RESUMEN FILIDORO - Psicopedagogia Conceptos y Problemas Cap 1
RESUMEN FILIDORO - Psicopedagogia Conceptos y Problemas Cap 1
La especificidad de
la intervención clínica. Bs.As.: Biblos. Cap.1
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problemas concretos que plantea la práctica clínica psicopedagógica. Esta
conceptualización debe ser:
Lo suficientemente amplia para incluir la diversidad de dimensiones
clínicas que aparecen.
Lo suficientemente consistente para evitar un eclecticismo que pueda
dañar al sujeto.
Filidoro propone entonces una conceptualización posible del aprendizaje:
"Proceso de construcción y apropiación del conocimiento que se da por la
interacción entre los saberes previos del sujeto y ciertas particularidades
del objeto; proceso que se da en situación de interacción social con pares
y en el que el docente interviene como mediador del saber a enseñar."
Toda conceptualización del aprendizaje requiere una determinada concepción
del sujeto que aprende. Algunas teorías presuponen un sujeto pasivo, que
incorpora conocimientos. Otras, un sujeto activo, creador, autónomo. Por eso, la
definición de aprendizaje ubica al niño en un lugar particular, permite ver
ciertos aspectos e invisibilizar otros, guía las preguntas y determina los
instrumentos que se usarán en el diagnóstico.
Esta idea se desarrolla a través de ejemplos clínicos, que muestran cómo la
representación del aprendizaje incide directamente en la observación, el
diagnóstico, la intervención y las indicaciones clínicas.
1 Se destaca que se trabaja en términos de “procesos” y no de productos. Esto
implica que el uso de instrumentos diagnósticos no se basa en verificar si el niño
alcanza o no un resultado anticipado (como sucede con el diagnóstico operatorio),
sino en seguir el curso del pensamiento del niño y construir nuevas
intervenciones que le permitan generar respuestas originales.
Por ejemplo, cuando se le pide al niño clasificar o resolver un problema, lo que se
observa no es sólo si lo hace “bien” o “mal”, sino:
Cómo piensa
Cómo argumenta
Qué estrategias pone en juego
Cómo reacciona ante el éxito o el error
Qué efecto tienen las intervenciones del adulto
Esto es posible solo si el profesional logra que esas conductas sean
“observables”, lo cual no es un dato dado, sino algo que se construye
clínicamente.
"Estas conductas del niño deben ser 'observables' para el psicopedagogo,
quien a su vez es el que construye el observable en el mismo acto de la
observación y a partir de su intervención en la utilización del
instrumento."
En síntesis, toda observación e intervención están atravesadas por la
conceptualización del aprendizaje. Según cómo se la entienda, se interpreta
de una manera u otra lo que hace el niño, se toman decisiones clínicas
diferentes, y se llega a intervenciones también distintas.
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de un “observable” oficial que mida déficits o errores por comparación con un
estándar.
Esto tiene consecuencias clínicas muy importantes:
No se trata de hacer que el niño vea, diga o haga lo mismo que “la mayoría”.
Diagnósticos erróneos pueden surgir de comparar producciones sin
considerar si los niños están realmente hablando de lo mismo.
Muchos niños, por ejemplo psicóticos, son diagnosticados como
deficientes cuando lo que ocurre es que sus producciones no se leen desde
su singularidad, sino desde la lógica de un “objeto único” y una verdad
escolar universal.
En esta clínica, el psicopedagogo debe reconstruir el proceso de interacción
entre un sujeto singular y un objeto de conocimiento, partiendo del supuesto
constructivista de que sujeto y objeto son indisociables.
5. “Saberes previos”
El aprendizaje no parte de un punto cero, sino que se construye a través de
sucesivas reconstrucciones apoyadas en las representaciones previas del
sujeto. Estas configuraciones del pensamiento pueden ser la base de errores
constructivos (efecto de una lógica interna en desarrollo) o bien de obstáculos
epistemológicos.
Esta hipótesis permite al psicopedagogo indagar cómo se organiza el
pensamiento del niño y qué partes de ese sistema se ven amenazadas por los
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nuevos aprendizajes.
