UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ
Práctica Calificada N°1
Trabajo que como parte del curso de Problemas y desafíos del Perú actual presentan los
alumnos
INTEGRANTES:
1. Funes Estrada, Ana Lucia Cód. U72247636
[Link] Jeronimo, Melanny Xiomara Cód. U20205638
3. Leon Ramirez, Andrea Pia Cód. U19310603
4. Ortiz Chero, Carolina Alessandra Cód. U20239293
5. San Martin Aguilar Allison Elizabeth Cód.U20238100
6. Velarde Remachi, Margeory Nayeli Cód.U18215524
Lima, 30 de abril de 2021
A partir de lo trabajado en el curso, considera que la oligarquía fue una clase dirigente y en la
actualidad aún se presentan algunas de sus características. Justifique su respuesta.
La oligarquía
En el transcurso de los años se ha evidenciado que el término oligarquía ha causado mucha
controversia, pues esta es una de las seis formas de Estado que estudió Aristóteles en su política,
donde el propósito de este estudio fue buscar soluciones a los problemas sociales mediante un
diseño de organización política que respondiera a las exigencias y necesidades de los seres
humanos. En ese sentido, el autor Sinesio López menciona que el Estado oligárquico es una
forma de organización del poder de los Estados semicoloniales, ya que este se basaba en la
propiedad de las tierras, las propiedades mineras, el gran comercio de importación-exportación
y la banca, por lo que se puede afirmar que al régimen oligárquico se le considera como una
forma de Estado dominada por la clase alta o una socialmente reducida. Por ello, en el presente
ensayo se analizará si la oligarquía fue una clase dirigente y si está aún presente alguna de sus
características en la actualidad.
Como sabemos, la oligarquía nace como parte de un país que era dependiente, en donde se
caracterizaba por tener un mercado muy poco desarrollado a diferencia de otros países
imperialistas. En donde dicho periodo, tuvo una gran tendencia a monopolizar el poder con la
neutralización y la marginación de las clases populares, pues estaban conformados por personas
de otra clase social muy diferente a la que había en el Perú, tal y como lo señalan los autores
Burga y Flores, citando las palabras de Francois Bourricaud:
Pertenecían a este partido los grandes propietarios urbanos, los grandes
hacendados productores de azúcar y algodón, los hombres de negocios
prósperos, los abogados con los bufetes más famosos, los médicos de mayor
clientela, los catedráticos, en suma, la mayor parte de la gente a la que había ido
bien en la vida (1991, p.2).
Entonces, podemos afirmar que existía esa marginación en las clases sociales, por lo mismo
que las personas que conformaban esa élite eran personas con educación que no sufrían
carencias económicas, mucho menos la desigualdad y el maltrato de esa época, desconociendo
completamente las penurias que atravesaban las clases populares.
Lo que más se caracteriza de la oligarquía es su obsesión por el poder de un grupo reducido de
personas, ya que este se considera como una serie de implicaciones políticas, utilizando la
presión de la economía para obtener beneficios propios, esta clase iba en contra de la
democracia, porque privaba al pueblo de emitir su opinión, centrándose en solo las personas
con mayor jerarquía con un interés en común, dicha clase se respalda en la violencia con el fin
de adquirir todo el poder, esto explica el poco interés por lo intelectual y la pobreza de la vida
cultural peruana a pesar del apogeo oligárquico.
En dicha época, las familias oligárquicas poseían una mentalidad aristocrática que disponían
tanto del poder político como del económico. Por ello, como se menciona en la lectura de El
Estado oligárquico:
Aunque los orígenes de las familias oligárquicas, en la mayoría de los casos, se
remontaban apenas a la época del guano, la pertenencia a la clase se definía
además por el apellido, lazos de parentesco, cierto estilo de vida; en otras
palabras, a lo que sería criterios estrictos de “clase” se añadían otros tipos de
“estamental”, como rezago y herencia de la colonia (1991, p.84.)
Como se menciona en dicha cita, las familias se basaban en el estatus social y más que todo en
el aspecto económico.
Por otra parte, se logró una superior estabilidad política en el Perú, ya que hubo sucesiones
presidenciales a través de elecciones y en esos años la condición subordinada dentro del propio
país fue adquirida por la clase dominante, pues este permitió la inversión del capital extranjero
(élites inglesas y estadounidenses), la subordinación del Estado y del capital nacional frente al
imperialismo. Sin embargo, según Contreras, durante la recuperación de la economía peruana
tras la guerra con Chile, el historiador menciona:
“Después muchas de esas empresas, sobre todo en el campo de la minería,
pasaron a manos de empresas extranjeras. Ese podría ser su pecado: haber cedido
su rol a las empresas extranjeras”. (1991, p85)
En dicha cita, se evidencia que una de las consecuencias de la recuperación de la estabilidad
política económica en el Perú, fue haber cedido su rol a las empresas extranjeras.
