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El fundamento de la unidad en la iglesia es Cristo, quien nos une a través del Espíritu Santo y la verdad. La unidad es un don del Espíritu que permite la restauración y el avivamiento, mientras que la división es una táctica del enemigo que busca debilitar a la iglesia. Conocer nuestra identidad como hijos de Dios es crucial para vivir en libertad y cumplir con el propósito divino, evitando la esclavitud espiritual.

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El fundamento de la unidad en la iglesia es Cristo, quien nos une a través del Espíritu Santo y la verdad. La unidad es un don del Espíritu que permite la restauración y el avivamiento, mientras que la división es una táctica del enemigo que busca debilitar a la iglesia. Conocer nuestra identidad como hijos de Dios es crucial para vivir en libertad y cumplir con el propósito divino, evitando la esclavitud espiritual.

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Capitulo 2

El fundamento de la Unidad

El principal fundamento de nuestra unidad es Cristo, mantenernos unidos a él, es


permanecer en él y a su espíritu. La iglesia se desarrolla en él, y es su deber mantener y
entender la verdad por la cual se establece la iglesia, mostrar a Cristo.

“Hagan todo lo posible por mantenerse UNIDOS en el Espíritu y ENLAZADOS mediante la


paz. Pues hay UN solo cuerpo y un solo espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una
misma esperanza gloriosa para el futuro. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos, en todos y vive por medio de todos”
Efesios 4: 3-5.

Efesios describe la unidad de la iglesia:

1. Un cuerpo y un Espíritu: Tenemos unidad debido a lo que compartimos en común,


en Jesús compartimos del cuerpo y su Espíritu.
2. Una misma esperanza: la restauración de todas las cosas a través de Jesús.
3. Un bautismo: la señal de la obra visible de Dios en cada creyente, todos deben
pasar por el agua mostrando la unión a la misma fe.
4. Una Fe: Jesús es el hijo de Dios.

La unidad no es algo que podamos crear, sino que es un Don del Espíritu. El espíritu es
aquel que da la unidad.

• Cuando entendemos esta unidad desatamos el poder de Dios, y se abren las


nuevas posibilidades para restauración, avivamiento y transformación.
• Es por eso por lo que debemos luchar para permanecer en el Espíritu, estar
enlazados y conectados por medio del Espíritu Santo practicando la paz los unos
con otros.
• Lo que tenemos en común es mucho más grande que cualquier diferencia humana,
es por eso por lo que debemos luchar por tener una pasión por la unidad. Así
podremos cumplir nuestra función dentro del plan de Dios. Cuando entendemos
esta unidad desatamos el poder de Dios.
• Tenemos un enemigo que nos odia y debemos unirnos para tomar autoridad y
vencerlo en sus ataques contras nosotros, contra la iglesia, contra el cuerpo.

Porque si nos desmembramos o separamos perderemos esta cualidad de ser un templo


de piedras vivas, que mientras se ensamblan las unas con las otras hospedan la presencia
del Padre y muestran la Gloria de Jesús.
El peligro de la division y el individualismo

Todos hemos escuchado la frase divide y vencerás. En la guerra, esta estrategia obliga al
enemigo a dividir sus defensas y los deja vulnerables. Satanás usa estas mismas tácticas
contra el cuerpo de Cristo. Él busca dividir y conquistar porque sabe que una iglesia sin
unidad es débil. Lucas 11:17.

Así como satanás no obra contra sí mismo, no debemos hacerlo contra nuestro propio
cuerpo. Todo cuerpo que se ataca así mismo termina en destrucción y muerte.

Debemos estar atentos porque uno de los ataques más feroces de satanás es contra la
iglesia, él quiere desprestigiarla, dividirla, difamarla y ponerla como lo peor ante los ojos
del mundo. Su propósito es dividirnos y hacernos creer que sin estar unidos a la iglesia
podemos crecer, aumentando el sentido de individualismo, que no necesitamos
sujetarnos a pastores, lideres, ni reforzar la amistad espiritual. Que podemos cumplir el
propósito y plan SOLOS, sin embargo, este no es un fundamento cristiano, ni espiritual, ya
que Dios no actúa solo, sino en su perfecta trinidad.

