RESUMEN DEL JURISTA
Capítulo PRIMERO NECESIDAD DEL DERECHO COMO ORDEN NORMATIVO DE LA SOCIEDAD Y DEL
ESTADO
El Derecho es un orden normativo jerarquizado. Por eso pertenece al mundo del deber-ser, desde
la norma jurídica positiva, escrita o consuetudinaria, hasta los postulados ideales. Ese orden
normativo es la estructura formal de toda sociedad. Sin él ésta no podría existir ni subsistir, pues la
vida social, a través de sus múltiples e incontables manifestaciones de toda especie, es una
complicada urdimbre de relaciones de variadísima índole que requieren imprescindiblemente una
regulaci6n que les proporcione seguridad dentro de su permanente diversidad y de su dinamismo
coincidente, divergente y hasta opuesto. Reza un proverbio sociologico: Ubi homines societas, ubi
societas jus; que no expresa sino la indispensabilidad del orden jurídico formal integrado por
normas bilaterales, imperativas y coercitivas, independientemente de su contenido múltiple ad
infinitum, sujeto siempre a factores tempo-espaciales en permanente movimiento y
transformaci6n. Tales normas, traducidas en leyes. positivas de vigencia limitada y por esencia
cambiantes, pueden tener cualidades o defectos, revelar o no el ideal diversificado de justicia, ser
o no convenientes en un país o en una época determinada, regresivas o progresivas, buenas o
malas, pero siempre absolutamente necesarias para estructurar a la sociedad humana. No debe
olvidarse, a este respecto, lo que el espíritu jurídico romano aseveraba en dos conocidos
proverbios: "Dura lex, sed lex e "Injustum jus, summa injuria", dureza e injusticia que no
despojaban a una o a otro de su fuerza positiva, sea cual haya sido su fuente formal, variable
también en específicos regímenes políticos históricamente dados.
Se ha sostenido por una importante corriente jusfilosófica que la seguridad social es un fin del
Derecho independiente de la justicia a que éste debe propender. Sin embargo, más que un telos,
la seguridad es un elemento esencial del orden jurídico. Éste puede ser injusto, pero jamás
prescindir de la seguridad, ya que sin ésta no existiría en el mundo social, aunque no en el ámbito
de la idealidad. Ya dijimos que sin el Derecho que implanta el orden normativo necesario para la
vida social, ésta no podría desarrollarse. La normatividad jurídica es para toda colectividad
humana lo que el agua para los peces, o sea, que dichos elementos son imprescindibles para la
vida en sus respectivos casos. En toda comunidad, independientemente de sus condiciones
tempo-espaciales, siempre ha funcionado el Derecho, cualesquiera que hayan sido sus
modalidades orgánicas y teleológicas, así como su fuente y su estimación axiológica. Sin embargo,
en la actualidad han surgido algunas corrientes, principalmente entre economistas, sociólogos y
"politólogos", que consideran que el Derecho no sólo está en crisis, sino que es un obstáculo para
los cambios sociales. Tales corrientes y sus propugnadores parten del desconocimiento de lo que
es el orden jurídico en sí mismo considerado, es decir, con independencia de su múltiple y variable
contenido. El Derecho es en sí una estructura normativa susceptible de acoger dentro de la
substancialidad de sus normas, principios, reglas o tendencias de diferentes disciplinas tanto
culturales como técnicas y científicas. Además, el Derecho. como orden de normativo debe reflejar
en sus prescripciones fundamentales las transformaciones sociales, económicas, culturales y
políticas que se, registren dentro de la vida dinámica de las sociedades humanas, con el objeto de
consolidar los resultados de dichas transformaciones Y de regular imperativamente las relaciones
comunitarias conforme a ellos. Sin esta normación jurídica, ningún cambio que opere en los
diversos ámbitos vitales de la sociedad podría tener vigencia, respetabilidad ni operatividad reales,
ya que los postulados de dicho cambio no; podrán Imponerse válidamente para regir a la
colectividad, toda vez que estarían apoyados exclusivamente en la Fuerza.
No tienen, pues, justificación alguna las afirmaciones inconsultas contra el Derecho, puesto que
este no solo no es ningún óbice para el progreso social, sino el conducto por el que
necesariamente todas las transformaciones que experimente la sociedad debe canalizarse.
