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Las Disputas Por El Agua en Chile

En Chile, la privatización del agua desde la dictadura ha llevado a una crisis hídrica y a la mercantilización de este recurso vital, afectando a comunidades y ecosistemas. Movimientos como el Movimiento por el Agua y los Territorios abogan por la desprivatización y la gestión comunitaria del agua, reconociéndola como un derecho humano y de la naturaleza. A pesar de los avances en la Convención Constitucional, la lucha por el acceso y la justicia hídrica continúa frente a un contexto de extractivismo y políticas eco-capitalistas.
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Las Disputas Por El Agua en Chile

En Chile, la privatización del agua desde la dictadura ha llevado a una crisis hídrica y a la mercantilización de este recurso vital, afectando a comunidades y ecosistemas. Movimientos como el Movimiento por el Agua y los Territorios abogan por la desprivatización y la gestión comunitaria del agua, reconociéndola como un derecho humano y de la naturaleza. A pesar de los avances en la Convención Constitucional, la lucha por el acceso y la justicia hídrica continúa frente a un contexto de extractivismo y políticas eco-capitalistas.
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Las disputas por el agua en Chile: de la privatización a su gestión comunitaria

Francisca Fernández Droguett


Movimiento por el Agua y los Territorios-MAT
Escuela Popular Campesina de Curaco de Vélez

La libertad de nuestro ser pasa por la libertad de nuestro territorio, porque tenemos un
vínculo con él: con el agua, con la tierra, con la biodiversidad, con el aire, con las diversas
expresiones de la red de la vida. Eso es lo que nos hace fuertes (Aura Lolita Chavez
Ixcaquic, feminista comunitaria, parte del Consejo de Pueblos K'iche por la Defensa de la
Vida, Madre Naturaleza, Tierra y Territorio)

