0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas32 páginas

Unidad 2 - Estado y Gobierno

El Estado es una organización política compleja que se define por su pueblo, territorio y poder, y su conceptualización varía según la ideología de quien lo analice. Históricamente, el Estado moderno surge en la Edad Moderna en Europa y ha evolucionado a lo largo del tiempo, destacándose su carácter soberano y la distinción entre población y pueblo. Los elementos esenciales del Estado son el pueblo, que representa la comunidad política; el territorio, que proporciona el espacio físico; y el poder, que es la capacidad de ejercer autoridad y mando sobre el pueblo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas32 páginas

Unidad 2 - Estado y Gobierno

El Estado es una organización política compleja que se define por su pueblo, territorio y poder, y su conceptualización varía según la ideología de quien lo analice. Históricamente, el Estado moderno surge en la Edad Moderna en Europa y ha evolucionado a lo largo del tiempo, destacándose su carácter soberano y la distinción entre población y pueblo. Los elementos esenciales del Estado son el pueblo, que representa la comunidad política; el territorio, que proporciona el espacio físico; y el poder, que es la capacidad de ejercer autoridad y mando sobre el pueblo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 32

TEORÍA POLÍTICA- TRAB. SOCIAL.

FACSO-UNSJ
UNIDAD III

ESTADO
Como hemos visto, los seres humanos vivimos en relación con otras personas, nos
congregamos en sociedad y creamos instituciones cuyas organizaciones se van
complejizando. El ESTADO es una de esas organizaciones por excelencia, con
características determinadas que tiene preponderancia en el mundo moderno.
Las maneras de concebir y conceptualizar al Estado son múltiples y siempre están
ceñidas de la ideología política de quien da el concepto. Es así que, un autor lo
puede definir simplemente como un aspecto de la sociedad, que se distingue de
ésta sólo en forma analítica; mientras que otro autor puede decir simplemente que
es un sinónimo de gobierno. Hay autores que piensan que es una asociación aislada
y única entre un número considerable de otras asociaciones, de instituciones tales
como la Iglesia, los sindicatos, etc. Algunos consideran el Estado como la
representación del espíritu moral, su expresión concreta; otros como el instrumento
de explotación usado por una clase contra las otras.
El vocablo “Estado” lo introduce Maquiavelo en su libro “el príncipe” en 1513 (siglo
XVI).
La pregunta ¿qué es el Estado? debe ser formulada independientemente para cada
una de las disciplinas científicas -Ciencias del Derecho, Sociología, Ciencia Política,
Historia, etc.-, que se refieran al Estado desde uno u otro punto de vista.
Es más, dentro de una misma disciplina -como ocurre en el caso de la Teoría
Política- puede ser necesario distinguir entre los diversos significados en que la
palabra es usada.
Modernamente, Carré de Malberg (1988) lo define como “una comunidad humana,
fijada sobre un territorio propio, que posee una organización que resulta para ese
grupo, en lo que respeta a las relaciones con sus miembros, una potencia suprema
de acción, de mando y coerción”.
Entonces como vemos existen muchas conceptualizaciones acerca del Estado pero
nosotros, desde la cátedra y con el mero fin de simplificar en un primer momento el
concepto vamos a decir que “Es la forma moderna de organización política”.

El Estado como concepto histórico


Allí donde ha existido una comunidad, siempre ha habido alguna forma más
o menos organizada de poder, ejercido sobre la población (nosotros
preferimos hablar de pueblo) de esa comunidad, que habitualmente ocupa
un determinado territorio. Pero la forma de organización y manifestación de
ese poder sobre ese pueblo y territorio ha sido muy diferente en los diversos
momentos históricos o espacios geográficos. A pesar de ello, a veces se
emplea el término Estado en un sentido muy amplio para referirse a
cualquier forma de organización política conocida históricamente, y así se
habla a veces del “Estado helenístico”, del “Estado romano” o incluso del
“Estado feudal”, por ejemplo. Pero este sentido es demasiado genérico y
ambiguo, e incluye formas de organización cuyas características son
claramente diferentes. Y sobre todo, parece ocultar las características
propias que hacen que el Estado, en sentido moderno, constituya una forma
de organización política específica y novedosa respecto a las conocidas
anteriormente.
Por ello, resulta preferible la utilización del término Estado en un sentido
más estricto para referirse a una forma concreta de organización política
que en ocasiones, para distinguirla de otras anteriores, suele denominarse
“Estado moderno”. Así puede definirse el Estado como la concreta e
histórica forma de organización política del pueblo sobre un territorio, que
surge en la Edad Moderna en Europa y se extiende y desarrolla
posteriormente. Con este significado se destaca el carácter indudablemente
histórico del Estado, que se configura así como un fenómeno que nace en
un momento dado, evoluciona, y tal vez en algún momento sea sustituido
por otra entidad política diferente. Aunque, desde luego, ninguno de estos
cambios suele producirse de forma súbita, sino que más bien son fruto de
un conjunto de factores que requieren un cierto desarrollo temporal. En
cualquier caso, su origen suele situarse —con los antecedentes y los
factores causales que pueden encontrarse en la Baja Edad Media— en el
Renacimiento, y desde entonces sufre modificaciones muy significativas
fruto de su evolución secular, entre las cuales hay que destacar las
producidas como consecuencia de las revoluciones francesa y
estadounidense, que dan origen a lo que podemos de- nominar “Estado
constitucional” o Estado contemporáneo. Pero puede considerarse que el
Estado como entidad histórica surgida en la Edad Moderna se mantiene,
con las alteraciones sufridas en la Edad Contemporánea, hasta nuestros
días, si bien desde hace ya tiempo empieza a vislumbrarse la crisis de
algunos de sus elementos considerados en otro momento esenciales. Y es
que, como toda forma histórica, nació, se desarrolló y seguramente en algún
momento le llegue su fin.

Los elementos del Estado


Es tradicional distinguir tres elementos en el Estado:
a) El Pueblo
b) El Territorio
c) EL Poder
Y, sin duda, en la propia defini-ción antes apuntada están presentes
todos ellos, ya que el Estado es la organización de un poder político
que se ejerce sobre un pueblo en un territorio determinado. Pero en
realidad estos elementos están de algún modo presentes en toda
forma de organización política, de manera que esta idea parece
aplicable al concepto amplio de Estado al que antes nos referíamos.
Sin embargo, el Estado en sentido estricto —el Estado moderno—
posee unos perfiles específicos que lo diferencian netamente de las an-
teriores formas de organización política. Se trata, por tanto, de buscar
la característica especial que permite singularizar los tres elementos
mencionados en el Estado moderno.
a) El Pueblo o Nación
Un Estado supone un grupo de hombres, pueblo o nación, que hacen historia que
luchan por sobrevivir, por mejorar sus condiciones de existencia y que cooperan en
la realización de los valores humanos a los que hacen revivir en los momentos más
cruentos de las grandes crisis. Es así que el pueblo queda considerado como,
elemento esencial en la definición del Estado.
“Por pueblo”, en la acepción que a nosotros nos interesa, se entiende la multitud de
personas que componen un Estado. El Estado, como toda otra forma de sociedad,
necesita ante todo cierto número de individuos. La vieja discusión sobre el número
de individuos necesarios como mínimo para formar un Estado, carece de valor
científico. En algunos autores hallamos consignados criterios numéricos, pero son
puramente empíricos e inadmisibles racionalmente. Científicamente sólo podemos
decir que es necesario un número de hombres suficientemente grande como para
permitir a la multitud una organización completa y una vida autónoma,
independiente de los poderes externos; porque el Estado tiene esencialmente el
carácter de la autarquía, esto es, debe bastarse a sí mismo. Un número restringido
de individuos podrá formar una familia o a lo más, un “clan” (grupo gentilicio), pero
el Estado supone una mayor diferenciación, una distribución orgánica de las
funciones que asegure de modo estable y definido el desenvolvimiento de la vida
humana en todas sus formas y garantice la autonomía de la misma. La multitud de
hombres que constituyen un Estado es variable, sin que por esto se altere su
personalidad; el Estado subsiste no obstante el alterarse y el sucederse de las
generaciones y el aumento o disminución de sus componentes. Esto comprueba
que el Estado no es la simple suma de individuos, sino un ente nuevo 13.
Es habitual que las palabras pueblo y población se usen como sinónimos; sin
embargo, tal costumbre es una confusión terminológica. Mario Justo López intenta
superar el equívoco en los siguientes términos: “Desde el punto de vista jurídico la

13
Del Vecchio, Giorgio, “Filosofía del Derecho”, Ed. Bosch, Barcelona, 1942, p. 386
distinción entre población y pueblo puede ser hecha con mayor precisión, aunque
no siempre ocurre así. En principio, la distinción radica en la diferencia de status
jurídico entre los integrantes de uno y otro grupo. Así, la población es un conjunto
humano muy abarcador -el conjunto de hombres (incluyendo a las mujeres)-, cada
uno de cuyos integrantes es titular de derechos y, obligaciones civiles. En cambio
el pueblo es un conjunto humano menos abarcador -el conjunto de ciudadanos-,
cada uno de cuyos integrantes es titular no sólo de derechos y obligaciones civiles,
sino también de derechos y obligaciones políticas. En este sentido el pueblo es
también sólo una parte de la población y designa al conjunto de seres humanos que
tienen un determinado status jurídico. Sin embargo, aun con este criterio, que
permite diferenciar con precisión población y pueblo, este último vocablo suele ser
utilizado con un sentido más o menos amplio, según corresponda a ‘todos los
ciudadanos’ o solamente a los 'ciudadanos con derecho a voto’. En el último caso,
pueblo es sinónimo de “cuerpo electoral’14.
Admitiendo que el vocablo pueblo indica propiamente la multitud de componentes
del Estado, en cuanto que está ligado por el vínculo político, queda por determinar
si además del vínculo político, o también sin él, existen otros vínculos naturales de
comunidad. En esta línea de investigación desembocamos inevitablemente en el
concepto de nación.
La idea de nación es relativamente moderna. En un sentido amplio comienza a
vislumbrarse en el Renacimiento y llega a su plenitud con la Revolución francesa y
con las revoluciones de los siglos XIX y XX.
Así, con anterioridad al Renacimiento existía un lazo o vínculo universal, el cristiano;
y, al lado de éste, existía una serie de lazos particulares que caracterizaban a cada
grupo social. Se denominaban lazos de naturaleza, vínculos del vasallaje, de
fidelidad, de servidumbre, de ciudadanía. Pero, en todo caso, no existía este sentido
de nacionalidad, que aparece en el Renacimiento y sólo con cierta nitidez en países
occidentales de Europa, corno España, Francia e Inglaterra.
De todas formas, durante toda la edad moderna las naciones son meros fenómenos
culturales, cuyo sentido integrador político descansa exclusivamente en la persona
del Rey. El Rey era el promotor del vínculo unitivo entre los pertenecientes a todo
el grupo estatal; las fiestas que hoy se denominan nacionales eran las fiestas de la
familia real. La bandera nacional era la bandera personal del rey. Es más, en esta
época se observan fenómenos totalmente inconcebibles en la actualidad. Por
ejemplo, el Príncipe de Condé se pasa a las filas españolas, sin que ello suponga
desdoro para su persona. Aun en plena Revolución francesa, se sienta en los
escaños de la Constituyente un extranjero, el famoso liberal inglés Tomás Payne.
La Revolución francesa es el fenómeno que le da toda la carga pasional al concepto
de nación. Hace aparecer el concepto de nación ligado al de la libertad y progreso.

