organizadas en 3
grupos de 3 líneas para tres suyu (chinchay, colla y anti), es decir, 9 ceque para cada
uno, mientras que para el cuarto (conti) hubo 4 grupos y en dos de ellos 4 ceque, de
tal manera que sumaba 14 ceque (en total: 27+14 = 41). El promedio de adoratorios o
“huaca” dispuesto en cada eje fue de 8, de tal manera que el total (41x8) fue de 328,
como se consigna en la crónica.65 Para Zuidema este complejo sistema como
calendario incorporaría los tres dominios fundamentales: de orden espacial
(concordancia con referentes del territorio), de orden temporal (alineamiento hacia
astros) y de orden social-religioso (referido al sistema panaca, como estructura de
“parentesco y descendencia” y a la correlación entre rituales y deidades).

Sin embargo, la idea de calendario se refiere al proceso temporal durante un


ciclo determinado, a través del cual se observan cambios climáticos en épocas
diferenciadas. Este ciclo influye directamente en el desarrollo de las especies
bióticas, pero quizás sea en la agricultura donde se hagan evidentes de manera
directa los cambios desde la percepción del ser humano. Es el calendario de las

64
Zuidema analiza el texto anónimo “Relación de las huacas del Cuzco”, inserto en la crónica de
Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo [1653]. Y señala que se puede “aceptar que el texto original
fue escrito por Juan Polo de Ondegardo entre 1559 y 1561” (Zuidema, 2010, pp. 12-13). Juan Ossio
también indica que Bernabé Cobo debió hacer “eco de apuntes previos” realizados por Polo de
Ondegardo. Asimismo, enfatiza la existencia de “la compleja cultura incaica” y su “sistema de
adoratorios que condensaba las premisas clasificatorias irreductibles baja las cuales esta cultura
ordenó el tiempo, el espacio, las relaciones sociales y en general el conjunto de su vida
sociocultural.” (Ossio, 2010, p. xxi, cursiva agregada)
65
En realidad, solo 9 de los 41 ceque presentan exactamente 8 huaca, mientras que los 32 restantes
tienen diferentes números, posiblemente debido a razones astronómicas o rituales (Zuidema, 2010, p.
772).
60

“estaciones”, un segundo esquema temporal, que para el caso del hemisferio sur
(andes) sería el que produce diferencias en cuatro épocas: cálida y seca (primavera),
cálida y húmeda (verano), fría y seca (otoño) y, fría y húmeda (invierno),
correspondientes a dos parejas antagónicas de sensaciones térmicas: cálido-frío y
húmedo y seco, que asimismo se podrían graficar en un esquema cuadripartito,
considerando el eje del ecuador como el diámetro horizontal (latitud) que genera una
primera subdivisión entre lo de “arriba” (frío) y lo de “abajo” (cálido), y el eje
opuesto perpendicular (meridiano) que separaría el diagrama en un sector de la
“derecha” (húmedo) y otro de la “izquierda” (seco), diferenciándose por la presencia
o no del agua de las lluvias. Así, la “división en dos partes está marcada por el pasaje
del sol en el momento de los equinoccios, que separa la parte norte de la parte sur del
territorio. La parte norte clasificada como hanan y la sur como hurin.”
(Hocquenghem, 1989, pp. 30, 38, esquema 2).

Realmente resulta sugerente estas aproximaciones de correspondencias en


donde el cuerpo junto con el desarrollo de las especies es afectado. Serían esos
momentos liminales, un tercer esquema temporal, cuyos umbrales sirven de
transición de un clima a otro, los que fueron señalados como “espacios” favorables
para las ceremonias y los ritos de propiciación, petición, agradecimiento o
conmemoración en tanto recuerdo y renovación de lo mítico, pues esta construcción
conceptual es sobre todo de carácter temporal: así, el “sentido estricto y específico de
la palabra ‘mito’ (…) es el de la perspectiva temporal. (…) el mito designa un
‘aspecto’ temporal de la totalidad del mundo.” (Quezada, 2007, p. 453)

En la sociedad tradicional, cada cambio en la vida requiere de acciones rituales que


conservan la integridad de la sociedad. La sucesión de etapas de una vida dada (nacimiento,
pubertad, paternidad o maternidad, variación de estatus social, especialización laboral y
otras) está marcada por ceremonias que conducen de un estado bien definido a otro. Estos
ritos están internamente coordinados con cambios cósmicos cíclicos: día-noche, luna llena-
luna nueva, tiempo de sequía-tiempo de lluvia, equinoccios-solsticios. (Quezada, 2007, p.
489)

Es por ello que el sistema de rituales realizado cíclicamente se configura


como una “estructura temporal”, dentro de aquellos “ritos de paso” 66 ya señalados
(Van Gennep, 1986, p. 20), referidos a cambios biológicos y del comportamiento que
se dan con el crecimiento de los seres humanos (nacimiento-pubertad, adultez, vejez,
66
Ver acápite 1. el ritual, en 4.1.1.2 la arquitectura como ritual.
61

muerte), compatibilizados sobre todo con aquellas cuatro épocas climáticas, junto
con el ciclo agrícola (descanso-fertilidad, siembra, crecimiento, cosecha).

Será fundamental recordar siempre la noción de “margen” (“liminaridad”)


esbozada por Van Gennep, sobre la que Quezada enfatiza ese “intersticio entre dos
duraciones” (2007, p. 495), como un espacio y tiempo ritual, donde ocurre algo más
complejo, una suerte de tiempo sagrado que es fiesta y transición al mismo tiempo,
destello y calma, detención y transgresión. Se trata por lo tanto de una coordinación
significativa entre el tiempo, el espacio y el orden social, que encuentra dichos
momentos como una “renovación” de las estructuras. Dentro del pensamiento
andino, cada objeto tanto natural como cultural posee una energía especial, un ánima
que permite entenderlos como entidades vivas. La arquitectura también tuvo esa
carga, y su proceso de producción y consumo fue concebido asimismo con etapas
diferenciadas que señalarían épocas especiales, y tal vez, cada momento especial de
la construcción fue celebrado ritualmente. La colocación literal de la primera piedra,
previa limpieza del terreno que conlleva su sentido de purificación, debió ser
celebrada como el inicio o nacimiento, luego, el crecimiento del edificio hasta llegar
a un punto de unidad funcional del conjunto que aludiría a su madurez, para pasar
posiblemente a cambios o remodelaciones con cierto carácter de vejez, para
posteriormente optar por la “muerte” metafórica del edificio que conduciría a su
enterramiento ritual con la finalidad de generar una nueva edificación sobre lo
anterior, entendido como ancestro sagrado, lo que implica la compleja idea religiosa
de “renovación” (Onuki, 1994, pp. 81-83). La arquitectura entendida de forma
indesligable de su proceso constructivo, como subsistencia y regeneración.

2. los calendarios y la astronomía cultural

Se hará un recuento de las principales observaciones astronómicas realizadas


por las sociedades antiguas dentro del territorio andino, para revalorar su importancia
en la definición de los diferentes esquemas de organización, en tanto código de la
subsistencia social. Para ello, es imprescindible pensar en el proceso de observación,
que equivale a señalar sobre todo los tres elementos componentes: el observador, el
objeto observado y entre ellos el punto de referencia, que juntos producen un
alineamiento espacial o ceque. Hay entonces personas especializadas, astros
62

significativos que aparecen y reaparecen constantemente y puntos simbólicos en el


perfil del horizonte o elementos artificiales creados y construidos que se dirigen
hacia ellos. En el caso de los especialistas en la observación, se trataría de
“maestros” con alto grado de conocimientos, conocidos como “yañca”, el maestro de
sombras, que sabe observar el recorrido “del sol desde un muro construido según
reglas muy precisas.” (Taylor, 1999, p. 125) Lo que equivale a pensar en una doble
cualidad: especialista en la construcción (arquitecto) y especialista en la observación
(astrónomo). Asimismo, ese personaje especializado, es un “astrólogo”, el “poeta,
que sabe del ruedo del sol y de la luna y eclipse, y de estrellas y cometas, hora,
domingo, mes y año, y de los cuatro vientos del mundo para sembrar la comida,
desde antiguo” (Guaman Poma de Ayala, 2005, p. 726, fig. 883, cursiva agregada).
Realmente una cita especial, del famoso cronista mestizo, que hace hincapié en que
la labor de observación está supeditada a la necesidad de comer que tienen los grupos
humanos. No se trata de una afición o de actividades complementarias sino de un
imperioso requerimiento de subsistencia.

Contemporáneamente, la arqueoastronomía67 junto con otras disciplinas como


la “arqueoarquitectura”68 o la “arqueología del paisaje”, han desarrollado
significativos avances y descubrimientos en el estudio de la arquitectura producida
por las sociedades antiguas, en buscar comprender sus contextos espacial y temporal,
es decir, la integración en la mirada que relaciona el paisaje como símbolo y los
astros como deidades. Cada vez más hay una mayor conciencia sobre la presencia
estable y armónica de la arquitectura como respuesta sostenible a las condiciones
naturales, que genera diferentes sistemas de apropiación del territorio.

En este sentido, se debe comprender la lógica de los fenómenos astronómicos


a partir de la precisa observación de sus movimientos y para ello se requiere un
panorama general de la posición del planeta Tierra dentro del sistema, tanto solar

67
El concepto “arqueoastronomía” equivale al término inicial de “astroarqueología” propuesto por
Hawkins (1963), con la finalidad de señalar el “estudio de los principios astronómicos empleados en
las obras arquitectónicas antiguas y la elaboración de una metodología para la obtención y el análisis
cuantitativo de datos sobre alineamientos astronómicos.” (Aveni, 1993, p. 14) La propuesta de
Hawkins en “Stonehenge decoded” (1963), fue que el sitio había sido construido como un gran
sistema calendario.
68
La “arqueoarquitectura” como concepto y disciplina ha sido desarrollada por Pinasco a partir de
1994, con una mirada especial desde las lógicas de la arquitectura basándose en los conocimientos
arqueológicos y etnohistóricos básicamente, además de lo astronómico.
63

como de la galaxia a la que pertenece (Vía Láctea), y de los movimientos que


desarrolla en su dinámica de continuidad. Desde el territorio de los andes se trazaron
ejes visuales para registrar ciertos sucesos especiales: el movimiento de los astros y
sus puntos extremos, lo que genera la percepción aparente de un movimiento
pendular sobre la bóveda celeste. Así,

la oscilación rítmica de los puntos de salida y puesta del Sol a lo largo del horizonte local dio
a los antiguos un método adecuado para el establecimiento de un calendario anual. (…)
Como el de un péndulo, el movimiento cíclico es perfectamente repetitivo; más aún: se
armoniza con las estaciones. (Aveni, 1993, p. 77)

Dichos puntos extremos fueron marcados de distintas maneras con objetos


materiales, resaltando sobre todo los alineamientos de algunos muros, que para ser
construidos requirieron la colocación de por lo menos dos puntos extremos, dos
estacas unidas por un cordel, o dos piedras de cierta verticalidad. En este último caso,
la utilización de la piedra como elemento especialmente duradero significó algo más
profundo para el reconocimiento de las personas, en tanto señal de apropiación o
punto de referencia espacial y temporal: la guanca como objeto vertical.

Si se toma como ejemplo el caso del recorrido del sol, el movimiento de


péndulo que realiza para llegar de un extremo a otro dura aproximadamente seis
meses, de tal manera que con su retorno se completa el ciclo anual. Esos momentos
son denominados solsticios: los puntos extremos de máximo alejamiento que hace el
astro en su recorrido aparente desde la visión de un observador, y puede ser
observado en su aparición o en su ocultamiento. Desde dicho punto, ubicado en un
lugar específico del territorio es fácil realizar una marca hacia cada uno de los
puntos, de tal manera se genera un triángulo, cuya abertura visual es de 47°
aproximadamente. Sin embargo, los seis meses de duración no serían equivalentes a
una división de seis partes iguales, puesto que un péndulo presenta mayor rapidez en
la zona central y se vuelve más lento en sus extremos. De esta forma, los tres meses
centrales tendrían mayor amplitud espacial, mientras que los meses de cada lado (un
mes y medio aproximadamente) serían de corto espacio visual. Eso es evidente, por
lo que es difícil marcar cada mes, es decir, una división espacial del año en seis
64

partes que por el doble recorrido daría el ciclo anual es muy complicado.69 Además,
el sol no se detiene en el punto medio de aquel recorrido aparente, que es lo que se
denomina equinoccio. El sol tampoco llega hasta el extremo cardinal norte o sur, ya
que su ángulo máximo es el de 23°27’30’’ (correspondiente al ángulo de inclinación
del eje terrestre sobre el plano de traslación que define la eclíptica), que ha servido
para demarcar las líneas paralelas denominadas trópicos, que son asimismo los
solsticios (declinación +/- 23.5°). Pero si se unen con una cuerda los dos puntos
marcados posiblemente con estacas, es realmente sencillo dividirla por la mitad,
doblándola, para marcar el equinoccio, lo que por analogía equivale a una forma de
comprender la dualidad espacio temporal. Allí radicaría la importancia del punto
medio chaupi, el eje equinoccial, convirtiéndose en la línea que divide el sistema y
podría organizar el calendario.

Lo mismo sucede con la luna, sin embargo, el ciclo temporal, para que de un
extremo máximo retorne a su mismo punto, no ocurre en un año solar, sino que
deben transcurrir 18 años y 8 meses aproximadamente, y el ángulo de observación
máximo en esos extremos llamados lunisticios (o detenciones) es de 5° más que el
sol, es decir, 28.5° aproximadamente (declinación +/- 28.5°). Se trata de un astro con
una serie de movimientos especiales y complejos cuya precisión realmente requirió
gran cuota de paciencia y destreza. La luna también tiene la cualidad de ser divisada
en el atardecer y en el amanecer, es decir, en el día y obviamente durante la noche.
Eso condujo a que la cosmovisión andina le otorgara una significación mítica
especial, como una deidad femenina de gran poder, en muchos casos con mayor
relevancia que el sol, asociado a lo masculino. La comprensión de ambos ciclos, por
la dualidad implícita (diurno-nocturno) pudo establecer la presencia de dos tipos de

69
“no se han encontrado evidencias tangibles de una división del año en 12 meses por medio de la
observación de las distintas posiciones del Sol en el horizonte. Parece más plausible una división del
año solar mediante la observación de 6 u 8 fenómenos, es decir, similar al propuesto por Zuidema y
Aveni” (Ziółkowski, 2015, p. 500). A pesar de ello, el autor señala que habrían documentos que
registran la división en doce partes para el periodo “inca”, y sostiene además su argumento sobre los
hallazgos del “observatorio de Chankillo” (400-100 cal a.C.) (Ghezzi & Ruggles, 2006, 2011), donde
indica que Ghezzi propone la tesis del sitio como observatorio y calendario solar, ya que “las torres
abarcan los arcos solares de salida y ocaso a lo largo de un año” (Ghezzi & Ruggles, 2011, p. 141),
“[y] las torres están regularmente separadas” (2011, p. 138), configurando “un horizonte artificial
‘dentado’, con espacios relativamente angostos a intervalos regulares.” (ibidem, 2011, p. 141) Habrá
que revisar por ello el espacio-tiempo del movimiento pendular del sol y la correspondencia con el
distanciamiento de las edificaciones.
65

calendarios: uno solar y otro lunar (Aveni, 1993; Bauer & Dearborn, 1998; Earls &
Silverblatt, 1985; Urton, 2006; Ziółkowski, 2015; Zuidema, 2010).

Al considerar el concepto de dualidad se hace evidente también el sentido de


complementariedad, por lo que no es difícil pensar en un funcionamiento simultáneo
de los dos calendarios, lo que evidentemente requirió una capacidad especial para la
coordinación y sincronización, puntos espacio temporales de coincidencia, muy bien
armonizados. “Aparentemente no estamos ante sistemas separados, uno de ellos solar
y el otro lunar, sino con diferentes aspectos de un mismo sistema.” (Zuidema, 2010,
p. 100) El problema ocurre al tratar de precisar el tiempo anual de la luna por su
complejidad señalada. Astronómicamente se reconocen dos formas de medirlo: uno
sería el periodo mensual llamado “mes lunar sinódico” y el otro “mes lunar sideral”.
El sinódico depende del momento de aparición de la luna en su fase “nueva”, lo que
ocurre cada 29.53 días, mientras que el sideral considera el fondo del firmamento con
algún astro fijo (estrella) y su relación con el movimiento de aparición-desaparición
de la luna, lo cual dura 27.32 días. Si estos números son pensados anualmente (12
meses), se tiene para el primer caso una duración de 354.36 días, y en el segundo
327.84 días. Así, el año lunar sinódico presenta una diferencia de aproximadamente
11 días con respecto al calendario solar (365.25), que posiblemente fue corregida con
cada tres años, es decir, 11 días x 3 años daría un nuevo mes de 33 días, con lo cual
ese año tendría 13 meses, tratando de acomodarlo cerca del solsticio, es decir,
“cuando es necesario mantener la sincronización con el año solar. (…) Este
calendario lunar [sinódico] estaba sincronizado con el año solar –por lo menos con
un solsticio–” (Bauer & Dearborn, 1998, pp. 82 y 85).

Para el caso del año “lunar sideral”, la cifra realmente resulta sugerente, pues
la aproximación es prácticamente a los 328 días, cifra ya mencionada referida al
número de adoratorios del “sistema ceque” de Cusco, propuesto por Zuidema. Aquí
resulta un margen de 37 días, lo cual debió generar también otra estrategia para la
inclusión de un mes adicional para la coordinación con el periodo solar.70 Zuidema
por ello persiste en la precisión anual desde lo sideral, “independientemente de su

70
Existe una referencia de Polo de Ondegardo (1559): “el año partieron en doce meses por las lunas, y
los demás días que sobran cada año los consumían con las mismas lunas. Y a cada luna o mes tenían
puesto su mojón o pilar al derredor del Cuzco donde llegaba el sol aquel mes.” (Zuidema, 2010, p.
210)
66

referencia a la luna, los meses eran medidos con el paso del sol por un sistema de
señalizadores de horizonte; en otras palabras, que los meses no eran sinódicos”
(Zuidema, 2010, p. 210).71 Asimismo, el calendario anual compuesto por 13 meses
lunares debió tener un sistema doble de ajuste sobre alguna fecha importante, por
ejemplo, el solsticio de verano (op.cit. 2010, p. 211).

La mejor forma de argumentar a favor de la existencia de 13 meses incaicos a partir de las


relaciones hispanas, es recordando su información referida a la observación de los solsticios y
las celebraciones acompañantes. Solo había un mes alrededor del solsticio de junio —Haucay
cuzqui (7)— que celebraba este evento con la fiesta del Inti raymi, probablemente en
combinación con una celebración de una luna llena, la más cercana a este evento. Había, sin
embargo, dos meses alrededor del solsticio de diciembre: Capac raymi (13) antes y Camay
quilla (1) después. Dos meses sinódicos completos eran honrados en relación con este evento
solar, uno de ellos plenamente integrado al mes doble (12/13) anterior y el otro al mes doble
posterior (1/2). (Zuidema, 2010, p. 213)

Resalta el mes con el número 7 (“haucay cuzqui”) ya que señalaría el eje de


partición dual entre los dos grupos de seis meses, y al mismo tiempo sería un
momento de inicio, encuentro y retorno, por lo que desde la cosmovisión andina es
considerado como el inicio o la regeneración anual. Se propone entonces que allí se
reunirían los conceptos “tinkuy”, “yanantin”, “chaupi” o “ceque”, estableciendo la
jerarquía del momento, siendo por todo ello fundamental la observación de la luna.72

Ziółkowski (2015) se halla en desacuerdo con gran parte de los postulados


elaborados por Zuidema, sobre todo con respecto al “calendario imperial”
cuzqueño73, y de manera similar son los planteamientos de Bauer y Dearborn (1998).
Ziółkowski piensa “exactamente lo contrario” (2015, p. 349) y señala que existió en
Cusco un sistema de medición previo al desarrollado durante el tawantinsuyu, cuyo

71
Frente a la postura de Zuidema, Ziółkowski no encuentra “evidencias convincentes acerca de la
existencia de un cómputo luni-sideral”, sin embargo, admite que esa forma de medir “de origen
prehispánico es posible, si tomamos en cuenta la estrecha relación que existía en la mitología (y que
persiste en las creencias actuales) entre la Luna y las estrellas del firmamento.” (Ziółkowski, 2015, p.
183)
72
“sólo los cronistas más tempranos describen la existencia de un calendario solar fijo, nosotros
especulamos que esto fue una práctica imperial basada en el Cuzco, rápidamente caída en desuso a
medida que los españoles implantaban su control sobre los pueblos nativos de los Andes. Una vez
concluida la práctica de observar regularmente el sol y abandonados los señalizadores, los pueblos
andinos habrían regresado al calendario lunar que había formado la base de su año durante
milenios.” (Bauer & Dearborn, 1998, p. 88 cursiva agregada)
73
“no obstante el respeto que tengo por los trabajos de este eminente estudioso, nuestros modelos de
los sistemas calendáricos andinos son incompatibles (…), específicamente en lo que toca al carácter
de los meses del calendario inca.” (Ziółkowski, 2015, p. 349)
67

esquema devino “calendario luni-solar, compuesto de meses lunares sinódicos”,


(2015, p. 497) cuya organización pudo darse a partir de tres componentes:

- Una secuencia de 12 meses lunares sinódicos, [con] la intercalación (…) de un mes


suplementario, (…) cada tres años. (…)
- (…) la observación de los momentos críticos de la ruta anual del Sol, que servía a la vez
de punto de referencia para (…) comienzos del ciclo luni-solar;
- El calendario luni-solar (…) [tenía] dos partes principales:
a) Una (…) ceremonial-religiosa constituida por los ciclos solsticiales, (…);
b) Otra (…) administrativo-económic[a], dividida (…) en dos ciclos: i) uno (…)
agrario, [según] la observación del Sol en agosto; y ii) otro asociado a la entrega del
tributo en ´ganado y mujeres’, ajustado (…) al pasaje del Sol por el cénit de Cusco
y/o al equinoccio de marzo. (Ziółkowski, 2015, pp. 497-498)

Es importante observar la precisión acerca del paso “del sol por el cénit”,
puesto que señala el día especial en el que dicho astro en su recorrido aparente se
encuentra sobre un punto específico del territorio de forma perpendicular, es decir,
que sobre un elemento colocado verticalmente no se proyecta sombra al mediodía.
Lo importante de esto es comprender que dicho evento sucede en un ángulo de
declinación correspondiente a la latitud sobre la que se encuentra la observación. Es
decir, al reconocer ese día sin sombra se puede realizar su marcación en el terreno
con algún punto de referencia (estaca, piedra). Contemporáneamente, para efectos
prácticos el ángulo de la latitud de cualquier localidad ubicada dentro de los trópicos,
sería el ángulo de declinación del día del sol por el paso del cénit. Así, por ejemplo,
para el caso de Cusco, que presenta una latitud sur de 13.5°, el día del cénit sería
aquel definido por la aparición del sol sobre un horizonte hacia el este con una
declinación de -13.5°. El desplazamiento aparente del sol pasa sobre los diferentes
puntos tropicales dos veces al año (uno de ida y otro de retorno), por lo que existen
dos días de cénit sobre cada localidad. De acuerdo a Zuidema se habrían reconocido
además los puntos exactamente contrarios sobre la proyección del eje de dicho punto
de salida, o sea, sobre el punto de ocultamiento en el hemisferio opuesto, lo que se
conoce como “anti-cénit”.

Entonces, ciertos puntos fijos de referencia observados hacia el sol, para


establecer esquemas de división temporal, estarían fijados por: los dos solsticios, los
68

dos de cénit y los dos días de anti-cénit. Aunque, como se ha señalado, sería
fundamental también la observación de los dos equinoccios.74

El marco del sistema astronómico que organizaba al año inca incluía seis observaciones de
horizonte: dos solsticios (la salida del sol el 21/12, su puesta el 21/6), dos amaneceres en los
días en que el sol pasa por el cenit (30/10, 13/2) y dos puestas en los días en que cae a mitad
de año del paso por el cenit en una dirección que invierte los amaneceres previos, esto es,
cuando el sol, en realidad pasa por su nadir (26/4, 18/8). (Zuidema, 2010, p. 34)

Además del sol y la luna, resultan fascinantes las observaciones sobre la Vía
Láctea, asociados sobre todo a la profundidad de lo nocturno. A partir de trabajos
etnohistóricos se ha observado el importante contraste entre el cúmulo intenso de
estrellas y ciertas zonas vacías, que corresponden a acumulaciones de polvo
interestelar, y que sus bordes podrían estar definiendo figuras de animales que fueron
asociadas míticamente a aquellas del contexto andino (Aveni, 1993; Bauer &
Dearborn, 1998; Urton, 2006; Zuidema & Urton, 1976). Para el grupo de estrellas se
hará mención a las siguientes con sus declinaciones máximas correspondientes:
a) “Las Pléyades” (+25° al noreste) compuesta por un conjunto de siete estrellas
principales,
b) el “Amaru” o “Cola de Escorpio” (-40° al suroeste), donde resaltan cuatro
estrellas: “Antares” (-25.3°), “Shaula” (-37°), “Sargas” (-42.5°) y “Dzuba” (-
21°), (Pinasco, 2010, p. 231)75,
c) la “Cruz del Sur”, conocida también como chakana (puente), con movimiento
pendular a partir del eje cardinal sur de un ángulo de 31° aproximadamente, y
d) la misma “Vía Láctea”, que como “gran río celestial” o mayu, hace el mismo
movimiento que la anterior, sobre el eje norte-sur.