En resumen, el Derecho como orden normativo de, carácter imperativo y coercitivo en sí mismo
considerando, es decir, con abstracción de su variado y variable contenido no es ni infraestructura
ni superestructura de la sociedad, puesto que, en su dimensión formal; no está sujeto ni al tiempo
ni al espacio. Lo que cambia y debe cambiar constantemente en el Derecho es su contenido, que
no debe expresar sino los cambios sociales. Las críticas contra el Derecho se han dirigido, y muchas
veces con toda razón, contra el contenido de las normas Jurídicas, sin que sea lógica ni realmente
posible enfocarlas contra ellas, en cuanto tales, es decir, prescindiendo de su contenido. Es más,
todas las transformaciones sociales, políticas económicas y culturales tienen la tendencia natural
de plasmarse en un orden jurídico determinado, bien sustituyendo a uno anterior o modificando
esencialmente el existente. No se requiere cavilar mucho ni emprender enjundiosos ni
complicados estudios para evidenciar los anteriores asertos, pues la historia de todos los países
del mundo es el testigo fidedigno e inobjetable que los confirma.
La transcendencia del Derecho se corrobora si se toma en cuenta que de él surge el Estado como
persona moral suprema y omnicomprensiva, y en la cual se estructura toda sociedad humana. Esta
estructuración la forma y sistematiza el Derecho para hacer posible la vida social dentro del orden
normativo que establece y en el que existen y actúan, sin excepción, los órganos de gobierno y los
mismos gobernados. Tan es así, que Georges Burdeau y Hennann Heller, entre otros, sustentan
este criterio mutatis mutandis. Sostiene el primero que "La formación del Estado coincide con una
cierta forma del poder, y esta forma particular del poder resulta de una concepción dominante en
el grupo, y aceptando por los gobernantes mismos, en cuanto a la naturaleza de la fuerza o
potencia política. He ahí un hecho de conciencia. Pero este hecho no constituye por sí solo el
soporte del Estado. Provoca el cumplimiento de un acto jurídico según el cual el poder se
convierte efectivamente; en el plano de las realidades, en lo que los gobernantes y gobernados
vean en él. Ese acto es la institucionalización del poder que tiene por objeto disociar el poder de
sus agentes de ejercicio y de fundarlo sobre la institución a la cual se incorpora la idea de derecho
dirigente en el grupo. Esta operación de institucionalización del poder puede tener lugar por modo
consuetudinario o realizarse mediante un acto jurídico formal: la constitución. Pero cual quiera
que sea la manera como dicha operación se efectúe, presenta siempre este triple carácter de ser.
un acto jurídico, de modificar la naturaleza del poder y de dar nacimiento al Estado. Hay, pues, en
definitiva, en la diferenciación sobre la que reposan las sociedades políticas, una ruptura de
continuidad, un momento en el que el orden empírico se transforma en orden jurídico y es
entonces cuando aparece el Estado." Por su parte, Heller afirma que "Sin el carácter de creador de
poder que el Derecho entraña, no existe ni validez jurídica normativa ni poder estatal" de lo que se
concluye que es el orden jurídico el que crea y organiza el Estado, el cual no podría existir sin él.
Sería demasiado prolijo aludir al pensamiento de otros muchos autores que proclaman la idea de
que el Derecho es la fuente normativa del Estado, es decir, el elemento que organiza y estructura
a la sociedad humana en una entidad estatal. Esta circunstancia confirma la trascendencia del
Derecho: que sus inconsultos impugnadores desconocen.
RESUMEN
Capítulo PRIMERO NECESIDAD DEL DERECHO COMO ORDEN
NORMATIVO DE LA SOCIEDAD Y DEL ESTADO
El Derecho es un orden normativo jerarquizado. Ese orden normativo es la estructura formal de
toda sociedad. positivas de vigencia limitada y por esencia cambiantes, pueden tener cualidades o
defectos, revelar o no el ideal diversificado de justicia, ser o no convenientes en un país o en una
época determinada, regresivas o progresivas, buenas o malas, pero siempre absolutamente
necesarias para estructurar a la sociedad humana. Se ha sostenido por una importante corriente
jusfilosófica que la seguridad social es un fin del Derecho independiente de la justicia a que éste
debe propender.