14
“Introducción a los Estudios Políticos”, Ed. Kapelusz, Buenos Aires, Tomo I, p. 323
En nombre de la Revolución se hace caer la cabeza de Luis XVI para traspasar lo
que hasta entonces era la soberanía real al pueblo, con lo que surge el nombre de
soberanía nacional. Se crea en Francia una fiesta nacional (la del 14 de julio, a
diferencia de la fiesta, de san Luis, de los Borbones); se crea la bandera nacional
tricolor, frente a la blanca bandera real de la flor de lis. Surge el himno nacional, la
Marsellesa, que aparece con un carácter enfervorizador de las masas antes
desconocido. Todo pretende nacionalizarse a través de la Revolución francesa y,
efectivamente, Napoleón es el gran soldado de la nacionalidad; pasea a la nación
francesa con las armas en la mano por toda Europa y contagia de nacionalismo a
todos los pueblos que atraviesa.

b) El territorio
El grupo humano requiere un suelo donde desplazarse, del cual recibir los alimentos
vitales, donde edificar su albergue y, en fin donde enterrar sus muertos. El territorio
es para la nación o pueblo lo que el hogar para la familia. Sin una tierra que se
sienta propia, que se deriva y cultive, no puede existir un Estado soberano. Este es,
pues, el segundo elemento esencial y de definición del Estado: el territorio.
En tanto que la comunidad política puede concebirse sin la sedentariedad (tribus
nómadas) y no es incompatible con toda una trabazón de soberanías feudales
(Europa Medieval), la forma particular de la misma que constituye el Estado supone
necesariamente un territorio estable (consecuencia de la sedentariedad) y
excluyente de cualquier otra soberanía lateral, y por tanto limitado de un modo
preciso por unas fronteras indiscutibles23.
¿Cuál es el espacio geográfico a que se hace referencia al hablar de territorio?
Comúnmente se admite que el territorio del Estado comprende el suelo, el subsuelo,
el espacio aéreo, algo de mar.

c) El poder
En los hombres, toda unidad de fines necesita una voluntad. Esta voluntad que ha
de cuidar de los fines comunes de la asociación, que ha de ordenar y ha de dirigir
la ejecución de sus ordenaciones, es precisamente el poder de la nación. Por esto,
toda asociación, por escasa fuerza interna que posea, tiene un poder peculiar que
aparece como una, unidad distinta de la de sus miembros 40.
En su acepción más amplia, la palabra poder equivale a la "facultad de hacer”,
“aptitud para ejecutar algo”. Por lo mismo, la voz poder se asocia inevitablemente
con la idea de energía, fuerza, pujanza.

23
Coste, René, “Las Comunidades Políticas”, Ed. Herder, Barcelona, 1971, p 106.
40
En el presente párrafo nos ocupamos de estudiar el poder sólo como elemento o condición de existencia del Estado,
reservado para el Tomo II de este Manual el análisis de otros aspectos de este tema central de la teoría política.
El poder estatal, que es uno sólo, se estructura en órganos: legislativo, ejecutivo y judicial,
a cada uno de ellos se le asigna una función (legislativa, administrativa y jurisdiccional), con
modalidades y excepciones.
El concepto de poder del Estado se define como un sistema de relaciones entre
gobernantes y gobernados, que se establece por leyes. Según este poder,
el Estado obtiene facultades para mandar y atribuciones para hacerse obedecer.
Características del Poder estatal.

¿Cuáles son las características del poder estatal en la sociedad


contemporánea? Aun cuando la terminología que emplean los autores suela
diferir, en lo substancial se mencionan las siguientes:

a) Soberanía.
Toda sociedad está compuesta por un conjunto completo de relaciones de
poder, de relaciones de mando y obediencia. 'Una persona es un 'haz' de
relaciones de poder; con respecto a algunas personas, será el origen de una
relación de mando; con respecto a otras, deberá obedecer. Pero hay un solo
centro de poder que genera sólo relaciones de mando y no está sometido a
obediencia alguna: el poder supremo o poder del Estado. El Estado es pues el
conjunto de relaciones de poder sometidas a un mando supremo. Allí donde
haya un mando supremo, habrá un Estado y todo Estado supone la existencia
de un mando supremo”44.

Esta característica del poder del Estado, en cuanto implica que no existe otro
superior o concurrente con él, se denomina soberanía. “La soberanía es el
carácter supremo de un poder; supremo, en el sentido de que dicho poder no
admite a ningún otro, ni por encima de él ni en concurrencia con él. Por tanto,
cuando se dice que el Estado es soberano, hay que entender por ello que, en la
esfera en que su autoridad es llamada a ejercerse, posee una potestad que no
depende de ningún otro poder y que no puede ser igualada por ningún otro
poder”45. Desde este punto de vista, la soberanía es una cualidad del poder.
"El Estado -dice Heller- es una unidad decisoria universal para un territorio
determinado y, consecuentemente, es soberano, de ahí deriva su peculiaridad.
Es posible que dos ejércitos luchen por establecer sus, respectivas soberanías
sobre un territorio determinado, en cuyo caso el jurista tendrá que aceptar la
existencia de una lucha por la soberanía, que durará hasta la terminación de la
guerra. Es en cambio imposible aceptar que sobre un mismo territorio existan

44
Carré de Malberg, ob. Cit. P. 26.
45
Heeller, Hermann, “La Soberanía”, Ed. Universidad Autónoma, México, 1965, p. 214.
dos unidades decisorias supremas; su existencia significaría la destrucción de la
unidad del Estado y su consecuencia sería el estallido de la guerra civil” 46.
La cualidad del poder del Estado a la que nos venimos refiriendo se
denomina comúnmente en doctrina soberanía del Estado para diferenciarla de
la soberanía en el Estado, que concierne a la cualidad del órgano jerárquico
superior, tema al cual nos referiremos al estudiar la teoría del gobierno.
En síntesis, la “soberanía del Estado” presenta como elementos distintivos:
a) Supremacía en tanto no hay otro grupo humano, entre la población del Estado,
de mayor jerarquía, o sea, que el Estado no debe obedecer a nadie ni a nadie
cuenta de las propias decisiones ni de los propios actos; b) dominación en
cuanto el Estado debe ser obedecido por toda la población que habita Su
territorio. Este doble aspecto negativo, por una parte, y positivo, por la otra, y
que se proyecta sobre el interior, suele llamarse soberanía interna; y c) calidad
de independencia, en cuanto no hay otro grupo humano -Estado o no- entre los
grupos extraños a la población del, Estado, al que este último deba obedecer o
rendir cuentas. Este. aspecto -negativo- que se proyecta hacia el exterior es
llamado por algunos soberanía externa47.
Luego abordaremos el tópico, pero parece necesario puntualizar desde ya
que, aun cuando el poder estatal se presenta como supremo y dominante, él es
también limitado, por cuanto en la sociedad contemporánea aparece
inevitablemente vinculado al derecho.

b) El poder del Estado es temporal.

“Mi reino no es de este mundo”. “Dad al César lo que es del César y a Dios
lo que es de Dios”. Estos dos textos evangélicos -dice André Hauriou-
establecen una demarcación entre el dominio espiritual que es el gobierno de
las almas, realizado con ayuda de los medios espirituales, y el dominio temporl,
que es el de los intereses civiles, cuya dirección se asegura con la ayuda de
sanciones materiales. Implican igualmente una separación entre la moral y el
derecho48.
Poder temporal equivale a poder político, a poder del Estado, a poder civil,
en oposición a poder espiritual, que equivale a poder religioso. Lo temporal no
debe confundirse con lo material; el poder temporal se ocupa de los negocios y
asuntos que conciernen a la vida humana en el "tiempo", en el mundo,
abarcando muchos aspectos que no son estrictamente materiales (por ej.: la
educación, la cultura, etc.); el poder espiritual se ocupa de los asuntos que

46
López, Mario Justo, ob. Cit., Tomo I, pp. 354; 360 y siguientes.
47
Hauruio, André, “Derecho Constitucional e Instituciones Políticas”, Ed. Ariel, Barcelona, 1971, p. 141.
48
Hauriou, Maurice, ob. Cit., p. 171.
conciernen a la vida humana en su dimensión espiritual y religiosa, tanto en este
mundo, como en relación con el fin último del hombre, más allá del tiempo y del
mundo, en la vida eterna. (Bidart Campos).
Evidentemente la línea de separación entre los dos poderes es difícil
precisarla, pero se estima que contribuye a lograr una, solución ecuánime al
problema la consideración de que la decantación no implica antagonismo, sino
colaboración. “La separación de la Iglesia y del estad no es así sino un equilibrio
más armonioso, favorable a la libertad de todos, a la libertad de la Iglesia, a la
del Estado, a la de las conciencias”49.

c) Monopolio legítimo de la fuerza física:

Con singular explicitud, anota Max Weber: “En el pasado las más diversas
asociaciones, comenzando por la asociación familiar, han utilizado la violencia
como un medio enteramente normal. Hoy, por el contrario, tendremos que decir
que Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado
territorio, reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legitima.
Lo especifico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e
individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en
que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente del 'derecho' a la
violencia"50.
Sobre el particular cabe tener presente la importancia que para el nacimiento
de la forma política contemporánea, Estado, tuvo la concentración en las manos
del monarca, del Poder militar: mediante la creación de un ejército permanente
de mercenarios se independiza el monarca de la adhesión y de la fidelidad
feudal, muchas veces insegura.
Actualmente, “en ciertos aspectos, lo esencial del poder público reside en
ese monopolio de la coerción material sin la que el Estado mismo no sería sino
una forma vacía de sentido. Esto se visualiza cuando un Estado comienza a
tolerar en su territorio milicias armadas que tengan la posibilidad de hacer
ejecutar por medio de la coerción las ordenes que dan; entonces se puede decir
que el Estado está próximo a desaparecer. La Alemania de Weimar dejó así que
se disolviera el Estado republicano, al tolerar la existencia de formaciones
armadas nacionalistas"51.

