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Trabajo Fallas Geologicas en Bogota

El estudio revela la existencia de fallas longitudinales y transversales en la Sabana de Bogotá, Colombia, identificadas a través de imágenes Landsat y sondeos geológicos. Las fallas longitudinales, en dirección NE, se asocian con cabalgamientos y retro cabalgamientos, mientras que las transversales, en dirección NW, están relacionadas con estructuras de rumbo sinestral. Este esquema estructural es fundamental para entender el modelo hidrogeológico de la región y sugiere actividad neotectónica que afecta el comportamiento del agua subterránea.
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Trabajo Fallas Geologicas en Bogota

El estudio revela la existencia de fallas longitudinales y transversales en la Sabana de Bogotá, Colombia, identificadas a través de imágenes Landsat y sondeos geológicos. Las fallas longitudinales, en dirección NE, se asocian con cabalgamientos y retro cabalgamientos, mientras que las transversales, en dirección NW, están relacionadas con estructuras de rumbo sinestral. Este esquema estructural es fundamental para entender el modelo hidrogeológico de la región y sugiere actividad neotectónica que afecta el comportamiento del agua subterránea.
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FALLAS LONGITUDINALES Y TRANSVERSALES

EN LA SABANA DE BOGOTÁ, COLOMBIA

Karoll Gissella Duque Villanueva

7306034

Facultad de ingeniería: ingeniería Civil a Distancia

Universidad Militar Nueva Granada

Johanna Carolina Ruiz Acero

Geología: Grupo B

Fecha de entrega :30 de diciembre de 2024


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RESUMEN.

El esquema estructural de la Sabana de Bogotá, derivado de la interpretación de imágenes


Landsat, sondeos eléctricos verticales, registros litológicos de pozos y cartografía
geológica, revela la presencia de fallas longitudinales en sentido NE que pueden ser
cabalgamientos, retro cabalgamientos o fallas inversas con componente de rumbo,
asociadas a una tectónica de transpresión. Por otro lado, las fallas transversales con
dirección NW se asocian con rampas laterales de cabalgamiento o estructuras de rumbo
tipo sinestral. La interacción de estas fallas ha dado forma a un paleo relievé de bloques con
unidades cretácicas y paleógenas, cubierto por depósitos no consolidados del Neógeno-
Cuaternario. Este esquema proporciona información valiosa para el modelo hidrogeológico
de la Sabana de Bogotá, descartando la continuidad lateral de unidades semipermeables del
Paleógeno y sugiriendo la posible actividad neotectónica en la región.

INTRODUCCION.

La Sabana de Bogotá, situada en la parte central de la Cordillera Oriental de Colombia y


abarcando la cuenca alta del río Bogotá, tiene una extensión de aproximadamente 4300
km2. Es un importante centro agroindustrial en Colombia, albergando la capital y alrededor
de 20 centros urbanos que en conjunto concentran cerca del 20% de la población del país.

El objetivo de este trabajo es presentar un esquema estructural de la Sabana de Bogotá,


centrándose en la cubierta de depósitos cuaternarios ampliamente distribuidos en la región,
considerando la complejidad tectónica reflejada en el intenso fracturamiento de las rocas
aflorantes. Se utilizó una visión regional del área de estudio a partir de imágenes Landsat
TM procesadas digitalmente y se interpretaron lineamientos geológicos con énfasis en una
escala de 1:100,000.

Los lineamientos interpretados fueron corroborados con la cartografía de campo existente


en INGEOMINAS, especialmente del estudio realizado entre 1989 y 1993, junto con
registros litológicos de pozos y sondeos geo eléctricos verticales que permiten una
interpretación confiable hasta los 500 m de profundidad en la Sabana. Se logró una densa
red de puntos que facilitó la definición de los lineamientos trazados a nivel de fallas,
descartando otros considerados solo como fracturas.

