0% encontró este documento útil (0 votos)
395 vistas30 páginas

Evolución de Los Cánones de Belleza Investigación

El documento describe la evolución de los cánones de belleza a través de diferentes culturas y épocas históricas, incluyendo el Paleolítico, Egipto antiguo, Grecia clásica, Roma antigua, Edad Media, Renacimiento y Barroco. En cada cultura, los ideales de belleza estaban influenciados por factores como el rol de género, creencias religiosas, y avances artísticos. Los cánones han variado, pero a menudo enfatizaban características como la fertilidad, simetr

Cargado por

Mary Kate
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PPTX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
395 vistas30 páginas

Evolución de Los Cánones de Belleza Investigación

El documento describe la evolución de los cánones de belleza a través de diferentes culturas y épocas históricas, incluyendo el Paleolítico, Egipto antiguo, Grecia clásica, Roma antigua, Edad Media, Renacimiento y Barroco. En cada cultura, los ideales de belleza estaban influenciados por factores como el rol de género, creencias religiosas, y avances artísticos. Los cánones han variado, pero a menudo enfatizaban características como la fertilidad, simetr

Cargado por

Mary Kate
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PPTX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 30

República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria


Colegio Universitario “Monseñor de Talavera”
Especialidad: Diseño de Modas
Mención: Ropa
Valencia- Estado- Carabobo

Evolución de los cánones


de belleza

Alumna: Isabella Guape Profesora: Xiomara Colina

Junio 2022
Canones de belleza
¿Qué es un canon de belleza?

Un canon es un modelo,o también un grupo de reglas, que por supuesto alguien


establece. Por lo tanto,la definición de canon de belleza sería: “el conjunto de normas
que se utilizan para expresar la belleza”. En este caso ya la belleza deja de ser algo
subjetivo y se convierte más bien en un símbolo, lo que significa una idea que es
válida en una cultura específica y para un tiempo histórico determinado. Los
estándares de belleza de cada una de las culturas no se pueden separar del rol que
desempeñaban sus integrantes en ellas. Por tal motivo, además de los conceptos
particulares, sus restricciones o libertades y sus creencias son parte esencial de los
cánones de belleza.

Los cánones de belleza en el mundo


La belleza es subjetiva y ha sido conceptualizada por diferentes pensadores. Una
excelente definición es la del filósofo de la Ilustración David Hume (1711-1776) quien
dijo que: “la belleza es un placer sensible que se exterioriza en una representación
perfecta”. Pero una cosa es la belleza, que no deja de ser algo etéreo y relativo a
quien lo mira, y otra son los cánones de belleza.

Cómo se creó el canon de belleza en cada cultura


Todo canon necesita un ente difusor. En la actualidad tenemos medios de comunicaciones
poderosos, pero no era así por ejemplo en la prehistoria. Por esta razón, en la mayoría de las
culturas los cánones de belleza fueron difundidos a través del arte, bien fuera una estatuilla,
una pintura o una escultura. Esto también quiere decir que fue el propio artista quien decidió,
en primera instancia, cuáles eran esos atributos que iba a plasmar en su obra.
La belleza femenina en el Paleolítico

En esta etapa de la prehistoria se observa cómo los cánones de la belleza femenina


se relacionaban con el rol de la mujer, así como con la forma en que el mundo era
interpretado. Se cree que en estos remotísimos tiempos el sexo masculino no estaba
consciente de su participación en la reproducción, y la maternidad era percibida como
un misterio de la naturaleza. Por lo tanto, la hembra era considerada como una
especie de diosa capaz de dar vida, lo cual era fundamental para perpetuar la
especie.

