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Derecho Constitucional s3

El Tribunal Constitucional se pronuncia sobre el recurso de agravio constitucional interpuesto por José Vicente Loza Zea contra el Consejo Nacional de la Magistratura, que declaró improcedente su demanda de amparo por la destitución de su cargo. Se argumenta que la destitución fue motivada y se realizó con audiencia previa, lo que la hace válida según el Código Procesal Constitucional. El Tribunal aclara que tiene la facultad de controlar constitucionalmente las resoluciones del CNM si estas vulneran derechos fundamentales.
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Derecho Constitucional s3

El Tribunal Constitucional se pronuncia sobre el recurso de agravio constitucional interpuesto por José Vicente Loza Zea contra el Consejo Nacional de la Magistratura, que declaró improcedente su demanda de amparo por la destitución de su cargo. Se argumenta que la destitución fue motivada y se realizó con audiencia previa, lo que la hace válida según el Código Procesal Constitucional. El Tribunal aclara que tiene la facultad de controlar constitucionalmente las resoluciones del CNM si estas vulneran derechos fundamentales.
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Caso: Expediente N.

° 04596-2006-AA/TC

Materia: Derecho constitucional – Facultades del Consejo Nacional de la


Magistratura (CNM)

Integrantes
Valenzuela Diaz Lucero Jesus
Peña Rodríguez, Haydeé Beatriz
Ramírez Hanechi, Mirella Kaori
Alvaro Torres, Graciela Lizeth
Carrera Chamorro, Alexis Humberto

Docente
Pineda Huerta, Nelida Rosalbina
EXP. N.º 4596-2006-PA/TC
PUNO
JOSÉ VICENTE LOZA ZEA

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 8 días del mes de setiembre de 2006, el Tribunal Constitucional en


sesión de Pleno Jurisdiccional, con la asistencia de los magistrados García
Toma, Gonzales Ojeda, Bardelli Lartirigoyen, Vergara Gotelli, Landa Arroyo
y Mesía Ramírez, pronuncia la siguiente sentencia, con el fundamento de voto, adjunto,
del magistrado Vergara Gotelli

I. ASUNTO

Recurso de agravio constitucional interpuesto por don José Vicente Loza Zea contra la
resolución Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Puno, de fojas 124, su fecha 11
de abril de 2006, que declara improcedente la demanda de autos.

II. ANTECEDENTES

1. Demanda

Con fecha 12 de diciembre de 2005, el recurrente interpone demanda de amparo contra


el Consejo Nacional de la Magistratura (en adelante CNM), a fin de que se declare la
nulidad de las Resoluciones N.º 045-2005-PCNM, de fecha 3 de octubre de 2005 y N.º
051-2005-PCNM, de fecha 11 de noviembre de 2005, por vulnerar sus derechos
constitucionales al debido proceso y a la igualdad ante la ley. En consecuencia, solicita
que se ordene su reposición al cargo de Vocal Provisional de la Sala Civil Transitoria de
la Corte Suprema de Justicia de la República o, de no ser ello posible, al cargo de Vocal
Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Arequipa.

La demanda se fundamenta en los siguientes hechos:

– Mediante sentencia de fecha 15 de octubre de 2003, la Sala de Derecho


Constitucional y Social de la Corte Suprema declaró fundada la demanda
contencioso administrativa interpuesta por la Superintendencia Nacional de
Administración Tributaria (en adelante SUNAT) contra el Tribunal Fiscal y la
empresa Becom S.A. Este proceso se inició luego de que el Tribunal Fiscal dejara
sin efecto resoluciones de determinación y multa emitidas por la SUNAT respecto
de Becom S.A.
– Con fecha 22 de enero de 2004, Becom S.A. solicita que se declare la nulidad de la
sentencia de fecha 15 de octubre de 2003, argumentando que la Sala no había
tomado en consideración la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el
expediente N.° 158-95-AA/TC.

– Atendiendo a dicha solicitud, mediante resolución de fecha 14 de abril de 2004, la


Sala de Derecho Constitucional y Social de la Corte Suprema declaró la nulidad de
la sentencia de fecha 15 de octubre de 2005. La Sala sustentó su decisión en el
hecho de que no se había emitido pronunciamiento alguno respecto de la sentencia
del Tribunal Constitucional recaída en el expediente N.° 158-95-AA/TC, pese a que
dicho agravio había sido expuesto en el escrito de apelación presentado
por Becom S.A.

– Mediante Resolución N.° 010-2005-PCNM, de fecha 28 de febrero de 2005, el


CNM inició proceso disciplinario contra los Vocales Supremos de la Sala de
Derecho Constitucional y Social de la Corte Suprema de Justicia, por su actuación
en el proceso judicial correspondiente al expediente N.° 818-03. Dicho proceso
disciplinario concluyó con la emisión de la resolución N.° 045-2005-PCNM,
mediante la cual se resolvió destituir a los Vocales Supremos, entre ellos al
recurrente.

– Contra la Resolución N.º 045-2005-PCNM el recurrente interpuso un recurso de


reconsideración, el cual fue declarado infundado mediante Resolución N.º 051-
2005-PCNM, de fecha 11 de noviembre de 2005. De acuerdo a lo sostenido por el
recurrente, de esta resolución se desprende que los magistrados fueron destituidos
por tener un pensamiento jurídico distinto al del CNM, pero no por tener una
conducta incorrecta o irregular.

Los fundamentos de derecho son los siguientes:

– El recurrente considera que se ha vulnerado su derecho a ser juzgado y sancionado


por un organismo competente, toda vez que el CNM le ha impuesto una sanción por
motivos de carácter exclusivamente constitucional, sin tomar en cuenta que, de
acuerdo al artículo 99° de Constitución y al artículo 31°, inciso 2) de la Ley
Orgánica del Consejo Nacional de la Magistratura, el organismo competente para
conocer esta materia es el Congreso.

– Asimismo, manifiesta que se ha vulnerado su derecho a la igualdad ante la ley,


contemplado en el artículo 2°, inciso 2) de la Constitución, puesto que en el
procedimiento administrativo signado con el expediente N.º 006-2003-CNM, el
Pleno del CNM determinó que no correspondía aplicar la sanción de destitución
(sino una sanción menor, a cargo del Poder Judicial) a cuatro vocales de la Corte
Suprema que habían modificado una resolución definitiva con calidad de cosa
juzgada.

2. Vista de la causa

Con fecha 8 de setiembre de 2006 se llevó a cabo la vista de la causa por el Pleno del
Tribunal Constitucional. Mientras que la parte demandante no se presentó a la
audiencia, el representante del demandado expresó los siguientes argumentos:
– Que las resoluciones N.° 045-2005-PCNM y N.° 051-2005-PCNM fueron
debidamente motivadas y dictadas con previa audiencia del presunto agraviado, por
lo que es aplicable al caso concreto la causal de improcedencia contemplada en el
artículo 5º, inciso 7 del Código Procesal.

– Que es falso que el CNM se haya atribuido funciones que no le corresponden,


puesto que se ha limitado a calificar los hechos como una falta a los deberes de
función y a resolver la denuncia en el marco de un procedimiento disciplinario, para
lo cual está plenamente facultado. En ese sentido, ha tomado en consideración la
Ley Orgánica del Poder Judicial, que establece que es un deber de los jueces
conducir sus decisiones de conformidad con el debido proceso (y la cosa juzgada es
un elemento consustancial del mismo) y la Ley Orgánica del Consejo Nacional de la
Magistratura, en cuyo artículo 31º se señala que: “Procede aplicar la sanción de
destitución a que se refiere el inciso c) del artículo 21º de la presente Ley por las
siguientes causas: 2. La comisión de un hecho grave que sin ser delito compromete
la dignidad del cargo y la desmerezca en el concepto público”.

– Que en la resolución que dispone la destitución del demandante, se ha motivado


adecuadamente la gravedad que reviste la conducta de los Vocales Supremos que
dejaron sin efecto una sentencia que había adquirido la calidad de cosa juzgada.
Asimismo, que se ha evaluado la razonabilidad y la proporcionalidad de la sanción
adoptada, teniendo en consideración el alto cargo de quienes cometieron el hecho
sancionable y generaron un negativo precedente que atenta contra la seguridad
jurídica del país.