Consejos para luchar contra los ataques de satanás:

1. Apaga la voz de acusación: Cada caída de los creyentes y cada error será
magnificado por la voz del acusador para provocar el descredito y fomentar
escepticismo y la división.
2. Pasa por alto las ofensas: El enemigo fomenta y engrandece las ofensas entre
hermanos para que sean los primeros en hablar mal de la iglesia y para que
encuentren toda clase de excusas para separarlos de la iglesia y así acabar con
ellos.
• “muchos de ellos tropezaran, caerán y serán quebrantados, se les tenderán
trampas y en ellas quedaran atrapados.” isaias 8.15,
• Jesús en mateo 24.10 habla de que en los últimos tiempos muchos se
quedaran atrapados en la ofensa, en el chisme, en el conflicto, en la falta de
perdón. Con un corazón frio a causa de la maldad.
• El enemigo aumenta y fomenta las ofensas entre hermanos, para
desligarnos y separarnos de la iglesia, al estar desconectados perdemos la
bendición de Dios promete. El habitará en el contexto de la iglesia como
comunidad.
3. Suelta los agravios y las quejas: el diablo se deleita en nuestros resentimientos
y encuentra un lugar el cual operar cuando nos dividimos.
4. Dale prioridad a las amistades de la iglesia: cultiva relaciones de Reino, la unión
con el cuerpo abre tu corazón, comparte tus luchas, y confiesa tus pecados
para edificarse los unos con los otros.

Debemos ser quienes luchan por la unidad de la iglesia. De ser uno, desligarse de la
iglesia es caer en la trampa del enemigo, nadie puede vivir un verdadero cristianismo
separado de la iglesia. Separados de la iglesia no podríamos resistir las tormentas. Dios
sabía que necesitábamos del otro para resistir, una casa fuerte es una casa unida, el
infierno no podría hacerle frente a todo aquello que este unido a Jesús, y todo lo que está
unido a Jesús esta unido entre sí.

La unidad se basa en la verdad

“... Padre santo, guárdalos en tu nombre que me has dado, para que sean uno, así como
nosotros somos uno.” juan 17:11b

a. De acuerdo con Jesús nuestra unidad se basa en la verdad; que esta enraizada en
la trinidad, los tres tienen el mismo corazón, la misma voluntad y propósito.
b. La unidad es el resultado de ser preservados (protegido, resguardado) en el
nombre que el Padre le dio a Jesús. Este nombre representa su carácter, quien es y
lo que ha venido a ser.
c. Este nombre expresa la naturaleza misma de su ser. Isaías 9:6
d. Ser guardados en el nombre del Padre es perseverar fieles a Cristo y a sus palabras.
Nuestra unidad más grande está en cristo, porque Cristo es la revelación del Padre,
es el camino, la verdad y la vida, y en él se da esta unidad.
e. La unidad es una realidad espiritual objetiva establecida por lo que Dios ha hecho
por nosotros y fluye por nuestra unión con Cristo.

“¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como
el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la cabeza, el cual desciende sobre
la barba, la barba de Aron, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocio de
Hermon, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía jehová bendición, y
vida eterna” salmos 133: 1-3

El corazón de Dios y su propósito es ver unidad en su pueblo. Si hay algo bueno, es que
haya unidad. Es bueno y agradable que los hermanos estén unidos, hay deleite cuando
todos los hermanos conviven en armonía. Esta unidad se basa en la sanitad, somos
ungidos para ministrar a Dios y para vivir en unidad y en armonía.

La armonía: es el acuerdo, la concordancia, equilibrio y belleza.


• Se encuentra su origen en el verbo griego ἁρμόζω que se traduce como «hermoso»: de ahí
su idea a algo que tiene la capacidad de ajustarse y conectarse.
• En latín, deriva de harmonia, formado por harmos que conduce a «ajustamiento» y
«combinación». Básicamente, describe aquello que es capaz de unirse a otra cosa y
lograr hacerlo de modo placentero.

El cuerpo humano actúa en armonía cuando todas sus partes, funciones o sistemas trabajan de
modo equilibrado. Así mismo el cuerpo de Cristo, su iglesia, los santos, ellos se caracterizan por
vivir unidos a la verdad, al espíritu y entre si representando a Cristo. Mostrando su Gloria, es en
estos ambientes donde se desata bendición, unción y vida eterna.

