Mostacero Castillo, Jonathan Ramiro - FH
Mostacero Castillo, Jonathan Ramiro - FH
Línea de investigación:
Autor
Asesor
ORCID: 0000-0001-5421-0095
Jurado
Lima - Perú
2024
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TRABAJOS DEL
ESTUDIANTE
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9
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Fuente de Internet
FACULTAD DE HUMANIDADES
Línea de investigación:
Antropología, arqueología e historia
Autor:
Mostacero Castillo, Jonathan Ramiro
Asesor:
Carrera Honores, Jorge Luis
ORCID: 0000-0001-5421-0095
Jurado:
Delgado Mejía, José Abelardo
Loayza Lozano, Teresa Elva
Maúrtua Alva, José Gabriel
Lima – Perú
2024
2
ÍNDICE
RESUMEN ............................................................................................................................... iv
ABSTRACT ............................................................................................................................... v
I. INTRODUCCIÓN .............................................................................................................. 6
1.3. Objetivos.................................................................................................................... 18
III. MÉTODO...................................................................................................................... 75
3.5. Instrumentos................................................................................................................... 75
3.6. Procedimientos............................................................................................................... 75
IV. RESULTADOS............................................................................................................. 76
4.4. Conceptualización del único en la filosofía individualista del siglo XIX ..................... 90
RESUMEN
La filosofía de Max Stirner es considerada una de las más controversiales y singulares dentro
del siglo XIX. Su influencia puede percibirse en la gestación del movimiento anarquista, como
conceptos como los de “Humanidad “y “Hombre”. Este último término se planteará como una
incógnita que la filosofía del pensador alemán tratará de resolver mediante un particular
universal del “Hombre” con mayúsculas, contraria a la individualidad. De esta forma, una
llevará a abordar la forma en que Stirner intentará contraponer su propio pensamiento contra el
ABSTRACT
Max Stirner's philosophy is considered one of the most controversial and unique in the 19th
century. Its influence can be perceived in the development of the anarchist movement, such as
in the philosophy of Friedrich Nietzsche and this thinker's criticism of modernity. In this sense,
one perceives in Stirner a confrontation with the vision of modernity, based on concepts such
as “Humanity” and “Man”. This last concept will be posed as a mystery that the philosophy of
the German thinker will try to resolve through a particular analysis. Thus, the conventional
man, written with lowercase letters, will be differentiated from the universal notion of “Man”
with capital letters, contrary to individuality. In this way, a necessary question to address in our
study will be: How is the category of Man perceived in Max Stirner's The Only One and His
Property? In turn, the previous questioning will lead us to address the way in which Stirner will
try to contrast his own thinking against the modern influence of the aforementioned concept.
Keywords: Max Stirner, The only one and his property, Man, individual, modernity
6
I. INTRODUCCIÓN
dentro del siglo XIX. Su influencia puede percibirse en la gestación del movimiento
Este último término se planteará como una incógnita que la filosofía del pensador alemán
convencional, escrito con minúsculas, de la noción universal del “Hombre” con mayúsculas,
Stirner? A su vez, el anterior cuestionamiento nos llevará a abordar la forma en que Stirner
concepto.
1.2. Antecedentes
Al filósofo alemán Max Stirner, nacido bajo el nombre de Johann Kaspar Schmidt, se
le atribuye ser uno de los pensadores más polémicos de la filosofía moderna. De notable
influencia para el anarquismo en sus diversas facciones, así como para parte del pensamiento
posmoderno, su obra representa una de las más agudas críticas del siglo XIX y de la modernidad
(McQuinn, 2010). Con la publicación de su más notorio libro El único y su propiedad (1844),
eje del pensamiento. Las ideas de Dios, espíritu, humanidad, Estado, libertad serán
7
estas idealidades reposan bajo conceptos vacíos. Stirner llamará a estos conceptos “fantasmas”.
El “único” es lo realmente existente, las demás conceptualizaciones no resultan ser más que
La lucha del individuo, único y real, debe librarse contra estos fantasmas, estructuras
imaginarias, que de alguna forma u otra han minado su unicidad, sometiendo a este para su propia
causa. Esta visión dialéctica entre el individuo en sí mismo contra el Estado puede registrarse en
Para Stirner (2014), el uso de la palabra “hombre” debe ser diferenciado de su concepto
uso solo alude a la palabra como artefacto para designar a la existencia material que es uno.
Stirner intentó impugnar. A su vez, un recurrente problema sobre el pensamiento del filósofo
alemán ha sido su escaso estudio por parte de la crítica, debido a lo anterior creemos necesario
recopilar la mayoría de estudios sobre la obra del autor y no solo sobre el concepto de
“Hombre” en su pensamiento.
8
caso de John Henry Mackay y Oskar Panizza, u ocultos, como su probable vinculación con
prisión (Calasso, 2014, p. 51 -52). Así, uno de los primeros comentaristas de la obra de
Stirner fue el ya entonces afamado Feuerbach (1960), quien, en un texto de 1845 desde el
anonimato, critica la perspectiva egoísta de Stirner relacionada al amor, del cual el autor de
necesario considerar que la respuesta a este ataque y a otros dos formulados por los
conjunto de ensayos publicados por Mackay en 1898 bajo el nombre de Escritos menores
(Stirner, 2013). Así, mientras Szeliga, representante de la crítica pura, intentará encontrar
“fantasma de los fantasmas” (Stirner, 2013, p. 91); Hess, desde una visión socialista, replicará
contra el libro de Stirner, La ideología alemana de Marx y Engels (Bredlow, 2013, p. 19).
En este tratado, los entonces jóvenes filósofos alemanes dirigieron un torrencial ataque a los
hegelianos Feuerbach, Bruno Bauer y Stirner. De este último es sobre el cual más versará el
libro. Más de 300 páginas consideraron Marx y Engels necesarias para intentar
1
En la edición de su diario Ex Captivataate Salus de 1950, Schmitt evidencia su respeto hacia la
filosofía de Stirner por ser el único que “sabe que el yo no es un objeto de pensamiento”.
2
Es conocida en La esencia del cristianismo la intención de Feuerbach (2006) de intercambiar la divinidad de
Dios por la concerniente al amor. En este sentido, el amor propugnado en esta teoría alcanza una magnitud
universal y un carácter desinteresado.
9
bíblicas, la figura de Stirner será parodiada hasta el punto de otorgarle el mote de “santo” en
vinculadas a las categorías de “Hombre” o el “único” hilvanadas por “Sancho”, nombre para
identificar en clave de sorna a Stirner. Para los filósofos socialistas, las intenciones del
“único” en su cometido de apoderarse del “mundo” son ilusorias. El “único” solo toma como
lo suyo y se apropia, no del “mundo”, sino solo de su “delirio febril” de este (Marx y Engels,
1974, p.138). Lamentablemente, la muy probable réplica de Stirner a los socialistas nunca
pudo tener ocasión. La primera edición de La Ideología alemana no vería la luz hasta en 1932.
En 1888, Engels (1946) en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, vuelve
de las ideas stirnerianas fue el psiquiatra y escritor alemán Oskar Panizza. Su ensayo
filosófico Der illusionimus und die Rettung der Persönlichkeit de 1895, en el que se
cuestiona la irrupción del método científico en la irrupción de la psique, recibe una evidente
influencia del filósofo, a quien le dedica su tratado (Pérez –Rincón García, 2016, p.250).
una prolija anotación sobre las obras de los más destacados representantes del anarquismo en
la que curiosamente se incluyen los tratados de Stirner en su capítulo VII “El anarquismo
alemán de 1840 a 1880”, a pesar de que este último nunca tuvo una relación directa con el
anarquista y poeta escocés John Henry Mackay, filósofo también presente en esta
bibliografía (Nettlau, 1897, p. 37). A este último puede considerársele uno de los más
titulada Max Stirner –sein Leben und sein Werk se supone de obligatoria consulta para
destacar los aspectos importantes de la vida y el contexto que rodeó a Schmidt. En ella se
contemplan pasajes de juventud de Stirner, así como sus años de educador, su vinculación a
“Los libres”, la creación de su obra maestra o su paulatina ruina económico (Mackay, 2011).
Dos años después, Eltzbacher publica Der Anarchismus uno de los primeros textos en los que
Stirner como crítico de las ideas anarquistas, a las quevinculaba en cierta forma con el
liberalismo político, el autor mantiene las doctrinas del filósofo en una importante tradición
estudio en el que se discurresobre la vida de Stirner, sus primeros ensayos, así como un
previamente los había hecho publicar Qu'est-ce qu'un anarchiste? Thèses et opinions en
1908, edita “El Stirnerismo”, un brevísimo panfleto en el cual quedan constituidos de forma
sintética algunos lineamientos de las teorías del filósofo de Bayreuth (Armand, 2007).
anarcoindividualismo francés.
Posteriormente, en 1941, Löwith publica uno de los más detallados libros sobre el
desarrollo del pensamiento filosófico del siglo XIX Von Hegel zu Nietzsche. En él se
3
Así también, puede considerarse la influencia de Tucker en la difusión de Stirner en Estados Unidos, así
como Armand en Francia (Díez, 2006).
11
puede observar un breve apartado dedicado a describir la juventud hegeliana de Stirner, así
como cuatro relacionados a temáticas específicas sobre su obra, los cuales versan sobre su
(Löwith, 1965). Por su parte, Camus (1978) en L´Homme revolté de 1951 sitúa las ideas de
criticó la visión del filósofo de Bayreuth por su nihilismo y avidez de destrucción, cuestión
primeras décadas del siglo XX, en Aux sources de l’existentialisme: Max Stirner de 1954, el
historiador de temas anarquistas Henry Arvon enlaza, además, al filósofo alemán con la
expresión. De este modo, Stirner es considerado “el dialectico que revela el nihilismo como
Copleston (1978) dedica una brevísima reseña al pensamiento del autor de El único donde se
atiende a su poca relevancia comparada con la figura de Marx y Engels, su relación espiritual
Louis Horowitz publica en 1964 The Anarchists, un amplio tratado introductorio a los
Stirner es analizado desde sus conceptos más generales (Horowitz, 1975). Desde el ámbito
de los estudios marxistas, McLellan (1971) en The Young Hegelians and Karl Marx de 1969
12
La revisión recorre las teorías de Feuerbach, Bauer, Hess y el propio Stirner, quienes, según
junto a autores como Saint Simon o Godwin. El filósofo argentino aclara que si bien Stirner
influencia se torna valiosa para esa ideología. No obstante, la crítica stirneriana no está
focalizada solo contra el ámbito del Estado, su oposición se extiende a la sociedad misma
(Capelletti, 2010, p. 63). Años más tarde, Derrida (1995) en su libro 1993 titulado Specter of
persiste en declarar su muerte. Para ello, el filósofo francés analiza la influencia de Stirner
sobre Marx con respecto al concepto de “fantasma”; sin embargo, a pesar de la crítica de
propiedad dividida en tres aristas: el individuo como entidad negativa, la apertura posesiva
económica impulsada por la ideología burguesa a partir de las ideas del librepensamiento (p.
336). En los últimos tiempos, con el apogeo de las teorías posestructuralistas y postmodernas,
Newman (2011), quien sostiene que la visión de Stirner debe ser tomada como un
13
anarquismo ontológico, ya que su filosofía sedimenta una sólida crítica contra las
Johann Caspar Schmidt (Max Stirner), filósofo alemán, nació en Bayreuth, Bavaria,
el 25 de octubre de 1806 y murió el 26 de junio de 1856 en Berlín, Prusia. Vivió tan solo
cuarenta y nueve años y fue un autor de no muchas obras; sin embargo, estas les han bastado
para convertirse en uno de los pensadores más originales y enigmáticos del siglo
manifestar que este breve acercamiento biográfico sobre Stirner está basado en el texto Max
Stirner (His life and his work) de John Henry Mackay (2011), filósofo anarquista británico y
(muere de tuberculosis en 1807, cuando el pequeño Johann Schmidt tenía apenas 1 año), su
farmacéutico Heinrich Ballerstedt. Éste saca a Schmidt de Bayreuth por un periodo de ocho
años, llevándoselo hacia Kulm, donde recibe los primeros esbozos de sueducación. Según
Mackay (2011) en 1810, el pequeño Johann Caspar, que había sido dejado en Bayreuth fue
Luego de pasar cerca de ocho años en el poblado de Kulm, regresa a Bayreuth para
14
como Carl Ritter, Heinrich Ritter, August Bockh, entre otros. No obstante, llegado el
como maestros suyos. Nuestro biógrafo señala este particular suceso: “Su segundo semestre
lo dedicó a la filosofía: Ética con Scheleimacher, “el más grande teólogo alemán del siglo”,
y sobre todo Filosofía de la Religión con Hegel”. (Mackay, 2011, p. 37). Fue sobre todo con
algunas clases con Ludwig Feuerbach; y luego a Koningsberg donde interrumpiría sus
estudios para viajar por Alemania. Regresa luego a Kulm, debido a la necesidad del cuidado
de su madre, que estaba padeciendo de severos trastornos mentales. En este proceso consigue
Kunigunde Butz, quien moriría un año más tarde en un infructuoso parto. Luego de arrastrar
aquellos pesares, el joven viudo llega a conquistar una plaza como docente en el “Instituto
de jóvenes señoritas” de Madame Gropius. Esto le otorgó cierta estabilidad laboral. Su madre
más importantes de la carrera del filósofo, su unión al grupo conocido como “Die Freien” (Los
15
hegeliana (por lo cual fueron también llamados “Hegelianos de izquierda”), logra agrupar a
un importante número de jóvenes intelectuales que en los siguientes años serían considerados
Freien” lo conformaban los hermanos Bruno y Edgar Bauer (siendo Bruno la cabeza del
grupo), Karl Marx, Friedrich Engels y Max Stirner; sin embargo, intelectuales como Ludwig
Feuerbach, Moses Hess o Arnold Ruge transitaron por aquel círculo de forma esporádica. El
bar “Hippel's Weinstube” solía ser el centro de reuniones de este heterodoxo grupo, que, si
Caracterizar a “Los Libres” en pocas palabras no es muy fácil. No formaron una "Verein"
(organización, sociedad, asociación) en absoluto, incluso si a menudo se caracterizaron e
incomprendieron como tales. Nunca reclamaron tal denominación: nunca tuvieron un
"presidente" y nunca redactaron reglas o estatutos. (p. 58)
Si bien es cierto, el círculo no tenía una participación muy precisa, fue el lugar
apropiado para el ensayo de ciertas polémicas que luego serían esenciales en el discurrir del
pensamiento político del siglo XIX. De alguna forma, el controversial enfoque de las
Zeitung) con una visión de rechazo al régimen prusiano de Berlín, que luego le costaría la
censura un año después a manos del rey Federico Guillermo IV. Este diario, si bien es cierto,
16
fue el resultado de la mutua cooperación de los jóvenes hegelianos, sacó a relucir la vena
polémica de uno de sus integrantes más entusiastas, Karl Marx, posterior director y
integrantes, la única homogeneidad que poseían “Los libres” como grupo fue su carácter
Jean Baptiste Say). Su vida era frugal y reservada públicamente, incluso ante “Los libres”
mostraba cierto aire taciturno y lleno de lasitud. De aquella época es la famosa caricatura
que le hizo Friedrich Engels, donde aparece con un cigarrillo. Podría decirse que la
vehemencia y, en algunos casos, arrogancia de sus admirables textos no era compatible con
poca importancia; sin sospechar el revuelo que posteriormente causaría su notable postura
Stirner (de frente grande en alemán), sobrenombre que fue puesto por sus compañeros de
visión de un filósofo rebelde ante su contexto político, de tal forma, que habría de ser
censurado por los mismos agentes intelectuales de rebelión, sus propios camaradas. ¿Pero
17
cuál fue la polémica que vino a remecer el aparente sosiego en el que discurría la vida de
Stirner? Todo parece apuntar a que la pacífica perspectiva académica de nuestro filósofo vino
a cambiar radicalmente desde la publicación de su obra capital Der Einzige und sein
cuatro años de una aciaga segunda experiencia matrimonial, Marie Dähnhardt, la joven que
había conocido en el grupo Die Freien, lo abandona. En 1852, intenta compilar algunos
textos para su Geschichte der Reaktion (Historia de la reacción), obra que intentaba de
inconcluso al no encontrar editor. Los años siguientes fueron de una considerable ruina
1854 Stirner iría en más de una oportunidad preso por sus constantes deudas económicas,
hasta que en 1856 fallecería, extrañamente, a consecuencia de una infección por la picadura
de un insecto. El único joven hegeliano que estuvo presente en su funeral fue Bruno Bauer.
Los restos de Johann Caspar Schmdit reposan en el cementerio protestante de Friedhof II der
Sophiengemeinde Berlin.
4
Utilizaremos para nuestra investigación la versión de El único y su propiedad, publicada por la editorial Sexto
Piso en 2014. Para corroborar alguna terminología del alemán hemos considerado la edición Der Einzige und
sein Eigentum editado en Leipzig por Wigand el año 1845.
18
1.3. Objetivos
- Objetivo general
En este sentido, el objetivo general de nuestro estudio intentará demostrar cómo, a
Max Stirner.
