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Exégesis de Hechos 2:14a, 36-41

Este documento resume un pasaje bíblico de Hechos 2:14a, 36-41 sobre el sermón de Pedro en Pentecostés. Pedro predica sobre Jesús como el Mesías y Señor a quien Dios exaltó a su derecha. Pedro cita Salmo 110 para mostrar que Jesús supera a David. Pedro les dice a los judíos que crucificaron a Jesús, pero que Dios lo hizo Señor y Mesías. La multitud, arrepentida, pregunta qué deben hacer, y Pedro les dice que se arrepientan y se bauticen
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Este documento resume un pasaje bíblico de Hechos 2:14a, 36-41 sobre el sermón de Pedro en Pentecostés. Pedro predica sobre Jesús como el Mesías y Señor a quien Dios exaltó a su derecha. Pedro cita Salmo 110 para mostrar que Jesús supera a David. Pedro les dice a los judíos que crucificaron a Jesús, pero que Dios lo hizo Señor y Mesías. La multitud, arrepentida, pregunta qué deben hacer, y Pedro les dice que se arrepientan y se bauticen
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14/7/2020 Hechos 2:14a, 36-41 – Sermon Writer

PASAJE BÍBLICO
Hechos 2:14a, 36-41
RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan


Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:
Para ver una introducción a Hechos 2, véase la exégesis de Hechos 2:1-21.

La lectura de este domingo aparece en medio del sermón de Pedro en el Día de Pentecostés.
Versículos 14-21 (la primera parte del sermón) interpretan el hablar en lenguas de Pentecostés según
una cita del profeta Joel. Versículos 22-32 presentan el kerygma (palabra griega que se refiere a la
proclamación de las Buenas Noticias de Cristo). Versículos 33-36 (el texto de este domingo)
describen la relación entre la venida del Espíritu y las Buenas Noticias de Jesucristo (Chance, 51).

HECHOS [Link] PEDRO ALZÓ SU VOZ Y HABLÓLES


14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos,
y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Después de la muerte de Judas, vimos “los once” (Lucas 24:33), pero con la inclusión de Matías, los
once se convirtieron de nuevo en doce (1:26). “Pedro, poniéndose en pie con los once” se refiere a
Pedro más los otros once apóstoles.

Es interesante que Pedro sea quien predica en esta gran ocasión. Hacía solo siete semanas que
había negado a Cristo tres veces (Lucas 22:56-62). Durante esas siete semanas, Pedro y los demás
discípulos fueron transformados por sus encuentros con el Cristo resucitado. Ahora, en Jerusalén,
Pedro y los discípulos son llenados del Espíritu Santo. El Espíritu es la fuerza detrás de este sermón
que causa la respuesta asombrosa de la multitud.

VERSÍCULOS 33-35: El leccionario tiene cuatro lecturas sobre Hechos 2 que cubren el capítulo
entero con excepción de versículos 33-35. Versículo 33 habla de Jesús “levantado por la diestra de
Dios” y como el que “ha derramado esto que vosotros veis y oís” (los milagros que la multitud
presenció en Pentecostés. Versículos 34-35 dicen lo siguiente:

“Porque David no subió á los cielos;


empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor:
Siéntate á mi diestra,
Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.”

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Estos dos versículos citan Salmo 110:1, atribuido por el pueblo judío a David. Al instruir en el templo,
Jesús citó las palabras de David en Salmo 110:1, “Dijo el Señor á mi Señor” – y después
dijo,“¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por
el Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor” (Marcos 12:36). El punto era que David, en ese Salmo,
no hablaba de sí mismo, como muchos habían pensado, sino del mesías que estaba por venir. Quedó
sin mencionar el hecho de que Jesús era el mesías que estaba por venir – que ya había venido.

En su sermón de Pentecostés, Pedro utiliza Salmo 110:1 para mostrar que el mesías sobrepasa al
gran Rey David en el panteón celestial – que Dios invitó al mesías a sentarse a su derecha – que
Dios puso al mesías como Señor – y que Jesús es el mesías.

