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Libertad y determinismo: conceptos clave

Ética curso

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Unidad 2. El problema de la libertad y determinismo.

Actividades de la persona humana: conocer, obrar y hacer.

El problema de la libertad y determinismo.


[Link]

TIPOS DE LIBERTAD

1) Libertad metafísica (el hombre es dador de su propia esencia).


a) Naturaleza (es libre por ser hombre)
b) Historia (es libre por que se hizo a si mismo)
2) Libertad psicológica (querer y voluntad del hombre)
a) Físico o corporal (soy libre porque me siento libre)
b) De querer (libre albedrio)
3) Libertad moral (actúa por mandatos racionales, por el deber.)
a) Intangible
b) Sensible

EL DETERMINISMO

Puede definirse al determinismo como la doctrina o la teoría que afirma que todos los fenómenos o
acontecimientos están determinados por algún motivo. Esto implica entender la realidad como la
consecuencia directa de una causa.

Se puede aplicar la idea de determinismo en distintos ámbitos. En la biología, la idea de determinismo


hace referencia a la explicación de la conducta de los organismos vivos según las características de sus
genes. Esto quiere decir que los seres humanos y los animales actúan de acuerdo a su adaptación evolutiva
y a lo que dicta la genética.

El determinismo biológico, en última instancia, supondría que las personas no son libres, ya que se
comportan según características innatas y hereditarias. Por lo tanto, hay individuos que tendrían conductas
reprobables que no podrían modificarse, aunque la sociedad se esfuerce por su readaptación.

De la misma manera, tampoco podemos pasar por alto la existencia de lo que se conoce como
determinismo geográfico. Este es una escuela alemana que se creó a finales del siglo XIX y que tiene
como marco de actuación lo que son las ciencias sociales.

El creador del término no fue otro que Friedrich Ratzel, quien vino a dejar patente que el medio es el
que se encarga de determinar las acciones del hombre en cada rincón del planeta.

Hay que establecer que frente a dicha escuela se encuentra la que recibe el nombre de posibilismo
geográfico, también llamada posibilismo. El francés Lucien Febvre fue quien llevó a cabo la fundación de
aquella que venía a entender que tanto el medio ambiente como los grupos humanos se relacionan
tomando como base lo que es la explotación de la Naturaleza por el hombre, el cual lleva a cabo sus
propias elecciones y pone en marcha distintas técnicas que utiliza para poder establecer dicha
“interconexión” con el medio que le rodea.

Ambas escuelas vinieron a ejercer una dura confrontación incluso durante el siglo XX.
En el contexto de la religión, el determinismo afirma que las acciones de las personas son
determinadas por la voluntad de Dios. La gente, en definitiva, no podría actuar de acuerdo al libre
albedrío, sino que estaría sometida a la predestinación.

A nivel económico, por último, el determinismo se basa en la creencia que la sociedad evoluciona
según las condiciones económicas. Cualquier estructura o sistema depende de la propiedad de los medios
de producción y de las características de las fuerzas productivas.

EL OBRAR MORAL

Sólo el hombre es capaz de acción moral; no hablamos de conducta moral aplicándolo a los animales;
la razón de ello, es que el hombre es un ser libre y, en consecuencia, responsable de sus actos, mientras
que no ocurre lo mismo con los animales; además, sólo el hombre es capaz de realizar valoraciones
morales, sólo de las acciones humanas decimos que son morales, inmorales o amorales.

En el hombre hay dos series de operaciones, de acuerdo con el modo que hayan sido realizadas: los
llamados actos del hombre, que proceden del hombre, pero sin dominio racional; y los actos humanos,
que el hombre realiza según su modo específico propio, es decir, en cuanto ser racional y libre.

Por ser libre, el obrar humano posee una contingencia constitutiva: es concreto, cambiante,
circunstancial. Lo que hago puedo no hacerlo, o hacerlo de otro modo. Las circunstancias no determinan
totalmente mi actuar, sino que puedo asumirlas más o menos, y de un modo u otro. Por todo ello la vida
humana es radicalmente insegura, es decir, en todo momento representa un reto: con mis actos puedo
lograrme como persona o malograrme, superarme o degradarme; mis acciones me desvelan o me
encubren. En una palabra, son autorreferenciales, es decir, revierten sobre el sujeto modelándolo para
bien o para mal.

Existen actividades, como las fisiológicas, que no dependen de nosotros sino en sentido muy laxo;
siguen sus propias leyes, sobre las cuales nuestro poder es limitado. Son actividades que se desarrollan en
nosotros más que surgir de nosotros. También la actividad propia y esencialmente espiritual de la
inteligencia está sometida a un determinado mecanismo preciso. Es verdad que depende de cada uno de
nosotros aplicar o no nuestra inteligencia, aplicarla a éste o aquel objeto de estudio o de investigación,
aplicarla enteramente o contentarse con una aplicación superficial. Pero, puesta frente a la verdad
comprendida, la inteligencia no es ya libre de darle o no el asentimiento; está constreñida por ella.

