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Filo Sofia

La inteligencia artificial está presente en diversas áreas de la vida cotidiana, planteando importantes desafíos éticos sobre la responsabilidad en la toma de decisiones automatizadas. La ética debe ser una responsabilidad humana, y es crucial desarrollar un marco ético que guíe la creación y uso de la IA, asegurando que estas tecnologías sean moralmente aceptables. La educación y la colaboración en el diseño de la IA son fundamentales para garantizar que estas herramientas beneficien a la sociedad mientras se mantienen valores éticos centrales.
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La inteligencia artificial está presente en diversas áreas de la vida cotidiana, planteando importantes desafíos éticos sobre la responsabilidad en la toma de decisiones automatizadas. La ética debe ser una responsabilidad humana, y es crucial desarrollar un marco ético que guíe la creación y uso de la IA, asegurando que estas tecnologías sean moralmente aceptables. La educación y la colaboración en el diseño de la IA son fundamentales para garantizar que estas herramientas beneficien a la sociedad mientras se mantienen valores éticos centrales.
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La inteligencia artificial y la ética del futuro

La inteligencia artificial ya está implantada en prácticamente todas las esferas de nuestras vidas
cotidianas. Empieza a partir de un asistente virtual de un móvil y termina con múltiples sistemas
algorítmicos que toman decisiones determinantes, a partir del ámbito de la medicina, la justicia, y el
comercio. Al mismo tiempo, el acercamiento plantea grandes desafíos éticos. ¿Realmente estamos
preparados para vivir junto con las máquinas que pueden tomar decisiones en lugar de nosotros? Entre
tanto, científicos como Nick Bostrom ya señalaron que la amenaza surgirá si una entidad muy
inteligente obtendrá sus propios intereses y no tenga valores éticos definidos. Es más, la inteligencia
artificial no se aplica solamente en los asistentes digitales o algoritmos sociales, sino también en
esferas críticas como la medicina, la protección y la ley. Si un coche autónomo genera un accidente,
¿accidental? O si un algoritmo de selección de empleo discrimina a una persona?

Desde una perspectiva filosófica, el asunto se centra en la noción de responsabilidad. Cuando un


autómata llega a un veredicto, el individuo responsable de las secuelas es la elección. Si un programa
equivale a impactar negativamente a un individuo, ¿quién tiene responsabilidad: el codificador, la
entidad que despliega la IA o el aparato en sí? La ambigüedad en la asignación de responsabilidad
ética destaca la necesidad de un marco ético adaptado a las características únicas de la inteligencia
artificial.
El dilema, sin embargo, es profundo. Las máquinas no tienen conciencia, empatía, ningún sentido del
bien o del mal. Actúan en función de los datos y la programación. Por lo tanto, la ética debe seguir
siendo una responsabilidad humana. Nos arriesgamos a dar el poder de tomar decisiones a los
sistemas ocultos que siguen los intereses monetarios, no los buenos valores (Zuboff, 2019). En otras
palabras, no es suficiente desarrollar tecnologías inteligentes. También deben ser moralmente
aceptables.
En esta perspectiva, la ética de la IA debería progresar hacia una metodología cooperativa. Cuanto
más colaborativa sea el diseño y la creación de estas tecnologías, mayores serán las posibilidades de
que encarnen los principios humanos centrales. Y aquí es donde la educación juega un papel crucial.
Equipe a las generaciones posteriores para la colaboración de IA y enséñeles sobre sus aspectos éticos
y morales.
Esta contemplación filosófica es vital para elaborar una IA que no solo sea competente y operativa,
sino también moral y socialmente responsable. El futuro de la inteligencia artificial depende de sus
habilidades tecnológicas y nuestra capacidad de incorporarlo para el beneficio social mientras
mantiene valores éticos centrales.
La progresión del intelecto sintético no depende únicamente de la innovación, sino también en nuestra
capacidad de profunda contemplación moral. La IA puede ser un socio beneficioso para la humanidad,
pero debemos reconocer que cada elección automatizada proviene de un objetivo humano y una
obligación ética.

Conclusión
AI simboliza un avance tecnológico clave, pero está vinculado a debates morales profundos. Como
estas tecnologías asumen un papel más crucial en nuestras vidas, existe un imperativo de establecer
una responsabilidad clara y los principios humanos que dirigen su creación y ejecución. La ética debe
ser una parte integral del desarrollo y la implementación de la IA. Este método garantiza que este
potente activo tecnológico sirva a la sociedad, honrando la justicia, la paridad y el valor humano. El
verdadero desafío radica no solo en la elaboración de máquinas más inteligentes, sino también en
garantizar que estos dispositivos incorporan nuestras mejores cualidades.

INTEGRANTES:
CRISTHIAN JESUS CANO RIOS
ALBERTO KAROL CRIOLLO RUIZ
ANGELINO JOSUE DEL ROSARIO VILLACORTA
ROSUEL DIPAZ MOROTE
JESUS FABRIZIO IPANAQUE MEDINA
ADRIANO MANUEL LEYVA DIAZ
MANUEL JESUS LIVIA GIRON
MARIA FERNANDA ROJAS OLIVOS

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