Los autores del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente a Salmo 110:1 para mostrar el Señorío
de Jesús (1 Corintios 15:25; Hebreos 1:13; 10:13; véase también Romanos 8:34; Efesios 1:20, 22;
Colosos 3:1; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12; 12:2; 1 Pedro 3:22).

HECHOS [Link] DIOS HA HECHO SEÑOR Y CRISTO Á JESÚS QUE


CRUCIFICASTEIS
36Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros crucificasteis,
Dios ha hecho Señor (griego: kyrion – de kyrios) y Cristo (griego: Christon – de Christos).

“Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros
crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo” (v. 36). La palabra “Señor” es muy importante en
este contexto. Véanse los comentarios arriba de versículos 33-35 donde Dios exaltó a Jesús y le hizo
Señor.

Anote la conexión con versículo 21, donde Pedro citó Joel 2:32, diciendo, “Y será que cualquiera que
invocare el nombre de Jehová, será salvo.”

Anote también que en versículo 36, Pedro utiliza la palabra “Señor” refiriéndose a Jesús, y en
versículo 39 utiliza “Señor,” refiriéndose a Dios.

Fíjese en el contraste entre la primera y segunda parte de este versículo. Dios declara Jesús Señor y
Cristo, pero estas personas lo han crucificado.

“Dios ha hecho Señor (kyrion – de kyrios) y Cristo” (Christon – de Christos) (v. 36b). Las palabras
“Señor” y “Cristo,” pesan y merecen atención.

SEÑOR (kyrios): En el Antiguo Testamento, el nombre de Dios era YHWH – Yahvé. El pueblo judío,
para no desobedecer el mandamiento en contra de utilizar el nombre de Dios en vano (Éxodo 20:7),
utilizaba en vez la palabra Adonai (hebreo: adonay), que significa “el Señor.” Cuando el pueblo judío
traducía sus escrituras hebreas al griego (conocido como el Septuagésimo y abreviado LXX),
traducían la palabra hebrea adonay, a la palabra griega, kyrios. Entonces, el pueblo judío estaba
acostumbrado a utilizar la palabra griega, kyrios, para referirse a Dios aún cuando kyrios también se
usaba para hablar de autoridades humanas.

El Nuevo Testamento utiliza kyrios frecuentemente para hablar de Cristo (Mateo 1:20, 22, 24; 2:13,
15; Marcos 13:20; Lucas 1:6; Romanos 11:34, etcétera). También hay a varias referencias a Cristo en
el Antiguo Testamento (Marcos 1:2-3; Hechos 2:21; Romanos 10:13; 1 Corintios 1:8; 2 Corintios 3:15-
18), aplicando el kyrios de esas escrituras a Jesús. Obviamente, escritores del Nuevo Testamento
pretenden igualar el Señorío de Jesús con el Señorío de Dios – y eso es lo que Pedro quiere decir
cuando dice que Dios ha hecho Señor a Jesús.

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Cristianos de la temprana iglesia vivían en un ambiente en el que debían decir, “Cesar es Señor.”
Aunque esto designaba a Cesar regidor de todo reino romano, la frase también adoptó ciertas
connotaciones espirituales – que en algún sentido espiritual Cesar era Señor. Muchos creían en
Jesús como el único Señor. Cristianos de esta época muchas veces se negaban a decir, “Cesar es
Señor” – y, como resultado, a menudo morían violentamente en manos romanas.

MESÍAS (Christos): La palabra hebrea es mesías (mashiakh) y la palabra griega es Cristo (Christos).
Ambos meshiakh y Christos significan “ungido.” Ungir con aceites era un rito utilizado con el propósito
de apartar a ciertas personas para servir – como reyes, sacerdotes, o profetas.

El pueblo judío esperaba la llegada del mesías, anticipando que él les liberaría de su opresión y
restauraría Israel a su anterior grandeza. Anticipaban que el mesías sería como Moisés, que liberó al
pueblo judío de su esclavitud en Egipto, o David, que hizo de Israel una gran nación. A causa de
estas expectativas, Jesús prefería no llamarse mesías – aunque cuando el príncipe de los sacerdotes
preguntó, “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Jesús contestó, “Yo soy” (Marcos 14:61-62).

