Lucentum 32
Lucentum 32
XXXII, 2013
Este número se edita con subvenciones del Vicerrectorado de Investigación, Desarrollo e Innovación y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Alicante.
Consejo de redacción:
Director: Abad Casal, Lorenzo, Catedrático de Arqueología, Universidad de Alicante
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Del Castillo Álvarez, Arcadio, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de Alicante
Espinosa Ruiz, Urbano, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de La Rioja
González Prats, Alfredo, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Alicante
Gutiérrez Lloret, Sonia, Catedrática de Arqueología, Universidad de Alicante
Lorrio Alvarado, Alberto, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Alicante
Martí Oliver, Bernat, Investigador del Servicio de Investigación Prehistórica-Museo de Prehistoria de Valencia
Pesando, Fabricio, Professore di Archeologia Classica, Università degli Studi di Napoli, L’Orientale
Ramallo Asensio, Sebastián, Catedrático de Arqueología, Universidad de Murcia
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Bendala Galán, Manuel, Catedrático emérito de Arqueología, Universidad Autónoma de Madrid
Blázquez Martínez, José Mª, Catedrático emérito de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid, y miembro de número de la
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Carrasco Rus, Javier, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Granada
Coarelli, Filippo, Professore emerito di Archeologia Romana, Università degli Studi di Peruggia
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Eiroa Fernández, Jorge Juan, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Murcia
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ALICANTE) COLLECTION
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LVCENTVM XXXII, 2013, 9-30. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.01
CLAUDIA PAU
Universidad de Granada
CRONOLOGÍA
PERIODO FASE CULTURA CRONOLOGÍA A. C.
CALIBRADA a.C.
Antiguo I Su Carropu 6000-4700
Antiguo II Grotta verde 4700-4300 6000-4700
Antiguo III Filiestru B 4300-4000
Neolítico
Medio Bonu Ighinu 4000-3400 4700-4000
Reciente San Ciriaco 3400-3200
Final S. Michele-Ozieri 3200-2850 4000-3200
Inicial
Antiguo I Sub Ozieri 2850-2700
Antiguo II Filigosa 2700-2600 3200-2700
Calcolítico Medio Albealzu 2600-2400
Reciente Monte Claro 2400-2100
Final I Campaniforme A1 2100-2000 2700-2200
Final II Campaniforme A2 2000-1900
Antiguo I Campaniforme B 1900-1800
(Epicampaniforme)
Bronce 2200-1900
Antiguo II Bonnanaro A1 1800-1650
Antiguo III Bonnanaro A2 1650-1600
Figura 1: Cronología y facies culturales de Cerdeña desde el Neolítico hasta el Bronce Antiguo, según G. Ugas (2005).
descubrimiento de los primeros testimonios se discu- la Cultura Bonnanaro. E. Contu, puntualiza que hay
tió sobre sus aspectos cronológicos y culturales, sien- claros indicios estratigráficos de un periodo únicamen-
do los cuadros cronológicos más seguidos los desarro- te con campaniforme en Cerdeña, identificable en al-
llados por M. L. Ferrarese Ceruti, E. Contu, E. Atzeni gunos yacimientos como Padru Jossu y Santu Pedru,
y G. Ugas. aunque, en nuestra opinión sea una imagen resultado
M. L. Ferrarese Ceruti habló de un momento más del carácter de estos contextos. Este investigador, indi-
antiguo donde el Campaniforme se superpone, aunque ca una evolución del campaniforme en fases y basán-
parcialmente, a la Cultura Calcolítica de Monte Claro, dose en las dataciones de carbono 14 del Eneolítico
en que se percibirían influjos occidentales (Península sardo de la Gruta de Filiestru, Mara (Sassari) propone
Ibérica, Francia meridional). Este momento quedaría para el inicio del campaniforme sardo decorado, la fe-
atestiguado en los yacimientos de Monte Ossoni de cha no calibrada de 2300-2000 a. C. aproximadamente
Castelsardo (Sassari), Monte Olladiri de Monastìr y (2860-2350 cal A.C.) y además coloca la última fase
Palazzu de Samassi (Cagliari), donde se han hallado (cerámicas con perfiles rígidos y redondeados y con
elementos campaniformes en asociación con elemen- asas a codo, vasos trípodes y ausencia de decoracio-
tos de Cultura Monte Claro, mientras que serían prueba nes) en el Bronce Antiguo, en la primera fase de la
de la mayor antigüedad de los restos Monte Claro, las facies de Bonnanaro (Bonnanaro I) (2000-1600 a.C.;
superposiciones estratigráficas en Padru Jossu en San- 2350-1800 cal A. C.) (Contu, 1988, 442; 1996, 385-
luri, Pani-Lòriga en Santadi, y la tumba VII de Serra 396; 2006, 388-389 y417).
Is Araus en San Vero Milis. La autora habla también Para E. Atzeni, el campaniforme se manifiesta en
de un momento más reciente (inicio del Bronce Anti- Cerdeña desde el Eneolítico a la primera edad del
guo), caracterizado por fuertes influjos centroeuropeos. Bronce (últimos siglos del III milenio y los primeros
Además M. L. Ferrarese Ceruti, situó los ajuares de los del II milenio a. C.), superponiéndose a la cultura de
niveles superiores de las sepulturas de Padru Jossu, Monte Claro, sin excluir posibles contactos con la
Sanluri, y de Marinaru, Porto Torres entre el final del Cultura de Albeazu-Filigosa y declinando en las facies
Eneolítico y el Bronce Antiguo. Por lo tanto, para esta del Bronzo Antiguo. El autor propuso una secuencia
investigadora los inicios del Campaniforme en Cerde- en 4 fases del campaniforme sardo. Una fase antigua,
ña se colocarían en el último cuarto del tercer milenio atestiguada por escasos hallazgos de tipología arcaica,
a. C. en fechas no calibradas (Ferrarese Ceruti, 1981, como un fragmento cerámico de pasta fina y superfi-
LV; 1988, 456; 1989, 60-61; 1997, 325 y 477-478). cies bruñidas con decoración cordada (gruta de Co-
E. Contu, encuadra el desarrollo del campanifor- rongiu Acca I, Villamassargia), y vasos en forma de
me entre los últimos siglos del III y los primeros del campana en estilo marítimo. La siguiente fase media
II milenio a.C.(también en fechas no calibradas). Para constituiría, para él, el momento más típico, caracteri-
este autor las primeras manifestaciones aparecerían zado por la convergencia de influjos de las provincias
antes del final de Filigosa, para después perdurar, jun- campaniformes europeas. La fase reciente, que, para
to con manifestaciones Monte Claro, también después él, se puede sincronizar con aspectos extra insulares
de Albeazu, hibridándose con sucesivos elementos de de transición al primer bronce, mostraría una fuerte
continuidad con la anterior, aunque presentando nue- también en Cerdeña el Campaniforme pasará desde
vas tipologías vasculares y nuevos estilos decorativos, unas primeras fases con las formas típicas de ámbito
tal vez con connotaciones regionales como muestran europeo, a una fuerte regionalización con diferencia-
los vasos de la zona del Sulcis Iglesiente. En una fase ciones zonales, hasta hibridarse en las facies iniciales
final, las últimas manifestaciones campaniformes se del Bronce Antiguo.
atestiguarían en pleno Bronce Antiguo, en un nuevo
ámbito cultural correspondiente a las facies de Bonna-
naro A, por primera vez documentada en los hipogeos 1. 3. La cultura material
de Corona Montana, Bonnanaro. En esta fase el reper-
torio cerámico está caracterizado por una disminua- En Cerdeña encontramos vasijas cerámicas con pasta
ción de la decoración y con vasos con asas, trípodes de buena calidad, las formas más características son
con cuerpo troncocónico o carenados con altos pies los típicos vasos en forma de campana invertida, con
subrectangulares, copas de tipo frutero con pie hueco, perfil redondeado o, sobre todo, carenado y con el fon-
ollitas y formas carenadas, bicónicas o troncocónicas. do plano, los cuencos hemisféricos, a veces con tres
Todavía perduran los brazaletes de arquero, los punzo- o cuatro pies en la mayoría de los casos cilíndricos,
nes en cobre, algunos ornamentos en hueso y concha tazas troncocónicas con una sola asa y jarras. En la
y los colmillos de jabalí, y aparece por primera vez el isla se atestigua un único vaso con decoración corda-
puñalito sin codo con la placa de enmangue redondea- da, el ejemplar de la Gruta de Coròngiu Acca I, Villa-
da y con los agujeros para los remaches (Atzeni, 1996, massargia (Atzeni, 1996, 397), mientras que hay una
397-408; 1998a, 243-253). gran difusión de elementos con decoración en peine o
Según el esquema cronológico propuesto por G. con incisión simple. En algunos casos las dos técnicas
Ugas, en Cerdeña los materiales de las facies campani- están presentes en un único vaso. Las decoraciones se
formes se encuentran claramente superpuestos a los de realizan en bandas horizontales en intervalo con zonas
la Cultura de Monte Claro, como está bien delineado lisas lo que es característico de todos los vasos del es-
en las secuencias estratigráficas de Padru Jossu en San- tilo denominado «marítimo» o internacional. A veces
luri, Santu Pedru en Alghero, y Su Crocifissu Mannu la decoración campaniforme internacional, con bandas
en Porto Torres. Para él, esto indicaría la plena autono- rellenada de tratos oblicuos, se enriquece de triángulos
mía del aspecto sardo del campaniforme internacional con puntillado horizontal; mientras que en los vasos
con respecto al Monte Claro, mientras que parece po- polípodos se utilizan las técnicas del campaniforme
sible una parcial contemporaneidad de este último con mediterráneo con las típicas bandas lisas en zig-zag
la fase cordada campaniforme, si bien ello supondría obtenidas por la oposición alterna de los vértices de
acortar considerablemente el desarrollo de las facies los triángulos adornados con trazos. Frecuentes son
calcolíticas no campaniformes. Para este investiga- también los motivos en reticulado, mientras son raros
dor, el campaniforme, se desarrollaría en dos fases del los motivos en ajedrez y los metopados (Ferrarese Ce-
Eneolítico Final (A1, facies marítima-internacional; ruti, 1981, LVIX; 1997, 329).
A2, facies italiana-sulcitana o de Locci Santus), apro- En Cerdeña encontramos las armas típicas del
ximadamente 2100-1900 a. C. en fechas no calibradas, campaniforme europeo, puntas de flecha, puñales
y de una del Bronce Antiguo Inicial (B, facies del cam- triangulares, y brazaletes de arquero, aunque no hayan
paniforme «inornato» sin decoración o de Padru Jossu aparecido puntas de tipo Palmela. Se puede suponer
B), aproximadamente1900-1800 a. C., indicadora de que algunas hachas pulidas y cuchillos de sílex u obsi-
los contactos entre Cerdeña y las regiones mediterrá- diana pertenezcan al campaniforme isleño, aunque es
neas franco-ibéricas y además con Europa centro-occi- difícil su identificación no teniendo caracteres distin-
dental (Ugas, 1998a, 254-255; 2005, 17). tivos (Contu, 2006, 369). Pueden también pertenecer
Actualmente, muchos estudiosos, colocan cro- a la misma época, los punzones en cobre, puntiagudos
nológicamente el campaniforme sardo, sobre la base en las dos extremidades, con sección cuadrada o circu-
de dos dataciones, entre las obtenidas del estudio del lar, con uso continuado también en el Bronce Antiguo
hipogeo de Padru Jossu, Sanluri 2463 y el 2155 cal (Contu, 2006, 369; Ferrarese Ceruti, 1997, 333).
A.C., (Melis, 2010, 292), lo que además coincide con El campaniformes de Cerdeña presenta, un gran re-
el desarrollo en áreas vecinas. pertorio de elementos de ornamento, collares, cuentas,
Teniendo en cuenta estas interpretaciones, conside- colgantes, botones, brazaletes (pulseras o tobilleras) y
ramos que los testimonios campaniformes aparecen en alfileres, además, de un disco en lámina de plata, con
el Calcolítico local, durante el desarrollo de la Cultura agujeros, interpretado como un espejo (Pau, 2008)
Monte Claro, a mediados del III Milenio cal A.C., y
perdurarían con sus más tardías manifestaciones (lo
que denominamos epicampaniforme) en los momen- 1. 3. Los objetos de adornos: cuentas y colgates
tos iniciales de la antigua edad del Bronce, a inicios
del II Milenio cal A.C. como atestiguan, por ejemplo Teniendo en cuenta las aportaciones de los estudios
los casos de las tumbas de Cuccuru Nuraxi, Setti- sobre adornos en la investigación arqueológica (Bar-
mo San Pietro e Is Calitas, Soleminis. Por lo tanto, ciela González, 2008; Barge, 1982; Pérez Arrondo y
López de la Calle Cámara, 1985; Taborin, 2004), y sutiles de fibras vegetales o cuero de animal o cosidos;
además considerando las escasas investigaciones rea- otros están sin perforación. En este último caso puede
lizadas en este sector tan importante en relación a la tratarse de elementos en fase de elaboración, o podían
época campaniforme y epicampaniforme de Cerdeña, ser pequeños amuletos protectores depositados en las
con respecto a otros materiales (cerámica, armas, etc.), tumbas, o también se podría pensar que estas gentes
hemos considerado oportuno focalizar nuestro trabajo prehistóricas utilizaran pegamentos vegetales o ani-
en el análisis de dos categorías de adornos, las de las males, con los cuales adherir estos pequeños elemen-
cuentas y las de los colgantes, que se hallaron en los tos, cuyas trazas habrían desaparecido con el tiempo.
yacimientos campaniformes y epicampaniformes de Se han definido como cuentas los elementos suel-
Cerdeña (Fig. 2). tos que presentan una anchura superior o igual a la al-
Estos elementos sueltos (cuentas y colgantes) po- tura y como colgantes las joyas que penden o cuelgan,
drían pertenecer a collares, pero también a brazaletes, porque tienen una altura siempre superior respecto a
tobilleras, pendientes, cinturones o, quizás, podían la anchura.
simplemente haber sido utilizados como elementos En el presente trabajo, se han clasificado los ele-
decorativos del pelo o de las vestimentas. mentos más recurrentes en los contextos sardos, y los
La mayoría de estos objetos de adorno presentan más característicos. Las categorías de cuentas y col-
una perforación (Fig. 3), que nos indicaría indudable- gantes se han ordenado en grupos (Fig. 4) siguiendo
mente su uso, ensartadas en un hilo o unas cuerdas criterios morfológicos, poniendo en relación todos
los objetos que presentan una forma similar. Cada
grupo ha sido, posteriormente dividido en subgrupos
teniendo en cuanta el soporte sobre el que han sido
manufacturados; además hay subgrupos que han sido
articulados en diferentes tipos según aspectos morfo-
lógicos (influyendo en algún caso en la funcionalidad
del objeto).
Figura 3: Diferentes tipos de perforaciones de cuentas y colgan- En este modo queremos dar un cuadro preciso de
tes campaniformes y epicampaniformes de Cerdeña. las diferentes variedades de cuentas y colgantes, que
Figura 4: Categoría 1 Cuentas: 1. Grupo I Cuentas discoidales (Monte Luna, Senorbí); 2. Grupo II Cuentas cilíndricas o tubulares
(Anghelu, Ruju, Alghero); 3. Grupo III Cuentas en «oliva» (Padru Jossu, Sanluri); 4. Grupo IV Cuentas con apéndices laterales o a
glóbulos (Padru Jossu, Sanluri); 5. Grupo V Cuentas de concha entera (Padru Jossu, Sanluri) (Ugas, 1998b, 267, fig. 7 reelaborado);
6. Grupo VI Cuentas troncocónicas (Colección Doneddu, Carbonia); 7. Grupo VII Cuentas bicónicas (Bingia e’ Monti, Gonnostra-
matza); 8. Grupo VIII Cuentas en espiral (Cuguttu, Alghero); 9. Grupo IX Perles à ailettes (cuentas con alitas) (Padru Jossu, Sanluri).
Categoría 2 Colgantes: 10. Grupo X Colgantes de diente entero (Padru Jossu, Sanluri); 11. Grupo XI Colgantes en forma de creciente
lunar (Padru Jossu, Sanluri); 12. Grupo XII Colgantes ovales (Isa Calitas, Soleminis) (Manunza et alii, 2005, 169 51d); 13. Grupo
XIII Colgantes laminares en concha (Padru Jossu, Sanluri); 14. Grupo XIV Colgantes de concha entera (Ponte Secco, Porto Torres);
15. Grupo XV Colgantes en forma de hacha (Su Crocifissu Mannu, Porto Torres); 16. Grupo XVI Colgantes rectangulares (Colleción
Doneddu, Carbonia); 17. Grupo XVII Colgantes romboidales (Padru Jossu, Sanluri); 18. Grupo XVIII Colgantes en forma de corazón
(Padru Jossu, Sanluri); 19. Grupo XIX Colgantes globulares o planos con apéndices para la suspensión (Anghelu Ruju, Alghero); 20.
Grupo XX Fíbulas-colgantes (Padru Jossu, Sanluri) (Ugas, 1998b, 269, fig.9 reelaborado); 21. Grupo XXI Anillos-colgantes (Cuguttu,
Alghero) (Castillo Yurrita, 1928, lám. CXV reelaborado).
aparecieron en Cerdeña durante el periodo de difusión (Capo Sant’ Elia, Padru Jossu, Monte Luna, Cuccuru
e hibridación del fenómeno campaniforme, y poder Nuraxi, Is Calitas, Bingia ‘e Monti, Motorra, Anghelu
estimar la aparición de nuevas formas, la persistencia Ruju, Cuguttu, Santu Pedru, Taulera, Ponte Secco, Su
de elementos utilizados en anteriores facies culturales, Crocifissu Mannu, S’Elighe Entosu) (AA.VV., 1990,
y los cambios en la elección y en el uso de los sopor- 72; Atzeni, 1998a, 252, Fig. 8; 2003, lám. 1; 2007, 52-
tes, además realizando comparaciones con materiales 53; Contu, 1955, 27; 1964, 187-188; Ferrarese Ceruti,
afines de las regiones europeas, será posible medir los 1974, 167, Fig. 22; 1997, 193-194 nota 184; Lilliu,
posibles contactos y relaciones que, al final del Calco- 1968, 81; Manca, 2010, 240; Manunza et alii., 2005,
lítico y al inicio del Bronce Antiguo, interesaron a la 145; Taramelli, 1904, 1909a, 1909b; Ugas, 1998b,
isla de Cerdeña en el arco Mediterráneo. 267, Fig. 7).
Se trata de pequeños elementos de morfología dis-
coidal (diámetro mínimo 0,2 cm, máximo 1,9 cm; es-
2. LAS CUENTAS pesor mínimo 0,1cm, máximo 0,8 cm), con las caras
de forma circular y sección plana o ligeramente plano-
2.1. Cuentas discoidales cóncava, cóncavo-convexa o plano-convexa, con una
perforación central transversal a su eje máximo, de for-
Se han estudiado las cuentas de forma discoidal (gru- ma circular o ligeramente ovalada y sección cilíndrica
po I) (Fig. 5. 36-52), halladas en catorce yacimientos y en algunos casos bicónica, troncocónica, o irregular.
Figura 5: 1-27. Colgante en concha; 28. Colgante en concha entera; 29-35. Colgantes obtenidos de dientes de animales; 36-52. Cuentas
discoidales (Monte Luna, Senorbí).
Estas piezas, aparecen en toda la secuencia del se han hallado objetos en curso de elaboración y ma-
campaniforme sardo desde las fases iniciales hasta las nufacturados, entre los cuales hay numerosos elemen-
finales en el Bronce antiguo inicial, y están documen- tos discoidales.
tadas uniformemente en toda el área estudiada, y en
todas las tipologías tumbales.
Hay cuatro subgrupos de cuentas discoidales, el 2.2. Cuentas cilíndricas o tubulares
primero (subgrupo I) está constituido por elementos
elaborados desde los exoesqueletos de bivalvos (fa- Las cuentas cilíndricas o tubulares, que constituyen
milia Cardiidae. Glycymerididae) o gasterópodos el grupo II, presentan morfología cilíndrica, y sección
(familia Ranellidae), y se han hallado en doce de los circular con una perforación central circular o ligera-
yacimientos estudiados (Capo Sant’ Elia, Padru Jos- mente ovalada y sección cilíndrica, o troncocónica en
su, Monte Luna, Cuccuru Nuraxi, Is Calitas, Bingia sentido longitudinal a su eje máximo. En este grupo
‘e Monti, Anghelu Ruju, Santu Pedru, Taulera, Ponte hay cuentas en concha (Ranellidae, Dentaliidae) (sub-
Secco, Su Crocifissu Mannu, S’Elighe Entosu) (AA. grupo I), en roca sedimentaria (caliza) (subgrupo II) y
VV., 1990, 72; Atzeni, 1998a, 252, Fig. 8; 2003, lám. en mineral (serpentina) (subgrupo III). Tienen un ta-
1.2.; 2007, 52-53; Contu, 1955, 27; 1964, 187-188; maño entre los 1,4 y 4,3 cm de longitud, 0,4 y 0,8 cm
Ferrarese Ceruti, 1974, 167, Fig. 22; 1997, 193-194 de diámetro y 0,85 y 1,4 cm de ancho.
nota 184; Manca, 2010, 240; Manunza et alii, 2005, Hemos estudiado un total de cuarenta y dos cuen-
145; Taramelli, 1904, 1909a, 1909b; Ugas, 1998b, tas pertenecientes a este grupo morfológico, de las
267, Fig. 7). Estos ornamentos en concha se conocen cuales cuarenta fueron halladas en yacimientos de
en Cerdeña ya desde el Neolítico, y parecen muy apre- la Cerdeña noroccidental, siempre en contextos fu-
ciados también en periodo campaniforme y epicam- nerarios, y además treinta y ocho provenientes de la
paniforme. El segundo subgrupo de cuenta discoidal misma necrópolis, veinte de la tumba I y dieciocho
(subgrupo II), estaba elaborado en roca. Dos elemen- de la tumba XXX de la necrópolis de Anghelu, Ruju,
tos en esquisto (roca metamórfica) fueron hallados en Alghero (Taramelli, 1904, 322; 1909a, 504-515). De
la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero (Taramelli, la Cerdeña meridional proceden sólo dos piezas, una
1909a, 512), y en la tumba I o «Tomba Bassu» de Pon- de Is Calitas, Soleminis, (Manunza et alii, 2005, 175)
te Secco, Porto Torres (Contu, 1955, 35). En mineral y otra conservada en uno de los collares del Estrato II
(subgrupo III), hay un elemento en calcedonia del dol- de Padru Jossu, Sanluri (AA.VV., 1998, 327).
men de Motorra en Dorgali (Lilliu, 1968, 81) mientras La concentración de estos ornamentos, conocidos
una cuenta de color verde azulado, probablemente tal- en contextos campaniformes europeos, en sólo cuatro
co (esteatita), es uno de los elementos que constitu- yacimientos de Cerdeña hace difícil realizar deduc-
yen, como veremos más adelante, el collar procedente ciones sobre el significado de su distribución, también
de la tumba XXX de Anghelu Ruju (AA.VV., 1998, porque esta circunstancia puede depender de una la-
296; Taramelli, 1909a, 504-515). Hay también un tipo guna derivada del estado actual de la investigación, y
de cuenta en hueso de animal (subgrupo IV), con los no a un escaso interés por parte de las gentes campa-
ejemplares de Cuguttu, Alghero (Taramelli, 1909b, niformes respecto a este tipo de ornamento, sobre todo
102), el hallazgo de la «Tomba Bassu»(Contu, 1955, teniendo en cuenta que cuentas cilíndricas aparecen en
27), o el ornamento conservado en uno de los collares Cerdeña ya en el Neolítico (Contu, 2006, 210), perdu-
de Bingia e’ Monti, Gonnostramatza (AA.VV., 1998, rando hasta época Nuragica (Fois, 2000, 46).
305), aunque el último de dimensiones mayores y de Dos elementos (subgrupo I), de la Tumba I o Tom-
morfología más aplanada. ba dei vasi tetrapodi de Santu Pedru, (Contu, 1964, 65
En Cerdeña este grupo de ornamentos, ya conoci- y 187-188) han sido obtenidos trabajando el exoesque-
dos desde el neolítico y utilizados ampliamente sobre leto de un gasterópodo de la especie Charonia Lampas
todo durante la Cultura de Ozieri, la época campani- (Trithon Nodiferum), del género Caronia, familia Ra-
forme, y la cultura Bonnanaro (Ferrarese Ceruti, 1974, nellidae, el primero, presenta una forma cilíndrica casi
166-168), continuará a ser imitado también en épocas perfecta y una perforación de forma circular y sección
sucesivas durante la cultura nurágica en arenisca, es- cilíndrica longitudinal, y el segundo muestra morfolo-
quisto o talco (esteatita) (Fois, 2000, 37). Las cuen- gía cilíndrica, ligeramente convexa en la cara y en las
tas discoidales son conocidas en toda el área europea bases, y se diferencia de los demás ejemplares de esta
donde se manifestó el fenómeno campaniforme, en categoría de adornos por su perforación, que presen-
particular debemos citar los centros de producción, ta forma circular y sección cilíndrica trasversal al eje
de cuentas discoidales en concha, localizados en el mayor. No hemos considerado, aunque de morfología
Ariège y en el Herault en la Francia Meridional (Fe- cilíndrica, los elementos encontrados en los Estratos
rrarese Ceruti, 1997, 334), y en la Península Italiana, III y II de Padru Jossu, Sanluri, elaborados con el
los centros de producción de cuentas y colgantes en exoesqueleto de un escafópodo, del género Antalis, de
talco (esteatita), como el de la Puzzolente, (Livorno) la familia Dentaliidae, puesto que los hemos incluido
(Sammartino, 1990), y el de la Pianaccia de Suvero, en el grupo de las cuentas de concha entera, ya que que
(La Spezia) (Maggi, 1990, Maggi et alii, 1987), donde conservan la forma natural de la concha, y presentan
una perforación natural (Ugas, 1998b, 267, Fig. 7, Sanluri (Ugas, 1998b, 266-268), dos de la tumba XIII
269, Fig. 9). Veinte elementos del tipo en roca (caliza y dos de la XXbis de la necrópolis de Anghelu Ruju,
negra) (subgrupo II), han sido hallados en la tumba I Alghero (Taramelli, 1909a, 413-431, 467-486). Sólo
de Anghelu Ruju, probablemente pertenecientes a un tres cuentas están realizadas en material malacológico
mismo collar (Taramelli, 1904, 322), y un conjunto de (subgrupo IV). Una cuenta hallada en el estrato III de
doce en la tumba XXX de la misma necrópolis. En Padru Jossu, Sanluri, fue elaborada con el exoesquele-
la misma sepultura fueron descubiertos seis elementos to de un bivalvo del género Spondylus y de la familia
que forman parte de un mismo collar (AA.VV., 1998, Spondylidae (AA.VV., 1998, 322-323; Ugas, 1998b,
96; Taramelli, 1909a, 504-515), y un elemento perte- 266-268), otra (Manunza et alii, 2005, 174) de Is Ca-
nece al collar más largo de los del Estrato II de Padru litas Soleminis, fue realizada con el exoesqueleto de
Jossu en Sanluri, (AA.VV., 1998, 327). Hay un único un bivalvo seguramente de la familia de Glycymeridae
ejemplar en mineral (subgrupo III), probablemente o Cardiidae y un último ornamento de la Tumba I de
en serpentina de color verde oscuro proveniente de la Santu Pedru, Alghero, (Contu, 1964, 65-66 y 187-188)
tumba de Is Calitas Soleminis (Manunza et alii, 2005, fue obtenido trabajando el exoesqueleto de un gaste-
p. 175; Sanna, 2005, 179-180), perteneciente a un pe- rópodo de la especie Charonia Lampas (Trithon Nodi-
riodo más reciente. ferum), del género Charonia, familia Ranellidae. De
hueso trabajado (subgrupo V) es una cuenta del Estra-
to III de Padru Jossu, Sanluri, (Ugas, 1998b, 266-268),
2.3. Cuentas en «oliva» trece elementos (Manunza et alii, 2005, 174) de Is Ca-
litas, Soleminis y ocho de Bingia ‘e Monti, Gonnos-
Las cuentas en «oliva» (aceituna), conocidas también, tramatza, seguramente, estos últimos, pertenecientes
como ovoides, en forma de barril, tonel o tonelete, a un mismo collar (Atzeni, 1998b, 254-260; AA.VV.,
presentan morfología oval, con el cuerpo más o menos 1998, 298-315). De morfología muy irregular son
compacto, y las extremidades planas o redondeadas, los tres ornamentos de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
una perforación central circular o ligeramente ovalada 1909b, 102), particularmente el de tamaño mayor, con
y sección cilíndrica, en sentido longitudinal a su eje cuerpo cilíndrico troncocónico y los márgenes con-
máximo. vexos. Una cuenta en forma de barril se conserva en
Se han estudiado las cuentas en «oliva» localizadas uno de los collares de Capo S’Elia, Cagliari (Atzeni,
en once yacimientos para un total de cuarenta y nue- 2003, lám. 1. 2) y otra en un collar de la Colección Do-
ve piezas, obtenidas trabajando diferentes materiales, neddu, conservada en el Museo Villa Sulcis de Carbo-
hueso, concha, plata, roca y mineral y un ejemplar rea- nia (AA.VV., 1988, 61). Destacamos tres elementos en
lizado en un material que no hemos podido analizar, y hueso, los ejemplares de la Colección Doneddu (Fig.
que E. Contu, interpreta como un hueso de aceituna o 6. 9-10), que lucen una decoración incisa en líneas pa-
de baya silvestre (Contu, 1955, 37) procedente de la ralelas al eje del objeto, y una pequeña cuenta, con
Tumba I de Ponte Secco, Porto Torres. cuerpo estilizado, de la Colección Erriu, del Museo
Estas cuentas, que alcanzan medidas entre los 0,7 y Archeologico Nazionale de Cagliari, también con una
1,9 cm de longitud, los 0,7 y 0,9 cm de diámetro, y los decoración incisa de líneas paralelas, que a diferencia
0,1 y 1,6 cm de anchura, aparecen desde las fases ini- de las anteriores, son transversales al eje mayor y se
ciales hasta las finales del campaniforme de Cerdeña y localizan en las dos extremidades de la pieza en cuatro
están documentadas en toda el área estudiada, aunque bandas. Tenemos, todavía que puntualizar que estos
la mayor concentración, catorce ejemplares, se en- objetos, pertenecientes a colecciones privadas, no se
cuentra en la tumba en fosa de Is Calitas, en Soleminis pueden atribuir con exactitud a la fase campaniforme.
que puede ser fechada en el Bronce Antiguo Inicial. Este último ornamento encuentra profundas afinidades
En roca sedimentaria (subgrupo I), caliza de color morfológicas con una pieza hallada en la gruta Taní de
negro, hay cinco cuentas, dos halladas en las tumbas I Carbonia, decorada en las extremidades con sutiles in-
y XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju y dos cuentas cisiones, aunque ésta tenga una perforación trasversal
perteneciente a un collar de la tumba XIII de la mis- al eje mayor y no paralela, de la cual se desconoce la
ma necrópolis. En la misma sepultura, en roca volcá- pertenencia cronológica y cultural (Ferrarese Ceruti,
nica, piedra pómez, apareció también otro ornamento 1997, 546).
fragmentario (Taramelli, 1904, 301-323; 1909a, 413- Este grupo morfológico, conocido en los contextos
431). En mineral (subgrupo II) hay dos cuentas en europeos, se difundió en Cerdeña, ya desde el Neolí-
barril, una en calcedonia de color amarillo verdoso, tico, como ejemplifican las cuentas de los collares en
del dolmen de Motorra, Dorgali (Lilliu, 1968, 81) y talco (esteatita) de los círculos tumbales de Li Muri de
un ejemplar en un mineral de color verde, probable- Arzaquena (Contu, 2006, 210), aunque algunos inves-
mente talco (esteatita), perteneciente al collar de la tigadores, piensan que la cuentas en forma de barril
tumba XXX de Anghelu Ruju (Taramelli, 1909a, 416- en hueso, son una simplificación de las cuentas con
423). Preciosas son las pequeñas cuentas en oliva, en apéndices laterales o en alamar, derivadas a su vez de
metal, concretamente en plata (subgrupo III), cuatro los botones con apéndices laterales o en alamar, o que
provienen del estrato III de la tumba de Padru Jossu en podían ser una continuación del filón del eneolítico
Figura 6: 1.Colgante de Cypraea; 2. Colgante de Cypraea; 3. Diente de animal; 4. Colgante subtriangular; 5.6. Colgantes subelíptico;
7. Colgante rectangular; 8. Colgante en forma de hacha; 9.10. Cuentas en forma de barril; 11. Cuenta troncocónica; (Locci Santus. San
Giovanni Suergiu/ (Colección Doneddu, Carbonia); 12. Cuenta con decoración en glóbulos (Coleción Pispisa, Carbonia); 13. Colgante
o cuenta en forma romboidal (Padru Jossu, Sanluri); 14.15. Colgantes en forma de creciente lunar (Padru Jossu, Sanluri); 16. Cuentas
con apéndices laterales o en alamar (Padru Jossu, Sanluri).
local (Manunza et alii, 2005, 146). De todas formas 2.4. Cuentas con apéndices laterales o a globulos
estas piezas aparecen también hasta el periodo nuragi-
co, y un ejemplo son las cuentas recompuestas en un Las cuentas con apéndices laterales o en alamar, son
collar conservado en el Museo G.A. Sanna de Sassari elementos, así denominados, por su fuerte similitud
y anteriormente perteneciente a la Collección Dessí morfológica con los botones con apéndices laterales o
(Fois, 2000, 120). en alamar (Pau, 2012), y hay quien las considera una
evolución de estos últimos (Manunza et alii, 2005, tanto tenemos piezas del tipo I con un solo glóbulo
146). Se conocen también como cuentas en glóbulos central.
porque presentan, uno o dos glóbulos centrales y dos Podremos sugerir que las cuentas con apéndices
apéndices laterales rectangulares o trapezoidales (con laterales estilizan su cuerpo llegando a una morfología
los márgenes redondeados) o semicirculares. En algu- casi cilíndrica (las dos cuentas de Is Calitas, Solemi-
nos elementos los apéndices laterales están casi com- nis), además podemos colocar estas piezas entre las
pletamente integrados en el cuerpo, y el ornamento fases más recientes del Eneolítico Final y los inicios
ofrece una morfología casi cilíndrica. Presentan perfo- del Bronce Antiguo, coincidiendo con los investigado-
ración rectilínea pasante, paralela a su eje máximo, de res que consideran estas piezas como un trait d’union
sección cilíndrica, cónica o bicónica. entre los elementos campaniformes más tardíos y los
No todos los investigadores consideran estos orna- más antiguos de Bonnanaro (Manunza et alii, 2005,
mentos como cuentas, algunos, los referencian como 146).
colgantes y otros los insertan en la categoría de los
botones, aunque consideramos que su morfología y en
particular su perforación, permite un uso más eficaz 2.5. Cuentas de concha entera
como cuentas, y además destacamos la similitud mor-
fológica entre estas piezas y los elementos en hueso Las cuentas de concha entera, son ornamentos obteni-
con decoraciones globulares, interpretados normal- dos conservando la morfología anatómica natural del
mente, como alfileres o cabezas de alfileres. caparazón de moluscos marinos, y aprovechando su
Las cuentas con apéndices laterales se configuran perforación natural.
en escasas materias primas, hueso y marfil (subgrupo Encontramos, dos elementos en Padru Jossu, San-
I) y en menor mesura en mineral, talco (esteatita) de luri (estrato II y III) elaborados con el exoesqueleto de
color verde azulado (subgrupo II), y presentan un ta- un escafópodo, del género Antalis, de la familia Den-
maño variable (longitud 1,5/3,7 cm; anchura 0,6/1,45 taliidae, por lo tanto uno perteneciente al Campanifor-
cm; diámetro 0,1/0,8 cm). me A y el otro al Campaniforme B de G. Ugas (1998b,
El subgrupo I comprende doce cuentas en hueso 267, Fig. 7, 269, Fig. 9).
y/o marfil (subgrupo I), que han sido ordenadas en Las cuentas de escafópodo, se conocen en Cer-
dos tipologías diferentes. El primer tipo (tipo I) cons- deña ya desde el Neolítico, pudiéndose citar los ele-
tituido por nueve elementos, comprende las piezas mentos en Dentalium de la Grotta Rifugio de Olie-
con cuerpo circular o elíptico (un glóbulo central), na (Contu, 2006, 85), o los ornamentos eneolíticos
y dos alitas laterales, los cinco pequeños elementos del collar encontrado en el yacimiento de la calle
del estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Fig. 6. 16) Basilicata en Cagliari (Atzeni, 2003, 23 lám. 26) de
(AA.VV., 1998, 328), las dos cuentas de la necrópolis cronología Monte Claro y, por tanto, incluso posible-
de Anghelu Ruju, (tumba III, tumba XIII) (Taramelli, mente contemporáneos al fenómeno campaniforme,
1904, 323-335; 1909a, 413-431), de incierta crono- y los ornamentos en concha continuarán a ser utiliza-
logía, y dos elementos con morfología casi cilíndrica dos hasta época nurágica (Bronce medio y reciente)
de la tumba de Is Calitas Soleminis (Manunza et alii, (Fois, 2000, 28).
2005, 150, 176). Al tipo II, con dos glóbulos centra-
les, pertenecen tres cuentas. Una pieza de la Colec-
ción Pispisa de Carbonia, que presenta dos glóbulos 2.6. Cuentas troncocónicas y bicónicas
circulares centrales y dos apéndices semicirculares
(Fig. 6. 12) (AA.VV., 1988, 65-66.), aunque no pode- Las cuentas troncocónicas, aunque podría tratarse
mos, declarar con seguridad su pertenencia al periodo también de anillos, botones, fusaiolas o appliques para
campaniforme, ignorando su contexto arqueológico. decorar alfileres, armas o instrumentos diferentes,
Esta cuenta presenta fuertes analogías formales con son elementos de morfología troncocónica y sección
un pequeño elemento, de problemática interpretación trapezoidal, y presentan una perforación central en
cronológica, hallado en la gruta Taní de Carbonia, sentido longitudinal a su eje máximo. Los elementos
aunque este fue obtenido trabajando una roca (Ferra- examinados tenían perforación bicónica, cilíndrica o
rese Ceruti, 1997, 546). Otros dos elementos, uno del troncocónica, y habían sido elaborados con los exoes-
estrato III (podría ser intrusivo) y otro del estrato II de queletos de bivalvos, de la especie Pectunculus del
Padru Jossu, Sanluri, con dos glóbulos elípticos cen- género Glycymeris, de la familia Glycymeridae, o pro-
trales y dos apéndices trapezoidales con los ángulos bablemente de bivalvos de la familia Cardidae. Las
redondeados (AA.VV., 1998, 323, 329; Ugas, 1998b, dimensiones medias son de 1,9 y 2,8 cm de diámetro y
268, 273), se incluyen en este tipo. Pertenecen al sub- 0,4 y 1 cm de espesor.
grupo II tres cuentas en mineral (talco-esteatita) del Este grupo de ornamentos, se documenta solo en
collar de la tumba XXX de la necrópolis de Anghe- las fases epicampaniformes; por eso algunos investi-
lu Ruju, Alghero, con cuerpo central elíptico y alitas gadores los consideran elementos exclusivos de la fa-
rectangulares, que vienen colocadas en el Eneolítico cies de Bonnanaro (Manunza et alii, 2005, 145). Fue-
Final (AA.VV., 1998, 296). En este subgrupo por lo ra de Cerdeña recordamos, en el Bronce Antiguo, los
elementos similares de la cultura de Polada (Barich, muchos casos hallados en posición anatómica, como
1971, 121, Fig. 19, 122). demuestran elementos del ajuar de tumbas de la Cues-
Dos cuentas troncocónicas, se conservan en uno ta del Negro (Purullena, Granada) (Torre, 1974; Con-
de los collares de Capo S’Elia (Atzeni, 2003, lám. 1. treras et alii., 1997, 143).
2), otro elemento aparece entre los ornamentos de la
Colección Doneddu, de Carbonia (Fig. 6. 11), y seis
cuentas decoran el collar (Atzeni, 2007, 89 lám. XIII 2.8. Cuenta con alitas
2) de Cuccuru Nuraxi, Settimo San Pietro, cuatro pro-
ceden de la tumba de Is Calitas, en Soleminis (Manun- Hay un pequeño elemento, en alabastro o más proba-
za et alii, 2005, 173), dos cuentas de las tumbas XVIII blemente en calcita, sin perforación, del estrato III,
y XXV de la necrópolis de Anghelu Ruju, Alghero fase A de Padru Jossu, Sanluri, que según su descu-
(Taramelli, 1909a, 446-451, 495-497), y un elemento bridor, G. Ugas, recuerda en su morfología las «perles
de incierta atribución cronológica de la necrópolis de o pendeloque à ailettes» típicas de Francia (cuentas o
Su Crocifissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, colgantes con alitas) (Ugas, 1998b, 266-267), y en este
1974,169). caso constituiría un unicum en Cerdeña.
Las cuentas bicónicas, son elementos de morfo- En el resto de Italia ornamentos pertenecientes a
logía bicónica y sección romboidal, y presentan una este grupo (en glóbulos y a cuerpo único) fueron ha-
perforación, de forma circular y sección cilíndrica, llados en algunos yacimientos eneolíticos del norte,
central en sentido longitudinal a su eje máximo. en particular modo en Liguria, en algunas grutas de la
En los yacimientos campaniformes sardos exami- Valle Argentina (Imperia), como la Arma della Grà di
nados este grupo de adornos se encuentra sólo en dos Marmo (Realdo, Triora), donde se encontraron 19 col-
sepulturas. Una cuenta obtenida del exoesqueleto de gantes, en mármol o calcita (Ricci, 1988), y en la mis-
un bivalvo (Glycymeridae o Cardidae) aparece en uno ma región en la Val Maremmola, la Tana di Armusso
de los collares de Bingia e’ Monti, Gonnostramatza, (Savona) (Odetti, 1987-88; 1988). En Lombardía los
(AA.VV., 1998a, 306) y al menos seis cuentas proce- mismos elementos aparecieron en la Buca di Andrea
den de la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero, en di Zogno, en el Buco del Corno di Entratico, en el Bus
caliza blanca (Taramelli, 1909a, 504-517). della Scabla di Aviatico (Poggiani Keller, 1988, 409),
En realidad estas piezas por su forma y dimensio- y en una variante, en el Buco della Strega di Magre-
nes (con un diámetro alrededor de los 3 cm), pueden glio, mientras que en el Véneto en las Colombare de
ser interpretados no sólo como cuentas de collar, sino Negrar (Cocchi Genik, 1996b, 247).
también como separadores de cuentas, y ésta sería la Esta tipología de colgantes, está ampliamente re-
función del elemento del collar de Bingia e’ Monti presentada en la Francia Meridional, su presencia en
(AA.VV., 1998a, 306) aunque no podemos descartar la Liguria y su difusión en Lombardía y Véneto, puede
su posible uso como fusayolas. ser un claro indicio de los contactos entre el territorio
francés y la Italia septentrional (Cocchi Genik, 1996b,
244, 247); y naturalmente si el hallazgo sardo entrara
2.7. Cuentas en espiral en este grupo de ornamentos, podría ser un elemen-
to más para poder demostrar que también la isla de
Son piezas formadas por barritas o hilos de cobre en Cerdeña en el Eneolítico tenía relaciones con estas
espiral. Contamos sólo con cuatro elementos, tres de regiones.
la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero y uno con
13 giros de espiral, de Cuguttu, en Alghero (longitud
2,5 cm) (Taramelli, 1909a, 504-517; Taramelli, 1909b, 3. COLGANTES
102). Por sus reducidas dimensiones descartamos su
uso como anillos, pero podría tratarse de cuentas, pen- 3.1. Colgantes de dientes enteros
dientes, o elementos utilizados para decorar el pelo, en
particular para bloquear las trenzas (pasadores). Son elementos de morfología natural (Fig. 5. 29-35;
Joyas en espiral, se encuentran en Europa en las Fig. 6. 3), perforados en la raíz, trasversalmente al eje
áreas afectadas por el fenómeno campaniforme, y mayor, para poderlos adaptar a la suspensión. En algu-
también en la cultura de los vasos cordados (Turek y nos elementos se puede notar una parcial modificación
Černý, 2001, 603). Ejemplos campaniformes son los morfológica.
anillos en espiral en oro de São Pedro do Estoril, en- Se han analizado colgantes obtenidos de caninos
contrados enrollados en las falanges de los inhuma- de cánidos (Canis Familiaris y Vulpes Vulpes) (sub-
dos (AA.VV., 2005, 165). En España esta morfología grupo I), de cérvidos (Cervus Elaphus) (subgrupo II),
de adornos será característica de la Cultura Argárica, bóvidos (Bovis) (subgrupo III), de oso o hipopótamo
utilizados como pendientes (diámetro entre los 0,4 (subgrupo IV), y también dientes humanos (subgru-
y 4,7 cm), anillos (diámetro entre los 0,9 y 2,2 cm) po V) en el estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Lilliu,
(Montero-Ruiz, 1992) u ornamentos para el pelo, y los 1999, 148; Ugas, 1998b, 271). No trataremos en este
de dimensiones mayores usados como brazaletes y en apartado los colgantes, obtenidos de colmillos de
jabalí, puesto que los hemos incluido en la categoría 55, 56) y de Is Calitas (diez) (Manunza et alii, 2005,
de los colgantes en forma de creciente lunar. 168). Presentan una morfología oval y la base abulta-
Los dientes de cánidos perforados (subgrupo I), da, y sección plano-convexa, como pequeñas gotas, y
pertenecieron a Canis Familiaris y Vulpes Vulpes, pre- una perforación en el extremo distal de forma circular
sentan forma alargada, y una extremidad puntiaguda, u oval, de sección cilíndrica, troncocónica o bicónica.
como pequeños cuernos, y una perforación de forma Dos de los elementos de Capo S’ Elia están fragmen-
circular y sección cilíndrica, troncocónica o bicóni- tados. Además hemos añadido a nuestro análisis, los
ca en la raíz. Los colgantes de dientes de cánidos se colgantes de diente de ciervo (Cervus Helafus), que
han encontrado en ocho yacimientos de los estudia- constituyen con los dientes de cánidos (Vulpes Vul-
dos, todos lugares funerarios (Capo S’Elia en Caglia- pes), uno de los collares en marfil de Bingia ‘e Monti
ri, Colección Doneddu de Carbonia, Padru Jossu en en Gonnostramatza, que vienen fechados, según el ca-
Sanluri, Monte Luna en Senorbí, Bingia ‘e Monti en tálogo de «Simbolo ed enigma, il bicchiere campani-
Gonnostramatza, Cuguttu y Anghelu Ruju en Alghe- forme e l’Italia nella preistoria europea del III millen-
ro, Su Crucifissu Mannu en Porto Torres) (AA.VV., nio a.C.» de 1998, en el periodo comprendido entre el
1988, 61; AA.VV., 1990, 69-72; AA.VV., 1998, 306; Eneolítico Final y el Bronce Antiguo (AA.VV., 1998,
Castillo Yurrita, 1928, 121; Ferrarese Ceruti, 1974, 306).
164; Taramelli, 1904; 1909a; 1909b; Ugas, 1982, 22; El tercer subgrupo (subgrupo III) está constitui-
lám. XVI) y podemos precisar que se trata de un tipo do por los colgantes obtenidos de dientes incisivos
de adorno utilizado por todo el periodo de desarrollo de bóvidos (Bovis Taurus), y en realidad está forma-
del campaniforme en Cerdeña, aunque no podemos do por escasos elementos, tres dientes perforados en
considerarlo un elemento exclusivo de este fenómeno, la raíz, de la tumba hipogeico-megalítica de Bingia
siendo muy común desde el Neolítico en todo el Medi- ‘e Monti en Gonnostramatza, el primero de 3,8x1,4
terráneo (Manunza et alii, 2005, 144) y también en las cm, el segundo 3,2x0,8 cm y el tercero 3,3x1,1 cm,
necrópolis prehistóricas de Cerdeña (Ferrarese Ceruti, fechados entre el Eneolítico Final y el Bronce Antiguo
1974, 164), donde continúa a ser utilizado también en (AA.VV., 1998, 299).
época nurágica (precisamente en el Bronce medio) con El cuarto subgrupo (subgrupo IV) está formado por
los colmillos de jabalí (Palmavera en Alghero, Punta los dientes perforados de oso, como los hallados en
Niedda en Portoscuso, Nuraghe Bullitas en Alghero) la necrópolis de Anghelu Ruju, (tumbas XIII y XVII)
(Fois, 2000, 28, 29). El segundo subgrupo de colgan- de dificultosa interpretación cronológica (Taramelli,
tes (subgrupo II), se realizaba utilizando diente de 1909a, 421-422, Fig. 12), y el colgante en forma de
ciervo (Cervus Elaphus), y con una preferencia por los pez del estrato II de Padru Jossu Sanluri, (en diente
atrofiados (geminación de caninos). Algunos investi- de oso o de hipopótamo) (Ugas, 1998b, 271) fechado
gadores subrayan que esta tipología ornamental, ya en el campaniforme B de G. Ugas, con dos agujeros,
conocida desde momentos preneolíticos en contextos uno en la raíz pasante, y un segundo en posición orto-
europeos, por ejemplo en los yacimientos epipaleolí- gonal en el dorso, creando una perforación en forma
ticos franceses de Tèviec o Höedic (Pérez Arrondo y de «lambda» (dimensiones 5,6x1,8x1,2cm) (AA.VV.,
Lopez de Calle Cámara, 1985, 24), o en el deposito 1998, 328).
Epigravettiano de las Arene Candide en Italia (Coc- Por último señalamos, que en el Estrato II de Pa-
chi Genik, 1996a, 229; 2009, 104-105), se atestigua dru Jossu, Sanluri, G. Ugas, hipotiza que puedan
en Cerdeña, a excepción de un elemento de la gruta pertenecer a uno de los collares, cuyos elementos se
de Sa Ucca de Su Tintirriolu de Mara, (Ferrarese Ce- hallaron en el exterior del hipogeo cerca del nicho 1,
ruti, 1974, 361), sólo desde el Bronce Antiguo inicial, cinco muelas humanas todavía sin perforación (Ugas,
cuando se sienten todavía los ecos del fenómeno cam- 1998b, 271), lo que sería el único caso en la Cerdeña
paniforme; por lo tanto, estos estudiosos indican que campaniforme (subgrupo V), mientras que en épocas
todos estos elementos, a excepción naturalmente del anteriores se señalan dientes humanos utilizados como
caso, citado anteriormente, de Mara, proceden de con- colgantes como los hallados en sepulcro en fosa en la
textos Bonnanaro, y consideran este ornamento como gruta natural de Rurèu-Alghero, asociada a objetos del
«fósil guía» de esta cultura (Contu, 2006, 436-437; neolítico reciente (Lilliu, 1999, 148).
Ferrarese Ceruti, 1997, 361; Manunza, 2001, 681).
M.L. Ferrarese Ceruti habla de ocho ejemplares co-
nocidos en Cerdeña (gruta de Capo S’Elia en Cagliari, 3.2. Colgantes en forma de creciente lunar
de S’Orreri en Fluminimaggiore y de la tumba de Cuc-
curu Nuraxi en Settimo San Pietro) (Ferrarese Ceruti, En este grupo (colgantes en forma de creciente lunar o
1981, LXXIV), mientras que M.R. Manunza habla de colgantes en forma de arco) (Fig. 6. 14-15) insertamos
nueve ejemplares anteriores a los diez encontrados en todos los ornamentos estudiados que presentan forma
Is Calitas, Soleminis (Manunza et alii, 2005, 145). arqueada, natural o artificial, que hemos dividido en
En el presente trabajo se han estudiado dientes subgrupos según el soporte en el que fueron realiza-
atrofiados de ciervo, de Capo S’Elia (tres), de Cuccu- dos, colmillos de suido (Sus Scrofa) (subgrupo I), hue-
ru Nuraxi (tres) (Ferrarese Ceruti, 1997, 361, 379 Fig. so (subgrupo II), o concha (subgrupo III).
Estos adornos, en época campaniforme son carac- la sujeción. El tipo 1, podía presentar una perforación
terísticos de Europa Central (Salanova, 2005, 11), y (doble agujero) localizada en uno de los lados, como
se han atestiguado también en la Francia Meridional en los colgantes centrales de los collares del estrato
(Lemercier, 2002, 123), en Portugal, en mármol y ca- II de Padru Jossu en Sanluri, dos de los colgantes de
liza, como los ejemplares decorados de la gruta de Ca- Ponte Secco, Porto Torres, y los 4 colgantes de Bin-
renque (Sintra) y los de la tumba de Cabeço da Arruda gia e’ Monti en Gonnostramazta; podía presentar una
(Torre Vedras) (Veiga Ferreira, 1966, lám. I, 119-120; única perforación central (doble agujero) como los 9
III 17,18; E 65,76), y en Italia en particular en Lom- colgantes de Is Calitas, Soleminis o una única perfo-
bardía en Ca’ di Marco (Cocchi Genik, 1996b, 291), ración central (un agujero) en los dos colgantes del es-
y Santa Cristina di Fiesse (Brescia) (AA.VV., 1994) y trato II de Padru Jossu en Sanluri, los dos elementos de
en Toscana en Pectunculus en la Gruta del Fontino, y Capo S’Elia de Cagliari o el de Cuguttu en Alghero; o
en los yacimientos eneolíticos de la Grotta del Leone podía tener una doble perforación central (doble agu-
di Agnano, y de la Buca de San Antimo en Montalcino jero) como el colgante del estrato III de Padru Jossu,
(Vigliardi, 1980, 279, 280, Fig. 10). Sanluri; también podían presentar una perforación en
Este grupo de adornos, obtenidos de colmillos de posición central y una segunda en el ápice como el
suidos, es conocido en Cerdeña ya desde el Neolítico, colmillo de jabalí de Bingia e’ Monti en Gonnostra-
como ejemplifican los colgantes de colmillo de jabalí matza. Este tipo de adorno fue utilizado preferente-
con agujero para la suspensión de la Grotta Rifugio mente como colgante central en los collares. El tipo 2,
de Oliena (Contu, 2006, 85), y persistirán, con los puede presentar acanaladuras en los dos lados y podía
dientes perforados de animal, hasta época nuragica ser utilizado en la decoración de los brazalete (pul-
(en el Bronce medio en particular), como ya hemos seras o tobilleras) más que en collares (Ugas, 1998b,
comentado anteriormente (Fois, 2000, 28-29). Según 271), como el colmillo del Estrato II de Padru Jossu
Ferrarese Ceruti, se podría suponer que este tipo de en Sanluri, o presentar en una sola de las extremidades
ornamento llegó a la isla desde las Alpes, a través de la dobles acanaladuras con perforación como uno de los
Toscana, o directamente desde la Francia Meridional tres colmillos de la Collección Erriu conservados en
(Ferrarese Ceruti, 1997, 335); y nosotros considera- el Museo Archeologico Nazionale de Cagliari, o una
mos que la presencia de este hallazgo utilizado como perforación en el centro y en la extremidad acanala-
adorno, en esta gran área europea, es un claro testimo- duras como uno de los colmillos de suido (Sus Scrofa)
nio de relaciones culturales y contactos entre los terri- de Is Calitas en Soleminis. Hay también colmillos sin
torios europeos, en los cuales Cerdeña por su posición perforación o acanaladuras (tipo 3), como los siete ele-
central en el Mediterráneo, tenía que haber tenido, en mentos de Bingia e’ Monti en Gonnostramatza.
la Prehistoria, una función importante y esencial. El segundo subgrupo está formado por colgantes
El primer subgrupo está formado por los colmillos en forma de arco, realizados con soporte óseo; mi-
de jabalí. Estos hallazgos aparecen en diez de los ya- den entre los 0,6 y 2 cm de longitud, y lo 0,5 y los
cimientos estudiados (Capo S’Elia en Cagliari, Colec- 8,9 cm de anchura. Pueden tener el cuerpo estilizado
ción Erriu de Cagliari, Padru Jossu en Sanluri, Monte o compacto, con los márgenes cóncavo-convexos o
Luna en Senorbí, Is Calitas en Soleminis, Bingia e’ plano-convexos y los ápices laterales puntiagudos o
Monti en Gonnostramatza, Colección privada de Ga- redondeados. Presentan única (tipo 1) o doble (tipo 2)
voi, Anghelu Ruju y Cuguttu en Alghero, Ponte Sec- perforación circular u oval pasante en posición central
co en Porto Torres) (AA.VV., 1990, 69-72; AA.VV., o en el centro del margen superior. Destaca un ele-
1998, 304, 323 y 325-328; Atzeni, 1980, 39 y 41; Con- mento con el margen superior decorado por una fila
tu, 1955, 27, 35 y 38; Ferrarese Ceruti, 1997, 230; Ma- de puntos incisos de Bingia e’ Monti Gonnostramatza
nunza et alii, 2005, 144 y 166-167; Ugas, 1998b, 271; (AA.VV., 1998, 301). Esta decoración es conocida en
Taramelli, 1904, 323-335; 1909b 101-103), y cubren el campaniforme europeo, por ejemplo la podemos en-
la fase cronológica completa del campaniforme sardo. contrar en un pectoral en plata en forma de arco de la
Varían en sus dimensiones con una longitud máxima tumba de Villafranca Veronese (AA.VV., 1994), en la
de 4,2 cm e una mínima de 10,9 cm, y un anchura en- Italia del Norte. Forman parte de este grupo los cuaren-
tre los 0,2 y los 2,2 cm. El colgante podía conservar ta y un elementos de Bingia ‘e Monti, Gonnostramatza
la forma natural del colmillo, podía estar cortado en (AA.VV., 1998, 299-303), y dos colgantes de la tumba
la raíz, o ser trabajado y reducido en lámina. Hemos XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju con una y dos
dividido este subgrupo de adornos, en 3 tipos morfo- perforaciones (Taramelli, 1909a, 413-431). Podemos
lógicos relacionados al método de sujeción. El tipo 1 también añadir un elemento hallado en la tumba III
presenta perforación pasante de forma circular o lige- de la misma necrópolis, que no hemos podido anali-
ramente oval y sección troncocónica o cilíndrica, y por zar y que su descubridor describe como un «pendaglio
lo tanto se podía sujetar por suspensión (presente des- d’osso foggiato come una difesa di cinghiale, ma tratto
de el Eneolítico Final hasta el Bronce Antiguo Inicial); da altro osso o forse anche dal corno di un cervo»
el 2 presenta acanaladuras y se podría atar, enrollando (Taramelli, 1904, 327). El subgrupo III está formado
un hilo o una cuerda (presente en la fases finales del por colgantes obtenidos de los caparazones de conchas
campaniforme); el tipo 3 no presenta elementos para marinas trabajados en modo de obtener una forma de
creciente lunar. Tres elementos en exoesqueleto de 1904, 1909a; 1909b; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9), y po-
bivalvo (Glycymeridae o Cardidae), con perforación demos localizar estos adornos, cronológicamente du-
central proceden de Bingia e’ Monti Gonnostramatza rante todo el desarrollo del fenómeno campaniforme
(AA.VV., 1998, 305) y tres colgantes probablemente en Cerdeña.
de las mismas familias de conchas, de la necrópolis de Se trata de una tipología ornamental muy apreciada
Su Crucifissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, en el mundo antiguo, también en la Cerdeña prehistó-
1997, 349, Fig. 146 y 149) rica, en particular modo en la Cultura de Ozieri (Ferra-
rese Ceruti, 1974, 168), seguramente por la fácil acce-
sibilidad del material, y por la rápida elaboración; en
3.3. Colgantes ovales el caso de los exoesqueletos recogidos post-mortem,
tal vez se podía disfrutar de una perforación natural.
Son piezas de morfología oval y sección cóncavo-
convexa, con la base abultada que imitan la forma
de los caninos atrofiados de ciervo, y presentan una 3.5. Colgantes de concha entera
perforación de forma circular y sección cilíndrica o
troncocónica. Los colgantes de concha entera (Fig. 5. 28), son or-
Hay solo nueve elementos (del Bronce Antiguo namentos obtenidos conservando la morfología ana-
Inicial de Is Calitas, Soleminis, obtenidos probable- tómica natural del caparazón de moluscos marinos o
mente de los exoesqueletos de bivalvos (Glycymeri- terrestres, y presentan una o más perforaciones inten-
dae) (Manunza et alii, 2005, 145). No parecen tener cionales, de forma circular, oval o irregular.
paralelos con otros adornos sardos, mientras que en En los bivalvos la perforación estaba en el dorso,
Italia hay hallazgos parecidos en cerámica en el Véne- en posición central o excéntrica, en el ápice o en la
to en el Bronce inicial (Ferrarese Ceruti, 1997, 360), charnela; en los gasterópodos en posición dorsal o api-
y en España hay colgantes ovales que imitan dientes cal; en los escafópodos se aprovechaba la perforación
de ciervos en roca, mineral, hueso y concha, desde el natural.
neolítico y el eneolítico (Barciela, 2008, 72). Este grupo de ornamento aparece en toda la se-
cuencia campaniforme. Se utilizaron exoesqueletos de
gasterópodos, del género Cypraea, de la familia Cy-
3.4. Colgantes laminares en concha praeidae (Fig. 6. 1-2) (Capo S’Elia en Cagliari, Colec-
ción Doneddu de Carbonia, estrato II de Padru Jossu
Son ornamentos obtenidos trabajando el exoesqueleto en Sanluri, tumba XIII, XXX de la necrópolis de Ang-
de conchas marinas (familia Cardidae, Glycymeridae, helu Ruju en Alghero) (AA.VV., 1988, 57-63; Colini,
Donacidae o Tellinidae) (Fig. 5. 1-27; Fig. 6. 4-6), 1898, lám. XIX; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9; Taramelli,
en la mayoría de los casos se utilizaban directamente 1909a, 413-431 y 504-517), del género Columbella,
fragmentos de conchas, que habían sido trasformadas familia Columbelidae, (Colección Doneddu de Carbo-
por agentes naturales, como la abrasión marina. Pre- nia, estrato II de Padru Jossu en Sanluri, Monte Luna
sentan una morfología alargada, elíptica, o subelíptica, en Senorbí) (AA.VV., 1988, 57-63; AA.VV., 1990, 69-
tal vez subtriangular, subrectangular, subtrapezoidal, 72; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9), del género Conus de la
subcircular, o subpoligonal, sección plana, plano- familia Conidae (estrato II de Padru Jossu en Sanluri)
convexa o cóncavo-convexa, con una perforación ex- (AA.VV., 1998, 327), del género Nassa de la familia
céntrica en uno de los extremos, de forma circular y Nassaridae (Bingi ‘e Monti Gonnostramatza, tumba
sección cónica, bicónica, cilíndrica o irregular, aunque XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju en Alghero)
se han encontrado elementos sin perforación. Presen- (AA.VV., 1998, 306; Taramelli, 1909a, 413-431),
tan dimensiones variables, longitud 1/3,8 cm, anchura del género Patella, familia Patellidae (Capo S’Elia
0,98/1,4 cm, espesor 0,14/1,3 cm. en Cagliari, tumba XVII de la necrópolis de Anghelu
Este tipo de ornamento, es muy conocido en los Ruju en Alghero) (Colini, 1898, lám. XIX; Taramelli,
contextos campaniformes sardos, y se encuentra en 15 1909a, 442-450), del género Charonia, familia Rane-
de los yacimientos examinados, (Capo S’Elia, Colec- llidae (tumba XIX de la necrópolis de Anghelu Ruju
ción Doneddu de Carbonia, Padru Jossu en Sanluri, en Alghero) (Taramelli, 1909a, 451-460); exoesquele-
Monte Luna en Senorbí, Cuccuru Nuraxi en Settimo tos de bivalvos, del género Cerastoderma de la familia
San Pietro, Is Calitas en Soleminis, Bingia ‘e Mon- Cardiidae (Estrato II, III de Padru Jossu en Sanluri,
ti en Gonnostramatza, Colección privada de Gavoi, Is Calitas en Soleminis, tumba XIII de la necrópolis
Anghelu Ruju, Cuguttu y Taulera en Alghero, Mari- de Anghelu Ruju en Alghero, Marinaru, Porto Torres,
naru, Ponte Secco y Su Crocifissu Mannu en Porto S’Elighe Entosu en Usini) (Contu, 1955, 63; Manca,
Torres, S’Elighe Entosu en Usini) (AA.VV., 1988, 61; 2010, 238; Manunza et alii, 2005, 174; Taramelli,
AA.VV., 1990, 69-72; Atzeni, 1998, 258; 2003, lám. 1909a, 413-431; Ugas, 1998b, 267, Fig. 7, 269, Fig. 9)
I; Atzeni, 2007, 52-53; Contu, 1955; Ferrarese Ceruti, y del género Glycymeris, de la familia Glycymerididae
1974, 168; 1997, 193-194 nota 184, 228 y 230; Manca, (Ponte Secco y Su Crucifissu Mannu en Porto Torres)
2010, 238-239; Manunza et alii, 2005, 145; Taramelli, (Contu, 1955, lám. Ib; Ferrarese Ceruti, 1974, 169).
Además hay que añadir las cuentas realizadas con el de forma circular y sección cilíndrica (tipo 2), sin per-
caparazón de caracoles terrestres, halladas en el estra- foración (tipo 3).
to II de Padru Jossu en Sanluri (Ugas, 1998b, 267, Fig. El primer subgrupo está constituido por elementos
7; 269, Fig. 9). en roca (subgrupo I) metamórfica con un colgante en
Los colgantes de concha perforada, se conocen en cuarcita de la tumba III y un ornamento en roca sedi-
Cerdeña ya desde el Neolítico, pudiéndose citar los mentaria (jaspe) de la tumba XVIII, de la necrópolis de
elementos neolíticos obtenidos de exoesqueletos de Anghelu Ruju, Alghero, los dos elementos presentan
Columbella Rustica de la Grotta Rifugio de Oliena una única perforación. De la tumba XIII, de la misma
(Contu, 2006, 85), o los ornamentos eneolíticos reco- necrópolis, proviene un colgante en roca metamórfi-
gidos en el collar de la tumba en cista lítica de San ca (esquisto), con una doble perforación en el margen
Gemiliano di Sestu (Atzeni, 2007, 335, lám. XXI), o superior, (Taramelli, 1904, 323-336; 1909a, 413-431
en el collar encontrado en el yacimiento de la calle y 446-451), que encuentra fuertes parecidos con los
Basilicata en Cagliari (Atzeni, 2003, 23, lám. 26), y elementos malteses (AA.VV., 2002, 72; Sultana, 2006,
los ornamentos en concha continuarán a ser utilizados 14, 33; Trump, 2008, 213). En mineral de color verde
hasta época nurágica (Bronce medio y reciente) (Fois, claro, talco (esteatita) (subgrupo II) hay una pequeña
2000, 28). hacha que proviene de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
Algunos colgantes, fueron realizados, utilizando 1909b, 103, Fig. 2) y cuatro colgantes de Su Cruci-
no el caparazón de la concha, sino el material córneo, fissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, 1974,
situado sobre el pie de un gasterópodo, el que cerraba, 145-150; 1997, 349), y todos los ejemplares presentan
cuando el molusco se encontraba en su interior, hermé- una única perforación pasante en el extremo superior.
ticamente la boca de la concha (Saunders, 1991, 60). En piedra indefinida, encontramos un colgante de la
Los opérculos recogidos, seguramente en las orillas Colección Doneddu de Carbonia, y otro de la tumba
del mar, venían sucesivamente perforados, y utilizados XXX de la necrópolis de Anghelu Ruju (Taramelli,
como ornamentos. Opérculos del gasterópodo Astraea 1909a, 504-517), y también dos elementos de la tumba
Rugosa (Turbo Rugosus) de la familia Turbinidae, vie- XVII, de la misma necrópolis que no presentan perfo-
nen utilizados como colgantes en uno de los collares ración (Taramelli, 1909a, 442-446). El tercer subgrupo
de Capo S’Elia, Cagliari (Atzeni, 2003, lám. I), otros de colgantes en forma de hacha comprende los ele-
dos elementos fueron hallados respectivamente, en la mentos en material malacológico (subgrupo III), como
tumba XXX de la necrópolis de Anghelu Ruju (Tara- el ornamento de Is Calitias Soleminis obtenido del
melli, 1909a, 514), y en la necrópolis de Cuguttu (Ta- exoesqueleto de un bivalvo de la especie Pectunculus,
ramelli, 1909b, 102). Este grupo de colgantes, fue uti- género Glycymeris, familia Glycymeridae, con única
lizado en Cerdeña también en épocas sucesivas, como perforación pasante, más tardío, perteneciente ya al
demostraría el collar de época nuragica, de S’Iscia ‘e Bronce Antiguo (Manunza et alii, 2005, 145 y 170).
