TEMA 1. La Europa del Renacimiento. Sociedad cultura y poder.
1.1 Las nuevas Monarquías del Renacimiento
La crisis de los poderes universales
Los objetivos de las nuevas monarquías
Los instrumentos del poder real.
El rey y los otros poderes del reino
Éxitos y fracasos.
El pensamiento político
1.2 El Renacimiento
Los conceptos de “Renacimiento” y “Humanismo”
Características y factores de difusión
El protagonismo de Italia
Otros países europeos
La crisis del Renacimiento
Ciencia y técnica en los siglos XV y XVI.
1.3 La ruptura de la Cristiandad
Crisis de la religiosidad medieval y primeras tentativas reformistas
Lutero
Zwinglio
Rebeliones y reformas radicales
La segunda generación de reformadores. Calvino
El Concilio de Trento y la Contrarreforma
Una nueva geografía religiosa. La Europa confesional.
Tema 2. Monarquía e Imperios. La expansión turca y guerras de Italia. La hegemonía española y el orden europeo. El
Sacro Imperio.
2.1 Expansión turca y guerras de Italia
Formación y crecimiento del poder otomano
El Imperio turco. Organización y características.
El atractivo de Italia
Primera fase de las guerras de Italia (1494-1516)
Las transformaciones militares en los comienzos de la modernidad.
2.2 La hegemonía española y el orden europeo
Los Reyes Católicos y los inicios de la Monarquía de España.
El Imperio de Carlos V
Enemigos y guerras. Francia, turcos y protestantes.
La Monarquía de España bajo Felipe II
Nuevos enemigos y conflictos. La rebelión de los Países Bajos.
El agotamiento de Castilla
Tema 3. La Monarquía francesa. Las guerras de religión. Inglaterra: centralizacion y ruptura con Roma. Los otros poderes
en el Norte y Este de Europa.
3.1 La Monarquía francesa. Las guerras de religión.
Francia a comienzos de la Edad Moderna. La consolidación del poder real
El avance del protestantismo. Causas y características de las guerras de religión
Las guerras durante los reinados de los últimos Valois (1562-1580).
La crisis sucesoria y la última guerra. El edicto de Nantes (1598)
3.2 Inglaterra. Centralización política y ruptura con Roma
Los reyes Tudor. Gobierno e Instituciones
El cisma de Enrique VIII
Vaivenes religiosos de dos breves reinados: Eduardo VI y María Tudor
Isabel I y el triunfo del anglicanismo.
Economía y sociedad
Tema 4. La Europa del absolutismo. Sociedad, Cultura y poder en la primera mitad del siglo XVII.
4.1 El Imperio y otros poderes europeos
El imperio
Los territorios italianos en tiempos de Felipe II
Portugal
El fin de la Unión de Kalmar. Dinamarca y Suecia
Polonia, Lituania y Rusia
Los conflictos en el Báltico
4.2 La revolución Científica
Los conocimientos heredados
Protagonistas y centros de la renovación científica.
Los inicios del empirismo. Galileo y Bacon.
Descartes y el racionalismo
Newton y la consolidación de la nueva ciencia.
Avances en distintos campos del saber.
4.3 El Barroco. Cultura y religión.
Barroco y Clasicismo.
La aplicación de las reformas religiosas.
Divisiones en el protestantismo.
Regalismo y galicanismo.
El problema de la Gracia
La mística
Las misiones
Los comienzos de la descristianización
4.4 Las relaciones internacionales (1598-1659)
El pacifismo tenso de comienzos de la centuria.
El primer periodo de la Guerra de los Treinta Años (1618-1629)
Internacionalización definitiva del conflicto (1630-1648)
De nuevo la guerra en los Países Bajos
La Paz de Westfalia
Los últimos años del enfrentamiento franco-español
Tema 5. El auge del absolutismo. La construcción de la hegemonía francesa. Las revoluciones inglesas en el siglo XVII.
5.1 El auge del absolutismo. La construcción de la hegemonía francesa.
Las doctrinas políticas en el siglo XVII
El absolutismo
Enrique IV y la recuperación de Francia
Luis XIII. La regencia y la obra de Richelieu
La minoría de edad de Luis XIV. Mazarino y la Fronda.
El reinado personal de Luis XIV
5.2 Las revoluciones inglesas.
Interpretaciones de la Revolución. Inglaterra a comienzos del siglo XVII
Tendencias absolutistas de los primeros Estuardo y conflictos con el Parlamento.
La Guerra Civil
La República y el Protectorado de Cromwell (1649-1660).
Restauración de los Estuardo 1660-1688
La Revolución Gloriosa de 1688
5.3 La Monarquía de España en el siglo XVII
La paz armada en tiempos de Felipe III
Felipe IV y el duque de Olivares
Revueltas en Sicilia y Nápoles
La segunda parte del reinado de Felipe IV
Carlos II, epílogo de la dinastía
Tema 6. Guerra y política en la Europa de Luis XIV. Otros países europeos.
6.1 Guerra y política en la Europa de Luis XIV
La política agresiva del Rey Sol
La primeras guerras (1667-1678)
El cenit de la hegemonía francesa. Las reuniones (1680-1684).
Europa contra Luis XIV. La Guerra de los Nueve Años (1688-1697)
Los tratados de reparto de la Monarquía de España.
Transformaciones militares del siglo XVII
6.2 Otros países europeos.
Las Provincias Unidas
Los Países Bálticos. Suecia y Dinamarca
Polonia-Lituania y la Rusia de los primeros Romanov.
Los restos del Imperio. Austria y Brandeburgo.
Las relaciones internacionales del Báltico a los Balcanes
Italia y Portugal
Tema 7. Cultura y sociedad en el Siglo de las Luces.
7.1 El Siglo de las Luces
La Ilustración: concepto y características
Gran Bretaña y Francia
Alemania y otros países.
Ciencia y cultura en el siglo XVIII
El catolicismo y las otras confesiones cristianas.
Deísmo, masonería y descristianización
7.2 Las relaciones internacionales
La Guerra de Sucesión de España
El sistema de Utrecht
Gran Bretaña y Francia como garantes de la paz
Las guerras de sucesión de Polonia y Austria
La Guerra de los Siete Años y los conflictos posteriores
Transformaciones militares y navales
Tema 8. Francia, Gran Bretaña y el origen de los Estados Unidos. Las relaciones internacionales en el siglo XVIII.
8.1 Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Francia después de Luis XIV. La Regencia
El reinado personal de Luis XV (1723-1774)
Luis XVI y el planteamiento de la crisis.
Consolidación del parlamentarismo británico
El reinado de Jorge III
La independencia de las colonias de América del Norte.
Tema 9. La Europa del Centro y del Sur en el siglo XVIII
El absolutismo ilustrado
Las Provincias Unidas.
El auge de Prusia
Austria y la Monarquía de los Habsburgo
Los territorios italianos
La España de los Borbones
Portugal
Tema 10 El Báltico y el este europeo en el siglo XVIII
Conflictos en el Báltico y el noreste Los repartos de Polonia.
El retroceso internacional de Turquía
Dinamarca y el reformismo
Suecia, entre el parlamentarismo y el absolutismo.
El fortalecimiento de Rusia.
El final de Polonia
TEMA 1. La Europa del Renacimiento. Sociedad cultura y poder.
1.1 Las nuevas Monarquías del Renacimiento
▪ Un proceso cuya característica esencial fue el reforzamiento de las monarquías y poderes soberanos en buena parte de los países
europeos. Las monarquías amplían de manera importante su poder y su ámbito de actuación.
▪ La idea de la aparición de “monarquías nacionales” se encuentra ahora mismo en desuso, pues la idea de nación se iría desarrollando
a lo largo de la Edad Moderna. Se relacionaba con la necesidad de identificar su delimitación territorial, parecida a la actual y con
el hecho de que no aceptaran ninguna autoridad superior.
▪ Una gran diferencia con el periodo anterior, en el que el poder real había experimentado una crisis y una marcada debilidad.
La crisis de los poderes universales
▪ Crisis de los considerados poderes universales: el papado y el emperador.
▪ El modelo imperial de matriz cristiana como ideal y la aspiración de reconstruir el Imperio sobre el modelo romano, lo que solo era
posible a partir de un poder territorial fuerte.
▪ Tres hechos: base romana, la idea de unidad bajo un solo emperador y el carácter hegemónico del Imperio, superior al resto de los
reyes cristianos, que solo podía darse si había una supremacía efectiva, que a principios de la edad Moderna ya no existía.
▪ Los reyes más poderosos deseaban distinguirse de los demás, utilizando títulos distintivos, honores y prerrogativas que anteriormente
solo estaban reservados al emperador.
▪ Carlos V fue el último de los grandes emperadores de Occidente, que trató de reconstruir la idea de la “universitas christiana”.
▪ Respecto al papado, su prestigio y preeminencia habían quedado dañados por el cisma de Avignon y los intereses terrenales de los
propios papas.
▪ Ese desgaste afectó a su poder sobre los soberanos cristianos, que estaban cada vez menos dispuestos a reconocer su preeminencia
sobre asuntos no dogmáticos.
Los objetivos de las nuevas monarquías
▪ Dos objetivos principales: aumentar su poder o “potestas”, entendido como su capacidad de actuación dentro y fuera de sus fronteras,
y reforzar su prestigio o “auctoritas” y el de su dinastía.
▪ El fortalecimiento del poder real exigirá un proceso precio de recuperación y expansión territorial, mediante dos vías principales: el
matrimonio o la conquista por las armas.
▪ Para aumentar su propio prestigio y el de su dinastía, se apoyaron en elementos míticos y religiosos, las artes (pintura, arquitectura,
escultura), las celebraciones, la historia, la literatura y la apariencia. Ámbitos como la aparición del retrato, las connotaciones
religiosas, las celebraciones como forma de glorificación de la dinastía o el uso de las genealogías reales son importantes ejemplos
de este extremo.
▪ Todos estos elementos crean la imagen de un monarca representante ideal de todas las virtudes de su linaje, que superaba a todos en
antigüedad, prestigio, valor y prudencia. Todos los monarcas desean pertenecer a la mejor de las dinastías, que tratan de reivindicar
de dos formas principales: la antigüedad con la tradición y el carácter sagrado de su poder.
▪ El influjo de la religión será fundamental, convirtiéndose la corte en una suerte de iglesia pagana con el rey y la familia real en su
centro.
Los instrumentos del poder real.
▪ Cuatro instrumentos principales: el poder militar, el incremento de los recursos financieros, el desarrollo de la administración real y
la identificación del monarca con la justicia.
El poder militar
▪ Radica en el ejército y en la marina.
▪ El punto de partida fue la imposición a los nobles de su competencia militar exclusiva. La guerra se convierte en una competencia
exclusiva del monarca, sin que los nobles puedan tener ejércitos propios ajenos al servicio del rey.
▪ Revolución militar, con la competición entre príncipes, estimulada por los avances técnicos.
▪ Incremento de los ejércitos, con la necesidad de armarles, alojarles y formarles. Aparición de los ejércitos permanentes.
▪ Las nuevas monarquías desempeñaron un papel esencial en las transformaciones militares, al tiempo que el ejército les ofrecía la
principal oportunidad para consolidarse. Ningún otro elemento contribuyó más que el ejército al éxito de los nuevos poderes
monárquicos.
El incremento de los recursos financieros
▪ Los reyes necesitaban cada vez más dinero para hacer frente a sus crecientes competencias.
▪ En un principio, el dinero procedía de rentas relacionadas con el patrimonio de la Corona y tributos que se debían al rey, las regalías.
Para aumentar el dinero, se recurría a los parlamentos o a los bienes de la Iglesia.
▪ El incremento de la presión tributaria se hizo por medio de impuestos indirectos, gravando la producción, el comercio y el consumo.
▪ Aumento de la eficacia en la recaudación de los impuestos. Al no tener personal suficiente, se recurrió a los hombres de negocios, a
cambio de importantes retribuciones.
▪ Doble sistema de recaudación: por la administración y por asiento.
▪ Se emplearían también otros recursos para obtener dinero, como la venta de cargos o títulos y las manipulaciones monetarias.
El desarrollo de la administración real
▪ Creación de una amplia burocracia y desarrollo de la administración dependiente del rey.
▪ Eran necesarios para ayudar al rey en el gobierno efectivo de los territorios y hacer efectivas sus disposiciones, legislación y justicia.
▪ Especialmente importantes fueron los juristas y expertos en Derecho, lo que propiciará el auge de las universidades y donde muchas
personas encontrarán un camino para el ennoblecimiento.
▪ Permitió a la Monarquía crear una amplia clientela social y también está relacionada con el nacimiento de la diplomacia
internacional.
▪ Aumento de los organismos de administración real, con los consejos como organismos consultivos del monarca.
▪ Necesidad de oficiales y agentes que llevaran la autoridad del rey a los distintos territorios, siendo especialmente importantes los
delegados permanentes de las distintas jurisdicciones.
Identificación del rey con la justicia
▪ La base se encontraba en la capacidad del rey para dictar el Derecho, centrada en la idea de origen medieval de la plenitud
jurisdiccional del monarca, basada en la ley natural y la ley divina.
▪ Para convertirse en la base del derecho, los reyes se impusieron a las numerosas jurisdicciones particulares y clarificar la legislación.
El rey y los otros poderes del reino
▪ El reforzamiento del poder real se hizo a costa de otros poderes existentes: la nobleza, las ciudades, las asambleas representativas y
la Iglesia, que se resistieron a su supremacía.
La nobleza
▪ Fueron los más perjudicados por el avance de la monarquía.
▪ Se produjeron importantes resistencias en el proceso de convertir una nobleza feudataria, con gran independencia, en un grupo
sometido a la Corona. Cuando se consiguió, se produjo por la fuerza y a cambio de contraprestaciones.
▪ No fue un proceso que se consiguió en todos los territorios, como ejemplifica el caso de Polonia.
Las ciudades
▪ El mundo urbano se había desarrollado en contraposición al poder nobiliario y, aunque los nobles consiguieron dominar numerosos
municipios, la ciudad ofrecía espacios de poder a sectores distintos de la nobleza tradicional.
▪ Los habitantes de las ciudades estaban unidos por los privilegios y fueros propios de la misma, pero también por la conciencia de la
permanencia.
▪ Las ciudades no solo tenían jurisdicción sobre la misma, sino también sobre un amplio territorio rural circundante.
▪ La sumisión al poder real no fue fácil y se hizo muchas veces mediante pactos y contraprestaciones, que permitieron su control
efectivo por parte de la Corona.
Las asambleas representativas
▪ Durante la Baja Edad Media surgieron organismos donde se reunían los diferentes estamentos, con la idea de colaborar con el rey,
y que se fueron institucionalizando. Tenían el prestigio de alzarse como garantes de las libertades.
▪ Tales asambleas no eran permanentes, sino que debían ser convocadas por el rey.
▪ Representación restringida de los estamentos.
▪ Los monarcas podían gobernar sin ellas y podían no convocarla durante largos periodos de tiempo.
▪ Una de sus principales atribuciones era la aprobación de distintos impuestos, por lo que muchos monarcas las convocaban solo
cuando necesitaban dinero.
▪ Los reyes tendieron a no convocarlas y, cuando lo hacían, a utilizar el medio que más les favorecía para ello.
▪ En zonas como el Imperio o Polonia, los parlamentos siguieron teniendo un gran peso a lo largo de toda la Edad Moderna.
La Iglesia
▪ Con la Iglesia se utilizó una estrategia basada fundamentalmente en los pactos.
▪ No se podía prescindir de la Iglesia, y su poder de legitimación y colaboración era fundamental.
▪ Necesidad de limitar y controlar el poder de la Iglesia. Concesiones y acuerdos a partir del siglo XV.
▪ Para los reyes, el control de la propia Iglesia no era únicamente una forma de limitar el poder pontificio e incrementar sus rentas,
sino también un medio poderoso de asegurarse la lealtad de distintos grupos sociales.
▪ Las tensiones con la Iglesia y con el Papado fueron frecuentes, siendo el caso de Inglaterra el más extremo.
Éxitos y fracasos.
▪ Las nuevas monarquías del Renacimiento se impusieron en España, Inglaterra, Francia, Rusia, Portugal, Dinamarca, Suecia y
diversos estados italianos.
▪ En estados como el Imperio o Polonia, tal intento fracasó.
▪ El mayor éxito del reforzamiento del poder real se dio en España, algo que estuvo unido a su hegemonía en la política europea.
▪ El fenómeno de las “monarquías compuestas” y las repúblicas.
El pensamiento político
▪ El pensamiento político se expresaba en términos éticos, religiosos y jurídicos, que eran los terrenos desde los que se conformaba la
visión general sobre el mundo y el hombre.
▪ El gran objetivo de la escolástica era la búsqueda de una visión coherente y armónica, capaz de analizar todas las realidades políticas
desde la moral cristiana.
▪ La gran corriente escolástica de pensamiento político fue el iusnaturalismo cristiano, cuyo máximo representante fue Francisco de
Vitoria.
▪ El bien universal y la aspiración común a la paz y la justicia exigen la existencia de un orden más allá de cada estado, por medio de
unas leyes de carácter positivo supeditadas al derecho natural. La guerra justa castigaría a quien las incumpliera.
▪ El poder quedaba justificado por la integración armónica de todas las esferas: Dios, el derecho natural, la república o estado. El
poder viene de Dios, por lo que no existe posibilidad de resistencia, salvo que el poder real amenace a los fines espirituales.
▪ No había un pensamiento uniforme. Dos grandes ejes de pensamiento: absolutismo y pactismo.
▪ El primero reforzaba el poder al insistir en su fundamento divino, mientras que el segundo admitía un pacto básico entre el príncipe
y el reino.
▪ Destaca Nicolás Maquiavelo, con su obra “El Príncipe”. Maquiavelo elimina la moral y defiende una política cuyo objetivo es la
conservación y el aumento del poder, y que debe ser juzgada según el éxito y el fracaso en la consecución del mismo, no desde la
moral cristiana.
▪ Maquiavelo rompía así con la tradición del pensamiento político, que unía ética y política.
▪ Pese a las prohibiciones, sus teorías se difundieron mucho, adaptándose más a la realidad del momento que la escolástica.
▪ El antimaquiavelismo, con las teorías de Maquiavelo como razón de todos los males.
▪ En el mundo protestante, la teoría política evolucionó en un doble sentido: respaldar el poder político, cuando lo necesitó, y en
oposición al poder cuando constituían minorías religiosas.
▪ El debate del derecho a la resistencia. Negado por los partidarios del derecho divino de los reyes, y defendido por los partidarios de
otras concepciones políticas. Especial importancia tuvieron las teorías antimonárquicas o monarcómacas.
▪ Francisco Suárez distingue el poder temporal del espiritual, teniendo cada uno su autonomía y su margen de actuación. La soberanía
se basa en el derecho natural, que emana de la comunidad. Al proceder de la comunidad, la soberanía no depende de Dios.
▪ El derecho natural se extiende al derecho de las gentes, pues Suárez considera que los distintos estados forman parte de la sociedad
constituida por el género humanos.
▪ Las doctrinas de Maquiavelo, después de la Matanza de la Noche de San Bartolomé, evolucionaron en dos vías: las que reafirmaron
la subordinación de la política a la religión, y las de aquellos que no renunciaban a preceptos prácticos vinculados a Maquiavelo.
Estos últimos trataron de desarrollar su pensamiento sin citarlo, utilizando referencias a Tácito.
▪ Es importante la figura de Botero, que se centra en la conservación del estado. La razón de estado asume una connotación
conservadora y se funda en la convicción de que solo la religión cristiana puede ser el verdadero fundamento del poder.
▪ Justo Lipsio, por su parte, desarrolló la noción de prudencia mixta, en la que a la virtud se le añade algunas connotaciones de mentiras
y disimulos haciendo que solo sea alcanzable por aquellos que están por encima de esas tentaciones. La política sería un arte para
gentes dotadas de virtudes, que no incurren en riesgos.
▪ Jean Bodin y sus “Seis Libros de la República”. Define la soberanía como el poder que no reconoce ningún otro superior en el
ámbito de su territorio y que no está sometido a las leyes, dado que el soberano es la fuente del Derecho. Puede dictar las leyes,
interpretarlas y ejecutarlas. Para él, el poder soberano sólo está limitado por las leyes divina y natural, por lo que el soberano no es
responsable de sus actos ante sus súbditos, pero sí ante Dios. Aún así, debe respetar pactos y constituciones básicas del territorio.
1.2 El Renacimiento
Los conceptos de “Renacimiento” y “Humanismo”
▪ El término “Renacimiento” se refiere originariamente a la recuperación del mundo antiguo y sus valores, que se produjo en la cultura
italiana entre los siglos XIV y XVI y que, a partir de las últimas décadas del XV, se extendería por otros países de Europa.
▪ Al proporcionar una nueva visión del mundo y del hombre, dejó su impronta en la política, la religión, la ciencia y el conjunto de
las manifestaciones humanas.
▪ La civilización del Renacimiento se compuso también de elementos ajenos al mundo antiguo, pues la Antigüedad tiene poco que
ver con hechos como la invención de la imprenta o el reloj mecánico, el perfeccionamiento técnico de la artillería o los avances en
la contabilidad.
▪ El término “Humanismo” es más concreto que el de Renacimiento y procede de los “Studia humanitatis” o conocimientos que
permiten incrementar la “humanidad” individual, hacerse hombre en el sentido más pleno del término mediante el uso correcto de
la inteligencia y el lenguaje.
▪ Se trataba básicamente de gramática, teórica, poética, historia y filosofía moral, a cuyos profesores comenzó a conocérseles en el
siglo XV como humanistas o gramáticos.
▪ En sentido estricto, el Humanismo se refiere al estudio de la Antigüedad a través de los escritos de los autores griegos, romanos,
hebreos, etc., por lo que los humanistas son los estudiosos de las letras clásicas, con un matiz específicamente filológico, que se
explica por la necesidad no solo de descubrir viejos textos, sino también de depurar las versiones existentes de los ya conocidos.
▪ Pero el Humanismo tiene una segunda acepción, más amplia, que hace referencia a una mentalidad y una actitud vital no exclusiva
de los filólogos. Los humanistas revalorizarán al ser humano, con sus valores y capacidades, basándose en esos autores clásicos.
▪ Serán un grupo reducido en el conjunto de la sociedad, no solo por el carácter ya de por sí minoritario de todos los movimientos
culturales del Antiguo Régimen, sino también por su aspiración elitista y el deseo de selección y aislamiento, frente al rechazo que
les produce lo popular.
▪ Los medievalistas han diluido la idea de ruptura con la Edad Media, señalando en cambio las evidentes continuidades, cuando no el
brillo cultural de Borgoña, los Países Bajos y algunas zonas del norte de Francia en los siglos XIV y XV.
▪ Otros estudiosos han reducido el carácter paganizante del Renacimiento italiano, indicando la impronta religiosa presente en muchos
autores.
▪ Asimismo, frente a la idea inicial de un movimiento esencialmente italiano, se han estudiado progresivamente otras realidades, fruto
de la expansión del Renacimiento desde Italia a otros países, en algunos casos con un fuerte matiz cristiano.
Características y factores de difusión
▪ Las características propias del Renacimiento –o más bien del Humanismo – son esos nuevos valores que postula y que pasan todos
ellos a través del hombre y su dignidad.
▪ Aspecto esencial de la nueva valoración del hombre será el individualismo, patente en el florencimiento de la biografía y la
autobiografía, así como en el éxito que tuvieron las narraciones de las vidas de personajes de la Antigüedad.
▪ También destaca la preocupación por la fama, la ética, el amor, la cortesía, la “virtus”, el goce de la vida, el interés por el mundo y
la naturaleza, o la búsqueda de la armonía y la belleza.
▪ Todo ello planteaba una evidente secularización.
▪ La idea del hombre fuertemente integrado en el mundo postulaba una valoración integral del ser humano, centro de la creación, a
partir de una valoración optimista de sus posibilidades.
▪ El hombre nuevo habría de desarrollar de forma equilibrada sus facultades físicas, intelectuales y espirituales. Por ello, la educación
de los jóvenes tenía un papel destacado.
▪ En la mayor parte de los casos, no se produjo un enfrentamiento entre la Antigüedad y el cristianismo.
▪ En la propia Italia hubo intentos de conciliar ambos conceptos, como los de Petrarca en el siglo XIV y Nicolás de Cusa o Pico della
Mirandola en el siglo XV.
▪ Además, existió una poderosa facción en el seno del Humanismo tardío que dedicó sus esfuerzos al estudio de los textos bíblicos y
a la búsqueda de una concordia en el seno de la cristiandad.
▪ Otra de las características del Humanismo será el cosmopolitismo, la aparición de una república de las letras que difunde las obras
respectivas, mantiene unidos a sus miembros por medio de la correspondencia epistolar, o propicia frecuentes viajes, contactos y
estancias en localidades diversas.
▪ La difusión del Renacimiento se benefició de varios factores. Ante todo, de los viajes e intercambios de todo tipo.
▪ Pero para el Humanismo resultó también esencial la existencia de una lengua común entre las gentes cultas, el latín, que no veía aún
comprometida su jerarquía pese al desarrollo de las lenguas vernáculas, que los humanistas también fomentaron. Ejemplo de ello
son los casos de Dante, Petrarca y Bocaccio en Italia, o de Antonio de Nebrija, autor de la “Gramática castellana”.
▪ En Alemania, el Humanismo contribuyó decisivamente no solo a la fijación de la propia lengua, sino también a la identificación de
una cultura propia.
▪ El factor más importante para su difusión fue la imprenta de tipos móviles inventada por Johan Gutenberg a mediados del siglo XV.
Hacia 1500 había imprentas en unas 236 ciudades europeas, estando las zonas con una mayor concentración el centro-norte de Italia
y el centro-sur de Alemania. En la segunda mitad del siglo se imprimieron en toda Europa cerca de 15.000 textos distintos, estando
el 80% en latín, y aproximadamente la mitad eran de tema religioso.
▪ En 1537 la imprenta ya había llegado a Veracruz, en América; en 1557 a Goa (India) y, en 1564, a Rusia.
▪ Las capitales con una actividad más destacada fueron Venecia, Basilea, París, Amberes o Lyon, y entre los grandes impresores-
editores, muchos de los cuales eran humanistas, destacan Aldo Manuzio, Johan Froben, Robert Estienne o Christophe Plantin.
▪ Sin embargo, hay que tener en cuenta que, durante mucho tiempo, los manuscritos siguieron siendo un medio habitual de transmisión
de la cultura.
▪ Un último factor de difusión fueron los centros de enseñanza, que introdujeron los estudios humanistas. No tanto las universidades
procedentes de la Edad Media como las academias y los colegios de nuevo cuño.
▪ Las principales instituciones fueron las de letras clásicas, como la Pontaniana de Nápoles, fundada a comienzos de los años cuarenta
del siglo XV; la neoplatónica de Florencia; la de Roma o la de Venecia, dirigida por Aldo Manuzio.
▪ Fuera de Italia, el Humanismo se desarrolló especialmente en instituciones de nueva creación, algunas de ellas vinculadas a las
universidades, como los colegios trinlingües de Lovaina o Alcalá de
▪ Henares, el Christ’s College de Cambridge, el Corpus Christi College de Oxford o el Collège de lecteurs royales de Paris.
▪ En el Imperio se crearon academias y sociedades de amigos de las letras en ciudades como Estrasburgo, Colonia, Augsburgo,
Núremberg o Viena.
El protagonismo de Italia
▪ Italia fue el origen y epicentro tanto del Renacimiento como del Humanismo.
▪ Había sido el núcelo del Imperio romano y contaba con muchos más restos materiales del mundo antiguo y la cultura clásica que los
demás territorios europeos.
▪ También jugó a su favor el desarrollo de las ciudades, pues tanto el Humanismo como el Renacimiento fueron fenómenos
esencialmente urbanos.
▪ Además, la inestabilidad política bajomedieval, con pugnas constantes entre las ciudades-estado, la ocupación del poder por familias
enriquecidas y capitanes de bandas armadas, la necesidades de afianzar dicho poder sobre el prestigio de las obras de arte o la
emulación entre los gobernantes de los distintos territorios favorecieron el desarrollo del mecenazgo.
▪ El mecenazgo se exportaría fuera de Italia junto al Renacimiento y sirvió también poderosamente a los monarcas europeos para el
fortalecimiento de su poder.
▪ Buena parte de los esfuerzos de los humanistas italianos se concentró en el intento de depurar el latín basándose en los modelos
clásicos.
▪ Destacarán en ello Lorenzo Valla y Leonardo Bruni, iniciadores de una literatura neolatina que tendrá un gran desarrollo en el
Humanismo.
▪ Los humanistas se interesarán también por el griego. También, aunque en menor medida, estudiaron el hebreo o el arameo,
imprescindibles para acercarse tanto al Antiguo Testamento como a los conocimientos cabalísticos.
▪ Muchos de los humanistas, como por ejemplo Petrarca, eran coleccionistas de códices, lo que les permitió recuperar un buen número
de textos antiguos perdidos.
▪ Con frecuencia, reunieron también importantes bibliotecas, aunque las principales fueron las principescas, como las de los Este en
Ferrara, los Gonzaga en Mantua o la de los papas en el Vaticano.
▪ La primera biblioteca pública se abrió en Florencia por iniciativa de Cosme de Médici.
▪ En el terreno filosófico continuó el predominio del aristotelismo cristianizado, base de la escolástica, cuya rama principal, procedente
de santo Tomás de Aquino, defendía la plena concordancia de fe y razón.
▪ Existían otras escuelas que separaban ambas, como la nominalista, creada por Guillermo de Ockham, o la averroísta, inspirada en
el filósofo cordobés Averroes.
▪ El nominalismo defendía la posibilidad del conocimiento, aunque sin garantía alguna de que este correspondiera con la esencia de
las cosas, por lo que los conceptos no eran para él más que nombres vacíos.
▪ El averroísmo postulaba la existencia de una doble verdad, la racional y la de la fe. Su principal representante fue Pietro Pomponazzi,
quien en sus escritos negó la posibilidad de demostrar la inmortalidad del alma y afirmó la existencia de una contradicción entre la
omnipotencia divina y el libre arbitrio.
▪ El Renacimiento recuperó los textos de numerosos filósofos de la Antigüedad. Pero la gran novedad filosófica fue el neoplatonismo,
basado en el resurgimiento de los escritos de Platón.
▪ Una de las principales afirmaciones del neoplatonismo es que la vocación del hombre es pasar, por medio del conocimiento, del
mundo en el que vive, formado por apariencias sensibles o reflejos imperfectos de los arquetipos divinos, a la inteligencia de las
Ideas, es decir, las esencias de las cosas inmateriales que residen en Dios.
▪ El gran difusor y trauctor de Platón fue Marsilio Ficino, quien dirigió la Academia de Florencia. Ficino intentó armonizar el
pensamiento de Platón con el de Aristóteles, mientras que su discípulo, Pico della Mirandola mezcló el platonismo con componentes
cabalísticos y mágicos.
▪ Cuatro ciudades fueron los centros esenciales del Renacimiento italiano: Florencia, Nápoles, Roma y Venecia.
▪ Tal vez sea Florencia el lugar más característico, a la vez que ejemplo de las motivaciones que llevaron a los gobernantes al
mecenazgo. Los Médici utilizaron el arte y la cultura como un elemento de prestigio.
▪ El caso de Nápoles es algo distinto, al no tratarse de una ciudad-estado, sino de la capital de un reino. Pero el mecenazgo se desarrolló
también aquí al servicio de los intereses del monarca Alfonso V de Aragón. La personalidad principal del Humanismo napolitano
fue Lorenzo Valla, latinista, corrector del texto latino de la Biblia y creador principal de la crítica textual histórico-filológica, que le
permitió demostrar en 1440 la falsedad de los documentos medievales de la cancillería pontifica referidos a la Donación de
Constantino.
▪ En Roma, el Renacimiento aparece vinculado también a sus soberanos, los papas. Una primera fase, a mediados del siglo XV,
coincidió con los papados sucesivos de Nicolás V, Calixto III y Pío II. La segunda fase, a finales del siglo XV y principios del XVI,
tuvo como promotores a Alejandro VI, a Julio II y a León X. Con ellos colaboraron artistas como Bramante, Rafael, o Miguel Ángel.
▪ El Renacimiento veneciano tuvo como centros importantes no solo la Academia, sino también la Universidad de Padua, que se
convirtió en sede de la renovación de la filosofía aristotélica.
▪ Venecia se beneficiaría especialmente de la huida de muchos artistas con ocasión del saco de Roma, en 1527.
▪ El Renacimiento italiano tuvo muchos otros centros, como Rimini, bajo el impulso de Sigismondo Malatesta; Urbino, con el duque
Federico de Montefeltro, para quien trabajaron Piero della Francesca y Pedro de Berruguete; Milán, con el mecenazgo de los Visconti
y los Sforza; Bolonia, con los Bentivoglio; Ferrara, donde Ludovico Ariosto escribiría en honor a los Este su “Orlando Furioso”,
etc.
▪ En todos ellos se llevaron a cabo magníficas obras de arte cuyo aspecto esencial era el realismo.
Otros países europeos
▪ Desde Italia, la nueva cultura se fue extendiendo por otros países, en los que se adaptó de formas variadas, asumiendo habitualmente
perfiles propios, fruto del contacto con las características, trayectorias culturales previas e intereses de cada uno.
▪ El vehículo esencial para su propagación fueron los viajes. Además de las figuras descollantes, los intercambios de muchas gentes
cultas y los intereses de los gobernantes sirvieron de estímulo al desarrollo del Renacimiento fuera de Italia.
▪ Es importante el mecenazgo de monarcas como el emperador Maximiliano I, los Reyes Católicos y Carlos I, Francisco I de Francia,
Enrique VII y Enrique VIII de Inglaterra, etc. Pero el mecenazgo no quedó restringido a los reyes, sino que muchos aristócratas y
altos eclesiásticos lo practicaron también.
▪ El Humanismo español se inició en el siglo XV en la corona de Aragón, que mantenía fuertes vínculos con Italia.
▪ El centro principal del Humanismo en España será la Universidad de Alcalá de Henares, creada por el cardenal Cisneros en 1508.
La gran obra del humanismo castellano, también por iniciativa de Cisneros, sería la “Biblia políglota”, escrita en latín, griego, hebreo
y arameo.
▪ La poesía italiana fue introducida en España por Juan Boscán y Garcilarso de la Vega.
▪ Años después, el Humanismo español quedó fuertemente marcado por la crisis religiosa.
▪ Su influencia principal fue la de Erasmo de Rotterdam, el príncipe de los humanistas del siglo XVI, que dedicó buena parte de sus
esfuerzos a la búsqueda de una tercera vía entre el catolicismo tradicional y la Reforma.
▪ Los años de esplendor del erasmismo español no fueron más allá de la década de los treinta. Uno de sus autores más importantes
fue Alfonso de Valdés, autor entre otras obras del “Diálogo de Mercurio y Carón” (1529), en el que critica la sociedad de entonces.
▪ El Humanismo francés fue más tardío y sus dos figuras principales fueron Guillaume Budè y Jacques Lefèvre d’Étaples. El primero
fue un destacado especialista en latín y griego, de amplia cultura, que participó en la fundación del Collège de France. Por su parte
Lefèvre d’Étaples, en cambio, se inscribe en la corriente del Humanismo cristiano.
▪ En Inglaterra, John Colet participa también en la corriente del humanismo cristiano y se interesa también por los escritos de San
Pablo. Pero uno de los más importantes humanistas fue Tomás Moro, canciller de Enrique VIII, quien acabó decretando su ejecución
por oponerse a su divorcio. Moro es autor de una crítica social a partir de la ficción de una sociedad imaginaria y perfecta, situada
en ningún lugar. El título de su libro, “Utopía”, serviría incluso para definir todo un género. El caso de Moro resulta además
interesante como ejemplo de la libertad de conciencia frente al poder.
▪ En Alemania, la figura más destacada fue Johan Reuchlin, especialista en hebreo y hombre preocupado por cuestiones teológicas.
▪ En los Países Bajos, el Humanismo estuvo también muy vinculado a la preocupación religiosa. Dentro de la corriente de la “Devotio
moderna”, que propugnaba una religiosidad más intimista y se inscribe en la llamada prerreforma católica, los Hermanos de la Vida
Común tuvieron interés por el estudio y edición de textos clásicos.
▪ La figura más importante del Humanismo de los Países Bajos fue Desiderio Erasmo, conocido como Erasmo de Rotterdam, el má
simportante de los humanistas del siglo XVI o del Humanismo tardío.
▪ Viajó por diversos lugares de Europa, en los que completó su formación, y estableció relaciones estrechas con otros humanistas.
Ampliamente reconocido, fue consejero del futuro Carlos V, para quien redactó en 1516 la “Institutio principis christiani”, que se
encuadra en el género de los espejos de príncipes.
▪ Sus numerosas obras se dividen en dos grupos: las de carácter civil y las de tema religioso.
▪ A las de carácter civil pertenencen los “Adagia”, una colección comentada de proverbios de la Antigüedad; los “Colloquia”,
ejercicios en latín escritos en forma de diálogo; diversas ediciones de textos clásicos y traducciones al latín de autores griegos, y el
conocido en España como el “Elogio de la locura”, una obra irónica y divertida en la que constata la omnipresencia y triunfo de la
estupidez, y contrapone la abundancia y mayor felicidad de los estúpidos a la sequedad, aburrimiento y escaso séquito de los cultos
y sabios.
▪ En el terreno religioso, era partidario de una reforma de la Iglesia, aunque sin llegar a romper con ella. Crítico con la excesiva
influencia del clero, ansiaba un cristianismo más íntimo y personal, centrado en la figura de Cristo y alejado de excesos en las
manifestaciones externas y en las prácticas populares, plagadas a menudo de superstición. Un cristianismo elitista, en armonía con
la cultura clásica y poco amigo de la escolástica, que tuvo muchos seguidores. Sin embargo, pese al irenismo y la actitud tolerante
que proponía, acabó siendo rechazado por los protestantes, y perseguido por la Iglesia. Expuso sus ideas principalmente en su obra
“Manual del caballero cristiano”, escrita en 1503. Asimismo, frente al pesimismo antropológico de Lutero, escribió la obra “De
libero arbitrio” (Sobre el libre albedrío), en 1524, en el que expresaba su optimismo y creencia en la capacidad del hombre para
colaborar en su salvación, eligiendo entre el bien y el mal. Lutero, contrariado, le respondería con el texto “De servo arbitrio”.
▪ Erasmo fue el humanista de mayor éxito editorial.
▪ Otro gran humanista fue el valenciano Juan Luis Vives. Estudió en París, desde donde pasó a Lovaina. Cosmopolita y gran viajero,
estuvo en Inglaterra, donde ejerció como tutor de la futura reina María I Tudor y fue profesor en el Corpus Christi College de Oxford.
Posteriormente, pasó a Brujas, donde murió en 1539.
▪ Su pesimismo se incrementó con hechos como las guerras y querellas religiosas, el inicio de las persecuciones en España a sus
amigos erasmistas, el ajusticiamiento de Moro o la propia muerte de Erasmo.
▪ Su extensa obra destaca en el ámbito del humanismo cristiano, la filología, la pedagogía, la filosofía o el reformismo social. Entre
sus obras destacan “La formación de la mujer cristiana”, “El socorro de los pobres”, “El tratado del alma”, “Arte de hablar”,
“Ejercicios de lengua latina” y “Comentarios a la Ciudad de Dios de San Agustín”.
La crisis del Renacimiento
▪ En los años treinta y cuarenta, al compás del endurecimiento de las posturas religiosas, comenzaron a olvidarse los sueños
cosmopolitas e integradores del Humanismo.
▪ Un buen ejemplo es la obra de François Rabelais titulada “Gargantúa y Pantagruel”, publicada en cinco libros entre 1532 y 1564,
que muestra la evolución desde la creencia inicial en el hombre y el espíritu de tolerancia hasta el escepticismo y la resignación
frente al avance de la intolerancia.
▪ Europa se encaminaba hacia una época de definiciones y ratificación de las ortodoxias, que no dejaba espacio a las posturas
conciliadoras.
▪ Es cierto que muchas de las aportaciones del humanismo permanecieron en la cultura posterior, pero los nuevos tiempos eran más
propicios al conformismo resignado ante las adversidades, lo que propició actitudes escépticas como la del francés Michel de
Montaigne. Este autor, en sus famosos “Ensayos”, trasluce un desencanto crítico agudizado por la dura experiencia de la Francia
desgarrada por las guerras de religión, y una actitud resignada ante la imposibilidad de conocer los secretos de la naturaleza.
▪ Otros autores, como Giordano Bruno, optaron por profundizar en la veta filosófica, ocultista y hermética.
▪ Tal vez el elemento más positivo fuera el desarrollo de las culturas nacionales en el terreno literario, caracterizadas por la utilización
de las lenguas respectivas, y la recuperación de elementos de la propia historia y cultura, así como cierta revalorización de lo
maravilloso y lo irracional.
▪ Entre otros ejemplos sobresalen los poetas franceses de la “Pléiade”, encabezados por Pierre de Ronsard; el italiano Torquato Tasso,
autor del poema épico titulado “Gerusalemme liberata”; los poemas de Edmund Spencer y Philip Sidney, o el desarrollo del teatro
inglés en la época isabelina, con Christopher Marlowe.
▪ También incluimos el inicio del Siglo de Oro español, con la aparición del género picaresco con “El Lazarillo de Tormes”, de la
gran epopeya americana de Alonso de Ercilla titulada “La Araucana”, de la obra de Fernando de Herrera o de la literatura de
inspiración religiosa de fray Luis de León, Teresa de Jersús o Juan de la Cruz.
▪ En Portugal, destaca la figura de Luís de Camoens, autor de “Os Lusíadas”.
▪ En el arte, aparece el Manierismo, basado en la imitación de los grandes artistas de la etapa anterior, que es esencialmente un arte
cortesano que supondría la etapa de paso hacia el Barroco. En este ámbito destacan los pintores Tintoretto, Veronese o El Greco,
como algunos de sus principales representantes.
Ciencia y técnica en los siglos XV y XVI.
▪ La época del Renacimiento fue especialmente brillante en el terreno artístico.
▪ El Humanismo, por su parte, alcanzó también altísimas cotas en el terreno de las letras.
▪ Hubo, asimismo, avances en las técnicas, que permitieron, entre otros muchos ejemplos, elevar a gran altura y mantener suspendidas
las grandes masas de piedra de las cúpulas de Brunelleschi o Miguel Ángel.
▪ Sin embargo, la ciencia no avanzó en la misma medida. La interpretación del mundo físico siguió vinculada a la filosofía natural de
Aristóteles.
▪ Eso sí, hubo ya anticipaciones geniales como las de Nicolás de Cusa, o Leonardo da Vinci, quienes intuyeron que las matemáticas
eran la base del conocimiento del universo.
▪ En el campo de la medicina, fueron relevantes los estudios de fisiología del francés Jean Fernel o Girolamo Fracastoro, estudioso
de la sífilis. Otra figura variopinta es la del médico, alquimista y filósofo Paracelso.
▪ Por su parte, el aragonés Miguel Servet describió la circulación pulmonar y el flamenco Andreas Vesalio publicó “De humani
corporis fabrica” (1543), en la que defendía una anatomía empírica que ponía en cuestión muchas de las opiniones tradicionales
basadas en el griego Galeno.
▪ Por su parte, Nicolás Copérnico, en su obra “De Revolutionibus orbium caelestium”, defendió la teoría de que la Tierra giraba en
torno al Sol, que se enfrentaba con la concepción geocéntrica de Ptolomeo, sostenida también por la Iglesia y los reformadores
Lutero y Calvino, sobre la base de algunas afirmaciones de la Biblia. La defensa del heliocentrismo de Copérnico se basaba en
razones geométricas y estéticas, sin que hasta el siglo XVII surgieran las explicaciones de carácter físico o mecánico.
▪ Estos avances preludiaban la Revolución científica que habría de tener lugar en la centuria siguiente.
▪ Algunos de los progresos técnicos eran tributarios de los conocimientos de autores antiguos, como la geometría de Euclides, que
influiría en el hallazgo de la divina proporción.
▪ También fueron importantes los estudios en trigonometría, con autores como Johann Müller, o en álgebra, con los estudios de
Tartaglia o Girolamo Cardano.
▪ En el terreno de la técnica destaca con brillo propio la figura polifacética del florentino Leonardo da Vinci, inventor y dibujante de
numerosos ingenios y máquinas.
▪ Durante el Renacimiento hubo avances evidentes en las técnicas de la guerra, la artillería y la fortificación.
▪ También se produjeron importantes avances en el dominio del mar y en las representaciones geográficas, en las que destacó la
invención de la proyección de Mercator. La cartografía experimentó un gran desarrollo, vinculado sin duda a la expansión oceánica
y el descubrimiento de nuevos mundos. Especial importancia tuvieron el “Theatrum Orbis Terrarum” de Abraham Ortelius, o los
mapas del citado Gerardus Mercator.
▪ A los avances de la minería y la metalurgia se unirían los que se obtienen en el aprovechamiento de la energía proporcionada por el
agua o el viento a través de los molinos.
▪ Otro logro consistió en la reducción del tamaño de los mecanismos que se utilizaban en las máquinas para medir el tiempo, lo que
permitió la difusión de los relojes.
1.3 La ruptura de la Cristiandad
▪ Para entender la crisis generalizada que produjo la ruptura de la Cristiandad, hay que tener en cuenta la sacralización de la existencia
que caracterizaba a la sociedad de la Edad Moderna.
▪ La religión tenía una gran importancia e invadía casi todos los ámbitos de la realidad de las personas.
▪ Comparada con la vida eterna, en la que creían la abrumadora mayoría de las gentes, la terrena carecía de valor y tenía como objetivo
esencial el estar entre los elegidos, logrando así la salvación eterna, según la doctrina cristiana.
▪ De hecho, la obsesión por la salvación se encuentra en la base de la Reforma, pues constituye el eje en torno al cual se articula la
doctina de Martín Lutero, que defendía la salvación por la fe.
Crisis de la religiosidad medieval y primeras tentativas reformistas
▪ Desde la Baja Edad Media, existía un descontento generalizado con la Iglesia, los papas, el clero o las prácticas religiosas.
▪ Existía asimismo el deseo de volver a las enseñanzas genuinas del Evangelio.
▪ Además, respecto al papado, todavía faltaban varios elementos esenciales con los que se identificaría después: el primado romano
sobre los obispos no era aceptado por todos, no existía la infabilidad pontificia (no lo haría hasta 1870), y los papas no contaban con
la “auctoritas” moral que tendrían en otros momentos.
▪ La decadencia del papado se había hecho aún más evidente tras el cisma de Avignon y el concilio de Constanza (1414-1418),
realizado cuando había tres papas, y que no devolvió al papado ni la autoridad ni el prestigio perdidos.
▪ Tampoco ayudó a restaurar su prestigio el comportamiento de la mayor parte de los papas del Renacimiento, excesivamente
preocupados por su poder temporal.
▪ En los siglos XIV y XV, no solo habían adquirido un importante desarrollo las teorías conciliaristas, que defendían la superioridad
de los concilios sobre el papa, sino también las tendencias nacionales en las Iglesias de buena parte de los territorios europeos, que
aspiraban a una práctica independencia del poder de Roma.
▪ El poder religioso de los príncipes no era una simple práctica, sino que se basaba en toda una corriente de pensamiento teórico. Su
manifestación más genuina es el regalismo, que consistía en la pretensión de los reyes de gobernar sus iglesias, quedarse con una
parte de sus rentas e impedir las injerencias de un poder externo, como era el del papa.
▪ Los monarcas, en la práctica, presionaban y en ocasiones amenazaban a los papas. El regalismo francés, por su parte, conocido como
galicanismo, tenía una amplia tradición, y tanto la iglesia de las Galias como la de Inglaterra, que finalmente se separaría de la
obediencia de Roma, tuvieron una gran importancia durante esta época.
▪ También en Alemania existían fuertes pretensiones regalistas. Las quejas contra las exigencias fiscales e injerencias jurisdiccionales
de Roma se habían materializado en los conocidos como “gravamina Germaniae”, una lista de quejas contra los papas presentada
por primera vez en 1455 y que llegó a la Dieta del Imperio. De hecho, para muchos alemanes, el papa era un opresor de las libertades
germanas.
▪ La visión negativa de los pontífices era compartida también por gente de otros territorios europeos, que veían en ellos a una figura
extraña y lejana, ajena a su país e interesada sobre todo en las rentas que allí obtenían.
▪ Los papas también tenían defensores, como los teólogos curialistas, pero su aceptación como
▪ cabeza universal de la cristiandad resultaba problemática.
▪ El desprestigio de la Iglesia afectaba también a los eclesiásticos. Muchas de las jerarquías de la Iglesia estaban compuestas
esencialmente por señores temporales, preocupados sobre todo por el poder y las rentas, y que eran además poco ejemplares en sus
vidas. La acumulación de beneficios, el absentismo, la escasa formación y cultura, el apego excesivo por lo material, el
amancebamiento y la vida desordenada eran males comunes entre el clero.
▪ A todo esto se unía la degradación de la creencia y la práctica religiosa. La religiosidad de la mayoría de las gentes estaba llena de
supersticiones, ritos y creencias absurdas, fuertemente teñidas de paganismo.
▪ La creencia en una permanente intervención sobrenatural llenaba el mundo de milagros, lugares y objetos sagrados.
▪ La importancia dada a las reliquias, la preocupación por atesorar indulgencias, las peregrinaciones, las romerías, los disciplinantes,
y otra serie de prácticas habían desplazado a lo esencial de la fe y la experiencia religiosa.
▪ Detrás de todo ello se encontraba la obsesión por la salvación.
▪ El mejor ejemplo de la vinculación entre la obsesión por la salvación y los negocios estaba en el tráfico de indulgencias. Cualquier
cristiano podía conseguir la reducción de la pena en el Purgatorio por medio de indulgencias. Tal posibilidad alimentó un floreciente
y provechoso mercado.
▪ Las indulgencias se ganaban por una serie de medios, en los que se mezclaban actos de piedad y un determinado desembolso de
dinero. Además de las ordinarias, había indulgencias especiales, que el papa concedía mediante la oportuna bula, en beneficio de
instancias muy diversas, lo que hacía que reyes, obispos, ciudades y órdenes religiosas trataran de conseguirlas con la finalidad de
incrementar sus ingresos con su venta posterior.
▪ Las indulgencias tuvieron un papel muy importante en la financiación de numerosas catedrales, pero también de otras muchas obras
y actividades, algunas asistenciales y otras estrictamente civiles.
▪ En 1517, el mismo año en el que Lutero publicaba sus 95 tesis, por ejemplo, la ciudad de Ginebra trataba de conseguir de Roma la
renovación de la indulgencia extraordinaria con la que se sustentaba el hospital de la ciudad. También influían los banqueros, pues
el negocio de las indulgencias movía grandes cantidades de dinero ([Link]
▪ La predicación de las indulgencias era un espectáculo y constituía un momento de exaltación religiosa.
▪ Lutero protestaría contra ellas y los abusos que implicaban, pero ya antes se habían producido quejas, como las de las Cortes de
Castilla, y las de numerosos predicadores, moralistas y humanistas, como el propio Erasmo de Rotterdam.
▪ Esta religiosidad viciada se vio acompañada, a finales del siglo XV y principios del XVI, de un clima apocalíptico.
▪ La idea de que el fin del mundo y el Juicio Final estaban cerca incrementaba la conciencia de pecado, el sentimiento de culpa y el
temor ante un Dios que se juzgaba terrible y severo.
▪ Vinculado al fin del mundo estaba el Anticristo, que gobernaría el mundo antes de la llegada del reino de Cristo. Las diferentes
confesiones cristianas y vertientes de la Reforma identificaron al Anticristo con sus principales enemigos, según su propia ideología.
▪ Lutero, por ejemplo, estaba convencido de que el fin del mundo era inminente y una de las pruebas era que el Anticristo gobernaba
en Roma.
▪ La conciencia de la degradación de la fe y la práctica religiosa estaba muy difundida en el tránsito de la Edad Media a la Moderna
y había dado lugar al surgimiento de diversas iniciativas reformadoras antes de la llegada del luteranismo.
▪ Algunas de esas iniciativas fueron condenadas por la iglesia, como fueron las doctrinas de Jan Hus (c. 1370-1415), fundador del
movimiento husita.
▪ Pero hubo varios movimientos de reforma dentro de la propia ortodoxia, como las actuaciones encabezadas por el obispo Francisco
Jiménez de Cisneros en Castilla, que se basaron sobre todo en aspectos relacionados con la disciplina eclesiástica de los obispos y
las órdenes religiosas.
▪ En otros casos, la cuestión afectaba a la vivencia de una religión más íntima y depurada, como la corriente de la “Devotio moderna”,
surgida en los Países Bajos e inspirada en autores como Thomas de Kempis, que escribió la famosa obra “Imitatio Christi”.
Relacionado con ella se encontraban los Hermanos de la Vida Común, cuyas escuelas promovían una religión más íntima y centrada
en Cristo.
▪ Para quienes deseaban una religión más auténtica, la Biblia o Sagrada Escritura, y no el magisterio del papa, era lo que marcaba el
criterio a seguir. Por ello, uno de los libros más impresos y vendidos de la época fueron las Biblias. También explica la difusión de
las llamadas biblias de pobres, que ofrecían selecciones de textos y grabados para el uso del clero parroquial. Además, estas ediciones
no eran siempre en latín, sino que también se encontraban en las lenguas vernáculas.
▪ El biblismo no fue una aportación de Lutero, como tampoco lo fueron sus reclamaciones de una religión más auténtica, pues se
engloban en una corriente reformista anterior y más amplia.
▪ Lo verdaderamente importante de Lutero fue la transcendencia que alcanzaron sus planteamientos y el carácter definitivo de la
ruptura propiciada por él.
Lutero
▪ Fruto de los recientes estudios sobre este personaje es la visión de Lutero como un hombre movido por dos impulsos esenciales: la
búsqueda obsesiva de la salvación y el sometimiento al primado de su conciencia.
▪ Pese a la ruptura que provocó en la Iglesia, era marcadamente conservador en los aspectos políticos y sociales. Generalmente
moderado, también dio muestras de ser un hombre apasianado, como lo prueban sobre todo sus ataques contra todos aquellos que
cuestionaran o se opusieran a aspectos doctrinales esenciales para él.
▪ Fue un predicador de gran éxito y, sobre todo, un escritor de pluma fácil y brillante.
▪ Lutero nació en Eisleben en 1483. Se formó con los Hermanos de la Vida Común en Magdeburgo, y en el nominalismo de la
universidad de Erfurt, para después ingresar en la orden de San Agustín. Se doctoró en teología por la Universidad de Wittenberg,
donde enseñó durante varios años.
▪ El nominalismo y el agustinismo fueron esenciales para su pensamiento. El primero, por su separación radical entre el conocimiento
adquirido por la razón, que no era fiable, y el derivado de la teología. El segundo, por su desconfianza maniquea en el hombre, su
libertad, capacidades y méritos, frente a la omnipotencia de la Gracia divina.
▪ A éstas se uniría la influencia de la corriente mística medieval alemana de Eckhart o Tauler que, a la pequeñez del hombre frente a
Dios, añadía la idea de la experiencia de la divinidad directa y sin mediaciones.
▪ Su conocimiento de la Biblia le ratificó en la idea de la nulidad de las obras humanas frente a la acción salvadora de la Gracia de
Dios.
▪ Un último elemento era su creencia milenarista en la cercanía del fin del mundo.
▪ Inicialmente su lucha fue contra la escolástica, por lo que sus escritos se podrían haber quedado en el terreno de la disputa
universitaria.
▪ La repercusión inesperada de sus 95 tesis acerca de las indulgencias, publicadas en 1517, fue el impulso inicial, posteriormente
alimentado por nuevos rechazos, lo que le hizo seguir adelante hasta crear toda una nueva forma de enteder la fe y la religión.
▪ En sus tesis, partía de su concepto de la justificación o salvación del hombre por la fe, en virtud de los méritos de Cristo en la cruz,
y criticaba el engaño que se hacía a los fieles con las indulgencias, dada la incapacidad de la jerarquía eclesiástica para borrar las
penas del Purgatorio.
▪ La imprenta difundió sus tesis en pocas semanas. Preocupado por su repercusión, Lutero escribió textos en latín y en alemán, que
mandó imprimir, declarando su sumisión a la Iglesia de Roma y donde insistía en el carácter de disputa académica de sus tesis y en
su rechazo a ser considerado como un hereje.
▪ Fueron las reacciones en su contra de los meses siguientes las que le empujaron hacia la herejía, con una grave responsabilidad del
papa León X. En última instancia, se trataba de una disputa entre posiciones agustinianas y tomistas, que se hubiera podido resolver
con relativa facilidad.
▪ Fueron las circunstancias las que dieron al asunto una transcendencia que no buscaba Lutero. Frente a la reacción en su contra,
Lutero se reafirmó y desarrolló sus doctrinas, sorprendido por la facilidad con la que calaban en amplios sectores de la sociedad
alemana.
▪ La bula “Exsurge Domine” de 1520 condenaba como heréticas cuarenta y una de sus proposiciones, todas ellas aisladas de su
contexto. El 3 de enero de 1521, la bula “Decet Romanum Pontificem” excomulgó a Lutero, declarándole hereje.
▪ Su enfrentamiento con la Iglesia era cada vez mayor, al tiempo que el reformador reaccionaba contra el papa y contra Roma,
identificándola con la sede del Anticristo.
▪ Durante algunos años, hubo posibilidades de arreglo y concordia, a través de personajes como Carlos V o el teólogo Philipp
Melanchthon, que estuvieron dispuestos a hacer importantes concesiones para conseguir un acuerdo.
▪ Sin embargo, todos los intentos fueron frustrados por las circunstancias y los intereses de numerosos príncipes, señores territoriales
y ciudades libres del Imperio, que no solo veían en la aplicación de la Reforma una oportunidad inesperada para frenar el incremento
del poder del emperador y aumentar el propio, sino también una magnifica fuente de financiación.
▪ Tras la adhesión a la Reforma, se habían dado prisa en apoderarse de los bienes de conventos, monasterios y cofradías,
inmediatamente suprimidos, y no estaban dispuestos a devolverlos.
▪ Para muchos alemanes, además, era la ocasión de crear una Iglesia propia, desligada de dependencias exteriores.
▪ La reunión de un concilio se fue retrasando y, cuando al final se hizo, era ya demasiado tarde para superar la ruptura.
▪ El propio Lutero, que había abogado por un concilio al principio, acabó estando violentamente en su contra, como aparece en su
obra titulada “Acerca de los concilios y la Iglesia” (1539).
▪ Los papas tampoco estuvieron a la altura y sus intereses políticos y celos hacia el poder del emperador primaron muchas veces sobre
los de la Iglesia.
▪ Las opciones de llegar a un acuerdo estuvieron más en el Imperio que en la relación con el papado. Para Carlos V, la resolución del
conflictado creado era una cuestión decisiva para la paz de sus territorios alemanes. Por ello, fue muy importante la Dieta de Worms
de 1521, a la que asistió Lutero.
▪ En su intervención, proclamó sus doctrinas y cuando se le pidió que se retractase, apeló a su propia conciencia para negarse. El
resultado fue su condena por parte del emperador y su proscripción en el ámbito del Imperio, si bien la amplia aceptación que recibía
en muchos lugares mostraba la profunda división que había provocado en Alemania.
▪ Las relaciones posteriores de Lutero con el emperador y los intentos de este por resolver la división creada por la Reforma se
mezclaron con el resto de sus objetivos y precisiones políticas.
▪ Buena parte del éxito de la Reforma se debe a la fuerza e importancia de los escritos de Lutero.
▪ Uno de sus mayores méritos fue el de dirigirse no solo a los cultos, sino también a la gente común, para lo que utilizó en muchas
ocasiones el alemán, a cuyo desarrollo contribuiría poderosamente.
▪ Además de sus obras, se conservan miles de cartas y sermones, así como las llamadas “Charlas de sobremesa”, recopiladas por sus
devotos contertulios. Entre sus textos hay comentarios a diferentes libros bíblicos, meditaciones, tratados diversos, poesía, himnos,
música, villancicos, etc.
▪ En su “Tratado sobre el papado de Roma” (1520), expone su creencia en una Iglesia sin jerarquías, una comunidad de creyentes en
Cristo, única cabeza de la Iglesia, y basada en el primado exclusivo de la Sagrada Escritura, lo que implicaba la supresión del
pontificado.
▪ Su idea del sacerdocio universal sería desarrollada en su obra titulada “Manifiesto a la nobleza cristiana de Alemania”, aparecido el
mismo año. En él, critica al papa y los abusos de Roma de forma mucho más dura, al mismo tiempo que llama a las autoridades
civiles a impulsar la Reforma en sus territorios.
▪ El ataque más duro a la Iglesia aparecería en su escrito titulado “La cautividad babilónica de la Iglesia”, en el que manifiesta su
doctrina sobre los sacramentos, que considera meros signos salvíficos, y los reduce de siete a dos, los únicos establecidos por Cristo:
el bautismo y la eucaristía, aunque no rechaza totalmente la confesión o la penitencia.
▪ La iglesia católica defendía la presencia real de Cristo en la eucaristía mediante la transubstanciación. En contraste, Lutero defiende
la presencia simultánea tanto del pan y del vino como del cuerpo y la sangre de Cristo durante la misma.
▪ Dicha teoría fue conocida como consubstanciación y se convertiría en uno de los puntos fuertes de la doctrina del reformador.
▪ Lutero consideraba que el sacrificio en la cruz se realizó una única y exclusiva vez, por lo que se opone a la idea de misa como
repetición incesante del mismo, o a la de los sacramentos como transmisores de la Gracia.
▪ Las afirmaciones contenidas en “La cautividad babilónica de la Iglesia” fueron un punto de inflexión, pues atacaba buena parte de
las prácticas religiosas tradicionales, por lo que no solo le supuso algunas deserciones, sino también respuestas airadas, como la del
propio Enrique VIII de Inglaterra o Erasmo de Rotterdam.
▪ En 1520 también escribió “La libertad del cristiano”, una obra más amable donde reflexiona sobre la liberación del cristiano en
virtud de la muerte de Cristo en la cruz.
▪ Otras dos obras importantes de Lutero fueron la traducción del Nuevo Testamento al alemán y el tratado “Sobre los votos
monásticos”, que atacaba los fundamentos de la vida religiosa al considerarlos una invención humana, y que provocó una oleada de
deserciones de frailes y monjas, que se pasaron a la Reforma.
▪ Pero hay que recordar que Lutero no solo recibió adhesiones, sino que también experimentó muchos abandonos. Por ejemplo, los
humanistas acabaron dándole la espalda, sobre todo después de la publicación de “De servo arbitrio”, en 1525, donde respondía a
Erasmo. Los humanistas fueron incapaces de conciliar la cetralidad de su creencia en el ser humano con la antropología pesimista
de Lutero.
▪ Lutero siguió escribiendo durante toda su vida. De su obra posterior, destaca su edición completa de la Biblia en alemán, de 1533,
que continuó revisando hasta su muerte.
▪ En sus años finales, arreciaron sus ataques a sus enemigos y, especialmente, al papa, contra quien escribió su última obra conocida,
titulada “Contra el papado de Roma fundado por el demonio” (1545).
▪ La aportación doctrinal de Lutero suponía una simplificación de la creencia y la práctica religiosa, y otorgaba a sus fieles no solo
unos textos de fácil acceso, al estar escritos en su lengua vernácula, sino también una liberación de las frecuentes angustias anteriores
respecto a la salvación del alma.
▪ Pero el hecho decisivo para la implantación de la Reforma fue la actitud de los príncipes y gobernantes civiles.
▪ La sistematización de las doctrinas de Lutero debe mucho a la lealtad y capacidad del humanista Philipp Melanchthon, autor de
obras de síntesis como los “Lugares Comunes de la Teología” (1521).
▪ Dos fueron las principales afirmaciones de Lutero: la salvación únicamente por la fe, en virtud de los méritos de Cristo con su muerte
en la cruz, y el primado exclusivo de la Sagrada Escritura, única fuente de la fe.
▪ De ellas se desprenden otras, como la centralidad de Cristo y la desaparición de las mediaciones de la Virgen o los santos; el
sacerdocio universal, puesto que Dios habla a cada creyente a través de la Biblia; la supresión de la misa entendida como repetición
del sacrificio de la cruz; la reducción de los sacramentos a los únicos que él considera instaurados por Cristo; la eliminación de la
tradición como fuente de la fe, o la teoría de la consubstanciación sobre la presencia de Cristo en la eucaristía, siempre basada en su
interpretaicón del Nuevo Testamento.
▪ Sus planteamientos implicaban también la inexistencia de una Iglesia visible, pues solo existiría la invisible o espiritual, formada
por la comunidad de los creyentes, sin jerarquías.
▪ Lutero no se dio cuenta de la necesidad de aportar una mínima organización a su Iglesia. Su eclesiología es tardía y estuvo
escasamente desarrollada.
▪ Basándose en el “Manifiesto a la nobleza cristiana de Alemania”, apelará al poder civil como protector y cabeza de su organización
eclesiástica, lo que dará pie en diversos territorios a la organización de las ansiadas Iglesias nacionales.
▪ Estableció una especie de nuevo clero, los pastores o ministros del sacramento y la palabra, que podían casarse, y reintroduce la
organización eclesiástica basada en circunscripciones o diócesis, encabezadas por obispos nombrados por príncipes.
▪ Podemos ver el modelo de la Sajonia electoral, controlado por Lutero mientras vivió y exportado a otros territorios. Los dos
elementos claves fueron las visitas periódicas de las iglesias y el Consistorio, organizado entre 1538 y 1542.
▪ El Consistorio, creado inicialmente para resolver las cuestiones vinculadas con el matrimonio, iría acumulando competencias sobre
las iglesias hasta llegar a controlar la vida personal de los fieles, con investigaciones a cargo de comisarios y penas diversas, incluidos
el secuestro de bienes o la cárcel.
▪ El poder civil asumía también la jurisdicción eclesiástica y reproducía métodos de control no muy distintos a los de las inquisiciones
católicas.
▪ Tal vez los dos aspectos más positivos de la dependencia estatal fueron la extensión de la enseñanza, con índices de analfabetismo
bastante inferiores a los de los países católicos, y la transferencia al poder civil de la asistencia a pobres y enfermos.
Zwinglio
▪ Otro de los reformadores más importantes de la época fue Ulrich Zwinglio (1484- 1531). Los fermentos subversivos de su teología
influyeron en las reformas radicales más que los planteamientos de Lutero.
▪ Estudió en las universidades de Viena y Basilea, tras lo que se ordenó sacerdote. Durante diez años, tuvo ocasión de acompañar
como capellán a los mercenarios que servían en el ejército del papa. La experiencia terrible de la Batalla de Marignano (1515) le
llevó a predicar el pacifismo y el abandono de la profesión militar de los suizos.
▪ Posteriormente, bajo la influencia de Erasmo y Lutero, se convirtió a la Reforma, atacó la abstinencia pascual, se casó, defendió el
matrimonio de los clérigos y dejó claro en sus escritos la autoridad exclusiva de la Sagrada Escritura.
▪ En ese momento, se estaba produciendo también la transformación de la ciudad de Zurich, que en 1523 celebró la disputa teológica
de adhesión a la Reforma.
▪ Dicha disputa se basó en 67 tesis, que fueron preparadas por Zwinglio.
▪ La ciudad adoptó un modelo religioso muy estricto inspirado por él, donde la predicación lo dominaba todo.
▪ La reforma de Zwinglio tuvo una preocupación específica por la atención a los pobres y la enseñanza. Para el auxilio a los necesitados
se utilizaron los bienes secularizados de monasterios y cofradías, mientras que la enseñanza se financió con las rentas de la colegiata,
en la que se fundó una importante escuela de formación bíblica.
▪ Zwinglio escribió una serie de obras sencillas, formativas y orientadoras de la liturgia, como el catecismo titulado “Breve instrucción
cristiana” (1523) o el “Comentario sobre la verdadera religión” (1525), en el que resume sus doctrinas.
▪ Zwinglio admitía solo dos sacramentos, el bautismo y la cena (eucaristía), ambos con el carácter de meros símbolos. Para el suizo
no había presencia real y física del cuerpo y la sangre de Cristo, sino una mera conmemoración simbólica.
▪ Su idea inicial era la de una iglesia invisible, pero pronto y ante la experiencia de desviaciones como la del anabaptismo, se dio
cuenta de la necesidad de organizar a los creyentes.
▪ Surgió así en Zurich una Iglesia marcadamente inquisitorial, gobernada por un Consejo Secreto del que formaban parte miembros
del gobierno de la ciudad y predicadores, todos ellos bajo la inspiración y guía teocrática del reformador.
▪ El Consejo controló de forma rigurosa la vida de los habitantes de la ciudad mediante el Tribunal Matrimonial, cuya misión inicial
de regular las cuestiones matrimoniales se fue extendiendo a otros muchos aspectos, incluidas las ideas, en la que sería la primera
experiencia puritana en el seno de la Reforma.
▪ Su deseo de incorporar toda Suiza llevó a los cantones rurales católicos a organizarse contra él. Zwinglio acabó siendo excomulgado,
aunque continuó siendo protegido por su ciudad.
▪ Los campos católico y protestante se dividieron y el enfrentamiento se hizo inevitable. Aunque entre los protestantes figuraban los
importantes cantones de Berna y Basilea, así como la ciudad imperial de Constanza, Zwinglio se enfrentó con escasas fuerzas al
ejército católico, que le derrotó en la Batalla de Kappel de 1531.
▪ Zwinglio murió en combate y su cadáver fue quemado como hereje. Sin embargo, esta derrota no supuso un avance sustancial de
los católicos.
▪ Después de dicha batalla, se trazó una frontera muy rígida entre cantones católicos y protestantes, con una aplicación precoz del
principio “cuius regio, eius religio”.
▪ Desde una fecha tan temprana, empezaba a evidenciarse que la adhesión a a la Reforma no iba a ser cuestión de conciencia individual,
sino de la confesión oficial adoptada por las autoridades civiles.
▪ Quienes no estuvieran de acuerdo, solo podían conformarse o emigrar.
▪ En Zurich, Zwinglio fue sustituido por el más prudente y moderado Heinrich Bullinger, quien logró clarificar los límites entre los
poderes civil y religioso, acogió a varios exiliados confesionales y consiguió reunir a las principales ciudades suizas, junto con
Estrasburgo, logrando llegar a acuerdos incluso con Calvino.
▪ Desde los años sesenta, el zwinglianismo, bastante más moderado, alcanzaría alguna expansión por certroeuropa, Francia, Escocia
y el Palatinado renano.
Rebeliones y reformas radicales
▪ La expansión de las doctrinas de Lutero no fue siempre del agrado del reformador.
▪ Era difícil que los cambios que propiciaba no fueran vistos por algunos como la ocasión para mezclar con el Evangelio
reivindicaciones sociales diversas o para amparar en él sueños radicales e igualitarios.
▪ Los primeros fueron sus convencinos de Wittenberg, quienes se dejaron llevar por las predicaciones de Andreas Bodenstein o
Karlstadt (Carlostadio). Él no circunscribía la libertad del cristiano al ámbito personal de sus relaciones con Dios, sino que trató de
aplicarlo a la conformación de la sociedad.
▪ En Wittenberg se invadieron iglesias, se destruyeron libros, imágenes, altares y objetos de culto, se expulsó a los sacerdotes católicos,
se cambió la misa o se reformó la caridad. Al final, Karlstadt, rechazado por Lutero, tuvo que emigrar.
▪ Casi inmediatamente se manifestó el malestar de los caballeros del suroeste de Alemania, que vieron comprometida su situación
tanto por la inflación como por las transformaciones políticas y militares. Un número impreciso de ellos, bajo el liderazgo de Ulrich
von Hutten y Franz von Sieckingen, intentaron aprovechar la Reforma para ocupar y secularizar las tierras del arzobispado de
Tréveris.
▪ El ataque acabó en un sonoro fracaso, no solo por la eficaz defensa del arzobispo, sino también por la solidaridad que encontró entre
los príncipes alemanes que no estaban dispuestos a tolerar que se pusiera en duda su posición de privilegio.
▪ Les siguieron poco después los campesinos (1524-1525), cuyo levantamiento armado contaba con diversos precedentes en las
décadas anteriores. Iniciado en la zona meridional de la Selva Negra, se propagó por el sur, norte y este del Imperio, y se trató de un
movimiento confuso, desorganizado y con diversos focos y expresiones, en el que se mezclaba el Evangelio con reacciones
antiseñoriales, anhelos de reparto de las propiedades eclesiásticas y propuestas igualitarias, subversivas del orden social.
▪ Su objetivo esencial eran los monasterios y castillos, aunque atacaron también alguna ciudad. Fueron frecuentes las acciones
violentas, así como la destrucción de imágenes y reacciones anticlericales.
▪ Junto a los programas moderados de algunos campesinos, hubo otros radicales, como el surgido en el Tirol (1525-1526), bajo la
inspiración de Michael Gaismair, que proyectaba una sociedad utópica e igualitaria en la que prácticamente desaparecía la propiedad
privada.
▪ Coincidiendo con las sublevaciones campesinas, tuvo lugar la utopía de Thomas Müntzer (1489-1525).
▪ Mezcló sus afanes reformadores con la preocupación por los pobres y los sueños apocalípticos de crear la Iglesia de los elegidos.
Acabó identificando a los elegidos con los desfavorecidos, lo que incrementó las reacciones en su contra.
▪ Enfrentado a los poderes civiles y al propio Lutero, se instaló en la ciudad libre de Mühlhausen y trató de realizar allí su Iglesia y su
sociedad de los elegidos-pobres, que daría paso al reino de Dios en la tierra.
▪ En un clima de exaltación religiosa, se aprestó a defenderla por las armas, poniéndose al frente de los desorganizados campesinos.
▪ El 15 de mayo de 1525 fueron severamente derrotados en la Batalla de Frankenhausen. Müntzer fue torturado y decapitado.
▪ No sería la única, pero sí la más importante de las derrotas sufridas por los campesinos a manos de los ejércitos mejor organizados
de los príncipes que, diferencias religiosas aparte, consideraban prioritario restablecer el orden.
▪ También destacan los anabaptistas, nombre con el que se conoce a una serie de grupos y tendencias poco organizadas, que se
autodenominaban hermanos y que desataron las iras y persecuciones tanto de los poderes civiles como de Lutero y Zwinglio.
▪ La Dieta de Spira de 1529 convirtió la prohibición del anabaptismo en ley del Imperio. El término anabaptista alude a su
decisión de rebautizar o postponer el bautizo a la edad adulta.
▪ La amplia oposición que suscitaron se basaba también en su igualitarismo radical, y en la negación de cualquier forma de iglesia y
de sociedad civil. A ello se unía un tercer elemento, su carácter sectario, es decir, la exclusión de los demás al considerarse ellos los
únicos elegidos por Dios.
▪ Las persecuciones a las que se vieron sometidos les dieron una conciencia de martirio y les convirtieron en emigrantes casi
permanentes, en busca de la tierra prometida en la que realizar sus ideales, al tiempo que su espiritualismo y su desprecio por los
poderes terrenales les convirtió habitualmente en pacifistas, enemigos del pago de impuestos y contrarios a cualquier compromiso
cívico.
▪ Las manifestaciones del anabaptismo fueron múltiples y variadas, y siempre fuertemente reprimidas.
▪ Al principio, buscaban estrictamente la transformación personal, pero más adelante hubo intentos de cambiar también la sociedad,
como el de las comunidades de hermanos de la zona minera del Tirol, llamados hutteritas, por su inspirador Jakob Hutter, que
proponía abolir la propiedad privada.
▪ Otros grupos, convencidos de la proximidad del fin del mundo, trataron de anticiparlo instaurando en la tierra el Jerusalén celeste.
El peletero Melchior Hoffmann, que se presentaba como el profeta Elías, predijo en Estrasburgo el final de los tiempos y el
exterminio de los impíos en el año 1533; al no ocurrir ninguna de ambas cosas, pasó encarcelado el resto de sus días.
▪ La experiencia más significativa fue la que se produjo en los Países Bajos, donde dirigentes como Jan Mathijs hicieron realidad en
la ciudad de Münster (1534-1535), la idea de que el reino de Dios debía establecerse por la espada y la violencia, para lo que instauró
con sus seguidores un régimen de propiedad común, sin monedas ni víveres privados, y con las puertas de las casas abiertas.
▪ Aunque el profeta murió pronto, en un intento de extender su “reino de los santos”, fue sucedido por un antiguo sastre, Jan van
Leiden. Cesó al Consejo con la disculpa de que había sido elegido por los hombres, atribuyéndose todo el poder como designado
por Dios, acompañado por doce jueces en recuerdo de las doce tribus de Israel.
▪ El asedio al que fueron sometidos por parte del desposeído obispo y una alianza de príncipes católicos y protestantes extendió el
fanatismo, así como el hambre y las prestaciones colectivas.
▪ Leiden decretó la poligamia en mayo de 1534, con pena de muerte para quienes se opusieran y, como el número de varones se
reducía, obligó a todos los hombres a tomar mujeres sin límite y a las mujeres a aceptar al primero que las solicitara.
▪ Se hizo ungir rey del pueblo de Dios, de la nueva Sión. Su control de la vida y los comportamientos de la gente se hizo aún más
agobiante y una de sus esposas fue decapitada por hablar de él. Ante la escasez de alimentos, expulsó a niños, ancianos y mujeres,
muchos de los cuales fueron asesinados tras traspasar la muralla.
▪ Todo concluyó cuando unos traidores abrieron las puertas el 25 de junio de 1535. La represión fue brutal y los principales
responsables fueron condenados a morir asados en parrillas.
▪ Los últimos restos del anabaptismo fueron influidos por el antiguo sacerdote católico Menno Simons (1496-1591), quien lo convirtió
en una espiritualidad interior, basada en el dolor y la aceptación pasiva de las persecuciones. Simons eliminaba dos de los elementos
que más oposición habían suscitado, pues ni rechazaba la autoridad ni pretendía imponer modelo social alguno. Con todo, el
movimiento se extinguió poco después de su muerte, aunque tendría manifestaciones posteriores en los llamados menonitas.
La segunda generación de reformadores. Calvino
▪ A partir de los años cuarenta del siglo XVI surgió una nueva generación de reformadores, entre los que destaca Calvino.
▪ Esta nueva Reforma tenía un carácter más público, proselitista y expansivo, y, por lo tanto, también combativo.
▪ Si la Reforma inicial se había apoyado en la protección de los poderes civiles, la impulsada por Calvino no los necesitaba en la
misma medida y era capaz de imponerse a ellos si resultaba necesario.
▪ Una tercera caracterísetica era la importancia que tenía en ella la organización eclesial, secundaria para los primeros reformadores.
▪ Calvino nació en Noyon en 1509. Se licenció en Derecho en Orléans y asistió a cursos de filología humanista en el Collège de
lecteurs royales de París.
▪ Se fue convirtiendo a la Reforma y en 1534, durante una dura represión llevada a cabo por Francisco I, abandonó Francia,
refugiándose en Basilea.
▪ Allí redactó su obra más famosa, “Institución de la religión cristiana”. En ella se exponía de forma clara y sistemática la fe de
Calvino.
▪ En 1536 se desvió a Ginebra, donde se encontraba en plena efervescencia la reforma radical del francés Guillermo Farel, con quien
se quedó. Pronto surgieron tensiones en la ciudad cuando ambos trataron de forzar la adhesión individual y pública a la Reforma.
Enfrentados con la autoridad civil, se vieron obligados a escapar.
▪ Escribió entre otras obras el “Tratado sobre la santa cena” en 1541, donde entendía esta en un sentido espiritual, como alimento de
la fe, lo que suponía una postura intermedia entre el realismo de Lutero y el simbolismo de Zwinglio.
▪ Su teología partía de las ideas básicas de Lutero sobre las relaciones entre el hombre y Dios, pero las llevaba a sus últimas
consecuencias.
▪ El dominio absoluto de Dios, la ineficacia de los méritos del hombre y el conocimiento divino de los más mínimos detalles del
devenir humano desembocaban en una doctrina tan terrible como la de la predestinación inapelable.
▪ Dios daba pruebas consoladoras de su elección, como la pertenencia a la Iglesia Calvinista.
▪ En 1541 volvió a Ginebra. Allí implementó su modelo de la ciudad religiosa basada en la Biblia, la cual plasmó en las “Ordenanzas
eclesiásticas de la Iglesia de Ginebra”, que establecían cuatro ministerios: los pastores o ministros, los diáconos, los doctores y los
ancianos laicos.
▪ Los pastores eran la base de la organización. Se ocupaban de predicar la palabra y administrar los dos sacramentos admitidos por
Calvino, la cena y el bautismo.
▪ Dada su importancia, eran cuidadosamente seleccionados por los magistrados civiles del Consejo de la ciudad.
▪ Los diáconos se encargaban de asistir a los pobres y a los enfermos en el hospital general creado en la ciudad para tal fin.
▪ Los doctores tenían a su cargo la formación de todos los habitantes, así como de los futuros magistrados y pastores.
▪ En la cúspide eclesiástica se situaba el Consistorio, institución de la que formaban parte los pastores con los ancianos laicos,
delegados del gobierno civil, y que regulaban hasta en los más mínimos detalles la vida de los ginebrinos, garantizando la ortodoxia,
la disciplina y la moralidad.
▪ Se prohibieron los juegos de azar, los espectáculos, las lecturas profanas, el lujo…
▪ La represión de los herejes y disidentes fue brutal, como experimentó Miguel Servet, que fue quemado en la hoguera en 1553.
▪ Por encima de toda la estructura eclesiástica se situaba el reformador como auténtico profeta y guía de la comunidad.
▪ Cuando murió Calvino en 1564, fue sucedido por su discípulo Teodoro de Beza.
▪ Ginebra y el calvinismo aportaron a la Reforma un modelo riguroso, fundamentalista y adusto. Pero se trataba de un modelo
poderosamente expansivo, impulsado además por el proselitismo de sus fieles.
▪ El calvinismo prendió en muchos lugares de Europa, especialmente en Escocia, Polonia, Bohemia y Hungría. Los dos grandes
conflictos religiosos de la segunda mitad del siglo en Francia y los Países Bajos fueron una consecuencia de las resistencias con que
tropezó su expansión. Ello le hizo evolucionar en la oposición a la monarquía, con textos como los del reformador escocés John
Knox.
El Concilio de Trento y la Contrarreforma
▪ Otro de los problemas que estaba en la base de la Reforma era la propia indefinición doctrinal de la Iglesia.
▪ Un buen número de quienes deseaban cambios dentro de la ortodoxia no se limitaban a pedir una moralización de las costumbres o
una religión más centrada en Cristo e interior, sino que querían también aclaraciones en muchos aspectos.
▪ La mayoría pensaba que la única solución pasaba por un concilio, que el propio Lutero reclamaba en un principio.
▪ Sin embargo, la idea de un concilio tenía también numerosos enemigos y, entre ellos, se encontraban los más firmes partidarios del
poder pontificio, pues temían que pudieran resurgir con fuerza las tesis que pretendían la superioridad de tales reuniones sobre el
papa.
▪ Además, poco antes se había reunido el V Conclio de Letrán (1512-1517), que no había servido para la reforma de la Iglesia.
▪ Al final, el concilio se retrasó tanto que ya no sirvió para recomponer la unidad perdida cuando en efecto se celebró, aunque sí para
fijar la doctrina de la Iglesia y para adoptar toda una serie de medidas disciplinares que mejorasen la formación, la práctica religiosa
y la calidad moral del clero y los fieles.
▪ El concilio fue finalmente convocado en la ciudad de Trento por el papa Paulo III. Comenzó en 1545 y concluyó en 1563.
▪ Sufrió dos prolongadas interrupciones, una de las cuales llegó a durar diez años (1552- 1562).
▪ Se divide en tres fases relativamente breves, con tres papas distintos: la primera, de 1545 a 1548, bajo Paulo III; la segunda, de 1551
a 1552, bajo Julio III, y la tercera, de 1562 a 1563, bajo Pío IV.
▪ Los protestantes rehusaron asistir y solo enviarían representantes en 1551, obligados por el emperador tras su victoria en Mühlberg.
▪ Los participantes pasaron de 60 en la primera a 235 en la última fase.
▪ Casi dos tercios eran italianos, seguidos de españoles, franceses, alemanes e ingleses.
▪ Los acuerdos del Concilio han tenido una importancia decisiva en la configuración de la Iglesia católica hasta el siglo XX.
▪ El concilio supuso una reafirmación de la doctrina católica frente a las diversas reformas.
▪ Las fuentes de la fe no se reducen a la Biblia, sino que incluyen también la tradición cristiana y el magisterio de la Iglesia. La Biblia
no podía ser interpretada libremente por los fieles, sino a través del magisterio de la Iglesia.
▪ La versión oficial de la Biblia sería la Vulgata de san Jerónimo, que había sido muy criticada por humanistas y reformadores.
▪ La justificación (salvación) no se obtiene únicamente por la fe, sino también por las obras y en virtud de la Gracia divina, que se
transmite a través de los siete sacramentos tradicionales. Uno de los sacramentos, el orden sacerdotal, separa a quienes lo reciben
del resto de los fieles, lo que alejaba a la Iglesia de la idea del sacerdocio universal de los reformadores.
▪ Se confirmó la presencia real de Cristo en la Eucaristía, a través de la transubstanciación.
▪ También se insistió en el valor modélico de la Virgen y los santos, y la función de mediadores que justifica su culto.
▪ Para evitar nuevas desviaciones dogmáticas, Paulo III creó la Congregación del Santo Oficio, comisión de cardenales con funciones
inquisitoriales situados en la cúspide de la Iglesia.
▪ Entre las principales víctimas de la Inquisición romana estuvieron el filósofo y astrónomo dominico Giordano Bruno, quemado en
la hoguera por herejía en 1600, y el filósofo Tommaso Campanella, acusado de rebelión y herejía tras una conjura en Calabria en
1599 donde se pretendía instaurar una república comunista y teocrática. Pasó casi veintisiete años en prisión, donde escribió su su
utopía titulada “La città del Sole”.
▪ En el ámbito disciplinar, el concilio de Trento adoptó numerosas medidas tendentes a incrementar la instrucción, piedad y moralidad
de los eclesiásticos.
▪ Se prohibió la acumulación de beneficios, se obligó a la residencia de los que tenían cargas pastorales y se reafirmó y exigió con
mayor firmeza el celibato.
▪ Se crearon los seminarios diocesanos para la formación de los futuros sacerdotes.
▪ Los obispos tendrían que controlar la vida de sus diócesis mediante visitas pastorales periódicas.
▪ Otras disposiciones importantes afectaron a la vida de los fieles y, para la instrucción religiosa, se impusieron las lenguas vernáculas
y los catecismos, sencillos compendios de la doctrina cristiana que eran explicados por los clérigos. Para tal efecto, Carlo Borromeo
redactó el famoso “Catecismo Romano” en 1566, para el uso de los sacerdotes y que serviría de guía a los que aparecieron en años
posteriores. Se impuso el breviario para el rezo, un misal romano y un texto oficial de la Biblia.
▪ La obsesión por el control llevó a Paulo IV a crear el índice de libros prohibidos, vigente hasta el Concilio Vaticano II en el siglo
XX, y que recogía todas las obras que no podía leer un católico.
▪ Se ratificó la liturgia en latín y se insistió en las formas tradicionales de piedad rechazadas por los reformistas, aunque siempre bajo
la supervisión eclesiástica.
▪ Antes de Trento se habían realizado reformas de órdenes religiosas, y creado otras. Entre las nuevas órdenes creadas en el siglo XVI,
destacan tres: los teatinos, orientados hacia la reforma moral del clero y la predicación; los capuchinos, una escisión de los
franciscanos, y los jesuitas.
▪ Los jesuitas fueron fundados en 1540 por Íñigo de Loyola, quien concibió una agrupación basada en la selección rigurosa y la
formación profunda de sus miembros, y con un cuarto voto de obediencia al papa. Destacaron en tres campos esenciales: la
educación, especialmente de las elites; el confesionario y la dirección espiritual de reyes y poderosos, y las misiones en el Nuevo
Mundo. También se involucraron en la promoción de la piedad de los sectores populares, mediante procesiones, misiones periódicas
y otras prácticas.
▪ La reforma católica surgió de una intensificación de la vida religiosa, que se reforzó a raíz de Trento.
▪ España tuvo un papel protagonista en la creación de una nueva espiritualidad, en la que destacaron los místicos.
▪ Existen muchas definiciones de la mística. Juan de la Cruz decía que era lo siguiente: “La contemplación por la cual el entendimiento
tiene más alta noticia de Dios llaman teología mística, que quiere decir sabiduría de Dios secreta, porque es secreta al mismo
entendimiento que la recibe”.
▪ Ya en la primera mitad del siglo hay importantes místicos como fray Luis de Granada, Juan de Ávila, o el propio Ignacio de Loyola.
Sin embargo, su periodo culminante es el que va de 1560 a 1600 con fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
▪ Otra expresión religiosa hispana fueron los alumbrados. Se caracterizaron por la negación de la acción, el dejamiento, la confianza
en la iluminación divina o el amor de Dios, con la exclusión de los demás mandamientos. Se consideraban a sí mismos perfectos,
autosuficientes, ciertos de la salvación y de su imposibilidad de pecar. Entre sus practicantes se encontraron mujeres como Isabel de
la Cruz o María Cazalla y fue un movimiento fuertemente perseguido por la Inquisición.
▪ Trento ratificó como modelo de la perfección religiosa el de los regulares (monjes, monjas y frailes), lo que llevó a una proliferación
de nuevas órdenes. De hecho, la mayoría de las canonizaciones del siglo posterior al concilio fueron de monjas y frailes.
▪ En la renovación de la Iglesia católica tuvo un peso muy elevado la reacción contra la Reforma, es decir, la Contrarreforma, pero no
fue la única razón de su aparición.
▪ Sin embargo, hubo reformadores que no rompieron con la Iglesia de Roma, algunos anteriores a Lutero, por lo que no cabe hablar
en su caso de reacción.
▪ También dentro de la Iglesia existió una fuerte tendencia que buscaba la renovación de la fe y la práctica religiosa con la misma
honestidad que muchos de los reformadores evangélicos o protestantes.
▪ El concepto de “Contrarreforma” no ha de entenderse necesariamente en un sentido negativo. Es cierto que eliminó muchos
elementos renovadores, pero también fue una reafirmación sincera y honesta de la propia fe.
▪ También hay que tener en cuenta que ambos conceptos adquieren todo su sentido cuando se refieren a dos tiempos diversos: un
primero protagonizado por la insatisfacción y la búsqueda (el de la Reforma), y otro posterior de certezas respectivas y de
confrontación (el de la Contrarreforma).
▪ En cuanto a la intolerancia, era la norma de la época y no solo en el ámbito de la religión. Solo algunas personas, muy pocas,
permitían concebir alguna esperanza en este sentido, como fueron Tomás Moro y Sébastien Castellion.
Una nueva geografía religiosa. La Europa confesional.
▪ Desde 1521, la Reforma de Lutero se extendió por el Imperio, donde las primeras en acogerla fueron la mayoría de las ciudades
importantes, entre las que se encontraban Núremberg, Estrasburgo, Augsburgo o Hamburgo.
▪ La Reforma no solo no propiciaba cambio social alguno. Por el contrario, reforzaba a los grupos dominantes. Para adherirse a la
Reforma, la fórmula habitual era una disputa pública, tras la que se adoptaban las medidas oportunas.
▪ Numerosos príncipes fueron adhiriéndose a la Reforma dentro del Imperio, como Alberto de Brandeburgo, Gran Maestre de la Orden
Teutónica, que secularizó parte de las posesiones de la orden en el norte de Alemania y en Prusia Oriental, convertida por él en
ducado en 1525.
▪ Al final de la vida de Lutero, Alemania quedó prácticamente dividida, con algunas excepciones. El norte y el centro eran territorios
luteranos, mientras que el sur era predominantemente católico.
▪ Las dos principales dinastías del Imperio, los Wittelsbach de Baviera y los Habsburgo, continuaron siendo católicos. Los principales
obispados independientes, entre los que se encontraban los tres electores eclesiásticos de Maguncia, Colonia y Tréveris, se
mantuvieron fieles a Roma.
▪ El luteranismo se extendió también fuera de Alemania, con seguidores en buena parte de los páises europeos. Pero alcanzó un gran
éxito en los países bálticos, en los que la influencia de Roma era muy escasa. En estos últimos territorios, el elemento esencial fue
la política, en un periodo de inestabilidad marcado por la independencia de Suecia y el fin de la Unión de Kalmar.
▪ Tanto en Dinamarca como en Suecia, y en los territorios vinculados a ellas, el luteranismo permitió reforzar el poder real.
▪ La expansión posterior del calvinismo por los Países Bajos, Francia y Escocia, junto con la separación de Inglaterra de la Iglesia de
Roma, contribuyeron a diseñar un nuevo mapa religioso europeo.
▪ Sin embargo, aún existieron muchas zonas conflictivas.
▪ La ruptura religiosa del siglo XVI, el antagonismo entre las diversas confesiones que sugieron de la misma y el afán expansivo de
unos y otros favorecieron el incremento del poder civil sobre las Iglesias, que era uno de los grandes objetivos de príncipes y
gobernantes.
▪ Las Iglesias adquirieron un fuerte carácter territorial o nacional, que se manifestaba en un doble aspecto: el fuerte disciplinamiento
social de los propios súbditos, y el proceso de confesionalización, o vinculación entre la fe reafirmada y los objetivos políticos, que
marcaría las relaciones entre los estados hasta mediados de la centuria siguiente.
Tema 2. Monarquía e Imperios. La expansión turca y guerras de Italia. La hegemonía española y
el orden europeo. El Sacro Imperio.
2.1 Expansión turca y guerras de Italia
Formación y crecimiento del poder otomano
▪ El concepto de “relaciones internacionales” se ajusta mal a los siglos XV y XVI, en los que la política puesta en práctica entre los
diferentes príncipes y gobernantes europeos tenía un fuerte carácter personal. Por ello, Lucien Bély ha propuesto hablar más
propiamente de relaciones entre príncipes o soberanos.
▪ Tal vez los dos hechos de comienzos de la Edad Moderna que mayor influencia tuvieron en este ámbito fueron la constitución y
expansión del Imperio turco y las guerras de Italia.
▪ El primero convirtió a los otomanos en la principal amenaza para la cristiandad occidental.
▪ Por otra parte, las guerras de Italia marcaron el inicio de la competencia entre príncipes en la Edad Moderna, otorgando a su vencedor,
España, una supremacía europea que habría de mantenerse durante los cien años posteriores.
▪ Los turcos eran una amplia variedad de pueblos procedentes del Turquestán, en Asia Central, de los que surgieron los selyúcidas,
creadores de un imperio extendido por Anatolia y las actuales Irán e Irak entre los siglos XI y XIII, antes de su destrucción por
Gengis Khan.
▪ En el siglo XIV otro grupo de poblaciones turcas, los otomanos u osmanlíes, se desplazaron también hacia el oeste para crear un
nuevo y más perdurable Imperio turco que se convirtió en la gran amenaza para la supervivencia del Imperio bizantino.
▪ Instalados en la mayor parte de Asia Menor, ocuparon algunas isla griegas y penetraron en el continente europeo, donde atacaron a
los pueblos eslavos de los Balcanes. La victoria otomana en la Batalla de Kosovo de 1389 les permitió someter a vasallaje a Serbia
y su acción expansiva se completó con la conquista de Bulgaria, Tesalia y la península de Anatolia.
▪ Su expansión se detuvo efímeramente con el resurgimiento de los mongoles con Tamerlán, a cuya muerte en 1405 se reanudó.
▪ El hecho más conocido de dicha expansión fue la toma de Constantinopla por Mehmet II en 1453, que se convertiría en capital del
Imperio turco con el nombre de Estambul. Mehmet II continuó la expansión turca por los Balcanes y en 1459 los últimos reductos
de la Serbia independiente pasaron a convertirse en la provincia fronteriza otomana de Semendria, pese a que los turcos fracasaron
en su intento de conquistar Belgrado. Bosnia fue invidadida en 1463-1464 y en Grecia ocuparon el príncipado de Atenas, las zonas
de la península de Morea en poder de los griegos y algunas islas del Egeo.
▪ En 1470 arrebataron a Venecia la isla de Negroponte (Eubea) y en 1478 acabaron con la dilatada resistencia que habían ofrecido las
montañas de Albania, encabezada principalmente por el conocido como Skanderberg.
▪ En 1480 tomaron Otranto, en el extremo oriental de Italia, lo que provocó el pánico de los cristianos. Un poco antes, en 1461, se
habían hecho con el estado griego de Trebisonda y con Crimea en 1479.
▪ La conquista se ralentizó durante el reinado del sultán Bayaceto II (1481-1512). Pero continuó su avanece con la ocupación de
Bosnia y Herzegovina y el reforzamiento de sus posiciones en el Adriático, lo que aumentó su amenaza sobre Venecia.
▪ Sin embargo, en su guerra contra Venecia (1499-1503) le arrebataron buena parte de sus dominios en la costa oriental de dicho mar
y en la península de Morea.
▪ La guerra con Persia estalló en tiempos de Selim I (1512-1520), quien logró la importante victoria de Tchaldirán (1514), que asentó
su dominio sobre Armenia y el norte de la actual Irak, extendiéndolo sobre el Kurdistán. Su principal efecto, no obstante, fue el de
conjurar durante bastante tiempo el peligro persa.
▪ La debilidad de los mamelucos y el temor a su alianza con Persia le animaron además a la rápida conquista de Siria y Egipto (1516-
1517).
▪ Siria y Egipto supusieron la expansión de su imperio por el noroeste de África y consolidaron su dominio sobre el Mediterráneo
oriental.
▪ En el terreno económico, Egipto fue un importante granero para el Imperio y posibilitó la participación de los turcos en el tráfico
del oro procedente de Etiopía y Sudán y, más tarde, en el comercio de las especias con la Cristiandad.
▪ Desde el punto de vista simbólico, era la primera vez que un sultán otomano tenía bajo su protección las dos ciudades sagradas
musulmanas de Medina y La Meca.
▪ Selim I inició la construcción del gran arsenal de Estambul e intensificó la política de Bayaceto, tendente a dotar al Imperio de una
poderosa flota naval. A su muerte en 1520, el Imperio turco era una potencia de primer orden cuyo poder se extendía por tres
continentes: Asia, Europa y África.
▪ La época de máximo esplender llegaría con su hijo Solimán, conocido como el Magnífico, cuyo reinado (1520-1566) coincide casi
en fechas con el de su gran enemigo occidental, el emperador Carlos V.
▪ Al principio de su reinado, tomó Belgrado (1521) y la fortaleza de Rodas, en el Mediterráneo (1522).
▪ Sin embargo, el mayor de los éxitos iniciales de Solimán fue la victoria de Mohács (1526) en la que murió el rey Luis II y la artillería
turca destrozó la caballería húngara. La capital, Buda, y Transilvania le prestaron vasallaje, mientras el hermano del emperador,
Fernando de Habsburgo, elegido nuevo rey, conseguía mantener solo una pequeña parte del antiguo reino húngaro: la franja
comprendida entre el oeste del lago Balatón y Eslovaquia.
▪ En 1529, Solimán sitió Viena y el dominio turco no se estableció solidamente en Hungría hasta 1541, tras la muerte del voivoda de
Transilvania Juan Zápolya.
▪ En 1566 se había preparado una gran expedición militar para controlar toda la zona húngara, que sería interrumpida por la muerte
de Solimán ese mismo año.
▪ Su expansión afectó también a otros espacios. En 1534 ocupó Bagdad y se extendió por Arabia y Mesopotamia, llegando al golfo
Pérsico.
