España- Portugal-Italia:
1. ¿Cómo reaccionó Fernando VII a la Constitución de 1812? ¿Cuáles eran
las características de esta Constitución?
2. ¿Cuáles eran las amenazas que Fernando VII encontró al volver al trono
en 1814, sobre todo vinculadas a su condición de rey absolutista? ¿Qué
soluciones buscó?
3. ¿Cuándo se instala el liberalismo en España?
4. ¿Qué fueron las guerras carlistas? ¿Cuáles fueron sus bandos y
causas?
5. ¿Qué peculiaridad tuvo el inicio del reinado de Isabel II? ¿Qué obligó el
giro a la derecha?
6. ¿Qué condujo a la segunda guerra carlista? ¿Qué consecuencias
tuvieron ambas guerras?
7. ¿Qué similitudes y diferencias encuentran entre los levantamientos de
Portugal e Italia en 1820?
Rusia-Polonia:
1. ¿Qué fue el levantamiento decembrista? ¿Cuáles fueron sus objetivos y
sus consecuencias?
2. ¿En qué se van a enforcar los zares rusos con respecto a su política
internacional?
3. ¿Cuál va a ser el principal conflicto que le va a traer esta política?
4. ¿Qué concesiones va a hacer Rusia para mantener su dominio sobre la
zona?
5. ¿Tienen éxito las propuestas del zar? ¿Qué reacción termina por
provocar?
6. ¿Tuvo éxito el alzamiento? ¿Qué consecuencias trajo?
Grecia y Bélgica:
1. ¿Cuáles son las peculiaridades de la revolución del 20 en Grecia?
2. ¿Qué características en común tienen con la revolución del 30 en
Bélgica?
3. ¿Quiénes estaban a favor y en contra de la independencia griega? ¿Qué
objetivos tenían ante la cuestión?
4. ¿Qué nos sugiere el manifiesto de Epidauro?
5. ¿Qué particularidades presenta la independencia belga?
6. ¿Cuáles fueron las causas de la independencia belga?
Prusia:
1. ¿Qué fue el Zollverein? ¿Cuándo se fundó?
2. ¿Quién fue Otto Von Bismark?
3. ¿Cuáles eran los objetivos de Prusia? ¿Cuál era su principal rival?
4. Diferenciar la Pequeña de la Gran Alemania.
5. ¿Porqué se llamó a las revoluciones del 48 como “la primavera de los
pueblos”? Vincularlo al caso prusiano.
6. ¿Quién designó a Juan de Habsburgo como rey de Prusia? ¿Tuvo éxito
esta medida? ¿Porqué?
Austria:
1. ¿Cuáles eran las características políticas sociales y económicas de
Austria durante la revolución del 30?
2. ¿Por qué se llamó a las revoluciones del 48 como “la primavera de los
pueblos”? Vincularlo al caso austríaco.
3. ¿Quiénes protagonizaron los movimientos del 48? ¿Cuáles eran
aquellas cosas que los aunaban?
4. ¿Qué consecuencias trajo esta revolución?
5. ¿Qué relación pueden encontrar entre los intentos de levantamiento de
Italia y Austria?
Francia:
1. ¿Cómo fue el ingreso de Luis XVIII a la alianza del Cuadrilátero?
2. ¿Qué amenaza suponía Francia para la estabilidad que Metternich
quería construir?
3. ¿Cómo buscó asimilar Luis XVIII el restablecimiento del Ancient Regime
con le pasado revolucionario?
4. ¿Qué ruptura mostraba Carlos X con Luis XVIII? Ejemplificar con
medidas que tomó.
5. ¿Qué define a la revolución del 30 como exitosa?
6. ¿Cómo se apodó a Luis Felipe de Orleans? ¿Por qué?
7. Identificar las causas de la destitución de Luis Felipe y la revolución del
48.
8. ¿Cómo estaba compuesto, como funcionaba el gobierno de la segunda
república? ¿En dónde radicó su fracaso?
SIGLO XIX – REVOLUCIONES LIBERALES – 1820 – 1830 – 1848 –
El sistema de alianzas de Metternich se fundamentaba en su fuerte adhesión a
la ideología conservadora. El conservadurismo atrae, como grupo social, a las
clases altas de la nobleza y burguesía, funcionarios, clases medias con
aspiraciones de ascenso. Se manifiestan en contra de los movimientos obreros,
como el socialismo y anarquismo, de corte populistas, que surgen como
consecuencia de las revoluciones industriales y suponen una amenaza para su
status socioeconómico. Los conservadores rechazan tanto a los movimientos de
izquierda (porque estos pretenden reducir el poder que tienen) como de derecha
(que pretenden reemplazarlos). Su objetivo es en verdad que no haya cambios.
Solo pequeñas reformas para conformar a los descontentos
Por esto sostenemos que, como conservador, Metternich pretendía restaurar el
Ancient Regime. Pero luego de 1815, el liberalismo y el nacionalismo se
instalaron como fuerzas de oposición a la Restauración. (Una de las
consecuencias de la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico o 1° Imperio
Francés). A través de 3 oleadas revolucionarias van a descomponer el sistema
de congresos y alianzas que Metternich se esforzaba en mantener.
El Liberalismo atraía a la burguesía, intelectuales, clase media con aspiraciones
de ascenso socioeconómico, con la idea de quitar el monopolio del poder de la
nobleza, acabar con los abusos del absolutismo al igual que las restricciones
comerciales establecidas. Propone establecer un nuevo sistema político, la
democracia parlamentaria (donde serian representados, con derechos
individuales garantizados y un sistema económico de libre mercado.) Toman
estas ideas en la idealización de las repúblicas clásicas (Grecia y Roma) y
anglosajona. Consideramos representante del liberalismo político a Benjamin
Constant. El defiende el derecho del individuo a la libertad e igualdad jurídica, un
Estado garantizado por una constitución que limite la autoridad del rey y esto se
debía reflejar con la separación de poderes y el sufragio.
El Nacionalismo fue una ideología que surgió a inicios del siglo XIX.
Encontramos dos formas en la que se puede formar este sentimiento de
pertenencia a un Estado. Uno de raíz alemana y el otro de raíz francesa. Son
diferentes y responden a las experiencias particulares de cada uno en cuando a
proceso histórico, político y cultural que dio pie a la conformación alquímica del
Estado tal como fue. El nacionalismo alemán, surge a partir de un concepto
cultural del Estado. Para ellos la nación la integran todos los ciudadanos que
comparten los mismos rasgos culturales: lengua, historia, tradiciones. Es lo que
les da el derecho a organizarse como Estado soberano. Mientras tanto, el
concepto francés responde más a uno de corte político. El Estado estaba
compuesto por aquellos que comparten las leyes, los derechos y obligaciones.
Es una forma de aglutinar a todos los habitantes de un país. Esta idea
aglutinadora se logra eliminando los privilegios estamentales e instaurando la
igualdad ante la ley y eliminando los privilegios forales territoriales y suprimiendo
las aduanas internas. Este concepto de la nación está integrado en la ideología
liberal defendido por los partidos liberales (burguesía) que entienden que la
nación son todos los ciudadanos sometidos a la misma ley y que esto les une
por encima de sus diferencias de clase. Toman como referencia el período
histórico de la civilización clásica, la grecolatina.