3. Resolución de primer grado

Con fecha 13 de diciembre de 2005, el Segundo Juzgado Mixto de Puno declara


improcedente la demanda de amparo, por considerar que se configura la causal de
improcedencia contemplada en el artículo 5º, inciso 7 del Código Procesal
Constitucional, toda vez que las resoluciones cuestionadas por el demandante han sido
debidamente motivadas y fueron emitidas con previa audiencia del interesado.

4. Resolución de segundo grado

Con fecha 11 de abril de 2006, la Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Puno
declara improcedente la demanda por los mismos fundamentos.

III. FUNDAMENTOS

§1. Precisión del petitorio de la demanda de amparo

1. Del análisis integral de lo actuado en el expediente, se desprende que el recurrente


pretende que el Tribunal Constitucional declare la nulidad de la Resolución N.° 045-
2005-PCNM, así como de la Resolución N.° 051-2005-PCNM. En consecuencia,
solicita que se ordene su restitución en el cargo de vocal titular de la Corte Suprema
de Justicia de la República; o, en todo caso, en el de vocal superior titular de la
Corte Superior de Justicia de Arequipa.

§2. El control constitucional de las resoluciones del CNM


2. Una primera cuestión que el Tribunal Constitucional debe precisar es la que está
referida a la posibilidad de realizar el control constitucional de las resoluciones del
CNM. Esto tiene una particular relevancia, toda vez que, de una lectura literal del
artículo 142º de la Constitución, pareciera desprenderse una prohibición para que las
resoluciones del CNM sean sometidas a un examen de constitucionalidad.

3. Sin embargo, no obstante que la disposición constitucional mencionada ha dispuesto


que “[n]o son revisables en sede judicial las Resoluciones del Jurado Nacional
de Eleccciones en materia electoral, ni las del Consejo Nacional de la Magistratura
en materia de evaluación y ratificación de jueces”, en sentencia anterior (Exp. N.º
2409-2002-AA/TC, fundamento 1b) este Colegiado ha tenido oportunidad de
precisar que

(...) cuando el artículo 142.° de la Constitución establece que no


son revisables en sede judicial las resoluciones del Consejo
Nacional de la Magistratura en materia de evaluación y ratificación
de Jueces, limitación que no alcanza al Tribunal Constitucional por
las razones antes mencionadas, el presupuesto de validez de dicha
afirmación se sustenta en que las consabidas funciones que le han
sido conferidas a dicho organismo sean ejercidas dentro de los
límites y alcances que la Constitución le otorga, y no a otros
distintos, que puedan convertirlo en un ente que opera fuera o al
margen de la misma norma que le sirve de sustento. En el fondo,
no se trata de otra cosa sino de la misma teoría de los llamados
poderes constituidos, que son aquellos que operan con plena
autonomía dentro de sus funciones, pero sin que tal característica
los convierta en entes autárquicos que desconocen o hasta
contravienen lo que la misma Carta les impone. El Consejo
Nacional de la Magistratura, como cualquier órgano del Estado,
tiene límites en sus funciones, pues resulta indiscutible que estas
no dejan en ningún momento de sujetarse a los lineamientos
establecidos en la norma fundamental. Por consiguiente, sus
resoluciones tienen validez constitucional en tanto las mismas no
contravengan el conjunto de valores, principios y derechos
fundamentales de la persona contenidos en la Constitución, lo que
supone, a contrario sensu, que si ellas son ejercidas de una forma
tal que desvirtúan el cuadro de principios y valores materiales o los
derechos fundamentales que aquella reconoce, no existe ni puede
existir ninguna razón que invalide o deslegitime el control
constitucional señalado a favor de este Tribunal en los artículos
201.° y 202.° de nuestro texto fundamental.

4. El Código Procesal Constitucional (artículo 5º, inciso 7) al reconocer que

[n]o proceden los procesos constitucionales cuando: (...) [s]e


cuestionen las resoluciones definitivas del Consejo Nacional de la
Magistratura en materia de destitución y ratificación de jueces y
fiscales, siempre que dichas resoluciones hayan sido motivadas y
dictadas con previa audiencia del interesado,
no ha hecho más que compatibilizar el artículo 5º, inciso 7 del CPC con la
interpretación que ha realizado el Tribunal Constitucional del artículo 142º
de la Constitución.

De ahí que este Colegiado haya entendido (Exp. N.º 3361-2004-AA/TC,


fundamento 2) que ello es así siempre que se cumplan irrestrictamente ambos
presupuestos: motivación y audiencia previa del interesado; de lo contrario, este
Colegiado podrá asumir competencia para determinar la legitimidad constitucional
de las resoluciones del CNM. Siendo ello así, debe quedar claramente establecido
que el Tribunal Constitucional, en tanto supremo intérprete y guardián de la
supremacía jurídica de la Constitución y de los derechos fundamentales, no sólo
puede, sino que tiene el deber de someter a control constitucional las resoluciones
del CNM cuando vulneran los derechos fundamentales de las personas.

§3. Función constitucional del CNM: la facultad de imponer sanciones

5. Entre las distintas funciones constitucionales que nuestra Ley Fundamental le ha


atribuido al CNM, destaca aquella que está referida a su facultad de imponer
sanciones. En efecto, el artículo 154º, inciso 3 de la Constitución establece que son
funciones del CNM

[a]plicar la sanción de destitución a los vocales de la Corte


Suprema y Fiscales Supremos, y a solicitud de la Corte Suprema
o de la Junta de Fiscales Supremos, respectivamente, a los jueces y
fiscales de todas las instancias. La resolución final motivada, y con
previa audiencia del interesado, es inimpugnable.

6. Esta facultad constitucional se complementa con aquellas otras funciones que


desempeña un órgano constitucional como el CNM dentro de nuestro ordenamiento
constitucional; es decir, con la de nombrar, previo concurso público de méritos y
evaluación personal, a los jueces y fiscales de todos los niveles (artículo 154º, inciso
1 de la Constitución), con la de ratificar, cada siete años, a los jueces y fiscales de
todos los niveles (artículo 154º, inciso 2 de la Constitución), y con la de otorgar el
título oficial que acredita a los jueces y fiscales como tales (artículo 154º, inciso 4
de la Constitución).

7. Evidentemente, el ejercicio de estas funciones constitucionales ha de hacerse dentro


del marco jurídico establecido por la Constitución, la que, en tanto norma jurídico-
política, diseña tanto las facultades de los órganos constitucionales como los límites
a su ejercicio. Y esos límites, principalmente, vienen determinados por el principio
jurídico de supremacía constitucional –con lo que todo ello implica– y por el respeto
de los derechos fundamentales. La irrestricta observancia de uno y otro convierte el
ejercicio de las funciones del CNM en constitucionalmente legítimas; caso
contrario, se colisionaría el ordenamiento jurídico y se vulneraría los derechos de las
personas, lo que en un estado constitucional y democrático no puede ser tolerado.

8. La exigencia de observar estos límites es aún más intensa si de lo que se trata es de


ejercer funciones en el ámbito de la imposición de sanciones. En estos casos, los
derechos fundamentales se erigen no sólo como facultades subjetivas e instituciones
objetivas valorativas, sino también como auténticos límites a la facultad
sancionadora de un órgano constitucional. Sólo de esta manera la sanción
impuesta incidirá legítimamente en los derechos fundamentales de las personas,
pues estos, cuando se trata de imponer sanciones, son, a su vez, garantía y parámetro
de legitimidad constitucional de la sanción a imponer.

9. Ahora bien, a juicio del Tribunal Constitucional, en el artículo 154º, inciso 3 de la


Constitución subyace tanto la habilitación al CNM para imponer sanciones, como el
límite para tal facultad. En el primer caso, dicho órgano constitucional está facultado
para aplicar la sanción de destitución a los vocales de la Corte Suprema y Fiscales
Supremos; y, a solicitud de la Corte Suprema o de la Junta de Fiscales Supremos,
respectivamente, puede sancionar a los jueces y fiscales de todas las instancias. En
el segundo, la Constitución exige que la sanción debe ser impuesta 1) a través de
una resolución final debidamente motivada y 2) con previa audiencia del interesado.
Sólo en el supuesto de que la sanción haya observado estas dos exigencias
constitucionales se puede considerar legítima.