49
Weber, Max, “El Político y el Científico”, Ed. Alianza Editores, Madrid, 1967, p. 84.
50
Hauriou, André, ob. Cit., p. 143.
51
Bordeau, ob. Cit., p. 249.
La Constitución de 1980, en su artículo 90 prescribe: "Las Fuerzas
dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional están
constituidas única y exclusivamente por las Fuerzas Armadas y por las Fuerzas
de Orden y Seguridad...". A su vez el articulo 92 dice: 'Ninguna persona, grupo
u organización podrá poseer o tener armas u otros elementos similares que
señale una ley aprobada con quórum calificado, sin autorización otorgada en
conformidad a ésta”.

d) Poder institucionalizado:

El Estado es el titular del poder. 'De él se hace el soporte del poder, y los
gobernantes no ejercen más que por delegación las facultades que implica. El
poder se divide entonces entre un titular que es el Estado y agentes de ejercicio
que son. los gobernante!?'. En las líneas transcritas se encuentra sucintamente
planteada la concepción del poder institucionalizado que pretende, según
Burdeau, reintroducir el poder en la concepción jurídica del Estado. "No, sin
duda, para hacer del Estado un instrumento de fuerza, sino para mostrar lo que
es en realidad; la forma más acabada, y a la vez la más humana del poder
político; de un poder que jamás es la simple dominación material., sino la energía
de una idea del orden social que tiende a hacer prevalecer, y en la cual
encuentra, simultáneamente, su fin y su justificación52.
De hecho, en la sociedad política contemporánea el poder estatal se ejerce
bajo formas jurídicas y la autoridad se vincula a una concepción del derecho. “El
orden político se institucionaliza en derecho. El derecho es la institucionalización
del orden. La estructura de la comunidad política se formaliza como orden
mediante el derecho y la acción organizadora del poder político se realiza
también mediante el derecho. El derecho legitima el poder en la medida en que
el poder se transforma en una institución jurídica 53.
Todos los autores coinciden en que la institucionalización del poder es un
proceso histórico. En cierta forma puede decirse que representa la culminación
o coronación de un proceso a veces fatigoso y no siempre incruento. Es más,
incluso en el presente, hay comunidades con un bajo nivel de desarrollo en
proceso de institucionalización.
Burdeau, cuyo punto de vista pasamos a extractar, distingue dos etapas
anteriores al poder institucionalizador o propiamente estatal:

52
González Casanova, ob. Cit., p. 150.
53
Burdeau, ob. Cit., pp. 244 y ss.
"El poder anónimo”. En general los etnólogos están de acuerdo en
reconocer que el anonimato del poder caracteriza a las sociedades
completamente primitivas; se encuentra, por así decir, difundido entre todos los
individuos. Las representaciones colectivas no reparan el fin social de los medios
que permitirán alcanzarlo. Cuando estas representaciones se generalizan, se
establece una costumbre y, simultáneamente, la conciencia de que debe
cumplirse. Así el poder emana del conjunto de creencias, supersticiones o de
costumbres que directamente imponen una actitud, sin que sea necesaria la
intervención de la autoridad personal del jefe. La obediencia toma la forma de
conformismo, que es el verdadero fundamento de la vida común.
"De aquí que no progresan las sociedades en que reina un poder de ese tipo.
Las iniciativas se ven paralizadas por los tabúes. El grupo subsiste. Pero se
halla a merced de los peligros interiores o exteriores que no tardarán en provocar
su desaparición.
“El poder individualizado”. Por eso, cuando la sociedad, bajo la influencia
de diversos factores abandona el estado embrionario, el impulso que la lleva
hacia el progreso, hacía un fin más refinado, es también un individuo llamado
jefe, dotado de iniciativa y de inteligencia que sabrá salvar el poder de la parálisis
del anonimato. No se modifica su esencia fundamental, pero a partir de ese
momento toma forma humana.
La fase del poder individualizado corresponde a la gran combinación de
pueblos sobre cuya base se formaron las sociedades nacionales. No ha
concluido, por lo demás, puesto que la vemos continuarse en las sociedades de
África y del Medio Oriente, en que a pesar de las apariencias que proporciona
una copia de las instituciones estatales, es el jefe -y en virtud de un titulo que él
mismo se ha otorgado- quien orienta el destino del grupo. Es que en efecto el
Poder no se individualiza verdaderamente sino a partir del momento en que se
intensifica el ritmo vital de la colectividad y en que una voluntad creadora es
capaz de contrabalancear el ascendiente de la costumbre”.
Admite Burdeau que el poder individualizado no se presenta en todas las
partes y en toda época bajo formas rigurosamente Idénticas entre el jefe indio,
el cabecilla de una banda durante las' invasiones bárbaras y el señor feudal
existe una infinita variedad de matices. Sin embargo, todas estas formas de
mando tienen un rasgo común, quien ejerce el poder sólo debe su superioridad
a las cualidades individuales (el más fuerte, el más rico, el más hábil, el más
afortunado, etc.). Resulta de ello que en su forma individualizada el poder se
confunde con quien lo ejerce. El jefe no es el agente del poder, es el poder. En
tales condiciones, las relaciones de autoridad a obediencia no van más allá de
las relaciones de hombre a hombre; la jerarquía política es personal, pero no es
institucional.
Entre los inconvenientes del poder individualizado, Burdeau anota, en primer
lugar, la reticencia del espíritu humano para concebir el poder como un simple
fenómeno de fuerza. 'Cuando la sensibilidad se hace más exigente, los
individuos experimentan una satisfacción cuando pueden decirse que no
obedecen al hombre sino a lo que él representa”.
Luego señala el profesor francés la dificultad de hacer admitir la coincidencia
entre la voluntad del jefe y las exigencias del orden social deseable. “Aparte de
que muchos ejemplos de ceguera o de egoísmo de los dirigentes prueban que
la preocupación por el bien colectivo no es necesariamente su preocupación
exclusiva, existe una desproporción entre la obra que postula la realización del
orden deseado y la duración de la potestad del jefe”.
Junto a estos defectos que sobre todo se advierten en el plano espiritual, el
poder individualizado presenta otros que afectan al ordenamiento práctico de la
vida colectiva. Y en especial no se da ninguna solución al problema de la
legitimidad. Se sabe quién manda, pero no quién tiene el derecho de mandar.
O, mejor dicho, ese derecho no aparece sino cuando quien lo ejerce ha sabido
apropiárselo. Pero la misma forma en que se afirma ese derecho prueba su
incertidumbre. Si el jefe debe ante todo imponer su título con las armas en la
mano o si se le reconoce ese título en virtud de una cualidad destinada a
desaparecer con él. Sí la victoria lo consagra, si un fracaso lo elimina
definitivamente, es que el derecho de mandar reside en su persona. Así,
mañana la suerte puede sonreír a otras personas, puede triunfar una fuerza más
grande y el derecho de mandar integrará el botín del vencedor ... La
incertidumbre de las sucesiones es tanto más intolerable cuanto la unidad del
grupo es más perfecta.
Finalmente, el poder individualizado presenta el grave riesgo de la
arbitrariedad. "Existe arbitrariedad cuando quien tiene la autoridad se
despreocupa del fin de la regla social para perseguir sus fines personales ... Si
el poder es para él una prerrogativa personal, nada se opone a que lo utilice
como mejor le parezca: como propietario del poder, no se le podría negar la
posibilidad de disponer de él a su arbitrio, so pena de incurrir en una
contradicción".
El advenimiento de la etapa del poder institucionalizado a la cual ya hemos
hecho referencia, marca el momento en que se perfila una nítida distinción entre
el poder y los gobernantes: 'La institucionalización del poder es la operación
jurídica por la cual el poder político es transferido de la persona de los
gobernantes a una entidad abstracta: el Estado. El efecto jurídico de esta
operación es la creación del Estado como soporte del poder,
independientemente de los gobernantes.