La unidad es la repuesta a la oración de Jesús:

“Para que todos sean uno; como tú, oh, Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en
nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” Juan 17: 21

a. Para que todos sean uno: el deseo de Dios es que toda lengua, tribu y nación pase
por alto sus diferencias y entiendan la unidad del Espíritu, Dios se hizo un solo
pueblo para sí. Ap 7:9
b. Como tú en mí y yo en ti: Jesús oro por una dinámica personal de unidad, así como
la que tiene con el Padre de continua interacción y movimiento. Entre ellos no hay
rivalidad, envidia ni competencia. No hay indiferencia ni frialdad entre ellos.
c. Sean uno en nosotros: Jesús está en el Padre, nosotros en Cristo por lo tanto
somos uno con los otros. Nuestra unidad es una realidad espiritual que debemos
manifestar y practicar a través de nuestra unión con Cristo.
d. El mundo crea: la unidad espiritual de los cristianos está ligada con la manera en la
iglesia representa a Jesús en el mundo. Mateo 18:19

Cuestionario:

1. ¿Cual es el fundamento de la unidad?


2. ¿Como Debe verse la Unidad?
3. Cuál es el ataque que la iglesia sufre en estos tiempos y cómo podemos
vencerlo
4. En que se basa la unidad
Capítulo 2
IDENTIDAD DE HIJO DE DIOS
El Espíritu Santo es el encargado de hablarle a nuestro espíritu verdades sobre nuestra nueva
identidad, la cual es que somos hijos de Dios, estas están arraigadas al propósito, ministerio y
ADN de Dios. El mismo espíritu que estuvo en Jesucristo es el que habita hoy en nosotros y nos
enseña a clamar y buscar a nuestro Padre, reconociendo nuestra posición ante él cómo
herederos y nuestra dependencia como hijos. El Espíritu Santo pone en nuestros corazones el
deseo de manifestar nuestra nueva identidad conectada con la cultura, y Reino de los cielos.

“ y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama:
“Abba, padre”. Asique ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por
medio de Cristo. Gálatas 4:6-7.

Para manifestar el Reino de Dios y cumplir su propósito es necesario saber y entender quiénes
somos, y a donde pertenecemos. Nuestra fe en Jesús nos dio pertenencia, él nos hizo nacer de
nuevo, su nombre nos dio la potestad de ser llamados “hijos de Dios”, los cuales no fueron
engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, sino de Dios. (Juan 1:12-13)

Los hijos de Dios no nacieron de personas, sino del deseo del corazón de Dios, nuestro padre
celestial. La identidad de hijo de Dios se refiere a la relación de cercanía que Dios quiere tener
con los cristianos, y a la imagen de Dios que se tiene en uno mismo.

“Porque el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si
hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo…” Romanos 8:16-17

Características de los hijos de Dios:

 Son guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14)


 Tienen dominio propio (Proverbios 16:32 NVI)
 No se dejan dominar por las emociones (1° Corintios 10:23)
 Reflexionan antes de tomar decisiones (Proverbios 3:5-6)
 Actúan de acuerdo con la voluntad de Dios (Romanos 12:2)
 Conocen su libertad en Cristo (Gálatas 5:13)
 Son libres del pecado y de la condenación (Romanos 8:1-2)
 Evalúan las consecuencias de sus acciones
 Dedican su vida a Dios (Gálatas 2:20)
 Se esfuerzan en llenar su mente y su corazón con las verdades de la Biblia.

Características en su relación con los demás:

 Amor al prójimo, ama a los demás como así mismo. (Marcos 12:31, 1°Juan 4:7-12)
 Perdón y reconciliación, perdona a los que lo han ofendido y busca la reconciliación.
(Mateo 6:14-15, Efesios 4:32)
 Servicio y generosidad, sirve a los demás y es generoso con sus recursos (Mateo 20:26-
28, 2°Corintios 9:6-7)
 Integridad y honestidad, es íntegro y honesto en todas sus relaciones y acciones.
(Proverbios 10:9, Efesios 4:25).
LA IMPORTANCIA DE CONOCER MI IDENTIDAD

