UNIVERSIDAD DE ORIENTE
NUCLEO DE SUCRE
ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES
DEPARTAMENTO DE GERENCIA DE RECURSOS HUMANOS
EL RÉGIMEN DE SANCIONES EN LA RELACIÓN INDIVIDUAL DE TRABAJO
FACILITADOR: BACHILLER:
MARINA PATIÑO VILLAMIZAR SONIANGEL
C.I: 23.567.274
Introducción
Para empezar con este ensayo, es importante recalcar que la función pública es un
concepto fundamental que hace referencia al conjunto de actividades que realizan los
servidores del Estado para satisfacer las necesidades y demandas de la sociedad. Este
término engloba tanto a los funcionarios que ocupan cargos de carrera profesional, como a
aquellos que son asignados mediante nombramientos temporales o políticos. A través de la
función pública, el Estado busca garantizar el bienestar de la población, implementar
políticas públicas y servicios que aborden cuestiones sociales, económicas y culturales
esenciales. La importancia de una gestión eficiente y eficaz de la función pública es
evidente: un Estado bien administrado no solo promueve el desarrollo económico y social,
sino que también fortalece la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.
Por lo tanto, en un contexto donde la eficiencia y la transparencia son cada vez más
demandadas, entender las dinámicas que rigen esta gestión se vuelve esencial. El artículo
"El ABC de la gestión de las personas en el sector público" de Noemí Pulido y Mercedes
Iacoviello proporciona una visión integral de los desafíos y oportunidades que enfrentan los
sistemas de gestión pública en América Latina. Este ensayo sostiene que la gestión de
personas en el sector público es fundamental no solo para el funcionamiento interno de las
instituciones, sino también para la percepción ciudadana de la capacidad del Estado en
responder a las necesidades sociales.
También hablaremos a continuación sobre la función pública y el servicio civil,
donde explicamos como este tipo de sistemas permiten que quienes ocupan puestos en la
administración pública sean seleccionados y promovidos por sus capacidades y méritos,
asegurando que las decisiones en materia de gestión pública se tomen en beneficio del bien
común y no de intereses personales o políticos.
Para empezar, la función pública y el servicio civil son conceptos que están
interrelacionados entre sí, pero es fundamental entender primero sus diferencias para
abordar eficazmente el tema de la gestión de recursos humanos en el sector público. Por
ejemplo, la función pública abarca toda la actividad que realizan los servidores del Estado
en beneficio de la sociedad, incluyendo tanto los cargos permanentes como aquellos de
carácter temporal y político. En cambio, el servicio civil se refiere a un conjunto de normas
y principios que regulan la carrera pública, centrándose en aquellos empleados que deben
servir a la población basándose en méritos y capacidades, alejados de la lógica de la política
partidaria. Esta distinción es muy importante, ya que plantea la necesidad de un servicio
civil que no solo sea profesional en su funcionamiento, sino también democrático, donde se
garantice que todos los ciudadanos tengan igualdad de oportunidades para acceder a
posiciones en la administración pública.
Ahora, ya con la teoría base, podemos asegurar que la importancia de contar con un
servicio civil profesional y democrático radica en su capacidad para generar confianza y
legitimidad frente a la ciudadanía. A lo que nos referimos, es que cuando los servidores
públicos son seleccionados y promovidos basándose en criterios objetivos y justos, se
fomenta un entorno donde la meritocracia y la competencia permiten que las instituciones
operen de manera más efectiva, por lo tanto, todos salimos ganando. La ausencia de esta
profesionalización puede llevar a situaciones de corrupción, donde la lealtad política
prevalece sobre la competencia técnica. Así, un sistema que promueva un servicio civil
profesional contribuye no solo a mejorar la calidad de la gestión pública, sino también a
fortalecer la confianza de la ciudadanía en sus instituciones gubernamentales.
Una vez dejado lo anterior claro, es importante el saber que la gestión pública debe
guiarse por principios rectores que aseguren la efectividad y además, la legitimidad de las
administraciones. Se puede decir que entre estos se encuentra la igualdad de oportunidades,
que es fundamental, ya que garantiza que todos los ciudadanos, independientemente de su
origen o conexiones políticas, aunque tengan acceso a oportunidades de empleo en la
función pública. Este principio es esencial en la construcción de un Estado democrático,
donde la diversidad y la representación de distintos sectores de la sociedad son necesarias
para una gobernanza efectiva.