10. En lo que toca a la facultad sancionadora del CNM, es la propia Constitución la que
establece que la resolución que impone la sanción debe estar debidamente motivada.
Al respecto, el Tribunal Constitucional considera que la debida motivación de las
resoluciones que imponen sanciones no constituye sólo una exigencia de las
resoluciones judiciales, sino que se extiende a todas aquellas resoluciones –al
margen de si son judiciales o no– que tienen por objeto el pronunciamiento sobre el
ejercicio de una función; es imperativo, entonces, que las
resoluciones sancionatorias contengan una motivación adecuada a Derecho, como
una manifestación del principio de tutela jurisdiccional e interdicción de la
arbitrariedad.

11. Evidentemente, la exigencia constitucional de motivación de las


resoluciones sancionatorias del CNM se cumple cuando dicho órgano fundamenta
cumplidamente su decisión de imponer una sanción; lo cual excluye aquellos
argumentos subjetivos o que carecen de una relación directa e inmediata con la
materia que es objeto de resolución y con la imposición de la sanción misma. En
cuanto al segundo presupuesto de legitimidad constitucional, esto es, la previa
audiencia del interesado, constituye también una manifestación del derecho a un
debido proceso

§4. Análisis del caso concreto

12. De acuerdo a lo señalado anteriormente, se reitera que el canon o parámetro para el


control constitucional de las resoluciones del CNM se asienta, prima facie, por los
valores superiores inherentes a un Estado constitucional y democrático, los
principios constitucionales y los derechos fundamentales. Por tal razón, en la
presente sentencia serán objeto de análisis y resolución únicamente aquellas
cuestiones que tienen incidencia en el parámetro de control constitucional antes
aludido, dejando de lado aquellos aspectos que carecen de relevancia constitucional.
Es desde esta perspectiva, por tanto, que se procederá al análisis de fondo.

4.1 Sobre la competencia del CNM para imponer sanción de destitución a los
vocales supremos

13. Uno de los primeros argumentos de relevancia constitucional que propone el


demandante es que se ha vulnerado su derecho a ser juzgado y sancionado por un
organismo competente, toda vez que el CNM le ha impuesto una sanción por
motivos de carácter exclusivamente constitucional; sin tomar en consideración que,
de acuerdo con la Constitución, el organismo competente para conocer esta materia
es el Congreso de la República. Sobre este extremo de la demanda, este Tribunal
considera pertinente señalar lo siguiente.

14. El artículo 99º de la Constitución reconoce que: “Corresponde a la Comisión


Permanente acusar ante el Congreso: al Presidente de la República; a los
representantes a Congreso; a los Ministros de Estado; a los miembros del Tribunal
Constitucional; a los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura; a los
vocales de la Corte Suprema; a los fiscales supremos; al Defensor del Pueblo y al
Contralor General por infracción de la Constitución y por todo delito que cometan
en el ejercicio de sus funciones y hasta cinco años después de que hayan cesado en
éstas” (subrayado agregado).

15. Del mismo modo, el artículo 100º de la Ley Fundamental dispone que:
“Corresponde al Congreso, sin participación de la Comisión Permanente,
suspender o no al funcionario acusado o inhabilitarlo para el ejercicio de la función
pública hasta por diez años, o destituirlo de su función sin perjuicio de
cualquiera otra responsabilidad. El acusado tiene derecho, en este trámite, a la
defensa por sí mismo y con asistencia de abogado ante la Comisión Permanente y
ante el Pleno del Congreso. En caso de resolución acusatoria de contenido penal, el
Fiscal de la Nación formula denuncia ante la Corte Suprema en el plazo de cinco
días. El Vocal Supremo Penal abre la instrucción correspondiente. La sentencia
absolutoria de la Corte Suprema devuelve al acusado sus derechos políticos. Los
términos de la denuncia fiscal y del auto apertorio de instrucción no pueden exceder
ni reducir los términos de la acusación del Congreso” (subrayado agregado).

16. Asimismo, el artículo 154º de la Constitución establece que: “Son funciones del
Consejo Nacional de la Magistratura: 1. Nombrar, previo concurso público de
méritos y evaluación personal, a los jueces y fiscales de todos los niveles. Dichos
nombramientos requieren el voto conforme de los dos tercios del número legal de
sus miembros. 2. Ratificar a los jueces y fiscales de todos los niveles cada siete
años. Los no ratificados no pueden reingresar al Poder Judicial ni al Ministerio
Público. El proceso de ratificación es independiente de las medidas
disciplinarias. 3. Aplicar la sanción de destitución a los Vocales de la Corte
Suprema y Fiscales Supremos y, a solicitud de la Corte Suprema o de la Junta de
Fiscales Supremos, respectivamente, a los jueces y fiscales de todas las instancias.
La resolución final, motivada y con previa audiencia del interesado,
es inimpugnable. 4. Extender a los jueces y fiscales el título oficial que los acredita”
(subrayado agregado).

17. La lectura aislada y unilateral de estas disposiciones constitucionales pueden llevar,


equivocadamente, a concluir la existencia de una contradicción en la Constitución,
toda vez que se habría reconocido tanto al Poder Legislativo como al CNM la
posibilidad de sancionar y destituir a los vocales de la Corte Suprema, con lo cual se
estaría generando una duplicidad de funciones. Sin embargo, tal conclusión se
deriva de una lectura que no considera principios constitucionales esenciales para la
interpretación de la Constitución.
18. En efecto, dada la insuficiencia de los métodos tradicionales para la interpretación
de la Constitución, en sentencia anterior se señaló (Exp. N.º 5854-2005-AA/TC,
fundamento 12) que la interpretación de la lex legum debe efectuarse apelando a
determinados principios constitucionales. En primer lugar, al principio de unidad de
la Constitución, según el cual, la interpretación de la Constitución debe estar
orientada a considerarla como un “todo” armónico y sistemático, a partir del cual se
organiza el sistema jurídico en su conjunto.

19. En segundo lugar, al principio de concordancia práctica la aparente tensión entre


las propias disposiciones constitucionales debe ser resuelta optimizando su
interpretación, es decir, sin sacrificar ninguno de los valores, derechos o principios
constitucionales, y teniendo presente que, en última instancia, todo precepto
constitucional, incluso aquellos pertenecientes a la denominada “Constitución
orgánica”, se encuentran reconducidos a la protección de los derechos
fundamentales, como manifestaciones del principio-derecho de dignidad humana,
cuya defensa y respeto es el fin supremo de la sociedad y el Estado (artículo 1º de la
Constitución).

20. En tercer lugar, al principio de corrección funcional, el cual exige al Tribunal y al


juez constitucional que, al realizar su labor de interpretación, no desvirtúen las
funciones y competencias que el Constituyente ha asignado a cada uno de los
órganos constitucionales, de modo tal que el equilibrio inherente al Estado
constitucional y democrático, como presupuesto del respeto de los derechos
fundamentales, se encuentre plenamente garantizado.

21. En cuarto lugar, al principio de función integradora, de acuerdo con el cual el


“producto” de la interpretación sólo podrá ser considerado como válido en la medida
que contribuya a integrar, pacificar y ordenar las relaciones de los poderes públicos
entre sí y las de estos con la sociedad. Finalmente, apelando al principio de fuerza
normativa de la Constitución, que está orientado a relevar y respetar la naturaleza de
la Constitución como norma jurídica, vinculante para todos los poderes públicos y
privados in toto y no sólo parcialmente.

22. De acuerdo con los principios mencionados, es posible afirmar que la Constitución,
por un lado, reconoce la facultad del Congreso de la República para imponer la
sanción de destitución a los vocales supremos; y, por otro, atribuye también al CNM
la potestad de sancionar a dichos vocales con la destitución. ¿Quiere ello decir
que hay una contradicción interna en la Constitución? A juicio de este Colegiado,
no. Si se considera que la Constitución, en tanto norma jurídico-política, es
una unidad –principio de unidad de la Constitución–, tales facultades tienen que ser
armonizadas sin que ello implique desconocer la facultad sancionadora que la propia
Constitución ha reconocido tanto al Congreso como al CNM –principio de
concordancia práctica y corrección funcional–.

23. Ahora bien, si ello es así, se debe precisarse en qué ámbitos ejercen sus facultades
de sanción el Congreso de la República y el CNM. Al respecto, el artículo 99º de la
Constitución reconoce la facultad de acusar a los funcionarios comprendidos en
dicha disposición, entre ellos a los vocales supremos, por infracción de la
Constitución y por todo delito que cometan en el ejercicio de sus funciones. En
concordancia con este precepto constitucional, se entiende que la facultad de
sanción reconocida al Pleno del Congreso de la República, de conformidad con el
artículo 100º de la Constitución, está relacionada con la determinación de
responsabilidades de naturaleza política que se derivan de la infracción de la ley
suprema o por la comisión de un delito de función.