En cuanto al marco tectónico, la Cordillera Oriental de Colombia es el resultado de


complejos procesos sedimentarios y tectónicos, con unidades sedimentarias del Cretácico
Paleógeno dispuestas en sinclinales y anticlinales, algunos invertidos, con ejes en sentido
NE. Las rocas de estas unidades están fracturadas y desplazadas por fallas, principalmente
de cabalgamiento con dirección al NE, en concordancia con la deformación de los Andes
del Norte.
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La región de la Sabana presenta una combinación de mecanismos tectónicos como


tectónica de zócalo, holocenosis, gravedad y erosión, formando sinclinales amplios y
anticlinales estrechos con pliegues tumbados, replegamientos e inyección salina. Los rasgos
tectónicos principales en los alrededores de la Sabana de Bogotá tienen una dirección NE,
pero también se reconoce la importancia de fallas en sentido NW según diversos autores.

MARCO TECTONICO.

La Cordillera Oriental de Colombia es el resultado de complejos procesos sedimentarios y


tectónicos, incluyendo la propuesta de un origen transgresivo según Kammer (1999). Estos
procesos son difíciles de interpretar, especialmente cuando espesos depósitos cuaternarios
cubren las unidades litológicas, como ocurre en la Sabana de Bogotá. En la parte central de
la Cordillera Oriental, se encuentran unidades sedimentarias del Cretácico y Paleógeno
dispuestas en amplios sinclinales y estrechos anticlinales, algunos invertidos, con ejes en
sentido NE. Estas unidades rocosas están fracturadas y sus contactos desplazados por fallas,
principalmente de cabalgamiento, con dirección predominante al NE, en concordancia con
la tendencia principal de deformación de los Andes del Norte.
Julivert (1963) describe la región de la Sabana como un área donde se desarrollan
mecanismos de tectónica de zócalo, holocenosis, gravedad y erosión, formando sinclinales
amplios y anticlinales estrechos, asimétricos, con pliegues tumbados, replegamientos,
inyección salina y discordancias angulares.

Los principales rasgos tectónicos conocidos en los alrededores de la Sabana de Bogotá


tienen una dirección NE y se distinguen en los Cerros Orientales de la Sabana y en los
escarpes que la bordean hacia el occidente. Aunque la mayoría de trabajos se han centrado
en esta dirección de fallamiento y plegamiento, algunos autores como Gómez (1985 y
1991), Reyes (1993) y Ujueta (1993) han destacado la importancia de fallas en sentido NW.
Autores como Caro et al. (1996) también atribuyen movimiento de rumbo a las fallas en
dirección NW.
Camargo (1995) coincide con la idea de un estilo tectónico de despellejo de piel delgada
para la parte central de la Cordillera Oriental, asociando los pliegues NE de los alrededores
de la Sabana con fallas de cabalgamiento que tienen vergencia al NW y SE.
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Figura 1. Mapa geológico de la sabana de Bogotá (INGEOMINAS,1999)

Figura 2. Red de pozos y sondeos eléctricos verticales utilizados para la interpretación tectónicos.
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Vergara et al. (1996), en su participación en el estudio de Microzonificación Sísmica de


Santa Fe de Bogotá realizado por INGEOMINAS y la Universidad de Los Andes en 1997,
reconocen la presencia de fallas NW con movimiento de rumbo sinestral. En su
investigación, presentan las características neotectónicas de las fallas activas identificadas
en un área de 200 km alrededor de Bogotá.

ESQUEMA ESTRUCTURAL DE LA SABANA DE BOGOTA.