Sas Piras, Usini, compuesto de mil novecientos nueve Incierta es la atribución al campaniforme de tres ele-
óperculos de Cyclostema Elegans (Fois, 2000, 27). De mentos, dos colgantes en forma de hacha, hallados en
todas formas, no tenemos que olvidar que, también en el hipogeo de Sant’Iroxi, Decimoputzu, uno en roca de
la actualidad, los opérculos de Astraea Rugosa, llama- color verde (probablemente caliza) (Ugas, 1990, lám.
dos vulgarmente «orejillas» u «ojos de Santa Lucia» XXVI), y el segundo en hueso que podrían pertenecer
vienen recogidos y utilizados para decorar joyas, co- a la facies de S’Iroxi y un pequeño elemento de la tum-
llares, anillos, brazaletes, alfileres o pendientes. ba I de Santu Pedru, Alghero (Contu, 1964, 188), en
concha o hueso, que podría pertenecer a época anterior
(Neolítico Reciente).
3.6. Colgantes en forma de hacha Estos colgantes, que reproducen en miniatura la
morfología de las hachas, con o sin perforación, están
Son aquellas piezas de morfología trapezoidal o sub- ampliamente atestiguados en Cerdeña desde el Neo-
trapezoidal (Fig. 6. 8), con los márgenes redondeados, lítico (Ferrarese Ceruti, 1997, 334), y debemos citar,
sección plana, o en algún caso ligeramente cóncavo- por su similitud morfológica con los elementos estu-
convexa y con el corte rectilíneo. Presentan dimensio- diados, los colgantes en piedra, de Oliena, y de Orista-
nes reducidas, entre los 0,7 y 3,9 cm de longitud, los no, el de Bau Porcus en micaesquisto y el de Cuccuru
0,5 y 1,5 cm de espesor, y un anchura entre los 1 y Arenas en esquisto gris; estos dos últimos presentan
2,9 cm en la base, y 0,6 y 2,2 cm en la extremidad decorados una cara humana estilizada, a doble arco
superior. con dos puntos por ojos el primero y una «protome
Además de dividir este grupo de cuentas en sub- taurina» el segundo (Contu, 2006, 208; Ferrarese Ce-
grupos en relación al material utilizado para su elabo- ruti, 1974, 146-148). Se puede encontrar todavía algún
ración, hemos también señalado la presencia en Cer- colgante-hacha en plena época nuragica (Contu, 2006,
deña de tres variantes tipológicas: elementos con una 373; Fois, 2000, 37). Fuera de la Cerdeña, recorda-
perforación en el extremo superior, de forma circular, mos la presencia de colgantes parecidos en los estratos
troncocónica y sección bicónica, o cilíndrica, (la tipo- más antiguos de Troya (Contu, 1964, 188), y en Mal-
logía más abundante) (tipo 1), con dos perforaciones ta, los colgantes en piedra verde de forma de hacha
de Hal Saflieni (AA.VV., 2002, 72; Sultana, 2006, 14, productos de importación, y se sugiere un origen afri-
33; Trump, 2008, 213). En Italia, indicamos a título de cano, «nel momento in cui l’Egitto si avviava alla fine
ejemplo, los colgantes sicilianos de la necrópolis de del Medio Regno con la XII dinastía (1991-1786 a.C)
Uditore, Conca d’Oro (Cassano y Manfredini, 1975, prima di essere travolto dagli Hyksos» (Ugas, 1998b,
197, Fig. 29), de Caccamo, Termini Imerese (Bovio 271). Esta hipótesis sería comprobada por la presencia
Marconi, 1944, 111, Fig. 41), y de las Caverne de Vi- del mismo tipo de perforación « il est percé, sur une
llafrati (Bovio Marconi, 1944, 88-97) en Palermo, y face, au milieu du reflement central, de deux trous, qui
los de la necrópolis de Marcita, Castelvetrano (Tusa et convergent, en une seule ouverture sur l’autre face»
alii, 1997, 46), y de la gruta de Torrebigini, Partanna, (Vandier, 1952, 404) en el único botón o colgante con
en Trapani (Tusa, 1998, 215, Fig. 2). apéndices laterales hallado en Nagada, en Egipto, per-
teneciente a la serie 19L del esquema de los colgantes
con apéndices laterales de O. Cornaggia Castiglioni,
3.7. Colgantes rectangulares G. Calegari, (Cornaggia Castiglioni, Calegari, 1980,
231, Fig. 1, 234, Fig. 2.1., 236). G. Ugas, además pone
Son piezas que presentan una morfología rectangular en duda la datación en el Gerzeano, de este ornamen-
(Fig. 6. 7), con las aristas ligeramente redondeadas, to egipcio, porque fue descubierto en un contexto no
sección plana y perforación circular, en uno de los la- claramente definido, y esto lo llevaría a considerar
dos cortos, con sección cilíndrica o bicónica. este hallazgo, teniendo en cuenta las analogías forma-
Este grupo de adornos es escaso en ejemplares. les con elementos europeos más evolucionados, como
Tenemos cuatro elementos en piedra, no identificada, un producto de imitación o de importación europea
con dimensiones entre los 1 y 3,8 cm de longitud, y los occidental, llegado a Egipto por cambios comerciales
1 y 1,5 cm de anchura, uno de la colección Doneddu, que afectarían África Septentrional, Cerdeña y Sicilia
de Carbonia, y otro de la tumba III de Anghelu Ruju, Occidental, a través de la relaciones con esta última
los dos de incierta atribución campaniforme, otro pro- (Ugas, 1998b, 272). En cualquier caso hemos visto
bable colgante de morfología muy irregular, de Is Ca- que muchos de los tipos de adornos tienen un amplio
litas, Soleminis, del Bronce antiguo (Manunza et alii, desarrollo espacio-temporal.
2005, 146 y 175), y, finalmente, un colgante de Bingia
e’ Monti, Gonnostramatza. Además hay un elemento
de grandes dimensiones (longitud 7,5 cm, anchura 4 3.9. Colgantes en forma de corazón
cm), en esquisto (roca metamórfica) de la tumba XXV
de Anghelu Ruju, que para A. Taramelli recuerda los Son colgantes que presentan un cuerpo semicircular, y
colgantes de Portugal «che alcune volte sono di grandi un apéndice que facilita la suspensión, de forma cua-
dimensioni e varia decorazione graffita» (Taramelli, drangular con dos acanaladuras y perforación central.
1909a, 496), aunque las placas en esquisto portugue- La forma combinada del cuerpo y del apéndice, es la
sas son, por norma, de dimensiones mayores, como se de un pequeño corazón. Se conocen sólo cuatro ele-
puede observar de los elementos de Monte da Barca, mentos, en hueso, tres piezas del estrato III de Padru
Coruche (Gonçalves, 2011). Jossu, (AA.VV., 1998b, 321), y un elemento similar
de Bingia ‘e Monti, Gonnostramatza, (AA.VV., 1998,
305). Miden entre los 1 y 1,4 cm de longitud, 0,7 y 1
3.8. Colgantes romboidales cm de anchura, y los 0,5 y 0,7 cm de espesor.
Tenemos dos elementos, el primero en piedra verde función diferente a la de un simple colgante, ya po-
azulada (probablemente talco-esteatita) que es el col- dría tratarse de una fíbula por el fijado del hilo (Ugas,
gante central del collar de la tumba XXX de la necró- 1998b, 272), o de un separador de hilos de collar.
polis de Anghelu Ruju (AA.VV., 1998, 296), mientras Los anillos colgantes son piezas de morfología
el segundo con cuerpo perfectamente circular, es el anular, que por sus dimensiones no podían ser anillos
elemento central en marfil de uno de los collares del ni tampoco brazaletes. Podría tratarse de colgantes
estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Ugas, 2005, 205). o anillos para el pelo. En caliza blanca (subgrupo I)
Este último elemento está decorado con veintiocho tenemos el ornamento de la tumba XIII de Anghelu
círculos con punto central «occhi di dado», trece in- Ruju, Alghero (diámetro 7,5 cm) (Taramelli, 1909a,
cisiones en una cara y quince en la otra. Esta misma 375, Fig. 12), y los de la necrópolis de Su Crucifissu
decoración se encuentra también en un colgante pro- Mannu (diámetro alrededor de los 4,2 cm) (Ferrarese
cedente del poblado de Palazzu, en Samassi (Ferrare- Ceruti, 1974, 146-151); en metal (subgrupo II) recor-
se Ceruti, 1997, 477). Se trata de una decoración que damos el elemento en cobre o bronce, curvado con los
se repite en la Prehistoria y Protohistoria de Cerdeña; márgenes abiertos, de morfología elíptica, de la tumba
en la misma época campaniforme los «occhi di dado» XVIII (diámetro 5,1 cm) de Anghelu Ruju (Taramelli,
decoraban los botones con apéndices laterales (Pau, 1909a, 446-451), los dos pequeños elementos en lámi-
2012) y la custodia en marfil del brassard de la tum- na de cobre de morfología circular y subelíptica con el
ba XIII de Anghelu Ruju (Ferrarese Ceruti, 1981, 332, diámetro de 0,4 cm de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
Fig. 136; Ugas, 2005, 205; Taramelli, 1909a, 423), y 1909b, 437), y un anillo en plata de 1,5 cm de diá-
como veremos, más adelante, el botón de la tumba III metro de la tumba XVIII de Anghelu Ruju (Taramelli,
de Su Crocifissu Mannu, Porto Torres (Contu, 2006, 1909a, 446-451).
370). Además el mismo motivo decorativo aparecerá
en Cerdeña, durante época nurágica, en las navajas de
afeitar en hoja cuadrangular o lunada de la Nurra, y 4. ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LOS
de Laérru o Cuglieri (Lilliu, 1988, 420-421), y en ce- SOPORTES
rámicas, como por ejemplo la decoración en el asa de
una jarra askoide del nuraghe la Prisciona de Arzache- Los materiales utilizados para la realización de cuen-
na (Contu, 2006, 679). Esta decoración es conocida tas y colgantes, son muy variados, hay elementos en
también en las demás regiones italianas, por ejemplo, materia dura animal (concha, hueso dentina y marfil),
en época campaniforme, aparece en el peine de la ne- en minerales y rocas y algún adorno en metal.
crópolis de Marcita, Castelvetrano en Trapani con filas Los hallazgos confeccionados en material maco-
paralelas de círculos con punto central en un esquema lógico pertenecían a la clase de los gasterópodos (en
casi en zig-zag (Tusa et alii, 1997, 53) y en la cultura particular de la familia Cypraeidae, Columbelidae,
de Polada podemos citar uno de los anillos o fusayolas Conidae, Nassaridae, Patellidae, Ranellidae, Turbini-
de la Torbiera de Polada (Brescia) (Barich, 1971, 121, dae), de los bivalvos (familia Cardidae, Donacidae,
Fig. 19 y 122), y el mismo motivo decora el más tardío Glycymeridae, Spondylidae, Tellinidae) y de los es-
disco de ámbar de la Terramara di Poviglio, Villag- cafópodos (familia Dentalidae). Se trata de conchas
gio Grande (Bellintani, 2010, 143). La decoración en que viven en las aguas templadas del Mediterráneo,
«occhi di dado» es conocida, también, en objetos de y constituían, sin duda, un recurso natural abundante
tumbas eneolíticas de España (Taramelli, 1909a, 426), en las costas de Cerdeña. En la mayoría de los casos
y aparece todavía en el Talayótico de Mallorca, en una examinados, parece que fueron recogidas post mortem
cuenta o botón conservado en el Museo Arqueológico en la orilla del mar, por tanto se puede suponer que la
de Barcelona, y en los discos circulares con perfora- realización de los adornos en concha, fuera precedida
ciones laterales, encontrados en la Cueva de Es Càrri- por una fase de búsqueda y recogida del material, para
tx, en Menorca que inicialmente fueron interpretados después trasladarlo a un centro de trasformación. Esta
como colgantes, pero gracias al afortunado depósito operación podía haber sido realizada, por grupos es-
de la sala 5 en perfecto estado de conservación fue po- pecializados de individuos, o por los mismos expertos
sible conocer su verdadero uso, se trataría de tapaderas en el trabajo de la concha. El hecho de que no todos
de receptáculos hechos de madera o cuerna (Lull et los yacimientos donde se han encontrado las conchas
alii, 2006, 37). trabajadas estuvieran en la costa (Padru Jossu en San-
luri, Bingia e’ Monti en Gonnostramatza etc.), sugiere
que a la recogida seguiría, en estos casos, una segunda
3.11. Fibulas-colgantes y anillos-colgantes fase la de distribución. Se podía enviar en los centros
de producción costera o la materia prima lista para ser
Hay un ejemplar en hueso de morfología elíptica, sec- trabajada, o ya el manufacturado confeccionado, en
ción plana, con doble perforación, que se ha denomi- los dos casos hablamos de procesos de relación e in-
nado como «fibula-colgante», hallado en el estrato II tercambios entre los grupos del interior y los costeros.
de Padru Jossu en Sanluri. Lo hemos aislado en uno Desde nuestro análisis, podemos ver, que se uti-
único grupo porque pensamos que podía tener una lizaron frecuentemente también huesos, dientes y
colmillos (Sus Scrofa) de animales y tal vez dientes G. Lilliu, sugiere, por la concentración elevada de
humanos, y probablemente astado de cérvido para elementos en esteatita en la Cerdeña Noroccidental, la
confeccionar cuentas y colgantes. Se trataría de ma- presencia de una o varios talleres de producción ubica-
teria prima local, y podemos suponer la existencia de das en esta área, utilizando la materia prima adquirida
centros de producción, o talleres, que presuponen una desde el interior de la isla, de los mineros de las mon-
especialización durante época campaniforme en el tra- tañas de Gonari (Orani, Sarule) (Lilliu, 1988, p. 169).
bajo de la materia ósea animal. Desde nuestra análisis parece que también el col-
Aunque la posible presencia de un colgante obteni- gante romboidal de Padru Jossu en Sanluri (Ugas,
do de un diente de hipopótamo, en Padru Jossu, San- 1998b, 271), había sido realizado en talco verde (es-
luri, nos sugiere, el uso de material de importación, teatita), aunque G. Ugas presente diferentes propues-
según G. Ugas, como hemos anteriormente comenta- tas (jadeíta, calaíta o talco) (Ugas, 1998b, 271). Ade-
do, se trataría de un colgante africano, probablemente más este autor sugiere que esta pieza tipológicamente
egipcio (Ugas, 1998b, 271). En este caso podría tratar- recuerda las joyas exóticas, presentando la misma per-
se de un elemento de prestigio (símbolo de riqueza o foración en forma de «lambda», del colgante obtenido
de identificación social), utilizado en los intercambios de un diente de hipopótamo, remarcando la posibili-
entre las familias más importantes (Pau, 2008, 181). dad de contactos y cambios de materiales de prestigio
Materiales de importación serían también las cuen- entre las elites mediterráneas (Pau, 2008).
tas y los colgantes en marfil, como también otros ador- Además no podemos descartar el origen foráneo
nos, realizados en el mismo material, los botones (Pau, de los otros adornos en materia lítica, aunque sean
2012), G. Lilliu, sugirió que se podría tratar de objetos realizados con materiales conocidos en ámbito local,
procedentes de África, por el trámite andaluz-alme- teniendo en cuenta que muchas rocas y minerales que
riense (Lilliu, 1999), aunque serían necesarios análisis aparecen en el suelo sardo, están presentes también en
microscópicos y espectroscópicos para poder identifi- las regiones limítrofes del mediterráneo.
car el origen del marfil, teniendo en cuenta los resulta- Algunos de los adornos estudiados se realizaron en
dos obtenidos, en los últimos años, en los estudios del metal, cobre o en aleaciones del cobre y en plata.
marfil calcolítico hallado en la Península Ibérica, en Ha sido dificultoso, poder distinguir, si los orna-
los cuales se identificó el uso de marfil de elefantes ex- mentos campaniformes y epicampaniformes, fueron
tinguidos en el Pleistoceno, de elefantes asiáticos, y de realizados en cobre, cobre arsenical, o bronce, no
los africanos de sabana (Schuhmacher et alii, 2009). habiéndose podido realizar un análisis químico o
Un gran número de cuentas y colgantes, se elabo- metalográfico de las piezas, el único estudio ha sido
raron trabajando material lítico. Las rocas utilizadas el realizado a partir de lupa binocular y la recogida
eran las metamórficas (esquisto, micaeesquisto, cuar- de informaciones de las fuentes bibliográficas, no
cita, y pizarra), las sedimentarias (caliza y jaspe), y la siempre claras y precisas. Los minerales de cobre
magmáticas (piedra pómez). Se trata de materiales lo- están muy difundidos en Cerdeña, la azurita, carbo-
cales (AA.VV., 2007; Fadda, 1989), a excepción de la nato azul, se encuentra en Acqua Bona (Arburense),
pizarra por la cual tendremos que considerar un origen en Acquaresi y Arenas (Iglesiente), en la Argentiera
foráneo, porque, en sentido estricto, no está presente (Nurra), en Baccu Lillonis (Parteolla), en Baccu Loc-
en suelo sardo, aunque muchas veces, se suele confun- ci (Quirra), en Barisone (Torpè), en Bena de Padru
dir con las filitas (Fois, 2000, 35). (Ozieri), y también en otras localidades; la cuprita,
Entre los minerales se han podido identificar la óxido rojo de cobre, en las minas del Iglesiente, en
calcedonia, la serpentina, la calcita, el cuarzo y el tal- Funtana Raminosa, y en Baccu Locci (Quirra) y en
co (esteatita). Todos estos minerales se encuentran en pocas otras localidades; la malaquita, carbonato ver-
suelo sardo. El cuarzo, óxido de silicio, es muy co- de, en el Iglesiente, en la Nurra, en Baccu Lillonis
mún, se encuentra en Abbagadda cerca de Samug- (Parteolla), en Calabona, en Funtana Raminosa; la
heo, en Acqua Bona en el Arburense, en Acquaresi y calcopirita o pirita cuprosa, sulfuro de color amarillo
en Arenas en el Iglesiente, en Asuni, en Baccu Locci latón es muy difundida en Cerdeña, en Acqua Bona en
(Quirra), en Barbusi en el Sulcis, en Barega en el Igle- el Arburense, en Acquaresi y en Arenas en el Iglesien-
siente, en Barraxiuta de Domusnovas, en Bau Arenas te, en Baccu Arrodas (Muravera), en Barisone di Tor-
de Terteniae y en otras muchas localidades; la calce- pè, en Bau Arenas (Tertenia), en Baxinieddu (Jerzu),
donia, variedad de cuarzo, en Abbagadda cerca de Sa- en Bena de Padru (Ozieri), en Bruncu Cardosu (Ar-
mugheo, en Arenas en el Iglesiente, en Baccu Arrodas zana); la calcosina mineral de color gris iridiscente,
cerca de Muravera; la serpentina, mineral del grupo se encuentra en las minas de Arenas en el Iglesiente,
de la caolinita de color verde oscuro, en Cerdeña se en Barisone (Torpè), en Bena de Padru (Ozieri); la
encuentra en Orani. La calcita, carbonato de calcio, en bornita mineral de color azul violeta, se encuentra en
la isla se encuentra en las principales minas del Igle- Acquaresi y en Arenas en el Iglesiente, en Barisone
siente y en el Sarrabus. La esteatita, variedad de talco (Torpè), en Bena de Padru (Ozieri); la tetraedrita en
de color verde blanco, se encuentra en Orani (AA.VV., Arenas en el Iglesiente, en Argentiera, en la Nurra,
2007, 67, 76 y 77; Fadda, 1989, 98-101, 103, 118 y en Baccu Arrodas (Muravera); y también otros mi-
161-162). nerales de cobre aparecen en la isla (AA.VV., 2007,
63-799; Fadda, 1989, 78, 84-85, 92, 107 y 126-128). aspectos específicos del desarrollo de las culturas lo-
El cobre en estado nativo se encuentra en Cerdeña en cales aunque en los contextos funerarios aparezca a
las minas de Funtana Raminosa y también a Monte- veces como una manifestación relativamente pura y
vecchio, en las minas de Baccu Locci (Quirra) y en aislada.
pocas otras localidades (AA.VV., 2007, 76). Mientras Además, aparecen elementos, nuevos, que encuen-
que el arsénico, mineral nativo de color negro, se en- tran paralelos, con objetos hallados en el área euro-
cuentra en Cerdeña en las minas de Baccu Arrodas de pea de desarrollo del fenómeno campaniforme, como
Muravera y en las Baccu Locci (Quirra), además de cuentas con apéndices laterales o en alamar, cuentas
combinado a diferentes minerales cupríferos ya refe- en espiral, que son los objetos que nos atestiguan la
ridos (AA.VV. 2007, 59). El estaño, tendría que ser un presencia del fenómeno campaniforme en la isla, des-
metal muy difícil de conseguir, ya que en Cerdeña es de el punto de vista de los adornos.
muy escaso, algunos autores, sugieren que el bronce Hay además un grupo de objetos, que aparecen
era producido por la adición directa de la casiterita al solo en las fases finales del campaniforme, o mejor, en
cobre (Eiroa et alii, 1989, 144), aunque otros mine- el periodo en el cual este se híbrida en las cultura sar-
rales aún menos frecuentes presentan mayores con- da del bronce Antiguo, Bonnanaro A. Son las cuentas
centraciones de estaño. En Cerdeña la casiterita, se troncocónicas, los dientes atrofiados de ciervo y los
encuentra en las minas de Perda Majori y de Canale colgantes ovales.
Serci (en pequeños cristales), en Nuraxi de Togoro y Además tenemos que añadir un último grupo de or-
Perdu Cara, (AA.VV., 2007, 68; Fadda, 1989, 111). namentos, que no encontramos en la tradición cultural
Es muy complicado afirmar que ya en edad campani- de Cerdeña, y que contemporáneamente no caracteri-
forme vinieran utilizados estos yacimientos con mé- zan el campaniforme europeo, como la cuenta en for-
todos de minería intensiva, aunque éstos se conocen ma de rombo de Padru Jossu, Sanluri, los colgantes en
en otras zonas para estos momentos (Blas Cortina, forma de corazón, y los otros elementos con apéndice
2010). Podemos suponer la presencia de afloramien- de sujeción.
tos de vetas de minerales, más accesibles a la hora de Desde el estudio de los ornamentos (cuentas y col-
extraer el mineral buscado, siguiendo con trincheras gantes), hemos podido por lo tanto constatar, como el
las vetas más superficiales. Seguramente estos mine- campaniforme sardo, no elimina las tradiciones esti-
rales se trasformaban utilizando hornos, parecidos a lísticas locales, continuando el uso de joyas tradicio-
los usados por cocer la cerámica; los trabajos meta- nales, aunque manifestándose en plena sintonía con
lúrgicos podían ser ya llevados por grupos de perso- las corrientes europeas, y en particular mediterráneas
nas especializadas, y se puede también pensar que en (aparecen adornos propiamente campaniformes), y
las áreas de mayor concentración de minerales, como contemporáneamente se realizan joyas singulares. El
podía ser el Iglesiente, podían existir centros metalúr- estudio de los contextos del Bronce Antiguo inicial,
gicos importantes. ha sido esencial, para poder estudiar el difuminarse de
Entre los materiales estudiados, se han podido este fenómeno; ya que en esta fase continúa el uso de
identificar elementos en plata. La Cerdeña es rica de los elementos propiamente campaniformes, aunque ya
galena (sulfuro de plomo), (Arburense, Iglesiente, comparecen nuevos tipos de ornamentos.
Sarrabus, Nurra, Parteolla, Ogliastra etc.) (AA.VV., Además el uso de materias primas locales para
2007, 71); y hay también plata en estado nativo (Sarra- confeccionar estas categorías de adornos, presupone
bus, Acqua Bona en el Arburense, Acquaresi y Arenas la existencia en época campaniforme y epicampani-
en el Iglesiente, Asuni, Baccu Arrodas en Muravera forme en Cerdeña, de centros de producción espe-
etc.) (AA.VV., 2007, 65; Fadda, 1989, 78); La plata al cializados, algunos de los cuales perdurarían de las
estado puro en algunas zonas es superficial, permitien- épocas anteriores, como es el caso de los talleres de
do un abastecimiento muy productivo también sin el esteatita de Orani (Lilliu, 1988, 169), mientras que
uso de métodos industriales (Fois, 2000, 52). los paralelos con piezas foráneas como los típicos
colgantes con alitas de la Francia meridional, o los
colgantes con perforación en lambda, y también el
5. CONCLUSIONES uso del marfil de importación, testimonian el papel
de trámite de la isla de Cerdeña, en relación a los con-
Desde el estudio morfológico, se ha constatado, que tactos e intercambios en el área Mediterránea entre
en todo el periodo de manifestación del fenóme- mediados del III Milenio cal A.C. y los inicios del II
no campaniforme en Cerdeña, se utilizaron joyas Milenio cal A.C.
(colgantes y cuentas), presentes ya en el substrato
cultural autóctono (cuentas discoidales, cilíndri- Claudia Pau
cas, en oliva, colgantes y cuentas de concha entera, Dpto. de Prehistoria y Arqueología
Fac. Filosofía y Letras
colgantes laminares en concha, colgantes en forma
Campus Universitario de La Cartuja
de hacha, y en creciente lunar, colgantes geométri- Universidad de Granada
cos). Este hecho no es extraño si tenemos en cuenta 18071 Granada
además que el campaniforme isleño se concreta en [email protected]
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Recepción: 07-06-2012
Aceptación: 12-06-2013
les pueda aplicar –en la mayoría de los casos– la to- depósito onubense, con orígenes independientes, dos
talidad de estos parámetros, por lo que resulta difícil modelos de fíbulas de «arco acodado»: «un modelo
definir seriaciones evolutivas tipológicas y cronológi- de claro origen chipriota con los arcos aplanados y
cas. De todos modos, la falta de gran parte de los con- agallonados y otro producido en Sicilia, con los arcos
textos arqueológicos asociados a los hallazgos impide, redondos y amorcillados con o sin decoración inci-
de momento, hacer una auténtica clasificación de su- sa y geométrica» (Almagro, 1966, 183). Ambos tipos
ficiente valor cronológico, al menos antes de plantear representados entre los bronces de la Ría y que, se-
otras argumentaciones de interés que podrán arrojar gún Almagro, «no es posible asegurar qué tipo fue el
suficientes elementos de juicio en este sentido. Así, los primero ni cual tuvo mayor uso y dispersión, aunque
hallazgos secuenciados del Cerro de la Mora (Morale- todo parece inclinarse a favor del que hemos llamado
da de Zafayona, Granada), de igual forma que para el fíbula “tipo Huelva”» (Almagro, 1966, 183). Preci-
estudio de las del grupo Huelva constituyó el ejemplar sando, indica que «puede considerarse sícula la fíbula
localizado en su anejo del Cerro de la Miel, son los de arco acodado con sus brazos algo amorcillados, es
únicos que pueden aportar datos relevantes. decir, más gruesos en su centro y más delgados hacia
Por último, resaltar que presentamos un conjunto su extremo, tipo que no parece se divulgó tanto entre
de fíbulas de gran interés, algunas de ellas inéditas, nosotros» (Almagro, 1966, 184).
entre las que no incluimos las únicas secuenciadas Con estos sintéticos textos queremos significar
del Cerro de la Mora. No considerarlas, aunque estén que, si Almagro en un primer momento de sus inves-
documentadas, se debe primero a la falta de análisis tigaciones cotejó globalmente las fíbulas de la Ría,
metalográficos, que aún no ha sido posible por su mal principalmente con ejemplares sicilianos, de los que
estado de conservación. En segundo lugar, porque su tomó la denominación generalizada de sícula, poste-
incorporación implicaría la presentación de otros re- riormente las diferenció en dos tipos o grupos: sículo
gistros broncíneos y cerámicos de apoyo, que sobrepa- y chipriota o tipo Huelva, atendiendo a sus supuestos
sarían el ámbito físico de este trabajo. De ellas, sola- orígenes en alguna de esas islas mediterráneas. Casi
mente ofreceremos algunas referencias y sugerencias siempre bajo la óptica de modelos difusionistas y pa-
crono-tipológicas. ralelos descontextualizados, muy propios de la época.
Las diferencias que se han establecido entre ambos
conjuntos vendrían marcadas por el distinto tratamien-
II. FÍBULAS SÍCULAS DE TIPO MONACHIL to ornamental que se da al puente de la fíbula: en el se-
gundo de los casos, la decoración se circunscribe a una
Sin demasiadas dudas, podemos argumentar que la serie de fajas y abultamientos, delimitados por unas
denominación sículas, para definir o caracterizar las incisiones más o menos profundas, que se reparten en
fíbulas de codo peninsulares con puentes de brazos sin cada uno de los brazos; en el primero, apreciamos una
moldurar, tiene su origen en los primeros estudios que técnica decorativa diferente, gracias al tratamiento de
Almagro Basch realizó sobre el ejemplar aparecido la incisión burilada, que reúne, tanto los motivos li-
entre los bronces del depósito de la Ría de Huelva. neales paralelos, como los geométricos más comple-
Así, en uno de sus primeros trabajos (Almagro, 1940a, jos de rombos, zigzags, etc. Las sículas presentarían,
138), consideraba que las fíbulas eran los únicos obje- casi siempre, una mayor uniformidad de la sección en
tos del depósito que reflejaban relaciones directas con cada brazo del puente. Las secciones de las distintas
el Mediterráneo Central, haciendo derivar el tipo, ya partes de la fíbula pueden ser variables, pero lo común
más evolucionado por su decoración, de las formas sí- es que sean circulares, oblongas, lenticulares, de fino
culas tardías de Cassibile, con una fecha no anterior al segmento de círculo, etc. Aunque en algunos casos en-
750 a.C. Opinaba que «los tipos sicilianos han hecho contremos mayor variabilidad, debido a los elementos
nacer, desde luego, los modelos españoles, del que es decorativos que aparecen en el puente.
el más antiguo ejemplar el de Huelva, pero no el úni- Estas consideraciones generales introductorias que
co, y de ninguna manera de la misma época que sus hemos efectuado no tendrían sentido, por su obvie-
precedentes sicilianos. Aclimatado en España el tipo, dad, en cualquier otra línea de investigación; pero aún
perduró evolucionando, siendo un caso más del con- pueden considerarse necesarias, como punto de parti-
servadurismo extremo de nuestra Península». Pero fue da para otro tipo de elucubraciones más específicas.
sustituyendo, progresivamente, los paralelos del Me- En tal sentido, sigue existiendo, en gran parte de los
diterráneo Central por los de Chipre y Palestina, para investigadores peninsulares que se han aproximado a
justificar la presencia de estas fíbulas en la Península ellas, un gran desconocimiento en el tema de las fíbu-
Ibérica, en relación con el comercio fenicio-chipriota las antiguas de codo peninsulares. Habiéndolas globa-
(Almagro, 1940b, 3). Este trabajo muestra cómo los lizado, en muchos casos, bajo el paradigma de lo sí-
paralelos exógenos, que cotejó en primer lugar para culo y, en otros, confundiendo los tipos. Subyaciendo,
estas fíbulas, cambiaron de modo progresivo, a medi- en todo caso, una manipulación interesada en relación
da que avanzaba en sus investigaciones. con sus secuencias y cronologías.
En uno de sus últimos trabajos sobre el tema (Al- De las diez fíbulas de codo que Almagro estu-
magro, 1966, 182 ss.) diferenciaba nítidamente en el dió procedentes de la Ría, nueve –entre completas y
fragmentos– eran del tipo Huelva; mientras que un res- a través de los tipos de fíbulas de codo existentes en
to del brazo de un puente correspondería a la famosa la Península se vislumbra un doble circuito de comer-
fíbula sícula, que tanta importancia tuvo en sus traba- cio mediterráneo, durante los siglos X y IX a.C.; justo
jos iniciales, al establecer las relaciones centromedite- antes del gran auge fenicio. Por una parte, existe una
rráneas del depósito. A partir de estas investigaciones gran ruta realizada, sobre todo, por grupos proceden-
pioneras de Almagro Basch y en un rápido recorrido, tes del Mediterráneo oriental que, a partir de Sicilia,
respecto de otras nacionales realizadas sobre este tipo actúa principalmente en las costas meridionales del
de fíbulas, tradicionalmente denominadas sículas, he- Mediterráneo occidental, incluidas las de la Penín-
mos de hacer referencia sucinta a ciertos trabajos que, sula Ibérica, llegando a la fachada atlántica hasta
en cierto modo y en algún aspecto, las han tratado o las costas del canal de la Mancha. A lo largo de toda
interpretado, aunque no muy correctamente, incluyén- esta amplia zona costera llegan elementos materia-
donos nosotros mismos. les, principalmente metales, como es el caso de las
Así, a finales de los años setenta nos aproximábamos fíbulas de codo, tanto de inspiración sirio chipriota,
al mundo de las fíbulas de codo (Carrasco et alii, 1980) como sícula» (Blasco, 1987, 27). Aunque no sabemos,
con el estudio del caso de Cerro Alcalá, procedente de a ciencia cierta, si esta «ruta original» estaba inspirada
una incineración en urna que había aparecido en labores en los trabajos de Coffyn o se debía a la propia auto-
agrícolas rutinarias. Nuestro trabajo, algo precipitado, ra; sí pudimos intuir que Sicilia, al parecer, constituyó
lo relacionaba directamente con el ejemplar proceden- al final de la Prehistoria un puerto franco, a partir del
te de Cerro de la Encina de Monachil (Granada) y con cual se distribuía este tipo de fíbulas y, así, a través de
el registro cerámico de similares enclaves andaluces y los Alpes y Francia, se llegaría al Canal de la Mancha
levantinos. Las cronologías peninsulares que ofertába- y, desde allí, por un «tráfico atlántico», alcanzarían la
mos estaban en relación con las aportadas, básicamente, Meseta y el suroeste las fíbulas «sirio-chipriotas». Por
para las de la Ría de Huelva, San Román de Hornija, contra, las sículas llegarían al sureste peninsular por
etc. Es decir, lo único que entonces se conocía, junto un comercio directo desde Sicilia.
con las tradicionales y problemáticas dataciones de En torno a esto, sólo indicaremos que no hay ni
Megiddo Va y Pantalica II. Pero introdujimos un matiz una sola fíbula de las que podamos denominar «tipo
diferenciador, más localista, cuando cotejamos la de- Huelva», o que Blasco incluya en su grupo «sirio-chi-
coración que presentaban los brazos de su puente con priota», en Sicilia; a no ser los ejemplares chipriotas
similares ornatos de brazaletes, anillas de hachas de tardíos que los mismos especialistas italianos, como es
aletas, etc. Un aspecto en el que se criticaron nuestras el caso de F. Lo Schiavo, hacen derivar de los escasos
comparaciones y similitudes expuestas, respecto de las ejemplares peninsulares documentados. Algo pareci-
decoraciones que ostentaban los brazaletes de Berzoca- do puede decirse del ámbito atlántico, donde tampoco
na y su cronología entre los siglos XII-X a.C. En defi- existen. Nos queda la garantía, si esta autora hubie-
nitiva, utilizamos en el análisis argumentos propios de se conocido entonces (ya se habían publicado –entre
la época, apuntando ciertos matices indigenistas para su otros– los ejemplares del Cerro de los Infantes, Ce-
decoración que aún no hemos desechado; pero tampoco rro de la Mora, etc.) la dispersión real de las fíbulas
confundimos esta fíbula, ni la entroncamos con ningún de codo en la Península, de que no hubiese llegado a
otro tipo distorsionante, ni la relacionamos con parale- la siguiente conclusión: ‘’puede decirse que la mitad
los exóticos peor contextualizados. oriental peninsular parece no haber incorporado las
Siete años después, en un trabajo realizado sobre fíbulas de codo gallonadas de inspiración sirio chi-
el yacimiento madrileño de Perales del Río, C. Blasco, priota, pero posee, en cambio, piezas de marcado am-
al estudiar una fíbula «ad occhio» procedente de un biente sículo» (Blasco, 1987, 27). También son intere-
«fondo» (posible silo), efectuó una serie de reflexio- santes algunas de sus observaciones tipológicas que,
nes crono-culturales y tipológicas que, escuetamente, aunque no propiamente suyas, sí acepta y matiza. Por
consideramos necesario resaltar (Blasco, 1987). Más ejemplo, el hecho de admitir que fíbulas lisas, como
que nada, y extrañamente, por la incidencia que han la de Mansilla de las Mulas o la de Monachil, pueden
tenido en investigaciones recientes; aunque esta pieza ser derivaciones tardías de «ejemplares más caracte-
no entraría en la tipología del grupo de fíbulas objeto rísticos, con gallones, en un proceso, como acontece
de este estudio. Así, C. Blasco, siguiendo el antiguo a otros ejemplares metálicos, tendente a la simplifi-
esquema de Almagro, consideró dos grupos peninsula- cación» (Blasco, 1987, 24). Es decir, que las fíbulas
res de fíbulas de codo: «sirio-chipriotas» y «sículas»; «sirio chipriotas», en último caso, darían lugar a las
en estas últimas, incluía las de tipo «ad occhio», de lisas «sículas» y, a partir de aquí, eclosionarían en las
arco descentrado, lisas de codo centrado, etc. Todas, fíbulas tardías estudiadas por Cabré/Morán, proceden-
llegadas desde ambientes mediterráneos próximos y tes de la Meseta (s.c.).
lejanos. Al respecto, pueden ser significativas y escla- Finalmente, algunos años después, un nuevo estu-
recedoras algunas de las «rutas» que la propia Blasco dio sobre los bronces de la Ría (Ruiz Gálvez, 1995)
señalaba y describía. Indicaba, ante la duda sobre si daba un tratamiento bastante insuficiente a la fíbula
las fíbulas peninsulares eran productos locales o de lisa del depósito; no solo en el aspecto tipológico y grá-
importación directa, que «sí puede apuntarse ya que fico (Fig. 2: 3), sino también en la contextualización.
Este rápido y sintético recorrido es ilustrativo de cómo Entre lo más trascendente, tras repetir y argumen-
algunos autores han referenciado estas fíbulas lisas de tar sobre los modelos orientales, que ya expusimos
forma controvertida y algo sesgada, a partir, más que hace años al igual que A. Mederos (1996), y sin citar
nada, de los ejemplares de la Ría y Cerro Alcalá. Por sus fuentes de información, indica que estas fíbulas de
supuesto que no han sido las únicas referencias desta- ignoto tipo son contemporáneas del vaso de Berzoca-
cables, pero sí han marcado ciertas líneas deliberativas na, sorprendiendo el uso contrario que hace del mismo
que no han dejado de utilizarse: argumento que constituyera el principal apoyo para las
Así, M. Torres (2002), en una reciente obra de sín- críticas que se nos efectuó hace más de treinta años,
tesis, bajo un epígrafe titulado «Las fibulas de codo cuando relacionamos las decoraciones de los braza-
de tipo Cassibile II-III», indica siguiendo a Almagro letes de Berzocana con las de la fíbula giennense de
Basch y a Ruiz-Gálvez, que «En el depósito de la Ría tipo Monachil de Cerro Alcalá. Aunque quizás sea más
de Huelva, junto a las fíbulas que toman su nombre relevante su ‘descubrimiento’ de la cronología de las
del mismo, se documentó igualmente la existencia de fibulas de la Ría en el s. X a.C., planteando una pro-
un ejemplar de fíbula de clara procedencia siciliana blemática cronológica de difícil solución. Así, primero
y que casi con seguridad fue importada de esta isla». admite que las fibulas tipo Huelva son de origen sícu-
Deduciendo, a continuación, que «La importancia de lo, pero luego les adjudica un origen peninsular para
estas piezas radica en que, seguramente, son de las incluso llegar a «las costas de Fenicia e Israel» (To-
que derivarán las fíbulas de tipo Ría de Huelva, que rres, 2012, 464); aunque, igualmente, había expuesto
tanta difusión tendrán en el Sudoeste peninsular y, en con anterioridad que «estas piezas alcanzan también
general, en toda la fachada atlántica» (Torres, 2002, el Mediterráneo oriental en un momento que se pue-
171). La lectura de estos textos causa cierta sorpresa, de fijar entre mediados del siglo XI y mediados del X
pues habla en plural de estas fíbulas, cuando en reali- a.C.» (Torres, 2012, 463). Cabría preguntarse, en pri-
dad hay una sola problemática, como recientemente mer lugar, de qué modelos sículos derivarían los tipos
hemos comprobado (Carrasco et alii, 2012). De igual peninsulares; en segundo lugar, qué cronología tienen;
forma, también desconocemos esa gran difusión fibu- en tercer lugar, si la fecha del s. X se refiere al depósito
lar a la que alude Torres por el Sudoeste y fachada general de la Ría o a sus fíbulas; en cuarto lugar, qué
atlántica, sin indicar el tipo de espécimen. relación tiene Amathus 523, Ayia Irini, la fíbula chi-
Un último trabajo del mismo especialista (Torres, priota del MAN, Megiddo Va, etc. con los casos de la
2012) vuelve a plantear afirmaciones, cuanto menos Ría. No parece que M. Torres haya desentrañado bien
controvertidas y, desde luego, sin el suficiente rigor. esas relaciones, pese a que ya lo expusimos hace casi
Señala las fíbulas como recurrentes objetos de repre- una década (Carrasco y Pachón, 2006a y 2006c). Pero,
sentación en las estelas extremeñas, pero sin explicitar además y en la actualidad, Megiddo Va, lo mismo que
de qué fíbulas se trata. De su texto se intuye que debe Achziv y el Bronce Final de la Ría de Huelva, parale-
referirse a las del tipo Huelva, que son las que le inte- lo al Hierro II oriental, se fechan, aunque no estemos
resan para citar una serie de artículos relativos al ha- muy de acuerdo en el caso de las fíbulas españolas, ha-
llazgo broncíneo de la ría onubense, pero obviando en cia la mitad del siglo X a.C. (Bruins et alii, 2011). Por
qué estelas aparecen representadas; todo, para afirmar ello, resulta complicado conciliar la presunta llegada
como referente general de conocimiento que este tipo de las sículas a la Península, el tiempo de su recon-
de fíbulas surgió como consecuencia de la llegada a versión en el tipo Huelva y su exportación a Próximo
la Península Ibérica de ejemplares sículos, de los que Oriente, tal como ha sido expuesto por M. Torres.
evolucionarían posteriormente en el tipo Ría de Huel- Cuestiones, entre otras similares de este autor, so-
va (Torres, 2012, 462). Sin embargo, después de citar bre las que no profundizaremos, pues en parte y su-
a Birminghan sin aclarar por qué y omitir de dónde cintamente ya se han tratado en una muy reciente in-
obtiene la referencia sobre las concentraciones de este vestigación (Carrasco et alii, 2012). De igual forma,
tipo de fíbulas en la Península, junto a otras disqui- eludiremos otros trabajos (Celestino, 2001 y 2008) de
siciones tipológicas sobre los ejemplares orientales, relativa contribución a la investigación que propone-
insiste –sin mayor documentación– sobre el origen pe- mos, que también referenciamos parcialmente en el
ninsular de estas fíbulas. A continuación, entre datos estudio citado.
de hallazgos extremeños poco precisos y la afirmación Por nuestra parte, los diversos trabajos realizados
de la mayor antigüedad de la fíbula de arco descentra- a partir de mediados de los años ochenta (Carrasco et
do del Cerro de La Muralla de Alcántara, sin mayor alii, 1985), sobre las antiguas fíbulas de codo penin-
argumentación científica señala seis fíbulas en Extre- sulares, se han centrado en las del tipo Huelva. Ais-
madura; aunque olvida que serían nueve. Siempre que lándolas del resto de las denominadas fíbulas de codo,
contabilicemos la mejor adaptada al modelo, presente que –en cierto modo– entrarían en el grupo de las
en las estelas del Sudoeste, que es la del tipo Enco- llamadas lisas o de tipo sículo, también denominadas
mi de «Pajares» (Villanueva de La Vera, Cáceres), ya por nosotros de ‘tipo Monachil’, en reconocimiento
descrita equivocadamente como de «arco» (Celestino, al ejemplar estudiado por W. Schüle, procedente del
2001, 205, Fig. 51), junto con las dos de tipo Monachil Cerro de la Encina de Monachil, Granada (Schüle,
de Los Concejiles de Lobón. 1969). Es un grupo fibular complejo, que como ya se
Figura 1: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil: Distribución de hallazgos. Ría de Huelva (1); El Coronil(2); Monachil (3); Cerro de la
Mora (4); Pinos Puente (5); Canto Tortoso (6); Las Muelas (7), Cerro Alcalá (8), Peña Negra (9); Mansilla de Mulas (10); Talavera la
Vieja (11); La Muralla (12); Los Concejiles (13); Mondim da Beira (14); Monte Airoso (15) y Nossa Senhora da Cola (16).
dimensiones, junto con una aguja relativamente pla- las necrópolis sicilianas de Cassibile. A partir de estos
na (Fig. 2: 1). En una posterior revisión, el brazo lo estudios que Almagro documentó exhaustivamente,
inclinaba aún más y, a su vez, la reconstrucción del junto con ejemplares de muy diversa tipología, no solo
derecho lo aplanaba, a partir su mayor inflexión res- sicilianos, sino chipriotas e incluso micénicos, elaboró
pecto de una aguja totalmente plana (Fig. 2: 2) (Al- un modelo de fíbula asimétrica que se ha mantenido a
magro, 1958). Todo, tendente a reconstruir una fíbula lo largo de los años y que, en cierta forma, condicionó
de codo plenamente asimétrica, al estilo de algunas de el de las de tipo Huelva.
Figura 2: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Andalucía: Ría de Huelva [según M. Almagro (1-2), Mª L. Ruiz-Gálvez (3) y J. Carrasco
(4)]; 5. El Coronil (Sevilla); 6-7. Cerro de la Encina, Monachil (Granada); 8. Las Agujetas, Pinos Puente (Granada); 9. Canto Tortoso,
Gorafe (Granada); 10. Las Muelas, Alamedilla (Granada); 11. Cerro Alcalá, Mancha Real/Torres (Jaén).
Años más tarde, en un nuevo estudio sobre los evolucionada, que –entre otros parámetros– justificaría
bronces de la Ría, Mª L. Ruiz-Gálvez, que se arries- parcialmente su modernidad entre las del tipo Monachil.
gó a revisar los trabajos de Almagro Basch sobre el
depósito onubense, describe esta fíbula a partir de
una insuficiente documentación (Fig. 2:3), como «del III.b. Andalucía Oriental
arco aplastados, sin decoración. Conserva la aguja, el
muelle y el Charnela: No conservada» (Ruiz-Gálvez, Esta región andaluza, relacionada con la Cuenca Alta
1995, 223, nº 27). Aunque, posteriormente, indica que del Guadalquivir, ha proporcionado en los últimos
no tiene mortaja ni aguja. Descripción que no necesita treinta años el conjunto más voluminoso de fíbulas
comentario, al igual que buena parte del resto de afir- tipo Monachil. Son catorce documentadas y restos
maciones y argumentaciones realizadas por la autora previsibles de alguna otra más: es decir, más del 50%
sobre el conjunto de las fíbulas de la Ría. del volumen peninsular. Su ausencia en la región ma-
En nuestra opinión, como ya se ha expuesto en otro lagueña y, especialmente, almeriense es paradójica,
lugar (Carrasco et alii, 2012), el brazo del puente con- porque aquí, desde las investigaciones de los herma-
servado, con restos de codo y mortaja, se correspon- nos Siret, se han documentado multitud de sepulturas
dería con una fíbula de pequeñas dimensiones, codo del Bronce Final y hubiera sido de esperar un pano-
centrado y decoración de finas líneas incisas paralelas rama más prolífico de estos artilugios. También es de
a los brazos (Fig. 2: 4). Fundida en bronce binario, destacar la inexistencia de otras fíbulas de las denomi-
muestra un porcentaje medio/alto (13,61%) de estaño nadas sículas, como pueden ser las de tipo ad occhio
(Sn) y una morfometría muy similar, entre otras, a los y arco descentrado.
ejemplares de El Coronil y Cerro de las Agujetas, etc.
Su cronología, como en otro apartado argumentare- 3. Cerro de la Encina (Monachil, Granada). Este im-
mos, debe ser relativamente tardía entre los ejemplares portantísimo asentamiento, con secuencia ocupacional
que componen este grupo. desde un Cobre evolucionado con campaniforme hasta
época protohistórica, es conocido desde antiguo (Ca-
2. El Coronil (Sevilla) (Fig. 2: 5). De procedencia des- bré, 1922). Aunque sus mejores resultados y mayor
conocida, se localiza en una colección privada de esta conocimiento se han obtenido a partir de las excava-
localidad sevillana una fíbula del tipo que estudiamos. ciones que, de forma intermitente, se realizan desde
M. M. Ruiz Delgado la referenció parcialmente en su 1968 por el Departamento de Prehistoria de la Uni-
Tesis Doctoral (Ruiz, 1989), aunque nunca llegó a pu- versidad de Granada (Arribas et alii, 1974). De aquí
blicar su dibujo. Posteriormente, un trabajo póstumo proceden dos fíbulas de codo que guardan una cierta
(Ruiz et alii, 1991) realizó, desde el punto de vista me- similitud. La primera de ellas (nº 1), que daría nombre
talográfico, un breve estudio con algunas considera- al grupo, está depositada en el Museo Arqueológico de
ciones de orden cronológico y tipológico que, por sus Granada, registrada como procedente del término mu-
características, pensamos que ya no fueron ultimadas nicipal de Monachil. Originalmente la dio a conocer
por él, aunque se hiciera bajo el influjo parcial de su W. Schüle (1969), a partir de un escueto dibujo. Una
trabajo doctoral. Algunas referencias sobre la fíbula, mejor documentación la proporciono años más tarde
así como su dibujo definitivo y novedoso, las expusi- F. Molina (1977), cuyo dibujo a lápiz nos ha servido
mos en otro sitio (Carrasco et alii, 1999). de base para el que publicamos en este trabajo (Fig. 2:
La fíbula se presenta incompleta, faltándole el pie 6). Tiene configuración de triángulo isósceles, con una
(mortaja) y la aguja. El codo, abierto, es liso y aparece base de 7,4 cm, brazos de 6,4 y 5,4 cm y una altura de
centrado en el puente, presentando brazos de sección 4,7 cm. El codo centrado es alto y estrecho, como una
oblonga, decorados en su parte superior por dos grupos prolongación natural y sin estrangular de los brazos
de incisiones verticales, que enmarcan amplias fajas curvos del puente. Su fina sección es oval aplanada. Le
centrales con finas incisiones longitudinales y paralelas. falta la aguja y media espira en el resorte, mientras los
Sus dimensiones actuales son: longitud total, 4,7 cm; dos brazos del puente están decorados por tres estre-
altura, 2,5 cm y sección máxima en la parte central del chas bandas incisas, rellenas por finos trazos oblicuos.
brazo derecho, 0,9 cm. Fue catalogada por M. M. Ruiz Se realizó en bronce binario con un porcentaje medio/
en su grupo I.lb, caracterizado por el puente masivo, bajo de Sn (6,86%) (Hook et alii, 1987).
perfil fusiforme y sección ovalada, asimilándola con los Esta fíbula fue relacionada en origen por W. Schüle,
ejemplares de la Ría de Huelva (Ruiz, 1989, 51). A pe- y posteriormente por F. Molina, con el ejemplar apa-
sar de la opinión de M. M. Ruiz, que pudimos contrastar recido en la fase Va de Megiddo y una cronología de
con él, es una fíbula que siempre hemos sido reticentes los siglos XI-X a.C. (Schüle, 1969, 25). Por su parte,
a incluir en el tipo Huelva (Carrasco y Pachón, 2006b), F. Molina, en su tabla tipológica sobre el Bronce Final
pues no presenta molduraciones en los brazos constitu- del Sudeste, la situó grosso modo en un Bronce Final
tivos del puente; aunque sus fajas decorativas incisas I, que en aquellos momentos fechó entre el 1100-850
guardan ciertos patrones similares que, quizás, eviden- a.C. (Molina, 1978, 215 y Tabla tipológica.).
cien algún desarrollo tardío colateral del tipo onubense. En nuestra opinión, por cronología sensu stricto,
Junto a ello, presenta una aleación compositiva muy esta fíbula puede tener cabida tanto en la datación de
W. Schüle, como en el amplio estanco que ocupa el Alto medieval, tuvo especial énfasis en lo referido al
Bronce Final I en la tabla de F. Molina. Pero su apoyo Bronce Final, Fenicio y Protoibérico, habiendo propor-
en la cronología y tipología de la fíbula de la Fase Va cionado su excavación, desde finales de los años seten-
de Megiddo no resulta muy fiable, en la actualidad. ta hasta principios de los noventa, una gran variedad
Aunque es evidente que, hasta fechas relativamente de elementos broncíneos elaborados en talleres meta-
recientes, este ejemplar oriental constituyó el paralelo lúrgicos del propio enclave arqueológico. Entre otros,
más exótico y paradigmático para sustentar las inves- destacan artilugios relacionados con objetos de vestir,
tigaciones difusionistas de la época y de tiempos pos- como fíbulas y botones. De las primeras, al margen del
teriores. Parte de su problemática cronológica ya fue ejemplar tipo Huelva, documentado en estratigrafía
expuesta recientemente (Carrasco y Pachón, 2006c), junto a una espada de lengua de carpa en el sector de la
comprobándose dataciones inseguras entre los siglos Miel, publicada hace casi treinta años (Carrasco et alii,
XII y IX a.C. Aunque, no hace mucho, se ha oferta- 1985 y 1987) y muy referenciado en bibliografía, son
do una fecha absoluta más firme del 2817 ± 23 BP numerosas las fíbulas estratificadas en el yacimiento,
(Sharon et alii, 2007, 36, Table 7), que daría con ma- especialmente del tipo Monachil y posteriores de doble
yor seguridad una cronología del s. X a.C. En relación resorte, sin olvidar un excelente ejemplar de pivote. El
con las semejanzas tipológicas observadas entre este inventario de las primeras, que consideramos, sería: 1.
ejemplar oriental y la fíbula de Monachil hemos de Fragmento del brazo derecho de un puente con restos
indicar que, efectivamente, el perfil en forma de trián- de codo centrado, resorte de espira y media y gran par-
gulo isósceles y la amplia base de las dos, junto a un te de la aguja, fusiforme. 2. Restos de los brazos del
codo alto y centrado, les da un cierto parecido; como, puente y codo centrado, sin resorte, mortaja, ni aguja,
en este aspecto, también lo tiene con las antiguas de fusiforme. 3. Parte de un puente con codo centrado, fal-
Kourion, Larnaka, Amathus, etc. Sin embargo, la de ta parte de los brazos, resorte, mortaja y aguja, filifor-
Megiddo presenta brazos moldurados y la de Mona- me. 4. Fragmento de un brazo derecho con restos del
chil lisos, lo que constituye un matiz claramente dife- resorte, fusiforme. 5. Fragmento de un brazo derecho y
renciador. Además, consideramos que debe tener, en el restos del resorte, filiforme. 6. Fragmento de brazo de-
grupo que estudiamos, una cronología alta. recho con restos del codo centrado, resorte de espira y
La segunda fíbula del Cerro de la Encina (nº 2) media y restos de aguja, filiforme. 7. Fragmento de un
(Fig. 2: 7) procede de trabajos de excavación reglada, brazo derecho, con restos de codo centrado, resorte de
realizados en la campaña 2003/2004 por el Departa- espira y media con aguja, fusiforme. 8. Dos fragmentos
mento de Prehistoria de la Universidad de Granada. que componen una fíbula partida por el puente de codo
Apareció en el corte/56, zona B, sector A, siglada con centrado, resorte de espira y media, mortaja, levemente
el número identificativo Mo-56105, en un contexto fusiforme. 9. Fragmento del brazo de una posible fí-
postdeposicional mezclado, por lo que no es conve- bula de codo de gran tamaño. Todas tienen muy mal
niente asociarla a ningún otro tipo de registro. De fina estado de conservación, por lo que no han sido objeto
sección ovalada, le falta la aguja y media espira del de ningún análisis metalográfico, aunque es una posi-
resorte. Su perfil tiene una longitud máx. de 7,4 cm, bilidad que seguimos valorando. En lo posible, serán
y una altura total de 3,2 cm. El codo es centrado, más objeto de un trabajo próximo de investigación, junto
abierto que en el ejemplar anterior y algo inclinado con algunos de los registros cerámicos y metálicos que
hacia la derecha, por la configuración de una fuerte se le asociaban. A priori, la cronología de este conjunto
inflexión del brazo derecho. de fíbulas, posiblemente deba situarse entre los siglos
Las diferencias morfométricas entre estas dos fíbu- XIII/XII y la primera mitad del IX a.C.
las son mínimas. Tienen similares tamaños de perfil,
aunque los brazos de la primera son de mayores di- 5. Las Agujetas (Pinos Puente, Granada) (Fig. 2: 8).
mensiones, al no sufrir distorsión alguna en la confi- No es la primera vez que nos ocupamos de este sitio
guración del codo, lo que lo hace estar más centrado, arqueológico, por lo que su bibliografía puede seguir-
frente a la sensación de su inclinación en la segunda, se en los estudios previos del yacimiento (Pachón et
por la inflexión de uno de ellos. Esta última se realizó alii, 1979; Pachón y Carrasco, 2009 y 2010; Carrasco
en un bronce binario con contenido de Sn medio/bajo et alii, 2012). El Cerro de las Agujetas conforma un
(6,3%). La fíbula, por tipología, es algo más antigua pequeño enclave con funcionalidad complementaria
que la anterior, con composición metalográfica simi- respecto del Cerro de Los Infantes, probablemente
lar, ausencia de decoración en el puente y algo más frecuentado a fines de la Edad del Bronce, que prolon-
aplanada. Puede tener una cronología entre los siglos garía su uso hasta tiempos romanos. Aunque es proba-
XII/XI a.C., acorde con horizontes culturales detecta- ble que albergara algún reducto funcional de carácter
dos en este enclave arqueológico. económico e incluso militar, una parte importante de
los hallazgos también aluden a la presencia de espa-
4. Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Grana- cios con utilidad funeraria, de los que podría proceder
da). De amplia bibliografía, este extenso asentamiento una fíbula tipo Monachil, junto con otras dos del gru-
de gran secuencia habitacional, fundación argárica y po Huelva (Carrasco et alii, 2012). El caso que aquí
poblamiento –más o menos– continuado hasta época concurre corresponde al brazo izquierdo de un puente
de configuración fusiforme, con máxima sección en Se fundió en un bronce binario, con porcentaje medio/
el centro que se afina hacia el codo y pie. Su parte bajo de Sn (6,4%). No tenemos excesivos datos para
inferior está decorada con diez finas líneas paralelas adjudicarle una cronología firme, aunque grosso modo
incisas, que pudieron existir en menor número por la consideraríamos una fecha antigua entre las del grupo.
parte superior o exterior. Conserva el inicio del pie o
mortaja, insinuándose también parte del codo. Su lon- 7. Las Muelas (Alamedilla, Granada) (Fig. 2: 10).
gitud máxima es de 2,8 cm, sección oblonga de 8 x 6 Gran asentamiento sin excavar, localizado en la par-
mm. Su longitud reconstruida rondaría los 5 cm, con el te nororiental del término municipal de Alamedilla,
codo centrado en el puente. Se fundió en un bronce bi- comarca de los Montes Orientales granadinos, en los
nario con un porcentaje medio de Sn (9,0%). Un dato límites de Huelma y Cabra del Santo Cristo, munici-
novedoso, de interés en esta fíbula, es que presenta pios del Subbético jienense. Se sitúa sobre una serie
una perforación y restos de otra realizada con un tala- de altozanos calizos (muelas), algunos por encima de
dro continuo (tecnología tardía en el Bronce Final), de los 900 m s.n.m., dominando tierras de secano y rega-
forma paralela y superpuesta en el codo, que debieron dío, pertenecientes a la cuenca del Río Guahortuna; sus
tener correspondencia en el brazo perdido del puente. aguas, junto con las del Guadiana Menor, constituyen
Estas perforaciones se realizaron, o bien para unir los el aporte hídrico de las cuencas fluviales más importan-
brazos tras su rotura en el vértice del codo, o fueron tes de esta región. Es un yacimiento conocido superfi-
realizadas ex profeso para enrollar hilos consistentes cialmente desde antiguo, con registros arqueológicos
con fines decorativos, como se ha comprobado en al- adscribibles a toda la secuencia del Bronce y tiempos
gunas fíbulas chipriotas antiguas (Buchholz, 1986). posteriores. De este lugar, y sin excesivos datos, pro-
En último caso, y menos probable, para fortalecer o cede una fíbula completa inédita del tipo Monachil, de
prevenir posibles fracturas por el lugar más débil de sumo interés por la tipología y metales en que se fun-
la fíbula. A priori, la cronología de esta fíbula pudiera dió. Su perfil es de triángulo isósceles con amplia base
situarse, con ciertos argumentos, a lo largo del siglo (6,9 cm), baja altura (2,6 cm), brazos filiformes, sec-
IX a.C. Paralela en el tiempo, en territorios andaluces, ción ligeramente oblonga (3,5 x 2 mm) y fina aguja (2
con las últimas producciones de las de tipo Huelva. mm). El codo, bien marcado, se inclina sobre el brazo
Por morfometría es idéntica al ejemplar liso de la Ría izquierdo por su mayor inflexión respecto del derecho.
de Huelva, estudiado por Almagro Basch. La mortaja mide 1,9 cm y el resorte, con espira y me-
dia, es pequeño e irregular. Posiblemente fue obtenida
6. Canto Tortoso (Gorafe, Granada) (Fig. 2: 9). Del a partir de una varilla de sección cuadrangular desga-
entorno de este extenso asentamiento arqueológico sin jada de una placa fundida, con una elaboración final de
excavar, procede un fragmento de fíbula del tipo que limado y mortaja martilleada. Como hemos indicado,
estudiamos. Considerado por sus registros cerámicos el interés de esta fíbula, al margen de sus características
de superficie de dilatada cronología ibérica, es eviden- morfométricas arcaicas, reside en el metal o metales en
te que debe ampliarse su secuencia en profundidad. Es que fue fundida, bien con arsénico (As = 1,5%) o en
conocido desde mediados de los años noventa (Gon- cobre puro (Cu = 99,2%), análisis que posteriormente
zález et alii, 1995) y se localiza en una amplia meseta, comentaremos. En síntesis, consideramos que se trata
en la confluencia de los ríos Fardes y Guadiana Me- de una de las fíbulas más antiguas de todo el Occidente
nor; área geográfica de gran tradición arqueológica, mediterráneo, si no lo es ya de entre los conocidos re-
especialmente durante la Prehistoria reciente. La pro- gistros fibulares antiguos de la Península Ibérica.
blemática de su poblamiento ha sido sintéticamente
expuesta en un trabajo moderno (Carrasco y Pachón, 8. Cerro Alcalá (Mancha Real/Torres, Jaén) (Fig. 2:
2002), pero el fragmento de fíbula relacionada con el 11). De este extenso enclave arqueológico, que por su
yacimiento lo dimos a conocer de forma esquemática extensión se localiza en la confluencia de varios térmi-
en los años noventa, indicando su procedencia de un nos municipales, como Mancha Real, Torres y Jimena,
lugar indeterminado de la amplia geografía de Guadix hace ya casi treinta y cinco años que dimos a conocer
(Carrasco et alii, 1999). Hoy día, puede concretarse una extraordinaria fíbula de codo procedente de una
su hallazgo en Canto Tortoso, perteneciente al término incineración en urna, posiblemente del entonces con-
de Gorafe, en la extensa región de la Hoya de Guadix. siderado Bronce Final Pleno (Carrasco et alii, 1980).
Está compuesto por el brazo derecho del puente y par- En aquellos momentos la estudiamos y asemejamos
te del codo, resorte con espira y media y fragmento tipológicamente con otros ejemplares peninsulares y
de la aguja, ligeramente curva. Por su configuración orientales, muy propios de la época en cuestión. Así
de perfil alto, en forma de triángulo isósceles, debió como con algunas decoraciones conocidas en otros
tener el codo centrado. Su sección es ligeramente cur- artilugios, especialmente brazaletes, entre ellos los ex-
va, por su parte inferior y apuntada o triangular, por tremeños del yacimiento de Berzocana. Cuestión que
la superior. Es de configuración levemente fusiforme, tuvo gran trascendencia en trabajos posteriores y entre
estrechándose por sus extremos, para conformar resor- investigadores que, a falta de mejores argumentos que
te y codo. Su base aproximada sería de unos 7 cm, hoy sí existen, la han actualizado para justificar y en-
altura 4,5 cm, sección máxima/mínima 6 y 3,5 mm. cubrir ciertas carencias de temática fibular.
El ejemplar es de los que cabría calificar de presti- más diversa etiología, entre los que destacan fragmen-
gio, lo mismo que pudo ocurrir con la de Casa Nueva, tos de brazaletes de marfil que ya se conocían en otros
también de Pinos Puente, aunque ya entre las del tipo registros del poblado, así como en el ajuar de algunas
Huelva; la de las Lunas de Yuncler (Toledo), entre las sepulturas de cremación de Les Moreres (González
de arco descentrado; incluso la de Mola dAgres (Ali- Prats, 2002). Las dos fíbulas en cuestión correspon-
cante) dentro del tipo ad occhio, o el ejemplar inédito den: en primer lugar (nº 1 = PN.13920), al brazo iz-
de pivote del Cerro de la Mora, de nuevo en Moraleda quierdo de un puente (4,2 cm) de sección circular (0,6
de Zafayona, Granada. cm), mortaja completa y restos del codo (Fig. 3: 1). La
La de Cerro Alcalá sería una fíbula extraordinaria segunda (nº. 2 = PN-13919) está compuesta por restos
por fundición, dimensiones y decoración, propia de un del brazo izquierdo del puente, en el que se insinúa
status elevado. Tiene un perfil de triángulo isósceles el inicio de la mortaja y el brazo derecho con codo
con amplia base (9,5 cm) y una altura de 3,8 cm, la central incluido, más los inicios del resorte. El puente
sección lenticular está definida en los brazos (sección fusiforme es de sección oblonga (0,8 x 0,4 cm) y sus
máxima 8 mm; sección mínima 3 mm), mientras el dimensiones reconstruidas serían, aproximadamente,
codo es estrecho, alto y centrado. Presenta un amplio de unos 7 cm de longitud y 3,5 cm de altura (Fig. 3: 2).
pie o mortaja (dimensión máxima 2 cm) y un resorte Su cronología aproximada se situaría entre los siglos
que, en origen, debió tener tres espiras. Se fundió en X y IX a.C., con una mayor antigüedad para la primera
un bronce binario, con porcentaje medio/bajo de Sn (nº 1) que para la segunda (nº 2).
