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Documento - Completo - pdf-PDFA - PDF Psicologia Comunitaria

El trabajo presenta una experiencia de extensión universitaria en la que estudiantes de psicología colaboran con la ONG 'Casa del Niño' en Villa Elisa para promover la salud integral de niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. A través de talleres creativos y participativos, se busca fomentar el bienestar y el ejercicio de derechos en un ambiente de diálogo y empatía, abordando temáticas como vínculos saludables y expresión emocional. La metodología se basa en la Psicología Comunitaria, enfatizando la participación activa de los jóvenes y el fortalecimiento de sus capacidades dentro de la comunidad.
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El trabajo presenta una experiencia de extensión universitaria en la que estudiantes de psicología colaboran con la ONG 'Casa del Niño' en Villa Elisa para promover la salud integral de niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. A través de talleres creativos y participativos, se busca fomentar el bienestar y el ejercicio de derechos en un ambiente de diálogo y empatía, abordando temáticas como vínculos saludables y expresión emocional. La metodología se basa en la Psicología Comunitaria, enfatizando la participación activa de los jóvenes y el fortalecimiento de sus capacidades dentro de la comunidad.
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I CONGRESO

INTERNACIONAL Facultad de
Psicología
DE PSICOLOGÍA
A cuarenta años de la recuperación
democrática en Argentina.

ESTUDIANTES PENSANDO-SE DESDE LA


PSICOLOGIA COMUNITARIA. UNA EXPERIENCIA
EN TERRITORIO DESDE LA EXTENSIÓN
UNIVERSITARIA.
STUDENTS REFLECTING ON THEMSELVES THROUGH
COMMUNITY PSYCHOLOGY: AN EXPERIENCE IN THE
COMMUNITY THROUGH UNIVERSITY EXTENSION.
Olazabal, Bautista
De Sarro, Silvana Micaela

[email protected]

Eje temático: Problemáticas actuales y modalidades


de intervención en y desde la Psicología.

Tema: Salud social, comunitaria y políticas públicas.

Resumen

El presente trabajo tiene como finalidad compartir una experiencia enmarcada en un proyecto
de extensión, realizada por estudiantes de 5to y 6to año de la Facultad de Psicología de la Uni-
versidad Nacional de La Plata en articulación con la Organización No Gubernamental “Casa del
Niño” ubicada en la localidad de Villa Elisa, a la cual concurren niñeces y adolescencias que se
acercan desde los barrios “La Fortaleza” y “El Progreso”.

El proyecto tiene como principal objetivo promover la salud de las niñeces y las adolescencias
que asisten a “Casa del Niño”, entendiendo a la salud desde un enfoque integral que tiene en
cuenta las dimensiones del contexto social, los modos de vida, su estructura de poder en el sis-
tema, así como en los estilos personales de relacionarse, de expresarse y de padecer (Gavilán,
2015). A partir de este enfoque pensamos como estrategia la promoción de la salud, entendien-
do esta como las medidas que no se dirigen a una determinada enfermedad o desorden, pero
que sirven para aumentar la salud y el bienestar general (Leavell y Clark, 1976), afirmando la
salud en su positividad para así fortalecer la capacidad individual y colectiva que ayuda a lidiar
con la multiplicidad de los condicionantes de vida (Czeresnia, 2006).

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Implementamos estrategias posicionados desde la Salud Comunitaria y en particular desde un


trabajo en la comunidad. Consideramos que el trabajo comunitario requiere de un análisis per-
manentemente de las contradicciones emergentes de la relación del sujeto con el mundo, y del
mundo con el sujeto. Esto nos remite a una perspectiva singular, vincular, grupal y comunitaria
(Lachowicz, 2019). El objetivo de nuestras intervenciones es el de promover la Salud integral por
medio del juego, generar espacios donde las niñeces y adolescencias puedan ejercer sus dere-
chos, encontrarse con lo propio y con los singular del otro, en un ambiente alegre y de diálogo, de
escucha y de empatía. Es por ello que, en función de las características de los destinatarios, elegi-
mos el dispositivo de taller para llevar a cabo las intervenciones, entendiendo este como un lugar
de producción y trabajo grupal dentro de un marco creativo y participativo (Lomagno, 2004).