Mientras que para el grupo de figuras oscuras resaltan sobre todo dos estrellas
muy luminosas: “alfa” (α) y “beta” (β) de Centauro (con similar ángulo de
desplazamiento que la cruz del sur, azimut 150°), que serían señaladas como “los

74
“Zuidema postuló que los incas estuvieron particularmente interesados en observar ocho momentos
críticos de la ruta o desplazamiento anual aparente del Sol”, “dos solsticios”, “dos equinoccios”, “dos
días de cénit”, y “dos días de anti-cénit”. Además, “se debe sumar, la observación de la salida del Sol
cuando los rayos de éste atraviesan el eje del corredor principal del Coricancha, lo que marcaría dos
fechas: el 25 de mayo y el 18 de julio; según R.T. Zuidema estas son fechas clave para la organización
del ciclo calendárico de los Incas.” (Ziółkowski, 2015, pp. 188-189)
75
A partir del reconocimiento de los ángulos azimutales de las estrellas conformantes del Amaru,
Pinasco ha establecido que el “Punchaucancha” tuvo la predisposición para la observación precisa de
ellas (Pinasco, 2010, p. 231).
69

ojos de la llama” o “llamacñawin” y se ubican muy cerca perceptualmente a la cruz


del sur, a su izquierda y entre ésta y el amaru. Además, como manchas se encuentran
hacia la acumulación del oeste la propia “llama” o “yacana”, la cría de la llama” o
“uñallamacha”, la “perdiz” o “yutu”, el “zorro” o “atoq”, y sobre el lado este,
separadas por la cruz del sur, el “sapo” o “hanpatu” y la “serpiente” o “machacuay”
(Aveni, 1993, p. p.59; Urton, 2006, pp. 116, 118).

Todo lo señalado corresponde al área tropical andina. Más allá de los trópicos
en realidad aparecen otras formas de percibir el movimiento de los astros, lo cual
distingue las cosmovisiones. Por ejemplo, dos aclaraciones. Una es que, por el efecto
de inclinación de la tierra sobre su eje, en esas zonas no existe cénit, lo que solo se
produce entre los trópicos, es decir, no hay una localidad por donde el sol pase en un
momento sin hacer sombra. Y la segunda es entender que más allá de los trópicos la
precisión de solsticios y equinoccios ya no corresponderían a los ángulos señalados,
sino que ellos van en aumento conforme el punto de observación se incrementa hacia
la zona de los polos, y obviamente las duraciones de los días y las noches son
totalmente distintas a lo andino. Siendo el caso similar para el movimiento y puntos
extremos de la luna (Aveni, 1993, p. 78, fig. 25; Ziółkowski, 2015, p. 60, fig. 7)
Ziółkowski (2015, p. 60, fig. 7).

Lo reseñado indica que ha sido posible observar a simple vista la bóveda


celeste y entender movimientos de astros singulares para organizar estructuras
visuales reconocibles, y que todo ello influye produciendo cambios en la naturaleza,
por lo que las sociedades debieron generar sistemas de organización (espacial,
temporal y social) para la re-producción dentro de lógicas racionales de la
sostenibilidad.
70

Figura 7. Diagrama simplificado de los principales eventos astronómicos observados en los Andes
Centrales.
Fuente: elaboración propia, MGJ (2002).

Figura 8. Vista desplegada del panorama horizontal con indicación azimutal de los puntos extremos
de los principales astros observados en los Andes Centrales.
Fuente: elaborado por Alfio Pinasco para el caso de Pachacámac, latitud sur 12°. (Pinasco, 2019, p.
83, fig. 68)
71

Tabla1
Cronología y extensión de los Sitios
SITIO UBICACIÓN ANTIGÜEDAD EXTENSIÓN FUENTE

Fuchs, Peter et al 2009, pp.


SECHÍN BAJO
75-79, Fuchs, Peter,
1er edificio SECHÍN, CASMA 3500 – 1500 A.C. 37.00 Ha
Gernán Yenque et al 2009,
plaza circular
p. 75

CARAL SUPE 3000 – 1800 A.C 66.01 Ha Shady, Ruth 2014, p. 97

Feldman, Robert 1985, p.


ÁSPERO SUPE 3000 – 2500 A.C. 18.80 Ha
77

SHICRAS CHANCAY 2850 – 2000 A.C. 03.00 Ha Tosso, Walter 2006, 2011

Pozorski, Shelia y Thomas


HALDAS CASMA 2100 – 1000 A.C. 40.00 Ha
Pozorski 2011, pp. 31-33

Chu, Alejandro 2006, pp.


BANDURRIA HUAURA 2000 – 1700 A.C. 31.00 Ha
104-107, 2008, p. 33

Fuente: MGJ (2017), a partir de fuentes consignadas.

Tabla2
Ubicación de los Sitios Arqueológicos
SITIO VALLE DATOS TÉCNICOS: COORDENADAS

LATITUD LONGITUD ALTITUD UTM (WGS84)

SUR OESTE (MSNM) NORTE ESTE ZONA

SECHÍN BAJO SECHÍN 9°27’54’’ 78°15’55’’ 108.00 8,952,535 800,294 17S

LAS HALDAS CASMA 9°42’06’’ 78°17’47’’ 43.00 8,926,392 796.653 17S

CARAL SUPE 10°53’26’’ 77°31’18’’ 363.00 8,794,950 224,320 18S

ÁSPERO SUPE 10°48’52’’ 77°44’28’’ 37.00 8,803,166 200,230 18S

BANDURRIA HUAURA 11°11’13’’ 77°35’19’’ 33,00 8,762,114 217,288 18S

SHICRAS CHANCAY 11°28’26’’ 77°06’36’’ 359.00 8,730,762 269,805 18S

Fuente: MGJ (2018), con datos de SIGDA v 2.0 y heywhatsthat, 2018


72

Tabla3
Dimensionamiento de edificios
S ITIO EDIFICIO DIMENS IONES (METROS )
“EDIFICIO PLATAFORMAS ” “EDIFICIO CIRCULAR” ORIENTACIÓN
EJE
PREDOMINANTE
LARGO ANCHO ALTURA DIÁMETRO PROFUND.

1 14.50 (¿?)
S ECHÍN 50.00 (+…) (25.00?) 2 12.00 2.50 E-O
1ER EDIFICIO 2.00
BAJO N-S E-O 3 13.50 1.80 (EJE ES CALERAS )
4 -13.50 1.10

170.00 120.00 21.00 (N-S ) 3.00


EDIFICIO 20.00 (S )
CARAL 22.00 (E-O) NE-S O (24°)
MAYOR 30.00 (N)
EXT: 36.50

80.00 75.00 8.00 28.00


“ANFITEATRO” EXT: NE-S O
50.00 (N-S )
65.00 (E-O)
HUACA DE LOS
ÁS PERO 40.00 45.00 13.50 16.00 NE-S O
ÍDOLOS
40.00 50.00 15.00 2.60
HUACA ALTA NE-S O

EDIFICIO
S HICRAS 50.00 50.00 8.00 --------- --------- NO-S E (23°)
NORTE

15.00
HALDAS PLATAFORMAS 90.00 60.00 -------- -------- NE-S O
PENDIENTE
EJE PLAZAS 280.00 60.00 --------- 30.00 -2.50 NE-S O

BANDURRIA EDIFICIO 1 80.00 60.00 10.00 15.00 -2.50 N-S


EDIFICIO 2 100.00 60.00 15.00 9.00 -2.00 N-S

Fuente: Elaboración propia.


73

4.1.2 Los casos de estudio

De manera sucinta se presentarán los resultados de los seis sitios analizados,


en orden a la ubicación de los valles de la costa norcentral, de norte a sur: Sechín
Bajo (Sechín), Haldas (Casma), Caral y Áspero (Supe), Bandurria (Huaura) y Shicras
(Chancay). Se señalarán básicamente los emplazamientos de los sitios, las relaciones
de la organización espacial con el contexto y el trazo en tanto alineamientos en
correspondencia a eventos astronómicos y demarcación de elementos referentes del
paisaje.76

Figura 9. Localización de los Andes


Norcentrales.
Fuente: Google Earth, 2018.

76
En todo caso, mayores descripciones e interpretaciones parciales se han ido publicando paralelo al
desarrollo de la investigación (Guzmán, 2014b, 2014a, 2016b, 2017, 2019b, 2019a).
74

Figura 10. Ubicación de los seis complejos arquitectónicos ceremoniales estudiados sobre los “Andes
Norcentrales”.
Fuente: MGJ, sobre mapa Google Earth, 2018.
75

4.1.2.1 Sechín Bajo

Se propone denominar “complejo Sechín” al conjunto constituido por tres


sitios arqueológicos importantes y reconocidos, ubicados en el valle medio del río
Sechín (Casma, Ancash), determinando un área especial cuya configuración
correspondería perceptualmente a la de un triángulo. Se trata de los sitios conocidos
como “Sechín Bajo”, “Sechín Alto” y “Cerro Sechín”, donde Sechín Alto sería el
vértice en el extremo este, y los otros dos puntos hacia el oeste. El primero se asienta
sobre la margen derecha, mientras que los otros asentamientos sobre la margen
izquierda. En esa configuración Sechín Bajo y Cerro Sechín se ubicarían uno frente
al otro, teniendo como separación natural la presencia del río. Esta área y otras muy
próximas de reconocida importancia —como Taukachi-Konkán hacia el norte de
ellos y Pampa de las Llamas-Moxeque al sur— han recibido atención y propuestas de
interpretación (Bischof, 2010; Fuchs et al., 2008; Fung, 1972; Fung & Williams,
1977; S. Pozorski & Pozorski, 2011; T. Pozorski & Pozorski, 1994, 1999; Samaniego
et al., 1995), postulando ciertas secuencias cronológicas para comprender un periodo
con desarrollo de arquitectura “monumental”, con complejos y edificios realmente de
gran envergadura. Se postula que aquellos tres, además de su cercanía, pudieron
haber funcionado en algún periodo de manera conjunta y complementaria.77

Desde una mirada espacial, esa configuración triangular y los respectivos


emplazamientos definen características que señalarían ciertos criterios de
planificación para el posicionamiento. Sechín Alto se ubica en medio del valle, sobre
una zona bastante horizontal, un punto de amplia visibilidad y de notable referencia
por su extensa envergadura. Los otros dos, al contrario, están muy cerca de las faldas
de sus cerros adyacentes a manera de protección o respaldo, lo que define mayores
visibilidades hacia los lados opuestos de aquellas colinas. Sechín Bajo sobre cerro
Pampa Afuera y Cerro Sechín sobre su cerro homónimo. Sobre todo, en este segundo
caso, hay una mayor integración entre la arquitectura y el cerro y desde allí es

77
Henning Bischof, a partir de las recientes investigaciones en el valle de Casma, ha propuesto la
existencia de 4 periodos para el Formativo: Sechín (3400-1650 a.C.), Moxeque (1650-1400 a.C.),
Haldas (1400-1000 a.C.) y, Patazca (750-200 a.C.). En el periodo Sechín (formativo inicial) se ubican
Sechín Bajo como el más antiguo, Las Haldas (2300-750 a.C.) y Cerro Sechín (2200-1200 a.C.).
Además, Huaca Cristina, Taukachi-Konkán (primera plataforma), así como los inicios de las
plataformas principales de Moxeque y Sechín Alto (Bischof, 2010, pp. 10-14).
76

factible tener una amplia visión hacia el valle y a ambos complejos arquitectónicos.
Es posible trazar sobre todo un eje espacial que uniría los edificios de Sechín Bajo y
Cerro Sechín, con un ángulo de 23° de desviación noroeste-sureste a partir del punto
cardinal norte. Si se traza la línea perpendicular desde la mitad de ella y se prolonga
hacia el este, se aprecia que es el mismo ángulo de inclinación del edificio Sechín
Alto, pasando en su trayecto por su eje axial, es decir, este edificio estaría orientado
al suroeste con una declinación de -23°, lo cual equivale a pensar en un eje de
carácter solsticial, sobre todo para el atardecer de verano (o el amanecer del solsticio
de invierno). Además de ello, resulta significativa la línea horizontal que une Sechín
Bajo con Sechín Alto, correspondiente a un eje equinoccial (este-oeste) (Guzmán,
2017, p. 42, fig. 19).

De acuerdo a las investigaciones se ha determinado para Sechín Bajo la


diferencia de tres edificios que fueron acoplándose y creciendo paulatinamente en el
tiempo. El primero es el más antiguo y actualmente se encuentra enterrado, mientras
que los edificios 2 y 3 (2000-1400 a.C.), correspondiendo a una secuencia compleja
de eventos constructivos, definen un patrón tipológico bastante claro, que se ha
definido como “edificio de plataformas superpuestas”, donde destacan en su eje
longitudinal central una serie de cuatro patios que se “abren” o se relacionan
visualmente hacia el noreste (Fuchs et al., 2010, p. 74). Dicho eje presenta una
declinación de 23° hacia el noreste. El edificio 2 es más pequeño y se halla en el
extremo suroeste, coincidiendo con el eje central, a manera de cabecera del conjunto,
con unas dimensiones de 35.00 x 40.00 metros, mientras que el tercer edificio, de
gran envergadura, alcanza longitudes de 140.00 x 120.00 metros aproximadamente.
Y, el primer edificio temprano con una antigüedad de 3500 años a.C.78, ubicado

78
El equipo dirigido por Fuchs realizó para obtener la datación radiocarbónica 10 muestras del primer
edificio, que corroboran la antigüedad señalada (3400 a 3500 a.C. aproximadamente). Sin embargo,
habría otras evidencias de ocupaciones anteriores. “Un fechado radiocarbónico obtenido del gran piso
de barro sobre el que se construyó la plataforma principal, detrás de la esquina sur del Tercer Edificio
(Hd 24798, 4446-4344 a.C., calibrado con 1 sigma), indica una ocupación humana para la segunda
mitad del quinto milenio a.C. (calib.), lo que representa, por ahora, la datación más antigua para el
sitio de Sechín Bajo.” (Fuchs et al., 2010, p. 61) Es decir, se trataría de ocupaciones realmente muy
tempranas en el valle, hacia el 4500 a.C. aproximadamente. En trabajos anteriores, en Cerro Sechín,
Fuchs señala que en el sector central luego de efectuar dos cortes se obtuvieron fechados calibrados
que alcanzan en promedio una antigüedad de más de seis mil años a.C. (1997, pp. 157-159). Sin
embargo, Shady discrepa en cierta medida de los resultados obtenidos para Sechín Bajo, ya que
menciona que el edificio circular mayor de Caral alcanzará los 2600 años a.C. siendo un patrón
similar, por lo que habría que confrontar los contextos de las muestras obtenidas, pues posiblemente
se refiera a una ocupación aldeana anterior (Shady, 2014).
77

hacia la esquina sur del edificio tardío, corresponde a una de las tipologías
arquitectónicas posiblemente de mayor significación para el periodo, la de “edificios
circulares”. Se trata de cuatro edificios que se construyeron sucesivamente luego de
dejar de usar, remodelar o seccionar los anteriores, y que estarían articulados hacia
una plataforma longitudinal (2 metros de altura) por medio de un punto de tangencia,
de tal manera que este borde tangencial se orienta en dirección cardinal norte-sur (se
ha registrado por lo menos 50 metros de distancia), y sobre ella existieron cuatro
fogones (dos de forma circular y dos rectangulares) (Fuchs et al., 2010, p. 60). Todos
los edificios circulares, con diámetros variables entre 13 y 16 metros,
coincidentemente presentan sus ejes de escaleras de ingreso-salida en la misma
orientación equinoccial (este-oeste), radicalmente distinta a los edificios tardíos,
habiéndose registrado las evidencias de escaleras del lado oeste. Ello quiere decir que
cada vez que se construía uno nuevo, aunque desplazándose del anterior se mantenía
la misma orientación de las circulaciones, en el eje este-oeste.

Además de esta conformación de tres edificios, los trabajos de prospección de


Fung y Williams habían registrado la existencia de otros dos edificios circulares
adicionales, diciendo que “parecen existir un patio en U y dos pozos ceremoniales”,
ubicados sobre el frente noreste del tercer edificio, es decir, como remate opuesto al
segundo edificio, sobre el mismo eje longitudinal, y a una distancia aproximada de
45 y 180 metros aproximadamente de su frente. Sin embargo, en la lámina que
muestran solo se ha graficado uno de los edificios circulares (Fung & Williams,
1977, pp. 118-119).79 Actualmente es muy difícil percibir ello, por el avance de las
áreas agrícolas en ese sector, y los trabajos de Fuchs tampoco los han podido
registrar (Fuchs et al., 2009, p. 1).

Es evidente que hay momentos temporales diferenciados y confirmados por


las dataciones radiocarbónicas, los que corresponderían a opciones de los grupos
sociales con atenciones o preocupaciones sobre el control de diversos fenómenos
astronómicos. Lo evidente es que el más temprano señala con su eje principal de

79
A cada uno de los dos edificios tardíos, Fung y Williams los denominaban “pirámides” y resulta
significativa una observación que pudieron hacer, con respecto posiblemente a la presencia de
edificios anteriores por debajo de ellos. “La apariencia frontal es de una U y la lateral escalonada. A la
parte posterior da la pirámide se halla adosada una pirámide menor. Debajo de esta pirámide se han
observado galerías.” (Fung & Williams, 1977, p. 118)
78

escaleras los equinoccios, mientras que para los tardíos se optó por darle un giro al
trazo del eje principal correspondiente a los solsticios. Desde los edificios circulares
habría habido esa preferencia en precisar el amanecer de los equinoccios, por la
amplitud hacia el lado del valle. Desde Sechín Bajo el panorama enfatiza dos puntos
destacados, el cerro “Chacacas” y el cerro “Huaninga”, que coincidentemente están
ubicados con dirección al este, con una ligera variación en sus azimut aproximados
(entre 91° y 92°). Hay que recordar que toda observación precisa correspondería a un
paisaje sin obstáculos, de tal manera que en este caso importa tener en cuenta la
altitud de aquellos cerros (más de 4500 msnm), que posiblemente determinen esa
diferencia angular, en una aparición posterior al orto.

A partir de la posición en que se hallan los edificios circulares, se define un


ángulo visual que va del noreste hacia el sur, teniendo en el lado opuesto y muy de
cerca la presencia de los cerros indicados anteriormente (Pampa Afuera). Se ha
podido determinar que el azimut del cerro homónimo “Sechín” es de 168°38’42’’,
siendo uno de los más destacados. Sin embargo, como se mencionó al inicio, la línea
que uniría ambos edificios presenta más bien un ángulo azimutal de 157° (es decir,
23° noroeste respecto al norte), la cual coincidiría con la escalera central del frente
principal norte del sitio Cerro Sechín (el de los grabados en bajo relieve sobre las
estelas de piedra), que en todo caso sí presenta una perfecta orientación cardinal
norte-sur, determinado por el eje central de dicha escalera (Maldonado, 1992). Hacia
ese mismo campo visual, pero más al fondo está la presencia de cerro “Mirador” y de
cerro “Mucho Malo”, con ángulos azimutales de 109° y 122° respectivamente, con la
característica que entre el perfil de ambos se forma una abertura cuyo ángulo
azimutal aproximado (118°) podría corresponder a una de las posiciones extremas
del movimiento de la luna hacia el sureste (declinación -28.5°), lo que se observa en
el perfil presentado.

Con respecto al alineamiento con el solsticio, se percibe con claridad el eje de


los edificios tardíos, hacia el amanecer de invierno, habiendo la posibilidad de
dirigirse además hacia su extremo opuesto, el atardecer de verano, aunque con la
presencia cercana del cerro sobre el que se recuesta. En todo caso, se deberá hacer la
verificación empírica para determinar la declinación por donde se ocultaría el sol. Sin
embargo, desde los edificios circulares el panorama radial estaba libre en la época de
79

su funcionamiento, sin la obstrucción de los edificios tardíos, de tal manera que


dicho fenómeno importante podría haber sido observado sobre algún punto referente
frente a los cerros “taukacki” que se ubican hacia ese eje, pero por ahora no hay
evidencia tangible de algún elemento alineado. La cresta de este cerro se alinea
significativamente en dirección cardinal y su perfil bastante horizontal presenta sin
embargo una pequeña concavidad coincidente con el ángulo solsticial, visto desde
los edificios tardíos. En la prolongación de este eje y a mayor distancia están cerro
“Pañopampa” y cerro “Huascarán” para completar un panorama secuencial. Por
último, se sugiere una observación cenital, calculando la latitud en la que encuentra
Sechín Bajo (-9°27’) puesto que existe otra abertura visual determinada por el perfil
entre los cerros ya mencionados “Huaninga” y “Mirador” cuyo azimut es de 99°27’
aproximadamente.

Finalmente, en cuanto a la simulación astronómica se observa las


factibilidades para los dos momentos más importantes correspondientes a los dos
periodos temporales de los edificios. Una aproximación del campo visual hacia el
año 3500 a.C. sería fácilmente observable desde los edificios circulares y sus cuatro
momentos de cambios en la posición de los edificios podrían justificarse por el
requerimiento de obtener mayor precisión. Del mismo modo, la observación
solsticial para el amanecer de invierno hacia el año 1800 a.C. aproximadamente,
desde el eje central del edificio tardío podría registrarse sin mayores problemas.
80

Figura 11. Complejo Sechín (valle medio del río): Sechín Bajo, Sechín alto y Cerro Sechín.
Fuente: elaboración propia sobre mapa en https://www.heywhatsthat.com/2018.

Figura 12. Foto Complejo Sechín (valle medio del río). Vista general al norte desde Cerro Sechín.
Fuente: archivo personal (magj, 13.09.2019).
81

Figura 13. Foto del sitio Sechín Bajo. Vista al noreste, con la presencia de cerro Taukachi.
Fuente: archivo personal, Magj, 24.07.2016

Figura 14. Planta edificio Sechín Bajo, con indicación del lugar donde se ubican los edificios
circulares.
Fuente:(Fuchs et al., 2008, p. 117)
82

Figura 15. Aerofoto Sechín Bajo con indicación de eje (23°) con respecto al este-oeste.
Fuente: Google Earth, 2020.

Figura 16. Sechín Bajo. Plano donde se registra la ubicación del 1er periodo con edificios circulares.
Fuente: (Fuchs et al., 2010, p. 37)
83

Figura 17. Sechín Bajo: Primer edificio. Isometría mostrando la secuencia de edificios circulares.
Fuente: (Fuchs et al., 2010, p. figs. 6-10)

Figura 18. Sechín Bajo. Fotografía luego de las excavaciones del 1er edificio, mostrando la secuencia
temporal de edificios circulares.
Fuente: (Fuchs et al., 2010, p. 64, fig. 12)
84

Figura 19. Sechín Bajo (valle Sechín). Eje principal de los edificios 2 y 3, con azimut de 67°: eje del
amanecer del solsticio de invierno.
Fuente: https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 20. Sechín Bajo (Sechín). Visión panorámica a 360°. Se señalan los ejes solsticiales,
equinocciales y lunares. Además de la sección con azimut 67°30’.
Fuente: https://www.heywhatsthat.com/2018
85

Figura 21. Sechín Bajo (Sechín). Detalle eje equinoccial con Sechín Alto, y ejes de triangulación
solsticial (dirección al litoral) y con Cerro Sechín.
Fuente: https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 22. Sechín Bajo (Sechín). Detalle eje solsticial pasando sobre la cresta de cerro Taukachi,
coincidiendo con eje a larga distancia.
Fuente: https://www.heywhatsthat.com/2018
86

Figura 23. Sechín Bajo (Sechín). Sistema de ejes radiales: solsticial (declinación 23°) y lunar (azimut
118.5°).
Fuente: elaborado sobre https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 24. Sechín Bajo (Sechín). Detalle de eje lunar (declinación -28.5°).
Fuente: elaborado sobre https://www.heywhatsthat.com/2018
87

Figura 25. Sechín Bajo (Sechín). Sistema de ejes radiales: solsticial, equinoccial, lunar y cenital.
Fuente: elaborado sobre https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 26. Sechín Bajo (Sechín). Perfil con eje cenital (latitud 9°27’), entre cerros Huaninga y
Mirador.
Fuente: elaborado sobre https://www.heywhatsthat.com/2018
88

Figura 27. Sechín Bajo (Sechín). Simulación de la salida del sol en el equinoccio de primavera, hacia
el año 3500 a.C.
Fuente: elaborado sobre Stellarium 0.16.1

Figura 28. Sechín Bajo (Sechín). Simulación de la salida del sol en el solsticio de invierno, hacia el
año 1800 a.C.
Fuente: elaborado sobre Stellarium 0.16.1
89

Figura 29. Interpretación espacial de los dos principales ejes: equinoccial este-oeste para el edificio
circular y solsticial noreste-suroeste para el edificio tardío, con respecto al panorama referente.
Fuente: archivo personal MGJ (24.07.2016).