Cuando el Nuevo Testamento habla de Jesús como mesías, le presenta como liberador, no de rivales
políticos o militares, sino del pecado.

“éste Jesús que vosotros crucificasteis” (v. 36c). Lucas es autor de ambos Hechos de los
Apóstoles y de un Evangelio. En el Evangelio de Lucas, el pueblo judío llevaba la mayor parte de
culpa en la muerte de Jesús. Los príncipes de los sacerdotes, los oficiales del templo, y los ancianos
fueron los que le arrestaron (Lucas 22:52). Los miembros del Sanedrín (grupo de magistrales judíos)
fueron los que entregaron Jesús a Pilato y le acusaron falsamente (Lucas 22:66 – 23:2). Cuando
Pilato dijo “Ninguna culpa hallo en este hombre,” estos mismos líderes judíos insistieron en castigar a
Jesús (Lucas 23:4-5). Cuando Pilato envió Jesús a Herodes, “estaban los príncipes de los sacerdotes
y los escribas acusándole con gran porfía (Lucas 23:10). Cuando Herodes mandó Jesús a Pilato de
nuevo, éste ofreció soltar a Jesús – pero todos (príncipes de los sacerdotes, magistrados, y la demás
gente (Lucas 23:13) gritaron, “Quita á éste, y suéltanos á Barrabás” (Lucas 23:18) – insistiendo que
Pilato crucificara a Jesús (Lucas 23:21-23). En resumen, los líderes judíos instigaron la crucifixión
pero el pueblo judío también fue cómplice.

Ahora Pedro pone sobre esta audiencia la culpa de la crucifixión, aunque es probable que muchos de
ellos no hubieran estado involucrados directamente. Quizá Pedro utiliza “vosotros” (v. 36c) como
equivalente de “toda la casa de Israel” (v. 36a).

HECHOS 2:37-39: ARREPENTÍOS, Y BAUTÍCESE CADA UNO DE VOSOTROS


37Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles:

Varones hermanos, ¿qué haremos? 38Y Pedro les dice: Arrepentíos (griego: metanoesate –
demetanoeo), y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados(griego: aphesin); y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39Porque para vosotros es la
promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios
llamare.

“Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón” (v. 37a). En respuesta a la acusación de
Pedro de que han crucificado al que Dios nombró Señor y Cristo, la gente de repente reconoce su
culpabilidad y el riesgo de sus acciones. No puede haber mayor pecado que matar al ungido de Dios
– el que Dios mandó para salvarles. Comprender sus acciones les causó gran dolor emocional, como
si alguien les hubiera acuchillado el corazón.

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De su propia historia saben que Dios ha castigado severamente por cosas menores. ¿Qué les hará
Dios? ¿Qué futuro les espera?

“y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (v. 37b). Esta
es la misma pregunta que algunos le hicieron a Juan Bautista cuando les condenó por sus pecados y
les habló de la importancia del arrepentimiento (Lucas 3:10).

Seguro que esta gente hará la misma pregunta, esperando con todas sus fuerzas que exista algún
remedio, pero sin poder imaginar que algo podría eliminar su culpa.

“Arrepentíos” (metanoesate – de metanoeo) (v. 38a). Pero “este Pedro rehabilitado sabe bien de
experiencia propia que Dios concede una segunda oportunidad a los que le traicionan (véase 1:15-
20; cf. Juan 21:15-17)” (Wall, 67).

Temprano en su sermón, Pedro prometió “Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor,
será salvo” (2:21, citando Joel 2:32). Ahora da instrucciones específicas para que esta multitud
asegure su perdón por medio del arrepentimiento y el bautizo. Arrepentimiento y bautizo para el
perdón de los pecados también era lo que predicaba Juan Bautista (Lucas 3:3).

El verbo griego metanoeo es una combinación de dos palabras griegas – meta (al combinarse con
otra palabra, como se hace aquí, metasignifica cambio o transferencia) y nous (mente). Metanoeo,
entonces, se refiere a un cambio en la forma de pensar – un cambio de actitud – pasar de un modo
de pensar a otro.

