Estado - Gobierno. Material Civica Agosto 2015
Estado - Gobierno. Material Civica Agosto 2015
Concepto de Estado
Según VÉSCOVI, “El Estado es una de las diversas maneras de organizarse la Sociedad. Ésta,
históricamente, ha tenido formas variadas de organización (clan, tribu, ‘civita’, etc.). La
organización jurídica de la sociedad en su forma actual se llama Estado.
(...) De todas las formas de organizarse políticamente la sociedad y por una evolución histórica,
se ha llegado al Estado, que no es la primera, sino una de las tantas, ni tiene por qué ser la
última. Las organizaciones internacionales así parecen demostrarlo. La mayoría de los autores
están de acuerdo en afirmar que el Estado según la concepción actual del mismo, nació en la
Edad Moderna.” [1]
Pero fue en Italia durante los siglos XV y XVI, que se comenzó a utilizar la
palabra“Stato” para designar a la pluralidad de los Estados italianos, dado que en ese
momento había tres grandes ciudades-estados que eran Venecia, Milán y Florencia, y otras
tres de segunda línea que eran Génova, Ferrara y Bolonia. Etimológicamente, la palabra
procede del léxico jurídico italiano y es usada en un primer momento asociada al nombre de
determinadas ciudades (Stato de Firenze), siendo una palabra latina, status que significa
ordenación o estado de la convivencia.
La doctrina reconoce a Nicolás MAQUIAVELO haber utilizado por primera vez la palabra
“Estado” en forma científica, cuando en su obra “El Príncipe”, publicada en 1515, expresa al
comienzo del Capítulo I:
“Cuantos Estados, cuantas dominaciones ejercieron y ejercen todavía una autoridad soberana
sobre los hombres, fueron y son repúblicas o principados.” [3]
Sobre el particular, afirma Hermann HELLER que “la nueva palabra ‘Estado’ designa
certeramente una cosa totalmente nueva porque, a partir del Renacimiento y en el continente
europeo, las poliarquías, que hasta entonces tenían un carácter impreciso en lo territorial y
cuya coherencia era floja e intermitente, se convierten en unidades de poder continuas y
reciamente organizadas, con un solo ejército que era, además, permanente, una única y
competente jerarquía de funcionarios y un orden jurídico unitario, imponiendo además a los
súbditos el deber de obediencia con carácter general. A consecuencia de la concentración de
los instrumentos de mando, militares, burocráticos y económicos, en una unidad de acción
política –fenómeno que se produce primeramente en el norte de Italia debido al más
temprano desarrollo que alcanza allí la economía monetaria– surge aquel monismo de poder,
relativamente estático, que diferencia de manera característica al Estado de la Edad Moderna
del Territorio medieval.” [4]
· Finalmente, para consolidar definitivamente la unidad del poder del Estado, se necesitó
instaurar un sistema jurídico, distinguiendo precisamente entre Derecho Público y Privado,
entre ley y contrato, etc., extremo que se concretó debido a la recepción del Derecho Romano
en las Universidades del norte de Italia.
1) Territorio.
Es la base física del Estado. Está constituido por el espacio en el cual se ejerce su autoridad.
Una región geográfica cerrada posibilita y estimula la creación de una entidad político-social
unida; las personas que viven en la misma tierra están sometidas a semejantes condiciones
espaciales de ordenación y de vida. Pero la influencia de este elemento no es absoluta, ya que
ningún hecho geográfico tiene importancia política con independencia del obrar humano.
Según VÉSCOVI, el territorio es un elemento esencial para la existencia del Estado, puesto que
las personas deben estar permanentemente adheridos a una tierra y en ella se ejerce el poder
jurídico de la organización. Sobre un territorio solamente puede existir un orden jurídico
soberano, y por ello el territorio, además de imprescindible, es único e impenetrable. No
pueden ejecutarse dentro de él actos de autoridad por otro Estado, ni invadirse su esfera
espacial.