- Objetivos específicos
propiedad.
1.4. Justificación
lado, y fascistas por el otro, lo convierten en un filósofo interpretado por distintas visiones
ideológicas. Pensadores como Karl Marx y Friedrich Engels combatieron su filosofía por
filosofía de Stirner. Sin embargo, el pensamiento de Stirner, tal vez por la censura marxista,
parte del siglo XX pensadores posestructuralistas como Gilles Deleuze o Jacques Derrida
han resaltado los aportes de los aciertos y excesos de la perspectiva stirneriana. Actualmente,
para algunos teóricos, entre ellos Saul Newman, Stirner es interpretado a la manera de un
consideramos necesaria nuestra investigación sobre Stirner en la medida que sus categorías
para abordar la problemática de la modernidad pueden ser de utilidad para los estudios
para nuestro estudio, será una pieza fundamental para evidenciar el esencialismo liberal, al
1.5. Hipótesis:
- Hipótesis general
Max Stirner. Nuestra hipótesis busca comprender cómo el concepto de “Hombre” en Stirner
medida que esta categoría procede de una extensa tradición idealista, consolidada con el
e individual de hombre material. Así, el culto al “Hombre” manifestado por la burguesía será
- Hipótesis específicas
b) Los conceptos de “hombre antiguo”, “hombre moderno”, “fantasma” y “los libres” como
propiedad.
21
nuestra investigación. Así, se primará en el análisis de los mismos conceptos del autor y
filósofo en su singular contexto temporal. Y si bien, esta particular crítica puede trasladarse
a un contexto actual, este particular análisis rebasaría los fines de nuestra investigación.
para Stirner de una vertiginosa carrera de polémica en los diversos círculos intelectuales de
Prusia. La acogida de esta obra fue numerosa, mostrando las reacciones más variadas entre
los entendidos como el círculo de “Los Libres” y el público menos allegado. Las
conclusiones de la crítica variaban desde un portento de obra, propia de una de las mentes más
agudas de su tiempo, hasta un manifiesto absurdo. Mackay (2011) expresa las distintas
Pero la recepción fue diversa, ya que solo podía ser para un trabajo así. Si para algunos
ninguna expresión de admiración era demasiado grande - esperaban de ella el comienzo de
un nuevo tiempo de pensar y vivir, y con razón llamaron al autor un genio - otros tiraron el
libro con desdén, indignados por semejante “sinsentido”. Solo podía ser una tontería, ya que
se atrevió a sacudir las piedras angulares de toda vida moral y social. (p. 129)
Lo cierto es que el sistema de censura, bastante riguroso en la publicación de obras
desde el ascenso de Federico Guillermo IV al trono de Prusia, le fue impuesto; sin embargo,
no duró mucho tiempo en ser levantado luego de tomársele por un total disparate de texto.
Más de uno de los intelectuales de la época reaccionaron con un claro asombro al ver cómo
22
Lo sorprendente de escuchar al más callado de ellos hablar de repente tan alto y claro fue
universal, e incluso aquellos más cercanos que ya habían seguido los primeros trabajos de
Stirner, sabían que solo podía ser una cuestión de gran importancia. Los otros que estaban
más lejos, estaban tanto más asombrado de encontrar en el hombre sencillo, a quien hasta
entonces a menudo habían pasado por alto, el intelecto grande y agudo, que se pronunciaba
desde su libro. (Mackay, 2011, p. 130)
temerarias de sus afirmaciones, de tono irónico y beligerante. Pero, ¿qué contenía dicha obra
que la tornaba tan controvertida en más de una instancia para su época? Ni Marx, ni Bruno
Bauer o Ludwig Feuerbach obtuvieron tantas suspicacias por parte de la crítica. Repasar los
aclararnos las aspiraciones teóricas de Stirner. Las nociones que analizaremos a continuación
serán desarrolladas con la intención de instaurar un marco teórico que consiga abordar los
literario muy poco usual en la tan intrincada estructura filosófica, hasta el contenido
incendiario de sus manifestaciones; el autor presenta de una forma bastante clara las
Stirner cita un famoso verso de Goethe proveniente del poema “Vanitas! vanitatum
vanitas!” como epígrafe para dar apertura a su particular interpretación de la sociedad y los
motivos que impulsan a actuar al hombre burgués de estos tiempos: “He fundado mi causa
vida disipada y licenciosa del hombre en las tabernas alemanas, la cita de Stirner posee un
siempre presente en la obra del filósofo, para someter a evaluación los anhelos y defensas
del hombre moderno. A través de esta cita, Stirner evidencia la absurdidad en la que ha caído
la condición del individuo en aquellos tiempos de amparo a causas “más venerables” que su
propia vida y placer. Conceptos como el de Dios, Estado o Libertad se han agolpado tan
profundamente en la vida del individuo decimonónico que se los prefiere por sobre la
integridad y defensa del propio ser. Incluso esta defensa de la individualidad se ha visto tan
sojuzgada que se la ha reprendido de una manera tajante. Aquel individuo que ose prevalecer
sus propios intereses antes que los de Dios o el Estado ha de ser llamado de una sola e
irrevocable manera: un egoísta. Stirner, bajo la forma de agudo soliloquio, hace notar con
único y su propiedad:
¿Qué causa es la que voy a defender? Ante todo, mi causa es la buena causa, es la causa de
Dios, de la verdad, de la libertad, de la humanidad, de la justicia; luego la de mi príncipe, la
de mi pueblo, la de mi patria; más tarde será la de mi espíritu y después otras mil. ¡Pero la
causa que yo defiendo no es mi causa! “¡Abomino del egoísta que no piensa más que en sí!”
(Stirner, 2014, p. 57).
moralizante de sesgos teológicos, todas aquellas demandas resuenan como un enorme eco en
las buenas causas, los intereses del individuo son moralmente censurables; los del estado,
La causa final, fin o designio de los hombres (que naturalmente aman la libertad y el dominio
sobre los demás) al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir
formando Estados) es el cuidado de su propia conservación y, por añadidura, el logro de una
vida más armónica; es decir, el deseo de abandonar esa miserable condición de guerra que,
tal como hemos manifestado, es consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los
hombres… (Hobbes, 2005, p. 137).
Esta armonía política, señalada por Hobbes y sus antecesores, en la que los pactos de
los hombres en favor de una entidad suprema y reguladora estaban, en suma, explicitados,
vino a intentar ser remecida por la crítica stirneriana. Las grandes estructuras del
pensamiento (a saber, Dios, la humanidad o el Estado) no reposan sus cimientos más que en
la mera subjetividad del hombre, es él quien les ha dado valor, individualmente son nada. La
absurdamente el agente del valor y único ser de existencia plena, que es el hombre, pasó a ser
no más que un esclavo de sus propias ideas e ilusorias construcciones. Estas entidades han
tomado las riendas de la vida humana y ya nunca fueron más percibidas como un beneficio
o un agente de la tranquilidad del hombre, sino que han pasado a convertir al sujeto en un
funcionario del goce de aquellas. En términos claros, el hombre actual ha de servir al Estado,
y no el Estado al hombre. El Estado debe ser impugnado. Stirner (2014) evidencia esta
Inútil es proseguir y demostrar cómo cada una de esas cosas, Dios, Humanidad, etc., tratan
solo de su bien y no del nuestro. Pasa de revista a las demás, y decid si la verdad, la libertad,
la justicia, etc., se preocupan de vosotros más que para reclamar vuestro entusiasmo y
vuestros servicios. (p. 58)
singularidad. Este individuo ya no será tomado como un ser particular, sino absorbido por
una abstracción a reverenciar. El hombre debe inclinarse ante la superioridad espiritual del
25
“Hombre”. Todo ha sido abstraído de la primaria naturaleza de los individuos, de tal modo
que este ha sido sepultado por el egoísmo de sus creaciones. La solución que brinda Stirner
ante la imposición de estos entes abstractos no puede ser otra que el rebelarse, el destruir la
falsa autoridad de los conceptos indefinidos. Por su lado, Eltzbacher (1900) menciona en
Stirner la necesidad de reprobar la noción sagrada del Estado y destacar su incapacidad para
el bienestar individual (p. 117). La causa del individuo no debe ser la moral, ni dios o el
Estado, necesita tan solo agotarse en su propia inmanencia. Así, Armand (2007) considera al
individuo de la visión stirneriana a la manera del más absoluto de los egoístas, donde “su
sino única, como yo soy único. Nada está, para mí, por encima de mí”. (Stirner, 2014, p. 59)
la condición realista del niño, a la visión idealista del joven, relacionada con el puro
pensamiento. Finalizando con la victoria del hombre y su reconocimiento como egoísta (p.
134). Siempre el hombre ansía conquistarse, anhelando desde sus inicios la autonomía de su
ser. La voluntad es imperante en el niño, decidida y reacia, mas la vida interior en él es algo
más que nula. Solo acata las imposiciones del mundo o las repele: “Sin un objeto, el niño no
sabe ocuparse de sí” (Stirner, 2014, p. 70). La razón es aún desconocida, solo se actúa por
juventud. En esta fase, la más idealista para Stirner, se dará paso junto a la razón, al
nuestro ser íntimo, y él es el primer nombre bajo el cual desdivinizamos lo divino, es decir,
el objeto de nuestras inquietudes, el fantasma, “el poder superior” (Stirner, 2014, p. 66).
adhiere a lo teórico en busca de valores ideales. Nos sentimos desde ahora espíritu y ya no
hombre. Se alude, entonces, al hombre como servidor de sus pensamientos (Max Stirner,
espiritual y el encaminarse a su excelencia. He allí las ideas de Dios y los otros seres
espirituales como entidades que superan la perfección del yo, que este anhela. Todo se forja
en una plena complacencia del hombre hacia el espíritu verdadero. Hegel, filósofo de gran
…el camino de la conciencia natural que pugna por llegar al verdadero saber o como el
camino del alma que recorre la serie de sus configuraciones como otras tantas estaciones de
tránsito que su naturaleza le traza, depurándose así hasta elevarse al espíritu y llegando, a
través de la experiencia completa de sí misma al conocimiento de lo que en sí misma es.
(Hegel, 1971, p. 54)
Pero mientras que, para Hegel, el camino de la conciencia debe ser parte del necesario
recorrido del espíritu en consecución de lo absoluto, para Stirner es una total enajenación de
la verdadera naturaleza del hombre. El pensamiento maduro de Stirner, tomado para Basch
“Espíritu” que ha minado toda “eficacia de voluntad” y la verdadera naturaleza del hombre
(p.100). El individuo joven está por completo dominado por el espíritu, el fragor idealista
irrumpe en él. El hombre joven vive a merced de Dios, reconoce a su espiritualidad como
poco realizada e insuficiente. Así, tomará como certeza solo a la naturaleza de Dios, lugar
donde su espíritu debe fundirse por completo en un deseado absoluto. “El espíritu bueno y
27
ideal, superior: es “Dios”. “Dios es el espíritu”. (Stirner, 2014, p. 69). Sin embargo, esta
singularidad que yace enajenada no es el desenlace de la historia del hombre. La última fase
del adulto, un ser autónomo y desarrollado en sus plenas facultades; la perfecta visión del
hombre egoísta.
El hombre ya maduro difiere del joven en que éste toma el mundo como es, sin ver por todas
partes mal que corregir, entuertos que enderezar, y sin pretender moldearlo a su ideal. En él
se fortifica la opinión de que “uno debe obrar para con el mundo, según su interés y no según
su ideal” (Stirner, 2014, p. 69).
anulado. Se interpreta al hombre maduro de Stirner como la superación del idealismo y las
fantasmagorías de lo absoluto. Se necesita del goce propio y del disfrute del propio individuo
como su propio amo y romper el yugo que lo sometía a la tiranía espiritual. La existencia de
su más pura autenticidad debe ser reconquistada. El hombre pleno hace de sí el centro de la
totalidad del universo, no tiene que recurrir ya más a ninguna trascendencia: “El punto
principal es que hace de sí el centro de todo resueltamente, cosa que no hace el joven,
distraído por un montón de cosas que no son él: Dios, la patria y otros pretextos de
cualquier tipo de esencia que no radique en él y en su propia inmanencia: Nada más que el yo
existe. Este yo, que es el único ser que piensa y puede devastar cuanto nefando espíritu se le
abra paso, es el individuo, en suma, el filósofo. En “Arte y religión”, Stirner declara: “Al
filósofo, Dios le es tan indiferente como una piedra, el filósofo es el ateo perfecto” (Stirner,
28
2013, p. 82).
Esta inmanencia del individuo no se trata más que el hecho de reconocerse solo él
como lo pleno y lo existente. Él es un ser material, él existe; mientras que las demás
abstracciones no han sido más que meras proyecciones de su propia naturaleza. Él es su claro
dueño: “Yo me he colocado detrás de las cosas, y he descubierto mi espíritu; igualmente más
2014, p. 70).
la materialidad del individuo podrá considerarse como la más grande gesta de la aventura
del hombre, donde este desvele su tan preciada autoconciencia: “Yo solo tengo un cuerpo y
soy alguien. No veo ya en el mundo más que lo que él es para mí; es mío, es mi propiedad,
materialidad y propio goce, como la única vía para destruir todo el constructo teórico del
Estado. La lucha teórica es insuficiente para alcanzar la victoria ante el espíritu, hace falta
Siguiendo la conexión relativa a la obra, Stirner realiza una sutil evaluación de las
fases históricas en el pensamiento del hombre, equiparándolas ciertamente con los anteriores
estadios; mas considerando tal vez que si la anterior evolución de este se estimaba en un
situaciones peculiares.
2014). Culturalmente, Stirner sitúa la historia de una civilización griega asentada en ciertos
29
individualidad. La antigua devoción por las divinidades y ritos oraculares irá disipándose con
la llegada de los primeros pensadores conscientes de su espíritu, los sofistas. Estos hombres
se han alejado de las antiguas imposiciones a las que estuvieron sometidos sus antecesores,
contra el mundo; es lo que les hace apreciar tanto la flexibilidad dialéctica, la destreza
oratoria, el arte de la controversia” (Stirner, 2014, p. 75). Es decir, a partir de los sofistas,
Stirner reconoce en el hombre antiguo (Die Alten) a un ser espiritual; no obstante, esta
espiritualidad no debe ser entendida como su propia esencia, sino a la manera de un medio
sofística:
Proclaman que es preciso en toda ocasión recurrir al espíritu; pero están bien lejos aún de
santificarlo, porque este último no es para ellos más que un arma, un medio: lo que son para
los niños la astucia y la audacia. El espíritu es para ellos la inteligencia, la infalible razón.
(Stirner, 2014, p. 75.)
En este sentido, Basch (1904) destaca que el poder y la audacia del pensamiento
individual, tanto en Stirner como en Nietzsche, registra sus antecedentes en los sofistas y
despliega un largo itinerario que encuentra posturas análogas en pensadores modernos como
Hobbes o Spinoza (pp. 261 -262). La prestancia de los sofistas, tan destacada por Stirner,
integridad, pusieron el espíritu a sus órdenes. A su vez, Mackay menciona escuetamente esta
característica en su estudio biográfico: “La victoria de los sofistas sobre el poder imperante
en el apogeo del siglo de Pericles fue ganada con el arma de la razón” (Mackay, 2011, p.
30
134). La “inteligencia práctica”, tomada como un don de Prometeo, tiene su progreso moral
en base a la experiencia y la educación en las polis (Guthrie, 1969, p. 74). No obstante, las
críticas a esta particular posición surgieron, ¿cómo aquellos hombres, por más notables que
trampas del impulso y los desordenados afectos? ¿Cómo podrían obrar estos de forma
adecuada si cada uno, en su manifiesto arbitrio, cree que hace lo correcto? Stirner (2014)
considera:
El principio de la sofística conducía a admitir para el hombre más ciegamente esclavo de sus
pasiones la posibilidad de ser un sofista temible, capaz, gracias al poder de su espíritu, de
ordenar y moldearlo todo al gusto de su grosero corazón (p. 76).
encontraría de esta forma con una certera crítica a la libertad de su irrestricta propedéutica.