Sin embargo, más que un telos, la seguridad es un elemento esencial del orden jurídico. Ya dijimos
que sin el Derecho que implanta el orden normativo necesario para la vida social, ésta no podría
desarrollarse. En toda comunidad, independientemente de sus condiciones tempo-
espaciales, siempre ha funcionado el Derecho, cualesquiera que hayan sido sus modalidades
orgánicas y teleológicas, así como su fuente y su estimación axiológica. Sin embargo, en la
actualidad han surgido algunas corrientes, principalmente entre economistas, sociólogos y
"politólogos", que consideran que el Derecho no sólo está en crisis, sino que es un obstáculo para
los cambios sociales.
Tales corrientes y sus propugnadores parten del desconocimiento de lo que es el orden jurídico en
sí mismo considerado, es decir, con independencia de su múltiple y variable contenido. El Derecho
es en sí una estructura normativa susceptible de acoger dentro de la substancialidad de sus
normas, principios, reglas o tendencias de diferentes disciplinas tanto culturales como técnicas y
científicas. Además, el Derecho. como orden de normativo debe reflejar en sus prescripciones
fundamentales las transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas que se, registren
dentro de la vida dinámica de las sociedades humanas, con el objeto de consolidar los resultados
de dichas transformaciones Y de regular imperativamente las relaciones comunitarias conforme a
ellos.
No tienen, pues, justificación alguna las afirmaciones inconsultas contra el Derecho, puesto que
este no solo no es ningún óbice para el progreso social, sino el conducto por el que
necesariamente todas las transformaciones que experimente la sociedad debe canalizarse. Lo que
cambia y debe cambiar constantemente en el Derecho es su contenido, que no debe expresar sino
los cambios sociales. Las críticas contra el Derecho se han dirigido, y muchas veces con toda
razón, contra el contenido de las normas Jurídicas, sin que sea lógica ni realmente posible
enfocarlas contra ellas, en cuanto tales, es decir, prescindiendo de su contenido. Es más, todas las
transformaciones sociales, políticas económicas y culturales tienen la tendencia natural de
plasmarse en un orden jurídico determinado, bien sustituyendo a uno anterior o modificando
esencialmente el existente.
La transcendencia del Derecho se corrobora si se toma en cuenta que de él surge el Estado como
persona moral suprema y omnicomprensiva, y en la cual se estructura toda sociedad humana. Esta
estructuración la forma y sistematiza el Derecho para hacer posible la vida social dentro del orden
normativo que establece y en el que existen y actúan, sin excepción, los órganos de gobierno y los
mismos gobernados. Ese acto es la institucionalización del poder que tiene por objeto disociar el
poder de sus agentes de ejercicio y de fundarlo sobre la institución a la cual se incorpora la idea de
derecho dirigente en el grupo. un acto jurídico, de modificar la naturaleza del poder y de dar
nacimiento al Estado.
" Hay, pues, en definitiva, en la diferenciación sobre la que reposan las sociedades políticas, una
ruptura de continuidad, un momento en el que el orden empírico se transforma en orden jurídico
y es entonces cuando aparece el Estado." Por su parte, Heller afirma que "Sin el carácter de
creador de poder que el Derecho entraña, no existe ni validez jurídica normativa ni poder estatal"
de lo que se concluye que es el orden jurídico el que crea y organiza el Estado, el cual no podría
existir sin él. Sería demasiado prolijo aludir al pensamiento de otros muchos autores que
proclaman la idea de que el Derecho es la fuente normativa del Estado, es decir, el elemento que
organiza y estructura a la sociedad humana en una entidad estatal.
RESUMEN 2
El Jurista y el Simulador del Derecho. En esta obra Burgoa Orihuela expone una serie de
comportamientos propios del simulador de derecho para su rápida
identificación. Además, advierte los peligros que puede sufrir la sociedad y los problemas de facto
que ocasiona en el desarrollo de la Ciencia del Derecho. El jurista y el simulador del Derecho es
una obra que pretende proteger, de los vicios de aquél supuesto profesionista del derecho, la
actividad del abogado y la correcta aplicación de la ley.
