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El objeto de esta lectura es ubicar el momento histórico en que la Dra. Montessori desarrolló su
acercamiento pedagógico y la importancia de su contribución.
Maria Montessori nació el 31 de agosto de 1870 en la ciudad italiana de Chiaravalle,
situada en la provincia de Ancona. Hija del militar Alessandro Montessori y de Renilde
Stoppani, sobrina del célebre filósofo y científico Antonio Stoppani, Montessori viene
al mundo al inicio de una década en la que se inventaría la máquina de escribir, el
telégrafo y la lámpara incandescente, en la que los impresionistas expondrían sus
primeras obras, la Reinaxença surgiría en Cataluña y las potencias europeas
Libertad a través
extenderían sus colonias africanas.
Cuando la pequeña Maria cuenta con doce años, la familia Montessori decide
mudarse a Roma. Mientras se inicia la construcción de la Torre Eiffel en París,
aparecen los primeros automóviles con motor de gasolina y se descubre el bacilo de
la tuberculosis, Montessori desarrolla sus estudios en la Ciudad Eterna. Pese al gran
de disciplina
interés que muestra por las Matemáticas, e ignorando las recomendaciones de su
padre de convertirse en maestra, Maria decide estudiar Medicina, profesión ejercida
casi en exclusiva por hombres en aquella época. Esta situación hizo que en un primer
momento se le negase el ingreso en la universidad, una decisión que el progenitor de
la familia Montessori acogió de buen grado, pero la perseverancia y el gran interés
que mostró (llegó a tomar apuntes de las lecciones desde el exterior a través de las
ventanas) hicieron que finalmente fuese aceptada, aunque tuvo que soportar cierta
discriminación académica y las burlas de sus compañeros.
Filosofía II
A finales del siglo XIX, coincidiendo con hitos históricos como el desarrollo de la teoría
del Psicoanálisis de Freud, la invención de los rayos X o las primeras proyecciones de
Ana Lucía
losHermida
hermanos Lumière, Maria Montessori se convierte en una de las primeras mujeres
italianas en recibir el título de médico en 1896, en una ceremonia en la que además
fue la encargada de leer un discurso en nombre de los estudiantes que fue muy
aplaudido. Las difíciles circunstancias por las que había tenido que pasar para
conseguir convertirse en médico por el mero hecho de ser mujer la llevaron a
interesarse por los derechos de sus congéneres, representando a su país en congresos
feministas en el extranjero.
Contenido
Libertad a través de disciplina ............................................................................................. 2
La disciplina, el control de movimientos y la educación de la voluntad. .................................. 2
¿Qué necesita un niño para llegar a la autodisciplina? ............................................................. 3
Los tres grados de obediencia. .................................................................................................. 4
El adulto y la Disciplina. ............................................................................................................. 5
Límites. ...................................................................................................................................... 7
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 1
Libertad a través de disciplina
Se desarrollará el concepto de disciplina y se describirán los límites desde un punto de vista
práctico.
La disciplina, el control de movimientos y la educación de la voluntad.
El concepto de Disciplina planteado por la Dra. Montessori nos muestra un
proceso personal que requiere de varios elementos y que conduce al individuo a
la libertad, condición necesaria para lograr la autodisciplina.
Como vemos, es un concepto vivo que visualiza una disciplina activa basada en la
educación y en el desarrollo de la voluntad; es a través de la voluntad que el niño
construye una disciplina interna (autodisciplina), esto quiere decir que para que
alguien obedezca, es necesario que pueda controlarse, que sea capaz de decidir y
también que quiera hacerlo. La autodisciplina se da como una consecuencia de
entender la conveniencia de seguir las reglas, ya que estas son un beneficio para
el grupo y para el propio individuo.