▪ Pero la obra de Solimán no fue únicamente expansiva. Con la ayuda de juristas, promulgó un código, el Kanuname, que constituye
una de las grandes recopilaciones legislativas de la Historia, por la que recibió el sobrenombre de “El Legislador”. También aumentó
el número de funcionarios y la centralización.
▪ La expansión turca en los Balcanes se vio favorecida por la debilidad que se derivaba de la intensa fragmentación política, las
divisiones religiosas entre latinos y ortodoxos y el malestar campesino ante el poder de los señores, aunque el dominio turco no fue
uniforme.
▪ Con Solimán, el Imperio alcanzó su máxima expansión territorial, que se mantendría durante el resto del siglo. Pero tenía puntos
débiles, como el permanente enfrentamiento en el este con los persas chiitas, los efectos del incremento de los precios del siglo XVI,
la escasez de metales preciosos, la invasión progresiva de sus mercados por el comercio europeo o la dependencia técnica de sus
ejército sy armadas con respecto a Occidente.
El Imperio turco. Organización y características.
• La expansión otomana tuvo características distintas según las zonas.
• En Asia Menor estuvo acompañada por una lenta inmigración de pueblos turcos, unida a una propaganda religiosa que fue
sustituyendo paulatinamente la religión y la cultura griega ortodoxa.
• En otras zonas, sin embargo, como ocurría en Europa, la población turca era minoritaria. Tal vez por ello toleraron a los pueblos
sometidos la práctica de su religión e incorporaron a buen número de sus gentes tanto al ejército como a los cuadros administrativos.
• Además de los turcos, el Imperio estaba poblado por judíos, griegos, y cristianos renegados, habitantes de los territorios conquistados
en el sureste de Europa, Asia Menor y África.
• Hubo una intensa mezcla racial, favorecida además por la extensión de la esclavitud.
• Se ha llegado a decir que la auténtica clase dominante eran los esclavos del sultán, también llamados de la Puerta, un sector del que
formaban parte algunas de las principales unidades del ejército.
• El Imperio turco era una forma de despotismo oriental bastante diferente a los poderes de los príncipes europeos.
• El poder político y el religioso confluían en la figura del sultán. En origen, se trataba de un jefe guerrero descendiente de Osmán,
pero en el curso de la expansión el sultán fue incrementando su poder, ligándolo a la jefatura religiosa.
• Tras la toma de Constantinopla se convirtieron en herederos de los emperadores romanos, mientras que la victoria en Egipto y la
incorporación de los territorios emblemáticos del Islam hicieron del sultán el nuevo califa, heredero de Mahoma, pese a que no
utilizó dicho título hasta el siglo XVIII.
• Reunía todos los poderes y tenía una amplia capacidad de disposición sobre las vidas de sus súbditos, siendo además dueño de la
tierra.
• El sultanato se transmitía regularmente de padres a hijos, pero a diferencia también de Occidente, existía la costumbre, convertida
en ley por Mehmet II, de que, para evitar posibles competidores, el nuevo sultán debía eliminar a todos sus hermanos varones y a
los hijos de estos. Así, cada sucesión daba lugar a cruentas luchas que trascendían el ámbito de la corte, llegándose a pequeñas
guerras civiles.
• Por debajo del sultán se situaba el gran visir, una especie de primer ministro, que constituía la figura principal de un gobierno cuyos
miembros más importantes formaban un consejo conocido como el Diván (Diwan), del que eran miembros destacados los dos visires,
el de Anatolia y de Rumelia, que constituían las dos grandes divisiones administrativas del Imperio, además de los jefes militares y
el “kapurdán pachá” o almirante en jefe de la armada.
• Con Mehmet II comenzó una fase de centralización, que llegó al máximo en tiempos de Solimán.
• El Imperio se dividía en provincias (sancaks), 34 en Europa y 63 en Asia en 1534, gobernadas por beys, que encabezaban toda la
administración en su zona (militar, judicial, fiscal, etc.).
• Las agrupaciones de sancaks eran gobernadas por un pachá.
• Por encima de ellas había ocho gobiernos a cargo de sendos beylerbeys.
• Un grupo social de enorme importancia eran los ulemas, clérigos de los que dependía también la aplicación de la ley.
• La institución clave para el reclutamiento del personal al servicio del sultán era el “devchirné”, u obligación que tenían todas las
familias cristianas de los Balcanes –y musulmanes de Bosnia – de entregar uno de sus hijos, que era enviado a alguna de las
principales ciudades, donde se le convertía al islam. El proceso formativo incluía una selección en virtud de su capacidad y su
aspecto. A los mejores se les enviaba a palacio, pudiendo ser destinado a la caballería personal del sultán, a los oficios administrativos
o a los gobiernos de provincias. Iniciaban así un cursus en la administración que podía llevarles hasta los puestos más altos.
• El resto eran formados como jenízaros, principal unidad de infantería del ejército otomano, para lo que recibían un exigente
adiestramiento.
• Otra unidad de élite, dentro de las varias que componían el ejército otomano, era la caballería turca procedente de los timar, tierras
–auténticos feudos – que se concedían de forma temporal a cambio de tal servicio.
• Cada señor titular de un timar estaba obligado a proporcionar al sultán un número determinado de sipahis (soldados a caballo)
proporcional a la importancia de su dominio.
• Algunos jenízaros que se distinguieron en el combate fueron premiados con un timar, y también otras personas en pago a sus
especiales servicios.
• En cuanto al armamento, los turcos seguían la evolución occidental sin retrocesos, aunque dependían en buena parte de las
producciones europeas. Tanto en las fábricas de armas como en los astilleros para las galeras había numerosos especialistas
occidentales, capturados o atraídos con elevados salarios e incluso honores si se convertían al islam.
• Existía una frontera importante entre la cristiandad y los turcos. No solo por la diferencia de religión, sino también por su tradición
cultural. Ambos elementos se reflejaban en un universo mental y unas costumbres muy diferentes, que afectaban también a la
concepción del poder.
• Tampoco podemos olvidar el alto grado de crueldad que presidía la vida de la corte. También existía la arraigada costumbre de
quitar de en medio a cualquier jefe militar o naval que hubiera sido vencido, o a muchos de los grandes visires.
El atractivo de Italia
• Ningún país de Europa fue más deseado por sus vecinos como Italia.
• En Italia se situaban algunos de los territorios más ricos de la Cristiandad. No solo era receptora y distribuidora de productos de
Oriente, sino que en su seno se hallaban los principales banqueros de Europa.
• El cuadrilátero formado por Milán, Génova, Florencia y Venecia era el centro económico del mundo.
• Italia, reserva de plata y oro, almacén formidablemente surtido, permitía asegurar los medios y el decoro de la potencia política.
• Era uno de los espacios más densamente habitados de Europa, con un alto grado de urbanización y tenía algunas de las ciudades con
mayor población del continente. Además, tenía una actividad manufacturera muy destacada.
• En realidad, había dos Italias. La del norte, más poblada y urbana, con una agricultura más evolucionada y los principales centros
manufactureros y mercantiles.
• Por su parte, la del sur era mayoritariamente rural, pese a la importancia de la ciudad en territorios como Sicilia.
• Otra de las grandes diferencias estaba en el peso de la feudalidad. Poco importante en el norte, a partir de Roma se extiende un
amplio espacio caracterizado por la potencia de los grandes dominios baronales.
• Pese a ello, Italia se basaba en una vigorosa unidad geográfica que la dotaba de una fuerte personalidad, a lo que contribuían
poderosamente la historia, la cultura y la lengua comunes.
• La división política sería un elemento determinante en la intromisión de príncipes extranjeros y las guerras de Italia.
• En la Italia urbana del norte, los últimos siglos de la Edad Media contemplaron la consolidación de las señorías personales, que se
transmiten de padres a hijos.
• La señoría era en origen el poder ejecutivo de las repúblicas urbanas medievales, generalmente en manos de un reducido grupo de
personas, con frecuencia un magistrado asistido por un consejo.
• En la mayoría de las ciudades-estado, la evolución condujo a la señoría personal. Un magistrado principal, o más frecuentemente un
jefe militar, logró hacerse con el poder, ocuparlo en ocasiones de forma vitalicia, y transmitirlo a sus descendientes.
• Se trataba en realidad de tiranías, sostenidas por las armas, el dinero y las alianzas propias de un mundo políticamente muy inestable
en el que, a diferencia de las monarquías de otros territorios europeos, la conquista del poder era una posibilidad real, abierta a la
inteligencia y la astucia de determinados personajes. Fue el caso, por ejemplo, del Milán de los Visconti, territorio que luego
gobernaron los Sforza, o de la Florencia de los Médici.
• De hecho, a mediados del siglo XV, el régimen de la señoría personal se había convertido en regla en la Italia del norte y del centro.
• Las señorías personales contribuyeron a la fuerte inestabilidad política de la Italia urbana, que se incrementa en épocas difíciles,
como la que transcurre desde mediados del siglo XIV a los años centrales del XV. La ausencia de un poder superior efectivo facilitaba
las ambiciones expansivas de unos y otros, con la consecuencia de frecuentes y enrevesados cambios de soberanía.
• El mapa se simplificó bastante en los últimos siglos de la Edad Media por la expansión y el reforzamiento interno de los estados
más fuertes, que sometieron a su control a ciudades y gobernantes menos poderosos.
• Si hacia 1300 había en Italia unos cincuenta estados, en la segunda mitad del siglo XV se habían reducido a una veintena de diversos
tipos y tamaños.
• Los tres del sur eran reinos (Nápoles, Sicilia y Cerdeña), a los que podía unirse un cuarto bastante peculiar, los Estados Pontificios,
cuyo soberano era indudablemente un monarca terrenal, además de cabeza suprema de la Iglesia universal.
• Había repúblicas como Florencia, Siena, Lucca, Génova o Venecia; ducados como Milán, Saboya, Mantua, Ferrara, Módena,
Guastalla o Mirandola; marquesados como Massa, Saluzzo o Monferrato; condados como Asti u obispados como Trento.
• No obstante, los cinco grandes, cuyo peso específico era superior al resto, eran la República o señoría de Venecia, el ducado de
Milán, la República de Florencia, los Estados Pontificios y el reino de Nápoles.
• A mediados del siglo XV, la República de Venecia era tal vez el único territorio que tenía una política exterior de gran potencia. De
hecho, dominaba la costa este del Adriático y contaba con posesiones en Grecia y el Mediterráneo oriental, las principales de las
cuales eran las islas de Corfú, Creta y, desde 1489, Chipre.
• En la península italiana llevaba tiempo desarrollando una política expansiva, en parte para satisfacer sus necesidades de cereales,
sal u otros productos.
• Su constitución política era una mezcla de monarquía y república aristocrática. El dogo, elegido de por vida, era la cabeza visible.
Pero sus poderes estaban limitados por el Gran Consejo, organismo aristocrático compuesto por más de 2.000 miembros hereditarios,
los varones mayores de edad de las 200 familias patricias, que elegía a todos los consejos, cargos y tribunales de la República, el
más importante de los cuales era el Senado.
• Venecia contaba con el principal arsenal del Mediterráneo, en el que construía y armaba sus galeras y otras embarcaciones.
• El ducado de Milán tenía una economía próspera. La pujante actividad textil y las armas hacían de ella una de las zonas más activas
de Italia.
• Cuando Galeazzo María Sforza fue asesinado en 1476, le sustituyó su hermano Ludovico el Moro, que gobernó en lugar del duque,
su sobrino Gian Galeazzo.
• En su tiempo, inmediatamente anterior a las guerras de Italia, la corte de Milán, en la que trabajaron Leonardo y Bramante, fue una
de las más brillantes de Europa.
• Se hallaba rodeada de enemigos como Saboya, Francia, los suizos o Venecia y, para mantenerse, los Sforza se apoyaban
habitualmente en los Medici de Florencia.
• En la alianza entre Milán y Florencia, la primera aportaba los soldados y las armas, y la segunda el dinero, pues los florentinos
estaban presentes como banqueros en todos los tráficos internacionales de la época, desde Suiza, Inglaterra y el Báltico a la península
Ibérica y el Levante.
• Florencia goza, pues, de una superioridad europea en el comercio y la banca y tiene una brillante actividad industrial, basada en los
textiles de lana y seda.
• Originariamente los derechos ciudadanos no pertenecían más que a un grupo reducido de los habitantes de la capital, pero tras el
fracaso de la revuelta popular de los ciompi de 1378, el poder evolucionó hacia la señoría personal.
• También en Florencia los años anteriores a la invasión francesa fueron los más brillantes para el arte y la cultura del Renacimiento.
• El papado dominaba un territorio bastante mayor que el del estado florentino, extendido a ambos lados de los Apeninos centrales
por las regiones del Lazio, Romagna, las Marcas y Umbria, además del enclave de Benevento en el reino de Nápoles.
• A su importante prosperidad contribuyó el descubrimiento de una de las principales minas de alumbre de Europa.
• El papa era la cabeza espiritual de la Cristiandad, pero también el soberano de un estado temporal que dominaba con dificultades.
• En los territorios de los Estados Pontificios había numerosas señorías feudales y ciudadanas. Para consolidar su poder, los papas
recurrieron con frecuencia al nepotismo, concediendo a sus parientes dignidades cardenalicias, castillos, ducados y vicariatos.
• Asimismo, cada pontífice atrae a Roma un elevado número de conciudadanos, una clientela de la que se sirve en el gobierno. De
hecho, la autoridad temporal de los papas se incrementa en la segunda mitad del siglo XV y a comienzos del XVI, acabando con
algunas de las señorías existentes en sus territorios. El avance mayor se daría ya a comienzos del siglo XVI, con Julio II, quien se
apoderó de Bolonia y Perugia en 1506, y arrebató Rávena a los venecianos en 1509.
• Al tiempo que Roma crece, los papas, presionados por la necesidad de dinero, multiplican las ventas de oficios e incrementan mucho
el personal de la curia. El mecenazgo favorece las artes convirtiendo a Roma en una de las grandes capitales del Renacimiento.
• Nápoles era una de las grandes ciudades europeas, además de la ciudad por excelencia en un reino predominantemente rural.
• En 1443, Alfonso V de Aragón derrota a Renato d’Anjou y domina Nápoles, reuniendo en sus manos un imperio mediterráneo. Su
reinado fue una época de esplendor y, su corte, un refugio de humanistas italianos.
• A su muerte, Nápoles pasó a manos de su hijo bastardo, Ferrante o Fernando I, cuyo reinado estuvo marcado por dos grandes
revueltas feudales cuya represión puso a buena parte de los nobles a favor de Francia.
• La República de Génova, que poseía también la isla de Córcega, se encontraba un siglo antes entre los grandes de Italia. Su comercio
y su dominio de territorios en el oriente mediterráneo la habían situado en una posición cercana en algunos apectos a la de Venecia.
• Pero en la segunda mitad del siglo XV los turcos habían conquistado buena parte de sus posesiones orientales, acelerando la
decadencia interna de la República.
• Aliada habitual del Milán de los Sforza, estuvo sometida a Francia desde 1499 a 1528, salvo un breve periodo.
• No obstante, desde mediados del siglo XV, los genoveses tenían un puesto de privilegio en las finanzas ibéricas: Sevilla, Lisboa,
Madeira y Canarias, que habrían de darles una preeminencia importante en los negocios derivados del nuevo Mundo.
• En el centro de Italia había toda una serie de pequeñas ciudades estado, como Lucca o Siena, localidades activas pero en decadencia,
u otras que vivieron un auge cultural importante, convirtiéndose en centros activos del humanismo renacentista gracias al mecenazgo
de sus familias dominantes.
• A los pequeños estados de la Italia central, pobres de espacio pero ricos de civilización, se oponían tres territorios un tanto
marginales: el ducado de Saboya y los reinos de Sicilia y Cerdeña.
• El primero era un conglomerado de territorios, en realidad un principiado de agregación, dado que su soberano no tenía el título de
rey (los ducados de Saboya y Aosta, el principado de Piamonte, y el condado de Niza), que no incluía los marquesados de Saluzzo
y Monferrato o el condado de Asti.
• Se trataba de un espacio mal consolidado y buena parte de la propia Saboya se situaba al otro lado de los Alpes.
• En el terreno cultural, además de la influencia francesa, persistía el arte gótico y apenas incidían las corrientes humanistas.
• Con un clima muy distinto, el reino de Sicilia había expulsado en 1282 a los angevinos franceses en beneficio de los reyes de Aragón.
La isla conservaba su antigua legislación y sus instituciones propias y era esencialmente productora de trigo, cereales, seda o caña
de azúcar. Por su parte, el reino de Cerdeña, aislado y con una economía pastoril y arcaica, era el espacio más retrasado de Italia.
Primera fase de las guerras de Italia (1494-1516)
• Las guerras de Italia ocupan un largo periodo de tiempo, entre 1494 y 1559.
• Sin embargo, hay una diferencia importante entre las primeras y las posteriores a la elección imperial de Carlos V en 1519. Se
dividen en dos fases.
• Una primera, caracterizada por el enfrentamiento hispano-francés en tiempos de Fernando el Católico y que concluye en 1516 con
los tratados que sancionaban el triunfo de Francisco I en el Milanesado.
• Una segunda marcada por la rivalidad entre los Habsburgo y los Valois, hasta la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559. En ambas, el
enfrentamiento esencial fue el de las monarquías de España y Francia, aunque hubo otros protagonistas, italianos y extranjeros.
• En las guerras de Italia vemos desarrollarse una serie de ligas entre diversos contendientes, que se hacen y deshacen con bastante
facilidad.
• En el fondo latía una tendencia al equilibrio que ya se había manifestado en la Italia precedente y que habría de tener otras
manifestaciones importantes en la Europa posterior.
• En la primera fase de las guerras, el objetivo fue casi siempre el de frenar a Francia, y entre sus enemigas figuró habitualmente
España, de acuerdo con la tradicional, política antifrancesa y los intereses italianos de la casa de Aragón.
• En la segunda, la mayoría de las ligas se hicieron contra el poder de los Habsburgo y la gran organizadora de las mismas fue Francia.
• La competencia entre Francia y España, incrementada con el acceso al trono español de los Habsburgo, sería una de las líneas de
fuerza de la política internacional hasta el siglo XVIII.
• Pero la gran diferencia con la primera fase es que las guerras de Italia se insertan ahora en una política internacional más compleja,
con otros conflictos y enfrentamientos.
• En cuanto a la participación no italiana en esta primera fase, además de Francia y Aragón-España, se limitó a vecinos como el
emperador Maximiliano y los suizos. Solo en 1512-1513, de forma secundaria, intervino Enrique VIII.
• El conflicto lo inició el rey francés Carlos VIII. Las tensiones existentes en el reino de Nápoles y la inestabilidad italiana acabaron
por decidirle.
• La preparación diplomática de la expedición trató de neutralizar a los monarcas que pudieran estorbar su proyecto, firmando tratados
con Enrique VII de Inglaterra, con Fernando de Aragón y con el emperador Maximiliano I.
• En ellos procuraba satisfacer las aspiraciones respectivas, incluyendo en algunos casos renuncias territoriales, como la devolución
de los condados catalanes del Rosellón y la Cerdeña, o el Artois y el Franco Condado.
• En 1494, tras la muerte del rey Ferrante o Fernando I de Nápoles, Carlos VIII anunció su aspiración al trono y con un potente ejército
francés, dotado de una moderna artillería y encabezado por el joven monarca y el duque de Orléans, invadió los territorios italianos.
• La conquista de Nápoles fue muy sencilla, dada la superioridad militar francesa. A finales de febrero de 1495, siete meses después
de su inicio, la expedición de Carlos VIII había concluido con un éxito evidente.
• Al parecer, el monarca francés aspiraba al dominio de Italia. Sin embargo, el terremoto provocado por el descenso de sus tropas por
la península Itálica iba a crear una conmoción que probablemente no esperaba. Los estados italianos, desconcertados por la facilidad
de la invasión, recurrieron a la diplomacia para tratar de contrarrestarla.
• En 1495, la República de Venecia organizó una gran coalición de la que formaban parte el papa, España y el emperador, pese a sus
compromisos anteriores.
• Desde un principio, el conflicto se internacionalizaba, demostrando la incapacidad de los italianos de defenderse sin ayudas
exteriores.
• En los dos años siguientes, en un clima de revuelta antifrancesa del pueblo napolitano, las tropas españolas bajo el mando de Gonzalo
Fernández de Córdoba fueron conquistando las plazas napolitanas ocupadas por el ejército francés. El reino de Nápoles fue devuelto
inicialmente a los descendientes de Fernando I.
• Tras la muerte de Carlos VIII, Luis XII mantuvo las pretensiones sobre dicho reino, aunque su objetivo prioritario fue el ducado de
Milán, cuyos derechos reivindicaba por su parentesco con el último duque de la familia Visconti.
• Consiguió romper la coalición antifrancesa. Se acercó al papa, atrajo a Venecia ofreciéndole la región de Cremona cuando
consiguiese hacerse con Milán, y firmó un acuerdo con Inglaterra, Felipe el Hermoso y los cantones suizos. Posteriormente, su
ejército conquistó Milán y firmó con Fernando de Aragón el tratado de Granada, por el que ambos acordaban conquistar y repartirse
el reino de Nápoles.
• César Borgia aprovechó los años entre 1499 y 1503 para conquistar una serie de territorios de la Romagna vinculados a los Estados
Pontificios, aunque anteriormente eran prácticamente independientes.
• Pero no se limitó a teóricos dominios del papa, sino que también conquistó algunos territorios de Toscana, amenazó Florencia y
tomó Piombino. Sin embargo, la muerte de Alejandro VI en 1503 convirtió en efímera su obra.
• En Nápoles, la convivencia entre franceses y españoles resultó imposible, dando lugar a varios enfrentamientos. En abril de 1503,
Fernández de Córdoba ocupó la capital tras su importante victoria en Cerignola. Los refuerzos franceses, que se habían detenido en
Roma para presionar el cónclave, fueron derrotados en otoño a orillas del río Garigliano (Garellano).
• Según el tratado de Lyon, Luis XII abandonó las pretensiones francesas, dejando el reino de Nápoles en manos de Fernando el
Católico. Desde entonces y hasta 1707, pasaría a formar parte de la Monarquía de España.
• Los años posteriores fueron de relativa tranquilidad para España.
• Las tensiones en Italia volvieron cuando el belicoso papa Julio II, deseoso de reconstruir los Estados Pontificios frente al
expansionismo veneciano, proyectó con el emperador Maximiliano I la creación de una liga contra Venecia, a la que se sumaron
Luis XII y Fernando el Católico.
• La liga se manterializó en los dos tratados de Cambrai (1508), que además de una coalición contra el turco establecían una liga
secreta contra los venecianos, que proyectaba desposeerlos de sus posesiones en la península italiana, la llamada “Terraferma”.
• La batalla de Agnadello (1509) fue la gran derrota veneciana, por la que perdieron buena parte de sus posesiones y vieron invadido
su territorio.
• Gracias a la resistencia popular y a su habilidad diplomática, Venecia logró salvarse de la catástrofe y dividir a los coaligados,
estableciendo paces separadas con Fernando el Católico, con Francia y con el papa. Venecia, al cabo, mantuvo su integridad
territorial, cediendo únicamente sus adquisiciones más recientes.
• Julio II dirigió después su acción contra Francia. El papa intentó que se sublevase Génova y atacó al duque de Ferrara, aliado de
Luis XII.
• El rey francés contraatacó en el terreno espiritual, convocando un concilio en Pisa con la pretensión de reformar la Iglesia en un
momento de fuerte desprestigio del papado y la curia romana, pero el llamado como Conciliábulo de Pisa (1511-1512) fue una
iniciativa escasamente eficaz.
• El papa reunió el V Concilio Lateranense (1512-1517) y organizó contra Francia una Santa Liga, en la que se integraron los cantones
suizos, Venecia , Fernando el Católico, el emperador y Enrique VIII de Inglaterra.
• Los suizos les expulsaron del ducado de Milán, en el que sería investido como duque el joven Maximiliano Sforza, hijo de Ludovico
el Moro, y Génova volvió a sublevarse contra Francia.
• Mientras tanto, los españoles vencían a la República de Florencia, reinstaurando en el poder a los Medici.
• El retroceso francés se produjo también en los Pirineos, donde las tropas de Fernando el Católico conquistaron Navarra.
• Tras la muerte de Julio II en 1513, Luis XII logró separar de la coalición a Venecia y España. En su intento de recuperar el ducado
de Milán, sufrió no obstante una derrota frente a los suizos en Novara.
• Francia fue invadida tanto por los ingleses como por los suizos. Luis XII se vio obligado a firmar la paz con Inglaterra y con el
nuevo papa Luis X, renunciando a apoyar el Conciliábulo de Pisa, que se había trasladado a Lyon.
• Francisco I renovó los intentos de hacerse con el Milanesado. El combate decisivo para ello fue la Batalla de Marignano, en la que
reconquistó el ducado, logró que el papa reintegrara al mismo Parma y Piacenza, cedidas tres años antes a Julio II y se aviniera a
firmar el concordato de Bolonia, que reguló hasta 1789 la Iglesia de Francia y sus relaciones con Roma.
• Tras la muerte de Fernando el Católico en 1516, Carlos I y Francisco I firmaron el tratado de Noyon, donde se ponían las bases de
un futuro acuerdo Habsburgo-Valois. El emperador Maximiliano I se adhirió al acuerdo y firmó una tregua con Venecia. Por último,
en virtud de una paz perpetua, en 1516, los suizos renunciaron a sus aspiraciones políticas.
• La pugna hispano-francesa por Italia se había resuelto de momejnto con la adquisición respectiva de Nápoles y Milán.
Las transformaciones militares en los comienzos de la modernidad.
• La conquista de partes importantes de Italia por parte de monarcas extranjeros era, sin duda, una consecuencia de la debilidad
derivada de su división política.
• La gran diferencia estaba ahora en la potencia militar de las nuevas monarquías del Renacimiento, especialmente Francia y, más
aún, España, mientras que los ejércitos italianos demostraron su ineficacia.
• Las modificaciones en las formas de hacer la guerra llevaron a algunos autores a acuñar el concepto de “revolución militar”. Es
indudable que en el tránsito de la Edad Media a la Moderna tuvieron lugar grandes transformaciones cuyas repercusiones fueron de
gran importancia.
• La mayor novedad fue la generalización del uso del fuego, no solo por el desarrollo e incremento de la capacidad y el número de
cañones, sino también por la aparición y difusión de armas de fuego de uso individual.
• Pero las transformaciones no se limitaron a las acciones ofensivas. Las que se produjeron en las destinadas a la defensa tuvieron una
importancia similar. La más antigua fue el uso de las picas, largas astas de madera acabadas en punta.
• La otra innovación fue el desarrollo de la poliorcética, el diseño de las fortificaciones, que bajaron la altura de sus muros para
protegerse mejor de la artillería enemiga, al tiempo que complicaban su planta, originariamente cuadrangular, hasta adoptar formas
estrelladas cada vez más complejas, con la doble finalidad de disminuir el blanco ofrecido al enemigo y multiplicar los frentes
cubiertos por los defensores.
• A partir de la batalla de Mohács, en la que el más moderno ejército turco consiguió una rotunda victoria, los cristianos cambian de
táctica y en lugar de batallas abiertas como aquella organizarán la defensa sobre la base de fortalezas y enclaves amurallados en los
lugares de mayor importancia estratégica.
• La pérdida de eficacia bélica de la caballería pesada y la importancia progresiva de la infantería y la artillería transformaron los
ejércitos y las guerras. Por un lado, se produjo una plebeyización se deriva del hecho de que ahora los grandes protagonsitas no
serán ya los nobles, sino el pueblo, tanto mercenarios como gentes reclutadas por diversos sistemas.
• Ello abrió paso al crecimiento númerico de los ejércitos, si bien la capacidad de movilizar y mantener durante largo tiempo un
número elevado de hombres creció lentamente.
• El predominio de la defensa sobre el ataque llevará a que las zonas en conflicto se llenen de fortalezas, con murallas adaptadas a la
artillería.
• La mayoría de las tropas fueron destinadas a tareas de guarnición, para poder defender el alto número de fortalezas, castillos y
ciudades existentes, que requerían una proporción notable de soldados.
• La gran unidad combatiente es el tercio de infantería, eficaz combinación de armas de fuego (arcabuces) y arma blanca (picas).
Hasta mediados del siglo XVII resultaría imbatible en batallas a campo abierto, pero a causa de la táctica defensiva tales batallas
fueron cada vez más escasas frente a las largas operaciones de sitio de plazas y ciudades.
• Era el dilatado predominio de la “pequeña guerra”, de la que formaban parte también operaciones menores como escaramuzas,
asaltos a convoyes y líneas de abastecimiento, correrías y otras acciones.
• Calcular las cifras de los ejércitos durante los primeros siglos de la Edad Moderna es sumamente complicado. Puede afirmarse que
ni los generales ni menos aún los gobiernos centrales, supieron nunca con exactitud la cuantía real de sus fueras.
• En todo caso, se ha calculado que a finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, Carlos V llegó a mandar un total de
150.000 hombres, un umbral que ningún monarca europeo lograría superar.
• En la fase final de la guerra de los años cincuenta, Felipe II pudo contar por unos años con un total de unos 80.000 soldados, número
que se reduciría tras la Paz de Cateau-Cambrésis a 40.000. En los años de mayor actividad bélica de la segunda mitad de la centuria,
su ejército pudo acercarse o superar los 100.000 hombres.
• Otra cuestión era el número de soldados movilizados para una campaña concreta. Es probable que Carlos V, en algunas ocasiones,
pudiera armar temporalmente a más de 50.000
▪ hombres pero, como ha escrito Davide Maffi, “para los aparatos logísticos de la época era casi imposible mover en campaña ejércitos
superiores a los veinticino o treinta mil hombres, y si lo conseguían, solo era por tiempo limitado”.
• Otra consecuencia lógica del progreso de estos ejércitos reales será la consolidación en su seno de numerosas unidades permanentes,
que no se disuelven al final de una campaña.
2.2 La hegemonía española y el orden europeo
Los Reyes Católicos y los inicios de la Monarquía de España.
▪ La España de los Reyes Católicos aparece como el mayor poder emergente de la Europa del siglo XV.
▪ Fue un proceso de vinculación territorial que se inicia en 1469, entendiendo como tal un conjunto de territorios que compartían un
mismo rey. Los reinos no se fundieron, sino que mantuvieron su personalidad, constituciones, leyes, instituciones, etc.
▪ Se comenzó una expansión fuera de las fronteras. En Europa, el principal ámbito de expansión fue el Mediterráneo occidental,
siguiendo la política bajomedieval aragonesa.
▪ Conquista de Nápoles y de importantes enclaves norteafricanos, como Melilla, Mazalquivir, Orán y Trípoli.
▪ La expansión se produjo también hacia el Atlántico, con la conquista de Canarias y el apoyo de la reina a la expedición de Cristóbal
Colón a América.
▪ Consolidación del poder real, sometiendo a la nobleza que les había sido contraria durante la guerra de Sucesión de Castilla y
apoyándose y recompensando a quienes les había sido leales. También sometieron a las poderosas órdenes militares castellanas.
▪ Reformaron las contadurías castellanas, crearon la Santa Hermandad, reorganizaron el Consejo Real y difundieron el cargo de
corregidor.
▪ Se crea el Tribunal de la Santa Inquisición, que dependía del monarca y se convirtió en un instrumento para la reafirmación del
poder real.
▪ Numerosos elementos de la política aragonesa estuvieron presentes en la
▪ estrategia común, especialmente en la política exterior.
▪ La religión fue un componente importante, con el fin de la Reconquista, la aparición de la Inquisición y la unidad religiosa, con la
expulsión de los judíos y, en 1502, de los musulmanes. Progresiva identificación de la Monarquía con la religión.
▪ La creación de una nación y el fortalecimiento del poder real exigían la uniformidad social y esta se basaba en la religión. La
pertenencia a un mismo credo era un factor básico de sociabilidad, de tal forma que la propia sociedad rechazaba la presencia de
elementos extraños, lo que explica el problema generalizado de las minorías.
▪ Ningún soberano aceptaba súbditos de una religión distinta a la suya. Los judíos habían sido expulsados de numerosos territorios de
Europa y los no cristianos carecían de derechos.
El Imperio de Carlos V
▪ La importancia de Carlos V se basa ante todo en la amplitud y variedad de sus reinos y territorios. Recayeron en él las herencias
dinásticas de sus cuatro abuelos, haciéndole dueño patrimonial de media Europa.
▪ Carlos V protagonizó la fase culminante del periodo en el que Europa comenzó a trasplantar su civilización a otras partes del mundo.
Incorporó a sus dominios grandes espacios de la Europa continental y se dio la primera vuelta al mundo.
▪ La política de Carlos V se movió en buena medida por intereses dinásticos.
▪ La dolorosa herencia de Borgoña, que nunca llegó a ser propiamente de Carlos V y que siempre trató de recuperar. Mucha menos
importancia para él tuvo la herencia austriaca, que dejó en manos de su hermano Fernando, y que acabó desgajando de la herencia
de su línea.
▪ De Isabel la Católica recibió la herencia castellana, que no fue propiamente suya hasta la muerte de su madre Juana I en 1555, muy
poco antes de su propia abdicación.
▪ Carlos también heredó los planteamientos y ambiciones políticas de Fernando el Católico, plenamente coincidentes en la oposición
a Francia.
▪ Tan gran cantidad de herencias no podía dejar de plantear problemas, como las Comunidades de Castilla, que expresaron la oposición
de algunas de las ciudades castellanas con voto en cortes ante los cambios que se estaban produciendo como consecuencia de la
política del nuevo y joven rey, que llegaba con costumbres y consejeros extranjeros.
▪ Los comuneros fueron derrotados, pero Carlos V aprendió la lección y acabó dando importantes prebendas a las Cortes, sobre todo
en el terreno fiscal.
▪ La corona de Castilla fue, junto con los Países Bajos, el centro de la política del emperador. Su reinado supuso un importante paso
adelante en la estructuración del gobierno de sus reinos y territorios.
Enemigos y guerras. Francia, turcos y protestantes.
▪ El reinado se inició con un acercamiento a Francia, pero pronto derivó hacia su aislamiento. El ámbito prioritario de su acción inicial
seguiría siendo Italia, pero también el Mediterráneo occidental.
▪ Francia, los turcos y la amenaza protestante fueron los tres grandes problemas del reinado de Carlos V.
▪ La necesidad de hace frente a estos tres enemigos hizo que la política de Carlos V variara con frecuencia de objetivos y escenarios.
▪ La elección imperial marcó el principio del enfrentamiento con Francia, iniciándose en 1521 una guerra que terminó con la batalla
de Pavía en 1525, que supuso la conquista del ducado de Milán para Carlos V.
▪ Respecto a los turcos, el mayor peligro se vinculó a las fronteras del Imperio, con el avance de las tropas de Solimán hacia Viena.
Se produce una lucha constante en el Mediterráneo contra los corsarios berberiscos. El emperador conquistó Túnez en 1535, pero
posteriormente fracasó en la campaña de 1538 y en 1541 también lo hizo su expedición contra Argel.
▪ Desde entonces, la política mediterránea de Carlos V se basó en la defensa. La emergencia de otros problemas y frentes impidió al
emperador otro tipo de acciones.
▪ Con los protestantes, el enfrentamiento abierto fue tardío, pues en un principio se trató de llegar a una solución pacífica. Antes de
recurrir a la vía militar, hubo una serie de años en los que los desacuerdos en materia religiosa trataron de resolverse en reuniones
de la Dieta imperial o con contactos entre ambas partes.
▪ La ausencia del emperador, junto a la emergencia de otros frentes y la presión de los turcos sobre los territorios patrimoniales de los
Habsburgo, favorecieron la expansión del protestantismo.
▪ Los años treinta marcaron la derivación hacia el conflicto armado. Se constituyó la famosa Liga de Smalkalda, compuesta por los
principales príncipes y ciudades reformados, bajo la iniciativa de Felipe de Hesse y el duque elector de Sajonia.
▪ La liga tuvo un importante éxito inicial. Hacia 1543, la situación era grave, pues cuatro de los siete electorados imperiales (Sajonia,
Brandeburgo, Colonia y el Palatinado) eran protestantes.
▪ En 1544, se firma el tratado de Crépy, una nueva tregua con Francia fruto del agotamiento de las partes. Se comienza el concilio de
Trento y en 1546 da inicio la Guerra de Smalkalda. La victoria de Mühlberg fue importante, pero no se tradujo en cambios
sustanciales.
▪ En febrero de 1548 se adoptó el llamado Ínterim de Augsburgo. Sin embargo, nuevos ataques de Francia, Solimán y los protestantes
obligaron finalmente a la firma de la paz de Augsburgo en 1555.
▪ Por la paz de Augsburgo, los habitantes de los estados territoriales tenían que compartir la religión de su señor, bajo la premisa de
“Cuius regio, eius religio”; en los principados católicos se instauró la reserva religiosa, que fue contestada, y solo quienes vivieran
en las ciudades libres podían teóricamente elegir su religión.
▪ La paz no resolvió muchos de los problemas derivados de la Reforma religiosa y las tensiones subsistirían, desembocando ya en el
siglo XVII en la cruenta guerra de los Treinta Años.
▪ La guerra contra Francia continuó durante los últimos años de su reinado. Carlos V abdicó en 1556 y se retiró al monasterio de
Yuste, donde murió dos años después.
▪ Separó su herencia en dos bloques entre su hijo Felipe II (que heredó los territorios de Castilla, Aragón, Milán, Nápoles y los Países
Bajos) y su hermano Fernando I (que recibió la herencia austriaca, a la que unió a los territorios de Hungría y Bohemia que había
recibido a través de su esposa Ana Jagellón, y fue elegido emperador).
La Monarquía de España bajo Felipe II
▪ La Contrarreforma favoreció la identificación de la Monarquía con la defensa del catolicismo. Felipe II se erigió como el soberano
católico por excelencia. El catolicismo, además, tenía un gran poder de cohesión.
▪ Esto hizo la vida muy difícil para las minorías religiosas, que se intentaron erradicar y se experimentaron episodios de resistencia.
Los moriscos se resistieron a la conversión y entre 1568 y 1571 se produjo la rebelión de las Alpujarras, produciéndose en 1580 otro
levantamiento en Sevilla.
▪ Con Felipe II se produjo la burocratización del oficio real, con el desarrollo del sistema de gobierno creado por los Reyes Católicos
y Carlos V.
▪ Dos niveles: la corte real y las cortes de los virreyes o gobernadores generales.
▪ Felipe II creó los últimos consejos que completarían el modelo de gobierno polisinodial.
▪ Tres tipos de consejos: el Consejo de Estado, consejos territoriales (Castilla, Aragón, Indias, Italia, Portugal y Flandes) y consejos
por materias, que podía tener jurisdicción sobre varios reinos y territorios o sólo sobre la Corona de Castilla (Inquisición, Cruzada
y Guerra para el primer caso, cámara de Castilla, Órdenes y Hacienda para el segundo).
▪ Problemas del sistema: falta de coordinación, lentitud y cruce de competencias. Se trataron de solucionar con la creación de juntas,
que trataban algún tema específico y solían tener un número reducido de miembros. Algunas fueron permanentes e interfirieron en
la labor de los Consejos.
▪ Acordó con las Cortes de Castilla el servicio de millones tras el fracaso de la
▪ Gran Armada, que sería la base esencial de la fiscalidad del siglo XVII.
▪ Castellanización de la Monarquía de España, en detrimento de la integración de las elites de los demás territorios y de la idea que se
tenía de ellos en la realidad conjunta.
▪ La política del rey chocó con los privilegios, leyes e instituciones de territorios como los Países Bajos o la Corona de Aragón.
Nuevos enemigos y conflictos. La rebelión de los Países Bajos.
▪ Felipe II heredó el trono en un momento difícil. El rey de Francia se había
▪ aliado con el papa Paulo IV y el duque de Ferrara para la invasión de Nápoles. Felipe II se proclamó vencedor, siendo especialmente
relevante la conocida como Batalla de San Quintín de 1557.
▪ En 1559, se firmó la paz de Cateu-Cambrésis entre la Monarquía de España y Francia. Esta paz marcó el fin de las guerras de Italia
y el inicio de la hegemonía española en la política europea.
▪ Poco después de su firma, Enrique II de Francia murió y se iniciaron las guerras de religión, que mantuvieron a Francia alejada del
panorama internacional durante la segunda mitad del siglo XVI.
▪ De los tres grandes enemigos de su padre, a partir de 1559 Felipe II solo tuvo que enfrentarse a uno, los turcos y sus aliados. El
frente turco se reactivó en el Mediterráneo y, tras un principio complicado, se experimentaron éxitos como la defensa de Orán y
Mazalquivir, la recuperación del peñón de Vélez y la defensa de Malta en 1565.
▪ Se organizó una Santa Liga contra los turcos que aunó a la Monarquía, Venecia y Génova, y que logró la victoria de Lepanto en
1571.
▪ Los turcos mantuvieron su primacía en el Mediterráneo oriental, aunque tras los primeros años del gobierno de Felipe II, la
Monarquía y otros poderes cristianos se reforzaron en la parte occidental.
▪ Ambos contendientes se vieron obligados a cerrar ese frente de batalla ante la emergencia de otros problemas: para Felipe II, los
Países Bajos y, para Selim II y Murad III, la necesidad de defenderse frente a un nuevo ataque persa a sus fronteras.
▪ La tregua supuso que, a principios de los setenta, ya se habían superado los tres grandes frentes militares de la época de Carlos V y
el frente mediterráneo pasaría a ser secundario.
▪ El final del Concilio de Trento en 1563 y el comienzo de la llamada Contrarreforma llevó a un periodo definido como de
confesionalización de la política. La religión fue una de las causas principales de los nuevos conflictos que habrían de marcar su
reinado.
▪ Esta motivación estuvo detrás del enfrentamiento de Felipe II con sus súbditos protestantes, su lucha contra Inglaterra y de su
intervención en las guerras de religión de Francia.
▪ Sin embargo, no se pueden reducir estos conflictos únicamente a las causas religiosas.
▪ Los Países Bajos se convirtieron en el gran problema de Felipe II y de la Monarquía hasta mediados del siglo XVII.
▪ Muchos motivos de descontento: la nobleza se sentía marginada, la economía sufría serias dificultades, etc. Pero el principal
problema estaba en el ámbito religioso, pues una parte de la población se había vinculado a la Reforma, especialmente al calvinismo.
▪ En 1566 se produjo una revuelta que las autoridades no pudieron detener. Su solución represiva aumentó el descontento y la
oposición, aunque consiguió reducir los movimientos rebeldes a las provincias del norte.
▪ El envío de una gran expedición militar al mando del duque de Alba en 1567 permitió conseguir una serie de importantes victorias.
La acción militar estuvo acompañada de una cruenta represión, con la instauración del Tribunal de los Tumultos y la condena a
muerte de importantes personajes como los condes de Egmont y Horn en 1568.
▪ Sin embargo, la falta de dinero, la necesidad de atender el frente mediterráneo o el problema de los moriscos granadinos evitaron
que se pusiera un fin definitivo a la contienda.
▪ En 1570 se dio un perdón general, pero en 1572 surgió una nueva revuelta y la dominación española se vio seriamente amenazada.
Alba fue sustituido por Luis de Requesens, partidario de una política más conciliadora, pero tampoco obtuvo grandes resultados.
▪ La guerra evolucionaría hacia una lenta lucha de desgaste, en la que predominaron los largos sitios de plazas. La falta de dinero se
hizo crónica.
▪ Tras los motines de 1576 y el violento saqueo de Amberes, se llegó a un acuerdo conocido como la Pacificación de Gante, que
implicaba la marcha de las tropas y encomendaba a los Estados Generales la resolución de los problemas religiosos. Sin embargo,
el ejército regresó en 1578, consiguiendo don Juan de Austria la victoria de Grembloux. Sin embargo, la falta de dinero y el apoyo
internacional que recibían los rebeldes impidieron que avanzara. Don Juan murió en octubre de ese mismo año.
▪ En enero de 1579, varias provincias católicas del sur se agruparon en la conocida como Unión de Arrás, y las calvinistas en la Unión
de Utrecht. Era un primer paso hacia la división de los Países Bajos, cuyo hito fundamental fue el Acta de Abjuración de 1581, por
la que las provincias calvinistas rompieron la lealtad que las unía a Felipe II.
▪ En 1578, murió en la batalla de Alcazarquivir el rey Sebastián I de Portugal. El heredero de su trono fue su tío, el cardenal Enrique,
de avanzada edad y que no tenía herederos legítimos. Su muerte marcaría la extinción de la dinastía Avis.
▪ Felipe II, como hijo mayor de la primogénita del rey Manuel I, tenía innegables derechos a la herencia de Portugal. Tras la muerte
del cardenal Enrique en 1580, su ejército entró en Portugal y dominaron el territorio rápidamente.
▪ En 1581, las cortes de Tomar ratificaron su ascenso al trono y fijaron las bases de su integración en la Monarquía. En 1583, se
produjo la conquista de las Azores.
▪ En los años 80, se produjeron victorias importantes en los Países Bajos, de la mano de Alejandro Farnesio. Se reconquistaron las
provincias del sur, con la recuperación de Brujas, Gante, Bruselas y Amberes.
▪ Este avance alarmó a los protestantes, lo que hizo que Isabel I de Inglaterra entrara abiertamente en la contienda de parte de los
rebeldes.
▪ Felipe II decidió crear una Gran Armada para atacar a Inglaterra, que no consiguió su objetivo, pero la guerra marítima hispano-
inglesa prosiguió hasta la muerte tanto de Felipe II como de Isabel I.
▪ A partir de 1589, la guerra de Flandes se vio influenciada por la intervención de Felipe II en las guerras de religión en Francia. Esto
detuvo la ofensiva española y la muerte de Alejandro Farnesio en 1592 acabó con las posibilidades de que se pudiera frenar.
▪ En enero de 1595, el nuevo rey de Francia Enrique IV declaró la guerra a Felipe II. La Monarquía de España libraba así una guerra
en tres frentes, luchando contra Inglaterra, Francia y los rebeldes de los Países Bajos.
▪ Antes de su muerte, Felipe II sólo consiguió cerrar el frente francés con la firma de la Paz de Vervins en 1598.
▪ La situación de los Países Bajos intentó resolverse creando una Monarquía independiente en su hija Isabel Clara Eugenia.
▪ A la muerte de Felipe II en 1598, la situación de la Monarquía era peor que al principio de su reinado.
El agotamiento de Castilla
▪ Castilla soportaba la mayor parte de los esfuerzos financieros requeridos por la política de la Monarquía.
▪ Esto provocó que los castellanos coparan la mayoría de los puestos más importantes, pero también contribuyó al agotamiento
progresivo de sus energías humanas y materiales.
▪ Los pecheros castellanos sufrieron una continua presión fiscal y aportaron muchos hombres al ejército.
▪ Felipe II tuvo que recurrir a todo tipo de actuaciones extraordinarias para conseguir dinero. Pero no fueron suficientes, ni tampoco
los metales de América, por lo que el rey tuvo que recurrir de forma habitual a los créditos.
▪ Los ingresos hacendísticos de la corona de Castilla crecieron a lo largo del siglo más deprisa que los de ningún otro territorio, pero
dicho incremento facilitó la capacidad de endeudamiento de Felipe II.
Tema 3. La Monarquía francesa. Las guerras de religión. Inglaterra: centralizacion y
ruptura con Roma. Los otros poderes en el Norte y Este de Europa.
3.1 La Monarquía francesa. Las guerras de religión.
Francia a comienzos de la Edad Moderna. La consolidación del poder real.
• Francia era el país más poblado y rico de Europa. Su territorio se dividía en dominio real y feudos.
• Existían los apanages, pertenecientes a los príncipes de la sangre y dotados de un estatuto particular, donde el rey conservaba una
serie de derechos jurisdiccionales y fiscales y que volvían al rey si faltaban los herederos masculinos.
• Había también feudos en manos de príncipes que no eran apanages, o que estaban en manos de extranjeros.
• El dominio real también estaba escasamente unificado, con numerosos privilegios, usos locales e instituciones.
• Unos territorios dependían de las Cortes de París y estaban más sometidos al poder real. Los Pays d’États eran más autónomos,
contaban con estados provinciales, cortes de justicia y otras instituciones propias, con distinciones fiscales.
• El poder real evolucionó claramente hacia el absolutismo. El fortalecimiento del poder real se basaba en hechos como la
incorporación de territorios y la reorganización de los organismos de gobierno de la corte.
• Luis XI conquistó el ducado de Borgoña y unió también al patrimonio real Anjou y Provenza. El ducado de Bretaña se unió a través
de su heredera, Ana, que se casó sucesivamente con Carlos VIII y Luis XII. También se produjo una anexión de territorios
considerables tras la traición del Condestable de Borbón. Todo esto supuso para la Corona extender el dominio real a la mayor parte
del centro de Francia.
• Superposición de organismos, multiplicidad y confusión de los textos legislativos, el peso enorme de la tradición, la pervivencia en
la sociedad de un espíritu de desobediencia y pasividad ante las regulaciones, y la consecuente flexibilidad del sistema. La instancia
real tratará de dominarlo todo y extender su poder, pero en muchos aspectos no lo conseguirá.
• Importantes fueron el Conseil du Roi, principal órgano de gobierno; el Parlamento de París, la más alta instancia de justicia, y la
Chambre des Comptes, que revisaba ingresos y gastos públicos.
• El Consejo del Rey asumía múltiples funciones políticas y gubernativas.
• El excesivo número de miembros redujo su operatividad, en un periodo en que además aumentaban las competencias del monarca.
Lo que llevó a la creación de dos secciones: el Gran Conseil, que ejercía la justicia al más alto nivel, y el Conseil Secret o Étroit, o
Conseil des Affaires, que se convirtió en el centro principal del gobierno.
• En el siglo XVI continuaron creándose secciones, pero la aparición de las mismas no supuso la división del Consejo.
• El Conseil du Roi francés hace referencia, por tanto, al conjunto de organismos colegiales que asesoran al monarca y preparan sus
decisiones en distintos terrenos. Los principales fueron el Conseil des Finances, el Conseil d’État, y una sección de este, el Conseil
des Parties o Privado, el cual asumió algunas funciones judiciales.
• Los Estados Generales tuvieron un escaso peso. Se reunieron varias asambleas de notables, que tampoco fueron frecuentes, y los
estados provinciales también vieron reducido su poder.
• La mayor parte de las iniciativas tendentes a reforzar el poder real se adoptaron durante los reinados de Francisco I y Enrique II.
• Dos de las principales medidas fueron el desarrollo de las competencias e importancia de los secretarios del Rey, que se repartían
territorialmente la administración del reino, y las relaciones exteriores. Más adelante, se superpuso a la geográfica una
especialización por materias. Otra actividad importante fue la tarea de unificación y ordenación legislativa.
• El concordato de 1516 incrementó los poderes del rey sobre la Iglesia, ya que adjudicaba al monarca el derecho de presentación.
• El rey sustrajo al parlamento las competencias eclesiásticas, pasándolas al Grand Conseil.
• El concordato reforzó el interés de los reyes en el mantenimiento del status quo, alejando de ellos la tentación de secularizar los
bienes eclesiásticos en la línea iniciada por la Reforma.
• Existían en 1500 12 provincias a cuyo frente se situaban gobernadores de las principales familias nobiliarias, con grandes poderes
y control sobre el territorio.
• Francisco I redujo sus atribuciones y limitó dichos cargos, pero los gobernadores continuaron teniendo mucho poder.
• El territorio se dividía en un centenar de bailías y senescalatos, al frente de los cuales estaba el correspondiente baile o senescal,
perteneciente por lo común a la nobleza local, al que asistía un consejo con diversas atribuciones.
• La cúspide judicial se encontraba ocupada por los parlamentos, que se encargaban de la jurisdicción ordinaria.
• Enrique II creó los presidiaux, tribunales intermedios entre bailías y parlamentos. El principal y más antiguo de los parlamentos era
el de París, aunque en 1500 había otros cuatro, a los que se añadieron más en las décadas siguientes.
• Los parlamentos tenían una competencia muy importante, pues los edictos reales habían de ser registrados en ellos. Podían formular
objeciones, llamadas remontrances, que el rey podía superar mediante las lit de justice.
• La preeminencia del de París se manifestaban en su condición de corte de apelación para buena parte del territorio francés, su
competencia en la defensa de las prerrogativas de la justicia real, las libertades galicanas, su capacidad de vigilar la actuación de los
funcionarios regios y su defesa de las leyes fundamentales del reino, con su aspiración a representar al conjunto de este en ausencia
de los Estados Generales.
• El Parlamento de París pretendía, en consecuencia, desempeñar un papel político decisivo, pero Francisco I le prohibió entrometerse
en los principales asuntos políticos.
• La administración de las finanzas estaba inicialmente dividida entre las finanzas ordinarias y las extraordinarias, que incluían la
mayoría de los impuestos.
• De las primeras se encargaba el tesoro, con cuatro tesoreros, una corte o cámara (Cour du Trésor) para los asuntos contenciosos, y
una amplia serie de recaudadores.
• Las finanzas extraordinarias dependían de una administración distinta, con cuatro generales de finanzas, asistidos por otros tantos
receveurs généraux.
• Los miembros principales de ambas administraciones se reunían anualmente para formar l’État Général des Finances, que establecía
algo parecido a un presupuesto.
• Francisco I realizó una serie de reformas de la administración financiera tendente a unificar los organismos encargados de la
Hacienda Real.
• En 1523 se creó el Trésor de l’Épargne, que centralizaría todos los ingresos, incluidas las rentas de dominio.
• Se crearía un bureau de finances, que mejoró el control de ingresos y gastos. Crece la figura del superintendente de finanzas.
• De la jurisdicción financiera al más alto nivel se ocupaba las Chambres des Comptes, en París y en cada una de las ciudades con
parlamento, y las Cours des Aides.
• Las finanzas ordinarias aportaban una pequeña parte de los ingresos, cuya proporción se fue reduciendo ante la importancia
progresiva de las extraordinarias.
• Lo principal de la recaudación procedía de impuestos diversos. El más importante de ellos era la taille, impuesto directo que aportaba
cerca de dos terceras partes de la recaudación.
• Originariamente tal imposición debía ser aprobada por los Estados Generales, pero como éstos apenas se reunían su cuantía la fijaba
el Consejo del Rey.
• Los principales impuestos sobre el consumo y la circulación de diversos productos eran las aides, los traites y las gabelles. A lo
largo del siglo, la fiscalidad se incrementó considerablemente, pero siguieron sin ser suficientes, obligando a recurrir a expedientes
variados. La división en pays d’élections y pays d’états afectaba a la fiscalidad.
• En los primeros, un funcionario llamado élu recaudaba la taille y las aides. Los segundos, en principio más autónomos, tenían estados
provinciales, con cierta capacidad para aprobar la carga fiscal que se les atribuía, pese a la importancia decreciente de tales
instituciones.
• La extensión de la autoridad real por el territorio del reino dependía de un amplio cuerpo de oficiales, que era propietarios de sus
cargos, obtenidos frecuentemente gracias a la venalidad.
• Existían también los comisarios encargados de una misión o comisión específica, y reforzaban temporalmente la capacidad de
actuación del poder real.
El avance del protestantismo. Causas y características de las guerras de religión
• La temprana difusión del protestantismo en Francia conectaba con el fuerte matiz evangélico del Humanismo francés, uno de cuyos
principales representantes, Jacques Lefèvre d’Étaples, participó en la reforma de la Iglesia promovida en Francia por el obispo
Guillaume Briçonnet.
• Las obras de Lutero circularon ampliamente y provocaron discusiones que no se pudieron evitar.
• Francisco I tuvo una fase inicial de tolerancia, pero a partir de 1536 persiguió de forma activa a los reformados. Enrique II continuaría
dicha política, creando la Cámara Ardiente, que mandó a la hoguera a un número importante de personas.
• A partir de 1540 la difusión de las doctrinas de Calvino aportó a sus seguidores una organización eclesial, que aumentó las
adhesiones, así como una notable capacidad de desafío.
• A finales de los años cincuenta había en Francia un número importante de calvinistas, pertenecientes a grupos sociales muy variados.
• En 1559, las iglesias locales se reunieron en una asamblea nacional, en la que adoptaron la Confesión de Fe de la Rochelle y una
Disciplina Eclesiástica que regulaba el funcionamiento del calvinismo francés, con iglesias locales autónomas, sínodos provinciales
anuales y sínodos nacionales cada dos años.
• Para defenderse se organizaron políticamente y pronto recibieron el nombre de hugonotes.
• Las guerras de religión sumieron a Francia en una gran crisis. Se produjeron ocho guerras sucesivas entre 1562 y 1598, que
presentaron una gran virulencia, con represión y destrucción por ambas partes.
• La inestabilidad del poder real, con el acceso sucesivo al trono de los hijos de Enrique II y Catalina de Medici, contribuyó a agravar
la situación, con una línea de actuación nada clara por parte de la Corona.
• El enfrentamiento esencial se produjo entre católicos, que deseaban mantener la unidad de la fe, y los hugonotes. Pero la religión no
lo explica todo, pues el conflicto escondía también la resistencia de numerosos nobles al crecimiento del poder real, luchas entre
linajes y clanes, ambiciones sobre bienes de la Iglesia y otras motivaciones.
• Dos grandes periodos, separados por la extinción de la dinastía de Valois.
Las guerras durante los reinados de los últimos Valois (1562-1580).
• La muerte de Enrique II en 1559 debilitó el poder real en un momento en el que el calvinismo en Francia había experimentado un
importante avance, con apoyos de peso entre la nobleza.
• Francisco II dejó el poder en manos de los tíos de su esposa, María I Estuardo, Francisco de Guisa y Carlos, cardenal de Lorena.
Los dos continuaron la política de represión de la herejía de Enrique II.
• Opuestos a los Guisa estaban algunos príncipes de sangre hugonotes como el rey de Navarra Antonio de Borbón y Luis, príncipe de
Condé, y altos nobles como el condestable Anne de Montmorency.
• No se trataba solo de una oposición religiosa, sino también en muchos casos política o exclusivamente política.
• La oposición llevó a la conjuración de Amboise, cuyo objetivo era expulsar del poder a los Guisa, quienes la descubrieron e iniciaron
una dura represión en marzo de 1560.
• Tras la muerte de Francisco II, ascendió al trono Carlos IX, que era menor, bajo la regencia de su madre, Catalina de Medici. El
principal objetivo de la regencia fue defender la autoridad real, lo que la llevó a cambiar de bando de forma continua.
• El principal colaborador de la regente fue el canciller Michel de l’Hospital, partidario de buscar una salida negociada a la oposición
entre católicos y protestantes.
• Se iniciaba con la regente un periodo de reconciliación que favoreció la expansión de la Reforma.
• La regente concedió a los protestantes la libertad de culto público en el exterior de las ciudades amuralladas, así como la celebración
de reuniones privadas dentro de sus muros.
• Tal disposición agradó a los hugonotes y fue admitida por los católicos moderados, pero no por los radicales. Para oponerse, se
formó una alianza entre el duque de Guisa, Montmorency y el mariscal de Saint-André. El triunvirato trasladó al rey y a la reina
madre a París, lo que fue interpretado como un atentado contra la libertad real, lo que hizo que Condé y sus partidarios se alzaran
en armas el 8 de abril de 1562. Se iniciaba así la primera de las guerras.
• Los protestantes se apoderaron de una serie de ciudades ayudados por su alianza con Isabel de Inglaterra. Muchos de los líderes de
ambos bandos desaparecieron.
• La reina aprovechó dicha desaparición para pacificar el país a través del edicto de Amboise de marzo de 1563. Permitió unos años
de una relativa paz.
• En 1567, se desencadenó una nueva guerra, cuando el príncipe de Condé trató de tomar el control de la familia real, a lo que
reaccionaron los católicos. Se dio inicio a la segunda guerra, en la que murió el mariscal Montmorency y Juan Casimiro del
Palatinado prestó una gran ayuda a los hugonotes. La paz de Longjumeau de 1568 confirmó el edicto de Amboise. También cayó el
canciller de l’Hospital, anunciando un recrudecimiento del conflicto.
• Se empezaron a formar las primeras ligas o agrupaciones de católicos intransigentes.
• La tercera guerra se inició en septiembre de 1568. Los católicos no lograron imponerse y la Paz de Saint Germain, muy favorable a
los hugonotes, se firmó en agosto de 1570.
• Carlos IX, cumplida su mayoría de edad, se acercó a los hugonotes. Se acercó a Luis de Nassau, uno de los líderes de la revuelta de
los Países Bajos, siendo el almirante Coligny, cercano al nuevo rey, también partidario de una intervención en Flandes. Consideraban
que una empresa exterior podía unir a católicos y protestantes contra un enemigo común.
• La reina madre y los líderes católicos organizaron un atentado para matar al almirante, con ocasión de la boda de la princesa
Margarita con Enrique de Borbón. El almirante resultó herido y los hugonotes reclamaron justicia. El 24 de agosto de 1572 se
produjo la matanza de la Noche de San Bartolomé, en la que se decidió eliminar a los principales jefes hugonotes. La matanza fue
más allá de lo proyectado, pues las milicias urbanas trataron de acabar con todos los protestantes de la ciudad, muriendo más de dos
mil personas, y los conflictos se reprodujeron en otras zonas del país.
• La Matanza de la Noche de San Bartolomé marcó el avance de la organización política de los territorios dominados por los
protestantes. Crean consejos, administran los impuestos y asumen otras funciones de gobierno.
• La matanza sirvió también para reafirmar la resistencia calvinista.
• Se organizó también el grupo conocido desde entonces como los políticos, integrado mayoritariamente por católicos moderados
deseosos de llegar a un acuerdo con los hugonotes que pacificase el reino.
• Pronto se desencadenó la cuarta guerra, cuyo principal episodio fue el sitio de la Rochelle.
• El edicto de Boulogne de 1573 concedió a los hugonotes libertad de culto en algunas villas, además de la libertad de conciencia. El
duque de Anjou fue nombrado rey de Polonia y el duque de Alençon, Francisco, se puso al frente de la oposición protestante, aunque
acabó denunciando a muchas de las personas con las que conspiraba, que acabaron siendo ejecutadas. En este contexto surgieron
los llamados descontentos, una tercera vía protestante similar a la de los políticos.
• El 30 de mayo de 1574 murió Carlos IX, lo que elevó al trono a Enrique III. Su política inicial fue contraria a hacer concesiones a
los protestantes, lo que provocó la quinta guerra.
• Enrique III se vio obligado a firmar la Paz de Monsieur. El edicto de Beaulieu de 1576 supuso el momento de mayor triunfo de los
hugonotes. En ella, el rey desaprobaba la matanza de la Noche de San Bartolomé, reconocía el culto protestante en todo el reino,
salvo en la región de París, y les concedía ocho plazas de seguridad y la mitad de los escaños en todos los parlamentos. Los
descontentos y el duque de Aleçon también fueron recompensados.
• Todo ello provocó un rechazo entre los católicos que llevó a la creación de una Liga en la que colaboraron el rey y el duque de
Guisa.
• Entre 1576 y 1580 se produjeron otras dos guerras, durante las cuales se redujeron las concesiones dadas a los protestantes.
La crisis sucesoria y la última guerra. El edicto de Nantes (1598)
• Tras la paz de Fleix en 1580 comenzó un periodo de relativa tranquilidad. Sin embargo, había una profunda división en el reino, que
parecía avanzar hacia una separación efectiva entre las zonas católicas y las protestantes.
• Con la muerte del hermano pequeño de Enrique III, Francisco, se inició un importante problema sucesorio, pues el heredero pasaba
a ser Enrique de Navarra.
• El 31 de diciembre de 1584 los Guisa firmaron el tratado de Joinville con Felipe II para que el sucesor fuera el cardenal de Borbón,
tío de Enrique de Navarra, comprometiéndose el rey hispano a financiar el bando católico.
• En julio de 1585 anuló Enrique III todos los decretos anteriores y el papa Sixto V declaró que los dos Borbón protestantes no podían
heredar el trono.
• La reacción católica llevó a los protestantes a la última guerra de religión, llamada la Guerra de los Tres Enriques. El rey era entonces
enormemente impopular y mandó asesinar al duque de Guisa y a su hermano, el cardenal Luis. Muchos jefes de la Liga fueron
apresados y se produjo un levantamiento católico contra el rey.
• Enrique III se volvió hacia los protestantes, con cuya ayuda intentó asaltar París. Sin embargo, acabó siendo asesinado en 1589.
• Enrique IV reclama la Corona y se acerca a los católicos, obteniendo el apoyo de los católicos realistas. Sin embargo, la Liga católica
proclamó rey al cardenal Borbón, como Carlos X, pero como estaba preso por orden de Enrique IV, el poder pasó al duque de
Mayenne.
• La guerra prosiguió durante los años siguientes. El Papa apoyó a la Liga, negó los derechos de Enrique IV y excomulgó a sus
partidarios.
• La muerte del cardenal en 1590 abría nuevas posibilidades. Felipe II trató de que su hija mayor, Isabel Clara Eugenia, fuese elegida
reina, como hija de la primogénita de Enrique II, su tercera esposa Isabel de Valois.
• Enrique IV articuló una unión con los enemigos de Felipe II, el llamado bloque atlántico, compuesto por Francia, Inglaterra y las
Provincias Unidas, junto con algunos príncipes alemanes.
• La Liga comenzó a dividirse. Había una facción, llamada los Dieciséis, contraria a cualquier entendimiento con Enrique IV, que
convivía con otros sectores más conciliadores que se mostraban dispuestos a aceptar al rey si se convertía.
• En abril de 1593, delegados de la Liga y de los católicos realistas se reunieron en Suresnes, donde se anunció que el rey se convertiría.
• Ese mismo año, Enrique IV abjuraría y en 1594 fue consagrado como rey. Numerosas ciudades de Francia se declararon a su favor,
pero todavía hubo resistencias, por lo que aún se tardarían varios años en cerrar todos los frentes. En 1595, Enrique IV
declaró la guerra a Felipe II, que duraría tres años y se desarrollaría sobre todo en territorio francés.
• Los triunfos y fracasos de ambos bandos se alternaron hasta la firma de la paz de Vervins.
• Enrique IV dictó el Edicto de Nantes el 13 de abril de 1598, que establecía los derechos de los protestantes. Se reconocía la libertad
de conciencia, aunque la de culto quedaba restringida y se prohibía en París. La religión no sería obstáculo para el acceso a los
empleos públicos y se concedía a los protestantes la mitad de los escaños en cuatro parlamentos, así como un centenar de plazas de
seguridad, durante ocho años.
3.2 Inglaterra. Centralización política y ruptura con Roma
Los reyes Tudor. Gobierno e Instituciones
• La Guerra de las Dos Rosas fue un prolongado conflicto sucesorio (1455-1485), que escondía en buena medida la frustración y el
malestar creados entre la nobleza feudal por la derrota en la Guerra de los Cien Años.
• Iniciada al final del reinado de Enrique VI, enfrentó a los partidarios de las casas de Lancaster y York, aunque terminó con la llegada
al trono de la dinastía Tudor, con la ascensión de Enrique VII, casado con Isabel de York.
• Con Enrique VII, se inició la dinastía Tudor. Durante su reinado, se llevó a cabo una importante labor de reconstrucción y
pacificación, facilitada esta última por la importante desaparición de miembros de la nobleza.
• El reino de Inglaterra incluía el principado de Gales, pero Escocia constituía todavía un reino aparte. El rey de Inglaterra era también
rey de Irlanda, aunque su dominio efectivo no se extendía más allá de la zona costera conocida como “The Pale”, en torno a Dublín.
• Dos ámbitos principales de poder: la Casa del Rey y el Consejo. La primera, el entorno personal del monarca, se dividía en el ámbito
privado o Chamber, y el área pública o de servicio, la Household. Con Enrique VII, surgiría un espacio más estrictamente privado
que daría origen a una subdivisión de la Cámara, que sería la Cámara Privada, principal centro del poder de la Casa del Rey.
• El Consejo, estaba originariamente poco reglamentado, lo que permitía distribuir las tareas entre sus miembros con cierta
flexibilidad.
• Entraban en él altos nobles y eclesiásticos, los grandes oficiales del reino de origen medieval, así como quienes ocupaban los
principales cargos.
• Sus funciones gubernativas eran muy amplias, incluida la judicial.
• Enrique VIII reguló su funcionamiento hacia el año 1540, limitando su número de miembros a diecinueve, que se reunían
diariamente, convirtiéndose así en el Privy Council.
• Enrique VIII desarrolló también la Secretaría de Estado, que tendría un papel creciente en tiempos de Isabel I.
• Las cúspide judicial estaba representada por los tres grandes tribunales que actuaban en Westminster: la Court of Common’s Pleas
para asuntos civiles; la Court of King’s Bench para los asuntos criminales, y el Exchequer para los financieros, a cuyo frente se
reforzó la figura del lord tesorero.
• Junto a los citados tribunales, había surgido una jurisdicción dependiente del canciller, la Court of Chacery, que se ocupaba de los
poderes discrecionales, privilegios e inmunidades legales reservadas al rey, y de la que dependían las Prerrogative Courts.
• En el siglo XVI, aparecen dos nuevas cortes: la Star Chamber y la Court of High Commission. La primera, creada por Enrique VIII,
era una especie de alto tribunal de seguridad que se convirtió en un instrumento de represión política y religiosa. La segunda, creada
por Isabel I, habría de ser el máximo tribunal eclesiástico, también con funciones represivas.
• La administración de las finanzas dependía del Exchequer, también tribunal de justicia. Las rentas ordinarias eran la base esencial
de la Hacienda, pues las extraordinarias debían ser aprobadas por el Parlamento.
• Se financiaba así con los ingresos procedentes del dominio propio, derechos aduaneros que el Parlamento le había concedido de
forma vitalicia, sedes episcopales vacantes, derechos recaudados por la administración de justicia, derechos feudales, multas de
justicia, confiscaciones…
• A lo largo de su reinado, Enrique VIII incrementó fuertemente los ingresos de la Corona.
• El Parlamento tenía dos Cámaras: la de los Lores y la de los Comunes, que reunían respectivamente a los principales miembros de
los estamentos privilegiados, y a un grupo más amplio compuesto esencialmente por personas de la pequeña nobleza y de sectores
intermedios.
• La mayor importancia la tenía la cámara de los Lores. La cámara de los comunes estaba compuesta por 74 caballeros, dos por cada
uno de los 37 condados, elegidos por los “free-holders”, y 224 diputados de los burgos, elegidos en principio por los habitantes
inscritos en los registros de impuestos locales. Solo tenían tal derecho aquellas ciudades a las que los reyes habían otorgado ese
privilegio, cuya lista no cambiaría entre el reinado de Isabel I y el año 1832.
• El rey controlaba ampliamente el Parlamento. Su fuerza radicaba en dos ámbitos: debía aprobar cualquier impuesto o contribución
extraordinaria, y las leyes aprobadas en su seno eran superiores al resto.
• Con los primeros Tudor, tuvo escasa relevancia y la iniciativa legislativa estuvo en manos de la Corona.
• La pieza básica de la organización territorial era el condado. Dependía de los nobles, especialmente de la “gentry”, que ocupaba los
principales cargos, que eran los de sheriff y el justice of peace.
• El sheriff tenía amplias atribuciones gubernativas y judiciales, mientras que el justice of peace era una especie de comisario, titular
de una misión encomendada durante un tiempo determinado.
El cisma de Enrique VIII
• El joven monarca se despreocupó inicialmente del gobierno, dejándolo en manos del cardenal Wolsey, que dominaba el Consejo.
• A partir de 1527, la política inglesa se vio inmersa en un agudo enfrentamiento con el papa, cuyo desencadenante fue el deseo de
Enrique VIII de separarse de su esposa, Catalina de Aragón. Sin embargo, este no fue el único motivo de su separación con Roma
y las cosas eran más profundas por las propias características de la Iglesia en Inglaterra. El conflicto con Roma incidía en un ambiente
religioso en el que se habían extendido círculos luteranos.
• Había precedentes, como las teorías de John Wyclif, que atacaba la transubstanciación en la eucaristía y a la Iglesia encabezada por
Roma.
• El deseo de reformas en la Iglesia y la religión se había manifestado también en el seno del Humanismo, con personajes como el
propio Tomás Moro, quien había descrito en su “Utopía” un ideal de Iglesia autónoma y tolerante, con pocos sacerdotes (entre los
que se admitía mujeres) elegidos por los fieles.
• El amplio respaldo al rey en la cuestión del divorcio hay que entenderlo además teniendo en cuenta la fuerza del anticlericalismo, la
mala imagen que se tenía desde tiempo atrás en Inglaterra de la figura del papa y las críticas a la riqueza de la Iglesia. La propia
lejanía de Roma había habituado a la Iglesia de Inglaterra a disfrutar de una notable autonomía.
• El divorcio no era fácil de conseguir y en ese objetivo confluían consideraciones religiosas y políticas.
• Desde finales de los años veinte, el divorcio se convirtió en el asunto prioritario de la política inglesa, al tiempo que las disputas
religiosas incidían en la lucha faccional. La victoria de Pavía y la firma de la paz de Cambrai acabaron con las posibilidades de que
Clemente VII autorizara el divorcio, lo que provocó la caída del Cardenal.
• Varios personajes de distintas tendencias pasaron entonces a primer plano de la política inglesa, como Tomás Moro, Thomas
Cranmer (vinculado a la Reforma luterana) y Thomas Cromwell, que se convertiría en secretario de Estado en 1532.
• El Parlamento aprobó diversas actas que limitaban el poder del papa sobre la Iglesia de Inglaterra, incrementando en ella el del rey.
Cranmer declaró nulo el matrimonio del monarca con Catalina de Aragón y confirmó el que se había celebrado en secreto con Ana
Bolena. Clemente VII negó esta anulación y excomulgó al rey.
• En 1534 Enrique VIII logró que el Parlamento aprobara el Act of Supremacy, por el que la Iglesia de Inglaterra se separaba
formalmente de la obediencia de Roma y el rey era nombrado jefe supremo de la misma.
• Aquellos que no la aceptaron ni juraron fidelidad al monarca como jefe de la Iglesia, como John Fisher o Tomás Moro, fueron
ejecutados. Las resistencias fueron escasas en el clero secular, pero importantes en el regular, más vinculado a Roma. Los opositores
más significativos, incluidos algunos abades, fueron ejecutados y descuartizados, mientras que varios centenares pagaron la
oposición con la cárcel u otras penas.
• Las regiones del norte vieron una resistencia católica más decidida, en la que se mezclaba también el descontento o la incertidumbre
de los campesinos ante los cambios de propiedad.
• Las revueltas más importantes fueron las rebeliones que confluyeron en la llamada “Pilgrimage of Grace” (1536-1537) o la
encabezada por Thomas Kildare en Irlanda, que fueron reprimidas de forma sangrienta.
• Ana Bolena fue ejecutada en 1536, así como algunos de sus partidarios. Ese mismo año, Catalina de Aragón murió y Enrique VIII
se casó con Jane Seymour, que murió en el parto de su hijo Eduardo VI. María Tudor tuvo que reconocer su propia bastardía .
• Cromwell tenía mucho poder, pero no controlaba los dos centros de poder más importantes, viniendo su principal oposición de los
aristócratas que controlaban el Consejo. El principal desencadenante de su caída fue el descontento del rey por su cuarto matrimonio
con Ana de Cleves, quien Cranmer anularía al poco de su celebración. El rey se volvió a casar con Catalina Howard, que también
fue ejecutada y contraería un sexto matrimonio con Catalina Parr, que le sobrevivió.
• Las medidas adoptadas por la Iglesia de Inglaterra en tiempos de Enrique VIII fueron más un cisma que una cuestión doctrinal o
dogmática.
• Inglaterra no se adhirió a la Reforma, sino que, por una cuestión esencialmente política, no muy lejana de las manifestaciones
regalistas de otras cortes, se separaba del tronco común de la Iglesia católica encabezada por el papa.
• En el trasfondo se hallaba la idea de origen cristiano del “rex et sacerdos” y la aplicación del concepto “imperio”, basado en el
Derecho Romano, de no reconocer superior alguno.
• Tras una postura inicial cercana a la Reforma, el rey evolucionó en sus últimos años hacia una vuelta al catolicismo, aunque
manteniendo siempre la separación de Roma.
• El primer periodo se manifestó en los llamados “Diez Artículos” y en “La instrucción del cristiano” o “Libro de los obispos”,
ambos inclinados moderadamente hacia el protestantismo.
• Se complementaron con la imposición de medidas tales como la supresión del latín en la liturgia, la orden de que la Biblia estuviera
a disposición de los fieles o la tendencia a acabar con el culto a las imágenes, las reliquias o los santos.
• El regreso al catolicismo fue posterior a la caída de Cromwell. Su expresión doctrinal quedó reflejada en los “Seis Artículos” de
finales de 1539, con medidas como la aceptación de la transubstanciación o la imposición del celibato sacerdotal. Se dio marcha
atrás en una serie de cuestiones doctrinales, volviéndose a la realidad doctrinal anterior al cisma. Se adoptó también el “Libro del
Rey”, de 1543, que obligaba al culto a la Virgen y a los Santos, entre otras cuestiones.
Vaivenes religiosos de dos breves reinados: Eduardo VI y María Tudor
• Una de las causas del alejamiento de Roma eran las ambiciones de apoderarse de los bienes eclesiásticos. Fueron suprimidos casi
todos los conventos y monasterios, en lo que influyó también el hecho de que las mayores resistencias al cisma hubieran procedido
del clero regular.
• A finales del reinado de Enrique VIII y en el de su hijo se desamortizarían también todos los bienes espiritualizados.
• No puede hablarse propiamente de Reforma en Inglaterra hasta tiempos de Eduardo VI, educado en el protestantismo durante la
regencia de su tío, el lord Protector del reino Edward Seymour quien, junto con Cranmer, orientó el reino hacia un protestantismo
moderado.
• Nuevas revueltas católicas y protestas populares contra los cercamientos ocasionaron la caída del duque en 1549 y su posterior
ejecución. Le sustituyó el responsable de la represión de la revuelta de Cornualles, John Dudley.
• La Reforma inglesa se orientó hacia el calvinismo y el Parlamento aceptó medidas tales como la quema de imágenes y libros
litúrgicos rechazados. Durante el breve reinado de Eduardo VI, se impuso también un rígido control sobre las prácticas religiosas,
con sanciones para quienes las incumplieran.
• A la temprana muerte de Eduardo VI, John Dudley trató de retener el poder proclamando reina a Jane Grey, casada con su hijo, pero
se impusieron los partidarios de María Tudor.
• El objetivo principal de María fue la restauración del catolicismo, aunque con la prudencia necesaria para no alterar demasiado las
cosas.
• Su llegada al poder supuso la caída de Thomas Cranmer. Su matrimonio con el futuro Felipe II fue controvertido y levantó
oposiciones y suspicacias, incluyendo una sublevación encabezada por Thomas Wyatt, donde participaron el padre y los tíos de Jane
Grey. Dicha rebelión comenzó en 1554 y llegó a amenazar Londres. Fue reprimida y Jane Grey y su esposo fueron ejecutados. Sus
medidas para la reinstauración del catolicismo se intensificaron tras su matrimonio con el futuro Felipe II. Las leyes anticatólicas, a
excepción de las desamortizaciones, fueron abolidas y el cardenal Reginal Pole absolvió de todas las censuras pontificias, llegando
a ser muy influyente.
• La firme resistencia de los protestantes a la restauración católica, sin embargo, cambió la tolerancia inicial de la reina por una dura
represión, que llevó a la muerte en tres años a cerca de trescientas víctimas.
• La represión fue en cualquier caso menor que la protagonizada por Enrique VIII.
• La represión favoreció el éxito de la Reforma, al tiempo que se incrementaba el odio hacia el papismo.
• En cualquier caso, de haber vivido la reina es probable que la vuelta al catolicismo se hubiera consolidado.
Isabel I y el triunfo del anglicanismo.
• La muerte sin sucesión de María I Tudor supuso el ascenso al trono de su hermana Isabel I. Dicho ascenso provocaría un vaivén
definitivo hacia una forma particular de protestantismo: el anglicanismo.
• Su principal creadora fue la reina y lo sustancial en él era el cisma, más allá de las diferencias dogmáticas con Roma, mayores en
cualquier caso que en tiempos de su padre.
• El papel de la reina no era fácil por la fuerte división religiosa existente y la presión internacional en favor del catolicismo.
• En 1559 el Parlamento aprobó la segunda Act of Supremacy y el Act of Uniformity. La primera convertía a la reina en jefe supremo
de la Iglesia de Inglaterra. La otra adoptaba, con algunas modificaciones el segundo “Book of Common Prayer”, aprobado en tiempos
de Eduardo VI.
• Dado que la mayoría de los obispos se negaron a aceptar ambas actas, procedió a sustituir a los díscolos por otros nuevos, afectos a
su política, y lo mismo hizo con el clero.
• En ese mismo año, creó la Court of High Commission, tribunal superior para los asuntos eclesiásticos.
• La Reforma se completaría en 1563 con la aprobación de los “Treinta y Nueve Artículos”, que habrían de ser durante siglos la
confesión de fe anglicana. En ellos hay una serie de elementos protestantes pero también católicos, como la admisión del valor de
las obras, por ejemplo.
• La implantación de la Reforma tuvo importantes repercusiones en Irlanda, donde predominaba el catolicismo.
• A la oposición religiosa entre ambas comunidades, se unía la protección con que venían avalados por Inglaterra sus enviados, que
trataba de asentar a su gente mediante el llamado sistema de plantaciones, por el que les adjudicaban tierras previamente confiscadas
a la Corona.
• El sistema sirvió también a Inglaterra para extender su dominio territorial sobre la isla, pero también creó las bases de la oposición
interna entre ambas comunidades.
• La habilidad de Isabel I y el interés de Felipe II en mantener la alianza con Inglaterra, jugaron a favor de la nueva religión, que fue
calando en una población que no veía grandes diferencias con el catolicismo. También le favoreció el éxito de la reforma en Escocia.
• En 1568, el problema religioso y las conspiraciones en la corte provocaron una rebelión general en Escocia, que llevaron a María
Estuardo a huir a Inglaterra.
• María Estuardo, con derechos al trono de Inglaterra y católica, era un potencial problema para Isabel I. Tras la rebelión católica en
el norte de 1569-1570, conocida como la rebelión de los condes, que fue reprimida, María Estuardo fue ejecutada.
• La condena de la reina supuso la ruptura definitiva y la transformación de los católicos en una minoría perseguida, sin que pudieran
evitarlo las medidas más suaves del nuevo papa Gregorio XIII. Creció la represión y también se produjeron rebeliones. Una
entre 1579 y 1581, con apoyo español, y otra en 1594, vinculada también a cuestiones políticas, que dio origen a un levantamiento
casi generalizado que duraría hasta 1603.
• Otro importante sector religioso era el de los puritanos, grupos de inspiración calvinista y opuestos a la religión oficial.
• Muchos de ellos se vieron fuertemente influidos por los presbiterianos, que eran los seguidores calvinistas escoceses de John Knox.
• En tiempos de Isabel I contaban con apoyos importantes en la universidad de Cambridge, el Parlamento, la Iglesia de Inglaterra y el
propio entorno real y, aunque en menor medida que los católicos, también fueron objeto de represión religiosa.
• Se iniciaba así un enfrentamiento entre la Corona y los puritanos, que se vinculaba también a una oposición creciente al absolutismo,
que marcaría la historia inglesa hasta 1640.
• La política de Isabel I fue en general conservadora, logrando superar las grandes tensiones religiosas de años anteriores.
• Entre sus consejeros hubo un primer grupo partidario de una política exterior prudente, en el que destacaron sir William Cecil, su
hijo Robert y Nicholas Bacon. Otro sector, partidario de una política exterior intervencionista a favor de los protestantes, estaba
protagonizado por Robert Dudley, conde de Leicester, sir Francis Walsingham y Robert Devereux, conde de Essex.
• En la política exterior, fue fundamental el tardío enfrentamiento con España, tras años de apoyar de forma no oficial a los rebeldes
de los Países Bajos y a los hugonotes, y de proteger las agresiones al comercio hispano con América.
• Ya en 1583 el marqués de Santa Cruz le habría propuesto a Felipe II una intervención armada contra Inglaterra, origen de la que
habría de ser la expedición fallida de la Gran Armada de 1588.
• La acción de Drake en Cádiz y la ejecución de María Estuardo, ambas en 1587, convencieron al rey de la necesidad de variar su
política respecto a Inglaterra.
Economía y sociedad
• Ya con la Guerra de las Dos Rosas, desapareció un número elevado de miembros de la gran nobleza, aunque esta siguió siendo
importante.
• Sancionó la crisis del feudalismo y favoreció el fortalecimiento de sectores intermedios, al amparo también de una coyuntura
económica favorable.
• Uno de los efectos de dicha coyuntura fueron los “enclosures” o cerramientos de campos de cultivo, muchos de los cuales pasaron
a dedicarse a pastos para el ganado de sus propietarios, evitando con el vallado que fueran sometidos a usos colectivos, como el
pasto comunitario.
• Estaba en marcha un doble proceso que estimulaba a los propietarios de la tierra a incrementar sus beneficios y trataba de estrechar
la relación entre la producción y el mercado.
• Las consecuencias fueron muchas y, entre ellas, el interés de la nobleza por la producción de sus tierras, el acceso a la propiedad
rústica de gentes con dinero procedentes en muchos casos de la ciudad, el desarrollo en el mundo rural de un sector social intermedio,
conocido como la “gentry”, la decadencia de las tierras y sus usos comunales, o el empobrecimiento y la huida a la ciudad de los
campesinos más desfavorecidos.
• Las desamortizaciones eclesiásticas favorecieron una enorme transferencia de la propiedad que incrementó el movimiento de las
“enclosures”.
• Colaboradores de Enrique VIII o Eduardo VI, nobles, gentilhombres rurales, burgueses y gentes de la ciudad e incluso “yeomen” se
hicieron con tierras por donación real o por compra, lo que reforzó a la “gentry”, que se convertiría en un firme apoyo de la Corona
y la Iglesia de Inglaterra.
• La desaparición de los conventos y los monasterios implicó también la crisis de todo el sistema asistencial basado en la caridad.
• La asistencia pasó a ser regulada por el Parlamento, con las leyes de pobres, que crearon uno de los primeros sistemas nacionales de
atención a la pobreza.
• El empeoramiento general de la situación económica a finales del reinado de Isabel I obligó a promulgar nuevas leyes de pobres que
organizaron la asistencia desde las parroquias, gracias a una tasa instituida al efecto.
• La pañería conoció un fuerte desarrollo. También se incrementó el comercio marítimo.
• En 1504, el rey encargó a los Merchant Adventurers la difusión exterior de los valiosos tejidos ingleses. Las dos primeras actas de
navegación (1485 y 1489) concedieron a los barcos y las tripulaciones ingleses el monopolio de la importación de vino y otros
productos, iniciando un camino proteccionista que habría de ser decisivo para el desarrollo inicial de la producción y el comercio
marítimo de Inglaterra.
• El mayor éxito fue el del buque mandado por Richard Chancellor, que llegó hasta el mar Blanco, donde los comerciantes
establecieron una factoría. Al año siguiente, los implicados constituyeron la Moscovy o Russian Company. Esta compañía se
dedicaba también a la caza de la ballena, sin abandonar el comercio con Rusia.
• Algunos de sus miembros tratarían de llegar a China por tierra, a través de Moscú, y a Persia a través del Volga y el mar Caspio.
• Fue el antecedente de otras compañías de comercio como la English Levant Company (para el comercio con el Imperio turco) y la
East India Company.
• El comercio marítimo de Inglaterra se basaba también en el dominio de las pesquerías atlánticas y en su relación mercantil con el
Mediterráneo occidental y los puertos ibéricos.
Tema 4. La Europa del absolutismo. Sociedad, Cultura y poder en la primera mitad del siglo XVII.
4.1 El Imperio y otros poderes europeos
El IMPERIO
• Al comienzo de la Edad Moderna, el Imperio era esencialmente una realidad del pasado.
• El ámbito geográfico del Imperio había ido menguando, lo que explica que incluyera teórica o idealmente territorios que habían
abandonado de hecho su dependencia del mismo, como los Países Bajos o Suiza, que se había independizado de hecho en 1499 y
de derecho en 1648. Se había constituido en una peculiar formación, la Confederación Suiza, formada por trece cantones, entre los
que destacaba el poder de ciudades como Berna y Zúrich. En 1526 se uniría Ginebra, lo que facilitaría el avance de la Reforma y
protegería la zona de las ambiciones de Saboya.
• El Imperio era extenso, pues abarcaba la totalidad del espacio germánico, dividido desde Maximiliano I en círculos (kreise), con
diversas competencias administrativas, si bien la vinculación de algunos territorios no dejaba de ser problemática, como sucedía en
el caso del ducado de Holstein o incluso del reino de Bohemia.
• Se trataba de un auténtico rompecabezas territorial en el que había componentes de mayor y menor envergadura, así como soluciones
políticas diversas: estados territoriales en manos de diferentes príncipes, principados eclesiásticos en poder de obispos, abadías,
ciudades libres y minúsculos estados pertenecientes a caballeros. En 1489, existían un total de 330 unidades políticas distintas, a las
que habría que añadir 1730 reichsritter, pequeñas posesiones de caballeros que no dependían más que del emperador.
• Había casi un centenar de príncipes laicos, unos 130 principados (entre los que destacaban el Palatinado, Baviera, Würtemberg, las
dos Sajonias, Meklemburgo o Brandeburgo), 43 príncipes eclesiásticos, 50 abadías y cuatro dependencias de la Orden Teutónica.
Había también 74 ciudades libres y éstas predominaban en zonas como Renania o Suabia, como era el caso de Aquisgrán, Spira o
Estrasburgo.
• Los principales obispados se hallaban en el noroeste, el curso del Rin o Franconia. En el norte estaban las ciudades de la Hansa,
como Hamburgo o Lübeck.
• Destacaban los siete príncipes electores, que podían elegir al emperador. Había tres eclesiásticos, Maguncia, Colonia y Tréveris, y
cuatro laicos, el rey de Bohemia, el duque de Sajonia-Wittenberg, el margrave de Brandeburgo y el conde palatino del Rin.
• Los poderes del emperador eran limitados. La principal institución imperial era la Dieta, dividida a mediados del siglo XVI en tres
cámaras: la de los electores, la de los príncipes laicos y eclesiásticos, y la de los delegados de las ciudades libres, aunque esta última
no participaba de las actividades legislativas.
• Los aproximadamente 1.730 caballeros del Imperio con pequeños territorios carecían de representación y se organizaban en catorce
cantones.
• Las atribuciones de la Dieta eran superiores a las de la mayoría de las asambleas parlamentarias de otros territorios, pues además de
aconsejar al emperador, aprobaban las leyes y los impuestos, así como cualquier disposición que afectara al conjunto del territorio
imperial.
• Existía también un Consejo palatino, una Cancillería presidida por el arzobispo de Maguncia y un Tribunal Imperial.
• La dependencia de la Dieta era el principal freno al incremento del poder imperial.
• El Imperio nunca tuvo un ejército propio ni tampoco unos impuestos fijos o una burocracia suficiente a su servicio, requisitos
indispensables para aumentar el poder y el control del emperador.
• Lo que se produjo fue un reforzamiento del poder de muchos de los príncipes territoriales del Imperio, por vía de la centralización
administrativa, el incremento de sus atribuciones, el fortalecimiento de sus finanzas o la creación de una burocracia a su servicio
con predominio de los juristas. El proceso de las nuevas monarquías se dio en tales territorios, contribuyendo poderosamente areducir
los poderes efectivos del emperador.
• Maximiliano I y Carlos V fracasaron en sus intentos de incrementar el poder imperial. El primero trató infructuosamente de unificar
las finanzas y la justicia, siendo los Países Bajos uno de sus apoyos principales. Carlos V, por su parte, protagonizó el último gran
intento de reconstrucción del poder imperial si bien la Reforma protestante favoreció claramente los intereses de los príncipes
imperiales.
• La fuerza de los emperadores radicaba en sus propios dominios patrimoniales dentro del Imperio. Los Habsburgo eran propietarios
de una serie de estados en el sur, los llamados Países Hereditarios, que incluían los archiducados de la Alta y Baja Austria, los
ducados de Estiria, Carintia y Carniola, los condados del Tirol y de Gorizia, y las ciudades de Trieste y Fiume en el Adriático,
además de algunas posesiones en Suabia y Alsacia.
• La inmensidad de las posesiones de Carlos V le impidió dedicarse a los dominios patrimoniales de los Habsburgo, cuyo gobierno
dejó en manos de su hermano Fernando en 1522. Fernando se casó con Ana Jagellón y, a la muerte de su cuñado Luis II, fue
nombrado rey de Hungría y Bohemia. Sus territorios en Hungría se limitaron a aquellas zonas que no estaban conquistadas por los
turcos, y tuvo disputas con el voivoda de Transilvania, que acabó con el reconocimiento de este último territorio como un principado
vasallo de los turcos.
• Hungría quedaba dividida en tres partes: los territorios de los Habsburgo, los dependientes de los turcos y el principado de
Transilvania.
• En 1531, Fernando fue elegido Rey de Romanos. Continuó la centralización de los territorios de los Habsburgo comenzada por
Maximiliano I, pero a su muerte sus territorios fueron divididos entre sus tres hijos, Maximiliano II, Fernando y Carlos.
• La dispersión de los estados patrimoniales de los Austria fue prolongada y se extendió hasta 1665, cuando se reunieron de forma
definitiva en manos del emperador Leopoldo I y sus descendientes.
• El peligro turco se mantuvo activo hasta prácticamente finales del siglo XVII y la paz de Augsburgo de 1555 estabilizó durante un
tiempo la problemática religiosa, aunque esta cuestión volvería a surgir en años posteriores.
Los territorios italianos en tiempos de Felipe II
• La paz de Cateau-Cambrésis (1559) puso fin a las guerras de Italia y otorgó al rey de España una hegemonía de facto sobre Italia,
más allá de los territorios vinculados a su Monarquía.
• La Monarquía de España se extendía como una enorme red sobre los estados italianos, a los que si, por una parte, obligaba a
vincularse a sus intereses, por otra garantizaba su protección, el mantenimiento del status quo interterritorial y la paz, al tiempo que
les ofrecía, según los casos y circunstancias, honores, rentas, y oportunidades financieras y mercantiles.
• Pero la hegemonía española no siempre se aceptó fácilmente.
• El dominio hispánico en Italia se sustentaba en las posesiones italianas del rey católico, en una alianza con la república de Génova,
y en unas relaciones teóricamente buenas, aunque complejas, con el Gran Ducado de Toscana, y con los pequeños estados del centro
de la península italiana, así como en una activa y constante intervención diplomática en la corte papal y la alianza con Saboya.
• Fuera del sistema solo quedaba Venecia.
• Una de las mayores garantías para la conservación del dominio de Italia sería la crisis de Francia.
• Los territorios italianos que formaban parte de la Monarquía de España constituían casi la mitad de Italia, pero eso no significó una
mera dominación por la fuerza.
• La hegemonía española fue un sistema de relaciones políticas, diplomáticas, económicas y sociales, fundado sobre un complejo
equilibrio entre dominio y consenso, que los gobernantes supieron gestionar de acuerdo con la lógica del compromiso.
• Dicho método imprimió una fuerte aceleración al desarrollo de las formas políticas y estatales de la Italia española y fue también un
término de comparación fundamental para lo estados italianos no vinculados a España.
• El principal aliado italiano de España era sin duda Génova.
• La relación entre ambas se hizo aún más intensa tras el fracaso de la conjura de los Fieschi (1547) en la que un grupo de nobles trató
de socavar el poder de los Doria.
• La devolución de Córcega puso a Génova en el punto de mira de Francia, que quiso recuperar la isla y estuvo detrás de muchos de
los conflictos internos e intentos de alterar el equilibrio de poderes de la República.
• También las tensiones de Génova con Milán fueron elementos de inestabilidad, complicados ocasionalmente por las aspiraciones
del Papado.
• Las leyes nuevas de 1576 reforzaron al grupo más claramente proespañol, la nobleza vecchia, garantizando la exigencia de estatus
para el acceso a los cargos públicos.
• A través de su actividad bancaria, los genoveses se convirtieron en los grandes prestamistas y hombres de negocios de la Monarquía
de España, llegando a gestionar una parte importante de la deuda pública de la misma e interviniendo como asentistas en numerosas
actividades económicas.
• Las posibilidades de la extensa Monarquía facilitaron asimismo su actuación en territorios como los reinos de Nápoles y Sicilia,
donde adquirieron feudos y se vincularon a los estratos superiores de la nobleza autóctona.
• La relación de la Monarquía con Toscana fue más problemática.
• Se vio reforzada por la relación de vasallaje que se estableció entre Felipe II y Cosme I, en virtud de la cesión de la antigua República
de Siena, que junto a Florencia, constituiría el segundo de sus dominios más importantes.
• Ese vasallaje era teórico y los duques demostrarán sus aspiraciones autónomas, pero los Medici seguirían siendo muy deudores de
España.
• El respaldo a Cosme I contribuyó a afianzar la solución principesca que se mantendría durante toda la Edad Moderna, pese a las
dificultades iniciales y a la pervivencia de tendencias republicanas.
• El duque Cosme I realizó una importante obra de reforzamiento del poder ducal y una reorganización modernizadora de las
estructuras de gobierno, uno de cuyos principales aspectos fue el incremento de la potencia naval y militar de su estado, con la
creación de la Sacra y Militar Orden de Caballeros de Santo Stefano (1561) y la adquisición del título de Gran Duque, otorgado por
el papa (1569).
• La Orden de Santo Stefano será el principal instrumento de los grandes duques para el reforzamiento y la centralización del poder,
al tiempo que sirvió para dar una dimensión unitaria a la clase dominante toscana.
• Cosme I obraba como lo habían hecho o lo harían otros príncipes necesitados de reforzar las bases de su poder y especialmente en
el caso de príncipes nobles de legitimidad discutible, en un territorio además como Toscana, con importantes tendencias
republicanas.
• Las ambiciones de Cosme I provocaron recelos y la desconfianza de Felipe II, aunque las desavenencias se arreglaron de forma
económica.
• A partir de la tregua de 1577, el principal conflicto mediterráneo será el enfrentamiento secular de los corsarios, ahora intensificado
con la desaparición de la guerra abierta. El puerto de Livorno se convirtió en receptáculo de corsarios de toda Europa.
• Los sucesores de Cosme I mantuvieron básicamente una política de alianza, en buena medida forzada, que no excluye intentos de
independencia política, incumplimientos de las obligaciones establecidas en la cesión de Siena e, incluso, puesta en práctica de
políticas abiertamente contrarias a los intereses españoles.
• Se produjo un acercamiento a Francia por parte de Fernando I, quien se casó con Cristina de Lorena, tomó en nombre de Francia el
castillo de If, actuó como mediador entre Enrique IV y Roma, y negoció el matrimonio de su sobrina María con el rey de Francia,
entre otras actuaciones contrarias a los intereses españoles. Además, los grandes duques ambicionarán ocupar los presidios de la
Toscana, pertenecientes a España.
• Los duques de Saboya también tenían motivos de gratitud hacia España y su alianza fue firme durante el gobierno de Manuel
Filiberto y la primera parte del de su hijo, Carlos Manuel I.
• Sin embargo, las ambiciones de Carlos Manuel I propiciaron su acercamiento a Francia, que habría de ser decisivo a comienzos del
siglo XVII.
• Manuel Filiberto llevó a cabo una eficaz política de centralización y reforzamiento del poder en sus estados, seguramente la más
completa de Italia.
• Sus dominios abarcaban un amplio espacio a ambos lados de los Alpes, pues la mayor parte del ducado se situaba en territorios que
hoy pertenecen a Francia, llegando sus dominios hasta el norte de Lyon. Suyo era también el marquesado de Niza, el Piamonte y el
valle de Aosta. Además, reivindicaba territorios bajo dominio suizo.