Toda persona que no conoce su identidad es vulnerable a la esclavitud

Quien entiende su identidad de hijo, reconoce los derechos y obligaciones que posee en el
Reino de Dios. Por ende, una identidad clara nos otorga una herencia espiritual y nos lleva a
vivir como hijos de Dios, en plena libertad.
En cambio, La esclavitud u orfandad es NO vivir de acuerdo con la adopción y herencia que nos
fue encomendada.
No es sencillo vivir como herederos cuando tienes un enemigo que siempre quiere volver a
convertirte en esclavo, aunque Dios haya cambiado la identidad, la ropa espiritual, la herencia
y el destino, satanás invertirá todos sus recursos para atarte a un pasado, un error o un
pecado.
La peor esclavitud es la ignorancia de mantenerse atado por dentro, esta esclavitud se
manifiesta cuando uno cree que es libre pero no puede hacer lo que quiere, limitado por
aquello que los ata, controla u obedecen. No saber quiénes somos, nos lleva a vivir una vida en
temor y no en libertad, en pecado y no en santidad, obedeciendo los deseos de la carne y no
los del espíritu. Saber que somos hijos de Dios, nos invita a vivir como tales para agradar y
obedecer al padre.

Israel un pueblo con promesas, pero vulnerable

El pueblo de Israel estuvo cuatrocientos años esclavo en Egipto, pero no era una esclavitud
forzada o con cadenas, era a cambio de casa y comida, ellos se creían libres, pero no podían
hacer lo que querían y tampoco tenían la noción exacta de quiénes eran.

El faraón tenía miedo de los Israelitas porque eran más fuertes y numerosos. Pero como el
mismo pueblo hebreo no sabía que era más fuerte y numeroso entonces se dejó esclavizar.

“y dijo a su pueblo: «¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que
nosotros! Vamos a tener que manejarlos con mucha astucia; de lo contrario, seguirán
aumentando y, si estalla una guerra, se unirán a nuestros enemigos, nos combatirán y se irán
del país». Fue así como los egipcios pusieron capataces para que oprimieran a los israelitas. Les
impusieron trabajos forzados, tales como los de edificar para el faraón las ciudades de
almacenaje Pitón y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y se
extendían, de modo que los egipcios llegaron a tenerles miedo” Éxodo 1:9-12 NVI

Hay una generación que está esclava de vanidad, dolores, abusos, pecados, enfermedades,
orgullo, resentimiento, muchas incertidumbres que hacen de la vida un ciclo de altos y bajos.
Personas con doble ánimo, inconstantes que no pueden mantenerse firmes, que intentan vivir
en libertad y en plenitud. Pero para poder ser un libertador para esta generación es
imprescindible conectarte primero con el gran Yo Soy, el Abba Padre y con la verdad de quién
eres tú en realidad.

Ser “Hijos de Dios” no es solo un concepto, sino una forma de vida que surge de entender que
somos hijos amados de Dios. Es la antítesis de orfandad espiritual, que busca suplir su vacío
con logros y reconocimiento humano. Cuando abrazamos nuestra identidad como hijos
vivimos confiando en la provisión y dirección de nuestro Padre Celestial., Romanos 8:15 nos
asegura que no hemos recibido, sino el Espíritu de adopción, que nos permite clamar “Abba,
Padre”.

Esto transforma nuestra relación con Dios y con los demás, Jesús, como Hijo, nos mostró que
vivir como hijos implica depender completamente del Padre y reflejar su amor en nuestras
acciones.

Dejar atrás la mentalidad de orfandad requiere un cambio profundo de perspectiva: entender


que ya tenemos todo lo que necesitamos en Cristo. Esto nos libera de la comparación y nos
lleva a una vida de gratitud y servicio.

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que
habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” Romanos 8:15

“Y nos destinó de antemano, por su amor, para adoptarnos como hijos suyos, por medio de
Jesucristo, debido a su buena voluntad.” Efesios 1:5 NBV

BENEFICIOS DE SER HIJOS:

PROTECCIÓN

Como hijos de Dios, tenemos la promesa de su protección. En un mundo lleno de


incertidumbres, podemos descansar en la seguridad de que nuestro Padre está con nosotros,
guiándonos y cuidándonos.