Figura 30. Sechín Bajo. Detalle de muros de piedra escalonados en el 2do edificio. Vista al noroeste.
Fuente: archivo personal (MGJ, 19.04.2014).
90

4.1.2.2 Las Haldas

Ubicado en un lugar muy particular, en el valle del río Casma (Ancash), sobre
la margen izquierda y al sur de la localidad actual que lleva el mismo nombre, se
caracteriza por asentarse sobre un territorio desértico y poseer una amplitud en el
paisaje visual, pero sobre todo por su cercanía al mar, a corta distancia de la playa La
Gramita, ubicada también al sur del sitio. Después de varias décadas, recientemente
se han realizado trabajos de recuperación superficial por un equipo de arqueólogos
(dirigidos por Arturo Noel y Daniel Cáceda), y ha llegado a ser considerado
patrimonio cultural de la nación.80

Lo que realmente destaca de este importante sitio es la forma en que se


asienta sobre el territorio, definiendo a partir de la organización de sus principales
edificios un modelo de agrupación extensamente “longitudinal”, ciertamente similar
al que desarrolla en el valle medio de Sechín, el sitio de Sechín Alto, llegando a tener
una longitud aproximada de 350 metros y un ancho promedio de 50 metros,
ocupando una extensión de 125 hectáreas. Dicho eje, conformado por una secuencia
de ocho grandes edificaciones, se orienta hacia el valle en dirección noreste, y su
dirección opuesta, al suroeste, se dirige hacia el mar, ascendiendo en plataformas
hasta llegar a la cima del acantilado (Grieder, 1975, fig. 1; S. Pozorski & Pozorski,
2011, p. 30).81 Existen también una serie de diferentes edificios, más pequeños,
distribuidos lateralmente sobre esa zona elevada. Es una secuencia temporal de

80
Con el apoyo de la Municipalidad Distrital de Casma, el grupo de investigación “ARES Consulting
& Management” realizó la primera temporada durante los años 2016 y 2017, obteniendo planos de
delimitación del sitio, nombrado por ellos como “Las Aldas”, similar a la terminología utilizada por
Rosa Fung (1969b), aunque luego, Terence Grieder usó “Las Haldas” (1975). Fue declarado como
Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2019. En el año 2020 se inicia una nueva temporada de
investigación a cargo del grupo señalado.
81
Rosa Fung (1969a, p. 13) ha indicado que el complejo Las Haldas fue descubierto por Engel y
Lanning hacia 1956. Y, Engel (1970, p. 31) señala que se hizo una primera publicación de los
esquemas de los edificios principales al año siguiente. Posteriormente, Terence Grieder realizó
importantes trabajos, con una publicación donde presenta la planta del complejo (Grieder, 1975, fig.
1) colocándole la numeración a los edificios del eje longitudinal, del 1 al 8, de arriba hacia abajo
(siendo el número 6 el del edificio circular). Sin embargo, la orientación de su plano presenta un
azimut de 20°, que no corresponde a la realidad (27°). Asimismo, el plano elaborado por los Pozorski
presenta en su eje un azimut entre 22° y 23°(S. Pozorski & Pozorski, 2011, p. 30). Otro trabajo
importante fue realizado por Matsuzawa hacia 1969 (Matsuzawa & Shimada, 1978), ya que realiza
una serie de excavaciones estratigráficas en las que, por ejemplo, se “revelan hasta siete unidades de
arquitectura superpuestas en la parte central-norte del conjunto central” (Bischof, 2010, pp. 30-31).
Ver también nota 33.
91

grandes edificios que parecen haberse iniciado a partir de los edificios de la


plataforma superior,82 que correspondería a una primera organización en forma de U
(edificio 1), pero siempre teniendo en cuenta la presencia del gran eje longitudinal,
“un eje «lineal» marcado por el conjunto central.” (Bischof, 2010, p. 35) Los
siguientes edificios (del 2 al 5) van descendiendo a manera de plataformas,
destacando el número 4 por su forma casi cuadrada. Los tres últimos edificios (6 al
8) se ubican en la parte plana del terreno, resaltando el edificio 6 donde se construyó
internamente el edificio circular. De acuerdo a ello, éstos serían de factura tardía. A
ambos lados del eje se ubican edificios de menor tamaño y algunos con marcadas
orientaciones diferentes. Resalta hacia el oeste un pequeño edificio circular asociado
a otro de plataformas.83

Ciertamente, a partir de ese reconocimiento general, es indiscutible la


preponderancia espacial del eje longitudinal, por lo que será relevante señalar su
orientación. Con referencia al punto cardinal norte el complejo presenta una
desviación hacia el este (azimut) de 27° en promedio, y la pregunta sería saber por
qué esa elección y hacia dónde se dirige o que estaría marcando. Observando con
precisión el diseño en el trazo de sus diferentes edificios contiguos, se hace evidente
que no todos los lados transversales al eje longitudinal son perpendiculares o
paralelos entre sí, de tal manera que presentan diferentes orientaciones, aunque muy
cercanas. Así, el límite noreste del último edificio (edificio 8) tiene una declinación
de -23° aproximadamente, y los lados del edificio 5 (el más angosto de todos, que
colinda con los edificios 4 y 6) más bien presentan una declinación de -28°
aproximadamente, lo cual podría corresponder al trazo de ejes astronómico: uno
solsticial y el otro lunar, respectivamente. Asimismo, con respecto al panorama
físico, luego de analizar las aerofotografías, se aprecia que de manera inmediata en
realidad no existe algo definido en el contexto hacia el noreste, sin embargo, cuando

82
“No puede descartarse, sin embargo, que las primeras obras de construcción monumentales se
realizaran cuestas arriba de las secciones 1 a 3, hoy cubiertas por profundos rellenos posteriores.
Fréderic Engel afirma haber ubicado, en la sección 1, una estructura precerámica enterrada debajo de
unos 8 metros de rellenos arquitectónicos” (Bischof, 2010, p. 12).
83
En el plano presentado por Grieder (1975, fig. 1) se ha definido la numeración de todos los
edificios. En el eje longitudinal se encuentran los del 1 al 9, en el sector hacia el oeste del 10 al 18,
siendo el número 16 el edificio circular menor, y en el sector hacia el este los edificios del 19 al 28.
Fung, asociando la estratigrafía de ciertas acumulaciones de basura, presume que el edificio circular
menor podría haber sido anterior, “parte de la antigua construcción y que el Gran Pozo fue copia de
éste.” (Fung, 1969a, p. 195)
92

ese eje es prolongado algo más allá, pasando sobre unas primeras colinas que se
observan en el perfil y que destacan de manera aislada, es posible llegar a tener una
conexión espacial con el edificio principal del asentamiento denominado Chankillo
(correspondiente a una época posterior, 500 a.C.), que justamente se asienta sobre
otra colina y que tiene un dominio visual desde ese sector. Entre Las Haldas y
Chankillo hay 17.20 kilómetros de separación y el eje espacial que los une
directamente presenta un azimut de 22.5° aproximadamente. Además, dicho edificio,
conformado por murallas y edificios circulares en su cima, presenta el mismo eje de
inclinación azimutal mencionado para Las Haldas sobre su trazo longitudinal (27°),
lo cual resulta especialmente sugerente. Sin embargo, temporalmente corresponden a
dos épocas diferentes, separadas por unos mil años en promedio. Nuevamente, ¿por
qué dicha coincidencia en esa inclinación?

Desde los edificios más altos, sobre el acantilado, y mirando sobre esa
dirección hacia el valle, se genera un panorama visual muy singular, definido por el
perfil antes señalado. La percepción es que todo el complejo tiende a avanzar
visualmente hacia un punto central, donde destacan un pequeño promontorio natural
cuyo perfil tiene además unas pequeñas protuberancias. En realidad, todo ese sector
es la prolongación de colinas que se desprenden del cerro más destacado del lugar,
conocido como Mongón (altitud de 1000 msnm aproximadamente), ubicado
exactamente al norte del complejo Las Haldas (con azimut de 358°). Es decir, recorre
del norte hacia el noreste, y luego genera una pequeña separación para conectarse
con otro cerro destacado, Las Lomas, que parece continuar la línea de cresta del
anterior para definir una conformación más o menos lineal, lo que sucede a una
distancia de nueve kilómetros desde el complejo. Es en esa separación en que se
ubica el promontorio señalado (altura: 400 msnm) coincidente con el eje de 23°,
junto a otro segundo de similar magnitud (300 msnm) hacia la derecha (el este), es
decir, el ángulo azimutal aumenta hasta llegar a los 28° o 29° aproximadamente. Este
último, tiene además otra notable coincidencia en la prolongación de su eje hacia las
alturas de la sierra, donde se conecta con cerro “Champaircapunta” (ángulo azimutal
de 29°22’). Completando el paisaje circundante destaca otro cerro muy cerca del
litoral, llamado “Grita Lobos” (azimut de 143° aproximadamente), y por último el
extenso paisaje marino complementa y equilibra la sensación perceptual.
93

Como se ha visto, hay dos ejes cuyos ángulos resultan sugerentes (23° y 28°),
sin embargo, si bien señalan a puntos específicos del perfil de cerros, no
corresponden con orientaciones ni solares ni lunares, por lo que de inmediato se
piensa para cada caso en sus ejes complementarios, hacia el otro sentido, es decir,
tomando sus perpendiculares, de tal manera que sí se generarían posiciones que
habrían señalado los solsticios en el primer caso y las detenciones lunares en el
segundo. Esto resulta astronómicamente significativo, ya que algunos muros
transversales al eje del complejo estarían así orientados solsticialmente. Otros
lunarmente. Unos señalarían el amanecer en verano, y otros, sobre todo los del
edificio de la plataforma superior, el ocultamiento en el solsticio de junio, pues desde
allí existe la visibilidad ideal hacia el litoral marino sin alguna obstrucción visual.

Revisando asimismo las correspondencias en la aerofotografía, a partir de


dichos ejes, resulta que el amanecer de diciembre señalaría hacia el sureste la salida
del sol sobre el perfil de los cerros en la sierra andina con una conformación
particular compuesta por la prominencia de cinco cerros (cerro “cinco crestas”, a una
altura mayor a 4000 metros sobre el nivel del mar, entre Recuay y Huarmey).
Asimismo, por el lado opuesto, con el ángulo del amanecer del solsticio de invierno
existe un eje visual que se dirige a la cumbre de cerro “Huaninga”., de tal manera
que ambas salidas solsticiales pudieron haber sido registradas.

Con respecto a la simulación astronómica, se aprecian también algunas


singulares coincidencias. Por ejemplo, cerca al amanecer del solsticio de invierno,
hacia el año 1800 a.C. aproximadamente se verifica un alineamiento, de abajo hacia
arriba a la derecha, de Mercurio, la Luna, Proción y Sirio, como estrellas brillantes
que debió causar un efecto visual especial, que se mantiene hasta una hora después
con la salida del Sol, y sobre todo la coincidencia de éste con la Luna exactamente
encima de él. De la misma forma, en el atardecer de invierno, unos días después se
produciría un alineamiento de la Luna, Régulo y Venus que enmarcarían el
ocultamiento del Sol.
94

Figura 31. Mapa de localización de Las Haldas. Como referencia, al sur se ubica playa La Gramita.
Cuadro de los cerros destacados sobre una visión panorámica
Fuente: https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 32. Complejo Las Haldas. Vista hacia el noreste desde la plataforma superior. Se aprecia la
organización longitudinal de los edificios.
Fuente: archivo personal (MGJ, 13.09.2019).
95

Figura 33. Aerofotografía del sitio Las Haldas, con indicación del eje longitudinal predominante
(azimut: 27°-28°), indicando dos ejes transversales con declinaciones de -23° y -28°. Los números del
1 al 8 corresponden a la numeración de edificios asignada por Grieder (1975, fig. 1).
Fuente: Google Earth, 2014.

Figura 34. Vista oblicua del conjunto Las Haldas. Vista al norte desde plataforma superior con el
fondo de Cerro Mongón.
Fuente: archivo personal (MGJ, circa 2005).
96

Figura 35. Plano general del complejo Las Haldas, levantado por Grieder, con indicación de
numeración de edificios (1-8) a partir de la plataforma superior. (El plano está dibujado con un azimut
de 20°).
Fuente: (Grieder, 1975, fig. 1)

Figura 36. Secciones del complejo Las Haldas, elaborado por Grieder.
Fuente: (Grieder, 1975, p. figs. 2-4)
97

Figura 37. Plano general Las Haldas, elaborado por los Pozorski, con indicación del número de
edificios del eje longitudinal (según la numeración de Grieder, 1975). (El plano está dibujado con un
azimut de 22°).
Fuente: (S. Pozorski & Pozorski, 2011, p. 30)

Figura 38. Vista isométrica del complejo Las Haldas, propuesta por Carlos Williams. Vista al
suroeste.
Fuente: (Williams, 1981, p. 432)
98

Figura 39. Las Haldas. Análisis del eje


perpendicular al eje principal, desde el
recinto de la plataforma superior,
coincidiendo con atardecer de solsticio
de invierno. Se indican los dos edificios
circulares.
Fuente: elaboración propia sobre el
plano de los Pozorski (2011, p. 30).

Figura 40. Las Haldas. Vista al noroeste


desde el muro perimétrico del recinto de
plataforma superior (1), un mes después
del solsticio de junio.
Fuente: archivo personal (MGJ,
24.07.2016).
99

Figura 41. Las Haldas. Edificio circular mayor (edificio 6). Vista al suroeste con plataformas
superiores (edificios 1-5).
Fuente: archivo personal (MGJ, 24.07.2016).

Figura 42. Las Haldas. Plataforma edificio 4 (asociada a edificio circular) y plataformas superiores.
Vista al suroeste.
Fuente: archivo personal (MGJ, 24.07.2016).
100

Figura 43. Las Haldas. Detalle de muros interiores escalonados concéntricos del edificio circular
mayor (edificio 6).
Fuente: archivo personal (MGJ, 24.07.2016).

Figura 44. Las Haldas. Isometría del edificio circular mayor (edificio 6), donde se aprecia el diseño
concéntrico y la forma trapezoidal de las escaleras.
Fuente: (Engel, 1970, pp. 48, figura 12)
101

Figura 45. Las Haldas. Edificio circular menor. Vista al noreste.


Fuente: archivo personal (MGJ, 13.09.2019).

Figura 46. Las Haldas. Edificio de plataformas frente a edificio circular menor. Vista opuesta a la
anterior (hacia la playa, suroeste)
Fuente: Archivo personal (MGJ, 13.09.2019).
102

Figura 47. Mapa de localización donde se determina la relación entre Las Haldas y Chankillo a partir
del eje azimutal de 23°. Se observa además la relación con el complejo Sechín.
Fuente: elaboración propia a partir de la aerofoto SIGDA v 2.0 (Ministerio de Cultura).

Figura 48. Aerofoto donde se señalan tres ejes desde Las Haldas: a cerro Mongón, hacia Chankillo, y
con 23° de declinación (solsticio de invierno) hacia cerro Huaninga.
Fuente: elaboración propia a partir de la aerofoto SIGDA v 2.0 (Ministerio de Cultura).
103

Figura 49. Aerofoto desde las Haldas con la determinación de los principales ejes visuales, sobre todo
los azimutales de 23° (eje a Chankillo), 27° (eje Las Haldas) y 28.5° (eje al cerro central), además del
solsticial a cerro Huaninga.
Fuente: elaboración propia a partir de la aerofoto SIGDA v 2.0 (Ministerio de Cultura).

Figura 50. Complejo Las Haldas. Vista del eje longitudinal (al noreste) señalando cerro central (según
mapa anterior), con azimut 27°.
Fuente: archivo personal (MGJ, 13.09.2019).
104

Figura 51. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala el eje longitudinal con azimut
de 23° donde aparece el pequeño cerro central entre las prolongaciones de cerro Mongón y cerro Las
Lomas.
Fuente: elaboración propia a partir de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 52. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los ejes en el solsticio de
invierno: amanecer hacia las cumbres de la sierra (cerro “Huaninga”) y atardecer sobre litoral marino.
Fuente: elaboración propia a partir de https://www.heywhatsthat.com/2018
105

Figura 53. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los ejes de los eventos
astronómicos solares y lunares.
Fuente: elaboración propia a partir de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 54. Corte panorámico desde el complejo Las Haldas. Se señala los solsticios: amanecer de
diciembre (sureste, cerro “cinco crestas”) y atardecer de junio (noroeste), coincidiendo con los ejes de
muros transversales del complejo arquitectónico principal.
Fuente: elaborado sobre https://www.heywhatsthat.com/2018
106

Figura 55. Aerofoto con visión de ejes radiales desde Las Haldas, señalando el eje a Chankillo y los
dos ejes solsticiales hacia la sierra.
Fuente: elaboración propia (MGJ) sobre la aerofoto SIGDA v 2.0, 2018

Figura 56.Ampliación aerofoto del cerro “cinco crestas”, en el eje del amanecer del solsticio de
verano, desde el complejo Las Haldas.
Fuente: SIGDA v 2.0, 2018
107

Figura 57. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el año 1800 a.C.,
cerca del amanecer del solsticio de junio donde aparece un alineamiento importante.
Fuente: elaborado por MGJ sobre la imagen: Stellarium 0.16.1, 2018

Figura 58. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el año 1800 a.C.,
con el amanecer en días cerca del solsticio de junio donde aparece un alineamiento importante.
Fuente: elaborado por MGJ a partir de la imagen: Stellarium 0.16.1, 2018
108

Figura 59. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el año 1800 a.C.,
con el amanecer en el solsticio de invierno en coincidencia con la luna llena sobre el sol.
Fuente: elaborado por MGJ a partir de la imagen: Stellarium 0.16.1, 2018

Figura 60. Detalle de simulación astronómica desde el complejo Las Haldas, hacia el año 1800 a.C.
Atardecer en el solsticio de invierno en coincidencia con alineamiento especial.
Fuente: elaborado por MGJ a partir de la imagen: Stellarium 0.16.1, 2018
109

4.1.2.3 Caral

Es el nombre de uno de los principales asentamientos del valle del río Supe,
que a partir de 1994 empezaron a ser investigados sistemáticamente por lo que ahora
se conoce como “Zona Arqueológica Caral” (ZAC) dirigida por Ruth Shady. Se ha
podido determinar que entre los valles bajo y medio84 existen por lo menos 20
complejos que compartieron las mismas características, tanto en las formas de
asentamiento o emplazamiento como en los patrones y tipología arquitectónica que
señalan su filiación al periodo Formativo Inicial, como lugar ciertamente central
dentro de la extensión que ocupa los andes norcentrales. El curso y la sección del río
Supe es variable, así como su caudal, y en ambas márgenes se han generado sectores
como terrazas eriazas que fueron escogidas para la construcción de los complejos, y
alrededor de ellos existen diferentes zonas boscosas que asimismo permitió la
obtención de algunos productos, como los totorales. Dicho periodo temporal (3000-
1800 a.C.) está caracterizado por la ausencia de cerámica, de tal manera que la
arquitectura es tal vez uno de los indicadores realmente importantes para comprender
los modos de vida de aquellas antiguas sociedades. En ellos es recurrente los tipos de
edificios de “plataformas superpuestas” así como los “edificios circulares”.

Caral es el asentamiento de mayor magnitud, ubicado en la sección Media-


Baja, con una ocupación estimada de 66 hectáreas, y debió haber tenido una larga
ocupación de unos 1200 años aproximadamente, diferenciada en seis grandes
periodos (3000 – 1800 a.C.) y hasta 25 fases de construcciones y remodelaciones
(Shady, 2014, p. 89).85 Asentado sobre un sector casi horizontal presenta una
conformación más o menos alargada, de acuerdo a la disposición de sus principales
edificios que se organizan alrededor de un gran espacio central. Sin embargo, a partir
de las investigaciones y sus diferentes publicaciones Shady (1997, 2008, 2014)
indica que Caral presentaría una estructura dual dentro de la organización del

84
Estas partes del valle, que se extienden desde el litoral hasta unos 60 kilómetros aproximadamente,
ha sido dividida en cuatro secciones: Litoral (1 asentamiento, Áspero), Baja (6 asentamientos), Media-
Baja (9 asentamientos, donde se encuentra Caral) y Media-Alta (7 asentamientos), con un total de 23
sitios de magnitudes diferenciadas (Shady, 2014, pp. 71-73).
85
Los periodos definidos con fechados a.C. son: Remoto (antes del 3000), Antiguo (3000-2600),
Medio Inicial (2600-2300), Medio Final (2300-2200), Tardío Inicial (2200-2100) y Tardío Final
(2100-1800) (Shady, 2014, p. 90, Tabla 3-2).
110

pensamiento andino, que al mismo tiempo se basa en un sistema de


complementariedad: la “mitad alta” (hacia el noreste, cerca al río Supe) y la “mitad
baja” (suroeste, cerca de las faldas de los cerros). En ambos sectores se ubican de
manera estratégica aquellos edificios ya aludidos, los de “plataformas superpuestas”
adosados a un edificio circular: el “edificio mayor” en la mitad alta, y en la mitad
baja el conocido “edificio del anfiteatro”. Lo que destaca con mayor claridad en el
primer sector es la configuración de lo se podría considerar como “espacio central”,
una amplia explanada definida por la presencia de 7 grandes edificios de plataformas
superpuestas que parecen girar sobre dicho espacio además de un área residencial. La
parte inferior, más bien presenta una configuración longitudinal con una serie de
edificios de vivienda y producción (talleres), dentro de los cuales adquiere
preponderancia el gran edificio del anfiteatro. Éste es reconocido además por la
presencia en su interior del famoso “altar del fuego sagrado”.

Espacialmente se percibe un emplazamiento más o menos alargado en


función del sentido de la terraza aluvial que sigue el curso del río Supe, que
desciende del sureste hacia el noroeste, y está separado de él por alrededor de 200
metros. En segundo lugar, con respecto al trazo de los edificios conformantes, hay
que señalar que no existe un paralelismo entre todos, sino más bien existen dos
grupos de edificios, unos con una inclinación suroeste de 24° a 25° y otros de 28° y
29°, cuyos ángulos indicarían una correlación directa con eventos astronómicos
correspondientes a observaciones solares y lunares respectivamente. En el primer
grupo, ubicados hacia el sector norte y hacia el sector este destacan los siguientes:
“edificio mayor”, “edificio menor”, “edificio de la galería” y, “edificio de la
huanca”. Los del segundo grupo se hallan hacia el sector oeste y serían básicamente
dos edificios: “edificio central” y “edificio de la cantera”. Además, resulta
significativo otro edificio, muy cercano al primero de éstos, conocido como “tinkuy
mitu cancha”, un edificio circular. Es decir, hay un edificio circular asociado a los
del grupo solar, y otro circular ligado a los del grupo lunar. Con respecto a
arqueoastronómico, resultan significativos los trabajos anteriores de Alfio Pinasco
(2004) y de Alberto Marroquín (2010), quienes llegan a similares conclusiones sobre
las orientaciones de ejes que se encuentran presentes en aquellos edificios de
relevancia.
111

Asimismo, el grupo de investigación ZAC considera de suma importancia el


aspecto relativo a la cosmovisión, a los sistemas religiosos y a su relación con la
observación de los fenómenos estelares, que habrían tenido influencia en la
organización de los edificios.

Por la disposición de las estructuras arquitectónicas se infiere un ordenamiento del espacio


construido de acuerdo a un diseño planificado de la ciudad. En éste se tuvieron en cuenta
criterios importantes de la organización social, como las divisiones simbólicas de los linajes
matrilineales-patrilineales u originarios-advenedizos reflejadas en las mitades, alta y baja,
derecha e izquierda; y los estratos sociales jerarquizados. A estos criterios se le sumaron
otros astronómicos-religiosos (astros como el sol, la luna, las Pléyades) identificados con
determinadas deidades del panteón religioso —como Huari— plasmados en los edificios
piramidales y funcionales para la realización de actos religiosos-políticos y actividades
administrativas, ocupacionales, residenciales y de mercado. (Shady, 2014, pp. 86-87)

Con respecto al paisaje circundante hay que señalar que el sitio se encuentra
muy compenetrado con su propio territorio, con su paisaje circundante que destaca
visualmente desde todos sus sectores, tanto desde los espacios públicos o desde los
propios edificios, gracias a la posición entre ellos y a la amplitud espacial del
asentamiento. Es decir, su conexión con la naturaleza resulta especialmente atractiva,
por la presencia regular de colinas y cerros referentes, que se habrían tenido en
consideración por su sentido cosmológico.