Palabras clave: Psicología Comunitaria, Extensión, Salud, Niñeces

Abstract

The purpose of this paper is to share an experience framed within an extension project carried
out by 5th and 6th-year students of the Faculty of Psychology at the National University of La
Plata in collaboration with the Non-Governmental Organization “Casa del Niño” located in the
town of Villa Elisa, which caters to children and adolescents from the neighborhoods “La For-
taleza” and “El Progreso”.

The project aims to promote the health of the children and adolescents attending “Casa del
Niño”, understanding health from a comprehensive approach that takes into account the di-
mensions of the social context, lifestyles, power structures within the system, as well as person-
al styles of relating, expressing, and experiencing (Gavilán, 2015). From this approach, health
promotion is conceived as measures not aimed at a specific disease or disorder, but serving to
enhance overall health and well-being (Leavell & Clark, 1976), affirming health in its positivity
to strengthen individual and collective capacity to deal with the multitude of life determinants
(Czeresnia, 2006).

We implement strategies rooted in Community Health and particularly in community work. We


believe that community work requires a continuous analysis of the emerging contradictions in
the relationship between the individual and the world, and the world with the individual. This
leads us to a unique, relational, group, and community perspective (Lachowicz, 2019). The ob-
jective of our interventions is to promote comprehensive health through play, creating spaces
where children and adolescents can exercise their rights, encounter their own selves and the
uniqueness of others, in a joyful and dialogical environment, characterized by listening and
empathy. Therefore, based on the characteristics of the recipients, we chose the workshop for-
mat to carry out the interventions, understanding it as a space for production and group work
within a creative and participatory framework (Lomagno, 2004).

Keywords: Community Psychology, Extension, Health, Childhood

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La Casita del Niño Arco Iris, es una Organización No Gubernamental que tiene como objetivo,
contener, acompañar y alimentar a las familias de los barrios de “El Progreso” y “La Fortaleza”.
La gran mayoría de estas familias viven en situaciones de vulnerabilidad social, afectadas por
problemáticas como la precarización laboral, el desempleo, la violencia, escasa accesibilidad a
la salud y educación, entre otras. La institución provee desayuno, almuerzo y merienda a las
infancias y adolescencias que concurren a contra turno a la casita, y entrega el almuerzo para el
resto de la familia. Los diversos actores que transitamos la casita seguimos el objetivo plantea-
do de asegurar los derechos de aquellas infancias y adolescencias, asegurándoles el derecho
al juego y la alegría, propiciando espacios que mediante actividades deportivas, artísticas o
lúdicas influyan de manera positiva en las vidas de aquellos sujetos en desarrollo.

El objetivo de general de nuestro proyecto de extensión es promover el cuidado de la salud


desde una perspectiva integral y favorecer el desarrollo de competencias para la detección
temprana de problemáticas de salud en niños, adolescentes, jóvenes, y personas adultas a
partir de situaciones educativas no formales de carácter colectivo en la Casa del Niño Arco Iris
de Villa Elisa.

Nuestra práctica se funda en la Psicología Comunitaria, desde un enfoque de derechos y con


una perspectiva de género alineada a la Educación Sexual Integral.

Siguiendo a Montero, entendemos a la Psicología Comunitaria como:

“La rama de la psicología cuyo objeto es el estudio de los factores psicosociales que permiten
desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre
su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en
esos ambientes y en la estructura social.” (Montero, 2004: p32)

Hablar desde esta perspectiva implica asumir las relaciones dialécticas entre las personas y el
medio ambiente en el que viven, suponiendo, por un lado, a los profesionales como agentes
de transformación social, que proveen su saber y construyen uno nuevo en conjunto con la
comunidad, portadora de sus propios saberes, en pos de un mismo objetivo; y, por otro lado,
a los sujetos como activos, posibles transformadores de su realidad, a quienes se buscará
otorgarles el poder y control sobre los procesos que lo afectan, fomentando su escucha y par-
ticipación. Supone hacer énfasis y potenciar las fortalezas y capacidades de la comunidad, más
que las carencias y debilidades.

