ADIOS A LA LEY DE LA SELVA
PERSONAJES:
NARRADOR
LEÓN JOVEN
LEÓN HERIDO
LEÓN ENJAULADO:
TIGRE:
RATONCILLO:
OTROS ANIMALES:
ESCENA 1
NARRADOR: Iba un joven león por la selva pensando que había llegado su
hora de convertirse en rey, cuando encontró un león malherido. Aún se
podía ver que había sido un león fuerte y poderoso.
LEÓN JOVEN: - ¿Qué te ha sucedido, amigo león? – (preguntó mientras
trataba de socorrerlo)
(El león herido le contó su historia.)
LEÓN HERIDO: - Cuando llegó el momento de convertirme en el rey de la
selva, decidí demostrar a todos mi fuerza y mi poder, para que me
temiesen y respetasen. Así que asusté y amenacé a cuantos animales
pequeños me encontré. La fama de mi fiereza era tal que hasta los animales
más grandes me temían y obedecían como rey. Pero entonces otros leones
quisieron mi reino, y así pasé de golpear de vez en cuando a pobres
animalitos a tener que enfrentarme a menudo con grandes leones. Gané
muchos combates, pero ayer llegó un león más grande y fuerte que yo y me
derrotó, dejándome mal herido y quedándose con mi reino. Y aquí
estoy, esperando que me llegue la muerte sin un solo animal al que le
importe lo suficiente como para hacerme compañía.
NARRADOR: El joven león se quedó para acompañarlo y curar sus heridas
antes de proseguir su camino. Cuando al fin se marchó de allí, no tardó en
encontrar un gigantesco león encerrado en una jaula de grandes barrotes
de acero. Tuvo que haber sido muy fuerte, pero ahora estaba muy delgado.
LEÓN JOVEN: - ¿Qué te ha sucedido, amigo león? ¿Por qué estás
encerrado?
(El león enjaulado le contó su historia)
LEÓN ENJAULADO: -Cuando llegó el momento de convertirme en el rey de
la selva, usé mi fuerza para vencer al anterior rey, y luego me dediqué a
demostrar a todos mi poder para ganarme su respeto. Golpeé y humillé a
cuantos me llevaron la contraria, y pronto todos hacían mi voluntad. Yo
pensaba que me respetaban, o incluso que me admiraban, pero solo me
obedecían por miedo. Me odiaban tanto que una noche se pusieron de
acuerdo para traicionarme mientras dormía, y me atraparon en esta jaula
en la que moriré de hambre, pues no tiene llaves ni puerta; y a nadie le
importo lo suficiente como para traerme comida.
NARRADOR: El joven león, después de dejar junto a la jaula comida
suficiente para algún tiempo, decidió seguir su camino preguntándose qué
podría hacer para llegar a ser rey, pues había visto que toda su fuerza y
fiereza no les habían servido de nada a los otros dos leones. Andaba
buscando una forma más inteligente de utilizar su fuerza cuando se
encontró con un enorme tigre que se divertía humillando a un pequeño
ratón. Estaba claro que ese tigre era el nuevo rey, pero decidió salir en
defensa del ratoncillo.
LEÓN JOVEN: -Déjalo tranquilo. No tienes que tratarlo así para demostrar
que eres el rey.
TIGRE: - ¿Quieres desafiarme, leoncito? –(dijo burlón y furioso el tigre.)-
¿Quieres convertirte en el nuevo rey?
(El león, que ya había visto cómo acababan estas cosas, respondió)
LEÓN JOVEN - No quiero luchar contigo. No me importa que seas tú el rey.
Lo único que quiero es que dejes tranquilo a este pobre animal.
NARRADOR: El tigre, que no tenía ninguna gana de meterse en una pelea
con un león por miedo a perder, respiró aliviado pensando que el león le
reconocía como rey, y se marchó dejando en paz al ratoncillo.
RATONCILLO: (El ratoncillo muy agradecido manifestó) -gracias señor león,
nunca olvidaré este acto de bondad
NARRADOR: al león le gustó tanto esa sensación que decidió que aquella
podría ser una buena forma de usar su fuerza. Desde entonces no toleraba
que delante de él ningún animal abusara ni humillara a otros animales más
débiles. La fama del león protector se extendió rápidamente, llenando
aquella selva de animales agradecidos que buscaban sentirse seguros.
(tigre paseándose orgulloso de su poder)
NARRADOR: Ser el rey de una selva famosa y llena de animales era un
orgullo para el tigre, pero pronto sintió que la fama del joven león
amenazaba su puesto. Entonces decidió enfrentarse a él y humillarlo
delante de todos para mostrar su poder.
TIGRE: -Hola leoncito – (le dijo mostrando sus enormes garras)- he pensado
que hoy vas a ser mi diversión y la de todos, así que vas a hacer todo lo que
yo te diga, empezando por besarme las patas y limpiarme las garras.
NARRADOR: El león sintió el miedo que sienten todos los que se ven
amenazados por alguien más fuerte. Pero no se acobardó, y respondió
valientemente:
JOVEN LEÓN: -No quiero luchar contigo. Eres el rey y por mí puedes seguir
siéndolo. Pero no voy a consentir que abuses de nadie. Y tampoco de mí.
NARRADOR: Al instante el león sintió el dolor del primer zarpazo del tigre,
y comenzó una feroz pelea. Pero la pelea apenas duró un instante, pues
muchos de los animales presentes, que querían y admiraban al valiente
león, saltaron sobre el tigre, quien sintió al mismo tiempo en sus carnes
decenas de mordiscos, zarpazos, coces y picotazos, y solo tuvo tiempo de
salir huyendo de allí malherido y avergonzado, mientras escuchaba a lo
lejos la alegría de todos al aclamar al león como rey.
TODOS: - (aclaman al león como su rey) VIVA EL REY…VIVA NUESTRO
REY,
NARRADOR: Y así fue cómo el joven león encontró la mejor manera de usar
toda su fuerza y fiereza, descubriendo que, sin haberlas combinado con
justicia, inteligencia y valentía, nunca se habría convertido en el famoso
rey, amado y respetado por todos, que llegó a ser.
MORALEJA:
La fuerza no sirve para ganarse el respeto de nadie si no es usada al
servicio de la justicia y el bien de los demás. El respeto por los demás
sea cual sea su condición social, su identidad cultural, religiosa o
ideológica es la mejor manera de construir una comunidad sin
violencia para el vivir bien.
¡NO AL BULLIYNG!
Adaptación y dirección: Prof. Carmen Sejas