• Los Estados Pontificios vivieron una etapa de consolidación, reforzamiento y centralización del poder de los papas.
• Tales procesos apenas llevaron a la creación de un ejército permanente y una burocracia civil, y los principales puestos fueron
desempeñados por eclesiásticos.
• Los papas prosiguieron la tarea de unificar bajo su soberanía el vasto conglomerado de territorios que formaba su estado, que
experimentó además vastas ampliaciones.
• El Papa Clemente VIII incorporó el ducado de Ferrara.
• La incorporación provocó las protestas de España, Venecia y Toscana, que respaldaban los derechos de Cesare de Este, quien había
sucedido en otros territorios de la familia.
• La intervención diplomática de Clemente VIII en la gestación de la paz de Vervins contribuyó a reforzar el prestigio del sumo
pontífice.
• Los nuevos tiempos de la Contrarreforma postulaban un papado más espiritual, una reivindicación del papel internacional del sumo
pontífice y su liderazgo del mundo católico, así como un renovado esfuerzo misional.
• Los cambios fueron lentos, y las propias aspiraciones de liderazgo político lastraron la renovación moral del papado. Tuvo disputas
con Felipe II y la competencia por definir la política católica y los desacuerdos en la aplicación de la misma les enfrentaron, a lo que
se añadieron las tensiones derivadas del regalismo.
• El territorio más alejado del poder español en Italia era Venecia, siempre crítica frente a él y dispuesta a defender la autonomía de
su política y sus intereses mercantiles.
• Después de Lepanto, Venecia se esforzó en consolidar sus territorios en tierra firme, logrando el dominio sobre un amplio espacio
que apenas se modificaría hasta las campañas napoleónicas, el cual abarcaba el Véneto y los territorios nororientales de Italia hasta
los Alpes, así como una serie de posesiones al norte del Adriático (Istria, Dalmacia y parte de la costa este de dicho mar).
• A la competencia con el papado por diversos territorios se unió una política de cautela en la aceptación de postulados de la
Contrarreforma, pues quería mantener su independencia jurisdiccional frente a la Iglesia.
• La incorporación de Ferrara a los Estados Pontificios despertó nuevas tensiones que desembocaron en el conflicto del Interdicto
(1606). El Papa Paulo V excomulgó a las autoridades de la República, amenazándolas con el Interdicto, es decir, la prohibición de
la celebración de ceremonias religiosas en las iglesias vénetas.
Portugal
• Portugal participará escasamente de la historia europea, en comparación con el importante imperio colonial que consiguió en los
siglos XV y XVI en África, Asia y América.
• Los diversos monarcas de Castilla, Aragón o Portugal albergaban aspiraciones de reconstrucción de la unidad ibérica.
• Una prueba de ello es la frecuencia de los matrimonios principescos hispano- portugueses hasta mediados del siglo XVI.
• En el siglo XV se desarrolló notablemente el poder real, sobre todo con Juan II (1481-1495). Este rey adoptó en las Cortes varias
medidas que recortaban el poder y los privilegios de la nobleza, lo que generó un amplio clima de conspiración que el monarca cortó
drásticamente.
• Las confiscaciones de muchos de los bienes de estos nobles aumentó considerablemente el patrimonio real.
• Frente al predominio de la aristocracia, Juan II promovió al poder a muchos letrados, así como a miembros de la baja nobleza. Su
reinado fue un momento clave con la expansión ultramarina, que culminó con las bulas alejandrinas de 1493 y el Tratado de
Tordesillas de 1494.
• Los años de esplendor de Portugal coincidieron con los reinados de Manuel I “el Afortunado” y Juan III, como consecuencia de las
ganancias derivadas del tráfico con la India.
• Manuel I logró un nuevo acuerdo con la nobleza, facilitada por las posibilidades abiertas por la expansión ultramarina. Los Braganza
y otras familias proscritas recuperaron sus dignidades.
• Juan III, por su parte, evolucionó desde una primera etapa de mecenazgo humanista y tolerante, a otra posterior cada vez más
inspirada en principios confesionales, con la creación en 1536 de la Inquisición.
• Le sucedió su nieto Sebastián I, cuyo gobierno personal no empezaría hasta 1568. Sebastián I murió en el desastre de Alcazarquivir
en 1578. Tras el breve reinado de Enrique I, Felipe II hizo valer sus derechos al trono portugués y se hizo proclamar rey con el apoyo
de su ejército.
El fin de la Unión de Kalmar. Dinamarca y Suecia
• Desde finales del siglo XIV (1397), la Unión de Kalmar había reunido bajo un solo rey las coronas de Dinamarca, Noruega y Suecia,
de la que dependía Finlandia
• La hegemonía correspondía a Dinamarca, aunque los demás reinos tenían mucha autonomía. En Suecia había un importante sector
partidario de la independencia que protagonizó diversas revueltas.
• La represión sangrienta realizada por Cristián II agudizó una crisis que se veía aumentada por el descontento provocado en
Dinamarca por su gobierno, sus reformas y el aumento de los impuestos. Todo ello llevó a su destronamiento y el trono danés pasó
a su tío Federico I, que fue reconocido como rey por Noruega, pero no por Suecia, que elevó al trono a Gustavo Vasa.
• A la muerte de Federico I, tanto el destronado Cristián II como el hijo de Federico, Cristián III, se disputaron el trono, con distintos
apoyos, triunfando este último.
• La implementación del luteranismo tanto en Dinamarca como en Noruega contó con un amplio respaldo de la nobleza, que se
apoderó de las tierras de la Iglesia.
• El peso de los nobles no impidió el avance del poder real, tanto en tiempos de Cristián III como de su sucesor Federico II.
• La nobleza danesa colaboró también en el control de Noruega, territorio escasamente poblado y con una estructura social más simple.
• El auge del comercio báltico y el proceso de fortalecimiento del poder real hicieron que a finales del siglo XVI Dinamarca se
convirtiese en la primera potencia del norte.
• Desde 1460, los reyes de Dinamarca poseían también los ducados de Schleswig y Holstein, al sur de la península de Jutlandia, pero
en 1544 Cristián III los repartió entre sus dos hermanos, surgiendo allí dos dinastías menores, vasallas de los reyes daneses.
• Por su parte, la Dieta sueca reconoció como rey a Gustavo I Vasa, aunque tuvo que enfrentarse a los partidarios del rey de Dinamarca
y superar oposiciones internas.
• Desarrolló una hábil tarea de construcción de un poder real fuerte y bien implantado, logrando en 1544 que la Dieta concediera a su
Corona la condición de hereditaria.
• La adopción del luteranismo proporcionó a sus reyes importantes recursos al apoderarse de las tierras de la Iglesia católica, que
representaban una quinta parte aproximadamente del total del territorio.
• Sus finanzas se vieron además respaldadas por el auge de la economía sueca a lo largo del siglo.
• Tal vez el mayor error de sus sucesores fue una intervención demasiado activa en la política exterior.
• Su intervencionismo provocó serios conflictos internos, comprometiendo en exceso los recursos del reino.
• La participación del rey Erik XIV en la llamada Guerra Nórdica de los Siete Años dio ocasión a los descontentos para su destitución
y el acceso al trono de su hermano Juan III.
• Su inclinación al catolicismo provocó divisiones internas y le enfrentó a su hermano Carlos Segismundo, hijo de Catalina Jagellón,
quien fue elegido rey de Polonia y accedió en 1592 al trono de Suecia, en el que su catolicismo le impediría consolidarse. Su tío
Carlos fue proclamado regente en 1595 y años después sería proclamado rey como Carlos IX, iniciando una nueva etapa de
fortalecimiento del poder real que culminaría en tiempos de su hijo Gustavo II Adolfo.
Polonia, Lituania y Rusia
• Toda Europa oriental ofrece una serie de características comunes: escasa población, enorme poder de la nobleza, debilidad de los
sectores sociales intermedios, escasa presencia de lo urbano, servidumbre del campesinado…
• Dentro de dicho ámbito, los dos principales espacios políticos eran Polonia y Rusia.
• Los territorios del rey de Polonia incluían la propia Polonia, el gran ducado de Lituania y la Prusia Real, que no tenían mucho en
común salvo la figura del rey y sí muchas diferencias, entre ellas las religiosas.
• Las relaciones entre Polonia y Lituania distaban de ser intensas.
• En 1501 se estableció la unión de Melnik, que mantenía la existencia de dos dietas, pero con un monarca único, elegido en sesión
conjunta, así como una moneda y una política exterior de defensa común. La unidad realmente no se produjo hasta la Unión de
Lublin de 1569, que estableció también una única Dieta.
• El trono estuvo ocupado desde finales del siglo XIV por la familia Jagellón, que desde 1490 también ocupó los tronos de Hungría y
Bohemia, hasta 1526. La familia desapareció en 1572.
• La Dieta polaca decidió después convertir la Corona en electiva, eligiendo como rey a Enrique de Valois, duque de Anjou, que fue
sustituido por Esteban Báthory, príncipe de Transilvania.
• Los poderes del rey de Polonia fueron escasos, especialmente tras la desaparición de los Jagellón, frente a una gran nobleza que era
el grupo dominante. También estaba la pequeña nobleza o “slachta”, que constituía una décima parte de la población.
• La particularidad de Polonia radicaba en la enorme fuerza de la Dieta, dividida en dos Cámaras: el Senado y la Cámara de Nuncios
o delegados de las dietas provinciales, dominada por la “slachta”. La capacidad de la oposición de la Dieta ahogó cualquier
posibilidad de avance del poder real.
• Una parte importante de la nobleza se adhirió a la Reforma, expandiéndose por este territorio tanto el luteranismo como el calvinismo
y diversas herejías.
• El último de los reyes Jagellón, Segismundo II Augusto, logró impedir la difusión del protestantismo. También puso en práctica
actividades de centralización, pues por la paz de Lublin de 1569 sometió a Lituania a un régimen unitario con Polonia y, en 1577,
impuso a la Prusia Real una mayor dependencia. El final de la dinastía frustró tales intentos, a pesar de que también Esteban Báthory
trató de reforzar el poder real e impulsó la Contrarreforma. A su muerte, el trono pasó a la dinastía sueca de los Vasa. La ofensiva
contrarreformista acabaría triunfando.
• Los inicios de la modernidad vieron también el surgimiento de Rusia.
• El gran duque de Moscú, Iván III el Grande, afirmó su autoridad sobre Moscovia e inició un notable proceso expansivo que le llevó
a rechazar la dependencia de los kanatos y, por otra, a inquietar a sus vecinos, pero no solo a Polonia y Lituania, sino también la
Hansa, cuyos mercaderes fueron expulsados de la factoría de Novgorod en 1494.
• Iván III estableció un firme poder en sus dominios. El gran príncipe de Moscú desarrollaría un poder autocrático, es decir, basado
en sí mismo, reforzado por una importante creencia en su condición sagrada y sin ningún tipo de regulación o limitación, con la
crueldad como elemento constitutivo de su sistema.
• También adquirió elementos vinculados al Imperio Bizantino, del que se alzó como heredero junto con una fuerte vinculación a la
Iglesia Ortodoxa.
• En Rusia se impusieron soluciones políticas autoritarias.
• El soberano se convirtió en el dueño de la tierra y se abrió paso la idea del servicio, que sería la base del ejército y la administración.
• Se apoyó en la nobleza cortesana existente desde el siglo XIV, la dvoriane, que recibía a cambio tierras (pomestie). El término
pomeshchik, que identificaba a sus beneficiarios, acabaría adquiriendo también el significado de “terrateniente”.
• La nobleza de los boyardos trató de resistir al avance del poder del zar reforzando para ello la Duma, pero carecía de unidad interna
y se enfrentaba también al sólido apoyo de la Iglesia al gran príncipe.
• La Duma, consejo supremo formado por los príncipes vasallos, los más destacados boyardos y algunos miembros de otros sectores,
era únicamente de carácter consultivo, sin poder alguno fuera de las funciones judiciales y ejecutivas delegadas por el soberano,
cuyas disposiciones tienen rango de ley. En tiempos de Iván IV se convirtió en una asamblea compleja y difícilmente gobernable.
• En 1549, creó la Zemski Sabor, una asamblea reunida exclusivamente por la voluntad y convocatoria del soberano.
• No obstante, ambos organismos irían perdiendo importancia frente a la burocracia dependiente del monarca.
• A partir de 1560 Iván IV reprimió sangrientamente a los boyardos con la ayuda de los Oprichniky.
• Reforzamiento de la servidumbre campesina.
• El reinado de Iván IV vivió una importante expansión exterior.
• Tras su muerte en 1584 se disgregó el gobierno del terror que había creado, con importantes episodios de crueldad.
• Su hijo Fiodor I fue el último de los reyes de la dinastía de los Riurikovichy, dando paso a una etapa de anarquía conocida como la
época de las Turbaciones o los Tumultos, que se desarrolla desde el periodo del gobierno de Boris Godunov al acceso al trono de
1613 de Miguel Romanov. En ella, las conjuras de los boyardos se mezclaron con revueltas campesinas, intervenciones extranjeras
y la aparición de distintos pretendientes al trono.
Los conflictos en el Báltico
• El Báltico es un mar casi cerrado, separado de la salida hacia el mar del Norte por los estrechos daneses conocidos como Gran Belt,
Pequeño Belt y Oresund. Su dominio fue siempre decisivo para el control de la zona y la relación marítima de diferentes poderes
territoriales con la Europa occidental.
• Es lo que hizo durante mucho tiempo Dinamarca, apoyada por la Unión de Kalmar. En consecuencia, la Hansa apoyó la
independencia sueca, lo que supuso el fin de la Unión y la aparición de un competidor en el norte, aunque no la pérdida del monopolio
de los estrechos, pues Dinamarca mantenía la Escania, que controlaba la otra orilla del Oresund.
• La oposición de la Hansa continuó durante el reinado de Federico I, que llevó a Lübeck a intervenir en la guerra de sucesión que
siguió a su muerte, donde fue derrotada.
• Gustavo Vasa tuvo así una gran oportunidad para liquidar los privilegios comerciales que había otorgado a Lübeck.
• La decadencia mercantil de las ciudades hanseáticas se agudizó fuertemente en el siglo XVI. La actividad de la agrupación de
ciudades se desplazaría hacia occidente en beneficio de Hamburgo, frente al protagonismo anterior de Lübeck.
• Tampoco la hegemonía danesa podía mantenerse mucho tiempo ante las ambiciones mercantiles de los neerlandeses y la
competencia de Suecia, Polonia y Rusia.
• Una zona especialmente conflictiva iba a ser el territorio comprendido entre el margen oriental del golfo de Finlandia y Lituania,
con los puertos de Narva, Reval y Riga, que constituía una salida natural hacia Europa y se hallaban bajo la soberanía poco efectiva
de los Caballeros Livones de la Espada.
• Las ambiciones rusas se centraban en Estonia, que separaba su territorio del mar.
• El gran maestre de los Livones, Godofredo Kettler, adoptó la Reforma, secularizó sus tierras y se convirtió en duque de Curlandia.
Dicho territorio y la mayor parte de Livonia se ofrecieron en vasallaje a Polonia-Lituania, que lograba así una amplia fachada
marítima en el este del Báltico.
• El problema de Estonia incidió en su enfrentamiento con Suecia, que llevó a la llamada Guerra Nórdica de los Siete Años, en la que
Dinamarca logró el apoyo de Rusia y Lübeck, mientras Suecia obtuvo el de Polonia.
• La Paz de Stettin sancionaría el final del conflicto sin un vencedor claro, aunque su aspecto positivo fue la reafirmación de la libertad
de navegación en el Báltico. Estonia fue cedida formalmente a Suecia y Livonia a Polonia.
• La paz no resolvió las ambiciones de Rusia sobre Lituania. Rusia veía frustrado su intento de acercarse al Báltico, al que no llegaría
hasta comienzos del siglo XVIII, mientras que la colaboración habitual entre Polonia y Suecia se rompía por la reacción de los
suecos ante un monarca católico como Segismundo I. Suecia y Polonia serían, a partir de entonces, enemigas.
4.2 La revolución Científica
• El término “Revolución” fue utilizado en un principio por los ilustrados para subrayar la importancia de los cambios en la forma de
analizar la realidad material, que dieron la vuelta radicalmente a las formas de interpretar el mundo y pusieron las bases de unos
conocimientos que, por primera vez, pudieron llamarse de forma apropiada ciencia, en cuanto a que eran susceptibles de ser
demostrados.
• En el siglo XVII, con notables precedentes en la centura anterior, se logró la emancipación de la mente humana y una nueva
concepción del mundo.
• Uno de los mayores argumentos en contra de la teoría de la crisis general del siglo XVII lo encontramos en este ámbito, pues fue en
esta centuria cuando la Europa Moderna halló el método para llegar a conocimientos ciertos e inició los descubrimientos que han
ido constituyendo el acervo científico y la base de los saberes técnicos hasta el siglo XX.
• El cuestionamiento de la ciencia heredada de la Antigüedad se inició ya en el Renacimiento, e incluso antes, si bien no se trató sino
de posturas aisladas frente a la aceptación general de las explicaciones clásicas en los terrenos de la física, la astronomía, las
matemáticas o la medicina, hasta este periodo.
• El desarrollo de la astronomía es deudor de hechos como el progreso de la navegación, que aportaba observaciones sobre la posición
del Sol y los astros; los avances en el cálculo, que permitían utilizar las matemáticas para explicar sus movimientos, o el
perfeccionamiento de las lentes e instrumentos de observación de los cielos, que mostraban una realidad difícil de conciliar con las
teorías existentes.
• A medida que avanzaban las observaciones astronómicas o físicas, quedaba más en entredicho el sistema hasta entonces admitido.
• Influyó también el resurgir del interés por la astrología, vinculado a la difusión en el Renacimiento de obras del mundo clásico.
• La astrología de la Antigüedad tendría una notable presencia en algunos de los grandes protagonistas de la nueva astronomía, como
Copérnico, Kepler o Newton.
Los conocimientos heredados
• Aristóteles era la base de los conocimientos físicos, mientras que la dinámica de los astros tenía como fundamento a Ptolomeo.
• Ambos se apoyaban en la doctrina de los cuatro elementos de Empédocles: tierra, agua, aire y fuego.
• La Edad Media cristiana había aceptado las teorías de Aristóteles, sacralizándolas al comprobar su correspondencia con las
observaciones contenidas en la Biblia.
• La física, basada en un buen número de observaciones, tenía la virtud de ofrecer una coherencia explicativa. En ella, la Tierra
constituía el centro del universo y en torno a ella giraban los planetas y el Sol, dentro de sus respectivas órbitas.
• Existían dos mundos, el lunar, de los planetas, y el sublunar (la Tierra), cada uno de ellos dotado de su propia física. En el mundo
lunar, los planetas se movían en órbitas circulares y estaban compuestos por un elemento incorruptible, conocido como quinto
elemento.
• En la Tierra, la característica permanente era el cambio y la materia se componía de los cuatro elementos ya citados, que servían
para explicar tanto la física como la química.
• El movimiento del mundo sublunar era rectilíneo y se explicaba por la “tendencia natural” propia de cada uno de los elementos.
• Los elementos se clasificaban según su mayor virtud o nobleza, que se vinculaba al peso. La tendencia natural del más bajo o
pesado, la tierra, era buscar el estado de reposo en el centro del universo. Le seguía el agua, que tendía a estar encima de ella,
mientras que la tendencia natural del aire y del fuego, los más nobles, era la búsqueda de sus respectivas esferas en las que
alcanzar el estado de reposo, que sería el más perfecto, con los cuatro elementos en esferas concéntricas.
• La realidad, sin embargo, ofrecía una intensa mezcla de los distintos elementos que servía para explicar casi todo.
• Como quiera que la tendencia natural era hacia el reposo, el movimiento de un objeto solo se explicaba por una causa exterior que
lo provocase. Cesada la causa, cesaba el efecto, es decir, el movimiento, y dicho cuerpo quedaba en tierra inmóvil.
• En un medio homogéneo, la velocidad del móvil sería proporcional a la fuerza que lo impulsaba.
• En la Tierra, la característica permanente era el cambio y la materia se componía de los cuatro elementos ya citados, que servían
para explicar tanto la física como la química.
• El movimiento del mundo sublunar era rectilíneo y se explicaba por la “tendencia natural” propia de cada uno de los elementos.
• Los elementos se clasificaban según su mayor virtud o nobleza, que se vinculaba al peso. La tendencia natural del más bajo o
pesado, la tierra, era buscar el estado de reposo en el centro del universo. Le seguía el agua, que tendía a estar encima de ella,
mientras que la tendencia natural del aire y del fuego, los más nobles, era la búsqueda de sus respectivas esferas en las que
alcanzar el estado de reposo, que sería el más perfecto, con los cuatro elementos en esferas concéntricas.
• La realidad, sin embargo, ofrecía una intensa mezcla de los distintos elementos que servía para explicar casi todo.
• Como quiera que la tendencia natural era hacia el reposo, el movimiento de un objeto solo se explicaba por una causa exterior que
lo provocase. Cesada la causa, cesaba el efecto, es decir, el movimiento, y dicho cuerpo quedaba en tierra inmóvil.
• En un medio homogéneo, la velocidad del móvil sería proporcional a la fuerza que lo impulsaba.
• La cirugía, bastante elemental, estaba separada de la medicina y la practicaban habitualmente gentes que habían aprendido su oficio
por medio de la práctica, incluyendo los barberos.
• En la interpretación del mundo y la naturaleza existían tres importantes tradiciones intelectuales o mentalidades: el organicismo, el
magicismo y el mecanicismo.
• En el organicismo, el universo se explicaba por analogía con el mundo de los seres vivos.
• El magicismo, vinculado a las tradiciones pitagórica, neoplatónica, hermética o cabalística, entendía la naturaleza como una obra de
arte cuyas claves misteriosas era necesario desentrañar, esencialmente a través de las matemáticas, vinculadas a los números claves
y al esoterismo.
• El mecanicismo consideraba que el universo funcionaba como un reloj, cuya exactitud estaba regida por leyes matemáticas. Esta
última sería la tradición intelectual predominante entre los principales protagonistas de la Revolución científica y la única que habría
de consolidarse.
• No obstante, las otras dos tradiciones influyeron también en algunos de los impulsores de la Revolución científica. Harvey, al
explicar la circulación de la sangre, lo hace desde su concepción organicista, entendiendo al corazón como principio de vida o sol
del microcosmos que es el cuerpo humano.
• Otros autores estaban fuertemente influidos por la tradición magicista, como Ticho Brahe, Kepler o William Gilbert, estudioso del
magnetismo.
Protagonistas y centros de la renovación científica.
• La Revolución científica propició y fue estimulada por la aparición de toda una serie de sociedades dedicadas a la ciencia, una de
cuyas finalidades fue la divulgación de los conocimientos.
• Buena parte de los avances científicos se dieron en sociedades del noroeste europeo, como las Provincias Unidas, Inglaterra o
Francia, siendo importante también en el sur la aportación italiana.
• El crecimiento económico y la modernización de la estructura social, con el desarrollo de sectores burgueses y clases medias,
fueron el mejor caldo de cultivo.
• No está claro hasta qué punto pudo influir también la índole de las creencias, aunque sí lo hizo el hecho de que los dos primeros
fueran países protestantes.
• Otra rémora importante fueron las universidades, demasiado ligadas en toda Europa al pensamiento escolástico y a los estudios
que permitían acceder a los tres grandes ámbitos profesionales de aquellas sociedades: teólogos, juristas y médicos.
• La física y el conocimiento de la naturaleza carecían de autonomía científica, quedando englobadas dentro de la llamada filosofía
natural, lo que equivale a decir que el objeto principal de conocimiento de la nueva ciencia formaba parte de la filosofía y de la
comprensión del hombre y del mundo.
• Su eje esencial era la filosofía, lo cual facilitaba la dedicación frecuente de un mismo personaje a saberes distintos y explica
también el hecho de que el nombre de “filósofos” se aplicara a los que hoy llamamos científicos.
• Muchos de los principales exponentes de la renovación científica desarrollaron su actividad fuera de las universidades, con
excepciones como las de Galileo o Newton.
• La figura del mecenas siguió siendo importante, destacando Federico II de Dinamarca, que proporcionó a Ticho Brahe un centro
de investigación científica; los emperadores, que acogieron también al propio Brahe o a Kepler, y el duque de Toscana, que tuvo
como matemático a Galileo.
• Se incrementaron los viajes y contactos entre los científicos, tanto epistolares como por medio de tertulias, entre las que destacó la
que reunía el franciscano Marin Mersenne quien, en su celda de París, realizó entre 1620 y 1648 una extraordinaria labor de
relación entre los científicos y difusión de su doctrina.
• Los gabinetes científicos y las bibliotecas sirvieron también para interrelacionar a los expertos, pero la labor más importante en
este sentido fue la protagonizada por academias y sociedades científicas.
• A comienzos de siglo se creó la Academia Romana dei Lincei, de la que formaría parte el propio Galileo.
• Por iniciativa del príncipe Leopoldo de Medici y el gran duque Fernando II, se estableció en Florencia la Academia del Cimento,
plenamente adherida al nuevo método científico, que tuvo entre sus miembros a discípulos de Galileo como Vincenzo Viviani o
Evangelista Torricelli.
• Un caso particular es el de Nápoles, donde hubo varias en distintos periodos y entre ellas la Degli Oziosi, o la Degli Investiganti, y
que serviría para introducir y discutir las obras de los grandes científicos europeos.
• En 1698 el virrey duque de Medinaceli promovió la creación de la Academia Real o Palatina, integrada por los elementos más
prestigosos del ambiente intelectual de la ciudad.
• No obstante, la más importante y novedosa de todas fue la Royal Society de Londres. Con la Restauración, se constituyó
formalmente entre 1660 y 1662. En ella participaron la mayoría de los científicos ingleses y, entre ellos, Robert Boyle, Robert
Hooke o Isaac Newton.
• Pese a la protección real, la Royal Society era una asociación privada, lo que constituiría una de sus grandes diferencias con la
Académie Royale des Sciences de París, creada por iniciativa real en 1666. Su promotor fue Colbert y era el rey quien nombraba a
sus miembros.
• En Francia, la dependencia directa de la Académie del poder real garantizaba su financiación, aunque también afectaba
negativamente a su independencia y libertad de actuación.
• La creación de ambas coincidió con lo que comenzaba a constituir una preocupación creciente, la difusión de los nuevos
conocimientos.
• La primera revista científica, el Journal des Savants, fue fundada en 1665 por Denis de Sallo, consejero del Parlamento de París,
bajo la protección de Colbert. Ese mismo año, la Royal Society inició la publicación de las Philosophical Transactions.
• En la segunda mitad del siglo se incrementaron las traducciones de obras científicas.
• Otra novedad, aún incipiente, fue el comienzo de la aplicación de la ciencia a la técnica. La Revolución científica se basaba en
toda una serie de instrumentos como los diversos telescopios, el barómetro, el microscopio o el termómetro, inventados y
perfeccionados en el siglo XVII.
Los inicios del empirismo. Galileo y Bacon.
• Uno de los primeros renovadores en el campo de la astronomía fue el danés Ticho Brahe.
• No aceptaba plenamente la teoría copernicana, pero utilizó y mejoró los instrumentos de observación de los cielos entonces
disponibles.
• El resultado de su observación metódica sería la publicación póstuma de las Tabulae Rudolphinae, completadas por Johannes
Kepler, y que permitirían a este prefeccionar la descripción del mundo de los astros en la línea de Copérnico desde una concepción
exclusivamente geométrica.
• Johannes Kepler fue un luterano alemán. Su libro de juventud, titulado Mysterium Cosmographicum, muestra el fuerte influjo que
tenía en él la tradición magicista, con la creencia en una razón o armonía de las esferas celestes que explicaba su movimiento.
• Kepler publicó su Astronomia Nova, que constituye, tras el de Copérnico, el segundo gran libro de la astronomía moderna.
• Sus observaciones, plasmadas en la elaboración de sus famosas leyes sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor
del Sol, demostraron entre otras cosas que tales órbitas no eran circulares, sino elípticas, y no uniformes.
• Sus cálculos le permitieron predecir correctamente diversos fenómenos astronómicos.
• Asimismo, culminó la descripción del sistema heliocréntrico, mucho más allá de las intuiciones de Copérnico.
• Rompió definitivamente con la separación aristotélica entre los mundos lunar y sublunar, demostrando que la física era única para
la tierra y los cielos.
• Por último, al afirmar que los planetas eran cuerpos inertes cuyos movimientos respondían a causas físicas, acabó con dos
milenios de creencia en un movimiento natural intrínseco a cada uno de ellos y puso las bases de lo que habría de ser el gran
objetivo de astrónomos y físicos: la dinámica o estudio del movimiento
• Galileo Galilei trató de aportar una base física al universo geométrico heliocéntrico.
• Perfeccionó el telescopio astronómico, lo que le permitió descubrir los satélites de Júpiter, que confirmaban la teoría de
Copérnico, así como observar las fases de la Luna, Venus y Marte, o las manchas solares, que contradecían la teoría de la
incorruptibilidad de las esferas del cielo aristotélico.
• En 1632 publicó su obra principal, titulada Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, en la que trataba los sistemas de
Ptolomeo y Copérnico.
• Estudió y apartó leyes explicativas al movimiento de los cuerpos, tanto celestes como terrestres, formulando las leyes del péndulo,
las de la caída libre de los cuerpos con un movimiento uniformemente acelerado o las de la trayectoria de los proyectiles.
• Lo esencial de Galileo fue la crítica del método y el sistema tradicional de la ciencia, y la propuesta pionera de un nuejvo método
científico. En su obra Il Saggiatore (1632) escribió que el gran libro de la naturaleza estaba escrito en lenguaje matemático.
• En la observación de la naturaleza no había que buscar las esencias, lo cualitativo, sino las magnitudes susceptibles de ser
cuantificadas, desdeñando otras percepciones no cuantificables. En este gran cambio trascendental estaba la primera gran
aportación metodológica de la nueva ciencia.
• Galileo defiende el total acuerdo entre pensamiento y realidad, y afirma que el resultado cognoscitivo alcanzado por la mente tiene
el mismo carácter de necesario que en la naturaleza.
• Galileo defendía así la autonomía de la razón y de la ciencia, sin que la naturaleza pueda presentar obstáculos.
• Los dos pasos imprescindibles para llegar al conocimiento son la experiencia sensata y la demostración necesaria. La primera
consiste en la observación de un determinado fenómeno, extrayendo de ella los elementos cuantitativos que permitan realizar una
hipótesis explicativa, que puede o no ser correcta. Para comprobar que lo es será necesario demostrarla, forzando la naturaleza
mediante el experimento, que constituye así el intermedio entre razón y realidad.
• El método combina la inducción con la deducción matemática y permite pasar de la observación de la realidad concreta a una
explicación expresada en leyes matemáticas, cuya certeza vendrá avalada por la posibilidad de repetir indefinidamente el
experimento.
• Con su método, Galileo puso las bases del empirismo, el conocimiento inductivo que fuerza a la naturaleza mediante el
experimento para llegar a la ciencia.
• Los problemas más conocidos de Galileo fueron los procedentes de la Iglesia. Esta ya había condenado el heliocentrismo
defendido en su obra Lettere copernicane de 1616, pero Galileo continuó con sus investigaciones. En 1633 fue condenado a
confinamiento perpetuo y obligado a retractarse.
• Galileo creía que tanto la naturaleza como la revelación no podían contradecirse, al ser ambas obras de Dios, pero el auténtico
problema era la defensa desesperada del principio de autoridad.
• El inglés Francis Bacon tuvo también una contribución importante a la creación del método empírico iniciado por Galileo.
• Sus observaciones no afectaban exclusivamente a la lógica, sino a las ciencias de la naturaleza, pues se plantea la cuestión esencial
de cómo saber que un conocimiento es verdadero.
• En su obra Novum Organum señala que para ello es necesario eliminar todos los prejuicios y actitudes preconcebidas, que
denomina idola.
• A partir de este escepticismo, el paso siguiente para avanzar en el conocimiento del mundo son las observaciones críticas sobre las
que elaborar explicaciones que nos permitan llegar a conclusiones generales o leyes mediante el paso intermedio de la validación o
experimentación.
• Se trata de un método inductivo, con la particularidad de que introduce como prueba la experimentación. Un solo caso negativo
bastaría para anular la hipótesis planteada.
• Bacon precognizaba la constitución de una comunidad científica organizada.
• Su creencia en la unidad de fondo y el progreso indefinido de las ciencias, o su convicción de que el objetivo de la ciencia debería
ser el dominio de la naturaleza y la mejora de la vida del hombre, le convierten en uno de los precursores de la Ilustración.
Descartes y el racionalismo
• El método propuesto por Galileo dejaba de lado el estudio de la forma aristotélica para centrarse en la materia, pero el peso de la
preferencia secular por la ontología, que buscaba el ser y su esencia a partir de la observación de la naturaleza, hará que surja otra
gran línea dentro de la renovación científica, la cual, aunque utiliza también las matemáticas, no abandona la pretensión
aristotélica de construir una ciencia no solo física, sino también metafísica.
• Se configuran así las dos grandes corrientes de la renovación científica: empiristas y racionalistas, encabezados respectivamente
por Galileo y Descartes.
• Para los primeros, la función de las matemáticas es hallar las leyes de la naturaleza, mientras que para los segundos, su cometido
es asegurar la exactitud de los procesos logísticos de su filosofía.
• Los empiristas iniciarán el conocimiento a partir de las percepciones de los sentidos, mientras que los racionalistas comienzan el
proceso internamente, partiendo de la razón.
• René Descartes será capaz de construir un sistema científico universal.
• Para ello adopta la vía del racionalismo, que aborda de forma distinta el problema del conocimiento. Convencido de la unidad de
la ciencia, su objetivo es encontrar un método universal para buscar la verdad.
• Limita la validez de los datos que nos ofrecen los sentidos, pero introduce la metafísica al basarse en la mente para explicar la
realidad. El modelo son las matemáticas, cuya verdad no se basa en la experiencia, sino en la razón, fuente principal de
conocimiento y criterio seguro de la verdad.
• Su gran obra será el “Discurso del Método”, un libro excepcional con amplia base religiosa.
• Frente a toda la tradición que afirmaba que el mundo exterior, a través de la percepción sensible, era el origen del conocimiento,
duda de la realidad del mundo externo, pensando que bien podría ser una ilusión de los sentidos.
• Llega así a dudar de todo: la duda metódica, que no es sino una forma de buscar los fundamentos del pensamiento y de la ciencia.
• El punto de partida es una intución, que le permite llegar a una evidencia clara y distinta desde la que iniciar el conocimiento del
mundo exterior, en el que los sucesivos eslabones del conocimiento han de tener siempre el mismo grado de evidencia.
• Cree en la autonomía de la razón, a la que la naturaleza no puede oponer obstáculos, pues es capaz de llegar a la verdad.
• Descartes se apoya en el descubrimiento personal de que el alma, informada por Dios – que dotó al universo de una estructura
racional – posee los principios de la ciencia, lo que le lleva a partir de las ideas innatas, una de las cuales es la de Dios, en quien
basa la realidad de la existencia del mundo que percibimos.
• Una de las grandes aportaciones de Descartes es el método analítico, consistente en dividir un todo, descomponiéndolo en el
mayor número posible de partes o elementos constitutivos, con la finalidad de observar las causas, la naturaleza y los efectos, y
proceder por último a su comprensión y rearticulación.
• El análisis va de lo concreto a lo abstracto, de lo general a lo específico.
• Incluye dos fases esenciales: el análisis y la síntesis.
• Descartes propone cuatro pasos metodológicos o preceptos.
• El primero es no dar como cierta ninguna cosa que no sea evidente.
• El segundo, dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como sea posible y necesario para resolverlas más
fácilmente.
• El tercero, realizar las reflexiones por orden, comenzando por los objetos más simples y más fácilmente cognoscibles, para
ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compejos, suponiendo un orden entre aquellos que no se
preceden naturalmente unos a otros.
• Por último, realizar recuentos tan completos y revisiones tan amplias como para estar seguros de no omitir nada.
• Las ideas innatas nos hacen ver la existenca de varias sustancias. Una infinita, Dios, y dos finitas, la res cogitans o espíritu, cuyo
atributo es la conciencia, y la res extensa o materia que tiene como atributo la extensión.
• Descartes concibe el universo como una máquina formidable, un gran reloj perfecto creado por Dios, quien dictó las leyes que lo
rigen, aunque no en un acto arbitrario, sino que las leyes físicas responden a un principio de necesidad.
• No pueden ser de otra forma, pues Dios es lógico y perfecto.
• No desecha la experimentación, aunque no la da el valor decisivo que tiene en el método de Galileo, considerándola auxiliar del
pensamiento deductivo. Su idea de una máquina perfecta le lleva a negar la existencia del vacío.
• Su mecánica es esencialmente metafísica y cualitativa, lo que contribuye a debilitar su sistema.
• Su condición de sistema encadenado explica al tiempo la fuerza y la debilidad de la construcción cartesiana, que lo explica todo
pero que estaba lastrada por una gran rigidez, pues el fallo de un solo eslabón podría arruinar el conjunto.
• El racionalismo cartesiano logró construir un sistema explicativo sobre el hombre y el mundo capaz de superar el de la escolástica
medieval. Su éxito durante las décadas centrales del siglo queda patente en la cantidad de seguidores que tuvo.
• François La Rochefoucauld o Jacques Bénigne Bossuet señalaron que Descartes había restaurado los fundamentos del
cristianismo, pero la Iglesia y muchos creyentes no se sintieron satisfechos con los desarrollos de la mecánica cartesiana, pues
pensaban que se acercaba peligrosamente al ateísmo, y en 1663 su obra fue incluida en el Índice de Libros Prohibidos.
• Blaise Pascal, vinculado al rigorismo jansenista, consideraba que el universo construido por el racionalismo de Descartes era tan
perfecto y automático que podía prescindir de Dios, lo que le hacía disentir.
• La rigidez del pensamiento cartesiano no podía comprender todos los fenómenos de un universo que estaba permanentemente
influido por Dios, quien podía cambiar sus leyes.
• Pascal rechazaba entender a Dios y la religión por la razón, defendiendo la existencia de verdades del corazón.
• Como señalaría Newton, el mecanicismo de un universo material esencialmente distinto de Dios permitía pensar en que el
universo seguiría funcionando si Dios desapareciera.
• En este sentido, es posible rastrear una influencia cartesiana de los orígenes del deísmo que desarrollará la Ilustración en el siglo
XVIII.
• El racionalismo suponía un cierto abandono del estudio de la materia en la línea de Galileo, al volver a vincularla a la metafísica.
• La compatibilidad de ciencia y religión era algo aceptado por la gran mayoría de los científicos de entonces. Lo que convenía, en
la línea de Galileo, era separarla de la metafísica sin despreciar por ello a esta, una separación que se logrará totalmente en el siglo
XVII.
• El principal pensador materialista era el sacerdote francés Pierre Gassendi. Importante matemático y filósofo, fue también un
destacado astrónomo, siendo el primero que observó el tránsito de Mercurio, así como uno de los fundadores de la meteorología.
• Sus átomos eran partículas con masa, dotadas de inercia, que se movían en el vacío, aportando una explicación más convincente
que el universo de Descartes: un plenum en el que no podía existir el vacío.
• Newton repetiría casi exactamente su definición de los átomos en su tratado sobre la óptica.
• El racionalismo tuvo en la segunda mitad del siglo una fase de expansión, si bien hubo también desviaciones peligrosas que
llevaron a algunos racionalistas a adoptar posturas sensualistas, al considerar que las ideas innatas eran producto de las
sensaciones.
• Las tres pincipales figuras del racionalismo en estos años fueron Nicolas Malebranche, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz, que
pertenecen más al campo de la filosofía del conocimiento que a la nueva ciencia.
• Leibniz, por ejemplo, desarrolló el cálculo infinitesimal, y llevó el racionalismo a la máxima expresión con su teoría de la armonía
preestablecida, propia de un universo perfecto y ordenado por Dios.
• La realidad está formada por un número infinito de sustancias individuales, mónadas, cada una de las cuales contribuye al proceso
general del mundo de acuerdo con la citada armonía. Su idea de que este es el mejor de los mundos posibles será una de las bases
del optimismo de la Ilustración.
Newton y la consolidación de la nueva ciencia.
• El empirismo resurgiría en las décadas finales del siglo con la figura de Newton, creador de la física moderna, quien realizaría la
síntesis de todos los avances precedentes en física y astronomía; no solo los producidos por investigaciones empíricas, sino
también las aportaciones de la física de Descartes.
• Pese al rigor de sus planteamientos científicos, no siempre fue capaz de separarlos de la metafísica y la religión.
• Se deslizó al terreno metafísico al afirmar el carácter absoluto del tiempo, el espacio y el movimiento.
• Eran afirmaciones imposibles de ser sometidas a la demostración necesaria exigida por el método empírico, procedentes de su
creencia teológica de que tiempo, espacio y movimiento habían sido creados por un ser todopoderoso.
• Para Newton, las leyes físicas no eran una necesidad, sino que Dios pudo haber dado otras. Con ello, el mayor exponente del
empirismo restituía a Dios a un universo del que las teorías racionalistas le habían alejado, pero tales afirmaciones teológicas
dañaban seriamente su concepción del universo.
• Su obra principal, Philosophiae naturalis Principia Mathematica, estableció las leyes fundamentales del movimiento, formulando
la ley de gravitación universal.
• Pero la aportación de Newton fue mucho más amplia. Desarrolló el cálculo infinitesimal, instrumento matemático esencial de la
nueva ciencia. También contribuyó enormemente al ámbito de la óptica y las teorías de la luz y del color; formuló el concepto de
masa, que resultaría esencial para la física, y la teoría gravitacional de las mareas; enunció con claridad el principio de la inercia,
ya intuido por Galileo o Descartes, y un largo etcétera.
• Además, desarrolló nuevos instrumentos técnicos, como el primer telescopio reflector, y consagró el método empírico como el
único que permitía llegar a la verdad científica.
• En dicha consolidación del método influyó también John Locke, cuya obra An Essay Concerning Human Understanding, base del
empirismo, rechazaba las ideas innatas de Descartes, afirmando que la mente de un recién nacido está en blanco, cual tabula rasa,
y todo conocimiento procede de la experiencia que se deriva de la percepción de los sentidos.
• El conocimiento solo alcanza a las relaciones entre los hechos, al cómo, no al por qué. Para conocer la naturaleza propone un
sistema inductivo que permita pasar de las ideas simples a ideas generales.
• La física newtoniana acabó por imponerse, aunque la gravitación universal encontró resistencias.
• Newton estableció de una vez por todas la visión dinámica del universo, en lugar de la imagen estática que había satisfecho a los
antiguos. Con sus aportaciones, el universo se hacía comprensible y en buena medida previsible en sus movimientos, lo que, por
ejemplo, permitió que Edmund Halley pudiera predecir el regreso del cometa que lleva su nombre.
• Uno de los efectos del éxito de Newton fue que el racionalismo quedó relegado a la filosofía de la que la ciencia comenzaba a
independizarse.
• El método experimental se impuso a los sistemas deductivos, las filosofías especulativas, el dogmatismo de las escuelas y el
principio de autoridad.
• No obstante, Newton adoptaba también partes esenciales del método cartesiano, estableciendo las bases del método hipotético-
deductivo que combina la experimentación o verificación con procedimientos inductivos y deductivos, propios ambos de las
operaciones mentales.
• Buena parte del optimismo del siglo XVIII procede de la seguridad de estar definitivamente en posesión de los instrumentos
capaces de suministrar un conocimiento exacto de las fuerzas de la naturaleza.
• Al mismo tiempo, el avance de la ciencia sobre bases seguras iniciaba una progresiva especialización en el conocimiento que
estaba muy lejos de la realidad anterior.
• Los avances en el conocimiento comenzaban a resquebrajar la unidad de la ciencia y hacían cada vez más difícil abarcar más de un
campo.
Avances en distintos campos del saber.
• Las investigaciones empíricas avanzaron a lo largo del siglo sobre las bases metodológicas propuestas por Galileo y Bacon.
• Evangelista Torricelli, discípulo de Galileo, continuó los trabajos de su maestro sobre la trayectoria de los proyectiles e inició los
estudios sobre la mecánica de fluidos, que realizaría también el francés Blaise Pascal.
• Torricelli demostró la existencia del vacío y la presión atmosférica.
• Otras aportaciones en el terreno de la física fueron la medición de la velocidad de la luz, realizada en París por el danés Ole
Romer, las mediaciones de Jean Picard sobre el meridiano terrestre y el tamaño de la Tierra, los planteamientos de Gilles de
Roberval o Giovanni Alfonso Borelli sobre los dos tipos de fuerzas (atractivas y repulsivas) existentes en el universo, o las
investigaciones del jesuita Francesco Maria Grimaldi sobre la luz y los colores.
• Destaca el holandés Christian Huygens, autor del primer tratado completo del cálculo de probabilidades. Investigó también sobre
la luz, la fuerza centrífuga o el péndulo, y estableció las bases que en el siglo XVIII permitirían construir el cronómetro. En
astronomía estudió el anillo de Saturno, la rotación de Marte y la nebulosa de Orión. Asimismo, perfeccionó sus propios
telescopios y diseñó un micrómetro para medir pequeñas distancias angulares en la observación planetaria.
• Giovanni Domenico Cassini, quien publicó diversos trabajos sobre Venus, Marte y Júpiter, calculó la distancia de la Tierra al Sol
y descubrió varios satélites de Saturno, así como la sepración existente entre los anillos de dicho planeta, conocida como la
división de Cassini.
• Robert Boyle y Edme Mariotte estudiaron la comprensión de los gases y el francés Denis Papin trabajó sobre un instrumento
antecedente de la máquina de vapor.
• Fueron también muy importantes los trabajos de Robert Hooke sobre la presión de los gases, el vacío, la elasticidad de los cuerpos
o el mundo microscópico y las células. También realizó la primera descripción del planeta Urano. A finales de los años setenta,
planteó la gravitación universal, que Newton desarrollaría con sus mayores conocimientos matemáticos. También mostró su
habilidad con los aparatos de medición, campo en el que perfeccionó el barómetro o el anemómetro e inventó el higrómetro.
• John Napier fue el primero en definir los algoritmos.
• Fue en Francia donde las matemáticas alcanzaron un mayor desarrollo con Descartes, Pierre de Fermat, Gérard Desargues o Blaise
Pascal.
• Descartes y Fermat aplicaron los procesos del álgebra a la geometría. Desargues y Pascal crearon la geometría proyectiva, y
Fermat y Pascal sentaron las bases del cálculo de probabilidades y el análisis infinitesimal.
• William Harvey completó el análisis de la circulación sanguínea en su obra Exercitatio Anatomica Motu Cordis et Sanguinis in
Animalibus, basada también en la observación, que tropezaría, no obstante, con objeciones y críticas de la medicina tradicional.
Un buen ejemplo es el de los médicos iatroquímicos, como el flamenco Jan Baptist van Helmont, para quien las funciones del
cuerpo estaban gobernadas por elementos ocultos, llamados principios de la vida, la rebelión de uno de los cuales provocaba la
enfermedad.
• Entre los nuevos medicamentos figuran el antimonio, la quinina o la ipecacuana.
• La química permanecería en una etapa precientífica.
• Robert Boyle rechazó la teoría aristotélica de los elementos, acercándose a las concepciones modernas de átomo y elemento
químico, aunque la teoría del flogisto, formulada en 1667 por el alemán Johann Becher, entorpeció su desarrollo.
• El flogisto era un intento de explicar la combustión. Se trataba de una sustancia sólida y grasienta que se desprendería de los
cuerpos en forma de llamas, hollín, humo, etc.
• Tampoco progresó especialmente la biología. Los mayores avances se produjeron en el terreno de la observación.
• Anton van Leuwenbroek examinó con el microscopio tejidos, organismos, insectos, etc., descubriendo en los años setenta los
infusorios, los flagelados o los espermatozoides, y más adelante, la pertenogénesis de los pulgones acuáticos y los glóbulos de la
sangre.
• Marcello Malpighi descubrió la evolución del embrión de pollo, así como los corpúsculos de la piel que llevan su nombre.
• Poco a poco las nuevas teorías fueron imponiéndose. Con el avance de la ciencia y la publicación de obras destiandas a divulgarla,
se crean gabinetes de física y de curiosidades, y se habla de ciencias en los salones.
• Todos los avances descritos no puede hacernos olvidar el enorme freno que suponía el peso de la tradición.
• La capacidad crítica se aplicó también a campos del conocimiento distintos al mundo natural y entre ellos los estudios históricos,
como consecuencia de la preocupación por la autenticidad de las fuentes.
4.3 El Barroco. Cultura y religión.
Barroco y Clasicismo.
• El término “Barroco” fue acuñado en el siglo XVIII para definir, de forma un tanto despectiva, las tendencias artísticas
dominantes durante un largo periodo anterior.
• Posteriormente, se utilizó para definir la cultura de una época en su sentido más amplio.
• Habría así una época del Barroco como anteriormente hubo otra del Renacimiento, separadas ambas por un periodo intermedio, de
crisis del Renacimiento, que desde el punto de vista artístico correspondería al Manierismo.
• Detrás del Barroco, se ha visto la crisis de los ideales de unidad y concordia del Humanismo.
• Surgido esencialmente en Italia, su centro geográfico se sitúa en Europa Occidental, con una cronología amplia que va desde los
años ochenta del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVIII.
• Su fase culminante se situaría entre 1600 y 1680.
• Sus tres vinculaciones esenciales son la Contrarreforma católica, el auge del mundo cortesano y las diversas crisis del periodo.
• La Contrarreforma católica explica tanto su matriz romana como la importancia que alcanza en Roma, así como el hecho de que se
desarrollara esencialmente en el ámbito dominado por la Iglesia católica.
• El Concilio de Trento impulsó la recristianización de los fieles, la gran mayoría de los cuales no sabían leer o no leían
habitualmente, lo que aconsejaba recurrir al mensaje visual.
• Los templos debían transmitir a los fieles los conocimientos esenciales del dogma definido en Trento. Nada mejor para ello que
impresionar vivamente sus sentidos, y emocionar con imágenes impactantes, pero controladas por la Iglesia, para evitar
desviaciones o representaciones poco convenientes al decoro.
• La enseñanza visual deseaba transmitir también la potencia y el triunfo de la Iglesia sobre la herejía y predominio absoluto de su
verdad.
• Todo ello explica la sustitución de las formas clásicas y reposadas del Renacimiento por otras en agitado movimiento; el abandono
de la belleza serena de inspiración neoplatónica por la necesidad de representar una religión basada en el esfuerzo del hombre por
lograr la salvación.
• Una idea agónica –de lucha – que se plasma artísticamente en la obsesión por el movimiento, la ruptura de las formas o la
búsqueda de los contrastes.
• La segunda vinculación es la cultura cortesana entonces imperante y su necesidad de transmitir también una serie de valores a
través del espectáculo: potencia política y social, identificación con la Iglesia, esplendor, necesidad de sumisión de los vasallos y
grupos sociales inferiores…
• Por último, el Barroco no puede entenderse sin las diversas crisis que recorren buena parte de la centuria. No solo la recesión y las
dificultades económicas, sino también las grandes guerras o las revueltas, sublevaciones y enfrentamientos civiles.
• En este sentido, sería la expresión de la sensibilidad de una época atormentada.
• El Barroco es un arte enormemente teatral, en el que prima la decoración fastuosa y detallista - la apariencia – sobre los elementos
constructivos, así como el impacto y la atracción de lo sorprendente.
• La obsesión por el movimiento lleva a una sucesión de curvas, contracurvas, columnas salomónicas, fachadas ondulantes o
salientes, juegos de luces y sombras, y toda otra serie de elementos.
• La arquitectura religiosa de Roma se enriquece enormemente con las aportaciones de autores como Maderno, Bernini o
Borromini.
• Las realizaciones se extendieron a las formidables historias visuales de los retablos, a la escultura o pintura.
• Se buscan las alegorías como transfiguración de lo aparente, los contrastes de luz y sombra, los trampantojos o engaños, la
representación del instante fugitivo, la naturaleza del paisaje concreto y también fugaz, el bodegón, que refleja la belleza a punto
de desaparecer de la naturaleza muerta, y el retrato realista frente a los arquetipos de la belleza clásica, el desnudo entre ellos.
• En el arte civil, el Barroco plasma la suntuosidad de la sociedad cortesana encabezada por los monarcas: palacios y villas
campestres, con sus parques y jardines, que combinan la naturaleza con fuentes y grutas artificales.
• También el brillo de las ceremonias, reflejo del poder y la grandeza de sus protagonistas, para lo cual también se realizaron
importantes arquitecturas efímeras.
• Algunas de las principales ceremonias tienen un marcado carácter religioso.
• Roma, sede del papado, inicia con la Contrarreforma un urbanismo esplendoroso que se complementa con la formidable
arquitectura de la plaza de San Pedro de Roma. Todo sirve al mensaje que pretenden enviar de un poder supremo sobre la Tierra
que, sin embargo, se verá cada vez más contrastado por la realidad.
• El Barroco también afecta al resto de las expresiones culturales, hasta el punto de que puede hablarse de un universo barroco que,
frente a la armonía precedente, descubre un mundo dominado por la contradicción y la tensión entre fuerzas opuestas, aunque
complementarias.
• Una visión de la vida más pesimista que fija su atención en la mudanza, el cambio, la incerteza del mundo y del hombre. En
definitiva, la fugacidad de la existencia, que provoca inseguridad, insatisfacción, angustia o desengaño. En la literatura, temas
como la inconstancia y la fidelidad o la vida y la muerte están entre los favoritos.
• El Barroco rechaza el equilibrio, la medida o la razón. Es el triunfo de lo excesivo, lo patético, lo irracional.
• Pero no conviene olvidar su carácter de cultura tendente al sometimiento del individuo al orden imperante.
• La visión crítica propia del Barroco y el desengaño del mundo provocan y explican reacciones diversas, desde el hedonismo y
epicureísmo, al escepticismo de los libertinos, o al refugio religioso o místico.
• Tal vez, la salida más interesante fuera el recurso a la moral estoica. La ética estoica proponía el repliegue interior y una orgullosa
reivindicación del yo frente a la maldad del mundo. Algunos aspectos como su capacidad para adaptarse a cualquier ambiente
religioso, situándose por encima de las diferencias confesionales, o la concepción del poder como una realidad siempre externa y
extraña al individuo, hacen del estoicismo uno de los pilares de la modernidad.
• Una de las grandes aportaciones de la cultura barroca será lo ópera, mezcla de música y teatro, que se inicia en Italia con el Orfeo
de Claudio Monteverdi (1607). España fue uno de los países más influidos por dicha cultura, que coincidió con el momento
culminante del Siglo de Oro.
• Además de escultures como Gregorio Fernández, Martínez Montañés, Pedro de Mena o Alonso Cano, destacan grandes pintores,
tales como Ribera, Zurbarán, Velázquez, Murillo y Diego Velázquez, y escritores como Miguel de Cervantes, Lope de Vega,
Góngora, Tirso de Molina, Quevedo, Baltasar Gracián o Calderón de la Barca.
• En los Países Bajos españoles, Rubens es el principal representante de un auge de la pintura barroca en el mundo flamenco, que
cuenta también con otros grandes autores como Van Dyck.
• La huella del Barroco fue escasa en Francia, lo mismo que en Inglaterra, donde destaca la figura de William Shakespeare.
• Su incidencia fue también reducida en las Provincias Unidas, donde se vivió un formidable siglo pictórico barroco con autores
como Rembrandt o Johannes Vermeer, principales representantes de una pintura que, además de su calidad, aporta una temática
moderna y claramente civil: interiores, retratos, bodegones, paisajes…
• El Barroco se extenderá tardíamente por los estados de los Habsburgo o por Polonia.
• Desde mediados de siglo se desarrolló en Francia una estética que ha sido definida como Clasicismo, caracterizada por el culto a la
Antigüedad, el imperio de las normas, las líneas rectas y los volúmenes definidos, aunque incorpora también elementos del
Barroco.
• Surge coincidiendo con el auge político francés y sirve de afirmación de la Francia de Luis XIV, cuando se pone las artes y la
cultura la servicio de su glorificación.
• El clasicismo francés alcanza su máximo esplendor en la literatura, cuyas reglas estéticas serán codificadas por Niclas Boileau en
su obra L’ Art poétique de 1674.
• Especial importancia tiene el teatro de Corneille, Jean Racine y Molière. Otros autores destacados fueron el fabulista La Fontaine
o Charles Perrault.
• La literatura del clasicismo defiende el ideal del hombre honesto, que opone a la moral caballeresca valores como la mesura, la
razón y el dominio de uno mismo.
• Fue la Francia de Luis XIV, especialmente a partir de 1687, el epicentro de la llamada querella entre antiguos y modernos.
• Se trata de una formidable y dilatada disputa sobre las fuentes y los modelos culturales, artísticos y humanos. Si el Renacimiento
había significado un redescubrimiento de la Antigüedad clásica, los avances posteriores en todos los órdenes, sin olvidar las
diferencias políticas y religiosas, planteaban el debate sobre la superioridad de uno u otro mundo. Una polémica discusión de
innumerables consecuencias, trufada además en muchos casos de intereses políticos.
• El enfrentamiento, que dio lugar a numerosos escritos y tratados, no era una simple cuestión de fuentes y modelos, sino que
traslucía posturas contrapuestas en cuanto a la libertad creadora y la búsqueda de la verdad y la belleza.
• En la Francia del siglo XVII destacan, asimismo, algunos autores que han sido considerados como precendentes de la Ilustración.
Los dos más importantes fueron Pierre Bayle y Bernard la Bouyer de Fontenelle.
• Bayle destacó por su escepticismo religioso y por su actitud crítica contra la irracionalidad, los prejuicios y las supersticiones, así
como por su afán de divulgación. La principal de sus obras fue el Dictionnaire Historique et Critique y sería muy reeditado en el
siglo XVIII, siendo uno de los modelos inspiradores de la Enciclopedia. Con él pretendía superar el pirronismo (escepticismo) al
que conducen la parcialidad y los errores de los testimonios y conseguir así que la historia alcanzara el grado de fiabilidad que
habían logrado otros saberes.
• En 1684 comenzó la publicación de las Nouvelles de la république des lettres una especie de periódico de crítica literaria dirigido
a aquellos intelectuales que tenían al francés como la lengua de la literatura, la filosofía y la ciencia, y que constituyó el primero
intento serio y exitoso de popularizar la literatura.
• En cuanto a la Fontenelle, divulgador científico, los enciclopedistas decían de él que “preparó la luz con que el mundo debía ser
reiluminado”.
• Otros protestantes franceses refugiados en las Provincias Unidas crearon también obras críticas precursoras del pensamiento
ilustado, como es el caso de Jean Leclerc, que publicó la Bibliothèque Universelle et Historique, una enciclopedia de 26
volúmenes, así como otras dos Bibliothèques más a continuación de esta.
• También destaca el historiador y lexicólogo hugonote Henri Basnage de Beuval, que publicó en 24 tomos la Histoire des ouvrages
des savants.
• En las Provincias Unidas, Inglaterra o en la Alemania de la segunda mitad de la centuria aparecieron también personajes que
resultarán clave en el desarrollo del pensamiento ilustrado.
• Entre ellos destacan Baruch Spinoza, John Locke o Newton. A ellos habría que añadir en Alemania a Leibniz o al jurista e
historiador sajón Samuel Pufendorf.
La aplicación de las reformas religiosas.
• Desde el punto de vista religioso, el siglo XVII supone la continuación del tiempo largo de la Reforma, en la doble variante
protestante y católica.
• Lo más característico sería la rigidez combativa de las actitudes contrarreformistas, que explica conflictos de la envergadura de la
Guerra de los Treinta Años.
• No obstante, la intensidad religiosa comenzó a ceder en las décadas finales del siglo.
• En el espacio dominado por el protestantismo, los nuevos credos y las formas de religiosidad derivadas de ellos se habían
impuesto ya en el siglo anterior, asistiéndose ahora a un proceso de división interna, sobre todo en el mundo luterano y en
Inglaterra.
• La reforma en la Iglesia católica había sido más tardía y se enfrentaba además con la inercia de la religión tradicional, por lo que
su implantación se hizo de forma más lenta, abarcando en muchos casos buena parte del siglo XVII.
• Se trató esencialmente de un proceso de recristianización, de formación religiosa de las elites y las masas. En definitiva, de
reorganización eclesiástica y revitalización de las creencias y las prácticas religiosas.
• Trento reforzó el peso de la jerarquía y configuró una Iglesia con un perfil más claramente clerical que la anterior a la Reforma.
• En ambos sectores del cristianismo – católico y protestante – las disputas teológicas se centraron sobre todo en el problema de la
Gracia. En los dos se desarrollaron tendencias místicas, deseosas de lograr una experiencia directa con Dios, y surgieron las
reacciones de los libertinos y racionalistas.
• El mapa religioso no presenta gran originalidad con respecto al siglo anterior. Las zonas de influencia respectiva de católicos y
protestantes se mantuvieron estables, a excepción de hechos como la expulsión de los hugonotes de Francia en 1685. En el área
central del continente, los cambios fueron mayores a consecuencia de la Guerra de los Treinta Años, con un resultado final que, a
grandes rasgos, ratificó la existencia de un norte de Alemania de predominio protestante y un sur católico.
• En la Iglesia católica continúa la imposición de su reforma, que fue penetrando lentamente en las instituciones, las creencias y las
costumbres.
• En la segunda mitad del siglo XVI, los países pioneros habían sido España y buena parte de Italia.
• En Francia, Alemania, Países Bajos, Bohemia y Polonia no se realizó hasta el siglo XVII. El país que encabeza la renovación
religiosa es ahora Francia, sustituyendo a la España del siglo anterior.
• El ímpetu renovador fue especialmente intenso hasta los años centrales de la centuria.
• El siglo XVII fue una época dorada para las ediciones religiosas. Al mismo tiempo, se revitalizaban en las universidades los
estudios de teología y derecho canónico. Los libros de tema religioso predominaban ampliamente sobre los dedicados a otras
cuestiones.
• Gran importancia tenía obviamente el sermón, que llegaba a un público mucho más amplio, y el confensionario, lugar de contacto
directo del sacerdote con cada uno de los fieles.
• Hubo una reorganización claramente jerarquizada de la Iglesia, y una intensa labor de reforma de los eclesiásticos. Dicha tarea no
dejó de encontrar resistencias de todo tipo y, entre ellas, las de muchos componentes del alto clero.
• Las resistencias se plantearon también en otros niveles y las hubo también externas, por parte de monarcas y gobernantes
temerosos del incremento del poder de Roma. Poco a poco, sin embargo, se fue produciendo una renovación cuyo resultado fue la
configuración de un clero mejor formado gracias a los seminarios, con una vida más austera y ejemplar, y más controlado por una
jerarquía a la que se impuso de forma más eficaz la atención pastoral y el gobierno de la diócesis, con obligación de realizar visitas
a las parroquias.
• Se implementaron también conferencias eclesiásticas periódicas para los párrocos.
• La actividad renovadora fue especialmente intensa en el clero regular, con una actuación muy destacada de los jesuitas.
• Los jesuitas desempeñaron un papel muy importante en la recatolización de amplios espacios. Su actividad se desarrolló en
múltiples terrenos, destacando especialmente el de la enseñanza. A lo largo del siglo, les fueron encomendadas varias
universidades.
• Su papel fue especialmente destacado en innumerables colegios, destinados sobre todo a los hijos de familias acomodadas.
• Otra orden importante fueron los capuchinos, predicadores muy activos que desarrollaban además tareas poco agradables, como el
cuidado de apestados e incurables.
• Entre las órdenes femeninas, se extendieron por Europa las carmelitas descalzas, fundadas por Teresa de Jesús, y las ursulinas,
dedicadas a la enseñanza de las niñas.
• En 1610, François de Sales y Jeanne de Chantal crearon la orden de la Visitación, conocida también como de las salesas, en
principio para la visita de enfermos y pobres, pero poco después se les impuso la clausura, cambiando su dedicación a la
educación de niñas internas
• En 1611, Pierre de Bérulle fundó la sociedad del Oratorio, una orden secular destinada a la formación del clero, que depuró la
devoción.
• En 1623, Vincent de Paul y Louise de Marillac fundaron las Hijas de la Caridad, que fueron formalmente una cofradía con votos
anuales para evitar lo problemas que habían tenido las salesas en relación con la clausura, incompatible con su dedicación
asistencial a pobres y enfermos, labor que desarrollaron en hospitales o en centros de beneficencia y escuelas creados por ellas.
• La obra de Vincent de Paul se extendió también a la reforma del clero secular.
• En el ámbito de la enseñanza primaria Jean Baptiste de La Salle fundó los Hermanos de la Doctrina Cristiana en 1682, un instituto
religioso destinado especialmente a la formación de niños pobres que no podían pagar las escuelas existentes. En la misma línea
creó escuelas dominicales para aprendices y obreros adultos, así como centros para la formación de maestros de escuela.
• Los fundadores de órdenes se convertirían en el modelo contrarreformista de la santidad. Pero el espíritu renovador afectó también
a órdenes antiguas.
• Otras veces, la reforma respondió a esfuerzos individuales, como los de la madre Angélique Arnauld a comienzos de siglo en el
convento cisterciense de Port Royal des Champs, o el abad Rancé, autor en los años sesenta de una reforma dentro del Císter,
conocida como los trapenses por el monasterio de La Trappe, y que supuso un retorno a la letra de la regla de San benito,
extremando el rigor ascético.
• Tanto la Iglesia católica como las protestantes realizaron un considerable esfuerzo por extender entre las masas la instrucción y la
práctica religiosa.
• El centro básico de actuación en el mundo católico fue la parroquia, desde la que se trató de intensificar la presencia de la religión
en la vida cotidiana de los fieles.
• Se revalorizaron los sacramentos, se impuso la obligación de bautizar a los recién nacidos en los tres primeros días, y se controló
la asistencia a la misa domincal, vigilando la prohibición de trabajar en domingos y festivos, o exigiendo el cierre de las tabernas
en las horas del culto.
• Pero donde se impuso un mayor control fue en la práctica obligatoria desde Trento de confesar y comulgar por Pascua Florida. A
quienes no la cumplían se les imponían multas, se publicaban sus nombres o se les amenazaba con la excomunión y la privación
de sepultura eclesiástica.
• Especial importancia tuvieron las misiones periódicas, dirigidas sobre todo a las capas populares y al mundo rural. Tenían mucho
de espectáculos destinados a impresionar al público sencillo.
• En las actividades de estas misiones interiores tuvieron un especial protagonismo los jesuitas o los capuchinos. El objetivo era
popularizar el conocimiento de las principales oraciones, generalizar su práctica habitual, realizar una confesión general y, por
último, una comunión masiva de los fieles. Eran una especie de adaptación al pueblo de los ejercicios espirituales jesuíticos.
• En el arte barroco, las funciones religiosas, procesiones y otra serie de manifestaciones desempeñaban un papel de enorme
importancia y contribuyeron a configurar la llamada piedad barroca.
• También el teatro se puso al servicio del mensaje religioso contrarreformista.
• Entre los protestantes, la parroquia o la iglesia local fueron también el centro de la vida comunitaria. Los sermones, los cánticos
(especialmente los salmos), así como la música, eran parte esencial de las prácticas religiosas, caracterizadas por un control rígido
de los fieles.
• La obligatoriedad de asistir a los servicios religiosos dominicales se veía respaldada por las sanciones a quienes faltasen.
• El rigor era distinto dependiendo de las diversas confesiones, siendo especialmente duro entre los calvinistas más estrictos o los
puritanos.
• En la intensificación de la vida religiosa católica desempeñaron también un papel importante las cofradías o asociaciones, que
agrupaban a los laicos bajo advocaciones religiosas.
• En Francia, destacó la Compagnie du Saint-Sacrement, con las finalidades de promover las misiones, ejercer la caridad, reformar
la moral y combatir la herejía. De hecho, se convirtió en una organización política y socialmente poderosa, basada en el secreto y
vinculada al partido de los devotos, cercano a las reinas españolas Ana y María Teresa de Austria. No sería hasta 1666, muertos ya
Mazarino y la reina madre Ana, su principal apoyo, cuando la compañía comenzó su declive
• Sin embargo, subsistían restos de paganismo. En muchos ámbitos, sobre todo rurales, se mantenía vigente una mentalidad animista
primitiva, tendente a situar en todo lo que existe un alma dotada de poder, poco apta para el análisis e incapaz de distinguir con
claridad lo natural de lo sobrenatural.
• Las supersticiones eran frecuentes e invadían la práctica del cristianismo.
• Los exorcismos o los rituales propiciatorios contra las calamidades naturales se vinculaban a unas creencias religiosas poco
críticas y una práctica escasamente depurada.
• De entre todas las manifestaciones destaca por su importancia la brujería, una práctica vinculada a zonas marginales. El auge de
las persecuciones tuvo lugar entre 1580 y 1650. La mayor extensión de dicha represión en relación al siglo anterior tal vez pueda
explicarse por la sensibilidad barroca y por los efectos de la crisis económica.
• Las estimaciones más modestas la sitúan en unas 60.000 a lo largo del siglo. La persecución de las brujas fue sobre todo una
obsesión protestante, que afectó en mucha menor medida a los católicos. Las víctimas fueron numerosas en los países del centro y
norte de Europa: Suiza, Países Bajos, Francia, Escocia, Inglaterra, Alemania, Austria, Hungría, Polonia…
Divisiones en el protestantismo.
• El gran problema del luteranismo era hacer frente a las divisiones internas surgidas ya a la muerte de Lutero.
• Para evitarlas, los príncipes impulsaron el establecimiento de una línea ortodoxa mediante la Concordia de Wittenberg (1580).
• Las universidades alemanas desempeñaron un papel fundamental en la teología protestante, en la que obra principal fueron los
Loci theologici de Johann Gerhard.
• Pero la gran novedad dentro del campo luterano fue el pietismo, movimiento que tuvo gran difusión en Alemania. Su iniciador fue
Philip Jacob Spener, quien propuso la creación de los collegia pietatis o asambleas semanales de feligreses escogidos.
• En su obra, Pia Desideria, defendió la necesidad de renovación religiosa, tanto en los conocimientos bíblicos como en la
predicación o en la práctica de una religión del corazón en la que predominara el sentimiento.
• La recepción del pietismo fue diversa, siendo perseguido en algunos estados y universidades, pero protegido en otros. En realidad,
se trataba de sustituir la rigidez del luteranismo ortodoxo por una fe más viva y una práctica revitalizada, más cercana a la
emoción de la experiencia religiosa.
• Pese a la obsesión por la ortodoxia, el principio del libre examen propició la divisiónd el protestantismo, llegando incluso a la
aparición de numerosos heterodoxos o creyentes independientes.
• Se desarrollaron también corrientes o sectas que fueron generalmente perseguidas, lo que solía llevarles a defender la tolerancia.
• Algunos, como los anabaptistas o los husitas, tuvieron alguna importancia en las Provincias Unidas y en Inglaterra, dando origen a
comienzos de siglo a los baptistas, partidarios del bautismo adulto y por inmersión. Los husitas sobrevivieron en el exilio gracias
sobre todo al moravo Jan Amos Komeski (Comenius), que recorrió numerosos países difundiendo su creencia en la bondad del
hombre y el progreso vinculado a la educación, ciencia y caridad.
• Otras desviaciones eran nuevas, como los menonitas, seguidores del anabaptista neerlandés Menno Simons, que defenderían la
separación entre Iglesia y Estado, postura que adoptaron también los baptistas ingleses, defensores asimismo de la tolerancia.
• Para huir de las persecuciones, comunidades menonitas se establecieron en la Europa oriental y, desde 1683, en Pensilvania.
• Más radical fue el socinianismo, fundado por el sienés Fausto Sozzini. Vinculado al grupo antitrinitario de los Hermanos Polacos,
negaba la Trinidad y, consiguientemente, la divinidad de Cristo, al tiempo que revalorizaba el libre arbitrio y las buenas obras,
propugnando una religión tolerante, razonable y sencilla. Los socinianos se extendieron por las Provincias Unidas y
posteriormente por América del Norte, donde hubo también otros grupos contrarios a la Trinidad o unitaristas. En Inglaterra, a
finales de siglo, llegaron a tener cierta influencia en sectores cultos, como el propio Newton, si bien su oposición a la Trinidad los
excluiría de la tolerancia iniciada tras la Revolución de 1688.
• Inglaterra fue precisamente el lugar en el que se multiplicaron las sectas.
• Además de los baptistas, destacaron los cuáqueros o Sociedad de Amigos, fundados por George Fox, y que se extenderían con sus
discípulos William Penn o Robert Barclay.
• Frente a las manifestaciones externas y la organización eclesiástica, los cuáqueros insistían en la luz interior, el Cristo inmediato,
presente en cada hombre, predicando asimismo el amor fraterno y las buenas obras.
• Durante la guerra civil y la época de Cromwell, se desarrollaron los independientes o congregacionsitas, que rechazaban cualquier
control eclesiástico más allá de la congregación local y abogaban por una completa tolerancia dentro del protestatismo; los más
radicales partidarios de la Quinta Monarquía, de carácter milenarista, que consideraban inmediata la segunda venida de Cristo, u
otras sectas minoritarias como los seekers, los ranters…
• Los principales problemas religiosos en Inglaterra se derivaron de la lucha entre la Iglesia oficial, anglicana, y los puritanos, de
orientación calvinista y contrarios a la existencia de obispos.
• Los puritanos pidieron a Jacobo I Estuardo una reforma de la Iglesia oficial. Aunque se celebraron para ello las conferencias de
Hampton Court (1604), no sirvieron sino para reafirmar la vinculación del trono con la Iglesia anglicana. En 1610, el rey proclamó
en Glasgow la Iglesia episcopaliana de Escocia.
• La Iglesia angliacana se convirtió prácticamente en una extensión de la burocracia real.
• Los obispos eran prácticamente funcionarios y muchos puritanos, como los ocupantes del Mayflower, emigraron entonces hacia
las colonias de Norteamérica.
• El conflicto se recrudeció en el reinado de Carlos I con la llegada de William Laud al arzobispado de Canterbury. Varios puritanos
fueron castigados, se censuraron libros y se prohibió predicar a diversos pastores.
• En 1638, los escoceses firmaron un Covenant y expulsaron a los obispos, dando lugar a una guerra que contriburía a desencadenar
la Revolución inglesa.
• El régimen puritano de Cromwell suprimió los obispos y el Prayer Book, adoptando una nueva confesión de fe presbiteriana en
treinta y cuatro artículos. La Iglesia anglicana volvió al poder con la Restauración y en 1662 el Parlamento votó una Act of
Uniformity, que obligaba a los eclesiásticos a aceptar el libro de oraciones oficial.
• En cuanto a Escocia, el intento de reintroducir el episcopalismo acarreó una sangrienta represión, con 18.000 víctimas.
• Tanto Carlos II como Jacobo II se inclinaban hacia el catolicismo y en 1672 y 1687 promulgaron sendas declaraciones de
indulgencia para favorecer a los católicos, que beneficiaron también a los disidentes del anglicanismo.
• Pero el Parlamento se opuso a la tolerancia con diversas actas (leyes).
• Tras la Revolución Gloriosa, Guillermo III promulgó el Toleration Act (1689), que autorizaba a celebrar públicamente su culto a
todos los protestantes que aceptaran el dogma de la Trinidad.
• La tolerancia excluía a los católicos, considerados enemigos del Estado. Por el tratado de Limerick (1690) se obligó también a un
juramento anticatólico a quienes ocuparan escaños en el Parlamento de Irlanda, además de otras restricciones.
• A lo largo del siglo XVII hubo también en Europa posturas unionistas o sincretistas de distinto alcance.
• David Pareus o John Durie pretendieron unir a todos los reformados.
• Otros más ambiciosos, como Hugo Grocio o Comenius, quisieron recuperar la unidad de toda la cristiandad, una actitud que
compartirían más adelante católicos como el obispo elector de Maguncia Jean Philippe de Schönborn; Cristóbal de Rojas y
Spínola, el obispo francés Bossuet, o el filósofo Gottfried Leibniz. Todos ellos eran además irenistas, partidarios de la paz.
Regalismo y galicanismo.
• Otro rasgo importante del siglo XVII fue la intensificación de los conflictos regalistas entre los poderes soberanos y el papa de
Roma.
• A ello contribuyeron el reforzamientl del poder real en la línea del absolutismo y el paralelo incremento del que tenía el papa en el
seno de la Iglesia Católica, claramente reforzado en el Concilio de Trento.
• En muchos casos, los reyes encontraron apoyo, al menos parcial, en sus propias Iglesias nacioanles, muchos de cuyos obispos o
abades deseaban también limitar las injerencias de la Santa Sede.
• Junto al regalismo político existe así también un regalismo eclesiástico.
• Conflictos regalistas hubo en numerosos países católicos ante los frecuentes roces que provocaba la concurrencia de ambos
poderes.
• La manifestación más importante fue el galicanismo francés, fuertemente enraizado en los privilegios antiguos de la Gallia
cristiana y en instituciones como la Asamblea del Clero o la Facultad de Teología de París, defensora del conciliarismo –doctrina
que consideraba superior la autoridad de los concilios a la del papa – o de la autoridad divina de los obispos frente a la
dependencia de Roma.
• Un primer conflicto se planteó en la reunión de los Estados Generales de 1614, cuando el rey se negó a legalizar los decretos del
Concilio de Trento, basándose en una propuesta del tercer estado que no admitía que ningún otro poder sobre la Tierra tuviera
derecho alguno sobre el reino de Francia.
• El elemento que potenció al máximo el galicanismo fue el avance del absolutismo monárquico con Luis XIV.
• El rey de Francia disfrutaba de la llamada regalía temporal, que le otorgaba las rentas de una serie de sedes episcopales durante el
tiempo en que estuvieran vacantes.
• Por un edicto de 1673, Luis XIV la extendió a todo el reino y pretendió, además, conseguir la regalía espiritual o el derecho de
presentación de candidatos a los beneficios eclesiásticos de las diócesis vacantes, iniciando un largo conflicto con el papa
Inocencio XI.
• En 1682, la Asamblea del Clero aprobó la declaración de los Cuatro Artículos, redactados por Bossuet, que reafirmaban las tesis
galicanas y conciliaristas. El papa envió a la Asamblea el breve Paternae charitati, en que denunciaba el acuerdo entre los obispos
y el rey, y se negó a dar la investidura canónica a los obispos nombrados por el rey que hubieran asistido a la Asamblea.
• Luis XIV rehusó distinguir los que habían asistido de los que no, en 1688 había treinta y cinco diócesis vacantes. Aquel año, el
conflicto llegó a su punto máximo cuando Inocencio XI excomulgó al embajador francés.
• El resulto fue que las tropas reales ocuparon el enclave pontificio de Avignon y el condado Venesino y comenzó a hablarse de
concilio general y de cisma.
• Un primer acercamiento se produjo con el nuevo papa Alejandro VIII. A cambio de algunas cesiones, Luis XIV renunció al
derecho de asilo de la embajada romana y restituyó a la Santa Sede los territorios ocupados.
• El papa declaró nulos los Cuatro Artículos y la extensión de los derechos de regalía a todo el territorio de Francia.
• Solo en 1692-1693 se llegó a una solución de compromiso. El pontífice Inocencio XII confirmó en sus sedes a todos los obispos.
El rey retiró la orden de que se enseñaran los Cuatro Artículos galicanos, aunque no los anuló, conservando a cambio la regalía
temporal, salvo en las diócesis de Cambrai y Lyon.
• El regalismo no agotaba los conflictos de la Santa Sede con los soberanos católicos, que experimentaron otros puntos de fricción.
El problema de la Gracia
• La gran preocupación teológica es la cuestión de la Gracia necesaria para la salvación, que adquiere en este siglo un destacado
protagonismo.
• Frente al pesimismo antropológico que había inspirado la Reforma protestante, la restauración católica estaba más cerca del
Humanismo, no solo por su mayor confianza en las capacidades del ser humano de contribuir a su salvación, sino también por su
visión más positiva del mundo.
• No obstante, en el seno de la Iglesia católica había tendencias más pesimistas de las que surgieron planteamientos sobre la Gracia
cercanos a los protestantes, que inspiraron formas de religiosidad rigorista y austera, no muy lejanas de las del calvinismo.
• Paralelamente, dentro del protestantismo, se dieron reacciones frente a la creencia básica en la miseria del hombre ante Dios, más
próximas a las doctrinas de la Iglesia católica sobre dicha cuestión
• El gran problema de fondo era la dificultad de conciliar la potencia infinita de Dios y su omnisciencia con la libertad humana.
• Dilucidar si la Gracia divina, necesaria para la salvación, era una concesión genérica de Dios que el hombre podía aprovehcar
libremente o, por el contrario, una concesión gratuita y limitada a aquellos quienes Dios había elegido para salvarse
(predestinación).
• La Iglesia católica defendía que la Gracia era un don gratuito, concedido a todos los bautizados en virtud de los méritos de Cristo.
El hombre, con su libre albedrío, podía rechazarla o aceptarla, colaborando a su salvación con las buenas obras y la práctica de los
sacramentos, vehículos de la Gracia.
• Distinguía así entre una Gracia suficiente, que se otorga a todo creyente, y una Gracia eficaz, que requiere la colaboración del
individuo.
• Los protestantes creían en la justificación únicamente por los méritos de Cristo, llegando hasta la postura más radical del
calvinismo, defensor de la predestinación.
• Las distintas interpretaciones sobre la conciliación de la Gracia divina y la libertad humana dieron lugar dentro de la Iglesia
católica a la polémica De auxiliis, que se desarrolló en los años finales del siglo XVI y primeros del XVII, enfrentando sobre todo
a los jesuitas con los dominicos
• Los jesuitas se inclinaban más a la libertad humana y los dominicos a la Gracia divina. Entre los primeros destacaron Francisco
Suárez o Luis de Molina.
• En 1607 Paulo V aceptó que tanto dominicos como jesuitas pudieran defender sus doctrinas, prohibiéndolos expresamente que
calificaran como herética la contraria.
• Detrás de la polémica sobre la Gracia, se escondían posturas distintas en el terreno de la moral, en el que los jesuitas se inclinaban
hacia el probabilismo – vinculado al laxismo moral -, una opción casuística por la que aceptaban como lícita cualquier opinión no
manifiestamente absurda ni explícitamente condenada por la Iglesia, aunque hubiera otra más probable, pero también los
frecunetes enfrentamientos entre los miembros de las diversas órdenes.
• Subsistían en el seno de la Iglesia posturas teológicas enfrentadas, que resurgirían en el siglo XVII con el jansenismo, movimiento
caracterizado por una postura extrema respecto a la cuestión de la Gracia.
• Cornelis Jansen, más conocido como Jansenius, escribió una suma del pensamiento de san Agustín en la que sostenía que Dios
quiso salvar a toda la humanidad, pero después del pecado original solo salva a los predestinados, a los que otorga la Gracia
eficaz, imposible de resistir. Cristo, por tanto, no murió por toda la humanidad. Aunque Dios ha decidido quiénes se salvarán, la
práctica religiosa es un camino para descubrir la pertenencia al grupo selecto de los elegidos, lo que proporciona cierto consuelo
consuelo ante la terrible incertidumbre derivada de la predestinación.
• Tal doctrina, pronto conocida como jansenismo, se extendió por los Países Bajos del sur y, sobre todo, por Francia, derivándose de
ella una religiosidad rigorista, pesimista y austera, plagada de exigencias morales.
• La obra de Jansenius, titulada Augustinus, no se publicó hasta 1640, muerto ya el autor, y fue pronto atacada por los jesuitas de
Lovaina y condenada por Urbano VIII.
• Inocencio X, por la bula Cum occasione (1653), condenará cinco proposiciones tomadas del Augustinus. Desde 1661 la Asamblea
del Clero impuso a todos los eclesiásticos franceses y a los maestros laicos la obligación de firmar un formulario de obediencia a
la condena romana de las Cinco Proposiciones.
• Cuatro obispos se opusieron al formulario y prohibieron a los clérigos de sus diócesis que lo firmaran. También se negaron a
firmarlo las religiosas de Port-Royal des Champs.
• En realidad, la postura de la Iglesia y los católicos franceses distaba de ser unánime.
• En 1668, se llegó a una solución de compromiso en la llamada Paz de la Iglesia o Paz Clementina, por el respaldo del papa
Clemente IX, que dio lugar a una relativa tranquilidad hasta mediados de los años ochenta, cuando se reanudaron las
persecuciones.
• La abadía femenina y la residencia de caballeros de Port-Royal fueron el núcleo del jansenismo francés.
• El movimiento jansenista se extendió sobre todo entre la nobleza de robe y la burguesía de los oficios, incluidos muchos
magistrados del parlamento de París.
• También incluyó a numerosos eclesiásticos, sacerdotes de la Congregación del Oratorio, abogados, escritores y otras gentes de
cierto nivel cultural. Richelieu, Mazarino y Luis XIV se opusieron a los jansenistas, de quienes recelaban políticamente.
• Todo ello ha llevado a muchos historiadores a considerarlo como un movimiento contrario al absolutismo. Pero no se puede
generalizar.
• Los especialistas distinguen varios jansenismos. Habría, a grandes rasgos, un jansenismo teológico, en primer lugar; un
jansenismo moral-espiritual, de fuerte influencia en el rigorismo moral de los siglos posteriores, y un jansenismo político, que
sería el mayoritario en el siglo XVIII, caracterizado por el galicanismo y la oposición a los jesuitas.
• Saint Cyran defendía una interpretación de san Agustín caracterizada por una piedad anti-intelectual y una concepción rigurosa de
los sacramentos. Influido también por Bérulle, Arnauld desarrolló una ascética propia, adaptando a sus creencias la liturgia y los
sacramentos.
• Arnauld, como Saint Cyran y todos los jansenistas, era enemigo de los jesuitas, no solo por sus posturas teológicas, sino por su
casuismo moral y sus opociones políticas.
• A finales del siglo XVII, el sacerdote Pasquier Quesnel revitalizó el jansenismo con su obra Réflexions Morales sur le Nouveau
Testament. En ella vinculaba el jansenismo al galicanismo, y las tesis conciliaristas por lo que fue el iniciador del jansenismo
político.
• Bajo la influencia de Quesnel, el jansenismo se hizo menos intelectual y elitista, y más popular.
• La disputa originada llevó al papa Clemente XI a condenar las ciento una proposiciones de Quesnel en virtud de la bula
Unigenitus (1713). Los jansenistas apelaron a un concilio general. Muerto ya Luis XIV, fueron excomulgados en 1718, pese a lo
cual continuaron existiendo durante el siglo XVIII, si bien con un perfil cada vez más político y vinculado al galicanismo que
religioso.
• A finales de 1709 la congregación de Port Royal fue dispersada y el monasterio destruido unos meses después, por orden del rey.
• Los protestantes también se vieron afectados por el problema de la Gracia.
• Ya en el siglo XVI, el luterano Melanchton había dado al hombre una mayor participación en la obra de la salvación.
• La polémica fue especialmente viva en el seno del calvinismo, cuya doctrina insistía en la predestinación, dando origen a una
marcada división interna.
• Ginebra había dejado de ser el epicentro calvinsita, desplazado ahora a las Provincias Unidas, en las que una serie de sínodos
desde 1571 a 1601 habían impuesto la aceptación de la Confessio Belgica y el Catecismo de Heidelberg, ambos estrictamente
calvinistas.
• Los teólogos que dieron nombre a cada una de las dos tendencias fueron Jacobus Arminius y Franz Gomar.
• Arminius se acercó a la doctrina del catolicismo, más optimista respecto a la capacidad del hombre para contribuir a su propia
salvación.
• Gomar, en cambio, defendió un calvinismo estricto. En el transfondo de la oposición doctirnal se mezclaban intereses políticos y
sociales, además de rivalidades internas, alineándose con el gomarismo los orangistas – muchos nobles, la mayoría de los pastores
y numerosos trabajadores urbanos, mientras que las teorías de Arminius encontraban respaldo en la burguesía mercantil y en los
gobiernos municipales de las principales ciudades, mayoritariamente republicanos.
• Los gomaristas trataron de expulsar a sus enemigos de las catédras y púlpitos, obligándoles a suscribir los textos canónicos. Ello
provocó la Remonstrantia (queja) de cuarenta y seis pastores arminianos a los Estados Generales (1610).
• Pero las tensiones afectaban también a los gomaristas, cuyas reuniones se prohibieron en varias de las principales ciudades
favorables a los arminianos.
• El Sínodo de Dordrecht condenó las doctrinas arminianas.
• No obstante, solo tres provincias ratificaron las ordenanzas del sínodo y pocos años después diversos arminianos volvieron a
ocupar puestos en la Iglesia y la universidad.
• La progresiva tolerancia contribuiría a aplacar las tensiones.
• En Francia, pese a que el Sínodo de Alés aceptó la postura gomarista de Dordrecht, la polémica entre ambos sectores se manifestó
en la oposición entre la Academia de Saumur, en la que el teólogo Moïse Amyraut defendía posturas tolarentates y más cercanas a
Arminio, y la de Sedan, vincualada al gomarismo, con Pierre du Moulin como principal exponente. Ambas tendencias substieron
hasta la supresión oficial del calvinismo francés con la revocación del edicto de Nantes en 1685.
• En Ginebra triunfaron también las tesis de Dordrecht, si bien las enseñanzas de Amyraut produjeron ciertas tensiones entre los
pastores.
• El enfrentamiento teológico surgido en el seno del calvinismo agudizó en la Inglaterra de la primera mitad del siglo las tensiones
entre anglicanos y puritanos, pues mientras la Iglesia anglicana adoptaba posturas cercanas al arminianismo, los puritanos
defendían la doctrina calvinista estricta.
• Pese al triunfo generalizado de los gomaristas, la influencia del arminismo no desapreció, ejerciéndose en un sector de los
bautistas ingleses, los llamados bautistas generales, que defendían que Dios murió para salvar a todos los creyentes. También
influiría en los menonitas neerlandeses y ya en el siglo XVIII, en el fundador del metodismo, John Wesley, que lo incorporó a su
doctrina.
La mística
• Otra de las reacciones frente a la omnipotencia divina fue la mística, puesta de moda en Europa en la segunda mitad del siglo
XVII.
• En el siglo XVII tuvo un amplio desarrollo en Francia, destacando François de Sales, autor del Traité de l’amour de Dieu (1616),
que propone como sustituto de la angustia por la salvación.
• La experiencia mística, cuya esencia era la percepción de la presencia del otro, llevaba a visiones y otros transportes, como las de
la salesa Marguerite-Marie Alacoque.
• Otro místico importante fue Pierre de Bérulle, formado en la vida interior y la oración, que anhela separarse del mundo sensible y
hacer el silencio interior para tocar a Dios sustancia a sustancia, en una clara reminiscencia del platonismo. Bérulle consideraba la
grandeza de Dios absoluta, frente al hombre que levantaba de la nada. Toda acción del hombre debía dirigirse a la gloria divina,
imitando a Cristo para llegar al Padre.
• La mayor novedad en este terreno fue el quietismo, cuyos antecedentes se encuentran en la vasta corriente de los alumbrados.
• Fue creado por el sacerdote español Miguel de Molinos, cuya Guía Espiritual se publicó en 1675 y se extendió sobre todo por
Italia y Francia, particularmente entre una elite de clérigos y laicos deseosos de formas más elevadas de religiosidad.
• El quietismo era una mística de negación que establecía una contraposición entre la naturaleza y el Dios creador, al que solo se
podía llegar mediante un camino de aniquilación que incluía la desaparición del yo personal.
• El término quietismo o molinosismo alude a la actitud de dejamiento o abadono que preconiza, sin desarrollar ninguna actividad
que pudiera estorbar la unión íntima con Dios. Hay que abandonarse pasivamente a la voluntad divina, en forma de oración
contemplativa, interior, puramente espiritual, como medio de llegar a la unión íntima con Dios, el puro amor, sin necesidad de
dogmas ni prácticas piadosas.
• Las sospechas sobre su ortodoxia, mezcladas con los intereses políticos de Francia, que les consideraba partidarios de la Casa de
Austria, propiciaron en Roma el apresamiento por el Santo Oficio de Molinos y algunos de sus discípulos.
• En 1687 el papa Inocencio XI condenó sesenta y ocho proposiciones de Molinos, quien fue obligado a abjurar y condenado a
reclusión de por vida.
• También en el campo luterano hubo sectores que acudieron a la mística, con personajes como Johan Arndt o Johann Valentin
Andreae, vinculado al esoterismo.
• Jacob Böhme difundió en una amplia obra escrita un panteísmo místico que logró numerosos discípulos. En algunos casos, el
pietismo llevó a visiones y éxtasis en la línea de la mística católica.
• Dentro del propio anglicanismo hubo sectores que, sin llegar a la mística, postulaban una religión más espiritual e insistían en la
vida interior.
• Entre los disidentes ingleses, los cuáqueros, con su búsqueda de la iluminación interior, se acercaban también a las tendencias
místicas.
Las misiones
• Otra consecuencia de la renovación religiosa fue la intensificación de la actividad misional fuera de Europa, destacando
especialmente en ello la actividad realizada dentro de la Iglesia católica por los dos grandes imperios ultramarinos: España y
Portugal.
• El papa Gregorio XV creó en 1622 la congregación De Propaganda Fide que, junto a la recatolización de los territorios de los
Habsburgo y otros ámbitos protestantes, tenía la finalidad de controlar la actividad misional en todo el mundo.
• Sin embargo, toda la organización eclesiástica dentro de los dominios ultramarinos español y portugués dependía directamente de
sus soberanos.
• La América española y portuguesa, Filipinas y parte de la India quedaban así fuera de la jurisdicción de la congregación, lo que
creó serios conflictos.
• El método tradicional de evangelización era la tabula rasa, que prescindía de la cultura previa de los pueblos a evangelizar.
• Frente a ella tuvieron particular importancia los intentos de aculturación desarrollados sobre todo por los jesuitas, que contaban
con las iniciativas previas de Francisco Javier en Japón y Matteo Ricci en China. En la India, los puso en práctica a partir de 1606
el jesuita italiano Roberto de Nobili.
• Imitando su ejemplo, otros misioneros se acercaron al estilo de vida de las demás castas, como medio para atraerles al Evangelio.
• El procedimiento de la aculturación se desarrolló en otros lugares de Asia, generalmente con éxito, pese a las dificultades de
extender el mensaje católico en culturas tan alejadas de la europea.
• El algunos casos, el procedimciento de la aculturación practicado por los misioneros se llevó hasta la adaptación de los ritos a las
culturas de los adoctrinados, lo que no dejó de provocar reacciones.
• En el fondo de las mismas se hallaba la oposición a la Propaganda Fide y de las misiones de los dominicos hacia los jesuitas.
• Surgió así la llamada querella de los ritos, centrada originariamente en China y que se extendería durante un siglo (1645-1744). En
1645, el papa Inocencio X condenó los ritos chinos practicados por los jesuitas, a partir del informe realizado sobre ellos por el
dominico padre Morales.
• Finalmente, Benedicto XIV condenaría los ritos chinos en 1742 y los malabares (hindúes) en 1744.
• Dentro de la actividad misional de los jesuitas tuvo una gran importancia la labor desarrollada con los indios guaraníes, a partir de
la concesión por Felipe III de un territorio autónomo en la región del Paraná, con la finalidad de cristianizarles, protegiéndoles al
tiempo de los cazadores de esclavos.
• En 1649, Felipe IV reconoció dichas misiones como un territorio separado del resto de sus posesiones y que dependía
exclusivamente de los religiosos. Los jesuitas instalaron un sistema comunitario, sin dinero ni diferencias sociales, basado en una
economía de autoabastecimiento, que se extendió también a poblados indígenas del territorio brasileño.
• Los protestantes realizaron una escasa actividad misionera.
• No obstante, en los territorios de Asia que consiguieron controlar los neerlandeses expulsaron a los misioneros católicos y
realizaron cierta labor proselitista, con misioneros protestantes nombrados por la Compañía de las Indias Orientales.
• La primera misión protestante sería, sin embargo, la de Tranquebar, en la costa sudoriental de la India, creada por luteranos
daneses formados en la univerisdad pietista de Halle (1707).
• Los ingleses en Norteamérica no se interesaron por la evangelizaicón de los indígenas y la Society for Promotion of Christian
Knowledge no se creó en Inglaterra hasta 1699
Los comienzos de la descristianización
• Tanto en el seno del catolicismo como de las Iglesias protestantes surgieron en el siglo XVII los movimientos libertinos,
caracterizados por el escepticismo ante la revelación que les hacía rechazar elementos esenciales del cristianismo como la
divinidad y la resurrección de Cristo o la inmortalidad del alma.
• Al sustituir la Biblia por los clásicos, adoptaron actitudes paganes que en algunos casos les llevaron por la senda del estoicismo,
aunque predominó la tendencia hacia cierto epicureísmo.
• Defienden la libertad de pensamiento en el ámbito religioso, cultural y científico. Se trataba, no obstante, de grupos minoritarios y
de cierto nivel sociocultural, localizados preferentemente en Francia e Inglaterra, y aún lo eran más los pocos que pudieran ser
considerados propiamente ateos.
• Comenzaba asimismo a surgir planteamientos que, aun aceptando el hecho religioso, trataban de sujetarlo a la razón, tendencia
que llevaría al deísmo, desarrollado sobre todo en el siglo XVIII.
• La impronta racionalista sobre la religión se percibe especialmente ne el último tercio del siglo.
• En el caso del catolicismo, el desarrollo de la ciencia moderna y el rechazo del argumento de autoridad no podían dejar de afectar
a su corpus doctrinal, en el que la tradición desempeñaba un papel muy importante.
• El filósofo Leibniz trató de elaborar una teología racional en su Systema Theologicum (1686), que deseaba fuera la base de su
anhelada unión de las Igleisas. El libro de John Locke Reasonableness of Christianity (1695), en el que defendía la conciliación
entre revelación y razón, ha sido interpretado como una réplica al deísta John Toland, quien se oponía a los misterios.
• La figura más crítica fue la del francés Pierre Bayle, filósofo escéptico y precursor de la Ilustración. Finalmente abandonó toda
religión, convencido de que los factores psicológicos o sociológicos tienen tanta influencia en la fe como los elementos racionales.
Ello le llevó a reivindicar la libertad de conciencia y la tolerancia, defendiendo que los problemas éticos no tienen que relacionarse
con la religión, sino ser examinados a la luz de la razón natural.
• Como efecto combinado del racionalismo, el cansancio ante la rigidez de las distintas Iglesias y credos, o la incipiente
descristianización, a finales de siglo se produjo un timido avance del espíritu de tolerancia, algo más fuerte tal vez en algunos
territorios protestantes como las Provincias Unidas.
• Un papel destacado tuvo la obra de Baruch Spinoza, quien en su Tractatus theologico-politicus de 1670 defendía la tolerancia
religiosa y la libertad individual. En su opinión, la sustancia básica de la religión no se identifica con ningún credo, sino con una
ley natural de justicia y de dominio, y el pacto que instituye el poder no puede anular la libertad individual de conciencia y
pensamiento.
4.4 Las relaciones internacionales (1598-1659)
El pacifismo tenso de comienzos de la centuria.
• El siglo XVII se inició en Europa con un periodo de pacificación. La paz de Vervins se había firmado en 1598, el año de la muerte
de Felipe II. Francia había puesto fin a la larga crisis de las guerras de religión con el reconocimiento generalizado de Enrique IV
como rey y con la pacificación interna establecida por el Edicto de Nantes en 1598.
• Solo en Inglaterra el relevo generacional se hizo esperar, pues Isabel I no moriría hasta 1603, momento en el que ascendería al trono
Jacobo VI de Escocia, con el nombre de Jacobo I.