Otros autores le dieron otro significado al término de nación, dando lugar a un
nuevo movimiento ideológico conocido como nacionalismo que es distinto del
liberalismo. El filósofo Fichte dota a concepto de nación de trascendencia que
lo coloca por encima de los individuos. Deriva de la idea del "espíritu" nacional
de Herder. Este espíritu viene del espíritu divino y de la misma forma la idea de
laica de cultura de una nación deriva de la idea religiosa de gracia con la que la
divinidad llega de contenido al espíritu. Este tipo de nación añade elementos
míticos con los que justificar un desarrollo histórico de la nación de modo
parecido al de un organismo vivo. La nación cultural o nación mítica es la base
de la doctrina ideológica del nacionalismo. Los mitos varían y pueden ser
incompatibles entre doctrinas nacionalismo de naciones diferentes. Se relaciona
con el romanticismo del siglo XIX.
El nacionalismo cultural en un primer momento estuvo integrado en el
liberalismo, pero con el paso del siglo XIX acabó por desligarse de él y formar
una ideología rival. La nobleza terrateniente vio en el nacionalismo cultural una
forma de mantener los privilegios que aún le quedaban y de recuperar parte de
lo perdido con las revoluciones liberales. Este tipo de nacionalismo que pone
freno a las reformas liberales fue defendido por los partidos conservadores por
lo que también se conoce como nacionalismo conservador. Para este
nacionalismo la nación se basa en la raza, en la cultura (tradiciones y religión) y
en la historia y pierde totalmente el carácter jurídico que tenía el primer
nacionalismo. Es decir, un francés no lo es porque esté sometido a las mismas
leyes que otro, un francés es francés por su raza, sus tradiciones, su religión y
su historia. El nacionalismo conservador mantiene la importancia de la religión
como base de la moral y de la organización social y toman como referencia el
período histórico medieval. En estos aspectos el nacionalismo conservador
coincide con el movimiento cultural y artístico de esta época
llamado romanticismo. El nacionalismo conservador fue la ideología que se usó
como arma para enfrentarse a otra nueva ideología que tenía cada vez más
fuerza: el socialismo.
El Socialismo basaba sus planteos en la “naturaleza social de los seres
humanos. Para los socialistas, los individuos no eran seres aislados abstractos,
sino que estaban inmersos en una sociedad, que era el ámbito a través del cual
se lograría la felicidad. Los socialistas sostenían que el capitalismo y la
industrialización privilegiaban el egoísmo y la persecución de beneficios
individuales y que estos se conseguirían a costa de la felicidad y bienestar del
conjunto social. A partir de estas bases surgen distintas corrientes dentro del
socialismo.
Saint Simón, Robert Owen y Charles Fourier centraron su pensamiento en la
idea de la cooperación social, entendida como la actividad natural del hombre al
ser un ser social. El bienestar de la mayoría se conseguiría por medio de la
cooperación. Por ello proponen crear cooperativas de producción y de consumo,
que permitiera distribuir beneficios equitativos entre sus miembros. De esto
surgen las Trade Unions.
Otra corriente la constituyeron los primeros anarquistas. Lo que distingue a este
del socialista es el rechazo de los anarquistas a toda forma de autoridad; social,
estatal o generacional. Pierre Proudhon criticaba al capitalismo y distinguía la
propiedad (considerada un robo) de la posesión. Para él todas las personas, de
manera individual o cooperativa, debían poseer los medios de producción (tierra,
herramientas) y generar a través del trabajo los bienes necesarios. Mijail Bakunin
sostuvo que la producción debía realizarse a partir de una propiedad colectiva
de los medios de producción, aunque la distribución de bienes debía realizarse
de manera proporcional al trabajo realizado por cada uno de ellos. Por eso se lo
considera iniciador de colectivismo mientras a Proudhon del mutualismo.
El marxismo surge en la década del 40 dentro del socialismo, basándose en las
ideas de Marx y Engels. Estos pensadores criticaron a los primeros socialistas
como Saint Simón, y los llamarían “Utópicos”, mientras se definían a si mismos
como socialistas científicos ya que construían sus ideas a partir de un análisis
histórico de la realidad social capitalista. Para Marx, el desarrollo histórico se
explicaba a partir de las transformaciones de las fuerzas productivas – tecnología
y formas de organización del trabajo- que conducía a una contradicción en las
relaciones sociales de producción en determinado momento. La historia, era la
de la lucha de clases, que surge con el desarrollo de las fuerzas productivas y
las divisiones de trabajo. El marxismo tuvo una gran influencia en las
organizaciones obreras de la 2da mitad del siglo XX.
El Romanticismo es un movimiento cultural que surgió como una forma de
oposición a las ideas de la Ilustración del siglo XVIII en contra de todo lo que se
consideraba “el frío predominio de la razón”. Los románticos van a exaltar las
pasiones, creían en la sensibilidad del hombre como un aspecto central de la
condición humana. Frente a lo objetivo, resaltaba lo subjetivo y el mundo interior,
y ante las reglas, impulsaban la libertad creativa. El movimiento se transformó
en una actitud ante la vida, en una postura de rebeldía frente a las normas
establecidas. Uno de los aspectos que hicieron de este movimiento algo
novedoso y atractivo fue so rechazo a la monarquía de tipo absoluto y a las
fronteras establecidas en el Congreso de Viena, porque negaban en varios casos
la identidad nacional al integrar en un mismo Estado distintas lenguas y culturas.
El Romanticismo creía en la necesidad de construir Estados Nacionales.
Apoyaron la idea de nación porque la consideraban la forma más pura de
representación de los pueblos. Su apogeo se dio en la segunda mitad del siglo
XIX. Se caracterizó por la nostalgia del mundo preindustrial, la estética del arte
gótico y la revalorización de la Edad Media, el gusto por lo exótico y distante, el
interés por la Historia y las tradiciones populares dando lugar al folcklore. Se va
a ver su influencia en la literatura en escritores como Goethe, Victor Hugo,
Charles Dickens, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y Lewis Carroll.
En la pintura destacó Eugéne Delacroix. En la música encontramos
compositores como Beethoven, Chopin, Verdi o Wagner. En la arquitectura
encontramos el estilo neorrománico y neogótico, restaurando catedrales,
castillos y fortalezas medievales.
Las crisis estallan por dos factores, por un lado, una crisis económica que
provoca dificultades al momento de subsanar las necesidades básicas de
subsistencia consecuencia de las malas cosechas, a lo que se suman los abusos
del absolutismo.
REVOLUCIONES DE 1820:
No había demasiados espacios para hacer política. Muchos países incluso no
tenían representación parlamentaria, menos partidos políticos. Lo que sí
contaban era con una fuerte restricción y control sobre las asociaciones. Pero no
por eso desaparecieron las discusiones políticas, se terminaron por desarrollar
en espacios privados – por ejemplo, banquetes – o espacios públicos informales
– los cafés o asociaciones literarias-. Los periódicos fueron el mayor espacio de
expresión y discusión política, al igual que las sociedades secretas. Allí se
formaron las distintas corrientes opositoras a la restauración. Veamos a
continuación los principales éxitos y fracasos de estas revoluciones en Europa.
ESPAÑA: Tras el congreso de Viena se había restaurado el absolutismo con
Fernando VII a la cabeza del país. Pero en febrero de 1820 movimientos
revolucionarios, le imponen al rey un régimen constitucional. En Julio de 1822
los partidarios de la monarquía intentaron volver todo a la normalidad, algo que
se logró y Fernando VII siguió siendo “prisionero” de los liberales en Madrid.
