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Crítica decolonial y epistemología global

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PERSPECTIVA DECOLONIAL

El llamado giro decolonial desarrolla una crítica epistemológica de los


paradigmas centrados en Europa y en Occidente, incluidos el marxismo, la Teoría
Crítica y el post-estructuralismo, los cuales han establecido un compromiso con
la emancipación de los seres humanos e, igualmente, han desarrollado una
crítica de la desigualdad y la dominación. El argumento central de la crítica
decolonial va encaminado a desmontar la orientación universalista que
estos paradigmas pretenden dar a sus postulados y conceptos, sin
reparar en el carácter local de sus experiencias e ignorando las
características específicas de sociedades diferentes a la suya,
asumiendo que existen sociedades avanzadas y atrasadas, que los
estadios más avanzados o los mayores logros evolutivos de las
sociedades se ubican en Occidente y que el avance de las sociedades
periféricas supone necesariamente la adquisición de características
estructurales de tales sociedades occidentales. Señalan también los
autores ubicados en esta perspectiva decolonial -entre los que se encuentran
Aníbal Quijano, Santiago Castro-Gómez, Ramón Grosfoguel, Nelson Maldonado
Torres, Walter Mignolo, Enrique Dussel y Catherine Walsh- que el saber
occidental moderno, particularmente el que se ha desarrollado dentro de las
ciencias sociales, guarda un silencio significativo respecto a la dominación
colonial que los países comúnmente denominados “centrales” han ejercido sobre
el resto del mundo, contribuyendo así a la constitución de un orden en el que la
dominación colonial excluye cualquier otro tipo de saber que no sea construido a
partir del canon epistemológico occidental.

AUTORES
Santiago Castro-Gómez: La colonialidad del saber se expresa de manera
enfática en el falso supuesto de un ego cogitante (descartes pienso luego existo
cogito ergo sum) que no está enraizado en un sitio específico, sino que se alza
por encima de todos los puntos de vista, pretendiendo erigirse en lo que llama la
hybris del punto cero, el punto de vista de dios en la tierra, desde el cual se
puede dar cuenta de todos los puntos, sin reparar en que es apenas uno más de
los muchos que hay en el universo. Autores como Santiago Castro Gómez se
habían valido de la obra de Foucault para desarrollar una analítica de la
gubernamentalidad y una genealogía histórica de las relaciones entre capitalismo
y biopolítica que se han producido en el espacio local de Colombia. En los
últimos años, sin embargo, este mismo autor ha efectuado un distanciamiento
crítico, señalando que Foucault desarrolla una analítica del poder, pero no de la
política, reorientando sus intereses hacia una recuperación del pensamiento de
Marx.

Ramón Grosfoguel
Nelson Maldonado Torres: La colonialidad del poder y del saber, de acuerdo
con Nelson Maldonado Torres (2007), va acompañada de una colonialidad del
ser. Recuperando la crítica que hiciera Emmanuel Levinas a la ontología
fundamental de Heidegger, cuando planteaba que finalmente, la pregunta por el
sentido del ser que hacía el filósofo de Friburgo deviene una filosofía del poder,
en la que se subordina la relación con el otro a la relación con el ser en general.
A pesar de la crítica hecha por Heidegger de la pasión técnica que ha
caracterizado a la metafísica occidental por el olvido del ser, Levinas sostenía
que dicha crítica se mantuvo en la obediencia a lo anónimo y condujo,
fatalmente, a otro poder, a la violencia imperialista, a la tiranía (Levinas, 2002:
37-38). Maldonado Torres coincide con Levinas en que el desplazamiento de
la metafísica occidental realizado por Heidegger, al no tomar en cuenta la
existencia del otro, fracasa y se convierte en un discurso legitimador del dominio
ejercido por Occidente. Extendiendo esta crítica a las relaciones entre
colonizador y colonizado, entre seres humanos blancos y seres humanos de otro
color de piel —tal como lo hiciera Frantz Fanon (2009)—, sostiene que el cuidado
del ser sólo puede darse a condición de enfrentar la mirada y el lenguaje del otro
colonizado.

Walter Mignolo: Mignolo (2003) propone la recuperación de un concepto, la


gnosis, que tendría por objeto el estudio de las relaciones entre la doxa y la
episteme. Es decir, se trata de ir más allá de la epistemología que se ocupa del
estudio de las formas y condiciones de producción del conocimiento al interior de
la ciencia occidental y de recuperar el sentido del término gnoseología que se
refiere a una teoría del conocimiento en general. La gnoseología fronteriza
tendría como objeto analizar las relaciones entre el saber hegemónico y los
saberes suprimidos o subordinados que son considerados
discontinuos, descalificados e ilegítimos.
Un programa de esa naturaleza según Mignolo (2003), requiere la
construcción de un concepto omnicomprensivo acerca de la
modernidad-colonialidad y elaborar macro narrativas desde la perspectiva de
la colonialidad que no deben considerarse como la contraparte de la historia
mundial o universal cristiana o hegeliana. Se trata más bien de desplazar el
universalismo abstracto de la epistemología moderna y de la historia
mundial, por medio de una totalidad alternativa concebida como una red
de historias locales y hegemonías locales múltiples.
Respecto a la crítica de la llamada metafísica de la presencia, efectuada desde
una perspectiva deconstruccionista por Jacques Derrida, Mignolo señala la
inconsistencia de su postura cuando afirma el primero, reproduciendo el
universalismo occidental, que toda cultura es colonial en su origen, olvidando
referirse de manera específica a las relaciones que se dan en la
modernidad/colonialidad del capitalismo mundial contemporáneo.

