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Lucentum 32

Lvcentvm es una revista científica de la Universidad de Alicante que se centra en la divulgación de investigaciones originales en Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua, con un proceso de evaluación por pares. Publicada anualmente desde 1982, la revista busca fomentar la colaboración entre investigadores y mejorar los recursos bibliográficos en estas áreas. Este número incluye artículos sobre diversos temas arqueológicos, así como información sobre el consejo editorial y las normas de presentación de trabajos.
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LVCENTVM

XXXII, 2013

Anales de la Universidad de Alicante


Prehistoria, Arqueología
e Historia Antigua
LUCENTUM
XXXII
LVCENTVM
XXXII
2013

ANALES DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE


PREHISTORIA, ARQUEOLOGÍA
E HISTORIA ANTIGUA
Lvcentvm es el órgano de difusión científica de las Áreas de Conocimiento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Ali-
cante, abierta también a la participación de todos los investigadores interesados. Comenzó a publicarse en el año 1982 con periodicidad anual y su
objetivo es la divulgación de trabajos originales e inéditos referentes a la Prehistoria, la Arqueología y la Historia Antigua. Mantiene la proporción de
colaboraciones externas e internas, así como los requisitos científicos y editoriales recomendados como criterios de calidad. Los artículos se someten a
evaluación externa, anónima y por pares, entre especialistas en la materia.
Se intercambia con publicaciones afines, con el fin de incrementar los fondos bibliográficos de la biblioteca de dichas áreas.

Este número se edita con subvenciones del Vicerrectorado de Investigación, Desarrollo e Innovación y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Alicante.

Consejo de redacción:
Director: Abad Casal, Lorenzo, Catedrático de Arqueología, Universidad de Alicante
Vocales: Abascal Palazón, Juan Manuel, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de Alicante
Del Castillo Álvarez, Arcadio, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de Alicante
Espinosa Ruiz, Urbano, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de La Rioja
González Prats, Alfredo, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Alicante
Gutiérrez Lloret, Sonia, Catedrática de Arqueología, Universidad de Alicante
Lorrio Alvarado, Alberto, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Alicante
Martí Oliver, Bernat, Investigador del Servicio de Investigación Prehistórica-Museo de Prehistoria de Valencia
Pesando, Fabricio, Professore di Archeologia Classica, Università degli Studi di Napoli, L’Orientale
Ramallo Asensio, Sebastián, Catedrático de Arqueología, Universidad de Murcia
Salvatierra Cuenca, Vicente, Catedrático de Historia Medieval, Universidad de Jaén
Uroz Sáez, José, Catedrático de Historia Antigua, Universidad de Alicante
Secretaria: Galiana Botella, María Francia, Universidad de Alicante

Consejo asesor:
Aranegui Gascó, Carmen, Catedrática de Arqueología, Universidad de Valencia
Azkarate Garai-Olaun, Agustín, Catedrático de Arqueología de la Universidad del País Vasco
Bendala Galán, Manuel, Catedrático emérito de Arqueología, Universidad Autónoma de Madrid
Blázquez Martínez, José Mª, Catedrático emérito de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid, y miembro de número de la
Real Academia de la Historia
Carrasco Rus, Javier, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Granada
Coarelli, Filippo, Professore emerito di Archeologia Romana, Università degli Studi di Peruggia
Cressier, Patrice, Investigador del CIHAM (Centre interuniversitaire. Histoire, archéologie, littératures des mondes chrétiens et musulmans
médiévaux) -UMR 5648, CNRS
Eiroa Fernández, Jorge Juan, Catedrático de Prehistoria, Universidad de Murcia
González Rodríguez, Cruz, Catedrática de Historia Antigua, Universidad del País Vasco
Hernández Pérez, Mauro S., Catedrático de Prehistoria, Universidad de Alicante
Marzoli, Dirce, Directora del Deutsches Archäologisches Institut, Abteilung Madrid

Información, redacción e intercambios:


Revista Lvcentvm
Dpto. Prehistoria, Arqueología, Hª Antigua,
Filología Griega y Filología Latina
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Alicante
Apdo. Correos 99
03080 Alicante (España)
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Cubierta: Torre Bombarda, L’Alfàs del Pi, Alicante. Foto Carolina Frías.

Edita: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante


I.S.S.N.: 0213-2338 - Dep. Legal: A 968-1985
Alicante, 2013

Maquetación: Marten Kwinkelenberg


ÍNDICE

CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE


CERDEÑA......................................................................................................................................... 9
SARDINIAN BEADS AND BELL BEAKER AND EPI BELL BEAKER PENDANTS
Claudia Pau

¿FÍBULAS PENINSULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»?


NOVEDADES Y REVISIÓN.......................................................................................................... 31
PENINSULAR FIBULAE: ELBOW «SÍCULAS» OR TYPE «MONACHIL»? NEWS AND REVISION
Javier Carrasco Rus, Juan A. Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz, Alfredo González Prats y
Jesús Gámiz Jiménez

PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA


TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854.......................................................................... 53
PAINTED PANOPLIES: ANTIQUARIAN STUDY OF THE WEAPONS PAINTED IN A TOMB IN
PAESTUM, FOUND IN 1854
Raimon Graells i Fabregat

COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA


PLENA............................................................................................................................................... 93
COLMENARES (L’ALACANTÍ), AN IBERIAN PLAIN HABITAT IN THE MIDDLE IBERIAN PERIOD
Jesús Moratalla Jávega y Gabriel Segura Herrero

LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN


UNIVERSAL DE VIENA (1873)..................................................................................................... 115
IBERIAN IRON AGE SCULPTURES FROM CERRO DE LOS SANTOS IN THE VIENNA
INTERNATIONAL EXHIBITION (1873)
Teresa Chapa Brunet y Julio González Alcalde

NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD


REAL)................................................................................................................................................ 131
NEW HISPANO-ROMAN LION FOUND IN ALHAMBRA (CIUDAD REAL)
José Miguel Noguera Celdrán y Carmen García Bueno
MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE
LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN. LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE PUERTA
OBISPO.............................................................................................................................................. 147
BUILDING MATERIAL (BRICKS AND TILES) FROM THE CAMP OF THE LEGIO VII GEMINA IN
LEÓN. THE ARCHAEOLOGICAL INTERVENTION IN PUERTA OBISPO
Ángel Morillo y Javier Salido Domínguez

LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA
(MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT)........................................................................................ 171
THE COINS OF THE ROMAN VILLA CASA FERRER I IN THE MUSA (MUSEUM OF THE CITY OF
ALICANTE) COLLECTION
Immaculada Garrigós i Albert

LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA.............................. 185


THE ROYAL STATIONS IN THE ACHAEMENID PERIOD
Joaquín Velázquez Muñoz

LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL


PI, ALICANTE)................................................................................................................................ 205
THE EXCAVATION AND CONSOLIDATION OF THE BOMBARDA TOWER (L’ALFÀS DEL PI,
ALICANTE)
Carolina Frías Castillejo

Resúmenes.......................................................................................................................................... 217

Abstracts............................................................................................................................................. 221

Proceso editorial y normas de presentación de originales.................................................................. 225

Editing process and Guidelines for the submission of original articles.............................................. 226
LVCENTVM XXXII, 2013, 9-30. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.01

CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES


DE CERDEÑA
SARDINIAN BEADS AND BELL BEAKER AND EPI BELL BEAKER PENDANTS

CLAUDIA PAU
Universidad de Granada

1. INTRODUCCIÓN campaniforme (a partir de mediados del III milenio


cal A.C.), la tumba en cista lítica de Santa Vittoria de
1.1. Cerdeña en epoca campaniforme Nuraxinieddu. Muchas tumbas fueron reutilizadas,
además, en la Cultura de Bonnanaro (desde fines del
En la isla de Cerdeña, en el centro del Mediterráneo, III milenio cal A.C.) mientras que otras sepulturas se
han aparecido abundantes restos campaniformes. Te- usaron hasta la época Nurágica (II milenio cal A.C.) e
niendo en cuenta las últimas actualizaciones publi- incluso en el periodo romano o medieval. La tipología
cadas por M. G. Melis, en 2010 (Melis, 2010, 292 y tumbal es muy variada: cuatro grutas naturales, dos
295) calculamos que hay más de 70 yacimientos, cal- tumbas en cista lítica (Santa Vittoria en Nuraxinieddu,
colíticos, con testimonios campaniformes, ubicados S’Arrieddu en Cabras), un dolmen (Motorra en Dorga-
principalmente en el área occidental de la isla, aunque li), dos tumbas hipogeico-megalíticas (la tumba A de
también son abundantes los restos documentados en Pranu Mutteddu en Goni y Bingia ‘e Monti en Gon-
las áreas central y la meridional. A estos yacimientos nostramatza), y sobre todo tumbas hipogeicas, las do-
se deben añadir también los pertenecientes al Bronce mus de janas (que significa «las casas de las hadas»),
Antiguo, donde continúan las manifestaciones campa- cuevas artificiales, sepulcros excavados en la roca
niformes, como Cuccuru Nuraxi, Settimo San Pietro (Pau, 2010, 121-132).
e Is Calitas, Soleminis, que algunos autores colocan
en una fase final del campaniforme (epicampanifor-
me) mientras que otros, sitúan ya en la Cultura de 1. 2. Los estudios cronologicos
Bonnanaro.
Testimonios campaniformes se han hallado, en En Cerdeña desde el Neolítico hasta el Bronce An-
los poblados de Monte Ossoni de Castelsardo, Monte tiguo se sucedieron numerosas facies arqueológicas
Olladiri de Monastir, y Palazzu de Samassi y en las (Fig. 1). Según los estudios más actuales las fases
cabañas de Monte d’Accoddi, Sassari. Se han locali- culturales que se han definido para el Neolítico sardo
zado también fragmentos campaniformes en la gruta (aproximadamente entre el 6000 y el 3200 cal A.C.)
de Filiestru, Mara, en el abrigo de Frattale, Oliena y en son, en orden cronológico, las culturas de Su Carropu,
la Gruta de Sa Ucca de Su Tintirriolu de Mara, usadas de Grotta Verde, de Filiestru B (Neolítico Antiguo), la
como lugares de habitación o santuarios (Contu, 2006, cultura de Bonu Ighinu (Neolítico Medio), la cultu-
358-359; Ferrarese Ceruti, 1974, 179-180; 1981, LVI; ra de San Ciriaco (Neolítico Reciente) y la cultura de
1988, 456; 1997, 326 y 477). San Michele de Ozieri (Neolítico Final). El Calcolítico
La consistente documentación campaniforme en (entre el 3200 y el 2200 cal A.C.), se suele subdividir
Cerdeña procede casi exclusivamente de los yacimien- en 6 fases culturales, culturas de Sub Ozieri y de Fili-
tos funerarios. Se trata fundamentalmente de reutiliza- gosa (Calcolítico Antiguo), cultura de Albealzu (Cal-
ciones, o evidencias de uso continuado, de estructuras colítico Medio), cultura de Monte Claro (Calcolítico
construidas en épocas más antiguas. La mayoría de Reciente) y Campaniforme A (Calcolítico Final cuyo
ellas se consideran realizadas en la Cultura de Ozieri, desarrollo en parte puede ser coetáneo al de la cultura
Neolítico Reciente o Final (a partir del 3800/3500 cal de Monte Claro). El Campaniforme continuaría en una
A.C.), en otras el registro arqueológico encontrado, última fase, Campaniforme B, en el Bronce Antiguo I
comienza con hallazgos Calcolíticos (desde principio (Ugas, 2005, 11-18).
del III milenio cal A.C.), y tenemos un único caso de En realidad, el estudio del desarrollo del Campani-
sepultura que se pueda considerar construida en época forme en la isla ha sido muy complicado y ya desde el
10 CLAUDIA PAU

CRONOLOGÍA
PERIODO FASE CULTURA CRONOLOGÍA A. C.
CALIBRADA a.C.
Antiguo I Su Carropu 6000-4700
Antiguo II Grotta verde 4700-4300 6000-4700
Antiguo III Filiestru B 4300-4000
Neolítico
Medio Bonu Ighinu 4000-3400 4700-4000
Reciente San Ciriaco 3400-3200
Final S. Michele-Ozieri 3200-2850 4000-3200
Inicial
Antiguo I Sub Ozieri 2850-2700
Antiguo II Filigosa 2700-2600 3200-2700
Calcolítico Medio Albealzu 2600-2400
Reciente Monte Claro 2400-2100
Final I Campaniforme A1 2100-2000 2700-2200
Final II Campaniforme A2 2000-1900
Antiguo I Campaniforme B 1900-1800
(Epicampaniforme)
Bronce 2200-1900
Antiguo II Bonnanaro A1 1800-1650
Antiguo III Bonnanaro A2 1650-1600
Figura 1: Cronología y facies culturales de Cerdeña desde el Neolítico hasta el Bronce Antiguo, según G. Ugas (2005).

descubrimiento de los primeros testimonios se discu- la Cultura Bonnanaro. E. Contu, puntualiza que hay
tió sobre sus aspectos cronológicos y culturales, sien- claros indicios estratigráficos de un periodo únicamen-
do los cuadros cronológicos más seguidos los desarro- te con campaniforme en Cerdeña, identificable en al-
llados por M. L. Ferrarese Ceruti, E. Contu, E. Atzeni gunos yacimientos como Padru Jossu y Santu Pedru,
y G. Ugas. aunque, en nuestra opinión sea una imagen resultado
M. L. Ferrarese Ceruti habló de un momento más del carácter de estos contextos. Este investigador, indi-
antiguo donde el Campaniforme se superpone, aunque ca una evolución del campaniforme en fases y basán-
parcialmente, a la Cultura Calcolítica de Monte Claro, dose en las dataciones de carbono 14 del Eneolítico
en que se percibirían influjos occidentales (Península sardo de la Gruta de Filiestru, Mara (Sassari) propone
Ibérica, Francia meridional). Este momento quedaría para el inicio del campaniforme sardo decorado, la fe-
atestiguado en los yacimientos de Monte Ossoni de cha no calibrada de 2300-2000 a. C. aproximadamente
Castelsardo (Sassari), Monte Olladiri de Monastìr y (2860-2350 cal A.C.) y además coloca la última fase
Palazzu de Samassi (Cagliari), donde se han hallado (cerámicas con perfiles rígidos y redondeados y con
elementos campaniformes en asociación con elemen- asas a codo, vasos trípodes y ausencia de decoracio-
tos de Cultura Monte Claro, mientras que serían prueba nes) en el Bronce Antiguo, en la primera fase de la
de la mayor antigüedad de los restos Monte Claro, las facies de Bonnanaro (Bonnanaro I) (2000-1600 a.C.;
superposiciones estratigráficas en Padru Jossu en San- 2350-1800 cal A. C.) (Contu, 1988, 442; 1996, 385-
luri, Pani-Lòriga en Santadi, y la tumba VII de Serra 396; 2006, 388-389 y417).
Is Araus en San Vero Milis. La autora habla también Para E. Atzeni, el campaniforme se manifiesta en
de un momento más reciente (inicio del Bronce Anti- Cerdeña desde el Eneolítico a la primera edad del
guo), caracterizado por fuertes influjos centroeuropeos. Bronce (últimos siglos del III milenio y los primeros
Además M. L. Ferrarese Ceruti, situó los ajuares de los del II milenio a. C.), superponiéndose a la cultura de
niveles superiores de las sepulturas de Padru Jossu, Monte Claro, sin excluir posibles contactos con la
Sanluri, y de Marinaru, Porto Torres entre el final del Cultura de Albeazu-Filigosa y declinando en las facies
Eneolítico y el Bronce Antiguo. Por lo tanto, para esta del Bronzo Antiguo. El autor propuso una secuencia
investigadora los inicios del Campaniforme en Cerde- en 4 fases del campaniforme sardo. Una fase antigua,
ña se colocarían en el último cuarto del tercer milenio atestiguada por escasos hallazgos de tipología arcaica,
a. C. en fechas no calibradas (Ferrarese Ceruti, 1981, como un fragmento cerámico de pasta fina y superfi-
LV; 1988, 456; 1989, 60-61; 1997, 325 y 477-478). cies bruñidas con decoración cordada (gruta de Co-
E. Contu, encuadra el desarrollo del campanifor- rongiu Acca I, Villamassargia), y vasos en forma de
me entre los últimos siglos del III y los primeros del campana en estilo marítimo. La siguiente fase media
II milenio a.C.(también en fechas no calibradas). Para constituiría, para él, el momento más típico, caracteri-
este autor las primeras manifestaciones aparecerían zado por la convergencia de influjos de las provincias
antes del final de Filigosa, para después perdurar, jun- campaniformes europeas. La fase reciente, que, para
to con manifestaciones Monte Claro, también después él, se puede sincronizar con aspectos extra insulares
de Albeazu, hibridándose con sucesivos elementos de de transición al primer bronce, mostraría una fuerte

LVCENTVM XXXII, 2013, 9-30. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.01


CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 11

continuidad con la anterior, aunque presentando nue- también en Cerdeña el Campaniforme pasará desde
vas tipologías vasculares y nuevos estilos decorativos, unas primeras fases con las formas típicas de ámbito
tal vez con connotaciones regionales como muestran europeo, a una fuerte regionalización con diferencia-
los vasos de la zona del Sulcis Iglesiente. En una fase ciones zonales, hasta hibridarse en las facies iniciales
final, las últimas manifestaciones campaniformes se del Bronce Antiguo.
atestiguarían en pleno Bronce Antiguo, en un nuevo
ámbito cultural correspondiente a las facies de Bonna-
naro A, por primera vez documentada en los hipogeos 1. 3. La cultura material
de Corona Montana, Bonnanaro. En esta fase el reper-
torio cerámico está caracterizado por una disminua- En Cerdeña encontramos vasijas cerámicas con pasta
ción de la decoración y con vasos con asas, trípodes de buena calidad, las formas más características son
con cuerpo troncocónico o carenados con altos pies los típicos vasos en forma de campana invertida, con
subrectangulares, copas de tipo frutero con pie hueco, perfil redondeado o, sobre todo, carenado y con el fon-
ollitas y formas carenadas, bicónicas o troncocónicas. do plano, los cuencos hemisféricos, a veces con tres
Todavía perduran los brazaletes de arquero, los punzo- o cuatro pies en la mayoría de los casos cilíndricos,
nes en cobre, algunos ornamentos en hueso y concha tazas troncocónicas con una sola asa y jarras. En la
y los colmillos de jabalí, y aparece por primera vez el isla se atestigua un único vaso con decoración corda-
puñalito sin codo con la placa de enmangue redondea- da, el ejemplar de la Gruta de Coròngiu Acca I, Villa-
da y con los agujeros para los remaches (Atzeni, 1996, massargia (Atzeni, 1996, 397), mientras que hay una
397-408; 1998a, 243-253). gran difusión de elementos con decoración en peine o
Según el esquema cronológico propuesto por G. con incisión simple. En algunos casos las dos técnicas
Ugas, en Cerdeña los materiales de las facies campani- están presentes en un único vaso. Las decoraciones se
formes se encuentran claramente superpuestos a los de realizan en bandas horizontales en intervalo con zonas
la Cultura de Monte Claro, como está bien delineado lisas lo que es característico de todos los vasos del es-
en las secuencias estratigráficas de Padru Jossu en San- tilo denominado «marítimo» o internacional. A veces
luri, Santu Pedru en Alghero, y Su Crocifissu Mannu la decoración campaniforme internacional, con bandas
en Porto Torres. Para él, esto indicaría la plena autono- rellenada de tratos oblicuos, se enriquece de triángulos
mía del aspecto sardo del campaniforme internacional con puntillado horizontal; mientras que en los vasos
con respecto al Monte Claro, mientras que parece po- polípodos se utilizan las técnicas del campaniforme
sible una parcial contemporaneidad de este último con mediterráneo con las típicas bandas lisas en zig-zag
la fase cordada campaniforme, si bien ello supondría obtenidas por la oposición alterna de los vértices de
acortar considerablemente el desarrollo de las facies los triángulos adornados con trazos. Frecuentes son
calcolíticas no campaniformes. Para este investiga- también los motivos en reticulado, mientras son raros
dor, el campaniforme, se desarrollaría en dos fases del los motivos en ajedrez y los metopados (Ferrarese Ce-
Eneolítico Final (A1, facies marítima-internacional; ruti, 1981, LVIX; 1997, 329).
A2, facies italiana-sulcitana o de Locci Santus), apro- En Cerdeña encontramos las armas típicas del
ximadamente 2100-1900 a. C. en fechas no calibradas, campaniforme europeo, puntas de flecha, puñales
y de una del Bronce Antiguo Inicial (B, facies del cam- triangulares, y brazaletes de arquero, aunque no hayan
paniforme «inornato» sin decoración o de Padru Jossu aparecido puntas de tipo Palmela. Se puede suponer
B), aproximadamente1900-1800 a. C., indicadora de que algunas hachas pulidas y cuchillos de sílex u obsi-
los contactos entre Cerdeña y las regiones mediterrá- diana pertenezcan al campaniforme isleño, aunque es
neas franco-ibéricas y además con Europa centro-occi- difícil su identificación no teniendo caracteres distin-
dental (Ugas, 1998a, 254-255; 2005, 17). tivos (Contu, 2006, 369). Pueden también pertenecer
Actualmente, muchos estudiosos, colocan cro- a la misma época, los punzones en cobre, puntiagudos
nológicamente el campaniforme sardo, sobre la base en las dos extremidades, con sección cuadrada o circu-
de dos dataciones, entre las obtenidas del estudio del lar, con uso continuado también en el Bronce Antiguo
hipogeo de Padru Jossu, Sanluri 2463 y el 2155 cal (Contu, 2006, 369; Ferrarese Ceruti, 1997, 333).
A.C., (Melis, 2010, 292), lo que además coincide con El campaniformes de Cerdeña presenta, un gran re-
el desarrollo en áreas vecinas. pertorio de elementos de ornamento, collares, cuentas,
Teniendo en cuenta estas interpretaciones, conside- colgantes, botones, brazaletes (pulseras o tobilleras) y
ramos que los testimonios campaniformes aparecen en alfileres, además, de un disco en lámina de plata, con
el Calcolítico local, durante el desarrollo de la Cultura agujeros, interpretado como un espejo (Pau, 2008)
Monte Claro, a mediados del III Milenio cal A.C., y
perdurarían con sus más tardías manifestaciones (lo
que denominamos epicampaniforme) en los momen- 1. 3. Los objetos de adornos: cuentas y colgates
tos iniciales de la antigua edad del Bronce, a inicios
del II Milenio cal A.C. como atestiguan, por ejemplo Teniendo en cuenta las aportaciones de los estudios
los casos de las tumbas de Cuccuru Nuraxi, Setti- sobre adornos en la investigación arqueológica (Bar-
mo San Pietro e Is Calitas, Soleminis. Por lo tanto, ciela González, 2008; Barge, 1982; Pérez Arrondo y

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12 CLAUDIA PAU

Figura 2: Yacimientos con cuentas y colgantes campaniformes y epicampaniformes de Cerdeña.

López de la Calle Cámara, 1985; Taborin, 2004), y sutiles de fibras vegetales o cuero de animal o cosidos;
además considerando las escasas investigaciones rea- otros están sin perforación. En este último caso puede
lizadas en este sector tan importante en relación a la tratarse de elementos en fase de elaboración, o podían
época campaniforme y epicampaniforme de Cerdeña, ser pequeños amuletos protectores depositados en las
con respecto a otros materiales (cerámica, armas, etc.), tumbas, o también se podría pensar que estas gentes
hemos considerado oportuno focalizar nuestro trabajo prehistóricas utilizaran pegamentos vegetales o ani-
en el análisis de dos categorías de adornos, las de las males, con los cuales adherir estos pequeños elemen-
cuentas y las de los colgantes, que se hallaron en los tos, cuyas trazas habrían desaparecido con el tiempo.
yacimientos campaniformes y epicampaniformes de Se han definido como cuentas los elementos suel-
Cerdeña (Fig. 2). tos que presentan una anchura superior o igual a la al-
Estos elementos sueltos (cuentas y colgantes) po- tura y como colgantes las joyas que penden o cuelgan,
drían pertenecer a collares, pero también a brazaletes, porque tienen una altura siempre superior respecto a
tobilleras, pendientes, cinturones o, quizás, podían la anchura.
simplemente haber sido utilizados como elementos En el presente trabajo, se han clasificado los ele-
decorativos del pelo o de las vestimentas. mentos más recurrentes en los contextos sardos, y los
La mayoría de estos objetos de adorno presentan más característicos. Las categorías de cuentas y col-
una perforación (Fig. 3), que nos indicaría indudable- gantes se han ordenado en grupos (Fig. 4) siguiendo
mente su uso, ensartadas en un hilo o unas cuerdas criterios morfológicos, poniendo en relación todos
los objetos que presentan una forma similar. Cada
grupo ha sido, posteriormente dividido en subgrupos
teniendo en cuanta el soporte sobre el que han sido
manufacturados; además hay subgrupos que han sido
articulados en diferentes tipos según aspectos morfo-
lógicos (influyendo en algún caso en la funcionalidad
del objeto).
Figura 3: Diferentes tipos de perforaciones de cuentas y colgan- En este modo queremos dar un cuadro preciso de
tes campaniformes y epicampaniformes de Cerdeña. las diferentes variedades de cuentas y colgantes, que

LVCENTVM XXXII, 2013, 9-30. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.01


CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 13

Figura 4: Categoría 1 Cuentas: 1. Grupo I Cuentas discoidales (Monte Luna, Senorbí); 2. Grupo II Cuentas cilíndricas o tubulares
(Anghelu, Ruju, Alghero); 3. Grupo III Cuentas en «oliva» (Padru Jossu, Sanluri); 4. Grupo IV Cuentas con apéndices laterales o a
glóbulos (Padru Jossu, Sanluri); 5. Grupo V Cuentas de concha entera (Padru Jossu, Sanluri) (Ugas, 1998b, 267, fig. 7 reelaborado);
6. Grupo VI Cuentas troncocónicas (Colección Doneddu, Carbonia); 7. Grupo VII Cuentas bicónicas (Bingia e’ Monti, Gonnostra-
matza); 8. Grupo VIII Cuentas en espiral (Cuguttu, Alghero); 9. Grupo IX Perles à ailettes (cuentas con alitas) (Padru Jossu, Sanluri).
Categoría 2 Colgantes: 10. Grupo X Colgantes de diente entero (Padru Jossu, Sanluri); 11. Grupo XI Colgantes en forma de creciente
lunar (Padru Jossu, Sanluri); 12. Grupo XII Colgantes ovales (Isa Calitas, Soleminis) (Manunza et alii, 2005, 169 51d); 13. Grupo
XIII Colgantes laminares en concha (Padru Jossu, Sanluri); 14. Grupo XIV Colgantes de concha entera (Ponte Secco, Porto Torres);
15. Grupo XV Colgantes en forma de hacha (Su Crocifissu Mannu, Porto Torres); 16. Grupo XVI Colgantes rectangulares (Colleción
Doneddu, Carbonia); 17. Grupo XVII Colgantes romboidales (Padru Jossu, Sanluri); 18. Grupo XVIII Colgantes en forma de corazón
(Padru Jossu, Sanluri); 19. Grupo XIX Colgantes globulares o planos con apéndices para la suspensión (Anghelu Ruju, Alghero); 20.
Grupo XX Fíbulas-colgantes (Padru Jossu, Sanluri) (Ugas, 1998b, 269, fig.9 reelaborado); 21. Grupo XXI Anillos-colgantes (Cuguttu,
Alghero) (Castillo Yurrita, 1928, lám. CXV reelaborado).

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14 CLAUDIA PAU

aparecieron en Cerdeña durante el periodo de difusión (Capo Sant’ Elia, Padru Jossu, Monte Luna, Cuccuru
e hibridación del fenómeno campaniforme, y poder Nuraxi, Is Calitas, Bingia ‘e Monti, Motorra, Anghelu
estimar la aparición de nuevas formas, la persistencia Ruju, Cuguttu, Santu Pedru, Taulera, Ponte Secco, Su
de elementos utilizados en anteriores facies culturales, Crocifissu Mannu, S’Elighe Entosu) (AA.VV., 1990,
y los cambios en la elección y en el uso de los sopor- 72; Atzeni, 1998a, 252, Fig. 8; 2003, lám. 1; 2007, 52-
tes, además realizando comparaciones con materiales 53; Contu, 1955, 27; 1964, 187-188; Ferrarese Ceruti,
afines de las regiones europeas, será posible medir los 1974, 167, Fig. 22; 1997, 193-194 nota 184; Lilliu,
posibles contactos y relaciones que, al final del Calco- 1968, 81; Manca, 2010, 240; Manunza et alii., 2005,
lítico y al inicio del Bronce Antiguo, interesaron a la 145; Taramelli, 1904, 1909a, 1909b; Ugas, 1998b,
isla de Cerdeña en el arco Mediterráneo. 267, Fig. 7).
Se trata de pequeños elementos de morfología dis-
coidal (diámetro mínimo 0,2 cm, máximo 1,9 cm; es-
2. LAS CUENTAS pesor mínimo 0,1cm, máximo 0,8 cm), con las caras
de forma circular y sección plana o ligeramente plano-
2.1. Cuentas discoidales cóncava, cóncavo-convexa o plano-convexa, con una
perforación central transversal a su eje máximo, de for-
Se han estudiado las cuentas de forma discoidal (gru- ma circular o ligeramente ovalada y sección cilíndrica
po I) (Fig. 5. 36-52), halladas en catorce yacimientos y en algunos casos bicónica, troncocónica, o irregular.

Figura 5: 1-27. Colgante en concha; 28. Colgante en concha entera; 29-35. Colgantes obtenidos de dientes de animales; 36-52. Cuentas
discoidales (Monte Luna, Senorbí).

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 15

Estas piezas, aparecen en toda la secuencia del se han hallado objetos en curso de elaboración y ma-
campaniforme sardo desde las fases iniciales hasta las nufacturados, entre los cuales hay numerosos elemen-
finales en el Bronce antiguo inicial, y están documen- tos discoidales.
tadas uniformemente en toda el área estudiada, y en
todas las tipologías tumbales.
Hay cuatro subgrupos de cuentas discoidales, el 2.2. Cuentas cilíndricas o tubulares
primero (subgrupo I) está constituido por elementos
elaborados desde los exoesqueletos de bivalvos (fa- Las cuentas cilíndricas o tubulares, que constituyen
milia Cardiidae. Glycymerididae) o gasterópodos el grupo II, presentan morfología cilíndrica, y sección
(familia Ranellidae), y se han hallado en doce de los circular con una perforación central circular o ligera-
yacimientos estudiados (Capo Sant’ Elia, Padru Jos- mente ovalada y sección cilíndrica, o troncocónica en
su, Monte Luna, Cuccuru Nuraxi, Is Calitas, Bingia sentido longitudinal a su eje máximo. En este grupo
‘e Monti, Anghelu Ruju, Santu Pedru, Taulera, Ponte hay cuentas en concha (Ranellidae, Dentaliidae) (sub-
Secco, Su Crocifissu Mannu, S’Elighe Entosu) (AA. grupo I), en roca sedimentaria (caliza) (subgrupo II) y
VV., 1990, 72; Atzeni, 1998a, 252, Fig. 8; 2003, lám. en mineral (serpentina) (subgrupo III). Tienen un ta-
1.2.; 2007, 52-53; Contu, 1955, 27; 1964, 187-188; maño entre los 1,4 y 4,3 cm de longitud, 0,4 y 0,8 cm
Ferrarese Ceruti, 1974, 167, Fig. 22; 1997, 193-194 de diámetro y 0,85 y 1,4 cm de ancho.
nota 184; Manca, 2010, 240; Manunza et alii, 2005, Hemos estudiado un total de cuarenta y dos cuen-
145; Taramelli, 1904, 1909a, 1909b; Ugas, 1998b, tas pertenecientes a este grupo morfológico, de las
267, Fig. 7). Estos ornamentos en concha se conocen cuales cuarenta fueron halladas en yacimientos de
en Cerdeña ya desde el Neolítico, y parecen muy apre- la Cerdeña noroccidental, siempre en contextos fu-
ciados también en periodo campaniforme y epicam- nerarios, y además treinta y ocho provenientes de la
paniforme. El segundo subgrupo de cuenta discoidal misma necrópolis, veinte de la tumba I y dieciocho
(subgrupo II), estaba elaborado en roca. Dos elemen- de la tumba XXX de la necrópolis de Anghelu, Ruju,
tos en esquisto (roca metamórfica) fueron hallados en Alghero (Taramelli, 1904, 322; 1909a, 504-515). De
la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero (Taramelli, la Cerdeña meridional proceden sólo dos piezas, una
1909a, 512), y en la tumba I o «Tomba Bassu» de Pon- de Is Calitas, Soleminis, (Manunza et alii, 2005, 175)
te Secco, Porto Torres (Contu, 1955, 35). En mineral y otra conservada en uno de los collares del Estrato II
(subgrupo III), hay un elemento en calcedonia del dol- de Padru Jossu, Sanluri (AA.VV., 1998, 327).
men de Motorra en Dorgali (Lilliu, 1968, 81) mientras La concentración de estos ornamentos, conocidos
una cuenta de color verde azulado, probablemente tal- en contextos campaniformes europeos, en sólo cuatro
co (esteatita), es uno de los elementos que constitu- yacimientos de Cerdeña hace difícil realizar deduc-
yen, como veremos más adelante, el collar procedente ciones sobre el significado de su distribución, también
de la tumba XXX de Anghelu Ruju (AA.VV., 1998, porque esta circunstancia puede depender de una la-
296; Taramelli, 1909a, 504-515). Hay también un tipo guna derivada del estado actual de la investigación, y
de cuenta en hueso de animal (subgrupo IV), con los no a un escaso interés por parte de las gentes campa-
ejemplares de Cuguttu, Alghero (Taramelli, 1909b, niformes respecto a este tipo de ornamento, sobre todo
102), el hallazgo de la «Tomba Bassu»(Contu, 1955, teniendo en cuenta que cuentas cilíndricas aparecen en
27), o el ornamento conservado en uno de los collares Cerdeña ya en el Neolítico (Contu, 2006, 210), perdu-
de Bingia e’ Monti, Gonnostramatza (AA.VV., 1998, rando hasta época Nuragica (Fois, 2000, 46).
305), aunque el último de dimensiones mayores y de Dos elementos (subgrupo I), de la Tumba I o Tom-
morfología más aplanada. ba dei vasi tetrapodi de Santu Pedru, (Contu, 1964, 65
En Cerdeña este grupo de ornamentos, ya conoci- y 187-188) han sido obtenidos trabajando el exoesque-
dos desde el neolítico y utilizados ampliamente sobre leto de un gasterópodo de la especie Charonia Lampas
todo durante la Cultura de Ozieri, la época campani- (Trithon Nodiferum), del género Caronia, familia Ra-
forme, y la cultura Bonnanaro (Ferrarese Ceruti, 1974, nellidae, el primero, presenta una forma cilíndrica casi
166-168), continuará a ser imitado también en épocas perfecta y una perforación de forma circular y sección
sucesivas durante la cultura nurágica en arenisca, es- cilíndrica longitudinal, y el segundo muestra morfolo-
quisto o talco (esteatita) (Fois, 2000, 37). Las cuen- gía cilíndrica, ligeramente convexa en la cara y en las
tas discoidales son conocidas en toda el área europea bases, y se diferencia de los demás ejemplares de esta
donde se manifestó el fenómeno campaniforme, en categoría de adornos por su perforación, que presen-
particular debemos citar los centros de producción, ta forma circular y sección cilíndrica trasversal al eje
de cuentas discoidales en concha, localizados en el mayor. No hemos considerado, aunque de morfología
Ariège y en el Herault en la Francia Meridional (Fe- cilíndrica, los elementos encontrados en los Estratos
rrarese Ceruti, 1997, 334), y en la Península Italiana, III y II de Padru Jossu, Sanluri, elaborados con el
los centros de producción de cuentas y colgantes en exoesqueleto de un escafópodo, del género Antalis, de
talco (esteatita), como el de la Puzzolente, (Livorno) la familia Dentaliidae, puesto que los hemos incluido
(Sammartino, 1990), y el de la Pianaccia de Suvero, en el grupo de las cuentas de concha entera, ya que que
(La Spezia) (Maggi, 1990, Maggi et alii, 1987), donde conservan la forma natural de la concha, y presentan

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16 CLAUDIA PAU

una perforación natural (Ugas, 1998b, 267, Fig. 7, Sanluri (Ugas, 1998b, 266-268), dos de la tumba XIII
269, Fig. 9). Veinte elementos del tipo en roca (caliza y dos de la XXbis de la necrópolis de Anghelu Ruju,
negra) (subgrupo II), han sido hallados en la tumba I Alghero (Taramelli, 1909a, 413-431, 467-486). Sólo
de Anghelu Ruju, probablemente pertenecientes a un tres cuentas están realizadas en material malacológico
mismo collar (Taramelli, 1904, 322), y un conjunto de (subgrupo IV). Una cuenta hallada en el estrato III de
doce en la tumba XXX de la misma necrópolis. En Padru Jossu, Sanluri, fue elaborada con el exoesquele-
la misma sepultura fueron descubiertos seis elementos to de un bivalvo del género Spondylus y de la familia
que forman parte de un mismo collar (AA.VV., 1998, Spondylidae (AA.VV., 1998, 322-323; Ugas, 1998b,
96; Taramelli, 1909a, 504-515), y un elemento perte- 266-268), otra (Manunza et alii, 2005, 174) de Is Ca-
nece al collar más largo de los del Estrato II de Padru litas Soleminis, fue realizada con el exoesqueleto de
Jossu en Sanluri, (AA.VV., 1998, 327). Hay un único un bivalvo seguramente de la familia de Glycymeridae
ejemplar en mineral (subgrupo III), probablemente o Cardiidae y un último ornamento de la Tumba I de
en serpentina de color verde oscuro proveniente de la Santu Pedru, Alghero, (Contu, 1964, 65-66 y 187-188)
tumba de Is Calitas Soleminis (Manunza et alii, 2005, fue obtenido trabajando el exoesqueleto de un gaste-
p. 175; Sanna, 2005, 179-180), perteneciente a un pe- rópodo de la especie Charonia Lampas (Trithon Nodi-
riodo más reciente. ferum), del género Charonia, familia Ranellidae. De
hueso trabajado (subgrupo V) es una cuenta del Estra-
to III de Padru Jossu, Sanluri, (Ugas, 1998b, 266-268),
2.3. Cuentas en «oliva» trece elementos (Manunza et alii, 2005, 174) de Is Ca-
litas, Soleminis y ocho de Bingia ‘e Monti, Gonnos-
Las cuentas en «oliva» (aceituna), conocidas también, tramatza, seguramente, estos últimos, pertenecientes
como ovoides, en forma de barril, tonel o tonelete, a un mismo collar (Atzeni, 1998b, 254-260; AA.VV.,
presentan morfología oval, con el cuerpo más o menos 1998, 298-315). De morfología muy irregular son
compacto, y las extremidades planas o redondeadas, los tres ornamentos de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
una perforación central circular o ligeramente ovalada 1909b, 102), particularmente el de tamaño mayor, con
y sección cilíndrica, en sentido longitudinal a su eje cuerpo cilíndrico troncocónico y los márgenes con-
máximo. vexos. Una cuenta en forma de barril se conserva en
Se han estudiado las cuentas en «oliva» localizadas uno de los collares de Capo S’Elia, Cagliari (Atzeni,
en once yacimientos para un total de cuarenta y nue- 2003, lám. 1. 2) y otra en un collar de la Colección Do-
ve piezas, obtenidas trabajando diferentes materiales, neddu, conservada en el Museo Villa Sulcis de Carbo-
hueso, concha, plata, roca y mineral y un ejemplar rea- nia (AA.VV., 1988, 61). Destacamos tres elementos en
lizado en un material que no hemos podido analizar, y hueso, los ejemplares de la Colección Doneddu (Fig.
que E. Contu, interpreta como un hueso de aceituna o 6. 9-10), que lucen una decoración incisa en líneas pa-
de baya silvestre (Contu, 1955, 37) procedente de la ralelas al eje del objeto, y una pequeña cuenta, con
Tumba I de Ponte Secco, Porto Torres. cuerpo estilizado, de la Colección Erriu, del Museo
Estas cuentas, que alcanzan medidas entre los 0,7 y Archeologico Nazionale de Cagliari, también con una
1,9 cm de longitud, los 0,7 y 0,9 cm de diámetro, y los decoración incisa de líneas paralelas, que a diferencia
0,1 y 1,6 cm de anchura, aparecen desde las fases ini- de las anteriores, son transversales al eje mayor y se
ciales hasta las finales del campaniforme de Cerdeña y localizan en las dos extremidades de la pieza en cuatro
están documentadas en toda el área estudiada, aunque bandas. Tenemos, todavía que puntualizar que estos
la mayor concentración, catorce ejemplares, se en- objetos, pertenecientes a colecciones privadas, no se
cuentra en la tumba en fosa de Is Calitas, en Soleminis pueden atribuir con exactitud a la fase campaniforme.
que puede ser fechada en el Bronce Antiguo Inicial. Este último ornamento encuentra profundas afinidades
En roca sedimentaria (subgrupo I), caliza de color morfológicas con una pieza hallada en la gruta Taní de
negro, hay cinco cuentas, dos halladas en las tumbas I Carbonia, decorada en las extremidades con sutiles in-
y XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju y dos cuentas cisiones, aunque ésta tenga una perforación trasversal
perteneciente a un collar de la tumba XIII de la mis- al eje mayor y no paralela, de la cual se desconoce la
ma necrópolis. En la misma sepultura, en roca volcá- pertenencia cronológica y cultural (Ferrarese Ceruti,
nica, piedra pómez, apareció también otro ornamento 1997, 546).
fragmentario (Taramelli, 1904, 301-323; 1909a, 413- Este grupo morfológico, conocido en los contextos
431). En mineral (subgrupo II) hay dos cuentas en europeos, se difundió en Cerdeña, ya desde el Neolí-
barril, una en calcedonia de color amarillo verdoso, tico, como ejemplifican las cuentas de los collares en
del dolmen de Motorra, Dorgali (Lilliu, 1968, 81) y talco (esteatita) de los círculos tumbales de Li Muri de
un ejemplar en un mineral de color verde, probable- Arzaquena (Contu, 2006, 210), aunque algunos inves-
mente talco (esteatita), perteneciente al collar de la tigadores, piensan que la cuentas en forma de barril
tumba XXX de Anghelu Ruju (Taramelli, 1909a, 416- en hueso, son una simplificación de las cuentas con
423). Preciosas son las pequeñas cuentas en oliva, en apéndices laterales o en alamar, derivadas a su vez de
metal, concretamente en plata (subgrupo III), cuatro los botones con apéndices laterales o en alamar, o que
provienen del estrato III de la tumba de Padru Jossu en podían ser una continuación del filón del eneolítico

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 17

Figura 6: 1.Colgante de Cypraea; 2. Colgante de Cypraea; 3. Diente de animal; 4. Colgante subtriangular; 5.6. Colgantes subelíptico;
7. Colgante rectangular; 8. Colgante en forma de hacha; 9.10. Cuentas en forma de barril; 11. Cuenta troncocónica; (Locci Santus. San
Giovanni Suergiu/ (Colección Doneddu, Carbonia); 12. Cuenta con decoración en glóbulos (Coleción Pispisa, Carbonia); 13. Colgante
o cuenta en forma romboidal (Padru Jossu, Sanluri); 14.15. Colgantes en forma de creciente lunar (Padru Jossu, Sanluri); 16. Cuentas
con apéndices laterales o en alamar (Padru Jossu, Sanluri).

local (Manunza et alii, 2005, 146). De todas formas 2.4. Cuentas con apéndices laterales o a globulos
estas piezas aparecen también hasta el periodo nuragi-
co, y un ejemplo son las cuentas recompuestas en un Las cuentas con apéndices laterales o en alamar, son
collar conservado en el Museo G.A. Sanna de Sassari elementos, así denominados, por su fuerte similitud
y anteriormente perteneciente a la Collección Dessí morfológica con los botones con apéndices laterales o
(Fois, 2000, 120). en alamar (Pau, 2012), y hay quien las considera una

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18 CLAUDIA PAU

evolución de estos últimos (Manunza et alii, 2005, tanto tenemos piezas del tipo I con un solo glóbulo
146). Se conocen también como cuentas en glóbulos central.
porque presentan, uno o dos glóbulos centrales y dos Podremos sugerir que las cuentas con apéndices
apéndices laterales rectangulares o trapezoidales (con laterales estilizan su cuerpo llegando a una morfología
los márgenes redondeados) o semicirculares. En algu- casi cilíndrica (las dos cuentas de Is Calitas, Solemi-
nos elementos los apéndices laterales están casi com- nis), además podemos colocar estas piezas entre las
pletamente integrados en el cuerpo, y el ornamento fases más recientes del Eneolítico Final y los inicios
ofrece una morfología casi cilíndrica. Presentan perfo- del Bronce Antiguo, coincidiendo con los investigado-
ración rectilínea pasante, paralela a su eje máximo, de res que consideran estas piezas como un trait d’union
sección cilíndrica, cónica o bicónica. entre los elementos campaniformes más tardíos y los
No todos los investigadores consideran estos orna- más antiguos de Bonnanaro (Manunza et alii, 2005,
mentos como cuentas, algunos, los referencian como 146).
colgantes y otros los insertan en la categoría de los
botones, aunque consideramos que su morfología y en
particular su perforación, permite un uso más eficaz 2.5. Cuentas de concha entera
como cuentas, y además destacamos la similitud mor-
fológica entre estas piezas y los elementos en hueso Las cuentas de concha entera, son ornamentos obteni-
con decoraciones globulares, interpretados normal- dos conservando la morfología anatómica natural del
mente, como alfileres o cabezas de alfileres. caparazón de moluscos marinos, y aprovechando su
Las cuentas con apéndices laterales se configuran perforación natural.
en escasas materias primas, hueso y marfil (subgrupo Encontramos, dos elementos en Padru Jossu, San-
I) y en menor mesura en mineral, talco (esteatita) de luri (estrato II y III) elaborados con el exoesqueleto de
color verde azulado (subgrupo II), y presentan un ta- un escafópodo, del género Antalis, de la familia Den-
maño variable (longitud 1,5/3,7 cm; anchura 0,6/1,45 taliidae, por lo tanto uno perteneciente al Campanifor-
cm; diámetro 0,1/0,8 cm). me A y el otro al Campaniforme B de G. Ugas (1998b,
El subgrupo I comprende doce cuentas en hueso 267, Fig. 7, 269, Fig. 9).
y/o marfil (subgrupo I), que han sido ordenadas en Las cuentas de escafópodo, se conocen en Cer-
dos tipologías diferentes. El primer tipo (tipo I) cons- deña ya desde el Neolítico, pudiéndose citar los ele-
tituido por nueve elementos, comprende las piezas mentos en Dentalium de la Grotta Rifugio de Olie-
con cuerpo circular o elíptico (un glóbulo central), na (Contu, 2006, 85), o los ornamentos eneolíticos
y dos alitas laterales, los cinco pequeños elementos del collar encontrado en el yacimiento de la calle
del estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Fig. 6. 16) Basilicata en Cagliari (Atzeni, 2003, 23 lám. 26) de
(AA.VV., 1998, 328), las dos cuentas de la necrópolis cronología Monte Claro y, por tanto, incluso posible-
de Anghelu Ruju, (tumba III, tumba XIII) (Taramelli, mente contemporáneos al fenómeno campaniforme,
1904, 323-335; 1909a, 413-431), de incierta crono- y los ornamentos en concha continuarán a ser utiliza-
logía, y dos elementos con morfología casi cilíndrica dos hasta época nurágica (Bronce medio y reciente)
de la tumba de Is Calitas Soleminis (Manunza et alii, (Fois, 2000, 28).
2005, 150, 176). Al tipo II, con dos glóbulos centra-
les, pertenecen tres cuentas. Una pieza de la Colec-
ción Pispisa de Carbonia, que presenta dos glóbulos 2.6. Cuentas troncocónicas y bicónicas
circulares centrales y dos apéndices semicirculares
(Fig. 6. 12) (AA.VV., 1988, 65-66.), aunque no pode- Las cuentas troncocónicas, aunque podría tratarse
mos, declarar con seguridad su pertenencia al periodo también de anillos, botones, fusaiolas o appliques para
campaniforme, ignorando su contexto arqueológico. decorar alfileres, armas o instrumentos diferentes,
Esta cuenta presenta fuertes analogías formales con son elementos de morfología troncocónica y sección
un pequeño elemento, de problemática interpretación trapezoidal, y presentan una perforación central en
cronológica, hallado en la gruta Taní de Carbonia, sentido longitudinal a su eje máximo. Los elementos
aunque este fue obtenido trabajando una roca (Ferra- examinados tenían perforación bicónica, cilíndrica o
rese Ceruti, 1997, 546). Otros dos elementos, uno del troncocónica, y habían sido elaborados con los exoes-
estrato III (podría ser intrusivo) y otro del estrato II de queletos de bivalvos, de la especie Pectunculus del
Padru Jossu, Sanluri, con dos glóbulos elípticos cen- género Glycymeris, de la familia Glycymeridae, o pro-
trales y dos apéndices trapezoidales con los ángulos bablemente de bivalvos de la familia Cardidae. Las
redondeados (AA.VV., 1998, 323, 329; Ugas, 1998b, dimensiones medias son de 1,9 y 2,8 cm de diámetro y
268, 273), se incluyen en este tipo. Pertenecen al sub- 0,4 y 1 cm de espesor.
grupo II tres cuentas en mineral (talco-esteatita) del Este grupo de ornamentos, se documenta solo en
collar de la tumba XXX de la necrópolis de Anghe- las fases epicampaniformes; por eso algunos investi-
lu Ruju, Alghero, con cuerpo central elíptico y alitas gadores los consideran elementos exclusivos de la fa-
rectangulares, que vienen colocadas en el Eneolítico cies de Bonnanaro (Manunza et alii, 2005, 145). Fue-
Final (AA.VV., 1998, 296). En este subgrupo por lo ra de Cerdeña recordamos, en el Bronce Antiguo, los

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 19

elementos similares de la cultura de Polada (Barich, muchos casos hallados en posición anatómica, como
1971, 121, Fig. 19, 122). demuestran elementos del ajuar de tumbas de la Cues-
Dos cuentas troncocónicas, se conservan en uno ta del Negro (Purullena, Granada) (Torre, 1974; Con-
de los collares de Capo S’Elia (Atzeni, 2003, lám. 1. treras et alii., 1997, 143).
2), otro elemento aparece entre los ornamentos de la
Colección Doneddu, de Carbonia (Fig. 6. 11), y seis
cuentas decoran el collar (Atzeni, 2007, 89 lám. XIII 2.8. Cuenta con alitas
2) de Cuccuru Nuraxi, Settimo San Pietro, cuatro pro-
ceden de la tumba de Is Calitas, en Soleminis (Manun- Hay un pequeño elemento, en alabastro o más proba-
za et alii, 2005, 173), dos cuentas de las tumbas XVIII blemente en calcita, sin perforación, del estrato III,
y XXV de la necrópolis de Anghelu Ruju, Alghero fase A de Padru Jossu, Sanluri, que según su descu-
(Taramelli, 1909a, 446-451, 495-497), y un elemento bridor, G. Ugas, recuerda en su morfología las «perles
de incierta atribución cronológica de la necrópolis de o pendeloque à ailettes» típicas de Francia (cuentas o
Su Crocifissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, colgantes con alitas) (Ugas, 1998b, 266-267), y en este
1974,169). caso constituiría un unicum en Cerdeña.
Las cuentas bicónicas, son elementos de morfo- En el resto de Italia ornamentos pertenecientes a
logía bicónica y sección romboidal, y presentan una este grupo (en glóbulos y a cuerpo único) fueron ha-
perforación, de forma circular y sección cilíndrica, llados en algunos yacimientos eneolíticos del norte,
central en sentido longitudinal a su eje máximo. en particular modo en Liguria, en algunas grutas de la
En los yacimientos campaniformes sardos exami- Valle Argentina (Imperia), como la Arma della Grà di
nados este grupo de adornos se encuentra sólo en dos Marmo (Realdo, Triora), donde se encontraron 19 col-
sepulturas. Una cuenta obtenida del exoesqueleto de gantes, en mármol o calcita (Ricci, 1988), y en la mis-
un bivalvo (Glycymeridae o Cardidae) aparece en uno ma región en la Val Maremmola, la Tana di Armusso
de los collares de Bingia e’ Monti, Gonnostramatza, (Savona) (Odetti, 1987-88; 1988). En Lombardía los
(AA.VV., 1998a, 306) y al menos seis cuentas proce- mismos elementos aparecieron en la Buca di Andrea
den de la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero, en di Zogno, en el Buco del Corno di Entratico, en el Bus
caliza blanca (Taramelli, 1909a, 504-517). della Scabla di Aviatico (Poggiani Keller, 1988, 409),
En realidad estas piezas por su forma y dimensio- y en una variante, en el Buco della Strega di Magre-
nes (con un diámetro alrededor de los 3 cm), pueden glio, mientras que en el Véneto en las Colombare de
ser interpretados no sólo como cuentas de collar, sino Negrar (Cocchi Genik, 1996b, 247).
también como separadores de cuentas, y ésta sería la Esta tipología de colgantes, está ampliamente re-
función del elemento del collar de Bingia e’ Monti presentada en la Francia Meridional, su presencia en
(AA.VV., 1998a, 306) aunque no podemos descartar la Liguria y su difusión en Lombardía y Véneto, puede
su posible uso como fusayolas. ser un claro indicio de los contactos entre el territorio
francés y la Italia septentrional (Cocchi Genik, 1996b,
244, 247); y naturalmente si el hallazgo sardo entrara
2.7. Cuentas en espiral en este grupo de ornamentos, podría ser un elemen-
to más para poder demostrar que también la isla de
Son piezas formadas por barritas o hilos de cobre en Cerdeña en el Eneolítico tenía relaciones con estas
espiral. Contamos sólo con cuatro elementos, tres de regiones.
la tumba XXX de Anghelu Ruju, Alghero y uno con
13 giros de espiral, de Cuguttu, en Alghero (longitud
2,5 cm) (Taramelli, 1909a, 504-517; Taramelli, 1909b, 3. COLGANTES
102). Por sus reducidas dimensiones descartamos su
uso como anillos, pero podría tratarse de cuentas, pen- 3.1. Colgantes de dientes enteros
dientes, o elementos utilizados para decorar el pelo, en
particular para bloquear las trenzas (pasadores). Son elementos de morfología natural (Fig. 5. 29-35;
Joyas en espiral, se encuentran en Europa en las Fig. 6. 3), perforados en la raíz, trasversalmente al eje
áreas afectadas por el fenómeno campaniforme, y mayor, para poderlos adaptar a la suspensión. En algu-
también en la cultura de los vasos cordados (Turek y nos elementos se puede notar una parcial modificación
Černý, 2001, 603). Ejemplos campaniformes son los morfológica.
anillos en espiral en oro de São Pedro do Estoril, en- Se han analizado colgantes obtenidos de caninos
contrados enrollados en las falanges de los inhuma- de cánidos (Canis Familiaris y Vulpes Vulpes) (sub-
dos (AA.VV., 2005, 165). En España esta morfología grupo I), de cérvidos (Cervus Elaphus) (subgrupo II),
de adornos será característica de la Cultura Argárica, bóvidos (Bovis) (subgrupo III), de oso o hipopótamo
utilizados como pendientes (diámetro entre los 0,4 (subgrupo IV), y también dientes humanos (subgru-
y 4,7 cm), anillos (diámetro entre los 0,9 y 2,2 cm) po V) en el estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Lilliu,
(Montero-Ruiz, 1992) u ornamentos para el pelo, y los 1999, 148; Ugas, 1998b, 271). No trataremos en este
de dimensiones mayores usados como brazaletes y en apartado los colgantes, obtenidos de colmillos de

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20 CLAUDIA PAU

jabalí, puesto que los hemos incluido en la categoría 55, 56) y de Is Calitas (diez) (Manunza et alii, 2005,
de los colgantes en forma de creciente lunar. 168). Presentan una morfología oval y la base abulta-
Los dientes de cánidos perforados (subgrupo I), da, y sección plano-convexa, como pequeñas gotas, y
pertenecieron a Canis Familiaris y Vulpes Vulpes, pre- una perforación en el extremo distal de forma circular
sentan forma alargada, y una extremidad puntiaguda, u oval, de sección cilíndrica, troncocónica o bicónica.
como pequeños cuernos, y una perforación de forma Dos de los elementos de Capo S’ Elia están fragmen-
circular y sección cilíndrica, troncocónica o bicóni- tados. Además hemos añadido a nuestro análisis, los
ca en la raíz. Los colgantes de dientes de cánidos se colgantes de diente de ciervo (Cervus Helafus), que
han encontrado en ocho yacimientos de los estudia- constituyen con los dientes de cánidos (Vulpes Vul-
dos, todos lugares funerarios (Capo S’Elia en Caglia- pes), uno de los collares en marfil de Bingia ‘e Monti
ri, Colección Doneddu de Carbonia, Padru Jossu en en Gonnostramatza, que vienen fechados, según el ca-
Sanluri, Monte Luna en Senorbí, Bingia ‘e Monti en tálogo de «Simbolo ed enigma, il bicchiere campani-
Gonnostramatza, Cuguttu y Anghelu Ruju en Alghe- forme e l’Italia nella preistoria europea del III millen-
ro, Su Crucifissu Mannu en Porto Torres) (AA.VV., nio a.C.» de 1998, en el periodo comprendido entre el
1988, 61; AA.VV., 1990, 69-72; AA.VV., 1998, 306; Eneolítico Final y el Bronce Antiguo (AA.VV., 1998,
Castillo Yurrita, 1928, 121; Ferrarese Ceruti, 1974, 306).
164; Taramelli, 1904; 1909a; 1909b; Ugas, 1982, 22; El tercer subgrupo (subgrupo III) está constitui-
lám. XVI) y podemos precisar que se trata de un tipo do por los colgantes obtenidos de dientes incisivos
de adorno utilizado por todo el periodo de desarrollo de bóvidos (Bovis Taurus), y en realidad está forma-
del campaniforme en Cerdeña, aunque no podemos do por escasos elementos, tres dientes perforados en
considerarlo un elemento exclusivo de este fenómeno, la raíz, de la tumba hipogeico-megalítica de Bingia
siendo muy común desde el Neolítico en todo el Medi- ‘e Monti en Gonnostramatza, el primero de 3,8x1,4
terráneo (Manunza et alii, 2005, 144) y también en las cm, el segundo 3,2x0,8 cm y el tercero 3,3x1,1 cm,
necrópolis prehistóricas de Cerdeña (Ferrarese Ceruti, fechados entre el Eneolítico Final y el Bronce Antiguo
1974, 164), donde continúa a ser utilizado también en (AA.VV., 1998, 299).
época nurágica (precisamente en el Bronce medio) con El cuarto subgrupo (subgrupo IV) está formado por
los colmillos de jabalí (Palmavera en Alghero, Punta los dientes perforados de oso, como los hallados en
Niedda en Portoscuso, Nuraghe Bullitas en Alghero) la necrópolis de Anghelu Ruju, (tumbas XIII y XVII)
(Fois, 2000, 28, 29). El segundo subgrupo de colgan- de dificultosa interpretación cronológica (Taramelli,
tes (subgrupo II), se realizaba utilizando diente de 1909a, 421-422, Fig. 12), y el colgante en forma de
ciervo (Cervus Elaphus), y con una preferencia por los pez del estrato II de Padru Jossu Sanluri, (en diente
atrofiados (geminación de caninos). Algunos investi- de oso o de hipopótamo) (Ugas, 1998b, 271) fechado
gadores subrayan que esta tipología ornamental, ya en el campaniforme B de G. Ugas, con dos agujeros,
conocida desde momentos preneolíticos en contextos uno en la raíz pasante, y un segundo en posición orto-
europeos, por ejemplo en los yacimientos epipaleolí- gonal en el dorso, creando una perforación en forma
ticos franceses de Tèviec o Höedic (Pérez Arrondo y de «lambda» (dimensiones 5,6x1,8x1,2cm) (AA.VV.,
Lopez de Calle Cámara, 1985, 24), o en el deposito 1998, 328).
Epigravettiano de las Arene Candide en Italia (Coc- Por último señalamos, que en el Estrato II de Pa-
chi Genik, 1996a, 229; 2009, 104-105), se atestigua dru Jossu, Sanluri, G. Ugas, hipotiza que puedan
en Cerdeña, a excepción de un elemento de la gruta pertenecer a uno de los collares, cuyos elementos se
de Sa Ucca de Su Tintirriolu de Mara, (Ferrarese Ce- hallaron en el exterior del hipogeo cerca del nicho 1,
ruti, 1974, 361), sólo desde el Bronce Antiguo inicial, cinco muelas humanas todavía sin perforación (Ugas,
cuando se sienten todavía los ecos del fenómeno cam- 1998b, 271), lo que sería el único caso en la Cerdeña
paniforme; por lo tanto, estos estudiosos indican que campaniforme (subgrupo V), mientras que en épocas
todos estos elementos, a excepción naturalmente del anteriores se señalan dientes humanos utilizados como
caso, citado anteriormente, de Mara, proceden de con- colgantes como los hallados en sepulcro en fosa en la
textos Bonnanaro, y consideran este ornamento como gruta natural de Rurèu-Alghero, asociada a objetos del
«fósil guía» de esta cultura (Contu, 2006, 436-437; neolítico reciente (Lilliu, 1999, 148).
Ferrarese Ceruti, 1997, 361; Manunza, 2001, 681).
M.L. Ferrarese Ceruti habla de ocho ejemplares co-
nocidos en Cerdeña (gruta de Capo S’Elia en Cagliari, 3.2. Colgantes en forma de creciente lunar
de S’Orreri en Fluminimaggiore y de la tumba de Cuc-
curu Nuraxi en Settimo San Pietro) (Ferrarese Ceruti, En este grupo (colgantes en forma de creciente lunar o
1981, LXXIV), mientras que M.R. Manunza habla de colgantes en forma de arco) (Fig. 6. 14-15) insertamos
nueve ejemplares anteriores a los diez encontrados en todos los ornamentos estudiados que presentan forma
Is Calitas, Soleminis (Manunza et alii, 2005, 145). arqueada, natural o artificial, que hemos dividido en
En el presente trabajo se han estudiado dientes subgrupos según el soporte en el que fueron realiza-
atrofiados de ciervo, de Capo S’Elia (tres), de Cuccu- dos, colmillos de suido (Sus Scrofa) (subgrupo I), hue-
ru Nuraxi (tres) (Ferrarese Ceruti, 1997, 361, 379 Fig. so (subgrupo II), o concha (subgrupo III).

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 21

Estos adornos, en época campaniforme son carac- la sujeción. El tipo 1, podía presentar una perforación
terísticos de Europa Central (Salanova, 2005, 11), y (doble agujero) localizada en uno de los lados, como
se han atestiguado también en la Francia Meridional en los colgantes centrales de los collares del estrato
(Lemercier, 2002, 123), en Portugal, en mármol y ca- II de Padru Jossu en Sanluri, dos de los colgantes de
liza, como los ejemplares decorados de la gruta de Ca- Ponte Secco, Porto Torres, y los 4 colgantes de Bin-
renque (Sintra) y los de la tumba de Cabeço da Arruda gia e’ Monti en Gonnostramazta; podía presentar una
(Torre Vedras) (Veiga Ferreira, 1966, lám. I, 119-120; única perforación central (doble agujero) como los 9
III 17,18; E 65,76), y en Italia en particular en Lom- colgantes de Is Calitas, Soleminis o una única perfo-
bardía en Ca’ di Marco (Cocchi Genik, 1996b, 291), ración central (un agujero) en los dos colgantes del es-
y Santa Cristina di Fiesse (Brescia) (AA.VV., 1994) y trato II de Padru Jossu en Sanluri, los dos elementos de
en Toscana en Pectunculus en la Gruta del Fontino, y Capo S’Elia de Cagliari o el de Cuguttu en Alghero; o
en los yacimientos eneolíticos de la Grotta del Leone podía tener una doble perforación central (doble agu-
di Agnano, y de la Buca de San Antimo en Montalcino jero) como el colgante del estrato III de Padru Jossu,
(Vigliardi, 1980, 279, 280, Fig. 10). Sanluri; también podían presentar una perforación en
Este grupo de adornos, obtenidos de colmillos de posición central y una segunda en el ápice como el
suidos, es conocido en Cerdeña ya desde el Neolítico, colmillo de jabalí de Bingia e’ Monti en Gonnostra-
como ejemplifican los colgantes de colmillo de jabalí matza. Este tipo de adorno fue utilizado preferente-
con agujero para la suspensión de la Grotta Rifugio mente como colgante central en los collares. El tipo 2,
de Oliena (Contu, 2006, 85), y persistirán, con los puede presentar acanaladuras en los dos lados y podía
dientes perforados de animal, hasta época nuragica ser utilizado en la decoración de los brazalete (pul-
(en el Bronce medio en particular), como ya hemos seras o tobilleras) más que en collares (Ugas, 1998b,
comentado anteriormente (Fois, 2000, 28-29). Según 271), como el colmillo del Estrato II de Padru Jossu
Ferrarese Ceruti, se podría suponer que este tipo de en Sanluri, o presentar en una sola de las extremidades
ornamento llegó a la isla desde las Alpes, a través de la dobles acanaladuras con perforación como uno de los
Toscana, o directamente desde la Francia Meridional tres colmillos de la Collección Erriu conservados en
(Ferrarese Ceruti, 1997, 335); y nosotros considera- el Museo Archeologico Nazionale de Cagliari, o una
mos que la presencia de este hallazgo utilizado como perforación en el centro y en la extremidad acanala-
adorno, en esta gran área europea, es un claro testimo- duras como uno de los colmillos de suido (Sus Scrofa)
nio de relaciones culturales y contactos entre los terri- de Is Calitas en Soleminis. Hay también colmillos sin
torios europeos, en los cuales Cerdeña por su posición perforación o acanaladuras (tipo 3), como los siete ele-
central en el Mediterráneo, tenía que haber tenido, en mentos de Bingia e’ Monti en Gonnostramatza.
la Prehistoria, una función importante y esencial. El segundo subgrupo está formado por colgantes
El primer subgrupo está formado por los colmillos en forma de arco, realizados con soporte óseo; mi-
de jabalí. Estos hallazgos aparecen en diez de los ya- den entre los 0,6 y 2 cm de longitud, y lo 0,5 y los
cimientos estudiados (Capo S’Elia en Cagliari, Colec- 8,9 cm de anchura. Pueden tener el cuerpo estilizado
ción Erriu de Cagliari, Padru Jossu en Sanluri, Monte o compacto, con los márgenes cóncavo-convexos o
Luna en Senorbí, Is Calitas en Soleminis, Bingia e’ plano-convexos y los ápices laterales puntiagudos o
Monti en Gonnostramatza, Colección privada de Ga- redondeados. Presentan única (tipo 1) o doble (tipo 2)
voi, Anghelu Ruju y Cuguttu en Alghero, Ponte Sec- perforación circular u oval pasante en posición central
co en Porto Torres) (AA.VV., 1990, 69-72; AA.VV., o en el centro del margen superior. Destaca un ele-
1998, 304, 323 y 325-328; Atzeni, 1980, 39 y 41; Con- mento con el margen superior decorado por una fila
tu, 1955, 27, 35 y 38; Ferrarese Ceruti, 1997, 230; Ma- de puntos incisos de Bingia e’ Monti Gonnostramatza
nunza et alii, 2005, 144 y 166-167; Ugas, 1998b, 271; (AA.VV., 1998, 301). Esta decoración es conocida en
Taramelli, 1904, 323-335; 1909b 101-103), y cubren el campaniforme europeo, por ejemplo la podemos en-
la fase cronológica completa del campaniforme sardo. contrar en un pectoral en plata en forma de arco de la
Varían en sus dimensiones con una longitud máxima tumba de Villafranca Veronese (AA.VV., 1994), en la
de 4,2 cm e una mínima de 10,9 cm, y un anchura en- Italia del Norte. Forman parte de este grupo los cuaren-
tre los 0,2 y los 2,2 cm. El colgante podía conservar ta y un elementos de Bingia ‘e Monti, Gonnostramatza
la forma natural del colmillo, podía estar cortado en (AA.VV., 1998, 299-303), y dos colgantes de la tumba
la raíz, o ser trabajado y reducido en lámina. Hemos XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju con una y dos
dividido este subgrupo de adornos, en 3 tipos morfo- perforaciones (Taramelli, 1909a, 413-431). Podemos
lógicos relacionados al método de sujeción. El tipo 1 también añadir un elemento hallado en la tumba III
presenta perforación pasante de forma circular o lige- de la misma necrópolis, que no hemos podido anali-
ramente oval y sección troncocónica o cilíndrica, y por zar y que su descubridor describe como un «pendaglio
lo tanto se podía sujetar por suspensión (presente des- d’osso foggiato come una difesa di cinghiale, ma tratto
de el Eneolítico Final hasta el Bronce Antiguo Inicial); da altro osso o forse anche dal corno di un cervo»
el 2 presenta acanaladuras y se podría atar, enrollando (Taramelli, 1904, 327). El subgrupo III está formado
un hilo o una cuerda (presente en la fases finales del por colgantes obtenidos de los caparazones de conchas
campaniforme); el tipo 3 no presenta elementos para marinas trabajados en modo de obtener una forma de

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22 CLAUDIA PAU

creciente lunar. Tres elementos en exoesqueleto de 1904, 1909a; 1909b; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9), y po-
bivalvo (Glycymeridae o Cardidae), con perforación demos localizar estos adornos, cronológicamente du-
central proceden de Bingia e’ Monti Gonnostramatza rante todo el desarrollo del fenómeno campaniforme
(AA.VV., 1998, 305) y tres colgantes probablemente en Cerdeña.
de las mismas familias de conchas, de la necrópolis de Se trata de una tipología ornamental muy apreciada
Su Crucifissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, en el mundo antiguo, también en la Cerdeña prehistó-
1997, 349, Fig. 146 y 149) rica, en particular modo en la Cultura de Ozieri (Ferra-
rese Ceruti, 1974, 168), seguramente por la fácil acce-
sibilidad del material, y por la rápida elaboración; en
3.3. Colgantes ovales el caso de los exoesqueletos recogidos post-mortem,
tal vez se podía disfrutar de una perforación natural.
Son piezas de morfología oval y sección cóncavo-
convexa, con la base abultada que imitan la forma
de los caninos atrofiados de ciervo, y presentan una 3.5. Colgantes de concha entera
perforación de forma circular y sección cilíndrica o
troncocónica. Los colgantes de concha entera (Fig. 5. 28), son or-
Hay solo nueve elementos (del Bronce Antiguo namentos obtenidos conservando la morfología ana-
Inicial de Is Calitas, Soleminis, obtenidos probable- tómica natural del caparazón de moluscos marinos o
mente de los exoesqueletos de bivalvos (Glycymeri- terrestres, y presentan una o más perforaciones inten-
dae) (Manunza et alii, 2005, 145). No parecen tener cionales, de forma circular, oval o irregular.
paralelos con otros adornos sardos, mientras que en En los bivalvos la perforación estaba en el dorso,
Italia hay hallazgos parecidos en cerámica en el Véne- en posición central o excéntrica, en el ápice o en la
to en el Bronce inicial (Ferrarese Ceruti, 1997, 360), charnela; en los gasterópodos en posición dorsal o api-
y en España hay colgantes ovales que imitan dientes cal; en los escafópodos se aprovechaba la perforación
de ciervos en roca, mineral, hueso y concha, desde el natural.
neolítico y el eneolítico (Barciela, 2008, 72). Este grupo de ornamento aparece en toda la se-
cuencia campaniforme. Se utilizaron exoesqueletos de
gasterópodos, del género Cypraea, de la familia Cy-
3.4. Colgantes laminares en concha praeidae (Fig. 6. 1-2) (Capo S’Elia en Cagliari, Colec-
ción Doneddu de Carbonia, estrato II de Padru Jossu
Son ornamentos obtenidos trabajando el exoesqueleto en Sanluri, tumba XIII, XXX de la necrópolis de Ang-
de conchas marinas (familia Cardidae, Glycymeridae, helu Ruju en Alghero) (AA.VV., 1988, 57-63; Colini,
Donacidae o Tellinidae) (Fig. 5. 1-27; Fig. 6. 4-6), 1898, lám. XIX; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9; Taramelli,
en la mayoría de los casos se utilizaban directamente 1909a, 413-431 y 504-517), del género Columbella,
fragmentos de conchas, que habían sido trasformadas familia Columbelidae, (Colección Doneddu de Carbo-
por agentes naturales, como la abrasión marina. Pre- nia, estrato II de Padru Jossu en Sanluri, Monte Luna
sentan una morfología alargada, elíptica, o subelíptica, en Senorbí) (AA.VV., 1988, 57-63; AA.VV., 1990, 69-
tal vez subtriangular, subrectangular, subtrapezoidal, 72; Ugas, 1998b, 269, Fig. 9), del género Conus de la
subcircular, o subpoligonal, sección plana, plano- familia Conidae (estrato II de Padru Jossu en Sanluri)
convexa o cóncavo-convexa, con una perforación ex- (AA.VV., 1998, 327), del género Nassa de la familia
céntrica en uno de los extremos, de forma circular y Nassaridae (Bingi ‘e Monti Gonnostramatza, tumba
sección cónica, bicónica, cilíndrica o irregular, aunque XIII de la necrópolis de Anghelu Ruju en Alghero)
se han encontrado elementos sin perforación. Presen- (AA.VV., 1998, 306; Taramelli, 1909a, 413-431),
tan dimensiones variables, longitud 1/3,8 cm, anchura del género Patella, familia Patellidae (Capo S’Elia
0,98/1,4 cm, espesor 0,14/1,3 cm. en Cagliari, tumba XVII de la necrópolis de Anghelu
Este tipo de ornamento, es muy conocido en los Ruju en Alghero) (Colini, 1898, lám. XIX; Taramelli,
contextos campaniformes sardos, y se encuentra en 15 1909a, 442-450), del género Charonia, familia Rane-
de los yacimientos examinados, (Capo S’Elia, Colec- llidae (tumba XIX de la necrópolis de Anghelu Ruju
ción Doneddu de Carbonia, Padru Jossu en Sanluri, en Alghero) (Taramelli, 1909a, 451-460); exoesquele-
Monte Luna en Senorbí, Cuccuru Nuraxi en Settimo tos de bivalvos, del género Cerastoderma de la familia
San Pietro, Is Calitas en Soleminis, Bingia ‘e Mon- Cardiidae (Estrato II, III de Padru Jossu en Sanluri,
ti en Gonnostramatza, Colección privada de Gavoi, Is Calitas en Soleminis, tumba XIII de la necrópolis
Anghelu Ruju, Cuguttu y Taulera en Alghero, Mari- de Anghelu Ruju en Alghero, Marinaru, Porto Torres,
naru, Ponte Secco y Su Crocifissu Mannu en Porto S’Elighe Entosu en Usini) (Contu, 1955, 63; Manca,
Torres, S’Elighe Entosu en Usini) (AA.VV., 1988, 61; 2010, 238; Manunza et alii, 2005, 174; Taramelli,
AA.VV., 1990, 69-72; Atzeni, 1998, 258; 2003, lám. 1909a, 413-431; Ugas, 1998b, 267, Fig. 7, 269, Fig. 9)
I; Atzeni, 2007, 52-53; Contu, 1955; Ferrarese Ceruti, y del género Glycymeris, de la familia Glycymerididae
1974, 168; 1997, 193-194 nota 184, 228 y 230; Manca, (Ponte Secco y Su Crucifissu Mannu en Porto Torres)
2010, 238-239; Manunza et alii, 2005, 145; Taramelli, (Contu, 1955, lám. Ib; Ferrarese Ceruti, 1974, 169).

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 23

Además hay que añadir las cuentas realizadas con el de forma circular y sección cilíndrica (tipo 2), sin per-
caparazón de caracoles terrestres, halladas en el estra- foración (tipo 3).
to II de Padru Jossu en Sanluri (Ugas, 1998b, 267, Fig. El primer subgrupo está constituido por elementos
7; 269, Fig. 9). en roca (subgrupo I) metamórfica con un colgante en
Los colgantes de concha perforada, se conocen en cuarcita de la tumba III y un ornamento en roca sedi-
Cerdeña ya desde el Neolítico, pudiéndose citar los mentaria (jaspe) de la tumba XVIII, de la necrópolis de
elementos neolíticos obtenidos de exoesqueletos de Anghelu Ruju, Alghero, los dos elementos presentan
Columbella Rustica de la Grotta Rifugio de Oliena una única perforación. De la tumba XIII, de la misma
(Contu, 2006, 85), o los ornamentos eneolíticos reco- necrópolis, proviene un colgante en roca metamórfi-
gidos en el collar de la tumba en cista lítica de San ca (esquisto), con una doble perforación en el margen
Gemiliano di Sestu (Atzeni, 2007, 335, lám. XXI), o superior, (Taramelli, 1904, 323-336; 1909a, 413-431
en el collar encontrado en el yacimiento de la calle y 446-451), que encuentra fuertes parecidos con los
Basilicata en Cagliari (Atzeni, 2003, 23, lám. 26), y elementos malteses (AA.VV., 2002, 72; Sultana, 2006,
los ornamentos en concha continuarán a ser utilizados 14, 33; Trump, 2008, 213). En mineral de color verde
hasta época nurágica (Bronce medio y reciente) (Fois, claro, talco (esteatita) (subgrupo II) hay una pequeña
2000, 28). hacha que proviene de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
Algunos colgantes, fueron realizados, utilizando 1909b, 103, Fig. 2) y cuatro colgantes de Su Cruci-
no el caparazón de la concha, sino el material córneo, fissu Mannu, Porto Torres (Ferrarese Ceruti, 1974,
situado sobre el pie de un gasterópodo, el que cerraba, 145-150; 1997, 349), y todos los ejemplares presentan
cuando el molusco se encontraba en su interior, hermé- una única perforación pasante en el extremo superior.
ticamente la boca de la concha (Saunders, 1991, 60). En piedra indefinida, encontramos un colgante de la
Los opérculos recogidos, seguramente en las orillas Colección Doneddu de Carbonia, y otro de la tumba
del mar, venían sucesivamente perforados, y utilizados XXX de la necrópolis de Anghelu Ruju (Taramelli,
como ornamentos. Opérculos del gasterópodo Astraea 1909a, 504-517), y también dos elementos de la tumba
Rugosa (Turbo Rugosus) de la familia Turbinidae, vie- XVII, de la misma necrópolis que no presentan perfo-
nen utilizados como colgantes en uno de los collares ración (Taramelli, 1909a, 442-446). El tercer subgrupo
de Capo S’Elia, Cagliari (Atzeni, 2003, lám. I), otros de colgantes en forma de hacha comprende los ele-
dos elementos fueron hallados respectivamente, en la mentos en material malacológico (subgrupo III), como
tumba XXX de la necrópolis de Anghelu Ruju (Tara- el ornamento de Is Calitias Soleminis obtenido del
melli, 1909a, 514), y en la necrópolis de Cuguttu (Ta- exoesqueleto de un bivalvo de la especie Pectunculus,
ramelli, 1909b, 102). Este grupo de colgantes, fue uti- género Glycymeris, familia Glycymeridae, con única
lizado en Cerdeña también en épocas sucesivas, como perforación pasante, más tardío, perteneciente ya al
demostraría el collar de época nuragica, de S’Iscia ‘e Bronce Antiguo (Manunza et alii, 2005, 145 y 170).
Sas Piras, Usini, compuesto de mil novecientos nueve Incierta es la atribución al campaniforme de tres ele-
óperculos de Cyclostema Elegans (Fois, 2000, 27). De mentos, dos colgantes en forma de hacha, hallados en
todas formas, no tenemos que olvidar que, también en el hipogeo de Sant’Iroxi, Decimoputzu, uno en roca de
la actualidad, los opérculos de Astraea Rugosa, llama- color verde (probablemente caliza) (Ugas, 1990, lám.
dos vulgarmente «orejillas» u «ojos de Santa Lucia» XXVI), y el segundo en hueso que podrían pertenecer
vienen recogidos y utilizados para decorar joyas, co- a la facies de S’Iroxi y un pequeño elemento de la tum-
llares, anillos, brazaletes, alfileres o pendientes. ba I de Santu Pedru, Alghero (Contu, 1964, 188), en
concha o hueso, que podría pertenecer a época anterior
(Neolítico Reciente).
3.6. Colgantes en forma de hacha Estos colgantes, que reproducen en miniatura la
morfología de las hachas, con o sin perforación, están
Son aquellas piezas de morfología trapezoidal o sub- ampliamente atestiguados en Cerdeña desde el Neo-
trapezoidal (Fig. 6. 8), con los márgenes redondeados, lítico (Ferrarese Ceruti, 1997, 334), y debemos citar,
sección plana, o en algún caso ligeramente cóncavo- por su similitud morfológica con los elementos estu-
convexa y con el corte rectilíneo. Presentan dimensio- diados, los colgantes en piedra, de Oliena, y de Orista-
nes reducidas, entre los 0,7 y 3,9 cm de longitud, los no, el de Bau Porcus en micaesquisto y el de Cuccuru
0,5 y 1,5 cm de espesor, y un anchura entre los 1 y Arenas en esquisto gris; estos dos últimos presentan
2,9 cm en la base, y 0,6 y 2,2 cm en la extremidad decorados una cara humana estilizada, a doble arco
superior. con dos puntos por ojos el primero y una «protome
Además de dividir este grupo de cuentas en sub- taurina» el segundo (Contu, 2006, 208; Ferrarese Ce-
grupos en relación al material utilizado para su elabo- ruti, 1974, 146-148). Se puede encontrar todavía algún
ración, hemos también señalado la presencia en Cer- colgante-hacha en plena época nuragica (Contu, 2006,
deña de tres variantes tipológicas: elementos con una 373; Fois, 2000, 37). Fuera de la Cerdeña, recorda-
perforación en el extremo superior, de forma circular, mos la presencia de colgantes parecidos en los estratos
troncocónica y sección bicónica, o cilíndrica, (la tipo- más antiguos de Troya (Contu, 1964, 188), y en Mal-
logía más abundante) (tipo 1), con dos perforaciones ta, los colgantes en piedra verde de forma de hacha

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24 CLAUDIA PAU

de Hal Saflieni (AA.VV., 2002, 72; Sultana, 2006, 14, productos de importación, y se sugiere un origen afri-
33; Trump, 2008, 213). En Italia, indicamos a título de cano, «nel momento in cui l’Egitto si avviava alla fine
ejemplo, los colgantes sicilianos de la necrópolis de del Medio Regno con la XII dinastía (1991-1786 a.C)
Uditore, Conca d’Oro (Cassano y Manfredini, 1975, prima di essere travolto dagli Hyksos» (Ugas, 1998b,
197, Fig. 29), de Caccamo, Termini Imerese (Bovio 271). Esta hipótesis sería comprobada por la presencia
Marconi, 1944, 111, Fig. 41), y de las Caverne de Vi- del mismo tipo de perforación « il est percé, sur une
llafrati (Bovio Marconi, 1944, 88-97) en Palermo, y face, au milieu du reflement central, de deux trous, qui
los de la necrópolis de Marcita, Castelvetrano (Tusa et convergent, en une seule ouverture sur l’autre face»
alii, 1997, 46), y de la gruta de Torrebigini, Partanna, (Vandier, 1952, 404) en el único botón o colgante con
en Trapani (Tusa, 1998, 215, Fig. 2). apéndices laterales hallado en Nagada, en Egipto, per-
teneciente a la serie 19L del esquema de los colgantes
con apéndices laterales de O. Cornaggia Castiglioni,
3.7. Colgantes rectangulares G. Calegari, (Cornaggia Castiglioni, Calegari, 1980,
231, Fig. 1, 234, Fig. 2.1., 236). G. Ugas, además pone
Son piezas que presentan una morfología rectangular en duda la datación en el Gerzeano, de este ornamen-
(Fig. 6. 7), con las aristas ligeramente redondeadas, to egipcio, porque fue descubierto en un contexto no
sección plana y perforación circular, en uno de los la- claramente definido, y esto lo llevaría a considerar
dos cortos, con sección cilíndrica o bicónica. este hallazgo, teniendo en cuenta las analogías forma-
Este grupo de adornos es escaso en ejemplares. les con elementos europeos más evolucionados, como
Tenemos cuatro elementos en piedra, no identificada, un producto de imitación o de importación europea
con dimensiones entre los 1 y 3,8 cm de longitud, y los occidental, llegado a Egipto por cambios comerciales
1 y 1,5 cm de anchura, uno de la colección Doneddu, que afectarían África Septentrional, Cerdeña y Sicilia
de Carbonia, y otro de la tumba III de Anghelu Ruju, Occidental, a través de la relaciones con esta última
los dos de incierta atribución campaniforme, otro pro- (Ugas, 1998b, 272). En cualquier caso hemos visto
bable colgante de morfología muy irregular, de Is Ca- que muchos de los tipos de adornos tienen un amplio
litas, Soleminis, del Bronce antiguo (Manunza et alii, desarrollo espacio-temporal.
2005, 146 y 175), y, finalmente, un colgante de Bingia
e’ Monti, Gonnostramatza. Además hay un elemento
de grandes dimensiones (longitud 7,5 cm, anchura 4 3.9. Colgantes en forma de corazón
cm), en esquisto (roca metamórfica) de la tumba XXV
de Anghelu Ruju, que para A. Taramelli recuerda los Son colgantes que presentan un cuerpo semicircular, y
colgantes de Portugal «che alcune volte sono di grandi un apéndice que facilita la suspensión, de forma cua-
dimensioni e varia decorazione graffita» (Taramelli, drangular con dos acanaladuras y perforación central.
1909a, 496), aunque las placas en esquisto portugue- La forma combinada del cuerpo y del apéndice, es la
sas son, por norma, de dimensiones mayores, como se de un pequeño corazón. Se conocen sólo cuatro ele-
puede observar de los elementos de Monte da Barca, mentos, en hueso, tres piezas del estrato III de Padru
Coruche (Gonçalves, 2011). Jossu, (AA.VV., 1998b, 321), y un elemento similar
de Bingia ‘e Monti, Gonnostramatza, (AA.VV., 1998,
305). Miden entre los 1 y 1,4 cm de longitud, 0,7 y 1
3.8. Colgantes romboidales cm de anchura, y los 0,5 y 0,7 cm de espesor.

Tenemos un único ejemplar de colgante o cuenta rom-


boidal (Fig. 6. 13), procedente del estrato III de Pa- 3.10. Colgantes globulares o planos con apéndi-
dru Jossu, Sanluri, (Campaniforme A de Ugas) (Ugas, ces para la suspensión
1998b, 263) realizado en un mineral de color verde
azulado, jadeíta, calaíta o talco (esteatita). Bien pu- Los colgantes globulares presentan un cuerpo de forma
limentado, presenta morfología romboidal con las globular y un elemento para la suspensión en la parte
aristas redondeadas, perfil ictiforme, sección elíptica superior, de forma rectangular con una perforación de
aplanada, con perforación a doble agujero en forma forma alargada. Se conservan sólo dos elementos, un
de «lambda» (longitud 1,9cm; anchura 2,6 cm) (Ugas, colgante en talco (esteatita) de color verde, de Bingia
1982, 22). e’ Monti, Gonnostramatza, (longitud 1,8 cm; anchura
Lo interesante de esta pieza además del soporte, 1,3 cm) (AA.VV., 1998, 304), y otro pequeño elemen-
piedra verde, la misma utilizada para cuentas con to, en hueso de la Tumba III de la necrópolis de Ang-
apéndices laterales y colgantes-hacha, es seguramente helu Ruju (longitud 2 cm) (Taramelli, 1904, 323-335).
la perforación que recuerda la del colgante obtenido de Los colgantes que se han denominado como planos
diente de grande mamífero, en forma de pez del estra- presentan una forma circular o subelíptica y sección
to II del mismo hipogeo (Campaniforme B de Ugas) plana con un diámetro entre los 2,1 y los 2 cm, y un
(Ugas, 1998b, 263). Para el descubridor de este ex- pequeño apéndice rectangular con los ángulos redon-
traordinario yacimiento, los dos hallazgos podían ser deados y perforación perpendicular al eje del objeto.

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 25

Tenemos dos elementos, el primero en piedra verde función diferente a la de un simple colgante, ya po-
azulada (probablemente talco-esteatita) que es el col- dría tratarse de una fíbula por el fijado del hilo (Ugas,
gante central del collar de la tumba XXX de la necró- 1998b, 272), o de un separador de hilos de collar.
polis de Anghelu Ruju (AA.VV., 1998, 296), mientras Los anillos colgantes son piezas de morfología
el segundo con cuerpo perfectamente circular, es el anular, que por sus dimensiones no podían ser anillos
elemento central en marfil de uno de los collares del ni tampoco brazaletes. Podría tratarse de colgantes
estrato II de Padru Jossu, Sanluri (Ugas, 2005, 205). o anillos para el pelo. En caliza blanca (subgrupo I)
Este último elemento está decorado con veintiocho tenemos el ornamento de la tumba XIII de Anghelu
círculos con punto central «occhi di dado», trece in- Ruju, Alghero (diámetro 7,5 cm) (Taramelli, 1909a,
cisiones en una cara y quince en la otra. Esta misma 375, Fig. 12), y los de la necrópolis de Su Crucifissu
decoración se encuentra también en un colgante pro- Mannu (diámetro alrededor de los 4,2 cm) (Ferrarese
cedente del poblado de Palazzu, en Samassi (Ferrare- Ceruti, 1974, 146-151); en metal (subgrupo II) recor-
se Ceruti, 1997, 477). Se trata de una decoración que damos el elemento en cobre o bronce, curvado con los
se repite en la Prehistoria y Protohistoria de Cerdeña; márgenes abiertos, de morfología elíptica, de la tumba
en la misma época campaniforme los «occhi di dado» XVIII (diámetro 5,1 cm) de Anghelu Ruju (Taramelli,
decoraban los botones con apéndices laterales (Pau, 1909a, 446-451), los dos pequeños elementos en lámi-
2012) y la custodia en marfil del brassard de la tum- na de cobre de morfología circular y subelíptica con el
ba XIII de Anghelu Ruju (Ferrarese Ceruti, 1981, 332, diámetro de 0,4 cm de Cuguttu, Alghero (Taramelli,
Fig. 136; Ugas, 2005, 205; Taramelli, 1909a, 423), y 1909b, 437), y un anillo en plata de 1,5 cm de diá-
como veremos, más adelante, el botón de la tumba III metro de la tumba XVIII de Anghelu Ruju (Taramelli,
de Su Crocifissu Mannu, Porto Torres (Contu, 2006, 1909a, 446-451).
370). Además el mismo motivo decorativo aparecerá
en Cerdeña, durante época nurágica, en las navajas de
afeitar en hoja cuadrangular o lunada de la Nurra, y 4. ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LOS
de Laérru o Cuglieri (Lilliu, 1988, 420-421), y en ce- SOPORTES
rámicas, como por ejemplo la decoración en el asa de
una jarra askoide del nuraghe la Prisciona de Arzache- Los materiales utilizados para la realización de cuen-
na (Contu, 2006, 679). Esta decoración es conocida tas y colgantes, son muy variados, hay elementos en
también en las demás regiones italianas, por ejemplo, materia dura animal (concha, hueso dentina y marfil),
en época campaniforme, aparece en el peine de la ne- en minerales y rocas y algún adorno en metal.
crópolis de Marcita, Castelvetrano en Trapani con filas Los hallazgos confeccionados en material maco-
paralelas de círculos con punto central en un esquema lógico pertenecían a la clase de los gasterópodos (en
casi en zig-zag (Tusa et alii, 1997, 53) y en la cultura particular de la familia Cypraeidae, Columbelidae,
de Polada podemos citar uno de los anillos o fusayolas Conidae, Nassaridae, Patellidae, Ranellidae, Turbini-
de la Torbiera de Polada (Brescia) (Barich, 1971, 121, dae), de los bivalvos (familia Cardidae, Donacidae,
Fig. 19 y 122), y el mismo motivo decora el más tardío Glycymeridae, Spondylidae, Tellinidae) y de los es-
disco de ámbar de la Terramara di Poviglio, Villag- cafópodos (familia Dentalidae). Se trata de conchas
gio Grande (Bellintani, 2010, 143). La decoración en que viven en las aguas templadas del Mediterráneo,
«occhi di dado» es conocida, también, en objetos de y constituían, sin duda, un recurso natural abundante
tumbas eneolíticas de España (Taramelli, 1909a, 426), en las costas de Cerdeña. En la mayoría de los casos
y aparece todavía en el Talayótico de Mallorca, en una examinados, parece que fueron recogidas post mortem
cuenta o botón conservado en el Museo Arqueológico en la orilla del mar, por tanto se puede suponer que la
de Barcelona, y en los discos circulares con perfora- realización de los adornos en concha, fuera precedida
ciones laterales, encontrados en la Cueva de Es Càrri- por una fase de búsqueda y recogida del material, para
tx, en Menorca que inicialmente fueron interpretados después trasladarlo a un centro de trasformación. Esta
como colgantes, pero gracias al afortunado depósito operación podía haber sido realizada, por grupos es-
de la sala 5 en perfecto estado de conservación fue po- pecializados de individuos, o por los mismos expertos
sible conocer su verdadero uso, se trataría de tapaderas en el trabajo de la concha. El hecho de que no todos
de receptáculos hechos de madera o cuerna (Lull et los yacimientos donde se han encontrado las conchas
alii, 2006, 37). trabajadas estuvieran en la costa (Padru Jossu en San-
luri, Bingia e’ Monti en Gonnostramatza etc.), sugiere
que a la recogida seguiría, en estos casos, una segunda
3.11. Fibulas-colgantes y anillos-colgantes fase la de distribución. Se podía enviar en los centros
de producción costera o la materia prima lista para ser
Hay un ejemplar en hueso de morfología elíptica, sec- trabajada, o ya el manufacturado confeccionado, en
ción plana, con doble perforación, que se ha denomi- los dos casos hablamos de procesos de relación e in-
nado como «fibula-colgante», hallado en el estrato II tercambios entre los grupos del interior y los costeros.
de Padru Jossu en Sanluri. Lo hemos aislado en uno Desde nuestro análisis, podemos ver, que se uti-
único grupo porque pensamos que podía tener una lizaron frecuentemente también huesos, dientes y

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26 CLAUDIA PAU

colmillos (Sus Scrofa) de animales y tal vez dientes G. Lilliu, sugiere, por la concentración elevada de
humanos, y probablemente astado de cérvido para elementos en esteatita en la Cerdeña Noroccidental, la
confeccionar cuentas y colgantes. Se trataría de ma- presencia de una o varios talleres de producción ubica-
teria prima local, y podemos suponer la existencia de das en esta área, utilizando la materia prima adquirida
centros de producción, o talleres, que presuponen una desde el interior de la isla, de los mineros de las mon-
especialización durante época campaniforme en el tra- tañas de Gonari (Orani, Sarule) (Lilliu, 1988, p. 169).
bajo de la materia ósea animal. Desde nuestra análisis parece que también el col-
Aunque la posible presencia de un colgante obteni- gante romboidal de Padru Jossu en Sanluri (Ugas,
do de un diente de hipopótamo, en Padru Jossu, San- 1998b, 271), había sido realizado en talco verde (es-
luri, nos sugiere, el uso de material de importación, teatita), aunque G. Ugas presente diferentes propues-
según G. Ugas, como hemos anteriormente comenta- tas (jadeíta, calaíta o talco) (Ugas, 1998b, 271). Ade-
do, se trataría de un colgante africano, probablemente más este autor sugiere que esta pieza tipológicamente
egipcio (Ugas, 1998b, 271). En este caso podría tratar- recuerda las joyas exóticas, presentando la misma per-
se de un elemento de prestigio (símbolo de riqueza o foración en forma de «lambda», del colgante obtenido
de identificación social), utilizado en los intercambios de un diente de hipopótamo, remarcando la posibili-
entre las familias más importantes (Pau, 2008, 181). dad de contactos y cambios de materiales de prestigio
Materiales de importación serían también las cuen- entre las elites mediterráneas (Pau, 2008).
tas y los colgantes en marfil, como también otros ador- Además no podemos descartar el origen foráneo
nos, realizados en el mismo material, los botones (Pau, de los otros adornos en materia lítica, aunque sean
2012), G. Lilliu, sugirió que se podría tratar de objetos realizados con materiales conocidos en ámbito local,
procedentes de África, por el trámite andaluz-alme- teniendo en cuenta que muchas rocas y minerales que
riense (Lilliu, 1999), aunque serían necesarios análisis aparecen en el suelo sardo, están presentes también en
microscópicos y espectroscópicos para poder identifi- las regiones limítrofes del mediterráneo.
car el origen del marfil, teniendo en cuenta los resulta- Algunos de los adornos estudiados se realizaron en
dos obtenidos, en los últimos años, en los estudios del metal, cobre o en aleaciones del cobre y en plata.
marfil calcolítico hallado en la Península Ibérica, en Ha sido dificultoso, poder distinguir, si los orna-
los cuales se identificó el uso de marfil de elefantes ex- mentos campaniformes y epicampaniformes, fueron
tinguidos en el Pleistoceno, de elefantes asiáticos, y de realizados en cobre, cobre arsenical, o bronce, no
los africanos de sabana (Schuhmacher et alii, 2009). habiéndose podido realizar un análisis químico o
Un gran número de cuentas y colgantes, se elabo- metalográfico de las piezas, el único estudio ha sido
raron trabajando material lítico. Las rocas utilizadas el realizado a partir de lupa binocular y la recogida
eran las metamórficas (esquisto, micaeesquisto, cuar- de informaciones de las fuentes bibliográficas, no
cita, y pizarra), las sedimentarias (caliza y jaspe), y la siempre claras y precisas. Los minerales de cobre
magmáticas (piedra pómez). Se trata de materiales lo- están muy difundidos en Cerdeña, la azurita, carbo-
cales (AA.VV., 2007; Fadda, 1989), a excepción de la nato azul, se encuentra en Acqua Bona (Arburense),
pizarra por la cual tendremos que considerar un origen en Acquaresi y Arenas (Iglesiente), en la Argentiera
foráneo, porque, en sentido estricto, no está presente (Nurra), en Baccu Lillonis (Parteolla), en Baccu Loc-
en suelo sardo, aunque muchas veces, se suele confun- ci (Quirra), en Barisone (Torpè), en Bena de Padru
dir con las filitas (Fois, 2000, 35). (Ozieri), y también en otras localidades; la cuprita,
Entre los minerales se han podido identificar la óxido rojo de cobre, en las minas del Iglesiente, en
calcedonia, la serpentina, la calcita, el cuarzo y el tal- Funtana Raminosa, y en Baccu Locci (Quirra) y en
co (esteatita). Todos estos minerales se encuentran en pocas otras localidades; la malaquita, carbonato ver-
suelo sardo. El cuarzo, óxido de silicio, es muy co- de, en el Iglesiente, en la Nurra, en Baccu Lillonis
mún, se encuentra en Abbagadda cerca de Samug- (Parteolla), en Calabona, en Funtana Raminosa; la
heo, en Acqua Bona en el Arburense, en Acquaresi y calcopirita o pirita cuprosa, sulfuro de color amarillo
en Arenas en el Iglesiente, en Asuni, en Baccu Locci latón es muy difundida en Cerdeña, en Acqua Bona en
(Quirra), en Barbusi en el Sulcis, en Barega en el Igle- el Arburense, en Acquaresi y en Arenas en el Iglesien-
siente, en Barraxiuta de Domusnovas, en Bau Arenas te, en Baccu Arrodas (Muravera), en Barisone di Tor-
de Terteniae y en otras muchas localidades; la calce- pè, en Bau Arenas (Tertenia), en Baxinieddu (Jerzu),
donia, variedad de cuarzo, en Abbagadda cerca de Sa- en Bena de Padru (Ozieri), en Bruncu Cardosu (Ar-
mugheo, en Arenas en el Iglesiente, en Baccu Arrodas zana); la calcosina mineral de color gris iridiscente,
cerca de Muravera; la serpentina, mineral del grupo se encuentra en las minas de Arenas en el Iglesiente,
de la caolinita de color verde oscuro, en Cerdeña se en Barisone (Torpè), en Bena de Padru (Ozieri); la
encuentra en Orani. La calcita, carbonato de calcio, en bornita mineral de color azul violeta, se encuentra en
la isla se encuentra en las principales minas del Igle- Acquaresi y en Arenas en el Iglesiente, en Barisone
siente y en el Sarrabus. La esteatita, variedad de talco (Torpè), en Bena de Padru (Ozieri); la tetraedrita en
de color verde blanco, se encuentra en Orani (AA.VV., Arenas en el Iglesiente, en Argentiera, en la Nurra,
2007, 67, 76 y 77; Fadda, 1989, 98-101, 103, 118 y en Baccu Arrodas (Muravera); y también otros mi-
161-162). nerales de cobre aparecen en la isla (AA.VV., 2007,

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CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA 27

63-799; Fadda, 1989, 78, 84-85, 92, 107 y 126-128). aspectos específicos del desarrollo de las culturas lo-
El cobre en estado nativo se encuentra en Cerdeña en cales aunque en los contextos funerarios aparezca a
las minas de Funtana Raminosa y también a Monte- veces como una manifestación relativamente pura y
vecchio, en las minas de Baccu Locci (Quirra) y en aislada.
pocas otras localidades (AA.VV., 2007, 76). Mientras Además, aparecen elementos, nuevos, que encuen-
que el arsénico, mineral nativo de color negro, se en- tran paralelos, con objetos hallados en el área euro-
cuentra en Cerdeña en las minas de Baccu Arrodas de pea de desarrollo del fenómeno campaniforme, como
Muravera y en las Baccu Locci (Quirra), además de cuentas con apéndices laterales o en alamar, cuentas
combinado a diferentes minerales cupríferos ya refe- en espiral, que son los objetos que nos atestiguan la
ridos (AA.VV. 2007, 59). El estaño, tendría que ser un presencia del fenómeno campaniforme en la isla, des-
metal muy difícil de conseguir, ya que en Cerdeña es de el punto de vista de los adornos.
muy escaso, algunos autores, sugieren que el bronce Hay además un grupo de objetos, que aparecen
era producido por la adición directa de la casiterita al solo en las fases finales del campaniforme, o mejor, en
cobre (Eiroa et alii, 1989, 144), aunque otros mine- el periodo en el cual este se híbrida en las cultura sar-
rales aún menos frecuentes presentan mayores con- da del bronce Antiguo, Bonnanaro A. Son las cuentas
centraciones de estaño. En Cerdeña la casiterita, se troncocónicas, los dientes atrofiados de ciervo y los
encuentra en las minas de Perda Majori y de Canale colgantes ovales.
Serci (en pequeños cristales), en Nuraxi de Togoro y Además tenemos que añadir un último grupo de or-
Perdu Cara, (AA.VV., 2007, 68; Fadda, 1989, 111). namentos, que no encontramos en la tradición cultural
Es muy complicado afirmar que ya en edad campani- de Cerdeña, y que contemporáneamente no caracteri-
forme vinieran utilizados estos yacimientos con mé- zan el campaniforme europeo, como la cuenta en for-
todos de minería intensiva, aunque éstos se conocen ma de rombo de Padru Jossu, Sanluri, los colgantes en
en otras zonas para estos momentos (Blas Cortina, forma de corazón, y los otros elementos con apéndice
2010). Podemos suponer la presencia de afloramien- de sujeción.
tos de vetas de minerales, más accesibles a la hora de Desde el estudio de los ornamentos (cuentas y col-
extraer el mineral buscado, siguiendo con trincheras gantes), hemos podido por lo tanto constatar, como el
las vetas más superficiales. Seguramente estos mine- campaniforme sardo, no elimina las tradiciones esti-
rales se trasformaban utilizando hornos, parecidos a lísticas locales, continuando el uso de joyas tradicio-
los usados por cocer la cerámica; los trabajos meta- nales, aunque manifestándose en plena sintonía con
lúrgicos podían ser ya llevados por grupos de perso- las corrientes europeas, y en particular mediterráneas
nas especializadas, y se puede también pensar que en (aparecen adornos propiamente campaniformes), y
las áreas de mayor concentración de minerales, como contemporáneamente se realizan joyas singulares. El
podía ser el Iglesiente, podían existir centros metalúr- estudio de los contextos del Bronce Antiguo inicial,
gicos importantes. ha sido esencial, para poder estudiar el difuminarse de
Entre los materiales estudiados, se han podido este fenómeno; ya que en esta fase continúa el uso de
identificar elementos en plata. La Cerdeña es rica de los elementos propiamente campaniformes, aunque ya
galena (sulfuro de plomo), (Arburense, Iglesiente, comparecen nuevos tipos de ornamentos.
Sarrabus, Nurra, Parteolla, Ogliastra etc.) (AA.VV., Además el uso de materias primas locales para
2007, 71); y hay también plata en estado nativo (Sarra- confeccionar estas categorías de adornos, presupone
bus, Acqua Bona en el Arburense, Acquaresi y Arenas la existencia en época campaniforme y epicampani-
en el Iglesiente, Asuni, Baccu Arrodas en Muravera forme en Cerdeña, de centros de producción espe-
etc.) (AA.VV., 2007, 65; Fadda, 1989, 78); La plata al cializados, algunos de los cuales perdurarían de las
estado puro en algunas zonas es superficial, permitien- épocas anteriores, como es el caso de los talleres de
do un abastecimiento muy productivo también sin el esteatita de Orani (Lilliu, 1988, 169), mientras que
uso de métodos industriales (Fois, 2000, 52). los paralelos con piezas foráneas como los típicos
colgantes con alitas de la Francia meridional, o los
colgantes con perforación en lambda, y también el
5. CONCLUSIONES uso del marfil de importación, testimonian el papel
de trámite de la isla de Cerdeña, en relación a los con-
Desde el estudio morfológico, se ha constatado, que tactos e intercambios en el área Mediterránea entre
en todo el periodo de manifestación del fenóme- mediados del III Milenio cal A.C. y los inicios del II
no campaniforme en Cerdeña, se utilizaron joyas Milenio cal A.C.
(colgantes y cuentas), presentes ya en el substrato
cultural autóctono (cuentas discoidales, cilíndri- Claudia Pau
cas, en oliva, colgantes y cuentas de concha entera, Dpto. de Prehistoria y Arqueología
Fac. Filosofía y Letras
colgantes laminares en concha, colgantes en forma
Campus Universitario de La Cartuja
de hacha, y en creciente lunar, colgantes geométri- Universidad de Granada
cos). Este hecho no es extraño si tenemos en cuenta 18071 Granada
además que el campaniforme isleño se concreta en [email protected]

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.01 LVCENTVM XXXII, 2013, 9-30.