(6,28%). Los brazos están decorados en su parte supe-
rior, ambos presentan tres fajas perpendiculares a sus
ejes, distribuidos desde la parte media del codo, por la III.d. Meseta
parte central de los brazos, hasta las proximidades del
resorte y la mortaja. Las fajas se componen de finas De este extenso territorio peninsular, rico en produc-
incisiones paralelas que, en número de 5 ó 6, enmar- ciones broncíneas de todo tipo y de una sugerente y
can triángulos apuntados rellenos de finos reticulados variada muestra de las consideradas fíbulas antiguas
y, entre ellos, rombos lisos exentos. Su cronología a de codo (Huelva, ad occhio, violín, etc.), extrañamen-
priori puede ser discutida, pues su morfometría, tipo te solo se ha documentado un ejemplar del tipo Mo-
de aleación en que se fundió y contexto cerámico aso- nachil. Por desgracia, a partir de una información de
ciado, no son muy acordes. En nuestra opinión, podría relativa validez, diríamos que anecdótica.
situarse entre la segunda mitad del s. X y la primera
del IX a.C. 10. Mansilla de las Mulas (Lancia, León) (Fig. 3: 3).
Existen en bibliografía muchas referencias de esta fí-
bula, pero en realidad todas provienen de los escasos
III.c. Levante datos que, en su momento, proporcionó W. Schüle
(1969). Que, a su vez, los obtuvo junto a un dibujo
En el área levantina solo se han documentado dos fí- esquemático de D. Eladio Isla. En su investigación,
bulas incompletas de las que estudiamos, en la Peña Schüle incluye este ejemplar, junto al de Monachil y la
Negra de Crevillente. Tienen contextualización estra- del tipo Huelva de Burgos, en su Tipo «Ia», el más an-
tigráfica, aunque los registros arqueológicos asociados tiguo entre las fíbulas peninsulares por él clasificadas.
están en fase de análisis, por lo que cronológicamente Es una fíbula de perfil alto, con forma de triángulo
son de difícil precisión. En los estudios de fíbulas rea- isósceles y base estrecha. Le falta parte de uno de los
lizados en la región, solamente habría que destacar la brazos del puente, el resorte y la aguja. El codo apare-
presencia de otros dos ejemplares de los denominados ce centrado y la sección de brazos es tan gruesa que,
sículos: la de codo descentrado depositada en el SIP de en opinión de Almagro Basch, serían «amorcillados»
Valencia, de origen desconocido y la tardía ad occhio y sin decoración alguna. Su altura aprox. sería de 5,2
de Mola d’Agres. cm; anchura máx. 4,2 cm; sección máx. 0,5 cm. La
reconstrucción que presentamos se debe al propio W.
9. La Peña Negra (Crevillente, Alicante). En tan im- Schüle.
portante enclave arqueológico, de amplia tradición bi- J. Fernández Manzano, al estudiarla en base al di-
bliografía, se localizaron restos de dos fíbulas de codo bujo de Schüle, resaltaba que la fíbula, por no tener
en el Corte G, adyacente al Corte E (González Prats, ningún tipo de decoración, podía situarse entre las más
1992), abierto en la campaña de 1987 y que, como antiguas de la Península (Fernández, 1986). Aunque,
todo su registro, permanecían inéditas En él se exca- a continuación, apuntaba otra alternativa, al compa-
vó un amplio y estratificado depósito de residuos del rarla con las lisas aparecidas en el depósito francés de
Bronce Final cubierto por tierras de labor, proporcio- Vènat, consideradas del Hierro Antiguo (al menos el
nando una secuencia compuesta por nueve estratos de brazo con pie). Por lo que concluía que esta fíbula, en
ocupación y derrubios. Las fíbulas aparecieron en la un proceso de simplificación, podría considerarse de-
parte inferior del estrato 7 denominado IIb4, asociadas rivación tardía de los ejemplares «con gallones». Una
grosso modo a un amplio conjunto de materiales de la hipótesis aceptada entre otros por C. Blasco (1987),
que la comparó con otra fíbula del castro de El Berrue- producción retardataria local, dentro de las del tipo
co que desconocemos. En realidad, de este yacimien- Monachil.
to proceden tres fíbulas antiguas (arco de violín, ad
occhio y Huelva), que entrarían en el taxón codo, sin
similitud con la de Mansilla. Esta fíbula no nos parece III.e. Extremadura
derivada de ninguna otra de gallones (tipo Huelva) y,
aún menos, surgida en un proceso de simplificación. En los últimos años, el ámbito extremeño, junto a la
En todo caso, constituiría sin más, una derivación o Alta Andalucía, ha proporcionado en la Península
Figura 3: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Levante: 1-2. La Peña Negra, Crevillente (Alicante); Meseta: 3. Mansilla de las Mulas,
Lancia (León); Extremadura: 4. Talavera la Vieja (Cáceres); 5-6. La Muralla, Valdehúncar (Cáceres); 7-8. Los Concejiles, Lobón
(Badajoz).
Ibérica el mayor número de fíbulas del tipo que estudia- Tajo y dentro de la Alta Extremadura, procede un rico
mos. Cuestión lógica, por el dinamismo de las pobla- registro arqueológico de diferente origen, obtenido en
ciones del Bronce Final en estos ámbitos geográficos, recogidas superficiales (Barroso y González, 2007).
y por el amplio registro habitacional constatado. Nú- Sus investigadores señalan en este conjunto la presen-
mero de fíbulas que tendrá que incrementarse cuando cia de dos fíbulas que consideramos del tipo Monachil.
se detecten y excaven las necrópolis que se les asocian, La primera de ellas (nº 1) (Fig. 3: 5) se conserva ínte-
como debe ocurrir en otras áreas peninsulares. Tres gra, con el codo centrado, brazos de planta fusiforme y
son los extensos asentamientos extremeños que han sección oblonga plana. De pie corto, aguja de sección
proporcionado, producto de recogidas superficiales no circular (sección máx. 0,3 cm) y resorte de una espira,
contextualizadas, cinco fíbulas del tipo Monachil. presenta una decoración de motivos incisos en la parte
superior de los brazos, compuesta en cada uno de ellos
11. Talavera la Vieja (Cáceres). Núcleo poblacional por dos fajas perpendiculares de incisiones paralelas a
situado en la orilla izquierda del Tajo, conocido des- sus ejes máximos, próximas al resorte, codo y pie, que
de antiguo por sus conjuntos monumentales romanos en su amplio sector central enmarcan trazos oblicuos
arruinados. Fue cubierto en los años sesenta, junto a paralelos, con motivo de espigas. Su perfil tiene for-
numerosos enclaves arqueológicos de su entorno, por ma de triángulo isósceles, de amplia base (7,9 cm) y
el embalse de Valdecañas. En los años en que la sequía altura relativamente baja (aprox. 3,2 cm). La sección
afecta en la zona, desciende el nivel de las aguas del máx. es de 0,7 cm. La segunda fíbula (nº 2) (Fig. 3: 6),
pantano, aflorando vestigios arquitectónicos y restos incompleta, conserva sólo el brazo derecho del puente
habitacionales, junto con registros arqueológicos de y restos del codo, resorte con espira y media, arete de
diversa entidad. De uno de estos lugares, fuera de la adorno y aguja. Es de sección fusiforme, presentando,
villa de Talavera, se documentaron y estudiaron restos próxima al codo, una decoración de faja con incisiones
de tres fíbulas de codo, así como un sugerente conjun- paralelas. La dimensión del brazo conservado (5 cm)
to cerámico a mano y a torno descontextualizado (Ji- es similar al de la primera fíbula de codo centrado: sin
ménez y González, 1999). Así aparecieron dos fíbulas embargo, en este caso, quizás porque está distorsionada
del tipo Huelva y otra del tipo Monachil. De las dos y la aguja posiblemente incompleta, se especula en este
primeras, conocidas por la amabilidad de A. González ejemplar con una asimetría difícil de entender, cuando
y depositadas en la Colección Durán en Navalmoral de falta el brazo izquierdo. Aunque resulta suficiente para
la Mata, realizamos análisis metalográficos y fueron seguir manteniendo el consabido carácter sículo de es-
de nuevo documentadas e incluidas en nuestras tablas tas fíbulas en la bibliografía tradicional, lo que no es
tipológicas del tipo (Carrasco y Pachón, 2006b). necesario comentar. Para nosotros, serían dos fíbulas
La tercera (Fig. 3: 4), del tipo Monachil y deposita- muy similares, de codo centrado y cronología que –en
da en el Museo de Cáceres, conserva el brazo derecho principio– sería algo más antigua que la fecha ofertada
del puente con resorte de espira y media y restos de la para la procedente de Talavera la Vieja; es decir, entre
aguja. Falta la inflexión del codo, que debía estar cen- la segunda mitad del siglo XI y primera del X a.C.
trado, mientras la sección del brazo es circular. Entra-
ría, por su configuración, entre las «amorcilladas» de 13. Los Concejiles (Lobón, Badajoz) (Fig. 3: 7-8).
Almagro. Según sus descubridores (Jiménez y Gonzá- De este gran asentamiento proceden dos fragmentos
lez, 1999), esta fíbula fue fundida a la cera perdida, en de fíbulas de codo, recogidas en superficie junto con
base al tipo de decoración no incisa en frío que ocu- diversos bronces y una extensa muestra cerámica de
paría toda su superficie. El ornato lo componen tres amplio espectro cronológico, poco especificado. Aun-
fajas lisas delimitadas por finos trazos que, a su vez, que los restos fibulares eran conocidos con anterioridad
encuadran otras rellenas con motivos angulares para- (Jiménez Ávila et alii, 2002), es una investigación más
lelos, junto a una gran faja con líneas paralelas, que reciente donde se realiza, según sus autores, el estudio
delimitan el inicio del resorte. El brazo conservado tie- más detallado (Vilaça et alii, 2012). Pero es un traba-
ne una long. máx. de 5,6 cm y sección máx. de 0,6 cm. jo con el que no coincidimos, entre otras cuestiones,
Aunque los autores especulan sobre la disimetría por el tratamiento que se da a las fíbulas. En princi-
del codo de esta fíbula, para defender la opción de pio, sus investigadores las catalogan como «tipo de
su origen siciliano, pensamos que aquel debió estar sección circular-ovoide» (Vilaça et alii, 2012, 48), lo
centrado, conformando una fíbula alta en forma de que, dentro de las fíbulas de codo en general, no indica
triángulo isósceles, sin paralelos entre los modelos ita- nada, ni es parámetro para definir un tipo concreto de
lianos. Fue fechada por sus investigadores entre los fíbula. Se describen como de puente disimétrico (¿?),
siglos XI y VIII a.C. En nuestra opinión, precisaría- cuando sólo se conserva un brazo en cada una de ellas.
mos su cronología entre la segunda mitad del s. X y la También se indica un «resorte, el clásico de una sola
primera del IX a.C. vuelta» (Vilaça et alii, 2012, 149), que no resulta ser ni
clásico, ni de una sola vuelta. Se comparan con las dos
12. La Muralla (Valdehúncar, Cáceres). De este im- procedentes de Mondim da Beira, cuya problemática
portante asentamiento arqueológico localizado en la veremos en el apartado de Portugal. Entre las extreme-
comarca de Campo Arañuelo, en el tramo medio del ñas, los autores las asimilan con el ejemplar cacereño
de La Muralla de Alcántara, que hace años documenta- occhio (Casal do Meio, S. Româo, Santa Luzia), ni las
mos a partir del dibujo y fotografía proporcionados por tipo Huelva (Abrigo Grande das Bocas), ni menos aún
J. Esteban, de puente con decoración única y codo total- las sículas (Mondim da Beira, Monte Airoso, N.S. da
mente descentrado, muy diferente a las de Los Conceji- Cola), tienen cronologías arcaicas y alguna ni entraría
les. También las paralelizan con las procedentes de los en el taxón de codo antigua, como puede suceder con
yacimientos cacereños de Talavera la Vieja y Muralla de uno de los ejemplares de Nossa Senhora da Cola.
Valdehúncar y del portugués de Nossa Senhora da Cola.
Recordemos que, del primero de estos yacimientos, dos 14. Mondim da Beira. En 1986, S. da Ponte daba a co-
fibulas serían del tipo Huelva, tipológicamente ajenas a nocer un fragmento de puente de fíbula (Fig. 4: 2) de-
las de Los Concejiles, y una tercera de sección circular, positada en el Museo Nacional de Arqueología y Etno-
que consideramos de codo centrado, sí puede estar re- logía de Portugal (Da Ponte, 1986). Inventariada con el
lacionada con su ejemplar decorado. Del segundo yaci- nº 14299, sin contexto arqueológico alguno, fue inclui-
miento, los dos ejemplares estudiados son de perfil dife- da, siguiendo nomenclaturas francesas, en la primera
rente y no «del tipo de sección circular ovoide», al que categoría del amplio grupo de fíbulas de arco multi-
aluden los investigadores de Concejiles. En resumen, curvilineo. En su interpretación, siguiendo a Sundwall,
los investigadores de Los Concejiles muestran un co- S. da Ponte consideraba esta modalidad de origen ita-
nocimiento relativo del tema fibular, que completan con liano y la situaba entre los siglos IX y VII a.C., siendo
el añadido de un mapa (Vilaça et alii, 149) inespecífico, frecuente, según esta investigadora, en los finales del
falto de contenido y controvertido, en el que se señalan siglo VIII e inicios del VII a.C. En un posterior trabajo
sólo «la dispersión de las fíbulas de codo tipo Huelva y (Da Ponte, 1989), incluía esta fíbula en el complejo y
variantes, no incluyendo las de tipo ‘ad occhio’, lo que fragmentario mosaico que constituye la última fase del
excluye los ejemplares de Baleizao y N.S. da Cola en la Bronce Atlántico, fechándola en el curso de los siglos
zona de estudio» (Vilaça et alii, 150), junto al paradig- IX-VIII, que en territorio portugués, según esta autora
ma de una fíbula de Mondim da Beira, según los autores y siguiendo modelos de Coffyn y Blasco, no sería ante-
de las del tipo Huelva y variantes (s.c.). Finalmente, la rior a la primera mitad del siglo IX a.C.
cronología que ofrecen para estas fibulas, como para el Más recientemente, esta fíbula fue «de nuevo» pu-
resto del registro arqueológico, entre los siglos XI-IX blicada (Fig. 4: 3) por J. R. Carreira (1994), junto con
a.C., no es del todo preciso, pero acorde con las pecu- otro ejemplar, al parecer proveniente del mismo sitio
liaridades de su estudio. (Fig. 4: 4). Indica este autor que tales fíbulas fueron
Estimamos que las fíbulas de Concejiles, por las dadas a conocer de forma aislada, sin reconstruir, por
dimensiones de los brazos conservados (3,5 y 4 cm parte de Leite de Vasconcelos en 1933 y, desde en-
aprox.) y la configuración de su posible puente, en- tonces, habían pasado inadvertidas para la bibliografía
trarían en los parámetros de las de codo centrado. Sus arqueológica subsiguiente. Ignorando así los trabajos
análisis metalográficos indican una aleación binaria de S. da Ponte, de modo inconsciente o, quizás, debi-
con contenidos de Sn del 13,6% (nº 1) y 10,8% (nº 2), do al dibujo esquemático y muy diferenciado que esta
propios de una metalurgia del Bronce Final relativa- autora había presentado de la primera fíbula.
mente avanzada, aunque no muy tardía; pero, sin lugar Esa primera fíbula (nº 1) (Fig. 4: 5) que, gráfica-
a dudas, más antiguas que las portuguesas de Mondim mente, reconstruimos a partir de los dibujos de S. da
da Beira, con las que no tienen excesivas semejanzas Ponte (Fig. 4: 2) y J. R. Carreira (Fig.4: 3), correspon-
morfométricas, ni de composición metalográfica. Al de al brazo derecho del puente de una fíbula de codo
margen de otras cuestiones tipológicas, ocuparían un de sección oblonga, conservándose el inicio del codo
espacio cronológico entre el siglo X y la primera mitad y una espira y media del resorte. La decoración está
del IX a.C. compuesta por una ancha faja central, que ocupa gran
En resumen, y sin mayores detalles, de las nueve parte del brazo, con una serie de incisiones paralelas al
fíbulas de codo registradas actualmente en Extrema- mismo, delimitadas por dos fajas más cortas de inci-
dura, al margen de las múltiples representadas en las siones perpendiculares paralelas, pero enmarcadas –a
estelas, casi todas de puente asimétrico, dos serían su vez– por dos incisiones más fuertes en el mismo
realmente del tipo Huelva (Talavera la Vieja), cinco sentido. La decoración, en el dibujo de S. da Ponte,
del tipo Monachil (Talavera la Vieja, Muralla de Val- muestra que también invade la parte inferior del puen-
dehúncar y Concejiles) y otras dos de puente asimétri- te, como sucede en otras del mismo tipo y en alguna
co (Muralla de Alcántara y Pajares). otra del tipo Huelva, como la de San Román de Horni-
ja. En su reconstrucción, J. R. Carreira, según nuestros
criterios, la orienta mal y los brazos resultantes quedan
III.f. Portugal muy asimétricos, con el codo en un lateral, descansan-
do sobre el brazo que sustenta la mortaja. Por contra,
Son escasas las fíbulas de codo antiguas que, actual- la orientación normal de esta fíbula ofrecería brazos
mente, se cotejan en la geografía portuguesa. Más aún, posiblemente más simétricos y codo centrado. Sus di-
consideramos que, dentro de los tipos generales que mensiones aproximadas son: 4,5 cm de longitud, en la
hemos establecido para ellas, ni sus ejemplares ad parte conservada, y 0,8 cm de sección.
La segunda fíbula (nº 2) (Fig. 4: 6) es de mayores inclinados paralelos alternos. Su cronología podría es-
dimensiones y más completa, ya que conserva entero tar a partir de la segunda mitad del s. X a.C.
el brazo derecho, con una espira y media en el resorte,
el codo fragmentado y parte del brazo izquierdo, ha- 16. Nossa Senhora da Cola (Ourique, Beja). (Fig. 4:
biendo perdido la mortaja. El brazo derecho tiene una 1). De este castro portugués, hace años que S. da Ponte
gruesa sección circular, siendo la del izquierdo lige- publicó una fíbula sin contexto alguno (Ponte, 1986b),
ramente elíptica. Presenta una profusa decoración en descrita como de arco multicurvilineo y pie largo, que
los brazos, a base de finas incisiones paralelas que se integró en su tipo «1c» (Ponte, 2006). Según esta in-
desenvuelven a lo largo de ellos, hasta formar una an- vestigadora, con una cronología de finales del Bronce
cha faja central delimitada en sus extremos, cerca del Final/Primera Edad del Hierro, entre el siglo VIII-VII
codo y del resorte, por dos o tres incisiones más fuer- a.C. No conocemos directamente esta fíbula, pero con-
tes, paralelas y perpendiculares a los mismos. Esta fí- sideramos muy posible que no entre en la categoría de
bula también la consideramos mal reconstruida (Fig.4: las de codo y, menos aún, que pertenezca al tipo Mo-
4) y, aunque es evidente una cierta asimetría original nachil que estudiamos. Sin embargo, de las excava-
entre los brazos, su excesiva inclinación hacia el brazo ciones realizadas por A. Viana (1961), en los estratos
de la mortaja, y la pérdida de ésta, ha dado lugar a un pre-romanos de la alcazaba de este Castro, procede un
modelo de puente descentrado que Carreira paraleli- fragmento del brazo izquierdo de una fíbula de codo,
zó, en origen, con tipos sicilianos y con el ejemplar de la que solo se conserva parte del brazo izquierdo del
conservado en el Museo de Valencia de procedencia puente. Presenta decoración de finas incisiones parale-
desconocida. Sus dimensiones son: 68 mm de longi- las, enmarcadas por otras transversales. Muy similar al
tud; sección del brazo derecho: 8 mm; sección máx. ejemplar del Coronil y en línea con la lisa de la Ría y
del brazo izquierdo: 7 mm. del Cerro de las Agujetas. Asimismo, tiene semejanzas
J. R. Carreira, basándose en la alta composición con las de Mondim da Beira. Nuestra reconstrucción
metalográfica en estaño de estas fíbulas, consideró (Fig. 4: 8) es de codo centrado. Su cronología debería
que eran producciones indígenas de la metalurgia del ser tardía, posiblemente del s. IX a.C.
Bronce del Noroeste peninsular y de las Beiras portu-
guesas. En realidad, estas dos fíbulas son producciones
locales retardatarias, como así lo expusimos en alguna IV. METALURGIA, TIPOLOGÍA Y CRONO-
ocasión (Carrasco et alii, 1999; Carrasco y Pachón, LOGÍA
2006b). Su alto contenido de estaño, a veces por enci-
ma del 40%, apunta en principio hacia lo sugerido por Se han computado restos de veintinueve fíbulas, de las
Carreira sobre su indigenismo y elaboración tardía, que veintiséis son reales y tres solo constituyen una
salvando sus impuestos paralelismos bibliográficos posibilidad de difícil filiación, por lo inespecífico de
extrapeninsulares. En su momento, señalamos algunas los fragmentos conservados. Existen veinte análisis
relaciones tipológicas entre los diseños incisos deco- espectrográficos de catorce de las fíbulas estudiadas,
rativos que presentan estas fíbulas y las estructuras en lo que representa un porcentaje relativamente escaso.
fajas resaltadas de las del tipo Huelva, pero nunca las En cuanto al aspecto concreto de los análisis metáli-
consideramos específicamente de este grupo. cos, es evidente que –al margen de la ya comentada
escasez de la muestra analizada– partimos inicialmen-
15. Monte Airoso (Granja, Penedono). De este castro te con un problema importante: el hecho de que los
portugués procede un fragmento de brazo de fíbula re- diferentes análisis contabilizados proceden de labo-
cogida en superficie (Fig. 4: 7). Citada en bibliografía ratorios que, seguramente, han empleado programas
como procedente de Monte Calvo, Penedono (Cardo- analíticos y técnicas diferentes para su obtención; pero
so, 2002, 354), se referenció y comentó posteriormen- en los que, por ejemplo, no han sido cuantificados los
te como de Monte Airoso por R. Vilaça (2008), siendo elementos constitutivos, por lo que establecer simili-
finalmente reinterpretada por nosotros (Carrasco et tudes, o diferencias entre ellos, es poco significativo
alii, 2012). Los investigadores lusos la reconstruyeron en estos instantes. Pese a todo, el hecho de que en su
a partir del brazo izquierdo, con restos de mortaja y mayor parte procedan de centros analíticos solventes,
codo (3,3 cm), dándole una verticalidad impropia; lue- da ciertas garantías, al obtener análisis que contrastan
go, le añadieron un supuesto y extenso brazo derecho, métodos especializados y modernos, como Espectros-
a fin de que el codo ofreciese un marcado aspecto asi- copia de Absorción Atómica (AAS), Microsonda de
métrico y, así, encajarla propiamente entre las de arco Electrones (EMPA), Espectrometría de Dispersión de
descentrado de tipo sículo. En nuestra opinión, por la Longitud de Ondas de Rayos X, Difracción de Rayos
dimensión y configuración del brazo conservado, el X y Espectrometría de Plasma Acoplado por Inducción
ejemplar tendría el codo centrado, como se ha seña- (ICP). Ciertos análisis fueron realizados por el Museo
lado en otro lugar (Carrasco et alii, 2012). De confi- Británico, otros por el Centro de Instrumentación de la
guración fusiforme y amplia sección circular oblonga, Universidad de Granada, Consejo de Investigaciones
presenta decoración en su parte central, con motivos Científicas de Madrid, dentro del Proyecto Arqueome-
de fajas rellenas de motivos reticulados incisos y otros talúrgico de la Península Ibérica, etc. De otros análisis,
Figura 4: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Portugal: 1 y 8. Nossa Senhora da Cola, Ourique (Beja); Mondim da Beira, Tarouca [a)
según S. Da Ponte (2), J. R. Carreira (3) y J. Carrasco (5); y b) según J. R. Carreira (4) y J. Carrasco (6)]; 7. Monte Airoso, Granja
(Penedoso).
como los realizados a las fíbulas portuguesas de Mon- ocasión, solo las contrastaremos con las nuevas analí-
dim da Beira y a la sevillana de El Coronil, no cono- ticas obtenidas exclusivamente en casos de las del tipo
cemos la tradición en este tipo de investigaciones de Monachil y sólo a partir de consideraciones generales.
los laboratorios que las realizaron, especialmente las Una observación rápida del cuadro de composición
primeras, por lo que sería necesario contrastarlo. metalográfica de los elementos de las fíbulas (Fig. 5),
De las catorce fibulas analizadas, algunas de ellas elaborado con los datos de los catorce ejemplares
como la denominada sícula de Huelva, primera de analizados, sugiere algunas conclusiones inmediatas.
Monachil, Cerro Alcalá, El Coronil, Canto Tortoso y Doce de ellas presentan una aleación binaria de cobre
las dos de Mondim da Beira, ya fueron objeto de co- y estaño (Cu/Sn), una con una posible aleación terna-
mentarios en trabajos globales anteriores, realizados ria, al contener también hierro (Cu/Sn/Fe) y otra fun-
sobre la metalurgia de las antiguas fíbulas de codo dida en Cu puro, o aleada con arsénico (As). De las bi-
peninsulares (Carrasco et alii, 1999 y 2005). En esta narias, cinco presentan porcentajes de Sn medio/bajo
(Monachil 1 y 2, Canto Tortoso, Cerro Alcalá, Peña descrito, sino entre todo el conjunto de las de codo
Negra 1), correspondiendo a ejemplares de Andalucía antiguas, dentro y fuera de la Península. En teoría, por
Oriental y Levante, de puente con brazos básicamente XRF, tiene una aleación Cu/As y, por ICP sin rastrear-
filiformes y sección fina ligeramente oblonga, aunque se el As, presenta un Cu con ínfimos oligoelementos-
la de Cerro Alcalá es ligeramente fusiforme. Cinco lo traza. No pondremos excesivo énfasis en la aleación
tienen medio/alto (Ría, Agujetas, Concejiles 1 y 2 y de esta fíbula, objeto actualmente de un estudio más
Peña Negra 2), en fíbulas fusiformes de amplia sec- detallado. Solo indicar que no tiene parangón con nin-
ción circular u oblonga, de las llamadas de «brazos guna otra conocida del Bronce Final peninsular y sí,
amorcillados» por Almagro Basch y dos alto (Mondim por el contrario, muy relacionada con la que presentan
da Beira 1 y 2), en ejemplares de brazos decorados con los bronces argáricos tardíos. Lo que no indica, por
gruesas secciones oblongas. A la fíbula nº 1 de Peña motivos obvios, que consideremos esta fíbula argári-
Negra, por distintos motivos, se le han realizados tres ca, pero sí con cronología arcaica, si no la más arcaica,
análisis. Primero, por su mineralización y el análisis entre las que más dentro del conjunto de las de codo.
obtenido de un pulido, no de pátina, puede ofrecer una Desde las generalidades expresadas y siguiendo
ligera distorsión; segundo, por su bajo contenido de parámetros no coyunturales, ya expuestos en un tra-
Sn, motivado quizá por un reciclado del metal. La evi- bajo anterior (Carrasco et alii, 1999), como recien-
dencia de la metalurgia presente en Peña Negra indica temente se ha expresado sin ninguna argumentación
una fundición local que no aclara suficientemente el (Vilaça et alii, 2012), volvemos a insistir en el hecho
problema anterior. En todo caso, esta fíbula por tipolo- contrastado de que en el desarrollo de la metalurgia
gía es más antigua que la nº 2 del yacimiento. antigua en la Península Ibérica se dieron, al menos,
El análisis de la fíbula de El Coronil da en princi- tres procesos tecnológicos correlativos en las técnicas
pio una aleación ternaria, que también puede ser resul- de fundición del metal: cobre puro, cobre con arséni-
tado de una riqueza en Fe del mineral de Cu fundido co y bronce (cobre y estaño). Los dos primeros pasos
para su elaboración. Aunque, a priori, nos inclinaría- aparecen relativamente bien precisados, salvo casos
mos por una aleación intencionada de Fe, Cu y Sn. En- puntuales que necesitarían estudios pormenorizados
traría dentro de las denominadas fusiformes, con bra- de cronología, más que de tipología, en la Prehistoria
zos amorcillados. Por último, la fíbula fundida en Cu del Sureste; pero el tercero, que coincidiría con la ple-
puro, arsenicado o aleado con As, procedente de Las na metalurgia del bronce, y que se situaría cronológica
Muelas, es la que a nuestro juicio presenta el máximo y culturalmente en el tránsito del Bronce Final y su
interés; no sólo entre las del tipo Monachil que hemos desarrollo posterior, ofrecería más dificultades.
En reflexiones realizadas hace casi quince años izquierdo. En la tabla tipológica que hemos elaborado
(Carrasco et alii, 1999, 125), vigentes en la actuali- (Fig. 6) ocuparía por tipología, elaboración y metal en
dad, señalábamos lo siguiente: «creemos que no debe- que se fundió, el primer lugar de la serie. Sin duda
mos estar muy descaminados si consideramos que en estaría en el origen, al menos, de todo el conjunto fi-
el proceso de la historia de las aleaciones del bronce bular de codo estudiado en la Península Ibérica, por no
pudieron darse varias fases evolutivas –al margen hacerlo extensible a otros ámbitos mediterráneos. Ini-
de tradiciones locales, conservadurismos, recursos ciaría o estaría cronológicamente por encima del Gru-
mineros propios de cada región, influencias tecnoló- po A, primero de nuestra secuencia crono-tipológica y
gicas exteriores, etc.– que coincidirían grosso modo recibiría una datación que, con precaución, no debería
con situaciones culturales dentro del Bronce Final. bajar a priori del siglo XIII a.C., aunque no descarta-
Desde esta perspectiva una primera fase estaría ca- ríamos que la sobrepasase en ambos sentidos.
racterizada por la inicial aparición del estaño en las A continuación, el grueso de las fíbulas que com-
aleaciones, siempre en bajos porcentajes, junto a la ponen este primer grupo lo compondría la segunda y
presencia del arsénico ya como oligoelemento más o primera de Monachil, seguido de la de Canto Tortoso,
menos importante, en lo que pudiésemos denominar en el orden citado, que podríamos denominar A1, A2
fase de tanteos y que coincidiría con las postrimería y A3. Las tres entrarían de pleno en la fase que hemos
del Bronce Tardío/inicios del Bronce Final en el Su- denominado de tanteos, con aleaciones medias bajas
reste. Una segunda fase se caracterizaría por un in- en Sn y As como oligoelemento general. Las tres, si-
cremento, dentro de las aleaciones, del porcentaje de guiendo parámetros del ejemplar de Las Muelas, tie-
estaño, el paralelo decrecimiento del cobre y la prác- nen perfil de triángulo isósceles bajo, aunque paulati-
tica desaparición del arsénico, en lo que podríamos namente van desarrollando altura, con un codo cada
llamar fase de consolidación, coincidiendo con un vez más vertical. También se comprueba en planta que
Bronce Final Pleno. Por último, una tercera fase ca- los brazos del puente van desarrollando un perfil cada
racterizada por bronces más evolucionados y tardíos, vez más fusiforme, para posteriormente poder desa-
que presentan aleaciones con grandes volúmenes de rrollar en ellos algún tipo de decoración visible. Aun-
estaño, a veces fuertes porcentajes de plomo y otras que ya en la primera fíbula de Monachil se comprueba
de hierro, constituyendo en muchos casos claras alea- una sucinta decoración de fajas buriladas. Este grupo
ciones ternarias y de otro tipo, que definiría una fase tendría una cronología aproximada entre el siglo XII
final de tal metalurgia, relacionada en muchos aspec- y la primera mitad del XI a.C., que es cuando posible-
tos con los últimos momentos del Bronce Final/inicios mente entren en escena las primeras fibulas del grupo
del Hierro». Huelva y, quizás, algún ejemplar del tipo ad occhio.
Desde esta perspectiva, en su momento novedosa En un segundo grupo que denominamos B, ten-
para este tipo de estudios y hasta la fecha no revisada drían cabida los dos ejemplares de La Muralla de Val-
ni actualizada, podemos configurar grupos concretos dehúncar. Presentan un modelo similar a las del grupo
de fíbulas, siempre del tipo Monachil, con ciertas se- A, diferenciado sólo por sus dimensiones algo mayo-
mejanzas en sus aleaciones, que podrían relacionarse res y los brazos del puente más filiformes y aplanados,
con factibles secuencias tipológicas/cronológicas y donde desarrollar motivos decorativos incisos. Como
que, a falta de otro tipo de argumentaciones más preci- así ocurre en la B1, con motivos aislados de fajas com-
sas, pueden ayudarnos de momento a contextualizarlas puestas por incisiones paralelas que delimitan el codo;
por sí mismas, al margen de posteriores precisiones. en la B2 hay desarrollos decorativos más complejos,
Previo, o en los inicios de lo que hemos deno- de fajas con líneas incisas paralelas que engloban mo-
minado fase de tanteos, debería situarse el ejemplar tivos de espigas quebradas. Las fíbulas de este grupo
granadino de Las Muelas (A). Es evidente que en su B, como el anterior A, no están elaboradas o fundidas
aleación, el mineral de Cu en que fue fundida no coin- en molde, sino a partir de una varilla, posiblemente
cide con ningún momento tecnológico de la fase de desgajada o cortada de una placa, que posteriormente
tanteos, pues taxativamente responde a una compo- fue configurada con forja y lima. La cronología de este
sición propia de momentos epigonales argáricos. Los grupo, grosso modo, encajaría entre la segunda mitad
análisis más específicos que se le han realizado no in- del s. XI y la primera del X a.C.
dican refundiciones, ni nada similar, sino más bien que Un tercer grupo, que denominamos C, acogería un
procede de un taller local con mineral fundente obte- conjunto algo más amplio de fíbulas y con más proble-
nido en la misma región. De igual forma, la tecnología mas de filiación. En él entrarían ejemplares que con-
empleada para su elaboración final es la más simple sideramos se fundieron en molde y a la cera perdida,
que hemos documentado, no sólo para las del tipo Mo- de sección gruesa, claramente fusiformes y decoracio-
nachil, sino para todas las que en general conforman nes complejas, invasoras e intensas a lo largo y ancho
el elenco fibular de codo antiguo. Se realizó a partir de de los brazos del puente. Aquí podríamos incluir, por
un fino hilo de sección casi cuadrangular, martilleado características morfo-tipológicas, las fíbulas de Cerro
en los brazos del puente y la mortaja, terminando con Alcalá (C1), Talavera la Vieja (C2) y quizás Monte
un limado profundo y pulido en la aguja y el codo cen- Airoso (C3), las dos de Los Concejiles (C4 y C5)
trado, que está inclinado sin precisión sobre el brazo y el fragmento de brazo de Peña Negra (C6), como
Figura 6: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Tabla crono-tipológica. Las Muelas (A); Cerro de la Encina (A1 y A2); Canto Tortoso
(A3); La Muralla (B1 y B2); Cerro Alcalá (C1); Talavera de la Reina (C2); Monte Airoso (C3); Los Concejiles (C4 y C5); La Peña
Negra (C6 y D6); Ría de Huelva (D1); Las Agujetas (D2); Mondim da Beira (D3 y D4); El Coronil (D5); Nossa Senhora da Cola (D7)
y Mansilla de Mulas (D8).
ejemplares más evolucionados, que también podrían Un último grupo, que denominamos D, lo com-
entrar en el siguiente grupo. Posiblemente, el ejemplar pondrían fíbulas globulosas, con grandes cantidades
de Cerro Alcalá sea el más controvertido, pues presen- de Sn, a veces fundidas en aleaciones ternarias, en las
ta un porcentaje de Sn medio bajo y una configuración que se usaron técnicas sofisticadas como el taladro
y planta que podría entrar en grupos anteriores. Pero continuo. A veces, presentan finos diseños decorativos
su contexto arqueológico, único que lo tiene de este simples de trazos paralelos, que recorren las super-
grupo, encaja mejor entre la segunda mitad del s. X y ficies inferiores o superiores de los brazos del puen-
la primera del IX a.C. Cronología que consideramos te. Es difícil seguir la trayectoria tipológica de estas
aceptable para el resto fibular del grupo C. piezas, pues en el fondo responden a exigencias muy
locales. Entre ellas, básicamente, podríamos destacar realizados en las necrópolis sicilianas, todas de codo
las procedentes de la Ría (D1), Cerro de las Agujetas centrado. Procedente de Castelluccio, Ragusa (Giumlia-
(D2), las dos de Mondim da Beira (D3 y D4), El Co- Mair et alii, 2010, Fig. 11), clasificada con el tipo 290.2
ronil (D5), quizás la más completa de La Peña Negra (5279 B) (Lo Schiavo, 2010, 604, Tavola 368, 5279b),
(D6), Nossa Senhora da Cola (D7) y la de Mansilla se documenta una pequeña fíbula sin mortaja, que ten-
de Mulas (D8), pieza última, posiblemente retardataria dría el codo centrado y el puente con decoración similar
de otras formas más antiguas. La cronología de todas a la de El Coronil, fechada en el BF 3/Iº Fe I. De igual
ellas, puede situarse en el siglo IX, especialmente a forma, de tres sepulturas de Cugno Spineta, que forman
partir de su segunda mitad, sin descartar pervivencias parte de la extensa necrópolis de Cassibile, proceden
más tardías, incluso de la primera mitad del VIII a.C. tres fíbulas de necesaria referencia (Turco, 2000). De
En este conjunto disperso, que hemos intentado las tumbas CS.8 y CS.28, existen sendos brazos «amor-
sistematizar, entrarían las fíbulas del Cerro de la Mora, cillados» de dos fíbulas, catalogadas como del Tipo
que se insertarían a lo largo de la seudo secuencia ela- 15B, que presentan el codo centrado. Aunque de mayo-
borada, destacando que en ninguna de ellas se han ob- res dimensiones, tienen características muy similares a
servado decoraciones incisas o de otro tipo. Aunque es las de la Ría y Cerro de las Agujetas y con alguna otra
posible, que por su mal estado de conservación, hayan de las descritas en nuestro tipo Monachil. Por último,
desaparecido sin que fuese posible su documentación. en la tumba CS.5, apareció una tercera fíbula englobada
en el Tipo 17b, de características distintas a las dos an-
teriores y muy similar por el perfil al ejemplar antiguo
V. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES de Las Muelas. Aunque el codo de la italiana está algo
descentrado, mientras su elaboración se hizo a partir de
A partir de registros descontextualizados, junto a otros una amplia pletina de sección rectangular de 0,8 x 0,2
aún no estudiados, por primera vez hemos intentado cm. Existen otros tres ejemplares de las tumbas CS.83,
de forma rápida y sin complejizar, sistematizar y reor- CS.84 y CS.99 (Turco, 2000) que, por su decoración,
denar un conjunto de fíbulas españolas que, tradicio- pueden tener ciertas similitudes con las constatadas en
nalmente, entrarían dentro del periclitado taxón sículo fíbulas peninsulares, como la de Monte Airoso, Talave-
y que, por nuestra parte, para diferenciarlas del resto ra la Vieja, etc., pero que, al presentar un claro puente
de este gran grupo, hemos denominado desde hace disimétrico, se alejan del tipo Monachil.
años, más adecuadamente, tipo Monachil. Estamos es- En resumen, no se comprueban similitudes mor-
peranzados en que esta pequeña elaboración sea capaz fométricas entre las fíbulas sículas y las de tipo Mo-
de abrir, en los próximos años, debates sobre el tema. nachil, existiendo la paradoja de que las dos únicas
Con independencia de la oportunidad que esto les me- fíbulas italianas de las tumbas CS.8 y CS.28, con
rezca a unos u otros investigadores, esperemos al me- cierto parecido a la lisa de la Ría, presentan el codo
nos que se reduzcan otras posiciones que, hasta ahora, centrado, como igualmente hemos destacado para ésta
por falta de más adecuados argumentos, han venido en nuestra reconstrucción. Del mismo modo, la crono-
globalizando estas fíbulas y confundiéndolas en un to- logía que presentan estas fíbulas en las necrópolis de
tum revolutum engañoso. En ocasiones, con la única Cassibile corresponde a una fase avanzada de Panta-
y exclusiva finalidad de justificar su presencia en un lica II (B), incluso de Pantalica III, desde la primera
impreciso comercio de la Península, relacionado con mitad del siglo IX hasta el VIII a.C., similar a la que
ciertos ambientes sículos del Mediterráneo Central. ofrecemos para algunas de las españolas tardías. Se
Desde los estudios de Almagro Basch, sobre los comprueba cómo en la secuencia de fíbulas italianas,
bronces de la Ría de Huelva, la famosa fíbula sícu- las más antiguas que podrían corresponder a Pantalica
la fue mal interpretada y reconstruida como modelo I, por encima del s. XI, son todas de violín y arco sim-
de puente disimétrico, para asimilarla con otros mo- ple y es a partir del año 1000 a.C. cuando existe una
delos sicilianos que presentaban esta característica. cierta diversificación, dentro de este mismo modelo
Esta errónea interpretación tuvo una fuerte incidencia que sigue predominando en Pantalica IIA en el siglo
en todos los trabajos posteriores realizados sobre res- XI-X. A partir de la segunda mitad del X y primera del
tos fibulares, pues sin plantearse ningún tipo de du- IX, correspondiente a Pantalica IIB, es cuando se pro-
das fueron reinterpretadas de similar forma que la del duce una diversificación de tipos y un cambio radical,
ejemplar de la Ría, estableciendo sin originalidad los en relación con el tipo de arco simple y evoluciones,
mismos paralelos disimétricos sicilianos, que los pro- gracias a la aparición de una amplia gama de fíbulas
puestos por Almagro hace más de cincuenta años. La con codo descentrado y del modelo ad occhio.
realidad, como se analizó en un trabajo reciente (Ca- Por el contrario, las fíbulas españolas, de perfiles
rrasco et alii, 2012), es que la fíbula de la Ría debió en forma de triángulo isósceles, secciones de puente
tener un codo centrado, una simple rectificación que más simples y codo centrado, características ya des-
daría al traste con la intensa literatura peninsular verti- critas para nuestro grupo A, son totalmente diferen-
da sobre su llegada desde Sicilia. tes de las italianas y, quizás en algún caso, con mayor
De nuestro tipo Monachil se documentan cua- cronología que éstas. A continuación, en las fíbulas de
tro ejemplares con ciertas similitudes en hallazgos los siguientes grupos (B, C y D) no existe una ruptura
clara con las del modelo A, pero sí variaciones res- occhio, o incluso con algunos otros de arco descentrado
pecto de él, aunque siempre con el codo centrado. Por y violín de procedencia desconocida, como la del SIP
el contrario, las italianas sufren cesuras y evoluciones de Valencia y la publicada por G. Delibes (1981) sobre
difíciles de captar, junto con cronologías estimativas dibujo antiguo, supuestamente del Berrueco; aunque no
más recientes que las españolas. Al respecto, solamen- sabemos, si llegadas en un tipo de comercio moderno
te indicar que la fíbula de codo descentrado de Las o antiguo. Así, sin conocer paralelos extrapeninsulares
Lunas (Yúncler, Toledo), que datábamos a mediados para el tipo Monachil, debemos concluir sopesando la
del siglo X a.C. (Carrasco et alii, 2012), ha sido recien- autoctonía de estas fíbulas en la Península Ibérica, que-
temente fechada por C14 hacia el 950 a.C. (Urbina y dándose en el camino, como se ha expuesto, la extensa
Garcia, 2010), fecha que sería impensable –por anti- literatura vertida sobre su origen o entronque foráneo,
gua– para similares, aunque no iguales, modelos italia- especialmente con los ejemplares sículos. Algo que no
nos. Las mismas ad occhio peninsulares, todas de bucle es de extrañar, si consideramos en las peninsulares su
centrado, especialmente las de Soto de Tobilla y Perales cronología más antigua, tecnología arcaica y configura-
del Rio, tendrían una cronología anterior a las de bucle ción única. Sin olvidar que conforman un grupo homo-
descentrado italianas, no solamente por sus caracterís- géneo, relativamente amplio y único, en su mayoría pro-
ticas morfo-tipológicas, sino por el contexto cultural en cedentes de contextos probablemente habitacionales.
que aparecieron. En definitiva, de ningún modo puede
Prof. Dr. Javier Carrasco Rus
justificarse actualmente la presencia del grupo Mona- Dr. Juan A. Pachón Romero
chil en la Península Ibérica por un comercio o llegada Dr. Jesús Gámiz Jiménez
de poblaciones desde el Mediterráneo Central. Dpto. de Prehistoria y Arqueología
Pero, si no llegan desde estos ambientes sículos, Facultad de Filosofía y Letras
¿podríamos preguntarnos sobre otras procedencias Campus de Cartuja
más factibles? En principio no consideramos, en nin- Universidad de Granada
18071 Granada
gún caso, las sugerencias de C. Blasco, siguiendo a J. [email protected]
Fernández Manzano, de que estas fíbulas lisas fuesen, [email protected]
en último lugar, una derivación tardía por evolución, a [email protected]
través de un «proceso de simplificación», de las del tipo
Dr. Ignacio Montero Ruiz
Huelva. Cuestión que, por manifiesta inviabilidad, no Instituto de Historia
propicia ningún tipo de polémica o comentario. En este Centro de Ciencias Humanas y Sociales – CSIC
punto, podríamos intentar asimilarlas a los archiconoci- c/ Albasanz, 26-28
dos modelos orientales, que en principio no considera- 28037 Madrid
remos en el origen de las del tipo Monachil; aunque, a [email protected]
nivel morfométrico, hay ciertas similitudes que pueden Prof. Dr. Alfredo González Prats
ser resaltadas, pero que en nuestra opinión son escasa- Área de Prehistoria
mente determinantes. Un punto de unión entre ellas es Dpto. Prehistoria, Arqueología, HªAntigua, Fil. Griega y
Fil. Latina
que todas presentan el codo centrado, como sucede en la
Universidad de Alicante
antigua fíbula de Kourion en la Colección Cesnola, Me- Apdo. Correos 99
giddo Va, Amathus 243, 523, etc. De igual forma, todas 03080 Alicante
presentan un perfil alto en forma de triángulo isósceles, [email protected]
similar a las de tipo Monachil; sin embargo, en estas fí-
bulas orientales los brazos del puente están moldurados, BIBLIOGRAFÍA
lo que las aleja decisivamente de las lisas peninsulares:
al margen de que aquí la cronología es sensiblemente ALMAGRO BASCH, M., 1940a: «El hallazgo de la Ría de
más antigua. Podríamos mencionar el ejemplar liso de Huelva y el final de la Edad del Bronce en el Occidente
Lefkandi (Carrasco y Pachón, 2006c) procedente de la de Europa», Ampurias, 2: 85-143.
isla griega de Euboia, pero es de perfil bajo, realizada en ALMAGRO BASCH, M., 1940b: «La cronología de las fí-
una amplia pletina de oro con codo centrado y una cro- bulas españolas de codo». Saitabi, 1.2, 1-5.
nología más reciente, recordando alguna elaboración ALMAGRO BASCH, M., 1952: «La invasión céltica en Es-
sícula tardía, como la fíbula documentada en la tumba paña», en R. MENÉNDEZ PIDAL, Historia de España,
CS.54 de Cugno Spineta de Cassibile. I2, 1-278, Madrid.
En definitiva, podemos concluir que particularmente ALMAGRO BASCH, M., 1957: «La fíbula de codo de la
no conocemos ningún modelo fibular fuera de la Penín- Ría de Huelva. Su origen y cronología», Cuadernos de
sula Ibérica que se aproxime, o podamos entroncar de la Escuela Española de Roma, IX, 7-45.
forma nítida con las de tipo Monachil. Desde este punto ALMAGRO BASCH, M., 1957-58: «A propósito de la fe-
de vista, no tenemos posibilidad alguna para establecer cha de las fíbulas de Huelva», Ampurias, XIX, 198-207.
relaciones de ningún tipo con ejemplares de ida y vuel- ALMAGRO BASCH, M., 1958: Depósito de la Ría de Huel-
ta, en el Mediterráneo Central u Oriental. Cuestión que va. Inventaria Arqueológica. España, 1-4: E. l, Madrid.
con excesiva imaginación sería posible, sin total seguri- ALMAGRO BASCH, M., 1966: Las estelas decoradas del
dad, con algunos casos peninsulares tardíos del tipo ad Suroeste Peninsular, BPH VIII, Madrid.
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Figura 1: Dibujo del frontón publicado por Braun que a su vez era la primera representación gráfica de una parte de la tumba. A partir
de Braun, 1854.
Figura 2: Dibujo del frontón publicado por Minervini. A partir de Minervini, 1856, Tav. VII.
el sur de Italia que se acentuaron, más si cabe, cuan- el campo y luego olvidada en las publicaciones que
do tanto E. Braun como, especialmente, G. Minervini únicamente A. Rouveret ha recuperado para analizar,
vieron en las pinturas de esta tumba una mano luca- con gran detalle, las escenas de combate (Rouveret,
no-pestana influenciada por una ascendencia griega 1997).
(Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 14). Esto evidencia- Ahora, a más de 150 años de su descubrimiento, es
ba la interacción en área pestana sin renunciar a la interesante (re–)estudiar este monumento de enorme
originalidad pestano-lucana de su estilo y de algunos valor para el arte y la historia de la Italia meridional
detalles. Pese a esta singularidad, la tumba quedó a del cambio entre el s. IV y III a.C. pues la descripción
la intemperie, abandonada, y se perdió para la inves- de la tumba permite el análisis de sus características
tigación y para el gran público, primero olvidada en estructurales e iconográficas y aporta datos acerca
de su cronología y filiación. El trabajo que presento arqueológica moderna o fotográfica, si bien distin-
se articula en base a la única documentación que ha to, no debe crear escepticismo. La fiabilidad de estos
perdurado de la tumba: los dibujos y las descripcio- documentos queda fuera de discusión con el análisis
nes. Pero sobre estas fuentes debe hacerse una preci- anticuario de los detalles que presentaré, lo que indu-
sión, puesto que trabajar con dibujos y descripciones ce a no dudar sobre la validez de la documentación
decimonónicas y no a partir de una documentación del descubrimiento. De este modo, partiendo de las
de tumbas monumentales pintadas. Esta concentración Para conocer mejor los detalles arquitectónicos
ha sido interpretada bajo una idea de agrupación fami- debemos considerar las descripciones. Así, según For-
liar que encuentra confirmación en las mismas repre- chhammer (1954, 63): [los sepulcros] tutti posti ne-
sentaciones pintadas, donde la exaltación de la ciuda- lla direzione da levante a ponente, mentre avevano le
danía y de la gens son temas frecuentes (normalmente porte dal lato occidentale. Consistevano tutti di una
situándose en las paredes de fondo) (Pontrandolfo, camera sola senza nicchie nè banchi, il cui soffitto
1996a, 289). era formato di varie lastre grandi di pietra, in guisa
En este marco, tanto la decoración como el con- che il comignolo stava poco aldisotto della superfi-
tenido de la tumba de 1854 exaltan, aparentemente, a cie del terreno…Il quinto sepolcro si distingue molto
una sola persona excepcional aunque, quizás, sea sólo dagli altri. La cella sepolcrale forma un quadrato di
una percepción que debe entenderse como representa- m. 2,67, ed ha anch’essa nella parete occidentale la
ción de un grupo caracterizado por valores militares. porta, chiusa al di fuori per mezzo di due sassi grandi,
Así, a la presencia de una inhumación individual de cosicché ora s’entra nella tomba per un’apertura nel
guerrero –anómala, especialmente si consideramos el frontone occidentale, le cui pietre son state levate […]
tipo de panoplia, dominada por una coraza5– son datos (Fig. 7).
fundamentales de distinción social en el momento de Mientras que según G. Minervini (1856, 177): Il
clausura de tumba que, como veremos, acontece en un sepolcro è formato di Grossi pezzi di travertino pro-
momento avanzado del proceso de cambio entre el s. prii del luogo, ed ha le interne pareti rivestite di sotti-
IV y III a.C. lissimo stucco, sul quale sono i pregevoli dipinti, […]
La falta de otros datos sobre el hallazgo, no permite La covertura è una specie di tetto pectinatum: nella
caracterizar el tipo de coraza de la tumba de 1854 que, imposta all’interno è una cornice con gola rovescia,
ante las excepcionales representaciones de guerreros che ricorre ne’quatro lati. La porta d’ingresso è ar-
con corazas anatómicas largas pintadas en las paredes cuata, e volta ad occidente: trovandosi richiusa da un
de la tumba, obligan a considerar la posibilidad de que masso rettangolare della medesima pietra, di che è
se tratase de una coraza anatómica, corta o larga, pues formato l’intero sepolcro. La base della tomba è palmi
ambos tipos han sido documentados en Paestum6 pese 10,15 per 10,10: l’altezza è pal. 7,50 fino all’imposta
a ser especialmente infrecuentes en esta área7. della cobertura (Fig. 8).
El análisis arquitectónico está limitado por el uso
de las informaciones de mediados del s. XIX, siendo
3. ARQUITECTURA DE LA TUMBA pocos los datos acerca del material empleado, úni-
camente descrito en Minervini, según el que se ha-
La excepcionalidad del ajuar se acentúa gracias a la bría utilizado el travertino local, material frecuente
elección de una arquitectura anómala respecto a la ma- en Paestum (Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 18-19;
yoría de tumbas de las necrópolis pestanas. Ésta co- De’Spagnolis, 2005, 140)8. En cambio, la planta cua-
rresponde a una tumba de cámara cuadrada con aper- drada resulta un problema en el contexto pestano (que
tura en puerta flanqueada por dos lastras. A pesar de G. Forchhammer ya advirtió) (Forchhammer, 1854,
no estar descrito, no extrañaría si la tumba estuviera 63). Distinguiéndose del resto de tumbas de cámara
precedida por un dromos de acceso, previsiblemente con las que formaba ese, entonces, pequeño núcleo de
escalonado, seguramente no excavado en 1854. Re- tumbas (Fig. 9).
cordemos que la presencia de dromoi escalonados en A nivel arquitectónico, pues, la tumba representa
muchas de las tumbas de cámara pestanas está bien una anomalía respecto a las tumbas de las necrópolis
documentado y puede suponerse un desinterés hacia pestanas, de la Campania y el Sannio, que presentan
este aspecto en el momento del saqueo de la tumba, una estructura casi constante en forma de caja o cá-
pues en el acceso a la tumba no se recuperarían mate- mara9 de forma rectangular (Benassai, 2001, 127). La
riales arqueológicos. planta cuadrada es extraña en las necrópolis de Paes-
tum (Fig. 7) donde mayoritariamente, se documentan
tumbas de forma rectangular o cámaras pseudo-cua-
dradas con dromos10. Únicamente las tumbas de la ne-
5. En esta necrópolis, la presencia de corazas no es extraña du- crópolis Spinazzo conocidas como Tomba del Magis-
rante el s. IV a.C. si se considera que en la misma necrópolis trato y la tumba recuperada por la Guardia di Finanza
se recuperó otra (trilobulada) en una tumba de guerrero exca-
vada en 1955 (Sestieri, 1957).
6. Tumba de Paestum-Porta Aurea 1805 para una coraza ana- 8. En la Campania y en Pontacagnano el material habitual es el
tómica larga; Paestum-Porta Aurea 1805 (2 ejemplares) y tufo (Benassai, 2001, 128).
Paestum-Gaudo 1957, para las corazas anatómicas cortas. 9. En Paestum se han identificado 14 tumbas de tipo cámara
7. Recordemos que las corazas anatómicas se presentarían aquí, pintadas, de las que 7 han sido identificadas en la necrópolis
como excepciones en los mapas de distribución de las co- Spinazzo (cinco más sin pintura), 3 en Andriuolo, 3 en Gau-
razas anatómicas, normalmente concentradas en áreas inte- do y una en Contrada Vecchia di Agropoli (Pontrandolfo y
riores, principalmente entre la Apulia, la Basilicata, el área Rouveret, 1992, 19).
bretia y el retro-tierra lucano y campano (Vid. infra). 10. Andriuolo 20, 80 y 81, Spinazzo 2/1955.
Figura 7: Reconstrucción ideal de la tumba combinando los dibujos, las medidas y demás datos de las descripciones. A partir de la
combinación de los dibujos de: Braun, 1854 y Minervini, 1856.
(Pontrandolfo, 1996a) parecen ser de planta cuadrada cobertura a doble caída, también realizada con lastras.
y dimensiones similares a la que aquí se estudia. Esta cobertura se consigue utilizando en la estruc-
Para el presente análisis resulta particularmente tura inferior de la caja lastras cortas que tengan una
importante la forma de estas cajas, construidas con forma pentagonal, divididas en dos partes: una parte
cinco lastras de base, que en ocasiones presentan una rectangular (inferior), que formaría parte de una caja
Figura 8: Desarrollo de la tumba con indicación de la cobertura encima de la puerta, siguiendo a Minervini. A partir de la combinación
de los dibujos de Braun, 1854 y Minervini, 1856.
rectangular cúbica; y una parte triangular (superior). la Guardia di Finanza en Tarento (procedente de la
Estos dos registros, cuando están decorados pueden misma necrópolis Spinazzo) y la tumba del Magistra-
presentar temas distintos o complementarios, en fun- to. En el resto de tumbas, la moldura viene sustituida
ción del motivo pintado en la tumba. Pero en la tumba por una decoración pintada. De esta manera, podemos
que nos ocupa, los laterales de la entrada y el fondo ver en este elemento unas implicaciones arquitectóni-
están compuestos de manera diferente, condicionados cas complejas y explícitas. Particularmente claro en la
por la superposición de una lastra triangular sobre otra pared occidental (puerta), donde no actúa como dintel
de rectangular en el lado este (fondo) y de dos lastras del muro de cobertura del frontón superior si no que
rectangulares, sobrepuestas por una pared construida deja la puerta acabada según uno de los tipos habitua-
por diversas piedras (sustraídas durante el saqueo para les en Paestum, pues el término usado en la descrip-
poder acceder a su interior) en lado oeste (entrada). ción – arcuata – y el dibujo, no permiten una distin-
Este detalle implica que la tumba estaba aún cubierta ción entre las dos variantes y sólo asegura que no se
cuando la visitaron tanto Forchhammer como, poste- trataba de una puerta rectangular.
riormente, Minervini y Abbate. Si bien las descripciones y detalles de la pared
En cualquier caso, el estado de conservación de la en la que se ubicaba la puerta son insuficientes para
tumba evidencia una cobertura previsiblemente sólida, asegurar la luz de su puerta y por lo tanto impiden
que no aparece reflejada en ninguna de las descripcio- su reconstrucción precisa12, las dimensiones del lado
nes. Ello lleva a preguntarnos si correspondería a un del cuadrado de la planta de la tumba y los paralelos
techo a doble caída o a una cobertura de vuelta a botte de otras tumbas de cámara con puerta permiten algu-
campane, ambas con la posibilidad de estar decoradas nas observaciones. El lado del cuadrado varía entre
exteriormente por un motivo de pectinatum o rayado. 2,67 y 2,68 mts en función de la fuente. Esto permite
El primer tipo, la doble caída, encuentra abundantes aproximarnos a la luz de la puerta y a las dimensio-
ejemplos en el área campana y en Paestum. En cam- nes de las lastras laterales. Las dimensiones de las
bio, el tipo a vuelta, de ascendencia macedonia y con 3 únicas puertas de tumbas pestanas que describen
una cronología posterior al 330 a.C. (Benassai, 2001, A. Pontrandolfo y A. Rouveret13 (coincidentes entre
128), parece más adecuada a las necesidades de un te- sí) permiten proponer que también en la tumba en
cho para una gran cámara cuadrada, al no necesitar estudio nos encontremos ante una puerta similar, con
elementos de soporte centrales, de los que tampoco en 126 cm de obertura. Si bien esta identificación con
ningún momento se hace mención. los paralelos de la misma necrópolis podrían suponer
A todo lo visto se suma que el acabado interno de algunas reticencias en cuanto a que correspondan a
la tumba de 1854 destaca por la ausencia de elementos cámaras de planta rectangular, la coincidencia de la
estructurales internos (banqueta u otros), frecuente en altura de las lastras en los cuatro casos (191 cm para
Campania y documentado en otras tumbas pestanas, los paralelos y 198 en la tumba en estudio) admite
incluso de la misma necrópolis Spinazzo11. Únicamen- esta asimilación.
te la presencia en la parte superior de las lastras de
un elemento esculpido a modo de moldura resulta sig-
nificativo al no encontrar más paralelos en área cam-
pana, samnita o pestana que la tumba recuperada por
12. Además de ligeramente discordantes si atendemos a las
descripciones del tipo de cierre de la puerta: con una o dos
lastras, según Minervini y Forchhammer (respectivamente).
11. Tumba 2/1955 (Sestieri, 1957) o tumba del Magistrato 13. Paestum Andriuolo 20, Contrada Vecchia di Agropoli
(Pontrandolfo, 1996a). 11/1967 y Paestum Gaudo 2/1957.
Figura 9: Planta de la necrópolis de Santa Venera. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 236.
en el extremo derecho de la lastra, al que tiene someti- clava en el cuello, bien como herida de guerra o como
do agarrándolo por los cabellos con la mano izquierda. evidencia de suicidio. Golpe fatal en ambos casos, tal
La mano izquierda sujeta también, de manera forzada, y como evidencia la sangre que mana de la herida.
el extremo de la rienda de un caballo.
El guerrero, que podemos considerar como el pro-
tagonista de la lastra, es joven, imberbe y con panoplia Caballo 1
escasamente decorada. El casco, pintado en amarillo,
corresponde a un tipo ático con frontón terminado en El caballo ocupa la mitad izquierda de la lastra. Tiene
volutas15, visto, como el resto de la cabeza, de tres la cabeza ligeramente recogida y girada hacia el centro
cuartos16. Presenta paragnátides lisas y una decoración de la tumba20. Fue pintado en color amarillo intenso
de tres plumas blancas dispuestas en posición trans- con larga crin marrón oscura mientras que la cola está
versal sobre la frente17. recogida y atada21.
La coraza, previsiblemente metálica a partir del co- Su equipamiento lo componen riendas articula-
lor amarillo con el que se pintó, es de tipo anatómico das22, freno y prometopidion pintado en amarillo que
largo, con base compleja (ergonómica) pensada para simularía el metal (cobre, bronce o plata dorada)23.
su uso por parte de un équites, con spallacci (epomi- Este último elemento, aparece decorado con un
des, hombreras) decorados con figuras que pueden Gorgoneion en la parte superior y otros elementos
proponerse como representaciones de Heracles repuja- que deben entenderse como motivos vegetales rea-
das sobre el metal, tal como se ha visto en otras pintu- lizados en relieve, resultado del repujado del metal.
ras18. Debajo de la coraza surge un corto faldellín rojo, Además, un penacho superior recoge el flequillo de
con pliegues verticales, y en los brazos se apuntan los la crin24.
arranques de las mangas lisas de una túnica que, ante
la falta de detalles sobre su color, debemos entender
también de color rojo como el faldellín.
El calzado, perdido en su mayor parte, parece co-
rresponder a unas botas con sistema de sujeción me- 20. Idéntica posición presentan los tres caballos representados
diante cordones cruzados que fijarían el calzado por su en las lastras inferiores de la tumba de 1854. Esta repre-
apertura frontal. sentación reproduce la posición observada en las cabezas
de caballo recopiladas por F. Coarelli procedentes de La-
nuvio (Coarelli, 1981, fig. 23-24), Tarento (Coarelli, 1981,
fig. 32), Melos (Coarelli, 1981, fig. 49), Roma-via Appia
Personaje femenino vencido (Coarelli, 1981, fig. 53) o de la colección Weiller (Coarelli,
1981, fig. 50).
El segundo personaje, verosímilmente una amazona, 21. La cola aparece también atada en la lastra derecha de esta
aparece vestida con una túnica corta de color blanco misma tumba (Vid. infra), y encuentra paralelos, con ligeras
ceñida por un cinturón de lámina metálica, como pare- variaciones, en la tumba recuperada por la Guardia di Fi-
ce indicar su color amarillo. nanza y la Tomba del Magistrato, ambas, de la necrópolis
Paestum-Spinazzo.
Levanta su brazo izquierdo hacia su cabeza, con
22. Riendas articuladas, mediante una inflexión en su desarro-
la intención de liberarse del guerrero. La mano dere- llo, caracterizan los atalajes de los tres caballos representa-
cha, en cambio, sirve para sujetar una lanza, fracturada dos en las lastras inferiores de la tumba de 1854 y encuen-
como expresión de movimiento y violencia19, que se tran dos paralelos en la tumba Paestum-Andriuolo 2/1971
y en la tumba recuperada por la Guardia di Finanza de la
necrópolis Paestum-Spinazzo.
15. Para el tipo de casco y variantes vid. Dintsis, 1986, 105-133. 23. L a representación de prometopidia dorados con idéntica
16. Esta posición es la habitual para representar los personajes decoración caracteriza a los tres caballos de las lastras
centrales de las tres lastras inferiores de la tumba de 1854 y, inferiores de la tumba de 1854. Representaciones de pro-
además, es el estilo utilizado de manera preferente en las re- metopidia en otras tumbas del área pestana o campana
presentaciones de los guerreros pintados sobre el sarcófago son: la tumba Nola N.4 (Benassai, 2001), en una tumba
delle Amazzoni o sobre la tumba C.29 de Capua, mientras de Capua (Schneider-Hermann, 1996, Pl. 47) y en la tum-
que en Paestum, resulta una posición poco testimoniada en ba recuperada por la Guardia di Finanza de la necrópolis
comparación a las vistas laterales. Paestum-Spinazzo.
17. Sobre este tipo de decoración vid. Graells y Mazzoli, 2013; 24. Los cuatro caballos representados en la tumba (tres en
Castrizio, 2007, 81-108. las lastras inferiores y uno en el tímpano) presentan este
18. Puede recordarse el guerrero griego del sarcófago delle elemento que encuentra en área pestana y campana nu-
Amazzoni de Tarquinia (vid. Infra). merosos paralelos: Paestum-Andriuolo t. 48, 58, 86,
19. Representaciones de lanzas rotas por la mitad son relati- 2/1971, 4/1971, Paestum-Spinazzo tumba recuperada por
vamente frecuentes en área pestana, normalmente enmar- la Guardia di Finanza y Tomba del Magistrato, Nola N.4.
cadas en representaciones de duelos: Paestum-Andriuolo Además, la representación de estos penachos encuentra
t. 58, Paestum-Arcioni t. 271/1976, Paestum-Porta Aurea correspondencia en algunas esculturas de caballos: de
tumba de 1805, Paestum-Gaudo 7/1972, Paestum-Vannullo Herculano (Coarelli, 1981, fig. 40), MAN-Firenze (Coare-
t. 2. En contextos campanos es menos frecuente, a pesar de lli, 1981, fig. 44-45) o MAN-Napoli (Coarelli, 1981, fig.
documentarse en la tumba C.11 de Capua. 46) (Vid. infra).