24. No es éste el ámbito en el cual la Constitución le ha reconocido al CNM la potestad


de sancionar con destitución a los vocales supremos. Si se tiene en cuenta que el
Congreso de la República tiene competencia para destituir a los vocales supremos
por infracción de la Constitución y por todo delito que cometan en el ejercicio de la
función, es obvio que estos presupuestos no son los que habilitan al CNM para
sancionar a los vocales supremos. Por el contrario, el ámbito dentro del cual el CNM
puede aplicar la sanción de destitución a los vocales supremos es en el disciplinario
(artículo 154º inciso 3 de la Constitución).

25. Ello explica, por un lado, que el artículo 21º de la Ley Orgánica del CNM (Ley N.º
26397) haya estipulado que “[l]as atribuciones que corresponden al Consejo
Nacional de la Magistratura, conforme al Artículo 154 de la Constitución, se ejercen
sin perjuicio de las que corresponden al Congreso en virtud de los Artículos 99 y
100 de la Constitución”; y, otro, que el artículo 31º, inciso 2 de la Ley mencionada
haya dispuesto que “[p]procede aplicar la sanción de destitución a que se refiere el
inciso c) del Artículo 21 de la presente Ley por las siguientes causas: (...) 2. La
comisión de un hecho grave, que, sin ser delito o infracción constitucional,
compromete la dignidad del cargo y la desmerezca en el concepto público”.

26. En tal sentido, en el presente caso, el CNM ha asumido competencia legítima para
abrir proceso disciplinario al demandante, pues la conducta de este no se deriva de
una actuación política, sino más bien del ejercicio, en tanto vocal supremo, de su
función jurisdiccional o de Derecho; motivo por el cual es el CNM, y no el
Congreso de la República, el órgano competente para llevar a cabo el proceso
disciplinario contra el recurrente. Queda, por tanto, delimitado el ámbito dentro del
cual tanto el Congreso de la República como el CNM pueden ejercer su facultad
constitucional para imponer sanciones que la propia Constitución les reconoce. De
ahí que, en el caso concreto, se debe reconocer al CNM la legitimidad constitucional
para ejercer su potestad sancionadora, dentro de los límites que se derivan de la
Constitución, claro está.

27. Ahora, el hecho que se haya reconocido la competencia del CNM para imponer la
sanción de destitución a los vocales supremos en el ámbito disciplinario, no quiere
decir que, en el presente caso, la sanción impuesta al demandante sea legítima, pues
queda aún por determinar si ella ha estado debidamente motivada.

4.2 Sobre la supuesta afectación del derecho fundamental al debido proceso

28. Habiéndose precisado el ámbito y la competencia del CNM para imponer la sanción
de destitución a los vocales supremos, es necesario determinar si en el presente caso
se ha respetado el derecho fundamental al debido proceso.

29. A criterio del Tribunal Constitucional, en el artículo 154º, inciso 3 de la


Constitución subyacen, por un lado, los presupuestos que habilitan legítimamente al
CNM para imponer la sanción de destitución a los vocales supremos y, por otro, los
límites para esa potestad sancionadora. En relación con lo primero, el constituyente
ha previsto como funciones del CNM no sólo la de nombrar, previo concurso
público de méritos y evaluación personal, a los jueces fiscales de todos los niveles
(artículo 154º, inciso 1 de la Constitución), sino también la de ratificar, cada siete
años, a los jueces y fiscales de todos los niveles (artículo 154º, inciso 2 de la
Constitución); la de otorgar el título oficial que acredita a los jueces y fiscales como
tales (artículo 154º, inciso 4 de la Constitución); y las demás que reconocen
constitucionalmente su facultad sancionadora.

30. En cuanto a lo segundo, esto es, los límites, el artículo 154º, inciso 3 de la
Constitución establece dos: en primer lugar, que la sanción sea mediante una
resolución debidamente motivada y, en segundo lugar, que haya habido audiencia
previa del interesado. Una interpretación conforme con la Constitución indica que si
bien estos límites no se refieren literalmente a los derechos fundamentales, es
evidente que estos constituyen parámetros de observancia obligatoria para imponer
una sanción. De ahí que se pueda señalar que cuando la Constitución prescribe que
las resoluciones del CNM estén debidamente motivadas, esa exigencia comporta el
irrestricto respeto de los derechos fundamentales de las personas; más aún si se
considera que, en nuestro ordenamiento constitucional, la persona humana y su
dignidad son el fin supremo de la sociedad y el Estado (artículo 1º de la
Constitución).

31. En lo que atañe al límite constitucional de la audiencia previa del interesado, el


Tribunal Constitucional considera necesario determinar si en el presente caso se ha
observado. Así, se constata, a fojas 62, la Resolución N.° 079-2004-PCNM, de
fecha 25 de noviembre de 2004, mediante la cual el CNM resuelve abrir
investigación preliminar a los vocales supremos Vicente Rodolfo Walde Jáuregui,
Orlando Miraval Flores, José Vicente Loza Zea, Víctor Segundo Roca Vargas y
Manuel León Quintanilla Chacón. Del mismo modo, a fojas 187 obra el escrito
de descargo presentado por los vocales denunciados, con fecha 13 de diciembre de
2004.

32. Mediante escrito de fecha 4 de enero de 2005 (fojas 919), los vocales denunciados
presentaron nuevos descargos, en los que cuestionan la procedibilidad de la
denuncia (plantean una cuestión previa) y solicitan la acumulación de las denuncias
095-2004-CNM y 089-2004-CNM. Mediante Resolución N.° 079-2004-PCNM, de
fecha 25 de noviembre de 2004, el CNM resolvió abrir investigación preliminar al
recurrente –junto a otros cuatro vocales supremos–, atendiendo a la solicitud
formulada por el congresista Heriberto Benítez Rivas, quien denunció la presunta
comisión de irregularidades en el ejercicio de la función jurisdiccional.

33. Consta en autos que el recurrente fue debidamente notificado con dicha resolución,
la misma que dispuso, a su vez, conferir un plazo de cinco días a los investigados
para la formulación de sus descargos. Así, mediante escrito presentado el 13 de
diciembre de 2004, los vocales supremos investigados presentaron sus descargos
(fojas 187 del cuadernillo secundario). Sin embargo, no fue ésta la única
oportunidad que tuvo el accionante para ejercer su defensa ante el CNM; con fecha
4 de enero de 2005 presentó nuevos descargos y solicitó, entre otros aspectos, que la
investigación preliminar iniciada con motivo de la denuncia formulada por José
Gabriel del Castillo Simón, representante de la SUNAT, fuera acumulada a la
investigación preliminar iniciada a propósito de la denuncia del congresista
Heriberto Benítez (fojas 919 del cuadernillo secundario). El CNM accedió a esta
solicitud mediante Resolución N.° 042-2005-CNM, de fecha 20 de enero de 2005.
34. De otro lado, a fojas 1049 se anexa copia de la declaración realizada por el
recurrente el día 27 de junio de 2005, en sede del CNM ante el Consejero Edwin
Vegas Gallo. La declaración del recurrente fue tomada en consideración al momento
de emitir la Resolución N.° 045-2005-PCNM, de fecha 3 de octubre de 2005,
mediante la cual el CNM resolvió imponer la sanción de destitución a los vocales
denunciados y abrir investigación preliminar al vocal Fernando Zubiate Reina.

35. Una vez que el demandante tomó conocimiento de lo resuelto por el CNM, con
fecha 11 de octubre de 2005 presentó recurso de reconsideración (fojas 1437).
Finalmente, mediante Resolución N.° 051-2005-PCNM, de fecha 11 de noviembre
de 2005, el CNM declaró infundado dicho recurso, así como las demás solicitudes,
en el mismo sentido, presentadas por los otros vocales supremos destituidos.
Atendiendo a ello, el Tribunal Constitucional considera que se ha observado el
artículo 153º, inciso 3 de la Constitución, en el extremo que exige la audiencia del
interesado previamente a la imposición de la sanción de destitución.