28 CLAUDIA PAU

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Recepción: 07-06-2012
Aceptación: 12-06-2013

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LVCENTVM XXXII, 2013, 31-52. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.02

¿FÍBULAS PENINSULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO


«MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN
PENINSULAR FIBULAE: ELBOW “SÍCULAS” OR TYPE “MONACHIL”? NEWS AND REVISION

JAVIER CARRASCO RUS


Universidad de Granada

JUAN A. PACHÓN ROMERO


Universidad de Granada

IGNACIO MONTERO RUIZ


Consejo Superior de Investigaciones Científicas

ALFREDO GONZÁLEZ PRATS


Universidad de Alicante

JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ


Universidad de Granada

I. INTRODUCCIÓN espacio cronológico aproximado entre los siglos XIII-


IX a.C. En estos cinco o seis siglos de vigencia, es
En las nomenclaturas tipológicas que hemos aportado lógico que algunos de los tipos descritos conviviesen
sobre las más antiguas fíbulas de codo peninsulares, sin entre ellos y que otros, en su prolongado devenir, pro-
intención de enrarecer a priori la visión global que pu- vocasen nuevas apariciones y desapariciones. En defi-
diésemos dar de ellas, hemos intentado simplificarlas nitiva, se pueden admitir desarrollos evolutivos, coe-
y englobarlas en dos grandes grupos. En primer lugar, taneidades, superposiciones, etc. No siendo aceptable
las que se integrarían en el denominado grupo Huelva, un estudio conjunto de ellas, en el que se confundan
conocido desde los trabajos de Almagro Basch (Alma- sus características morfológicas y cronológicas, en
gro, 1940a, 1940b, 1952, 1957, 1957-58, 1958, 1966 y aras de intereses particularizados o fruto de un más
1975), aunque más ampliamente sistematizado y con- general desconocimiento.
solidado por nuestras propias investigaciones (Carras- En esta investigación nos centraremos en el gran
co et alii, 1985, 1987, 1999, 2002, 2004, 2005, 2006a, grupo sículo, exclusivamente en el estudio de las fíbu-
2006b, 2006c, 2012). El segundo grupo, más extenso, las de codo peninsulares, que entrarían en un primer
peor caracterizado y objeto de múltiples confusiones subgrupo que en diferentes trabajos previos hemos de-
taxonómicas bajo el calificativo de sículo, englobaría nominado tipo Monachil. Para su estudio intentaremos
grosso modo, sin mayor particularización, al menos adecuar un modelo que, en cierta forma, como avanzá-
cinco subgrupos fibulares de variadas morfologías, bamos en el análisis de las del grupo Huelva, se base
aunque entre algunos de ellos puedan –en origen o de- en secuencias estratigráficas, hallazgos cerrados, data-
sarrollos– existir posibles conexiones y similitudes. En ciones absolutas, aspectos tipológicos, composiciones
primer lugar, estarían las denominadas lisas o, sensu metalográficas, etc.1 Aunque, para el caso del tipo de
stricto, sículas de Almagro Basch; en segundo lugar, fíbulas que en esta ocasión nos ocupa, difícilmente se
las denominadas de codo y puente descentrado, en
algún caso –y para nosotros– las mal llamadas de arco
o de violín. Las ad occhio de bucle central, sustitutivo 1. En una investigación reciente (Vilaça et alii, 2012) se alude
del codo, formarían el tercer grupo. Las de pivote de a que nuestros argumentos, para fechar las fíbulas de codo
codo macizado, aletas laterales en el puente y gozne tipo Huelva, son coyunturales (sólo análisis de composición
sustitutivo del muelle, constituirían el cuarto grupo. de metales) y no tipológicos. Cuestión en la que no entrare-
Por último, el quinto grupo, quizás el más escaso y mos, ni aclararemos, ya que estos comentarios merecerían
una crítica detallada que no viene al caso. Al respecto, sólo
problemático, integrado por las de codo con antenas.
indicar que no sabemos bien si estos autores solo yerran,
En general, conforman un extenso y heterogéneo no interpretan adecuadamente, no han leído suficientemen-
grupo, peor caracterizado que el constituido por el te o, en definitiva, desconocen algunos de los artículos que
denominado Huelva. En su globalidad, todo el con- citan. Por lo menos, dicha publicación no lo refleja en sus
junto fibular, lisas y con molduraciones, ocuparían un argumentaciones.
32 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

les pueda aplicar –en la mayoría de los casos– la to- depósito onubense, con orígenes independientes, dos
talidad de estos parámetros, por lo que resulta difícil modelos de fíbulas de «arco acodado»: «un modelo
definir seriaciones evolutivas tipológicas y cronológi- de claro origen chipriota con los arcos aplanados y
cas. De todos modos, la falta de gran parte de los con- agallonados y otro producido en Sicilia, con los arcos
textos arqueológicos asociados a los hallazgos impide, redondos y amorcillados con o sin decoración inci-
de momento, hacer una auténtica clasificación de su- sa y geométrica» (Almagro, 1966, 183). Ambos tipos
ficiente valor cronológico, al menos antes de plantear representados entre los bronces de la Ría y que, se-
otras argumentaciones de interés que podrán arrojar gún Almagro, «no es posible asegurar qué tipo fue el
suficientes elementos de juicio en este sentido. Así, los primero ni cual tuvo mayor uso y dispersión, aunque
hallazgos secuenciados del Cerro de la Mora (Morale- todo parece inclinarse a favor del que hemos llamado
da de Zafayona, Granada), de igual forma que para el fíbula “tipo Huelva”» (Almagro, 1966, 183). Preci-
estudio de las del grupo Huelva constituyó el ejemplar sando, indica que «puede considerarse sícula la fíbula
localizado en su anejo del Cerro de la Miel, son los de arco acodado con sus brazos algo amorcillados, es
únicos que pueden aportar datos relevantes. decir, más gruesos en su centro y más delgados hacia
Por último, resaltar que presentamos un conjunto su extremo, tipo que no parece se divulgó tanto entre
de fíbulas de gran interés, algunas de ellas inéditas, nosotros» (Almagro, 1966, 184).
entre las que no incluimos las únicas secuenciadas Con estos sintéticos textos queremos significar
del Cerro de la Mora. No considerarlas, aunque estén que, si Almagro en un primer momento de sus inves-
documentadas, se debe primero a la falta de análisis tigaciones cotejó globalmente las fíbulas de la Ría,
metalográficos, que aún no ha sido posible por su mal principalmente con ejemplares sicilianos, de los que
estado de conservación. En segundo lugar, porque su tomó la denominación generalizada de sícula, poste-
incorporación implicaría la presentación de otros re- riormente las diferenció en dos tipos o grupos: sículo
gistros broncíneos y cerámicos de apoyo, que sobrepa- y chipriota o tipo Huelva, atendiendo a sus supuestos
sarían el ámbito físico de este trabajo. De ellas, sola- orígenes en alguna de esas islas mediterráneas. Casi
mente ofreceremos algunas referencias y sugerencias siempre bajo la óptica de modelos difusionistas y pa-
crono-tipológicas. ralelos descontextualizados, muy propios de la época.
Las diferencias que se han establecido entre ambos
conjuntos vendrían marcadas por el distinto tratamien-
II. FÍBULAS SÍCULAS DE TIPO MONACHIL to ornamental que se da al puente de la fíbula: en el se-
gundo de los casos, la decoración se circunscribe a una
Sin demasiadas dudas, podemos argumentar que la serie de fajas y abultamientos, delimitados por unas
denominación sículas, para definir o caracterizar las incisiones más o menos profundas, que se reparten en
fíbulas de codo peninsulares con puentes de brazos sin cada uno de los brazos; en el primero, apreciamos una
moldurar, tiene su origen en los primeros estudios que técnica decorativa diferente, gracias al tratamiento de
Almagro Basch realizó sobre el ejemplar aparecido la incisión burilada, que reúne, tanto los motivos li-
entre los bronces del depósito de la Ría de Huelva. neales paralelos, como los geométricos más comple-
Así, en uno de sus primeros trabajos (Almagro, 1940a, jos de rombos, zigzags, etc. Las sículas presentarían,
138), consideraba que las fíbulas eran los únicos obje- casi siempre, una mayor uniformidad de la sección en
tos del depósito que reflejaban relaciones directas con cada brazo del puente. Las secciones de las distintas
el Mediterráneo Central, haciendo derivar el tipo, ya partes de la fíbula pueden ser variables, pero lo común
más evolucionado por su decoración, de las formas sí- es que sean circulares, oblongas, lenticulares, de fino
culas tardías de Cassibile, con una fecha no anterior al segmento de círculo, etc. Aunque en algunos casos en-
750 a.C. Opinaba que «los tipos sicilianos han hecho contremos mayor variabilidad, debido a los elementos
nacer, desde luego, los modelos españoles, del que es decorativos que aparecen en el puente.
el más antiguo ejemplar el de Huelva, pero no el úni- Estas consideraciones generales introductorias que
co, y de ninguna manera de la misma época que sus hemos efectuado no tendrían sentido, por su obvie-
precedentes sicilianos. Aclimatado en España el tipo, dad, en cualquier otra línea de investigación; pero aún
perduró evolucionando, siendo un caso más del con- pueden considerarse necesarias, como punto de parti-
servadurismo extremo de nuestra Península». Pero fue da para otro tipo de elucubraciones más específicas.
sustituyendo, progresivamente, los paralelos del Me- En tal sentido, sigue existiendo, en gran parte de los
diterráneo Central por los de Chipre y Palestina, para investigadores peninsulares que se han aproximado a
justificar la presencia de estas fíbulas en la Península ellas, un gran desconocimiento en el tema de las fíbu-
Ibérica, en relación con el comercio fenicio-chipriota las antiguas de codo peninsulares. Habiéndolas globa-
(Almagro, 1940b, 3). Este trabajo muestra cómo los lizado, en muchos casos, bajo el paradigma de lo sí-
paralelos exógenos, que cotejó en primer lugar para culo y, en otros, confundiendo los tipos. Subyaciendo,
estas fíbulas, cambiaron de modo progresivo, a medi- en todo caso, una manipulación interesada en relación
da que avanzaba en sus investigaciones. con sus secuencias y cronologías.
En uno de sus últimos trabajos sobre el tema (Al- De las diez fíbulas de codo que Almagro estu-
magro, 1966, 182 ss.) diferenciaba nítidamente en el dió procedentes de la Ría, nueve –entre completas y

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 33

fragmentos– eran del tipo Huelva; mientras que un res- a través de los tipos de fíbulas de codo existentes en
to del brazo de un puente correspondería a la famosa la Península se vislumbra un doble circuito de comer-
fíbula sícula, que tanta importancia tuvo en sus traba- cio mediterráneo, durante los siglos X y IX a.C.; justo
jos iniciales, al establecer las relaciones centromedite- antes del gran auge fenicio. Por una parte, existe una
rráneas del depósito. A partir de estas investigaciones gran ruta realizada, sobre todo, por grupos proceden-
pioneras de Almagro Basch y en un rápido recorrido, tes del Mediterráneo oriental que, a partir de Sicilia,
respecto de otras nacionales realizadas sobre este tipo actúa principalmente en las costas meridionales del
de fíbulas, tradicionalmente denominadas sículas, he- Mediterráneo occidental, incluidas las de la Penín-
mos de hacer referencia sucinta a ciertos trabajos que, sula Ibérica, llegando a la fachada atlántica hasta
en cierto modo y en algún aspecto, las han tratado o las costas del canal de la Mancha. A lo largo de toda
interpretado, aunque no muy correctamente, incluyén- esta amplia zona costera llegan elementos materia-
donos nosotros mismos. les, principalmente metales, como es el caso de las
Así, a finales de los años setenta nos aproximábamos fíbulas de codo, tanto de inspiración sirio chipriota,
al mundo de las fíbulas de codo (Carrasco et alii, 1980) como sícula» (Blasco, 1987, 27). Aunque no sabemos,
con el estudio del caso de Cerro Alcalá, procedente de a ciencia cierta, si esta «ruta original» estaba inspirada
una incineración en urna que había aparecido en labores en los trabajos de Coffyn o se debía a la propia auto-
agrícolas rutinarias. Nuestro trabajo, algo precipitado, ra; sí pudimos intuir que Sicilia, al parecer, constituyó
lo relacionaba directamente con el ejemplar proceden- al final de la Prehistoria un puerto franco, a partir del
te de Cerro de la Encina de Monachil (Granada) y con cual se distribuía este tipo de fíbulas y, así, a través de
el registro cerámico de similares enclaves andaluces y los Alpes y Francia, se llegaría al Canal de la Mancha
levantinos. Las cronologías peninsulares que ofertába- y, desde allí, por un «tráfico atlántico», alcanzarían la
mos estaban en relación con las aportadas, básicamente, Meseta y el suroeste las fíbulas «sirio-chipriotas». Por
para las de la Ría de Huelva, San Román de Hornija, contra, las sículas llegarían al sureste peninsular por
etc. Es decir, lo único que entonces se conocía, junto un comercio directo desde Sicilia.
con las tradicionales y problemáticas dataciones de En torno a esto, sólo indicaremos que no hay ni
Megiddo Va y Pantalica II. Pero introdujimos un matiz una sola fíbula de las que podamos denominar «tipo
diferenciador, más localista, cuando cotejamos la de- Huelva», o que Blasco incluya en su grupo «sirio-chi-
coración que presentaban los brazos de su puente con priota», en Sicilia; a no ser los ejemplares chipriotas
similares ornatos de brazaletes, anillas de hachas de tardíos que los mismos especialistas italianos, como es
aletas, etc. Un aspecto en el que se criticaron nuestras el caso de F. Lo Schiavo, hacen derivar de los escasos
comparaciones y similitudes expuestas, respecto de las ejemplares peninsulares documentados. Algo pareci-
decoraciones que ostentaban los brazaletes de Berzoca- do puede decirse del ámbito atlántico, donde tampoco
na y su cronología entre los siglos XII-X a.C. En defi- existen. Nos queda la garantía, si esta autora hubie-
nitiva, utilizamos en el análisis argumentos propios de se conocido entonces (ya se habían publicado –entre
la época, apuntando ciertos matices indigenistas para su otros– los ejemplares del Cerro de los Infantes, Ce-
decoración que aún no hemos desechado; pero tampoco rro de la Mora, etc.) la dispersión real de las fíbulas
confundimos esta fíbula, ni la entroncamos con ningún de codo en la Península, de que no hubiese llegado a
otro tipo distorsionante, ni la relacionamos con parale- la siguiente conclusión: ‘’puede decirse que la mitad
los exóticos peor contextualizados. oriental peninsular parece no haber incorporado las
Siete años después, en un trabajo realizado sobre fíbulas de codo gallonadas de inspiración sirio chi-
el yacimiento madrileño de Perales del Río, C. Blasco, priota, pero posee, en cambio, piezas de marcado am-
al estudiar una fíbula «ad occhio» procedente de un biente sículo» (Blasco, 1987, 27). También son intere-
«fondo» (posible silo), efectuó una serie de reflexio- santes algunas de sus observaciones tipológicas que,
nes crono-culturales y tipológicas que, escuetamente, aunque no propiamente suyas, sí acepta y matiza. Por
consideramos necesario resaltar (Blasco, 1987). Más ejemplo, el hecho de admitir que fíbulas lisas, como
que nada, y extrañamente, por la incidencia que han la de Mansilla de las Mulas o la de Monachil, pueden
tenido en investigaciones recientes; aunque esta pieza ser derivaciones tardías de «ejemplares más caracte-
no entraría en la tipología del grupo de fíbulas objeto rísticos, con gallones, en un proceso, como acontece
de este estudio. Así, C. Blasco, siguiendo el antiguo a otros ejemplares metálicos, tendente a la simplifi-
esquema de Almagro, consideró dos grupos peninsula- cación» (Blasco, 1987, 24). Es decir, que las fíbulas
res de fíbulas de codo: «sirio-chipriotas» y «sículas»; «sirio chipriotas», en último caso, darían lugar a las
en estas últimas, incluía las de tipo «ad occhio», de lisas «sículas» y, a partir de aquí, eclosionarían en las
arco descentrado, lisas de codo centrado, etc. Todas, fíbulas tardías estudiadas por Cabré/Morán, proceden-
llegadas desde ambientes mediterráneos próximos y tes de la Meseta (s.c.).
lejanos. Al respecto, pueden ser significativas y escla- Finalmente, algunos años después, un nuevo estu-
recedoras algunas de las «rutas» que la propia Blasco dio sobre los bronces de la Ría (Ruiz Gálvez, 1995)
señalaba y describía. Indicaba, ante la duda sobre si daba un tratamiento bastante insuficiente a la fíbula
las fíbulas peninsulares eran productos locales o de lisa del depósito; no solo en el aspecto tipológico y grá-
importación directa, que «sí puede apuntarse ya que fico (Fig. 2: 3), sino también en la contextualización.

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34 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

Este rápido y sintético recorrido es ilustrativo de cómo Entre lo más trascendente, tras repetir y argumen-
algunos autores han referenciado estas fíbulas lisas de tar sobre los modelos orientales, que ya expusimos
forma controvertida y algo sesgada, a partir, más que hace años al igual que A. Mederos (1996), y sin citar
nada, de los ejemplares de la Ría y Cerro Alcalá. Por sus fuentes de información, indica que estas fíbulas de
supuesto que no han sido las únicas referencias desta- ignoto tipo son contemporáneas del vaso de Berzoca-
cables, pero sí han marcado ciertas líneas deliberativas na, sorprendiendo el uso contrario que hace del mismo
que no han dejado de utilizarse: argumento que constituyera el principal apoyo para las
Así, M. Torres (2002), en una reciente obra de sín- críticas que se nos efectuó hace más de treinta años,
tesis, bajo un epígrafe titulado «Las fibulas de codo cuando relacionamos las decoraciones de los braza-
de tipo Cassibile II-III», indica siguiendo a Almagro letes de Berzocana con las de la fíbula giennense de
Basch y a Ruiz-Gálvez, que «En el depósito de la Ría tipo Monachil de Cerro Alcalá. Aunque quizás sea más
de Huelva, junto a las fíbulas que toman su nombre relevante su ‘descubrimiento’ de la cronología de las
del mismo, se documentó igualmente la existencia de fibulas de la Ría en el s. X a.C., planteando una pro-
un ejemplar de fíbula de clara procedencia siciliana blemática cronológica de difícil solución. Así, primero
y que casi con seguridad fue importada de esta isla». admite que las fibulas tipo Huelva son de origen sícu-
Deduciendo, a continuación, que «La importancia de lo, pero luego les adjudica un origen peninsular para
estas piezas radica en que, seguramente, son de las incluso llegar a «las costas de Fenicia e Israel» (To-
que derivarán las fíbulas de tipo Ría de Huelva, que rres, 2012, 464); aunque, igualmente, había expuesto
tanta difusión tendrán en el Sudoeste peninsular y, en con anterioridad que «estas piezas alcanzan también
general, en toda la fachada atlántica» (Torres, 2002, el Mediterráneo oriental en un momento que se pue-
171). La lectura de estos textos causa cierta sorpresa, de fijar entre mediados del siglo XI y mediados del X
pues habla en plural de estas fíbulas, cuando en reali- a.C.» (Torres, 2012, 463). Cabría preguntarse, en pri-
dad hay una sola problemática, como recientemente mer lugar, de qué modelos sículos derivarían los tipos
hemos comprobado (Carrasco et alii, 2012). De igual peninsulares; en segundo lugar, qué cronología tienen;
forma, también desconocemos esa gran difusión fibu- en tercer lugar, si la fecha del s. X se refiere al depósito
lar a la que alude Torres por el Sudoeste y fachada general de la Ría o a sus fíbulas; en cuarto lugar, qué
atlántica, sin indicar el tipo de espécimen. relación tiene Amathus 523, Ayia Irini, la fíbula chi-
Un último trabajo del mismo especialista (Torres, priota del MAN, Megiddo Va, etc. con los casos de la
2012) vuelve a plantear afirmaciones, cuanto menos Ría. No parece que M. Torres haya desentrañado bien
controvertidas y, desde luego, sin el suficiente rigor. esas relaciones, pese a que ya lo expusimos hace casi
Señala las fíbulas como recurrentes objetos de repre- una década (Carrasco y Pachón, 2006a y 2006c). Pero,
sentación en las estelas extremeñas, pero sin explicitar además y en la actualidad, Megiddo Va, lo mismo que
de qué fíbulas se trata. De su texto se intuye que debe Achziv y el Bronce Final de la Ría de Huelva, parale-
referirse a las del tipo Huelva, que son las que le inte- lo al Hierro II oriental, se fechan, aunque no estemos
resan para citar una serie de artículos relativos al ha- muy de acuerdo en el caso de las fíbulas españolas, ha-
llazgo broncíneo de la ría onubense, pero obviando en cia la mitad del siglo X a.C. (Bruins et alii, 2011). Por
qué estelas aparecen representadas; todo, para afirmar ello, resulta complicado conciliar la presunta llegada
como referente general de conocimiento que este tipo de las sículas a la Península, el tiempo de su recon-
de fíbulas surgió como consecuencia de la llegada a versión en el tipo Huelva y su exportación a Próximo
la Península Ibérica de ejemplares sículos, de los que Oriente, tal como ha sido expuesto por M. Torres.
evolucionarían posteriormente en el tipo Ría de Huel- Cuestiones, entre otras similares de este autor, so-
va (Torres, 2012, 462). Sin embargo, después de citar bre las que no profundizaremos, pues en parte y su-
a Birminghan sin aclarar por qué y omitir de dónde cintamente ya se han tratado en una muy reciente in-
obtiene la referencia sobre las concentraciones de este vestigación (Carrasco et alii, 2012). De igual forma,
tipo de fíbulas en la Península, junto a otras disqui- eludiremos otros trabajos (Celestino, 2001 y 2008) de
siciones tipológicas sobre los ejemplares orientales, relativa contribución a la investigación que propone-
insiste –sin mayor documentación– sobre el origen pe- mos, que también referenciamos parcialmente en el
ninsular de estas fíbulas. A continuación, entre datos estudio citado.
de hallazgos extremeños poco precisos y la afirmación Por nuestra parte, los diversos trabajos realizados
de la mayor antigüedad de la fíbula de arco descentra- a partir de mediados de los años ochenta (Carrasco et
do del Cerro de La Muralla de Alcántara, sin mayor alii, 1985), sobre las antiguas fíbulas de codo penin-
argumentación científica señala seis fíbulas en Extre- sulares, se han centrado en las del tipo Huelva. Ais-
madura; aunque olvida que serían nueve. Siempre que lándolas del resto de las denominadas fíbulas de codo,
contabilicemos la mejor adaptada al modelo, presente que –en cierto modo– entrarían en el grupo de las
en las estelas del Sudoeste, que es la del tipo Enco- llamadas lisas o de tipo sículo, también denominadas
mi de «Pajares» (Villanueva de La Vera, Cáceres), ya por nosotros de ‘tipo Monachil’, en reconocimiento
descrita equivocadamente como de «arco» (Celestino, al ejemplar estudiado por W. Schüle, procedente del
2001, 205, Fig. 51), junto con las dos de tipo Monachil Cerro de la Encina de Monachil, Granada (Schüle,
de Los Concejiles de Lobón. 1969). Es un grupo fibular complejo, que como ya se

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 35

ha indicado acogería formas bien diferenciadas entre III.a. Andalucía Occidental


las documentadas en la Península. Nunca las hemos
relacionado, por origen o tipología, con las del tipo En el registro vigente, dos son las fíbulas que proce-
Huelva, pues no se asemejan morfométricamente con den de este ámbito andaluz; siendo posible que alguna
él. De igual forma, tampoco las hemos considerado, de ellas, o incluso ambas, no tengan un origen concre-
a partir de modelos acomodaticios poco contrastados, to en dicha geografía.
como importaciones sensu stricto desde otros ámbitos
mediterráneos poco precisos. El simple cotejo del tipo 1. Ría de Huelva. En una investigación reciente he-
estudiado, con sus supuestos ancestros en estas geo- mos comentado la problemática de este fragmento de
grafías, nos hace desistir de ello, porque, desde esta fíbula, que tanta importancia tuvo en los trabajos pio-
perspectiva, se crea en su investigación una problemá- neros de Almagro Basch (Carrasco et alii, 2012). En
tica de difícil solución, que a priori nunca condiciona- relación con la adscripción de esta fíbula lisa al tipo
remos, si no es imprescindible y evidente, a impuestos Cassibile, indicábamos que se debía, más que nada, al
y manipulados paralelismos exógenos que justifiquen supuesto asimetrismo de su puente, basado en la hipo-
su original presencia en la Península. tética reconstitución gráfica realizada en su momento
(Almagro, 1957, 10, Fig.1). Reconstrucción que nunca
nos ha parecido correcta, como tampoco que la fíbu-
III. EL REGISTRO ARQUEOLÓGICO EN LA la pudiese considerarse en el origen del resto de tipo
PENÍNSULA IBÉRICA. DISPERSIÓN REGIO- Huelva del depósito. La configuración del fragmento,
NAL (Fig. 1) con el brazo izquierdo del puente casi completo, junto
a restos de la mortaja y el codo, de unos 3,4 cm de lon-
Este apartado estudia la dispersión regional de estas gitud, admitiría otro tipo de restitución más adecuada
fíbulas en la Península, ajustando sin ninguna especu- y menos imaginativa, con un alzado seudotriangular
lación, o chauvinismo, su aparición exclusiva en estos y codo más o menos centrado, similar a otras cono-
ámbitos, por lo que tampoco consideramos determi- cidas: en especial, la que posteriormente señalaremos
nante su registro geográfico vigente; aunque los datos del Cerro de las Agujetas. Almagro Basch (1957), en
que en la actualidad conocemos son suficientemente su reconstrucción inicial, dispuso el fragmento de for-
esclarecedores y contrastados, remitiéndonos a ellos ma más vertical, de manera bastante correcta, añadién-
en esta investigación. dole el brazo derecho con más inclinación y mayores

Figura 1: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil: Distribución de hallazgos. Ría de Huelva (1); El Coronil(2); Monachil (3); Cerro de la
Mora (4); Pinos Puente (5); Canto Tortoso (6); Las Muelas (7), Cerro Alcalá (8), Peña Negra (9); Mansilla de Mulas (10); Talavera la
Vieja (11); La Muralla (12); Los Concejiles (13); Mondim da Beira (14); Monte Airoso (15) y Nossa Senhora da Cola (16).

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36 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

dimensiones, junto con una aguja relativamente pla- las necrópolis sicilianas de Cassibile. A partir de estos
na (Fig. 2: 1). En una posterior revisión, el brazo lo estudios que Almagro documentó exhaustivamente,
inclinaba aún más y, a su vez, la reconstrucción del junto con ejemplares de muy diversa tipología, no solo
derecho lo aplanaba, a partir su mayor inflexión res- sicilianos, sino chipriotas e incluso micénicos, elaboró
pecto de una aguja totalmente plana (Fig. 2: 2) (Al- un modelo de fíbula asimétrica que se ha mantenido a
magro, 1958). Todo, tendente a reconstruir una fíbula lo largo de los años y que, en cierta forma, condicionó
de codo plenamente asimétrica, al estilo de algunas de el de las de tipo Huelva.

Figura 2: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Andalucía: Ría de Huelva [según M. Almagro (1-2), Mª L. Ruiz-Gálvez (3) y J. Carrasco
(4)]; 5. El Coronil (Sevilla); 6-7. Cerro de la Encina, Monachil (Granada); 8. Las Agujetas, Pinos Puente (Granada); 9. Canto Tortoso,
Gorafe (Granada); 10. Las Muelas, Alamedilla (Granada); 11. Cerro Alcalá, Mancha Real/Torres (Jaén).

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 37

Años más tarde, en un nuevo estudio sobre los evolucionada, que –entre otros parámetros– justificaría
bronces de la Ría, Mª L. Ruiz-Gálvez, que se arries- parcialmente su modernidad entre las del tipo Monachil.
gó a revisar los trabajos de Almagro Basch sobre el
depósito onubense, describe esta fíbula a partir de
una insuficiente documentación (Fig. 2:3), como «del III.b. Andalucía Oriental
arco aplastados, sin decoración. Conserva la aguja, el
muelle y el Charnela: No conservada» (Ruiz-Gálvez, Esta región andaluza, relacionada con la Cuenca Alta
1995, 223, nº 27). Aunque, posteriormente, indica que del Guadalquivir, ha proporcionado en los últimos
no tiene mortaja ni aguja. Descripción que no necesita treinta años el conjunto más voluminoso de fíbulas
comentario, al igual que buena parte del resto de afir- tipo Monachil. Son catorce documentadas y restos
maciones y argumentaciones realizadas por la autora previsibles de alguna otra más: es decir, más del 50%
sobre el conjunto de las fíbulas de la Ría. del volumen peninsular. Su ausencia en la región ma-
En nuestra opinión, como ya se ha expuesto en otro lagueña y, especialmente, almeriense es paradójica,
lugar (Carrasco et alii, 2012), el brazo del puente con- porque aquí, desde las investigaciones de los herma-
servado, con restos de codo y mortaja, se correspon- nos Siret, se han documentado multitud de sepulturas
dería con una fíbula de pequeñas dimensiones, codo del Bronce Final y hubiera sido de esperar un pano-
centrado y decoración de finas líneas incisas paralelas rama más prolífico de estos artilugios. También es de
a los brazos (Fig. 2: 4). Fundida en bronce binario, destacar la inexistencia de otras fíbulas de las denomi-
muestra un porcentaje medio/alto (13,61%) de estaño nadas sículas, como pueden ser las de tipo ad occhio
(Sn) y una morfometría muy similar, entre otras, a los y arco descentrado.
ejemplares de El Coronil y Cerro de las Agujetas, etc.
Su cronología, como en otro apartado argumentare- 3. Cerro de la Encina (Monachil, Granada). Este im-
mos, debe ser relativamente tardía entre los ejemplares portantísimo asentamiento, con secuencia ocupacional
que componen este grupo. desde un Cobre evolucionado con campaniforme hasta
época protohistórica, es conocido desde antiguo (Ca-
2. El Coronil (Sevilla) (Fig. 2: 5). De procedencia des- bré, 1922). Aunque sus mejores resultados y mayor
conocida, se localiza en una colección privada de esta conocimiento se han obtenido a partir de las excava-
localidad sevillana una fíbula del tipo que estudiamos. ciones que, de forma intermitente, se realizan desde
M. M. Ruiz Delgado la referenció parcialmente en su 1968 por el Departamento de Prehistoria de la Uni-
Tesis Doctoral (Ruiz, 1989), aunque nunca llegó a pu- versidad de Granada (Arribas et alii, 1974). De aquí
blicar su dibujo. Posteriormente, un trabajo póstumo proceden dos fíbulas de codo que guardan una cierta
(Ruiz et alii, 1991) realizó, desde el punto de vista me- similitud. La primera de ellas (nº 1), que daría nombre
talográfico, un breve estudio con algunas considera- al grupo, está depositada en el Museo Arqueológico de
ciones de orden cronológico y tipológico que, por sus Granada, registrada como procedente del término mu-
características, pensamos que ya no fueron ultimadas nicipal de Monachil. Originalmente la dio a conocer
por él, aunque se hiciera bajo el influjo parcial de su W. Schüle (1969), a partir de un escueto dibujo. Una
trabajo doctoral. Algunas referencias sobre la fíbula, mejor documentación la proporciono años más tarde
así como su dibujo definitivo y novedoso, las expusi- F. Molina (1977), cuyo dibujo a lápiz nos ha servido
mos en otro sitio (Carrasco et alii, 1999). de base para el que publicamos en este trabajo (Fig. 2:
La fíbula se presenta incompleta, faltándole el pie 6). Tiene configuración de triángulo isósceles, con una
(mortaja) y la aguja. El codo, abierto, es liso y aparece base de 7,4 cm, brazos de 6,4 y 5,4 cm y una altura de
centrado en el puente, presentando brazos de sección 4,7 cm. El codo centrado es alto y estrecho, como una
oblonga, decorados en su parte superior por dos grupos prolongación natural y sin estrangular de los brazos
de incisiones verticales, que enmarcan amplias fajas curvos del puente. Su fina sección es oval aplanada. Le
centrales con finas incisiones longitudinales y paralelas. falta la aguja y media espira en el resorte, mientras los
Sus dimensiones actuales son: longitud total, 4,7 cm; dos brazos del puente están decorados por tres estre-
altura, 2,5 cm y sección máxima en la parte central del chas bandas incisas, rellenas por finos trazos oblicuos.
brazo derecho, 0,9 cm. Fue catalogada por M. M. Ruiz Se realizó en bronce binario con un porcentaje medio/
en su grupo I.lb, caracterizado por el puente masivo, bajo de Sn (6,86%) (Hook et alii, 1987).
perfil fusiforme y sección ovalada, asimilándola con los Esta fíbula fue relacionada en origen por W. Schüle,
ejemplares de la Ría de Huelva (Ruiz, 1989, 51). A pe- y posteriormente por F. Molina, con el ejemplar apa-
sar de la opinión de M. M. Ruiz, que pudimos contrastar recido en la fase Va de Megiddo y una cronología de
con él, es una fíbula que siempre hemos sido reticentes los siglos XI-X a.C. (Schüle, 1969, 25). Por su parte,
a incluir en el tipo Huelva (Carrasco y Pachón, 2006b), F. Molina, en su tabla tipológica sobre el Bronce Final
pues no presenta molduraciones en los brazos constitu- del Sudeste, la situó grosso modo en un Bronce Final
tivos del puente; aunque sus fajas decorativas incisas I, que en aquellos momentos fechó entre el 1100-850
guardan ciertos patrones similares que, quizás, eviden- a.C. (Molina, 1978, 215 y Tabla tipológica.).
cien algún desarrollo tardío colateral del tipo onubense. En nuestra opinión, por cronología sensu stricto,
Junto a ello, presenta una aleación compositiva muy esta fíbula puede tener cabida tanto en la datación de

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W. Schüle, como en el amplio estanco que ocupa el Alto medieval, tuvo especial énfasis en lo referido al
Bronce Final I en la tabla de F. Molina. Pero su apoyo Bronce Final, Fenicio y Protoibérico, habiendo propor-
en la cronología y tipología de la fíbula de la Fase Va cionado su excavación, desde finales de los años seten-
de Megiddo no resulta muy fiable, en la actualidad. ta hasta principios de los noventa, una gran variedad
Aunque es evidente que, hasta fechas relativamente de elementos broncíneos elaborados en talleres meta-
recientes, este ejemplar oriental constituyó el paralelo lúrgicos del propio enclave arqueológico. Entre otros,
más exótico y paradigmático para sustentar las inves- destacan artilugios relacionados con objetos de vestir,
tigaciones difusionistas de la época y de tiempos pos- como fíbulas y botones. De las primeras, al margen del
teriores. Parte de su problemática cronológica ya fue ejemplar tipo Huelva, documentado en estratigrafía
expuesta recientemente (Carrasco y Pachón, 2006c), junto a una espada de lengua de carpa en el sector de la
comprobándose dataciones inseguras entre los siglos Miel, publicada hace casi treinta años (Carrasco et alii,
XII y IX a.C. Aunque, no hace mucho, se ha oferta- 1985 y 1987) y muy referenciado en bibliografía, son
do una fecha absoluta más firme del 2817 ± 23 BP numerosas las fíbulas estratificadas en el yacimiento,
(Sharon et alii, 2007, 36, Table 7), que daría con ma- especialmente del tipo Monachil y posteriores de doble
yor seguridad una cronología del s. X a.C. En relación resorte, sin olvidar un excelente ejemplar de pivote. El
con las semejanzas tipológicas observadas entre este inventario de las primeras, que consideramos, sería: 1.
ejemplar oriental y la fíbula de Monachil hemos de Fragmento del brazo derecho de un puente con restos
indicar que, efectivamente, el perfil en forma de trián- de codo centrado, resorte de espira y media y gran par-
gulo isósceles y la amplia base de las dos, junto a un te de la aguja, fusiforme. 2. Restos de los brazos del
codo alto y centrado, les da un cierto parecido; como, puente y codo centrado, sin resorte, mortaja, ni aguja,
en este aspecto, también lo tiene con las antiguas de fusiforme. 3. Parte de un puente con codo centrado, fal-
Kourion, Larnaka, Amathus, etc. Sin embargo, la de ta parte de los brazos, resorte, mortaja y aguja, filifor-
Megiddo presenta brazos moldurados y la de Mona- me. 4. Fragmento de un brazo derecho con restos del
chil lisos, lo que constituye un matiz claramente dife- resorte, fusiforme. 5. Fragmento de un brazo derecho y
renciador. Además, consideramos que debe tener, en el restos del resorte, filiforme. 6. Fragmento de brazo de-
grupo que estudiamos, una cronología alta. recho con restos del codo centrado, resorte de espira y
La segunda fíbula del Cerro de la Encina (nº 2) media y restos de aguja, filiforme. 7. Fragmento de un
(Fig. 2: 7) procede de trabajos de excavación reglada, brazo derecho, con restos de codo centrado, resorte de
realizados en la campaña 2003/2004 por el Departa- espira y media con aguja, fusiforme. 8. Dos fragmentos
mento de Prehistoria de la Universidad de Granada. que componen una fíbula partida por el puente de codo
Apareció en el corte/56, zona B, sector A, siglada con centrado, resorte de espira y media, mortaja, levemente
el número identificativo Mo-56105, en un contexto fusiforme. 9. Fragmento del brazo de una posible fí-
postdeposicional mezclado, por lo que no es conve- bula de codo de gran tamaño. Todas tienen muy mal
niente asociarla a ningún otro tipo de registro. De fina estado de conservación, por lo que no han sido objeto
sección ovalada, le falta la aguja y media espira del de ningún análisis metalográfico, aunque es una posi-
resorte. Su perfil tiene una longitud máx. de 7,4 cm, bilidad que seguimos valorando. En lo posible, serán
y una altura total de 3,2 cm. El codo es centrado, más objeto de un trabajo próximo de investigación, junto
abierto que en el ejemplar anterior y algo inclinado con algunos de los registros cerámicos y metálicos que
hacia la derecha, por la configuración de una fuerte se le asociaban. A priori, la cronología de este conjunto
inflexión del brazo derecho. de fíbulas, posiblemente deba situarse entre los siglos
Las diferencias morfométricas entre estas dos fíbu- XIII/XII y la primera mitad del IX a.C.
las son mínimas. Tienen similares tamaños de perfil,
aunque los brazos de la primera son de mayores di- 5. Las Agujetas (Pinos Puente, Granada) (Fig. 2: 8).
mensiones, al no sufrir distorsión alguna en la confi- No es la primera vez que nos ocupamos de este sitio
guración del codo, lo que lo hace estar más centrado, arqueológico, por lo que su bibliografía puede seguir-
frente a la sensación de su inclinación en la segunda, se en los estudios previos del yacimiento (Pachón et
por la inflexión de uno de ellos. Esta última se realizó alii, 1979; Pachón y Carrasco, 2009 y 2010; Carrasco
en un bronce binario con contenido de Sn medio/bajo et alii, 2012). El Cerro de las Agujetas conforma un
(6,3%). La fíbula, por tipología, es algo más antigua pequeño enclave con funcionalidad complementaria
que la anterior, con composición metalográfica simi- respecto del Cerro de Los Infantes, probablemente
lar, ausencia de decoración en el puente y algo más frecuentado a fines de la Edad del Bronce, que prolon-
aplanada. Puede tener una cronología entre los siglos garía su uso hasta tiempos romanos. Aunque es proba-
XII/XI a.C., acorde con horizontes culturales detecta- ble que albergara algún reducto funcional de carácter
dos en este enclave arqueológico. económico e incluso militar, una parte importante de
los hallazgos también aluden a la presencia de espa-
4. Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Grana- cios con utilidad funeraria, de los que podría proceder
da). De amplia bibliografía, este extenso asentamiento una fíbula tipo Monachil, junto con otras dos del gru-
de gran secuencia habitacional, fundación argárica y po Huelva (Carrasco et alii, 2012). El caso que aquí
poblamiento –más o menos– continuado hasta época concurre corresponde al brazo izquierdo de un puente

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 39

de configuración fusiforme, con máxima sección en Se fundió en un bronce binario, con porcentaje medio/
el centro que se afina hacia el codo y pie. Su parte bajo de Sn (6,4%). No tenemos excesivos datos para
inferior está decorada con diez finas líneas paralelas adjudicarle una cronología firme, aunque grosso modo
incisas, que pudieron existir en menor número por la consideraríamos una fecha antigua entre las del grupo.
parte superior o exterior. Conserva el inicio del pie o
mortaja, insinuándose también parte del codo. Su lon- 7. Las Muelas (Alamedilla, Granada) (Fig. 2: 10).
gitud máxima es de 2,8 cm, sección oblonga de 8 x 6 Gran asentamiento sin excavar, localizado en la par-
mm. Su longitud reconstruida rondaría los 5 cm, con el te nororiental del término municipal de Alamedilla,
codo centrado en el puente. Se fundió en un bronce bi- comarca de los Montes Orientales granadinos, en los
nario con un porcentaje medio de Sn (9,0%). Un dato límites de Huelma y Cabra del Santo Cristo, munici-
novedoso, de interés en esta fíbula, es que presenta pios del Subbético jienense. Se sitúa sobre una serie
una perforación y restos de otra realizada con un tala- de altozanos calizos (muelas), algunos por encima de
dro continuo (tecnología tardía en el Bronce Final), de los 900 m s.n.m., dominando tierras de secano y rega-
forma paralela y superpuesta en el codo, que debieron dío, pertenecientes a la cuenca del Río Guahortuna; sus
tener correspondencia en el brazo perdido del puente. aguas, junto con las del Guadiana Menor, constituyen
Estas perforaciones se realizaron, o bien para unir los el aporte hídrico de las cuencas fluviales más importan-
brazos tras su rotura en el vértice del codo, o fueron tes de esta región. Es un yacimiento conocido superfi-
realizadas ex profeso para enrollar hilos consistentes cialmente desde antiguo, con registros arqueológicos
con fines decorativos, como se ha comprobado en al- adscribibles a toda la secuencia del Bronce y tiempos
gunas fíbulas chipriotas antiguas (Buchholz, 1986). posteriores. De este lugar, y sin excesivos datos, pro-
En último caso, y menos probable, para fortalecer o cede una fíbula completa inédita del tipo Monachil, de
prevenir posibles fracturas por el lugar más débil de sumo interés por la tipología y metales en que se fun-
la fíbula. A priori, la cronología de esta fíbula pudiera dió. Su perfil es de triángulo isósceles con amplia base
situarse, con ciertos argumentos, a lo largo del siglo (6,9 cm), baja altura (2,6 cm), brazos filiformes, sec-
IX a.C. Paralela en el tiempo, en territorios andaluces, ción ligeramente oblonga (3,5 x 2 mm) y fina aguja (2
con las últimas producciones de las de tipo Huelva. mm). El codo, bien marcado, se inclina sobre el brazo
Por morfometría es idéntica al ejemplar liso de la Ría izquierdo por su mayor inflexión respecto del derecho.
de Huelva, estudiado por Almagro Basch. La mortaja mide 1,9 cm y el resorte, con espira y me-
dia, es pequeño e irregular. Posiblemente fue obtenida
6. Canto Tortoso (Gorafe, Granada) (Fig. 2: 9). Del a partir de una varilla de sección cuadrangular desga-
entorno de este extenso asentamiento arqueológico sin jada de una placa fundida, con una elaboración final de
excavar, procede un fragmento de fíbula del tipo que limado y mortaja martilleada. Como hemos indicado,
estudiamos. Considerado por sus registros cerámicos el interés de esta fíbula, al margen de sus características
de superficie de dilatada cronología ibérica, es eviden- morfométricas arcaicas, reside en el metal o metales en
te que debe ampliarse su secuencia en profundidad. Es que fue fundida, bien con arsénico (As = 1,5%) o en
conocido desde mediados de los años noventa (Gon- cobre puro (Cu = 99,2%), análisis que posteriormente
zález et alii, 1995) y se localiza en una amplia meseta, comentaremos. En síntesis, consideramos que se trata
en la confluencia de los ríos Fardes y Guadiana Me- de una de las fíbulas más antiguas de todo el Occidente
nor; área geográfica de gran tradición arqueológica, mediterráneo, si no lo es ya de entre los conocidos re-
especialmente durante la Prehistoria reciente. La pro- gistros fibulares antiguos de la Península Ibérica.
blemática de su poblamiento ha sido sintéticamente
expuesta en un trabajo moderno (Carrasco y Pachón, 8. Cerro Alcalá (Mancha Real/Torres, Jaén) (Fig. 2:
2002), pero el fragmento de fíbula relacionada con el 11). De este extenso enclave arqueológico, que por su
yacimiento lo dimos a conocer de forma esquemática extensión se localiza en la confluencia de varios térmi-
en los años noventa, indicando su procedencia de un nos municipales, como Mancha Real, Torres y Jimena,
lugar indeterminado de la amplia geografía de Guadix hace ya casi treinta y cinco años que dimos a conocer
(Carrasco et alii, 1999). Hoy día, puede concretarse una extraordinaria fíbula de codo procedente de una
su hallazgo en Canto Tortoso, perteneciente al término incineración en urna, posiblemente del entonces con-
de Gorafe, en la extensa región de la Hoya de Guadix. siderado Bronce Final Pleno (Carrasco et alii, 1980).
Está compuesto por el brazo derecho del puente y par- En aquellos momentos la estudiamos y asemejamos
te del codo, resorte con espira y media y fragmento tipológicamente con otros ejemplares peninsulares y
de la aguja, ligeramente curva. Por su configuración orientales, muy propios de la época en cuestión. Así
de perfil alto, en forma de triángulo isósceles, debió como con algunas decoraciones conocidas en otros
tener el codo centrado. Su sección es ligeramente cur- artilugios, especialmente brazaletes, entre ellos los ex-
va, por su parte inferior y apuntada o triangular, por tremeños del yacimiento de Berzocana. Cuestión que
la superior. Es de configuración levemente fusiforme, tuvo gran trascendencia en trabajos posteriores y entre
estrechándose por sus extremos, para conformar resor- investigadores que, a falta de mejores argumentos que
te y codo. Su base aproximada sería de unos 7 cm, hoy sí existen, la han actualizado para justificar y en-
altura 4,5 cm, sección máxima/mínima 6 y 3,5 mm. cubrir ciertas carencias de temática fibular.

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40 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

El ejemplar es de los que cabría calificar de presti- más diversa etiología, entre los que destacan fragmen-
gio, lo mismo que pudo ocurrir con la de Casa Nueva, tos de brazaletes de marfil que ya se conocían en otros
también de Pinos Puente, aunque ya entre las del tipo registros del poblado, así como en el ajuar de algunas
Huelva; la de las Lunas de Yuncler (Toledo), entre las sepulturas de cremación de Les Moreres (González
de arco descentrado; incluso la de Mola dAgres (Ali- Prats, 2002). Las dos fíbulas en cuestión correspon-
cante) dentro del tipo ad occhio, o el ejemplar inédito den: en primer lugar (nº 1 = PN.13920), al brazo iz-
de pivote del Cerro de la Mora, de nuevo en Moraleda quierdo de un puente (4,2 cm) de sección circular (0,6
de Zafayona, Granada. cm), mortaja completa y restos del codo (Fig. 3: 1). La
La de Cerro Alcalá sería una fíbula extraordinaria segunda (nº. 2 = PN-13919) está compuesta por restos
por fundición, dimensiones y decoración, propia de un del brazo izquierdo del puente, en el que se insinúa
status elevado. Tiene un perfil de triángulo isósceles el inicio de la mortaja y el brazo derecho con codo
con amplia base (9,5 cm) y una altura de 3,8 cm, la central incluido, más los inicios del resorte. El puente
sección lenticular está definida en los brazos (sección fusiforme es de sección oblonga (0,8 x 0,4 cm) y sus
máxima 8 mm; sección mínima 3 mm), mientras el dimensiones reconstruidas serían, aproximadamente,
codo es estrecho, alto y centrado. Presenta un amplio de unos 7 cm de longitud y 3,5 cm de altura (Fig. 3: 2).
pie o mortaja (dimensión máxima 2 cm) y un resorte Su cronología aproximada se situaría entre los siglos
que, en origen, debió tener tres espiras. Se fundió en X y IX a.C., con una mayor antigüedad para la primera
un bronce binario, con porcentaje medio/bajo de Sn (nº 1) que para la segunda (nº 2).
(6,28%). Los brazos están decorados en su parte supe-
rior, ambos presentan tres fajas perpendiculares a sus
ejes, distribuidos desde la parte media del codo, por la III.d. Meseta
parte central de los brazos, hasta las proximidades del
resorte y la mortaja. Las fajas se componen de finas De este extenso territorio peninsular, rico en produc-
incisiones paralelas que, en número de 5 ó 6, enmar- ciones broncíneas de todo tipo y de una sugerente y
can triángulos apuntados rellenos de finos reticulados variada muestra de las consideradas fíbulas antiguas
y, entre ellos, rombos lisos exentos. Su cronología a de codo (Huelva, ad occhio, violín, etc.), extrañamen-
priori puede ser discutida, pues su morfometría, tipo te solo se ha documentado un ejemplar del tipo Mo-
de aleación en que se fundió y contexto cerámico aso- nachil. Por desgracia, a partir de una información de
ciado, no son muy acordes. En nuestra opinión, podría relativa validez, diríamos que anecdótica.
situarse entre la segunda mitad del s. X y la primera
del IX a.C. 10. Mansilla de las Mulas (Lancia, León) (Fig. 3: 3).
Existen en bibliografía muchas referencias de esta fí-
bula, pero en realidad todas provienen de los escasos
III.c. Levante datos que, en su momento, proporcionó W. Schüle
(1969). Que, a su vez, los obtuvo junto a un dibujo
En el área levantina solo se han documentado dos fí- esquemático de D. Eladio Isla. En su investigación,
bulas incompletas de las que estudiamos, en la Peña Schüle incluye este ejemplar, junto al de Monachil y la
Negra de Crevillente. Tienen contextualización estra- del tipo Huelva de Burgos, en su Tipo «Ia», el más an-
tigráfica, aunque los registros arqueológicos asociados tiguo entre las fíbulas peninsulares por él clasificadas.
están en fase de análisis, por lo que cronológicamente Es una fíbula de perfil alto, con forma de triángulo
son de difícil precisión. En los estudios de fíbulas rea- isósceles y base estrecha. Le falta parte de uno de los
lizados en la región, solamente habría que destacar la brazos del puente, el resorte y la aguja. El codo apare-
presencia de otros dos ejemplares de los denominados ce centrado y la sección de brazos es tan gruesa que,
sículos: la de codo descentrado depositada en el SIP de en opinión de Almagro Basch, serían «amorcillados»
Valencia, de origen desconocido y la tardía ad occhio y sin decoración alguna. Su altura aprox. sería de 5,2
de Mola d’Agres. cm; anchura máx. 4,2 cm; sección máx. 0,5 cm. La
reconstrucción que presentamos se debe al propio W.
9. La Peña Negra (Crevillente, Alicante). En tan im- Schüle.
portante enclave arqueológico, de amplia tradición bi- J. Fernández Manzano, al estudiarla en base al di-
bliografía, se localizaron restos de dos fíbulas de codo bujo de Schüle, resaltaba que la fíbula, por no tener
en el Corte G, adyacente al Corte E (González Prats, ningún tipo de decoración, podía situarse entre las más
1992), abierto en la campaña de 1987 y que, como antiguas de la Península (Fernández, 1986). Aunque,
todo su registro, permanecían inéditas En él se exca- a continuación, apuntaba otra alternativa, al compa-
vó un amplio y estratificado depósito de residuos del rarla con las lisas aparecidas en el depósito francés de
Bronce Final cubierto por tierras de labor, proporcio- Vènat, consideradas del Hierro Antiguo (al menos el
nando una secuencia compuesta por nueve estratos de brazo con pie). Por lo que concluía que esta fíbula, en
ocupación y derrubios. Las fíbulas aparecieron en la un proceso de simplificación, podría considerarse de-
parte inferior del estrato 7 denominado IIb4, asociadas rivación tardía de los ejemplares «con gallones». Una
grosso modo a un amplio conjunto de materiales de la hipótesis aceptada entre otros por C. Blasco (1987),

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 41

que la comparó con otra fíbula del castro de El Berrue- producción retardataria local, dentro de las del tipo
co que desconocemos. En realidad, de este yacimien- Monachil.
to proceden tres fíbulas antiguas (arco de violín, ad
occhio y Huelva), que entrarían en el taxón codo, sin
similitud con la de Mansilla. Esta fíbula no nos parece III.e. Extremadura
derivada de ninguna otra de gallones (tipo Huelva) y,
aún menos, surgida en un proceso de simplificación. En los últimos años, el ámbito extremeño, junto a la
En todo caso, constituiría sin más, una derivación o Alta Andalucía, ha proporcionado en la Península

Figura 3: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Levante: 1-2. La Peña Negra, Crevillente (Alicante); Meseta: 3. Mansilla de las Mulas,
Lancia (León); Extremadura: 4. Talavera la Vieja (Cáceres); 5-6. La Muralla, Valdehúncar (Cáceres); 7-8. Los Concejiles, Lobón
(Badajoz).

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42 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

Ibérica el mayor número de fíbulas del tipo que estudia- Tajo y dentro de la Alta Extremadura, procede un rico
mos. Cuestión lógica, por el dinamismo de las pobla- registro arqueológico de diferente origen, obtenido en
ciones del Bronce Final en estos ámbitos geográficos, recogidas superficiales (Barroso y González, 2007).
y por el amplio registro habitacional constatado. Nú- Sus investigadores señalan en este conjunto la presen-
mero de fíbulas que tendrá que incrementarse cuando cia de dos fíbulas que consideramos del tipo Monachil.
se detecten y excaven las necrópolis que se les asocian, La primera de ellas (nº 1) (Fig. 3: 5) se conserva ínte-
como debe ocurrir en otras áreas peninsulares. Tres gra, con el codo centrado, brazos de planta fusiforme y
son los extensos asentamientos extremeños que han sección oblonga plana. De pie corto, aguja de sección
proporcionado, producto de recogidas superficiales no circular (sección máx. 0,3 cm) y resorte de una espira,
contextualizadas, cinco fíbulas del tipo Monachil. presenta una decoración de motivos incisos en la parte
superior de los brazos, compuesta en cada uno de ellos
11. Talavera la Vieja (Cáceres). Núcleo poblacional por dos fajas perpendiculares de incisiones paralelas a
situado en la orilla izquierda del Tajo, conocido des- sus ejes máximos, próximas al resorte, codo y pie, que
de antiguo por sus conjuntos monumentales romanos en su amplio sector central enmarcan trazos oblicuos
arruinados. Fue cubierto en los años sesenta, junto a paralelos, con motivo de espigas. Su perfil tiene for-
numerosos enclaves arqueológicos de su entorno, por ma de triángulo isósceles, de amplia base (7,9 cm) y
el embalse de Valdecañas. En los años en que la sequía altura relativamente baja (aprox. 3,2 cm). La sección
afecta en la zona, desciende el nivel de las aguas del máx. es de 0,7 cm. La segunda fíbula (nº 2) (Fig. 3: 6),
pantano, aflorando vestigios arquitectónicos y restos incompleta, conserva sólo el brazo derecho del puente
habitacionales, junto con registros arqueológicos de y restos del codo, resorte con espira y media, arete de
diversa entidad. De uno de estos lugares, fuera de la adorno y aguja. Es de sección fusiforme, presentando,
villa de Talavera, se documentaron y estudiaron restos próxima al codo, una decoración de faja con incisiones
de tres fíbulas de codo, así como un sugerente conjun- paralelas. La dimensión del brazo conservado (5 cm)
to cerámico a mano y a torno descontextualizado (Ji- es similar al de la primera fíbula de codo centrado: sin
ménez y González, 1999). Así aparecieron dos fíbulas embargo, en este caso, quizás porque está distorsionada
del tipo Huelva y otra del tipo Monachil. De las dos y la aguja posiblemente incompleta, se especula en este
primeras, conocidas por la amabilidad de A. González ejemplar con una asimetría difícil de entender, cuando
y depositadas en la Colección Durán en Navalmoral de falta el brazo izquierdo. Aunque resulta suficiente para
la Mata, realizamos análisis metalográficos y fueron seguir manteniendo el consabido carácter sículo de es-
de nuevo documentadas e incluidas en nuestras tablas tas fíbulas en la bibliografía tradicional, lo que no es
tipológicas del tipo (Carrasco y Pachón, 2006b). necesario comentar. Para nosotros, serían dos fíbulas
La tercera (Fig. 3: 4), del tipo Monachil y deposita- muy similares, de codo centrado y cronología que –en
da en el Museo de Cáceres, conserva el brazo derecho principio– sería algo más antigua que la fecha ofertada
del puente con resorte de espira y media y restos de la para la procedente de Talavera la Vieja; es decir, entre
aguja. Falta la inflexión del codo, que debía estar cen- la segunda mitad del siglo XI y primera del X a.C.
trado, mientras la sección del brazo es circular. Entra-
ría, por su configuración, entre las «amorcilladas» de 13. Los Concejiles (Lobón, Badajoz) (Fig. 3: 7-8).
Almagro. Según sus descubridores (Jiménez y Gonzá- De este gran asentamiento proceden dos fragmentos
lez, 1999), esta fíbula fue fundida a la cera perdida, en de fíbulas de codo, recogidas en superficie junto con
base al tipo de decoración no incisa en frío que ocu- diversos bronces y una extensa muestra cerámica de
paría toda su superficie. El ornato lo componen tres amplio espectro cronológico, poco especificado. Aun-
fajas lisas delimitadas por finos trazos que, a su vez, que los restos fibulares eran conocidos con anterioridad
encuadran otras rellenas con motivos angulares para- (Jiménez Ávila et alii, 2002), es una investigación más
lelos, junto a una gran faja con líneas paralelas, que reciente donde se realiza, según sus autores, el estudio
delimitan el inicio del resorte. El brazo conservado tie- más detallado (Vilaça et alii, 2012). Pero es un traba-
ne una long. máx. de 5,6 cm y sección máx. de 0,6 cm. jo con el que no coincidimos, entre otras cuestiones,
Aunque los autores especulan sobre la disimetría por el tratamiento que se da a las fíbulas. En princi-
del codo de esta fíbula, para defender la opción de pio, sus investigadores las catalogan como «tipo de
su origen siciliano, pensamos que aquel debió estar sección circular-ovoide» (Vilaça et alii, 2012, 48), lo
centrado, conformando una fíbula alta en forma de que, dentro de las fíbulas de codo en general, no indica
triángulo isósceles, sin paralelos entre los modelos ita- nada, ni es parámetro para definir un tipo concreto de
lianos. Fue fechada por sus investigadores entre los fíbula. Se describen como de puente disimétrico (¿?),
siglos XI y VIII a.C. En nuestra opinión, precisaría- cuando sólo se conserva un brazo en cada una de ellas.
mos su cronología entre la segunda mitad del s. X y la También se indica un «resorte, el clásico de una sola
primera del IX a.C. vuelta» (Vilaça et alii, 2012, 149), que no resulta ser ni
clásico, ni de una sola vuelta. Se comparan con las dos
12. La Muralla (Valdehúncar, Cáceres). De este im- procedentes de Mondim da Beira, cuya problemática
portante asentamiento arqueológico localizado en la veremos en el apartado de Portugal. Entre las extreme-
comarca de Campo Arañuelo, en el tramo medio del ñas, los autores las asimilan con el ejemplar cacereño

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 43

de La Muralla de Alcántara, que hace años documenta- occhio (Casal do Meio, S. Româo, Santa Luzia), ni las
mos a partir del dibujo y fotografía proporcionados por tipo Huelva (Abrigo Grande das Bocas), ni menos aún
J. Esteban, de puente con decoración única y codo total- las sículas (Mondim da Beira, Monte Airoso, N.S. da
mente descentrado, muy diferente a las de Los Conceji- Cola), tienen cronologías arcaicas y alguna ni entraría
les. También las paralelizan con las procedentes de los en el taxón de codo antigua, como puede suceder con
yacimientos cacereños de Talavera la Vieja y Muralla de uno de los ejemplares de Nossa Senhora da Cola.
Valdehúncar y del portugués de Nossa Senhora da Cola.
Recordemos que, del primero de estos yacimientos, dos 14. Mondim da Beira. En 1986, S. da Ponte daba a co-
fibulas serían del tipo Huelva, tipológicamente ajenas a nocer un fragmento de puente de fíbula (Fig. 4: 2) de-
las de Los Concejiles, y una tercera de sección circular, positada en el Museo Nacional de Arqueología y Etno-
que consideramos de codo centrado, sí puede estar re- logía de Portugal (Da Ponte, 1986). Inventariada con el
lacionada con su ejemplar decorado. Del segundo yaci- nº 14299, sin contexto arqueológico alguno, fue inclui-
miento, los dos ejemplares estudiados son de perfil dife- da, siguiendo nomenclaturas francesas, en la primera
rente y no «del tipo de sección circular ovoide», al que categoría del amplio grupo de fíbulas de arco multi-
aluden los investigadores de Concejiles. En resumen, curvilineo. En su interpretación, siguiendo a Sundwall,
los investigadores de Los Concejiles muestran un co- S. da Ponte consideraba esta modalidad de origen ita-
nocimiento relativo del tema fibular, que completan con liano y la situaba entre los siglos IX y VII a.C., siendo
el añadido de un mapa (Vilaça et alii, 149) inespecífico, frecuente, según esta investigadora, en los finales del
falto de contenido y controvertido, en el que se señalan siglo VIII e inicios del VII a.C. En un posterior trabajo
sólo «la dispersión de las fíbulas de codo tipo Huelva y (Da Ponte, 1989), incluía esta fíbula en el complejo y
variantes, no incluyendo las de tipo ‘ad occhio’, lo que fragmentario mosaico que constituye la última fase del
excluye los ejemplares de Baleizao y N.S. da Cola en la Bronce Atlántico, fechándola en el curso de los siglos
zona de estudio» (Vilaça et alii, 150), junto al paradig- IX-VIII, que en territorio portugués, según esta autora
ma de una fíbula de Mondim da Beira, según los autores y siguiendo modelos de Coffyn y Blasco, no sería ante-
de las del tipo Huelva y variantes (s.c.). Finalmente, la rior a la primera mitad del siglo IX a.C.
cronología que ofrecen para estas fibulas, como para el Más recientemente, esta fíbula fue «de nuevo» pu-
resto del registro arqueológico, entre los siglos XI-IX blicada (Fig. 4: 3) por J. R. Carreira (1994), junto con
a.C., no es del todo preciso, pero acorde con las pecu- otro ejemplar, al parecer proveniente del mismo sitio
liaridades de su estudio. (Fig. 4: 4). Indica este autor que tales fíbulas fueron
Estimamos que las fíbulas de Concejiles, por las dadas a conocer de forma aislada, sin reconstruir, por
dimensiones de los brazos conservados (3,5 y 4 cm parte de Leite de Vasconcelos en 1933 y, desde en-
aprox.) y la configuración de su posible puente, en- tonces, habían pasado inadvertidas para la bibliografía
trarían en los parámetros de las de codo centrado. Sus arqueológica subsiguiente. Ignorando así los trabajos
análisis metalográficos indican una aleación binaria de S. da Ponte, de modo inconsciente o, quizás, debi-
con contenidos de Sn del 13,6% (nº 1) y 10,8% (nº 2), do al dibujo esquemático y muy diferenciado que esta
propios de una metalurgia del Bronce Final relativa- autora había presentado de la primera fíbula.
mente avanzada, aunque no muy tardía; pero, sin lugar Esa primera fíbula (nº 1) (Fig. 4: 5) que, gráfica-
a dudas, más antiguas que las portuguesas de Mondim mente, reconstruimos a partir de los dibujos de S. da
da Beira, con las que no tienen excesivas semejanzas Ponte (Fig. 4: 2) y J. R. Carreira (Fig.4: 3), correspon-
morfométricas, ni de composición metalográfica. Al de al brazo derecho del puente de una fíbula de codo
margen de otras cuestiones tipológicas, ocuparían un de sección oblonga, conservándose el inicio del codo
espacio cronológico entre el siglo X y la primera mitad y una espira y media del resorte. La decoración está
del IX a.C. compuesta por una ancha faja central, que ocupa gran
En resumen, y sin mayores detalles, de las nueve parte del brazo, con una serie de incisiones paralelas al
fíbulas de codo registradas actualmente en Extrema- mismo, delimitadas por dos fajas más cortas de inci-
dura, al margen de las múltiples representadas en las siones perpendiculares paralelas, pero enmarcadas –a
estelas, casi todas de puente asimétrico, dos serían su vez– por dos incisiones más fuertes en el mismo
realmente del tipo Huelva (Talavera la Vieja), cinco sentido. La decoración, en el dibujo de S. da Ponte,
del tipo Monachil (Talavera la Vieja, Muralla de Val- muestra que también invade la parte inferior del puen-
dehúncar y Concejiles) y otras dos de puente asimétri- te, como sucede en otras del mismo tipo y en alguna
co (Muralla de Alcántara y Pajares). otra del tipo Huelva, como la de San Román de Horni-
ja. En su reconstrucción, J. R. Carreira, según nuestros
criterios, la orienta mal y los brazos resultantes quedan
III.f. Portugal muy asimétricos, con el codo en un lateral, descansan-
do sobre el brazo que sustenta la mortaja. Por contra,
Son escasas las fíbulas de codo antiguas que, actual- la orientación normal de esta fíbula ofrecería brazos
mente, se cotejan en la geografía portuguesa. Más aún, posiblemente más simétricos y codo centrado. Sus di-
consideramos que, dentro de los tipos generales que mensiones aproximadas son: 4,5 cm de longitud, en la
hemos establecido para ellas, ni sus ejemplares ad parte conservada, y 0,8 cm de sección.

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44 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

La segunda fíbula (nº 2) (Fig. 4: 6) es de mayores inclinados paralelos alternos. Su cronología podría es-
dimensiones y más completa, ya que conserva entero tar a partir de la segunda mitad del s. X a.C.
el brazo derecho, con una espira y media en el resorte,
el codo fragmentado y parte del brazo izquierdo, ha- 16. Nossa Senhora da Cola (Ourique, Beja). (Fig. 4:
biendo perdido la mortaja. El brazo derecho tiene una 1). De este castro portugués, hace años que S. da Ponte
gruesa sección circular, siendo la del izquierdo lige- publicó una fíbula sin contexto alguno (Ponte, 1986b),
ramente elíptica. Presenta una profusa decoración en descrita como de arco multicurvilineo y pie largo, que
los brazos, a base de finas incisiones paralelas que se integró en su tipo «1c» (Ponte, 2006). Según esta in-
desenvuelven a lo largo de ellos, hasta formar una an- vestigadora, con una cronología de finales del Bronce
cha faja central delimitada en sus extremos, cerca del Final/Primera Edad del Hierro, entre el siglo VIII-VII
codo y del resorte, por dos o tres incisiones más fuer- a.C. No conocemos directamente esta fíbula, pero con-
tes, paralelas y perpendiculares a los mismos. Esta fí- sideramos muy posible que no entre en la categoría de
bula también la consideramos mal reconstruida (Fig.4: las de codo y, menos aún, que pertenezca al tipo Mo-
4) y, aunque es evidente una cierta asimetría original nachil que estudiamos. Sin embargo, de las excava-
entre los brazos, su excesiva inclinación hacia el brazo ciones realizadas por A. Viana (1961), en los estratos
de la mortaja, y la pérdida de ésta, ha dado lugar a un pre-romanos de la alcazaba de este Castro, procede un
modelo de puente descentrado que Carreira paraleli- fragmento del brazo izquierdo de una fíbula de codo,
zó, en origen, con tipos sicilianos y con el ejemplar de la que solo se conserva parte del brazo izquierdo del
conservado en el Museo de Valencia de procedencia puente. Presenta decoración de finas incisiones parale-
desconocida. Sus dimensiones son: 68 mm de longi- las, enmarcadas por otras transversales. Muy similar al
tud; sección del brazo derecho: 8 mm; sección máx. ejemplar del Coronil y en línea con la lisa de la Ría y
del brazo izquierdo: 7 mm. del Cerro de las Agujetas. Asimismo, tiene semejanzas
J. R. Carreira, basándose en la alta composición con las de Mondim da Beira. Nuestra reconstrucción
metalográfica en estaño de estas fíbulas, consideró (Fig. 4: 8) es de codo centrado. Su cronología debería
que eran producciones indígenas de la metalurgia del ser tardía, posiblemente del s. IX a.C.
Bronce del Noroeste peninsular y de las Beiras portu-
guesas. En realidad, estas dos fíbulas son producciones
locales retardatarias, como así lo expusimos en alguna IV. METALURGIA, TIPOLOGÍA Y CRONO­-
ocasión (Carrasco et alii, 1999; Carrasco y Pachón, LOGÍA
2006b). Su alto contenido de estaño, a veces por enci-
ma del 40%, apunta en principio hacia lo sugerido por Se han computado restos de veintinueve fíbulas, de las
Carreira sobre su indigenismo y elaboración tardía, que veintiséis son reales y tres solo constituyen una
salvando sus impuestos paralelismos bibliográficos posibilidad de difícil filiación, por lo inespecífico de
extrapeninsulares. En su momento, señalamos algunas los fragmentos conservados. Existen veinte análisis
relaciones tipológicas entre los diseños incisos deco- espectrográficos de catorce de las fíbulas estudiadas,
rativos que presentan estas fíbulas y las estructuras en lo que representa un porcentaje relativamente escaso.
fajas resaltadas de las del tipo Huelva, pero nunca las En cuanto al aspecto concreto de los análisis metáli-
consideramos específicamente de este grupo. cos, es evidente que –al margen de la ya comentada
escasez de la muestra analizada– partimos inicialmen-
15. Monte Airoso (Granja, Penedono). De este castro te con un problema importante: el hecho de que los
portugués procede un fragmento de brazo de fíbula re- diferentes análisis contabilizados proceden de labo-
cogida en superficie (Fig. 4: 7). Citada en bibliografía ratorios que, seguramente, han empleado programas
como procedente de Monte Calvo, Penedono (Cardo- analíticos y técnicas diferentes para su obtención; pero
so, 2002, 354), se referenció y comentó posteriormen- en los que, por ejemplo, no han sido cuantificados los
te como de Monte Airoso por R. Vilaça (2008), siendo elementos constitutivos, por lo que establecer simili-
finalmente reinterpretada por nosotros (Carrasco et tudes, o diferencias entre ellos, es poco significativo
alii, 2012). Los investigadores lusos la reconstruyeron en estos instantes. Pese a todo, el hecho de que en su
a partir del brazo izquierdo, con restos de mortaja y mayor parte procedan de centros analíticos solventes,
codo (3,3 cm), dándole una verticalidad impropia; lue- da ciertas garantías, al obtener análisis que contrastan
go, le añadieron un supuesto y extenso brazo derecho, métodos especializados y modernos, como Espectros-
a fin de que el codo ofreciese un marcado aspecto asi- copia de Absorción Atómica (AAS), Microsonda de
métrico y, así, encajarla propiamente entre las de arco Electrones (EMPA), Espectrometría de Dispersión de
descentrado de tipo sículo. En nuestra opinión, por la Longitud de Ondas de Rayos X, Difracción de Rayos
dimensión y configuración del brazo conservado, el X y Espectrometría de Plasma Acoplado por Inducción
ejemplar tendría el codo centrado, como se ha seña- (ICP). Ciertos análisis fueron realizados por el Museo
lado en otro lugar (Carrasco et alii, 2012). De confi- Británico, otros por el Centro de Instrumentación de la
guración fusiforme y amplia sección circular oblonga, Universidad de Granada, Consejo de Investigaciones
presenta decoración en su parte central, con motivos Científicas de Madrid, dentro del Proyecto Arqueome-
de fajas rellenas de motivos reticulados incisos y otros talúrgico de la Península Ibérica, etc. De otros análisis,

LVCENTVM XXXII, 2013, 31-52. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.02


¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 45

Figura 4: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Portugal: 1 y 8. Nossa Senhora da Cola, Ourique (Beja); Mondim da Beira, Tarouca [a)
según S. Da Ponte (2), J. R. Carreira (3) y J. Carrasco (5); y b) según J. R. Carreira (4) y J. Carrasco (6)]; 7. Monte Airoso, Granja
(Penedoso).

como los realizados a las fíbulas portuguesas de Mon- ocasión, solo las contrastaremos con las nuevas analí-
dim da Beira y a la sevillana de El Coronil, no cono- ticas obtenidas exclusivamente en casos de las del tipo
cemos la tradición en este tipo de investigaciones de Monachil y sólo a partir de consideraciones generales.
los laboratorios que las realizaron, especialmente las Una observación rápida del cuadro de composición
primeras, por lo que sería necesario contrastarlo. metalográfica de los elementos de las fíbulas (Fig. 5),
De las catorce fibulas analizadas, algunas de ellas elaborado con los datos de los catorce ejemplares
como la denominada sícula de Huelva, primera de analizados, sugiere algunas conclusiones inmediatas.
Monachil, Cerro Alcalá, El Coronil, Canto Tortoso y Doce de ellas presentan una aleación binaria de cobre
las dos de Mondim da Beira, ya fueron objeto de co- y estaño (Cu/Sn), una con una posible aleación terna-
mentarios en trabajos globales anteriores, realizados ria, al contener también hierro (Cu/Sn/Fe) y otra fun-
sobre la metalurgia de las antiguas fíbulas de codo dida en Cu puro, o aleada con arsénico (As). De las bi-
peninsulares (Carrasco et alii, 1999 y 2005). En esta narias, cinco presentan porcentajes de Sn medio/bajo

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.02 LVCENTVM XXXII, 2013, 31-52.


46 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

(Monachil 1 y 2, Canto Tortoso, Cerro Alcalá, Peña descrito, sino entre todo el conjunto de las de codo
Negra 1), correspondiendo a ejemplares de Andalucía antiguas, dentro y fuera de la Península. En teoría, por
Oriental y Levante, de puente con brazos básicamente XRF, tiene una aleación Cu/As y, por ICP sin rastrear-
filiformes y sección fina ligeramente oblonga, aunque se el As, presenta un Cu con ínfimos oligoelementos-
la de Cerro Alcalá es ligeramente fusiforme. Cinco lo traza. No pondremos excesivo énfasis en la aleación
tienen medio/alto (Ría, Agujetas, Concejiles 1 y 2 y de esta fíbula, objeto actualmente de un estudio más
Peña Negra 2), en fíbulas fusiformes de amplia sec- detallado. Solo indicar que no tiene parangón con nin-
ción circular u oblonga, de las llamadas de «brazos guna otra conocida del Bronce Final peninsular y sí,
amorcillados» por Almagro Basch y dos alto (Mondim por el contrario, muy relacionada con la que presentan
da Beira 1 y 2), en ejemplares de brazos decorados con los bronces argáricos tardíos. Lo que no indica, por
gruesas secciones oblongas. A la fíbula nº 1 de Peña motivos obvios, que consideremos esta fíbula argári-
Negra, por distintos motivos, se le han realizados tres ca, pero sí con cronología arcaica, si no la más arcaica,
análisis. Primero, por su mineralización y el análisis entre las que más dentro del conjunto de las de codo.
obtenido de un pulido, no de pátina, puede ofrecer una Desde las generalidades expresadas y siguiendo
ligera distorsión; segundo, por su bajo contenido de parámetros no coyunturales, ya expuestos en un tra-
Sn, motivado quizá por un reciclado del metal. La evi- bajo anterior (Carrasco et alii, 1999), como recien-
dencia de la metalurgia presente en Peña Negra indica temente se ha expresado sin ninguna argumentación
una fundición local que no aclara suficientemente el (Vilaça et alii, 2012), volvemos a insistir en el hecho
problema anterior. En todo caso, esta fíbula por tipolo- contrastado de que en el desarrollo de la metalurgia
gía es más antigua que la nº 2 del yacimiento. antigua en la Península Ibérica se dieron, al menos,
El análisis de la fíbula de El Coronil da en princi- tres procesos tecnológicos correlativos en las técnicas
pio una aleación ternaria, que también puede ser resul- de fundición del metal: cobre puro, cobre con arséni-
tado de una riqueza en Fe del mineral de Cu fundido co y bronce (cobre y estaño). Los dos primeros pasos
para su elaboración. Aunque, a priori, nos inclinaría- aparecen relativamente bien precisados, salvo casos
mos por una aleación intencionada de Fe, Cu y Sn. En- puntuales que necesitarían estudios pormenorizados
traría dentro de las denominadas fusiformes, con bra- de cronología, más que de tipología, en la Prehistoria
zos amorcillados. Por último, la fíbula fundida en Cu del Sureste; pero el tercero, que coincidiría con la ple-
puro, arsenicado o aleado con As, procedente de Las na metalurgia del bronce, y que se situaría cronológica
Muelas, es la que a nuestro juicio presenta el máximo y culturalmente en el tránsito del Bronce Final y su
interés; no sólo entre las del tipo Monachil que hemos desarrollo posterior, ofrecería más dificultades.

Figura 5: Cuadro de composición metalográfica.

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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 47

En reflexiones realizadas hace casi quince años izquierdo. En la tabla tipológica que hemos elaborado
(Carrasco et alii, 1999, 125), vigentes en la actuali- (Fig. 6) ocuparía por tipología, elaboración y metal en
dad, señalábamos lo siguiente: «creemos que no debe- que se fundió, el primer lugar de la serie. Sin duda
mos estar muy descaminados si consideramos que en estaría en el origen, al menos, de todo el conjunto fi-
el proceso de la historia de las aleaciones del bronce bular de codo estudiado en la Península Ibérica, por no
pudieron darse varias fases evolutivas –al margen hacerlo extensible a otros ámbitos mediterráneos. Ini-
de tradiciones locales, conservadurismos, recursos ciaría o estaría cronológicamente por encima del Gru-
mineros propios de cada región, influencias tecnoló- po A, primero de nuestra secuencia crono-tipológica y
gicas exteriores, etc.– que coincidirían grosso modo recibiría una datación que, con precaución, no debería
con situaciones culturales dentro del Bronce Final. bajar a priori del siglo XIII a.C., aunque no descarta-
Desde esta perspectiva una primera fase estaría ca- ríamos que la sobrepasase en ambos sentidos.
racterizada por la inicial aparición del estaño en las A continuación, el grueso de las fíbulas que com-
aleaciones, siempre en bajos porcentajes, junto a la ponen este primer grupo lo compondría la segunda y
presencia del arsénico ya como oligoelemento más o primera de Monachil, seguido de la de Canto Tortoso,
menos importante, en lo que pudiésemos denominar en el orden citado, que podríamos denominar A1, A2
fase de tanteos y que coincidiría con las postrimería y A3. Las tres entrarían de pleno en la fase que hemos
del Bronce Tardío/inicios del Bronce Final en el Su- denominado de tanteos, con aleaciones medias bajas
reste. Una segunda fase se caracterizaría por un in- en Sn y As como oligoelemento general. Las tres, si-
cremento, dentro de las aleaciones, del porcentaje de guiendo parámetros del ejemplar de Las Muelas, tie-
estaño, el paralelo decrecimiento del cobre y la prác- nen perfil de triángulo isósceles bajo, aunque paulati-
tica desaparición del arsénico, en lo que podríamos namente van desarrollando altura, con un codo cada
llamar fase de consolidación, coincidiendo con un vez más vertical. También se comprueba en planta que
Bronce Final Pleno. Por último, una tercera fase ca- los brazos del puente van desarrollando un perfil cada
racterizada por bronces más evolucionados y tardíos, vez más fusiforme, para posteriormente poder desa-
que presentan aleaciones con grandes volúmenes de rrollar en ellos algún tipo de decoración visible. Aun-
estaño, a veces fuertes porcentajes de plomo y otras que ya en la primera fíbula de Monachil se comprueba
de hierro, constituyendo en muchos casos claras alea- una sucinta decoración de fajas buriladas. Este grupo
ciones ternarias y de otro tipo, que definiría una fase tendría una cronología aproximada entre el siglo XII
final de tal metalurgia, relacionada en muchos aspec- y la primera mitad del XI a.C., que es cuando posible-
tos con los últimos momentos del Bronce Final/inicios mente entren en escena las primeras fibulas del grupo
del Hierro». Huelva y, quizás, algún ejemplar del tipo ad occhio.
Desde esta perspectiva, en su momento novedosa En un segundo grupo que denominamos B, ten-
para este tipo de estudios y hasta la fecha no revisada drían cabida los dos ejemplares de La Muralla de Val-
ni actualizada, podemos configurar grupos concretos dehúncar. Presentan un modelo similar a las del grupo
de fíbulas, siempre del tipo Monachil, con ciertas se- A, diferenciado sólo por sus dimensiones algo mayo-
mejanzas en sus aleaciones, que podrían relacionarse res y los brazos del puente más filiformes y aplanados,
con factibles secuencias tipológicas/cronológicas y donde desarrollar motivos decorativos incisos. Como
que, a falta de otro tipo de argumentaciones más preci- así ocurre en la B1, con motivos aislados de fajas com-
sas, pueden ayudarnos de momento a contextualizarlas puestas por incisiones paralelas que delimitan el codo;
por sí mismas, al margen de posteriores precisiones. en la B2 hay desarrollos decorativos más complejos,
Previo, o en los inicios de lo que hemos deno- de fajas con líneas incisas paralelas que engloban mo-
minado fase de tanteos, debería situarse el ejemplar tivos de espigas quebradas. Las fíbulas de este grupo
granadino de Las Muelas (A). Es evidente que en su B, como el anterior A, no están elaboradas o fundidas
aleación, el mineral de Cu en que fue fundida no coin- en molde, sino a partir de una varilla, posiblemente
cide con ningún momento tecnológico de la fase de desgajada o cortada de una placa, que posteriormente
tanteos, pues taxativamente responde a una compo- fue configurada con forja y lima. La cronología de este
sición propia de momentos epigonales argáricos. Los grupo, grosso modo, encajaría entre la segunda mitad
análisis más específicos que se le han realizado no in- del s. XI y la primera del X a.C.
dican refundiciones, ni nada similar, sino más bien que Un tercer grupo, que denominamos C, acogería un
procede de un taller local con mineral fundente obte- conjunto algo más amplio de fíbulas y con más proble-
nido en la misma región. De igual forma, la tecnología mas de filiación. En él entrarían ejemplares que con-
empleada para su elaboración final es la más simple sideramos se fundieron en molde y a la cera perdida,
que hemos documentado, no sólo para las del tipo Mo- de sección gruesa, claramente fusiformes y decoracio-
nachil, sino para todas las que en general conforman nes complejas, invasoras e intensas a lo largo y ancho
el elenco fibular de codo antiguo. Se realizó a partir de de los brazos del puente. Aquí podríamos incluir, por
un fino hilo de sección casi cuadrangular, martilleado características morfo-tipológicas, las fíbulas de Cerro
en los brazos del puente y la mortaja, terminando con Alcalá (C1), Talavera la Vieja (C2) y quizás Monte
un limado profundo y pulido en la aguja y el codo cen- Airoso (C3), las dos de Los Concejiles (C4 y C5)
trado, que está inclinado sin precisión sobre el brazo y el fragmento de brazo de Peña Negra (C6), como

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48 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

Figura 6: Fíbulas ‘sículas’ de tipo Monachil. Tabla crono-tipológica. Las Muelas (A); Cerro de la Encina (A1 y A2); Canto Tortoso
(A3); La Muralla (B1 y B2); Cerro Alcalá (C1); Talavera de la Reina (C2); Monte Airoso (C3); Los Concejiles (C4 y C5); La Peña
Negra (C6 y D6); Ría de Huelva (D1); Las Agujetas (D2); Mondim da Beira (D3 y D4); El Coronil (D5); Nossa Senhora da Cola (D7)
y Mansilla de Mulas (D8).

ejemplares más evolucionados, que también podrían Un último grupo, que denominamos D, lo com-
entrar en el siguiente grupo. Posiblemente, el ejemplar pondrían fíbulas globulosas, con grandes cantidades
de Cerro Alcalá sea el más controvertido, pues presen- de Sn, a veces fundidas en aleaciones ternarias, en las
ta un porcentaje de Sn medio bajo y una configuración que se usaron técnicas sofisticadas como el taladro
y planta que podría entrar en grupos anteriores. Pero continuo. A veces, presentan finos diseños decorativos
su contexto arqueológico, único que lo tiene de este simples de trazos paralelos, que recorren las super-
grupo, encaja mejor entre la segunda mitad del s. X y ficies inferiores o superiores de los brazos del puen-
la primera del IX a.C. Cronología que consideramos te. Es difícil seguir la trayectoria tipológica de estas
aceptable para el resto fibular del grupo C. piezas, pues en el fondo responden a exigencias muy

LVCENTVM XXXII, 2013, 31-52. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.02


¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 49

locales. Entre ellas, básicamente, podríamos destacar realizados en las necrópolis sicilianas, todas de codo
las procedentes de la Ría (D1), Cerro de las Agujetas centrado. Procedente de Castelluccio, Ragusa (Giumlia-
(D2), las dos de Mondim da Beira (D3 y D4), El Co- Mair et alii, 2010, Fig. 11), clasificada con el tipo 290.2
ronil (D5), quizás la más completa de La Peña Negra (5279 B) (Lo Schiavo, 2010, 604, Tavola 368, 5279b),
(D6), Nossa Senhora da Cola (D7) y la de Mansilla se documenta una pequeña fíbula sin mortaja, que ten-
de Mulas (D8), pieza última, posiblemente retardataria dría el codo centrado y el puente con decoración similar
de otras formas más antiguas. La cronología de todas a la de El Coronil, fechada en el BF 3/Iº Fe I. De igual
ellas, puede situarse en el siglo IX, especialmente a forma, de tres sepulturas de Cugno Spineta, que forman
partir de su segunda mitad, sin descartar pervivencias parte de la extensa necrópolis de Cassibile, proceden
más tardías, incluso de la primera mitad del VIII a.C. tres fíbulas de necesaria referencia (Turco, 2000). De
En este conjunto disperso, que hemos intentado las tumbas CS.8 y CS.28, existen sendos brazos «amor-
sistematizar, entrarían las fíbulas del Cerro de la Mora, cillados» de dos fíbulas, catalogadas como del Tipo
que se insertarían a lo largo de la seudo secuencia ela- 15B, que presentan el codo centrado. Aunque de mayo-
borada, destacando que en ninguna de ellas se han ob- res dimensiones, tienen características muy similares a
servado decoraciones incisas o de otro tipo. Aunque es las de la Ría y Cerro de las Agujetas y con alguna otra
posible, que por su mal estado de conservación, hayan de las descritas en nuestro tipo Monachil. Por último,
desaparecido sin que fuese posible su documentación. en la tumba CS.5, apareció una tercera fíbula englobada
en el Tipo 17b, de características distintas a las dos an-
teriores y muy similar por el perfil al ejemplar antiguo
V. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES de Las Muelas. Aunque el codo de la italiana está algo
descentrado, mientras su elaboración se hizo a partir de
A partir de registros descontextualizados, junto a otros una amplia pletina de sección rectangular de 0,8 x 0,2
aún no estudiados, por primera vez hemos intentado cm. Existen otros tres ejemplares de las tumbas CS.83,
de forma rápida y sin complejizar, sistematizar y reor- CS.84 y CS.99 (Turco, 2000) que, por su decoración,
denar un conjunto de fíbulas españolas que, tradicio- pueden tener ciertas similitudes con las constatadas en
nalmente, entrarían dentro del periclitado taxón sículo fíbulas peninsulares, como la de Monte Airoso, Talave-
y que, por nuestra parte, para diferenciarlas del resto ra la Vieja, etc., pero que, al presentar un claro puente
de este gran grupo, hemos denominado desde hace disimétrico, se alejan del tipo Monachil.
años, más adecuadamente, tipo Monachil. Estamos es- En resumen, no se comprueban similitudes mor-
peranzados en que esta pequeña elaboración sea capaz fométricas entre las fíbulas sículas y las de tipo Mo-
de abrir, en los próximos años, debates sobre el tema. nachil, existiendo la paradoja de que las dos únicas
Con independencia de la oportunidad que esto les me- fíbulas italianas de las tumbas CS.8 y CS.28, con
rezca a unos u otros investigadores, esperemos al me- cierto parecido a la lisa de la Ría, presentan el codo
nos que se reduzcan otras posiciones que, hasta ahora, centrado, como igualmente hemos destacado para ésta
por falta de más adecuados argumentos, han venido en nuestra reconstrucción. Del mismo modo, la crono-
globalizando estas fíbulas y confundiéndolas en un to- logía que presentan estas fíbulas en las necrópolis de
tum revolutum engañoso. En ocasiones, con la única Cassibile corresponde a una fase avanzada de Panta-
y exclusiva finalidad de justificar su presencia en un lica II (B), incluso de Pantalica III, desde la primera
impreciso comercio de la Península, relacionado con mitad del siglo IX hasta el VIII a.C., similar a la que
ciertos ambientes sículos del Mediterráneo Central. ofrecemos para algunas de las españolas tardías. Se
Desde los estudios de Almagro Basch, sobre los comprueba cómo en la secuencia de fíbulas italianas,
bronces de la Ría de Huelva, la famosa fíbula sícu- las más antiguas que podrían corresponder a Pantalica
la fue mal interpretada y reconstruida como modelo I, por encima del s. XI, son todas de violín y arco sim-
de puente disimétrico, para asimilarla con otros mo- ple y es a partir del año 1000 a.C. cuando existe una
delos sicilianos que presentaban esta característica. cierta diversificación, dentro de este mismo modelo
Esta errónea interpretación tuvo una fuerte incidencia que sigue predominando en Pantalica IIA en el siglo
en todos los trabajos posteriores realizados sobre res- XI-X. A partir de la segunda mitad del X y primera del
tos fibulares, pues sin plantearse ningún tipo de du- IX, correspondiente a Pantalica IIB, es cuando se pro-
das fueron reinterpretadas de similar forma que la del duce una diversificación de tipos y un cambio radical,
ejemplar de la Ría, estableciendo sin originalidad los en relación con el tipo de arco simple y evoluciones,
mismos paralelos disimétricos sicilianos, que los pro- gracias a la aparición de una amplia gama de fíbulas
puestos por Almagro hace más de cincuenta años. La con codo descentrado y del modelo ad occhio.
realidad, como se analizó en un trabajo reciente (Ca- Por el contrario, las fíbulas españolas, de perfiles
rrasco et alii, 2012), es que la fíbula de la Ría debió en forma de triángulo isósceles, secciones de puente
tener un codo centrado, una simple rectificación que más simples y codo centrado, características ya des-
daría al traste con la intensa literatura peninsular verti- critas para nuestro grupo A, son totalmente diferen-
da sobre su llegada desde Sicilia. tes de las italianas y, quizás en algún caso, con mayor
De nuestro tipo Monachil se documentan cua- cronología que éstas. A continuación, en las fíbulas de
tro ejemplares con ciertas similitudes en hallazgos los siguientes grupos (B, C y D) no existe una ruptura

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50 JAVIER CARRASCO RUS, JUAN A. PACHÓN ROMERO, IGNACIO MONTERO RUIZ, ALFREDO GONZÁLEZ PRATS Y JESÚS GÁMIZ JIMÉNEZ

clara con las del modelo A, pero sí variaciones res- occhio, o incluso con algunos otros de arco descentrado
pecto de él, aunque siempre con el codo centrado. Por y violín de procedencia desconocida, como la del SIP
el contrario, las italianas sufren cesuras y evoluciones de Valencia y la publicada por G. Delibes (1981) sobre
difíciles de captar, junto con cronologías estimativas dibujo antiguo, supuestamente del Berrueco; aunque no
más recientes que las españolas. Al respecto, solamen- sabemos, si llegadas en un tipo de comercio moderno
te indicar que la fíbula de codo descentrado de Las o antiguo. Así, sin conocer paralelos extrapeninsulares
Lunas (Yúncler, Toledo), que datábamos a mediados para el tipo Monachil, debemos concluir sopesando la
del siglo X a.C. (Carrasco et alii, 2012), ha sido recien- autoctonía de estas fíbulas en la Península Ibérica, que-
temente fechada por C14 hacia el 950 a.C. (Urbina y dándose en el camino, como se ha expuesto, la extensa
Garcia, 2010), fecha que sería impensable –por anti- literatura vertida sobre su origen o entronque foráneo,
gua– para similares, aunque no iguales, modelos italia- especialmente con los ejemplares sículos. Algo que no
nos. Las mismas ad occhio peninsulares, todas de bucle es de extrañar, si consideramos en las peninsulares su
centrado, especialmente las de Soto de Tobilla y Perales cronología más antigua, tecnología arcaica y configura-
del Rio, tendrían una cronología anterior a las de bucle ción única. Sin olvidar que conforman un grupo homo-
descentrado italianas, no solamente por sus caracterís- géneo, relativamente amplio y único, en su mayoría pro-
ticas morfo-tipológicas, sino por el contexto cultural en cedentes de contextos probablemente habitacionales.
que aparecieron. En definitiva, de ningún modo puede
Prof. Dr. Javier Carrasco Rus
justificarse actualmente la presencia del grupo Mona- Dr. Juan A. Pachón Romero
chil en la Península Ibérica por un comercio o llegada Dr. Jesús Gámiz Jiménez
de poblaciones desde el Mediterráneo Central. Dpto. de Prehistoria y Arqueología
Pero, si no llegan desde estos ambientes sículos, Facultad de Filosofía y Letras
¿podríamos preguntarnos sobre otras procedencias Campus de Cartuja
más factibles? En principio no consideramos, en nin- Universidad de Granada
18071 Granada
gún caso, las sugerencias de C. Blasco, siguiendo a J. [email protected]
Fernández Manzano, de que estas fíbulas lisas fuesen, [email protected]
en último lugar, una derivación tardía por evolución, a [email protected]
través de un «proceso de simplificación», de las del tipo
Dr. Ignacio Montero Ruiz
Huelva. Cuestión que, por manifiesta inviabilidad, no Instituto de Historia
propicia ningún tipo de polémica o comentario. En este Centro de Ciencias Humanas y Sociales – CSIC
punto, podríamos intentar asimilarlas a los archiconoci- c/ Albasanz, 26-28
dos modelos orientales, que en principio no considera- 28037 Madrid
remos en el origen de las del tipo Monachil; aunque, a [email protected]
nivel morfométrico, hay ciertas similitudes que pueden Prof. Dr. Alfredo González Prats
ser resaltadas, pero que en nuestra opinión son escasa- Área de Prehistoria
mente determinantes. Un punto de unión entre ellas es Dpto. Prehistoria, Arqueología, HªAntigua, Fil. Griega y
Fil. Latina
que todas presentan el codo centrado, como sucede en la
Universidad de Alicante
antigua fíbula de Kourion en la Colección Cesnola, Me- Apdo. Correos 99
giddo Va, Amathus 243, 523, etc. De igual forma, todas 03080 Alicante
presentan un perfil alto en forma de triángulo isósceles, [email protected]
similar a las de tipo Monachil; sin embargo, en estas fí-
bulas orientales los brazos del puente están moldurados, BIBLIOGRAFÍA
lo que las aleja decisivamente de las lisas peninsulares:
al margen de que aquí la cronología es sensiblemente ALMAGRO BASCH, M., 1940a: «El hallazgo de la Ría de
más antigua. Podríamos mencionar el ejemplar liso de Huelva y el final de la Edad del Bronce en el Occidente
Lefkandi (Carrasco y Pachón, 2006c) procedente de la de Europa», Ampurias, 2: 85-143.
isla griega de Euboia, pero es de perfil bajo, realizada en ALMAGRO BASCH, M., 1940b: «La cronología de las fí-
una amplia pletina de oro con codo centrado y una cro- bulas españolas de codo». Saitabi, 1.2, 1-5.
nología más reciente, recordando alguna elaboración ALMAGRO BASCH, M., 1952: «La invasión céltica en Es-
sícula tardía, como la fíbula documentada en la tumba paña», en R. MENÉNDEZ PIDAL, Historia de España,
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En definitiva, podemos concluir que particularmente ALMAGRO BASCH, M., 1957: «La fíbula de codo de la
no conocemos ningún modelo fibular fuera de la Penín- Ría de Huelva. Su origen y cronología», Cuadernos de
sula Ibérica que se aproxime, o podamos entroncar de la Escuela Española de Roma, IX, 7-45.
forma nítida con las de tipo Monachil. Desde este punto ALMAGRO BASCH, M., 1957-58: «A propósito de la fe-
de vista, no tenemos posibilidad alguna para establecer cha de las fíbulas de Huelva», Ampurias, XIX, 198-207.
relaciones de ningún tipo con ejemplares de ida y vuel- ALMAGRO BASCH, M., 1958: Depósito de la Ría de Huel-
ta, en el Mediterráneo Central u Oriental. Cuestión que va. Inventaria Arqueológica. España, 1-4: E. l, Madrid.
con excesiva imaginación sería posible, sin total seguri- ALMAGRO BASCH, M., 1966: Las estelas decoradas del
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¿FÍBULAS PENISULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADESY REVISIÓN 51

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS


PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854
PAINTED PANOPLIES: ANTIQUARIAN STUDY OF THE WEAPONS PAINTED IN A TOMB IN PAESTUM,
FOUND IN 1854

RAIMON GRAELLS I FABREGAT


Römisch-Germanisches-Zentralmuseum, Mainz

1. INTRODUCCIÓN (Fig. 1). Posteriormente Minervini (1856) publicó


integralmente los dibujos realizados por G. Abba-
En junio de 1856 G. Minervini publicaba las pinturas te (Figs. 2, 3, 4, 5 y 6). La tumba destacó rápida-
de una espectacular tumba recuperada en la necrópolis mente entre la comunidad científica, a causa de su
Spinazzo, en el área conocida como Fondo Fusillo1, importante decoración con escenas de guerreros
de Paestum (Minervini, 1856, 177-181, Tav. IV-VII). armados con panoplias metálicas y por un tímpano
La tumba había sido sumariamente descrita dos años representando una comitiva que resultó sugerente
antes por G. Forchhammer, que comentaba que había para interpretarla como la llegada de los lucanos a
sido excavada durante los últimos días de marzo de Poseidonia.
1854 (Forchhammer, 1854, 63). Esas primeras interpretaciones evidenciaban la
Fue dibujada primero por Braun para el trabajo excepcionalidad de la tumba, capaz de transmitir a
de Forchhammer (1854) que publicó sólo el tímpano través de su iconografía unos contactos complejos en

Figura 1: Dibujo del frontón publicado por Braun que a su vez era la primera representación gráfica de una parte de la tumba. A partir
de Braun, 1854.