• Durante ese periodo, la guerra marítima entre España e Inglaterra continuó con ataques aislados y con actuaciones como el apoyo
español a la revuelta católica de Irlanda, con el envío de barcos y tropas en socorro de Kinsale (1601-1602). Pese al fracaso de sus
objetivos, tales acciones perjudicaron seriamente los intereses mercantiles ingleses.
• Las negociaciones de paz entre Inglaterra de España empezaron todavía en vida de la reina Isabel I, pero no se firmó el Tratado de
Londres hasta 1604, comenzando un prolongado periodo de paz entre ambas coronas. Las delegaciones española e inglesa en las
negociaciones del Tratado de Londres, Juan Pantoja de la Cruz, 1604.
• Cuando se firmó el acuerdo de Londres, el único frente que quedaba de la época de Felipe II era la lucha contra los rebeldes
neerlandeses, que no se limitaba a los Países Bajos y que estaba afectando a otros territorios de la Monarquía de España.
• En los Países Bajos, Mauricio de Nassau alcanzó una gran victoria en 1600 en la primera batalla terrestre de las Dunas o de
Nieuwpoort, pero posteriormente Spínola tomó la plaza de Ostende, que le permitió proyectar una ambiciosa ofensiva contra las
tropas rebeldes.
• Las campañas de 1606 y 1607 fueron victoriosas para los españoles, que recuperaron parte del terreno perdido.
• Sin embargo, el agotamiento de ambos bandos y una nueva bancarrota por parte de España empujaron a la firma de un armisticio, a
través de una tregua firmada en 1609, que estaba estipulada para 12 años.
• Las guerras habían concluido, pero muchas de las cuestiones que las provocaron seguían sin resolverse. Incluso la paz con Inglaterra,
que fue la más firme, contó con una importante oposición por parte de católicos, como los organizadores del famoso Complot de la
Pólvora contra el Parlamento de Londres de 1605. Pese a ello, la buena relación entre ambos territorios se mantendría hasta 1625.
• Por su parte, la Tregua de los Doce Años favoreció a los rebeldes, pues les permitió recuperarse y extenderse, no incluía cláusulas
para permitir la vuelta del culto católico en las provincias rebeldes y dejaba sin resolver numerosas cuestiones, como el peligro que
suponía para el monopolio ultramarino hispano-portugués las actividades de la Compañía de las Indias Orientales (VOC).
• Los problemas más inmediatos iban a venir por parte de Enrique IV. Los conflictos comenzarían de nuevo por Italia, cuya
importancia se veía de nuevo incrementada por el interés español en garantizar la seguridad en el Mediterráneo.
• El tratado de Vervins, firmado en 1598, había dejado sin resolver el enfrentamiento entre Francia y Saboya, que incluía disputas
territoriales como la pertenencia del marquesado de Saluzzo, que fue anexionado por Francia.
• Ambos territorios firmaron el tratado de Lyon en 1601, en el que Francia cedía Saluzzo a Saboya a cambio de algunos territorios
que había ocupado. Enrique IV salió muy beneficiado por este acuerdo, mientras que el duque de Saboya perdía buena parte de sus
posesiones al oeste de los Alpes. El tratado redujo también su dominio sobre los pasos alpinos, lo que perjudicaba a España de forma
indirecta, al interrumpir la ruta entre el norte de Italia y el Franco Condado, muy utilizada hasta entonces para el envío de tropas y
dinero hacia Flandes.
• Por lo tanto, estos hechos, así como el posterior giro antiespañol de Saboya, hicieron que el objetivo de controlar el norte de Italia
tuviera una importancia capital para España. Así, el gobernador de Milán firmó un acuerdo con los cantones católicos de Suiza en
1604 y construyó los fuertes de Sandoval y Fuentes.
• La alianza acordada entre Francia, Venecia y los cantones protestantes puso en guardia a España. Aprovechando el conflicto del
“Interdicto” entre el Papa y Venecia, el gobernador de Milán conde de Fuentes organizó un ejército de 30.000 hombres, por si era
necesario intervenir en Venecia.
• Sin embargo, España no deseaba iniciar una guerra y abogó por una solución pacífica. Pero la situación en el norte de Italia continuó
siendo de una calma tensa.
• El principal conflicto de estos primeros años surgió en 1609 con motivo de la crisis sucesoria de los ducados de Jülich, Cleves y
Berg. Los dos candidatos para hacerse con estos territorios eran el protestante elector de Brandeburgo y el duque del Palatinado-
Neoburgo, que era católico. Se acabó llegando una solución de compromiso con el tratado de Xanten (1614), que establecía un
reparto de los territorios. Juliers y Berg fueron otorgados al duque de Neoburgo, mientras que Cléveris, Mark y Ravensberg fueron
para el elector.
• La tensión existente en Europa durante la primera década del siglo se disipó en buena medida con el asesinato de Enrique IV de
Francia en 1610 y el acercamiento a España que puso en práctica la regente de su sucesor, Luis XIII, María de Medici.
• El conflicto sucesorio de Monferrato volvió a complicar la situación en Italia. Pertenecía a los duques de Mantua desde el siglo XVI.
A su muerte en 1612, el duque de Mantua, casado con Margarita de Saboya, solo tenía una hija superviviente, por lo que fue sucedido
en algunos de sus territorios por su hermano. Sin embargo, Monferrato permitía una sucesión femenina, por lo que se proclamó
sucesora a su pequeña hija María.
• Con el apoyo de Venecia y Francia, Carlos Manuel de Saboya ocupó parte de Monferrato, alegando la defensa de los derechos de
su nieta, y se enfrentó al ejército español, siendo derrotado por el gobernador de Milán en 1614, negociándose la paz de Asti en
1615. Los problemas continuaron y el V marqués de Villafranca, nuevo gobernador de Milán, derrotó a Carlos Manuel I y forzó
un nuevo acuerdo de paz en Madrid, una de cuyas estipulaciones fue la devolución de Monferrato al duque de Mantua, hermano del
anterior.
• La Paz de Madrid también puso fin a la llamada Guerra del Friuli (1615-1617), un conflicto entre Venecia y Fernando de Estiria,
futuro Fernando II. Los uscoques eran refugiados cristianos procedentes de los Balcanes y asentados en Croacia, que gozaban de la
protección de los Habsburgo y cuya actividad mercantil, contrabandista y corsaria resultaba nociva para los venecianos, a quienes
atacaban con cierta frecuencia.
• España respaldaba al archiduque, entre otros motivos para frenar a Venecia, tendente a aliarse con sus enemigos. De hecho, las
Provincias Unidas mandaron hombres en ayuda de la República, que contó también con barcos neerlandeses e ingleses.
• El tratado de Madrid determinó la retirada de tales flotas y la expulsión de los uscoques de los dominios del archiduque, y a cambio
Venecia tuvo que restituir todos los territorios que había ocupado durante la guerra en Istria y Friuli.
• En 1617, España firmó con el emperador el pacto de Praga, que aseguraba la sucesión de la rama alemana de los Habsburgo para
Fernando de Estiria. Según este pacto, Felipe III renunciaba a la sucesión imperial a cambio del compromiso de cederle las
posesiones de los Habsburgo en Alsacia, entre otras condiciones.
• El pacto acabaría implicando a España en la guerra en el Imperio.
• Desde 1616, aproximadamente, los pacifistas que ocupaban la mayoría de los gobiernos comenzaron a ser sustituidos por
gobernantes más decididos a la acción.
• En 1618 se produjo además la famosa conjuración de Venecia, un oscuro episodio que los venecianos atribuyeron a tres importantes
representantes del rey de España en Italia.
El primer periodo de la Guerra de los Treinta Años (1618-1629)
• La Guerra de los Treinta Años fue el mayor conflicto europeo de la Edad Moderna. Las diversas campañas bélicas se desarrollaron
en territorio alemán, aunque coincidieron con otros conflictos ajenos al mismo.
• La Guerra de los Treinta Años responde a causas diversas, si bien la fundamental fue la división religiosa en el seno del Imperio,
mal resuelta por la Paz de Augsburgo de 1555.
• En cuanto a sus fases, Geoffrey Parker distingue dos periodos: hasta 1629, en que el emperador luchó contra súbditos suyos con
alguna ayuda extranjera, y otro a partir de 1630, cuando el emperador combatió sobre todo contra potencias extranjeras, cuyos
auxilios alemanes fueron escasos y limitados.
• Los efectos de la guerra fueron numerosos y las implicaciones políticas y sociales dieron lugar a una serie de rebeliones. Las más
importantes tuvieron lugar en los años cuarenta, afectando sobre todo a la Monarquía de España y a Francia.
• En el seno del Imperio, las tensiones y enfrentamientos religiosos, agravados por la rápida expansión del calvinismo en la segunda
mitad del XVI, impedían el buen funcionamiento de las instituciones.
• Diversos príncipes protestantes, incluyendo Federico V, elector del Palatinado, se unieron en la llamada Unión Evangélica, por la
que se comprometían a apoyarse mutuamente. Pronto contarían con la ayuda de Francia.
• A su vez, los príncipes católicos se unieron en 1609 en la llamada Liga Católica, liderada por Maximiliano I de Baviera.
• Tras el asesinato de Enrique IV, los protestantes buscaron el apoyo de Jacobo I de Inglaterra, casándose el elector palatino con su
hija Isabel y firmando una alianza defensiva. Otros poderes protestantes, como las Provincias Unidas o el rey Cristián IV de
Dinamarca, se aprestaron también a vincularse a la Unión Evangélica.
• La formación de alianzas enfrentadas era el preludio de la guerra, si bien el curso de la misma mostraría la escasa solidez de tales
agrupaciones.
• Las tensiones entre luteranos y católicos eran frecuentes, pero los conflictos religiosos que llevaron a la guerra se dieron sobre todo
en los territorios de los Habsburgo, en los que el protestantismo había aumentado fuertemente durante la segunda mitad del siglo
XVI. Los Habsburgo reaccionaron con diversas medidas que dieron sus frutos.
• Pero Hungría y Bohemia eran territorios a los que no afectaba el principio religioso adoptado en la paz de Augsburgo de 1555 del
cuius regio, eius religio. El carácter electivo de esas monarquías, los derechos que otorgaba la Bula de Oro húngara (1222) o la
tradición heterodoxa de la revolución husita en Bohemia (siglo XV) propiciaban cierta libertad religiosa.
• Rodolfo II trató en vano de impedir en ambos reinos la expansión del protestantismo.
• En Hungría, el número de católicos se redujo fuertemente y en 1604-1606 se produjo una destacada revuelta político-religiosa
dirigida por el calvinista István Bocskai, que llegó a ser reconocido como príncipe en Transilvania.
• Los rebeldes contaron con el apoyo de los turcos, lo que llevó a Rodolfo II a firmar la paz en Viena en 1606, otorgando amplias
concesiones al culto protestante en Hungría y Bohemia.
• En 1575, los disidentes religiosos habían adoptado un credo común, la “Confessio bohemica”, una forma de protestantismo en la
que se mezclaban las doctrinas husitas con elementos luteranos y calvinistas.
• Rodolfo II tuvo que poner en práctica una política de tolerancia a cambio de ser elegido como rey.
• Los protestantes supieron aprovechar los importantes enfrentamientos que se llevaron a cabo entre Rodolfo II y su hermano Matías.
Después de que Rodolfo II fuera forzado a repartir sus territorios, se le obligó a firmar la llamada “Carta de Majestad” de 1609, la
cual otorgaba una amplia autonomía a Bohemia y hacía importantes concesiones a los disidentes religiosos. Su sucesor, Matías, tuvo
también que aceptar la “Carta de Majestad” para ser elegido rey.
• Por su parte, Fernando II era un importante partidario de la Contrarreforma y del absolutismo. Deseaba abolir la “Carta de Majestad”
y tomó importantes medidas antiprotestantes y que favorecían a los nobles católicos.
• Se formó en su contra una importante oposición, en la que predominaba la nobleza inferior y los miembros de la alta burguesía. El
23 de mayo de 1618 se inicia la guerra con la llamada defenestración de Praga.
• Los territorios de Bohemia se organizaron en defensa de la “Carta de Majestad” y la rebelión se fue extendiendo por otros territorios
de los Habsburgo. Se unieron a esta revuelta el príncipe de Transilvania Bethlen Gábor y las tropas de Ernest von Mansfeld.
• El bando imperial también se organizó, contando con la ayuda principalmente de España y de Baviera.
• La muerte del emperador Matías en 1619 fue el paso definitivo para la guerra.
• Los estados de la corona de Bohemia depusieron a Fernando y eligieron como rey a Federico V del Palatinado, líder teórico de la
Unión Protestante. Pero dicha acción solo sirvió para reforzar el respaldo del Imperio a Fernando, que fue definitivamente elegido
emperador. En ese contexto, Bethlen Gábor invadió Hungría y amenazó Viena, al tiempo que firmaba una alianza con turcos,
venecianos y neerlandeses. Polonia, por su parte, fue decisiva, pues cuando su ejército llegó a Hungría obligó a los rebeldes a levantar
el sitio de Viena e inició una guerra contra los turcos.
• El 8 de noviembre de 1620, los ejércitos imperiales derrotaron a los protestantes en la batalla de la Montaña Blanca. El septiembre,
las tropas españolas habían invadido el Palatinado renano, mientras el Alto Palatinado quedaba indefenso. Ambos territorios llegaron
a ser ocupados, lo que permitió a los españoles adquirir una serie de importantes posiciones en Renania, que reforzaban su camino
hacia los Países Bajos.
• El triunfo dio paso a una reacción católica y absolutista, sobre todo en los territorios de los Habsburgo que más problemas habían
creado al emperador. En Bohemia, la represión incluyó importantes confiscaciones de tierras y propiedades, pillajes y abusos en
beneficio de los vencedores. En 1627, el emperador promulgó una nueva forma de gobierno que convertía la corona en hereditaria
y reforzaba su poder, reduciendo el de los estados.
• La recatolización y la oleada absolutista afectaron también a Moravia y a los territorios patrimoniales de los Habsburgo, que vivieron
unos años difíciles.
• Federico V fue declarado proscrito en el Imperio y privado de la condición de elector, que el emperador traspasó al duque
Maximiliano de Baviera. Otros príncipes fueron también desposeídos.
• La reacción católica tuvo el efecto contrario de acercar a sus oponentes, aunque por el momento con poco éxito.
• En 1621 había expirado la tregua en los Países Bajos, lo que implicaba la reanudación de la guerra entre España y las provincias
rebeldes del norte. Francia, por su parte, desde la llegada al poder del cardenal Richelieu, reanudó claramente su política
antiespañola. Se comprometió a financiar a los neerlandeses en la guerra contra Felipe IV y reforzó su acuerdo con Saboya y
Venecia, con el objetivo de cortar el eje de comunicación terrestre que unía las posesiones españolas del norte de Italia con Flandes,
el cual era fundamental para el envío de tropas y subsidios.
• En 1625, España tuvo que enfrentarse a numerosos enemigos, incluida Inglaterra. Si bien este fue un verdadero “annus mirabilis”,
se volvió a una situación de guerra generalizada. El principal éxito fue la rendición de Breda, en Brabante, que suponía el primer
gran triunfo de la Monarquía de España tras la reanudación de la guerra y la vuelta de los Países Bajos a la soberanía directa del rey
de España.
• En tales victorias influyó la retirada temporal de Francia de la colaboración con los enemigos de los Habsburgo.
• En la reanudación de la guerra en Alemania tuvo un papel fundamental el rey Cristián IV, que era el dueño de varios territorios en
el Imperio, como el ducado de Holstein. En 1626 atacó a la Liga Católica con un potente ejército, al tiempo que las tropas protestantes
marchaban hacia Silesia. Sin embargo, ambas operaciones fracasaron y el ejército danés fue derrotado.
• El rey de Dinamarca firmó en 1629 la paz de Lübeck, que ponía fin a su aventura germana y comprometió gravemente su hegemonía
mercantil en el Báltico, pero el avance católico hacia dicho mar había alertado a Suecia, que decidió intervenir en la guerra.
• El emperador Fernando II promulgó el edicto de Restitución de 1629, que prohibía cualquier credo protestante que no fuera el
luteranismo y obligaba a devolver a la Iglesia católica todas las tierras secularizadas desde 1552.
• Los años finales de la tercera década del siglo se vieron también sacudidos por un nuevo conflicto en el norte de Italia. La causa fue
la muerte sin sucesión del duque de Mantua y Monferrato en 1627. Su pariente más próximo era el duque de Nevers, francés y
apoyado por Francia, algo que no satisfacía a la corte española. El gobernador de Milán invadió Monferrato y sitió la plaza de Casale.
Pero el asedio duró demasiado y, a mediados de 1629, los franceses entraron en Italia, lo que forzó a los españoles a levantar el sitio
de Casale. La invasión francesa de los estados del duque de Saboya, que era contrario a Nevers, y la de los imperiales en Mantua,
ocasionaron graves daños.
• Se firmó en 1631 la paz de Cherasco, que supuso un retroceso para España. El duque de Nevers fue confirmado como duque de
Mantua, mientras que Francia situaba una guarnición en la estratégica ciudad de Casale Monferrato y se hacía con la fortaleza de
Pinerolo.
• La dispersión de fuerzas que produjo la Guerra de Mantua, junto a la pérdida de la flota de Nueva España, tuvo una incidencia muy
negativa para España, cuyas tropas, a lo largo del invierno de 1629-1630, fueron expulsadas por los neerlandeses de casi todas las
guarniciones que habían conquistado en la Alemania del noroeste.
Internacionalización definitiva del conflicto (1630-1648)
• El mayor peligro para la frágil paz impuesta por el emperador en 1629 vino de fuera de Alemania por la intervención de Gustavo
Adolfo II de Suecia.
• Desde mediados de 1630, el ejército sueco fue extendiéndose por las regiones del noreste de Alemania.
• Los príncipes protestantes alemanes sentían recelos de la potencia sueca. Los principales eran los electores Jorge Guillermo de
Brandeburgo, líder de los calvinistas, y Juan Jorge de Sajonia, cabeza de los luteranos, no muy bien avenidos entre sí, pero ambos
veían con recelo cualquier injerencia extranjera, a lo que el elector de Brandeburgo unía su temor a las ambiciones territoriales del
rey de Suecia sobre parte de sus estados en la costa meridional del Báltico.
• Sin embargo, el avance del ejército imperial y las crueldades cometidas por él acabaron haciendo que los príncipes protestantes se
unieran con Suecia. En la batalla de Breitenfeld de 1631, los suecos y sus aliados derrotaron al ejército de Tilly, siendo esta la
primera victoria importante de los protestantes desde el inicio de la guerra. Como consecuencia de ello, el emperador perdió las
posesiones que había conquistado en el Báltico y las tropas suecas avanzaron hacia el centro y el oeste de Alemania.
• El ejército sueco llegó a controlar una amplia parte de Alemania, realizando incluso una breve invasión de Bohemia gracias a la
alianza con Sajonia, cuyas tropas tomaron Praga.
• Su éxito incrementó las reservas que despertaban entre los propios protestantes, así como las crueldades de sus tropas con los
territorios neutrales, que se vieron obligados a adherirse a la alianza por la fuerza.
• Al mismo tiempo, los españoles retrocedían en los Países Bajos, lo que les obligó a hacer regresar a las tropas destinadas a la defensa
del Palatinado.
• En la batalla de Lützen, los suecos volvieron a cosechar una victoria, pero su rey falleció, dejando como sucesora a su única hija
legítima, la famosa Cristina de Suecia, todavía menor de edad. Suecia mantendría su ejército en Alemania pese a todo y en 1633
formó la liga de Heilbronn.
• El balance de los primeros años de la década era muy desfavorable para el bando católico y los protestantes recuperaron el Palatinado
y avanzaron en Alsacia. Además, el duque de Lorena sería expulsado de sus territorios en 1633.
• En 1634, los protestantes invadieron Bohemia y tomaron Landshut, en Baviera, si bien las tropas del emperador reconquistaron
Ratisbona y Donauwörth, restableciendo el contacto entre Baviera y los territorios de los Habsburgo.
• El enfrentamiento decisivo se produjo en Nördlingen en 1634, donde las tropas del emperador, con el apoyo de España, cosecharon
una gran victoria. Una de sus consecuencias fue la desunión de sus enemigos protestantes, que habían sufrido graves bajas. El regente
de Suecia, el canciller Oxenstierna, abandonó la Liga de Heilbronn, mientras Hesse-Darmstadt y Sajonia pactaban con el emperador.
• En mayo de 1635 se firmó la Paz de Praga, en la que las diferencias confesionales parecían secundarias frente a la preocupación
creciente por la intervención extranjera. Se estableció el año 1627 como fecha para la devolución de las tierras eclesiásticas, dos
años antes de lo fijado en el edicto de Restitución, que quedó suspendido durante cuarenta años. Permitió a los católicos mantener
sus conquistas en el sur y garantizar a los príncipes protestantes el mantenimiento de los territorios secularizados en el norte. Fue un
acuerdo mucho más aceptado que la pacificación obligada de 1629.
• La situación parecía orientarse hacia una solución definitiva, pero la intervención directa de Francia reavivó la guerra, si bien desde
entonces el enfrentamiento franco-español tuvo mucho peso.
• El triunfo católico y el avance de las tropas españolas forzaron la entrada de Francia en la guerra. Después de organizar toda una
serie de alianzas ofensivas con enemigos de los Habsburgo y de ocupar lugares estratégicos que facilitaban el acceso a Alemania e
interrumpían el camino español, los franceses declararon la guerra a España.
• Francia planteaba a sus aliados una guerra de diversión, en la que en principio deseaba intervenir lo menos posible en Alemania, a
excepción de los territorios que limitaban con ella, si bien financiaría ampliamente tanto al ejército sueco como sobre todo a las
tropas protestantes de Bernardo de Sajonia-Weimar.
• La guerra franco-española se libró de forma preferente en la frontera con los Países Bajos, Italia y la frontera con España.
• En un principio, el desarrollo de los acontecimientos fue favorable a España, especialmente en sus propias fronteras y las de Italia.
Por otra parte, en Alemania, la suerte favoreció a los franceses, que en 1637 ocuparon parte de las posesiones españolas de
Luxemburgo y el Franco Condado, y al año siguiente, en el Rin, vencieron al ejército imperial, consiguiendo controlar Alsacia.
• A partir de 1640, las revueltas de Cataluña y Portugal influyeron poderosamente en el cambio de tendencia de la guerra a favor de
Francia, al verse obligada España a multiplicar y diversificar aún más su esfuerzo militar y financiero.
• En 1642, los franceses, en ayuda de los rebeldes catalanes, tomaron Salses y Perpiñán, pero en 1643 se produjo una fuerte derrota
en Tuttlingen a manos de las tropas de Baviera, Lorena y el ejército de Flandes.
• En 1644, las tropas francesas fueron vencidas nuevamente, pero en los años siguientes, Francia obtuvo también algunos éxitos de
enorme importancia en el frente alemán.
• El estallido de la Fronda puso fin al ataque francés y convenció a Mazarino de la necesidad de firmar la paz.
• En el este del Imperio, los suecos fueron durante varios años una pesadilla para las tropas del emperador. Ocuparon buena parte del
electorado de Brandeburgo, que sacó de la coalición a dicho elector y permitió que se extendiera su control por la zona del Báltico
de Alemania hasta el Elba.
• Sin embargo, los suecos tuvieron que regresar a su país, requeridos por una nueva guerra con Dinamarca (1643- 1645). Fernando
III vio entonces la oportunidad de derrotarles, para lo que envió tropas en ayuda de los daneses. Pero la invasión de Hungría por el
príncipe de Transilvania, aliado de Suecia y subvencionado por Francia y Turquía, le obligó a hacer volver a esas tropas.
• Cuando ya se había avanzado en las negociaciones de paz, el ejército sueco volvió a amenazar seriamente al emperador. En 1645
venció al ejército imperial en la dura batalla de Jankov. Suecia ocupó Krems, y suecos y transilvanos se aprestaban a atacar Viena
cuando la guerra turco-veneciana por la posesión de Creta interrumpió la ayuda financiera a Rákóczi, que acordó la paz con el
emperador.
• En el invierno de 1646-1647, el ejército sueco saqueó Baviera y Renania, lo que llevó a los obispos electores y a otros príncipes
católicos a firmar la paz.
• La última operación bélica fue una nueva invasión sueca de Bohemia, con el ataque a Praga de 1648.
• La invasión de Baviera y la caída, aunque incompleta, de Praga, prueban hasta qué punto la guerra de Alemania terminaba con una
exhibición de fuerza de los ejércitos contrarios a los Habsburgo.
De nuevo la guerra en los Países Bajos
• La coincidencia cronológica de la segunda parte de la guerra de los Países Bajos (1621-1648) con la de los Treinta Años vinculó en
muchos momentos los acontecimientos de ambos conflictos, pese a que la guerra de los Países Bajos tenía una importante entidad
propia.
• Este conflicto, desde un principio, alternó enfrentamientos con negociaciones de paz y, además de los largos asedios y tomas de
plazas, una de sus principales características fue la guerra económica en el mar.
• En 1622 tuvo lugar la batalla de Fleurus, donde el ejército de Flandes se enfrentó a tropas protestantes de príncipes del Imperio.
Posteriormente, los españoles lograron importantes triunfos, entre los que destacó la toma de Breda de 1625.
• A finales de 1627 las tornas cambiarían al verse favorecida la contraofensiva neerlandesa por la intervención española en la Guerra
de Monferrato.
• En los años siguientes, los neerlandeses se hicieron con una serie de plazas importantes, pero su principal éxito fue la toma en 1629
de Bolduque, la principal ciudad de Brabante.
• La gran victoria de Nördlingen les permitió llegar a Bruselas con un importante refuerzo militar que amenazaba con cambiar las
cosas.
• Ello forzaría la declaración de guerra de Francia contra España y su intervención en los conflictos abiertos en su contra.
• El ejército de Flandes respondió bastante bien en los primeros años. Las ofensivas franco-neerlandesas apenas lograron resultados.
• En 1636, los ejércitos del cardenal-infante Fernando entraron en Francia, derrotando a los franceses en varias batallas de importancia.
• En 1638, los franceses fueron rechazados y sufrieron grandes pérdidas en Saint-Omer, pero los españoles también sufrieron algunas
pérdidas de plazas en la frontera con las Provincias Unidas, especialmente la significativa plaza de Breda.
• La derrota española en la Batalla naval de las Dunas cambió las cosas, pues redujo de forma considerable el poderío naval hispano
en el mar del Norte. Se incrementó la superioridad naval neerlandesa y el aislamiento marítimo de los Países Bajos españoles.
• En 1640, los franceses avanzaron en la frontera con los Países Bajos, tomando Arras y la mayor parte de Artois, pero el ejército de
Flandes obtuvo la victoria de Honnecourt y recuperó varias plazas.
• Sin embargo, en 1643, el ejército francés venció en la batalla de Rocroi, que fue la primera vez que los poderosos tercios españoles
fueron derrotados en campo abierto.
• El dominio francés de Alsacia, Lorena y Tréveris desarticulaba el camino español, lo que facilitó el avance posterior de franceses y
neerlandeses.
• Los ejércitos españoles mostraron una gran capacidad de resistencia que, entre otras cosas, impidió a los neerlandeses adentrarse
hacia plazas claves de los Países Bajos del sur, como Amberes o Gante.
• A la paz no se llegó solo por el agotamiento español, sino también neerlandés, iniciándose las negociaciones en 1646.
La Paz de Westfalia
• Diversas iniciativas de paz venían desarrollándose desde finales de los años treinta. En el deseo de la paz tuvieron un gran peso el
agotamiento de los contendientes, tras un esfuerzo que comenzaba a tener graves consecuencias de diferente tipo, y el relevo
generacional.
• La Paz de Westfalia estuvo precedida por una reunión de representantes de numerosos príncipes alemanes en Frankfurt, y dos
largas conferencias internacionales organizadas en Münster y Osnabrück, en las que el Imperio y sus aliados negociaron
respectivamente con Francia y Suecia, así como con otros territorios implicados.
• Los tratados finales se firmaron en cada una de las ciudades en 1648.
• La paz pretendía evitar en el futuro una confrontación similar, por lo que trataron de adoptarse medidas para impedirlo,
convirtiéndose en el primer tratado de paz que pretendía regular el conjunto de la política europea.
• Era necesario identificar algunos principios que rigieran las relaciones internacionales y estos fueron los de la soberanía de cada
estado, la igualdad entre ellos, la obligada laicización de la política internacional, y la afirmación de la necesidad de regular, por
medio del incipiente Derecho internacional, las relaciones entre los estados.
• La realidad posterior demostraría las dificultades de regular tales relaciones y evitar las guerras.
• Westfalia enterraba definitivamente los últimos restos de la cristiandad medieval, encabezada por el papa y el emperador. El número
de príncipes electores pasó a ocho, pues se restituyó tal categoría al Bajo Palatinado y se mantuvo la que se había asignado al duque
de Baviera.
• Se reconoció el calvinismo, aunque no se hizo mención alguna a los anabaptistas u otras minorías religiosas. El viejo principio de
la Paz de Augsburgo, que hacía depender la religión de cada territorio de la de su príncipe, siguió vigente, aunque vacía de contenido
al reconocerse la libertad de conciencia y el derecho a la práctica privada a quienes no compartieran la religión del príncipe.
• En muchos de los territorios, se iniciaría una cierta tolerancia con la práctica privada de cultos distintos al oficial.
• Los acuerdos sobre las tierras eclesiásticas del edicto de Restitución y la Paz de Praga fueron anulados y la fecha normativa para la
regulación de las cuestiones territoriales en disputa se estableció en el 1 de enero de 1624, lo que resultaba muy favorable a los
protestantes. Los tratados privaron a la Iglesia de buen número de obispados, abadías y bienes en Alemania.
• El emperador apenas sufrió pérdidas territoriales importantes, a excepción de Lusacia y de sus posesiones en Alsacia y el alto Rin,
que pasaron a Francia.
• Incrementó su poder religioso sobre los territorios dominados por los Habsburgo, lo que favoreció el reforzamiento de su autoridad.
• En adelante, el Imperio se orientará preferentemente hacia la creación de un importante poder territorial y la expansión por el espacio
balcánico, aprovechando el retroceso del Imperio turco.
• Suecia fue la más beneficiada desde el punto de vista territorial, pues se le reconocía la posesión de la parte occidental de Pomerania,
con la provincia de Stettin en la desembocadura del Oder, las islas de Rügen, Usedom y Wollin, y los obispados secularizados de
Verden y Bremen. Con ello, lograba una posesión estratégica y mercantil de gran importancia en el norte de Alemania.
• El elector de Brandeburgo sacó beneficios, pues consiguió mantener el control sobre Pomerania oriental y recibió los estados de
Magdeburgo, Halberstadt y Miden.
• Suecia y Brandeburgo quedaban como los principales poderes en el norte de Alemania, mientras que en el sur los dos estados más
fuertes eran los territorios patrimoniales de los Habsburgo y Baviera.
• Francia vio reconocida su posesión de los obispados de Metz, Toul y Verdún, así como Breisach y el derecho a establecer unas
guarnición en Philippsburg.
• Complejas fueron las cesiones hechas al rey de Francia de los derechos de los Habsburgo sobre Alsacia. Estrasburgo, por su parte,
se mantuvo como ciudad libre, aunque su adhesión se mantuvo en uno de los grandes objetivos de la política internacional de Luis
XIV.
• El 30 de enero de 1648 se había firmado en Münster el tratado de paz entre España y las Provincias Unidas, que reconoció la
independencia de las siete provincias del norte de los Países Bajos, estableciendo la división definitiva de estos. Las diez provincias
del sur seguirían bajo el dominio de la Monarquía de España. El acuerdo también mantenía el bloqueo de la Escalda, que beneficiaba
a Ámsterdam sobre Amberes, y reconocía los derechos de los neerlandeses sobre las colonias portuguesas que habían ocupado antes
del año de 1641 en Asia, África o Brasil.
• El nuevo estado recibió además una franja de seguridad, los llamados países de la Generalidad, que comprendía casi toda la zona
entre el Escaut y el Mosa.
Los últimos años del enfrentamiento franco-español
• La guerra franco-española no concluyó con los tratados de Westfalia.
• Francia obtuvo la ventaja de asegurar la neutralidad del emperador, aunque España también salió beneficiada con el cierre de uno
de sus frentes bélicos.
• La crisis de la Fronda permitió a los españoles recuperar la iniciativa. Obligó a los franceses a levantar el sitio de Lérida, lo que
permitió a las tropas de Felipe IV tomar Barcelona en 1652 y la recuperación paulatina de Cataluña. En Flandes, por su parte, se
reconquistaron varias plazas perdidas y se llegó a realizar incursiones en Francia.
• Concluida la Fronda, los triunfos españoles continuaron en los diversos frentes. En los años siguientes, los franceses no lograron
conquistar Gerona, aunque sí se apoderaron de plazas como Puigcerdá o Cadaqués.
• Tras los éxitos hispanos de 1655 -1656, Mazarino envió a Madrid a Hugues de Lionne para iniciar unas conversaciones de paz que
no fructificaron, pero lo cierto es que hasta aquellos años España tuvo grandes oportunidades para lograr una paz ventajosa.
• La contienda se desequilibraría definitivamente del lado francés en 1657, cuando la Inglaterra de Cromwell intervino en contra de
España, no solo en América y en el Atlántico, sino reforzando también al ejército francés en Flandes, lo que le permitió tomar la
iniciativa.
• Finalmente, la Monarquía de España se vio obligada a negociar la paz de los Pirineos en 1659, en la que cedió a Francia el Rosellón,
Cerdaña y Conflent, la mayor parte de Artois y una serie de plazas importantes en Flandes, quedando Dunkerque bajo el dominio
inglés.
• Por su parte, Francia devolvió a España Rosas y Cadaqués, aceptó rehabilitar al príncipe de Condé, y prometió no apoyar a Portugal,
algo que incumpliría muy pronto.
• Por último, también se acordó el matrimonio entre Luis XIV y la hija mayor del rey, la infanta María Teresa, lo que tendría
importantes consecuencias de cara a la sucesión de la Monarquía de España.
Tema 5. El auge del absolutismo. La construcción de la hegemonía francesa. Las
revoluciones inglesas en el siglo XVII.
5.1 El auge del absolutismo. La construcción de la hegemonía francesa.
Las doctrinas políticas en el siglo XVII
• Las principales aportaciones de la teoría política del siglo XVII fueron las que giraron en torno al Derecho natural, al contrato social
y a la consideración del individuo como punto de partida de toda argumentación.
• El pensamiento político estuvo condicionado por la realidad dominante, que era el absolutismo. Las distintas teorías podían usarse
para refutarlo o justificarlo.
• Podemos distinguir tres grandes líneas de pensamiento: el iusnaturalismo (que se independiza de la justificación teológica del
Derecho natural e insiste en la crítica del absolutismo), el absolutismo y las teorías basadas en la exaltación del individuo y el
contrato social.
• Hubo también teorías políticas socialmente más radicales, como las predicadas por los “levellers” o los “diggers”, pero fueron
residuales.
• En términos generales, la mayoría de los autores parten del Derecho natural, lo que implica dos elementos: el estado originario de
la naturaleza y el contrato social.
• A lo largo del siglo XVII, se contempló un proceso gradual de liberación de la filosofía política respecto a la teología. Los hechos
sociales y políticos empezaron a concebirse como fenómenos naturales susceptibles de ser estudiados mediante la observación, el
análisis lógico y la deducción, una tendencia que ya se adivinaba en escritores como Francisco Suárez, pero se dio más claramente
entre los sectores arminianos del calvinismo. Desligados además del Derecho canónico, que se imponía a los católicos, era más fácil
para los calvinistas volver a las concepciones precristianas del Derecho Natural.
• Johan Althaus, en “La política metódicamente concebida” consideraba la asociación como un elemento esencial de la naturaleza
humana y explicaba los diferentes grupos sociales sin recurrir en absoluto a la teología.
• Altusio utiliza la idea de contrato en dos sentidos: sociológico (que puede aplicarse a cualquier tipo de agrupación) y político. En el
primero, distingue cinco clases de asociaciones: la familia, la corporación voluntaria, la comunidad local, la provincia y el Estado.
• El Estado, surgido de la asociación de las provincias o comunidades locales, se diferencia de cualquier otro grupo por la existencia
del poder soberano. Existe un contrato entre el pueblo y el gobernante.
• La soberanía reside necesariamente en el pueblo como cuerpo y es inalienable. No pasa nunca a manos de una familia o clase
gobernante como si fuera su propiedad, por lo que el poder revierte al pueblo si quien lo ejerce lo pierde.
• La teoría de Altusio fue la exposición más clara hecha hasta entonces de la soberanía popular y la limitación del poder.
• Sin embargo, basaba el derecho natural en el Decálogo y seguía vinculado a la teoría calvinista de la predestinación.
• La primera separación completa entre el Derecho natural y la religión se debe a Hugo Grocio.
• Para Grocio, la sociedad se basa en una serie de tendencias o valores, como la seguridad, la propiedad y otros, que contrarrestan las
inclinaciones egoístas del individuo. Tales valores están en la naturaleza del hombre y conforman el Derecho natural, el cual es un
dictado de la recta razón que no requiere de Dios.
• Grocio identifica lo natural con lo racional y considera que en el Derecho natural no hay nada arbitrario. La razón ha de ser el método
para construir el Derecho positivo, como una ciencia deductiva con proposiciones evidentes de las que ningún espíritu razonable
puede dudar.
• Otro aspecto destacable de la obra de Grocio es su aportación al desarrollo del Derecho internacional o derecho de gentes, que
pretendía regular las relaciones entre estados soberanos. Por ejemplo, en su tratado “Mare Liberum” denunciaba como contrario a
la ley natural y al naciente derecho de gentes la apropiación de los mares por cualquier potencia.
• Samuel Pufendorf insistió en la separación entre la razón natural y la teología, siendo la ley natural el fundamento legítimo y racional
de la constitución política.
• El respeto a los derechos naturales del hombre es un requisito indispensable para el mantenimiento del orden y la paz social.
• En su obra “De iure naturae et gentium” considera que el estado de naturaleza no es de guerra, sino de paz, pero se trata de una paz
débil e insegura, lo que lleva a la constitución de la sociedad y del Estado, el cual es una persona moral cuya voluntad es la suma de
las voluntades individuales.
• Pufendorf trazó también los límites entre los poderes civiles y eclesiásticos en el ámbito luterano, contribuyendo a poner las bases
del espíritu de tolerancia.
• Los máximos exponentes del pensamiento absolutista fueron Hobbes, Bossuet y Filmer.
• Thomas Hobbes defendió un absolutismo ajeno a cualquier consideración religiosa o ética, basado exclusivamente en el utilitarismo.
• Considera que en el estado de naturaleza, el hombre no busca sino la satisfacción de sus propias necesidades en aras del egoísmo
individual, lo que le enfrenta automáticamente con todos los demás. Sin otra norma que la ley del más fuerte, un hombre es el
enemigo de cualquier otro, con la consecuencia de la guerra de todos contra todos.
• La única salida a tal situación de caos y destrucción mutua es la entrega del poder a un individuo. Solo así se crearía el grado
necesario de seguridad que requieren la sociedad, la vida civil y el poder político.
• La clave de la doctrina de Hobbes es el individualismo tajante, que contribuye a explicar su defensa del absolutismo. Solo los
individuos pueden tener derechos y actuar. Si un grupo de hombres actúa colectivamente es porque el individuo actúa en nombre de
tal grupo. Sin tal agente, el cuerpo no tiene existencia colectiva.
• La sociedad es una ficción: sin soberano, no hay sociedad. La existencia de una corporación implica la sumisión de las voluntades
de todos a la de uno solo.
• El poder del soberano es absoluto e irrevocable, lo cual podía tener consecuencias negativas para los súbditos, pero aún serían peores
las que pudieran derivarse del vacío de poder.
• Jacques Bénigne Bossuet vinculará el poder absoluto a la divinidad. “El trono regio no es el trono de un hombre, sino el del mismo
Dios”.
• Era la vieja teoría del Derecho divino de los reyes llevada al extremo y se basaba también en el argumento de Hobbes de que no
puede haber una situación intermedia entre el absolutismo y la anarquía.
• Por su parte, Robert Filmer tuvo una escasa difusión. Su postura, tomada del Antiguo Testamento, es la del carácter patriarcal del
poder del monarca, cuyo último fundamento está en la voluntad de Dios.
• La tercera de las grandes líneas de pensamiento se desarrollará esencialmente en Inglaterra.
• Richard Hooker defendía una ley positiva basada en el consenso de los súbditos y en la ley natural.
• Por su parte, Edward Coke defendería la limitación de la autoridad del rey.
• La experiencia revolucionaria inglesa favoreció el desarrollo de teorías sobre el poder. Junto a la defensa cerrada del absolutismo
de Hobbes, surgieron así las que pudiéramos llamar doctrinas republicanas, como las de James Harrington.
• Harrington defendió el republicanismo como consecuencia de la evolución social y económica, entendiendo que el Parlamento
reflejaba la nueva organización de la propiedad surgida de la Revolución, pues consideraba que la distribución de la propiedad
determinaba el gobierno y su forma.
• John Milton, en su obra “Aeropagitica”, defiende la libertad de prensa e información, así como la libertad religiosa con la excepción
de los católicos, a los que considera idólatras e incapaces de guardar lealtad a otro soberano que no fuera el papa.
• En la Inglaterra de finales del siglo, la crítica de la monarquía absoluta aparece en diversos autores y obras.
• Destaca John Locke, quien puso los cimientos más firmes de lo que habría de ser la teoría política del liberalismo decimonónico. Su
obra principal son sus “Dos tratados del gobierno civil” de 1690.
• El primero refutaba la teoría del derecho divino de los reyes y el segundo delineaba las bases de un poder político alejado de
tentaciones absolutistas, que identifica con una monarquía subordinada al gobierno civil.
• El punto de partida es el contrato social, que permite a los individuos pasar del estado de naturaleza a la sociedad civil, inspirada
por valores como la razón y la tolerancia, que resuelve los conflictos y hace posibles las aspiraciones de cada uno a la vida, la
libertad, la propiedad, etc.
• Los hombres, libres por naturaleza, no crean el Estado para anular sus derechos naturales, sino para protegerlos.
• El poder civil solo puede existir en la medida en que se deriva del derecho individual de cada hombre a protegerse a sí mismo y a
proteger su propiedad.
• Locke propone una primera separación de poderes, que diferencia el legislativo, representado por el Parlamento, del poder ejecutivo,
supeditado al anterior.
• Un individuo o un grupo que alcanzara un grado suficiente de consenso podía romper legítimamente el contrato en el que se había
basado la comunidad política, sin disolver esta.
• Con ello, legitimaba las revoluciones que tuvieran un amplio respaldo, aunque no dejaba claro el paso entre el derecho de rebelión
individual y el grado de consenso necesario para legitimarse.
• La guerra civil y el periodo republicano propiciaron también en Inglaterra el desarrollo de teorías sociales y políticas
predemocráticas, como las de los “levellers”, o radicales, o las de los “diggers”.
• Los “levellers” estuvieron principalmente dirigidos por John Lilburne y concebían el derecho natural como fuente de derechos
inalienables y destacan por el fondo individualista de su doctrina. Para ellos, los hombres son por naturaleza iguales y semejantes
en poder y dignidad. El individuo y sus derechos constituyen la base de toda estructura social y la autoridad solo existe para proteger
los derechos de los individuos sobre quienes se ejerce. Su base era el mutuo acuerdo y consentimiento de los gobernados.
• La formulación política de los “levellers” era el “Agreement of the People”, que diseñaba una república con un parlamento de base
social bastante más amplia que la defendida por los sectores dominantes de la Revolución, con el sufragio universal de los varones
o, al menos, la menor restricción posible del sufragio basado en la propiedad.
• Los “levellers” no se oponían a la desigualdad social y económica o a la propiedad, sino únicamente a la desigualdad legal, frente a
la que postulaban la igualdad ante la ley y los derechos políticos.
• Los “diggers” con precedentes en los movimientos campesinos y anabaptistas alemanes de la Reforma, o en propuestas radicales
surgidas especialmente en los levantamientos populares, eran escasos y predominantemente pacíficos.
• Su líder era Gerard Winstanley, partidario del derecho natural. Defendía que se aproximaba un tiempo en el que la tierra volvería a
ser una posesión común y que nadie osaría dominar a los demás, ni se atrevería a matar a sus semejantes o a disponer de más tierra
que otro.
• Para ellos, la propiedad privada, fruto de la avaricia y la ambición, era el origen de todos los males, lo que les enraizaba también
con la creencia cristiana de que la posesión de bienes en común era una forma de vida más perfecta que la propiedad privada.
• Para ellos, la misión del poder no era otra que la de reparar las desigualdades existentes en el sistema económico.
El absolutismo
• El absolutismo se define como la práctica política, respaldada por una serie de teorías, en la que el rey se sitúa por encima de la ley
positiva, es decir, esta no le concierne ni se sujeta a ella.
• El absolutismo fue surgiendo a lo largo de un dilatado proceso que, sobre bases medievales, llega a su culminación en los siglos
XVII y XVIII. Su avance se ve reforzado por la propia índole de la sociedad estamental, estructurada sobre el privilegio, es decir, la
desigualdad legal entre los hombres y grupos. Tal tipo de sociedad necesitaba un poder situado por encima y capaz de otorgar o
quitar los privilegios.
• Un poder por encima del derecho no implicaba necesariamente que sus actos no tuvieran límites, pues solo estaba por encima de las
leyes positivas.
• En el Antiguo Régimen los sistemas legales establecían un orden jerárquico en el que la cúspide estaba formada por la ley divina y,
por debajo de ella, la ley natural. Si la primera contaba con una cierta codificación, la ley natural estaba sometida a ella y no podía
contradecirla, pues se reconocía a Dios como creador de la naturaleza.
• Solo debajo de ambos órdenes legales estaban las leyes positivas, es decir, las legisladas por los hombres, que admitían también
diversos rangos y categorías.
• El mayor límite al poder real era la propia conciencia del monarca y su temor de Dios. Además, los reyes tenían deberes que cumplir,
sin que su poder absoluto fuera ilimitado, irracional o arbitrario.
• Para muchos de sus contemporáneos, que distinguen bien los sistemas absolutos de regímenes tiránicos o despóticos, lo consideraban
el sistema más eficaz.
• Los tratadistas políticos trataron de establecer ciertos límites al poder absoluto, entre los que se encontraban el Derecho privado y
de la propiedad, las corporaciones representativas o las leyes fundamentales del reino.
• No obstante, tal freno era más teórico que real, como lo eran las convocatorias de Cortes y parlamentos, que los monarcas absolutos
trataron de evitar lo máximo posible y cuyos poderes disminuyeron.
• Más seria era la actuación en contra de las leyes fundamentales que, según algunos tratadistas, implicaba la conversión del
gobernante en tirano y justificaba el derecho de resistencia de su pueblo.
• En todo caso, el monarca no podía hacer cuanto quisiera. La tendencia expansiva y monopolizadora del poder real se encontró desde
muy pronto con numerosas resistencias de otros poderes que lograron en muchos casos moderar la realidad del absolutismo y frenar
su avance.
• El absolutismo avanzó en buena parte de la Europa del siglo XVII y su máximo exponente fue el rey Luis XIV de Francia.
• El absolutismo comparte unas características que pueden rastrearse en todas las monarquías que avanzaron por aquella senda: mayor
presión fiscal y ampliación de los ingresos de las haciendas reales; incremento del poder militar y naval del rey en una época de
guerras casi constantes; avance de la codificación; desarrollo de la diplomacia, y complicación del aparato administrativo con la
aparición de fenómenos como el valimiento, la consolidación de la burocracia al servicio del aparato estatal o el auge de los
financieros y hombres de negocios dispuestos a prestar dinero al rey, recaudar sus impuestos o arrendar sus rentas.
• También fueron bastante generalizadas las oposiciones suscitadas por el absolutismo, que en ocasiones dieron lugar a revueltas de
diversa índole, desde levantamientos populares a reacciones de grupos privilegiados.
• En los casos más graves, las revueltas sumaron descontentos diversos, que pusieron en grandes dificultades al poder.
• Pero solo en Inglaterra la rebelión – auténtica revolución política – hizo caer el trono, llevó al rey al cadalso e instauró una república,
frenando el avance de la monarquía inglesa hacia el absolutismo.
Enrique IV y la recuperación de Francia
• Enrique IV tuvo que desarrollar tres tareas principales: la pacificación del reino, su reconstrucción material tras los desastres
provocados por medio siglo de guerras intermitentes y la vuelta a una política exterior ambiciosa que le enfrentaría a España.
• La pacificación interior implicó el reforzamiento de la autoridad real, apoyada sobre todo en los hombres de leyes, en perjuicio de
la aristocracia.
• El principal centro del poder será el Consejo. En las provincias, continuó la tendencia al sometimiento de los gobernadores nobles
en beneficio del poder comisarial de los “maîtres de requêtes” enviados desde la corte.
• En el ámbito financiero, su gran colaborador fue Maximilien de Béthune, duque de Sully. Se duplicaron los ingresos de la Hacienda
real, gracias sobre todo a los impuestos indirectos.
• La nueva dinastía se apoyó en la lealtad de un amplio número de empleados públicos.
• Es importante el edicto de la Paulette, el cual permitía heredar los cargos a cambio del pago de un pequeño porcentaje anual sobre
su valor de compra. Con ello, la Corona incrementaba sus ingresos y se aseguraba la lealtad de este sector emergente, al tiempo que
bloqueaba la formación de sistemas clientelares vinculados a la aristocracia en el seno del aparato estatal.
• La creciente presencia de estas nuevas dinastías de oficiales en los parlamentos, con el considerable aumento de la “noblesse de
robe” que ello supuso, contribuyó a acentuar la sumisión de tales cámaras de justicia, al tiempo que los Estados Generales siguieron
sin convocarse y apenas lo hicieron las provinciales.
• Enrique IV logró importantes resultados en la reconstrucción económica del reino, aunque no tantos como defienden sus apologetas.
• La paz permitió la regularización de la explotación agrícola y ganadera, ayudada por algunas disposiciones regias.
• La corona contribuyó mucho al crecimiento de las manufacturas y el comercio, beneficiados por las prácticas mercantilistas de
Barthélemy de Laffemas, “controleur général” del comercio desde 1600.
• Compañías privilegiadas y manufacturas diversas surgieron amparadas por los monopolios de fabricación y venta, y la política
aduanera, al tiempo que se recuperaba también el artesanado tradicional.
• A esta fase de cierta prosperidad colaboraron también otras medidas, pero la coyuntura económica favorable estaba llegando a su
fin, lo que limitó el alcance de su recuperación.
• El monarca se enfrentó a numerosos problemas. Uno de los principales era el considerable poder de la gran nobleza, respaldado por
sus extensos territorios y sus numerosos vasallos, y poco dispuesta a plegarse al creciente poder real.
• Enrique IV actuó con severidad, pero esto no impidió que se produjeran diversos incidentes y revueltas, como la huida a Bruselas
del príncipe Condé.
• Otra dificultad era la pervivencia del sentimiento católico de los antiguos miembros de la Liga, hostil a iniciativas tales como las
concesiones a los protestantes, la alianza con los herejes de los Países Bajos o la política exterior contraria a España.
• El resultado fueron varios atentados contra la vida del monarca. El 14 de mayo de 1610, fue asesinado Enrique IV en una de las
calles de París.
Luis XIII. La regencia y la obra de Richelieu
• Tras el asesinato de Enrique IV, ascendió al trono su primogénito, Luis XIII, que solo tenía nueve años, bajo la regencia de su madre
María de Medici.
• María era cercana al partido católico y a la política española, lo que supuso un importante giro político.
• Los consejeros de Enrique IV se vieron pronto sustituidos por personas del entorno de la reina, entre las que destacaba Concino
Concini.
• El acercamiento a España provocó amplios descontentos, a los que se sumarían los protestantes, preocupados por el sesgo católico
de su política. Otro sector descontento era el de los príncipes de la sangre, y la alta nobleza, que trataban de recuperar el poder
político.
• Para aplacarlos, la regente les entregó cargos y dádivas del Tesoro Real, aunque únicamente hasta 1613, mientras duraron las reservas
acumuladas por Sully. Muchos de ellos se retiraron entonces a sus territorios y gobiernos provinciales, iniciando un periodo de
agitación que llevó a la reina a firmar con Condé el tratado de Sainte Menehould (1614) en el que se comprometía a suspender el
doble matrimonio real acordado con España (entre el joven rey Luis XIII y la primogénita de Felipe III de España, Ana de Austria
y, al mismo tiempo, entre el príncipe de Asturias, futuro Felipe IV, y su primogénita, Isabel de Borbón), a entregarles nuevas
pensiones y a convocar los Estados Generales.
• La reunión de estos en París, entre octubre de 1614 y marzo del año siguiente, fue poco eficaz y demostró los desacuerdos entre los
tres órdenes que los formaban.
• La solicitud más demandada fue la supresión de la Paulette. Los nobles, que esperaban el respaldo a sus reivindicaciones de participar
en el gobierno político del reino, no encontraron el apoyo necesario. La Corona no logró la resolución de sus problemas financieros
y el clero no consiguió superar las reservas galicanas del tercer estado al registro de los decretos del Concilio de Trento.
• La reina decidió entonces celebrar las bodas reales hispano-francesas en noviembre de 1615.
• La reina tuvo que enfrentarse a la sublevación de miembros de la alta nobleza como Condé o el duque de Vendôme, mientras el de
Rohan reclutaba tropas protestante en el sudoeste.
• Tuvo que pactar, una vez más con el príncipe de Condé, el tratado de Loudun, aunque sería un arreglo provisional, pues la reina
mandó detener al príncipe y destituyó a algunos de los consejeros procedentes de tiempos de Enrique IV, de forma que Concini
pudiese reorganizar la institución con personas afines a la regente.
• En 1617, Luis XIII, que ya había cumplido diecisiete años, asume el poder animado por su favorito, Charles de Luynes. Destituye a
Concini, aparta a sus colaboradores (entre los que se incluye Richelieu) y destierra a su madre a Blois.
• Sin embargo, no cambió la dinámica. En 1619, la reina madre se escapó de su confinamiento y se juntó con varios nobles rebeldes,
enfrentándose a su hijo y consiguiendo de Luynes el gobierno de Anjou.
• En junio de 1620, una serie de altos nobles se alían con la reina madre en una nueva sublevación que daría lugar a la guerra de la
Madre y el Hijo.
• En agosto, las tropas reales dispersaron a los rebeldes en la Batalla de Ponts-de-Cé, después de la cual entró en acción Richelieu,
que hábilmente consiguió reconciliar al rey con su madre.
• El rey y Luynes marcharon de Anjou al condado protestante de Béarn, que formaba parte de la Navarra francesa, donde restituyeron
el culto católico y los bienes secularizados y unieron de forma definitiva el reino de Navarra al de Francia.
• Tales medidas desencadenaron una revuelta protestante. La lucha se desarrolló de forma favorable para las tropas reales, pero el
fracaso en el sitio de Montpellier llevó a Luis XIII a negociar con Rohan la renovación del edicto de Nantes.
• En la primavera de 1624, ya muerto Luynes, llama al Consejo a Richelieu y en agosto éste logró del rey el título de jefe del Consejo.
• Con el acceso al poder de Richelieu comenzaría una nueva etapa. Su gobierno se extendió entre 1624 hasta su muerte en 1642.
• Puede dividirse en dos grandes periodos. El primero de asentamiento de su poder, hasta 1630, y el segundo, desde entonces hasta su
muerte, determinado por un enfrentamiento más decidido con la Casa de Austria, y sus reformas políticas para reforzar el poder real.
• En el primero hubo de hacer frente a los dos grandes problemas derivados de los años anteriores: los protestantes y la alta nobleza.
• La nobleza se rebeló bajo la dirección del duque de Rohan y su hermano, respaldados por la importante plaza fuerte de La Rochelle,
obligando al cardenal a negociar en ella un acuerdo que renovaba el reciente de Montpellier.
• Semanas más tarde, el heredero al trono Gastón de Orléans encabezaba una conspiración fallida para asesinar a Richelieu, en la que
participaban, además de él, la reina madre y los príncipes de la sangre.
• El cardenal castigó con toda la firmeza posible a los conspiradores. Richelieu intentó neutralizar a los más encumbrados, ayudado
por un edicto real que ordenaba la destrucción de numerosas fortalezas nobiliarias.
• Para conseguir un marco legal más favorable, Richelieu recurrió a la forma de reunir una Asamblea de Notables, más sencilla de
manejar que los Estados Generales, que aprobó un amplio programa de reformas entre diciembre de 1626 y febrero de 1627, pero
la pervivencia de la insurrección protestante y la implicación en la segunda Guerra de Mantua le impediría de momento llevarlas a
la práctica.
• Era el momento de atacar decididamente La Rochelle e iniciar una política de fortalecimiento marítimo, cuyo primer paso era el
dominio de los puertos. La plaza fue finalmente rendida por hambre en octubre de 1628.
• Richelieu impuso el edicto de Gracia de Alés de 1629, que reducía de forma considerable lo concedido a los hugonotes en el edicto
de Nantes. Se mantenían todas las concesiones religiosas, civiles y jurídicas, pero se anulaban las políticas (derecho a celebrar
asambleas) y las militares (plazas de seguridad).
• La política de Richelieu reavivó los descontentos en la corte, donde sus enemigos se agruparon en el partido católico o devoto, que
se oponía a cualquier tolerancia con el protestantismo y a la política internacional contra la Casa de Austria. Sus miembros
principales eran la reina madre, Gastón de Orléans y la reina Ana.
• La situación se complicaba además por los frecuentes levantamientos populares de estos años en diversas partes de Francia,
motivados por las dificultades económicas y la fiscalidad.
• Richelieu, que encabezaba el partido de los buenos franceses, defendía la separación de los intereses del Estado de los de la religión,
tanto dentro como fuera de Francia, cuya supervivencia exigía oponerse a la política de los Habsburgo.
• Los diversos intentos para destituir a Richelieu fallaron. Uno de los más destacados fue la llamada jornada “des Dupes”, en la que
el rey, cuando su madre creía que iba a destituir a Richelieu, lo refrenda en su posición, acción a la que siguen días de destituciones,
exilios y alguna ejecución. El hermano del rey huye a Lorena y la reina Madre, a los Países Bajos.
• El triunfo sobre los devotos dio paso a la segunda fase del gobierno de Richelieu (1630-1642), que se caracteriza por su dedicación
prioritaria al enfrentamiento exterior contra los Habsburgo y la puesta en práctica de una serie de reformas orientadas al
fortalecimiento de la autoridad real. El cardenal se basa en las instituciones existentes, introduciendo en ellas gente de su confianza
para controlarlas. La principal seguirá siendo el Consejo reducido o Conseil des Affaires, que reúne, junto al rey y a Richelieu, a los
principales ministros o cabezas de las distintas parcelas en las que tiende a especializarse el gobierno: finanzas, justicia, guerra,
exteriores…
• Los cuerpos oficiales contribuyeron al reforzamiento del poder real. En la administración provincial, Richelieu exige a los
gobernadores una obediencia más firme, pero al propio tiempo crea en 1630 la figura más eficaz y dependiente del poder central de
los intendentes. Su poder era comisarial, limitado en el tiempo, pero creciente, extendiéndose sobre los asuntos judiciales, la
administración militar y el orden público, a los que unirían desde 1642 las finanzas y el control del cobro de impuestos.
• La organización de una incipiente red policial proporcionó a Richelieu una detallada información. Para asentar su poder utiliza
también una serie de escritores a sueldo, así como la “Gazette” y la Académie française.
• Sin embargo, su política interior y exterior exigían cada vez más dinero, por lo que aumentó los impuestos e intentó introducir el
“élus” en los “pays d’états”, entre otras medidas.
• Después de 1630 la política de Richelieu siguió provocando la oposición de miembros importantes de la familia real y la alta nobleza,
que ahora cuentan en ocasiones con apoyo exterior.
• El primer levantamiento fue el del duque Henri de Montmorency, gobernador del Languedoc, quien logró el respaldo de María de
Medici y Gastón, aunque no el de los Estados Provinciales y el Parlamento de Toulouse. Richelieu reaccionó nuevamente con
firmeza y, tras la derrota militar rebelde, Montmorency fue ejecutado.
• En 1636, Gastón de Orleans participó en un complot para asesinar a Richelieu, que el propio Gastón reveló a su hermano antes de
que se llevara a cabo, siendo desterrado a Blois y, al año siguiente, se descubrió una correspondencia secreta de la reina Ana con las
cortes de Madrid y Bruselas. Posteriormente, también se produjo la conspiración del conde de Soissons y el duque de Buillón, con
el apoyo de España, y en 1642, la del marqués de Cinq-Mars.
• A partir de 1635, con la participación de Francia en la Guerra de los Treinta Años, se vive un auténtico régimen fiscal de guerra,
que provoca oposiciones y revueltas populares. Algunas de aquellas surgieron dentro del propio clero, influido por el partido devoto
y sometido también a la presión fiscal, lo que llevó al destierro de varios prelados que, tras la Asamblea del Clero de 1641, se
atrevieron a defender la inmunidad de los bienes de la Iglesia.
• Las revueltas populares se incrementaron en estos años en campos y ciudades, con el apoyo frecuente de miembros de los
parlamentos, nobleza de toga y gentes de sectores sociales intermedios, cuando no de algunos señores. En 1643, desparecido ya el
cardenal, hubo un importante levantamiento en la zona oeste del reino.
• Richelieu había dado pasos importantes para el fortalecimiento del poder real y la recuperación del papel de Francia en la política
internacional. Pero su obra era frágil. Empeñado desde los años treinta en la guerra contra España, toda su acción política y la
estabilidad de Francia dependían del difícil equilibrio entre los resultados del esfuerzo exterior y la capacidad del reino para
soportarlos.
La minoría de edad de Luis XIV. Mazarino y la Fronda.
• Luis XIII y Richelieu murieron con muy pocos meses de diferencia.
• El nuevo rey, Luis XIV, apenas tenía cinco años, por lo que se instauró una regencia. En su testamento, Luis XIII organizó una
difícil regencia en la que, además de la reina Ana y Gastón de Orleans, formaban parte Enrique de Condé y varios colaboradores de
Richelieu.
• La reina consiguió que el Parlamento de París invalidara el testamento, otorgándole a ella todo el poder. Su acierto fue ponerse en
manos del cardenal Mazarino, continuador de la política de Richelieu, quien también tuvo que enfrentarse a diversas conjuras, así
como a la renaciente indisciplina nobiliaria, a la que comenzaban a sumarse los miembros de los parlamentos, tribunales y
organismos.
• Las necesidades de la guerra le obligaron a continuar la política fiscal de su predecesor, lo que siguió provocando descontentos e
insurrecciones populares, incrementando asimismo el malestar de los grupos dominantes, que veían atacada su exención tributaria.
• El amplio malestar existente en Francia daría lugar a la gran revuelta conocida como la Fronda. La guerra y sus elevados costes
fueron la causa principal de estas dificultades.
• La Fronda (1648-1653) coincide con un periodo de malas cosechas y crisis de subsistencia, que agravan la situación. Sin embargo,
las múltiples y variadas oposiciones al cardenal y su política no se funden nunca en una única corriente, lo que contribuirá al triunfo
del poder real frente a ellas.
• La Fronda atraviesa cuatro grandes etapas, conocidas respectivamente como la Fronda parlamentaria, la de los Príncipes o segunda
Fronda, la Unión de las Frondas y, finalmente, la Fronda de Condé.
• La primera Fronda, de agosto de 1648 a marzo de 1649, estuvo protagonizada sobre todo por el Parlamento de París.
• Estuvo propiciada por el deseo de los miembros de dicho Parlamento de asumir un mayor papel político en el reino, influidos por el
ejemplo del Parlamento inglés, y por la inquietud ante la posible supresión de la Paulette.
• En vano Mazarino trató de atraerse a sus miembros. Los parlamentarios se unieron con los magistrados de las otras cortes soberanas.
Reunidos en una asamblea única, redactaron un documento de veintisiete artículos que desmontaba buena parte de la política de los
cardenales, suprimía los intendentes y reforzaba el poder de los tribunales soberanos.
• La regente aprobó el 31 de julio la mayoría de los 27 artículos, pero el 26 de agosto fueron detenidos dos de los cabecillas del
Parlamento. Tal acto de fuerza provocó la reacción inmediata de la ciudad. El día 28, Mazarino decide ganar tiempo, liberando a
Pierre Broussel, el más popular de los detenidos.
• Mazarino y la regente seguían ganando tiempo a la espera de contar con las tropas del príncipe de Condé.
• La noche del 5 al 6 de enero de 1649, la familia real y el cardenal huyeron de París y la capital fue sitiada durante diez semanas por
los hombres de Condé. De su defensa se encargaron la milicia burguesa, las tropas populares y muchos nobles, respaldados por el
clero. El mariscal Turenne se unió a los frondistas y Mazarino logró conjurar el peligro de que arrastrase a las tropas de Alemania a
la lucha, a base de pagos y negociaciones con sus principales jefes.
• Turenne tuvo que exiliarse y fue declarado reo de lesa majestad.
• La tensión aumentó cuando el Parlamento declaró a Mazarino enemigo del rey y de su Estado, y los frondistas recibieron el apoyo
de Normandía y otras provincias.
• En 1649, la revuelta se extendió por los parlamentos de Burdeos y Aix.
• Los rebeldes entraron en contacto con España, pero el movimiento comenzaba a desintegrarse, no solo por su heterogeneidad, sino
también por hechos como la decapitación de Carlos I de Inglaterra, que asustaba a los parlamentarios más moderados. Ello les llevó
a pactar con la regente, la cual, en la Paz de Rueil, anunciaba un perdón general a cambio de que el Parlamento renunciara a celebrar
nuevas reuniones con los tribunales soberanos. Es el inicio de la pacificación que, junto a una represión brutal de las provincias,
llevará a diversos acuerdos con los nobles sobre la base, en general, de cesiones.
• Sin embargo, la revuelta se había cerrado en falso. Unos meses después, sería Condé quien da lugar a la segunda Fronda, la de los
Príncipes. Trata de convertirse en el principal apoyo del rey, a lo que une el odio y el desprecio hacia Mazarino.
• El príncipe fue detenido por orden de la reina y enviado al puerto de Le Havre junto a sus familiares Conti y Longueville. Sin
embargo, la mayoría de los sectores parisinos implicados en la revuelta anterior no quisieron respaldar a quien había sido el jefe del
ejército del sitio, pero los tres príncipes lograrán la ayuda de una serie de nobles que, apoyándose en su poder territorial, trataron de
levantar provincias como Normandía, Guyena, Poitou, Provenza o Borgoña.
• Mazarino moviliza al ejército real y las tropas reales derrotaron a los sublevados y a Turenne.
• La victoria de Mazarino dio paso a la tercera fase, la llamada Unión de las Frondas, entre diciembre de 1650 y septiembre de 1651.
• Gondi pone de acuerdo a los descontentos con Mazarino y el Parlamento de París recupera su programa de reformas, exige la libertad
de los príncipes y la destitución de Mazarino, que decide alejarse de París.
• El cardenal consideraba que, sin su presencia, la revuelta iría desintegrándose, en lo que estuvo acertado. Los diferentes intereses de
los movimientos principales de los frondistas discrepan y Condé decide irse a Guyena a recabar apoyos, cuando el 7 de septiembre
de 1651 el rey cumple la mayoría de edad.
• La marcha del príncipe dio paso a la fase final de la Fronda, la llamada de Condé, entre septiembre de 1651 y agosto de 1653, que
fue también la más anárquica.
• Condé mantuvo contactos con España, Cromwell o el duque de Lorena, y logró el respaldo de varios territorios descontentos.
• La vuelta de Mazarino, con un ejército de 7.000 hombres reclutados en Alemania y pagados por él, provocó la reacción del
Parlamento de París en contra suya y de Condé.
• La batalla final contra el ejército de Condé tuvo lugar los dos primeros días de julio de 1652, donde triunfa el ejército real y Condé
se tiene que retirar al interior del radicalizado París.
• La presencia de Condé en la capital incrementará el desorden. Se apoya en algunos sectores populares radicales y la situación hace
anhelar a muchos el regreso del orden.
• El 13 de octubre Condé huyó a los Países Bajos españoles y se puso al servicio de Felipe IV.
• El carácter revolucionario de la Fronda es discutible. En realidad, nunca cuestionó la monarquía, sino que fue esencialmente un
intento de variar el rumbo hacia el absolutismo.
• Las protestas surgen de los privilegiados, cada uno de los cuales tiene su propuesta política. Al mismo tiempo, es una más de las
habituales demostraciones de fuerza de una alta nobleza reacia a someterse y capaz de movilizar provincias enteras gracias a sus
redes clientelares.
• La participación popular del reino, unido al malestar por la fiscalidad y los tiempos de crisis, se juntó en París, epicentro de la
revuelta, con la capacidad de movilización del clero dirigido por Gondi.
• La Corona resistió ayudada no solo por la habilidad de Mazarino, la regente y el joven rey, sino también por el apoyo de muchas de
las fuerzas del reino.
• La Fronda no solo se vio minada por las divisiones en su seno, sino que se manifiesta incapaz de incorporar de forma decidida a
otros grupos sociales. Al contrario, la prolongación de los desórdenes, la violencia y la inestabilidad crearon un deseo mayoritario
de vuelta a la normalidad, que jugó en favor de la restauración del orden.
• El regreso de Mazarino implicó la restauración de un poder central fuerte. Las oposiciones y las agitaciones populares de protesta
por la carga fiscal no desaparecieron, pero el cardenal supo poner las bases del absolutismo.
El reinado personal de Luis XIV
• Fue la muerte de Mazarino el 9 de Marzo de 1661 lo que decidió a Luis XIV a hacerse con las riendas del poder. Pronto demostraría
su enorme inteligencia y capacidad política, llegando a convertirse en la personificación del monarca absoluto.
• Su gobierno se basaba en un pequeño grupo de consejeros, que el monarca eligió cuidadosamente entre gente de los sectores
intermedios, lo que contribuyó a reforzar su lealtad.
• Luis XIV gobernó con la estructura política preexistente: el Conseil du Roi, institución que hace referencia al conjunto de los
consejos al servicio del rey y que se desdobla en diversos consejos especializados, el más importantes de los cuales era el Conseil
d’en haut.
• El rey llamaba al Consejo a quien quería. No obstante fueron muy pocos los que accedieron a él. Solo hubo diecisiete ministros en
los cincuenta y cuatro años del reinado personal del monarca, lo que nos habla de una notable estabilidad. El rey, en ocasiones,
decidía al margen del Consejo, ayudado por la opinión de alguna otra persona.
• En la primera parte de su reinado, los dos personajes más destacados en la actividad política fueron Colbert y François-Michel Le
Tellier, marqués de Louvois.
• El conjunto de los consejos que integraban el Consejo del Rey se dividía en dos grandes grupos: los presididos por el rey y otros
con competencias más administrativas que de gobierno.
• Del primero, además del Conseil d’haut, formaban parte el Consejo de los Despachos, encargado de la administración interior y la
correspondencia con las provincias, el Consejo Real de Finanzas, y el Consejo de Conciencia, encargado de examinar los méritos
de los candidatos a obispados o abadías, si bien más adelante el rey solía asignar tales beneficios asesorado únicamente por su
confesor.
• Al segundo grupo de consejos pertenecían el Consejo de Estado Privado o de las Partes, que administraba la justicia civil y criminal
en última instancia, o un Consejo Ordinario de Finanzas, que se ocupaba de los contenciosos administrativos y financieros.
• En un tercer nivel, existía una serie de sesiones subalternas de naturaleza heterogénea, cuyo número oscila a lo largo del reinado y
que secundan obviamente el trabajo de los consejos situados por encima de ellas.
• La política interior de Luis XIV tuvo como principal objetivo la imposición indiscutida de su poder.
• Para ello necesitaba evitar que volvieran a surgir las oposiciones de tiempos anteriores, protagonizadas sobre todo por la alta nobleza
y los magistrados de parlamentos, tribunales, y otros altos organismos.
• La corte y la vida cortesana, impuesta por el monarca, fueron el gran antídoto contra las veleidades nobiliarias.
• Los grandes señores continuaron ostentando los gobiernos de las provincias, pero ahora los nombramientos serán por solo tres años,
aunque renovables, siendo obligados a residir en la corte, junto a la corte, dejando sus gobiernos y funciones militares en manos de
lugartenientes de la nobleza inferior.
• Los parlamentos se vieron obligados a registrar los edictos reales sin deliberación ni voto.
• Los cuerpos de oficiales fueron vigilados, lo mismo que las asambleas del clero, para cortar cualquier tentativa de oposición.
• Los estados provinciales, ya debilitados, continuaron existiendo, pero sus reuniones se espaciaron y su capacidad de oponerse al
poder real prácticamente desapareció. También fueron controladas las ciudades, asumiendo el rey el nombramiento directo de los
magistrados en muchas de las principales.
• Los intendentes fueron la pieza clave para el control del reino. En 1670, todas las generalidades o provincias, salvo Béarn y Bretaña,
tenían el suyo, que se había convertido en un cargo permanente, cabeza efectiva de la administración territorial, dotado de amplios
poderes.
• Otros dos instrumentos para la imposición del orden fueron la reorganización de las finanzas reales y la reforma de la legislación, a
la que se intentó dotar de cierta unidad.
• Fue definitiva la intervención de Colbert, quien reordenó las rentas: creó impuestos indirectos que pagarían también los
privilegiados, investigó las deudas contraídas y disminuyó los intereses que pagaba la corona.
• Con ello no solo duplicó las rentas percibidas, sino que consiguió un presupuesto equilibrado, gracias también a la mejora económica
suscitada por la política mercantilista. A finales del reinado, con el aumento de las necesidades financieras, hubo importantes
iniciativas de reforma fiscal.
• Luis XIV creó un Consejo de Justicia, formado pro consejeros de estado y parlamentarios, el cual redactaría seis grandes ordenanzas
que regularon las diversas materias legales.
• Un aspecto destacado de la política de Luis XIV fue la supresión del edicto de Nantes, que supuso la eliminación oficial de
protestantismo francés.
• La actuación contra ellos se explica por motivos variados, como el deseo de satisfacer a la Iglesia de Francia, cuyo apoyo resultaba
necesario en los enfrentamientos galicanos con Roma, o la puesta en práctica de una política de prestigio y autoridad, propia de
quien aspiraba a ser la cabeza del mundo católico.
• Inicialmente, su política se limitó a restricciones en la interpretación del edicto de Nantes, presiones para la conversión y dificultades
e incomodidades diversas en la vida diaria.
• En 1681 se inició un sistema de violencia militar, vinculado al alojamiento de cuerpos del ejército en zonas de población hugonote,
conocidas como “dragonnades”, que llevaron a numerosas localidades a abjurar en masa para evitar tal castigo.
• Los templos fueron destruidos, las academias para la formación de pastores, cerradas, y a los protestantes se les prohibió ser
magistrados, abogados o médicos, además de haber sido vetados de los cargos públicos años antes.
• En octubre de 1685, el edicto de Fontainebleu revocó el de Nantes, ilegalizando el protestantismo en Francia.
• La familia real, los príncipes de sangre, la alta nobleza y el alto clero, apartados del poder, fueron obligados progresivamente a
desempeñar exigentes funciones cortesanas.
• El incremento del poder real no fue suficiente para evitar el desencadenamiento de numerosas revueltas campesinas, motivadas
sobre todo por la guerra, los impuestos y los años de malas cosechas.
• La represión fue siempre muy dura durante todo el reinado. Las más importantes fueron las de los “Miquelets” en el Rosellón y la
de los “Bonnets rouges” de Guyena y Bretaña.
• En 1693-1694, y en la primera década del siglo XVIII, el reino sufriría grandes crisis económicas, con duros años de hambre y
epidemias.
• A finales de siglo volvieron a producirse importantes levantamientos motivados por los impuestos y durante la Guerra de Sucesión
Española la principal revuelta sería de la los “camisards”.
•
5.2 Las revoluciones inglesas.
Interpretaciones de la Revolución. Inglaterra a comienzos del siglo XVII
• La Corona inglesa fracasó a la hora de seguir la senda del absolutismo, provocando un levantamiento armado en su contra que acabó
con la decapitación del rey y la implantación de una república.
• Fue un cambio radical que puso las bases del parlamentarismo y la monarquía limitada, que acabarían imponiéndose décadas más
tarde. Sin embargo, fue una revolución puramente política.
• Además, los protagonistas de la Revolución inglesa tienen como modelo ideal la vuelta a unos usos del pasado idealizados que la
Corona habría subvertido con sus innovaciones.
• Las dos grandes corrientes de interpretación de la Revolución han sido la historiografía whig y la marxista.
• La historiografía whig, basada en la excepcionalidad de la historia británica, vio en ella el preludio de la democracia en Occidente
y un modelo a imitar. Es una corriente muy desprestigiada.
• La historiografía marxista, por su parte, la ha explicado como una consecuencia lógica de unos cambios económicos y sociales que
llevaron a una lucha de clases que no podía dejar de reflejarse en la política.
• Una postura peculiar es la de Lawrence Stone, caracterizada por un análisis detallado de la historia social, que no se adscribe
propiamente a ninguna de ambas posturas y toma elementos de ambas.
• Desde finales de los setenta han surgido una serie de planteamientos revisionistas, entre los que destaca el de Conrad Russell, críticos
con ambas corrientes.
• Se ha insistido así en el tiempo corto de la historia política, la importancia de los actores individuales y el peso de la contingencia,
el protagonismo de los conflictos religiosos, su carácter no exclusivamente inglés sino británico, y su vinculación con los problemas
generales que afectaron a las monarquías europeas de aquella centuria, especialmente a las compuestas o de agregación.
• A comienzos del siglo XVII, Inglaterra tenía una de las sociedades más evolucionadas de Europa, con una clase burguesa de cierta
importancia.
• Una parte de la nobleza y especialmente de la gentry participaban en las iniciativas y actividades productivas.
• El desarrollo económico y social contrastaba con la rigidez política. La gentry había conseguido ocupar importantes posiciones
políticas a escala local y en los condados, pero el poder central se hallaba en manos de la alta nobleza cortesana.
• La oposición entre ambas se extendía también al ámbito religioso, dado que la alta nobleza se hallaba muy vinculada al anglicanismo
oficial, mientras que el puritanismo se había extendido mucho entre la gentry y la burguesía.
• En el terreno político, la alta nobleza cortesana se inclinaba mayoritariamente hacia el absolutismo, al que se oponían los puritanos,
cuyas ideas comenzaban a cristalizar en la exigencia de libertades frente al poder político y religioso, como ejemplifican las ideas
defendidas por Richard Hooker y Edward Coke.
• En consecuencia, censuraban las concesiones de privilegios, beneficios y monopolios económicos a aristócratas, grandes mercaderes
y dignatarios eclesiásticos, la rigidez de la estructura social tradicional, la política fiscal discriminatoria o las limitaciones que
imponía el poder central a los condados y poderes locales.
• Una economía más evolucionada había favorecido el desarrollo de una sociedad más avanzada y crítica, a lo que contribuía la
efervescencia de corrientes religiosas en el seno de la Reforma.
• Además, el desarrollo de la capacidad de acción de la Monarquía había sido bastante menor que en España o Francia. Tanto el
sistema fiscal como la organización militar eran más arcaicos, a lo que se unía un escaso desarrollo de la burocracia al servicio de
la Corona, con una gran cantidad de cargos en todo el reino que permanecían tradicionalmente en manos de la nobleza. Los ingresos
de la Hacienda real eran claramente insuficientes y la fiscalidad considerablemente menor que la que soportaban las principales
monarquías del continente. El ejército fue siempre muy escaso y se había ocupado sobre todo de su propia defensa, con
intervenciones ocasionales en el continente.
• El Parlamento y la opinión pública se opondrían con fuerza a la existencia de un ejército permanente y con un número elevado de
efectivos, temerosos siempre de que pudiera convertirse en un instrumento del absolutismo.
Tendencias absolutistas de los primeros Estuardo y conflictos con el Parlamento.
• La muerte sin hijos de la reina Isabel I convirtió en rey a Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra en 1603. Él reinaba en Escocia desde
la deposición de su madre en 1567, por lo que su elevación al trono inglés dio paso a una monarquía compuesta formada por
Inglaterra, Escocia e Irlanda.
• Había sido educado en el presbiterianismo dominante en Escocia, pero se inclinó decididamente por el anglicanismo tras su ascenso
al trono inglés, aunque el peso del calvinismo era aún muy importante en el seno de la Iglesia de Inglaterra.
• Tenía una clara inclinación al absolutismo, que había manifestado en dos tratados de teoría política: “The true law of free
Monarchies”, que defendía el origen divino del poder de los reyes, y el “Basilikon Doron”.
• La llegada al trono de Jacobo I hizo renacer las esperanzas de los católicos, mayoritarios en Irlanda, y todavía abundantes entre la
nobleza y en el norte de Inglaterra. Sin embargo, el rey perseguiría tanto a los católicos como a los protestantes disidentes.
• Las relaciones de Jacobo I con los parlamentos de Escocia e Irlanda fueron mucho mejores que las que tuvo con el de Inglaterra. En
este último territorio, la opción del rey por el anglicanismo y sus tendencias absolutistas le alejaron del Parlamento.
• La difícil situación financiera, heredada del reinado anterior, se veía agravada por la disminución del valor de los ingresos reales a
causa de la inflación.
• Sir Robert Cecil actualizó en 1608 la suma total de los impuestos y proyectó una reorganización de los ingresos reales que fue
bloqueada por el Parlamento en 1610. Ello obligó a recurrir a un préstamo forzoso en 1611 y a expedientes como la venta masiva
de cargos y títulos.
• Pero la principal solución a las dificultades financieras de la Corona pasaba por el Parlamento, que el rey era reacio a convocar. La
aportación de dicha asamblea no era muy grande, pero su importancia estribaba en que eran recursos que aumentaban la liquidez de
la Corona e implicaban una normalidad política que le facilitaba el crédito.
• El Parlamento convocado en 1614 no solucionó ninguno de los problemas ni aprobó medida alguna, por lo que fue conocido como
el Addled Parliament.
• Jacobo I se resignó a vivir de ingresos que no requerían la aprobación parlamentaria.
• Inicialmente, la paz permitía cierta austeridad en los ingresos, pero la situación cambió a comienzos de los años veinte con la vuelta
de la guerra en Europa.
• El parlamento de 1621, convocado para pedir medios para ayudar a Federico V del Palatinado, manifestó las fuertes tensiones
existentes entre la asamblea y la Corona.
• Molesta por las presiones del rey y la fiscalidad extraordinaria aplicada en los años anteriores, la asamblea presentó una
“protestation” en defensa de sus privilegios y libertades, que Jacobo I arrancó personalmente del registro de las sesiones. El rey
ordenó detener a varios miembros del Parlamento y lo disolvió.
• A partir de 1612, el gobierno real había evolucionado hacia un sistema de favoritos o validos similar al de otras monarquías europeas.
Su principal valido fue George Villiers, duque de Buckingham.
• Su impopularidad se acrecentó por hechos como las costumbres censurables de la corte y el gasto excesivo que implicaban, o el
acercamiento a España.
• A ello se unía la oposición religiosa y política de los puritanos que dominaban el Parlamento.
• Hechos como la matanza perpetrada por los neerlandeses de comerciantes ingleses en la isla de Ambon, en las Molucas (1623),
incrementaron el malestar de la burguesía comercial, quejosa de que el rey no colaboraba con las compañías mercantiles dedicadas
al comercio exterior como lo había hecho su antecesora.
• El último Parlamento del reinado de Jacobo I fue el de 1624. Concedió un subsidio a cambio de la aprobación de una ley contra los
monopolios y fue probablemente el menos conflictivo.
• A su muerte, Jacobo I fue sucedido por su hijo Carlos I. El nuevo rey continuó la tendencia absolutista de su padre, reforzado por
un elevado sentido de la dignidad real.
• Durante su reinado, se agudizaron los enfrentamientos con el Parlamento, del que difícilmente podía prescindir por las mismas
necesidades financieras de tiempos de su padre, agravadas por la intervención de Inglaterra en la guerra.
• Al conflicto con el Parlamento se añadiría el mantenimiento de Buckigham y la cuestión religiosa, con su matrimonio con una
princesa católica, Enriqueta María de Francia, la tolerancia en palacio al culto católico y la protección de clérigos contrarios al
calvinismo y defensores de ritos próximos al catolicismo.
• En 1625, el Parlamento votó dos subsidios y aprobó por un año el “tonnage” y el “poundage”, dos aranceles que afectaban
respectivamente a la importación del vino y a la importación o exportación de otras mercancías.
• Se limitaban a un año para que el Parlamento pudiera controlar a la Corona y reformar el sistema de tarifas.
• Carlos I disolvió la asamblea y lanzó un fallido ataque naval contra Cádiz. Se convocó un nuevo Parlamento en 1626 de donde se
excluyó a los principales opositores del anterior. Pero apenas contribuyó a paliar las necesidades financieras de la Corona y se
manifestó el descontento existente con Buckingham. Este Parlamento también fue disuelto.
• La Corona procuró recaudar el dinero que necesitaba por procedimientos diversos, entre ellos la imposición de varios subsidios a
espaldas del Parlamento.
• En 1627, Buckingham lideró el socorro a La Rochelle, que fracasó. En 1628, mientras se planeaba una segunda intervención, se
convocó un nuevo Parlamento. En él, los Comunes presentaron una “Petition of Rights”, que resumía sus reivindicaciones,
entre ellas la ilegalidad de los impuestos no aprobados por el Parlamento, del encarcelamiento sin juicio previo, de los alojamientos
militares forzosos o de la aplicación a civiles del derecho militar.
• Carlos I la aceptó, pero sus problemas con el Parlamento continuaron. El rey encarceló a varios de sus miembros y disolvió el
Parlamento en 1629.
• La declaración real de que durante un tiempo no se volvería a convocar el Parlamento, junto a la represión y la política financiera
provocaron a finales de los años veinte una grave crisis política.
• Se inició entonces un segundo periodo en el reinado de Carlos I, el de su gobierno personal, conocido también como la tiranía (1629-
1640). Tras el asesinato de Buckingham, sus dos principales colaboradores fueron Thomas Wentworth y William Laud.
• Sin recursos para continuar la guerra, firmó la paz con Francia y España, cerrando así un periodo de intervenciones exteriores que
habían sido dañinas para Inglaterra, lo que contribuyó al desprestigio de la Corona.
• La ausencia de recursos dependientes del Parlamento procuró paliarse con una importante venta de cargos y con la creación y venta
de monopolios, además de multas, nuevas tarifas aduaneras y otras medidas.
• Una de las más importantes fue la recuperación en 1634 del “ship money”, un antiguo impuesto para incrementar la flota naval que
la Corona podía aplicar por prerrogativa real, aunque únicamente en caso de guerra y solo a los territorios costeros. Carlos I lo
estableció en periodos de paz, lo convirtió en una tasa sobre el valor de rentas, anualidades y cargos, y en 1635 lo extendió a todo el
reino, si bien no logró mantenerlo más allá de 1639.
• En febrero de 1638, una amplia representación de los grupos dirigentes de la sociedad escocesa, mayoritariamente presbiteriana,
firmó el “National Covenant”, un pacto en el que se comprometían a defender la religión, las leyes y las libertades del reino.
• El rey comenzó a reunir un ejército, cuyo reclutamiento demostró la escasa capacidad de movilización de la Corona. Este escaso
éxito hizo que el rey concibiera el proyecto de reclutar tropas también en Escocia e Irlanda.
• La amenaza militar llevó a los dirigentes de la Iglesia escocesa a declarar la abolición del episcopado. No obstante, la conocida como
Primera Guerra de los Obispos prácticamente no existió; antes de que hubiera enfrentamientos serios, ambas partes acordaron la
pacificación de Berwick.
• El 13 de abril de 1640, tras once años de gobierno personal, el Parlamento se reunió de nuevo. El rey deseaba conseguir un nuevo
subsidio, pero se tuvo que enfrentar a una gran cantidad de quejas y reivindicaciones políticas.
• Fue disuelto el 5 de mayo, por lo que se le conoce como el Parlamento Corto.
• Algunos de sus líderes fueron apresados, amenazados o presionados, al tiempo que tropas escocesas entraban en Inglaterra y, tras
derrotar al ejército real, ocuparon la zona de Newcastle, en el noroeste, en la segunda Guerra de los Obispos.
• Forzado por las circunstancias, Carlos I convocó nuevamente el Parlamento. Se inició el Parlamento Largo, que duraría hasta 1653.
• Se trataba de una asamblea aún más radical que la anterior, decidida a llevar a cabo una reforma política en la que quedan claramente
establecidas sus prerrogativas.
• El Parlamento suprimió los tribunales de prerrogativa regia, declaró ilegales el “ship money” y otras extracciones, y aprobó el
llamado Triennial Act o Dissolution Act, que obligaba al rey a convocarlo al menos cada tres años, establecía una duración mínima
de cincuenta días para sus sesiones, y requería la conformidad del propio Parlamento para su disolución.
• A finales de octubre de 1641, cuando se estaba resolviendo el problema escocés, se produjo en Irlanda un levantamiento católico.
La desconfianza hacia el rey llevó al Parlamento a concebir la idea de encargarse del mando del ejército que habría de reprimir tal
revuelta. Así, se presentó la llamada “Grand Remonstrance”, en la que criticaba la actuación del monarca en los años anteriores y se
solicitaba restringir las facultades reales, con medidas tales como el hecho de que todos los ministros y embajadores tuvieran que
ser nombrados con la aprobación del Parlamento.
• La Cámara aprobó lo que suponía un ataque sin precedentes a la prerrogativa real. El rey decidió presentarse frente a la Cámara de
los Comunes el 4 de enero de 1642 junto a sus tropas para detener a cinco líderes parlamentarios y hacer una exhibición de fuerza.
• No consiguió sus objetivos, pero la agresión que ello suponía al Parlamento situó las relaciones entre ambos a un paso de la ruptura.
• Con el pueblo de Londres sublevado, el Parlamento excluyó a los obispos de la Cámara de los Lores y, por iniciativa de Cromwell,
creó un comité de Defensa que trató de hacerse con el control de las tropas.
• El rey abandonó Londres y, en agosto, ambas cámaras declararon traidores a los seguidores del rey, mientras las tropas reales se
disponían a actuar contra los que consideraba rebeldes.
La Guerra Civil
• Se inició una guerra que enfrentó al ejército real con el del Parlamento.
• El bando realista se hallaba a grandes rasgos respaldado por la Iglesia anglicana y la alta nobleza, incluida la católica, parte de la
gentry y sectores conservadores. Sus mayores apoyos estaban en los condados del norte y del oeste.
• El principal respaldo de los parlamentarios eran los puritanos, pero también tenían muchos partidarios entre la gentry y la
burguesía urbana, así como los trabajadores de las ciudades, sobre todo de Londres, y los campesinos de los condados del este y el
sur del reino.
• Pronto se comenzó a distinguir a ambos ejércitos como el de los “cavaliers” (ejército real) y el de los “round heads” (ejército
parlamentario).
• La guerra fue protagonizada esencialmente por una minoría del país, aunque muy concienciada, en la que el papel fundamental
correspondía a puritanos progresivamente radicalizados, conscientes de que estaban protagonizando una lucha decisiva.
• La efervescencia política generada por la Revolución y la guerra facilitó el surgimiento de diversos grupos y tendencias político-
religiosas. Sectores procedentes del puritanismo evolucionaron hacia posturas más radicales, como los independientes, quienes pese
a su moderación social, acabarían defendiendo la supresión de la monarquía y la creación de una república basada en el sufragio
censitario, o los levellers, que abogaban por la supresión de la Cámara de los Lores, la igualdad política y social, una importante
ampliación del sufragio y una completa tolerancia religiosa.
• La extensión del radicalismo entre los sectores sociales inferiores hizo que muchos diputados opuestos hasta entonces al gobierno
del rey cambiaran de actitud.
• La guerra fue larga y cruenta, afectando en mayor o menor medida al conjunto de la Gran Bretaña.
• La mayor parte de las batallas y enfrentamientos fueron escasamente decisivos y se alternaron con numerosos contactos fallidos
para llegar a una solución.
• Inicialmente, la ventaja parecía estar de parte del ejército realista, pero pronto se distinguió en el bando del Parlamento Oliver
Cromwell.
• El ejército del Parlamento distaba de mantener una postura unánime, con sectores moderados dispuestos reiteradamente a pactar con
el rey y cuanto él representaba.
• Ello llevó al enfrentamiento, evidente a finales de 1644, de los condes de Essex y Manchester, con las posturas más radicales de sir
Thomas Fairfax y Cromwell, con el triunfo de éstos últimos y la creación por parte de Cromwell de un ejército de 22.000 hombres
llamado “New Model Army”. Era un prototipo militar fanatizado, basado en la convicción puritana de sus soldados y de gran eficacia
en el combate. La deriva puritana en el ejército se correspondió con su protagonismo progresivo en el Parlamento, cuya víctima
principal fue la Iglesia de Inglaterra.
• En junio, las tropas mandadas por Fairfax y Cromwell, vencieron a las realistas en la batalla de Naseby, preludio de la rendición de
éstas al año siguiente, lo que puso fin a la primera Guerra Civil.
• El rey fue hecho prisionero y comenzó un periodo en que tanto el Parlamento como el Consejo de Oficiales del ejército le hicieron
diversas propuestas de paz, donde las dos grandes cuestiones que se planteaban eran la religión y los poderes del rey.
• La más radical era la de las Proposiciones de Newcastle (1646) que exigía la implantación del calvinismo, pero las hubo también
moderadas. Ninguna de ellas salió adelante.
• Entre 1647 y 1649 se presentó el “Agreement of the People”, una serie de manifiestos que planteaban una organización republicana
basada en la soberanía popular, el sufragio universal y la libertad religiosa, lo que alarmó profundamente a los sectores moderados
del Parlamento.
• Junto con los moderados, que hubieran querido disolver el ejército, había grupos diversos de radicales y personas como el propio
Cromwell, cercano a los intereses de la alta burguesía y que no veía con buenos ojos las reivindicaciones de los levellers, que
transmitían en realidad las aspiraciones de igualdad política de la pequeña burguesía y los artesanos de las ciudades.
• El rey llegó a un acuerdo con los escoceses, que aceptaron respaldarle a cambio de su aprobación del “Covenant”, lo que supuso el
inicio de la segunda Guerra Civil.
• En la segunda Guerra Civil, el ejército se enfrentó a los diversos levantamientos que surgieron en el ámbito rural en los primeros
meses de 1648, unos monárquicos y otros contrarios a la política del Parlamento.
• Aunque el Parlamento seguía buscando un acuerdo, el ejército decidió entonces dar un golpe de mano. El 6 de diciembre de 1648,
las tropas mandadas por el coronel Thomas Pride arrestaron o separaron de sus cargos a 231 de los 470 miembros con los que
contaba la Cámara de los Comunes. Sería el comienzo del Rump Parliament, formado mayoritariamente por independientes.
• El paso siguiente fue la creación de un Alto Tribunal encargado de juzgar al rey, al que se condenó a ser decapitado. Fue la
primera vez en la Historia Moderna de Europa que un tribunal revolucionario condenaba a muerte a un rey.
La República y el Protectorado de Cromwell (1649-1660).
• La ejecución de Carlos I dio paso a la creación de una República, la Commonwealth, en la que Oliver Cromwell logró controlar el
poder con la ayuda del Rump Parliament y un Consejo de Estado de 41 miembros.
• Inicialmente, la nueva República se consideró desligada de Escocia, dado que su unión anterior había sido dinástica. Los escoceses,
además, sentían una fidelidad especial hacia una dinastía originaria de su reino y reconocieron como monarca casi inmediatamente
al primogénito del ejecutado rey, Carlos II. Este reconocimiento provocó la reacción inglesa, la cual se hizo extensiva al
aplastamiento de la revuelta católica que seguía estando viva en Irlanda desde 1641.
• La New Model Army, dirigida por Cromwell, intervino con éxito en ambos reinos, lo que supuso la vuelta de hecho de la Gran
Bretaña. La represión en Irlanda fue especialmente cruenta y, para controlarla mejor, Cromwell promovió la inmigración masiva de
colonos ingleses, a los que otorgó no solo el poder social y político, sino también las tierras previamente confiscadas a los rebeldes.
Las transferencias de tierras fueron enormes y decenas de miles de católicos emigraron al continente o a las colonias de
Norteamérica. Los que se quedaron permanecieron en una situación de clara subordinación civil y política. En Escocia, Cromwell
venció a los legitimistas en Dumbar, lo que le permitió someter a todo el sur del reino.
• Carlos II se vio obligado a huir a Francia y en 1652 se impuso la unión de Escocia e Inglaterra, que sería anulada en 1660, pues
constituía en realidad un duro sometimiento de los escoceses.
• La República era un régimen oligárquico, que pronto encontró la oposición de los levellers. Cromwell les depuró en el seno del
ejército y se enfrentó a los grupos radicales políticos o religiosos que surgieron al final de la guerra o durante los años de la República,
como el de los diggers, los milenaristas, los cuáqueros, y otros grupos minoritarios, que decaerían en importancia durante la segunda
mitad de la década.
• Otros sectores de oposición política, como realistas, católicos, anglicanos o puritanos, opuestos al sector dominante, fueron
controlados mediante la represión y la censura.
• La vida pública también se tiñó progresivamente del rigor puritano.
• La intensidad de los años de la guerra y la República fue el mejor caldo de cultivo para el desarrollo del pensamiento político, con
la publicación de las obras de Hobbes, Milton, Harrington u otros.
• Las tensiones entre el Parlamento y el ejército continuaban, por lo que, en abril de 1653, Cromwell disolvió el Rump Parliament,
tras lo cual creó un nuevo Consejo de Estado de trece miembros, que nombró a su vez el conocido como Parlamento Barebone,
cuyos 140 parlamentarios fueron seleccionados sobre todo por su religión.
• Entre sus iniciativas se incluyen la legalización del matrimonio civil y la abolición de los diezmos.
• En diciembre de 1653, se adoptó el llamado Instrumento de Gobierno, que fue la primera constitución escrita británica. Además de
un Consejo de Estado, instituía un único Parlamento para los tres reinos, y facilitó a Cromwell la consolidación de su poder al
proclamarse Lord Protector de la Commonwealth de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
• En los años siguientes, mantuvo su papel dominante (en realidad dictatorial), respaldado por la militarización del país.
• Cromwell tuvo frecuentes desavenencias con los sucesivos parlamentos, pues recaudó impuestos y reclutó tropas sin su respaldo.
• En 1657, un grupo de parlamentarios redactó una nueva constitución, la “Humble Petition and Advice”, que además de reforzar el
Parlamento, en el que creaba una segunda cámara, llamada Other House, insistió en proclamar rey a Cromwell. Él volvió a rechazar
tal dignidad, pero imitó algunos comportamientos vinculados a la realeza.
• Se le concedió la facultad de instaurar heredero, pero no logró crear un régimen duradero que le sobreviviese.
• La República y el Protectorado de Cromwell no resolvieron ninguno de los grandes problemas políticos de la Monarquía, si bien la
actuación de Cromwell, mucho más moderada en lo social y lo político que en lo religioso, resultó positiva para el desarrollo
económico y la expansión mercantil de Inglaterra.
• Realizó una política contraria a la alta nobleza, y favorable a los intereses burgueses, con medidas como la supresión de la Cámara
de los Lores, el sometimiento de los nobles al procedimiento judicial y al Derecho común, etc.
• También se suprimieron algunos derechos feudales o restricciones a la propiedad de la tierra, lo cual facilitó la expansión del
movimiento de los “enclosures” y la inversión de capitales en la agricultura y ganadería.