La orfandad espiritual genera una sensación de desprotección y vulnerabilidad, pero el hijo


sabe que tiene un refugio en Dios.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás
conmigo” Salmos 23:4

“Escudo es a todos los que en Él esperan” 2°Samuel 22:31

LUGAR DE PERTENENCIA

La cultura de los hijos en la casa, la iglesia es más que un edificio; es una familia donde los hijos
conviven, aprenden y sirven juntos. Esta cultura de hijos refleja el corazón del Padre y fortalece
la unidad del cuerpo de Cristo.

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros
de la familia de Dios…” Efesios 2:19

En la iglesia, los hijos mayores sirven a los menores, y todos se esfuerzan por vivir en unidad y
amor. Esta cultura se basa en la honra mutua, el servicio y la edificación constante. Jesús
enseñó que la grandeza se encuentra en el servicio, y este principio guía nuestras relaciones
dentro de nuestra casa espiritual.

Cuando la iglesia vive como una verdadera familia, se convierte en un testimonio poderoso del
evangelio para el mundo.

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a la familia de
la fe.” Gálatas 6:10

PROVISIÓN
La naturaleza del hijo es confiar en la provisión del Padre, esta confianza nos permite vivir en
paz, sin la carga de tratar de controlar todo a nuestro alrededor.

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:30-34

La naturaleza del hijo es depender completamente del Padre, sabiendo que Él tiene cuidado de
cada detalle de nuestra vida. Esto contrasta con la mentalidad del huérfano, que vive en
ansiedad y autosuficiencia. La transformación hacia la naturaleza del hijo no ocurre de
inmediato; es un proceso que requiere redención diaria y comunión con el Espíritu Santo.

CUESTIONARIO:

1-¿Cuáles son las características de los hijos de Dios? ¿Y cómo debe ser su relación con los
demás?

2-¿Por qué es importante conocer mi identidad? Desarrollar

3-¿Cuáles son los beneficios que tiene un hijo de Dios?


CAPITULO 2

DIOS el “YO SOY”

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de
venir, el Todopoderoso. Apocalipsis 1:8

INTRODUCCION

Para comprender la naturaleza de Dios, el ser no creado, quien es eterno en todo, es


impórtate ahondar en sus atributos, esto nos va a ayudar a comprender su eterno poder y
deidad, su eternidad y eterna sabiduría, y asi entender su Rol y esencia en conjunto con la
Trinidad.

Los Atributos de Dios

1. La Omnisciencia de Dios:
Hebreos 4:13

• Del latín omnis 'todo' y sciens, -entis 'que sabe'.


Dios es omnisciente, porque todo lo sabe, todo lo conoce sea los
acontecimientos del pasado, presente y futuro. Conoce perfectamente todo
detalle de la vida y de todos los seres que están en el cielo, en la tierra y en el
infierno el lo conoce (Daniel 2:22)
Entender su Omnisciencia es ser conscientes de que nada escapa a su
atención, nada puede serle escondido, no hay nada que pueda olvidar.
Su conocimiento es perfecto; nunca se equivoca, ni cambia, ni pasa por alto
alguna cosa. (Salmos 139:6) Este es el Dios a Quien debemos dar cuenta!
Salmos 139:2-4; 23-24

• Ninguno de nosotros conoce lo que el día de mañana nos traerá; pero el


futuro entero está abierto a su mirada omnisciente. Nada de lo que
hacemos, decimos, o incluso pensamos, escapa a la percepción de Aquel a
quien tenemos que dar cuenta: (Prov. 15:3) ¡Que freno significaría esto para
nosotros si meditáramos más a menudo sobre ello! En lugar de actuar
indiferentemente, diríamos, con Agar: “Tú eres un Dios que me ve” (Gén.
16:13). La comprensión del infinito conocimiento de Dios debe llenar al
cristiano de adoración y decir: Mi vida entera ha permanecido abierta a su
mirada desde el principio.
2. La Supremacía de Dios:

• Dios es supremo en todo y sobre todo esta verdad es absoluta y universal,


Dios está en una posición de autoridad, dominio e influencia que no puede
ser cuestionada. Su trono es invencible, aun cuando todas las naciones se
unan en contra de él, indudablemente estas fracasaran (Sal. 2:4).

• La Supremacía de Dios es declarada en las escrituras, estas nos recuerdan


constantemente su verdadero poder y autoridad (1Crón. 29:11,12).
“Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú Dios en los cielos, y te
enseñorearás en todos los reinos de las Gentes? ¿No está en tu mano toda
fuerza y poder, que no hay quien (ni siquiera el diablo) te resista?” (2Crón.
20:6). Pero él es Único; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, El lo
hace”.