La boca se muestra muy abierta25, como expresión recta, fijada por hombreras decoradas con figuras,
de la tensión infligida por los elementos de gobierno26, posiblemente como en el caso anterior, también de
azules, que evidencian un sistema de control de muy Heracles. El faldellín que surge de debajo de la co-
rápida respuesta. raza es rojo y muestra pliegues horizontales. Las
mangas no aparecen descritas y por lo tanto desco-
nocemos su color.
4.2. La lastra derecha
azul y prometopidion amarillo, decorado con Gorgo- Sostiene una lanza, esta vez en la mano izquierda,
neion), con la boca abierta. La principal diferencia con con la punta hacia arriba. Esa misma mano sostiene las
el caballo anterior es la menor longitud de la crin y riendas del caballo.
el número de vueltas del nudo en la cola (cinco en el Calza botas distintas a las del personaje togado de
ejemplar anterior y cuatro en este). esta misma lastra. Los rasgos faciales del guerrero lo
distinguen de los de las lastras 1 y 2, pues la barba es
evidente, más que en el de la lastra 2, quizás como
4.3. La lastra de fondo expresión de edades distintas.
Ocupa la posición central de la lastra orientado ha-
La narración termina en la lastra de fondo, publicada cia la izquierda. A su lado izquierdo y delante se pin-
por G. Minervini en su tav. IV (Fig. 5). Recuerda a la taron otros dos personajes: un adulto y un niño. Este
escena de pacto de Fides del héroe con el Pater Fa- ligero desplazamiento del héroe hacia el centro, que en
milias30, siguiendo un esquema habitual en las tumbas las lastras anteriores se situaba en el tercio delantero,
de la necrópolis Spinazzo de finales del s. IV a.C. que provoca que el caballo aparezca también desplazado
(prácticamente siempre) presentan este tipo de esce- (hacia la derecha) hecho que impide su representación
nas sobre la pared opuesta a la entrada (Pontrandolfo, completa por falta de espacio32.
Rouveret y Cipriani, 1998, 69).
Togado
Guerrero 3
El personaje masculino frente al guerrero se presenta,
El personaje que concentra la atención sigue siendo un voluntariamente, como un sujeto de edad avanzada.
guerrero. Esta vez, el guerrero aparece ricamente equi- Para ello se ha representado con barba y una morfo-
pado con una panoplia militar completa, aunque con- logía particular de su cuerpo. Únicamente extraña la
trasta respecto a las representaciones de las dos lastras larga cabellera rojiza que desciende más allá de los
anteriores al adoptar ahora una posición de reposo y hombros, para la que no encontramos paralelo. Su
no de combate. El guerrero, con las piernas ligeramen- vestimenta es una rica túnica blanca decorada con una
te separadas, tiene la pierna derecha extendida con cenefa de olas de color violáceo en el cuello, en el cen-
el pie visto de lado y la pierna izquierda suavemente tro y el borde de la manga derecha. Cubriéndola, se
flexionada con el pie en vista frontal. A pesar de su presenta un himation blanco acabado con colgantes de
calmada representación aparece armado, con la coraza color violeta, que no impide que se vea el cinturón de
anatómica metálica (amarilla) con hombreras con de- lámina metálica (pintado en amarillo) con dos garfios
coración figurada idéntica a las dos lastras anteriores y de color oscuro (violáceo), del llamado tipo samnita a
con la base modulada para adaptarse al cuerpo. Debajo palmeta.
presenta un faldellín rojo. Las mangas muestran una La decoración de la vestimenta encuentra parale-
túnica decorada con una doble cenefa de olas violeta los en otras tumbas de la necrópolis Spinazzo, en una
en el centro de las mangas, muy parecidas a las del tumba recuperada por la Guardia di Finanza y en la
personaje togado de la misma lastra. tumba del Magistrato de la misma necrópolis, don-
El casco, amarillo y asimilable al tipo Pacciano- de los dos togados de las lastras de fondo presentan
Catanzaro, presenta el paragnátide liso y está tocado idéntico motivo decorativo (Pontrandolfo, 1996a, 282
con tres plumas blancas dispuestas sobre la frente de y 284).
manera transversal y, en la sien izquierda, por una ale- En la misma necrópolis se identifican otras varian-
ta metálica31. tes de esta decoración en rojo, en forma de cenefa de
roleos (Pontrandolfo, 1996a, 283 y 285-287): en la
tumba recuperada por la Guardia di Finanza, sobre la
vestimenta del jinete de la lastra lateral y de los dos
30. Ante los resultados del análisis y la propuesta interpreta-
tiva que se desarrolla para esta tumba surge un problema guardianes situados a los lados de la puerta; en la tum-
de método y de reflexión. El trabajo utilizará repetidamente ba del Magistrato, sobre la vestimenta del jinete de la
una serie de términos latinos (Fides o Pater Familias) que, lastra lateral; y en la tumba 11, sobre las túnicas de los
por convención, se refieren a comportamientos sociales o dos togados.
imágenes sociales con una fuerte carga romanocéntrica. Es- El detalle del dibujo del cinturón aproxima el tipo
tos términos, que seguimos utilizando aquí por comodidad, de garfios a los representados en forma de palmeta.
deben considerarse en su acepción más aséptica y literal y Cabe recordar que ya A. Pontrandolfo indicaba la
no con las connotaciones culturales romanas pues, recordé- presencia habitual de este elemento en la mayoría de
moslo, estamos ante un contexto netamente lucano.
31. La presencia de aletas, excepcional en área pestana, en-
cuentra dos paralelos esquemáticos en la tumba Vannullo
2 y, en área campana, en la tumba C.14 de Capua. Sobre la 32. El cambio de posición obligó a sacrificar la cola del caba-
decoración de cascos mediante pteroi (aletas) vid. Castrizio llo, hecho que evidencia el reaprovechamiento de plantillas
2007, 81-108. dentro de la misma tumba.
togados de la misma necrópolis (Pontrandolfo, 1996a, masculino imberbe con túnica blanca y cinturón metá-
289), aunque el detalle no es en ninguna otra represen- lico (evidenciado por el uso del color amarillo)34, con
tación tan relevante como el de la tumba de 1854. asta de la que cuelga un elemento oscuro y un segundo
En los pies calza unas botas con cordones rojos. elemento amarillo que puede interpretarse como un
El adulto se presenta en una posición afable, con gran escudo circular35.
los brazos extendidos hacia el guerrero: su mano de- Cada personaje está representado en posición de
recha encajada con la del guerrero y la izquierda en marcha hacia a la puerta. La composición recuerda
actitud de coger el antebrazo derecho del guerrero. más el regreso triunfante con el equipo militar colgan-
do de la lanza que no la representación de portado-
res de trofeos36. La iconografía, en cualquier caso, se
Individuo Infantil aproxima a la del Mars Tropaeophorus (Deona, 1953)
especialmente por la posición del cuerpo ligeramente
El individuo infantil se presenta con los dos brazos ex- arqueado hacia atrás y los pies con apoyo ligero en el
tendidos hacia el guerrero. Viste una túnica corta blan- suelo, que se refuerza por la diferencia entre los ele-
ca, con detalles de color violeta, gorro y botas rica- mentos colgantes y la tradicional representación del
mente decoradas mediante líneas en forma de volutas trofeo militar, donde la túnica ensangrentada sería un
que, quizás, evidenciarían un bordado o un repujado elemento indispensable37.
en el cuero.
4.5. El tímpano
Caballo 3
El tímpano, conocido tanto por el dibujo de E. Braun
El caballo, de color amarillo claro y crin larga de co- (Fig. 1) como por otro, más detallado (Fig. 2), de Mi-
lor oscuro, presenta las mismas riendas, freno azul y nervini, representa la apoteosis del personaje heroiza-
prometopidion amarillo que las demás lastras, pero do. Éste aparece en una imagen de eterna juventud:
completa su equipamiento la presencia de un pros- imberbe, desarmado, vestido con una túnica blanca y
ternidion33 que estaría realizado en cuero y tejido si montando por primera vez el caballo, idéntico al de las
seguimos las indicaciones de color de Minervini (Mi- lastras inferiores. Esta iconografía, si bien no idéntica,
nervini, 1856, 179). La boca del caballo se muestra, es frecuente en Paestum en cuanto a sus particulares y
otra vez, muy abierta como expresión de su agresivi- se acepta una interpretación alusiva a la heroización
dad y exaltando a su vez su condición de caballo de del guerrero.
combate.
Jinete
4.4. Las lastras laterales de la puerta
El personaje principal de la escena ocupa una posición
El lado de apertura de la tumba, donde se ubicaba ligeramente desplazada hacia la derecha del centro del
la puerta, fue reproducido por Minervini en su lámi-
na VII (Fig. 6). G. Minervini describió la decoración
como […] nelle due porzioni di muro latereli alla por- 34. La presencia de cinturones de lámina metálicos en represen-
ta sono due imberbi giovani con bianca túnica e gialla taciones de guerreros secundarios en tumbas pestanas en:
cintura, e calzari rosso bruno, ognun de’quali tiene Contrada Vecchia di Agropoli t. 11/1967, Paestum-Gaudo
con ambe le mani un’asta dalla quale mercè un rosso 2/1957, Paestum-Vannullo t. 1, Paestum-Andriuolo t. 28,
nastro è sospeso un oggetto di colore oscuro, che può 53, 104 y tumba recuperada por la Guardia di Finanza de
riputarsi un ampio pileo, e presso un sacco di giallo. Paestum-Spinazzo. En área campana en: Capua C.11 y Nola
N.6 y N.8.
È notabile che i capelli di queste due figure son rossi
35. Representaciones de idénticos escudos en escenas de com-
[...] (Minervini, 1856, 178). bate de Paestum en: Andriuolo t. 12 (Pintado de amarillo),
Así, la puerta se presenta flanqueada por dos tramos 90 (Pintado de amarillo), 1937 (Pintado de amarillo), 114
de pared, ocupados respectivamente por un personaje (Pintado de marrón), 53 (Pintado de gris), Arcioni 271/1976
(Pintado de blanco) y Spinazzo tomba del Magistrato (Pin-
tado de negro).
33. La representación de bandas pectorales petrales, en función 36. Representaciones de escudos colgando de lanzas en repre-
de prosternidia en representaciones de caballos pestanos, sentaciones de portadores de panoplias militares o trofeos,
encuentra un paralelo en el tímpano de la misma tumba de normalmente en representaciones de équites en: Contrada
1854 y en las tumbas Paestum-Andriuolo t. 28 y 104, así Vecchia di Agropoli t. 11/1967, Paestum-Vannullo t. 3 y 4,
como en la tumba recuperada por la Guardia di Finanza en Paestum-Porta Aurea tumba de 1805, Paestum-Laghetto
Tarento procedente de Paestum-Spinazzo. Sobre escultura, t. LXIV, Paestum-Andriuolo t. 1937, 114 y 84, Paestum-
la cabeza de Lanuvio, hoy en el Bristish Museum (Coarelli, Spinazzo uno de los dos guardianes de la puerta de la tumba
1981, fig. 23) y la de la colección Weiller (Coarelli, 1981, recuperada por la Guardia di finanza en Tarento.
fig. 50) presentan idénticos elementos. 37. Sobre esta discusión vid. Graells, 2012.
Caballo montado
38. Esta representación, idéntica, con la mujer más próxima al
personaje heroizado de mayores dimensiones que la que la El caballo, amarillo y con la crin marrón, sigue siendo
sigue, encuentra un paralelo en la tumba Paestum-Andriuo- el mismo que hemos visto en las lastras de la caja, pero
lo t.20. su detalle difiere entre la reproducción de Braun y la
39. Esta decoración se documenta también en las dos tumbas
de Minervini.
de la necrópolis Spinazzo, la del Magistrato y la recuperada
por la Guardia di Finanza en Tarento.
En la de Braun aparece aderezado únicamente por
40. La representación de cinturones en damas está poco testi- un tejido sobre su lomo, sobre el que monta el jinete.
moniada en Paestum (Andriuolo t. 1937 y Laghetto t. X).
En relación con ello pueden considerarse las bailarinas con
cinturones (Paestum-Andriuolo t. 27) y auloi, que si bien no • Ánfora Dorada: Paestum-Spinazzo tumba recuperada por
son necesariamente individuos de sexo femenino, la proxi- la Guardia di Finanza en Tarento.
midad entre su indumentaria y el de las damas representa- • Stamnos Dorado: Paestum-Andriuolo t. 114, Sarno S. 1,
das en este punto lo proponen como un paralelo plausible Nola N.8.
(Paestum-Gaudo t. 1/1972). 43. Una comitiva similar, formada también por cinco persona-
41. Esta posición y elemento ofrecido encuentran correspon- jes, en Paestum-Andriuolo t. 51. El grupo lo integran una
dencia en las tumbas Paestum-Andriuolo 84 y en la tumba alternancia de adulto, individuo infantil, adulto, individuo
recuperada por la Guardia di Finanza en Tarento proceden- infantil y adulto, que presenta idéntica distribución de eda-
te de la necrópolis Spinazzo. des que en la representación en análisis.
42. La representación de vasos de grandes dimensiones en tum- 44. Sobre las coronas de oro vid. Colonna, 2007.
bas pestanas y campanas es frecuente, tanto en posición 45. La representación de personajes cogiendo la cola del ca-
aislada en el tímpano como encima de banquetas o mesas ballo, bien a modo de escudero o de acompañante, se do-
o, incluso, llevadas por damas. A tal efecto se citan aquí las cumenta en Paestum por parte de personajes vestidos con
principales representaciones. toga (Laghetto III, Contrada Vecchia di Agropoli 11/1967
• Crátera Negra: Paestum-Arcioni t. 271/1976, Paestum- y tumba recuperada por la Guardia di Finanza en Tarento
Capaccio Scalo 1/1964, Paestum-gaudo 1/1972, Paes- procedente de la necrópolis de Spinazzo), menos clara es la
tum-Laghetto t. X, Paestum-Andriuolo t. 51. representación de la tumba 1/1972 de Paestum-Gaudo. Esta
• Enócoe Negro: Paestum-Capaccio-Scalo 1/1964, Paes- representación encuentra correspondencia en área campana,
tum-Andriuolo t. 23, Nola, N.8. en la que los dos únicos casos de personajes en esta actitud
• Enócoe Dorado: Sarno S. 1. (Nola N.4 y N.8) corresponden a togados.
Nada queda de los elementos para su gobierno, clara- aparentemente incoherente en el que cada lastra re-
mente ausentes, acentuando esta falta la boca cerrada presenta escenas finitas, obliga a reflexionar y a pen-
del caballo y la posición de los brazos extendidos del sarlas como partes de un mismo discurso en el que su
jinete, que se agarran a la crin. Únicamente una faja en combinación o sucesión desembocan en la lastra del
el pecho, podría relacionarse con el prosternidion de la fondo.
lastra 3. En cambio, en la representación de Minervini De acuerdo con F. Coarelli, A. Rouveret indicaba
se presenta equipado con el prometopidion y el resto la relación entre la representación histórica y la evo-
de elementos para su gobierno, faltando el manto. cación mítica como un proceso de creación genealó-
Dejando de lado las diferencias entre las dos fuen- gica y, por lo tanto muestra de una toma de conscien-
tes, cabe considerar la dicotomía en las representacio- cia histórica (Rouveret, 1997, 135). De esta manera,
nes del caballo. Por un lado en la caja y, por otro, en A. Rouveret en su análisis de las pinturas de esta tum-
el tímpano, siendo imposible distinguir para el caballo ba, consideraba convincentemente que la representa-
una correspondencia con el héroe, es decir, si también ción estaría enmarcada en la iconografía de la Gue-
presentaría dos estados en esta tumba – el de combate, rra de Troya (Rouveret, 1997, 135). Particularmente
con su equipo para un gobierno fuerte y rápido; y el de importante si tenemos en cuenta que (en opinión de
parada, únicamente con el manto – que encajaría per- la misma investigadora) ese mito (y sus derivados),
fectamente en un discurso articulado entre la narración entre finales de s. IV e inicios del III a.C., sería un ele-
de la caja y la del tímpano. mento importante del lenguaje compartido entre las
élites suritálicas. Este relato mítico transversal entre
distintos grupos fue excepcionalmente representado
5. LECTURA E INTERPRETACIÓN DEL PRO- en las lastras laterales de la caja de la tumba de 1854
GRAMA ICONOGRÁFICO completándose con una serie de motivos iconográfi-
cos, locales y exógenos. Los detalles confieren singu-
Tradicionalmente, la lectura histórica de las pinturas laridad al conjunto y se analizan bajo 3 niveles: por
pestanas se ha basado en las ininterrumpidas y brillan- un lado, la pintura alegórica de las tres lastras de la
tes contribuciones de A. Pontrandolfo y A. Rouveret, caja, con representaciones de guerrero y caballo, cla-
que han demostrado como en el transcurrir del s. IV ramente relacionadas estilística y temáticamente entre
a.C. las elites pestanas se afirman y auto-representan sí; en segundo lugar, la pintura étnica-local de la pa-
en sintonía con los importantes acontecimientos béli- red de fondo, lastra de fondo y tímpano – ambas como
cos entre Poseidonia, Tarento y Roma (Pontrandolfo, evolución o variante de representaciones de carácter
1996a, 289), en los que participaron de manera acti- pestano –; y, finalmente, la irrupción extraordinaria de
va. De este modo, podemos ver las pinturas funerarias motivos foráneos: en los detalles de la panoplia y del
como expresión de una koiné helenizante, común entre equipo equino así como en la posición de los cuerpos
diversas culturas itálicas46, capaz de desarrollar mo- y el uso de una pareja de armados en los laterales de
delos locales distintos y autónomos con unas lógicas la puerta.
narrativas e iconográficas próximas entre sí en toda la
Italia meridional.
Para las tumbas pintadas de las necrópolis pesta- 5.1. Pintura alegórica
nas, en particular la necrópolis de Spinazzo, se obser-
va como presentan los personajes orientados de ma- En las representaciones de las tres lastras rectangula-
nera convergente hacia el punto central de la lastra de res inferiores, el personaje principal es con claridad
fondo. Esta idea integra en un único discurso la tota- un guerrero con coraza anatómica y casco tocado con
lidad de las lastras y, a pesar de la rigidez del modelo, tres plumas, acompañado por un caballo con prometo-
admite dos posibilidades: pidion decorado con Medusa, y armado siempre con
–– mostrarlas todas siguiendo un único discurso, una lanza. Se refuerza con la ostentación de una pa-
lineal; noplia defensiva metálica su condición privilegiada y
–– representarlas en un doble discurso en el que, des- su pertenencia al grupo de los équites. Esta figura de
de la puerta surgen dos líneas narrativas que con- Condottiero sería la máxima expresión de rango tan-
vergen en el punto central de la lastra de fondo. to en la Italia meridional como, particularmente, en la
necrópolis Spinazzo47.
Sea como fuere, la tumba de 1854 no cumple ninguna
de las dos. Pero para entender el porqué se utiliza una
alternativa, conceptualmente mucho más compleja, es
necesario volver sobre conceptos teóricos y recuperar 47. Una de las tumbas citadas por A. Pontrandolfo de la ne-
crópolis Spinazzo, presentaba como enterrado a un indi-
la posición de las lastras (Figs. 7 y 8). Así, el discurso
viduo infantil incinerado al que se ofrendó un esperón de
bronce miniaturizado que la investigadora no ha dudado en
interpretar como símbolo de su ascendencia a un grupo de
46. Para una aproximación a las características de la pintura equites del que habría formado parte (Pontrandolfo, 1996a,
funeraria en la Italia meridional vid. Steingräber, 1991. 291).
lucano, enfrentado a una amazona y a un griego (Rou- por parte de un Pater Familias57 o de una dama58. No
veret, 1997, 136). Según la autora, la descripción de hay representaciones enmarcadas en duelos o aconte-
la escena de amazonomaquía (Fig. 3) incide en esta cimientos bélicos (reales o imaginarios). Si bien las
transformación de la iconografía en la que la amazona representaciones de corazas anatómicas son habituales
permanece pero el griego es sustituido por un lucano sobre la cerámica ápula, poco tienen que ver con las
(Rouveret, 1997, 138). La segunda confrontación es representaciones de la tumba pestana. De esta manera,
más problemática (Fig. 4). El guerrero, lucano, se en- la escena de la lastra de fondo, encuentra una lógica
frenta y vence a un enemigo con un casco de tipo Con- iconográfica precisa en la serie de naiskoi con guerrero
versano (Figs. 16, 23 y 24) que Rouveret, en cambio, con coraza anatómica y anciano, que en la cerámica
identificó con un casco de tipo frigio y lo relacionó con aparece a menudo sentado, como manifestación del
el entorno tarentino o ápulo (Rouveret, 1997, 138). respeto para la familia y la gens según un patrón ico-
Ante este detalle son necesarios algunos comentarios, nográfico de influencia ápula.
especialmente si tenemos en cuenta los particulares de
la panoplia y lo propuesto por A. Rouveret, que iden-
tificó esta escena con la de la muerte de Héctor por de Via Reno en Altamura (Venturo, 2001, 70-71, Tav. IV.8).
Aquiles (Rouveret, 1997, 139). De ser correctas las Con representación de naiskos dentro del que se representa
posiciones de Rouveret, la filo-romanidad de las pin- un caballero de pie con su caballo detrás. Endosa coraza y
turas pestanas estaría expresando un acontecimiento casco crestado; Crátera de volutas con máscaras del Seated
absolutamente opuesto al mito del discurso romano, Women Group del Museo de l’Hermitage de San Petersbur-
go N. Inv. 581 (Trendall y Cambitoglou, 1978, N. 23/239,
pues evidenciaría la identificación de los lucanos con
Pl. 281.1), con representación de naiskos con jinete de pie
Aquiles y el vencido con el troyano54, que podría ex- con coraza anatómica y lanza, detrás del que aparece un
tender las implicaciones y ver en ello una alegoría pre- caballo blanco y, a la izquierda y colgando, un casco de
cedente a la instauración del mito del antepasado de tipo a Pilos.
Roma, Eneas, y por lo tanto, una victoria sobre Roma. 57. Crátera de volutas atribuida al Pintor de Loebbecke (Staat-
De esta manera debemos proponer que la deco- liche Museen Berlin N. Inv. 1984.42) (que se propone que
ración lateral de la tumba represente una escena de pueda proceder de Canosa), con un naiskos en el que se
amazonomaquia, como alegoría de la victoria sobre representa un anciano sentado que recibe/despide a un ji-
el enemigo, y en la otra lastra, una representación de nete joven de pie que endosa la coraza y sujeta los atalejes
de un caballo. Fechada entre el 340-330 a.C.; Crátera de
victoria más explícita sobre la identidad del enemigo, volutas atribuida al Grupo de Bassano de una colección pri-
representado como oriental, reproduciendo un esque- vada napolitana (Trendall y Cambitoglou, 1978, N. 30/20,
ma iconográfico de clara componente ápula basado en Pl. 393.2), con representación de naiskos con tres persona-
la ambigüedad y la confusión de conceptos, posible- jes en el interior: en el centro un joven con lanza y coraza
mente intercambiables entre el concepto de oriental y anatómica, enfrente un anciano sentado, detrás del joven
el femenino55. un caballo y un escudero desnudo. Encima, colgando, un
Por otro lado, la representación del guerrero con escudo circular.
coraza anatómica metálica sosteniendo las riendas del 58. Crátera del Pintor de Baltimore del Musée du Louvre GR
018 (Moreno 2010, fig. 18), con representación de caballero
caballo encuentra sobre la cerámica ápula de segunda
con coraza anatómica, con casco ático (?) con paragnáti-
mitad del siglo IV a.C. numerosas representaciones. des móviles. Detrás caballo blanco. Delante dama que le
Se trata de escenas situadas dentro de naiskoi donde el ofrece un kántharos mientras sostiene una sítula. Colgando
guerrero, heroizado y sólo56, es recibido o despedido del techo aparece una espada y, posiblemente, una cnémi-
de; Olla atribuida al Pintor de Baltimore del Musée d’Art
et d’Histoire de Ginebra, con representación de jinete que
54. A todo ello, cabe recordar que Aquiles era antepasado de los endosa coraza anatómica y casco a pilos, de pie al lado de
Molossos y que recibió culto en las principales localidades su caballo, en un contexto con otros personajes y en el que
del desarrollo lucano (Rouveret, 1997, 139). es recibido por un joven sirviente de una dama, sentada
55. Planteamiento que en opinión de A. Bottini corresponde enfrente del jinete. Fechada en la segunda mitad del s. IV
a un desprecio y disminución de la dignidad del enemigo a.C.; Crátera de volutas del mercado anticuario londinense
(Bottini y Setari, 2007, 88). (Sotheby’s 8/12/1994, lote 164) atribuida al pintor de Bal-
56. Crátera de volutas con máscaras atribuida al Pintor timore con representación de naiskos con representación
dell’Ilioupersis, de la antigua colección Caputi (n. 275) en de retorno de caballero, de pie con coraza endosada, con
el Palazzo Leoni Montanari de Vicenza (Lippolis, 2011, caballo detrás y mujer delante. Colgando aparece una re-
fig. 7), con representación de naiskos con jinete de pie con presentación de casco a Pilos. Fechada entre el 340-320
lanza, casco con alto lophos y coraza anatómica y detrás a.C.; Crátera de volutas del mercado anticuario londinen-
caballo a derecha. Se fecha en el tercer cuarto del s. IV se (Sotheby’s 11/07/1988, lote 184) atribuida al pintor de
a.C.; Ánfora del mercado anticuario londinense (Sotheby’s Baltimore, con representación de naiskos en el que aparece
10/07/1992, lote 353; Sotheby’s 10/12/1993, lote 191) atri- una escena de retorno/despedida de caballero, de pie, con la
buida al pintor de Baltimore, con representación de naiskos coraza y casco y detrás el caballo, orientado hacia el lado
con caballero de pie y detrás caballo. El caballero lleva un opuesto en el que se sitúa una dama sentada que toma la
casco, la coraza y la lanza, mientras que del naiskos cuelga mano del caballero. De la parte encima de la dama cuelga
una pareja de cnémides. Fechada en la segunda mitad del s. una pareja de cnémides y un escudo. Fechada en la segunda
IV a.C.; Crátera de volutas de la tumba 1 de la necrópolis mitad del s. IV a.C.
La escena del tímpano (Figs. 1 y 2), fue motivo de El factor local, claramente demostrado por detalles
discusión al considerarse en un primer momento estilísticos de la composición de la lastra de fondo y
como una representación del mundo de ultratumba de la escena del tímpano, queda fuera de discusión. En
(Forchhammer, 1854, 63) y, en un segundo momento, cambio, el peso de las influencias externas que se de-
proponerse que fuere un pasaje sumamente importan- tecta por el uso de una iconografía alegórica ausente
te de la vida del protagonista, como Condottiero lu- en Paestum, es especialmente clara en los detalles de
cano (Minervini, 1856, 180-181). Se trataría, siempre las panoplias (Figs. 15, 16, 33 y 41) y por el uso de dos
según G. Minervini, de la representación de la llegada motivos foráneos para las composiciones: las dos re-
de la población lucana a Poseidonia, bajo la guía del presentaciones de los laterales de la puerta (Fig. 6) y de-
difunto y propietario de la tumba. Este fundamental talles de la representación anatómica de los personajes.
acontecimiento fue escogido para ocupar el lugar más El análisis anticuario permitirá ahondar en la cues-
destacado de la tumba. Pero recientes estudios sobre tión de las armas representadas, pero aquí merece la
la pintura de finales del s. IV a.C. en la necrópolis pena un comentario sobre los aspectos foráneos de las
de Spinazzo identifican este tipo de representaciones composiciones:
como valoración de la familia del aristócrata que ocu- Primero: sobre el recurso de la aplicación de guar-
paba la tumba (Pontrandolfo, Rouveret y Cipriani, dianes armados en los laterales de la puerta. Es posible
1998, 69), lectura que se acentúa cuando en la lastra que esta representación tenga unas connotaciones de
situada debajo del tímpano aparece la representación inmortalidad donde la combinación de jóvenes vesti-
del pacto de fidelidad con el Pater Familias (Fig. 5). dos de blanco con tocado o cabello rojo62 se combine
Así, la escena del tímpano viene interpretada como con la escena de apoteosis del tímpano. Pero también
representación del Retorno del Caballero59, mientras puede entenderse de manera más sencilla, en la que la
que la de debajo representa el motivo de la Dexiosis, lanza se acompaña por un escudo dorado, como sucede
exaltando la continuidad de la estirpe con las tres eda- en otras representaciones de personajes que custodian
des del hombre (Rouveret, 1997, 135): infantil, adulta puertas de tumbas y que seguidamente desarrollamos.
y senil. Su presencia se documenta de manera extraordi-
La lógica observada en otras tumbas de la misma naria en las necrópolis pestanas, aún así, en la tumba
necrópolis, donde el destinatario de la tumba aparece 3/1972 de la necrópolis Gaudo se documentaron dos,
en un momento de parada expresando su rango como uno en cada lastra al lado de la puerta, aunque desnu-
caballero (Pontrandolfo, 1996a, 291)60 tiene cierta co- dos, elemento que se contrapone a la idea, cuidada en
rrespondencia con la representación del tímpano don- la tumba en estudio, de representar la panoplia militar.
de, además, la presencia de un cortejo que le sigue se Los mejores paralelos son los de los vanos de la tumba
propone como expresión de heroización por parte de de la necrópolis Spinazzo recuperados por la Guardia
su gens (Pontrandolfo, 1996a, 291)61. di Finanza (Pontrandolfo, 1996, 283) que, aunque con
En este contexto altamente representativo como es una orientación opuesta al ingreso, reproducen la posi-
la pintura funeraria y, más particularmente, el tímpano, ción de armados de grandes dimensiones (acorde con
estas pinturas podrían representar a los antepasados y el resto de figuras de la tumba). Por la descripción de
la ascendencia noble de la gens a la que pertenecía el la vestimenta, la lanza, el pileo y el sacco di giallo63
propietario de la tumba. (escudo), debemos recuperar otros paralelos que evi-
dencian una influencia macedónica reinterpretada en
área pestana: en primer lugar los dos guardianes de la
tumba III de Aghios Athanasios (Tsimpídou-Ayloníti,
2005, pl. 38 y 39), ambos con lanza y equipo militar
sin casco ni coraza; de manera individual, pero rela-
59. Para una discusión del modelo vid. De’Spagnolis, 2005,
cionado con el acceso a la tumba, el guerrero de una
136-139.
60. Las escenas de retorno del caballero encuentran importantes de las métopas de la fachada de la tumba del Juicio de
paralelos en Capua (10 tumbas), Nola (2 casos) y Sarno Leukadia (Romiopoúlou, 1997, fig. 22), vestido con
(Benassai, 2001, 183; De’Spagnolis, 2005, 137-139). túnica blanca acabada con elementos en rojo que se
61. La escena del tímpano tiene un paralelo en la parte infe- apoya en una larga lanza, en la mano derecha, y sostie-
rior de la lastra de fondo de la tumba Andriuolo 20 (Pon- ne un escudo pintado en amarillo en la mano izquierda;
trandolfo y Rouveret, 1992, 92), con orientación invertida
y con cuatro personajes detrás del jinete, que parece estar
armado. También la tumba Andriuolo 28 presenta una lastra 62. Los bonetes cónicos de color rojo se documentan hasta
de fondo con jinete recibido por mujeres y comitiva detrás cuatro veces en Paestum, siempre portados por aurigas. El
del jinete. Lamentablemente, el estado de conservación no catálogo es: Andriuolo 12, 18; Gaudo 7/1972; Sequestro
permite precisar las características ni número de personajes Finanza 1. Otro lo lleva el Guerrero 3 del Sarcófago de-
detrás del jinete (Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 159) que lle Amazzoni de Tarquinia (Bottini, 2007; Bottini y Setari,
como en la tumba 20, presenta una orientación opuesta a la 2007).
de la tumba del Fondo Fuscillo. 63. Según la descripción original.
Figura 14: Lastra del Ipogeo del Cerbero de Canosa. A partir de Mazzei, 1995, fig. 133.
por último, la representación de la tumba II del túmulo inusuales en vista frontal64. Esto incide directamente
de Bella (Vergina) (Andronikos, 1984, fig. 15), con un en la posición de las piernas, donde el artista aplicó un
único soldado encima de la puerta de ingreso. modelo desarrollado en área no pestana para la repre-
Otro detalle atribuible a una influencia externa (ni sentación del guerrero. Este tipo de representaciones
campana ni, aparentemente, itálica), es el detalle de encuentran correspondencia en la pintura del Ipogeo
las representaciones de las cabezas y de la posición de del Cerbero de Canosa (Fig. 14) (Mazzei, 1995, 206,
las piernas y los pies de los personajes de las lastras fig. 133), con hasta tres representaciones de piernas de
inferiores. personajes masculinos calzados con botas y sandalias
La característica de las tres representaciones es la (raras en área pestana65), con un pie en vista lateral y
ligera inclinación de la cabeza (Fig. 16): acentuando el otro en vista frontal. Además, las posiciones de las
la posición del cuerpo en las lastras 1 y 2 y, oponién- piernas de esta lastra reproducen las de los tres gue-
dose a la inclinación del cuerpo en la lastra 3. Este rreros de la tumba de Paestum de 1854: entreabiertas,
ligero movimiento parece corresponder a una estructu- abiertas con peso desplazado hacia adelante, abiertas
ra desarrollada a partir de la obra de Lisipo (Moreno, con movimiento hacia adelante.
1994, 152). Particularmente, la faz del guerrero de la Relacionado con esto, las representaciones del
lastra 1 podría corresponder a una adaptación del mo- calzado, corresponden a variantes del calceo o bota
tivo iconográfico de la efigie de Seleuco Nikátor (359-
281 a.C.) (Moreno, 1994, fig. 194-195), a partir de la
representación con un casco ático con paragnátides 64. Un ejemplo podrían ser los guerreros de la derecha de la las-
tra norte de la tumba Andriuolo 58 (Pontrandolfo y Rouve-
anatómicos largos. El modelo tuvo rápida aceptación
ret, 1992): el de la derecha con la pierna izquierda avanzada
y difusión como representación del legado victorioso y flexionada, muestra la pierna derecha extendida y retrasa-
greco-macedonio y tuvo, entre otras adopciones, la da sin indicación del pie, posiblemente con una voluntad de
imitación que hizo Pirro (Moreno, 1994, 151). La ma- escorzo para dar profundidad a la escena. Incide en esta idea
yor proximidad de la representación de la lastra 1 con el dibujo del pie izquierdo del personaje. El de la izquierda,
la representación seleucida y no con la pírrica, princi- acentúa esta sensación de volumen con la pierna izquierda
palmente por el tipo de casco y la ausencia de corona flexionada hacia adelante y la derecha ligeramente extendi-
además del detalle del cabello, presente en la segunda, da hacia atrás con el pie visto de frente.
sugieren que la pintura corresponda a un momento an- 65. En Paestum se identifican sandalias o calcei en el aulós de
la lastra este de la tumba Andriuolo 53, en el guerrero de
terior a la llegada de Pirro a la Italia meridional.
la lastra norte de la tumba Gaudo 2/1957. En cambio en la
Por otro lado, la representación de pies en las pin- tumba recuperada por la Guardia di Finanza de la necró-
turas de las tumbas de Paestum acostumbran a pre- polis Spinazzo y en la tumba llamada tomba del Magistra-
sentarse de lado (Fig. 15), siendo extremadamente to, de la misma necrópolis, todos los personajes aparecen
pintados con sandalias (vid. Pontrandolfo, 1996a, 282-286).
Figura 15: Particular del calzado pintado en la tumba. A partir de Minervini, 1856, Tav. IV-VI.
cerrada y, en un único caso (Fig. 15.2) a una crepida calcei militares representados en la tumba. Botas simi-
o sandalia abierta. De todos modos, los estudios sobre lares son las presentes en la métopa de Via Calabria de
calzado antiguo permiten algunas precisiones acerca Tarento, con representación de Pirro (Moreno, 1994,
de los distintos tipos (Dohan Morrow, 1985; Goldman, fig. 88 y 129), en el pie derecho del Apolo de Epidau-
1994), principalmente de las botas66, pues cada uno ros (NM-Athens n.174) y en distintos personajes del
presenta particularidades que refuerzan el realismo de cortejo de Agamenón y de la Gigantomaquia del Altar
la pintura. En cualquier caso, la identificación de cal- de Pérgamo.
zado abierto como ‘griego’ y calzado cerrado como Los escasos paralelos son suficientes para mostrar
‘romano’ es un discurso no aplicable para el caso de cómo cada personaje presenta el calzado adecuado a
un contexto lucano pues la caracterización de su indu- su condición. De esta manera, los tres guerreros lle-
mentaria admite un variado número de tipos de calza- van calcei que corresponden a un calzado masculino y,
do (Vid. Schneider-Hermann, 1996, 20-37) y precisa normalmente, asociado a caballeros, el Pater Familias
de un estudio particular, aún pendiente. lleva el calzado de senior, el individuo infantil presen-
Las botas del guerrero de la lastra 1 (Fig. 15.1), ta un calzado de parada que recuerda su pertenencia
incompletas, corresponden a unas botas lisas, con a una estirpe privilegiada y, por último, el vencido es
apertura frontal, cerrada por la tensión cruzada de los el único que presenta un calzado abierto, claramente
cordones. Estas encuentran similitud en las que apa- distinto del resto de los personajes de la tumba. El cui-
recen representadas sobre el guerrero derrotado de la dado y selección de los modelos no es casual sino que
crátera de la colección Astarita, hoy en los Museos Va- forma parte de un meticuloso estudio previo en el que
ticanos (Moreno, 1994, fig. 87). Las botas abiertas tipo todos los detalles tienen como intención evidenciar
crepida, de la lastra 2 (Fig. 15.2), son un calzado pre- una dicotomía entre los ‘nuestros’ y los ‘otros’.
valentemente militar con gruesa suela de ascendencia Esta dicotomía toma fuerza, como hemos visto,
macedonia (Coarelli, 1981, 241-242), presentan una en la utilización de una iconografía habitual en la ce-
perduración y uso de muy largo recorrido temporal en rámica ápula para expresar la dualidad entre el héroe
el que evolucionarán a lo que los romanos llamaron y el bárbaro. Así, además de los detalles particulares,
caliga, pues se documentan especialmente en repre- sobresale el recurso de la Amazonomaquía y la Iliu-
sentaciones helenísticas como la columna de Efeso persis, claramente iconografías foráneas a la tradición
(BM n. 1206), en Olimpia (n. 269), en el monumento pictórica pestana, lucana y campana. Tal iconografía
de Daochos I en Delfos y abundantemente en el al- se convierte en evidente transmisor, en Italia67, del mo-
tar de Pérgamo (Gigantomaquia, Lastra de Telefos o delo de representación68 de las luchas entre griegos y
cortejo de Agamemnon). Las Botas tipo 3 (Fig. 15.3), ‘los otros’, que en este caso podemos interpretar como
otro tipo de calcei respecto a los vistos en la lastra derivada de la lucha entre Tarento y Roma.
1, presentan un sistema de lazo superior que dejaría
una superficie lisa en la mayor parte del tobillo y el
pie. Este tipo encuentra representaciones en equipos 6. PRECISIONES ANTICUARIAS
de caballeros montando a caballo. Las botas del Pa-
ter Familias, en la lastra 3 corresponden al Calceus El análisis de la decoración de la panoplia de los gue-
Patricius (Fig. 15.4). Las botas del individuo infantil rreros y de los caballos aporta elementos de discusión
(Fig. 15.5) corresponden a unas botas de parada infan-
tiles que Goldman ha clasificado como tipo W (Gold-
man, 1994, 102). Finalmente, las botas del guerrero 67. El mismo esquema encuentra representaciones próximas en
el Mausoleo de Alicarnaso (Lastras VIII, IX, XV y XVI).
de la lastra 3 (Fig. 15.6) corresponden al tercer tipo de
68. Para la escena de la lastra izquierda cabe recordar la re-
presentación de la crátera H.3256 del MAN-Napoli (Mo-
ret, 1975, N. 82.1), mientras que para la escena de la lastra
66. También llamadas calcei, endromides o embades, en fun- derecha la reproducción de Tischbein II.2 (Moret, 1975, N.
ción del tipo y momento. 83.2).
Figura 27: Bronces del Siris. A partir de Hagemann, 1919, Abb. 74 y 75.
y Capua y en numerosísimos vasos suritálicos, con gunda mitad del s. IV a.C.) se documenta el casco de
una cronología de siglo IV a.C. en adelante, debemos la tumba Scocchera A de Canosa que coincide con la
volver un poco hacia atrás y referirnos a la presencia, cronología y el área del probable hallazgo de una serie
ocasional, de ‘cánulas’ sobre los cascos de tipo ápulo- de cascos con decoraciones similares en distintas co-
corintio (desde finales del s. VI a.C. hasta mediados lecciones particulares87.
del s. IV a.C.). Destaca especialmente la progresiva Este tipo de decoración se ha observado, en Italia,
adopción (desde el segundo cuarto del siglo IV a.C.) con una mayor antigüedad para cascos del área suritá-
de estos elementos sobre los cascos ítalo-calcídicos86 lica y campana (Graells y Mazzoli, 2013), sin duda en
del área campana próxima a la Campania etrusca (San- relación con lo observado por D. Castrizio a partir de
nibale, 2008, 225). En cronología poco posterior (se- la iconografía numismática griega, donde este tipo de
elementos se desarrollarían a partir del s. V a.C. (Cas-
trizio, 2007). Su posición, sistemáticamente transversal
sobre la frente, con soportes en bronce, encuentra en la
86. Los ejemplares de soportes laterales recopilados por Botti-
ni (1991, 97-98), denominados por el investigador italiano
pintura vascular y funeraria la evidencia de la inserción
como tubicini reggi-piume, son: ejemplar de Ruvo en Karls- de materiales orgánicos (principalmente plumas).
ruhe (N.A.1); Paestum Spinazzo-Parco del Fuscillo (Sestie- Relacionado con esta decoración cabe indicar la
ri, 1957, 178) (N. A.2); de Cumas en el British Museum, N. presencia, en la lastra 3, de alas aplicadas a los latera-
Inv. 1915, 7-13.8 (N. B.14); Paestum-Gaudo t.II (Pontran- les del casco. Este elemento, que encuentra sus prime-
dolfo y Rouveret, 1992, 380-385; Sestieri, 1958) (N. B.18); ras evidencias iconográficas sobre algunas emisiones
Paestum-Gaudo t.X (N. B.19); Tumba 174 de la necrópolis anatólicas (Castrizio, 2007, 82-84), cuando se asocian
Gaudo de Paestum (Viscione, 1996, 149-153, Nr. 58.10); a elementos áticos o de la órbita greco-occidental de-
Tumba 164 de la necrópolis Gaudo de Paestum (Viscione,
ben considerarse como un elemento de mando militar
1996, 155-157, Nr. 61.6); Tumba 37 de la necrópolis Santa
Croce de Eboli (Longo y Viscione, 1996, 78-81, Nr. 36.35); de origen itálico (Castrizio, 2007, 85-86). La distribu-
Hermitage, San Petersburgo (N. B.20); Louvre, Nr. 1129- ción de los realia, confirman esta idea al concentrarse,
De Ridder (1913-1915, Tav. 66-N. B.25); Musei Vaticani mayoritariamente, en área lucana.
N. Inv. 34838-34839 (Sannibale, 2008, 222-226, Nr. 136); a Un último detalle decorativo, relevante, es la re-
los que podría añadirse el casco del British-Museum ex co- presentación de paragnátides decorados en el casco
lección Burgon de confirmarse su procedencia de las cerca- del héroe de la lastra 2. Se trata de la indicación de
nías de Nápoles (Bottini, 1991, 97-98; Kemble, 1863, 170, una decoración de tipo figurativo que se aproxima a
Tav. XII.4, citado en Sannibale 2008, p. 225) y no en Vulci,
como propuso Walters (1899, 342). Con una funcionalidad
similar, quizás puedan entenderse las espirales aplicadas
sobre algunos cascos italocalcídicos, normalmente en nú- 87. Dos ejemplos de ellos en Cahn, 1989 (W.23a y W24a), otro
mero de 2, y sobre un casco de tipo Montefortino con tres en el Metropolitan Museum NY (Richter, 1915, 418, Nr.
espirales en la misma posición transversal que las cánulas 1552) y de la colección Guttmann (distintas subastas en
(MAN-Saint Germain en Laye N. Inv. 4760). Christie’s y Hermann Historica).
Figura 35: Lastra con friso de armas de la Tumba 28 Paestum-Andriuolo. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 156.
Figura 36: Lastra con friso de armas de la Tumba 61 Paestum-Andriuolo. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 118.
Figura 37: Lastra con friso de armas de una tumba sin Contexto de Paestum. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 302.
Figura 43: Caballos, de izquierda a derecha: MAN-Firenze, Colección Weiller y MAN-Napoli. A partir de Coarelli, 1981, figs. 44, 50
y 46.
Los elementos de atalaje son indicativos de orígenes parte del caballo, normalmente a causa de un esfuerzo
y tradiciones particulares. La posición del caballo, parti- violento o de una severa sujeción con los elementos
cularmente de su cabeza, que aparece vista de tres cuar- de gobierno. Esto también encuentra paralelos en nu-
tos, ligeramente recogida109, y el tocado de su crin enci- merosos testimonios escultóricos111, y, a partir de las
ma de la cabeza, en forma de penacho110, son elementos fuentes antiguas podríamos citar las pinturas de Ate-
que demuestran el peso de la tradición local e iconográ- nión y de Nealce (circa 250 a.C.) (Moreno, 1994, 84).
ficamente permiten una correspondencia con paralelos Esta forma toma como modelo el sarcófago de Abdo-
escultóricos. Por ejemplo, la cronología del grupo escul- limo de Sidón (datado entre el 315-312 a.C.) (Moreno,
tórico recuperado en Lanuvio, Santuario de Juno Sospi- 1994, 82), evolucionando progresivamente hasta la
ta, corresponde al tardo-helenismo (Coarelli, 1981, 233). representación, más exagerada, del caballo de la méto-
Este modelo corresponde al tardo-clasicismo (finales del pa de Via Calabria de Tarento, con representación de
s. IV a.C.) (Coarelli, 1981, 244) del que el bronce de Pirro (Moreno, 1994, fig. 88).
Herculano con representación de Alejandro Magno es el En cualquier caso, la iconografía que nos interesa
exponente más revelador, pero el grupo ecuestre de La- es la de la estela de Colono que presenta una matriz
nuvio, fechado en un momento más avanzado, permite ática que en opinión de P. Moreno encontraría corres-
definir una evolución en el que los caballos represen- pondencia en área occidental casi en el mismo mo-
tados en la tumba de 1854 y sus paralelos escultóricos mento cronológico. Pero además de la identificación
(caballo del MAN-Firenze y MAN-Napoli) (Fig. 43) en- iconográfica, destaca la circulación de la idea referida
cajan perfectamente en un momento que debemos situar con esta representación de agresividad que correspon-
en el cambio entre el s. IV y el s. III a.C. de a una representación de fiereza del caballo, única-
Por otro lado, la posición de la cabeza y cuello del mente gobernable por el héroe. De esta manera, este
caballo, ligeramente recogida y girada hacia el espec- topos permite comprender también las representacio-
tador, con profundas líneas de los pliegues del cuello y nes más complejas en las que el caballo aparece en
detallada musculatura, encuentra numerosos paralelos actitud agitada con un escudero, pues entra dentro del
en los que la expresión de dolor e incomodidad por mismo discurso ideológico.
El cuello y la cabeza de los caballos evidencian una
iconografía de segunda mitad del s. IV a.C. (Coarelli,
1981, 246) que los pintores lucanos adoptaron de ma-
109. Esculturas con prótomos de caballo en idéntica posición
nera excepcional en una composición anómala dentro
han sido recopilados por F. Coarelli procedentes de Lanu-
vio (Coarelli, 1981, fig. 23-24), de una métopa de Tarento de su repertorio. La composición, dominada por el mo-
(Coarelli, 1981, fig. 32), de la Colección Weiller de Paris vimiento y agitación de las escenas laterales, transmite
(Coarelli, 1981, fig. 50), de Melos (Coarelli, 1981, fig. 49) una paradoja en los caballos, con el cuerpo en repo-
y de Roma – Via Appia (Coarelli, 1981, fig. 53). so y la gestualidad helenística de tensión. Parece una
110. El penacho sobre la frente del caballo se representa en las adaptación de un modelo exógeno, netamente griego y
tumbas: N.4; Andriuolo 48, 58, 86, 2/1971 y 4/1971; Se- con ejemplos en Tarento, que no llega a consolidarse en
questro Finanza 1 y 2; Spinazzo Sequestro Finanza y tum- área pestana, o no llega a eclosionarse de manera plena.
ba del Magistrato. El mismo penacho se representa sobre
las esculturas recopiladas por F. Coarelli procedentes de
Ercolano (Coarelli, 1981, fig. 40), Firenze (Coarelli, 1981,
fig. 44-45) y Napoli (Coarelli, 1981, fig. 46). Además de la 111. Entre los que destaca la estela de Colono (NM-Athens)
lastra del caballero a galope de la Via Calabria de Tarento (Moreno, 1994, fig. 86) o una de las métopas de Via Cala-
(Moreno, 1994, fig. 114) y algunos de los caballos de la bria de Tarento con representación de caballero al galope
batalla del sarcófago de Abdalonimo de Sidón. (Moreno, 1994, fig. 114).
Figura 44: Pintura del escudo decorado con cabeza de Medusa Figura 45: Pintura del escudo del hipogeo descubierto en
de la tumba III de Ágios Athanásios. A partir de Tsimpídou- 1846/1847 en Gnathia. A partir de Cassano, 1996, 166
Ayloníti, 2005, pl. 27 b.
Figura 46: Prometopidion del Hi- Figura 47: Prometopidion de Figura 48: Prometopi- Figura 49: Prometopidion
pogeo Monterisi Rossignoli – Ca- la colección White & Levy. dion de San Giorgio Lu- de colección particular sui-
nosa. A partir de Mazzei, 1992a, A partir de Von Bothmer, cano. A partir de Bottini, za. A partir de Cahn, 1989,
fig. 11 1991, 116, N.95d. 1989, fig. 5a. W23d
Figura 50: Prometopidion de colección particular suiza. A partir Figura 51: Mapa de distribución de los prometopidia (testeras)
de Cahn, 1989, W24i. de bronce de s. IV a.C. © Dibujo R. G.
una pareja de testeras (Lippolis, 1995, Tav. LXXXII, entre el Badisches Landesmuseum Karlsruhe y el
2; LoPorto, 1996, figs. 25, 1-2, 26, 2) de bronce aso- MAN-Napoli (LoPorto, 1996, 30); dos más en el Anti-
ciados a una pareja de petrales (Lippolis, 1995, Tav. kenmuseum Basel und Sammlung Ludwig (Figs. 49 y
LXXXII, 2; LoPorto, 1996, fig. 25, 3-4); una pare- 50) (Bottini, 1989, 706); otro idéntico en el Museo de
ja con decoración del extremo inferior en motivo de Mougins (Burns, 2011, 206, fig. 73, MMoCA.561); en
palmeta y la parte superior con composición vegetal el mismo museo otro ejemplar con decoración de pseu-
compleja, de procedencia ápula, se conserva repartida do-corona de mirto en la parte superior (Burns, 2011,
191, fig. 24, MMoCA.597F); otro más en la tumba de local, influenciada y particularmente preocupada por
Sangiorgio di Lucania, hoy en el Museo Provinciale evidenciar su filo-helenismo.
di Potenza (Fig. 48) (Bottini, 1989, 706); otro en la A tal efecto cabe destacar el peso del área ápula en
tumba 669 de Lavello (Bottini, 1991); tres ejemplares la difusión del mito y la iconografía de las amazonas
en el hipogeo Monterisi-Rossignoli de Canosa (Fig. y de la guerra contra el persa, pues como demostraron
46) (Botini, 1989, 706) y uno en la supuesta tumba de A. Pontrandolfo y A. Rouveret, la difusión de la ico-
Ruvo di Puglia de la colección White and Levy (Fig. nografía de la amazonomaquia sobre vasos áticos se
47) (Von Bothmer, 1990); otra testera se documentó concentró en área etrusca, siendo rara su presencia en
en el área de Campo Scavo de Armento, tipológica- área magno-griega (Pontrandolfo y Rouveret, 1983a,
mente afín al de la colección White & Levy, Canosa 1053-1054). Posteriormente, a partir de la mitad del
y Basilea a pesar de su estado de conservación, que s. IV a.C., mito e iconografía, viven un auge signifi-
ofrece únicamente la parte superior, más ancha y sin cativo en área ápula, donde sus ceramistas lo utilizan
decoración, y parte del lateral derecho (Russo, 1995, de manera recurrente para reflejar la inestabilidad del
26, fig. 31). momento. Si en Atenas la inestabilidad con las pobla-
Además, tres ejemplares de la Tomba principesca ciones extranjeras había creado estos mitos, una situa-
rinvenuta su Corso Cotugno (già Via dei Cappucci- ción similar en Tarento podría explicar la reaparición
ni) de Ruvo di Puglia (Montanaro, 2007, 440-488, n. del mito, especialmente si recordamos las empresas
103), se conocen otros ejemplares de pectorales en lá- militares contra poblaciones itálicas y, posteriormen-
mina de bronce idénticos procedentes de Ruvo y depo- te, contra Roma. Esta misma lógica podría explicar su
sitados en el MAN-Napoli (LoPorto, 1996, 30). Final- adopción en área pestana, inmersa en similares enfren-
mente hay dos tumbas de Ruvo di Puglia localizadas tamientos y participando en los conflictos tarentinos.
en Corso Cotugno (già Via dei Cappuccini): números La influencia ápula es aún más clara cuando se ob-
114-115 de Montanaro (Montanaro, 2007, 537-546), serva el modo en el que está representado el personaje
con un prosternidion y una pareja de prosternidia res- principal, como caballero con coraza anatómica, que
pectivamente, que se fechan en siglo V a.C. Por últi- contrasta con el esquema lucano/pestano de represen-
mo, citaremos el ejemplar de prometopidion de Olim- tación del caballero con el trofeo o de su panoplia local
pia (MA Olimpia, N. Inv. B.4800). (coraza trilobulada). La representación del propietario
Sobre los Prosternidia decir únicamente que se tra- en el mundo italiota como héroe equipado al estilo
ta de un elemento raramente representado en pinturas ápulo en un momento tardío (datación a partir de los
pestanas113 y que también encuentra escasa represen- detalles del armamento) en el que sistemáticamente el
tación en escultura114, siendo sumamente raro en el re- héroe se representa con el equipo local es una ano-
gistro arqueológico. malía (Pontrandolfo y Rouveret, 1983a, 1065-1066)
o quizás ¿una última evidencia de un filo-helenismo
(filo-tarentinismo) por parte de una comunidad pesta-
7. CONCLUSIONES na de final del s. IV a.C. contra Roma116?
La representación global de esta tumba quiso en-
Las características excepcionales de la tumba y su de- tenderse, en el s. XIX, como una exaltación de las ges-
coración obligan a considerarla como uno de los mo- tas militares del propietario (Minervini, 1856, 177) en
numentos más espectaculares que ha proporcionado la el marco de las guerras entre lucanos y posedonienses
Poseidonia lucana. (Minervini, 1856, 180)117. Ese planteamiento, válido
Arquitectónicamente corresponde a una tumba dis- en otros casos118, aquí parece corresponder a la repre-
tinguida, aunque el ajuar descrito no permite abundar sentación de unos modelos iconográficos que reprodu-
en los detalles. La pintura, en cambió, incide en una
condición privilegiada y evidencia un imaginario helé-
nico único entre las representaciones pestanas115 donde 116. La romanización de Paestum es aún objeto de un debate en
el que participan discursos históricos, fuentes clásicas y,
se mezclan elementos locales con esquemas clásicos
en menor medida, argumentos arqueológicos. El principal
del mito griego: la amazonomaquia y la lucha contra problema es la cronología sobre la descripción que apare-
el bárbaro. Pero si las influencias foráneas son claras, ce en la obra atribuida a Aristosseno, Symmikta Sympotikà
muchos detalles evidencian una mano y propiedad (Para una síntesis y bibliografía vid. Zevi, 2004, 802-811).
Las principales posiciones proponen, en base a la biografía
de Aristosseno, que se trate de una obra de segunda mitad
113. Sobre pinturas pestanas, las representaciones de petrales del s. IV a.C. (Zevi, 2004, 805-806, nota 39), mientras que
se documentan en las tumbas Andriuolo 28 y 104, y en la otra opción la considera un apócrifo neopitagórico, segu-
tumba recuperada por la Guardia di Finanza, procedente ramente pestano, posterior a la fundación de la colonia ro-
de la necrópolis Spinazzo. mana (Torelli, 1988).
114. Entre estas esculturas, destacan los ejemplares de Lanuvio, 117. A estos episodios bélicos podemos relacionar numerosas
hoy en el British Museum (Coarelli, 1981, 23) y el de la evidencias de integración de guerreros lucano-samnitas en
Colección Weiller de Paris (Coarelli, 1981, fig. 50). Ruvo (Montanaro, 2010).
115. Para un resumen de los modelos utilizados en ámbito pes- 118. Por ejemplo la tumba Weege XXX (Nola N.8). Para discu-
tano vid. Pontrandolfo y Rouveret, 1992; Lévêque, 1993. sión y bibliografía vid. Graells, 2012.
cen un imaginario heroico enmarcado históricamente durante la primera mitad del s. III a.C., dando paso a
en otro contexto. Como ha propuesto A. Bottini (2007, otros tipos más ligeros y, quizás, económicos.
15) […] i greci dipendono da un numero limitato di En cualquier caso, el armamento representado evi-
modelli, opportunamente adeguati e modificati. Así, dencia una panoplia extraña en contexto pestano que
aquí nos encontramos con uno de los más importantes se contrapone a lo observado hasta inicios de s. III a.C.
topoi de los grandes enfrentamientos de la mitografía A. Pontrandolfo proponía que a partir de finales de s.
griega (la amazonomaquia – Minervini, 1856, Tav. VI) V a.C. las armaduras itálicas y las pinturas eran una
y local (pacto de Fides con el Pater Familias represen- expresión macroscópica de la voluntad de hacer pre-
tado como magistrado y anciano – Minervini, 1856, valecer la identidad itálica de las poblaciones pestanas
Tav. IV, en la lastra de fondo, y recepción y apoteosis respecto a la ciudad griega (Pontrandolfo, 2004)119.
en el tímpano). Ambos elementos combinados mues- Con los mismos argumentos, la representación de un
tran un momento histórico concreto de claro desenlace equipo extraño hace prevalecer una voluntad de asi-
victorioso por parte de la gens representada, lejos del milación a un grupo de ámbito itálico meridional, sin
momento indeterminado representado en el sarcófago duda lucano pero dentro de la órbita de Tarento.
delle Amazzoni. Si A. Pontrandolfo y A. Rouveret vieron como las
El tipo de depósito funerario recuperado en la tum- representaciones pintadas en las tumbas de Paestum-
ba, por otro lado, muestra una constante local en la que Spinazzo se podrían referir a un discurso próximo al
el guerrero aparece únicamente equipado por la coraza de las élites campanas de inicios de s.III a.C. y, con-
y la lanza, lejos de los enormes ajuares de las tumbas secuentemente, con una proximidad al imaginario y
coetáneas, con coraza anatómica, de la Basilicata y la comportamiento romano (Pontrandolfo, 1988, 260
Apulia. y ss.; 1996a, 292; Pontrandolfo y Rouveret, 1983b;
Pero la espectacularidad de la tumba de 1854 re- Rouveret, 1988), el documento que aquí hemos visto
side en su ruptura con la norma de la necrópolis Spi- parece indicar una situación distinta, contraria incluso
nazzo al sustituir el cortejo funerario por dos escenas a esa tendencia que encontraría correspondencia en el
mitológicas de exaltación del héroe que sustituye el contexto de la guerra tarentina, con una participación
protagonismo del togado por el del guerrero armado lucano-pestana al lado de Pirro (Bettalli, 2004, 121-
con panoplia completa y compleja. De esta manera, se 122) y los tarentinos contra Roma (Mele, 1996, 19).
interrumpe la repetición y gradación de los personajes Quizás estas pinturas representan una fotografía del
representados en la tumba (Pontrandolfo, 1996a, 290) momento, acertadamente propuesto por Minervini, de
a favor de la exaltación de un único héroe, visto en tres la ocupación lucana de Poseidonia (Zevi, 2004, 815,
momentos gloriosos, no necesariamente diacrónicos. nota 64) en un momento inmediatamente posterior a
Los detalles pictóricos del armamento y panoplia la empresa del Molosso (Torelli, 1992, XVI-XVIII).
equina, permiten encontrar sus paralelos en área ápula Una representación alejada del imaginario ‘romano’ o
y de la Basilicata de finales del s. IV a.C., la represen- campano y, en cambio, como hemos visto, próximo a
tación de topoi iconográficos griegos acentúa esta im- un imaginario que utiliza los recursos de exaltación
presión y la pone en relación con la iconografía vascu- militar y afirmación aristocrática del ambiente lucano-
lar ápula y, finalmente, la presencia de dos porteros en ápulo-tarentino y, en menor medida, epirota. Quizás
los vanos laterales de la puerta indica una ascendencia debamos entender esta tumba como la expresión de
macedonia, a caballo entre el s. IV y III a.C. una última gens de guerreros lucanos que se opusie-
¿Pero son estos elementos suficientes para propo- ron, sin suerte, a la derrota, conquista y fundación de
ner una adopción de las corazas anatómicas largas en la colonia latina de Paestum del 273 a.C.
área lucana en el cambio entre el s. IV y III a.C.? O en
cambio, ¿son éstas evidencias de un último uso de estas Dr. Raimon Graells i Fabregat
Römisch-Germanisches-Zentralmuseum (RGZM)
corazas, en sus tipos más evolucionados y decorados? Forschungsinstitut für Archäologie
En relación a la primera cuestión, parece difícil argu- Ernst-Ludwig Platz, 2
mentar esta recepción en un momento tan tardío, más D-55116, Mainz
aún cuando el ejemplar real recuperado en la tumba de [email protected]
1805 de Porta Aurea se fecha en un momento anterior
(c. 325 a.C.), pero lo inusual de las corazas anatómicas
largas en área lucana pueden evidenciar su presencia BIBLIOGRAFIA
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con hombreras decoradas permiten prolongar más allá
de finales del s. IV a.C. la vida de estas corazas que,
a partir del registro arqueológico, cayeron en desuso 119. El argumento encuentra un debate prolífico en Asheri,
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BA, 43, s.4, 46-63. Grèce», Museum Helveticum, 36, 177-184.
Recepción: 03-07-2012
Aceptación: 29-05-2013
transcrita prácticamente igual en varios textos epigrá- los pies de su solana se extendía el Saladar de Agua-
ficos, sin ir más lejos el Plomo I de La Serreta (Fletcher marga, que hasta hace unas décadas aún se explotaba
y Silgo, 1992). De asumir esta interpretación lingüísti- como salina.
ca, sería una variable histórica al menos a considerar, Como elemento de conexión de ambas unidades,
y habría que convenir, cuanto menos, que estaríamos el Camino Viejo de Elche3 pasa a unos 500 m al norte
ante un lugar identificado dentro de un paisaje ibérico, del yacimiento, constituyéndose como un factor a con-
a caballo entre l’Alacantí y el Baix Vinalopó. siderar dada su antigüedad, como delatan las fuentes
escritas (Blasco et alii, 1999). El trazado de esta ruta,
por otro lado, nunca corta parcelas, –lo que suele re-
LOCALIZACIÓN DEL ÁREA INTERVENIDA sultar muy significativo–, además de dirigirse hacia el
Portitxol4, un paso abierto en la sierra documentado
La excavación arqueológica realizada en este punto en los siglos XIII (del Estal, 1990, 22) y XIV (Ferrer i
intermedio del viejo camino que antaño conectó Ali- Mallol, 1988, 65, 189).
cante y Elche (Fig. 2) surge como consecuencia deri- Finalmente, el conjunto ahora excavado se localiza
vada de un proyecto para ampliar las instalaciones de inmediatamente al oeste de una pista caminera muy
un campo de golf. El asentamiento de Colmenares fue perdida pero que merece la pena subrayar; por ella se
localizado mediante una prospección sistemática de alcanza, primero, una caseta de labranza y, poco des-
superficie2, dentro de un conjunto de bancales situados pués, se eleva para salvar la sierra de Colmenares por
en el piedemonte de la sierra homónima, en un área un estrecho collado. El dato resulta sugestivo para jus-
de unos 6.000 m² de dispersión de material cerámico. tificar mejor el emplazamiento de esta construcción.
Este nivel de base, llano, se eleva unos 70-80 m en su Volviendo al área de intervención (Fig. 3), el te-
flanco meridional, la sierra de Colmenares propiamen- rreno se define como un conjunto de parcelas rectan-
te dicha, una modesta alineación englobada en un arco gulares orientadas de este a oeste, con diferencias de
montañoso sudoeste-nordeste que se extiende desde el cota entre ellas de 40-50 cm. Las más meridionales –y
litoral hasta la sierra de Sancho, marcando la divisoria cercanas a la sierra– se sitúan a unos 50 m s.n.m., des-
natural entre los municipios alicantino e ilicitano. A cendiendo hasta los 46 m en las más septentrionales,
pesar de su escasa cota cimera (116 m s.n.m.), la sie- resultando una pendiente media del 2-3 %, una tasa
rra establece una clara distinción de unidades de relie- que subraya el carácter eminentemente llano del lugar.
ve a uno y otro lado de la misma: mientras la umbría
muestra un paisaje típico del secano mediterráneo, a
3. En algunos documentos cartográficos también es denomina-
do Camí Vell d’Oriola.
4. El topónimo aún aparece en 1947 en la cartografía oficial a
2. Intervención arqueológica autorizada por la Dirección Ge- escala 1:50000 del Servicio Geográfico del Ejército. Por su
neral de Patrimonio Cultural de la Generalitat Valencia- parte, el conocido mapa de F. Coello añade al topónimo «S.
na, en fecha 12 de febrero de 2008, con el expediente nº del Portichuelo», un segundo referente también significati-
2008/0076-A. vo: Paso del Bou (Coello, 1859).
Son tierras de secano tradicional, aunque hoy apenas 18 sondeos para determinar su emplazamiento exacto,
subsisten algunas parcelas con almendros y una ve- siendo concretamente las zanjas 6 y 7 las que dieron
getación relicta que recuerda la existencia pasada de con la construcción ibérica; a partir de esta informa-
cereal. El sustrato edáfico presenta por su parte un im- ción se delimitó un área de unos 350 m2 de superficie,
portante espesor, sin presencia destacada de cantos ni que fue excavada íntegramente (Fig. 4). Casualidad o,
alta salinidad, llegando a ser calificados como de cali- más bien, no, una de las muy escasas evidencias de
dad B en los estudios de calidad de suelos realizados terraza de mampostería localizada en el parcelario –un
(Gumuzzio y Matarredona, 1983, 40, figs. 2 y 4), por recio muro de más de 1 m de altura–, engloba en su in-
lo que ofrecen un buen punto de partida para su explo- terior los restos arquitectónicos excavados. Este hecho
tación económica. podría derivar de la presencia en el subsuelo del asen-
En estas parcelas donde se detecta el asentamiento tamiento, que ha podido proporcionar los mampuestos
a nivel superficial, se dispusieron, a modo de peine, empleados en esta terraza.
Figura 5: Repertorio material de la UE 100: platos pintados (1 y 5), ánfora contestana (15) y ánfora Tagomago (19).
