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La Virgen María

El capítulo VIII de la Lumen gentium del Concilio Vaticano II resalta la importancia de la Virgen María en la historia de la salvación, destacando su relación con Cristo y su papel en la Iglesia. María es presentada no solo como Madre de Dios, sino también como un modelo de fe y virtud para la Iglesia, siendo reconocida como su madre y figura representativa. Su intercesión y su asunción al cielo la convierten en un signo de esperanza y consolación para los creyentes.

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La Virgen María

El capítulo VIII de la Lumen gentium del Concilio Vaticano II resalta la importancia de la Virgen María en la historia de la salvación, destacando su relación con Cristo y su papel en la Iglesia. María es presentada no solo como Madre de Dios, sino también como un modelo de fe y virtud para la Iglesia, siendo reconocida como su madre y figura representativa. Su intercesión y su asunción al cielo la convierten en un signo de esperanza y consolación para los creyentes.

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LA VIRGEN MARÍA

EN LA FORMACIÓN INTELECTUAL
Y ESPIRITUAL1
CAP. II. LA ENSEÑANZA MARIOLOGICA DEL VATICANO II

5. La importancia del capítulo VIII de la Lumen gentium radica en el valor de su síntesis doctrinal y en el
planteamiento del tratado doctrinal sobre la Santísima Virgen, encuadrado dentro del misterio de Cristo y de la
Iglesia.
De esta forma el Concilio:
— se ha enlazado con la tradición patrística, que destaca la historia de la salvación como el tejido propio de
todo tratado teológico;
— ha puesto en evidencia que la Madre del Señor no es una figura marginal en el conjunto de la fe y en el
panorama de la teología, ya que Ella, por su intima participación en la historia de la salvación «reúne en si y
refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe»;[7]
— ha ordenado en una visión unitaria posiciones diferentes sobre el modo de afrontar el tema mariológico.
a) En razón de Cristo
6. Según la doctrina del Concilio la misma relación de María con Dios Padre se determina en razón de Cristo.
Efectivamente Dios, «cuando se cumplió el plazo, envío a su Hijo, nacido de mujer...para que recibiéramos la
condición de hijos» (Gal 4, 4-5).[8]
Por eso María, que por condición era la esclava del Señor (cfr. Lc 1,38.48), habiendo acogido «al Verbo de
Dios en su alma y en su cuerpo» y dado «la vida al mundo», se convirtió por gracia en «Madre de Dios».
[9] En razón de esta misión singular, Dios padre la preservo del pecado original, la colmo de la abundancia de
los dones celestiales y, en su sabio designio, «quiso...que la aceptación de la madre predestinada precediera
a la encarnación»[10]
7. El concilio, ilustrando la participación de María en la historia de la salvación, expone sobre todo las
múltiples relaciones que se dan entre la Virgen y Cristo:
— de «fruto el mas espléndido de la redención»,[11] habiendo sido Ella «redimida de un modo tan sublime en
vista de los méritos de su hijo»;[12] por eso los Padres de la Iglesia, la Liturgia y el Magisterio no han dudado
en llamar a la Virgen «hija de su Hijo»[13] en el orden de la gracia;
— de madre que, acogiendo con fe el anuncio del Ángel, concibió en su seno virginal, por la acción del
espíritu y sin intervención de varón, al Hijo de Dios, según la naturaleza humana; lo dio a la luz, lo alimento, lo
guardo y lo educo;[14]
— de esclava fiel, que «se consagró totalmente a sí misma (...) a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo
al misterio de la redención sometida a El y con El»; [15]
— de compañera del Redentor: «concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre
en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, Ella cooperó en un modo del todo especial a la
obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad»; [16]
— de discípula que, durante la predicación de Cristo, «acogió las palabras, con las que su Hijo, exaltando el
reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a los que
escuchan y guardan la palabra de Dios (cfr. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28), como Ella hacía fielmente (cfr Lc 2, 19 y
51).[17]

1
CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA
8. En luz cristológica hay que leer también las relaciones entre el Espíritu Santo y María: Ella, «como
plasmada y hecha una nueva criatura» [18] por el Espíritu y convertida de un modo particular en su templo,
[19] por la fuerza del mismo Espíritu (cfr. Lc 1, 35), concibió en su seno virginal a Jesucristo y lo dio al
mundo. [20] En la escena de la Visitación vuelven a manifestarse, por medio de Ella, los dones del Mesías
Salvador: la efusión del Espíritu sobre Isabel, la alegría del futuro Precursor (cfr. Lc 1, 41).
Llena de fe en la promesa del Hijo (cfr. Lc 24, 49), la Virgen constituye una presencia orante en medio de la
comunidad de los discípulos: perseverando con ellos en la unión y en la oración (cfr. Hec 1, 14), implora «con
sus oraciones el don del Espíritu, que la había cubierto ya en la anunciación» [21]
b) En razón de la Iglesia
9. En razón de Cristo, y por tanto también en razón de la Iglesia, desde toda la eternidad Dios quiso y
predestinó a la Virgen. En efecto, María de Nazaret:
— es «reconocida como miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia»,[22] por los dones de
gracia con que está adornada y por el lugar que ocupa en el Cuerpo místico;
— es madre de la Iglesia, ya que ella es «Madre de Aquel, que desde el primer instante de la Encarnación en
su seno virginal, unió consigo como Cabeza su Cuerpo Místico que es la Iglesia»; [23]
— por su condición de virgen, esposa y madre es figura de la Iglesia, que es, también ella, virgen por la
integridad de su fe, esposa por su unión con Cristo, madre por la generación de innumerables hijos; [24]
— por sus virtudes es modelo de la Iglesia, que se inspira en Ella en el ejercicio de la fe, de la esperanza, de
la caridad [25] y en la actividad apostólica; [26]
— con su múltiple intercesión sigue alcanzando para la Iglesia los dones de la salvación eterna. En su caridad
maternal cuida de los hermanos de su Hijo todavía peregrinos. Por esto la Santísima Virgen es invocada por
la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora; [27]
— asunta en cuerpo y alma al cielo, es la «imagen» escatológica y la «primicia» de la Iglesia,[28] que en Ella
«contempla con alegría (...) lo que Ella misma, toda entera, espera y ansía ser»,[29] y en Ella encuentra un
«signo de segura esperanza y consolación».[30]
Notas:
[7] Lumen gentium, 65
[8] Ibid., 52
[9] Cf. ibid., 53.
[10] Ibid., 56.
[11] Sacrosanctum concilium
[12] Lumen gentium, 53.
[13] Cf. Concilium Toletanum XI, 48: DENZINGER
SCHÖNMETZER, Enchiridion Symbolorum definitionum et
declarationum de rebus fidei et morum
[14] Cf. Lumen gentium, 57. 61
[15] Ibid., 56.
[16] Ibid., 61. Cf. ibid., 56. 58
[17] Ibid., 58.
[18] Ibid., 56.
[19] Cf. ibid., 53.
[20] Cf ibid., 52. 63. 65
[21] Ibid.,59
[22] Ibid., 53.
[23] PAULUS PP.VI, Allocutio tertia SS. Concilii periodo exacta (21
novembris 1964): AAS 56 (1964) 1014-1018
[24] Cf ibid., 64
[25] Cf ibid.,53. 63. 65
[26] Cf ibid.,65.
[27] Cf. Lumen gentium, 62
[28] Cf. Lumen gentium, 68.
[29] Sacrosanctum concilium, 103.
[30] Cf. Lumen gentium, 68.

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