La razón, instrumento de los sabios, habría de ser condenada y depuesta por su más temible
Sócrates condenó para siempre la práctica sofística. Para el filósofo griego la inteligencia
debe ser aplicada como una teleología, no a libre disposición e inmanencia del hombre, sino
Y es así, que con la Ética socrática se ha de poner en marcha el reinado del espíritu
hombre para sí, sino una trascendencia. El espíritu debe primar sobre lo corruptible que es el
debe ser el auriga de este en su travesía hacia la esencia universal. Platón (1988), de la mano
Y mientras que vivimos como ahora, según parece, estaremos más cerca del saber en la
medida en que no tratemos ni nos asociemos con el cuerpo, a no ser en la estricta necesidad,
y no nos contaminemos de la naturaleza suya, sino que nos purifiquemos de él, hasta que la
divinidad misma nos libere (67 a. p. 45).
materia resulta ser, en palabras de Sócrates, tan nociva que resulta ser necesario el espíritu
puro capaz de encaminar la vida del hombre, en virtud se ha tornado la sabiduría. Así se ha
no habrá vuelta atrás en aquel devenir histórico. La sabiduría tan solo radica en el bien. “Por
eso Sócrates añade: “Para que se pueda apreciar su sabiduría, se necesita tener un corazón
el espectro del sujeto. La primacía del espíritu se torna autoritaria y la competencia del
individuo como agente de la verdad cae en total descreimiento. Solo se atiende a la máxima
de la moral:
Examina, pues Cebes- dijo -, si de todo lo dicho se nos deduce esto: que el alma es lo más
semejante a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble y que está siempre idéntico
consigo mismo, mientras que, a su vez, el cuerpo es lo más semejante a lo humano, mortal,
multiforme, irracional, soluble, y que nunca es idéntico a sí mismo (Platón, 1988, Fedón ,80
b, p. 71).
dimensión alguna, ella lo es todo y permanece inmutable; mientras que el hombre, harto en
Sócrates, así pues, será el más grande explorador de la pureza del corazón. La
32
del sofista, para Sócrates, es una latente amenaza, la causa de ello será su prevalencia del
relativismo, que, juzgando toda verdad como contingente, destazaría la real y única esencia
de esta. Lo anterior será considerado como una burla hacia el verdadero espíritu, que se
impone rechazar todo el cúmulo de apariencias del mundo, porque él tiene su propia y
moralidad griega, el culto al espíritu. Para Nietzsche (2004), la figura de Sócrates es el punto
clave para entender la decadencia de la cultura y el antiguo arte griego. Sócrates condenó al
arte antiguo por ser en esencia contrario a la fabulación de su moral, el arte apasionado de la
tragedia antigua se oponía fundamentalmente a la pureza del corazón del filósofo de Atenas:
“Únicamente por instinto”: con esta expresión tocamos el corazón y el punto central de la
tendencia socrática. Con ella el socratismo condena tanto el arte vigente como la ética
vigente: cualquiera que sea el sitio a que dirija sus miradas inquisidoras, lo que ve es la falta
de inteligencia y el poder de la ilusión, y de esa falta infiere que lo existente es íntimamente
absurdo y repudiable (Nietzsche, 2004, pp. 121-122).
Destruyó el antiguo espíritu de la Grecia clásica, el espíritu trágico, e impuso el suyo propio,
instintiva quedará vedada para él, Sócrates es el verdadero impugnador del arte trágico
griego. Stirner, filósofo anterior y precedente de Nietzsche, fue uno de los primeros
33
pensadores críticos de aquella visión didáctica e impositiva del socratismo. Considera Stirner
que el “espíritu” ha devorado a la realidad y a la vida natural. A la razón tan solo le importa su
El espíritu persigue únicamente lo espiritual y busca en todo sus propias huellas: para el
espíritu creyente “toda cosa procede de Dios, y no le interesa sino por cuanto este origen
divino se revela en ella”; todo parece al espíritu filosófico marcado con el sello de la razón,
y no le interesa más que si puede descubrir allí la razón; es decir, el contenido espiritual
(Stirner, 2014 p. 77).
interpretación realista del mundo antiguo; la antigua razón jamás sirvió como fuente de
adoración del hombre, si no, más bien como armatoste para la preservación de la vida. Los
antiguos nunca buscaron el espíritu, su moral no radicaba, diría Stirner, más que en una sola
alegría de vivir, y es a la “verdadera vida” a la que acaba por llegar” (Stirner, 2014, p. 80).
Aquella alegría por la vida, la asociará Stirner a la filosofía del periodo helenístico, ya que
tanto cínicos como estoicos, hedonistas o romanos buscaban la preservación y el buen estado
de la vida, la eudaimonía. “Los antiguos aspiran al vivir bien (los judíos en especial desean
reconocieron firmemente, la felicidad del hombre tendría para estos que radicar en este
mundo, o concretamente, a pesar de él. Stirner (2014) nota este particular esmero por el
cuidado de la vida: “Por enérgicos, por viriles que pudiera ser su enfrentamiento a la potencia
de las cosas, no podían hacer más que reconocer esta potencia y su poder se limitaba a
El mundo es, para los antiguos, un paraje hostil; sin embargo, les es preciso
34
dominarlo. Si no lo hubiesen hecho, su vida, no la más preciada de sus posesiones, sino más
bien, la única que poseían, desaparecería inminentemente. Los antiguos, así, celebraron un
esmerado culto hacia la vida, en una suerte de cabal confrontación ante lo amenazante de la
naturaleza. El reconocimiento del mundo para los antiguos se dará entonces, a consecuencia,
de que este puede condicionar de forma unívoca su ser. Han de reconocer de tal modo la
existencia del mundo a partir de que este, con todas sus infinitas contingencias, puede
representó a la vida. La vida espiritual no es más que pensamiento (Stirner, 2014, p. 67).
Mas, según Stirner, luego de Sócrates, tal vez solo los escépticos fueron los únicos
de la realidad. Estos de algún modo cimentaron el recelo de los modernos por la verdad de la
naturaleza. Ellos separaron al hombre del mundo: “El divorcio definitivo con el mundo fue
consumado por los escépticos. Todas nuestras relaciones con él no tienen “ni valor ni verdad”
Según Brochard (2005), los escépticos no fueron más que víctimas de su tiempo.
Sabios desengañados del mundo, que no sabían de dónde asirse, sin pretensiones de ninguna
clase y desinteresados del mundo, en un cercano parentesco con el estoicismo. Y así como el
Nada es posible, nada es cierto, ya nada vale. El mundo está sujeto a un sinfín de
suspicacias indeseables, y por ello lo mejor es detenerlo, ponerlo al margen. Hacer caso del
mundo será desde este momento un proceder necio, y lo único certero para mí ha de ser de
lo que me valgo para catalogar al mundo como desconfiable, a saber, el espíritu. Este
No hay en el mundo “ninguna otra verdad que aprender”; las cosas se contradicen, nuestros
juicios sobre ellas no tienen ningún criterio (una cosa es buena o mala, según uno la encuentre
35
buena u otro la encuentre mala), dejemos de lado toda investigación sobre “la verdad”;
renuncien los hombres a encontrar en el mundo ningún objeto de conocimiento, y cesen de
inquietarse por un mundo sin verdad. (Stirner, 2014, p. 81)
El mundo para el hombre ha dejado de ser ya interesante, cree firmemente que este
no le otorgará jamás la verdad, así que cambiará, ante este desencanto, sus intereses por la
certeza del espíritu. Este sorpresivo viraje en las esenciales apetencias del hombre tendrá
nuevo, así como la consagración del espíritu a la manera de pensamiento. Este pensamiento
y este hombre serán propiedad de una sola doctrina, el cristianismo. Stirner lo exhibe de
forma muy clara al manifestar que con el espíritu comienza el Hombre moderno (Die Neuen),
contra las crueldades y terrores naturales ha sido superado. El claro vencedor ha sido el
espíritu, el hombre moderno tiene ahora la palabra, y asume en el espíritu su única verdad, el
Hemos dicho antes que “para los antiguos el mundo era una verdad”, podemos decir ahora:
“para los modernos el espíritu era una verdad”, pero a condición de añadir, como
anteriormente: “una verdad cuya falsedad procuraron y finalmente llegaron a penetrar.”
(Stirner, 2014, p. 82)
La falsedad proviene del hecho que, para Stirner, los primeros cristianos, al margen
de su menosprecio por lo material, anhelaban como los estoicos o hedonistas la paz del
viró a derroteros más abstractos y su rastro de real humanidad se fue perdiendo hasta volverse
De día en día menos cristiano, el corazón perdió lo que lo había llenado y ocupado hasta
entonces, tanto, que al fin no le quedó más que una cordialidad vacía: el amor del hombre, el
sentimiento de la libertad, la “conciencia” (Stirner, 2014, p. 83).
designios del corazón. Ya no ama más al hombre común porque ella ama al hombre
pertenece al espíritu: “¿Y qué podría amar en los hombres? Todos son “egoístas”, ninguno es
verdaderamente el hombre, el espíritu puro; el cristiano no ama a nadie más que al espíritu,
La relación del cristiano con el amor no estará del lado terrenal, finito e imperfecto,
emplazado hacia el uno; estará, más bien, de su lado teórico, relativo al uso de la razón para
Amar al hombre en carne y hueso no sería ya un amor “espiritual”, sería una traición al amor
“puro”, al “interés teórico”. No confundáis, en efecto, con el amor puro esa cordialidad que
estrecha amistosamente la mano, porque es precisamente lo contrario; no se entrega con
sinceridad a nadie, no es más que una simpatía por entero teórica, un interés que se fija en el
hombre como Hombre y no en cuanto persona. (Stirner, 2014, pp. 83 - 84).
singular no ama como el moderno cristiano, ama a lo objetivo, no a la idea. Cuando este
hombre ama, se aleja de las abstracciones. Sin embargo, la modernidad hace entenderse al
nuevo hombre como un espíritu, y la idea más tangible del amor se pierde en una densa niebla,
en el mundo del espíritu. Mackay (2010) manifiesta esta nueva escena en el derrotero del
hombre: “Aquel hombre se entendía a sí mismo como espíritu. Con esto, con el mundo del
Este amor espiritual, que es entonces para Stirner un amor cristiano, o no es nada o es
una mera fabulación, una falsedad perpetrada por la época moderna. Ya que esta falta de
37
interés hacia el amor personal parecería ser producto del engaño de considerar la vida
espiritual como superior a los sentidos. Lo importante no ha de ser el amor individual, sino el
concerniente a las bases del espíritu. El verdadero moderno es el ser espiritual, que no tiene
interés en la tierra, pues ha descubierto su engaño mediante la razón. (Stirner, 2014, p. 84).
Hay una cuestión muy clara en la anterior frase de Stirner, a saber, su intención de
ubicar al hombre moderno y espiritual de forma contrapuesta a los sentidos; es decir, situado
aspiración de supremacía del hombre por sobre todas las cosas del mundo que lo rodean; el
inexistencia de una causa material como soporte del pensar, valiéndose del yo cartesiano, el
Al examinar, después, atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía
cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que me encontrase, pero que no podía
fingir por ello que yo no existía, sino que, al contrario, del hecho mismo de pensar en dudar
de la verdad de otras cosas se seguía muy evidente y ciertamente que yo era; mientras, que,
con solo haber / dejado de pensar, aunque todo lo demás que alguna vez había imaginado
existiera realmente, no tenía ninguna razón para creer que yo existiese, conocí por ello que
yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza no es sino pensar, y que, para existir, no
necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna material. (Descartes, 2008, pp. 47-48).
Tanto para Descartes como para los posteriores modernos, lo primordial es el espíritu,
nada puede rebasarlo, toda materia está puesta al margen de su ser, porque este es lo único
constatable. El mundo bien podría ser un engaño, sin embargo, el espíritu perdura, él es de
cualquier modo incuestionable, porque eso es lo que somos, nos hemos descubierto como
proviene así, de un ser más grande, que lo contiene todo y que ha depositado esa reflexión en
De esta manera que solo quedaba la posibilidad que hubiera sido puesta en mí por una
naturaleza que fuera realmente más perfecta que la mía y que poseyera, incluso, todas las
perfecciones de las que yo pudiera tener alguna idea, esto es, para decirlo de alguna palabra,
que fuera Dios (Descartes, 2008, p. 50).
Así, Dios es aquel ser que otorga el espíritu y el principal soporte teórico de la
modernidad para Stirner. De este modo, debe tomarse a Dios como a un todo que encierre el
concepto de lo espiritual. San Agustín, padre de la iglesia católica y uno de los más grandes
teóricos resalta la capacidad ejecutora de Dios desde lo invisible: “La mano de Dios es la
potencia de Dios, el cual aún las cosas visibles las obra invisiblemente” (San Agustín, 2006, p.
339). Para San Agustín, Dios, criador del mundo, obra desde lo invisible, ya que su reino no
es este, es el reino espiritual, del que el hombre puede ser partícipe adentrándose en su alma.
“…pero a las mismas naturalezas, que en su género se disponen de este o de aquel modo, no
las hace sino el sumo Dios, cuyo oculto poder, como lo penetra todo con su inmutable
presencia, hace que sea todo lo que en alguna manera tiene que ser de cualquier manera, poco
o mucho que le tenga; porque si el Señor no lo hiciera, no solo tuviera tal o tal ser, sino que
del todo no pudiera ser”. (San Agustín, 2006, p. 341).
Nada puede ser sin Dios en la modernidad, nada sin el creador del espíritu, esta es
una aseveración de la filosofía stirneriana que cae como una terrible sentencia al falsear la
destruir la antigua realidad del cosmos para ceñirse luego, a la única verdad, la verdad del
espíritu. Blas Pascal, el filósofo racionalista de sentido más religioso atiende a esta
peculiaridad:
Jesucristo, no sabían dónde estaban ni si eran grandes o pequeños. Y los que decían lo uno o
lo otro, no sabían nada´, y adivinaban sin razón y por casualidad; y lo mismo erraban
39
los cuales se ha enfrascado el hombre de la modernidad no han sido otros que variantes de
la espiritualidad como característica de un ser nuevo. “Si los antiguos no han producido más
que una cosmología, los modernos no han pasado jamás de la teología” (Stirner, 2014, p.85).
El artificio de la teología es la habitación del hombre moderno. Esta no es más que uno de
sus artefactos puestos a su servicio. Y esta teología no debe entenderse por lo únicamente
De este modo, el accionar de muchos filósofos como Feuerbach, Bauer o Marx, que buscaron
2.1.5. El espíritu
Pero, ¿qué es el espíritu para Stirner? ¿Por qué su recelo ante este concepto? Stirner
menciona al Espíritu (Der Geist) como el creador del mundo espiritual. Algo que sobrepasa
mundo, pero no simplemente lo crea, sino que asevera que todo en sí es espiritual, el mundo
que más importa es el suyo; no el mundo natural. El mundo antiguo es un lugar falso. Así el
espíritu empieza a habitar su nuevo mundo con seres que reconoce como veraces y absolutos.
Como el extravagante no vive sino en el mundo fantástico que crea su imaginación; como el
loco engendra su propio mundo de sueños, sin el cual no sería loco, así el Espíritu debe crear
“su” mundo de fantasmas. Y mientras no lo cree, no es Espíritu. En ellos se reconoce como su
creador; él vive en ellos, ellos son su mundo (Stirner, 2014, p. 86).
Puede presenciarse el alto grado de ironía que refleja la anterior cita. El mundo
espiritual es creado por el “espíritu”, así como las fantasías son creadas por los enajenados.
40
Esta suerte de patología es una enfermedad notoria en el hombre moderno. Tan enfermo se
ha de encontrar este hombre, que no se concibe más que como espíritu. No es más que la
Stirner revela que el llamado Dios o espíritu no es más que la invención del hombre.
Él ha cambiado su culto a sí mismo, por el culto hacia el espíritu. Los fantasmas han pasado
de ser creaciones del hombre a ser sus propios señores. Sin embargo, este argumento ya
había sido tendido sobre la mesa antes por Ludwig Feuerbach, filósofo alemán que influenció
de forma muy ambivalente en la obra de Stirner. Este, en su obra La esencia del cristianismo
indica: “El ser absoluto, el dios del hombre, es su propia esencia. El poder que ejerce el
objeto sobre él, es por lo tanto el poder de su propia esencia” (Feuerbach, 2006, p. 17).