En cuanto a sus límites, el territorio del Estado comprende también, además de la superficie
terrestre, las aguas que están en sus confines, el espacio aéreo y el subsuelo. Por esto
hablamos de espacio territorial; o —como dice KELSEN— un “espacio tridimensional”
(longitud, altura y profundidad). Entonces, el territorio convertido en “espacio” es el lugar
donde se aplican las normas jurídicas del Estado, y constituye el ámbito de validez de dichas
normas.
2) Población
El “pueblo” está constituido por todas las personas que habitan el territorio. Se trata de todas
las personas sometidas al poder jurídico del Estado. Es este poder u organización jurídica lo
que da unidad a ese grupo de personas, convirtiéndolo en un elemento constitutivo del
Estado: la población.
El aspecto cualitativo de la población es más importante que el cuantitativo. Con relativa
independencia del número de sus integrantes, debe tratarse de una organización social,
compuesta de una cantidad de personas, entre las cuales exista una cierta división del trabajo
y una determinada variedad en las condiciones de vida, que es justamente lo que requerirá la
unidad de poder o de disciplina que se llama “Estado”.
Algunos autores han reclamado, a lo largo de la historia, que los Estados deben hacerse sobre
bases nacionales. Pero no ha sido posible llegar a un único concepto de “Nación”.
En forma provisoria, se puede decir que la “Nación” es un grupo de personas con caracteres
aglutinantes comunes, que se llaman factores nacionalizantes. Algunos autores sostienen que
el carácter nacional deriva de la “raza”, el lenguaje, la religión, la comunidad geográfica, el
pasado común, etc.
La población de un Estado, no necesariamente debe ser una nación, aunque pueda resultar
ventajoso que lo sea. El Estado es una organización jurídica de personas, sean cuales fueran
los vínculos que los unen, exigiéndose solamente que se trate de una comunidad voluntaria.
3) Poder etático
Es un poder de mando que se impone a todos las personas encerradas en la órbita del Estado
(territorio) en forma total. Todos los demás poderes u organizaciones jurídicas que hay en el
Estado están sometidos a aquél. Este poder se ejerce por medio del gobierno.
Este poder tiene dos caracteres fundamentales que lo difieren de los otros que existen
en las diversas organizaciones sociales.
a) Es originario, pues no deriva de ningún otro. Hay autores que señalan que existen poderes
que derivan de otros, como en el caso de los Gobiernos Departamentales, que son
organizaciones de poder que proviene del Estado y son constituidos por una norma jurídica
(ley orgánica municipal) dictada por éste.
b) Es forzoso e ineludible. Estamos dentro del poder del Estado y no podemos escaparnos de
él cuando queremos —a pesar de nuestra voluntad—. Aunque estuvieran dotadas de
autoridad, la Iglesia, una asociación, o un gremio, no tendrían la posibilidad de imponernos el
cumplimiento de sus preceptos en forma absoluta, porque siempre cabe la posibilidad de salir
de las mismas. En cambio, el poder del Estado, por ser jurídico, tiene el carácter de ser
coactivo, esto es, la capacidad de imponer sus mandatos por la fuerza, sin que podamos
escapar de su orden normativo.
Este elemento suele relacionarse con el concepto de soberanía. En este sentido, los autores se
agrupan en torno a dos tendencias fundamentales: a) la de aquellos que hacen de la soberanía
algo idéntico al poder del Estado, es decir, que establecen entre soberanía y Estado una
perfecta identidad; y b) la de los que, por el contrario, distinguen la soberanía del poder
etático y la presentan como una cualidad, como un atributo del poder del Estado.
Según VÉSCOVI, “la soberanía es una cualidad del poder estatal en virtud de la cual éste es
superior e independiente de todo otro. (…) Soberano es el poder que puede modificar o crear
su propia competencia, es decir aumentar o cambiar su organización y sus facultades.”
Desde el punto de vista interno, la soberanía consiste en la nota del poder de ser superior a
todos los demás. Si bien dentro del Estado hay otras organizaciones que dictan normas, éstas
no sólo son obligatorias porque el Estado las acepta.
Desde el punto de vista externo, soberanía, en sentido estricto, significa que no hay ningún
otro poder por encima del que tiene el Estado; es sinónimo de independencia.