Burdeau, Georges, “Traité de Science Politique”, Librairie Genérale de Droit et de Jurisprudence, París 1949, Tomo II, p.
313.
En esta etapa queda claramente decantado que los gobernantes “no son el
poder, sino que meros agentes del poder”. El poder se objetiva, esto es, se
emancipa de las personas concretas que mandan y obedecen y se
institucionaliza en la organización del Estado, mediante un conjunto de normas
que regulan cómo se accede al poder, como se distribuyen las facultades que
comprende, por qué procedimientos se ejerce y con qué límites se actúa.
Como dice Sánchez Agesta, este poder institucionalizado se regula por el
derecho (Derecho Constitucional), que determina quién, cómo y con qué límites
ha de ser ejercido. El poder adquiere así en el Estado una forma específica de
legitimación en cuanto es poder que se ejerce como un derecho, fundado en el
derecho positivo existente que atribuye a determinadas agencias de decisión
competencias especificas, regula sus, procedimientos y sus limites. Así es como
el poder se independiza de las personas concretas que lo ejercen, esto es, se
institucionaliza.
Esta institucionalización hace del poder un elemento jurídico del orden
constitucional. Es poder organizado mediante normas jurídicas, que regulan la
sucesión y la participación en el poder y delimitan su esfera y su orden 54.
Debe tenerse presente, sin embargo, que aunque el derecho atribuye y
delimita el poder y en cierta medida lo legitima como un “derecho a mandar”,
esta institucionalización jurídica no agota el tema de la legitimación del poder 55.
El mismo Burdeau y muy particularmente Duverger, han distinguido una
cuarta etapa en la evolución del poder: la del poder personalizado. Según estos
autores, se trataría de una cierta involución, ya que el gobernante recobra un
carácter personal sin salirse aparentemente del marco institucional.
El gobernante sabe que es un simple detentador del poder estatal, pero se
comporta en el ejercicio del mismo como si fuera realmente el poder.
Diversos son los factores que hacen emerger este fenómeno en la sociedad
contemporánea, pero el de mayor gravitación dice relación con una
característica de la psicología de las masas: prefieren obedecer al individuo y no
a su título. La creencia en las instituciones es propia de una cultura abstracta y
legalista.
Sobre el particular cabe tener presente que fueron los partidos fascistas los
primeros en desarrollar el culto del líder, considerado como persona y no como
ocupante de un cargo. “Mussolini siempre tiene razón”, solían decir los fascistas.
Los nazistas fueron más lejos y forjaron toda una teoría jurídica nueva, la de la
Führung (caudillaje), para justificar y explicar la soberanía de Adolfo Hitler.
Posteriormente, los partidos comunistas acabarían por seguir este ejemplo -por
lo menos en el caso de Stalin.

54
Sánchez Agesta, Luis, “Principios de Teoría Política”, Ed. Nacional, Madrid, 1979, p. 408.
55
El tema es abordado en el tomo II de este Manual.
Como anota Duverger, las técnicas modernas de la propaganda permiten
conferir al jefe una extraordinaria ubicuidad: su voz penetra en todas partes
gracias a la radio y televisión. Su imagen está en todos los edificios públicos, en
todas las paredes. El caso límite sería ese dictador, fruto de la imaginación de
un novelista, el "Hermano Mayor” de George Orwell, cuya voz e imagen
acompañan a cada hombre en cada instante de su vida: Big Brother, empero, no
es más que una imagen y una voz; en realidad no existe. A la postre, el poder
personal se despersonaliza: el jefe se convierte en una mera efigie, un nombre,
un mito, tras la cual otros dan las órdenes. En cierto sentido el líder se convierte
a su vez en una institución56.

Fines del Estado

Determinar si el Estado tiene algún fin, y en el caso que la respuesta sea


afirmativa, precisar en qué consiste tal fin, es un problema que ha inquietado a
los pensadores de todas las épocas.
El tema es arduo, complejo y al margen del esfuerzo de los especialistas, en
absoluto dilucidado. Para algunos tratadistas, “la cuestión en torno a los fines
que deben perseguirse con el instrumento técnico-social Estado, es una
cuestión política que cae fuera de los márgenes de la teoría general del mismo"
(Kelsen). Para otros, "el fin del Estado es un problema teleológico, que está más
allá de las fronteras del derecho" (Carro). “De la misma manera que, en las
convenciones privadas de carácter social entre hombres, no existe ningún fin
propio común, sino fines particulares varios, según la diversidad de adjuntos,
así tampoco se debe inquirir en los diversos Estados un fin objetivamente
determinado y constante” (Haler). Para los organicistas el Estado es un fin en sí
mismo, pero si se quisiera atribuírsela fines externos, éstos no serían otros que
sus propias funciones.
En la barrera opuesta, se parte afirmando que, “si el Estado existe, sin duda
que existe para algún fin. Y siendo el hombre que constituye el Estado un ser
inteligente y libre, el conocimiento más o menos exacto y reflexivo de ese fin
debe proceder a su acción que, como racional, ha de apoyarse en algún motivo
y dirigirse a algún objetivo” (Izaga). “Como toda asociación humana, también el
Estado tiene su finalidad normal. Precisamente en la comunidad estatal debe
manifestarse con singular claridad la idea teleológica, en forma de una voluntad
consciente de sus fines" (Fischbach). En todo caso, dirá Jellinek, “si se
prescinde de la idea de fin, no se puede tener una noción perfecta del Estado,
ya que se omite una característica, que es suficiente por sí misma para

56
Hemos tomado como referencia sobre este punto el ensayo de M. Duverger: “La personalización del Poder”, capítulo de
su obra “Los Partidos Políticos”, incluido en el volumen: “El Gobierno, Estudios Comparados”, Alianza Editores, Madrid, 1981,
pp. 161 y ss.
diferenciar el Estado de todas las otras formaciones que, pretenden ser sus
iguales, cuando no superarlo”.
De todas las consideraciones precedentes pareciera que se puede obtener
la siguiente conclusión: el problema del fin del Estado rebasa el campo del
derecho, pero ello no significa que el Estado carezca de fin. Es más, resulta
aconsejable indagar acerca del fin del Estado para clasificar su concepto.
Con el solo objeto de proporcionar un esquema primario de este difuso tema,
nos limitamos a describir la clasificación que distingue entre fin objetivo del
Estado y fines subjetivos del Estado.
El fin objetivo del Estado es el propio de todo Estado, esto es, la
construcción, consolidación y perfeccionamiento de la “comunidad política”.
Como dice Sampay, “solo un fin causa el verdadero orden del Estado, así como
hay una sola naturaleza humana; todo objetivo que no se encamine hacia él,
apoyándose en esta naturaleza del hombre, quita a la multitud ciudadana su
trayectoria, la desorbita, y el aparente orden que causa no es tal, sino un
deslizamiento hacia el caos”.
Desde esta perspectiva, existe un fin único para el Estado, el mismo para
todos los tiempos, que habrá de permanecer idéntico a si mismo en todas las
formas y que contiene en su unidad a los demás fines. En cierta forma coincide
con el fin que Jellinek denomina absoluto, y cuya formulación doctrinaria queda
sintetizada en la locución “bien común".
Los fines subjetivos del Estado son los propios de cada Estado, y constituyen
los contenidos muy variables del bien común. En este caso el factor histórico
tiene singular gravitación y las diversas doctrinas políticas otorgan el necesario
sustento filosófico para su formulación.
La concepción del hombre, del mundo y de la vida que se postula
determinará el alcance de los fines del Estado.

a) Fin objetivo del Estado


De acuerda con la corriente aristotélico-tomista y a menudo, también al
margen de ella, se suele afirmar que el fin propio, objetivo y necesario del Estado
es el bien común.
Se suele definir el bien común corno “el conjunto de condiciones sociales que
hacen posible y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de sus
personas"61.
Según el padre jesuita Francisco Suárez, el bien común es “un status en el
cual los hombres viven en un orden de paz y de justicia con bienes suficientes

61
Fernández V., Emilio, “Diccionario de Derecho Político”, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1981, p. 72.
para la conservación y el desarrollo de la, vida material, con la probidad moral
necesaria para la preservación de la paz externa, la felicidad del cuerpo político
y la conservación continua de la naturaleza humana 62.
En la Encíclica "Pacem in Terris”, de Juan XXIII, se dice: “Todos los individuos
y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración personal al bien
común.... La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien
común. De donde se deduce claramente que todo gobernante debe buscarlo,
respetando la naturaleza del propio bien común y ajustando al mismo tiempo sus
normas jurídicas a la situación real de las circunstancias ... No se puede permitir
de modo alguno que la autoridad civil sirva el interés de unos pocos, porque está
constituida para el bien común de todos. Sin embargo, razones de justicia y de
equidad pueden exigir, a veces, que los hombres de gobierno tengan especial
cuidado de los ciudadanos más débiles, que puedan hallarse en condiciones de
inferioridad, para defender sus propios derechos y asegurar sus legítimos
intereses”.
La Constitución Política de 1980, en su articulo 1º, incorpora a su texto el
concepto de bien común en los siguientes términos: “El Estado está al servicio
de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual
debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada
uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual
y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta
Constitución establece”. (Cap. I, Bases de la Institucionalidad, inc. 4º art. 1º.) 63.
Como se puede apreciar, todas las definiciones transcritas coinciden en
señalar que el bien común no es un mero agregado cuantitativo de bienes
individuales. Representa, conceptualmente, un bien supraindividual hacia el cual
se orienta ordenadamente el bien individual de cada uno de los miembros de la
sociedad. Entre el bien común y el bien particular no hay antagonismos, ambos
se complementan. La persona humana es, a la vez, agente y destinatario del
bien común.
Otra característica que presentan las definiciones anotadas dice relación con
los elementos que engloba o comprende el bien común: la paz, la justicia y el
bienestar.
La paz implica un orden de convivencia y de cooperación besado en una
comunidad de creencias fundamentales sobre los problemas de la sociedad, sin
perjuicio de las naturales discrepancias acerca de la aplicación de estos
principios. A través de la paz social se logran estabilidad y seguridad para el
individuo y la comunidad.