1. Este Fondo fue objeto de otras intervenciones durante la dé-


cada de 1950, llamándolo Fuscillo.
54 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 2: Dibujo del frontón publicado por Minervini. A partir de Minervini, 1856, Tav. VII.

Figura 3: Lastra izquierda. A partir de Minervini, 1856, Tav. VI.

el sur de Italia que se acentuaron, más si cabe, cuan- el campo y luego olvidada en las publicaciones que
do tanto E. Braun como, especialmente, G. Minervini únicamente A. Rouveret ha recuperado para analizar,
vieron en las pinturas de esta tumba una mano luca- con gran detalle, las escenas de combate (Rouveret,
no-pestana influenciada por una ascendencia griega 1997).
(Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 14). Esto evidencia- Ahora, a más de 150 años de su descubrimiento, es
ba la interacción en área pestana sin renunciar a la interesante (re–)estudiar este monumento de enorme
originalidad pestano-lucana de su estilo y de algunos valor para el arte y la historia de la Italia meridional
detalles. Pese a esta singularidad, la tumba quedó a del cambio entre el s. IV y III a.C. pues la descripción
la intemperie, abandonada, y se perdió para la inves- de la tumba permite el análisis de sus características
tigación y para el gran público, primero olvidada en estructurales e iconográficas y aporta datos acerca

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 55

Figura 4: Lastra derecha. A partir de Minervini, 1856, Tav. V.

Figura 5: Lastra de fondo. A partir de Minervini 1856, Tav. IV.

de su cronología y filiación. El trabajo que presento arqueológica moderna o fotográfica, si bien distin-
se articula en base a la única documentación que ha to, no debe crear escepticismo. La fiabilidad de estos
perdurado de la tumba: los dibujos y las descripcio- documentos queda fuera de discusión con el análisis
nes. Pero sobre estas fuentes debe hacerse una preci- anticuario de los detalles que presentaré, lo que indu-
sión, puesto que trabajar con dibujos y descripciones ce a no dudar sobre la validez de la documentación
decimonónicas y no a partir de una documentación del descubrimiento. De este modo, partiendo de las

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


56 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

2. LOCALIZACIÓN Y DATOS GENERALES

La tumba se localizó en la propiedad del Principe de


Centola, aproximadamente a una milla al sur de la
ciudad (Minervini, 1856, 177), en línea recta desde la
puerta della Giustizia2 hasta cruzar el riachuelo y, una
vez cruzado, 100 pasos a la izquierda, en medio del
campo (Forchhammer, 1854, 63). Formaría parte de
un núcleo con, al menos, otras 5 tumbas de las que
no tenemos más información que la cita de la exis-
tencia de restos de decoración pintada en su interior
(Forchhammer, 1854, 63). Las pinturas de todas las
tumbas del grupo quedaron a la intemperie, perdiéndo-
se definitivamente con el paso del tiempo.
El ajuar de la tumba que aquí nos interesa, se cono-
ce únicamente gracias a una descripción (posiblemen-
te incompleta). Esta considera la inhumación de un
único esqueleto cubierto por una coraza, acompaña-
do por una lanza3. La panoplia es sorprendentemente
escasa en comparación al resto de tumbas con coraza
documentadas en Paestum, donde recurrentemente se
asocian al casco o a las cnémides4.
Pese a estas indicaciones hoy sabemos que la tum-
ba no pertenecía a un núcleo aislado sino que formaba
parte de la necrópolis Spinazzo, de la que entonces se
conocían núcleos inconexos resultantes de los distin-
tos saqueos. Las investigaciones sobre la necrópolis
Spinazzo (realizadas principalmente a partir de las ex-
cavaciones realizadas entre 1972 y 1973) han demos-
trado que empieza a utilizarse a partir del último cuar-
to del s. IV a.C. (Pontrandolfo, 1996a, 289), momento
históricamente identificable con la instalación lucana
en la ciudad (Pontrandolfo, 1996a, 291), aumentando
su importancia a inicios del s. III a.C. (Rouveret, 1997,
134). Es especialmente significativa en esta necrópolis
Figura 6: Lastra lateral del vano de la puerta, lado izquierdo. A la relación y correspondencia entre organización so-
partir de Minervini, 1856, Tav VIIa. cial, urbanística y las representaciones pintadas, tal y
como evidencia la acumulación de tumbas alrededor

descripciones de Forchhammer, Braun y Minervini y


de la reproducción de las pinturas de todas las lastras, 2. A lo largo del trabajo se utilizan una serie de términos ita-
surgen varias preguntas fundamentales: primero su lo- lianos, franceses, griegos o latinos para referirnos a distintos
calización, segundo su arquitectura anómala, tercero objetos, topónimos o conceptos que una traducción al cas-
la interpretación de las escenas pintadas y por último tellano complicaría al perderse precisión en la traducción o
el contexto histórico en el que se insertaba este monu- precisar una aclaración.
3. Referencias a esta tumba en Greco, 1979, 14; Pontrandolfo,
mento pestano.
1996b, 19.
La primera pregunta, pese a la importancia de la 4. Para una panorámica general de las corazas metálicas recu-
tumba, su identificación y exacta posición en la topo- peradas en Poseidonia-Paestum vid. Graells, 2012: Paestum-
grafía pestana no ha podido realizarse. Sobre la se- Gaudo 2/1957 (con coraza, casco, espada, pareja de grebas y
gunda, la combinación entre descripciones y dibujos dos lanzas); Paestum-Gaudo 136 (con coraza, cinturón y una
ofrece una propuesta en base a una forma cuadrada. lanza); Paestum-Gaudo 164 (con coraza, casco, dos grebas y
La tercera implica una combinación entre datos anti- una lanza); Paestum-Gaudo 174 (con coraza, casco, espada,
cuarios, realia e iconografía que proponen un discurso pareja de grebas y una lanza); Paestum-Gaudo 197 (con cora-
relacionado con el contexto histórico en el que se rea- za, dos cinturones y una lanza); Paestum-Porta Aurea 2 (con
coraza y una lanza, pero la panoplia militar estaba acompa-
lizó la tumba, de este modo, en las páginas que siguen,
ñada de una fíbula, un strígilis, una moneda, una kylix, un
se considera el análisis detallado de la arquitectura y olpe, una crátera, una copa, dos skyphoi y una lekythos);
de las pinturas a partir del estudio anticuario de los Paestum Santa Venera 110 (con coraza, dos cinturones y una
elementos representados que, inevitablemente, condi- lanza, con dos monedas y una copa); Paestum– Fuscillo 29-
ciona su interpretación histórica. 12-1955 (con casco, dos cinturones, dos grebas y una lanza).

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 57

de tumbas monumentales pintadas. Esta concentración Para conocer mejor los detalles arquitectónicos
ha sido interpretada bajo una idea de agrupación fami- debemos considerar las descripciones. Así, según For-
liar que encuentra confirmación en las mismas repre- chhammer (1954, 63): [los sepulcros] tutti posti ne-
sentaciones pintadas, donde la exaltación de la ciuda- lla direzione da levante a ponente, mentre avevano le
danía y de la gens son temas frecuentes (normalmente porte dal lato occidentale. Consistevano tutti di una
situándose en las paredes de fondo) (Pontrandolfo, camera sola senza nicchie nè banchi, il cui soffitto
1996a, 289). era formato di varie lastre grandi di pietra, in guisa
En este marco, tanto la decoración como el con- che il comignolo stava poco aldisotto della superfi-
tenido de la tumba de 1854 exaltan, aparentemente, a cie del terreno…Il quinto sepolcro si distingue molto
una sola persona excepcional aunque, quizás, sea sólo dagli altri. La cella sepolcrale forma un quadrato di
una percepción que debe entenderse como representa- m. 2,67, ed ha anch’essa nella parete occidentale la
ción de un grupo caracterizado por valores militares. porta, chiusa al di fuori per mezzo di due sassi grandi,
Así, a la presencia de una inhumación individual de cosicché ora s’entra nella tomba per un’apertura nel
guerrero –anómala, especialmente si consideramos el frontone occidentale, le cui pietre son state levate […]
tipo de panoplia, dominada por una coraza5– son datos (Fig. 7).
fundamentales de distinción social en el momento de Mientras que según G. Minervini (1856, 177): Il
clausura de tumba que, como veremos, acontece en un sepolcro è formato di Grossi pezzi di travertino pro-
momento avanzado del proceso de cambio entre el s. prii del luogo, ed ha le interne pareti rivestite di sotti-
IV y III a.C. lissimo stucco, sul quale sono i pregevoli dipinti, […]
La falta de otros datos sobre el hallazgo, no permite La covertura è una specie di tetto pectinatum: nella
caracterizar el tipo de coraza de la tumba de 1854 que, imposta all’interno è una cornice con gola rovescia,
ante las excepcionales representaciones de guerreros che ricorre ne’quatro lati. La porta d’ingresso è ar-
con corazas anatómicas largas pintadas en las paredes cuata, e volta ad occidente: trovandosi richiusa da un
de la tumba, obligan a considerar la posibilidad de que masso rettangolare della medesima pietra, di che è
se tratase de una coraza anatómica, corta o larga, pues formato l’intero sepolcro. La base della tomba è palmi
ambos tipos han sido documentados en Paestum6 pese 10,15 per 10,10: l’altezza è pal. 7,50 fino all’imposta
a ser especialmente infrecuentes en esta área7. della cobertura (Fig. 8).
El análisis arquitectónico está limitado por el uso
de las informaciones de mediados del s. XIX, siendo
3. ARQUITECTURA DE LA TUMBA pocos los datos acerca del material empleado, úni-
camente descrito en Minervini, según el que se ha-
La excepcionalidad del ajuar se acentúa gracias a la bría utilizado el travertino local, material frecuente
elección de una arquitectura anómala respecto a la ma- en Paestum (Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 18-19;
yoría de tumbas de las necrópolis pestanas. Ésta co- De’Spagnolis, 2005, 140)8. En cambio, la planta cua-
rresponde a una tumba de cámara cuadrada con aper- drada resulta un problema en el contexto pestano (que
tura en puerta flanqueada por dos lastras. A pesar de G. Forchhammer ya advirtió) (Forchhammer, 1854,
no estar descrito, no extrañaría si la tumba estuviera 63). Distinguiéndose del resto de tumbas de cámara
precedida por un dromos de acceso, previsiblemente con las que formaba ese, entonces, pequeño núcleo de
escalonado, seguramente no excavado en 1854. Re- tumbas (Fig. 9).
cordemos que la presencia de dromoi escalonados en A nivel arquitectónico, pues, la tumba representa
muchas de las tumbas de cámara pestanas está bien una anomalía respecto a las tumbas de las necrópolis
documentado y puede suponerse un desinterés hacia pestanas, de la Campania y el Sannio, que presentan
este aspecto en el momento del saqueo de la tumba, una estructura casi constante en forma de caja o cá-
pues en el acceso a la tumba no se recuperarían mate- mara9 de forma rectangular (Benassai, 2001, 127). La
riales arqueológicos. planta cuadrada es extraña en las necrópolis de Paes-
tum (Fig. 7) donde mayoritariamente, se documentan
tumbas de forma rectangular o cámaras pseudo-cua-
dradas con dromos10. Únicamente las tumbas de la ne-
5. En esta necrópolis, la presencia de corazas no es extraña du- crópolis Spinazzo conocidas como Tomba del Magis-
rante el s. IV a.C. si se considera que en la misma necrópolis trato y la tumba recuperada por la Guardia di Finanza
se recuperó otra (trilobulada) en una tumba de guerrero exca-
vada en 1955 (Sestieri, 1957).
6. Tumba de Paestum-Porta Aurea 1805 para una coraza ana- 8. En la Campania y en Pontacagnano el material habitual es el
tómica larga; Paestum-Porta Aurea 1805 (2 ejemplares) y tufo (Benassai, 2001, 128).
Paestum-Gaudo 1957, para las corazas anatómicas cortas. 9. En Paestum se han identificado 14 tumbas de tipo cámara
7. Recordemos que las corazas anatómicas se presentarían aquí, pintadas, de las que 7 han sido identificadas en la necrópolis
como excepciones en los mapas de distribución de las co- Spinazzo (cinco más sin pintura), 3 en Andriuolo, 3 en Gau-
razas anatómicas, normalmente concentradas en áreas inte- do y una en Contrada Vecchia di Agropoli (Pontrandolfo y
riores, principalmente entre la Apulia, la Basilicata, el área Rouveret, 1992, 19).
bretia y el retro-tierra lucano y campano (Vid. infra). 10. Andriuolo 20, 80 y 81, Spinazzo 2/1955.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


58 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 7: Reconstrucción ideal de la tumba combinando los dibujos, las medidas y demás datos de las descripciones. A partir de la
combinación de los dibujos de: Braun, 1854 y Minervini, 1856.

(Pontrandolfo, 1996a) parecen ser de planta cuadrada cobertura a doble caída, también realizada con lastras.
y dimensiones similares a la que aquí se estudia. Esta cobertura se consigue utilizando en la estruc-
Para el presente análisis resulta particularmente tura inferior de la caja lastras cortas que tengan una
importante la forma de estas cajas, construidas con forma pentagonal, divididas en dos partes: una parte
cinco lastras de base, que en ocasiones presentan una rectangular (inferior), que formaría parte de una caja

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 59

Figura 8: Desarrollo de la tumba con indicación de la cobertura encima de la puerta, siguiendo a Minervini. A partir de la combinación
de los dibujos de Braun, 1854 y Minervini, 1856.

rectangular cúbica; y una parte triangular (superior). la Guardia di Finanza en Tarento (procedente de la
Estos dos registros, cuando están decorados pueden misma necrópolis Spinazzo) y la tumba del Magistra-
presentar temas distintos o complementarios, en fun- to. En el resto de tumbas, la moldura viene sustituida
ción del motivo pintado en la tumba. Pero en la tumba por una decoración pintada. De esta manera, podemos
que nos ocupa, los laterales de la entrada y el fondo ver en este elemento unas implicaciones arquitectóni-
están compuestos de manera diferente, condicionados cas complejas y explícitas. Particularmente claro en la
por la superposición de una lastra triangular sobre otra pared occidental (puerta), donde no actúa como dintel
de rectangular en el lado este (fondo) y de dos lastras del muro de cobertura del frontón superior si no que
rectangulares, sobrepuestas por una pared construida deja la puerta acabada según uno de los tipos habitua-
por diversas piedras (sustraídas durante el saqueo para les en Paestum, pues el término usado en la descrip-
poder acceder a su interior) en lado oeste (entrada). ción – arcuata – y el dibujo, no permiten una distin-
Este detalle implica que la tumba estaba aún cubierta ción entre las dos variantes y sólo asegura que no se
cuando la visitaron tanto Forchhammer como, poste- trataba de una puerta rectangular.
riormente, Minervini y Abbate. Si bien las descripciones y detalles de la pared
En cualquier caso, el estado de conservación de la en la que se ubicaba la puerta son insuficientes para
tumba evidencia una cobertura previsiblemente sólida, asegurar la luz de su puerta y por lo tanto impiden
que no aparece reflejada en ninguna de las descripcio- su reconstrucción precisa12, las dimensiones del lado
nes. Ello lleva a preguntarnos si correspondería a un del cuadrado de la planta de la tumba y los paralelos
techo a doble caída o a una cobertura de vuelta a botte de otras tumbas de cámara con puerta permiten algu-
campane, ambas con la posibilidad de estar decoradas nas observaciones. El lado del cuadrado varía entre
exteriormente por un motivo de pectinatum o rayado. 2,67 y 2,68 mts en función de la fuente. Esto permite
El primer tipo, la doble caída, encuentra abundantes aproximarnos a la luz de la puerta y a las dimensio-
ejemplos en el área campana y en Paestum. En cam- nes de las lastras laterales. Las dimensiones de las
bio, el tipo a vuelta, de ascendencia macedonia y con 3 únicas puertas de tumbas pestanas que describen
una cronología posterior al 330 a.C. (Benassai, 2001, A. Pontrandolfo y A. Rouveret13 (coincidentes entre
128), parece más adecuada a las necesidades de un te- sí) permiten proponer que también en la tumba en
cho para una gran cámara cuadrada, al no necesitar estudio nos encontremos ante una puerta similar, con
elementos de soporte centrales, de los que tampoco en 126 cm de obertura. Si bien esta identificación con
ningún momento se hace mención. los paralelos de la misma necrópolis podrían suponer
A todo lo visto se suma que el acabado interno de algunas reticencias en cuanto a que correspondan a
la tumba de 1854 destaca por la ausencia de elementos cámaras de planta rectangular, la coincidencia de la
estructurales internos (banqueta u otros), frecuente en altura de las lastras en los cuatro casos (191 cm para
Campania y documentado en otras tumbas pestanas, los paralelos y 198 en la tumba en estudio) admite
incluso de la misma necrópolis Spinazzo11. Únicamen- esta asimilación.
te la presencia en la parte superior de las lastras de
un elemento esculpido a modo de moldura resulta sig-
nificativo al no encontrar más paralelos en área cam-
pana, samnita o pestana que la tumba recuperada por
12. Además de ligeramente discordantes si atendemos a las
descripciones del tipo de cierre de la puerta: con una o dos
lastras, según Minervini y Forchhammer (respectivamente).
11. Tumba 2/1955 (Sestieri, 1957) o tumba del Magistrato 13. Paestum Andriuolo 20, Contrada Vecchia di Agropoli
(Pontrandolfo, 1996a). 11/1967 y Paestum Gaudo 2/1957.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


60 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 9: Planta de la necrópolis de Santa Venera. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 236.

4. DESCRIPCIÓN DE LAS PINTURAS figuras. En este caso, destaca la reutilización de carto-


nes dentro de la misma composición que para algunos
La descripción de las pinturas, sobre fondo blanco personajes permiten, incluso, sugerir se tratase de ele-
[…] che ne decorano le quattro pareti del suolo fino mentos parciales, independientes e intercambiables.
alla cornice, nonché il frontone orientale dirimpetto Quizás un complicado catálogo de cartones de partes
all’entrata […] (Forchhammer, 1854, 63), fue reali- de la figura, para articular las representaciones de gue-
zada con extremo detalle por parte de Forchhammer rreros, y otros claramente correspondientes a figuras
y Minervini. A pesar de ello, ambas descripciones son completas a los que se sumaron los de los caballos y
demasiado interpretativas y confunden u obvian deta- los personajes de los vanos de la puerta, que de manera
lles en pro de una narración que justifique la lectura y sencilla se consiguieron mediante la inversión de su
el discurso previsto en cada trabajo. Aquí se describen orientación.
de nuevo los dibujos y únicamente se incorporan los
detalles de color indicados en las descripciones cita-
das. Se deja así para el apartado siguiente el análisis e 4.1. La lastra izquierda
interpretación de la iconografía.
La pintura encaja en la dinámica observada en las Corresponde a la lastra reproducida por Minervini en
representaciones de finales de s. IV a.C. en la necró- la tav. VI (Fig. 3), que sería la primera de la narración
polis de Spinazzo, con personajes pintados a tamaño de la composición pintada en la caja de la tumba. La
casi natural utilizando una iconografía mixta que com- descripción valora los sujetos de manera independiente
bina los motivos locales para la representación de la para, seguidamente, hacer la interpretación conjunta.
celebración del paso al más allá junto a otros detalles
de clara influencia helénica. Pero no es sólo esta com-
binación el argumento por el que esta tumba destaca, Guerrero 1
si no por la compleja composición, el cuidado deta-
lle de los elementos representados y la planificación Se representa a un guerrero orientado hacia la derecha,
de la composición especular de las paredes laterales, en posición ligeramente descentrada hacia ese lado
con motivos mitológicos, que dejan la pared del fondo respecto al centro de la lastra. Tiene el brazo derecho
para una representación de acogida y confieren a la levantado hacia atrás, extendido sujetando una lanza14
tumba una personalidad única en el imaginario y ca- en actitud de atacar a un segundo personaje arrodillado
tálogo pestano.
De todos modos, la técnica seguida, deducida a
partir de las descripciones, coincide con lo documen- 14. Idéntica posición del brazo, mano, lanza y arranque de la
tado arqueológicamente en otras tumbas pestanas, es manga debajo de la coraza de tipo a corsetto en la figura del
decir: una preparación o ductus sobre el que se pinta guerrero Griego 5 del sarcófago delle Amazzoni (Bottini y
un fondo blanco y encima de este se superponen las Setari, 2007, fig. 10).

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 61

en el extremo derecho de la lastra, al que tiene someti- clava en el cuello, bien como herida de guerra o como
do agarrándolo por los cabellos con la mano izquierda. evidencia de suicidio. Golpe fatal en ambos casos, tal
La mano izquierda sujeta también, de manera forzada, y como evidencia la sangre que mana de la herida.
el extremo de la rienda de un caballo.
El guerrero, que podemos considerar como el pro-
tagonista de la lastra, es joven, imberbe y con panoplia Caballo 1
escasamente decorada. El casco, pintado en amarillo,
corresponde a un tipo ático con frontón terminado en El caballo ocupa la mitad izquierda de la lastra. Tiene
volutas15, visto, como el resto de la cabeza, de tres la cabeza ligeramente recogida y girada hacia el centro
cuartos16. Presenta paragnátides lisas y una decoración de la tumba20. Fue pintado en color amarillo intenso
de tres plumas blancas dispuestas en posición trans- con larga crin marrón oscura mientras que la cola está
versal sobre la frente17. recogida y atada21.
La coraza, previsiblemente metálica a partir del co- Su equipamiento lo componen riendas articula-
lor amarillo con el que se pintó, es de tipo anatómico das22, freno y prometopidion pintado en amarillo que
largo, con base compleja (ergonómica) pensada para simularía el metal (cobre, bronce o plata dorada)23.
su uso por parte de un équites, con spallacci (epomi- Este último elemento, aparece decorado con un
des, hombreras) decorados con figuras que pueden Gorgoneion en la parte superior y otros elementos
proponerse como representaciones de Heracles repuja- que deben entenderse como motivos vegetales rea-
das sobre el metal, tal como se ha visto en otras pintu- lizados en relieve, resultado del repujado del metal.
ras18. Debajo de la coraza surge un corto faldellín rojo, Además, un penacho superior recoge el flequillo de
con pliegues verticales, y en los brazos se apuntan los la crin24.
arranques de las mangas lisas de una túnica que, ante
la falta de detalles sobre su color, debemos entender
también de color rojo como el faldellín.
El calzado, perdido en su mayor parte, parece co-
rresponder a unas botas con sistema de sujeción me- 20. Idéntica posición presentan los tres caballos representados
diante cordones cruzados que fijarían el calzado por su en las lastras inferiores de la tumba de 1854. Esta repre-
apertura frontal. sentación reproduce la posición observada en las cabezas
de caballo recopiladas por F. Coarelli procedentes de La-
nuvio (Coarelli, 1981, fig. 23-24), Tarento (Coarelli, 1981,
fig. 32), Melos (Coarelli, 1981, fig. 49), Roma-via Appia
Personaje femenino vencido (Coarelli, 1981, fig. 53) o de la colección Weiller (Coarelli,
1981, fig. 50).
El segundo personaje, verosímilmente una amazona, 21. La cola aparece también atada en la lastra derecha de esta
aparece vestida con una túnica corta de color blanco misma tumba (Vid. infra), y encuentra paralelos, con ligeras
ceñida por un cinturón de lámina metálica, como pare- variaciones, en la tumba recuperada por la Guardia di Fi-
ce indicar su color amarillo. nanza y la Tomba del Magistrato, ambas, de la necrópolis
Paestum-Spinazzo.
Levanta su brazo izquierdo hacia su cabeza, con
22. Riendas articuladas, mediante una inflexión en su desarro-
la intención de liberarse del guerrero. La mano dere- llo, caracterizan los atalajes de los tres caballos representa-
cha, en cambio, sirve para sujetar una lanza, fracturada dos en las lastras inferiores de la tumba de 1854 y encuen-
como expresión de movimiento y violencia19, que se tran dos paralelos en la tumba Paestum-Andriuolo 2/1971
y en la tumba recuperada por la Guardia di Finanza de la
necrópolis Paestum-Spinazzo.
15. Para el tipo de casco y variantes vid. Dintsis, 1986, 105-133. 23. L a representación de prometopidia dorados con idéntica
16. Esta posición es la habitual para representar los personajes decoración caracteriza a los tres caballos de las lastras
centrales de las tres lastras inferiores de la tumba de 1854 y, inferiores de la tumba de 1854. Representaciones de pro-
además, es el estilo utilizado de manera preferente en las re- metopidia en otras tumbas del área pestana o campana
presentaciones de los guerreros pintados sobre el sarcófago son: la tumba Nola N.4 (Benassai, 2001), en una tumba
delle Amazzoni o sobre la tumba C.29 de Capua, mientras de Capua (Schneider-Hermann, 1996, Pl. 47) y en la tum-
que en Paestum, resulta una posición poco testimoniada en ba recuperada por la Guardia di Finanza de la necrópolis
comparación a las vistas laterales. Paestum-Spinazzo.
17. Sobre este tipo de decoración vid. Graells y Mazzoli, 2013; 24. Los cuatro caballos representados en la tumba (tres en
Castrizio, 2007, 81-108. las lastras inferiores y uno en el tímpano) presentan este
18. Puede recordarse el guerrero griego del sarcófago delle elemento que encuentra en área pestana y campana nu-
Amazzoni de Tarquinia (vid. Infra). merosos paralelos: Paestum-Andriuolo t. 48, 58, 86,
19. Representaciones de lanzas rotas por la mitad son relati- 2/1971, 4/1971, Paestum-Spinazzo tumba recuperada por
vamente frecuentes en área pestana, normalmente enmar- la Guardia di Finanza y Tomba del Magistrato, Nola N.4.
cadas en representaciones de duelos: Paestum-Andriuolo Además, la representación de estos penachos encuentra
t. 58, Paestum-Arcioni t. 271/1976, Paestum-Porta Aurea correspondencia en algunas esculturas de caballos: de
tumba de 1805, Paestum-Gaudo 7/1972, Paestum-Vannullo Herculano (Coarelli, 1981, fig. 40), MAN-Firenze (Coare-
t. 2. En contextos campanos es menos frecuente, a pesar de lli, 1981, fig. 44-45) o MAN-Napoli (Coarelli, 1981, fig.
documentarse en la tumba C.11 de Capua. 46) (Vid. infra).

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62 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

La boca se muestra muy abierta25, como expresión recta, fijada por hombreras decoradas con figuras,
de la tensión infligida por los elementos de gobierno26, posiblemente como en el caso anterior, también de
azules, que evidencian un sistema de control de muy Heracles. El faldellín que surge de debajo de la co-
rápida respuesta. raza es rojo y muestra pliegues horizontales. Las
mangas no aparecen descritas y por lo tanto desco-
nocemos su color.
4.2. La lastra derecha

La narración de las pinturas sigue en la lastra lateral de Guerrero vencido


la derecha, publicada por Minervini en su tav. V (Fig.
4). La escena reproduce la organización de la lastra En esta lastra se presenta una escena de combate muy
anterior en modo especular. similar a la del caso anterior, pero con la diferencia de
que el enemigo vencido corresponde a un personaje
masculino y en una posición distinta de la amazona
Guerrero 2 de la lastra anterior. El vencido está en el suelo, con
la pierna derecha perdida, flexionada bajo el cuerpo
El guerrero aparece orientado a la izquierda, con el mientras que la izquierda está extendida. El brazo
brazo derecho levantado en ángulo recto y clavando derecho, hacia abajo, soporta una espada y el brazo
una lanza, paralela a la vertical del cuerpo, sobre un izquierdo está extendido hasta el guerrero heroizado.
enemigo vencido en el suelo. El cuerpo está ligera- La representación expresa el patetismo del mo-
mente inclinado hacia adelante, acentuando la sensa- mento repitiendo una iconografía pseudo-arrodillada,
ción de fuerza que transmite el clavar la lanza sobre el con la pierna derecha perdida y la izquierda extendida,
pecho del vencido. Las piernas están abiertas, fijando especialmente coherente con la posición del brazo iz-
el peso en la derecha con el pie, aunque perdido, visto quierdo, levantado y agarrando el brazo del héroe. La
de lado hacia el enemigo. La pierna izquierda, en cam- mano derecha, que soporta la espada está abajo, detrás
bio, está extendida y muestra el pie en vista frontal. del cuerpo y sin posibilidad de ofrecer resistencia28. Es
Con la mano izquierda sujeta las correas del caballo. una elocuente imagen de derrota, en el último intento
Aquí también el personaje principal coincide con de clemencia e infructuoso freno a su ejecución.
el guerrero, que aparece caracterizado de manera dis- El vestido es una túnica corta formada por dos par-
tinta al de la lastra anterior gracias a la presencia de tes separadas por un cinturón rojo: la superior, amari-
una ligera barba. lla con un motivo en el centro del pecho de color rojo;
El casco, pintado en amarillo, distinto del de los y la inferior, violeta, corresponde a un faldellín. Como
demás personajes armados pintados en la tumba, pre- armamento, una espada corta y en la cabeza un casco
senta paragnátides figurados, además de una deco- azul tocado con plumas rojas, a imitación del alopekis
ración frontal a modo de peinado que permite iden- (bonete de tipo frigio), muy similar al casco de Con-
tificarlo como un casco del tipo Pacciano-Catanzaro versano o al de la colección Ceccanti tal y como indica
(Adam, 1982; Guzzo, 1990). Además, la decoración su cresta, la articulación de sus paragnátides y el ligero
de la frente, transversal, se completa por el intercalado detalle del cabello sobre la frente (vid. infra).
de cinco piezas verticales que formarían lo que Polibio
describió como un pterinos stephanos (corona de plu-
mas): tres pinnae (plumas) blancas separadas por dos Caballo 2
vástagos o cannulae27.
Viste una armadura formada por una coraza ana- El caballo, ahora grisáceo y con crin sustancialmen-
tómica metálica (pintada en amarillo) con la base te más corta que en el caballo anterior, es claramente
de sexo masculino29. Presenta unos atalajes idénticos
al del caballo de la lastra precedente (riendas, freno
25. Esta posición y gesticulación de incomodidad, más que de
dolor, encuentra correspondencia en dos cabezas de caballo
procedentes de Herculano (Coarelli, 1981, fig. 40) y Lanu- 28. Variantes de esta iconografía, que se ha propuesto como
vio (Coarelli, 1981, fig. 23-25). alusiva a la victoria de Aquiles sobre Héctor, se documen-
26. El detalle de los elementos de gobierno del caballo son tan en la lastra XVIII del Mausoleo de Halicarnaso o en el
idénticos en los tres caballos de las lastras inferiores de la guerrero Griego 13 del sarcófago delle Amazzoni y posi-
tumba de 1854. Encuentran paralelos en la tumba recupe- blemente el guerrero Griego 17 del mismo sarcófago, que
rada por la Guardia di Finanza y la Tomba del Magistrato, correspondería a una variante de la misma posición (Bottini
ambas, de la necrópolis Paestum-Spinazzo y en la tumba y Setari, 2007, 82-83, fig. 4b-c).
C.1 de Capua. 29. Caballos con indicación del sexo masculino se documentan
27. Pol. VI, 23, 12-14. Sobre la decoración con estructuras raramente sobre pintura funeraria. Entre ellos destaca el de
transversales aplicadas a modo de cánulas vid. Graells y la tumba recuperada por la Guardia di Finanza en Tarento
Mazzoli, 2013. Para una valoración de la decoración con procedente de la necrópolis Spinazzo de Paestum (Pontran-
aplicación de pinnae vid. Castrizio, 2007, 81-108. dolfo, 1996a).

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 63

azul y prometopidion amarillo, decorado con Gorgo- Sostiene una lanza, esta vez en la mano izquierda,
neion), con la boca abierta. La principal diferencia con con la punta hacia arriba. Esa misma mano sostiene las
el caballo anterior es la menor longitud de la crin y riendas del caballo.
el número de vueltas del nudo en la cola (cinco en el Calza botas distintas a las del personaje togado de
ejemplar anterior y cuatro en este). esta misma lastra. Los rasgos faciales del guerrero lo
distinguen de los de las lastras 1 y 2, pues la barba es
evidente, más que en el de la lastra 2, quizás como
4.3. La lastra de fondo expresión de edades distintas.
Ocupa la posición central de la lastra orientado ha-
La narración termina en la lastra de fondo, publicada cia la izquierda. A su lado izquierdo y delante se pin-
por G. Minervini en su tav. IV (Fig. 5). Recuerda a la taron otros dos personajes: un adulto y un niño. Este
escena de pacto de Fides del héroe con el Pater Fa- ligero desplazamiento del héroe hacia el centro, que en
milias30, siguiendo un esquema habitual en las tumbas las lastras anteriores se situaba en el tercio delantero,
de la necrópolis Spinazzo de finales del s. IV a.C. que provoca que el caballo aparezca también desplazado
(prácticamente siempre) presentan este tipo de esce- (hacia la derecha) hecho que impide su representación
nas sobre la pared opuesta a la entrada (Pontrandolfo, completa por falta de espacio32.
Rouveret y Cipriani, 1998, 69).

Togado
Guerrero 3
El personaje masculino frente al guerrero se presenta,
El personaje que concentra la atención sigue siendo un voluntariamente, como un sujeto de edad avanzada.
guerrero. Esta vez, el guerrero aparece ricamente equi- Para ello se ha representado con barba y una morfo-
pado con una panoplia militar completa, aunque con- logía particular de su cuerpo. Únicamente extraña la
trasta respecto a las representaciones de las dos lastras larga cabellera rojiza que desciende más allá de los
anteriores al adoptar ahora una posición de reposo y hombros, para la que no encontramos paralelo. Su
no de combate. El guerrero, con las piernas ligeramen- vestimenta es una rica túnica blanca decorada con una
te separadas, tiene la pierna derecha extendida con cenefa de olas de color violáceo en el cuello, en el cen-
el pie visto de lado y la pierna izquierda suavemente tro y el borde de la manga derecha. Cubriéndola, se
flexionada con el pie en vista frontal. A pesar de su presenta un himation blanco acabado con colgantes de
calmada representación aparece armado, con la coraza color violeta, que no impide que se vea el cinturón de
anatómica metálica (amarilla) con hombreras con de- lámina metálica (pintado en amarillo) con dos garfios
coración figurada idéntica a las dos lastras anteriores y de color oscuro (violáceo), del llamado tipo samnita a
con la base modulada para adaptarse al cuerpo. Debajo palmeta.
presenta un faldellín rojo. Las mangas muestran una La decoración de la vestimenta encuentra parale-
túnica decorada con una doble cenefa de olas violeta los en otras tumbas de la necrópolis Spinazzo, en una
en el centro de las mangas, muy parecidas a las del tumba recuperada por la Guardia di Finanza y en la
personaje togado de la misma lastra. tumba del Magistrato de la misma necrópolis, don-
El casco, amarillo y asimilable al tipo Pacciano- de los dos togados de las lastras de fondo presentan
Catanzaro, presenta el paragnátide liso y está tocado idéntico motivo decorativo (Pontrandolfo, 1996a, 282
con tres plumas blancas dispuestas sobre la frente de y 284).
manera transversal y, en la sien izquierda, por una ale- En la misma necrópolis se identifican otras varian-
ta metálica31. tes de esta decoración en rojo, en forma de cenefa de
roleos (Pontrandolfo, 1996a, 283 y 285-287): en la
tumba recuperada por la Guardia di Finanza, sobre la
vestimenta del jinete de la lastra lateral y de los dos
30. Ante los resultados del análisis y la propuesta interpreta-
tiva que se desarrolla para esta tumba surge un problema guardianes situados a los lados de la puerta; en la tum-
de método y de reflexión. El trabajo utilizará repetidamente ba del Magistrato, sobre la vestimenta del jinete de la
una serie de términos latinos (Fides o Pater Familias) que, lastra lateral; y en la tumba 11, sobre las túnicas de los
por convención, se refieren a comportamientos sociales o dos togados.
imágenes sociales con una fuerte carga romanocéntrica. Es- El detalle del dibujo del cinturón aproxima el tipo
tos términos, que seguimos utilizando aquí por comodidad, de garfios a los representados en forma de palmeta.
deben considerarse en su acepción más aséptica y literal y Cabe recordar que ya A. Pontrandolfo indicaba la
no con las connotaciones culturales romanas pues, recordé- presencia habitual de este elemento en la mayoría de
moslo, estamos ante un contexto netamente lucano.
31. La presencia de aletas, excepcional en área pestana, en-
cuentra dos paralelos esquemáticos en la tumba Vannullo
2 y, en área campana, en la tumba C.14 de Capua. Sobre la 32. El cambio de posición obligó a sacrificar la cola del caba-
decoración de cascos mediante pteroi (aletas) vid. Castrizio llo, hecho que evidencia el reaprovechamiento de plantillas
2007, 81-108. dentro de la misma tumba.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


64 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

togados de la misma necrópolis (Pontrandolfo, 1996a, masculino imberbe con túnica blanca y cinturón metá-
289), aunque el detalle no es en ninguna otra represen- lico (evidenciado por el uso del color amarillo)34, con
tación tan relevante como el de la tumba de 1854. asta de la que cuelga un elemento oscuro y un segundo
En los pies calza unas botas con cordones rojos. elemento amarillo que puede interpretarse como un
El adulto se presenta en una posición afable, con gran escudo circular35.
los brazos extendidos hacia el guerrero: su mano de- Cada personaje está representado en posición de
recha encajada con la del guerrero y la izquierda en marcha hacia a la puerta. La composición recuerda
actitud de coger el antebrazo derecho del guerrero. más el regreso triunfante con el equipo militar colgan-
do de la lanza que no la representación de portado-
res de trofeos36. La iconografía, en cualquier caso, se
Individuo Infantil aproxima a la del Mars Tropaeophorus (Deona, 1953)
especialmente por la posición del cuerpo ligeramente
El individuo infantil se presenta con los dos brazos ex- arqueado hacia atrás y los pies con apoyo ligero en el
tendidos hacia el guerrero. Viste una túnica corta blan- suelo, que se refuerza por la diferencia entre los ele-
ca, con detalles de color violeta, gorro y botas rica- mentos colgantes y la tradicional representación del
mente decoradas mediante líneas en forma de volutas trofeo militar, donde la túnica ensangrentada sería un
que, quizás, evidenciarían un bordado o un repujado elemento indispensable37.
en el cuero.

4.5. El tímpano
Caballo 3
El tímpano, conocido tanto por el dibujo de E. Braun
El caballo, de color amarillo claro y crin larga de co- (Fig. 1) como por otro, más detallado (Fig. 2), de Mi-
lor oscuro, presenta las mismas riendas, freno azul y nervini, representa la apoteosis del personaje heroiza-
prometopidion amarillo que las demás lastras, pero do. Éste aparece en una imagen de eterna juventud:
completa su equipamiento la presencia de un pros- imberbe, desarmado, vestido con una túnica blanca y
ternidion33 que estaría realizado en cuero y tejido si montando por primera vez el caballo, idéntico al de las
seguimos las indicaciones de color de Minervini (Mi- lastras inferiores. Esta iconografía, si bien no idéntica,
nervini, 1856, 179). La boca del caballo se muestra, es frecuente en Paestum en cuanto a sus particulares y
otra vez, muy abierta como expresión de su agresivi- se acepta una interpretación alusiva a la heroización
dad y exaltando a su vez su condición de caballo de del guerrero.
combate.

Jinete
4.4. Las lastras laterales de la puerta
El personaje principal de la escena ocupa una posición
El lado de apertura de la tumba, donde se ubicaba ligeramente desplazada hacia la derecha del centro del
la puerta, fue reproducido por Minervini en su lámi-
na VII (Fig. 6). G. Minervini describió la decoración
como […] nelle due porzioni di muro latereli alla por- 34. La presencia de cinturones de lámina metálicos en represen-
ta sono due imberbi giovani con bianca túnica e gialla taciones de guerreros secundarios en tumbas pestanas en:
cintura, e calzari rosso bruno, ognun de’quali tiene Contrada Vecchia di Agropoli t. 11/1967, Paestum-Gaudo
con ambe le mani un’asta dalla quale mercè un rosso 2/1957, Paestum-Vannullo t. 1, Paestum-Andriuolo t. 28,
nastro è sospeso un oggetto di colore oscuro, che può 53, 104 y tumba recuperada por la Guardia di Finanza de
riputarsi un ampio pileo, e presso un sacco di giallo. Paestum-Spinazzo. En área campana en: Capua C.11 y Nola
N.6 y N.8.
È notabile che i capelli di queste due figure son rossi
35. Representaciones de idénticos escudos en escenas de com-
[...] (Minervini, 1856, 178). bate de Paestum en: Andriuolo t. 12 (Pintado de amarillo),
Así, la puerta se presenta flanqueada por dos tramos 90 (Pintado de amarillo), 1937 (Pintado de amarillo), 114
de pared, ocupados respectivamente por un personaje (Pintado de marrón), 53 (Pintado de gris), Arcioni 271/1976
(Pintado de blanco) y Spinazzo tomba del Magistrato (Pin-
tado de negro).
33. La representación de bandas pectorales petrales, en función 36. Representaciones de escudos colgando de lanzas en repre-
de prosternidia en representaciones de caballos pestanos, sentaciones de portadores de panoplias militares o trofeos,
encuentra un paralelo en el tímpano de la misma tumba de normalmente en representaciones de équites en: Contrada
1854 y en las tumbas Paestum-Andriuolo t. 28 y 104, así Vecchia di Agropoli t. 11/1967, Paestum-Vannullo t. 3 y 4,
como en la tumba recuperada por la Guardia di Finanza en Paestum-Porta Aurea tumba de 1805, Paestum-Laghetto
Tarento procedente de Paestum-Spinazzo. Sobre escultura, t. LXIV, Paestum-Andriuolo t. 1937, 114 y 84, Paestum-
la cabeza de Lanuvio, hoy en el Bristish Museum (Coarelli, Spinazzo uno de los dos guardianes de la puerta de la tumba
1981, fig. 23) y la de la colección Weiller (Coarelli, 1981, recuperada por la Guardia di finanza en Tarento.
fig. 50) presentan idénticos elementos. 37. Sobre esta discusión vid. Graells, 2012.

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 65

triángulo que forma el tímpano. Está orientado ha- Comitiva


cia la derecha donde es recibido por dos mujeres, del
modo habitual en área pestana38 mientras que detrás Detrás del caballo se pintaron cinco personajes que
suyo aparece una comitiva de personas de distintas completan la escena43, verosímilmente una familia
edades y sexos. tal y como indica la presencia de una mujer con un
individuo infantil en sus brazos y un segundo niño/a
cerrando la comitiva.
Pareja de mujeres El grupo lo integra: un adulto caracterizado como
guerrero, con corta túnica blanca, cinturón metálico
Aparecen ambas con calzado negro, vestidas con tú- (amarillo) y pileo rojo con corona amarilla (¿corona
nica blanca decorada por una franja violeta vertical al de oro?44), cogiendo la cola del caballo45 y con lanza
centro de su pecho39 que queda interrumpido por el sobre el hombro; una mujer vestida de azul, en condi-
cinturón40. Ya A. Pontrandolfo indicaba la presencia ción de madre, con el bebé envuelto en un tejido ama-
habitual del cinturón en la mayoría de mujeres de la rillo en sus brazos; y un tercer adulto con toga blanca,
misma necrópolis, que sistemáticamente calzan boti- cinturón, diadema roja y trofeo colgando de la lanza
nes negros (Pontrandolfo, 1996a, 289). (dos elementos, de imposible identificación), quizás
La mujer representada más cerca del caballero, de en condición de magistrado, que coge de la mano al
mayores dimensiones que la segunda, porta una pátera último individuo, infantil, vestido de amarillo y con el
dorada en la mano derecha que ofrece al jinete41, mien- cabello rojizo.
tras que en la mano izquierda sostiene una jarra. Los Además, un elemento pintado encima de la comiti-
dos elementos fueron pintados en color amarillo para va, interpretado por Braun como representación de la
expresar su naturaleza metálica. luna en posición creciente, parece más probable leer-
La segunda mujer, en cambio, aparece tocada con lo como restos de una corona, habitual en represen-
una diadema roja en el pelo mientras que presenta en taciones funerarias del entorno pestano. Pero la falta
sus manos un tejido rojo a modo de festone. de detalles en la descripción del motivo hace que toda
Detrás de las dos figuras se pintó un gran vaso me- propuesta sea especulativa. En cualquier caso, la iden-
tálico (también amarillo) que según el dibujo de Braun tificación con una corona encuentra mayor lógica en
correspondería a un ánfora con dos asas (Fig. 1) pero una representación de apoteosis heroica y conmemo-
que en el dibujo de Minervini se presenta como un rativa, como se desarrolla seguidamente.
gran enócoe (Fig. 2)42.

Caballo montado
38. Esta representación, idéntica, con la mujer más próxima al
personaje heroizado de mayores dimensiones que la que la El caballo, amarillo y con la crin marrón, sigue siendo
sigue, encuentra un paralelo en la tumba Paestum-Andriuo- el mismo que hemos visto en las lastras de la caja, pero
lo t.20. su detalle difiere entre la reproducción de Braun y la
39. Esta decoración se documenta también en las dos tumbas
de Minervini.
de la necrópolis Spinazzo, la del Magistrato y la recuperada
por la Guardia di Finanza en Tarento.
En la de Braun aparece aderezado únicamente por
40. La representación de cinturones en damas está poco testi- un tejido sobre su lomo, sobre el que monta el jinete.
moniada en Paestum (Andriuolo t. 1937 y Laghetto t. X).
En relación con ello pueden considerarse las bailarinas con
cinturones (Paestum-Andriuolo t. 27) y auloi, que si bien no • Ánfora Dorada: Paestum-Spinazzo tumba recuperada por
son necesariamente individuos de sexo femenino, la proxi- la Guardia di Finanza en Tarento.
midad entre su indumentaria y el de las damas representa- • Stamnos Dorado: Paestum-Andriuolo t. 114, Sarno S. 1,
das en este punto lo proponen como un paralelo plausible Nola N.8.
(Paestum-Gaudo t. 1/1972). 43. Una comitiva similar, formada también por cinco persona-
41. Esta posición y elemento ofrecido encuentran correspon- jes, en Paestum-Andriuolo t. 51. El grupo lo integran una
dencia en las tumbas Paestum-Andriuolo 84 y en la tumba alternancia de adulto, individuo infantil, adulto, individuo
recuperada por la Guardia di Finanza en Tarento proceden- infantil y adulto, que presenta idéntica distribución de eda-
te de la necrópolis Spinazzo. des que en la representación en análisis.
42. La representación de vasos de grandes dimensiones en tum- 44. Sobre las coronas de oro vid. Colonna, 2007.
bas pestanas y campanas es frecuente, tanto en posición 45. La representación de personajes cogiendo la cola del ca-
aislada en el tímpano como encima de banquetas o mesas ballo, bien a modo de escudero o de acompañante, se do-
o, incluso, llevadas por damas. A tal efecto se citan aquí las cumenta en Paestum por parte de personajes vestidos con
principales representaciones. toga (Laghetto III, Contrada Vecchia di Agropoli 11/1967
• Crátera Negra: Paestum-Arcioni t. 271/1976, Paestum- y tumba recuperada por la Guardia di Finanza en Tarento
Capaccio Scalo 1/1964, Paestum-gaudo 1/1972, Paes- procedente de la necrópolis de Spinazzo), menos clara es la
tum-Laghetto t. X, Paestum-Andriuolo t. 51. representación de la tumba 1/1972 de Paestum-Gaudo. Esta
• Enócoe Negro: Paestum-Capaccio-Scalo 1/1964, Paes- representación encuentra correspondencia en área campana,
tum-Andriuolo t. 23, Nola, N.8. en la que los dos únicos casos de personajes en esta actitud
• Enócoe Dorado: Sarno S. 1. (Nola N.4 y N.8) corresponden a togados.

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66 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Nada queda de los elementos para su gobierno, clara- aparentemente incoherente en el que cada lastra re-
mente ausentes, acentuando esta falta la boca cerrada presenta escenas finitas, obliga a reflexionar y a pen-
del caballo y la posición de los brazos extendidos del sarlas como partes de un mismo discurso en el que su
jinete, que se agarran a la crin. Únicamente una faja en combinación o sucesión desembocan en la lastra del
el pecho, podría relacionarse con el prosternidion de la fondo.
lastra 3. En cambio, en la representación de Minervini De acuerdo con F. Coarelli, A. Rouveret indicaba
se presenta equipado con el prometopidion y el resto la relación entre la representación histórica y la evo-
de elementos para su gobierno, faltando el manto. cación mítica como un proceso de creación genealó-
Dejando de lado las diferencias entre las dos fuen- gica y, por lo tanto muestra de una toma de conscien-
tes, cabe considerar la dicotomía en las representacio- cia histórica (Rouveret, 1997, 135). De esta manera,
nes del caballo. Por un lado en la caja y, por otro, en A. Rouveret en su análisis de las pinturas de esta tum-
el tímpano, siendo imposible distinguir para el caballo ba, consideraba convincentemente que la representa-
una correspondencia con el héroe, es decir, si también ción estaría enmarcada en la iconografía de la Gue-
presentaría dos estados en esta tumba – el de combate, rra de Troya (Rouveret, 1997, 135). Particularmente
con su equipo para un gobierno fuerte y rápido; y el de importante si tenemos en cuenta que (en opinión de
parada, únicamente con el manto – que encajaría per- la misma investigadora) ese mito (y sus derivados),
fectamente en un discurso articulado entre la narración entre finales de s. IV e inicios del III a.C., sería un ele-
de la caja y la del tímpano. mento importante del lenguaje compartido entre las
élites suritálicas. Este relato mítico transversal entre
distintos grupos fue excepcionalmente representado
5. LECTURA E INTERPRETACIÓN DEL PRO- en las lastras laterales de la caja de la tumba de 1854
GRAMA ICONOGRÁFICO completándose con una serie de motivos iconográfi-
cos, locales y exógenos. Los detalles confieren singu-
Tradicionalmente, la lectura histórica de las pinturas laridad al conjunto y se analizan bajo 3 niveles: por
pestanas se ha basado en las ininterrumpidas y brillan- un lado, la pintura alegórica de las tres lastras de la
tes contribuciones de A. Pontrandolfo y A. Rouveret, caja, con representaciones de guerrero y caballo, cla-
que han demostrado como en el transcurrir del s. IV ramente relacionadas estilística y temáticamente entre
a.C. las elites pestanas se afirman y auto-representan sí; en segundo lugar, la pintura étnica-local de la pa-
en sintonía con los importantes acontecimientos béli- red de fondo, lastra de fondo y tímpano – ambas como
cos entre Poseidonia, Tarento y Roma (Pontrandolfo, evolución o variante de representaciones de carácter
1996a, 289), en los que participaron de manera acti- pestano –; y, finalmente, la irrupción extraordinaria de
va. De este modo, podemos ver las pinturas funerarias motivos foráneos: en los detalles de la panoplia y del
como expresión de una koiné helenizante, común entre equipo equino así como en la posición de los cuerpos
diversas culturas itálicas46, capaz de desarrollar mo- y el uso de una pareja de armados en los laterales de
delos locales distintos y autónomos con unas lógicas la puerta.
narrativas e iconográficas próximas entre sí en toda la
Italia meridional.
Para las tumbas pintadas de las necrópolis pesta- 5.1. Pintura alegórica
nas, en particular la necrópolis de Spinazzo, se obser-
va como presentan los personajes orientados de ma- En las representaciones de las tres lastras rectangula-
nera convergente hacia el punto central de la lastra de res inferiores, el personaje principal es con claridad
fondo. Esta idea integra en un único discurso la tota- un guerrero con coraza anatómica y casco tocado con
lidad de las lastras y, a pesar de la rigidez del modelo, tres plumas, acompañado por un caballo con prometo-
admite dos posibilidades: pidion decorado con Medusa, y armado siempre con
–– mostrarlas todas siguiendo un único discurso, una lanza. Se refuerza con la ostentación de una pa-
lineal; noplia defensiva metálica su condición privilegiada y
–– representarlas en un doble discurso en el que, des- su pertenencia al grupo de los équites. Esta figura de
de la puerta surgen dos líneas narrativas que con- Condottiero sería la máxima expresión de rango tan-
vergen en el punto central de la lastra de fondo. to en la Italia meridional como, particularmente, en la
necrópolis Spinazzo47.
Sea como fuere, la tumba de 1854 no cumple ninguna
de las dos. Pero para entender el porqué se utiliza una
alternativa, conceptualmente mucho más compleja, es
necesario volver sobre conceptos teóricos y recuperar 47. Una de las tumbas citadas por A. Pontrandolfo de la ne-
crópolis Spinazzo, presentaba como enterrado a un indi-
la posición de las lastras (Figs. 7 y 8). Así, el discurso
viduo infantil incinerado al que se ofrendó un esperón de
bronce miniaturizado que la investigadora no ha dudado en
interpretar como símbolo de su ascendencia a un grupo de
46. Para una aproximación a las características de la pintura equites del que habría formado parte (Pontrandolfo, 1996a,
funeraria en la Italia meridional vid. Steingräber, 1991. 291).

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 67

Los cascos y las corazas están pintados en todos


los casos en color amarillo, simulando el metal. Aun-
que, es importante resaltar que en las tres represen-
taciones cascos y calzado se pintaron con diferencias
entre sí mediante la incorporación de algunos detalles
decorativos importantes. Esta distinción encuentra
correspondencia con una serie de variaciones en las
representaciones de la barba del personaje principal
(ausente, insinuada y acentuada en cada una de ellas),
que Minervini interpretó como una voluntad de evi-
denciar tres edades del mismo guerrero (Minervini,
1856, 177), aunque podrían corresponder a imágenes
de tres personajes distintos, quizás pertenecientes a
una misma gens que participan en episodios comple-
mentarios. Pero discernir entre las dos opciones impli-
ca (si seguimos la propuesta de Minervini), identificar
las escenas de las dos lastras laterales como alusión a
dos episodios de combate acontecidos en momentos
distintos (Figs. 3 y 4) o, si consideramos la interacción
de varios personajes, ver en las dos lastras dos escenas
de un mismo combate.
Aún así, el peso de la composición recae en la pa-
red de fondo (Fig. 5). Desde la entrada los caballos de
las lastras laterales guían el punto de atención hacia
el fondo de la cámara, con la escena del compromi- Figura 10: Representación de amazonomaquia sobre crátera
so del héroe con la gens, expresado mediante el pacto ápula. A partir de Moret, 1975, Tav. 82.1
de fidelidad con el Pater Familias48 y la apoteosis del
propietario de la tumba, en el tímpano.
Pero esta estructura está precedida por un espacio En primer lugar la lastra 1 (Fig. 3), a la izquierda,
que focaliza la atención, de manera especular, con dos en la que la escena puede claramente identificar el per-
escenas que repiten una misma estructura en la que sonaje femenino como una amazona, representada en
el héroe se representa en el momento de vencer a un el conocido esquema llamado motif de la saisie par les
enemigo. Ahora cabe identificar las escenas de com- chevaux (Fig. 10) (Moret, 1975, 193), en la posición
bate y ver si se trata de dos ciclos distintos o de uno agenouillée (Moret, 1975, 117-118) de espaldas al hé-
solo. Si correspondiera a dos ciclos distintos, podría roe, siendo imposible saber si la imagen se completa
proponerse una representación alegórica del héroe en con el pie del guerrero pisando la pierna de la amazona
dos momentos de su vida. Si, en cambio, corresponde caída (Bottini, 2007, 16). Este esquema, formado por
a un solo ciclo, deberíamos considerar que las repre- dos motivos bien conocidos y ampliamente estudia-
sentaciones del héroe no son tales sino que serían apli- dos, es un dato más que permite caracterizar las in-
caciones de topoi iconográficos, sin mayor voluntad fluencias de la representación para lo que parece clara
narrativa que el uso del recurso mitológico para enfa- una adopción de este motivo iconográfico de las pro-
tizar una condición heroica y privilegiada. ducciones ápulas, que lo habrían desarrollado a partir
El esquema, a mi entender, corresponde al siguien- de de modelos áticos.
te orden: Por contra, la lastra derecha (Fig. 4), representa a
un personaje con alopekis crestado y con espada, tam-
bién en la posición agenouillé (Moret, 1975, 117-118)
48. La escena se repite en la necrópolis Spinazzo, en varias aunque enfrentado al héroe (Figs. 11, 12 y 13). Este
tumbas, como la recuperada por la Guardia di Finanza, personaje podría relacionarse con un esquema de vic-
donde la lastra de fondo presentaría también un pasto de toria del griego sobre el bárbaro49, alusión a la guerra
Fides entre dos personajes togados, uno joven y otro senil entre griegos y persas (Iliupersis), particularmente
(Pontrandolfo, 1996a, 282) y las tumbas 11 y 48. Con la ex- importante a partir de la frecuente representación del
tensión de los dos brazos del Pater Familias hacia el brazo enemigo troyano con este tipo de casco o tocado frigio.
del joven en la tumba 11 (Pontrandolfo, 1996a, 287) y el La composición fue especialmente habitual en área
saludo entre ambos en la 48. Una representación similar se ápula con posterioridad a la expedición de Alejandro
localiza sobre una lastra de una tumba pintada de Isernia
(Mazzei, 1995, fig. 137; Benassai, 2001, fig. 234) aparece
un togado extendiendo la mano a un segundo personaje, ve-
rosímilmente Hermes como indicaría su caduceo. Ello im- 49. Sobre la representación del bárbaro en área Magno-griega y
plica la circulación de un modelo iconográfico preciso en el el desarrollo de la iconografía a partir de las guerras persas
momento de cambio entre el s. IV y III a.C. vid. Pontrandolfo y Rouveret, 1983a.

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68 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 13: Particular de la representación de lucha contra el


bárbaro/amazonomaquia a partir de dibujo de la escena sobre
crátera ápula. A partir de Moret, 1975, Tav. 83.2.

Figura 11: Representación de lucha contra el bárbaro/amazono-


Magno en Oriente50, que permitiría una aproximación
maquia sobre crátera ápula. A partir de Moret, 1975, Tav. 64.2. cronológica tal y como se ha propuesto para otros mo-
numentos (Bottini y Setari, 2007, 87).
Pero el detalle de ambas representaciones es am-
biguo y obliga a considerar particularmente la túnica
lisa51, la ausencia de coraza, el uso de un alopekis52
y la representación de estas características y posición
escenográfica, tanto para amazonas (Moret, 1975, Pl.
64.2, 65.2, 66, 83.2) como para persas/bárbaros53. De
todos modos, Rouveret interpretó las escenas de com-
bate de manera distinta, considerando que fuera una
evocación paradigmática de las res gestae del difunto,

50. Recordemos el caso de la crátera de Ruvo conocida como


delle Amazzoni, actualmente reinterpretada como represen-
tación de combate entre griegos y persas. En cualquier caso,
la representación surge durante la segunda mitad del s. V
a.C. en área griega.
51. Bottini ha indicado la frecuente aparición de la amazona
que combate a pie como una amazona vestida al estilo grie-
go más que al estilo oriental, frecuente en otras escenas
(Bottini y Setari, 2007, 78).
52. La asimilación del troyano con la amazona y la adopción
por parte de la amazona, en mundo italiota, de los ele-
mentos del primer grupo ha sido ampliamente reconocido
(Moret, 1975, 151-159).
53. Como propusieron Pontrandolfo y Rouveret, la confusión
entre troyano, persa y amazona era voluntaria para simpli-
ficar la iconografía del bárbaro (Pontrandolfo y Rouveret,
1983a, 1057 y 1065). Esta dicotomía entre bárbaro/persa y
amazona es un elemento intercambiable y voluntariamente
Figura 12: Representación de lucha contra el bárbaro/amazono- ambiguo que evidencia un mismo modo de representar lo
maquia sobre crátera ápula. A partir de Moret, 1975, Tav. 65.2. opuesto a lo griego.

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 69

lucano, enfrentado a una amazona y a un griego (Rou- por parte de un Pater Familias57 o de una dama58. No
veret, 1997, 136). Según la autora, la descripción de hay representaciones enmarcadas en duelos o aconte-
la escena de amazonomaquía (Fig. 3) incide en esta cimientos bélicos (reales o imaginarios). Si bien las
transformación de la iconografía en la que la amazona representaciones de corazas anatómicas son habituales
permanece pero el griego es sustituido por un lucano sobre la cerámica ápula, poco tienen que ver con las
(Rouveret, 1997, 138). La segunda confrontación es representaciones de la tumba pestana. De esta manera,
más problemática (Fig. 4). El guerrero, lucano, se en- la escena de la lastra de fondo, encuentra una lógica
frenta y vence a un enemigo con un casco de tipo Con- iconográfica precisa en la serie de naiskoi con guerrero
versano (Figs. 16, 23 y 24) que Rouveret, en cambio, con coraza anatómica y anciano, que en la cerámica
identificó con un casco de tipo frigio y lo relacionó con aparece a menudo sentado, como manifestación del
el entorno tarentino o ápulo (Rouveret, 1997, 138). respeto para la familia y la gens según un patrón ico-
Ante este detalle son necesarios algunos comentarios, nográfico de influencia ápula.
especialmente si tenemos en cuenta los particulares de
la panoplia y lo propuesto por A. Rouveret, que iden-
tificó esta escena con la de la muerte de Héctor por de Via Reno en Altamura (Venturo, 2001, 70-71, Tav. IV.8).
Aquiles (Rouveret, 1997, 139). De ser correctas las Con representación de naiskos dentro del que se representa
posiciones de Rouveret, la filo-romanidad de las pin- un caballero de pie con su caballo detrás. Endosa coraza y
turas pestanas estaría expresando un acontecimiento casco crestado; Crátera de volutas con máscaras del Seated
absolutamente opuesto al mito del discurso romano, Women Group del Museo de l’Hermitage de San Petersbur-
go N. Inv. 581 (Trendall y Cambitoglou, 1978, N. 23/239,
pues evidenciaría la identificación de los lucanos con
Pl. 281.1), con representación de naiskos con jinete de pie
Aquiles y el vencido con el troyano54, que podría ex- con coraza anatómica y lanza, detrás del que aparece un
tender las implicaciones y ver en ello una alegoría pre- caballo blanco y, a la izquierda y colgando, un casco de
cedente a la instauración del mito del antepasado de tipo a Pilos.
Roma, Eneas, y por lo tanto, una victoria sobre Roma. 57. Crátera de volutas atribuida al Pintor de Loebbecke (Staat-
De esta manera debemos proponer que la deco- liche Museen Berlin N. Inv. 1984.42) (que se propone que
ración lateral de la tumba represente una escena de pueda proceder de Canosa), con un naiskos en el que se
amazonomaquia, como alegoría de la victoria sobre representa un anciano sentado que recibe/despide a un ji-
el enemigo, y en la otra lastra, una representación de nete joven de pie que endosa la coraza y sujeta los atalejes
de un caballo. Fechada entre el 340-330 a.C.; Crátera de
victoria más explícita sobre la identidad del enemigo, volutas atribuida al Grupo de Bassano de una colección pri-
representado como oriental, reproduciendo un esque- vada napolitana (Trendall y Cambitoglou, 1978, N. 30/20,
ma iconográfico de clara componente ápula basado en Pl. 393.2), con representación de naiskos con tres persona-
la ambigüedad y la confusión de conceptos, posible- jes en el interior: en el centro un joven con lanza y coraza
mente intercambiables entre el concepto de oriental y anatómica, enfrente un anciano sentado, detrás del joven
el femenino55. un caballo y un escudero desnudo. Encima, colgando, un
Por otro lado, la representación del guerrero con escudo circular.
coraza anatómica metálica sosteniendo las riendas del 58. Crátera del Pintor de Baltimore del Musée du Louvre GR
018 (Moreno 2010, fig. 18), con representación de caballero
caballo encuentra sobre la cerámica ápula de segunda
con coraza anatómica, con casco ático (?) con paragnáti-
mitad del siglo IV a.C. numerosas representaciones. des móviles. Detrás caballo blanco. Delante dama que le
Se trata de escenas situadas dentro de naiskoi donde el ofrece un kántharos mientras sostiene una sítula. Colgando
guerrero, heroizado y sólo56, es recibido o despedido del techo aparece una espada y, posiblemente, una cnémi-
de; Olla atribuida al Pintor de Baltimore del Musée d’Art
et d’Histoire de Ginebra, con representación de jinete que
54. A todo ello, cabe recordar que Aquiles era antepasado de los endosa coraza anatómica y casco a pilos, de pie al lado de
Molossos y que recibió culto en las principales localidades su caballo, en un contexto con otros personajes y en el que
del desarrollo lucano (Rouveret, 1997, 139). es recibido por un joven sirviente de una dama, sentada
55. Planteamiento que en opinión de A. Bottini corresponde enfrente del jinete. Fechada en la segunda mitad del s. IV
a un desprecio y disminución de la dignidad del enemigo a.C.; Crátera de volutas del mercado anticuario londinense
(Bottini y Setari, 2007, 88). (Sotheby’s 8/12/1994, lote 164) atribuida al pintor de Bal-
56. Crátera de volutas con máscaras atribuida al Pintor timore con representación de naiskos con representación
dell’Ilioupersis, de la antigua colección Caputi (n. 275) en de retorno de caballero, de pie con coraza endosada, con
el Palazzo Leoni Montanari de Vicenza (Lippolis, 2011, caballo detrás y mujer delante. Colgando aparece una re-
fig. 7), con representación de naiskos con jinete de pie con presentación de casco a Pilos. Fechada entre el 340-320
lanza, casco con alto lophos y coraza anatómica y detrás a.C.; Crátera de volutas del mercado anticuario londinen-
caballo a derecha. Se fecha en el tercer cuarto del s. IV se (Sotheby’s 11/07/1988, lote 184) atribuida al pintor de
a.C.; Ánfora del mercado anticuario londinense (Sotheby’s Baltimore, con representación de naiskos en el que aparece
10/07/1992, lote 353; Sotheby’s 10/12/1993, lote 191) atri- una escena de retorno/despedida de caballero, de pie, con la
buida al pintor de Baltimore, con representación de naiskos coraza y casco y detrás el caballo, orientado hacia el lado
con caballero de pie y detrás caballo. El caballero lleva un opuesto en el que se sitúa una dama sentada que toma la
casco, la coraza y la lanza, mientras que del naiskos cuelga mano del caballero. De la parte encima de la dama cuelga
una pareja de cnémides. Fechada en la segunda mitad del s. una pareja de cnémides y un escudo. Fechada en la segunda
IV a.C.; Crátera de volutas de la tumba 1 de la necrópolis mitad del s. IV a.C.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


70 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

5.2. El peso de la tradición 5.3. Innovaciones y adopciones externas

La escena del tímpano (Figs. 1 y 2), fue motivo de El factor local, claramente demostrado por detalles
discusión al considerarse en un primer momento estilísticos de la composición de la lastra de fondo y
como una representación del mundo de ultratumba de la escena del tímpano, queda fuera de discusión. En
(Forchhammer, 1854, 63) y, en un segundo momento, cambio, el peso de las influencias externas que se de-
proponerse que fuere un pasaje sumamente importan- tecta por el uso de una iconografía alegórica ausente
te de la vida del protagonista, como Condottiero lu- en Paestum, es especialmente clara en los detalles de
cano (Minervini, 1856, 180-181). Se trataría, siempre las panoplias (Figs. 15, 16, 33 y 41) y por el uso de dos
según G. Minervini, de la representación de la llegada motivos foráneos para las composiciones: las dos re-
de la población lucana a Poseidonia, bajo la guía del presentaciones de los laterales de la puerta (Fig. 6) y de-
difunto y propietario de la tumba. Este fundamental talles de la representación anatómica de los personajes.
acontecimiento fue escogido para ocupar el lugar más El análisis anticuario permitirá ahondar en la cues-
destacado de la tumba. Pero recientes estudios sobre tión de las armas representadas, pero aquí merece la
la pintura de finales del s. IV a.C. en la necrópolis pena un comentario sobre los aspectos foráneos de las
de Spinazzo identifican este tipo de representaciones composiciones:
como valoración de la familia del aristócrata que ocu- Primero: sobre el recurso de la aplicación de guar-
paba la tumba (Pontrandolfo, Rouveret y Cipriani, dianes armados en los laterales de la puerta. Es posible
1998, 69), lectura que se acentúa cuando en la lastra que esta representación tenga unas connotaciones de
situada debajo del tímpano aparece la representación inmortalidad donde la combinación de jóvenes vesti-
del pacto de fidelidad con el Pater Familias (Fig. 5). dos de blanco con tocado o cabello rojo62 se combine
Así, la escena del tímpano viene interpretada como con la escena de apoteosis del tímpano. Pero también
representación del Retorno del Caballero59, mientras puede entenderse de manera más sencilla, en la que la
que la de debajo representa el motivo de la Dexiosis, lanza se acompaña por un escudo dorado, como sucede
exaltando la continuidad de la estirpe con las tres eda- en otras representaciones de personajes que custodian
des del hombre (Rouveret, 1997, 135): infantil, adulta puertas de tumbas y que seguidamente desarrollamos.
y senil. Su presencia se documenta de manera extraordi-
La lógica observada en otras tumbas de la misma naria en las necrópolis pestanas, aún así, en la tumba
necrópolis, donde el destinatario de la tumba aparece 3/1972 de la necrópolis Gaudo se documentaron dos,
en un momento de parada expresando su rango como uno en cada lastra al lado de la puerta, aunque desnu-
caballero (Pontrandolfo, 1996a, 291)60 tiene cierta co- dos, elemento que se contrapone a la idea, cuidada en
rrespondencia con la representación del tímpano don- la tumba en estudio, de representar la panoplia militar.
de, además, la presencia de un cortejo que le sigue se Los mejores paralelos son los de los vanos de la tumba
propone como expresión de heroización por parte de de la necrópolis Spinazzo recuperados por la Guardia
su gens (Pontrandolfo, 1996a, 291)61. di Finanza (Pontrandolfo, 1996, 283) que, aunque con
En este contexto altamente representativo como es una orientación opuesta al ingreso, reproducen la posi-
la pintura funeraria y, más particularmente, el tímpano, ción de armados de grandes dimensiones (acorde con
estas pinturas podrían representar a los antepasados y el resto de figuras de la tumba). Por la descripción de
la ascendencia noble de la gens a la que pertenecía el la vestimenta, la lanza, el pileo y el sacco di giallo63
propietario de la tumba. (escudo), debemos recuperar otros paralelos que evi-
dencian una influencia macedónica reinterpretada en
área pestana: en primer lugar los dos guardianes de la
tumba III de Aghios Athanasios (Tsimpídou-Ayloníti,
2005, pl. 38 y 39), ambos con lanza y equipo militar
sin casco ni coraza; de manera individual, pero rela-
59. Para una discusión del modelo vid. De’Spagnolis, 2005,
cionado con el acceso a la tumba, el guerrero de una
136-139.
60. Las escenas de retorno del caballero encuentran importantes de las métopas de la fachada de la tumba del Juicio de
paralelos en Capua (10 tumbas), Nola (2 casos) y Sarno Leukadia (Romiopoúlou, 1997, fig. 22), vestido con
(Benassai, 2001, 183; De’Spagnolis, 2005, 137-139). túnica blanca acabada con elementos en rojo que se
61. La escena del tímpano tiene un paralelo en la parte infe- apoya en una larga lanza, en la mano derecha, y sostie-
rior de la lastra de fondo de la tumba Andriuolo 20 (Pon- ne un escudo pintado en amarillo en la mano izquierda;
trandolfo y Rouveret, 1992, 92), con orientación invertida
y con cuatro personajes detrás del jinete, que parece estar
armado. También la tumba Andriuolo 28 presenta una lastra 62. Los bonetes cónicos de color rojo se documentan hasta
de fondo con jinete recibido por mujeres y comitiva detrás cuatro veces en Paestum, siempre portados por aurigas. El
del jinete. Lamentablemente, el estado de conservación no catálogo es: Andriuolo 12, 18; Gaudo 7/1972; Sequestro
permite precisar las características ni número de personajes Finanza 1. Otro lo lleva el Guerrero 3 del Sarcófago de-
detrás del jinete (Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 159) que lle Amazzoni de Tarquinia (Bottini, 2007; Bottini y Setari,
como en la tumba 20, presenta una orientación opuesta a la 2007).
de la tumba del Fondo Fuscillo. 63. Según la descripción original.

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 71

Figura 14: Lastra del Ipogeo del Cerbero de Canosa. A partir de Mazzei, 1995, fig. 133.

por último, la representación de la tumba II del túmulo inusuales en vista frontal64. Esto incide directamente
de Bella (Vergina) (Andronikos, 1984, fig. 15), con un en la posición de las piernas, donde el artista aplicó un
único soldado encima de la puerta de ingreso. modelo desarrollado en área no pestana para la repre-
Otro detalle atribuible a una influencia externa (ni sentación del guerrero. Este tipo de representaciones
campana ni, aparentemente, itálica), es el detalle de encuentran correspondencia en la pintura del Ipogeo
las representaciones de las cabezas y de la posición de del Cerbero de Canosa (Fig. 14) (Mazzei, 1995, 206,
las piernas y los pies de los personajes de las lastras fig. 133), con hasta tres representaciones de piernas de
inferiores. personajes masculinos calzados con botas y sandalias
La característica de las tres representaciones es la (raras en área pestana65), con un pie en vista lateral y
ligera inclinación de la cabeza (Fig. 16): acentuando el otro en vista frontal. Además, las posiciones de las
la posición del cuerpo en las lastras 1 y 2 y, oponién- piernas de esta lastra reproducen las de los tres gue-
dose a la inclinación del cuerpo en la lastra 3. Este rreros de la tumba de Paestum de 1854: entreabiertas,
ligero movimiento parece corresponder a una estructu- abiertas con peso desplazado hacia adelante, abiertas
ra desarrollada a partir de la obra de Lisipo (Moreno, con movimiento hacia adelante.
1994, 152). Particularmente, la faz del guerrero de la Relacionado con esto, las representaciones del
lastra 1 podría corresponder a una adaptación del mo- calzado, corresponden a variantes del calceo o bota
tivo iconográfico de la efigie de Seleuco Nikátor (359-
281 a.C.) (Moreno, 1994, fig. 194-195), a partir de la
representación con un casco ático con paragnátides 64. Un ejemplo podrían ser los guerreros de la derecha de la las-
tra norte de la tumba Andriuolo 58 (Pontrandolfo y Rouve-
anatómicos largos. El modelo tuvo rápida aceptación
ret, 1992): el de la derecha con la pierna izquierda avanzada
y difusión como representación del legado victorioso y flexionada, muestra la pierna derecha extendida y retrasa-
greco-macedonio y tuvo, entre otras adopciones, la da sin indicación del pie, posiblemente con una voluntad de
imitación que hizo Pirro (Moreno, 1994, 151). La ma- escorzo para dar profundidad a la escena. Incide en esta idea
yor proximidad de la representación de la lastra 1 con el dibujo del pie izquierdo del personaje. El de la izquierda,
la representación seleucida y no con la pírrica, princi- acentúa esta sensación de volumen con la pierna izquierda
palmente por el tipo de casco y la ausencia de corona flexionada hacia adelante y la derecha ligeramente extendi-
además del detalle del cabello, presente en la segunda, da hacia atrás con el pie visto de frente.
sugieren que la pintura corresponda a un momento an- 65. En Paestum se identifican sandalias o calcei en el aulós de
la lastra este de la tumba Andriuolo 53, en el guerrero de
terior a la llegada de Pirro a la Italia meridional.
la lastra norte de la tumba Gaudo 2/1957. En cambio en la
Por otro lado, la representación de pies en las pin- tumba recuperada por la Guardia di Finanza de la necró-
turas de las tumbas de Paestum acostumbran a pre- polis Spinazzo y en la tumba llamada tomba del Magistra-
sentarse de lado (Fig. 15), siendo extremadamente to, de la misma necrópolis, todos los personajes aparecen
pintados con sandalias (vid. Pontrandolfo, 1996a, 282-286).

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


72 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Lastra 1 Lastra 2 Lastra 3

Figura 15: Particular del calzado pintado en la tumba. A partir de Minervini, 1856, Tav. IV-VI.

cerrada y, en un único caso (Fig. 15.2) a una crepida calcei militares representados en la tumba. Botas simi-
o sandalia abierta. De todos modos, los estudios sobre lares son las presentes en la métopa de Via Calabria de
calzado antiguo permiten algunas precisiones acerca Tarento, con representación de Pirro (Moreno, 1994,
de los distintos tipos (Dohan Morrow, 1985; Goldman, fig. 88 y 129), en el pie derecho del Apolo de Epidau-
1994), principalmente de las botas66, pues cada uno ros (NM-Athens n.174) y en distintos personajes del
presenta particularidades que refuerzan el realismo de cortejo de Agamenón y de la Gigantomaquia del Altar
la pintura. En cualquier caso, la identificación de cal- de Pérgamo.
zado abierto como ‘griego’ y calzado cerrado como Los escasos paralelos son suficientes para mostrar
‘romano’ es un discurso no aplicable para el caso de cómo cada personaje presenta el calzado adecuado a
un contexto lucano pues la caracterización de su indu- su condición. De esta manera, los tres guerreros lle-
mentaria admite un variado número de tipos de calza- van calcei que corresponden a un calzado masculino y,
do (Vid. Schneider-Hermann, 1996, 20-37) y precisa normalmente, asociado a caballeros, el Pater Familias
de un estudio particular, aún pendiente. lleva el calzado de senior, el individuo infantil presen-
Las botas del guerrero de la lastra 1 (Fig. 15.1), ta un calzado de parada que recuerda su pertenencia
incompletas, corresponden a unas botas lisas, con a una estirpe privilegiada y, por último, el vencido es
apertura frontal, cerrada por la tensión cruzada de los el único que presenta un calzado abierto, claramente
cordones. Estas encuentran similitud en las que apa- distinto del resto de los personajes de la tumba. El cui-
recen representadas sobre el guerrero derrotado de la dado y selección de los modelos no es casual sino que
crátera de la colección Astarita, hoy en los Museos Va- forma parte de un meticuloso estudio previo en el que
ticanos (Moreno, 1994, fig. 87). Las botas abiertas tipo todos los detalles tienen como intención evidenciar
crepida, de la lastra 2 (Fig. 15.2), son un calzado pre- una dicotomía entre los ‘nuestros’ y los ‘otros’.
valentemente militar con gruesa suela de ascendencia Esta dicotomía toma fuerza, como hemos visto,
macedonia (Coarelli, 1981, 241-242), presentan una en la utilización de una iconografía habitual en la ce-
perduración y uso de muy largo recorrido temporal en rámica ápula para expresar la dualidad entre el héroe
el que evolucionarán a lo que los romanos llamaron y el bárbaro. Así, además de los detalles particulares,
caliga, pues se documentan especialmente en repre- sobresale el recurso de la Amazonomaquía y la Iliu-
sentaciones helenísticas como la columna de Efeso persis, claramente iconografías foráneas a la tradición
(BM n. 1206), en Olimpia (n. 269), en el monumento pictórica pestana, lucana y campana. Tal iconografía
de Daochos I en Delfos y abundantemente en el al- se convierte en evidente transmisor, en Italia67, del mo-
tar de Pérgamo (Gigantomaquia, Lastra de Telefos o delo de representación68 de las luchas entre griegos y
cortejo de Agamemnon). Las Botas tipo 3 (Fig. 15.3), ‘los otros’, que en este caso podemos interpretar como
otro tipo de calcei respecto a los vistos en la lastra derivada de la lucha entre Tarento y Roma.
1, presentan un sistema de lazo superior que dejaría
una superficie lisa en la mayor parte del tobillo y el
pie. Este tipo encuentra representaciones en equipos 6. PRECISIONES ANTICUARIAS
de caballeros montando a caballo. Las botas del Pa-
ter Familias, en la lastra 3 corresponden al Calceus El análisis de la decoración de la panoplia de los gue-
Patricius (Fig. 15.4). Las botas del individuo infantil rreros y de los caballos aporta elementos de discusión
(Fig. 15.5) corresponden a unas botas de parada infan-
tiles que Goldman ha clasificado como tipo W (Gold-
man, 1994, 102). Finalmente, las botas del guerrero 67. El mismo esquema encuentra representaciones próximas en
el Mausoleo de Alicarnaso (Lastras VIII, IX, XV y XVI).
de la lastra 3 (Fig. 15.6) corresponden al tercer tipo de
68. Para la escena de la lastra izquierda cabe recordar la re-
presentación de la crátera H.3256 del MAN-Napoli (Mo-
ret, 1975, N. 82.1), mientras que para la escena de la lastra
66. También llamadas calcei, endromides o embades, en fun- derecha la reproducción de Tischbein II.2 (Moret, 1975, N.
ción del tipo y momento. 83.2).

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 73

y filiación importantes pese a las limitaciones para


analizar el conjunto, que completan aspectos ya avan-
zados en cuanto a iconografía.
Recientemente, A. Bottini ha estudiado el arma-
mento representado sobre el sarcófago delle Amazzo-
ni, que es, quizás, el mejor paralelo de la tumba que
aquí se analiza. Bottini indicaba la estrema cura con
la que habían sido reproducidas las armaduras (cas- Lastra 1 Lastra 2 Lastra 3
cos, cnémides y corazas) en aquél sarcófago (Bottini
y Setari, 2007, 74), tanto como ocurre en las pinturas Figura 16: Particular de los cascos pintados en la tumba. A par-
tir de Minervini, 1856, Tav. IV-VI.
de esta tumba. El ejemplo y resultados del estudio an-
ticuario de las armas del sarcófago de Tarquinia nos
anima en este estudio. con las diferencias entre los elementos aplicados sobre
ellos (alas, pteroi / pinnae y cannulae)71.
La pluralidad tipológica de los cascos contrasta
6.1. La panoplia pintada con la información que aporta el registro documental
de las otras pinturas pestanas, donde los cascos áti-
El detalle de las armas representadas en las pinturas de cos son el tipo prácticamente exclusivo para los gue-
la tumba permite una identificación tipológica precisa rreros pestanos. En cambio, en contextos campanos,
para los principales elementos de la panoplia defensi- los cascos pintados muestran una mayor variedad de
va. En cambio, las armas ofensivas no admiten iden- tipos (Italo-calcídicos72, Montefortino73 y áticos74),
tificación ninguna a causa de un trabajo grosero que igual que las corazas (anatómicas largas75 y cortas76,
descuidó su detalle, seguramente, por su recurrencia69. no documentándose las trilobuladas, exclusivas de re-
Tal es el detalle de la panoplia defensiva que permi- presentaciones del Ager pestano) y los escudos77. Esto
te una identificación tipológica con concretas impli- no debe confundirse con una mayor permeabilidad de
caciones históricas. Esta precisa reproducción rebate las poblaciones campanas en cuanto a adopción e in-
la duda de quien ante tal excepcionalidad sugiriera se novación del armamento, pues la diversidad tipológica
tratara de una invención deliberada por parte de los representada en contexto pestano es también amplia78.
descubridores o investigadores que las publicaron. El Mientras que el registro de armas documentado en
estudio anticuario de los elementos pintados asegura área campana es menor que el de los tipos represen-
la imposibilidad de una invención de las panoplias re- tados en sus pinturas, el registro material de los con-
presentadas dada la coherencia tipológica y cronoló- textos pestanos demuestra una importante variedad de
gica de todos los detalles, imposibles de conocer en el tipos tanto de corazas (tanto las corazas anatómicas
momento de su publicación. largas y cortas como las corazas trilobuladas, faltando

71. Sobre el argumento vid. Castrizio 2007; Graells y Mazzoli,


Cascos
2013.
72. Capua Cappella dei Lupi C.1 (con pluma central y dos
La representación de los cascos en esta tumba es com- cuernos semilunados); Capua Fondo Tirone C.11 (2 repre-
pleja y variada (Fig. 16). La tipología de los cascos, sentaciones en un duelo, sin decoración); Capua C.14 (con
para los que se ha avanzado que corresponden a tres aletas, cresta y dos plumas); Capua San Prisco C.27 (sin
tipos distintos (tipo ático para la lastra 1, tipo Paccia- decoración); Nola Via Seminario N.6; Nola Cimitille (con
no/Catanzaro, para las lastras 2 y 3, y tipo Conversano 2, 5 y 3 plumas cada uno de ellos).
en la Lastra 2), responde a una lógica ya advertida en 73. Nola Via Seminario N.4 (con cuernos, uno dorado y el otro
otros casos (sarcófago delle Amazzoni) que evidencian argénteo?).
74. Capua C.19 (con cresta y dos plumas); Capua San Prisco
la diversidad y heterogeneidad de los cascos usados
C.29 (con cresta y dos plumas y un segundo ejemplar con
por un mismo grupo aunque no es descartable que ten- dos plumas), C. 31 (con cresta y dos plumas).
ga también unas implicaciones narrativas que aquí es- 75. Nola Via Seminario N.4.
capan70 y que tengan que ser analizadas conjuntamente 76. Nola Via Cimitille N.8.
77. Aunque aquí no sirve para la discusión, es significativo
identificar la presencia de escudos circulares (N.8, C.11),
escudos circulares con nervio (N.4) y escudos ovales con
69. En cambio, otros contextos pintados, por ejemplo el de nervio (C.1, C.31).
la tumba de Egnatia recuperada a mediados del s. XIX o 78. El caso del Abbruzzo y del Molise, por ejemplo, también
las tumbas macedónicas a las que hemos hecho referencia evidencian arqueológicamente una circulación importante
anteriormente, muestran un detalle exquisito para las armas en cuanto a número de tipos de armas distintas (Tagliamon-
ofensivas (particularmente espadas). te, 2003), hecho que debe hacernos pensar que las diferen-
70. Bottini, 2007, 15, también indica este elemento en relación tes culturas de la Italia centro-meridional tendrían un com-
al citado sarcófago de Tarquinia, proponiendo que pueda portamiento similar en cuanto a permeabilidad y adopción
aludir a criterios de edad. de innovaciones militares y técnicas de orígenes distintos.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


74 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

únicamente las corazas cortas con detalle anatómi-


co esquemático, Vid. Graells, 2012) como los cascos
(cascos calcídicos, italo-calcídicos y a pilos).
El detalle de las representaciones aporta ulteriores
matices: así, la posición y detalle del casco de tipo áti-
co y la cabeza del guerrero de la lastra 1 coincide con
la de los guerreros Griegos 8 y 20 del sarcófago delle
Amazzoni (Fig. 17 y 18) (Bottini y Setari, 2007, 42,
fig. 19; 66, fig. 8). Las diferencias entre los dos cas-
cos son los elementos aplicados, tres plumas en el de
Paestum y un alto lophos blanco en el tarquinés. Por
el contrario, particularmente próximos son los fron-
tones sobre la frente de los cascos, terminados en un
giro sobre el arranque del paragnátide anatómico, liso
y articulado que puede asimilarlos a los cascos italo-
calcídicos de tipo B.I.
El tipo de paragnátides, más largo y articulado que
los documentados sobre las producciones italo-calcí-
dicas que encontramos en área lucana o campana, y
más largo y esbelto que los representados sobre pin-
tura vascular o funeraria en área campana y pestana79,
encuentran paralelos en producciones ápulas y de la
Basilicata, sobre cascos de tipo Pilos o sobre el mismo
Figura 17: Particular del Guerrero Griego 8 del Sarcófago Delle
casco de Conversano.
Amazzoni. A partir de Bottini y Setari, 2007, 42, Fig. 19.
En cualquier caso, la presencia de representaciones
de cascos de tipo ático en Paestum es habitual, con
mayor o menor detalle de las representaciones. En
cambio, el resto de cascos son excepcionales o direc-
tamente únicos.
El detalle de las representaciones de los cascos de
las lastras 2 y 3, con indicación de una decoración so-
bre la frente que simula el cabello destaca por la nitidez
de la realización. Más aún cuando en el momento del
descubrimiento y reproducción de los dibujos de las
pinturas de la tumba sólo se conocían dos realia – Bi-
bliothèque Nationale – Paris N.2023 (Fig. 20)80 y Musei
Vaticani N. 12304 (Fig. 22)81–, que difieren de los que
se representaron en las pinturas de la tumba tanto por
su riqueza como por su forma y detalle. Los paralelos

79. Para los paragnátides decorados con representaciones an-


tropomorfas vid. Graells, 2011, 29-31. Los paragnátides re-
presentados sobre las pinturas campanas y pestanas corres-
ponden a tres tipos particulares, distintos de los realizados
en esta tumba:
• Paragnátides triangulares (normalmente relacionados
con cascos de tipo calcídico o italo-calcídico): C.1, C.19,
C. 29, C. 31, N.8; Andriuolo 11, 12, 84, 86, 90, tumba de
1937, 24/1971; Sequestro Finanza 1; Vannullo 4; Lag-
hetto X.
• Paragnátides anatómicos (relacionado con un casco de
tipo Montefortino): N4.
• Paragnátide redondo (relacionado con cascos áticos, ita-
lo-calcídicos y calcídicos): Gaudo 2/1957, 7/1972; Lag-
hetto III, X; Andriuolo 28 y 53.
80. Descubierto, posiblemente en Herculano y adquirido por el
Rey de las dos Sicilias y, posteriormente, por el Conde de
Caylus (Adam, 1982, 8, nota 1).
Figura 18: Particular del Cuerrero Griego 20 el Sarcófago Delle 81. Sin procedencia, pero ya publicado en el catálogo del Mu-
Amazzoni. A partir de Bottini y Setari, 2007, 66, Fig. 8. seo Gregoriano de 1842 (Adam, 1982, 11, nota 9).

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 75

físicos proceden de hallazgos posteriores: Casco de


Pacciano (descubierto en 1880) (Fig. 19), Casco de
Catanzaro (publicado en 1881) (Fig. 21), Casco de la
Bibliothèque Nationale – Paris N. 2022 (Publicado en
1895) (Fig. 25), Casco del Museo Poldi Pezzoli N. 2426
(publicado en 1912), casco del Louvre N. Inv. 7240 (pu-
blicado en 1896) (Fig. 24) (Lipperheide, 1896, 148, N.
358; Dintsis, 1986, 218, Taf. 19.4) y Casco de Conver-
sano (descubierto en 1957) (Fig. 23), además de los cas-
cos de la colección Ceccanti y el Getty Museum N. Inv.
80.AC.12. Así se ratifica la veracidad y fiabilidad de las
representaciones que se muestran.
Resulta extraordinaria la representación de los cas-
cos Pacciano-Catanzaro, como claros transmisores de
unos contactos hacia el área ápula y la Basilicata, ade- Figura 19: Casco de Pacciano. A partir de Adam, 1982, pl. III.a
más de aportar datos precisos acerca de una cronología
a finales del s. IV a.C.
A pesar de esto, el análisis anticuario considera el
encaje de los cascos pintados en la tradición local pes-
tana particularmente clara, como elementos adoptados
e integrados en un imaginario lucano. Especialmen-
te evidente por lo que a la decoración de plumas y a
su disposición transversal se refiere82. El resto de la
decoración la integran cánulas, en el casco de la las-
tra 2, para las que no disponemos de paralelos; y, en
la lastra 3, con el acabado del casco con dos aletas
metálicas que hallazgos posteriores al descubrimiento
de la tumba, como el casco de Conversano o en le la
Bibliothèque Nationale N. Inv. 2022, han confirmado Figura 20: Casco de la Bibliothèque Nationale – Paris 2023. A
como elementos frecuentes en este tipo de cascos. partir de Adam, 1982, pl. I.a.
En las tres pinturas del guerrero, la decoración co-
mún de los cascos son tres plumas blancas dispuestas
de manera transversal y sobre la frente, a modo de tia-
ra o de pterinos stephanos (Fig. 16). Un reciente estu-
dio ha identificado este sistema como la aplicación de
estructuras de tridente, en bronce o en hierro, para el
que se propone una finalidad para sostener elementos
aplicados perecederos como plumas u otros (Graells y
Mazzoli, 2013). En contextos suritálicos, pestanos y
campanos, se trata de unas estructuras en tridente y de
combinaciones de tres cánulas83 y diademas con cánu-

Figura 21: Casco de Catanzaro. A partir de Guzzo, 1990, fig. 8.


82. Los cascos representados en tumbas pestanas se organizan
aquí en función de su decoración:
Sin decoración: Andriuolo 114; Laghetto LXIV, X, III;
Contrada Vecchia di Agropoli T.11/1967; Gaudo 2/1957;
Sequestro Finanza 1.Con aletas laterales: Vannullo 2 (2).
Con cresta: Andriuolo 90 (2), 104 (3); 58 (2), 4/1971 (2);
Arcioni 271/1976; Porta Aurea tumba de 1805; Gaudo
1/1972 (3); Vannullo 1, 3, 4; Sequestro Finanza 2; Lastra
indeterminada.
Con dos plumas: Andriuolo 53, de 1937; Laghetto LXIV;
Gaudo 2/1957.
Con dos plumas y cresta: Andriuolo 12, 28 (2), 53, 58, 48
(2), 84, 86, 114 (3), 24/1971, de 1937; Laghetto LXIV;
Contrada Vecchia di Agropoli T.11/1967; Gaudo 7/1972 (2),
2/1972 (2); Sequestro Finanza 1.
83. Ejemplar de la tumba 164 de la necrópolis Paestum-Gaudo,
con dos cánulas aplicadas sobre el lado derecho y en posi- Figura 22: Casco de los Musei Vaticani. A partir de Adam,
ción central a la frente, faltando la cánula izquierda, de la 1982, pl. VI.a.

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76 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 23: Casco de Conversano. A partir de Mostra Trento,


2011.
Figura 26: Mapa de distribución de los cascos de tipo Pacciano-
Catanzaro. © Dibujo R. G.

las84 de bronce que se documentan en área campana y


lucana. Esta decoración encuentra correspondencia en
la cabecita de terracota de la Stipe de Presenzano que
representa a un guerrero con casco y cinco agujeros
para fijar plumas, dispuestos de manera transversal so-
bre la frente del casco (Johanowski, 1990, Tav. X.2)85.
La mayor concentración de dichos elementos, y de
sus representaciones, como también de otros tipos de
decoraciones sobre cascos, se documenta de manera
notoria en el sur de la Península Italiana. Si por un
lado pueden recordarse los guerreros pintados sobre
algunas de las tumbas de la necrópolis de Paestum

que sólo quedan trazas de soldadura. El caso corresponde


a un tipo italo-calcídico BI de Bottini y el conjunto se ha
fechado entre 380-370 a.C.; sobre los ejemplares de la an-
Figura 24: Casco del Louvre 7042. A partir de Dintsis, 1986, tigua colección Guttmann AG 521/H 174 (Hermann Histo-
Taf 19.4. rica 7-Oct.-2009, Lote 173), AG 173/H29 (Hermann His-
torica 11-Abr.-2008, lote 322) y (Christie’s 28-abril-2004,
lote 101).
84. Sobre el ejemplar de la tumba 37 de la necrópolis de Santa
Croce en Eboli (Longo y Viscione, 1996, 80-81), que co-
rresponde a un casco italo-calcídico de tipo BII de Bottini
fechado entre el 340-330 a.C., se dispone una diadema con
tres cánulas remachada de manera transversal; similar a este
ejemplar podría considerarse el ejemplar del British Mu-
seum adquirido como procedente de Vulci (1842,0728.711),
que también corresponde a un casco de tipo italo-calcídico
con una diadema de la que se conserva sólo la cánula lateral
izquierda; sobre tres ejemplares de la antigua colección
Guttmann (Hermann Historica 19-Oct.-2005, lote 156 y
lote 158, Christie’s 28-abril-2004, lote 97).
85. Por otro lado, A. Bottini (1991) recopilaba un numeroso
Figura 25: Casco la Bibliothèque Nationale – Paris 2022. A partir de elenco de cascos de tipo suritálico-calcídicos con elementos
Adam, 1982, pl. II.b. para soportar las plumas.