El desarrollo de la consciencia y el control de sí mismo son las dos condiciones de
desarrollo necesarias para que el niño pueda obedecer, en un inicio el niño se
halla sujeto a los dictados del horme, que es el impulso vital que lleva al ser
humano a autoconstruirse y adaptarse en los primeros años de vida y constituye
la base de la “fuerza” de voluntad; pero al educar su voluntad, será capaz de
decidir por sí mismo y entonces conocerá la libertad a través de la disciplina. “La
libertad es una consecuencia del desarrollo; es el desarrollo de guías latentes,
ayudado por la educación. El desarrollo es activo, es una construcción de la
personalidad alcanzada a través del esfuerzo y de la propia experiencia; es largo
el trabajo que debe cumplir cada niño para desarrollarse a sí mismo” 1.
1
María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 258 Diana, México
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 2
¿Qué necesita un niño para llegar a la autodisciplina?
• Autocontrol : El niño necesita controlar su cuerpo y es a través de los
ejercicios de Vida Práctica que lo logrará. Cuando el niño aprende a
controlar sus movimientos guiados por su propio ego, se manifiesta una
disciplina interior, es decir el esfuerzo que el niño realiza al verter agua de
una jarra a otra y que trata de hacerlo sin derramar una gota, muestra un
desarrollo de la fuerza y coordinación de la mano, pero también un
desarrollo de la voluntad. La Dra.
Montessori dice al respecto “la disciplina de los actos exteriores es la
expresión de una disciplina interior organizada alrededor del orden”2.
• Capacidad de decisión: La libre elección es la actividad más elevada, el
niño que obedece una guía interior es un niño que avanza por el camino de
la libertad. “El hombre nace cuando su alma se percibe a sí misma, se
concentra, se orienta, escoge”3. Este descubrimiento realizado por la Dra.
Montessori en la primera casa de los niños, muestra que cuando un niño
elige una actividad, siguiendo su interés y de acuerdo a lo que necesita,
elige además un comportamiento y acepta sus consecuencias; por
consiguiente se abre la puerta a la concentración, a la organización de sus
movimientos, de su pensamiento y de su espíritu.
• Querer hacer: Es decir la voluntad que impulsa a hacer las cosas. La tarea
del niño es crecer y la voluntad es la fuerza que le va a impulsar hacia ese
fin. Cuando el niño realiza de manera consciente una acción deliberada que
tiene una finalidad a alcanzar y dificultades a vencer, está haciendo uso de
la experiencia, y por lo tanto la voluntad se está desarrollando. La horme,
es decir la fuerza que en un inicio impulsa al niño a crecer, a elegir y a
repetir espontáneamente un material, hace que se desarrolle una
conciencia de las acciones y de ahí surge la voluntad consciente la cual “es
un poder que se desarrolla con el ejercicio y el trabajo”4.
El desarrollo de la voluntad es un proceso lento que sólo el niño puede forjar a través
del ejercicio de la misma, el adulto solo puede ayudar y acompañar, evitando romper
la voluntad del niño con la represión.
2
María Montessori “El niño” Pág. 154 Diana, México 1996
3
María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 341 Diana, México
4
Ídem Pág. 319
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 3
La Dra. Montessori nos dice “Voluntad y obediencia se hallan relacionadas entre sí, ya
que la voluntad es la base y la obediencia marca una segunda fase en el proceso de
desarrollo”5. La obediencia es por lo tanto una sublimación de la voluntad individual,
la progresión de esta resulta ser uno de los coeficientes más destacados del carácter
y se da de manera análoga a las demás cualidades del ser. Al igual que en el desarrollo
de la voluntad la obediencia en un inicio es regida por la horme, al irse desarrollando
pasa a ser un reflejo de la voluntad.
La Dra. nos dice que desde lo más profundo del espíritu del niño hay un deseo
profundo por obedecer que nace del amor; para el niño orden y disciplina son
necesidades y manifestaciones vitales, sin embargo este deseo puede verse
interrumpido cuando el adulto urge al niño a ceder a su favor, por medio de reglas y
leyes inalterables, las cuales el niño no puede obedecer, entonces surgen los
denominados “caprichos y desobediencias del niño”, los cuales muestran un conflicto
vital entre el impulso creador (horme) y el amor hacia el adulto que no le comprende.