Se establece así un nexo entre Dios o el espíritu y la esencia del hombre para ambos
filósofos. Para Feuerbach, Dios no es más que una esmerada proyección del deseo del bien
humano, la esencia del hombre. El sujeto, condensa todo lo mejor de él y enviste a su esencia
de un aura superior que lo trasciende, esta es la idea de divinidad. De una formamuy similar
idea del espíritu, como un ente realizado a costa de la trascendencia del individuo creador,
que es el hombre mismo. De allí la situación no se tornará en más que el incremento de esta
cuales el hombre- anheloso de encontrarse con su propia y mejorada versión, es decir, con
su esencia- les rendirá pleitesía. ¿Qué son las obras del espíritu? Nos refiere Stirner (2014):
“Las obras, los hijos del espíritu, son otros espíritus, otros fantasmas” (p. 86). Hay una
imagen difusa que se ha intentado reflejar, la imagen del hombre. Pero esta efigie reflejada
No obstante, las cuestiones alrededor del por qué se suscita este desdoblamiento en
41
parecer de Feuerbach, debido al juicio con el que el hombre aprecia su esencia. Externalizada
Ahora bien; Dios es la esencia del hombre contemplado como verdad máxima, pero Dios, o
lo que es lo mismo, la religión, es tan diferente como es diferente la manera en que el hombre,
hasta su vida, su propia vida, la concibe considerándola existencia suprema o más bien la
existencia misma; pues solo la existencia suprema le es la existencia propiamente dicha
que merece este nombre. (Feuerbach, 2006, p. 32).
naturaleza, sino la que él proyecte. Un ser creado con lo mejor de sí. Un ser que le es superior
porque es su forma más perfecta, ser del cual el hombre no se ha de reconocer aún como
autor. El hombre es el creador de sus propios fantasmas. Este se reconoce tan solo como
espíritu, y concibe únicamente al cuerpo como una morada. “Por consiguiente, lo que hay de
morada que puedes abandonar y quizá cambiar por otra” (Stirner, 2014, p. 87).
ultrapasa. Este otro espíritu supremo en perfección y universal no puede ser otro más que el
creador de nuestros espíritus particulares. Así, este otro ser no puede ser un espíritu
minúsculo, sino más bien, el universal, el “Espíritu”. De este modo, Dios trasciende del ser
El espíritu, para existir como puro espíritu, debe ser necesariamente un más allá; porque,
puesto que yo no lo soy, no puede estar sino fuera de mí, y puesto que ningún hombre realiza
íntegramente la noción de “espíritu”, el espíritu puro, el espíritu en sí, solo puede estar fuera
de los hombres, más allá del mundo humano, no terrestre, sino celeste. (Stirner, 2014, p. 89)
De esta forma, el espíritu en sí, el Espíritu es solo Dios, el más allá del hombre. Una
suerte de anhelo del yo, que bajo el discurso de Feuerbach se presenta como la esencia
42
revelada. Sin embargo, para Feuerbach el hombre debería reconocer su propia esencia, no a
la manera de un Dios cristiano de mística lejanía, sino afirmado como un concepto dotado
de humanidad, esta esencia estaría representada en forma de un “amor universal”. “El amor
de la unidad de la especie por vía de los sentimientos” (Feuerbach, 2006, p. 291). Pero en
términos de Stirner, este culto al amor universal y al hombre poseería el mismo grado de
error que el culto al dios cristiano. El hombre – claramente entendido desde una perspectiva
hasta acabar con el más mínimo rasgo de su individualidad. “Si Feuerbach destruye su
morada celestial, y lo obliga a venir a instalarse en nosotros con todas sus pertenencias, nos
p. 91).
cimientos en fantasmas. El espíritu santo del nuevo testamento manifestado por San Pablo,
parecería ser un claro ejemplo de fantasmagoría para nuestro filósofo. “Ustedes ya no están
en la carne, sino que viven en el espíritu, pues el espíritu de Dios vive en ustedes” (Romanos
8; 9). Y esta condición moderna de seres dominados por fantasmas, que tantoen San Pablo
categoría, los poseídos (Die Besessenen). Cuando Stirner se refiere a una posesión hace
alusión al estado de dominación del espíritu sobre el hombre real; esta dominación, entendida
monstruoso espíritu que es el “Hombre”. “¡Sí, todo en este mundo está encantado! ¿Qué
digo? Este mismo mundo está encantado, máscara engañosa, es la forma errante de un
espíritu es un dictador del cuerpo, tan solo vela por su solidificar cada vez más su existencia.
Y este ha llegado al límite de obligar al hombre a vivir para preservar su sombrío ser. En la
“Epístola a los Corintios” se manifiesta: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu
de Dios habita entre ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. El
templo de Dios es sagrado, y ese templo son ustedes” (Corintios 3; 16, 17).
hombres anhelan la igualdad y el bien común. La Asamblea General francesa ensalzó a ese
fantasma llamado “Hombre”, ahora solo él resulta ser el soberano. ¿Cómo podría
interpretarse eso, sino a la manera de una maquinaria del egoísmo suscitada por los hombres?
Los hombres son egoístas, más aún no se han percatado de ello, ya que ponen sus empeños
en crear un ser de egoísmo que legisle al mundo entero. Allí radica su predilección a lo
sagrado.
El hombre moderno no es más que un egoísta oculto, que, tratando de ser esclavo de
44
su egoísmo, exteriorizándolo en una forma digna de adorar, imponiendo su visión como plena
de amor universal. Pero estos hombres son unos egoístas, anteponiendo todas las posibles
Pero este hecho de que eres superior a ti, de que no eres solo una criatura, sino al
mismo tiempo tu creador, se te escapa en tu calidad de egoísta involuntario, y por eso el “ser
más. Él lo es todo, y su dios es un nuevo ser, mucho más perfecto que el antiguo ser supremo,
ya que esta vez el dios no proyecta una forma de cuerpo a imagen del hombre, sino este dios
es solo una idea, una razón de hombre. Y a su vez no carece de corporeidad ya que está en
todos los hombres, en todos los ilustrados, es un ser popular y compacto. El nuevo Dios
ilustrado está hecho a la medida de los afanes del nuevo hombre, que, en desprecio a la idea
del dios bíblico, ha buscado desesperadamente nociones más abstractas. El beneficio del
Solo que este nuevo ser supremo revela una concepción mucho más espiritualizada que la
del antiguo Dios; este último podía ser representado bajo una forma corporal, se podía
imaginarle con cierta figura, en tanto que el Hombre, por el contrario, permanece puramente
espiritual y no puede prestársele ninguna envoltura material particular. (Stirner, 2014, p. 96)
hombres (Stirner, 2014). Los adoradores de la razón serán entonces los nuevos poseídos, de
un espíritu, a saber, disfrazado de reflexión. Ellos claman estar en defensa del amor
universal, del amor incondicionado, fundado en su necesidad más alta. Feuerbach intenta
El amor hacia el hombre no debe ser derivado; debe convertirse en un amor original. Solo
45
entonces el amor es un poder verdadero, santo y confiable. Si la esencia del hombre es el ser
supremo del hombre, debe ser prácticamente la ley suprema y primera del hombre, el amor
del hombre al hombre. Homo homini Deus est (Feuerbach, 2006, p. 296).
humana. Este ser creado por el hombre lo ha pervertido. Ya que este no tiene su esencia en
dictadura del Hombre en favor de sus intereses egoístas impone una clara servidumbre,
su individualidad. Sea el culto que sea, los hombres siempre tienden a un ser supremo. Y este
culto revela, sin más, el profundo anhelo de espiritualidad en la cultura;pasando desde el más
Ya sea vuestro Ser Supremo el Dios único en tres personas, el Dios de Lutero, el Étre
supréme del deísta, o “el Hombre”, todo es uno para el que niega al Ser supremo mismo.
Vosotros, los que servís a un Ser supremo, cualquiera que sea, sois gente piadosa, desde el
ateo más frenético hasta el más ferviente cristiano (Stirner, 2014, p. 96).
Todos los hombres han de inclinarse ante el amo, este ser espiritual que impone su
jerarquía, tomando en cuenta sus manifiestas prioridades. Mackay menciona: “La jerarquía
ser que impone sus condiciones es considerado, como todos los seres fabulados por el
2.1.6. El fantasma
seres incorpóreos y errantes que tiene como característica una condición sufriente y el perturbar
46
al mundo de los vivos. Los fantasmas vagan por el mundo de los hombres, peroese ya no es su
mundo. No deberían tener intromisión en él; sin embargo, algunas veces, lo consiguen.
Bremmer (2002), en referencia a este tópico, estudia el concepto de alma en la antigua Grecia,
donde además del atributo de “Psique”, que es el alma libre, y “Thymos”, que es el alma
corporal, destaca la naturaleza del “Eidolón”, vinculado con el alma de los muertos. El Eidolón
presentaba la apariencia del cuerpo en vida, pero en su aspecto de sombra, siendo esta una
figura sufriente.
“Ensayo sobre la visión de espectros y lo que se relaciona con ella”, aborda la temática de la
claramente, no es este; sin embargo, la cultura no deja de anhelarlos, haciéndolos formar parte
de su tradición y acontecer.
Por otro lado, Stirner advierte que, en el Cristianismo, el afán de torcer la naturaleza e
invocar a los espíritus se torna omnipresente. Este clama por los espíritus, por el gran espíritu.
ha desaparecido al hombre. Ha hecho del hombre un “fantasma” (Der Spuk). “El fantasma ha
tomado un cuerpo, el Dios se ha hecho Hombre, pero el Hombre es ahora él mismo el aterrador
fantasma tras del cual se esfuerza en penetrar, y que procura exorcizar, comprender y expresar;
no parece tener ningún tipo de reparo en sacrificar al cuerpo en pos de la nueva deidad
Historia, el filósofo de Königsberg atiende a una premisa del pueblo ilustrado en lo tocante a
esta idealidad de sus afanes: “La ilustración del pueblo consiste en la enseñanza pública
referida a los deberes y derechos tocantes al Estado que pertenece” (Kant, 2004, p. 61). El
Estado moderno, al igual que el antiguo posee derechos y obligaciones; sin embargo, aquel es
dirigido mediante la razón, tomado como una unificación civil en la búsqueda del bienestar
del hombre en la historia. Desde un presumible plano racional, Kant sintetiza este ideario en
el noveno principio de Idea de una historia universal desde un punto de vista cosmopolita:
“El intento filosófico de elaborar la historia universal del mundo según un plan de la
como posible y ventajosa para dicha intención natural” (Kant, 2004, p. 30).
proyecta todos los deseos de aquel hombre subyugado por la antigua teología. El dominio del
espíritu estará consagrado al culto del hombre Ilustrado, el Hombre que es un Dios para el
hombre. Esta divinización, para el filósofo de Bayreuth, no sería más que la constatación de
un sortilegio, la pérdida de la constitución humana por el arrebato hacia el espíritu. “El hombre
no es solo un fantasma; todo está hechizado. El ser superior, el espíritu que se agita en todas
las cosas, no está ligado a nada y no hace más que “aparecer” en las cosas. ¡Fantasmas en todos
condición del ser humano, no será para Stirner más que producto de un progresivo
alucinación. “¡Hombre, tu cerebro está desquiciado! En tus ensueños forjas todo un mundo
48
divino, un reino de los espíritus que te aguarda, un ideal que te invita. ¡Tiene una idea fija!”
Pero, ¿qué entiende Stirner por idea fija? El concepto parece vincularse con una
especie de cuadro psicótico, una suerte de delirio en atribuir existencia a seres imaginarios, el
de tal modo a la cultura que no hace más que plantearse proyectos bajo un cimiento de
sombras, ninguno de esos afanes modernos posee objetividad para Stirner, ninguno posee
existencia real. El hombre ilustrado parece tener la idea fija de un fantasma, pero en realidad,
aquello no existe, todo es producto de su delirio, no está más que en su consciencia: “¿A qué
se llama, en efecto, una “idea fija”? A una idea a la que el hombre está esclavizado. Cuando
reconocéis la insania de tal idea, encerráis a su esclavo en una casa de locos” (Stirner, 2014 p.
101).
Esta idea como fuente de sometimiento al cual todo desemboca, y bajo lo cual todo
filósofo alemán recurre al espíritu como eje central de todo su pensamiento, creado como un
su ser, con el afán de llegar a la conciencia total de la realidad. Aquella trascendencia, aquel
más allá, para Stirner, en que el yo hegeliano se reconoce como una conciencia y no como un
49
cuerpo inmanente a su propia peculiaridad, no puede ser otra cosa que el resultado de una
individualidad de la carne ha sido superada. Con respecto a lo anterior, Santa – Olalla (1996)
considera en el discurso hegeliano una devaluación moral del individuo que devendría en la
respuesta del pensamiento de Stirner (p. 27). Se determina en la modernidad una fascinación
por lo trascendente, un notorio entusiasmo por aquello que el hombre ha reconocido como su
verdadera esencia. El hombre yace dominado por el espíritu, es víctima de una posesión. Los
poseídos, dominados por una idea fija, actúan en su delirio, al servicio del mundo moderno.
Jugar al juego de poder del Otro, al juego de categorías, que acaban mostrando su
incoherencia a través de la propia existencia de los hombres, es comprar apariencia por
realidad y penetrar en el mundo de los espectros, lugar donde el espíritu se hace carne sin
dignificarla más allá de sus propósitos. (Gutiérrez, 2008. p. 150).
Los hombres tan solo atinarán a propagar su fanatismo por todas partes. Su obsesión
proteger su espinazo contra su maldad; porque esos locos de grandes alas tienen, además, esa
semejanza con la gente declarada loca en debida forma, que se arroja rencorosamentesobre
cualquiera que toque su marota. Os roban primero las armas, os roban la libertad de la palabra,
50
luego se arrojan sobre vosotros. Cada día muestra mejor la cobardía y rabia de esos maniáticos,
y el pueblo imbécil les prodiga aplausos. Basta leer los periódicos y oír hablar a los filisteos
para adquirir bien pronto la convicción de que está uno encerrado con locos en una casa de
salud. “¡No, no creerás que tu hermano está loco sino también que… etc.!” Este argumento es
necio, y repito: mis hermanos son locos perdidos (Stirner, 2014, p. 101).
filisteísmo cultural como el destructor del verdadero espíritu alemán y el fundador de una
religión negadora de la verdadera voluntad. “El filisteo como fundador de una religión del
porvenir, ésta es la nueva fe en su forma más incisiva. El filisteo hecho fanático, he aquí el
insólito fenómeno que distingue a la Alemania de hoy” (Nietzsche, 1932, p. 19). Es este el
fanatismo del hombre moderno al plegarse a los diversos ideales en favor del Espíritu. La
un nuevo culto, el encomio espiritual. El individuo yace atado, lo único libre es el Espíritu:
“¿Pero el espíritu también está enlazado? Al contrario, el espíritu es libre: es el único dueño,
Esta cita puede remitirnos con claridad a las posturas hegelianas con respecto al
espíritu. Hegel (1971) expresa lo siguiente: “El espíritu solo conquista su verdad cuando es
expresadas tanto en las filosofías de Feuerbach o Hegel, son para Stirner la confirmación del
olvido de la forma más pura y esencial del ser humano, su ser individual. Los modernos
51
Hombre o entidad espiritual que los represente en aras de lo que ellos han considerado noble.
sagrado” (Stirner, 2014, p. 116). La necesidad de cambio de perspectiva para Stirner marcará
por medio de la carne, el espíritu no es más que un anhelo, es solo un deseo del Yo más
individual. Stirner (2014) es contundente: “No puedo, sin embargo, sino por la carne, sacudir
la tiranía del espíritu, porque solo cuando un hombre comprende también su carne se
destruir el empoderamiento al que ha llegado el “Espíritu” sobre sí. El sueño del “Espíritu”
es poderoso en la carne; el individuo de Stirner, ajeno de toda sagrada imposición que no sea
desde el anterior reconocimiento puede establecerse la lucha contra estas apariciones. Así,
amenaza sin corporeidad, que son capaces de enajenar al hombre porque este mundo se ha
2.1.7. La jerarquía
superioridad del Yo por sobre lo que este ha creado. Armand, pensador y activista
autonomía despojada. El hombre más inmediato, este individuo, debe dar cuenta de que el
mundo es no es más que una extensión suya, su propiedad. Cambiando la posesión de la que
era víctima por influjo del espíritu, comienza a reconocer a este como una de sus posesiones.
“Al porvenir le están reservadas estas palabras: “Yo soy poseedor del mundo de los objetos
y soy poseedor también del mundo de los pensamientos” (Stirner, 2014, p. 125). El yo es el
verdadero poseedor del espíritu, los fantasmas no son más que sus propios sueños
monstruosos. Sin embargo, estos habitan aún la realidad, debido a la facilidad que les otorga
el reino del pensamiento para poder sobrevivir en su morada. Y no es más que la filosofía
especulativa, la gran responsable de que los espíritus arrasen el reino de los vivos:
El reino de los cielos, el reino de los Espíritus y de los fantasmas, ha encontrado el lugar que
le convenía en la filosofía especulativa. Se ha convertido en el reino de los pensamientos, de
los conceptos y de las ideas; el cielo está poblado de ideas y de pensamientos y ese “reino de
los espíritus” es la realidad misma (Stirner, 2014, p. 128).
modernos, no será otra cosa más que el conjunto de devaneos del “Espíritu” por otorgar una
realidad más digna al ser humano; pero en este enmarañado proceder, el rango más sustancial
del hombre, el yo, ha perdido su propia dignidad. El hombre tan solo puede tornarse real
A este punto el hombre ha dado cuenta de su temor, venera a aquel ser que cree que
está en él, pero no es más que un resplandor de su propia condición. El hombre venera a su
53
fantasma, venera al “Espíritu”. “El objeto de mi temor y yo, somos uno; “no soy yo el que
vivo, sino lo que yo respeto vive en mí” (Stirner, 2014, p. 131). Esta intuición o creencia en
todas las religiones, no tan solo en la espiritualidad moderna señalada por Stirner. Otto,
considerado uno de los más eminentes teólogos del siglo XX, en su obra Lo Santo expresa esta
sagrado.
servir a un algo que me trasciende, no serían más que expresiones de una religiosidad que, dicho
Eran considerados como «señales» todos los aspectos y circunstancias de que hemos
visto que todas estas circunstancias no son «señales» en estricto sentido, sino coyunturas y
2005, p. 183).