En tal sentido, las féminas más atractivas eran las mejor dotadas para la maternidad,
lo que se evidencia en la colección de estatuillas descubiertas, siendo la más famosa
la Venus de Willendorf que data de hace más o menos 20.000 años. La mujer
representada a través de esta figura es obesa, con una gran cantidad de grasa como
reserva de energía necesaria. Además, tiene las caderas muy anchas, muestra de su
capacidad para albergar un ser y dar a luz sin inconvenientes, así como grandes
pechos para garantizar la leche adecuada a su descendencia.

Canon de belleza egipcio

En el antiguo Egipto el sexo femenino se consideraba igual al masculino y ellas


conservaban sus derechos civiles después del matrimonio, por lo que muchas
mujeres se dedicaban a sus negocios propios o seguían ejerciendo sus profesiones.
Ellas podían ser sacerdotisas, e incluso algunas llegaron a asumir el rol de faraonas.
Por tal razón, la inteligencia era una cualidad que se apreciaba en el sexo femenino,
lo que era asociado a tener el cuello largo.
Para esta civilización la belleza iba más allá de lo simplemente estético, y la palabra
que la describía, la cual es Nefer, se refería más bien a la perfección en todos los
sentidos. El canon de belleza egipcio asumía una figura delgada, con las manos y los
pies pequeños al igual que los pechos, pero las caderas anchas. Algo que se
consideraba primordial era la suavidad de la piel, por lo cual acostumbraban a
bañarse con leche y miel.

Tanto las mujeres como los hombres se depilaban todo el cuerpo, ya que el vello era
considerado algo feo y sucio, y por este motivo usaban pelucas. Igualmente, ambos
sexos se maquillaban exageradamente los ojos con diferentes tipos de pintura,
especialmente con tonos negros, verdes y azules, lo cual también les servía de
protección contra el sol.

Canon de belleza griego

En la Grecia clásica se impuso un ideal de belleza griega femenina basado en las


proporciones aritméticas. Esto también aplicaba en el caso de los hombre, ya que en
esta sociedad surgió un canon de belleza masculino casi más categórico que el de
las mujeres.

El canon de belleza griego establecía relaciones de las medidas del cuerpo con
respecto a la cabeza. El escultor Policleto (480-420 a.C.) determinó que un cuerpo
perfecto era aquel que medía siete cabezas, aunque luego apareció otro escultor
llamado Lisipo (390-300 a.C.) y determinó que eran ocho. Estas relaciones
matemáticas también se aplicaban para el rostro, estableciendo dimensiones
específicas entre los labios y la nariz, así como en cuanto a la distancia adecuada
entre los ojos.

La belleza ideal femenina consideraba una mujer delgada, de caderas anchas y con
muslos prominentes, aunque con pechos más bien pequeños. El rostro debía ser de
forma ovalada, la nariz afilada y los ojos grandes, con el pelo claro y rizado, que es
considerado el clásico perfil griego de mujer. Y otro detalle relevante era la tez pálida,
para lo cual las féminas se aplicaban un polvo de tiza blanco que al parecer era
bastante tóxico. Además, se delineaban los ojos y se pintaban los labios.
Por su parte, para los hombres era importante tener un cuerpo atlético con las piernas
largas, así como también una cabellera abundante rizada y de tono rubio, lo cual
lograban, al igual que en caso de las mujeres, aplicándose vinagre, limón y azafrán.
Entre los griegos varones era muy común la costumbre de casarse sólo para tener
hijos, mientras que el amor apasionado se daba con otro hombre mucho más joven.

Cánones de belleza romanos

Los cánones de belleza en la historia de Roma resultan interesantes, ya que los


romanos consideraban que la belleza exterior se relacionaba con la interior y, por lo
tanto, ambos sexos se maquillaban, se peinaban en la peluquería, y se aplicaban
mascarillas de diferentes tipos para mantener un rostro perfecto. Adicionalmente, los
hombres acostumbraban someterse a cirugías estéticas para eliminar las marcas de las
heridas recibidas en los combates.