A partir del rol del psicólogo desde la Psicología Comunitaria nos incluimos en el campo de acción
en lo grupal/colectivo considerando a las personas como sujetos activos portadores de capaci-
dades y recursos, los cuales les permiten influir en su entorno simbólico y material a partir de
procesos colectivos. (Montero, 1994, 2004), funcionando acá el psicólogo como dinamizador de
cambio (Corvaglia Aguilar y Landini, 2006), renunciando al rol de experto que todo lo sabe (Mon-
tero y Giuliani, 1999) y asumiendo relaciones horizontales y dialógicas con la comunidad.

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Nos parece esencial también establecer la posición ética y política desde donde ejercemos
nuestra práctica, que es la instancia de la Ternura (Ulloa,1995), instancia ética fundadora de
la cultura ya que implica la coartación de la pulsión por amor al otro. Generadora de dos ha-
bilidades propias de la ternura: El miramiento, en tanto debemos mirar con ojos amorosos a
todo aquel que sea diverso, a quien se reconoce como sujeto ajeno y distinto de uno mismo;
y la empatía y buen trato, que nos permitirán administrar el suministro adecuado ante la falta
del otro, intentando en nuestro caso, generar un contexto de posibilidades, donde buscamos
acompañar las transformaciones de la realidad y la creación compartida de realidades posibles,
a su vez, que acercamos formas innovadoras o disruptivas de poder tramitar el padecimiento.

Por último, tomamos a Silvia Bleichmar (2008) para pensar la ética como una construcción que
surge de la posibilidad de establecer tempranamente modos de identificación con el semejante
con respecto al sufrimiento que sus acciones puedan producirle o las que pueda padecer por
razones que no le conciernen. En otras palabras, el reconocimiento de la presencia del seme-
jante, entendido como un otro que es sujeto de derechos, con una dignidad que vale por sí mis-
ma. Por ello, el vínculo con el barrio siempre tratamos que se sustente en una corriente afectiva
tierna, posibilitando la inclusión del miramiento, la empatía y el buen trato; y sin desconocer la
dignidad que implica pensar al otro como semejante.

La metodología del taller: Un encuentro con uno y con el otro

En función de las características de los destinatarios de nuestro proyecto, elegimos el dispo-


sitivo de taller para llevar a cabo las intervenciones, entendiendo este como un lugar de pro-
ducción y trabajo grupal dentro de un marco creativo y participativo (Lomagno, 2004). Estos
talleres tienen como objetivo principal promover acciones que apunten a la salud integral de
las niñeces y adolescencias que concurren a la Casa del Niño en el turno tarde. Los objetivos
específicos siempre fueron pensados en función del objetivo general del proyecto. Conside-
rando las características de las niñeces y adolescencias, se planificó teniendo en cuenta las
diversas problemáticas que circulaban en los discursos de los destinatarios. Es por ello que tra-
bajamos temáticas como: vínculos saludables, esquema corporal e imagen del cuerpo, respeto
por la diversidad, reconocimiento y expresión de las emociones/afectos, reflexionar y analizar
acciones de la vida cotidiana a fin de desnaturalizar y reconocer los imaginarios sociales. En
función de las mencionadas temáticas, se llevaron a cabo producciones grupales y participati-
vas, que se plasmaron en dibujos, murales, armado de siluetas con cinta de enmascarar, elabo-
ración de producciones escritas por los protagonistas del taller, entre otras.