36. En lo que respecta a la debida motivación de la resolución de destitución que


cuestiona el demandante, su control constitucional ha de hacerse a partir del derecho
fundamental al debido proceso, en general, y del derecho a la motivación de las
resoluciones, en particular.

37. El artículo 139º, inciso 3 de la Constitución establece que: “[s]on principios y


derechos de la función jurisdiccional (...) 3. La observancia del debido proceso y la
tutela jurisdiccional (...)”. Sobre esta disposición constitucional debe realizarse dos
precisiones interpretativas. En primer lugar, pareciera desprenderse de la literalidad
del texto de la disposición constitucional aludida que el debido proceso constituye,
antes que un derecho fundamental, un principio de la función jurisdiccional. El
Tribunal Constitucional no asume esta interpretación, pues desde la perspectiva de
la interpretación constitucional de los derechos fundamentales, y a la luz del
principio pro homine (artículo V del Código Procesal Constitucional), es conforme
con la Constitución que se interprete también que en dicha disposición
constitucional se reconoce el derecho fundamental al debido proceso.

38. En segundo lugar, si se ha reconocido que en el artículo 139º, inciso 3 de la


Constitución está implícito el derecho fundamental al debido proceso, tal
interpretación debe ser integrada con aquella otra que extiende la vigencia y eficacia
de este derecho fundamental más allá del ámbito de los procesos judiciales. Es decir,
el debido proceso en tanto derecho fundamental también se manifiesta como tal en
los procesos y procedimientos al margen de la naturaleza de que se trate. Esto es, en
el ámbito judicial, parlamentario, militar, laboral, administrativo e incluso entre
particulares, dado que los derechos fundamentales tienen una eficacia vertical –
frente a los poderes públicos– y una eficacia horizontal –entre particulares–.

39. De otro lado, es útil acotar que en el contenido esencial constitucionalmente


protegido del derecho fundamental al debido proceso está comprendido el derecho a
la motivación de las resoluciones. Si se interpreta restrictivamente el artículo 139º,
inciso 5 de la Constitución, el cual prevé que: “[s]on principios y derechos de la
función jurisdiccional (...) 5. La motivación escrita de las resoluciones judiciales en
todas las instancias, excepto los decretos de mero trámite, con mención expresa de
la ley aplicable y de los fundamentos de hecho en que se sustentan (...)”, se debe
concluir que tal derecho únicamente tiene eficacia cuando se trata de una resolución
judicial. No obstante, esta interpretación sería inconstitucional porque se estaría
dejando un margen abierto para la actuación arbitraria de los poderes públicos y
privados que materializan sus actos mediante resoluciones.

40. En tal sentido, la eficacia del derecho a la motivación de las resoluciones en general
también se extiende a todos aquellos procesos y procedimientos, cualesquiera sea su
naturaleza, más aún si se trata de una resolución mediante la cual se impone una
sanción. Por ello es que el Tribunal Constitucional, en sentencia anterior (Exp. N.º
08605-2005-AA/TC, FJ 13) ha dejado establecido que;

(...) el debido proceso y los derechos que conforman su contenido


esencial están garantizados no solo en el seno de un proceso
judicial, sino también en el ámbito del procedimiento
administrativo. El debido procedimiento administrativo supone, en
toda circunstancia, el respeto –por parte de la administración
pública o privada– de todos los principios y derechos normalmente
protegidos en el ámbito de la jurisdicción común o especializada, a
los cuales se refiere el artículo 139° de la Constitución.

41. Ahora bien, el derecho a la motivación de las resoluciones comporta, de manera


general, una exigencia en el sentido de que los fundamentos que sustentan la
resolución deben ser objetivos y coherentes con la materia de pronunciamiento,
quedando fuera de ella consideraciones de orden subjetivo o que no tienen ninguna
relación con el objeto de resolución. Tan arbitraria es una resolución que no está
motivada o está deficientemente motivada como aquella otra en la cual los
fundamentos no tienen una relación lógica con lo que se está resolviendo; en ambos
supuestos, de ser el caso, se vulnera el derecho a la motivación de las resoluciones
judiciales.

42. Bajo estas consideraciones, el Tribunal Constitucional considera que la Resolución


N.º 045-2005 de la Presidencia del Consejo Nacional de la Magistratura, de fecha 3
de octubre de 2005, mediante la cual el CNM resuelve destituir del cargo de vocal
supremo al demandante, vulnera el derecho a la motivación de las resoluciones. Ello
porque, como se puede advertir claramente, la resolución cuestionada se sustenta,
mayoritariamente, en argumentos de carácter jurisdiccional.

43. Es decir, en fundamentos que están dirigidos no tanto a sustentar la sanción de


destitución infligida al recurrente como a zanjar cuestiones de interpretación jurídica
e incluso cuestiones de hecho relacionadas con el proceso judicial de autos,
omitiendo discurrir sobre los presupuestos fácticos que motivan la sanción de
destitución. Ello, evidentemente, no está dentro de la competencia del CNM, pues a
éste la Constitución no le ha otorgado jurisdicción ni competencia para pronunciarse
sobre los hechos que dan lugar a una controversia judicial; más aún, el artículo 139º,
inciso 2 de la Constitución señala que “[n]inguna autoridad puede avocarse a causas
pendientes ante el órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones
(...)”.

44. En efecto, el CNM, en un fundamento, ha razonado la resolución de destitución


como si se tratara de un órgano jurisdiccional competente para determinar si la
nulidad es, o no, un medio impugnatorio. Esto se puede apreciar claramente en el
considerando 26, en el cual se afirma:

Que la defensa del magistrado procesado Vicente


Rodolfo Walde Jáuregui, doctor Juan Guillermo Lohmann Luca de
Tena, en su informe oral final justifica la nulidad de la sentencia
del quince de octubre de dos mil tres, mediante la resolución de
catorce de abril del dos mil cuatro, sosteniendo que la nulidad es
un medio impugnatorio, criterio que no se puede compartir, por
cuanto los medios impugnatorios, regidos por el principio de
legalidad, están establecidos en la ley procesal, por lo que deben
interponerse en los casos expresamente previstos en la ley, dentro
de los plazos y con las formalidades que ella establece, expresando
el agravio y el vicio o error existente en la resolución impugnada.

45. En otro, el CNM se ha arrogado atribuciones jurisdiccionales e interpretativas ya no


sólo del Derecho aplicable, sino también de los hechos resueltos en el proceso
judicial que dio lugar a la sanción que ahora cuestiona el demandante. Se señala en
el argumento 30:

Que, es necesario tener presente, que los magistrados procesados


no estaban en presencia de un nuevo hecho fundamental antes
desconocido cuando anularon su ejecutoria de veintisiete de
octubre del dos mil tres, en la cual no valoraron si era aplicable o
no la sentencia del Tribunal Constitucional de catorce de julio de
mil novecientos noventa y siete, no obstante haber sido invocada
expresamente en el recurso de apelación; por el contrario, éste fue
un hecho conocido por los procesados que resolvieron un recurso
de apelación en el que se mencionaba expresamente la sentencia
constitucional; además, la cosa juzgada, como muchas otras
instituciones jurídicas, tienen por contenido elementos políticos,
que por haberse convertido en jurídicos, por razones prácticas, son
de obligatorio cumplimiento y están respaldados por la fuerza
coercitiva del Estado.

46. A mayor abundamiento, el CNM ha fundamentado su resolución de destitución


tratando incluso, de acotar, cual tribunal con atribuciones nomofilácticas en el
ordenamiento jurídico, los límites de una determinada institución jurídica. Ello se
desprende, por ejemplo, del considerando 55, en el cual se señala que:

(...) La sentencia a la cual le falta la motivación, sólo tiene de tal la


forma. Pero no puede afirmarse que no exista, porque tal
afirmación pugnaría con el hecho ostensible de su existencia, que
no se puede desconocer. Cuál es, entonces, el camino a seguir para
subsanar el error? Sencillamente, declarar la nulidad de la
sentencia, por la ausencia de motivación”; criterio, este, que no es
posible aplicar a nuestra realidad jurídica, porque lo impide el
artículo 139, inciso 2 de la Constitución y el párrafo final del
artículo 123 del Código Procesal Civil.