En suma, esta alusión de una visión sagrada en la que se sume el hombre moderno es
una pura nada. No hay más que un afán por aferrarse a lo fantasmagórico, a aquel ser que es
es la dominación del pensamiento, la realeza del espíritu” (Stirner, 2014, p. 132). Y este
teórica definitiva en la filosofía hegeliana. Para Stirner, Hegel es considerado tal vez el
Por Hegel ha sido sacada a la luz la ardiente inspiración del hombre más culto, más
intelectual, hacia los objetos, y su horror por toda “teoría vana”. Así la realidad, el mundo de
los objetos debe corresponder completamente al pensamiento, y ningún concepto debe ser sin
realidad. (Stirner, 2014, p.80).
diferencia más perspicua entre los seres. El ser que vive y sufre es único y, lo inmanente
a él, solo suyo. Hegel ha dado luces al Espíritu; sin embargo, para Stirner este “no soy yo”,
es una idea. El sistema hegeliano es la apoteosis del pensamiento (Stirner, 2014). El Espíritu
“El que medita en el Hombre pierde de vista a las personas a medida que se extiende su
meditación; nada en pleno interés sagrado, ideal. El Hombre no es una persona, sino un ideal,
un fantasma” (Stirner, 2014, p. 137). Bajo este sedimento de interés por lo sagrado, lo
toma en cuenta para tal proeza, el camino de la conciencia hacia lo absoluto; la ciencia de la
absoluto ser otro, este éter en cuanto tal, es el fundamento y base de la ciencia o el saber en
general” (p. 19). La anulación del individuo es el anhelo del Espíritu. Por ello la intención
55
del ser singular, de ser único y exterminar a lo sagrado. Mucho de la intención de la filosofía
universal que engulla a su ser, sino a lo más inmediato de este, su “yo”. El “único” reclama
¡Valor pues, paria, puesto que es tiempo aún! ¡Cesa de errar, clamando hambre, a través de
los campos segados de lo profano, arriésgalo todo y arrójate forzando las puertas en el corazón
mismo del santuario! ¡Si consumes lo sagrado, lo habrás hecho tuyo! ¡Digiere la hostia, y
queda libre! (Stirner, 2014, p.158).
Este alegato de Stirner en favor del verdadero hombre, describe la animadversión del
filósofo contra la represión instituida por lo sagrado, al ser el Estado no más que la
equivalente de Dios para los antiguos. Y es también la constatación de este segundo momento
Habiendo transitado por las dos anteriores fases del pensamiento humano para
Stirner, a saber, el estadio de los “antiguos” y el de los “modernos”, se llega a una tercera
fase, la de los “Libres”. Sin embargo, es de notar un mero formalismo en esta división, ya
que no existiría, en palabras del autor, una gran diferencia entre estos últimos y los modernos.
Los “libres” (Die Freien) son únicamente la ultimación de los “modernos”, su máximo y
último grado. “Los libertados no son más que “modernos”, los más modernos entre los
presente, y el presente merece, ante todo, fijar nuestra atención” (Stirner,2014, p.158). Y
sobre la base del liberalismo, se expondrán las específicas categorías dedicadas a relatar su
56
liberalismo de corte humanitario. Cabe notar que el concepto de los “libres”, como los
anteriores términos analizados por Stirner, será expuesto de forma irónica al notar su patente
contradicción. Parecería que el filósofo alemán bien pudiera expresarse de la misma forma
que Rousseau, cuando este afirma: “El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas
partes se encuentra encadenado. Tal cual se cree el amo de los demás, cuando, en verdad, no
la idea de que un universal como el Hombre estructure la política desde una óptica
secularizada, y otorgue su particular visión de libertad - que para él es ilimitada- a todos los
pequeños hombres. Así, la necesidad de una asociación entre los ciudadanos es clara. El
hombre pequeño otorga sus dotes al gran Hombre; y es este ser avasallador el que, poseyendo
sujetos en el estado.
nación como un proyecto de unidad, a diferencia del solipsismo representado por el pequeño
condición que en el mundo, es este el ejemplo más acerado de egoísmo; por lo tanto, la
57
individualidad debe ser erradicada. Los hombres, de este modo, deben ser despojados de
personal concepto de libertad. “El Estado, que es el verdadero Hombre, os hará sitio en la
mesa común, y os conferirá los “derechos del Hombre”, los derechos que el Hombre solo da
condiciones al Tercer estado, desplazando a la nobleza y al clero como único eje de las
comprobar que gracias a ella los intereses particulares de las clases altas se vieron
Para este fin, el Estado será la principal intención de todos los esfuerzos colectivos,
de allí su culto y el honor que se le tributa en esta época moderna. El entusiasmo del hombre
por el Estado se identificará claramente con la nueva dinámica moderna, relacionada al culto
El Estado es un ente que en su abstracción pugna por su supervivencia. Al final, aquí cobra
sentido la parábola que la tradición judía ha preparado acerca de ese autómata llamado
Gólem. Para ello, nótese que según Stirner se necesita de la ‘abulia’ de aquellos sobre los que
impera, abulia que no es sino falta de voluntad, de decisión, es decir, una enfermedad
58
(p.148).
un súbdito del Estado, donde este último no es más que la encarnación del Espíritu (Hegel,
1971). Es así que el Estado representará la divinidad a la que corresponderán todos los
esfuerzos por su perfecta consonancia. “Servir al Estado o a la Nación fue el ideal supremo,
el interés público, el supremo interés y representar un papel en el Estado (lo que no implicaba
Esta servidumbre hacia el nuevo espíritu (el Estado), para Stirner, encuentra su razón
del nuevo “Hombre”. De este modo, la libertad de los revolucionarios se había gestado. La
cita que toma Stirner de Jean Sylvain Bailly, primer político que presidió la Asamblea
Los que no habían sido hasta entonces más que súbditos se despertaron propietarios; es lo
que Bailly expresa en pocas palabras: “No podéis, sin mi consentimiento, disponer de mi
propiedad: ¡y dispondrías de mi persona, de todo lo que constituye mi posición moral y
social! Todo eso es mi propiedad, con el mismo título que el campo que cultivo: es mi
derecho, es mi interés hacer yo mismo las leyes…”. Las palabras de Bailly parece que quieren
decir que cada uno es un propietario; pero, en realidad, en lugar del gobierno, en lugar de los
príncipes, el poseedor y el dueño fue la Nación. A partir de aquel momento, el ideal es la
“libertad popular, un pueblo libre”, etc. (Stirner, 2014, p.161).
gobierno opresor, podría quedar justificada la noción del pueblo laico como fuente de todo
derecho. La nación es donde recae el peso del poder político. La nación puede ejercer la
¡Digno pueblo! ¡Fuente de todo derecho y de todo poder!”. Sea dicho de paso, se entrevé
aquí el contenido del “derecho” es la fuerza. “La razón del más fuerte…” (Stirner, 2014,
p.161 -162).
El sistema de gobierno ideal para cumplir los deseos del “Espíritu”, es decir, el
la burguesía ha sabido concertar un discurso donde las mayorías formen la legalidad y los
ciudadanos puedan ser revalorados en su función más significativa, ella es el Dios- Estado.
Y para afirmar esto, su manera de recompensar a los merecedores del sistema es más que
eficiente. “La burguesía es la nobleza del mérito: “Al mérito, su corona” es su divisa”
Esta suerte de merecimiento propio del buen burgués en el sistema liberal, adorador
60
del Estado, de sus doctrinas e instituciones (aquel ciudadano que ensalza al “Hombre” y a la
(2007) contempla que “para Stirner, la característica del mundo burgués es el poseer una
ocupación seria, una profesión honorable, moralidad, en una palabra, lo que constituye un
derecho de domicilio en la vida” (p.152). En ese sentido, tanto miembros de las logias, como
este vínculo de pleitesía a las disposiciones burguesas (Armand, 2007, p.152), en las cuales
hombre moderno ha creado un concepto general de libertad para hacerse esclavo de este. El
moderno, diciendo que como ser universal es libre, desconoce que está poseso por el fantasma
desconoce.
¡El servidor obediente, ese es el hombre libre! ¡Y he ahí un fuerte absurdo! Sin embargo, tal
es el sentimiento íntimo de la burguesía; su poeta, Goethe, como su filósofo, Hegel, han
celebrado la dependencia del sujeto frente al objeto, la sumisión al mundo objetivo, etc. El
que se inclina ante los acontecimientos y se descubre ante el hecho cumplido, posee la
verdadera libertad (Stirner, 2014, p.165).
De este modo, el burgués ha sabido servir muy bien a su dios. El estado defendido
por Hegel y Goethe niega todo tipo de individualidades para la consumación de una
universalidad necesaria que ampare su particular espectro de la libertad. Por ende, la libertad
a verse atado. Ya lo decía de algún modo, aludiendo a su propia vocación, el propio Goethe
cuando se refería a la sujeción del Estado y la pérdida que esto simbolizaba para el individuo.
Toda actividad individual que implique una expresión artística nos recuerda a la
singularidad del individuo, singularidad que en el hombre burgués es una nada, ya que el
liberalismo es sectario de la razón. El poder del Estado se manifiesta como la base absoluta
estará sujeto a un programa en el que la diosa de la Ilustración, la razón, faculte todas las
capacidades del nuevo “Hombre”. El liberalismo político ha resultado ser para Stirner una
nueva forma de interpretar la Reforma religiosa del S.XVI, donde el moderno es el poseedor
Pero como ya se ha expresado con anterioridad, esta libertad no es más que una
sujeción del individuo a las leyes del Estado, donde la represión de la singularidad se torna
constante. “No se trata aquí de mi libertad, sino de la libertad de una fuerza que me gobierna
y oprime; Estado, religión o conciencia son mis tiranos, y su libertad hace mi esclavitud”
las leyes ya no como creaciones del poder político, sino como idealizados consensos
universales.
De conformidad con esta idea, es manifiesto que no hay que preguntar a quién corresponde
hacer las leyes, puesto que son actos de la voluntad general, ni si el príncipe está sobre las
leyes, puesto que es miembro del Estado, ni si la ley puede ser injusta, puesto que no hay
nada injusto con respecto a sí mismo, ni cómo se está libre y sometido a las leyes, puesto que
no son éstas sino manifestaciones externas de nuestras voluntades. (Rousseau, 2007, p.67).
La potencial fuerza del individuo, el ímpetu o esencia que lo convierte solo en él,
hay ya en el Estado más que gente libre, oprimida por mil violencias (respetos, convicciones,
etcéteras). Pero ¿qué importa? El que las aplasta se llama el Estado, la Ley, y nunca “tal” o
pertenece al Espíritu.
No hay, pues, más que un solo señor: la autoridad del Estado; ninguno es personalmente el
señor de otro. Desde su nacimiento, el niño pertenece al Estado; sus padres no son más que
los representantes de este último y es él, por ejemplo, el que no tolera el infanticidio, el que
se ocupa de los cuidados del bautismo, etc. (Stirner, 2014, pp.170 -171).
Esta absoluta soberanía del Estado a la que se refiere Stirner en su crítica, que, si bien
parece recordar al totalitarismo político que defendía Platón, está situado más allá de un
intento de cuestionar un sistema político; Stirner no está censurando tan solo a una visión
política, está denunciando que todos los sistemas políticos modernos están basados en un solo
concepto, la prevalencia del “Espíritu”. Sin embargo, el liberalismo político, epítome del
capitalismo, es tal vez el sistema que más ha reflejado la esencia del espíritu moderno. La
63
libertad instaurada por la ideología ha devenido así en libre competencia. “A los paternales
ojos del Estado, todos sus hijos son iguales (igualdad civil o política), y libre de discurrir los
medios de triunfar sobre los demás; no tienen más que competir” (Stirner, 2014, p.171).
La misión del Estado, partiendo de esta forma, será la de resguardar este conflicto de
intereses desde una inefable posición. Todos los hijos del Estado guarecen bajo su idea, y
han de combatir acorde a sus reglas. Adam Smith en su célebre Una investigación sobre la
El comercio y la industria rara vez florecen durante mucho tiempo en un estado que no
disfruta de una administración regular de justicia, donde el pueblo no se siente seguro en la
posesión de sus propiedades, donde el pueblo no se siente seguro en la posesión de sus
propiedades, donde el cumplimiento de los contratos no está amparado por la ley, y donde la
autoridad del estado no se ocupa regularmente de obligar a que paguen sus deudas todos
aquellos que puedan pagarlas. En suma, el comercio y la industria no pueden progresar en
ningún estado donde no haya un cierto grado de confianza en la justicia (Smith, 1996, p.
781).
la sectorización del trabajo, la libre competencia y comercio del mercado. Sin el liberalismo
Una sociedad bien llevada por este liberalismo político posibilita su éxito bajo esta
hombre moderno será entendido como el verdadero hombre. No interesa más el individuo,
las cuestiones particulares quedarán anuladas de una visión general que hace sentir y decir
idea moral. La modernidad solicita, así, a individuos cabales; los requerimientos de la sociedad
burguesa están sujetos a los hombres productivos del Estado. Todo aquel sujeto que
transgreda esta visión moral será exonerado del círculo de su protección y tomado como un
plenamente sus normas. Todo vagabundo o ser contrario a sus disposiciones debe ser
considerado un enemigo, un ser ineficaz. Sin embargo, en este vagar o inoperancia que el
holgazanes, se advierte también del peligro latente de aquellos individuos ajenos a las
individualismo. Estos son los intelectuales; es decir, los vagabundos del espíritu:
65
Se podría reunir bajo el nombre de “vagabundos” a todos los que el burgués tiene por
sospechosos, hostiles y peligrosos. Toda vagancia desagrada, por otra parte, al burgués, y
existen también vagabundos del espíritu que, ahogándose bajo el techo que abriga a sus
padres, se van a buscar lejos más aire y más espacio. En lugar de permanecer en el rincón del
hogar familiar removiendo las cenizas de una opinión moderna, en lugar de tener por
verdades indiscutibles lo que ha consolado y apaciguado a tantas generaciones anteriores a
ellos, saltan la barrera que cierra el campo paterno y se van, por los caminos audaces de la
crítica, a donde los lleva su invencible curiosidad. Esos extravagantes vagabundos entran
ellos también en la clase de la gente inquieta, inestable y sin reposo, como lo son los
proletarios, y cuando dejan sospechar su falta de domicilio moral se les llama “enredadores”,
“cabezas calientes” y “exaltadores” (Stirner, 2014, pp.174 -175).
desafueros del Estado; esta vez lo serán más aún del régimen burgués, que, utilizando el
burguesía intenta perpetuar su heredad a través del capital. Este saber se nos presenta como
nefasto:
“El dinero rige el mundo”, es la tónica de la época burguesa. Un gentilhombre sin un sueldo
y un trabajador sin un sueldo son, igualmente, “muertos de hambre”, sin valor político. El
valor no va sin los valores; solamente lo da el dinero, nacimiento y trabajo no pueden nada en
ello” (Stirner, 2014, p.176).
Este señorío del dinero impondrá así su particular tiranía, con apariencia de libertad,
para maniatar a las partes humildes del estado. Montesquieu (1906) se referirá a lo
anteriormente expuesto cuando evidencie que, si bien es cierto, el espíritu de comercio une
a las naciones; por otro lado, trafica con las acciones humanas y las virtudes morales de los
particulares (p.475). Stirner dará cuenta, así, de la opresión económica que ha instituido la
burguesía en su dominio sobre el indigente. Tanto las divisas del hombre como su espíritu
han sido tomados. Y entonces la nación, que son todos los hombres, pasará a ser no más que
un monigote para los filones de este gran espectro al que llamaremos Estado.
Al igual que Stirner, Karl Marx, opositor y antiguo camarada de este en Los libres
66
poseedor de su fuerza de trabajo y único agente activo para la esperada revolución, encarnada
en un colectivo, el proletariado.
Todos los movimientos habidos hasta ahora han sido movimientos de minorías o en provecho
de minorías. El movimiento proletario es el movimiento espontáneo de la inmensa mayoría.
El proletariado, la capa más baja de la sociedad actual, no puede levantarse, ni erguirse sin
hacer saltar todas las capas superpuestas que constituyen la sociedad oficial (Marx y Engels,
1948, pp. 27- 28).
partida la manera en que el individuo es ignorado. Para Marx, una revolución se ejecuta
únicamente y necesariamente por medio del pueblo. La acción conjunta del proletariado es
sería, en cierta forma, al menos para Stirner, un espectro, a la misma manera que lo es el
liberalismo; velando ambos por sus propios intereses en una batalla interminable de
espectros. El mismo Marx (1948) parecería reafirmar esto, tal vez de forma burlesca, en el
Un fantasma ronda por Europa: el fantasma del Comunismo. Todas las potencias de la vieja
Europa se han confabulado en santa jauría contra este fantasma: el Papa y el Zar, Metternich
y Guizot, los radicales franceses y los policías germanos. (Marx y Engels, 1948, p.1).