“La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes
comprendidos dentro de su territorio.”
Humanista. Basado en la concepción filosófica del Iusnaturalismo, nuestro Estado recoge los
principios de la solidaridad humana al reconocer los derechos inherentes a la persona humana
y proveer las garantías necesarias para su protección. (arts. 7 y 72 CR)
Integracionista. De acuerdo a lo dispuesto por el art. 6, inc.2º de la C.R. se debe “... procurar
la integración social y económica de los Estados latinoamericanos...”. Se excluye
obviamente, la integración política. Así, no existe obstáculo para que el Uruguay integre
asociaciones comerciales, económicas, etc., pero no podrá asociarse en aquellos tipos de
alianzas que impliquen la afectación de sus asuntos internos o relacionamiento externo, ni que
limiten en modo alguno su soberanía.
Pacifista. Esta característica está claramente consagrada en el art. 6 de la C.R.: “En los
tratados internacionales que celebre la República propondrá la cláusula de que todas las
diferencias que surjan entre las partes contratantes, serán decididas por el arbitraje u otros
medios pacíficos...”.
Laico. Desde el año 1918, el Estado uruguayo no sostiene religión alguna y, en consecuencia,
proclama la libertad de cultos en su sentido amplio.
Como Estado independiente, su política interna y exterior no podrá ser dictada por otro Estado
extranjero, y su accionar internacionalmente será en relaciones de igualdad jurídica.
“Ella es y será para siempre libre e independiente de todo poder extranjero.” (art. 2, C.R.)
Social. Como sostiene Dardo Regules[5], “este carácter se funda en que, sin pérdida de su
libertad, el hombre pueda acceder a condiciones de vida tales que exista real igualdad entre
los habitantes del Estado…”; y, como dice Alberto Ramón Real[6], “por su concepción amplia
de los fines estatales, para lograr formas de convivencia cada vez más justas, favorables a la
expansión integral de la personalidad, el Estado uruguayo no es solamente un Estado de
derecho, a secas; es un Estado social de derecho, o, mejor, un Estado de derecho
democrático-social…”.
El término Nación se refiere a una entidad abstracta e indivisible que es soberana en cuanto
tiene la capacidad de autodeterminarse en forma original (radicalmente, dice la Constitución).
a) Inscripción obligatoria en el Registro Cívico Nacional para todos los ciudadanos y electores
no ciudadanos.
b) Voto secreto.
c) Voto obligatorio. El no votar sin causa justificada, se sanciona con multas o inhibiciones
según los casos. (Ver Ley 16.017).
d) Universalidad. Del acápite del art.77, C.R., así como de los principios filosóficos y demás
disposiciones contenidas en la parte dogmática de nuestra Carta constitucional, se desprende
que el derecho a sufragar lo tienen todos los ciudadanos inscriptos en el Registro Cívico
Nacional y los electores no ciudadanos que así lo hayan hecho, siempre que no se encuentren
en alguna de las situaciones previstas en el art. 80, C.R. (suspensión de la ciudadanía).
El art. 77 analizado, en sus numerales 5º, 7º y 9º regula aspectos vinculados al sufragio que
constituyen verdaderas garantías electorales.
Mencionamos unos renglones antes la obligatoriedad de sufragar para todos los ciudadanos
inscriptos en el Registro Cívico Nacional. Ser ciudadano implica poseer la calidad jurídico-
política que habilita a una persona a participar en la vida política.
Y también son ciudadanos legales, los hombres y mujeres extranjeros que obtengan gracia
especial de la Asamblea General por servicios notables o méritos relevantes. (art. 75, lit. “c”,
C.R.)
Tres años después de obtenida la carta de ciudadanía (art. 75, inc. 3º).
Se exceptúa a quienes obtuvieron la ciudadanía legal por gracia de la Asamblea General, los
que pueden ejercer sus derechos de inmediato.