Entre los principales perfiles visuales destacan:


- un cerro alineado con 45° y ubicado a partir del espacio central de Caral hacia el
sureste, con una altura aproximada de 190 metros y a un kilómetro de distancia,
- un cerro también ubicado hacia el sureste (altura de 400 metros y distancia de 5
kilómetros), cuyo eje espacial coincide con el ángulo del solsticio, es decir, entre 24°
y 25°, dirigiéndose hacia la aparición del sol en diciembre,
- otro cerro (altura de 200 metros) que señalaría el ocultamiento del sol en invierno,
es decir, ubicado con el mismo eje solsticial que el anterior, pero mirando de forma
contraria, siendo relevante que esté distanciado de Caral la misma distancia
aproximada que el caso anterior, de tal manera que el complejo sería un centro
chaupi con respecto a ellos,
- un importante cerro es el nombrado como “Cerro Mulato” (de 440 metros de
altura), que se halla en la proyección del eje cardinal sur, manteniendo una distancia
similar que los dos casos anteriores, de tal manera que se postularía a Caral como
112

una centralidad para los referentes, dentro de un entendimiento del criterio de


circularidad en el manejo del territorio y, además otros dos cerros,
- hacia el oeste del sitio destaca “Cerro Miraya” y hacia el norte, en la margen
opuesta “Cerro Colorado” de singular altura (800 a 900 metros en promedio).

Con respecto a la organización espacial de sus principales edificios hay que


destacar algunas características. El edificio mayor es realmente significativo por su
magnitud, su diseño y la configuración de sus recintos o elementos componentes, así
como por su secuencia temporal constructiva, que alcanza una altura de 20 metros en
promedio. Está compuesto por el edificio de plataformas superpuestas de
configuración rectangular, con unas dimensiones en la base de 160 x 80 metros
aproximadamente, y por el edificio circular, que se le adosa tardíamente al anterior,
con un diámetro externo en promedio de 36.50 metros. Ambos están articulados por
un eje de circulación transversal noreste-suroeste. El edificio circular consta de tres
escaleras, una externa que se inicia en el extremo suroeste, y las otras dos internas
que descienden al interior desde una plataforma circular a manera de anillo. Desde
allí se conecta con el edificio de plataformas hacia el noreste, por un sistema
complejo de escaleras superpuestas, que corresponden a las diferentes fases
constructivas y al proceso de enterramiento ritual y construcción de un nuevo
edificio que define la renovación (“tradición mito”) y su sacralidad. En ese proceso
de relleno y enterramiento se utilizó recurrentemente el sistema de shicras (mallas de
fibra vegetal con contenido de piedras). Se conoce que en la plataforma superior se
ubicó un recinto cuadrangular o salón ceremonial con fogón central, desde donde se
podía acceder a otros recintos, pero sobre todo estuvo conectado hacia el noreste
donde se ubica el denominado “Altar del Fuego Sagrado”, recinto ceremonial de
forma cuadrada con la presencia de un conducto de ventilación subterráneo —similar
al “altar del fuego sagrado” del edificio del anfiteatro, aunque éste de forma
circular—, lo que implica un sofisticado diseño y “conocimientos acerca de la
mecánica de fluidos para hacer circular el aire” (Shady & Machacuay, 2003, p.
181).86

86
Las excavaciones han determinado, comparando los edificios “mayor” y del “anfiteatro”, que en
“ambos altares se quemaron fundamentalmente alimentos, conchas, pescados y vegetales, (…) los
bienes ofrendados han estado constituidos por alimentos y textiles.” (Shady & Machacuay, 2003, p.
180)
113

Hay que enfatizar entonces, que en los primeros periodos funcionó


independientemente el edificio de plataformas, que creció paulatinamente. Así
también, el edificio circular fue introducido como un nuevo modelo, que pasó
también por una serie de correcciones y remodelaciones. Hay dos claros periodos,
que se distinguen por el cambio en la forma de sus escaleras, de rectangular a
trapezoidal, además de una secuencia compleja de pisos con diversos colores, así
como la evidencia de cambio de pintura en sus paredes hasta en 31 veces. Resulta
relevante esta descripción pues permite inferir una idea de la complejidad de las
circulaciones o recorridos que se pudieron haber realizado desde abajo para acceder a
los recintos elevados de mayor jerarquía, tanto como el impacto perceptual de las
superficies, sus acabados y colores. Estos cuidados en el tratamiento señalarían el
carácter especial del edificio como objeto simbólico que representa a la sociedad.
Así, “la plaza circular simbolizaría el poder terrenal de la autoridad, sacralizado por
las deidades de los mundos de arriba y abajo.” (Shady et al., 2003, p. 158)
114

Figura 61. Aerofoto del asentamiento Caral (Supe) y su relación con el río Supe.
Fuente: SIGDA v 2.0, 2018

Figura 62. Esquema de organización con respecto a los principales ejes espaciales de Caral.
Fuente: plano redibujado a partir del original de Shady (2014, p. 88). Elaborado por: L. Cornelio,
2018.
115

Figura 63. Caral. Edificio circular mayor. Vista al suroeste.


Fuente: archivo personal (MGJ, 21.12.2018).

Figura 64. Caral. Edificio mayor. Vista al noreste, desde el eje de escaleras. Detalle de acceso al
edificio circular y escaleras hacia plataformas superiores.
Fuente: foto registrada por MGJ (21.12.2018).
116

Figura 65. Caral. Edificio circular del anfiteatro. Vista al sur.


Fuente: foto registrada por MGJ (22.09.2017).

Figura 66. Detalle del “Altar del fuego Sagrado” ubicado en el edificio del Anfiteatro. Vista al
suroeste.
Fuente: foto registrada por MGJ (26.11.2008).
117

Figura 67. Caral. Edificio circular mayor. Planta y cortes, señalando eje solsticial.
Fuente: (Shady et al., 2003, p. 150)

Figura 68. Caral. Edificio del anfiteatro. Planta con ubicación del Altar del Fuego Sagrado.
Fuente: (Shady & Machacuay, 2003, p. 294)
118

Figura 69. Aerofotografía del sector norte de Caral, donde se aprecian los dos ejes de alineamientos
astronómicos y los edificios “mayor” y “central” asociados a edificios circulares.
Fuente: elaboración propia a partir de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 70. Aerofotografía señalando la visión panorámica radial desde Caral y se enfatiza el eje del
amanecer del solsticio de verano (azimut, 113.5° aproximadamente).
Fuente: datos obtenidos en https://www.heywhatsthat.com/2018
119

Figura 71. Aerofotografía señalando el criterio de circularidad en el manejo del territorio, tomando
como centro Caral. Se marca el eje solsticial y la coincidencia de los cerros en la circunferencia de
diámetro 5 kilómetros.
Fuente: elaboración propia sobre los datos de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 72. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del solsticio de verano,
así como el eje a 45° sureste coincidiendo con la cumbre de un cerro prominente.
Fuente: elaboración propia sobre los datos de https://www.heywhatsthat.com/2018
120

Figura 73. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del atardecer en el
solsticio de invierno, así como el eje a 45° sureste coincidiendo con la cumbre de un cerro prominente.
Fuente: elaboración propia sobre los datos de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 74. Sección de la visión panorámica radial desde Caral. Se indica el eje del atardecer en el
equinoccio, y los ejes cenitales.
Fuente: elaboración propia sobre los datos de https://www.heywhatsthat.com/2018
121

Figura 75. Imagen de simulación del movimiento astronómico desde Caral, hacia el año 2850 a.C.,
mostrando un alineamiento importante sobre el eje solsticial, en días posteriores al solsticio.
Fuente: elaborado por MGJ, sobre los datos de: Stellarium 0.16.1, 2018

Figura 76. Imagen de simulación del movimiento astronómico desde Caral, hacia el año 2850 a.C., en
fecha aproximada al atardecer del equinoccio de marzo. Se observan importantes estrellas.
Fuente: elaborado por MGJ, sobre los datos de: Stellarium 0.16.1, 2018
122

Figura 77. Fotografía de la piedra “guanca”, ubicada hacia el sector este de Caral, al frente del
“edificio de la guanca”. Se aprecia la coincidencia con la cumbre de “Cerro Mulato”, cuyo perfil
parece repetirse en el de la piedra.
Fuente: foto registrada por MGJ (22.09.2017).

Figura 78. Eje de relación entre la “guanca” y el eje del edificio del mismo nombre, con un ángulo de
30° (azimut 210°) al oeste con respecto al sur (“Cerro Mulato”).
Fuente: archivo personal (MGJ, 30.04.2016)
123

Figura 79. Sector este del área nuclear de Caral. De izquierda a derecha se aprecian los edificios
“menor”, “de la galería” y “de la guanca”. Se aprecia el cerro más cercano en dirección sureste.
Fuente: foto registrada por MGJ (30.04.2016).

Figura 80. “Edificio mayor” de Caral conformado por el “edificio circular” (EC) y el “edificio de
plataformas” (EP). Vista al noreste.
Fuente: foto registrada por MGJ (30.04.2016).
124

Figura 81. Sector oeste del área nuclear de Caral. En primer plano el “edificio circular tinkuy mitu
cancha”, y detrás a la izquierda el “edificio central”. Vista al norte.
Fuente: archivo personal (MGJ, 22092017).

Figura 82. Caral. Esquema de organización espacial radial. Criterio de circularidad con relación al
paisaje desde el espacio central (chaupi).
Fuente: elaboración propia sobre aerofoto Google Earth (MAG, 2013).
125

4.1.2.4 Áspero

Ubicado en el extremo oeste del valle de Supe y a unos 4 kilómetros al norte


del río, aproximadamente, colinda actualmente con la localidad de Supe Puerto, y se
caracteriza por su emplazamiento hacia el sureste sobre una gran colina arenosa que
define una bahía que limita con el mar al oeste, mientras que dicha colina está
rodeada de grandes zonas agrícolas y humedales hacia el sureste, de tal manera que
en esta dirección existe una amplia visibilidad al valle, mientras que la colina sirve
también de protección de la brisa marina. Sin embargo, el emplazamiento permite
también una percepción de la playa en dirección sur y suroeste, desde algunos
sectores del asentamiento.

El sitio abarca una extensión aproximada de 19 hectáreas y su desarrollo fue


contemporáneo a Caral, es decir, demuestra prolongadas ocupaciones, que debió
iniciarse como un asentamiento de pescadores, en virtud de su cercanía al mar y a la
riqueza de productos marinos, lo que posibilitó también el desarrollo de la pesca,
hasta llegar a constituirse en un importante centro ceremonial (3000-1600 a.C.),
como núcleo productivo en el extremo oeste del valle y la consiguiente construcción
de grandes edificios. A partir de la organización espacial propuesta para Caral, Shady
(2014, p. 81)87 propuso una división en dos partes, recurriendo al criterio de dualidad
y complementariedad: “Áspero Alto” y “Áspero Bajo”, en vista del evidente relieve
del terreno que debió ser trabajado eficientemente, sobre todo los edificios del sector
alto, ya que implica sistemas constructivos de nivelación y estabilidad del terreno.
Shady y sus colaboradores señalan que el asentamiento está conformado por 22
sectores, donde destacan siete edificios “piramidales”, y existirían por lo menos tres
áreas con claras evidencias de haber funcionado como grandes almacenes (Shady
et al., 2012, pp. 80-95, 2014; Shady & Cáceda, 2008).

En realidad, predomina una organización espacial ligada al terreno y al


paisaje. Se percibe un desarrollo longitudinal y sinuoso tanto como su adaptación a
ciertos cambios de relieve señalados. En la parte baja se estaría conformando un

87
Fue en el año 2005 que el Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (PEACS) inició los trabajos
de recuperación del sitio El Áspero, bajo la dirección de Ruth Shady.
126

lugar de considerable amplitud denominada “plaza central” (actualmente cubierta de


vegetación), que integraría los dos sectores (alto y bajo) y es la que colinda hacia el
este con el área agrícola. Frente a dicho espacio público, hacia el oeste y sobre la
pendiente del promontorio natural que sirve como protección del viento y como
marco físico que delimita la visibilidad, es que se ubica el sector alto (mitad hanan)
con edificaciones de envergadura que tipológicamente corresponden a los modelos
de “edificios de plataformas superpuestas” y “edificios circulares”. Mientras que el
sector bajo (mitad hurin) se asienta hacia el norte y este del asentamiento, donde
destacan sobre todo tres edificios importantes de considerable envergadura: Sector O,
Edificio de las Flautas y Sector T, los cuales resultan más o menos alineados en el eje
horizontal este-oeste. Sin embargo, los más reconocidos se ubican en el primer
sector, siendo los más investigados y reconocidos como “Huaca de los Ídolos” y
“Huaca Alta” contiguos entre sí, y algo más separado el edificio “Huaca de los
Sacrificios”, a unos cien metros de los anteriores, y contiguo a un cuarto edificio, el
de los Espondylus.

Lo primero que resalta en la forma del trazo para la configuración del


asentamiento es que existen una serie de ejes espaciales diferentes, correspondientes
a las diversas orientaciones de los edificios. Es decir, se percibe un orden diferente,
que no guarda relación con lo ortogonal y sin mayores coincidencias de posibles ejes
paralelos, lo cual obedecería al proceso de adaptación al relieve señalado. De
acuerdo a los tres principales edificios ya mencionados se podría señalar que son
aquellos ejes los que prevalecen con mayor jerarquía, ya que realmente se trata de
edificios importantes de considerable envergadura. Por lo tanto, la pregunta sería
¿por qué presentan orientaciones diferenciadas estando tan cerca entre ellos? Es por
ello que interesa precisar sus ángulos de inclinación. Los dos primeros edificios casi
contiguos, corresponden al mismo patrón de “edificio de plataformas” con “edificio
circular”, mientras que en el tercero no se verificado la presencia del edificio
circular. Las orientaciones referidas son determinadas por el eje de sus escaleras.
“Huaca de los Ídolos” presenta una declinación positiva de 10.5°, “Huaca Alta” tiene
35° de declinación, mientras que “Huaca de los Sacrificios” se acerca con mayor
precisión hacia los 24°, también con declinación positiva. Se podría señalar a estos
tres edificios como el área nuclear del asentamiento. Hacia el norte de ellos se ha
definido el sector C1, con unas pequeñas edificaciones cuya declinación se acercaría
127

hacia los 29°, y hacia el lado opuesto se ubica el sector K, del cual no hay mayor
información, pero parece estar orientado sobre el eje equinoccial. En realidad, dichos
ángulos parecen tener cierta correspondencia con la observación del movimiento de
los astros.

Por ejemplo, en el primer caso, 10.5° es la latitud que corresponde al sitio el


Áspero, por lo tanto, las salidas y puestas del sol en el día del cénit poseen esa
declinación angular. En el caso de Huaca de los Ídolos se podría sugerir una
precisión con ese ángulo hacia el atardecer. En el segundo caso, Huaca Alta tiene 35°
de declinación, sin embargo, esa medida resulta algo aproximada a los 37° de la
importante estrella Shaula, cuya declinación máxima se da hacia el suroeste sobre un
horizonte sin obstáculos, por lo que, en este caso, al encontrarse hacia esa orientación
la colina sobre la que se asienta el edificio habría que estudiar con mayor precisión la
diferencia angular por la altitud del perfil observado. Aunque de acuerdo a la
simulación astronómica, hacia el año 2000 a.C. se observa que el inicio del cielo
nocturno en la dirección del eje del edificio (azimut 235°) se observaría la otra
estrella importante, Sargas, así como todo el Amaru, en posición casi horizontal. Y,
en el caso de Huaca de los Sacrificios, se verifica una orientación muy precisa con
respecto al amanecer del solsticio de invierno (23° noreste).

Resulta interesante observar que los dos edificios principales y cercanos,


“Huaca de los Ídolos” y “Huaca Alta”, presentan el diseño del edificio circular
orientados hacia el valle, lo cual sugeriría algún tipo de concepción dual, siendo algo
relevante la precisión similar del eje central de escaleras que los conectaba hacia las
plataformas superiores, aunque estos edificios circulares como elaboraciones
cercanas a sus periodos finales. En el caso de Huaca de los Ídolos es sugerente que su
edificio circular, antes de ser abandonado el lugar, haya sido desmontado en parte
como un evento para su enterramiento ritual, junto a ofrendas consistentes en cabezas
humanas (Shady et al., 2012, p. 84). Estos dos edificios, además de Huaca de los
Sacrificios, también fueron estudiados por Robert Feldman en la década de 1970,
revelando por medio de las excavaciones importantes indicadores tanto
arquitectónicos como rituales (Feldman, 1985). Por ejemplo, en Huaca de Ídolos, se
observa la secuencia espacial de los recintos de las plataformas superiores, en los que
a partir de un espacio mayor el flujo se va restringiendo hacia los posteriores, que
128

incluso dos de ellos presentan nichos sobre sus paredes, lo que estaría revelando una
mayor jerarquía. Asimismo, existen evidencias de que ocasionalmente las superficies
de sus muros fueron pintadas de color rojo o amarillo. Además, se recuperaron una
serie de objetos, como figurinas de arcilla sin hornear (Feldman, 1985, p. 80), a
manera de ofrendas rituales. Feldman también planteó la idea del trabajo corporativo
(“corporative labor”) como una forma de organización a partir de ciertos grupos de
autoridad que podrían dirigir la acción de los individuos en los proyectos importantes
(ibid 1985, p. 82).

Retomando la idea de la organización espacial del asentamiento se observa


entonces que sus siete principales edificios, por el emplazamiento y la orientación de
sus ejes principales sugerirían que se dirigen al espacio público “plaza” central. Esto
induce a pensar también en el criterio de circularidad, con un centro chaupi y
diferentes ejes ceque. Desde dicho espacio se define una conexión hacia el valle, y de
manera implícita hacia el amanecer del equinoccio, cuya visibilidad es amplia y
coincide con una prominencia dentro de la cadena de cerros que definen el panorama
entre el norte y el sureste, el cerro Tacún (4000 msnm) y a una distancia aproximada
de 60 kilómetros. Hacia esos sectores (norte y sureste) existe una extensa visibilidad,
de tal manera que hubiera sido posible percibir también otros fenómenos
relacionados con ciertas prominencias referentes, como por ejemplo el amanecer del
solsticio de verano, que sucede hacia el sureste, y en donde el perfil de los cerros
genera, luego de una pronunciada pendiente, un pequeño sector horizontal (cuyo
extremo es cerro Picelua), que coincidiría con un cerro denominado Tranco (3500
metros sobre el nivel del mar), con azimut de 112.5°, y a una distancia de 80
kilómetros.
129

Figura 83. Áspero (valle de Supe). Aerofotografía con localización frente al litoral y muy cerca de la
localidad de Supe Puerto.
Fuente: tomado de Google Earth, 2016.

Figura 84. Aerofotografía con la ubicación del sitio arqueológico El Áspero. Margen derecha valle de
Supe.
Fuente: tomado de https://www.heywhatsthat.com/2018
130

Figura 85. Aerofotografía de la sección de los valles bajo y medio del río Supe. Se observa la relación
entre Caral y El Áspero.
Fuente: elaboración propia a partir de la imagen SIGDA v 2.0, 2018

Figura 86. Vista isométrica y fotomontaje 3D del centro ceremonial El Áspero.


Fuente: Panel infográfico elaborado por el ZAC. Foto MGJ (30.04.2016).
131

Figura 87. Mapa esquemático del centro ceremonial El Áspero, señalando ejes de edificios.
Fuente: elaboración propia a partir plano del proyecto ZAC (Shady et al., 2012, pp. 80-81).

Figura 88. Vista general del complejo ceremonial El Áspero sobre fondo del litoral.
Fuente: fotografía registrad por MGJ (30.04.2016).
132

Figura 89. Plano redibujado del centro ceremonial El Áspero, señalando ángulos de alineamientos.
Fuente: realizado por L. Cornelio (2018), sobre el mapa del proyecto ZAC (Shady et al., 2012, pp. 80-
81).

Figura 90. Vista hacia el valle de Supe mostrando el panorama, desde sector alto de El Áspero.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (30.04.2016).
133

Figura 91. Esquema de organización espacial de El Áspero. Se observan los siete principales edificios
alrededor de la "plaza" central, la que se relaciona hacia el este con el valle (eje equinoccial).
Fuente: realizado a partir de la aerofotografía (Google Earth, 2020).

Figura 92. El Áspero. Vista al sur de los tres edificios principales del sector alto: Huaca de los Ídolos,
“Huaca Alta” y “Huaca de los Sacrificios”.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (30.04.2016).
134

Figura 93. “Huaca de los Ídolos”, vista al suroeste. Sector alto del El Áspero.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (30.04.2016).

Figura 94. “Huaca Alta”, vista al sur. Sector alto de El Áspero.


Fuente: fotografía registrada por MGJ (30.04.2016).
135

Figura 95. Aerofotografía con vista de los perfiles panorámico desde Huaca Alta (azimut, 235°),
indicando las orientaciones equinoccial y solsticial.
Fuente: elaboración propia sobre mapas en https://www.heywhatsthat.com/ 2020.

Figura 96. Sección panorámica desde Huaca Alta, señalando su eje hacia el atardecer (azimut 235°), y
su posible visión hacia el solsticio.
Fuente: elaboración propia sobre mapas en https://www.heywhatsthat.com/ 2020.
136

Figura 97. Isometría de “Huaca de los Ídolos” mostrando sus principales componentes
arquitectónicos.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (30.04.2016), del panel expuesto en el sitio arqueológico.

Figura 98. Isometría de “Huaca Alta” mostrando sus principales componentes arquitectónicos.
Fuente: Panel de Infografía en el sitio arqueológico. Foto: archivo personal (MGJ, 30.04.2016).
137

Figura 99. Representación virtual del movimiento de astros sobre El Áspero. Se aprecia la zona
extrema del Amaru que se alinea con el eje de Huaca Alta (azimut 235°), declinación suroeste -35°.
Fecha aproximada, 2000 años a.C.
Fuente: elaborado sobre imagen de Stellarium 0.19.2 (2020).

Figura 100. Representación virtual del movimiento de astros sobre El Áspero. Se aprecia el amanecer
en días posteriores al solsticio de junio, que se alinea con Saturno y la Luna. Fecha aproximada, 2500
años a.C.
Fuente: imagen obtenida de Stellarium 0.16.1 (2018).
138

4.1.2.5 Bandurria

Se trata de un asentamiento importante y de gran envergadura dentro de


finales del periodo Formativo Inicial, ubicado a pocos metros de la línea litoral
marino, separado por la Albufera Paraíso. Se encuentra al sur de la actual ciudad de
Huacho (margen izquierda del valle de Huaura), ocupando una extensión aproximada
de 31 hectáreas. Está muy cerca también hacia el sur de la bahía que define la playa
Paraíso y las Salinas de Huacho. Hacia ese sector destaca un cerro prominente y
referencial, el cerro Sanú. Hacia el este, el paisaje desértico se ha ido transformando
a partir de la presencia de la irrigación Santa Rosa y su ramal de irrigación Paraíso,
lo que además ocasionó que hacia inicios de la década de 1970 una parte importante
del complejo fuera destruida. Rosa Fung inició los primeros estudios a inicios de
dicha década y las primeras excavaciones las realizó hacia 1977 (Chu, 2008a, p. 92).
Ella había señalado que se trataba de un asentamiento de pescadores donde halló las
evidencias de una edificación, que denominó “montículo”, posiblemente de carácter
conmemorativo ritual, por lo tanto, lo dividió en dos sectores: residencial y
ceremonial, el primero más temprano y el segundo tardío. Para el primero identificó
dos ocupaciones precerámicas, con un fechado inicial de 2500 a.C. aproximadamente
(Fung, 1988, 1999, p. 180, 2008, pp. 179-180).