El tono de Marx, entusiasta por la liga comunista, no estaría exento de una progresiva
espiritualización. El comunismo del que habla Marx sería una idea tan “vacía” como la del
67
inmediato, ambos pensadores se remiten de forma clara a la idea general y colectiva de este
hombre. Lo específico ha sido pasado de largo, El hombre real ha sido diluido por la
fantasmagoría del hombre. En este sentido, Armand (2007) observa en Stirner el desinterés
de formar un nuevo Estado u obligar a asociaciones egoístas a los ciudadanos: “el stirnerismo
Sin embargo, tomando al margen lo planteado por Stirner, la censura del Estado
pensadores. Stirner, como anterior miembro de Los libres, poseía específicas nociones
erradicar el Estado se tornaría un requisito ineludible: “Únicamente sobre eso, sobre los
títulos, reposa la burguesía; el burgués solo es lo que es gracias a la benévola protección del
Estado. Tendría que perderlo todo si el poder del Estado llegara a desplomarse”.
también explícito:
El régimen burgués le entrega los trabajadores a los poseedores; es decir, a los que tienen
algún bien del Estado (y toda fortuna es un bien del Estado, pertenece al Estado, y no es dada
más que en feudo al individuo) y particularmente a los que tienen en sus manos el dinero, a
los capitalistas. El obrero no puede sacar de su trabajo un precio en relación con el valor que
tiene el producto de ese trabajo para el que lo consume. “El trabajo está mal pagado”. “El
beneficio más grueso va al capitalista” (Stirner, 2014, p. 177).
del liberalismo ha encadenado al hombre moderno, de allí la necesidad de acabar con él.
capitalismo de Estado. Tal vez la controversial propuesta de una asociación de egoístas sea
un ensayo de respuesta, como lo refiere en la segunda parte de su capital obra (Stirner, 2014,
p.250). Löwith (1965), en este sentido, considera a ambas filosofías – la de Marx y Stirner -
Estado en su particular dominio de miseria. “El Estado está fundado sobre la esclavitud del
trabajo. Que el trabajo sea libre, y el Estado se hunde” (Stirner, 2014, p. 178). El liberalismo
político es, entonces, no más que el capitalismo al que la filosofía de Stirner condenará como
del egoísmo instituido por el Estado, tiene su más claro rival en el socialista, aquel sujeto que
intentará abolir el mandato del Estado, por la soberanía de una generalidad, el pueblo. Las
concluye que ninguno debe poseer, lo mismo que el liberalismo político concluía que ninguno debe
mandar. Si para el uno solo el Estado mandaba, para el otro solo la Sociedad posee” (Stirner, 2014,
p.179). La sociedad es, de manera categórica para los socialistas, la única detentadora del poder
político. Y de esta manera es el proletariado quien debe tomar las riendas del Estado y acabar con la
combatir a la burguesía. Instaurarse como clase gobernante para derribar el régimen vigente de
producción es un deber imperante. La vieja sociedad burguesa debe ser abolida para consolidad, en su
oposición, una asociación que asegure el libre desenvolvimiento de sus ciudadanos (Marx y Engels,
69
1948, p.52).
egoísmo del capitalista debe ser desterrado por su visón infrahumana de la sociedad. El
del poder político debe recaer exclusivamente en la sociedad. Hasta la propiedad ha quedado
vedada para el individuo, lo único con derecho de poseer es la colectividad. En este sentido,
es menester traer a colación el pensamiento de Pierre Joseph Proudhon, uno de los primeros
específicamente, que no sea producto de su trabajo, será impugnada. No es más que un robo,
dicha propiedad es una tiranía (Proudhon, 2005). En clave de una suerte de marxismo, Stirner
personal. Que ninguno posea ya nada, que cada cual sea un indigente. Que la propiedad sea
Solo la sociedad posee, esta debe redireccionar los fines del Estado. Esta “Sociedad”
con mayúsculas es la verdadera depositaria del poder. “No se deja al individuo ni el derecho
de mandar ni el derecho de poseer: el Estado toma el uno, la sociedad toma el otro” (Stirner,
2014, p. Ibíd.). El socialismo, en suma, defiende los intereses del colectivo, la libertad del
pueblo contra el individuo capitalista. Es, en suma, un liberalismo social donde la fuerza
El trabajo hace, sin embargo, nuestro único valor; el trabajador es en nosotros lo mejor y si
tenemos una significación en el mundo es como trabajadores. Sea pues según nuestro trabajo
como se nos aprecie, y sea nuestro trabajo lo que se evalúe (Stirner, 2014, p,181).
Feuerbach, una idea, una colectividad que se impone a su visión más inmediata. Porque el
hombre: Marx parece dar luces a un fantasma. Sin embargo, esta gigantesca fabulación
alcanza un valor considerable en los anhelos populares cuando entre sus directivas se
encuentre acabar con el temerario azar que arrastra la vida burguesa producto de la intensa
competencia:
La competencia, tema único a cuyo alrededor se desarrollan todas las variaciones de la vida
civil y política, ha venido a ser una pura lotería, desde la especulación en la bolsa hasta la
caza de los clientes, de los puestos, del trabajo, del ascenso y de las condecoraciones, y hasta
del miserable negocio de los usureros judíos. Si se consigue batir y suplantar a sus
competidores, “se da un buen golpe” (Stirner, 2014, p.184).
la censura del socialismo debido a su utilitaria perspectiva del individuo. Este ya no debe ser
71
más utilizado como marioneta del azar. La propuesta del comunismo implicará un beneficio
bienes, así como el “egoísmo” burgués. Mas, si bien, el principio del trabajo representaría la
alternativa comunista ante estos desmanes, a la manera de un cabal destructor del azar y la
competencia; parecería esto ser un acto de solemne incoherencia para Stirner, ya quesu
solución vendría a ser una forma de dominación tan hostil como la competencia misma: “…el
en ser expuesta es la llamada por Stirner “Liberalismo humanitario”, fase acabada del
liberalismo al cual el pensador de Bayreuth también llama Liberalismo crítico. Para ello, el
autor toma como fuentes los posicionamientos de Bruno Bauer y su negativa ante el
los intereses económicos y particulares, el filósofo llega a ser crítico al juzgar las condiciones
de vida del burgués y la explotación del trabajador. Stirner (2014) percibe el odio del liberal
72
(p.188). Esta apología del altruismo apunta a derrumbar los divisionismos religiosos y
políticos que suelen abrir una brecha en la colectividad. Puede dilucidarse claramente en esta
parte del texto las referencias a La cuestión judía de Bruno Bauer, en su intento de encontrar
una emancipación humana a la opresión del cristianismo sufrida por los judíos:
Solo como hombres pueden los judíos y los cristianos comenzar a considerarse y a tratarse
mutuamente, si abandonan la esencia particular que los separa y los obliga a la
«separación eterna», sólo así pueden reconocer la esencia general del hombre y considerarla
como su verdadera esencia (Bauer y Marx, 2009, p.21-22).
egoísta con respecto al judaísmo. La liberación del género humano ante las injusticias
perpetradas por el despotismo y la visión religiosa deben generar una suerte de consenso
universal que, por sobre los cultos, consolide al “Hombre” como lo propuesto a aspirar. El
liberalismo crítico solo pide de todos, una sola cosa, ser “Hombre”.
Además, el judío, el cristiano, el teólogo, etc., no es Hombre; cuanto más eres judío, etc., más
lejos estás de ser Hombre. Y he aquí de nuevo el postulado imperativo: ¡rechaza lejos de ti
todo, que tu crítica lo destruya! No seas ni judío ni cristiano, sé Hombre y nada más que
Hombre (Stirner, 2014, p.189).
La religión del hombre debe ser tomada como la más excelsa libertad contemplada
por cada ser, no comprendida a la manera de una libre competencia económica, ni como la
73
liberación de la fuerza de trabajo en el modo socialista; sino una forma de liberación de toda
esencia para la contemplar la posibilidad de que él pueda ser libre. Los cultos o facciones
políticas no han hecho más que acrecentar las desigualdades, negando así la humanidad del
otro.
situarlos en una contienda dominada por un creciente egoísmo. Surgida del concepto de lo
privado, la identidad se impone en la cultura a tal grado que cada vez parece particularizar
más al hombre. Aquí radica el antídoto que provee humanitarismo, enemigo de todo lo
En la sociedad humana que nos promete el humanitario, no hay evidentemente sitio para lo
que tú y yo tenemos de “particular”, y nada puede ya entrar en cuenta que lleve el sello de
“asunto privado”. Así se completa el ciclo del liberalismo, su buen principio es el Hombre y
la libertad humana, y su mal principio es el egoísta y todo lo que es privado, allí está su dios,
aquí su diablo (Stirner, 2014, p.190 -191).
El egoísmo, principal punto débil del liberalismo económico, debe ser el aspecto a
atención que el colectivo; lo privado dará paso a lo general. Tanto el Estado como la
sociedad, con sus intereses privados, se verán en la dificultad de corresponder lo impuesto por
Ni el Estado ni la sociedad satisfacen al liberal humanitario; así los niega a los dos, a reserva
de conservarlos a los dos. En realidad, la Sociedad humanitaria es a la vez Estado universal y
Sociedad universal; solo al Estado limitado es al que se reprocha hacer demasiado caso de
los intereses privados espirituales (convicciones religiosas de la gente, por ejemplo) y a la
Sociedad limitada, atender con exceso los intereses privados materiales. Los dos deben
entregar a los particulares el cuidado de los intereses privados y, convirtiéndose en Sociedad
humana, inquietarse únicamente por los intereses humanos generales (Stirner, 2014, p.191.).
razonable (McLellan, 1971, p. 141). La crítica de Stirner contra esta perspectiva no se hará
la idea de Dios al fomentar el ateísmo, no hace más que encontrar un nuevo amo en el Estado
(Stirner, 2014, p.208). Los ciudadanos, como servidores de la ley, forman parte del enorme
nuevamente encadenado al fantasma. De este modo, cada uno de los tres liberalismos
múltiples facetas, solo busca proclamar una libertad para el “Hombre”, entendido como ente
abstracto; mientras que el hombre real se mantiene aún encadenado a la servidumbre. Con
respecto a lo anterior, Löwith (1965) señala la total ausencia de inclinación social en Stirner,
ya sea por la burguesía o la clase obrera; este se considera más allá de cualquier limitación
III. MÉTODO
3.1. Tipo de investigación
3.3. Variables
interpretación de la realidad. Por ello, el uso de variables no otorgaría una funcionalidad adecuada
de algún tipo de población o muestra. Por el contrario, nuestros sujetos de evaluación son los
3.5. Instrumentos
3.6. Procedimientos
desarrollar un análisis de datos. Por otro lado, se centra específicamente en un análisis histórico
filosófico vinculado a las fuentes relacionadas con la vida y obra de Max Stirner.
76
IV. RESULTADOS
En el apartado sobre Stirner de su libro Marx y los jóvenes hegelianos, McLellan (1969)
señala la singular inversión de Stirner a la filosofía hegeliana. Lo que Hegel sitúa como
Bayreuth parece otorgarle al yo las cualidades absolutas que Hegel identifica con el espíritu.
Puede verse, así, una confrontación entre la filosofía del individuo y la filosofía del absoluto.
XIX. En Berlín, el grupo “Die Freien” apostó por la interpretación del Hegelianismoen
su variante más crítica; surgieron entonces, los llamados hegelianos de izquierda. Stirner,
Sin embargo, es preciso destacar la noción positiva de abstracción para Stirner en su texto
expresión “El querer que nace del saber” sugiere la necesidad del raciocinio para el
2013, pp.42-43). A través del lenguaje Hegeliano, Stirner asevera que: “Solo en la abstracción
está la libertad: el hombre libre es solo aquel que ha superado lo dado y ha reunido en la unidad
empuñada en su condición de arma (Stirner, 2014, p.75), debe anhelar el saber personal, ya
En tal sentido, Stirner se convierte en uno de los mayores recensores del Idealismo, y
de Hegel, el filósofo que en el espíritu objetivo manifestó la necesaria supremacía del Estado.
como dos nombres equivalentes (Stirner, 2014, p.89), pues, mientras el yo se presenta sin
ninguna mediación; es decir, es el individuo mismo, el espíritu habita en un más allá, cercano
a la idea de Dios (Stirner, 2014). Y si bien es cierto, Stirner ataca principalmente al espíritu
todo ser extraño al “yo”: el “Hombre”, Dios, Estado y la moral (Stirner, 2014, p.219). Hegel
hallarse la conexión entre lo humano y lo divino (Kroner, 1981, p.68). El espíritu para Hegel
es un ente abstracto, entendiéndose conceptualmente como mucho más profundo que los
vocablos “yo” o “conciencia” (Kroner, 1981). Y este espíritu, luego de un largo proceso de
experiencia, alcanza su más alto grado cuando se torne absoluto. Así, cuando se constata el
final del desarrollo de la conciencia surge el espíritu absoluto (Der Absoluter Geist).
El espíritu absoluto es identidad que tanto está –siendo eternamente en sí misma, como está
regresando y ha regresado a sí; es la sustancia única y universal en tanto espiritual, [es] el
juicio [que parte a la sustancia] en sí [misma] y en un saber para el cual ella es en cuanto tal.
(Hegel, 2005, p.580)
Puede entenderse, así, que el espíritu absoluto, asimilando a todos los desarrollos de
espíritu consiste en saber plenamente lo que es él, su autoconciencia (Hegel, 1971). Desde esta
de la unilateralidad de las formas (Hegel, 2005, p. 592). Así, el espíritu absoluto hegeliano ha
asumido la plena libertad y su estado de razón que se sabe a sí misma. Inclusive en el sistema
78
económico, la sociedad de los últimos siglos, donde el todo supera en preeminencia a las
impotencia del individuo ante una desmedida visión universal (Adorno, 1974, p.47).
De esta forma, el concepto de espíritu, mencionado por Stirner, se abre paso como
denominar “espíritu libre” a aquella conciencia superior. Este espíritu no puede ser libre, ya
que sigue aferrado a lo real, percibiéndose como un “espíritu del mundo”, sujeto a él (Stirner,
2014, p. 85). El espíritu, entonces, no tendrá más valía que debido a la existencia de un mundo
espirituales” (Stirrner, 2014, p. 91). Desde el ámbito de la abstracción pura, en Hegel se alude
al desarrollo de la conciencia como un vasto desarrollo espiritual que terminará por el pleno
El reino de los espíritus que de este modo se forma en el ser allí constituye una sucesión en
la que uno ocupa el lugar del otro y cada uno de ellos asume del que le precede el reino del
mundo. (Hegel, 1971, p. 473)
mismo, devenido en la más alta libertad (Hegel, 1971, p.472). El ser plenamente enajenado;
es decir, la conciencia que se sabe universal, ha llegado a gobernar plenamente como espíritu
Como se ha señalado previamente, Stirner, de forma enfática, niega esta libertad al descubrir
la necesidad del espíritu por morar en el mundo; es decir, en la mente de los poseídos basado
en diversas argucias para someter el pensamiento del hombre moderno. En este sentido, el
espejismo de la libertad parece mostrarse como un móvil adecuado para el dominio del
79
espíritu. Surgido a la manera impulso irrefrenable, la libertad se constituye como anhelo del
moderno: “¿No aspira el espíritu a la libertad?” - ¡Ay! ¡No es solo mi espíritu, es toda mi carne
la que arde sin cesar en el mismo deseo!” (Stirner, 2014, p.225). La institución de los libres,
considerable en este aspecto. En el plano de lo político, por situar un claro ejemplo, se presume
superada de los dogmas religiosos y la consecución de una sociedad libre. No obstante, para la
visión hegeliana, la soberanía del Estado sobre las libertades particulares valida en su fe en
que la libertad civil debe quedar limitada en aras del beneficio general de la nación (Kroner,
1981, p.118). Es decir, las libertades individuales deben quedar delimitadas en favor de un fin
Filosofía del derecho, Hegel expone la relación entre la libertad individual y la modernidad
bajo el amparo de las leyes: “El principio del mundo moderno es la libertad de la subjetividad,
el que todos los aspectos sustanciales que existen en la totalidad espiritual se desarrollen y
alcancen su derecho” (Hegel, 1999, p.417). En este punto, tanto Hegel como Stirner son
mundo moderno5. A través de alienación, esta conciencia intrínseca para Hegel, se abre paso
al espíritu objetivo, que es la voluntad que busca el derecho (Kroner, 1981, p.116). Desde
del individuo moderno no alcanza a configurarse como tal, al verse confiscada por las
disposiciones de las leyes. Tal es el caso, que el propio filósofo expresa los alcances del
Puesto que el espíritu solo es efectivamente real como aquello que él se sabe, y el estado, en
cuanto espíritu de un pueblo, es al mismo tiempo la ley que penetra todas sus relaciones, las
costumbres y la conciencia de sus individuos, la constitución de un pueblo determinado
depende del modo y de la cultura de su autoconciencia. En ella reside su libertad subjetiva y
en consecuencia la realidad de la constitución. (Hegel, 1999, p.418)
80
Las leyes, de esta forma, no solo han relegado a un papel muy secundario a los hombres, sino
que los han encerrado en un todo que es una conciencia universal en la que hasta la propia
libertad subjetiva se estima como condicionada. Partiendo de este análisis, Stirner tiende a
Aquella libertad no resultará ser más que una ley instituida bajo la cual todos parecen
sometidos: “La libertad es la doctrina del cristianismo: “Sois, queridos hermanos, llamados a
la libertad; arreglad, pues, vuestras palabras y vuestras acciones como debiendo ser juzgados
por la ley de la libertad” (Stirner, 2014, p.227). La libertad, como concepto clave de la
humanidad no es apreciada de una manera alentadora, sino desde una esfera que involucra la
con un ideal superior, puede alcanzar tamaños absurdos conceptuales, como calificar de libre
a un esclavo, aludiendo que este posee su libertad interior, su libertad en sí (Stirner, 2014,
p.228).