62
Citado por Mario Justo López, ob. Cit., t. I, p. 223.
63
El concepto de bien común se encuentra desarrollado en la Declaración de Principios del Gobierno de Chile, de 1974.
Pero el orden no hasta por sí mismo y debe perseguirse necesariamente la
justicia social y, finalmente, el bienestar, a fin de que todos los individuos puedan
llevar una vida digna.

b) Fines subjetivos del Estado


Todas las doctrinas -aceptando o no la locución “bien común”- admiten que
la actividad del Estado debe encaminarse a la búsqueda de lo que es “bueno” o
“útil” para la sociedad. ¿A través de qué medios se puede alcanzar lo que se
reputa “bueno” para la sociedad? ¿Cuál es el rol que corresponde al Estado en
esa tarea? Las respuestas adecuadas las han tratado de dar las doctrinas
políticas de ayer y de hoy, sin que hasta la fecha se pueda llegar a un punto
pacífico.
En gran medida el criterio que se siga depende de la, escala de valores que
se adopte, según se postulen como valor supremo la libertad, la igualdad, el
orden, el individuo, la sociedad, el Estado u otro valor.
Aun cuando el tema es desarrollado en la unidad IV, al tratar las Doctrinas
Políticas Contemporáneas, adelantamos algunos planteamientos básicos.
1) Para las doctrinas individualistas, la colectividad debe estar organizada de
modo que permita y asegure el ejercicio de los derechos inherentes a la
personalidad humana, encarnados en el individuo: la vida, la libertad, la felicidad.
En lo material, garantizar la propiedad privada, con sus complementos
inseparables, la iniciativa y la empresa privada.
El Estado se limita a supervigilar y garantizar el desenvolvimiento de aquellas
relaciones. No debe trabar el libre desenvolvimiento de las llamadas “leyes
naturales" de la economía. El Estado es un “gendarme”, cuya actividad debe
circunscribirse a mantener el orden y paz social.
El individuo es el instrumento protagónico. La sociedad le sirve; el Estado lo
protege.
Una manifestación extrema del individualismo está representada por “el
anarquismo”, que prescinde totalmente del Estado y sólo admite la actividad
colectiva para fines de carácter material, por ejemplo: la producción cooperativa
de los artículos de subsistencia.
2) Las doctrinas socialistas constituyen una respuesta contra los excesos del
individualismo liberal y acentúan la Primacía de lo social. “Aspiran a una justicia
social, con control del orden económico por parte del Estado, y a una sociedad
donde las clases sociales cooperen o colaboren mutuamente o directamente no
existan”.
El Estado abandona el rol pasivo que le adjudican las doctrinas individualistas y
pasa a cumplir funciones reguladoras del orden, no sólo en lo jurídico, sino en lo
social y, principalmente, en lo económico. Si es necesario debe competir con el
individuo en este campo para mantener el equilibrio colectivo.
La propiedad no sólo otorga derechos a su titular, sino que también le impone
deberes. Son precisamente estas doctrinas las que desarrollan el concepto de
“función social” de la propiedad. A diferencia de lo que ocurre en las doctrinas
individualistas, en estas concepciones la sociedad ocupa el primer plano, el
individuo y el Estado la sirven cumpliendo funciones coadyuvantes.
3) Finalmente, las concepciones transpersonalistas, como su nombre lo indica,
postulan que el hombre sólo puede alcanzar su realización plena en cuanto se
subordina a otra realidad superior: el pueblo, la nación, el partido o el propio
Estado.
La totalidad de la vida colectiva gira en torno al desarrollo de esa entidad
superior.
Como dice Bidart, “el hombre queda denigrado y convertido en una herramienta
del Estado. No es el Estado para el hombre, sino el hombre para el Estado” 65.

ESTADO UNITARIO Y FEDERAL

En relación a la clasificación de los Estados existen dos grandes grupos:


ESTADO SIMPLE O UNITARIO
Es aquél que posee solo un centro de poder, ejercido a través de órganos
encargados de diferentes funciones, con sede en la capital del Estado. Las personas
obedecen a una sola Constitución y la organización política abarca a todo el territorio
nacional. La administración puede ejercerse de manera centralizada o
descentralizada administrativamente, entendiendo por esta última, la forma que
tiene el Estado de hacer más eficiente su funcionamiento otorgando personalidad
jurídica y atribuciones expresadas en la ley, con patrimonio y responsabilidad propia
a organismos involucrados indirectamente al poder central.
ESTADO FEDERAL
Su actividad es objeto no sólo de descentralización administrativa sino que también
de descentralización política, de tal modo este tipo de Estado reconoce a varias
fuentes originarias de poder político, una que corresponde al gobierno central y otra
que son propias de los gobiernos regionales, actuando de forma coordinada pero
independiente cada uno. Existe además una pluralidad de ordenamientos
constitucionales entre los cuales destaca uno como principal y al cual están

65
Bidart Campos, Germán, “Lecciones Elementales de Política”, Ed. Ediar, Buenos Aires, 1984, p. 194.
subordinados los demás. Dos principios sustentan al sistema federal, la autonomía
gubernativa- administrativa y la participación a través de una Cámara federal.

ESTADO Y DERECHO
En este apartado vamos a analizar en Estado y el Derecho en tres sentidos:
1) La relación existente entre Estado y Derecho en el sentido normativo
2) La significación del concepto de Estado de Derecho
3) El Estado como garante de los Derechos Humanos

1)RELACION ENTRE EL ESTADO Y EL DERECHO


El análisis de la vinculación que existe entre el Derecho y el poder político
desemboca inevitablemente en la necesidad de examinar las relaciones que hay
entre el Derecho y el Estado, ya que éste es precisamente la encarnación histórica
más representativa de la institucionalización del ejercicio del poder político.
En sentido lato o impropio, el Estado se identifica con toda unidad social
políticamente organizada y ordenada. En su sentido estricto y propio, el Estado, es
un modelo de organización política que se gesta en los siglos XIV-XV a través de
un proceso de concentración del disperso y fluido orden medieval, que se
caracteriza fundamentalmente por: secularización, unificación, centralización,
determinación territorial, institucionalización y legitimación legal:
 En primer lugar, se inicia por una secularización del poder, alimentada por el
influjo de las convicciones del Renacimiento y por la progresiva implantación de
las ideas de la Reforma, potenciados además por las numerosas luchas religiosas
de la época.
 El proceso de unificación y centralización del poder político que se produce
genera la concentración de dos de las actividades más importantes de dominio,
como fueron la creación y la aplicación del Derecho y la acuñación de la moneda.
 A su vez, tuvo lugar una determinación territorial del poder político, puesto que,
superado los vínculos de la lealtad personal típica de la organización medieval,
comenzó a ejercerse el dominio político sobre todos los individuos que vivían
dentro de un territorio determinado.
 Al mismo tiempo, comenzó a intensificarse la tendencia a la institucionalización,
de tal modo que el poder político fue encarnándose cada vez más en una
burocracia que estaba jerárquicamente vinculada al príncipe.
 Y finalmente, se empezó a imponer el principio de legalidad como fundamental
criterio de legitimación para el ejercicio del poder político, es decir, el sometimiento
a la ley de la comunidad política.
El acontecimiento más importante fue sin duda el progresivo protagonismo que el
Estado empezó a asumir en el proceso de creación y aplicación del Derecho (en el
sentido de las leyes). El Estado, no sólo intentó ser el legislador supremo y único,
sino que, al mismo tiempo, hizo todo lo posible para convertirse en el máximo
garante de la eficacia de sus propias leyes mediante el monopolio del ejercicio del
poder judicial
Diferentes planteamientos esgrimidos por entendidos en la materia nos dan la base
que justifica la relación Estado-Derecho, pero para en esta asignatura coincidimos
con la teoría de la equiparación o identidad. Esta teoría sostiene que no existe el
problema de la prioridad entre el Derecho y el Estado. El Estado sólo existe en la
medida y en la forma en que se expresa en el Derecho. El Estado es el Derecho
como actividad normativa, es la personificación de la totalidad del ordenamiento
jurídico positivo, y el Derecho es el Estado como situación normada. Se trata de dos
palabras diferentes para designar un mismo objeto.
Si nos atenemos a la situación actual, hemos de reconocer que resulta difícil pensar
en el Estado sin pensar al mismo tiempo en el Derecho, del mismo modo que resulta
difícil definir al Derecho sin hacer ningún tipo de referencia al Estado. Hoy, Derecho
y Estado, son dos realidades que presentan abundantes convergencias, tanto
estructurales como funcionales. Por eso resulta razonable afirmar la estrecha y
profunda correspondencia que se da entre ambos.

2) EL ESTADO DE DERECHO
Como realidad histórica, el Estado de Derecho ha sido el resultado de un largo
proceso. Así, hoy puede afirmarse que es Estado de Derecho aquel Estado que
presenta los siguientes caracteres:
o Primacía o imperio de la Ley, que, en su calidad de extensión de la
voluntad del pueblo soberano, regula toda actividad estatal a través
de un sistema de normas jerárquicamente estructurado.
o Separación de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, como
garantía de la libertad de los ciudadanos y freno a los posibles abusos
estatales.
o Afirmación de la personalidad jurídica del Estado.
o Reconocimiento y garantía de los derechos y libertades
individuales.
o Legalidad de las actuaciones de la Administración y control
judicial de las mismas, a través de un sistema de responsabilidad y
de recursos contencioso-administrativos.
La nota primaria y definitoria del Estado de Derecho es, sin duda, la del
sometimiento del Estado a la ley, la subordinación de la actividad total del Estado a
la regulación jurídica o, la autovinculación del Estado a su Derecho. Se postula, en
consecuencia, que la limitación o vinculación jurídica del Estado de Derecho venga
marcada sobre todo por la subordinación a las exigencias del Derecho supraestatal.
En la actualidad, para que un Estado pueda ser reconocido como verdadero Estado
de Derecho, debe cumplir la exigencia básica de estar vinculado y sometido al
reconocimiento de la dignidad de las personas humanas y orientado a la realización
de las exigencias que dimanan de esa dignidad. No es, pues, suficiente la mera
legalidad formal, se exige al Estado de Derecho que se realice en una legalidad de
contenido. Y el contenido de esa legalidad integral no puede ser otro que el hombre
y su vida.

