Nueva temporada para ambas
generaciones
Profeta Víctor Hugo / Jueves, 19 de junio de 2025
2 Reyes 9:1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y
le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot
de Galaad. 2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y
entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara. 3 Toma
luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te
he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes. (RV
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Él conoce todas las estrellas y a cada una la llama por su nombre. Él camina sobre
las alas del viento y cabalga sobre los querubines. Ante Él se presenta el viento, las
nubes son el polvo de sus pasos, las olas adoran su Nombre y las flores entregan su
belleza ante el Señor. En la casa del Señor no existe la palabra imposible.
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El profeta Elías estaba en una cueva. Era un gran profeta que confrontó a Jezabel
cuando ella dominaba Samaria. Sin embargo, cuando Jezabel ordenó matarlo, nadie
conocía a Elías. Antes de que Elías profetizara, el reino vivía en prosperidad, pero
después entró en crisis. Lo que tú necesitas no depende de la cuenta de tu banco,
sino de tu boca. El milagro y la llave para la nueva temporada están en tu boca.
Vives hoy lo que profetizaste ayer.
Dios nos prepara para una nueva temporada, pero primero debemos
soltar lo viejo.
El profeta que hizo descender fuego del cielo estaba en una cueva. Tenía que ungir
al futuro rey de Israel, Jehú, y a un rey de Siria, pero, por último, a Eliseo, quien sería
su sucesor. Dios nunca descarta a una persona, pero si esa persona no quiere actuar,
Él levantará a otra.
Cuando Elías salió de la cueva, no buscó al futuro rey de Israel ni al de Siria; buscó
al profeta. Para él, lo profético era más importante que la corona. Dios nos quiere
levantar para que estemos llenos de unción. Por eso, Elías buscó al futuro profeta.
Quizá pensó que sería alguien con una posición destacada, pero Dios eligió a un
hombre sencillo que estaba en el campo. Eliseo no estaba en un lugar prominente;
era un campesino que trabajaba la tierra esperando su tiempo.
Esperar en Dios no es quedarse sentado ni ser una persona pasiva. Los que esperan
en el Señor recibirán nuevas fuerzas, correrán sin cansarse y volarán como las
águilas. Eliseo estaba arando el campo. Nadie siembra en una tierra llena de maleza
sin antes ararla. Antes de que Dios deposite algo en tu vida, Él moverá tu tierra y te
preparará para recibir algo grande. Cuando se ara la tierra, se quitan las viejas
raíces. Tal vez sean malas, pero Dios tiene algo nuevo para tu vida. Por eso no
consigues nada nuevo si solo sigues sembrando sobre raíces viejas.
No puedes entrar en la nueva temporada queriendo llevar contigo el pasado. No
necesitas las vestiduras viejas para la nueva etapa. Cuando fueron a ver a Jesús a la
tumba, Él ya se había quitado las ropas antiguas.
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El Señor Jesús comenzó la nueva temporada con vestiduras diferentes. Él te quiere
sacar de la pobreza, la miseria y la tristeza.
No lleves las ropas del pasado a la nueva estación que Dios tiene para ti.
Eliseo araba la tierra con doce yuntas de bueyes. Era tan bueno en su trabajo que
multiplicaba su esfuerzo. Una yunta siempre debe estar formada por un buey viejo
y uno nuevo. Dos bueyes nuevos no sabrían por dónde ir, y dos bueyes viejos
carecerían de la fuerza necesaria. Por eso es tan importante que trabajen juntos las
dos generaciones.
Los discípulos tenían experiencia, pero no tenían comida; el muchacho tenía
comida, pero no tenía experiencia. Cuando se unieron, alimentaron a más de cinco
mil personas. Samuel no conocía bien la voz de Dios, pero estaba atento a
escucharla; Elí conocía la voz de Dios, pero ya no la oía. Cuando el buey viejo y el
nuevo se unieron, nació un juez, un profeta y un sacerdote poderoso.
La Biblia cuenta que la mujer del flujo de sangre estuvo enferma durante doce años,
y apareció justo cuando una niña de doce años acababa de morir. Esto significa que
la enfermedad de la mujer comenzó cuando la niña nació. Muchos hubiéramos
corrido a ayudar primero a la niña, pero Jesús atendió primero a la mujer. ¿Por qué?
Porque Dios no solo sana a la nueva generación; primero detiene el sangrado de la
generación anterior.