En Roma, los cánones de belleza masculina se basaban en un cuerpo musculoso, de


estatura alta, y con una abundante cabellera que un era símbolo de poder, por lo que
usaban peluca apenas se comenzaban a quedar calvos. Al igual que los egipcios
también acostumbraban a afeitarse el vello del cuerpo (aunque no lo eliminaban
totalmente), y así como los griegos tenían romances con chicos jóvenes.

Por su parte, las bellezas femeninas eran aquellas que tenían las caderas anchas, los
muslos gruesos y los pechos pequeños. En cuanto al rostro, eran importantes los ojos
grandes, los pómulos rojos y las pestañas largas y abundantes, por lo que utilizaban
mucho colorete y máscara de pestañas. Además que se pintaban el cabello de tonos
claros y siempre lo llevaban recogido, ya que únicamente las prostitutas acostumbraban
a tenerlo suelto.
Canon de belleza de la Edad Media

El canon de la belleza femenina durante la Edad Media estaba absolutamente regido


por el cristianismo, por lo cual lo importante era el alma y se consideraba pecaminoso
ocuparse del cuerpo, sobre todo si quien lo hacía era una mujer. Por tal razón, las
“mujeres decentes” no usaban maquillaje, así como tampoco dejaban ver ninguna
parte de su cuerpo, el cual se cubría con una especie de saya que llegaba hasta los
pies, y obviamente con mangas largas aunque fuera verano.
Los estándares de belleza femenina de esa época eran una mujer delgada, de
caderas estrechas y pechos pequeños, piel muy blanca y cabellera rubia larga. En
cuanto al rostro, éste era ovalado con nariz y ojos chicos y expresión virginal, aunque
igual eran consideradas pecadoras por naturaleza sólo por ser hijas de Eva.

Canon de belleza renacentista

El canon de belleza del Renacimiento implica una vuelta al ideal de la belleza clásica
griega, con las proporciones y la simetría del cuerpo humano, que en esta
oportunidad difunde Leonardo Da Vinci a través de su Hombre de Vitruvio. También
retorna el maquillaje en la mujer, que comienza a utilizar delineador y sombra de ojos,
y se pinta los labios. Además, se depila las cejas, así como la entrada del cabello
para darle mayor amplitud a la frente, y se hace peinados adornados con cintas y
joyas.

Respecto a la vestimenta se siguen usando los trajes hasta los pies, pero se cambia
la típica tela de lana por otras más lujosas como la seda y el tafetán, y son más
descotados. Por otra parte, para las ocasiones especiales, se comienzan a usar
vestidos con largas colas. No obstante, estos cambios suceden en las clases de
mayores recursos, ya que una de las características de esta época son los grandes
contrastes sociales. Pero el ideal de belleza renacentista, que se expresa
especialmente a través de la pintura de célebres artistas, sigue siendo parecido al de
la Edad Media, aunque con nuevos elementos que rememoran la Grecia clásica, tales
como las proporciones, la simetría y los temas mitológicos. Ella es concebida como
una mujer muy blanca, con cabellera rubia larga, frente despejada, ojos grandes,
cuello largo, senos pequeños, cintura estrecha y caderas un poco más prominentes
que las del Medioevo aunque no demasiado.
Canon de belleza del Barroco

El Barroco es el período que transcurre inmediatamente después del Renacimiento y


se opone a la rigurosidad de éste, dándole un vuelco total a la forma de ver el mundo.
Se caracteriza por dejar salir a flote las emociones y también es una época de
grandes contrastes, donde por una parte priva los espiritual y por el otro el
desenfreno. Un punto importante es que el Barroco comienza poco después de una
guerra de 30 años donde se enfrentan la Iglesia católica y el luteranismo, ganando la
primera.