La ética es la parte de la filosofía que se ocupa del obrar del hombre, de sus acciones. Este obrar
humano se puede entender en forma individual o en forma social. Para Aristóteles, existían tres niveles en
el obrar, el obrar del individuo, el obrar de la familia y el obrar de la sociedad. La ética discute y juzga las
normas morales y jurídicas, siendo las primeras las que regulan lo que la sociedad aprueba o desaprueba, y
las segundas las que regulan las prohibiciones, castigando el incumplimiento de las mismas.

Elementos esenciales: conocimiento y voluntad

El acto humano implica una estructura cuyos elementos generales y esenciales son:

✔ El cognoscitivo. Capaz de conocer o comprender.

✔ El volitivo. De la voluntad.

El cognoscitivo

Es el elemento imprescindible, porque no se puede querer algo si antes no se conoce, y tampoco


podemos querer algo libremente si no somos conscientes de ello. Este conocimiento incluye la
advertencia, atención de la mente al acto; la deliberación, valoración sobre la conveniencia o
inconveniencia del acto; y el imperio, la determinación al querer. No basta cualquier conocimiento para
que haya un acto humano; pero no se requiere un conocimiento tan completo y exhaustivo que apenas
podría darse en la práctica. Puede decirse que, en general, para que haya un acto humano es necesario y
suficiente con que el sujeto tenga advertencia del acto que va a realizar y de su conveniencia o
inconveniencia: así el sujeto puede ser dueño de ese acto.

El volitivo

El acto voluntario es el que procede de un principio intrínseco con conocimiento del fin. Dos cosas
son, así, necesarias para que algo se diga, en sentido verdadero, del acto voluntario:

✔ Que procede de nuestra voluntad a manera de efecto.

✔ Que el efecto o resultado de nuestra voluntad haya sido, al menos en su causa, previsto por el
entendimiento, previamente a ser realizado por la voluntad.

LA LIBERTAD

Es la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo. Es el estado
o condición del que no se está sujeto a otro. Es característica esencial de los seres inteligentes y, por tanto,
de su actividad. Sin ella, el obrar humano se queda a un nivel puramente animal. Sin libertad no puede
haber vida moral porque, para obrar moralmente, no basta con saber distinguir entre el bien y el mal, se
necesita también tener posibilidad de auto determinarse con dominio del acto. Sólo de esta manera se
puede ser responsable y, por tanto, capaz de mérito o culpa, de premio o castigo.

Libertad, capacidad de autodeterminación de la voluntad, que permite a los seres humanos actuar
como deseen. En este sentido, suele ser denominada libertad individual. El término se vincula a de la
soberanía de un país en su vertiente de ‘libertad nacional’. Aunque desde estas perspectivas tradicionales la
libertad puede ser civil o política, el concepto moderno incluye un conjunto general de derechos
individuales, como la igualdad de oportunidades o el derecho a la educación.

La libertad es necesaria para la moralidad y la razón. Sin libertad no tiene sentido hablar de exigencias
éticas. Sin embargo, aunque existan factores condicionantes de nuestro obrar, esos condicionantes no
plantean problemas a la ética.

Si prestamos atención al ejercicio de nuestra razón, al modo de conocer, vemos que nuestra
conciencia tiene siempre por objeto una realidad particular, un ámbito limitado de la realidad: conocemos
ésta o aquella cosa, esta o aquella persona.

Si ahora prestamos atención a la actividad de nuestra voluntad, advertimos que trata sobre lo que es
presentado por nuestro entendimiento. Nada es querido sino es primero conocido y no se puede tener
ninguna voluntad de lo que no es conocido de ningún modo. Nuestra voluntad está relacionada con la
razón. En el fondo, son dos funciones correlativas y complementarias del sujeto, en su unidad íntima.
Esta estrecha correspondencia nos hace conocer la estructura esencial de la libertad humana. Analicemos
esta correspondencia. Igual que la inteligencia tiende dinámicamente a la totalidad del ser, no hacia este o
aquel ser, sino hacia el ser como tal, así, correlativamente, nuestra voluntad tiende dinámicamente hacia la
totalidad del bien, no hacia este o aquel bien, sino hacia el bien como tal.

En esta vida encontramos sólo bienes limitados, de valor finito. Sin duda son bienes bajo un cierto
aspecto. Pero, sin embargo, al mismo tiempo, muestran una carencia, un límite.