2) EL ESTADO COMO GARANTE DE LOS DERECHOS HUMANOS


Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin
distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o
étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos
derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos son
interrelacionados, interdependientes e indivisibles.
Los derechos humanos universales están a menudo contemplados en la ley y
garantizados por ella, a través de los tratados, el derecho internacional
consuetudinario, los principios generales y otras fuentes del derecho internacional.
El derecho internacional de los derechos humanos establece las obligaciones que
tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de
abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger
los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos.
El respeto hacia los derechos humanos de cada persona es un deber de todos.
Todas las autoridades en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de
promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos consignados en
favor del individuo.
Los Estados asumen las obligaciones y los deberes, en virtud del derecho
internacional, de respetar, proteger y realizar los derechos humanos. La obligación
de respetarlos significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute
de los derechos humanos, o de limitarlos. La obligación de protegerlos exige que
los Estados impidan los abusos de los derechos humanos contra individuos y
grupos. La obligación de realizarlos significa que los Estados deben adoptar
medidas positivas para facilitar el disfrute de los derechos humanos básicos. En el
plano individual, así como debemos hacer respetar nuestros derechos humanos,
también debemos respetar los derechos humanos de los demás.
La aplicación de los derechos humanos a la que se encuentran obligadas todas las
autoridades se rige por los principios de universalidad, interdependencia,
indivisibilidad y progresividad.
Algunos derechos han sido incluidos en las leyes mucho antes que otros, que sólo
han sido aceptados después de largas luchas sociales. Por eso es que los derechos
se han clasificado en grupos, a los que se suele denominar como las cuatro
generaciones de los derechos humanos.
A modo de repaso breve, recordamos que los derechos de 1ra generación fueron
reconocidos pos Revolución Francesa e incluidos en la Declaración de los Derechos
Humanos y del Ciudadano. Corresponden a los derechos civiles y políticos para
garantizar la libertad de las personas limitando el poder del Estado.
Los denominados derechos de 2da generación se incorporan en la legislación a
finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Están relacionados a los derechos
sociales, económicos y culturales. Consisten en promover la acción del Estado para
garantizar a todas las personas el acceso a condiciones de vida adecuadas.
Por su lado, los derechos de 3ra generación se han ido incorporando a las leyes
a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Son de carácter colectivo y están
vinculados a la solidaridad y la autodeterminación de los pueblos.
El sujeto protegido ya no es el individuo en sí mismo, como en los de primera
generación, o por su rol social, como en los de segunda generación, sino por
integrar un pueblo, una nación, o ser parte de toda la humanidad. Se toma en cuenta
a las personas, como integrantes de una comunidad con conciencia de identidad
colectiva
Finalmente aparecen con el nuevo siglo los denominados derechos de 4ta
generación. Con la revolución tecnológica de finales del siglo XX y principios del
siglo XXI y la consecuente aparición de lo que se denomina Sociedad del
Conocimiento, ha resultado necesaria la creación de una nueva generación de
derechos humanos relacionados directamente a las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación (TICs) y su incidencia en la vida de las personas.

1ra Generación 2da Generación 3ra Generación 4ta Generación

Derechos civiles Derechos sociales, Solidaridad y Derechos a la sociedad


y políticos económicos y autodeterminación de internacional
S.XVIII culturales los pueblos S. XXI
Libertad Finales S.XIX y Finales S. XX y Acceso a las TICs
durante S.XX Comienzos S.XXI
Condiciones de vida Identidad colectiva –
digna Relaciones pacíficas
GOBIERNO

La palabra gobierno proviene del latín gubernare que significa ‘mantener el control
de’, ‘comandar’ o ‘dirigir’. Originalmente usada como la ‘acción de gobernar’.
En forma elemental y con carácter provisional, podemos definir el gobierno como el
ejercicio del poder supremo (estatal). De ahí que habitualmente se exprese que “el
gobierno es la dirección suprema y control de la administración estatal, así como la
conducción de la política global del Estado" 1. En este sentido, gobierno es el
sustantivo del verbo, gobernar. Gobernar es ejercer el poder.
En la sección anterior hemos puntualizado que el poder supremo tiene como soporte
y residencia al Estado; pero este poder se ejerce por hombres: “el poder del Estado,
para realizarse, necesita de una inteligencia, de una voluntad, de una fuerza
humana que lo concreten, que lo hagan efectivo, que lo impulsen”.
Ahora bien, las personas o cuerpos que ejercen una parte cualquiera de la potestad
estatal (Presidente de la República, asambleas legislativas), son por ello mismo los
órganos del Estado, "Las personas o asambleas que expresan la voluntad nacional
o ejercen la potestad pública, jurídicamente no son más que los órganos de esa
colectividad unificada, es decir, los órganos de la persona estatal. En derecho
estricto y desde el punto de vista de la teoría general del Estado, la naturaleza del
órgano estatal es igual en todas partes: el zar de Rusia, en los tiempos de su
autocracia, era un órgano en el mismo sentido que la asamblea de ciudadanos que
deciden por si mismos en la democracia suiza”2.
Pero es preciso recordar, como expresa Burdeau, que los gobernantes sólo son
meros agentes o detentadores del poder estatal. Cabe preguntarse entonces, ¿de
dónde obtienen quienes ejercen el poder su cualidad de órganos del Estado y en
virtud de qué derecho pudieron adquirir dicha cualidad?. Desde el punto de vista
jurídico la única respuesta atinente es que ellos poseen ese título del orden jurídico
establecido en cada Estado. Como se verá más adelante, tal orden jurídico
fundamental se encuentra contenido en la Constitución. Por tanto su título procede
de la Constitución y en virtud de ésta ejercen su competencia 3.
El gobierno ejerce funciones, que son las diversas actividades desarrolladas por el
Estado en el ejercicio o cumplimiento de sus fines. “Las funciones del Estado -dice
Maurice Hauriou-, son las diversas actividades de la empresa de gobierno,
consideradas con arreglo a las directivas que les imprimen las ideas estatales, por
ejemplo, las ideas de interés, general, de centralización, etc. 5.

1
Jorg Kammler, “Funciones de Gobierno”, en “Introducción a la Ciencia Política”, por Wolfang Abendroth y Kurt Lenk, ed.
Anagrama, Barcelona, 1971, p. 183.
2
Carré de Malberg, ob. Cit., p. 867
3
Sobre esta materia ver Carré de Malberg, ob. Cit., p. 868 y ss.
5
ob. Cit., p. 372
Se suele confundir la función con el órgano que realiza la función. En efecto, la
función justifica al órgano, pero no a la inversa, pues no puede haber órganos sin
función o que duplican la función realizada por otros órganos paralelos. Además, es
posible que un mismo órgano realice varias funciones y que una misma función sea
realizada por varios órganos. Lo conveniente, en definitiva, es condicionar el órgano
a la función a desarrollar, a fin de que la actuación política resulte lo más eficaz, lo
más productiva y lo menos costosa para el Estado 6.
¿Cuál es el número de las funciones estatales?. Podría contestarse que debe, haber
tantas funciones como fines deba cumplir el Estado, pero por razones
metodológicas se agrupan en tres principales: función normativa o legislativa;
función ejecutiva, y función jurisdiccional. Para establecer la debida decantación
entre ellas, se aplican diversos criterios: orgánico, formal y material.

De la “División de Poderes” a la “Separación de Funciones”


La unidad del poder estatal no implica ni la simplicidad de sus funciones ni la de los
órganos que las ejerzan. Al contrario, la actividad estatal, como la misma vida social,
es de por sí muy compleja y pueden distinguirse en ellas manifestaciones definidas.
Como anota Orlando, “apenas los Estados comenzaron a salir de la primitiva
barbarie”, se dibujaron en su estructura constitucional las diversas funciones,
diversidad que tenía sus raíces en el principio mismo de la unidad. Y es un error
muy extendido en las ideas modernas el señalar la división de funciones como
carácter de los gobiernos modernos, cuando no existe tipo histórico de Estado, aun
de los primitivos, en el que no aparezca alguna diversidad de órganos y funciones" 9.
La distinción de funciones y la adecuada separación de los órganos que las realizan,
junto con ser aconsejable desde el punto de vista de la distribución del trabajo,
contribuye igualmente a alejar el peligro de abuso de poder.

ORGANO LEGISLATIVO
a) La Función Legislativa

Comúnmente se define la función 'legislativa por la producción de normas generales


y obligatorias, tendientes a regular la conducta tanto de los ocupantes como de los
no ocupantes de los cargos o roles de gobierno; y con respecto a todo tipo de
relaciones que se establezcan entre ellos.
Asimismo, es frecuente atribuir a la legislación el carácter de producción, creación
o establecimiento del derecho, lo que se expresa con la fórmula: “mediante la ley se

6
Ver Carré, ob. Cit., p. 255
9
Izaga, ob. Cit., p. 266, T. I.
crea el derecho". Con la función normativa, el Estado cumple la misión principal de
plasmar el Derecho en normas para atenerse a él en su actuación.
Evidentemente, de que esta función se realice bien o mal depende que las normas
se cumplan o no se cumplan, y que el Estado pueda ser o no calificado como de
Derecho. El Estado de Derecho -que es uno de los valores heredados de la
Revolución Francesa existe allí donde la función normativa se desarrolla en forma
lógica, ordenada y consecuente, de manera que provoca el consentimiento
espontáneo del cuerpo ciudadano”20.
El hecho de que la función legislativa se encuentre encomendada al órgano
legislativo no entraña que los demás órganos queden totalmente excluidos de dicha
actividad estatal. Por el contrario, la mayoría de los ordenamientos positivos admiten
la participación del órgano ejecutivo en el proceso de formación de la ley (iniciativa,
veto) y, en algunos casos, lo elevan a la categoría de colegislador. Es más, sea por
razones especialmente previstas por el legislador, o por situaciones de hecho, la
responsabilidad del ejercicio de la función legislativa queda en cierta forma
desplazada al órgano ejecutivo. Ello implica entrar al ámbito legislativo que algunos
autores denominan “legislación irregular”, lo que se trasunta en el dictado de los
denominados “decretos con fuerza de ley” y “decretos leyes”.
Los decretos con fuerza de ley (se suele llamarlos también ley delegada) suponen
la delegación que el órgano legislativo hace al ejecutivo de la facultad legislativa.
Se los define como “una orden escrita expedida por el Ejecutivo, obligatoria y
general, sobre materias propias de una ley, en virtud de una autorización que le ha
conferido expresamente el órgano legislativo
Los decretos con fuerza de ley, en Argentina, son conocidos como DNU (decreto de
necesidad y urgencia). Un decreto de necesidad y urgencia o DNU es una
herramienta prevista en el artículo 99 inciso 3 de a Constitución nacional
para casos excepcionales. Si bien el texto constitucional establece que el
Ejecutivo Nacional no puede “emitir disposiciones de carácter legislativo”,
aclara que “cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los
trámites ordinarios” para la sanción de las leyes “podrá dictar decretos por razones
de necesidad y urgencia”. Es decir que en casos excepcionales se habilita al
Ejecutivo a legislar sin pasar por el Congreso.
El DNU fue incorporado en la reforma constitucional de 1994, aunque ya se
utilizaba en presidencias anteriores sin un marco regulatorio. En la práctica tiene
carácter de ley, aunque para conservar su vigencia debe ser validado por el
Congreso. La Ley 26.122 estableció que el Parlamento no puede introducir
modificaciones al decreto y la única manera de derogarlo es con el rechazo de
ambas cámaras. Si el decreto no es rechazado automáticamente se presume
su vigencia.