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 77

Figura 27: Bronces del Siris. A partir de Hagemann, 1919, Abb. 74 y 75.

y Capua y en numerosísimos vasos suritálicos, con gunda mitad del s. IV a.C.) se documenta el casco de
una cronología de siglo IV a.C. en adelante, debemos la tumba Scocchera A de Canosa que coincide con la
volver un poco hacia atrás y referirnos a la presencia, cronología y el área del probable hallazgo de una serie
ocasional, de ‘cánulas’ sobre los cascos de tipo ápulo- de cascos con decoraciones similares en distintas co-
corintio (desde finales del s. VI a.C. hasta mediados lecciones particulares87.
del s. IV a.C.). Destaca especialmente la progresiva Este tipo de decoración se ha observado, en Italia,
adopción (desde el segundo cuarto del siglo IV a.C.) con una mayor antigüedad para cascos del área suritá-
de estos elementos sobre los cascos ítalo-calcídicos86 lica y campana (Graells y Mazzoli, 2013), sin duda en
del área campana próxima a la Campania etrusca (San- relación con lo observado por D. Castrizio a partir de
nibale, 2008, 225). En cronología poco posterior (se- la iconografía numismática griega, donde este tipo de
elementos se desarrollarían a partir del s. V a.C. (Cas-
trizio, 2007). Su posición, sistemáticamente transversal
sobre la frente, con soportes en bronce, encuentra en la
86. Los ejemplares de soportes laterales recopilados por Botti-
ni (1991, 97-98), denominados por el investigador italiano
pintura vascular y funeraria la evidencia de la inserción
como tubicini reggi-piume, son: ejemplar de Ruvo en Karls- de materiales orgánicos (principalmente plumas).
ruhe (N.A.1); Paestum Spinazzo-Parco del Fuscillo (Sestie- Relacionado con esta decoración cabe indicar la
ri, 1957, 178) (N. A.2); de Cumas en el British Museum, N. presencia, en la lastra 3, de alas aplicadas a los latera-
Inv. 1915, 7-13.8 (N. B.14); Paestum-Gaudo t.II (Pontran- les del casco. Este elemento, que encuentra sus prime-
dolfo y Rouveret, 1992, 380-385; Sestieri, 1958) (N. B.18); ras evidencias iconográficas sobre algunas emisiones
Paestum-Gaudo t.X (N. B.19); Tumba 174 de la necrópolis anatólicas (Castrizio, 2007, 82-84), cuando se asocian
Gaudo de Paestum (Viscione, 1996, 149-153, Nr. 58.10); a elementos áticos o de la órbita greco-occidental de-
Tumba 164 de la necrópolis Gaudo de Paestum (Viscione,
ben considerarse como un elemento de mando militar
1996, 155-157, Nr. 61.6); Tumba 37 de la necrópolis Santa
Croce de Eboli (Longo y Viscione, 1996, 78-81, Nr. 36.35); de origen itálico (Castrizio, 2007, 85-86). La distribu-
Hermitage, San Petersburgo (N. B.20); Louvre, Nr. 1129- ción de los realia, confirman esta idea al concentrarse,
De Ridder (1913-1915, Tav. 66-N. B.25); Musei Vaticani mayoritariamente, en área lucana.
N. Inv. 34838-34839 (Sannibale, 2008, 222-226, Nr. 136); a Un último detalle decorativo, relevante, es la re-
los que podría añadirse el casco del British-Museum ex co- presentación de paragnátides decorados en el casco
lección Burgon de confirmarse su procedencia de las cerca- del héroe de la lastra 2. Se trata de la indicación de
nías de Nápoles (Bottini, 1991, 97-98; Kemble, 1863, 170, una decoración de tipo figurativo que se aproxima a
Tav. XII.4, citado en Sannibale 2008, p. 225) y no en Vulci,
como propuso Walters (1899, 342). Con una funcionalidad
similar, quizás puedan entenderse las espirales aplicadas
sobre algunos cascos italocalcídicos, normalmente en nú- 87. Dos ejemplos de ellos en Cahn, 1989 (W.23a y W24a), otro
mero de 2, y sobre un casco de tipo Montefortino con tres en el Metropolitan Museum NY (Richter, 1915, 418, Nr.
espirales en la misma posición transversal que las cánulas 1552) y de la colección Guttmann (distintas subastas en
(MAN-Saint Germain en Laye N. Inv. 4760). Christie’s y Hermann Historica).

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78 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 30: Parte inferior posterior de una paragnátide figurada


procedente de Pietrabbondante. A partir de D’Agostino, 1980.

Figura 28: Paragnátide figurada con escena heraklea procedente


de Pietrabbondante. A partir de D’Agostino, 1980.

Figura 31: Paragnátide izquierda, figurada con Nereida con cas-


co y espada, como parte del armamento de Aquiles, procedente
de Pietrabbondante. A partir de D’Agostino, 1980.

Figura 32: Paragnátide derecha, figurada con Nereida con pare-


Figura 29: Aleta figurada con Niké alada procedente de Pietrab- ja de cnémides, como parte del armamento de Aquiles, proce-
bondante. A partir de D’Agostino, 1980. dente de Pietrabbondante. A partir de D’Agostino, 1980.

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 79

Lastra 1 Lastra 2 Lastra 3

Figura 34: Particular de las corazas anatómicas pintadas en la


tumba. A partir de Minervini, 1856, Tav. IV-VI.

Cuatro casos a los que se suman ahora los tres de esta


tumba (Fig. 34).
Las corazas anatómicas se representan con decora-
ción complementaria en el sarcófago de las Amazonas
Figura 33: Mapa de distribución de las paragnátides decoradas (Bottini, 2007, 16, fig. 12-13) y en las tres corazas de
con figura. © Dibujo R. G. la tumba pestana aquí en análisis: todas con hombreras
decoradas con figura humana90, en lo que claramente
corresponde a representaciones de un único personaje
lo observado en las hombreras de las corazas (Guzzo, de pie, posiblemente una representación de Heracles
1993, 167-168; Vermeule et alii, 1988, 94 n. 119; Ta- (Bottini y Setari, 2007, 76, fig. 5). Este elemento, la
gliamonte, 2002-2003, 102, nota 42), con numerosos hombrera o spallaccio, encuentra raros ejemplos me-
paralelos reales (Figs. 27, 28, 29, 30, 31 y 32), pero tálicos, normalmente tardíos (como en Dodona, donde
que contrasta con los paragnátides del resto de cas- aparecen sin decoración figurada). Entre ellas desta-
cos representados en la tumba88. De esta manera, los can, especialmente las piezas de bronce con repre-
dos cascos de tipo Pacciano/Catanzaro documentados sentación de amazonomaquia recuperados en el Siris
en la tumba, que a nivel de influencias se han rela- (Fig. 27), hoy en el British Museum (BM.2 85) y que
cionado con los influjos tarentinos de finales de s. IV A. Russo ha demostrado como procedente de la zona
a.C. (Adam, 1982, 25-26) (Fig. 26), permiten con este de Armento (Russo, 1995, 14 y notas 65 y 66, con
detalle una última consideración: Si recordamos los discusión).
paragnátides decorados y analizamos su distribución En cualquier caso, la presencia de hombreras es
y producción vemos una compleja distribución que desconocida sobre corazas anatómicas de bronce itáli-
afecta áreas alejadas de la zona de Paestum (Graells, cas (Fig. 39), que su distribución concentra en el área
2011) (Fig. 33): central de la Italia meridional (Fig. 41). Por otro lado,
aunque sin ser numerosa, su presencia se documenta
Corazas en territorio epirota, macedonio (Guzzo, 1993, 167-
168; Tagliamonte, 2002-2003, 102, nota 42) o tracio,
La representación pintada de corazas anatómicas es áreas de donde sería originario considerando la pre-
un motivo especialmente escaso en contextos fune- sencia de estos elementos sobre otras corazas como
rarios89, documentándose únicamente en la tumba la coraza de tipo a corsetto de hierro de Vergina o la
François (2 casos), la tumba Giglioli (2 casos), en el coraza anatómica, también de hierro, de Prodomi (Fig.
sarcófago delle Amazzoni (Guerrero n.3) (Fig. 38), la 40). Si por un lado la cronología de las corazas anató-
tumba de Nola Via Seminario N.4, las tumbas 28 (Fig. micas largas con adaptación ergonómica para montar
35) y 61 (Fig. 36) de Paestum-Andriuolo y otra más de a caballo no puede fecharse arqueológicamente en un
Paestum, sin contexto preciso (Fig. 37). Normalmen- momento anterior al 330 a.C., la presencia de hombre-
te las corazas aparecen pintadas en lo que se llama ras rebaja ligeramente la cronología pues corresponde
friso de armas, es decir, como un elemento expuesto a un elemento tardío en la evolución de las corazas.
y exhibido bien apoyado o colgado. Únicamente las Si recordamos la excepcionalidad de las corazas ana-
corazas de la tumba François, del sarcófago de las tómicas en la pintura funeraria, la representación de la
amazonas y de la tumba de Nola, visten a guerreros.

90. Añadiendo también el fragmento de pintura de la tumba


88. Para una síntesis vid. Graells, 2011, 29-31. 12 de Egnatia (Cat. Napoli, 1996, 165-166, Nr. 12.13), con
89. Sobre pintura vascular, aunque no siendo habitual puede representación de coraza a corsetto con dos spallacci deco-
considerarse frecuente en producciones ápulas. rados con Nikai.

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80 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 35: Lastra con friso de armas de la Tumba 28 Paestum-Andriuolo. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 156.

Figura 36: Lastra con friso de armas de la Tumba 61 Paestum-Andriuolo. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 118.

Figura 37: Lastra con friso de armas de una tumba sin Contexto de Paestum. A partir de Pontrandolfo y Rouveret, 1992, p. 302.

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 81

Figura 39: Coraza anatómica larga de bronce del Hipogeo Va-


Figura 38: Guerrero Griego 3 del sarcófago Delle Amazzoni. A rrese-Canosa, MAN-Bari 6075. A partir de Zimmermann, 1979,
partir de Bottini y Settari, 2007, 36, fig. 12. pl. 6.

Tumba Giglioli91, recuperada en 1959 en la necrópolis


Monterozzi, loc. Secondi Archi, representa una anoma-
lía aún mayor pues presenta corazas y otros elementos
de panoplia militar, pintados sobre las paredes laterales
de la tumba. Las corazas están pintadas, una a cada lado,
en las paredes izquierda y derecha en un friso que debe
entenderse como la representación de las armas de la
gens y, por lo tanto, como un reclamo a una tradición
gentilicia que permitiría mantener la idea de un pasado
y condición aristocrática y singular en el seno de la co-
munidad (Cristofani, 1967, 299). Además de la tumba
Giglioli se reconocen corazas anatómicas en la tumba
François que confirman la excepcionalidad del uso de la
coraza anatómica en la iconografía de ámbito etrusco92.
Por lo que resulta de la técnica de representación
de las corazas anatómicas sobre la tumba Giglioli, M.
Cristofani señalaba algunas características adoptadas

91. A pesar del nombre, de su descubridor, la tumba pertenecía


a la familia de los Pinie, familia también documentada en
Vulci (Rizzo, 1989, 165).
92. S e documenta sobre algunas urnas volterranas y sobre la
Cista Révil, con escena de los funerales de Patroclo similar
a la del Vaso de Darío (Cristofani, 1967, 292, nota 31). Esto
puede explicarse, como hizo M. Cristofani, al proponer un
acercamiento artístico y cultural entre Etruria y el ambiente
ápulo-tarentino durante el último trentenio del siglo IV a.C. Figura 40: Coraza anatómica larga de hierro de la tumba de
(Cristofani, 1967, 292, nota 31). Prodomi. A partir de Touchais, 1982, fig. 48.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03 LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92.


82 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

En Paestum, en cambio, si excluimos la tumba ob-


jeto de estas páginas, se conocen únicamente otras tres
lastras con representación de corazas anatómicas: la
tumba Andriuolo 28, 61 y otra de procedencia desco-
nocida dentro del complejo pestano. Un breve comen-
tario sirve para contextualizar la tumba de 1854 pues
se opone a una iconografía dominada por representa-
ciones de corazas en frisos de armas pestanos:
La lastra de la sepultura indeterminada de Paestum
está fragmentada en su esquina superior derecha, lo
que perjudica la representación de la coraza anatómi-
ca (Adam, 2000, 128, fig. 2; Pontrandolfo y Rouveret,
1992, 302) (Fig. 37). Representa un friso de armas com-
puesto por un casco con lophos alto, una pareja de cné-
mides, una coraza trilobulada, un escudo oval y la parte
abdominal de una coraza anatómica. La duplicidad de
corazas en este ejemplar ha sido interpretada como una
representación de la coraza utilizada por el propietario y
otra como perteneciente a una spolia (Adam, 2000, 128).
Aceptando esta propuesta: ¿Cuál es la del propietario
y cuál el botín de guerra? Algunas tumbas de Paestum
presentan también representaciones de corazas anatómi-
Figura 41: Mapa de distribución de las corazas anatómicas lar- cas en sus frisos de armas94 y otras presentan guerreros
gas. © Dibujo R. G. vistiendo las corazas trilobuladas95 o anatómicas (como
en la tumba en estudio). Si, además, consideramos las
de la tradición griega, posiblemente difundidas en Ita- representaciones pintadas sobre lastras de tumbas hasta
lia a través de Tarento y de los intercambios artísticos el área campana, vemos como allí se representan jine-
que distintas ciudades etruscas mantendrían con aque- tes equipados con la coraza anatómica96 y guerreros con
lla. Cristofani llegó a considerar, incluso, la formación corazas cortas con detalle anatómico esquemático (Vid.
de artesanos etruscos en talleres tarentinos. En cual- Graells, 2012). Si consideramos la existencia en Paes-
quier caso la proximidad estilística no impide observar tum de tumbas con corazas anatómicas97, el debate no
características propias en la pintura etrusca al tratar las puede resolverse aunque las evidencias arqueológicas
corazas anatómicas como la desaparición de las líneas hagan decantar las ‘sensaciones’ hacia la coraza trilo-
de contorno, característica de la cerámica ápula, para bulada como la local y la anatómica como la de nueva
dejar paso a un contorno definido por juegos de inten- adquisición. Pero no podemos descartar que ambas re-
sidad de color, de claroscuros, que permite enfatizar presentaran al mismo propietario, en un marco comple-
el volumen de la musculatura (Cristofani, 1967, 294). jo como el que define la interpretación que se desarrolla
Esto corresponde a la evolución del estilo del Pintor de del estudio de la tumba pintada recuperada en 1854.
Licurgo y su entorno con el estilo del Pintor de Darío y Respecto a la lastra de la tumba 61 de la necró-
seguidores (Cristofani, 1967, 292) que permite fechar polis Andriuolo de Paestum (Fig. 36), Burns observó
la tumba a finales del s. IV a.C.93. que la representación de la coraza no estaba pintada en
En la tumba Giglioli, además de la representación de amarillo o dorado, como el resto de casos, de manera
armas, particularmente algunos de los tipos represen- que propuso que el artista no quisiera representar una
tados (la coraza anatómica de manera particular, pero coraza de bronce sino una coraza anatómica de hie-
también el casco frigio con cresta y algunos de los epi- rro (Burns, 2005, 92) para la que no existe paralelo ni
sema sobre los escudos), destaca el motivo decorativo documentación en Italia meridional conociéndose úni-
de la tumba, especialmente próximo a las influencias he- camente el ejemplar de Prodomi98. Además, la presen-
lenísticas de presentación de frisos de armas que rompe
con el esquema local clásico de la escena de banquete
(Rizzo, 1989, 165). Esta influencia podría proponerse 94. Tumbas Andriuolo T. 28 y 61.
como un contacto desde el área ápula, tarentina, o mag- 95. Andriuolo t.12, tomba del 1937; Laghetto T. LXIV; Tumba
no griega de manera más genérica (Rizzo, 1989, 165). de 1805; Gaudo T. 7/1972; Vannullo T. 4; Sequestro Guardia
di Finanza 1 (Pontrandolfo y Rouveret, 1992, 298).
96. Nola N. 4 (Benassai, 2001, fig. 210).
97. Entre las que sólo es segura su presencia en una de las tum-
93. La propuesta de M. Cristofani varía entre finales del s. IV bas recuperadas en la necrópolis de Porta Aurea en 1805.
a.C. e inicios del s. III a.C. Esta propuesta es aún válida 98. Esta identificación con ejemplares reales encuentra corres-
(Cristofani, 1967, 295 y 296) y demuestra que, esta tumba pondencia con lo que sucede en las representaciones escul-
es posterior a la tumba François (Torelli, 1997; D’Agostino, tóricas. Las corazas pintadas encuentran en la estela ática
2003; Andreae, 2004a y 2004b; Harari, 2007; Bardelli, ep.). de Aristonautes un paralelo preciso sobre un monumento

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 83

cia de la hombrera en la coraza de Prodomi coincide y suritálicas102, superando el discurso exclusivamente


tipológicamente con los de la tumba de 1854, donde el militar y en cambio, considerando de nuevo su valor
pteryges es inexistente99. como indicador de pertenencia a un grupo, en calidad
De esta manera, los paralelos iconográficos escul- de indicador de acceso a la ciudadanía, opinión que
tóricos y reales de las corazas pintadas en la tumba ya dispone de un abultado número de defensores (Sal-
de 1854 evidencian una adopción de modelos icono- mon, 1967 [1995], 113-114; Johanowsky, 1990, 272-
gráficos griegos, en el que la presencia de hombreras 274; Suano, 1991, 135-139; Benassai, 2001, 177)103.
sería frecuente, pero simultáneamente los adapta a un
modelo de uso suritálico según el que se utilizaría la
coraza anatómica sin pteryges.
(Paestum-Vannullo 3, Paestum-Andriuolo t. 58, 61, 86,
Sea como fuere, las representaciones escultóricas y
Capua C.13, C.14, C.15, C.17 y C.30 y Nola N.4 y N.8) o
todas las representaciones de corazas anatómicas me- aurigas (Paestum-Vannullo t. 4).
tálicas pintadas en tumbas se fechan sistemáticamente 102. Este debate surge del análisis de la acumulación de di-
a finales del s. IV o inicios del s. III a.C. como eviden- versos cinturones en un mismo contexto funerario, que ha
cia de la eclosión de este elemento de la panoplia en permitido interpretaciones que han considerado su presen-
este momento. cia como:
• ofrendas hacia el difunto;
Cinturones • herencias familiares, Com’è spesso dato osservare nel
caso di molte classi di bronzi, i due cinturoni dovevano
comunque rappresentare per i rispettivi proprietari dei
Entre el abultado número de representaciones de cin-
beni preziosi: quando essi se ne separarono definitiva-
turones en la tumba (seis ejemplares) sólo uno permite mente, deponendoli nelle due tombe in cui sono stati rin-
consideraciones de tipo estilístico y cronológico. Eso venuti, dovevano essere stati indossati numerose volte
no impide que el resto de casos necesite de un análisis e forse numerose volte passati di mano, quali segni di
detallado sobre sus respectivos significados. relazioni sociali conservati e passati di mano in mano
El cinturón que lleva el magistrado o Pater Fa- (Bottini, 1983, 52-53);
milias presenta claramente dos ganchos en forma de • como elementos indicadores de estatus. En área samní-
palmeta. Este tipo ha sido clasificado por Suano como tica, la presencia de un segundo cinturón se ha interpre-
tipo 2a100. La cronología propuesta para estos casos tado, tradicionalmente como parte de botín de guerra,
subrayando el valor simbólico por encima del numérico,
se sitúa en un momento central del s. IV a.C. (Naso, pero ulteriores análisis han demostrado como este cri-
2011, 42-43). terio varía hacia area del Abbruzzo, donde prevalece el
La cronología se distancia de lo que hemos obser- factor numérico, como demuestran algunos casos de las
vado en el resto de elementos de la tumba y además, la necrópolis de Cariatidi, Tiriolo o Laos, con tres cintu-
distribución de los paralelos parece distanciarse de lo rones o en la tumba 600 de Lavello (con 5 cinturones).
dibujado por los elementos de la panoplia defensiva. Este tipo de acumulaciones ha permitido la formulación
Y, pese a la presencia de otros cinturones en represen- de una hipótesis de transmisión de dichos elementos en
taciones pestanas, su representación sobre un civil es el seno de la familia, extendida, como parece proponer
el decalage cronológico de los tipos presentes en la tum-
sorprendente101, pues normalmente se ha observado en
ba 600 de Lavello (Romito, 1995, 9);
personajes armados. • resultado del botín de guerra, que se refuerza con la
Este detalle reabre la discusión acerca del significa- iconografía de las representaciones pintadas tanto en la
do del cinturón en el seno de las comunidades lucanas pintura funeraria como en la cerámica italiota, con las
conocidas escenas de regreso de héroes que a menudo
presentan uno o varios cinturones congando de las lan-
escultórico próximo cronológicamente (Moreno, 1994, zas y que, consecuentemente, se han relacionado como
85-90, fig. 104). El resto de elementos de la panoplia y, trofeos de guerra (Rebuffat, 1962, 353);
especialmente, la posición del cuerpo distancian ambos • o como elementos distintivos del personaje.
monumentos. 103. En referencia a la propuesta de W. Johanowski, a partir del
99. La combinación entre la coraza anatómica y un faldellín sin s.V a.C. los cinturones perderían su valor como símbolos
pteryges encuentra en una métopa de Via Calabria de Ta- de distinción social individual y pasarían a convertirse en
rento una precisa correspondencia (Moreno, 1994, fig. 114). insignias de pertenencia a la ciudadanía, hecho que viene
100. Una carta de distribución ha sido recientemente considera- ratificado por la presencia de este elemento en tumbas in-
da por A. Naso (2011, 42). Esta concentra dos ejemplares fantiles en calidad de testimonianza evidente di una arti-
en la necrópolis de Campo Consolino en Alfedena, uno de colazione sociale legata al ruolo della classe militare e da
procedencia imprecisa atribuida a l’Aquila, cuatro de Ca- esso espressa, pero que la presencia de cinturones en tum-
pua, uno en Sorrento, Pontecagnano, Eboli, Roccagloriosa bas femeninas vuelve a poner en entredicho siendo más
y Canosa y Olimpia. claro su uso como indicador de un derecho a la ciudadanía.
101. Encuentra representaciones sobre cuerpos de togados En palabras de M. Romito: In conclusione, le tombe con-
en las tumbas pestanas de Vannullo 2 y de la necrópolis tenenti più di un cinturone – sopratutto più di due – sono
Spinazzo (tumba recuperada por la Guardia di Finanza per lo più contrassegnate da una particolare ricchezza nel
en Tarento y en la tumba del Magistrato). En cambio, las corredo di armi e oggetti mettallici, come se l’interazione
representaciones de cinturones sobre guerreros es mu- di questo oggetto così carico di valenze volesse sottoli-
cho más frecuente (vid. Infra) así como sobre caballeros neare ulteriormente la ricchezza e il prestigio del defunto

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84 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Así, si los cinturones acumulados en tumbas no se 6.2. Equipo del caballo


interpretan más como símbolos militares y sí, en cam-
bio, como elementos de ciudadanía o de estatus, su re- El equipo del caballo es extremadamente complejo y
presentación en pinturas funerarias debe tener idéntica rico de detalles, especialmente si se compara con el res-
interpretación. to de pinturas pestanas (Fig. 42). Ello permite profun-
Pero lejos de verlo como una anomalía, este detalle dizar en los elementos de atalaje y gobierno equino en
muestra un elemento relacionado con la indumentaria entorno pestano y suritálico en el cambio entre el s. IV
local que refuerza la interpretación de la iconografía y III a.C., especialmente en torno a dos de sus elemen-
como una combinación entre elementos locales, fun- tos más singulares: el prometopidion y el prosternidion,
damentales, con elementos foráneos, asimilados en protector de la cabeza y del pecho respectivamente.
una coyuntura compleja que caracterizó el marco his- Estos elementos, que se consideran como produc-
tórico de la Italia meridional. De esta manera el deta- ciones magno-griegas, posiblemente tarentinas (Botti-
lle del cinturón evidencia las raíces locales del grupo, ni, 1989, 710), permitieron el desarrollo de sus deco-
ahora involucrado en una órbita más compleja y leja- raciones llegando a una enorme complejidad técnica
na, como el ambiente tarentino. que, a partir de siglo IV a.C., se combinó con boza-
En otra línea cabe considerar el resto de cinturones les de bronce de tipo calado (Garcés y Graells, 2011;
pintados en la tumba. La representación del cinturón Faklaris, 2010). Especialmente elocuente en este sen-
femenino, la Zone, representa el ideal de fertilidad y tido es el conjunto procedente de Ruvo di Puglia, hoy
de fidelidad (Bennet, 1997, 182). Más compleja es la en la colección White and Levy del Metropolitan Mu-
presencia del Zoster, cinturón de carácter masculino seum de Nueva York (Von Bothmer, 1990, 114-122).
y normalmente con una superficie metálica, que apa- Las indicaciones sobre los colores con que se re-
rece en la Ilíada y la Odisea asociado normalmente a presentaron los elementos para el gobierno del caballo
guerreros y en algunas ocasiones se convierte en una (rojo y azul), evidencian una estructura compleja con
pieza clave de la armadura defensiva. En opinión de materiales orgánicos y metálicos que no hace más que
Bennet sería un instrumento ideológico más, símbolo ratificar una información intuída, al mismo tiempo que
heroico y de rango, hasta el punto que en la obra ho- su detalle distingue estos equipos de los representados
mérica debería interpretarse como el heroic’s warrior en otros contextos. Por un lado, la ausencia de aplica-
belt (Bennet, 1997, 91). ciones circulares doradas los distingue de otros casos
El cinturón masculino en las representaciones pin- pintados en tumbas pestanas y campanas107. Pero un
tadas de la tumba (Pater Familias y guardianes de la segundo detalle es igualmente importante, se trata del
puerta104) evidencia una pluralidad de usos: como in- nudo e inflexión de la rienda lateral del equipo. Este
dicadores de ciudadanía; como complementos de la elemento permite confirmar hasta qué punto el dibujo
panoplia militar105; e incluso, como elementos indica- refleja exactamente una pintura realista, sin invencio-
dores de edad106. nes, pues encuentra correspondencia en otras tumbas
pestanas108.

e il suo ruolo guerriero…Il cinturone è legato alla sfera


militare, ma non in modo esclusivo, e si prefigura piuttosto
come elemento distintivo di status (Romito, 1995, 9 y 12).
104. La ausencia del protagonista de las tres lastras de la caja,
armado con coraza pero sin cinturón, debe relacionarse
como una alegoría a su condición de propietario de la tum-
ba, heroizado después de su muerte (en el tímpano), como
Aquiles. De esta manera toma fuerza la propuesta según la
que At the same time, these belted heroes demonstrate that
high birth, seniority, wealth and personal connections are
actually honored above war strength in the eroic world Lastra 1 Lastra 2 Lastra 3
of the poems (Bennet, 1997, 88). A tal efecto, la figura de
Figura 42: Particular de los prótomos de caballo pintados en la
Aquiles no se representaría con cinturón ya que aún esta-
tumba. A partir de Minervini, 1856, Tav. IV-VI.
ría enmarcada en la esfera de los mortales y, en cambio,
que Agamenón llevara el único cinturón de plata y el cetro
de oro lo relacionaría con Ares y Zeus, respectivamente,
combinando de esta manera los paradigmas reales con los
del héroe-guerrero (Bennet, 1997, 88).
105. Recordemos a tal efecto la frecuente representación pinta- Menelaos and Nestor own distinctive zorestes, while Achi-
da cinturones colgando de lanzas a modo de panoplias o lles, surely the best Achean warrior, apparently does not.
de trofeos militares. (Bennet, 1997, 87).
106. Esta propuesta encuentra correspondencia en lo observado 107. Paestum Andriuolo 18 y 58; Paestum – Spinazzo tumba
por Bennet acerca de la obra homérica: The largest sha- del Magistrato; C.1.
re of honor accrues to the belted hero based on seniority 108. Paestum Andriuolo 2/1971 y Spinazzo – tumba recuperada
and ruler status. This explains the fact that Agamemnon, por la Guardia di Finanza.

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 85

Figura 43: Caballos, de izquierda a derecha: MAN-Firenze, Colección Weiller y MAN-Napoli. A partir de Coarelli, 1981, figs. 44, 50
y 46.

Los elementos de atalaje son indicativos de orígenes parte del caballo, normalmente a causa de un esfuerzo
y tradiciones particulares. La posición del caballo, parti- violento o de una severa sujeción con los elementos
cularmente de su cabeza, que aparece vista de tres cuar- de gobierno. Esto también encuentra paralelos en nu-
tos, ligeramente recogida109, y el tocado de su crin enci- merosos testimonios escultóricos111, y, a partir de las
ma de la cabeza, en forma de penacho110, son elementos fuentes antiguas podríamos citar las pinturas de Ate-
que demuestran el peso de la tradición local e iconográ- nión y de Nealce (circa 250 a.C.) (Moreno, 1994, 84).
ficamente permiten una correspondencia con paralelos Esta forma toma como modelo el sarcófago de Abdo-
escultóricos. Por ejemplo, la cronología del grupo escul- limo de Sidón (datado entre el 315-312 a.C.) (Moreno,
tórico recuperado en Lanuvio, Santuario de Juno Sospi- 1994, 82), evolucionando progresivamente hasta la
ta, corresponde al tardo-helenismo (Coarelli, 1981, 233). representación, más exagerada, del caballo de la méto-
Este modelo corresponde al tardo-clasicismo (finales del pa de Via Calabria de Tarento, con representación de
s. IV a.C.) (Coarelli, 1981, 244) del que el bronce de Pirro (Moreno, 1994, fig. 88).
Herculano con representación de Alejandro Magno es el En cualquier caso, la iconografía que nos interesa
exponente más revelador, pero el grupo ecuestre de La- es la de la estela de Colono que presenta una matriz
nuvio, fechado en un momento más avanzado, permite ática que en opinión de P. Moreno encontraría corres-
definir una evolución en el que los caballos represen- pondencia en área occidental casi en el mismo mo-
tados en la tumba de 1854 y sus paralelos escultóricos mento cronológico. Pero además de la identificación
(caballo del MAN-Firenze y MAN-Napoli) (Fig. 43) en- iconográfica, destaca la circulación de la idea referida
cajan perfectamente en un momento que debemos situar con esta representación de agresividad que correspon-
en el cambio entre el s. IV y el s. III a.C. de a una representación de fiereza del caballo, única-
Por otro lado, la posición de la cabeza y cuello del mente gobernable por el héroe. De esta manera, este
caballo, ligeramente recogida y girada hacia el espec- topos permite comprender también las representacio-
tador, con profundas líneas de los pliegues del cuello y nes más complejas en las que el caballo aparece en
detallada musculatura, encuentra numerosos paralelos actitud agitada con un escudero, pues entra dentro del
en los que la expresión de dolor e incomodidad por mismo discurso ideológico.
El cuello y la cabeza de los caballos evidencian una
iconografía de segunda mitad del s. IV a.C. (Coarelli,
1981, 246) que los pintores lucanos adoptaron de ma-
109. Esculturas con prótomos de caballo en idéntica posición
nera excepcional en una composición anómala dentro
han sido recopilados por F. Coarelli procedentes de Lanu-
vio (Coarelli, 1981, fig. 23-24), de una métopa de Tarento de su repertorio. La composición, dominada por el mo-
(Coarelli, 1981, fig. 32), de la Colección Weiller de Paris vimiento y agitación de las escenas laterales, transmite
(Coarelli, 1981, fig. 50), de Melos (Coarelli, 1981, fig. 49) una paradoja en los caballos, con el cuerpo en repo-
y de Roma – Via Appia (Coarelli, 1981, fig. 53). so y la gestualidad helenística de tensión. Parece una
110. El penacho sobre la frente del caballo se representa en las adaptación de un modelo exógeno, netamente griego y
tumbas: N.4; Andriuolo 48, 58, 86, 2/1971 y 4/1971; Se- con ejemplos en Tarento, que no llega a consolidarse en
questro Finanza 1 y 2; Spinazzo Sequestro Finanza y tum- área pestana, o no llega a eclosionarse de manera plena.
ba del Magistrato. El mismo penacho se representa sobre
las esculturas recopiladas por F. Coarelli procedentes de
Ercolano (Coarelli, 1981, fig. 40), Firenze (Coarelli, 1981,
fig. 44-45) y Napoli (Coarelli, 1981, fig. 46). Además de la 111. Entre los que destaca la estela de Colono (NM-Athens)
lastra del caballero a galope de la Via Calabria de Tarento (Moreno, 1994, fig. 86) o una de las métopas de Via Cala-
(Moreno, 1994, fig. 114) y algunos de los caballos de la bria de Tarento con representación de caballero al galope
batalla del sarcófago de Abdalonimo de Sidón. (Moreno, 1994, fig. 114).

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86 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

Figura 44: Pintura del escudo decorado con cabeza de Medusa Figura 45: Pintura del escudo del hipogeo descubierto en
de la tumba III de Ágios Athanásios. A partir de Tsimpídou- 1846/1847 en Gnathia. A partir de Cassano, 1996, 166
Ayloníti, 2005, pl. 27 b.

Prometopidia (testeras) ejemplares con representación de cabeza de guerrero


con casco calcídico, el resto de representaciones pre-
Los tres prometopidia reproducen la forma clásica y sentan una producción individual y exclusiva tanto por
aparecen decorados con cabeza de Medusa en su par- lo que a las dimensiones como a la decoración se refiere.
te superior, lo que permite una última confirmación de Las características decorativas de estas testeras y
esta influencia ápula, pues el catálogo de paralelos no sus paralelos en otros elementos de la panoplia de s.
encuentra fuera de aquella área (Apulia, Pencetia y Ba- IV a.C. suritálico permitió a A. Bottini proponer una
silicata) otros ejemplos. La presencia de testeras no es producción en ámbito tarentino (Bottini, 1989, 710).
frecuente en área campana ni pestana, donde sólo se co- Esta propuesta podría aceptarse también para las tes-
nocen pintadas112. Aún así, el detalle de las testeras pin- teras representadas en la tumba pestana, pues la apli-
tadas de la tumba de 1854 obliga a considerar, claramen- cación de cabezas de Medusas sobre armas defensi-
te, sus paralelos en área ápula y, quizás, de la Basilicata. vas (principalmente escudos) encuentra paralelos en
Sobre las testeras de segunda mitad del s. IV a.C. Egnatia (Fig. 45) y Macedonia (Fig. 44) (Cassano,
pueden distinguirse dos tipos, los de decoración sim- 1996, 166; Tsimpídou-Ayloníti, 2005, Pl. 27 b) a fi-
ple, en repujado, de la parte superior, normalmente en nales del s. IV a.C. e inicios del s. III a.C., y no será
forma de corona y con el protector del muso liso, y un hasta avanzado s. III a.C. cuando se difunde en área
segundo tipo con decoración compleja de la parte su- itálica-mediterránea.
perior mediante una composición de elementos vege- El tipo aparece ya en el s. VI a.C., pero es a partir
tales y palmetas entrelazadas que se extiende en parte del s. V a.C. cuando surgirán y se estandarizarán una
del protector del morro y se completa con una ligera serie de elementos de ornamentación, y quizás de pro-
decoración en el extremo inferior mediante un deta- tección, del caballo en el sur de Italia (Peucetia, Apu-
lle vegetal, derivado y simplificado de la composición lia y Lucania), desarrollándose particularmente entre
superior. Esta repetición de motivos, permite suponer la Basilicata y la Apúlia durante el s. IV a.C. (Fig. 51).
que serían producciones distintas. Consistían en elementos ornamentales evoluciona-
Este detalle dista de lo observado en las teste- dos de los antiguos protectores que cubrían las cabe-
ras de período arcaico y clásico, en los que si bien se zas (testeras o prometopidia) y pectorales (petrales o
puede aceptar una producción estandarizada para los prosternidia). Estos elementos se asocian con amplias
panoplias militares de prestigio en lo que podrían lla-
marse tumbas emergentes (LoPorto, 1996) e incluso,
principescas, donde la coraza anatómica larga es uno
112. Capua C.14, C.15, C.17; Nola Via Seminario N.4. En la
necrópolis de Paestum, únicamente en dos tumbas de la de los elementos fundamentales que explican y conno-
necrópolis Spinazzo se documentan estos elementos en la tan al propietario como équites.
tumba recuperada por la Guardia di Finanza y en la llama- El caso mejor documentado corresponde a la tumba
da del Magistrato. de Sangiorgio di Ginosa (LoPorto, 1996, 24-33), con

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PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854 87

Figura 46: Prometopidion del Hi- Figura 47: Prometopidion de Figura 48: Prometopi- Figura 49: Prometopidion
pogeo Monterisi Rossignoli – Ca- la colección White & Levy. dion de San Giorgio Lu- de colección particular sui-
nosa. A partir de Mazzei, 1992a, A partir de Von Bothmer, cano. A partir de Bottini, za. A partir de Cahn, 1989,
fig. 11 1991, 116, N.95d. 1989, fig. 5a. W23d

Figura 50: Prometopidion de colección particular suiza. A partir Figura 51: Mapa de distribución de los prometopidia (testeras)
de Cahn, 1989, W24i. de bronce de s. IV a.C. © Dibujo R. G.

una pareja de testeras (Lippolis, 1995, Tav. LXXXII, entre el Badisches Landesmuseum Karlsruhe y el
2; LoPorto, 1996, figs. 25, 1-2, 26, 2) de bronce aso- MAN-Napoli (LoPorto, 1996, 30); dos más en el Anti-
ciados a una pareja de petrales (Lippolis, 1995, Tav. kenmuseum Basel und Sammlung Ludwig (Figs. 49 y
LXXXII, 2; LoPorto, 1996, fig. 25, 3-4); una pare- 50) (Bottini, 1989, 706); otro idéntico en el Museo de
ja con decoración del extremo inferior en motivo de Mougins (Burns, 2011, 206, fig. 73, MMoCA.561); en
palmeta y la parte superior con composición vegetal el mismo museo otro ejemplar con decoración de pseu-
compleja, de procedencia ápula, se conserva repartida do-corona de mirto en la parte superior (Burns, 2011,

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88 RAIMON GRAELLS I FABREGAT

191, fig. 24, MMoCA.597F); otro más en la tumba de local, influenciada y particularmente preocupada por
Sangiorgio di Lucania, hoy en el Museo Provinciale evidenciar su filo-helenismo.
di Potenza (Fig. 48) (Bottini, 1989, 706); otro en la A tal efecto cabe destacar el peso del área ápula en
tumba 669 de Lavello (Bottini, 1991); tres ejemplares la difusión del mito y la iconografía de las amazonas
en el hipogeo Monterisi-Rossignoli de Canosa (Fig. y de la guerra contra el persa, pues como demostraron
46) (Botini, 1989, 706) y uno en la supuesta tumba de A. Pontrandolfo y A. Rouveret, la difusión de la ico-
Ruvo di Puglia de la colección White and Levy (Fig. nografía de la amazonomaquia sobre vasos áticos se
47) (Von Bothmer, 1990); otra testera se documentó concentró en área etrusca, siendo rara su presencia en
en el área de Campo Scavo de Armento, tipológica- área magno-griega (Pontrandolfo y Rouveret, 1983a,
mente afín al de la colección White & Levy, Canosa 1053-1054). Posteriormente, a partir de la mitad del
y Basilea a pesar de su estado de conservación, que s. IV a.C., mito e iconografía, viven un auge signifi-
ofrece únicamente la parte superior, más ancha y sin cativo en área ápula, donde sus ceramistas lo utilizan
decoración, y parte del lateral derecho (Russo, 1995, de manera recurrente para reflejar la inestabilidad del
26, fig. 31). momento. Si en Atenas la inestabilidad con las pobla-
Además, tres ejemplares de la Tomba principesca ciones extranjeras había creado estos mitos, una situa-
rinvenuta su Corso Cotugno (già Via dei Cappucci- ción similar en Tarento podría explicar la reaparición
ni) de Ruvo di Puglia (Montanaro, 2007, 440-488, n. del mito, especialmente si recordamos las empresas
103), se conocen otros ejemplares de pectorales en lá- militares contra poblaciones itálicas y, posteriormen-
mina de bronce idénticos procedentes de Ruvo y depo- te, contra Roma. Esta misma lógica podría explicar su
sitados en el MAN-Napoli (LoPorto, 1996, 30). Final- adopción en área pestana, inmersa en similares enfren-
mente hay dos tumbas de Ruvo di Puglia localizadas tamientos y participando en los conflictos tarentinos.
en Corso Cotugno (già Via dei Cappuccini): números La influencia ápula es aún más clara cuando se ob-
114-115 de Montanaro (Montanaro, 2007, 537-546), serva el modo en el que está representado el personaje
con un prosternidion y una pareja de prosternidia res- principal, como caballero con coraza anatómica, que
pectivamente, que se fechan en siglo V a.C. Por últi- contrasta con el esquema lucano/pestano de represen-
mo, citaremos el ejemplar de prometopidion de Olim- tación del caballero con el trofeo o de su panoplia local
pia (MA Olimpia, N. Inv. B.4800). (coraza trilobulada). La representación del propietario
Sobre los Prosternidia decir únicamente que se tra- en el mundo italiota como héroe equipado al estilo
ta de un elemento raramente representado en pinturas ápulo en un momento tardío (datación a partir de los
pestanas113 y que también encuentra escasa represen- detalles del armamento) en el que sistemáticamente el
tación en escultura114, siendo sumamente raro en el re- héroe se representa con el equipo local es una ano-
gistro arqueológico. malía (Pontrandolfo y Rouveret, 1983a, 1065-1066)
o quizás ¿una última evidencia de un filo-helenismo
(filo-tarentinismo) por parte de una comunidad pesta-
7. CONCLUSIONES na de final del s. IV a.C. contra Roma116?
La representación global de esta tumba quiso en-
Las características excepcionales de la tumba y su de- tenderse, en el s. XIX, como una exaltación de las ges-
coración obligan a considerarla como uno de los mo- tas militares del propietario (Minervini, 1856, 177) en
numentos más espectaculares que ha proporcionado la el marco de las guerras entre lucanos y posedonienses
Poseidonia lucana. (Minervini, 1856, 180)117. Ese planteamiento, válido
Arquitectónicamente corresponde a una tumba dis- en otros casos118, aquí parece corresponder a la repre-
tinguida, aunque el ajuar descrito no permite abundar sentación de unos modelos iconográficos que reprodu-
en los detalles. La pintura, en cambió, incide en una
condición privilegiada y evidencia un imaginario helé-
nico único entre las representaciones pestanas115 donde 116. La romanización de Paestum es aún objeto de un debate en
el que participan discursos históricos, fuentes clásicas y,
se mezclan elementos locales con esquemas clásicos
en menor medida, argumentos arqueológicos. El principal
del mito griego: la amazonomaquia y la lucha contra problema es la cronología sobre la descripción que apare-
el bárbaro. Pero si las influencias foráneas son claras, ce en la obra atribuida a Aristosseno, Symmikta Sympotikà
muchos detalles evidencian una mano y propiedad (Para una síntesis y bibliografía vid. Zevi, 2004, 802-811).
Las principales posiciones proponen, en base a la biografía
de Aristosseno, que se trate de una obra de segunda mitad
113. Sobre pinturas pestanas, las representaciones de petrales del s. IV a.C. (Zevi, 2004, 805-806, nota 39), mientras que
se documentan en las tumbas Andriuolo 28 y 104, y en la otra opción la considera un apócrifo neopitagórico, segu-
tumba recuperada por la Guardia di Finanza, procedente ramente pestano, posterior a la fundación de la colonia ro-
de la necrópolis Spinazzo. mana (Torelli, 1988).
114. Entre estas esculturas, destacan los ejemplares de Lanuvio, 117. A estos episodios bélicos podemos relacionar numerosas
hoy en el British Museum (Coarelli, 1981, 23) y el de la evidencias de integración de guerreros lucano-samnitas en
Colección Weiller de Paris (Coarelli, 1981, fig. 50). Ruvo (Montanaro, 2010).
115. Para un resumen de los modelos utilizados en ámbito pes- 118. Por ejemplo la tumba Weege XXX (Nola N.8). Para discu-
tano vid. Pontrandolfo y Rouveret, 1992; Lévêque, 1993. sión y bibliografía vid. Graells, 2012.

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cen un imaginario heroico enmarcado históricamente durante la primera mitad del s. III a.C., dando paso a
en otro contexto. Como ha propuesto A. Bottini (2007, otros tipos más ligeros y, quizás, económicos.
15) […] i greci dipendono da un numero limitato di En cualquier caso, el armamento representado evi-
modelli, opportunamente adeguati e modificati. Así, dencia una panoplia extraña en contexto pestano que
aquí nos encontramos con uno de los más importantes se contrapone a lo observado hasta inicios de s. III a.C.
topoi de los grandes enfrentamientos de la mitografía A. Pontrandolfo proponía que a partir de finales de s.
griega (la amazonomaquia – Minervini, 1856, Tav. VI) V a.C. las armaduras itálicas y las pinturas eran una
y local (pacto de Fides con el Pater Familias represen- expresión macroscópica de la voluntad de hacer pre-
tado como magistrado y anciano – Minervini, 1856, valecer la identidad itálica de las poblaciones pestanas
Tav. IV, en la lastra de fondo, y recepción y apoteosis respecto a la ciudad griega (Pontrandolfo, 2004)119.
en el tímpano). Ambos elementos combinados mues- Con los mismos argumentos, la representación de un
tran un momento histórico concreto de claro desenlace equipo extraño hace prevalecer una voluntad de asi-
victorioso por parte de la gens representada, lejos del milación a un grupo de ámbito itálico meridional, sin
momento indeterminado representado en el sarcófago duda lucano pero dentro de la órbita de Tarento.
delle Amazzoni. Si A. Pontrandolfo y A. Rouveret vieron como las
El tipo de depósito funerario recuperado en la tum- representaciones pintadas en las tumbas de Paestum-
ba, por otro lado, muestra una constante local en la que Spinazzo se podrían referir a un discurso próximo al
el guerrero aparece únicamente equipado por la coraza de las élites campanas de inicios de s.III a.C. y, con-
y la lanza, lejos de los enormes ajuares de las tumbas secuentemente, con una proximidad al imaginario y
coetáneas, con coraza anatómica, de la Basilicata y la comportamiento romano (Pontrandolfo, 1988, 260
Apulia. y ss.; 1996a, 292; Pontrandolfo y Rouveret, 1983b;
Pero la espectacularidad de la tumba de 1854 re- Rouveret, 1988), el documento que aquí hemos visto
side en su ruptura con la norma de la necrópolis Spi- parece indicar una situación distinta, contraria incluso
nazzo al sustituir el cortejo funerario por dos escenas a esa tendencia que encontraría correspondencia en el
mitológicas de exaltación del héroe que sustituye el contexto de la guerra tarentina, con una participación
protagonismo del togado por el del guerrero armado lucano-pestana al lado de Pirro (Bettalli, 2004, 121-
con panoplia completa y compleja. De esta manera, se 122) y los tarentinos contra Roma (Mele, 1996, 19).
interrumpe la repetición y gradación de los personajes Quizás estas pinturas representan una fotografía del
representados en la tumba (Pontrandolfo, 1996a, 290) momento, acertadamente propuesto por Minervini, de
a favor de la exaltación de un único héroe, visto en tres la ocupación lucana de Poseidonia (Zevi, 2004, 815,
momentos gloriosos, no necesariamente diacrónicos. nota 64) en un momento inmediatamente posterior a
Los detalles pictóricos del armamento y panoplia la empresa del Molosso (Torelli, 1992, XVI-XVIII).
equina, permiten encontrar sus paralelos en área ápula Una representación alejada del imaginario ‘romano’ o
y de la Basilicata de finales del s. IV a.C., la represen- campano y, en cambio, como hemos visto, próximo a
tación de topoi iconográficos griegos acentúa esta im- un imaginario que utiliza los recursos de exaltación
presión y la pone en relación con la iconografía vascu- militar y afirmación aristocrática del ambiente lucano-
lar ápula y, finalmente, la presencia de dos porteros en ápulo-tarentino y, en menor medida, epirota. Quizás
los vanos laterales de la puerta indica una ascendencia debamos entender esta tumba como la expresión de
macedonia, a caballo entre el s. IV y III a.C. una última gens de guerreros lucanos que se opusie-
¿Pero son estos elementos suficientes para propo- ron, sin suerte, a la derrota, conquista y fundación de
ner una adopción de las corazas anatómicas largas en la colonia latina de Paestum del 273 a.C.
área lucana en el cambio entre el s. IV y III a.C.? O en
cambio, ¿son éstas evidencias de un último uso de estas Dr. Raimon Graells i Fabregat
Römisch-Germanisches-Zentralmuseum (RGZM)
corazas, en sus tipos más evolucionados y decorados? Forschungsinstitut für Archäologie
En relación a la primera cuestión, parece difícil argu- Ernst-Ludwig Platz, 2
mentar esta recepción en un momento tan tardío, más D-55116, Mainz
aún cuando el ejemplar real recuperado en la tumba de [email protected]
1805 de Porta Aurea se fecha en un momento anterior
(c. 325 a.C.), pero lo inusual de las corazas anatómicas
largas en área lucana pueden evidenciar su presencia BIBLIOGRAFIA
y, quizás, una fascinación lucana hacia esas corazas en
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con hombreras decoradas permiten prolongar más allá
de finales del s. IV a.C. la vida de estas corazas que,
a partir del registro arqueológico, cayeron en desuso 119. El argumento encuentra un debate prolífico en Asheri,
1999 y Zevi, 2004, 799 y ss.

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cano», NSc, 11, 171-180. 831, Taranto.
SESTIERI, P. C., 1958: «Tomba a camera d’età lucana», ZIMMERMANN, J.-L., 1979: «Une cuirasse de Grande
BA, 43, s.4, 46-63. Grèce», Museum Helveticum, 36, 177-184.

Recepción: 03-07-2012
Aceptación: 29-05-2013

LVCENTVM XXXII, 2013, 53-92. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.03


LVCENTVM XXXII, 2013, 93-113. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.04

COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA


EN ÉPOCA PLENA
COLMENARES (L’ALACANTÍ), AN IBERIAN PLAIN HABITAT IN THE MIDDLE IBERIAN PERIOD

JESÚS MORATALLA JÁVEGA


Universidad de Alicante
Arquealia

GABRIEL SEGURA HERRERO


Arquealia

La excavación arqueológica del yacimiento de Col-


menares ha devenido en un paradigma de actuación
preventiva al socaire del desarrollo urbanístico, locali-
zando y excavando por completo un hito arqueológico
ibérico desconocido hasta ese momento. En efecto, el
proceso de investigación comienza con una prospec-
ción arqueológica superficial, que localiza las concen-
traciones cerámicas; continúa con una prospección
mecánica, que documenta restos constructivos y los
delimita en su extensión; y finaliza con la excavación
íntegra del espacio determinado por la posición tan-
to de los sondeos positivos como de los inmediatos
negativos.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ZONA

El área que albergaba en superficie un registro cerá-


mico tan homogéneamente ibérico apenas había de-
parado hasta el momento noticia alguna de carácter
arqueológico, siendo una de las zonas del término Figura 1: Localización del área intervenida en el ámbito pro-
vincial de Alicante.
municipal de Alicante menos conocidas en este senti-
do (Fig. 1), sin duda por la carencia de prospecciones
arqueológicas metódicas. permite concluir que la citada carretera es más mo-
La única referencia localizada y relacionada con derna que el Camino Viejo de Elche –del que más
los terrenos objeto de estudio la recoge E. Llobregat adelante trataremos–, luego difícilmente se dataría en
(1991, 353), quién relata el hallazgo casual de una mo- época romana, a no ser que admitamos que este último
neda altoimperial romana –un denario de época augus- es incluso anterior; ello no es imposible, pero nece-
tea datado hacia el 19-15 a.C.– «en el Bacarot [...]. En sariamente habría que documentarlo con estudios de
la partida dels Reiets», sin concretar más. Dicha parti- más largo alcance, que no son ahora objeto de nuestro
da se localiza a unos 2 km al nordeste del punto ahora relato.
excavado, por lo que parece un dato poco trascendente Finalmente, no podemos obviar la existencia del
para los intereses que ahora nos mueven. propio topónimo de la partida, Bacarot, pues ha sido,
Relacionado con su carácter de lugar de paso, la desde los primeros estudios sobre lenguas prerroma-
zona es incluida en varios trabajos como área atrave- nas, firme candidato a formar parte de la toponimia ibé-
sada por un ramal de la Via Augusta; concretamente, rica1, pues dicha voz –en su forma Bagarok– aparece
G. Morote localiza la citada vía en la carretera que
atraviesa el núcleo de Bacarot (Morote, 2002, 152),
desde el Portichuelo hasta alcanzar la nacional N-330 1. Algunos autores defienden su origen árabe (García Sempere,
–hoy llamada AP-7–. Al margen de otro tipo de consi- 1990, 172), en nuestra opinión mediante una más que forzada
deraciones, lo cierto es que la fotografía aérea antigua interpretación fonética.
94 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

Figura 2: Ubicación de los restos arqueológicos en la partida de Bacarot.

transcrita prácticamente igual en varios textos epigrá- los pies de su solana se extendía el Saladar de Agua-
ficos, sin ir más lejos el Plomo I de La Serreta (Fletcher marga, que hasta hace unas décadas aún se explotaba
y Silgo, 1992). De asumir esta interpretación lingüísti- como salina.
ca, sería una variable histórica al menos a considerar, Como elemento de conexión de ambas unidades,
y habría que convenir, cuanto menos, que estaríamos el Camino Viejo de Elche3 pasa a unos 500 m al norte
ante un lugar identificado dentro de un paisaje ibérico, del yacimiento, constituyéndose como un factor a con-
a caballo entre l’Alacantí y el Baix Vinalopó. siderar dada su antigüedad, como delatan las fuentes
escritas (Blasco et alii, 1999). El trazado de esta ruta,
por otro lado, nunca corta parcelas, –lo que suele re-
LOCALIZACIÓN DEL ÁREA INTERVENIDA sultar muy significativo–, además de dirigirse hacia el
Portitxol4, un paso abierto en la sierra documentado
La excavación arqueológica realizada en este punto en los siglos XIII (del Estal, 1990, 22) y XIV (Ferrer i
intermedio del viejo camino que antaño conectó Ali- Mallol, 1988, 65, 189).
cante y Elche (Fig. 2) surge como consecuencia deri- Finalmente, el conjunto ahora excavado se localiza
vada de un proyecto para ampliar las instalaciones de inmediatamente al oeste de una pista caminera muy
un campo de golf. El asentamiento de Colmenares fue perdida pero que merece la pena subrayar; por ella se
localizado mediante una prospección sistemática de alcanza, primero, una caseta de labranza y, poco des-
superficie2, dentro de un conjunto de bancales situados pués, se eleva para salvar la sierra de Colmenares por
en el piedemonte de la sierra homónima, en un área un estrecho collado. El dato resulta sugestivo para jus-
de unos 6.000 m² de dispersión de material cerámico. tificar mejor el emplazamiento de esta construcción.
Este nivel de base, llano, se eleva unos 70-80 m en su Volviendo al área de intervención (Fig. 3), el te-
flanco meridional, la sierra de Colmenares propiamen- rreno se define como un conjunto de parcelas rectan-
te dicha, una modesta alineación englobada en un arco gulares orientadas de este a oeste, con diferencias de
montañoso sudoeste-nordeste que se extiende desde el cota entre ellas de 40-50 cm. Las más meridionales –y
litoral hasta la sierra de Sancho, marcando la divisoria cercanas a la sierra– se sitúan a unos 50 m s.n.m., des-
natural entre los municipios alicantino e ilicitano. A cendiendo hasta los 46 m en las más septentrionales,
pesar de su escasa cota cimera (116 m s.n.m.), la sie- resultando una pendiente media del 2-3 %, una tasa
rra establece una clara distinción de unidades de relie- que subraya el carácter eminentemente llano del lugar.
ve a uno y otro lado de la misma: mientras la umbría
muestra un paisaje típico del secano mediterráneo, a
3. En algunos documentos cartográficos también es denomina-
do Camí Vell d’Oriola.
4. El topónimo aún aparece en 1947 en la cartografía oficial a
2. Intervención arqueológica autorizada por la Dirección Ge- escala 1:50000 del Servicio Geográfico del Ejército. Por su
neral de Patrimonio Cultural de la Generalitat Valencia- parte, el conocido mapa de F. Coello añade al topónimo «S.
na, en fecha 12 de febrero de 2008, con el expediente nº del Portichuelo», un segundo referente también significati-
2008/0076-A. vo: Paso del Bou (Coello, 1859).

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 95

Figura 3: Delimitación del registro cerámico superficial.

Son tierras de secano tradicional, aunque hoy apenas 18 sondeos para determinar su emplazamiento exacto,
subsisten algunas parcelas con almendros y una ve- siendo concretamente las zanjas 6 y 7 las que dieron
getación relicta que recuerda la existencia pasada de con la construcción ibérica; a partir de esta informa-
cereal. El sustrato edáfico presenta por su parte un im- ción se delimitó un área de unos 350 m2 de superficie,
portante espesor, sin presencia destacada de cantos ni que fue excavada íntegramente (Fig. 4). Casualidad o,
alta salinidad, llegando a ser calificados como de cali- más bien, no, una de las muy escasas evidencias de
dad B en los estudios de calidad de suelos realizados terraza de mampostería localizada en el parcelario –un
(Gumuzzio y Matarredona, 1983, 40, figs. 2 y 4), por recio muro de más de 1 m de altura–, engloba en su in-
lo que ofrecen un buen punto de partida para su explo- terior los restos arquitectónicos excavados. Este hecho
tación económica. podría derivar de la presencia en el subsuelo del asen-
En estas parcelas donde se detecta el asentamiento tamiento, que ha podido proporcionar los mampuestos
a nivel superficial, se dispusieron, a modo de peine, empleados en esta terraza.

Figura 4: Localización de la construcción a partir de los sondeos mecánicos.

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96 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

Figura 5: Repertorio material de la UE 100: platos pintados (1 y 5), ánfora contestana (15) y ánfora Tagomago (19).

SÍNTESIS DE LA EXCAVACIÓN AR­Q UEO­L Ó- del área entre las tierras que quedaban dentro de los
­G ICA habitáculos que iban definiéndose y las que se exten-
dían fuera (Fig. 6).
Las zanjas practicadas permitieron localizar restos in- Por debajo de la UE 100 aparece un estrato de unos
muebles a una profundidad media de 0’70-0’80 m res- 15 cm de grosor de arena de color más claro, algo más
pecto a la cota actual del terreno, con un primer estrato compacta y arcillosa que la unidad citada. Dicha capa
superficial de 55 cm de espesor (UE 100) de arena de de tierra, numerada con un dígito particular según el
color castaño-gris, bastante suelta y con restos vege- departamento, descansaba en muchos puntos sobre
tales, homogénea y algo arcillosa. Su retirada, que ya el sustrato natural –una arcilla anaranjada estéril–; en
mostraba un elenco cerámico frecuente (Fig. 5), no otros se apoyaba o cubría las estructuras y los estratos
permitió ver la planta completa del edificio, pero sí de uso grisáceos que veremos a continuación.
buena parte de ella, lo que favoreció la sectorización A continuación de numerar las nuevas unidades
estratigráficas de la planta resultante, se trazaron dos
secciones volantes cruzadas en ángulo recto: la A-A’
se estableció a 1 m al norte del paramento interior de
lo que sería el muro UE 1001, que cierra la construc-
ción por el sur, mientras B-B’ se situó igualmente a 1
m del paramento occidental del muro UE 1004, que
servía de medianera entre los ambientes 2 y 3.
A estas alturas ya se adivinaba una modesta cons-
trucción de mampostería, ya por entonces de dudosa
interpretación, pues, además, el material superficial
no ofrecía ni excesiva variedad ni vajilla importada.
Su cronología tendía a centrarse en la fase plena de la
cultura ibérica, hacia los siglos IV-III aC, pues algunas
piezas superficiales, como los fragmentos de ánforas
acanaladas ebusitanas o de las denominadas ánforas
contestanas –con el típico escobillado impreso en sus
hombros–, o incluso un fragmento de borde moldu-
Figura 6: Vista desde el sudeste de la construcción tras retirar rado de kalathos pintado, serían más propias de este
la UE 100. horizonte temporal.

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 97

Conviene anotar desde el principio que la UE 100 3


incluye casi el 60 % del total de fragmentos cerámicos
localizados –en concreto, el 58,5 %–, lo que puede in- 187
terpretarse como una evidencia del alto grado de alte-
ración que han sufrido los restos debido probablemen-
te a la actividad agrícola. Entre el repertorio cerámico
hallado, partiendo del número total de fragmentos y
obviando los fragmentos de piezas modernas o con-
temporáneas, así como el sorprendente hallazgo de una
moneda italiana de principios del siglo XX5, ya toma
cuerpo la caracterización tipológica que va a presentar
el asentamiento (Fig. 7): el 71 % de los fragmentos
461
se incluyen en el grupo funcional almacenamiento-
transporte, casi todos fragmentos anfóricos6, además
de algunas tinajas y lebetes, tanto pintados como sin
decorar; el 28 % se corresponde con formas propias
de la vajilla de mesa –destacando los platos, pintados Alm-Trans Mesa Cocina
o no–, quedando el 1 % restante para las ollas de coci-
na de cocción reductora. Esta estadística preliminar ya Figura 7: Materiales cerámicos de la UE 100.
resulta reveladora de la funcionalidad del lugar, siendo
su identificación como área de almacenaje la propues-
ta que más debe acercarse a ésta. el interior. Además, se documentaron los restos de un
Es igualmente interesante valorar otros restos murete a modo de apéndice que se proyecta hacia el
aparecidos en esta unidad, como el fragmento de un sur desde la esquina suroriental del conjunto y, por úl-
molino barquiforme o la testimonial presencia de timo, se halló otro muro aislado al sur de la construc-
fauna7. La ausencia de esta última indicaría la esca- ción, orientado de este a oeste y situado a unos 3’5 m
sa existencia de prácticas de consumo de carne en el al sur de la fachada meridional del edificio. Resulta
asentamiento, amén de imposibilitar su relación con tentador relaciona estas dos últimas estructuras con la
prácticas ganaderas, mientras que la aparición del mo- existencia de una tapia que delimitara un gran espacio
lino evidenciaría la realización de tareas de moltura abierto por este flanco.
(¿cereales, frutos…?), dato de gran valor cualitativo a Los restos constructivos están muy arrasados, es-
propósito de la funcionalidad del hábitat. tando la mayor parte de su planta conformada por una
Levantado este estrato superficial y a la vista de los única hilada de mampuestos, siendo excepcional la
tres ambientes que ya se adivinaban en la planta de un segunda. Además, el sector occidental –básicamente
edificio rectangular, se procedió a retirar las tierras que el ambiente 1– se encuentra altamente perdido, y ape-
aún cubrían la construcción, siguiendo ya una enume- nas se puede seguir el trazado de sus muros, así como
ración sectorial: UUEE 101/111, 121 y 130, para el su cierre occidental, que parece, no obstante, bien si-
interior de los ambientes 1, 2 y 3, todas ellas equiva- tuado gracias al hallazgo in situ de dos mampuestos
lentes. Se trata de ese conjunto de arenas más claras de calibre grande, alineados y perpendiculares a los
que aparecen por debajo de la UE 100 y tras cuya ex- cierres norte y sur. La planta obtenida resulta bastante
cavación se pudo definir por completo la planta del coherente si comparamos sus medidas teóricas con las
conjunto (Fig. 8). obtenidas en los departamentos 2 y 3, como veremos
La construcción documentada presenta una alarga- más adelante. Sería, por tanto, un edificio de planta
da planta rectangular con unas medidas máximas de rectangular tripartito, conformando, mediante tabi-
17’75 x 3’10 m (55 m2), teniendo su eje mayor orien- ques interiores que se adosan a los muros maestros que
tado grosso modo de este a oeste y repartido éste en delimitan la construcción, tres estancias de medidas si-
tres ambientes consecutivos en los que se subdivide milares. Resulta obvio que se ha pretendido, aunque
sin lograrlo con exactitud, establecer tres habitaciones
más o menos iguales, quizás por la similitud de fun-
5. Una moneda acuñada entre 1903-1908 perteneciente al rei- ciones que iban a acoger.
nado de Víctor Manuel III, un valor de cobre emitido por Por otro lado, la escasa altura que presentan los
Filippo Speranza de 20 mm de diámetro y 2 gr de peso. muros provoca una merma de documentación en lo
6. Entre ellos se encuentra un fragmento de carena de un án- que se refiere a los vanos de acceso a cada habitación.
fora púnica tipo A4 o T-11.2.1.3 de la tipología de J. Ramón No ha sido localizado ningún umbral, por lo que es
(1995), más conocida como ánfora Tagomago, un buen refe-
lógico pensar que éstos se encontraban a partir de la
rente cronológico para el contexto ibérico que analizamos.
7. Incluso el único fragmento de hueso hallado más parece un primera hilada conservada del edificio –siendo así, es
objeto de adorno o colgante –una astilla ennegrecida perfo- posible que alguna de las piedras dibujadas hiciera las
rada con un agujero en uno de sus extremos– que resto de un veces de umbral– o, menos probable, a partir de la se-
potencial consumo. gunda. Como quiera que tampoco se han localizado

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98 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

Figura 8: Planta de los restos exhumados.

pavimentos en el interior de las estancias, resulta muy tales como revestimientos parietales o huellas de sue-
difícil situar sus vanos de acceso y conocer si se inter- los, o el limitado registro material hallado, sobre todo,
comunicaban, aunque la acumulación de tierras grises en el interior de las estancias. Partiendo de este punto,
al exterior nos permitirán plantear una hipótesis sobre las estancias identificadas se numeran como departa-
la ubicación de las puertas y cómo pudieron ser sus mentos 1, 2 y 3, siguiendo una ordenación de oeste
umbrales. a este, mientras las tierras grises exteriores han sido
Finalmente y en cuanto a estas últimas, en los alre- registradas, según su ubicación topográfica, bajo los
dedores inmediatos a la construcción –de hecho, apo- epígrafes Área Norte, Este, Sur y Sudoeste.
yan contra ella– aparecen amplias extensiones de are-
nas grisáceas, con trazas de cal y algunos carboncillos;
contienen una buena cantidad de material cerámico y Departamento 1
muestran una sedimentación propia de la ocupación
del edificio o, mejor, de su exterior inmediato, pues Alterado en su mitad occidental, posiblemente por la
no se documentan en el interior de las estancias. Estas acción del arado y la construcción de un inmediato
unidades se numeran como UUEE 200 y 201 para las bancal, ha perdido buena parte de los muros norte (UE
situadas respectivamente al norte y al sur de la estancia 1000) y sur (UE 1001), ambos ejes axiales de la cons-
2, UE 202 para la localizada junto a la pared oriental trucción que comparte con las otras dos estancias; el
del ambiente 3 y UE 203 para una última concentra- oriental (UE 1005) está casi completo y del occidental
ción que aparecía a unos 4 m al sudoeste de la esquina (UE 1007) quedan, como ya señalamos, dos bloques
suroccidental del nº 1. grandes alineados que, sin duda, parecen pertenecer
a la planimetría original. Con ello se obtiene un ha-
bitáculo de unos 4’60 x 1’65 m, esto es, casi 8 m2 de
LA ESTRATIGRAFÍA DEL YACIMIENTO espacio construido.
Bajo la UE 100 aparecen los ya citados estratos
La sencillez de la sección longitudinal obtenida del 101 y 111, equivalentes pero sin contacto físico. De-
conjunto excavado (Fig. 9) da cuenta de una secuencia ben adscribirse a los niveles de destrucción y ofrecen
estratigráfica simple, tabular y homogénea, probable un registro cerámico monótono y poco abundante
indicio de una escasa duración de su ocupación o, al (Fig. 10), que, no obstante, nos permite valorar con
menos, de un uso poco intensivo de las instalaciones. A precisión, siguiendo el criterio de NMI, el conjunto
ello habría que añadir la inexistencia de equipamientos obtenido. De la UE 101 procede un borde de ánfora y

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 99

Figura 9: Secciones A-A’ y B-B’.

Figura 10: Repertorio material del Dpto. 1: platos pintado (112-1), olla de cocina (112-4) y ánfora local (101-2).

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100 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

el asa de un posible oenochoe pintado, además de una así, recipientes de almacenamiento y transporte, va-
barca de sepia; en la 111 aparecen fragmentos infor- jilla de mesa y una olla para poner al fuego; parece,
mes de los mismos tipos. por tanto, que estamos ante una estancia polifuncional
Por debajo de ambas se detecta una última capa de en la que se realizarían distintas actividades, con cier-
tono castaño claro, arenosa y homogénea, compacta y ta preponderancia de la función de almacenamiento/
con trazas calizas (UE 112); alcanza 6-8 cm de espe- transporte.
sor, llegando a la cota de apoyo de los muros y estando
bien delimitada por estos, por lo que se correspondería
con el nivel de ocupación. Ha proporcionado un re- Departamento 2
pertorio cerámico aceptable: 86 fragmentos anfóricos,
27 comunes, 5 pintados y 3 de cocción reductora. Los El mejor definido, conserva por completo los funda-
porcentajes sobre el total serían del 71 % para ánforas mentos de los muros que lo delimitan: comparte con
–incluyendo un ejemplar con escobillado en el hom- la estancia 1 el septentrional, el meridional y el oc-
bro, que N. Álvarez identifica como típico de las ánfo- cidental (UUEE 1000, 1001 y 1005), mientras por el
ras contestanas (Álvarez, 1997)–, 22 % de cerámicas este se define un nuevo de muro de separación con la
comunes no decoradas, 4 % para las pintadas –siempre nº 3 (UE 1004). Dibujan un rectángulo de 5’56 x 1’92
con temática geométrica y tono rojo vinoso–, y 3 % de m., casi 11 m2, siendo, en consecuencia, el de mayores
cerámica de cocina. Si acudimos al concepto de NMI, dimensiones del edificio.
los cálculos varían un tanto, pues se contabilizarían Su estratigrafía remite a la estancia 1, con un pri-
dos bordes de ánfora, dos de platos pintados, uno de mer estrato (UE 121) de similar morfología a la unidad
olla de cocina y otro fragmento recortado con forma 111, algo más grueso –12-16 cm–, al que sigue una
circular, conocido como tejuelo y que bien podría ha- capa (UE 122) igualmente equivalente a la UE 112,
ber servido como tapón. El ajuar doméstico mostraría, con presencia de varios mampuestos caídos. De estas
unidades proceden 68 fragmentos cerámicos (Fig. 11),
repartidos entre 59 de ánforas ibéricas –dos con esco-
billado–, 3 de origen púnico-ebusitano –identificados
por sus paredes acanaladas, amén de la diferencia de
pasta cerámica–, 5 fragmentos pintados y otro de co-
cina. Siguiendo un cómputo propio del NMI, y a pesar
de carecer de fragmentos de borde, podemos convenir
que hubo al menos un ánfora púnica, una olla de coci-
na y un recipiente pintado, posiblemente un plato; en
cuanto a los fragmentos de ánforas locales, no pare-
ce exagerado valorar en, al menos, dos los envases a
contabilizar, teniendo en cuenta los dos fragmentos de
hombros escobillados. El ajuar no se alejaría demasia-
do de lo establecido para la estancia 1.
Esta orientación funcional podría matizarse un
tanto por el hallazgo de una nueva unidad estratigrá-
fica, pues, por debajo de la unidad 122, se detecta una
Figura 11: Materiales anfóricos del Dpto. 2; arriba, fragmentos huella negruzca de tendencia circular (UE 123), presu-
escobillados. miblemente de un hogar, situada hacia el centro de la
habitación y de unos 60 cm de diámetro. A su alrede-
dor aparecen varias piedras de tamaño grande, que tal
vez hicieron las veces de cortavientos o como simples
asientos. Estaríamos ante la evidencia de un fuego,
que pudo servir para satisfacer unas básicas condicio-
nes alimenticias, así como lugar de reunión al amparo
del calor, en torno al cual se pudieron desarrollar otras
actividades que no han dejado huella arqueológica
(Fig. 12).
Es interesante, por otro lado, reflexionar sobre la
secuencia de cotas en su interior, pues es una buena
pista para calibrar cómo funciona el acceso al depar-
tamento. La hoguera 123 aparece a una cota de –0’77,
más o menos al nivel del suelo al exterior del edificio,
entendiendo éste como el punto donde apoyan las ca-
Figura 12: Vista desde el este del Dpto. 2; hacia el centro la pas grises, que veremos más adelante; es decir, en el
UE 123. diseño inicial, el suelo de dentro de la estancia está a la

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 101

misma altura que fuera de ella. Teniendo en cuenta que


la altura de los muros ronda la cota –0’65, ello impli-
caría, como hipótesis de partida, un umbral situado en
esta primera hilada, de 12 cm de altura, fácil de salvar;
otra solución parece menos ventajosa.

Departamento 3

Con la misma consistencia constructiva que la ante-


rior, ofrece un pobre registro tanto estratigráfico como
material. Compartiendo con el resto del edificio los
muros norte y sur (UUEE 1000 y 1001) y con la es-
tancia 2 el occidental (UE 1005), por el este lo cierra
la estructura 1002, límite de la habitación y de toda la
construcción. Además, en su esquina sudeste se apre- Figura 13: Vista desde el este del Dpto. 3; en primer término
cia la existencia de una nueva construcción (UE 1003), la UE 131.
que se proyecta hacia el sur 2’64 m, siendo un murete
de peor factura que los hasta ahora citados, pues ape-
nas si conserva un paramento de mampostería. Quizás Área Norte
sirviera como soporte de algún tipo de equipamiento,
a modo de porche, o incluso como tapia. En definitiva, El terreno inmediato al exterior del edificio se en-
el tercer habitáculo dibuja una planta parecida a las cuentra parcialmente colmatado por una unidad es-
anteriores, de 5’03 x 1’79 m., lo que suponen 9 m2 tratigráfica similar que, si bien, no muestra una total
de espacio construido, perfectamente equiparable a lo continuidad, por lo que era aconsejable una iden-
calculado en las dos estancias previas. tificación particular para cada una. Se trata de una
Como señalamos, apenas tiene potencia estrati- arena grisácea, algo arcillosa, homogénea y poco
gráfica, siendo visible en algunos puntos el substrato compacta, con trazas de cal, gravas y pequeños car-
rocoso del terreno en cuanto se levanta la capa superfi- bones, siendo igualmente frecuente la presencia de
cial. En el resto aparece la UE 130, un estrato equiva- fragmentos cerámicos. Por debajo de ella ya aparece
lente a las unidades 111 y 121; su excavación tan sólo el estrato natural.
ha recuperado 14 fragmentos cerámicos informes, to- Caben muchas dudas sobre su origen y, de forma
dos ellos de recipientes anfóricos locales, por lo que genérica, puede considerarse como el registro sedi-
habría que convenir que su función como lugar de al- mentario de actividades relacionadas con fuego rea-
macenaje parece la más probable. lizadas al exterior del edificio, pues las estancias no
Por otro lado, tras levantar la unidad 130, se obser- muestran un vestigio similar. Tales unidades presen-
vó, hacia el ángulo nororiental del departamento, un tan un perfil en cuña, apoyándose en los muros de la
rehundimiento del estrato natural de unos 3-4 cm. de construcción, para ir progresivamente adelgazando su
profundidad de planta groseramente circular (UE 131), grosor conforme el estrato se aleja de las fachadas.
una huella en negativo de unos 140 cm de diámetro Ello significaría que los vertidos se iniciarían junto al
impresa sobre dicho substrato. Se nos ocurre que dicha edificio, alejándose de él de forma paulatina, pasando
huella pudo haber sido originada por la presión ejercida después, tal vez, a almacenar el producto obtenido, ya
por el peso de algún tipo de artilugio, seguramente de «limpio», en las estancias.
piedra, situado en este punto (Fig. 13). Desconocemos La mayor cantidad de sedimento acumulado es
las características y funcionalidad de este hipotético in- la del Área Norte (UE 200), un estrato que en planta
genio, pero lo que aparece evidente es que su presencia adopta una forma triangular, con un eje mayor de unos
determinaría sin duda la funcionalidad de la habitación, 8’50 m apoyado contra el muro 1000, delante de las
matizando de nuevo el carácter de lugar de almacenaje estancias 2 y 3; se proyecta hacia el norte 1’80 m, ocu-
que el registro cerámico apuntaría. Hemos manejado pando unos 8 m2, y ofrece un grosor máximo de 7 cm
la posibilidad de hallarnos ante la huella de un molino en el punto de apoyo con el muro.
rotativo, pues este equipamiento podría llegar a tener De esta unidad proceden 94 fragmentos cerámicos
60 cm de diámetro, alcanzando un metro de medida si –bastantes con huellas de quemado–, lo que da a en-
consideramos la posibilidad –constatada en varios ya- tender que en el exterior de la construcción se acumula
cimientos ibéricos (Alonso i Martínez, 1999, 244)– de mayor cantidad de registros que en su interior, proba-
que dicho artilugio se asentara sobre una plataforma de blemente por ser estos espacios abiertos las áreas de
piedras. La diferencia entre los 90-100 cm de diámetro trabajo. Su reparto, aplicando el NMI, sería: dos ánfo-
que tendría este molino y los 140 que muestra la huella ras, dos lebetes, cuatro platos –dos de ellos pintados–,
impresa es notoria, por lo que habrá que considerar di- una olla de cocina –decorada con líneas incisas en el
cha interpretación en el terreno de la hipótesis. cuello– y la base de una cazuela (Fig. 14).

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102 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

Figura 14: Repertorio material de las UUEE 200 y 202: plato pintado (200-1), olla de cocina (200-8) y ánfora contestana (202-3).

A título de hipótesis, es probable que el proceso en sentido norte-sur, con unas medidas aproximadas
productivo que ha generado los vertidos –vinculado de 0’65 x 0’40 m (0,26 m2) y un espesor de 2-3 cm.
permanentemente con fuegos– formara parte de la Sus dimensiones han proporcionado, en coheren-
actividad principal realizada en el lugar, seguramente cia, un parco registro material, tan sólo 25 fragmentos
una fase del mismo, aunque no estamos en condicio- cerámicos: 23 de ánfora local –entre ellos dos bordes y
nes de concretarla. Hemos valorado la posibilidad de dos informes escobillados–, 1 asa sin decorar y 1 frag-
estar ante los restos del tostado de cereales, si bien ello mento de pasta gris. Huelga realizar cualquier ope-
choca frontalmente con la absoluta ausencia de restos ración estadística al respecto, aunque no deja de ser
carpológicos de esta especie vegetal, o de cualquier sintomático que los tipos reconocidos coincidan con
otra, no sólo en esta unidad, sino en todas las restan- lo observado hasta ahora en casi todas sus unidades.
tes8, por lo que seguimos sin poder ofrecer una hipóte-
sis plausible sobre su naturaleza.
Área Sur

Área Este Casi en simetría respecto al Área Norte, la UE 201 se


apoya a lo largo de 9 m del recorrido del muro UE 1001,
Un nuevo manchón se detecta junto al muro oriental ocupando las fachadas de las estancias 2 y 3 (Fig. 15).
de la estancia 3, esta vez de reducidas dimensiones, Ofrece de nuevo un perfil en cuña, proyectándose hacia
tal vez por proceder de un único vertido. El estrato el sur 1’96 m. Se trata de la mancha más extensa (17’6
grisáceo (UE 202) adopta una forma elíptica alargada m2), no obstante, tiene un menor grosor en su punto de
apoyo en el muro –apenas 4 cm–, por lo que, a efectos
de volumen de tierra, es menor que la unidad 2009.

8. Se llevó a cabo el cribado por flotación de un amplio mues-


treo de estos sedimentos grisáceos, con resultados entera- 9. Hemos realizado un cálculo sobre la tierra acumulada en am-
mente negativos. Estamos a la espera de poder realizar las bas fachadas, considerando las UUEE 200 y 201 como figu-
correspondientes analíticas químicas sobre las muestras de ras geométricas. Procesados los datos, la unidad 200 equival-
sedimento recuperadas. dría a 535 l, mientras que la 201 descendería hasta los 353 l.

LVCENTVM XXXII, 2013, 93-113. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.04


COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 103

Figura 16: Vista desde el este de la UE 203 una vez excavada.

Figura 15: Vista desde el este de las UUEE 200 y 202. obvio que estamos ante una zona donde se han reali-
zado hogueras directamente sobre el terreno natural.
Tras retirar las unidades superficiales, se alcanza
De esta unidad proceden 93 fragmentos cerámicos. una capa negruzca UE 203, en la que se advierten
De calcular el NMI, se produciría una paradoja, pues huellas claras de rubefacción tanto en las piedras que
no se documenta ningún borde de ánfora, mientras que existen hacia el centro de la mancha –dos mampuestos
sí aparecen tres de plato –dos pintados y un tercero sin aislados– como en las tierras del substrato natural que
decorar– y otro de oinochoe, aparentemente sin deco- la rodean, que toman una característica y progresiva
rar. Resulta obvio que junto a estas formas habría que coloración negruzca-rojiza (Fig. 16). El estrato 203
considerar la presencia de 2-3 ánforas, una púnico- definiría, así, una última hoguera, una combustión de
ebusitana. En cualquier caso, vuelven a documentarse forma ovalada de unos 2 m en sentido este-oeste por
unos datos muy coherentes y homogéneos con respec- 1’80 m de norte a sur, quedando la zona central ocu-
to a las restantes unidades excavadas. pada por los dos mampuestos referidos; una vez exca-
Una última cuestión a considerar sobre este área vadas, dejan aflorar, sin más, el substrato natural. De
meridional hace referencia al hallazgo de una última esta unidad proceden apenas 8 fragmentos cerámicos,
estructura de piedra localizada en la misma. Dispues- cinco de ollas de cocina y 3 de ánforas, muy probable-
to en paralelo al cierre meridional 1001 y a 3’5 m al mente relacionados con la actividad llevada a cabo en
sur, aparecen los restos de un muro de mampostería dicha zona.
(UE 1006), de poco más de un metro de longitud y una
única hilada de piedras como paramento. Se encuen-
tra por completo aislado, teniendo por singularidad un LA ARQUITECTURA DEL EDIFICIO
recorte groseramente circular realizado en el estrato
natural (UE 204), de unos 40 cm de diámetro y 16-18 Los restos constructivos exhumados en la excavación
de profundidad, que remata la construcción por su ex- ofrecen la imagen de una construcción única que bus-
tremo oriental. En tal agujero, en su relleno (UE 205), ca la regularidad de la planta rectangular (Fig. 17),
se hallaron tres grandes fragmentos, sin duda in situ, aunque ello no se consigue por completo, por distin-
de un ánfora, envase que, al parecer, ocupaba original- tos motivos. Si bien hay que admitir la casi idéntica
mente el recorte, siendo su funcionalidad desconocida.
Tampoco tenemos una explicación convincente para la
estructura; quizás definiera una construcción tipo tapia
que delimitaba un espacio abierto al sur del edificio a
modo de patio –junto con la estructura 1003, ambos de
similar fábrica–, en donde se realizaran distintas acti-
vidades, pero, en cualquier caso, sorprende el remate
del muro con un recorte para alojar un ánfora, pues
eliminaría desde este punto su función constructiva.

Área Sudoeste

Finalmente, a unos 4 m al sudoeste de la esquina suroc-


cidental de la estancia 1 se localiza la última mancha
grisácea (UE 203), la cual presenta algunas diferencias
respecto a las ya referidas, pues, en este caso, parece Figura 17: Vista final desde el este de la construcción.

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104 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

longitud entre sus fachadas norte y sur –la primera de Las piedras que conforman los muros, que des-
17’02 m, por 17’30 m de la segunda–, los diferentes cansan directamente sobre el substrato natural sin ci-
calibres de estos mismos muros –el grosor varía desde mentación alguna, proceden de la propia formación
un máximo de 0’78 m a un mínimo de 0’52– y, sobre caliza de la sierra, siendo éstas, como se ha señalado,
todo, la falta de disposición en paralelo de estos ejes de calibre muy variado, de lo que se infiere una muy
axiales –lo que provoca distintas medidas para los mu- escasa selección del material constructivo. En los po-
ros perpendiculares–, genera una cierta irregularidad cos puntos donde se ha detectado una segunda hilada,
en el trazado, que aboga por una construcción bien parece adivinarse la búsqueda de cierta regularidad en
diseñada pero desigualmente ejecutada, seguramente su disposición, estando todas ellas trabadas con un ba-
por ser levantada por individuos con conocimientos rro castaño claro, muy homogéneo y duro, sin que se
básicos en el arte de la construcción. perciban, a simple vista, trazas de otros materiales en
Ello podría considerarse como un factor a favor de la argamasa.
una rápida planificación y ejecución de la obra, sin em- Buscando una evidente axialidad para todo el edi-
bargo, la tendencia a la regularidad que busca el diseño ficio, se disponen en perpendicular a los muros 1000
del edificio –una construcción alargada subdividida en y 1001 los tabiques interiores (UUEE 1004 y 1005),
tres ambientes similares– indica, sin duda, un conoci- que subdividen el espacio interior en tres ambientes.
miento previo sobre plantas arquitectónicas de pareci- La estructura 1004 es la mejor conservada, dispuesta
da naturaleza, que deben estar imitando, aunque, insis- en paralelo a 1002 y definiendo así el ambiente 3, con
timos, estos albañiles ocasionales no parecen manejar 1’79 m de luz. Dicho muro se apoya con nitidez en
con fluidez conceptos básicos de arquitectura. Es muy 1000 y 1001, pero la inexistencia de pavimento o ni-
probable, igualmente, que la construcción tuviera un fin veles de uso impide precisar el instante concreto de su
específico de carácter agropecuario, que no implicaba construcción; el hecho de que su hilada descanse a una
un uso continuado y regular, de ahí el escaso esmero de cota idéntica respecto a las estructuras citadas, orienta
su acabado –como la falta de enlucidos o pavimentos–. a una construcción inmediatamente después de éstas,
En suma, y a pesar de la escasa secuencia estratigráfi- por lo que la subdivisión interior tenía que estar pre-
ca conservada, parece ser una construcción realizada sente en la planificación original. A efectos constructi-
posiblemente en mampostería, pues no se ha hallado vos, la técnica y trabazón es similar a la ya descrita, si
evidencia alguna de tapial o adobes, siendo más que se- bien los mampuestos son de un calibre menor, por lo
guro que, dada la estrechez de la crujía, la cubrición se que su anchura media se reduce hasta los 58 cm.
resolviera mediante un tejado a un agua, posiblemente En cuanto al tabique 1005, ofrece una fábrica idén-
con una leve inclinación en sentido sur-norte. tica a la descrita para 1004, si acaso algo más ancha
El cuerpo de fábrica del edificio se define a partir –62 cm–, e igualmente se apoya contra los muros 1000
de dos largos muros que conforman las fachadas norte y 1001, manteniendo la misma relación de cota descri-
y sur (UUEE 1000 y 1001). Su orientación se ha cal- ta más arriba. Las estructuras 1004 y 1005 delimitan
culado en 310° Este-Noroeste, resolviéndose el cierre la estancia central del conjunto, el ambiente 2, que re-
por el este intestando ambos con un tercer muro (UE sulta ser el de mayor superficie construida, casi 11 m2,
1002), que muestra una orientación de 60° Sur-Nor- diferencia que tampoco parece exagerada, pues sólo
deste; hemos de suponer que por el oeste el muro UE sería un 18 % más grande que el nº 3.
1007 se levantarían siguiendo la misma pauta. Estas Por último, la estructura 1005 sirve también para
estructuras presentan una fábrica de mampostería no delimitar la estancia 1, a la que ya hemos aludido como
trabajada y dispuesta de manera un tanto anárquica, la peor conservada. Los restos del cierre occidental
pues a pesar de que predomina el doble paramento de (UE 1007), apenas dos bloques con un calibre de muro
piedras grandes y medianas con un ocasional relleno calculado de 59 cm, permiten no obstante reconstruir
intermedio de guijarros, a veces esta disposición es los límites de una habitación de 7’6 m2, resultando ser
sustituida por una gran piedra dispuesta a tizón, lo que la de menor tamaño del conjunto; en cualquier caso y
provoca las diferencias de calibre antes reseñadas. En una vez más, no es una superficie alejada de la media
cualquier caso, la anchura media de los muros 1000 y de los tres habitáculos, situada en 9’1 m2.
1001 tiende a los 65 cm –algo más elevada para el pri- Una cuestión que ha quedado por dilucidar es la
mero, 68 cm, respecto al segundo, 64–, mientras que referente a la localización de los umbrales de acceso
el muro 1002 ofrece un grosor claramente inferior –52 a las habitaciones, existiendo la doble posibilidad de
cm–, por lo que parece muy posible que estén modu- considerar bien entradas independientes a cada habitá-
lando a partir de un codo de 52-54 cm, una conocida culo, bien a través de un acceso principal que conduje-
métrica de origen feno-púnico10. ra hacia una circulación interior por las tres estancias.
Los restos no permiten localizar con precisión la ubi-
cación de dichos umbrales: no se observa interrupción
10. El apunte lo debemos al Dr. I. Grau, a quien agradecemos alguna de la hilada conservada, ni ningún preparado
en lo que vale la lectura del texto y las sugerencias plantea- de argamasa singular, ni una disposición ordenada de
das, que sin duda han enriquecido la reflexión que genera algunos mampuestos –por ejemplo, las piedras colo-
el asentamiento. cadas a tizón–, ni tampoco existen pavimentos, por

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 105

lo que no se puede intuir una relación constructiva 800


especial tendente a ubicar el umbral en un punto de-
terminado. En cualquier caso, como ya indicamos, la
comparación de cotas entre el interior de la estancia 600
2 y la cota de apoyo de los estratos grises, similar en
ambos casos, permite inferir que es probable que los 400
umbrales del edificio estén contenidos en la primera
hilada levantada, pues una segunda hilada ya se antoja
200
un escalón de hasta 30 cm de altura, demasiado incó-
modo para el trasiego de recipientes y productos.
Por otro lado, la dispersión de los sedimentos 0
grisáceos que aparecen al norte y al sur de la cons-
Alm-Transp Mesa Cocina
trucción podrían suponer un buen indicio respecto
a la ubicación de los vanos de las estancias, pues su Figura 18: Total de materiales cerámicos.
localización y espesor indicarían un lugar de vertido
principal junto al edificio, con una progresiva delga-
dez de estos conforme se alejan de ese origen. Ello se acababa en este punto11, mientras que hacia el oeste
documenta en las dos fachadas y suponemos que los ignoramos su trazado más allá de lo conservado. En
vanos esquivarían los puntos de vertido –pues nada de nuestra opinión, así debería ser, encerrando entre am-
ellos penetra en el interior–, situándose teóricamente a bos12 un espacio abierto o patio de unos 16’80 x 3’5 m
sus lados, excéntricos. En conclusión, la hipótesis que (59 m2), que hemos, por tanto, de integrar en el estudio
manejamos es considerar como posible la existencia del edificio, pues sin duda se diseñó por una necesidad.
de un umbral en la fachada norte de la estancia 2 y otro
en su fachada sur, es decir, dos accesos enfrentados,
que, a su vez, y aquí caminamos ya por la conjetura, ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA
permitirían acceder a las estancias 1 y 3 a través de los CULTURA MATERIAL
muros 1005 y 1004. Los mayores indicios de actividad
y el mayor tamaño de esta estancia central abundarían Resulta conveniente cerrar el capítulo material con
en esta dirección, siendo así la habitación principal a una breve reflexión final a efectos de considerar a un
cuyos lados se abrirían espacios anexos relacionados golpe de vista el tipo de recipientes hallados en este
con las tareas efectuadas en aquélla. asentamiento, lo que puede ser ilustrativo, en compa-
Finalmente, quedarían por interpretar los dos mu- ración con otros, de su particular idiosincrasia.
retes situados junto a la fachada sur del edificio. El En la intervención realizada se han recuperado un
primero de ellos (UE 1003) es una proyección hacia total de 1118 restos arqueológicos, todos cerámicos
el sur del muro oriental de la construcción (UE 1002), excepto un registro de fauna, tres de malacofauna,
al que claramente se adosa. La línea de la estructura otro lítico y la moneda italiana citada. Hay un abso-
se sigue 2’64 m, recorrido definido por un único pa- luto predominio de la cerámica de cocción oxidante,
ramento de mampostería de calibre grande y media- estando decorados tan sólo el 8 % de los fragmentos
no. Resulta difícil calcular su anchura original, pero localizados. Considerado el total respecto a su valor
dado el tamaño del bloque que marca el final del tramo funcional, el reparto resultante sería el que sigue (Fig.
conservado, el grosor podría rondar los 40 cm. Este 18), similar en sus datos a la Figura 7:
reducido espesor, junto a su estado de conservación, El principal grupo funcional es el de almacenaje-
redundaría en la hipótesis de definirlo como elemento transporte, compuesto por 816 fragmentos, la gran ma-
delimitador, para el que no se prevé una excesiva carga yoría de ánforas. La siguiente forma a destacar sería el
constructiva. La segunda construcción (UE 1006) se lebes, contabilizándose seis bordes de este envase, un
encuentra ya fuera de los límites del edificio, en pa- recipiente de grandes dimensiones que se caracteriza
ralelo al muro meridional del mismo. Se trata de una por tener cuerpo globular, sin cuello, gran diámetro en
estructura que conserva tres grandes bloques de piedra boca, labio en ala y pie anillado. Sus funciones son di-
colocados a tizón, acompañados por varios guijarros versas, aunque es común en el ámbito doméstico para
situados entre ellos y una postrera piedra mediana que la transformación de alimentos o para su almacenaje.
remata la construcción por el oeste. Se define así un Del resto, hay fragmentos que deben pertenecer a ti-
muro de 1’06 m de longitud por 0’42 de calibre, como najas o tinajillas, uno de ellos una base no decorada,
1003. Por el este puede defenderse la localización de y otros son informes con decoración geométrica pin-
su extremo, pues, inmediatamente a continuación del tada. Del total de fragmentos de ánfora recuperados
último mampuesto, aparece un recorte del terreno na-
tural (UE 204) en cuyo relleno (UE 205) se localiza-
ron varios fragmentos de un ánfora. Su funcionalidad 11. De ser así, es posible que en este «vano» se situara una
resulta, por el momento, desconocida, pero, en cual- puerta.
quier caso, parece evidente que la construcción 1006 12. Tal vez incluso un tercero por el oeste.

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106 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

27 son bordes, adscritos tipológicamente a las tradi- La siguiente tabla resume las cerámicas ibéricas
cionales formas I-3 e I-4 (Ribera, 1982), detectándo- localizadas en el yacimiento de acuerdo con su morfo-
se en dos bordes y ocho informes la presencia de un logía y el NMI (Fig. 19):
escobillado a modo de surcos concéntricos o espirali-
formes en la zona de los hombros y arranque de asas,
aspecto técnico que nos remite, como ya señalamos, a 30
las denominadas ánforas contestanas. De entre los in- 25
formes se han contabilizado 32 registros pertenecien-
tes a contenedores púnico-ebusitanos, distinguiéndose 20
pastas ocres y arenosas ricas en mica, otras de fuerte 15
tono anaranjado y unas terceras con frecuente desgra-
sante; es posible que se correspondan, respectivamen- 10
te, con orígenes ebusitanos, del Norte de África y del 5
Círculo del Estrecho o área gadirita. Cabe destacar
el fragmento de galbo con fuerte y marcada carena, 0
cuya pasta y morfología indica que pertenece al tipo
ANFLoc ANFImp Lebes Tinaja
llamado Mañá-Pascual A4, o Tagomago. Presenta una
Plato Oenochoe Olla CC
característica pasta sándwich, dura y compacta, con
una superficie interior de tono anaranjado y la exterior Figura 19: Total de materiales cerámicos por formas según
ocre, cubierta por un fino engobe del mismo color; el NMI.
desgrasante es frecuente, con partículas de cuarzo y
elementos micáceos, además de otras trazas difíciles
de identificar sin un análisis específico. Son ánforas de Dicha tabla matiza un tanto los datos proporciona-
perfil bitroncocónico, con largo cuello cilíndrico o de dos por el volumen total de fragmentos recuperados,
tendencia cónica y una marcada carena en su transi- pues los recipientes anfóricos locales y los platos se
ción con la parte inferior del cuerpo, cuya terminación acercan bastante –26 bordes frente a 20–, asumien-
es apuntada, cerrando el cono invertido con un botón do también un mayor protagonismos lebetes y ollas
o de forma continuada y suave (Fig. 5; UE 100-19). grises. Se conforma, así, un ajuar-tipo para el estable-
El grupo funcional de mesa-presentación cuenta cimiento ya referido anteriormente, en el que se in-
con 280 restos cerámicos. De ellos, dieciseis son bor- cluirían un par de recipientes de almacenaje y/o trans-
des pintados de platos13, decorados en óxido de hierro porte, uno de mesa y una olla para cocinar. A efectos
con motivos geométricos, básicamente bandas, líneas estadísticos, los primeros supondrían el 59 % del total
y círculos concéntricos. Se identifican fragmentos del de los envases cerámicos, la vajilla de mesa el 36 %
tipo Mata-Bonet III.8.1 (Bonet y Mata, 1992), o platos y los recipientes de cocina el 5 %. Finalmente, son de
de borde exvasado, y, sobre todo, del III.8.2, páteras especial transcendencia los fragmentos anfóricos de
o platos con borde reentrante. También se documen- origen púnico localizados, por referir así los únicos
ta un pie de copa, posiblemente del tipo III.6, y dos recipientes no locales del conjunto, los cuales alcan-
oenochoai tipo III.2, recipientes profundos y cerrados zarían un porcentaje del 3 % respecto al conjunto total
con un asa, normalmente decorados y cuyo uso está de piezas recuperadas.
directamente relacionado con el contenido y consumo
de líquidos.
El tercer grupo funcional representado es el de COLMENARES EN SUS CONCLUSIONES
cocina-fuego. Está compuesto por 16 fragmentos, de
diferentes formas de olla y de una cazuela –fragmento Las características de esta construcción de unos 55 m²
de base acanalada–, todos ellos de pasta gris reductora, –o de poco más de 100 m² si contabilizamos el posi-
friable y con núcleo rojizo y frecuentes desgrasantes ble patio trasero– la definen como un edificio único
calizos, apropiada para su uso en el fuego. de planta rectangular construido con mampostería no
Finalmente, en un último grupo de «Varios» inclui- trabajada y subdividido al interior en tres espacios de
ríamos un único fragmento de fauna, probablemente similar tamaño. Su diseño busca levantar una cons-
un colgante, y tres piezas de malacofauna: una ostra, trucción simétrica y equilibrada en sus proporciones,
una barca de sepia y una lapa, de lo que se infiere un pero su fábrica y ejecución no alcanzan un acabado
ocasional contacto con el litoral de este grupo, o de esmerado y regular. Ni sus paredes ni sus interiores
quienes con ellos se relacionaron. También contabili- se acondicionaron, y sólo la aparición de una mancha
zamos aquí un fragmento de molino en piedra arenis- negruzca hacia el centro de la estancia 2 marcaría con
ca, un tejuelo o tapón, recortado sobre un ánfora con nitidez el nivel interno de circulación; posiblemente,
forma circular, y la moneda referenciada. pudo existir un mínimo acondicionamiento del inte-
rior mediante materiales perecederos (pieles, madera
o simplemente, arbustos), pero ninguna evidencia de
13. Otros cuatro no muestran decoración pintada. ello se ha obtenido (Fig. 20).