Las actividades las diseñamos a partir de técnicas y dinámicas entendidas como formas de
accionar que se utilizan para llegar al objetivo y que permiten la expresión gráfica, gestual y
corporal (Lomagno, 2004). Las técnicas y dinámicas siempre las elegimos tomando en conside-
ración las particularidades del grupo, por ello a la hora de planificar un taller tenemos:

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Un momento con actividades que permiten la expresión corporal, el movimiento del cuerpo.
Actividades que inviten a “poner el cuerpo” en relación con otros cuerpos. Este momento nos
permite que los participantes descarguen energía a la vez que son participes de formas lúdicas
diseñadas y pensadas en función de los objetivos. Nuestra labor es habilitar espacios donde
se puedan construir encuentros en los que el cuerpo esté en trama y en relación, y que se
transforme a sí mismo y al mundo, en tanto experiencia intersubjetiva de afectar y afectarse
mutuamente (Virasoro e Isla, 2021). Esto nos permite que se atrevan a poner su cuerpo en mo-
vimiento para fundar algo que sucede, que les sucede y que los transforma, produciendo así
una grupalidad colectiva donde cada uno de ellos es parte de ese “nosotros”.

Otro momento con actividades que permitan la reflexión grupal a partir del intercambio oral
o con actividades que faciliten la expresión artística de las temáticas que se intentan abordar.
Buscamos que los participantes puedan expresarse en relación a la temática elegida, sea de
forma verbal o no. Proponer actividades generadoras de expresiones artísticas nos permite
trabajar no solo con lo que le sucede a cada niño y adolescente al interior del grupo, sino que
nos permite intervenir en lo que sucede en la grupalidad y en las formas de vinculación apre-
hendidas. Se trata que, desde el hacer con otro, cada niño pueda descubrirse, pueda conocerse
a nivel emocional y corporal y pueda desarrollar sus habilidades y fortalezas promotoras de
salud, a su vez que también pueda descubrir la otredad, la diferencia y la diversidad desde la
óptica del respeto, la solidaridad y la tolerancia. “Esta trama que se teje en el hacer colectivo im-
pacta en lo subjetivo, generando procesos de afectación mutua en el encuentro genuino” (Isla,
2022). Las propuestas que implican la expresión artística nos permiten interactuar, a la vez que
modelan los intercambios expresivos y posibilitan un fortalecimiento identitario, esencial para
promover lazos en la comunidad. El arte nos permite la entrada de lo emocional y lo sensible
en el encuentro con el hacer con otros y diagrama un objetivo en común, lo que conlleva al
cooperativismo entre sujetos para la consecución de la obra artística, y allí se entraman los
encuentros con otro y otros para la construcción compartida de realidades posibles.

Por último, un momento donde los participantes del taller evalúan las actividades que llevamos
a cabo, y les proponemos que opinen sobre el taller. Esto último nos permite recabar informa-
ción sobre lo sucedido en taller, de recibir propuestas por parte de los sujetos y, así, hacerlos
partícipes activos de las futuras planificaciones de los talleres. Entendemos que nuestro tra-
bajo tiene que ser evaluado a la luz de las resonancias que tuvo en los mismos participantes.

El taller adolescente: un espacio necesario

Al poco tiempo de iniciado el proyecto notamos que, dada la expandida franja etaria con la que
trabajamos, las actividades propuestas no eran atractivas para todos. En los espacios de diálo-
go que se generaban antes del taller dimos cuenta que los sujetos de entre 11 y 16 años que
concurrían al espacio están atravesados por las problemáticas de las adolescencias.

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Desde nuestra perspectiva, entendemos a la adolescencia como un proceso singular, y específi-


co que se da en la vida de los sujetos, que tiene sus propias características y que no se ajusta ni
se reduce a un tiempo cronológico, sino que responde a un tiempo lógico, el pasaje de la niñez
a la adultez. Este tiempo se caracteriza por: el caos; la salida exogámica; la pérdida de la imagen
de sí mismo por un cuerpo biológico que cambia y con ello la imagen del “niño ideal”; cambios
en la significación del cuerpo y la sexualidad que irrumpe toda calma; pérdida de los padres
como sustento del ideal del yo infantil y consecuentemente, la búsqueda de la propia identidad
más allá de los mandatos e ideales paternos; el interés por el reconocimiento de los pares; y
también por la búsqueda de un nuevo proyecto identificatorio . “Es un tiempo que cada uno
transita como puede, con las marcas de los que lo rodean, del momento en el que le toca vivir,
de la historia familiar, y de su propia historia singular “(Diaz, G. y Hillert, R., 1998). En esta misma
línea, siguiendo a Silvia Tubert (1986), podemos decir que la adolescencia es una problemática
intersubjetiva, que implica un enfrentamiento con la muerte y las pérdidas que involucran toda
metamorfosis, a la vez que surgen nuevas síntesis históricas que dan paso a la asunción de una
nueva encarnación simbólica de uno mismo.