Se puede afirmar que la oligarquía no fue una clase dirigente, por lo que Burga y Flores (1991)
mencionan que:
La oligarquía, en síntesis, no fue una clase dirigente. Primero, porque siempre
se mantuvo dependiente del capital imperialista, segundo, porque no pudo
articular a otras clases en torno a sus objetivos; tercero, porque carecía de un
sustrato cultural común con las clases populares. La oligarquía se resignó
simplemente a su rol de clase dominante, a respaldarse básicamente en la
violencia[sic] esto explica, como conclusión, el escaso interés por los
intelectuales, el menosprecio con que muchos de ellos eran vistos, y la pobreza
de la vida cultural peruana a pesar del apogeo oligárquico (p. 90).
Como se evidencia en la cita presentada, efectivamente la oligarquía no fue una clase dirigente,
pues esta se resignó solamente a su rol de clase dominante, utilizando la violencia. Además,
claramente se evidenció que dependían del capital imperialista, no pudieron vincular a otras
clases a sus objetivos y escaseaban de una esencia cultural igualitario con las clases populares.
Pues, a raíz de todo ello, se quedaron estancados y no pudieron surgir como clase dirigente que
pretendían ser.
Podemos afirmar que en la actualidad y más ahora a puertas de la elección de un nuevo
presidente de la Republica, seguimos presentando algunas características de un estado
oligárquico. A pesar de haber pasado años desde el Oncenio de Leguía y sus catastróficas
repercusiones, nuestro país sigue siendo gobernado e instruido por gente de gran estrato social;
los cuales al tener los medios ejercen su poder para así mantenerse en el mando y seguir
enriqueciendo sus bolsillos a costa del esfuerzo y trabajo de muchos. Un claro ejemplo vendría
a ser la desigualdad en el reparto de bienes o servicios básicos que hay en muchos
departamentos del Perú, como única consecuencia esto ha generado un gran resentimiento por
parte de estos sectores olvidados.
Por otra parte, otro ejemplo de corrupción que sufrimos día a día, es la contratación de
familiares de funcionarios en el Estado, a pesar de que la norma dice que: “los funcionarios
públicos están prohibidos de contratar, o inducir a otro a hacerlo, a sus parientes hasta el cuarto
grado de consanguinidad y segundo de afinidad. Es decir, cónyuges, convivientes, hermanos,
cuñados, abuelos, padres, hijos, nietos, tíos y primos hermanos”, siguen haciéndolo. El afán de
esta elite política por concentrar el poder en un grupo reducido es inmensurable ya que poco a
poco van quitando la oportunidad a otros de trabajar y generar un cambio en la sociedad.
En conclusión, el poder Oligárquico fue inicialmente debilitado por la división que hubo entre
la elite civilista, por lo cual, después de Leguía, los oligarcas se unieron frente a la resistencia
popular organizada. Asimismo, en las elecciones del año 1936 demostraron que la unión de la
élite, aunque era fuerte, no podía asegurar su victoria frente a la movilización popular. De esta
manera, los oligarcas aprendieron que podían someter al gobierno a sus propósitos. Por otro
lado, las relaciones entre la oligarquía, al lado de ella también los gamonales y las clases
populares estaban regidas por la combinación entre violencia y paternalismo. Por otra parte, la
intolerancia y la fuerte tendencia represiva de la oligarquía mostraba los temores de una clase
que se sabía era numéricamente reducida, con un poderío económico sólo aparente, rodeada de
una masa indígena y campesina a la que despreciaban para ocultar el temor que los asediaba.
En síntesis, la oligarquía no fue una clase dirigente, ya que se mantuvo dependiente de una
capital imperialista, además de que no pudo articular a otras clases entorno a sus objetivos y,
por último, porque carecía de un sustrato cultural común con las clases populares.
Referencias Bibliográficas:
Burga, M., & Flores Galindo, A. (1991). Apogeo y crisis de la República Aristocrática.
Lima: Rikchay Perú.
López, S. (1978). El Estado oligárquico en el Perú: Un ensayo de interpretación. Revista
Mexicana de Sociología, Vol. 40, (No. 3), 991. [Link]
Rus Rufino, S. y Arenas-Dolz, F. (2018). El problema de la oligarquía en la Política de
Aristóteles. Revista de Estudios Políticos, 181, 69-95. doi:
[Link]