Luego de varias décadas, Alejandro Chu conformó un grupo para realizar


excavaciones arqueológicas así como labores de conservación, que se llevaron a cabo
durante la primera década del presente siglo (2008a, 2008b, 2011b), donde se ha
confirmado la presencia de aquellos dos sectores, y se ha definido —sobre el sector
de mayor jerarquía, con edificios públicos—, que abarca unas 20 hectáreas y posee
una antigüedad promedio que se ubica entre los años 1800 a 1600 a.C.88 Este sector
estaría conformado por lo menos por una decena de edificios, posiblemente de la
tipología de plataformas, ubicados hacia el sector norte del complejo arquitectónico.
De los trabajos de conservación se ha podido acondicionar las dos edificaciones de
mayor envergadura que se encuentran hacia la parte extrema norte y que justamente

88
El Proyecto Bandurria dirigido por Alejandro Chu, hacia el año 2005, realizó 16 fechados
radiocarbónicos, 14 correspondientes al sector doméstico obteniendo una antigüedad de 3000-2000
años a.C. aproximadamente, mientras que para el sector ceremonial se tomaron dos fechados, cuyos
extremos están entre 1850 a 1680 años a.C.[calib.] (Chu, 2008a, p. 107).
139

corresponden al modelo “edificio de plataformas” con “edificio circular”. Asimismo,


se observa una clara organización espacial por su disposición en secuencia lineal
tomando en consideración el eje equinoccial entre ellos. Se han denominado edificio
1 (hacia el oeste) y edificio 2 (hacia el este), con respecto a su cercanía al mar, y
alcanzan una altura en promedio de 10.00 metros aproximadamente. Ambos están
conformados por una secuencia triple de plataformas que ascienden al mismo tiempo
que disminuyen en tamaño, y sobre sus plataformas superiores se ubican “recintos
altares”. En el caso del edificio 1 es evidente el diseño especial de la secuencia de sus
escaleras centrales, que articula directamente a los dos edificios y a partir del cual se
define la orientación cardinal norte, sobre el frente principal. Existe otro edificio de
menor envergadura dispuesto entre los edificios “oeste” y “este” (denominado como
“templo temprano”), también paralelo adosado en secuencia, pero de menor altura
(3.00 metros), que los articularía. Frente a éste se ubica el otro “edificio circular”
(diámetro: 9.00 metros), denominado “plaza de los sacrificios” (Chu, 2011a, p. 20),
que se alinea con el anterior teniendo en cuenta la posición de sus centros y la
coincidencia con el eje equinoccial.

El edificio circular 1 (15.00 metros de diámetro) presenta dos escaleras


opuestas sobre el eje cardinal norte-sur, con un diseño de forma trapezoidal, que
desciende aproximadamente dos metros de altura, y en el interior sobre sus paredes
de piedra (canto rodado) se han diseñado dos nichos, también opuestos entre sí, pero
perpendiculares al eje de las escaleras, es decir, hacia el eje este-oeste. En realidad, el
edificio está construido sobre una plataforma especialmente diseñada para producir
dicha concavidad, pues las excavaciones han definido la presencia de un muro
longitudinal este-oeste a unos 8 metros de la escalera norte, que habría servido como
límite y contención (Chu, 2008a, p. 102, fig. 5). Este dato también hace pensar en la
importancia de la orientación, tanto al amanecer, pero sobre todo al atardecer de los
equinoccios (marzo-setiembre), pues evidentemente no hay obstáculo alguno frente
al mar. En el caso específico del “edificio oeste” se ha podido presenciar con
rigurosidad el fenómeno del ocultamiento del sol en fecha equinoccial y observar
cómo los rayos solares inciden sobre el nicho interior del “patio” del edificio circular
ubicado en su extremo este, lo que debió ocurrir inversamente para el amanecer, con
lo cual queda evidente la relevancia del eje este-oeste. Asimismo, algo interesante es
que existe un edificio adicional ubicado en la prolongación de este eje, hacia el oeste,
140

a unos 50.00 metros de distancia. Se trata de la conformación longitudinal de unas


plataformas de baja altura, “estructura menor” (1.00 metro), donde se ubicaron las
evidencias de postes de madera (Chu, 2011a, p. 22). Entre esta edificación y el eje de
los edificios circulares existe una comunicación visual.

En cuanto al edificio de plataformas, habría que señalar como característico la


ausencia de dos elementos más bien recurrentes en los otros sitios del periodo: los
recintos altares con fogón central y el uso de las shicras como elemento constructivo
para el relleno de las plataformas. En todo caso, se define una secuencia de tres tipos
de recintos: un vestíbulo de llegada en la plataforma superior, un “atrio” o recinto
rodeado de banquetas en todo el perímetro interior (semejante a la tradición mito) y
un recinto posterior y más elevado al que se accede por otra escalera central, lo que
connota ciertas restricciones y un uso diferenciado y jerarquizado. En cuanto al
edificio circular “de los sacrificios” es importante señalar el registro de las
evidencias encontradas. Fue un espacio ritual donde se ofrendaron partes mutiladas
de tres cuerpos humanos femeninos y jóvenes, siendo sugerente en lugar en el que se
colocaron, dos sobre los puntos cardinales “este” y “oeste” y el último sobre el
“centro” chaupi del espacio (Chu, 2011a, p. 20). Ello sugeriría, nuevamente, ese
sentido de orden espacial con respecto a la orientación astronómica, la definición del
eje equinoccial.

Con respecto a las representaciones virtuales o “simulaciones” del


movimiento astronómico para el área de estudio, en realidad se ha precisado ciertos
puntos de referencia notables de manera cercana a la fecha de los equinoccios
tomando como base aproximada el año 1800 a.C. Por ejemplo, para la salida del sol
se visualizaría también de manera clara a “Mercurio”, y en el atardecer, mientras el
sol se oculta resulta significativa la presencia del “Amaru” (“Cola de Escorpio”)
sobre un sector de buena visibilidad, de tal manera que sobresalen “Antares”,
“Sargas” y “Shaula”. Si bien los edificios marcarían con precisión sobre todo el eje
equinoccial, es probable observar desde el espacio circular o desde las plataformas
superiores otros fenómenos de fácil percepción como los solsticios. Allí se aprecian
coincidencias junto a la aparición solar, como el posicionamiento de la luna llena y
su próximo alineamiento con Júpiter, además de la presencia de otras estrellas
significativas.
141

Figura 101. Aerofotografía de la ubicación de “Bandurria”. Se señalan los dos sectores “residencial” y
“ceremonial” y el contexto, junto a la accesibilidad desde la carretera panamericana norte.
Fuente: elaboración propia a partir de la imagen SIGDA v 2.0, 2018

Figura 102. Centro ceremonial Bandurria (valle de Huaura). Ampliación aerofoto sector norte donde
se aprecian las principales estructuras: “Edificio oeste” (1) y “edificio este” (2).
Fuente: imagen obtenida de https://www.heywhatsthat.com/2018
142

Figura 103. Aerofoto sobre Bandurria indicando las proyecciones de máxima visibilidad, donde se
observan además los puntos de referencia.
Fuente: imagen obtenida de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 104. Aerofoto con visión de gran escala sobre el contexto de Bandurria, desde el “edificio
oeste”. Se señalan ejes solares y sus alineamientos con puntos físicos de referencia.
Fuente: realizado por MGJ, a partir de la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018
143

Figura 105. Sección panorámica desde el “edificio oeste” (1) de Bandurria. La aparición del sol en el
solsticio de verano señalaría cerro “Los Cardos” y cerro “Sanú” (azimut 204°) señala el eje transversal
al solsticio de diciembre.
Fuente: elaborado sobre la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 106. “Edificio circular oeste” (1) de Bandurria. Se observa el detalle de las escaleras norte-sur.
Fuente: Mapa elaborado por el proyecto arqueológico. (Chu, 2011c, p. f899 (486) pl. 68)
144

Figura 107. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria, calculada para el 1800
a.C. Aparición del sol cerca del equinoccio de setiembre. Resalta “Mercurio”.
Fuente: imagen tomada de Stellarium 0.16.1 (2018).

Figura 108. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria, calculada para el 1800
a.C. Ocultamiento del sol cerca del equinoccio de setiembre, en coincidencia con la aparición del
“Amaru” (“Cola de Escorpio”) y sus destacados astros: “Antares” y “Shaula”.
Fuente: elaborado sobre la imagen de Stellarium 0.16.1 (2018).
145

Figura 109. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria, calculada para el 1800
a.C. Salida del sol en el solsticio de diciembre, en coincidencia con la aparición de la luna llena.
Fuente: imagen tomada de Stellarium 0.16.1 (2018).

Figura 110. Representación virtual del movimiento de astros sobre Bandurria, calculada para el 1800
a.C. Salida del sol en el solsticio de diciembre, en coincidencia con cierto alineamiento entre la
“Luna”, “Júpiter” y el “Sol”.
Fuente: realizado sobre la imagen de Stellarium 0.16.1 (2018).
146

Figura 111. Edificio de plataforma y edificio circular 1 del centro ceremonial Bandurria. Vista al sur
desde el eje de escaleras.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (22.09.2017).

Figura 112. “Edificio circular 2” o “plaza de los sacrificios”, ubicado frente a plataforma intermedia.
Vista al sur. A la izquierda “edificio de plataformas este” y a la derecha “edificio de plataformas
oeste”.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (22.09.2017).
147

Figura 113. Ocultamiento del sol desde el edificio circular 1 (Bandurria). Vista al oeste en el
equinoccio de setiembre, donde se observa además al fondo, el edificio de plataforma auxiliar
(“estructura menor”).
Fuente: fotografía registrada por MGJ (22.09.2017).

Figura 114. Detalle del recinto superior (3era plataforma) hacia el "atrio" con banquetas y el vestíbulo
previo, en dirección al norte.
Fuente: archivo personal (MGJ, 20.09.2013).
148

4.1.2.6 Shicras

Se trata de un asentamiento muy peculiar del periodo Formativo Inicial,


contemporáneo a Caral, ubicado cerca de la localidad de Palpa, sobre la margen
izquierda del río Chancay, a unos 12 kilómetros de la ciudad de Huaral
aproximadamente. Al apreciar el contexto sobre el que se asienta el complejo al
inicio del sector medio del valle (350 metros sobre el nivel del mar), resulta
importante señalar su singular ubicación, pues se trata de un sector del final de cerros
que llegan desde la cordillera de la zona andina, denominado “cerro Pisquillo” y que
se presenta como un macizo que separa del valle —entre la zona del río Chancay al
oeste (cuyas aguas discurren del noreste hacia el suroeste— la denominada e
importante “quebrada de Orcón”, que se dirige con dirección al este y luego sureste.
Dicha zona, siendo división, es al mismo tiempo punto de reunión o de “encuentro”,
referido a aquel concepto andino “tinkuy”, en donde se establece una interconexión
amable entre dos entidades, lo cual resulta muy sugerente, ya que además es un
sector que permite un sistema perceptual radial bastante amplio y ciertamente, en
dirección suroeste logra alcanzar la visión hacia el litoral marino, la playa.
Asimismo, sobre dicha quebrada se han registrado por lo menos siete asentamientos
contemporáneos a este periodo y de importante envergadura (Goldhausen, Abanto,
et al., 2008; Goldhausen, Viviano, et al., 2008)89, de tal manera que habría existido
un sistema de interacción entre las diferentes áreas geográficas.

El complejo, conocido hoy como Shicras (2850 a.C.)90 está constituido por
dos edificios cuadrangulares asentados sobre un sector de terreno eriazo homogéneo
más o menos horizontal, que limita hacia el oeste con campos agrícolas, y están
alineados con una ligera desviación hacia el noroeste y muy próximos entre sí, casi

89
En total, el proyecto dirigido por Marco Goldhausen (precampaña del 2003 y dos temporadas entre
el 2005 y 2007) registró 84 sitios para todo el periodo precerámico (9000-1800 a.C.), dentro de ellos
07 correspondientes al Formativo Inicial (3500-1600 a.C.), entre los que destacan: “El Alacrán” (o
“Shicras”, PV44-O/22), “Pacaybamba” (PV44-P/03) y “Polvareda 01” (PV44-P/01).
90
Fue Walter Tosso quien en el año 2006 dio a conocer la presencia de este sitio temprano de acuerdo
con dataciones radiocarbónicas, y le asignó el nombre de “Shicras” por la presencia mayoritaria de
este elemento diagnóstico en su construcción. Sin embargo, Tosso ya lo había registrado en el año
2002 asignándole la nomenclatura “PO-015 a y b”, mientras que al siguiente participó en el equipo de
Goldhausen, quienes lo nombraron como “Alacrán” y le asignaron el código “PV44-22A” (Tosso,
2011, p. 18).
149

contiguos, denominados edificio norte y edificio sur por la posición de su


alineamiento sobre dicho eje. La altura de ambos edificios alcanza una dimensión
aproximada de ocho metros y están construidos bajo el sistema de plataformas
superpuestas. Sus dimensiones en planta son aproximadamente de 50 x 50 metros de
longitud, aunque el edificio sur es algo más alargado, y sobre el cual existe una
ocupación tardía asociada a la cultura Chancay. El edificio norte es el que ha sido
excavado e investigado por Walter Tosso desde el año 2006 (Guzmán, 2014b; Tosso,
2011; Tosso et al., 2014), y de manera similar, hacia su frente oeste, en su ladera se
evidencia una ocupación residencial también de filiación Chancay. Asimismo, a
pocos metros del edificio norte, justamente hacia su frente noroeste se ubica hincada
sobre la trocha una “guanca” singular de más de dos metros de altura, casi contigua
al inicio de cerro Plaza (extremo oeste de cerro Pisquillo). También hay que señalar,
hacia el sureste del complejo la presencia visual y predominante de cerro San
Cristóbal.

El edificio norte parece haber sido construido en seis grandes periodos


culturales, que implican a la vez una serie compleja de remodelaciones, ampliaciones
y superposiciones. De tal manera que su principal característica son las plataformas
escalonadas de piedra del frente suroeste, donde ya se han registrado parcialmente
una secuencia de escaleras. Existe también otra superposición de escaleras en su
frente noroeste. A partir de un forado de “huaqueo” preexistente en la parte central
de la cima, que desciende cuatro metros, se verificó la existencia de por lo menos un
recinto interno especial, con vanos, nichos, pasajes, y paredes muy bien enlucidas,
que sugieren la comunicación hacia otros, además de los rellenos expuestos de
shicras. Luego de las excavaciones sobre la plataforma superior se definió el diseño
y su organización a partir de dos ejes transversales, destacando sobre todo el eje 1
(noroeste-sureste), porque allí se estaría generando un angosto pasaje de circulación,
y al mismo tiempo por la definición cuadripartita de recintos muy especiales. De
ellos adquiere relevancia el recinto ubicado al sureste, “recinto del patio hundido”,
por las características arquitectónicas correspondientes a la tradición mito. Posee una
escalera que asciende para ingresar de sur a norte, un vano estrecho, un solo recinto
(de algo más de 9.00 x 7.00 metros aproximadamente) y sobre todo el detalle interno
de cuatro elementos: poyo perimétrico que genera el desnivel con el patio hundido
central, fogón central, cuatro postes de madera ubicados aproximadamente en las
150

esquinas del patio y, la cobertura de techos de madera que rodean el área del poyo
(cuyos vestigios fueron encontrados a partir de las excavaciones del año 2007). Todo
ello refrenda la especial jerarquía de los recintos y las consiguientes actividades que
debieron haberse realizado.

Por otro lado, uno de los aspectos de mayor relevancia referido al


emplazamiento y a la organización espacial con respecto a la configuración del
territorio en esa zona del valle, es la definición de alineamientos referidos a
observaciones astronómicas en correspondencia a los referentes físicos. Uno de ellos
es el eje solsticial, dirigido hacia el suroeste coincidiendo con el ocultamiento en
verano. Éste se genera no solo por la amplitud visual desde el sitio, sino por ser el eje
que se opone transversalmente al alineamiento en el que se organizan los dos
edificios de Shicras. Pero, además, parece haberse escogido aquel sitio del
promontorio final de cerro Pisquillo porque desde allí se percibe un panorama
singular entre ciertos cerros y colinas que dibujan un perfil notable sobre el fondo del
litoral y la extensión del cielo. Es decir, existe un ángulo visual de unos 8° de
amplitud perceptual sin alguna presencia física, que parte desde el eje solsticial
(suroeste) que coincide con el final del relieve de “cerro Macatón” y gira hacia el
norte hasta llegar al inicio de la pendiente de “cerro La Calera”. En esa apertura se
logra divisar el litoral marino, lo cual resulta un espectáculo visual especial, si sobre
todo coincide con la puesta del sol.

El otro eje es el que corresponde al alineamiento del equinoccio, sobre todo


en dirección del ocultamiento del sol. Es justamente sobre esta orientación en que la
naturaleza presenta una configuración con una estructura espacial coincidentemente
simétrica, y es muy probable que dicho constructo haya ejercido un sentido
conceptual atrayente. Sobre todo, desde la zona central ubicada entre los dos
edificios de Shicras es posible trazar una línea horizontal que al dirigirse hacia el
oeste coincide con la cumbre prominente de uno de los cerros más destacados, “cerro
Grita Lobos”, al que se denominaría “apu central”. Delante de él existen dos cerros
visiblemente de menor tamaño que el anterior, pero similares entre sí, y al mismo
tiempo ubicados a una distancia similar a partir del alineamiento señalado. Es decir,
uno de ellos “cerro Hatillo” está al lado norte (“apu norte”), mientras que el otro
“cerro La Mina” está hacia el sur (“apu sur”). Allí, naturalmente se presenta el
151

concepto de yanantin, reforzado incluso con su relevancia astronómica equinoccial.


Por otro lado, al trazar el mismo eje, pero hacia el este, hacia los andes, se tiene un
fondo visual con un perfil de cerros más variado, sin embargo, es posible destacar la
presencia de “cerro Tunshomarca”, como un indicador del lugar de aparición del sol
también en los equinoccios. Como dato anecdótico, el eje espacial atraviesa antes de
llegar a la cumbre por una localidad contemporánea denominada “Quipan”, término
de connotación espacial y temporal, como se refirió, pues quipa significa tanto
“atrás” como la noción de “futuro”, coincidiendo con el eje equinoccial.

Asimismo, otro alineamiento que se observa con bastante precisión es el que


se puede trazar a partir de Shicras con rumbo de 45° al sureste, para llegar a
determinar el extremo vertical y muy singular del apu del sector, “cerro San
Cristóbal”. Es sugerente, nuevamente que esta línea repita la orientación que recorre
la denominada “ruta de wiracocha” (Scholten, 1954, 1977), un trazo referencial y
mítico que sería común a la conformación de la cordillera de los andes, y en este caso
sirve de señal para distinguir la “quebrada de Orcón” ya referida.

Acerca de los indicadores de la representación virtual del movimiento de


astros sobre la zona de Shicras (Stellarium 0.16.1.2018) es interesante señalar la
posición del ocaso del sol sobre el eje equinoccial de setiembre, con respecto al año
2850 a.C. aproximadamente, por la doble coincidencia de posición de astros. Por un
lado, el alineamiento casi vertical por la presencia de Mercurio y Marte, y por el otro,
la aparición de la constelación del “amaru”, la “Cola de Escorpio” que destaca por la
luminosidad de “Shaula” y “Antares” básicamente, estando ésta última en
coincidencia además con los dos primeros planetas mencionados. Para el caso del eje
solsticial señalado, se observa en el ocaso de verano la coincidencia de un
alineamiento con la aparición de Venus y la Luna, calculado para la misma fecha
aproximada. En realidad, el trazo de los ejes en planta de la plataforma superior del
edificio norte presenta una serie de direcciones que se deberá analizar con mayor
precisión, sin embargo, también uno de ellos señala el eje lunar.
152

Figura 115. Shicras (Chancay). Ubicación del sitio en el valle medio del río Chancay. Se señala el
cuadro con los cerros referentes en visión panorámica.
Fuente: imagen tomada de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 116. Shicras. Vista al sureste del complejo antes de iniciarse las excavaciones. en primer plano
el edificio norte donde se observa el "forado" en la cima. Atrás el edificio sur, y como fondo el apu
San Cristóbal. Hacia la izquierda, el inicio de la quebrada de Orcón.
Fuente: archivo personal (MGJ, 02.02.2007).
153

Figura 117. Shicras, detalles arquitectónicos. Izquierda: vano en “recinto del forado" (recinto inferior
temprano). Derecha: "recinto del patio hundido" (plataforma superior), tradición mito.
Fuente: archivo personal (MGJ, 27.12.2006 y 17.11.2013).

Figura 118. Shicras. Planta del edificio norte señalando los principales alineamientos de sus muros.
Fuente: elaboración propia a partir del plano proporcionado por W. Tosso, dibujado por C. Valladares
(2014).
154

Figura 119. Apunte de recomposición hipotética del “edificio norte” de Shicras, valle de Chancay.
Fuente: dibujo realizado por MGJ (13.05.2014).

Figura 120. Shicras (Chancay). Aerofotografía mostrando los puntos referentes más altos. Se enfatiza
el eje equinoccial señalando el amanecer hacia el “cerro Tunshumarca”, que atraviesa el poblado
Quipan.
Fuente: elaboración propia a partir de la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018
155

Figura 121. Shicras (Chancay). Detalle del emplazamiento y de la estructura espacial en relación al
sistema de referentes físicos donde se definen ejes astronómicos: equinoccial y solsticial.
Fuente: realizado por MGJ, sobre la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 122. Shicras (Chancay). Detalle del eje espacial a 45° noroeste-sureste, señalando el “apu” San
Cristóbal y el cerro Pisquillo, a partir del complejo ceremonial.
Fuente: realizado por MGJ, sobre la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018
156

Figura 123. Shicras (Chancay). Sección circular del valle señalando los ejes hacia el amanecer en los
equinoccios (marcando el cerro Tunshumarca), y el atardecer (cerro Grita Lobos). Además, se muestra
el atardecer en el solsticio de verano (ladera de cerro Macatón).
Fuente: realizado por MGJ, sobre la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018

Figura 124. Shicras (Chancay). Sección circular del valle, señalando los ejes hacia el atardecer en el
solsticio de verano (ladera de cerro Macatón), y el eje al apu San Cristóbal a 45°.
Fuente: realizado por MGJ, sobre la imagen de https://www.heywhatsthat.com/2018
157

Figura 125. Shicras (Chancay). Detalle de representación virtual sobre el atardecer solar (equinoccio
primavera). Edad estimada: 2850 años a.C. Coincide con avistamiento al “amaru” o “Cola de
Escorpio” y sus estrellas relevantes: “Shaula” y “Antares”, y el alineamiento entre Marte, Mercurio y
Antares.
Fuente: Stellarium 0.16.1 (2018).

Figura 126. Shicras (Chancay). Recreación virtual del movimiento de astros hacia el atardecer
solsticial de verano. Edad: 2850 a.C. Coincide con una posición alineada de la Luna, Venus y el Sol.
Fuente: imagen obtenida de Stellarium 0.16.1 (2018).
158

Figura 127. Shicras. Atardecer equinoccio de otoño sobre cerro Grita Lobos (apu central). Adelante
los pequeños cerros La Mina (apu sur) y cerro Hatillo (apu norte).
Fuente: archivo personal (MGJ, 22.03.2007).

Figura 128. Shicras (Chancay). Vista al oeste desde plataforma superior. Atardecer equinoccio de
primavera.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (23.09.2017).
159

Figura 129. Shicras (Chancay). Imagen del ocultamiento del sol en el solsticio de verano.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (22.12.2017).

Figura 130. Shicras (Chancay). Imagen


del ocultamiento del sol en el solsticio
de verano, desde el muro norte del
edificio 2.
Fuente: fotografía registrada por MGJ
(22.12.2017).
160

Figura 131. Shicras (Chancay). Ocultamiento del sol en el solsticio de verano, desde la “guanca”,
ubicada al norte del edificio 1, en límite con la falda del cerro.
Fuente: archivo personal (MGJ, 22.12.2017).

Figura 132. Shicras.