Con frecuencia, decidirse por un bien supone renunciar a otro bien. Puesto que esta es la ineludible
condición en la que se encuentra nuestra existencia, ningún bien puede determinar nuestra decisión,
porque ninguno de ellos, dado su límite, puede imponerse de manera tal que sea necesariamente querido y
asumido.
El acto libre consiste precisamente en esto; la decisión de nuestra voluntad no es algo que nos viene
impuesto necesariamente, sino que es una determinación que nosotros mismos, que cada uno de nosotros
y ningún otro o nada diferente en nuestro lugar, ponemos en acto.

Lo que no significa que la decisión libre sea ciega; está motivada por un juicio de la inteligencia, esto
es por un bien para mí. Pero no está determinada por el juicio. Lejos de ser, por tanto, una simple función
de la inteligencia, mediante la cual el hombre realizaría lo que la inteligencia le presenta, la voluntad es una
energía espiritual nueva que, mediante su decisión libre, ejerce un dominio sobre la inteligencia, y hace
aparecer como bien para mí, lo que decido que sea tal. La voluntad recibe sus motivos de la inteligencia,
pero es ella la que los hace decisivos.

ACTO LIBRE

El acto libre es el acto en el cual, y mediante el cual la persona humana quiere un bien, simplemente
porque su voluntad ha decidido que él sea su bien, el bien que valga para ella.

En la decisión libre, la persona, afirmando su autonomía en relación a los diversos bienes limitados y
su poderío sobre sus propias determinaciones, poniéndose como punto de partida y razón suficiente de
una serie de acontecimientos, discontinua respecto de la que le precede, reivindicando para sí misma la
plena responsabilidad de lo que hace, llega a ser verdaderamente subsistente, es verdaderamente "en sí
misma". Decide sobre sí misma. La libertad es la concreción, la realización perfecta de la persona humana,
como tal.

El hombre es verdaderamente libre, puede querer una manzana o una pera, o también no querer
nada. Los distintos condicionamientos, familia, escuela, costumbres, en la mayoría de los casos no quitan
la libertad, pero la pueden limitar. Por lo tanto, es necesario afirmar que la libertad de base permanece, y
todos tenemos la experiencia, no obstante, los condicionamientos, de que podemos obrar según nuestro
arbitrio.

Admitiendo, pues, que la verdadera acción humana es aquella que es libre, la moral no mira si nuestra
acción es importante o no, si es eficaz o no, si es aplaudida o no. Lo que cuenta para la moral es si la
acción que estamos realizando es buena o mala. Decir por tanto que las acciones son morales o inmorales
equivale a decir que las acciones son buenas o malas.

LIBERTAD Y SER HUMANO

Es difícil aceptar la libertad pues tenemos muchos y grandes condicionamientos, obstáculos,


impedimentos. Además, como la libertad no es objetivable, no la podemos demostrar. El hombre no sólo
es, sino que también se hace; es fruto de sí mismo, de su libertad, de sus opciones libres . Es hombre en
búsqueda de verdad. Pero, además, jerarquiza y realiza los valores según su proyecto personal de vida. Es
por ello que la sociedad y la comunidad deben dar al niño que nace, las condiciones para que encuentre lo
necesario para realizarse como persona en vistas a una integral realización.

En la experiencia de nuestra libertad, nos damos cuenta del siguiente hecho. Lo que decide a la
persona a elegir este bien más que aquel otro es que ella decide que este bien es un bien, un valor para sí
misma. Es éste el bien para mí, para ese mí que ahora quiero, que ahora decido ser.

Por eso, en realidad, la decisión libre se ha tomado ya antes y, en último análisis, ha tenido por objeto
a mí mismo. Si elijo faltar a la lealtad a un amigo, porque esto me hace ganar mucho dinero, es porque el
bien del dinero, según aquello que yo he decidido ser, ejerce una fuerza atractiva más fuerte que el valor
de la amistad.

En la decisión libre, la persona, afirmando su autonomía en relación a los diversos bienes limitados y
su poderío sobre sus propias determinaciones, poniéndose como punto de partida y razón suficiente de
una serie de acontecimientos, discontinua respecto de la que le precede, reivindicando para sí misma la
plena responsabilidad de lo que hace, llega a ser verdaderamente subsistente, es verdaderamente en sí
misma.

La libertad es la capacidad de la persona humana de disponer de sí misma; es la capacidad de auto


determinarse. Su objeto, siempre incluido en toda decisión es la persona misma que actúa libremente.

La primera consecuencia necesaria, entonces, es que la libertad está intrínsecamente relacionada con
el valor ético; que el valor ético es la norma de la libertad, que el obrar libre tiene siempre una
connotación ética o moral, que mediante la libertad la persona humana se hace buena o mala moralmente.