20
Carró, ob. Cit., p. 257
Los constituyentes, además, establecieron en la reforma que los DNU no pueden
ser utilizados para temas penales, fiscales y electorales. Tras el anuncio de
Macri, el ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, aclaró que la
extinción de dominio no es una reforma penal sino un avance en materia
civil, aunque la oposición y varios especialistas (ver acá y acá) sostienen lo
contrario y cuestionan la validez constitucional de la medida.

Según la Constitución Nacional son competencias específicas de cada


cámara
Conforme a lo dispuesto en la Constitución Nacional, son competencias
específicas de la Cámara de Diputados:
 Recibir los proyectos de Ley presentados por iniciativa popular (CN Art.39)
 Iniciar el proceso de consulta popular para un proyecto de ley (CN Art. 40)
 Iniciar las leyes sobre contribuciones y reclutamiento de tropas (CN Art. 52)
 Acusar ante el Senado, en juicio político, al presidente y vicepresidente de
la Nación, al jefe de Gabinete de ministros, a ministros del Poder Ejecutivo
y a miembros de la Corte Suprema (CN Art. 53)

Por su parte, la cámara alta (Senadores) tiene las siguientes atribuciones


específicas:
 Juzgar en juicio político a los acusados por la Cámara de Diputados (CN
Art. 59)
 Autorizar al presidente de la Nación para que declare el estado de sitio en
caso de ataque exterior (CN Art. 61)
 Ser cámara de origen en la Ley Convenio, sobre coparticipación federal de
impuestos (CN Art. 75 Inc. 2)
 Ser cámara de origen de leyes que promuevan políticas tendientes al
crecimiento armónico de la Nación y el poblamiento de su territorio (CN Art.
75 Inc. 19)
 Prestar acuerdo al Poder Ejecutivo para la designación de magistrados
judiciales, embajadores, ministros plenipotenciarios, encargados de
negocios y de oficiales superiores de las Fuerzas Armadas (CN Art. 99 Inc.
4, 7 y 13)

Conformación
 La Cámara de Senadores se encuentra compuesta por 72 senadores, a
razón de tres por cada provincia y tres por la Ciudad de Buenos Aires,
correspondiendo dos bancas al partido político que obtenga el mayor número
de votos y la restante al partido político que le siga en número de votos.
 Esta cámara se renueva por partes: un tercio de los distritos cada dos años.
La duración de los mandatos de los senadores es de seis años y pueden ser
reelegidos indefinidamente.
 Son requisitos para ser elegido senador tener la edad de treinta años, haber
sido ciudadano de la Nación seis años y ser natural de la provincia por la que
se postula o tener dos años de residencia inmediata en ella.
 La Cámara de Diputados, por su parte, está compuesta por 257 diputados
elegidos directamente por el pueblo de las provincias y de la ciudad de
Buenos Aires, que se consideran a este fin como distritos electorales de un
solo Estado y a simple pluralidad de sufragios. El número de diputados por
distrito es proporcional a su población.
 Esta cámara se renueva por mitades cada dos años. La duración de los
mandatos de los diputados es de cuatro años y también pueden ser
reelegidos indefinidamente.
 Son requisitos para ser diputado tener al menos veinticinco años, cuatro años
de ciudadanía argentina y haber nacido en la provincia por la que se postula
o haber residido en ella los dos años precedentes.
Período de sesiones
Ambas Cámaras del Congreso se reúnen en sesiones ordinarias, que son
inauguradas por el presidente de la Nación el 1° de marzo y se extienden hasta el
30 de noviembre de cada año. No obstante, el Poder Ejecutivo Nacional puede
convocar a sesiones extraordinarias o prorrogar las sesiones ordinarias. En el
primer caso, el presidente de la Nación determina el temario a tratar, mientras que
en el segundo las cámaras tienen libre iniciativa.

ORGANO EJECUTIVO
b) La Función Ejecutiva
La función ejecutiva, dentro del esquema tradicional de separación de poderes,
consiste en la aplicación de las leyes aprobadas por el Legislativo.
Ahora bien, la actividad ejecutiva se bifurca en una de carácter administrativo y en
otra de naturaleza política. La función administrativa es la actividad del Estado
mediante la cual éste realiza sus fines dentro del orden jurídico. De esta manera se
distingue de la legislación que, sustancialmente, es creación de derecho, y de la
jurisdiccional, actividad destinada a mantener el orden jurídico. Por eso se suele
decir que la administración es una función sublegal no puede alterar ni violar a la
ley.
En tal sentido, dice Carré de Malberg: “administrar consiste en proveer por actos
inmediatos e incesantes a la organización y al funcionamiento de los servicios
públicos. Son actos administrativos todos los que no implican para los particulares
ninguna modificación a su régimen jurídico, tal cual éste se halla establecido por las
leyes vigentes. Esto significa que la función administrativa se halla
constitucionalmente obligada, y sólo puede ejercerse bajo el imperio de las leyes
que la limitan jurídicamente. Es decir, no crea derecho nuevo”.
Cierto es que el legislador, por muy acucioso que sea, no puede prever todas las
situaciones que en la práctica se originen en la aplicación de las leyes. Para superar
tales emergencias se otorga al administrador cierta libertad de opción. Se trata de
las llamadas facultades “discrecionales” -en oposición a las facultades “regladas”-.
En todo caso en el uso de las facultades discrecionales el administrador no debe
incurrir en arbitrariedad, y para ello debe atenerse a la finalidad prevista por el
legislador -interpretación teleológica29.

 La función política
En el ámbito de la función política el jefe del Ejecutivo (Primer Ministro o Presidente),
aun cuando siempre enmarcado dentro del ordenamiento jurídico, tiene mayor
libertad de acción. Entre diversas alternativas, sólo a él corresponde decidir y lo
que es más, podrá o no tomar dicha resolución. Ejemplos expresivos de estas
facultades políticas son: convocatorias a plebiscito; disolución de la cámara política;
declaración de estados de excepción constitucional, ejercicio del derecho de veto;
manejo de relaciones internacionales; otorgamiento de indultos particulares;
patrocinio de proyectos de ley, etc. A través de estas decisiones se puede apreciar
el denominado “tacto político” del gobernante. O como piensan otros, se puede
distinguir a un simple administrador de un estadista.
Como dice Xifra Heras, “el ejercicio de la función política supone dirigir y conducir
la comunidad estatal al logro de sus fines esenciales, satisfaciendo sus exigencias;
equivale a hacer efectivo el principio unitario director de la orientación política, por
encima de toda distinción o encasillamiento de las actividades estatales y
englobando armónicamente a todas ellas bajo su impulso y dirección” 30. Encasillar
los actos políticos en un esquema rígido resulta en la sociedad contemporánea
tarea, en extremo difícil, tanto más si se considera la generalizada tendencia
constitucional hacia el fenómeno descrito como “vigorización del Ejecutivo” 31.
Por consiguiente, frente a las funciones de rutina deben considerarse las políticas,
que implican la toma de decisiones ante situaciones nuevas y únicas, no
subsumibles en normas o precedentes.
De un modo general, la función ejecutiva tiene por finalidad asegurar el
funcionamiento del Estado, dentro del cuadro de las leyes, para la aplicación de los
29
Esta materia se profundiza en los cursos de derecho Constitucional y Derecho Administrativo
30
”Introducción a la Política”, Ed. Credsa, Barcelona, 1965, p. 161.
31
La Constitución de 1925 y particularmente la de 1980 se caracterizan por la vigorización del Ejecutivo. Entre las atribuciones
políticas que el Presidente tiene en la Constitución vigente, se pueden mencionar las de los números 4, 5, 6 y 7 del Art. 32.
principios contenidos en dichas leyes. Para esto es necesario primero realizar actos
jurídicos individuales, que apliquen a tal o cual ciudadano, específicamente
designado, las disposiciones generales contenidas en una ley, precisándolas y
completándolos; así, se debe nombrar funcionarios, dar autorizaciones, celebrar
contratos. Es necesario, por otra parte, realizar actos materiales. La función
ejecutiva no se limita, pues, a una simple ejecución. Ella importa, en realidad,
prerrogativas bastante más amplias, puesto que allí caben todos los actos jurídicos
que no tienen un carácter general e impersonal: muchas decisiones de política
interior y todos los actos diplomáticos se encuentran en ella 32.
En consecuencia, podemos estudiar el gobierno desde los Mismos puntos de vista
subjetivo y objetivo. Desde el punto de vista objetivo, gobierno seria la actividad
política, es decir, aquella actividad de orden superior que concierne a la dirección
suprema y general del Estado en su conjunto y en su unidad.