SÍNTESIS DE LA EXCAVACIÓN ARQ UEOL Ó- del área entre las tierras que quedaban dentro de los
G ICA habitáculos que iban definiéndose y las que se exten-
dían fuera (Fig. 6).
Las zanjas practicadas permitieron localizar restos in- Por debajo de la UE 100 aparece un estrato de unos
muebles a una profundidad media de 0’70-0’80 m res- 15 cm de grosor de arena de color más claro, algo más
pecto a la cota actual del terreno, con un primer estrato compacta y arcillosa que la unidad citada. Dicha capa
superficial de 55 cm de espesor (UE 100) de arena de de tierra, numerada con un dígito particular según el
color castaño-gris, bastante suelta y con restos vege- departamento, descansaba en muchos puntos sobre
tales, homogénea y algo arcillosa. Su retirada, que ya el sustrato natural –una arcilla anaranjada estéril–; en
mostraba un elenco cerámico frecuente (Fig. 5), no otros se apoyaba o cubría las estructuras y los estratos
permitió ver la planta completa del edificio, pero sí de uso grisáceos que veremos a continuación.
buena parte de ella, lo que favoreció la sectorización A continuación de numerar las nuevas unidades
estratigráficas de la planta resultante, se trazaron dos
secciones volantes cruzadas en ángulo recto: la A-A’
se estableció a 1 m al norte del paramento interior de
lo que sería el muro UE 1001, que cierra la construc-
ción por el sur, mientras B-B’ se situó igualmente a 1
m del paramento occidental del muro UE 1004, que
servía de medianera entre los ambientes 2 y 3.
A estas alturas ya se adivinaba una modesta cons-
trucción de mampostería, ya por entonces de dudosa
interpretación, pues, además, el material superficial
no ofrecía ni excesiva variedad ni vajilla importada.
Su cronología tendía a centrarse en la fase plena de la
cultura ibérica, hacia los siglos IV-III aC, pues algunas
piezas superficiales, como los fragmentos de ánforas
acanaladas ebusitanas o de las denominadas ánforas
contestanas –con el típico escobillado impreso en sus
hombros–, o incluso un fragmento de borde moldu-
Figura 6: Vista desde el sudeste de la construcción tras retirar rado de kalathos pintado, serían más propias de este
la UE 100. horizonte temporal.
pavimentos en el interior de las estancias, resulta muy tales como revestimientos parietales o huellas de sue-
difícil situar sus vanos de acceso y conocer si se inter- los, o el limitado registro material hallado, sobre todo,
comunicaban, aunque la acumulación de tierras grises en el interior de las estancias. Partiendo de este punto,
al exterior nos permitirán plantear una hipótesis sobre las estancias identificadas se numeran como departa-
la ubicación de las puertas y cómo pudieron ser sus mentos 1, 2 y 3, siguiendo una ordenación de oeste
umbrales. a este, mientras las tierras grises exteriores han sido
Finalmente y en cuanto a estas últimas, en los alre- registradas, según su ubicación topográfica, bajo los
dedores inmediatos a la construcción –de hecho, apo- epígrafes Área Norte, Este, Sur y Sudoeste.
yan contra ella– aparecen amplias extensiones de are-
nas grisáceas, con trazas de cal y algunos carboncillos;
contienen una buena cantidad de material cerámico y Departamento 1
muestran una sedimentación propia de la ocupación
del edificio o, mejor, de su exterior inmediato, pues Alterado en su mitad occidental, posiblemente por la
no se documentan en el interior de las estancias. Estas acción del arado y la construcción de un inmediato
unidades se numeran como UUEE 200 y 201 para las bancal, ha perdido buena parte de los muros norte (UE
situadas respectivamente al norte y al sur de la estancia 1000) y sur (UE 1001), ambos ejes axiales de la cons-
2, UE 202 para la localizada junto a la pared oriental trucción que comparte con las otras dos estancias; el
del ambiente 3 y UE 203 para una última concentra- oriental (UE 1005) está casi completo y del occidental
ción que aparecía a unos 4 m al sudoeste de la esquina (UE 1007) quedan, como ya señalamos, dos bloques
suroccidental del nº 1. grandes alineados que, sin duda, parecen pertenecer
a la planimetría original. Con ello se obtiene un ha-
bitáculo de unos 4’60 x 1’65 m, esto es, casi 8 m2 de
LA ESTRATIGRAFÍA DEL YACIMIENTO espacio construido.
Bajo la UE 100 aparecen los ya citados estratos
La sencillez de la sección longitudinal obtenida del 101 y 111, equivalentes pero sin contacto físico. De-
conjunto excavado (Fig. 9) da cuenta de una secuencia ben adscribirse a los niveles de destrucción y ofrecen
estratigráfica simple, tabular y homogénea, probable un registro cerámico monótono y poco abundante
indicio de una escasa duración de su ocupación o, al (Fig. 10), que, no obstante, nos permite valorar con
menos, de un uso poco intensivo de las instalaciones. A precisión, siguiendo el criterio de NMI, el conjunto
ello habría que añadir la inexistencia de equipamientos obtenido. De la UE 101 procede un borde de ánfora y
Figura 10: Repertorio material del Dpto. 1: platos pintado (112-1), olla de cocina (112-4) y ánfora local (101-2).
el asa de un posible oenochoe pintado, además de una así, recipientes de almacenamiento y transporte, va-
barca de sepia; en la 111 aparecen fragmentos infor- jilla de mesa y una olla para poner al fuego; parece,
mes de los mismos tipos. por tanto, que estamos ante una estancia polifuncional
Por debajo de ambas se detecta una última capa de en la que se realizarían distintas actividades, con cier-
tono castaño claro, arenosa y homogénea, compacta y ta preponderancia de la función de almacenamiento/
con trazas calizas (UE 112); alcanza 6-8 cm de espe- transporte.
sor, llegando a la cota de apoyo de los muros y estando
bien delimitada por estos, por lo que se correspondería
con el nivel de ocupación. Ha proporcionado un re- Departamento 2
pertorio cerámico aceptable: 86 fragmentos anfóricos,
27 comunes, 5 pintados y 3 de cocción reductora. Los El mejor definido, conserva por completo los funda-
porcentajes sobre el total serían del 71 % para ánforas mentos de los muros que lo delimitan: comparte con
–incluyendo un ejemplar con escobillado en el hom- la estancia 1 el septentrional, el meridional y el oc-
bro, que N. Álvarez identifica como típico de las ánfo- cidental (UUEE 1000, 1001 y 1005), mientras por el
ras contestanas (Álvarez, 1997)–, 22 % de cerámicas este se define un nuevo de muro de separación con la
comunes no decoradas, 4 % para las pintadas –siempre nº 3 (UE 1004). Dibujan un rectángulo de 5’56 x 1’92
con temática geométrica y tono rojo vinoso–, y 3 % de m., casi 11 m2, siendo, en consecuencia, el de mayores
cerámica de cocina. Si acudimos al concepto de NMI, dimensiones del edificio.
los cálculos varían un tanto, pues se contabilizarían Su estratigrafía remite a la estancia 1, con un pri-
dos bordes de ánfora, dos de platos pintados, uno de mer estrato (UE 121) de similar morfología a la unidad
olla de cocina y otro fragmento recortado con forma 111, algo más grueso –12-16 cm–, al que sigue una
circular, conocido como tejuelo y que bien podría ha- capa (UE 122) igualmente equivalente a la UE 112,
ber servido como tapón. El ajuar doméstico mostraría, con presencia de varios mampuestos caídos. De estas
unidades proceden 68 fragmentos cerámicos (Fig. 11),
repartidos entre 59 de ánforas ibéricas –dos con esco-
billado–, 3 de origen púnico-ebusitano –identificados
por sus paredes acanaladas, amén de la diferencia de
pasta cerámica–, 5 fragmentos pintados y otro de co-
cina. Siguiendo un cómputo propio del NMI, y a pesar
de carecer de fragmentos de borde, podemos convenir
que hubo al menos un ánfora púnica, una olla de coci-
na y un recipiente pintado, posiblemente un plato; en
cuanto a los fragmentos de ánforas locales, no pare-
ce exagerado valorar en, al menos, dos los envases a
contabilizar, teniendo en cuenta los dos fragmentos de
hombros escobillados. El ajuar no se alejaría demasia-
do de lo establecido para la estancia 1.
Esta orientación funcional podría matizarse un
tanto por el hallazgo de una nueva unidad estratigrá-
fica, pues, por debajo de la unidad 122, se detecta una
Figura 11: Materiales anfóricos del Dpto. 2; arriba, fragmentos huella negruzca de tendencia circular (UE 123), presu-
escobillados. miblemente de un hogar, situada hacia el centro de la
habitación y de unos 60 cm de diámetro. A su alrede-
dor aparecen varias piedras de tamaño grande, que tal
vez hicieron las veces de cortavientos o como simples
asientos. Estaríamos ante la evidencia de un fuego,
que pudo servir para satisfacer unas básicas condicio-
nes alimenticias, así como lugar de reunión al amparo
del calor, en torno al cual se pudieron desarrollar otras
actividades que no han dejado huella arqueológica
(Fig. 12).
Es interesante, por otro lado, reflexionar sobre la
secuencia de cotas en su interior, pues es una buena
pista para calibrar cómo funciona el acceso al depar-
tamento. La hoguera 123 aparece a una cota de –0’77,
más o menos al nivel del suelo al exterior del edificio,
entendiendo éste como el punto donde apoyan las ca-
Figura 12: Vista desde el este del Dpto. 2; hacia el centro la pas grises, que veremos más adelante; es decir, en el
UE 123. diseño inicial, el suelo de dentro de la estancia está a la
Departamento 3
Figura 14: Repertorio material de las UUEE 200 y 202: plato pintado (200-1), olla de cocina (200-8) y ánfora contestana (202-3).
A título de hipótesis, es probable que el proceso en sentido norte-sur, con unas medidas aproximadas
productivo que ha generado los vertidos –vinculado de 0’65 x 0’40 m (0,26 m2) y un espesor de 2-3 cm.
permanentemente con fuegos– formara parte de la Sus dimensiones han proporcionado, en coheren-
actividad principal realizada en el lugar, seguramente cia, un parco registro material, tan sólo 25 fragmentos
una fase del mismo, aunque no estamos en condicio- cerámicos: 23 de ánfora local –entre ellos dos bordes y
nes de concretarla. Hemos valorado la posibilidad de dos informes escobillados–, 1 asa sin decorar y 1 frag-
estar ante los restos del tostado de cereales, si bien ello mento de pasta gris. Huelga realizar cualquier ope-
choca frontalmente con la absoluta ausencia de restos ración estadística al respecto, aunque no deja de ser
carpológicos de esta especie vegetal, o de cualquier sintomático que los tipos reconocidos coincidan con
otra, no sólo en esta unidad, sino en todas las restan- lo observado hasta ahora en casi todas sus unidades.
tes8, por lo que seguimos sin poder ofrecer una hipóte-
sis plausible sobre su naturaleza.
Área Sur
Figura 15: Vista desde el este de las UUEE 200 y 202. obvio que estamos ante una zona donde se han reali-
zado hogueras directamente sobre el terreno natural.
Tras retirar las unidades superficiales, se alcanza
De esta unidad proceden 93 fragmentos cerámicos. una capa negruzca UE 203, en la que se advierten
De calcular el NMI, se produciría una paradoja, pues huellas claras de rubefacción tanto en las piedras que
no se documenta ningún borde de ánfora, mientras que existen hacia el centro de la mancha –dos mampuestos
sí aparecen tres de plato –dos pintados y un tercero sin aislados– como en las tierras del substrato natural que
decorar– y otro de oinochoe, aparentemente sin deco- la rodean, que toman una característica y progresiva
rar. Resulta obvio que junto a estas formas habría que coloración negruzca-rojiza (Fig. 16). El estrato 203
considerar la presencia de 2-3 ánforas, una púnico- definiría, así, una última hoguera, una combustión de
ebusitana. En cualquier caso, vuelven a documentarse forma ovalada de unos 2 m en sentido este-oeste por
unos datos muy coherentes y homogéneos con respec- 1’80 m de norte a sur, quedando la zona central ocu-
to a las restantes unidades excavadas. pada por los dos mampuestos referidos; una vez exca-
Una última cuestión a considerar sobre este área vadas, dejan aflorar, sin más, el substrato natural. De
meridional hace referencia al hallazgo de una última esta unidad proceden apenas 8 fragmentos cerámicos,
estructura de piedra localizada en la misma. Dispues- cinco de ollas de cocina y 3 de ánforas, muy probable-
to en paralelo al cierre meridional 1001 y a 3’5 m al mente relacionados con la actividad llevada a cabo en
sur, aparecen los restos de un muro de mampostería dicha zona.
(UE 1006), de poco más de un metro de longitud y una
única hilada de piedras como paramento. Se encuen-
tra por completo aislado, teniendo por singularidad un LA ARQUITECTURA DEL EDIFICIO
recorte groseramente circular realizado en el estrato
natural (UE 204), de unos 40 cm de diámetro y 16-18 Los restos constructivos exhumados en la excavación
de profundidad, que remata la construcción por su ex- ofrecen la imagen de una construcción única que bus-
tremo oriental. En tal agujero, en su relleno (UE 205), ca la regularidad de la planta rectangular (Fig. 17),
se hallaron tres grandes fragmentos, sin duda in situ, aunque ello no se consigue por completo, por distin-
de un ánfora, envase que, al parecer, ocupaba original- tos motivos. Si bien hay que admitir la casi idéntica
mente el recorte, siendo su funcionalidad desconocida.
Tampoco tenemos una explicación convincente para la
estructura; quizás definiera una construcción tipo tapia
que delimitaba un espacio abierto al sur del edificio a
modo de patio –junto con la estructura 1003, ambos de
similar fábrica–, en donde se realizaran distintas acti-
vidades, pero, en cualquier caso, sorprende el remate
del muro con un recorte para alojar un ánfora, pues
eliminaría desde este punto su función constructiva.
Área Sudoeste
longitud entre sus fachadas norte y sur –la primera de Las piedras que conforman los muros, que des-
17’02 m, por 17’30 m de la segunda–, los diferentes cansan directamente sobre el substrato natural sin ci-
calibres de estos mismos muros –el grosor varía desde mentación alguna, proceden de la propia formación
un máximo de 0’78 m a un mínimo de 0’52– y, sobre caliza de la sierra, siendo éstas, como se ha señalado,
todo, la falta de disposición en paralelo de estos ejes de calibre muy variado, de lo que se infiere una muy
axiales –lo que provoca distintas medidas para los mu- escasa selección del material constructivo. En los po-
ros perpendiculares–, genera una cierta irregularidad cos puntos donde se ha detectado una segunda hilada,
en el trazado, que aboga por una construcción bien parece adivinarse la búsqueda de cierta regularidad en
diseñada pero desigualmente ejecutada, seguramente su disposición, estando todas ellas trabadas con un ba-
por ser levantada por individuos con conocimientos rro castaño claro, muy homogéneo y duro, sin que se
básicos en el arte de la construcción. perciban, a simple vista, trazas de otros materiales en
Ello podría considerarse como un factor a favor de la argamasa.
una rápida planificación y ejecución de la obra, sin em- Buscando una evidente axialidad para todo el edi-
bargo, la tendencia a la regularidad que busca el diseño ficio, se disponen en perpendicular a los muros 1000
del edificio –una construcción alargada subdividida en y 1001 los tabiques interiores (UUEE 1004 y 1005),
tres ambientes similares– indica, sin duda, un conoci- que subdividen el espacio interior en tres ambientes.
miento previo sobre plantas arquitectónicas de pareci- La estructura 1004 es la mejor conservada, dispuesta
da naturaleza, que deben estar imitando, aunque, insis- en paralelo a 1002 y definiendo así el ambiente 3, con
timos, estos albañiles ocasionales no parecen manejar 1’79 m de luz. Dicho muro se apoya con nitidez en
con fluidez conceptos básicos de arquitectura. Es muy 1000 y 1001, pero la inexistencia de pavimento o ni-
probable, igualmente, que la construcción tuviera un fin veles de uso impide precisar el instante concreto de su
específico de carácter agropecuario, que no implicaba construcción; el hecho de que su hilada descanse a una
un uso continuado y regular, de ahí el escaso esmero de cota idéntica respecto a las estructuras citadas, orienta
su acabado –como la falta de enlucidos o pavimentos–. a una construcción inmediatamente después de éstas,
En suma, y a pesar de la escasa secuencia estratigráfi- por lo que la subdivisión interior tenía que estar pre-
ca conservada, parece ser una construcción realizada sente en la planificación original. A efectos constructi-
posiblemente en mampostería, pues no se ha hallado vos, la técnica y trabazón es similar a la ya descrita, si
evidencia alguna de tapial o adobes, siendo más que se- bien los mampuestos son de un calibre menor, por lo
guro que, dada la estrechez de la crujía, la cubrición se que su anchura media se reduce hasta los 58 cm.
resolviera mediante un tejado a un agua, posiblemente En cuanto al tabique 1005, ofrece una fábrica idén-
con una leve inclinación en sentido sur-norte. tica a la descrita para 1004, si acaso algo más ancha
El cuerpo de fábrica del edificio se define a partir –62 cm–, e igualmente se apoya contra los muros 1000
de dos largos muros que conforman las fachadas norte y 1001, manteniendo la misma relación de cota descri-
y sur (UUEE 1000 y 1001). Su orientación se ha cal- ta más arriba. Las estructuras 1004 y 1005 delimitan
culado en 310° Este-Noroeste, resolviéndose el cierre la estancia central del conjunto, el ambiente 2, que re-
por el este intestando ambos con un tercer muro (UE sulta ser el de mayor superficie construida, casi 11 m2,
1002), que muestra una orientación de 60° Sur-Nor- diferencia que tampoco parece exagerada, pues sólo
deste; hemos de suponer que por el oeste el muro UE sería un 18 % más grande que el nº 3.
1007 se levantarían siguiendo la misma pauta. Estas Por último, la estructura 1005 sirve también para
estructuras presentan una fábrica de mampostería no delimitar la estancia 1, a la que ya hemos aludido como
trabajada y dispuesta de manera un tanto anárquica, la peor conservada. Los restos del cierre occidental
pues a pesar de que predomina el doble paramento de (UE 1007), apenas dos bloques con un calibre de muro
piedras grandes y medianas con un ocasional relleno calculado de 59 cm, permiten no obstante reconstruir
intermedio de guijarros, a veces esta disposición es los límites de una habitación de 7’6 m2, resultando ser
sustituida por una gran piedra dispuesta a tizón, lo que la de menor tamaño del conjunto; en cualquier caso y
provoca las diferencias de calibre antes reseñadas. En una vez más, no es una superficie alejada de la media
cualquier caso, la anchura media de los muros 1000 y de los tres habitáculos, situada en 9’1 m2.
1001 tiende a los 65 cm –algo más elevada para el pri- Una cuestión que ha quedado por dilucidar es la
mero, 68 cm, respecto al segundo, 64–, mientras que referente a la localización de los umbrales de acceso
el muro 1002 ofrece un grosor claramente inferior –52 a las habitaciones, existiendo la doble posibilidad de
cm–, por lo que parece muy posible que estén modu- considerar bien entradas independientes a cada habitá-
lando a partir de un codo de 52-54 cm, una conocida culo, bien a través de un acceso principal que conduje-
métrica de origen feno-púnico10. ra hacia una circulación interior por las tres estancias.
Los restos no permiten localizar con precisión la ubi-
cación de dichos umbrales: no se observa interrupción
10. El apunte lo debemos al Dr. I. Grau, a quien agradecemos alguna de la hilada conservada, ni ningún preparado
en lo que vale la lectura del texto y las sugerencias plantea- de argamasa singular, ni una disposición ordenada de
das, que sin duda han enriquecido la reflexión que genera algunos mampuestos –por ejemplo, las piedras colo-
el asentamiento. cadas a tizón–, ni tampoco existen pavimentos, por
27 son bordes, adscritos tipológicamente a las tradi- La siguiente tabla resume las cerámicas ibéricas
cionales formas I-3 e I-4 (Ribera, 1982), detectándo- localizadas en el yacimiento de acuerdo con su morfo-
se en dos bordes y ocho informes la presencia de un logía y el NMI (Fig. 19):
escobillado a modo de surcos concéntricos o espirali-
formes en la zona de los hombros y arranque de asas,
aspecto técnico que nos remite, como ya señalamos, a 30
las denominadas ánforas contestanas. De entre los in- 25
formes se han contabilizado 32 registros pertenecien-
tes a contenedores púnico-ebusitanos, distinguiéndose 20
pastas ocres y arenosas ricas en mica, otras de fuerte 15
tono anaranjado y unas terceras con frecuente desgra-
sante; es posible que se correspondan, respectivamen- 10
te, con orígenes ebusitanos, del Norte de África y del 5
Círculo del Estrecho o área gadirita. Cabe destacar
el fragmento de galbo con fuerte y marcada carena, 0
cuya pasta y morfología indica que pertenece al tipo
ANFLoc ANFImp Lebes Tinaja
llamado Mañá-Pascual A4, o Tagomago. Presenta una
Plato Oenochoe Olla CC
característica pasta sándwich, dura y compacta, con
una superficie interior de tono anaranjado y la exterior Figura 19: Total de materiales cerámicos por formas según
ocre, cubierta por un fino engobe del mismo color; el NMI.
desgrasante es frecuente, con partículas de cuarzo y
elementos micáceos, además de otras trazas difíciles
de identificar sin un análisis específico. Son ánforas de Dicha tabla matiza un tanto los datos proporciona-
perfil bitroncocónico, con largo cuello cilíndrico o de dos por el volumen total de fragmentos recuperados,
tendencia cónica y una marcada carena en su transi- pues los recipientes anfóricos locales y los platos se
ción con la parte inferior del cuerpo, cuya terminación acercan bastante –26 bordes frente a 20–, asumien-
es apuntada, cerrando el cono invertido con un botón do también un mayor protagonismos lebetes y ollas
o de forma continuada y suave (Fig. 5; UE 100-19). grises. Se conforma, así, un ajuar-tipo para el estable-
El grupo funcional de mesa-presentación cuenta cimiento ya referido anteriormente, en el que se in-
con 280 restos cerámicos. De ellos, dieciseis son bor- cluirían un par de recipientes de almacenaje y/o trans-
des pintados de platos13, decorados en óxido de hierro porte, uno de mesa y una olla para cocinar. A efectos
con motivos geométricos, básicamente bandas, líneas estadísticos, los primeros supondrían el 59 % del total
y círculos concéntricos. Se identifican fragmentos del de los envases cerámicos, la vajilla de mesa el 36 %
tipo Mata-Bonet III.8.1 (Bonet y Mata, 1992), o platos y los recipientes de cocina el 5 %. Finalmente, son de
de borde exvasado, y, sobre todo, del III.8.2, páteras especial transcendencia los fragmentos anfóricos de
o platos con borde reentrante. También se documen- origen púnico localizados, por referir así los únicos
ta un pie de copa, posiblemente del tipo III.6, y dos recipientes no locales del conjunto, los cuales alcan-
oenochoai tipo III.2, recipientes profundos y cerrados zarían un porcentaje del 3 % respecto al conjunto total
con un asa, normalmente decorados y cuyo uso está de piezas recuperadas.
directamente relacionado con el contenido y consumo
de líquidos.
El tercer grupo funcional representado es el de COLMENARES EN SUS CONCLUSIONES
cocina-fuego. Está compuesto por 16 fragmentos, de
diferentes formas de olla y de una cazuela –fragmento Las características de esta construcción de unos 55 m²
de base acanalada–, todos ellos de pasta gris reductora, –o de poco más de 100 m² si contabilizamos el posi-
friable y con núcleo rojizo y frecuentes desgrasantes ble patio trasero– la definen como un edificio único
calizos, apropiada para su uso en el fuego. de planta rectangular construido con mampostería no
Finalmente, en un último grupo de «Varios» inclui- trabajada y subdividido al interior en tres espacios de
ríamos un único fragmento de fauna, probablemente similar tamaño. Su diseño busca levantar una cons-
un colgante, y tres piezas de malacofauna: una ostra, trucción simétrica y equilibrada en sus proporciones,
una barca de sepia y una lapa, de lo que se infiere un pero su fábrica y ejecución no alcanzan un acabado
ocasional contacto con el litoral de este grupo, o de esmerado y regular. Ni sus paredes ni sus interiores
quienes con ellos se relacionaron. También contabili- se acondicionaron, y sólo la aparición de una mancha
zamos aquí un fragmento de molino en piedra arenis- negruzca hacia el centro de la estancia 2 marcaría con
ca, un tejuelo o tapón, recortado sobre un ánfora con nitidez el nivel interno de circulación; posiblemente,
forma circular, y la moneda referenciada. pudo existir un mínimo acondicionamiento del inte-
rior mediante materiales perecederos (pieles, madera
o simplemente, arbustos), pero ninguna evidencia de
13. Otros cuatro no muestran decoración pintada. ello se ha obtenido (Fig. 20).
suponemos se obtendría de los terrenos inmediatos. algunas formas específicas, como la fuente de asas de
Aquí debía realizarse un primer proceso de transfor- espuerta o el kalathos de cuello estrangulado16, la pri-
mación del producto, seguramente relacionado con las mera datada entre los ss. VI y IV aC y el segundo en
evidencias de fuego documentadas, siendo la materia los ss. IV-III a.C. A ello podríamos añadir la presen-
resultante introducida en ánforas para su traslado. De cia de varias huellas de escobillado en los hombros de
este modo, el edificio ahora excavado podría conjugar ánforas ibéricas que, como señalamos, han venido a
los usos propios de un almacén y de un área de trans- servir de argumento para definir una producción local
formación anexa ligada al fuego, función que, en cual- de los ss. IV-III aC –las ánforas contestanas (Álva-
quier caso, parece bastante delimitada en el tiempo, rez, 1997, 152)–, envases manufacturados en los al-
posiblemente coincidiendo con un periodo de máxima fares de La Illeta de El Campello y, posiblemente, en
actividad agraria y que, incluso, pudo derivar parte de el área del Cerro de las Balsas-Tossal de Manises y
esta producción a su comercialización. el entorno inmediato de La Alcudia de Elche (López
A propósito de la datación del edificio, el registro Seguí, 2000). Las dataciones solapadas apuntan a una
documentado muestra una escasa variabilidad en sus ocupación para el edificio de la sierra de Colmenares
tipos, a lo que hay que añadir la casi absoluta inexis- desarrollada a lo largo del siglo IV aC, cronología que
tencia de material importado –reducido éste a los frag- podríamos intentar precisar hacia su primera mitad.
mentos anfóricos púnico-ebusitanos, ninguno de los En este sentido, las ollas de cocina con el cuello
cuales se corresponde, además, con el borde del reci- decorado con líneas incisas están perfectamente repre-
piente–, siendo especialmente flagrante la ausencia de sentadas en asentamientos cercanos de la fase antigua,
vajilla importada, como por otro lado parece razona- como El Oral (Abad y Sala, 1993; Abad et alii, 2000),
ble, habida cuenta la función de la construcción. y también este yacimiento ha deparado el hallazgo de
Queda, por tanto, el repertorio estrictamente ibéri- las ánforas tipo Tagomago o Mañá-Pascual A4, que J.
co para proponer un encuadre histórico y es de general Ramón ha encuadrado como tipo T-11.2.1.3 (Ramón,
conocimiento que, por el momento, no podemos preci- 1995). Subrayamos que en Colmenares tan sólo he-
sar en exceso las secuencias de aparición y desarrollo mos hallado un fragmento de la carena del envase, fal-
de la mayoría de las cerámicas ibéricas locales, a pesar tando cualquier otro elemento formal del mismo; en
de los numerosos y loables intentos realizados al res- cualquier caso, el grosor del fragmento y el acusado
pecto en los últimos años, algunos de los cuales han quiebro que realiza permite proponer su pertenencia al
alcanzado una notoria trascendencia (Mata y Bonet, tipo referido. Su pasta apunta, en este caso, a un ori-
1992; Sala, 1995; Bonet y Mata, 2008). gen en la provincia sedimentaria peninsular, de alfares
En este contexto, creemos más apropiado para indeterminados del Mediterráneo Occidental o de la
nuestros intereses seguir la senda marcada por el tra- bahía gaditana. Sin entrar en esta difícil problemática,
bajo de F. Sala (1995), más enraizada en secuencias la cuestión que nos interesa es la cronológica, pues el
estratigráficas concretas y cercanas al hito ahora anali- ánfora Tagomago es el tipo característico del s. V aC,
zado. Creemos, en efecto, que el camino para realizar siendo sustituido por otros envases en el tránsito entre
series tipológicas, cuales sean, debe iniciarse desde esta centuria y el IV aC, como demostraría su apari-
horizontes arqueológicos muy particulares, para ir ción en El Puntal de Salinas.
extendiéndolos progresivamente tanto en el espacio En conclusión, el aire de familia del repertorio ce-
como en el tiempo. La tipología de F. Sala tiene esta rámico localizado y los indicios formales que acaba-
virtud: parte del conocimiento riguroso y completo de mos de comentar, nos llevan hacia una cronología de
los contextos materiales de tres asentamientos ibéri- principios del s. IV aC, o incluso finales del V aC, para
cos (El Oral, La Escuera y Puntal de Salinas), bien la construcción del edificio levantado en la umbría de
datados, prácticamente correlativos y que, además, se la sierra de Colmenares, desarrollándose su ocupación
ubican en comarcas cercanas. De este modo, se puede –que no creemos se extendiera más allá de un par de
precisar el ajuar cerámico de un determinado poblado generaciones– a lo largo de la primera mitad del s. IV
en un periodo dado, obteniendo un «aire de familia» aC.
tipológico y formal15 útil para la comparación y la
búsqueda de caracteres globales, aprehendiendo sus
elementos característicos, los que definen las distintas EL EDIFICIO EN EL CONTEXTO HISTÓRICO
facies ibéricas. DEL IBÉRICO PLENO
Aplicados estos al registro del asentamiento ahora
estudiado, llama la atención la ausencia absoluta de El asentamiento de Colmenares, a pesar de la escasa
algunos tipos –como la cerámica fina gris, recurren- variedad de su registro cerámico y su modesto tamaño,
te en el horizonte ibérico antiguo–, o la presencia de proyecta una indudable trascendencia sobre el mode-
lo de poblamiento comarcal, no tanto por su función
–pues se conocen otros almacenes en el ámbito ibé- directamente resultaba innecesaria, o ambas cosas a la
rico alicantino– sino, sobre todo, por su carácter de vez. En cualquier caso, coincidiría con un periodo de
construcción aislada en el llano, alejada de cualquier máxima expansión demográfica ibera para estas tierras
núcleo urbano conocido que pudiera ejercer un control (Moratalla, 2003 y 2005).
directo sobre la misma. En este sentido, el yacimiento Esta primera reflexión nos conduce sin remedio a
ibérico más cercano a Colmenares, y no es segura su la consideración del hábitat en llano en época ibérica
sincronía con él17, sería Fontcalent, situado hacia el plena, cuestión en la que se atisban profundas transfor-
norte a casi 7 km de distancia en línea de aire. A unos maciones respecto a las consideraciones teóricas que
11 km al este quedaría el Cerro de las Balsas y, ya hemos conocido en las últimas décadas, y de las que
en término ilicitano, La Moleta se localiza a unos 12 nosotros mismos hemos participado. En efecto y en
km hacia el oeste18, estos dos últimos con garantías de lo que se refiere a las tierras valencianas, los pioneros
estar ocupados durante el s. IV aC (Moratalla, 2003 y trabajos del equipo dirigido por J. Bernabeu para el
2005). Es decir, se trata de un hito que no manifiesta Camp del Turia (Bernabeu et alii, 1987) establecieron
una clara relación de dependencia con núcleo ibérico un modelo de poblamiento en el que, más allá de los
alguno, considerando el factor distancia como deter- oppida, se extendía una red de asentamientos agru-
minante para esta inferencia; de hecho, queda prácti- pados bajo conceptos un tanto genéricos de granjas,
camente a mitad de camino entre dos oppida –11-12 caseríos, aldeas o atalayas. Análisis posteriores siguie-
km– y ésta es su gran singularidad, al tratarse, además, ron esa senda trazada (por ejemplo y para estas tierras
de un núcleo de llanura, que prescinde casi por defini- Grau, 2002; Moratalla, 1999 y 2005), al igual que ocu-
ción y desde su planificación de elemento de defensa rría en otras áreas peninsulares ibéricas, que ofrecerían
alguno. también un largo listado bibliográfico. Sin embargo,
Es de subrayar, por otro lado, su cercanía al eje la realidad arqueológica se constata progresivamente
caminero que ha unido tradicionalmente Alicante y mucho más compleja de lo que preveíamos.
Elche, el tan referido Camino Viejo de Elche. La dis- El avance de la investigación arqueológica a pro-
tancia hasta el mismo desde el asentamiento ronda los pósito de los asentamientos en llano en lo que lleva-
500 m, lo que sin duda favorecía la accesibilidad a la mos de s. XXI, ligado en buena medida al desarrollo
zona, casi como si fuera una posta o parada en el tra- de grandes infraestructuras o proyectos inmobiliarios,
yecto. Seguramente se consideró la cercanía a esta vía ha venido a demostrar que esos presupuestos teóricos
de comunicación como factor trascendental a la hora erraban en gran medida –como ya se venia demos-
de construir el edificio y es posible, incluso, que se trando en intervenciones arqueológicas de similar na-
levantara en medio de campos cultivados, cuyos pro- turaleza (Vidal et alii, 2004)– en cuestiones tan fun-
ductos o parte de los cuales tendrían en el edificio su damentales como el tamaño de los yacimientos y su
destino inmediato. En cualquier caso, y al margen de función, dos pilares básicos sobre los que descansan
otro tipo de consideraciones sobre la organización y las hipótesis sobre la red de poblamiento en una cul-
el control del territorio entre los oppida ibéricos, su tura y momento dados. Colmenares es paradigmático
presencia demuestra, como poco, la constatación de en este sentido: de haber sido localizado tiempo atrás
una continuidad en la ocupación del territorio entre y permaneciera sin excavar, hubiera sido calificado
dos importantes ciudades ibéricas, como serían las muy probablemente como un caserío de media hectá-
emplazadas en la bahía de La Albufereta, en Alicante, rea de tamaño, con una indudable proyección sobre el
y en La Alcudia, de Elche, intercalada en el trayecto, terreno circundante. Pero la realidad, con frecuencia,
en acertada expresión de A. Moreno (Moreno, 2011). resulta un tanto más anodina y aquella perspectiva se
Y dicha porción territorial es ocupada durante un lapso reduce a una única construcción que ocupa la décima
de tiempo determinado sin considerar prácticamente parte de la extensión que abarcaba el registro cerámico
variables estratégicas, como la defensa del estableci- superficial.
miento, de lo que hemos de inferir que esta cuestión Esta consecuencia nos conduce a dos reflexiones
quedaba cubierta, al menos en esta época, bien por la inmediatas, una primera la más obvia –la estructura
comunión de intereses entre las comunidades que ha- del territorio cuenta con una mayor variedad de tipos
bitaban a uno y otro lado de la sierra, o bien porque de hábitat de los que se presuponían– y otra segunda
de mayor calado: si los modelos de poblamiento hasta
ahora propuestos, y sus derivaciones socio-políticas,
17. En efecto, una actuación arqueológica realizada en 2008 descansan, entre otras cosas, en una estructura territo-
por la empresa ARQUEALIA en este yacimiento permitió rial rígida de carácter jerárquico, ¿cabría replantearse
documentar materiales cerámicos de un amplio segmento esta interpretación a la vista de modelos probablemen-
cronológico, que comprende desde un horizonte del Bronce te no tan encorsetados? Posiblemente no, los oppida
Final hasta época visigoda; a pesar de esta larga secuencia
siguen existiendo y los signos e indicios en ese sentido
y los miles de fragmentos inventariados, el porcentaje de
cerámicas áticas es ínfimo, cuando están muy bien docu- son numerosos, aunque quizás, precisamente, no aca-
mentadas importaciones de otras épocas, por lo que es cues- bamos de leer a la perfección esos signos.
tionable su ocupación durante el s. IV aC. Colmenares, en su modestia, nos ofrece respues-
18. La Alcudia de Elche quedaría a 14 km al sudoeste. tas, y un buen puñado de preguntas, sobre cómo se
estructura un territorio ibérico, y el hilo argumental de variabilidad de los mismos, resulta elocuente de las di-
éste son sus caminos tradicionales, como el Camino ficultades interpretativas que vienen generando sobre
Viejo de Elche. La vinculación del asentamiento con su naturaleza y proyección social.
este eje nos ofrece pocas dudas, de ahí que le atribu- En los territorios ibéricos de Kelin y Edeta es don-
yamos una datación tan antigua como la del propio de podemos observar un mayor avance en el estudio
asentamiento; su cercanía, la orientación de la facha- de este tipo de hábitats y ya podemos contar con va-
da, ofreciéndose desde la distancia al caminante, su rios hitos que pasarían a engrosar la categoría, un tanto
emplazamiento estratégico –a mitad de la ruta, poco genérica, de «hábitats productivos temporales» o en-
antes de salvar El Portichuelo–, son datos que nos per- claves rurales. También se conocen ejemplos de asen-
miten avalar esta vinculación. En ese punto se levanta tamientos dispersos en Cataluña, si bien, en general,
un edificio de líneas constructivas prediseñadas, inser- no suelen coincidir con la naturaleza del ahora tratado,
to en el secano y no excesivamente alejado de un paso ya sea por la presencia inmediata de grandes oppida,
que salvaba la sierra de Colmenares por su punto más como Ullastret o Burriac, ya por estar estrechamente
factible. No cuenta con obra complementaria alguna vinculados a campos de silos, o ya por ser de datación
que garantizara su defensa, luego quedaba a la vista tardoibérica (Plana y Crampe, 2004; Zamora, 2012).
desde la distancia sin que, al parecer, su integridad co- Merece la pena recordar, no obstante, el ejemplo de la
rriera peligro. El dato trascendente no es si está fortifi- granja de Fondo Roig (García et alii, 2003), aunque en
cado o no, pues ya conocemos otros asentamientos de este caso estamos ante un conjunto de una compleji-
llano que carecen de estas obras, lo realmente destaca- dad estructural muy superior a la ahora analizada.
ble es que no tiene al alcance inmediato un oppidum En tierras valencianas, los trabajos de campo de los
en sentido estricto. últimos años de los equipos que dirigen H. Bonet y C.
Esta construcción responde a un plan muy concre- Mata (Bonet et alii, 2008; Jardón et alii, 2009; Mata
to, aunque resulta difícil determinar su origen y las ra- et alii, 2009; Moreno, 2011) ya han puesto de mani-
zones últimas de su emplazamiento. Es obvio que esta fiesto la complejidad estructural del hábitat ibérico
unidad productiva debe ser, o al menos lo fue un tiem- de llanura, habiéndose excavado varios yacimientos
po, un eslabón de un tejido más amplio, pero, sin oppi- en la zona que responderían a este modelo de asenta-
dum de referencia inmediato, se complica adscribirlo miento en llano, por lo general de muy pequeña talla
a una decisión emanada directamente de un centro de y modestas construcciones y con un registro cerámico
decisión determinado. Pudo derivar de una planifica- muy funcional. Entre ellos encontramos una variada
ción más «regulada», pero tampoco acertamos a ver gama de establecimientos, desde los que presentan
porqué no respondería a un episodio más, digamos, es- sólo fosas o algunos muros aislados –Casa de Ángel,
pontáneo. La documentación arqueológica apunta a un La Cabezuela, Els Clots y L’Aljub Nou– hasta los más
edificio levantado para llevar a cabo una función de- complejos, que incluyen un edificio completo –El Zo-
terminada y que, al parecer, en unas décadas se aban- quete– o equipamientos del tipo lagar –Rambla de la
donó. Su fábrica es similar a la de los muros de los Alcantarilla–, pasando por los que sólo presentan al-
poblados contemporáneos, caracterizándose la planta guna infraestructura del tipo horno además de un de-
por la simpleza de líneas y la modestia en equipamien- partamento de piedra o caseta –Cerro Tocón–. A des-
tos. Debió ser ocupada para llevar a cabo actividades tacar, además, La Fonteta Ràquia, un edificio también
diurnas muy posiblemente relacionadas con el campo, rectangular y con similar orientación a Colmenares
para presumiblemente volver a sus hogares a la noche, compartimentado en cinco-seis estancias, para el que
localizados en ese desconocido oppidum. Sin duda se propone una función relacionada con el aprovisio-
pueden ser campesinos, sin que insistamos más sobre namiento de miel, y ciertamente resulta significativa la
el grado de servidumbre que pudieron padecer, que al abundancia en el lugar de los recipientes identificados
parecer conocieron una época de bonanza en el plano como colmeneros. Con esa cierta identidad de planta
demográfico y una mínima estabilidad territorial. entre ambos y con Colmenares como topónimo, de ha-
Ésta es la base empírica, y ahora que comenzamos ber encontrado ahora un registro parecido, podríamos
a ver los nuevos documentos, podría ser oportuno haber alcanzado conclusiones similares.
reformular los patrones tradicionales sobre el pobla- Son asentamientos, en definitiva, que incluyen bo-
miento ibérico, o al menos proponer una visión del degas, talleres, almacenes, pequeños caseríos, etc, y
paisaje más allá del oppidum. A partir de ahora y una que ocupan un terreno bastante reducido e incluso re-
vez vayan siendo excavados, habrá que contar con la cóndito, en ocasiones alejados de los centros principa-
presencia de grupos, en ocasiones muy poco nume- les, y que se identifican como lugares de explotación
rosos, que se mueven por el territorio más allá de las agraria no residenciales, levantados por «los propie-
fronteras inmediatas del oppidum, y habrá que anali- tarios de los campos adyacentes» (Mata et alii, 2009,
zar cómo se integran, con qué status, en el colectivo 149-150). A partir de esta conclusión, se propone un
al que pertenecen, si es que pertenecen a alguno, que modelo interpretativo sobre la organización socio-po-
parece probable que sea así. Un vistazo a alguno de lítica de la producción, concluyendo que serían «Ca-
estos pioneros trabajos sobre los asentamientos ibéri- sas o familias que persiguieron la creación y el mante-
cos en llano, que, además, nos permitirá comprobar la nimiento de estatus, riqueza o poder», es decir, según
deducimos, actuarían con cierta autonomía respecto al que se estableciera algún tipo de estrategia colectiva
centro principal, sobre todo en el territorio de Kelin. cuando un hábitat secundario o temporal queda a tiro
En otra línea de interpretación parecen situarse los de piedra del oppidum, pero más allá de un radio ra-
excavadores de un conjunto arqueológico de aire simi- zonable de 4-5 km, se nos antoja difícil de admitir que
lar a los que ahora tratamos aquí, L’Altet del Punxó, el uso, que no posesión, de la tierra estuviera sujeto a
en la comarca de El Comtat (Espí et alii, 2009), lo que un control absoluto de dicho lugar central. Nos pare-
demuestra su dificultad interpretativa. Se trata de un ce más sensato suponer que el acceso a aquélla fuera
área arqueológica distribuida en terrazas fluviales de, permitido por la colectividad, sobre todo, como sería
al parecer, no menos de 1 Ha de extensión, donde se el caso de Colmenares, cuando no estamos ante un te-
solapan en el tiempo varios fondos de cabaña y restos rreno especialmente feraz para la agricultura u otras
constructivos de piedra definiendo estancias aisladas, materias primas y que, además, queda prácticamente
sin duda relacionadas con la producción de cereales, a en el límite teórico entre dos grandes territoria (Fig.
tenor de las numerosas evidencias halladas de molinos 21). Al socaire del camino, se estableció una construc-
rotatorios. Se interpretan como residencias temporales, ción aislada para obtener seguramente un recurso muy
ligadas al ciclo del campo, en un conjunto que califi- propio y conocido de la zona, o incluso exclusivo de
can como «hábitats semipermanentes que sólo pueden ella, y no hay indicios que permitan plantear que res-
enmarcarse en un contexto de existencia de territorios ponde a una especie de colonización planificada. Por
apropiados y delimitados por la comunidad que reside tanto, vislumbramos un paisaje rural más en la línea
permanentemente en otros lugares». Y se añade poco de lo apuntado para el territorio de Kelin: grupos de
después que «el señor concedería los derechos de uso trabajo posiblemente con vínculos familiares que, de
del suelo a las familias campesinas a cambio de la acuerdo con las características del producto obtenido,
filiación al linaje, con el pago de un tributo» (Espí et se trasladan temporalmente desde un lugar central ale-
alii, 2009, 45-46). Como se puede comprobar, resulta jado a un edificio que pueden haber construido ellos
una lectura bastante opuesta a las realizadas en tierras mismos, para obtener un rendimiento, de la tierra o
del Túria, también porque el registro es diferente, pues de su entorno inmediato, con el que poder comerciar
la presencia diríamos casi «industrial» de los moli- en ámbitos locales –de hecho, tienen acceso a envases
nos rotativos indicaría ciertamente una producción púnicos– y elevar, así, sus rentas. Este establecimiento
por encima del autoabastecimiento. Pero también se parece haber hecho las veces de almacén y lugar de re-
admite que estos campesinos consumieron bienes de cogida de sus ocupantes temporales, y ésta sería la in-
prestigio, lo que cuesta encajar en las interpretaciones terpretación que nos resulta más razonable y acorde al
históricas que subrayan las diferencias de rango entre registro arqueológico obtenido, sin menoscabo de que
los iberos. estas fórmulas productivas puedan convivir con otro
Ambos ejemplos –a los que podrían añadirse otros tipo de servidumbres que, en este caso, no captamos.
de tierras catalanas y murcianas– plantean la seria di- La experiencia que vamos acumulando nos aconse-
ficultad de interpretar estos hábitats en términos de ja no asimilar, sin más, un determinado tipo de estruc-
control político, económico y social. Parece factible tura territorial bajo parámetros excesivamente fijos,
Figura 21: Distribución del hábitat ibérico en el entorno de Colmenares; la línea discontinua marca la divisoria teórica de territorios
entre La Alcudia y Cerro de las Balsas, de acuerdo con los polígonos de Thiessen.
por lo que puede ser oportuno dar cabida a otras lec- occidental, Monographies d’Archéologie Méditerra-
turas más heterodoxas si se quiere, o al menos matizar néenne 4, Lattes.
aquellos planteamientos iniciales que prácticamente ÁLVAREZ GARCÍA, N., 1997: «El Almacén del Templo A:
establecían un modelo de poblamiento unívoco sin aproximación a espacios constructivos especializados y
apenas haber excavado sus asentamientos. El poder de su significación socio-económica», en M. H. OLCINA
coerción de las oligarquías iberas era limitado, por eso DOMÉNECH (Coord.): La Illeta dels Banyets (El Cam-
la distancia entre los oppida del territorio ibero ape- pello, Alicante): estudios de la Edad del Bronce y época
nas supera la decena de kilómetros en muchos casos, Ibérica, 133-170, Alicante.
y este poder obviamente decrece conforme nos aleja- BERNABEU, J., BONET, H. y MATA, C., 1987: «Hipóte-
mos del lugar central. Un asentamiento situado a más sis sobre la organización del territorio edetano en época
de 11 km del supuesto lugar central y a la vuelta de Ibérica Plena: el ejemplo del territorio de Edeta/Llíria»,
una colina en la que entraríamos en el territorio del si- Iberos, I Jornadas sobre el Mundo Ibérico (Jaén, 1985),
guiente, tiene escasas posibilidades de ser controlado 137-156, Jaén.
desde el primero. Por ello, creemos que los modelos BLASCO GARCÍA, C., FERNÁNDEZ CURSACH, J.,
interpretativos de instauración territorial deben acoger NAVARRO BELMONTE, C. y SERRANO JAÉN, J.,
fórmulas que permitan la ocupación de nichos parti- 1999: Documents per a la història d’Elx (De la islamit-
culares, por lo general con carácter temporal, más allá zació a les darreries de l’antic règim), Elx.
del control efectivo que se puede ejercer sobre el te- BONET ROSADO, H. y MATA PARREÑO, C., 2008: «Las
rritorio inmediato al oppidum, y, por tanto, escapando cerámicas ibéricas. Estado de la cuestión», en D. BER-
en cierto modo a ese teórico control férreo que pudiera NAL CASASOLA y A. RIBERA LACOMBA (Eds.):
desprenderse de dicho lugar central. Posiblemente una Las cerámicas Hispanorromanas. Un estado de la cues-
de las conclusiones que nos parecen más juiciosas para tión, 147-169, Cádiz.
el análisis de los restos ahora tratados es que su sola BONET ROSADO, H. y VIVES-FERRÁNDIZ SÁNCHEZ,
presencia permite inferir una cierta estabilidad para J. (Eds.), 2011: La Bastida de les Alcuses. 1928-2010,
el territorio del sur de la Contestania en época plena, Valencia.
donde es posible la existencia de estos asentamientos BONET, H., MATA, C. y MORENO, A., 2008: «Iron Age
liminares como Colmenares, a su vez un claro indicio Landscape and Rural Habitat in the Edetan Territory,
de que las comunidades que habitaban a uno y otro Iberia (4th–3rd centuries bc)», Journal of Mediterra-
lado del Portichuelo participan, sin duda, de unos la- nean Archaeology, 21.2, 165-189.
zos o intereses comunes que favorecieron la existencia COELLO, F., 1859: Atlas de España por provincias. Ali-
de estos asentamientos que nos atrevemos a calificar cante, Madrid.
como espontáneos u oportunistas por parte de peque- ESPÍ PÉREZ, I., GRAU MIRA, I., LÓPEZ SEGUÍ, E. y
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Recepción: 24-05-2013
Aceptación: 29-07-2013
Figura 1: 1. Localización del Cerro de los Santos. 2. Vista del Cerro sobre la Cañada de Yecla. El monolito indica el lugar del antiguo
templo. 3. Plano del yacimiento realizado por Savirón (1875).
Fue un año después, en 1860, cuando el mundo a la Academia de Bellas Artes el 28 de junio, lo que
académico fue advertido de la existencia del yaci- indica que su presencia en el Cerro tuvo que ser ante-
miento y de sus singulares características, tras la visita rior. Rada y Delgado (1875, 12) y Engel (1892, 158)
de Juan de Dios Aguado y Alarcón, vecino de Corral fechan la visita al Cerro un mes después, el 28 de julio.
Rubio. Este momento, clave para el conocimiento del Sin embargo, el propio Aguado publicará en 1875 que,
Cerro de los Santos, marca también el inicio de los estando tremendamente interesado en las noticias que
datos confusos y a menudo contradictorios sobre este había recibido sobre el yacimiento y tras acabar las ta-
lugar. La diversidad de informaciones existente sobre reas agrícolas que le ocupaban en el cercano pueblo de
la fecha concreta de esta visita y su posterior notifi- Corral Rubio, «... los últimos días del mes de agosto
cación, con datos y dibujos, a la Real Academia de invité a mis apreciables amigos D. Juan José Guillén
San Fernando, resulta sorprendente. Mélida (1903b, y D. Jose Ramón Mancebo para llevar a cabo la tan
474) la sitúa el 28 de enero y la notificación el 31 del por mí deseada expedición» (Aguado y Alarcón, 1875,
mismo mes. Amador de los Ríos (1863, 13), siguiendo 3). Por entender que no le correspondía actuar en este
aparentemente ciertas indicaciones de Aguado, habla caso, la Real Academia de San Fernando remitió el
de «los primeros meses». Pierre Paris (1903, 43, nota expediente a la de la Historia el día 29 de octubre de
1) revisó un cuaderno del propio Aguado, entonces en 1860, cuya contestación agradeciendo el envío data de
poder de Pascual Serrano, profesor de Instrucción Pú- 2 de noviembre (Maier, 1999, 29). Así pues, cualquie-
blica de Bonete, en el que había una nota manuscrita ra de las fechas propuestas anteriormente para el en-
del autor afirmando que había enviado la notificación vío de la documentación original desde Corral Rubio
puede ser válida, aunque la justificación de Aguado las indicaciones de Aguado y Alarcón, e incluyendo
respecto al término de la cosecha hacen más probables sus dibujos en una lámina. Su interpretación del san-
las de finales de junio o julio. tuario como un Martyrium cristiano de época visigoda
Amador de los Ríos (1863, 13) parece haber sido no se alejará de las de otros autores, que mantendrán
el único que manejó el cuaderno enviado por Aguado esta propuesta cronológica dentro de la Antigüedad
a Madrid, e incluso debió tener una entrevista personal tardía (Rada y Delgado, 1875).
con él, en la que pudo obtener datos respecto al Cerro La segunda etapa se inicia en 1870, aunque no nos
y el paisaje de su entorno «del cual no tendríamos no- alargaremos aquí con la secuencia ni los detalles de
ticia alguna sin el ilustrado celo del joven D. Juan de las actuaciones que tuvieron lugar a partir de este mo-
Dios Aguado y Alarcon, quien no sólo ha remitido los mento en el Cerro, puesto que han sido descritas con
diseños con que procuramos ilustrar las presentes lí- detalle por Savirón (1875), Mélida (1903-1905), Fer-
neas, sino que pasando á esta capital, nos ha facilita- nández de Avilés (1949), Ruano (1987), Ruiz Bremón
do cuantas noticias topográficas habíamos menester, (1989), Lucas (1994), López Azorín (1994) o Sánchez
para formar concepto de lo que era y significaba el Gómez (2002). La obra primordial de la que arranca
edificio ya destruido en el Cerro de los Santos». Des- toda la investigación fue indudablemente la Memoria
graciadamente estos documentos originales se debie- sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de
ron perder pronto, puesto que Rada ya indica en su los Santos, publicada en 1871 por los PP. Escolapios
discurso de entrada a la RAH que no pudo localizarlos de Yecla sin especificar autoría, aunque se sabe que
(Rada y Delgado, 1875, 20). Como se ha señalado, fue redactada por Tomás Sáez del Caño, Manuel Gó-
Aguado conservó en su poder unos originales que pa- mez y Carlos Lasalde (López Azorín, 1994, 83). Este
saron a la colección de P. Serrano y que llegaron a ser trabajo llegó al Museo Arqueológico Nacional poco
consultados en Bonete por P. Paris (1903, 43), pero después de su aparición, y provocó que se formase
desconocemos si esta documentación se conserva. ese mismo año la comisión oficial que debía ir a Yecla
Las visitas al Cerro debieron menudear en estos a investigar y adquirir piezas que fueran interesantes
años (Fernández de Avilés, 1949, 59), aunque solo se para el Museo (Mélida, 1903b, 470). Son precisamen-
documenta la de un cantero y escultor francés que extra- te estas primeras adquisiciones y los resultados de las
jo una figura femenina sedente, trasladándola a Yecla3. excavaciones en el Cerro las que interesan a nuestro
Esta noticia la recoge Giménez Rubio (1865, 46-47), estudio, puesto que la Exposición Universal de Viena
quien debió ver la estatua, ya que en su opinión «Parece se celebraría solo dos años después.
ser imitación de una momia egipcia por el aire de su El primer viaje se llevó a cabo en septiembre de
traje y aptitud; aunque por su aspecto, collares y enor- 1871, resultando comisionados J.A. Malibrán y P.
mes arracadas, podrá ser también un ídolo del genti- Savirón, funcionarios del Museo Arqueológico. En
lismo». En esta misma obra sobre la Historia de Yecla, esta ocasión no se llegó a trabajar en el yacimiento,
Giménez Rubio describe además las características de adquiriéndose 50 restos escultóricos a Vicente Juan y
los hallazgos que proporcionaba el Cerro, lo que confir- Amat4. Un mes más tarde, la segunda Comisión, cons-
ma el conocimiento general de este yacimiento antes de tituida por el director del Museo, V. Ruiz Aguilera, y
las excavaciones de 1871, «Se encuentran en el mismo de nuevo por P. Savirón, volvió a comprar un lote de
punto con profusión, fragmentos de estatuaria antigua 50 esculturas a Amat, acompañándolas de diversos ti-
con aire egipcio en las figuras y principalmente griego. pos de objetos de su colección, procedentes tanto del
Diferentes de capiteles, pilastras y otras curiosidades, Cerro de los Santos como de otros lugares de Albacete
pero todo truncado y enteramente deteriorado» (Gimé- y Murcia (Mélida, 1903b, 471). Antes de la celebra-
nez Rubio, 1865, 47). En todo caso, numerosos parti- ción de la Exposición Universal de Viena se adqui-
culares debieron guardar restos escultóricos del Cerro rieron otras colecciones a Amat en enero y mayo de
en sus domicilios, siendo luego comprados muchos de 1872 (López Azorín, 1994, 371-373), así como treinta
ellos a medida que se conocía el valor económico e his- esculturas al anticuario Miró, entre las que se encon-
tórico que podrían llegar a alcanzar. traba la Gran Dama Oferente, ingreso que se produjo
Este primer capítulo de la historia del Cerro de los en enero de 1873 (Mélida, 1905b, 35; López Azorín,
Santos se cierra con la ya citada publicación de Ama- 1994, 123). A estas compras se unieron parte de las
dor de los Ríos (1863), en la que se ofrece una descrip- piezas directamente obtenidas en el yacimiento por la
ción topográfica y del estado de sus ruinas, siguiendo Comisión del Museo Arqueológico Nacional en 1871,
las adquisiciones realizadas a diversos propietarios
del entorno del Cerro y algunas donaciones (Savirón,
3. Puede que este personaje tuviera que ver con las falsificacio- 1875, 229-233). Por tanto, antes de la Exposición
nes con las que traficó más tarde Vicente Juan y Amat, como
ya se ha sugerido (Ruiz Molina, 2005, 204; López Azorín y
Ruiz Molina, 2007, 65) basándose en la comprobación del
padrón de Yecla en esos momentos. En él solo figura una 4. Las diferentes adquisiciones a V. Juan y Amat han sido deta-
persona de nacionalidad francesa, llamada Carlos Bollier. Su lladamente recogidas por López Azorín (1994, 178 y 2011,
profesión era la de picapedrero, por lo que encajaría en el 283) mediante consulta de los archivos del Museo Arqueoló-
perfil de supuesto falsario vinculado a V. Juan y Amat. gico Nacional.
Universal de Viena, el Museo contaba con una amplia octubre de 1873, supuso tanto una oportunidad como
colección de esculturas, si bien la entrada de materia- un gran reto. Tras la Revolución de 1868, y en el ré-
les siguió activa en los años posteriores, elevándose gimen de monarquía parlamentaria encabezado por
aproximadamente a 300 las piezas que formaban la Amadeo I, el gobierno considera que España «debe
colección cuando J. R. Mélida (1903b, 474) realiza su concurrir presurosa a ocupar el puesto de honor que...
pormenorizado estudio distinguiendo las auténticas de se le designa, y a demostrar el grado de prosperidad
las falsas. y cultura a que rayan su industria, sus artes y sus co-
No hay que olvidar que el viaje de las Comisiones y nocimientos científicos». Subraya que el interés por
los primeros ingresos de esculturas y otros materiales acudir a la Exposición queda reforzado por los crite-
se desarrollaron en 1871, un año de una actividad fre- rios serios y científicos que la comisión imperial aus-
nética para el Museo. Además de las noticias sobre el tro-húngara ha aportado a la hora de organizar dicha
Cerro de los Santos, se recibieron otras de diversos lu- muestra. Siguen a esta presentación los decretos reales
gares de la Península, a las que también se atiende con organizando la participación española y nombrando a
desplazamiento de los funcionarios (Mélida, 1903b, la comisión regia, presidida por D. Manuel de la Con-
470; Franco, 1993, 304-6). En las mismas fechas tuvo cha, Marqués del Duero6.
lugar igualmente la conocida expedición de la Fragata El comisario imperial fue el barón Guillermo de
«Arapiles», que aportó al Museo una interesante co- Schwarz-Senborn, quien tenía una larga experiencia
lección mediterránea. Mientras tanto, la institución internacional y ya había ocupado este puesto en las
debió prepararse para una estratégica inauguración exposiciones de Paris (1855) y Londres (1862) (Reu-
oficial por Amadeo I de Saboya el 9 de julio (Marcos leaux, 1891, 188-189). La intención general era mos-
Pous, 1993, 57). A pesar de la extraordinaria profesio- trar los avances de las artes, la industria y la cultura
nalidad de los funcionarios, todas estas circunstancias en todos sus ámbitos, dividiendo ordenadamente sus
provocaron que en este primer momento el inventario contenidos en 26 grupos bien definidos. En ellos se
de las piezas no fuera exhaustivo (Mélida, 1905b, 32) distribuían entre otros, la minería, todos los tipos de
y así, el primer Catálogo del Museo (García Gutiérrez, producciones industriales, la ingeniería civil y mili-
1876, 62) sólo recogía que el gabinete de las «antigüe- tar, las bellas artes y el arte religioso, la vivienda y
dades de Yecla» incluía 244 piezas, entre estatuas y la educación, con un apartado específico relacionado
fragmentos, acompañados de otros materiales recupe- con el trabajo de la mujer. Por primera vez en este tipo
rados en el antiguo santuario. de acontecimientos, más pensado para establecer las
El Museo Arqueológico Nacional consiguió, gra- novedades del presente y sus posibilidades futuras,
cias a estas adquisiciones, una mayor presencia nacio- se abrió una sección dedicada a las antigüedades. Su
nal e internacional. El Emperador del Brasil realizó objetivo era precisamente resaltar el peso que habían
una detallada visita en febrero de 1872, «quedando tenido en el desarrollo industrial y cultural de la época
muy satisfecho y aun sorprendido de las numerosas moderna, y para ello se especificaba que «este aparta-
colecciones artísticas que en aquel establecimiento do debe contener todo lo más notable de las obras más
se custodian, y principalmente de los objetos traí- perfectas y características del pasado a fin de poder
dos de Yecla, que tienen hoy el privilegio de llamar demostrar la parte que estos elementos han tomado
la atención de cuantos se interesan por los estudios en su desenvolvimiento en las diferentes épocas an-
arqueológicos»5. Consta también la presencia de ar- teriores». Era este el Grupo 24, «Objetos artísticos e
queólogos conocidos, como conservadores del Museo industriales del antiguo expuestos por aficionados y
Británico, o el propio A. H. Layard, entonces emba- coleccionistas», también denominado «exposición de
jador británico en España y con amplia experiencia aficionados (amateurs)»7.
arqueológica por sus excavaciones en Nínive (Miran- Podemos imaginar el trabajo ingente que supuso
da Valdés, et al., 2011, 171). Todos ellos apreciaron la organización de los materiales que se desplazaron
significativamente estas colecciones, pero sin aportar a Viena, aportados por instituciones oficiales y priva-
interpretaciones que permitieran aclarar su filiación das, así como por numerosísimos particulares de toda
cultural. Estas circunstancias movieron a los respon- la geografía española. Entre ellos estaban las piezas
sables de la institución a buscar otras vías de difusión
internacional para las esculturas del Cerro.
6. Tanto la exposición de intenciones como los decretos de
Amadeo I tienen fecha de 19 de abril de 1872, publicándose
LOS VACIADOS DEL CERRO DE LOS SANTOS en la Gazeta de Madrid de 21 de abril (Año CCXI, nº 112,
EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA tomo II, 199).
7. Gazeta de Madrid nº 312 (7 de noviembre de 1872), 394.
La inclusión de las antigüedades sorprendió bastante. En La
La convocatoria de una Exposición Universal, que
Ilustración Española y Americana (1873, nº XXXVI, 590)
se celebraría en Viena entre el 1 de mayo y el 31 de una opinión anónima afirma que los objetos arqueológicos
fueron enviados por el gobierno español y muchos particula-
res «en cumplimiento del programa que convocó a Viena esta
5. Gazeta de Madrid, Año II, nº 4, 29 de febrero de 1872, 54. curiosa materia de exposición».
Oferente decorada con sol y luna. Donada por V. Juan y Amat al MAN. Sept/
Nº 2-11 Oct 1871. MAN 3501. Alt: 72 cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. V.1).
o 13-14 Reproducida por Henzlsmann (1876: 2). Considerada falsa por Mélida (1905b:
21). (Ruano, 1987, III: 227-228).
Oferente. Vendida por V. Juan y Amat al MAN. Septiembre 1871. MAN 3513:
Nº 2-11 Alt: 98; Anch: 22,50; Gr: 17cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. II,nº
o 13-14 2). Reproducida por Henzlsmann (1876: 4). Considerada auténtica por Mélida
(1904b: 154-155). (Ruano, 1987, t. III: 242-244).
“Dos estatuas enlazadas en pie”. Vendida por V. Juan y Amat al MAN. Mayo
1872. MAN 3508: Alt: 67; Anch: 37; Gr: 17 cm. La cabeza masculina no
Nº12
corresponde a esta pieza. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. V,nº 2). Mélida
(1905b: 23) considera auténtica la cabeza masculina y falso el resto.
“Plinto con cabeza bifronte”. Vendido por V. Juan y Amat al MAN en Mayo
Nº23 de 1872. Alto: 31 cm. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XVI, nº 3). Falso
(Mélida, 1905b: 27).
“Toro sin cabeza, con inscripción en el plinto”. Vendido por V. Juan y Amat al
Nº25 MAN. Mayo 1872. Long: 24 cm (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XVI,
nº 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).
“Vaso con busto y adornos”. Comprado por la Comisión del MAN a V. Juan
Nº29 y Amat. Septiembre 1981 Alto: 17 cm. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam.
XIX, 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).
Figura 2: Esculturas cuyos moldes fueron enviados a Viena. Algunas se han identificado por su inclusión en el estudio de Henszlmann
(1877) y otras por su referencia en la lista de piezas (incompleta) publicada en La Gaceta de Madrid (nº 224, 14 de agosto de 1873,
1347).
El edificio, tal y como fue proyectado por Lorenzo los expositores hasta casi dos meses después de in-
Álvarez y Capra, tenía forma de H, accediéndose augurada la muestra (Navarro Reverter, 1875, 236)12.
por una escalinata central. Coherente con el estilo,
el material constructivo debía ser el ladrillo, pero a
la comisión le resultó imposible conseguir a tiem- 12. «Como cosa de España, empezóse tarde, costó caro y se aca-
po ni los materiales ni los medios para llevar a cabo bó mal, sin que realmente pueda culparse a nadie por ello.
la construcción conforme a los planes previstos, de Mediaba ya la duración del certamen, y el Jurado terminaba
forma que tuvo que aceptar que el edificio se levan- sus trabajos, cuando el muzárabe edificio se remataba. El
remate se realizó en malas condiciones, con el yeso húmedo.
tara en madera, confiando en que los revestimientos
Las lluvias rajaron las maderas, el edificio además, no sé si
exteriores disimularan la ausencia del ladrillo. La por efecto del proyecto o por no estar ajustado a los planos,
precipitación y la falta de adecuación de los mate- resultó harto pequeño; la escalera para subir al piso princi-
riales incidieron muy desfavorablemente en la obra, pal, poco holgada, y con la falta de decoración desairadas
provocando retrasos que impidieron la colocación de todas las piezas» (Navarro Reverter, 1875, 293-294)
Figura 3: Madrid. Salida de embalajes hacia la Exposición de Viena. Grabado de La Ilustración Española y Americana (Año XVII, nº
XV, 16/04/1873, 257).