En función de esto abrimos “El espacio adolescente”, donde trabajamos con lo más grandes
de manera regular los mismos temas que en el taller de infancias, pero abordado desde otro
lugar; y, otras veces, temáticas que surgen de ellos a raíz de lo que escuchamos en su discurso
o lo que proponen en el buzón. El grupo con el que trabajamos está mayormente integrado
por feminidades y algunas masculinidades, varía constantemente en su cantidad, y de vez en
cuando recibimos participantes nuevos que casualmente están en la Casita y se interesan por
el espacio. Solemos ser uno o dos coordinadores que convocamos a las/los adolescentes para
luego, en un aula aparte, sentarnos en ronda para favorecer lo que Fernando Ulloa (2012) pro-
pone como numerosidad social: una forma de hacer grupalidad donde haya una cantidad nu-
merable de personas, donde se permita la entrada en juego de la mirada mutua que posibilite
la identificación del otro.

Primero compartimos de forma oral cómo pasamos la semana y luego proponemos la consig-
na disparadora. Algunas de las temáticas trabajadas fueron: proyecto de vida y proyecto iden-
tificatorio; la maternidad, junto a su problematización, los imaginarios sociales en torno a ella y
la toma de decisiones conscientes; el respeto y la tolerancia hacia el otro, junto con la importan-
cia de las palabras; problematización de las representaciones de los cuerpos; reconocimiento
y validación de las emociones; Violencia y vínculos saludables; entre otros, todos enmarcados
desde la Educación Sexual Integral.

Luego de realizada la consigna y la reflexión ofrecemos un buzón, a partir del cual buscamos
relevar sus intereses y problemáticas de forma anónima para poder armar los talleres en base
a sus realidades. Este buzón a veces viene con una consigna específica y otras veces es com-
pletamente libre. Finalmente, cerramos el taller con una evaluación del mismo por parte de los
participantes.

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Desde nuestro lugar, apuntamos constantemente a la producción de las adolescencias, invitán-


dolas a hacer actividades que impliquen una puesta en juego de los subjetivo en conjunto con lo
corporal. Abrimos un espacio de escucha cargado de verdadero interés que nos permite crear un
vínculo sincero con aquellos sujetos que nos abren la posibilidad de ser parte de sus vidas.

A razón de que hubo momentos conflictos internos entre ellos que impidieron la óptima realiza-
ción de los talleres y problemáticas personales que exigían ser abordadas de manera singular,
decidimos abrir un espacio de consejería donde el adolescente pueda solicitar un espacio con
algún coordinador para dialogar cualquier temática. Siempre desde una escucha empática, libre
de todo prejuicio, donde se provee la información relevante y se trabaja con un tema en particu-
lar, ya sean peleas entre los adolescentes o cuestiones particulares y propias de la adolescencia.

Resultados del trayecto recorrido

Luego de un año de trabajo notamos el aprendizaje sobre la Psicología Comunitaria que desa-
rrollamos dentro del grupo de extensionistas. Gracias a las diferentes trayectorias personales
dentro y fuera de la Universidad, vimos enriquecida la labor grupal, potenciándonos y apoyán-
donos entre nosotros para poder lograr un vínculo significativo con las niñeces y adolescencias
de la casita. Un vínculo que permite la resonancia de nuestras palabras en su vida y de lugar a
un intercambio fructífero con el objetivo de promover cambios saludables donde los sujetos
pueden posicionarse de manera activa frente a su realidad, interesándose en interrogarse so-
bre sus modos de vida y comprometidos con la modificación de su presente.

Tanto los extensionistas como los trabajadores de la Casita notamos los cambios positivos en
los participantes a medida que avanzaron los talleres.