En 1814, Fernando VII había abolido la constitución liberal de Cádiz. Esta
constitución había introducido un lugar a las corporaciones un derecho individual
de voto y recortado rigurosamente los privilegios del clero y de la nobleza. El
poder legislativo ganaba una fuerte preponderancia, mientras que el rey sólo
conservaba un veto suspensivo. Fernando VII, al restablecerse en el trono y con
implacable espíritu de venganza, persiguió y expulso de nuevo a los liberales.
En medio de estas dificultades, armó tropas para aplacar y disolver las
independencias americanas. Allí el comandante Riega se pronuncia en contra de
Fernando VII y su absolutismo. Eso le obliga a aceptar la constitución de 1812 y
jurar por ella. Pero la Santa Alianza termina por invadir España y restablecer el
absolutismo.
El ejemplo español se extendió a Portugal e Italia, donde las insurrecciones de
los carbonarios en Nápoles obligaron a Fernando I a dar una Constitución, lo
mismo que en Piamonte, pero la intervención de las tropas austriacas restableció
el orden absolutista en los dos casos. En Portugal se produjo un levantamiento
(1820) donde se exigía la vuelta del rey al país. Se encontraban en Río de
Janeiro desde la invasión de Napoleón. El rey Juan IV se vio obligado a regresar
y a aceptar las limitaciones del absolutismo establecidas en la Constitución de
1822, mientras su hijo Pedro proclamaba en Brasil la independencia.
En Rusia estalló la revolución decembrista de 1825, un levantamiento de oficiales
del ejército contra el zar Nicolás I, sucesor de Alejandro I pero también fracasó
por falta de organización. Comenzó a ampliar sus territorios, por medio de los
tratados con Suecia (1809), Turquía (1812) y Persia (1813). El único problema
que surgió en el territorio es con Polonia, la cual estaba ocupada. En la Polonia
rusa el dominio del zar ejercía condiciones particulares: la Constitución
concedida por Alejandro I, había prometido que los empleos administrativos se
reservarían a los polacos que la legislación sería dictada por una Dieta elegida
por sufragio censitario. Había garantizado la libertad individual, la de prensa y
culto católico, no había impuesto a los jóvenes el servicio militar en el ejército
ruso, y había prevista la organización de un ejército polaco al mando de polacos.
Continuará en las oleadas revolucionarias de la década del 30.
En Grecia por el contrario la revolución triunfó. El movimiento de resistencia de
los griegos contra el Imperio Turco, bajo cuyo dominio se encontraban, se inició
en el Congreso de Epidauro (1821) gracias a la acción de la sociedad secreta
Hetairía, desencadenándose la guerra desde 1822. El canciller austriaco
Metternich no quiso intervenir por miedo al contagio revolucionario entre otros
pueblos balcánicos, pero los patriotas griegos contaron con el apoyo en 1825 de
Rusia, Inglaterra y Francia, organizándose un movimiento de voluntarios de toda
Europa –el más famoso fue Lord Byron, que murió allí–. La guerra de la
independencia fue dura, con episodios como la matanza de Quíos. En el Tratado
de Adrianópolis (1829) el Imperio Turco reconoció la independencia de Grecia
que se convirtió en reino, con Otón de Baviera como primer monarca.
El movimiento revolucionario combinó reclamos nacionales y liberales, es decir,
luchaban por la independencia, pero también exigían libertades individuales y
una Constitución. A diferencia de otros movimientos en el continente, en Grecia
las potencias europeas no reprimieron los levantamientos. Desde 1825 los
apoyaron con el objetivo de debilitar la posición otomana en el Mediterráneo. Un
gobierno provisional acompañado por una asamblea dirigió la lucha hasta 1832
que Grecia se convirtió en un reino constitucional gobernado por Otón I, si bien
las potencias europeas reconocen su independencia en 1829. Fue la protesta
instantánea de una población por su lengua, religión, costumbres, historia,
sentimientos, intereses económicos que habían permanecido extraños para el
imperio otomano.
Los primeros síntomas del movimiento se manifestaron en el momento en el que
el Congreso de Viena sumió la tarea de reconstruir Europa. Metternich vio en el
golpe, el comienzo de una inmensa revolución. Como la población griega era
cristiana y se revelaba al dominio musulmán, encontró enseguida simpatías que
no habían sido dadas a los demás movimientos insurreccionales. Si se separaba
Grecia, Rusia sería la principal beneficiaria de la disgregación del imperio
otomano. La perspectiva era grave para Austria, que no podía abandonar la
península balcánica a influencia rusa. También inquietaba a Gran Bretaña que
vería quebrantada su predominancia en el Mediterráneo y tendría que verse
expuesta al riesgo de una penetración rusa en el medio oriente. Aun así, Gran
Bretaña también se beneficiaría del debilitamiento del imperio otomano si
asegurara su influencia. Los intereses ingleses no concordaban en todos los
puntos de vista con los austríacos. La muerte de Alejandro I reanimó la crisis en
su aspecto internacional.
El nuevo zar, Nicolás I, se mostró resuelto a asumir los riesgos que habían hecho
retroceder a su predecesor. Los turcos ya habían iniciado el proceso de
reconquista. La negociación anglo-rusa que condujo Wellington para los ingleses
llevó al protocolo de abril de 1826 donde Gran Bretaña actuaría de mediadora
entre el gobierno otomano y los griegos. El objetivo era conseguir para Grecia
un régimen de autonomía, vasallo del imperio otomano pero gobernado y
administrado por los griegos. La política inglesa esperaba haber limitado de esa
manera las ambiciones rusas y no se opuso a la acción que Rusia pensaba
efectuar en los principados danubianos
La mediación pacífica se convirtió en una intervención armada contra el gobierno
otomano. Los rusos se alegraban ya que el sultán lanzó un llamamiento a la
guerra santa dándole la oportunidad de penetrar sus ejércitos en el territorio turco
mientras que para Inglaterra era una amenaza el hundimiento otomano. En el
momento en que las tropas del zar penetraron en territorio tuco, fueron
reforzadas las escuadras inglesas del Mediterráneo para proteger a
Constantinopla. El ministro de relaciones exteriores de Francia le propuso a Gran
Bretaña que dejase a Rusia libertad de acción en la región del Danubio, pero que
la apartara de Grecia. Así tanto Francia como Gran Bretaña tendrían un papel
clave en la regulación de la cuestión griega. Ninguno, Rusia, Francia o Inglaterra
mantuvieron políticas uniformes a lo largo de esta crisis. Tanto Rusia como Gran
Bretaña retrocedieron ante la amenaza de un conflicto general.
REVOLUCIONES DE 1830: Son manifestaciones contra el recorte de libertades,
el nacionalismo y el descontento popular consecuencia de las crisis económicas.
Inicia en Francia y de allí se expanden por Europa.
En 1818 los gobiernos de las 4 potencias en la reunión de Aquisgrán decidieron
retirar las tropas de ocupación del territorio francés. A partir de acá el Duque
Richelieu pidió el derecho de ingresar a discutir con las potencias dirigentes. El
problema consistía en que se temía que se aliara con Rusia, el resultado fue que
se admitió su ingreso y el gobierno de Luis XVIII empezó a ser parte en las
deliberaciones sobre cuestiones europeas.