A nosotros nos gusta lo viejo. Seguimos poniendo el mismo esfuerzo y pagando el
mismo precio por algo que ya es viejo, pero es momento de prepararnos para la
nueva temporada que Dios tiene para nosotros.
Lo que Dios coloca en tus manos es poderoso, es fuego que multiplica.
Eliseo es el nuevo profeta que lleva la unción del Señor. En sus manos, el aceite se
multiplicó, y así Dios también multiplicará lo que ha puesto en las tuyas. La
revelación crecerá, Dios traerá algo nuevo. Eliseo impactó la tierra con su
ministerio; la unción y el manto que antes tenía Elías ahora estaban sobre él. Eliseo
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era agricultor, sembrador, cosechador, alguien que no provenía de una familia
destacada, ni tenía miles de seguidores, pero sobre su vida estaba la promesa de
Dios.
La unción no depende de la fama, depende del corazón y la obediencia.
Ha llegado tu tiempo. No tengas miedo de entrar en la nueva estación que Dios ha
preparado para ti. El problema es que Dios arrebató a Elías en un torbellino antes
de que él ungiera a Jehú y al rey de Siria. Por esa desobediencia, muchos que
debieron estar en un lugar de influencia nunca llegaron allí, porque Elías no los
llamó. La corona estaba sobre la cabeza equivocada. Sin embargo, Eliseo asumió su
lugar como director de la escuela de profetas. Él se dedicó a preparar a los demás.
Se cree que la primera escuela de profetas fue dirigida por Samuel, la segunda por
Elías y la tercera por Eliseo. Para pertenecer a esta escuela, solo había tres
requisitos: que Jezabel quisiera matarte, que estuvieras dispuesto a cambiar el
palacio por la cueva y que estuvieras en ayuno.
Bajo la dirección de Eliseo, la escuela de profetas floreció. El éxito no es casualidad;
es el resultado del entrenamiento y la presencia de Dios. Dios nunca improvisa. Los
discípulos en esa escuela no estaban ociosos: Dios hizo grandes cosas a través del
profeta Eliseo. La gente lo seguía; él no necesitaba promoción. Las señales lo
respaldaban; no buscaba fama. Dios era quien lo bendecía.
Eliseo vino a impartir la nueva clase. No llegó con un libro ni un pergamino, tampoco
con una vara o un cayado; llegó con una redoma de aceite.
El libro es para dar instrucciones, el pergamino es para predicar, la vara es para
corregir y el cayado para mostrar el amor. Pero Eliseo trajo una redoma de aceite,
como un fuego que desciende sobre nuestra vida.
Él llegó con aceite para transformar a un anónimo en rey, a un hombre pobre en un
prosperado.
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Cuando Eliseo entró en escena, entendimos que los hombres pasan, pero la Palabra
del Señor permanece. Dios no busca a los capacitados, Él capacita a los que no
tienen capacidad.
Dios no busca a los capacitados, Él capacita a los que se disponen.
Eliseo necesitaba a alguien que entrara al palacio, a alguien que cambiara la historia
de una nación. Tú no necesitas conquistar Samaria; solo tienes que impactar a una
samaritana.
Dios le dio la unción a un joven anónimo. Eliseo puso su redoma en las manos de la
nueva generación, porque él entendía que cuando era agricultor aprendió a
trabajar con dos generaciones. Por eso le dijo: «Ciñe tus lomos». Era tomar la capa
con una mano y el aceite con la otra. Él no iba a caminar, sino a correr.
Lo que Dios hará a partir de ahora será rápido. Es tiempo de correr, ya no hay
demora. Ciñe tus lomos porque hay un príncipe que necesita ser rey.
La unción es para transformar a los anónimos en reyes y a los pobres en
prósperos.
El joven tomó la capa y el aceite. El desafío era correr sin perder la capa y sin
derramar el aceite. Muchos jóvenes corren y pierden el ministerio o la unción en el
camino. Para levantar reyes necesitas tener la unción y el ministerio bien firmes.
Debemos tomar la capa y el aceite para correr. Ha llegado nuestro tiempo: es
tiempo de correr con la promesa y la unción del Señor. Una nueva temporada ha
comenzado para nosotros.
Eliseo eligió a Jehú, que solo era un príncipe, para que llegara a ser rey. Necesitamos
recibir la unción para dejar de vivir como príncipes y empezar a gobernar como
reyes.