5
Sin embargo, como lo evidencia Santa- Olalla (1996) una tangible diferencia entre la subjetividad cartesiana
y la de Stirner es la preeminencia de la objetividad racional y la finalidad epistemológica del filósofo francés
(p.114)
81
las más crueles magulladuras, pero yo permanezco mi bien propio” (Stirner, 2014, p.227).
Este parece ser uno de los puntos que evidencian la postura de Newman (2011) cuando
afirma que Stirner acaba con el humanismo al introducir la radical división entre hombre e
individuo (p.4). Claramente, el carácter antitético entre uno y otro aspecto se configura en
las nociones de fantasía y realidad. El fantasma y el propio yo: “¡La libertad no existe más
stirneriano. Como parte del reino espiritual, esta es un fantasma, sin involucrar ninguna
materialidad de por medio. La fe a la cual se aferra el hombre común para creer en su verdad,
del yo, significaría la elección de adorar a otro dios que no sea el “Hombre” o la “Humanidad”
(p.75). En este sentido, Santa – Olalla (1996) refiere la distinción entre la libertad social,
Desde esta perspectiva, podría configurarse la acción del “espíritu” como tiránica en
necesario aclarar que la naturaleza del supremo espíritu, bajo cierto pensamiento filosófico,
no sería otra que la esencia más profunda del sujeto. Así lo expone Feuerbach (2006) cuando
asevera que la actividad divina no se distingue de la humana, al ser aquella su propia esencia
puesta fuera y expresada como buena (p.43). El hombre, entonces, ha creado al espíritu en
un rapto de idealismo, para luego ser configurado por su propia creación bajo la forma de un
82
de las conceptualizaciones modernas con la hegemonía del individuo, único ser enteramente
Por su parte, Newman (2011) indica que el planteamiento de Stirner pasa por el
identidades políticas esencialistas puede quizás verse como una forma de evitar las
posibilidades totalitarias que acechan nuestros sistemas políticos” (p.24). En este aspecto,
Stirner puede ser catalogado uno de los enemigos declarados más contundentes del
poseer: el Estado toma el uno, la sociedad toma el otro” (Stirner, 2014, p.180). Ambos
posición crítica se encuentra Bakunin (1977) en Dios y el estado, donde invoca a una rebelión
contra el fantasma supremo de la teología de forma análoga a Stirner. Para el anarquista ruso
tanto la Iglesia como el Estado son las dos grandes instituciones que se imponen al hombre
como Dios mismo. Toda autoridad temporal procede de una autoridad temporal o divina. La
ficción celestial de Dios, para fines de la libertad, debe ser abolida (Bakunin, 1977, p.156).
veneración a una idea general fundamentada en el derecho y conseguida por las revoluciones.
ellos figuras como la “Verdad”, la “Ley”, el “Bien”, el “Orden”, la “Patria”, etc. (Stirner,
2014, p.100). A la manera de un poder clandestino, como bien percibían Marx y Engels al
aún una formidable influencia en el mundo. Así, a decir de Löwith (1965), una de las
fantasmagórica, al haber superado la gravidez de las demás abstracciones. Dios sucumbe ante
el Hombre y tanto la sociedad como el Estado gravitan alrededor de este concepto (Stirner,
2014, p. 211).
encadena cada singularidad de los sujetos. De este modo, el problema del “Hombres” se
halla destroncado de su real naturaleza. El género homo, aludido a la faceta inmediata del ser
verdadera acepción de esta palabra- a la materia que es cada uno, en un intento de destacarlo
permanente oposición del individuo contra el “Pueblo”: “La libertad del pueblo no es
“pueblo”. Ambas resultan ser universales complejos de definir en un sentido categórico. Bajo
ciudadano de 1789 parece no ser más que un vago esbozo sin referencia exacta. En
dedicar al hombre la Constitución del Año III debido al vacío de su concepto. El pensador
sujeto real que la constitución revolucionaria ignora o pretende ignorar con su discurso
totalizador:
La constitución de 1795, de igual manera que las anteriores, está hecha para el hombre. Ahora
bien, no hay hombres en el mundo. Durante mi vida, he visto franceses, italianos, rusos, etc.;
se incluso, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: pero, en cuanto al hombre, declaro
no haberlo encontrado en mi vida; si existe, es en mi total ignorancia. (De Maistre, 1990,
p.66).
De Maistre, en su ironía, declara ignorar la existencia del hombre que predican los
revolucionarios franceses. En esta declaración puede hallarse el escepticismo del noble ante
las ideas deliberadas por la burguesía al crear sus estatutos. El hombre puede modificar su
esfera natural; sin embargo, le es imposible crearla (De Maistre, 1990, p.61). Contraviniendo
a este dicho, producto de un régimen de violencia, los hombres han buscado elaborar una
resultado de esta artificialidad antinatural. Así, consideramos para nuestros fines, que el
85
hombre en cursivas al que se refiere De Maistre posee grandes similitudes al “Hombre”- con
mayúsculas- al que evoca Stirner en su obra. Ambos son considerados artificios que no
Stirner lleva más lejos sus aspiraciones en notar la abstracción de la colectividad que las ideas
fortalecimiento del yo. El pueblo, al igual que el Hombre es un fantasma (Stirner, 2014, p.283).
intereses del individuo. La relación entre pueblo e individuo se presenta en una clara tensión
Así, pues, el Pueblo – la humanidad o la familia – ha ocupado hasta el presente, según parece,
la escena de la historia: ningún interés egoísta era tolerado en esas sociedades: solo los
intereses de una colectividad, intereses nacionales o intereses del pueblo, intereses de casta,
intereses de familia e “intereses generales de la humanidad”, podían representar allí un papel.
¿Pero quién ha llevado a su pérdida a los pueblos, cuya caída nos cuenta la historia? El egoísta
que busca su propia satisfacción. (Stirner, 2014, p284)
La función del egoísmo en la obra del filósofo de Bayreuth, al margen de tan solo
regida a expensas del yo, de allí la fórmula stirneriana: mientras más libre es el pueblo, más
Welsch (2010) contempla la lectura política del asentamiento del egoísmo a la manera
Surge inevitablemente, entonces, la lucha entre los intereses del pueblo contra los del
discurso ideológico es producto de la forma en la que se han estipulado las leyes a través de
2014, p.257). Los comunistas, por otro lado, lo invocan para reivindicar al proletariado. El
derecho, desde cualquier punto de vista, representa las necesidades del Estado y, en este
sentido, se convierte en la ley del nuevo dios, el Hombre. Mackay formula los siguientes
cuestionamientos:
Todo derecho existente es un derecho de donación. Se supone que debo honrarlo en todas las
formas en las que lo encuentre, y subordinarme a él. Pero, ¿qué es el derecho de la sociedad
para mí, el derecho “de todos”? ¿Qué me importa la igualdad de derechos, el conflicto de
derechos? ¿Cuáles son mis derechos innatos? (Mackay, 2011, p.143).
Las reflexiones del estudioso escocés dan cuenta de indagar sobre el origen del
derecho y el motivo por el cual el individuo debería someterse a este. El derecho, como tal,
para Stirner, no personifica más que los intereses del Estado por preservar su voluntad sobre
es apremiante el deseo de ser dueño de todos sus miembros (Stirner, 2014, p.267). La
“voluntad del Estado” lo impulsa a perpetuar su prevalencia sobre cualquier opositor a sus
propósitos (Stirner, 2014, p.267.). Su poder, representante de una colectividad, busca anular
87
toda disidencia.
presentes, poseídos por el hombre, para obtener algún bien futuro (p.69). Pero el filósofo
inglés avista el grado mayor del poder cuando el simple hombre dé paso a su colectivo en la
escala de jerarquía: El mayor de los poderes humanos es el que se integra con los poderes de
varios hombres, unidos por el consentimiento en una persona natural o civil, tal es el poder
de un Estado (Hobbes, 2005). De esta forma, el poder de los poderes, el Estado, se instaura
momento de utilizar la ley para beneficiar a su “yo” y al gobierno que lo precede ha rebasado
los límites del pacto social. Mediante las sutilezas del derecho, creación suya, intentará
comunistas buscan hacer prevalecer los beneficios de ese gran “espíritu colectivo” sobre los
del individuo.
inmediata, los poseídos sirven al “Espíritu”. La supuesta libertad de la que se forman los
estados modernos secularizados, en muchos sentidos, no está menos regularizada que las
El soberano no está obligado a obedecer las leyes civiles, pues éstas sólo son sus órdenes y él
88
puede liberarse de ellas a su gusto. Nadie puede alegar derechos de propiedad contra él,
porque toda propiedad proviene de las leyes, es decir, de su voluntad. (p.388)
Stirner ironiza ante esta posición al sugerir que: “Los republicanos, en su amplia libertad,
¿no son esclavos de la ley?” (Stirner, 2014, p.226). Desde la visión histórica de Foucault (2002),
relacionada a su análisis del siglo XVIII, el poder ejercido por el soberano, hace uso del derecho
para sancionar tanto a criminales como a quien sobrepasa la barrera de lo público. El derecho se
torna en un recurso de venganza del Estado (p.53). Esta represalia, a pesar del anacronismo del
régimen monárquico, parece seguir concertándose en los gobiernos de las repúblicas del siglo
XIX hasta llegar a nuestros tiempos. Para Foucault (2002), los establecimientos carcelarios no
son más los espacios donde se opera el castigo de los desertores de las leyes del Estado:
estatal. El espíritu objetivo, que Hegel relacionaba con el Derecho y el Estado sobre la
singular, a través de su propio poder, es el único que puede enfrentarse al imperio del
Derecho, creado para aprisionarlo, con el fin de dar cuenta de su más firme convicción que
Lo que yo llamaba “mi derecho” no es, en modo alguno, un “derecho”, porque un derecho no
puede ser conferido más que por un espíritu, ya sea este espíritu el de la Naturaleza, el de la
Especie, el de la Humanidad o el de Dios, el de Su Santidad, el de Su Eminencia, etc. Lo que
yo posea independientemente de la sanción del espíritu, lo poseo sin derecho, lo poseo
únicamente por mi poder (Stirner, 2014, p. 282).
diversos lugares, cuando en el fondo la respuesta yacía en el individuo (Stirner, 2014, p.320).
humanidad (con minúsculas). El espectro de la “Humanidad” precisa ser depuesto por este
L´individualisme anarchisme. Max Stirner, Basch (1904) contempla la influencia del culto
influencia de Rousseau, Goethe o Emerson sedimentaron el ideario del culto del genio en
necesario traer a colación como ejemplos ilustrativos la figura de dos filósofos que, al igual
que Stirner, son considerados notabilísimos vindicadores del individuo sobre la colectividad
en el siglo XIX, además de guardar muchas similitudes con las posturas de nuestro pensador.
En los siguientes apartados nos dedicaremos a revisar de forma sumaria la visión del
individuo para Soren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche en relación con Stirner, cuestión que
Kierkegaard ha sido divisada por autores como Karl Löwith, Martin Buber o R.W. Paterson
(Calasso 2014, p.40-41). Löwith contempla a la teoría del individuo de Stirner compatible
igual que Stirner, adquiere una posición existencialista, negadora del racionalismo. Jolivet
(1950) parafrasea a Verneaux cuando menciona que en Kierkegaard la filosofía del “Único”
y del “Individuo” (en la versión en español ambos vocablos están escritos en mayúsculas) se
existencia estaba situado más allá de cualquier especulación racional pura. Siguiendo la
postura de Chestov (1965), si bien es cierto que Kierkegaard ha dado a su filosofía el nombre
que, evita en general las últimas definiciones. (p.34). La existencia alcanza a percibirse,
Tomando de entrada a la figura del individuo, las obras de Kierkegaard, al igual que
institucional, la burguesía o los sistemas racionalistas son esferas contra las que combatirá a
problemática sea la peculiar figura de Abraham y la intención del sacrificio de Isaac en Morija
por orden divina. La comprensión del accionar de Abraham mediante los límites de la
sino de una forma espantosa. Sin embargo, Kierkegaard está totalmente alejado de percibir
92
tomó para la publicación de este libro- el individuo es el ser que suele encontrar su tarea
general, peca; e ingresa en una crisis de la cual solo podrá salir abandonándose a la
del patriarca judío: “Abraham es a la vez el más desdichado y criminal de los hombres: pierde
pero él continúa ciegamente con su religioso designio; surge, de este modo, la paradoja: o el
individuo está capacitado para alcanzar una relación absoluta con Dios, y la ética no es la
aspiración superior; o Abraham está perdido (Kierkegaard, 1947, p.64). Aquel último estadio
no es otro que la fe, pues, el individuo alcanza a superar que lo general a través de una
relación directa con Dios, inaccesible al pensamiento. La fe concierta una relación que rebasa
la ética, ya que en dicha estancia el individuo se halla en una relación absoluta con el absoluto
ético a la manera de actos superados por el llamado “caballero de la fe”. Mientras lo estético
concita la necesidad del azar y remite a lo teatral, lo ético carga con una gran responsabilidad
a espaldas del héroe (Kierkegaard, 1947, p.99). El sujeto estético es un individuo atrapado
moral. La voluptuosidad estética es cambiada por el τέλος, del héroe ético, simbolizado en
para este ejemplo. El personaje griego sacrifica a su hija para el triunfo en la guerra. El interés
de lo general es considerado una impronta que sobrepasa las meras afecciones individuales.
La acción ética es percibida por el pueblo como el acto heroico por naturaleza; este exige una
El héroe trágico muestra su valor moral por el hecho de que, libre de toda ilusión estética,
anuncia él mismo a Ifigenia su destino. Si lo hace, entonces es el hijo bien amado de la ética
y en quien ella pone toda su complacencia (p.100).
de su héroe. La ética busca llevar la idealidad a la realidad, suponiendo que el hombre está
en la facultad para realizar todas las tareas que se le impone (Kierkegaard, 1984, p.39). Por
lo tanto, la ética descuida la particularidad del individuo sometido a este dictamen. Sus
angustia, el problema del pecado original y la caída del hombre son tratados de forma
por todo individuo posterior al primer hombre. Allí donde la idealidad de la ética pierde, la
antípoda del pecado no se encuentra en la virtud moral, sino en la fe (Chestov, 1965, p 102).
En consecuencia, la religión debe ser considerada el principal aspecto para lidiar contra el
problema de la angustia.
94
Ante este pensamiento, Copleston indica que la religión no debe suponer la negación
de la moral, sino el sentido en el que el hombre de fe se relaciona de forma directa con Dios.
Sus exigencias son absolutas y por ende no puede medirse en términos de la razón humana
(Copleston, 1978, p.269). Hasta aquí, la batalla contra el absolutismo de razón hegeliana
tanto en Kierkegaard como en Stirner es un punto de encuentro entre ambas posturas. Aquella
Iglesia, a la que entiende de forma política, y no inserta en la real vivencia del individuo
por Mynster, (Kierkegaard, 1993 p.193) ha generado una clase devotos que nunca mencionan
el nombre de Dios, a excepción de sus juramentos (Kierkegaard, 1972, p.46). En este transitar,
que se ha convertido en el alejamiento de Dios. Como mucho, esta vive, por lo general, en
p.48). La cristiandad representa a “¡esos hombres innumerables, cuya mayor parte, según es
1972, p.45). En un sentido muy similar, pero en busca de otras miras, Stirner llega a
mencionar: “Ni Yo ni Tú podemos ser expresados; somos indecibles, porque solo las ideas
pueden ser expresadas y fijarse por la palabra. Cesemos, pues, de aspirar a la comunidad;
pongamos más bien las miras en la particularidad” (Stirner, 2014, p.394). No obstante, sus
Mientras en Stirner, el enaltecimiento del “Único” lo lleva hacia una aguda crítica del
inmediato ulterior (Kierkegaard, 1947, p.95), donde el individuo estético pasa a alojarse en
la ética, para luego resurgir como individuo de forma absoluta con Dios.