47. Similares disquisiciones pueden apreciarse en los considerandos 24, 25, 27, 28, 29,
31, 32, 33, 37, 38, 39, 41, 42, 43, 45, 49, 53, 56, 58 de la resolución que cuestiona el
demandante. Esta misma orientación argumentativa se advierte en la resolución N.°
051-2005-PCNM de fecha 11 de noviembre de 2005, la misma que resuelve el
recurso de reconsideración interpuesto por el demandante y los demás vocales
supremos destituidos.

48. En tal sentido, el Tribunal Constitucional considera que la resolución que impone la
sanción de destitución al demandante no está debidamente motivada. Y ello no tanto
porque la resolución carezca de argumentos, sino más bien porque estos no tienen
una relación lógica con la parte dispositiva de la resolución cuestionada. Más aún si
se toma en consideración que el artículo 31º, inciso 2 de la Ley Orgánica del CNM,
si bien dispone que procede aplicar la sanción de destitución a que se refiere el
inciso c) del artículo 21º de la Ley mencionada por la comisión de un hecho grave
que, sin ser delito o infracción constitucional, articula tal potestad con conceptos
jurídicos indeterminados tales como “la dignidad del cargo” y el “desmerecimiento
del concepto público”. A ello se suma también el hecho de que el artículo 31º, inciso
2 de la Ley Orgánica del CNM no distingue, a efectos de imponer la sanción de
destitución, el status jurídico de los vocales titulares, provisionales o suplentes,
siendo que tal diferenciación está prevista en los artículos 236º a 239º de la Ley
Orgánica del Poder Judicial.

49. La remisión a estos conceptos jurídicos indeterminados comporta una exigencia


mayor de motivación objetiva y coherente, si de lo que se trata es de imponer una
sanción tan grave como la destitución del cargo de vocal supremo; y ello porque, a
mayor discrecionalidad de la norma, mayor habrá de ser la motivación lógica y
racional, en proporcional correlato. Motivación que, en el presente caso, a juicio del
Tribunal Constitucional, no ha estado dirigida a determinar en qué medida la
conducta del demandante ha afectado “la dignidad del cargo” y ha acarreado,
concomitantemente, un “desmerecimiento del concepto público”. Ello, sin duda,
impone que el CNM desarrolle y precise el contenido y la extensión de dichos
conceptos.

4.3. Sobre el principio de legalidad

50. Una cuestión de relevancia constitucional sobre el cual el Tribunal estima pertinente
pronunciarse tiene relación con el principio de legalidad (artículo 2º, inciso 24,
literal “d” de la Constitución). Ello por cuanto pareciera que, de acuerdo con el
artículo 211º de la Ley Orgánica del Poder Judicial, debió aplicarse, previamente a
la destitución, la sanción de suspensión. El CNM, en la Resolución N.º 051-2005-
PCNM, de fecha 11 de noviembre de 2005, que resuelve el recurso de
reconsideración interpuesto por los vocales supremos destituidos, sostiene que entre
el artículo 211º de la Ley Orgánica del Poder Judicial y el artículo 21º, inciso c) de
la Ley Orgánica del CNM existe incompatibilidad, pues éste no condiciona la
sanción de destitución a la imposición previa de la suspensión; y, atendiendo a que
la Ley Orgánica del CNM es de fecha posterior a la Ley Orgánica del Poder
Judicial, aquel artículo habría sido derogado por ésta.

51. El Tribunal Constitucional, sobre esto, señala lo siguiente. El artículo 211º de la Ley
Orgánica del Poder Judicial establece que: “[l]a destitución es impuesta por los
organismos que dispone esta ley, requiriéndose el voto sancionatorio de más de la
mitad del número total de integrantes del organismo respectivo. Procede aplicarse la
destitución al Magistrado que atente gravemente contra la respetabilidad del Poder
Judicial; al que ha cometido hecho grave que sin ser delito, compromete la dignidad
del cargo y desmerezca en el concepto público, siempre que haya sido sancionado
con suspensión anteriormente; al que se le ha condenado por delito contra la
libertad sexual; al que actúa legalmente impedido, sabiendo esa circunstancia; al que
es sentenciado a pena privativa de libertad por delito doloso; al que reincide en
hecho que dé lugar a la suspensión y en los demás casos que señala la ley”.

52. Este artículo precisa que la sanción de destitución es impuesta por los organismos
que dispone la Ley Orgánica del Poder Judicial, los mismos que están previstos en
el artículo 202º de la Ley aludida, la cual, a su vez, reconoce que “[l]os miembros
del Poder Judicial son responsables disciplinariamente por las irregularidades que
cometan en el ejercicio de sus funciones. Las sanciones se aplican por los siguientes
Órganos Disciplinarios: 1.- La Sala Plena de la Corte Suprema; 2.- El Consejo
Ejecutivo del Poder Judicial; 3.- La Oficina de Control de la Magistratura del Poder
Judicial; y, 4.- La Oficina Distrital de Control de la Magistratura del Poder Judicial,
donde hubiere. La ley y los reglamentos establecen sus competencias”. Si ello fuera
como señala el demandante, el CNM no podría imponer la sanción de destitución
porque, de acuerdo con este artículo, no estaría comprendido dentro de los
organismos que pueden disponer sanciones, lo cual contravendría el mandato
expreso del artículo 154º, inciso 3 de la Constitución, que le reconoce la facultad
constitucional al CNM para destituir a los vocales supremos.

53. Tampoco es correcta la interpretación en el sentido de que el artículo 21º, inciso c)


de la Ley Orgánica del CNM no está vigente, dada su incompatibilidad con el
artículo 211º de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Ello porque una interpretación
de ambos preceptos en ese sentido vaciaría de contenido el artículo 143º de la
Constitución, el cual establece que “[e]l Poder Judicial está integrado por órganos
jurisdiccionales que administran justicia en nombre de la Nación, y por órganos
que ejercen su gobierno y administración (...)”. En efecto, de acuerdo con esta
disposición, la Constitución reconoce la conformación del Poder Judicial no sólo en
relación con los órganos jurisdiccionales que lo conforman, sino también con
aquellos otros de administración y de control interno. De ahí que no se pueda
desconocer, por ejemplo, la competencia de la Sala Plena de la Corte Suprema o de
la Oficina de Control de la Magistratura para investigar y sancionar las faltas
disciplinarias y de conducta en que incurran los magistrados del Poder Judicial.

54. El Tribunal Constitucional, por el contrario, estima que, de acuerdo con el principio
de corrección funcional, el Poder Judicial, a través de la Sala Plena de la Corte
Suprema de Justicia y de las oficinas de control de la magistratura, y el CNM,
pueden asumir, legítimamente, competencia para aplicar las sanciones previstas en
sus respectivas leyes orgánicas, dentro del ámbito que a cada uno la Constitución les
ha reconocido claro está. En tal sentido, a juicio de este Colegiado, el CNM, al
tipificar la conducta del demandante como aquella que prevé el artículo 21°, inciso
c) de su Ley Orgánica, no ha vulnerado el principio de legalidad prescrito en el
artículo 2°, inciso 24, literal “d” de la Constitución, el cual, si bien, prima facie, se
refiere al principio de legalidad en materia penal, es perfectamente extendible a todo
proceso y procedimiento en el cual se pretende aplicar una determinada sanción. Así
también se ha precisado en sentencia anterior (Exp N.º 2192-2004-AA/TC,
fundamento 4), en la cual se declaró que:

(...) los principios de culpabilidad, legalidad, tipicidad, entre otros,


constituyen principios básicos del derecho sancionador, que no
sólo se aplican en el ámbito del derecho penal, sino también en el
del derecho administrativo sancionador.

4.4. Relación institucional entre el CNM y la Corte Suprema de Justicia


de la República
55. Desde que nuestra Constitución reconoce al CNM funciones de nombramiento,
ratificación, sanción y acreditación de los jueces y fiscales de todos los niveles
(artículo 154º de la Constitución), se establecen inevitablemente relaciones
institucionales con el Poder Judicial, en general, y con la Corte Suprema de Justicia,
en particular, toda vez que, de conformidad con el artículo 144º de la Constitución,
el Presidente la Corte Suprema de Justicia es, a la vez, Presidente del Poder Judicial.
En tal sentido, es evidente que dichas relaciones institucionales se concretan con el
CNM a través de las funciones constitucionales que nuestra Ley Fundamental
reconoce a este último.