Correspondencia
conceptual de los
edificios norte y sur
sobre la dualidad y la
paridad yanantin como
reflejo (inversión del
orden cuti) de los
referentes naturales.
Fuente: elaboración
propia, archivo
personal (MGJ;
17.11.2013 y
26.04.2007).
161

4.1.3 Discusión

Un primer aspecto sobre la organización espacial de los asentamientos se


refiere a los criterios de planificación utilizados luego de la elección del sitio, al
proceso de ocupación, desde sus inicios con la construcción de sus primeros edificios
y espacios públicos hasta su consolidación con el funcionamiento, posiblemente
simultáneo de todos ellos. Es factible determinar a partir de la distribución final de
los sitios ciertos razonamientos implícitos o ciertas lógicas para su diseño, que
implica la presencia de especialistas en la arquitectura.91 Criterios de cercanía o
posicionamiento sobre un determinado lugar y otros relativos a aquello que se ha
insistido: la dirección de los ejes de los edificios que designa la orientación, el
sentido o la relación con algún aspecto del contexto circundante. El resultado
material del asentamiento, que es posible percibirlo y entenderlo a partir de una
lectura de su trazo, y de acuerdo a los registros arqueológicos, se debe a procesos de
construcción paulatinos, un crecimiento diacrónico prolongado por varios cientos de
años, lo que implica gran cantidad de generaciones y percepciones diferentes en
momentos diferenciados, que señalarían también ciertas preferencias hacia
determinadas formas del paisaje y hacia los astros referentes en relación a criterios
propios de subsistencia. Esto conlleva una complejidad mayor que está fuera del
alcance de esta investigación: el análisis de los procesos de construcción y
crecimiento de los asentamientos.92

En ese crecimiento prolongado se han construido y estructurado


configuraciones formales, edificios que terminaron consolidándose en “tipos”,
“modelos” o símbolos. En los diferentes casos estudiados se hacen recurrentes ciertas

91
“Ciertamente, aquí se podría distinguir entre diferentes tipos de “especialistas”, pues la tendencia
general de los autores ha sido identificar un tipo de especialización, es decir, de alta calificación,
aplicada a las artesanías diversas (metales, cerámica, tejidos, etc.), pero también podía incluir a tareas
específicas, entre ellos los “comerciantes”, los diseñadores de edificios, y otros casos identificados
como tales por los españoles del siglo XVI.” (Pease, 1999, p. 74, cursiva agregada)
92
Sobre este aspecto, es evidente el vacío aún existente en la interpretación del significado social del
proceso de producción arquitectónica. En reciente publicación, Vega-Centeno reflexiona sobre la
pertinencia de las inferencias a partir del “dato arquitectónico”, y señala que más “allá de
descripciones generales sobre técnicas y materiales constructivos, es muy escasa la información sobre
la secuencia de actividades involucradas en la construcción, la escala de dichas actividades o su
organización y sus implicancias sociopolíticas. (…) puede decirse que el estudio de los procesos de
construcción de monumentos durante el período Formativo es aún una tarea pendiente.” (Vega-
Centeno et al., 2017, pp. 529-530)
162

lógicas en los sistemas de pensamiento que se expresan formalmente en la


arquitectura y su tipología. Otra discusión podría enfocarse en develar una secuencia
en la complejidad que adoptaron los edificios a través del tiempo. En general, en esta
etapa del Formativo Inicial y Temprano, se trata de complejos arquitectónicos donde
destacan edificios de plataformas superpuestas, a partir de la construcción por etapas,
desde la lógica del enterramiento-superposición-renovación-regeneración. Ello al
mismo tiempo trae otra implicancia, ciertamente conceptual, dentro de la
terminología con que la disciplina arqueológica los divulga: “pirámides” o “edificios
piramidales”, ya que ese sesgo implicaría una visión desde otro contexto
civilizatorio, con diferencias explícitas funcionales, formales y sobre todo del
proceso temporal constructivo. En el caso egipcio bastaron algunas cuantas décadas a
partir de un modelo final preconcebido, mientras que, en el caso andino, se trató de
varios siglos para su culminación, ciertamente con una idea similar referida al
vínculo con las entidades numinosas de la existencia, y por eso el ascenso vertical del
edificio.

En todo caso, un patrón constante sería el “edificio de plataformas


superpuestas” (1), que podría actuar como el edificio “observatorio” tratando de
conocer-controlar el territorio de forma radial, una visión de 360°. Este modelo
recurrente contiene muchas veces en su interior el “edificio altar” de la “tradición
arquitectónica mito” (2), que se suponía había aparecido en Kotosh, sin embargo, las
diferentes evidencias muestran antigüedades mayores para los sitios de la costa, por
ejemplo, en los casos de Caral o en Shicras. El otro tipo realmente interesante es el
“edificio circular” (3), generalmente hundido, con la presencia de dos escaleras
opuestas que estarían determinando un eje espacial. En algún momento ambas
imágenes se asocian para conformar un edificio más complejo aún, que posiblemente
funcionaría a través de una secuencia axial jerarquizada: el “edificio de plataformas
con patio circular” (4), o como menciona Chu, refiriéndose a las propuestas de
Feldman (1992) y Fung (1999), sería el patrón definido como “Tradición
Arquitectónica de la Costa”93 (Chu, 2008a, p. 105). También es importante la adición
en secuencia de estos patrones, como resultado al que se llega en el modelo del

93
“se caracteriza por estructuras compuestas por plataformas y que, por su superposición, logran la
monumentalidad con la imagen de una pirámide trunca. Estas plataformas superpuestas se encuentran
interconectadas por una escalera central que une la base de la estructura con un atrio. La plaza circular
es otro elemento característico de esta tradición” (Chu, 2008a, p. 105).
163

“complejo de edificios longitudinal” (5) alineados consecutivamente a partir de un


eje axial, como se replica entre las Haldas y Sechín Alto. Además, en la organización
interna de ellos, finalmente, es posible percibir también, en algunos casos el modelo
de “edificios o complejos en U” (6) (por ejemplo, Sechín Bajo o las Haldas).

Con relación a los “edificios circulares” tan significativos, se puede generar


otra discusión terminológica, pues generalmente la literatura arqueológica los
designa como “plazas circulares” a partir de las propuestas tipológicas realizadas por
Williams (1981, p. 104)94, aunque por la misma época, los estudios de Milla le
indicaban que se trataba de “observatorios astronómicos circulares” (1992, p. 147) o
“pozos astronómicos” (1992, p. 153), o simplemente “estructuras circulares”
hundidas (1992, pp. 149, 164), idea también tomada por Williams a partir de dichas
sugerencias, que implicaría pensar y discutir las posibles múltiples funciones que se
dieron en su interior. Williams señala que:

Conceptualmente es el reverso de la pirámide. Contiene la idea de separación del medio, de


intimidad, de reclusión, de aislamiento. Las plazas no fueron techadas. Hundidas en el
terreno, mantuvieron relación visual con el cielo abierto. Por esta razón pudieron estar
relacionadas con la observación astronómica, como lo ha anotado Carlos Milla
(Comunicación personal). También son posibles las prácticas alucinógenas (Fung, 1969),
culto al fuego (Matsuzawa, 1978) y una combinación de estos y otros ritos. (1981, p. 405)

De allí se desprenden dos cuestiones importantes: una referida a la


conceptualización señalada y la otra a la función del edificio. En este último caso
dependerá de las excavaciones arqueológicas que se realicen en cada uno de los
sitios. Por ejemplo, las evidencias encontradas por Chu (2011a, p. 20) sobre el
edificio circular menor (edificio 2) de Bandurria, denominado “plaza de los
sacrificios”, por los cuerpos mutilados como parte de algún ritual especial, señalan la
importancia de un espacio de cierta sacralidad. Mientras que en la plaza circular 1,
Chu no registró “materiales culturales significativos asociados a la arquitectura
excavada” (2008a, p. 102), lo que implicaría una conceptualización sobre la
“limpieza” o purificación del espacio. De acuerdo a la correlación arquitectónica
entre forma de la estructura y funcionamiento, es lógico pensar también en el

94
Williams, al hacer su clasificación de las “plazas circulares” también utiliza el término “pozo” para
algunos casos. Señala que habría cuatro tipos: “a) Pozo cortado en el suelo, b) Pozo con acera y
escaleras, c) Plaza superpuesta en el terreno. d) Plaza excavada en un dado. (Por lo general anexa a
una pirámide).” (1981, p. 405)
164

significado del círculo o de la circunferencia, de tal manera que ello implica un


movimiento continuo de 360° alrededor de un punto central, un lugar de observación,
pero asociado a ello debieron efectuarse ritos o ceremonias particulares dependiendo
de las épocas y su significado social. En este sentido ceremonial, especializado y
sacralizado es posible intuir que el espacio interior haya estado reservado a un grupo
jerarquizado de la comunidad, de tal manera que, con respecto al primer aspecto,
referido a la idea de “plaza” para denominarlo, se postula que más bien se trataría de
un espacio interno, que además se interioriza en el terreno, lo que sugiere algo
contrario al criterio del espacio público “plaza”. Se postula por ello revalorar el
concepto de “patio”, como espacio interior de un edificio, con la característica de ser
generalmente no techado, percibido en ese caso como abierto al paisaje circundante,
en el que se pudieron realizar funciones especializadas, y no solamente concebir al
“patio” como un espacio o recinto de servicio. Se trataría de un “patio ritual”,
entendiendo que la observación astronómica es una constante repetición en búsqueda
de su mejor precisión.

La visión radial que se postula y los ejes que se establecen en


correspondencia con las diferentes cumbres de los cerros o las depresiones o espacios
que se generan entre ellos podrían haber definido ciertos marcadores naturales de
referencia constante, de tal manera que desde un punto se podría haber trazado un
“sistema de ejes radiales” (ceque) como control del paisaje, pero al mismo tiempo
como su construcción simbólica social, sobre todo para marcar eventos astronómicos
que podrían estar definiendo la organización temporal con ciertos calendarios
rituales. En realidad, se sabe que una exacta observación astronómica debería
funcionar con un marcador físico estable: un recinto con algún elemento de
observación (vano, nicho) cuyo eje se dirija sensiblemente hacia el evento
astronómico y esté relacionado con un elemento físico referente como una cumbre o
depresión sobresaliente en el perfil de los cerros, o en otros casos, por la orientación
de algún muro que confirme dicha observación. Sin embargo, desde esta premisa de
la visión radial, es probable que se hayan conjugado ambos casos, es decir, la
presencia de algún elemento “físico” del edificio que se dirija hacia una observación
especial no descartaría que de la misma forma se hayan realizado otras observaciones
hacia otros eventos también significativos, en cuyo caso, entrarían en referencia una
serie de cerros a ser observados desde el sitio.
165

En este sentido son interesantes las relaciones que se han podido establecer, a
partir de una mirada más amplia del territorio, entre los sitios —con su localización
especial por los ángulos visuales que presentan— y los diferentes cerros, unos muy
cercanos y otros como fondo lejano del paisaje. Por ejemplo, en el caso de las
Haldas, si bien el eje del complejo de edificios longitudinal posee un azimut entre
23° y 24°, resulta interesante comprobar que el eje solsticial, en el amanecer de
invierno (declinación +23° NE) señalaría la cumbre del cerro Huaninga a 61
kilómetros de distancia aproximadamente, y del mismo modo —aunque en este caso
sí estaría marcado por los muros transversales al eje del complejo— para la dirección
de la salida del sol en el solsticio de diciembre se ubica, con una diferencia mayor a
80 kilómetros, el cerro que se ha denominado “Cinco Crestas” por su configuración
especial. Otro ejemplo muy interesante es el de Bandurria, que como se ha señalado,
sus edificios principales ceremoniales se organizan en función de los ejes
perpendiculares entre sí norte-sur, este-oeste, estableciendo con mucha precisión los
equinoccios. Sin embargo, existen dos cerros referentes, los cerros Sanú y Los
Cardos ubicados a corta distancia, entre seis y ocho kilómetros respectivamente. Lo
interesante es que los ejes que se trazan a partir del edifico ceremonial 1 generan un
ángulo ortogonal (90°) entre sí, con la precisión que el segundo de ellos se dirige
hacia la salida del sol en el solsticio de verano, es decir, presenta una declinación de -
24° SE aproximadamente.

Algo similar sucede en Caral, pues aparte de los ejes predominantes a partir
de sus edificios principales, como son los ejes solsticiales y lunares, la amplitud del
espacio central a partir del cual giran la mayoría de sus edificios —por lo cual se ha
sugerido un modelo de organización radial95— revela ya un contacto hacia las
diferentes entidades, del contexto físico. Hacia el oeste predomina la cumbre de cerro
Miraya, hacia el sur cerro Mulato (aunque la precisión de este eje estaría a unos 300
metros al oeste del edificio circular mayor), y hacia el sureste a 45° se ubica el apu
más cercano y predominante del sitio, señalando nuevamente esa dirección especial
de la “ruta wiracocha”. Y, en el caso de Shicras, tal vez lo más significativo es la
visual que se puede establecer en la dirección equinoccial definida por la presencia

95
De manera similar, en un reciente artículo Sánchez sugiere que la división dual sostenida por los
investigadores estaría dada a partir de la coincidencia con el eje del camino contemporáneo, en las
partes alta y baja, pero señala que parecería que los componentes arquitectónicos estarían orbitando
alrededor del gran espacio público (Sánchez, 2011).
166

del “apu” central (cerro Grita Lobos) hacia el oeste, y en el extremo opuesto el cerro
Tunshumarca, el primero relativamente cerca hacia el mar, y el otro relativamente
lejos hacia los andes, lo que posiblemente podría entenderse también como una
forma de expresar la dualidad y complementariedad. Y, aquí también, hay que
resaltar la presencia del apu San Cristóbal ubicado en el eje sureste a -45° de
declinación, similar a los casos anteriores. En Bandurria, con ángulo azimutal de
135° aproximadamente se ubica el cerro Cruces Grandes, ubicado a unos 21
kilómetros de distancia y con una altitud de más de 500 metros, interesante en este
caso porque es el último cerro en la cadena continua que va disminuyendo de altitud
desde el noreste al sur. De tal manera que la dirección de 45° se hace ciertamente
recurrente y significativa.

Otro aspecto a considerar, también de suma importancia, son las


observaciones lunares y las cenitales que, en muchos casos, los edificios o alguno de
sus componentes no se encuentran en esa dirección, pero sí, ciertos elementos en el
perfil del panorama radial de los cerros. En Sechín Bajo, por ejemplo, es interesante
comprobar la fuerte depresión producida entre los cerros Huaninga y Mirador hacia
el sureste, con un ángulo azimutal de 99.5°, que corresponde al eje de la latitud del
día en que el sol pasa por el cénit del sitio. Podría ser un tema de discusión, ya que
efectivamente, por ahora no se ha registrado algún eje o muro que presente la
declinación de 9.5° correspondiente a su latitud, pero sí es posible observar ese punto
en el horizonte desde el sitio.

Los estudios desde la arqueología del paisaje han tratado de avanzar en los
aspectos simbólicos de los referentes, pero no se han detenido a precisar sus posibles
correlaciones con la observación de ciertos eventos astronómicos. A partir de los
casos estudiados se observa ciertas recurrencias en la determinación de los ejes
espaciales: solsticiales, equinocciales, lunares y cenitales básicamente, pero falta
profundizar en la comprensión de las otras constelaciones desde la mirada nocturna.
En algunos casos, de acuerdo a las simulaciones mostradas se ha observado la
coincidente presencia de algunos de dichos eventos con la aparición de la importante
constelación del “amaru” (Cola de Escorpio) para la cosmología andina, y sus
estrellas Shaula, Sargas y Antares, además de la aparición de los planetas como
Venus, Mercurio, Marte e incluso Júpiter. Ello debería llevar a ampliar la
167

investigación en cada caso específico, pues se evidencia un sistema de ordenamiento


complejo en posibles coincidencias con los ejes espaciales que relacionan la
arquitectura con el paisaje.

En reciente trabajo sustentado por Pinasco (2017) sobre la organización


espacial de Pachacámac se puede apreciar el minucioso análisis del autor por
entender la multiplicidad o diversidad de orientaciones de los edificios y caminos
diseñados en lapsos de tiempo prolongados. Se trata de un “santuario”, un lugar
sacralizado, escogido por una posición específica dentro del territorio, que lo
relaciona con diversos referentes físicos, pero al mismo tiempo profundizando en su
relación con los astros. Pinasco llega a relacionar lo mítico y simbólico con la
subsistencia social y la organización espacial, definiendo sobre todo el sentido del
ciclo vital del agua necesario con respecto a la aparición de la constelación de “la
llama y sus ojos”, que espacialmente estaría relacionada por el eje del acceso
principal al santuario (Pinasco, 2017, p. 112). Existen otros trabajos interesantes que
están explorando estos aspectos, como los de Pino (2004, 2010) para el caso de
Huánuco Pampa y las relaciones astronómicas a partir del “ushnu” ubicado con
bastante precisión en la zona central del gran espacio público o “plaza”, o su mirada
más amplia con el enfoque de la territorialidad para todo el tawantinsuyu (2017), o
los de Ghezzi en Chankillo (Ghezzi & Ruggles, 2006, 2011) y su propuesta de
observatorio solar, aunque algo controvertida por su énfasis en la precisión de la
separación regular entre las trece “torres” que marcarían los meses del calendario
(ver nota 76), así como también los de Villanueva (2014) que trata de explorar la
relación entre la iconografía expresada en la tipología de la arquitectura y sus
posibles lecturas como textos tocapu, que definirían calendarios a partir de
observaciones astronómicas. Asimismo, existen juicios y precisiones anteriores que
se han preocupado por ponderar la importancia de la observación astronómica, por
ejemplo, acerca de los modelos de tradición mito en Kotosh, en donde Burger señala
como una variable a examinar “la orientación de las estructuras religiosas”, pues en
ellas existió “un sentido racional, astronómico o de otra índole” (Burger, 1993b, p.
72) que dirigieron su orientación hacia los puntos cardinales norte-sur, definido por
los ejes de acceso a los recintos-altares.
168

Con respecto a una interpretación mayor sobre los casos estudiados será
importante profundizar en las correlaciones con otros sitios de la región andina
norcentral dentro del “periodo Formativo Inicial”, y que en los últimos años se han
venido investigando, sobre todo de aquellos que guardan correspondencia con los
principales modelos aludidos: edificios de plataformas y edificios circulares. Por
ejemplo, son significativos los avances en comprender los desarrollos en la
Amazonía (entre las fronteras de Ecuador y Perú) efectuados por Francisco Valdez
(2013a) y Quirino Olivera (2013), en lo que se ha denominado cultura Mayo
Chinchipe. Se están estudiando asentamientos complejos con la presencia de
edificios comunales y ceremoniales que presentan similar tipología a las descritas.
Por ejemplo, edificios circulares a manera de plaza hundida en Santa Ana-La Florida,
(Ecuador), o aquel otro construido con muros de piedra de singular configuración
espiral en Montegrande, Jaén (Perú), con fechados que alcanzan en promedio unos
2500 años a.C. En el valle de Lambayeque, los trabajos de Ignacio Alva han revelado
la presencia temprana de un edificio ceremonial de grandes plataformas superpuestas
en el sitio conocido como Cerro Ventarrón, con una antigüedad aproximada de 2000
años a.C. Si bien no está asociado a un edificio circular, destaca por sus
características singulares en sus diferentes fases: sobre una de sus plataformas un
muro perimetral y de contención con la adición de una secuencia rítmica de muros
trapezoidales a manera de contrafuertes, pintura mural externa con colores rojo y
blanco en diseño zigzag diagonal, la presencia de dibujos murales internos y recinto-
altar con fuego sagrado (I. Alva, 2008).

Otro sitio de arquitectura ceremonial con la presencia de edificios circulares


es el estudiado por Lanning y Engel hacia la década de 1950 en el valle de Culebras
(Huarmey), conocido como Río Seco III. Es un complejo con tres componentes en
forma de U, una plaza y, hacia su lado este, la presencia de dos edificios circulares
hundidos, uno más grande al norte, y el otro menor al sur (Giersz et al., 2013, pp. 31-
32). De otro lado, en el valle medio alto de Casma, hacia el año 2001, Jack Chávez
realizó trabajos en el conocido sitio de Pallka, donde determinó la organización de
tipo lineal (con predominio del eje este-oeste) de un conjunto de edificios y
plataformas, predominando uno principal de cuatro plataformas superpuestas, los que
corresponderían al Formativo Medio, y la posterior inclusión (tardía) de un edificio
circular sobre una plataforma construida especialmente para nivelar el terreno. Este
169

edificio circular presenta una escalera de ingreso dirigida hacia la orientación norte y
define un eje transversal en el que a la vez se desarrolla un corredor (Chávez, 2011).

De manera similar, en el valle de Chillón (Lima), los trabajos de César


Cornejo en Pampa de los Perros han permitido observar la organización de un
edificio de plataformas asociado a otro de forma circular, que presenta un eje
definido por la presencia de dos escaleras opuestas con un diseño trapezoidal
(Cornejo, 2012, 2013, p. 110), con una declinación aproximada de 22°, es decir,
señalaría el amanecer del solsticio de verano (o el atardecer del solsticio de invierno).
Así, en recientes trabajos Vega-Centeno, estudia el sitio Cerro Blanco Sur (valle de
Fortaleza), que incluye por lo menos tres conjuntos arquitectónicos. En uno de ellos,
el de mayor envergadura se definen tres secciones. La tercera está compuesta por tres
terrazas, habiéndose registrado sobre la segunda de ellas las evidencias de un edificio
circular hundido (Vega-Centeno et al., 2017, pp. 535, 537).

Sin embargo, son sugerentes los diseños de algunos sitios que muestran de
manera clara la relación directa del edificio de plataformas y el edifico circular por
medio de su eje de escaleras, definiendo un conjunto tipo (EP + EC). De los
estudiados se encuentran en Caral el “edificio Mayor” y el “edificio del Anfiteatro”,
en Áspero “Huaca de los Ídolos” y “Huaca Alta” y en Bandurria el “edificio oeste”
(1) y la “plataforma” entre edificios 1 y 2 y, además, a otra escala en Las Haldas, en
el edificio sobre el eje lineal, así como en el edificio circular menor. Aunque ahora
no registrado, no se debe olvidar las anotaciones de Fung y Williams sobre la
presencia de edificios circulares sobre el frente del edificio tardío de Sechín Bajo.
Pero en una mirada más amplia podemos ver también sitios como La Galgada, que
incluso, ya se señaló, presenta una conformación dual —como en el caso de Shicras
o en la configuración de los dos edificios de Kotosh96— así como por el “edificio
circular” vinculado al de mayor relevancia (“edificio norte”). Además, en el valle de
Supe, no solo en Caral aparece dicho modelo sino también en varios de los más de

96
La Misión Japonesa asignó la denominación KT para el edificio ubicado al norte, donde se
descubrió la secuencia de superposición de los edificios: templo blanco, templo de las manos cruzadas
y templo de los nichitos. Al sur del mismo se ubica otro de similares características, denominado KM
(Izumi & Terada, 1972, fig. 2; Onuki, 1994, p. 79). Las excavaciones demostraron la existencia de 11
“templos” en total, nueve sobre KT y dos sobre KM (Bonnier, 1988b, p. 345), sin embargo, de
acuerdo a la densidad constructiva promedio de cada uno, Burger señala que “podrían existir unos 100
templos del periodo Mito en Kotosh.” (Burger, 1993b, p. 67)
170

veinte sitios asociados (como, por ejemplo, en Chupacigarro o Miraya entre otros, y
que incluso en este último es evidente una superposición de dos edificios circulares),
pero también en Vichama (cerca al litoral, en el valle de Huaura) asociado
directamente a la sociedad Caral, donde resultan diseños muy significativos, sobre
todo en tres de sus edificios principales (Edificio Principal de las Cornisas sector A,
Edificio las Chacanas sector C y el Edificio Mayor sector D).97 De la misma forma,
en el valle de Fortaleza existen por lo menos cuatro sitios que presentan edificios con
dicha configuración: Caballete, Porvenir, Cerro Blanco Norte y Cerro Lampay
(Vega-Centeno, 2008, pp. 40-42). En este último caso, el edificio circular presenta un
diseño de escaleras opuestas de forma trapezoidal, cuyo eje definido por dos de sus
bordes opuestos estarían definiendo un ángulo solsticial de 23° de declinación.

De otro lado resulta interesante confrontar y estudiar la organización de


aquellos asentamientos que presentan algunos edificios circulares en conformación
dual, pues se trata de la presencia de dos edificios de características propias
asociados a diferentes edificaciones y a un paisaje específico, como en los casos de
Caral, Bandurria o Salinas de Chao entre otros, y tratar de entender sus
correspondencias y temporalidad.98 Así también, aquellos estudiados por Milla en el
valle de Santa, donde ambos edificios se ubican en el eje de la quebrada con una
orientación predominante este-oeste. El edificio circular mayor se asienta hacia el
este y sus ejes de escaleras se dirigen hacia el norte-sur, mientras que en el segundo
las condiciones se invierten: es el edificio circular menor, ubicado hacia el oeste y
sus escaleras definen el eje este-oeste. Ambos presentan el diseño de sus escaleras de
forma trapezoidal. El primero está asociado hacia el norte a una plaza y un edificio
posiblemente de plataforma, y sería el más antiguo (2000 años a.C.), mientras que el
segundo sería una inclusión tardía (posiblemente 1000 años a.C.) (Milla, 1992, pp.

97
Es sobre el Edificio Principal de las Cornisas que el proyecto ZAC (Zona Arqueológica Caral)
dirigido por Ruth Shady, dio a conocer en el año 2013 el descubrimiento del Salón Ceremonial, donde
hay muros de plataformas con diseños de alto relieves muy especiales: secuencias de personajes
humanos en diferentes posiciones a manera de danza, relativos posiblemente a expresiones sobre
cambios climáticos como señala Shady. Además, en la antesala a dicho salón se registró también el
relieve significativo de un sapo humanizado, sobre cuya cabeza hay un bajo relieve en forma de
zigzag que asemejaría a un rayo, lo que sugeriría el anuncio y llegada del agua, con fechados
aproximados de 1800 años a.C. (Shady et al., 2015).
98
Carlos Milla ya había señalado esta observación: “hay muchas evidencias importantes de
asentamientos o centros ceremoniales con dos pozos astronómicos, tal es el caso entre otros, de Pampa
Yolanda en Santa, Alto Perú de Suchiman, de Berdejo en Huarmey, las Haldas en Casma,
Chupacigarro en Supe y especialmente en las Salinas de Chao, donde también hay dos observatorios
rituales circulares” (1992, p. 153).
171

156-158). Por otro lado, y para un contexto más tardío (formativo final), se podría
mencionar el caso de los dos edificios circulares en el interior del edificio principal
de Chankillo, ubicado sobre la cumbre del promontorio rocoso.