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 107

actividad que genera los estratos de tierras grises –sin


duda una tarea principal en el edificio– se concentra
inmediatamente al exterior del ambiente 2, que, ade-
más, cuenta con la evidencia de un hogar en su inte-
rior. Ello podría indicar una sustancial diferencia en su
función respecto a los ambientes 1 ó 3. Finalmente, la
localización en el ambiente 3 de un rehundimiento cir-
cular del estrato natural de unos 140 cm de diámetro,
tal vez la huella de algún equipamiento, podría igual-
mente reorientar su función.
Las distintas variables analizadas –dimensiones
del edificio, características constructivas, estratigrafía
arqueológica tanto al interior como al exterior o la ti-
pología y volumen de los materiales cerámicos recu-
perados– orientarían a considerar como probable que
Figura 20: Vista de detalle del Dpto. 2 desde el noroeste. estamos ante una construcción cuya ocupación debió
ser temporal o estacional, por lo tanto bastante restrin-
gida en el tiempo y, en consecuencia, difícilmente uti-
La regularidad de su trazado aboga por una inspi- lizada como residencia habitual de una familia.
ración en modelos constructivos similares y, de hecho, En párrafos anteriores hemos aludido a su proba-
recuerda las estructuras ad oikoi del mundo clásico ble definición como, al menos, lugar de almacenaje,
(Martin, 1974, 229). No obstante, y a pesar del minu- dados los elevados porcentajes de recipientes anfó-
cioso rastreo efectuado sobre arquitecturas de época ricos localizados. Otras variables nos llevan a consi-
ibérica, no hemos encontrado un paralelo exacto para derar la misma posibilidad, por ejemplo su patrón de
un edificio a priori de líneas tan sencillas. En La Bas- asentamiento, pues se ubica en una zona casi llana, de
tida de les Alcuses, contemporáneo a los restos aho- amplia tradición agrícola –fundamentalmente cultivos
ra analizados, hemos localizado la construcción más arbóreos de secano y cerealícolas– y bien comunicada
parecida en cuanto a medidas y concepto arquitectó- a través del Camino Viejo de Elche.
nico, la casa integrada por los departamentos 241 a Por todo ello, estimamos como probable que este-
243, pero tampoco resulta idéntica. En efecto, se parte mos ante una instalación productiva relacionada con
de un edificio no excesivamente grande de planta rec- la agricultura, aunque no estemos en condiciones de
tangular, que se subdivide al interior en tres estancias describir con precisión todas las tareas implícitas en
de similares proporciones (Bonet y Vives-Ferrándiz, esta funcionalidad. Hemos manejado la posibilidad
2011, fig. 1). Sin embargo, en este caso se opta por de que sirviera para el procesamiento de cereales o de
yuxtaponer las estancias a partir del lado largo, mien- otro tipo de frutos (como la almendra o la barrilla), e
tras que en Colmenares es el lado corto el que sirve de incluso que su topónimo indicara una orientación apí-
punto de apoyo para proyectar la construcción, subra- cola, como en la Fonteta Ràquia (Mata et alii, 2009),
yando de este modo el protagonismo que tendría su pero en todos los casos existen argumentos en contra:
fachada. Es posible que la distinta funcionalidad de no hay evidencias carpológicas, el registro cerámico
ambos edificios oriente la planta final de la construc- no es especializado14 o las instalaciones superan en
ción, pues en Bastida sería un espacio de residencia mucho las necesidades de la obtención de sosa. Nos
permanente, mientras que en Colmenares su uso como queda el registro mueble y, en él, las ánforas, y los
almacén y lugar de producción agrícola podría indi- lebetes, indican una fase de almacenamiento, posible-
carse como el más probable. mente de corta duración, pues como señalara N. Alon-
Por lo que se refiere a la funcionalidad concreta de so, estos recipientes son usados como envases para el
cada una de las estancias, el ajuar cerámico hallado no transporte y no tienen carácter fijo (Alonso i Martínez,
muestra excesivas diferencias entre sí. En el ambiente 1999, 227). Luego no debía transcurrir excesivo tiem-
3 sólo aparecen fragmentos de ánfora, mientras que en po entre su relleno y su posterior traslado, es de supo-
los otros dos se deduce una vajilla básica con recipien- ner que hacia el oppidum más cercano. En consecuen-
tes de mesa –un par de platos–, una olla para cocinar cia, el edificio serviría como núcleo para realizar un
y, sobre todo, envases de almacenamiento y transpor- primer almacenamiento de la cosecha ¿apícola?, que
te –2-3 ánforas y un lebes–; no se subraya, por tanto,
una orientación funcional clara, por lo que habrá que
concluir que, desde el punto de vista del registro cerá-
14. La Dra. F. Sala nos ha hecho ver la posibilidad de la exis-
mico, nos encontramos ante estancias donde se deben
tencia de envases de material perecedero, concretamente
realizar distintas actividades, con predominio de las colmeneros realizados en esparto, hipótesis que no es de
tareas de almacenaje. descartar. Sus sugerentes apuntes, aportados en este tema y
El resto de evidencias arqueológicas podrían ma- en otros relacionados con la cultura material, sin duda han
tizar un tanto esta visión, pues parece claro que la enriquecido el texto final.

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108 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

suponemos se obtendría de los terrenos inmediatos. algunas formas específicas, como la fuente de asas de
Aquí debía realizarse un primer proceso de transfor- espuerta o el kalathos de cuello estrangulado16, la pri-
mación del producto, seguramente relacionado con las mera datada entre los ss. VI y IV aC y el segundo en
evidencias de fuego documentadas, siendo la materia los ss. IV-III a.C. A ello podríamos añadir la presen-
resultante introducida en ánforas para su traslado. De cia de varias huellas de escobillado en los hombros de
este modo, el edificio ahora excavado podría conjugar ánforas ibéricas que, como señalamos, han venido a
los usos propios de un almacén y de un área de trans- servir de argumento para definir una producción local
formación anexa ligada al fuego, función que, en cual- de los ss. IV-III aC –las ánforas contestanas (Álva-
quier caso, parece bastante delimitada en el tiempo, rez, 1997, 152)–, envases manufacturados en los al-
posiblemente coincidiendo con un periodo de máxima fares de La Illeta de El Campello y, posiblemente, en
actividad agraria y que, incluso, pudo derivar parte de el área del Cerro de las Balsas-Tossal de Manises y
esta producción a su comercialización. el entorno inmediato de La Alcudia de Elche (López
A propósito de la datación del edificio, el registro Seguí, 2000). Las dataciones solapadas apuntan a una
documentado muestra una escasa variabilidad en sus ocupación para el edificio de la sierra de Colmenares
tipos, a lo que hay que añadir la casi absoluta inexis- desarrollada a lo largo del siglo IV aC, cronología que
tencia de material importado –reducido éste a los frag- podríamos intentar precisar hacia su primera mitad.
mentos anfóricos púnico-ebusitanos, ninguno de los En este sentido, las ollas de cocina con el cuello
cuales se corresponde, además, con el borde del reci- decorado con líneas incisas están perfectamente repre-
piente–, siendo especialmente flagrante la ausencia de sentadas en asentamientos cercanos de la fase antigua,
vajilla importada, como por otro lado parece razona- como El Oral (Abad y Sala, 1993; Abad et alii, 2000),
ble, habida cuenta la función de la construcción. y también este yacimiento ha deparado el hallazgo de
Queda, por tanto, el repertorio estrictamente ibéri- las ánforas tipo Tagomago o Mañá-Pascual A4, que J.
co para proponer un encuadre histórico y es de general Ramón ha encuadrado como tipo T-11.2.1.3 (Ramón,
conocimiento que, por el momento, no podemos preci- 1995). Subrayamos que en Colmenares tan sólo he-
sar en exceso las secuencias de aparición y desarrollo mos hallado un fragmento de la carena del envase, fal-
de la mayoría de las cerámicas ibéricas locales, a pesar tando cualquier otro elemento formal del mismo; en
de los numerosos y loables intentos realizados al res- cualquier caso, el grosor del fragmento y el acusado
pecto en los últimos años, algunos de los cuales han quiebro que realiza permite proponer su pertenencia al
alcanzado una notoria trascendencia (Mata y Bonet, tipo referido. Su pasta apunta, en este caso, a un ori-
1992; Sala, 1995; Bonet y Mata, 2008). gen en la provincia sedimentaria peninsular, de alfares
En este contexto, creemos más apropiado para indeterminados del Mediterráneo Occidental o de la
nuestros intereses seguir la senda marcada por el tra- bahía gaditana. Sin entrar en esta difícil problemática,
bajo de F. Sala (1995), más enraizada en secuencias la cuestión que nos interesa es la cronológica, pues el
estratigráficas concretas y cercanas al hito ahora anali- ánfora Tagomago es el tipo característico del s. V aC,
zado. Creemos, en efecto, que el camino para realizar siendo sustituido por otros envases en el tránsito entre
series tipológicas, cuales sean, debe iniciarse desde esta centuria y el IV aC, como demostraría su apari-
horizontes arqueológicos muy particulares, para ir ción en El Puntal de Salinas.
extendiéndolos progresivamente tanto en el espacio En conclusión, el aire de familia del repertorio ce-
como en el tiempo. La tipología de F. Sala tiene esta rámico localizado y los indicios formales que acaba-
virtud: parte del conocimiento riguroso y completo de mos de comentar, nos llevan hacia una cronología de
los contextos materiales de tres asentamientos ibéri- principios del s. IV aC, o incluso finales del V aC, para
cos (El Oral, La Escuera y Puntal de Salinas), bien la construcción del edificio levantado en la umbría de
datados, prácticamente correlativos y que, además, se la sierra de Colmenares, desarrollándose su ocupación
ubican en comarcas cercanas. De este modo, se puede –que no creemos se extendiera más allá de un par de
precisar el ajuar cerámico de un determinado poblado generaciones– a lo largo de la primera mitad del s. IV
en un periodo dado, obteniendo un «aire de familia» aC.
tipológico y formal15 útil para la comparación y la
búsqueda de caracteres globales, aprehendiendo sus
elementos característicos, los que definen las distintas EL EDIFICIO EN EL CONTEXTO HISTÓRICO
facies ibéricas. DEL IBÉRICO PLENO
Aplicados estos al registro del asentamiento ahora
estudiado, llama la atención la ausencia absoluta de El asentamiento de Colmenares, a pesar de la escasa
algunos tipos –como la cerámica fina gris, recurren- variedad de su registro cerámico y su modesto tamaño,
te en el horizonte ibérico antiguo–, o la presencia de proyecta una indudable trascendencia sobre el mode-
lo de poblamiento comarcal, no tanto por su función

15. Incluiríamos el factor decorativo si no fuera porque todos


los fragmentos pintados hallados en la excavación son de 16. Ambos se hallaron en las tareas de prospección superficial
temática geométrica sencilla. que localizaron el asentamiento.

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 109

–pues se conocen otros almacenes en el ámbito ibé- directamente resultaba innecesaria, o ambas cosas a la
rico alicantino– sino, sobre todo, por su carácter de vez. En cualquier caso, coincidiría con un periodo de
construcción aislada en el llano, alejada de cualquier máxima expansión demográfica ibera para estas tierras
núcleo urbano conocido que pudiera ejercer un control (Moratalla, 2003 y 2005).
directo sobre la misma. En este sentido, el yacimiento Esta primera reflexión nos conduce sin remedio a
ibérico más cercano a Colmenares, y no es segura su la consideración del hábitat en llano en época ibérica
sincronía con él17, sería Fontcalent, situado hacia el plena, cuestión en la que se atisban profundas transfor-
norte a casi 7 km de distancia en línea de aire. A unos maciones respecto a las consideraciones teóricas que
11 km al este quedaría el Cerro de las Balsas y, ya hemos conocido en las últimas décadas, y de las que
en término ilicitano, La Moleta se localiza a unos 12 nosotros mismos hemos participado. En efecto y en
km hacia el oeste18, estos dos últimos con garantías de lo que se refiere a las tierras valencianas, los pioneros
estar ocupados durante el s. IV aC (Moratalla, 2003 y trabajos del equipo dirigido por J. Bernabeu para el
2005). Es decir, se trata de un hito que no manifiesta Camp del Turia (Bernabeu et alii, 1987) establecieron
una clara relación de dependencia con núcleo ibérico un modelo de poblamiento en el que, más allá de los
alguno, considerando el factor distancia como deter- oppida, se extendía una red de asentamientos agru-
minante para esta inferencia; de hecho, queda prácti- pados bajo conceptos un tanto genéricos de granjas,
camente a mitad de camino entre dos oppida –11-12 caseríos, aldeas o atalayas. Análisis posteriores siguie-
km– y ésta es su gran singularidad, al tratarse, además, ron esa senda trazada (por ejemplo y para estas tierras
de un núcleo de llanura, que prescinde casi por defini- Grau, 2002; Moratalla, 1999 y 2005), al igual que ocu-
ción y desde su planificación de elemento de defensa rría en otras áreas peninsulares ibéricas, que ofrecerían
alguno. también un largo listado bibliográfico. Sin embargo,
Es de subrayar, por otro lado, su cercanía al eje la realidad arqueológica se constata progresivamente
caminero que ha unido tradicionalmente Alicante y mucho más compleja de lo que preveíamos.
Elche, el tan referido Camino Viejo de Elche. La dis- El avance de la investigación arqueológica a pro-
tancia hasta el mismo desde el asentamiento ronda los pósito de los asentamientos en llano en lo que lleva-
500 m, lo que sin duda favorecía la accesibilidad a la mos de s. XXI, ligado en buena medida al desarrollo
zona, casi como si fuera una posta o parada en el tra- de grandes infraestructuras o proyectos inmobiliarios,
yecto. Seguramente se consideró la cercanía a esta vía ha venido a demostrar que esos presupuestos teóricos
de comunicación como factor trascendental a la hora erraban en gran medida –como ya se venia demos-
de construir el edificio y es posible, incluso, que se trando en intervenciones arqueológicas de similar na-
levantara en medio de campos cultivados, cuyos pro- turaleza (Vidal et alii, 2004)– en cuestiones tan fun-
ductos o parte de los cuales tendrían en el edificio su damentales como el tamaño de los yacimientos y su
destino inmediato. En cualquier caso, y al margen de función, dos pilares básicos sobre los que descansan
otro tipo de consideraciones sobre la organización y las hipótesis sobre la red de poblamiento en una cul-
el control del territorio entre los oppida ibéricos, su tura y momento dados. Colmenares es paradigmático
presencia demuestra, como poco, la constatación de en este sentido: de haber sido localizado tiempo atrás
una continuidad en la ocupación del territorio entre y permaneciera sin excavar, hubiera sido calificado
dos importantes ciudades ibéricas, como serían las muy probablemente como un caserío de media hectá-
emplazadas en la bahía de La Albufereta, en Alicante, rea de tamaño, con una indudable proyección sobre el
y en La Alcudia, de Elche, intercalada en el trayecto, terreno circundante. Pero la realidad, con frecuencia,
en acertada expresión de A. Moreno (Moreno, 2011). resulta un tanto más anodina y aquella perspectiva se
Y dicha porción territorial es ocupada durante un lapso reduce a una única construcción que ocupa la décima
de tiempo determinado sin considerar prácticamente parte de la extensión que abarcaba el registro cerámico
variables estratégicas, como la defensa del estableci- superficial.
miento, de lo que hemos de inferir que esta cuestión Esta consecuencia nos conduce a dos reflexiones
quedaba cubierta, al menos en esta época, bien por la inmediatas, una primera la más obvia –la estructura
comunión de intereses entre las comunidades que ha- del territorio cuenta con una mayor variedad de tipos
bitaban a uno y otro lado de la sierra, o bien porque de hábitat de los que se presuponían– y otra segunda
de mayor calado: si los modelos de poblamiento hasta
ahora propuestos, y sus derivaciones socio-políticas,
17. En efecto, una actuación arqueológica realizada en 2008 descansan, entre otras cosas, en una estructura territo-
por la empresa ARQUEALIA en este yacimiento permitió rial rígida de carácter jerárquico, ¿cabría replantearse
documentar materiales cerámicos de un amplio segmento esta interpretación a la vista de modelos probablemen-
cronológico, que comprende desde un horizonte del Bronce te no tan encorsetados? Posiblemente no, los oppida
Final hasta época visigoda; a pesar de esta larga secuencia
siguen existiendo y los signos e indicios en ese sentido
y los miles de fragmentos inventariados, el porcentaje de
cerámicas áticas es ínfimo, cuando están muy bien docu- son numerosos, aunque quizás, precisamente, no aca-
mentadas importaciones de otras épocas, por lo que es cues- bamos de leer a la perfección esos signos.
tionable su ocupación durante el s. IV aC. Colmenares, en su modestia, nos ofrece respues-
18. La Alcudia de Elche quedaría a 14 km al sudoeste. tas, y un buen puñado de preguntas, sobre cómo se

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110 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

estructura un territorio ibérico, y el hilo argumental de variabilidad de los mismos, resulta elocuente de las di-
éste son sus caminos tradicionales, como el Camino ficultades interpretativas que vienen generando sobre
Viejo de Elche. La vinculación del asentamiento con su naturaleza y proyección social.
este eje nos ofrece pocas dudas, de ahí que le atribu- En los territorios ibéricos de Kelin y Edeta es don-
yamos una datación tan antigua como la del propio de podemos observar un mayor avance en el estudio
asentamiento; su cercanía, la orientación de la facha- de este tipo de hábitats y ya podemos contar con va-
da, ofreciéndose desde la distancia al caminante, su rios hitos que pasarían a engrosar la categoría, un tanto
emplazamiento estratégico –a mitad de la ruta, poco genérica, de «hábitats productivos temporales» o en-
antes de salvar El Portichuelo–, son datos que nos per- claves rurales. También se conocen ejemplos de asen-
miten avalar esta vinculación. En ese punto se levanta tamientos dispersos en Cataluña, si bien, en general,
un edificio de líneas constructivas prediseñadas, inser- no suelen coincidir con la naturaleza del ahora tratado,
to en el secano y no excesivamente alejado de un paso ya sea por la presencia inmediata de grandes oppida,
que salvaba la sierra de Colmenares por su punto más como Ullastret o Burriac, ya por estar estrechamente
factible. No cuenta con obra complementaria alguna vinculados a campos de silos, o ya por ser de datación
que garantizara su defensa, luego quedaba a la vista tardoibérica (Plana y Crampe, 2004; Zamora, 2012).
desde la distancia sin que, al parecer, su integridad co- Merece la pena recordar, no obstante, el ejemplo de la
rriera peligro. El dato trascendente no es si está fortifi- granja de Fondo Roig (García et alii, 2003), aunque en
cado o no, pues ya conocemos otros asentamientos de este caso estamos ante un conjunto de una compleji-
llano que carecen de estas obras, lo realmente destaca- dad estructural muy superior a la ahora analizada.
ble es que no tiene al alcance inmediato un oppidum En tierras valencianas, los trabajos de campo de los
en sentido estricto. últimos años de los equipos que dirigen H. Bonet y C.
Esta construcción responde a un plan muy concre- Mata (Bonet et alii, 2008; Jardón et alii, 2009; Mata
to, aunque resulta difícil determinar su origen y las ra- et alii, 2009; Moreno, 2011) ya han puesto de mani-
zones últimas de su emplazamiento. Es obvio que esta fiesto la complejidad estructural del hábitat ibérico
unidad productiva debe ser, o al menos lo fue un tiem- de llanura, habiéndose excavado varios yacimientos
po, un eslabón de un tejido más amplio, pero, sin oppi- en la zona que responderían a este modelo de asenta-
dum de referencia inmediato, se complica adscribirlo miento en llano, por lo general de muy pequeña talla
a una decisión emanada directamente de un centro de y modestas construcciones y con un registro cerámico
decisión determinado. Pudo derivar de una planifica- muy funcional. Entre ellos encontramos una variada
ción más «regulada», pero tampoco acertamos a ver gama de establecimientos, desde los que presentan
porqué no respondería a un episodio más, digamos, es- sólo fosas o algunos muros aislados –Casa de Ángel,
pontáneo. La documentación arqueológica apunta a un La Cabezuela, Els Clots y L’Aljub Nou– hasta los más
edificio levantado para llevar a cabo una función de- complejos, que incluyen un edificio completo –El Zo-
terminada y que, al parecer, en unas décadas se aban- quete– o equipamientos del tipo lagar –Rambla de la
donó. Su fábrica es similar a la de los muros de los Alcantarilla–, pasando por los que sólo presentan al-
poblados contemporáneos, caracterizándose la planta guna infraestructura del tipo horno además de un de-
por la simpleza de líneas y la modestia en equipamien- partamento de piedra o caseta –Cerro Tocón–. A des-
tos. Debió ser ocupada para llevar a cabo actividades tacar, además, La Fonteta Ràquia, un edificio también
diurnas muy posiblemente relacionadas con el campo, rectangular y con similar orientación a Colmenares
para presumiblemente volver a sus hogares a la noche, compartimentado en cinco-seis estancias, para el que
localizados en ese desconocido oppidum. Sin duda se propone una función relacionada con el aprovisio-
pueden ser campesinos, sin que insistamos más sobre namiento de miel, y ciertamente resulta significativa la
el grado de servidumbre que pudieron padecer, que al abundancia en el lugar de los recipientes identificados
parecer conocieron una época de bonanza en el plano como colmeneros. Con esa cierta identidad de planta
demográfico y una mínima estabilidad territorial. entre ambos y con Colmenares como topónimo, de ha-
Ésta es la base empírica, y ahora que comenzamos ber encontrado ahora un registro parecido, podríamos
a ver los nuevos documentos, podría ser oportuno haber alcanzado conclusiones similares.
reformular los patrones tradicionales sobre el pobla- Son asentamientos, en definitiva, que incluyen bo-
miento ibérico, o al menos proponer una visión del degas, talleres, almacenes, pequeños caseríos, etc, y
paisaje más allá del oppidum. A partir de ahora y una que ocupan un terreno bastante reducido e incluso re-
vez vayan siendo excavados, habrá que contar con la cóndito, en ocasiones alejados de los centros principa-
presencia de grupos, en ocasiones muy poco nume- les, y que se identifican como lugares de explotación
rosos, que se mueven por el territorio más allá de las agraria no residenciales, levantados por «los propie-
fronteras inmediatas del oppidum, y habrá que anali- tarios de los campos adyacentes» (Mata et alii, 2009,
zar cómo se integran, con qué status, en el colectivo 149-150). A partir de esta conclusión, se propone un
al que pertenecen, si es que pertenecen a alguno, que modelo interpretativo sobre la organización socio-po-
parece probable que sea así. Un vistazo a alguno de lítica de la producción, concluyendo que serían «Ca-
estos pioneros trabajos sobre los asentamientos ibéri- sas o familias que persiguieron la creación y el mante-
cos en llano, que, además, nos permitirá comprobar la nimiento de estatus, riqueza o poder», es decir, según

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COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA 111

deducimos, actuarían con cierta autonomía respecto al que se estableciera algún tipo de estrategia colectiva
centro principal, sobre todo en el territorio de Kelin. cuando un hábitat secundario o temporal queda a tiro
En otra línea de interpretación parecen situarse los de piedra del oppidum, pero más allá de un radio ra-
excavadores de un conjunto arqueológico de aire simi- zonable de 4-5 km, se nos antoja difícil de admitir que
lar a los que ahora tratamos aquí, L’Altet del Punxó, el uso, que no posesión, de la tierra estuviera sujeto a
en la comarca de El Comtat (Espí et alii, 2009), lo que un control absoluto de dicho lugar central. Nos pare-
demuestra su dificultad interpretativa. Se trata de un ce más sensato suponer que el acceso a aquélla fuera
área arqueológica distribuida en terrazas fluviales de, permitido por la colectividad, sobre todo, como sería
al parecer, no menos de 1 Ha de extensión, donde se el caso de Colmenares, cuando no estamos ante un te-
solapan en el tiempo varios fondos de cabaña y restos rreno especialmente feraz para la agricultura u otras
constructivos de piedra definiendo estancias aisladas, materias primas y que, además, queda prácticamente
sin duda relacionadas con la producción de cereales, a en el límite teórico entre dos grandes territoria (Fig.
tenor de las numerosas evidencias halladas de molinos 21). Al socaire del camino, se estableció una construc-
rotatorios. Se interpretan como residencias temporales, ción aislada para obtener seguramente un recurso muy
ligadas al ciclo del campo, en un conjunto que califi- propio y conocido de la zona, o incluso exclusivo de
can como «hábitats semipermanentes que sólo pueden ella, y no hay indicios que permitan plantear que res-
enmarcarse en un contexto de existencia de territorios ponde a una especie de colonización planificada. Por
apropiados y delimitados por la comunidad que reside tanto, vislumbramos un paisaje rural más en la línea
permanentemente en otros lugares». Y se añade poco de lo apuntado para el territorio de Kelin: grupos de
después que «el señor concedería los derechos de uso trabajo posiblemente con vínculos familiares que, de
del suelo a las familias campesinas a cambio de la acuerdo con las características del producto obtenido,
filiación al linaje, con el pago de un tributo» (Espí et se trasladan temporalmente desde un lugar central ale-
alii, 2009, 45-46). Como se puede comprobar, resulta jado a un edificio que pueden haber construido ellos
una lectura bastante opuesta a las realizadas en tierras mismos, para obtener un rendimiento, de la tierra o
del Túria, también porque el registro es diferente, pues de su entorno inmediato, con el que poder comerciar
la presencia diríamos casi «industrial» de los moli- en ámbitos locales –de hecho, tienen acceso a envases
nos rotativos indicaría ciertamente una producción púnicos– y elevar, así, sus rentas. Este establecimiento
por encima del autoabastecimiento. Pero también se parece haber hecho las veces de almacén y lugar de re-
admite que estos campesinos consumieron bienes de cogida de sus ocupantes temporales, y ésta sería la in-
prestigio, lo que cuesta encajar en las interpretaciones terpretación que nos resulta más razonable y acorde al
históricas que subrayan las diferencias de rango entre registro arqueológico obtenido, sin menoscabo de que
los iberos. estas fórmulas productivas puedan convivir con otro
Ambos ejemplos –a los que podrían añadirse otros tipo de servidumbres que, en este caso, no captamos.
de tierras catalanas y murcianas– plantean la seria di- La experiencia que vamos acumulando nos aconse-
ficultad de interpretar estos hábitats en términos de ja no asimilar, sin más, un determinado tipo de estruc-
control político, económico y social. Parece factible tura territorial bajo parámetros excesivamente fijos,

Figura 21: Distribución del hábitat ibérico en el entorno de Colmenares; la línea discontinua marca la divisoria teórica de territorios
entre La Alcudia y Cerro de las Balsas, de acuerdo con los polígonos de Thiessen.

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112 JESÚS MORATALLA JÁVEGA Y GABRIEL SEGURA HERRERO

por lo que puede ser oportuno dar cabida a otras lec- occidental, Monographies d’Archéologie Méditerra-
turas más heterodoxas si se quiere, o al menos matizar néenne 4, Lattes.
aquellos planteamientos iniciales que prácticamente ÁLVAREZ GARCÍA, N., 1997: «El Almacén del Templo A:
establecían un modelo de poblamiento unívoco sin aproximación a espacios constructivos especializados y
apenas haber excavado sus asentamientos. El poder de su significación socio-económica», en M. H. OLCINA
coerción de las oligarquías iberas era limitado, por eso DOMÉNECH (Coord.): La Illeta dels Banyets (El Cam-
la distancia entre los oppida del territorio ibero ape- pello, Alicante): estudios de la Edad del Bronce y época
nas supera la decena de kilómetros en muchos casos, Ibérica, 133-170, Alicante.
y este poder obviamente decrece conforme nos aleja- BERNABEU, J., BONET, H. y MATA, C., 1987: «Hipóte-
mos del lugar central. Un asentamiento situado a más sis sobre la organización del territorio edetano en época
de 11 km del supuesto lugar central y a la vuelta de Ibérica Plena: el ejemplo del territorio de Edeta/Llíria»,
una colina en la que entraríamos en el territorio del si- Iberos, I Jornadas sobre el Mundo Ibérico (Jaén, 1985),
guiente, tiene escasas posibilidades de ser controlado 137-156, Jaén.
desde el primero. Por ello, creemos que los modelos BLASCO GARCÍA, C., FERNÁNDEZ CURSACH, J.,
interpretativos de instauración territorial deben acoger NAVARRO BELMONTE, C. y SERRANO JAÉN, J.,
fórmulas que permitan la ocupación de nichos parti- 1999: Documents per a la història d’Elx (De la islamit-
culares, por lo general con carácter temporal, más allá zació a les darreries de l’antic règim), Elx.
del control efectivo que se puede ejercer sobre el te- BONET ROSADO, H. y MATA PARREÑO, C., 2008: «Las
rritorio inmediato al oppidum, y, por tanto, escapando cerámicas ibéricas. Estado de la cuestión», en D. BER-
en cierto modo a ese teórico control férreo que pudiera NAL CASASOLA y A. RIBERA LACOMBA (Eds.):
desprenderse de dicho lugar central. Posiblemente una Las cerámicas Hispanorromanas. Un estado de la cues-
de las conclusiones que nos parecen más juiciosas para tión, 147-169, Cádiz.
el análisis de los restos ahora tratados es que su sola BONET ROSADO, H. y VIVES-FERRÁNDIZ SÁNCHEZ,
presencia permite inferir una cierta estabilidad para J. (Eds.), 2011: La Bastida de les Alcuses. 1928-2010,
el territorio del sur de la Contestania en época plena, Valencia.
donde es posible la existencia de estos asentamientos BONET, H., MATA, C. y MORENO, A., 2008: «Iron Age
liminares como Colmenares, a su vez un claro indicio Landscape and Rural Habitat in the Edetan Territory,
de que las comunidades que habitaban a uno y otro Iberia (4th–3rd centuries bc)», Journal of Mediterra-
lado del Portichuelo participan, sin duda, de unos la- nean Archaeology, 21.2, 165-189.
zos o intereses comunes que favorecieron la existencia COELLO, F., 1859: Atlas de España por provincias. Ali-
de estos asentamientos que nos atrevemos a calificar cante, Madrid.
como espontáneos u oportunistas por parte de peque- ESPÍ PÉREZ, I., GRAU MIRA, I., LÓPEZ SEGUÍ, E. y
ños grupos. TORREGROSA GIMÉNEZ, P., 2009: «La aldea ibérica
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Recepción: 24-05-2013
Aceptación: 29-07-2013

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.04 LVCENTVM XXXII, 2013, 93-113.


LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05

LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN


LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873)
IBERIAN IRON AGE SCULPTURES FROM CERRO DE LOS SANTOS IN THE VIENNA INTERNATIONAL
EXHIBITION (1873)

TERESA CHAPA BRUNET


Universidad Complutense

JULIO GONZÁLEZ ALCALDE


Museo Nacional de Antropología

INTRODUCCIÓN presenta todavía muchos puntos de interés que cabe


seguir investigando.
El temprano hallazgo del Cerro de los Santos y de sus
espectaculares esculturas abrió la puerta a la defini-
ción de una cultura original, en una época en la que ANTES DE VIENA: EL DESCUBRIMIENTO
todavía no se habían fijado ni las características ni la DEL CERRO DE LOS SANTOS Y LA INCOR-
cronología de estas manifestaciones que luego serían PORACIÓN DE SUS MATERIALES AL MUSEO
calificadas como «ibéricas». Este proceso formativo ARQUEOLÓGICO NACIONAL
incluiría, en el caso del yacimiento albacetense, una
larga sucesión de circunstancias nada comunes que Las circunstancias que rodearon a los diversos y pro-
condicionaron la formación de las colecciones, su es- gresivos hallazgos en el Cerro de los Santos son im-
tudio y su interpretación. Desde el momento de su des- portantes para caracterizar las colecciones que fueron
cubrimiento oficial, el Museo Arqueológico Nacional incorporándose al M.A.N., y permiten entender la se-
(M.A.N.) se interesó por la incorporación de un buen lección de piezas que se enviaron a Viena, su valora-
número de esculturas y otros materiales, que constitu- ción provisional y las expectativas que los especialis-
yeron una de las colecciones más admiradas de sus sa- tas depositaron en esta expedición.
las. La novedad de los hallazgos, complicada sin duda La primera etapa en el reconocimiento de este lu-
por la presencia de un número notable de falsificacio- gar como yacimiento arqueológico se había iniciado
nes con fuerte carga epigráfica, dificultó notablemente algo más de 40 años antes, hacia 1830, cuando se taló
su adscripción cultural en esta primera etapa, en la que el bosque que cubría el Cerro, siendo aprovechadas
existen opiniones dispares en los diversos foros. muchas de sus esculturas como simple material pétreo
La convocatoria de la Exposición Universal de Vie- en las construcciones del entorno1 (Savirón, 1875,
na de 1873 supuso una gran oportunidad para que la 129; Fernández de Avilés, 1949, 58). Estas noticias
colección del Cerro de los Santos se diera a conocer en debieron de trascender en los círculos de eruditos
Europa a través de una serie de vaciados de las piezas y aficionados, puesto que Lasalde (1879, 1) indica
consideradas más relevantes. Esta muestra fue consi- que en 1859 estuvo allí el presbítero valenciano F.J.
derada por el gobierno de la Primera República como Biosca2.
una excelente oportunidad para demostrar que España
podía competir en este ámbito internacional, después
de la difícil situación política y económica que había 1. El hallazgo de esculturas en piedra en esta pequeña eleva-
dado lugar a la Revolución de 1868. La participación ción, situada junto a la «cañada de Yecla», a 8 km de Montea-
española en general y en concreto la fabricación, envío legre del Castillo (Albacete) (Fig. 1), ha sido una constante
y exposición de los moldes del Cerro, supuso un gran durante siglos. Su denominación como «Cerro de los Santos»
esfuerzo organizativo. La intención era revelar la exis- aparece ya en ciertos documentos del Conde de Montealegre
tencia de un nuevo arte plenamente nacional, así como que se remontan al s. XV (López Azorín, 1994, 60). Por su
recabar opiniones en el mundo académico especializa- parte, Losa Serrano (1998, 55), en su estudio sobre el Señorío
de Montealegre, localiza también este topónimo en los archi-
do sobre su interpretación, cronología y posibles para-
vos correspondientes a un deslinde con la vecina población
lelos. El objetivo de este trabajo es precisamente trazar de Yecla que se llevó a cabo en 1526.
la trayectoria de las esculturas del Cerro de los Santos 2. Este autor no se centraría en la publicación de algunos de sus
desde su descubrimiento a su presencia en Viena, una restos hasta bastante más tarde, cuando ya eran un tema bien
etapa que, a pesar de la bibliografía que ha generado, conocido entre anticuarios y arqueólogos (Biosca, 1873).
116 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

Figura 1: 1. Localización del Cerro de los Santos. 2. Vista del Cerro sobre la Cañada de Yecla. El monolito indica el lugar del antiguo
templo. 3. Plano del yacimiento realizado por Savirón (1875).

Fue un año después, en 1860, cuando el mundo a la Academia de Bellas Artes el 28 de junio, lo que
académico fue advertido de la existencia del yaci- indica que su presencia en el Cerro tuvo que ser ante-
miento y de sus singulares características, tras la visita rior. Rada y Delgado (1875, 12) y Engel (1892, 158)
de Juan de Dios Aguado y Alarcón, vecino de Corral fechan la visita al Cerro un mes después, el 28 de julio.
Rubio. Este momento, clave para el conocimiento del Sin embargo, el propio Aguado publicará en 1875 que,
Cerro de los Santos, marca también el inicio de los estando tremendamente interesado en las noticias que
datos confusos y a menudo contradictorios sobre este había recibido sobre el yacimiento y tras acabar las ta-
lugar. La diversidad de informaciones existente sobre reas agrícolas que le ocupaban en el cercano pueblo de
la fecha concreta de esta visita y su posterior notifi- Corral Rubio, «... los últimos días del mes de agosto
cación, con datos y dibujos, a la Real Academia de invité a mis apreciables amigos D. Juan José Guillén
San Fernando, resulta sorprendente. Mélida (1903b, y D. Jose Ramón Mancebo para llevar a cabo la tan
474) la sitúa el 28 de enero y la notificación el 31 del por mí deseada expedición» (Aguado y Alarcón, 1875,
mismo mes. Amador de los Ríos (1863, 13), siguiendo 3). Por entender que no le correspondía actuar en este
aparentemente ciertas indicaciones de Aguado, habla caso, la Real Academia de San Fernando remitió el
de «los primeros meses». Pierre Paris (1903, 43, nota expediente a la de la Historia el día 29 de octubre de
1) revisó un cuaderno del propio Aguado, entonces en 1860, cuya contestación agradeciendo el envío data de
poder de Pascual Serrano, profesor de Instrucción Pú- 2 de noviembre (Maier, 1999, 29). Así pues, cualquie-
blica de Bonete, en el que había una nota manuscrita ra de las fechas propuestas anteriormente para el en-
del autor afirmando que había enviado la notificación vío de la documentación original desde Corral Rubio

LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05


LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 117

puede ser válida, aunque la justificación de Aguado las indicaciones de Aguado y Alarcón, e incluyendo
respecto al término de la cosecha hacen más probables sus dibujos en una lámina. Su interpretación del san-
las de finales de junio o julio. tuario como un Martyrium cristiano de época visigoda
Amador de los Ríos (1863, 13) parece haber sido no se alejará de las de otros autores, que mantendrán
el único que manejó el cuaderno enviado por Aguado esta propuesta cronológica dentro de la Antigüedad
a Madrid, e incluso debió tener una entrevista personal tardía (Rada y Delgado, 1875).
con él, en la que pudo obtener datos respecto al Cerro La segunda etapa se inicia en 1870, aunque no nos
y el paisaje de su entorno «del cual no tendríamos no- alargaremos aquí con la secuencia ni los detalles de
ticia alguna sin el ilustrado celo del joven D. Juan de las actuaciones que tuvieron lugar a partir de este mo-
Dios Aguado y Alarcon, quien no sólo ha remitido los mento en el Cerro, puesto que han sido descritas con
diseños con que procuramos ilustrar las presentes lí- detalle por Savirón (1875), Mélida (1903-1905), Fer-
neas, sino que pasando á esta capital, nos ha facilita- nández de Avilés (1949), Ruano (1987), Ruiz Bremón
do cuantas noticias topográficas habíamos menester, (1989), Lucas (1994), López Azorín (1994) o Sánchez
para formar concepto de lo que era y significaba el Gómez (2002). La obra primordial de la que arranca
edificio ya destruido en el Cerro de los Santos». Des- toda la investigación fue indudablemente la Memoria
graciadamente estos documentos originales se debie- sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de
ron perder pronto, puesto que Rada ya indica en su los Santos, publicada en 1871 por los PP. Escolapios
discurso de entrada a la RAH que no pudo localizarlos de Yecla sin especificar autoría, aunque se sabe que
(Rada y Delgado, 1875, 20). Como se ha señalado, fue redactada por Tomás Sáez del Caño, Manuel Gó-
Aguado conservó en su poder unos originales que pa- mez y Carlos Lasalde (López Azorín, 1994, 83). Este
saron a la colección de P. Serrano y que llegaron a ser trabajo llegó al Museo Arqueológico Nacional poco
consultados en Bonete por P. Paris (1903, 43), pero después de su aparición, y provocó que se formase
desconocemos si esta documentación se conserva. ese mismo año la comisión oficial que debía ir a Yecla
Las visitas al Cerro debieron menudear en estos a investigar y adquirir piezas que fueran interesantes
años (Fernández de Avilés, 1949, 59), aunque solo se para el Museo (Mélida, 1903b, 470). Son precisamen-
documenta la de un cantero y escultor francés que extra- te estas primeras adquisiciones y los resultados de las
jo una figura femenina sedente, trasladándola a Yecla3. excavaciones en el Cerro las que interesan a nuestro
Esta noticia la recoge Giménez Rubio (1865, 46-47), estudio, puesto que la Exposición Universal de Viena
quien debió ver la estatua, ya que en su opinión «Parece se celebraría solo dos años después.
ser imitación de una momia egipcia por el aire de su El primer viaje se llevó a cabo en septiembre de
traje y aptitud; aunque por su aspecto, collares y enor- 1871, resultando comisionados J.A. Malibrán y P.
mes arracadas, podrá ser también un ídolo del genti- Savirón, funcionarios del Museo Arqueológico. En
lismo». En esta misma obra sobre la Historia de Yecla, esta ocasión no se llegó a trabajar en el yacimiento,
Giménez Rubio describe además las características de adquiriéndose 50 restos escultóricos a Vicente Juan y
los hallazgos que proporcionaba el Cerro, lo que confir- Amat4. Un mes más tarde, la segunda Comisión, cons-
ma el conocimiento general de este yacimiento antes de tituida por el director del Museo, V. Ruiz Aguilera, y
las excavaciones de 1871, «Se encuentran en el mismo de nuevo por P. Savirón, volvió a comprar un lote de
punto con profusión, fragmentos de estatuaria antigua 50 esculturas a Amat, acompañándolas de diversos ti-
con aire egipcio en las figuras y principalmente griego. pos de objetos de su colección, procedentes tanto del
Diferentes de capiteles, pilastras y otras curiosidades, Cerro de los Santos como de otros lugares de Albacete
pero todo truncado y enteramente deteriorado» (Gimé- y Murcia (Mélida, 1903b, 471). Antes de la celebra-
nez Rubio, 1865, 47). En todo caso, numerosos parti- ción de la Exposición Universal de Viena se adqui-
culares debieron guardar restos escultóricos del Cerro rieron otras colecciones a Amat en enero y mayo de
en sus domicilios, siendo luego comprados muchos de 1872 (López Azorín, 1994, 371-373), así como treinta
ellos a medida que se conocía el valor económico e his- esculturas al anticuario Miró, entre las que se encon-
tórico que podrían llegar a alcanzar. traba la Gran Dama Oferente, ingreso que se produjo
Este primer capítulo de la historia del Cerro de los en enero de 1873 (Mélida, 1905b, 35; López Azorín,
Santos se cierra con la ya citada publicación de Ama- 1994, 123). A estas compras se unieron parte de las
dor de los Ríos (1863), en la que se ofrece una descrip- piezas directamente obtenidas en el yacimiento por la
ción topográfica y del estado de sus ruinas, siguiendo Comisión del Museo Arqueológico Nacional en 1871,
las adquisiciones realizadas a diversos propietarios
del entorno del Cerro y algunas donaciones (Savirón,
3. Puede que este personaje tuviera que ver con las falsificacio- 1875, 229-233). Por tanto, antes de la Exposición
nes con las que traficó más tarde Vicente Juan y Amat, como
ya se ha sugerido (Ruiz Molina, 2005, 204; López Azorín y
Ruiz Molina, 2007, 65) basándose en la comprobación del
padrón de Yecla en esos momentos. En él solo figura una 4. Las diferentes adquisiciones a V. Juan y Amat han sido deta-
persona de nacionalidad francesa, llamada Carlos Bollier. Su lladamente recogidas por López Azorín (1994, 178 y 2011,
profesión era la de picapedrero, por lo que encajaría en el 283) mediante consulta de los archivos del Museo Arqueoló-
perfil de supuesto falsario vinculado a V. Juan y Amat. gico Nacional.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05 LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130.


118 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

Universal de Viena, el Museo contaba con una amplia octubre de 1873, supuso tanto una oportunidad como
colección de esculturas, si bien la entrada de materia- un gran reto. Tras la Revolución de 1868, y en el ré-
les siguió activa en los años posteriores, elevándose gimen de monarquía parlamentaria encabezado por
aproximadamente a 300 las piezas que formaban la Amadeo I, el gobierno considera que España «debe
colección cuando J. R. Mélida (1903b, 474) realiza su concurrir presurosa a ocupar el puesto de honor que...
pormenorizado estudio distinguiendo las auténticas de se le designa, y a demostrar el grado de prosperidad
las falsas. y cultura a que rayan su industria, sus artes y sus co-
No hay que olvidar que el viaje de las Comisiones y nocimientos científicos». Subraya que el interés por
los primeros ingresos de esculturas y otros materiales acudir a la Exposición queda reforzado por los crite-
se desarrollaron en 1871, un año de una actividad fre- rios serios y científicos que la comisión imperial aus-
nética para el Museo. Además de las noticias sobre el tro-húngara ha aportado a la hora de organizar dicha
Cerro de los Santos, se recibieron otras de diversos lu- muestra. Siguen a esta presentación los decretos reales
gares de la Península, a las que también se atiende con organizando la participación española y nombrando a
desplazamiento de los funcionarios (Mélida, 1903b, la comisión regia, presidida por D. Manuel de la Con-
470; Franco, 1993, 304-6). En las mismas fechas tuvo cha, Marqués del Duero6.
lugar igualmente la conocida expedición de la Fragata El comisario imperial fue el barón Guillermo de
«Arapiles», que aportó al Museo una interesante co- Schwarz-Senborn, quien tenía una larga experiencia
lección mediterránea. Mientras tanto, la institución internacional y ya había ocupado este puesto en las
debió prepararse para una estratégica inauguración exposiciones de Paris (1855) y Londres (1862) (Reu-
oficial por Amadeo I de Saboya el 9 de julio (Marcos leaux, 1891, 188-189). La intención general era mos-
Pous, 1993, 57). A pesar de la extraordinaria profesio- trar los avances de las artes, la industria y la cultura
nalidad de los funcionarios, todas estas circunstancias en todos sus ámbitos, dividiendo ordenadamente sus
provocaron que en este primer momento el inventario contenidos en 26 grupos bien definidos. En ellos se
de las piezas no fuera exhaustivo (Mélida, 1905b, 32) distribuían entre otros, la minería, todos los tipos de
y así, el primer Catálogo del Museo (García Gutiérrez, producciones industriales, la ingeniería civil y mili-
1876, 62) sólo recogía que el gabinete de las «antigüe- tar, las bellas artes y el arte religioso, la vivienda y
dades de Yecla» incluía 244 piezas, entre estatuas y la educación, con un apartado específico relacionado
fragmentos, acompañados de otros materiales recupe- con el trabajo de la mujer. Por primera vez en este tipo
rados en el antiguo santuario. de acontecimientos, más pensado para establecer las
El Museo Arqueológico Nacional consiguió, gra- novedades del presente y sus posibilidades futuras,
cias a estas adquisiciones, una mayor presencia nacio- se abrió una sección dedicada a las antigüedades. Su
nal e internacional. El Emperador del Brasil realizó objetivo era precisamente resaltar el peso que habían
una detallada visita en febrero de 1872, «quedando tenido en el desarrollo industrial y cultural de la época
muy satisfecho y aun sorprendido de las numerosas moderna, y para ello se especificaba que «este aparta-
colecciones artísticas que en aquel establecimiento do debe contener todo lo más notable de las obras más
se custodian, y principalmente de los objetos traí- perfectas y características del pasado a fin de poder
dos de Yecla, que tienen hoy el privilegio de llamar demostrar la parte que estos elementos han tomado
la atención de cuantos se interesan por los estudios en su desenvolvimiento en las diferentes épocas an-
arqueológicos»5. Consta también la presencia de ar- teriores». Era este el Grupo 24, «Objetos artísticos e
queólogos conocidos, como conservadores del Museo industriales del antiguo expuestos por aficionados y
Británico, o el propio A. H. Layard, entonces emba- coleccionistas», también denominado «exposición de
jador británico en España y con amplia experiencia aficionados (amateurs)»7.
arqueológica por sus excavaciones en Nínive (Miran- Podemos imaginar el trabajo ingente que supuso
da Valdés, et al., 2011, 171). Todos ellos apreciaron la organización de los materiales que se desplazaron
significativamente estas colecciones, pero sin aportar a Viena, aportados por instituciones oficiales y priva-
interpretaciones que permitieran aclarar su filiación das, así como por numerosísimos particulares de toda
cultural. Estas circunstancias movieron a los respon- la geografía española. Entre ellos estaban las piezas
sables de la institución a buscar otras vías de difusión
internacional para las esculturas del Cerro.
6. Tanto la exposición de intenciones como los decretos de
Amadeo I tienen fecha de 19 de abril de 1872, publicándose
LOS VACIADOS DEL CERRO DE LOS SANTOS en la Gazeta de Madrid de 21 de abril (Año CCXI, nº 112,
EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA tomo II, 199).
7. Gazeta de Madrid nº 312 (7 de noviembre de 1872), 394.
La inclusión de las antigüedades sorprendió bastante. En La
La convocatoria de una Exposición Universal, que
Ilustración Española y Americana (1873, nº XXXVI, 590)
se celebraría en Viena entre el 1 de mayo y el 31 de una opinión anónima afirma que los objetos arqueológicos
fueron enviados por el gobierno español y muchos particula-
res «en cumplimiento del programa que convocó a Viena esta
5. Gazeta de Madrid, Año II, nº 4, 29 de febrero de 1872, 54. curiosa materia de exposición».

LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05


LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 119

– Parte superior de estatua sin cabeza, embozada en


que seleccionó el Museo Arqueológico Nacional,
un manto. Nº 16.
correspondientes a sus colecciones españolas y ame- – Parte superior de estatuita con dos rosetones en
ricanas8. La reciente incorporación al Museo de las las sienes. Nº 17
esculturas del Cerro de los Santos y la novedad histó- – Estatua sin cabeza; en la mano derecha un vaso y
rico-arqueológica que suponían, animó a presentarlas en la muñeca una especia de ¿estola? Nº 18.
en este contexto internacional, pero no se consideró – Cabeza de tamaño mayor que el natural, cubierta
oportuno enviar piezas originales, seguramente por el por un casquete. Nº 19.
riesgo que podrían sufrir en su traslado y exposición. – Cabeza con ornato y mitra. Nº 20.
Por ello se recurrió al sistema de los «vaciados» en – Cabezas varoniles mutiladas. Nº 21 y 22.
– Plinto con cabeza bifronte. Nº 23.
yeso o escayola, proceso que se activó con rapidez, – Rinoceronte. Nº 24.
dada la cercanía de las fechas del viaje a Viena9. Con – Toro sin cabeza, con inscripción en el plinto. Nº
tal fin, el Ministerio autorizó al director del Museo a 25.
«remitir á la exposición de Viena los objetos de aquel – Fragmento alegórico con un cordero y un niño.
establecimiento que considere dignos de figurar en la Nº 26.
misma. También se ha resuelto se vacien las estatuas – Monstruo de tres cabezas y parte inferior de una
procedentes de Yecla, si, a juicio del mismo jefe, pue- figura humana. Nº 27.
de hacerse esta operación sin que padezcan el valor – Obelisco con representaciones simbólicas o ¿jero-
y mérito de aquéllas»10. Esta operación dio como re- glíficas?. Nº 28.
– Vaso con un busto y adornos. Nº 29.
sultado los primeros vaciados, calificados por García – Lápida con caracteres celtibéricos, hallada cerca
Gutiérrez (1876, 19) como «exactísimos». de Valencia. Nº 30.
El Archivo del Museo Arqueológico Nacional, en __________________
el «Expediente de Viena» incluido en la carpeta del Total, 30 vaciados.
Cerro de los Santos, conserva el listado de las piezas __________________
que se desplazaron11. Textualmente dice lo siguiente, Nota, En el cajón nº 1 de esta primera sección va
la estatua grande de Yecla; en el nº 2 otra estatua,
«Obgetos del Cerro de los Santos las 13 hachas de piedra, las 7 de cobre y bronce y las
Catorce vaciados de estatuas procedentes de los cuatro espadas. En los restantes cajones las demás
descubrimientos hechos en el Cerro de los Santos, estatuas y obgetos de Yecla».
cerca de Yecla, territorio de la provincia de Albace- En la siguiente tabla (Fig. 2) se intenta correlacionar
te, de las cuales dos aparecen sentadas y las restan-
la lista anterior con las piezas cuyos vaciados fueron
tes en pié, con diversos atributos y vestiduras. Nºs 1
al 11, 13 y 14. enviados a Viena. En algunos casos la identificación
– Grupo id. de dos estatuas enlazadas, en pié. Nº 12. es clara, mientras que en otros existen dudas, debido
– Parte superior de estatua con mitra de figura tra- al carácter excesivamente genérico de su descripción,
pezoidal invertida. Nº 15. por lo que proponemos las posibilidades que nos pare-
cen más razonables.
Aunque la organización austríaca había previsto la
llegada de las piezas de los distintos expositores inter-
8. Organizadas en 53 lotes, recibieron los números 1472 a
nacionales entre el 1 de febrero y el 15 de abril, con
1525 del registro general, y 2770 a 2823 del depósito. Otras objeto de que pudieran ser acomodadas en sus respec-
piezas, como dos candelabros y una cruz parroquial también tivas sedes antes de la inauguración oficial, pocos pu-
enviadas por el Museo Arqueológico, se inventariaron en el dieron cumplir este objetivo. Como señala Reuleaux
registro general con los números 1632-3 (13 y 14 del primer (1891, 191-192), «El 1º de Mayo de 1873, el empera-
apéndice en el Depósito) (La Gazeta de Madrid, 12 de agosto dor inauguraba la Exposición, por no faltar a la cos-
de 1873, nº 224, 1347-1348). tumbre estatuida en las anteriores, de verificar el acto
9. La importancia de los vaciados en esta época ha sido tratado de apertura el día señalado, aunque estuviese sin con-
por S. González Reyero (2006: 347-353)
cluir el edificio, sin clasificar, ordenar ni poner en sus
10. RABM Año III, nº 6 de 1873 (Marzo), 86. Durante la di-
rección de José Amador de los Ríos (10 de febrero a 17 de instalaciones los objetos que se habían de exponer;
noviembre de 1868), se construyó en el Jardín del Museo y, en efecto, algunos días después de la apertura el
un pequeño taller de restauración, que el siguiente direc- Comisario regio cerró las puertas de la nave central,
tor, Ventura Ruiz Aguilera, decidió ocupar en 1871 con las por la razón sencilla de que ni en ésta ni en las otras
colecciones de Prehistoria, debido a la escasez de espacio había nada expuesto, y casi todo el palacio estaba por
en el edificio principal (García Gutiérrez, 1876, 15; Marcos concluir». La colección española no debió retrasarse
Pous, 1993, 44 y 56). En todo caso, seguramente los vacia- mucho, puesto que un grabado de La Ilustración Espa-
dos se realizaron en la propia institución. ñola y Americana, publicado el 14 de abril, refleja la
11. Según consta en la Gazeta de Madrid (nº 224, 14 de agosto
salida de las cajas de embalaje (Fig. 3).
de 1873, 1347), las piezas enviadas fueron 14, cantidad que
no encaja con el listado incluido a continuación. El error A pesar de todo, en el caso español, la situación
procede de la omisión de parte del primer párrafo que cons- se agravó considerablemente una vez en Viena, al
ta en el inventario del M.A.N. (Expediente de Viena, Obje- encontrar serias dificultades para la construcción del
tos del Cerro de los Santos. 1874.19). pabellón de estilo mudéjar que se había planificado.

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120 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

Gran dama oferente


Encontrada en las excavaciones del administrador Soriano en 1870 e incluida
en la Memoria de 1871. Propiedad del Conde de Montealegre, finalmente
1
fue adquirida por el MAN en enero de 1873 al anticuario Miró. MAN 3500.
Alt:135; Anch:39; Gr: 38 cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. III.
Reproducida por Henzlsmann (1876: 3). (Ruano,1987, III: 224-226)

Oferente decorada con sol y luna. Donada por V. Juan y Amat al MAN. Sept/
Nº 2-11 Oct 1871. MAN 3501. Alt: 72 cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. V.1).
o 13-14 Reproducida por Henzlsmann (1876: 2). Considerada falsa por Mélida (1905b:
21). (Ruano, 1987, III: 227-228).

Oferente completa con tiara trapezoidal. Vendida por V. Juan y Amat al


Nº 2-11 M.A.N. Mayo 1872. MAN 3503. Alt: 54 cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875:
o 13-14 Lam. VII.5) Reproducida por Henzlsmann (1876: 1). Considerada falsa por
Mélida (1905b: 23). (Ruano,1987, t. III: 230-231).

Oferente. Vendida por V. Juan y Amat al MAN. Septiembre 1871. MAN 3513:
Nº 2-11 Alt: 98; Anch: 22,50; Gr: 17cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. II,nº
o 13-14 2). Reproducida por Henzlsmann (1876: 4). Considerada auténtica por Mélida
(1904b: 154-155). (Ruano, 1987, t. III: 242-244).

Dama sedente. Vendida por V. Juan y Amat al MAN. Septiembre 1871.


Henszlmann (1876: 504-5) indica que solo se expuso la cabeza. MAN 7627.
Nº 2-11
Alt: 68; Anch: 26; Gr: 18 cm. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam VIII.2.
o 13-14
Reproducida por Henzlsmann (1876: 6). Considerada falsa por Mélida (1905b:
24). (Ruano, 1987, t. III: 377-378).

“Dos estatuas enlazadas en pie”. Vendida por V. Juan y Amat al MAN. Mayo
1872. MAN 3508: Alt: 67; Anch: 37; Gr: 17 cm. La cabeza masculina no
Nº12
corresponde a esta pieza. (Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam. V,nº 2). Mélida
(1905b: 23) considera auténtica la cabeza masculina y falso el resto.

“Parte superior de estatua con mitra de figura trapezoidal invertida”. Vendida


por V. Juan y Amat al MAN. Mayo 1872. MAN 3507. Alt: 52 cm. Tiene una
Nº15 inscripción de dos líneas sobre la tiara.(Dibujo: Rada y Delgado, 1875: Lam.
VII, 3). Reproducida por Henzlsmann (1876: 5). Considerada falsa por Mélida
(1905b: 23). (Ruano, 1987, t. III: 236).

LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05


LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 121

“Parte superior de estatua sin cabeza embozada en un manto”. Puede tratarse


de una de estas dos figuras de palliati al estilo romano: 1.- MAN 7641. Alt: 65;
Anch: 32; Gr: 19 cm. Con inscripción L. Licini bajo el cuello; 2.- MAN 3512.
Alt: 60; Anch: 35 cm. Inscripción ibérica bajo el cuello. Según Hübner (1893,
Nº16 XX), sería falsa, aunque Gómez Moreno (1949, nº 78) la da como auténtica. Es
posible que se considerara más exótica e interesante esta pieza que la anterior
para su envío a Viena, pero todo queda en el plano de la hipótesis. (Dibujo:
Rada y Delgado, 1875: Lam. XI, 1 y 2). (Ruano, 1987, t. III: 240-242 y 392-
393). 1 2

“Parte superior de estatuita con dos rosetones en las sienes”. Proponemos,


por su descripción y tamaño, que sea la encontrada durante las excavaciones
Nº17 de P. Savirón en 1871, “bajo la escalinata del templo, á la profundidad de un
metro cincuenta centímetros”. . MAN 7707. Alt: 20 cm; Anch: 8 cm; Gr: 6 cm
(Dibujo: Savirón, 1875: Lam. 4ª: 13). (Ruano, 1987, t. III: 435-437).

“Estatua sin cabeza, en la mano derecha un vaso y en la muñeca una especie


de ¿estola?”. Coincide con la descripción de Savirón (1875: 230 y Lam. 4ª 14):
“Fáltale la cabeza: su brazo izquierdo está tendido y pegado al cuerpo: en su
mano derecha lleva un vaso cogido de diferente modo que las demás estatuas”.
Nº18 Encontrada “en línea perpendicular bajo la escalinata de ingreso al templo,
a cuatro metros ochenta centímetros de profundidad desde aquella y entre
varios objetos fracturados...”. Mélida (1904: 279) la fotografía con una cabeza
añadida, que debió unirse al cuerpo una vez en el Museo. MAN 7626. Alto:
0,62 cm. (Dibujo: Savirón, 1875: Lam. 4ª, 14). (Ruano, 1987, t. III: 376-377).

“Cabeza de tamaño mayor que el natural cubierta con un casquete”. Podría


ser la “cabeza grande de estatua” que fue comprada en septiembre de 1871 por
la Comisión del MAN (Savirón, 1875: 232, nº 8). Sus dimensiones coinciden
Nº19
con MAN 7504. Alt: 32 cm. Anch: 23; Gr: 27 cm. Mélida la considera falsa
(1905b: 27), aunque podría ser auténtica. (Foto: M.A.N.; Dibujo: Rada y
Delgado, 1875: Lam. XII: 7). (Ruano, 1987, t. III: 246-247).

“Cabeza con ornato y mitra”


Con esta sucinta denominación, no es posible saber a cuál de las cabezas
femeninas se refiere. Todas ellas aparecen reproducidas por Rada y Delgado
Nº20
(1875, Lam. IV). Las nº 2 y 4 ingresaron como vaciados en el MAN, aunque
en el segundo caso la pieza original se recuperó en 1942. (Dibujos: Rada y
Delgado, 1875: Lam. IV).

“Dos cabezas varoniles mutiladas”


Como en el caso anterior, no es posible saber cuáles son, debido a que la
Nº21/22
Comisión adquirió antes de 1873 al menos 22 cabezas de piedra, muchas de
ellas masculinas. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XII)

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122 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

“Plinto con cabeza bifronte”. Vendido por V. Juan y Amat al MAN en Mayo
Nº23 de 1872. Alto: 31 cm. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XVI, nº 3). Falso
(Mélida, 1905b: 27).

“Rinoceronte”. Comprado por la Comisión del MAN a V. Juan y Amat.


Nº24 Septiembre 1981. Long: 43; Anch: 23 cm. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875:
Lam. XVII, nº 4). Falso (Mélida, 1905b: 27).

“Toro sin cabeza, con inscripción en el plinto”. Vendido por V. Juan y Amat al
Nº25 MAN. Mayo 1872. Long: 24 cm (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XVI,
nº 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).

“Fragmento alegórico con un cordero y un niño”. Vendido por V. Juan y


Nº26 Amat al MAN. Mayo 1872. Alt: 33; Anch: 26 cm. (Dibujos: Rada y Delgado,
1875: Lam. XVII, nº 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).

“Monstruo de tres cabezas y parte inferior de una figura humana”. Comprado


Nº27 por la Comisión del MAN a V. Juan y Amat. Septiembre 1981. Long: 44 cm.
(Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam. XVII, 3). Falso (Mélida, 1905b: 27).

“Obelisco con representaciones simbólicas o ¿jeroglíficas?” Vendido por V.


Nº28 Juan y Amat al MAN. Mayo 1872. Alto: 27 cm. (Dibujos: Rada y Delgado,
1875: Lam. XVIII, nº 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).

“Vaso con busto y adornos”. Comprado por la Comisión del MAN a V. Juan
Nº29 y Amat. Septiembre 1981 Alto: 17 cm. (Dibujos: Rada y Delgado, 1875: Lam.
XIX, 2). Falso (Mélida, 1905b: 27).

Figura 2: Esculturas cuyos moldes fueron enviados a Viena. Algunas se han identificado por su inclusión en el estudio de Henszlmann
(1877) y otras por su referencia en la lista de piezas (incompleta) publicada en La Gaceta de Madrid (nº 224, 14 de agosto de 1873,
1347).

El edificio, tal y como fue proyectado por Lorenzo los expositores hasta casi dos meses después de in-
Álvarez y Capra, tenía forma de H, accediéndose augurada la muestra (Navarro Reverter, 1875, 236)12.
por una escalinata central. Coherente con el estilo,
el material constructivo debía ser el ladrillo, pero a
la comisión le resultó imposible conseguir a tiem- 12. «Como cosa de España, empezóse tarde, costó caro y se aca-
po ni los materiales ni los medios para llevar a cabo bó mal, sin que realmente pueda culparse a nadie por ello.
la construcción conforme a los planes previstos, de Mediaba ya la duración del certamen, y el Jurado terminaba
forma que tuvo que aceptar que el edificio se levan- sus trabajos, cuando el muzárabe edificio se remataba. El
remate se realizó en malas condiciones, con el yeso húmedo.
tara en madera, confiando en que los revestimientos
Las lluvias rajaron las maderas, el edificio además, no sé si
exteriores disimularan la ausencia del ladrillo. La por efecto del proyecto o por no estar ajustado a los planos,
precipitación y la falta de adecuación de los mate- resultó harto pequeño; la escalera para subir al piso princi-
riales incidieron muy desfavorablemente en la obra, pal, poco holgada, y con la falta de decoración desairadas
provocando retrasos que impidieron la colocación de todas las piezas» (Navarro Reverter, 1875, 293-294)

LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05


LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 123

Figura 3: Madrid. Salida de embalajes hacia la Exposición de Viena. Grabado de La Ilustración Española y Americana (Año XVII, nº
XV, 16/04/1873, 257).

Las diferencias entre lo proyectado y lo construido


pueden apreciarse en los grabados publicados por
La Ilustración Española y Americana (Fig. 4), pero
parece que tanto el edificio como buena parte de lo
que exponía fueron bien valorados finalmente en el
contexto de la Exposición (Navarro Reverter, 1875,
294; La Ilustración Española y Americana nº XLII
de 8/11/1873, 675).
Sabemos que las antigüedades españolas se situa-
ron en la nave central de la planta superior de este pabe-
llón (Reuleaux, 1891, 214), accediéndose a ellas desde
la sala de arte militar. De nuevo, un grabado publicado
por La Ilustración Española y Americana13, firmado
por Laredo y Ovejero, es un excepcional testimonio
que nos permite comprobar la situación de las estatuas
del Cerro de los Santos (Fig. 5). Aunque centrado en
la sala militar, el dibujo incluye a un visitante que se
dirige a la siguiente habitación y, a través de la puerta,
se insinúa con claridad la presencia de las primeras
esculturas, al contraluz de los grandes ventanales de
esta zona central del edificio (Fig. 6). Indudablemente
en el dibujo se reconoce a la gran dama oferente, bien
porque estuviera en ese sitio preciso o porque se qui-
siera reproducir la pieza más conocida de la colección,
aunque lo primero es lo más probable.
El testimonio del arqueólogo húngaro M. Henszl-
mann que, como veremos, visitó y se interesó por el
estudio de las esculturas, publicando incluso algunos
dibujos de las mismas (Fig. 7), es importante para des-
velar otro error de los documentos oficiales respecto
a los hechos reales. Un particular de Yecla, D. Andrés
Figura 4: 1. Diseño original del pabellón de España en la Expo-
de Espinosa, había enviado por propia iniciativa la sición Universal de Viena (La Ilustración Española y America-
na, Año XVII, nº XXIII, 16/06/1873, 504). 2. Vista del pabe-
llón ya construido (La Ilustración Española y Americana, Año
13. Año XVII, nº XLL (1º de noviembre de 1873), 668. XVII, nº XLII, 8/11/1873, 5).

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05 LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130.


124 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

situada junto a las esculturas, «A l´exposition univer-


selle de Vienne (1873), dans l´annexe de l´Espagne,
on a pu voir quinze statues en plâtre... A côté il y avait
un livre qui nous apprit le temps et la place de la trou-
vaille des originaux en pierre. Le titre de ce livre est,
Memoria de las notables excavaciones hechas en el
Terro de los Santos pobblicada par los P.P. Escolapios
de Yecla. Madrid, 1871» [sic]14.
Parece evidente que el esfuerzo por presentar la
colección del Cerro de los Santos fue considerable
y que el número de piezas seleccionadas fue amplio.
Quizás guiado por la lista publicada en la Gaceta de
Madrid (ver nota 10), donde no se recogía la mayor
parte de las esculturas oferentes y sí muchas de las fal-
sificaciones de Amat, Mélida (1903e, 366) afirmó que
Figura 5: Vista general del piso superior del pabellón español
con exposición de artes militares.
la selección de piezas había sido mala, pero lo cierto,
como hemos visto, es que lo que realmente se envió
fue bastante representativo de lo que era entonces la
colección del Museo.

VALORACIÓN CIENTÍFICA DE LAS ESCUL-


TURAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN EL
CONTEXTO DE LA EXPOSICIÓN DE VIENA

Hasta 1873, las esculturas del Cerro de los Santos


habían sido valoradas muy positivamente en España
como muestras de un pasado monumental, aunque
desconocido y necesitado de un adecuado estudio. La
noticia publicada por Amador de los Ríos (1863) pro-
ponía interpretar este lugar como un templo cristiano
de época visigoda dedicado a los mártires, contexto
cronológico con el que coincidirían después a gran-
des rasgos otros autores, entre ellos Rada y Delgado
(1875). Sin embargo, en este estudio el número de
piezas analizadas era escaso, ninguna de ellas estaba
completa y, como es lógico, carecían de extrañas sim-
bologías, al no haber actuado todavía la imaginativa
mano de Amat que tantos beneficios económicos y ho-
noríficos sacaría de su intervención15.
Todo cambió cuando empezaron las excavaciones
de 1870. En cuestión de meses se recogieron dece-
nas de esculturas y la Memoria (1871) alertó a los

14. En la sala siguiente a la de las esculturas se acumulaban


–hacinaban, en palabras de Navarro Reverter (1875, 299)–
los documentos relacionados con la educación, y entre ellos
Figura 6: Detalle de la siguiente habitación, donde se aprecia la no debemos olvidar los modelos caligráficos enviados por
presencia de la Gran Dama Oferente (La Ilustración Española los propios Escolapios, por los que recibieron una medalla
y Americana, Año XVII, nº XLI, 1/11/1873, 668). de mérito (López Azorín, 1994, Fig. 15).
15. «Deseando el Rey... ofrecer a D. Vicente Juan y Amat una
prueba del aprecio con que ha acogido la generosa cesión
Memoria de los PP. Escolapios (Memoria, 1871) para hecha al Estado con destino al Museo Arqueológico Na-
cional...ha resuelto S.M. que en su Real nombre se den las
que figurase en la Exposición. Según el catálogo ofi-
gracias a dicho interesado y se haga público... este rasgo
cial de la sección española habría sido colocada en la de patriótico desprendimiento» (Gazeta de Madrid, Año V,
sección de minerales de la planta baja (Commissariat, nº 219, 7 de Agosto de 1875, 356). Al parecer, también se le
1873, 49, nº 205 –4568–). Sin embargo, según Henszl- llegó a conceder la Encomienda de Carlos III (López Azo-
mann (1877, 503), la Memoria estaba correctamente rín, 2011, 294).

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LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 125

Figura 7: Dibujos de vaciados del Cerro de los Santos incluidos en el estudio de Henzlsmann (1877, 505).

funcionarios del Museo sobre la importancia de estos Sin embargo, el mundo académico no se ocupó en
hallazgos. Como hemos visto, la rápida actuación de estos primeros momentos de ofrecer una propuesta in-
la administración consiguió recuperar un importante terpretativa del santuario del Cerro de los Santos, y
número de piezas para el Museo antes de la inaugu- su interpretación apenas salió del ámbito de la pren-
ración de la Exposición Universal, que luego segui- sa (Sáez, 1870; Rentero Villota, 1871 a y b; Lasalde,
ría completándose en los años siguientes. Se formó 1871 a y b; Doménech, 1872). Tampoco se discutie-
así una colección en la que figuraban tanto escultu- ron, al menos por escrito, ni las opiniones de Amador
ras auténticas como falsas, aportando estas últimas de los Ríos sobre su cronología visigoda, ni la de los
un variado número de inscripciones «exóticas» que PP. Escolapios sobre su adscripción al «pueblo bas-
planteaban atractivos retos a la investigación epigrá- titano» y su propuesta de destrucción por Aníbal a
fica, especialidad de gran peso en la arqueología de finales del s. III a.C. La opinión «académica» estaba
la época. aún por definir y, probablemente por eso se consideró

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126 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

Figura 8: Esculturas de piedra denominadas «Kamennye-Baby» Henzlsmann (1877, 512).

una verdadera oportunidad el envío de una muestra a extranjeros a las salas donde se exponían las copias
la Exposición Universal de Viena, donde especialistas del Cerro de los Santos, y de esta iniciativa surgirían
reconocidos de ámbito internacional pudieran ver las los primeros intentos de relacionar las esculturas con
copias y dar una fundamentada opinión. otros contextos culturales.
Al finalizar la Exposición, el director del Museo, La reacción más importante fue la del ya citado
García Gutiérrez (1876, 19), subrayó el interés que Henzslmann (1876, 506-518), a quien llamó la aten-
las estatuas del Cerro habían despertado en los cien- ción la actitud de las figuras oferentes, sujetando un
tíficos extranjeros. Sin embargo, otros autores, con vaso entre las manos a la altura del vientre. Tras bus-
la perspectiva que da el paso del tiempo, han consi- car los paralelos iconográficos en Europa continental
derado que su estancia en Viena no significó ningún y Asia, se fijó especialmente en las esculturas, tanto
avance en el conocimiento e interpretación de esta masculinas como femeninas, llamadas «Kamennye
colección (Olmos, 1999, 202). Esta era, desde luego, Baby», que se situaban junto a los kurganes o túmulos
la opinión que se tenía en círculos ajenos al mun- funerarios construidos en territorios de Ucrania y todo
do especializado y Reuleaux (1891, 214), al citar los el sur de Rusia entre los siglos VII y XII d.C (Pletne-
moldes de las esculturas en su crónica de la Exposi- va, 1974; Kubarev, 2007) en época de los kaganatos
ción, afirma categóricamente que «su significación se túrquicos y uigures (Fig. 8). Teniendo en cuenta que
ignora». estos monumentos se asignaban a los godos y dada
Sin embargo, la repercusión de los vaciados de las la presencia de éstos en Hispania, consideró que las
esculturas fue mayor de lo que en un principio podría esculturas del Cerro serían de época visigoda, coin-
pensarse, aunque quizás resulte menos conocida debi- cidiendo así sin saberlo y por razones totalmente in-
do al ámbito geográfico de los investigadores que se dependientes, con la opinión de Amador de los Ríos
ocuparon de ellas. Hay que resaltar aquí que durante (1863). La asignación cultural de la producción escul-
el tiempo que duró la Exposición fue secretario de la tórica al mundo de los godos permitía encuadrarla sin
Comisión Española S. Sanpere, quien estaba especial- problemas en un marco difusionista. A esta corriente
mente interesado en el estudio de las poblaciones pre- teórica, generalizada en la época, se unía el hecho bien
rromanas peninsulares (Sanpere, 1880a). Este erudito documentado de los movimientos migratorios que
promovió activamente la visita de los arqueólogos terminaron con el Imperio Romano, lo que permitía

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LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 127

considerar indiscutible la vinculación de las mani- hasta que el Sr. Rada publicó su Discurso». Cierto es
festaciones artísticas a través de extensos territorios que, ante la información que se iba difundiendo en
(Baye, 2010). Madrid sobre las compras hechas por los comisiona-
Muchos especialistas conocieron a su vez las es- dos, ya se había dado algún toque de aviso sobre la
culturas del Cerro de los Santos gracias al trabajo de dudosa procedencia de los objetos adquiridos (Sáez
Henzslmann, que trascendió a las sesiones de las aca- del Caño, 1871), pero apenas tuvo repercusión en la
demias y sociedades europeas, la vía más seria y segu- consideración de las esculturas.
ra de difusión de las novedades científicas en la época En efecto, no sería hasta la publicación del discur-
(Goodrum, 2009: 27). Así, Munch (1878, 197) las cita so sobre las «Antigüedades del Cerro de los Santos
también en relación con las «Kamennye Baby», pero en término de Montealegre», elaborado por Rada y
hace notar que conoce la Memoria de los PP. Esco- Delgado para su entrada a la Academia de la Historia
lapios y reproduce la división que estos hacen de las el 27 de junio de 1875, cuando la colección tuvo una
esculturas del Cerro en tres etapas, de acuerdo con presentación pública más relevante, aportando una do-
la iconografía más o menos compleja de las figuras cumentación gráfica abundante y de calidad. La con-
(Memoria, 1871, 102-104). Por su parte, Zaborowski testación del respetado A. Fernández-Guerra se centró
(1880)16 difunde en Francia las opiniones de Munch, y en la geografía de esta zona en la Antigüedad, una de
así llegamos al propio Cartailhac (1886, 303), quien de las especialidades de este investigador. Las numerosas
nuevo alude al trabajo de Henzslmann, aunque discre- láminas con los materiales e inscripciones, a las que
pando de su interpretación y proponiendo una crono- Rada dedicó una buena parte de sus comentarios, per-
logía protohistórica para el yacimiento. mitieron a los especialistas sospechar de muchas de las
Como puede apreciarse, las esculturas del Cerro piezas como parte de un conjunto inexplicablemente
de los Santos habían sido conocidas y discutidas en heterogéneo. En el contexto académico de la época, en
diversos contextos académicos europeos, si bien en el que se respetaba exageradamente el principio de au-
España esta vinculación entre los túmulos del sur de toridad, no hubo nadie con el suficiente prestigio y co-
Rusia y las figuras oferentes de Albacete, propuesta nocimientos como para refutar las propuestas de Rada.
originalmente por Henszlmann, no tuvo apenas re- Sin embargo empezó a existir un estado de opinión
percusión. El único que parece haberse implicado desfavorable que no llegó a aflorar públicamente, «...
personalmente en la refutación de esta hipótesis fue justo es decir que antes de que se dijera en el extran-
el ya citado S. Sanpere, quien extendió sus consultas jero y en letras de molde que entre los objetos de Yecla
a diversos arqueólogos rusos y alemanes, e incluso había falsificaciones, se venía diciendo aquí, lo decía-
viajó a Moscú con este motivo, según recoge Mélida mos en nuestras conversaciones y era, por decirlo así,
(1903d, 248)17. cosa corriente entre los arqueólogos y aficionados»
(Mélida, 1903a, 87).
Las dudas debieron aumentar significativamen-
ENTRE VIENA Y PARÍS, EL DISCURSO DE te, puesto que el propio Rada, en una carta a F. Fita
RADA Y DELGADO fechada el 17 de septiembre del mismo año, comen-
ta sobre las esculturas, «cada vez sigo creyendo más
Como hemos visto, al llegar a la Exposición de Viena, son maniquíes» (RAH 9/7585, Abascal, 1999, 22). Lo
las esculturas del Cerro de los Santos constituían toda cierto es que había enviado una copia de su discurso a
una novedad y no estaban mediatizadas por interpre- algunas autoridades muy representativas en la época,
taciones de peso académico. Desde luego, no provo- como Lepsius, Mommsen, Hübner y Longpérier (Mé-
caron la más mínima sospecha sobre su autenticidad lida, 1903d, 484). Este último le contestó de forma
entre los arqueólogos extranjeros que allí las conocie- muy «diplomática», sin dejar de señalar que ciertas
ron. Sanpere (1880b, 174) hizo constar que de entre inscripciones eran tan extraordinarias que provocaban
los muchos especialistas que las habían observado, «ni verdadero asombro (Campillo, 1875, 285-286).
uno solo los estimó como fabricación moderna, todos Sin embargo, fue E. Hübner, epigrafista de enorme
o casi todos se limitaban a declarar que no sabían prestigio, el que manifestó a las claras su convicción
cómo explicar tales antigüedades». En cuanto a Es- de que las evidencias epigráficas eran falsas y con
paña, Mélida (1905b, 36) señala que «La existencia ellas, el conjunto de los materiales procedentes del
de piezas falsas en la colección no dio que sospechar Cerro de los Santos. El disgusto de Fernández Guerra
al conocer esta opinión se deja ver a las claras en su
correspondencia con el erudito alemán en octubre de
16. No hemos podido consultar este artículo (S. Zaborowski, 1875, indicando razonablemente que hubiera sido muy
1880, «Les Kammenya-baby et les antiquilés du Cerro de difícil falsificar tantas esculturas como habían sido di-
los Santos». Revue Anthropologique, Julio) aunque Mélida
rectamente recogidas en el yacimiento (Miranda Val-
(1903, 247) lo resume.
17. Parece que fue también Sanpere el que convenció a Car- dés et alii, 2011, 171-172). Las opiniones de Hübner
tailhac (1886) para incluir España en su estudio, que ini- y Longpérier tuvieron un gran peso y la desconfianza
cialmente sólo iba a centrarse en Portugal (Ayarzagüena, se difundió en el ámbito internacional. La nueva salida
1993, 408). de los vaciados a la Exposición Universal de Paris en

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05 LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130.


128 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

1878, esta vez acompañados por algunas piezas autén- BIBLIOGRAFÍA


ticas, fue recibida con «una conspiración de silencio»
(Linas, 1887, 312). ABASCAL PALAZÓN, J. M., 1999: Fidel Fita. Su legado
Esta grave, pero comprensible crisis, provocó documental en la Real Academia de la Historia, Madrid.
nuevos estudios a fondo de la colección por parte de AGUADO, J. de D., 1875: «El Cerro de los Santos. Una
Heuzey (1891), Hübner (1893) y finalmente la obra aclaración», Revista Histórica, T. II, nº 1, 1-3.
fundamental de Mélida (1903-1905), consiguiendo AMADOR DE LOS RÍOS, J., 1863: «Algunas considera-
separar en gran medida lo falso de lo auténtico. Se ciones sobre la estatuaria durante la monarquía visigoda
generaba así, en el inicio del siglo XX, un punto de (II)», El Arte en España, II, 5-18.
inflexión en el estudio de tan singular yacimiento. AYARZAGÜENA SANZ, M., 1993: «La Arqueología Pre-
Los nuevos y espectaculares hallazgos de escultura histórica y Protohistórica española en el siglo XIX»,
ibérica que se sucedieron en esos años, los problemas Espacio, Tiempo y Forma, Serie I. Prehistoria y Arqueo-
surgidos con la colección y el aspecto desolado del lu- logía 6, 393-412.
gar provocaron, en expresivas palabras de Fernández BAYE, J. de, 2010 [1890]: De l´influence de l´art des Goths
de Avilés (1966, 6), el «desahucio» del Cerro, al que en Occident, Communication faite au Congrès His-
se colgó la etiqueta de «agotado». Hubo que esperar torique et Archéologique de Liège, Août 1890 (1891),
hasta 1962 cuando, rompiendo con estos clichés, se Whitefish.
plantearon nuevas campañas de excavación dirigidas BIOSCA, J., 1873: «Consideraciones sobre dos medallones
por A. Fernández de Avilés (1966), cuyos interesantes hallados en el Cerro de los Santos. Yecla», Memorial
resultados abrieron una nueva y fructífera etapa en el Numismático Español, III, 208-215.
conocimiento de este lugar clave de la cultura ibérica CAMPILLO, T. del, 1875: «Bibliografía (reseña del discurso
e iberorromana. de J. de D. Rada y Delgado, «Antigüedades del Cerro de
los Santos en término de Montealegre» y contestación de
A. Fernández Guerra», Revista de Archivos, Bibliotecas y
AGRADECIMIENTOS Museos, Año V, 5 de septiembre, nº 17, 283-286.
CATÁLOGO, 1912: Catálogo del Museo de Reproducciones
Agradecemos a la Dra. A. Rodero su colaboración Artísticas. Primera parte. Escultura antigua, Imp. Hijos
en el estudio de la colección del Museo Arqueológico de Tello, Madrid.
Nacional. Las Dras. M. I. Martínez Navarrete (Insti- COMMISSARIAT D´ESPAGNE, 1873: Exposition Univer-
tuto de Historia. CSIC) y L. Avilova (Instituto de Ar- selle à Vienne 1873, Catalogue général de la section es-
queología de la Academia de Ciencias de Rusia) nos pagnole, Ed. du Commissariat d´Espagne, Viena.
han facilitado el acceso a la información original de DOMENECH, J. M., 1872: «Monumentos prehistóricos de
los autores rusos sobre las Kamennye Baby. Los Drs. Yecla», La Esperanza. Periódico Católico, 29 de no-
R. Olmos, M. Belén y L.A. Sánchez nos han ayudado viembre; 2 y 11 de diciembre.
también en la preparación y corrección de este trabajo. ENGEL, A., 1892: «Rapport sur une mission archéologique
El Museo Nacional de Escultura nos ha proporciona- en Espagne (1891)», Nouvelles Archives des Missions
do amablemente el catálogo de los vaciados del Cerro Scientifiques et Litteraires, III, 111-219.
de los Santos correspondiente al Museo de Reproduc- FERNÁNDEZ DE AVILÉS, A., 1949: «Las primeras inves-
ciones Artísticas, gestión que agradecemos a la Dra. tigaciones en el Cerro de los Santos (1860-1870) (Cues-
M. Bolaños y A. Campano, directora y conservador tiones de puntualización)», Boletín del Seminario de
respectivamente de este centro. Los revisores anóni- Estudios de Arte y Arqueología, XV, 57-70.
mos han realizado comentarios relevantes que hemos FERNÁNDEZ DE AVILÉS, A., 1966: Cerro de los Santos.
intentado incorporar al trabajo. Finalmente, T. Chapa Montealegre del Castillo (Albacete). Primera Campa-
dedica un recuerdo muy especial a J. Fernández-Tres- ña, 1962, Excavaciones Arqueológicas en España 55,
guerres, quien le proporcionó un ejemplar de la Me- Madrid.
moria de Rada y Delgado cuando la biblioteca a la que FRANCO MATA, A., 1993: «Comisiones científicas en Es-
pertenecía iba a ser desmantelada. paña de 1868 a 1875», en A. MARCOS POUS (Coord.),
De Gabinete a Museo. Tres siglos de historia, 300-309,
Madrid.
Profa: Dra. Teresa Chapa Brunet
Departamento de Prehistoria GARCÍA GUTIÉRREZ, A., 1876: «Noticia histórico-des-
Facultad de Geografía e Historia criptiva del Museo Arqueológico Nacional», Imp. de
Universidad Complutense Fortanet, Madrid.
28040 Madrid GIMÉNEZ RUBIO, J., 1865: Memoria de apuntes para la
[email protected] Historia de Yecla, Imp. Juan Azorín, Yecla.
Dr. Julio González Alcalde GOODRUM, M. R., 2009: «The Creation of Societies for
Museo Nacional de Antropología the Study of Prehistory and Their Role in the Forma-
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28014 Madrid 1929», Bulletin of the History of Archaeology, 19 (2),
[email protected] 27-35.

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LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE VIENA (1873) 129

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130 TERESA CHAPA BRUNET Y JULIO GONZÁLEZ ALCALDE

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de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete). Nue-
vas aportaciones arqueológicas, Albacete.

Recepción: 21-05-2013
Aceptación: 11-07-2013

LVCENTVM XXXII, 2013, 115-130. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.05


LVCENTVM XXXII, 2013, 131-146. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.06

NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA


(CIUDAD REAL)
NEW HISPANO-ROMAN LION FOUND IN ALHAMBRA (CIUDAD REAL)

JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN


Universidad de Murcia

CARMEN GARCÍA BUENO


Arqueóloga

La situación geoestratégica del cerro de Alhambra, fue ocupado por un asentamiento ibérico de cuyos ce-
donde se ubica la localidad del mismo nombre (Ciu- menterios poseemos abundante información arqueo-
dad Real), lo convirtió en la Antigüedad en asenta- lógica. Diversos hallazgos casuales acaecidos desde
miento de pobladores de diferentes culturas. Sede de 1989 o las excavaciones practicadas en 1996 en el
la ciudad romana de Laminium (Hispania citerior, Camino del Matadero4, en la vertiente meridional del
Conventus Carthaginiensis)2, de rango municipal cerro, proporcionan datos sobre una necrópolis íbero-
(CIL II, 3228; 3251-3252)3, desde el siglo IV al I a.C. romana activa desde el siglo II a.C. hasta el periodo
Julio-Claudio.
En el transcurso de unas obras acometidas en el
1. Nuestro agradecimiento a D. Francisco Gómez Horcajada, entorno de la necrópolis, fue hallado en el año 2000 un
por las facilidades prestadas para la realización de este es-
tudio, a la Dra. Dña. Rubí Sanz Gamo, por la información
fragmento de una escultura de león funerario con una
proporcionada sobre el león de Villarrodrigo del Museo de cabeza masculina entre sus garras5. Fue recogido por
Albacete, y a Dña. Esther Arias, por los datos proporciona- miembros de la asociación «Alhambra Tierra Roja»
dos sobre las esculturas ibéricas de Alhambra expuestas en el en una terrera donde se había vertido tierra y diversos
Museo de Ciudad Real. restos arqueológicos (varias urnas cinerarias y otros
2. S egún Madoz (1845-1850/1987, I, 125), Alhambra era un materiales cerámicos), procedentes de un desfonde
pago de la ciudad Caput Anae, «a la cual pertenecen las realizado para habilitar un camino en la ladera del ce-
lápidas y monumentos de aquella época, que se han hallado rro próxima a la antigua carretera N-430. Permanece
en Alhambra». También refiere Madoz la existencia de una
cantera de piedras de afilar situada al Sur de esta localidad,
«a distancia de media legua», en un paraje denominado «los
Molares», de donde, en su opinión, las extraían los roma-
nos para llevarlas a «las fábricas de armas blancas de que individuos de alta condición del municipio, así como un ara
hace mención Plinio», quien alaba su calidad (NH, XXXVI, dedicada a Mercurio y otros vestigios constructivos, cerámi-
165). Asimismo, aparece citada en el Itinerario de Antonino cos, numismáticos…, todo lo cual pone de manifiesto que
(445,4; 446,4 y 8), en el Anónimo de Ravenna (313, 17), este ámbito geográfico estuvo plenamente romanizado y que
en varios textos epigráficos, en Ptolomeo (II, 6, 56) y, de en el entorno existió, al menos, un templo. Ante la fachada
nuevo, en Plinio (NH, III, 6), que alude a los laminitani de la iglesia parroquial se conservaron durante años (hasta
como habitantes de una ciudad estipendiaria de la provincia su reciente traslado a la plaza de España) la estatua en már-
Citerior (NH, III, 25). Laminium fue sede de una mansio, mol blanco de un togado, una escultura femenina tallada en
encrucijada de las vías 29 y 30, una de las cuales partía en mármol procedente de la misma cantera (posiblemente de
dirección a Toletum y otra a Caesaraugusta. Estuvo tam- mediados del siglo I d.C., cfr. Fernández Ochoa y Baena del
bién atravesada por la calzada que enlazaba Complutum Alcázar, 1992, 334-335, 339-340), un pedestal con epígrafe
con Libisosa. Sobre la ciudad puede consultarse: Blázquez, (CIL II, 3231) y otros restos arqueológicos de época romana,
Delgado Aguilera y Sánchez Albornoz, 1917, 22; Carras- ya mencionados en las Relaciones Topográficas de Felipe
co, 1987; 1989-1990, 167-179; 1990, 85-93; 1996, 71-83; II, que posiblemente procedan del foro del municipio o de
1999a, 309-323; 1999b, 251-258; 2001, 511-517; 2002, cualquiera de sus ambientes públicos (cfr. Abascal y García
199-210; Palomero, 1988, 154; Fernández Ochoa, Zarza- Bueno, 2013, 293-298).
lejos y Seldas, 1990, 165-182; Carrasco Serrano, 2012, 4. La campaña de 1996 en el «Camino del Matadero» fue co-
30-36. dirigida por C. García Bueno, A. Madrigal y M. Fernández
3. En repetidas ocasiones se han hallado en el término muni- Rodríguez.
cipal de Alhambra y en otras poblaciones del entorno ins- 5. Sobre esta necrópolis: Fernández Rodríguez y Serrano An-
cripciones romanas que hacen referencia a patronos, clien- guita, 1993, 191-196; Madrigal y Fernández Rodríguez,
tes, libertos y collegia, a prefectos y flamínicas, entre otros 2001, 225-257.
132 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO

prácticamente inédita6 y se conserva sin número de republicana e imperial11. El nuevo león enriquece la
inventario en la exposición permanente del Museo de discusión sobre los fenómenos de difusión y recepción
la Casa de Cultura de Alhambra (Ciudad Real). El pre- de usos, tradiciones y prácticas funerarias de raigam-
sente trabajo analiza la iconografía, cronología y con- bre itálica entre las poblaciones autóctonas meseteñas
texto de esta escultura, de gran interés por su inusual en vías de romanización12.
configuración tipológica y por incrementar la nómina
de los leones hispanos7 con cabezas cortadas entre sus
garras (Aranegui, 2003, 83-91), que son de cronología DESCRIPCIÓN, CARACTERIZACIÓN Y ESTI-
y filiación romana8. En la península, su distribución LO DEL FRAGMENTO
se concentra, en particular, en Andalucía, desde Jaén
a Cádiz, destacando del foco gaditano (Pérez López, El fragmento de escultura (Figs. 1-4) está labrado en
1999, 34-73, n.º 1-20); en la Meseta meridional, donde piedra arenisca de color rojizo, conocida localmente
el león de Alhambra constituye un nuevo hito, desta- como «moliz», muy abundante en las canteras próxi-
ca el conjunto de leones de Segobriga. Estos felinos, mas al Cerro de Alhambra (Madrigal y Fernández
con o sin cabezas cortadas, son tributarios del arribo Rodríguez, 2001, 245). Sus dimensiones conservadas
a Hispania de contingentes desplazados desde las re- son: 40 cm de altura, 16 cm de profundidad y 39 cm
giones itálicas, en particular del Norte9, inspirándose de anchura; la cabeza tiene 17 cm de alto (11 cm men-
sus iconografías en prototipos de época helenística (si- tón-cejas) y un ancho de 12,5 cm. La autopsia de lo
glos IV-III a.C.)10, empleados ampliamente en la de- conservado, en particular el lateral izquierdo, que está
coración de monumentos funerarios de época romana vaciado y alisado, sugiere que la escultura fue reutili-
zada a posteriori.
Corresponde a un felino, posiblemente un león,
con una cabeza humana masculina entre las garras.
Lo preservado del grupo, de reducidas dimensiones y
seguramente labrado en un único bloque pétreo, tiene
6. Excepto una pequeña descripción y fotografía en Benítez de un estado de conservación aceptable. Queda tan sólo
Lugo et alii, 2011, 13. La noticia de su hallazgo fue recogi- la parte anterior del plinto, en cuyo extremo anterior
da en la edición del Diario Lanza, de fecha 25 de agosto de apoya y sobresale una cabeza de hombre flanqueada
2000, donde fue descrita como una «esfinge alada», en la
que se aprecia «una cabeza humana, con rostro serio, pero
a la derecha por la pata y garra delantera diestra de
relajado» (M. G. Torrijos). un felino, dispuesta rígida e inclinada. La cabeza con-
7. Pérez López, 1999; Aranegui Gascó, 2004, 213-227; Nogue- serva parcialmente los rasgos somáticos, si bien están
ra Celdrán y Rodríguez Oliva, 2008, 400-407; Rodríguez muy erosionados, en particular en el lateral izquierdo,
Oliva, 2009, 60-61 donde faltan el ojo, oreja, mejilla y parte de la barbi-
8. Sobre los tipos de leones ítalo-romanos en los que se inspi- lla. El mentón está muy dañado y tiene pequeños des-
ran: Rodenwalt, 1935-1936, 225 ss.; Mansuelli, 1956a, 66- conchados en toda la superficie. Definen el rostro su
89; Magi, 1971-1972, 273-303; Marini Calvani, 1979, 270- mentón prominente, boca horizontal, de labios cerra-
271; 1980, 7-14; Todisco, 1986, 165-182; 1987, 145-155;
dos y comisuras sin marcar, nariz recta y ligeramente
2000, 83-87; Maurizi, 2000, 245-302.
9. Menéndez Pidal, 1960, LIX ss.; García y Bellido, 1966, 419-
respingona, sin orificios y con tabique nasal recto, am-
431; 1967, 3-29; García y Bellido y Koch, 1972, 462-500; plio pómulo diestro, con mejilla rehundida. Los ojos,
Gabba, 1973, 289-299; Marín, 1988; Torelli, 1997, 96-106. el derecho de los cuales es ligeramente almendrado y
10. L a tipología del león de época romana en ambiente pro- sin párpados, están insertos en cuencas orbitales poco
vincial norditálico, gálico e hispano bebe directamente en profundas, enmarcadas por cejas amplias y rectilíneas.
las fuentes del arte griego clásico y helenístico (Mansue-
lli, 1956a, 69-70 [sobre la tipología arcaica de los leones,
que prescinde de intentos naturalistas y deriva de prece- 11. Ferri, 1931; 1933, figs. 310, 351, 357 ss.; Rodenwalt, 1935-
dentes egipcios, mesopotámicos y microasiáticos], 71-72 1936, 225 ss.; Mansuelli, 1956a, 66-89; Magi, 1971-1972,
[sobre los leones griegos de los siglos V y IV a.C.], 72 273-303; Marini Calvani, 1980, 7-14; Todisco, 1986, 165-
[tipología de los leones en el Helenismo]; Gabelmann, 182; 1987, 145-155; 2000, 83-87; Maurizi, 2000, 245-302.
1965, passim; Vermeule, 1972, 50-59), y encuentra refe- 12. Como acreditan –entre otras muchas fuentes– otras escul-
rencias, asimismo, en los ejemplares de ambiente italiota turas sepulcrales, por citar ejemplos representativos, las es-
y siciliota, con los que se relaciona directamente, así como finges de Ontur y La Higueruela (Albacete) (Chapa, 1986,
con los de ambiente etrusco (Ciglioli, 1952, 5-9, lám. IV; 118, n.º 206; y 117, n.º 198; Pérez López, 1999, 23, nota
Brown, 1960; Camporeale, 1965, 1-13; Cristofani, 1968, 77), la de Alarcos (Ciudad Real) (Prada Junquera, 1977,
321-323; Emiliozzi, 1991, 939-953), con los que se vin- 695-704; Chapa, 1980a, 694-695, n.º CR.3, lám. CXL, fig.
cula de modo inmediato (Mansuelli, 1956a, 72-73 [sobre 4.147.2; 1980b, 330, lám. VIII, 2; Juan García y Fernández
las escasas obras romanas metropolitanas que completan Rodríguez, 2007, 45-47), el león de Reillo (Cuenca) (Osuna
la serie de los precedentes de la escultura provincial; no Ruiz, 1976, 43, lám.; Chapa, 1980a, 700-702, n.º CU.1,
parece que las figuras de leones en la acepción simbólica lám. CXLI, fig. 4.149; Almagro Basch, 1983, 244, lám.
conmemorativa o funeraria de la Grecia arcaica y clásica, VIII; Pérez López, 1999, 136-137, n.º 55; Aranegui, 2004,
presente también en Etruria, haya gozado de favor entre 218, fig. 5) o la nutrida serie zoomorfa de Segobriga (No-
los romanos]). guera y Cebrián, 2010, 257-314; Noguera, 2012, 329-347).

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NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL) 133

Figura 1: Fragmento de león hispanorromano con cabeza cor-


tada entre sus garras, procedente de Alhambra (Ciudad Real).
Vista lateral derecha. Museo de la Casa de Cultura de Alhambra
(Ciudad Real). Foto: J. M. Abascal. Figura 2: León de la Figura 1. Vista de tres cuartos. Foto: J. M.
Abascal.

El cabello está trabajado a modo de un casquete liso.