Francia había sido la cuna del proceso revolucionario que sacudió Europa y por
lo tanto, era necesario equilibrar los diferentes grupos políticos con el fin de evitar
resentimientos, revanchas, extremismos y cualquier amenaza de una nueva
revolución. Luis XVIII entendió esto. Antiguo conde de Provenza, hermano de
Luis XVI, reinó entre 1814 y 1825. Estableció su nombre para mantener la
continuidad con su antecesor, como si no hubiera existido la Revolución
Francesa. Pero aceptó muchos cambios como el código civil napoleónico, donde
se garantizaba la igualdad ante la ley. También conservó la administración estatal
que estableció Napoleón, y admitió que no era posible gobernar como antes de
la revolución, no se podía esperar una tabula rasa. Por eso toleró la aprobación
de una Carta constitucional u Otorgada.
Era un sistema intermedio entre el absolutismo y el sistema británico. El rey
conservaba en exclusiva la potestad ejecutiva y proponía leyes. Pero lo limitaba
al conformar un sistema legislativo bicameral. Por un lado, la Cámara de los
Pares designada por el rey y por el otro, la Cámara de los Diputados designados
por el sufragio censitario. Además, se organizó un poder judicial con magistrados
nombrados por el monarca.
Este sistema habilitaba cierta participación política ciudadana. Pero era limitado
en su sufragio. Solo aquellos con una posición económica acomodada eran los
que podían participar en las elecciones. Dos grupos políticos respaldaron esta
solución: Primero, los Ultrarrealistas liderados por la alta nobleza que buscaban
reforzar el poder del rey, defendían los privilegios de la iglesia católica y
consideraban esta carta como la máxima concesión posible a los liberales. En
segundo lugar, esta fue apoyada por los liberales moderados que creían que la
carta era un logro inicial a partir del cual podrían ampliarse las libertades
ciudadanas. Sostenían que el rey no debía gobernar de forma directa, sino por
medio de sus ministros y que el poder político debía separarse de la iglesia
católica.
Luis XVIII se apoyó en ambos para gobernar. El monarca siguió ostentando una
soberanía absoluta, y era él que decidía con que órgano constitucional la
compartía. Las cámaras eran liberales, seguían con las ideas revolucionarias; la
igualdad ante la ley, la garantía de los bienes nacionales adquiridos durante la
revolución. Estas cámaras ostentan un poder mayor que en la época
napoleónica. Era el modelo más peligroso para los conservadores. Salió de la
crisis napoleónica con una monarquía parlamentaria. Pero a su muerte fue
coronado su hermano Carlos X, un monarca conservador e intolerante que
rápidamente despertó las reacciones en Francia. Entiende que los liberales
están mal y hay que perseguir todo intento que vaya hacia la apertura o el
diálogo. Se produce una segunda reacción esta vez con Carlos X; en el 30.
Carlos intentó suprimir algunos derechos, como la libertad de Prensa, y disolvió
la Cámara de los diputados. Esto, junto a una crisis agrícola que encareció los
alimentos, terminaron por aglutinar a los opositores al monarca. En julio se
organizaron y la burguesía junto a sectores populares levantaron barricadas en
París. Sin apoyo político el rey marchó al exilio y dio fin a la monarquía absoluta
en Francia.
Fue una revolución exitosa que cambió la dirección de todas las revoluciones,
acabó con los borbones en el trono y llevó a Luis Felipe de Orleans, este siempre
se había mostrado dentro de las líneas liberales. Esta revolución fue muy
celebrada en Francia, y Gran Bretaña lo reconoce, lo legitimó. Esto hizo que
Francia se aleje del absolutismo y conservadurismo, y pasa a ser el primer país
en adherirse al eje parlamentario británico. En el gobierno de Luis Felipe entraron
republicanos y conservadores en el gobierno. Para esto necesitó una política
exterior de modelo colonial de crecimiento, parecida a Gran Bretaña. Se
estableció una monarquía constitucional como forma de gobierno y Luis Felipe
se comprometió a respetar las libertades constitucionales y ampliar el derecho al
voto. Por haber surgido de una revolución liberal y de contar con el apoyo de la
burguesía se lo llamó “el rey burgués”.
La revolución parisina de 1830 representó algo más que un cambio de dinastía.
La revelación del pueblo, de la fuerza política que representa de la necesidad
manifiesta de contar con él en adelante. Los cambios fueron limitados y la ruptura
se hizo notar mucho menos que la continuidad de la vida política. La religión
católica perdió su cualidad de la religión de Estado; la censura quedó abolida.
La elección del presidente de la Cámara por los diputados y el voto del
presupuesto por capítulos eran medias que acentuaron el carácter parlamentario
del régimen. En el fondo, la revolución descansaba en un equívoco: la gran
burguesía no estaba dispuesta a conceder una democratización del régimen,
sino que estaba decidida a conservar su carácter netamente censitario. Luis
Felipe disimulaba la pasión del poder. Desde el comienzo de su reinado intentó
que triunfara su política con hombres de su elección. Por consiguiente, constituyó
un primer ministerio en el que, incluyendo a los dos principales jefes de los
partidos orleanistas, consiguió insertar a los principales organizadores de la
revuelta. Ante el agravamiento de la crisis económica. El rey creyó que podía
desacreditar al partido del movimiento confiándole el poder. Laffite fue acusado
de no haber sabido mantener el orden.
Luis Felipe le pidió que presentara la dimisión y se inclinó hacia el partido de la
resistencia. Tuvo que hacer concesiones, limitando al máximo su intervención en
la vida política. El orleanismo descansa sobre el mito del rey burgués, símbolo y
garantía, de la dominación de una clase, que confunde al Estado, en su
competencia y atribuciones, con los intereses de esa clase. El ideal republicano
se vio reforzado por la formación de la sociedad de los Derechos del hombre y
del ciudadano, que a partir de 1833 aventaja a todos los demás movimientos por
la amplitud de su reclutamiento.
La originalidad del nuevo movimiento republicano estriba en su interés por las
clases populares; prueba de ello es que las secciones de la Sociedad de los
Derechos del Hombre apoyan a los huelguistas con todos los medios de que
disponen Luis Felipe padeció durante todo su reinado de un complejo de no
legitimidad, de usurpación; estaba dominado por una obsesión, la de despojarse
de su condición de advenedizo al trono y ocupar un puesto entre las grandes
familias reinantes.
El régimen fue identificándose cada vez más con el partido de la resistencia.
Administrar el asunto de los ministros, pero gobernar es competencia del rey con
ayuda de uno o varios de sus ministros; si no pudo lograr que se aceptara en
conjunto el régimen personal, al menos Luis Felipe supo explotar las rivalidades
y las ambiciones personales, así como sembrar la discordia entre las cabezas
del partido conservador. Esta estabilidad sólo pudo obtenerse pagando el precio
de la corrupción, primero sobre el plano electoral, posteriormente sobre el plano
parlamentario prometiendo ascenso a los diputados funcionarios y concediendo
sus sustanciales favores a los hombres de negocios.
Una serie de escándalos, dejaron entrever el relajamiento de la moralidad entre
los notables y acabaron por salpicar al régimen; la oposición reclama la reforma
parlamentaria y electoral. Los elementos extremistas encabezaron el movimiento
y bien pronto la política del rey fue objeto de ataques. Se desencadenó una
campaña de críticas contra el gobierno. Al negarse a ampliar las capacidades,
promoviendo la reforma electoral y parlamentaria, el régimen se había
desvinculado finalmente de las categorías sociales que hubieran podido
constituir su apoyo más fiel y que estaban personificadas en la guardia nacional.