A continuación, los señores nobles se convirtieron en mecenas y contrataron a


grandes pintores, aunque otros siguieron trabajando por su cuenta. De ahí que el
Barroco tiene dos vertientes: de un lado se regresa a los temas religiosos, y del otro
el contenido es absolutamente mundano, aunque en ambos casos se observa un
cambio importante en la concepción del canon de belleza femenino. Las mujeres
tienen las caderas anchas, así como las piernas y los brazos robustos, y en general
son bastante más fornidas que las del Renacimiento, aunque siguen siendo bellezas
rubias con la piel muy blanca.
La belleza en el lejano oriente

El canon de belleza de la antigua China

Si abandonamos Europa para irnos a la lejana China del siglo X, nos toparemos con
la famosa y deleznable práctica de los pies flor de loto, consistente en, que a las
niñas, desde los cuatros años de edad, y previamente a haberles untado los pies con
leche de animales, sangre y otras hierbas para tratar de prevenir infecciones, se les
rompían 4 de los dedos del pie, se envolvían en seda y se presionaban contra un
tablón hasta los 14 años. Además del terrible dolor para aquellas niñas, jamás
podrían volver a caminar con normalidad. Se dice que la finalidad era que la mujer no
pudiese andar para que no se fuese con el vecino… Hay que ver que pensamientos
más infantiles, de atroces consecuencias. Lo más sorprendente es que esta
horripilante práctica no fue abolida hasta 1911.

El canon de belleza del Japón medieval

Por la misma época (siglo X), en Japón, se estilaban las mujeres, también
pequeñitas, de tez blanca, pelo negro, cintura de avispa, y cultivadas en la lectura. No
obstante, existía la idea de que los dientes blancos eran infantiles, así que se instauró
la práctica del Ohaguro, que consistía en pintárselos de negro con limón y limaduras
de hierro… ¡Alucinante! Como podéis ver en la foto, resulta espeluznante.
Canon de belleza del siglo XIX – Época Victoriana

Ahora viene mi época preferida, la época victoriana (1837 – 1901). No sé qué tiene esta
época queme fascina. Aquella sociedad tenía otras preocupaciones, mucho más
personales, con énfasis en el individuo. Es la época del destape, de la locura de los
inventos imposibles pero inspirados por una imaginación desbordante. No tenían miedo a
proponer locuras, con ideas de diversas utilidades, desde leer un libro en la cama hasta
grandes avances en cirugía o los primeros pinitos en aparatos médico-deporitvos..

Ahora es cuando siento que empiezo a sentir una dicotomía ya habitual en muchos
artículos que redacto. Por un lado, resulta admirable que se empiece a promover la vida
sana, el ejercicio y fomentar las actividades al aire libre. La literatura contribuyó mucho a
esta tendencia. La obra “Orgullo y Prejuicio”, de 1813, escrita por Jane Austen (aunque en
un primer momento se consideró una obra anónima), brinda una protagonista, fuerte,
sana, natural y sin maquillaje. Una verdadera revolución que abrió la puerta a otro tipo de
belleza. El corsé también se utilizó en otros países. Un grupo estadounidense de mujeres
activistas se rebeló e instó a quemarlos, denunciando que era una forma de inmovilizar al
sexo femenino impidiéndole su participación en mercado laboral. Por cierto, que la prenda
tuvo muchos detractores también en Inglaterra. Desde los médicos, que argumentaron su
efecto negativo en cuanto a la capacidad de procrear, hasta los ultra conservadores que lo
veían como una provocación peligrosa para los hombres.
El canon de belleza durante este período se basaba en una mujer de formas
redondeadas, con los senos prominentes y la cintura de avispa. En cuanto al rostro,
no se usaba maquillaje, ya que su uso fue abolido y sólo quedó para las prostitutas.
Las “mujeres decentes” únicamente se aplicaban un polvo facial para acentuar la
palidez, que estaba de moda. Se depilaban las cejas, se teñían el pelo de rubio
usando agua oxigenada, y en los ojos se aplicaban un colirio que dilataba las pupilas,
lo cual era parte de la belleza ideal.

También podría gustarte