Por lo tanto:
El error no puede pensarse como simple carencia,
Pero tampoco puede asumirse siempre como indicador de avance: hay
saberes que obstaculizan el pensamiento.
En este marco, el profesional debe indagar cuál es el conflicto entre lo
previo y lo nuevo que está en juego en el aprendizaje.
7. “Interacción social”
La interacción social no es un “marco” externo del aprendizaje, sino constitutiva y
esencial del proceso.
Esto implica que:
El diagnóstico debe incluir información sobre el grupo de pares y el contexto
escolar.
No puede separarse “escuela como espacio de socialización” de “escuela
como espacio de aprendizaje”.
El aprendizaje es siempre mediado, nunca inmediato: requiere de otros, y no se
produce aislado.
Por eso, prácticas institucionales que dividen artificialmente la escolaridad en
espacios para “aprender” y otros para “socializarse” (como asistir a dos escuelas
diferentes) se fundan en una conceptualización errónea del aprendizaje.
La psicología genética en sus comienzos no abordó el discurso ni lo que sucede
dentro del aula, pero versiones posteriores —como las desarrolladas por Leonardo
Lajonquiere— destacan que fue una lectura parcial de Piaget la que promovió
una visión individualista del aprendizaje, negando su dimensión social.
Lajonquiere sostiene que se trata de un autor “que no es autor”: la distorsión no
está en la obra de Piaget, sino en cómo fue leída.
Para que un niño aprenda a leer, dice Lajon, debe haber un intérprete que lo
ponga en las puertas del misterio: alguien que medie simbólicamente para que
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esas marcas gráficas se conviertan en signos lingüísticos. Esta idea resume la
naturaleza social, simbólica y relacional del aprender.
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o Si usamos instrumentos de un modelo distinto al que decimos
sostener, terminamos atribuyendo al niño un déficit que en
realidad es producto de nuestra inconsistencia
epistemológica.
Por eso, Filidoro rechaza la acumulación de datos como camino al diagnóstico.
Más no es mejor: sin una construcción reflexiva, la información se vuelve
fragmentaria y sin sentido clínico.
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El modelo de la equilibración permite pensar que cada niño construye
conocimiento de manera singular, incluyendo a aquellos con dificultades
severas como la psicosis o la deficiencia mental. Este enfoque evita considerar a los
niños como desviaciones de una norma o como meras desviaciones de la
"inteligencia piagetiana" y propone, en cambio, investigar clínicamente las
formas particulares que adoptan los procesos de construcción de conocimiento
en cada caso.
César Coll señala que este modelo no solo sirve para explicar el desarrollo general
de la inteligencia, sino también para analizar cómo los niños se apropian del
conocimiento escolar en contextos reales de enseñanza-aprendizaje (por
ejemplo, cómo aprenden lectura, escritura o matemática en el aula).
Castorina advierte que, si bien Piaget desarrolló la equilibración principalmente en
el campo lógico-matemático, el programa piagetiano admite su extensión a
dominios específicos (como lengua o ciencias), lo cual abre posibilidades para su
aplicación clínica más allá de la psicología genética pura.
Aplicación clínica
Filidoro destaca que la clínica psicopedagógica no puede limitarse a aplicar
conocimientos ya conocidos, sino que debe ser un espacio de producción de
nuevos conocimientos, especialmente cuando se trata de niños con estructuras
diferentes como la psicosis.
Por ejemplo, en los textos que Filidoro menciona al final —El grabador que grababa
lo que se le antojaba y Para leer, para escribir— se muestran procesos de
aprendizaje en niños psicóticos desde esta perspectiva: no para confirmar un
modelo previo, sino para producir conocimiento nuevo a partir de la singularidad
de esos niños, usando los conceptos teóricos como herramientas abiertas al trabajo
clínico, no como estructuras rígidas.
En resumen:
La equilibración es un proceso de regulación interna del conocimiento
propuesto por Piaget.
Es una herramienta útil para pensar cómo cada niño construye
conocimiento, no solo en lógica-matemática, sino también en lectura,
escritura, etc.