Son aquellos extranjeros que, sin poseer la calidad de ciudadanos legales, tienen reconocido su
derecho al sufragio en el País. Están regulados en el artículo 78 de la Constitución de la
República
LA CONSTITUCIÓN NACIONAL
Además, en su parte dogmática, indica las bases que sustentan nuestro régimen democrático
representativo de gobierno. Se refiere a las relaciones que existen entre los Poderes del
Estado y los individuos, y entre éstos entre sí.
Ø Caracteres básicos
ü Escrita: está documentada gráficamente y aprobada con ese carácter por el Poder
Constituyente.
ü Rígida: los mecanismos para su reforma difieren de los previstos para las leyes ordinarias.
(art. 331, C.R.)
Ø Datos históricos
Lo que importa destacar, más que detallar todas y cada una de las modificaciones efectuadas,
es que la que hoy se encuentra vigente, data del año 1967.
Si bien algunos autores señalan que las reformas realizadas en los años 1989, 1994 y 1996,
fueron profundas, la mayoría de la doctrina está de acuerdo en que todas ellas no modificaron
la esencia ni la estructura del Estado que la Constitución de 1967 estableció, por lo que puede
considerarse plenamente vigente, aún con las modificaciones efectuadas posteriormente a su
entrada en vigor.
Ø Concepto
Al iniciar el estudio de la teoría del gobierno, es necesario, en primer término, precisar el
alcance de esta expresión. Es corriente, no sólo en el lenguaje vulgar, sino incluso en el
lenguaje técnico, que la expresión “gobierno” sea utilizada para anotar dos nociones distintas:
1.- Por gobierno, muchos autores –especialmente italianos y algunos franceses– entienden
referirse al Poder Ejecutivo.
2.- Cuando nos referimos a la teoría del gobierno, entendemos aludir a la totalidad de
este sistema orgánico de autoridades a través del cual se expresa el Poder del Estado, creando,
afirmando y desenvolviendo el orden jurídico.
Decir que el gobierno es el sistema orgánico de autoridades a través del cual se expresa
el poder del Estado, creando, afirmando y desenvolviendo el orden jurídico, es decir, que el
gobierno aparece objetivamente como la personificación, como el agente visible del Estado en
sus relaciones con los individuos. Por lo menos, el gobierno es la representación visible del
Estado en cuanto el Estado es fuente de poder, desde que este poder sólo se manifiesta a
través del gobierno.
Conviene aclarar, antes de seguir, que el problema relativo a la naturaleza misma del
gobierno, está condicionado a cuanto se diga acerca de la naturaleza misma del Estado. Hay
una relación de conexión o, mejor todavía, de subordinación, entre la teoría del gobierno y la
teoría del Estado.
Dijimos:
el gobierno es un sistema orgánico de autoridades, a través del cual se expresa el poder del
Estado, creando, afirmando y desenvolviendo el orden jurídico.
a) Sistema orgánico…
¿Por qué decimos “sistema orgánico”? Porque entre todos los elementos del gobierno existe
una cierta coherencia, una cierta trabazón o encadenamiento,cualquiera sea el tipo de
gobierno que se estudie; naturalmente, el “cuantum” de esa correlación entre las distintas
partes del gobierno puede variar, lo mismo que el número de esas partes.
Si examinamos el gobierno más primitivo, el del jefe de la horda, las partes se reducen a uno y,
por consiguiente, la coherencia del sistema alcanza aquí su plenitud. Si examinamos nuestro
sistema de gobierno advertimos, con respecto a la administración centralizada, una división en
poderes: un Poder Legislativo, un Poder Ejecutivo, un Poder Judicial y un esbozo de Poder
Electoral, cada uno de ellos con un ámbito de competencia definido por la Constitución;
pero por mayor que sea la separación entre estos poderes, siempre existirá una correlación
entre sus movimientos, más estrecha en un régimen parlamentario, más laxa en un régimen
presidencialista.
b) …de autoridades…
Decimos que es un sistema de autoridades; tenemos en cuenta, pues, de modo
primordial, a quiénes ejercen el poder y no al poder mismo. Lo sustantivo es el órgano; la
función no es más que la expresión o manifestación de la vivencia del órgano. Hay gobierno
aún cuando los órganos no estén en actividad; se es gobernante aún cuando se integre un
órgano que actualmente no esté funcionando, siempre que dicho órgano posea el poder de
actuar eventualmente. Un Vicepresidente de la República que no esté en funciones, es un
órgano de gobierno, integra el gobierno; basta que tenga el poder potencial de administrar el
organismo estatal.