En Chile, la Constitución Política vigente desde la década de los ochenta, establece que el
agua, en cualquiera de sus estados, es considerado un bien nacional de uso público, pero
al mismo tiempo consagra su propiedad privada a través de la creación, en plena
dictadura militar, civil y empresarial, del Código de Aguas de 1981, que permitió la
conformación de un mercado de las aguas en su condición de bien transable, por lo que se
puede comprar, vender, arrendar y hasta hipotecar este elemento vital.
La adquisición de la propiedad del agua se estableció mediante derechos de
aprovechamiento, que fueron entregados de manera gratuita y a perpetuidad a privados,
fundamentalmente vinculados a actividades extractivistas, como la megaminería, el
agronegocio y el modelo forestal, y a la creación de infraestructura hidráulica, siendo
separada la propiedad de la tierra del agua, por lo que hoy existen propietarios de tierra
sin contar con agua, y a su vez aguastenientes, que acaparan derechos de agua sin poseer
tierra.
Son más de 42 años de privatización y mercantilización del agua, de la educación, la
vivienda y la salud, donde el despojo territorial e hídrico se han ido profundizando, debido
a la intensificación del extractivismo y de la crisis climática, ante el incentivo de falsas
soluciones, en el marco de políticas eco-capitalistas, que siguen favoreciendo las
ganancias por sobre la sostenibilidad de la vida, para la transición energética del norte
global, países con estados con los niveles más altos de ingreso per cápita y más
industrializados. Nos referimos a la instalación de complejos eólicos, fotovoltaicos, la
explotación de hidrógeno verde y la generación de soluciones basadas en la naturaleza,
todas medidas que hoy agudizan las políticas ecocidas, de devastación de los ecosistemas,
los territorios y de la naturaleza en general.
La lucha por la desprivatización de las aguas en Chile no puede estar separada de un
proceso crítico a la mirada antropocéntrica que prima, de manera transversal, en diversos
actores públicos y privados, y en algunos movimientos socioambientales, que aún utilizan
expresiones como recursos naturales, materias primas o riqueza natural, perpetuando la
colonialidad de la naturaleza a través de su cosificación, por lo que no basta con
únicamente proteger los ecosistemas sino también asumir una mirada es que nos
concebimos como naturaleza, como cuerpos de agua.
Hoy una de las principales demandas es el reconocimiento del agua como derecho
humano y la necesidad de su saneamiento para su acceso, pero también como derecho de
la naturaleza, para la defensa y restauración de los diversos ciclos hidrológicos, no sólo
para el consumo humano sino para que las aguas sigan fluyendo. Es desde esta mirada
que articulaciones como el Movimiento por el Agua y los Territorios, que aglutina a un
centenar de organizaciones sociales y territoriales en el territorio llamado Chile, ha
planteado la necesidad de desprivatizar las aguas y descolonizar lo que entendemos por
naturaleza, y asumir una transición ecológica con justicia social, climática e hídrica, desde
la defensa de ríos, lagos, lagunas, bofedales, salares, glaciares, y de otros cuerpos de agua.
Entre octubre del 2019 y enero de 2020, se llevaron a cabo más de 60 cabildos por el agua
(asambleas) organizados por el MAT, de manera transversal en diversos territorios del
país, para plantear las bases de la gestión comunitaria de las aguas. Con los resultados de
estas instancias, se elaboró el “Decálogo por los Derechos de las Aguas y su Gestión
Comunitaria”, en que se reconoce el agua como un bien común inapropiable, como sujeta
de derechos, la necesidad de protección y restauración de todos los cuerpos de agua de
los ecosistemas, su gestión comunitaria, plurinacional, territorial y sustentable por
cuencas y subcuencas, garantizando su uso ancestral y en el fomento de la soberanía
alimentaria, las economías territoriales y la autodeterminación de los pueblos.
La gestión comunitaria de las aguas, y su desprivatización, sólo es posible por medio de la
derogación del Código de Aguas de 1981, ya que establece su condición de propiedad, y
justamente en ello radica la situación actual de escasez y crisis hídrica, por el
acaparamiento y la usurpación de las aguas por parte de empresas locales y
transnacionales, a través de una institucionalidad hídrica que busca proteger y aumentar
las ganancias y su circulación como bien económico transable. Es también por eso que
hablamos de una hidro-política del despojo.
La asamblea constituyente se convirtió en el horizonte transformador que permitiría crear
un nuevo cuerpo normativo respecto a la gestión de las aguas, siendo una de las
demandas relevantes de algunos movimientos socioambientales, que buscan dar término
a toda la institucionalidad y legalidad que han privatizado los elementos comunes
naturales. Por lo mismo la lucha por una asamblea constituyente se convirtió en una de las
demandas durante la revuelta del 2019 en Chile, para dar término a una constitución
mercantil y subsidiaria de políticas neoliberales.
Si bien no se logró posicionar la figura de una asamblea, si el de una Convención
Constitucional, con la participación de representantes territoriales y de movimientos
sociales como convencionales, por elección popular, creándose una bancada ecologista
que puso a la palestra las reivindicaciones anteriormente nombradas.
Entre julio del 2021 y agosto del 2022, período en que funcionó la primera Convención
Constitucional, se logró ingresar una iniciativa popular de norma, la número 40230,
presentada por el MAT, la Coordinación de Territorios por la Defensa de los Glaciares y el
Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente
MODATIMA, llamada “Por el Agua, los Derechos de La Naturaleza y los Glaciares”, siendo
una de las 10 iniciativas más votadas, y que permitió que de los 388 artículos de la
propuesta, 74 hicieran mención a la naturaleza1, siendo uno de los mayores logros a nivel
institucional en materia socioambiental en estas últimas décadas.
La propuesta constitucional fue rechazada en el plebiscito de salida. Posteriormente se
conformó una nueva Convención, con participación exclusiva de partidos políticos y
contando con una fuerte presencia de la derecha, siendo también rechazado el texto
propuesto por esta segunda instancia, manteniéndose la Constitución del 80.
Hoy la disputa por la desprivatización del agua sigue en curso, en tiempos de
intensificación del extractivismo y de las falsas soluciones, en un escenario complejo, con
un gobierno que se dice llamar progresista, pero que al mismo tiempo ha aprobado una
serie de proyectos ecocidas, como la expansión de la minera Los Bronces Integrado, de
propiedad de Angloamerican, y el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo de AES GENER, de
propiedad estadounidense, así como también dos tratados del libre comercio, el TPP11 y
el TLC con la Unión Europea, ante el incentivo de una transición energética a costa de la
explotación de territorios sobre la base de la producción de litio, hidrógeno verde, y el
aumento de proyectos hidroeléctricos.
Frente a este escenario, los territorios y movimientos socioambientales nos queda el
desafío de seguir construyendo y consolidando las alternativas ante el avance y la
arremetida neoliberal y eco-capitalista, desde donde posicionar una gestión comunitaria
de las aguas, como parte del ejercicio de la autodeterminación de los pueblos y como
salida a la crisis ecológica y climática, poniendo la vida en el centro, y no las ganancias. No
es casualidad, por lo tanto, que quienes defendemos las aguas y los territorios seamos
uno de los focos mayores de represión y criminalización en Abya Yala y en el mundo, ya
que nuestras luchas poseen una profunda crítica estructural, y nuestros modos de vida se
han convertido en los horizontes posibles para pensarnos más allá del capitalismo y de sus
hidras.

1
Ver en https://olca.cl/articulo/nota.php?id=109560

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