Horme – Acción deliberada-Acción consciente-Voluntad consciente-Obediencia
Horme, voluntad y obediencia son fenómenos de la vida y forman parte de las características
de la naturaleza.
Los tres grados de obediencia.
María Montessori distingue tres niveles en el proceso de la construcción de la
autodisciplina de los niños y los llama: los tres grados de obediencia.
Primer grado: Este se da antes de los tres años, en este periodo los niños solo
pueden seguir indicaciones si lo que se les pide está relacionado con su impulso
vital (horme), es decir que no perturbe su sentido del orden, que permita el
movimiento y la exploración. Es un periodo en que obediencia y desobediencia
son paralelas, ya que como se menciona antes, el niño aún no es dueño de sus
acciones, ni cuenta con su voluntad desarrollada, esto dificulta que obedezca a
una voluntad ajena.
5
Ídem Pág. 322
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 4
Segundo grado: Se alcanza cuando el niño obedece siempre, en este periodo el
niño ya no depende de los obstáculos del desarrollo, quiere obedecer, comprende
la voluntad del adulto y cada vez necesita menos de este. Al tener consolidadas
sus habilidades estas pueden no sólo ser regidas por la propia voluntad del niño
sino por la de otra persona, “El niño puede absorber la voluntad de otra persona
y actuar en consecuencia: éste es el nivel más elevado al que aspira la educación”6.
El niño con su autodominio adquirido se encuentra en el estadio de lo que la Dra.
Montessori denominó Obediencia Permanente.
Tercer grado: El niño obedece con prontitud y parece impaciente por hacerlo, es
decir se anticipa a los deseos/peticiones de los demás, la Dra. Montessori le
llamo Obediencia superior. Es un grado al que no todos los niños llegan, quienes
alcanzan este tipo de independencia son llamados “niños guía” porque bien
podrían sustituir a la guía, puesto que están pendientes de ella y de los demás
compañeros, cuando sus compañeros necesitan ayuda, no hacen las cosas por
ellos, sino que los acompañan en el proceso. En Casa de Niños se trabaja el
ejercicio del silencio, el cual es una conclusión a este grado de obediencia ya que
educa y desarrolla la voluntad de los niños, al lograr la inhibición de los impulsos
y el control de las acciones.
El adulto y la Disciplina.
Como se ha visto la disciplina va surgiendo poco a poco en un ambiente, si el
adulto es capaz de responder a los intereses de los niños, ofreciéndoles
actividades interesantes y permitiendo la libre elección.
En el ambiente se ofrecen actividades constructivas, en donde todas las energías
se concentran y las desviaciones desaparecen; en un espacio con estas
características surge un niño único cuya personalidad ha conseguido construirse
normalmente. Esta línea de la normalidad sucede cuando los niños logran
concentrarse y éste es el fin más importante de nuestro trabajo como guías.
6
Ídem Pág. 326
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 5
Cuando el niño ha logrado desarrollar un orden mental y una correcta
coordinación de movimientos que son guiados por un criterio científico, se pone
el camino para la concentración y cuando ésta se consigue se “liberan las acciones
del niño”, lo que le lleva a la curación de sus defectos; se da entonces una
disciplina espontánea, en la que el trabajo se desarrolla con alegría y se observa
en los niños comprensión y sentimientos sociales para los demás. Es por esto que
debemos buscar que la mente y el cuerpo del niño siempre estén ocupados en
ejercicios con propósito, es decir proveer al niño con un ambiente que cuente con
actividades que cubran los “intereses progresivos” del niño.
Cuando los niños aún están en la transición hacia la disciplina, presentan estas
tres características:
1. Movimientos voluntarios desordenados, que resultan de una falta de
coordinación fundamental; además de la torpeza en los movimientos, los
niños tampoco pueden controlar su comportamiento, es común que griten
y/o se tiren al suelo.