Filidoro propone usar este modelo en la clínica, no para clasificar al niño,
sino para entender cómo piensa y construye saberes, incluso si se aleja
de la norma.
La clínica psicopedagógica debe ser un espacio para construir nuevos
saberes y no simplemente aplicar teorías existentes.
TERCER PROBLEMA: DEJAR LUGAR PARA LO QUE NO SE SABE. LAS
RELACIONES CON EL PSICOANÁLISIS
La psicopedagogía ha tomado conceptos de otras disciplinas,
especialmente de la psicología genética (Piaget) y del psicoanálisis,
pero muchas veces los ha usado sin construir un discurso propio, oscilando
entre teorías sin integrarlas verdaderamente.
Filidoro propone que el concepto de aprendizaje que usamos debe
permitirnos evaluar críticamente qué conceptos de otras teorías nos
sirven y cuáles no, según los problemas concretos que enfrentamos en la
clínica psicopedagógica.
En su modelo, el aprendizaje no es solo construcción cognitiva, sino
también apropiación subjetiva del conocimiento: el niño no solo
construye el saber, sino que se apropia de él, lo hace propio.
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Crítica a Piaget: aunque Piaget borró al "otro" (adulto) de sus protocolos y
se centró en el niño autónomo, eso no significa que debamos pensar el
aprendizaje como algo puramente individual.
La crítica es: el aprendizaje no es solo entre sujeto y objeto, sino que
necesita de un tercero, "el otro", que introduce el objeto como algo a ser
conocido, algo que "falta".
Conclusión central: no se puede separar el aprendizaje de la
subjetividad del niño. Lo emocional, lo psíquico, no interfieren desde
afuera, sino que están dentro del proceso de aprender.
El niño construye el objeto de conocimiento dentro de una escena
discursiva, donde intervienen el objeto, el sujeto y el otro (docente,
escuela, familia).
Por eso, la psicopedagogía debe atender al lugar del sujeto, al deseo
del niño, a su posición subjetiva en el aprendizaje, no solo a los contenidos
escolares.
Caso Matías – Resumen
Edad: 9 años.
Grado: 4º grado.
Motivo de consulta: Riesgo de repetir por dificultades con fracciones en
Matemática y escritura (hiposegmentación).
Antecedentes escolares y familiares:
Siempre asistió a la misma escuela.
Sin antecedentes problemáticos en el desarrollo.
Padres profesionales, familia estructurada.
Hermano menor.
Nunca fue “chico 10”, pero sin dificultades previas.
Evaluación psicopedagógica:
Alto nivel lógico-matemático y lingüístico en general.
Creativo, expresivo, buen humor.
La dificultad aparece solo al operar con fracciones, donde se paraliza.
En lengua: hiposegmenta (une palabras al escribir).
Intervención psicopedagógica:
Se parte desde el discurso del niño: dice que su psicopedagoga es “mitad
maestra y mitad psicóloga”, y se describe a sí mismo en fracciones (3/4
como papá, 1/4 como mamá).
Se lo invita a representar eso en dibujos, lo que lo lleva a reflexionar sobre la
imposibilidad de fraccionar personas.
Luego realiza carteles y cuadros con fracciones del tiempo que dedica
cada miembro de la familia a diversas actividades → se involucra desde lo
afectivo y lo simbólico.
Esto lo ayuda a reapropiarse del conocimiento matemático, volviendo
operativo el uso de fracciones desde su propia subjetividad.
Resultados y efectos:
Se activa un proceso de aprendizaje real, desde el deseo del niño y no
desde la repetición forzada.
Logra estudiar para su evaluación de fracciones y aprueba el grado.
Surgen conflictos familiares latentes (por ejemplo, los “carteles” como
mensajes indirectos), que abren preguntas, pero sin derivarlo
directamente a psicoanálisis.
Reflexión teórica:
El psicoanálisis aporta elementos para pensar el deseo, la subjetividad,
el síntoma, pero no se confunde con el dispositivo psicopedagógico.