La revolución en Bélgica es consolidada por franceses e ingleses. Bélgica va a
armó una monarquía parlamentaria con un rey alemán, Alberto de Sajonia. La
revolución es interesante porque es triunfa, es nacionalista, corrige una medida
tomada por el Congreso de Viena y la Santa Alianza. Se puede hablar de un
bloque liberal consolidado: Bélgica, Portugal, España, Gran Bretaña y Francia.
Van a pasar más de 20 años para que se incorporen más países. En esta crisis
de alcance nacional, debe verse la formación de un sentimiento nacional belga.
Los católicos y calvinistas habían permanecido separados desde el siglo XVI. El
gobierno holandés había prometido respetar la libertad de culto y sostuvo su
promesa. Pero en Flandes, donde los sentimientos católicos eran sólidos, la
influencia del clero era decisiva. La subordinación a un gobierno protestante
generó en seguida desconfianza. La principal causa no era religiosa. En cuanto
a móviles políticos, el gobierno de Guillermo I buscaba asegurar la
preponderancia de los holandeses en el Estado, a pesar de su inferioridad
numérica. Flamencos y valones estaban acordes en quejarse de su
acaparamiento del gobierno. Tal oposición se hallaba de acuerdo no solo con los
principios del liberalismo político en general, sino también con el derecho de los
flamencos y valones a no quedar relegados en un papel secundario en el estado.
En Flandes, una parte del clero católico se orientó bajo la influencia de las ideas
de Lamennais hacia el catolicismo liberal permitiendo el acuerdo entre liberales
y católicos. Desde entonces ambos grupos tendrían un programa en común:
libertad de enseñanza, de prensa, reforma electoral, para establecer un régimen
verdaderamente representativo.
La burguesía, estaba lejos de agradecérselo al poder real, por el contrario, su
papel en la vida económica le incitaba a reivindicar una parte más activa de la
política, aunque sólo fuese para asegurar mejor la protección de sus intereses
materiales. En esos círculos la situación económica era tal, que impulsaba las
reivindicaciones del liberalismo político y la oposición al régimen holandés. Otra
parte de esta burguesía favorecía el statu quo, Amberes busca mantener la unión
de las provincias belgas a Holanda ya que aseguraba la libertad.
Las revueltas de Bruselas del 25 de agosto de 1830 que obligaron a la guarnición
holandesa a retirarse no era más que una manifestación de protesta social. Pero
desde el momento en que la burguesía tomó la dirección del movimiento se habló
ya de reivindicaciones políticas. Se buscaba obtener una separación
administrativa y parlamentaria entre las provincias belgas y holandesas. Hasta
que el rey se rehusó a acceder a tal separación y dio la orden a sus tropas de
ocupar Bruselas, no se desencadenó la verdadera lucha.
La formación de un gobierno provisional belga fue anunciada en la declaración
de independencia. Una asamblea constituyente decidió que el nuevo estado
sería una monarquía constitucional. La crisis tomó un carácter internacional
cuando a finales de septiembre Guillermo se dirigió a Prusia, Austria, Rusia y
Gran Bretaña para pedir apoyo para reprimir la rebelión belga. La respuesta de
los gobiernos rusos y prusianos fueron en principio favorables. Pero uno y otro
subordinaban su intervención a una acción colectica de las potencias que se
habían comprometido a mantener la paz de los Países Bajos, y Metternich no
deseaba comprometer las fuerzas austriacas a tan gran distancia, porque se
hallaba inquieto con la situación italiana. Prusia y Rusia no quisieron
comprometerse solas, porque sabían que su intervención significaría una
intervención francesa a favor de los belgas. De todas maneras, no podía
permitirse que los belgas fueran aplastados, ya que la mayoría lo veía como una
cuestión de dignidad nacional.
El gobierno francés se declaró en favor de una política de no intervención a
condición de que ninguna otra potencia apoyase al rey de los Países Bajos. La
política del gabinete inglés y de Luis Felipe podían considerarse conjuntamente,
en vistas de un arreglo de la cuestión belga mediante las negociaciones de las
grandes potencias. Las deliberaciones de la conferencia internacional estuvieron
dominadas en gran medida por la política inglesa. En enero de 1831 se decidió
la neutralidad a perpetuidad del estado belga y que las potencias signatarias
garantizarán eso. Determinó las condiciones de elección del rey entre las familias
no reinantes en las grandes potencias con precaución extra para evitar la
candidatura de un príncipe francés. El rey de los países bajos intentó llevar a
cabo un esfuerzo de reconquista, pero no logró deshacer el acuerdo de las
grandes potencias. Lo más importante era que aquel primer ataque al estatuto
territorial de 1815 hubiera podido resolverse pacíficamente. El gabinete inglés
fue realista, renunciando a la concesión de una barrera contra Francia y
aceptando la independencia belga bajo la garantía de neutralidad.
En Polonia los nacionalistas proclamaron la independencia de Rusia en 1830
pero, al no contar con ayuda exterior ni apoyo del campesinado, la revolución
fracasó y los rusos reprimieron la revolución de forma sangrienta. El zar había
tomado precauciones y dejado a manos del virrey, su representante, la iniciativa
de las leyes, restringiendo al máximo los poderes presupuestarios de la Dieta y
colocando un general ruso al frente del ejército polaco. La única causa para la
insurrección polaca es el deseo de recobrar la independencia: la conciencia
nacional y el patrimonio polaco no podía aceptar el dominio extranjero. Pero sus
partidarios eran una minoría, que pertenecía a la nobleza media o burguesía
intelectual, constituida con jóvenes influidos por el romanticismo y las ideas
liberales de la Europa occidental.
Contaba con medio de acción por formar los cuadros subalternos del ejército
polaco, pero a excepciones raras no contaba con el apoyo de los grandes
propietarios territoriales o con el apoyo del alto clero o alta burguesía. Pero a
pesar de su inferioridad numérica, los jefes crían poder triunfar mediante un
golpe de audacia. Pensaba en eliminar por la fuerza al virrey y a las autoridades
rusas de Varsovia y sustituirlos por un gobierno polaco capaz de actuar
inmediatamente por disponer de una administración y de un ejército. Los polacos
aprovecharon la ocasión del levantamiento belga para lanzar su alzamiento. Al
principio el plan se ejecutó sin grandes dificultades. Pero cuando se formó el
gobierno provisional dudó antes de comprometerse en una aventura peligrosa y
en lugar de reivindicar la independencia trato de negociar y obtener la aplicación
integra y efectiva de la constitución de 1815. Así como también el unir los
territorios polacos a los territorios que antes de 1722 habían pertenecido al
estado polaco. La dieta de enero de 1831 declaró la independencia.
Las tropas rusas eran el doble de las polacas. La única esperanza eran los
movimientos revolucionarios de Europa. Creían que los rusos concentrados en
la cuestión belga e italiana, no se enfocarán en los polacos, pero solo fue un
retraso para la campaña rusa de reconquista. El zar pensaba que todo podía
arder en Europa, busco preservar sus recursos, buscando recuperar Polonia sin
pérdida de mucha sangre. Pero luego de 3 meses decidió emplear la guardia
imperial. Antes de desaparecer, el gobierno provisional atribuyó su derrota a las
potencias occidentales, por su falta de ayuda. Las tropas rusas se apoderaron
de Varsovia en septiembre 1831. Esta crisis fue un gran acontecimiento
internacional.