Enrique Dussel: Enrique Dussel, tiene como presupuesto el ego conquiro ("Ego
Conquiro" es una frase en latín que significa "Yo conquisto" o "Yo venzo".
Se utiliza comúnmente para expresar una actitud de triunfo o dominio personal.
En contextos históricos o filosóficos, puede referirse al poder de la voluntad o la
capacidad de superar desafíos y alcanzar el éxito), que al someter a buena parte
de los habitantes del planeta a los intereses del hombre europeo, hizo posible el
surgimiento de la modernidad (Maldonado, 2003). La modernidad y la
centralidad del ego cogitante sólo son posibles a partir de la relación de
colonialidad que se estableció entre conquistados y conquistadores. Al igual que
Emmanuel Levinas señalaba los límites de la filosofía occidental y de la propia
ontología fundamental de Heidegger por su incapacidad para reconocer al otro, y
con ello la infinitud que se abre ante la presencia de su rostro, los pensadores
decoloniales sostienen que la negación del ser y del saber de los
conquistados adquiría una dimensión geopolítica articulada por la
existencia de un sistema mundial de explotación. La negación del ser y
del saber de los colonizados no desapareció con los procesos de
independencia sino que se reprodujo y tuvo continuidad en las nuevas
sociedades surgidas de dichos procesos, en tanto se asumieron como
modelos a alcanzar los patrones de regulación política y económica de
origen occidental, sin reparar en las condiciones específicas de los
pueblos recién liberados. Dussel opina que el primer país
moderno fue España. La segunda modernidad habría tenido lugar de 1650 hasta
finales del siglo xviii y, finalmente, con la revolución francesa, habría empezado
la tercera modernidad; sin embargo, sería hasta la última modernidad que
Europa occidental se convertiría en el centro del sistema-mundo, después de
colonizar también al continente asiático. La modernidad, el capitalismo, la
constitución de un sistema-mundo y el colonialismo y la colonialidad serán
partes constituyentes de un todo en el que el ser y el pensamiento de los
colonizados fueron negados. La posibilidad de emancipación de las clases y
grupos subalternos y negados pasa entonces por la construcción de una nueva
manera de relacionarse entre las culturas que Dussel llama transmodernidad.

Aníbal Quijano: Si en la etapa de la dominación colonial se daba una


dominación directa a través de la coacción física y el despojo, con la construcción
de los nuevos estados nacionales, la formación de los mercados nacionales y la
industrialización, acoplada a la dinámica del sistema mundial como un todo, se
estableció una relación de dominación indirecta soportada por una relación de
dependencia estructural. Esta dependencia estructural de los países
considerados atrasados con respecto a los avanzados, propiciaba una
transferencia de valor de la periferia hacia el centro, de tal manera que el
subdesarrollo de los países periféricos era propiciado por el desarrollo de los
países centrales. Es a este nuevo patrón de dominación, en el que además de la
extracción de recursos y la subordinación de todas las formas de explotación
(despojo, esclavitud) y la contradicción capital-trabajo asalariado, se da una
codificación en términos de razas superiores e inferiores, y no solamente de
clase como se desprende de la obra de Marx, a lo que Aníbal Quijano llama la
colonialidad del poder. Dicho patrón de dominación es heterárquico ya que
reconoce tanto la dominación de clase y la dominación racial, como la
dominación de género y la exclusión de los pueblos y comunidades diferentes,
sin asumir que alguna de estas modalidades de dominación sea la central.

Catherine Walsh

CATEGORÍAS DE ANÁLISIS

Desde 1998 aproximadamente, a partir de la realización de una serie de


eventos, las ideas que, por separado, venían presentando estos autores empezó
a tomar la forma de un corpus común, recuperando el saber generado por la
teoría de la dependencia, la filosofía de la liberación latinoamericana y el
pensamiento de precursores como Frantz Fanon, Aimée Cesaire y Paulo Freire,
que desde mediados del siglo xx cuestionaron el predominio de la visión
occidental y el hecho preocupante de que los propios pueblos colonizados
hicieran suyas las categorías de clasificación social elaboradas por el saber
europeo y americano.
Los autores decoloniales pretenden desmontar el falso universalismo
que caracteriza a las teorías y principios epistemológicos y ontológicos
del pensamiento occidental, al dar por supuesta la validez universal de
sus postulados, a pesar de ser producto de una experiencia particular.
La pretensión universalista del conocimiento occidental y del norte tiene
como fundamento una relación asimétrica de poder, en la que el saber
dominante se asume como válido a partir de condiciones materiales y
políticas que influyen en el asentamiento del predominio del saber occidental
así como en el uso de conceptos y categorías de análisis que, referidas a la
experiencia específica de las sociedades occidentales, pretenden aplicarse a todo
tipo de sociedades.

La colonialidad del poder implica una dominación colonial que puede estar
basada en la explotación de la fuerza de trabajo y el despojo de los recursos de
los pueblos colonizados a través del mercado mundial y la acumulación global
del capital, así como en una dominación racial que asigna a quienes son víctimas
de esa dominación una condición de inferioridad, introduciendo una clasificación
social que utiliza categorías fundadas en características biológicas como el color
de piel. De esa manera, se considera que los pueblos y comunidades indígenas o
mestizos son colonizados porque son “subdesarrollados” y no se toma en cuenta
que su condición de “subdesarrollo” es propiciada por la dominación y
explotación de que son objeto.

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