• Asimismo, se realizó una importante tarea de unificación legislativa, que eliminó diversos estatutos y privilegios locales de ciudades
y condados, impulsando fuertemente el comercio interno y la difusión de las manufacturas.
• Las modificaciones que se realizaron en el sistema fiscal favorecieron la acumulación y la inversión de capital, así como el
incremento de la renta de la tierra.
• El régimen de Cromwell también apoyó decididamente la iniciativa privada en el comercio internacional y el desarrollo marítimo
de Inglaterra.
• La competencia neerlandesa fue el mayor problema para la expansión comercial inglesa en el exterior.
• En 1651, se promulgó una Navigation Act enormemente proteccionista, que reservaba el comercio a través de sus puertos a navíos
ingleses o del país del que provinieran las mercancías, en claro perjuicio para los neerlandeses, especializados en el comercio
intermediario.
• Estas medidas llevaron casi inmediatamente al estallido de la primera guerra mercantil entre ambos países, en la que los ingleses
llevaron las de ganar.
• En el tratado de Westminster, los neerlandeses tuvieron que aceptar la Navigation Act que tanto les perjudicaba. La victoria
implicaría la quiebra del monopolio neerlandés del comercio del tabaco, azúcar, pieles o bacalao, y el incremento de la participación
inglesa en el tráfico de esclavos.
• Aunque aún habría sendas guerras mercantiles anglo- neerlandesas de corta duración en los siguientes años, no lograrían cambiar la
tendencia ya manifestada en tiempos de Cromwell, con Inglaterra con un protagonismo creciente frente al retroceso de las Provincias
Unidas.
• El dominio colonial era el mejor apoyo para la expansión de la economía inglesa, y fue también otro de los campos de actuación del
gobierno de Cromwell.
• La ayuda prestada al Portugal rebelde facilitó la expansión mercantil inglesa en su amplio imperio colonial.
• En su guerra contra España, Inglaterra conquistó Jamaica, atacó en Cádiz a la flota que regresaba de las Indias, apoderándose de los
tesoros de uno de sus galeones, e intervino en la Batalla de las Dunas, lo que le permitió anexionarse el puerto de Dunkerque en
1658.
• La introducción del Navigation Act en las colonias inglesas de Norteamérica, por el cual su comercio estaría monopolizado por
barcos ingleses, no solo las sometió claramente desde el punto de vista político, sino que supuso la imposición en ellas del pacto
colonial que implicaba su subordinación económica de la metrópoli.
• La experiencia de la Revolución tuvo también repercusiones favorables sobre la cultura, la mentalidad y el espíritu religioso de los
ingleses.
• Fue ciertamente un periodo de represión política, pero compatible con una disminución de la censura o medidas como la abolición
de la pena de muerte en la hoguera por herejía.
• La desaparición del poder que ejercía en tiempos anteriores la Iglesia anglicana suprimió el control del gobierno sobre las parroquias
y la educación, al mismo tiempo que se favorecía la alfabetización.
• Todo ello hizo posible una mayor libertad de opinión en materia religiosa, que se extendería a campos como la reflexión social,
política, etc.
Restauración de los Estuardo 1660-1688
• Cromwell murió en septiembre de 1658. Le sucedió su hijo Richard, con quien salieron a la luz las tensiones internas que abrirían
paso a la restauración monárquica.
• Richard Cromwell abandonó el poder en 1659 y el Consejo de Oficiales convocó entonces al Rump Parliament, que en los meses
siguientes fue objeto de nuevas disoluciones y convocatorias.
• Finalmente, George Monk lo utilizó para convocar elecciones en 1660, de las que surgió el Parlamento de Convención, de mayoría
monárquica, que llamó al trono a Carlos II.
• Por la declaración de Breda, Carlos II se comprometió a mantener las conquistas principales de la Revolución. Pero algunos de los
cambios que se produjeron demostraban que la Monarquía y sus partidarios anhelaban tiempos anteriores.
• La vuelta de la Monarquía era el resultado de un deseo de estabilidad y orden, pero la mayor parte de la nación política y una parte
importante de la opinión pública no estaban dispuestas a perder las libertades conseguidas, lo que explica a la larga el fracaso de la
Restauración.
• El rey decretó una amnistía de la que el Parlamento de Convención excluyó a los regicidas.
• Tras la disolución del Parlamento de Convención a finales de 1660, sería elegido el Parlamento Cavalier, con mayoría de grandes
propietarios monárquicos y anglicanos, que permanecería activo hasta enero de 1679, y eliminaría buena parte de las iniciativas del
periodo republicano.
• Las restricciones impuestas a la nobleza desaparecieron y el Parlamento contó nuevamente con una Cámara de los Lores.
• Le fueron devueltas sus posesiones territoriales, lo mismo que a los nobles y propietarios que habían emigrado.
• El ejército fue depurado y la mayoría de los puritanos destacados del periodo anterior fueron paulatinamente reemplazados en sus
cargos, al tiempo que el monarca dejaba traslucir una orientación claramente absolutista, con constantes tensiones con los sucesivos
parlamentos.
• El Parlamento Cavalier impulsó una dura reacción anglicana y antipuritana. Las disposiciones del Código Clarendon significaron la
vuelta a la intolerancia de los primeros Estuardo, pese a que en 1672, sin contar con el Parlamento, el rey decretó la libertad de culto.
• La opinión pública mayoritaria era claramente contraria a los católicos, convirtiéndolos automáticamente en chivos expiatorios de
cuantos males afligían al país. Esto llevó a la aprobación de una serie de leyes, los Test Acts, que excluían a los católicos de cualquier
cargo o empleo público.
• En el reinado de Carlos II surgieron las dos grandes tendencias que protagonizarían la política británica. Los tories, inclinados al
reforzamiento de la autoridad real, la aristocracia y la Iglesia anglicana, y los whigs, contrarios a la alta nobleza y más celosos de
los derechos del Parlamento.
• La mayor conquista del Parlamento Cavalier fue un nuevo Triennial Act, que obligaba al rey a convocarlo cada tres años. Pero
Carlos II no respetaría esta disposición.
• También fue importante la aprobación de la ley del Habeas Corpus en 1679, que prohibía el arresto arbitrario de los súbditos por
parte del poder político, y suponía una limitación del poder de la Corona por el King’s Bench, el más alto tribunal criminal británico,
que garantizaba el cumplimiento de la common law.
• La actividad parlamentaria de la Restauración se concentró en la defensa de los intereses de los propietarios y hombres de negocios,
con leyes que impulsaron los enclosures, o los nuevos Navigation Acts de 1660 y 1663, en la línea de la política proteccionista de
Cromwell.
• Los whigs encabezaron la oposición a las tendencias absolutistas de la Monarquía restaurada, intensificada por el hecho de que su
heredero del rey, que no tenía hijos legítimos, era su hermano Jacobo, duque de York, absolutista y católico.
• Los whigs lograron la aprobación de la Bill of Exclusion, que apartaba a Jacobo de la sucesión. Carlos II no lo aceptó y disolvió el
Parlamento, así como también los dos que fueron elegidos posteriormente, siempre de mayoría whig, que ratificaron la ley de
exclusión. En marzo de 1681 disolvió el segundo de ellos y ya no volvería a convocar ningún otro.
• Los whigs reaccionaron organizando diversos complots. El primero de ellos fue dirigido por el protector de Locke, Anthony Ashley
Cooper, conde de Shaftesbury. En 1683 se descubrió el “Rye House Plot”, que planeaba una sublevación en diversas ciudades y el
asesinato del rey y el duque de York, quienes serían sustituidos por el duque de Monmouth, hijo ilegítimo de Carlos II.
• A raíz de las conjuras, Carlos II mantuvo un ejército permanente, restableció la censura y suprimió las libertades de sesenta y cinco
ciudades, incluida la de Londres. Antes de morir, se convertiría al catolicismo.
• En la política exterior, la venta de Dunkerque a Francia en 1662 disminuyó la popularidad del monarca en el parlamento, que sí
apoyó su política antiespañola, simbolizada por la alianza portuguesa y su matrimonio con Catalina de Braganza, así como la segunda
guerra mercantilista con las Provincias Unidas.
• Esta fue precedida por las nuevas leyes de navegación de 1660 y 1664, y la expansión colonial, británica, con hechos como la
anexión de Tánger y Bombay o la toma de Nueva Ámsterdam por los colonos ingleses (1664).
• El avance francés en los Países Bajos durante la Guerra de Devolución llevó a los neerlandeses a firmar la paz en Breda, en la que,
a cambio del Surinam, y de ciertas suavizaciones en los Navigation Acts, las Provincias Unidas entregaron a Inglaterra sus posesiones
en América del Norte.
• En los meses siguientes, Carlos II se uniría con las Provincias Unidas y Suecia en la Triple Alianza de la Haya, formada para frenar
la política agresiva de Luis XIV.
• Desde 1668, la política exterior de la Restauración sería bastante dependiente de Francia. En el Tratado Secreto de Dover de 1670,
a cambio del compromiso de restablecer el catolicismo, Luis XIV se comprometió a entregar a Carlos II dos millones de libras
tornesas, a los que añadiría otros tres cada año que Inglaterra interviniera en la guerra que proyectaba contra las Provincias Unidas.
La opinión pública no vio con buenos ojos la alianza francesa y la entrada en la guerra contra las Provincias Unidas.
• La relación con los otros dos reinos británicos no mejoró de forma sustancial. La política religiosa y las nuevas leyes de navegación,
que sometían a ambos reinos a los intereses mercantiles de Inglaterra, crearon numerosas tensiones con ellos.
• A la muerte de Carlos II le sucedió su hermano Jacobo II, quien contaba casi exclusivamente con el apoyo de los tories.
• Se produjeron dos rebeliones contra él instigadas por los whigs: la del duque de Monmouth en Cornualles y la de Argyll en Escocia.
Ambas acabaron con la derrota de los rebeldes, la ejecución de sus líderes y una severa represión.
• La revocación en Francia del edicto de Nantes por Luis XIV animó a Jacobo II a presionar para restaurar la religión católica en
Inglaterra.
• Pese a contar con un Parlamento casi exclusivamente tory, no logró eliminar los Test Acts, que impedían a los católicos el acceso a
cargos públicos, ni el Habeas Corpus. No obstante, situó a varios católicos en puestos gubernamentales y mantuvo un ejército
cuantioso.
• Dicha política incrementó el radicalismo anticatólico y junto a la reacción contra su política absolutista, acabó provocando el
movimiento político que le forzó a abandonar el poder.
• El poder real había experimentado un escaso avance en comparación con las principales monarquías del continente. La Hacienda de
la Corona era débil, el tamaño del ejército era reducido y había una destacada escasez de oficiales y burócratas dependientes del rey.
• Otro problema mal resuelto era la escasa participación de los territorios no ingleses en la gestión política de la Gran Bretaña.
La Revolución Gloriosa de 1688
• Jacobo II tenía dos hijas protestantes mayores de edad, María y Ana. En 1673 se había casado con la católica María de Módena, con
la que había tenido varios hijos que no habían sobrevivido a su primera infancia.
• El desencadenante de la que habría de ser conocida como la segunda Revolución inglesa o Revolución Gloriosa, fue el nacimiento
de un hijo varón, Jacobo, que fue bautizado en el seno de la Iglesia católica.
• Los whigs que habían encabezado la oposición en los años anteriores, y también una parte importante de los tories, llamaron al trono
al estatúder de Holanda, el calvinista Guillermo de Orange, junto con su esposa María Estuardo, hija mayor del monarca inglés.
• La segunda Revolución no fue violenta. En virtud del acuerdo de Magdeburgo (1688), organizado por las Provincias Unidas y los
conspiradores whig, Dinamarca y una serie de estados protestantes alemanes se pusieron de acuerdo para distraer la atención de
Francia en el Rin y favorecer el asentamiento de Guillermo de Orange en el trono británico.
• Con un ejército de unos 15.000 hombres y 600 barcos de transporte, Guillermo desembarcó en Inglaterra el 5 de noviembre de 1688.
• Los motines anticatólicos que se produjeron en diversos lugares, las deserciones en el ejército o la propia indecisión del rey hicieron
muy difícil la situación del monarca.
• Tras la derrota de su ejército, Jacobo II huyó con su familia a Francia.
• En los últimos días de febrero de 1689, Guillermo III y su esposa fueron coronados.
• Era la segunda ocasión en que el reino frenaba la propensión de un rey hacia el absolutismo, y significó por ello el triunfo del
parlamentarismo. En esta ocasión, incluso, no hubo una guerras de por medio. No obstante, la crisis de poder dio paso a desórdenes,
tumultos y violencias.
• Los nuevos reyes firmaron el Bill of Rights que había aprobado el Parlamento, el cual establecía las bases constitucionales del nuevo
régimen y, ante todo, el sometimiento de la Corona a la voluntad de la nación expresada en el Parlamento, que mantuvo las dos
cámaras tradicionales. Ello inauguró un sistema de monarquía limitada, en la que los poderes del Parlamento eran muy grandes,
pues no solo participaba en la elaboración de las leyes, sino que influía de forma decisiva en la elección y el control de los ministros.
Todos los impuestos habían de ser aprobados en el Parlamento.
• El monarca se reservaba la política internacional y tenía derecho a veto.
• El Bill of Rights reafirmaba el Habeas Corpus y establecía el derecho a la existencia de una prensa libre, el carácter no permanente
del ejército, la libertad individual, y el derecho a la propiedad o los de reunión y opinión.
• Un nuevo Triennial Act (1694) limitó a tres años el tiempo de actuación de un parlamento, lo que impediría al rey prorrogar una
asamblea propicia.
• No obstante, continuaron las tensiones entre el poder real y el Parlamento. El crecimiento del ejército fue uno de los motivos de
enfrentamiento, pues la intervención activa de Inglaterra en la política europea exigía que la Corona dispusiera de hombres y recursos
muy superiores a los que tradicionalmente había tenido.
• Pero la división fundamental en la sociedad inglesa no era ya entre los privilegiados y no privilegiados, sino entre los propietarios y
los que no lo eran.
• La Toleration Act de 1689 puso fin a las persecuciones de los disidentes protestantes, si bien mantuvo su exclusión de cualquier
cargo o profesión pública. La Toleration Act no incluía a los católicos, antitrinitarios, judíos o ateos.
• En la política económica la principal novedad fue la creación del Banco de Inglaterra (1694), el primer banco nacional de la historia
de Europa.
• Fue el comienzo de una auténtica revolución financiera, con el proceso de adaptación de la estructura hacendística y racionalización
del sistema recaudatorio y financiero, con una adaptación a las necesidades de la Monarquía y las posibilidades económicas del país,
que llegaría hasta mediados del siglo XVIII.
• El elemento esencial de dicha transformación fue el auge del comercio exterior, con el incremento del tonelaje y el del rendimiento
de los aranceles proteccionistas, que se multiplicó por diez en el curso de la centuria.
• Gran Bretaña estaba íntimamente ligada a la iniciativa privada, la sociedad civil y el capitalismo.
• El nuevo régimen contó con la amenaza constituida por los Estuardo desposeídos del trono. Frente al monarca reinante existiría
durante mucho tiempo un pretendiente Estuardo que, con el apoyo habitualmente de Francia y el respaldo interno de los jacobitas,
intentaría reiteradamente revertir la situación. La primera intervención, con la ayuda de Francia, se produjo entre 1689 y 1691, con
el desembarco de Jacobo II en Irlanda, donde sería derrotado. La consecuencia fue la abolición del Parlamento irlandés y la
continuación del dominio inglés sobre dicho reino.
• También en Escocia hubo un importante apoyo al monarca depuesto.
5.3 La Monarquía de España en el siglo XVII
La paz armada en tiempos de Felipe III
• Felipe III sintió una gran dependencia del que sería desde el inicio de su reinado su favorito, Francisco Gómez de Sandoval y
Rojas, duque de Lerma.
• El régimen político del valimiento no era exclusivo de España y caracterizaría buena parte del siglo XVII.
• Se trata de una evolución de las formas de gobierno que tiene sus precedentes en los reinados anteriores, y en un sistema
caracterizado por el patronazgo real, las clientelas y las parcialidades.
• El valido era la cabeza de una gran facción, lo que favorecía la creación de consensos políticos.
• El clientelismo como vía de actuación política habría de servir para incrementar la capacidad de acción del poder real, la
instancia ejecutiva limitada en exceso por el cerco burocrático, que habían llegado a constituir los consejos y altos organismos de
la administración.
• El sistema de validos ha sido interpretado como el instrumento de la Corona para retomar el control del gobierno sobre una
administración que se consideraba ineficaz, obstruccionista e inamovible, e imponerle una dirección política.
• El modelo social predominante es el de la nobleza cortesana y en los puestos de gobierno tienden a predominar ahora los
políticos sobre los letrados.
• De la misma forma, el sistema propicia la aparición de oposiciones, de grupos contrarios que aspiran a desalojar del poder a la
facción dominante.
• La caída de Lerma en 1618 dio paso a un sector distinto, encabezado por su propio hijo, el duque de Uceda. En 1621, a la muerte
de Felipe III, accedió al poder una facción diferente, que pronto sería encabezada por Gaspar de Guzmán, conde duque de
Olivares.
• El sistema de validos contribuyó, en diferentes aspectos, al desarrollo de las monarquías modernas y de su aparato
administrativo, que se vuelve cada vez más complicado.
• El sistema de los validos favoreció la consolidación del absolutismo, situando definitivamente al rey por encima de la lucha
política, como un elemento intocable básico del sistema.
• El fin de las guerras anteriores ayudó a que se pudieran tomar otras medidas durante el reinado de Felipe III. Una de ellas fue la
expulsión de los moriscos por motivos religiosos y de seguridad, habiendo fracasado su conversión e integración.
• Entre 1609 y 1614 salieron de la península aproximadamente unos 275.000 moriscos, especialmente procedentes de Aragón y
Valencia. La pérdida de esta población fue significativa, pues eran en buena medida campesinos especializados en la agricultura
de regadío, los cultivos de huerta o la producción sedera.
• El reinado de Felipe III fue un periodo difícil para la economía y la población de la Corona de Castilla, que ya había
experimentado síntomas de crisis desde finales del siglo XVI.
• Hubo una grave epidemia de peste en el periodo comprendido entre 1599 y 1603, y la mala situación de la Hacienda y la deuda
flotante obligaron a decretar una nueva bancarrota en 1607. Además, los gastos continuaron creciendo y la crisis redujo varios de
los principales ingresos de la Corona, como la plata de América.
• Ello obligó a llevar a cabo todo tipo de expedientes y medios extraordinarios para obtener dinero. Asimismo, se incrementó la
presión fiscal durante el reinado de Felipe III.
• Las manipulaciones monetarias tuvieron efectos muy nocivos sobre la economía de la Corona de Castilla. La clave de las
mismas era obtener los ingresos derivados de la diferencia entre el valor intrínseco de la moneda y su valor legal.
• Se creaba la ilusión de un incremento de las recaudaciones, pero lo que hacían realmente era empobrecer la Hacienda Real
(cuyos pagos exteriores debían hacerse en plata), favorecer la fuga de la moneda buena y estimular a los falsificadores.
• Las alteraciones artificiales de los precios provocados por las manipulaciones monetarias desorganizaron la actividad económica,
arruinaron a los más débiles y contribuyeron decisivamente al marasmo de la economía castellana y al cese de la actividad
manufacturera y del comercio.
• La solución no llegaría hasta el reinado de Carlos II, con la última gran deflación estabilizadora de los años de 1680-1686.
• La necesidad de mantener ejércitos y guarniciones en lo que fue realmente una paz armada, los gastos de la diplomacia, la
defensa del Mediterráneo y de las Indias, y una serie de pequeños conflictos en Italia hicieron que los gastos militares no fueran
demasiado inferiores a los de los años de la guerra.
• La codicia del duque de Lerma y sus partidarios llevó a un reparto masivo de cargos, títulos y prebendas.
• Desde el punto de vista estratégico, además, la posición de la Monarquía, lejos de mejorar, parece haber retrocedido,
particularmente en lo que se refiere al ámbito comercial del Imperio portugués, en el que los neerlandeses habían penetrado de
forma notable.
• A partir de 1615 se difunde en la corte un sentimiento de frustración ante los resultados del pacifismo, que dará lugar a la
formación de un partido belicista. La oposición a Lerma se confunde un tanto con dicho grupo.
• En 1618, Lerma fue sustituido por su hijo, Cristóbal Gómez de Sandoval, duque de Uceda.
• España se comprometería pronto a participar en la guerra de los Treinta Años, lo que se considera un triunfo temprano del grupo
reputacionista.
• Con todo, el triunfo definitivo de las posiciones belicistas y la reacción contra la política y abusos del duque de Lerma se
produjo en 1621, cuando Felipe IV accedió al trono.
Felipe IV y el duque de Olivares
• Los primeros años del reinado de Felipe IV estuvieron protagonizados por su valido, el conde duque de Olivares.
• El reinado de Felipe IV puede dividirse en dos etapas principales: de 1621 a 1643, marcada por el protagonismo en el gobierno
del conde duque, y el resto de su reinado hasta su fallecimiento en 1665, fase en la que el rey asumió un mayor protagonismo en
la dirección de la Monarquía, ayudado por dos o tres altos personajes.
• Olivares, su tío Baltasar de Zúñiga y otros personajes formaban parte del grupo cortesano decepcionado por el retroceso que
había supuesto los años de paz y convencidos de la necesidad de volver a la guerra para defender la reputación de la Monarquía.
• El conde duque también creía firmemente en la urgencia de realizar una serie de reformas en la línea de los arbitristas
castellanos.
• El problema de su política estuvo en la dificultad de compaginar unas reformas tendentes a la recuperación económica, el alivio
fiscal de Castilla, la solución del problema de la deuda creciente, la recuperación de los valores sociales, o el reforzamiento del
poder real con una guerra cada vez más costosa.
• Ello explica el escaso éxito de muchas de las reformas que emprendió, así como el fracaso final de su política.
• En el terreno financiero continuó la elevada fiscalidad y el recurso a la deuda. Fue necesaria una nueva suspensión de pagos en
1627 y prosiguieron las manipulaciones monetarias.
• El conde duque trató de extender su poder sobre todos los organismos de gobierno. Para ello creó numerosas juntas, que le
sirvieron sobre todo para eludir a los consejos en los que menos influía.
• Uno de sus principales objetivos reformistas consistió en el intento de redistribuir de forma más equilibrada la carga financiera y
humana de la Monarquía, aliviando el peso excesivo que la Corona de Castilla había soportado hasta entonces. Para ello hizo
aprobar la Unión de Armas (1625), que planteaba la colaboración de todos los reinos y territorios en la creación de un ejército de
140.000 hombres, distribuidos en cupos, según la estimación de la población y riqueza respectivas. El proyecto tropezó con la
oposición de Aragón y Cataluña, y acabó fracasando.
• Los efectos de la guerra y el descontento con la política de Olivares provocaron en 1640 las revueltas de Cataluña y Portugal.
Estalló de forma violenta el conflicto interno, que comprometió gravemente la situación de España en el tablero internacional,
amplió sus frentes de lucha (y su desgaste financiero y humano), dio ocasión a sus enemigos para ahondar la herida apoyando a
los rebeldes y, en definitiva, mermó de forma considerable sus posibilidades de victoria.
• Las revueltas hicieron que aumentara en la corte la oposición al valido y acabaron por acelerar su caída, que se produjo el 23 de
enero de 1643.
• Las revueltas de Cataluña y Portugal
• El inicio de la guerra contra Francia en 1635 puso en primera línea de fuego a Cataluña. Si a los franceses les interesaba abrir en
ella un frente de lucha, para Olivares su aportación resultaba decisiva en sus planes de atacar el Languedoc, para lo que propuso
la aportación de 6.000 soldados catalanes y ordenó la movilización de la nobleza del Principado, con sus vasallos, en 1637.
• Anteriormente, ya habían quedado patentes sus desacuerdos y agravios con la política del conde duque de Olivares. A ello se
unía, a finales de los años treinta, el malestar popular por la presencia de abundantes tropas de la Monarquía de distintas
naciones.
• La prohibición del comercio con Francia perjudicaba a la Generalitat, pues se quedaba sin sus habituales derechos aduaneros.
• En el terreno militar había también una falta de entendimiento, pues las quejas de Olivares por la escasa contribución catalana se
correspondían con la conciencia en el Principado de que no se valoraban sus esfuerzos.
• En los meses siguientes, al tiempo que aumentaban los excesos de los soldados, en un periodo además de sequía y dificultades,
Olivares insistiría en extender a todos los municipios los alojamientos, llevar a cabo el reclutamiento de los 6.000 hombres y
hacer que la Generalitat financiara la campaña.
• En marzo, fueron arrestados el diputado Francesc de Tamarit, y dos miembros del Consell de Cent, al tiempo que era procesado
Pau Claris, presidente de turno de la Generalitat.
• Los graves conflictos ocurridos en el campo durante la primavera fueron el preludio de la invasión de Barcelona por dos
centenares de campesinos que, tras derribar las puertas de la prisión, liberaron a los arrestados, así como a un buen número de
delincuentes.
• Los disturbios se extendieron por otras muchas localidades del Principado.
• El 7 de junio de 1640 se produjo el levantamiento que iniciaría la rebelión, conocido como el Corpus de Sangre.
• Tras un incidente en el que resultó herido un segador, el medio millar aproximado de segadores que habían entrado en la ciudad
en busca de ser contratados para la siega, acompañados de otras gentes, se dirigieron al palacio del virrey con ánimo de
incendiarlo. El virrey, que era el conde de Santa Coloma, fue asesinado por los amotinados. Otras catorce personas perdieron la
vida, y se produjeron múltiples disturbios.
• La cuestión era saber hasta qué punto las autoridades de Cataluña colaboraban con los amotinados o estaban dispuestas a tratar
de aprovechar la coyuntura en sus desencuentros con el poder real.
• Según Ricardo García Cárcel, la ruptura fue el resultado de la manipulación del grave malestar colectivo por una pequeña
fracción de la clase dirigente, que optó por el giro separatista ante la evidencia de una extrema debilidad de los vínculos políticos
entre la clase dirigente castellana y la nobleza catalana, y ante la escasa capacidad de influencia de los grandes sobre la pequeña
y mediana nobleza local.
• La corte de Felipe IV anunció el envío de un ejército de 40.000 soldados, al tiempo que la Generalitat, arrogándose una
prerrogativa real, convocaba una Junta General de Brazos, que era lo mismo que convocar Cortes, confirmando la ruptura con la
creación en septiembre de una serie de juntas ejecutivas y otros organismos de gobierno.
• Ya antes del Corpus de Sangre, Claris y otros habían mantenido contactos secretos con Francia, que se concretaron a finales de
septiembre en el compromiso de Richelieu de enviarles ayuda militar.
• En otoño tomaron posiciones en Cataluña dos ejércitos distintos: el del nuevo virrey, que avanzó hasta cerca de Barcelona, en
algunos casos dejando severas represiones a su paso, y el francés, que llegó a Barcelona y ocupó fugazmente Tarragona.
• El 23 de enero de 1641 las autoridades catalanas proclamaron a Luis XIII conde de Barcelona y, tres días más tarde, el ejército
español sufría una severa derrota por las tropas franco-catalanas en Monjuic. Comenzó así una guerra larga, con varios frentes y
alternativas, al tiempo que la presencia francesa en Cataluña y su temprana violación de las constituciones catalanas generaba
malestar y oposiciones diversas.
• La hostilidad a la presencia francesa se intensificó dentro del bando rebelde desde mediados de 1645. Uno de los motivos de
queja eran los alojamientos militares, que tan importantes habían sido en el levantamiento popular contra Felipe IV.
• Las dificultades por las que iba a atravesar Francia durante la Fronda hicieron que el poder francés en Cataluña quedara hasta
1651 en poder del visitador Pere de la Marca y del gobernador Francesc de Margarit, muy eficaces en la represión de cualquier
disidencia.
• Todo ello trabajaba a favor de Felipe IV, como también el fin de la guerra en los Países Bajos.
• En agosto de 1651 comenzó el asedio de Barcelona y el 11 de octubre de 1652 la capital se rindió.
• Se mantuvieron los privilegios de Barcelona y las leyes del principado, con algunos cambios. El principal de los cuales era la
intervención del poder real en el control de las personas que podían o no ser sorteados para formar parte del Consell de Cent de
Barcelona y la Generalitat. Asimismo, el rey se reservaba todas las atribuciones relativas a la defensa de Barcelona.
• La guerra con Francia continuó hasta la Paz de los Pirineos y, con ella, la presencia francesa en algunas partes del principado, así
como algunos contraataques.
• García Cárcel ha insistido en que no se trató de un conflicto Cataluña-España, porque no existió una unidad catalana “ni
geográfica, ni social, ni toda Cataluña estuvo vinculada a Francia entre 1640 y 1652, ni todos los catalanes fueron profranceses
o, si se quiere, nacionalistas”.
• Dentro del Principado hubo en aquellos años características propias de una guerra civil entre catalanes partidarios de uno u otro
bando.
• Por otra parte, la propia revuelta ofrecía en su seno una gran complejidad, con dos grandes líneas que casi nunca se encontraron
y que contribuirían a su debilitamiento: la revuelta popular, en buena parte espontánea, de matiz social, y el conflicto político
articulado en torno a la defensa de las constituciones.
• La revuelta portuguesa tenía similitudes con la catalana, pero también importantes características propias.
• Durante sus primeros años de gobierno, Olivares había buscado el consenso con las elites dominantes portuguesas, algunos de
cuyos miembros figuraron en el entorno del conde duque, sin olvidar el importante papel que los hombres de negocios
portugueses tendrían en las finanzas de la Monarquía.
• Olivares no fue capaz de garantizar suficientemente los intereses y aspiraciones de las elites portuguesas, lo que impidió
vincularlas a los planteamientos políticos de la Monarquía.
• Los intentos de aprobar la contribución portuguesa a la Unión de Armas a espaldas de las Cortes, y al propia carga que en ella se
imponía contribuyeron al alejamiento.
• Las exigencias fiscales a la aristocracia y al clero, como consecuencia de las necesidades de la guerra, hicieron que ya en los
años treinta comenzara a ponerse en cuestión el apoyo que habían prestado al gobierno de la Monarquía.
• Los privilegiados se sumaron así a la resistencia popular contra el incremento de la presión fiscal, que no fue, sin embargo,
excesiva, pese a la variedad de nuevas imposiciones.
• Al final, una parte importante de la sociedad portuguesa acabaría apoyando el golpe de estado que habría de iniciar el camino
hacia la independencia.
• El precedente inmediato fue el levantamiento antifiscal de Évora de 1637, que se extendió dicho año y el siguiente por el
Algarve y el Alentejo, haciendo patente tanto la debilidad del gobierno de Lisboa como la amplitud del malestar popular
anticastellano.
• Una de las medidas adoptadas fue la supresión del Consejo de Portugal y su sustitución por dos juntas, una en Madrid y otra en
Lisboa, una disposición polémica que muchos portugueses vieron como un ataque más a sus privilegios, al permitir además la
entrada de castellanos, lo que contravenía lo acordado en las Cortes de Tomar.
• El comienzo de la rebelión en Cataluña pudo ejercer un efecto mimético, aunque en este caso la iniciativa corrió a cargo de un
sector de los grupos dominantes, por lo que se trató más bien de un golpe de estado palaciego.
• El 1 de diciembre de 1640, un grupo de fidalgos asaltó el palacio real de Lisboa, en el que residía la virreina, Margarita de
Saboya.
• El duque de Braganza fue proclamado rey de Portugal con el nombre de Juan IV.
• No fue un levantamiento basado en una reivindicación nacional, aunque en este sentido existían elementos que facilitaron la
consolidación del golpe de estado.
• Al alejamiento de España en los tiempos previos al levantamiento colaboró el cambio de las circunstancias económicas.
• En 1640, la economía colonial portuguesa dependía mucho menos del tráfico de especias con Oriente, y mucho en cambio de la
floreciente economía brasileña y su producción de azúcar.
• En dicho contexto, muchos portugueses entendían que la vinculación a España, lejos de facilitar la defensa de sus intereses
atlánticos, les atraía enemigos como Francia y las Provincias Unidas.
• El propio conde duque priorizaba la lucha contra los neerlandeses en Europa y consideraba que los portugueses debían
responsabilizarse del mantenimiento y la defensa de su Imperio colonial.
• Inicialmente, el golpe de estado carecía de un amplio respaldo, por lo que su triunfo se debió sobre todo a la inacción de los
gobernantes de la Monarquía.
• Casi toda la nobleza y buena parte del alto clero apoyaron a Felipe IV, frente al respaldo al nuevo rey de la nobleza provincial y
del bajo clero.
• España concedió preeminencia a otros frentes, relegando la guerra en Portugal a un lugar secundario. Falto de un ejército
suficiente y bien provisto en dicho frente, Felipe IV optó por un bloqueo económico y mercantil a Portugal y a sus posesiones
ultramarinas.
• No hubo propiamente un enfrentamiento militar hasta la campaña de 1644, en que la victoria de Montijo impulsó las
posibilidades de los rebeldes. En gran medida fue la guerra olvidada, lo cual contribuyó a enquistarla y a reforzar las
posibilidades de los rebeldes, pues no volvería a haber nuevos enfrentamientos hasta los años 1657-1659 y 1663-1665.
• En 1657, Felipe IV conquistó Olivenza, pero en 1659 sufrió una gran derrota en Elvas. La recuperación de Portugal era cada vez
más urgente, sobre todo después de la firma de la paz con Francia. Ésta siguió apoyando a los rebeldes, que también recibieron
ayuda de Inglaterra. El apoyo exterior resultaría decisivo para el devenir de la guerra.
• En los últimos años de su reinado, Felipe IV pudo concentrarse en la recuperación de Portugal. Su ejército sufrió una severa
derrota en 1663 en Estremoz ante el ejército anglo-portugués, y en 1665 volvió a ser derrotado en la Batalla de Montes Claros,
cerca de Villaviciosa.
• A la muerte de Felipe IV, Portugal estaba prácticamente perdida y su independencia se reconocería ya en 1668.
Revueltas en Sicilia y Nápoles
• Las revueltas napolitana y siciliana de 1647-1648 no solo coincidieron en el tiempo, sino que presentan una gran similitud.
• La causa lejana de ambas revueltas fue la guerra y el fuerte crecimiento de la fiscalidad generado por ella.
• Ambos reinos compartían dos características importantes para entender las revueltas: la marcada impronta del feudo y el carácter
dependiente de la economía, orientada claramente hacia la exportación de materias primas y controlada por comerciantes
extranjeros.
• Una de las principales características del reino napolitano radicaba en el protagonismo de la capital, Nápoles, una de las mayores
ciudades de Europa, en contraste con la escasa importancia urbana del resto del reino.
• El sistema político del reino se basaba en el equilibrio entre los dos principales polos de poder: la instancia real y la potente
nobleza feudal napolitana, que ocupaba muchos de los altos cargos de la administración pública y dominaba los dos organismos
clave en la política del reino: el Parlamento y el gobierno de la capital.
• La complicada búsqueda del equilibrio entre los diversos intereses no era capaz de evitar tensiones y momentos críticos.
• Había elementos claros de lucha social y de protesta política, tanto en la ciudad como en el campo. En el ámbito urbano fue
desarrollándose un movimiento reformista tendente a ensanchar las bases políticas y sociales del sistema. Especial importancia
tenía el sector burocrático de los togati, deseosa de consolidar una mediación burocrática frente a la de los notables.
• El fracaso de esta tentativa, claramente perceptible desde finales de la segunda década del siglo XVII, dio lugar a una doble
tendencia: el empuje corporativo nobiliario en las instituciones centrales del reino y la consolidación de una esfera administrativa
paralela, progresivamente dominada por manos privadas, con el consiguiente predominio del poder oligárquico sobre la función
administrativa. El movimiento reformista plasmará el descontento de la magistratura togada ante este hecho.
• Pero el malestar que llevaría a la revuelta no puede explicarse sin tener en cuenta los importantes efectos de la guerra sobre la
economía y la sociedad napolitanas, sobre todo a partir de 1635.
• En estos años, Nápoles se convertiría, después de Castilla, en el territorio de la Monarquía que de forma más intensa colaboró en
el sostenimiento de un esfuerzo bélico cuyo coste se incrementará aún más en 1640, con el inicio de los levantamientos de
Cataluña y Portugal.
• La economía napolitana fue subordinada a las necesidades de la guerra. La Hacienda del virreinato tuvo que adaptarse a las
crecientes demandas y obligaciones financieras impuestas por la corte madrileña, para lo cual fue necesario iniciar un
vertiginoso aumento de la deuda pública e intensificar al máximo la presión fiscal, procesos ambos que implicaron una fuerte
dependencia del capital privado y el crecimiento del malestar social.
• La fuerte aportación financiera de Nápoles a las precisiones de la guerra solo era posible con la colaboración de la nobleza feudal
respecto a las demandas de la Corona.
• A cambio, la nobleza conseguiría aumentar cada vez más su autonomía, debilitando paralelamente la presencia del poder real.
• La grave crisis financiera que se abre a partir de 1635 tuvo una larga serie de implicaciones que, al tiempo que beneficiaban
ampliamente a unos pocos, agudizaron las tensiones y el descontento de amplios sectores sociales.
• Según Rosario Villari, se produce una refeudalización. Las operaciones financieras de un grupo de grandes especuladores les
permitieron adquirir tierras, derechos, jurisdicciones y prerrogativas feudales a un precio relativamente bajo, con lo que el
feudalismo invadió todos los rincones del reino.
• La vieja y la nueva nobleza aumentaron su poder, no solo por medio de su participación en los negocios de la Corona a través del
crédito, sino sobre todo gracias a una mayor presión sobre vasallos, campesinos, municipios, y burgueses de la capital. La
ofensiva feudal se extendió al control del aparato de gobierno en sus dos sectores fundamentales: la administración de justicia y
el sistema tributario.
• La clave de los hechos ocurridos en 1647-1648 está en la crisis de todo el sistema político y social del reino. Más allá de la
protesta popular y antifeudal, propiciada por la desfavorable coyuntura productiva y alimenticia, el levantamiento expresa un
movimiento político surgido del reformismo, que se manifiesta en una serie de reivindicaciones y resistencias particulares, que
confluyen en el requerimiento de una intervención más eficaz del rey en la defensa de la autonomía y la libertad de los
municipios frente al poder feudal.
• Aurelio Musi ha señalado la amplitud de intereses y motivaciones que influyen en la revuelta, lo que hace imposible la
unificación del frente rebelde, tanto en la capital como en las pequeñas comunidades urbanas y campesinas del reino.
• La revuelta se inicia en la capital el 7 de julio de 1647. Se trata en un primer momento de un levantamiento protagonizado
esencialmente por la plebe urbana, capitaneada por Masaniello, que fue asesinado el 16 de julio.
• Junto a la violencia, las reivindicaciones de los rebeldes tendían a la reforma del ordenamiento político de la capital y a la
abolición de los nuevos impuestos.
• Tras el asesinato de Masaniello, comenzó una fase reformista encabezada por Genoino, quien supo negociar con las autoridades,
articular las reivindicaciones y contener los excesos.
• La caída y exilio de Genoino marcaron el inicio de un periodo más radical, dirigido por un nuevo líder popular, Gennaro Annese.
La revuelta de la capital fue seguida de una amplia serie de levantamientos en el conjunto del reino, de carácter esencialmente
antifeudal, aunque con la presencia también de exponentes del reformismo.
• El 22 de octubre, Annese proclamó la república bajo la teórica protección de Francia. Enrique de Lorena, duque de Guisa, llegó a
Nápoles para encabezar una extraña república que recibiría el nombre de Real República Napolitana. Según defiende Musi,
republicanismo y antiespañolismo estaban presentes entre los sectores más radicales de la rebelión.
• Las divisiones entre los rebeldes, el menguado respaldo social a la opción republicana y la falta de un apoyo francés efectivo
llevaron a los líderes de la República a negociar la capitulación con el poder español. Dicha capitulación se produjo finalmente el
5 de abril de 1648.
• Más allá de lo ocurrido en la ciudad de Nápoles, en 1647-1648 se había producido en el reino un gran levantamiento campesino,
muy difícil de coordinar y controlar por parte de los rebeldes de la capital. La revuelta dejaba así al descubierto la gran fractura
existente entre la ciudad y el campo.
• Al caer la capital, los levantamientos en las provincias se extinguieron o fueron dominados militarmente.
• La vuelta de los españoles inauguró una nueva etapa en la que el virrey conde de Oñate supo construir un nuevo equilibrio de
poder centrado más sobre los componentes mercantiles y burocráticos de la sociedad napolitana, que sobre los grupos
nobiliarios.
• Tras la revuelta, hubo un descenso de la presión fiscal en la capital, logrado gracias a una mayor presión sobre las provincias.
• Según Musi, el campo y el campesinado fueron los grandes perdedores de la revuelta, mientras que el baronazgo salió
beneficiado, pues los españoles restablecieron el antiguo equilibrio entre la capital togada y la provincia feudal, con una
inclinación más decidida hacia la primera.
• Por su parte, el reino de Sicilia contaba a finales del siglo XVI con muchas ciudades y una elevada tasa de urbanidad, con una
marcada bipolaridad entre Palermo y Mesina.
• Antes de la revuelta, el reino de Sicilia había contribuido fuertemente a los gastos de la guerra. La presión fiscal y el recurso
masivo al crédito fueron las únicas formas de obtener el dinero necesario. Se vendieron a tal efecto el real patrimonio, feudos,
oficios, tierras, etc. Los beneficiados fueron fundamentalmente hombres de negocios y letrados sicilianos pertenecientes a la alta
administración del reino, gentes que, en su mayoría, acaban logrando insertarse en las filas de la nobleza.
• El proceso de endeudamiento de la Hacienda real para con el capital privado ha permitido hablar también de refeudalización,
como consecuencia de la abdicación por parte del poder real y las instituciones de gobierno del reino de muchos de sus poderes
en el terreno político y económico, en favor sobre todo de tales sectores emergentes. Se hace con la aquiescencia y el beneficio
de la vieja nobleza, que apoya las demandas de la Corona, transfiriendo a las clases populares una grave carga fiscal.
• La nobleza busca un entendimiento con la Monarquía, la cual había creado en 1598 el organismo encargado de aliviar el fuerte
endeudamiento de dicho grupo: la Deputazione degli Stati feudali.
• En Sicilia no existiría un enfrentamiento entre la vieja y la nueva nobleza, sino una asimilación. No existió tampoco una
oposición entre la nobleza y los letrados y oficiales, sino que parece constituirse un sólido bloque de poder, integrado por la
nobleza, arrendadores de impuestos, hombres de negocios y altos oficiales de la administración.
• La escasez alimenticia y el alza de los precios, causados por las malas cosechas de 1646 y 1647, precipitaron el levantamiento.
El 20 de mayo de 1647 comienza en Palermo la primera fase de la revuelta, protagonizada preferentemente por los estratos
inferiores de la población, bajo la dirección del líder popular Antonino La Pilosa.
• El objetivo principal de los rebeldes era la supresión de las llamadas cinco gabelas, que gravaban artículos de primera necesidad.
• Junto a los líderes populares, intervinieron en la revuelta también los gremios y ciertos intelectuales de sectores sociales
intermedios, que buscaban ampliar las bases del poder municipal.
• Desde finales de mayo se produjeron rebeliones en muchos lugares de la isla. Solo Mesina mantuvo la quietud.
• En Palermo, el 15 de agosto, se inició la fase más importante de la revuelta, liderada por Giuseppe d’Alessi, quien trató de
establecer un acuerdo entre gremios, nobles y representantes del virrey. Sus principales reivindicaciones estaban basadas en la
reducción de la carga fiscal y la mayor participación de los gremios en el gobierno municipal.
• El 22 de agosto, d’Alessi fue asesinado por los elementos más radicales de la revuelta, con la complicidad de algunos nobles.
• La cuarta y última fase la revuelta, hasta mediados de 1648, alterna una dura represión en las tierras feudales del campo
siciliano, con una hábil política contemporizadora por parte del virrey en Palermo y las principales ciudades.
• En julio de 1648, dominados ya la mayoría de los levantamientos locales, el virrey introdujo tropas españolas en Palermo y
acabó con todas las conquistas populares poco a poco.
• En las revueltas sicilianas hubo una fuerte desconexión entre los distintos levantamientos locales. En comparación con la
revuelta de Nápoles, parece haber una menor presencia de ideólogos y dirigentes, abogados e intelectuales reformistas.
• Las revueltas sicilianas no desembocaron en un planteamiento antiespañol.
• Durante los años de las revueltas de Nápoles y Sicilia, las intentonas marítimas francesas contra los intereses españoles en Italia
apenas tuvieron resultados positivos.
La segunda parte del reinado de Felipe IV
• La caída de Olivares en 1643 supuso cierto cambio en la forma de gobernar. No hubo un valido tan poderoso como él en
adelante, lo que supuso una mayor presencia del rey en la dirección de la Monarquía, auxiliado por varios consejeros de especial
relevancia.
• Se estaba produciendo una recuperación del poder de la alta nobleza, pues compartían el poder una serie de personajes con sus
respectivas clientelas.
• Sin embargo, Luis de Haro fue el privado de Felipe IV entre enero de 1647 hasta su muerte en 1661.
• La desaparición del conde duque de Olivares supuso también un cambio importante en las estructuras de gobierno, al revisarse el
complicado sistema de juntas del que se había servido.
• El objetivo era la recuperación de funciones de los consejos tradicionales, cuya burocracia recuperó el poder perdido en tiempos
del conde duque. Aristócratas y letrados coincidían en su deseo de volver al sistema de gobierno tradicional alterado por
Olivares.
• En las finanzas de la Monarquía se produjo un cierto alivio, una reducción de la presión anterior, aunque en esta segunda parte
del reinado hubo tres nuevas suspensiones de pagos.
• En Castilla no llegó a producirse una rebelión, pero sí hubo tensiones que continuaron tras la caída del conde duque. Por
ejemplo, en 1641 se produjo la conjura del duque de Medina Sidonia, que pretendía proclamarse rey de Andalucía Occidental, o
la frustrada conspiración del duque de Híjar. Entre 1647 y 1652 tuvieron lugar en Andalucía toda una serie de motines y
levantamientos populares.
• Todo ello reflejaba el hondo malestar existente a mediados del siglo XVII, que en el caso de Andalucía se vio incrementado por
la presencia en aquellos años de la peste, que afectaría también al Levante.
• En todo caso, predominó la lealtad.
• Se produjeron rectificaciones. Particularmente importante fue la política de alivio que se puso en marcha tras la caída del conde
duque de Olivares. Las tensiones habían llegado al máximo, por lo que en los años siguientes los gobernantes se esforzaron por
reducir la presión sobre los súbditos.
• La renuncia a seguir luchando por la hegemonía europea pudo estar determinada por la prudencia política.
Carlos II, epílogo de la dinastía
• En septiembre de 1665, la muerte de Felipe IV convertía en rey a su hijo Carlos II, que no había cumplido los cinco años.
• El gobierno de la Monarquía de España durante su menor edad quedó en manos de su madre, Mariana de Austria, ayudada por
una Junta de Gobierno instaurada por el fallecido rey en su testamento.
• La reina incluyó en la Junta de Gobierno a su confesor, Everardo Nithard, que se convirtió en un atípico valido. Desde un
comienzo, se configuró una oposición a Nithard entre las filas de los grandes y miembros de la nobleza, que fue aprovechada por
el hijo bastardo de Felipe IV, Juan [José] de Austria, para capitalizar el descontento en su oposición a la reina y al favorito.
• En 1669, Juan [José] de Austria encabezó desde Cataluña una marcha armada que desembocaría en la destitución de Nithard,
pero que no supuso el acceso del medio hermano del rey al poder.
• La alta nobleza carecía aún de la unanimidad y la cohesión necesarias para llevarle al frente del gobierno.
• Entre 1669 y 1673 no hubo valido alguno. Pero en este último año apareció un nuevo favorito, Fernando de Valenzuela. El 31 de
octubre de 1676, Carlos II le nombró grande de España y unos días después, primer ministro, pese a la oposición de la principal
nobleza.
• Tales medidas fraguaron rápidamente un amplísimo frente contra él, encabezado por don Juan [José] de Austria y la nobleza.
• Valenzuela fue expulsado del poder y apresado en El Escorial. La reina fue enviada a Toledo y Juan [José] de Austria se hizo
cargo del gobierno. Fue entonces cuando se inició el reinado efectivo de Carlos II.
• El reinado efectivo de Carlos II consta de dos grandes etapas: el auge de las reformas, que coincide con los ministerios de Juan
[José] de Austria (1677-1679), el duque de Medinaceli (1680-1685) y el conde de Oropesa (1685-1691), y la fase final del
reinado, la década de los noventa, en la que se debilita el reformismo, pasa al primer plano el problema sucesorio, y se produce
la intromisión habitual de la reina consorte Mariana de Neoburgo en asuntos de gobierno.
• El triunfo de don Juan [José] de Austria llevó aparejado la consolidación de un régimen aristocrático, de tal modo que, durante el
resto del reinado, miembros de la alta nobleza pertenecientes a distintas facciones cortesanas se encargaron de la dirección
política de la Monarquía.
• Los duques de Medinaceli y Oropesa no eran propiamente validos, pues accedieron al poder a través de intrigas cortesanas y la
pugna de facciones aristocráticas.
• La caída de Oropesa dio paso en la corte a una dispersión del poder, que caracterizaría el resto del reinado.
• Desde finales de 1694, fueron configurándose dos bandos distintos: el de los partidarios y el de los enemigos de Mariana de
Neoburgo.
• La sucesión del trono se convirtió en uno de los principales asuntos de la política internacional durante las últimas décadas del
siglo XVII.
• La defensa de la integridad de la Monarquía, más que la afinidad a cualquiera de los diversos candidatos, fue el argumento final
que guió las decisiones de los consejeros de Estado que dieron su parecer respecto a la sucesión, así como la amenaza que
suponían para los territorios españoles las considerables fuerzas de Luis XIV.
• El 3 de octubre de 1700, Carlos II firmó su último testamento, en el que llamaba a la sucesión a Felipe de Borbón, duque de
Anjou, nieto de Luis XIV.
• Durante la segunda mitad del siglo XVII hubo claros síntomas de recuperación de la crisis demográfica y económica que afectó
especialmente al interior castellano.
• A ello contribuyeron las decisiones políticas de carácter reformista de diversos momentos del reinado, que buscaban el alivio de
los pecheros castellanos, la mejora de la administración hacendística y la reducción de los gastos.
• Hubo creaciones afortunadas, como la de la Junta de Comercio y Moneda en 1679, y las reformas de la moneda castellana
llevadas a cabo en los años ochenta, que pusieron fin a la inflación del vellón.
• En el reinado de Carlos II no se convocaron Cortes o parlamentos en la mayoría de sus estados, siendo especialmente
significativa la ausencia de Cortes en la Corona de Castilla. La predisposición de las ciudades a la renovación de los millones
fuera de las Cortes fue la que determinó el fin de las convocatorias durante el resto del reinado.
• En adelante, la vía casi única para obtener incrementos en los ingresos de la Hacienda castellana sería el recurso a los donativos,
sistema irregular, puntual y discontinuo, que hizo imposible el aumento de la deuda a largo plazo, e impuso limitaciones al gasto
regio.
• En la época de Carlos II se vivió una situación más distendida, pues las guerras fueron menos costosas y no dependieron tanto
como antes de la Corona de Castilla, hecho que hubo de influir en el inicio de su recuperación demográfica, económica y social.
• La reducción del esfuerzo bélico propició asimismo una cierta distensión política, con unas relaciones más fáciles y una
colaboración más eficaz entre la corte y las instituciones, y los grupos dominantes de los diferentes reinos y territorios, como lo
prueban los ejemplos de Cataluña o Nápoles.
• Las relaciones con la periferia experimentaron más que una considerable mejora durante el reinado de Carlos II.
• La Monarquía se mantuvo sólidamente e incluso en algunos casos incrementó su dominio, basado siempre en un complejo
equilibrio con los poderes autóctonos, cimentado sobre el patronazgo.
• Tales procesos coincidieron con un periodo de evidente debilidad de la Corona de Castilla como centro de la Monarquía, que
implicaba la disminución de la capacidad de acción del poder central, manifiesta en hechos como la reducción de los recursos
hacendísticos y financieros, la decadencia naval o la debilidad relativa del ejército.
• No puede hablarse de una política homogénea, ni siquiera dentro de un mismo territorio, por lo que coexisten medidas
autoritarias con otras en sentido contrario.
• También hubo dificultades y revueltas. En Cerdeña, la pugna de bandos nobiliarios provocó una serie de tensiones que llevaron
en 1668 al asesinato del marqués de Laconi, y a la venganza posterior de sus partidarios, que mataron al virrey marqués de
Camarasa, a quien acusaban de haber organizado la muerte de Laconi.
• Más grave fue la revuelta de Mesina (1674-1678), que puso en peligro el dominio hispano del lugar, sobre todo por la
intervención de Francia en ayuda de los rebeldes.
• Durante las últimas décadas del siglo, Cataluña y otros territorios de la Corona de Aragón, como el reino de Valencia o las islas
Baleares, fueron escenario de tensiones campesinas que, en los casos de Cataluña y Valencia, dieron lugar, respectivamente, al
levantamiento de los “barretines” o “gorretes” (1687-1690), y al alzamiento conocido como la segunda Germanía (1693).
• En el ámbito internacional, la Monarquía había perdido sus anterior preeminencia. Sus medios financieros, así como sus recursos
militares y navales, difícilmente podían hacer frente al expansionismo francés.
• Pero los buenos gobernantes hicieron bastante para compensar tal desigualdad por medio de una hábil diplomacia, así como una
eficaz política de consenso con los grupos dirigentes de los diversos territorios de la Monarquía de España.
Tema 6. Guerra y política en la Europa de Luis XIV. Otros países europeos.
6.1 Guerra y política en la Europa de Luis XIV
• El medio siglo que transcurre entre los tratados de Westfalia (1648) y los de Utrecht- Rastatt (1713-1714) fue un periodo de
frecuentes conflictos, derivados casi siempre de la política agresiva de Luis XIV.
• Westfalia dejó el campo abierto a las iniciativas particulares de cada soberano, que habrían de chocar fácilmente con las de otros
monarcas.
• La paz de Westfalia consagró también la emergencia de nuevos poderes, sobre todo en los casos de Francia, Suecia y Brandeburgo.
La política agresiva del Rey Sol
• En 1661, a la muerte de Mazarino, Luis XIV comenzó su gobierno personal. Se llegaría a convertir en el máximo exponente del
absolutismo monárquico.
• En el ámbito internacional, sus ambiciones le llevaron a un expansionismo agresivo, que acabaría concitando en su contra a la
mayoría de los soberanos europeos.
• Su capacidad para movilizar sus recursos se debió a la política absolutista y centralizadora del rey. Pero la hegemonía de Francia
tuvo como contrapartida el empobrecimiento de muchos sectores sociales de Francia y de diversas zonas geográficas del país.
• Se han dado varias explicaciones a la política llevada a cabo por Luis XIV, como la necesidad de reforzar la defensa continental
de Francia por medio de la consecución de sus fronteras naturales, o sus aspiraciones sobre los territorios de la Monarquía de España.
• Sin embargo, la motivación más sólida parece ser su ansia de gloria.
• Convencido de la preeminencia de la Corona de Francia, miembro de una familia de reciente acceso al trono y obsesionado con el
recuerdo de la precariedad que el poder real experimentó durante la Fronda, Luis XIV defendió el origen divino de su poder absoluto,
y desarrolló todo un programa de autoglorificación.
• El éxito en la creación de un aparato de poder centralizado y eficaz, y el deseo de elevar a Francia a un lugar hegemónico en Europa
también contribuyeron decisivamente a su exaltación.
• El poder internacional de Francia durante la época de Luis XIV se asienta sobre la política de reforzamiento del poder real
emprendida por Enrique IV, Richelieu y Mazarino. El monarca contó asimismo con toda una serie de colaboradores muy eficaces,
como Michel Le Tellier, el marqués de Louvois, Vauban, Colbert, Turenne o Abraham Duquesne, entre otros muchos, que tuvieron
un papel decisivo a la hora de convertir a Francia en la primera potencia europea.
• La acción internacional de Luis XIV fue, ante todo, un resultado de la buena organización burocrática y de la eficacia administrativa
del aparato estatal. El ejército fue su efecto más llamativo, pues el predominio militar francés no se basó apenas en innovaciones
tácticas o armamentísticas. Francia elevó el número de hombres bajo sus armas a cifras nunca conocidas hasta entonces,
perfeccionando la organización militar, el reclutamiento, la estructuración de los mandos y las diversas unidades, la disciplina o la
atención a los soldados.
• También fue muy importante la actividad llevada a cabo por los diplomáticos y la red de informadores y espías distribuidos por las
cortes europeas.
• La política exterior francesa tuvo éxito, pero también fracasos y el balance final presenta claroscuros.
• La hegemonía francesa, además, no sobrevivió a Luis XIV.
• El éxito en la contención de su política se debió, en buena medida, a la creación de sucesivas coaliciones internacionales en su
contra, tarea en la que la diplomacia española jugó un papel fundamental.
• También entre los adversarios de Luis XIV hubo políticos destacados, como Guillermo III, y generales prestigiosos, como
Montecuccoli, Eugenio de Saboya y el duque de Malborough, entre otros muchos.
La primeras guerras (1667-1678)
• Pese a las transformaciones que se estaban produciendo en las relaciones internacionales, subsistían muchos de los elementos
tradicionales y, entre ellos, el decisivo papel político de los matrimonios dinásticos.
• Uno de los hechos más destacados del reinado de Luis XIV fue su matrimonio con María Teresa de Austria, la hija mayor de Felipe
IV.
• Dicho matrimonio selló la paz de Pirineos y reforzó las aspiraciones del monarca francés sobre los territorios de la Monarquía de
España.
• Luis XIV estaba convencido de que la gloria de Francia solo podía conseguirse en oposición a los Habsburgo españoles, por lo que,
pese a la firma de la paz de los Pirineos, siguió actuando contra la Monarquía. Así, por ejemplo, apoyó a los rebeldes portugueses,
pese a que había prometido lo contrario en los acuerdos de paz, y el general Schomberg, al servicio de Francia, y sus tropas,
derrotaron a las de Felipe IV en las importantes batallas de Ameixial y Villaviciosa. España reconocería finalmente la independencia
de Portugal en 1668.
• Tras la muerte de Felipe IV en 1665, Luis XIV, basándose en un uso del Derecho privado de Brabante, que establecía la primacía
de los hijos del primer matrimonio sobre los del segundo, hizo que sus juristas defendieran los derechos que tenía su esposa sobre
una serie de territorios de la Monarquía de España en el Franco Condado, Luxemburgo, Henao y Cambrai. Su esposa María Teresa
era la única hija superviviente del primer matrimonio de Felipe IV con Isabel de Borbón, mientras que los otros dos hijos del monarca
que llegarían a la edad adulta, Margarita y Carlos II, eran descendientes de su segundo enlace con Mariana de Austria.
• Con el pretexto de su reclamación, se inició la llamada Guerra de Devolución (1667-1668). Su ejército ocupó amplias zonas de los
Países Bajos y del Franco Condado en un auténtico paseo militar.
• Antes de llevar a cabo la invasión, Luis XIV había preparado el terreno para intentar obtener la neutralidad de los países que no
estaban implicados directamente en la contienda. Así, en 1662 había firmado una alianza con las Provincias Unidas, en 1663 había
renovado la Confederación del Rin y en 1668 firmó un tratado secreto de reparto con el emperador Leopoldo I. Asimismo, esperaba
que sus buenas relaciones con Inglaterra evitasen su implicación.
• No obstante, el riesgo que la agresión francesa supuso para la paz y para la incipiente idea de equilibrio hizo que Inglaterra y las
Provincias Unidas concluyeran la guerra en la que estaban inmersas y se unieran a Suecia para crear la Triple Alianza de La Haya
en 1668.
• La mediación de los coaligados llevó a la firma del tratado de Aquisgrán en 1668, en el que, a cambio de la restitución del Franco
Condado, España aceptó ceder a Francia una nueva franja territorial en los Países Bajos, que incluía doce ciudades.
• La riqueza de las Provincias Unidas, las ambiciones territoriales del soberano francés, su desprecio hacia esta pequeña república o
el protagonismo que tuvo en la formación de la Triple Alianza son factores que contribuyeron a que Luis XIV tomara la decisión de
atacar a los neerlandeses.
• Como en el caso anterior, el soberano había realizado una importante preparación diplomática, cuyos hitos fundamentales fueron la
firma de una serie de tratados con Inglaterra, Suecia y varios príncipes alemanes.
• Luis XIV pudo así deshacer la Triple Alianza y evitaba que Suecia volviese a unirse a sus enemigos. Asimismo, el peligro que
pudiera significar Austria parecía eliminado por el tratado de 1668, pero un nuevo tratado firmado en 1671 estableció la neutralidad
del emperador.
• Así, a comienzos del verano de 1672, los ejércitos franceses invadieron las Provincias Unidas.
• La dolorosa percepción de su fragilidad defensiva provocó en Ámsterdam una reacción violenta contra el régimen republicano y la
entrega del poder al estatúder Guillermo de Orange, que lideraba los intereses centralistas y orangistas frente al patriciado urbano.
• Solo la ruptura de los diques que defendían del mar buena parte del territorio de las Provincias Unidas logró frenar la invasión,
imposibilitando el avance del ejército francés.
• La agresión provocó una serie de reacciones que dieron lugar, entre 1673 y 1674, a la formación de la Gran Alianza de la Haya,
formada por las Provincias Unidas, España, Austria, el duque de Lorena, el elector de Brandeburgo y una importante cantidad de
príncipes alemanes, con las destacadas excepciones de Baviera y Hannover. En cuanto a Inglaterra, Carlos II se vio obligado a firmar
la paz con los neerlandeses en febrero de 1674 a causa del malestar interno provocado por su intervención.
• Así, la conocida como Guerra de Holanda abandonó su escenario inicial, desarrollándose especialmente en los Países Bajos
españoles, la zona del Rin y Cataluña, pero también en territorios como el mar del Norte, el canal de la Mancha, el Mediterráneo,
las Antillas o la ruta de las Indias Orientales.
• En los Países Bajos, la guerra fue claramente favorable a los franceses. En el Rin, las armas de Francia avanzaron también al
comienzo de la guerra, con hechos como la devastación del Palatinado o la conquista del Franco Condado. Las tropas alemanas
trataron de hacerse con Alsacia, pero el dominio francés de este territorio acabó siendo preservado, pese a la muerte de Turenne en
batalla en 1675. En Cataluña, la guerra había comenzado con la invasión del Rosellón por las tropas españolas. Sus éxitos iniciales
fuero seguidos por un claro retroceso. Así, en 1675, Schomberg invadió la Cataluña española, ocupando Figueras y llegando hasta
las murallas de Gerona, para acabar conquistando Puigcerdá ya en 1678.
• La rebelión de Mesina dio pie a Luis XIV para intervenir en el Mediterráneo en auxilio de los rebeldes. Con ello complicaba la vida
a Carlos II y abría un nuevo frente que podría darle muchos beneficios, dada la existencia de descontentos en la Italia española. Sin
embargo, las tropas de Carlos II mantuvieron básicamente sus posiciones; además, ni en Sicilia ni en Nápoles se produjeron
levantamientos armados antiespañoles, algo con lo que contaba la estrategia francesa. Al contrario, la reacción mayoritaria fue de
lealtad y las dos principales batallas que se dieron en el mar tuvieron un resultado incierto.
• La prolongación de la guerra y la ausencia de resultados tangibles fueron debilitando la posición de Francia, así como el estado de
sus finanzas. Además, en 1675, su aliada Suecia fue derrotada por el elector de Brandeburgo, que tomó sus territorios en Pomerania.
Dicha derrota provocó el retroceso sueco hasta el final de la guerra.
• El malestar interior desembocó en una serie de revueltas.
• Inglaterra mantenía la neutralidad, pero en 1678 se produjo el matrimonio entre María, sobrina de Carlos II de Inglaterra e hija
mayor del duque de York, con Guillermo de Orange, un acercamiento que se plasmó en una alianza militar contra Luis XIV.
• Las paces de Nimega de 1678-1679 supusieron un gran triunfo para las Provincias Unidas, que recuperaron la totalidad de sus
territorios y lograron la abolición de las tarifas proteccionistas francesas de 1667.
• Sin embargo, territorialmente la beneficiada fue Francia, a costa sobre todo de España, que perdió el Franco Condado y catorce
plazas fronterizas de los Países Bajos, recibiendo como descargo algunas ciudades del interior de este territorio que se hallaban en
manos francesas desde la paz de Aquisgrán.
• Así, Luis XIV conseguía un nuevo avance territorial en la frontera nororiental de Francia, incorporando lo que aún no poseía de
Artois, parte de Flandes, parte del Henao y el Cambrésis. Asimismo, Francia intercambió Friburgo de Brisgovia por Philippsburg,
y se anexionó de hecho el territorio de Lorena.
El cenit de la hegemonía francesa. Las reuniones (1680-1684).
• Los años que transcurren entre la paz de Nimega y la tregua de Ratisbona marcan el punto culminante del predominio europeo de
Luis XIV.
• Hasta entrados los años ochenta tiene lugar la primera fase del reinado de Luis XIV, dominada por las iniciativas centralizadoras de
la maquinaria estatal y la guía económica de Colbert, dentro de una coyuntura económica favorable.
• A partir de entonces se iniciaría una segunda y última fase, en la que fueron más frecuentes los inviernos largos y fríos, las malas
cosechas y el hambre. El incremento del esfuerzo bélico hizo crecer la presión fiscal y el malestar de los franceses, que ya no vieron
culminadas con grandes éxitos las empresas de su soberano.
• Luis XIV empezó a aplicar en 1679 un ambicioso plan de recuperación territorial, amparado por el prestigio y el temor que despertaba
sus ejércitos, y basado en las imprecisiones de las paces anteriores, sobre todo de la de Nimega, que concedía a Francia una serie de
territorios con sus dependencias.
• Es la política de reuniones, que consistía en reivindicar jurídicamente, a través de las Cámaras de Reunión, y ocupar después, todos
los territorios que en algún momento hubieran formado parte o dependido de cualquier circunscripción que perteneciera a Francia.
• La localización en los archivos de documentos que justificaran la vinculación de algún enclave, provincia o territorio, desencadenaba
un procedimiento que llevaba a la ocupación del mismo por las tropas francesas, sin previa declaración de guerra.
• Se trataba de una absoluta arbitrariedad de Luis XIV, con la finalidad de anexionarse la orilla izquierda del Rin, en perjuicio de
posesiones españolas y territorios alemanes.
• A través del método de las reuniones, sus tropas ocuparon diversas zonas de los Países Bajos y Luxemburgo, así como una serie de
plazas antaño vinculadas a los tres obispados loreneses de Metz, Toul y Verdún.
• Pero la anexión más simbólica fue la de la ciudad libre de Estrasburgo, puerta del Imperio. Logró también que el duque de Mantua
le cediera la fortaleza de Casale, en el Monferrato.
• La reacción del resto de Europa ante tales desmanes hizo que se formara una coalición defensiva integrada por las Provincias Unidas,
Suecia, el emperador Leopoldo I y España en 1682.
• Sin embargo, a finales del año siguiente, cuando Francia invadió los Países Bajos, la Monarquía de España se encontró sola
en su declaración de la guerra contra Luis XIV y sus aliados se mostraron reacios a intervenir en su ayuda.
• España sufrió los ataques de los ejércitos franceses en los Países Bajos, Luxemburgo y Cataluña. Ninguno de los aliados de España
intervino. Las Provincias Unidas habían firmado una tregua con Luis XIV y el emperador se encontraba inmerso en la lucha contra
los turcos, que en 1683 llegaron a asediar Viena.
• La permisividad respecto a Luis XIV y el deseo de evitar una guerra llevaron a la tregua de Ratisbona en agosto de 1684, que difería
durante veinte años la solución de las cuestiones planteadas, reconociendo provisionalmente a Francia la libre posesión de los
territorios incorporados en virtud de la política de reuniones. Esta tregua fue el momento más alto en la trayectoria política de Luis
XIV.
Europa contra Luis XIV. La Guerra de los Nueve Años (1688-1697)
• La convicción de los gobernadores europeos de que era necesario oponer un frente sólido a la agresiva política gala se había ido
consolidando en los años anteriores al estallido de la Guerra de los Nueve Años.
• Sin embargo, tres hechos principales determinaron el giro antifrancés que se experimentó en la segunda mitad de los años ochenta.
El primero fue el triunfo del emperador frente a los turcos, que dejaba a Leopoldo I las manos más libres para luchar contra el
soberano francés. El segundo fue la revocación del Edicto de Nantes en 1685, que llevó a la expulsión de Francia de
aproximadamente 150.000-200.000 hugonotes, lo que provocó la indignación generalizada de los países protestantes, en especial de
las Provincias Unidas, Suecia y Brandeburgo. Y, en tercer lugar, se produjo la llamada Revolución Gloriosa inglesa, que situó en el
trono a María II y Guillermo de Orange. La presencia en el trono inglés de uno de sus mayores enemigos no solo alejaba de Luis
XIV la baza inglesa, sino que propiciaba la colaboración contra Francia de las dos potencias marítimas.
• Por primera vez, parecía constituirse una amplia alianza en contra del poder de Luis XIV, en la que figuraban también España y el
Imperio.
• Tales motivos determinaron la formación de un bloque contra Luis XIV. En 1686 se constituyó la Liga de Augsburgo, que agrupaba
al emperador, varios príncipes alemanes, España y Suecia. Más adelante, se unirían a la coalición Brandeburgo y otros estados
alemanes, Inglaterra, las Provincias Unidas y el papa, quien se hallaba enfrentado con Francia. Por último, en 1689, se sumaría
Saboya.
• El conjunto de pactos entre los diversos participantes del bloque antifrancés fueron la base de la Gran Alianza, cuyo acuerdo principal
entre el emperador, Inglaterra y las Provincias Unidas, se firmó en Viena en mayo de 1689.
• La ocasión para la guerra la proporcionaron dos incidentes. Por un lado, la sucesión del obispo-elector de Colonia, en la que el papa
confirmó al candidato imperial frente al de Luis XIV. Por otro, la sucesión del Palatinado. A la muerte del duque palatino Carlos II
de Simmern sin hijos, fue nombrado sucesor Felipe de Neoburgo, católico y suegro de Leopoldo I.
• Por su parte, Luis XIV defendió los derechos de su cuñada, Isabel Carlota del Palatinado, hermana del fallecido elector, a todo o
parte de los bienes del finado.
• Así, los ejércitos de Luis XIV invadieron las posesiones papales de Avignon y el condado Venesino, buena parte del obispado de
Colonia y el Palatinado. Este último fue saqueado y muchas de sus ciudades, destruidas, provocando la indignación de la mayoría
de los príncipes alemanes.
• La guerra de los Nueve Años, que también ha recibido otros nombres, fue una prolongada lucha de desgaste que se desarrolló en
varios escenarios: el Palatinado, los Países Bajos españoles, el norte de Italia, Cataluña e Irlanda, además de la guerra marítima y la
lucha anglofrancesa en el continente americano y en la India.
• En el curso de conflicto, Francia padeció serias dificultades financieras, económicas y humanas.
• En 1696, y a cambio de la restitución íntegra de sus territorios, Víctor Amadeo II de Saboya se unió a Francia, con cuyo ejército
colaboró en la invasión del Milanesado. En Cataluña, el 9 de agosto de 1697, acabó cayendo Barcelona.
• Después de muchos años de guerra, el agotamiento de los contendientes empujaba hacia la paz. En Inglaterra, la opción pacifista
defendida por el partido tory se basaba también en una aguda crisis financiera, que llevó a la creación del Banco de Inglaterra en
1694.
• Las conclusiones del conflicto se vieron propiciadas por paces parciales y por la expectativa de la sucesión española. En 1696, el
único interesado en continuar la guerra parecía ser el emperador.
• En 1697 se firmó la paz de Ryswick, por la que Luis XIV tuvo que reconocer como rey de Inglaterra a Guillermo III. Se restableció
el orden de Nimega, por lo que Francia se vio obligada a devolver todas las anexiones hechas con la política de reuniones, a excepción
de Estrasburgo, así como las conquistas realizadas en el curso de la guerra. El duque de Lorena recuperó sus territorios, excepto
algunas zonas, que quedaron bajo dominio francés. Las Provincias Unidas no solo obtuvieron condiciones favorables de comercio
con Francia, sino también el derecho de establecer guarniciones en una serie de ciudades de los Países Bajos españoles, con lo que
lograban crear una barrera defensiva frente a Luis XIV. Saboya recibió la fortaleza de Piñerolo, a lo que se unió la restitución al
duque de Mantua de la fortaleza de Casale, con lo que Francia perdió sus escasas posesiones en Italia.
• En conjunto, la paz resultó favorable para España, la cual recuperó Luxemburgo y los territorios y plazas conquistados por Luis XIV
después de Nimega.
• Ryswick suponía un primer retroceso en su trayectoria y un importante triunfo de la coalición general contra su política.
Los tratados de reparto de la Monarquía de España.
• Una de las claves principales de la política internacional durante la segunda mitad del siglo XVII era la decadencia de la Monarquía
de España.
• Ello aportaba a las relaciones internacionales una idea o sensación de provisionalidad, de fin inevitable de una etapa, que anunciaba
grandes cambios en el mapa político.
• La falta de sucesión de Carlos II no fue sino la ocasión para llevar a cabo dicha reordenación territorial.
• A medida que transcurría el reinado de Carlos II, el futuro de la Monarquía de España se fue articulando en torno al problema de la
sucesión, que se convertiría progresivamente en el gran asunto de la política europea.
• La debilidad del rey de España y su incapacidad para engendrar un heredero tuvieron un efecto positivo para la política exterior
española, puesto que contribuyeron a defender la integridad de sus dominios a la espera de la solución que hubiera de adoptarse a
su muerte.
• A ello colaboró también el temor de otras potencias europeas a la ambición expansionista de Luis XIV, así como la habilidad y el
pragmatismo de la política exterior y la diplomacia española.
• Sin embargo, el futuro de la Monarquía de España no dependía de las decisiones que se tomaran en la corte madrileña, sino de los
intereses de las principales potencias europeas.
• A falta de un heredero directo, el porvenir de la Monarquía entraba en los márgenes tradicionales de la cultura política europea, que
tenía en los derechos y las reivindicaciones dinásticas uno de sus principales ejes de articulación.
• Los príncipes que podían alegar derechos a la herencia de Carlos II eran los descendientes de las hijas y hermanas de Felipe IV, por
lo que la sucesión podría recaer en un príncipe de la casa Habsburgo o de la casa francesa de Borbón. Entraban así en juego las dos
grandes dinastías europeas, dos de los principales poderes del continente, lo que incrementaba la dimensión y el alcance del posible
conflicto.
• Tanto en el caso de Felipe III como de Felipe IV, sus hijas mayores (Ana y María Teresa respectivamente) se habían casado con
reyes sucesivos de Francia (Luis XIII y Luis XIV), mientras que sus segundogénitas (María Ana y Margarita) lo habían hecho con
emperadores de la casa Habsburgo (Fernando III y Leopoldo I).
• Aunque, en un principio, las hermanas mayores siempre deberían tener preferencia respecto a la sucesión, tanto Ana como María
Teresa habían renunciado a sus derechos sucesorios a la hora de casarse con Luis XIII y Luis XIV respectivamente. La firma de
estas renuncias daría pie en el futuro a una prolija discusión sobre su validez o falta de ella.
• Si se aceptaba la validez de las renuncias, el trono habría de pasar a un príncipe de la familia Habsburgo. El emperador reclamaba
su derecho como hijo de Fernando III y de la segunda hija de Felipe III, María Ana. En 1666 se había casado con la infanta Margarita,
única hermana de padre y madre de Carlos II. Esta infanta sólo dejó a su temprana muerte un hija superviviente, María Antonia, que
abría una relevante alternativa sucesoria dentro de la propia línea Habsburgo a favor tanto de la propia archiduquesa como de los
hijos que pudiera tener.
• Luis XIV reforzó el parentesco que tenía con los Habsburgo españoles con su matrimonio con María Teresa. Pero, a diferencia del
caso de Leopoldo I y Margarita, Luis XIV tuvo un hijo varón superviviente de este matrimonio, el Gran Delfín, que tenía un
parentesco con Carlos II mayor del que podía aducir el archiduque Carlos, hijo del tercer matrimonio del emperador. Los lazos
familiares de los Borbones de Francia eran mayores, pero también es cierto que los monarcas españoles vinculaban la idea de familia
al tronco Habsburgo.
• En 1692, apareció una nueva candidatura cuando la archiduquesa María Antonia dio a luz a un hijo, José Fernando, de su matrimonio
con el príncipe elector Maximiliano Manuel de Baviera. Ella murió poco después del parto, pero dejaba tras de sí un hijo con grandes
posibilidades para hacerse con la sucesión.
• El recién nacido no solo era nieto de la única hermana de padre y madre de Carlos II, sino que su pertenencia a una casa dinástica
de segundo orden suscitaba menos reticencias que las que provocaban los príncipes de las poderosas casas de Habsburgo y Borbón.
• De hecho, la candidatura de José Fernando de Baviera acabó siendo tan importante que Carlos II le nombró su heredero universal
en sus dos primeros testamentos de 1696 y 1698.
• Tanto el rey de Francia como el emperador Leopoldo I reivindicaron siempre su derecho a la totalidad de la herencia. Los tratados
de reparto fueron obra esencialmente de Luis XIV, quien siempre supo usarlos en beneficio de sus intereses.
• Hubo tres tratados de reparto en los años 1668, 1698 y 1700.
• Respecto al tratado de 1668, Francia pactó con Austria, lo que se explica por las circunstancias del momento. Inglaterra y las
Provincias Unidas acababan de concluir la segunda de sus guerras mercantiles, lo que daba al rey de Francia un margen de actuación.
Pero resultaba prioritario para él conseguir la neutralidad del emperador en las reivindicaciones territoriales de Luis XIV sobre los
Países Bajos españoles, que darían lugar a la Guerra de Devolución. A finales de siglo, las cosas serían distintas, lo que le permitiría
aislar al emperador y pactar con quien suponía entonces la, mayor amenaza para sus ansias expansionistas, Guillermo III.
• En 1668, además, tanto el emperador como el rey de Francia eran jóvenes monarcas que aún no habían consolidado su sucesión, por
lo que se adjudicaban directamente la herencia de la Monarquía de España. A finales de siglo, en cambio, los beneficiarios serían
miembros de sus líneas dinásticas con derechos sucesorios, hijos o nietos de ambos soberanos.
• El primer tratado de reparto se firmó en Viena el 19 de enero de 1668. Decía que, en caso de que Carlos II muriera sin hijos, el
emperador recibiría la península Ibérica (a excepción del reino de Navarra y la plaza de Rosas), las islas Baleares, Canarias, las
Indias occidentales, Milán, Finale, los presidios de la Toscana y las posesiones del mar de Liguria hasta los límites de los reinos de
Nápoles y Cerdeña. Francia obtendría Navarra, Rosas, los Países Bajos, el Franco Condado, Filipinas, las plazas de la costa de África
y los reinos de Nápoles y Sicilia, con sus islas adyacentes.
• A diferencia de los tratados posteriores, de haberse llevado a cabo, la aplicación del acuerdo de 1668 habría supuesto la desaparición
de la Monarquía de España, que se hubiera distribuido entre Francia y el Imperio.
• A consecuencia de este tratado, Austria se mantuvo neutral en la Guerra de Devolución.
• Pocos años más tarde, cuando Leopoldo I se unió al bloque antifrancés con ocasión de la Guerra de Holanda, el tratado pasó a ser
letra muerta ante las desavenencias provocadas por el expansionismo de Luis XIV.
• Al constituirse la Gran Alianza de 1689, el emperador buscó el apoyo secreto de Inglaterra y las Provincias Unidas en sus
reivindicaciones sobre la totalidad de la herencia española.
• Para Leopoldo I, el nacimiento en 1692 de su nieto José Fernando de Baviera no suponía ningún impedimento para sus
reclamaciones, pues había hecho renunciar a su hija María Antonia a todos sus derechos sucesorios antes de casarse con Maximiliano
II Manuel de Baviera, renuncia que Carlos II nunca aceptó.
• Luis XIV, por su parte, estaba dispuesto a reclamar la herencia de la Monarquía por la fuerza si fuese preciso, pero la capacidad
demostrada por sus enemigos en la Guerra de los Nueve Años le aconsejaba ser prudente y tratar de asegurarse los territorios que
más le interesaban.
• El tratado de reparto de 1698 fue una jugada maestra, pues Luis XIV logró romper la coalición internacional que se le había
enfrentado en los años anteriores, pactando con Inglaterra y las Provincias Unidas, y aislando a Austria.
• Este tratado, firmado el 11 de octubre de 1698, estipulaba que el trono de España y el grueso de la Monarquía de España serían para
el príncipe José Fernando de Baviera. Los reinos de Nápoles y Sicilia, los presidios de Toscana, Finale y la provincia de Guipúzcoa
irían a parar a manos del Gran Delfín Luis, y el ducado de Milán sería para el archiduque Carlos, segundogénito del emperador
Leopoldo I.
• Un artículo secreto nombraba al elector Maximiliano II Manuel de Baviera tutor de su hijo durante su minoría, y heredero universal
de todos sus reinos y coronas en el caso de que José Fernando de Baviera muriera antes que él sin descendencia.
• La muerte de José Fernando de Baviera en 1699 cambió las cosas, pues ya solo quedaba la posibilidad de un heredero Habsburgo o
uno Borbón.
• Este hecho llevó a un tercer tratado de reparto firmado en Londres el 3 de marzo y en La Haya el 25 de ese mismo mes de 1700.
Estipulaba que el archiduque heredaría toda la Monarquía excepto Guipúzcoa, los reinos de Nápoles y Sicilia, las plazas de Toscana
y el marquesado de Finale, que serían para el Gran Delfín, y el ducado de Milán, que sería para el duque de Lorena, a cambio de la
cesión de sus estados al heredero de Luis XIV.
• El tratado de 1700 no se llevó a la práctica, pues el tercer y último testamento de Carlos II adjudicó todos sus reinos y territorios a
Felipe, duque de Anjou, segundo nieto de Luis XIV, con la condición de que la herencia española se mantuviese unida y nunca se
pudiese fusionar con la francesa.
• Los consejeros de Estado llegaron a la conclusión de que la única posibilidad de salvar la integridad de la Monarquía era que se
declarase heredero al nieto del rey de Francia, único capaz de defenderla de una posible división, aunque no estaban seguros de que
Luis XIV aceptara la totalidad de la herencia para su nieto.
• El testamento de Carlos II tuvo una importancia excepcional, al conferir a Felipe V una legitimidad de origen que habría de resultar
determinante para garantizarle la lealtad de la mayor parte de sus súbditos, la cual, en última instancia, le llevaría a ganar la Guerra
de Sucesión en el interior de España.
• Otro efecto positivo del testamento fue que impidió la realización de los tratados de reparto. Fue un éxito de los gobernantes
españoles.
• Sería precisamente la actitud de Luis XIV y su política ambiciosa la que llevó a la guerra, que hubiera podido evitarse con mayor
prudencia y, al final de la misa, al reparto de la Monarquía, lo que los consejeros de Estado y el propio Carlos II tanto habían tratado
de evitar.
7 • Los tratados de reparto carecían de base jurídica alguna y escondían ambiciones evidentes. No obstante, parecían ser
la única posibilidad, en principio, pacífica, de resolver los problemas vinculados a la inviable estructura territorial de la Monarquía
de España.
• Asimismo, el interés de diversos países por buscar un arreglo que evitase la guerra no dejaba de suponer un paso adelante en la
política internacional.
Transformaciones militares del siglo XVII
• Las formas de hacer la guerra evolucionaron sobre las bases de los ejércitos anteriores. No hay por tanto cambios decisivos, sino un
simple desarrollo en varios sentidos.
• Lo más importante fue el aumento de la capacidad organizativa y logística, lo que permitió reunir y mantener en campaña ejércitos
bastante mayores en número.
• Las formas de combate, en cambio, apenas variaron.
• Desde los inicios de la Edad Moderna se habían ido generalizando paulatinamente el uso de la pólvora y la artillería, así como los
nuevos tipos de fortificaciones, al tiempo que se perfeccionaba las armas de fuego individuales y colectivas. El protagonismo cada
vez mayor de estas y el progreso en las técnicas de fortificación dieron lugar a fortalezas estrelladas cada vez más complejas.
• La forma dominante de la guerra en el siglo XVII fueron los sitios y asedios de plazas, que contaban con grandes guarniciones, lo
que dificultaba la formación de ejércitos para salir en campaña.
• Sin embargo, a partir del último cuarto de siglo, las operaciones de sitio fueron perdiendo importancia por el debilitamiento de los
sistemas de defensa, gracias a innovaciones y mejoras en el ataque de plazas como consecuencia de los avances en la artillería.
• Las innovaciones principales fueron las francesas de las décadas finales de la centuria. La gran invención fueron los morteros de tiro
curvo, que superaban las defensas y cuya combinación, con el notable incremento del número de cañones, permitió a Vauban
revolucionar las tácticas de sitio al servicio de Luis XIV.
• En la infantería, continuó la tendencia ya iniciada en el siglo XVI hacia la reducción de las picas en beneficio de las armas de fuego.
En el siglo XVII, los mosqueteros se impusieron a los arcabuceros. El mosquete se trataba de un arma más pesada y larga, de más
calibre, pero con mayor potencia y alcance.
• En cuanto a las tácticas de combate, tanto arcabuceros como mosqueteros solían combatir en mangas móviles, separadas del
escuadrón de picas, que les servía para refugiarse, especialmente ante los ataques de la caballería enemiga.
• En los años noventa del siglo XVI, los neerlandeses, con Mauricio de Nassau, adoptaron una nueva formación en el campo de
batalla, la llamada contramarcha. El objetivo de la contramarcha era conseguir una cadencia casi continua de disparos, para lo que
Mauricio de Nassau redujo a diez las filas de tiradores y perfeccionó la táctica de la salva, haciendo que, una vez efectuado el
disparo, la primera fila se retirase hacia atrás, para permitir disparar a las siguientes. El relevo constante de la fila que acababa de
disparar por la siguiente permitía una alta cadencia de disparos, aunque exigía entrenamiento y disciplina.
• Los inconvenientes eran que quedaban expuestos a la lucha cuerpo a cuerpo, lo que obligaba a un mejor entrenamiento individual,
y que resultaban más vulnerables a la caballería, aunque esta temía enormemente a sus descargas. Gustavo Adolfo de Suecia
introdujo una nueva formación táctica, la brigada, constituida por cuatro escuadrones formados en flecha, con el cuarto escuadrón
en reserva.
• Los cambios tácticos iniciaron la evolución hacia el orden lineal, que habría de ser característico del siglo XVIII. Pero también
influyeron dos importantes innovaciones en el armamento: la llave de chispa o pedernal y la bayoneta.
• La caballería evolucionó también, olvidad ya la vieja caballería pesada, heredada de la Edad Media. El caballo moderno basa su
fuerza en la rapidez, lo que dio paso a la proliferación de caballerías ligeras, algunas de las cuales incorporaron el arma de fuego.
• En cuanto a las formas de reclutamiento, siguieron predominando los voluntarios, aunque buena parte de ellos no fueron ya
reclutados por compañías o pequeñas unidades a cargo de los capitanes. La figura del empresario militar alcanzó un gran desarrollo,
especialmente en la Guerra de los Treinta Años, siendo uno de los más destacados el famoso Wallenstein. De todos modos, estos
personajes tan poderosos no dejaban de causar recelos entre sus patrones.
• El ejército más novedoso de aquella contienda fue el de Suecia, basado en un elevado número de mercenarios extranjeros y en un
servicio militar obligatorio repartido por distritos, que correspondían con las antiguas provincias rurales, dotadas de una marcada
cohesión comunitaria. Le aportaban demás cierto carácter patriótico, al que se unía un moderno adiestramiento.
• Esta forma de conscripción sueca dio lugar en tiempos de Carlos XI, a sistemas como el “Indelningsverk” o la Indelta, que se
mantuvieron en vigor, aunque con modificaciones, hasta 1901. Cada rotar o grupo de granjas había de proporcionar y sostener a un
soldado. Los propietarios estaban obligados a cederle un lote, construirle una casa de madera y cuando se encontraba movilizado,
trabajar sus tierras y ocuparse del mantenimiento de su familia.
• Otro caso peculiar es el del New Model Army de Cromwell, en el que el sentimiento religioso puritano se unía al carácter
revolucionario.
• Durante las últimas décadas del siglo XVII y las primeras del XVIII, hubo en muchas zonas de Europa un cierto declive de los
empresarios militares y de los coroneles o capitanes que reclutaban su propia unidad, en beneficio del reclutamiento realizado
directamente o controlado por las estructuras administrativas de los diferentes estados, que tendieron a reducir el número y la
autonomía de los intermediarios. El caso más destacado fue el de la Francia de Luis XIV, en la que los sistemas de reclutamiento
administrativo que se desarrollaron y la mayor utilización de extranjeros dieron lugar a finales de siglo a un ejército que superaba
ampliamente los 300.000 hombres.
• La Francia de Luis XIV se convirtió en el modelo militar de las décadas finales del siglo. El avance principal tuvo lugar en la
organización administrativa con el refuerzo de la dependencia del ejército con respecto al rey.
• Ello implicó la estructuración de un cuerpo de oficiales y la fijación de la jerarquía de los grados y el sistema de ascensos basado en
la antigüedad. Asimismo, se generalizó el uniforme, se favoreció la renovación técnica de las armas y se extendió la construcción
de cuarteles, que permitieran separar el ejército de la población civil. Una de las principales creaciones fue el cuerpo de los Inválidos
que se trataba en definitiva, de un avance más hacia la profesionalización de la actividad militar, con un primitiva sistema de
protección social.
• Conviene insistir en la dificultad de aportar cifras de soldados. En el propio ejército francés Luis XIV, Corvisier ha calculado que
solo un 60 por 100 de los soldados que figuraban en las muestras podían considerarse efectivos. Con Felipe III la Monarquía de
España mantuvo siempre, más de 100.000 soldados, suma que su hijo incrementó, acercándose a los 200.000 en 1640, lo que
superaba al ejército francés, que entre 1635 y 1642 no pasó de 80.000 hombres en campaña. A partir de entonces, las tropas de
Felipe IV descendieron, aunque se mantuvieron frecuentemente entre los 120.000- 150.000 hombres, cifras similares a las que pudo
tener el ejército francés, lo que hacía de ambos los más potentes de Europa.
• En la segunda mitad del siglo, el ejército español de Carlos II mantenía unos 80.000-100.000 soldados, cuantía ligeramente superior
a la que pudieran tener las Provincias Unidas o el Imperio en los mejores momentos, pues en tiempo de paz bajaban mucho.
• El gran ejército europeo era el de Luis XIV, que en la Guerra de Devolución movilizó 134.000 soldados, 253.000 en la de Holanda
y 340.000 en la de los Nueve Años, que constituyó su momento culminante, pues no pasaría de los 255.000 en la Guerra de Sucesión
de España.
• Un caso peculiar era el del ejército inglés, cuyo incremento contaba habitualmente con la oposición del Parlamento y que mantuvo
cifras muy reducidas durante todo el siglo. Solo a finales de la centuria, con la llegada de Guillermo III, y su participación activa en
la política europea, se estableció un ejército británico de 34.000 miembros, que crecería durante la Guerra de los Nueve Años.
• Como señalara Geoffrey Parker, a finales del siglo XVII se produjo el mayor crecimiento de los ejércitos europeos desde los inicios
de la Edad Moderna, que se vería consolidado durante la Guerra de Sucesión de España, en la que la movilización de tropas alcanzó
una cuantía hasta entonces desconocida.
• El problema de calcular los soldados se extiende a los barcos o unidades de la guerra naval, que en la segunda mitad del siglo era ya
casi exclusivamente barcos de guerra, abandonándose la costumbre anterior de utilizar buques mercantes armados.
• La dificultad para organizar y mantener un número elevado de hombres se veía especialmente en las batallas con más combatientes
que las de la centuria anterior, aunque lejos de las cuantías que se alcanzarían posteriormente.
• La elevada mortalidad que padecían los ejércitos, no solo en las batallas, sino también por otras causas, explica la facilidad con la
que se deshacían, en lo que colaboraban también las frecuentes deserciones. Cuando ambos bandos estaban más o menos igualados,
los dos solían sufrir grandes bajas. Frecuentemente, las tropas que se retiraba o huían eran objetos de grandes matanzas. Asimismo,
tras la conquista de una plaza después de un asedio, muchas de las guarniciones eran eliminadas por los vencedores.
6.2 Otros países europeos.
Las Provincias Unidas
• La Unión de Utrecht (1579) agrupó a las provincias calvinistas del norte frente a las católicas del sur, obedientes a Felipe II. En
1581, con el Acta de Abjuración, con la que rompieron la lealtad que les vinculaba a dicho monarca, se inició formalmente su
independencia.
• Cada una de las siete provincias mantuvo su soberanía, de forma que la representación política en la que se agrupaban, los Estados
Generales, era una asamblea parlamentaria formada por miembros de todas ellas. Así pues, no anulaba sus soberanías individuales,
lo que hacía que las decisiones más importantes hubieran de adoptarse por unanimidad.
• Las provincias rebeldes establecieron la figura de un gobernador general subordinado a los Estados Generales.
• Dicho esquema constitucional quedaba en realidad alterado por la autoridad evidente de Guillermo de Orange, estatúder de Holanda,
un cargo procedente de los lugartenientes provinciales del rey en la Edad Media y dotado de un importante perfil militar. Desde el
principio, por tanto, existía una tensión republicanismo-orangismo en la estructuración constitucional de la naciente soberanía.
• El asesinato de Guillermo de Orange en 1584 resolvió temporalmente la cuestión, pero la oscilación entre ambas posibilidades
caracterizaría la historia de la República de las Provincias Unidas.
• Tras la muerte del estatúder, las provincias rebeldes ofrecieron entonces el mando político-militar a Enrique III de Francia y luego
a Isabel I de Inglaterra. Ninguno de ellos aceptó el cargo, pero la reina inglesa buscó una vía intermedia con la firma del tratado de
Nonsuch (1585), por el que admitía una cierta dependencia del nuevo estado respecto a Inglaterra, otorgándole algunos poderes a
cambio de enviar tropas y colaborar en la financiación de gastos militares.
• La reina envió al frente de 7.000 soldados a Robert Dudley, conde de Leicester, que se convirtió en el nuevo gobernador general
hasta 1588.
• Los intentos de Orange y Leicester por configurar un poder unipersonal efectivo chocó con las aspiraciones de los Estados Generales,
que en 1590 se proclamaron soberanos. El problema es que carecían de la unidad y cohesión necesarias, al depender demasiado
tanto de los estados de cada una de las provincias como de las principales ciudades.
• Cada provincia contaba con un estatúder, así como un pensionario elegido por los estados provinciales y encargado de la
coordinación política. Ambos cargos se repetían en el gobierno conjunto, pues además del rango superior del estatúder de Holanda,
existía un gran pensionario – habitualmente el de dicha provincia – elegido por los Estados Generales y que encabezaba el gobierno
político, asistido por un Consejo de Estado y otros organismos. Las diversas asambleas – Estados Generales y provinciales – estaban
dominadas por miembros de la burguesía urbana, aunque había también nobles y representantes de campesinos.
• Otra característica era el predominio de la provincia de Holanda o, mejor dicho, de las dieciocho ciudades holandesas con derecho
a voto en sus Estados Provinciales.
• La tensión entre las dos posibilidades de gobierno implícitas en la estructura constitucional se reflejaba en la pugna entre diversas
personalidades.
• La primera la protagonizaron el hijo del príncipe Guillermo de Orange, Mauricio de Nassau, y Johan van Oldenbarneveldt. Mauricio
se convirtió en estatúder de Holanda, Zelanda y otra serie de provincias, reafirmando el liderazgo militar de su cargo. El segundo
estuvo al frente de los Estados de Holanda desde 1586.
• La pugna se vinculó con el enfrentamiento religioso entre gomaristas y arminianos. Mauricio recurrió a la fuerza y expulsó a los
arminianos de los consejos municipales de Holanda, al tiempo que la herencia del principado de Orange contribuía a incrementar su
poder.
• Oldenbarneveldt fue ejecutado y su cargo, abolido. No sería la única vez que el jefe de los republicanos moriría de forma violenta.
• La tensión república-orangismo se mantuvo viva con los dos siguientes príncipes-estatúder, Federico Enrique y Guillermo II de
Orange, pero la muerte prematura de este último en 1650, dejando a un hijo póstumo, el futuro Guillermo III, inclinaría la balanza
del lado republicano durante las décadas siguientes
• A mediados de la centuria, el auge del republicanismo neerlandés coincidía con el triunfo del modelo republicano en las Islas
Británicas.
• La figura clave era ahora el gran pensionario Johan de Witt, si bien los Estados Generales no había logrado superar la falta de
cohesión interna.
• Aprovechando la minoría de edad del príncipe, De Witt trató de frenar la acumulación del poder del linaje con diversas leyes de los
Estados Generales.
• Sin embargo, sus mayores problemas fueron los derivados de la oposición mercantil a Inglaterra, que llevaría a sendas guerras en
cada una de las tres décadas posteriores a 1650, y la amenaza de Francia.
• Los gastos derivados de la política exterior provocaron una grave crisis hacendística en la primavera de 1672. Ante la inminencia
del ataque francés, los Estados Generales entregaron el mando militar y naval a Guillermo de Orange.
• En plena invasión de las tropas de Luis XIV, los hermanos Johan y Cornelius de Witt fueron linchados por una multitud en La Haya,
mientras Guillermo III lograba que se reconociera formalmente el carácter hereditario de su cargo y que un orangista ocupara el
puesto de gran pensionario.
• El republicanismo había perdido la batalla, pero formalmente las Provincias Unidas seguían siendo una república.
• El acceso de Guillermo III al trono de Inglaterra y el protagonismo que adquirió en la política europea como líder de la oposición a
Luis XIV reforzaron su figura. Mientras vivió, la política de los Estados Generales estuvo de hecho vinculada a la de Gran Bretaña.
• La postura de la República y su gran pensionario Antonio Heinsius fue muy seguidista de la que marcaba el monarca británico.
Los Países Bálticos. Suecia y Dinamarca
• El rey Gustavo II Adolfo fue un defensor acérrimo del protestantismo y uno de lo más brillantes monarcas suecos.
• A cambio de ratificar sus privilegios, consiguió el apoyo de la poderosa nobleza, y logró zanjar las guerras heredadas con Dinamarca
y Rusia.
• Auxiliado por el canciller Axel Oxenstierna, logró fortalecer el poder real y mantener unas buenas relaciones con la asamblea
estamental (Riksdag), que le permitieron reestructurar el poder en la corte mediante la creación de varios consejos o colegios
especializados, reformar las finanzas y la justicia, y organizar un poderoso ejército que asombraría a Europa.
• Su muerte en la batalla de Lützen abrió un paréntesis complicado. Su única hija, Cristina, era una niña de seis años en el momento
de su muerte, por lo que se inició una regencia a cargo de Oxenstierna. La alta nobleza no desaprovechó la ocasión para consolidar
constitucionalmente las bases legales de su poder mediante la aprobación de una nueva forma de gobierno de 1634.
• Cuando llegó a la mayoría de edad, Cristina trató sin éxito de revertir la situación. Ella logró que el Riksdag nombrara como su
sucesor a su primo Carlos Gustavo del Palatinado Deux- Ponts. En 1654, Cristina abdicó y abandonó Suecia para convertirse al
catolicismo.
• La nobleza en aquellos años era el auténtico poder de Suecia. Su largo predominio la había enriquecido mucho y tenía entonces casi
un 70% de la propiedad de la tierra.