En Italia estallaron también insurrecciones en Piamonte, Parma, Roma y
Nápoles que fracasaron por la desunión entre ellos y por la intervención de
Austria. Tras el fracaso, Mazzini fundó la Joven Italia.
En Alemania los revolucionarios consiguieron que los príncipes aprobaran textos
constitucionales en algunos estados (Hannover, Sajonia...) pero la unidad
fracasó. Lograron que triunfara la unión aduanera o Zollverein en 1834,
impulsada por Prusia, que servirá de base a la unidad. El Zollverein, o Unión
Aduanera Alemana, fue una coalición de estados alemanes formada para
gestionar los aranceles y las políticas económicas dentro de sus territorios.
Organizado por los tratados de Zollverein de 1833, comenzó formalmente el 1
de enero de 1834. Sin embargo, sus cimientos se desarrollaron desde 1818 con
la creación de una variedad de uniones aduaneras entre los estados alemanes.
no formaba parte de la Confederación Alemana (1815-1866). La fundación del
Zollverein fue la primera instancia en la historia en la que estados independientes
consumaron una unión económica plena sin la creación simultánea de una
federación o unión política. Prusia fue el principal impulsor de la creación de la
unión aduanera. Austria fue excluida del Zollverein debido a su industria
altamente protegida y también porque el príncipe von Metternich estaba en
contra de la idea.
Esta idea fue encabezada por Otto Von Bismark Fue un estadista, militar y
político alemán, considerado el fundador del Estado alemán moderno. Durante
sus últimos años de vida se le apodó el "Canciller de Hierro" por su mano dura
al tratar temas relacionados con su país en formación que incluía la creación de
un sistema de alianzas internacionales que aseguraran la supremacía de
Alemania, conocido como el Reich. El canciller justificó el proceso de unificación
como una razón de Estado donde un gobernante puede tomar medidas sin
importar los costos, con objeto de preservar la existencia de un Estado. Para el
caso de Alemania estas consistían en:
Aislar diplomáticamente a Austria mediante el apoyo de Francia y generar
un aislamiento con Rusia
Lograr una superioridad militar Prusiana para hacer frente a una guerra
contra Austria
Esperar el pretexto militar para iniciar las guerras de unificación del territorio
(se presentó con la Guerra por el reparto de los Ducados)
Hubo dos propuestas para unificar los Estados y estas fueron:
La pequeña Alemania: La cual estaría formada por Prusia y mantendría
un sistema de gobierno igual al de Prusia.
La Gran Alemania: La cual estaría formada también por Austria
Austria: El hecho de querer tener una estabilidad en cada uno de los estados
que formaban la confederación alemana, era uno de los equilibrios que buscaba
Metternich; para poder tener un equilibrio en toda Europa. La igualdad de los
estados y la importancia de las cinco grandes potencias fue disminuyendo
rápidamente con el tiempo. Tras el Congreso de Viena obtendrá un gran aumento
hacia el sur y el sudoeste. Metternich debe llevar a cabo una política antiliberal
muy violenta, estaba rodeada de enemigos.
- Aspectos sociopolíticos
Su gobierno se caracterizaba por una monarquía de corte centralista
y autoritaria.
Estaba conformada por un territorio habitado por diferentes pueblos
—eslavos, alemanes, húngaros, rumanos e italianos— que tenían
distintas lenguas, religiones y costumbres. Lo que hizo difícil la
conformación de un estado fuerte.
- Aspectos económicos
La mayor parte de su capital se destinaba al mantenimiento de un
ejército y una administración que garantizaran la unidad imperial.
En Suiza se abolió la Constitución aristocrática.
En España triunfó definitivamente el régimen liberal en 1833 con Isabel II, lo
mismo que ocurrió en Portugal. España terminó por verse involucrada en una
guerra civil entre liberales y absolutistas luego de la muerte de Fernando VII,
conocida como guerras carlistas. En octubre de 1833 con la muerte de Fernando
VII en España, se abrió una crisis de sucesión entre Don Carlos, hermano de
Fernando VII y María Cristina, regente en nombre de Isabel. La guerra civil
española tenía un aspecto europeo en cuanto representaba el antagonismo
entre las potencias absolutistas y liberales. Metternich apoyo a los Carlistas y
Palmerston a Isabel. Luis Felipe no parecía dispuesto a intervenir en la guerra
civil a pesar de haber concentrado tropas en la frontera española, pero el
gabinete inglés tenía sospechas. En 1830, cuando se produjo la derrota carlista,
la influencia inglesa triunfó en Madrid, donde Espartero jefe del gobierno,
favoreció a Gran Bretaña. En 1840 autorizó a sociedades inglesas a que
adquiriesen los bienes confiscados a las comunidades religiosas y aceptó su
pago en títulos de la deuda española.
En Inglaterra no hubo revolución, pero los liberales consiguieron en 1832 una
reforma política que ampliaba el derecho de sufragio y ampliaba los derechos
individuales. Está afrontando las consecuencias de la revolución industrial como
el cartismo.
Tras el paso de las revoluciones de 1830, Europa quedó dividida en dos bloques:
el occidental, liberal y constitucional, y el oriental, conservador y aristocrático,
integrado por Austria, Prusia y Rusia. La gran triunfadora del ciclo revolucionario
fue Bélgica, que consiguió independizarse de El Reino de los Países Bajos en
1830. El 4 de noviembre de 1830 se inició una conferencia en Londres sobre el
futuro de Bélgica: finalmente las grandes potencias decidieron reconocer la
independencia de Bélgica el 20 de enero de 1831. Se estableció una monarquía
y el trono fue entregado a Leopoldo I de Bélgica el 21 de julio de 1831. Bélgica
declaró su neutralidad en la política internacional. La gran perdedora fue Polonia
que hasta los tratados posteriores a la I Guerra Mundial no conseguirá su
independencia (1918).
REVOLUCIONES DE 1848: Es conocida como la “primavera de los pueblos”,
porque es cuando surgen con fuerza los ideales democráticos: el sufragio
universal, la soberanía popular, y la igualdad social. La principal novedad de
estas revoluciones fue la irrupción del proletariado que manifiesta una conciencia
de clase. Era tan consciente de sus miserias como de su fuerza. Esto va a quedar
más que claro con la publicación de Marx del Manifiesto comunista el mismo año
que estallan estas revoluciones. Se luchaba por las ideas liberales y
nacionalistas, pero también se explayaron demandas sociales como el sufragio.
El malestar nuevamente terminó por estallar por una crisis económica
consecuencia del desarrollo industrial y el dominio de las máquinas en las
fábricas. Esta vez las revoluciones tuvieron éxito y quedó consolidado el modelo
de monarquía parlamentaria. Afectó a casi toda Europa empezando por el reino
de las Dos Sicilias y Francia. En Austria, Alemania, Suiza e Italia tiene un
marcado carácter nacionalista, en todos estos países fracasó.
1848 fue el año de mayor intensidad revolucionaria de todo el siglo. La oleada
revolucionaria inició en Francia. El país estaba en pleno proceso de
industrialización y había iniciado la construcción de una red de ferrocarriles, lo
que permitió el surgimiento del sector obrero. Pero este rey burgués se vinculó
a la burguesía financiera e industrial, dejando marginada a la clase media.