El esquema estructural presentado en la Figura 3 complementa la cartografía conocida y


sugiere la existencia de fallas bajo la cubierta cuaternaria, las cuales podrían influir en el
comportamiento hidrogeológico. El impacto reciente de estas fallas en los depósitos
cuaternarios aún requiere evaluaciones más detalladas mediante estudios de neotectónica y
geofísica. Los lineamientos interpretados en imágenes Landsat se pueden asociar con
relativa facilidad a las fallas de dirección NE, denominadas como fallas longitudinales.
Además, se identificaron lineamientos interpretados como fallas en sentido NW (fallas
transversales), que no necesariamente coinciden con las propuestas de trabajos anteriores de
otros autores. Estos dos sistemas de fallas forman un patrón en la región de la Sabana, cuyo
análisis se detalla a continuación.
FALLAS LUNGUITUDINALES

En general, las fallas en sentido NE en la Cordillera Oriental de Colombia se han


interpretado como de cabalgamiento y retro cabalgamiento, asociadas con el estilo
estructural de escama delgada. Autores como Camargo (1995) coinciden en localizar la
zona de despegue en las rocas del Cretácico Inferior, con posibles depósitos salinos
involucrados. Diversos modelos evolutivos, como los de Colletta et al. (1990), Dengo &
Covey (1993), y Cooper et al. (1995), concuerdan en la complejidad del estilo tectónico que
originó la Cordillera Oriental, sugiriendo una fase de inversión tectónica donde las fallas
normales se convirtieron en inversas durante el levantamiento de la cordillera,
principalmente durante el Mioceno y Plioceno.

Mantilla (1998) resume diferentes artículos que abordan estos aspectos y los grados de
acortamiento durante la orogénesis de la Cordillera Oriental, estimando un acortamiento
mínimo de 63 km a lo largo de la sección transversal que pasa por la Sabana de Bogotá. Las
fallas longitudinales en la región de la Sabana han sido fundamentales para proponer y
explicar estos modelos, caracterizándose como fallas inversas con distintos ángulos de
inclinación, en su mayoría de cabalgamiento, y con dirección de transporte tectónico al SE
y NW.

Se plantea que las fallas como la de Bogotá, que limitan los Cerros Orientales de los
depósitos cuaternarios de la Sabana, podrían interpretarse como fallas de retro
cabalgamiento, al igual que las que conforman los escarpes occidentales de la Sabana y las
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que flanquean los Cerros de Tabio-Tenjo, Cota y Suba. Estas fallas podrían representar los
movimientos más significativos de la cordillera. Otra interpretación posible es que sean
fallas inversas con algún componente de rumbo, producto de una tectónica de transpresión.

Vergara (1997) identifica indicios de neotectónica en la Falla de Bogotá, aunque la


incertidumbre de estos indicios dificulta catalogar con certeza la actividad de la falla,
requiriendo estudios detallados y especializados. Hacia el sur de la Sabana, se identifican
las fallas del río Tunjuelito y de La Cajita con una orientación similar al NE.

Figura 3. Esquema estructural de la sabana de Bogotá. Muestra las fallas longitudinales y transversales que afectan
principalmente las rocas cretácica y paleógenas.

Las fallas del río Tunjuelito y de La Cajita se consideran potencialmente activas y activas
respectivamente. Acosta & Hernández (2000) evidencian rasgos de actividad neotectónica
en los alrededores de la población de Pasca, especialmente en el caso de la Falla La Cajita.
La interacción de los movimientos de estas fallas hacia el SE y NW ha dado forma a las
alturas y depresiones topográficas que se extienden longitudinalmente en la Sabana en
dirección NE y N. Se ha observado que esta interacción de las fallas ha provocado un
relativo máximo abatimiento topográfico entre los cerros de Cota y Tabio-Tenjo (Cuenca
del Chicú) y su correspondiente bloque hacia el sur, donde se han detectado espesores de
más de 500 m en los depósitos.
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Los cerros de Suba, Cota y Tabio-Tenjo muestran una culminación topográfica abrupta
hacia el SW, desapareciendo bajo los depósitos cuaternarios en la parte central de la
Sabana. Sin embargo, las fallas que delimitan longitudinalmente el Cerro de Tabio-Tenjo
continúan hacia el sur (Fallas de Madrid y Mosquera) bajo la cobertura de depósitos no
consolidados, manteniendo su comportamiento tectónico para formar cuñas, donde las
unidades del Cretácico y Paleógeno se detectan a diferentes profundidades. Asimismo, las
fallas longitudinales que se originan en el Cerro de Cota continúan bajo la cobertura
cuaternaria, conectándose con la Falla de Bogotá al sur, como en el caso de la Falla de El
Dorado, o la Falla de El Porvenir, que finaliza abruptamente contra un rasgo transversal.
Entre las fallas de Mosquera y El Porvenir, bajo los depósitos cuaternarios, se observa un
comportamiento similar al de la cuenca del río Chicú, explicando los espesores máximos de
no consolidados encontrados bajo Funza.
FALLAS TRANSVERSALES