El mérito es otro de los pilares clave que mencionamos anteriormente. Por lo tanto,
los sistemas de selección y promoción deben estar basados en la capacidad, habilidades y
desempeño de los individuos. De esta forma, no solo se logra una mayor eficacia en la
gestión pública, sino que también se promueve un clima de motivación y competitividad
entre los empleados, quienes se ven incentivados a superarse profesionalmente. Sin olvidar
que las administraciones deben ser capaces de responder a las demandas ciudadanas de
manera oportuna y efectiva, evitando así la percepción negativa que a menudo se asocia
con la burocracia.
Uno de los puntos críticos en la gestión de personas es la planificación de recursos
humanos, que debe alinearse con las prioridades de la organización. Se puede decir que una
planificación efectiva permite identificar las necesidades del personal y garantizar que los
sistemas de información muestren la disponibilidad de recursos humanos de manera clara.
Por otro lado, la organización del trabajo implica que el diseño de los puestos y la
clasificación de estos sean realizados con criterios racionales y no arbitrarios, según dice el
documento. Además, la gestión del acceso a empleo es esencial, ya que este debe garantizar
que las convocatorias para cubrir puestos de trabajo sean abiertas y que se basen en
criterios de mérito para prevenir la politización del proceso.
Ahora, enfocándonos un poco más en un punto de vista más regional, la década de
reformas en América Latina ha estado marcada por un esfuerzo constante por mejorar los
servicios civiles en la región. Según el documento, desde 2004, se han llevado a cabo
diagnósticos regionales que han permitido evaluar el grado de implementación de prácticas
de gestión de personas en diferentes países. Nos parece de gran importancia este punto, ya
que este análisis ha revelado resultados variados, con ciertas naciones mostrando avances
significativos en la profesionalización de la función pública. Las conclusiones extraídas de
este diagnóstico resaltan la necesidad de continuar trabajando hacia la integración de estas
reformas en la práctica cotidiana de las administraciones públicas.
En este mismo orden de ideas, el mérito y la flexibilidad son conceptos que deben
coexistir en la gestión de personas en el sector público, ya que el mérito garantiza que los
procesos de selección y promoción se realicen de manera justa, evitando la arbitrariedad y
la politización. Sin embargo, también es crucial que estas prácticas sean flexibles,
permitiendo adaptaciones a los cambios organizativos sin comprometer la calidad de la
gestión. La motivación de los empleados es igualmente importante; una fuerza laboral
motivada tiende a ser más productiva y comprometida con los objetivos de la institución.
Así, la interrelación entre mérito, flexibilidad y motivación se convierte en un elemento
clave para el éxito de la gestión pública.
Conclusión
Podemos concluir con que la gestión de las personas en el sector público es un
componente esencial para el funcionamiento efectivo de cualquier administración estatal,
ya que los servidores públicos son la cara visible del gobierno y juegan un papel crucial en
la implementación de políticas y servicios que benefician a la ciudadanía. A lo largo del
análisis, hemos identificado que la profesionalización de la función pública, junto con la
suma a los principios de mérito, transparencia y responsabilidad, actúa como un pilar
fundamental para fortalecer la confianza pública hacia las instituciones gubernamentales.
También podemos decir que los datos y diagnósticos presentados subrayan la
importancia de construir un marco normativo que garantice un servicio civil basado en el
mérito. Este enfoque no solo promueve la igualdad de oportunidades en el acceso a los
puestos públicos, sino que también incita a una cultura de desempeño y responsabilidad
cuya meta es servir al bien común. Sin embargo, el camino hacia la profesionalización de la
función pública no está exento de desafíos. Los informes indican que, a pesar de los
avances en muchos países latinoamericanos, persisten problemas de politización,
corrupción y sesgos que dificultan el desarrollo de un servicio civil sólido y competente.
Finalmente, la gestión de las personas en el sector público no es solamente un
aspecto técnico; es un desafío ético y moral que tiene profundas repercusiones en la vida de
la sociedad. Invertir en la capacitación, en la gestión del talento y en el bienestar de los
servidores públicos es una inversión en el futuro de cada país. La consolidación de un
servicio civil profesional, transparente y enfocado en resultados no solo beneficiará a las
administraciones estatales, sino que contribuirá a la construcción de sociedades más justas,
equitativas y democráticas. En última instancia, una gestión de personas que anteponga el
interés público es fundamental para garantizar que la función pública pueda cumplir su
misión de servir a la ciudadanía de manera eficaz y comprometida con el desarrollo
sostenible de nuestras naciones.