Por último, parece más conveniente decir que el gobierno es un “sistema de autoridades” que
decir que el gobierno es un “sistema de órganos”. El órgano es la institución constituida por
uno o más individuos a los cuales el orden jurídico le confiere el poder de manifestar una
voluntad que es imputable al Estado. Así, por ejemplo, el Parlamento es un órgano, porque
cuando en él se conjugan en determinado sentido las voluntades individuales de sus
miembros, ese querer es atribuido por la Constitución de la República al Estado. Cuando el
Presidente de la República manifiesta su voluntad, dentro del ámbito de competencia que la
Constitución le fija, su querer, que ha sido elaborado en una persona física, es imputado por la
Constitución al Estado y vale como voluntad del Estado. Esto es el órgano.
Pero el gobierno no es sólo sistema de órganos, sino que también lo integran individuos
cuyo querer no vale como querer del Estado, cuya voluntad no puede ser imputada al Estado
como voluntad estatal, pero que contribuyen de alguna manera a realizar, en los hechos, el
querer del Estado —un agente de Policía, por ejemplo—. Entonces, la expresión que tiene un
contenido más amplio que la de órgano del Estado y que alcanza no solamente a los órganos
sino a esta otra categoría de sujetos, es “Agente Público”.
El gobierno es el instrumento técnico a través del cual se revela y actúa el poder del Estado. El
instrumento es contingente; el generador del poder que por ese instrumento se expresa es
permanente. Los gobiernos pueden cambiar, el Estado no por ello se altera en su
individualidad. La muerte de un Estado importa siempre la muerte del gobierno; la recíproca
no es verdadera.
d) …creando, afirmando y desenvolviendo el orden jurídico.
Este es el fin que orienta toda la actividad gubernamental: crear, afirmar y desenvolver
el orden jurídico.
Ahora bien, ¿no tiene el Estado, además del fin jurídico, fines de cultura, de conservación,
económicos? A juicio de Justino JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA, “el fin directo, inmediato del Estado,
es exclusivamente la realización del Derecho. Cosas distintas de los fines del Estado son las
profesiones o actividades confiadas a él.”
El Estado puede ser industrial, banquero, educador; puede cumplir actividades de orden
cultural o económico; esto dependerá de los tiempos, del consentimiento de los hombres,
pero el único lenguaje del Estado es el Derecho: el Estado hace cultura por medio de sus leyes,
por medio de la actividad de sus funcionarios, y la sanción de la ley y el contralor de la
actividad de los funcionarios no se cumple sino mediante el Derecho. Los fines de cultura, de
conservación y económicos son, no fines del Estado, sino fines del Derecho que el Estado crea.
Por tanto, la función del gobierno no es otra que crear, afirmar y desenvolver el orden jurídico.
Ø Formas de gobierno
Con respecto al problema del gobierno, la historia del pensamiento político nos muestra que
los investigadores primero han procedido tratando de establecer, de un modo general y en
función de sus caracteres externos, qué cosa es el gobierno; más tarde, tratando de realizar
una clasificación de las distintas formas que el gobierno presenta en los diferentes estados de
su evolución histórica
El criterio de clasificación no ha sido siempre el mismo; las formas de gobierno pueden ser
clasificadas partiendo de distintos puntos de vista: en función del número de gobernantes, en
función del modo cómo se trasmite el poder, en función de los procedimientos mediante los
cuales se crea la voluntad gubernamental, etc.