En un primer momento no había iniciativa para realizar las actividades artísticas, no había lugar
para la reflexión y el intercambio. En las actividades lúdicas no se podían proponer juegos que
impliquen un grado significativo de competencia porque era motivo de conflicto con tal magni-
tud que no dejaba que el taller se desarrolle.

A medida que fue pasando el tiempo, los talleres se desarrollaron progresivamente de una
forma más fluida, los participantes nos esperaban y escuchaban nuestras propuestas con an-
sias. En el momento lúdico pudimos llegar a introducir la competición sin que esto sea un
impedimento para los objetivos mismos del taller ni un motivo de conflicto constante. El trato
entre ellos durante el taller fue mejorando de manera significativa, lo que permitió un disfrute
más generalizado de la situación. Se construyó un espacio donde los participantes pudieron
expresar sus emociones y donde el cooperativismo para la realización de las actividades fue
mejorando.

A partir de lo trabajado se pudieron generar las condiciones para que, junto con las niñeces
y adolescencias, se produzca un espacio de juego, lúdico y recreativo, de diálogo, de escucha
y de poner el cuerpo. Un espacio donde los participantes se diviertan, sonrían, expresen, co-

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nozcan que existen otras maneras de vincularse y de estar con otros. Un espacio donde las
adolescencias puedan significar los cambios propios del momento vivencial que atraviesan,
donde puedan hablar y ser escuchadas donde y puedan encontrar respuestas a preguntas que
las inquietan.

Conclusiones y discusiones sobre el rol y lugar de la Psicología Comunitaria

De cara al futuro, nos proponemos seguir trabajando bajo el marco de la psicología comunitaria,
y la promoción de la salud, con la intención de articular más fuertemente con el campo del arte;
abrir espacios para toda la familia, e incluso alguno específico de mujeres. También tenemos in-
tenciones de trabajar de manera interdisciplinar con otros trabajadores de la casita, e incluso con
otras facultades. En lo que respecta al grupo de adolescentes, esperamos poder sostener talleres
semanales, y lograr la consolidación del grupo, más allá de las amistades, que el taller pueda ser
un espacio de encuentro consigo mismos y de escucha y abrazo a lo diverso del otro.

Junto con los múltiples aprendizajes obtenidos en la experiencia, encontramos limitaciones en


nuestro equipo de trabajo. Una es la cantidad de extensionistas, la cual genera que nuestra
recurrencia a la institución no sea la óptima e incide a la hora de pensar y elaborar propuestas
de intervención y de llevar a cabo tales propuestas.

Otro límite se hace visible a partir de nuestra formación en la carrera de Psicología; en ella el
trabajo en territorio desde el enfoque de la Psicología Comunitaria no tiene un peso significa-
tivo. Por ello nos parece imprescindible habitar espacios de formación como el de la extensión
universitaria, donde el trabajo en y con la comunidad es un desafío y una apuesta a lo colectivo,
desde la interdisciplina como punto de encuentro entre los miembros de un equipo de trabajo
que se construye en función del diálogo que instaura la intervención (Carballeda, 2001). Un
espacio de formación donde no solo hagamos foco a la salud mental de las personas, sino que
pensamos a lo mental en la salud, entendida esta última como algo integral, multideterminada,
como un derecho de todos los ciudadanos que no puede ser pensado a partir del binomio que
separa mente-cuerpo. Por ello, la participación de la comunidad es algo indispensable porque
es en el diálogo con los referentes de la institución, las cocineras, los niños y adolescentes que
vemos la importancia de nuestro rol como futuros profesionales de la salud en el ámbito de
Salud Colectiva, un ámbito donde nuestra función es la de ser agentes de cambio, detectando
las potencialidades de aquellos sujetos de la comunidad para fortalecerlas, incidiendo en los
modos de interpretar, construir e influir sobre la realidad de su vida cotidiana y de sus modos
de vida. Sin desconocer que los destinatarios de las intervenciones son sujetos activos, cons-
tructores de su propia realidad y, por lo tanto, agentes de cambio de la misma.

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