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La intervención se hace desde el aprendizaje, no desde el inconsciente,
aunque pueda causar efectos subjetivos.
Se trabaja con abstinencia clínica, es decir, no invadir el campo
psicoanalítico, pero provocar preguntas en el niño y en su entorno.
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LA LEGALIDAD PROPIA DE LOS OBJETOS DE CONOCIMIENTO Y LA GÉNESIS
DE LAS HIPÓTESIS INFANTILES EN DOMINIOS ESPECÍFICOS
Idea central
El problema surge cuando los contenidos escolares (lengua, matemática,
etc.) quedan excluidos del diagnóstico y tratamiento psicopedagógico. Esta
exclusión puede deberse a:
Desconocimiento del psicopedagogo sobre la lógica del objeto de
conocimiento.
Desconocimiento de las hipótesis infantiles que los niños construyen.
Una posición clínica poco reflexiva ("yo hago reeducación") sin revisar
cómo se posiciona frente al saber.
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La escuela no solo transmite saberes: estructura subjetividad y
construye lazo social. Por eso, la elección de la escuela y la permanencia
en ella es especialmente importante en niños con dificultades.
La intervención psicopedagógica en la escuela puede asumir múltiples
formas: con la docente, el gabinete, la maestra integradora, según cada
situación.
Importante: No se trata de enseñar al docente, sino de intervenir
clínicamente, para resolver el problema de aprendizaje del niño. Esto evita
caer en peleas o rivalidades.
La escuela —como dice Gabriela Frigerio— está en situación de fragilidad,
agotamiento y sobreexigencia, por lo cual el psicopedagogo debe
trabajar en equipo con ella y cuidarla.
Caso Ayelén (breve)
La docente dice que “hay que repasar todo desde cero” porque “todos están
igual”, negando la complejidad del aprendizaje y tratándolo como lineal y
acumulativo.
El psicopedagogo debe intervenir para evitar que la epistemología
escolar perjudique al niño.
No se trata de imponer una visión a la escuela, sino de posicionarse
clínicamente.
Caso Jimena (resumen corto)
Jimena (11 años) tiene parálisis cerebral y dificultades motrices
importantes. El área matemática le resulta difícil, no por falta de
comprensión, sino por problemas en organización espacial.
El equipo docente, con la psicopedagoga, empieza a discriminar los logros
dentro del error y adaptar materiales (cuadernos grandes, no usar
compás, plantillas para ordenar las cuentas, etc.).
La familia también se involucra: el papá le fabrica herramientas.
El objetivo no es “hacer todo igual que los demás”, sino facilitar
aprendizajes reales desde la diferencia, sin forzar la integración como
uniformidad.
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o Buena escolaridad y apoyo institucional
La psicopedagoga consulta con un psicoanalista, pero la madre no quiere
entrevistas. Mediante estrategias, el analista sostiene algunas sesiones.
El tema de fondo: la mirada. Nerina necesitaba “no ser mirada” para poder
escribir.
→ Intervención simbólica: le venda los ojos, ata las manos, la deja en un
ambiente oscuro.
→ Impacto clínico: aparece la hipótesis silábica, se inicia el proceso
escritural.
Luego de este avance, surge una nueva pregunta:
Si Nerina habla bien, ¿por qué le cuesta tanto escribir?
→ Se deriva a fonoaudiólogo, quien detecta una disfasia específica.
→ Inicia tratamiento fonoaudiológico → mejora significativa en escritura.
Reflexión:
¿Podría haberse logrado lo mismo solo con el psicoanalista? ¿O solo con la
psicopedagoga?
La potencia está en el vacío compartido, en lo que no se sabe y no se
responde —el lugar donde el niño puede articular algo propio.
Conclusión general del texto
La psicopedagogía necesita construir conocimiento propio sin dejar de
articularse con otros campos del saber.
Esta construcción no es lineal ni cómoda: requiere revisión crítica
permanente y apertura a la pregunta.
Como dice Castorina:
Todo conocimiento se produce en contra de otro.
Es conquista, crítica y sistematización de lo que ya se creía saber.
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