• El Dios de la Escritura no es un monarca falso, ni un simple soberano


imaginario, sino Rey de reyes y Señor de señores. “Yo conozco que todo lo
puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2), o como
alguien ha traducido, “ningún propósito tuyo puede ser frustrado”. El hace
todo lo que ha designado. Cumple todo lo que ha decretado. “Nuestro Dios
está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3); y, ¿por qué?
Porque “no hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo contra Jehová” (Prov.
21:30).

• La supremacía de Dios sobre las obras de sus manos está descrita de


manera vívida en la Escritura. A su mandato el mar Rojo se dividió, y sus
aguas se levantaron como muros (Exo. 14); la tierra abrió su boca y los
rebeldes descendieron vivos al abismo (Núm. 16). Cuando Él lo ordenó, el
sol se detuvo (Jos. 10). Para manifestar su supremacía, hizo que los cuervos
llevaran comida a Elías (1Rey. 17), cerró la boca de los leones cuando Daniel
fue arrojado al foso, e hizo que el fuego no quemara cuando los tres jóvenes
hebreos fueron echados a las llamas. Así que, “todo lo que quiso Jehová, ha
hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal.
135:6)

• La Supremacía absoluta y universal de Dios se afirma con igual claridad y


certeza en el Nuevo Testamento. Ahí se nos dice que Dios “hace todas las
cosas según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11), “hace” en griego,
significa “hacer efectivo”. Por esta razón, leemos: “Porque de él, y por él, y
en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amen”. (Rom.
11:36). Ni un solo cabello de nuestras cabezas puede ser tocado sin su
permiso. “El corazón del hombre piensa su camino: mas Jehová endereza
sus pasos” (Prov. 16:9)

3. La soberanía de Dios:
“Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere”

(Isa. 46:10)
La Soberanía de Dios puede definirse como el ejercicio de su supremacía. Dios es
el Altísimo, el Señor del cielo y de la tierra está exaltado infinitamente por encima
de la más eminente de las criaturas. El es absolutamente independiente; no está
sujeto a nadie, ni es influido por nadie. Dios actúa siempre y únicamente como le
agrada. Nadie puede frustrar ni detener sus propósitos. Su propia Palabra lo
declara explícitamente: “En el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra,
hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano” (Dan. 4:35). La soberanía
divina significa que Dios lo es de hecho, así como de nombre, y que está en el Trono
del universo dirigiendo y actuando en todas las cosas “según el consejo de su
voluntad” (Efe. 1:11).

4. La inmutabilidad de Dios:
“El padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17).

• Dios es el mismo perpetuamente; no está sujeto a cambio alguno en su ser,


atributos o determinaciones. Por ello, Dios es comparable a una roca (Deut.
32:4) que permanece inmovible; aunque todo ser estén sujetas a cambios,
Dios es inmutable. El no conoce cambio alguno porque no tiene principio ni
fin. Dios es por siempre.

• En primer lugar, Dios es inmutable en esencia: Su naturaleza y ser son


infinitos y, por lo tanto, no están sujetos a cambio alguno. Nunca hubo un
tiempo en el que El no existiera; nunca habrá día en el que deje de existir.
Dios nunca ha evolucionado, crecido o mejorado. Lo que es hoy ha sido es
siempre y siempre será. “Yo Jehová no me cambio” (Mal. 3:6). Es su propia
afirmación absoluta. No puede mejorar, porque es perfecto; y, siendo
perfecto, no puede cambiar en mal. Sólo él puede decir “Yo soy el que soy”
(Ex. 3:14. En el rostro eterno no hay vejez. Por lo tanto, su poder nunca
puede disminuir, ni su gloria palidecer.

• En segundo lugar, Dios es inmutable en sus atributos: Cualesquiera que


fuesen los atributos de Dios antes que el universo fuera creado, son ahora
exactamente los mismos, y así permanecerán para siempre. Es necesario
que sea así, ya que tales atributos son las perfecciones y cualidades
esenciales de su ser. Su poder es indestructible, su sabiduría infinita y su
santidad inmancillable. Su veracidad es inmutable, porque su palabra
“permanece para siempre en los cielos” (Sal. 119:89). Su amor es eterno:
“con amor eterno te he amado” (Jer. 31:3), y “como había amado a los suyos
que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan. 13:1). Su misericordia
es incesante, porque es “para siempre” (Sal. 100:5).