LOS VALORES ÉTICOS

Los valores están presentes desde los inicios de la humanidad. Para el ser humano siempre han
existido cosas valiosas: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud. Sin embargo, el criterio para
darles valor ha variado a través de los tiempos. Se puede valorar de acuerdo con criterios estéticos,
esquemas sociales, costumbres, principios éticos o, en otros términos, por el costo, la utilidad, el bienestar,
el placer, el prestigio.

En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la
humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo, se
considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar
que robar.

Los valores pueden concebirse como elecciones estratégicas con relación a lo que es conveniente para
conseguir nuestros fines. Es importante entender que estas elecciones provienen, a su vez, de supuestos
básicos o creencias sobre la naturaleza humana y el mundo que nos rodea.

Lo que tienen más propio los valores éticos es el imperativo de acción que comportan, es decir, son
unos valores que se nos imponen como pautas de nuestra acción. Los valores éticos, pueden no coincidir
con nuestros deseos, pero sentimos que debemos intentar realizarlos si no queremos perder categoría
como personas que somos. Nadie está obligado a ser una persona bella, ágil o simpática, pero toda
persona está moralmente obligada a ser justa. Los valores éticos, a diferencia de los que no lo son,
dependen de la libertad humana: una persona puede no ser justa, negando la exigencia universal de
justicia. Y porque dependen de la libertad, los valores éticos sólo pueden atribuirse a las personas, no a las
cosas: un paisaje puede ser bello pero no justo, unas deportivas pueden ser cómodos pero no buenas en
sentido moral.

Todos los valores comportan un deber ser: es deseable ser alegre, ser enérgico, ser útil, pero los
valores éticos, además de este deber ser implican un deber hacer, son una prescripción o norma que
tenemos que cumplir.

El fenómeno de la moralidad es conocido por todos nosotros, porque es una de las experiencias
fundamentales de nuestro ser hombres. En nuestra experiencia advertimos la atracción de algunos valores,
por ejemplo, el valor de la justicia, el de la lealtad, que exigen ser reconocidos, realizados y jamás
traicionados.

La persona humana es responsable del bien moral. Cada una se juzga con derecho de alabar a otra
por su justicia, por su fidelidad, etc. Nadie reprobará a otra persona que haya nacido con la vista enferma,
o lo alabará por haber nacido robusto. Alabanza o reprobación, culpa o mérito son realidades que se
encuentran sólo en el ámbito del valor moral. Esta característica nos revela la relación intrínseca y
necesaria que existe entre el valor moral y la libertad personal.

Los valores morales están relacionados entre sí con tal fuerza que uno no puede jamás excluir a otro.
Cada uno de los valores morales y todo el conjunto de los valores morales son indispensables para la vida
humana.
El bien moral se refiere a la persona humana propiamente como tal. El bien o valor moral no se
refiere a la persona humana desde un cierto punto de vista, sino como tal, en su totalidad. La esencia del
valor moral es que en él y por él, el hombre llega a ser simplemente un hombre bueno, realiza
simplemente la verdad de su ser hombre. El bien que el hombre puede hacer no se refiere a su propia
perfección: puede quizá hacer el bien, pero no hacerse bueno. Lo que entonces se considere como bien
tiene un ámbito limitado a lo externo: a las repercusiones de los actos propios en la vida de los demás o en
la de la sociedad en su conjunto.

De esta manera se explican las características que sólo el valor moral posee. Se conecta
necesariamente con la libertad y, por consiguiente, que seamos responsables de él, depende precisamente
de que no nos realicemos humanamente si nos realizamos libremente; realizar la verdad del ser hombre no
libremente es una contradicción en los términos.

Se comprende también el profundo desasosiego que el hombre experimenta cuando traiciona un


valor moral. Es por esto por lo que el valor moral se presenta como indispensable, el único valor
verdaderamente necesario.

La percepción del valor moral coincide con la percepción del valor o dignidad de la persona humana;
dignidad que vale por sí misma, no en razón de otro, como queda patente por el carácter incondicionado
con que el valor moral interpela a la libertad.

Vista la libertad como capacidad de disponer de sí mismo, de autodeterminarse, y que el valor ético es
la norma de la libertad.

La libertad no es una simple función de la razón, es también verdad que la razón no es una simple
función de la libertad. La razón es la facultad de la verdad y ella sabe cuáles son las exigencias absolutas de
la verdad del hombre, aquellas exigencias que se nos muestran en la experiencia ética de los valores
morales y son conocidas mediante normas morales. De ellos se infiere, que la persona humana, cuando
dispone de sí misma, cuando decide sobre sí misma, se encuentra ineludiblemente enfrentada a las
exigencias de su verdad, que ella conoce mediante la razón, siempre implicada en todo acto de libertad.

La libertad en cuanto libertad, lleva inscrita, por tanto, en sí misma los valores morales que, a su vez,
llaman a las normas morales: normas de la libertad, necesidades de la libertad.

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