El individuo religioso- Abraham- a diferencia del héroe trágico, calla; pues no le está
miseria (Kierkegaard, 1947, 130), a saber, que esta soledad en la que individuo persiste puede
fe. El verdadero individuo de fe logra concertar un único prodigio en virtud del absurdo, un
individual. Abraham no puede hablar, pues no alcanza a dar explicación de la prueba que
Isaac, Abraham representa la resignación infinita (Kierkegaard, 1947, p.132.); el sujeto lejos
divino. Y, en este particular esfuerzo, la multitud será interpretada como aquello a lo cual el
La multitud es la mentira. Por eso fue crucificado Cristo, porque, aunque Él se dirigía a todos,
Él no quería tratos con la multitud, porque no hubiera permitido que la multitud le ayudara de
ningún modo, ya que en este aspecto rechazaba a la gente absolutamente; no quería fundar
un partido, no permitió la votación, sino que fue lo que es, la Verdad que se relaciona con el
individuo (Kierkegaard, 1972, p.131).
debe franquear para situarse en el estadio religioso. Considera que su misión como escritor
96
se torna, para Kierkegaard (1972), la categoría definitiva cristiana y para el futuro del
Por otro lado, si bien Stirner toma parte del distanciamiento de Kierkegaard de la
individuo en favor de Cristo es notoria. Stirner observa en Cristo la figura del yo de la historia
del mundo” que ha apartado al “yo individual” de su posición privilegiada: “La imagen de
Cristo ha venido a ser la efigie del hombre, y el “Hombre” en general” (Stirner, 2014, p.450).
puede escapar. Así, mientras que el individuo de Kierkegaard, a través de la fe, intenta
concertar de forma íntima una relación absoluta con Dios y, por esta razón, aleja a la multitud;
escala del Yo. El individuo de Stirner confrontado con el de Kierkegaard no busca unirse en
la totalidad con Dios, sino ser el único absoluto. Las tribulaciones que destaca Kierkegaard
redescubrimiento en los años 90 del siglo XIX (p.32). A pesar de no mencionarlo en ninguna
de sus obras, se suele mencionar la fuerte influencia de Stirner en el pensamiento del autor de
Ida Overbeck recuerda algunas consideraciones sobre El único dadas a Baumgartner: “Es lo
97
más audaz y consecuente que se ha pensado desde Hobbes” (Calasso, 2014 p.33). A su vez,
la señora Overbeck relata que, en una pequeña e informal charla con Nietzsche, este le
mencionó el nombre de Stirner, para luego pedirle que lo olvidara, pues luego se hablaría
de un plagio… (Bernoulli, 1908 como se citó en Safranski, 2002, p.133). En esta dirección
fue la crítica del filósofo pesimista Eduard Von Hartman, quien alegó en algún momento que
las ideas de Nietzsche eran un calco de las del pensador de Bayreuth (Safranski, 2002, p.132).
Como menciona Safranski (2002), en el debate sobre si Nietzsche conoció la obra de Stirner
figuran, además de los citados,figuran personajes como Peter Gast o Elisabeth Förster-
Nietzsche. Una cuestión que puede percibirse fácilmente a partir de estas indagaciones es el
deseo de Nietzsche por mantener oculta su deuda con el autor de El único. Tal parece que la
mala reputación sufrida por Stirner hizo que hasta el propio Nietzsche no se arriesgara a
citarlo como influencia directa (Rahden, 1984, como se citó en Safranski, p.132). Por su lado,
Basch es uno de los autores que más ha relacionado las teorías de ambos pensadores. En sus
entre las ideas de uno y otro filósofo alemán. Uno de los aspectos de gran similitud puede
por falsificadores del verdadero espíritu alemán los llamará los “filisteos de la cultura
alemán, producto de su victoria sobre Francia, amenazaba con llevar a la barbarie a la cultura
que individuos como Goethe se esforzaron en construir (Nietzsche, 1932, p.2). El filisteo, en
98
Precisamente aquello que es la negación de la cultura es lo que él entiende por tal, y como
procede consecuentemente, llega, por último, a un coherente grupo de negaciones, a un
sistema de no-cultura, al cual hay que confesar una cierta unidad de estilo, en caso de que
tenga algún sentido hablar de una barbarie estilizada; cuando tiene que elegir entre un acto
que tiene estilo y otro que no le tiene, escogerá siempre este último, y como siempre hará esta
elección, todas sus acciones estarán marcadas con esta estampilla negativa (Nietzsche,1932,
p.9).
del dominio del filisteísmo cultural en el flamante Imperio alemán. Fink (2000) considera que
sus privilegios (p.43). Heidegger (2000), al respecto de precisar el arte para Nietzsche,
considera a los filisteos de la cultura, seguidores del culto wagneriano, los principales
enemigos del gran estilo. El pueblo, al verse dominado por el mundo de la máquina no aspira
a las presunciones heroicas de la burguesía. Los llamados ciudadanos “cultos” – que son para
Nietzsche la “masa”- son, en realidad, los causantes de la debacle de lo artístico (p.124 -125).
Stirner (2013), por su parte, en El falso principio de nuestra educación - dos años
antes del nacimiento de Nietzsche - sostenía que la enseñanza a resignarse ante lo positivo
libertad de pensamiento para llegar, tras un proceso dialéctico, a construir en cada uno la
(p.44). A su vez, en El único también es presente la idea del filisteísmo como la degeneración
perfectamente “idea fija”, propia de los poseídos por el “Espíritu”. Estos alucinados por el
Hombre y la Humanidad – liberales para Stirner – se arrojarán contra aquellos que intenten
sus ideas de libertad, el filisteísmo despoja la libertad de los sujetos. El individuo parecería
conminado a un manicomio:
Os roban primero las armas, os roban la libertad de la palabra, luego se arrojan sobre
vosotros. Cada día muestra mejor la cobardía y la rabia de esos maniáticos, y el pueblo
imbécil les prodiga sus aplausos. Basta leer los periódicos y oír hablar a los filisteos para
adquirir bien pronto la convicción de que está uno encerrado con locos en una casa de salud
(Stirner, 2014, p.101).
Otro aspecto en el que Stirner antecede ciertamente a las grandes ideas de Nietzsche
manifiesta su crítica al sistema educativo burgués por su ligero proceder. Stirner (2013)
“educar para la vida práctica” solo produce hombres de principios, que actúan y piensan
espíritus libres” (p.49). Si bien es cierto, el término remite ciertamente al hegelianismo del
destruir su relación con el hegelianismo, llega a abandonar toda acepción positiva de espíritu.
Lo que Stirner (2014) juzga como “espíritu libre” es la realización plena del Espíritu
100
universal. Este anhela desencadenarse del mundo real y poseer su propio dominio, ya que
“el espíritu no es espíritu libre, es decir, realmente espíritu, más que en un mundo que le es
propio; aquí abajo, en “este” mundo, es siempre un extraño”. (Stirner, 2014, p.86). Para el
poseído, el “espíritu del mundo” debe ser superado por el “espíritu libre” (Ibíd., p.88). No
representa una tiranía que ha subyugado a la individualidad. De este modo, Stirner llega a la
conclusión que la única opción para erradicar esta condición privilegiada de lo espiritual es
lenguaje del idealismo absoluto, pero subvirtiendo su connotación. Fink (2000) considera que
en la razón. Para el pensador del eterno retorno, el espíritu libre involucra una osadía de alma
Schopenhauer y Wagner expresa una liberación interior que se evidencia a grandes rasgos con
2002, 197). El “espíritu libre” se encuentra más allá de la moral que ata, este alcanza tal
estado luego de un gran desasimiento (Nietzsche, 2001, p.37). En ese sentido, Humano
demasiado humano es un libro dedicado a los futuros espíritus libres de Europa que
que haya alcanzado tal excelencia del espíritu no sucumbirá más ante la servidumbre cultural
Se vive ya no en las cadenas de amor y odio, sin sí, sin no, voluntariamente cerca,
voluntariamente lejos, de preferencia esquiva, evasiva, elusivamente, presto a escapar, a
remontar el vuelo; se está mal acostumbrado, como cualquiera que una vez ha visto por
debajo de si una inmensa cantidad de objetos, y se ha llegado a ser lo opuesto de los que se
preocupan por cosas que no les conciernen. (Nietzsche, 2001, p.38)
En Más allá del bien y del mal continúan las referencias al “espíritu libre”. Este se
encuentra a tal altura que se ha adentrado un camino no exento de peligros, original como su
propio pensamiento (Nietzsche, 2005b, p.71). Los “espíritus libres”, es decir, los “nuevos
filósofos” son distintos de los “libre – penseurs”, representantes de las ideologías modernas
soledad confrontada con el instinto gregario. Los espíritus libres son perspicaces, están libres
de prejuicios y sus sentidos son agudos; ellos son los grandes poseedores de una “voluntad
libre” (Nietzsche, 2005b, p.74). Al igual que Stirner (2013), Nietzsche (2005b) contempla,
además, la necesidad del aprender y olvidar en estos nuevos hombres (p.75). Sin embargo, a
Es conocido en Más allá del bien y del mal su famosa alusión a la moral de señores
estado psíquico, elevado en la cima de la jerarquía social desde los orígenes de las
contrario (Nietzsche, 2005, p.236). En este aspecto, el blanco de sus críticas será el
Nietzsche siente aprecio por una aristocracia sana, personal, acorde con sus
Revolución en Francia. Para Safranski (2002), una diferencia concreta entre las posturas de
ambos filósofos surge del énfasis en el reclamo de la propiedad: mientras que para Stirner
consiste una búsqueda tenaz que lo muestra como un pequeño burgués concentrado en
102
reclamar lo que le fue arrebatado, para Nietzsche es una indagación únicamente en el propio
que el calificativo de “burgués” dado a Stirner resulta suspicaz, ya que a través del
requerimiento de una propiedad que le ha sido arrebatada, el individuo ejerce una ruptura de
filósofos (Safranski, 2002, p.137), y las posturas centradas en el individuo parecen acusar el
influjo de Stirner en Nietzsche, la contienda que declara el primero contra el filisteísmo tiene
dirección más radical que la perspectiva artística de Nietzsche, enfocada, como menciona en
su Ecce Homo, en revalidar a Dionisio sobre la moral cristiana (Nietzsche, 2005a, p.145).
centrada en una aristocracia espiritual, la individualidad resulta ser un aspecto decisivo del
que parten ambas filosofías, cuestión similar a lo manifestado por Stirner. Así, los tres
de Stirner contra toda restricción individual. De esta manera, al igual que Marx, reprende la
alienación del trabajador fomentada por la burguesía. El hombre ha sido relegado a un trabajo
la que está conminado el trabajador, y en la que toda cultura le está cerrada como obrero
(Stirner, 2014, p.183) revela la opresión de la ideología liberal sobre los sujetos. Se trabaja
como máquina porque el sujeto parece ser instrumento de un enorme sistema en el que la
ideología del liberalismo concentra todo su poder; el Humanitarismo, en este caso, es tan solo
un ardid para anteponer el fantasma del “Hombre” al “Único”. El individuo se halla frente al
Estado no toma al hombre más que como una mera contingencia, un accidente; el yo es para
fenómeno asociado íntimamente a la supremacía del Estado (Stirner, 2014, p.331). Se torna
necesario ante este autoritarismo estatal, la intención de ratificar los intereses del individuo.
quien consideraba a la propiedad como nociva y la causante del despotismo (Proudhon, 2005,
p. 226), Stirner contempla en ella una parte integral de su propuesta para restituir la
identificar de robo algo que no es esencialmente de sujeto alguno (Stirner, 2014, p. 327).
distinción conceptual entre propiedad y posesión de necesario conocimiento para apreciar con
mayor claridad el ataque del filósofo al Estado burgués. Por propiedad contempla Proudhon
propiedad no es un derecho natural del hombre, sino que es creada por el Estado para
encierra una contradicción, pues ha sido creada a excepción del uso libre de la sociedad por
un Estado que intentaría hacer prevalecer lo social. Así, la disputa entre las clases sociales
La libertad y la seguridad del rico no estorban a la libertad y a la seguridad del pobre; lejos
de ello, pueden fortalecerse recíprocamente. Pero el derecho de propiedad del primero tiene
que estar incesantemente defendido contra el instinto de propiedad del segundo. ¡Qué
contradicción! (Proudhon, 2005, p.48)
La propiedad, de esta manera, se resuelve en el texto del pensador francés como
del concepto anterior, remite a la naturalidad de la vida social que ya se había percibido en
contemporáneos con respecto a la propiedad puede ser una condición necesaria para
parece volverse imprecisa para el filósofo alemán cuando se indaga en su obra. Si bien el autor
siglo XIX y seguidores suyos como John Henry Mackayo Émile Armand fueron considerables
filósofo alemán con el pensamiento anarquista comenzó a instaurarse a pocos años de iniciarse
Sozialismus de Plejanov o DerAnarchismus de Eltzbacher. Estos libros, en los cuales las ideas
señaló las falencias de sus instituciones políticas, mas su determinación por resaltar el
egoísmo lo vuelve ajeno de una causa común manifiesta y, por el contrario, cercano al
existe un anhelo de aspirar a la comunidad6 (Stirner, 2014, p.394); los fines de su proyecto son
menos notorios que su demoledor ataque contra el Estado y sus instituciones. No obstante,
2014, p.250) como un intento por restituir el poder perteneciente al individuo. Se concibe en
la “asociación” una acción propia para beneficio del egoísta. Esta se considera la directa
La asociación no existe más que para ti y por ti; la Sociedad, por el contrario, te reclama
como su bien y puede existir sin ti. En suma, la Sociedad es sagrada y la asociación es tu
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El egoísmo que propone Stirner, claramente se aleja de los afanes colectivos del habitual
pensamiento anarquista, solo entiende la asociación con otros individuos únicamente para el
consolide como el “espíritu perfecto” (Stirner, 2014, p. 408), Stirner erige, por el contrario,
esconde su autoritarismo en los fantasmas fabulados por el idealismo. La idea del Hombre
sedimentar Feuerbach (2006) en La esencia del cristianismo: “El hombre es Dios porque el
hombre es el Dios para el hombre” (p.296). El hombre individual ha sido desplazado por una
cuyo fin sea el” Hombre” (Stirner, 2014, p.250). En el apartado final de El único, Stirner
(2014) pretende restaurar el poder perdido del Yo, tomándolo como cabeza de la jerarquía
ontológica y política:
existencia lo es todo (Stirner, 2014, p.59). Él debe ser restituido como el verdadero
propietario del mundo, y solo a través de este reconocimiento, las creaciones espirituales
6
Stirner (2014) plantea cesar de aspirar a la comunidad y decantarse por lo particular, donde no exista
un deber moral hacia el prójimo, “solo la simpatía propia de un objeto que me interese o no” (p.394)
108
del “Espíritu” podrían sintetizarse en la siguiente máxima stirneriana: Yo, el hombre escrito
en minúscula, soy aquel que posee cuerpo y es alguien (Stirner, 2014, p.70); el “Hombre”
con mayúsculas, no es más que una quimera, él forma parte del ámbito de lo “fantasmal”.
109
V. DISCUSIÓN DE RESULTADOS
De este modo, la figura del “Hombre” -en mayúscula- se sitúa como una creación
desarrollo histórico, la visión del hombre -al principio en minúscula- que se abarca en la obra
desde los antiguos, modernos, hasta llegar a los liberales, no ha hecho más que
Stirner, proyecta a Dios como entidad jerárquica en reemplazo del hombre; sin embargo, el
proyectar su existencia en la figura de Dios, sumada a la del Estado; la época de los liberales
“Hombre”. Stirner (2014) concibe esta sucesión cuando menciona: “Al Dios del individuo
sucede el Dios de todos: “el Hombre”: “¡El grado supremo al que podemos aspirar es el
su presencia no es más que una simple metamorfosis, el temor al “Hombre” sigue siendo
igual de cruento que el temor a Dios (Stirner, 2014, p. 256). Sin embargo, el gobierno del
“Hombre”, en su humanidad, parece concertar de forma mucha más efectiva los planes de la
burguesía al favorecer la libre competencia. Este parece haber conminado a los hombres
servidumbre al nuevo Espíritu – Hombre. El obrero vive en la esclavitud de aquel nuevo dios
(Stirner, 2014, p.182). De este modo, parece concluirse que este “Hombre”, creación de la
modernidad liberal, resulta una forma espiritual más sutil que el antiguo Dios, al punto de
ser tomado como el hombre mismo. Aquella entidad espiritual ha enajenado la verdadera
110
cristiano. Se concibe, pues, al “Hombre” como la gran fantasmagoría y síntesis del desarrollo
VI. CONCLUSIONES
obra capital de Stirner nos remiten a los siguientes razonamientos que podrían sintetizar este
estudio:
6.1. El pensamiento de Stirner, definido como egoísta, apela a un desarrollo histórico para
explicar el tránsito del egoísmo, centrado en la razón de los sofistas hacia el paradigma
forma considerable.
Hombre; sin embargo, Stirner detecta el peligro de este ascenso que representará el
“Humanidad”. Por su parte, Marx, defensor del ateísmo, la dictadura del proletariado y
6.4. Los planteamientos de los Libres, herederos de la Revolución francesa, que destierran
libertad del Estado y la servidumbre del individuo: el egoísmo del Estado impera de
forma totalitaria.
yo, asumiéndolo como la mismidad del hombre sin concepto alguno. El concepto de
mundo.
6.6. El poder que detenta el Estado y la sociedad debe ser confrontado al poder del
6.7. El sujeto, sometido a la idea de “Hombre” universal, será confinado a ser no más que
un autómata dentro del gran sistema espiritual del Estado. La máquina humana que es
el hombre trabajador parece ser un engranaje más de la gran máquina fantasma que
VII. RECOMENDACIONES
7.1. Para una investigación más detallada sobre la obra deben consultarse principalmente
latinoamericano.
7.2. Debe tomarse este trabajo como una aproximación al pensamiento antropológico de
cuestiones es más que deseable en el panorama académico pues se usan categorías que
latinoamericana. Asuntos como la disolución del individuo dentro del aparato estatal,
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