Los griegos creían que un cambio de opinión causaría naturalmente un cambio en las acciones de
una persona, ya que las creencias determinan el comportamiento de uno. Esto difiere mucho de otras
disciplinas psicológicas que hoy enfatizan los sentimientos como factor determinante del
comportamiento. Es decir, para cambiar el comportamiento primero debemos “conectar” con nuestras
emociones. No obstante, en los últimos años ha habido un movimiento que enfatiza las creencias
como factor que determina el comportamiento. Creencias dan comienzo al ciclo de acciones. Un
cambio de pensamiento tiene el poder de cambiar ambos sentimientos y acciones.

Entonces, Pedro les pide a estos miembros de Jerusalén que se arrepientan de su pecado (haber
rechazado al Mesías) – que cambien de manera de pensar – que se den la vuelta. Necesitan repudiar
su previo rechazo del Mesías y acogerle.

“y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo” (v. 38b). De nuevo, se nos
recuerda que Juan Bautista practicaba un bautizo de arrepentimiento para el perdón de los pecados
(Lucas 3:3). Sin embargo, Pedro introduce un nuevo elemento. El bautizo ahora ha de hacerse en
nombre de Jesucristo.

En aquel tiempo y lugar, gente consideraba el nombre de una persona más que una simple
identificación. Creían que parte de la identidad de la persona se encarnaba en el nombre – que el
nombre expresaba algo de la identidad de la persona. Como se puede ver en este versículo, también
creían que el nombre poseía algo del poder de la persona que lo llevaba. Ser bautizado en nombre
de Jesucristo era apropiar, de alguna manera y medida, algo de la persona de Jesucristo – recibir
algo de Cristo – hacerse persona nueva en la semejanza de Cristo.

Poco antes de la ascensión, Jesús mandó a sus discípulos “Por tanto, id, y doctrinad á todos los
Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).
La mayoría de las iglesias hoy utilizan esta fórmula tríptica (Padre, Hijo, Espíritu Santo) al bautizar en
lugar de bautizar solo en nombre de Jesucristo.

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En su Epístola a los romanos, Pablo describe el bautizo como un entierro con Jesús “Porque somos
sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida porque si fuimos plantados
juntamente en él á la semejanza de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección”
(Romanos 6:4-5). En su Epístola a los galatos, describe el bautizo en Cristo como el arroparse de
Cristo (Galatos 3:27).

“para perdón de los pecados” (aphesin) (v. 38c). Esta palabra, aphesin, puede significar perdón,
liberación, o remisión. Es una palabra de libertad – una palabra que promete libertad de cualquier
cosa que esclaviza. Se puede utilizar para la remisión de deudas financieras, liberando a una persona
de su deuda. Se puede utilizar para la liberación de prisión o esclavitud – una libertad física. En el
Libro de Hechos, se usa generalmente para hablar de la liberación del pecado – el tipo de libertad
que una persona solo puede obtener por la gracia de Dios.

Eruditos discuten si el perdón acompaña al arrepentimiento, el bautizo, o ambos. Polhill comenta, “La
conexión general con el perdón de los pecados en Hechos es con el arrepentimiento y no con el
bautizo (cf. Lucas 24:47; Hechos 3:19; 5:31). Es más, en ningún otro pasaje de Hechos se presenta
el bautizo como algo que trae perdón de los pecados” (Polhill, 117).

No obstante, en este versículo (2:38), Pedro le dice a la gente que se arrepienta y que sea bautizada
“Para perdón de los pecados.” No está claro si el arrepentimiento sin bautizo asegura su perdón, y no
haríamos bien si enseñáramos que con el arrepentimiento basta – o que con el bautizo basta. Se
necesitan los dos.

“y recibiréis el don del Espíritu Santo” (v. 38d). “La llamada al bautizo – una respuesta individual
ante la gracia de Dios – está en el singular, pero la promesa, recibiréis el don del Espíritu Santo,
aparece en el plural, porque el Espíritu se concede a la comunidad del individuo” (Williams, 54).

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están
lejos”(v. 39a). Cuando Pedro habla de “la promesa,” se refiere a la promesa del perdón y del Espíritu
Santo. Asegura a sus oyentes que esta promesa es para ellos, pero no solo para ellos. Es también
para sus hijos y para “todos los que están lejos.”