PLATÓN por ejemplo, hablaba del “gobierno de uno” (monarquía), del “gobierno de
varios” (aristocracia), y del “gobierno del mayor número” (democracia). Pero Platón era un
aristócrata, y por su particular concepción de la justicia, era un enemigo del régimen
democrático: admitía que la fórmula de gobierno ideal era aquella en la cual un rey filósofo,
sabio y prudente tomara a su cargo atribuir a cada uno de los hombres una función dentro del
grupo social, la más conforme con su propia naturaleza, quedando así librado a la discreción
del rey el destino de la vida humana en su integridad
Ahora bien, según Jiménez de Aréchaga, la atención sólo al número, “no va con nuestro actual
sentido de la libertad, ya que hoy no puede ser definida la democracia solamente en función
del número de los que gobiernan, sino que este concepto político se ha integrado ya
definitivamente con la idea de libertad, que no se armoniza con esta disposición total de la vida
del hombre por parte del gobierno
Con ARISTÓTELES, la clasificación de las formas de gobierno se enriquece: distingue entre
formas “puras” y formas “impuras”. Las formas puras —monarquía, aristocracia y democracia
— son siempre gobiernos inspirados en el interés de todos. En cambio, las formas impuras —
tiranía, oligarquía y demagogia— son gobiernos inspirados en el interés de los gobernantes y
no en el interés común
Advertimos que, para Aristóteles, no se trata solamente de establecer cuántos son los que
gobiernan en relación al número de los gobernados, sino que hay un criterio de justicia
económica, actualísimo, en el fondo de su clasificación, que le hace decir que será oligárquico
el gobierno aún cuando esté detentado por la mayoría, siempre que la mayoría esté formada
por los que son económicamente poderosos.
Aristóteles también observa que no siempre las formas típicas son las más convenientes, ni
son las que realizan mejor el ideal de justicia; por el contrario sostiene que la conveniencia
pública hace necesario recurrir a formas mixtas de gobierno, es decir a sistemas de
administración del poder estatal que no se ajusten perfectamente a cada uno de estos tipos
básicos, sino que resulta de la combinación de sus elementos característicos.
Más allá de las clasificaciones clásicas del gobierno, seguimos aquí el criterio de Justino
JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA, quien entiende que:
“La diferencia que hay entre el concepto de gobierno y el de Estado, es que el de Estado es más
profundo y complejo; el gobierno es simplemente un sistema orgánico de autoridades a
través del cual se expresa el querer del Estado.
GOBIERNOS DE FUERZA
El autor compatriota Aníbal Luis BARBAGELATA sostiene que la dicotomía que establece la
división de los gobiernos en gobiernos de opinión y gobiernos de fuerza no hace más que
replantear el problema de la “legitimación del poder”. Es que “no existen en el mundo más
que dos poderes: uno ilegítimo, es la fuerza; el otro legítimo, es la voluntad general”.
Pero ¿qué son los gobiernos de fuerza? Puede decirse, en principio, quegobiernos de fuerza
son los que se basan en la violencia en cualquiera de sus formas.
En la historia contemporánea podemos apreciar por lo menos tres ejemplos de este tipo de
gobiernos: el régimen fascista, el régimen nazi y el régimen soviético. Su examen ofrece
algunas dificultades serias, por cuanto los gobiernos de fuerza en cuestión han seguido, desde
su genesis hasta su definitivo asentamiento dos vías distintas. En efecto: en alguno de ellos los
hechos han precedido a la doctrina, mientras que en otros la doctrina precedió a los hechos.
Los tres tipos de gobiernos de fuerza que se analizan tienen marcadas diferencias, pero los tres
presentan un substrato común. Descubierto éste, se habrá descifrado su esencia y resuelto
afirmativamente el problema de la existencia de una teoría de los gobiernos de fuerza.
1) Están asentados sobre la fuerza, a diferencia de los gobiernos de opinión que lo están sobre
el consentimiento.
Los gobiernos de opinión se afirman en la libre convicción y la libre expresión de esa convicción
(en el consentimiento). En vez de eso, la violencia en todas sus formas es el signo de los
gobiernos de fuerza.
Todos los gobiernos de fuerzan parten de una desvalorización del individuo. El individuo, por
consiguiente, vale en tanto se desindividualiza o se subsume en lo general.