 La función administrativa
La administración tiene, en cambio, por objeto, intereses públicos singulares, vale
decir, intereses particularmente determinados y circunscritos que entran en una
esfera subordinada: aquella en que se desenvuelve el poder público.
Administración, entonces, significa una actividad de un grado inferior a la de
gobierno. Dios gobierna el mundo, pero no administra. Gobiernan y administran el
Presidente de la República y sus ministros.
La función gubernamental trata de fijar las grandes directivas en la orientación
política, en orientar a la nación un camino determinado. Trazadas estas grandes
líneas políticas, deben ponerlas en ejecución para satisfacción de las necesidades
generales.
Podríamos llegar, entonces, al concepto de gobierno desde el punto de vista
subjetivo y objetivo, diciendo que debe entenderse por tal la actividad de los órganos
supremos del Poder Ejecutivo, es decir, órganos independientes, no sujetos a los
otros órganos administrativos, que tienen por objeto la dirección suprema del
Estado, encontrando en él su funcionamiento y su causa jurídica. Es lógico añadir
que estos órganos superiores del Poder Ejecutivo, al mismo tiempo que ejercen
funciones de gobierno, pueden ejercer funciones administrativas. De allí que el
Presidente de la República ejerza, juntamente con los ministros, la función política
de gobierno y también la administrativa, mientras que los demás funcionarios
solamente pueden realizar tarea administrativa. En este sentido Ducrocq enseña
que cuando en la actividad del Estado se distingue una actividad de gobierno o
política de una actividad administrativa, la primera se refiere solamente a la actividad
de los órganos del Poder Ejecutivo y con la palabra gobierno se indica la parte más
eminente de las funciones atribuidas a esos órganos. La Administración es la acción

32
Maurice Duverger, “Instituciones Políticas y Derecho Constitucional”, Ed. Ariel, Barcelona, 1965.
que se realiza para satisfacer las necesidades del Estado, de acuerdo con las leyes
y las directivas del gobierno. El gobierno es, entonces, función de iniciativa da
impulso y dirección a la administración. El gobierno es la cabeza y la administración
es el brazo33.

Según nuestra Constitución Nacional, son Atribuciones del Ejecutivo


Nacional:
Capítulo III

Artículo 99: El presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:


1. Es el jefe supremo de la Nación, jefe de gobierno y responsable político de la
administración general del país.
2. Expide las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución
de las leyes de la Nación, cuidando de no alterar su espíritu con excepciones
reglamentarias.
3. Participa de la formación de las leyes con arreglo a la Constitución, las
promulga y hace publicar.
El Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable,
emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente cuando circunstancias
excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta
Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen
materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos podrá
dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en
acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe
de gabinete de ministros.
4. Nombra los magistrados de la Corte Suprema con acuerdo del Senado por los
dos tercios de sus miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto.
Nombra a los demás jueces de los tribunales federales inferiores en base a una
propuesta vinculante en terna del Consejo de la Magistratura, con acuerdo del
Senado, en sesión pública, en la que se tendrá en cuenta la idoneidad de los
candidatos. Un nuevo nombramiento, precedido de igual acuerdo, será necesario
para mantener en el cargo a cualquiera de esos magistrados, una vez que
cumplan la edad de setenta y cinco años. Todos los nombramientos de
magistrados cuya edad sea la indicada o mayor se harán por cinco años, y podrán
ser repetidos indefinidamente, por el mismo trámite.
5. Puede indultar o conmutar las penas por delitos sujetos la jurisdicción federal,
previo informe del tribunal correspondiente, excepto en los casos de acusación por
la Cámara de Diputados.
6. Concede jubilaciones, retiros, licencias y pensiones conforme a las leyes de la
Nación.

33
Manuel María Diez, “Derecho Administrativo”, Buenos Aires, 1963, Tomo I, pp. 111 y ss.
7. Nombra y remueve a los embajadores, ministros plenipotenciarios y encargados
de negocios con acuerdo del Senado; por si sólo nombra y remueve al jefe de
gabinete de ministros y a los demás ministros del despacho, los oficiales de su
secretaria, los agentes consulares y los empleados cuyo nombramiento no está
reglado de otra forma por esta Constitución.
8. Hace anualmente la apertura de las sesiones del Congreso, reunidas al efecto
ambas Cámaras, dando cuenta en esta ocasión del estado de la Nación, de las
reformas prometidas por la Constitución, y recomendando a su consideración las
medidas que juzgue necesarias y convenientes.
9. Prorroga las sesiones ordinarias del Congreso, o lo convoca a sesiones
extraordinarias, cuando un grave interés de orden o de progreso lo requiera.
10. Supervisa el ejercicio de la facultad del jefe de gabinete de ministros respecto
de la recaudación de las rentas de la Nación y de su inversión, con arreglo a la ley
o presupuesto de gastos nacionales.
11. Concluye y firma tratados, concordatos y negociaciones requeridas para el
mantenimiento de buenas relaciones con las organizaciones internacionales las
naciones extranjeras, recibe sus ministros y admite sus cónsules.
12. Es comandante en jefe de todas las fuerzas armadas de la Nación.
13. Provee los empleos militares de la Nación: con acuerdo del Senado, en la
concesión de los empleos y grados de oficiales superiores de las fuerzas armadas;
y por si solo en el campo de batalla.
14. Dispone de las fuerzas armadas, y corre con su organización y distribución
según las necesidades de la Nación.
15. Declara la guerra y ordena represalias con autorización y aprobación del
Congreso.
16. Declara en estado de sitio uno o varios puntos de la Nación, en caso de
ataque exterior y por un término limitado, con acuerdo del Senado. En caso de
conmoción interior sólo tiene esta facultad cuando el Congreso está en receso,
porque es atribución que corresponde a este cuerpo. El presidente la ejerce con
las limitaciones prescriptas en el Art. 23.
17. Puede pedir al jefe de gabinete de ministros y a jefes de todos los ramos y
departamentos de la administración, y por su conducto a los demás empleados
informes que crea conveniente, y ellos están obligados a darlos.
18. Puede ausentarse del territorio de la Nación, con permiso del Congreso. En el
receso de éste, sólo podrá hacerlo sin licencia por razones justificadas de servicio
público.
19. Puede llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del
Senado, y que expirarán al fin de la próxima Legislatura.
20. Decreta la intervención federal a una provincia o la ciudad de Buenos Aires en
caso de receso del Congreso, y debe convocarlo simultáneamente para su
tratamiento.
ORGANO JUDICIAL
c) La Función Jurisdiccional

La función jurisdiccional, en su sentido material, es la parte de la actividad del


Estado que consiste en expresar derecho, en pronunciarlo.
Ahora bien, ¿qué debe entenderse por “pronunciar el derecho”? “En el Estado
moderno -dice Carré- el derecho es el conjunto de reglas formuladas por las leyes
o en virtud de las leyes, que constituyen el orden jurídico del Estado. Pronunciar el
derecho no es, pues, crearlo, sino reconocerlo. El acto jurisdiccional consiste,
entonces, en buscar y determinar el derecho que resulta de las leyes, a fin de
aplicarlo a cada uno de los casos de que se hacen cargo, los tribunales. El cometido
de éstos, por consiguiente, es aplicar las leyes, o sea, asegurar el mantenimiento
del orden. jurídico, establecido por ellos. Por esto se califica generalmente a los
jueces como guardianes de las leyes”35.
Existe la necesidad de pronunciar el derecho por un órgano especial por diversos
motivos:
a) Siempre que haya violación de las leyes. Y no sólo porque toda violación
debe ser castigada y restablecido el derecho perturbado por los fines que
explica el Derecho Penal, sino también porque no se debe proceder a
ese castigo ni a ese restablecimiento, sin que proceda un juicio en que
oficialmente consten el delito y la culpabilidad del delincuente. Así lo
precisa la seguridad personal
b) Sin que exista violación de derecho, puede sobrevenir un desacuerdo en
la manera de apreciarlo entre particulares o entre los particulares y el
Estado (por ejemplo: la cláusula de un contrato o testamento; el alcance
práctico de una ley).
c) Sin que sobrevenga ninguna de las situaciones anteriores, como
preliminar indispensable para proceder a su ejercicio. Así, por ejemplo,
la existencia de una deuda reconocida, pero no pagada, otorga al
acreedor sobre los bienes determinados derechos cuya realización, a su
vez, implica actos coactivos. Pero, ya sea por el axioma de que no es
lícito tomarse la justicia por su mano, ya porque es necesaria la
intervención de agentes, debe proceder siempre una oficial declaración
del derecho y la autorización; a veces procede el mandato de que se
hacen determinados actos. En la ejecución de un testamento, en la toma
de posesión y ejercicio de la tutela, la intervención de la autoridad
soberana y oficial no sólo se justifica plenamente, con el fin de resolver
las disensiones que en la fijación de los nuevos derechos y obligaciones

35
ob. Cit., p. 635
pudieran brotar, sino también por la necesidad y conveniencia de
prevenirlos36.
Las consideraciones expuestas explican que en este trabajo utilicemos para
designar esta función la expresión jurisdiccional y no judicial, como también suele
llamársela. La palabra juzgar evoca la idea de proceso o juicio y tiene
tradicionalmente un sentido de arbitraje: el juez es un árbitro para las partes
contrarias. La palabra jurisdicción, en cambio, no implica necesariamente la
existencia de un proceso, sino que designa simplemente una función que consiste
en pronunciar derecho.
El órgano Judicial se encuentra conformado por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, el Consejo de la Magistratura de la Nación, los Juzgados de Primera
Instancia y las Cámaras de Apelaciones.
Corte Suprema de Justicia de la Nación
Es la instancia superior dentro del Órgano Judicial y se encuentra compuesta por
5 miembros: un presidente y 4 ministros. Entiende sobre los recursos
extraordinarios en todos aquellos puntos regidos por la Constitución y las leyes de
la Nación, y posee competencia en forma originaria y exclusiva en todos los
asuntos que conciernen a embajadores, ministros y cónsules extranjeros, y en los
que alguna provincia fuese parte. Tiene a su cargo, conjuntamente con el Consejo
de la Magistratura, la administración de este órgano.
Consejo de la Magistratura
Es un órgano colegiado, representativo de diversos sectores del poder público,
entre cuyas funciones se cuentan:
1. Selección de magistrados.
2. Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de los
magistrados de los tribunales inferiores.
3. Administrar los recursos judiciales. Nombra al Administrador General del
Poder Judicial.
4. Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados.
5. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados.
6. Dictar los reglamentos relacionados con la organización judicial y todos
aquellos que sean necesarios para asegurar la independencia de los jueces
y la eficaz prestación de los servicios de justicia.

36
Ver Izaga ob. Cit., Tomo I, p. 615

También podría gustarte