2. Dificultades oincapacidad delniñoparaconcentrarla atención sobreobjetos
reales, esto es resultado de un pensamiento fantasioso. La fantasía,
entendida en este contexto, representa un medio de evasión, por lo tanto,
es importante entender que la vida interior se construye sobre la base
fundamental de una personalidad unificada y correctamente orientada en
el mundo exterior (real).
3. Tendencia a la imitación: este es un signo de profunda debilidad, que nos muestra
que el niño no ha logrado construir una voluntad fuerte, por lo que repite
lo que los demás hacen.
Algunas acciones que puede llevar a cabo la guía son: preparar a los niños para
que controlen los movimientos incontrolados, utilizar un tono de voz suave,
mostrarse tranquila, firme y paciente, hacer uso de los ejercicios de vida práctica
ya que estos llevan al niño al terreno del trabajo real puesto que los pone en
contacto con una ocupación con un objetivo particular.
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 6
Límites.
Los límites son las reglas del ambiente y dan un equilibrio para la disciplina. Los
límites o reglas del ambiente deben cumplir un doble propósito: ayudar al
individuo y también al grupo.
Las características de los límites en la Casa de los Niños son las siguientes:
Los límites tienen que ser necesarios, es decir, favorecen el desarrollo personal y la
armonía en el grupo.
Deben de tener un propósito educativo, que responda a lo que los niños necesitan y favorezca
su independencia, no al interés del adulto.
Los límites consistentes le dan seguridad al niño, le hacen sentir que está
acompañado.
Deben ser claros y directos, se debe evitar dar varias instrucciones a la vez, para
no confundir a los niños y considerar que la respuesta no siempre será inmediata.
Entre más pequeños son los niños, es más importante dar el mensaje de manera
directa.
Los límites deben de ser consistentes, esto le dará seguridad al niño y le hará
sentirse acompañado. La consistencia es una de las claves para la disciplina. El
límite se aplica siempre, no a veces sí a veces no, no cambia de acuerdo a la
voluntad del adulto, porque es parte del ambiente.
Los límites tienen que ser congruentes con las consecuencias, relacionados con la acción
que quiere limitarse. El niño debe hacerse responsable por sus actos y asumir las
consecuencias.
Siempre debemos darle opciones alternas de comportamiento, los límites más
que en imperativo se deben dar en positivo, evitando el uso del “no” y proponiendo,
por ejemplo “puedes caminar” en lugar de “no corras”.
Son temporales ya que cambian según la etapa de desarrollo del niño.
No debemos cambiar la personalidad de los niños, el límite debe expresarse con
firmeza, pero también con serenidad, para que el niño no lo perciba como una
agresión. El límite es casi silencioso, impersonal, porque transmite que un
GUÍA MONTESSORI 3-6 | FILOSOFÍA II 7
comportamiento es inadecuado, pero no la persona.
Ser eficaces, si reúnen las características descritas, funcionan.
Ante una falta, la mayor sanción que el niño puede recibir es apartarle del trabajo
y del grupo temporalmente, el niño es llevado a otro ambiente y se le explica que
el grupo merece respeto. Por ejemplo, en Casa de Niños, si en el momento de
hacer ejercicios en la línea, alguien corre y empuja a otro, se le pide que regrese
a sentarse fuera de la línea. Después de unos minutos, se le puede invitar
nuevamente. También puede ir a otro ambiente, dependiendo de la acción.
Uno de los aspectos que se intenta desarrollar en los niños, es que estos
reflexionen sobre las consecuencias de sus acciones, lo que llamamos empatía.
La Dra. Montessori nos dice. “Este es el período en el que se establece la disciplina:
una forma de quietud activa, de obediencia y amor, en medio de la cual se
perfecciona y multiplica el trabajo, igual como en la primavera las flores adquieren
color y preparan ya con tiempo los dulces y refrescantes frutos” (Montessori, La
mente absorbente del niño, 1986)
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