Pedro dice más de lo que se da cuenta. Si en el Día de Pentecostés tuviera que definir el significado
de “todos los que están lejos,” seguramente diría que se trata de los judíos de la diáspora – judíos
esparcidos por el mundo. Si se le cuestionara aún más, seguramente diría que la promesa incluye a
judíos prosélitos. No obstante, como verá en Hechos 10, los probables beneficiarios de esta promesa
son mucho más numerosos de lo que él se da cuenta al decir estas palabras. La promesa es para
gentiles tanto como judíos.

“para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (v. 39b). La iniciativa es de Dios. Dios hace la
llamada, y la bendición es concedida a quienes responden.

HECHOS 2:40-41: FUERON AÑADIDAS Á ELLOS COMO TRES MIL PERSONAS


40Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa
generación.41Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos
aquel día como tres mil personas.

“Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba” (v. 40a). Lucas provee el contenido básico
del sermón de Pedro, pero este versículo nos muestra que Pedro dijo mucho más de lo que Lucas
documentó.

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“Sed salvos de esta perversa generación” (v. 40b). En el Antiguo tanto como en el Nuevo
Testamento, la palabra “generación” se usa frecuentemente al hablar de gente malvada (Números
32:13; Deuteronomio 1:35; Deuteronomio 1:35; 2:14; 5:9-10; 23:2-3; 32:5, 20; Jueces 2:10; Salmo
12:7; 78:8; 95:10; Jeremías 7:29; Mateo 11:16-19; 12:39-45; 16:4; Marcos 8:38; 9:19; Lucas 11:29).

Jesús usa la frase “esta generación” a menudo para describir una generación malvada (Lucas 7:31;
11:29-32, 50; 17:25), pero Pedro lo hace explícito – ésta es una “perversa generación.”

Pedro ya le ha dicho a esta multitud lo que debe hacer para recibir salvación – “Arrepentíos, y
bautícese cada uno” (2:38).

“La liberación de la que hablaba Joel había de ser disfrutada por un remanente de toda la gente.
Ahora Pedro urge a sus oyentes que se aseguren, por medio de un remanente llamando al Señor,
que eran parte de este remanente y que se habían salvado de esa perversa generación” (Bruce, 72).

“Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día
como tres mil personas” (v. 41). Al prepararse para el día en que dejaría sus discípulos, Jesús
dijo,“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará;
y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre” (Juan 14:12). Ahora entendemos un poco de
lo que Jesús quería decir. Después de su ascensión, sus discípulos se reunieron en Jerusalén – un
grupo de unas 120 personas (1:15). Ahora, el Día de Pentecostés, 3.000 personas de repente se les
unen – “un aumento de 2.500 por ciento… – sin duda el crecimiento más espectacular que el
Cristianismo jamás ha experimentado” (Faw).

Muchas de estas personas son judíos que viven en otros países – Judíos de la Diáspora que han
venido a Jerusalén para celebrar Pentecostés. Ellos serán como semillas echadas a los cuatro
vientos – creyentes que traerán a Cristo a sus hogares, y en muchos casos, a sus comunidades
también.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada
en[Link] Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no
bajo protección de derechos de propiedad).

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Common questions

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Pedro cita Salmo 110:1 para argumentar que la prelación del mesías supera la del Rey David, enfatizando que Jesús es invitado a sentarse a la diestra de Dios, manifestando así su Señorío. Esta cita es importante teológicamente porque subraya la divinidad de Jesús y su condición de mesías, reflejando una interpretación mesiánica utilizada frecuentemente en el Nuevo Testamento para establecer el señorío de Jesús comparándolo con Dios .

El Espíritu Santo actúa como el sello de la promesa de salvación, indicando la presencia de Dios entre los creyentes. En Pentecostés, Pedro describe recibir el Espíritu Santo como resultado del arrepentimiento y bautismo, y lo presenta como una promesa no solo para la generación presente, sino también para sus hijos y todos los que están lejos. Esto sugiere una inclusión tanto de judíos como de gentiles, resaltando la extensión del evangelio a todas las naciones .