Tampoco se amplió el derecho al voto. Las contradicciones, las promesas
incumplidas, el alza de los precios agrícolas por las malas cosechas del 46 y 47,
la frustración de una parte importante de la burguesía y los reclamos de los
grupos obreros generaron un clima de descontento y protesta generalizado.
Tanto respecto a su política exterior como interior.
En 1847 comenzó una intensa campaña de los republicanos por medio de
periódicos como El Nacional (más moderado) y La Reforma (radical) y de
banquetes a favor de una reforma radical. En febrero del 48 el gobierno prohibió
la realización de uno de estos banquetes y los periódicos despertaron la
movilización popular. Cuando la guardia nacional se negó a reprimir una
manifestación de trabajadores y republicanos democráticos, el gobierno recurrió
al ejército.
La protesta se transformó en revolución, con combates y barricadas en distintas
ciudades de Francia, sobre todo París. El 24 de febrero, Luis Felipe abdicó a
favor de su nieto, pero la Cámara de Diputados presionada por las
manifestaciones instaló la República y nombró un gobierno provisional. La nueva
Constitución reconocía: el sufragio universal masculino, libertad de prensa,
libertad de asociación y derecho al trabajo. El gobierno provisional, que contaba
por primera vez con miembros socialistas, implantó la jornada laboral de 10
horas, medida que contribuía a mitigar el paro. Como vemos participa por
primera vez un movimiento que representa a los obreros. En esta revolución se
pide, por primera vez desde 1793, el sufragio universal. Las elecciones para la
Asamblea Nacional (Parlamento francés) dieron una mayoría a las fuerzas
conservadoras, y los partidos de izquierda y los progresistas quedaron
marginados, los obreros aprenderían a no confiar en la burguesía.
En junio la revolución se radicalizó, y la pequeña burguesía que había estado del
lado de las clases obreras se alió con la alta burguesía. La lucha contra el
absolutismo se transformó en una lucha interclasista entre burgueses y obreros
que se saldó con una fuerte represión. Poco después en las elecciones para
presidente de la República resultó ganador Luis Napoleón, sobrino de Napoleón
Bonaparte y tal y como hiciera su tío, se proclamó emperador. De nuevo una
revolución en Francia había desembocado en un poder imperial. Con todo, los
logros de esta revolución son importantes, se mantuvo en Francia el sufragio
universal y muchos países se gobernaban con constituciones.
Tras la aprobación de la nueva Constitución fue nombrado presidente de la
República Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón. Luis Napoleón
accedió a la presidencia de la II República sintiéndose monárquico lo que
provoca de inmediato un enfrentamiento con la Asamblea. A finales de 1852,
después de que se le prorrogase la presidencia por 10 años, se proclamó
emperador con el nombre de Napoleón III, dando al traste con la mayor parte de
las reivindicaciones revolucionarias e inaugurando el Segundo Imperio francés.
Dos años después será emperador de Francia Napoleón III. La caída de la
monarquía en Francia y la fundación de la Primera República en 1792 fue un
acontecimiento importancia; constituyó un desafío a la vieja Europa; la dinastía
que había gobernado a Francia durante siglos fue derribada y con ella la
sociedad y creencias que representaba. Las fuerzas políticas que luchaban por
el predominio durante las revoluciones de 1848 en Europa, a pesar de los
conmovedores manifiestos franceses, las protestas monárquicas privadas de
solidaridad y las manifestaciones socialistas internacionales, operaban dentro de
un contexto nacional.
El impacto de las noticias de la caída de Luis Felipe fue grande. La “soberanía
del pueblo” proclamada en París ponía en tela de juicio toda autoridad
establecida en Europa. La historia de la revolución en Francia en 1848 ilustra la
distinción entre la lucha por el poder de unas elites dominantes enfrentadas y el
intento de llevar a cabo cambios en la sociedad y en el destino del hombre de la
calle, que llevaría al baño de sangre de junio. En Francia, en 1848, el impulso
fue violento, revolucionario y desorganizado. Las estratificaciones y divisiones
de la sociedad francesa hicieron posible que Luis Felipe gobernara de modo
personal, pero esto más adelante lo dejó sin apoyos frente a los problemas que
abrumaron al rey y al gobierno en febrero de 1848.
Durante los primeros días de la revolución el “gobierno provisional” estableció
su autoridad al responder con prontitud a las exigencias de las multitudes
militantes. El paso siguiente que dio el gobierno provisional supuso un nuevo giro
hacia la república conservadora. Una república provisional conservadora podía
confiar en todas las fuerzas que necesitara para mantener la ley y el orden contra
cualquier intento de revolución social, siempre que sus dirigentes estuvieran
unidos y decididos a utilizarlas.
El resultado en toda Francia, incluidos París, fue la reelección de los
conservadores y moderados, no de los socialistas y radicales. La asamblea
recién elegida se puso a la tarea de redactar una constitución. Desesperando
con toda razón de que se pudiera esperar cualquier cambio social de semejante
asamblea, diversos agitadores políticos de izquierda intentaron en mayo de 1848
derribar a la asamblea por la fuerza. El único resultado fue la destitución y el
arresto de los más conocidos dirigentes de izquierda.
La Segunda República, que desde abril de 1848 estaba en manos de los
propietarios y de los políticos conservadores y moderados, fue en parte
responsable de la insurrección que temía. La asamblea pensaba que podía
cortar de raíz la conspiración socialista tomando medidas preventivas, aunque
no existía tal conspiración. Las condiciones económicas, que eran malas en
Paris en febrero de 1848, habían empeorado en junio. La asamblea decidió que
el presidente debía ser elegido por cuatro años mediante sufragio universal
masculino; no podía presentarse a un segundo mandato.
Luis Napoleón programó astutamente su ascenso al poder a partir de 1848, con
un seguro instinto político del que hasta entonces había carecido. A partir de abril
de 1848, y especialmente después de junio, con la ayuda de unos financieros,
Luis Napoleón y sus partidarios se embarcaron en una campaña de publicidad
en Francia realizada con gran habilidad profesional. La república estaba
desacreditada a los ojos de la gran mayoría del pueblo francés, aunque
paradójicamente, esta mayoría estaba compuesta por muchos grupos políticos
y sociales rivales.
Luis Napoleón se las había arreglado para convencer a la Iglesia Católica de que
apoyaba su pretensión de que tenía derecho a impartir su enseñanza junto con
la del Estado. Luis Napoleón puso de su parte el apoyo conservador esencial
para su candidatura a la presidencia en diciembre de 1848. Las fuerzas
monárquicas conservadoras, divididas entre orleanistas y legitimistas, pensaban
que estas proporciones les ofrecían la mejor oportunidad de derrotar a los
republicanos que realmente creían en la república. Los años de 1849 a 1851
fueron testigos de una lucha desigual entre el presidente y la asamblea; sobre el
papel sus fuerzas eran iguales, compartiendo el poder y siendo la asamblea en
última instancia responsable de la constitución republicana y facultada para
destituir a cualquier presidente que violara.
Deseaba que los franceses lo consideraran por encima de los partidos políticos
y conflictos sociales, como el jefe natural del Estado que representaba la
voluntad del pueblo francés en su conjunto. Durante los primeros nueve meses
dejó el gobierno del país a un gabinete dirigido por el orleanista Barros, que tenía
mayoría en la asamblea. La mayor preocupación de este gobierno fue proteger
al país contra el socialismo. La ley de enseñanza realmente aprobada en marzo
de 1850 permitió a la Iglesia organizar escuelas privadas primarias y secundarias
y, aunque preveía una cierta supervisión estatal, reforzó grandemente el poder
de la Iglesia. Las escuelas no eran gratuitas ni obligatorias y donde existía una
escuela de la Iglesia, no se estimulaba la creación de una escuela secular; la
educación religiosa era obligatoria.