Figura 7: Dibujos de vaciados del Cerro de los Santos incluidos en el estudio de Henzlsmann (1877, 505).
funcionarios del Museo sobre la importancia de estos Sin embargo, el mundo académico no se ocupó en
hallazgos. Como hemos visto, la rápida actuación de estos primeros momentos de ofrecer una propuesta in-
la administración consiguió recuperar un importante terpretativa del santuario del Cerro de los Santos, y
número de piezas para el Museo antes de la inaugu- su interpretación apenas salió del ámbito de la pren-
ración de la Exposición Universal, que luego segui- sa (Sáez, 1870; Rentero Villota, 1871 a y b; Lasalde,
ría completándose en los años siguientes. Se formó 1871 a y b; Doménech, 1872). Tampoco se discutie-
así una colección en la que figuraban tanto escultu- ron, al menos por escrito, ni las opiniones de Amador
ras auténticas como falsas, aportando estas últimas de los Ríos sobre su cronología visigoda, ni la de los
un variado número de inscripciones «exóticas» que PP. Escolapios sobre su adscripción al «pueblo bas-
planteaban atractivos retos a la investigación epigrá- titano» y su propuesta de destrucción por Aníbal a
fica, especialidad de gran peso en la arqueología de finales del s. III a.C. La opinión «académica» estaba
la época. aún por definir y, probablemente por eso se consideró
una verdadera oportunidad el envío de una muestra a extranjeros a las salas donde se exponían las copias
la Exposición Universal de Viena, donde especialistas del Cerro de los Santos, y de esta iniciativa surgirían
reconocidos de ámbito internacional pudieran ver las los primeros intentos de relacionar las esculturas con
copias y dar una fundamentada opinión. otros contextos culturales.
Al finalizar la Exposición, el director del Museo, La reacción más importante fue la del ya citado
García Gutiérrez (1876, 19), subrayó el interés que Henzslmann (1876, 506-518), a quien llamó la aten-
las estatuas del Cerro habían despertado en los cien- ción la actitud de las figuras oferentes, sujetando un
tíficos extranjeros. Sin embargo, otros autores, con vaso entre las manos a la altura del vientre. Tras bus-
la perspectiva que da el paso del tiempo, han consi- car los paralelos iconográficos en Europa continental
derado que su estancia en Viena no significó ningún y Asia, se fijó especialmente en las esculturas, tanto
avance en el conocimiento e interpretación de esta masculinas como femeninas, llamadas «Kamennye
colección (Olmos, 1999, 202). Esta era, desde luego, Baby», que se situaban junto a los kurganes o túmulos
la opinión que se tenía en círculos ajenos al mun- funerarios construidos en territorios de Ucrania y todo
do especializado y Reuleaux (1891, 214), al citar los el sur de Rusia entre los siglos VII y XII d.C (Pletne-
moldes de las esculturas en su crónica de la Exposi- va, 1974; Kubarev, 2007) en época de los kaganatos
ción, afirma categóricamente que «su significación se túrquicos y uigures (Fig. 8). Teniendo en cuenta que
ignora». estos monumentos se asignaban a los godos y dada
Sin embargo, la repercusión de los vaciados de las la presencia de éstos en Hispania, consideró que las
esculturas fue mayor de lo que en un principio podría esculturas del Cerro serían de época visigoda, coin-
pensarse, aunque quizás resulte menos conocida debi- cidiendo así sin saberlo y por razones totalmente in-
do al ámbito geográfico de los investigadores que se dependientes, con la opinión de Amador de los Ríos
ocuparon de ellas. Hay que resaltar aquí que durante (1863). La asignación cultural de la producción escul-
el tiempo que duró la Exposición fue secretario de la tórica al mundo de los godos permitía encuadrarla sin
Comisión Española S. Sanpere, quien estaba especial- problemas en un marco difusionista. A esta corriente
mente interesado en el estudio de las poblaciones pre- teórica, generalizada en la época, se unía el hecho bien
rromanas peninsulares (Sanpere, 1880a). Este erudito documentado de los movimientos migratorios que
promovió activamente la visita de los arqueólogos terminaron con el Imperio Romano, lo que permitía
considerar indiscutible la vinculación de las mani- hasta que el Sr. Rada publicó su Discurso». Cierto es
festaciones artísticas a través de extensos territorios que, ante la información que se iba difundiendo en
(Baye, 2010). Madrid sobre las compras hechas por los comisiona-
Muchos especialistas conocieron a su vez las es- dos, ya se había dado algún toque de aviso sobre la
culturas del Cerro de los Santos gracias al trabajo de dudosa procedencia de los objetos adquiridos (Sáez
Henzslmann, que trascendió a las sesiones de las aca- del Caño, 1871), pero apenas tuvo repercusión en la
demias y sociedades europeas, la vía más seria y segu- consideración de las esculturas.
ra de difusión de las novedades científicas en la época En efecto, no sería hasta la publicación del discur-
(Goodrum, 2009: 27). Así, Munch (1878, 197) las cita so sobre las «Antigüedades del Cerro de los Santos
también en relación con las «Kamennye Baby», pero en término de Montealegre», elaborado por Rada y
hace notar que conoce la Memoria de los PP. Esco- Delgado para su entrada a la Academia de la Historia
lapios y reproduce la división que estos hacen de las el 27 de junio de 1875, cuando la colección tuvo una
esculturas del Cerro en tres etapas, de acuerdo con presentación pública más relevante, aportando una do-
la iconografía más o menos compleja de las figuras cumentación gráfica abundante y de calidad. La con-
(Memoria, 1871, 102-104). Por su parte, Zaborowski testación del respetado A. Fernández-Guerra se centró
(1880)16 difunde en Francia las opiniones de Munch, y en la geografía de esta zona en la Antigüedad, una de
así llegamos al propio Cartailhac (1886, 303), quien de las especialidades de este investigador. Las numerosas
nuevo alude al trabajo de Henzslmann, aunque discre- láminas con los materiales e inscripciones, a las que
pando de su interpretación y proponiendo una crono- Rada dedicó una buena parte de sus comentarios, per-
logía protohistórica para el yacimiento. mitieron a los especialistas sospechar de muchas de las
Como puede apreciarse, las esculturas del Cerro piezas como parte de un conjunto inexplicablemente
de los Santos habían sido conocidas y discutidas en heterogéneo. En el contexto académico de la época, en
diversos contextos académicos europeos, si bien en el que se respetaba exageradamente el principio de au-
España esta vinculación entre los túmulos del sur de toridad, no hubo nadie con el suficiente prestigio y co-
Rusia y las figuras oferentes de Albacete, propuesta nocimientos como para refutar las propuestas de Rada.
originalmente por Henszlmann, no tuvo apenas re- Sin embargo empezó a existir un estado de opinión
percusión. El único que parece haberse implicado desfavorable que no llegó a aflorar públicamente, «...
personalmente en la refutación de esta hipótesis fue justo es decir que antes de que se dijera en el extran-
el ya citado S. Sanpere, quien extendió sus consultas jero y en letras de molde que entre los objetos de Yecla
a diversos arqueólogos rusos y alemanes, e incluso había falsificaciones, se venía diciendo aquí, lo decía-
viajó a Moscú con este motivo, según recoge Mélida mos en nuestras conversaciones y era, por decirlo así,
(1903d, 248)17. cosa corriente entre los arqueólogos y aficionados»
(Mélida, 1903a, 87).
Las dudas debieron aumentar significativamen-
ENTRE VIENA Y PARÍS, EL DISCURSO DE te, puesto que el propio Rada, en una carta a F. Fita
RADA Y DELGADO fechada el 17 de septiembre del mismo año, comen-
ta sobre las esculturas, «cada vez sigo creyendo más
Como hemos visto, al llegar a la Exposición de Viena, son maniquíes» (RAH 9/7585, Abascal, 1999, 22). Lo
las esculturas del Cerro de los Santos constituían toda cierto es que había enviado una copia de su discurso a
una novedad y no estaban mediatizadas por interpre- algunas autoridades muy representativas en la época,
taciones de peso académico. Desde luego, no provo- como Lepsius, Mommsen, Hübner y Longpérier (Mé-
caron la más mínima sospecha sobre su autenticidad lida, 1903d, 484). Este último le contestó de forma
entre los arqueólogos extranjeros que allí las conocie- muy «diplomática», sin dejar de señalar que ciertas
ron. Sanpere (1880b, 174) hizo constar que de entre inscripciones eran tan extraordinarias que provocaban
los muchos especialistas que las habían observado, «ni verdadero asombro (Campillo, 1875, 285-286).
uno solo los estimó como fabricación moderna, todos Sin embargo, fue E. Hübner, epigrafista de enorme
o casi todos se limitaban a declarar que no sabían prestigio, el que manifestó a las claras su convicción
cómo explicar tales antigüedades». En cuanto a Es- de que las evidencias epigráficas eran falsas y con
paña, Mélida (1905b, 36) señala que «La existencia ellas, el conjunto de los materiales procedentes del
de piezas falsas en la colección no dio que sospechar Cerro de los Santos. El disgusto de Fernández Guerra
al conocer esta opinión se deja ver a las claras en su
correspondencia con el erudito alemán en octubre de
16. No hemos podido consultar este artículo (S. Zaborowski, 1875, indicando razonablemente que hubiera sido muy
1880, «Les Kammenya-baby et les antiquilés du Cerro de difícil falsificar tantas esculturas como habían sido di-
los Santos». Revue Anthropologique, Julio) aunque Mélida
rectamente recogidas en el yacimiento (Miranda Val-
(1903, 247) lo resume.
17. Parece que fue también Sanpere el que convenció a Car- dés et alii, 2011, 171-172). Las opiniones de Hübner
tailhac (1886) para incluir España en su estudio, que ini- y Longpérier tuvieron un gran peso y la desconfianza
cialmente sólo iba a centrarse en Portugal (Ayarzagüena, se difundió en el ámbito internacional. La nueva salida
1993, 408). de los vaciados a la Exposición Universal de Paris en
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Recepción: 21-05-2013
Aceptación: 11-07-2013
La situación geoestratégica del cerro de Alhambra, fue ocupado por un asentamiento ibérico de cuyos ce-
donde se ubica la localidad del mismo nombre (Ciu- menterios poseemos abundante información arqueo-
dad Real), lo convirtió en la Antigüedad en asenta- lógica. Diversos hallazgos casuales acaecidos desde
miento de pobladores de diferentes culturas. Sede de 1989 o las excavaciones practicadas en 1996 en el
la ciudad romana de Laminium (Hispania citerior, Camino del Matadero4, en la vertiente meridional del
Conventus Carthaginiensis)2, de rango municipal cerro, proporcionan datos sobre una necrópolis íbero-
(CIL II, 3228; 3251-3252)3, desde el siglo IV al I a.C. romana activa desde el siglo II a.C. hasta el periodo
Julio-Claudio.
En el transcurso de unas obras acometidas en el
1. Nuestro agradecimiento a D. Francisco Gómez Horcajada, entorno de la necrópolis, fue hallado en el año 2000 un
por las facilidades prestadas para la realización de este es-
tudio, a la Dra. Dña. Rubí Sanz Gamo, por la información
fragmento de una escultura de león funerario con una
proporcionada sobre el león de Villarrodrigo del Museo de cabeza masculina entre sus garras5. Fue recogido por
Albacete, y a Dña. Esther Arias, por los datos proporciona- miembros de la asociación «Alhambra Tierra Roja»
dos sobre las esculturas ibéricas de Alhambra expuestas en el en una terrera donde se había vertido tierra y diversos
Museo de Ciudad Real. restos arqueológicos (varias urnas cinerarias y otros
2. S egún Madoz (1845-1850/1987, I, 125), Alhambra era un materiales cerámicos), procedentes de un desfonde
pago de la ciudad Caput Anae, «a la cual pertenecen las realizado para habilitar un camino en la ladera del ce-
lápidas y monumentos de aquella época, que se han hallado rro próxima a la antigua carretera N-430. Permanece
en Alhambra». También refiere Madoz la existencia de una
cantera de piedras de afilar situada al Sur de esta localidad,
«a distancia de media legua», en un paraje denominado «los
Molares», de donde, en su opinión, las extraían los roma-
nos para llevarlas a «las fábricas de armas blancas de que individuos de alta condición del municipio, así como un ara
hace mención Plinio», quien alaba su calidad (NH, XXXVI, dedicada a Mercurio y otros vestigios constructivos, cerámi-
165). Asimismo, aparece citada en el Itinerario de Antonino cos, numismáticos…, todo lo cual pone de manifiesto que
(445,4; 446,4 y 8), en el Anónimo de Ravenna (313, 17), este ámbito geográfico estuvo plenamente romanizado y que
en varios textos epigráficos, en Ptolomeo (II, 6, 56) y, de en el entorno existió, al menos, un templo. Ante la fachada
nuevo, en Plinio (NH, III, 6), que alude a los laminitani de la iglesia parroquial se conservaron durante años (hasta
como habitantes de una ciudad estipendiaria de la provincia su reciente traslado a la plaza de España) la estatua en már-
Citerior (NH, III, 25). Laminium fue sede de una mansio, mol blanco de un togado, una escultura femenina tallada en
encrucijada de las vías 29 y 30, una de las cuales partía en mármol procedente de la misma cantera (posiblemente de
dirección a Toletum y otra a Caesaraugusta. Estuvo tam- mediados del siglo I d.C., cfr. Fernández Ochoa y Baena del
bién atravesada por la calzada que enlazaba Complutum Alcázar, 1992, 334-335, 339-340), un pedestal con epígrafe
con Libisosa. Sobre la ciudad puede consultarse: Blázquez, (CIL II, 3231) y otros restos arqueológicos de época romana,
Delgado Aguilera y Sánchez Albornoz, 1917, 22; Carras- ya mencionados en las Relaciones Topográficas de Felipe
co, 1987; 1989-1990, 167-179; 1990, 85-93; 1996, 71-83; II, que posiblemente procedan del foro del municipio o de
1999a, 309-323; 1999b, 251-258; 2001, 511-517; 2002, cualquiera de sus ambientes públicos (cfr. Abascal y García
199-210; Palomero, 1988, 154; Fernández Ochoa, Zarza- Bueno, 2013, 293-298).
lejos y Seldas, 1990, 165-182; Carrasco Serrano, 2012, 4. La campaña de 1996 en el «Camino del Matadero» fue co-
30-36. dirigida por C. García Bueno, A. Madrigal y M. Fernández
3. En repetidas ocasiones se han hallado en el término muni- Rodríguez.
cipal de Alhambra y en otras poblaciones del entorno ins- 5. Sobre esta necrópolis: Fernández Rodríguez y Serrano An-
cripciones romanas que hacen referencia a patronos, clien- guita, 1993, 191-196; Madrigal y Fernández Rodríguez,
tes, libertos y collegia, a prefectos y flamínicas, entre otros 2001, 225-257.
132 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO
prácticamente inédita6 y se conserva sin número de republicana e imperial11. El nuevo león enriquece la
inventario en la exposición permanente del Museo de discusión sobre los fenómenos de difusión y recepción
la Casa de Cultura de Alhambra (Ciudad Real). El pre- de usos, tradiciones y prácticas funerarias de raigam-
sente trabajo analiza la iconografía, cronología y con- bre itálica entre las poblaciones autóctonas meseteñas
texto de esta escultura, de gran interés por su inusual en vías de romanización12.
configuración tipológica y por incrementar la nómina
de los leones hispanos7 con cabezas cortadas entre sus
garras (Aranegui, 2003, 83-91), que son de cronología DESCRIPCIÓN, CARACTERIZACIÓN Y ESTI-
y filiación romana8. En la península, su distribución LO DEL FRAGMENTO
se concentra, en particular, en Andalucía, desde Jaén
a Cádiz, destacando del foco gaditano (Pérez López, El fragmento de escultura (Figs. 1-4) está labrado en
1999, 34-73, n.º 1-20); en la Meseta meridional, donde piedra arenisca de color rojizo, conocida localmente
el león de Alhambra constituye un nuevo hito, desta- como «moliz», muy abundante en las canteras próxi-
ca el conjunto de leones de Segobriga. Estos felinos, mas al Cerro de Alhambra (Madrigal y Fernández
con o sin cabezas cortadas, son tributarios del arribo Rodríguez, 2001, 245). Sus dimensiones conservadas
a Hispania de contingentes desplazados desde las re- son: 40 cm de altura, 16 cm de profundidad y 39 cm
giones itálicas, en particular del Norte9, inspirándose de anchura; la cabeza tiene 17 cm de alto (11 cm men-
sus iconografías en prototipos de época helenística (si- tón-cejas) y un ancho de 12,5 cm. La autopsia de lo
glos IV-III a.C.)10, empleados ampliamente en la de- conservado, en particular el lateral izquierdo, que está
coración de monumentos funerarios de época romana vaciado y alisado, sugiere que la escultura fue reutili-
zada a posteriori.
Corresponde a un felino, posiblemente un león,
con una cabeza humana masculina entre las garras.
Lo preservado del grupo, de reducidas dimensiones y
seguramente labrado en un único bloque pétreo, tiene
6. Excepto una pequeña descripción y fotografía en Benítez de un estado de conservación aceptable. Queda tan sólo
Lugo et alii, 2011, 13. La noticia de su hallazgo fue recogi- la parte anterior del plinto, en cuyo extremo anterior
da en la edición del Diario Lanza, de fecha 25 de agosto de apoya y sobresale una cabeza de hombre flanqueada
2000, donde fue descrita como una «esfinge alada», en la
que se aprecia «una cabeza humana, con rostro serio, pero
a la derecha por la pata y garra delantera diestra de
relajado» (M. G. Torrijos). un felino, dispuesta rígida e inclinada. La cabeza con-
7. Pérez López, 1999; Aranegui Gascó, 2004, 213-227; Nogue- serva parcialmente los rasgos somáticos, si bien están
ra Celdrán y Rodríguez Oliva, 2008, 400-407; Rodríguez muy erosionados, en particular en el lateral izquierdo,
Oliva, 2009, 60-61 donde faltan el ojo, oreja, mejilla y parte de la barbi-
8. Sobre los tipos de leones ítalo-romanos en los que se inspi- lla. El mentón está muy dañado y tiene pequeños des-
ran: Rodenwalt, 1935-1936, 225 ss.; Mansuelli, 1956a, 66- conchados en toda la superficie. Definen el rostro su
89; Magi, 1971-1972, 273-303; Marini Calvani, 1979, 270- mentón prominente, boca horizontal, de labios cerra-
271; 1980, 7-14; Todisco, 1986, 165-182; 1987, 145-155;
dos y comisuras sin marcar, nariz recta y ligeramente
2000, 83-87; Maurizi, 2000, 245-302.
9. Menéndez Pidal, 1960, LIX ss.; García y Bellido, 1966, 419-
respingona, sin orificios y con tabique nasal recto, am-
431; 1967, 3-29; García y Bellido y Koch, 1972, 462-500; plio pómulo diestro, con mejilla rehundida. Los ojos,
Gabba, 1973, 289-299; Marín, 1988; Torelli, 1997, 96-106. el derecho de los cuales es ligeramente almendrado y
10. L a tipología del león de época romana en ambiente pro- sin párpados, están insertos en cuencas orbitales poco
vincial norditálico, gálico e hispano bebe directamente en profundas, enmarcadas por cejas amplias y rectilíneas.
las fuentes del arte griego clásico y helenístico (Mansue-
lli, 1956a, 69-70 [sobre la tipología arcaica de los leones,
que prescinde de intentos naturalistas y deriva de prece- 11. Ferri, 1931; 1933, figs. 310, 351, 357 ss.; Rodenwalt, 1935-
dentes egipcios, mesopotámicos y microasiáticos], 71-72 1936, 225 ss.; Mansuelli, 1956a, 66-89; Magi, 1971-1972,
[sobre los leones griegos de los siglos V y IV a.C.], 72 273-303; Marini Calvani, 1980, 7-14; Todisco, 1986, 165-
[tipología de los leones en el Helenismo]; Gabelmann, 182; 1987, 145-155; 2000, 83-87; Maurizi, 2000, 245-302.
1965, passim; Vermeule, 1972, 50-59), y encuentra refe- 12. Como acreditan –entre otras muchas fuentes– otras escul-
rencias, asimismo, en los ejemplares de ambiente italiota turas sepulcrales, por citar ejemplos representativos, las es-
y siciliota, con los que se relaciona directamente, así como finges de Ontur y La Higueruela (Albacete) (Chapa, 1986,
con los de ambiente etrusco (Ciglioli, 1952, 5-9, lám. IV; 118, n.º 206; y 117, n.º 198; Pérez López, 1999, 23, nota
Brown, 1960; Camporeale, 1965, 1-13; Cristofani, 1968, 77), la de Alarcos (Ciudad Real) (Prada Junquera, 1977,
321-323; Emiliozzi, 1991, 939-953), con los que se vin- 695-704; Chapa, 1980a, 694-695, n.º CR.3, lám. CXL, fig.
cula de modo inmediato (Mansuelli, 1956a, 72-73 [sobre 4.147.2; 1980b, 330, lám. VIII, 2; Juan García y Fernández
las escasas obras romanas metropolitanas que completan Rodríguez, 2007, 45-47), el león de Reillo (Cuenca) (Osuna
la serie de los precedentes de la escultura provincial; no Ruiz, 1976, 43, lám.; Chapa, 1980a, 700-702, n.º CU.1,
parece que las figuras de leones en la acepción simbólica lám. CXLI, fig. 4.149; Almagro Basch, 1983, 244, lám.
conmemorativa o funeraria de la Grecia arcaica y clásica, VIII; Pérez López, 1999, 136-137, n.º 55; Aranegui, 2004,
presente también en Etruria, haya gozado de favor entre 218, fig. 5) o la nutrida serie zoomorfa de Segobriga (No-
los romanos]). guera y Cebrián, 2010, 257-314; Noguera, 2012, 329-347).
constatan un total de cuatro ejemplares de la serie (No- de las almas al mundo de ultratumba, son expresión
guera, 2012, n.º 6, 65, 66 y 216). Aunque en la Galia metafórica de la propia muerte, figurada mediante el
e Hispania el modelo se ha considerado en ocasiones felino depredador que acaba con la vida de su víctima,
–tal y como hemos referido– derivado de tradiciones de igual forma que el fallecimiento arrebata a los hu-
y usos prerromanos (Benoit, 1946, 80; 1948, 64 ss.; manos de este mundo.
1949, 113-145; 1955, 34; Beltrán y Baena, 1996, 162),
el tipo fue introducido de la mano de los procesos re-
gionales de romanización (Pérez López, 1999, 22). CRONOLOGÍA
Se ha postulado que las cabezas cortadas asociadas
a estos leones simbolizan a las víctimas o presas del Los leones funerarios hispanos se emplearon para or-
poder devorador de la muerte, expresando su horror, y nar determinados tipos de tumbas ya hacia los años
al difunto en su trágico e inevitable destino24. Incluso 150-100 a.C., en particular en algunas necrópolis del
se las ha asociado con la influencia mágica que el león Mediodía peninsular (provincias de Jaén, Córdoba,
ejerce sobre los difuntos en su tránsito hacia el Más Cádiz, Sevilla y Málaga), proliferando especialmente
Allá, así como en la frontera entre el mundo de los entre el año 75 a.C. y la época de César (Balil, 1989,
vivos y de los finados (Olmos, 1996, 89); de hecho, el 223-231; Pérez López, 1999). No obstante, sabemos
león sintetiza a la par, en su calidad de apotrópaion, que también abundaron bajo el gobierno de Augusto
dos funciones complementarias y contrapuestas: la de y los Julio-Claudios, como demuestran, entre otros,
proteger contra el terror y, a la par, la de aterrorizar los ejemplares segobrigenses bien contextualizados
a quien lo contempla (Pérez López, 1999, 22-23). Se arqueológicamente25. Por consiguiente, estas escul-
han propuesto, además, otras acepciones sepulcrales turas son ibero-romanas, romano-ibéricas26 o incluso
y apotropaicas complementarias para estas cabezas mejor, hispanorromanas, pues se inspiran en modelos
humanas cortadas asociadas a felinos: procuran la pro- en exclusividad ítalo-romanos. Evidentemente, estos
tección de los descendientes del finado, ensalzan la razonamientos son válidos para las formas artísticas,
virtus de su linaje y evocan la etnia de una minoría de pero no para el concepto o significado que tales formas
individuos, posiblemente de ascendencia norditálica,
que en Provenza, otras regiones del Sur de las Galias
y las áreas del centro y Sur de Hispania encontró la
muerte lejos de su lugar de origen (Aranegui, 2004, 25. Noguera, 2012, 329-340; en Segobriga puede extrapo-
10). En el caso de Alhambra, a su ascendencia itálica larse la cronología de la necrópolis Norte a las esculturas
pudieron sumarse influjos procedentes de un sustrato zoomorfas y, en particular, de leones, de clara raigambre
artístico de raigambre céltica, como parecen eviden- e inspiración itálica, debiendo fecharse en época augustea
ciar el tipo de la escultura y los rasgos somáticos de la y julio-claudia en adelante y hasta el siglo II, tanto por sus
cabeza masculina. caracteres tipológico-iconográficos y estilísticos, como por
El recurso al simbolismo de esta iconografía, mate- el propio contexto histórico y arqueológico de la ciudad y
rializado en el felino que oprime al individuo abatido sus necrópolis. Esta cronología augustea y julio-claudia se
inserta perfectamente en las dataciones propuestas para las
con el peso mismo de su masa corporal pétrea, pone
series de leones del Norte de Italia (Mansuelli, 1956a, pas-
de manifiesto una concepción pesimista del mundo de sim; Marini Calvani, 1980, passim) y se acredita igualmen-
ultratumba, heredada de un ambiente primitivo y ale- te en otras obras hispanas bien datadas, como los leones
jado del intelectualista pesimismo griego (Mansuelli, emeritenses labrados en mármol blanco, cuya cronología
1956a, 87-88). Por lo tanto, estos conjuntos de leones avanzada evidencia el material en que fueron labrados (Ro-
con cabezas cortadas, humanas o animales, rezuman dríguez Oliva, 1993, 65-66, láms. XIV-XV; Pérez López,
una profunda simbología religiosa y funeraria, pues 1999, 132-133, n.º 52; y García y Bellido, 1949, 313, n.º
a la par que custodios del sepulcro y transportadores 318; Rodríguez Oliva, 1993, 65-66, láms. XIV-XV; Pérez
López, 1999, 132-135, n.º 53), los felinos de Valentia, que
han de ser de inicios del siglo I d.C. en razón del contexto
de la ciudad (Jiménez Salvador, 2008, 409-410), o un león
1; 1986, p. 81, n.º 67; Pérez López, 1999, p. 100-101, n.º sepulcral en piedra caliza local que, procedente de Colo-
35), con una víctima de cuerpo entero bajo sus garras de- nia Salaria (Úbeda, Jaén), formaba parte de la decoración,
lanteras, y otro león conservado en el Museo Arqueológico junto con un friso en relieve y sendas estatuas de los di-
de Córdoba y considerado tradicionalmente como de igual funtos, del mausoleo turriforme de los Stlaccii, construido
procedencia, aunque ahora sabemos que viene de Arua (Al- en época augustea tardía (Beltrán y Baena, 1996, 145-153;
colea del Río, Sevilla), el cual muestra un rostro humano Baena y Beltrán, 2002, 46, figs. 16-17). Véase también la
adormecido, claro trasunto del difunto, sobre el que la fiera reciente propuesta de Beltrán y Loza de datar el Oso de
reposa su garra izquierda (León, 1998, 106, n.º 80; y 187 Porcuna, tradicionalmente situado a partir de mediados del
[lám.]; Pérez López, 1999, 96-97, n.º 33; Aranegui, 2004, siglo I a.C. (Portillo, Rodríguez Oliva y Stylow, 1985, 185-
220, fig. 8; Beltrán, 2006, 250-251, fig. 1, a-c). Las esfinges 217), en época julio-claudia en razón de los contextos bien
de Ontur y La Higueruela también tienen entre sus patas conocidos de la ciudad de Obulco (Beltrán y Loza, 2005,
delanteras una cabeza humana (Chapa, 1986, 118, n.º 206; 163-176).
y 117, n.º 198; Pérez López, 1999, 23, nota 77). 26. Chapa (1985, 140-143) las definió como integrantes del
24. uide supra nota 21. «conjunto iberorromano o reciente» de la escultura ibérica.
escultura n.º 1 estaba amortizada bajo la estructura de Alhambra y en el cual conocemos restos de una ne-
la pira n.º 2, fechada entre la segunda mitad del siglo crópolis ibérica de época tardía. Hallada circunstan-
I a.C. y época de Tiberio/Claudio, de donde puede de- cialmente en 1989 en el transcurso de unas obras para
ducirse que quedó amortizada entre la segunda mitad construir un camino en la ladera de la atalaya que vier-
del siglo II a.C. y la primera del siguiente (Madrigal y te hacia la antigua carretera N-340, las excavaciones
Fernández Rodríguez, 2001, 247). Sin embargo, este arqueológicas practicadas en 1996 permitieron definir
es el lapso –muy amplio– de amortización o rodadura en parte la extensión del cementerio (de unos 620 m2),
de la escultura desde la parte superior del cerro, lo que su crono-estratigrafía, sus tipos de enterramientos y
puede hacerse extensivo con seguridad al fragmento estructuras funerarias.
n.º 2 y, posiblemente, a los n.º 3 y 4. Es decir, el uso Sobre niveles desplazados desde la zona superior
primario de las esculturas n.º 1 y 2 podría ser anterior del cerro con materiales cerámicos áticos rodados, de
a mediados del siglo II a.C. Sus caracteres estilísti- la primera mitad del siglo IV a.C. (y, por ende, coe-
cos, en particular los de los cuadrúpedos n.º 1 y 2 y la táneos de la necrópolis de Época Plena localizada en
cabeza n.º 3, permiten fecharlos genéricamente en el el paraje de Las Fuentes, ubicado en la ladera Norte
horizonte de los siglos IV-III a.C., al que correspon- del referido cerro), las excavaciones de 1996 permi-
den, asimismo, las esculturas (felino, cierva y bóvi- tieron constatar dos fases que se pueden encuadrar
dos) del siglo IV a.C. de El Salobral (Blánquez, 1995, entre época íbero-romana (siglos II-I a.C.) y las pri-
199-208) o el toro de Alcubillas, datado en la segunda meras décadas del siglo I d.C.: un primer nivel con
mitad del siglo IV a.C. (Mena Muñoz y Ruiz Prieto, enterramientos en hoyo –con urnas cinerarias ibéricas
1985, 252-255). o itálicas con páteras campanienses usadas como ta-
Con anterioridad a mediados del siglo II a.C. no paderas–, fechable entre la segunda mitad del siglo II
hay constatados niveles ni monumentos sepulcrales a.C. y los comienzos del periodo julio-claudio; y un
de un periodo precedente en la necrópolis del Cami- segundo nivel con piras de cremación o para ofrendas
no del Matadero. Por ello, dado que las esculturas n.º datables desde la segunda mitad del siglo I a.C. hasta
1-3, y posiblemente la n.º 4, tienen una cronología los reinados de Tiberio o Claudio. Los enterramien-
anterior a mediados del II a.C., y considerando que tos de una y otra facies se caracterizan por la ausencia
están rodadas y caídas de la parte superior del cerro, de señalización exterior, la uniformidad de sus tipos y
podrían haber pertenecido a la decoración de uno o ajuares funerarios, muy escasos y carentes de armas,
más monumentos funerarios ibéricos, de tipología y como corresponde a las necrópolis de este periodo
envergadura difíciles de precisar, quizá pilares-estela (Fuentes, 1992, 594). La necrópolis muestra reocupa-
(sobre el tipo: Izquierdo Peraile, 2000), localizados tal ciones puntuales en el siglo II y en época visigoda,
vez en el área cementerial de Las Fuentes, datada en momento al que pertenece una tumba hallada bajo el
época Ibérica Plena y emplazada en la vertiente sep- nivel superficial, en la cuadrícula 4 (Madrigal, García
tentrional del Cerro de Alhambra, de donde proceden Bueno y Fernández Rodríguez, 1996, 34-45; Madrigal
cerámicas griegas del siglo IV a.C., momento en que y Fernández Rodríguez, 2001, 247), que debió de ser
en las necrópolis ibéricas castellano-manchegas se coetánea del vecino cementerio visigodo de Las Eras
produjeron cambios sustanciales, pero no se abandonó (Fernández Rodríguez y Serrano, 1990, 46-53; García
el interés por la escultura decorativa en los monumen- Bueno, 2006, 157-168).
tos sepulcrales (Blánquez, 1999, 75; Sanz, 2007, 197). El león con cabeza cortada entre sus garras debió
Estos monumentos podrían haber sido abandonados, de proceder, dada su cronología romana y al contrario
destruidos o amortizados por cualquier circunstancia que las cuatro esculturas de época Ibérica Plena, de un
desconocida, y sus esculturas pudieron ser arrojadas área cementerial del periodo Ibérico Tardío o, incluso,
deliberadamente o caer rodando por la ladera meridio- de comienzos del periodo imperial, lapso que coinci-
nal del cerro, donde quedaron amortizadas, como en de con el de las estructuras funerarias documentadas
el caso del fragmento n.º 1, bajo estructuras datadas a en el área excavada en 1996; sin embargo, no puede
partir de mediados del siglo II a.C. Por consiguiente, asociarse a ninguno de sus tipos sepulcrales (enterra-
todo apunta a la posible existencia en la necrópolis de mientos en hoyo y piras). El grupo debió de pertenecer
Las Fuentes de monumentos sepulcrales adscribibles posiblemente a una zona desconocida de dicha necró-
al Ibérico Pleno (siglos IV-III a.C.) y decorados con polis monumentalizada con estructuras sepulcrales de
esculturas zoomorfas (n.º 1-4). tipología ítalo-romana, al modo en que sucedió en Se-
gobriga en la necrópolis Norte ubicada bajo el circo,
de mediados del siglo II d.C. De hecho, respecto del
CONTEXTO Y FUNCIONALIDAD DE LA ES- extremo suroeste del cementerio se tienen noticias de
CULTURA la extracción de grandes sillares de piedra desplaza-
dos a un terraplén cercano, donde fueron localizados
El fragmento de león funerario hispanorromano fue por los excavadores del cementerio (Madrigal y Fer-
descubierto casualmente, como ya hemos referido, nández Rodríguez, 2001, 247). Además, una tumba de
en el paraje del Camino del Matadero, ubicado en la inhumación del siglo II d.C. que rompía el nivel de
vertiente Sur del cerro donde se erige la localidad de las piras, estaba construida con sillares reutilizados de
un monumento sepulcral desconocido y situado en las numento en forma de edículo sobre basamento –tipo a
inmediaciones, el cual debió de ser desmontado para dado, o de tipo a podio–30, cuyos ángulos solían estar
la ocasión, pues sus aristas y decoraciones apenas es- custodiados por leones. Este modelo de monumentum,
taban erosionadas (Madrigal y Fernández Rodríguez, originario de Roma y sus alrededores (Marini Calvani,
2001, 249). Por tanto, cabría vincular el fragmento 1980, 9), y ampliamente extendido por el área nordi-
de león a hipotéticos monumentos de filiación itálica tálica31, la del Adriático, Europa meridional, el Rin y
existentes en el entorno de la necrópolis íbero-romana el Danubio (Ferri, 1931, figs. 122-125; Massot, 1932,
del Camino del Matadero. 203, n.º 284-286, láms. 51-53; Ferri, 1933, figs. 339-
Las figuras teriomorfas de leones debieron de te- 357; Florescu, 1942, 18-20; Teposu, 1982, 30, 36 y
ner un profundo valor decorativo y protector (Ortalli, 43 ss., lám. XVI), se difundió también en Hispania a
1997, 378-379) en el contexto del arte provincial his- finales de la República y en las primeras décadas del
pano y del Norte de Italia (Mansuelli, 1956a, 76-77), Imperio32, siendo paradigmático al respecto el sepul-
a pesar de que el carácter simbólico es difícil de esta- cro turriforme con edículo de Colonia Salaria (corti-
blecer con precisión, pues desconocemos mucho de la jo de Doña Aldonza, Úbeda, Jaén)33. Al modo en que
vida religiosa y espiritual de las comunidades itálicas, lo hacen los leones de Salaria, el de Alhambra pudo
galas e hispanas que recurrieron a ellas. El león fune- rematar la esquina del primer cuerpo de un hipoté-
rario de Alhambra, como la mayoría de los hispanos, tico monumento de este tipo. Por último, el león de
pudo tener una misión apotropaica en la sepultura que Alhambra también pudo decorar un altar o un ara fu-
decorase y custodiase. El felino guardaría el sepulcro neraria coronada por pulvinos, cúspides piramidales y
–de ahí su aterradora expresión–, a la par que encar- cónicas, o por cualquier otro elemento arquitectónico
naría la violencia y el sino inevitable de la muerte (los
leones con animales o con cabezas cortadas entre o
bajo sus garras incrementarían su consideración de
fiera tan temible como la propia muerte)27, siendo más Porta Nocera: D’Ambrosio y De Caro, 1987, 199-228), el
difícil aceptar que evocase la personificación del pro- gaditano de Secundilla Mnester (Pérez López, 1999, 27-31,
pio difunto. Como guardián de la tumba, protegería fig. 18, con ensayo de reconstrucción a partir del modelo de
los restos mortales y el ajuar del finado, e incluso pudo la tumba de los Stronii; Beltrán, 2000, 441, nota 10), u otros
llegar a exaltar su carácter heroico y valeroso. de escala más reducida, básicamente altares, que son trans-
posiciones del esquema anterior bien conocidas por la do-
Es difícil establecer consideraciones precisas sobre cumentación arqueológica del Norte de Italia y, en particu-
la posición del león de Alhambra en su correspondien- lar, del Veneto; véanse, en este sentido, las aras sepulcrales
te monumento, en particular por su carácter fragmen- de pequeño formato dedicadas a Galgestia Apta y a Lucio
tario y descontextualizado, asimismo, porque estos Alfil Iucundo, ambas en el Museo Archeologico Nazionale
felinos tuvieron diversas ubicaciones en los sepulcros di Aquileia (Lettich, 2003, 156-157, n.º 195; 159, n.º 199).
romanos. No obstante, podrían proponerse varias op- 30. Hesberg, 1994, 144-185; Gros, 2001, 399-422. Para Hispa-
ciones, advirtiendo que debe desecharse la adscripción nia: Beltrán y Baena, 1996; Beltrán, 2000, 435-450; 2002,
del león al coronamiento de una estela, al modo de las 238-241; Baena y Beltrán, 2002.
31. En el área norditálica, donde el león funerario monumental
conocidas en Italia o en la propia Segobriga. En pri-
está limitado a las regiones de Emilia y Veneto costero, de
mer lugar, podría pertenecer a un altar funerario con donde quizá pasara a las provincias danubianas (Mansuelli,
pulvinos, asimilable al tipo de los sepulcros llamados 1956a, 67-68; 1957, 156), formaban parte de la decoración
a dado28, bien conocidos en la península Ibérica (No- arquitectónica de grandes edificios funerarios de tipo a
guera, 2012, 225-232 y 350-356); pudo constituir el dado, cilíndricos y mausoleos con zócalo, edículo y coro-
coronamiento lateral de un altar de este tipo o similar, namiento en forma de cono o pirámide (para las tipologías
con una pareja que actuase de pendent en su ángulo si- monumentales funerarias atestiguadas en Italia septentrio-
métrico29. El león pudo disponerse también en un mo- nal y, en particular, en la Cisalpina, uide: Mansuelli, 1971,
passim; y De Maria, 1983, 362 ss.; y más recientemente la
obra colectiva: Mirabella Roberti, 1997, passim), como el
Gran Mausoleo de Aquileia (Mansuelli, 1956a, 85; Brusin
27. Este concepto asiático se difundió rápidamente por el Medi- y Degrasi, 1956, 18; Scrinari, 1972, 194-195, n.º 605, fig.
terráneo occidental, añadiéndose a esta acepción del león la 605 a-c; Mansuelli, 1981, 108-109). Sobre los monumen-
del oso, el jabalí y la esfinge (Mansuelli, 1956a, 88). tos funerarios de las necrópolis de Aquileia: Ventura y Rei-
28. EAA, V, Roma, 1963, 195, s.v. Monumento funerario (G. ner, 1991, 73; también sobre las necrópolis de la ciudad:
A. Mansuelli); Felletti, 1977, 202 ss.; Hesberg, 1994, 197- Reusser, 1987, 239-249).
209; Gros, 2001, 392-399. Para Hispania: Beltrán, 1990, 32. Sobre la tipología de monumentos funerarios en la Hispania
183-226; 2004, 101-141 (con bibliografía específica actua- romana: Sanmartín, 1984, 87-160; Hesberg, 1993, 150-181;
lizada); Claveria, 2008, 345-396 (con toda la bibliografía Beltrán, 1997, 119-125 (= Beltrán, 1998, 119-125); Lu-
anterior sobre los ejemplares del nordeste hispano). zón, 1997, 51-64; Cancela, 2001, 105-120; Beltrán, 2002,
29. Como el de los Stronii en la necrópolis pompeyana de Porta 233-258.
Nocera (EAA, VI, Roma, 1965, fig. 383, s.v. Pompei [A. 33. Datado en época de Augusto y perteneciente a una familia
Maiuri]; La Rocca y De Vos, 1976, 263; De Vos y De Vos, de los Stlacci (Beltrán y Baena, 1996, passim y, en parti-
1982, 160; D’Ambrosio y De Caro, 1983a, 32; D’Ambrosio cular, 65-153; Baena y Beltrán, 2002, 46 y 58, figs. 16-17;
y De Caro, 1983b, 31 OS. También sobre la necrópolis de 143-148, n.º 146-153).
o figurado, flanqueados por parejas de leones34. O bien ARANEGUI, C., 2004: «Leones funerarios romanos de
pudo desempeñar una función de acrótera angular en época iberorromana. La serie asociada a cabezas hu-
un monumento similar, por ejemplo, al de Ponticelli manas», en T. NOGALES BASARRATE y L. J.
de Imola, que tenía un elemento central al que se ado- GONÇALVES (Eds.), IV Reunión sobre escultura ro-
saban leones (Mansuelli, 1957, 156), o a la de los se- mana de Hispania, Lisboa, 7-9 febrero 2002, 213-227,
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Recepción: 17-01-2013
Aceptación: 26-08-2013
ÁNGEL MORILLO
Universidad Complutense
Figura 1: Planta del trazado hipotético del campamento de la legio VII gemina en León con indicación de la situación de Puerta Obispo
(según A. Morillo y V. García Marcos, a partir de los datos de los informes de excavación proporcionados por la Dirección General de
Patrimonio de la Junta de Castilla y León).
Figura 2: Planimetría de los restos altoimperiales de Puerta Obispo (García Marcos, 1996).
VII gemina en Candanedo y Rabanal de Fenar (Gon- La atención preferente se ha dedicado al análisis de
zález, 1981; Gutiérrez González, 1985, 156-159), los sellos militares, mientras que aspectos relativos a
a casi 30 km de la ciudad. Le Roux vuelve a abor- la fabricación y empleo del material latericio sobre el
dar esta cuestión dentro de un trabajo general sobre que aparecían las marcas se ha dejado en un segundo
marcas militares hispanas (Le Roux, 1999). Desde plano, así como su posición dentro de los registros
entonces se han dado a conocer algunos materiales cronoestratigráficos.
procedentes de excavaciones, como los de la necró- Las excavaciones desarrolladas durante el año
polis del Campo de Vegazana (Liz y Amaré, 1993), el 1996 bajo la dirección de V. García Marcos en el sec-
monasterio de San Claudio (González, 1994), la ca- tor de Puerta Obispo2, situado al este de la ciudad,
lle San Salvador del Nido (Fernández Freile, 2003), justo encima de la antigua porta principalis sinistra
el acueducto (Campomanes, 2006) o el polígono de del campamento romano y de las letrinas de las an-
La Palomera (Amaré y Álvarez Vega, 2006). El re- tiguas grandes termas legionarias que se encuentran
ciente análisis de Kurzmann sobre material latericio bajo la Catedral (García Marcos et alii, 2004; Morillo
con estampilla militar se ha ocupado también de los y García Marcos, 2005) proporcionaron un volumen
sellos de la VII Gémina (2006, 99-104), aunque su considerable de material latericio, que presentamos a
bibliografía presenta ausencias muy significativas. continuación (Fig. 2).
1 2 3
4 5 6
7 8
9 10
11 12 13
14 15 16 17
Figura 6: Ladrillo semicircular (nº 11), en cuarto de círculo (nº 12-16) y en octavo de círculo (nº 17).
18 19 20
21 22
23 24 25
Fragmento de tegula con superficie estriada 55. Nº inv. 2004/20/1071/34; Área 1000 (Puerta);
Dimensiones: [22] x [13, 5] x 2,5 cm UE 1071 (Figs. 10 y 13)
Dimensiones de la cartela: 2 x 10,5 cm Fragmento de tegula con superficie estriada
Sello: L(egio) VII G(emina) Max(iminiana) Dimensiones: 16 x 12 x 3 cm
[p(ia) f(elix)] en cartela rectangular. L(egio) VII G(emina) en cartela rectangular.
35 36 37
38 39 40 41
42 43 44
45 46 47 48 49
50 51 52 54
55 56 57 58
59 60 61 62
63 64 65 66
67 69 70 71
56. Nº inv. 2004/20/1071/35; Área 1000 (Puerta); 58. Nº inv. 2004/20/1081/22; Área 1000 (Puerta);
UE 1071 (Figs. 10 y 19) UE 1081 (Fig. 10)
Fragmento de tegula Fragmento de tegula
Dimensiones: 12 x 7 x 3 cm Dimensiones: 15 x 10 x 2 cm
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [9] cm Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [8,5] cm
Sello: [Legio VII] Gor(diana) P(ia) F(elix) en Sello: Le(gio) [VII Gemina …]
cartela rectangular. 59. Nº inv. 2004/20/1082/29; Área 1000 (Puerta);
57. Nº inv. 2004/20/1071/36; Área 1000 (Puerta); UE 1082 (Figs. 10 y 19)
UE 1071 (Fig. 10) Fragmento de tegula
Fragmento de tegula. Presenta marca de pro- Dimensiones: 12, 5 x 9, 5 x 3 cm
ducción consistente en dos líneas rectas y para- Dimensiones de la cartela: 3 x [9] cm
lelas practicadas con dos dedos. Sello: [Legio] VII G(emina) G(ordiana) […] en
Dimensiones: 12 x 10 x 2 cm cartela rectangular.
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [9] cm 60. Nº inv. 2004/20/1116/24; Área 1000 (Puerta);
Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) en cartela UE 1116 (Fig. 10)
rectangular. Fragmento de tegula
72 73
Figura 11: Tegulae con orificio central (nº 72) y oculus (nº 73).
74 75 76 77 78
79 80 81 82 83
Sello: [Legio] VII G(emina) […] en cartela Fragmento de tegula con oculus central de 18
rectangular. cm de diámetro, circundado por un reborde.
68. Nº inv. 2004/20/4038/48; Área 4000 (Termas); Dimensiones: 12 x 11, 5 x 7, 5 cm
UE 4038 (Fig. 10)
Fragmento de tegula Imbrices
Dimensiones: 8 x 7, 5 x 2 cm 74. Nº inv. 2004/20/04 (Fig. 12)
69. Nº inv. 2004/20/4067/07; Área 4000 (Termas); Pequeño fragmento de imbrex con superficie
UE 4067 (Fig. 10) estriada
Fragmento de tegula Dimensiones: 14 x 9 x 3 cm
Dimensiones: 7 x 5 x 2 cm Dimensiones de la cartela: 4 x [6,6] cm
Dimensiones de la cartela: 3 x [4] cm Sello: L(e)g(io) V[II ---] en cartela rectangular
Sello: […] F(elix). La letra F es de mayor altura 75. Nº inv. 2004/20/1014/38; Área 1000 (Puerta);
que los caracteres anteriores, que no se pueden UE 1014 (Fig. 12)
reconocer. Cartela rectangular. Fragmento de imbrex
70. Nº inv. 2004/20/5014/13; Área 5000 (Termas); Dimensiones: 11, 3 x 8 x 2, 6 cm
UE 5014 (Figs. 10 y 13) Dimensiones de la cartela: 1, 5 x 6, 5 cm
Fragmento de tegula Sello: L(egio) VII G(emina) [….] en cartela
Dimensiones: 16,5 x 12 ,5 x 3 cm rectangular
Dimensiones de la cartela: 3, 8 x [9,5] cm 76. Nº inv. 2004/20/1515/12; Área 1000 (Puerta);
Sello inciso: Leg(io) VII G(emina) […] en car- UE 1515 (Figs. 12 y 16)
tela rectangular Fragmento de imbrex
71. Nº inv. 2004/20/5019/07; Área 5000 (Termas); Dimensiones: 11, 6 x 10 x 2, 5 cm
UE 5019 (Fig. 10) Dimensiones de la cartela: 2, 6 x [8,5] cm
Fragmento de tegula con pestaña Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) F(elix) en
Dimensiones: 18, 4 x 15, 7 x 3 cm cartela rectangular.
Dimensiones de la cartela: 2, 5 x 9,5 cm 77. Nº inv. 2004/20/1071/33B; Área 1000 (Puerta);
Sello: L(egio) VII G(emina) […] UE 1071 (Fig. 12)
72. Nº inv. 2004/20/1508/15; Área 1000 (Puerta); Gran fragmento de imbrex
UE 1508 (Fig. 11) Dimensiones: 25 x 12, 5 x 3 cm
Fragmento de tegula con orificio circular de 1 Dimensiones de la cartela: 2, 6 x 9 cm
cm de diámetro. Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) F(elix)
Dimensiones: 12 x 9 x 3 cm A(ntoniniana) en cartela rectangular.
73. Nº inv. 2004/20/4014/14; Área 4000 (Termas); 78. Nº inv. 2004/20/1071/33C; Área 1000 (Puerta);
UE 4014 (Fig. 11) UE 1071 (Fig. 12)
que el tercero (nº 4) resulta algo más reducido (25, 5 dobles paredes (tegulae mammatae, tubuli, bobinas)
cm). De hecho, resulta demasiado grande para inte- constituyen uno de los testimonios más evidentes so-
grarlo dentro del grupo de ladrillos bessales, por lo bre la existencia de caldaria o sudationes en termas
que lo consideramos una variedad más reducida de o baños romanos, aunque en la mayoría de los casos
pedal. aparecen en estado fragmentario y fuera de su posición
Dentro del conjunto de ladrillos se constatan tam- original, debido al arrasamiento de las paredes de las
bién varios que parecen haber formado parte de pilae o habitaciones calefactadas. A la nómina de instalacio-
columnillas circulares de hipocausto (Brodribb, 1987, nes balnearias que contaron con este tipo de elementos
54-55) (Fig. 6). Entre ellos destaca una pieza semicir- (Fernández Ochoa et alii, 1999, 299), debemos sumar
cular de 19 cm de diámetro (nº 11), cinco ladrillos en los recientes hallazgos en Turiaso (Beltrán Llorís y
cuarto de círculo (nº 12-16), de entre 31 y 40 cm de Paz Peralta, 2004, 69, Fig. 28.1).
diámetro, y uno (nº 17) en octavo de círculo, de 30 cm Ya en su momento García y Bellido (1970) plan-
de diámetro. Los lateres circulares completos suelen teó la existencia de estancias con dobles paredes en
presentar medidas de entre 12 y 23 cm (Degbomont, las termas romanas halladas bajo la catedral de León.
1984, 101). Los ladrillos de tendencia circular (semi- Los materiales que aquí presentamos confirman di-
circulares, en cuarto de círculo o en octavo de círculo), cha afirmación, proporcionando elementos de siste-
que configuran en módulo más reducido las columnas mas tan diferentes como tegulae mammatae y tubuli.
en mampostería de atrios, pórticos y peristilos, tienen En efecto, se han documentado en la intervención de
diámetros bastante mayores, tal y como se verifica en Puerta Obispo tres fragmentos con los característicos
nuestros ejemplares. En el caso de las termas de Car- apéndices de tegulae mammatae (Vitrubio, De Arch.
teia se han documentado pilae realizadas con ladrillos VII, 4, 2; Plinio, Nat. Hist. XXXV, 46, 159), grandes
semicirculares de 32 cm de diámetro (Roldán Gómez, tejas cuadradas o cuadrangulares, con cuatro apéndi-
1992, 127; Fernández Ochoa et alii, 1999, 296). Uno ces o mamelones dispuestos regularmente en una de
de los ejemplares de cuarto de círculo recuperados en sus caras a fin de crear una cavidad entre dos pare-
León presenta un radio de 20 cm (nº 15), lo que supo- des verticales como espacio de aireación. Dos de ellos
ne un diámetro de al menos el doble (40 cm). El resto son apéndices troncopiramidales (Fig. 7, nº 18 y 19),
se concentra en torno a los 31-32 cm de diámetro. La mientras el tercero (Fig. 7, nº 20) presenta una protu-
pieza semicircular (nº 11) representa una pila más esti- berancia circular. Ambas variantes fueron ya estable-
lizada, de 19 cm de diámetro. cidas por Brodribb (1987, 60-62), quien las clasifica
La presencia de ladrillos de tendencia circular for- como tipos A y B respectivamente, proponiendo que
mando pilae de hipocausto ha sido escasamente cons- las diferencias en cuanto a la forma y anchura de sus
tatada en establecimientos termales (Fernández Ochoa mamelones derivaba de un uso diferenciado, que sin
y Zarzalejos, 1996, 116). En Hispania se documentan embargo no queda bien especificado. Recientemente
en Ilici, Lancia, Asturica y Santander, además de Car- Bouet ha establecido una nueva clasificación que en
teia (Fernández Ochoa et alii, 1999, 296). Los ladri- esta ocasión se basa en la longitud de los mamelones
llos semicirculares y en cuadrante de círculo ya habían (Grupos 1 y 2) (Bouet, 1999, 13-39).
sido constatados en las termas legionarias de León Junto a las tegulae mammatae se documentan ca-
durante las obras de restauración, aunque al igual que torce fragmentos pertenecientes a un número indeter-
los nuestros, habían aparecido descontextualizados minado de tubuli latericii (Fig. 8, nº 21-34), ladrillos
(García y Bellido, 1970, 577). En la Galia Narbonense rectangulares huecos que se empalmaban verticalmen-
se ha datado su aparición en un momento avanzado, te para constituir concamerationes. Se fijaban a la pa-
correspondiente a la segunda mitad del siglo II d. C. red mediante una capa de mortero y la cara exterior
(Bouet, 1999, 164). Los ejemplares hallados en Puerta quedaba oculta por un revoco, motivo por el cual sue-
Obispo proceden claramente del desmantelamiento de len presentar los lados mayores estriados para facilitar
estructuras romanas para adecuar museográficamente la adherencia, como en el caso de las piezas que aquí
los restos, o de unidades estratigráficas (UE 4014 y presentamos.
1071) correspondientes a reformas bajoimperiales de Ninguna observación cronológica podemos extraer
estructuras previas, por lo que no se puede precisar de de la posición estratigráfica de los elementos de las
ninguna forma su cronología de uso originario. concamerationes recuperados, ya que aparecen todos
Dentro de los estudios relativos a material lateri- ellos en horizontes de amortización posteriores (UE
cio de época romana, las estancias calefactadas de las 1105, 4014, 4021 y 5019), donde han sido empleados
instalaciones balnearias constituyen uno de los capítu- como elementos de relleno y compactación de tierra,
los que ha atraído preferentemente la atención de los claramente desplazados de sus posiciones origina-
investigadores, existiendo una abundante bibliografía rias en las cámaras calefactadas de las vecinas termas
al respecto (v. Helen, 1975; Degbomont, 1984; Bro- legionarias.
dribb, 1987; Bouet, 1999; Fernández Ochoa y Zarza- Uno de los conjuntos mejor representados es el de
lejos, 1996; Fernández Ochoa et alii, 1999). Junto a los elementos para cubiertas. Tégulas e ímbrices cons-
los elementos de sustentación (pilas y arquillos) de las tituyen elementos muy frecuentes, no solo en las in-
suspensurae, los materiales de las concamerationes o tervenciones desarrolladas en Puerta Obispo, sino en
cualquier excavación de época romana. Sin embargo, tejas-tragaluz destinadas a la iluminación o ventilación
este material latericio apenas se ha estudiado desde un de las estancias inferiores (cocinas, estancias calefac-
punto de vista técnico y arqueoarquitectónico. Para la tadas), cuyo borde evitaría la entrada de agua por los
antigua Hispania carecemos de análisis pormenoriza- orificios, resultan muy poco habituales (Adam, 1996,
dos semejantes a los que se han llevado a cabo en otras 231, Fig. 500). Brodribb recoge tan sólo tres de estos
antiguas provincias romanas como Britania (Warry, elementos en Britania y Galia (1987, 19-20, Fig. 10.1).
2006; 2006b). Este investigador aborda un análisis También se constata su presencia puntual en Pompe-
tipológico comparativo de los materiales latericios ya y Herculano. Por lo que se refiere a Hispania, re-
destinados a techumbres, que aporta interesantes re- cientemente se han dado a conocer dos en el fuerte
flexiones arquitectónicas y productivas sobre este tipo de la cohors I Celtiberorum en Cidadela (A Coruña)
de manufactura. Estos elementos pueden formar parte (Carlsson-Brandt, 2011, 168) y otros tres ejemplares
asimismo de infraestructuras hidráulicas e incluso su hallados en el alfar de La Venta del Carmen (Los Ba-
emplearon como base de las suspensurae (Fernández rrios, Cádiz) (Redondo y Borge, 1998, 341). Conoce-
Ochoa y Zarzalejos, 1996, 116). mos la existencia de un ejemplar más aparecido en la
Presentamos aquí 39 fragmentos de tegulae (nº 35- ciudad romana de Bracara Augusta, procedente de las
73) (Fig. 9-11) y 10 de imbrices (nº 74-83) (Fig. 12) Termas do Alto da Cividade y expuesto actualmente
recuperadas durante las intervenciones arqueológicas en el Museo D. Diogo de Sousa. En Puerta Obispo se
desarrolladas en el sector de Puerta Obispo (León). documenta en una capa de relleno asociada a la calle
Las tejas se suelen clasificar a partir de sus dimensio- de época bajoimperial (UE 4014).
nes y la forma que adoptan sus pestañas (en el caso de Uno de los ejemplares de tégula recuperados (Fig.
las tégulas planas), aunque pocas veces se conservan 11, nº 72) presenta un orificio de 1 cm de diámetro
completas, como consecuencia del desplome de las te- destinado a un clavo de sujeción de la cubierta a la es-
chumbres y el desmantelamiento de los edificios. En tructura de madera del tejado, que resultan mucho más
nuestro caso todas han llegado en estado fragmentario. habituales de lo que parece (Warry, 2006, 102-104).
Todas se encuentran en posición secundaria dentro de El último conjunto de material latericio correspon-
las estratigrafías, empleadas junto con tierras como ca- de a ladrillos para pavimento. Se han documentado
pas de preparación para pavimentos (UE 4021 y 1071) 240 ladrillos rectangulares de pequeño tamaño, de
y calles (UE 1508, 1515 y 1116) o simples niveles de entre 8 y 10, 5 cm de longitud, 3, 5-4, 5 de anchura
relleno o aterrazamiento (UE 1014, 1021, 1032, 1081, y 2, 2-3 cm de altura, que formaron parte de suelos
1082, 1147, 4010, 4067, 5014), datados en su mayoría de opus spicatum, donde se colocaban yuxtapuestos
en el periodo bajoimperial o tardoantiguo, e incluso por su cara más estrecha formando el característico
medieval (UE 1043, 1126, 1506 y 5019). diseño en espiga o espina de pez. Los pavimentos de
En el caso de los materiales latericios para techum- este tipo son muy habituales en estancias termales
bre, a diferencia de los ladrillos y elementos de con- (Bouet, 1999, 169-178; Roldán Gómez, 1999, 199)
camerationes, recuperados principalmente en el sector o instalaciones artesanales de diverso tipo (fullonica,
de la excavación correspondiente a las letrinas de las torcularia), debido a las propiedades hidrófugas del
antiguas termas legionarias, se verifica que proceden ladrillo. En el caso de los ejemplares recuperados en
en su mayoría del sector correspondiente a la puerta León, se documentaron en diversas unidades estrati-
romana del campamento (UE 1014, 1020, 1021, 1032, gráficas asociadas al desmantelamiento de suelos de
1043, 1071, 1081, 1082, 1116, 1126, 1147, 1506, las termas legionarias, donde se conserva todavía un
1508, 1515). Un magnífico ejemplo en este sentido lo pavimento in situ de opus spicatum asociado a una
constituye la UE 1071, datada en el tránsito entre los primera fase constructiva, en la que se identifica una
siglos III y IV d. C., que corresponde con la erección estancia con muros revestidos de opus signinum (pis-
de la muralla bajoimperial y las reformas estructurales cina de frigidarium)3, posteriormente reformada y
que tuvieron lugar en la porta principalis sinistra de convertida en unas letrinas y sus correspondientes
época flavio-trajanea, que debieron suponer la amorti- canales de desagüe (García Marcos et alii, 2004). No
zación de parte del material de las cubiertas (Morillo y cabe duda de que los ladrillos recuperados proceden
García Marcos, 2005; Fernández Ochoa et alii, 2011, en su mayoría de este pavimento, amortizado parcial-
271). En dicha unidad se ha recuperado casi la tercera mente a finales del siglo I o comienzos del II d. C. De
parte de los fragmentos de tégulas e ímbrices, forman- hecho, uno de los conjuntos más numerosos se recu-
do parte de un nivel de relleno que recreció el nivel peró durante las labores de limpieza de las letrinas
de circulación del pavimento del antiguo cuerpo de (UE 5000). El resto procede de horizontes de relleno
guardia de la torre, formado por tierras acompañadas bajoimperiales y tardoantiguos (UE 1014, 4010, 4021,
de diversos materiales cerámicos y numismáticos muy 4038, 5012, 5015 y 5019). Dos de estas unidades (UE
bien datados en época tetrárquica.
Debemos señalar asimismo la presencia de un
fragmento de tegula plana con un oculus circular de 3. El empleo de opus spicatum como pavimento para natatio se
18 cm de diámetro, circundado por un alto reborde ha constatado, por ejemplo, en las termas de la ciudad roma-
(Fig. 11, nº 73). Estos elementos, interpretados como na de Cemenelum (Cimiez, Niza) (Benoit, 1977, 85).
5015 y 5019) corresponden a la amortización de los la firmada por la legio VII gemina en su campamento
canales perimetrales de desagüe de las letrinas, situa- estable de León, cuyos rasgos básicos fueron ya de-
dos al este y al sur, cuyos pavimentos eran, como ya finidos por García y Bellido (1970, 588-599). Como
apuntamos, de opus spicatum. El marco temporal que ya señalamos más arriba, publicaciones posteriores
presentan los materiales cerámicos y numismáticos han ampliado el catálogo de materiales (Liz y Amaré,
que acompañan a estos ladrillos confirma que, al me- 1993; González Fernández, 1994; Fernández Freile,
nos a mediados del siglo III d. C. las letrinas dejaron 2003; Campomanes, 2006; Amaré y Álvarez Vega,
de utilizarse (Morillo y Gómez Barreiro, 2006, 289), 2006; Morillo y Salido, e.p.).
momento a partir del cual sus estructuras comenzaron El ejército romano marca sus tejas y ladrillos como
posiblemente a ser desmanteladas. signo de autoridad y propiedad, seguramente para dis-
tinguirlo de las producciones civiles (Peacock, 1982,
137). La distribución de la producción militar está en
SELLOS, MARCAS E IMPRONTAS principio localizada y confinada dentro de los límites
marcados por la jurisdicción del ejército (Darvill y
Uno de los aspectos del material latericio romano que Mc Whirr, 1984, 247). Esto ha llevado a algunos au-
ha recibido mayor atención por parte de la investi- tores a intentar reconstruir el territorium militaris de
gación es precisamente el de las marcas y sellos im- las diferentes unidades a partir de la dispersión de sus
presos, normalmente a partir de matrices de madera, marcas latericias, cuestión en la actualidad completa-
metal o arcilla. Dicho criterio se ha empleado para es- mente descartada (cf. Kurzmann, 2006, 256-263), al
tablecer talleres, áreas productivas y posibles circuitos igual que el propio concepto de territorio militar, que
de comercialización, además de movimientos de uni- está en revisión. A pesar de tratarse de producciones
dades de tropa en el caso de las marcas militares. Las destinadas a la construcción y el mantenimiento de las
características de dichos sellos han quedado bastante infraestructuras de los campamentos (termas, alcanta-
bien definidas, especialmente para Roma y el valle rillado, suministro de agua, etc.), su ámbito de disper-
del Tíber, gracias a trabajos como los de Bloch (1938; sión se extiende al hinterland inmediato. En el caso de
1967), Helen (1975), Steinby (1974-75; 1999), Setälä León alcanza zonas con fuerte presencia de la legio
(1977), Manacorda (2000) y Bruun (2005; 2005b). En VII gemina como Asturica y sus alrededores, el cam-
la Península Ibérica los primeros estudios y mapas de pamento del ala II Flavia en Rosinos de Vidriales e
dispersión de marcas sobre tejas y ladrillos romanos incluso Italica (cf. Liz y Amaré, 1993, 46). Asimismo
(Rico, 1995; 1999; 2000) han dado paso a un reper- se constatan fuera de la Península en Germania, Dacia
torio creciente de producciones (v. entre otros Duran y la Numidia-África Proconsular, en relación con la
Cabello, 1998; Abascal et alii, 2000; Fernández Vega presencia de la legio VII gemina o sus destacamen-
et alii, 2009; Abascal, 2010; Cebrián, 2010). Sin em- tos en estos lugares (Morillo, 2005, 28-29). Queda por
bargo, por el momento carecemos de un corpus regio- determinar si a algunos de estos lugares han llegado
nal o provincial semejante al que se ha publicado en traídos por miembros de la propia legión o bien como
Bélgica (De Poorter y Claeys, 1989). material reutilizado en momentos posteriores (Mori-
Las producciones latericias con marcas militares, llo, 2008, 179).
dentro de las que se enmarcan los ejemplares de León El hallazgo de una concentración excepcional de
que aquí presentamos, han recibido especial atención material latericio sellado, así como los restos de dos
en las provincias septentrionales del Imperio, allí hornos en el valle de Fenar, a una treintena de kiló-
donde se encontraba destacado el grueso de las tro- metros de la actual ciudad de León (Gutiérrez, 1985,
pas romanas a partir de Augusto. Análisis como los de 126-127 y 155-160), han permitido situar en esta zona
Mc Whirr (Ed.) (1979), Brodribb (1987) y Le Bohec una de las producciones, aunque sin duda existieron
(1992) han ido perfilando los tipos, nomenclatura y talleres mucho más próximos al campamento legiona-
funciones del material sellado por el ejército. La re- rio (Morillo, 2008, 179).
ciente monografía de Kurzmann (2006) constituye un Las excavaciones arqueológicas de Puerta Obispo
magnífico estado de la cuestión al respecto, en el que proporcionan un significativo conjunto de materiales
quedan perfectamente definidos nuestros conocimien- con sello militar que incrementan la nómina de los ya
tos y carencias. conocidos en la ciudad de León y permiten por pri-
A diferencia de las regiones como Britania, en las mera vez establecer el porcentaje de material sellado4.
que se concentran las tropas romanas, donde la primera
producción latericia fue sin duda militar (Darvill y Mc
Whirr, 1984, 247), la situación en la antigua Hispania 4. Los porcentajes se han calculado sobre el total del material
presenta rasgos diferentes. El material latericio sellado latericio recuperado. Es evidente que esta cifra es orientati-
va y puede conllevar errores. En todo caso, la inclusión de
es mucho menos numeroso, debido principalmente a
fragmentos en los que no se encuentra el sello militar, pero
la reducida presencia militar a partir del periodo fla- que podrían pertenecer a alguno de los ejemplares con sello
vio, momento en que la marca militar se regulariza y incluidos en el catálogo elevaría aún más el porcentaje de
se extiende el hábito epigráfico (Le Roux, 1999, 111). material sellado, por lo que creemos que nuestras aprecia-
La producción más amplia y mejor documentada es ciones siguen siendo ilustrativas. De cualquier forma, para
Hemos recuperado 45 fragmentos con diferentes mar- claras limitaciones. Sin embargo, hasta el momento
cas de la legio VII gemina. La gran mayoría (29) se apenas se han publicado contextos arqueológicos que
encuentran sobre tegulae, a las que debemos añadir permitan precisar el momento concreto de uso de di-
10 imbrices y 6 ladrillos del tipo bessal y pedal. Si chas marcas. En el campamento leonés de la legio VII
nos atenemos a los porcentajes, que son lógicamente gemina, que subyace bajo el actual casco urbano de
relativos debido al estado fragmentario en que se han León, no sobreviven edificios militares cuyo estado
recuperado las piezas, dichas cantidades resultan mu- de conservación permita asociar determinadas marcas
cho más ilustrativas. La totalidad de las ímbrices se a una fase constructiva concreta. La única excepción
encuentran selladas, así como un elevado porcentaje en este sentido es el acueducto, al parecer realizado
de las tégulas (un 80%). Respecto a los ladrillos, más dentro de un mismo proyecto edilicio (Campomanes,
de la mitad (un 60%) presenta estampilla. La compara- 2006). La datación del material latericio por asocia-
ción de dichos porcentajes con los que presentan mate- ción con otros materiales cerámicos y numismáticos
riales de otros acantonamientos militares romanos de dentro de los mismos contextos estratigráficos podría
las fronteras septentrionales ofrece interesantes datos, resultar muy útil, pero suele aparecer en posición se-
aunque debamos mantener las cautelas correspondien- cundaria dentro de niveles de relleno datados en época
tes ya que los porcentajes de dichos establecimientos posterior, a veces varios siglos posteriores a su empleo
se calculan en su mayoría sobre ejemplares completos. original como material constructivo. Tampoco pode-
En León el porcentaje de sellado es mucho mayor que mos olvidar su reutilización funcional en momentos
en cualquiera de ellos, aunque existen significativas posteriores con las posibilidades que ofrece este tipo
diferencias. En acantonamientos de las provincias re- de material para su uso en la construcción de nuevas
nanas, como Vetera Castra I, el material estampilla- edificaciones. Como consecuencia, todo ello dificulta
do alcanza el 77, 5%, mientras en Britania se mueve la obtención de datos estratigráficos fiables.
en porcentajes de entre el 0, 5 y el 5% (v. Kurzmann, A continuación presentamos las diferentes marcas
2006, 28), muy alejado de las cifras de León. Estas que hemos documentado en el conjunto. La mayoría
variaciones pueden obedecer tanto a cuestiones cro- de las marcas fueron practicadas en relieve, aunque
nológicas, como a la mayor o menor necesidad de una es incisa realizada sobre una tegula (nº 70). No se
distinguir el material militar respecto al ámbito civil, han constatado marcas retrógradas que, sin embargo,
sin olvidarnos de la propia tradición castrense de cada García y Bellido dio a conocer en otros yacimientos de
región. Boon señala la dificultad de establecer las co- la ciudad de León, como en el Huerto de San Isidoro
rrectas proporciones entre material sellado y sin mar- y Jardín de El Cid (1970, 590-591). Las cartelas son
cas, ya que varían de un edificio a otro y de una fase siempre rectangulares, con lados menores rectos o re-
constructiva a otra (1984, 16-17). Por último, como dondeados, algunas en forma de tabula ansata. Por lo
bien ha apuntado Kurzmann, debemos considerar los que se refiere al tamaño de los sellos, su altura oscila
porcentajes con cierta precaución, en especial en lo re- entre 2 y 3 cm, si bien la mayoría presenta en torno
lativo a estudios continentales, que hasta hace pocos a 2, 8 cm. Su longitud está entre 9 y 11 cm, aunque
años han centrado su atención en las marcas, descar- depende mucho de la marca empleada y los apelativos
tando el resto de material latericio, a diferencia de la presentes a lo largo del tiempo.
escuela británica, que ha acometido estudios latericios
de conjunto (Kurzmann, 2006, 27-28).