Por detrás de la oreja diestra, apenas marcada, se sitúa
la pata enhiesta del felino, en cuyo extremo inferior se
ha labrado una garra de cuatro uñas mediante toscas
incisiones.
La impericia y escasa formación del artesano se
aprecia en el carácter rudo y abocetado de la labra,
cuyo interés se centra en reflejar las facciones de la
cabeza de forma tosca y en delinear burdamente la
anatomía de la pata felina en contraste con la roca del
plinto donde apoya. La falta de soltura técnica explica
también la ausencia de modelado en bulto redondo de
la pata felina, que no está exenta, sino formando parte
del bloque pétreo que, sin llegar a vaciar y simplemen-
te desbastado en su cara frontal, debía sustentar el cue-
llo y cabeza del animal. Esta manera de proceder, que
acentúa la visión netamente lateral del grupo, pudo
enmascararse en parte si la testa leonina descendiera
sobre la humana.
Las superficies están trabajadas toscamente, apli-
cándose pulimento –realizado con algún tipo de abra-
sivo, posiblemente arena– sólo a la testa masculina y
a la pata felina. No quedan restos de estucado. Sí se
observan huellas de los instrumentos de labra: en la
pata, del puntero y del cincel, también apreciable en
el plinto.
El estilo de la escultura ciudadrealeña y su parale- Figura 3: León de la Figura 1. Vista de frontal. Foto: J. M.
lismo estilístico con algunas esculturas del área jien- Abascal.
nense-albaceteña (Baena y Beltrán, 2002; Sanz, 2007,
199-203), como el león de Villarrodrigo (uide infra), ahora en la escultura de Alhambra. En Alhambra co-
evidencian los contactos e influjos que este foco ejer- nocíamos la existencia de un taller escultórico ibérico
ció a lo largo del tiempo en el interior de la Meseta, a tenor de, al menos, cuatro fragmentos pertenecientes
bien constatables en las producciones de Segobriga y a otras tantas esculturas de los siglos IV-III a.C. (uide

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.06 LVCENTVM XXXII, 2013, 131-146.


134 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO

sus zonas limítrofes, así como en algunos ejemplares


segobrigenses15.
Sin embargo, el felino de Alhambra es singular
desde el punto de vista tipológico y no se adscribe a
ninguna de estas variantes. Lo conservado muestra la
pata delantera diestra erguida y levemente inclinada,
impostación inhabitual en estas esculturas en Hispa-
nia. Caben, entonces, dos opciones de interpretación
tipológica para la escultura. Primera, que se hubiese
evocado al león en actitud sedente, apoyado en sus
cuartos traseros y con las patas delanteras erguidas e
inclinadas. Hallaría un buen parangón en el conocido
Oso de Porcuna (Jaén), donde el animal, sentado en
sus cuartos traseros, mantiene enhiesta su pata diestra
mientras posa su zarpa izquierda, levantada, sobre una
Figura 4: León de la Figura 1. Vista lateral izquierda. Foto: J. cabeza humana masculina dispuesta sobre una herma
M. Abascal. de tipo clásico16. En tal caso, la testa del león (lamenta-
blemente desaparecida) tendría una posición erguida.
infra), y el nuevo león de la necrópolis del Camino No obstante, cabe una segunda opción, a nuestro
del Matadero sugiere la existencia de un ulterior taller juicio más probable: que el animal estuviese de pie
activo en época ibero-romana. sobre sus cuatro patas erguidas (Fig. 5), en cuyo caso
se adscribiría al tipo B de Mansuelli, definido por la
referida impostación17. En el conjunto ciudadrealeño,
ANÁLISIS TIPOLÓGICO E ICONOGRÁFICO la inclinación de la pata podría jugar a favor de esta se-
gunda posibilidad, pendiendo la testa leonina sobre la
Los leones hispanorromanos suelen evocarse en es- humana. De ser así, el interés del ejemplar de Alham-
casas ocasiones echados en el suelo sobre las cuatro bra sería excepcional en el conjunto de la serie hispa-
patas y en actitud de reposo, como atestiguan algunos na de leones hispanorromanos pues, hasta la fecha, el
ejemplares de Segobriga (Noguera, 2012, 334-335) y referido tipo B sólo se había documentado en otro león
otros de la margen izquierda del valle del Guadalqui- labrado en bulto redondo procedente de Villarrodrigo
vir13; más habitualmente aparecen en actitud de ata- (Jaén). La serie estaría integrada por un ejemplar segu-
que o de acecho, apoyados sobre las patas delanteras ro y otro probable (el de Alhambra):
en reposo, impostados sobre los cuatros traseros en-
hiestos y con la cabeza hacia el frente o girada hacia 1. León funerario de Villarrodrigo (Fig. 6). Dispuesto
uno de sus lados (Pérez López, 1999, 18), según el sobre sus cuatro patas y con cabeza humana bajo la tes-
tipo A definido por G. A. Mansuelli para los leones ta del felino. Museo de Albacete; n.º de inv.: CE00439.
itálicos14. Esta tipología se constata en la Bética y Piedra arenisca rojiza de las sierras de Alcaraz y Ca-
zorla (Sanz, 2007, 198). Dim.: 85 cm de altura, 105 cm
de anchura y 45 cm de grosor. Fue hallada hacia 1893
casualmente en el predio llamado Huertas de Bayona,
13. Pérez López, 1999, 18. En concreto, en Carissa Aurelia término municipal de Villarrodrigo (Jaén), muy cerca
(Espera-Bornos, Cádiz) (ibidem, 50-51, n.º 9), Espera del término de Bienservida (Albacete). Fue trasladada
(Chapa, 1980a, 653-655, n.º CA.2, lám. CXXIX.1, fig.
4.138; 1985, 115, fot. n.º 5 en 149; 1986, 84, n.º 79, fig.
42, 3; Pérez López, 1999, 56-57, n.º 12), Las Cabezas de
San Juan (Sevilla) (Beltrán, 2000, 438-439, figs. 2-3; y 15. Pérez López, 1999, 18. Un ejemplar asignable a esta tipolo-
439-440, figs. 6-8; 2008, 505-507, láms. 1 y 3), El Bosque gía fue recuperado en 1999 en Valencia (Jiménez Salvador,
(Cádiz) (Pérez López, 1999, 42-43, n.º 5) y Villamartín- 2008, 407-409, lám. 5).
Bornos (Corzo, 1989, 291, fig. 228; Pérez López, 1999, 16. Benoit, 1955, lám. XVI, 4; García y Bellido, 1949, 311-312,
11, 46-47, n.º 7), así como, ya fuera de esta zona, en Los n.º 315, lám. 350 (oso); Chapa, 1980a, 474-478, n.º J.39,
Patos (Cástulo, Linares, Jaén) (Blázquez, 1974, 90, figs. lám. LXXIX, fig. 4.89; 1985, 86, n.º 1, fot. n.º 11; Rodrí-
6-7; Blázquez, Contreras y Urruela, 1984, 271, n.º 1, lám. guez Oliva, 1982, 140, lám. I, 1; Chapa, 1986, 115, n.º 193
XIV, 1; Chapa, 1980a, 421-422, n.º J.7, lám. LX.2, fig. (oso); Rodà, 1996, 106; Rodríguez Oliva, 1996, 16, fig. 1;
4.74; 1985, 78; 1986, 71, n.º 25, fig. 17, 2; Ruano, 1982-83, 1998, 323; Noguera, 1997, 36; Olmos, 1998, 437; Pérez Ló-
69; Pérez López, 1999, 122-123, n.º 47; Baena y Beltrán, pez, 1999, 102-103, n.º 36; Baena y Beltrán, 2002, 138-139,
2002, 86-87, n.º 35, lám. XVIII, 2) y en Valencia (Jiménez n.º 136, lám. LXII, 1-2; Noguera, 2003, 164-165, figs. 9-10;
Salvador, 2008, 409-410, lám. 5). Aranegui, 2004, 220 (lo interpreta como león); Noguera y
14. M ansuelli, 1956a, 67-68; el tipo del autor se caracteri- Rodríguez Oliva, 2008, 381, fig. 1 a-b.
za por mostrar al león en posición de ataque, con una de 17. Mansuelli, 1956a, 68-69, representado por tres leones de
las patas anteriores elevadas y apoyada en un sustento Modena (Emilia), fechados en el siglo I d.C.; Pérez López,
perdido. 1999, 11.

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NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL) 135

Figura 5: Restitución hipotética del león funerario de Alham-


bra. Dib. V. Verdú Martínez.

Figura 6: León de Villarrodrigo (Jaén). Museo de Albacete.


a la casa del propietario de dicha finca, Antonio Pre- Foto: Museo de Albacete.
tel, en la mencionada localidad albaceteña (Cazabán,
1928, 341-342). En 1932, sus herederos, Antonio y
Bladio Pretel y Pérez de las Vacas la donaron al Mu- felina y humana se superponen y están labradas sin
seo de Albacete (Diario Defensor de Albacete, 10 de solución de continuidad en un único bloque pétreo,
mayo de 1932). Bibl.: Cazabán, 1928, 341-342; Be- el ciudadrealeño muestra la peculiaridad de no tener
noit, 1955, p. 36, lám. 16, 3; Chapa, 1980a, 272-275, la testa felina dispuesta o, al menos, apoyada directa-
n.º AB.3, lám. XXIX, fig. 4.39; VV. AA., 1983, 44, mente sobre la cabeza masculina, lo que podría expli-
il. 37; Ruiz Bremón, 1984, 5-12; Chapa, 1985, 62-63, carse por una disposición frontal y rígida de aquélla.
n.º 1, lám. VII; 1986, 69, n.º 16, fig. 11, 2; VV. AA., A propósito del ejemplar jiennense, F. Benoit ob-
1992, panel 75, n.º 2; Pérez López, 1999, 128-129, n.º servó que este esquema tipológico, inusual en His-
50; Baena y Beltrán, 2002, 149, n.º 155, lám. LXX, 2; pania, se constata en leones funerarios de la Galia y
Aranegui, 2004, 217, fig. 3; Sanz, 2007, 198 y 200; Etruria, lo que le llevó a sugerir su datación a fina-
VV.AA. 2008, 32. La escultura, que se conserva en les del siglo III a.C. (Benoit, 1945, 36; 1951, 14 ss.),
óptimo estado, muestra al animal arqueado e imposta- que bien podría retrasarse a mediados del II (Baena y
do sobre sus cuatro patas (que apoyan sobre un tosco Beltrán, 2002, 149) o, incluso, al I a.C. En este sen-
plinto rectangular), con una abundante melena distri- tido, los trazos esquemáticos de la cabeza de Alham-
buida en cuatro bandas de gruesos mechones en torno bra evidencian concomitancias, por ejemplo, con los
al cuello y torso, quedando ocupado el espacio entre rostros masculinos del monumento sepulcral de Sant
las patas delanteras por una cabeza masculina que tie- Martí Sarroca (Alt Penedès, Barcelona)18, los cuales
ne la singularidad, respecto a la serie de leones fune- decoran la banqueta o sitial con respaldo donde se
rarios jiennense, de ser barbada y con bigote (Baena evocó a un personaje masculino sentado. Los rostros,
y Beltrán, 2002, 149). Tanto el león como la cabeza dispuestos en los laterales del asiento con una rítmica
masculina se distinguen por su carácter tosco, frontal sucesión, están labrados en relieve y muestran faccio-
y esquemático. Los cuartos traseros del felino apenas nes rígidas y sumarias (Fig. 7). El conjunto revela la
están esbozados y sólo su testa, ausente de cualquier perduración en época Ibérica Tardía de los consuetu-
naturalidad, presenta mayor grado de detalle. El burdo dinarios conceptos de heroización atestiguados en el
tratamiento de los mechones de la melena sugiere una mundo ibérico desde Época Antigua, aunque cataliza-
datación anterior a época augustea. Cr.: Mediados del dos por medio del nuevo lenguaje artístico emanado
siglo II a.C.-inicios del I a.C. del helenismo de ascendencia itálica. El monumento,
que sirvió para heroizar un difunto de las élites locales
2. León funerario de Alhambra. Probablemente estante
sobre sus patas y con cabeza humana cortada. Para sus
datos técnicos y descripción uide supra y Figs. 1-4.
18. Guitart, 1975, 71-79; Llorac, 1989, 88-91; Sanmartí, 1992,
98; Blech, 1993, 98; Rodà, 1997, 13 y 19; 1998, 269-270,
Ambos leones se caracterizan por sujetar entre sus ga- fig. I, 1-3; Noguera, 2003, 177-178, figs. 27-28; Sanmartí,
rras una cabeza humana masculina cortada. Respec- 2007, 248, fig. 14; Noguera y Rodríguez Oliva, 2008, 395,
to al león del Museo de Albacete, donde las cabezas fig. 9.

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136 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO

que corresponde al grupo de los fieros leones en el que


los herbívoros se sustituyen por una cabeza humana
cortada. Estos leones con cabezas animales o humanas
entre o bajo sus garras remontan a modelos conoci-
dos en el ámbito mediterráneo desde el siglo IV a.C. y
popularizados durante el periodo helenístico (Stucchi,
1950, 219-226). Se trata, por tanto, de composiciones
funerarias de inspiración helenística y etrusca, en oca-
siones vinculadas con el fenómeno de las tarasques y
las têtes ocupes del área gala, que desarrollan tradicio-
nes iconográficas específicas para evocar conceptos
propios21. El arte sepulcral romano dio cobijo y difu-
sión al tema en buena parte de Italia, alcanzando su
cenit en el contexto territorial norditálico (Mansuelli,
1954, 237-274; 1956, 66-89; Marini Calvani, 1979,
270 ss.; 1980, 7-14) y con escasa presencia en la zona
campana22. En efecto, estos leones con cabezas se do-
cumentan en los paisajes funerarios de la Cisalpina,
Etruria y, en menor grado, en Campania (Mansuelli,
1956a, 66-89; Marini Calvani, 1980, 7), el área medi-
terránea de las Galias, en el Rin y el Danubio (Ferri,
1931), también en las regiones hispanas del valle alto
y medio del Guadalquivir23 y en Segobriga, donde se
Figura 7: Detalle del monumento funerario de Sant Martí Sarro-
ca (Alt Penedès, Barcelona). Foto: I. Rodà.
21. Sobre las «cabezas cortadas», en general: Benoit, 1946,
80 ss.; 1948, 64 ss.; 1949, 113-145; 1955, 36, n.º 1; Balil,
cosetanas adheridas a la difusión y beneficios del pro- 1956, 871 ss.; Mansuelli, 1956a, 86-87; Lunn, 1963, 251-
260; Blanco, 1982, 653-654; Pérez López, 1999, 11. Sobre
ceso de romanización de la zona, tiene óptimos pa- las «cabezas cortadas» de la península Ibérica, su relación
ralelos iconográficos y compositivos –ya establecidos con los guerreros galaico-lusitanos y las têtes-coupées ga-
en su día por J. Guitart– en conjuntos similares del las, y la conexión de éstas con los santuarios celtas y galo-
Sur de la Galia Narbonense, como los de Gard, Nî- romanos: Balil, 1956, 871 ss.; López Monteagudo, 1987,
mes, Roquepertuse, Glanum, Saint Blaise y Entremont 245-252; Aranegui, 2003, 83-91 (en particular en el arte
(Guitart, 1975, 71-79). iberorromano). En el ámbito celta y celtíbero: Almagro-
El nuevo león incrementa la nómina de las es- Gorbea y Lorrio, 1992, 409-451; Almagro-Gorbea y Lorrio,
culturas funerarias hispanorromanas con felinos que 1993, 219-237; Alberro, 2003-2004, 195-249.
22. En el área campana está documentado únicamente en el mo-
sujetan entre sus garras o bajo la testa una víctima,
numento de los Stronii, en la necrópolis de Porta Nocera de
humana o animal herbívoro19, e incluso, en muchas Pompeya, y por un león hallado en la necrópolis romana
ocasiones, sólo su cabeza. Estas esculturas, a veces de Castel Capuano en Nápoles (D’Ambrosio y De Caro,
definidas como íbero-romanas, ibéricas tardías o re- 1983a, 32; D’Ambrosio y De Caro, 1983b, 31 OS).
cientes20, son en realidad de filiación y cronología ro- 23. Pérez López, 1999, 19. Destacan ejemplares como los re-
mana, tal y como sucede con la escultura de Alhambra, feridos de Reillo, Villarrodrigo y Museo de Jaén (Chapa,
1980a, 509-511, n.º J.53, lám. XCI, fig. 4.100; 1986, 76, n.º
49, fig. 23, 2; Pérez López, 1999, 106-107, n.º 38; Baena y
19. En muchas ocasiones el león, más o menos agazapado, Beltrán, 2002, 150, n.º 158, lám. LXXII; Aranegui, 2004,
muestra bajo o dentro de sus fauces, o bien entre sus garras, 217-218, fig. 4), los dos del Museo de Úbeda procedentes
la testa de un pacífico herbívoro, normalmente un carnero, de Colonia Salaria (Cortijo de Doña Aldonza, Úbeda la Vie-
un cervatillo o un ternero. Estas esculturas, que en ningún ja, Jaén) (Chapa, 1980a, 498-499, n.º J.48, lám. LXXXV,
caso son ibéricas, tienen precedentes bien conocidos en el fig. 4.95; y 501-503, n.º J.49, lám. LXXXVI, fig. 4.96; Bae-
ámbito norditálico y gálico (Benoit, 1946, 80 ss.; 1949, 113 na, 1984, 52, n.º 5, fig. 5; Chapa, 1985, 90, n.º 1; 1986, 75,
ss.; Blanco, 1982, 653-654; Pérez López, 1999, 11; Rodrí- n.º 46, fig. 24, 2; Beltrán y Baena, 1996, 48-49, 133, 135,
guez Oliva, 2001-2002, 310, láms. 4-6; 2003a, 348-351, figs. 15-16 y 63; Pérez López, 1999, 116-119, n.º 43-44;
lám. XVII-XVIII, fig. 3; 2003b, 41-46, fig. 4) y en ellas la Baena y Beltrán, 2002, 143-145, n.º 147-148, láms. LXV, 2
testa del animal podría ser símbolo ligado a la creencia en la y LXVI, 1-2 [con la bibliografía anterior]; Aranegui, 2004,
vida de ultratumba (Lunn, 1963, 251-260, en particular 256 218), los dos leones, de origen andaluz aunque incierto, que
y 259), lo que explicaría la recurrencia de animales emplea- de la colección Várez Fisas pasaron al Museo Arqueológico
dos corrientemente en los sacrificios (Stucchi, 1950, 219; Nacional (Arce, Ensoli y La Rocca, 1997, n.º 171-172), y
Marini Calvani, 1980, 7; Pérez López, 1999, 11). el identificado por Beltrán Fortes como de Arua (Alcolea
20. Así, por ejemplo, fueron integradas en el grupo que T. Cha- del Río, Córdoba) (Beltrán, 2006, 252, fig. 3 a-b). De gran
pa definió como «reciente» en el contexto de la plástica ibé- interés dentro de la serie son el grupo de Santaella (López
rica (Chapa, 1985, 142-143; 1986, 132-137). Palomo, 1979, p. 108-109, lám. 26; Chapa, 1985, p. 105, n.º

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NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL) 137

constatan un total de cuatro ejemplares de la serie (No- de las almas al mundo de ultratumba, son expresión
guera, 2012, n.º 6, 65, 66 y 216). Aunque en la Galia metafórica de la propia muerte, figurada mediante el
e Hispania el modelo se ha considerado en ocasiones felino depredador que acaba con la vida de su víctima,
–tal y como hemos referido– derivado de tradiciones de igual forma que el fallecimiento arrebata a los hu-
y usos prerromanos (Benoit, 1946, 80; 1948, 64 ss.; manos de este mundo.
1949, 113-145; 1955, 34; Beltrán y Baena, 1996, 162),
el tipo fue introducido de la mano de los procesos re-
gionales de romanización (Pérez López, 1999, 22). CRONOLOGÍA
Se ha postulado que las cabezas cortadas asociadas
a estos leones simbolizan a las víctimas o presas del Los leones funerarios hispanos se emplearon para or-
poder devorador de la muerte, expresando su horror, y nar determinados tipos de tumbas ya hacia los años
al difunto en su trágico e inevitable destino24. Incluso 150-100 a.C., en particular en algunas necrópolis del
se las ha asociado con la influencia mágica que el león Mediodía peninsular (provincias de Jaén, Córdoba,
ejerce sobre los difuntos en su tránsito hacia el Más Cádiz, Sevilla y Málaga), proliferando especialmente
Allá, así como en la frontera entre el mundo de los entre el año 75 a.C. y la época de César (Balil, 1989,
vivos y de los finados (Olmos, 1996, 89); de hecho, el 223-231; Pérez López, 1999). No obstante, sabemos
león sintetiza a la par, en su calidad de apotrópaion, que también abundaron bajo el gobierno de Augusto
dos funciones complementarias y contrapuestas: la de y los Julio-Claudios, como demuestran, entre otros,
proteger contra el terror y, a la par, la de aterrorizar los ejemplares segobrigenses bien contextualizados
a quien lo contempla (Pérez López, 1999, 22-23). Se arqueológicamente25. Por consiguiente, estas escul-
han propuesto, además, otras acepciones sepulcrales turas son ibero-romanas, romano-ibéricas26 o incluso
y apotropaicas complementarias para estas cabezas mejor, hispanorromanas, pues se inspiran en modelos
humanas cortadas asociadas a felinos: procuran la pro- en exclusividad ítalo-romanos. Evidentemente, estos
tección de los descendientes del finado, ensalzan la razonamientos son válidos para las formas artísticas,
virtus de su linaje y evocan la etnia de una minoría de pero no para el concepto o significado que tales formas
individuos, posiblemente de ascendencia norditálica,
que en Provenza, otras regiones del Sur de las Galias
y las áreas del centro y Sur de Hispania encontró la
muerte lejos de su lugar de origen (Aranegui, 2004, 25. Noguera, 2012, 329-340; en Segobriga puede extrapo-
10). En el caso de Alhambra, a su ascendencia itálica larse la cronología de la necrópolis Norte a las esculturas
pudieron sumarse influjos procedentes de un sustrato zoomorfas y, en particular, de leones, de clara raigambre
artístico de raigambre céltica, como parecen eviden- e inspiración itálica, debiendo fecharse en época augustea
ciar el tipo de la escultura y los rasgos somáticos de la y julio-claudia en adelante y hasta el siglo II, tanto por sus
cabeza masculina. caracteres tipológico-iconográficos y estilísticos, como por
El recurso al simbolismo de esta iconografía, mate- el propio contexto histórico y arqueológico de la ciudad y
rializado en el felino que oprime al individuo abatido sus necrópolis. Esta cronología augustea y julio-claudia se
inserta perfectamente en las dataciones propuestas para las
con el peso mismo de su masa corporal pétrea, pone
series de leones del Norte de Italia (Mansuelli, 1956a, pas-
de manifiesto una concepción pesimista del mundo de sim; Marini Calvani, 1980, passim) y se acredita igualmen-
ultratumba, heredada de un ambiente primitivo y ale- te en otras obras hispanas bien datadas, como los leones
jado del intelectualista pesimismo griego (Mansuelli, emeritenses labrados en mármol blanco, cuya cronología
1956a, 87-88). Por lo tanto, estos conjuntos de leones avanzada evidencia el material en que fueron labrados (Ro-
con cabezas cortadas, humanas o animales, rezuman dríguez Oliva, 1993, 65-66, láms. XIV-XV; Pérez López,
una profunda simbología religiosa y funeraria, pues 1999, 132-133, n.º 52; y García y Bellido, 1949, 313, n.º
a la par que custodios del sepulcro y transportadores 318; Rodríguez Oliva, 1993, 65-66, láms. XIV-XV; Pérez
López, 1999, 132-135, n.º 53), los felinos de Valentia, que
han de ser de inicios del siglo I d.C. en razón del contexto
de la ciudad (Jiménez Salvador, 2008, 409-410), o un león
1; 1986, p. 81, n.º 67; Pérez López, 1999, p. 100-101, n.º sepulcral en piedra caliza local que, procedente de Colo-
35), con una víctima de cuerpo entero bajo sus garras de- nia Salaria (Úbeda, Jaén), formaba parte de la decoración,
lanteras, y otro león conservado en el Museo Arqueológico junto con un friso en relieve y sendas estatuas de los di-
de Córdoba y considerado tradicionalmente como de igual funtos, del mausoleo turriforme de los Stlaccii, construido
procedencia, aunque ahora sabemos que viene de Arua (Al- en época augustea tardía (Beltrán y Baena, 1996, 145-153;
colea del Río, Sevilla), el cual muestra un rostro humano Baena y Beltrán, 2002, 46, figs. 16-17). Véase también la
adormecido, claro trasunto del difunto, sobre el que la fiera reciente propuesta de Beltrán y Loza de datar el Oso de
reposa su garra izquierda (León, 1998, 106, n.º 80; y 187 Porcuna, tradicionalmente situado a partir de mediados del
[lám.]; Pérez López, 1999, 96-97, n.º 33; Aranegui, 2004, siglo I a.C. (Portillo, Rodríguez Oliva y Stylow, 1985, 185-
220, fig. 8; Beltrán, 2006, 250-251, fig. 1, a-c). Las esfinges 217), en época julio-claudia en razón de los contextos bien
de Ontur y La Higueruela también tienen entre sus patas conocidos de la ciudad de Obulco (Beltrán y Loza, 2005,
delanteras una cabeza humana (Chapa, 1986, 118, n.º 206; 163-176).
y 117, n.º 198; Pérez López, 1999, 23, nota 77). 26. Chapa (1985, 140-143) las definió como integrantes del
24. uide supra nota 21. «conjunto iberorromano o reciente» de la escultura ibérica.

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138 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO

pudieron revestir, el cual hunde sus raíces en épocas y


culturas precedentes.
No existen indicios arqueo-estratigráficos directos
que avalen una propuesta de adscripción cronológica
de la escultura de Alhambra. Sin embargo, dado que es
romana y considerando que las estratigrafías conoci-
das de la necrópolis del Camino del Matadero en 1996
ofrecen fechas entre la segunda mitad del siglo II a.C.
y mediados del I d.C. para los enterramientos en hoyos
y las piras funerarias, podría asignarse al grupo escul-
tórico una datación amplia entre los siglos II a.C. y el
periodo Julio-Claudio. Lo escaso de lo que ha llegado
hasta nosotros del león dificulta la aplicación de crite-
rios puramente anticuarios y estilísticos, no pudiendo
recurrirse, al no conservarse, a la forma y tratamiento
de la melena, tan útil para establecer seriaciones en el Figura 8: Cuartos traseros de un cuadrúpedo. Museo Arqueoló-
conjunto segobrigense. gico Provincial de Ciudad Real. Foto: C. García.
Sí podríamos recurrir al análisis del león de Al-
hambra atendiendo al grado de esquematismo en la
evocación de los detalles preservados. Lo conservado en la cuadrícula 4, UE II, donde apareció reutilizada
del felino se aleja de la corriente naturalista de corte en posición horizontal y sobre su costado izquierdo,
clasicista que impregna muchos de los leones hispanos bajo la pira n.º 2; la escultura muestra vestigios de cal-
(por evidentes influjos itálicos) y se inscribe mejor en cinamiento (Madrigal y Fernández Rodríguez, 2001,
la corriente geometrizante de naturaleza arcaizante, al 228 y 245; sobre la pira: 228, n.º 2). Bibl.: Madrigal y
modo en que también se constata en las regiones nor- Fernández Rodríguez, 2001, 228 y 245, lám. 2; Sanz,
ditálicas. En este sentido, el grado de esquematismo y 2007, 197-198. Se conservan únicamente los cuartos
la aparente ausencia de indicios de naturalidad permi- traseros con los genitales marcados, lo que sugiere la
ten el cotejo con el león de Villarrodrigo, cuya crono- interpretación del animal como un bóvido, posible-
logía se ha propuesto para el siglo II a.C. o comienzos mente un toro. Faltan la cabeza y las extremidades.
del siguiente (Baena y Beltrán, 2002, 149, n.º 155). Las superficies conservadas están erosionadas y daña-
Asimismo, la datación genérica en los siglos II-I a.C. das por el fuego de la pira. Cr.: Siglos IV-III a.C. a
dada al monumento barcelonés de Sant Martí Sarro- tenor de sus caracteres estilísticos; en todo caso, an-
ca podría aplicarse a los burdos caracteres estilísticos terior a la cronología de la pira n.º 2, fechada entre
del rostro humano sostenido entre las garras del felino la segunda mitad del siglo I a.C. y época de Tiberio/
ciudadrealeño. Por otro lado, el tipo de piedra local Claudio (cfr., al respecto: Madrigal y Fernández Ro-
empleado tampoco es un criterio válido de datación, dríguez, 2001, 247).
pues ignoramos el periodo en que estuvieron activas
las canteras de donde se extraía; además, el uso de ma- 2. Mitad derecha de un cuadrúpedo, al que le falta
teriales locales y sus técnicas asociadas se prolongó la cabeza (Fig. 9). Museo de la Casa de Cultura de
hasta bien entrado el periodo imperial, como se obser- Alhambra (Ciudad Real), sin n.º de inv. Piedra are-
va en la serie de esculturas zoomorfas de Segobriga. nisca amarillenta. Dim.: 44,5 cm de altura, 60 cm de
profundidad y 21,5 cm de anchura. Encontrado en la
zona nororiental del solar excavado en 1996 en la ne-
OTRAS ESCULTURAS IBÉRICAS DE LA NE- crópolis del Camino del Matadero, en concreto en el
CRÓPOLIS DEL CAMINO DEL MATADERO: corte 5 (UE II), donde sólo se constataron dos estratos
CONTEXTO E HIPÓTESIS DE PROCEDENCIA. depuestos sobre la roca madre del cerro, con materia-
les de diversos periodos. En concreto, apareció aso-
En el yacimiento del Camino del Matadero de Alham- ciada a restos de cerámica común (un galbo de barniz
bra fueron halladas, en el transcurso de las excavacio- rojo…), terra sigillata, etcétera; estos materiales care-
nes de 1996, dos fragmentos de esculturas, en este caso cían de contexto arqueológico, pues la estratigrafía de
datables en Época Plena. Se trata de los siguientes: esta área estaba profundamente alterada, hallándose
entremezclados restos de diferentes horizontes cultu-
1. Cuartos traseros de un cuadrúpedo (Fig. 8). Mu- rales. El fragmento escultórico debió de rodar desde
seo Arqueológico Provincial de Ciudad Real, sin n.º la zona superior del cerro, donde no hay indicios de
inv. Piedra arenisca de color amarillento, denominada la existencia de tumba alguna (Madrigal y Fernández
«moliz». Dim.: 22 cm de altura y 34 cm de longitud. Rodríguez, 2001, 247). Bibl.: Madrigal y Fernández
El fragmento fue recuperado en el transcurso de la Rodríguez, 2001, 247, lám. 4; Sanz, 2007, 197-198.
campaña de excavación de 1996 en la necrópolis íbe- Queda el plinto fragmentado y la parte correspon-
ro-romana del Camino del Matadero, concretamente diente al animal sentado sobre sus cuatros traseros y

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NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL) 139

Madrigal y Fernández Rodríguez, 2001, 245; para el


hallazgo, 225). Bibl.: Fernández y Anguita, 1993, 191;
Caballero, 1996, 67; Madrigal y Fernández Rodríguez,
2001, 245, fig. 7, n.º 1; Sanz, 2007, 197-198. El estado
de conservación de la testa es bueno, apreciándose los
detalles del hocico, boca, los orificios nasales, ojos y
orejas. Cr.: Siglos IV-III a.C.

4. Torso de un toro, al que le faltan las patas y la cabeza


(Fig. 11). Museo de la Casa de Cultura de Alhambra
(Ciudad Real), sin n.º de inv. Piedra arenisca amari-
llenta. Dim.: 23 cm de altura, 61,5 cm de profundidad
y 19 cm de anchura. Encontrado sin contexto en 1989
en la ladera suroriental del Cerro de Alhambra, en el
transcurso de la ejecución de una zanja que permitió el
Figura 9: Mitad diestra de un cuadrúpedo, al que falta la cabeza. hallazgo de la necrópolis íbero-romana del Camino del
Museo de la Casa de Cultura de Alhambra (Ciudad Real). Foto: Matadero (Alhambra, Ciudad Real) y en la cual se re-
F. Gómez Horcajada.
cogieron diversos materiales arqueológicos (seis urnas
cinerarias, tres platos de TSI, seis ungüentarios cerá-
las patas delanteras echadas hacia delante. Múltiples micos de tipo piriforme, uno de vidrio, etcétera), tam-
desconchados en la superficie conservada, que mues- bién descontextualizados; en concreto, el fragmento
tra huellas de rodadura. En la zona del cuello hay un escultórico fue hallado en superficie, a unos 8 m de la
orificio de 4 x 1,5 x 2 cm para el engarce de la cabe- cabeza n.º 4, y en las inmediaciones del corte 4 practi-
za mediante un perno; en todo caso, la ausencia en la cado en 1996 (Fernández Rodríguez y Serrano Angui-
zona del cuello de trazos de melena sugiere interpre- ta, 1993, 191; Madrigal y Fernández Rodríguez, 2001,
tarlo como un bóvido mejor que como un felino. Cr.: 245). Bibl.: Fernández Rodríguez y Serrano Anguita,
Siglos IV-III a.C. 1993, 191; Madrigal y Fernández Rodríguez, 2001,
245, fig. 7, n.º 2; Sanz, 2007, 197-198. Se conserva el
Con anterioridad, habían sido recogidos en la zona tronco alargado y de sección cuadrangular del bóvido,
otros dos fragmentos de esculturas, también posible- el arranque de las patas delanteras, cuartos traseros y
mente de Época Plena, a saber: rabo, así como los genitales, muy marcados. Faltan las
extremidades y la cabeza. De superficies pulimentadas,
3. Cabeza de posible cánido (perro o lobo) (Fig. 10). está labrado en bulto redondo. Cr.: Siglos IV-III a.C.
Museo Arqueológico Provincial de Ciudad Real, n.º
inv.: CE001000. Piedra arenisca amarillenta. Dim.: De los contextos y estado de conservación en que fue-
19 cm de altura, 23 cm de profundidad y 11,5 cm de ron recuperados los fragmentos n.º 2 y, en particular,
anchura. Hallada en 1989 en el mismo lugar y circuns- n.º 1, se deduce que estaban amortizados y rodados
tancias que la escultura n.º 3, en concreto desprendida –en ningún caso reutilizados como material construc-
del perfil de la zanja y a unos 0,90 m de profundidad tivo– en el nivel con enterramientos en hoyo datables
(Fernández Rodríguez y Serrano Anguita, 1993, 191; a partir de mediados del siglo II a.C. De hecho, la

Figura 11: Torso de un toro. Museo de la Casa de Cultura de


Figura 10: Cabeza de posible cánido (perro o lobo). Museo Ar- Alhambra (Ciudad Real). Vista lateral izquierda. Foto: F. Gó-
queológico Provincial de Ciudad Real. Foto: E. Arias. mez Horcajada.

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140 JOSÉ MIGUEL NOGUERA CELDRÁN Y CARMEN GARCÍA BUENO

escultura n.º 1 estaba amortizada bajo la estructura de Alhambra y en el cual conocemos restos de una ne-
la pira n.º 2, fechada entre la segunda mitad del siglo crópolis ibérica de época tardía. Hallada circunstan-
I a.C. y época de Tiberio/Claudio, de donde puede de- cialmente en 1989 en el transcurso de unas obras para
ducirse que quedó amortizada entre la segunda mitad construir un camino en la ladera de la atalaya que vier-
del siglo II a.C. y la primera del siguiente (Madrigal y te hacia la antigua carretera N-340, las excavaciones
Fernández Rodríguez, 2001, 247). Sin embargo, este arqueológicas practicadas en 1996 permitieron definir
es el lapso –muy amplio– de amortización o rodadura en parte la extensión del cementerio (de unos 620 m2),
de la escultura desde la parte superior del cerro, lo que su crono-estratigrafía, sus tipos de enterramientos y
puede hacerse extensivo con seguridad al fragmento estructuras funerarias.
n.º 2 y, posiblemente, a los n.º 3 y 4. Es decir, el uso Sobre niveles desplazados desde la zona superior
primario de las esculturas n.º 1 y 2 podría ser anterior del cerro con materiales cerámicos áticos rodados, de
a mediados del siglo II a.C. Sus caracteres estilísti- la primera mitad del siglo IV a.C. (y, por ende, coe-
cos, en particular los de los cuadrúpedos n.º 1 y 2 y la táneos de la necrópolis de Época Plena localizada en
cabeza n.º 3, permiten fecharlos genéricamente en el el paraje de Las Fuentes, ubicado en la ladera Norte
horizonte de los siglos IV-III a.C., al que correspon- del referido cerro), las excavaciones de 1996 permi-
den, asimismo, las esculturas (felino, cierva y bóvi- tieron constatar dos fases que se pueden encuadrar
dos) del siglo IV a.C. de El Salobral (Blánquez, 1995, entre época íbero-romana (siglos II-I a.C.) y las pri-
199-208) o el toro de Alcubillas, datado en la segunda meras décadas del siglo I d.C.: un primer nivel con
mitad del siglo IV a.C. (Mena Muñoz y Ruiz Prieto, enterramientos en hoyo –con urnas cinerarias ibéricas
1985, 252-255). o itálicas con páteras campanienses usadas como ta-
Con anterioridad a mediados del siglo II a.C. no paderas–, fechable entre la segunda mitad del siglo II
hay constatados niveles ni monumentos sepulcrales a.C. y los comienzos del periodo julio-claudio; y un
de un periodo precedente en la necrópolis del Cami- segundo nivel con piras de cremación o para ofrendas
no del Matadero. Por ello, dado que las esculturas n.º datables desde la segunda mitad del siglo I a.C. hasta
1-3, y posiblemente la n.º 4, tienen una cronología los reinados de Tiberio o Claudio. Los enterramien-
anterior a mediados del II a.C., y considerando que tos de una y otra facies se caracterizan por la ausencia
están rodadas y caídas de la parte superior del cerro, de señalización exterior, la uniformidad de sus tipos y
podrían haber pertenecido a la decoración de uno o ajuares funerarios, muy escasos y carentes de armas,
más monumentos funerarios ibéricos, de tipología y como corresponde a las necrópolis de este periodo
envergadura difíciles de precisar, quizá pilares-estela (Fuentes, 1992, 594). La necrópolis muestra reocupa-
(sobre el tipo: Izquierdo Peraile, 2000), localizados tal ciones puntuales en el siglo II y en época visigoda,
vez en el área cementerial de Las Fuentes, datada en momento al que pertenece una tumba hallada bajo el
época Ibérica Plena y emplazada en la vertiente sep- nivel superficial, en la cuadrícula 4 (Madrigal, García
tentrional del Cerro de Alhambra, de donde proceden Bueno y Fernández Rodríguez, 1996, 34-45; Madrigal
cerámicas griegas del siglo IV a.C., momento en que y Fernández Rodríguez, 2001, 247), que debió de ser
en las necrópolis ibéricas castellano-manchegas se coetánea del vecino cementerio visigodo de Las Eras
produjeron cambios sustanciales, pero no se abandonó (Fernández Rodríguez y Serrano, 1990, 46-53; García
el interés por la escultura decorativa en los monumen- Bueno, 2006, 157-168).
tos sepulcrales (Blánquez, 1999, 75; Sanz, 2007, 197). El león con cabeza cortada entre sus garras debió
Estos monumentos podrían haber sido abandonados, de proceder, dada su cronología romana y al contrario
destruidos o amortizados por cualquier circunstancia que las cuatro esculturas de época Ibérica Plena, de un
desconocida, y sus esculturas pudieron ser arrojadas área cementerial del periodo Ibérico Tardío o, incluso,
deliberadamente o caer rodando por la ladera meridio- de comienzos del periodo imperial, lapso que coinci-
nal del cerro, donde quedaron amortizadas, como en de con el de las estructuras funerarias documentadas
el caso del fragmento n.º 1, bajo estructuras datadas a en el área excavada en 1996; sin embargo, no puede
partir de mediados del siglo II a.C. Por consiguiente, asociarse a ninguno de sus tipos sepulcrales (enterra-
todo apunta a la posible existencia en la necrópolis de mientos en hoyo y piras). El grupo debió de pertenecer
Las Fuentes de monumentos sepulcrales adscribibles posiblemente a una zona desconocida de dicha necró-
al Ibérico Pleno (siglos IV-III a.C.) y decorados con polis monumentalizada con estructuras sepulcrales de
esculturas zoomorfas (n.º 1-4). tipología ítalo-romana, al modo en que sucedió en Se-
gobriga en la necrópolis Norte ubicada bajo el circo,
de mediados del siglo II d.C. De hecho, respecto del
CONTEXTO Y FUNCIONALIDAD DE LA ES- extremo suroeste del cementerio se tienen noticias de
CULTURA la extracción de grandes sillares de piedra desplaza-
dos a un terraplén cercano, donde fueron localizados
El fragmento de león funerario hispanorromano fue por los excavadores del cementerio (Madrigal y Fer-
descubierto casualmente, como ya hemos referido, nández Rodríguez, 2001, 247). Además, una tumba de
en el paraje del Camino del Matadero, ubicado en la inhumación del siglo II d.C. que rompía el nivel de
vertiente Sur del cerro donde se erige la localidad de las piras, estaba construida con sillares reutilizados de

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NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL) 141

un monumento sepulcral desconocido y situado en las numento en forma de edículo sobre basamento –tipo a
inmediaciones, el cual debió de ser desmontado para dado, o de tipo a podio–30, cuyos ángulos solían estar
la ocasión, pues sus aristas y decoraciones apenas es- custodiados por leones. Este modelo de monumentum,
taban erosionadas (Madrigal y Fernández Rodríguez, originario de Roma y sus alrededores (Marini Calvani,
2001, 249). Por tanto, cabría vincular el fragmento 1980, 9), y ampliamente extendido por el área nordi-
de león a hipotéticos monumentos de filiación itálica tálica31, la del Adriático, Europa meridional, el Rin y
existentes en el entorno de la necrópolis íbero-romana el Danubio (Ferri, 1931, figs. 122-125; Massot, 1932,
del Camino del Matadero. 203, n.º 284-286, láms. 51-53; Ferri, 1933, figs. 339-
Las figuras teriomorfas de leones debieron de te- 357; Florescu, 1942, 18-20; Teposu, 1982, 30, 36 y
ner un profundo valor decorativo y protector (Ortalli, 43 ss., lám. XVI), se difundió también en Hispania a
1997, 378-379) en el contexto del arte provincial his- finales de la República y en las primeras décadas del
pano y del Norte de Italia (Mansuelli, 1956a, 76-77), Imperio32, siendo paradigmático al respecto el sepul-
a pesar de que el carácter simbólico es difícil de esta- cro turriforme con edículo de Colonia Salaria (corti-
blecer con precisión, pues desconocemos mucho de la jo de Doña Aldonza, Úbeda, Jaén)33. Al modo en que
vida religiosa y espiritual de las comunidades itálicas, lo hacen los leones de Salaria, el de Alhambra pudo
galas e hispanas que recurrieron a ellas. El león fune- rematar la esquina del primer cuerpo de un hipoté-
rario de Alhambra, como la mayoría de los hispanos, tico monumento de este tipo. Por último, el león de
pudo tener una misión apotropaica en la sepultura que Alhambra también pudo decorar un altar o un ara fu-
decorase y custodiase. El felino guardaría el sepulcro neraria coronada por pulvinos, cúspides piramidales y
–de ahí su aterradora expresión–, a la par que encar- cónicas, o por cualquier otro elemento arquitectónico
naría la violencia y el sino inevitable de la muerte (los
leones con animales o con cabezas cortadas entre o
bajo sus garras incrementarían su consideración de
fiera tan temible como la propia muerte)27, siendo más Porta Nocera: D’Ambrosio y De Caro, 1987, 199-228), el
difícil aceptar que evocase la personificación del pro- gaditano de Secundilla Mnester (Pérez López, 1999, 27-31,
pio difunto. Como guardián de la tumba, protegería fig. 18, con ensayo de reconstrucción a partir del modelo de
los restos mortales y el ajuar del finado, e incluso pudo la tumba de los Stronii; Beltrán, 2000, 441, nota 10), u otros
llegar a exaltar su carácter heroico y valeroso. de escala más reducida, básicamente altares, que son trans-
posiciones del esquema anterior bien conocidas por la do-
Es difícil establecer consideraciones precisas sobre cumentación arqueológica del Norte de Italia y, en particu-
la posición del león de Alhambra en su correspondien- lar, del Veneto; véanse, en este sentido, las aras sepulcrales
te monumento, en particular por su carácter fragmen- de pequeño formato dedicadas a Galgestia Apta y a Lucio
tario y descontextualizado, asimismo, porque estos Alfil Iucundo, ambas en el Museo Archeologico Nazionale
felinos tuvieron diversas ubicaciones en los sepulcros di Aquileia (Lettich, 2003, 156-157, n.º 195; 159, n.º 199).
romanos. No obstante, podrían proponerse varias op- 30. Hesberg, 1994, 144-185; Gros, 2001, 399-422. Para Hispa-
ciones, advirtiendo que debe desecharse la adscripción nia: Beltrán y Baena, 1996; Beltrán, 2000, 435-450; 2002,
del león al coronamiento de una estela, al modo de las 238-241; Baena y Beltrán, 2002.
31. En el área norditálica, donde el león funerario monumental
conocidas en Italia o en la propia Segobriga. En pri-
está limitado a las regiones de Emilia y Veneto costero, de
mer lugar, podría pertenecer a un altar funerario con donde quizá pasara a las provincias danubianas (Mansuelli,
pulvinos, asimilable al tipo de los sepulcros llamados 1956a, 67-68; 1957, 156), formaban parte de la decoración
a dado28, bien conocidos en la península Ibérica (No- arquitectónica de grandes edificios funerarios de tipo a
guera, 2012, 225-232 y 350-356); pudo constituir el dado, cilíndricos y mausoleos con zócalo, edículo y coro-
coronamiento lateral de un altar de este tipo o similar, namiento en forma de cono o pirámide (para las tipologías
con una pareja que actuase de pendent en su ángulo si- monumentales funerarias atestiguadas en Italia septentrio-
métrico29. El león pudo disponerse también en un mo- nal y, en particular, en la Cisalpina, uide: Mansuelli, 1971,
passim; y De Maria, 1983, 362 ss.; y más recientemente la
obra colectiva: Mirabella Roberti, 1997, passim), como el
Gran Mausoleo de Aquileia (Mansuelli, 1956a, 85; Brusin
27. Este concepto asiático se difundió rápidamente por el Medi- y Degrasi, 1956, 18; Scrinari, 1972, 194-195, n.º 605, fig.
terráneo occidental, añadiéndose a esta acepción del león la 605 a-c; Mansuelli, 1981, 108-109). Sobre los monumen-
del oso, el jabalí y la esfinge (Mansuelli, 1956a, 88). tos funerarios de las necrópolis de Aquileia: Ventura y Rei-
28. EAA, V, Roma, 1963, 195, s.v. Monumento funerario (G. ner, 1991, 73; también sobre las necrópolis de la ciudad:
A. Mansuelli); Felletti, 1977, 202 ss.; Hesberg, 1994, 197- Reusser, 1987, 239-249).
209; Gros, 2001, 392-399. Para Hispania: Beltrán, 1990, 32. Sobre la tipología de monumentos funerarios en la Hispania
183-226; 2004, 101-141 (con bibliografía específica actua- romana: Sanmartín, 1984, 87-160; Hesberg, 1993, 150-181;
lizada); Claveria, 2008, 345-396 (con toda la bibliografía Beltrán, 1997, 119-125 (= Beltrán, 1998, 119-125); Lu-
anterior sobre los ejemplares del nordeste hispano). zón, 1997, 51-64; Cancela, 2001, 105-120; Beltrán, 2002,
29. Como el de los Stronii en la necrópolis pompeyana de Porta 233-258.
Nocera (EAA, VI, Roma, 1965, fig. 383, s.v. Pompei [A. 33. Datado en época de Augusto y perteneciente a una familia
Maiuri]; La Rocca y De Vos, 1976, 263; De Vos y De Vos, de los Stlacci (Beltrán y Baena, 1996, passim y, en parti-
1982, 160; D’Ambrosio y De Caro, 1983a, 32; D’Ambrosio cular, 65-153; Baena y Beltrán, 2002, 46 y 58, figs. 16-17;
y De Caro, 1983b, 31 OS. También sobre la necrópolis de 143-148, n.º 146-153).

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Recepción: 17-01-2013
Aceptación: 26-08-2013

LVCENTVM XXXII, 2013, 131-146. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.06


LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07

MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE


DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN.
LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE PUERTA OBISPO
BUILDING MATERIAL (BRICKS AND TILES) FROM THE CAMP OF THE LEGIO VII GEMINA IN LEÓN.
THE ARCHAEOLOGICAL INTERVENTION IN PUERTA OBISPO

ÁNGEL MORILLO
Universidad Complutense

JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ


Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma - CSIC

INTRODUCCIÓN1 generalizándose a partir de las primeras décadas de


la siguiente centuria. En ciudades como Emerita Au-
El material constructivo latericio (ladrillos, tejas) es gusta se utiliza abundantemente para paredes (opus
uno de los elementos más comunes en cualquier exca- testaceum) desde el reinado de Tiberio (Durán, 1999),
vación de época romana, siendo especialmente abun- si bien recientemente se ha adelantado al periodo au-
dante en contextos urbanos y en acantonamientos mi- gusteo su empleo en obras públicas (Pizzo, 2010). A
litares. Uno de los rasgos más característicos de este partir de mediados del siglo I su empleo se generaliza,
material es su estandarización, ya que se fabrica en de- aunque en determinadas regiones, ajenas a este tipo
terminadas formas y tamaños acordes con su empleo de material por tradición cultural o por ausencia de
posterior, que pueden variar levemente de una región arcillas adecuadas, queda circunscrito a las estancias
a otra y entre uno y otro momento. El uso de módulos calefactadas de los edificios termales, allí donde era
estandarizados permite identificar desde el punto de estrictamente necesario (Roldán, 2008, 752). Dichas
vista funcional cada uno de los elementos y su pro- instalaciones se generalizan en suelo hispano a par-
cedencia concreta, además de precisar la estratigrafía tir de las últimas décadas del siglo I d. C. (Fernández
horizontal del edificio y determinar fases constructivas Ochoa et alii, 1999, 302).
(Fernández Ochoa et alii, 1999, 299). Además, el ma- Por lo que se refiere a las tejas para cubiertas,
terial latericio, que con frecuencia aparece con marcas planas (tegulae) y curvas (imbrices), también se van
de fábrica, proporciona una información muy valiosa a generalizar a lo largo del siglo I d. C. en la Hispa-
sobre aspectos productivos y comerciales. nia romana (Bermúdez, 1985), si bien se documentan
Vitrubio menciona en varios pasajes tanto el adobe anteriormente en zonas como la Bética y el ámbito
o later crudus como el ladrillo cocido o later coctus mediterráneo, más en contacto con las influencias itá-
(De Arch. I, 5; II, 3; II, 8). La arqueología confirma licas (Bendala y Roldán, 1999, 106). Aunque no se
que este material era empleado abundantemente en han publicado con detalle contextos augusteos y ju-
Roma durante el reinado de Augusto. Los estudios lioclaudios, en ámbitos como la Meseta y el norte pe-
sobre técnicas constructivas realizados a partir de los ninsular dichos materiales latericios para techumbres
años ‘90 del siglo XX han confirmado que en Hispa- parecen no ser demasiado habituales hasta el periodo
nia el ladrillo aparece esporádicamente en ámbitos flavio, si bien en acantonamientos militares debió in-
como Ampurias en el siglo II a. C., haciéndose más troducirse la costumbre antes que en contextos civiles.
frecuente conforme avanzaba el siglo I a. C. en la Bé- En el campamento de la Legión IIII Macedónica en
tica (Roldán, 1995; Bendala y Roldán, 1999, 106) y Herrera de Pisuerga se documentan tégulas asociadas
a un horno amortizado en época de Claudio, probable-
mente empleado para cocer material latericio (Pérez
1. El presente trabajo se ha elaborado en el marco del Proyecto González, 1989, 243-259). Por el momento en León
de I+D HAR2011-24095: Campamentos y territorios mili- no conocemos nada similar, aunque se han constata-
tares en Hispania, concedido por el Ministerio de Ciencia do restos latericios sin marca de taller en los registros
e Innovación el 1 de enero de 2012, así como del convenio arqueológicos de mediados del siglo I d. C, correspon-
de investigación: Los campamentos romanos de las legiones
dientes a la legio VI victrix.
VI victrix y VII gemina en León. Estudio del material ar-
queológico procedente de las excavaciones arqueológicas en En el ámbito de la antigua Hispania, aunque se han
la ciudad de León, en el marco del Plan PAHIS 2004-2012 realizado trabajos muy interesantes sobre este asun-
del Patrimonio Histórico de Castilla y León, ambos bajo la to, aún resultan escasos para tener un conocimiento
dirección de A. Morillo. general sobre el empleo de material latericio en la
148 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

Figura 1: Planta del trazado hipotético del campamento de la legio VII gemina en León con indicación de la situación de Puerta Obispo
(según A. Morillo y V. García Marcos, a partir de los datos de los informes de excavación proporcionados por la Dirección General de
Patrimonio de la Junta de Castilla y León).

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 149

Figura 2: Planimetría de los restos altoimperiales de Puerta Obispo (García Marcos, 1996).

arquitectura hispanorromana, que permitan determi- EL CAMPAMENTO DE LEÓN Y SU MATERIAL


nar tipos, sistemas constructivos, variedad y ritmos LATERICIO
cronológicos de implantación y utilización (cf. Rol-
dán Gómez, 2008, con bibliografía). Especial interés El asentamiento militar de León, fundado en torno al
han despertado aspectos como el material de edificios cambio de Era por la legio VI victrix, estuvo ocupa-
termales y la identificación de talleres productivos o do hasta el 68 d. C. por la mencionada unidad, que
ámbitos de dispersión a partir de las marcas y sellos estableció dos campamentos sucesivos en el mismo
impresos sobre tejas y ladrillos romanos. Sin embargo, lugar. Hacia el año 74 d. C. se construyen unos nuevos
casi no se han abordado análisis integrales de material castra sobre el recinto anterior, en este caso pertene-
latericio de yacimientos concretos que comprendan cientes a la legio VII gemina, unidad que permanecerá
tanto los ejemplares con marca de taller como aque- aquí hasta finales del siglo IV (García Marcos, 2002;
llos anepígrafos. Uno de los ejemplos más recientes Morillo y García Marcos, 2003 y 2006; Morillo, 2012,
en este sentido, que presenta notables paralelos con e. p.) (Fig. 1).
León, es el del material del fuerte de la cohors I Celti- La presencia de abundante material latericio en
berorum en A Cidadela (A Coruña) (Carlsson-Brandt, León con estampillas de la legio VII gemina es algo
2011). Por su inserción dentro de contextos de fabrica- perfectamente conocido. García y Bellido fue el pri-
ción y su estudio tipológico integral, revisten también mero en elaborar un catálogo de los diferentes tipos
especial interés los estudios del material latericio de de marca de la mencionada legión, procedentes en su
los alfares de L’Almadrava, cerca de Denia (Gisbert, mayoría de la capital leonesa, en torno a la cual se
1999), Los Matagallanes (Salobreña, Granada) (To- encontraban sin duda focalizados los centros produc-
rrecilla, 1998) y La Venta del Carmen (Los Barrios, tores (García y Bellido, 1970, 588-599). Años más
Cádiz) (Redondo y Borge, 1998). tarde se publicó un posible taller alfarero de la legio

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


150 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

VII gemina en Candanedo y Rabanal de Fenar (Gon- La atención preferente se ha dedicado al análisis de
zález, 1981; Gutiérrez González, 1985, 156-159), los sellos militares, mientras que aspectos relativos a
a casi 30 km de la ciudad. Le Roux vuelve a abor- la fabricación y empleo del material latericio sobre el
dar esta cuestión dentro de un trabajo general sobre que aparecían las marcas se ha dejado en un segundo
marcas militares hispanas (Le Roux, 1999). Desde plano, así como su posición dentro de los registros
entonces se han dado a conocer algunos materiales cronoestratigráficos.
procedentes de excavaciones, como los de la necró- Las excavaciones desarrolladas durante el año
polis del Campo de Vegazana (Liz y Amaré, 1993), el 1996 bajo la dirección de V. García Marcos en el sec-
monasterio de San Claudio (González, 1994), la ca- tor de Puerta Obispo2, situado al este de la ciudad,
lle San Salvador del Nido (Fernández Freile, 2003), justo encima de la antigua porta principalis sinistra
el acueducto (Campomanes, 2006) o el polígono de del campamento romano y de las letrinas de las an-
La Palomera (Amaré y Álvarez Vega, 2006). El re- tiguas grandes termas legionarias que se encuentran
ciente análisis de Kurzmann sobre material latericio bajo la Catedral (García Marcos et alii, 2004; Morillo
con estampilla militar se ha ocupado también de los y García Marcos, 2005) proporcionaron un volumen
sellos de la VII Gémina (2006, 99-104), aunque su considerable de material latericio, que presentamos a
bibliografía presenta ausencias muy significativas. continuación (Fig. 2).

1 2 3

Figura 3: Ladrillos bessales (nº 1-3).

4 5 6

Figura 4: Ladrillos pedales (nº 4-6).

2. Agradecemos a V. García Marcos, Arqueólogo Municipal de


León y director de la mencionada excavación, el acceso al
material y los datos relativos a la misma.

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MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 151

7 8

9 10

Figura 5: Ladrillos de tipo indeterminado (nº 7-10).

CATÁLOGO DE MATERIAL CONSTRUCTIVO 5. Nº inv. 2004/20/03 (Fig. 4)


LATERICIO Ladrillo completo de tipo pedal.
Dimensiones: 30 x 29, 5 x 7 cm
Elementos de sustentación Dimensiones de la cartela: 2 x [12] cm
Sello: Leg(io) VII Gem(ina) en cartela rectan-
Ladrillos bessales gular con extremos redondeados.
1. Nº inv. 2004/20/5/CN/01 (Fig. 3) 6. Nº inv. 2004/20/1115/19; Área 1000 (Puerta);
Ladrillo completo de tipo bessal UE 1115 (Fig. 4)
Dimensiones: 18, 7 x 18, 5 x 7 cm Ladrillo completo de tipo pedal. Presenta una
2. Nº inv. 2004/20/5/CN/08 (Fig. 3) huella casi completa de una sandalia
Ladrillo completo de tipo bessal claveteada o caligae, y otras dos parciales, dos
Dimensiones: 19 x 18,5 x 6, 5 cm de ellas superpuestas. Además se observa parte
3. Nº inv. 2004/20/5/CN/09 (Figs. 3 y 13) de una huella de cánido (canis familiaris).
Ladrillo completo de tipo bessal. Presenta una Dimensiones: 29 x 28 x 6 cm
marca de producción digital en forma de aspa.
Dimensiones: 23 x 22 x 6 cm Ladrillos de tipo indeterminado
Dimensiones de la cartela: 3 x [11] cm 7. Nº inv. 2004/20/1101/25; Área 1000 (Puerta);
Sello: Leg(io) VII Ge(mina), dispuesta en una UE 1101 (Figs. 5 y 15)
cartela en forma de tabula ansata. En el texto Ladrillo de tipo indeterminado con superficie
destaca el menor relieve del numeral. estriada.
Dimensiones: 17 x 15 x 7 cm
Ladrillos pedales Dimensiones de las cartelas: 2, 2 x [10] cm; 2,
4. Nº inv. 2004/20/02 (Fig. 4) 5 x [4, 5] cm
Ladrillo completo de tipo pedal. Sellos: En la parte superior, en cartela rectangu-
Dimensiones: 25, 5 x 25 x 9 cm lar: L(egio) VII G(emina); en otra cartela rec-
Dimensiones del numeral: 10, 5 x 16 cm tangular [Legio VII Gemina] P(ia) F(elix)
Sello: VI. Este numeral aparece inciso a mano 8. Nº inv. 2004/20/4004/01; Área 4000 (Termas);
alzada. UE 4004 (Fig. 5)

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


152 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

Ladrillo de tipo indeterminado con superficie 15. Nº inv. 2004/20/5/CN/06 (Fig. 6)


estriada. Dimensiones: 20 x 19 x 7, 3 cm
Dimensiones: 16 x 14 x 6 cm 16. Nº inv. 2004/20/1071/42; Área 5000
Dimensiones de la cartela: 3 x [12] cm (Termas); UE 1071 (Fig. 6)
Sello: [Legio V]II G(emina) Gor(diana) P(ia) Dimensiones: 15 x 15 x 5, 5 cm
F(elix) en cartela rectangular.
9. Nº inv. 2004/20/4014/13; Área 4000 (Termas); Ladrillos en octavo de círculo
UE 4014 (Fig. 5) 17. Nº inv. 2004/20/5/CN/02 (Fig. 6)
Ladrillo de tipo indeterminado con superficie Dimensiones: 15 x 14 x 7 cm
estriada.
Dimensiones: 17 x 11 x 7 cm
Dimensiones de la cartela: 2, 5 x 8 cm Elementos para concamerationes
Sello: [Legio VII Gemina] Max(iminiana) P(ia)
[Felix] en cartela rectangular. Tegulae mammatae
10. Nº inv. 2004/20/5009/19; Área 5000 (Termas); 18. Nº inv. 2004/20/1105/09; Área 1000; UE 1105
UE 5009 (Figs. 5 y 20) (Fig. 7)
Ladrillo de tipo indeterminado con superficie Fragmento de tegula mammata con apéndice
estriada. troncopiramidal.
Dimensiones: 20 x 14, 5 x 7 cm Dimensiones: 16 x 10 x 3 cm
Dimensiones de la cartela: 3, 4 x 10 cm 19. Nº inv. 2004/20/4014/15; Área 4000 (Termas);
Sello: [Legio VII] G(emina) Phil(ippiana) P(ia) UE 4014 (Fig. 7)
F(elix) en cartela rectangular. Hay un nexo L e Apéndice troncopiramidal perteneciente a una
I. tegula mammata.
Dimensiones: 5, 5 x 5 x 4 cm
Ladrillos semicirculares y en cuarto de círculo 20. Nº inv. 2004/20/5019/08; Área 5000 (Termas);
11. Nº inv. 2004/20/4014/15; Área 4000 (Termas); UE 5019 (Fig. 7)
UE 4014 (Fig. 6) Fragmento de tegula mammata, con protube-
Dimensiones: 19 x 9 x 8, 5 cm rancia circular en la cara exterior. La superficie
Ladrillos en cuarto de círculo interior se encuentra estriada.
12. Nº inv. 2004/20/5/CN/03 (Fig. 6) Dimensiones: 17, 5 x 12, 3 x 3 cm
Dimensiones: 15, 5 x 14, 5 x 6 cm
13. Nº inv. 2004/20/5/CN/04 (Fig. 6) Tubuli latericii
Dimensiones: 15, 8 x 15, 5 x 5, 7 cm 21-34. Nº inv. 2004/20/4021/22-35; Área 4000 (Ter-
14. Nº inv. 2004/20/5/CN/05 (Fig. 6) mas); UE 4021 (Fig. 8)
Dimensiones: 16,8 x 16 x 6 cm Catorce fragmentos de diferentes dimensiones
pertenecientes a tubuli latericii.

11 12 13

14 15 16 17

Figura 6: Ladrillo semicircular (nº 11), en cuarto de círculo (nº 12-16) y en octavo de círculo (nº 17).

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 153

18 19 20

Figura 7: Tegulae mammatae (nº 18-20).

Elementos para cubiertas 40. Nº inv. 2004/20/1014/37; Área 1000 (Puerta); UE


1014 (Fig. 9)
Tegulae Fragmento de tegula, estriada por su parte
35. Nº inv. 2004/20/01 (Fig. 9 y 13) interna
Fragmento de tegula con estriado en la parte Dimensiones: 13, 5 x 11, 5 x 3 cm
posterior para ser adherida a otra superficie. Dimensiones de la cartela: 2, 8 x 6, 7 cm
Presenta una marca de producción practicada Sello: L(egio) VII [Gemina ….] en cartela
con tres dedos de forma ondulada. rectangular
Dimensiones: 26 x 16 x 3, 5 cm 41. Nº inv. 2004/20/1020/04; Área 1000 (Puerta);
Dimensiones de la cartela: 3 x 9 cm UE 1020 (Figs. 9 y 15)
Altura de las letras: 2 cm Fragmento de tegula
Sello: L(egio) VII G(emina) […] en cartela Dimensiones: 22 x 12 x 3 cm
rectangular Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [11] cm
36. Nº inv. 2004/20/03 (Fig. 9 y 14) Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) […] en carte-
Fragmento de tegula la rectangular. Presenta un relieve muy bajo.
Dimensiones: [19] x [14] x 2 cm 42. Nº inv. 2004/20/1020/05; Área 1000 (Puerta);
Dimensiones de la cartela: 3 x 8,5 cm UE 1020 (Fig. 9)
Altura de las letras: 2 cm Fragmento de tegula
Sello: L(egio) VII G(emina) F(elix) en carte- Dimensiones: 19 x 15 x 3 cm
la rectangular. Nexo en el numeral. El punzón Dimensiones de la cartela: 2 x [11] cm
empleado, muy peculiar, no se ha documentado Sello: L(egio) VII Ge(mina) en cartela rectan-
hasta el momento. gular. Presenta un relieve muy bajo.
37. Nº inv. 2004/20/5/CN/07 (Fig. 9) 43. Nº inv. 2004/20/1020/06; Área 1000 (Puerta);
Pequeño fragmento de tegula UE 1020 (Figs. 9 y 16)
Dimensiones: 15 x 12 x 3 cm Fragmento de tegula con superficie estriada.
Presenta una huella de cánido de 4 x 4 cm Presenta una marca de producción circular.
38. Nº inv. 2004/20/05 (Fig. 9) Dimensiones: 24 x 13 x 3 cm
Fragmento de tegula Dimensiones de la cartela: 3 x [6] cm
Dimensiones: 18 x 9 x 3, 5 cm Sello: [Legio VII] G(emina) P(ia) F(elix) en
Presenta una huella de cánido de 5 x 5 cm cartela rectangular.
39. Nº inv. 2004/20/06 (Fig. 9) 44. Nº inv. 2004/20/1020/07; Área 1000 (Puerta);
Fragmento de tegula, estriada por su parte UE 1020 (Fig. 9)
interna Fragmento de tegula
Dimensiones: 11, 5 x 11 x 2, 5 cm Dimensiones: 22 x 22 x 3 cm
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x 11 cm Sello: L(egio) VII […]
Sello: [Legio VI]I G(emina) Gor(diana) P(ia) 45. Nº inv. 2004/20/1021/17; Área 1000 (Puerta);
F(elix) en cartela rectangular. UE 1021 (Figs. 9 y 19)

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


154 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

Fragmento de tegula Dimensiones: 12 x 8 x 3 cm


Dimensiones: 6, 5 x 6 x 3 cm Dimensiones de la cartela: 3 x [12] cm
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [6, 5] cm Sello: [Legio V]II G(emina) Phıl(ippiana) P(ia)
Sello: [Legio VII Gemina] Gor(diana) P(ia) F(elix) en cartela rectangular.
F(elix) en cartela rectangular. 50. Nº inv. 2004/20/1032/13; Área 1000 (Puerta);
46. Nº inv. 2004/20/1021/18; Área 1000 (Puerta); UE 1032 (Figs. 9 y 19)
UE 1021 (Fig. 9) Fragmento de tegula
Fragmento de tegula, estriada por su parte Dimensiones: 12 x 11 x 3, 3 cm
interna Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [5] cm
Dimensiones: 12,5 x 12 x 3 cm Sello: [Legio VII Gemina G]or(diana) P(ia)
Dimensiones de la cartela: 3 x [5, 5] cm F(elix) en cartela rectangular.
Sello: L(egio) VII […] 51. Nº inv. 2004/20/1032/14; Área 1000 (Puerta);
47. Nº inv. 2004/20/1021/19; Área 1000 (Puerta); UE 1032 (Fig. 9)
UE 1021 (Fig. 9) Fragmento de tegula
Fragmento de tegula, estriada por su parte Dimensiones: 7 x 6, 5 x 1, 5 cm
interna Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [7] cm
Dimensiones: 8 x 6 x 2, 5 cm Sello: [Legio VII Gemina] Phıl(ippiana) [Pia
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [4, 8] cm Felix] en cartela rectangular.
Sello: L(egio) VI[I …] 52. Nº inv. 2004/20/1043/08; Área 1000 (Puerta);
48. Nº inv. 2004/20/1021/20; Área 1000 (Puerta); UE 1043 (Fig. 9)
UE 1021 (Figs. 9 y 19) Fragmento de tegula
Fragmento de tegula, estriada por su parte Dimensiones: 10 x 6 x 3 cm
interna Dimensiones de la cartela: 2, 5 x [3] cm
Dimensiones: 9 x 7, 5 x 3, 3 cm Sello: Leg(io) V(II) [Gemina …] en cartela
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [6] cm rectangular.
Sello: [Legio VII Gemina] Gor(diana) P(ia) 53. Nº inv. 2004/20/1071/33; Área 1000 (Puerta);
[Felix] en cartela rectangular. UE 1071 (Fig. 9)
49. Nº inv. 2004/20/1021/21; Área 1000 (Puerta); Fragmento de tegula con superficie estriada
UE 1021 (Figs. 9 y 20) Dimensiones: 28 x 15 x 3 cm
Fragmento de tegula, estriada por su parte 54. Nº inv. 2004/20/1071/33G; Área 1000 (Puerta);
interna UE 1071 (Figs. 9 y 18)

21 22

23 24 25

Figura 8: Tubuli latericii (nº 21-25).

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 155

Fragmento de tegula con superficie estriada 55. Nº inv. 2004/20/1071/34; Área 1000 (Puerta);
Dimensiones: [22] x [13, 5] x 2,5 cm UE 1071 (Figs. 10 y 13)
Dimensiones de la cartela: 2 x 10,5 cm Fragmento de tegula con superficie estriada
Sello: L(egio) VII G(emina) Max(iminiana) Dimensiones: 16 x 12 x 3 cm
[p(ia) f(elix)] en cartela rectangular. L(egio) VII G(emina) en cartela rectangular.

35 36 37

38 39 40 41

42 43 44

45 46 47 48 49

50 51 52 54

Figura 9: Tegulae (nº 35-52; 54).

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


156 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

55 56 57 58

59 60 61 62

63 64 65 66

67 69 70 71

Figura 10: Tegulae (nº 55-67; nº 69-71).

56. Nº inv. 2004/20/1071/35; Área 1000 (Puerta); 58. Nº inv. 2004/20/1081/22; Área 1000 (Puerta);
UE 1071 (Figs. 10 y 19) UE 1081 (Fig. 10)
Fragmento de tegula Fragmento de tegula
Dimensiones: 12 x 7 x 3 cm Dimensiones: 15 x 10 x 2 cm
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [9] cm Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [8,5] cm
Sello: [Legio VII] Gor(diana) P(ia) F(elix) en Sello: Le(gio) [VII Gemina …]
cartela rectangular. 59. Nº inv. 2004/20/1082/29; Área 1000 (Puerta);
57. Nº inv. 2004/20/1071/36; Área 1000 (Puerta); UE 1082 (Figs. 10 y 19)
UE 1071 (Fig. 10) Fragmento de tegula
Fragmento de tegula. Presenta marca de pro- Dimensiones: 12, 5 x 9, 5 x 3 cm
ducción consistente en dos líneas rectas y para- Dimensiones de la cartela: 3 x [9] cm
lelas practicadas con dos dedos. Sello: [Legio] VII G(emina) G(ordiana) […] en
Dimensiones: 12 x 10 x 2 cm cartela rectangular.
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [9] cm 60. Nº inv. 2004/20/1116/24; Área 1000 (Puerta);
Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) en cartela UE 1116 (Fig. 10)
rectangular. Fragmento de tegula

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 157

72 73

Figura 11: Tegulae con orificio central (nº 72) y oculus (nº 73).

Dimensiones: 10 x 7 x 2, 5 cm 64. Nº inv. 2004/20/1506/12; Área 1000 (Puerta);


Dimensiones de la cartela: 2 x [3] cm UE 1506 (Figs. 10 y 19)
Sello: L(egio) V[II Gemina…] en cartela Fragmento de tegula
rectangular. Dimensiones: 6 x 5 x 3 cm
61. Nº inv. 2004/20/1126/26; Área 1000 (Puerta); Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [5] cm
UE 1126 (Fig. 10) Sello: [Legio VII G(emina)] Gor(diana) […] en
Fragmento de tegula cartela rectangular.
Dimensiones: 6, 5 x 6 x 3, 1 cm 65. Nº inv. 2004/20/1515/13; Área 1000 (Puerta);
Dimensiones de la cartela: 2 x [1,5] cm UE 1515 (Fig. 10)
Sello: L(egio) [VII Gemina…] en cartela en Fragmento de tegula, estriada por su parte
forma de tabula ansata interna
62. Nº inv. 2004/20/1126/27; Área 1000 (Puerta); Dimensiones: 10, 6 x 10 x 3 cm
UE 1126 (Fig. 10) Dimensiones de la cartela: 2, 7 x [5] cm
Fragmento de tegula con superficie estriada. Sello: [Legio VII Gemina Go]r(diana) P(ia)
Presenta una marca de producción circular rea- F(elix) en cartela rectangular.
lizada con dos dedos realizada en torno al sello 66. Nº inv. 2004/20/4010/22; Área 4000 (Termas);
legionario. UE 4010 (Fig. 10)
Dimensiones: 19, 5 x 16, 5 x 3 cm Fragmento de tegula
Dimensiones de la cartela: 2, 1 x [9,5] cm Dimensiones: 11,5 x 10 x 4, 5 cm
Sello: Le[g](io) [VII Gemina…] en cartela Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [11,5] cm
rectangular Sello: [Legio] VII […] en cartela rectangular.
63. Nº inv. 2004/20/1147/18; Área 1000 (Puerta); 67. Nº inv. 2004/20/4010/23; Área 4000 (Termas);
UE 1147 (Figs. 10 y 17) UE 4010 (Figs. 10 y 13)
Fragmento de tegula Fragmento de tegula
Dimensiones: 15, 3 x 12 x 3, 5 cm Dimensiones: 10 x 9, 5 x 2 cm
Sello: [Legio V]II G(emina) A(ntoniniana) Dimensiones de la cartela: 2, 8 x [10] cm
P(ia) F(elix)

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


158 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

74 75 76 77 78

79 80 81 82 83

Figura 12: Imbrices (nº 74-83).

Sello: [Legio] VII G(emina) […] en cartela Fragmento de tegula con oculus central de 18
rectangular. cm de diámetro, circundado por un reborde.
68. Nº inv. 2004/20/4038/48; Área 4000 (Termas); Dimensiones: 12 x 11, 5 x 7, 5 cm
UE 4038 (Fig. 10)
Fragmento de tegula Imbrices
Dimensiones: 8 x 7, 5 x 2 cm 74. Nº inv. 2004/20/04 (Fig. 12)
69. Nº inv. 2004/20/4067/07; Área 4000 (Termas); Pequeño fragmento de imbrex con superficie
UE 4067 (Fig. 10) estriada
Fragmento de tegula Dimensiones: 14 x 9 x 3 cm
Dimensiones: 7 x 5 x 2 cm Dimensiones de la cartela: 4 x [6,6] cm
Dimensiones de la cartela: 3 x [4] cm Sello: L(e)g(io) V[II ---] en cartela rectangular
Sello: […] F(elix). La letra F es de mayor altura 75. Nº inv. 2004/20/1014/38; Área 1000 (Puerta);
que los caracteres anteriores, que no se pueden UE 1014 (Fig. 12)
reconocer. Cartela rectangular. Fragmento de imbrex
70. Nº inv. 2004/20/5014/13; Área 5000 (Termas); Dimensiones: 11, 3 x 8 x 2, 6 cm
UE 5014 (Figs. 10 y 13) Dimensiones de la cartela: 1, 5 x 6, 5 cm
Fragmento de tegula Sello: L(egio) VII G(emina) [….] en cartela
Dimensiones: 16,5 x 12 ,5 x 3 cm rectangular
Dimensiones de la cartela: 3, 8 x [9,5] cm 76. Nº inv. 2004/20/1515/12; Área 1000 (Puerta);
Sello inciso: Leg(io) VII G(emina) […] en car- UE 1515 (Figs. 12 y 16)
tela rectangular Fragmento de imbrex
71. Nº inv. 2004/20/5019/07; Área 5000 (Termas); Dimensiones: 11, 6 x 10 x 2, 5 cm
UE 5019 (Fig. 10) Dimensiones de la cartela: 2, 6 x [8,5] cm
Fragmento de tegula con pestaña Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) F(elix) en
Dimensiones: 18, 4 x 15, 7 x 3 cm cartela rectangular.
Dimensiones de la cartela: 2, 5 x 9,5 cm 77. Nº inv. 2004/20/1071/33B; Área 1000 (Puerta);
Sello: L(egio) VII G(emina) […] UE 1071 (Fig. 12)
72. Nº inv. 2004/20/1508/15; Área 1000 (Puerta); Gran fragmento de imbrex
UE 1508 (Fig. 11) Dimensiones: 25 x 12, 5 x 3 cm
Fragmento de tegula con orificio circular de 1 Dimensiones de la cartela: 2, 6 x 9 cm
cm de diámetro. Sello: L(egio) VII G(emina) P(ia) F(elix)
Dimensiones: 12 x 9 x 3 cm A(ntoniniana) en cartela rectangular.
73. Nº inv. 2004/20/4014/14; Área 4000 (Termas); 78. Nº inv. 2004/20/1071/33C; Área 1000 (Puerta);
UE 4014 (Fig. 11) UE 1071 (Fig. 12)

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 159

Fragmento de imbrex Números de inventario correspondientes a pequeños


Dimensiones: 16 x 13 x 2 cm ladrillos empleados en la construcción de pavimentos
Dimensiones de la cartela: 2, 8 x 9 cm de opus spicatum. Sus módulos oscilan entre 8-10, 5
Sello: L(egio) VII G(emina) Ph(i)l(ippiana) cm de longitud, 3, 5- 4, 5 cm de anchura y 2, 2-3 cm
[…] en cartela rectangular. de altura.
79. Nº inv. 2004/20/1071/37; Área 1 (Puerta); UE
1071 (Fig. 12)
Fragmento de imbrex ANÁLISIS DEL MATERIAL LATERICIO
Dimensiones: 10 x 9 x 2, 5 cm
Dimensiones de la cartela: 2 x [6] cm Las intervenciones arqueológicas desarrolladas en
Sello: L(egio) VII […] el sector de Puerta Obispo de la ciudad de León han
80. Nº inv. 2004/20/1071/33D; Área 1 (Puerta); UE permitido identificar una considerable variedad de ma-
1071 (Fig. 12) terial constructivo fabricado en arcilla cocida. Entre
Fragmento de imbrex ellos se encuentran elementos de sustentación, cubier-
Dimensiones: 20 x 13 x 3 cm tas, pavimentos y concamerationes propias de estan-
Dimensiones de la cartela: 3 x [7] cm cias calefactadas.
Sello: L(egio) VII [Gemina…] Entre los elementos sustentantes, se han constata-
81. Nº inv. 2004/20/1071/33E; Área 1 (Puerta); UE do ladrillos de diversa forma, entre los que destacan
1071 (Fig. 12) bessales y pedales, además de varias piezas fragmen-
Gran fragmento de imbrex. Presenta marca de tarias de dimensiones indeterminadas. El ladrillo bes-
producción consistente en dos líneas rectas y salis o besal tiene una forma cuadrada, de unos dos
paralelas practicadas con dos dedos. tercios de pie (19,7 cm) de lado. Vitrubio (De Arch.
Dimensiones: 20 x 11, 5 x 3 cm V, 10, 2) vincula este tipo a la construcción de las pi-
Dimensiones de la cartela: 2, 6 x [5] cm lae cuadradas del sistema de hipocausis (laterculus
Sello: Leg(io) [VII Gemina…] bessalis); las evidencias arqueológicas confirman la
82. Nº inv. 2004/20/1071/33F; Área 1 (Puerta); UE asociación de este tipo a establecimientos balnearios
1071 (Fig. 12) (Fernández Ochoa et alii, 1999, 296). En las termas
Gran fragmento de imbrex hispanas se confirma que las dimensiones de los la-
Dimensiones: 17 x 15 x 3 cm teres bessales pueden ser algo variables, oscilando
Dimensiones de la cartela: 3 x [9] cm entre 18 y 24 cm de lado, intervalo que coincide con
Sello: L(egio) V[II Gemina…] el promedio señalado por Brodribb para Britannia
83. 2004/20/1508/15; Área 1 (Puerta); UE 1508 (1987, 34). Los tres ejemplares que aquí presentamos
(Fig. 12) de las excavaciones leonesas en Puerta Obispo (Fig,
Fragmento de imbrex 3, nº 1-3) se encuentran completos y sus dimensiones
Dimensiones: 10, 5 x 7, 5 x 3 cm coinciden con el patrón ya tipificado (18, 7, 19 y 23
Dimensiones de la cartela: 2 x [6,5] cm cm). Todos ellos fueron recuperados durante las obras
Sello: L(egio) VII G(emina) […] de adecuación de los restos para su musealización, al
desmantelar el canal de desagüe que rodeaba las letri-
Pavimentos nas de las termas por el este, donde habían sido reu-
84-85. Nº inv. 2004/20/1014/39, 2004/20/1014/40, tilizados en un momento indeterminado de los siglos
2004/20/1014/42; Área 1000 (Puerta); UE II-III d. C.
1014 Junto a la variante de ladrillo besal se han identi-
86-90. Nº inv. 2004/20/4010/24 hasta 2004/ ficado tres elementos más correspondientes a pedales
20/4010/29; Área 4000 (Termas); UE 4010 (Fig. 4). El pedalis o tetradoron corresponde al mó-
91-101. Nº inv. 2004/20/4021/10 hasta 2004/ dulo básico de medidas romanas, el pes o pie romano
20/4021/20; Área 4000 (Termas); UE 4021 (unos 29, 6 cm) de lado. Según la normativa vitru-
102-105. Nº inv. 2004/20/4038/50 hasta 2004/ biana, este tipo se empleaba a modo de basa y capitel
20/4038/53; Área 4000 (Termas); UE 4038 de las pilae del hipocausto (De Arch. II, 3, 3). Sin
106-116. Nº inv. 2004/20/4048/14 hasta 2004/ embargo, en las termas hispanas se constata su uso
20/4048/24; Área 4000 (Termas); UE 4048 para otros fines dentro de los edificios termales, como
117-205. Nº inv. 2004/20/5000/01 hasta 2004/ construcción de muretes y bocas de horno (Fernández
20/5000/89; Área 5000 (Termas); UE 5000 Ochoa et alii, 1999, 296). En el caso de las piezas
206-210. Nº inv. 2004/20/5012/07 hasta 2004/ que aquí presentamos, los lateres pedales proceden
20/5012/11; Área 5000 (Termas); UE 5012 del desmantelamiento del mencionado canal oriental
211-312. Nº inv. 2004/20/5015/01 hasta 2004/ perimetral de las letrinas, donde fueron reutilizados
20/5015/101; Área 5000 (Termas); UE en su momento, por lo que no podemos pronunciarnos
5015 sobre su procedencia original. Por lo que se refiere a
313-323. Nº inv. 2004/20/5019/08 hasta 2004/ sus dimensiones, dos de ellos (nº 5 y 6) presentan me-
20/5019/18; Área 5000 (Termas); UE 5019 didas canónicas (30 y 29 respectivamente), mientras

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07 LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170.


160 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

que el tercero (nº 4) resulta algo más reducido (25, 5 dobles paredes (tegulae mammatae, tubuli, bobinas)
cm). De hecho, resulta demasiado grande para inte- constituyen uno de los testimonios más evidentes so-
grarlo dentro del grupo de ladrillos bessales, por lo bre la existencia de caldaria o sudationes en termas
que lo consideramos una variedad más reducida de o baños romanos, aunque en la mayoría de los casos
pedal. aparecen en estado fragmentario y fuera de su posición
Dentro del conjunto de ladrillos se constatan tam- original, debido al arrasamiento de las paredes de las
bién varios que parecen haber formado parte de pilae o habitaciones calefactadas. A la nómina de instalacio-
columnillas circulares de hipocausto (Brodribb, 1987, nes balnearias que contaron con este tipo de elementos
54-55) (Fig. 6). Entre ellos destaca una pieza semicir- (Fernández Ochoa et alii, 1999, 299), debemos sumar
cular de 19 cm de diámetro (nº 11), cinco ladrillos en los recientes hallazgos en Turiaso (Beltrán Llorís y
cuarto de círculo (nº 12-16), de entre 31 y 40 cm de Paz Peralta, 2004, 69, Fig. 28.1).
diámetro, y uno (nº 17) en octavo de círculo, de 30 cm Ya en su momento García y Bellido (1970) plan-
de diámetro. Los lateres circulares completos suelen teó la existencia de estancias con dobles paredes en
presentar medidas de entre 12 y 23 cm (Degbomont, las termas romanas halladas bajo la catedral de León.
1984, 101). Los ladrillos de tendencia circular (semi- Los materiales que aquí presentamos confirman di-
circulares, en cuarto de círculo o en octavo de círculo), cha afirmación, proporcionando elementos de siste-
que configuran en módulo más reducido las columnas mas tan diferentes como tegulae mammatae y tubuli.
en mampostería de atrios, pórticos y peristilos, tienen En efecto, se han documentado en la intervención de
diámetros bastante mayores, tal y como se verifica en Puerta Obispo tres fragmentos con los característicos
nuestros ejemplares. En el caso de las termas de Car- apéndices de tegulae mammatae (Vitrubio, De Arch.
teia se han documentado pilae realizadas con ladrillos VII, 4, 2; Plinio, Nat. Hist. XXXV, 46, 159), grandes
semicirculares de 32 cm de diámetro (Roldán Gómez, tejas cuadradas o cuadrangulares, con cuatro apéndi-
1992, 127; Fernández Ochoa et alii, 1999, 296). Uno ces o mamelones dispuestos regularmente en una de
de los ejemplares de cuarto de círculo recuperados en sus caras a fin de crear una cavidad entre dos pare-
León presenta un radio de 20 cm (nº 15), lo que supo- des verticales como espacio de aireación. Dos de ellos
ne un diámetro de al menos el doble (40 cm). El resto son apéndices troncopiramidales (Fig. 7, nº 18 y 19),
se concentra en torno a los 31-32 cm de diámetro. La mientras el tercero (Fig. 7, nº 20) presenta una protu-
pieza semicircular (nº 11) representa una pila más esti- berancia circular. Ambas variantes fueron ya estable-
lizada, de 19 cm de diámetro. cidas por Brodribb (1987, 60-62), quien las clasifica
La presencia de ladrillos de tendencia circular for- como tipos A y B respectivamente, proponiendo que
mando pilae de hipocausto ha sido escasamente cons- las diferencias en cuanto a la forma y anchura de sus
tatada en establecimientos termales (Fernández Ochoa mamelones derivaba de un uso diferenciado, que sin
y Zarzalejos, 1996, 116). En Hispania se documentan embargo no queda bien especificado. Recientemente
en Ilici, Lancia, Asturica y Santander, además de Car- Bouet ha establecido una nueva clasificación que en
teia (Fernández Ochoa et alii, 1999, 296). Los ladri- esta ocasión se basa en la longitud de los mamelones
llos semicirculares y en cuadrante de círculo ya habían (Grupos 1 y 2) (Bouet, 1999, 13-39).
sido constatados en las termas legionarias de León Junto a las tegulae mammatae se documentan ca-
durante las obras de restauración, aunque al igual que torce fragmentos pertenecientes a un número indeter-
los nuestros, habían aparecido descontextualizados minado de tubuli latericii (Fig. 8, nº 21-34), ladrillos
(García y Bellido, 1970, 577). En la Galia Narbonense rectangulares huecos que se empalmaban verticalmen-
se ha datado su aparición en un momento avanzado, te para constituir concamerationes. Se fijaban a la pa-
correspondiente a la segunda mitad del siglo II d. C. red mediante una capa de mortero y la cara exterior
(Bouet, 1999, 164). Los ejemplares hallados en Puerta quedaba oculta por un revoco, motivo por el cual sue-
Obispo proceden claramente del desmantelamiento de len presentar los lados mayores estriados para facilitar
estructuras romanas para adecuar museográficamente la adherencia, como en el caso de las piezas que aquí
los restos, o de unidades estratigráficas (UE 4014 y presentamos.
1071) correspondientes a reformas bajoimperiales de Ninguna observación cronológica podemos extraer
estructuras previas, por lo que no se puede precisar de de la posición estratigráfica de los elementos de las
ninguna forma su cronología de uso originario. concamerationes recuperados, ya que aparecen todos
Dentro de los estudios relativos a material lateri- ellos en horizontes de amortización posteriores (UE
cio de época romana, las estancias calefactadas de las 1105, 4014, 4021 y 5019), donde han sido empleados
instalaciones balnearias constituyen uno de los capítu- como elementos de relleno y compactación de tierra,
los que ha atraído preferentemente la atención de los claramente desplazados de sus posiciones origina-
investigadores, existiendo una abundante bibliografía rias en las cámaras calefactadas de las vecinas termas
al respecto (v. Helen, 1975; Degbomont, 1984; Bro- legionarias.
dribb, 1987; Bouet, 1999; Fernández Ochoa y Zarza- Uno de los conjuntos mejor representados es el de
lejos, 1996; Fernández Ochoa et alii, 1999). Junto a los elementos para cubiertas. Tégulas e ímbrices cons-
los elementos de sustentación (pilas y arquillos) de las tituyen elementos muy frecuentes, no solo en las in-
suspensurae, los materiales de las concamerationes o tervenciones desarrolladas en Puerta Obispo, sino en

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MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 161

cualquier excavación de época romana. Sin embargo, tejas-tragaluz destinadas a la iluminación o ventilación
este material latericio apenas se ha estudiado desde un de las estancias inferiores (cocinas, estancias calefac-
punto de vista técnico y arqueoarquitectónico. Para la tadas), cuyo borde evitaría la entrada de agua por los
antigua Hispania carecemos de análisis pormenoriza- orificios, resultan muy poco habituales (Adam, 1996,
dos semejantes a los que se han llevado a cabo en otras 231, Fig. 500). Brodribb recoge tan sólo tres de estos
antiguas provincias romanas como Britania (Warry, elementos en Britania y Galia (1987, 19-20, Fig. 10.1).
2006; 2006b). Este investigador aborda un análisis También se constata su presencia puntual en Pompe-
tipológico comparativo de los materiales latericios ya y Herculano. Por lo que se refiere a Hispania, re-
destinados a techumbres, que aporta interesantes re- cientemente se han dado a conocer dos en el fuerte
flexiones arquitectónicas y productivas sobre este tipo de la cohors I Celtiberorum en Cidadela (A Coruña)
de manufactura. Estos elementos pueden formar parte (Carlsson-Brandt, 2011, 168) y otros tres ejemplares
asimismo de infraestructuras hidráulicas e incluso su hallados en el alfar de La Venta del Carmen (Los Ba-
emplearon como base de las suspensurae (Fernández rrios, Cádiz) (Redondo y Borge, 1998, 341). Conoce-
Ochoa y Zarzalejos, 1996, 116). mos la existencia de un ejemplar más aparecido en la
Presentamos aquí 39 fragmentos de tegulae (nº 35- ciudad romana de Bracara Augusta, procedente de las
73) (Fig. 9-11) y 10 de imbrices (nº 74-83) (Fig. 12) Termas do Alto da Cividade y expuesto actualmente
recuperadas durante las intervenciones arqueológicas en el Museo D. Diogo de Sousa. En Puerta Obispo se
desarrolladas en el sector de Puerta Obispo (León). documenta en una capa de relleno asociada a la calle
Las tejas se suelen clasificar a partir de sus dimensio- de época bajoimperial (UE 4014).
nes y la forma que adoptan sus pestañas (en el caso de Uno de los ejemplares de tégula recuperados (Fig.
las tégulas planas), aunque pocas veces se conservan 11, nº 72) presenta un orificio de 1 cm de diámetro
completas, como consecuencia del desplome de las te- destinado a un clavo de sujeción de la cubierta a la es-
chumbres y el desmantelamiento de los edificios. En tructura de madera del tejado, que resultan mucho más
nuestro caso todas han llegado en estado fragmentario. habituales de lo que parece (Warry, 2006, 102-104).
Todas se encuentran en posición secundaria dentro de El último conjunto de material latericio correspon-
las estratigrafías, empleadas junto con tierras como ca- de a ladrillos para pavimento. Se han documentado
pas de preparación para pavimentos (UE 4021 y 1071) 240 ladrillos rectangulares de pequeño tamaño, de
y calles (UE 1508, 1515 y 1116) o simples niveles de entre 8 y 10, 5 cm de longitud, 3, 5-4, 5 de anchura
relleno o aterrazamiento (UE 1014, 1021, 1032, 1081, y 2, 2-3 cm de altura, que formaron parte de suelos
1082, 1147, 4010, 4067, 5014), datados en su mayoría de opus spicatum, donde se colocaban yuxtapuestos
en el periodo bajoimperial o tardoantiguo, e incluso por su cara más estrecha formando el característico
medieval (UE 1043, 1126, 1506 y 5019). diseño en espiga o espina de pez. Los pavimentos de
En el caso de los materiales latericios para techum- este tipo son muy habituales en estancias termales
bre, a diferencia de los ladrillos y elementos de con- (Bouet, 1999, 169-178; Roldán Gómez, 1999, 199)
camerationes, recuperados principalmente en el sector o instalaciones artesanales de diverso tipo (fullonica,
de la excavación correspondiente a las letrinas de las torcularia), debido a las propiedades hidrófugas del
antiguas termas legionarias, se verifica que proceden ladrillo. En el caso de los ejemplares recuperados en
en su mayoría del sector correspondiente a la puerta León, se documentaron en diversas unidades estrati-
romana del campamento (UE 1014, 1020, 1021, 1032, gráficas asociadas al desmantelamiento de suelos de
1043, 1071, 1081, 1082, 1116, 1126, 1147, 1506, las termas legionarias, donde se conserva todavía un
1508, 1515). Un magnífico ejemplo en este sentido lo pavimento in situ de opus spicatum asociado a una
constituye la UE 1071, datada en el tránsito entre los primera fase constructiva, en la que se identifica una
siglos III y IV d. C., que corresponde con la erección estancia con muros revestidos de opus signinum (pis-
de la muralla bajoimperial y las reformas estructurales cina de frigidarium)3, posteriormente reformada y
que tuvieron lugar en la porta principalis sinistra de convertida en unas letrinas y sus correspondientes
época flavio-trajanea, que debieron suponer la amorti- canales de desagüe (García Marcos et alii, 2004). No
zación de parte del material de las cubiertas (Morillo y cabe duda de que los ladrillos recuperados proceden
García Marcos, 2005; Fernández Ochoa et alii, 2011, en su mayoría de este pavimento, amortizado parcial-
271). En dicha unidad se ha recuperado casi la tercera mente a finales del siglo I o comienzos del II d. C. De
parte de los fragmentos de tégulas e ímbrices, forman- hecho, uno de los conjuntos más numerosos se recu-
do parte de un nivel de relleno que recreció el nivel peró durante las labores de limpieza de las letrinas
de circulación del pavimento del antiguo cuerpo de (UE 5000). El resto procede de horizontes de relleno
guardia de la torre, formado por tierras acompañadas bajoimperiales y tardoantiguos (UE 1014, 4010, 4021,
de diversos materiales cerámicos y numismáticos muy 4038, 5012, 5015 y 5019). Dos de estas unidades (UE
bien datados en época tetrárquica.
Debemos señalar asimismo la presencia de un
fragmento de tegula plana con un oculus circular de 3. El empleo de opus spicatum como pavimento para natatio se
18 cm de diámetro, circundado por un alto reborde ha constatado, por ejemplo, en las termas de la ciudad roma-
(Fig. 11, nº 73). Estos elementos, interpretados como na de Cemenelum (Cimiez, Niza) (Benoit, 1977, 85).