• Carlos X Gustavo, en su breve reinado (1654-1660), recuperó los proyectos de una Corona fuerte y una Suecia hegemónica y
dominadora en el Báltico. En el interior, logró revertir a la Corona parte del patrimonio enajenado y estableció una contribución
sobre los bienes de la alta nobleza.
• En el ámbito exterior, se enfrentó con Polonia y más adelante con Dinamarca.
• Tras la temprana muerte del monarca, el trono quedó en manos de su hijo de cinco años, Carlos XI (1660-1697), lo que dio paso a
una nueva regencia en la que la aristocracia recuperó buena parte de su poder, tanto político como territorial. El personaje clave fue
el canciller marqués de La Gardie, quien continuaría en su cargo tras la mayoría de edad del monarca.
• En la segunda mitad de los años setenta, la alianza con la Francia de Luis XIV resultó decisiva para mantener incólumes las
posesiones suecas, a pesar de los reveses sufridos en la Guerra de Holanda.
• La derrota exterior facilitó el triunfo de la oposición a la aristocracia gobernante, de la que formaba parte también la baja nobleza,
lo que permitió a Carlos XI insistir en la política de reforzamiento del poder real, logrando importantes avances hacia el absolutismo.
• No solo consiguió del Riksdag una ley que obligaba a la nobleza a restituir a la Corona las tierras enajenadas durante la regencia,
sino que logró que dicha asamblea votara una Ley Regia en 1682, que le daba la prerrogativa de legislar sin tener que convocar esta
asamblea.
• Asimismo, restauró las finanzas, reorganizó el ejército, introdujo uno de los primeros sistemas de conscripción para el reclutamiento
de las tropas y puso en práctica una política económica inspirada en la de Colbert.
• Carlos XI insistió en el ennoblecimiento como recompensa al servicio a la Corona. Tanto él como su hijo Carlos XII (1697- 1718)
fueron monarcas absolutos.
• Una pugna similar entre la Corona y la aristocracia existía en Dinamarca, cuyos monarcas también lo eran del reino de Noruega.
• Hasta 1660 la Monarquía siguió siendo electiva, aunque pasaba de hecho de padres a hijos.
• El largo reinado de Cristián IV (1588-1648) se inicio con una fase de regencia, lo que dio alas a una alta nobleza siempre poderosa.
Sus privilegios, reconocidos reiteradamente por la Corona, se plasmaban en el terreno político a través del Rigsrad, un consejo
aristocrático con amplios poderes, que limitaban los del monarca.
• Cristián IV contaba a su favor con la gran riqueza de las finanzas reales. Ello le permitiría lanzarse a una ambiciosa política exterior
en la que, al objetivo prioritario de mantener su hegemonía en el Báltico, se uniría más adelante la intervención en favor de los
protestantes alemanes en la Guerra de los Treinta Años, que se saldó con una clara derrota.
• La Paz de Lübeck de 1629 le permitió recuperar la península de Jutlandia, pero impuso a Dinamarca la renuncia a intervenir en el
conflicto alemán, lo que suponía indirectamente dejar la iniciativa en manos de su enemiga Suecia.
• Su intervención en la Guerra de los Treinta Años ocasionó enormes gastos, que comprometieron seriamente las finanzas y el
patrimonio de la Corona. Tras la derrota, las malas cosechas y la peste, Cristián IV solicitó nuevas contribuciones, lo que provocó
las quejas de ciudades y campesinos.
• Se inició entonces un periodo difícil hasta bien entrados los años cuarenta, en que se incrementó fuertemente la presión fiscal con la
complicidad del Consejo.
• El final del su reinado, con las paces de Brömsebro en 1645, y la posterior de Westfalia, confirmó la pérdida de su hegemonía en el
Báltico y la marginación de Dinamarca.
• Antes de ser elegido rey, su hijo Federico III (1648-1670) tuvo que firmar una Carta de Privilegio en la que aumentaba de forma
considerable las atribuciones del Consejo (Rigsrad) frente al monarca. La continuación de las guerras con Suecia en la segunda
mitad de los años cincuenta apenas permitió el alivio de la fiscalidad, pero el malestar acumulado por los diversos sectores del reino,
junto a las derrotas militares y las pérdidas sufridas en las paces de Roskilde y Copenhague, acabaría con el gobierno aristocrático
existente desde 1648.
• En 1660, con la colaboración del monarca, los Estados Generales consiguieron revertir la situación. Un frente del tercer estado y el
clero, dirigido por el patriciado de Copenhague, solicitó una reforma de las finanzas y la fiscalidad.
• La Carta de 1648 fue derogada y la Corona se convirtió en hereditaria, dotándose en 1661 de amplias prerrogativas en el terreno de
la legislación y las finanzas.
• El retroceso internacional marcó un claro avance hacia el absolutismo, como reacción al poder aristocrático. Fueron los parlamentos
quienes respaldaron el giro hacia el poder absoluto. Sobre la base de la Ley Regia de 1665, Federico III y su sucesor, Cristián V
(1670-1699), reforzaron su poder e impulsaron una serie de reformas que centralizaban la administración.
Polonia-Lituania y la Rusia de los primeros Romanov.
• Los tres monarcas polacos de la dinastía Vasa, Segismundo III (1587-1632), y sus hijos Ladislao IV (1632-1648) y Juan Casimiro
V (1648-1668) fracasaron en su intento de reforzar el poder real y convertir la monarquía en hereditaria, ante la enorme fuerza de la
nobleza.
• La nobleza controlaba la Dieta bicameral (Sejm) y las dietas provinciales. De hecho, desde comienzos de siglo, la nobleza había
incrementado su poder al conseguir no solo que la Dieta controlara el ennoblecimiento, sino que se le reconociera también el derecho
de desobediencia. Además, desde 1652, se utilizó el llamado “liberum veto”, una prerrogativa que exigía la unanimidad para los
acuerdos de la Dieta.
• La debilidad del poder real se basaba también en sus limitados recursos.
• Ante la dificultad de avanzar hacia la consolidación de un poder real eficiente y centralizado, la principal estructura organizadora
del poder fue el clientelismo, que se derivaba del predominio de los grandes nobles latifundistas sobre la pequeña nobleza,
enormemente privilegiada, dueña de la práctica totalidad de la tierra y cuyo poder político abarcaba el conjunto del reino,
extendiéndose sobre los beneficios eclesiásticos y los cargos y oficios de gobierno. Por otra parte, nos encontramos con un numeroso
campesinado sujeto a servidumbre. En medio, apenas nada.
• En el terreno religioso, continuó la política contrarreformista con el apoyo de los jesuitas, lo que no dejó de plantear problemas,
principalmente con los judíos, los campesinos ortodoxos, los cosacos del Dniéper o los rutenos o uniatos.
• A ello se unió la persecución de grupos como los socianos o socinianos, que culminaría con su expulsión en 1658.
• Junto a las tensiones religiosas estaban las raciales, en el conjunto de pueblos que formaban los extensos territorios de Polonia,
Lituania y la Prusia real. Por ejemplo, en 1648, los cosacos zapórogos de Ucrania, descontentos con la política católica y la
dependencia de la nobleza terrateniente, iniciaron una rebelión que en 1654 les llevaría a buscar la protección del zar Alejo I.
• Durante el reinado de Juan Casimiro V, Polonia sufrió la llamada época del diluvio (1654-1660), con la conquista de buena parte
del territorio por el rey sueco Carlos X y los ataques de Rusia por el este. Además de su gran extensión, la fragilidad defensiva era
una consecuencia del fracaso en la construcción de un poder unificado y con capacidad militar. Las guerras de mediados de siglo se
saldaron con importantes pérdidas territoriales para Polonia, que en el curso de las mismas padeció además enormes desastres
materiales y humanos, pero ni aún así se consiguió reforzar el poder real.
• Las tentativas del monarca chocaron con una insurrección nobiliaria que le obligó a abdicar.
• La Dieta eligió entonces como rey a Miguel Korybut (1669-1673), quien tampoco logró variar la situación ni frenar los ataques
turcos, que llevarían a nuevas desmembraciones territoriales.
• Surgió entonces la personalidad militar de Jan Sobieski, quien lograría detener a los turcos, por lo que a la muerte de Korybut fue
proclamado rey con el nombre de Juan III. Pero, pese a su prestigio militar, fracasó en sus intentos de reforma política.
• En Rusia, el siglo XVII se inició con la crisis de la época de las Turbaciones, que propició la intervención de Polonia y Suecia. La
presencia de ambos ejércitos sirvió para aglutinar la reacción rusa, que llevó a la Zemski Sobor, la asamblea legislativa, a proclamar
zar a Miguel Romanov (1613-1645).
• La conclusión de los conflictos que enfrentaban a Rusia con Suecia y Polonia le permitiría dedicarse a organizar el gobierno interior.
• La primera misión de Miguel fue reafirmar el poder del zar, cuyo autoritarismo había sido combatido por la Iglesia ortodoxa y la
nobleza de los boyardos.
• En el terreno institucional, se valió de la Duma y también de la Zemski Sobor, asamblea que convocó con frecuencia y a la que
llamaba a miembros de diferentes sectores sociales, incluido el campesinado libre, si bien la mayoría de sus integrantes pertenecían
a los rangos superiores de la nobleza de servicio. Con su ayuda, modificó la administración, creando en la corte numerosas oficinas
administrativas o prikazy, que se encargaban de distintos aspectos del gobierno, reorganizó el ejército, sometió a control la actuación
de los gobernadores provinciales y estimuló la actividad económica.
• Su hijo Alejo I (1645-1676) continuó la reorganización institucional y administrativa, para lo que incrementó los prikaz, y creó uno
secreto o de asuntos secretos en 1654.
• Entre 1648 y 1650, Alejo I se enfrentó a una oleada de revueltas que manifestaban tensiones diversas.
• Pero la causa de mayor inestabilidad era el malestar del campesinado, en una sociedad muy polarizada en la que nobles y campesinos
constituían las dos principales clases sociales.
• Ya en plena época de las Turbaciones se había producido una importante revuelta campesina, dirigida por Bolotnikov contra el
avance de la servidumbre (1606-1608). La Zemski Sobor aprobó un nuevo código legal (1649) que reforzaba tanto el poder del zar
como el de los nobles sobre sus campesinos, constituyendo un hito decisivo en la consolidación de la servidumbre. No obstante, el
código no sirvió para impedir nuevas revueltas, entre las que destacó la del cobre de 1662.
• Otro conflicto del reinado de Alejo I fue el cisma que se produjo en la Iglesia ortodoxa rusa. Se consolidaría la separación entre una
Iglesia oficial, con innovaciones litúrgicas y cada vez más dependiente del zar, y la de los Antiguos Creyentes, opuesta a cualquier
influencia extranjera y ligada a la liturgia y los valores tradicionales, de la que surgió una protesta contra la centralización, las
reformas e incluso la propia servidumbre. Además de revueltas, en algunos círculos se llegó a comparar al zar con el Anticristo.
Ante la brutal persecución a la que fueron sometidos, algunos grupos llegaron a suicidarse prendiéndose fuego dentro de edificios
religiosos.
• La muerte de Alejo dio paso a un periodo de crisis en el trono, por el que pugnaban los hijos que tuvo de sus dos mujeres, respaldados
por sus respectivos clanes de boyardos. Tras el corto reinado de Fiodor (1676-1682), los streltsi y otros sectores impusieron una
especie de reparto del trono entre Iván, el hijo menor, y Pedro, hijo de la segunda esposa, bajo la regencia de Sofía Alekséyevna
(1682-1689). Esta gobernó ocho años en nombre del incapaz Iván V, con la ayuda del príncipe Vasily Golitsyn. Los principales
miembros del clan contrario fueron eliminados y también el príncipe Khovanski, jefe de los streltsi. En 1689, Pedro I, de diecisiete
años, recluyó a su medio hermana en un monasterio y se hizo con el poder, que compartiría con su madre hasta la muerte de ésta.
Los restos del Imperio. Austria y Brandeburgo.
• Después de Westfalia, el poder del emperador se convirtió definitivamente en honorífico.
• Los numerosos estados alemanes eran de hecho independientes, con la limitación teórica de no poder firmar tratados contra el
Imperio o el emperador. Es cierto que la fuerza, extensión e importancia de tales estados variaba mucho, pero la realidad es que se
produjo la disolución de la cristiandad política del Imperio en beneficio de las soberanías territoriales, que habían consagrado el
tratado de Westfalia y el auge del absolutismo, que benefició a los principales estados territoriales existentes en el seno del Imperio,
en perjuicio de los más pequeños.
• Al emperador Fernando III y sobre todo a su sucesor, Leopoldo I, la definitiva derrota del sueño imperial les sirvió de acicate para
la extensión de sus fronteras en el espacio del Danubio, y la consolidación del poder central sobre sus estados. Una de las bases para
la consolidación de su poder era el poner fin a la reiterada costumbre de los Habsburgo de dividir los territorios patrimoniales. La
posibilidad de nuevas divisiones sería eliminada en 1713 por la Pragmática Sanción de Carlos VI.
• Leopoldo I recuperó el dominio sobre Hungría aprovechando la crisis del Imperio turco, y avanzó decididamente en el
fortalecimiento de un poder centralizado y eficaz.
• En Hungría consiguió reducir los privilegios del reino y la tendencia de la nobleza a la rebeldía, pero su gran objetivo era acabar
con las dos soberanías surgidas a raíz de la conquista otomana: la amplia zona dominada por los turcos y el reino de Transilvania.
• La derrota de los turcos en Kahlenberg en 1683 no solo supuso el inicio de la reconquista de la Hungría otomana, sino que facilitó
al emperador la recuperación de la parte del reino que reconocía como rey al voivoda de Transilvania. En 1687 consiguió que la
Dieta reconociera a los Habsburgo su derecho hereditario a la corona de Hungría. Asimismo, los húngaros renunciaron al derecho
de rebeldía que poseían desde la Bula de Oro de 1222.
• En los años siguientes, los triunfos de su general, el príncipe Eugenio de Saboya, sobre los turcos llevaron a la paz de Karlowitz en
1699, que consolidó el dominio del emperador sobre el reino perdido en 1526, con la excepción del banato de Temesvar.
• A partir de 1680, Leopoldo I estableció una base fiscal regular que le permitiera financiar un ejército y una burocracia acordes con
sus necesidades. Asimismo, reforzó las instituciones centrales de gobierno: el Consejo Secreto o Privado para los asuntos políticos,
el Consejo de Guerra y la Cámara Aúlica o de Cuentas, encargada de las finanzas y el comercio.
• No obstante, el dominio que los señores vasallos ejercían sobre las asambleas o estados provinciales suponía un importante obstáculo
para el avance del poder del emperador, como también lo eran las diferencias lingüísticas, religiosas y culturales.
• En el siglo XVII se habían incrementado los dominios de los Hohenzollern, margraves de Brandeburgo desde 1415 y electores del
Imperio. Lazos dinásticos le permitieron incorporar en 1614 los ducados de Cleves, Mark y Ravensberg. Posteriormente, también
heredaron el ducado de Prusia.
• Pero el mayor crecimiento territorial fue el derivado de los tratados de Westfalia, que les proporcionaron la Pomerania oriental y los
obispados secularizados de Minden, Halberstadt y Magdeburgo.
• No obstante, se trataba de estados con estructuras políticas arcaicas, lo que reducía considerablemente el poder de sus gobernantes.
• Consciente de ello, Federico Guillermo, conocido como el gran elector (1640-1688), emprendió la tarea de constituir un poder
centralizado y efectivo, que ejercía basado en su notable autoridad personal, con el auxilio de su Consejo Estado Secreto.
• Al principio, las asambleas representativas de sus dominios, ofrecieron resistencias a la creciente capacidad de acción del elector, lo
que le llevó crear unos funcionarios especiales, los consejeros provinciales, especie de “misi dominici” que le representaban en los
diversos territorios, con la finalidad específica de controlar las leyes particulares y los gobiernos urbanos.
• Desde la corte en Berlín, surgían al propio tiempo disposiciones o se gestaban acuerdos, que reforzaban el poder del elector.
• El principal de estos, alcanzado con los Estados de Brandeburgo en 1653, otorgó a Federico Guillermo la financiación necesaria par
crear un ejército permanente, a cambio de reforzar los privilegios de la nobleza y sus poderes jurisdiccionales sobre los campesinos.
• Funcionarios reales fueron reemplazando a las asambleas estamentales de los diversos estados en el establecimiento y gestión de los
impuestos. Si las asambleas de Cléveris y Mark lograron mantener el derecho a autorizar la fiscalidad, en el este, el elector impuso
con menos problemas su política.
• La política del gran elector se dirigió también hacia el fortalecimiento económico de sus estados. Uno de sus objetivos era la
ampliación y mejora de las superficies cultivadas, para lo que atrajo inmigrantes extranjeros hacia los espacios poco poblados de
sus dominios, organizó desecaciones de tierras pantanosas, hizo construir canales, extendió el cultivo del trigo candeal e introdujo
plantas como el tabaco y la morera.
• En el terreno de las manufacturas impulsó las del vidrio, los paños o el papel, cuyo mercado fue protegido por una adecuada política
aduanera.
• Federico Guillermo creó un estado basado en el ejército. Ello le permitió controlar eficazmente sus territorios y desarrollar una
ambiciosa política en el Báltico. La Comisaría General de la Guerra (1674), se convirtió en uno de los organismos principales de
gobierno.
• Tanto ella como la Caja General de Guerra, creada el mismo año, asumían competencias no estrictamente militares, como cuestiones
económicas y mercantiles. El ejército, formado esencialmente por mercenarios, basaba su eficacia en la buena organización, el
alojamiento y el pago a las tropas. Gracias a sus pactos con otros soberanos, logró subsidios exteriores que le ayudaron a financiarlos.
Socialmente, se apoyó en la nobleza propietaria de tierras, los junkers, a los que despojo de poder político, consolidando a cambio
su dominio sobre los campesinos convertidos en siervos.
Las relaciones internacionales del Báltico a los Balcanes
• La Europa del Báltico y del este tendía a comportarse como un espacio único en las relaciones internacionales, conectado además
en el sureste por los extensos reinos de Polonia y Rusia. Ello explica que la lucha por la hegemonía llevara en ocasiones a alguno de
sus monarcas a inmiscuirse en zonas teóricamente alejadas.
• Junto a los intereses económicos y las ambiciones de los soberanos, la existencia de muchos territorios con fronteras mal definidas
fue un acicate para la guerra casi continua que se vivió durante el siglo XVII. Las líneas de fuerza principales de la política exterior
fueron la rivalidad entre Dinamarca y Suecia por la supremacía en el Báltico, la existente entre Suecia y Polonia, o la que enfrentaba
a esta con Rusia.
• Suecia sería el país más activo y el enemigo de casi todos, especialmente partir del logro de la supremacía en el ámbito del Báltico.
La triple “aventura sueca” de los años veinte (Gustavo Adolfo), cincuenta (Carlos X) y el cambio de siglo (Carlos XII), es sin duda
el hecho más destacado de la historia del Báltico en el siglo XVII.
• Otro hecho a notar es que los países del norte tienden a involucrarse cada vez más en la política europea, como lo prueban las
intervenciones de Dinamarca y Suecia en la Guerra de los Treinta Años.
• El siglo XVII se inició en el norte con una gran guerra entre Suecia y Polonia (1600-1611) que concluyó en una tregua y en la que
los suecos sufrieron la desastrosa batalla de Kirchholm.
• La causa principal del enfrentamiento fueron las ambiciones de Carlos IX sobre Livonia y los territorios costeros de Lituania, en su
deseo de alejar a Polonia del mar Báltico, aunque influyó también la reivindicación por Segismundo III Vasa del trono sueco, del
que había sido expulsado por Carlos.
• En 1610, tras pactar con los boyardos, el rey de Polonia intervino en Rusia en plena época de las Turbaciones, llegando a ocupar
Smolensko y Moscú. Su hijo Ladislav fue brevemente zar, pero el propio Segismundo aspiraba a la corona rusa y se enfrentaba
además a su rival Carlos IX de Suecia, quien se había inmiscuido en el conflicto en apoyo de uno de los pretendientes al trono. La
presencia de ambos ejércitos sirvió para aglutinar la reacción rusa, que llevó a la Asamblea Imperial a proclamar zar a Miguel
Romanov.
• En la Paz de Stolbova (1617), Suecia recibiría de Rusia los territorios de Ingria, con la región de Narva y Carelia.
• En la Paz de Deulino (1618), entre otros territorios, Rusia cedió a Polonia Smolesko, que intentaría recuperar sin éxito años más
tarde en un nuevo enfrentamiento Polonia-Lituania.
• La nueva dinastía cerraba la crisis internacional abierta por la época de las Turbaciones con el olvido de sus pretensiones de salir al
Báltico. Arkhangelsk (en el mar Blanco) y Astracán (junto al mar Caspio), habrían de ser durante mucho tiempo los principales
puertos de comercio exterior moscovita, cuyas relaciones mercantiles con Occidente se realizaban también a través de Suecia y
Polonia.
• Las primeras décadas de la centuria vieron también el empeño de Dinamarca por mantener su hegemonía en el Báltico. Carlos IX
de Suecia trataba de abrir rutas comerciales con el Atlántico a través de la escasamente poblada Laponia, con la intención de cobrar
peajes a los barcos ingleses o neerlandeses que comerciaban con Arkhangelsk. Asimismo, fundó en la parte sueca del estrecho del
Kattegat el puerto de Göteborg, en el que se extendió la práctica de trasladar a barcos suecos las mercancías occidentales que iban
hacia el Sund, con lo que evitaban pagar el peaje, del que los barcos suecos estaban extensos desde la Paz de Stettin de 1570.
• Tales motivos llevaron a Cristián IV de Dinamarca a enfrentarse con Suecia en la Guerra de Kalmar (1611-1613), concluida en la
Paz de Knared, por la que Dinamarca incorporó Laponia al reino de Noruega y recibió compensaciones de Suecia por la devolución
de Kalmar y otras plazas de las que se habían apoderado.
• En 1617, el monarca danés desarrolló en su territorio de Holstein el pequeño puerto de Glückstadt , en el estuario del Elba, para
competir con la ciudad hanseática de Hamburgo.
• En 1622, abolió los privilegios mercantiles de la Hansa en sus territorios y en 1627 creó en Glückstadt un peaje obligatorio para
cuantos barcos pasaran por el estuario.
• La propia intervención danesa en la Guerra de los Treinta Años obedecía, entre otras razones, al deseo de Cristián IV de garantizar
su predominio en el Báltico, por lo que su derrota perjudicaría de forma decisiva tales aspiraciones.
• En el este, Gustavo II Adolfo de Suecia volvió a insistir, a partir de 1617, en apoderarse de Livonia, tomando en 1621 la ciudad de
Riga, dominada hasta entonces por los polacos, que no obstante mantendrían hasta los repartos de finales del siglo XVIII el control
de una pequeña parte.
• Los suecos habían ocupado también el ducado de Curlandia e iniciaron la conquista de la Prusia polaca, con el importante puerto
comercial de Danzig.
• La campaña de 1626 fue exitosa, pero no lograrían ocupar Danzig ni el curso del Vístula.
• Tropas del Imperio acudieron en auxilio de Polonia, invadieron Brandeburgo y en 1629 sitiaron la ciudad de Stralsund, aliada de
Suecia.
• Desde 1627, además, el elector de Brandeburgo le retiró su apoyo, dándoselo a Polonia-Lituania. La guerra con Polonia concluyó
por la Paz de Altmark de 1629, que era en realidad una tregua por seis años, en la que Suecia recibió la mayor parte de Livonia, con
el puerto de Riga, otros varios puertos en la costa sudoriental del Báltico y el reconocimiento del derecho a grava las mercancías
polacas en el Báltico.
• Los suecos controlaban ahora una parte importante de los puertos de dicho mar, que iba camino de convertirse en un lago sueco.
Gustavo Adolfo, imbuido de su misión como defensor de la causa protestante, ahora estaba además plenamente confiado en la
capacidad del ejército que había sido capaz de crear y molesto por la intervención del Imperio en su enfrentamiento con Polonia.
Todo ello le llevó a intervenir en la Guerra de los Treinta Años.
• En el curso de la misma, la tregua de Altmark fue prorrogada en 1635 por veintiséis años más, aunque Suecia retrocedió posiciones,
pues hubo de abandonar los puertos de la Prusia oriental y suprimir las tasas con las que gravaba el comercio polaco.
• Entre 1643 y 1645, Dinamarca y Suecia se enfrentaron en una nueva guerra que, aunque fue favorable a la segunda, debilitó su
presencia en el frente alemán. En la paz de Brömsebro (1645), Dinamarca tuvo que entregar a Suecia varias provincias noruegas
limítrofes e la parte central de la península escandinava, además de las islas bálticas de Gotland y Ösel. En el terreno mercantil, fue
obligada a reconocer la exención de tasas a todos los barcos y mercancías procedentes de puertos en poder de Suecia, para cuya
garantía hubo de ceder a dicho país la provincia de Halland.
• A la Paz de Brömsebro se unió la de Westfalia, que supuso un importante incremento territorial para Suecia en el norte de Alemania.
• Carlos X sería el primero en volver a la guerra, con la conocida Guerra del Norte (1654-1660), en la que se enfrentó prácticamente
con todos los príncipes de la zona. A finales de 1654, Carlos X invadió Polonia, iniciando el periodo conocido en ella como “El
Diluvio”, que no concluiría hasta la Paz de Oliva. En poco tiempo conquistó Varsovia, Cracovia y una parte importante del reino,
además de firmar con el príncipe Janusz Radziwill, gran hetman de Lituania, un pacto por el que esta quedaba desligada de Polonia
y bajo el protectorado de Suecia. Contaba además con la ayuda del príncipe de Transilvania, Jorge Rákóczy y la alianza del elector
de Brandeburgo. Pero tras sus éxitos en 1655, los excesos del ejército sueco y las diferencias religiosas con la población, provocaron
la reacción polaca. Más aún, el temor ante el expansionismo de Suecia llevó a la intervención de sus enemigos del entorno.
• Rusia invadió la posesión sueca de Livonia en 1656, el Imperio se alió con Polonia y Dinamarca declaró la guerra a Suecia. El propio
Federico Guillermo, elector de Brandeburgo, se pasó ahora al bando contrario. El monarca sueco dirigió sus tropas hacia Dinamarca.
• Su ejército pasó a las islas danesas en enero-febrero de 1658, lo que obligó a Dinamarca a firmar la Paz de Roskilde, en el que
entregó a Suecia las provincias de Escania, Hallad y Blekinge, que completaban el dominio de Carlos X sobre el extremo sur del
actual territorio sueco, así como la isla de Bornholm en el Báltico, y las provincias marítimas noruegas de Bohuslän y Trondelag.
La posesión de Escania significaba que el Sund ya no sería controlado únicamente por Dinamarca, al pasar a manos de Suecia la
otra orilla. Por último, el duque de Holstein-Gottorp fue desligado del vasallaje al rey de Dinamarca.
• Carlos X proyectó entonces una intervención en Alemania. Pero no llegó a realizarla, porque la resistencia de Dinamarca a cumplir
las condiciones pactadas provocó una nueva guerra sueco-danesa (1658-1660), en la que Carlos X atacó el corazón del reino, a lo
que se unió en el continente el ataque de los ejércitos de Polonia, Austria y Brandeburgo contra las posesiones suecas en Pomerania
occidental.
• Carlos X hubo de entablar negociaciones de paz, cuya firma no llegaría a ver, falleciendo en febrero de 1660.
• En los tratados firmados en el monasterio de Oliva y en Copenhague, ambos en 1660, Suecia acordó la paz con Polonia, el Imperio
y Brandeburgo, y con Dinamarca en el segundo. Gracias en buena parte al apoyo de la Francia de Mazarino, logró salir bien parada,
pese al retroceso experimentado en la fase final del conflicto.
• La gran perjudicada fue Polonia, que hubo de reconocer a Suecia la posesión de Livonia y renunciar a la soberanía sobre la Prusia
ducal u oriental.
• También Dinamarca, que aunque en el tratado de Copenhague recuperó las amplias zonas del reino, que había perdido en el curso
de la guerra, confirmó a Suecia las cesiones realizadas dos años antes en la Paz de Roskilde, a excepción de la provincia noruega de
Trondelag y la isla de Bornholm. Los tratados, identificados habitualmente por el de Oliva, supusieron el cenit de la hegemonía
sueca en el ámbito del Báltico.
• Las décadas posteriores vieron la confirmación de la decadencia de Polonia y el mantenimiento de la hegemonía sueca. La
decadencia polaca se completó años más tarde, cuando en el tratado de Andrusovo hubo de ceder al zar una parte de la Rusia Blanca
con Smolensko y la Ucrania al este del río Dniéper.
• Polonia protagonizaría en los años ochenta una acción destacada en la política exterior, con la dirección de su rey Jan Sobieski y la
participación de sus tropas en el ejército que levantaría el sitio turco de Viena.
• Por lo que respecta a Suecia, habitual aliada de Francia, se enfrentó en la Guerra de Holanda (1672-1678) al naciente poder de
Federico Guillermo de Brandeburgo, sufriendo en Pomerania la derrota de Fehrbellin, que abrió un periodo muy difícil para ella,
ante los victoriosos ataques por tierra y mar, no solo del gran elector Federico Guillermo, que conquistó la Pomerania sueca, sino
también de las Provincias Unidas y Dinamarca. Únicamente la ayuda de Francia impidió la derrota de su aliada, la cual, en virtud
de los tratados de Saint Germain y Fontainebleau de 1679, logró la restitución de los territorios perdidos y el mantenimiento de su
soberanía en el Báltico, respaldado por un amplio dominio territorial en las costas de dicho mar.
• La época de Luis XIV contempló un doble y complementario proceso, por el que los Habsburgo avanzaron en la creación de un
potente estado sobre el Danubio y los Balcanes, en la medida en que se iniciaba el retroceso de las posesiones otomanas en el
continente.
• Leopoldo I obtuvo éxitos decisivos en la lucha por terminar con la independencia de Hungría, lo que motivó sus frecuentes
enfrentamientos con los turcos.
• A partir de la mayoría de edad del sultán Mohamet IV (1656), el Imperio otomano logró recuperarse un tanto de su prolongada
decadencia, gracias a la ocupación sucesiva del cargo de gran visir por los Koprülü.
• Ahmed trató de consolidar el poder turco en los Balcanes y el Mediterráneo. En 1664 logó la soberanía otomana sobre Transilvania,
aunque fue derrotado en San Gotardo por las tropas de Austria y la Liga Santa, creadas a instancias del papa Alejandro VII. En 1669,
consiguió que sus tropas rindiesen Candía y los turcos se apoderaron de Podolia y la Ucrania polaca.
• Su yerno y sucesor, Kará Mustafá, aprovechándose de las sempiternas querellas de la nobleza húngara con el emperador, envió un
potentísimo ejército que puso sitio a Viena en 1683. El único de los príncipes europeos que acudió en ayuda del emperador fue Jan
Sobieski, rey de Polonia, obteniéndose la decisiva victoria de la colina de Kahlemberg, el 12 de septiembre de 1683, que supuso la
desbandada del ejército sitiador y la condena a muerte del visir.
• El desastre animó Austria, Polonia y Venecia quienes, con los auspicios del Papado, crearon la Liga Santa, a la que se uniría después
Rusia.
• Polonia logró recuperar los territorios perdidos en 1672, los venecianos conquistaron Dalmacia, el Peloponeso, Corinto y Atenas, y
Austria inició la reconquista de Hungría, apoderándose de Buda y Transilvania, iniciando la marcha hacia el sur de los Balcanes,
donde tomó Belgrado y Nish, hasta llegar a la ciudad de Viddin.
• Luis XIV mantuvo habitualmente una política de buena relación con los turcos, que entre otras razones suponían una constante
amenaza para su enemigo el emperador.
• En 1683, optó por continuar sus relaciones amistosas con la Gran Puerta, que no lo fueron tanto con los poderes berberiscos del
norte de África, con los que tuvo serios conflictos.
• Con ocasión de la Guerra de los Nueve Años, Mustafá Zadé consiguió recuperar efímeramente el Peloponeso y el valle del Morava
(Nish y Belgrado). Sin embargo, tras la pérdida de Azov frente a Pedro I de Rusia en 1696, y la importante victoria de Eugenio de
Saboya en la Batalla de Zentha (1697), los turcos negociaron la Paz de Karlowitz (1699), por la que cedían a Austria la totalidad de
Hungría, con Transilvania, Eslavonia y Croacia, a excepción del banato de Temesvar; a Venecia, Dalmacia y la península de Morea
o Peloponeso; a Polonia, Podolia y la Ucrania Occidental; y a Rusia, Azov. Dicha paz supuso el comienzo del retroceso turco en
Europa y la confirmación de la vocación imperial de Austria sobre los Balcanes y el sureste europeo.
Italia y Portugal
• En el variado mosaico italiano, el siglo XVII contempló una notable estabilidad política, unida a la reducción del peso político,
económico y cultural del conjunto y de sus diversos componentes. Entre todos, destacaron Saboya y el Papado.
• La guerra entre Francia y España había dejado huella en los territorios del duque de Saboya. Desde mediados de siglo, el ducado se
inclinaría hacia la órbita francesa.
• Carlos Manuel II (1637-1675) inició su gobierno personal en 1661 y trataría de imitar en sus reformas a Luis XIV, tomando medidas
centralizadoras, fiscales, militares y mercantilistas, con la colaboración de su ministro Giambattista Truchi.
• Sin embargo, la estructura económico-social del Piamonte continuaría ligada esencialmente a la agricultura y al predominio de la
nobleza poseedora, junto con la Iglesia, de grandes propiedades en regímenes de manos muertas.
• A la muerte del duque, se inició un periodo de regencia hasta 1684, por la minoría de edad de Víctor Amadeo II (1675-1730).
• Cuando el duque tenía ya dieciocho años, desalojó del poder a su madre, María Juana Bautista de Saboya-Nemours. Víctor Amadeo
II demostró una gran capacidad política, la cual le haría oscilar entre los distintos bandos que se formaron en las complicadas
relaciones internacionales de la época.
• Si en una primera fase, unido a la coalición contra Luis XIV en la guerra de la Liga de Augsburgo, tenía la finalidad de recuperar
los enclaves franceses en el norte de Italia, a partir de 1696 hizo por separado la paz con Francia, con el objetivo de sacar el mayor
partido posible a la sucesión española, anhelando especialmente hacerse con el ducado de Milán.
• Asimismo, llevó a cabo una política de reformas en las finanzas y el ejército tendentes a fortalecer su poder e introdujo los intendentes
sobre el modelo francés.
• Con todo, su política generó descontentos, como los varios levantamientos que se produjeron en protesta por el impuesto de la sal
(1680-1686 y 1690). En el terreno religioso, tras la revocación del edicto de Nantes, persiguió a la minoría valdense existente en sus
estados.
• En la Roma pontificia, continuó la tendencia a la centralización del poder y la modernización de las estructuras administrativas.
• Uno de los papas más destacados fue Urbano VIII, caracterizado no solo por su actitud antiespañola, sino también por su marcado
absolutismo y la recuperación de territorios de los Estados Pontificios, con la absorción del ducado de Urbino.
• Sus ambiciones sobre los territorios de los Farnese, en cambio, no tuvieron el éxito deseado, aunque su sucesor Inocencio X logró
en 1649 arrebatarles el ducado de Castro.
• Urbano VIII, además realizó una amplia política de construcciones en Roma.
• Avanzado el siglo, entró en crisis la figura del cardenal nipote y con su desaparición, la administración pontificia adquirió una mayor
estabilidad, menos sujeta a los bruscos cambios que seguían a cada nueva elección papal.
• El primer monarca portugués de la dinastía Braganza, Juan IV (1640-1656), prescindió progresivamente de las Cortes de Portugal,
mostrando una tendencia absolutista que le llevó también a marginar a los consejos de gobierno y valerse casi exclusivamente de un
pequeño grupo de secretarios de confianza, entre los que destacaba António Pais Viegas.
• Pronto entendió que la supervivencia del Portugal restaurado dependía del apoyo de los enemigos de España, por lo que se puso en
manos de Francia e Inglaterra.
• A su muerte, se planteó un problema sucesorio, pues su primogénito Alfonso carecía de capacidad metal y física para gobernar.
Como consecuencia de las ambiciones de la alta nobleza y el clero, prevalecieron los partidarios de la regencia sobre quienes
proponían incapacitar al heredero en favor de su hermano menor Pedro.
• El reinado del incapaz Alfonso VI (1656-1683) fue todo él un periodo de regencia, aunque esta concluyó en realidad en 1667, cuando
Pedro y sus partidarios recluyeron al monarca de por vida en las islas Azores.
• Pese a esta problemática, los años anteriores a 1667 fueron decisivos en la consolidación de la independencia, lo que muestra hasta
qué punto esta dependió mucho más de la ayuda exterior y del prolongado olvido del frente portugués por parte de España, que de
la buena dirección política de los gobernantes lusos.
• El reinado de Pedro II se inició propiamente en 1683, aunque gobernaba con autoridad plena desde 1667. En 1668, por el tratado de
Lisboa, España reconoció la independencia de Portugal, lo que suponía el fin de la guerra y la inestabilidad que ella conllevaba.
• Las tendencias absolutistas del monarca, respaldado por la colaboración de la alta nobleza y el alto clero, se vieron reforzadas cuando
hacia 1690 se descubrieron minas de oro en Brasil, que facilitaron a Pedro II el respaldo financiero necesario para no volver a
convocar las Cortes.
• En el terreno internacional, Portugal mantuvo su tradicional aislamiento de la política europea, lo que explica que pudiera mantener
al tiempo buenas relaciones con Francia e Inglaterra.
• En los últimos años del reinado de Carlos II de España, Pedro II albergó incluso esperanzas de llega a sucederle.
• Tras el fallecimiento del monarca hispano, Portugal se adhirió al bando aliado en la Guerra de Sucesión de España, y firmó con
Inglaterra el Tratado de Methuen en 1703, que anulaba en su favor el arancel de 1684 y abría ampliamente a los británicos los
mercados de Portugal y sus posesiones ultramarinas.
• Pese a la brevedad de dicho tratado, este inició una larga dependencia económica y política de Portugal respecto a Gran Bretaña.
Tema 7. Cultura y sociedad en el Siglo de las Luces.
7.1 El Siglo de las Luces
La Ilustración: concepto y características
• La Ilustración es un fenómeno complejo, lo que ha llevado a considerarlo, desde distintas perspectivas, como un sistema de ideas y
valores, un movimiento ideológico-cultural o incluso una actitud individual.
• En realidad, fue las tres cosas, abarcando la totalidad del pensamiento y la actitud de quienes participaron en ella.
• El proceso de autonomía por el que la interpretación del mundo y la vida se emancipan de la anterior tutela de la teología, la tradición
o el principio de autoridad y pasaron a guiarse exclusivamente por la razón.
• La razón es la luz de la que disponen los humanos para guiarse, y esta idea de luz o iluminación, en oposición a las tinieblas de la
ignorancia, es el origen de los nombres con los que se conoció este movimiento en distintos países.
• La confianza en la razón une este movimiento directamente con la Revolución cientifica del siglo XVII, de la que sería una
consecuencia o culminación. El rechazo del principio de autoridad, así como la importancia que adquiere ya entonces la razón,
acabarían convirtiendo a esta en la regla imprescindible en todos los ámbitos de la existencia.
• Los padres de la Ilustración son los grandes científicos y pensadores de la centuria anterior, si bien el concepto de razón de los
ilustrados se vincula esencialmente al empirismo de Newton o Locke, quien rechaza las ideas innatas y utiliza la razón para ordenar
la experiencia sensible, sin excluir por ello otras influencias, incluida la muy importante de Leibniz.
• La Ilustración se inicia en un periodo impreciso, que iría desde los años finales del siglo XVII hasta las dos o tres primeras décadas
del siglo XVIII.
• Los pioneros fueron Inglaterra y las Provincias Unidas. No por casualidad eran los dos países más prósperos del Seiscientos, lo que
nos desvela la matriz esencialmente burguesa de la Ilustración.
• Pronto arraigaría en Francia, donde adquiere características peculiares, que convierten la Ilustración francesa en el prototipo que se
difundiría desde mediados de siglo por Europa y la América anglosajona e ibérica, si bien en otros países no alcanzó el desarrollo y
la importancia que tuvo en suelo francés.
• El final de la Ilustración tuvo mucho que ver con la política, pues la Revolución francesa extendió los temores frente a unas ideas
que habían influido sin duda en ella.
• Ya en las últimas décadas del siglo comenzaba a percibirse el influjo de la filosofía que exaltaba el sentimiento, así como algunos
elementos propios del prerromanticismo, como el irracionalismo o la sensibilidad.
• En el terreno social, muchos de los ilustrados pertenecieron a las variadas categorías de la burguesía, sobre todo a las más vinculadas
al saber y a la cultura.
• Pero también hubo numerosos nobles, así como eclesiásticos y mujeres, aunque la presencia de estas últimas fue minoritaria.
• En todo caso la Ilustración fue un fenómeno urbano, que proliferó sobre todo en las ciudades principales, ya fueran las cortes, centros
de la vida cultural de los diferentes países, o las grandes ciudades portuarias o mercantiles.
• Las características de la Ilustración se deducen del papel medular que confiere a la razón, cuya utilización se dirige contra todas las
ideas y conocimientos heredados, que han de pasar ahora por su tamiz para ser admitidos o rechazados.
• Es la crítica universal, la actitud crítica frente a todo, la que constituye su segunda gran característica.
• Otras características son la secularización, en una cultura que se ha emancipado de la obsesión por la salvación; el interés por el
hombre y la naturaleza; el afán por conocer el orden natural para aprovechar sus fuerzas sin alterar sus leyes; el cosmopolitismo,
más allá de estados y fronteras; el utilitarismo o la búsqueda de la práctico; la idea de progreso, basada en la confianza que otorgan
los avances de la nueva ciencia experimental y las posibilidades de la técnica, y que implica el deseo de mejorar la vida humana y
la socidad, del que surge el interés por la economía y la propuesta de numerosas reformas; el optimismo ante las posibilidades que
ofrece la nueva actitud vital; la búsqueda de la felicidad privada y pública, que implica la lucha contra la ignorancia y el afán por la
divulgación de los conocimientos útiles, y la valoración para ello de la educación y la pedagogía.
• La idea de progreso es muy importante. El pasado idealizado y convertido en una edad de oro deja de ser la referencia para situarse
esta en el futuro, un mundo nuevo a alcanzar y por el que luchar.
• A partir de la Ilustración, el concepto de “paraíso perdido” se sustituirá por el mundo del mañana.
• El afán por difundir los conocimientos explica el que los libros abandonen el latín y se escriban en las lenguas nacionales, aunque
el francés sería el idioma internacional de los ilustrados.
• También es importante el amplio desarrollo que adquiere la prensa, que facilita la difusión de las ideas, frenadas, sin embargo, por
la importancia del analfabetismo.
• Por otro lado, las universidades quedaron en casi toda Europa al margen de las ideas ilustradas, a excepción de unas pocas como
Leiden, Halle, Viena o Edimburgo.
• Así pues, los lugares de expresión de las ideas ilustradas, además de los libros y la prensa, fueron las academias científicas que
proliferaron en distintos países, las tertulias y salones, los clubes en Inglaterra, diversas agupaciones privadas como las Sociedades
Económicas de Amigos del País, las logias masónicas, los cafés o el teatro.
• El personaje clave de la Ilustración es el philosophe, un término que se utiliza en un sentido amplio, siendo más bien equivalente a
la idea de intelectual o escritor actuales.
• La propia filosofía se entiende de una forma utilitaria y se concibe al filósofo como alguien que trata de realizar una tarea útil y
práctica, por lo que la filosofía del siglo XVIII tiene con frecuencia un fuerte contenido divulgador de los principios y saberes.
• Los filósofos se reconocen miembros de una comunidad trasnacional, cosmopolita, si bien el peso de lo nacional es mayor ahora
que en siglos pasados, y procuran reunirse y debatir entre ellos.
• En su combate por cambiar las cosas, los ilustrados no se enfrentan únicamente a la realidad, con sus potentes inercias, sino también
a los muchos enemigos que les surgen.
• Son los antiilustrados, cuyo común denominador es la defensa del viejo orden. Entre ellos se encuentran nobles que ven amenazado
el régimen señorial y sus propiedades territoriales; eclesiásticos alarmados por el proceso secularizador que pone en riesgo la
estructura sacralizada de la sociedad y el dominio clerical, gentes partidarias del orden imperante, y otros. En muchos casos, se
apoyan en las universidades.
• Los medios de difusión de sus ideas son los mismos que los de sus enemigos, con la única diferencia de que cuentan también con
sermones y a veces hasta cartas pastorales de algún prelado.
• Con frecuencia, el cruce de críticas entre ilustrados y antiilustrados dio lugar a polémicas.
• Un protagonismo evidente en la oposición a la Ilustración procede de las iglesias.
• Desde el seno de la Iglesia católica hubo ataques contra la Ilustración.
• Algunos autores reaccionaron frente al espíritu crítico, trataron de refutar las ideas de los filósofos o atacaron el deísmo.
• En la mayor parte de los casos fueron gentes de poco interés, carentes de habilidad dialéctica y con escaso éxito en el mundo de las
ideas, lo que no quiere decir que no influyeran, a través del clero, en los sectores sociales con menos formación.
• También en el mundo protestante hubo reacciones contra la Ilustración. En Gran Bretaña se manifestaron tanto en la crítica del
deísmo como del sensismo.
• En la crítica hacia el deísmo figuran una serie de apologetas cristianos, algunos de ellos clérigos, entre los que destaca Samuel
Clarke, quien trató de defender la existencia de Dios con argumentos metafísicos y en contra del pensamiento de Hobbes,
defendiendo el carácter eterno y anterior a toda ley positiva de la distinción entre el bien y el mal. Asimismo, Joseph Butler defendió
que las dificultades que plantea la revelación contenida en la Biblia no son mayores que las de la idea de Dios implícita en la
naturaleza, y afirmó que además del sentido moral existe la conciencia.
• En Alemania, más que una crítica intelectual, hubo reacciones, como la de la exégesis bíblica protestante o las de ciertos pietistas,
los cuales adoptaron tendencias místicas e irracionalistas, que se extendieron también por otros territorios europeos, incluido el este
de Francia.
• Las reformas religiosas que se produjeron en el mundo protestante postulaban un cristianismo del corazón, en la línea del pietismo,
que tenía mucho de respuesta contra la Ilustración.
• Sin embargo, hay también una Ilustración cristiana que acepta la depuración de las creencias y prácticas derivada de la crítica
ilustrada, así como las nuevas explicaciones de la ciencia surgida en el siglo XVII, pero entiende que los valores de la Ilustración y
los avances científicos pueden convivir con la fe y la práctica religiosa.
• En el mundo católico, esta actitud se plasmó con frecuencia en la crítica de la organización eclesiástica y el clericalismo, así como
de algunas devociones y prácticas religiosas u otros aspectos. También es palpable en la búsqueda de una religión más auténtica, en
la que los laicos tuvieran además un papel mayor.
• La Ilustración tuvo también sus límites.
• Uno de los principales fue el de la consideración de la mujer, que apenas varió respecto a tiempos anteriores, con la única salvedad
de que los ilustrados tendieron a secularizar las relaciones sociales.
• Filósofos como Montesquieu, Diderot, Helvétius o Voltaire apoyaban el divorcio, pero no una consideración social igualitaria para
las mujeres. La mayoría de hecho pensaban que las mujeres eran incapaces de concebir pensimientos profundos o complejos.
• No obstante, había también pensadores que defendían la igualdad de la mujer respecto al hombre, como Theodor Gottlieb von
Hippel, que abogaba en su obra titulada On improving the Status of Women, por la igualdad de la mujer y una educación igualitaria.
También vivió en el siglo XVIII la escritora inglesa Mary Wollstonecraft, defensora de los derechos de la mujer y precursora del
feminismo.
Gran Bretaña y Francia
• La difusión del pensamiento ilustrado se vio favorecida por las libertades políticas y el régimen de opinión pública existentes en
Gran Bretaña, que contaba con prensa periódica, clubes, cafés, gabinetes de lectura y otros lugares de encuentro y debate de ideas.
• Tal vez por ello su Ilustración no tuvo el carácter subversivo de la francesa, sino que fue moderada y esencialmente filosófica,
centrada en el estudio de los problemas del conocimiento y en la religión, si bien hubo también escritores preocupados por la crítica
social, como Daniel Defoe.
• La epistemología o teoría del conocimiento profundizó en la senda abierta por el empirismo de John Locke. George Berkeley, cuyo
pensamiento se conoce como inmaterialismo o idealismo subjetivo, afirmó que solo es evidente la existencia del espíritu o la mente,
que identifica con las cualidades que aprecian o perciben los sentidos, sin que pudieran demostrarse la realidad de las sustancias
corpóreas que le sirven de sustento; es decir, la materia.
• David Hume negó la posibilidad de demostrar la existencia de cualquier sustancia, tanto material como espiritual. En sus estudios
sobre el conocimiento diferencia impresiones e ideas. Las primeras son lo único cierto y proceden de los sentidos o las experiencias,
mientras que las ideas desarrollan las impresiones. El conocimiento se obtiene a través de los sentidos, pero la mente o espíritu
humano obtienen una representación de la naturaleza que no prueba la existencia del mundo exterior, el cual es solo probable.
• Hume niego también la causalidad, que considera indemostrable.
• El escepticismo de Hume o el inmaterialismo de Berkeley les sitúa en una vía escasamente ilustrada, aunque Hume lo fuera más
propiamente en otros aspectos, como su ética orientada a la búsqueda de la felicidad, o la crítica de la religión revelada y los milagros
desde argumentos racionales.
• Por su parte, Thomas Reid defendió el papel de la razón y la capacidad de conocer la realidad, aunque estableció también como
norma de conocimiento y de moral el sentido común.
• Otra aportación británica a la Ilustración estuvo en la preocupación por las cuestiones religiosas y morales.
• También se desarrollaron tempranamente en Inglaterra posturas partidarias de una moral natural al margen de la religión, basadas
en la idea iusnaturalista de la existencia de un sentido moral innato en el ser humano.
• El tercer conde de Shaftesbury, Anthony Ashley Cooper, defiende como norma de moralidad la utilidad y búsqueda de la máxima
felicidad, llegando a afirmar que la regla moral se adapta a la armonía del universo, a la belleza y a la serenidad frente a los que
llama extremismos religiosos. Cree en el perfeccionamiento progresivo de la humanidad y mantiene una postura optimista, a
diferencia de la del médico Bernard de Mandeville, quien llegó a defender la utilidad del vicio para la vida pública.
• En la Gran Bretaña del siglo XVIII hubo asimismo exaltaciones del sentimiento, como las de las novelas de Samuel Richardson y
la poesía prerromántica como la de Thomas Gray, Edward Young y los llamados “Graveyard Poets”.
• Francia fue el epicentro de la Ilustración.
• Sus pensadores fueron quienes ejercieron de forma más amplia y omnicomprensiva la capacidad crítica basada en la razón, que llevó
a muchos de ellos a un radicalismo progresivo a medida que avanzaba el siglo.
• Sus principales percursores nacionales fueron Bayle y Fontenelle, si bien influyeron también los pensadores y científicos del siglo
XVII, Spinoza, y la admiración por la política y la sociedad inglesa.
• El marcado afán divulgador de la Ilustración francesa hizo que personas como el propio Voltaire se ocuparan de difundir a Newton
o Locke.
• Ya hacia mediados del siglo XVIII el movimiento ilustrado francés había llegado a su plenitud, como muestra sobre todo el comienzo
de la gran obra que fue la Enciclopedia.
• La idea inicial consistía en traducir del inglés, con ligeras ampliaciones, la Cyclopaedia de Chambers (1728), pero el objetivo se fue
ampliando.
• Bajo la dirección de Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert, se organizó un ambicioso proyecto en el que se quiso dar cuenta de
los “esfuerzos del género humano en todos los géneros y en todos los siglos”.
• La obra contó con más de 150 colaboradores, entre los que se encuentran especialistas en todo tipo de saberes, incluidos los
principales nombres de la Ilustración francesa.
• La Enciclopedia inició su publicación en 1751, aunque en 1752 la Iglesia consiguió paralizar su publicación. No obstante su edición
pudo continuar gracias a los importantes protectores con los que contó en la corte, entre los que destacaba la poderosa madame
Pompadour.
• Pero la polémica no haría sino crecer a medida que iban apareciendo el resto de los volúmenes. Se oponían a su publicación
especialmente las autoridades religiosas, los jesuitas, o el delfín Luis Fernando, hijo y heredero de Luis XV.
• Finalmente, tras el pronunciamiento en contra del Parlamento de París y la condena del papa Clemente XIII, la publicación de la
Enciclopedia fue suspendida en 1759, aunque la impresión continuó de forma clandestina.
• Después de la Guerra de los Siete Años, el gobierno permitió la venta de los volúmenes ya preparados.
• A la altura de 1765, la Enciclopedia contaba ya con 17 tomos, a los que se añadieron otros 11, hasta completar los 28 que la
componían en 1772, aunque en la segunda mitad de la década de los 70 se editó un suplemento que elevó el número total a 35
volúmenes. Pronto se traduciría a otros idiomas, y fue reimpresa, reeditada e imitada por iniciativas similares en la propia Francia,
Inglaterra o Alemania.
• La Enciclopedia supuso una formidable puesta al día de todos los conocimientos de la época, cuyas diferencias de criterio en las
diversas materias muestras la propia variedad de la Ilustración, si bien todos compartían dos elementos básicos: el uso de la razón y
el espíritu crítico.
• Junto a la obra colectiva que fue la Enciclopedia, la cumbre de la Ilustración francesa estuvo representada por Montesquieu, Voltaire
y Rosseau.
• Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu, fue magistrado y miembro de la noblesse de robe. Sus dos obras principales
fueron las “Cartas Persas” (1721), en la que utiliza la sátira para criticar con dureza el despotismo, los dogmas absurdos, el papa, el
clero, etc., desde el recurso ficticio de la impresión que causan tales cuestiones en dos viajeros persas, y “El espíritu de las leyes”
(1748), uno de los libros fundacionales de los regímenes democráticos.
• Montesquieu se propuso analizar las condiciones de las que dependía la libertad, para descubrir los medios de restaurar las antiguas
libertades de los franceses, de acuerdo todavía con la referencia tradicional a una edad dorada. Para ello intentó basarse en unos
métodos similares a los que habían comenzado a desarrollar con tanto éxito las ciencias de la naturaleza.
• Montesquieu trató de aplicar al estudio de la realidad política y social una instrumentación teórica tomada de la física. Su objetivo
era elaborar una teoría sociológica del gobierno y del Derecho, mostrando que la estructura y funcionamiento de ambos dependen
de las circunstancias en que vive un pueblo.
• Pese a ese relativismo, Montesquieu creía que la naturaleza aporta un canon de justicia absoluta anterior al Derecho positivo, y
consideraba que la sociedad se rige por una ley natural fundamental, que identifica con la razón, la cual, al operar en distintos medios
y lugares, produce diferentes instituciones.
• Las formas de gobierno, inspiradas en la división tripartita clásica, son para él la república, la monarquía y el despotismo, basadas
respectivamente en la virtud, el honor y el temor. Finalmente atribuye la libertad inglesa a la separación de poderes y a la existencia
de frenos y contrapesos entre ellos.
• Lo cierto es que la idea de la separación de poderes era ya entonces antigua, pues por ejemplo Platón, en Las Leyes, ya defendió la
convenencia de una forma mixta de gobierno.
• No obstante, dicha idea de una forma mixta de gobierno nunca había tenido un significado muy definido y la aportación de
Montesquieu consistió en modificar la antigua doctrina y convertir la separación de poderes en un sistema de equilibrios y
contrapesos jurídicos.
• El Espíritu de las Leyes fue editado veintidós veces en pocos meses y traducido a numerosas lenguas, pero las críticas de
Montesquieu hacia muchas de las realidades y prácticas políticas suscitaron la oposición de importantes sectores, tanto en Francia
como fuera de ella, y en 1751 fue incluido en el índice de libros prohubidos de la Iglesia católica.
• Pero el philosophe que ha personalizado en mayor medida la Ilustración fue François Marie Aroeut, conocido como Voltaire.
• Al igual que Montesquieu, su experiencia en Inglaterra le llevó a admirar su sistema político y su avanzada sociedad.
• Su carácter vehemente, irónico y agresivo se combinaba con virtudes como su gran inteligencia y capacidad de trabajo, así como la
independencia de criterio o la amplitud de sus intereses.
• Escéptico y deísta, fue hostil a las religiones reveladas. Criticó duramente la intolerancia, la Biblia, la Iglesia católica y el
cristianismo.
• Su obra escerita es enorme, abarcando diversos géneros literarios como la historia, la filosofía o el ensayo. Como historiador,
destacan sus obras tituladas El siglo de Luis XIV o su Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones.
• Sus Cartas filosóficas o Cartas inglesas (1734) critican la sociedad de su país en contraposición a al británica. Otras obras importantes
son el Tratado sobre la tolerancia, en el que manifiesta su deísmo y su anticlericalismo, y el Diccionario Filosófico (1764), que
muestra su mentalidad cercana a la burguesía y la oposición a las reformas en la línea del absolutismo ilustrado, siendo contrario a
extremismos políticos. En una de sus novelas más conocidas, Cándido o el optimismo, criticó el optimismo ilustrado ante la realidad
del mal.
• Por su parte, Jean-Jacques Rosseau fue un pensador que es el precursor del romanticismo por su exaltación del sentimiento,
especialmente en su novela La nueva Eloísa.
• Vivió en diversos lugares de Francia, en Ginebra y en Inglaterra. De carácter difícil, se enfrentó con los enciclopedistas en 1756,
con quienes rompió definitivamente a finales de los cincuenta.
• Como filósofo ilustrado es uno de los que tiene una mayor influencia en la Revolución francesa por su crítica social o su defensa de
la igualdad y la soberanía popular.
• En su Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755), denuncia los males que se derivan del
paso del estado de naturaleza, en que los hombres son libres e iguales, a la sociedad civil, que les corrompe con la propiedad privada,
el afán de riqueza, la injusticia o el despotismo, si bien no concibe el estado de naturaleza como algo que haya existido o pueda
existir, sino como una mera abstracción conceptual.
• En el Contrato social (1762) indica que el hombre, a quien considera bueno por naturaleza, al pasar al estado de sociedad, pierde su
libertad natural incondicionada a cambio de la más segura libertad civil, en la que la comunidad, el pueblo, cuerpo moral o colectivo
que se establece en el contrato, pasa a ser el depositario inalienable de la soberanía. Dicha cesión se realiza a cambio de ventajas
como el imperio de la razón, el Derecho, la propiedad o la igualdad, y puede dar lugar a tres fórmulas distintas, definidas por la
diferente relación entre la soberanía – el pueblo – y los gobernantes: la democracia, la aristocracia y la monarquía.
• Por su parte, en Émile ou de l’Éducation (1762) propugna una educación basada en las tendencias naturales frente a la influencia
negativa de la sociedad y en la que, además de la razón, se insiste en la importancia de los sentidos.
• Por otra parte, pese a su condición de deísta, concibe una religiosidad interior en la que cabe la oración como una reacción cordial
de alabanza al autor de la naturaleza, lo que contribuiría a reavivar el sentimientio religioso.
• La huella de Rosseau ha sido enorme, probablemente la mayor de todos los ilustrados.
• Pero hubo más autores. Podrían estrablecerse al menos cuatro grupos de autores interesantes. Uno primero estaría formado por
personajes difíciles de clasificar, pero cuyo denominador común es el haber participado en la Enciclopedia; el segundo, más definido,
sería el de los defensores del materialismo, y el tercero y cuarto corresponden respectivamente a los filósofos del progreso y utópicos
socializantes.
• Entre las personas que participaron en la Enciclopedia destacaremos tres: Diderot, Condillac y Helvétius.
• Denis Diderot pasó de una confianza inicial en la razón al escepticismo y al materialismo. Su postura religiosa evolucionó desde el
deísmo a una importante indiferencia, como la que expresa en su Carta sobre los ciegos de 1749. En el terreno de la moral acepta
una norma basada en el altruismo y el sacrifico propio. También evolucionó en la política, desde su apoyo al absolutismo ilustrado
a la crítica de la sociedad y a posturas favorables a la rebelión social. Entre sus novelas, destaca La religieuse.
• Étienne Bonnot de Condillac se ocupó sobre todo de los problemas del conocimiento, que consideraba fruto de las sensaciones en
la línea del empirismo lockiano, si bien pensaba que las reflexiones no eran más que sensaciones transformadas, sin que en el
intelecto hubiera nada que no procediera de estas. Su Tratado de las sensaciones de 1754 es la principal exposición de su pensamiento
sensualista o sensista.
• Claude-Adrien Helvétius es un ilustrado complejo y peculiar. En el terreno religioso, por un lado consideraba la creencia en Dios y
en el alma como el resultado de la incapacidad del ser humano de comprender la naturaleza y veía en las religiones un depotismo
destinado a mantener la ignorancia para explotar mejor a los hombres; por otro, las referencias aun Dios del estilo de los deístas son
frecuentes en su obra. La base de la moral para él es el interés egoísta, definido como el impulso hacia la búsqueda del placer y la
eliminación del dolor. Las leyes habían de procurar equilibrar los intereses personales con el interés general, tratado de lograr el
mayor bien del mayor número de personas. Uno de los aspectos más avanzados de su pensamiento es la omnipotencia que concede
a la educación, que consideraba el instrumento esencial para la reforma de la sociedad, convencido de que todos los hombres tienen
la misma capacidad para el conocimiento.
• Los dos principales defensores de la existencia exclusiva de la materia fueron La Mettrie y el barónD’Holbach.
• El médico Julien Offray de la Mettrie publicó dos libros: Historia natural del alma y El hombre máquina. Ateo, cuya norma moral
era el hedonismo, defendía la inexistencia del alma.
• Paul-Henri Thiri, barón D’Holbach, por su parte, consideraba que solo existe la materia, que es eterna y está dotada de movimiento.
Ateo declarado y contrario a todas las religiones, que considera obstáculos para el avance moral de la humanidad, admite como
único criterio moral el egoísmo, que identifica el bien con lo útil. No obstante, considera que, como ser social, el hombre busca el
propio interés ilustrado, es decir, que tiene en cuenta y se interesa también por el de los demás, lo que redunda en su beneficio. Sus
obras principales, muy polémicas, fueron El cristianismo desvelado y El sistema de la naturaleza.
• Las dos últimas corrientes, los filósofos del progreso y los utópicos socializantes, se desarrollaron sobre todo avanzado el siglo, al
tiempo que se agudizaban los problemas en Francia.
• Entre los filósofos del progreso se encontraban el fisiócrata Turgot, Benjamin Constant y el marqués de Condorcet, para quien el
progreso del espíritu humano haría desaparecer la desigualdad política y social. En su obra titulada De l’admission des femmes au
droit de cité, de 1790, defendía el derecho de ciudadanía de las mujeres y el voto femenino.
• Por último, los utópicos ideales fueron Étienne-Gabriel Morelly, quien postulaba la abolición de la propiedad privada; el abate
Gabriel Bonnot de Mably, quien mantuvo también tesis igualitarias, o el benedictino Dom Deschamps, que defendía la comunidad
de bienes y el amor libre.
Alemania y otros países.
• La Ilustración alemana fue bastante autónoma de la francesa, además de más profunda, menos orientada a la divulgación y más
moderada.
• Otra característica peculiar es su vinculación al mundo universitario.
• Es básicamente un movimiento filosófico en el sentido más genuino del término.
• Un aspecto importante conectado con la Ilustración fue el desarrollo de las universidades alemanas y, sobre la base del iusnaturalismo
precedente, del llamado cameralismo o ciencias camerales, cuyo objetivo era la enseñanza de los principios económico-
administrativos y políticos que sirvieran de base teórica a la intervención de los gobiernos en campos muy diversos, desde los
tradicionales a otros como la sanidad, la educación o la asistencia social, con la finalidad de conseguir el bienestar público.
• Los dos primeros representantes de la Ilustracióna alemana son Christian Thomasius y Christian Wolf.
• Thomasius abandonó sus orígenes pietistas para exaltar la importancia de la razón, capaz por ella sola de conocer el Derecho natural.
Su interés por buscar la utilidad de la filosofía, le hizo abogar por reformas ilustradas, como la lucha contra la tortura o los procesos
de brujería.
• En cuanto a Wolf, fue sobre todo un divulgador metódico del pensamiento de Leibniz, convencido también del carácter práctico de
la filosofía. Su prestigio fue grande en Alemania y la Europa central, y hasta el propio Kant le consideró en algún momento como
“el mayor de todos los filósofos dogmáticos”.
• Tanto Thomasius como Wolf tuvieron además una contribución importante al desarrollo del Derecho de gentes.
• Una figura que enlaza la Ilustración con el prerromanticismo es Gothold Ephraim Lessing. En su obra La educación del género
humano consideró que la aportación fundamental de las religiones positivas era la contribución al proceso de adquisición de una
moral más elevada. También escribió Ernst y Falk. Diálogos para masones, anunciaba un futuro sin prejuicios religosos en el que
triunfaría la fraternidad, la justicia y la igualdad. Asimismo, fue un gran opositor del absolutismo de Federico II.
• La gran figura del pensamiento alemán es Immanuel Kant, precursor del idealismo y que constituye una de las grandes cumbres del
pensamiento universal, así como uno de los filósofos con mayor influencia en el mundo contemporáneo.
• Kant afirmó que la mente humana es capaz de alcanzar la verdad en las ciencias, defendiendo, por tanto, la objetividad de los
principios de estas. Su Crítica de la razón pura es un ataque a la metafísica, pues considera que no conocemos las cosas tal como
son, sino tal como se presentan ante nuestra facultad de conocer.
• Considera que el conocimiento se basa, por una parte, en los conceptos a priori de nuestro entendimiento -anteriores o independientes
de la experiencia – (por ejemplo el de causalidad) y, por otro, en las formas a priori de nuestra percepción sensible: el espacio y el
tiempo que no son propiedades reales de las cosas.
• Con dicha teoría puso límites a la razón, reduciendo su capacidad objetiva al mundo sensible y la ciencia experimental. Fuera de
ellos, la inexistencia de pruebas obliga a suspender su uso, dado que es igualmente posible, por ejemplo, sostener que el alma es
inmortal o no lo es.
• La Crítica de la razón práctica se dedica a estudiar los fundamentos de la moral y el problema de la liebrtad humana. Kant afirma
que existe una razón de orden práctico que se funda en el hecho absoluto de la ley moral, en una experiencia que está en la base de
nuestro ser, a la que denomina “imperativo categórico”. La ley moral como fundamento de nuestras acciones crea en los seres
humanos la conciencia del deber, que es el concepto básico en la ética de Kant.
• Lo no sometido a las condiciones del mundo sensible tiene sus raíces en un mundo no sensible, llamado inteligible o noumenal,
imposible de demostrar teóricamente.
• No obstante, los postulados de la razón práctia son crencias racionales que es necesario suponer para que la acción moral sea de
hecho posible.
• En la segunda mitad del siglo se desarrolló en Alemania el movimiento cultural del Sturm und Drang (Tempestad e Ímpetu),
exaltador de lo germánico y precursor del Romanticismo, cuyas figuras principales fueron Johann Gottfried Herder y Johann
Wolfgang Goethe.
• Herder defendió la plurarlidad de culturas, arraigadas en los diferentes espíritus de cada pueblo, lo que abría un amplio cauce a la
valoración de las características nacionales que hará el Romanticismo.
• Goethe, por su parte, se inscribe más propiamente en el periodo posterior de la Revolución francesa y el mundo napoleónico, aunque
ya en 1774 iniciara la ética romántica con la novela Las desventuras del joven Werther.
• La Ilustración se manifestó también en otros países, y entre ellos los mediterráneos.
• En España, fue tardía y tuvo un alcance menor, centrándose especialmente en el intento de depurar la religión y en las reformas que
buscaban la modernización del país. Después de los novatores, preilustrados que pusieron los cimientos de la renovación científica
y la valoración de al razón, la figura principal de la primera mitad del siglo XVIII fue fray Benito Jerónimo Feijoo, cuya obra
principal, el Teatro Crítico Universal, constituye una aportación fundamental en su empeño por cirticar las supersticiones, errores y
costumbres irracionales. Desde mediados de siglo, muchos de los principales ilustrados fueron políticos reformistas, como el
marqués de la Ensenada, José de Carvajal, Campomanes, Aranda, Floridablanca e incluso Jovellanos.
• En Italia destacaron eruditos como Muratori, Pietro Giannone o Giovanni Battista Vico. Ya en plena Ilustración tienen especial
importancia el jurista milanés Cesare Beccaria, humanizador del Derecho penal con su obra De los delitos y las penas o Antonio
Genovesi, quien ocupó la primera cátedra de economía política existente en Europa.
Ciencia y cultura en el siglo XVIII
• La ciencia y la cultura progresaron a partir de las sólidas bases que les proporcionaban respectivamente la Revolución científica del
siglo XVII y la propia Ilustración.
• Las ciencias físico-matemáticas avanzaron con la seguridad que les proporcionaba el nuevo método científico.
• En las matemáticas destacó el desarrollo del cálculo infinitesimal o la aparición de la geometría descriptiva. El principal matemático
fue Leonard Euler.
• También continuaron los avances de las dos grandes protagonistas de la Revolución científica: la física y la astronomía.
• En física, los estudios e investigaciones se realizaron sobre todo en tres frentes: la electricidad, el calor y la propagación del sonido
en el agua o el aire.
• Stephen Gray descubrió que la causa de la conductividad eran los materiales, que clasificó en malos y buenos conductores, al mismo
tiempo que ponía las bases para el estudio de las corrientes eléctricas.
• Charles François Du Fay, tras comprobar la posibilidad de electrizar cualquier cuerpo, puso de moda los experimentos con
electricidad y fue Pieter van Musschembroek el que descubrió el primer condesador eléctrico, la llamada “botella de Leiden”.
• Destacaron tambien Luigi Galvani, que descifró la naturaleza eléctrica del impulso nervioso, y Alessandro Volta, inventor de la pila
eléctrica. Por último, Benjamin Franklin inventó el pararrayos, demostró que el rayo era un fenómeno físico y contribuyó con él a
desterrar el miedo que provocaba.
• En el estudio del calor avanzó especialmente su medición, para lo que se elaboraron varias escalas termométricas, entre las que
destacan las de Farenheit y Celsius. Especial importancia tuvieron también los avances en el conocimiento del calor específico y la
construcción del calorímetro por Laplace y Lavoisier, que servirían a Watt para perfeccionar la máquina de vapor.
• La exploración de los cielos mejoró gracias en buena parte a los avances desarrolaldos en los telescopios. Friedrich Wilhelm Herschel
descubrió Urano y estudió el anillo de Saturno, así como numerosas nebulosas de la Vía Láctea. Asimismo, Pierre Simon Laplace,
en El sistema del mundo explicó el universo de forma ordenada, indicando su origen a partir de una nebulosa o remolino de polvo
y gas, que constituye la base de las teorías actuales sobre la formación estelar.
• En el ámbito de la medicina, se describieron mejor algunas enfermedades y se descubrieron algunas nuevas, como la diebetes, la
varicela o las fiebres tifoideas.
• La temperatura y las pulsaciones sirvieron progresivamente para detectar la enfermedad y se empleó la electricidad contra la
parálisis, la gota o el reumatismo.
• La quinina se utilizó contra la fiebre y la malaria, y la ipecacuana contra la disentería. También hubo avances importantes en el
campo de la obstetricia y en la cirugía.
• Tampoco se deben olvidar los progresos en la valoración de la higiene y en la medicina preventiva, con la inoculación y,
posteriormente, la vacuna contra la viruela.
• Una de las novedades del siglo fue la vinculación de la química a la nueva ciencia. Fue Antoine Lavoisier quien abrió una nueva
época al convertirla en una ciencia que opera con magnitudes, igual que la física, dotándola además de un lenguaje y un método.
Estableció el concepto de elemento, contribuyó a elaborar la ley de conservación de la materia, al demostrar que en una reacción la
cantidad de materia es el mismo al principio y al final, e investigó la composición del agua y la combustión, rechazando la teoría
del flogisto.
• Otra novedad fue el desarrollo de las ciencias de la naturaleza, que permitirían un mejor conocimiento de la Tierra, los materiales
inanimados que la componen y los seres vivos que la habitan.
• Los dos grandes naturalistas del siglo fueron Geroges Louis Leclerc y Karl Linneo.
• Leclerc escribió una Histoire naturelle, générale et particulière , un formidable compendio de conocimientos en 44 volúmenes. En
su obra Les époques de la Nature señaló una serie de periodos en al evolución de la Tierra, abriendo un abanico de posibilidades de
estudio que desarrollarían más adelante diferentes ciencias.
• Linneo se dedicó al mundo vegetal y animal, y se considera el padre de la moderna taxonomía. No obstante, participaba de una idea
estática de la naturaleza, obra para él de la creación, contrastada ya en aquel siglo por gentes como el botánico Jean Marchant o
Pierre Louis Moreau de Maupertuis.
• El siglo XVIII vivió el avance de la técnica, la cual permitió inventos que resultarían fundamentales. Mezcla de ciencia y técnica
fueron los inicios de la aeronáutica, con los primeros globos aerostáticos, en los que fueron pioneros los hermanos Étienne y Joseph
de Montgolfier.
• Entre las experiencias iniciales de la navegación aérea, merece citarse el vuelo de Jean Pierre Blanchard y John Jeffries, que en 1785
atravesaron en un globo el canal de la Mancha entre Dover y Guînes.
• También se desarrolló el telégrafo óptico de señales y tuvieron lugar los primeros experimentos con el telégrafo eléctrico.
• En el mundo de la cultura y las letras predominó la prosa, que se manifestó sobre todo en la novela, el ensayo, la correspondencia y
las memorias.
• El teatro se centró en la vida diaria a través de la comedia de costumbres.
• En las artes, continuó inicialmente el Barroco, el cual produjo además en estos años la tendencia del Rococó, que tuvo su principal
manifestación en las artes menores, los interiores y la decoración.
• En la segunda mitad del siglo se impuso el Neoclasicismo, uan vuelta a los modelos clásicos, al equilibrio y la simplicidad de las
líneas. Sus principales realizaciones se dieron en la arquitectura civil, en la que destacaron los diverosso palacios que se realizan en
Europa.
• En la pintura comenzaba a predominarm el retrato, signo de una época que reivindicaba al ser humano.
• Especial importancia tuvo en este siglo la música barroca en sus comienzos con diguras como Bach, Händel, Haydn y Mozart.
El catolicismo y las otras confesiones cristianas.
• En el Setecientos, al tiempo que avanzan la tolerancia y la indiferencia religiosa, desciende un tanto el interés por la Iglesia y la
religión.
• Se trata, además, de un periodo en el que la Iglesia carece de grandes ideas y figuras.
• A mediados del siglo XVII, había concluido el gran ciclo de fundación de órdenes religiosas. Las pocas que se crean en el siglo
XVIII son poco relevantes y en muchos casos tuvieron una escasa trayectoria, siendo la más importante la de los redentoristas.
• Desde los sectores ilustrados, surgieron abundantes críticas al clero y a los religiosos católicos.
• Tales críticas, no siempre justas, influyeron en diversos gobernantes ilustrados, que adoptaron medidas para reducir el número de
eclesiásticos, un clero que en la segunda mitad del siglo experimentó una clara disminución, en algunos casos hasta drástica.
• La Paz de Westfalia había consagrado la pérdida del poder internacional del papado, que no hizo sino agudizarse desde entonces.
• El propio desplazamiento hacia el norte del centro de gravedad de la política europea acabó perjudicándolo, habida cuenta de que
tanto la nueva potencia dominante, Gran Bretaña, como Prusia y Rusia, no eran católicas.
• La centuria se caracterizó por una intensificación de las luchas regalistas de los siglos anteriores, que obedecen no solo a las
aspiraciones de los príncipes del absolutismo ilustrado por controlar a la Iglesia en sus territorios, sino también a la desaparición de
los graves conflictos religiosos de los siglos anteriores.
• La existencia en el seno de la Iglesia de una poderosa corriente episcopalista y conciliarista, ahora reforzada, sirvió de refuerzo a las
aspiraciones regalistas, lo mismo que la actitud mayoritaria de los ilustrados.
• El regalismo más importante fue el galicanismo francés, pero dicha corriente fue también importante en otros territorios, recibiendo
nombres diversos.
• No se trataba solo de derechos sobre las Iglesias de sus estados, sino que las cortes católicas trataban de intervenir también en la
propia cúspida del poder pontificio. La misma supresión de la Compañía de Jesús fue una consecuencia de las fuertes presiones de
las coronas.
• Muchas de las concesiones regalistas se plasmaron en concordatos, entre los que destacan los de Benedicto XIV con territorios como
España o Austria.
• No obstante, los intentos de conseguir más poderes sobre las Iglesias nacionales continuaron.
• El principal conflicto regalista del siglo fue el llamado Monitorio de Parma de 1768, un documento pontificio que condenaba la
política regalista del ducado de Parma. Esto provocó una reacción de protesta de los otros príncipes de la familia Borbón, incluida
España.
• Las tensiones regalistas se acentuaron a raíz del sínodo diocesano celebrado en la localidad toscana de Pistoia en 1786, que aspiraba
a reformar la Iglesia en la línea de las doctrinas episcopalistas, siendo condenado por el papa Pío VI.
• En los primeros años de la Revolución francesa sería aprobada la Constitución Civil del Clero (1790), antes de que Napoleón atacara
directamente el poder de los papas Pío VI y Pío VII.
• Una de las principales repercusiones del regalismo fueron las expulsiones y la supresión de la Compañía de Jesús.
• La oposición a los jesuitas procede de sectores diversos. El considerable poder e influencia de los jesuitas, así como su apoyo al
absolutismo, explican buena parte de tales enemistades.
• Al tratarse de una orden pecualiar y dotada desde su fundación de un especial protagonismo e importancia en el seno de la Iglesia,
en la que cuestiones como su probabilismo y el laxismo moral, o la defensa de los ritos orientales, les habían ganado numerosas
antipatías.
• Por otra parte, no solo ocupaban o habían ocupado buena parte de los confesionarios reales, sino que su labor educativa con las elites
sociales, su destacado papel intelectual, las congregaciones marianas y otras formas nuevas de devoción generaron grandes envidias
y enemistades entre las otras órdenes, que les disputaban aspectos tan importantes como el influjo social o el dominio de las cátedras
universitarias.
• La oposición contra ellos, por tanto, no provenía exclusivamente de fuera, sino también de dentro de la Iglesia, lo que contribuye a
explicar el éxito de las medidas de que fueron objeto.
• Con todo, la clave principal de la inquina contra los jesuitas estuvo en su oposición al regalismo y su especial sumisión al papado.
• Especial importancia tuvo también, desde mediados del siglo, el enfrentamiento con ellos de la Casa de Borbón.
• Algunas cuestiones contribuyeron a desgastarles, y especialmente los conflictos vinculados a las reducciones del Paraguay, o la
quiebra de las empresas comerciales en la Martinica del padre Antoine Lavalette, que llevaría a su expulsión de Francia.
• El primer país del que fueron expulsados fue Portugal, al que seguirían los diversos estados de los Borbones entre 1764 y 1768,
incluida España en 1766.
• El odio contra ellos llevó incluso a las cortes borbónicas a conseguir en el cónclave de 1769 quien firmó el breve que decretaba la
supresión de la compañía. En compensación, Francia y Nápoles devolvieron al papa los territorios que ambas habían ocupado años
antes como reacción contra el “Moritorio de Parma”.
• La expulsión y la supresión de la compañía dieron origen a una gran desamortización eclesiástica. Curiosamente fueron dos
soberanos no católicos quienes protegieron a los jesuitas, Federico II de Prusia y Catalina II de Rusia.
• La Compañía de Jesús no sería restablecida hasta 1814.
• La decadencia religiosa afectó también al mundo protestante, especialmente a las iglesias más rígidamente organizadas, como en el
caso del calvinismo neerlandés o de la Iglesia anglicana, cuya jerarquía se convirtió prácticamente en un cuerpo de funcionarios al
servicio del poder.
• La decadencia, en cambio, afectó menos a los luteranos y otras Iglesias no tan jerárquicas.
• A lo largo del siglo continuó pujante el pietismo alemán. De su seno surgió además una de las iniciativas reformistas más notables,
protagonizada por el conde Nikolaus Ludwig von Zinzendorf, que supuso al tiempo una reacción contra el racionalismo ateo de la
Ilustración y contra la falta de tensión religiosa del protestantismo de su época.
• Zizendorf tenía como arrendatarios en sus tierras de Sajonia a grupos perseguidos de los hermanos moravos, de inspiración husita,
procedentes de Bohemia y Moravia, con los cuales creó la fraternidad o Comunidad de Hermanos de Herrnhut.
• Se propuso crear pequeñas iglesias que actuaran como la levadura para revitalizar y unificar las Iglesias dentro de la confesión
luterana. La comunidad, rígidamente organizada y dotada de severas reglas, que afectaban a la vida familiar y diaria de sus miembros,
atrajo numerosos pietistas alemanes y hermanos moravos, pero la alarma de los nobles, los gremios y la Iglesia luterana provocó la
reacción de las autoriades, que les expulsaron de Sajonia en 1732.
• Zinzendorf estableció hermandades en otras zonas de Alemania, las Provincias Unidas y los países Bálticos, la América británica e
Inglaterra.
• En 1747 se le permitió volver a Sonia y su Iglesia fue reconocida, a pesar de algunos excesos irracionalistas y sensuales que
proporcionaron argumentos a sus enemigos.
• En 1774 sería consagrado obispo de los hermanos moravos, que le consideran el renovador de su Iglesia.
• La influencia de Zinzendorf se extendió también al principal reformador británico del siglo, John Wesley, quien se lanzó a predicar
con su hermano Charles, exaltando la experiencia religiosa, el perfeccionamiento a través del amor a Dios y la satificación mediante
los sacramentos.
• Predicó en las calles, logrando un gran éxito entre las clases medias y bajas con su propuesta de una religión del corazón y la defensa
de la solidaridad humana.
• Su Iglesia se basaría en una serie de pequeñas comunidades que, además de las prácticas religiosas, debían vigilarse y ayudarse en
la búsqueda de la salvación. Pese a que Wesley no deseó establecer una nueva Iglesia, sino continuar en el seno del anglicanismo,
el nombre de metodismo o Iglesia metodista con que se conoce su reforma procede del método de disciplina interior que elaboró,
logrando una amplia difusión de las comunidades por Gran Bretaña, y también en Norteamérica, donde pronto se convertiría en la
confesión más numerosa.
• Un aspecto importante del metodismo fue su preocupación social, que llevó a sus miembros a postular, por ejemplo, la reforma de
las prisiones o la abolición de la esclavitud.
• En el siglo XVIII, continuaron las tendencias unionistas, sobre todo entre los protestantes alemanes, siguiendo la estela de Leibniz.
Deísmo, masonería y descristianización
• Muchos de los ilustrados se oponían a cualquier religión revelada, frente a la que defendían una religión natural, basada en la razón
y opuesta al Dios de los cristianos.
• Consideraban que tanto los dogmas como los milagros son contrarios a la razón, que sí admite en cambio sin dificultades un dios
creador, un ser supremo o causa primera, cuya existencia se prueba por la perfección de esta, pero que no interviene en los asuntos
del mundo y los seres humanos.
• Tales son las características básicas de la postura religiosa conocida como deísmo, que tiene muchos paralelismos con los
librepensadores, quienes reclamaban para la razón la independencia de cualquier criterio sorbenatural, con la peculiaridad de que el
deísmo acepta la existencia de un dios al que se llega con la razón.
• Más que deísmo en singular, habría que hablar de deísmos, por la dificultad de reducir a una las diversas posturas existentes.
• Los ingleses destacaron en los análisis teóricos, frente al deísmo francés, más práctico y generalizado, que tiene en Voltaire a uno
de sus principales representantes.
• El deísmo no surge propiamente en el siglo XVIII, sino que tiene precedentes en los siglos anteriores.
• Especial importancia tienen los deístas británicos, como John Toland, que atacó el cristianismo y exaltó la religión natural,
especialmente en su obra de 1696 Christianity not Mysterious, en la que rechazaba estos como opuestos a la razón, evolucionando
posteriormente a posturas cercanas al materialismo.
• Matthew Tindal, por su parte, defendió que el cristianismo era un transunto de la religión natural.
• Alexander Pope representa un deísmo potético, pues en su Ensayo sobre el hombre ensalzó la felicidad humana dispuesta por el
artesano eterno, diseñador de una sociedad en la que cada uno tenía su lugar. Algunos de los deístas ingleses crearon una comunidad
espiritual con himnos, ritos y ceremonias.
• La masonería se inspira en las agrupaciones o confraternidades de maçons (albañiles) surgidas en la Edad Media. Basadas en
principios religiosos, se dotaron de símbolos y contraseñas y usaron el secreto para protegerse. Es la masonería que se conocería
después como operativa y que se mantuvo en los siglos posteriores, si bien a aprtir del siglo XVII comenzaron en entrar en ella
gentes de extracción social más elevada, con mayor formación intelectual en calidad de miembros honrarios o free-maçons, origen
del término “francmasón”.
• Al cabo, los francmasones se separaron de las agrupaciones originarias y en 1717 cuatro logias de Londres se federaron,
constituyendo la Gran Logia de Inglaterra, que adoptó una estructura interna basada en la de los gremios. En 1723 aprobó las
Constituciones de Anderson, que habrían de regirla.
• Pronto se difundió por el continente, aunque los tiempos y grados de implantación variaron según los países.
• También evolucionó y surgieron divisiones, como la del rito escocés.
• El recelo de las autoridades europeas se debió en buena parte a su esoterismo y secretismo. En 1738 el gobierno neerlandés la
prohibió. Más adelante el papa Clemento XII la condenó, cosa que harían también algunos de sus sucesores, a lo que se sumaron las
prohibiciones de diveros gobiernos.
• La masonería es en parte un fruto de la Ilustración, aunque recibe también otras influencias. Defendía el deísmo, el culto al gran
arquitecto, la moral natural, la fraternidad y la tolerancia.
• La razón y la idea de progreso eran parte esencial de sus convicciones, que les llevaban a promover la virtud y la caridad.
• Entre sus miembros y pese a las jerarquías internas se practicaba la franternidad y la igualdad, si bien muchas logias estaban limitadas
a nobles y la mayoría excluían a mujeres y judíos.
• Además de la masonería hubo en el siglo XVIII numerosas sectas, entre las que destacaron los rosacruces, que reivindicaban
precedentes en los siglos anteriores, o los iluminados fundados en Baviera por Johann Adam Weishaupt para ayudar al triunfo de la
razón y la religión natural. En Alemania, ambas se mezclaron a veces con la masonería.
• A lo largo del siglo aumerntaron también el ateísmo y la indiferencia religiosa, especialmente en Francia.
• Jean Meslier escribió la Mémoire des pensées et des sentiments, redactada en los últimos años de su vida y conocida sobre todo en
el siglo XVIII por la antología publicada por Voltaire, titulada Testament de Jean Meslier, que desde el deísmo y el absolutismo
ilustrado de aquel, desdibujaba el ateísmo y el radicalismo político del autor. La obra de Meslier ha sido considerada por muchos
como el texto fundacional del ateísmo y el anticlericalismo franceses.
• Meslier habla de la inexistencia de Dios, la falsedad de todas las divinidades y religiones y critica duramente a la Iglesia y a
Jesucristo.
• Su ateísmo radical es también uan reacción frente a la injustica y la explotación del pueblo, en la que denuncia la vinculación de la
Iglesia y el poder y preconiza la revolucón y la abolición de la propiedad privada.
• De la Ilustración arranca la fractura entre razón y fe, que se produjo también una quiebra entre cultura y religión. Aquella se emancipó
de esta, al tiempo que se iniciaba la marginación de lo sobrenatual, lo cual suponía un cambio radical con respecto al pasado y habría
de convertirse más adelante en una de las características del mundo actual.
• Por último, la relativa secularización tuvo efectos positivos como la mejora de las condiciones de vida de las minorías religiosas, la
desaparición paulatina de las quemas de brujas o la decadencia de la Inquisición española.
7.2 Las relaciones internacionales
• El siglo XVIII fue un periodo de intensas guerras. A pesar de los avances anteriores en el establecimiento de unas normas más allá
de las apetencias particulares de cada soberano, los intereses dinásticos continuaron teniendo una enorme importancia.
• La religión, en cambio, fue disminuyendo en su protagonismo.
• El predominio se repartirá entre varias potencias, lo cual, en lugar de garantizar la paz y el equilibrio entre poderes, fue más bien un
elemento de inestabilidad.
• En el siglo XVIII se profesionalizó la diplomacia, con el desarrollo de los grados propios de una carrera.
• El número de embajadas y representaciones creció de forma considerable, al igual que la red consular (para las cuestiones
económicas y comerciales), al tiempo que la diplomacia quedaba reservada a súbditos del príncipe al que se representaba, con la
excepción de Rusia. Asimismo, los diplomáticos solían proceder de la nobleza, aunque no siempre de la más alta.
La Guerra de Sucesión de España
• A la muerte de Carlos II en 1700, la mayor parte de las potencias europeas reconocieron como heredero a Felipe V.
• Sin embargo, Luis XIV no tardó en obtener beneficios de la nueva situación. Defendió los derechos de su nieto al trono de Francia,
envió tropas a los Países Bajos españoles, expulsando a las guarniciones neerlandesas establecidas como seguridad en la paz de
Ryswick, mandó flotas y comerciantes franceses a los puntos estratégicos del comercio hispano con las Indias y logró la concesión
a una compañía francesa del monopolio del tráfico de esclavos en 1702.
• Estas actividades alertaron a Inglaterra y a las Provincias Unidas, que decidieron apoyar al emperador y constituyeron la Gran
Alianza de la Haya en 1701.
• La respuesta de Luis XIV fue reconocer como rey de Inglaterra al pretendiente Estuardo Jacobo III.
• En mayo de 1702, la Gran Alianza declaró la guerra a los Borbones, iniciando un conflicto que se articularía en torno a dos cuestiones
principales: la hegemonía continental vinculada a la posesión de toda o una parte de la herencia de Carlos II, y el comercio colonial.
• Europa se dividió en dos bandos: los aliados (los miembros de la Gran Alianza de la Haya, Dinamarca, Prusia, la mayoría de los
príncipes alemanes, y a partir de 1703, Saboya y Portugal) y Francia y España, con los electores de Baviera y de Colonia, y el duque
de Mantua.
• El 12 de septiembre de 1703 los aliados proclamaron rey de España al archiduque Carlos de Habsburgo ( nombre de Carlos III ).
• La unidad de bandos distaba de ser real, pues había en ellos desavenencias que influirían en el curso de la guerra, especialmente
graves entre los Aliados. Inglaterra y las Provincias Unidas, por ejemplo, tenían sus propios objetivos y más que defender los
derechos del archiduque pretendían un reparto de la Monarquía de España.
• La guerra afectó también a España a partir de 1705, pues los partidarios del archiduque lograron dominar los territorios de la corona
de Aragón, abriendo un nuevo frente de lucha.
• Cada uno de ambos conflictos habría de resolverse de forma distinta. Mientras la guerra continental favoreció los intereses de
los aliados, en España, el triunfo correspondió al bando borbónico.
• La guerra se desarrolló en el norte de Italia, los Países Bajos, el Rin y, ocasionalmente, también en territorio francés. También en
España a partir de 1705 y se produjeron acciones menores en América.
• Las primeras batallas importantes se produjeron en el verano de 1704 en Baviera, cuando los aliados vencieron en dos ocasiones
sucesivas a las tropas francesas y bávaras que pretendían tomar Viena. La segunda de ellas fue la Batalla de Blenheim, con el
resultado de que Baviera permanecería ocupada por los austriacos hasta el final de la guerra y Francia, amenazada, tuvo que
abandonar los territorios alemanes. Los franceses sufrieron también retrocesos en el frente de los Países Bajos y en el norte de Italia,
donde su alianza con Saboya se había roto en 1703.
• En 1705, Luis XIV intentó negociar la paz, con un reparto de los territorios de la Monarquía de España. No resultó, y la situación
empeoró para el bando francés. En 1706, Francia tuvo que abandonar buena parte de los Países Bajos españoles, levantó el asedio a
Turín, y los aliados conquistaron los ducados de Milán y Mantua, así como brevemente Madrid.
• En 1707 se produce la primera gran divergencia entre la guerra internacional y la que se producía en España. En Europa, Austria se
apoderó de Nápoles, pero en España se produjo la significativa batalla de Almansa, que cambiaría el rumbo de la guerra en la
Península y permitiría a Felipe V reconquistar Valencia, Aragón y parte de Cataluña.
• El avance aliado en Europa continuó en los años siguientes. En 1708 conquistaron Cerdeña y en 1708-1709, la situación de las tropas
de Luis XIV llegó a su límite tras la rendición de Tournai y Mons. El frío y las malas cosechas dieron paso a la carestía y el hambre,
lo que, junto con el avance de los aliados en territorio francés, provocó que Luis XIV estuviera a punto de firmar la paz y abandonar
a Felipe V a su suerte.
• En 1710 se produjo en España el proyectado contraataque aliado, una vez que el emperador José I pudo enviar tropas a Barcelona.
Una segunda expedición les permitió reconquistar el reino de Aragón, y entrar nuevamente en Madrid, aunque de nuevo por poco
tiempo, para ser luego derrotados en las batallas de Brihuega y Villaviciosa, las cuales les impidió conservar el reconquistado reino
de Aragón.
• La Guerra de Sucesión mantenía una dinámica claramente favorable a los aliados. Pero la situación cambió con la llegada al poder
de los tories en Inglaterra en 1710, que se inclinaban al pacifismo, y la muerte del emperador José I en 1711, que convirtió al
archiduque en el emperador Carlos VI.
• Con esta sucesión, la opción austriaca dejaba de resultar conveniente para los aliados. En realidad, se convertía en una amenaza,
pues se hubiera podido reeditar el Imperio de Carlos V.
• Ambas circunstancias, junto a hechos como el cansancio generalizado de los contendientes, el incendio de Río de Janeiro provocado
por los corsarios franceses o el triunfo del duque de Villars sobre Eugenio de Saboya en Denain, aceleraron las conversaciones de
paz.
• La guerra de España se había decantado a favor de Felipe V, si bien el conflicto interior habría de prolongarse más que el
internacional. La resistencia austracista continuó en dos enclaves que tardaron en caer. El 11 de septiembre de 1714, cayó Barcelona
y al año siguiente, se conquistó Mallorca.
El sistema de Utrecht
• En las conversaciones de paz, el temor a que pudieran reforzarse demasiado las Casas de Borbón y Habsburgo llevaron a plantear
varias iniciativas, como la formulada por los británicos en 1712.
• Al final, Felipe V aceptó la exigencia británica de renunciar a sus posibles derechos a la corona de Francia, lo que hizo formalmente
ante las Cortes de Castilla el 5 de noviembre de 1712, y el tratado firmado en Utrecht en 1713 (complementado con los de Rastatt y
Baden en 1714) fue mejor para él de lo que podría haber sido.
• La derrota del bando borbónico en la guerra europea supuso la desmembración de la Monarquía transmitida por Carlos II. En
adelante, España se reduciría prácticamente al territorio actual, aunque conservó su inmenso imperio ultramarino.
• Las paces reorganizaron Europa mediante el reparto de los territorios que habían pertenecido a la Monarquía de España, pero
marcaron asimismo la derrota final de Luis XIV y el fin de la hegemonía francesa.
• Las paces incluían un buen número de acuerdos de carácter político, territorial y comercial.
• Destaca el reconocimiento general de Felipe V como rey de España. Luis XIV se vio obligado a interrumpir su apoyo a los Estuardo.
El elector de Brandeburgo y el duque de Saboya fueron elevados a la categoría de reyes, y se reconoció la creación para Hannover
del noveno electorado, siendo este un territorio que quedaría vinculado a Inglaterra por el Act of Settlement de 1701.
• Austria, que mantuvo en su poder el ducado de Mantua, recibió todos los dominios europeos que hasta entonces dependían de
España, a excepción de Sicilia: los Países Bajos, Luxemburgo, el ducado de Milán, los presidios de Toscana, y los reinos de Nápoles
y Cerdeña.
• El duque de Saboya obtuvo Sicilia, así como algunos territorios de la Lomellina y la Valsesia, y el ducado de Monferrato.
• Francia tuvo que abandonar algunas de las localidades más avanzadas conseguidas recientemente en los Países Bajos: Furnes, Ypres,
Menin, Tournai, y Poperinghe, y demoler las fortificaciones de Dunkerque. Pero sus pérdidas principales fueron en América, donde
tuvo que ceder a Inglaterra Acadia y la isla de Terranova, la bahía de Hudson y la isla de San Cristóbal. A cambio, incorporó
definitivamente el principado de Orange.
• Las Provincias Unidas, escasamente recompensadas, recibieron el derecho a situar guarniciones de carácter eminentemente
defensivo en una zona fronteriza con Francia denominada “barrera”.
• Prusia pasó dominar el Güeldres español y el principado de Neuchâtel en Suiza.
• El botín de Gran Bretaña en Europa se redujo a Gibraltar y Menorca. Su interés prioritario se encontraba en el ámbito marítimo y
mercantil. Por ello, las llamadas cláusulas comerciales le abrían unas enormes posibilidades en las Indias españolas.
• Aparte del título de nación más privilegiada en el comercio colonial hispano, recibió el derecho de asiento y el navío de permiso. El
primero le permitía durante treinta años el monopolio del comercio de negros, con una escala en el Río de la Plata, mientras que,
por el segundo, tenía derecho a enviar una vez al año con cada flota española y libre de aranceles, un buque mercante de 500
toneladas a las Indias españolas.
• La realidad superaría con creces ambas concesiones, que supusieron la primera quiebra legal del monopolio hispano sobre el
comercio de las Indias.
• Las cláusulas comerciales afectaban también a Francia, que hubo de ceder a Gran Bretaña el restablecimiento del arancel de 1664,
mucho más liberal que el de 1667, y se comprometió a otorgarle el tratamiento de nación más favorecida, al tiempo que renunciaba
a los privilegios concedidos por Felipe V a los comerciantes franceses.
• Gran Bretaña se consolidaba como la gran potencia mercantil del futuro, apoyada también en las ventajas que le daba el tratado de
Methuen con Portugal.
• La Paz de Utrecht consolidó el predominio comercial británico, frente a Francia, en una época en la que las Provincias Unidas
estaban ya muy lejos de su antiguo esplendor.
• La rivalidad colonial anglo-francesa no estaba aún resuelta y habría de agudizarse.
• Los territorios cedidos por Francia fueron el primer paso hacia el monopolio británico de América del Norte, donde la situación en
que quedaban ambos países anunciaba nuevos conflictos. El Canadá francés se veía acosado por los británicos, al tiempo que los
territorios oficialmente franceses, desde el San Lorenzo al Missisippi, bordeaban por el oeste las colonias inglesas de la costa.
• El objetivo principal de los tratados era evitar que pudiera surgir una nueva hegemonía. La cuestión era cómo conseguirlo.
• Sólo la existencia de una normativa de carácter superior, pese a la dificultad de exigir su cumplimiento, podía poner cierto freno,
pero el derecho internacional apenas se había desarrollado.
• No quedaba otra alternativa que la fuerza disuasoria, y es lo que trató de hacerse al establecer el sistema del equilibrio europeo o
“balance of power”, a partir de una idea que se había desarrollado en las últimas décadas del siglo XVII y en la que tenía bastante
que ver la contraposición de dos grupos antagónicos en el seno de la política británica. Su base eran Francia y Austria, quedando
Gran Bretaña como el árbitro de dicha balanza, el garante exterior desde su aislamiento insular y su dominio de los mares.