56. En relación con esto, cabe señalar que, mediante comunicación de fecha 6 de julio
de 2006, se remitió a este Colegiado un documento mediante el cual se adjunta: (1)
resoluciones del CNM que disponen remitir todo lo actuado al Presidente de la
Corte Suprema de Justicia de la República para la aplicación de sanciones menores;
(2) oficios remitidos por el CNM al Presidente de la Corte Suprema de Justicia
solicitando información sobre a las medidas disciplinarias adoptadas por ese
despacho en relación con los procesos disciplinarios donde el CNM encontró
responsabilidad de los magistrados investigados, y que ameritaban la aplicación de
una sanción menor a la destitución; (3) resoluciones de la Sala Plena de la Corte
Suprema, que imponen sanciones inexistentes en la Ley Orgánica del Poder Judicial
a magistrados encontrados responsables de inconducta funcional; (4) resoluciones
de la Sala Plena de la Corte Suprema que declaran la nulidad de las resoluciones en
las que se impuso sanciones inexistentes en la Ley Orgánica del Poder Judicial a
magistrados encontrados responsables de inconducta funcional; (5) resoluciones de
la Corte Suprema de Justicia de la República que declaran prescritos los procesos
disciplinarios promovidos contra magistrados encontrados responsables
de inconducta funcional.

57. El Tribunal Constitucional, en tanto supremo intérprete y guardián de la


Constitución (artículo 201° y artículo 1° de su Ley Orgánica), expresa su
preocupación por el contexto que se describe en el fundamento precedente. En
efecto, se afectan las relaciones institucionales entre el Poder Judicial y el CNM
cuando éste solicita información acerca de las medidas disciplinarias adoptadas por
la Corte Suprema de Justicia y ésta remite dicha información omitiendo, sobre todo,
la que está vinculada con las medidas disciplinarias impuestas a los vocales
supremos, tal como se aprecia del Oficio N.º 1102-2005-P-CNM (fojas 58), de fecha
11 de julio de 2005, y del Oficio N.º 1339-2005-P-CNM (fojas 59), de fecha 04 de
agosto de 2005.

58. Del mismo modo, se advierte que, en otros casos, se han impuesto sanciones que no
existen o no están previstas en la Ley Orgánica del Poder Judicial, tales como
“recomendaciones”, “llamadas severas de atención” o “amonestaciones”, según se
puede apreciar de las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia de fecha 05 de
setiembre de 2005 y de las resoluciones de fecha 08 de setiembre de 2005,
respectivamente (fojas 68 a 80). Resoluciones que tuvieron que ser declaradas nulas
por el Pleno de la Corte Suprema, como se puede ver en el Oficio N.º 6113-2005-
SG-CS-PJ, de fecha 11 de octubre de 2005 (fojas 82 a 102).

59. El Tribunal Constitucional considera oportuno enfatizar que la Constitución de un


Estado constitucional y democrático no es únicamente una norma de naturaleza
política sino también –y racalcando lo obvio– una de carácter jurídico. Por ello, los
poderes constituidos se someten tanto a los valores superiores –como la justicia, la
igualdad, el pluralismo, la tolerancia, entre otros –como a los principios
constitucionales de supremacía jurídica y fuerza normativa que la Constitución
consagra (artículo 51°) y, por supuesto, también a los derechos fundamentales
reconocidos en ella.

60. De ahí que, si bien la Constitución (artículo 146º, inciso 3) garantiza a los
magistrados judiciales su permanencia en el servicio, ello está condicionado a que
observen una conducta e idoneidad propias de su función, lo cual no sólo se limita a
su conducta en el ámbito jurisdiccional, sino que se extiende también a la conducta
que deben observar cuando desempeñan funciones de carácter administrativo-
disciplinario, como es el caso de los magistrados de la Sala Plena de la Corte
Suprema de Justicia en relación con las funciones del CNM. Ésta es una exigencia
que también se deriva del Código Modelo Iberoamericano de Ética Judicial, en cuyo
artículo 3º se establece que “[e]l juez, con sus actitudes y comportamientos, debe
poner de manifiesto que no recibe influencias –directas o indirectas– de ningún otro
poder público o privado, bien sea externo o interno al orden judicial”.

61. Esta exigencia está prevista también por el Código de Ética del Poder Judicial,
aprobado en Sesiones de Sala Plena de fechas 9, 11 y 12 de marzo de 2004,
específicamente en su artículo 2º, según el cual: “[e]l Juez debe encarnar un modelo
de conducta ejemplar sustentado en los valores de justicia, independencia,
imparcialidad, honestidad e integridad, los cuales deben manifestarse en la
transparencia de sus funciones públicas y privadas. La práctica transparente de estos
valores contribuirá a la conservación y fortalecimiento de un Poder Judicial
autónomo e independiente y se constituirá en garantía del Estado de Derecho y de la
justicia en nuestra sociedad”. Asimismo, su artículo 3º dispone que “[e]l Juez debe
actuar con honorabilidad y justicia, de acuerdo al Derecho, de modo que inspire
confianza en el Poder Judicial. El Juez debe evitar la incorrección exteriorizando
probidad en todos sus actos. En la vida social, el Juez debe comportarse con
dignidad, moderación y sensibilidad respecto de los hechos de interés general. En el
desempeño de sus funciones, el Juez debe inspirarse en los valores de justicia,
independencia, imparcialidad, integridad y decencia.

62. La Constitución, en ese sentido, se vulnera tanto cuando se transgrede sus


disposiciones expresas como cuando se omite el cumplimiento de determinados
valores superiores, como la responsabilidad, la honestidad y la transparencia,
propios de un sistema democrático (artículo 43° de la Constitución) que se sustenta
en la dignidad de la persona humana (artículo 1° de la Constitución).

4.5. Sobre el fallo de la presente sentencia

63. El Tribunal Constitucional, de conformidad con el principio de


autonomía, reconocido en el artículo 201º de la Constitución, tiene la
potestad de modular, procesalmente, el contenido y los efectos de sus
sentencias en todos los procesos constitucionales, en general, y en el
proceso de amparo, en particular. Este principio de autonomía procesal
permite al Tribunal Constitucional determinar, en atención a las
circunstancias objetivas de cada caso y a las consecuencias que puedan
generar los efectos de sus sentencias, el contenido de ellas. Es así como,
por ejemplo, el artículo 55º del Código Procesal Constitucional ha previsto
un haz de posibilidades para el caso en que la demanda sea declarada
fundada. Pero también, en aquellos casos en lo cuales no se estima la
demanda, este Colegiado puede ponderar, con criterios objetivos y
razonables, los términos de su decisión, tal como ya ha procedido en
anteriores oportunidades (Exp. 2694-2004-AA/TC).

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO

1. Declarar FUNDADA la demanda; en consecuencia: a) nulos e inaplicables


al caso del recurrente los artículos 1° y 2° de la Resolución N.º 045-2005-
PCNM, de fecha 3 de octubre de 2005 y b) nulos e inaplicables al caso del
recurrente los artículos 3° y 4° de la Resolución N.º 051-2005-PCNM, de
fecha 11 de noviembre de 2005, sin que ello implique la reposición del
demandante en el cargo de vocal supremo.

2. Ordenar al Consejo Nacional de la Magistratura que dicte una nueva


resolución, debidamente motivada.

3. Exhortar al Consejo Nacional de la Magistratura para que precise y


desarrolle, en su Reglamento, el artículo 31º, inciso 2 de su Ley Orgánica.

4. Exhortar a la Sala Plena de la Corte Suprema para que observe mayor


diligencia en la aplicación de las sanciones disciplinarias previstas en la
Ley Orgánica del Poder Judicial.

Publíquese y notifíquese.

SS.