Uno de los problemas que sigue planteando el 1. Legio VII gemina
material latericio sellado es su correcta adscripción
cronológica, ya que carece de fecha consular. La ma- La marca legio VII gemina, abreviada de diferen-
yoría de los estudios publicados determinan el uso tes formas («LEG» o «L» para legio y «G», «GE» o
de las marcas a partir de la asignación de los epíte- «GEM» para gemina), es la más frecuente. Al menos
tos de las unidades militares. La aplicación de estu- nueve ejemplares presentan este sello (nº 3, 5, 35, 42,
dios arqueométricos y contextuales permiten avanzar 55, 67, 70, 71, 75 y 83), si bien no podemos descartar
seriamente en este sentido, aunque también poseen que alguno de los fragmentarios también corresponda
a esta misma estampilla. El único indicativo cronoló-
gico que García y Bellido apunta sobre la aparición
el caso de material latericio, la introducción de criterios de este sello es su posterioridad a octubre del año 69
correctores como el cálculo del peso en su conjunto (sólo d. C., fecha de la batalla de Cremona, momento a par-
aplicable en casos concretos como techumbres completas tir del cual la unidad obtiene el epíteto gemina (1970,
derrumbadas en alguna estancia, donde es posible conocer 588). Dicha marca se encuentra perfectamente consta-
el peso de cada teja y emplearlo como divisor) o el estudio tada en la epigrafía (cf. Le Roux, 1982; Palao, 2006).
exclusivo de «probables» piezas completas a manera de NMI
La abundancia de material latericio con este sello
(número mínimo de individuos), tal y como plantean algunos
investigadores (Redondo y Borge, 1998, 231), por otra parte en León, a diferencia del que lleva el apelativo felix,
una causística absolutamente inusual en la mayoría de los obtenido al parecer en el 73-74 d. C., llevó a García
yacimientos arqueológicos, plantearía una distorsión mucho y Bellido a plantear que antes de esta fecha se habría
mayor que los números reales que hemos empleado. desarrollado una gran actividad constructiva en el
campamento legionario, que atribuye a una vexillatio Freile, 2003, 32-42; Amaré y Álvarez Vega, 2006, 726
o destacamento de la legio VII enviado a León antes y 730; Campomanes, 2006, 443-444). Se constata asi-
del desplazamiento del resto de la unidad (1970, 589). mismo fuera del campamento legionario, tanto en His-
Aunque la presencia de un destacamento en León entre pania (Martín Valls et alii, 2002, nº 18-21; García y
el 69 y el 74 d. C. resulta verosímil por diversos moti- Bellido, 1970, 592, Fig. 52, 22; 1979, 22, nota 36, Fig.
vos (Morillo, 2005, 28), hoy en día debemos descartar 12; Liz Guiral y Amaré, 1993, 46; Gutiérrez Gonzá-
la antecedencia de las marcas con apelativo gemina lez, 1985, 156-159), como en Numidia (Roldán, 1974,
respecto a las que llevan el felix. En primer lugar, se ha 474, nº 722) y Dacia (Gudea, 1978, 65-75; Le Roux,
constatado la presencia del título felix en material la- 1981, 119-200; Abascal, 1986, 319-322).
tericio renano anterior al 73-74 d. C. Por otra parte, en
los mismos contextos se constata en las marcas de la
unidad la convivencia entre los epítetos gemina felix y 3. Legio VII gemina pia
la aparición del cognomen gemina aislado (Ludowici,
1905, 197-198; 1912, 125-127; Palao, 2010). El epíteto pia asociado a sellos de la Legión VII no
El tipo de material en que aparece es variado, pues se emplea hasta época de Septimio Severo. Su con-
se selló sobre ladrillos de tipo bessal (nº 3) y pedal (nº cesión se asocia al apoyo de la legio VII en el con-
5), mayoritariamente sobre tegulae (nº 42, 55, 67, 70, flicto que enfrentó al emperador con Clodio Albino en
71 y 75) y también sobre imbrex (nº 83), variantes ti- el año 195. Dicho cognomen aparece por primera vez
pológicas ya reseñadas (Liz Guiral y Amaré, 1993, 52; entre el 208 y 211 (CIL II, 4121), en una inscripción
González Fernández, 1994, 115) (Fig. 13). tarraconense de Q. Hedio Lolliano (García y Bellido,
1970, 593). Es curioso que ya en esta inscripción se
antepone el nuevo cognomen pia al epíteto felix, ano-
malía cronológica que se mantendrá en otras variantes
de sellos. Hemos recuperado en Puerta Obispo dos es-
tampillas de este tipo (nº 41 y 57), ambas sobre tégula
3 35 55 y con la abreviatura L(egio) VII G(emina) P(ia), que
se va a convertir en el modelo estándar para el siglo
III (Fig. 15). Esta misma marca se ha recuperado en
otros materiales de León (García y Bellido, 1970, 593;
Amaré y Álvarez Vega, 2006, 726 y 730).
67 70
Figura 13: Marcas Legio VII gemina (nº 3, 35, 55, 67 y 70).
41
36
Figura 15: Marcas Legio VII gemina pia (nº 7 y 41).
Figura 18: Marca Legio VII gemina Maximiniana pia felix (nº
54).
43 76
56 59 64
63
Figura 19: Marcas Legio VII gemina Gordiana pia felix (nº 45,
48, 50, 56, 59 y 64).
Figura 17: Marca Legio VII gemina Antoniniana pia felix (nº 8. Legio VII gemina Philippiana pia felix
63).
Estas estampillas, con la abreviatura L(egio) VII
6. Legio VII gemina Maximiniana pia felix G(emina) Phıl(ippiana) P(ia) F(elix), se datan entre el
244 y el 249 d. C. y se conocen sobre ladrillos y tégu-
Esta marca parece también minoritaria. Hasta el mo- las (García y Bellido, 1970, 596; Liz Guiral y Amaré,
mento sólo se han dado a conocer tres marcas de este 1993, 55; Amaré y Álvarez Vega, 2006, 730). Cuatro
tipo (García y Bellido, 1970, 595; Amaré y Álvarez ejemplares más se han hallado en Puerta Obispo (Fig.
Vega, 2006, 730), a las que debemos sumar la estampi- 20).
lla sobre ladrillo (nº 9) y sobre tegula (nº 54) que aquí Ya hemos señalado más arriba la dificultad que
presentamos. Se abrevia como L(egio) VII g(emina) existe para correlacionar cada una de estas marcas
Max(iminiana) p(ia) f(elix) (Fig. 18). con fases edilicias del campamento legionario. Las
de la muralla bajoimperial, la puerta romana sufre di- también marcas de producción, numerales e improntas
versas reformas, entre las que se encuentran el cierre de calzado y huellas animales que nos informan sobre
del vano septentrional de la misma y el recrecimiento aspectos productivos y de la vida cotidiana en el cam-
del suelo del cuerpo de guardia, para lo que se emplea- pamento de la legio VII gemina.
ron restos de materiales latericios procedentes de la
techumbre. Prof. Dr. Ángel Morillo Cerdán
Teniendo en cuenta la tipología de los elementos Departamento de Ciencias y Técnicas
recuperados, entre los que abundan los que formaron Historiográficas y de Arqueología
Facultad de Geografía e Historia
parte de estancias calefactadas (hypocausta, concame- C/ Profesor Aranguren, s/n
rationes, tejas-tragaluz), consideramos que el lugar de Universidad Complutense
procedencia de la mayor parte de dichos materiales Ciudad Universitaria
debe ser el vecino edificio termal. El sistema de hipo- 28040 Madrid
causto propio de los baños romanos exige el empleo [email protected]
de material latericio de tipometría muy diversa, que Javier Salido Domínguez
por las cualidades físicas de la arcilla cocida soporta Escuela Española de Historia y
altas temperaturas y es un buen conductor del calor Arqueología en Roma-CSIC
generado en los praefurnia. Su plasticidad permite Via di Torre Argentina 18
00186 Roma
adaptarlo además a cualquier tipo de estancia cale- [email protected]
factada, con sólo modificar su tamaño y morfología,
aplicándose tanto a la construcción del hipocausto
propiamente dicho como a las concamerationes o do- BIBLIOGRAFÍA
bles paredes. Junto al material creado específicamente
para las estancias calientes, en los edificios termales se ABASCAL PALAZÓN, J. M., 1986: «La Legio VII Gemina.
emplean también ladrillos para las paredes y obras de Balance de la investigación y perspectivas», I Congreso
infraestructura y canalización, así como tejas de dife- Internacional Astorga Romana, I, 317-328, Astorga.
rente morfología (tegulae e imbrices) para los tejados. ABASCAL PALAZÓN, J. M., 2010: «Nuevas marcas so-
Las procedencia de buena parte de los materia- bre tégulas romanas en enclaves de la Costa de Alicante
les latericios de estancias termales se ve confirmada (Hispania Citerior)», Lucentum, 28, 183-192.
por la presencia en los mismos estratos de restos de ABASCAL PALAZÓN, J. M., RIQUELME, T. y CEBRIÁN
pavimentos musivos, decoración arquitectónica y pa- FERNÁNDEZ, R., 2000: «Retucenus Elocum, Turanus,
rietal, así como revestimientos y restos de mobiliario Artirus y la producción de tegulae en Segobriga», Ana-
marmóreo recuperados como un gran labrum, alguno les de Prehistoria y Arqueología, 16, 187-197.
de los cuales hemos dado a conocer recientemente ADAM, J.-P., 1996: La construcción romana: Materiales y
(Morillo y Salido; 2010, 2011). Dichos materiales se técnicas, León.
concentran principalmente en la zona de las letrinas. AMARÉ TAFALLA, Mª T. y ÁLVAREZ VEGA, E., 2006:
Por el contrario, en las calles y el cuerpo de guardia «Material latericio de la legio VII procedente del polí-
de la puerta romana se identifican casi exclusivamente gono de La Palomera (León)», en A. MORILLO (Ed.),
tegulas e imbrices en estado fragmentario, que deben Arqueología Militar Romana en Hispania. Producción
responder a reformas en la porta principalis sinistra. y abastecimiento en el ámbito militar, 725-732, León.
La publicación, hace algunos años, de la produc- BELTRÁN LLORÍS, M. y PAZ PERALTA, J. A (Coords.),
ción latericia completa de determinados alfares hispa- 2004: Las aguas sagradas del municipium Turiaso. Ex-
nos meridionales (Torrecilla, 1998; Redondo y Bor- cavaciones en el Patio del Colegio Joaquín Costa (an-
ge, 1998), nos permite plantear que la totalidad, o la tiguo Allué Salvador). Tarazona (Zaragoza), Caesarau-
inmensa mayoría de los ejemplares aquí presentados, gusta, 76, Zaragoza.
independientemente de su tipología o que presenten o BENDALA GALÁN, M., RICO, Ch. y ROLDÁN GÓMEZ,
no la marca militar, fueron elaborados en los alfares L. (Eds.), 1999: El ladrillo y sus derivados en la época
destinados por la legio VII gemina a la fabricación de romana, Madrid.
material constructivo, apenas conocidos en la actuali- BENDALA GALÁN, M. y ROLDÁN GÓMEZ, L., 1999:«El
dad (Gutiérrez González, 1985, 156-159). cambio tecnológico en la arquitectura hispanorromana:
El hecho de que dicho material esté en su inmensa perduraciones, novedades, particularidades», en R. de
mayoría sellado constituye un rasgo peculiar de la ca- BALBIN y P. BUENO (eds.), II Congreso de Arqueolo-
pital leonesa. Hemos constatado un amplio repertorio gía Peninsular, IV, 103-116, Alcalá de Henares.
de marcas militares de la legio VII gemina, todas ellas BENOIT, F., 1977: Cimiez, La Ville antique (Monuments,
ya documentadas, cuyo ámbito temporal se extiende Histoire), Fouilles de Cemenelum, I, París.
entre el periodo flavio y mediados del siglo III d. C. BERMÚDEZ, A., 1985: Introducción al estudio del mate-
Teniendo en cuenta las limitaciones estratigráficas rial de construcción de tipo cerámico en la arquitectura
no hemos podido ir más allá de la datación propuesta romana de Tarraco: clasificación y análisis de las tégu-
en su día por García y Bellido a partir de los epítetos las e ímbrices depositadas en el Museo Paleocristiano
militares que figuran en cada una. Se han identificado de Tarragona, Tesis de licenciatura inédita.
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Recepción: 17-01-2013
Aceptación: 26-08-2013
1999; Ortega i Esquembre, 2003; Rosser, 2007; Frías, extraure més informació. A la UE 612 trobem un se-
2010). mis d’atribució indeterminada del segle I aC i un al-
tre de Tiberi encunyat cap a l’any 17 dC a Carthago
Noua, aquest nivell va ser emmarcat –tant pels mate-
II. ACTUACIONS ARQUEOLÒGIQUES rials com per les estructures aparegudes– dins d’època
tardorepublicana o de transició a altimperial (Ortega,
Les excavacions realitzades a l’enclavament es van 1997a, 20). A la UE 614 trobem l’única peça que no
dur a terme entre setembre de 1995 i gener de 1997 pertany a època antiga i que ens du fins al segle XVII.
en dues fases, i posteriorment s’hi van fer sondatges Es tracta d’un diner de Carles II encunyat a València
arqueològics en 1998 i noves intervencions en aquest REVISTA
entre LUCENTUM
1667-1669 que correspon al tipus 175 de Calicó
últim any i 1999. (2008,
FIGURES433). A la UE 615 trobem tres peces, un semis
Durant les excavacions de 1996 a la vil·la es van Aquest és el quadre bo que s’ha de canviar (el que hi ha al text no v
trobar algunes monedes a les diferents UUEE que no
havien estat encara estudiades (Fig. 3). Al sector 1, V6 Seques Total %
38-32, va aparèixer un bronze que podria adscriure’s a Segles II-I aC Indeterminada 3 11,11
Domicià, però també a Trajà o bé a Adrià, del qual no Segles I-II dC 6 22,22
s’ha pogut afinar més la catalogació a causa del mal August (27 aC-14 dC)
Tiberi (14-37 dC)
C. Nova, Celsa o Bilbilis
Carthago Nova
1
2
estat de conservació. L’existència d’aquesta moneda Ilici 1
en l’accés a l’habitació 2, juntament amb abundants Domicià (81-96 dC), Trajà Roma 1
(98-117 dC) o Adrià
fragments d’africanes de cuina i clares A, així com al- Adrià (117-138 dC) Roma 1
tres materials de finals del segle I i II dC, va ser inter- Segle III dC 4 14,81
Otacília Severa (244-249 dC) Roma 1
pretat pels arqueòlegs com un nivell d’ocupació (Or- Claudi II (268-270 dC) Roma o seca local 3
tega, 1997a, 11). Al sector 4, UE 516 es va trobar una Segle IV dC 7 25,93
moneda o xapa molt mal conservada que, a més a més, 1 o 2 estendards (333-340 dC) Indeterminada 1
Constantí II (337-340 dC) Ticinum 1
presenta perforació, cosa que ens indica que hauria es- Aquileia 1
tat utilitzada bé com a penjoll o medalla. Constant (337-350 dC) Lugdunum? 1
Constanci II (337-361 dC) Thessalonica 1
Al sector 5 és on va aparèixer el gruix de les mo- Indeterminada 1
nedes de l’excavació. A la UE 600 (nivell superficial) Valentinià (364-375 dC) Indeterminada 1
es van trobar dues monedes, una de Claudi II i l’altra Atribució indeter. s. IV-VI dC Indeterminada 3 11,11
Indeterminades s. I-V dC Indeterminada 4 14,81
de Constantí II. En aquest mateix sector, però a l’A I Total 27 100
i UE 601 (enderroc que segellava el pati privat), apa-
regué un semis del segle I aC del qual no s’ha pogut FiguraFigura 3: Quadre-resum
3. Quadre-resum general
general dedeleslestroballes.
troballes.
del segle I aC, un as indeterminat i una altra moneda peça que G. Molina va descriure com un as de Tiberi
del mateix valor, en aquest cas de Tiberi encunyada a encunyat a Ilici (1998a, 14-15), però per la descripció
Carthago Noua. Per la seua part a l’A I/II UE 616 va de l’exemplar es tracta en realitat d’un semis.
aparèixer molt material –especialment os treballat– as- L’any següent 1999 es va realitzar una nova inter-
sociat a nivells del s. II dC encara que a la zona superi- venció a la zona que va donar noves troballes numis-
or d’aquests els objectes eren més moderns. Aquí van màtiques. En aquest cas es tracta de dues peces apa-
aparèixer tres monedes, una d’elles un as d’August regudes al sondatge 4, UUEE 401 i 407. La primera
encunyat a Hispània i les altres dues indeterminades, moneda trobada a la UE 401 és un antoninià pòstum
encara que una d’elles es tracta d’un minimus amb una de Claudi II encunyat a Roma o a una seca local des-
cronologia que podria anar al s. VI dC. A l’habitació prés del 270 dC que correspon, segons l’arqueòleg,
6 UE 617 es van documentar materials dels segles amb la referència del RIC V.1, 261 i l’altra peça és un
III-IV dC com són les ceràmiques de cuina (cassoles menut (Molina, 1999, 9-10). Per altra banda, a l’am-
i marmites, moltes d’elles africanes) i al llindar de la pliació sud del sector 6 a la UE 801 es van trobar dues
porta, a la cantonada SO, va aparèixer un nummus pos- monedes impossibles de definir pel seu desgast (Mo-
siblement de Constanci II. Per altra banda, a l’habita- lina, 1998b, 12). Malauradament no hem tingut accés
ció 5b UE 618, juntament amb materials del segle III a aquestes últimes peces, de manera que no han pogut
dC (sigillata clara C, cassoles de ceràmica africana de ser catalogades ni documentades gràficament, ni tam-
cuina), es va trobar un antoninià de Claudi II encunyat poc en coneixem l’estat de conservació.
a Roma. Segons l’arqueòleg que va realitzar l’exca-
vació, aquestes unitats estratigràfiques coincideixen
amb la remodelació d’aquesta part de la vil·la sobre III. ANÀLISI DE LA MASSA MONETÀRIA
estructures i nivells dels segles I-II dC (Ortega, 1997a,
17-18). A la UE 629 trobem tres monedes, un sesterci III. 1. Monedes hispàniques
d’Adrià, un altre d’Otacília Severa encunyat a Roma
i un nummus del s. IV dC. També es va trobar a la UE Durant els segles III-I aC les comarques valencianes,
629-630 un nummus possiblement de Constantí II. J. especialment les litorals, van registrar una circulació
R. Ortega (1997a, 21) associa totes aquestes monedes monetària molt activa. En aquest territori van conviu-
al segle IV dC ja que la UE s’ha documentat com a re diferents espècies monetàries, arribades de gairebé
nivell d’abandonament en aquest moment. Tanmateix, tots els punts del mediterrani que, acompanyades de
no totes les peces trobades en aquesta UE pertanyen les encunyades a seques indígenes, van contribuir a
al segle IV com es pot veure, ja que una d’elles és del dinamitzar l’economia existent. Aquesta zona costa-
s. II i l’altra del III dC, encara que és probable el seu nera del sud-est peninsular, la badia d’Alacant o Albu-
ús prolongat després de l’encunyació. A la UE 638 va fereta, començà a utilitzar moneda per a intercanvis i
aparèixer una moneda de Constanci II i a l’A III, UE activitat comercial de manera assídua a partir de la se-
642c (int. bassa) un nummus d’atribució indetermina- gona guerra Púnica (218-201 aC). És per aquest motiu
da amb una cronologia de la primera meitat del segle que els primers exemplars existents pertanyen a aquest
IV dC. Cal assenyalar també l’aparició a la UE 654b període i provenen de l’àrea d’influència sota la qual
d’un nummus d’atribució indeterminada del segle IV es troba aquest territori.
dC i a l’A IV UE 655 d’un semis indeterminat.
Dos anys després i durant la realització de noves
intervencions al voltant de la vil·la Casa Ferrer I van III. 1.1. Encunyacions fenopúniques
aparèixer tres noves monedes, que coneixem a través
de la memòria realitzada per G. Molina on esmenta la A l’enclavament tenim un semis de seca indetermina-
seua troballa als sondatges 1 i 2. Al primer sondatge da (núm. 1), de possible adscripció fenopúnica, que
UE 101 es va trobar un nummus descrit per l’arque- presenta cap masculí a l’esquerra a l’anvers i possible
òleg com una moneda de Valentinià, acompanyada dofí a la dreta al revers. El seu alt grau de desgast ens
de gran quantitat de restes materials d’època romana ha impossibilitat adscriure la peça a un període con-
barrejades amb d’altres ibèriques i d’època moderna. cret, encara que podria pertànyer al segle II aC. Al
Possiblement es tracte d’un tipus securitas reipubli- que seria l’exerg trobem uns signes molt semblants a
cae, del qual es desconeix la seca i amb una cronologia l’escriptura fenícia. La iconografia del revers s’ajus-
que va del 364 al 375 dC (Molina, 1998a, 9). Per altra taria al semis d’Asido amb dofí (CNH, Asido-3), però
banda al sondatge 2 van aparèixer dues monedes. A les lletres no coincideixen i tampoc l’anvers, ja que la
la UE 201, que es correspon amb un nivell d’hàbitat nostra peça ens mostra un cap masculí a l’esquerra i la
de la vil·la associat a estructures arquitectòniques amb d’aquesta seca en canvi un bou a la dreta. Tanmateix
abundant material romà (entre el qual destaquen frag- trobem un tipus a la seca de Carteia (CNH, Carteia-4)
ments de ceràmica àtica, campaniana, T. S. sudgàl·lica que podria correspondre a la nostra moneda, però la
i africana), va aparèixer un nummus de Constant pos- grafia no s’ajusta a la nostra.
siblement encunyat a Lió i a la UE 204, descrita com L’existència d’aquest exemplar a la vil·la de Casa
un clot o fosa per a conrear i amb escàs material, una Ferrer I, estaria relacionat amb la proximitat de les
terres valencianes a la ciutat de Carthago Noua, fet monedes republicanes juntament amb material de tra-
que justificaria la presència de monedes amb grafia fe- dició ibèrica i ceràmica de vernís negre (Ortega i Gar-
nopúnica o emissions hispano-cartagineses a la zona cía, 1996, 16 i 21). Els arqueòlegs, però, no n’especifi-
per quedar-ne aquesta dins d’una òrbita cultural o lin- quen el nombre; potser es tracte de les tres dipositades
güísticament púnica (Ripollès, 1982, 274). Les troba- al MARQ, tots semis, un d’ells encunyat a Carthago
lles aparegudes a les comarques meridionals valenci- Noua, un de canvi d’era i l’altre indeterminat.
anes, especialment al terç sud i la zona costanera, així Les encunyacions cíviques d’Hispània van realit-
ho evidencien (Llorens, 1984; Arroyo i Bolufer, 1988; zar-se bàsicament per a cobrir les necessitats de mo-
Garrigós i Mellado, 2004; Ramón, 2010; Ripollès, neda divisionària, sobretot si tenim en compte que la
2010; Verdú, 2010). seca de Roma no encunyava bronze des del 80 aC, que
aquest material realitzat a Hispània era insignificant,
mentre que les imperials d’August gairebé arribaven a
III. 1.2. Emissions indígenes la península i les ja existents en circulació eren poques
i estaven molt desgastades (Ripollès, 1997, 383). De
Les encunyacions ibèriques es van fer necessàries per la mateixa manera que van sorgir aquestes emissions,
l’aprovisionament irregular de moneda de bronze re- van deixar de realitzar-se en el regnat de Calígula, amb
publicana i la demanda creixent d’aquesta a la zona. l’excepció de la seca d’Ebusus que ho continuarà fent
Cal insistir en el dinamisme comercial i econòmic del fins a època de l’emperador Claudi.
territori (nuclis urbans destacats, activitats portuàries, L’as d’August (núm. 4) amb llegenda a l’anvers
pagament a soldats, etc.) fet que provocà l’emissió AVGVSTVS DIVI F, que gairebé es pot llegir, es troba
d’exemplars indígenes per a cobrir les necessitats d’ús circumdat per una marca incisa. El revers és totalment
local (Ripollès, 1994, 134-136). A Casa Ferrer I hi il·legible, cosa que ens fa pensar que la peça podria
ha dos semis que hem adscrit al segle I aC dels quals haver estat encunyada a tres possibles seques: Cartha-
desconeixem la seca i la cronologia exacta. Un d’ells go Noua, Celsa o Bilbilis.
(núm. 2) es troba fragmentat en quatre parts, del qual De la seca de Carthago Noua n’hi ha dues mone-
ens en falta una. En el cas de l’altre (núm. 3), el seu des més, aquestes de Tiberi. Una d’elles un as (núm.
estat ens impossibilita extraure més informació ja que 5) encunyat cap a l’any 32 dC presenta al revers la
el revers és completament il·legible. llegenda C CAESAR TI N QVINQ IN VINC. En
Es coneixen diversos exemplars d’emissions ibèri- aquest observem el nomenament honorífic com a
ques a d’altres enclavaments propers a la vil·la roma- magistrat quinquennalis de Calígula quan encara era
na, com és el cas de la ciutat iberoromana de Lucen- cèsar, acompanyat de les inicials de la ciutat V(rbs)
tum (García et alii, 2010, 354; Ramón et alii, 2010, I(ulia) N(oua) C(arthago) (Abascal, 2002, 26-27). Del
102), així com a la resta de les comarques meridionals mateix emperador trobem un semis (núm. 6) del tipus
valencianes, tant costaneres com d’interior. Convé su- cap de Minerva galejat a la dreta a l’anvers i estàtua
bratllar a més a més, la presència destacada en aques- sobre pedestal al revers amb les sigles C V I N que
tes terres de peces encunyades a les seques de Saitabi signifiquen C(olonia) V(rbs) I(ulia) N(oua Carthago).
i Castulo. Aquest tipus (RPC 151) s’ha considerat durant molt
de temps una emissió preaugustal (Llorens, 2002, 51
i 72) pel seu caràcter anònim i per recordar la seua
III. 1.3. Emissions provincials iconografia als denaris de l’any 42 aC (RRC 494/38).
Tanmateix Abascal aconsella modificar la datació
A la vil·la trobem un total de quatre monedes roma- de l’exemplar i situar-lo en l’any 17 dC (2002, 24).
nes encunyades a seques hispanes, fet que conforma Aquest replantejament ve donat pel canvi de denomi-
el 14,81% del material estudiat. D’aquestes, una és nació en el nom de la ciutat, ja que no va ser fins a ini-
d’August, i les altres tres de Tiberi. Les emissions cis del regnat de Tiberi quan va adoptar oficialment el
cíviques van existir fonamentalment gràcies a la vo- nou nom de Colonia Vrbs Iulia Noua Carthago sobre
luntat de colònies i municipis, i van facilitar el bon monedes i altres suports.
funcionament de l’economia de l’Imperi. Tanmateix, La colònia d’Ilici, Colonia Iulia Ilici Augusta, va
la seua fabricació va ser irregular i el seu àmbit de ser fundada aproximadament cap a l’any 42 aC, encara
circulació local, fet lògic per ser monedes de bronze i que no serà fins a l’any 26 aC quan se li afegisca l’úl-
tenir poc valor facial (Llorens, 2002, 65). Les seques tim epítet. La ciutat va començar a batre moneda per
representades al numerari de l’enclavament són: Cart- la necessitat dels nous colons assentats en ella, però
hago Noua i Ilici. no va ser suficient per a cobrir els menesters locals,
D’altra banda, tal com hem esmentat al principi, fet que explica que la massa monetària predominant al
cal recordar que de la vil·la romana de Casa Ferrer territori fins a època de Tiberi siga la realitzada a Cart-
I hi ha monedes dipositades al MARQ entre les quals hago Noua (Abascal, 2004, 80 i 91-92; Lledó, 2007,
un as de la seca de Celsa i dues de la de Carthago 156). De les sis emissions batudes per la seca d’Ilici,
Noua, una d’elles un semis. Quant a Casa Ferrer II, les tres últimes (4a, 5a i 6a) es van realitzar sota Tibe-
altra vil·la romana pròxima a l’estudiada, es van trobar ri, i ho van fer encunyant de manera simultània asos i
semis, mentre que les tres primeres ho van fer sols de de reclutaments realitzats amb motiu de les guerres
semis durant època d’August. lliurades amb Trajà i Marc Aureli (Arias, 2006, 28).
D’aquesta seca hi ha un semis de la 4a emissió Dels emperadors de la dinastia Ulpia-Aèlia en tro-
(núm. 24) trobat durant els sondatges realitzats l’any bem representat, segur, un d’ells. L’enclavament ens
1998 al jaciment. La descripció sobre la peça l’hem va proporcionar un sesterci d’Adrià (núm. 8) encunyat
extret de la memòria d’excavació realitzada per G. a Roma l’any 138 dC. A causa del desgast no podem
Molina (1998a, 14-15), ja que no ens ha estat possi- llegir les llegendes de l’anvers ni el revers, però pen-
ble consultar l’exemplar directament –pensem que pot sem que Hilaritas és la iconografia d’aquest últim.
trobar-se sense restaurar en companyia dels materials Hem de recordar que la vil·la de Casa Ferrer I es
apareguts. Aquest correspondria al tipus d’àguila le- troba dins l’ager de la ciutat de Lucentum-Tossal de
gionària entre dues insígnies militars al revers (RPC Manises, on les troballes sobre aquest període, de les
195) que al·ludeix als veterans assentats a la colònia. quals es té notícia, en molts casos corresponen a Tra-
Segons Llorens (1987b, 174) les peces encunyades jà. A la vil·la de Parc de les Nacions es va trobar un
sota aquesta emissió haurien estat batudes després de sesterci (Rosser, 1990; Abascal, 1993), un altre a Casa
l’any 15 i presentarien poca qualitat tècnica i artística, Ferrer I i dos asos del mateix emperador, un a Vila-
a més d’errors d’encunyació, cosa que fa pensar en franquesa/El Palamó (Ripollès, 1980, 66) i altre una
artesans poc qualificats al taller de la colònia en aquest troballa casual a la zona de la Condomina. Es coneix
moment. també un exemplar de Marc Aureli de la vil·la de Casa
Ferrer I. Tots aquests materials es troben dipositats al
MARQ.
III. 2. Monedes romanes
Va ser durant el regnat d’August, i gràcies en part a la Del segle III dC, moment de grans transformacions
seua reforma monetària, quan es va assolir un alt grau i desequilibris a nivell monetari, hem individualitzat
de monetització a Hispània. Aquesta ja havia comen- quatre exemplars que representen el 14,81% del ma-
çat al territori en època republicana però de manera terial analitzat. Durant aquest període, el valor decla-
desigual. Amb Octavi August es va fomentar l’encu- rat dels tipus circulants anirà augmentant, el sesterci
nyació de divisors de petit valor que van dinamitzar la serà la moneda habitual d’ús i l’as passarà a tenir una
circulació monetària, facilitant les transaccions quo- funció residual. Això acabarà afectant també, cap a la
tidianes més bàsiques. De l’emperador August hi ha meitat de la centúria, al bronze de més valor que de-
una moneda dipositada al MARQ, però desconeixem sapareixerà, com ho farà el denari donant pas a l’an-
la tipologia. A la mateixa institució es troben tres pe- toninià. Aquest procés vindrà provocat per tres motius
ces d’atribució indeterminada, una del s. I i dues del II bàsics: augment de la despesa estatal, pèrdues de plata
dC, aparegudes també a la vil·la. registrades en el comerç amb Orient i dificultats amb
Amb l’arribada al poder de la dinastia flàvia, perí- l’aprovisionament metàl·lic, que s’afegiran als proble-
ode d’estabilitat i prosperitat per a l’economia, trobem mes financers –inflació i augment del valor de les mo-
–contràriament al que es podria pensar– escassetat nedes en circulació– (Alberola i Abascal, 1998, 120).
monetària per a aquest moment. S’han considerat di- Del període de l’anarquia militar (235-285 dC)
versos factors entre els quals cal assenyalar: la breve- comptem amb un sesterci de Marcia Otacília Severa,
tat del període, una reducció de les emissions així com dona de l’emperador Filip l’Àrab, encunyat entre els
una disminució considerable dels estrats d’abandó i/o anys 244-249 dC a Roma (núm. 9). A partir del regnat
destrucció on solen donar-se aquestes troballes mone- de Gal·liè el volum de moneda apareguda augmentà
tàries, a més de la continuïtat en circulació d’exem- considerablement, producte d’una intensificació en
plars de moments anteriors. Hi ha una moneda que l’emissió, així com d’un manteniment en circulació de
hem adscrit a aquesta dinastia, encara que podria cor- determinats tipus monetaris. La inflació monetària a
respondre també a la posterior. L’alt grau de desgast partir del seu regnat en solitari (260-268 dC) va ser
de la peça impossibilita una catalogació més precisa, elevada repercutint greument sobre l’economia. El va
no sols a nivell cronològic sinó fins i tot al seu tipus. seguir l’emperador Claudi II el Gòtic amb un regnat
Pensem que es pot tractar d’un dupondi o as (núm. 7) que va ser breu (268-270 dC). D’ell comptem amb
associat a Domicià pels trets facials que caracteritzen tres antoninians, un batut a Roma (núm. 10) amb el
la iconografia de les seues encunyacions, però també revers d’Aequitas i els altres dos pòstums (núm. 11 i
podria correspondre als emperadors Trajà o al seu suc- 25) encunyats després del 270 dC a Roma o a seques
cessor Adrià. locals. Aquest tipus (RIC V.1, 261) va ser molt comú
El segle II va representar un moment de relativa a Occident. L’exemplar núm. 25 ha estat inclòs dins
estabilitat, encara que fóra fictícia, ja que a Hispània l’estudi malgrat no haver-lo localitzat i fent ús de la in-
hi va haver cert malestar entre la població per l’endu- formació existent a la memòria d’excavació realitzada
riment de les condicions financeres i l’elevat nombre per G. Molina el 1999 (Molina, 1999, 9).
III. 2.3. Els segles IV i V dC exercitus però no hem pogut adscriure-la de manera
segura perquè presenta mossa i un alt grau de desgast.
A finals del segle III Dioclecià va impulsar una impor- Del període 364-408 dC hi ha un nummus (núm.
tant reforma político-administrativa i monetària que 27) associat a l’emperador Valentinià (364-375 dC)
desembocà en un nou sistema de denominacions basat del qual s’ignora la seca. Es va trobar durant els son-
en el nummus com a bronze de referència. Aquest va datges realitzats l’any 1998 i ha estat inclòs dins l’es-
funcionar durant tot el segle IV al temps que desapa- tudi, encara que no hi hem pogut accedir directament
regué de manera definitiva l’antoninià i es va assistir a (Molina, 1998a, 9).
la multiplicació de tallers numismàtics de tot l’Imperi, Cal recordar també l’existència d’altres exemplars
perdent la seca de Roma el protagonisme que havia dipositats al MARQ producte de les intervencions du-
tingut durant la centúria anterior. tes a terme a la vil·la com són set nummi: un del ti-
Del material estudiat, el segle IV dC està represen- pus gloria exercitus amb un estendard, cinc amb dues
tat amb 9 peces, el 33,33% del conjunt i per tant, el Victòries amb corona i altre de genet caigut que ens
percentatge més elevat per períodes, fet que concorda situen en una cronologia entre principis del segle IV
amb altres enclavaments del territori de Lucentum i de i el 361 dC.
les comarques meridionals del País Valencià (com es
pot veure a diferents estudis, dels quals esmentem al-
guns: Arroyo, 1985 i 1988; Abascal, 1989; Alberola i III. 3. Encunyacions vàndales
Abascal, 1998; Marot et alii, 2000; Garrigós i Mella-
do, 2004; Frías i Llidó, 2005; Abascal i Alberola, 2007 Les troballes realitzades els últims anys contradiuen
i 2010; Ramón, 2010; Garrigós, 2012). Els bronzes les tesis de la completa interrupció d’arribada de mo-
d’aquest moment generalment es troben en mal estat netari nou a Occident a finals del s. IV i principis
de conservació o bé molt desgastats a causa de la re- de la centúria següent. L’arribada de moneda encu-
sidualitat monetària. Això ha dificultat la catalogació, nyada al segle V acompanyada d’una perdurabilitat
identificant en alguns casos l’emperador i en poques de la massa monetària circulant de períodes anteri-
ocasions les seques en les quals van ser emesos. En ors –fonamental per al funcionament de l’economia
altres moments, tan sols s’ha pogut adscriure a un pe- monetària–, així com les iniciatives privades o locals
ríode gràcies a la iconografia del revers que sol ser ca- que van realitzar imitacions o emissions de caràcter
racterística d’una etapa molt concreta. irregular, fan pensar en un comerç actiu i de relati-
Del període 306-363 dC, en el qual l’Imperi va es- va importància demostrat pels elements esmentats. A
tar governat per la dinastia constantiniana, s’han iden- partir del segle VI dC s’incorporarà numerari d’ads-
tificat sis monedes. Una de les causes per a entendre cripció vàndala i bizantina a la circulació dins aquest
per què el numerari es fa corrent a partir del 330, s’ex- territori, especialment als enclavaments costaners.
plica per l’augment de les encunyacions ordenades La moneda vàndala apareix acompanyada, normal-
pels emperadors amb la intenció de reforçar la massa ment al sud-est peninsular, per emissions més tarda-
ja circulant, fet que va provocar un desbordament de nes d’època bizantina, fet que fa pensar en la seua
petita moneda als mercats (Depeyrot, 1996, 212). difusió durant el domini d’aquests últims (Marot,
De Constantí II tenim un nummus encunyat a la 1997, 169).
primera oficina de Ticinum l’any 324 dC (núm. 12) Pel que fa a aquest tipus d’emissions, pensem que
amb llegenda en el revers DOMINOR·NOSTROR· l’exemplar trobat durant les intervencions arqueològi-
CAESS, envoltant a corona de llorer amb VOT/X dins ques a la vil·la romana de Casa Ferrer I és un minimus
d’aquesta. L’altra peça (núm. 13), que pensem és del encara que d’atribució indeterminada i seca descone-
mateix emperador, és tracta del tipus gloria exercitus guda (núm. 19), que podria adscriure’s al segle VI dC.
i un estendard, encunyada a la seca d’Aquileia l’any La peça presenta al revers una figura de peu de front,
340 dC. possiblement amb els braços oberts i alçats. Aquest
També va aparèixer a la vil·la durant els sondatges període es caracteritza per la desaparició d’algunes
de 1998 (Molina, 1998a, 14) un nummus de Constant emissions a la part occidental de l’Imperi que seran
encunyat a Lugdunum els anys 347-348 dC (núm. substituïdes per altres de tipus bàrbar.
26), que presenta al revers dues Victòries enfronta-
des, acompanyades de la llegenda VICTORIAE DD
AVGG Q N N. III. 4. Monedes d’atribució indeterminada i no
De Constanci II hi ha dues peces, una d’elles amb classificables
dues Victòries de front al revers, encunyada a l’oficina
4a o 5a de Tessalònica entre el 347 i 348 dC (núm. Les tres primeres monedes del catàleg, malgrat tindre
14). L’altre nummus (núm. 15), de seca desconeguda, una atribució indeterminada, han estat estudiades en
és del tipus falling horseman encunyat en el període apartats anteriors en base a la poca informació obtin-
350-361 dC. guda d’elles. Tanmateix, dels dos nummi (núm. 17-18)
De la primera meitat del segle IV dC tenim una del segle IV dC que hi ha, excepte el bust a la dreta
peça (núm. 16) que podria pertànyer al tipus gloria que s’observa als anversos, no hem pogut obtindre
més informació dels exemplars i per aquesta raó els Del segle III dC trobem les pòstumes i difoses
hem inclòs en aquest apartat. peces de Claudi II, tan característiques per a aquest
Per altra banda, entre les troballes monetàries n’hi període i moments posteriors, i el predomini dels num-
ha quatre que ha estat impossible classificar pel seu mi del segle IV dC tan desgastats a causa del seu ús
mal estat de conservació, que constitueixen el 14,81% perllongat que arriba en ocasions fins al s. VI dC en
de les peces, totes elles il·legibles per les dues cares. companyia de peces vàndales i bizantines. En el cas de
Dues d’aquestes podrien tractar-se d’asos (núm. 20- Casa Ferrer I hem documentat un exemplar d’aquest
21), una altra seria un semis (núm. 22), tal volta del últim moment que malgrat l’atribució indeterminada
segle I dC o bé d’abans, i l’última seria un nummus del hem adscrit a encunyacions vàndales basant-nos en la
segle V dC (núm. 23). tipologia.
La peça núm. 20, es troba molt deteriorada i pre- Convé destacar que no existeixen estudis exhaus-
senta una perforació, fet que ens indica que possible- tius publicats dels materials i nivells on s’han trobat
ment hauria estat utilitzada com a penjoll quan ja havia (ni els informes preliminars i memòries consultades
finalitzat el seu període útil com a mitjà de pagament. faciliten la informació completa), fet que dificulta
El pes ens ha fet dubtar sobre el seu valor, pensant fins l’obtenció d’informació sobre els contextos arqueolò-
i tot que podria tractar-se d’una xapa, però hem deci- gics impossibilitant qüestions tan importants com les
dit incloure-la com a moneda que podria pertànyer als de conèixer, en la majoria dels casos, el llarg període
segles I-II dC. en el qual les monedes poden estar circulant i que jus-
tifiquen per tant el seu desgast.
A tall de conclusió volem dir que el material nu-
IV. CONSIDERACIONS FINALS mismàtic estudiat proporciona noves dades que confir-
men com l’ager de Lucentum segueix gairebé els ma-
La ciutat iberoromana de Lucentum-Tossal de Manises teixos patrons d’abastiment monetari que la resta de
es trobava envoltada de diferents vil·les suburbanes i les comarques meridionals del País Valencià. A saber,
d’altres que formaven part del seu territorium (Olcina, una massa monetària important en dos períodes cro-
2009). Entre aquestes es troba la vil·la rústica de Casa nològics concrets (segles II-I aC i III-IV dC) i etapes
Ferrer I, un dels jaciments que s’ha pogut conservar amb poca presència en el registre monetari (segles I-II
malgrat la pressió urbanística a la zona. L’enclavament, dC) que sabem no tenen res a veure amb l’evolució
amb una àmplia perdurabilitat en el temps (segles I aC– econòmica de l’Imperi.
V dC), ha aportat una sèrie de materials numismàtics
que ens han permès conèixer un poc més la circulació
monetària a la zona. Els exemplars estudiats abracen CATÀLEG
una cronologia més extensa (segles II aC– VI dC), que
pensem es deu al seu ús continuat o a la pèrdua casu- Les peces estan ordenades cronològicament i integra-
al de la peça per una freqüentació esporàdica del lloc. des en períodes i seques. El número indicat al principi
Dins aquesta última situació, tal volta de visita a la de cada moneda ha estat assignat per nosaltres per a la
zona, entrarien el menut o el diner de Carles II. realització d’aquest treball. La descripció manté bàsi-
Cal destacar que entre les peces analitzades no n’hi cament l’ordre utilitzat en els catàlegs de numismà-
ha cap que no siga de bronze, fet que no significa que tica. Les dades que s’especifiquen són: emperador o
no circularen monedes d’altre metall, sinó que aques- regnat, tipus, seca i data d’emissió. Després es descri-
tes estan poc representades a les troballes de la zona. uen els anversos i els reversos, mentre que el pes (en
Convé recalcar que les peces de bronze faciliten l’ús grams), diàmetre (en mm) i posició d’encunys figuren
per a bescanvis o mercaderies de petita envergadura per aquest ordre al final de la descripció. Segueixen les
que solen realitzar-se dins un circuit local o molt pro- referències que permeten la classificació de la peça,
per al seu lloc d’emissió. en el cas que haja estat possible. A continuació s’es-
Al repertori monetari estudiat trobem exemplars pecifica el seu número d’inventari. La indicació Bibl.
encunyats a la península com són les emissions feno- seguida d’una referència revela si la moneda ha estat
púniques i les ibèriques, així com també les provinci- publicada prèviament o és inèdita. Segueix la sigla del
als, on destaquen, com a la resta de les comarques me- jaciment, any, sector, àrea i UE sempre que s’ha dis-
ridionals valencianes, les peces realitzades a Carthago posat d’aquesta informació. Per a finalitzar apareix un
Noua i Ilici. Les emissions cíviques existents, batudes apartat d’observacions, que hem introduït per si, donat
per les ciutats, són producte, entre d’altres coses, de la el cas, hi haguera alguna informació interessant que
necessitat de cobrir un buit real com a conseqüència de hem volgut afegir.
l’escassetat de moneda de bronze romana circulant per Quant a la nomenclatura utilitzada per a les dife-
als petits pagaments quotidians. Cal destacar la manca rents espècies monetàries, s’ha adoptat la terminolo-
d’exemplars romans del s. I dC o les imitacions locals, gia específica per als exemplars anteriors al s. IV i la
i molt comuns, de l’emperador Claudi, així com també denominació nummus per a les peces a partir de la I
les del s. II dC. Tetrarquia.
Quan no ens ha estat possible trobar la informació 4. AUGUST. As. CARTHAGO NOVA (Ca. 4 aC o ca.
adequada en els diferents apartats del catàleg o bé en 7 dC), CELSA o BILBILIS (27 aC – 14 dC)
desconeixem la referència catalogràfica exacta –a cau- A. [augustus] – DI[vi f]. Cap llorejat d’August a la
sa de la mala conservació de la peça– hem optat per dreta.
posar-hi un guionet (–). R. Il·legible.
10,9 g; 28 mm; – h.
1. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Semis. Seca? s. RPC 167, 273 o 391
II aC Inv.: 3.250
A. [–-]. Cap masculí a l’esquerra. Bibl.: Inèdita
R. [–-]. Dofí a la dreta (?). CFI’96, S. 5, A I/II, UE 616
Exerg: símbol fenici (?). Observ.: té gran mossa; en anvers, al voltant del cap de
5,0 g; 26,2 mm; 3 h. l’emperador, hi ha marca incisa que el circumda.
Inv.: 3.245
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, UE 615
7. DOMICIÀ, TRAJÀ o ADRIÀ? Dupondi o As. 10. CLAUDI II. Antoninià. ROMA. 268-270 dC
ROMA. 81-138 dC A. IMP CL[audiu]S AVG. Bust radiat i amb cuirassa
A. [–-]. Cap d’emperador llorejat a la dreta. a la dreta.
R. [–-]. Figura de front (?). R. [ae]QVITAS AV[g]. Aequitas de peu a esquerra que
6,1 g; 27 mm; 12 h. sosté balança i cornucòpia.
Inv.: 3.254 1,4 g; 20 mm; 5 h.
Bibl.: Inèdita RIC V.1, 15; Normanby 751; Cunetio 2057
CFI’96, S. 1, V6 38-32 Inv.: 3.256
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, Hab. 5b, UE 618
8. ADRIÀ. Sesterci. ROMA. 138 dC 11. CLAUDI II. Antoninià. ROMA o seca local. Post.
A. [hadria]NVS – [augustus p p]. Bust llorejat a la 270 dC
dreta. A. Il·legible.
R. [–-]. Hilaritas de peu a esquerra, que sosté palma i R. [consecr]ATIO. Altar de quatre panells, encès.
cornucòpia entre dos xiquets. 1,2 g; 15 mm; – h.
22,9 g; 32,5 mm; 6 h. RIC V.1, 261; Normanby 1113; Cunetio 2313
RIC II, 970 Inv.: 3.257
Inv.: 3.253 Bibl.: Inèdita
Bibl.: Inèdita CFI’96, S. 5, UE 600
CFI’96, S. 5, UE 629 Observ.: moneda partida per la meitat però restaurada
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Recepción: 03-07-2013
Aceptación: 08-11-2013
tiempo record, agilizando por ello la administración de funeraria», aunque en el arameo babilónico judío el tér-
este enorme imperio. mino se limita a señalar una medida de distancia («has-
Con ese fin, se implantaron a lo largo de los caminos ta Jerusalén hay muchas estaciones del camino»: BT
reales aqueménidas una serie de instalaciones, conoci- Nazir 7a) o a un lugar donde uno podía obtener alimen-
das genéricamente con el nombre de estaciones, donde tos a lo largo del camino (BM 79b=AZ 65a).
los mensajeros reales, funcionarios y trabajadores del F. Rundgren ha ofrecido como posible etimología
Estado, cortesanos y viajeros ordinarios podían alimen- del iraní el término ‘awwānā como una temprana con-
tarse, descansar y cambiar de montura para poder prose- taminación de dos antiguas palabras iranias, āvahana
guir su camino sin problemas. Sin embargo, el disfrute «aldea» y *avāhana «lugar donde uno podía desensi-
de tales ventajas estaba supeditado a la presentación llar a los caballos»1. ¿No se puede asumir un desarrollo
de un documento oficial sellado conocido como halmi del término en antiguo persa adwana > *awānā «viaje,
(elamita) o miyatukkaš (elamita) en la documentación camino» de una manera similar a la palabra en antiguo
procedente del Archivo de la Fortificación de Persé- persa *hadabāra > ayār, en persa moderno, puesto que
polis. Se conoce también la existencia de estas instala- esta palabra también influenció en el significado del
ciones gracias al relato de Heródoto (V, 52-54), quien ‘awânâ arameo especialmente utilizado en el Talmud
indica que a lo largo del camino real se emplazaron una babilónico? Como información adicional, los caminos
serie de instalaciones destinadas a dar cobijo y suminis- de la Persia pre-Islámica también fueron abastecidos
tro a las personas que, tras presentar su correspondiente con estaciones del camino o de «mesones»; en persa
autorización sellada, tenían el derecho de disfrute de las medio fueron conocidas como aspinj, en judío arameo
prestaciones que ofrecían estas instalaciones. como ušpīz y en mandaico como špinza. El término so-
brevive en el persa moderno como sipanj. En un epi-
sodio registrado en el Talmud babilónico, oímos hablar
DENOMINACIÓN DE LAS ESTACIONES de un mensajero real sasánida que paró en un mesón
(ušpīzā) en su camino para detener a un erudito judío
En cuanto al término que los persas utilizaron para bien conocido (Babā Mesī’ā, 86a); además, el térmi-
referirse a estas instalaciones no nos ha llegado. Los no ušpīzkān («mesonero») se encuentra en el Talmud
textos del Archivo de la Fortificación de Persépolis, y en otros contextos (Silverstain, 2007, 28). El término
por ejemplo, mencionan solamente el lugar en el que pre-Islámico para el «mesón» continuó siendo utiliza-
los viajeros recibieron sus raciones: do en la Sogdiana Omeya, donde la palabra arspanj,
una variación local del persa medio aspinj, denotó una
«4,65 BAR de harina, recibida por Dauma. Cada «estación postal» (Briant, 1996, 368). A pesar de esta
uno de los 23 hombres recibió 1,5 QA, y 1 QA por variada terminología, los intentos de reconstrucción
cada «muchacho». Dauma llevaba un documento son ciertamente hipotéticos y sólo nuevos hallazgos
sellado de Irdarpirna. Ellos viajaron desde Sardes. nos permitirán conocer como los aqueménidas deno-
Ellos iban a Persépolis. Noveno mes del vigésimo minaban a sus estaciones en su propia lengua.
séptimo año. En Hidali» (PF 1404).
Las fuentes de época clásica no nos ayudan tampo-
co mucho en este sentido, pues utilizan para nombrar DISTANCIA ENTRE LAS ESTACIONES
a estas instalaciones términos de origen griego, como
staJmóV, katagwgai o katálusiV kállistai. Otra cuestión muy discutida es la distancia existente
Tampoco los términos utilizados en acadio por los asi- entre estas instalaciones. Según se desprende de los
rios para referirse a sus «estaciones postales» (kalliu, relatos de las fuentes antiguas éstas estaban situadas a
kalliju) y «estaciones de descanso» (bit mardītu) nos intervalos de unos 25 km por término medio. El pro-
ayudan en esta tarea. En la carta del sátrapa de Egipto blema radica en sí estas instalaciones servían también
Aršāma a su intendente Nehtihôr, se utiliza el térmi- como estaciones postales, ya que un mensajero a ca-
no arameo ‘dwn (VI, 5), que P. Grelot tradujo como ballo, por ejemplo, podría cubrir en un día de marcha
«(estación de) viaje o camino» (DAE 67). Esta carta mayores distancias. Por este motivo se ha esgrimido
señala cómo los diferentes funcionarios recibieron la que las estaciones descritas por Heródoto formaban
orden de suministrar con raciones a Nehtihôr, a sus una red de praetoria reales, mientras que las instala-
acompañantes y a sus caballos en cada ‘dwn que «des- ciones postales debían situarse a mayor distancia las
de provincia en provincia atravesara hasta que llegara unas de las otras, y por ello, serían construcciones in-
a Egipto». La traducción de Grelot de este término está dependientes. Como se acaba de mencionar, estas es-
basada posiblemente en las palabras avésticas advan, taciones estaban dispuestas a intervalos de unos 20 a
que aparece en los Gathas, y aδwan–, en el Avesta, que 30 km a lo largo del camino real aqueménida, aunque
han sido traducidas como «senda, carretera, camino»
(Greenfield, 1982, 10). Este empleo de ’dwn evoca ine-
vitablemente al ‘awānā citado en el arameo babilónico, 1. Rundgren, 1965-1966, 75-79, donde proporciona un útil exa-
y que venía a significar claramente «estación, morada, men de la etimología de ‘wn’. Argumenta debidamente con-
lugar de reposo» (la mansio latina), e incluso «morada tra la propuesta de una etimología semítica para esta palabra.
lo más probable es que se situaran a un intervalo de un servicio postal, sólo se pueden sugerir distancias com-
día de marcha, distancia que sería medida según las prendidas entre los 50 y los 75 km. Se ha esgrimido
condiciones orográficas del terreno (Velázquez, 2010, que la distancia de 75 km no puede ser correcta, puesto
519). El problema se plantea claramente así: ¿los per- que para alcanzar esta rapidez era necesario un cam-
sas aprovecharon la existencia de estas estaciones para bio más frecuente, que no era posible en el periodo
ocuparse de las necesidades de su servicio postal, o aqueménida, puesto que un servicio regular a través
instalaron una red de estaciones independientes de es- de este inmenso territorio habría requerido una organi-
tas estaciones reales? Para determinar esta cuestión, zación extremadamente extensa y costosa, puesto que
dos testimonios deben de ser referidos. un inmenso número de caballos debería de ser propor-
El primero se encuentra en la obra Perí kósmou, cionado por los establos reales para hacer funcionar el
en su capítulo VI. Esta obra ha sido atribuida tradicio- servicio correctamente.
nalmente a Aristóteles aunque generalmente se consi- Pero, ¿habría cuadrado esto con las intenciones
dera un trabajo pseudoepigráfico2. Este pasaje trata del que presidieron su creación? No es creíble que fuera
poder de los reyes persas, Cambises, Darío y Jerjes: así. Cuando Jenofonte indica que el rey quería ser in-
formado de todo lo que pasaba en las provincias más
«Todo el Imperio de Asia había sido repartido según distantes de su imperio, no es necesario comprender
los pueblos entre generales, gobernadores y reyes- que el mismo quería administrarlas. Hay una diferen-
clientes, esclavos del Rey de Reyes, corredores y es- cia considerable entre el Estado totalitario, se diría
pías, y entre mensajeros y hombres que vigilan sobre hoy, de los ptolomeos y el Imperio mucho más des-
las señales».
centralizado de la monarquía aqueménida. Mientras
que se concentraba toda la administración de los pto-
Estos últimos cuatro cuerpos de servidores, a los que lomeos en Alejandría, la del Imperio aqueménida se
se añaden, en ciertos manuscritos del Perí kósmou, delegaba en los gobernadores provinciales (sátrapas),
un quinto cuerpo, los escoltas, nos hacen entrever una a quienes el Gran Rey daba sus directivas. El soberano
cuádruple organización sobre los caminos. Tenemos, en aqueménida no quería pues saber todo lo que ocurría
primer lugar los mensajeros a pie, que llevan las noti- en los confines de su Imperio; él quería ser informa-
cias de menor importancia; los espías, encargados de la do solamente de los acontecimientos que de verdad
recolección de información; los guardias estacionados eran importantes. Ni que decir tiene que la posta real
probablemente como los corredores en cada estación, aqueménida transmitía sólo las cartas oficiales. Habría
con la misión de velar por la seguridad de los caminos; sido inconcebible que fuera diferente. Por este moti-
los mensajeros del servicio exprés y finalmente aquellos vo, para la defensa de esta tesis, sólo se puede sugerir
a los que llamamos telegrafistas y sobre quienes apenas un intervalo de 50 km. Sin embargo, después de leer
sabemos a qué distancia se encontraban los unos de los a Heródoto y a Jenofonte, quienes remarcan que este
otros. El hecho de que se mencione en este pasaje la medio de transporte era el más rápido de su época, la
transmisión de las noticias por medio de señales, que distancia de 50 km al día y de 50 km por la noche, lo
requería una instalación especial, hace pensar que, para que equivale a unos 10 km por cada dos horas aproxi-
las estaciones postales, no sería imposible que se hubie- madamente, no parece corresponderse con la informa-
ran organizado independientemente de las estaciones ción transmitida por estos textos.
reales y de las torres de fuego. El segundo pasaje, que De todas formas es más fiable sugerir que las es-
nos es transmitido por Diodoro (XIX, 57, 5), no sirve taciones postales no eran un ente independiente, sino
para sacudir esta hipótesis. Dice así de Antígono: que las instalaciones situadas a lo largo de los caminos
reales cumplían ambas funciones. La evidencia nos la
«Dotó, compartiéndolo con todo el Asia, de la que muestra, como no, los textos del Archivo de la Forti-
era el amo, de señales de fuego y de correos por me- ficación de Persépolis. Por ejemplo, en la estación de
dio de los cuales quería llevar rápidamente su ayuda Kurdušum, emplazada en un punto sin determinar del
a toda cosa». camino real aqueménida que unía Susa con Persépo-
lis, nos encontramos con un funcionario, Haturdada. A
Este sistema continuaba el antiguo Âggar°ion de pesar de que éste es nombrado como proveedor de ra-
los reyes aqueménidas y nos muestra, también, la dife- ciones en 18 textos, la mayoría de ellos no especifican
rente disposición de dar las noticias, o bien por medio su localización, aunque siempre que ésta se indica, es
de fuegos o bien haciéndolos llevar mediante mensa- en Kurdušum donde realiza su actividad. Además, el
jeros a caballo. Lo que hace suponer que el sistema sello más frecuentemente utilizado en los textos de la
de estaciones postales era una organización indepen- serie Q, raciones de viaje, es el sello PFS 10, que apa-
diente es el hecho de que si se admite que algunas rece en el margen izquierdo de 25 textos3. Tres textos,
estaciones reales albergaban también los establos del
las PF 1309-1311 mencionan Kurdušum como el lugar a 20 km/h, lo que correspondería «sólo» al 69% de su
en el que la ración fue entregada, mientras que la PF poder aeróbico máximo en el peor de los casos (el total
1309 nombra a Haturdada como proveedor. Los otros sería de 40,5 litros de O2/min) (Minetti, 2003, 785).
22 textos de la serie Q con el sello PFS 10 no nombran A partir de estos datos sorprende que los caballos
ni el proveedor ni el sitio, pero es más que probable necesiten ser substituidos cada hora y media, mientras
que Kurdušum fuera el sitio en todos los casos, y que que una especie menos atlética, como los seres huma-
Haturdada fuera, probablemente, el proveedor, puesto nos, pueda ejercitarse, con la misma carga metabólica,
que no hay indicios que indiquen que este tipo de sello durante más de 4 horas. Esta resistencia varía entre
fuera utilizado por otros proveedores. Por este moti- los caballos de competición y aquellos especímenes
vo, la presencia del sello identifica claramente tanto destinados a cubrir distancias medio-cortas. Conviene
al proveedor como el lugar en el que se entregaba la recordar en este punto a Jenofonte (Cirop., VIII, 6.17-
ración. De este modo, vemos a Haturdada entregando 18), quien menciona que Ciro II «experimentó para
raciones, entre los años 27 y 28 del reinado de Da- encontrar la distancia que un caballo podría cubrir
río, tanto a viajeros (PF 1313-1314, 1316, 1322-1328) en un día cuando el animal estaba montado pesada-
como a mensajeros a caballo (pirradaziš en elamita; mente, y para que no desfalleciera, entonces él erigió
PF 1315, 1319-1321, 1329), por lo que no existe una estaciones a distancias semejantes». Es importante
distinción entre ambos, siendo suministrados en la mencionar como el Estado de los aqueménidas dotó a
misma estación, lo que vendría a confirmar que éstas su sistema de correspondencia de los medios óptimos
servían tanto para el sistema postal como para atender para su correcto funcionamiento, sin tener ningún co-
las necesidades de los viajeros. nocimiento de la fisiología equina, a excepción de la
Es por lo tanto necesario asignar a la posta aque- distancia máxima que podían recorrer y la velocidad
ménida una rapidez mucho más alta. La cifra definiti- máxima que podían alcanzar, reduciendo los posibles
va que buscamos debe pues situarse entre los 50 y los riesgos que podían debilitar y causar la muerte de sus
75 km por día, y entre los 100 y los 150 km por cada caballos.