En este sentido, será importante volver a mirar aquellos estudios que


registraron edificios circulares y buscar una comprensión con relación a sus
contextos espacio temporales. Por ejemplo, el edificio circular de Alto Salaverry
(valle de Moche) con dos escaleras opuestas exentas cuyo eje tiene una aproximación
significativa de 45° (S. Pozorski & Pozorski, 1977), o como se señaló líneas arriba,
entender la posición de los edificios circulares dentro de la organización compleja de
las Salinas de Chao (W. Alva, 1986). Uno de sus edificios circulares está articulado a
otras estructuras cuadrangulares99 determinando un eje longitudinal noreste muy
evidente, que al prolongarlo por algo más de ciento cincuenta metros alcanza el
punto central del otro edificio circular ubicado de forma aislada y con otra
orientación de sus escaleras. También, en el valle de Casma, muy cerca al litoral se
ubica el sitio Huaynuná, donde las excavaciones de la década de 1980 registraron dos
componentes precerámicos: un recinto con fogón y una estructura aterrazada en la
ladera. En ésta se ubican dos singulares construcciones, una en la segunda terraza y
otra en la parte superior, justo como remate del eje central de escaleras. La primera
sería una pequeña plataforma hecha de barro, mientras que la segunda es una
perforación en la roca madre, habiéndose registrado una antigüedad de 2100 años
a.C. (T. Pozorski & Pozorski, 1999, pp. 176-178). Pero asimismo, habría que revisar
lo registrado en Taukachi Konkan, donde se ubican tres edificaciones circulares: uno
en el eje del edificio de plataforma de Taukachi orientado hacia el noreste, cuya
prolongación del eje coincide con uno de los otros dos edificios circulares ubicados
en Konkan, a partir del cual, trazando un eje perpendicular se ubica el segundo y
luego el edificio de plataforma, definiendo un diseño muy calculado (Fung &
Williams, 1977, pp. 116-118). En el mismo valle, el sitio de Huerequeque resulta
importante por la articulación que se establece entre el edificio circular y el de
plataforma (Williams, 1972).

99
En el plano de Alva (1986, pp. 172-173) se aprecia que hacia el oeste y a pocos metros del edificio
circular existe otra estructura también circular, así como en el interior de unos de los edificios que se
adosa transversalmente se ubica otra pequeña estructura circular.
172

Resulta por ello sumamente importante los renovados trabajos que se realizan
sobre los edificios conocidos como “templos en U” (Williams, 1971, 1985), en
Cardal (Lurín) y Garagay (Rímac), por ejemplo, así como las continuadas
investigaciones del proyecto Chavín (Mosna). En Cardal, los trabajos de Burger de la
década de 1980 (Burger, 1993a) se ven ahora con mayores avances y
reconocimientos, con nuevos indicadores que redefinen las interpretaciones, sobre
todo para la asociación de los edificios circulares como anexos al gran edificio en U.
Ahora se sabe que existen ocho edificios circulares y que cada sector de los edificios
laterales (denominados brazos), frente a la ubicación de ellos, serían una secuencia
de yuxtaposiciones, en donde habrían funcionado paralelamente el edificio circular
con su correspondiente edificio de plataformas. A partir de esta tipología Burger ha
definido su alcance como cultura Manchay (Burger & Salazar-Burger, 2009, 2010, p.
17). En Garagay, Héctor Walde (2019) está investigando desde el año 2017 la zona
conocida como el atrio del edificio central, descubriendo importantes diseños
polícromos en alto relieve, similares y de acuerdo a la secuencia que había registrado
Ravines en la década de 1970 (Ravines, 1975; Ravines & Isbell, 1975). Hacia el lado
del edificio derecho se ubica un edificio circular, pero no hay mayores avances. Y,
con respecto a la importante “plaza” circular de Chavín, el equipo que dirige John
Rick ha logrado avances en la comprensión de la secuencia constructiva y las etapas
arquitectónicas, de tal manera que sostienen que al contrario de lo que se creía, que el
edificio circular era parte del “templo antiguo”, sería más bien una de las últimas
construcciones en el centro ceremonial, de tal manera que sería una adición tardía,
posiblemente como parte de los contactos e interacciones con otras regiones, como la
costa, donde se verifica su mayor presencia (Rick, 2012; Rick et al., 1999, 2010).

Como discusión final, resultará interesante verificar que los edificios de


carácter público más tempranos poseen una orientación principal hacia los puntos
cardinales este-oeste, determinado por algunos elementos arquitectónicos principales
como las escaleras, de tal manera que se propone una predisposición hacia la
observación y precisión de los equinoccios. Son los casos de los edificios “Templo
Rojo de Cerro Paloma” (ubicado en la quebrada de Chilca, 4200 a.C.) (Agurto, 1984,
pp. 52-56), una edificación rectangular cuyas dos escaleras opuestas definen el eje
equinoccial, y el primer edificio de Sechín Bajo (3500 a.C.), donde las cuatro
escaleras de los cuatro consecutivos edificios circulares también señalan con
173

precisión la orientación este-oeste, como se ha comprobado. Se trataría de precisar,


como referencia de cambio climático y de estaciones, el punto central chaupi en el
recorrido aparente del sol entre sus extremos solsticiales, ya que sobre todo la
estación del equinoccio de primavera estaría asociada al inicio propicio para los
cultivos. Además, como se anotó arriba, los edificios de la tradición mito tendrían
esa predisposición hacia la definición de los puntos cardinales, en relación también al
requerido conocimiento astronómico para el ordenamiento de las secuencias
temporales.
174

Figura 133. La Galgada. Edificio norte, quebrada del río Chuquicara (Pallasca, Ancash). La imagen se
dirige hacia el noroeste.
Fuente: fotografía registrada por MGJ (23.07.2016).

Figura 134. Edificio ceremonial de La Galgada. Detalle de eje espacial de acceso. Imagen desde la
plataforma superior hacia el oeste. La actual pista pasa por encima del edificio circular, del que se
aprecia su extremo oeste.
Fuente: archivo personal (MGJ, 23.07.2016).
175

Figura 135. Cerro Cóndor (Chuquicara, Santa). Edificio circular 1 ("A"). Vista al oeste.
Fuente: archivo personal (MGJ, 23.07.2016).

Figura 136. Cerro Cóndor (Chuquicara, Santa). Edificio circular 2 ("B"). Vista al este.
Fuente: archivo personal (MGJ, 23.07.2016).
176

Figura 137. Pampa de los Perros (Chillón). Edificio circular y edificio de plataformas. Vista al este.
Fuente: archivo personal (MGJ, 17.01.2017).

Figura 138. Canto Grande (entre valles de Chillón y Rímac). Edificio circular denominado por
Lorenzo Roselló como "El Círculo". Registrado en 1976.
Fuente: Roselló (1997, lám. 9)
177

Figura 139. Vichama. Edificio principal: edificio circular y plataformas (Salón del Sapo humanizado).
Fuente: archivo personal (MGJ, 01.05.2016).

Figura 140. Chavín. Edificio circular, vista al sureste por el eje de escaleras.
Fuente: archivo personal (MGJ, circa 2007).
178

4.2 Pruebas de hipótesis

Hipótesis general
La existencia de estructuras espaciales o arquitectónicas con configuraciones
recurrentes dentro de los “andes norcentrales” durante el Formativo Inicial,
correspondería con la elaboración de lógicas sociales en los manejos del espacio y
del tiempo, que significarían la presencia de estructuras cosmológicas que debieron
materializarse como símbolos en su arquitectura.

Se definieron seis sitios arqueológicos (o complejos arquitectónicos), que por


sus características e investigaciones señalan la presencia de un carácter público
ligado a lo ceremonial. Ellos se distribuyen en la franja costera, entre los valles bajo
y medio de cada uno de sus ríos, y ocupan la extensión conocida como la costa de los
andes norcentrales, entre los valles de Sechín-Casma por el norte y Chancay por el
sur. Los seis sitios se ubican temporalmente dentro del “periodo Formativo Inicial”
(3500 -1600 a.C.), y los edificios analizados corresponden a las siguientes fechas en
promedio: Sechín Bajo 3500 a.C., Caral 3000 a.C., Shicras 2850 a.C., Áspero 2500
a.C., Haldas 2000 a.C. y Bandurria 1800 a.C. En este sentido, todos comparten una
temporalidad que se refiere a la consolidación de la complejidad social y, asimismo,
una territorialidad con características en la construcción del paisaje similares, sobre
todo por una cercana relación con el litoral marino y su cercanía a los cursos de ríos,
así como la presencia de la cordillera de los Andes hacia el amanecer. Esas
características pudieron haber generado ciertas lógicas de organización social con la
consecuente conformación de estructuras mentales sobre la regeneración del tiempo
en favor de la subsistencia. A partir de allí, la arquitectura como sistema cultural
construyó configuraciones espaciales, formales y tipológicas que se compartieron y
buscaron la pregnancia ideológica (religiosa) para definir identidades y memoria
social.

Hipótesis específicas

Hipótesis 1 (H1). La localización de los complejos arqueológicos y los ejes de


orientación de sus estructuras arquitectónicas estarían ligadas con la observación y
precisión de ciertos elementos físicos referentes y singulares del contexto, así como a
179

su correlación con fenómenos temporales, tanto como con el acceso a los recursos
necesarios para la subsistencia y regeneración.

Cada uno de los seis sitios posee un emplazamiento particular, así como
algunos de sus principales edificios un alineamiento u orientación específica. El
emplazamiento está referido a la elección del territorio en función de la presencia de
condiciones básicas para la subsistencia, como el agua, la ubicación de zonas eriazas
para el establecimiento y construcción con cierta cercanía a áreas fértiles para la
producción agrícola, lo que implica también la existencia de un escenario físico con
la presencia de elementos referentes para el control temporal. En Sechín Bajo se ha
observado que el edificio se asienta muy cerca de la ladera del cerro, y los edificios
circulares mantienen un eje regular de orientación este-oeste equinoccial, desde
donde se domina el valle hacia la sierra. Los edificios tardíos giran en su trazo
radicalmente y se orientan hacia el solsticio y también hacia el valle, donde se ubican
asimismo los otros edificios principales del complejo Sechín (Sechín Alto y Cerro
Sechín). En Caral, es muy claro su emplazamiento, con dos ejes predominantes
paralelos al curso del río, y el complejo se asienta sobre la terraza aluvial eriaza muy
cerca del río Supe. Esas dos direcciones corresponden a los ejes solares y lunares en
correspondencia al trazo de los muros de sus principales edificios. Es característico
además la presencia de una guanca relacionada en dirección al sur con cerro Mulato,
una prominencia muy destacada perceptualmente.

En el caso de Áspero, el asentamiento parece haber encontrado un espacio


para protegerse de los vientos marinos y se asienta sobre la ladera de una gran colina,
de tal manera que los edificios se organizan hacia el interior, a pesar de su muy
cercana distancia al mar, por lo que estarían en relación a una visibilidad hacia el
valle. Si bien sus edificios no presentan una regularidad en la orientación, algunos de
ellos podrían estar en correspondencia a eventos astronómicos. De manera similar,
las Haldas ocupa quizás una de las localizaciones más privilegiadas, por su
emplazamiento sobre un acantilado, de tal manera que el control visual espacio
temporal es indudable. Su eje longitudinal se dirige con claridad hacia la sierra y no
señala ningún evento astronómico fundamental, sin embargo, sus ejes
perpendiculares presentan orientación solsticial, y desde los recintos superiores es
fácil percibir el ocaso frente al mar. Bandurria es el otro sitio frente a la playa, y
180

aunque tanto sus edificios de plataformas como los edificios circulares presentan sus
ejes principales en sentido cardinal norte-sur, se comprueba que al menos la
organización paralela de los dos principales edificios genera el alineamiento
complementario este-oeste equinoccial. Asimismo, desde el centro del edificio
circular, además de una visión radial, se puede observar con precisión los puntos
extremos este y oeste (salida y puesta del sol), enfatizado por la presencia de unos
nichos. Finalmente, Shicras se localiza en un sector especial del valle medio del río
Chancay. De igual manera que en los casos anteriores sobre un sector eriazo, pero
muy cerca de áreas fértiles, desde donde es posible una observación especial del
paisaje con elementos referentes especiales. Se definen las orientaciones
equinocciales y solsticiales al mismo tiempo, en particular hacia la línea del litoral
donde resulta un escenario perceptual muy especial.

Hipótesis 2 (H2). La presencia recurrente de configuraciones formales (círculos,


plataformas escalonadas) y espaciales (ejes longitudinales, simetrías) representarían
símbolos codificados socialmente referidos al establecimiento de ciclos temporales:
lugares articulados al paisaje que lograrían su consistencia con elaborados
calendarios y celebraciones rituales.

Dentro del área acotada en la costa de los Andes norcentrales se observa la


recurrencia de dos modelos de edificios principales, que se han definido como
“edificio de plataformas” y “edificios circulares”, además de los ejes espaciales
predominantes en la organización de los asentamientos. En Sechín Bajo, el edificio
más temprano revela una secuencia compleja de cuatro edificios circulares para un
periodo de tiempo prolongado. En las Haldas resulta significativa la presencia de dos
edificios circulares. Uno pequeño asociado también a un edificio lateral de
plataformas. Mientras que el otro es el más relevante, ubicado en la zona central
dentro del gran eje de edificios cuadrangulares, aunque en realidad no se trata de un
círculo sino de una forma elíptica, con su radio mayor en el mismo eje principal, de
tal manera que, observando desde la plataforma superior del edificio sobre el
acantilado, por un criterio de deformación de perspectiva, la percepción visual
señalaría o corregiría ella hacia la forma circular (se sugiere la presencia de este
criterio de corrección visual de forma consciente). En Caral existen tres edificios
circulares: el tinkuy mitu cancha, el del anfiteatro y el del edificio mayor, revelando
181

éste una clara asociación con el edificio de plataformas, las cuales señalan el
significado social de la temporalidad y la renovación de la arquitectura. En el caso
del edificio mayor, las plataformas adquieren formas rectangulares, sin embargo, hay
otros edificios que presentan una planta de forma cuadrada casi perfecta (por
ejemplo: “edificio menor”, “edificio de la guanca”, “edificio de la galería”) y
asemejan una configuración “piramidal”. En Áspero hay dos edificios circulares,
asociados ambos a sus correspondientes edificios de plataformas (“Huaca de los
Ídolos” y “Huaca Alta”), ubicándose de forma contigua, aunque no mantienen un
paralelismo entre sus ejes de organización. En Bandurria destacan también dos
edificios circulares en clara asociación con los edificios de plataformas superpuestas.
Mientras que Shicras no presenta edificio circular, hasta donde se conoce por las
excavaciones efectuadas (hay un sector hacia el frente oeste que sugiere la existencia
de alguna edificación inferior). Las plataformas que presenta obedecerían a una
configuración cuadrada.

El círculo tiene una serie de connotaciones simbólicas, pero una de ellas


estaría referida a la observación espacio temporal de forma radial constante, es decir,
al reconocimiento de los eventos astronómicos, así como a la idea de recurrencia
temporal. Mientras que las plataformas superpuestas señalan una idea social de
sacralidad, de entendimiento del edificio como entidad que trasciende el tiempo y se
constituye en memoria comunal, de allí su enterramiento ritual y su renovación. En la
mayoría de los sitios se recrea una nueva configuración simbólica: la relación
círculo-rectángulo. Por lo tanto, los procesos constructivos estarían asociados a
épocas temporales en correspondencia con los eventos astronómicos, y la celebración
de calendarios rituales, de tal manera que las formas se insertan en el territorio
articulándose al paisaje.

Hipótesis 3 (H3). El registro de patrones arquitectónicos y modelos de asentamiento


similares en las diferentes áreas de los andes norcentrales sería el resultado de
complejas redes de intercambio, donde la pregnancia simbólica de los edificios
aludiría a estructuras y sistemas de pensamiento religiosos compartidos, en función
de organizaciones cosmológicas recreadas temporalmente.
182

Los asentamientos estudiados no están aislados, sino que son parte de micro
sistemas de asentamientos para cada micro región o valle. De acuerdo a la discusión
planteada se observa la reiteración de los modelos arquitectónicos: edifico circular,
edificio de plataformas y la asociación de ambos, para la región norcentral andina
entre costa, sierra y ceja de selva, cuyos límites serían: por el norte el valle de
Lambayeque, por el este las cuencas del bajo Utcubamba, del Tablachaca y del alto
Huallaga, y por el sur el valle del Chillón. Dicha área regional más o menos extensa,
definida por la presencia singular de tradiciones culturales generaría esferas o
circuitos de intercambio y complementariedad, que se manifiestan materialmente por
esa insistencia en la construcción de formas reconocibles que se transforman en
símbolos sociales, como emblemas que generan identidad y coparticipación de un
sistema de pensamiento mayor, es decir, aparte del intercambio de productos para la
subsistencia se intercambian valores y esquemas de organización espacio temporal.
Se postularía la presencia y consolidación de un “horizonte” cultural con predominio
de “arquitectura simbólica” recreada conscientemente con estructuras cosmológicas.

Hipótesis 4 (H4). La solución del proceso de producción de la arquitectura habría


estado referido a la utilización de elaborados conocimientos tecnológicos en los
campos de la astronomía, la geometría, las matemáticas, así como de los ambientales
y estructurales, que implicaría diferenciación, especialización y organización de la
producción social dentro de las lógicas de la sostenibilidad

Los seis casos analizados demuestran a través del tiempo transcurrido un


buen grado de conservación de su fábrica, en su estructura física que se ha mantenido
hasta la actualidad, si bien ciertamente porque los edificios fueron “enterrados” ex
profesamente, y eso los ha protegido, las investigaciones, por medio de sus
excavaciones han confirmado un alto grado de consistencia en su configuración tanto
externa como interna, de tal manera que se pueden conocer sus procesos
constructivos, sus sistemas y materiales utilizados. Es decir, lo primero que se revela
es la presencia de conocimientos sobre las fuerzas físicas internas del propio edificio
y la creación de sistemas constructivos específicos que soporten los agentes externos,
sobre todo los sismos en un área de fuerte presencia telúrica. Para el periodo en
mención (Formativo Inicial), se evidencia el uso predominante de muros de piedra
canteada con argamasa de barro, además de otros casos con piedra rústica o cantos
183

rodados, pero también muros de adobe del tipo plano convexo o cónico, además de
otros de quincha. En la mayoría de los sitios resulta un elemento estructural de base
la “plataforma”, que es el resultado del relleno de todos los recintos de un edificio y
el sello con un piso superior final que servirá para soportar la nueva edificación. Pero
rellenar implica un proceso constructivo que al mismo tiempo debió tener en cuenta
la conservación del interior, de las superficies o cualquier elemento presente como
parte del propio edificio. Un elemento constructivo fundamental fue la creación de
las shicras, cuyo comportamiento acumulado en forma de grandes rellenos permitió
un comportamiento de amortiguamiento y estabilidad propia.

De otro lado, las formas utilizadas (círculos, cuadrados, ejes) y las precisiones
constructivas demuestran la presencia de conocimientos de geometría, del trazo
armónico por medio de un sistema de cuerdas y giros en el espacio del terreno, que
implica también criterios de modulación en las ampliaciones o subdivisiones de los
espacios. La precisión de los principales ejes de organización de los edificios con
orientaciones hacia singulares eventos u ocurrencias de los astros demuestra avances
complejos en los conocimientos astronómicos. Y, asimismo, el emplazamiento y las
formas de orientarse hacia el paisaje circundante señala el reconocimiento de
criterios ambientales o protección frente a las inclemencias temporales. Un elemento
clave de toda la tecnología es la presencia de constantes fogones, incluidos en
recintos especialmente diseñados con un fin ritual (con excepción del sitio de
Bandurria), de tal manera que existen evidencias de los conductos de ventilación
subterráneos que posibilitaron mantener el fuego encendido.

Hipótesis 5 (H5). Los símbolos y la organización espacial expresados en la


arquitectura aludirían a criterios de organización social, en los que predominarían los
de dualidad, tripartición y complementariedad, así como conceptos “andinos”
referidos a lo espacial: tinkuy, yanantin, chaupi o cuti entre otros.

Los asentamientos y edificios escogidos poseen diseños de organización que


representan formas de organizar el espacio y el tiempo, es decir, una correlación
cosmológica, que conlleva implícitamente un corpus de orden y jerarquías por parte
de los grupos sociales. La constante recurrencia del edificio de plataformas (EP)
184

adosado al edificio circular (EC) constituye un nuevo modelo simbólico equivalente


a un criterio de dualidad y complementariedad al mismo tiempo (EP + EC). Son dos
formas muy claras que se conectan y se integran, de tal manera que esa relación
constituiría el tercer elemento por medio de la orientación del eje espacial que los
articula. Las formas y la posición de los edificios tendrían connotaciones
astronómicas diferenciadas, que posiblemente se correspondan con las diferencias de
género, y por lo tanto con grupos especializados dentro de la comunidad. El edificio
de plataformas superpuestas y de forma cuadrangular, que asciende verticalmente
estaría relacionado con el panorama diurno, con observaciones solares, ya que desde
su plataforma superior se traza un eje axial que señala una visibilidad directa.
Mientras que el edificio de forma circular se hunde en el terreno, genera un espacio
interior en contacto con la tierra, lo que sugeriría una connotación mística y telúrica
que posiblemente estaría relacionado con el panorama nocturno, con observaciones
estelares, lunares o constelares. En el primer caso hay una asociación tácita con lo
masculino, mientras que, en el segundo, con lo femenino.

Dicha dualidad complementaria de edificios al mismo tiempo constituye una


aproximación al encuentro tinkuy de dos formas diferenciadas, de dos edificios en
tensión que se reúnen para complementarse, así como de grupos de personas también
diferenciadas.100 El nexo aludido entre ambos edificios genera un eje ceque
longitudinal con una orientación determinada, pero que sirve de trazo yanantin que
separa dos sectores en el sentido de una paridad de elementos a partir del eje de
simetría. Esos sectores pueden ser entendidos, no solo como derecha o izquierda con
respecto a quien observa, o como arriba o abajo, sino también como aparición o
desaparición que genera el movimiento de los astros. Pero al mismo tiempo, el eje
perpendicular a él, que sirve de tangencia entre las dos formas podría ser también la
expresión yanantin, la paridad articulada desde el eje. En el cruce de los dos ejes
podría haberse concebido y definido el centro chaupi, así como también en los
puntos centrales sobre la plataforma superior o en el interior del círculo. En otros

100
“Por ejemplo, existen reuniones comerciales, tanto de gran escala como de pequeña escala, en las
que la gente intercambia bienes e información. Otras reuniones consisten en festines rituales y
banquetes para la limpieza de canales de irrigación, movilización de mano de obra para proyectos
públicos y construcción de alianzas mediante prácticas como el tinkuy andino y otros festivales de
rivalidad y cohesión. También hay ceremonias de índole política para redefinir las identidades de la
elite y los individuos que no pertenecen a ella, así como para conmemorar los vínculos entre los vivos
y los muertos.” (Dillehay, 2008b, p. 25)
185

casos, el criterio de dualidad se materializa por la evidencia cercana donde existen


parejas de construcciones, ya sean los de “plataformas superpuestas” o los edificios
circulares.