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162 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

5015 y 5019) corresponden a la amortización de los la firmada por la legio VII gemina en su campamento
canales perimetrales de desagüe de las letrinas, situa- estable de León, cuyos rasgos básicos fueron ya de-
dos al este y al sur, cuyos pavimentos eran, como ya finidos por García y Bellido (1970, 588-599). Como
apuntamos, de opus spicatum. El marco temporal que ya señalamos más arriba, publicaciones posteriores
presentan los materiales cerámicos y numismáticos han ampliado el catálogo de materiales (Liz y Amaré,
que acompañan a estos ladrillos confirma que, al me- 1993; González Fernández, 1994; Fernández Freile,
nos a mediados del siglo III d. C. las letrinas dejaron 2003; Campomanes, 2006; Amaré y Álvarez Vega,
de utilizarse (Morillo y Gómez Barreiro, 2006, 289), 2006; Morillo y Salido, e.p.).
momento a partir del cual sus estructuras comenzaron El ejército romano marca sus tejas y ladrillos como
posiblemente a ser desmanteladas. signo de autoridad y propiedad, seguramente para dis-
tinguirlo de las producciones civiles (Peacock, 1982,
137). La distribución de la producción militar está en
SELLOS, MARCAS E IMPRONTAS principio localizada y confinada dentro de los límites
marcados por la jurisdicción del ejército (Darvill y
Uno de los aspectos del material latericio romano que Mc Whirr, 1984, 247). Esto ha llevado a algunos au-
ha recibido mayor atención por parte de la investi- tores a intentar reconstruir el territorium militaris de
gación es precisamente el de las marcas y sellos im- las diferentes unidades a partir de la dispersión de sus
presos, normalmente a partir de matrices de madera, marcas latericias, cuestión en la actualidad completa-
metal o arcilla. Dicho criterio se ha empleado para es- mente descartada (cf. Kurzmann, 2006, 256-263), al
tablecer talleres, áreas productivas y posibles circuitos igual que el propio concepto de territorio militar, que
de comercialización, además de movimientos de uni- está en revisión. A pesar de tratarse de producciones
dades de tropa en el caso de las marcas militares. Las destinadas a la construcción y el mantenimiento de las
características de dichos sellos han quedado bastante infraestructuras de los campamentos (termas, alcanta-
bien definidas, especialmente para Roma y el valle rillado, suministro de agua, etc.), su ámbito de disper-
del Tíber, gracias a trabajos como los de Bloch (1938; sión se extiende al hinterland inmediato. En el caso de
1967), Helen (1975), Steinby (1974-75; 1999), Setälä León alcanza zonas con fuerte presencia de la legio
(1977), Manacorda (2000) y Bruun (2005; 2005b). En VII gemina como Asturica y sus alrededores, el cam-
la Península Ibérica los primeros estudios y mapas de pamento del ala II Flavia en Rosinos de Vidriales e
dispersión de marcas sobre tejas y ladrillos romanos incluso Italica (cf. Liz y Amaré, 1993, 46). Asimismo
(Rico, 1995; 1999; 2000) han dado paso a un reper- se constatan fuera de la Península en Germania, Dacia
torio creciente de producciones (v. entre otros Duran y la Numidia-África Proconsular, en relación con la
Cabello, 1998; Abascal et alii, 2000; Fernández Vega presencia de la legio VII gemina o sus destacamen-
et alii, 2009; Abascal, 2010; Cebrián, 2010). Sin em- tos en estos lugares (Morillo, 2005, 28-29). Queda por
bargo, por el momento carecemos de un corpus regio- determinar si a algunos de estos lugares han llegado
nal o provincial semejante al que se ha publicado en traídos por miembros de la propia legión o bien como
Bélgica (De Poorter y Claeys, 1989). material reutilizado en momentos posteriores (Mori-
Las producciones latericias con marcas militares, llo, 2008, 179).
dentro de las que se enmarcan los ejemplares de León El hallazgo de una concentración excepcional de
que aquí presentamos, han recibido especial atención material latericio sellado, así como los restos de dos
en las provincias septentrionales del Imperio, allí hornos en el valle de Fenar, a una treintena de kiló-
donde se encontraba destacado el grueso de las tro- metros de la actual ciudad de León (Gutiérrez, 1985,
pas romanas a partir de Augusto. Análisis como los de 126-127 y 155-160), han permitido situar en esta zona
Mc Whirr (Ed.) (1979), Brodribb (1987) y Le Bohec una de las producciones, aunque sin duda existieron
(1992) han ido perfilando los tipos, nomenclatura y talleres mucho más próximos al campamento legiona-
funciones del material sellado por el ejército. La re- rio (Morillo, 2008, 179).
ciente monografía de Kurzmann (2006) constituye un Las excavaciones arqueológicas de Puerta Obispo
magnífico estado de la cuestión al respecto, en el que proporcionan un significativo conjunto de materiales
quedan perfectamente definidos nuestros conocimien- con sello militar que incrementan la nómina de los ya
tos y carencias. conocidos en la ciudad de León y permiten por pri-
A diferencia de las regiones como Britania, en las mera vez establecer el porcentaje de material sellado4.
que se concentran las tropas romanas, donde la primera
producción latericia fue sin duda militar (Darvill y Mc
Whirr, 1984, 247), la situación en la antigua Hispania 4. Los porcentajes se han calculado sobre el total del material
presenta rasgos diferentes. El material latericio sellado latericio recuperado. Es evidente que esta cifra es orientati-
va y puede conllevar errores. En todo caso, la inclusión de
es mucho menos numeroso, debido principalmente a
fragmentos en los que no se encuentra el sello militar, pero
la reducida presencia militar a partir del periodo fla- que podrían pertenecer a alguno de los ejemplares con sello
vio, momento en que la marca militar se regulariza y incluidos en el catálogo elevaría aún más el porcentaje de
se extiende el hábito epigráfico (Le Roux, 1999, 111). material sellado, por lo que creemos que nuestras aprecia-
La producción más amplia y mejor documentada es ciones siguen siendo ilustrativas. De cualquier forma, para

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MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 163

Hemos recuperado 45 fragmentos con diferentes mar- claras limitaciones. Sin embargo, hasta el momento
cas de la legio VII gemina. La gran mayoría (29) se apenas se han publicado contextos arqueológicos que
encuentran sobre tegulae, a las que debemos añadir permitan precisar el momento concreto de uso de di-
10 imbrices y 6 ladrillos del tipo bessal y pedal. Si chas marcas. En el campamento leonés de la legio VII
nos atenemos a los porcentajes, que son lógicamente gemina, que subyace bajo el actual casco urbano de
relativos debido al estado fragmentario en que se han León, no sobreviven edificios militares cuyo estado
recuperado las piezas, dichas cantidades resultan mu- de conservación permita asociar determinadas marcas
cho más ilustrativas. La totalidad de las ímbrices se a una fase constructiva concreta. La única excepción
encuentran selladas, así como un elevado porcentaje en este sentido es el acueducto, al parecer realizado
de las tégulas (un 80%). Respecto a los ladrillos, más dentro de un mismo proyecto edilicio (Campomanes,
de la mitad (un 60%) presenta estampilla. La compara- 2006). La datación del material latericio por asocia-
ción de dichos porcentajes con los que presentan mate- ción con otros materiales cerámicos y numismáticos
riales de otros acantonamientos militares romanos de dentro de los mismos contextos estratigráficos podría
las fronteras septentrionales ofrece interesantes datos, resultar muy útil, pero suele aparecer en posición se-
aunque debamos mantener las cautelas correspondien- cundaria dentro de niveles de relleno datados en época
tes ya que los porcentajes de dichos establecimientos posterior, a veces varios siglos posteriores a su empleo
se calculan en su mayoría sobre ejemplares completos. original como material constructivo. Tampoco pode-
En León el porcentaje de sellado es mucho mayor que mos olvidar su reutilización funcional en momentos
en cualquiera de ellos, aunque existen significativas posteriores con las posibilidades que ofrece este tipo
diferencias. En acantonamientos de las provincias re- de material para su uso en la construcción de nuevas
nanas, como Vetera Castra I, el material estampilla- edificaciones. Como consecuencia, todo ello dificulta
do alcanza el 77, 5%, mientras en Britania se mueve la obtención de datos estratigráficos fiables.
en porcentajes de entre el 0, 5 y el 5% (v. Kurzmann, A continuación presentamos las diferentes marcas
2006, 28), muy alejado de las cifras de León. Estas que hemos documentado en el conjunto. La mayoría
variaciones pueden obedecer tanto a cuestiones cro- de las marcas fueron practicadas en relieve, aunque
nológicas, como a la mayor o menor necesidad de una es incisa realizada sobre una tegula (nº 70). No se
distinguir el material militar respecto al ámbito civil, han constatado marcas retrógradas que, sin embargo,
sin olvidarnos de la propia tradición castrense de cada García y Bellido dio a conocer en otros yacimientos de
región. Boon señala la dificultad de establecer las co- la ciudad de León, como en el Huerto de San Isidoro
rrectas proporciones entre material sellado y sin mar- y Jardín de El Cid (1970, 590-591). Las cartelas son
cas, ya que varían de un edificio a otro y de una fase siempre rectangulares, con lados menores rectos o re-
constructiva a otra (1984, 16-17). Por último, como dondeados, algunas en forma de tabula ansata. Por lo
bien ha apuntado Kurzmann, debemos considerar los que se refiere al tamaño de los sellos, su altura oscila
porcentajes con cierta precaución, en especial en lo re- entre 2 y 3 cm, si bien la mayoría presenta en torno
lativo a estudios continentales, que hasta hace pocos a 2, 8 cm. Su longitud está entre 9 y 11 cm, aunque
años han centrado su atención en las marcas, descar- depende mucho de la marca empleada y los apelativos
tando el resto de material latericio, a diferencia de la presentes a lo largo del tiempo.
escuela británica, que ha acometido estudios latericios
de conjunto (Kurzmann, 2006, 27-28).
Uno de los problemas que sigue planteando el 1. Legio VII gemina
material latericio sellado es su correcta adscripción
cronológica, ya que carece de fecha consular. La ma- La marca legio VII gemina, abreviada de diferen-
yoría de los estudios publicados determinan el uso tes formas («LEG» o «L» para legio y «G», «GE» o
de las marcas a partir de la asignación de los epíte- «GEM» para gemina), es la más frecuente. Al menos
tos de las unidades militares. La aplicación de estu- nueve ejemplares presentan este sello (nº 3, 5, 35, 42,
dios arqueométricos y contextuales permiten avanzar 55, 67, 70, 71, 75 y 83), si bien no podemos descartar
seriamente en este sentido, aunque también poseen que alguno de los fragmentarios también corresponda
a esta misma estampilla. El único indicativo cronoló-
gico que García y Bellido apunta sobre la aparición
el caso de material latericio, la introducción de criterios de este sello es su posterioridad a octubre del año 69
correctores como el cálculo del peso en su conjunto (sólo d. C., fecha de la batalla de Cremona, momento a par-
aplicable en casos concretos como techumbres completas tir del cual la unidad obtiene el epíteto gemina (1970,
derrumbadas en alguna estancia, donde es posible conocer 588). Dicha marca se encuentra perfectamente consta-
el peso de cada teja y emplearlo como divisor) o el estudio tada en la epigrafía (cf. Le Roux, 1982; Palao, 2006).
exclusivo de «probables» piezas completas a manera de NMI
La abundancia de material latericio con este sello
(número mínimo de individuos), tal y como plantean algunos
investigadores (Redondo y Borge, 1998, 231), por otra parte en León, a diferencia del que lleva el apelativo felix,
una causística absolutamente inusual en la mayoría de los obtenido al parecer en el 73-74 d. C., llevó a García
yacimientos arqueológicos, plantearía una distorsión mucho y Bellido a plantear que antes de esta fecha se habría
mayor que los números reales que hemos empleado. desarrollado una gran actividad constructiva en el

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164 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

campamento legionario, que atribuye a una vexillatio Freile, 2003, 32-42; Amaré y Álvarez Vega, 2006, 726
o destacamento de la legio VII enviado a León antes y 730; Campomanes, 2006, 443-444). Se constata asi-
del desplazamiento del resto de la unidad (1970, 589). mismo fuera del campamento legionario, tanto en His-
Aunque la presencia de un destacamento en León entre pania (Martín Valls et alii, 2002, nº 18-21; García y
el 69 y el 74 d. C. resulta verosímil por diversos moti- Bellido, 1970, 592, Fig. 52, 22; 1979, 22, nota 36, Fig.
vos (Morillo, 2005, 28), hoy en día debemos descartar 12; Liz Guiral y Amaré, 1993, 46; Gutiérrez Gonzá-
la antecedencia de las marcas con apelativo gemina lez, 1985, 156-159), como en Numidia (Roldán, 1974,
respecto a las que llevan el felix. En primer lugar, se ha 474, nº 722) y Dacia (Gudea, 1978, 65-75; Le Roux,
constatado la presencia del título felix en material la- 1981, 119-200; Abascal, 1986, 319-322).
tericio renano anterior al 73-74 d. C. Por otra parte, en
los mismos contextos se constata en las marcas de la
unidad la convivencia entre los epítetos gemina felix y 3. Legio VII gemina pia
la aparición del cognomen gemina aislado (Ludowici,
1905, 197-198; 1912, 125-127; Palao, 2010). El epíteto pia asociado a sellos de la Legión VII no
El tipo de material en que aparece es variado, pues se emplea hasta época de Septimio Severo. Su con-
se selló sobre ladrillos de tipo bessal (nº 3) y pedal (nº cesión se asocia al apoyo de la legio VII en el con-
5), mayoritariamente sobre tegulae (nº 42, 55, 67, 70, flicto que enfrentó al emperador con Clodio Albino en
71 y 75) y también sobre imbrex (nº 83), variantes ti- el año 195. Dicho cognomen aparece por primera vez
pológicas ya reseñadas (Liz Guiral y Amaré, 1993, 52; entre el 208 y 211 (CIL II, 4121), en una inscripción
González Fernández, 1994, 115) (Fig. 13). tarraconense de Q. Hedio Lolliano (García y Bellido,
1970, 593). Es curioso que ya en esta inscripción se
antepone el nuevo cognomen pia al epíteto felix, ano-
malía cronológica que se mantendrá en otras variantes
de sellos. Hemos recuperado en Puerta Obispo dos es-
tampillas de este tipo (nº 41 y 57), ambas sobre tégula
3 35 55 y con la abreviatura L(egio) VII G(emina) P(ia), que
se va a convertir en el modelo estándar para el siglo
III (Fig. 15). Esta misma marca se ha recuperado en
otros materiales de León (García y Bellido, 1970, 593;
Amaré y Álvarez Vega, 2006, 726 y 730).
67 70

Figura 13: Marcas Legio VII gemina (nº 3, 35, 55, 67 y 70).

2. Legio VII gemina felix

Esta marca repite el epíteto nuevo de Felix y aparece


abreviado como Leg(io) VII G(emina) F(elix). En las
excavaciones de Puerta Obispo se ha localizado sola-
mente un ejemplar de esta estampilla sobre tegula (nº
36), con un punzón hasta ahora inédito (Fig. 14). 7

41

36
Figura 15: Marcas Legio VII gemina pia (nº 7 y 41).

4. Legio VII gemina pia felix


Figura 14: Marcas Legio VII gemina felix (nº 36).
García y Bellido indica la existencia de solamente dos
La fórmula se ha constatado en todas las interven- únicos casos en que el epíteto pia aparece con el de
ciones arqueológicas publicadas de la capital leonesa gemina antepuesto y seguido del de felix (García y Be-
(García y Bellido, 1970, 591-92; Liz Guiral y Amaré, llido, 1970, 593-94), a los que debemos añadir algu-
1993, 53; González Fernández, 1994, 116; Fernández nos ejemplares publicados recientemente (Liz Guiral

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MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 165

y Amaré, 1993, 54; Amaré y Álvarez Vega, 2006, 726


y 730; González Fernández, 1994, 116). En Puerta
Obispo documentamos dos fragmentos de tégula (nº
43 y 76) y uno de ladrillo (nº 7) (Fig. 16). En todos los
casos la abreviatura será L(egio) VII G(emina) P(ia) 54
F(elix).

Figura 18: Marca Legio VII gemina Maximiniana pia felix (nº
54).
43 76

7. Legio VII gemina Gordiana pia felix

Esta marca ha de datarse entre el 238 y 244, fechas


del gobierno de Gordiano III. Son relativamente nu-
Figura 16: Marcas Legio VII gemina pia felix (nº 43 y 76). merosos los sellos con tal leyenda. La abreviatura es
muy semejante a la de los sellos anteriores, con el cog-
nomen Gordiana delante de p(ia) f(elix). Como rasgo
5. Legio VII gemina Antoniniana pia felix epigráfico diferenciado debemos mencionar la presen-
cia de interpunciones. En Puerta Obispo se han docu-
A partir del gobierno del emperador Caracalla, la legio mentado nueve ejemplares sobre ladrillo (nº 8), tégula
VII gemina recibe el apelativo de Antoniniana. En este (nº 39, 45, 48, 50, 56, 59, 64 y 65). La abundancia de
momento se inicia la costumbre de asignar epítetos esta marca se ha constatado en publicaciones anterio-
personales de los emperadores a las unidades milita- res sobre el campamento de León (García y Bellido,
res (Fitz, 1983). Esta designación la hallamos también 1970, 595; Liz Guiral y Amaré, 1993, 55; Amaré y
en lápidas (García y Bellido, 1970, 594). En todos los Álvarez Vega, 2006, 730; González Fernández, 1994,
sellos la F va detrás de la P. El cognomen Antoniniana 116) (Fig. 19).
se abrevia indistintamente como A y a veces en AN
(Liz Guiral y Amaré, 1993, 54; Amaré y Álvarez Vega,
2006, 726 y 730; González Fernández, 1994, 116).
Dos ejemplares procedentes de las intervenciones en
Puerta Obispo presentan esta marca, dispuesta sobre
una tégula y una ímbrice (Fig. 17). 45 48 50

56 59 64

63

Figura 19: Marcas Legio VII gemina Gordiana pia felix (nº 45,
48, 50, 56, 59 y 64).

Figura 17: Marca Legio VII gemina Antoniniana pia felix (nº 8. Legio VII gemina Philippiana pia felix
63).
Estas estampillas, con la abreviatura L(egio) VII
6. Legio VII gemina Maximiniana pia felix G(emina) Phıl(ippiana) P(ia) F(elix), se datan entre el
244 y el 249 d. C. y se conocen sobre ladrillos y tégu-
Esta marca parece también minoritaria. Hasta el mo- las (García y Bellido, 1970, 596; Liz Guiral y Amaré,
mento sólo se han dado a conocer tres marcas de este 1993, 55; Amaré y Álvarez Vega, 2006, 730). Cuatro
tipo (García y Bellido, 1970, 595; Amaré y Álvarez ejemplares más se han hallado en Puerta Obispo (Fig.
Vega, 2006, 730), a las que debemos sumar la estampi- 20).
lla sobre ladrillo (nº 9) y sobre tegula (nº 54) que aquí Ya hemos señalado más arriba la dificultad que
presentamos. Se abrevia como L(egio) VII g(emina) existe para correlacionar cada una de estas marcas
Max(iminiana) p(ia) f(elix) (Fig. 18). con fases edilicias del campamento legionario. Las

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166 ÁNGEL MORILLO Y JAVIER SALIDO DOMÍNGUEZ

persona. Según la tipología de calzado propuesta por


Van Driel Murray (2001, 350-351), a partir de la forma
(tipo 2) y la disposición de las tachuelas impresas en el
ladrillo, que responden a su tipo 3, podríamos datar la
10 49 caliga en un momento comprendido entre finales del
siglo I y la primera mitad del siglo II d. C.
También se conservan huellas de tres cánidos, po-
siblemente perros (canis familiaris) (nº 6, 37 y 38),
que se enmarcan dentro de las abundantes huellas de
animales sobre material latericio (perro, gato, oveja,
Figura 20: Marcas Legio VII gemina Philippiana pia felix (nº cabra, caballo, cerdo, vaca, zorro, lobo, aves, etc.)
10 y 49). (Brodribb, 1987, 125-127; Forest, 2011, 299-301). Se
ha señalado la llamativa abundancia de huellas de zo-
rro (Bermúdez, 1987, 931-932), lo que indica el carác-
unidades estratigráficas de las que proceden son en su ter periurbano de las officinae latericias. Tal y como
mayoría niveles de relleno bajoimperiales o tardoan- ya han apuntado algunos autores (Sarnowski, 1983),
tiguos, donde se han amortizado antiguos materiales no parece lógica la hipótesis de Spitzlberger sobre el
constructivos altoimperiales. Mientras no podamos carácter apotropaico de las huellas de animales sobre
obtener datos cronoestratigráficos fiables para el mate- material latericio (1968, 88).
rial latericio en contextos altoimperiales indiscutibles,
tendremos que seguir remitiéndonos a las dataciones a
partir de los epítetos militares presentes en los sellos. CONSIDERACIONES FINALES
Junto a las estampillas militares propiamente di-
chas, han llegado hasta nosotros varias marcas de pro- Las intervenciones realizadas en el sector de Puerta
ducción realizadas con los dedos, seguramente prac- Obispo de la ciudad de León durante 1996 permitie-
ticadas por diferentes operarios para contabilizar las ron conocer mejor el sector oriental del campamento
piezas elaboradas por cada uno (Brodribb, 1987, 99- flavio de la legio VII gemina, localizando la antigua
105). Se constata la presencia de círculos (nº 43 y 62), porta principalis sinistra del recinto militar, así como
aspas (nº 3), ondulaciones (nº 35) y líneas rectas (nº 57 parte de la via sagularis y la esquina de una gran man-
y 81), sobre tejas y ladrillos. zana ocupada por las termas legionarias, que se en-
Uno de los ladrillos presenta el numeral VI escri- cuentran bajo la actual catedral (García Marcos et alii,
to con un punzón a mano alzada (nº 4). Teniendo en 2004; Morillo y García Marcos, 2005), en la que se
cuenta que nos encontramos ante un ladrillo de tipo documentan varias fases constructivas, la última de las
pedal, modalidad que suele emplearse como basa o cuales corresponde a unas letrinas romanas.
capitel de las pilae del hipocausto, tal vez se trataría Las excavaciones han proporcionado un interesan-
de un indicativo del número de la ubicación de la pila te conjunto latericio que hemos presentado en estas
correspondiente. páginas, que se eleva a más de 300 piezas. Entre estos
También se han localizado improntas de huellas materiales se constata la presencia de ladrillos del tipo
humanas y animales realizadas sobre lateres y tegulae bessal y pedal, pertenecientes a hipocaustos, tejas (te-
antes de su cocción, cuando la arcilla estaba todavía gulae e imbrices), suelos (opus spicatum) y elementos
fresca en la era de secado (Brodribb, 1987, 125-127). vinculados a concamerationes (tegulae mammatae y
Entre ellas destacan las impresiones de suelas de san- tubuli), pertenecientes a los pavimentos, paredes y te-
dalias o botas claveteadas (caligae, calcei), cuya pre- chumbres de los edificios exhumados.
sencia en León ya fue apuntada por García y Bellido Tan sólo los ladrillos para pavimentos (opus spi-
(García y Bellido, 1970, Figs. 83-85), quien documen- catum), que solaban un espacio destinado en origen a
ta dos improntas de caligae de adultos y una infantil una posible piscina, se han hallado en posición prima-
(carbatina). Este calzado es característico de soldados ria, aunque muchos de ellos se encontraron fuera de
y trabajadores e ilustra muy bien sobre la condición su ubicación original, o bien se recogieron durante las
del personal de las tegulariae. Una huella del mismo labores de limpieza y la posterior adecuación museo-
tipo apareció en el fuerte romano de Cidadela (Carls- gráfica. El resto de los materiales aparece reutilizado
son-Brandt, 2011, 172, Fig. 6, 7). en fases constructivas posteriores o formando parte de
En las excavaciones de Puerta Obispo se ha docu- paquetes estratigráficos de rellenos o aterrazamien-
mentado una nueva impronta de caliga (nº 6), que en to de época bajoimperial o tardoantigua. Este hecho
realidad es una doble pisada superpuesta parcialmente limita sensiblemente no sólo nuestra capacidad para
en la zona del talón, donde coincide con la parte de- determinar su procedencia original, sino también el es-
lantera de una pisada posterior. En la parte anterior se tablecimiento de marcos temporales precisos. El regis-
observa el talón claveteado de otra huella. En reali- tro estratigráfico confirma que las letrinas son desman-
dad estamos ante un ladrillo sobre el que se ha pisado teladas a partir de mediados del siglo III. A finales de
en dos ocasiones diferentes, probablemente la misma esta misma centuria, en correlación con la edificación

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MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN 167

de la muralla bajoimperial, la puerta romana sufre di- también marcas de producción, numerales e improntas
versas reformas, entre las que se encuentran el cierre de calzado y huellas animales que nos informan sobre
del vano septentrional de la misma y el recrecimiento aspectos productivos y de la vida cotidiana en el cam-
del suelo del cuerpo de guardia, para lo que se emplea- pamento de la legio VII gemina.
ron restos de materiales latericios procedentes de la
techumbre. Prof. Dr. Ángel Morillo Cerdán
Teniendo en cuenta la tipología de los elementos Departamento de Ciencias y Técnicas
recuperados, entre los que abundan los que formaron Historiográficas y de Arqueología
Facultad de Geografía e Historia
parte de estancias calefactadas (hypocausta, concame- C/ Profesor Aranguren, s/n
rationes, tejas-tragaluz), consideramos que el lugar de Universidad Complutense
procedencia de la mayor parte de dichos materiales Ciudad Universitaria
debe ser el vecino edificio termal. El sistema de hipo- 28040 Madrid
causto propio de los baños romanos exige el empleo [email protected]
de material latericio de tipometría muy diversa, que Javier Salido Domínguez
por las cualidades físicas de la arcilla cocida soporta Escuela Española de Historia y
altas temperaturas y es un buen conductor del calor Arqueología en Roma-CSIC
generado en los praefurnia. Su plasticidad permite Via di Torre Argentina 18
00186 Roma
adaptarlo además a cualquier tipo de estancia cale- [email protected]
factada, con sólo modificar su tamaño y morfología,
aplicándose tanto a la construcción del hipocausto
propiamente dicho como a las concamerationes o do- BIBLIOGRAFÍA
bles paredes. Junto al material creado específicamente
para las estancias calientes, en los edificios termales se ABASCAL PALAZÓN, J. M., 1986: «La Legio VII Gemina.
emplean también ladrillos para las paredes y obras de Balance de la investigación y perspectivas», I Congreso
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rente morfología (tegulae e imbrices) para los tejados. ABASCAL PALAZÓN, J. M., 2010: «Nuevas marcas so-
Las procedencia de buena parte de los materia- bre tégulas romanas en enclaves de la Costa de Alicante
les latericios de estancias termales se ve confirmada (Hispania Citerior)», Lucentum, 28, 183-192.
por la presencia en los mismos estratos de restos de ABASCAL PALAZÓN, J. M., RIQUELME, T. y CEBRIÁN
pavimentos musivos, decoración arquitectónica y pa- FERNÁNDEZ, R., 2000: «Retucenus Elocum, Turanus,
rietal, así como revestimientos y restos de mobiliario Artirus y la producción de tegulae en Segobriga», Ana-
marmóreo recuperados como un gran labrum, alguno les de Prehistoria y Arqueología, 16, 187-197.
de los cuales hemos dado a conocer recientemente ADAM, J.-P., 1996: La construcción romana: Materiales y
(Morillo y Salido; 2010, 2011). Dichos materiales se técnicas, León.
concentran principalmente en la zona de las letrinas. AMARÉ TAFALLA, Mª T. y ÁLVAREZ VEGA, E., 2006:
Por el contrario, en las calles y el cuerpo de guardia «Material latericio de la legio VII procedente del polí-
de la puerta romana se identifican casi exclusivamente gono de La Palomera (León)», en A. MORILLO (Ed.),
tegulas e imbrices en estado fragmentario, que deben Arqueología Militar Romana en Hispania. Producción
responder a reformas en la porta principalis sinistra. y abastecimiento en el ámbito militar, 725-732, León.
La publicación, hace algunos años, de la produc- BELTRÁN LLORÍS, M. y PAZ PERALTA, J. A (Coords.),
ción latericia completa de determinados alfares hispa- 2004: Las aguas sagradas del municipium Turiaso. Ex-
nos meridionales (Torrecilla, 1998; Redondo y Bor- cavaciones en el Patio del Colegio Joaquín Costa (an-
ge, 1998), nos permite plantear que la totalidad, o la tiguo Allué Salvador). Tarazona (Zaragoza), Caesarau-
inmensa mayoría de los ejemplares aquí presentados, gusta, 76, Zaragoza.
independientemente de su tipología o que presenten o BENDALA GALÁN, M., RICO, Ch. y ROLDÁN GÓMEZ,
no la marca militar, fueron elaborados en los alfares L. (Eds.), 1999: El ladrillo y sus derivados en la época
destinados por la legio VII gemina a la fabricación de romana, Madrid.
material constructivo, apenas conocidos en la actuali- BENDALA GALÁN, M. y ROLDÁN GÓMEZ, L., 1999:«El
dad (Gutiérrez González, 1985, 156-159). cambio tecnológico en la arquitectura hispanorromana:
El hecho de que dicho material esté en su inmensa perduraciones, novedades, particularidades», en R. de
mayoría sellado constituye un rasgo peculiar de la ca- BALBIN y P. BUENO (eds.), II Congreso de Arqueolo-
pital leonesa. Hemos constatado un amplio repertorio gía Peninsular, IV, 103-116, Alcalá de Henares.
de marcas militares de la legio VII gemina, todas ellas BENOIT, F., 1977: Cimiez, La Ville antique (Monuments,
ya documentadas, cuyo ámbito temporal se extiende Histoire), Fouilles de Cemenelum, I, París.
entre el periodo flavio y mediados del siglo III d. C. BERMÚDEZ, A., 1985: Introducción al estudio del mate-
Teniendo en cuenta las limitaciones estratigráficas rial de construcción de tipo cerámico en la arquitectura
no hemos podido ir más allá de la datación propuesta romana de Tarraco: clasificación y análisis de las tégu-
en su día por García y Bellido a partir de los epítetos las e ímbrices depositadas en el Museo Paleocristiano
militares que figuran en cada una. Se han identificado de Tarragona, Tesis de licenciatura inédita.

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Recepción: 17-01-2013
Aceptación: 26-08-2013

LVCENTVM XXXII, 2013, 147-170. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.07


LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08

LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS


DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT)
THE COINS OF THE ROMAN VILLA CASA FERRER I IN THE MUSA (MUSEUM OF THE CITY OF
ALICANTE) COLLECTION

IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

El present estudi forma part d’un treball més ex-


tens (Garrigós, 2013) realitzat al Centre Cultural Las
Cigarreras, al departament de Patrimoni Cultural de
l’Ajuntament d’Alacant1. Aquest va consistir a orga-
nitzar i catalogar gran part del fons numismàtic del
Museu de la ciutat d’Alacant (MUSA).
Entre aquests exemplars trobem part dels apare-
guts a les intervencions dutes a terme a la vil·la roma-
na de Casa Ferrer I els anys 1996 i 1998, dels quals
analitzarem un total de 27 peces que abasten un espai
cronològic comprès entre els segles II aC i el VI dC.
La resta de les monedes es troben dipositades al Mu-
seu Arqueòlogic Provincial d’Alacant (MARQ), fet
que ha impossibilitat obtindre una visió íntegra del re-
gistre numismàtic de l’enclavament. No obstant això,
hem pogut conèixer el material i hem inclòs la infor-
mació sobre les monedes que formaven part de la nos-
tra recerca a l’apartat d’anàlisi de la massa monetària2.
Tanmateix, esperem que en un futur es puga conèixer Figura 1: Situació geogràfica de l’àmbit d’estudi.
aquest de manera detallada.

2007, 131). Les estructures aparegudes estan relacio-


I. LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I nades amb una àrea industrial, una altra de residencial
i una petita necròpolis d’època tardana. A la zona in-
El jaciment de Casa Ferrer I (Figs. 1 i 2) es troba situat dustrial hi ha un gran pati de treball, espais per a mol-
a la Condomina, dins el terme municipal d’Alacant, en dre, grans llars, petits forns i estances domèstiques. A
una zona plana dins de la Finca Ferrer i al fons d’una l’àrea residencial es documenten diferents habitacions
depressió anomenada la Marjal. Actualment, part de la i patis privats, on també destaca un edifici de termes
vil·la restaurada es localitza dins d’Alicante Golf (Or- del segle II dC. Pel que fa a la necròpolis –ubicada
tega, 1999, 469). al sud–, s’han excavat 16 sepultures baiximperials del
Es tracta d’un assentament tipus vil·la amb nivells segle IV dC, on apareixen individus inhumats, entre
que abracen una cronologia entre els segles I aC i V dC, els quals destaquen els infantils, alguns en àmfora. La
i amb una extensió aproximada de 8.000 m² (Rosser, fase inicial de l’enclavament és d’època tardorepubli-
cana, mentre que la industrial va des del segle I fins a
finals del II dC, reestructurant-se tot el jaciment en els
1. Volem manifestar el nostre agraïment més sincer a Carolina segles III i IV dC, per a abandonar-se totalment entre
Fuentes, Javier Giménez i Míriam Gilabert per la seua ajuda.
principis i mitjan segle V dC (Ortega, 1999, 470-471).
A Julia Sarabia i José A. Mellado pel seu suport i consells. Al
Servei de Política Lingüística per la revisió del text. Aquestes són algunes dades resumides del jaciment,
2. Volem expressar el nostre agraïment més sincer a Julio J. descrit i analitzat en diverses ocasions a les quals re-
Ramón Sánchez, del MARQ, que ens ha facilitat informació metem (Ortega, 1997a, 1997b i 1999; Molina, 1998a,
sobre els materials i les publicacions existents a la institució. 1998b i 1999; Pastor et alii, 1999; Ortega i De Miguel,
172 IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

Figura 2: Casa Ferrer I. Vista general de la vil·la (Font: Patrimoni Cultural).

1999; Ortega i Esquembre, 2003; Rosser, 2007; Frías, extraure més informació. A la UE 612 trobem un se-
2010). mis d’atribució indeterminada del segle I aC i un al-
tre de Tiberi encunyat cap a l’any 17 dC a Carthago
Noua, aquest nivell va ser emmarcat –tant pels mate-
II. ACTUACIONS ARQUEOLÒGIQUES rials com per les estructures aparegudes– dins d’època
tardorepublicana o de transició a altimperial (Ortega,
Les excavacions realitzades a l’enclavament es van 1997a, 20). A la UE 614 trobem l’única peça que no
dur a terme entre setembre de 1995 i gener de 1997 pertany a època antiga i que ens du fins al segle XVII.
en dues fases, i posteriorment s’hi van fer sondatges Es tracta d’un diner de Carles II encunyat a València
arqueològics en 1998 i noves intervencions en aquest REVISTA
entre LUCENTUM
1667-1669 que correspon al tipus 175 de Calicó
últim any i 1999. (2008,
FIGURES433). A la UE 615 trobem tres peces, un semis
Durant les excavacions de 1996 a la vil·la es van Aquest és el quadre bo que s’ha de canviar (el que hi ha al text no v
trobar algunes monedes a les diferents UUEE que no
havien estat encara estudiades (Fig. 3). Al sector 1, V6 Seques Total %
38-32, va aparèixer un bronze que podria adscriure’s a Segles II-I aC Indeterminada 3 11,11
Domicià, però també a Trajà o bé a Adrià, del qual no Segles I-II dC 6 22,22
s’ha pogut afinar més la catalogació a causa del mal August (27 aC-14 dC)
Tiberi (14-37 dC)
C. Nova, Celsa o Bilbilis
Carthago Nova
1
2
estat de conservació. L’existència d’aquesta moneda Ilici 1
en l’accés a l’habitació 2, juntament amb abundants Domicià (81-96 dC), Trajà Roma 1
(98-117 dC) o Adrià
fragments d’africanes de cuina i clares A, així com al- Adrià (117-138 dC) Roma 1
tres materials de finals del segle I i II dC, va ser inter- Segle III dC 4 14,81
Otacília Severa (244-249 dC) Roma 1
pretat pels arqueòlegs com un nivell d’ocupació (Or- Claudi II (268-270 dC) Roma o seca local 3
tega, 1997a, 11). Al sector 4, UE 516 es va trobar una Segle IV dC 7 25,93
moneda o xapa molt mal conservada que, a més a més, 1 o 2 estendards (333-340 dC) Indeterminada 1
Constantí II (337-340 dC) Ticinum 1
presenta perforació, cosa que ens indica que hauria es- Aquileia 1
tat utilitzada bé com a penjoll o medalla. Constant (337-350 dC) Lugdunum? 1
Constanci II (337-361 dC) Thessalonica 1
Al sector 5 és on va aparèixer el gruix de les mo- Indeterminada 1
nedes de l’excavació. A la UE 600 (nivell superficial) Valentinià (364-375 dC) Indeterminada 1
es van trobar dues monedes, una de Claudi II i l’altra Atribució indeter. s. IV-VI dC Indeterminada 3 11,11
Indeterminades s. I-V dC Indeterminada 4 14,81
de Constantí II. En aquest mateix sector, però a l’A I Total 27 100
i UE 601 (enderroc que segellava el pati privat), apa-
regué un semis del segle I aC del qual no s’ha pogut FiguraFigura 3: Quadre-resum
3. Quadre-resum general
general dedeleslestroballes.
troballes.

LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08


LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT) 173

del segle I aC, un as indeterminat i una altra moneda peça que G. Molina va descriure com un as de Tiberi
del mateix valor, en aquest cas de Tiberi encunyada a encunyat a Ilici (1998a, 14-15), però per la descripció
Carthago Noua. Per la seua part a l’A I/II UE 616 va de l’exemplar es tracta en realitat d’un semis.
aparèixer molt material –especialment os treballat– as- L’any següent 1999 es va realitzar una nova inter-
sociat a nivells del s. II dC encara que a la zona superi- venció a la zona que va donar noves troballes numis-
or d’aquests els objectes eren més moderns. Aquí van màtiques. En aquest cas es tracta de dues peces apa-
aparèixer tres monedes, una d’elles un as d’August regudes al sondatge 4, UUEE 401 i 407. La primera
encunyat a Hispània i les altres dues indeterminades, moneda trobada a la UE 401 és un antoninià pòstum
encara que una d’elles es tracta d’un minimus amb una de Claudi II encunyat a Roma o a una seca local des-
cronologia que podria anar al s. VI dC. A l’habitació prés del 270 dC que correspon, segons l’arqueòleg,
6 UE 617 es van documentar materials dels segles amb la referència del RIC V.1, 261 i l’altra peça és un
III-IV dC com són les ceràmiques de cuina (cassoles menut (Molina, 1999, 9-10). Per altra banda, a l’am-
i marmites, moltes d’elles africanes) i al llindar de la pliació sud del sector 6 a la UE 801 es van trobar dues
porta, a la cantonada SO, va aparèixer un nummus pos- monedes impossibles de definir pel seu desgast (Mo-
siblement de Constanci II. Per altra banda, a l’habita- lina, 1998b, 12). Malauradament no hem tingut accés
ció 5b UE 618, juntament amb materials del segle III a aquestes últimes peces, de manera que no han pogut
dC (sigillata clara C, cassoles de ceràmica africana de ser catalogades ni documentades gràficament, ni tam-
cuina), es va trobar un antoninià de Claudi II encunyat poc en coneixem l’estat de conservació.
a Roma. Segons l’arqueòleg que va realitzar l’exca-
vació, aquestes unitats estratigràfiques coincideixen
amb la remodelació d’aquesta part de la vil·la sobre III. ANÀLISI DE LA MASSA MONETÀRIA
estructures i nivells dels segles I-II dC (Ortega, 1997a,
17-18). A la UE 629 trobem tres monedes, un sesterci III. 1. Monedes hispàniques
d’Adrià, un altre d’Otacília Severa encunyat a Roma
i un nummus del s. IV dC. També es va trobar a la UE Durant els segles III-I aC les comarques valencianes,
629-630 un nummus possiblement de Constantí II. J. especialment les litorals, van registrar una circulació
R. Ortega (1997a, 21) associa totes aquestes monedes monetària molt activa. En aquest territori van conviu-
al segle IV dC ja que la UE s’ha documentat com a re diferents espècies monetàries, arribades de gairebé
nivell d’abandonament en aquest moment. Tanmateix, tots els punts del mediterrani que, acompanyades de
no totes les peces trobades en aquesta UE pertanyen les encunyades a seques indígenes, van contribuir a
al segle IV com es pot veure, ja que una d’elles és del dinamitzar l’economia existent. Aquesta zona costa-
s. II i l’altra del III dC, encara que és probable el seu nera del sud-est peninsular, la badia d’Alacant o Albu-
ús prolongat després de l’encunyació. A la UE 638 va fereta, començà a utilitzar moneda per a intercanvis i
aparèixer una moneda de Constanci II i a l’A III, UE activitat comercial de manera assídua a partir de la se-
642c (int. bassa) un nummus d’atribució indetermina- gona guerra Púnica (218-201 aC). És per aquest motiu
da amb una cronologia de la primera meitat del segle que els primers exemplars existents pertanyen a aquest
IV dC. Cal assenyalar també l’aparició a la UE 654b període i provenen de l’àrea d’influència sota la qual
d’un nummus d’atribució indeterminada del segle IV es troba aquest territori.
dC i a l’A IV UE 655 d’un semis indeterminat.
Dos anys després i durant la realització de noves
intervencions al voltant de la vil·la Casa Ferrer I van III. 1.1. Encunyacions fenopúniques
aparèixer tres noves monedes, que coneixem a través
de la memòria realitzada per G. Molina on esmenta la A l’enclavament tenim un semis de seca indetermina-
seua troballa als sondatges 1 i 2. Al primer sondatge da (núm. 1), de possible adscripció fenopúnica, que
UE 101 es va trobar un nummus descrit per l’arque- presenta cap masculí a l’esquerra a l’anvers i possible
òleg com una moneda de Valentinià, acompanyada dofí a la dreta al revers. El seu alt grau de desgast ens
de gran quantitat de restes materials d’època romana ha impossibilitat adscriure la peça a un període con-
barrejades amb d’altres ibèriques i d’època moderna. cret, encara que podria pertànyer al segle II aC. Al
Possiblement es tracte d’un tipus securitas reipubli- que seria l’exerg trobem uns signes molt semblants a
cae, del qual es desconeix la seca i amb una cronologia l’escriptura fenícia. La iconografia del revers s’ajus-
que va del 364 al 375 dC (Molina, 1998a, 9). Per altra taria al semis d’Asido amb dofí (CNH, Asido-3), però
banda al sondatge 2 van aparèixer dues monedes. A les lletres no coincideixen i tampoc l’anvers, ja que la
la UE 201, que es correspon amb un nivell d’hàbitat nostra peça ens mostra un cap masculí a l’esquerra i la
de la vil·la associat a estructures arquitectòniques amb d’aquesta seca en canvi un bou a la dreta. Tanmateix
abundant material romà (entre el qual destaquen frag- trobem un tipus a la seca de Carteia (CNH, Carteia-4)
ments de ceràmica àtica, campaniana, T. S. sudgàl·lica que podria correspondre a la nostra moneda, però la
i africana), va aparèixer un nummus de Constant pos- grafia no s’ajusta a la nostra.
siblement encunyat a Lió i a la UE 204, descrita com L’existència d’aquest exemplar a la vil·la de Casa
un clot o fosa per a conrear i amb escàs material, una Ferrer I, estaria relacionat amb la proximitat de les

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08 LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183.


174 IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

terres valencianes a la ciutat de Carthago Noua, fet monedes republicanes juntament amb material de tra-
que justificaria la presència de monedes amb grafia fe- dició ibèrica i ceràmica de vernís negre (Ortega i Gar-
nopúnica o emissions hispano-cartagineses a la zona cía, 1996, 16 i 21). Els arqueòlegs, però, no n’especifi-
per quedar-ne aquesta dins d’una òrbita cultural o lin- quen el nombre; potser es tracte de les tres dipositades
güísticament púnica (Ripollès, 1982, 274). Les troba- al MARQ, tots semis, un d’ells encunyat a Carthago
lles aparegudes a les comarques meridionals valenci- Noua, un de canvi d’era i l’altre indeterminat.
anes, especialment al terç sud i la zona costanera, així Les encunyacions cíviques d’Hispània van realit-
ho evidencien (Llorens, 1984; Arroyo i Bolufer, 1988; zar-se bàsicament per a cobrir les necessitats de mo-
Garrigós i Mellado, 2004; Ramón, 2010; Ripollès, neda divisionària, sobretot si tenim en compte que la
2010; Verdú, 2010). seca de Roma no encunyava bronze des del 80 aC, que
aquest material realitzat a Hispània era insignificant,
mentre que les imperials d’August gairebé arribaven a
III. 1.2. Emissions indígenes la península i les ja existents en circulació eren poques
i estaven molt desgastades (Ripollès, 1997, 383). De
Les encunyacions ibèriques es van fer necessàries per la mateixa manera que van sorgir aquestes emissions,
l’aprovisionament irregular de moneda de bronze re- van deixar de realitzar-se en el regnat de Calígula, amb
publicana i la demanda creixent d’aquesta a la zona. l’excepció de la seca d’Ebusus que ho continuarà fent
Cal insistir en el dinamisme comercial i econòmic del fins a època de l’emperador Claudi.
territori (nuclis urbans destacats, activitats portuàries, L’as d’August (núm. 4) amb llegenda a l’anvers
pagament a soldats, etc.) fet que provocà l’emissió AVGVSTVS DIVI F, que gairebé es pot llegir, es troba
d’exemplars indígenes per a cobrir les necessitats d’ús circumdat per una marca incisa. El revers és totalment
local (Ripollès, 1994, 134-136). A Casa Ferrer I hi il·legible, cosa que ens fa pensar que la peça podria
ha dos semis que hem adscrit al segle I aC dels quals haver estat encunyada a tres possibles seques: Cartha-
desconeixem la seca i la cronologia exacta. Un d’ells go Noua, Celsa o Bilbilis.
(núm. 2) es troba fragmentat en quatre parts, del qual De la seca de Carthago Noua n’hi ha dues mone-
ens en falta una. En el cas de l’altre (núm. 3), el seu des més, aquestes de Tiberi. Una d’elles un as (núm.
estat ens impossibilita extraure més informació ja que 5) encunyat cap a l’any 32 dC presenta al revers la
el revers és completament il·legible. llegenda C CAESAR TI N QVINQ IN VINC. En
Es coneixen diversos exemplars d’emissions ibèri- aquest observem el nomenament honorífic com a
ques a d’altres enclavaments propers a la vil·la roma- magistrat quinquennalis de Calígula quan encara era
na, com és el cas de la ciutat iberoromana de Lucen- cèsar, acompanyat de les inicials de la ciutat V(rbs)
tum (García et alii, 2010, 354; Ramón et alii, 2010, I(ulia) N(oua) C(arthago) (Abascal, 2002, 26-27). Del
102), així com a la resta de les comarques meridionals mateix emperador trobem un semis (núm. 6) del tipus
valencianes, tant costaneres com d’interior. Convé su- cap de Minerva galejat a la dreta a l’anvers i estàtua
bratllar a més a més, la presència destacada en aques- sobre pedestal al revers amb les sigles C V I N que
tes terres de peces encunyades a les seques de Saitabi signifiquen C(olonia) V(rbs) I(ulia) N(oua Carthago).
i Castulo. Aquest tipus (RPC 151) s’ha considerat durant molt
de temps una emissió preaugustal (Llorens, 2002, 51
i 72) pel seu caràcter anònim i per recordar la seua
III. 1.3. Emissions provincials iconografia als denaris de l’any 42 aC (RRC 494/38).
Tanmateix Abascal aconsella modificar la datació
A la vil·la trobem un total de quatre monedes roma- de l’exemplar i situar-lo en l’any 17 dC (2002, 24).
nes encunyades a seques hispanes, fet que conforma Aquest replantejament ve donat pel canvi de denomi-
el 14,81% del material estudiat. D’aquestes, una és nació en el nom de la ciutat, ja que no va ser fins a ini-
d’August, i les altres tres de Tiberi. Les emissions cis del regnat de Tiberi quan va adoptar oficialment el
cíviques van existir fonamentalment gràcies a la vo- nou nom de Colonia Vrbs Iulia Noua Carthago sobre
luntat de colònies i municipis, i van facilitar el bon monedes i altres suports.
funcionament de l’economia de l’Imperi. Tanmateix, La colònia d’Ilici, Colonia Iulia Ilici Augusta, va
la seua fabricació va ser irregular i el seu àmbit de ser fundada aproximadament cap a l’any 42 aC, encara
circulació local, fet lògic per ser monedes de bronze i que no serà fins a l’any 26 aC quan se li afegisca l’úl-
tenir poc valor facial (Llorens, 2002, 65). Les seques tim epítet. La ciutat va començar a batre moneda per
representades al numerari de l’enclavament són: Cart- la necessitat dels nous colons assentats en ella, però
hago Noua i Ilici. no va ser suficient per a cobrir els menesters locals,
D’altra banda, tal com hem esmentat al principi, fet que explica que la massa monetària predominant al
cal recordar que de la vil·la romana de Casa Ferrer territori fins a època de Tiberi siga la realitzada a Cart-
I hi ha monedes dipositades al MARQ entre les quals hago Noua (Abascal, 2004, 80 i 91-92; Lledó, 2007,
un as de la seca de Celsa i dues de la de Carthago 156). De les sis emissions batudes per la seca d’Ilici,
Noua, una d’elles un semis. Quant a Casa Ferrer II, les tres últimes (4a, 5a i 6a) es van realitzar sota Tibe-
altra vil·la romana pròxima a l’estudiada, es van trobar ri, i ho van fer encunyant de manera simultània asos i

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LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT) 175

semis, mentre que les tres primeres ho van fer sols de de reclutaments realitzats amb motiu de les guerres
semis durant època d’August. lliurades amb Trajà i Marc Aureli (Arias, 2006, 28).
D’aquesta seca hi ha un semis de la 4a emissió Dels emperadors de la dinastia Ulpia-Aèlia en tro-
(núm. 24) trobat durant els sondatges realitzats l’any bem representat, segur, un d’ells. L’enclavament ens
1998 al jaciment. La descripció sobre la peça l’hem va proporcionar un sesterci d’Adrià (núm. 8) encunyat
extret de la memòria d’excavació realitzada per G. a Roma l’any 138 dC. A causa del desgast no podem
Molina (1998a, 14-15), ja que no ens ha estat possi- llegir les llegendes de l’anvers ni el revers, però pen-
ble consultar l’exemplar directament –pensem que pot sem que Hilaritas és la iconografia d’aquest últim.
trobar-se sense restaurar en companyia dels materials Hem de recordar que la vil·la de Casa Ferrer I es
apareguts. Aquest correspondria al tipus d’àguila le- troba dins l’ager de la ciutat de Lucentum-Tossal de
gionària entre dues insígnies militars al revers (RPC Manises, on les troballes sobre aquest període, de les
195) que al·ludeix als veterans assentats a la colònia. quals es té notícia, en molts casos corresponen a Tra-
Segons Llorens (1987b, 174) les peces encunyades jà. A la vil·la de Parc de les Nacions es va trobar un
sota aquesta emissió haurien estat batudes després de sesterci (Rosser, 1990; Abascal, 1993), un altre a Casa
l’any 15 i presentarien poca qualitat tècnica i artística, Ferrer I i dos asos del mateix emperador, un a Vila-
a més d’errors d’encunyació, cosa que fa pensar en franquesa/El Palamó (Ripollès, 1980, 66) i altre una
artesans poc qualificats al taller de la colònia en aquest troballa casual a la zona de la Condomina. Es coneix
moment. també un exemplar de Marc Aureli de la vil·la de Casa
Ferrer I. Tots aquests materials es troben dipositats al
MARQ.
III. 2. Monedes romanes

III. 2.1. Els segles I i II dC III. 2.2. El segle III dC

Va ser durant el regnat d’August, i gràcies en part a la Del segle III dC, moment de grans transformacions
seua reforma monetària, quan es va assolir un alt grau i desequilibris a nivell monetari, hem individualitzat
de monetització a Hispània. Aquesta ja havia comen- quatre exemplars que representen el 14,81% del ma-
çat al territori en època republicana però de manera terial analitzat. Durant aquest període, el valor decla-
desigual. Amb Octavi August es va fomentar l’encu- rat dels tipus circulants anirà augmentant, el sesterci
nyació de divisors de petit valor que van dinamitzar la serà la moneda habitual d’ús i l’as passarà a tenir una
circulació monetària, facilitant les transaccions quo- funció residual. Això acabarà afectant també, cap a la
tidianes més bàsiques. De l’emperador August hi ha meitat de la centúria, al bronze de més valor que de-
una moneda dipositada al MARQ, però desconeixem sapareixerà, com ho farà el denari donant pas a l’an-
la tipologia. A la mateixa institució es troben tres pe- toninià. Aquest procés vindrà provocat per tres motius
ces d’atribució indeterminada, una del s. I i dues del II bàsics: augment de la despesa estatal, pèrdues de plata
dC, aparegudes també a la vil·la. registrades en el comerç amb Orient i dificultats amb
Amb l’arribada al poder de la dinastia flàvia, perí- l’aprovisionament metàl·lic, que s’afegiran als proble-
ode d’estabilitat i prosperitat per a l’economia, trobem mes financers –inflació i augment del valor de les mo-
–contràriament al que es podria pensar– escassetat nedes en circulació– (Alberola i Abascal, 1998, 120).
monetària per a aquest moment. S’han considerat di- Del període de l’anarquia militar (235-285 dC)
versos factors entre els quals cal assenyalar: la breve- comptem amb un sesterci de Marcia Otacília Severa,
tat del període, una reducció de les emissions així com dona de l’emperador Filip l’Àrab, encunyat entre els
una disminució considerable dels estrats d’abandó i/o anys 244-249 dC a Roma (núm. 9). A partir del regnat
destrucció on solen donar-se aquestes troballes mone- de Gal·liè el volum de moneda apareguda augmentà
tàries, a més de la continuïtat en circulació d’exem- considerablement, producte d’una intensificació en
plars de moments anteriors. Hi ha una moneda que l’emissió, així com d’un manteniment en circulació de
hem adscrit a aquesta dinastia, encara que podria cor- determinats tipus monetaris. La inflació monetària a
respondre també a la posterior. L’alt grau de desgast partir del seu regnat en solitari (260-268 dC) va ser
de la peça impossibilita una catalogació més precisa, elevada repercutint greument sobre l’economia. El va
no sols a nivell cronològic sinó fins i tot al seu tipus. seguir l’emperador Claudi II el Gòtic amb un regnat
Pensem que es pot tractar d’un dupondi o as (núm. 7) que va ser breu (268-270 dC). D’ell comptem amb
associat a Domicià pels trets facials que caracteritzen tres antoninians, un batut a Roma (núm. 10) amb el
la iconografia de les seues encunyacions, però també revers d’Aequitas i els altres dos pòstums (núm. 11 i
podria correspondre als emperadors Trajà o al seu suc- 25) encunyats després del 270 dC a Roma o a seques
cessor Adrià. locals. Aquest tipus (RIC V.1, 261) va ser molt comú
El segle II va representar un moment de relativa a Occident. L’exemplar núm. 25 ha estat inclòs dins
estabilitat, encara que fóra fictícia, ja que a Hispània l’estudi malgrat no haver-lo localitzat i fent ús de la in-
hi va haver cert malestar entre la població per l’endu- formació existent a la memòria d’excavació realitzada
riment de les condicions financeres i l’elevat nombre per G. Molina el 1999 (Molina, 1999, 9).

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176 IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

III. 2.3. Els segles IV i V dC exercitus però no hem pogut adscriure-la de manera
segura perquè presenta mossa i un alt grau de desgast.
A finals del segle III Dioclecià va impulsar una impor- Del període 364-408 dC hi ha un nummus (núm.
tant reforma político-administrativa i monetària que 27) associat a l’emperador Valentinià (364-375 dC)
desembocà en un nou sistema de denominacions basat del qual s’ignora la seca. Es va trobar durant els son-
en el nummus com a bronze de referència. Aquest va datges realitzats l’any 1998 i ha estat inclòs dins l’es-
funcionar durant tot el segle IV al temps que desapa- tudi, encara que no hi hem pogut accedir directament
regué de manera definitiva l’antoninià i es va assistir a (Molina, 1998a, 9).
la multiplicació de tallers numismàtics de tot l’Imperi, Cal recordar també l’existència d’altres exemplars
perdent la seca de Roma el protagonisme que havia dipositats al MARQ producte de les intervencions du-
tingut durant la centúria anterior. tes a terme a la vil·la com són set nummi: un del ti-
Del material estudiat, el segle IV dC està represen- pus gloria exercitus amb un estendard, cinc amb dues
tat amb 9 peces, el 33,33% del conjunt i per tant, el Victòries amb corona i altre de genet caigut que ens
percentatge més elevat per períodes, fet que concorda situen en una cronologia entre principis del segle IV
amb altres enclavaments del territori de Lucentum i de i el 361 dC.
les comarques meridionals del País Valencià (com es
pot veure a diferents estudis, dels quals esmentem al-
guns: Arroyo, 1985 i 1988; Abascal, 1989; Alberola i III. 3. Encunyacions vàndales
Abascal, 1998; Marot et alii, 2000; Garrigós i Mella-
do, 2004; Frías i Llidó, 2005; Abascal i Alberola, 2007 Les troballes realitzades els últims anys contradiuen
i 2010; Ramón, 2010; Garrigós, 2012). Els bronzes les tesis de la completa interrupció d’arribada de mo-
d’aquest moment generalment es troben en mal estat netari nou a Occident a finals del s. IV i principis
de conservació o bé molt desgastats a causa de la re- de la centúria següent. L’arribada de moneda encu-
sidualitat monetària. Això ha dificultat la catalogació, nyada al segle V acompanyada d’una perdurabilitat
identificant en alguns casos l’emperador i en poques de la massa monetària circulant de períodes anteri-
ocasions les seques en les quals van ser emesos. En ors –fonamental per al funcionament de l’economia
altres moments, tan sols s’ha pogut adscriure a un pe- monetària–, així com les iniciatives privades o locals
ríode gràcies a la iconografia del revers que sol ser ca- que van realitzar imitacions o emissions de caràcter
racterística d’una etapa molt concreta. irregular, fan pensar en un comerç actiu i de relati-
Del període 306-363 dC, en el qual l’Imperi va es- va importància demostrat pels elements esmentats. A
tar governat per la dinastia constantiniana, s’han iden- partir del segle VI dC s’incorporarà numerari d’ads-
tificat sis monedes. Una de les causes per a entendre cripció vàndala i bizantina a la circulació dins aquest
per què el numerari es fa corrent a partir del 330, s’ex- territori, especialment als enclavaments costaners.
plica per l’augment de les encunyacions ordenades La moneda vàndala apareix acompanyada, normal-
pels emperadors amb la intenció de reforçar la massa ment al sud-est peninsular, per emissions més tarda-
ja circulant, fet que va provocar un desbordament de nes d’època bizantina, fet que fa pensar en la seua
petita moneda als mercats (Depeyrot, 1996, 212). difusió durant el domini d’aquests últims (Marot,
De Constantí II tenim un nummus encunyat a la 1997, 169).
primera oficina de Ticinum l’any 324 dC (núm. 12) Pel que fa a aquest tipus d’emissions, pensem que
amb llegenda en el revers DOMINOR·NOSTROR· l’exemplar trobat durant les intervencions arqueològi-
CAESS, envoltant a corona de llorer amb VOT/X dins ques a la vil·la romana de Casa Ferrer I és un minimus
d’aquesta. L’altra peça (núm. 13), que pensem és del encara que d’atribució indeterminada i seca descone-
mateix emperador, és tracta del tipus gloria exercitus guda (núm. 19), que podria adscriure’s al segle VI dC.
i un estendard, encunyada a la seca d’Aquileia l’any La peça presenta al revers una figura de peu de front,
340 dC. possiblement amb els braços oberts i alçats. Aquest
També va aparèixer a la vil·la durant els sondatges període es caracteritza per la desaparició d’algunes
de 1998 (Molina, 1998a, 14) un nummus de Constant emissions a la part occidental de l’Imperi que seran
encunyat a Lugdunum els anys 347-348 dC (núm. substituïdes per altres de tipus bàrbar.
26), que presenta al revers dues Victòries enfronta-
des, acompanyades de la llegenda VICTORIAE DD
AVGG Q N N. III. 4. Monedes d’atribució indeterminada i no
De Constanci II hi ha dues peces, una d’elles amb classificables
dues Victòries de front al revers, encunyada a l’oficina
4a o 5a de Tessalònica entre el 347 i 348 dC (núm. Les tres primeres monedes del catàleg, malgrat tindre
14). L’altre nummus (núm. 15), de seca desconeguda, una atribució indeterminada, han estat estudiades en
és del tipus falling horseman encunyat en el període apartats anteriors en base a la poca informació obtin-
350-361 dC. guda d’elles. Tanmateix, dels dos nummi (núm. 17-18)
De la primera meitat del segle IV dC tenim una del segle IV dC que hi ha, excepte el bust a la dreta
peça (núm. 16) que podria pertànyer al tipus gloria que s’observa als anversos, no hem pogut obtindre

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LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT) 177

més informació dels exemplars i per aquesta raó els Del segle III dC trobem les pòstumes i difoses
hem inclòs en aquest apartat. peces de Claudi II, tan característiques per a aquest
Per altra banda, entre les troballes monetàries n’hi període i moments posteriors, i el predomini dels num-
ha quatre que ha estat impossible classificar pel seu mi del segle IV dC tan desgastats a causa del seu ús
mal estat de conservació, que constitueixen el 14,81% perllongat que arriba en ocasions fins al s. VI dC en
de les peces, totes elles il·legibles per les dues cares. companyia de peces vàndales i bizantines. En el cas de
Dues d’aquestes podrien tractar-se d’asos (núm. 20- Casa Ferrer I hem documentat un exemplar d’aquest
21), una altra seria un semis (núm. 22), tal volta del últim moment que malgrat l’atribució indeterminada
segle I dC o bé d’abans, i l’última seria un nummus del hem adscrit a encunyacions vàndales basant-nos en la
segle V dC (núm. 23). tipologia.
La peça núm. 20, es troba molt deteriorada i pre- Convé destacar que no existeixen estudis exhaus-
senta una perforació, fet que ens indica que possible- tius publicats dels materials i nivells on s’han trobat
ment hauria estat utilitzada com a penjoll quan ja havia (ni els informes preliminars i memòries consultades
finalitzat el seu període útil com a mitjà de pagament. faciliten la informació completa), fet que dificulta
El pes ens ha fet dubtar sobre el seu valor, pensant fins l’obtenció d’informació sobre els contextos arqueolò-
i tot que podria tractar-se d’una xapa, però hem deci- gics impossibilitant qüestions tan importants com les
dit incloure-la com a moneda que podria pertànyer als de conèixer, en la majoria dels casos, el llarg període
segles I-II dC. en el qual les monedes poden estar circulant i que jus-
tifiquen per tant el seu desgast.
A tall de conclusió volem dir que el material nu-
IV. CONSIDERACIONS FINALS mismàtic estudiat proporciona noves dades que confir-
men com l’ager de Lucentum segueix gairebé els ma-
La ciutat iberoromana de Lucentum-Tossal de Manises teixos patrons d’abastiment monetari que la resta de
es trobava envoltada de diferents vil·les suburbanes i les comarques meridionals del País Valencià. A saber,
d’altres que formaven part del seu territorium (Olcina, una massa monetària important en dos períodes cro-
2009). Entre aquestes es troba la vil·la rústica de Casa nològics concrets (segles II-I aC i III-IV dC) i etapes
Ferrer I, un dels jaciments que s’ha pogut conservar amb poca presència en el registre monetari (segles I-II
malgrat la pressió urbanística a la zona. L’enclavament, dC) que sabem no tenen res a veure amb l’evolució
amb una àmplia perdurabilitat en el temps (segles I aC– econòmica de l’Imperi.
V dC), ha aportat una sèrie de materials numismàtics
que ens han permès conèixer un poc més la circulació
monetària a la zona. Els exemplars estudiats abracen CATÀLEG
una cronologia més extensa (segles II aC– VI dC), que
pensem es deu al seu ús continuat o a la pèrdua casu- Les peces estan ordenades cronològicament i integra-
al de la peça per una freqüentació esporàdica del lloc. des en períodes i seques. El número indicat al principi
Dins aquesta última situació, tal volta de visita a la de cada moneda ha estat assignat per nosaltres per a la
zona, entrarien el menut o el diner de Carles II. realització d’aquest treball. La descripció manté bàsi-
Cal destacar que entre les peces analitzades no n’hi cament l’ordre utilitzat en els catàlegs de numismà-
ha cap que no siga de bronze, fet que no significa que tica. Les dades que s’especifiquen són: emperador o
no circularen monedes d’altre metall, sinó que aques- regnat, tipus, seca i data d’emissió. Després es descri-
tes estan poc representades a les troballes de la zona. uen els anversos i els reversos, mentre que el pes (en
Convé recalcar que les peces de bronze faciliten l’ús grams), diàmetre (en mm) i posició d’encunys figuren
per a bescanvis o mercaderies de petita envergadura per aquest ordre al final de la descripció. Segueixen les
que solen realitzar-se dins un circuit local o molt pro- referències que permeten la classificació de la peça,
per al seu lloc d’emissió. en el cas que haja estat possible. A continuació s’es-
Al repertori monetari estudiat trobem exemplars pecifica el seu número d’inventari. La indicació Bibl.
encunyats a la península com són les emissions feno- seguida d’una referència revela si la moneda ha estat
púniques i les ibèriques, així com també les provinci- publicada prèviament o és inèdita. Segueix la sigla del
als, on destaquen, com a la resta de les comarques me- jaciment, any, sector, àrea i UE sempre que s’ha dis-
ridionals valencianes, les peces realitzades a Carthago posat d’aquesta informació. Per a finalitzar apareix un
Noua i Ilici. Les emissions cíviques existents, batudes apartat d’observacions, que hem introduït per si, donat
per les ciutats, són producte, entre d’altres coses, de la el cas, hi haguera alguna informació interessant que
necessitat de cobrir un buit real com a conseqüència de hem volgut afegir.
l’escassetat de moneda de bronze romana circulant per Quant a la nomenclatura utilitzada per a les dife-
als petits pagaments quotidians. Cal destacar la manca rents espècies monetàries, s’ha adoptat la terminolo-
d’exemplars romans del s. I dC o les imitacions locals, gia específica per als exemplars anteriors al s. IV i la
i molt comuns, de l’emperador Claudi, així com també denominació nummus per a les peces a partir de la I
les del s. II dC. Tetrarquia.

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178 IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

Quan no ens ha estat possible trobar la informació 4. AUGUST. As. CARTHAGO NOVA (Ca. 4 aC o ca.
adequada en els diferents apartats del catàleg o bé en 7 dC), CELSA o BILBILIS (27 aC – 14 dC)
desconeixem la referència catalogràfica exacta –a cau- A. [augustus] – DI[vi f]. Cap llorejat d’August a la
sa de la mala conservació de la peça– hem optat per dreta.
posar-hi un guionet (–). R. Il·legible.
10,9 g; 28 mm; – h.
1. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Semis. Seca? s. RPC 167, 273 o 391
II aC Inv.: 3.250
A. [–-]. Cap masculí a l’esquerra. Bibl.: Inèdita
R. [–-]. Dofí a la dreta (?). CFI’96, S. 5, A I/II, UE 616
Exerg: símbol fenici (?). Observ.: té gran mossa; en anvers, al voltant del cap de
5,0 g; 26,2 mm; 3 h. l’emperador, hi ha marca incisa que el circumda.
Inv.: 3.245
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, UE 615

5. TIBERI. As. CARTHAGO NOVA. Ca. 32 dC


A. [ti caesar divi] AV[g]V F [augustu p m]. Cap llore-
jat de Tiberi a l’esquerra.
2. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Semis. Seca? s. R. [c caesar ti n] Q[uinq in vinc]. Bust de Calígula a
I aC l’esquerra.
A. Cap a la dreta. 7,4 g; 33 mm; 6 h.
R. Il·legible. Cap a la dreta (?). RPC 182; Vives, làm. CXXXII, 3
3,3 g; 20,5 mm; – h. Inv.: 3.251
Inv.: 3.244 Bibl.: Inèdita
Bibl.: Inèdita CFI’96, S. 5, A II, UE 615
CFI’96, S. 5, UE 612 Observ.: fragmentada.
Observ.: moneda fragmentada en 4 parts, de les quals
n’hi ha 3.

3. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Semis. Seca? s.


I aC? 6. TIBERI. Semis. CARTHAGO NOVA. Ca. 17 dC
A. [–-]. Bust masculí a la dreta. A. Cap galejat de Minerva a la dreta.
R. Il·legible. R. C V – I [n]. Estàtua sobre pedestal.
4,0 g; 24 mm; – h. 5,1 g; 21 mm; 6 h.
Inv.: 3.246 RPC 151; Vives, làm. CXXX, 1
Bibl.: Inèdita Inv.: 3.252
CFI’96, S. 5, A1, UE 601 Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, A1, UE 612

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LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT) 179

7. DOMICIÀ, TRAJÀ o ADRIÀ? Dupondi o As. 10. CLAUDI II. Antoninià. ROMA. 268-270 dC
ROMA. 81-138 dC A. IMP CL[audiu]S AVG. Bust radiat i amb cuirassa
A. [–-]. Cap d’emperador llorejat a la dreta. a la dreta.
R. [–-]. Figura de front (?). R. [ae]QVITAS AV[g]. Aequitas de peu a esquerra que
6,1 g; 27 mm; 12 h. sosté balança i cornucòpia.
Inv.: 3.254 1,4 g; 20 mm; 5 h.
Bibl.: Inèdita RIC V.1, 15; Normanby 751; Cunetio 2057
CFI’96, S. 1, V6 38-32 Inv.: 3.256
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, Hab. 5b, UE 618

8. ADRIÀ. Sesterci. ROMA. 138 dC 11. CLAUDI II. Antoninià. ROMA o seca local. Post.
A. [hadria]NVS – [augustus p p]. Bust llorejat a la 270 dC
dreta. A. Il·legible.
R. [–-]. Hilaritas de peu a esquerra, que sosté palma i R. [consecr]ATIO. Altar de quatre panells, encès.
cornucòpia entre dos xiquets. 1,2 g; 15 mm; – h.
22,9 g; 32,5 mm; 6 h. RIC V.1, 261; Normanby 1113; Cunetio 2313
RIC II, 970 Inv.: 3.257
Inv.: 3.253 Bibl.: Inèdita
Bibl.: Inèdita CFI’96, S. 5, UE 600
CFI’96, S. 5, UE 629 Observ.: moneda partida per la meitat però restaurada
i pegada.

12. CONSTANTÍ II. Nummus. TICINUM, of. 1a. 324


dC
A. CONSTANTINVS IVN NOB C. Bust llorejat, amb
9. OTACÍLIA SEVERA. Sesterci. ROMA. 244-249 cuirassa i drapejat a la dreta.
dC R. DOMINOR·NOSTROR·CAESS, al voltant de co-
A. MAR[ci]A OTACIL S[evera aug]. Bust diademat i rona de llorer, dins: VOT/ X.
drapejat a la dreta. Exerg: P T
R. [co]N[cordia augg]. Concòrdia asseguda a l’esquer- 3,1 g; 18 mm; 12 h.
ra, amb pàtera en la mà dreta i doble cornucòpia en RIC VII, 172 (?)
l’esquerra. Inv.: 3.258
Exerg: S C Bibl.: Inèdita
16,8 g; 30 mm; 12 h. CFI’96, S. 5, A IV, UE 600
RIC IV.3, 203a
Inv.: 3.255
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, A IV, UE 629

13. CONSTANTÍ II? Nummus. AQUILEIA, of. 1a?


340 dC
A. [d n cons]TANTI-[n]VS P [f aug]. Bust amb cuiras-
sa, llorejat i amb diadema de rossetes a la dreta.
R. GL[oria exerci]TVS. Un estendard.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08 LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183.


180 IMMACULADA GARRIGÓS I ALBERT

Exerg: [a] Q [p]


0,5 g; 14 mm; 6 h.
RIC VIII, 12 o 27A
Inv.: 3.260
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, UE 629-630
Observ.: té mossa. 17. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Nummus.
Seca? s. IV dC
A. [–-]. Bust a la dreta.
R. Il·legible.
0,9 g; 16 mm; – h.
Inv.: 3.263
Bibl.: Inèdita
14. CONSTANCI II. Nummus. THESSALONICA, of. CFI’96, S. 5, UE 629
4a o 5a. 347-348 dC
A. [constanti]-VS P F AVG. Bust drapejat i amb cui-
rassa, amb diadema de llorer i rossetes a la dreta.
R. VICTORIAE DD AVGG [q] N[n]. Dues Victòri-
es enfrontades, que sostenen totes dues una corona i
palma.
Exerg: SMTS[a-]
1,1 g; 16 mm; 12 h. 18. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Nummus.
RIC VIII, 99 Seca? s. IV dC
Inv.: 3.261 A. [–-]. Bust amb diadema a la dreta.
Bibl.: Inèdita R. Il·legible.
CFI’96, S. 5, Int. bassa, UE 638 0,5 g; 16 mm; – h.
Inv.: 3.264
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, A III, UE 654b (int. bassa)
Observ.: moneda partida i perforada.

15. CONSTANCI II? Nummus. Seca? 350-361 dC


A. [–-]. Bust amb diadema de perles, drapejat i amb
cuirassa a la dreta. 19. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Minimus?
R. FEL TEM[p repa]RATIO. Soldat a l’esquerra que Seca? s. VI dC
llanceja un genet caigut. A. [–-]. Bust a la dreta.
1,7 g; 18 mm; 1 h. R. Figura de peu de front amb els braços oberts i
Inv.: 3.262 aixecats.
Bibl.: Inèdita 1,1 g; 11 mm; 2 h.
CFI’96, S. 5, A P6, llindar, UE 617 Inv.: 3.266
Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 5, A I/II, UE 616
Observ.: cospell gros.

16. ATRIBUCIÓ INDETERMINADA. Nummus.


Seca? 333-340 dC
A. [–-]. Bust amb diadema perlada a la dreta. Indeterminades
R. [–-]. Un o dos estendards.
2,0 g; 19 mm; 12 h. 20. INDETERMINADA. As. Seca? s. I-II dC
Inv.: 3.259 Anvers i revers il·legibles.
Bibl.: Inèdita 3,4 g; 28 mm; – h.
CFI’96, S. 5, A III, UE 642c (int. bassa) Inv.: 3.248
Observ.: té mossa. Bibl.: Inèdita
CFI’96, S. 4, UE 516

LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08


LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE LA CIUTAT D’ALACANT) 181

Observ.: moneda o xapa. Prou deteriorada, té R. Q I I A [t coelius proculus m aemilius severus].


perforació. Àguila legionària entre dues insígnies militars.
– g; 21 mm; 2 h.
RPC 195; Vives, CXXXIII-7; Llorens 80-2
Bibl.: Molina, 1998a
CFI’98, sondatge 2, UE 204

25. CLAUDI II. Antoninià. ROMA o seca local. Post.


270 dC
A. DIVO [claudio]. Cap radiat i drapejat a la dreta.
R. [consecra]TI[o]. Altar de quatre panells, encès.
– g; 13 mm; 11 h.
21. INDETERMINADA. As. Seca? s. I-II dC RIC V.1, 261; Normanby 1113; Cunetio 2313
Anvers i revers il·legibles. Bibl.: Molina, 1999
9,1 g; 28,1 mm; – h. CFI’99, sondatge 4, UE 401
Inv.: 3.249
Bibl.: Inèdita 26. CONSTANT. Nummus. LUGDUNUM?, of. 1a.
CFI’96, S. 5, UE 615 347-348 dC
A. [d n fl] CONS[tan aug]. Bust llorejat amb diadema
de rossetes, drapejat i amb cuirassa a la dreta.
R. [victoriae dd agg q nn]. Dues Victòries enfrontades
que sostenen una palma.
Exerg: P L [g]
– g; 10 mm; 6 h.
RIC VIII, 40?
Bibl.: Molina, 1998a
CFI’98, sondatge 2, UE 201
22. INDETERMINADA. Semis. Seca? s. I dC?
Anvers i revers il·legibles. 27. VALENTINIÀ? Nummus. Seca? 364– 375 dC
5,9 g; 20,1 mm; – h. A. [d n valenti-nianus p f aug]. Bust llorejat amb coro-
Inv.: 3.247 na de perles i drapejat a la dreta.
Bibl.: Inèdita R. [securitas – reipublicae]. Victòria avançant a la dre-
CFI’96, S. 5, A IV, UE 655 ta que sosté trofeu i palma.
– g; 08,8 mm; 5 h.
Bibl.: Molina, 1998a
CFI’98, sondatge 1, UE 101
Immaculada Garrigós i Albert
Caseriu Enzebres, 7
03650 El Pinós (Alacant)
[email protected]
23. INDETERMINADA. Nummus? Seca? s. V dC?
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Recepción: 03-07-2013
Aceptación: 08-11-2013

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.08 LVCENTVM XXXII, 2013, 171-183.


LVCENTVM XXXII, 2013, 185-203. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.09

LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA


THE ROYAL STATIONS IN THE ACHAEMENID PERIOD

JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

INTRODUCCIÓN de tributos y de mercancías exigió la existencia de un


sistema de comunicación y de transporte eficiente. El
La capacidad del Estado aqueménida para controlar imperio gobernado por los monarcas aqueménidas fue
los territorios conquistados, proclamar su presencia, así unido por una extensa red de caminos (Fig. 1). Los
recolectar y supervisar sus bienes, y mantener la segu- grandes centros de poder del imperio fueron así conec-
ridad, dependía de un sistema eficaz de comunicación. tados por un sistema viario que agilizaba y facilitaba
Aunque el poder fue transferido a los gobernadores el transporte de las órdenes reales, así como la circula-
provinciales, la vigilancia política de la periferia des- ción de los funcionarios. Sobre esta red se implantó un
de el centro, el movimiento y las operaciones de los sistema de correos que permitía al Gran Rey comuni-
ejércitos reales, y la circulación de recursos en forma carse con los centros más distantes de su imperio en un

Figura 1: El sistema de caminos reales en el Imperio Persa Aqueménida.


186 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

tiempo record, agilizando por ello la administración de funeraria», aunque en el arameo babilónico judío el tér-
este enorme imperio. mino se limita a señalar una medida de distancia («has-
Con ese fin, se implantaron a lo largo de los caminos ta Jerusalén hay muchas estaciones del camino»: BT
reales aqueménidas una serie de instalaciones, conoci- Nazir 7a) o a un lugar donde uno podía obtener alimen-
das genéricamente con el nombre de estaciones, donde tos a lo largo del camino (BM 79b=AZ 65a).
los mensajeros reales, funcionarios y trabajadores del F. Rundgren ha ofrecido como posible etimología
Estado, cortesanos y viajeros ordinarios podían alimen- del iraní el término ‘awwānā como una temprana con-
tarse, descansar y cambiar de montura para poder prose- taminación de dos antiguas palabras iranias, āvahana
guir su camino sin problemas. Sin embargo, el disfrute «aldea» y *avāhana «lugar donde uno podía desensi-
de tales ventajas estaba supeditado a la presentación llar a los caballos»1. ¿No se puede asumir un desarrollo
de un documento oficial sellado conocido como halmi del término en antiguo persa adwana > *awānā «viaje,
(elamita) o miyatukkaš (elamita) en la documentación camino» de una manera similar a la palabra en antiguo
procedente del Archivo de la Fortificación de Persé- persa *hadabāra > ayār, en persa moderno, puesto que
polis. Se conoce también la existencia de estas instala- esta palabra también influenció en el significado del
ciones gracias al relato de Heródoto (V, 52-54), quien ‘awânâ arameo especialmente utilizado en el Talmud
indica que a lo largo del camino real se emplazaron una babilónico? Como información adicional, los caminos
serie de instalaciones destinadas a dar cobijo y suminis- de la Persia pre-Islámica también fueron abastecidos
tro a las personas que, tras presentar su correspondiente con estaciones del camino o de «mesones»; en persa
autorización sellada, tenían el derecho de disfrute de las medio fueron conocidas como aspinj, en judío arameo
prestaciones que ofrecían estas instalaciones. como ušpīz y en mandaico como špinza. El término so-
brevive en el persa moderno como sipanj. En un epi-
sodio registrado en el Talmud babilónico, oímos hablar
DENOMINACIÓN DE LAS ESTACIONES de un mensajero real sasánida que paró en un mesón
(ušpīzā) en su camino para detener a un erudito judío
En cuanto al término que los persas utilizaron para bien conocido (Babā Mesī’ā, 86a); además, el térmi-
referirse a estas instalaciones no nos ha llegado. Los no ušpīzkān («mesonero») se encuentra en el Talmud
textos del Archivo de la Fortificación de Persépolis, y en otros contextos (Silverstain, 2007, 28). El término
por ejemplo, mencionan solamente el lugar en el que pre-Islámico para el «mesón» continuó siendo utiliza-
los viajeros recibieron sus raciones: do en la Sogdiana Omeya, donde la palabra arspanj,
una variación local del persa medio aspinj, denotó una
«4,65 BAR de harina, recibida por Dauma. Cada «estación postal» (Briant, 1996, 368). A pesar de esta
uno de los 23 hombres recibió 1,5 QA, y 1 QA por variada terminología, los intentos de reconstrucción
cada «muchacho». Dauma llevaba un documento son ciertamente hipotéticos y sólo nuevos hallazgos
sellado de Irdarpirna. Ellos viajaron desde Sardes. nos permitirán conocer como los aqueménidas deno-
Ellos iban a Persépolis. Noveno mes del vigésimo minaban a sus estaciones en su propia lengua.
séptimo año. En Hidali» (PF 1404).
Las fuentes de época clásica no nos ayudan tampo-
co mucho en este sentido, pues utilizan para nombrar DISTANCIA ENTRE LAS ESTACIONES
a estas instalaciones términos de origen griego, como
staJmóV, katagwgai o katálusiV kállistai. Otra cuestión muy discutida es la distancia existente
Tampoco los términos utilizados en acadio por los asi- entre estas instalaciones. Según se desprende de los
rios para referirse a sus «estaciones postales» (kalliu, relatos de las fuentes antiguas éstas estaban situadas a
kalliju) y «estaciones de descanso» (bit mardītu) nos intervalos de unos 25 km por término medio. El pro-
ayudan en esta tarea. En la carta del sátrapa de Egipto blema radica en sí estas instalaciones servían también
Aršāma a su intendente Nehtihôr, se utiliza el térmi- como estaciones postales, ya que un mensajero a ca-
no arameo ‘dwn (VI, 5), que P. Grelot tradujo como ballo, por ejemplo, podría cubrir en un día de marcha
«(estación de) viaje o camino» (DAE 67). Esta carta mayores distancias. Por este motivo se ha esgrimido
señala cómo los diferentes funcionarios recibieron la que las estaciones descritas por Heródoto formaban
orden de suministrar con raciones a Nehtihôr, a sus una red de praetoria reales, mientras que las instala-
acompañantes y a sus caballos en cada ‘dwn que «des- ciones postales debían situarse a mayor distancia las
de provincia en provincia atravesara hasta que llegara unas de las otras, y por ello, serían construcciones in-
a Egipto». La traducción de Grelot de este término está dependientes. Como se acaba de mencionar, estas es-
basada posiblemente en las palabras avésticas advan, taciones estaban dispuestas a intervalos de unos 20 a
que aparece en los Gathas, y aδwan–, en el Avesta, que 30 km a lo largo del camino real aqueménida, aunque
han sido traducidas como «senda, carretera, camino»
(Greenfield, 1982, 10). Este empleo de ’dwn evoca ine-
vitablemente al ‘awānā citado en el arameo babilónico, 1. Rundgren, 1965-1966, 75-79, donde proporciona un útil exa-
y que venía a significar claramente «estación, morada, men de la etimología de ‘wn’. Argumenta debidamente con-
lugar de reposo» (la mansio latina), e incluso «morada tra la propuesta de una etimología semítica para esta palabra.

LVCENTVM XXXII, 2013, 185-203. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.09


LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 187

lo más probable es que se situaran a un intervalo de un servicio postal, sólo se pueden sugerir distancias com-
día de marcha, distancia que sería medida según las prendidas entre los 50 y los 75 km. Se ha esgrimido
condiciones orográficas del terreno (Velázquez, 2010, que la distancia de 75 km no puede ser correcta, puesto
519). El problema se plantea claramente así: ¿los per- que para alcanzar esta rapidez era necesario un cam-
sas aprovecharon la existencia de estas estaciones para bio más frecuente, que no era posible en el periodo
ocuparse de las necesidades de su servicio postal, o aqueménida, puesto que un servicio regular a través
instalaron una red de estaciones independientes de es- de este inmenso territorio habría requerido una organi-
tas estaciones reales? Para determinar esta cuestión, zación extremadamente extensa y costosa, puesto que
dos testimonios deben de ser referidos. un inmenso número de caballos debería de ser propor-
El primero se encuentra en la obra Perí kósmou, cionado por los establos reales para hacer funcionar el
en su capítulo VI. Esta obra ha sido atribuida tradicio- servicio correctamente.
nalmente a Aristóteles aunque generalmente se consi- Pero, ¿habría cuadrado esto con las intenciones
dera un trabajo pseudoepigráfico2. Este pasaje trata del que presidieron su creación? No es creíble que fuera
poder de los reyes persas, Cambises, Darío y Jerjes: así. Cuando Jenofonte indica que el rey quería ser in-
formado de todo lo que pasaba en las provincias más
«Todo el Imperio de Asia había sido repartido según distantes de su imperio, no es necesario comprender
los pueblos entre generales, gobernadores y reyes- que el mismo quería administrarlas. Hay una diferen-
clientes, esclavos del Rey de Reyes, corredores y es- cia considerable entre el Estado totalitario, se diría
pías, y entre mensajeros y hombres que vigilan sobre hoy, de los ptolomeos y el Imperio mucho más des-
las señales».
centralizado de la monarquía aqueménida. Mientras
que se concentraba toda la administración de los pto-
Estos últimos cuatro cuerpos de servidores, a los que lomeos en Alejandría, la del Imperio aqueménida se
se añaden, en ciertos manuscritos del Perí kósmou, delegaba en los gobernadores provinciales (sátrapas),
un quinto cuerpo, los escoltas, nos hacen entrever una a quienes el Gran Rey daba sus directivas. El soberano
cuádruple organización sobre los caminos. Tenemos, en aqueménida no quería pues saber todo lo que ocurría
primer lugar los mensajeros a pie, que llevan las noti- en los confines de su Imperio; él quería ser informa-
cias de menor importancia; los espías, encargados de la do solamente de los acontecimientos que de verdad
recolección de información; los guardias estacionados eran importantes. Ni que decir tiene que la posta real
probablemente como los corredores en cada estación, aqueménida transmitía sólo las cartas oficiales. Habría
con la misión de velar por la seguridad de los caminos; sido inconcebible que fuera diferente. Por este moti-
los mensajeros del servicio exprés y finalmente aquellos vo, para la defensa de esta tesis, sólo se puede sugerir
a los que llamamos telegrafistas y sobre quienes apenas un intervalo de 50 km. Sin embargo, después de leer
sabemos a qué distancia se encontraban los unos de los a Heródoto y a Jenofonte, quienes remarcan que este
otros. El hecho de que se mencione en este pasaje la medio de transporte era el más rápido de su época, la
transmisión de las noticias por medio de señales, que distancia de 50 km al día y de 50 km por la noche, lo
requería una instalación especial, hace pensar que, para que equivale a unos 10 km por cada dos horas aproxi-
las estaciones postales, no sería imposible que se hubie- madamente, no parece corresponderse con la informa-
ran organizado independientemente de las estaciones ción transmitida por estos textos.
reales y de las torres de fuego. El segundo pasaje, que De todas formas es más fiable sugerir que las es-
nos es transmitido por Diodoro (XIX, 57, 5), no sirve taciones postales no eran un ente independiente, sino
para sacudir esta hipótesis. Dice así de Antígono: que las instalaciones situadas a lo largo de los caminos
reales cumplían ambas funciones. La evidencia nos la
«Dotó, compartiéndolo con todo el Asia, de la que muestra, como no, los textos del Archivo de la Forti-
era el amo, de señales de fuego y de correos por me- ficación de Persépolis. Por ejemplo, en la estación de
dio de los cuales quería llevar rápidamente su ayuda Kurdušum, emplazada en un punto sin determinar del
a toda cosa». camino real aqueménida que unía Susa con Persépo-
lis, nos encontramos con un funcionario, Haturdada. A
Este sistema continuaba el antiguo Âggar°ion de pesar de que éste es nombrado como proveedor de ra-
los reyes aqueménidas y nos muestra, también, la dife- ciones en 18 textos, la mayoría de ellos no especifican
rente disposición de dar las noticias, o bien por medio su localización, aunque siempre que ésta se indica, es
de fuegos o bien haciéndolos llevar mediante mensa- en Kurdušum donde realiza su actividad. Además, el
jeros a caballo. Lo que hace suponer que el sistema sello más frecuentemente utilizado en los textos de la
de estaciones postales era una organización indepen- serie Q, raciones de viaje, es el sello PFS 10, que apa-
diente es el hecho de que si se admite que algunas rece en el margen izquierdo de 25 textos3. Tres textos,
estaciones reales albergaban también los establos del

3. PF 1309-11, 1361, 1365-1366, 1401, 1451, 1461-1462, 1474,


2. Para más información sobre la discusión de la autoría del 1477-1478, 1485, 1488, 1493, 1496, 1499, 1507, 1519-1520,
autor véase Reale, 1974 y Boss, 1991, 312-332. 1522-1523, 1534, 1540.

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188 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

las PF 1309-1311 mencionan Kurdušum como el lugar a 20 km/h, lo que correspondería «sólo» al 69% de su
en el que la ración fue entregada, mientras que la PF poder aeróbico máximo en el peor de los casos (el total
1309 nombra a Haturdada como proveedor. Los otros sería de 40,5 litros de O2/min) (Minetti, 2003, 785).
22 textos de la serie Q con el sello PFS 10 no nombran A partir de estos datos sorprende que los caballos
ni el proveedor ni el sitio, pero es más que probable necesiten ser substituidos cada hora y media, mientras
que Kurdušum fuera el sitio en todos los casos, y que que una especie menos atlética, como los seres huma-
Haturdada fuera, probablemente, el proveedor, puesto nos, pueda ejercitarse, con la misma carga metabólica,
que no hay indicios que indiquen que este tipo de sello durante más de 4 horas. Esta resistencia varía entre
fuera utilizado por otros proveedores. Por este moti- los caballos de competición y aquellos especímenes
vo, la presencia del sello identifica claramente tanto destinados a cubrir distancias medio-cortas. Conviene
al proveedor como el lugar en el que se entregaba la recordar en este punto a Jenofonte (Cirop., VIII, 6.17-
ración. De este modo, vemos a Haturdada entregando 18), quien menciona que Ciro II «experimentó para
raciones, entre los años 27 y 28 del reinado de Da- encontrar la distancia que un caballo podría cubrir
río, tanto a viajeros (PF 1313-1314, 1316, 1322-1328) en un día cuando el animal estaba montado pesada-
como a mensajeros a caballo (pirradaziš en elamita; mente, y para que no desfalleciera, entonces él erigió
PF 1315, 1319-1321, 1329), por lo que no existe una estaciones a distancias semejantes». Es importante
distinción entre ambos, siendo suministrados en la mencionar como el Estado de los aqueménidas dotó a
misma estación, lo que vendría a confirmar que éstas su sistema de correspondencia de los medios óptimos
servían tanto para el sistema postal como para atender para su correcto funcionamiento, sin tener ningún co-
las necesidades de los viajeros. nocimiento de la fisiología equina, a excepción de la
Es por lo tanto necesario asignar a la posta aque- distancia máxima que podían recorrer y la velocidad
ménida una rapidez mucho más alta. La cifra definiti- máxima que podían alcanzar, reduciendo los posibles
va que buscamos debe pues situarse entre los 50 y los riesgos que podían debilitar y causar la muerte de sus
75 km por día, y entre los 100 y los 150 km por cada caballos.
96 horas, aunque soy más propenso a darle un valor Estas velocidades no son particularmente impresio-
más próximo a los 150 que a los 100 km. Lo que se nantes: las tropas militares podían cubrir unos 30 km
acaba de decir cuadra muy bien con el viaje a caballo por día, aunque la descripción de Heródoto (V, 50-52)
de Catón el viejo, quien desde Brindisi, tardó 5 días en de que los mensajeros postales podían cubrir un itine-
llegar a Roma, cubriendo los 540 km a una media de rario de noventa días sobre el camino real en solamente
135 km por cada 24 horas. Si tomamos estos últimos nueve días, deduce que el sistema postal era aproxima-
datos como base, obtendríamos para el camino de Sar- damente diez veces más rápido que los desplazamien-
des a Susa un viaje de cerca de 20 días. Este trayecto tos militares, con mensajeros que cubrían hasta 300 km
duraba 90 días a pie, tal y como afirma Heródoto. Las en un día (Silverstain, 2007, 13). De este modo, aunque
altas velocidades que los mensajeros podían alcanzar Heródoto especifica que las estaciones fueron estable-
ya mencionadas en el II milenio a.C. en una carta en- cidas en intervalos diarios, éstos estarían calculados
viada por Hammurabi a un alto funcionario de Larsa. según la distancia estimada realizable por los viajeros
Él indica: «Viajarás día y noche, de modo que puedas ordinarios, mientras que los mensajeros postales pasa-
llegar a Babilonia en el plazo de dos días» (Ugnad, rían a través de las estaciones situadas sobre el camino
1914, nº 14); la distancia existente es de cerca de 200 en numerosas ocasiones a lo largo del día, reemplazan-
km en línea recta. De este modo llegó a ser posible do al caballo para que la velocidad no disminuyera y
recibir mensajes dentro de un tiempo relativamente sustituyendo al jinete cuando se precisara para que la
corto, donde la distancia entre Susa y Babilonia, por información estuviera en continuo movimiento. De los
ejemplo, podía ser cubierta en un día y medio, lo que itinerarios registrados en los trabajos, predominante-
representa un promedio de cerca de 150 km por día mente, de los autores griegos, es evidente que la dis-
(Forbes, 1934, 80). tancia entre las estaciones no era uniforme, aunque las
Además era mucho más eficaz cambiar de caballo distancias entre las regiones, así como el número de
a un intervalo de entre 20 y 25 km, ya que una combi- estaciones a lo largo de los respectivos itinerarios, fue-
nación óptima entre velocidad y distancia es ideal para ron calculadas. En promedio, las estaciones fueron em-
el funcionamiento óptimo del caballo. Los parámetros plazadas a cada 20-25 km, y cualquier variación en esta
establecidos por los sistemas de correos a lo largo de la distancia se puede atribuir a las características topográ-
historia fueron elegidos para evitar el estresante calor ficas de una región, de la localización de las ciudades,
producido en el animal ante el sobreesfuerzo realiza- o de otras consideraciones, tales como, por ejemplo, la
do y para reducir el riesgo de que el caballo cayera disponibilidad del agua.
desfallecido. De este modo el sistema se orientó a una
explotación optimizada del caballo y del jinete, com-
patible con sus cargas fisiológicas y biomecánicas. LAS ESTACIONES
Los caballos comprendidos entre los 4 y los 7 años,
con una masa corporal de 390 kg, tienen una energía Pero, ¿cómo eran estas estaciones? A partir de los re-
metabólica de 15 a 28 litros de O2/min cuando galopan latos de las fuentes antiguas podemos suponer que las

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 189

estaciones reales disponían de diferentes aposentos, que


iban desde simples habitaciones para los mensajeros
y los viajeros, hasta lujosos salones que utilizaban los
grandes dignatarios de la corte y el propio monarca aque-
ménida en sus desplazamientos a lo largo de su Imperio.
No obstante, debemos de abstenernos a la hora de iden-
tificar estos emplazamientos donde, por la noche, el rey
se detenía en el camino, con los ÎppôneV que menciona
Jenofonte. De hecho, la información que nos transmiten
los hallazgos arqueológicos nos permiten confirmar la
suntuosidad de algunas de estas instalaciones, así como
de aquellas otras que eran mucho más modestas.

«PABELLONES»

Debemos señalar, en primer lugar, el descubrimiento


en Irán, y principalmente en el Fārs, el corazón del
reino persa, de una serie de estructuras palaciegas co-
nocidas por la investigación con el nombre de «pabe-
llones». Aunque algunas de estas estructuras halladas Figura 2: Columna procedente de Qalēh-ye Kalī. D. T. Potts et
parece que formaron parte de un complejo de edifi- alii, 2009, 215.
cios más amplio, y por ello tuvieron una función en
principio distinta al objeto de este estudio, otras, sin
embargo, pueden asociarse con este tipo de estaciones las excavaciones, además, dan prueba de la existencia
suntuosas, destinadas a la corte y a los altos dignata- de bases de columna comparables a las de Persépo-
rios del Estado aqueménida. lis, tanto en forma como en dimensiones, así como en
opulencia, evidenciando de este modo que se trataba
de un lugar construido específicamente para la corte
Qalēh-ye Kalī real, no para el viajero común o para los mensajeros
que recorrían los caminos reales. Igualmente, hay que
Se han descubierto, por ejemplo, las ruinas de una subrayar sus enormes dimensiones, lo que implicaría
construcción aqueménida con bases de columna negra que el edificio alcanzó una altura considerable. Por
de piedra caliza, de forma acampanada y decoradas ejemplo, la base de columna A-IV, medía 93 cm de al-
con flores de loto, en Qalēh-ye Kalī (Tappeh Servan/ tura y tenía un diámetro de 1,24 m, con un diámetro de
Jin-Jin), en la llanura de Rustam-e Yek, en el distrito superficie superior de 93 cm, mientras que la columna
de Mamasanī, en el Fārs occidental, que pueden estar A-I medía 75,8 cm de altura y tenía un diámetro de
haciendo referencia a la existencia de un pequeño pa- 1,25 m, con un diámetro de superficie superior de 79,4
lacio real o a una estación sobre la vía real aqueméni- cm (Fig. 2) (Potts et alii, 2007, 295). Éstas medidas
da que unía Susa con Persépolis (Stein, 1940, 34-35; se comparan razonablemente bien con las dimensiones
Mostafavi, 1967, 13; Kleiss, 1981, 52; Macdermot y de las bases de columna utilizadas en la Sala de las
Schippmann, 1999, 285; Boucharlat, 2005, 235-236). 100 Columnas de Persépolis, que medían 98,5 cm de
Las excavaciones recientes en el lugar parecen confir- altura y tenían un diámetro de 1,51 m, con un diámetro
mar el hallazgo, es decir, la existencia de una estación de superficie superior de 96 cm (Curtis, 2005, 60). De
con características palaciegas (Potts et alii, 2007, 287- este modo, parece totalmente ilógico suponer que es-
300), ya que si esta edificación fuera simplemente una tas bases, dadas sus dimensiones, apoyaron columnas
instalación de almacenamiento en el camino real don- cortas. Por este motivo, la designación de «pequeño
de los mensajeros y otros viajeros recibieron sus racio- pabellón» utilizada por los primeros excavadores ja-
nes no habría tenido una arquitectura tan monumental poneses y muchos comentaristas posteriores debe de
y comparable en estilo a la de Persépolis. ser revisada.
El recinto, por otro lado, se encontraba situado so- Las piezas, probablemente, formaban parte de las
bre la base de una pequeña elevación montañosa, que bases de un pórtico o de una entrada más grande, ca-
a su vez estaba franqueada por un pequeño curso flu- racterizado por una línea de tres bases de columna, con
vial4. Las dimensiones del edificio son de 50 x 30 m; una cuarta que fue eliminada en la antigüedad (Fig. 3).
Estas columnas señalan el límite norte del pórtico, más
concretamente de las losas de piedra. Posiblemente,
4. Para las excavaciones en este lugar véase Atarashi y Horiu- el pórtico original tenía más columnas, sin embargo,
chi, 1963; Potts et alii, 2007, 287-300; Potts et alii, 2009, el extenso expolio del sitio impide cualquier interpre-
207-282. tación sobre este punto. Una posibilidad es que las

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190 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

de columna de piedra en las excavaciones (Potts et


alii, 2009, 216).
También se halló, al sur de las bases de columna,
una enorme zona pavimentada hecha con losas de
piedra de forma irregular, no muy bien trabajadas y
sin pruebas de alisado, que marcaban probablemente
el camino de entrada al interior del edificio, con tres
escaleras, dos más pequeñas en las esquinas oriental
y occidental del pórtico, y una tercera más grande en
el centro, frente a las bases de columna (Potts et alii,
2009, 227-235). En general, los adoquines utilizados
alrededor de las escaleras centrales y de las bases de
columna son más regulares en tamaño y en forma que
los que se encuentran en otras partes de la acera. Ade-
más, lajas de piedra más pequeñas entre los adoquines
Figura 3: Vista general del pórtico de Qalēh-ye Kalī. D. T. Potts más grandes sugieren, posiblemente, reparaciones del
et alii, 2009, 211. pavimento original. La artesanía relativamente pobre
exhibida por estos adoquines, especialmente en com-
paración con las bases de columna y el nivel de la
cuatro columnas centrales de gran tamaño estuvieran mano de obra observado en Persépolis y Pasargadā, se
flanqueadas por otras más pequeñas, tal y como se ha podría explicar por el hecho de que Qalēh-ye Kalī es
realizado para reconstruir el Palacio S de Pasargadā un sitio provincial en el camino real, no un palacio en
(Stronach, 1978, fig. 4a). Además, una pequeña co- uno de los centros metropolitanos aqueménidas (Potts
lumna de forma cuadrangular se encuentra reutiliza- et alii, 2009, 217).
da en uno de los muros islámicos hallados en el sitio, Además, es ciertamente posible que, considerando
pudiendo ser el tipo de pequeña columna utilizado en que las bases de columna pudieron haber sido talladas
las secciones occidental y oriental del pórtico, aunque por maestros artesanos en o cerca de Persépolis, utili-
esta base es similar a las empleadas en el frataraka zando la típica fina piedra caliza de color azúl-grisaceo
de Persépolis, fechadas en un periodo posterior a los de Kūh-e Rahmat (Nylander, 1970, 28-29), los adoqui-
aqueménidas, por lo que esa columna podría pertene- nes y otros elementos realizados con una piedra caliza
cer a una estructura completamente diferente (Callieri, mucho más gruesa y de color blanco, pueden haber
2007, 49-93 y figs. 57-60). Otra posibilidad es que el sido tallados localmente por albañiles menos compe-
resto de las columnas no fueran realizadas en piedra, tentes (Potts et alii, 2009, 217). Sin duda, el descubri-
tal y como se ha observado en Persépolis, donde exis- miento de al menos un indefinido merlón, sugiere que
ten columnas de madera recubiertas de yeso. Si las co- los elementos arquitectónicos se están preparando en
lumnas de Qalēh-ye Kalī fueron realizadas en madera, Qalēh-ye Kalī. En su totalidad la medida del pórtico
tal situación explicaría la ausencia total de tambores columnado sería de aproximadamente 31 m de este a

Figura 4: Plano del pabellón de Qalēh-ye Kalī. D. T. Potts et alii, 2009, 258.