De todas maneras, puede considerarse que las dictaduras militares que se originaron en los
golpes de Estado que se dieron en América Latina en la 2ª mitad del siglo XX, aprovechando la
debilidad de las democracias pueden ser catalogadas como gobiernos de fuerza. “Estos
regímenes —señala Enrique VÉSCOVI— también entran en la clase de los totalitarios (o de
fuerza), en cuanto suprimen las libertades y adoptan un régimen de Ejecutivo fuerte (a
menudo encabezado por un dictador) y un Legislativo no elegido popularmente, sino mediante
designación. En algunos de esos sistemas, el voto popular (pero emitido en un sistema sin
garantías políticas) ratifica algunos de esos órganos o nuevas constituciones.”
La dictadura cívico-militar que gobernó en Uruguay entre los años 1973 y 1985 tuvo estas
características.
Para el Prof. Ademar SOSA, las formas que puede asumir un gobierno democrático son
tres: democracia directa, democracia indirecta o representativa y democracia semi-directa ó
semi-representativa.
Se puso en práctica en algunas ciudades de la antigua Grecia, cada una de las cuales
constituía un Estado con territorio, población y gobierno propio; razón por la cual se las
denominó “ciudades-estado”. De todas maneras, quienes votaban las normas, es decir los
ciudadanos, constituían una pequeña minoría de la población. Por lo tanto, es muy relativo el
valor de este ejemplo como representativo de una verdadera democracia.
Coincidiendo con el citado autor, nos atrevemos a agregar —siguiendo al prof. Juan
VILLANUEVA— un cuarto instituto de democracia directa: el sufragio, mediante el cual
elegimos a nuestros representantes.
BASES DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO REPRESENTATIVO DE GOBIERNO
Reconoce que todos los individuos están dotados de ciertos derechos fundamentales,
inherentes a la condición humana, que el Estado no sólo tiene el deber de respetar (por lo que
constituyen un límite para su poder), sino que tiene el deber de proteger y asegurar
progresivamente, mediante actos positivos. Tales derechos deben ser protegidos también por
la comunidad internacional. El desconocimiento deliberado o sistemático de tales derechos
constituye un atentado contra el sistema democrático representativo.
En las democracias representativas ninguna autoridad puede ser constituida sino por el
consentimiento popular. Las constituciones extraen del consentimiento público su autoridad;
los gobernantes deben ser elegidos por el pueblo, sea directa o indirectamente. Pero además,
es preciso garantizar la libre formación, transformación y expresión de la opinión pública, así
como su libertad de información en cuanto a la gestión de los intereses colectivos.
Ello importa decir que a partir de la Constitución, que es la ley fundamental del Estado, toda la
actuación de los gobernantes y funcionarios ha de estar regulada por normas jurídicas, las que
determinarán precisamente las facultades de cada uno de ellos, las formalidades a las que
deberán ajustar su acción, los efectos de sus decisiones, los procedimientos para recurrir de
ellas, los medios jurídicos de que dispondrán los gobernados para defenderse de los abusos o
desviaciones del poder.
No ha sido instituido para defender los privilegios o beneficios de clase social alguna. El
reconocimiento de la igualdad natural de todos los individuos que está en su base, le impone el
deber positivo de asegurar a todos ellos iguales oportunidades para la plena expansión y el
más amplio desarrollo de su personalidad. Por ello, le está vedado el reconocimiento y amparo
de injustos privilegios, tiene el deber de proscribir toda forma de explotación y ha de atender a
la defensa del individuo frente a los riesgos de invalidez, enfermedad, desempleo o
subordinación económica
[4] HELLER, Hermann.- Teoría del Estado. Fondo de Cultura Económica, México, 1971.
[5] REGULES, Dardo. Democracia y Estado de Derecho (El concepto de democracia en Regules y
la noción de Estado de derecho). En “Cuadernos de la Fac. de Derecho y Ciencias Sociales
(UdelaR)”, Nº 8, 2ª serie, 1988.
[6] REAL, Alberto Ramón. Estado de Derecho. En “Estudios jurídicos en memoria de Eduardo J.
Couture”, Fac. de Derecho (UdelaR), 1957.