GARCÍA TOMA
GONZALES OJEDA
BARDELLI LARTIRIGOYEN
VERGARA GOTELLI
LANDA ARROYO
MESÍA RAMÍREZ
EXP. 04596-2006-PA/TC
PUNO
JOSÉ VICENTE
LOZA ZEA

VOTO SINGULAR DEL DOCTOR JUAN FRANCISCO VERGARA GOTELLI

Lima, 21 de setiembre de 2006

Emito este voto singular con el debido respeto por la opinión vertida por el
ponente, por los fundamentos siguientes:

– Señala el artículo 382 del Código Procesal Civil que cuando la resolución que
causa agravio está afectada de un vicio de nulidad referido a su formalidad, la
apelación lleva imbibita la formulación por el apelante de la solicitud de la
nulidad. Tratándose de la sentencia en primer grado, el pedido de nulidad “sólo
puede ser alegado expresamente en el escrito sustentatorio del recurso de
apelación” (art. 176 del mismo cuerpo de leyes). Este mismo artículo en su
segundo parágrafo agrega “Las nulidades por vicios ocurridos en segunda
instancia (-el proceso peruano se sigue sólo por dos instancias-), serán
formuladas en la primera oportunidad que tuviera el interesado para hacerlo,
debiendo la Sala resolverlas de plano u oyendo a la otra parte”. La resolución
obviamente ha de ser declarando la nulidad de la resolución cuestionada o
desestimando el pedido de invalidación. Y es que la razón nos dice que no puede
existir “cosa juzgada” con resoluciones intrínsecamente invalidables,
permitiendo incluso el dispositivo legal citado la declaración de nulidad cuando
el vicio es insalbable. En el caso de autos la nulidad fue formulada por la parte
que se sintió agraviada, en aplicación del principio de trascendencia recogido
por el numeral 174 del citado Código con la expresión “interés para pedir la
nulidad”. Todo esto significa que el Consejo Nacional de la Magistratura para
calificar de irregular la decisión nulificante de los cinco Jueces Supremos
sancionados ha ingresado al análisis jurídico de tal determinación convirtiéndose
en revisor cuya calidad no tiene.

– No hay justificación para que declarada la nulidad se restrinja la vuelta del Juez
Supremo a su puesto de trabajo, consecuencia inmediata e insoslayable de la
decisión de este Colegiado que además el demandante expresamente propone en
su demanda, puesto que al reponerse las cosas al estado anterior no se registra en
los antecedentes que el Consejo Nacional de la Magistratura antes de emitir la
resolución administrativa cuestionada haya dictado medida cautelar de
abstención.
La sanción de nulidad implica la inexistencia de todo lo invalidado y la
consecuencia natural de ponerse las cosas al estado anterior. La intervención de
este Supremo Tribunal es específica y limitada por lo que no le corresponde,
fuera de la absolución del grado en la forma y en los alcances propios de su
determinación, dictar medidas -aunque provisorias- que no están en sus
facultades.

– No comparto la exhortación que se hace al Consejo Nacional de la Magistratura


en el fallo de la sentencia, punto 3, respecto a que precise y desarrolle en su
Reglamento lo dispuesto por el artículo 31º inciso 2 de su Ley Orgánica por las
siguientes consideraciones:
La referida disposición precisa:
"Artículo 31.- Procede aplicar la sanción de destitución a que se refiere
el inciso c) del Artículo 21 de la presente Ley, por las siguientes causas:
2. La comisión de un hecho grave que, sin ser delito o infracción
constitucional, compromete la dignidad del cargo y la desmerezca en el
concepto público.”
Por su parte el artículo 21 establece lo siguiente:
“Artículo 21.- Corresponde al Consejo Nacional de la Magistratura las
atribuciones siguientes:
c) Aplicar la sanción de destitución a los Vocales de la Corte Suprema y
Fiscales Supremos, titulares y provisionales. Para el caso de los jueces y
fiscales de las demás instancias, dicha sanción se aplicará a solicitud de
los órganos de gobierno del Poder Judicial o del Ministerio Público. La
resolución final, motivada y con previa audiencia del interesado,
es inimpugnable.
Las atribuciones que corresponden al Consejo Nacional de la
Magistratura, conforme al Artículo 154 de la Constitución, se ejercen sin
perjuicio de las que corresponden al Congreso en virtud de los Artículos
99 y 100 de la Constitución.
Asimsimo en el inciso g) del artículo 21 de su Ley Orgánica se establece como
una de sus atribuciones:
“g) Elaborar y aprobar su reglamento interno y los reglamentos
especiales que señale la presente Ley”.

Consecuentemente si la elaboración de su reglamento constituye una de sus


atribuciones que expresa su independencia institucional la exhortación que se
hace en el fallo de la sentencia para que precise y desarrolle en su Reglamento
determinado acto que sólo puede ser realizado por decisión autónoma, colisiona
con el respeto a la independencia que la Constitución Política le reconoce al
situar a este Supremo Tribunal Constitucional en una suerte de Superior
Jerárquico que la norma suprema no podría consignar sin contradecir la
independencia que la propia Constitución reconoce y garantiza.

– Asimismo considero impertinente la exhortación del punto 4 del fallo dirigida a


la Sala Plena de la Corte Suprema para que observe mayor diligencia en la
aplicación de las sanciones disciplinarias previstas en la Ley Orgánica del Poder
Judicial, por lo siguiente:
El Consejo Nacional de la Magistratura, mediante comunicado de fecha 6 de
julio de 2006, remite a este Supremo Tribunal documentos que dan cuenta que la
Corte Suprema de la República no sanciona de acuerdo con la Ley Orgánica del
Poder Judicial a magistrados que han sido encontrados responsables
de inconducta funcional por el Consejo de la Magistratura porque en
consideración del Consejo no llevan a la destitución sino a sanciones menores,
trasladando los expedientes disciplinarios para que sea la propia Corte Suprema
la que conforme a ley proceda a sancionarlos de acuerdo con sus facultades
previstas en su Ley Orgánica.
Siendo así se trata de un tema distinto al examinado en este proceso que
además por su naturaleza correspondería en todo caso ser tratado en un proceso
competencial pero no en uno de amparo.
En efecto, el Consejo Nacional de la Magistratura, órgano independiente del
Estado, está acusando a otro Poder del Estado de no cumplir con sus funciones o
de hacerlas defectuosamente; sin embargo, la capacidad de control sobre dicha
institución es decir sobre los Jueces integrantes de la Corte Suprema, la tiene el
propio Consejo Nacional de la Magistratura, como ha quedado expuesto
ampliamente en los fundamentos de esta sentencia. La conducta de los Jueces
Supremos escapa al control de este Supremo Tribunal Constitucional.

En síntesis, soy de opinión que con la sanción de la nulidad de la resolución


administrativa disciplinaria materia de la impugnación, debe disponerse la inmediata
reposición del Juez Supremo recurrente.

S.

JUAN FRANCISCO VERGARA GOTELLI


¿Cuál era el conflicto?
Se cuestionaba si el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) podía
remover a jueces supremos sin que eso interfiera con otras normas
constitucionales que garantizan la independencia del Poder Judicial.
A simple vista, parecía haber una contradicción entre dos normas
constitucionales:
Una que otorgaba al CNM la facultad de nombrar, ratificar y sancionar
jueces. Otra que protegía la autonomía e independencia del Poder Judicial.

¿Qué hizo el Tribunal Constitucional?

El Tribunal aplicó el principio de unidad de la Constitución, que exige


interpretar todas sus normas como un sistema coherente, sin enfrentarlas
entre sí.
Dijo que no puede interpretarse una norma de forma aislada, porque eso
fragmenta el sentido de la Constitución. En lugar de eso, buscó armonizar
ambas disposiciones:
> “La Constitución no contiene normas aisladas, sino que forma un sistema
unitario. Por tanto, su interpretación debe realizarse integrando las normas
aparentemente contradictorias, de modo que todas tengan sentido.”

Conclusión del Tribunal


Determinó que el CNM sí tenía la facultad de destituir jueces, pero que esa
potestad debía respetar el debido proceso y los principios de independencia
judicial. Así, no se anula ninguna norma, sino que se armonizan.

Definición
Es el principio que establece que la Constitución debe interpretarse como
un todo orgánico, coherente y armónico, evitando contradicciones entre sus
normas.

Características
1. Integralidad: Ninguna disposición constitucional puede interpretarse de
forma aislada.
2. Coherencia sistemática: Se debe buscar la armonía entre todas las
normas constitucionales, incluso si parecen contradictorias.
3. Presunción de no contradicción: Se presume que la Constitución no
contiene normas que se anulen entre sí.
4. Eficacia conjunta: Todas las disposiciones deben producir efectos
jurídicos. Ninguna debe quedar sin valor.

Pasos para aplicar el principio

1. Identificar las normas aparentemente contradictorias.


Ej.: Facultad de sancionar jueces vs. independencia judicial.

2. Analizar el contexto de cada norma:


Historial, finalidad, ubicación dentro del texto constitucional.

3. Buscar una interpretación armónica:


Que permita que ambas normas conserven sentido y validez.

4. Priorizar la conservación del sistema constitucional como unidad.

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