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 191

oeste, y de 2,5 a 3,5 m de ancho (Fig. 4) (Potts et alii, ante una estructura aislada utilizada para dar cobijo a
2009, 217). También, en algún momento anterior al los viajeros que se desplazaban a lo largo del camino
colapso de los muros de adobe del edificio relaciona- real. Esta posibilidad deberá ser investigada en futuras
dos con el pórtico de piedra, se produjo un expolio, en excavaciones.
particular de los adoquines situados hacia el extremo
occidental (Potts et alii, 2009, 222). Al norte del pór-
tico, y casi en paralelo con la línea de bases de co- Tell Hakavan
lumnas, se halló la base de una estructura de ladrillos
de gran tamaño, así como otras estructuras de piedra Otra de estas fastuosas construcciones se ha hallado
y adobe fueron identificadas más al norte, aunque no en Farmeshghān (Tell Hakavan o Hakhavan), en el
está claro si estas construcciones están asociadas con distrito de Kavar, al sur del Fārs5. El emplazamiento
la ocupación del sitio (Potts et alii, 2009, 235-238). está situado a unos 90 km al sur de Šīrāz, en las inme-
Además, dos enormes fragmentos de piedra rectan- diaciones de la carretera moderna que une Šīrāz con
gulares, tal vez uno el resto del dintel de una puerta, Fīrūzābād. De todas formas es más apropiado decir
y el otro el marco de ésta, fueron descubiertos en un que era un complejo palaciego con muchos paralelos
área adyacente a la zona pavimentada (Potts et alii, con las construcciones de Persépolis y Pasargadā. Los
2009, 210). También se han encontrado varios frag- estrechos pasillos existentes al aire libre entre los edi-
mentos de recipientes de piedra muy bien pulidos de ficios pueden ser comparados a los hallados en Per-
color blanco (¿mármol?), verde oscuro (¿serpentina?) sépolis. Tales corredores se encuentran en Persépolis
y rosado (¿mármol travertino?), comparables a los entre Palacios como la Tachara y el Palacio G, como
ejemplos conocidos de Persépolis, así como pedazos todavía puede observarse en el yacimiento. Antes de
de cristal inusualmente finos (Potts et alii, 2009, 255- la destrucción de Persépolis otros edificios también
256). Además, la extrema delicadeza del vidrio y la tenían estos pasillos al aire libre entre ellos, los exis-
alta calidad de los fragmentos cerámicos en piedra tentes entre el Palacio de Hadish y los Palacios H y D.
hallados señalan con claridad que son artículos de Estos corredores también se encuentran entre la puerta
lujo destinados al uso de individuos pertenecientes a del Tripylon y el Palacio G, y entre la Tachara y la
la élite aqueménida, aunque su uso sería meramente Apadāna. En Persépolis algunos de estos pasillos mi-
periódico. De todas formas también hay que tener en den alrededor de un metro de ancho, mientras que los
cuenta el hallazgo de una gran cantidad de fragmentos de Hakavan tienen unos 70 cm de anchura. Estos co-
cerámicos muy grandes destinados al almacenamiento rredores abiertos entre los edificios parecen haber sido
y que han sido fechados tanto en la época aquemé- una tradición en la arquitectura aqueménida, teniendo
nida como en la post-aqueménida. Estos fragmentos acceso libre a otras unidades sin necesidad de pasar o
podrían estar señalando la presencia de un número no cruzar a través de espacios interiores, ya que era una
despreciable de funcionarios, trabajadores agrícolas manera adecuada para que los funcionarios públicos y
locales y tal vez artesanos, que serían residentes en el los guardias circularan. Hakavan y Persépolis compar-
lugar, probablemente a lo largo del año. La presencia ten esta característica.
de dicho personal de apoyo en absoluto contradice la Una diferencia entre Hakavan y Persépolis es la
llegada periódica de personajes vinculados a la élite dimensión de los edificios. En Persépolis los edificios
aqueménida, donde la opulencia de los objetos sugiere son mucho más grandes que aquellos que se encuen-
que esta edificación no era una simple estación para el tran en Hakavan. La estructura más grande hallada en
viajero ordinario. Hakavan es su estructura central que mide 9,40 x 8,32
Podría haber sido un almacén real, o incluso un m (Razmjou, 2005, 307). Las estructuras circundantes
centro de distribución de mensajeros «normales» ubi- son incluso más pequeñas y menores que las que se
cados en o cerca de Qalēh-ye Kalī, aunque este edifi- encuentran en Persépolis. Un número de decoraciones
cio, con sus enormes bases de columna en forma de en roseta encontradas en el sitio son comparables a las
campana, así como las comidas y bebidas consumidas de Persépolis y Susa. Además algunos de los fragmen-
en exquisitos vasos de cristal y de piedra, reflejan su tos pertenecientes a columnas y relieves son del mis-
asociación a una élite, no al tipo de almacén reflejado mo estilo y calidad que los de Persépolis.
tan a menudo en los textos del Archivo de la Fortifi- Desde el punto de vista arquitectónico, la parte de
cación de Persépolis. De todas formas este no parece la voluta de las columnas nos habla de la columna por
haber sido el único edificio, puesto que se han hallado sí misma. En uno de los fragmentos se observa que la
otras estructuras al sur de éste, aunque no está claro roseta está partida a la mitad. La longitud desde el ex-
que se fechen en el periodo aqueménida. Del mismo terior del fragmento al borde de la desaparecida flor es
modo, se han descubierto uno o más edificios al este de aproximadamente 6 cm. En comparación, una parte
de Qalēh-ye Kalī, bajo la aldea moderna de Jin-Jin, así similar de una columna del pórtico sur del Palacio de
como restos de bases de columna en Tol-e Gachgaran,
a unos pocos kilómetros al sur, y también en al nor-
te (Boucharlat, 2013, 521). Si este es el caso, se pue- 5. Para más información sobre las excavaciones en Tell
de estar ante un complejo de edificios, más bien que Hakavan véase Razmjou, 2005, 293-312.

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192 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

la Apadāna en Persépolis es de 5,3 cm, una diferencia se hallaron sobre el lugar restos cerámicos de barniz
no significativa. Esto demuestra que el tamaño de la marrón-rojizo, fechados en el periodo aqueménida, en
columna era del tamaño de una de las columnas que la zona de la columna y sobre un gran Tell, situado en
componían el Pórtico sur de la Apadāna. Esto sugiere la parte noreste del lugar, que está constituido de capas
una altura aproximada de 5 m para las columnas del prehistóricas en la base y en su parte superior por una
Palacio de Farmeshghān. Una comparación similar plataforma de ladrillos de barro que se eleva alrededor
puede encontrarse en el trabajo de Krefter, que propo- de los 8 m de altura. Sobre las cuestas de este Tell se
ne una medición de 1,54 cm para la parte superior de la hallaron también restos fechados en el periodo aque-
cornisa del pórtico sur de la Apadāna (Krefter, 1971, ménida. Mostafavi informó del descubrimiento de una
85). Por lo tanto, se puede sugerir una altura total para base de columna de piedra negra, así como, cerca de
el Palacio de Farmeshghān de aproximadamente 7 m allí, de varias piedras circulares semejantes a las pie-
de altura. Para semejante elevación, el grosor de las dras y bases de columna de Persépolis y Pasargadā,
paredes debe de haber sido de alrededor de 1,20 cm reutilizadas en una construcción del siglo XV (Mos-
o menos (Razmjou, 2005, 309). Teniendo en cuenta tafavi, 1978, 241). Más recientemente, R. Pohanka re-
los diferentes tipos de fragmentos, se ha sugerido que examinó cuidadosamente el lugar, descubriendo más
existieron al menos dos o tres habitaciones columna- bases fragmentarias de columnas (Pohanka, 1987,
das en Hakavan, que podrían aumentar la importancia 20-28). Una de ellas es similar a la del primer descu-
de este complejo, aunque hay que tener en cuenta que brimiento, campaniforme, acanalada y decorada con
no eran tan grandes como las salas de los palacios de ovados en la cumbre. No se trata de un fragmento de la
Persépolis. misma base, puesto que las otras tienen un perfil con-
vexo o incluso una forma cilíndrica; son probablemen-
te imitaciones post-aqueménidas, aunque la hipótesis
Fīrūzābād, Lāmerd y Tall-e Zohak de un arte provincial no puede excluirse, puesto que
parece no haber duda de que era un centro aqueménida
Otra de estas importantes construcciones podría en- de relativa importancia (Boucharlat, 2005, 234).
contrarse en Fīrūzābād, localidad emplazada a unos
100 km al sur de Šīrāz. A unos 300 m del centro de
la ciudad sasánida e islámica se halló un tambor de Deh Bozan
columna acanalado en piedra blanca con un diámetro
de 80 cm y de aspecto aqueménida (Mostafavi, 1967, Otra estación de características palaciegas ha sido lo-
3008). Se observó también que existían otros restos calizada en la aldea de Deh Bozan, localidad emplaza-
pertenecientes al periodo aqueménida que habían sido da a 11 km al sur de la moderna ciudad de Asadabad, y
reutilizados en torno al monumento central del periodo a 3 km al este de la carretera que une las localidades de
sasánida e islámico (Huff, 1999), quizás de un antiguo Asadabad y Kirmānšāh, al noroeste de Irán7. En el si-
emplazamiento situado en las proximidades, quizás de tio se han hallado fragmentos de cinco toros8 y tres ba-
Farmeshghān, o en la propia Fīrūzābād. sas de columnas acampanadas, realizados sobre piedra
Siguiendo hacia el sur, en Lāmerd, una prospec- calcárea negra pulida y que no presentan decoración
ción emprendida en la región meridional de Irán dio (Mousavi, 1989, 135-136). Los ejes de las columnas
lugar al descubrimiento de elementos arquitectónicos eran probablemente de madera, y estaban fijados sobre
asombrosos que pueden estar también en relación con las basas y sus toros. Uno de los toros está dañado gra-
uno de estos «pabellones»6. Se hallaron fragmentos de vemente, aunque el resto está relativamente bien con-
capiteles en volutas, prótomos de animales inspirados servado. Las basas tienen un diámetro de 90 cm y una
claramente en el arte aqueménida, aunque de factura altura de 40 cm, mientras que los toros tienen un diá-
bastante tosca, que, como en el caso de Tall-e Zohak metro de 64 cm y una altura de 15 cm (Mousavi, 1989,
que veremos a continuación, podrían fecharse en un 136). Es probable que el sitio contara con seis colum-
periodo post-aqueménida, aunque no puede rechazar- nas, con una probable azotea de madera sobre ellas, lo
se que fueran el resultado de un arte provincial (Bou- que vendría a confirmar la existencia de una estación
charlat, 2005, 235). palaciega en Deh-Bozan (Mousavi, 1989, 136). La
En Tall-e Zohak, localizada en el valle de Fasā, a forma acampanada de las basas nos ayuda a fecharlas
3 km al sur de la moderna ciudad de Fasā, esto es, durante el período aqueménida, aunque la ausencia de
a 130 km al sureste de Šīrāz, las prospecciones rea- decoración es un problema para dar una fecha y una
lizadas por A. Stein desvelaron una cabeza femenina comparación exacta (Mousavi, 1989, 138).
en mármol de inspiración helenística, fechada entre
los siglos III-II a.C., y una base de columna redonda
de tipo aqueménida (Stein, 1936, 137-142). También
7. Para más información sobre los hallazgos de Deh Bozan véa-
se Huff, 1988, 285-295; Mousavi, 1989, 135-138.
6. Sobre los hallazgos en Lāmerd, ver Asgari Chaverdi, 2001, 8. El toro es una moldura convexa grande, especialmente en la
66-71; 2002, 277-278. base de una columna clásica.

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 193

Figura 5: Vista aérea del Sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 10.

Tang-e Bulaghi Las bases de las columnas eran de tres tipos. En


primer lugar, hubo bicolores (de acuerdo con los frag-
En Tang-e Bulaghi se han hallado los restos de un mentos encontrados). En segundo lugar, zócalos cua-
pequeño «pabellón» (TB 34), donde se incluyen una drados en el pórtico frontal; su altura es desconocida,
base en forma de campana, dos plintos cuadrangulares y el lado habría medido 65 cm en función del tamaño
todavía in situ en un pórtico, y numerosos restos fe- del bloque que descansa sobre los cimientos. En el
chados en el periodo aqueménida y post-aqueménida pórtico trasero dos zócalos escalonados de piedra ca-
que evidencian con claridad que era un edificio perte- liza gris, de 65 x 65 x 22 cm, con el toro, formaba una
neciente a la élite (Fig. 5)9. El «pabellón» está situa- base de 30,5 cm de altura. Y en tercer lugar una única
do en el margen izquierdo del río Pulvār, al pie de un base acampanada de piedra caliza de color gris oscuro
acantilado de 180 m de altura y emplazado a 6 km al (de 31 cm de altura), decorada con hojas estilizadas
sur de la tumba de Ciro II. El edificio tiene vistas sobre (Atai y Boucharlat, 2009, 13). El nivel del piso del pa-
el río y está situado sobre una terraza natural de forma bellón, en los pórticos y en las habitaciones interiores,
rectangular, presentando ésta unas dimensiones de 120 se encontraba al nivel de la superficie natural, aunque
x 70 m. El plano del edificio es casi cuadrado, con dos en otros lugares era más alto, alcanzando una altura de
pórticos en oposición de diferentes tamaños (Fig. 6). 1,40 m en la parte frontal del pórtico occidental. En
El edificio tenía unas medidas de 24,60 x 19 m (Atai consecuencia, tendría que haber existido una escalera
y Boucharlat, 2009, 9). El espacio interno no presenta en algún lugar, muy probablemente en el lado occi-
una única gran sala interior como los edificios A y B de dental, aunque no se han encontrado sus restos. Par-
Pasargadā, sino que contiene una serie de tres salas pa- tes de la azotea son señaladas por la presencia de una
ralelas en la parte trasera con una estructura en forma viga de madera situada a lo largo de la pared trasera
de L, probablemente correspondiente a una escalera, del pórtico oriental; además presenta una longitud de
al sur. Entre el pórtico frontal y las tres habitaciones, 3,40 m, lo que corresponde a la distancia entre las dos
además de una pequeña sala en la esquina occidental, bases de columna o entre las bases y las paredes late-
parece haber un único espacio, que es demasiado am- rales (Atai y Boucharlat, 2009, 14-15). Además se han
plio para no haber estado columnado, aunque ningún hallado numerosos restos cerámicos, como cuencos
rastro de bases de columnas se ha hallado en asocia- carenados, tazones con asas horizontales, tarros de al-
ción a este espacio (Atai y Boucharlat, 2009, 10). macenamiento, etc. (Atai y Boucharlat, 2009, 18-19).
Dada la precaria conservación del edificio, la re-
construcción que se ha realizado es necesariamente
especulativa (Atai y Boucharlat, 2009, 20-21). El as-
9. Sobre las excavaciones en el sitio TB34 de Tang-e Bulaghi pecto externo del pabellón difiere de los edificios de
véase Atai y Boucharlat, 2009, 1-33. Pasargadā, que presentaban amplios espacios abiertos

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194 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

Figura 6: Plano del sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 8.

con pórticos en sus cuatro lados (Palacio S, Pabellones los ejemplos conocidos en Pasargadā y Persépolis, y
A y B), o con dos pórticos largos y rebajes en los lados el espesor de las bases, ha llevado a la reconstrucción
cortos (Palacio P). Se puede sugerir que se accedía al de las columnas y los muros a una altura mínima de 6
recinto por una escalera corta, de 1 a 1,50 m de altu- m, aunque probablemente se elevaban a mayor altura
ra, en la zona destruida en la parte norte del pórtico (Atai y Boucharlat, 2009, 21). Dado que no hay ningún
frontal (Fig. 7). El acceso al pórtico trasero no habría fragmento de tambores de columna de piedra, la exis-
requerido una escalera, ya que estaba situado al nivel tencia de pilares de madera es una posibilidad, como
de la superficie. Sin embargo, la existencia de un foso, en la mayoría de los edificios aqueménidas. Tanto por
que seguramente no estaba cubierto, habría exigido la motivos arquitectónicos como por la localización del
presencia de un puente para cruzarlo (Atai y Bouchar- «pabellón», se ha atribuido su construcción al reinado
lat, 2009, 20). El diseño interior del pabellón es bas- de Darío, puesto que también se conoce la actividad
tante inusual para la arquitectura aqueménida: en lugar arquitectónica de este monarca, tanto en Tall-e Takht
de una sola sala, como en los edificios de Pasargadā, o como en el palacio P y posiblemente en el Pabellón B
una sala principal, como en muchos edificios de Per- de Pasargadā (Atai y Boucharlat, 2009, 22).
sépolis, este pabellón es una estructura de múltiples Además, también se ha observado la presencia de
habitaciones. El enigmático espacio alargado situado una serie de canales procedentes de la orilla oriental
en la parte trasera del pórtico noroeste es de 6 m de del cercano Pulvār que habrían abastecido a esta edifi-
ancho, por lo que no podría haber sido techado sin una cación (Atai y Boucharlat, 2009, 23-30). Se conoce la
fila de pilares intermedios o tabiques. Dado que no se existencia, en ambas orillas del río, de 2 canales, don-
ha encontrado ningún rastro de una fundación en el de el oriental se extendía por más de 10 km, que ha-
piso de ladrillos de barro, como ocurre en el caso de brían servido para irrigar la terraza aluvial del Tang-e
las bases de los dos pórticos, se ha sugerido que exis- Bulaghi. Así, el «pabellón», situado en un entorno
tían tabiques, aunque han desaparecido completamen- agradable, cerca del río, no lejos de Pasargadā, puede
te (Atai y Boucharlat, 2009, 21). haber actuado como estación para el monarca o para
En cuanto a la altura del edificio, un cálculo ba- los altos dignatarios de la corte aqueménida (como
sado en las proporciones del diámetro o del lado de veremos, existía otro edificio en Tang-e Bulaghi más
las bases de columna, la proporción de los pórticos de modesto, destinado al resto de viajeros), puesto que

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 195

Figura 7: Pórtico frontal del sitio TB 34, en Tang-e Bulaghi. Atai y Boucharlat, 2009, 15.

ofrecía alojamiento y habitaciones adecuadas para el «pabellón» (Summer, 1986, 11)10. Pero la superficie de
almacenamiento de mercancías y objetos, y dada la esta construcción se define mal y su función se desco-
presencia también de un camino esculpido en la roca noce completamente, por lo que más estudios son ne-
en esta misma región refuerza la idea de que pueda cesarios para poder sugerir más sobre esta instalación.
tratarse de una estación palaciega.

INSTALACIONES DE CARACTERÍSTICAS
Borāzğān y Malyān MODESTAS

En Borāzğān se ha descubierto también lo que pare- Conocemos otras estructuras más modestas que po-
ce ser un «pabellón» a 1 km al sur de esta ciudad, a dían estar señalando la presencia de una estación em-
aproximadamente 50 km de la costa del Golfo Pérsico plazada sobre el camino real aqueménida. Por ejem-
(Sarfaraz 1969; Boardman 2000, 65-66). Se descu- plo, en el curso de la prospección de unos 43 km entre
brieron 12 bases de columna, en dos hileras de seis co- Naqš-e Rustam y Madakeh de una porción de la ruta
lumnas. Presentan éstas zócalos cuadrados hechos de que unía Persépolis con Susa, a 8 km al noroeste de
dos tipos diferentes de piedra, una negra y otra blanca, Naqš-e Rustam y a 4 km al sureste de Germabad, se
como en el palacio S de Pasargadā. Por este motivo el han hallado, sobre una loma, los restos de un edificio
edificio se ha fechado la época de Ciro. Según S. Ra- de forma rectangular, de 30 m de longitud, que con-
mjou, el lugar implicaría varias construcciones, quizás taba con una serie de compartimentos (Fig. 8). Los
cinco (Razmjou, 2005, 310), lo que invitaría a revisar restos descubiertos muestran que el sitio fue ocupado
el calificativo de «pabellón» que se ha utilizado para durante varios periodos históricos, aunque su planta
denominar este descubrimiento. más antigua puede fecharse en el periodo aqueménida.
En la aldea de Malyān, en Toll-e Bayzāy-e Fārs, en La situación del hallazgo ha provocado que los restos
el moderno distrito de Baydā, a aproximadamente 50 se hayan atribuido a los de una estación situada sobre
km al oeste de Persépolis y a 43 km al norte de Šīrāz, el camino real (Kleiss, 1981, 46).
se identificó la antigua Anšan. Durante un largo perío- También, al noroeste de estos restos, y siguiendo el
do dio su nombre a esta región y a veces incluso a toda curso del mismo antiguo camino, en Ramjed, a 5 km al
la parte meridional de Irán. Soberanos como Ciro II, oeste de Madakeh, Kleiss informó de lo que podría ser
así como sus antecesores, declararon ser reyes de esta una segunda estación aqueménida (Kleiss, 1981, 48-
región, aunque en época de Darío I no poseía el mismo 50). El sitio consiste en un edificio de piedra (40 x 30
fasto que en periodos precedentes, tanto a nivel simbó- m de longitud), compuesto por cinco habitaciones, y
lico como arqueológico, puesto que el periodo aque-
ménida no se ha certificado hasta el descubrimiento
muy reciente de bases de columna que pertenecían 10. Para más información sobre estas bases de columna ver K.
sin duda a un edificio aristocrático, posiblemente un Abdi, 2001, 92-93.

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196 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

Figura 8: Estación en las inmediaciones de Germabad. Dibujo de W. Kleiss, 1981, 46.

Figura 9: Estación en las inmediaciones de Madakeh. Dibujo de W. Kleiss, 1981, 49.

dispuesto sobre una elevación de la llanura, igual que camino que iba a lo largo del Río Kur, es decir, como
los restos hallados en la estación próxima a Germabad parte del camino real aqueménida. Además, en el sitio,
(Fig. 9). El promontorio sobre el que descansa el edifi- se han hallado restos cerámicos, fechados durante todo
cio sobresale a menos de 150 m del canal del Río Kur, el I milenio a.C., lo que denota una ocupación prolon-
donde el talud es erosionado sutilmente por la pequeña gada del lugar.
corriente que fluye en el río. Un canal moderno de irri- En Tang-e Bulaghi, en las proximidades de
gación está cortando el lecho de la roca madre sobre Pasargadā, se ha hallado otro de estos edificios. Una
el promontorio, donde debajo de este canal hay una expedición arqueológica polaco-iraní realizó una ex-
muesca con un piso de 5 m de anchura que fue cortado cavación de rescate en el sitio 64 de Tang-e Bulaghi,
de par en par en la roca. Kleiss interpretó esta carac- fechado en época sasánida, donde se hallaron restos
terística como un corte en la roca provocado por el cerámicos pertenecientes al periodo aqueménida, tanto

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 197

Figura 10: Tang-e Bulaghi. Sitio TB 64. Asadi y Kaim, 2009, 4.

en la superficie como en los estratos inferiores del edi- cm) paralelas a la enorme pared de 3 m situada al este
ficio (Asadi y Kaim, 2009, 1). Se reconstruyó, además, (Asadi y Kaim, 2009, 9).
la línea de un muro que rodeaba un área rectangular de De todas formas no existen pruebas suficientes
aproximadamente 40 x 30 m. Este muro tiene unos 2 para la reconstrucción de un plano de toda la estruc-
m de espesor, estando compuesto por grandes piedras tura construida aquí. En cualquier caso, la función
toscamente trabajadas, colocadas en dos hileras. Por de almacenamiento de la estructura es segura por los
encima, una capa de piedras más pequeñas y una capa numerosos restos cerámicos hallados (Asadi y Kaim,
de arcilla de 5 a 8 cm de grosor fueron colocadas con 2009, 10). La interpretación de toda la estructura es
el fin de producir una especie de superficie. También mucho más difícil, aunque hay una clara semejanza
se detectó la presencia de varias habitaciones que bor- con otras construcciones aqueménidas, como las de de
deaban el muro oriental. Los restos de algunas estruc- Madakeh y Germabad. En cualquier caso, el esfuerzo
turas también fueron desenterrados en la parte norte de necesario para construir este edificio y la presencia de
la zona rodeada por estas paredes (Fig. 10). cerámicas especiales sugieren una construcción or-
Aunque las bases de los muros están construidas denada por la administración real. La naturaleza y la
por dos hileras de rocas y piedras más pequeñas, pa- función de las salas de la parte norte tienen un papel
rece posible reconstruir aquí una fila de por lo menos crucial en la interpretación de la estructura. Como las
cuatro habitaciones cuadradas (3,30 x 3,30 m) con habitaciones están dispuestas en una fila sin comuni-
paredes en tres de sus lados y una abertura sobre la cación interna y están abiertas a un lado, no pueden
cuarta (Asadi y Kaim, 2009, 8). Una capa compacta, haber sido utilizadas para vivir permanentemente o
de unos 10 cm de espesor, formada por pequeñas pie- para el almacenamiento. Sin embargo, los hogares, el
dras mezcladas con barro, sirvió probablemente como sub-hogar rectangular, así como la gran cantidad de
un pavimento de protección para los usuarios en los fragmentos de cerámica sugieren que las habitaciones
días de lluvia, mientras que el calor y la preparación estaban, al menos, temporalmente habitadas. Tampoco
de la comida parecen haber sido asegurados por medio hay duda de que los macizos muros desempeñaron un
de fogones, cuyas huellas se detectaron en el suelo, y papel defensivo.
por un sub-hogar rectangular ubicado en la plataforma Por ello, se puede proponer como hipótesis, que la
baja (0,55 x 1,35 m), construido con ladrillos de barro función de esta estructura era la de servir como es-
(33 x 33 x 10 cm) contra una de las paredes (Asadi y tación real. Esta teoría puede ser confirmada por las
Kaim, 2009, 8). Los restos de otra estructura fueron excavaciones realizadas en Ramjed, donde, como aca-
desenterrados en la parte occidental de la zona, con bamos de ver, un edificio de piedra de cinco habitacio-
un muro de ladrillos de barro, de 1,05 m de ancho, nes, de unos 40 x 30 m de diámetro, fue descubierto. El
compuesto por tres hileras de ladrillos (33 x 33 x 10 tamaño y la disposición general de ambas estructuras,

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198 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

pone de manifiesto que son claramente similares, lo Otra hipótesis, para algunas de estas construcciones,
que hace que la identificación de la construcción de es decir, las que han sido fechadas en un periodo post-
Tang-e Bulaghi como una estación sea más plausible, aqueménida, y que habrían ejercido la misma función
además del hecho de que se encontraba sobre el cami- que la propuesta arriba, o por el contrario, señalarían la
no real que unía Persépolis con Pasargadā. autonomía de un jefe local después del hundimiento del
poder central, como podría ilustrarlo la construcción de
Lāmerd en el Fārs meridional, si realmente es de este
CONCLUSIÓN periodo. La hipótesis de los príncipes independientes
parece poco plausible en el siglo que sigue a la caída del
Como se ha indicado las estaciones emplazadas sobre imperio aqueménida, durante el cual nada hace indicar
el camino real aqueménida podían variar en su forma, actualmente que el poder seléucida haya abandonado
dimensiones y en su suntuosidad, aunque con los da- el control de estas regiones. En cambio, es posible que
tos disponibles es imposible dilucidar como eran estas esto se produjera después del año 250 a.C., cuando el
instalaciones en su conjunto, pues los escasos ejem- Fārs escapó del poder de esta dinastía helenística. Como
plos disponibles provienen en su mayor parte, salvo el ocurre en Asia Central, es probable que la arquitectura
caso de Deh Bozan, del corazón del imperio. Pudieron con columnas o postes sobre zócalos cuadrados de tipo
haberse construido instalaciones lujosas en determina- aquemenizante haya estado de moda en el periodo hele-
dos lugares, sobre todo en aquellas zonas transitadas nístico, o incluso en una época posterior.
habitualmente por el monarca aqueménida (como por Esta serie de vestigios debería constituir un pro-
ejemplo Jin-Jin. Tang-e Bulaghi, Deh Bozan). De to- grama de investigación interesante para conocer mejor
das formas, hay que tener en cuenta, que todos estos la organización del imperio en las regiones centrales.
edificios suntuosos (Jin-Jin, Farmeshghān, Fīrūzābād, Además, si estas construcciones están vinculadas a
Lāmerd, Tall-e Zohak, Deh-Bozan, Tang-e Bulaghi, una explotación de las tierras circundantes, constitui-
Borāzğān y Tell Malyān), generalmente conocidos rían ejemplos interesantes del desarrollo de una tierra
como «pabellones» han dado lugar a diferentes in- que debía estar basada en una óptima gestión del agua.
terpretaciones. ¿Qué representaban este puñado de De todas formas, tampoco se puede descartar su exis-
construcciones alejadas de las residencias reales? En tencia como estaciones palaciegas emplazadas sobre
ausencia de respuesta arqueológica, se pueden emitir el camino real: Farmeshghān, Fīrūzābād y Borāzğān
tres hipótesis: residencias reales, residencias de go- podrían encontrarse sobre dos rutas que se dirigían a
bernadores locales o de altos dignatarios de la corte las costas del Golfo Pérsico, mientras que las cons-
y estaciones reales emplazadas sobre el camino real. trucciones de Jin-Jin, en el camino que unía Susa con
Todas estas hipótesis plantean la cuestión de la orga- Persépolis, de Tang-e Bulaghi, en la vía que unía Per-
nización de la élite persa: si son lugares reales, se re- sépolis con Pasargadā, y Deh-Bozan, en el itinerario
cordará que, por oposición a Persépolis y a su región, que se dirigía hasta Ecbatana encajarían perfectamente
los monumentos del Fārs meridional (Farmeshghān, con esta interpretación.
Fīrūzābād, Borāzğān) se sitúan en regiones que son Además, sabemos que los monarcas aqueménidas
agradables para vivir durante el invierno. No habría estacionaron, durante sus viajes entre las diferentes
por ello necesidad de situarlos sobre un supuesto «ca- residencias reales (Babilonia, Ecbatana, Pasargadā,
mino real». Persépolis y Susa), en una serie de lugares que con-
Algunos «pabellones», ciertamente, no están em- taban con una instalación denominada en los textos
plazados sobre el camino que conectaba dos de las re- del Archivo de la Fortificación de Persépolis como
sidencias reales aqueménidas más importantes, Susa partetaš11. Alrededor de 40 textos de este archivo
y Persépolis, como Farmeshghān, al sur de Šīrāz, o mencionan este término12. El vocablo es probablemen-
Borāzğān, cerca de Būšehr, aunque estás podrían ha-
berse situado sobre caminos en un principio secunda-
rios. Si son residencias de gobernadores o de persas
11. Estos lugares son: Akkuban (PF-NN 1455), Appištapdan
de alto estatus, serían interesantes testigos de la orga- (PFa 33), Kabaš (PF 146), Nupištaš (PF 146-148; PF-NN
nización político-económica del imperio. Estas cons- 85; 817; 989; 1156; 1505; 2141; 2445) y Tikranuš (PFa 33).
trucciones serían el lugar de residencia de la autoridad Puesto que la lista de las plantaciones y la lista de lugares
local, nombrada por el rey, o el centro de una gran ex- visitados por el rey son necesariamente incompletas, estos
plotación dada o confiada por el rey a altos dignatarios cinco casos, probablemente, representan sólo la punta del
de la corte para el desarrollo de las tierras. Está claro iceberg.
que los elementos para una respuesta se encuentran en 12. Aparecen con mayor frecuencia en textos de la serie C1,
el estudio intensivo y sobre todo extensivo de estos identificados como recepción de impuestos por Koch, 1980:
PF 144 (Matannan = Madana), 145 (Barašba), 146-148
sitios, es decir, más allá de la parte prestigiosa de la
(Nupištaš), 149 (Aptudaraš), 150-151 (Šaurakkaš), 152
construcción, esto es, la sala columnada, buscando el (Mutrizaš), 153 (Kutkuš), 154 (Šaurakkaš), 155 (Hapruma),
plano completo del establecimiento y construcciones 156 (Kutkuš), 157 (Tamukkan y Kabaš), 158 (Mišdukba),
adjuntas, y, más allá, reconociendo el terreno del que PF-NN 85 (Nupištaš), 222 (Murkaziya), 619 (Kandukka),
esta residencia podría encargarse. 813 (Upirizza), 817 (Nupištaš), 989 (Nupištaš), 1156

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LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 199

te una representación elamita del término en antiguo 2259). En todas las demás referencias, sin embargo,
persa *pari-daida– o paridaeza (Avesta: atestiguado esta palabra indica una producción de grano (PF 150-
en Videvdad 3.18), «lo que está más allá o detrás de la 157) o una casa de cría de ganado (PF 1815, raciones
pared» (Kent, 1953, 195; Lecoq, 1990, 209-211). Su para cuatro controladores de lana... con 285 cabras).
forma meda *paridaiza– («rodeado de paredes») fue ¿Por qué entonces esta palabra fue tomada por las len-
tomada por los griegos como parádeisoV (y traducida guas occidentales para tener un significado diferente?
al latín como paradisus), en acadio como pardesu, en Si un partetaš es igual a un parádeisoV lo que nunca
hebreo como pardes (Nehemias 2:8; Eclesiastés 2:5; revelan los textos del Archivo de la Fortificación son
Cantar de Salomón 4:13), en armenio como partēz y las características del parádeisoV mencionado por
en árabe como ferdaws (Corán 18.107, 23.11), y cuyo la historiografía griega; y si la conclusión es que un
significado etimológico es literalmente «recinto». parádeisoV persa puede ser un lugar de almacena-
El término elamita partetaš también está atesti- miento, un centro de trabajo e incluso relativamente
guado en el sentido de «jardín» o «huerto» en la PFa humilde, entonces que así sea. Precisamente porque
33 donde se registran 6.166 árboles frutales plantados *paridaida es una palabra de etimología no especifica
en cinco diferentes lugares, donde tres de ellos son no deberíamos realizar suposiciones acerca de la gama
señalados específicamente como partetaš; la PF 158 de fenómenos que podía abarcar.
menciona concretamente un partetaš como la ubica- El análisis de la utilización del término partetaš en
ción de una plantación de dátiles (kirima en elamita) el Archivo de la Fortificación parece demostrar que se
y probablemente también en las PF 144-149 donde trataba probablemente de una hacienda privada o real
cinco partetaš son mencionados como un lugar de (elamita irmatam) cultivada por grupos de trabajado-
almacenamiento de higos, dátiles, granadas, meloco- res (elamita kurtaš) a través del sistema de servicio de
tones y albaricoques. Igualmente, la PF 1815 registra trabajo obligatorio. Este sistema de explotación de la
raciones para cuatro inspectores de madera-zappan en tierra en la producción de grano había dejado de exis-
el partetaš de Parsaraš. De este modo los partetaš fi- tir en Mesopotamia a finales del III milenio a.C., y en
guran también como lugares de almacenamiento para Siria y Asia Menor a finales del II milenio a.C., siendo
productos naturales (en recepción de impuestos) en reemplazado por el alquiler de parcelas de tierra a pe-
los textos del Archivo de la Fortificación de la serie queños propietarios. Las tierras en el Fārs fueron ad-
C1. Las mercancías (dátiles, albaricoques, manzanas ministradas por sus propietarios de una forma centrali-
y granadas, y varios tipos de grano) se distribuirían en zada, como unidades individuales que se convirtieron
su momento para el consumo, aunque donde y a quien en los parques de vida salvaje de los nobles persas, o
no es normalmente declarado13. Además, el partetaš es en los jardines frutales y las plantaciones de dátiles
el lugar más frecuentemente mencionado como lugar cultivadas por esclavos (Uchitel, 1997, 141). Este fue
de almacenamiento en textos de este tipo. Los otros probablemente un fenómeno relativamente nuevo que
casos son fortalezas (PF 159-160), una hacienda (PF necesitó de una nueva palabra. No es de extrañar que
180) y un cobertizo (PF 331), y en la mayoría de los la palabra que se encuentra en la época meda, como
casos nos encontramos con un topónimo. Es difícil sa- la del periodo aqueménida llegaran también a las len-
ber, en todo caso, lo que se deduce de esto, aunque es guas «occidentales» (griego, hebreo, licio, arameo) en
bastante probable que algunos de los topónimos ocul- su forma meda, aunque es irónico que se originara en
taran la localización de un partetaš. el contexto del sistema más arcaico de la tenencia de
También hay que tener en cuenta que en una oca- la tierra que aún sobrevivía en las satrapías iranias del
sión una oveja es suministrada para la celebración de Imperio de los aqueménidas (Uchitel, 1997, 141).
una ceremonia lan en el partetaš de Pasargadā (PF-NN Además, muchos de los topónimos mencionados
en el Archivo de la Fortificación de Persépolis, algu-
nos de ellos señalados específicamente por contar con
(Nupištaš), 1178 (Abbadaraš), 1439 (Barašba), 1455 (Akku- un partetaš y por estar relacionados con la institución
ban), 1505 (Nupištaš), 1981 (Kutkuš), 1991 (Mamakaš),
de la mesa del rey, son nombrados en más de un año,
2141 (Nupištaš), 2445 (Nupištaš). Otros textos mencionan
partetaš en Persépolis (PF-NN 2280), Pasargadā (PF-NN
lo que sugiere que estos lugares podían tener instala-
2259), Parsaraš (PF 1815 y PF-NN 1368), Hardarizza (PT ciones permanentes para acoger al monarca. Es tenta-
1963-1969), Appištapdan, Tikranuš y Pirdubatti (PFa 33), dor pensar en los «pabellones» que se acaban de men-
Vispašiyātiš (PT 49 y 59) y dos partetaš sin nombre (PF- cionar como las residencias de los monarcas y de los
NN 1612, PT 48). En la PF-NN 260 una mercancía es to- altos dignatarios de la corte en estos partetaš. Aunque
mada desde Datapparna a Kukkannaka para cuatro lugares. los datos arqueológicos precisos para la mayoría de
Tres son conocidos por albergar un partetaš (Murkaziya, estos sitios son escasos, y aunque el tamaño y la confi-
Matannan y Parsaraš), aunque es dudoso que esto justifi- guración de las estructuras pueden tener diferencias de
que la localización de un partetaš en la cuarta, es decir, en
un sitio a otro, el uso de las bases de columna de piedra
Tirazziš = Šīrāz.
13. Se observa a grupos de trabajadores recibiendo raciones, señala una utilización por parte de una elite o de la pro-
así como grupos de muchachos, mujeres y un grupo variado pia realeza. Pueden haber sido residencias o estacio-
interpretado como coperos o chipriotas. Para más informa- nes reales lujosas, en definitiva, estructuras palaciegas
ción véase Ch. Tuplin, 1996, 95. que se utilizaron en combinación con el campamento

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200 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

real durante la visita del soberano14. Además, como vientos del invierno que soplan directamente contra
manifestaciones permanentes de la presencia y de la los edificios. El diseño del establo dependería del te-
autoridad real, habrían transmitido un mensaje ideoló- rreno y del espacio disponible, aunque cualquiera de
gico, aunque como el resto de las estaciones, también los planos debería de tener un suministro de aire y luz
incorporaron funciones administrativas y económicas. adecuado, con ventanas y puertas, preferiblemente
Por este motivo, es necesario un estudio mucho más dispuestas, al final de ambas paredes. Pequeños recin-
profundo sobre estos establecimientos, ya que la do- tos son peores modelos puesto que ofrecen un sumi-
cumentación arqueológica referente a Irán, y también nistro de aire menos perfecto y una mayor probabi-
al Asia Central durante el periodo aqueménida, sigue lidad de contagio en caso de enfermedad. Del mismo
siendo muy incompleta, dispar, poca y muy desigual- modo, cada puesto requeriría básicamente el espacio
mente publicada y a menudo poco accesible. suficiente para que el animal pudiera moverse, acos-
Como hemos visto, junto a estas suntuosas instala- tarse y alimentarse sin perturbaciones.
ciones, también existieron estaciones de características Se podría indicar de manera muy hipotética que los
modestas, que evidentemente, serían mucho más nume- establos asociados a estas estaciones reales aquemé-
rosas que las anteriores. Los escasos vestigios arqueoló- nidas, en aras de la eficiencia, estarían formados por
gicos sugieren que eran instalaciones bastantes simples, una estructura formada por dos líneas de puestos y un
con un espacio central de donde salían 5 habitaciones pasillo central, con facilidades para la alimentación y
de similares dimensiones. De todas formas no se pue- la ventilación. Los pasillos laterales con toda seguri-
de descartar la hipótesis de la existencia de una habita- dad estarían adoquinados o enlosados, mientras que
ción de mayores dimensiones y mejor preparada ante la el pasillo central debería mantenerse limpio y libre de
posibilidad de la llegada de un alto funcionario, de un polvo. Además el subsuelo debía de tener un buen dre-
personaje de cierta importancia o del propio monarca, naje y debía de estar bien estabilizado para soportar el
ya que es inconcebible la existencia de numerosas esta- peso del movimiento de los caballos. El tamaño total
ciones de características palaciegas. A su vez existirían del edificio, es decir, las dimensiones interiores ade-
habitaciones más modestas, donde se podía pasar la no- cuadas del establo, debería de ser de entre 7,60 a 11 m
che, destinadas a los viajeros, a los mensajeros y a los de ancho y, para un conjunto de 20 caballos, de entor-
empleados que desempeñaban su labor en la estación. no a 15,25 a 18,30 m de largo. Cada compartimento
Estas instalaciones debieron de contar también con individual debería tener una anchura de entre 1,5 y 2
sus propios establos, donde los viajeros o los mensa- m y una longitud de entre 2,75 a 3,35 m, contando ade-
jeros a caballo podían cambiar de montura y seguir más con un pesebre para alimentar al animal, estando
su trayecto. Cómo eran estos establos es otra cuestión separados de los otros puestos por barras o vigas. Las
difícil de dilucidar por la falta de datos disponibles, puertas, probablemente, sólo se encontrarían en un ex-
por lo que cualquier reconstrucción es meramente cir- tremo de la construcción, con ventanas a ambos lados
cunstancial, aunque es muy probable que éstos fueran de la puerta para proporcionar una adecuada ventila-
de madera. Se puede sugerir, de manera general e hi- ción del recinto. Serían pues estructuras muy simples
potética, que el establo debería estar construido sobre pero que protegían a estos animales de la lluvia, el
un suelo firme y sólido, con buen drenaje del subsuelo viento y la nieve (Fig. 12). Como se ha indicado, esta
para que se evitara la humedad del suelo. Además, de- reconstrucción es meramente hipotética, y solo futuros
bería de estar ubicado en un terreno moderadamente hallazgos podrán arrojar luz sobre estas construccio-
alto y abierto, con facilidades para el drenaje natural, y nes y su asociación con las estaciones reales. Lo cierto
orientado no sólo con el fin de recibir buena luz y tener es que el sistema de correos aqueménida necesitaba
acceso al aire libre, sino para evitar los más severos que los caballos se encontraran en las mejores condi-
ciones para que el sistema funcionara correctamente,
por lo que éstos, además de ser muy bien alimenta-
14. El rey en sus desplazamientos transportaba el centro po- dos, tal y como evidencian los textos del Archivo de la
lítico y administrativo del Imperio en la forma de un gran
Fortificación de Persépolis, deberían de vivir en unas
campamento, bien organizado en cada parada, incluida la
tienda del rey en el centro, totalmente equipada con una sala
instalaciones apropiadas, de otro modo, hubiera sido
para los banquetes, con el apoyo de 30 postes de 15 m de imposible que el sistema funcionara de manera eficaz.
altura, apartamentos con cuartos de baño, oficinas, etc. Esto Asimismo, como se desprende de la documentación,
es debido a que el poder estaba donde se encontraba el mo- un almacén y depósitos de agua debieron de ser insta-
narca, es decir, durante la duración del viaje, la tienda real lados para atender las necesidades tanto de los viajeros
es el lugar donde el poder es ejercido por el Estado. Ade- y de los animales que los acompañaban, así como de
más, también hay que añadir a la tienda real la de los nobles, los propios empleados de la estación. Del mismo modo,
«padres» y «amigos», por no mencionar las dedicadas a la también tuvo que existir un archivo donde se guardaban
producción y a la conservación como los archivos, cocinas,
las tablillas y los documentos que registraban la conta-
establos, etc. Todos estos grupos viajan con su equipamien-
to correspondiente a su modo de vida o a las necesidades bilidad de la estación, esto es, los productos recibidos y
de su función. El centro de poder de la dinastía aqueménida las mercancías entregadas a modo de ración a las perso-
es, por lo tanto, cuando se viaja, una ciudad real de tiendas nas que presentaran la pertinente documentación oficial,
de campaña. tal y como evidencia el Archivo de la Fortificación de

LVCENTVM XXXII, 2013, 185-203. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.09


LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA 201

Figura 11: Pabellones y estaciones localizados en el Fārs.

Persépolis. Además, según se desprende de los textos de En cuanto al personal a cargo de las estaciones, su
este mismo Archivo se requirieron también salas espe- número variaría en función del tipo de estación. Es
cíficas en estas estaciones, ya que se menciona también evidente que una estación con características suntuo-
el procesamiento local en algunas estaciones, como por sas requería de un personal mucho más numeroso y
ejemplo la elaboración de la cerveza, la molienda del especializado que otras instalaciones más modestas.
grano, etc.,. Este último punto es interesante teniendo Pero en general, podemos suponer que, además de los
en cuenta los hallazgos efectuados en la estación de funcionarios encargados de la gestión de ésta (sumi-
Qalēh-ye Kalī (Jin-Jin), donde se incluyen piedras de nistradores de grano, repartidores, escribas), debían
molino y grandes recipientes de almacenaje (Potts et convivir también con los trabajadores propios de la
alii, 2007, 297-298). Tampoco se puede descartar la estación (cuidadores de caballos, cocineros), mensa-
idea de que algunas de estas estaciones constituyeran jeros, siempre preparados para revelar a sus compañe-
auténticas aldeas o pueblos, que como consecuencia ros, y soldados, encargados de velar por la seguridad
de su alta actividad, necesitaran de mayores recursos de los viajeros y de mantener la paz a lo largo de los
y por ello de una población e instalaciones permanen- caminos reales.
tes. Como se observa en el Archivo de la Fortificación A modo de resumen final, sobre los caminos reales
de Persépolis, algunas estaciones distribuyen y reciben aqueménidas, se implantaron una serie de estaciones
materias primas de otros centros, por lo que no es aven- donde los mensajeros, funcionarios, cortesanos o via-
turado pensar que algunas de estas instalaciones se con- jeros podían alimentarse, descansar y cambiar de mon-
virtieran en aldeas e incluso en auténticas ciudades. Por tura para poder proseguir el trayecto sin problemas,
ejemplo, la anteriormente mencionada Hidali, entrega siempre y cuando presentaran el documento oficial
200 BAR de grano-tarmu a la estación de Kesat en el sellado que garantizaba el disfrute de tales ventajas.
año 23 de Darío (PF 35), mientras que a su vez es sumi- Estas instalaciones estaban separadas, por regla gene-
nistrada por la estación de Hunar en el año 17 con 1.470 ral, por un día de marcha, donde la distancia variaría
BAR de grano (PF-NN 574) y en el año 18 con 3.630 como consecuencia de las condiciones orográficas del
BAR de grano-tarmu (PF 200). Estos ingresos y salidas terreno. Mayor distancia cuando las condiciones eran
evidencian la importancia que Hidali tenía en esta épo- favorables, y menor longitud cuando éstas eran me-
ca. Ejemplos similares se pueden observar en lugares nos propicias (zonas montañosas, desiertos, etc.). A
que son descritos por entregar raciones a los viajeros en raíz de los hallazgos arqueológicos podemos sugerir
el Archivo de la Fortificación de Persépolis. de manera general la existencia de dos tipos diferentes

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.09 LVCENTVM XXXII, 2013, 185-203.


202 JOAQUÍN VELÁZQUEZ MUÑOZ

Figura 12: Posible reconstrucción de los establos.

de estaciones: unas más lujosas, destinadas a la élite Iraq-Iran Archaeological Expedition, Report 4, The Ins-
aqueménida, y otras de características más modestas, titute for Oriental Culture, Tokio.
y por ello, dirigidas a individuos de menor rango so- ASADI, A. y KAIM, B., 2009. «The Achaemenid building
cial. Todas estas características del sistema viario no at site 64 in Tang-e Bulaghi», ARTA, 2009.003, 1-20.
difieren en nada de lo que nos encontraremos en pe- ASGARI CHAVERDI, A. R., 2001: «Fārs pas az darius-e
riodos posteriores. Es la prueba de que las mismas ne- sevvom: nowyāfte-ha-ye az yek mohavvate-ye bāstāni
cesidades requieren de los mismos medios, sin que se dar Lāmerd-e Fārs» [El Fārs después de Darío III: des-
pueda siempre inferir la influencia de las instituciones cubrimientos en el sitio antiguo de Lāmerd, Fārs], Ira-
antiguas sobre las que se crearon con posterioridad. nian Journal of Archaeology and History, 13, 2/14, 1,
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LVCENTVM XXXII, 2013, 205-216. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.10

LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA


(L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE)
THE EXCAVATION AND CONSOLIDATION OF THE BOMBARDA TOWER
(L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE)

CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO


Ayuntamiento de l’Alfàs del Pi

La torre Bombarda es una estructura incluida en el estas estructuras se defendía a la población asentada
sistema defensivo de la costa valenciana que estuvo en Altea y se controlaba el desembarque de enemigos
en funcionamiento entre los siglos XVI y XVIII. Está en el cap Negret, junto al río Algar, hecho frecuente
situada en el extremo septentrional de la Serra Ge- según informan las fuentes del siglo XVI (Boira, 2007,
lada, a 111 m sobre el nivel del mar, en un espacio 196). Sin embargo, desde la torre Bombarda no están
natural protegido. Actualmente su acceso se realiza a visibles las numerosas calas de la sierra donde solían
través del camí del Far, la ruta roja del Parc Natural esconderse barcos corsarios. Por tanto, la vigilancia de
de la Serra Gelada, uno de los paisajes más espec- les Penyes de l’Albir se tenía que realizar mediante
taculares del litoral alicantino. La torre está declara atajadores que, desde la torre Bombarda y de les Ca-
Bien de Interés Cultural y, debido a su mal estado de letes (Benidorm), recorrían todo el acantilado y se en-
conservación, el Ayuntamiento de l’Alfàs del Pi lle- tregaban el seguro a medio camino, en la llamada Casa
vó a cabo un proyecto de intervención arqueológica del Seguro. Esta construcción, de la que todavía se
y de restauración entre noviembre de 2011 y enero conservan algunos restos, se encuentra situada frente a
de 2012.1 Esta intervención ha permitido conocer su la isla Mitjana, en el término municipal de Benidorm.
planta, determinar la forma y dimensiones del cuerpo Los atajadores formaban parte de la organización del
superior y, al mismo tiempo, consolidar los paramen- personal militar a cargo del sistema de vigilancia cos-
tos conservados. tero establecida en las Ordenanzas de la Guardia Ma-
El lugar elegido para la construcción de la torre es rítima del Reino de Valencia, publicadas en 1554 por
un punto estratégico para la defensa y control del te- Bernardino de Cárdenas, duque de Maqueda y virrey
rritorio y, de hecho, en 1863 se instaló junto a la torre de Valencia. A la cabeza de esta estructura estaban el
el faro de l’Albir para regular el tráfico marítimo en Veedor general y sus oficiales, los Capitanes Reque-
la bahía de Altea2. En el extremo más septentrional de ridores. A cada torre se destinaba, en función de su
la rada se encuentra el castillo de Altea y la torre de importancia defensiva, una dotación de alcaides, ar-
Cap Negret (actualmente desaparecida), con las que tilleros, torreros y atajadores (Pradells, 1992, 55). La
la torre Bombarda estaba en contacto visual. Desde función de los atajadores era fundamental en lugares
como la Serra Gelada, donde los torreros apostados en
las atalayas no podían vigilar la vertiente oriental de la
montaña. Este trabajo lo llevaban a cabo los atajado-
1. La dirección técnica del proyecto de puesta en valor ha corri-
do a cargo de Carolina Frías Castillejo (arqueóloga munici- res, quienes debían realizar la descubierta o vigilancia
pal de l’Alfàs del Pi) y Javier Udaeta i Montaner (arquitecto del terreno existente entre torre y torre, a caballo o ca-
municipal). Su ejecución ha sido llevada a cabo por Gustavo minando, una tarea bastante dura en el caso que nos
Olmedo López y Daniel Tejerían Antón (ATRIUM CHS, ar- ocupa dada la difícil orografía de la Serra Gelada. En
queólogos y técnicos en restauración de bienes culturales). caso de no localizar ningún barco enemigo los ataja-
2. Esta coincidencia no es casual. En el Plan general para el dores se entregaban en un punto intermedio de la ruta
alumbrado marítimo de los puertos y costas de España e is- un documento que lo acreditaba, el seguro, de ahí el
las adyacentes, publicado en 1847, se indica que los lugares topónimo con el que las fuentes citan a la estructura
donde ya existían torres vigías era un punto adecuado para
construir un faro. El caso más paradigmático en la concu-
ubicada en la cima de la sierra frente a la isla Mitjana.
rrencia de emplazamientos entre atalayas y señales maríti- Este documento era llevado a cada una de las torres y
mas es el faro de Santa Pola, construido sobre la estructura entonces se avisaba a las poblaciones costeras de la
de la antigua torre vigía. inexistencia de peligro.
206 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

Figura 1: Ubicación de la torre Bombarda.

Figura 2: Vista de la torre Bombarda junto al faro de l’Albir. Figura 3: Situación de los elementos defensivos de la Serra Ge-
lada (fotografía de Andrés Díaz).

LA TORRE BOMBARDA EN LAS FUENTES topónimo puig del Albir, que luego derivará en Pen-
ESCRITAS3 yes del Albir, con el que las fuentes medievales y mo-
dernas se refieren a la Serra Gelada5. En este docu-
Las primeras referencias documentales a un punto de mento el infante Martí ordena el pago de sus salarios
vigilancia en l’Albir se remontan a 1382, hecho que a los dos soldados que vigilaban el «puig del Albir»,
demuestra la importancia de este lugar en la defen- remarcando que «les quals talayes són necessàries
sa de la costa. Se trata de un escrito de Pere Marc, més que totes les altres»6. Desconocemos si el punto
procurador del conde de Denia, donde avisa a las po- citado en las fuentes del siglo XIV es el lugar elegido
blaciones de Polop, Callosa y Guadalest que han de posteriormente para la construcción de la torre Bom-
proveer el puesto de guardia de l’Albir para vigilar barda o si se refieren a otro «puig», a otra elevación
posibles ataques marítimos4. Aunque no especifica la de la misma montaña. Por tanto, mucho tiempo antes
ubicación de este puesto de vigilancia hay que situar- de la construcción de la torre Bombarda a mediados
lo, sin duda, en algún punto elevado de la Serra Ge- del siglo XVI la bahía de Altea y los acantilados de
lada. Pocos años después, en 1391, sí que aparece el la sierra estaban vigilados por un puesto de guardia,
dentro de un rudimentario sistema defensivo de la

3. Queremos agradecer a Juan Llaneras Leal y a José Luis Me-


néndez Fueyo su colaboración a la hora de facilitarnos la con- 5. Sobre la toponimia de la Serra Gelada ver el artículo de F.X.
sulta a las obras y fuentes escritas empleadas en este artículo. Llorca (2012).
4. Archivo del Reino de Valencia, Procesos Madrid, letra L, 6. Archivo de la Corona de Aragón, reg. 2093, f.147-148v. En
num. 86, f. 412rv. En A. Galiana, 2011, 284. A. Galiana, 2011, 286-287.

LVCENTVM XXXII, 2013, 205-216. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.10


LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE) 207

costa que, con un carácter local y financiado por las


villas costeras, servirá de embrión para el plan esta-
blecido en el siglo XVI (Boira, 2007, 21-22; Pradells,
1995, 243).
Esta tradición como enclave defensivo se materia-
lizó a mediados del siglo XVI con la edificación de
una atalaya en el extremo septentrional de la Serra Ge-
lada dentro de la instauración de un sistema de vigilan-
cia vertebrado a instancias de Carlos V y desarrollado
durante el reinado de Felipe II. La red de edificaciones
se denominó Resguardo de la Costa y su creación se
contextualiza en un momento de gran actividad béli-
ca en el Mediterráneo7. Las atalayas, dotadas con un
cuerpo de tropas propio, constituían un elemento de
defensa pasivo frente a los constantes ataques de pira-
tas berberiscos que asolaban las poblaciones costeras.
Entre los siglos XVI y XVIII el corso berberisco está Figura 4: Muro septentrional de la casa del Seguro.
muy activo en las costas valencianas y andaluzas. Las
fuentes recogen ataques frecuentes desde los primeros
años del siglo XVI, como los de la bahía de Alicante
en 1538, 1540, 1550 y 1554, la Vila Joiosa en 1534 o
Cap Negret en 1546 (Menéndez, 1997, 7). Por tanto,
ante este grave problema producido por los piratas, se
remodelaron las principales fortalezas y se procedió a
la construcción y rehabilitación de torres costeras y a
la creación de un cuerpo de guardia específico (Pra-
dells, 1997, 54-55).
La fecha exacta de la construcción de la torre
Bombarda la desconocemos, pero contamos con un
terminus ante quem en el informe del ingeniero mili-
tar Giovanni Battista Antonelli de 15638, documento
donde por primera vez se cita la torre y que permite
plantear su construcción a mediados del siglo XVI.
Posiblemente, dado que las Ordenanzas de Maqueda
(1554) marcan el inicio de un sistema articulado en
la vigilancia costera, la torre Bombarda se construyó
a raíz de estas ordenanzas al igual que las torres del
Gerro, Carabassí, Aigües o Xarco (Menéndez, 1997,
8).
Después de la cita de Antonelli encontramos otra
referencia de la torre Bombarda en un informe de fi-
nales del siglo XVI redactado por Juan de Acuña a pe-
tición real donde se describen las costas del Reino de
Valencia9. Acuña detalla, de sur a norte, todas las po-
blaciones, puertos, embarcaderos y elementos defen-
sivos de la costa valenciana con un fin eminentemente
militar. Después de describir la torre de les Caletes en
Benidorm, nombra la torre Bombarda: «la torre de la

7. Sobre el sistema defensivo costero ver los excelentes trabajos


del profesor Jesús Pradells (1992, 1995, 2002 y 2004) y de J.
L. Menéndez (1997, 2002 y 2012). Asimismo, un interesante
trabajo de conjunto sobre las torres de la Comunidad valen-
ciana lo podemos encontrar en la obra de J. Boira (2007).
8. Archivo General de Simancas, E329-I. En J.V. Boira (1992).
9. Archivo de la Corona de Aragón. Consejo de Aragón. Legajo Figura 5: Mapa de la organización militar de la costa valenciana
761, nº 103. En J. Boira (2007, 237 ss). según el informe de Antonelli (Boira, 1992).

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208 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

Lombarda10 está media legua de la de las caletas, toda las torres, en esos momentos inexistente o en muy
de tierra fragosa, está derrocada que la arruynaron mal estado de conservación. Informes como los de
los corsarios, los tres guardas que.stavan en ella la Arnaldo Hontabat (1757), Antonio Bucarelli (1764),
hazen ensima del risco, y haviendo hecho la señal Fernando de Rojas (1788), Baltasar Ricaud (1791) y
quando ay moros se retiran a poblado como los de las Juan Antonio Perelló (finales del siglo XVIII) entre
de las Caletas, y estas dos torres no se descubre la una otros proporcionan información muy valiosa sobre
a la otra. Esta torre de la Lombarda conviene que se el precario estado del Resguardo a finales del siglo
haga nueva, no en el mismo sitio que aora está, sino XVIII y sobre la situación de cada una de las torres.
un poc más hazia el castillo de Altea ay media legua, y Sin embargo, debido a su mal estado de conservación,
la cala Jardal? y la de Alver». Cuando habla de la to- muchas de las reparaciones consignadas en los infor-
rre de la Galera, en Altea, comenta que «el parapeto es mes no pudieron llevarse a cabo por ser demasiado
muy ruin y delgado, y por tenelles así las torres de las costosas.
Caletas y la de la Lombarda se perdieron, porque los Uno de los documentos que más datos aporta so-
pasa un arcabuz». En 1585, por tanto, la torre Bom- bre la torre Bombarda es el informe del Comandante
barda, al igual que la de les Caletes, se encontraba ya General José de Rojas, redactado en 1788. A partir
destruida, aunque los soldados continúan haciendo las de este informe sabemos que la torre tenía un cuerpo
guardias desde la montaña. Juan de Acuña recomienda circular, hecho que las excavaciones arqueológicas
su reconstrucción, presupuestada en 1.000 ducados, han confirmado, y que finalmente se armó con un ca-
pero en otro emplazamiento más hacia el norte, hacia ñón de bronce de a tres, tal y como recomendaba 60
Altea. Por el momento desconocemos si esa reubica- años antes Boscasa. La dotación de personal seguía
ción tuvo lugar y si los restos actuales de la torre co- limitada a dos torreros y Rojas propone aumentarla a
rresponden con la estructura original o con un posible dos soldados más («dicha guarnición no es suficiente
cambio de situación. El informe de Acuña también nos para tanta fatiga»), seis en caso de guerra, incluidos
proporciona información sobre la dotación de la torre, dos artilleros. Hace referencia a las reformas que es
tres guardas, y no menciona la existencia de piezas de necesario acometer, por un importe de 3.880 reales,
artillería. unos «reparos» mucho menos numerosos que los in-
La Guerra de Sucesión dejó el sistema del Res- dicados por el informe previo de Arnaldo Hontabat
guardo en muy mal estado, ya que se desarticularon de 175712. Además, Rojas aporta una interesante in-
las tropas y la artillería de las torres se desmontaron formación sobre la difícil comunicación entre la torre
para emplearlas en la guerra. Además, con la posterior Bombarda y la de les Caletes, cuando dice que entre
reorganización del sistema llevada a cabo por la admi- ambas atalayas hay «dos horas de camino impractica-
nistración borbónica entre 1718 y 1719 se recortaron ble, por la orilla del mar, a causa de los muchos pre-
los recursos económicos destinados al mantenimiento cipicios y muy penoso aun por lo interior del pais».
y dotación de las torres, por lo que se redujo el núme- En este mismo documento se señalan los topónimos
ro de soldados (Padrells, 2004). Esta situación queda de las calas de la Serra Gelada donde se podían escon-
reflejada en los informes de Francisco Tomás Boscasa der barcos enemigos: «1ª la llamada del Randas, en
redactados entre 1726 y 172911, donde se indica que la que se pueden abrigar tres galeotas. 2ª la del Corp
la torre Bombarda, perteneciente al Requerimiento de capaz de una galeota. 3ª la del Bol de Bolix, en la
Villajoyosa, tan sólo contaba con dos soldados de a que caben 6 galeotas y 4ª la del Portet, capaz de dos
pie (ningún artillero ni soldado a caballo) y recomien- buques medianos».
da dotarla de, al menos, un cañón pequeño porque Con la colonización de Argelia por parte de Fran-
no tenía artillería ninguna, al igual que la torre de la cia a partir del primer tercio del siglo XIX la tradicio-
Galera, y, lo que más llama la atención, el castillo de nal piratería berberisca sufrió un gran revés, por lo que
Altea. la pacificación de la costa fue a la par de la desapari-
A partir de mediados del siglo XVIII se incremen- ción del Resguardo de la Costa (Pradells, 1995, 264).
ta la actividad del corso argelino, por lo que se hizo Una vez perdida su utilidad, la falta de mantenimiento
necesario reforzar el sistema de atalayas. Este periodo condujo a un declive paulatino de las atalayas. Se con-
es muy prolijo en cuanto a la redacción de informes servan varias referencias acerca de la torre Bombarda
de ingenieros militares donde se refleja de manera en el siglo XIX que, según la documentación consulta-
pormenorizada el estado de conservación de las torres da, fue destruida a principios del siglo XIX. El capitán
y castillos, señalando las necesidades de reparación Joaquín Aguado en 1869 dice que «Fue arruinada en
y las medidas a tomar para reforzar su artillería de la Guerra de la Independencia y hoy no existe más
que un montón de escombros»13. Posteriormente, en
un derrotero de la costa mediterránea publicado en
1873 por Gonzalo de Murga, se describe el faro de
10. A pesar de que el nombre oficial de la torre es Bombarda,
aparece nombrada como Lombarda en el informe de Acuña
y como Gombarda en los de Hontabat, Bucarelli y Rojas, lo
que parece responder a un error de transcripción. 12. Archivo General de Simancas, GM, 3609.
11. Archivo General de Simancas, GM, 253. 13. S.H.N., 4-4-4-1, Valencia, 9 de julio de 1869.

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LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE) 209

Figura 6: Extracto del informe de Rojas sobre la torre Bombarda.

Figura 7: Mapa del Reino de Valencia. Francisco Antonio Cassaus. 1693. Real Academia de la Historia. Dpto. de Cartografía y Artes
Gráficas. Signatura: C-Atlas E,II, 28.

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210 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

l’Albir situándolo «al SE de las ruinas de la torre de


la bombarda»14.

LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN LA


TORRE BOMBARDA

La intervención llevada a cabo en la torre tenía tres


objetivos.
–– Obtener información acerca de su sistema cons-
tructivo y documentar restos cerámicos que pudie-
ran confirmar su cronología.
–– Consolidar los paramentos de la torre con el fin de
detener el grave proceso de degradación al que es-
taban sometidos.
–– Realizar un levantamiento topográfico de la torre Figura 10: Cimentación del cuerpo superior.
mediante fotogrametría.

La torre está construida directamente sobre la roca


calcárea, en un espacio muy reducido al borde del
acantilado, por lo que el cuerpo superior y el extremo
meridional de la estructura eran los únicos lugares po-
sibles donde obtener información. La excavación de
estas dos zonas permitió conocer la planta completa de
la torre y localizar el acceso al interior de la estructu-
ra. El cuerpo superior está formado por un gran muro
circular construido con aparejo irregular de mampos-
tería tomada con mortero de cal y cantos de diverso ta-
maño. Únicamente se conserva un paramento exterior
careado y un paramento interior desbastado, con un
diámetro interior de 2,15 m y uno exterior de 5,80 m.
El interior del muro estaba relleno por una acumula-
ción de tierra y piedras de pequeño tamaño que llegaba
hasta la roca natural en el que, desafortunadamente,
Figura 8: Vista general de la torre durante el proceso de
no se localizó ningún objeto que aportase datos cro-
excavación. nológicos sobre la construcción de la estructura. Este
relleno de piedras cumplía la función de cimentación
del cuerpo superior, ya que el basamento asienta direc-
tamente sobre la roca.
El cuerpo inferior de la torre está formado por cin-
co lienzos de mampostería ataludados. Tiene una plan-
ta pentagonal, pero no regular, ya que se debe adaptar
a las escabrosas condiciones del terreno. Los muros
están ejecutados en aparejo de mampostería regular y
presentan un revestimiento de mortero de cal. El mó-
dulo de los mampuestos oscila entre 30-50 cm de lon-
gitud y 15-20 cm de anchura.
La entrada al cuerpo superior de la torre se reali-
zaba por la cara sur, donde se ha encontrado los restos
muy arrasados de un muro interpretado como parte del
sistema de acceso. Este muro se encuentra en mal es-
tado de conservación, pero su función parece clara ya
Figura 9: Muro circular del cuerpo superior (UE 1005). que cierra el espacio en la zona orientada al mar justo
encima del acantilado, el único punto donde hay terre-
no suficiente para habilitar la entrada a la torre.
Con el fin de plantear la altura que pudo alcanzar
14. Gonzalo de Murga y Mugartegui, 1873, Derrotero de las el tramo superior de la torre contamos con las dimen-
Costas del Mediterráneo, Madrid. En A. Galiana, 2011, siones de los paramentos conservados: la anchura del
694. muro circular de la cimentación del cuerpo superior

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LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE) 211

Figura 11: Planta y sección de la torre Bombarda (Daniel Tejerina).

(1,90 m) y la altura máxima del cuerpo pentagonal (4 alamborado y un cuerpo superior circular almenado en
m). Por norma general, en este tipo de construcciones su remate. La altura total sería, como hemos dicho, de
los cuerpos inferiores suponen 2/3 del total, de ahí que 12 metros y el acceso se efectuaría por su lado sur. A
la cifra propuesta para la altura total de la torre sea 12 esta puerta, situada en una altura superior, se llegaría
metros. En los trabajos de reconstrucción virtual rea- mediante una escalera móvil de madera o una cuerda y
lizados por Daniel Tejerina, dirigidos a conseguir una probablemente estaría protegida por un matacán simi-
imagen lo más aproximada posible, se han tenido en lar al de la torre de l’Aguiló en la Vila Joiosa.
cuenta los datos obtenidos en la excavación arqueoló- Dado el mal estado de conservación en que se en-
gica y en la restauración, así como de la fotogrametría cuentra la torre, debemos acudir a las fuentes escritas
y de los paralelos de otras torres de defensa marítima con el fin de conocer la distribución de los espacios y
de la época. De este modo, se ha propuesto una re- las características constructivas del cuerpo superior, así
construcción de la torre Bombarda con un basamento como de los sistemas de defensa y ataque que tenía. A

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212 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

Figura 12: Fotogrametría de los paramentos de la base (Daniel Tejerina).

Figura 13: Reconstrucción virtual de la torre Bombarda (Daniel


Tejerina).

partir de las descripciones efectuadas por el ingeniero


Arnaldo Hontabat en 175715 sabemos que la torre tenía
dos pisos abovedados que se comunicaban por una es-
calera de caracol. Menciona que es necesario rehabilitar Figura 14: Ubicación del aljibe del faro.
un cobertizo y el suelo de ladrillo de la cocina y también
hace referencia a la existencia de un aljibe con el que brocal. En un barranco próximo situado a unos 100 m al
los soldados debían abastecerse de agua. Según Hon- este de la torre, se localiza un aljibe de gran tamaño que
tabat, las intervenciones a realizar en este aljibe eran ha estado en uso por los fareros hasta los años sesenta
muy numerosas, como reparar la bóveda de la cisterna, del siglo XX. Está construido con mampostería traba-
el revestimiento interior de la cisterna o reconstruir el da con mortero de cal, empleando como áridos cantos
rodados. La cisterna es de planta rectangular, con una
bóveda de cañón y un brocal o capelleta con cubier-
15. Archivo General de Simancas, GM-3609. ta a cuatro aguas. Este brocal presenta una tipología

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LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE) 213

En cuanto a la artillería, gracias al informe de José


de Rojas de 1788, sabemos que la atalaya dispuso, al
menos a finales del siglo XVIII, de un cañón de bronce
de a tres, con un diámetro en el fogón cinco líneas.
No se menciona la existencia de matacanes u otros
elementos defensivos, pero podemos suponer que, al
menos sobre la puerta, debería haber un matacán que
protegiese el acceso de los enemigos.
Por tanto, con los datos obtenidos durante la ex-
cavación arqueológica podemos afirmar que la torre
Bombarda tendría una altura total de 12 m y estaba
formada por un basamento alamborado macizo de
planta pseudo-pentagonal con un cuerpo principal
de planta circular del que prácticamente sólo se con-
serva su cimentación. La torre se incluye dentro del
grupo IV.1 (torres poligonales de planta pentagonal)
de la tipología establecida por J.L. Menéndez (2002,
748), único ejemplo de este tipo localizado en la costa
alicantina.

LOS TRABAJOS DE RESTAURACIÓN

La intervención planteada en la torre Bombarda tenía


el objetivo de conservar los restos existentes de la es-
tructura, sin realizar una reconstrucción volumétrica
del alzado. En aquellos puntos donde era necesario,
se ha reconstruido parte del muro, pero sin superar
en ningún momento la cota máxima del paramento
Figura 15: El aljibe durante los trabajos de restauración y pues- conservado. La estructura en el momento previo a
ta en valor. la intervención se encontraba en una fase de deterio-
ro avanzado. El cuerpo superior prácticamente había
desaparecido y las fachadas del basamento estaban
afectadas por la presencia de plantas inferiores y por
la disgregación del mortero con el que la mamposte-
ría está tomada. Además, el deslizamiento de parte de
la roca base había provocado un problema de asiento
en el ángulo suroeste. Una vez completada la fase ini-
cial de limpieza y eliminación de elementos vegetales,
los siguientes trabajos se centraron en la consolida-
ción estructural de la torre, a través de la reposición

Figura 16: Sección transversal del aljibe.

habitual para los aljibes de época contemporánea. No


obstante, es muy probable que el aljibe descrito en el
informe del siglo XVIII se pueda identificar con esta
estructura, construida en época moderna y que fue reu-
tilizada por los fareros a partir del siglo XIX16.

16. Aljibes con una planta similar al de l’Albir se han localizado


en otras torres, como la del Carabassí en Santa Pola (Me-
néndez, 2012, 199). Figura 17: Estado inicial.

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214 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

Figura 20: Tapiado del vano abierto en la fachada sureste.

Figura 18: Estado final. Figura 21: Reintegración cromática de los morteros.

Estos análisis permitieron diseñar un mortero de con-


solidación específico, con un comportamiento me-
cánico similar al original e integrado estéticamente
en el conjunto de la obra. Las características de este
mortero de consolidación son las siguientes: cal blan-
ca Lafarge y arena blanca, mezclados ambos compo-
nentes en una proporción 1:3 y con añadido posterior
de agua. Como árido se ha usado arena blanca y can-
tos de diferentes tamaños. De manera excepcional y
únicamente en aquellas zonas en las que la pérdida
de mampostería podía ocasionar un descuelgue de
piezas y constituían un factor de riesgo a nivel es-
tructural, se optó por una reintegración volumétrica.
Esta reintegración se realizó utilizando mampuestos
del entorno, respetando en todo momento el aparejo
Figura 19: Reintegración volumétrica de la fachada sur (UE y módulo originales. La mampostería se ha reintegra-
1000). do en la coronación de las fachadas, en la consolida-
ción del cuerpo circular superior y en el tapiado de un
vano abierto en la fachada meridional de la torre en
del mortero de la junta, previa limpieza de las partes época contemporánea.
móviles. A modo de protección de las estructuras originales,
A partir de la observación y la toma de muestras así como de diferenciación entre elementos originales
de mortero original se pudo determinar su compo- y añadidos, se colocaron láminas de fibra geotextil
sición: cal (ligante), arena y cantos rodados (árido). sobre las estructuras originales antes de comenzar la

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LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI, ALICANTE) 215

BIBLIOGRAFÍA

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Figura 22: Panel didáctico sobre la torre Bombarda en la ruta CÁMARA MUÑOZ, A., 1991: «Las torres del litoral en el
interpretativa del camí del Far.
reinado de Felipe II: una arquitectura para la defensa del
territorio (y II)», Espacio Tiempo y Forma, serie VII, 4,
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reintegración. Además, ya en superficie, se emplea- CÁMARA MUÑOZ, A., 1998: «Las fortificaciones y la de-
ron elementos señalizadores cerámicos para delimitar fensa del Mediterráneo», Congreso Internacional Felipe
cada reposición y para que la intervención sea perfec- II y el Mediterráneo, vol. 4, 355-378, Barcelona.
tamente discernible de la obra original. Concluido el FRÍAS CASTILLEJO, C. y UDAETA MONTANER, J.,
proceso de reintegración volumétrica se pigmentó el 2012a: Memoria final de la excavación y consolidación
mortero de reintegración para conseguir un acabado de la torre Bombarda (l’Alfàs del Pi), inédito.
similar al mortero original. El proceso para obtener FRÍAS CASTILLEJO, C., 2012b: «La torre Bombarda»,
este acabado ha constado de dos partes: una primera Intervenciones arqueológicas en la provincia de Alican-
aplicación con un tono base gris claro y, posterior- te. 2011, en A. GUARDIOLA y F. TENDERO (Eds),
mente, una segunda capa en tono ocre. El pigmento, MARQ-CDL, Alicante.
en ambos casos, se ha aplicado en una disolución de GALIANA, A., 2011: Documentació històrica i bibliogràfica
resina acrílica (Acril 33) y agua destilada. La aplica- de la Marina Baixa, CD-Rom, La Vila Joiosa.
ción se ha realizado mediante impregnación por me- LLORCA, F.X., 2012: «La toponímia maritimoterrestres del
dio de brochas y pinceles. Parc Natural de la Serra Gelada», Actes de la V Jornada
Para finalizar, queremos señalar que la torre Bom- d’Onomàstica, 87-99, Valencia.
barda, una vez finalizada su puesta en valor, ha queda- MATEU IBARS, J., 1963: Los virreyes de Valencia. Fuentes
do incluida en la ruta interpretativa del Camí del Far para su estudio, Valencia.
de l’Albir. En esta ruta, que coincide con uno de los MENÉNDEZ FUEYO, J.L., 1997: Centinelas de la costa:
itinerarios del Parque Natural, se han panelizado los torres de defensa y de la huerta de Alicante, Alicante.
recursos medioambientales y culturales más signifi- MENÉNDEZ FUEYO, J.L., 2002: «La red de torres para
cativos. Las actuaciones centradas en la divulgación la defensa del literal costero en la provincia de Alicante
de la torre han consistido en colocar un panel didác- durante el siglo XVI: una propuesta de evolución cro-
tico donde se explica su funcionamiento junto con la notipológica», en I.C. FERREIRA FERNANDES (Ed.),
reconstrucción virtual, mientras que en el Centro de Mil anos de fortificaçoes na península Ibérica e no Ma-
Interpretación del faro de l’Albir se contextualiza de greb (500-1500), Actas do Simposio Internacional sobre
manera más amplia el momento histórico del Resguar- Castelos, 733-757, Lisboa.
do de la Costa. También se realizan visitas guiadas y MENÉNDEZ FUEYO, J.L., 2012: «Guardianes de la fron-
teatralizadas con el fin de dar a conocer sus valores tera costera. El sistema de torres del sinus ilicitanus en el
culturales, así como la necesidad de acometer trabajos siglo XVI», Santa Pola. Arqueología y Museo. Museos
de recuperación de nuestro patrimonio arqueológico municipales en el MARQ, 186-211, Alicante.
como el que se ha realizado en la torre Bombarda. PRADELLS, J., 1992: «Estructuras defensivas del territorio
valenciano durante la Edad Moderna», Ayudas a la In-
vestigación. Instituto de Cultura Juan Gil-Albert (1986-
Carolina Frías Castillejo 87), Alicante, 51-59.
Arqueóloga municipal
Ayuntamiento de l’Alfàs del Pi
PRADELLS, J., 1995: «La defensa de la costa valenciana
c/ Federico García Lorca, 11 en el siglo XVIII: El Resguardo», Ejército, Ciencia y
03580 l’Alfàs del Pi (Alicante) Sociedad en la España del Antiguo Régimen, 241-270,
[email protected] Alicante.

DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.10 LVCENTVM XXXII, 2013, 205-216.


216 CAROLINA FRÍAS CASTILLEJO

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nas en el siglo XVIII ante el corsarismo y la piratería Zaragoza.
norteafricanas», II Congreso Internacional de Estudios ROSSELLÓ, V.M., 2004: «La cartografia també és per a
Históricos: Mediterráneo, un mar de piratas y corsa- (fer) la guerra. El mapa ortelià del Regne de Valencia,
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durante el reinado de Felipe V», en E. SERRANO (Ed.),

Recepción: 03-07-2013
Aceptación: 15-11-2013

LVCENTVM XXXII, 2013, 205-216. DOI: 10.14198/LVCENTVM2013.32.10


LVCENTVM XXXII, 2013, 217-219.

RESÚMENES

CUENTAS Y COLGANTES CAMPANIFORMES Y EPICAMPANIFORMES DE CERDEÑA


Claudia Pau
En el presente trabajo se ha realizado un amplio catálogo de los adornos campaniformes y epicampaniformes de
los principales yacimientos sardos, identificando la secuencia espacial y cronológica campaniforme inherente a los
objetos ornamentales, desde las primeras expresiones del fenómeno en Cerdeña hasta el Bronce Antiguo, periodo en
el cual en la isla se manifestarían los caracteres finales del campaniforme, con su hibridación en las facies iniciales
del Bonnanaro, mostrando los rasgos evolutivos de cada uno de los elementos y realizando, contemporáneamente,
comparaciones con la Península Ibérica y con otras zonas del arco Mediterráneo.
Palabras clave. Cuentas, colgantes, campaniforme, Cerdeña, Mediterráneo.

¿FÍBULAS PENINSULARES DE CODO «SÍCULAS» O DE TIPO «MONACHIL»? NOVEDADES Y


REVISIÓN
Javier Carrasco Rus, Juan A. Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz, Alfredo González Prats y Jesús Gámiz
Jiménez
Se estudia un amplio conjunto de fibulas de codo de las tradicionalmente denominadas «sículas», bajo nuestra
nomenclatura de tipo «Monachil», que vienen a completar el panorama cada vez más conocido de este tipo de ar-
tilugios problemáticos y paradigmáticos del Bronce Final en la Península Ibérica. De nuevo, se profundiza en sus
diferentes tipologías y cronologías, así como en su dispersión regional y posible autoctonía o aloctonía, con el fin de
seguir incidiendo en la elaboración de un factible marco crono-cultural, en el que encuadrar mínimamente sus mal
definidas formas y desarrollos. Con los datos actuales no es factible mantener un origen sículo para estas fíbulas en
la Península Ibérica.
Palabras clave. Fíbula de codo, Bronce Final, aleaciones binarias, Península Ibérica, taller metalúrgico.

PANOPLIAS PINTADAS: ESTUDIO ANTICUARIO DE LAS ARMAS PINTADAS EN UNA TUMBA


DE PAESTUM RECUPERADA EN 1854
Raimon Graells i Fabregat
En el marco de un estudio sobre la circulación de las corazas anatómicas metálicas y la comprensión de su distri-
bución se ha revisado el catálogo de sus evidencias iconográficas. Entre los numerosos documentos nos ha llamado
la atención la noticia sobre el hallazgo acontecido en 1854, prácticamente olvidado, de una fenomenal tumba en la
necrópolis Spinazzo de Paestum. Se trata del único documento conocido en el que se representan hasta tres pano-
plias metálicas dominadas por corazas anatómicas largas. La excepcionalidad de las representaciones, con escenas
tomadas del imaginario griego y ápulo, el detalle de los elementos representados, particularmente las armas, y la
interpretación y lectura histórica que el análisis anticuario de los elementos pintados suscita, nos anima a presentar
el conjunto. Para ello, el estudio se ha basado en un análisis de la descripción y dibujo de cada elemento pintado, una
valoración de las escenas y modelos iconográficos utilizados y, finalmente, un estudio de los elementos de panoplia
representados en las pinturas.

LVCENTVM XXXII, 2013, 217-219.


218 RESÚMENES

El resultado es doble: por un lado, la datación de la tumba durante el primer cuarto del s. III a.C.; por otro, una
aproximación histórica según la que la representación seleccionó detalladamente todos los elementos y motivos
iconográficos para representar una gens lucano-pestana en la agitada Italia meridional durante la expansión romana.
Palabras clave. Paestum, Tarento, pintura funeraria, Amazonomaquia, Iliupersis, coraza anatómica, casco tipo Pac-
ciano/Catanzaro, Prometopidion, Prosternidion, transición entre s. IV y III a.C.

COLMENARES (L’ALACANTÍ), UN HÁBITAT IBÉRICO DE LLANURA EN ÉPOCA PLENA


Jesús Moratalla Jávega y Gabriel Segura Herrero
Se presentan en este artículo los resultados obtenidos de la excavación íntegra de Colmenares, un asentamiento en
el llano datado en época ibérica plena. El estudio de su planta y de su ajuar cerámico permite vislumbrar su función
productiva relacionada con la explotación agropecuaria, aunque existen dudas sobre su concreta actividad. Por otro
lado, su propia existencia sugiere una amplia reflexión sobre los hábitats de llanura y su integración en los territorios
de los oppida ibéricos, tanto desde el punto de vista económico como en el plano socio-político, abriendo así nuevas
posibilidades de análisis sobre el poblamiento secundario de época ibérica en la antigua Contestania.
Palabras clave. Ibérico Pleno, llanura, almacén, camino, territorio, sociedad.

LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DEL CERRO DE LOS SANTOS EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL


DE VIENA (1873)
Teresa Chapa Brunet y Julio González Alcalde
La presencia en la Exposición Universal de Viena de moldes de las esculturas del Cerro de los Santos es un hecho
mal conocido. Tras la inauguración oficial del Museo Arqueológico Nacional de Madrid por Amadeo de Saboya en
1871, la institución consideró una prioridad comprar un número significativo de piezas de este lugar, considerado
como evidencia de una sorprendente, antigua y desconocida cultura española. Desgraciadamente, entre ellas había
varias falsificaciones que no fueron detectadas hasta algunos años después. Se enviaron a Viena 29 moldes, donde
fueron revisadas por diversos arqueólogos europeos. Por su actitud oferente, sosteniendo un vaso entre las manos,
fueron relacionadas con las esculturas funerarias del sur de Rusia conocidas como «Kamennye Baby».
Palabras clave. Cultura Ibérica, escultura en piedra, vaciados de esculturas, falsificaciones arqueológicas, Cerro de
los Santos.

NUEVO LEÓN HISPANORROMANO PROCEDENTE DE ALHAMBRA (CIUDAD REAL)


José Miguel Noguera Celdrán y Carmen García Bueno
En el año 2000 fue hallado casualmente en las inmediaciones de la necrópolis íbero-romana del Camino del Mata-
dero, en la vertiente Sur del cerro donde se ubica la actual localidad de Alhambra (Ciudad Real, Hispania citerior,
Conventus Carthaginiensis) un fragmento de escultura de león funerario de época romana (siglos II-I a.C.) que
sustenta entre sus garras una cabeza masculina cortada. En el presente trabajo se estudian sus aspectos iconográfico,
tipológico y cronológico. El león, que pudo ser parte de un desconocido monumento sepulcral de tipología ítalo-
romana, es un nuevo hito para el análisis de los procesos de recepción y difusión de prácticas y tradiciones itálicas
entre las poblaciones autóctonas de la Meseta en vías de romanización.
Palabras clave. Laminium, Alhambra (Ciudad Real), león funerario, cabeza cortada, necrópolis del Camino del Ma-
tadero, escultura íbero-romana, romanización.

MATERIAL CONSTRUCTIVO LATERICIO PROCEDENTE DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO


VII GEMINA EN LEÓN. LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE PUERTA OBISPO
Ángel Morillo y Javier Salido Domínguez
Las intervenciones arqueológicas realizadas en el sector de Puerta Obispo de la ciudad de León durante 1996 pro-
porcionaron un interesante conjunto latericio procedente del sector oriental del campamento altoimperial de la legio
VII gemina. Una buena parte del material aparecido (ladrillos bessales, pedales, elementos para concamerationes)
procede sin duda de las vecinas termas legionarias, que se encuentran bajo la actual catedral. Por el contrario, en los
sectores correspondientes a la via sagularis y al cuerpo de guardia de la torre septentrional de la antigua porta prin-
cipalis sinistra del campamento aparecen numerosas tegulae e imbrices en estado fragmentario, que deben respon-
der a reformas acometidas en la puerta romana a finales del siglo III. En este estudio presentamos además un análisis
del material sellado, que constituye la inmensa mayoría del conjunto, lo que constituye un rasgo característico del

LVCENTVM XXXII, 2013, 217-219.


RESÚMENES 219

recinto militar de León. Además del repertorio de sellos militares de la legio VII gemina, presentamos en este trabajo
las marcas de producción, numerales e improntas de calzado y huellas animales, que nos informan sobre aspectos
productivos y de la vida cotidiana en el campamento legionario.
Palabras clave. León, Legión VII Gémina, ladrillos y tejas romanas, termas romanas, marcas militares.

LES MONEDES DE LA VIL·LA ROMANA DE CASA FERRER I ALS FONS DEL MUSA (MUSEU DE
LA CIUTAT D’ALACANT)
Immaculada Garrigós i Albert
En l’estudi següent es presenta el repertori monetari aparegut durant les excavacions arqueològiques a la vil·la ro-
mana de Casa Ferrer I (Alacant). Es fa una catalogació de les troballes monetàries que contenen un marc temporal
comprès entre els segles II aC-VI dC, i es fan consideracions sobre la circulació monetària en aquest enclavament,
i en general, a les comarques meridionals del País Valencià.
Paraules clau. Casa Ferrer I, vil·la romana, fons numismàtics, circulació monetària.

LAS ESTACIONES REALES DURANTE EL PERIODO AQUEMÉNIDA


Joaquín Velázquez Muñoz
Sabemos muy poco sobre las instalaciones que los monarcas aqueménidas establecieron a lo largo de los caminos
que recorrían el vasto territorio que gobernaban, donde los viajeros, funcionarios y mensajeros podían abastecerse,
descansar y cambiar de montura para proseguir con su viaje. A partir de las informaciones que nos transmiten las
fuentes antiguas y las investigaciones arqueológicas podemos hacernos una idea de la distancia que separaba unas
de otras, de la diversidad de actividades que tenían lugar y la existencia de estructuras más lujosas destinadas exclu-
sivamente a la familia real y a los altos dignatarios de la corte.
Palabras clave. estación, camino real, aqueménida, pabellón, establo.

LA EXCAVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA TORRE BOMBARDA (L’ALFÀS DEL PI,


ALICANTE)
Carolina Frías Castillejo
La torre Bombarda es un elemento patrimonial declarado BIC situado en la Serra Gelada, junto al faro de l’Albir, en
el municipio de l’Alfàs del Pi. Durante los meses de noviembre de 2011 a enero de 2012 el Ayuntamiento ha ejecu-
tado un proyecto de excavación y consolidación de la torre, con el fin de detener el proceso de degradación al que se
estaba viendo sometida. Dicha actuación ha proporcionado datos suficientes para conocer su planta, así como para
plantear una propuesta de alzado a partir de la documentación fotogramétrica y reconstrucción 3D de la estructura.
Palabras clave. Atalayas, torres vigías, resguardo, Serra Gelada, consolidación.

LVCENTVM XXXII, 2013, 217-219.


LVCENTVM XXXII, 2013, 221-223.

ABSTRACTS

SARDINIAN BEADS AND BELL BEAKER AND EPI BELL BEAKER PENDANTS
Claudia Pau
This work provides an extensive cataloguing of bell beaker and epi bell beaker ornaments in the main Sardinian
sites, identifying their spatial and chronological sequence from the earliest items found in Sardinia up to the Early
Bronze Age, a period that would show the ultimate beaker features in the island, showing their hybridization in the
Bonnanaro early facies. We show the evolutionary traits of each item and make contemporary comparisons with the
Iberian Peninsula and other areas of the Mediterranean area.
Key words. Beads, Pendants, Bell Beaker, Epi Bell Beaker, Sardinia, Mediterranean sea.

PENINSULAR FIBULAE: ELBOW «SÍCULAS» OR TYPE «MONACHIL»? NEWS AND REVISION


Javier Carrasco Rus, Juan A. Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz, Alfredo González Prats y Jesús Gámiz
Jiménez
We study a wide range of elbow fibulae, traditionally referred to as «sículas» in our Monachil nomenclature. This
study will fulfill our knowledge of these problematic and paradigmatic devices in the Late Bronze in the Iberian
Peninsula. The different typologies and chronologies are deeply analyzed, as well as their regional distribution, fo-
cusing on their native or foreign origin. Our aim is to build a chrono-cultural framework incorporating these fibulae.
With the current information available, we cannot conclude that these Iberian fibulae have a Sicilian origin.
Key words. Elbow fibulae, Late Bronze Age, binarys alloys, Iberian Peninsula, metallurgy workshop.

PAINTED PANOPLIES: ANTIQUARIAN STUDY OF THE WEAPONS PAINTED IN A TOMB IN


PAESTUM, FOUND IN 1854
Raimon Graells i Fabregat
The iconographic evidence of anatomical metal breasyplates has been analyzed as part of a study on their distribu-
tion. The aim was to understand their distribution map and to establish the chronology. Among the many documents,
this paper focuses on the short report, almost forgotten, of the discovery of a huge painted grave in the necropolis
Spinazzo of Paestum in 1854. This is the only known document that shows three metallic panoplies dominated by
long anatomical breastplates. We decided to focus on thiese panoplies due to the uniqueness of these representa-
tions, showcasing scenes of Greek and Apulian imaginary, the great detail of the weapons, and the historical reading
given by the antiquarian study of the items painted. The analysis is therefore based on the architecture of the tomb
and the composition: a full description of each item painted, an assessment of the scenes and iconographical models
used and, finally, the study of each item represented in the paintings.
The result is the dating of this tomb in the first quarter of the 3rd century BC, and a historical approach that
suggests the items and motifs painted were carefully chosen in order to represent a Lucianian gens in the troubled
southern Italy during the Roman expansion.
Key words. Paestum, Taranto, Funerary paintings, Amazons, Iliupersis, Anatomical breastplate, Pacciano / Catan-
zaro Helmet type, Prometopidion, Prosternidion, Transition IV and III centuries BC.

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222 ABSTRACTS

COLMENARES (L’ALACANTÍ), AN IBERIAN PLAIN HABITAT IN THE MIDDLE IBERIAN


PERIOD
Jesús Moratalla Jávega y Gabriel Segura Herrero
In this paper we present the results of the archaeological excavation of Colmenares, a plain rural settlement from
the Middle Iberian period, 4th-3rd centuries BC. The study of the archaeological record and ceramic goods show
there was an important farming production, though there are still doubts about the specific activity. We also discuss
the role of the Iberian rural population and their economical and sociopolitical integration into the territories of the
Iberian oppida. This opens new analysis possibilities for the secondary settlement in ancient Iberian Contestania.
Key words. Middle Iberian Period, Farmstead, Paths, Territory, Society.

IBERIAN IRON AGE SCULPTURES FROM CERRO DE LOS SANTOS IN THE VIENNA INTER-
NATIONAL EXHIBITION (1873)
Teresa Chapa Brunet y Julio González Alcalde
The several casts of stone sculptures found in the Iberian sanctuary of Cerro de los Santos, shown in The Vienna
International Exhibition, is scarcely known. After the official opening of the National Archaeological Museum of
Madrid by Amadeo of Saboya in 1871, the institution considered a priority to acquire a significant number of sculp-
tures from this site, as an astonishing evidence of an old, important and unknown Spanish culture. Unfortunately,
among them were several fakes, although they remained unnoticed for a few years. 29 casts were shipped to Vienna,
where they were studied by different European archaeologists. These sculptures, with an offering vase held in the
hands, were associated with the southern Russian funerary sculptures known as «Kamennye Baby».
Key words. Iberian Culture, stone sculpture, sculpture casts, archaeological fakes, Cerro de los Santos.

NEW HISPANO-ROMAN LION FOUND IN ALHAMBRA (CIUDAD REAL)


José Miguel Noguera Celdrán y Carmen García Bueno
In 2000, the fragment of a funerary statue featuring a lion holding a severed human head between his paws was
found near the Hispano-Roman necropolis of Camino del Matadero, on the southern side of the hill, current location
of the city of Alhambra (Ciudad Real, Hispania citerior, Conventus Carthaginiensis). The sculpture dates from the
2nd-1st centuries BC. This work analyses this piece from an iconographic, typological and chronological perspective.
This lion may have been part of an unknown funerary monument of Italic-Roman inspiration, and is a new mile-
stone for the study of acquisition and dissemination of Italian traditions among indigenous groups as a part of the
Romanisation process in the Spanish central plateau.
Key words. Laminium, Alhambra (Ciudad Real), funerary lion, severed head, necropolis of Camino del Matadero,
Hispano-Roman sculpture, Romanisation.

BUILDING MATERIAL (BRICKS AND TILES) FROM THE CAMP OF THE LEGIO VII GEMINA
IN LEÓN. THE ARCHAEOLOGICAL INTERVENTION IN PUERTA OBISPO
Ángel Morillo y Javier Salido Domínguez
A large quantity of Roman bricks and tiles were recovered in 1996 during the excavations in Puerta Obispo (León),
near the eastern gate of the Roman military fortress of the legio VII gemina. A great part of this material (bricks, bes-
sales, pedales, concamerationes) belonged to the legionary baths, located under the current gothic cathedral. These
archaeological excavations have also unearthed roof tiles (tegulae, imbrices) that were originally part of the porta
principalis sinistra, the main gate on the eastern side of the fortress, during the late 3rd century AC. In this paper
we also review the stamped bricks and tiles, which constitute most of the material found found in Puerta Obispo.
In addition to the repertoire of military stamps of the legio VII gemina, we analyze the production marks, numbers,
shoe prints and traces of animals, which give important information about production and daily life in the legionary
camp.
Key words. León, Legio VII Gemina, Roman bricks and tiles, Roman baths, military stamps.

LVCENTVM XXXII, 2013, 221-223.


ABSTRACTS 223

THE COINS OF THE ROMAN VILLA CASA FERRER I IN THE MUSA (MUSEUM OF THE CITY
OF ALICANTE) COLLECTION
Immaculada Garrigós i Albert
This paper presents the collection of coins discovered during the archaeological excavations in the Roman villa
Casa Ferrer I (Alicante, Spain). We catalogue the coins dating from the 2nd century BC to the 4th century AD, and we
analyze the monetary circulation in this site and in the southern regions of the Valencian Community.
Key words. Casa Ferrer I, Roman villa, numismatic collection, monetary circulation.

THE ROYAL STATIONS IN THE ACHAEMENID PERIOD


Joaquín Velázquez Muñoz
Little we know about the facilities that the Achaemenid kings established along the roads that crossed the vast ter-
ritory they ruled, where travelers, officials and messengers could stock up, rest and change the saddle to continue
their journey. Thanks to the information found in ancient sources and archaeological excavations, we can have an
idea of the distance between these facilities, the different activities that took place in them, and the more luxurious
structures for the exclusive use of the royal family and the high dignitaries of the court.
Key words. Station, Royal Road, Achaemenid, pavilion, barn.

THE EXCAVATION AND CONSOLIDATION OF THE BOMBARDA TOWER (L’ALFÀS DEL PI,
ALICANTE)
Carolina Frías Castillejo
The Bombarda tower is an Asset of Cultural Interest located in Serra Gelada, near the l’Albir lighthouse in l’Àlfàs
del Pi region. From November 2011 to January 2012, the city council carried out an excavation and consolidation
project in the tower in order to stop its deterioarion process. This project has provided enough data to know the
floor plan and wall design thanks to the photogrammetric documentation and the 3D reconstruction of the structure.
Key words. Watchtowers, shelter, Serra Gelada, consolidation.

LVCENTVM XXXII, 2013, 221-223.


PROCESO EDITORIAL

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cesario, el artículo se someterá a una nueva evaluación. Los autores que no estén de acuerdo con estas correcciones y sugerencias podrán retirar el
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PRESENTACIÓN DE ORIGINALES

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tación. Los originales deberán estar mecanografiados a doble espacio, en folios de 30 líneas de 70 espacios cada uno. Vendrán acompañados de un
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cada una. También figurarán las palabras clave en sus correspondientes idiomas.
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que es de 15,9x23,6 cm y el de columna 7,6x23,6 cm.
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del año de edición de la obra, página o páginas y figura o figuras, todo ello separado por comas. Estas citas figurarán en el interior del texto del
artículo y no irán a pie de página ni al final.
Ejemplo: (Bendala y Negueruela, 1980, 384, Fig. 15).
7.2. Si son notas largas, deberán ir al final del texto, encabezadas por la referencia bibliográfica, que será igual que en 7.1.
Ejemplo: M. Bendala y I. Negueruela (1980, 384).
8. La lista bibliográfica vendrá al final del artículo, dispuesta por orden alfabético del primer apellido de los autores. En caso de que un mismo autor
tenga varias obras, la ordenación se hará por la fecha de publicación, de más antigua a la más moderna. Si en el mismo año coinciden dos obras de
un mismo autor, se distinguirán con letras minúsculas (a, b, c, etc.), que también se incluirán en las referencias 7.1. y 7.2.
8.1. En caso de que se trate de un libro, se citará por este orden: nombre del autor, fecha de edición, título de la obra y lugar de edición.
Ejemplo: JIMÉNEZ ÁVILA, J., 2002: La toréutica orientalizante en la Península Ibérica, Madrid.
8.2. Si es un artículo de revista: autor, año, título del trabajo, título de la revista, tomo y páginas.
Ejemplo: BENDALA, M. y NEGUERUELA, I., 1980: «Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla», Noticiario
Arqueológico Hispánico, 10, 335-380.
8.3. En el caso de que los títulos de las revistas vengan abreviados, deberá utilizarse el sistema de siglas de las revistas Archäologische Bibliogra-
phie y Jahrbuch des Deutschen Archäologischen Instituts.
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1. Se entregará a los autores un archivo en PDF con el contenido del artículo y otro con el número completo de la revista. No se realizarán separatas
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7.2. If they consist of long notes, they should take the form of endnotes, headed by the bibliographic reference, which will be given in the same
way as in 7.1. For example: M. Bendala y I. Negueruela (1980, 384).

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7.2. above.

8.1. Books will be cited in the following order: name of the author, date of publication, title of the work and place of publication. For example:
JIMÉNEZ ÁVILA, J., 2002: La toréutica orientalizante en la Península Ibérica, Madrid.

8.2. Journal articles will be cited as follows: author, year, title of the work, title of the journal, volume and pages. For example: BENDALA, M. y
NEGUERUELA, I., 1980: «Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla», Noticiario Arqueológico Hispánico, 10,
335-380.

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