• El equilibrio como principio rector de las relaciones internacionales exigía la colaboración de todos, independientemente de sus
relaciones con cada uno de los poderes dominantes. Es lo que se pretendió realizar, aunque no tuvieron el éxito deseado.
Gran Bretaña y Francia como garantes de la paz
▪ El sistema diseñado en las paces que pusieron fin a la Guerra de Sucesión era de un equilibrio inestable: no por Francia, bastante
satisfecha al haber conseguido mantener las principales adquisiciones del largo reinado de Luis XIV, sino por Austria.
• El emperador seguía reivindicando la herencia española, a lo que se uniría desde un principio el problema de la sucesión de Carlos
VI, se que convertiría en su obsesión diplomática. Tuvo que negociar continuamente con el Imperio y las cancillerías europeas para
que reconocieran la Pragmática Sanción, promulgada en 1713.
• Su aceptación internacional no iba a ser fácil y muchos países supieron sacar partido de su debilidad.
• Inglaterra, en un principio, no aceptó la Pragmática Sanción. Francia vio la ocasión para debilitar a su enemigo. Carlos VI fue
sumando apoyos en las diversas cortes del Imperio, pero no pudo evitar movimientos en su contra, estimulados en ocasiones por
Francia.
• Los dos problemas citados impidieron a Austria ejercer el papel que se había pensado para ella como segundo centro de gravedad
de la política de equilibrio, en un ámbito además como era la Europa centro-oriental, caracterizado por la fragmentación y la escasa
estabilidad políticas, incrementadas ambas por la crisis del Imperio.
• Ello obligó a una temprana rectificación del esquema inicial, sustituido por una alianza entre Gran Bretaña y Francia, que no se
rompería hasta 1731.
• El primer ataque al equilibrio surgió con el llamado revisionismo español de Utrecht, consecuencia del malestar por la pérdida de
los territorios italianos que sentía Felipe V, quien los consideraba todavía parte de su patrimonio.
• Dicha política contaba con defensores dentro de la corte madrileña, en la que no había desparecido la vieja idea de unidad de la
Monarquía.
• Un tercer elemento eran los intereses de la segunda esposa del monarca, Isabel de Farnesio, quien tenía evidentes posibilidades
sucesorias a Parma, Piacenza y Toscana. A ello se unió el hecho de que el principal consejero de Felipe V fuera entonces el
eclesiástico parmesano Giulio Alberoni.
• Con el pretexto de un incidente motivado por la detención en Milán del inquisidor general José Molines, se organizó una flota que
conquistó sin demasiados problemas Cerdeña (1717), aprovechándose de que el emperador estaba ocupado en la guerra contra los
turcos.
• La facilidad de la conquista estimuló una segunda y más ambiciosa expedición, que al año siguiente se apoderó del reino de Sicilia.
• Como consecuencia de estas dos conquistas, Francia, Gran Bretaña, las Provincias Unidas y Austria constituyeron la Cuádruple
Alianza en 1718. En agosto, la flota inglesa infligió a la española una severa derrota en la Batalla de cabo Passero, en el extremo
suroriental de Sicilia. En diciembre, el resto de los integrantes de la alianza declararon la guerra a España, que tuvo que negociar
desde la debilidad.
• Por el tratado de La Haya de 1720, Felipe V renunció a las conquistas, se adhirió a la alianza, aceptó sin condiciones las cláusulas
de Utrecht y renunció nuevamente a sus aspiraciones al trono francés, motivo principal de sus malas relaciones con el regente, el
duque de Orleans.
• A cambio de que abandonara cualquier reivindicación sobre la corona de España, el emperador recibiría el reino de Sicilia, inmediato
a Nápoles, que cambiaría al duque-rey de Saboya por el menos importante de Cerdeña.
• El infante Carlos de Borbón sería reconocido como heredero del Gran Ducado de Toscana. De momento, sin embargo, solo tuvo
efecto el cambio de Sicilia por Cerdeña.
• La primera crisis del sistema de Utrecht había reforzado la alianza franco-británica.
• El acuerdo entre ambas coronas, que lograron neutralizar también los riesgos para el equilibrio procedentes del sudeste europeo y
del Báltico fue, no obstante, una solución débil y provisional.
• La emergente supremacía rusa en el Báltico era una amenaza para la hegemonía marítima británica, lo mismo que las ambiciones
de Austria en el comercio marítimo.
• En cuanto a Francia, la mala sintonía con la rama española de la familia Borbón era un evidente elemento de debilidad.
• En 1721 firmaron un tratado defensivo que, entre otras cosas, estipulaba un doble matrimonio hispano-francés, y acordaba la
colaboración francesa para la recuperación de Gibraltar.
• En enero de 1724 Felipe V abdicó.
• El hecho de que no se solucionaran los problemas pendientes explica en buena parte el primer gran cambio de alianzas del siglo,
que acercó a Madrid y Viena, cuando las dos cortes estaban necesitadas de apoyo internacional.
• El acercamiento a Austria implicaba para España el abandono de la alianza francesa.
• El 30 de abril de 1725 se firmó el tratado de Viena, por el que el emperador reconocía al rey de España y Felipe V la Pragmática
Sanción, ambos pactaban una alianza defensiva frente a Francia e Inglaterra, y Carlos VI prometía en matrimonio a una de sus hijas
y aceptaba la herencia a los tres ducados italianos para el infante don Carlos.
• A instancias de Gran Bretaña, se formó como reacción la Liga de Hannover, que incluía a Francia, las Provincias Unidas, y durante
un tiempo, a Prusia. La situación no llevó a la guerra.
• Fleury, principal consejero de Luis XV entre 1726 y 1743, era partidario de una política de paz y deseaba restablecer la alianza entre
los Borbones, para lo que negoció con Viena y con Madrid.
• De la primera logró el compromiso de suspender por siete años los privilegios de la Compañía Ostende y renunciar a las ventajas
mercantiles obtenidas de España, de quien consiguió que levantara el sitio de Gibraltar. Se realizaron congresos en Soissons (1728-
1729), con el objetivo de resolver los contenciosos entre España e Inglaterra, para lo que se celebró también la Convención de El
Pardo (1728).
• El entendimiento entre Madrid y Viena duró poco tiempo.
• El resultado fue el restablecimiento de las alianzas previas entre Francia, Gran Bretaña y España, formalizadas en el tratado de
Sevilla (1729), que aseguraba a don Carlos la herencia de los ducados de Parma, Piacenza y Toscana. Cuando a finales de febrero
de 1731, murió sin sucesión el duque Antonio Farnese, las tropas del emperador ocuparon los ducados, pero la mediación inmediata
de Inglaterra logró que se mantuvieran los acuerdos gracias a un nuevo tratado firmado en Viena.
Las guerras de sucesión de Polonia y Austria
• La intervención británica había conseguido impedir la guerra, pese a los recelos crecientes entre Francia y Gran Bretaña.
• Pero los conflictos sucesorios hicieron imposible el mantenimiento de la paz.
• En 1731, el reconocimiento por parte de Inglaterra de la Pragmática Sanción llevó a una alianza con Austria que puso en cuestión
el entendimiento anglo- francés sobre el que se había basado hasta entonces el equilibrio establecido en Utrecht.
• La muerte del rey Augusto II de Polonia, elector de Sajonia, dio lugar a la guerra de Sucesión de Polonia. El monarca quería que le
sucediese su hijo Augusto, pero una parte importante de la alta nobleza polaca defendía la candidatura del suegro de Luis XV,
Estanislao Leczinski, al que apoyaban Francia y otros países.
• Leczinski contaba con los más firmes apoyos, pero el emperador decidió sostener a Augusto de Sajonia, a cambio de que este apoyara
la Pragmática Sanción. La candidatura del hijo del fallecido contó además con el respaldo de Rusia.
• Leczinski, que viajó a Polonia a instancias del gobierno francés, fue proclamado rey con el apoyo de la mayoría de la Dieta, pero un
ejército ruso invadió Polonia y logró que el sector minoritario de la asamblea proclamara a Augusto III como soberano.
• La guerra que siguió entre Francia y Austria, con sus respectivos partidarios, fue la primera ocasión en que se enfrentaron los dos
grandes poderes continentales de la balanza diseñada en Utrecht.
• Además de la neutralidad de las Provincias Unidas, Francia contaba con los apoyos de España y de Saboya-Cerdeña, a cuyo duque-
rey se le prometía la conquista del ducado de Milán.
• El acuerdo con España se plasmó en el Primer Pacto de Familia de 1733, que garantizaba a Felipe V la restitución de Gibraltar y la
entrega al infante don Carlos de los dominios que se conquistaran en Italia. Pese a su inclinación hacia Austria, Inglaterra prefirió
quedarse al margen y ejercer el papel arbitral que Utrecht le había encomendado.
• Francia tenía como uno de sus objetivos apoderarse de Lorena, por lo que se convirtió, pese a su neutralidad, en uno de los frentes
de lucha, que respetó la mayor parte del territorio polaco y tuvo sus principales escenarios en Alemania y la línea del Rin, Lombardía
o el reino de Nápoles.
• Rusia sitió y tomó Danzig, antes de sumarse al ejército austriaco que combatía en Alemania. Su participación decidida, junto a la no
intervención de Suecia y el Imperio turco, aliados tradicionales de Francia en ambos extremos de la Europa del este, resultó decisiva
para consolidar la victoria de Augusto III, pero Austria no salió indemne del conflicto. Perdió el reino de Nápoles y posteriormente
también Sicilia.
• Las primeras conversaciones de paz no dieron resultado. Se llegó a un acuerdo a través del matrimonio entre María Teresa de Austria
y Francisco Esteban de Lorena, que permitió firmar los acuerdos preliminares de Viena en 1735.
• Sin embargo, el acuerdo se haría esperar casi tres años, pues Inglaterra, España y Saboya no estaban conformes con la solución
propuesta.
• Finalmente, el trono de Polonia sería para Augusto III de Sajonia, pero Estanislao Leczinski recibiría en compensación el ducado de
Lorena, que habría de pasar a Francia a su muerte.
• El duque Francisco III fue nombrado Gran Duque de Toscana, mientras que Parma y Piacenza pasarían al emperador. El infante
Carlos de Borbón hubo de renunciar a los ducados italianos, pero se le reconocía su propiedad sobre los reinos de Nápoles y Sicilia,
junto a los presidios de la Toscana.
• Francia aceptaba la Pragmática Sanción.
• España lograba revertir en beneficio de su dinastía una parte notable de las pérdidas que sufriera en Utrecht, equilibrando con su
presencia en los reinos de Nápoles y Sicilia el predominio austriaco sobre Italia.
• La guerra mostraba la pérdida de influencia de Francia en el este y el Báltico, en beneficio sobre todo de Rusia.
• Dicha razón, junto al progresivo alejamiento entre Francia y Gran Bretaña, llevó a los franceses a formar una entente con Austria
que duraría hasta 1741. El entendimiento entre ellos tuvo entre otros efectos el de frenar las ambiciones de España en Italia, al tiempo
que Inglaterra trataba de acercarse, sin demasiado éxito, a Prusia y Rusia.
• Las rivalidades en el mundo colonial no tardarían en enfrentar a franceses y británicos, pero antes llevaron a un conflicto entre Gran
Bretaña y España conocido como la Guerra de la Oreja de Jenkins, iniciada en 1739.
• La Guerra de Sucesión de Austria (1740-1748) supuso un primer enfrentamiento con Francia desde el que había tenido lugar con
motivo de la sucesión de España.
• Muchos países habían reconocido la Pragmática Sanción, pero la presencia de una mujer en el trono de Austria dio pie a la
reclamación del duque Carlos Alberto de Baviera y el duque-rey de Sajonia y Polonia, Augusto III, casados con las dos hijas del
emperador José I, hermano mayor del fallecido.
• La guerra, sin embargo, comenzó a raíz de la impetuosa intervención de Federico II de Prusia quien, recién ascendido al trono,
aprovechó la situación para ocupar en diciembre de 1740 la rica región minera y manufacturera de Silesia.
• Francia respaldó a Carlos Alberto de Baviera y organizó una coalición en su favor, en la que, además de Prusia, formaron parte en
el Imperio los electorados de Sajonia, el Palatinado renano y los tres eclesiásticos de Maguncia, Colonia y Tréveris, lo que suponía
contar con siete de los nueve votos que elegían al emperador.
• Las tropas de Francia y Baviera tomaron Linz y Praga, al tiempo que el duque de Baviera recibía muestras de apoyo en Austria y
Bohemia, en la última de las cuales se coronó rey. En enero de 1742 se convirtió en el emperador Carlos VII, pero los austriacos
invadieron sus territorios en Baviera y tomaron Múnich.
• Las bases de la coalición que le respaldaba eran débiles.
• En junio de 1742 Prusia firmó con Austria unos preliminares de paz. También se retiró Sajonia, que no tardaría en pasarse al bando
contrario.
• La guerra colonial con España habría retrasado la intervención de Gran Bretaña.
• William Pitt consideraba necesario enfrentarse a Luis XV, respaldar a Austria y convertir Alemania en un ámbito de oposición a
Francia. Una de sus primeras iniciativas fue el establecimiento de una alianza defensiva con Prusia por el tratado de Westminster,
tras la cual intentó acercar a los dos candidatos al trono imperial y poner de acuerdo a los príncipes del Imperio.
• En septiembre de 1743, el duque-rey de Saboya y Cerdeña se pasó al bando de los Habsburgo a cambio de cesiones territoriales en
Milán.
• El tratado de Fontainebleau, que suponía el Segundo Pacto de Familia entre los Borbones, unía a España al bando francés, centrando
nuevamente sus objetivos en las aspiraciones a la herencia italiana de Isabel de Farnesio.
• Las tropas de Austria penetraron en la Baja Alsacia. Federico II volvió a entrar en acción y en mayo de 1744 firmó en Frankfurt una
alianza con Carlos VII y en junio otra con Francia, tras lo cual se inició la Segunda Guerra de Silesia (1744- 1745), en la que su
ejército, de acuerdo con los franceses, invadió otra vez Bohemia, lo que obligó a Austria a concentrar allí el grueso de sus fuerzas.
Pero se vio obligado a retroceder y firmó la paz con María Teresa a finales de 1745.
• Las tropas francesas iniciaban la conquista de los Países Bajos, que continuarían eficazmente en los años siguientes, en que se
hicieron con buena parte del territorio.
• Las reducidas tropas austriacas contaron con la importante ayuda de Gran Bretaña y las Provincias Unidas.
• Un último escenario estuvo en las colonias, tanto en América como en la India. En el norte del continente americano, los principales
enfrentamientos se produjeron en la isla de Cape Breton, a la entrada del golfo de San Lorenzo, y junto a la península de Acadia,
cuyo puerto, Luisburgo, que se había convertido en un centro comercial importante, fue conquistado, por los colonos en Nueva
Inglaterra con la ayuda de barcos ingleses en junio de 1745.
• La guerra se fue prolongando. La muerte de Carlos VII a comienzos de 1745 facilitó el acercamiento en el Imperio, pues su hijo
Maximiliano Alberto firmó la paz con María Teresa y reconoció como emperador a su marido, Francisco I Esteban de Lorena.
• Tanto Francia como Inglaterra – conmocionada por el desembarco en Escocia del pretendiente jacobita Carlos Eduardo, derrotado
en Culloden (1746) – deseaban concluir la guerra, lo mismo que el nuevo rey de España, Fernando VI, menos interesado que su
padre en situar a sus medio hermanos en Italia.
• En el tratado de Aquisgrán (1748) los contendientes se devolvieron las conquistas territoriales hechas en los diversos frentes de
lucha. A cambio del reconocimiento definitivo de la Pragmática Sanción y de la aceptación como emperador de Francisco I Esteban,
Austria tuvo que ceder una pequeña parte del Milanesado a Saboya, y al infante Felipe de Borbón los ducados de Parma, Piacenza
y Guastalla.
• Con ello, se completaba la instalación en territorios italianos de los dos primeros hijos varones del segundo matrimonio de Felipe
V, lo que ponía fin definitivamente a la política del revisionismo español posterior a Utrecht, al tiempo que los Borbones
incrementaban su presencia en Italia.
• Pero la pérdida fundamental para Austria fue Silesia, que hubo de ceder a Prusia.
• Los acuerdos de Aquisgrán dejaron insatisfechos a varios de los contendientes. Austria estaba descontenta por las pérdidas sufridas;
Francia, que había ocupado una parte importante de los Países Bajos austriacos, tuvo que abandonarlos, y España no vio reconocidas
sus pretensiones de recuperar Gibraltar y Menorca.
• En realidad, los dos grandes problemas de fondo, la rivalidad entre Austria y Prusia, y el enfrentamiento colonial entre Francia e
Inglaterra, distaban de haberse resuelto.
La Guerra de los Siete Años y los conflictos posteriores
• El ascenso de Prusia en el tablero internacional alteró sustancialmente la balanza de poderes establecida en el tratado de Utrecht y
suponía un competidor para Austria dentro del propio ámbito alemán.
• Con la recuperación de Silesia como objetivo esencial, la reina encomendó al conde Wenzel von Kaunitz que tanteara una posible
alianza con el rey de Francia.
• En septiembre de 1755, la oposición a Prusia inspiró también el acercamiento entre Gran Bretaña y Rusia, que en la Guerra de
Sucesión de Austria únicamente se había enfrentado con Suecia en una breve campaña.
• Las conflictivas relaciones entre Francia y Gran Bretaña en el mundo colonial llevaron a la guerra. Ya en años anteriores había
habido enfrentamientos entre ellas tanto en América del Norte como en la India.
• En esta los problemas se incrementaron después de la Paz de Aquisgrán, pero en diciembre de 1755 las compañías de comercio
respectivas acordaron no intervenir en asuntos de los indígenas y devolverse mutuamente las conquistas realizadas desde 1748.
• El acuerdo, sin embargo, no se haría efectivo, pues los problemas en la desembocadura del río San Lorenzo, la zona de los Grandes
Lagos y el valle de Ohio llevaron en enero de 1756 a la declaración de guerra por parte de Francia.
• Federico II de Prusia, quien temía a Rusia, deseaba conjurar los riesgos de la reciente convención anglo-rusa, y desconfiaba del
poder de Francia en el espacio centro- oriental, se alejó de la alianza francesa y firmó con Inglaterra el tratado de Westminster, por
el que ambos se garantizaban mutuamente sus posesiones en el continente. Era un compromiso pensado sobre todo para proteger las
posesiones respectivas de Silesia y Hannover en caso de que fueran atacadas, pero del que se excluía la guerra marítima que acababa
de declararse.
• El tratado precipitó el cambio de alianzas que acababa con el sempiterno enfrentamiento entre Francia y Austria.
• El acercamiento franco-austriaco, favorecido por el acceso de Kaunitz al cargo de canciller, se formalizó en el primer tratado de
Versalles, de mayo de 1756, que era un pacto defensivo en caso de agresión de Gran Bretaña o sus aliados.
• Como quiera que la zarina Isabel entendió que el tratado de Westminster ponía en cuestión su reciente convención con Gran Bretaña,
que ella había firmado esencialmente en clave antiprusiana, los embajadores de Francia y Austria lograron que formara con ellos
una Triple Alianza.
• Tan importantes cambios tuvieron entre otros efectos el de estabilizar la situación en Italia, que apenas cambiaría ya hasta las guerras
revolucionarias francesas, pero también en el Imperio y los Países Bajos.
• Los hechos consolidaron los nuevos bloques y llevaron a la guerra, a raíz de una nueva iniciativa de Federico II, que en agosto de
1756 invadió Sajonia, perteneciente al duque-rey de Polonia, Augusto III, aliado de Austria y suegro del Delfín del Francia.
• El 1 de mayo de 1757, se firmó un segundo tratado de Versalles, que convertía la alianza defensiva en ofensiva, y la ampliaba entre
otros a Suecia, que ambicionaba Pomerania.
• Por su parte, Gran Bretaña y Prusia lograron el apoyo de algunos príncipes alemanes. Nuevamente se plantea una guerra casi general,
de la que apenas quedaban fuera España y las Provincias Unidas.
• Daba comienzo así la Guerra de los Siete Años (1756-1763), caracterizada no solo por la plena incorporación de las colonias a los
conflictos europeos, hasta el punto de haberse iniciado en ellas el enfrentamiento, sino por el hecho de que tanto a Francia como a
Gran Bretaña les interesó mucho más la guerra marítima que el enfrentamiento europeo.
• Se desarrollaron simultáneamente dos guerras distintas: una entre Federico II y la coalición de sus adversarios, que tuvo como
escenarios Alemania oriental, Silesia o las fronteras de Bohemia y Polonia, y otra entre Francia e Inglaterra, que se combatió en los
mares, las colonias y la zona occidental de Alemania.
• Sin poder contar con la ayuda británica, Prusia se vio acometida por varias zonas. Los suecos desembarcaron en Pomerania y los
rusos entraron por el este en sus territorios, mientras franceses y austriacos amenazaban sus posiciones en Sajonia y un destacamento
austriaco se acercaba a Berlín.
• Federico II logró aplastar a franceses y austriacos en la batalla de Rossbach. A mediados de 1758, tras derrotarlos en Zorndorf,
expulsó a los rusos de sus estados. Entretanto, había negociado un nuevo acuerdo con Gran Bretaña, deseosa de recuperar el dominio
de Hannover, y Francia tuvo que abandonar dicho ducado en 1758.
• Tanto a Gran Bretaña como a Francia les interesaba sobre todo su enfrentamiento en el mar y las colonias, lo que hizo que se
implicaran menos en el continente.
• En el Mediterráneo, los franceses se apoderaron de Menorca, cuya pérdida influyó en la crisis política británica que llevó al
nombramiento de William Pitt como secretario de Estado.
• Pero la situación de emergencia en que se hallaban las colonias francesas inclinó al nuevo ministro, duque de Choiseul, a negociar
un nuevo acuerdo con Viena, el tercer tratado de Versalles, concluido en marzo de 1759, que permitiría a Francia concentrarse en la
guerra marítima, limitando su ayuda en Europa al envío de tropas y subsidios. No logró evitar, sin embargo, ni los diversos ataques
a sus puertos y costas ni las derrotas navales o las pérdidas en ultramar, con los consiguientes daños para su comercio marítimo.
• En los frentes del este, austriacos y rusos lograron algunos triunfos importantes sobre el ejército prusiano. Su victoria dejaba abierto
el camino hacia Berlín, pero la falta de acuerdo de los aliados salvó a Federico II. La habilidad o la suerte del monarca prusiano, que
supo sacar partido de las indecisiones de sus enemigos, le permitieron derrotarlos en 1760 tanto en Silesia como en Sajonia. Estaba
llegando, sin embargo, al límite de sus fuerzas y contaba ya muy poco con Inglaterra.
• En la guerra marítima y colonial, los franceses llevaban las de perder. En 1759 los británicos les vencieron en varias ocasiones
importantes.
• En Norteamérica, las zonas principales para Francia eran los territorios del Canadá, la región de los Grandes Lagos y el valle del río
Ohio, vía natural que llevaba desde Canadá al Mississippi –del que es afluente – y la Luisiana. Las operaciones principales no se
iniciaron hasta 1758, en que los británicos tomaron Luisburgo y se apoderaron de toda la isla de Cape Breton. Disponían de fuerzas
superiores y en su avance conquistaron los fuertes de Frontenac, en la salida del río San Lorenzo del lago Ontario, y Duquesne,
sobre el Ohio, donde iniciarían la construcción de Pittsburg, en honor del ministro.
• En 1759 avanzaron por el río San Lorenzo y en septiembre tomaron Quebec. En agosto se habían apoderado del lago Champlain y
en septiembre de 1760 capituló Montreal, última plaza francesa en Canadá. Tan fuerte derrota se completó en el Caribe con la
pérdida de islas como Guadalupe y Martinica.
• En la India, donde la guerra se mezclaba en ocasiones con conflictos con los indígenas y poderes locales, el hecho más importante
fue la toma por los británicos de Chandernagor en 1757, que les permitió dominar toda Bengala. Después de varios meses de asedio,
a comienzos de 1761, se apoderaron de Pondichéry, de la costa de Coromandel y unas semanas después tomaron Mahé, en la costa
de Malabar.
• Tratando de superar su desventaja en la guerra marítima, Francia logró involucrar a España, con cuyo nuevo rey, Carlos III, firmó
el Tercer Pacto de Familia en agosto de 1761, preludio de su intervención en la guerra al año siguiente.
• A España no le interesaba el predominio marítimo de Gran Bretaña, pero su incorporación tardía a la guerra no cambió la
dinámica de triunfos británicos, y solo sirvió a España para compartir la derrota.
• En el frente europeo, la posición de la alianza franco- austriaca se debilitó con la defección de Rusia, cuyo nuevo zar, Pedro III,
firmó con el rey prusiano una paz que le salvó del desastre en mayo de 1762. También Suecia llegó poco después a la paz con Prusia.
• El cansancio que hacia mella en todos abocaría a comienzos de 1763 a los tratados de Hubertsbourg y París, los cuales pusieron
fin respectivamente al enfrentamiento austro-prusiano y a la guerra colonial.
• Por el primero, Prusia adquirió definitivamente Silesia y el condado de Glatz, si bien devolvió Sajonia al duque-rey de Polonia.
• A cambio, Federico II se comprometió a apoyar la elección del hijo de María Teresa, José II, al trono imperial.
• La opinión pública inglesa fue crítica con el tratado de París, que no obstante supuso un evidente triunfo británico al obligar a Francia
a abandonar en su beneficio la isla de Cape Breton y las del río San Lorenzo, el valle del Ohio y la orilla izquierda u oriental del
Mississipi, lo que suponía la práctica desaparición de la presencia francesa en Canadá.
• En el Caribe, Francia recuperaba La Martinica y Guadalupe, además de Santa Lucía, pero perdía las de Dominica, Granada, San
Vicente y Tobago.
• Su retroceso se produjo también en Europa, al verse obligada a devolver Menorca a los ingleses; en África, donde perdió sus factorías
en Senegal; y en la India, en que mantuvo solo los escasos enclaves que poseía en 1748. Poco después se disolvería la Compañía
Francesa de las Indias Orientales.
• España recuperó La Habana y Manila, conquistadas por los británicos en el último año de la guerra. En América del Norte tuvo que
ceder Florida a los británicos, aunque fue compensada por Francia con la Luisiana occidental, que incluía la capital, Nueva Orleans.
• El resultado de la guerra en Europa fue más equilibrado, aunque el tratado de paz ratificó la expansión de Prusia.
• La confirmación de su importancia suponía la emergencia de una peligrosa bipolaridad con Austria en el seno del Imperio. Una
tercera potencia, Rusia, aspiraba también a un papel creciente en el espacio centro-oriental.
• En los años siguientes, la conflictividad de la zona estuvo vinculada sobre todo a las siempre difíciles sucesiones en el trono electivo
polaco. En la guerra marítima, el triunfo británico fue indudable, reduciendo a la mínima expresión la presencia colonial francesa
en América y la India. La victoria potenciaba la hegemonía de Gran Bretaña en los mares del mundo y su dominio colonial.
• El Pacto de Familia continuó teóricamente en vigor, pero en el incidente con Gran Bretaña por la posesión de las islas Malvinas,
que fueron incorporadas a la Gran Bretaña (1770-1771), España no recibió la ayuda de Francia.
• Inglaterra quedó aislada. Las relaciones diplomáticas en el continente se estructuraron sobre el mantenimiento de la alianza entre
Francia y Austria, contrarrestada por la que se estableció entre Federico II y Rusia.
• En las tres décadas que median entre la Paz de París, y el comienzo de las guerras derivadas de la Revolución Francesa, la mayor
parte de las tensiones y los conflictos armados tuvieron lugar en la Europa oriental, mientras que en la central y occidental no hubo
más enfrentamiento bélico que la breve Guerra de Sucesión de Baviera (1778-1779), la cual enfrentó nuevamente a la Prusia de
Federico II con Austria, que no obtuvo la ayuda de su aliado francés.
• Las potencias occidentales concentraron sus esfuerzos en la competencia colonial, al tiempo que perdían importancia en el este,
especialmente Francia, como lo demuestra el hecho de que no pudiera impedir el primer reparto de Polonia, ni la derrota de Turquía
frente a Rusia, ni tampoco en 1787 el enfrentamiento entre esta y Austria, ambas aliadas suyas.
• La diplomacia francesa tuvo como gran objetivo mantener el aislamiento británico, lo que facilitó el que la prevista anexión de
Lorena a la muerte de Estanislao Leczinski se realizara sin problemas en 1766, lo mismo que el fortalecimiento de su posición en el
Mediterráneo occidental con la compra de Génova de la isla de Córcega (1768).
• La rebelión de las colonias británicas contra Jorge III daría a Francia y España la gran ocasión para vengarse de los británicos.
Ambas, a las que se unieron posteriormente las Provincias Unidas, intervinieron en apoyo de los colonos, con el añadido de un
enfrentamiento franco-británico en la India, mientras los países del norte de Europa respondieron con la formación de la llamada
Liga de los Neutrales (1780), que mostraba el malestar generado por la prepotencia británica en el mar.
• Por el tratado de Versalles de 1783, que puso fin al conflicto, Francia recuperó el pequeño archipiélago de Saint-Pierre y Miquelon,
perdido en la guerra, que incrementaba sus derechos pesqueros en la zona; la isla de Tobago en las Antillas; sus posesiones en
Senegal y, en la India, la factoría de Pondichéry. En cuanto a España, se le devolvieron Menorca y las llamadas dos Floridas. No
logró, en cambio, la restitución de Gibraltar, pese al asedio al que la había sometido.
• Buscando romper el aislamiento, Gran Bretaña firmó en 1786 un tratado comercial con Francia, pero a finales de aquella década el
comienzo de la Revolución provocaría un cambio profundo en las relaciones internacionales.
Transformaciones militares y navales
• Las guerras continuaron siendo tan sangrientas como en el siglo anterior.
• Geoffrey Parker señala que, en las batallas de Federico II, hasta un 40 por 100 de sus soldados podían ser bajas, como consecuencia
del incremento de la potencia de fuego. No era tanto una cuestión de precisión, cuanto de los estragos que causaban el tiro a corta
distancia y la mejora en su cadencia.
• Sí hubo algunas mejoras en el respeto a la población civil y los saqueos que seguían a las conquistas de plazas, a lo que contribuyeron
la difusión de la disciplina y la generalización del uso de uniformes. En muchos lugares se construyeron cuarteles, pero también
continuaron existiendo alojamientos entre la población civil.
• En las técnicas y el armamento, el siglo XVIII no hizo sino consolidar los importantes avances del siglo anterior. Ya en las primeras
décadas se abandonaron las picas gracias al uso de la bayoneta, que unificó el arma de la infantería. Asimismo, las armas de mecha
fueron reemplazadas por los fusiles de chispa, más rápidos y ligeros. Su uso ofrecía varias ventajas, pues evitaba que los soldados
estuvieran descubiertos mientras encendían las mechas, permitía aplicar la bayoneta y hacía más sencillo el disparo.
• A ello se unió la generalización del cartucho, que juntaba en una pieza el proyectil y la pólvora, facilitando la recarga y la cadencia
de los disparos.
• En tiempos de Carlos XII, la artillería sueca logró importantes mejoras en el alcance, la precisión y frecuencia de las descargas. En
los años sesenta, el francés Jean-Baptiste Vaquette de Gribeauval realizó también perfeccionamientos técnicos en la artillería, como
la introducción de una nueva mira, un dispositivo de tornillo que permitía calibrar con más precisión la elevación o el incremento
de la cadencia de tiro.
• Artilleros e ingenieros fueron las dos armas más renovadas y contaron con un prestigio que se derivaba de los conocimientos
requeridos para sus oficiales. En la segunda mitad del siglo sobre todo se multiplicaron las academias militares.
• En el aspecto táctico, tampoco hubo grandes novedades. Carlos XII logró una organización más flexible de las tropas. Asimismo,
perfeccionó el sistema de señales mudas mediante el uso de códigos con banderas.
• Una aportación importante, que proporcionó éxitos a Federico II de Prusia, fue el llamado orden de ataque oblicuo, una variante de
la táctica lineal de la época, más dinámica y que protegía los flancos más débiles, si bien exigía gran adiestramiento, disciplina y
rapidez.
• Avanzado el siglo, el orden lineal estático comenzó a ser sustituido por columnas de ataque. En 1778 se crearon en Francia batallones
de infantería ligera.
• Los principales avances del siglo XVIII se dieron en la organización, jerarquización y dependencia de los ejércitos con respecto a
los monarcas.
• Prusia y Rusia se convirtieron muy pronto en los modelos a imitar. Federico Guillermo I aumentó el tamaño del ejército prusiano y
su disponibilidad para entrar en acción, gracias a una intensa instrucción y frecuentes maniobras que él mismo supervisaba, de forma
que cuando en 1740 subió al trono su hijo Federico II, el ejército de Prusia era ya una fuerza importante.
• Los oficiales procedían de la nobleza y se formaba en la Academia Militar de Berlín, creada en 1722. La organización y la disciplina
fueron reguladas tempranamente por unas Ordenanzas Militares que servirían de modelo para otros países.
• Geoffrey Parker ha señalado que la originalidad del sistema militar de Federico II residía sobre todo en la mejora de los
abastecimientos (incluido el material de guerra) y la disciplina, lo que le permitía mover sus ejércitos con relativa rapidez, siempre
que no se alejasen demasiado del territorio prusiano.
• La Guerra de Sucesión de Baviera (1778-1779) puso en evidencia una serie de puntos débiles del ejército prusiano (falta de
suministros, desmoralización de su infantería, indisciplina de su caballería, escasez de servicios médicos, preparación inadecuada
de los trenes de artillería) hasta el punto de que Federico II tuvo suerte de que la Paz de Teschen supusiera para él un éxito
diplomático, pues se libró de sufrir una derrota que habría hecho menos sorprendente el fracaso del ejército prusiano ante Napoleón
en 1806.
• Pedro I no quería depender de la caballería nobiliaria, por lo que creó por primera vez en Rusia un ejército permanente, bien
ejercitado y uniformado, al que estructuró al estilo occidental y dotó de reglamentos.
• La introducción en 1705, de un sistema de reclutamiento general basado en el modelo sueco. Tal sistema de conscripción le permitió
contar con un ejército permanente de unos 130.000 soldados hacia 1720, quizá incluso más. Siguiendo la costumbre del ejército
ruso, muchos de sus oficiales eran extranjeros, si bien ya con Pedro I hubo un proceso marcado de nacionalización. Asimismo, hizo
construir una flota para la, campaña de Azov (1696), basándose en los sistemas de construcciones occidentales.
• Creó también academias militares y navales, y organizó la escala de rangos. El ejército se convirtió durante su reinado en el verdadero
eje de la unidad nacional. Rusia se convirtió en una potencia temible.
• Los diversos países fueron aplicando las reformas militares que habían tenido éxito en otros. En Austria se realizaron a partir de los
años cuarenta, y sobre todo tras la conclusión de su Guerra de Sucesión en 1748. El objetivo era conseguir un ejército eficiente,
dependiente del poder real y capaz de enfrentarse con éxito a Prusia y los turcos. La reforma principal fue la sustitución progresiva
de los empresarios militares, dueños de los regimientos, por un ejército profesional con oficiales formados en las academias. Se
estableció también el Estado Mayor austriaco, que coordinaría en adelante todas las operaciones de las tropas, sus movimientos y la
provisión de suministros.
• Francia no aplicó las reformas necesarias hasta las décadas posteriores a la severa derrota de Rossbach frente a Federico II (1757).
Sus resultados se comprobaría a partir de 1792, pesar de que las especiales circunstancias de la Revolución hacen difíciles comparar
sus ejércitos con los precedentes.
• A finales del Antiguo Régimen evolucionó también marina francesa, cuyos avances incluyeron los sistemas de reclutamiento, la
organización y administración de la armada o la creación de la escuelas navales. También se modernizaron los navíos y el armamento
o se hicieron mejoras en los puertos.
• En lo relativo a los reclutamientos, se fue reduciendo en general el porcentaje de los extranjeros y voluntarios, gracias a la
implantación progresiva de sistemas de conscripción vinculados a la idea de servicio u obligación militar de los propios súbditos.
• La dureza de tal sistema queda mitigada por el hecho de que, en tiempos de paz y salvo las semanas de instrucción y revistas, los
soldados vivían con su familia y ejercían sus ocupaciones civiles. El servicio obligatorio se estableció también en Austria en tiempos
de María Teresa.
• En Francia, las milicias obligatorias se utilizaron también para proporcionar soldados al ejército regular.
• El del ejército de Gran Bretaña constituye un caso particular, pues, salvo en momentos como la Guerra de Sucesión de España,
nunca fue muy numeroso, en contraste con su potente armada naval. En sus escasas intervenciones en las guerras del continente,
solía apoyarse en la contratación de soldados de príncipes amigos.
• En cuanto a las fuerzas navales, no cabe duda del predominio de Gran Bretaña, que en 1725 contaba con 120 navíos de línea y 137
en 1790. Cifras también importantes, aunque algo inferiores tenía España, que pasaría de 38 en 1750 a 60 en 1775 y 74 en 1790. De
hecho, la combinación de las armadas francesa y española suponía la mayor amenaza para la superioridad británica. Otra importante
fuerza naval era la de Rusia, que en 1785 contaba con 49 navíos de línea entre el Báltico y el mar Negro.
Tema 8. Francia, Gran Bretaña y el origen de los Estados Unidos. Las relaciones internacionales
en el siglo XVIII.
8.1 Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos.
• Francia y Gran Bretaña constituían los dos grandes poderes europeos. Su historia política había seguido desarrollos distintos en el
siglo XVII, dando lugar respectivamente al modelo más acabado del absolutismo y a la creación de un régimen parlamentario que
limitaba el poder real.
• Pero tal divergencia no podía ocultar semejanzas, como la solidez de sus economías, los intereses en las colonias y el comercio
mundial, el papel hegemónico que disputaban o la importancia en ambas del pensamiento ilustrado.
• A lo largo del siglo la evolución de una y otra fue diferente, abocando en Francia a la crisis del Antiguo Régimen y la Revolución,
mientras que Gran Bretaña superaba las dificultades, incluida la pérdida de las colonias de Norteamérica, y alcanzaba un alto grado
de estabilidad política, respaldada por el inicio de la Revolución industrial.
Francia después de Luis XIV. La Regencia
• La muerte de Luis XIV en septiembre de 1715 convirtió en rey a su bisnieto Luis XV (r. 1715-1774), un niño de cinco años que
accedía al trono tras la muerte de su abuelo el Gran Delfín, su padre el duque de Borgoña y sus dos hermanos mayores, que fallecieron
en su más tierna infancia.
• La regencia le correspondió al duque Felipe de Orleans, sobrino del fallecido monarca, al que Luis XIV trató de controlar mediante
un Consejo de Regencia.
• Sin embargo, el Parlamento de París anuló el testamento y otorgó al duque de Orleans plenos poderes durante la Regencia.
• Su ambición llegaba incluso a la posibilidad de reinar en caso de que el pequeño rey falleciera, anhelo compartido por Felipe V,
quien siempre consideró superior su derecho a la posible herencia.
• Los primeros años de la Regencia se caracterizaron por el intento de Felipe de Orleans de apoyarse en los muchos descontentos que
había creado la política de Luis XIV entre la nobleza.
• La deuda superaba los 2.300 millones de libras, con unos intereses anuales de un centenar de millones, lo que le obligaría a varias
crisis y bancarrotas parciales en los años de la Regencia.
• A instancias de Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon, el duque de Orleans modificó la estructura administrativa, sustituyendo
las secretarías de estado por seis y luego ocho nuevos consejos, dominados por la nobleza.
• A cambio de la anulación del testamento de Luis XIV, devolvió a los parlamentos el derecho a objetar a las disposiciones reales,
que habían perdido en el reinado anterior.
• En 1718, ante el fracaso y el alto coste del sistema polisinodial, el regente inició al supresión de los nuevos consejos, acompañada
por la resturación de las secretarías de Estado de Luis XIV.
• El año 1718 significó en realidad el paso de una regencia más alegre y permisiva a otra autoritaria, en la que la figura principal fue
el abad Guillaume Dubois.
• El Parlamento de París fue el epicentro del principal conflicto interior de la Regencia por su oposición a la bula Unigenitus, que
había condenado numerosas proposiciones jansenistas de Pasquier Quesnel.
• La muerte de Luis XIV dio pie al Parlamento a insistir en su oposición y en la petición de un concilio general.
• Pero la tolerancia inicial que los parlamentarios encontraron en el regente cambió, como el conjunto de su política, en 1718. En
septiembre, el papa excomulgó a quienes se opusieran a la bula, lo que incrementó las protestas y la petición de un concilio general.
• El abad Dubois impulsó la observancia de la bula, la cual fue ordenada en agosto de 1720 por una declaración real, que el Parlamento
se vio obligado a registrar.
• Las protestas serían acalladas por la influencia progresiva en la corte del obispo André Hercule de Fleury, preceptor de Luis XV,
quien haría de la defensa de la bula una cuestión de principios, considerando a los jansenistas como rebeldes frente a la autoridad
real.
• Otro grave problema de la Regencia fueron las especulaciones del banquero escocés John Law, cuya quiebra en 1720 produjo
grandes pérdidas a los inversores y dejó sin resolver la crisis de la deuda.
• El malestar subsiguiente llevó al Parlamento a tratar de poner fin a la Regencia, adelantando la mayoría de edad del monarca, lo que
le valió el destierro.
• La corte regresó a Versalles, donde Dubois fue nombrado primer ministro en 1722, año en el que fue consagrado como rey Luis
XV.
• A la muerte de Dubois en agosto de 1723, volvió al poder durante unos meses el duque de Orleans, que moriría en diciembre.
El reinado personal de Luis XV (1723-1774)
• Luis Henri de Borbón-Condé, duque de Borbón y príncipe de Condé, dirigió el gobierno en los primeros años del reinado personal
de Luis XV (1723-1726), pese a la antipatía que sentía hacia él el joven rey, quien se dejaba aconsejar sobre todo por su preceptor,
Fleury.
• Su gestión más duradera fue el matrimonio del rey con María Leczinska (1725), hija del exrey de Polonia, Estanislao Leczinski.
• Los años del gobierno del príncipe de Condé fueron difíciles, marcados por la necesidad de afrontar la crisis financiera y monetaria,
para lo que se crearon nuevos impuestos, especialmente la cinquantième (quincuagésimo), que gravaba apoximadamente un dos por
ciento de la producción y las rentas sin excluir a los privilegiados.
• El descontento de los sectores más desfavorecidos ocasionó algunos motines, al tiempo que se agravaba la impopularidad del
príncipe, pero su política tuvo consecuencias positivas en lo relativo a la deuda.
• En estos años, se recrudecieron también las persecuciones contra los protestantes.
• En 1726 el duque de Borbón fue reemplazado por Fleury.
• Fleury gobernó Francia entre 1726 y 1743, contribuyendo poderosamente a la estabilidad política.
• Aunque no pudo evitar las guerras, su búsqueda deliberada de la paz en la política internacional obedecía en buena parte a la
pervivencia de los grandes problemas interiores: la situación de la Hacienda real y las tensiones religiosas.
• Respecto a la Hacienda, el cardenal adoptó una política conservadora, que dejaba la administración de los impuestos a la Ferme
Générale, que era el sistema tradicional en manos de asentistas por el que se recaudaban la mayoría de ellos, sobre todo los indirectos.
En los años iniciales de su gobierno suprimió la cinquantième y siguió luchando por estabilizar la moneda.
• Posteriormente, más que elevar los impuestos, su objetivo fue exigir una mayor contribución a los arrendatarios de los mismos, así
como un control más eficaz de los gastos.
• Sólo cuando fue necesiario por las guerras de sucesión de Polonia y Austria elevó algunos tributos.
• El resultado final de su política fue una reducción significativa de la deuda.
• En relación al jansenismo, cada vez más mezclado con el galicanismo, mantuvo la política de firmeza que inspirara ya en los últimos
años de la Regencia.
• La exigencia de que la bula Unigenitus fuera registrada como una ley del reino provocó una fuerte resistencia del Parlamento de
París, que hubo de plegarse, aunque no se rindió.
• Fleury hizo que Luis XV obligara a los magistrados a firmar una Declaración de Disciplina, que restringía nuevamente el derecho
de los parlamentos a oponerse a las disposiciones reales. El Parlamento entonces suspendió su actividad, siendo castigado con el
exilio a Pontoise de 139 de sus miembros.
• El bloqueo institucional que ello supuso no se limitaba a la administración de justicia. Dicho bloqueo y la presión de una parte
importante de la opinión pública llevaron a la Corona a dar marcha atrás, suspendiendo la Declaración de Disciplina.
• Se trataba de una tregua, pues mientras el cardenal se mantuvo en el poder, los parlamentos no pudieron intervenir en asuntos
relativos a la bula Unigenitus.
• El enfrentamiento entre el poder real y el galicanismo parecía un contrasentido, pues uno de los principales objetivos de este era el
fortalecimiento de aquel. Pero la causa no era solo la oposición tradicional de la Corona al jansenismo, sino sobre todo el hecho de
que los parlamentos utilizaran el galicanismo para reivindicar su papel constitucional como garantes de las leyes fundamentales del
reino frente al absolutismo.
• La Corona, por otra parte, trataba de evitar las peligrosas consecuencias que jansenismo y galicanismo podían tener sobre la Iglesia
y la sociedad, si bien la mayoría de los obispos estaban en contra.
• Otros peligros procedían del richerismo, una corriente que extendía la idea de la superioridad colectiva sobre la individual, no solo
a los concilios respecto a los papas, sino a los sínodos diocesanos sobre el obispo o a las asambleas parroquiales sobre el párroco.
• Resultaba inquitante la posible aplicación de tales propuestas al ámbito político.
• Los años de gobierno de Fleury fueron positivos para la economía francesa.
• A la muerte del Cardenal Fleury, Luis XV manifestó su voluntad de gobernar personalmente, si bien el periodo que entonces se
iniciaba iba a estar marcado desde 1745 por la influencia de su amante, la marquesa de Pompadour, Jeanne-Antoinette Poisson,
rodeada del círculo formado por sus amigos, entre los que destacaban los financieros hermanos Pâris, la marquesa de Tencin y su
hermano el cardenal, o el mariscal de Richelieu.
• Pese al importante mecenazgo cultural de la marquesa, el sistema suponía un evidente paso atrás, con un gobierno sometido a las
intrigas cortesanas.
• Entre 1743 y 1758 se extiende un periodo caracterizado por la ausencia de un ministro principal, pese a que hasta 1748 Francia
intervino en la Guerra de Sucesión de Austria.
• Al fin de la misma, los grandes problemas eran nuevamente la deuda y el déficit de la Hacienda Real.
• Entre otras medidas, Jean Baptiste de Machault d’Arnouville creó un impuesto nuevo, la vingtième, que gravaba en un 5 por 100
todos los ingresos y rentas, incluidas las de los privilegiados, lo que provocó alteraciones populares, así como la oposición de los
parlamentos, varios estados provinciales y sobre todo el clero, indignado también por un edicto de aquel mismo año sobre las manos
muertas, que trataba de limitar las donaciones de bienes a favor de la Iglesia.
• En su contra se desató una fuerte campaña anticlerical. La Corona reaccionó con dureza, pero acabó cediendo y a finales de 1751
eximió al clero del nuevo tributo.
• El problema del jansenismo-galicanismo seguía presente, al tiempo que la oposición del Parlamento de París al absolutismo se veía
alentada por el auge de la Ilustración en Francia.
• Cuando algunos obispos trataron de imponer su autoridad a los jansenistas, los conflictos se reavivaron.
• El Parlamento publicó en abril de 1753 las Grandes Remonstrances, en las que reivindicaba su papel de garante del orden
constitucional y se atribuía la representación nacional en ausencia de los Estados Generales, que no se convocaban desde 1614. El
rey suspendió su actividad y desterró a los magistrados a Pontoise, a pesar del apoyo que recibieron de los otros parlamentos y del
resto de los altos organismos judiciales del reino, que se consideraban afectados por el ataque a la magistratura.
• Unos meses después, los miembros del Parlamento regresaron a París, pero sus ataques contra los obispos antijansenistas
continuaron. Para ponerles fin, Luis XV impuso una ley de silencio sobre la bula Unigenitus, e intentó evitar al Parlamento
reforzando las atribuciones del Gran Conseil de 1755.
• El conflicto se complicó por las necesidades fiscales derivadas de la Guerra de los Siete Años.
• Lo más grave, sin embargo, fue la publicación de una nueva Declaración de Disciplina, que limitaba aún más la capacidad del
Parlamento de objetar a las disposiciones reales y prohibía la huelga de sus magistrados, muchos de los cuales dimitieron.
• Finalmente, el clima de tensión y la necesidad de financiar la guerra llevaron a un acuerdo. El rey suspendió la Declaración de
Disciplina y, a cambio, los magistrados que habían dimitido regresaron a sus puestos.
• La inestabilidad ministerial posterior acabó con el nombramiento de Étienne François de Choiseul como secretario de Estado de
Asuntos Extranjeros, convirtiéndose durante un largo periodo en el ministro principal (1758- 1770).
• La Guerra de los Siete Años fue una dura prueba que obligó a la imposición de nuevas tasas.
• Una vez superada la guerra, los años de gobierno de Choiseul fueron positivos para la economía, en la que la continuación de la fase
expansiva se vio favorecida por la política de impulso a la manufactura, el comercio y la agricultura, si bien en esta el apoyo al
cerramiento de campos en perjuicio de los comunales generó la oposición del campesinado.
• Sus dos grandes problemas fueron las sempiternas dificultades financieras y la oposición de los parlamentos y la magistratura.
• La deuda generada por la guerra agravó las primeras, más aún teniendo en cuenta que el conflicto resultó desfavorable para Francia,
que perdió buena parte de sus colonias, lo que llevó a Choiseul a realizar un importante esfuerzo para recuperar la potencia del
ejército y la marina.
• Las iniciativas en el terreno financiero fueron muchas, pero fracasaron, en su mayor parte por la oposición a pagar impuestos de los
privilegiados, principales propietarios de la tierra, que contaron con frecuencia con el respaldo de los parlamentos.
• La oposición de los parlamentos se articuló desde entonces en torno a la fiscalidad. Pero el conflicto con el poder real no se limitaba
ya a los parlamentos, sino que se había extendido a la alta magistratura del reino, la cual incluía a miembros de los consejos
soberanos, las cámaras de cuentas y las cours des aides.
• La expulsión de los jesuitas en 1762 fue una consecuencia de la necesidad de contemporizar con los parlamentos, cuyas mayorías
galicanas o jansenistas tenían a los jesuitas como enemigos irreconciliables.
• La ruina de las actividades mercantiles promovidas por el padre Lavalette en la Martinica y el proceso a que dio lugar en 1761, con
la apelación final de los jesuitas al Parlamento de París, crearon el clima propicio en el que ni Choiseul ni el propio rey lograron
oponerse a la voluntad del Parlamento, que en 1762 expulsó a los jesuitas de su jurisdicción, siendo imitado por otros parlamentos
provinciales.
• Era un triunfo más de los magistrados frente a la Corona, seguido en 1765 de un conflicto entre el comandante militar de Bretaña y
el Parlamento de Rennes, que fue apoyado por los Estados de aquella provincia.
• El rey ordenó el traslado a Versalles de los magistrados, donde les amonestó, lo que provocó su dimisión en bloque y la detención
de varios de ellos.
• Finalmente, el comandante militar duque de Aiguillon tuvo que presentar su renuncia y el Parlamento fue restablecido en 1769.
• La muerte de la marquesa de Pompadour en 1764 había dado paso a una nueva amante y favorita del monarca, madame Jeanne du
Barry, que se vinculó al partido devoto. El predominio de las personas del entorno de la Du Barry debilitaba la posición de Choiseul,
una de cuyas últimas gestiones fue el matrimonio del delfín con María Antonieta de Austria, siendo destituido en diciembre de 1770.
• Le sustituyó el duque de Aiguillon, constituyéndose desde entonces un triunvirato del que formaban parte también Maupeou y
Terray.
• Los años del triunvirato (1770-1774) se caracterizaron por una reacción de la Corona contra los parlamentos.
• En febrero de 1771 Maupeou inició una reforma de tales instituciones tendente a disminuir su poder, que incluía la supresión de la
venalidad y del derecho a heredar las magistraturas, la abolición de las tasas judiciales, el nombramiento de jueces cuyos cargos
podían revocarse o el establecimiento de tribunales de nuevo cuño en varias ciuadades situadas dentro de la jurisdicción del
parlamento de París, así como en Normandía y Languedoc.
• La Cour des Aides, que había protestado y pedido la convocatoria de Estados Generales, y el Grand Conseil, fueron eliminados.
• Era un cambio que alteraba sustancialmente las instituciones seculares de Francia, que encontró eco favorable en parte de la opinión
pública, pero que a otros muchos les pareció una arbitrariedad.
• También en la Hacienda Terray aplicó una política autoritaria, que entre otras cosas logró una importante reducción del déficit. Su
inclinación a la libertad económica le llevó a suprimir la Compañía de las Indias Orientales y los bienes comunales. Las iniciativas
del triunvirato provocaron numerosas críticas y descontentos frente a lo que los parlamentos llamaban el despotismo ministerial.
• Paulatinamente, se había ido conformando una oposición de los magistrados que trataba de frenar el absolutismo.
Luis XVI y el planteamiento de la crisis.
• La muerte del rey dejó el trono en manos de su nieto Luis XVI.
• El principal cargo degobierno lo ocupó el conde Jean-Frédéric de Maurepas, al tiempo que Charles Gravier, conde de Vergennes, se
encargaba de los asuntos exteriores y el fisiócrata Anne Robert Jacques Turgot, de la Hacienda.
• Dado el carácter conciliador con que comenzaba el nuevo reinado, la reforma de los parlamentos fue suspendida.
• En noviembre de 1774 se restauró el funcionamiento del parlamento de París, si bien su capacidad de huelga y de oponerse a las
disposiciones reales quedó reducida.
• Sin embargo, los parlamentos salían debilitados de la larga lucha y, de hecho, entre 1774 y 1787, no se opusieron a las iniciativas
del gobierno con la firmeza anterior.
• Los problemas fundamentales de los años siguientes fueron los relacionados con la Hacienda real, sobre todo a partir del inicio en
1778, con una coyuntura negativa que creó graves tensiones sociales.
• La fiscalidad francesa seguía basándose sobre la tierra, en perjuicio del comercio o las manufacturas. A ello se unía la amplia
exención de los privilegiados, la desigualdad entre los diversos territorios o las injusticias y abusos en los sistemas de recaudación,
todo lo cual no solo tenía unos efectos sociales negativos, sino que suponía un obstáculo para el crecimiento económico.
• La tributación más cuantiosa provenía de un impuesto directo como era la taille, que se cobraba de formas diversas, seguido en
importancia por una tasa indirecta, la gabelle, sobre el consumo de la sal.
• En septiembre de 1774, el fisiócrata Turgot liberalizó el comercio de los cereales en el interior de Francia, pero la coincidencia de
esta medida con una mala cosecha favoreció la especulación y dio lugar, en abril de 1775, a los motines populares conocidos como
“guerra de la harina”, duramente reprimidos.
• Sus ideas liberalizadoras de la economía abarcaban la agricultura y la industria e incluían la supresión de aduanas interiores, la
abolición de los derechos de origen feudal y las prestaciones personales de trabajo (corveas) o la eliminación de los gremios, pero
su propuesta más ambiciosa fue la creación de un impuesto de carácter territorial que habría de ser pagado por todos los propietarios
rurales a excepción del clero (1776).
• La oposición de los parlamentos y sus enemigos de la corte al pago de impuestos por parte de la nobleza provocó su caída en mayo
de aquel año.
• Tras unos meses en que fueron restablecidos los gremios y las prestaciones de trabajo obligatorio, dirigió la Hacienda Jacques
Necker, quien hubo de hacer frente a los gastos derivados de la participación en la guerra de la independencia de las colonias
británicas de Norteamérica, que le obligó a conseguir nuevos créditos, lo que le dio gran popularidad, al financiar la guerra sin
nuevos impuestos.
• Proyectó la creación de una serie de asambleas consultivas provinciales, cuyos miembros serían elegidos entre los propietarios de
acuerdo con la representación estamental.
• Inicialmente el rey limitó tal reforma a Berry y Guyena, pero el intento de Necker de generalizar dichas instituciones provocó la
oposición del Parlamento de París, a la que se unieron sus muchos enemigos.
• En mayo de 1781 presentó la dimisión, no sin antes haber publicado un Compte rendu, el primer balance anual de las finanzas del
reino.
• En 1783, tras los enormes gastos causados por la guerra de independencia americana, se volvió a imponer durante tres años la tercera
vingtième.
• Charles Alexandre de Calonne se encargó entonces de la Hacienda, insistiendo en algunas de las propuestas de sus antecesores,
como la sustitución de las vingtième por un impuesto territorial en especie, la liberalización del comercio de granos o la creación de
asambleas provinciales consultivas de propietarios de la tierra, que participaran en los procesos de imposición y cobro de las nuevas
tasas.
• Para evitar la oposición del Parlamento y obtener un amplio consenso, recurrió a una antigua institución en desuso, la Asamblea de
Notables, que en 1787 acabó rechazando sus propuestas, entre otras cosas por la negativa a aprobar un impuestos obre la tierra.
• Luis XVI le sustituyó en abril por el arzobispo de Loménie de Brienne, quien se encontró con la malísima cosecha de 1786, que
retrasó el pago de impuestos, provocando algunas bancarrotas.
• Brienne mantuvo las propuestas de su antecesor, que chocaron de nuevo con la Asamblea de Notables.
• Ante tal bloque, en agosto de 1787, el Parlamento de París indicó que el único órgano que podía corregir las decisiones de la
Asamblea eran los Estados Generales. La protesta de sus magistrados supuso un nuevo destierro del Parlamento, seguido de una lit
de justice con la presencia del rey.
• En esta ocasión, la imposición de la autoridad real fue un acicate para que tanto el de París como el resto de los parlamentos
insistieran en la convocatoria de los Estados Generales.
• Era el inicio de la llamada revolución de los privilegiados y se caracterizó por numerosas manifestaciones de rebeldía.
• La efervescencia generalizada obligó al rey, el 8 de agosto de 1788, a convocar los Estados Generales para que se reunieran en mayo
de 1789. Unos días después, decretó la bancarrota general.
• El endeudamiento de todos los estados de la época era muy elevado, pero ello no significa que estuvieran en quiebra y no les impedía
afrontar nuevas guerras.
• El nivel de endeudamiento per cápita en Gran Bretaña era muy superior al de Francia, si bien se trataba de una deuda consolidada,
lo que disminuía la gravedad del problema, mientras que en 1789 Francia destinaba el 60 por 100 de sus ingresos al pago de los
intereses de su deuda.
• El problema de Francia estaba relacionado sobre todo con su administración financiera. Su política financiera no era coherente ni
eficaz.
• La crisis francesa y el desmoronamiento del Antiguo Régimen fueron el resultado de la combianción de muchos factores: políticos,
económicos, sociales, ideológicos…El empeoramiento de la situación política e institucional, que llevó a la revuelta de los
privilegiados, estaba acompañado por el cambio de la coyuntura económica desde finales de los años setenta, entre cuyas múltiples
manifestaciones podemos citar la crisis agrícola, la disminución de los beneficios agrarios, la reducción de la capacidad adquisitiva
del campesinado, las epidemias, el aumento de la desocupación entre los jóvenes – agravada por la restricción de la posibilidad de
emigrar tras la pérdida de las colonias – la contracción del mercado artesanal ante el descenso de la demanda rural, o el malestar
social en el campo y la ciudad; elementos todos ellos que contribuyeron a explicar el eco posterior de las propuestas revolucionarias.
• Hay que tener en cuenta el caldo de cultivo creado por muchas de las propuestas de la Ilustración, el influjo de la indepedendencia
americana y los debates políticos que suscitó, o el aumento de la participación política, con sus tensiones y expectativas, creado a
comienzos de 1789 por las elecciones de los delegados que habrían de asistir a los Estados Generales.
Consolidación del parlamentarismo británico
• Cuando Guillermo III murió, subió al trono Ana I, con la cual habría de concluir la dinastía Estuardo.
• Al final del reinado de Guillermo III, el Act of Settlement (1701), que exigía que el rey fuera anglicano, había asignado su sucesión
al duque elector de Hannover, de la dinastía alemana de Brunswick-Lüneburg, cuya madre, la princesa Sofía de Wittelsbach, era la
pariente protestante más cercana a los monarcas británicos.
• La resistencia que esto provocó en Escocia y las tensiones subsiguientes fue uno de los motivos que llevaron a los dos Acts of Union,
firmados en 1707, que constituían a ambos reinos en una unidad política, el reino de Gran Bretaña, que en 1800, al unirse Irlanda,
se convertiría en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.
• La unión de 1707 fue el resultado de un acuerdo parlamentario. Pese al mayor peso de Inglaterra, había un deseo de los escoceses
por participar en la prosperidad mercantil británica y en la aventura colonial, bien recibido por los ingleses, que deseaban acabar
con los problemas anteriores de la relación entre ambos reinos.
• El reinado de Ana I no fue importante solo por esto, sino por el triunfo internacional de Gran Bretaña en la Guerra de Sucesión de
España.
• Además de las cesiones territoriales que obtendría de Francia en América o de los privilegios que arrancaría de España en el comercio
con Indias, el tratado de Methuen con Portugal le dio un amplio acceso al imperio colonial luso, estableciendo una clara dependencia
política portuguesa respecto a Inglaterra, que ha durado hasta tiempos recientes.
• En la política británica posterior a la Revolución de 1688 no tardaron en predominar los whigs, que representaban sobre todo a los
intereses mercantiles.
• Las dos coaliciones contra Francia (1688-1697, y 1701-1713), estuvieron propiciadas por ellos, que eran partidarios de la guerra
como medio para consolidar la implantación colonial y el dominio de los mares.
• Solo en 1711 perdieron el gobierno en beneficio de los tories, opuestos a la guerra y los gastos militares, que se mantendrían en el
poder hasta 1714. Conviene tener en cuenta que la sociedad británica era la más evolucionada de Europa a comienzos del siglo
XVIII, con una opinión pública cuyo peso influía en el gobierno y en los cambios políticos, y en la que se discutía con profundidad
toda cuestión política o económica.
• Una de las claves que lo hacían posible era la amplia difusión de la prensa. Entre los whigs destacaba el escritor, periodista y
panfletista Daniel Dafoe, pese a que en algunos momentos de su vida apoyara a los tories.
• Los whigs dominaron la política británica durante más de medio siglo, a lo que contribuyó la preferencia de los reyes por su apoyo
decidido a la nueva dinastía, menos claro inicialmente entre los tories.
• Una de las primeras medidas del nuevo monarca fue alejarlos del poder, pese a la mayoría de la que gozaban en ambas cámaras. Tal
hecho, demostrativo de la amplia capacidad de actuación que mantenía el rey, fue el preludio de unas nuevas elecciones que dieron
la mayoría a los whigs. El gobierno y su clientela tenían una amplia capacidad para controlar el sistema electoral, lo que contribuye
a explicar el resultado.
• En septiembre de 1715 se produjo una rebelión jacobita en Escocia, al frente de la cual se puso el pretendiente Jacobo III, llegado
desde Francia.
• La revuelta fracasó pese al apoyo de los highlanders, habitantes de las tierras altas escocesas, al no ser capaz de aunar los
descontentos provocados por la nueva dinastía.
• El hecho de que la nueva dinastía se consolidara no deja de ser curioso, habida cuenta de que Jorge I, que llegó al trono con cincuenta
y cuatro años, viajaba con frencuencia a su ducado alemán, apenas hablaba inglés y tenía un escaso interés por los asuntos de Gran
Bretaña.
• La causa principal fue la amplia oposición que suscitaba tanto el catolicismo del pretendiente Estuardo como la intromisión de los
países que le respaldaban en los asuntos británicos. De hecho, una nueva intentona de los jacobitas escoceses en 1719 tuvo una
importancia mucho menor.
• Los años de gobierno de Stanhope se basaron en la buena relación exterior con Francia, que suponía una garantía importante para el
equilibrio establecido en Utrecht. A ambos les interesaba la paz en un momento de inestabilidad política, ya fuera en Gran Bretaña
por la implantación de una nueva dinastía y la amenaza jacobita o en Francia por la minoría de edad de Luis XV y las ambiciones
sobre el trono de Felipe de Orleans.
• En 1711, los tories habían aprobado la Occasional Conformity Act, que aplicaba de forma estricta la ley que reservaba los cargos
públicos a los anglicanos.
• Stanhope fracasó en el intento de modificarla, como también en el Peerage Bill, un proyecto que, al limitar la prerrogativa real de
crear pares, hubiera garantizado la mayoría que tenían en ella los whigs.
• El triunfo fue de la oposición en los Comunes, encabezada por Walpole, quien en abril de 1720 volvió al gobierno junto con
Townshend, a tiempo para asistir a la grave crisis provocada por la South Sea Company. Stanhope murió poco después y Sunderland
dimitió.
• La Corona tenía como competencia propia la política internacional y el ejército, lo que no quiere decir que el Parlamento y la opinión
pública no intervinieran.
• Durante todo el siglo, los partidos que accedían al Parlamento tenían poco que ver con los del mundo actual. Eran agrupaciones
electorales poco estructuradas, en las que los diputados elegidos no siempre realizaban una política común. Las divisiones internas
fueron numerosas.
• El eje del debate político y la acción legislativa era la Cámara de los Comunes, cuyos 558 diputados elegidos de forma censitaria
por un grupo reducido, todos ellos varones, que reflejaban los intereses de los propietarios de la tierra y del mundo urbano mercantil,
manufacturero y profesional. Cada circunscripción elegía dos diputados, pero la lista de aquellas era aún la de tiempos de Isabel I,
lo que hacía que mientras localidades despobladas elegían diputados, importantes núcleos de población desarrollados posteriormente
no estuvieran representados.
• Por otra parte, las elecciones distaban de ser limpias, pues había un alto grado de manipulación y corrupción.
• Mucho menos importante era la Cámara de los Lores, cuyos poderes eran más judiciales que políticos, al tratarse del máximo tribunal
de apelación. Constaba de 220 miembros, 26 de los cuales eran obispos y, el resto, 178, pares o altos nobles ingleses y 16 escoceses,
cuyos puestos eran hereditarios y que en la mayoría de los casos eran importantes propietarios territoriales con gran influencia local.
• Robert Walpole pasó a controlar el gabinete en 1721. Aunque no existía el cargo de primer ministro, lo fue de hecho hasta 1742.
• Ligado a Stanhope en los comienzos de su carrera política, desde el ascenso de aquel al poder encabezó la oposición dentro del
partido whig.
• La política de Walpole abandonó el tradicional belicismo de los whigs para centrarse en el desarrollo económico y social de
Inglaterra con el respaldo del sistema de paz y equilibrio europeo diseñado en Utrecht, que la alianza con Francia trataba de
garantizar.
• Mantuvo el poder con Jorge II. En sus primeros años de gobierno, la política exterior estuvo en manos de su cuñado lord Townshend,
pero Walpole se interesó cada vez más en ella en los años treinta, un periodo más complejo en el que acabó el entendimiento anglo-
francés.
• La inclinación de Walpole a la paz y la neutralidad que mantuvo durante la Guerra de Sucesión de Polonia tuvo el precio de una
pérdida de influencia en el continente.
• En 1739 no tuvo más remedio que declarar la guerra a España tras los incidentes en el comercio con América. También procuró
mantenerse al margen del conflicto cuando, en los primeros años cuarenta, se inició la Guerra de Sucesión de Austria, deseoso de
evitar comprometerse hasta finalizar la que mantenía con España.
• En la política interior, sus inicios estuvieron marcados por el temor a una nueva conspiración jacobita, que le llevó a encarcelar a
varios sospechosos y a suspender durante un año el Habeas Corpus. Asimismo, impuso una tasa a los católicos.
• En el terreno económico, una de sus preocupaciones fue reducir la deuda pública y sus tasas de interés. Otros de sus objetivos fueron
la lucha contra el fraude y el contrabando y la mejora del sistema fiscal, que resultaría mucho más propicio al crecimeinto económico
que los del continente. Su base eran los impuestos indirectos: el excise o conjunto de tasas sobre el comercio de muy diversas
mercancías, y las aduanas, que aportaban cerca del 70 por 100 de los ingresos tales, así como la garantía de la deuda que suponía el
Banco de Inglaterra.
• El principal impuesto directo era el land tax, sobre las propiedades territoriales, el cual, a lo largo del siglo, sería una tributación
flexible que solo aumentaba en los periodos de guerra.
• Los años de su gobierno completaron un cuarto de siglo en que Gran Bretaña estuvo prácticamente al margen de la guerra, lo que,
unido a su política mercantilista, no tanto innovadora cuanto reguladora de un sistema heredado, permitió un importante crecimiento
manufacturero y mercantil, gracias al cual Inglaterra vivía a mediados de siglo un extraordinario desarrollo comercial.
• La quiebra especulativa de la South Sea Company había puesto en crisis el modelo de las compañías monopolistas, del que solo
sobreviviría la East Indian Company, frente a la emergencia de empresas comerciales libres, mejor adaptadas a los nuevos tiempos.
• La clave del poder de Walpole fue su capacidad para ganar elecciones, gracias a su alianza con magnates locales, el clientelismo, la
habilidad para controlar las mayorías o la corrupción, con un Parlamento en el que se cambiaban votos por favores o dinero.
• Desde finales de los años veinte hubo de enfrentarse a una oposición cada vez más consistente, encabezada por lord Bolingbroke, y
en la que no solo estaban los tories, sino parte de los whigs y algunos recalcitrantes jacobitas.
• En la propia corte, el enfrentamiento con Walpole se articuló en torno al príncipe de Gales, Federico Luis. Parte de la prensa y la
opinión pública estaban también contra su gobierno.
• Su habilidad para controlar la Cámara de los Comunes y las elecciones le permitió enfrentarse a ellos. Bolingbroke terminó
abandonando la lucha, retirándose a Francia.
• Desde entonces, su principal opositor fue William Pitt, quien representaba políticamente a los grupos más dinámicos del comercio
y las finanzas, que defendían una política exterior más agresiva, sobre todo en las colonias. El descenso en las elecciones de 1741
de los diputados que le apoyaban hizo que perdiera algunas votaciones en la Cámara de los Comunes y fue uno de los motivos que
le llevaron a abandonar el poder en 1742.
• Caído Walpole, le sustituyeron gentes de su entorno.
• La política exterior iba a pasar a un primer plano durante las dos siguientes décadas. John Carteret impulsó la intervención en Europa
a favor de los intereses de los Hannover y en contra de Francia.
• La oposición de los hermanos Henry y Thomas Pelham le hizo caer en 1744, pero su cercanía al monarca dio lugar a una relaciónd
ifícil entre el rey y el gabinete, encabezado por Henry Pelham desde mediados de 1743, que se manifestó por ejemplo en la oposición
de Jorge II a que William Pitt entrara como secretario de guerra. Solo la dimisión del gabinete hizo ceder al rey en 1746.
• En el verano de 1745 se había iniciado en Escocia un nuevo levantamiento jacobita encabezado por el hijo del pretendiente, Carlos
Eduardo, conocido por sus partidarios como Bonnie Prince Charlie.
• Además de un importante respaldo, contaba con la ayuda de Francia. Con la colaboración militar de los clanes de las Highlands, los
jacobitas tomaron Edimburgo y en septiembre derrotaron al ejército real en la Batalla de Prestonpans. Las tropas británcias que
apoyaban a Austria en los Países Bajos hubieron de regresar para hacerles frente.
• En otoño los rebeldes invadieron Inglaterra por el norte, provocando el temor en el propio Londres.
• No obstante, al no encontrar el apoyo que esperaban, a comienzos de 1746 regresaron a Escocia.
• En abril sufrieron una severa derrota en Culloden, cerca de Inverness, ante el ejército mandado por el duque de Cumberland, lo que
hizo que el levantamiento se deshiciera lentamente.
• La represión fue muy dura, con numerosos arrestos y 120 ejecuciones, además de una serie de medidas para desorganizar el sistema
de clanes imperante en las montañas escocesas, que llevó a muchos de sus habitantes a emigrar a América.
• Habría de ser la última de las intentonas de los partidarios de la dinastía destronada y el movimiento jacobita acabaría extinguiéndose.
• Henry Pelham estuvo al frente del gobierno hasta su muerte en 1754, sucediéndole su hermano mayor Thomas. Ambos contaron
con Pitt, quien no solo controlaba la mayoría whig en el Parlamento, sino que tenía un fuerte apoyo del mundo de negocios y la
opinión pública.
• Las complicaciones de la políticia exterior en los inicios de la Guerra de los Siete Años propiciaron un primer gobierno de Pitt en
noviembre de 1756, seguido por un acuerdo entre él y Pelham para compartir el gobierno, que llevó a Pitt a dirigir la política militar
durante la guerra.
El reinado de Jorge III
• A la muerte del rey le sucedió su nieto Jorge III. Su reinado suponía la consolidación definitiva de la dinastía, no solo por la
desarticulación, pocos años antes, del movimiento jacobita, sino por tratarse del primer monarca Hannover nacido y formado en
suelo británico.
• El nuevo rey intervendría en la vida política de forma más directa que sus antecesores. Su tendencia al reforzamiento de las
prerrogativas reales, entre las que reivindicaba la capacidad de elegir a los ministros, le inclinaba hacia los tories, más cercanos a
tales ideas.
• Decidido a acabar con la mayoría whig, se inmiscuyó en el control de las cámaras mediante sobornos y prebendas.
• En 1761 puso al frente del gobierno al tory escocés John Stuart, conde de Bute, que había sido su preceptor. Con él se concluiría la
guerra, a pesar de los muchos intereses mercantiles partidarios de continuarla.
• El malestar de estos le llevó a dimitir en abril de 1763, dos meses después de la firma de la paz, abriendo paso a unos años de
gobiernos whigs inestables.
• La situación era especialmente delicada, porque las repercusiones financieras de la guerra llevaron a incrementar la presión fiscal
sobre las colonias, agravando el descontento en ellas.
• Paralelamente, en la vida política y la opinión pública británicas aparecían corrientes radicales que no se sentían representadas por
los dos partidos y deseaban una mayor libertad de prensa y una amplia reforma del sistema electoral.
• El caso de John Wilkes, un periodista y diputado que fue objeto de arrestos y expulsiones desde 1763, sirvió de detonante para una
sonada campaña de prensa y opinión, con reiterados incidentes en Londres entre 1768 y los primeros años setenta.
• En 1770 el rey trató de recuperar la estabilidad y frenar a los descontentos, poniendo al frente del gobierno al tory lord Frederic
North, quien se mantendría en el poder durante un dilatado periodo (1770-1782).
• Con él se lograría una nueva estabilidad, acompañada de un saneamiento financiero que permitió reducir los impuestos por primera
vez después de la guerra.
• La clave de su estabilidad estuvo en los sistemas poco ortodoxos de control de las mayorías parlamentarias. Pero el gran escollo de
su gobierno fue la sublevación de las colonias de Norteamérica y la guerra que la siguió, que obligaron a un nuevo incremento de la
fiscalidad, avivando al tiempo la oposición tanto en el Parlamento como en la opinión pública, una parte de la cual responsabilizaría
al ministro –y al propio rey – de la pérdida de las colonias.
• Otros dos problemas de estos años fueron Irlanda y los católicos.
• Irlanda, sometida en la práctica a un trato colonial desde el siglo anterior, asistía al desarrollo de un sentimiento nacionalista, que el
gobierno trató de calmar mediante la anulación de los Test Acts, que excluían a los católicos de la vida pública, o la concesión de la
autonomía legislativa al Parlamento de Dublín en 1782.
• Fue revocada la legislación de la época Tudor que sometía al parlamento irlandés al control del Privy Council, así como las facultades
legislativas sobre Irlanda del parlamento británico y la condición de la Cámara de los Lores de tribunal supremo de apelación para
dicho reino.
• Tras otro decreto de 1783, el lord lugarteniente de Irlanda se constituyó prácticamente en la única instancia que permitía armonizasr
las legilsaciones irlandesa y británica, lo que suponía un importante paso adelante.
• Al mismo tiempo, ciertas iniciativas para mejorar la situación legal de los católicos en Gran Bretaña (la Papist Act de 1778)
provocaron en Londres los llamados Gordon’s Riots, a comienzos de junio de 1780, unos motines en contra de tales cambios
organizados por el diputado escocés lord George Gordon, si bien escondían motivaciones no estrictamente religiosos, frutos del
descontento político y la crisis económica de aquellos años de guerra.
• La reacción de temor que produjeron bloqueó cualquier acuerdo con el movimiento reformista.
• La marcha negativa de la guerra contra las trece colonias marcó el final del gobierno de lord North, quien hubo de dimitir en marzo
de 1782, siendo sucedido por otros varios gabinetes y entre ellos el encabezado por el propio North y Charles James Fox, que hubo
de reconocer la independencia de Estados Unidos.
• La derrota frente a los colonos americanos supuso la vuelta al poder de los whigs, cuando en diciembre de 1783 Jorge III designó
como primer lord del Tesoro a William Pitt, conocido por el Joven, que no abandonar el poder hasta 1801, gracias a su capacidad
para aunar los intereses de la gentry y el mundo de los negocios y a la habilidad política que le llevó a apoyarse en sectores de ambos
partidos.
• De hecho, huyó de los whigs más radicales y favoreció la renovación de los tories. En 1785 fracasó en su intento de hacer aprobar
una reforma electoral, pero al menos logró una cierta renovación de la Cámara de los Lores, mediante la incorporación a ella de
algunos miembros de sectores sociales enriquecidos.
• Una de sus realizaciones más eficaces fue la reducción de la deuda generada por la guerra contra las colonias, para lo que se basó
en una amplia creación de impuestos indirectos sobre los artículos más variados.
• El desarrollo de un sistema de deuda pública consolidada respaldado por el Banco de Inglaterra permitió una progresiva reducción
de los tipos de interés de los préstamos a largo plazo.
• Durante los años del gobierno de Pitt, Gran Bretaña reafirmó su hegemonía marítima y colonial, al tiempo que se iniciaba en ella la
Revolución industrial.
• La decapitación de Luis XVI llevó a un sector importante de los tories a coaligarse con él en 1794, lo que
8 dio origen a un giro conservador en su política, dirigido sobre todo contra el radicalismo.
• En 1800, Pitt promovió la incorporación de Irlanda a la Unión. También intentó abolir las leyes contra los católicos, pero la oposición
de Jorge III le llevó a presentar la dimisión (1801).
La independencia de las colonias de América del Norte.
• El levantamiento de las colonias inglesas en Norteamérica (1776-1783) supone la primera experiencia revolucionaria del ciclo que,
coronado por la Revolución francesa, y proseguido por la independencia de las colonias americanas de España y Portugal, puso en
crisis las estructuras del Antiguo Régimen a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
• Sus causas son diversas y complejas. Se fueron acumulando los motivos de queja frente al sometimiento económico a la metrópoli,
que les obligaba a exportarle sus materias primas y a comprar las manufacturas inglesas, pero lo que permitió que coagularan en una
reivindicación de la independencia fue la lenta creación de una conciencia política de su propia identidad.
• No obstante, la diversidad de las colonias no favoreció tal proceso, por lo que no fue sino con el tiempo y la contribución decisiva
de escritores e ideológos, cuando la conciencia de la singularidad americana se vinculó a valores como la libertad, la tolerancia, la
secularización de la vida pública o el reconocimiento de los derechos individuales. En ellos era evidente la huella de la Ilustración,
como también en la idea de progreso implícito en la aspiración a una sociedad basada en principios como el utilitarismo o el bienestar.
• Ya entre los fundadores de las primeras colonias hubo defensores de la secularización de la vida pública, la soberanía popular o la
libertad religiosa, ideas que fueron reformuladas más adelante por autores como John Wise, seguidor de Pufendorf, quien propuso
la participación directa y democrática en la vida pública; Jonathan Mayhew, que reformuló la toería del derecho a la resistencia
frente al gobierno británico o Thomas Paine, el cual defendió los derechos individuales y el concepto de independencia política.
• En el trasfondo de las reivindicaciones estaban su formidable crecimiento demográfico y su dinamismo económico, reflejados en la
enorme expansión de la superficie colonizada.
• Las diferencias entre las colonias eran muy grandes. Al norte estaban las de Nueva Inglaterra, pobladas en gran parte por puritanos
emigrados de Inglaterra y dedicadas preferentemente a la agricultura, con propiedades de tamaño familiar y medio que hasta 1750
pudieron conseguirse a buen precio. La madera de sus buques y la pesca eran otros importantes recursos. La ciudad más importante
era Boston.
• Las colonias del centro eran Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania y Delaware, en las que había también importantes comunidades
de origen neerlandés o alemán. Su actividad economómica se habasaba en la producción de cereales y madera, y la principal ciudad
era Filadelfia.
• Por último, las del sur, de clima subtropical, tenían economías de plantación que proporcionaban algodón, tabaco, o arroz, gracias a
la abundante mano de obra esclava. También exportaban otros productos como madera y añil, planta tintórea de la que se obtenía el
color azul.
• En las colonias del norte y el centro, el comercio aumentó constantemente a lo largo del siglo, pero la balanza comercial negativa y
la exigencia de la metrópoli de que le pagaran en efectivo los artículos que enviaban llevaron a los colonos a resarcirse en el comercio
con el Caribe, al que exportaban cereales, carne y madera, a cambio de algodón, azúcar y, sobre todo, melazas, de las que obtenían
el ron.
• Contaban para ello con cierta complicidad del gobierno británico, pues no perseguía un contrabando que no estaba tipificado como
delito y que, en última instancia, consideraba beneficioso para sus intereses. Mayor era la dependencia de las colonias del sur, cuyos
productos eran exportados en su totalidad a Gran Bretaña, a cambio de manufacturas, cuyo precio superior generó un endeudamiento
crónico de los colonos que animó a muchos a la revuelta.
• Todas las colonias estaban basadas en una concesión real y tenían sistemas de gobierno similares, con un gobernador que
representaba al monarca y una asamblea elegida por los propietarios. En Londres, existía una Junta de Comisarios de Comercio y
Plantaciones, que apenas intervenía de hecho en la gestión de las colonias.
• El alejamiento entre las colonias y la metrópoli se incrementó después de la Guerra de los Siete Años, pues mientras aquellas se
dieron cuenta de que el triunfo sobre los franceses en América del Norte, se había debido esencialmente a su esfuerzo, el gobierno
de Londres, acuciado por las deudas generadas por la guerra, reforzó su presión sobre ellas.
• La movilización favoreció la extensión de un sentimiento unitario que ya se había manifestado anteriormente, como lo prueba el
congreso que siete colonias convocaron en Albany en 1754, en el que Benjamin Franklin propuso la creación de un Comité Federal
elegido por los colonos y un presidente nombrado por el rey.
• Los años de la posguerra pusieron en evidencia o crearon otros motivos de malestar.
• La Ley del Azúcar de 1764, complementada por un bloqueo naval y duras sanciones a los infractores, trató de poner fin al comercio
que realizaban con el Caribe, al tiempo que los aranceles sobre los productos procedentes de la metrópoli pasaban del 2,5 al 5 por
100. Se crearon asimismo nuevos tributos y el Parlamento les aplicó una Ley del Timbre aprobada en 1765, que gravaba
determinados actos administrativos.
• Todas estas medidas mostraban falta de sintonía entre la metrópoli y los colonos, para quienes fueron una ofensa, entre otras cosas
porque no se les había consultado.
• Surgieron incidentes con funcionarios de la metrópoli y la Ley del Timbre ocasionó diversos motines, algunos de ellos violentos, en
Carolina, Virgina y Nueva York. Los delegados de nueve colonias se reunieron en esta última y llegaron al acuerdo de boicotear los
productos británicos, al tiempo que los descontentos comenzaban a organizarse en los llamados Hijos de la Libertad.
• El efecto de las protestas hizo caer al primer lord del Tesoro George Grenville. Pero en 1767 las leyes Towshend gravaron la entrada
en América de productos como el té, el papel, el vidrio, el plomo o las pinturas.
• La agitación renació, provocando un nuevo boicot a las importanciones británicas, que se extendió hasta que el Parlamento retiró
tales tasas, a excepción de la del té (1770).
• Tres años después, aprobó el Tea Act, que trataba de resolver a mismo tiempo los muchos problemas financieros de la East India
Company y atacar el contrabando de dicho producto, para lo que organizó su envío directo por la compañía, sin necesidad de pasar
por Gran Bretaña. Implicaba la aceptación de la establecida por Charles Towshend, que seguía vigente, lo que provocó la reacción
de las colonias.
• En diciembre se produjo en Boston el famoso motín del té, en el que los Hijos de la Libertad, disfrazados de indios, tiraron al mar
el cargamento llevado desde Oriente por la Compañía. El Parlamento contraatacó con una serie de disposiciones que castigaban
duramente a Boston y su puerto, además de enviar nuevas tropas a América y prohibir las reuniones públicas.
• En 1774, la Asamblea de Virginia convocó el primer Congreso Continental. En él se demostró que los partidarios de la negociación
con la metrópoli seguían predominando frente a quienes deseaban la ruptura.
• Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, la posibilidad de un arreglo se alejaba, mientras las colonias organizaban milicias
armadas y se preparaban para resistir con el protagonismo destacado de Massachusetts y Virginia.
• La guerra se inició por un pequeño incidente, cuando en abril de 1775 se produjo en Lexington un enfrentamiento no buscado entre
las milicias y el ejército del general Thomas Gage, que mandaba las tropas en Boston. Este y otro combate sangriento junto a dicha
ciudad, en Bunker Hill, hicieron que Lord North, que encabezaba el gobierno británico, tratara de evitar la guerra mediante la
negociación para lo que Franklin fue enviado a Londres como embajador.
• En diciembre, el segundo Congreso Continental reunido en Filadelfia, decidió reoganizar un ejército y nombró como comandante
en jefe a George Washington.
• En realidad, seguía sin plantearse aún la ruptura con Jorge III, pese a que continuaban los enfrentamientos.
• En mayo de 1776, la guarnición británica de Boston se rindió. El envío de tropas por parte de Londres llevó al Congreso de Filadelfia,
el 4 de julio de 1776, a aprobar la Declaración de Independencia.
• A la declaración le siguió una guerra de casi siete años en la que los colonos eran inferiores desde el punto de vista político y militar.
• No obsetante, sus ventajas eran el entusiasmo, el hecho de que combatían en su propia casa, la lejanía y el elevado coste que le
suponía la guerra a Gran Bretaña, o la indudable capacidad de Washington. Pero necesitaban aliados.
• Pese a todo, en septiembre de 1776 no pudieron impedir el desembarco británico en Nueva York y los colonos consiguieron frenar
el avance del ejército británico en Trenton y Princeton.
• En 1777 los británicos atacaron con dos ejércitos, tratando de dividir por el centro a las colonias sublevadas. El de Canadá capituló
en octubre cerca de Saratoga. La victoria decidió a Francia a entrar en la guerra en apoyo de las colonias en 1778, a la que se uniría
al año siguiente España en virtud del tratado de Aranjuez, y en 1780 las Provincias Unidas.
• Vergennes supo explotar el error británico de interferir en el comercio de algunos países que no intervenían en la guerra, lo que llevó
a estos a la creación de una liga a favor de la libertad de los mares, conocida también como la Liga de los Neutrales (1780), en la
que participaron las Provincias Unidas, Prusia, Rusia, Suecia, Dinamarca, Nápoles y Portugal.
• La guerra no se limitó a Norteamérica, sino que afectó también otros espacios marítimos, especialmente las Antillas y la costa de la
India. Los franceses se apoderaron de Tobago y otras antiguas posesiones, aunque no pudieron conquistar Jamaica.
• En octubre de 1781, los colonos derrotaron al ejército de Jorge III en la decisiva batalla de Yorktown, que puso fin prácticamente a
la guerra, si bien los enfrentamientos marítimos continuaron en las Antillas y el Índico. Por el tratado de Versalles (1783), Gran
Bretaña reconoció la independencia de las trece colonias, cuya frontera de norte a sur quedaba fijada por el río Santa Cruz – límite
de los territorios costeros con Canadá – los Grandes Lagos y el Missipi.
• Había nacido la primera república independiente situada fuera de Europa, aunque de matriz europea.
• Una vez concluida la guerra, las antiguas colonias ghubieron de organizarse en un Estado, hacer frente a la deuda generada por la
guerra, detener la inflación del papel moneda, dotarse de una moneda única, crear un sistema de impuestos, organizar la expansión
hacia el oeste y resolver otros muchos problemas.
• Se celebró a petición de Virginia una conferencia en Annapolis (1786), que propuso una Convención con poderes constituyentes.
Reunida en Filadelfia, en mayo de 1787, con 55 delegados de los estados, entre los que figuraban todos los reconocidos
posteriormente como padres de la patria, fue en ella donde se elaboró una Constitución, que aún sigue vigente.
• Dicha Constitución distingue las competencias de los estados de las del poder federal.
• Establece una rígida separación de poderes entre el legislativo a cargo de la Cámara de Representantes y el Senado; el judicial, a
manos de un Tribunal Supremo independiente, y el ejecutivo, encabezado por el presidente, que nombra y dirige el gobierno.
• Una vez que los estados ratificaron la Constitución, George Washington fue elegido presidente por unanimidad, iniciando su
mandato en marzo de 1789.
• La Constitución de 1787 se convirtió inmediatamente en un modelo, pronto reivindicado por países que atravesaban crisis político-
sociales.
Tema 9. La Europa del Centro y del Sur en el siglo XVIII
El absolutismo ilustrado
• La expresión “despotismo ilustrado” surge en la historiografía romántica, a mediados del siglo XIX, para designar un conjunto de
objetivos y prácticas de gobierno que se extendieron por buena parte de Europa en la segunda mitad del siglo XVIII.
• Define la actuación política de unos gobernantes cuyas reformas pretendían, al mismo tiempo, la mejora económica y social de sus
territorios y el reforzamiento de su poder.
• El hecho de que algunos de los países más avanzados de Europa, como Gran Bretaña, Francia o las Provincias Unidas, quedaran
esencialmente al margen del despotismo ilustrado, ha llevado a caracterizarlo, de una forma un tanto excesiva, como propio de países
atrasados, si bien es cierto que implica el deseo de modernizar en poco tiempo el propio territorio.
• Muchos historiadores preferimos hablar de absolutismo ilustrado, pues la mayoría de los príncipes ilustrados se inscriben en la
tradición del absolutismo y, aunque refuerzan su poder, no hay razón para considerar que este se transforme en un despotismo.
• Los dos componentes del concepto resultan, en un principio, contrarios. La Ilustración rechazaba el absolutismo, pero muchos
ilustrados consideraban que la única vía para hacer reformas profundas en poco tiempo era la utilización del poder real, para lo que
había que reforzar enormemente este en el sentido absolutista, liberándolo de todo tipo de trabas y, entre ellas, la de los grandes
poderes que tenía la Iglesia en los países católicos. Incluso el abate Guillaume Raynal, autor de la obra más crítica del siglo contra
el colonialismo europeo, señaló que el mejor gobierno era el de un gobernante absoluto, justo e ilustrado.
• Por su parte, un buen número de príncipes entendieron que el pensamiento ilustrado contenía elementos capaces de hacer más eficaz
su gobierno y mejorar la vida de sus súbditos.
• Algunos soberanos ilustrados protegieron y mantuvieron una relación cordial con destacado representantes de la Ilustración, y todos
eligieron como ministros a personajes vinculados a ella, lo que no implica que tales príncipes estuvieran dispuestos a respaldar
absolutamente todas las propuestas ilustradas.
• En el fondo, era una especie de alianza tácita o matrimonio de conveniencia por parte de gentes que confiaban en la capacidad de la
vía reformista para cambiar la realidad. Pero la Corona siempre imponía sus límites a su conveniencia.
• Las aspiraciones de los ilustrados y los soberanos encontraron un terreno de entendimiento en una serie de objetivos que constituirán
la esencia del absolutismo ilustrado: el incremento y la centralización del poder, con una mayor burocracia que amplía su eficacia
en todo el reino; el aumento del prestigio internacional de la dinastía; el incremento de los ingresos de la Hacienda real y la
reorganización de la fiscalidad en busca de una recaudación mayor, con menos excepciones y pérdidas de ingresos en el proceso
recaudatorio; la reordenación y clarificación de la administración de justicia, que incluye la recopilación y modificación de códigos,
con la doble finalidad de hacer la justicia más claramente dependiente del soberano y mejorar su aplicación en beneficio de los
súbditos, humanizando el procedimiento y las penas; el estímulo de la actividad económica, eliminando los obstáculos tradicionales
que, desde la perspectiva sobre todo de los fisiócratas, impedían su crecimiento (como propiedades de manos muertas, derechos
colectivos sobre la tierra, restricciones a la circulación de cereales, etc.); la promoción de la educación, la ciencia y la cultura, o la
secularización de la sociedad y la enseñanza, que pretendía superar las viejas intolerancias religiosas, entre otras medidas.
• Dentro de los objetivos citados hay algunas actuaciones políticas claramente significativas, siendo la principal de ellas el ataque a
los privilegios de la Iglesia, que interesaba claramente al regalismo. Era un objetivo compartido por los monarcas y la mayoría de
los ilustrados, pues a un mismo tiempo facilitaba la expansión del poder real, el incremento del patrimonio y la fiscalidad de la
Corona, la clarificación y simplificación de la estructura jurídica, la reordenación de la propiedad de la tierra y la laicización de la
cultura.
• El ataque al poder del clero y al dominio que ejercían las órdenes religiosas sobre la enseñanza facilitaba además las reformas en el
terreno de la educación.
• Pocas medidas como las propias del regalismo ofrecían tantas vertientes en consonancia con los objetivos del absolutismo ilustrado,
sin olvidar que el regalismo se explica también desde la doble perspectiva de la supremacía del poder real y el deseo de incrementar
su patrimonio.
• Los monarcas ilustrados aceptaban mal que la Iglesia de sus territorios dependiera de una instancia exterior. Además, la riqueza y
el patrimonio de la Iglesia incitaban su avidez.
• También los privilegios de la nobleza eran un límite para el poder de los monarcas y un obstáculo para las reformas de la propiedad
de la tierra proyectadas por los ilustrados, pero en este terreno las resistencias fueron mayores, por lo que muchas de las medidas
propuestas no se llevaron a la práctica.
• Es una demostración más de los límites evidentes del absolutismo.
• Tradicionalmente, se ha señalado que el absolutismo ilustrado coincide con la fase de madurez de la Ilustración. Su inicio se situaría
en 1740, fecha en la que accedieron al trono dos de sus principales representantes: Federico II de Prusia y María Teresa I de Austria.
Su final se fija en 1790, año de la muerte del emperador José II, cuando los inicios de la Revolución francesa alertarían a los
gobernantes europeos sobre el peligro de las ideas ilustradas, interrumpiendo bruscamente el tiempo de las reformas.
• Pese a la existencia previa de medidas reformistas similares, lo característico de la segunda mitad de la centuria es la frecuencia e
intensidad de las mismas y el elevado número de estados en que se aplican. Aparte de Federico II y María Teresa de Austria, otros
destacados representantes del absolutismo ilustrado fueron Catalina II de Rusia, Carlos III de España o el gran duque de Toscana
Pedro Leopoldo, a los que podríamos unir una amplia serie de soberanos y gobernantes que ponen en práctica medidas reformistas
basadas en la ilustración.
Las Provincias Unidas.
• El poder alcanzado por Guillermo III como rey de Inglaterra no dejó de inspirar recelos en la República de las Provincias Unidas,
excitando en ella una oposición republicana, que supo sacar provecho de la falta de sucesión directa del estatúder y rey de Inglaterra.
• A su muerte en 1702, y pese a que nombró heredero y príncipe de Orange a su sobrino segundo Juan Guillermo Friso, los Estados
Provinciales de Holanda decidieron dejar vacante el cargo de estatúder. Solo Frisia le reconoció como estatúder, por lo que se impuso
el republicanismo, estando el poder en manos de una oligarquía burguesa encabezada por el gran pensionario Antonio Heinsius.
• La muerte de Heinsius en 1720 propició una nueva pugna entre republicanos y orangistas, en la que se impusieron los primeros.
• El intento de restaurar el poder de la familia Orange fracasó, pero las Provincias Unidas no acabarían de superar el bucle creado por
la tensión orangismo-república.
• En 1743, cuando el hijo de Friso, Guillermo IV, se casó con una hija de Jorge II. Así, Gran Bretaña se convirtió en un firme apoyo
del estatuderato. Pero fue nuevamente una emergencia nacional la que propició su vuelta al poder tras cuarenta y cinco años de
gobierno republicano.
• En el curso de la Guerra de Sucesión de Austria, las derrotas en los Países Bajos austriacos de los ejércitos de Austria, Gran Bretaña
y las Provincias Unidas fueron seguidas por la invasión de estas últimas por parte del ejército francés en 1747.
• En una reacción nacional apoyada por Gran Bretaña, numerosos sectores de la República respaldaron entonces al príncipe de Orange,
facilitando un golpe de estado que, si bien no logró frenar el avance francés hasta su retirada al año siguiente en virtud de la Paz de
Aquisgrán, permitió a Guillermo IV restaurar una autoridad similar a la que había tenido Guillermo III.
• Guillermo IV fue estatúder de todas las provincias desde 1747 hasta su muerte, en 1751. Su hijo Guillermo V (1751-1795) tenía
entonces tres años, por lo que se estableció una regencia, primero encabezada por su madre Ana de Hannover, hasta su muerte en
1759, y después, hasta la mayoría de edad del príncipe (1766), por su preceptor Luis Ernesto de Brunswick, el cual continuaría
posteriormente en el poder como consejero principal del príncipe.
• Guillermo V, quien contaba con el respaldo británico y prusiano, fue estatúder de todas las provincias y, como capitán general y
almirante general, dominaba el ejército y la marina.
• Con los años, la oposición fue creciendo. Bajo la inspiración del federalismo norteamericano, los republicanos crearon el movimiento
patriótico, respaldado sobre todo por la baja burguesía, mientras que las oligarquías urbanas de Ámsterdam y otras ciudades deseaban
limitar los poderes del estatúder, pero desconfiaban del movimiento patriótico.
• Los patriotas organizaron corporaciones libres de burgueses para acabar con los gobiernos municipales orangistas y en muchos
municipios se abolieron los derechos del estatúder.
• En una reunión de la Federación Nacional de todas las corporaciones libres celebrada en Utrecht en 1786, se llegó incluso a discutir
el establecimiento de una asamblea representativa “de todo el pueblo de los Países Bajos”. Los patriotas organizaron milicias y
pidieron ayuda militar a Francia.
• Luis de Brunswick fue apartado del poder y los Estados Generales redujeron las atribuciones de Guillermo V. En 1787 muchas
ciudades se levantaron contra él, lo que propició la entrada del ejército prusiano, respaldada navalmente por Gran Bretaña. Las
corporaciones libres no pudieron detener su avance y el gobierno Orange fue restablecido bajo la garantía de una Triple Alianza
firmada con Gran Bretaña y Prusia en 1788. Francia no pudo intervenir en apoyo de los republicanos, pero en 1795 la Francia
revolucionaria invadió las Provincias Unidas y creó en ellas la República Bátava.