Las fallas transversales son un aspecto que puede generar controversia en la discusión sobre
la tectónica de la Sabana de Bogotá, ya que no todos los autores coinciden en sus trazos y
mecanismos tectónicos. En este contexto, se considera importante el control de las fallas
transversales según las ideas de Gómez (1985 y 1991) y Reyes (1993) en cualquier
esquema tectónico propuesto para la Sabana de Bogotá. Se atribuye a la mayoría de estas
fallas un movimiento de rumbo y la formación de bloques tectónicos transversales, que
pueden subdividirse por fallas longitudinales. También se reconoce que en algunos sectores
de la Sabana, las fallas transversales pueden estar asociadas a fallas longitudinales y actuar
como rampas laterales de los cabalgamientos.

En el norte de la Sabana, destaca la Falla El Salitre, que afecta los Cerros Orientales,
controla el valle del río Teusacá, y se extiende hacia el norte de Pacho, siendo un rasgo
regional prominente. Varios autores coinciden en que se trata de una falla de rumbo con
desplazamiento sinestral.

Por otro lado, la Falla Río Bojacá, al sur, se dirige al SE desde el sur de Facatativá,
controlando en parte el curso del río Tunjuelito. Se considera que esta falla marca un límite
de la depresión que originó la Sabana, presentando un carácter complejo pero característico
de rumbo sinestral, con fallas menores sintéticas y antitéticas asociadas.

La Falla de Soacha es otro rasgo notable que converge hacia la Falla Río Bojacá en el
Páramo de Sumapaz, por lo que podría considerarse como una falla de tipo sintético
asociada al mismo sistema de rumbo.
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Figura 4. Cortes geológicos esquemáticos de la Sabana de Bogotá. (Exageración vertical con fines

hidrogeológicos).

Las fallas asociadas al rasgo principal del río Bojacá, denominadas Sistema de Facatativá
por Vergara (1997), muestran un alineamiento con los cursos de los ríos Bojacá, Bogotá y
Tunjuelito. Según observaciones en rocas precuaternarias, se consideran potencialmente
activas. Las fallas de El Salitre y Río Bojacá son los límites transversales de acumulación
de los depósitos no consolidados en la Sabana. Entre estas dos fallas, se encuentran otras
fallas transversales que muestran interrupciones por fallas longitudinales, indicando
posibles eventos anteriores a las fallas de cabalgamiento.

La Falla Río Juan Amarillo, que limita al sur el Cerro de Suba y controla el curso del río,
es identificada por Lobo-Guerrero (1996) como la Falla de Los Lagartos, asociada con
desplazamiento lateral relacionado con el cabalgamiento de fallas NE. También se
menciona la Falla de Usaquén, que afecta los cerros orientales y continúa bajo los depósitos
no consolidados hacia la parte media del Cerro de Suba, siendo considerada potencialmente
activa.
La Falla Río Juan Amarillo forma parte de lo que Gómez (1985) llama la Falla Transversal
del Norte, con trazos que no coinciden totalmente con los atribuidos por otros autores. En
cuanto a la Falla San Cristóbal, su continuidad difiere de las sugerencias de Caro et al.
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(1996) y Gómez (1985), presentando segmentos cortados por fallas longitudinales en los
cerros orientales y culminando en la Falla El Porvenir.
En este contexto, se menciona la Falla Facatativá, un segmento orientado NWW que
atraviesa la localidad, partiendo desde el sistema de fallas de rumbo del Río Bojacá hasta la
Falla Madrid. Esta falla actúa como límite transversal de diferentes espesores de depósitos
no consolidados en la región, con aproximadamente 300 m al sur y más de 500 m al norte.