96 horas, aunque soy más propenso a darle un valor Estas velocidades no son particularmente impresio-
más próximo a los 150 que a los 100 km. Lo que se nantes: las tropas militares podían cubrir unos 30 km
acaba de decir cuadra muy bien con el viaje a caballo por día, aunque la descripción de Heródoto (V, 50-52)
de Catón el viejo, quien desde Brindisi, tardó 5 días en de que los mensajeros postales podían cubrir un itine-
llegar a Roma, cubriendo los 540 km a una media de rario de noventa días sobre el camino real en solamente
135 km por cada 24 horas. Si tomamos estos últimos nueve días, deduce que el sistema postal era aproxima-
datos como base, obtendríamos para el camino de Sar- damente diez veces más rápido que los desplazamien-
des a Susa un viaje de cerca de 20 días. Este trayecto tos militares, con mensajeros que cubrían hasta 300 km
duraba 90 días a pie, tal y como afirma Heródoto. Las en un día (Silverstain, 2007, 13). De este modo, aunque
altas velocidades que los mensajeros podían alcanzar Heródoto especifica que las estaciones fueron estable-
ya mencionadas en el II milenio a.C. en una carta en- cidas en intervalos diarios, éstos estarían calculados
viada por Hammurabi a un alto funcionario de Larsa. según la distancia estimada realizable por los viajeros
Él indica: «Viajarás día y noche, de modo que puedas ordinarios, mientras que los mensajeros postales pasa-
llegar a Babilonia en el plazo de dos días» (Ugnad, rían a través de las estaciones situadas sobre el camino
1914, nº 14); la distancia existente es de cerca de 200 en numerosas ocasiones a lo largo del día, reemplazan-
km en línea recta. De este modo llegó a ser posible do al caballo para que la velocidad no disminuyera y
recibir mensajes dentro de un tiempo relativamente sustituyendo al jinete cuando se precisara para que la
corto, donde la distancia entre Susa y Babilonia, por información estuviera en continuo movimiento. De los
ejemplo, podía ser cubierta en un día y medio, lo que itinerarios registrados en los trabajos, predominante-
representa un promedio de cerca de 150 km por día mente, de los autores griegos, es evidente que la dis-
(Forbes, 1934, 80). tancia entre las estaciones no era uniforme, aunque las
Además era mucho más eficaz cambiar de caballo distancias entre las regiones, así como el número de
a un intervalo de entre 20 y 25 km, ya que una combi- estaciones a lo largo de los respectivos itinerarios, fue-
nación óptima entre velocidad y distancia es ideal para ron calculadas. En promedio, las estaciones fueron em-
el funcionamiento óptimo del caballo. Los parámetros plazadas a cada 20-25 km, y cualquier variación en esta
establecidos por los sistemas de correos a lo largo de la distancia se puede atribuir a las características topográ-
historia fueron elegidos para evitar el estresante calor ficas de una región, de la localización de las ciudades,
producido en el animal ante el sobreesfuerzo realiza- o de otras consideraciones, tales como, por ejemplo, la
do y para reducir el riesgo de que el caballo cayera disponibilidad del agua.
desfallecido. De este modo el sistema se orientó a una
explotación optimizada del caballo y del jinete, com-
patible con sus cargas fisiológicas y biomecánicas. LAS ESTACIONES
Los caballos comprendidos entre los 4 y los 7 años,
con una masa corporal de 390 kg, tienen una energía Pero, ¿cómo eran estas estaciones? A partir de los re-
metabólica de 15 a 28 litros de O2/min cuando galopan latos de las fuentes antiguas podemos suponer que las
«PABELLONES»
Figura 4: Plano del pabellón de Qalēh-ye Kalī. D. T. Potts et alii, 2009, 258.
oeste, y de 2,5 a 3,5 m de ancho (Fig. 4) (Potts et alii, ante una estructura aislada utilizada para dar cobijo a
2009, 217). También, en algún momento anterior al los viajeros que se desplazaban a lo largo del camino
colapso de los muros de adobe del edificio relaciona- real. Esta posibilidad deberá ser investigada en futuras
dos con el pórtico de piedra, se produjo un expolio, en excavaciones.
particular de los adoquines situados hacia el extremo
occidental (Potts et alii, 2009, 222). Al norte del pór-
tico, y casi en paralelo con la línea de bases de co- Tell Hakavan
lumnas, se halló la base de una estructura de ladrillos
de gran tamaño, así como otras estructuras de piedra Otra de estas fastuosas construcciones se ha hallado
y adobe fueron identificadas más al norte, aunque no en Farmeshghān (Tell Hakavan o Hakhavan), en el
está claro si estas construcciones están asociadas con distrito de Kavar, al sur del Fārs5. El emplazamiento
la ocupación del sitio (Potts et alii, 2009, 235-238). está situado a unos 90 km al sur de Šīrāz, en las inme-
Además, dos enormes fragmentos de piedra rectan- diaciones de la carretera moderna que une Šīrāz con
gulares, tal vez uno el resto del dintel de una puerta, Fīrūzābād. De todas formas es más apropiado decir
y el otro el marco de ésta, fueron descubiertos en un que era un complejo palaciego con muchos paralelos
área adyacente a la zona pavimentada (Potts et alii, con las construcciones de Persépolis y Pasargadā. Los
2009, 210). También se han encontrado varios frag- estrechos pasillos existentes al aire libre entre los edi-
mentos de recipientes de piedra muy bien pulidos de ficios pueden ser comparados a los hallados en Per-
color blanco (¿mármol?), verde oscuro (¿serpentina?) sépolis. Tales corredores se encuentran en Persépolis
y rosado (¿mármol travertino?), comparables a los entre Palacios como la Tachara y el Palacio G, como
ejemplos conocidos de Persépolis, así como pedazos todavía puede observarse en el yacimiento. Antes de
de cristal inusualmente finos (Potts et alii, 2009, 255- la destrucción de Persépolis otros edificios también
256). Además, la extrema delicadeza del vidrio y la tenían estos pasillos al aire libre entre ellos, los exis-
alta calidad de los fragmentos cerámicos en piedra tentes entre el Palacio de Hadish y los Palacios H y D.
hallados señalan con claridad que son artículos de Estos corredores también se encuentran entre la puerta
lujo destinados al uso de individuos pertenecientes a del Tripylon y el Palacio G, y entre la Tachara y la
la élite aqueménida, aunque su uso sería meramente Apadāna. En Persépolis algunos de estos pasillos mi-
periódico. De todas formas también hay que tener en den alrededor de un metro de ancho, mientras que los
cuenta el hallazgo de una gran cantidad de fragmentos de Hakavan tienen unos 70 cm de anchura. Estos co-
cerámicos muy grandes destinados al almacenamiento rredores abiertos entre los edificios parecen haber sido
y que han sido fechados tanto en la época aquemé- una tradición en la arquitectura aqueménida, teniendo
nida como en la post-aqueménida. Estos fragmentos acceso libre a otras unidades sin necesidad de pasar o
podrían estar señalando la presencia de un número no cruzar a través de espacios interiores, ya que era una
despreciable de funcionarios, trabajadores agrícolas manera adecuada para que los funcionarios públicos y
locales y tal vez artesanos, que serían residentes en el los guardias circularan. Hakavan y Persépolis compar-
lugar, probablemente a lo largo del año. La presencia ten esta característica.
de dicho personal de apoyo en absoluto contradice la Una diferencia entre Hakavan y Persépolis es la
llegada periódica de personajes vinculados a la élite dimensión de los edificios. En Persépolis los edificios
aqueménida, donde la opulencia de los objetos sugiere son mucho más grandes que aquellos que se encuen-
que esta edificación no era una simple estación para el tran en Hakavan. La estructura más grande hallada en
viajero ordinario. Hakavan es su estructura central que mide 9,40 x 8,32
Podría haber sido un almacén real, o incluso un m (Razmjou, 2005, 307). Las estructuras circundantes
centro de distribución de mensajeros «normales» ubi- son incluso más pequeñas y menores que las que se
cados en o cerca de Qalēh-ye Kalī, aunque este edifi- encuentran en Persépolis. Un número de decoraciones
cio, con sus enormes bases de columna en forma de en roseta encontradas en el sitio son comparables a las
campana, así como las comidas y bebidas consumidas de Persépolis y Susa. Además algunos de los fragmen-
en exquisitos vasos de cristal y de piedra, reflejan su tos pertenecientes a columnas y relieves son del mis-
asociación a una élite, no al tipo de almacén reflejado mo estilo y calidad que los de Persépolis.
tan a menudo en los textos del Archivo de la Fortifi- Desde el punto de vista arquitectónico, la parte de
cación de Persépolis. De todas formas este no parece la voluta de las columnas nos habla de la columna por
haber sido el único edificio, puesto que se han hallado sí misma. En uno de los fragmentos se observa que la
otras estructuras al sur de éste, aunque no está claro roseta está partida a la mitad. La longitud desde el ex-
que se fechen en el periodo aqueménida. Del mismo terior del fragmento al borde de la desaparecida flor es
modo, se han descubierto uno o más edificios al este de aproximadamente 6 cm. En comparación, una parte
de Qalēh-ye Kalī, bajo la aldea moderna de Jin-Jin, así similar de una columna del pórtico sur del Palacio de
como restos de bases de columna en Tol-e Gachgaran,
a unos pocos kilómetros al sur, y también en al nor-
te (Boucharlat, 2013, 521). Si este es el caso, se pue- 5. Para más información sobre las excavaciones en Tell
de estar ante un complejo de edificios, más bien que Hakavan véase Razmjou, 2005, 293-312.
la Apadāna en Persépolis es de 5,3 cm, una diferencia se hallaron sobre el lugar restos cerámicos de barniz
no significativa. Esto demuestra que el tamaño de la marrón-rojizo, fechados en el periodo aqueménida, en
columna era del tamaño de una de las columnas que la zona de la columna y sobre un gran Tell, situado en
componían el Pórtico sur de la Apadāna. Esto sugiere la parte noreste del lugar, que está constituido de capas
una altura aproximada de 5 m para las columnas del prehistóricas en la base y en su parte superior por una
Palacio de Farmeshghān. Una comparación similar plataforma de ladrillos de barro que se eleva alrededor
puede encontrarse en el trabajo de Krefter, que propo- de los 8 m de altura. Sobre las cuestas de este Tell se
ne una medición de 1,54 cm para la parte superior de la hallaron también restos fechados en el periodo aque-
cornisa del pórtico sur de la Apadāna (Krefter, 1971, ménida. Mostafavi informó del descubrimiento de una
85). Por lo tanto, se puede sugerir una altura total para base de columna de piedra negra, así como, cerca de
el Palacio de Farmeshghān de aproximadamente 7 m allí, de varias piedras circulares semejantes a las pie-
de altura. Para semejante elevación, el grosor de las dras y bases de columna de Persépolis y Pasargadā,
paredes debe de haber sido de alrededor de 1,20 cm reutilizadas en una construcción del siglo XV (Mos-
o menos (Razmjou, 2005, 309). Teniendo en cuenta tafavi, 1978, 241). Más recientemente, R. Pohanka re-
los diferentes tipos de fragmentos, se ha sugerido que examinó cuidadosamente el lugar, descubriendo más
existieron al menos dos o tres habitaciones columna- bases fragmentarias de columnas (Pohanka, 1987,
das en Hakavan, que podrían aumentar la importancia 20-28). Una de ellas es similar a la del primer descu-
de este complejo, aunque hay que tener en cuenta que brimiento, campaniforme, acanalada y decorada con
no eran tan grandes como las salas de los palacios de ovados en la cumbre. No se trata de un fragmento de la
Persépolis. misma base, puesto que las otras tienen un perfil con-
vexo o incluso una forma cilíndrica; son probablemen-
te imitaciones post-aqueménidas, aunque la hipótesis
Fīrūzābād, Lāmerd y Tall-e Zohak de un arte provincial no puede excluirse, puesto que
parece no haber duda de que era un centro aqueménida
Otra de estas importantes construcciones podría en- de relativa importancia (Boucharlat, 2005, 234).
contrarse en Fīrūzābād, localidad emplazada a unos
100 km al sur de Šīrāz. A unos 300 m del centro de
la ciudad sasánida e islámica se halló un tambor de Deh Bozan
columna acanalado en piedra blanca con un diámetro
de 80 cm y de aspecto aqueménida (Mostafavi, 1967, Otra estación de características palaciegas ha sido lo-
3008). Se observó también que existían otros restos calizada en la aldea de Deh Bozan, localidad emplaza-
pertenecientes al periodo aqueménida que habían sido da a 11 km al sur de la moderna ciudad de Asadabad, y
reutilizados en torno al monumento central del periodo a 3 km al este de la carretera que une las localidades de
sasánida e islámico (Huff, 1999), quizás de un antiguo Asadabad y Kirmānšāh, al noroeste de Irán7. En el si-
emplazamiento situado en las proximidades, quizás de tio se han hallado fragmentos de cinco toros8 y tres ba-
Farmeshghān, o en la propia Fīrūzābād. sas de columnas acampanadas, realizados sobre piedra
Siguiendo hacia el sur, en Lāmerd, una prospec- calcárea negra pulida y que no presentan decoración
ción emprendida en la región meridional de Irán dio (Mousavi, 1989, 135-136). Los ejes de las columnas
lugar al descubrimiento de elementos arquitectónicos eran probablemente de madera, y estaban fijados sobre
asombrosos que pueden estar también en relación con las basas y sus toros. Uno de los toros está dañado gra-
uno de estos «pabellones»6. Se hallaron fragmentos de vemente, aunque el resto está relativamente bien con-
capiteles en volutas, prótomos de animales inspirados servado. Las basas tienen un diámetro de 90 cm y una
claramente en el arte aqueménida, aunque de factura altura de 40 cm, mientras que los toros tienen un diá-
bastante tosca, que, como en el caso de Tall-e Zohak metro de 64 cm y una altura de 15 cm (Mousavi, 1989,
que veremos a continuación, podrían fecharse en un 136). Es probable que el sitio contara con seis colum-
periodo post-aqueménida, aunque no puede rechazar- nas, con una probable azotea de madera sobre ellas, lo
se que fueran el resultado de un arte provincial (Bou- que vendría a confirmar la existencia de una estación
charlat, 2005, 235). palaciega en Deh-Bozan (Mousavi, 1989, 136). La
En Tall-e Zohak, localizada en el valle de Fasā, a forma acampanada de las basas nos ayuda a fecharlas
3 km al sur de la moderna ciudad de Fasā, esto es, durante el período aqueménida, aunque la ausencia de
a 130 km al sureste de Šīrāz, las prospecciones rea- decoración es un problema para dar una fecha y una
lizadas por A. Stein desvelaron una cabeza femenina comparación exacta (Mousavi, 1989, 138).
en mármol de inspiración helenística, fechada entre
los siglos III-II a.C., y una base de columna redonda
de tipo aqueménida (Stein, 1936, 137-142). También
7. Para más información sobre los hallazgos de Deh Bozan véa-
se Huff, 1988, 285-295; Mousavi, 1989, 135-138.
6. Sobre los hallazgos en Lāmerd, ver Asgari Chaverdi, 2001, 8. El toro es una moldura convexa grande, especialmente en la
66-71; 2002, 277-278. base de una columna clásica.
Figura 5: Vista aérea del Sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 10.
Figura 6: Plano del sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 8.
con pórticos en sus cuatro lados (Palacio S, Pabellones los ejemplos conocidos en Pasargadā y Persépolis, y
A y B), o con dos pórticos largos y rebajes en los lados el espesor de las bases, ha llevado a la reconstrucción
cortos (Palacio P). Se puede sugerir que se accedía al de las columnas y los muros a una altura mínima de 6
recinto por una escalera corta, de 1 a 1,50 m de altu- m, aunque probablemente se elevaban a mayor altura
ra, en la zona destruida en la parte norte del pórtico (Atai y Boucharlat, 2009, 21). Dado que no hay ningún
frontal (Fig. 7). El acceso al pórtico trasero no habría fragmento de tambores de columna de piedra, la exis-
requerido una escalera, ya que estaba situado al nivel tencia de pilares de madera es una posibilidad, como
de la superficie. Sin embargo, la existencia de un foso, en la mayoría de los edificios aqueménidas. Tanto por
que seguramente no estaba cubierto, habría exigido la motivos arquitectónicos como por la localización del
presencia de un puente para cruzarlo (Atai y Bouchar- «pabellón», se ha atribuido su construcción al reinado
lat, 2009, 20). El diseño interior del pabellón es bas- de Darío, puesto que también se conoce la actividad
tante inusual para la arquitectura aqueménida: en lugar arquitectónica de este monarca, tanto en Tall-e Takht
de una sola sala, como en los edificios de Pasargadā, o como en el palacio P y posiblemente en el Pabellón B
una sala principal, como en muchos edificios de Per- de Pasargadā (Atai y Boucharlat, 2009, 22).
sépolis, este pabellón es una estructura de múltiples Además, también se ha observado la presencia de
habitaciones. El enigmático espacio alargado situado una serie de canales procedentes de la orilla oriental
en la parte trasera del pórtico noroeste es de 6 m de del cercano Pulvār que habrían abastecido a esta edifi-
ancho, por lo que no podría haber sido techado sin una cación (Atai y Boucharlat, 2009, 23-30). Se conoce la
fila de pilares intermedios o tabiques. Dado que no se existencia, en ambas orillas del río, de 2 canales, don-
ha encontrado ningún rastro de una fundación en el de el oriental se extendía por más de 10 km, que ha-
piso de ladrillos de barro, como ocurre en el caso de brían servido para irrigar la terraza aluvial del Tang-e
las bases de los dos pórticos, se ha sugerido que exis- Bulaghi. Así, el «pabellón», situado en un entorno
tían tabiques, aunque han desaparecido completamen- agradable, cerca del río, no lejos de Pasargadā, puede
te (Atai y Boucharlat, 2009, 21). haber actuado como estación para el monarca o para
En cuanto a la altura del edificio, un cálculo ba- los altos dignatarios de la corte aqueménida (como
sado en las proporciones del diámetro o del lado de veremos, existía otro edificio en Tang-e Bulaghi más
las bases de columna, la proporción de los pórticos de modesto, destinado al resto de viajeros), puesto que
Figura 7: Pórtico frontal del sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 15.
ofrecía alojamiento y habitaciones adecuadas para el «pabellón» (Summer, 1986, 11)10. Pero la superficie de
almacenamiento de mercancías y objetos, y dada la esta construcción se define mal y su función se desco-
presencia también de un camino esculpido en la roca noce completamente, por lo que más estudios son ne-
en esta misma región refuerza la idea de que pueda cesarios para poder sugerir más sobre esta instalación.
tratarse de una estación palaciega.
INSTALACIONES DE CARACTERÍSTICAS
Borāzğān y Malyān MODESTAS
En Borāzğān se ha descubierto también lo que pare- Conocemos otras estructuras más modestas que po-
ce ser un «pabellón» a 1 km al sur de esta ciudad, a dían estar señalando la presencia de una estación em-
aproximadamente 50 km de la costa del Golfo Pérsico plazada sobre el camino real aqueménida. Por ejem-
(Sarfaraz 1969; Boardman 2000, 65-66). Se descu- plo, en el curso de la prospección de unos 43 km entre
brieron 12 bases de columna, en dos hileras de seis co- Naqš-e Rustam y Madakeh de una porción de la ruta
lumnas. Presentan éstas zócalos cuadrados hechos de que unía Persépolis con Susa, a 8 km al noroeste de
dos tipos diferentes de piedra, una negra y otra blanca, Naqš-e Rustam y a 4 km al sureste de Germabad, se
como en el palacio S de Pasargadā. Por este motivo el han hallado, sobre una loma, los restos de un edificio
edificio se ha fechado la época de Ciro. Según S. Ra- de forma rectangular, de 30 m de longitud, que con-
mjou, el lugar implicaría varias construcciones, quizás taba con una serie de compartimentos (Fig. 8). Los
cinco (Razmjou, 2005, 310), lo que invitaría a revisar restos descubiertos muestran que el sitio fue ocupado
el calificativo de «pabellón» que se ha utilizado para durante varios periodos históricos, aunque su planta
denominar este descubrimiento. más antigua puede fecharse en el periodo aqueménida.
En la aldea de Malyān, en Toll-e Bayzāy-e Fārs, en La situación del hallazgo ha provocado que los restos
el moderno distrito de Baydā, a aproximadamente 50 se hayan atribuido a los de una estación situada sobre
km al oeste de Persépolis y a 43 km al norte de Šīrāz, el camino real (Kleiss, 1981, 46).
se identificó la antigua Anšan. Durante un largo perío- También, al noroeste de estos restos, y siguiendo el
do dio su nombre a esta región y a veces incluso a toda curso del mismo antiguo camino, en Ramjed, a 5 km al
la parte meridional de Irán. Soberanos como Ciro II, oeste de Madakeh, Kleiss informó de lo que podría ser
así como sus antecesores, declararon ser reyes de esta una segunda estación aqueménida (Kleiss, 1981, 48-
región, aunque en época de Darío I no poseía el mismo 50). El sitio consiste en un edificio de piedra (40 x 30
fasto que en periodos precedentes, tanto a nivel simbó- m de longitud), compuesto por cinco habitaciones, y
lico como arqueológico, puesto que el periodo aque-
ménida no se ha certificado hasta el descubrimiento
muy reciente de bases de columna que pertenecían 10. Para más información sobre estas bases de columna ver K.
sin duda a un edificio aristocrático, posiblemente un Abdi, 2001, 92-93.
dispuesto sobre una elevación de la llanura, igual que camino que iba a lo largo del Río Kur, es decir, como
los restos hallados en la estación próxima a Germabad parte del camino real aqueménida. Además, en el sitio,
(Fig. 9). El promontorio sobre el que descansa el edifi- se han hallado restos cerámicos, fechados durante todo
cio sobresale a menos de 150 m del canal del Río Kur, el I milenio a.C., lo que denota una ocupación prolon-
donde el talud es erosionado sutilmente por la pequeña gada del lugar.
corriente que fluye en el río. Un canal moderno de irri- En Tang-e Bulaghi, en las proximidades de
gación está cortando el lecho de la roca madre sobre Pasargadā, se ha hallado otro de estos edificios. Una
el promontorio, donde debajo de este canal hay una expedición arqueológica polaco-iraní realizó una ex-
muesca con un piso de 5 m de anchura que fue cortado cavación de rescate en el sitio 64 de Tang-e Bulaghi,
de par en par en la roca. Kleiss interpretó esta carac- fechado en época sasánida, donde se hallaron restos
terística como un corte en la roca provocado por el cerámicos pertenecientes al periodo aqueménida, tanto
en la superficie como en los estratos inferiores del edi- cm) paralelas a la enorme pared de 3 m situada al este
ficio (Asadi y Kaim, 2009, 1). Se reconstruyó, además, (Asadi y Kaim, 2009, 9).
la línea de un muro que rodeaba un área rectangular de De todas formas no existen pruebas suficientes
aproximadamente 40 x 30 m. Este muro tiene unos 2 para la reconstrucción de un plano de toda la estruc-
m de espesor, estando compuesto por grandes piedras tura construida aquí. En cualquier caso, la función
toscamente trabajadas, colocadas en dos hileras. Por de almacenamiento de la estructura es segura por los
encima, una capa de piedras más pequeñas y una capa numerosos restos cerámicos hallados (Asadi y Kaim,
de arcilla de 5 a 8 cm de grosor fueron colocadas con 2009, 10). La interpretación de toda la estructura es
el fin de producir una especie de superficie. También mucho más difícil, aunque hay una clara semejanza
se detectó la presencia de varias habitaciones que bor- con otras construcciones aqueménidas, como las de de
deaban el muro oriental. Los restos de algunas estruc- Madakeh y Germabad. En cualquier caso, el esfuerzo
turas también fueron desenterrados en la parte norte de necesario para construir este edificio y la presencia de
la zona rodeada por estas paredes (Fig. 10). cerámicas especiales sugieren una construcción or-
Aunque las bases de los muros están construidas denada por la administración real. La naturaleza y la
por dos hileras de rocas y piedras más pequeñas, pa- función de las salas de la parte norte tienen un papel
rece posible reconstruir aquí una fila de por lo menos crucial en la interpretación de la estructura. Como las
cuatro habitaciones cuadradas (3,30 x 3,30 m) con habitaciones están dispuestas en una fila sin comuni-
paredes en tres de sus lados y una abertura sobre la cación interna y están abiertas a un lado, no pueden
cuarta (Asadi y Kaim, 2009, 8). Una capa compacta, haber sido utilizadas para vivir permanentemente o
de unos 10 cm de espesor, formada por pequeñas pie- para el almacenamiento. Sin embargo, los hogares, el
dras mezcladas con barro, sirvió probablemente como sub-hogar rectangular, así como la gran cantidad de
un pavimento de protección para los usuarios en los fragmentos de cerámica sugieren que las habitaciones
días de lluvia, mientras que el calor y la preparación estaban, al menos, temporalmente habitadas. Tampoco
de la comida parecen haber sido asegurados por medio hay duda de que los macizos muros desempeñaron un
de fogones, cuyas huellas se detectaron en el suelo, y papel defensivo.
por un sub-hogar rectangular ubicado en la plataforma Por ello, se puede proponer como hipótesis, que la
baja (0,55 x 1,35 m), construido con ladrillos de barro función de esta estructura era la de servir como es-
(33 x 33 x 10 cm) contra una de las paredes (Asadi y tación real. Esta teoría puede ser confirmada por las
Kaim, 2009, 8). Los restos de otra estructura fueron excavaciones realizadas en Ramjed, donde, como aca-
desenterrados en la parte occidental de la zona, con bamos de ver, un edificio de piedra de cinco habitacio-
un muro de ladrillos de barro, de 1,05 m de ancho, nes, de unos 40 x 30 m de diámetro, fue descubierto. El
compuesto por tres hileras de ladrillos (33 x 33 x 10 tamaño y la disposición general de ambas estructuras,
pone de manifiesto que son claramente similares, lo Otra hipótesis, para algunas de estas construcciones,
que hace que la identificación de la construcción de es decir, las que han sido fechadas en un periodo post-
Tang-e Bulaghi como una estación sea más plausible, aqueménida, y que habrían ejercido la misma función
además del hecho de que se encontraba sobre el cami- que la propuesta arriba, o por el contrario, señalarían la
no real que unía Persépolis con Pasargadā. autonomía de un jefe local después del hundimiento del
poder central, como podría ilustrarlo la construcción de
Lāmerd en el Fārs meridional, si realmente es de este
CONCLUSIÓN periodo. La hipótesis de los príncipes independientes
parece poco plausible en el siglo que sigue a la caída del
Como se ha indicado las estaciones emplazadas sobre imperio aqueménida, durante el cual nada hace indicar
el camino real aqueménida podían variar en su forma, actualmente que el poder seléucida haya abandonado
dimensiones y en su suntuosidad, aunque con los da- el control de estas regiones. En cambio, es posible que
tos disponibles es imposible dilucidar como eran estas esto se produjera después del año 250 a.C., cuando el
instalaciones en su conjunto, pues los escasos ejem- Fārs escapó del poder de esta dinastía helenística. Como
plos disponibles provienen en su mayor parte, salvo el ocurre en Asia Central, es probable que la arquitectura
caso de Deh Bozan, del corazón del imperio. Pudieron con columnas o postes sobre zócalos cuadrados de tipo
haberse construido instalaciones lujosas en determina- aquemenizante haya estado de moda en el periodo hele-
dos lugares, sobre todo en aquellas zonas transitadas nístico, o incluso en una época posterior.
habitualmente por el monarca aqueménida (como por Esta serie de vestigios debería constituir un pro-
ejemplo Jin-Jin. Tang-e Bulaghi, Deh Bozan). De to- grama de investigación interesante para conocer mejor
das formas, hay que tener en cuenta, que todos estos la organización del imperio en las regiones centrales.
edificios suntuosos (Jin-Jin, Farmeshghān, Fīrūzābād, Además, si estas construcciones están vinculadas a
Lāmerd, Tall-e Zohak, Deh-Bozan, Tang-e Bulaghi, una explotación de las tierras circundantes, constitui-
Borāzğān y Tell Malyān), generalmente conocidos rían ejemplos interesantes del desarrollo de una tierra
como «pabellones» han dado lugar a diferentes in- que debía estar basada en una óptima gestión del agua.
terpretaciones. ¿Qué representaban este puñado de De todas formas, tampoco se puede descartar su exis-
construcciones alejadas de las residencias reales? En tencia como estaciones palaciegas emplazadas sobre
ausencia de respuesta arqueológica, se pueden emitir el camino real: Farmeshghān, Fīrūzābād y Borāzğān
tres hipótesis: residencias reales, residencias de go- podrían encontrarse sobre dos rutas que se dirigían a
bernadores locales o de altos dignatarios de la corte las costas del Golfo Pérsico, mientras que las cons-
y estaciones reales emplazadas sobre el camino real. trucciones de Jin-Jin, en el camino que unía Susa con
Todas estas hipótesis plantean la cuestión de la orga- Persépolis, de Tang-e Bulaghi, en la vía que unía Per-
nización de la élite persa: si son lugares reales, se re- sépolis con Pasargadā, y Deh-Bozan, en el itinerario
cordará que, por oposición a Persépolis y a su región, que se dirigía hasta Ecbatana encajarían perfectamente
los monumentos del Fārs meridional (Farmeshghān, con esta interpretación.
Fīrūzābād, Borāzğān) se sitúan en regiones que son Además, sabemos que los monarcas aqueménidas
agradables para vivir durante el invierno. No habría estacionaron, durante sus viajes entre las diferentes
por ello necesidad de situarlos sobre un supuesto «ca- residencias reales (Babilonia, Ecbatana, Pasargadā,
mino real». Persépolis y Susa), en una serie de lugares que con-
Algunos «pabellones», ciertamente, no están em- taban con una instalación denominada en los textos
plazados sobre el camino que conectaba dos de las re- del Archivo de la Fortificación de Persépolis como
sidencias reales aqueménidas más importantes, Susa partetaš11. Alrededor de 40 textos de este archivo
y Persépolis, como Farmeshghān, al sur de Šīrāz, o mencionan este término12. El vocablo es probablemen-
Borāzğān, cerca de Būšehr, aunque estás podrían ha-
berse situado sobre caminos en un principio secunda-
rios. Si son residencias de gobernadores o de persas
11. Estos lugares son: Akkuban (PF-NN 1455), Appištapdan
de alto estatus, serían interesantes testigos de la orga- (PFa 33), Kabaš (PF 146), Nupištaš (PF 146-148; PF-NN
nización político-económica del imperio. Estas cons- 85; 817; 989; 1156; 1505; 2141; 2445) y Tikranuš (PFa 33).
trucciones serían el lugar de residencia de la autoridad Puesto que la lista de las plantaciones y la lista de lugares
local, nombrada por el rey, o el centro de una gran ex- visitados por el rey son necesariamente incompletas, estos
plotación dada o confiada por el rey a altos dignatarios cinco casos, probablemente, representan sólo la punta del
de la corte para el desarrollo de las tierras. Está claro iceberg.
que los elementos para una respuesta se encuentran en 12. Aparecen con mayor frecuencia en textos de la serie C1,
el estudio intensivo y sobre todo extensivo de estos identificados como recepción de impuestos por Koch, 1980:
PF 144 (Matannan = Madana), 145 (Barašba), 146-148
sitios, es decir, más allá de la parte prestigiosa de la
(Nupištaš), 149 (Aptudaraš), 150-151 (Šaurakkaš), 152
construcción, esto es, la sala columnada, buscando el (Mutrizaš), 153 (Kutkuš), 154 (Šaurakkaš), 155 (Hapruma),
plano completo del establecimiento y construcciones 156 (Kutkuš), 157 (Tamukkan y Kabaš), 158 (Mišdukba),
adjuntas, y, más allá, reconociendo el terreno del que PF-NN 85 (Nupištaš), 222 (Murkaziya), 619 (Kandukka),
esta residencia podría encargarse. 813 (Upirizza), 817 (Nupištaš), 989 (Nupištaš), 1156
te una representación elamita del término en antiguo 2259). En todas las demás referencias, sin embargo,
persa *pari-daida– o paridaeza (Avesta: atestiguado esta palabra indica una producción de grano (PF 150-
en Videvdad 3.18), «lo que está más allá o detrás de la 157) o una casa de cría de ganado (PF 1815, raciones
pared» (Kent, 1953, 195; Lecoq, 1990, 209-211). Su para cuatro controladores de lana... con 285 cabras).
forma meda *paridaiza– («rodeado de paredes») fue ¿Por qué entonces esta palabra fue tomada por las len-
tomada por los griegos como parádeisoV (y traducida guas occidentales para tener un significado diferente?
al latín como paradisus), en acadio como pardesu, en Si un partetaš es igual a un parádeisoV lo que nunca
hebreo como pardes (Nehemias 2:8; Eclesiastés 2:5; revelan los textos del Archivo de la Fortificación son
Cantar de Salomón 4:13), en armenio como partēz y las características del parádeisoV mencionado por
en árabe como ferdaws (Corán 18.107, 23.11), y cuyo la historiografía griega; y si la conclusión es que un
significado etimológico es literalmente «recinto». parádeisoV persa puede ser un lugar de almacena-
El término elamita partetaš también está atesti- miento, un centro de trabajo e incluso relativamente
guado en el sentido de «jardín» o «huerto» en la PFa humilde, entonces que así sea. Precisamente porque
33 donde se registran 6.166 árboles frutales plantados *paridaida es una palabra de etimología no especifica
en cinco diferentes lugares, donde tres de ellos son no deberíamos realizar suposiciones acerca de la gama
señalados específicamente como partetaš; la PF 158 de fenómenos que podía abarcar.
menciona concretamente un partetaš como la ubica- El análisis de la utilización del término partetaš en
ción de una plantación de dátiles (kirima en elamita) el Archivo de la Fortificación parece demostrar que se
y probablemente también en las PF 144-149 donde trataba probablemente de una hacienda privada o real
cinco partetaš son mencionados como un lugar de (elamita irmatam) cultivada por grupos de trabajado-
almacenamiento de higos, dátiles, granadas, meloco- res (elamita kurtaš) a través del sistema de servicio de
tones y albaricoques. Igualmente, la PF 1815 registra trabajo obligatorio. Este sistema de explotación de la
raciones para cuatro inspectores de madera-zappan en tierra en la producción de grano había dejado de exis-
el partetaš de Parsaraš. De este modo los partetaš fi- tir en Mesopotamia a finales del III milenio a.C., y en
guran también como lugares de almacenamiento para Siria y Asia Menor a finales del II milenio a.C., siendo
productos naturales (en recepción de impuestos) en reemplazado por el alquiler de parcelas de tierra a pe-
los textos del Archivo de la Fortificación de la serie queños propietarios. Las tierras en el Fārs fueron ad-
C1. Las mercancías (dátiles, albaricoques, manzanas ministradas por sus propietarios de una forma centrali-
y granadas, y varios tipos de grano) se distribuirían en zada, como unidades individuales que se convirtieron
su momento para el consumo, aunque donde y a quien en los parques de vida salvaje de los nobles persas, o
no es normalmente declarado13. Además, el partetaš es en los jardines frutales y las plantaciones de dátiles
el lugar más frecuentemente mencionado como lugar cultivadas por esclavos (Uchitel, 1997, 141). Este fue
de almacenamiento en textos de este tipo. Los otros probablemente un fenómeno relativamente nuevo que
casos son fortalezas (PF 159-160), una hacienda (PF necesitó de una nueva palabra. No es de extrañar que
180) y un cobertizo (PF 331), y en la mayoría de los la palabra que se encuentra en la época meda, como
casos nos encontramos con un topónimo. Es difícil sa- la del periodo aqueménida llegaran también a las len-
ber, en todo caso, lo que se deduce de esto, aunque es guas «occidentales» (griego, hebreo, licio, arameo) en
bastante probable que algunos de los topónimos ocul- su forma meda, aunque es irónico que se originara en
taran la localización de un partetaš. el contexto del sistema más arcaico de la tenencia de
También hay que tener en cuenta que en una oca- la tierra que aún sobrevivía en las satrapías iranias del
sión una oveja es suministrada para la celebración de Imperio de los aqueménidas (Uchitel, 1997, 141).
una ceremonia lan en el partetaš de Pasargadā (PF-NN Además, muchos de los topónimos mencionados
en el Archivo de la Fortificación de Persépolis, algu-
nos de ellos señalados específicamente por contar con
(Nupištaš), 1178 (Abbadaraš), 1439 (Barašba), 1455 (Akku- un partetaš y por estar relacionados con la institución
ban), 1505 (Nupištaš), 1981 (Kutkuš), 1991 (Mamakaš),
de la mesa del rey, son nombrados en más de un año,
2141 (Nupištaš), 2445 (Nupištaš). Otros textos mencionan
partetaš en Persépolis (PF-NN 2280), Pasargadā (PF-NN
lo que sugiere que estos lugares podían tener instala-
2259), Parsaraš (PF 1815 y PF-NN 1368), Hardarizza (PT ciones permanentes para acoger al monarca. Es tenta-
1963-1969), Appištapdan, Tikranuš y Pirdubatti (PFa 33), dor pensar en los «pabellones» que se acaban de men-
Vispašiyātiš (PT 49 y 59) y dos partetaš sin nombre (PF- cionar como las residencias de los monarcas y de los
NN 1612, PT 48). En la PF-NN 260 una mercancía es to- altos dignatarios de la corte en estos partetaš. Aunque
mada desde Datapparna a Kukkannaka para cuatro lugares. los datos arqueológicos precisos para la mayoría de
Tres son conocidos por albergar un partetaš (Murkaziya, estos sitios son escasos, y aunque el tamaño y la confi-
Matannan y Parsaraš), aunque es dudoso que esto justifi- guración de las estructuras pueden tener diferencias de
que la localización de un partetaš en la cuarta, es decir, en
un sitio a otro, el uso de las bases de columna de piedra
Tirazziš = Šīrāz.
13. Se observa a grupos de trabajadores recibiendo raciones, señala una utilización por parte de una elite o de la pro-
así como grupos de muchachos, mujeres y un grupo variado pia realeza. Pueden haber sido residencias o estacio-
interpretado como coperos o chipriotas. Para más informa- nes reales lujosas, en definitiva, estructuras palaciegas
ción véase Ch. Tuplin, 1996, 95. que se utilizaron en combinación con el campamento
real durante la visita del soberano14. Además, como vientos del invierno que soplan directamente contra
manifestaciones permanentes de la presencia y de la los edificios. El diseño del establo dependería del te-
autoridad real, habrían transmitido un mensaje ideoló- rreno y del espacio disponible, aunque cualquiera de
gico, aunque como el resto de las estaciones, también los planos debería de tener un suministro de aire y luz
incorporaron funciones administrativas y económicas. adecuado, con ventanas y puertas, preferiblemente
Por este motivo, es necesario un estudio mucho más dispuestas, al final de ambas paredes. Pequeños recin-
profundo sobre estos establecimientos, ya que la do- tos son peores modelos puesto que ofrecen un sumi-
cumentación arqueológica referente a Irán, y también nistro de aire menos perfecto y una mayor probabi-
al Asia Central durante el periodo aqueménida, sigue lidad de contagio en caso de enfermedad. Del mismo
siendo muy incompleta, dispar, poca y muy desigual- modo, cada puesto requeriría básicamente el espacio
mente publicada y a menudo poco accesible. suficiente para que el animal pudiera moverse, acos-
Como hemos visto, junto a estas suntuosas instala- tarse y alimentarse sin perturbaciones.
ciones, también existieron estaciones de características Se podría indicar de manera muy hipotética que los
modestas, que evidentemente, serían mucho más nume- establos asociados a estas estaciones reales aquemé-
rosas que las anteriores. Los escasos vestigios arqueoló- nidas, en aras de la eficiencia, estarían formados por
gicos sugieren que eran instalaciones bastantes simples, una estructura formada por dos líneas de puestos y un
con un espacio central de donde salían 5 habitaciones pasillo central, con facilidades para la alimentación y
de similares dimensiones. De todas formas no se pue- la ventilación. Los pasillos laterales con toda seguri-
de descartar la hipótesis de la existencia de una habita- dad estarían adoquinados o enlosados, mientras que
ción de mayores dimensiones y mejor preparada ante la el pasillo central debería mantenerse limpio y libre de
posibilidad de la llegada de un alto funcionario, de un polvo. Además el subsuelo debía de tener un buen dre-
personaje de cierta importancia o del propio monarca, naje y debía de estar bien estabilizado para soportar el
ya que es inconcebible la existencia de numerosas esta- peso del movimiento de los caballos. El tamaño total
ciones de características palaciegas. A su vez existirían del edificio, es decir, las dimensiones interiores ade-
habitaciones más modestas, donde se podía pasar la no- cuadas del establo, debería de ser de entre 7,60 a 11 m
che, destinadas a los viajeros, a los mensajeros y a los de ancho y, para un conjunto de 20 caballos, de entor-
empleados que desempeñaban su labor en la estación. no a 15,25 a 18,30 m de largo. Cada compartimento
Estas instalaciones debieron de contar también con individual debería tener una anchura de entre 1,5 y 2
sus propios establos, donde los viajeros o los mensa- m y una longitud de entre 2,75 a 3,35 m, contando ade-
jeros a caballo podían cambiar de montura y seguir más con un pesebre para alimentar al animal, estando
su trayecto. Cómo eran estos establos es otra cuestión separados de los otros puestos por barras o vigas. Las
difícil de dilucidar por la falta de datos disponibles, puertas, probablemente, sólo se encontrarían en un ex-
por lo que cualquier reconstrucción es meramente cir- tremo de la construcción, con ventanas a ambos lados
cunstancial, aunque es muy probable que éstos fueran de la puerta para proporcionar una adecuada ventila-
de madera. Se puede sugerir, de manera general e hi- ción del recinto. Serían pues estructuras muy simples
potética, que el establo debería estar construido sobre pero que protegían a estos animales de la lluvia, el
un suelo firme y sólido, con buen drenaje del subsuelo viento y la nieve (Fig. 12). Como se ha indicado, esta
para que se evitara la humedad del suelo. Además, de- reconstrucción es meramente hipotética, y solo futuros
bería de estar ubicado en un terreno moderadamente hallazgos podrán arrojar luz sobre estas construccio-
alto y abierto, con facilidades para el drenaje natural, y nes y su asociación con las estaciones reales. Lo cierto
orientado no sólo con el fin de recibir buena luz y tener es que el sistema de correos aqueménida necesitaba
acceso al aire libre, sino para evitar los más severos que los caballos se encontraran en las mejores condi-
ciones para que el sistema funcionara correctamente,
por lo que éstos, además de ser muy bien alimenta-
14. El rey en sus desplazamientos transportaba el centro po- dos, tal y como evidencian los textos del Archivo de la
lítico y administrativo del Imperio en la forma de un gran
Fortificación de Persépolis, deberían de vivir en unas
campamento, bien organizado en cada parada, incluida la
tienda del rey en el centro, totalmente equipada con una sala
instalaciones apropiadas, de otro modo, hubiera sido
para los banquetes, con el apoyo de 30 postes de 15 m de imposible que el sistema funcionara de manera eficaz.
altura, apartamentos con cuartos de baño, oficinas, etc. Esto Asimismo, como se desprende de la documentación,
es debido a que el poder estaba donde se encontraba el mo- un almacén y depósitos de agua debieron de ser insta-
narca, es decir, durante la duración del viaje, la tienda real lados para atender las necesidades tanto de los viajeros
es el lugar donde el poder es ejercido por el Estado. Ade- y de los animales que los acompañaban, así como de
más, también hay que añadir a la tienda real la de los nobles, los propios empleados de la estación. Del mismo modo,
«padres» y «amigos», por no mencionar las dedicadas a la también tuvo que existir un archivo donde se guardaban
producción y a la conservación como los archivos, cocinas,
las tablillas y los documentos que registraban la conta-
establos, etc. Todos estos grupos viajan con su equipamien-
to correspondiente a su modo de vida o a las necesidades bilidad de la estación, esto es, los productos recibidos y
de su función. El centro de poder de la dinastía aqueménida las mercancías entregadas a modo de ración a las perso-
es, por lo tanto, cuando se viaja, una ciudad real de tiendas nas que presentaran la pertinente documentación oficial,
de campaña. tal y como evidencia el Archivo de la Fortificación de
Persépolis. Además, según se desprende de los textos de En cuanto al personal a cargo de las estaciones, su
este mismo Archivo se requirieron también salas espe- número variaría en función del tipo de estación. Es
cíficas en estas estaciones, ya que se menciona también evidente que una estación con características suntuo-
el procesamiento local en algunas estaciones, como por sas requería de un personal mucho más numeroso y
ejemplo la elaboración de la cerveza, la molienda del especializado que otras instalaciones más modestas.
grano, etc.,. Este último punto es interesante teniendo Pero en general, podemos suponer que, además de los
en cuenta los hallazgos efectuados en la estación de funcionarios encargados de la gestión de ésta (sumi-
Qalēh-ye Kalī (Jin-Jin), donde se incluyen piedras de nistradores de grano, repartidores, escribas), debían
molino y grandes recipientes de almacenaje (Potts et convivir también con los trabajadores propios de la
alii, 2007, 297-298). Tampoco se puede descartar la estación (cuidadores de caballos, cocineros), mensa-
idea de que algunas de estas estaciones constituyeran jeros, siempre preparados para revelar a sus compañe-
auténticas aldeas o pueblos, que como consecuencia ros, y soldados, encargados de velar por la seguridad
de su alta actividad, necesitaran de mayores recursos de los viajeros y de mantener la paz a lo largo de los
y por ello de una población e instalaciones permanen- caminos reales.
tes. Como se observa en el Archivo de la Fortificación A modo de resumen final, sobre los caminos reales
de Persépolis, algunas estaciones distribuyen y reciben aqueménidas, se implantaron una serie de estaciones
materias primas de otros centros, por lo que no es aven- donde los mensajeros, funcionarios, cortesanos o via-
turado pensar que algunas de estas instalaciones se con- jeros podían alimentarse, descansar y cambiar de mon-
virtieran en aldeas e incluso en auténticas ciudades. Por tura para poder proseguir el trayecto sin problemas,
ejemplo, la anteriormente mencionada Hidali, entrega siempre y cuando presentaran el documento oficial
200 BAR de grano-tarmu a la estación de Kesat en el sellado que garantizaba el disfrute de tales ventajas.
año 23 de Darío (PF 35), mientras que a su vez es sumi- Estas instalaciones estaban separadas, por regla gene-
nistrada por la estación de Hunar en el año 17 con 1.470 ral, por un día de marcha, donde la distancia variaría
BAR de grano (PF-NN 574) y en el año 18 con 3.630 como consecuencia de las condiciones orográficas del
BAR de grano-tarmu (PF 200). Estos ingresos y salidas terreno. Mayor distancia cuando las condiciones eran
evidencian la importancia que Hidali tenía en esta épo- favorables, y menor longitud cuando éstas eran me-
ca. Ejemplos similares se pueden observar en lugares nos propicias (zonas montañosas, desiertos, etc.). A
que son descritos por entregar raciones a los viajeros en raíz de los hallazgos arqueológicos podemos sugerir
el Archivo de la Fortificación de Persépolis. de manera general la existencia de dos tipos diferentes
de estaciones: unas más lujosas, destinadas a la élite Iraq-Iran Archaeological Expedition, Report 4, The Ins-
aqueménida, y otras de características más modestas, titute for Oriental Culture, Tokio.
y por ello, dirigidas a individuos de menor rango so- ASADI, A. y KAIM, B., 2009. «The Achaemenid building
cial. Todas estas características del sistema viario no at site 64 in Tang-e Bulaghi», ARTA, 2009.003, 1-20.
difieren en nada de lo que nos encontraremos en pe- ASGARI CHAVERDI, A. R., 2001: «Fārs pas az darius-e
riodos posteriores. Es la prueba de que las mismas ne- sevvom: nowyāfte-ha-ye az yek mohavvate-ye bāstāni
cesidades requieren de los mismos medios, sin que se dar Lāmerd-e Fārs» [El Fārs después de Darío III: des-
pueda siempre inferir la influencia de las instituciones cubrimientos en el sitio antiguo de Lāmerd, Fārs], Ira-
antiguas sobre las que se crearon con posterioridad. nian Journal of Archaeology and History, 13, 2/14, 1,
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Province of Fars, Teherán. Recepción: 01-03-2013
Aceptación: 17-09-2013
La torre Bombarda es una estructura incluida en el estas estructuras se defendía a la población asentada
sistema defensivo de la costa valenciana que estuvo en Altea y se controlaba el desembarque de enemigos
en funcionamiento entre los siglos XVI y XVIII. Está en el cap Negret, junto al río Algar, hecho frecuente
situada en el extremo septentrional de la Serra Ge- según informan las fuentes del siglo XVI (Boira, 2007,
lada, a 111 m sobre el nivel del mar, en un espacio 196). Sin embargo, desde la torre Bombarda no están
natural protegido. Actualmente su acceso se realiza a visibles las numerosas calas de la sierra donde solían
través del camí del Far, la ruta roja del Parc Natural esconderse barcos corsarios. Por tanto, la vigilancia de
de la Serra Gelada, uno de los paisajes más espec- les Penyes de l’Albir se tenía que realizar mediante
taculares del litoral alicantino. La torre está declara atajadores que, desde la torre Bombarda y de les Ca-
Bien de Interés Cultural y, debido a su mal estado de letes (Benidorm), recorrían todo el acantilado y se en-
conservación, el Ayuntamiento de l’Alfàs del Pi lle- tregaban el seguro a medio camino, en la llamada Casa
vó a cabo un proyecto de intervención arqueológica del Seguro. Esta construcción, de la que todavía se
y de restauración entre noviembre de 2011 y enero conservan algunos restos, se encuentra situada frente a
de 2012.1 Esta intervención ha permitido conocer su la isla Mitjana, en el término municipal de Benidorm.
planta, determinar la forma y dimensiones del cuerpo Los atajadores formaban parte de la organización del
superior y, al mismo tiempo, consolidar los paramen- personal militar a cargo del sistema de vigilancia cos-
tos conservados. tero establecida en las Ordenanzas de la Guardia Ma-
El lugar elegido para la construcción de la torre es rítima del Reino de Valencia, publicadas en 1554 por
un punto estratégico para la defensa y control del te- Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda y virrey
rritorio y, de hecho, en 1863 se instaló junto a la torre de Valencia. A la cabeza de esta estructura estaban el
el faro de l’Albir para regular el tráfico marítimo en Veedor general y sus oficiales, los Capitanes Reque-
la bahía de Altea2. En el extremo más septentrional de ridores. A cada torre se destinaba, en función de su
la rada se encuentra el castillo de Altea y la torre de importancia defensiva, una dotación de alcaides, ar-
Cap Negret (actualmente desaparecida), con las que tilleros, torreros y atajadores (Pradells, 1992, 55). La
la torre Bombarda estaba en contacto visual. Desde función de los atajadores era fundamental en lugares
como la Serra Gelada, donde los torreros apostados en
las atalayas no podían vigilar la vertiente oriental de la
montaña. Este trabajo lo llevaban a cabo los atajado-
1. La dirección técnica del proyecto de puesta en valor ha corri-
do a cargo de Carolina Frías Castillejo (arqueóloga munici- res, quienes debían realizar la descubierta o vigilancia
pal de l’Alfàs del Pi) y Javier Udaeta i Montaner (arquitecto del terreno existente entre torre y torre, a caballo o ca-
municipal). Su ejecución ha sido llevada a cabo por Gustavo minando, una tarea bastante dura en el caso que nos
Olmedo López y Daniel Tejerían Antón (ATRIUM CHS, ar- ocupa dada la difícil orografía de la Serra Gelada. En
queólogos y técnicos en restauración de bienes culturales). caso de no localizar ningún barco enemigo los ataja-
2. Esta coincidencia no es casual. En el Plan general para el dores se entregaban en un punto intermedio de la ruta
alumbrado marítimo de los puertos y costas de España e is- un documento que lo acreditaba, el seguro, de ahí el
las adyacentes, publicado en 1847, se indica que los lugares topónimo con el que las fuentes citan a la estructura
donde ya existían torres vigías era un punto adecuado para
construir un faro. El caso más paradigmático en la concu-
ubicada en la cima de la sierra frente a la isla Mitjana.
rrencia de emplazamientos entre atalayas y señales maríti- Este documento era llevado a cada una de las torres y
mas es el faro de Santa Pola, construido sobre la estructura entonces se avisaba a las poblaciones costeras de la
de la antigua torre vigía. inexistencia de peligro.
206 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO
Figura 2: Vista de la torre Bombarda junto al faro de l’Albir. Figura 3: Situación de los elementos defensivos de la Serra Ge-
lada (fotografía de Andrés Díaz).
LA TORRE BOMBARDA EN LAS FUENTES topónimo puig del Albir, que luego derivará en Pen-
ESCRITAS3 yes del Albir, con el que las fuentes medievales y mo-
dernas se refieren a la Serra Gelada5. En este docu-
Las primeras referencias documentales a un punto de mento el infante Martí ordena el pago de sus salarios
vigilancia en l’Albir se remontan a 1382, hecho que a los dos soldados que vigilaban el «puig del Albir»,
demuestra la importancia de este lugar en la defen- remarcando que «les quals talayes són necessàries
sa de la costa. Se trata de un escrito de Pere Marc, més que totes les altres»6. Desconocemos si el punto
procurador del conde de Denia, donde avisa a las po- citado en las fuentes del siglo XIV es el lugar elegido
blaciones de Polop, Callosa y Guadalest que han de posteriormente para la construcción de la torre Bom-
proveer el puesto de guardia de l’Albir para vigilar barda o si se refieren a otro «puig», a otra elevación
posibles ataques marítimos4. Aunque no especifica la de la misma montaña. Por tanto, mucho tiempo antes
ubicación de este puesto de vigilancia hay que situar- de la construcción de la torre Bombarda a mediados
lo, sin duda, en algún punto elevado de la Serra Ge- del siglo XVI la bahía de Altea y los acantilados de
lada. Pocos años después, en 1391, sí que aparece el la sierra estaban vigilados por un puesto de guardia,
dentro de un rudimentario sistema defensivo de la
Lombarda10 está media legua de la de las caletas, toda las torres, en esos momentos inexistente o en muy
de tierra fragosa, está derrocada que la arruynaron mal estado de conservación. Informes como los de
los corsarios, los tres guardas que.stavan en ella la Arnaldo Hontabat (1757), Antonio Bucarelli (1764),
hazen ensima del risco, y haviendo hecho la señal Fernando de Rojas (1788), Baltasar Ricaud (1791) y
quando ay moros se retiran a poblado como los de las Juan Antonio Perelló (finales del siglo XVIII) entre
de las Caletas, y estas dos torres no se descubre la una otros proporcionan información muy valiosa sobre
a la otra. Esta torre de la Lombarda conviene que se el precario estado del Resguardo a finales del siglo
haga nueva, no en el mismo sitio que aora está, sino XVIII y sobre la situación de cada una de las torres.
un poc más hazia el castillo de Altea ay media legua, y Sin embargo, debido a su mal estado de conservación,
la cala Jardal? y la de Alver». Cuando habla de la to- muchas de las reparaciones consignadas en los infor-
rre de la Galera, en Altea, comenta que «el parapeto es mes no pudieron llevarse a cabo por ser demasiado
muy ruin y delgado, y por tenelles así las torres de las costosas.
Caletas y la de la Lombarda se perdieron, porque los Uno de los documentos que más datos aporta so-
pasa un arcabuz». En 1585, por tanto, la torre Bom- bre la torre Bombarda es el informe del Comandante
barda, al igual que la de les Caletes, se encontraba ya General José de Rojas, redactado en 1788. A partir
destruida, aunque los soldados continúan haciendo las de este informe sabemos que la torre tenía un cuerpo
guardias desde la montaña. Juan de Acuña recomienda circular, hecho que las excavaciones arqueológicas
su reconstrucción, presupuestada en 1.000 ducados, han confirmado, y que finalmente se armó con un ca-
pero en otro emplazamiento más hacia el norte, hacia ñón de bronce de a tres, tal y como recomendaba 60
Altea. Por el momento desconocemos si esa reubica- años antes Boscasa. La dotación de personal seguía
ción tuvo lugar y si los restos actuales de la torre co- limitada a dos torreros y Rojas propone aumentarla a
rresponden con la estructura original o con un posible dos soldados más («dicha guarnición no es suficiente
cambio de situación. El informe de Acuña también nos para tanta fatiga»), seis en caso de guerra, incluidos
proporciona información sobre la dotación de la torre, dos artilleros. Hace referencia a las reformas que es
tres guardas, y no menciona la existencia de piezas de necesario acometer, por un importe de 3.880 reales,
artillería. unos «reparos» mucho menos numerosos que los in-
La Guerra de Sucesión dejó el sistema del Res- dicados por el informe previo de Arnaldo Hontabat
guardo en muy mal estado, ya que se desarticularon de 175712. Además, Rojas aporta una interesante in-
las tropas y la artillería de las torres se desmontaron formación sobre la difícil comunicación entre la torre
para emplearlas en la guerra. Además, con la posterior Bombarda y la de les Caletes, cuando dice que entre
reorganización del sistema llevada a cabo por la admi- ambas atalayas hay «dos horas de camino impractica-
nistración borbónica entre 1718 y 1719 se recortaron ble, por la orilla del mar, a causa de los muchos pre-
los recursos económicos destinados al mantenimiento cipicios y muy penoso aun por lo interior del pais».
y dotación de las torres, por lo que se redujo el núme- En este mismo documento se señalan los topónimos
ro de soldados (Padrells, 2004). Esta situación queda de las calas de la Serra Gelada donde se podían escon-
reflejada en los informes de Francisco Tomás Boscasa der barcos enemigos: «1ª la llamada del Randas, en
redactados entre 1726 y 172911, donde se indica que la que se pueden abrigar tres galeotas. 2ª la del Corp
la torre Bombarda, perteneciente al Requerimiento de capaz de una galeota. 3ª la del Bol de Bolix, en la
Villajoyosa, tan sólo contaba con dos soldados de a que caben 6 galeotas y 4ª la del Portet, capaz de dos
pie (ningún artillero ni soldado a caballo) y recomien- buques medianos».
da dotarla de, al menos, un cañón pequeño porque Con la colonización de Argelia por parte de Fran-
no tenía artillería ninguna, al igual que la torre de la cia a partir del primer tercio del siglo XIX la tradicio-
Galera, y, lo que más llama la atención, el castillo de nal piratería berberisca sufrió un gran revés, por lo que
Altea. la pacificación de la costa fue a la par de la desapari-
A partir de mediados del siglo XVIII se incremen- ción del Resguardo de la Costa (Pradells, 1995, 264).
ta la actividad del corso argelino, por lo que se hizo Una vez perdida su utilidad, la falta de mantenimiento
necesario reforzar el sistema de atalayas. Este periodo condujo a un declive paulatino de las atalayas. Se con-
es muy prolijo en cuanto a la redacción de informes servan varias referencias acerca de la torre Bombarda
de ingenieros militares donde se refleja de manera en el siglo XIX que, según la documentación consulta-
pormenorizada el estado de conservación de las torres da, fue destruida a principios del siglo XIX. El capitán
y castillos, señalando las necesidades de reparación Joaquín Aguado en 1869 dice que «Fue arruinada en
y las medidas a tomar para reforzar su artillería de la Guerra de la Independencia y hoy no existe más
que un montón de escombros»13. Posteriormente, en
un derrotero de la costa mediterránea publicado en
1873 por Gonzalo de Murga, se describe el faro de
10. A pesar de que el nombre oficial de la torre es Bombarda,
aparece nombrada como Lombarda en el informe de Acuña
y como Gombarda en los de Hontabat, Bucarelli y Rojas, lo
que parece responder a un error de transcripción. 12. Archivo General de Simancas, GM, 3609.
11. Archivo General de Simancas, GM, 253. 13. S.H.N., 4-4-4-1, Valencia, 9 de julio de 1869.
Figura 7: Mapa del Reino de Valencia. Francisco Antonio Cassaus. 1693. Real Academia de la Historia. Dpto. de Cartografía y Artes
Gráficas. Signatura: C-Atlas E,II, 28.
(1,90 m) y la altura máxima del cuerpo pentagonal (4 alamborado y un cuerpo superior circular almenado en
m). Por norma general, en este tipo de construcciones su remate. La altura total sería, como hemos dicho, de
los cuerpos inferiores suponen 2/3 del total, de ahí que 12 metros y el acceso se efectuaría por su lado sur. A
la cifra propuesta para la altura total de la torre sea 12 esta puerta, situada en una altura superior, se llegaría
metros. En los trabajos de reconstrucción virtual rea- mediante una escalera móvil de madera o una cuerda y
lizados por Daniel Tejerina, dirigidos a conseguir una probablemente estaría protegida por un matacán simi-
imagen lo más aproximada posible, se han tenido en lar al de la torre de l’Aguiló en la Vila Joiosa.
cuenta los datos obtenidos en la excavación arqueoló- Dado el mal estado de conservación en que se en-
gica y en la restauración, así como de la fotogrametría cuentra la torre, debemos acudir a las fuentes escritas
y de los paralelos de otras torres de defensa marítima con el fin de conocer la distribución de los espacios y
de la época. De este modo, se ha propuesto una re- las características constructivas del cuerpo superior, así
construcción de la torre Bombarda con un basamento como de los sistemas de defensa y ataque que tenía. A
Figura 18: Estado final. Figura 21: Reintegración cromática de los morteros.
BIBLIOGRAFÍA
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PRADELLS, J., 2004: «Reorganización militar de Valencia
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Recepción: 03-07-2013
Aceptación: 15-11-2013
RESÚMENES
El resultado es doble: por un lado, la datación de la tumba durante el primer cuarto del s. III a.C.; por otro, una
aproximación histórica según la que la representación seleccionó detalladamente todos los elementos y motivos
iconográficos para representar una gens lucano-pestana en la agitada Italia meridional durante la expansión romana.
Palabras clave. Paestum, Tarento, pintura funeraria, Amazonomaquia, Iliupersis, coraza anatómica, casco tipo Pac-
ciano/Catanzaro, Prometopidion, Prosternidion, transición entre s. IV y III a.C.
recinto militar de León. Además del repertorio de sellos militares de la legio VII gemina, presentamos en este trabajo
las marcas de producción, numerales e improntas de calzado y huellas animales, que nos informan sobre aspectos
productivos y de la vida cotidiana en el campamento legionario.
Palabras clave. León, Legión VII Gémina, ladrillos y tejas romanas, termas romanas, marcas militares.
LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE
LA CIUTAT D’ALACANT)
Immaculada Garrigós i Albert
En l’estudi següent es presenta el repertori monetari aparegut durant les excavacions arqueològiques a la vil·la ro-
mana de Casa Ferrer I (Alacant). Es fa una catalogació de les troballes monetàries que contenen un marc temporal
comprès entre els segles II aC-VI dC, i es fan consideracions sobre la circulació monetària en aquest enclavament,
i en general, a les comarques meridionals del País Valencià.
Paraules clau. Casa Ferrer I, vil·la romana, fons numismàtics, circulació monetària.
ABSTRACTS
SARDINIAN BEADS AND BELL BEAKER AND EPI BELL BEAKER PENDANTS
Claudia Pau
This work provides an extensive cataloguing of bell beaker and epi bell beaker ornaments in the main Sardinian
sites, identifying their spatial and chronological sequence from the earliest items found in Sardinia up to the Early
Bronze Age, a period that would show the ultimate beaker features in the island, showing their hybridization in the
Bonnanaro early facies. We show the evolutionary traits of each item and make contemporary comparisons with the
Iberian Peninsula and other areas of the Mediterranean area.
Key words. Beads, Pendants, Bell Beaker, Epi Bell Beaker, Sardinia, Mediterranean sea.
IBERIAN IRON AGE SCULPTURES FROM CERRO DE LOS SANTOS IN THE VIENNA INTER-
NATIONAL EXHIBITION (1873)
Teresa Chapa Brunet y Julio González Alcalde
The several casts of stone sculptures found in the Iberian sanctuary of Cerro de los Santos, shown in The Vienna
International Exhibition, is scarcely known. After the official opening of the National Archaeological Museum of
Madrid by Amadeo of Saboya in 1871, the institution considered a priority to acquire a significant number of sculp-
tures from this site, as an astonishing evidence of an old, important and unknown Spanish culture. Unfortunately,
among them were several fakes, although they remained unnoticed for a few years. 29 casts were shipped to Vienna,
where they were studied by different European archaeologists. These sculptures, with an offering vase held in the
hands, were associated with the southern Russian funerary sculptures known as «Kamennye Baby».
Key words. Iberian Culture, stone sculpture, sculpture casts, archaeological fakes, Cerro de los Santos.
BUILDING MATERIAL (BRICKS AND TILES) FROM THE CAMP OF THE LEGIO VII GEMINA
IN LEÓN. THE ARCHAEOLOGICAL INTERVENTION IN PUERTA OBISPO
Ángel Morillo y Javier Salido Domínguez
A large quantity of Roman bricks and tiles were recovered in 1996 during the excavations in Puerta Obispo (León),
near the eastern gate of the Roman military fortress of the legio VII gemina. A great part of this material (bricks, bes-
sales, pedales, concamerationes) belonged to the legionary baths, located under the current gothic cathedral. These
archaeological excavations have also unearthed roof tiles (tegulae, imbrices) that were originally part of the porta
principalis sinistra, the main gate on the eastern side of the fortress, during the late 3rd century AC. In this paper
we also review the stamped bricks and tiles, which constitute most of the material found found in Puerta Obispo.
In addition to the repertoire of military stamps of the legio VII gemina, we analyze the production marks, numbers,
shoe prints and traces of animals, which give important information about production and daily life in the legionary
camp.
Key words. León, Legio VII Gemina, Roman bricks and tiles, Roman baths, military stamps.
THE COINS OF THE ROMAN VILLA CASA FERRER I IN THE MUSA (MUSEUM OF THE CITY
OF ALICANTE) COLLECTION
Immaculada Garrigós i Albert
This paper presents the collection of coins discovered during the archaeological excavations in the Roman villa
Casa Ferrer I (Alicante, Spain). We catalogue the coins dating from the 2nd century BC to the 4th century AD, and we
analyze the monetary circulation in this site and in the southern regions of the Valencian Community.
Key words. Casa Ferrer I, Roman villa, numismatic collection, monetary circulation.
THE EXCAVATION AND CONSOLIDATION OF THE BOMBARDA TOWER (L’ALFÀS DEL PI,
ALICANTE)
Carolina Frías Castillejo
The Bombarda tower is an Asset of Cultural Interest located in Serra Gelada, near the l’Albir lighthouse in l’Àlfàs
del Pi region. From November 2011 to January 2012, the city council carried out an excavation and consolidation
project in the tower in order to stop its deterioarion process. This project has provided enough data to know the
floor plan and wall design thanks to the photogrammetric documentation and the 3D reconstruction of the structure.
Key words. Watchtowers, shelter, Serra Gelada, consolidation.
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artículo y no irán a pie de página ni al final.
Ejemplo: (Bendala y Negueruela, 1980, 384, Fig. 15).
7.2. Si son notas largas, deberán ir al final del texto, encabezadas por la referencia bibliográfica, que será igual que en 7.1.
Ejemplo: M. Bendala y I. Negueruela (1980, 384).
8. La lista bibliográfica vendrá al final del artículo, dispuesta por orden alfabético del primer apellido de los autores. En caso de que un mismo autor
tenga varias obras, la ordenación se hará por la fecha de publicación, de más antigua a la más moderna. Si en el mismo año coinciden dos obras de
un mismo autor, se distinguirán con letras minúsculas (a, b, c, etc.), que también se incluirán en las referencias 7.1. y 7.2.
8.1. En caso de que se trate de un libro, se citará por este orden: nombre del autor, fecha de edición, título de la obra y lugar de edición.
Ejemplo: JIMÉNEZ ÁVILA, J., 2002: La toréutica orientalizante en la Península Ibérica, Madrid.
8.2. Si es un artículo de revista: autor, año, título del trabajo, título de la revista, tomo y páginas.
Ejemplo: BENDALA, M. y NEGUERUELA, I., 1980: «Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla», Noticiario
Arqueológico Hispánico, 10, 335-380.
8.3. En el caso de que los títulos de las revistas vengan abreviados, deberá utilizarse el sistema de siglas de las revistas Archäologische Bibliogra-
phie y Jahrbuch des Deutschen Archäologischen Instituts.
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1. Se entregará a los autores un archivo en PDF con el contenido del artículo y otro con el número completo de la revista. No se realizarán separatas
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within the text of the article and shall not take the form of footnotes or endnotes. For example: (Bendala y Negueruela, 1980, 384, Fig. 15).
7.2. If they consist of long notes, they should take the form of endnotes, headed by the bibliographic reference, which will be given in the same
way as in 7.1. For example: M. Bendala y I. Negueruela (1980, 384).
8. The bibliography will come at the end of the article, arranged in alphabetical order of the authors’ first surnames. If a single author has several
works, they will be listed in order of date of publication, from the earliest to the most recent. If two works by one author are published in the same
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7.2. above.
8.1. Books will be cited in the following order: name of the author, date of publication, title of the work and place of publication. For example:
JIMÉNEZ ÁVILA, J., 2002: La toréutica orientalizante en la Península Ibérica, Madrid.
8.2. Journal articles will be cited as follows: author, year, title of the work, title of the journal, volume and pages. For example: BENDALA, M. y
NEGUERUELA, I., 1980: «Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla», Noticiario Arqueológico Hispánico, 10,
335-380.
8.3. If journal titles are abbreviated, the system of abbreviations used by the journals Archäologische Bibliographie and Jahrbuch des Deutschen
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