• La debilidad económica de las Provincias Unidas contrastaba con su economía. El comienzo de siglo no fue demasiado positivo
para ellas. El desgaste de las guerras contra Luis XIV, especialmente la de la Sucesión de España, había sido muy grande. No
obstante, la economía neerlandesa volvería a ocupar un lugar destacado. Es cierto que el siglo XVIII no fue su mejor época, pues
habían perdido el protagonismo mercantil que mantuvieran durante una parte importante de la centuria anterior, que sus
manufacturas no tenían el vigor de otros tiempos, o que cada vez más burgueses adoptaban títulos o modos de vida nobles. Sin
embargo, la realidad era que seguía siendo una de las economías más evolucionadas del continente. Su sector más importante era
ahora el de las finanzas, alcanzando una especial importancia la participación del capital neerlandés en la deuda nacional británica.
Las Provincias Unidas destacaban también en la existencia de una mayor libertad política que en los demás países del continente,
con una prensa abundante y una actitud bastante más permisiva hacia el debate político e ideológico.
El auge de Prusia
• La Monarquía de Prusia comienza en 1701, cuando el margrave elector de Brandeburgo y duque de Prusia se convirtió en rey del
segundo de tales territorios.
• Los diversos territorios sobre los que gobernaba Federico I (1688-1713) constituían una de las tantas monarquías de agregación
existentes en la Europa moderna. El nuevo rey de Prusia era margrave de Brandeburgo, duque de Magdeburgo, Pomerania y Cléveris,
y conde de Mark y Ravensberg. Sus dominios continuarían incrementándose a lo largo del tiempo, hasta convertirse, ya en el siglo
XIX, en el poder aglutinador de la unificación alemana.
• La línea política ya venía marcada desde el siglo XVII por el padre de Federico I, el gran elector Federico Guillermo, quien basó su
poder en la centralización y la fuerza militar. Ambas características se convertirían con Federico Guillermo I (1713-1740) en dos
señas de identidad de Prusia, cuyos soberanos se acercaron en el ejercicio de su autoridad a formas autocráticas.
• La propia estructura social se adaptó progresivamente al nuevo modelo de monarquía militar, en la que el ejército era un elemento
esencial para la integración social y política de los diversos territorios. A cambio del monopolio de las tierras con siervos, Federico
Guillermo I consiguió que la misión esencial de los nobles fuera el servicio al rey en el ejército de acuerdo con los viejos usos
feudales, logrando un ejército cuyos oficiales procedían de la nobleza.
• Entre sus varias reformas destacan las del ejército, la Hacienda y la administración. Las reformas de la Hacienda hicieron que los
ingresos aumentaran. La clave fue la reforma de la administración, la cual puso los fundamentos de una estructura institucional que
permitiera el reforzamiento del poder central y la superación de las instituciones feudales, sobre la base de un amplio cuerpo
burocrático fuertemente dependiente del poder real, muchos de cuyos miembros conocían el Derecho y habían sido formados en las
llamadas ciencias camerales, habiendo sido buena parte de ellos educados en el pietismo.
• Dos instituciones se encargaban del gobierno: la Comisaría General de Guerra y el Directorio General de Finanzas. En los primeros
años del reinado, la primera se ocupaba de los territorios dependientes de la nobleza señorial, mientras el segundo lo hacía de los
dominios del rey. En 1723, ambos fueron fundidos en el Directorio General y Supremo de Hacienda, Guerra y Dominios, cuyas
amplísimas competencias le convertirían en un auténtico consejo de gobierno bajo la dirección del monarca. Lo componían seis
departamentos que se dividían las provincias, encabezado cada uno de ellos por un ministro y un número indeterminado de
consejeros que llegó a alcanzar las dos decenas. No obstante, los asuntos exteriores y la justicia formarían departamentos distintos,
separados del Directorio en tiempos de Federico Guillermo I.
• El gobierno extendía su poder hacia el territorio a través de las provincias. En las reformas de 1723, una institución de nuevo cuño,
los comisariados de guerra, se fundió con las antiguas cámaras de provincias, controladas por magistrados y otras autoridades, dando
lugar a las cámaras provinciales de guerra y dominios, instituciones colegiales orientadas primordialmente al servicio del ejército,
que reunían todas las competencias gubernativas y judiciales, y dependían fuertemente de Berlín. Las provincias se subdividían en
distritos, en los que el gobierno de las ciudades se separaba del ámbito rural. En las ciudades, la reforma de 1723 unificó los cargos
anteriores para crear los comisariados de guerra e impuestos, cuyo nombre indica a las claras sus principales funciones.
• En cuanto al campo, la distinta dependencia jurídica de la tierra establecía diferencias, pero en todos los casos existían oficiales
reales encargados de garantizar los dos objetivos principales: pagar los impuestos y satisfacer los reclutamientos, además de
funciones habituales como mantener el orden y otras muchas.
• El deseo del monarca de promover la explotación y productividad de la tierra e incrementar la población de las regiones con menor
número de habitantes le llevó a organizar la inmigración a la Prusia oriental de más de 20.000 protestantes expulsados.
• En la manufactura y el comercio aplicó las doctrinas mercantilistas. Asimismo, favoreció la agricultura, y la economía en general
creció durante su reinado.
• El apogeo de la Prusia del siglo XVIII llegó con Federico II (1740-1786), uno de los prototipos de soberano del absolutismo ilustrado,
aunque su poder tenía tintes autocráticos que permitirían hablar, en este caso, de despotismo.
• Federico II se encontró una estructura institucional que apenas hubo de modificar, aunque acabó con los restos de viejas instituciones
anteriores, como la Dieta de Prusia. El órgano principal del gobierno continuó siendo el Directorio General y Supremo de Hacienda,
Guerra y Dominios, cuyos departamentos se incrementaron, sobre todo por la creación de una serie de ellos dedicados a diversas
actividades económicas, así como otros para el territorio recién conquistado de Silesia o la administración militar.
• Cada uno de tales departamentos estaba encabezado por un ministro, que se integraba en el gabinete presidido por el rey. No obstante,
Federico II sustrajo una parte de la Hacienda de la dependencia del Directorio General y la puso directamente bajo la suya.
• Después de la Guerra de los Siete Años, se creó la Administration Générale des Droits du Roi en 1766, a la que encargó la
recaudación de los impuestos sobre el consumo, que suponían más de un tercio de los ingresos. Era un ataque al Directorio, cuya
lentitud criticaba y al que sustrajo posteriormente otros departamentos y determinadas competencias.
• También introdujo un sistema de formación y espionaje, con agentes llamados fiscales que inspeccionaban el comportamiento de
todos sus miembros.
• La prosecución de la tarea empezada por Federico Guillermo I de racionalizar la administración hacendística, unida al incremento
de los impuestos y la carga fiscal, hizo que los ingresos de la Hacienda subieran enormemente.
• Más importancia tuvieron reformas propiamente ilustradas, como la eliminación de la tortura y la pena de muerte. Se puso en marcha
un proyecto de codificación, pensado como paso previo a una reforma general del Derecho que concluiría en 1794 con la publicación
de un Código Civil, y en 1781 se modernizó el procedimiento judicial. También es importante el hecho de que, desde principios de
su reinado, se mantuvo el principio de libertad religiosa.
• Aunque impulsó la extensión de la enseñanza, teóricamente obligatoria hasta los trece años desde 1763, faltaron los medios
necesarios para ponerla en práctica. Hubo también un auge de la universidad, pero tanto en el mundo de la cultura como en la opinión
o la prensa, la libertad tenía el límite de la crítica al poder real y a su obra de gobierno.
• Otra mancha de su reinado fue la pervivencia de la situación de los siervos, pues las medidas a favor del campesinado fueron poco
significativas, entre otras razones por la necesidad de contar con el apoyo de los nobles terratenientes.
• Sus años de gobierno vivieron un importante crecimiento económico, favorecido por su protección a la agricultura y su política
mercantilista. Favoreció las manufacturas de lujo, el desarrollo de las minas de carbón y hierro y la metalurgia, al mismo tiempo
que tomó medidas encaminadas a la mejora de las infraestructuras o del comercio interior, con la reducción al mínimo de las barreras
internas. En 1765 se creó un banco nacional tomando como modelo el de Inglaterra. Federico II también intensificó la colonización
interior de sus territorios, colonización que fue especialmente intensa en los estados del este, sobre todo tras las enormes pérdidas
generadas por la Guerra de los Siete Años.
• A su muerte, subió al trono su sobrino Federico Guillermo II (1786-1797), quien si bien continuó el engrandecimiento de sus
territorios, gracias especialmente al segundo y tercer reparto de Polonia, no mantuvo en la política interior el absolutismo ilustrado
de su predecesor, fuertemente influido por el rosacruz Johann Christoff Wöllner, el cual impulsó una política de ortodoxia cristiana
contraria a la Ilustración.
Austria y la Monarquía de los Habsburgo
• De entre todas las monarquías de agregación o compuestas existentes en Europa, la de los Austria era, en el siglo XVIII, la más
compleja, al estar integrada por un conjunto muy variado de territorios, cuyo núcleo eran los estados patrimoniales de los Habsburgo,
con Bohemia y Hungría, más las posesiones en Italia y los Países Bajos, que habían recibido de España en el tratado de Utrecht. Un
imperio extenso, variado y disperso. El gran problema era armonizar tal conjunto y dotarlo de unas estructuras de gobierno eficaces,
para lo que necesitaba también de unos recursos hacendísticos suficientes.
• Después de la gran crisis que supuso la Guerra de los Treinta Años, el poder central se había fortalecido, al tiempo que se
reconquistaba la mayor parte del antiguo reino de Hungría. En 1699, la Paz de Karlowitz había reconocido al emperador como
soberano hereditario de Hungría, pero la situación distaba de ser firme, como lo demuestra la gran revuelta húngara encabezada por
Ferenc Rákóczi II a comienzos del siglo, la cual dio lugar a un largo conflicto que entorpeció seriamente la intervención del
emperador en la Guerra de Sucesión de España. En el acuerdo final, el emperador aceptó respetar los derechos y libertades
estamentales de los húngaros, aunque el absolutismo avanzó gracias a la creación en dicho reino de un ejército, en buena parte
mercenario, para defenderse de los turcos.
• El gran problema de los Habsburgo era la falta de sucesores masculinos. En septiembre de 1703, el archiduque Carlos, hijo
segundogénito de Leopoldo I, fue proclamado rey de España en Viena. Al mismo tiempo, el emperador y sus hijos firmaron el
“Pactum mutuae successionis”, que establecía la herencia mutua en caso de la extinción de alguna de las líneas. Si ninguno de los
dos tenían herederos masculinos, pero sí descendencia femenina, se aceptaban los derechos sucesorios de las mujeres, con
preferencia de las hijas del futuro emperador José I.
• Cuando José I murió sin hijos varones, pero dejando dos hijas, le sucedió su hermano con el nombre de Carlos VI. Éste quiso cambiar
lo acordado en beneficio de su propia descendencia, lo que explica que promulgara la Pragmática Sanción en 1713, donde anteponía
a sus propias hijas a las de su hermano. El nacimiento de la mayor de sus hijas, María Teresa, y la muerte del que sería su único hijo
varón hizo aún más urgente para él conseguir el respaldo interno e internacional de la pragmática.
• Buena prueba del incremento que había experimentado el poder del emperador fue que todas las dietas o estados generales de sus
territorios aceptaron la pragmática, y únicamente Hungría y el Tirol se quejaron de que ya se hubiera promulgado sin su consulta
previa, aprobándola finalmente.
• Carlos VI mantuvo las instituciones centrales heredadas, si bien en las principales decisiones utilizó sobre todo una Conferencia
Privada, más restringida que el Consejo Privado.
• Su reivindicación del trono español y la incorporación de varios de los antiguos dominios de la Monarquía de Carlos II le llevó a
crear en 1713 un Consejo Supremo de España, con secretarías para cada territorio, y el de los Países Bajos. En 1736, tras la pérdida
de Nápoles y Sicilia, sustituyó el primero de ellos por un Consejo de Italia. Asimismo, creó dos nuevas cancillerías para los estados
italianos y los Países Bajos. En sus años finales, tuvo que hacer frente a una nueva revuelta de la inestable Hungría (1737-1739). El
resultado final, con la Paz de Belgrado, supuso para el emperador un retroceso en los Balcanes.
• Su hija María Teresa I (1740-1780) fue una hábil política y pronto se convertiría en uno de los modelos del absolutismo ilustrado,
en cuyas prácticas veía el medio más apropiado para aumentar su autoridad y fortalecer sus estados. Sus primeras reformas se
realizaron en los territorios patrimoniales de los Habsburgo y en Bohemia. Dos decretos de 1749 separaron la administración de
justicia de las cuestiones administrativas y financieras, hurtando a las cancillerías de Austria y Bohemia las competencias judiciales,
para las que creó la Magistratura Suprema. La política exterior quedó en manos de una cancillería estatal instituida a inicios del
reinado y las cuestiones militares permanecieron a cargo de las del preexistente Consejo de Guerra.
• El resto de la administración se puso bajo la dependencia del Directorium o Directorio Público de las Cámaras, organismo con
amplísimas competencias de gobierno interior, cuyo poder se hacía efectivo por medio de las diputaciones, que coexistieron con la
división de los diversos territorios en círculos o circunscripciones análogas, dirigidos cada uno de ellos por un funcionario al servicio
de la Corona. En 1761 se creó un Consejo de Estado consultivo, cuya misión era la de reforzar la unidad entre las distintas provincias.
• Tal vez la reforma más importante fue la creación de un cuerpo burocrático dependiente de la Corona, que reemplazó a los estamentos
en tareas como la recaudación de impuestos o los reclutamientos, haciendo efectiva la presencia del poder real.
• Se fue creando una administración civil, diferenciada de la judicial. El afán de unificar y centralizar la justicia se completó con el
inicio de la codificación del Derecho civil y penal, que daría lugar años más tarde a la Constitutio Criminalis Theresiana (1768),
código penal que ponía fin a los procesos de brujería, aunque mantenía la tortura.
• Otras reformas fueron las del ejército y la Hacienda, en la que se reorganizó la recaudación y se crearon nuevos impuestos, el
principal de ellos una contribución sobre la tierra que, aunque con resistencias, acabó imponiéndose en los territorios patrimoniales
de los Habsburgo y en Bohemia.
• En lo relativo a la educación, a mediados de siglo la reina reformó en un sentido secular la Universidad de Viena, dominada hasta
entonces por los jesuitas. En 1746, fundó el Theresianum para educar a los hijos de la nobleza; en 1751, una academia militar, y en
1754 fundó una Academia Oriental para el servicio diplomático.
• Un aspecto poco conocido de su política fue su aversión a los judíos, a los que llegó a expulsar de Bohemia, aunque tuvo que anular
tal decisión como consecuencia de la presión de Gran Bretaña y otros países.
• A partir de 1765, año en el que su hijo José II fue coronado emperador, se inició una nueva etapa de su reinado, en la que ambos
compartieron el poder.
• Dicho periodo estaría caracterizado por una segunda fase reformista, más absolutista que la anterior. En ella, las reformas se
intensificaron y se extendieron a otros territorios.
• En la Dieta de Hungría de 1764, María Teresa había fracasado en su intento de que la nobleza aceptara reducir las cargas que pesaban
sobre los campesinos. La reacción fue un decreto de 1767, el “Urbarium”, que convertía a los siervos húngaros en arrendatarios
hereditarios con libertad para abandonar su tierra, y limitaba sus aportaciones a los señores. Medidas similares, tendentes a suavizar
las prestaciones de los campesinos, se aplicaron a otros estados en los años siguientes, y si bien encontraron numerosas resistencias,
lograron mejorar en algunos casos la condición del campesinado.
• En 1768 se creó una Comisión Agraria, encargada de revisar los cambios promovidos en el mundo rural por tales disposiciones y
fomentar la instrucción de los campesinos. Otros avances sociales de la reina fueron la eliminación de algunas exenciones y
privilegios.
• La muerte de María Teresa dio paso al reinado en solitario de José II (1780-1790), el cual mantuvo la política reformista, aunque la
aplicó de forma más intransigente que su madre.
• Su incidencia en el regalismo y las cuestiones relacionadas con la Iglesia y la religión fue tal que ha permitido hablar del josefismo
como una variante peculiar y muy personal del regalismo.
• Influido por las doctrinas del alemán Johann Nikolaus von Hontheim, conocido como Febronius, deseaba una Iglesia nacional similar
a la de los países reformados, al servicio de los intereses dinástico de una monarquía de derecho divino. Por ello, gobernó la Iglesia
de sus territorios como si de un papa se tratara. Suprimió fiestas, trató de convertir a obispos y párrocos en dependientes del poder
real, subordinó los seminarios a las universidades, prohibió al clero ir a estudiar al Collegium Germanicum de Roma, modificó las
circunscripciones de diócesis y parroquias, eliminó las órdenes contemplativas y numerosos monasterios, redujo el número de
miembros de las órdenes regulares, sometió a estas a la jurisdicción de los obispos, fijó el número de novicios, etc.
• Otros campos de actuación fueron el ceremonial, en el que introdujo modificaciones, y la religiosidad popular, ámbito en el que
prohibió manifestaciones que consideraba ligadas al fanatismo.
• En otros terrenos, afirmó que el matrimonio era un mero contrato civil y permitió el divorcio. Abolió la Inquisición y la censura
eclesiástica sobre la imprenta y la prensa, dictó una ley de tolerancia religiosa que permitía que luteranos y calvinistas ocuparan
cargos públicos, y amplió los derechos de los judíos en sus diversos territorios. En la educación, asumió la enseñanza a cargo de la
Corona.
• En la corte, unió organismos, lo que le permitió incrementar la centralización y reducir los gastos. La Cámara Aúlica, que se
encargaba de las finanzas, se unió a la Cancillería de Austria y Bohemia. También se unieron en una las cancillerías de Hungría y
Transilvania. Asimismo, dividió el territorio en distritos bajo el mando de gobernadores nombrados por él.
• Algunas reformas de tiempos de su madre, como la reorganización financiera o la contribución sobre la tierra, fueron aplicadas a
territorios que habían quedado al margen de ellas, lo que le obligó a unificar los derechos de propiedad territorial. En 1786, se
publicó la primera parte del nuevo Código Civil, y en 1787, promulgó un nuevo Código Penal, en el cual se limitaba la pena de
muerte y se abolía la tortura.
• Sus iniciativas para repartir la fiscalidad de forma equilibrada, que implicaban acabar con la exención de la nobleza y con los
diezmos, provocaron gran malestar entre los afectados, lo mismo que la abolición dela servidumbre, que se extendió a Hungría en
1785. Sin embargo, las resistencias y revueltas le hicieron anular algunas disposiciones.
• En los años ochenta realizó un censo de población y un catastro en todos sus estados, con la finalidad de conocer su riqueza real y
ajustar a ella la fiscalidad.
• Con todo, los resultados de su política fueron escasos y, en ocasiones, efímeros, como ocurrió con algunas de las medidas fiscales.
Al final de su reinado, su autoritarismo dio lugar a diversas revueltas, desde Hungría y Bohemia a los Países Bajos, hasta el punto
de que Federico Guillermo II llegó a proponer la independencia de Hungría y los Países Bajos, y una posible partición de Austria,
para la que negoció alianzas con el Imperio turco y con Polonia.
• Antes de la muerte del emperador llegó a concentrarse para ello en Silesia un potente ejército, pero la intervención de Gran Bretaña
obligó a Prusia a pactar un acuerdo con su sucesor, Leopoldo II, que garantizaba el respeto a la soberanía austriaca.
• Su hermano y sucesor Leopoldo II (1790-1792) tuvo que negociar con los estamentos y moderar las reformas, devolviéndoles
derechos y libertades que suprimieron muchas de las medidas del absolutismo ilustrado josefino. El sistema fiscal volvió al de
tiempos de María Teresa y la servidumbre fue restablecida.
• Asimismo, la reacción anti-ilustrada provocada por la Revolución francesa acabaría con la mayor parte de ellas. Francisco II, hijo
de Leopoldo II, sería el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, institución que fue suprimida en 1806,
convirtiéndose posteriormente en Francisco I, primer emperador de Austria.
Los territorios italianos
• En Italia, las dinastías más reformistas, además de la de Saboya, fueron las que se instalaron en ella a raíz de las diversas guerras de
la primera mitad del siglo XVIII.
• El dominio de Austria sobre los reinos del sur concluyó en los años treinta, pero en su breve periodo de gobierno, y pese a la
resistencia de los privilegiados, hubo numerosos intentos de reforma.
• Tal vez lo más significativo fuera el regalismo, que se vio favorecido por la fuerte tradición anticurialista existente en el reino de
Nápoles, con el apoyo de juristas como Pietro Giannone, quien criticaba el dominio secular de la Iglesia sobre el reino, atacaba la
jurisdicción eclesiástica y afirmaba la plena soberanía del rey y la autonomía del reino con respecto al papado. Aunque podían
rastrearse principios de libertad y tolerancia, implicaba también una concepción del mundo basada en valores civiles frente al
predominio de los morales y religiosos.
• Más eficaz y prolongado fue el reformismo en el ducado de Milán, también con una fuerte impronta regalista. Lo más importante
fueron los intentos, desde 1718, de realizar un catastro que permitiera establecer una fiscalidad más ajustada a la riqueza del estado.
La oposición que suscitó y la invasión que sufrió el ducado en 1733, durante la Guerra de Sucesión de Polonia, frenaron el proyecto.
• Los trabajos se reanudaron posteriormente en tiempos de María Teresa I y sirvieron de base a una nueva ley fiscal, si bien para
entonces la Iglesia había logrado salvar sus prerrogativas fiscales con el concordato firmado en 1757.
• En 1762, no obstante, la reina impuso el “exequatur”, que obligaba a la aprobación real de las disposiciones pontificias y, en los
años siguientes, se intensificaron las disposiciones regalistas. Además de medidas generales como la tolerancia religiosa, se suprimió
una amplia cantidad de monasterios, de cuyos bienes se apropió el gobierno, ya en época de José II.
• Lombardía fue un campo de prueba de muchas de las medidas de José II relativas a la Iglesia y a la religión, que posteriormente
aplicó en sus territorios austriacos.
• En la reforma de la enseñanza, creó una Diputación de Estudios de Lombardía, la cual elaboró un proyecto de instrucción general
en los primeros niveles.
• Otras reformas ilustradas de José II en dicho territorio fueron la abolición de los gremios, o la supresión de aduanas interiores, al
tiempo que reforzaba el centralismo mediante la supresión de instituciones tradicionales como el Senado, en 1786, que fue sustituido
por un Consejo de Gobierno, o la división del ducado en ocho intendencias. Sin embargo, al igual que ocurrió en sus otros dominios,
la mayoría de tales reformas fueron anuladas después de su muerte.
• Otro territorio vinculado a los Habsburgo era Toscana, cuyo gran duque soberano fue desde 1737 el emperador Francisco I Esteban
de Lorena, esposo de María Teresa. El gobierno lo ejercía en su nombre un Consejo de Regencia, cuyo miembro principal fue el
conde de Richecourt, quien se enfrentó a los privilegios e inmunidades de la Iglesia.
• Pero las principales reformas se realizaron en tiempos del gobierno de su hijo segundogénito Pedro Leopoldo, que luego sería
emperador como Leopoldo II (1765-1790). Fue un modelo de soberano ilustrado y contó con la colaboración de personajes como
Pompeo Neri, el autor de la ley que liberalizó el comercio de granos en 1767. En 1770 se inició una supresión gradual de los gremios
y, a comienzos de los ochenta, se eliminaron las aduanas interiores. Asimismo y a cambio de un canon anual fijo, el gran duque
entregó a los aparceros tierras de la Corona con finalidad de promover la propiedad, y procuró mejorar la formación de los
campesinos.
• Otro de sus colaboradores ilustrados fue Giulio Rucellai, principal artífice de la política regalista, cuyas realizaciones fundamentales
fueron la abolición del derecho de asilo en sagrado, el “exequatur”, el cierre del Tribunal del Santo Oficio y la supresión de la
nunciatura en Florencia.
• También se publicó un Código Penal, inspirado en Beccaria que, entre otras medidas, suprimía la tortura, la pena de muerte y la
confiscación de bienes del condenado. Fue sin duda la principal realización del absolutismo ilustrado toscano, pues el proyecto de
redactar una constitución que implicaba la separación de poderes, se quedó en un borrador. En 1790, cuando partió hacia Viena, una
fuerte reacción popular manifestaba los numerosos descontentos ocasionados por sus reformas.
• También hubo importantes iniciativas reformistas en los reinos de Nápoles y Sicilia, y los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla.
• La complejidad de la historia napolitana hizo que el rey Carlos fuera conocido como Carlo di Borbone, sin el uso de los habituales
ordinales de los reyes. Carlos llevó a cabo una amplia política reformista, antecedente del posterior absolutismo ilustrado, ayudado
en los primeros años por el conde de Santisteban y José Joaquín de Montealegre, y posteriormente por el jurista toscano Bernardo
Tanucci.
• Sus reformas buscaban imponer la superioridad política e institucional del monarca y recortar los poderes de los barones, la nobleza
togada y la Iglesia, por lo que suprimió el poderoso Consejo Colateral napolitano y creó una Junta de Gabinete y varias secretarías,
de acuerdo con el modelo de la España de Felipe V.
• El deseo de promover el crecimiento económico del reino en el marco del mercantilismo llevó a la creación de una Junta de
Comercio, recuperando la que ya existiera en el periodo austriaco. En 1739 se instituyó el Supremo Magistrado de Comercio, tribunal
con amplias competencias en cuestiones económicas y no solo puramente mercantiles.
• Otras de las muchas medidas que se pusieron en práctica fueron la reforma de la jurisdicción feudal de los barones o los intentos de
reorganización hacendística.
• Dos importantes manufacturas nuevas fueron las de seda de San Leucio y la de porcelana de Capodimonte, creada en 1750. Carlos
intentó también introducir fábricas de cristales y de espejos. Especialmente importante fue también la fábrica de arcabuces de Torre
Anunziata.
• Las reformas siguieron tras la marcha de Carlos III a España. El marcado protagonismo de Tanucci continuó hasta 1767, durante la
minoría de edad de Fernando IV (1759-1825), y se mantuvo después hasta 1777, cuando fue destituido por influencia de la reina
María Carolina de Habsburgo.
• En los años posteriores, continuaron los esfuerzos de reforma administrativa y legislativa, así como la lucha contra los privilegios
feudales y eclesiásticos. También fueron importantes las realizadas en Sicilia por el virrey Domenico Caracciolo quien, entre otras
acciones, limitó la jurisdicción señorial y proyectó la elaboración de un catastro que no llegó a concluirse. Tras la caída de Tanucci,
María Carolina trató de alejar a Nápoles de la órbita española, en beneficio de una alianza con Austria e Inglaterra.
• Especial importancia tiene el regalismo napolitano, conocido también como iurisdiccionalismo. Su vigor se basaba en la fuerza que
había tenido ya a finales del siglo XVII, vinculado habitualmente al poder político y centrado en las relaciones con las autoridades
religiosas del reino.
• El principal respaldo teórico del nuevo regalismo era la “Historia Civile del Regno di Napoli” de Giannone, publicada en el periodo
austriaco. La influencia del conocido como giannonismo decayó tras la instauración de un reino autónomo, que le quitaba su carga
político nacional, pero su huella permaneció en el regalismo o jurisdiccionalismo napolitano, que habría de llegar a su esplendor en
la época de plena Ilustración.
• En 1741, Carlos III y Benedicto XIV firmaron un concordato, que ponía fin a las tensiones anteriores. Ello confirió al rey ciertos
derechos fiscales y jurisdiccionales sobre la Iglesia, preludio de la supresión en el reino de la Inquisición romana, que se llevó a
cabo en 1746.
• El reinado de su hijo fue también un periodo plagado de tensiones jurisdiccionales e intentos de imponer tributos a la Iglesia o limitar
el número de eclesiásticos. La expulsión de los jesuitas a finales de 1767 dio pie a la expropiación de sus muchos bienes, así como
intentos de reformar la enseñanza a partir de los proyectos del ilustrado Antonio Genovesi.
• En las propiedades territoriales expropiadas en Nápoles y Sicilia hubo iniciativas de reforma agraria en la línea propuesta por los
ilustrados.
• En los años ochenta, la política reformista en Sicilia del virrey Domenico Caracciolo abolió la Inquisición en dicho reino. El punto
culminante de la política regalista fue la supresión en 1789 de la “chinea”, ofrenda simbólica que reconocía anualmente la
dependencia feudal del reino de Nápoles respecto a Roma.
• A los primeros soberanos de la Casa de Borbón se dio también la realización de algunas importantes obras públicas y culturales,
como el empuje dado a las excavaciones de Pompeya y Herculano, la construcción del teatro San Carlo y la creación de los palacios
de Caserta, Capodimonte y Portici.
• Sin embargo, el balance de las reformas fue escaso, en buena parte por la resistencia de la gran mayoría de los grupos dominantes.
Más que a la dinastía, los avances se debían a fuerzas sociales nuevas, las cuales habían ido emergiendo en el reino ya antes de la
llegada de los Borbones, con un importante protagonismo de la Ilustración napolitana. Cuando se produjo en Francia la Revolución,
los Borbones napolitanos abandonaron la política reformadora.
• Los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla, pertenecientes a Felipe de Borbón (1748-1765), destacaron sobre todo por su
regalismo, que fue uno de los más marcados de Europa en los años sesenta, por iniciativa sobre todo del francés Guillaume Dutillot.
• En 1764, se limitó el derecho de amortización; al año siguiente, muchas de las propiedades eclesiásticas fueron sometidas a tasación,
lo que recortaba fuertemente la inmunidad fiscal del clero. A comienzos de 1768, se prohibió la apelación a tribunales extranjeros,
se estableció el “exequatur” y fueron expulsados los jesuitas, lo que permitió una reforma educativa.
• El Papado contraatacó y en enero de 1768, el breve de Clemente XIII conocido como “Monitorio de Parma” reafirmaba el origen
pontificio del ducado, anulaba los edictos emitidos desde 1764 en materia eclesiástica y amenazaba a sus autores con la excomunión.
Dutillot no se amedrentó y contestó con la confiscación de los bienes de algunas congregaciones religiosas y la supresión de la
Inquisición.
• No obstante, el nuevo duque, Fernando I (1765-1802) destituyó a Dutillot, se reconcilió con Roma y dio marcha atrás en muchas de
las medidas regalistas de los años anteriores.
• En Saboya, las reformas heredaban las que se pusieron en práctica ya en el siglo XVII, sobre todo en los primeros años del largo
periodo de gobierno de Víctor Amadeo II, que llega hasta 1730.
• La principal de ellas fue la realización de un catastro, iniciado en 1697. De esta forma, pudo reincorporar a la Corona algunos
territorios usurpados, así como reducir las tierras libres de impuestos, el número de feudos, los derechos feudales y las exenciones
fiscales de los privilegiados.
• La sagacidad del duque durante la Guerra de Sucesión de España le proporcionó grandes réditos, permitiéndole conseguir el título
de rey que, entre otras ventajas, facilitaría la culminación de sus reformas centralizadoras.
• Después de la guerra, creó nuevos consejos de gobierno y reforzó las competencias de los intendentes, que extendió a los nuevos
territorios incorporados de Monferrato y Cerdeña. Asimismo, promovió la codificación de las leyes en las llamadas Constituciones
piamontesas (1723-1729) y suprimió la venta de los cargos de justicia.
• Otra de sus reformas fue la de los estudios universitarios de Derecho, lo que le costó el enfrentamiento con las órdenes religiosas,
que habían dominado hasta entonces la universidad. Esto le llevó a expropiar alguno de sus bienes, con los que creó una red de
escuelas públicas y creó el Collegio della Province. Pese a que los logros de las reformas educativas que emprendió no fueron
excesivos, constituirían un modelo para los gobernantes ilustrados de tiempos posteriores.
• Durante el reinado de Carlos Manuel III (1730-1773), el reformismo estuvo representado sobre todo por Giovanni Battista Bogino,
quien llevó adelante iniciativas como la reorganización de la administración local o el comienzo de un catastro en las provincias
recién incorporadas.
• Su medida más importante, sin embargo, fue la abolición de la feudalidad en Saboya en 1771. Desde 1759, Bogino se ocupó en la
corte de los asuntos de Cerdeña, donde modificó los órganos de gobierno y los tribunales de justicia, redujo la jurisdicción señorial,
promovió la cultura ilustrada y extendió a las universidades de Cagliari y Sassari las reformas realizadas en Saboya.
• Víctor Amadeo III (1773-1796) continuó la política de su padre y en 1783 fundó la Academia de Ciencias de Turín.
• Apenas pudo hablarse de reformismo ilustrado en las repúblicas oligárquicas de Venecia y Génova.
• En la primera de ellas, lo más destacado fue el regalismo. Por medio de la Deputazione ad Pias Causas, creadas en 1766, el senador
Andrea Tron logró reducir las competencias del Santo Oficio, limitar las amortizaciones eclesiásticas, suprimir algunos conventos
o prohibir la publicación de la bula “In coena Domini”, documento pontificio en el que se especificaban todas las excomuniones.
En el terreno económico, las únicas medidas importantes fueron la libertad de exportación de los cereales o el desarrollo de la marina
mercante, que no frenó, sin embargo, la decadencia de Venecia en el comercio internacional, a la que se unía el malestar de los
sectores burgueses excluidos del poder político.
• Más tradicional fue la política de Génova, donde el descontento popular contra el gobierno del patriciado, que dejaba fuera a otros
sectores sociales y a la nobleza provincial, se puso de manifiesto en la insurrección de 1746, motivada directamente por la ocupación
militar austriaca. La situación, sin embargo, continuó sin cambios, agudizando el malestar de territorios como la isla de Córcega, la
cual desde 1729 estaba en una situación de casi permanente rebeldía que llevaría al Senado genovés a vendérsela a Francia en 1768.
• Por su parte, el Papado experimentó un claro retroceso en el siglo XVIII como consecuencia de la política regalista de numerosos
príncipes católicos, las críticas procedentes de la Ilustración, la progresiva desacralización de la existencia o el avance de la
descristianización. Tal retroceso provocó un descenso de las cantidades de dinero que los papas recibían de los países católicos y
alentó las tensiones separatistas en el interior de los Estados Pontificios, agudizadas por los efectos negativos de las campañas
militares en el curso de las guerras de sucesión de la primera mitad del siglo. Los pontífices de mayor relevancia fueron Clemente
XII, Benedicto XIV y Pío IV. Si el primero llevó a cabo un reformismo político y económico, que aumentó la autonomía de algunos
territorios, y trató de mejorar las comunicaciones y estimular el comercio, Benedicto XIV intentó abrirse al pensamiento ilustrado,
mejorar las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, y establecer cauces de entendimiento con los soberanos católicos a través de
concordatos. Por su parte, Pío IV inició la elaboración de un catastro y promovió asimismo el libre comercio.
La España de los Borbones
• En España, el cambio dinástico que se produjo con la llegada al trono de Felipe V (1700- 1746) propició una serie de reformas que
afectaron tanto a la estructura constitucional de la Monarquía como a su sistema de gobierno.
• Existía la conciencia de la necesidad de cambios, muchos de los cuales se pusieron en práctica o se probaron ya durante el reinado
de Carlos II.
• Luis XIV, su corte y los franceses que acompañaban al joven rey consideraban necesario reducir el poder político de la alta nobleza
y reordenar el sistema de gobierno en un sentido similar a lo que se había hecho en Francia, con el resultado de un notable incremento
del poder real y una mayor centralización.
• La sublevación de los territorios de la corona de Aragón contra Felipe V proporcionó al rey una oportunidad para avanzar en la
centralización, dentro de la lógica jurídica de la época, que entendía que tales reinos y estados habían perdido todos sus privilegios
por el delito de lesa majestad. Sucesivos decretos de Nueva Planta promulgados en 1707 y 1716 abolieron las constituciones
privativas e instituciones de los diversos territorios de aquella corona, en los que se crearon nuevos organismos de gobierno
claramente dependientes del poder real.
• En el terreno legal, y a excepción del Derecho civil catalán, que subsistió, los territorios de la Corona de Aragón fueron sometidos
en adelante a las leyes de la corona de Castilla, aboliéndose también el privilegio de extranjería, que reservaba los puestos públicos
a los naturales.
• En cuanto a la fiscalidad se creó un impuesto nuevo que pretendía ser equivalente a las llamadas rentas provinciales de Castilla,
formadas por una gran variedad de tributos, si bien su contribución quedó bastante por detrás de la castellana.
• La abolición de las aduanas entre Castilla y la corona de Aragón favoreció a las economías más prósperas de la periferia catalana o
valenciana. La presencia de los comerciantes catalanes fue tal que en 1783 lograrían quebrar el monopolio madrileño de los Cinco
Gremios Mayores. Asimismo, la Nueva Planta facilitó a los súbditos de la Corona de Aragón el acceso al comercio en América.
• A partir de la Nueva Planta, solo el reino de Navarra y las provincias vascas, que fueron leales a Felipe V, mantuvieron sus
constituciones y particularidades institucionales y jurídicas. Pero la centralización no se limitó a la corona de Aragón.
• Los cambios afectaron también a la corte, donde los consejos de tiempos de los Austria fueron postergados por un Despacho o
Consejo de Gabinete, en el que un grupo reducido de personajes dirigían el gobierno.
• Con el tiempo, el Consejo de Gabinete (que desaparecería en los años veinte), fue perdiendo importancia en favor de una serie de
secretarías de estado y del despacho, que suponían la transformación del régimen de gobierno colectivo de los consejos en otro
individual, antecedente de los futuros ministros. Aunque el número de secretarías varió, desde 1721 y durante la mayor parte del
siglo hubo cinco (Estado, Guerra, Marina e Indias, Hacienda y Justicia). Los consejos pervivieron, a excepción de los de Aragón,
Italia y Flandes, pero quedaron marginados de la toma de decisiones políticas. La única excepción fue el Consejo de Castilla, que
extendió su poder a la corona de Aragón y se convirtió en un organismo fundamental en el gobierno interior y la administración de
justicia. Junto al Consejo de Castilla, mantuvieron su importancia algunas juntas, especialmente la de Comercio y Moneda. Las
Cortes de Castilla se extendieron también a la corona de Aragón, pero su poder fue prácticamente inexistente, pues fueron
convocadas únicamente en tres ocasiones.
• El reinado de Felipe V fue una etapa de mejora económica basada en el mercantilismo, así como de reconstrucción militar y naval,
si bien las diversas guerras dejarían a la Hacienda en situación precaria a la muerte del soberano.
• Fernando VI (1746-1759) fue el preludio de la política reformista posterior. La situación de paz y la mejora de la Hacienda hicieron
posible toda una serie de medidas y proyectos, cuyo principal responsable fue el marqués de la Ensenada. Junto con la reconstrucción
naval, se empezó la construcción de caminos y canales y se creó el Real Giro, primer esbozo de un banco nacional, que fue suprimido
tras la caída de Ensenada.
• Pero su principal proyecto fue el intento de sustituir las rentas provinciales de la corona de Castilla por un impuesto único
proporcional a la riqueza, a imitación de los que la Nueva Planta había introducido en la corona de Aragón. Para ello, ordenó la
realización del llamado Catastro del marqués de la Ensenada (1749-1759), dedicado a conocer la población y la estructura económica
y social de las diferentes provincias de Castilla. Pese a que el llamado proyecto de la Única Contribución fracasó, la amplia
información que dejó el Catastro constituye una de las más exhaustivas pruebas de las que disponemos sobre la población, la
economía y la sociedad de un territorio a mediados del siglo XVIII.
• Durante el reinado de Fernando VI; también se firmó con Roma el concordato de 1753, que ponía fin a los conflictos regalistas del
reinado anterior y reconocía al rey de España el patronato universal o derecho de presentación de todas las dignidades eclesiásticas
en España e Indias. El rey recibiría en adelante los bienes de las sedes episcopales vacantes, que anteriormente pertenecían al papa,
quien renunció asimismo a una serie de reservas o derechos económicos.
• El reinado de Carlos III (1759-1788) marca el momento culminante del absolutismo ilustrado en España. En la cúspide del poder,
comenzaron a aparecer una serie de juntas o reuniones de los secretarios de estado y del despacho, cuya importancia progresiva
llevó a la creación de la efímera Junta Suprema de Estado (1787-1792), que encabezaría el conde de Floridablanca. Cuando el conde
de Aranda le sustituyó como secretario de estado, la Junta fue suprimida y el decaído Consejo de Estado se convirtió en la principal
institución de la Monarquía.
• Su política reformista abarca múltiples campos, desde el ejército a la economía, la educación o el sistema de valores sociales
imperante. Una serie de gobernantes ilustrados, como el conde de Campomanes, el conde de Aranda o Gaspar Melchor de Jovellanos,
pusieron en práctica buen número de iniciativas reformistas, encaminadas a conseguir un progreso económico y social basado en las
ideas de la Ilustración y respaldado por la minoría social reformista, la cual se agrupaba en las sociedades económicas de amigos
del país que surgieron por doquier.
• En el ámbito de la economía, se realizaron proyectos de reforma agraria, repoblaciones, ataque a los privilegios de la Mesta, la
libertad del comercio interior de granos, la construcción de caminos y canales, el fin del monopolio del comercio con América, la
protección de una serie de compañías mercantiles monopolistas, el establecimiento de manufacturas reales, la protección al trabajo
artesanal, la atracción de artífices extranjeros conocedores de nuevas técnicas, la erosión del sistema gremial o la creación del Banco
de San Carlos, el primer Banco Nacional, en 1782.
• Otra serie de medidas tendieron a limitar el poder de los estamentos privilegiados. En este sentido, se llevó a cabo una tímida política
de incorporación de señoríos a la corona, una destinada a disminuir las atribuciones jurisdiccionales de los señores y evitar abusos,
se criticó los mayorazgos y la amortización de la tierra, se procedió a la expulsión de los jesuitas, el ataque a la casta de los colegiales
mayores mediante la reforma de tales instituciones, que dominaban ampliamente los oficios y cargos públicos, el control de la
Inquisición y la merma progresiva de sus atribuciones, las reformas municipales y los intentos para reincorporar a la Corona los
oficios municipales enajenados, la creación de la orden de Carlos III para premiar el mérito y la virtud, o la dignificación de los
oficios mecánicos.
• En cuanto a la Iglesia, en estos años arreciaron las voces a favor de una desamortización eclesiástica. La expulsión de los jesuitas,
una de las medidas más conocidas de su reinado, hizo posible la apropiación de sus bienes por parte de la Corona. Asimismo, Carlos
III confirmó unilateralmente el “exequator” en 1768, imprescindible para la ejecución de las disposiciones pontificias.
• Sin embargo, muchas de estas iniciativas carecieron de coherencia, no tuvieron la eficacia deseada, o no pasaron de la categoría de
proyectos.
• Por otra parte, el ataque a los estamentos privilegiados y a los centros tradicionales del poder, aunque con frecuencia tímido, no dejó
de suscitar reacciones en contra que contribuyeron en muchos casos a abortar las iniciativas reformistas. El motín de Esquilache en
Madrid en 1766 estuvo en buena parte orquestado por los aristócratas descontentos. En el terreno político se iniciaba una división
entre dos grupos: los partidarios y los enemigos de las reformas, que reproducían bastante fielmente la fractura ideológica en pro y
en contra de la Ilustración. Pero, pese a sus timideces y fracasos, el reformismo ilustrado tuvo un efecto benéfico, favorecido
inicialmente por la buena coyuntura económica.
• La crisis revolucionaria francesa lo cambió todo. Provocó una fuerte reacción en contra de todo lo que se consideraba excesos de la
Ilustración. De hecho, los propios impulsores de la política de reformas, como Floridablanca, dieron marcha atrás, asustados por el
sesgo de los acontecimientos franceses.
• El reinado de Carlos IV (1788-1808) mantuvo ciertas iniciativas reformistas, entre las que destaca la desamortización de 1798 o de
Godoy, que afectaba a bienes raíces de instituciones vinculadas a la Iglesia. Sin embargo, hechos como la guerra en la que se vio
envuelta España, la progresiva dependencia de la Francia revolucionaria, el fin de la expansión demográfica, la mala coyuntura
agrícola, la desastrosa situación de la Hacienda o la propia y fundamental crisis política que llevó a la caída de Godoy y a la
abdicación de Carlos IV en 1808, anunciaban el periodo final del Antiguo Régimen.
Portugal
• En los primeros años de la Guerra de Sucesión de España, Pedro II de Portugal cambió su anterior alianza con Luis XIV por la
vinculación a Inglaterra con el tratado de Methuen de 1703.
• Sería el inicio de una dependencia secular de Portugal respecto a Gran Bretaña que, si bien lo situó en una
9 posición semicolonial, tuvo como contrapartida el apoyo británico en la defensa de su imperio.
• El rey Juan V (1706-1750) se vio favorecido por el hecho de que los portugueses encontraron importantes cantidades de oro en
Brasil, origen de una gran prosperidad económica. El problema es que el oro que llegaba a las arcas reales no se utilizó para
modernizar la economía portuguesa. Eso sí, la riqueza permitió a la Corona avanzar hacia el absolutismo, de lo que es buena prueba
el hecho de que las cortes no fueron convocadas entre 1698 y 1820. La construcción del palacio de Mafra, la complicación de los
rituales cortesanos o el mecenazgo cultural fueron otras manifestaciones de tal proceso.
• Juan V comenzó a sustituir los consejos de gobierno por secretarías de estado, creándose inicialmente tres: una para los asuntos del
reino, otra para los territorios de ultramar, y la tercera para la diplomacia y la guerra. Sus relaciones con Roma fueron también
tensas, incluido un periodo de ruptura entre 1728 y 1732, pero finalmente el monarca recuperó el derecho de presentación de los
obispos.
• El absolutismo ilustrado portugués tendría lugar en el reinado de José I (1750-1777) y su figura principal fue Sebastiâo José de
Carvalho e Melo, marqués de Pombal.
• Este dirigió el país con mano dura desde los primeros años cincuenta hasta 1777, se esforzó sobre todo por impulsar el crecimiento
de la economía tanto en Portugal como en Brasil, lo que exigía atemperar el dominio que Gran Bretaña ejercía sobre ellos. Una de
sus primeras reformas estuvo dirigida a reformar el comercio colonial en el que adoptó medidas para reducir el contrabando británico
y fundó la Compañía de Grâo Pará e Maranhâo (1755), que recibió el monopolio del comercio con el norte de Brasil y el Amazonas.
En Portugal fundó la Companhia General da Agricultura das Vinhas do Alto Douro en 1756, encaminada a proteger los intereses de
la nobleza terrateniente de la región, cuyos miembros eran los grandes productores, frente al dominio británico del comercio de sus
vinos.
• Sin embargo, al asignar a los grandes productores el derecho exclusivo a la venta, generó un grave perjuicio para los productos
menos importantes y otras gentes vinculadas a la venta local del vino, cuyo malestar llevó a un motín en Oporto en 1757, que, si
bien forzó a la Compañía a restablecer la libertad de producción y venta, mostró la intransigencia de Pombal. La ciudad fue tomada
al asalto y el motín, duramente reprimido.
• Pombal fue uno de los grandes enemigos de la Compañía de Jesús, con la que le enfrentaban, entre otras razones, la defensa que esta
hacía de sus reducciones en América frente a la rectificación de fronteras acordada por el tratado de Madrid de 1750, o el deseo de
acabar con la exención fiscal de que disfrutaban las misiones jesuíticas en el norte de Brasil.
• La rebelión de los indios guaraníes contra el gobierno portugués fue lo que finalmente empujó a Pombal a proceder a su expulsión.
En 1758, se produjo un intento de asesinato de José I, el cual dio lugar a una investigación que llevó al arresto de varios nobles de
la familia Távora, con la que Pombal estaba enfrentado. El duque de Aveiro y varios miembros de la familia Távora fueron
condenados a muerte y el resto de la familia, a prisión. También resultaron inculpados algunos jesuitas y, en 1759, Portugal se
convirtió en el primer países que los expulsaba.
• En los años siguientes se incrementaron las reformas. En 1759 se constituyó una nueva compañía privilegiada, la de Pernambuco y
Paraíba, la cual estimuló la importación de mano de obra africana y logró aumentar de forma notable la producción azucarera de
aquellas capitanías al norte de Brasil. En 1761, creó el Erario Régio, que centralizaba la gestión de la hacienda portuguesa.
• Otro aspecto de su política fueron las malas relaciones con Roma.
• La oposición pontificia a autorizar el matrimonio de la princesa heredera María con su tío Pedro, hermano del rey, dio lugar a una
ruptura de relaciones entre 1760 y 1769. El ministro aprovechó estos años para establecer el “exequatur” y la superioridad de los
tribunales portugueses sobre los jueces eclesiásticos, autorizándolos a revisar las decisiones de éstos. Asimismo, actuó contra la
Inquisición, cuyas competencias quedaron muy reducidas.
• Se produjo también una reforma educativa, con el objetivo de reorganizar los planes de estudio y subordinar la enseñanza al poder
civil.
• Sin embargo, hechos como la invasión española en 1762, las presiones británicas contra las compañías monopolísticas, o la crisis
económica de principios de los años setenta, tras el descenso en la producción del oro brasileño, frenaron las reformas. Aunque
Pombal trató de compensar la crisis promoviendo las manufacturas, la reducción del precio del azúcar brasileño por la competencia
de otros productos agravó la situación.
• Muchos de los enemigos de la política de Pombal se acercaron a la heredera al trono, por lo que, a la muerte del rey en 1777, el
ministro fue cesado y sometido a un proceso legal que no llegó a concluir. Con él cayeron algunos de sus colaboradores, al tiempo
que quedaban en libertad muchos de los encarcelados y regresaban al país los exiliados. Parte de su obra fue desmontada, pero otras
disposiciones siguieron vigentes.
• El reinado de María I (1777-1816) continuó las reformas, aunque a un ritmo más pausado. En los años noventa, cuando el futuro
Juan VI asumió la regencia, alcanzaron puestos importantes algunos colaboradores de Pombal, que rescataron iniciativas anteriores,
como la supresión de los bienes de manos muertas o la reforma del sistema penitenciario.
Tema 10 El Báltico y el este europeo en el siglo XVIII
Conflictos en el Báltico y el noreste Los repartos de Polonia.
• Coincidiendo con la Guerra de Sucesión de España tuvo lugar la llamada Gran Guerra del Norte (1700- 1721).
• Todo comenzó cuando el nuevo rey de Polonia, Augusto II de Sajonia, formó una coalición con Rusia y Dinamarca. A comienzos
de 1700, el ejército danés invadió Gottorp, cuyo territorio reclamaba frente a Federico de Holstein, cuñado del rey de Suecia. Las
tropas de Augusto II atacaron Riga y los rusos, Narva.
• Entonces, Carlos XII marchó sobre Copenhague, obligó a Federico IV a separarse de la coalición y a reconocer la independencia
del ducado de Holstein-Gottorp. Meses después, su ejército derrotó a Pedro I de Rusia en Narva. En 1701, levantó el asedio de Riga
y se apoderó de Curlandia.
• A mediados de 1702 invadió Polonia, conquistó Varsovia y derrotó a Augusto II en Klissow, lo que le permitiría en los años
siguientes dominar Polonia, hasta el punto de que destituyó a su rey y nombró en su lugar a Estanislao Leczinski (1704). Más tarde,
invadió Sajonia y forzó a Augusto II a renunciar a la corona polaca y a separarse de la coalición en 1706.
• Luis XIV, en plena Guerra de Sucesión de España, le propuso que atacara a su enemiga Austria, pero la intervención personal del
duque de Malborough y una serie de concesiones hechas por el emperador José I hicieron que Carlos XII desatendiera las
proposiciones francesas y se enfrentara a Rusia. El zar, obsesionado por la búsqueda de una salida al Báltico, entre 1701 y 1705 se
había apoderado de Ingria, Carelia, Estonia y Livonia, todos los cuales pertenecían a Suecia.
• De nuevo, Carlos XII lanzó un gran ataque, pero concibió la descabellada idea de atacar Moscú. Su expedición, iniciada en a finales
de 1707, fue un fracaso. El hambre y el frío del invierno de 1708-1709 desgastaron sus fuerzas, que fueron severamente derrotadas
por los rusos ante los muros de Poltava en julio de 1709.
• La derrota activó la coalición antisueca de Rusia, Polonia y Dinamarca. Augusto II recuperó Polonia, los daneses invadieron Escania
y los rusos tomaron Riga, Reval y Viborg (1710). La Pomerania sueca fue invadida por los coaligados, que en 1713 recibieron la
adhesión de Prusia, y en 1715 la del rey de Inglaterra y elector de Hannover, Jorge I. La conquista por Prusia de Stettin, junto al
Oder, amenazó la presencia de Suecia en el norte de Alemania, por lo que Carlos XII, que se había fugado de la prisión turca de
Demotika (1714), acudió a defender Stralsund. A finales de 1715, dicha localidad cayó, junto con la isla de Rügen, en manos de sus
enemigos.
• Posteriormente, Carlos XII decidió conquistar Noruega. Inició asimismo un acercamiento a Rusia en clave antibritánica, que incluía
el apoyo de los destronados Estuardo. Pese a la guerra existente entre ambos, el acuerdo con Rusia no parecía una quimera, pues el
zar Pedro I ya había logrado su objetivo de consolidar la presencia rusa en el Báltico. Sin embargo, la aventura del monarca sueco
acabó poco después, pues murió tras su derrota en el sitio de Friedrikshald en 1718.
• Suecia se vio obligada a firmar la paz con Hannover, Prusia y Dinamarca en los tratados de Estocolmo (1719-1720), por los que
cedió a Dinamarca el Schleswig; a Prusia, buena parte de la Pomerania occidental, con Stettin, situada junto a la desembocadura del
Oder; y a Hannover, los territorios de los obispados de Bremen y Verden. En el norte de Alemania, únicamente logró conservar
Stralsund, Wismar y la isla de Rügen.
• En 1721, firmó con Rusia la Paz de Nystad, por la que esta devolvió a Suecia la Finlandia meridional, pero se le reconoció la
posesión de Ingria, Estonia, Livonia y una parte de Carelia con Viborg, y recibió además las islas Dago y Ösel, todo lo cual reforzaba
su presencia en el Báltico. En el terreno económico, fue abolida la exención de la aduana danesa que disfrutaban los barcos suecos
que atravesaban el Oresund.
• Al igual que en Occidente, las paces de Estocolmo-Nystad, que repartieron el Imperio sueco, sancionaron en el Báltico una situación
de equilibrio, con la aparición en él de Rusia, cuya presencia inquietaba a Gran Bretaña.
• El Báltico vivió un siglo XVIII bastante pacífico, solo interrumpido por las repercusiones tangenciales de los grandes conflictos
europeos: la guerra sueco-rusa (1741-1743), que fue un conflicto menor en el marco de la Guerra de Sucesión de Austria, y la
intervención de Suecia en la Guerra de los Siete Años, dentro del bando francés (1757-1762), o bien el conflicto de Suecia con Rusia
entre 1788 y 1790, aprovechando una de las guerras ruso-turcas.
• En todos estos casos, Suecia tuvo un papel protagonista, si bien carecía de la fuerza que poseyera hasta comienzos de siglo, como
lo prueba el hecho de que no lograse recuperar ninguno de los territorios perdidos en 1720-1721. La presencia de Rusia en la zona
oriental del Báltico fue un elemento estabilizador, como también el interés esencialmente continental de la política de Prusia o el
pacifismo y la menor capacidad naval y militar de Dinamarca.
• De todas las potencias de la zona, la más importante fue sin duda Rusia que, además de su alianza y protección a Dinamarca, llegaría
a ejercer una cierta tutela sobre Polonia y también, en algunos periodos, sobre Suecia.
• La alianza entre Prusia y Rusia de 1764 fue muy importante, pues no solo establecía un mutuo apoyo defensivo del que quedaban
excluidos los posibles ataques de los turcos a Rusia, sino que ambos países se comprometían a mantener sin cambios la situación de
Polonia y Suecia. Era la conocida como Alianza del Norte o Sistema Nórdico, que respondía también al deseo de regular el Báltico
y la Europa del noreste, sin intervención de las potencias occidentales. Rusia deseaba asegurar la paz en la zona para llevar adelante
una serie de reformas interiores, y Prusia, temerosa del enorme poder que habían mostrado los rusos en la Guerra de los Siete Años,
quería controlarlo. La alianza posterior de Catalina II con José II en 1781 puso las bases para un acuerdo más amplio.
• El gran problema en la Europa del noreste era Polonia, cuya difícil estabilidad se veía comprometida con cada nueva sucesión. La
influencia en este territorio de Rusia fue creciente, pero también Prusia y Austria tenían ambiciones sobre el territorio polaco, lo que
explica que acabara utilizándose como base de un acuerdo entre las tres potencias, a costa de su división.
• La posibilidad de resolver mediante un reparto un determinado problema político de interés internacional había surgido ya, vinculado
también a la idea de equilibrio, lo que serviría de justificación para su división entre los tres países interesados.
• En virtud del primer tratado de reparto de Polonia (1772), Catalina II anexionó parte de la Livonia polaca y la Rusia Blanca
(Bielorrusia) hasta el Dvina y el Dniéper. Por su parte, María Teresa y José II se hicieron con Galitzia oriental y la Pequeña Polonia,
menos Cracovia, y Federico II se quedó con la Prusia occidental a excepción del puerto de Danzig y Thorn, así como el territorio
polaco hasta el río Netze. Únicamente Francia, poco influyente ya en la zona, intentó sin éxito impedir el reparto.
• Además de Polonia, el otro objetivo de la alianza entre Prusia y Rusia en 1764 era mantener el statu quo en Suecia, donde Rusia se
oponía al absolutismo de Gustavo III y alentaba la oposición contra él. En 1788, el monarca sueco atacó San Petersburgo. Dinamarca,
aliada de Rusia, le declaró la guerra, aunque fue forzada por Gran Bretaña y Prusia a cesar las hostilidades. El rey de Suecia llegó a
negociar un acuerdo con los turcos en 1789 y trató de conseguir también el apoyo de Polonia.
• En 1790 se formó una alianza antirrusa a partir de la triple alianza entre Gran Bretaña, Prusia y las Provincias Unidas. Catalina II
firmó en 1790 un acuerdo de paz con Suecia, en el que, si bien no hubo cesiones territoriales, aceptaba el instrumento de gobierno
sueco de 1772 y se comprometía a no intervenir en la política interior de Suecia.
• Al año siguiente, Gustavo III estableció una alianza con Rusia (1791), que buscaba sobre todo su protección ante el temor a que su
reino se viera afectado por movimientos revolucionarios como los de Francia.
• El temor a que el espíritu revolucionario francés influyera en la efervescencia nacionalista de Polonia llevó a Catalina II a pactar
con Prusia el segundo reparto de aquella en 1793. Así, Rusia incorporó Podolia, la Ucrania occidental y el oeste de Bielorrusia (gran
parte de Lituania) y Prusia se quedó con Danzig, la región de Thorn y Posnania. Los acontecimientos revolucionarios de Francia
estaban extendiendo la idea de que solo una coalición de los demás países podría restaurar en ella la autoridad real, lo que ya en
1791 había propiciado la reconciliación de Austria y Prusia, y reuniría a ambas con Rusia para pactar el tercer y último reparto de
Polonia, que borró del mapa dicho país en 1795. Rusia obtuvo Curlandia y el resto de Lituania; Austria, la Polonia meridional con
Cracovia, y Prusia se quedó con el territorio restante, incluyendo Varsovia.
El retroceso internacional de Turquía
• Tras la victoria de Pedro I el Grande sobre los suecos en Poltava, el zar intervino en la zona de Ucrania, como aliado de los príncipes
de Moldavia y Valaquia, con la intención de expulsar a los otomanos. Sin embargo, su derrota en el río Prut en 1711 le obligó incluso
a devolver Azov a los turcos. El sultán entregó entonces los principados autónomos de Moldavia y Valaquia a griegos del barrio
ortodoxo de Fanar, en Estambul, que en adelante serían conocidos como los príncipes fanariotas.
• En 1715, el contraataque de los turcos para reconquistar la Morea propició la firma de una alianza defensiva entre Austria y Venecia,
y el inicio de una nueva guerra contra el Imperio turco. Tras una serie de victorias, Eugenio de Saboya reconquistó Belgrado en
1717, si bien se vio frenado por una epidemia. La intervención de Gran Bretaña y las Provincias Unidas llevó a la Paz de Passarowitz
de 1718, en la que los turcos recuperaron la península de Morea, pero hubieron de aceptar un retroceso mayor que el de 1699.
Austria, la gran beneficiada, recibía Temesvar, que completaba su dominio sobre Hungría, así como parte de Bosnia, el norte de
Serbia con Belgrado y la pequeña Valaquia.
• En 1735, los rusos tomaron de nuevo Azov y al año siguiente invadieron Crimea. Por su parte, las tropas de su aliado el emperador
invadieron Valaquia, la parte de Serbia en poder de los turcos y Bulgaria. Con el respaldo diplomático de Francia, Turquía firmó la
paz con Persia, lo que le permitió concentrar sus tropas en el Danubio y el mar Negro.
• Los turcos reconquistaron Nis e infligieron varias derrotas al ejército del emperador, mientras que en otro frente obligaban al ejército
ruso a retroceder hasta Ucrania.
• Pedro I se dio cuenta que los turcos eran un enemigo bastante difícil de batir, en buena parte por las condiciones de la guerra en el
sureste, con enormes distancias, grandes problemas de logística y abastecimiento y un menor desarrollo de los sistemas de
fortificación, lo que imponía un tipo de operaciones menos regular que las que se practicaban en otras zonas de Europa.
• En virtud de los tratados de paz de 1739, Rusia devolvió sus conquistas, a excepción de una pequeña franja territorial entre los ríos
Bug y Dniéper, y la fortaleza de Azov, que había de ser desmantelada. Además, las provincias del Cáucaso serían declaradas
independientes, y el mar Negro quedaba cerrado a los barcos rusos. En cuanto a Austria, restituía a Turquía la ciudad de Nis y las
posesiones que les había arrebatado en la Paz de Passarowitz, de las que Carlos VI únicamente conservaría el banato de Temesvar,
que serviría de frontera entre ambos imperios hasta 1914.
• Los intentos rusos por someter Crimea, que era un estado vasallo de los turcos, llevaron a Estambul a declarar la guerra a Rusia en
1768. El ejército ruso invadió Crimea, avanzó por Besarabia, Moldavia y Valaquia, y su flota del Báltico acudió al Mediterráneo e
infligió una severa derrota a los turcos en 1770.
• Prusia, Austria y Gran Bretaña no deseaban ver alterada la situación en la zona y solo Francia quería la continuación en la guerra,
con la esperanza de que el posible fracaso de Rusia le permitiera recuperar su influencia en Polonia.
• La petición de un armisticio por los turcos y las negociaciones para el reparto de Polonia interrumpieron la guerra, pero después de
realizado este Rusia atacó de nuevo los Balcanes, donde, tras varias alternativas, sus tropas llegaron hasta Bulgaria en 1774, lo que
obligó a los turcos a capitular.
• Por la paz de Kütchük-Kaynardja, Rusia devolvía Moldavia, Valaquia y Besarabia, quedándose solo con Azov y parte de la costa
en el mar Negro, pero obtenía concesiones como eran la libre navegación por el mar Negro y los estrechos de los Dardanelos y el
Bósforo, o el derecho a proteger a los ortodoxos existentes en el Imperio turco, además de la independencia de Crimea, que la dejaba
prácticamente en sus manos. De hecho, en 1783 se anexionó dicho territorio.
• Los turcos volvieron a declarar la guerra a Rusia en 1787, recibiendo esta el apoyo de su aliada Austria. Las operaciones militares
de Austria fueron un fracaso, agravado por la falta de apoyo de Rusia, que tampoco obtuvo buenos resultados. La presión de Prusia
y Gran Bretaña obligó a Austria a abandonar la guerra.
• Rusia, en la paz de Jassy de 1792, adquirió el territorio entre los ríos Dniéster y Bug, que consolidaba su dominio sobre la costa
norte del mar Negro y alejaba la posibilidad de que se estableciese una alianza entre los turcos y Polonia.
• En 1794, fundó en la costa de Ucrania la ciudad portuaria de Odesa. Los tratados firmados por Rusia y Turquía entre 1774 y 1804
hicieron desaparecer prácticamente las zonas autónomas entre ambos imperios, otorgando a los rusos importantes ventajas
mercantiles en las que subsistieron. El largo enfrentamiento con los turcos acababa con un retroceso de estos y la confirmación del
avance de Rusia en el sureste europeo.
Dinamarca y el reformismo
• El principal ejemplo de absolutismo ilustrado en el mundo báltico fue el de Dinamarca-Noruega. Los monarcas de la Casa
Oldemburgo se apoyaban para ello en una nueva nobleza de servidores civiles y militares, procedente sobre todo de Alemania,
Noruega o los ducados de Schleswig-Holstein, y también en la burguesía danesa, los cuales permitían mantener al margen a la
aristocracia terrateniente.
• El rey actúa con su Consejo o Gabinete, por debajo del cual se sitúan diversos colegios, encargados de la administración, si bien
pronto aparecieron las camarillas o clientelas propias de las monarquías absolutas. Frente a su anterior sumisión a Dinamarca, el
reino de Noruega tendió a ser considerado en pie de igualdad en este momento, extendiéndose la expresión de los Reinos Gemelos
para referirse a ambos.
• Los tres primeros reinados de Federico IV, Cristián VI y Federico V fueron de recuperación económica, antes del periodo reformista
de Cristián VII (1766-1808).
• Salvo la Gran Guerra del Norte, Dinamarca no volvió a verse inmersa en conflictos bélicos durante el resto de la centuria, lo que
favoreció su evolución económica. Apenas logró compensaciones en el tratado de paz de Estocolmo y, aunque consiguió en ellos
cesiones importantes, no logró su aspiración de incorporar la totalidad de los ducados de Schleswig y Holstein, que garantizaban su
seguridad. El mayor problema procedía de su enemigo y anterior vasallo el ducado de Holstein-Gottorp, vinculado habitualmente a
la política sueca y, más adelante, a Rusia.
• La guerra agravó la situación en el campo. En 1702, Federico IV había abolido la servidumbre, limitando la fijación del campesino
a la tierra a los seis años del servicio militar, pero la guerra y la depresión agrícola llevaron a restablecerla parcialmente en 1733,
adscribiendo al campesino durante los años en que podía ser reclutado, aumentados ahora a veintidós. Fue una medida que estabilizó
el trabajo en el campo y garantizó el aprovisionamiento de soldados, a la que se unieron posteriormente otras disposiciones de corte
mercantilista, como la creación de compañías privilegiadas para el comercio colonial, el apoyo a la marina, la promoción de las
manufacturas o la creación de un sistema crediticio en las ciudades, con la fundación del Banco de Copenhague en 1736.
• En tiempos de Federico IV se promovió la creación de 240 escuelas rurales en los dominios pertenecientes a la Corona. La primera
mitad del siglo contempló una expansión del pietismo procedente de Alemania. Con Federico V, la alta nobleza volvió a la dirección
de los asuntos públicos, en los que intervinieron también algunos alemanes, como el ilustrado Johann Bernstorff, quien dirigió la
política exterior entre 1751 y 1770, con el objetivo fundamental de mantener a Dinamarca fuera de los conflictos entre las potencias.
Si durante la Guerra de los Siete Años permaneció en la órbita francesa, el debilitamiento internacional de esta después de 1763 le
llevaría a la alianza con Rusia en 1765.
• El reinado de Cristián VII, durante el cual gobernaron otros por su enfermedad mental, vivió dos grandes periodos reformistas. El
primero, bajo el gobierno de Johann Friedrich Struensee, de 1770 a enero de 1772, y el segundo durante la regencia del príncipe
heredero, a partir de 1784.
• Durante el gobierno de Struensee, amante de la reina Carolina Matilde y médico del rey, se disolvió el Consejo y prescindió de los
colegios encargados de la administración. Hizo emitir dos millares de decretos y ordenanzas en alemán, los cuales imponían una
reforma autoritaria y un tanto radical, basada en ideas ilustradas que incluía la libertad ilimitada de prensa y expresión, la abolición
de la tortura, la reducción de la fiscalidad campesina, la tolerancia religiosa, la asistencia pública, la protección a la infancia y otra
amplia serie de medidas, entre las que no faltaban cuestiones relacionadas con la moral sexual.
• Pero, tal y como fueron dictadas sus disposiciones, lo que consiguió Struensee fue enfrentarse prácticamente con todos los poderes
de la época, desde la Iglesia a los terratenientes, la burguesía, la burocracia o la misma ciudad de Copenhague, cuya autoridad trató
de limitar.
• Tan amplio espectro de enemigos provocó su caída, preludio de su proceso y ejecución.
• La mayoría de sus medidas quedaron en nada, a excepción de la legislación de pobres y la mayor igualdad en el acceso a la justicia.
Y, aunque no desapareció, se redujo el derecho a la libertad de expresión.
• Ove Hoegh Guldberg restauró el Consejo y, entre 1772 y 1784, dirigió un gobierno conservador, contrario al reformismo y teñido
además de cierto nacionalismo tras el influjo extranjero y el intento de Struensee de imponer el alemán.
• El encargado de la política exterior hasta 1780 fue Andreas Peter Bernstorff, partidario de la paz. Gracias a la mediación de Rusia,
en 1773, Bernstorff logró incorporar a la corona el ducado de Holstein-Gottorp, que suponía reconstruir su soberanía directa sobre
los ducados de Schleswig-Holstein, a cambio de ceder al anterior duque los condados alemanes de Oldemburg y Delmenhorst,
cercanos a la ciudad de Bremen.
• En 1784, el futuro Federico VI se encargó de la regencia. Con la ayuda de Bernstoff, que fue la figura principal del gabinete hasta
su muerte en 1797, supo rodearse de una serie de ministros eficaces que impulsaron importantes reformas.
• Entre ellas sobresalen las agrarias. Se creó la Gran Comisión Agraria en 1786, cuyas deliberaciones eran públicas y fue la gran
impulsora de transformaciones que llevaron a la abolición de la servidumbre en 1788. La comisión propuso un contrato libre en
sustitución de la corvea, y una serie de medidas posteriores facilitaron el acceso de los campesinos a la propiedad de la tierra, al
tiempo que desaparecían los privilegios económicos de la aristocracia terrateniente y las funciones de gobierno que realizaban los
señores en sus anteriores dominios. Tales disposiciones iniciaron la transformación del sistema feudal imperante en el mundo rural
danés.
• El reformismo afectó también a la liberalización de las manufacturas y el comercio, que acabó con los monopolios. En 1797 se
rebajaron las tarifas aduaneras y se suprimieron muchas restricciones a la importación y en 1800 hubo una importante reforma
liberalizadora del funcionamiento de los gremios, tendente a hacerlos más abiertos y permeables a la innovación. En 1792,
Dinamarca abolió también la trata de esclavos.
• Las reformas no fueron el resultado de una política impuesta, sino el fruto de una amplia negociación en beneficio de la racionalidad
económica y contaron también con el respaldo de la opinión pública, muy desarrollada desde la Ley de Libertad de Prensa en 1784.
No obstante, a finales del siglo, los efectos de la Revolución francesa, la muerte de Bernstorff y otros elementos pusieron fin al
reformismo.
Suecia, entre el parlamentarismo y el absolutismo.
• En el caso de Suecia, el reforzamiento del poder real realizado por el rey sueco Carlos XI permitiría a su hijo Carlos XII protagonizar
la Gran Guerra del Norte, perdida de la hegemonía sueca en el Báltico. Después de ella, la política sueca en el siglo XVIII se
concentró esencialmente en el gobierno interior, con una escasa presencia de conflictos internacionales.
• El largo periodo de ausencia del rey, que participaba en las campañas al frente de sus ejércitos, provocó en Suecia un vacío de poder
que deshizo en buena parte la obra de su padre e incrementó la oposición al absolutismo, a lo que contribuyeron también el malestar
provocado por el gran esfuerzo militar y financiero, y el consiguiente desgaste económico.
• La repentina muerte de Carlos XII sin sucesión directa facilitó las cosas, al permitir al parlamento la aprobación de los tres
instrumentos legales que pusieron las bases de un nuevo régimen en el que el propio Parlamento asumía la mayor parte de los
poderes: la Forma de Gobierno (1719), la Constitución (1720) y el Reglamento (1723). Era el comienzo de la llamada Era de la
Libertad, que abarcaría hasta 1772. En realidad, se trató de un periodo complejo, con desacuerdos entre los estados representados
en los cuatro brazos del Riksdag (nobleza, clero, burguesía (ciudades) y campesinado libre), si bien era evidente el dominio de la
nobleza.
• Entre las diversas comisiones que nombraba el Riksdag, destaca el Comité Secreto, auténtico centro del poder por su condición de
diputación permanente en el intervalo entre las sesiones del Riksdag, que se reunía al menos cada tres años. Lo componían cincuenta
nobles, veinticinco eclesiásticos y otros tanto burgueses, quedando fuera de él los campesinos. El rey presidía un Consejo, integrado
por dieciocho consejeros, nombrados y responsables ante el Riksdag, el principal de los cuales era el presidente de la Cancillería,
que hacía las veces de primer ministro. Sus decisiones se tomaban por votos, teniendo uno cada miembro y dos el rey.
• La nobleza prácticamente monopoliza los cargos civiles y militares. En su seno, la aristocracia terrateniente pierde poder en beneficio
de la mediana y pequeña nobleza de servicio, que desempeñaba cargos en la administración y el ejército. Con todo, no desaparecieron
las tensiones entre los diversos sectores nobiliarios.
• Para el trono vacante había dos candidatos: Carlos Federico de Holstein-Gottorp, hijo de la hermana mayor de Carlos XII, y Federico,
príncipe heredero de Hesse y esposo de su hermana pequeña Ulrika Leonor. Sorprendentemente, la elegida fue Ulrika Leonor, cuyos
derechos eran inferiores a los de su sobrino. Uno de los requisitos que se le exigieron fue renunciar a sus derechos hereditarios y
jurar la forma de gobierno. El reinado de Ulrika Leonor se extendió entre noviembre de 1718 y febrero de 1720, y estuvo marcado
pro numerosos choques a causa de su tendencia absolutista, siendo obligada a abdicar en su esposo, Federico I (1720-1751), quien
carecía de derechos sucesorios, lo que le hizo totalmente dependiente del Riksdag.
• Entre 1720 y 1738 el finlandés Arvid Horn fue el principal ministro, partidario de la paz. Bajo su mandato hubo una recuperación
económica gracias al proteccionismo mercantilista, así como un saneamiento de la Hacienda pública.
• Sus enemigos más belicosos calificaron su política de “Bonnet de nuit”, de donde surgirán los dos nombres que identifican a los dos
partidos que lucharán por el poder en los años sucesivos, los “gorros” y los “sombreros”.
• Los “sombreros” se constituyen en los años treinta en torno a la idea de una revancha frente a Rusia con el apoyo de Francia, una
restauración de la gran potencia y una política económica más agresiva mediante un mercantilismo más estricto.
Socialmente, los “gorros” salen de los propietarios territoriales nobles, los dignatarios del clero y las clases medias, mientras que los
sombreros son oficiales del ejército y miembros de la nobleza de servicio o la más potente burguesía. Ambos partidos eran estructuras
de patronazgo que se diferenciaban en sus pretensiones a los diversos cargos y su postura en la política exterior. Su base era un
electorado relativamente amplio y los cambios de peso e influencia política de uno u otro se reflejaban en el Riksdag y en el consejo,
haciendo variar el gobierno.
• En los años de predominio de los “sombreros”, Suecia se enfrentó con Rusia (1741- 1743) en el marco de la Guerra de Sucesión de
Austria. Al término de las campañas hubo de ceder a Rusia parte del sur de Finlandia y aceptar que le impusiera la sucesión del
trono en la Casa de Holstein-Gottorp.
• Adolfo Federico I (1751-1771) fue el primero de los monarcas de dicha dinastía y el último de la Era de la Libertad. Pronto mostró
su incomodidad con los escasos poderes que el sistema le reservaba, por lo que organizó un fallido golpe de estado en 1756.
• En 1765, los “sombreros” salieron del poder en beneficio de los “gorros”. Si aquellos eran respaldados por Francia, estos tenían el
apoyo de Gran Bretaña, Dinamarca y, sobre todo, de Rusia. En los años sesenta, los herederos de los primitivos “gorros”
desarrollaron una política menos mercantilista, más preocupada por la agricultura, la iniciativa privada, la libertad de prensa e
imprenta, salvo para los escritos religiosos o la eliminación de los privilegios.
• Este programa reformista y de rigor económico alarmó a la nobleza y no obtuvo resultados significativos. Los descontentos trajeron
de nuevo al poder a los “sombreros” en 1769. En 1771, tras una nueva victoria electoral, los “gorros “plantearon en el Riksdag la
igualdad de nobles y plebeyos en el acceso a las funciones públicas.
• En 1771 también murió Adolfo Federico I, siendo heredado por Gustavo III (1771-1792), quien promoverá dos golpes de estado
sucesivos, que le permitieron acabar con la Era de la Libertad y reimplantar el absolutismo. El primero tuvo lugar en 1772 y, el
segundo, en 1789. Cada uno de ambos iniciará una etapa distinta en un reinado que se caracterizará por el reformismo propio del
absolutismo ilustrado. El golpe de 1772 le permitió asumir plenamente el poder ejecutivo y la dirección del gobierno, además de
compartir el legislativo con el Riksdag, dotado, igual que el monarca, de capacidad de veto sobre las iniciativas del otro. El Consejo,
responsable de nuevo ante el rey, vio disminuidas sus prerrogativas. Poco a poco, los partidos se fueron desvaneciendo.
• Los años siguientes, hasta 1786, fueron un periodo de reformas variadas: libertad del comercio de granos, tolerancia religiosa (pese
a que no se permite abandonar el luteranismo), reforma del Código Penal con la abolición de la tortura, orden y eficacia en la
administración pública y en la política monetaria y financiera, etc. No obstante, hubo un retroceso en la igualación social iniciada
en los años anteriores o en la libertad de expresión. Pese a que la política fue en general muy favorable a la nobleza, el rey no logró
su apoyo, deseosa de un mayor poder y descontenta por la postergación del Riksdag, que no fue convocado hasta 1778.
• Se manifestaron las diversas oposiciones provocadas por la política real y en la reunión del Riksdag de 1789 la nobleza censuró
agriamente al rey por haber entrado en la guerra con Rusia sin su aprobación. La marcha negativa de la contienda agudizó las críticas,
pero la situación provocó al mismo tiempo la reacción antinobiliaria de los plebeyos, que contaba con apoyos en el ejército. El miedo
a que pudiera ocurrir algo parecido al reparto de Polonia jugó a favor de Gustavo III quien consiguió que fuera aprobada el Acta de
Unión y Seguridad en 1789, que le otorgaba casi plenos poderes, especialmente en la administración y la política exterior.
• La victoria frente a los rusos en la segunda batalla de Svensksund en julio de 1790 completó el triunfo del monarca, que iniciaba la
fase final de su reinado, más absolutista que el periodo anterior, aunque apoyada en sectores sociales distintos. Hasta cierto punto,
fue una nueva etapa de absolutismo ilustrado, pese a la reacción claramente contraria del monarca ante los sucesos que estaban
ocurriendo en Francia en 1789.
• Los privilegios de la nobleza se redujeron, permitiéndose a los plebeyos el acceso a los cargos en igualdad de condiciones, para lo
que se les reservaron cupos en las instituciones. Asimismo, fueron suprimidos todos los restos de derechos feudales en el campo y
se inició la transformación del estatuto jurídico de los campesinos, que pudieron redimir sus tendencias enfitéuticas o acceder a la
propiedad de la tierra. Por primera vez, los representantes de los campesinos en el Riksdag tuvieron acceso a su Comité Secreto o
diputación permanente.
• La oposición agudizó su descontento, a causa del desorden de las finanzas tras la guerra con Rusia, lo que llevó a un grupo de nobles
radicales, en 1792, a asesinar al rey. Tras una regencia (1792-1796), encabezada por su hermano el duque Carlos, accedió al trono
su hijo Gustavo IV Adolfo (1792-1809), quien acabaría siendo depuesto por un golpe de estado que supuso el fin del absolutismo.
El fortalecimiento de Rusia.
• En el siglo XVIII, Rusia se convertiría, junto a Prusia, en el otro gran poder emergente europeo, pues no solo contaba cada vez más
en las relaciones internacionales, sino que culminaba su acercamiento a Europa.
• Para ello, fue esencial el reinado del zar Pedro I (1689-1725), quien solo afianzó su poder a partir de la derrota del cuerpo militar de
elite de los streltsi en 1698.
• Su viaje por Holanda, Inglaterra, Francia y Austria, con el conocimiento de otros países, reforzó claramente su apuesta por la
occidentalización de Rusia, si bien sus modelos fueron los monarcas de territorios cercanos.
• En 1696 había logrado la difícil conquista de Azov, en la desembocadura del Don, que daba a Rusia una salida al mar Negro, y en
1703 fundó San Petersburgo.
• Su política implicaba un importante proceso de reformas encaminado a superar los atrasos de su país, incrementados por la huella
negativa de la guerra. Pudo beneficiarse de la colaboración de militares extranjeros, así como los estímulos procedentes de la zona
de Ucrania, anexionada en 1667. Pero la base de su autoridad era su capacidad y decisión para hacer uso del enorme poder autocrático
de base sagrada que constituía el patrimonio de los zares.
• Ello no evitó el surgimiento de importantes resistencias, sobre todo la de los Antiguos Creyentes, así como un notable rechazo
popular contra las innovaciones occidentalizantes, que se unían al malestar por la fiscalidad, las numerosas y variadas prestaciones
forzosas de mano de obra, o los reclutamientos. Durante su reinado hubo de hacer frente también a las sublevaciones cosacas de
Bulavin en el Don (1707-1708) y de Iván Mazepa en Ucrania, quien se unió al ejército sueco antes de la derrota de este en Poltava
en 1709.
• En 1700 rebajó el poder de la Duma, creando una Cancillería teóricamente subordinada a ella, pero dependiente del zar y encargada
de dirigir el gobierno y las finanzas. Estaba integrada por unos ocho miembros, que eran los jefes de los principales prikazy. En
1711, creó un Senado de nueve miembros, que sería el órgano de coordinación política y administrativa en su ausencia, con todo
tipo de competencias. Pronto el Senado se hizo permanente, asumiendo la política hacendística, el ejército, las funciones de un
tribunal supremo y otras varias. Los antiguos prikazy u oficinas de gobierno especializadas fueron reestructurados en una serie de
colegios administrativos. Senado y colegios quedaban fuertemente sometidos al control del zar y la figura principal era el procurador
general, representante del zar en el Senado.
• Para el control del territorio ruso estableció desde 1708 una serie de gubernya a cargo de gobernadores y en 1719 los dividió en
provincias, regidas por voivodas y estas en distritos.
• Todo el sistema administrativo se regulaba por un Reglamento general aprobado en 1720, que trataba de ordenar, racionalizar y
despersonalizar la administración. Una segunda reforma importante fue la militar, que le permitió contar con un ejército fuerte,
inspirado en los modelos occidentales y crear de la nada una marina y una guerra.
• La tercera gran reforma fue la de la Iglesia ortodoxa rusa. La oposición del patriarca Adriano a sus proyectos llevó a Pedro I a dejar
vacante el patriarcado durante dos décadas después de su muerte en 1700. Finalmente, en 1721, abolió el patriarcado y dio una nueva
constitución o estatuto religioso a la Iglesia ortodoxa rusa, a cuyo frente situó al Santo Sínodo, colegio de once a catorce miembros,
nombrados por el zar y presidios por un procurador supremo laico que le representaba y tenía capacidad para tomar decisiones.
• Desde entonces, todos los obispos serían iguales, quedando los metropolitas y arzobispos en simples rangos honoríficos. Cada iglesia
o monasterio recibió instrucciones particulares. El sistema perviviría hasta la Revolución de 1917. En 1701, además, se había
reinstaurado el prikaz de monasterios, abolido en 1667, el cual puso a estos bajo el control del monarca, quien utilizó sus rentas para
financiar la guerra y limitó luego el número de monasterios y monjes.
• La cuarta de las reformas afectó a la sociedad, cuya clase dirigente aceptó la europeización propuesta y su sometimiento al zar. Los
dos elementos básicos de la misma fueron la introducción del principio primogenitura para la herencia de títulos y patrimonios y la
Tabla de Rangos (1722). La Tabla mantenía la preeminencia de las viejas familias de boyardos, pero convertía el servicio al rey en
la vía única de ascenso social y ennoblecimiento, y fijaba las equivalencias entre las distintas funciones públicas y jerarquía social.
• Era el primer paso para la creación de una elite burocrática, civil y militar, de cultura occidental, que caracterizaría a Rusia en las
generaciones posteriores, haciendo aún más profunda su separación de la gran masa popular, mayoritariamente campesina, de la
sociedad rusa.
• También realizó reformas en la educación. En 1701, instituyó en Moscú el Colegio de Matemáticas y Náutica, así como varias
academias militares. En la enseñanza primaria, ordenó la creación en cada provincia de escuelas de números, y en 1721 la creación
de escuelas episcopales, vinculadas a la Iglesia. En 1718 patrocinó una Academia de Ciencias.
• Las reformas de Pedro I fueron también positivas para la economía. Las necesidades creadas por la construcción de una flota de
guerra, armas y piezas de artillería, pólvora o uniformes, para el ejército, estimularon la siderurgia de los Urales y el desarrollo de
diversas manufacturas estatales, arsenales, astilleros, etc.
• El enfrentamiento del zar con su hijo Alexis que acabó con su muerte en prisión dejó al zar sin un heredero varón. En 1722 Pedro I
cambió el sistema sucesorio precedente por un ucás en el que se otorgaba al soberano reinante el derecho de elegir su sucesor. Sin
embargo, murió sin hacer uso de tal prerrogativa, por lo que tras su fallecimiento comenzó un periodo de inestabilidad en el que se
sucedieron varios zares o zarinas.
• De nuevo volvieron los tiempos dominados por la intervención de camarillas nobiliarias, favoritos y cuerpos militares para derrocar
o imponer al nuevo zar. Pero, pese a los vaivenes y cambios institucionales, incluida la supresión de algunas de las reformas, las
consecuencias de estos años no parecen tan negativas, gracias, en buena parte, a la permanencia de la alianza entre trono y nobleza.
• Los dos únicos periodos de mayor estabilidad fueron los de las zarinas Ana e Isabel. La primera, hija de Iván V y duquesa de
Curlandia, reinó de 1730 a 1740, que fueron años de dominio político de la nobleza de los territorios rusos del Báltico. Un año
después de su muerte, un nuevo golpe de fuerza elevó al trono a Isabel Petrovna, hija de Pedro I (1741-1761), quien restableció el
orden en la administración central y tuvo que enfrentarse al problema de que la crisis había favorecido la autonomía de las provincias
y los municipios. En su reinado se abolieron las aduanas interiores, se creó el Banco de Empréstitos de la Nobleza y avanzó el
proceso de occidentalización de la cultura rusa.
• Desde un principio, había nombrado su sucesor a su sobrino Pedro, duque de Holstein-Gottorp, casado con la princesa Catalina de
Anhalt, futura Catalina II. Así sucedió y, a su muerte, subió al trono Pedro III (1761-1762), cuyo reinado fue muy breve. Una facción
de la nobleza y la guardia real le apartó del poder, forzándole a abdicar en su esposa Catalina. Para evitar problemas futuros, el
desposeído zar fue asesinado y también Iván VI, el niño depuesto veintitrés años antes por Isabel Petrovna. Al mismo tiempo, se
instalaba en San Petersburgo un régimen de estrecha vigilancia, con prohibición total de reuniones públicas y privadas y numerosos
espías, que llevó a la eliminación de los sospechosos.
• Catalina II fue zarina de Rusia entre 1762 y 1796 y uno de los monarcas europeos más importantes del siglo XVIII. Ella fue la gran
continuadora de la obra de engrandecimiento y occidentalización de su país iniciada por Pedro I a comienzos del siglo, para la que
resultaba básica la centralización política.
• Supo apoyarse para ello en los principios del absolutismo ilustrado. Su actuación política se dividió en dos grandes etapas, separadas
por la revuelta de Pugachov.
• La primera fue la época de sus declaraciones programáticas, proyectos y algunas reformas innovadoras. Pero tras la revuelta
abandonó muchos de sus propósitos para reforzar la unión con la nobleza en la que se apoyaba su poder. El necesario pacto con la
nobleza hicieron del absolutismo ruso un equilibrio entre nobleza, burocracia y trono.
• De sus primeros años destacan dos documentos: el Manifiesto de 1762, en el que se animaba a los extranjeros a asentarse en Rusia
y, sobre todo, la Instrucción de 1767 para la Comisión Codificadora, también conocida como Comisión Legislativa, la cual tenía por
objeto la codificación del derecho y en la que estaban representados todos los sectores sociales, excepto los siervos.
• En el terreno religioso, su política fue una clara continuación de la de Pedro I, pues no solo acabó con los resquicios de autonomía
de la Iglesia, sino que suprimió conventos y utilizó los bienes de la Iglesia para financiar su política. Con ella, cesaron las
persecuciones a los disidentes ortodoxos y acogió a jesuitas expulsados. Asimismo, permitió que los musulmanes de los territorios
conquistados a los turcos mantuvieron sus mezquitas. Tras los repartos de Polonia, varios millones de súbditos católicos pasaron a
depender de Rusia. Los rutenos fueron separados de Roma a la fuerza, siendo entregadas sus iglesias y obispados a los ortodoxos, a
excepción del de Polotsk. Aunque en menor medida, también las iglesias de rito latino padecieron la intolerancia rusa, si bien en
1783 la zarina creó para todos los católicos de Rusia la archidiócesis de Moguiliov, en Bielorrusia.
• En el gobierno central existía un Consejo Imperial, en el que estaban representados altos cargos y parientes del zar, pero Catalina,
concentró el poder en el Senado, formado por 25 o 30 altos dignatarios, en cuyo seno creó seis departamentos que se repartían los
asuntos de gobierno convirtiéndose en el auténtico gabinete de gobierno a las órdenes de zarina (1763-1764).
• En 1768 instituyó el Consejo de la Alta Corte, del que formaban parte gentes cercanas a la emperatriz, como Grigory Aleksandrovich
Potemkin o Alexander Andreyevich Bezborodko. Después de la rebelión de Pugachov, reformó en su sentido centralista la
administración territorial, en buna parte como reacción por los sobresaltos que le produjo.
• En 1775, una reforma provincial elevó el número de gubernii o gobernaciones a cincuenta, inspiradas en las intendencias francesas
y subdivididas en distritos, al frente de cada una de las cuales situó a un gobernador dotado de muy amplias competencias y poderes.
Los distritos fueron puestos bajo el mando de la nobleza local, que colaboraba con los gobernadores en la recaudación fiscal y el
mantenimiento del orden. Asimismo, creó órganos judiciales para cada uno de los estamentos y responsabilizó a la nobleza del
gobierno de los distritos.
• En la política social, la zarina fue claramente favorable a la nobleza, que formaba parte del aparato burocrático y constituía un
estamento imprescindible para su gobierno. La Carta de Nobleza (1785) reafirmaba su autonomía y reconocía de forma explícita la
dignidad y privilegios de todo el estamento. A los privilegios habituales, unía otros dos muy importantes: el monopolio de la posesión
de tierras con siervos y el dominio sobre el subsuelo y las actividades industriales y mercantiles. También promulgó una Carta de
Ciudades, que reglamentó el gobierno urbano y los derechos de sus habitantes.
• La política social de Catalina II no se extendió a la mejora de la situación del campesinado, pues ello hubiera supuesto enfrentarse
a la nobleza, por lo que, en lugar de aliviar sus condiciones, las agravó. Entre otras medidas, prohibió a los siervos que demandaran
a sus señores, permitió a los señores que los sentenciaran sin intervención de los tribunales públicos y redujo a la servidumbre a
800.000 campesinos en Ucrania y el Don.
• Su política económica favoreció la libertad del comercio, las manufacturas y la industria, liquidó monopolios y se inspiró en ideas
de la fisiocracia.
• Durante su reinado, Rusia experimentó un crecimiento económico indudable. También fue importante su mecenazgo cultural y, bajo
su protección, surgió un buen número de instituciones y sociedades científicas y culturales. Favoreció el teatro, la música y la
expansión de la prensa, creó la Academia Rusa en 1783 y protegió la vida intelectual. El Estatuto de Escuelas Públicas de 1786,
basado en los modelos austriaco y prusiano, promovió la expansión de la enseñanza elemental, ordenando que se estableciera una
escuela pública principal en cada ciudad cabecera de los guberniya, a la que podían asistir niños de todas las clases, excepto los hijos
de los siervos, y pequeñas escuelas de primeras letras en las cabeceras de distrito.
• En los años noventa, los ecos de la Revolución francesa frenaron el reformismo y originaron un cierto cierre a las influencias
exteriores, así como alguna represión.
El final de Polonia
• El caso de Polonia en el siglo XVIII habría de ser la culminación del fracaso de un país incapaz de crear un poder político centralizado
y eficaz. A ello contribuiría sobre todo la resistencia de la nobleza a aceptar un poder monárquico fuerte.
• Polonia era, de hecho, una república aristocrática, sometida al poder de las grandes familias de la nobleza, que contaban con ejércitos
privados y de las que dependía la abundante nobleza media y baja. El poder de veto de cualquiera de los miembros de las dos cámaras
de la Dieta (Sejm) era la demostración principal de la ineficacia del sistema, que llevaría a la desaparición de Polonia a finales del
siglo. El gobierno provincial estaba en manos de las dietinas (asambleas de nobles).
• Tras la muerte de Jan Sobieski (Juan III), la Dieta eligió rey al elector de Sajonia Federico Augusto I, quien reinaría como Augusto
II. Con él se iniciaría el llamado periodo de los reyes sajones, que duraría hasta la muerte de Augusto III en 1763. El trono estuvo
sometido a disputa antes y durante el propio reinado del primero, y, a su muerte, dio lugar a una guerra sucesión.
• La elección de Augusto II (1697-1733) fue sobre todo una imposición de los poderes del entorno, esencialmente de Pedro I de Rusia.
Los primeros años de su reinado estuvieron marcados por los desastres ocasionados por la Gran Guerra del Norte, que tuvo efectos
muy negativos de carácter económico, como las devastaciones de los ejércitos extranjeros en tierra polaca, o la política de tierra
quemada aplicada en ella, pero también en el terreno político como fue la división de la nobleza entre partidarios de Suecia y de
Rusia, o la propia inestabilidad del trono.
• Suecia depuso a Augusto II y entronizó a Estanislao Leczinski (1704-1709) y solo después de la Batalla de Poltava pudo regresar el
rey sajón. Establecida la paz, Rusia mantuvo guarniciones en suelo polaco, lo que venía a confirmar la dependencia de Polonia, al
tiempo que la Dieta de 1717 debilitaba aún más el poder del monarca frente a los nobles.
• A su muerte, la guerra desatada por la sucesión volvió a poner de manifiesto la dependencia exterior de Polonia, pero también las
desavenencias entre el monarca y la Dieta.
• La consolidación en el trono de Augusto III testimoniaba de nuevo el cada vez más evidente protectorado que ejercía Rusia.
• Augusto III (1733-1763) apenas estuvo en Polonia, por la que mostró un escaso interés, mientras la anarquía nobiliaria aumentaba
en su reino, sometido a las rivalidades de las grandes familias de los Czartoryski, Potocki, Radziwill o Branicki.
• Durante este tiempo, la economía agraria y latifundista polaca vivió una fase positiva a partir de los años treinta, respaldada por la
buena coyuntura general, pero también por la reducida intervención en las guerras, por parte de un reino que cada vez contaba menos
en el concierto internacional.
• En 1763, cuando murió el monarca, los candidatos al trono eran su hijo, Francisco Javier de Sajonia, al que apoyaban Austria y
Francia; el noble polaco Stanislas Augusto Poniatowki, respaldado por el clan Czartoryski y Rusia, y el conde Branicki, que contaba
con partidarios en Polonia.
• Con el respaldo de las tropas rusas, en septiembre de 1764 fue elegido rey Poniatowski, unos días antes de que Prusia y Rusia
firmaran una alianza defensiva que afectaba a la situación de Polonia. Estanislao II (1764-1795) fue un monarca influido por la
Ilustración, que trató de frenar la anarquía y el declive exterior mediante una serie de reformas vinculadas al absolutismo ilustrado.
El problema es que su poder estaba muy lejos del absolutismo, lo que dificultaba la puesta en práctica de dicha política, viéndose
frustradas muchas de sus iniciativas por la oposición interior y la influencia que ejercía Rusia.
• El nuevo monarca creó una especie de Gabinete, con ministros nombrados y dependientes de él; eliminó parcialmente el liberum
veto de la Dieta, que sustituyó por el voto de la mayoría y restringió las atribuciones de esta al terreno económico y administrativo.
A instancias de Rusia, la Dieta aceptó la libertad de culto y el acceso de no católicos a los cargos públicos, una reforma que resultó
efímera, ante la reacción interna y los desórdenes, en buena parte contra Rusia, que propiciaron la intervención militar de Catalina
II en 1767.
• En adelante, Rusia tutelaría Polonia, cuya Dieta recuperó el liberum veto, mientras el Gabinete veía limitadas sus atribuciones. Será
el principio del fin, cuando el recelo de otros países del entorno al predominio ruso lleve a Federico II a proponer el primer reparto
de Polonia en 1772, por lo que esta perdió un 30 por 100 de su territorio.
• En los años siguientes no fue el rey quien impulsó las reformas sino la oligarquía nobiliaria a través de la llamada Dieta de la
Partición (1773-1775), la cual trató de reorganizar el poder beneficio propio.
• Para ello, creó un Consejo Permanente en 1775, elegido por ella y encargado del gobierno, que se dividía en cinco ministerios. En
estos años, se pusieron en práctica importantes reformas, como la creación con rango ministerial de la Comisión Nacional de
Educación de 1773, que secularizó y estructuró esta en los diversos niveles; las modificaciones del procedimiento penal; la
modernización del derecho; la codificación de las leyes; la reorganización de la administración financiera, y otras medidas.
• Sin embargo, la oposición interna conservadora y las intromisiones del embajador ruso continuaron limitando su éxito y efectividad.
• Una tercera y última iniciativa reformista fue la planteada por la Gran Dieta (1788-1792), a la que se ha llegado a comparar con la
Asamblea Constituyente francesa, tanto por los poderes que acumulaba como por la ambición de reorganizar en profundidad el
sistema político.
• La iniciativa fue del partido Patriota, formado por diputados de la nobleza media, aunque contó con el apoyo del rey, algunos
aristócratas ilustrados y parte de la burguesía.
• La ocasión la proporcionó el hecho de que Rusia estuviera en guerra con Suecia y Turquía (1787-1792), lo que dificultaba su control
de la realidad polaca. Se trataba de una situación desesperada para salvar el país, cosa que trató de hacer la Constitución de 1791.
La Constitución establecía la soberanía nacional y la separación de poderes, y reforzaba el poder real, que declaraba hereditario e
irresponsable.
• Meses después, la Dieta organizó el reclutamiento de un ejército de 100.000 hombres, objetivo que luego reduciría a 65.000. Pero
todo lo anterior despertó una reacción interna conservadora y prorrusa, la contrarrevolución de Targowica, y alertó a Catalina II,
quien consideró inaceptables tales reformas, por lo que sus tropas invadieron Polonia en 1792 y anularon la Constitución.
• En 1793, Rusia y Prusia impusieron un segundo reparto, por el que se apoderaban de tres quintas partes de lo que quedaba de Polonia,
reducida ahora a un pequeño protectorado ruso.
• La reacción fue una amplia serie de revueltas, que trató de aglutinar el general Tadeus Kosciusko en 1794, quien proclamó el Acta
de Insurrección, por la que se establecía una especie de jacobinismo radical bastante confuso, pero que sirvió de pretexto para que
Austria, Prusia y Rusia invadieran el país en 1794, y procedieron al tercer y último reparto en 1795, que suponía la desaparición de
Polonia.