El verdadero jurista resulta ser un individuo libre, auténtico, veraz, con valor civil, honesto, con un
profundo sentido de justicia y conocedor del derecho. Se convierte entonces en un asalariado que
no tiene más remedio que manipular al propio derecho, deformando la esencia misma de la
ciencia, en beneficio de su patrón. Necesidad del derecho como orden normativo de la sociedad y
del estado. El individuo siempre ha vivido en sociedad, por lo tanto, la naturaleza del hombre, sus
propios instintos y fundamentalmente sus limitaciones personales, hacen evidente que éste
necesite de la vida social y una regulación, como condición necesaria de su
conservación, desarrollo físico y cumplimiento de sus tareas intelectivas y morales, es, por
tanto, que donde quiera que la vida social exista, las relaciones de esta tienden a definirse y
organizarse, surgiendo en esta forma el Derecho.
Actualmente, existen pensadores entre los que resaltan como Orihuela creyentes que el Derecho
se encuentra en crisis y ser un obstáculo principal para los cambios sociales.
Semblanza del Jurista
Por otro lado, el libro plantea que para ser verdadero jurista se debe poseer todo un listado de
cualidades, valores, sentidos y aspiraciones propios de un culto del derecho, reflejado como un
garantizador de la sociedad, en cuanto que en ella se debe preponderar la justicia y la
seguridad. Además de ser libre, el jurista debe ser auténtico, demostrándolo a través de su
comportamiento, acorde con lo que se piensa y siente. El valor civil es sumamente
relevante, porque de nada serviría a la sociedad la sapiencia sin la conciencia de seguridad y
solidez en lo que se cree y sin el propósito de combatir por un ideal, que en este caso sería la
justicia. Por última semblanza, el jurista debe tener un hondo sentido de justicia social
conmutativa.
El cultor del derecho no solo tiene que atender la problemática individual, sino allegarse a los
tópicos de toda una sociedad, como servidor que es de ella, sin esta modalidad teológica sería
únicamente protector de intereses individuales y su función carecería de relevancia como
abogado.
La cultura jurídica
La cultura en general es, grosso modo, la sustentación, ampliación y perfeccionamiento del
conocimiento en los diversos y variados sectores del saber humano . La cultura jurídica, por
ende, comprende un vasto espacio de la cultura en general y consiste en el conocimiento cada vez
más extenso y profundo del Derecho en todas sus ramas y manifestaciones, en su ejercicio y
aplicación. Dentro de la sociedad, el hombre ajusta su conducta a las normas obligatorias
establecidas por el Estado y a las normas impuestas por la moral .
Tipología del Jurista
La actividad del jurista se realiza a través de distintos tipos interrelacionados que reconocen como
presupuesto fundamental el del jurisconsulto.
Derecho es el ingrediente anímico más importante y potente que debe poseer el
jurista. Derecho, sería absurdo que no lo fuese, ya que sin los conocimientos jurídicos no podría
ejercer digna y acertadamente su profesión. La primera, evidentemente, consiste en la
transformación de conocimientos sobre el Derecho. Y la segunda es la aplicación en la vida real de
los conocimientos obtenidos, formando así una educación jurídica.
El maestro de Derecho debe ser, con rigurosa simultaneidad, docente e investigador. El juez no es
jurídicamente un ser humano, sino un órgano judicial compuesto por personas físicas, que pueden
rotar sin vulnerar esta garantía.
El simulador del Derecho
El simulador como espécimen contrario al jurista. El simulador del Derecho, aunque posea un
título de licenciado o doctor, no es ni jurisprudente, ni abogado, ni magister juris, ni juez. En todo
caso se trata de un «no jurista», pudiendo ser político, funcionario público, banquero u hombre de
negocios en general, cuya falta de vocación por el Derecho lo haya proyectado fuera de su
esfera. Al no actuar como jurista de ninguno de los tipos que hemos reseñado, de ningún modo se
le puede reputar como simulador, pues la característica de éste esencialmente consiste en que su
conducta la despliega dentro del ámbito jurídico.
Los simuladores cualquier sea el caso, suelen carecer de honestidad intelectual al no reconocer sus
errores, que pasan como «verdades» ante la credulidad de sus clientes y en el caso del maestro de
Derecho, ante sus alumnos, intelectualmente vive de prestado, ya que copia de abogados sus
apuntes, estilos y conocimientos, haciéndolos pasar por propios, convirtiéndose en un simple
repetidor por no citar su pensamiento, es decir, es eco y no voz.