En octubre de 1849, Luis Napoleón se aprovechó de las críticas y arbitrariamente
cesó al gabinete Barrot, pese a que una mayoría de la asamblea lo apoyaba. De
esta manera disminuyó de un plumazo el poder de la asamblea. Se promulgó
una nueva ley electoral que reducía el electorado en un tercio y en la práctica
significaba el abandono del sufragio universal. Para asegurarse de la exclusión
de la izquierda militante, la ley electoral, además privó de ese derecho a todos
aquellos que hubieran sido declarados culpables por los tribunales. Luis
Napoleón se había asegurado el apoyo de la administración francesa,
sumamente centralizada, nombrando prefectos, jueces y funcionarios que le
eran adictos. La Iglesia estaba casi totalmente de su parte; consideraba como
sus grandes enemigos al socialismo y el ateísmo y veía en el príncipe-presidente
al salvador frente a la revolución socialista.
Fueron detenidos algunos diputados eminentes y los esfuerzos de los diputados
por reunirse posteriormente fueron frustrados con facilidad. No era él quien
destruía la Segunda República, sino que declaraba haberla salvado de la
asamblea, que con sus maquinaciones secretas estaba dispuesta a destruirla.
La formación de un mercado interior fue mucho más premiosa que en Inglaterra,
y los ingresos por habitante eran más bajos. Francia continúa siendo un país
esencialmente agrícola. Aunque la gran propiedad domina Francia es una
democracia de pequeños agricultores, que viven mediocremente en una
economía cerrada, víctimas de su hambre de tierras.
Este progreso beneficia mucho más al propietario o al explotador de la gran
propiedad que al jornalero, que se ve afectado por la reducción de los derechos
colectivos. Aunque en la Francia de mediados del SXIX todavía dominan la
pequeña tienda y el taller, y las grandes empresas constituyen la excepción,
lentamente se va formando un capitalismo de monopolio, favorecido por el
gobierno. Los progresos de la industria están escasamente ayudados por las
vías de comunicación. La vida económica continúa estando en Francia marcada
por el sello del pasado, embotada por el proteccionismo, el prestigio de las
inversiones inmobiliaria, la ausencia del crédito. El Segundo Imperio fue
proclamado en 1851.
El movimiento revolucionario se propagó desde Paris al resto de Europa. En el
Imperio Austriaco se desencadenaron en 1848 levantamientos de estudiantes,
obreros y pequeña burguesía y milicias tanto en Viena como entre nacionalistas
checos, húngaros e italianos. Todos estos tenían un punto en común: eran
levantamientos urbanos, dirigidos por grupos liberales y se producían en Estados
regidos por monarquías absolutas basadas en principios dinásticos. También
eran levantamientos nacionales, perseguían la formación de un Estado Nacional
independientemente de sus particularidades. Aunque no todos tenían los mismos
objetivos, lograron implantar una monarquía constitucional y el canciller
Metternich salió del poder. Pero rápidamente fueron reprimidos. Con ayuda de
Rusia, el nuevo emperador Francisco José logró restaurar el absolutismo.
La temporaria crisis en Austria repercutió en diferentes zonas donde estos tenían
notable influencia. Así se produjeron revoluciones en Italia y Alemania, que
intentaron unificarse.
En Italia los revolucionarios luchaban a la vez por la libertad y por la unidad. Los
nacionalistas llegaron a declarar Repúblicas independientes en Venecia,
Toscana y Roma, pero fracasaron. Derrotados por los austriacos en Lombardía
y el Véneto, vieron cómo los franceses reponían al Papa en Roma. Al finalizar,
solamente el reino de Piamonte, en manos de los Saboya, era liberal y
constitucional.
En Alemania la revolución de 1848 fue muy importante. Los patriotas
consiguieron establecer constituciones en 39 Estados y se convocó una
Asamblea nacional que nombró regente a Juan de Habsburgo. Este Parlamento
de Frankfort resultó ineficaz, ya que no contaba ni con dinero, ni armas, ni
funcionarios y además estaba dividido. Por miedo a los obreros, los
parlamentarios ofrecieron la corona alemana al rey Federico Guillermo IV de
Prusia, quien no la aceptó. Así pues, fracasó la revolución, aunque en Prusia se
mantuvo un régimen constitucional muy censitario.
Las protestas alcanzaron a Suiza que se organizó como una confederación
donde los cantones (provincias) logran una amplia autonomía. Esto era
fundamental para la conciliación de los diferentes grupos de su sociedad, que
además de tener una gran diversidad religiosa, (católicos, calvinistas, luteranos,
etc.) también posee distintas comunidades lingüísticas (alemana, francesa,
italiana y romanche). En 1850 se estableció el franco como única moneda de
circulación nacional.
Las revoluciones del 48 fueron principalmente movimientos de carácter urbano,
intensos y efímeros que demostraron el final de la era del absolutismo y revelaron
tanto la fuerza ascendente de la burguesía como el deseo de los obreros fabriles
por lograr reformas políticas y sociales.
Consecuencias de las revoluciones liberales
Economía. Las revoluciones liberales coinciden con la extensión de la
revolución industrial por Europa, el resultado es que con el sistema política liberal
se estableció al mismo tiempo el sistema capitalista.
Sociedad. Ahora el poder económico pasa a manos de una burguesía capitalista
mucho más rica que la nobleza terrateniente. Los desclasados, las clases bajas
urbanas y los campesinos se convirtieron en ciudadanos con igualdad de
derechos ante la ley. Algunos de ellos siguieron trabajando para la nobleza como
arrendatarios, pero la mayoría se convirtieron en asalariados que trabajaban en
las industrias de la burguesía o para las empresas subsidiarias. El bajo nivel de
vida de los obreros de la industria los convirtió en proletarios (apenas tienen lo
justo para sobrevivir). En las ciudades aparece también una clase media urbana
formada por profesionales liberales (abogados, profesores, médicos, etc.)
funcionarios y comerciantes.
Política. Los burgueses pasan a controlar las decisiones políticas por medio de
los partidos políticos que participan en los parlamentos. Los partidos que
defienden los intereses de la burguesía, llamados partidos liberales, se turnaban
en el poder con los partidos que defienden los intereses de la nobleza
terrateniente, llamados partidos conservadores. Pero incluso estos segundos
acabaron apoyando también los intereses de la burguesía a medida aumentaba
la importancia económica de sus industrias. La mayoría de la población:
campesinos, clases bajas, proletarios y clases medias no pudieron participar en
política al principio porque el sufragio era censitario (votaban solo los ricos).
Cuando se puso el sufragio universal masculino los resultados se desvirtuaban
mediante sistemas de fraude y caciquismo con el fin de evitar el éxito de los
partidos obreros. El sufragio universal masculino se fue alcanzando en el último
tercio del siglo XIX y el pleno (masculino y femenino) a inicios del siglo XX.
Cultura. Nuevas ideologías pugnan entre ellas: el liberalismo y el nacionalismo
por un lado y el socialismo y el anarquismo por otra.