Por otro lado, ciertas organizaciones de los complejos o ciertos edificios, que
fueron efectuados o construidos por grupos corporativos, tendrían correspondencia
con su posición social en tanto jerarquía y descendencia. Edificios asentados en la
parte superior de un terreno, como por ejemplo en las Haldas, tendrían un rol
diferente a los colocados en los otros sectores, sea abajo o en los laterales. Los
edificios corresponderían a grupos de descendencia tanto matrilineal como
patrilineal, de acuerdo a su ubicación.101 Así también, Shady haciendo énfasis en la
organización dual de Caral señala que ello pudo estar vinculado “a clanes o grupos
de linajes con fines exogámicos” (Shady & Machacuay, 2003, p. 180). De esta
forma, acercarse a comprender la organización de la arquitectura permitiría un
acercamiento a los criterios no solo conceptuales del sistema de pensamiento andino,
sino también a los criterios de organización social, la diferenciación y la
especialización en los que se debieron sostener. Así, el diseño de las formas
espaciales debió tener una correspondencia con los procesos sociales.102 Se trata de
espacios especialmente diseñados con el propósito de congregar los eventos
rituales.103

101
Desde el estudio simbólico e iconográfico de la cerámica Nasca, Golte ha realizado una audaz
correlación entre las expresiones de cabezas de seres o personajes (míticos o ancestros) de cuya boca
descienden, a manera de lengua o serpientes, dos líneas con nuevas cabezas desde las cuales surgirían
otras, con los sistemas de descendencia y parentesco, y a la vez con algunas configuraciones
espaciales arquitectónicas, sugiriendo sobre todo la relación con los edificios en U. “Suponemos que
la cosmología representada en las imágenes nascas se desarrolla a fines del Arcaico y principios del
Formativo. Esto parece indicar tanto las convenciones de los templos en U, que encierran a un patio
hundido (que se puede interpretar como una representación arquitectónica a la que se puede trasponer
sin mayor esfuerzo las convenciones pictóricas de las relaciones de parentesco entre los seres de
poder. Si se supone, por ejemplo, en la figura 2 que el ser central aparecería como una pirámide, los
descendientes a la derecha y a la izquierda como edificios laterales en U, y el antepasado no
representado, “gusano” o “culebra” subterránea como patio hundido; el conjunto ceremonial podría
ser leído desde la pirámide y desde el patio hundido; como una construcción pautada por el mismo
esquema de base de la primera composición canónica), que se generalizan en el Formativo, como
también representaciones en relieves, pinturas sobre telas e imágenes en ceramios, que se dejan
correlacionar igualmente con la tradición nasca más explícita.” (Golte, 2003, p. 211)
102
“Las formas espaciales han sido tratadas aquí no como objetos inanimados dentro de los cuales se
despliegan los procesos sociales, sino como cosas que «contienen» procesos sociales en la misma
medida en que los procesos sociales son espaciales.” (Harvey, 2016, p. 3)
103
“muchos eventos sociales se dan en lugares construidos especialmente definidos por escalas
diferenciadas de arquitectura, por espacios diseñados y ciclos programados de manera formal de estos
eventos, y por comunidades jerárquicas, (…) estos eventos suceden, por lo general, en lugares
especiales construidos específicamente para estas ocasiones y están sujetos a un programa de carácter
186

4.3 Presentación de resultados

1. Se ha elaborado un marco teórico conceptual que sustenta el análisis de la


arquitectura como sistema simbólico y contenedor de la memoria social para las
sociedades tempranas del Formativo. Dicho marco enfatiza los aspectos de la
arquitectura y el paisaje, los rituales y los conocimientos astronómicos en un sentido
cosmológico.

2. Se han analizado seis asentamientos de considerable envergadura para el periodo


Formativo Inicial ubicados en cuatro valles, bajo y medio (Sechín-Casma, Supe,
Huaura y Chancay), de la costa de los Andes norcentrales, contrastando las diferentes
investigaciones y la producción bibliográfica correspondiente.

3. Se pudo realizar el reconocimiento empírico de los sitios investigados, obteniendo


valiosa información de las características físicas y espaciales del contexto y de la
tipología de los principales edificios. Sobre todo, fueron importantes las visitas
realizadas en fechas claves para el reconocimiento del suceso de ciertos eventos
astronómicos: solsticios y equinoccios, que ha servido para demostrar y confirmar la
relación de aquellos edificios con dichos fenómenos.

4. Se ha obtenido y se presenta un registro fotográfico actualizado de los seis sitios


estudiados. Asimismo, se presentan esquemas de análisis de la organización
territorial realizada sobre diferentes bases de mapas.

5. Se han utilizado programas de simulación espacial (heywhatshat) y temporal


(stellarium) para acercarse a comprender las relaciones de la arquitectura con el
contexto histórico y, en el segundo caso, poder postular hipotéticamente la existencia
y uso de conocimientos astronómicos por aquellas antiguas sociedades. En este
sentido, si bien se han contrastado empíricamente algunas evidencias en cuanto
alineamientos astronómicos, las tesis se hallan a un nivel hipotético que requerirá

formal o informal, por lo que se separan días o épocas específicos del año. Un propósito de los
espacios destinados para los eventos sociales es asegurar su reiteración cíclica.” (Dillehay, 2008a, p.
21)
187

futuras mediciones empíricas para diferentes fechas y dirigida también hacia


mayores eventos astronómicos.

6. Se han realizado avances de investigación parcial que han sido expuestos en


diferentes congresos como ponencias o conferencias, y ello ha servido asimismo para
poder realizar algunas publicaciones en revistas (Guzmán, 2014a, 2016b, 2019a,
2020a) y en libros especializados (Guzmán, 2019b, 2020b).

7. Se han confirmado las hipótesis planteadas al inicio de la investigación, aunque


ciertamente desde el enfoque cualitativo y desde el énfasis antropológico estructural
y simbólico, el grado de confiabilidad se halla en la sostenida argumentación
planteada para cada caso, pero, sobre todo, en haber realizado las contrastaciones
correspondientes.

8. A partir de los seis sitios propuestos en cuatro valles de la costa de los Andes
norcentrales, los requerimientos de la investigación hicieron posible acceder a otros
sitios tan importantes como ellos ubicados dentro del área macro regional descrita, de
tal manera de ir ampliando la visión de los sistemas de interacción que se
establecieron tempranamente. Es decir, se ha obtenido un registro y una base
empírica que sirve para profundizar la discusión planteada.

9. La investigación ha servido para ampliar el conocimiento, tanto empírico como


teórico, de la historiografía de la arquitectura para el periodo Formativo Inicial,
pudiendo haber correlacionado interdisciplinariamente los actuales conocimientos de
la disciplinas arquitectónica, arqueológica y antropológica, al mismo tiempo de
haberse acercado a las especialidades de la geografía, arqueología del paisaje,
manejo del territorio y sostenibilidad, y arqueoastronomía entre otras.
188

Figura 141. Síntesis de la estructura temática disciplinar, para el análisis e interpretación de la


arquitectura.
Fuente: elaboración propia, MGJ (2020).

Figura 142. Síntesis de los saberes desde la arquitectura.


Fuente: elaboración propia, MGJ (2019).
189

CONCLUSIONES

1. Se postula que la complejidad social alcanzada por los diferentes grupos


desarrollados en la época del reconocido “Formativo Inicial” (3500-1600 a.C.) se
expresa material y fehacientemente en la arquitectura: en el manejo consciente del
territorio en tanto espacio-tiempo, en la organización espacial de los asentamientos,
sobre todo los de carácter ceremonial y en sus edificios representativos, los cuales
articularon e incorporaron en sus diseños formas simbólicas a partir de sistemas de
pensamiento, que emergieron socialmente —en tanto estructuras cosmológicas— por
las condiciones y necesidades de la subsistencia y la regeneración, que conlleva a la
cohesión y la identidad.104 Más que una descripción de la arquitectura ceremonial ha
interesado comprender a los grupos y su organización, aunque en este caso sea desde
una aproximación de los ritos y sus principales formas espaciales.

2. Agua, apu y astros serían los elementos que representan, cada uno,
simbólicamente, una dimensión complementaria de la organización estructurada de
la sociedad andina y al mismo tiempo plantean la interrelación e interdependencia
que construye una sinergia particular: de la cosmovisión a la cosmología, donde la
operacionalización práctica se da por vía ritual. El agua es el símbolo vital que
permite el sustento social, para el consumo cotidiano y como elemento fertilizante
del terreno, de tal manera que los sitios están localizados estratégicamente muy cerca
de las fuentes de agua. Representa el aspecto o dimensión funcional de la sociedad, y
por ende el trabajo organizado para su obtención y utilización. Los apu son los
cerros, las entidades físicas que constituyen y recrean simbólicamente el paisaje y
sirvieron como puntos de referencia en la organización del territorio y del tiempo.
Representan el aspecto formal o morfológico, el lugar donde se recrea el paisaje. Y,

104
“Las condiciones de autosuficiencia y de supervivencia implican que el grupo posea un modo de
producción y un modo de organización social eficaces para obtener, producir y distribuir cantidades
suficientes de bienes materiales y servicios. Por tanto, las acciones de los individuos han de ser
coordinadas y mutuamente integradas” (Harvey, 2016, p. 206).
190

los astros son los elementos que determinan la secuencia temporal y producen los
eventos atmosféricos, de tal manera que se correlacionan con los distintos desarrollos
biológicos, pero sobre todo generan la percepción social de los ciclos rítmicos y
sociales que pueden estructurar épocas diferenciadas en calendarios: épocas cálida y
fría y, épocas húmeda y seca. Representan el aspecto de la finalidad de la gente y la
conformación de las estructuras de pensamiento y la cosmología.

3. Las diferentes esferas de interacción propiciada por los diversos grupos


sociales para la región norcentral andina se expresaron formal y constructivamente
durante el Formativo Inicial amalgamando un “primer horizonte de arquitectura
simbólica”, que constituye y cohesiona lo político y lo religioso. Es decir, se
definieron modelos o patrones (de organización del espacio y de orden formal) que
adoptaron “tipos” con ciertas recurrencias, de tal manera que generarían ciertos
códigos que podrían ser entendidos socialmente. Es por ello que se ha postulado la
existencia de “los símbolos del formativo”, ya que en aquellos periodos iniciales se
inauguran ciertas tradiciones arquitectónicas, que en el fondo señalan estructuras
base dentro de los sistemas de pensamiento, referidas a criterios de dualidad,
tripartición y complementariedad (además de las de reciprocidad o sacralidad).105
Sobre todo, ello se ejemplifica en la relación compleja de los dos edificios tipo más
destacados, un nuevo modelo de edificios integrado (EP + EC): el “edificio de
plataformas superpuestas” que significaría el eje vertical y la relación con lo de
“arriba”, y el “edifico circular”106 que representa una inversión del orden con
respecto al primero, y señalaría el interior de la tierra y sus energías allí presentes en
lo de “abajo”. El nivel del terreno natural representaría el punto de encuentro tinkuy,
el intermedio que enlaza o articula a ambos. Dicha articulación se logra
vivencialmente, por medio del consumo de los espacios, de los ejes ceque o yanantin
que se proponen para la interrelación espacial, para el tránsito, es decir, allí se define
la secuencia rítmica espacial que puede ser entendida como evento ritual, como uso
intenso de los espacios en fechas determinadas.
105
Acerca de los sistemas de estructuras para los Andes, en reciente publicación Watanabe (2013)
propone un “modelo tetraédrico” diferente a los de base ternaria, estableciendo miradas simultáneas
de orden tridimensional, para articular “bipartición”, “tripartición” y “cuadripartición”, por medio de
conceptos de “dualismo homólogo” y “dualismo heterogéneo”, así como oposiciones de carácter
temporal (Guzmán, 2018).
106
“La distribución de la plaza circular en el área norcentral estuvo vinculada con la función y
significado que este elemento tuvo dentro de la ideología de aquella sociedad como símbolo del poder
político-religioso del Estado de Supe.” (Shady et al., 2003, p. 159, cursiva agregada)
191

Figura 143. Síntesis de los símbolos de la arquitectura (organización espacial) del Formativo.
Fuente: elaboración propia, MGJ (2019)
192

4. Es por ello que se ha postulado la interrelación solidaria entre arquitectura,


rituales y astronomía. La primera representaría un reordenamiento del cosmos, los
rituales la vivencia rítmica del orden social y, la última, la estructura cosmológica
que rige y reorganiza el transcurrir de la existencia. Arquitectura, rituales y
astronomía, hacen referencia también a la propuesta constante que articula una
mirada trialéctica (por ejemplo, entre forma, función y finalidad o entre lugar, trabajo
y gente). Así, los símbolos del formativo podrían estar expresados en: el fuego, el
círculo y la piedra.107 Todos ellos dentro de la arquitectura. El fuego como elemento
fundamental y sagrado que propicia cambios en la materia estuvo resguardado en los
fogones de los diferentes recintos-altares, un diseño especial que debió ser mantenido
por conductos de ventilación. El ritual de quema de objetos sacralizados alude a ese
poder y al mismo tiempo simboliza la relación entre las diferentes dimensiones. El
círculo como recurrencia o ciclo definió una configuración arquitectónica simbólica
particular. Y, la piedra, como entidad que trasciende el tiempo o se hace atemporal
fue también sacralizada, fue elemento constructivo principal, expresada en guanca,
en shicras, en muros o en enterramientos, se utilizó en las diferentes formas de
construcción de las plataformas, revelando allí esa condición de memoria temporal.

5. Los diferentes análisis en los seis sitios estudiados: Sechín Bajo, Haldas,
Caral, Áspero, Bandurria y Shicras, han revelado significativamente una
correspondencia entre la arquitectura y el territorio, configurando “paisajes” sociales,
un manejo sacralizado y sostenible de las entidades necesarias para la reproducción.
Es allí que la arquitectura se emplaza definiendo ejes espaciales, que en muchos
casos estarían en correspondencia con la definición de eventos astronómicos:
solsticios, equinoccios, los días de cénit y de lunisticios principalmente para las
observaciones diurnas, y la mirada hacia las estrellas y constelaciones andinas para
las nocturnas. Dichas precisiones en los ejes de orientación y la privilegiada
ubicación frente a los valles o al litoral, con una amplia visibilidad radial serían los
indicadores de una concepción integral para el control del “espacio” y del “tiempo”,
107
Evidentemente existen una serie de símbolos recreados por las sociedades del Formativo y
expresados iconográficamente. Campana se refiere a los “Símbolos Elementales” como “imágenes
aparentemente sencillas cuyas formas fueron el producto de rigurosas acciones para sintetizar una idea
o concepción que recordase tanto a lo representado como a su significado simbólico.” Distingue un
primer grupo como triada sagrada, aquellos que representan al jaguar, águila y serpiente (bocas, ojos,
garras, líneas ondulantes), un segundo grupo convencional relativo a expresiones de “fuerza-poder”
como el triángulo escalonado o chacana. Además del espóndilo y el caracol (Campana, 2015, pp. 192-
193).
193

necesaria para la “organización social” y el establecimiento de los diferentes


calendarios re-productivos y ceremoniales que servirían de cohesión social. Se ha
planteado por ello el estudio de los sitios a partir del entendimiento de una
organización radial del espacio, sistemas de ceque, alineamientos que articulan y
consolidan la estabilidad del paisaje, y que sería parte de una larga tradición andina.

6. El sistema ceque como estructura compleja en el Tawantinsuyu reflejaría en


síntesis los diferentes criterios de organización (espacial, temporal y social) que se
desarrollaron en el territorio andino desde las tempranas manifestaciones urbanas
consolidadas en los centros públicos ceremoniales. El criterio de circularidad
evidenciado materialmente define el sistema de pensamiento andino, que logra en ese
último momento un desarrollo especialmente creativo, ligado además de lo espacial
(territorialidad) y temporal (astronomía-calendarios), a la organización social,
política y religiosa.

7. Finalmente,

Dentro de la lógica del quehacer arquitectónico, que implica comprender el proceso inicial de
planificación, y entender la relación arquitectura-territorio-paisaje, es indudable la existencia
y la necesidad de una búsqueda de los espacios más aptos para el establecimiento, lo que
conlleva a pensar en las estrategias utilizadas para el aprovechamiento equilibrado de los
recursos —dentro de lo que hoy se entiende por sostenibilidad (acceso al agua y a los
terrenos productivos, por ejemplo, dentro de una comprensión de las cadenas ecológico
ambientales y la regeneración)— que se inscribe en la lógica de re-producción social, que se
fundamenta en la domesticación de plantas y animales, y se inserta a la vez dentro de los
procesos de domesticación del espacio y del tiempo, correlacionándose solidariamente. Esa
domesticación implica el re-conocimiento profundo y amable de las estructuras que los
organizan, un diálogo sostenido y la instrumentación de tecnologías apropiadas para el
desarrollo y control. (Guzmán, 2019b, p. 200)

En el fondo, se trata de una reflexión que postula repensar la arquitectura


desde las lógicas de sus especificidades —la arquitectura como proceso social de
producción, que implicaría esa correspondencia entre formas espaciales y
organización social—, lo que será posible por medio de un contacto interdisciplinar
que apueste por la comprensión, a partir de lo material, de las personas y los grupos
organizados que hicieron posible esa convivencia otra. Que revalore los conceptos,
los idiomas y aquellos sistemas de pensamiento andino ligados ciertamente a la
ceremonia, al ritual y a la sacralidad del espacio y del tiempo.
194

Figura 144. Estructura conceptual del esquema organizativo espacial de los edificios para el
“Formativo Inicial”.
Fuente: elaboración propia (MGJ, 2016).

Figura 145. Bandurria (Huacho, Huaura). Ritual contemporáneo en el ocultamiento del sol
equinoccial.
Fuente: J. Alvino (22.09.2017).
195

Figura 146. Símbolo síntesis de la arquitectura del periodo Formativo Inicial.


Fuente: elaboración propia (MGJ, 2015).
196

RECOMENDACIONES

1. Estudio interdisciplinar e integral de la arquitectura realizada durante la época


del “Formativo Inicial” (3500 – 1600 a.C.), que implica el reconocimiento
sistemático sobre modos de organizar el territorio (valles), sobre las lógicas de
reorganización espacial expresada en los trazados de los sitios y sobre las tipologías
arquitectónicas y los procesos constructivos.

2. Desde la arqueología se deben apoyar los proyectos de prospección y


reconocimiento del paisaje, así como los de investigación con excavaciones y
conservación de los sitios ya reconocidos, sobre todo acerca de los lugares que se han
presentado en este estudio.

3. Se debe generar una base de datos actualizada sobre asentamientos y


edificaciones ligadas a este periodo, para evaluar similitudes, recurrencias o
diferencias y obtener una idea de la complejidad y magnitud desarrolladas por
aquellas antiguas sociedades.

4. A partir de los registros de campo y la data arquitectónica se deben generar


políticas de gestión y divulgación, con la utilización de programas y sistemas de
información, que de manera didáctica generan recomposiciones con precisión y de
alta resolución, dirigidas hacia las comunidades en general.

5. Asimismo, el conocimiento adquirido a través de estos estudios debe ser


compartido a las comunidades locales, de tal manera que se produzcan cadenas de
transmisión o circuitos de aprendizaje que se incluyan dentro de propuestas
historiográficas renovadas, que sirvan para consolidar identidades y estima social.
197

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221

ANEXOS

Anexo 1: Glosario

Agencia
Hace referencia a visibilizar al individuo como agente social, ya no abstracto, sino
con la capacidad de poder actuar en los procesos de producción tanto de la cultura
material como de los sistemas de pensamiento, reconociendo más allá de la acción
como respuesta a los recursos existentes, la idea de proyecto, es decir, las
capacidades creativas y la intencionalidad presentes.

Asentamiento
Es el término general y más apropiado para referirse a cualquier establecimiento
físico perenne construido por cualquier grupo humano con la finalidad de residir, es
decir, es la estructura físico espacial de convivencia social.

Astroarqueología
Término propuesto por Gerald Hawkins hacia 1966, para referirse al estudio de las
orientaciones astronómicas de los edificios arcaicos. Luego fue reemplazado por el
término arqueoastronomía.

Astronomía
Además de la ciencia contemporánea que se encarga del estudio de los fenómenos
que suceden temporalmente, se refiere a la observación metódica de los astros, sus
movimientos y cualquier fenómeno que se presenta en la bóveda celeste, que fueron
y son realizados por las diferentes culturas.
222

Astronomía cultural
Es el estudio de los conocimientos astronómicos presentes dentro de un contexto
cultural: una sociedad, un territorio y un tiempo determinados. Para ello requiere
apoyarse en diferentes disciplinas, como la arqueoastronomía o la antropología.

Arcaico
Término que hace referencia a lo más antiguo. Dentro de la cronología andina define
un periodo de tiempo prolongado, que va desde la aparición de los primeros
pobladores en el territorio (15000 años a.C. aproximadamente) hasta las evidencias
de los inicios y consolidación de la complejidad social (3500 años a.C.
aproximadamente). Puede dividirse en Arcaico Temprano (15000-8000 a.C.),
Arcaico Medio (8000-6000 a.C.) y Arcaico Tardío (6000-3500 a.C.).

Arqueoastronomía
Es la disciplina que se encarga de estudiar a las sociedades arqueológicas a través del
análisis de sus vestigios culturales, básicamente la arquitectura, en relación a la
utilización de conocimientos astronómicos presentes, sobre todo, en sus ejes de
orientación o emplazamiento. (Aunque también podría considerarse como el estudio
de la astronomía desarrollada antiguamente)

Arquitectura
Como fenómeno cultural se refiere a los procesos de producción constructiva
desarrollados por una sociedad en un espacio y tiempo determinados. Abarca los
procesos de planificación, diseño, construcción, habitación y transformación. Se
expresa materialmente en tres escalas: arquitectura del paisaje, arquitectura de los
asentamientos y arquitectura de los edificios.

Ciudad (centro urbano)


Es la estructura físico espacial construida como lugar de estancia de la sociedad, que
posee por lo tanto un carácter residencial, y sobre todo un esquema espacial de
comunicación y sectores diferenciados por el tipo de uso del suelo, además de
servicios complementarios. Presenta un núcleo público de administración o dirección
comunal, con edificios especializados. Su característica principal es el predominio
del espacio público.
223

Cosmología
Hace referencia al entendimiento que tienen las sociedades sobre cómo se organiza o
estructura el universo, en tanto devenir del espacio y del tiempo, de tal manera que se
reelaboran lógicas de organización que constituyen sistemas de pensamiento.

Edificio
Es la estructura física resultado del proceso constructivo, cuya finalidad es la
presencia de espacios interiores (recintos) para albergar personas que realizarán usos,
actividades o funciones específicas. Asimismo, se relaciona con el espacio público de
la ciudad por medio de sus superficies perimetrales.

Estado
Es la institución social constituida como máxima jerarquía para establecer los
lineamientos de desarrollo, de orden y de organización política de los grupos
comunales que lo integran o se adscriben dentro de un territorio determinado.
Aparece por lo tanto en diferentes momentos de la historia.

Estructura
Es una totalidad o una entidad en equilibrio dinámico. Es un sistema organizado
compuesto por una serie de elementos (homogéneos o heterogéneos) articulados, que
generan sistemas de relaciones internas entre sí y funciona como la base de una
organización mayor, de tal manera que puede ser interpretada como una síntesis, una
abstracción o un esquema simbólico. Piaget (1971, p. 10) señala tres características:
“totalidad, transformaciones y autorregulación”, diferente a una configuración
estática.

Estructuralismo
Es un tipo o método de entendimiento de la realidad que se sustenta en la
comprensión de las expresiones culturales como lenguajes, compuestos de partes, de
relaciones y de totalidades, de tal manera que existe una gramática y una semántica,
donde juega un papel muy importante la construcción de símbolos sociales.
224

Formativo
Alude a una época de formación social donde se consolidan relaciones y aportes de
conocimientos de mayor complejidad que anuncian un desarrollo amplio en el
manejo del territorio y del tiempo, que implica la consolidación de sistemas políticos
y religiosos dentro de las esferas de intercambio y complementariedad en los andes
Centrales. Cronológicamente, para el caso andino, abarca desde el año 3500 hasta los
200 a.C. aproximadamente. Destaca el Formativo Inicial (3500-1600 a.C., antes
denominado Arcaico Tardío).

Paisaje
Es la construcción simbólica que realiza un determinado grupo social en el
establecimiento de una relación solidaria entre el medio físico temporal y su lugar de
estancia o asentamiento, de tal manera que se basa en la percepción y la instauración
de códigos o elementos referentes que construyen la memoria social.

Rituales
Son las estructuras mentales de la sociedad que dan sentido a momentos de la
existencia, de tal manera que están organizadas temporalmente y se concretan en la
ejecución de eventos o acciones comunales. Se caracterizan, entonces, por la
repetición rítmica, la intensidad vivencial y la afirmación de las creencias.

Semiótica
Es la disciplina que postula el estudio de todo sistema cultural como un sistema de
comunicación. Se basa en la elucidación de las estructuras y el estudio de símbolos e
íconos presentes para postular una narrativa particular en tanto develación de
aquellos, una heurística cultural.

Símbolos
Son las configuraciones externas reconocibles perceptualmente tanto individual
como grupalmente, como producto de construcciones mentales elaboradas con fines
de pregnancia (por medio de una síntesis estructural), que conlleva significados o
contenidos instaurados en el tiempo.
225

Territorio
Es una parte del espacio físico o hábitat, que está definido por la presencia de un
grupo social específico que se apropia de una determinada extensión. Por lo tanto,
presenta límites particulares o bordes, relieve, recursos y condiciones ambientales
concretas, así como presencia de fenómenos astronómicos singulares. Al mismo
tiempo, el territorio es también historia y sufre transformaciones (naturales o
culturales).

Magj, 03 de noviembre de 2020.

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