IMPLICACIONES HIDROGEOLOGICAS

La interacción de los sistemas de fallas en la Sabana de Bogotá forma bloques tectónicos


que influyen en el sistema de agua subterránea. La configuración de los depósitos no
consolidados del Neógeno-Cuaternario varía según las condiciones estructurales
establecidas por las fallas longitudinales y transversales. Estas fallas juegan un papel
crucial en la conformación del paleo relieve, estableciendo contactos fallados entre las
formaciones del Cretácico y Paleógeno. La distribución de estas rocas determina una
relación hidráulica entre los complejos acuíferos del Grupo Guadalupe y los depósitos del
Neógeno-Cuaternario, especialmente en el occidente de la Sabana y en la cuenca del río
Chicú.

Las diferencias topográficas significativas entre la zona de recarga del complejo acuífero
Guadalupe y la parte plana de la cuenca generan sistemas de agua subterránea de alta
presión que contribuyen a la alimentación de los acuíferos del Neógeno-Cuaternario. Las
fallas de cabalgamiento pueden actuar como barreras o sellos, aislando las zonas de
recarga, mientras que las fallas transversales pueden tener un carácter distintivo y ser
excelentes conductores para la recarga de acuíferos, especialmente en áreas de intenso
fracturamiento.

En los Cerros Orientales, la Falla de Bogotá actúa como barrera para la recarga de los
acuíferos de la Sabana, mientras que las fallas transversales favorecen la recarga,
especialmente aquellas que tienen continuidad bajo la cobertura hacia el NW. Las aguas
termominerales asociadas a las fracturas de los Cerros Orientales y el cerro de Tabio-Tenjo
también son relevantes. Las fallas de rumbo principales, como la Falla El Salitre, también
favorecen la recarga, especialmente en áreas con alta precipitación. Sin embargo, la baja
precipitación en áreas como Soacha puede ser una desventaja para la recarga de los
acuíferos en esa región.

CONCLUCIONES
La interpretación de imágenes de satélite, sondeos eléctricos verticales (SEV) y registros
litológicos de pozos ha permitido obtener un esquema estructural detallado de la Sabana de
Bogotá. Las fallas longitudinales con orientación al NE se identifican como cabalgamientos
y retro cabalgamientos, creando alturas y depresiones topográficas en la misma dirección.
Estas fallas también pueden manifestarse como fallas inversas debido a una tectónica de
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transpresión. La Cuenca del río Chicú, ubicada entre los cerros de Cota y Tabio-Tenjo, es la
depresión más profunda, donde se encuentran los mayores espesores de las unidades
consolidadas. Las fallas transversales en dirección NW se interpretan como rampas
laterales de las fallas de cabalgamiento o como fallas de rumbo.

Se han identificado rasgos de neotectónica relacionados con las fallas longitudinales como
las de Bogotá, Río Tunjuelito y La Cajita, así como con las fallas transversales como la del
Río Bojacá y Río Juan Amarillo, clasificándolas como activas o potencialmente activas. Sin
embargo, se requieren estudios detallados para confirmar su actividad. Se recomienda la
investigación en estas fallas y en la Falla El Salitre.

La interacción de las fallas longitudinales y transversales ha dado forma a un paleo relieve


con unidades cretácicas y paleógenas, posteriormente cubierto por depósitos no
consolidados del Neógeno y Cuaternario. No se observa una continuidad lateral de
unidades semipermeables del Paleógeno en la Sabana de Bogotá, lo que sugiere una
relación hidráulica entre los complejos acuíferos del Guadalupe y del Neógeno-Cuaternario
en ciertas áreas.
BIBLIOGRAFIA

https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistaboletindegeologia/issue/view/403

https://choconta.wordpress.com/wp-
content/uploads/2007/12/informe_geologia_sabana_bta.pdf

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