• En tercer lugar, Dios es inmutable en su consejo. Su voluntad jamás


cambia. Núm. 23:19 es suficientemente claro: “Dios no es hombre, para que
mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”. Su propósito es fijo, su
voluntad estable, su Palabra segura. La permanencia del carácter de Dios
garantiza el cumplimiento de sus promesas: “Porque los montes se
moverán, y los collados temblarán; más no se apartará de ti mi misericordia,
ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti”
(Isa. 54:10).

El carácter de Dios

5. La santidad de Dios:
“¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú sólo eres santo”
(Apoc. 15:4).

• Con frecuencia Dios es llamado “El Santo” en la Escritura; y lo es porque en


él se halla la suma de todas las excelencias morales. Es pureza absoluta, sin
la más leve sombra de pecado. “Dios es luz, y en él no hay ningunas
tinieblas” (1Juan. 1:5). La santidad es la misma excelencia de la naturaleza
divina: el gran Dios es “magnífico en santidad” (Ex. 15:11).
“Se llama santo a Dios más veces que todopoderoso, Nunca se nos habla de
Su poderoso nombre, o su sabio nombre, sino su grande nombre, y, sobre
todo, su santo nombre. Este es su mayor título de honor; en ésta resalta
toda la majestad y respetabilidad de su nombre.” Esta perfección, como
ninguna otra, es celebrada ante el trono del cielo por los serafines que
claman: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:3).

• Dios mismo destaca esta perfección: “Una vez he jurado por mi santidad”
(Sal. 89:35). Dios jura por su santidad porque ésta es la expresión más plena
de sí mismo. Por ella nos exhorta: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y
celebrad la memoria de su santidad” (Sal.30:4).

• La santidad de Dios se manifiesta en sus obras. Nada que no sea excelente


puede proceder de Él. La santidad es regla de todas sus acciones. En el
principio declaró todo lo que había hecho “bueno en gran manera” (Gen.
1:31), lo cual no hubiera podido hacer si hubiera habido algo imperfecto o
impuro.

6. El poder de Dios:
“Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11)

• El poder de Dios es la facultad y la virtud por la cual puede hacer que se


cumpla todo aquello que agrada, todo lo que le dicta su sabiduría infinita,
todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina. “El que no puede
hacer todo lo que quiere y no puede llevar a cabo todo lo que se propone, no
puede ser Dios”.

• Él tiene, no solo la voluntad para resolver aquello que le parece bueno, sino
también el poder para llevarlo a cabo, su poder es el que da vida y acción a
todas las perfecciones de la naturaleza Divina.

• El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable (no se


puede medir); no puede ser contenido, limitado ni frustrado por nadie. Solo
basta que una sola vez hable para que las cosas se realicen, es por medio de
su poder que todo se conserva, ninguna criatura puede conservarse a si
misma. El “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb. 1:3).
Por eso confiamos en el, ya que su poder es ilimitado, nada le es imposible.
“Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal.
27:1). “A Aquel que es poderoso para hacer las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa
en nosotros, a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las
generaciones de todas las edades, para siempre. Amen” (Efe. 3:20,21)

7. La fidelidad de Dios:
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel” (Deut. 7:9).

• Esta cualidad es esencial a su ser, sin ella no sería Dios. Para Dios, ser infiel
sería obrar en contra de su naturaleza, lo cual es imposible: “Si fuéremos
infieles él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo” (2Tim. 2:13).

• La fidelidad es una de las gloriosas perfecciones de su ser. La fidelidad


inmutable de Dios está muy por encima de la comprensión finita. El nunca
olvida, ni falta a su Palabra; nunca la pronuncia con vacilación, nunca
renuncia a ella. El Señor se ha comprometido a cumplir cada promesa y
profecía, cada pacto establecido y cada amenaza, porque “Dios no es
hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo,
“¿y no lo hará?; habló ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Por ello exclama el
creyente: “Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana;
grande es tu fidelidad” (Lam. 3:22,23).