El sermón de Pedro en el Día de Pentecostés se sitúa poco después de la resurrección de Jesús. Durante una gran festividad en Jerusalén, los discípulos, incluidos Pedro, fueron llenados con el Espíritu Santo, lo que les permitió hablar en lenguas. Pedro, quien había negado a Cristo semanas antes, predica a una multitud interpretando esta hablabilidad como cumplimiento de una profecía del libro de Joel. Enfatizó el kerygma, que es la proclamación de las Buenas Nuevas de Cristo, y declaró que Jesús, a quien crucificaron, es tanto Señor como Cristo, exaltado a la diestra de Dios .

En el sermón de Pedro, la palabra "Señor" (kyrios) denota autoridad divina, usado en el Antiguo Testamento como referencia a Dios. Al aplicarlo a Jesús, se sugiere su igualdad con Dios en cuanto a señorío. La palabra "Cristo" (Christos) significa el ungido, traduciendo al término hebreo Mesías, indicando a Jesús como el libertador de opresiones, no políticas, sino del pecado. Ambas designaciones refuerzan la proclamación de Jesús como exaltado por Dios .

Pedir a la audiencia que se arrepientan y bauticen en el nombre de Jesucristo subraya el reconocimiento de su autoridad y aceptación de su mensaje. El bautismo simboliza una transformación espiritual, representando una nueva identidad en Cristo, reflejando la muerte y resurrección a nueva vida. Se marca un cambio radical en la fe, de las tradiciones judías hacia la nueva comunidad cristiana, implicando también el perdón de los pecados, según el pensamiento teológico de convertirse en parte del cuerpo de Cristo .

En Hechos 2:38, "perdón de los pecados" se entiende como una liberación o remisión no solo de pecados individuales, sino de cualquier cosa que esclavize al creyente, permitiendo una vida nueva y libre bajo la gracia de Dios. La promesa de perdón está vinculada al arrepentimiento y bautismo, sugiriendo que los actos externos de fe deben reflejar un verdadero cambio interno de corazón y mente. Esto establece una base para la ética y comunidad cristiana primitiva en su relación con Dios .

Lucas carga tanto a los líderes judíos como al pueblo con la culpabilidad de crucificar a Jesús, aunque es probable que muchos en la audiencia del sermón de Pedro no estuvieran directamente involucrados. Pedro utiliza el pronombre "vosotros" para incluir a "toda la casa de Israel," responsabilizándolos colectivamente. Este enfoque puede entenderse como una forma de señalizar la necesidad de arrepentimiento generalizado y conversión dentro del marco más amplio del plan de salvación que se ofrece .

Lucas presenta el arrepentimiento, a través del término griego 'metanoeo', como un cambio de mentalidad fundamental que lleva a una transformación completa de actitud y comportamiento. En su mensaje, Pedro exhorta al arrepentimiento como un signo de aceptar la verdad del Señorío de Cristo. Este cambio de pensamiento es crucial para la salvación, porque el arrepentimiento genuino lleva no solo a la confesión de pecados, sino también a una reorientación de vida hacia los principios y enseñanzas de Jesús. Es un pivote del antiguo camino de incredulidad al nuevo caminar en la fe cristiana .

Rechazar la frase "Cesar es Señor" era un acto de desafío significativo ante la autoridad imperial romana. Implicaba una renuncia no solo a las prácticas culturales y religiosas que idolatran a Cesar como figura divina, sino que también enfrentaba a los cristianos a una posible persecución y martirio por parte del estado romano. La afirmación de Jesús como único Señor y Cristo demostraba un cambio de lealtades, comprometiendo su vida al reino de Dios en lugar del imperio terrestre, algo que determinó la identidad contra-cultural de la iglesia primitiva .

El impacto inmediato del sermón de Pedro fue notable, con alrededor de tres mil personas aceptando el mensaje, siendo bautizadas y añadidas a la comunidad de creyentes en un solo día. Esto muestra una respuesta masiva y una importante expansión inicial de la iglesia cristiana primitiva en Jerusalén, marcando el comienzo de un movimiento que se extendería más allá de las fronteras judías, cumpliendo con la misión evangelizadora y transformadora del mensaje cristiano .

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