• Dios es veraz. Su palabra de promesa es segura. En todas sus relaciones


con su pueblo Dios es fiel. En El, él hombre puede confiar. Nadie ha
confiado jamás en Dios en vano. Esta verdad preciosa la encontramos
expresada en cualquier lugar de la Escritura, la fidelidad es una parte
esencial del carácter divino.

8. La bondad y el amor de Dios


“Alabad a Jehová, porque es bueno” (Sal. 136:1).

• Sólo El es originalmente bueno, en sí mismo; y no sólo es bueno, sino la es


bondad misma; la bondad de las personas es sólo una cualidad sobre
añadida, mientras que en Dios es su misma esencia.

• El es infinitamente bueno. Dios era eternamente bueno antes de que hubiera


ninguna manifestación de su gracia, y antes de que existiera ninguna
criatura a la cual impartirla o con la cual ejercitarla, del mismo modo que
era infinito en poder desde toda la eternidad, antes de que hubiera uso de su
omnipotencia.

• Todo lo que emana de Dios -sus decretos, sus leyes, su providencia, la


creación- no puede ser sino bueno, como está escrito: “Y vio Dios todo lo
que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1; 31)

• La bondad del creador no se limita al hombre, sino que es ejercitada para


con todas las criaturas. “El da mantenimiento a toda carne, porque para
siempre es su misericordia” (Sal. 33:5). Verdaderamente, “de la misericordia
de Jehová está llena la Tierra” (Sal. 136:25).

• La bondad de Dios apareció más gloriosa que nunca cuando “envió a su


Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que
estaban debajo de la ley, a fin de qué recibiésemos la adopción de hijos”
(Gál. 4:4,5).

• “Dios es amor” (1Juan 4:5). No es simplemente que Dios “ama”, sino que es
el Amor mismo. El amor no es simplemente uno de sus atributos, es su
misma naturaleza.

1. El amor de Dios es inherente. Queremos decir que no hay nada en los


objetos de su amor que pueda provocarlo, ni nada en la criatura que pueda
atraerlo o impulsarlo. La única razón de que Dios ame a alguien reside en su
voluntad soberana. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”
(1Juan 4:19). Dios no nos amó porque nosotros le amábamos, sino que nos
amó antes de que tuviésemos una sola partícula de amor hacia él.

2. Es eterno. Necesariamente ha de ser así. Dios mismo es eterno, y Dios es


amor; por tanto, como él no tuvo principio, tampoco su amor lo tiene

3. Es soberano. Esto, también, es evidente en sí mismo. Dios es soberano,


no está obligado para con nadie. Porque Dios es Dios, actúa como le agrada;
porque es amor, ama a quien quiere. Cristo no murió para hacer que Dios
nos amara, sino porque amaba a su pueblo. El Calvario es la demostración
suprema del amor divino. Siempre, que seamos tentados a dudar del amor
de Dios, recordemos el Calvario. Cristo, el amado del Padre, sufrió pobreza,
afrenta y persecución, lo que nos motiva a confiar en Dios y soportar la
aflicción con paciencia. Sufrió hambre y sed. De ahí que, al permitir que los
hombres le escupieran y le hirieran, el amor de Dios hacia Cristo no sufrió
menoscabo. Así pues, que ningún cristiano dude del amor de Dios al ser
sometido a pruebas y aflicciones dolorosas. Dios no enriqueció a Cristo con
prosperidad temporal en este mundo, ya que “no tenía donde recostar su
cabeza”. Pero sí le dio el Espíritu sin medida. Siendo así, aprendamos que
las bendiciones espirituales son los dones principales del amor divino. ¡Qué
bendición es el saber que, aunque el mundo nos odie, Dios nos ama!

El principio del Plan

En el principio Dios hablaba directamente con el hombre en el Jardín del edén, a


causa del pecado esa comunión y comunicación directa con el Padre se rompe y
podemos observar a lo largo de la historia Dios padre buscando restaurar esa
comunión, Dios en su constante búsqueda incansable queriendo habitar en medio
de su pueblo como en el principio.

Preguntas :

1) Nombre y explique brevemente cada atributo de Dios.


2) Nombre y explique brevemente los puntos del carácter de Dios
3) ¿Cuál de sus atributos o su carácter no conocías o entendías a profundidad?
Comentar ¿cómo impactó tu vida?

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